Manuel Aza√Īa

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Manuel Aza√Īa
Para otros usos de este t√©rmino, v√©ase Aza√Īa (desambiguaci√≥n).
Manuel Aza√Īa D√≠az
Manuel Aza√Īa

11 de mayo de 1936 ‚Äď 27 de febrero de 1939
Predecesor Niceto Alcal√° Zamora
Sucesor José Miaja Menant
Diego Mart√≠nez Barrio (como Presidente de la Rep√ļblica en el exilio)

14 de octubre de 1931 ‚Äď 10 de diciembre de 1931
Predecesor Niceto Alcal√°-Zamora Presidente del Gobierno provisional Rep√ļblica
Sucesor Niceto Alcal√°-Zamora Presidente de la Rep√ļblica

√Čl mismo como Presidente del Consejo de Ministros

16 de diciembre de 1931 ‚Äď 12 de septiembre de 1933
Predecesor √Čl mismo como Presidente del Gobierno Provisional
Sucesor Alejandro Lerroux García

19 de febrero de 1936 ‚Äď 10 de mayo de 1936
Predecesor Manuel Portela Valladares
Sucesor Augusto Barcia Trelles

Escudo de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola.svg
Ministro de Guerra de Espa√Īa
14 de abril de 1931 ‚Äď 12 de septiembre de 1933
Sucesor Juan José Rocha García

Escudo de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola.svg
Diputado en Cortes Generales
por Valencia
20 de julio de 1931 ‚Äď 9 de octubre de 1933

Escudo de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola.svg
Diputado en Cortes Generales
por Vizcaya
19 de diciembre de 1933 ‚Äď 7 de enero de 1936

Escudo de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola.svg
Diputado en Cortes Generales
por Madrid
3 de marzo de 1936 ‚Äď 2 de febrero de 1939

Datos personales
Nacimiento 10 de enero de 1880
Alcal√° de Henares
Madrid Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Espa√Īa
Fallecimiento 3 de noviembre de 1940
Montauban Bandera de Francia Francia
(60 a√Īos)
Partido Partido Reformista
Acción Republicana
Izquierda Republicana
Cónyuge Dolores Rivas Cherif
Profesión Político y escritor
Alma m√°ter Universidad de Zaragoza
Residencia Palacio Nacional de Madrid (antiguo (y actual) Palacio Real)
Estandarte presidencial de Manuel Aza√Īa.

Manuel Aza√Īa D√≠az[1] (Alcal√° de Henares, 10 de enero de 1880 - Montauban, Francia, 3 de noviembre de 1940) fue un pol√≠tico y escritor espa√Īol que desempe√Ī√≥ los cargos de Presidente del Gobierno de Espa√Īa (1931-1933, 1936) y Presidente de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola (1936-1939).

Fue uno de los pol√≠ticos y oradores m√°s importantes en la pol√≠tica espa√Īola del siglo XX, adem√°s de un notable periodista y escritor. Fue galardonado con un Premio Nacional de Literatura en 1926 por su biograf√≠a La vida de Juan Valera. Su obra m√°s conocida es el di√°logo La velada en Benicarl√≥, una reflexi√≥n sobre la d√©cada de los a√Īos treinta en Espa√Īa. Sus Diarios son uno de los documentos m√°s importantes para el conocimiento del momento hist√≥rico en el que vivi√≥.

Contenido

Biografía

Infancia y adolescencia

Manuel Aza√Īa naci√≥ en una familia de s√≥lida posici√≥n econ√≥mica y con presencia en la pol√≠tica local y la vida intelectual de Alcal√°. Su padre era Esteban Aza√Īa, propietario, y su madre Josefina D√≠az-Gallo, ama de casa. El padre, de familia de notarios y secretarios de ayuntamiento, se dedicaba tambi√©n a la pol√≠tica y lleg√≥ a ser alcalde del pueblo; escribi√≥ y public√≥ en 1882 y 1883 una Historia de Alcal√° de Henares en dos vol√ļmenes. En cuanto a la familia de su madre, se dedicaba al comercio; proced√≠a del pueblo de Escalada (Burgos). Su nombre, Manuel, era el de su abuelo materno Manuel D√≠az-Gallo.[2]

Manuel fue el segundo de cuatro hermanos (Gregorio, Josefa y Carlos, eran los otros). Adem√°s de sus padres, y sobre todo tras la prematura muerte de estos, desempe√Īaron un papel importante de protectores durante su infancia su t√≠o materno F√©lix D√≠az-Gallo, con cierta influencia sobre Manuel en lo intelectual, y su abuela paterna.

Estudió en el Colegio Complutense de San Justo y Pastor hasta el bachillerato, que comenzaría en el curso 1888-1889, haciendo los exámenes en el Instituto Cardenal Cisneros, de Madrid. Era un alumno de notas excelentes, predominando entre sus calificaciones el sobresaliente, aunque finalmente culminaría sus estudios de bachiller con la calificación de aprobado.

El 24 de julio de 1889 falleci√≥ su madre; unos meses despu√©s, el 10 de enero de 1890, su padre. Manuel y sus hermanos se fueron a vivir a casa de su abuela paterna, do√Īa Concepci√≥n. All√≠, con una constante sensaci√≥n de soledad, realizar√≠a sus primeras lecturas, gracias a los distintos libros acumulados por su abuelo Gregorio:

Siempre, cada vez que evoque su infancia, la misma met√°fora: Manuel Aza√Īa se recuerda en los d√≠as de su ni√Īez y adolescencia, sobre todo, como un devorador de libros.[3]

Por decisión de su abuela, Manuel realizó sus estudios superiores de Derecho interno en el recién creado Real Colegio de Estudios Superiores María Cristina de El Escorial.[4] Dado que el colegio carecía de la facultad de expedir títulos de licenciatura, los alumnos debían examinarse por libre en la Universidad de Zaragoza.

Tras tres cursos (el preparatorio y los dos primeros de Derecho), durante el curso 1896-1897 sufrió una crisis religiosa que lo llevó a abandonar el colegio, continuando sus estudios en casa:

No fue hostilidad, tampoco rencor, ni alguna especie de "rebeld√≠a impieteista", como alg√ļn fraile ha dictaminado, confundiendo los sentimientos de un joven de diecis√©is a√Īos que un d√≠a dice que no quiere confesarse con los de un ateo militante: fue sencillamente que la religi√≥n, en todas las dimensiones en que la hab√≠a vivido de ni√Īo y adolescente, dej√≥ de tener sentido para √©l.[5]

Durante el curso 1897-1898 editó junto a unos amigos la revista Brisas del Henares, en la que publicó diversas crónicas locales.

El 3 de julio de 1898, en la Universidad de Zaragoza, pasó el examen de grado de Licenciatura en Derecho con la calificación de sobresaliente.

Juventud

En octubre de 1898 se traslad√≥ a Madrid para preparar el curso de doctorado en la Universidad Central. Al tiempo, y gracias a las gestiones de su t√≠o, entr√≥ a trabajar como pasante en el bufete del abogado Luis D√≠az Cobe√Īa, donde coincidi√≥ con Niceto Alcal√° Zamora.[6]

En febrero de 1900 solicit√≥ su admisi√≥n en los ejercicios de grado y present√≥ su tesis, titulada La responsabilidad de las multitudes, el 3 de abril, obteniendo el t√≠tulo de Doctor en Derecho con la calificaci√≥n de sobresaliente. En su tesis, Aza√Īa

establec√≠a que cuando act√ļa en multitud, el individuo es responsable de sus actos y reconoc√≠a que cuando las multitudes alzan la voz amenazando con perturbar el orden es para reclamar algo que casi siempre se les debe en justicia.[7]

Durante esa época, sus lecturas se centran básicamente en obras relacionadas con cuestiones sociales, con el socialismo y con la historia de Francia e Inglaterra.

Desde octubre de 1899 formaba parte como socio de la Academia de Jurisprudencia, donde participaba activamente en diversos debates. En enero de 1902 ley√≥ su memoria sobre La libertad de asociaci√≥n, en la que abordaba la necesidad de que las √≥rdenes y congregaciones religiosas se regulasen por el Estado, y apelaba al respeto a la libertad de ense√Īanza para las asociaciones de cat√≥licos formadas para ese fin. En otras intervenciones, a prop√≥sito de memorias expuestas por distintos socios, Aza√Īa expres√≥ ideas como que lo decisivo para elegir un sistema de gobierno era el grado de aceptaci√≥n de este, fuese monarqu√≠a o rep√ļblica, y la existencia de principios como el respeto a la igualdad entre los ciudadanos, el sufragio universal, la soberan√≠a nacional y las instituciones representativas. En otro caso, apel√≥ a la necesidad de que la ley estableciese una reforma que introdujese una verdadera libertad de mercado, con el reconocimiento de la libertad de asociaci√≥n del proletariado.

Hacia finales de 1900, Aza√Īa ingres√≥ tambi√©n en el Ateneo de Madrid, donde expres√≥ frecuentemente su actitud cr√≠tica tanto hacia la generaci√≥n del 98 como hacia el regeneracionismo.

Por otro lado, desde febrero de 1901 empezó a colaborar, con textos literarios y de crítica teatral, en la revista Gente Vieja, firmando con el seudónimo de Salvador Rodrigo, que ya había utilizado en su adolescencia.

Sin embargo, de imprevisto, en 1903 regresó a Alcalá para hacerse cargo con su hermano Gregorio de los negocios familiares: una finca, una fábrica de ladrillos y tejas, y la Central Eléctrica Complutense. Simultáneamente, retomó su actividad literaria concentrándose en la redacción de una novela autobiográfica, La vocación de Jerónimo Garcés. También, volvió a su labor periodística a través de una revista local, La Avispa, fundada por su hermano Gregorio y unos amigos.

Pero el fracaso de los negocios familiares lo llev√≥ a regresar a Madrid y solicitar tomar parte en 1909 en los ejercicios de la oposici√≥n a Auxiliares terceros de la Direcci√≥n General de los Registros y del Notariado. En junio de 1910 apareci√≥ como n√ļmero uno en la lista de resultados, siendo propuesto para la plaza correspondiente. Tras diverso ascensos naturales dentro del escalaf√≥n, en 1929 lleg√≥ a ser nombrado Oficial jefe de Secci√≥n de segunda clase del Cuerpo T√©cnico de Letrados del Ministerio de Gracia y Justicia, con un sueldo anual de 11000 pesetas.

Paralelamente a su tarea como funcionario, Aza√Īa sigui√≥ desarrollando una labor intelectual. As√≠, en 1911 pronunci√≥ su primera conferencia pol√≠tica en la Casa del Pueblo de Alcal√° de Henares. En ella, afront√≥ el tema de moda, el problema espa√Īol, pero en vez de centrarse en la soluci√≥n que la mayor parte de los intelectuales propon√≠an al respecto, la escuela, Aza√Īa mostr√≥ su preocupaci√≥n por el Estado. As√≠, en su conferencia afirm√≥ que

el "problema de Espa√Īa" consiste en organizar democr√°ticamente su Estado, √ļnica medicina para acabar con el "apartamiento de la vida cultural de Europa" (...). [Y que] para lograrlo, es requisito indispensable liberarlo de los poderes sociales que lo mediatizan (...) por medio de la acci√≥n pol√≠tica de ciudadanos conscientes de sus deberes.[8]

Ese mismo a√Īo, en dos art√≠culos publicados en La Correspondencia de Espa√Īa, Aza√Īa insisti√≥, enfrent√°ndose cr√≠ticamente a la generaci√≥n de P√≠o Baroja, en la necesidad de una actitud pol√≠tica activa por parte de los ciudadanos para afrontar con garant√≠as la soluci√≥n al problema de Espa√Īa.

Con la intenci√≥n de seguir cursos de Derecho civil franc√©s en la Universidad de Par√≠s, solicit√≥ en febrero de 1911 una pensi√≥n por un periodo de seis meses que le fue aceptada. El 24 de noviembre lleg√≥ a Par√≠s y all√≠, hasta su marcha un a√Īo despu√©s,[9] desarroll√≥ una intensa actividad intelectual de la que dej√≥ testimonio, adem√°s de en notas personales, en diversos art√≠culos enviados bajo el seud√≥nimo de Mart√≠n Pi√Īol a La Correspondencia de Espa√Īa. Aza√Īa qued√≥ especialmente impresionado por

la visi√≥n de Par√≠s como obra √ļnica de civilizaci√≥n que ha sabido aunar (...) la herencia cristiana con la rehabilitaci√≥n de la raz√≥n.[10]

En otros art√≠culos, abord√≥ la importancia de rehabilitar la funcionalidad de los parlamentos como garantes de la seguridad nacional y el concepto de patria, que Aza√Īa asociaba con cultura y con justicia y libertad encaminadas a un bien com√ļn.

En Par√≠s, adem√°s de diversas lecturas y visitas culturales a iglesias y monumentos, asisti√≥ a m√≠tines pol√≠ticos y a m√ļltiples conferencias de tem√°ticas variadas, entre ellas unas dedicadas a la historia de las religiones por Alfred Loisy y otras sobre psiquiatr√≠a impartidas por Henri Pi√©ron.

Conoci√≥ y se hizo amigo de Luis de Hoyos, de cuya hija Mercedes de quince a√Īos lleg√≥ a enamorarse.

Tras unos d√≠as de septiembre en B√©lgica, regres√≥ a Espa√Īa el 28 de octubre de 1912.

En febrero de 1913 entr√≥ a formar parte de la junta directiva del Ateneo como secretario primero; la avanzada edad y la gran actividad del presidente, Rafael Mar√≠a de Labra, llevaron a Aza√Īa a tener que asumir algunas de las funciones de este, sobre todo desde 1916. Adem√°s de revitalizar su biblioteca, Aza√Īa consigui√≥ aclarar determinadas cuestiones econ√≥micas que asediaban a la instituci√≥n.

Simult√°neamente, adem√°s de recibir clases de alem√°n, empez√≥ a tomar en serio la idea de escribir un estudio sobre la literatura provocada por el desastre del 98, para lo cual estudi√≥ los siglos de la Baja Edad Media, en busca de una explicaci√≥n de la decadencia espa√Īola, y entabl√≥ un di√°logo cr√≠tico y polemista con los intelectuales que hab√≠an abordado desde finales del XIX la cuesti√≥n de ese desastre. Como consecuencia de estas indagaciones, Aza√Īa elabor√≥ un concepto personal de patria en el que niega su existencia medieval (aunque, parad√≥jicamente, buscase en ese periodo a sus padres verdaderos) y que identifica con "la igualdad de los ciudadanos ante la ley; es decir, es democr√°tica."[11]

Por esas fechas, su amistad con Cipriano Rivas Cherif se consolidó definitivamente.

Madurez. Los inicios de su actividad política

A mediados de octubre de 1913, junto con otros j√≥venes de la nueva generaci√≥n intelectual de Espa√Īa y la compa√Ī√≠a de Jos√© Ortega y Gasset, respald√≥ con su firma, la primera, un denominado "Prospecto de la Liga de Educaci√≥n Pol√≠tica de Espa√Īa", que clamaba por

la organizaci√≥n de una minor√≠a encargada de la educaci√≥n pol√≠tica de las masas, vincular la suerte de Espa√Īa al avance del liberalismo y al proyecto de nacionalizaci√≥n, [y] agruparse con el prop√≥sito de ejercer alg√ļn tipo de actuaci√≥n pol√≠tica que abriera, sin salir de la monarqu√≠a, las puertas a la democracia.[12]

Pol√≠ticamente, el manifiesto supon√≠a un apoyo expl√≠cito al Partido Reformista presidido por Melqu√≠ades √Ālvarez, al que muchos de ellos, entre ellos Aza√Īa, se afiliaron inmediatamente.

En su primer discurso como afiliado, en diciembre de 1913, Aza√Īa reivindic√≥, una vez m√°s, la democracia parlamentaria, la necesidad de un Estado laico y soberano, atento a la justicia social y a la cultura, y la imperiosa necesidad de acabar con el caciquismo; por lo dem√°s, rechaz√≥ la posibilidad de que su partido pudiese acometer tal empresa con la ayuda de socialistas, republicanos o liberales.

A pesar de sus deseos de presentarse como candidato por el distrito de Alcal√° en las elecciones del 8 de marzo de 1914, finalmente no lo hizo, pues estim√≥ que podr√≠a provocar problemas en su pueblo por la divisi√≥n pol√≠tica existente. Por lo dem√°s, los malos resultados electorales del partido y la presencia en √©l de un porcentaje mayor de intelectuales que de pol√≠ticos, termin√≥ por hacer languidecer a la formaci√≥n durante un tiempo, mientras se consolidaba el debate sobre si la formaci√≥n deb√≠a aproximarse al Partido Liberal del Conde de Romanones, algo que Aza√Īa rechazaba frontalmente.

El comienzo de la Primera Guerra Mundial llev√≥ a Aza√Īa a posicionarse a favor de los aliados y a desarrollar algunas actividades de apoyo moral a estos. Puso a disposici√≥n de diversos intelectuales franceses la tribuna del Ateneo, respald√≥ un "Manifiesto de adhesi√≥n a las Naciones Aliadas" (publicado en Espa√Īa el 9 de julio de 1915) y realiz√≥ en octubre de 1916 una visita a Francia con un grupo de intelectuales espa√Īoles, que incluy√≥ un acercamiento al frente. Al lado de su admiraci√≥n por la fuerza c√≠vica demostrada por los franceses durante la guerra, Aza√Īa expres√≥ tambi√©n su repulsa, lejos de toda mitificaci√≥n, de los horrores provocados por esta.

La pol√©mica entre pro-aliados y german√≥filos, permanente a lo largo del conflicto, se recrudeci√≥ cuando los primeros decidieron criticar expl√≠citamente a los segundos. As√≠, el mismo semanario Espa√Īa public√≥ un manifiesto redactado por una llamada Liga Antigerman√≥fila, que Aza√Īa firm√≥.[13] Como apoyo intelectual al movimiento, pronunci√≥ tambi√©n una conferencia en el Ateneo con el t√≠tulo de "Los motivos de la germanofilia", donde incid√≠a en la idea de que la neutralidad de Espa√Īa en la Gran Guerra ten√≠a como motivo real la carencia de medios militares del pa√≠s; por lo dem√°s, explicando la valerosa resistencia de los franceses, reiteraba su principio de que el patriotismo estaba directamente vinculado a la virtud c√≠vica, el m√≥vil ideal de los ciudadanos como miembros de una sociedad pol√≠tica.

En septiembre de 1917, Aza√Īa realiz√≥ un viaje a Italia junto a Unamuno, Am√©rico Castro y Santiago Rusi√Īol para visitar los frentes de guerra; en noviembre de ese mismo a√Īo, viaj√≥ de nuevo a Francia con el mismo objetivo.

A su vuelta, y desde enero de 1918, inici√≥ un ciclo de conferencias en el Ateneo sobre "La pol√≠tica militar de la Rep√ļblica francesa", tema que le ven√≠a ocupando desde hac√≠a tiempo y que, finalmente, terminar√≠a concret√°ndose en un proyecto de obra en tres vol√ļmenes sobre Francia del que solo llegar√≠a a publicarse el primero, precisamente sobre esa cuesti√≥n militar.[14]

La tesis de Aza√Īa era que

la sociedad moderna se funda en un contrato en el que los individuos aceptan alienar una parte de su libertad en pro de la formaci√≥n de la colectividad; el Ej√©rcito nacional es una de las instituciones que actualizan ese pacto, y la que con mayor gravedad lo hace. En defensa de la naci√≥n, los ciudadanos, sin distinci√≥n de clases, han de estar dispuestos a dar no ya unos a√Īos de su vida, sino su vida entera si es necesario.[15]

Por lo dem√°s, Aza√Īa entend√≠a que el Estado moderno crea la naci√≥n, pero, al tiempo, como sistema opuesto al caracter√≠stico de las sociedades premodernas, crea tambi√©n al individuo, dotado de derechos inalienables que le permiten, a su vez, defenderse del Estado.

Como consecuencia de esta dedicaci√≥n al tema militar, fue el encargado en el Partido Reformista de desarrollar la parte ideol√≥gica del mismo sobre Guerra y Marina; b√°sicamente, Aza√Īa propuso alejar al ej√©rcito de la pol√≠tica, reducir el n√ļmero de oficiales o, al menos, impedir su crecimiento y reducir el tiempo del servicio militar.

Mantuvo al tiempo su incipiente inter√©s por la pol√≠tica y se present√≥ como candidato a las elecciones generales del 24 de febrero por el distrito de Puente del Arzobispo; asumiendo la necesidad de la unidad, apelaba en sus charlas con los ciudadanos a la uni√≥n de las izquierdas e insist√≠a en transmitir su idea de patria como cualidad de hombres libres. Tambi√©n, realiz√≥ en estos primeros m√≠tines sus primeros ataques directos a la Corona y unas primeras referencias a la posibilidad de una revoluci√≥n, por la fuerza si fuese necesario, para cambiar el statu quo de la realidad espa√Īola.[16] Consigui√≥ 4139 votos, que no fueron suficientes para convertirle en diputado.

En mayo de 1919, en un mitin convocado por el Partido Reformista para denunciar la entrega del decreto de disoluci√≥n de las Cortes al gobierno de Antonio Maura, Aza√Īa particip√≥ con un discurso en el que habl√≥ del hundimiento de sus esperanzas liberales, asociando el liberalismo con los derechos de los trabajadores como individuos. El mitin alej√≥ definitivamente a los reformistas de cualquier esperanza de reforma del r√©gimen establecido y los acerc√≥ a las izquierdas, especialmente a los reclamos de los socialistas.

Simult√°neamente a lo anterior, junto a varios intelectuales republicanos, socialistas y reformistas, particip√≥ en la creaci√≥n de la Uni√≥n Democr√°tica Espa√Īola para la Liga de la Sociedad de Naciones Libres, que reclamaba una democracia plena para Espa√Īa. Las buenas relaciones entre los pol√≠ticos de esas facciones se consolidaron a√ļn m√°s con una serie de conferencias (titulada "El actual momento pol√≠tico") que, con motivo de la crisis pol√≠tica espa√Īola de finales de los a√Īos veinte, se desarrollaron en el Ateneo desde abril de 1919.

Entre octubre de 1919 y abril de 1920 vivió en París junto a su amigo Rivas Cherif, y trabajó como enviado especial del diario El Fígaro enviando artículos sobre la situación política en Francia tras la guerra y sobre la crítica a esa guerra.

A principios de a√Īo, rompi√≥ sus relaciones con el Ateneo dimitiendo como secretario, en lo que ser√≠a un indicio de unas nuevas inquietudes intelectuales que se ver√≠an materializadas con la fundaci√≥n, junto a Rivas Cherif, de una revista literaria que contar√≠a con el mecenazgo del arquitecto Am√≥s Salvador. As√≠, en junio de 1920 sali√≥ a la calle La Pluma, Revista Literaria. Aza√Īa, en sus colaboraciones, toc√≥ los m√°s variados registros, desde el follet√≥n a la cr√≠tica literaria, pasando por el ensayo pol√≠tico.

En 1923 fue encargado de reflotar la revista Espa√Īa, para lo cual hubo que sacrificar a La Pluma. Aza√Īa increment√≥ su colaboraci√≥n pol√≠tica y reflej√≥ sus impresiones sobre los derroteros del Partido Reformista, que en diciembre de 1922 hab√≠a situado a uno de sus miembros, Jos√© Manuel Pedregal, como ministro de Hacienda, y dirigi√≥ con mayor insistencia sus cr√≠ticas a la dependencia del gobierno de militares e Iglesia.

En abril de 1923 repitió su candidatura al Congreso por el distrito de Puente del Arzobispo, obteniendo unos resultados similares a la vez anterior.

La reacción ante el golpe de estado de Primo de Rivera

El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera fue un momento cr√≠tico en su evoluci√≥n pol√≠tica. En primer lugar, lo llev√≥ a romper con el Partido Reformista porque entendi√≥ que su base doctrinal y moral era insuficiente para hacer frente a la situaci√≥n pol√≠tica de Espa√Īa. B√°sicamente, Aza√Īa entendi√≥ que el Partido se hab√≠a fundado para democratizar la monarqu√≠a, conservando su forma y su prestigio hist√≥rico, pero en modo alguno su arbitrariedad inherente, por lo que su aceptaci√≥n del golpe pod√≠a considerarse una traici√≥n sencillamente imperdonable y un fracaso en la l√≠nea del partido que no supo ver la imposibilidad de confiar en la monarqu√≠a. Derivado de lo anterior, en segundo lugar, Aza√Īa rompi√≥ tambi√©n con la monarqu√≠a. Y en tercer lugar, se alej√≥ definitivamente de muchas de las figuras del 98 y del regeneracionismo, que tomaron la Dictadura como una oportunidad para romper con el r√©gimen anterior, algo que para Aza√Īa era impensable.

Como consecuencia de todo ello, Aza√Īa termin√≥ por identificar la democracia con la rep√ļblica y postul√≥ como base para intentar alcanzarla la uni√≥n de republicanos y socialistas. As√≠, emplaz√≥ a Juli√°n Besteiro y a Fernando de los R√≠os a simbolizar ese nuevo movimiento de acci√≥n pol√≠tica

capaz de oponer al bloque avasallador de las fuerzas oscurantistas coligadas, la resistencia primero, la contraofensiva después, de la voluntad liberal latente so la mentida resignación del país.[17]

Cerrada la revista Espa√Īa por la censura, en mayo de 1924 termin√≥ de redactar un manifiesto titulado Apelaci√≥n a la Rep√ļblica que, finalmente, tras numerosas negativas por parte de amigos y compa√Īeros para facilitar su distribuci√≥n, se public√≥ en La Coru√Īa de forma clandestina. El n√ļcleo del manifiesto era la idea de que la monarqu√≠a era lo mismo que absolutismo, y que la democracia solo era posible en la rep√ļblica; por lo dem√°s, abri√≥ las puertas a una gran alianza pol√≠tica en la que los integrantes solo deber√≠an confirmar su aceptaci√≥n de lo anterior, esto es, solo deber√≠an reconocer su esencia liberal en el sentido m√°s elemental del t√©rmino: el individuo como sujeto de derechos y la naci√≥n como marco donde el hombre libre cumple sus destinos. Aza√Īa ide√≥, pues, una acci√≥n republicana en la que fuesen de la mano el proletariado y la burgues√≠a liberal. El manifiesto no tuvo grandes adhesiones.

Anulada cualquier posible iniciativa por el control de la dictadura, Aza√Īa se refugi√≥ en su afici√≥n a escribir y empez√≥ a participar en una especie de tertulia clandestina que se celebraba en el laboratorio que el farmac√©utico Jos√© Giral ten√≠a en la calle de Atocha en Madrid. All√≠ empez√≥ a trabajar de una forma m√°s activa en la preparaci√≥n de la Rep√ļblica, algo que se materializ√≥ en un nuevo manifiesto escrito en mayo de 1925. Ideol√≥gicamente, este manifiesto reiteraba lo dicho en la Apelaci√≥n, pero incorporaba la novedad de que se conformaba como el germen o la materializaci√≥n de un grupo pol√≠tico constituido a finales de 1925 por los miembros de esa tertulia que se denomin√≥, en principio, Grupo de Acci√≥n Republicana o Grupo de Acci√≥n Pol√≠tica. La denominaci√≥n respond√≠a al deseo de no verse confundidos con los partidos pol√≠ticos tradicionales y abrirse paso como posible punto de uni√≥n entre ellos, seg√ļn la idea de alianza liberal enunciada por Aza√Īa en sus manifiestos. En este sentido, una de sus primeras aproximaciones la realizaron al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.

Con motivo de la celebraci√≥n del aniversario de la Primera Rep√ļblica, el 11 de febrero de 1926 marc√≥ el inicio oficial de las actividades del Grupo de Alianza Republicana, el nombre con el que finalmente se conocer√≠a al grupo del que Aza√Īa ser√≠a su representante. En su circular n√ļmero 1 recordaba, en forma de "Manifiesto al pa√≠s", que no pretend√≠a ser un partido pol√≠tico sino un punto de articulaci√≥n para el republicanismo; adem√°s, reivindicaba una ordenaci√≥n federativa del Estado, atenci√≥n a la educaci√≥n, medidas de reforma agraria y de legislaci√≥n social, etc.

Con todo, la dictadura, reforzada por la calma en Marruecos, anulaba cualquier iniciativa p√ļblica de cariz pol√≠tico. Hacia 1926 las relaciones con Lerroux quedaron fijadas y Aza√Īa particip√≥ en casa de este en las reuniones de la junta interina de Alianza; tambi√©n, en varias ocasiones se involucr√≥ en proyectos de insurrecci√≥n militar contra la dictadura.

Aza√Īa hubo de refugiarse frecuentemente en su actividad de escritor. En 1926 fue galardonado con un Premio Nacional de Literatura por su Vida de don Juan Valera, que finalmente no publicar√≠a. Volvi√≥ tambi√©n a su reflexi√≥n sobre la relaci√≥n entre las ideas del grupo del 98 y la dictadura, y someti√≥ a una fuerte cr√≠tica al Idearium espa√Īol de √Āngel Ganivet. Igualmente, someti√≥ a an√°lisis la revoluci√≥n de los comuneros, en la que vio un antecedente de las revoluciones del tercer estado, que quedar√≠a desde entonces enfrentada a la monarqu√≠a y la nobleza. Reforzaba as√≠ su idea de la necesidad de uni√≥n pol√≠tica entre la burgues√≠a y la clase obrera para, desenga√Īado ya de la posible evoluci√≥n, retomar la vieja idea desechada en el pasado de que el camino era la revoluci√≥n que acabase con el poder de la alianza entre la Corona y la oligarqu√≠a.

En 1927 public√≥ El jard√≠n de los frailes, narraci√≥n con componentes autobiogr√°ficos, que fue bien recibida por la cr√≠tica en general. El drama que describe en ella es el de la constituci√≥n del individuo, en el que la ense√Īanza recibida es sometida a una fort√≠sima cr√≠tica. Se dedic√≥ tambi√©n con especial inter√©s al teatro, represent√°ndose en 1928 su obra La Corona.

En cuanto a su vida personal, el 27 de febrero de 1929 se casó con Dolores de Rivas Cherif en la iglesia de los Jerónimos de Madrid.

El liderazgo republicano

En enero de 1930, la retirada de Primo de Rivera provoc√≥ un revulsivo en la situaci√≥n, haciendo que el sentimiento republicano se reactivase. As√≠, el 8 de febrero se present√≥ p√ļblicamente el grupo de Acci√≥n Republicana y Aza√Īa retom√≥ su idea de una gran coalici√≥n de fuerzas pol√≠ticas unidas por su actitud pro-Rep√ļblica, con la novedad de que, en esa ocasi√≥n, prescindi√≥ de forma expl√≠cita de todo lo que no fuese izquierdas. Y subray√≥ que la Rep√ļblica

cobijar√° sin duda a todos los espa√Īoles; a todos les ofrecer√° justicia y libertad; pero no ser√° una monarqu√≠a sin rey: tendr√° que ser una Rep√ļblica republicana, pensada por los republicanos, gobernada y dirigida seg√ļn la voluntad de los republicanos.[18]

Simult√°neamente, Aza√Īa hubo de abordar tambi√©n el problema catal√°n; desde su punto de vista, aunque no conceb√≠a una separaci√≥n, reconoci√≥ que, de darse la voluntad por parte de Catalu√Īa de separarse de Espa√Īa, habr√≠a que permitirlo.

En junio se hizo con la presidencia del Ateneo, y lo puso al servicio de la movilización republicana, en la que estaba metido de lleno con el objetivo inmediato de conseguir un frente unido. Así, logró primero un pacto entre la Alianza y el Partido Radical Socialista, y poco después otro con los partidos Radical Socialista y Federal y la Federación Republicana Gallega. Al tiempo, con el auspicio de Miguel Maura se consiguió formar una Derecha Liberal Republicana con jóvenes ex monárquicos.

El domingo 28 de septiembre de 1930 se celebr√≥ un multitudinario mitin republicano en la Plaza de toros de Madrid. Entre otros, habl√≥ Aza√Īa, que salud√≥ a los asistentes como manifestaci√≥n de la voluntad nacional y los identific√≥ con unas Cortes espont√°neas de la revoluci√≥n popular, repitiendo su vieja idea de la importancia de los individuos en la conformaci√≥n de la Rep√ļblica e insistiendo en lo ineludible de la revoluci√≥n popular para conseguir el cambio del statu quo:

Seamos hombres, decididos a conquistar el rango de ciudadanos o a perecer en el empe√Īo. Y un d√≠a os alzar√©is a este grito que resume mi pensamiento: ¬°Abajo los tiranos![19]

Finalmente, qued√≥ constituida la Alianza Republicana, con presencia de los radicales de Lerroux y de los de la Acci√≥n aza√Īista. En octubre se invit√≥ a los socialistas a integrarse en la alianza, que estaban divididos al respecto entre los contrarios como Besteiro, y los favorables como Largo Caballero. Teniendo en mente una inmediata insurrecci√≥n, Aza√Īa y Alcal√°-Zamora les pidieron que el pueblo trabajador acompa√Īase al ej√©rcito cuanto el levantamiento se produjese, para que los militares, el pueblo y la clase media fuesen sus protagonistas, y no solo el ej√©rcito. Los socialistas aceptaron a cambio de dos puestos en el comit√© revolucionario de la Alianza.

En ulteriores reuniones, se decidi√≥ que para el d√≠a del levantamiento se decretase una huelga general en toda Espa√Īa, se prepar√≥ un manifiesto que habr√≠a de difundirse previamente, llamando a la revoluci√≥n (justificada por ellos en tanto que el estado de Espa√Īa era de tiran√≠a) y se dise√Ī√≥ el Gobierno Provisional que habr√≠a de asumir el poder, en el cual Aza√Īa se encargar√≠a del ministerio de Guerra.

El 15 de diciembre de 1930, d√≠a proyectado para la insurrecci√≥n, los acontecimientos se torcieron y los principales l√≠deres republicanos fueron detenidos. Aza√Īa consigui√≥ esconderse en casa de su suegro, donde durante casi un mes se dedic√≥ a escribir su novela Fresdeval, en la que f√°bula la historia de su familia en la Alcal√° de Henares del siglo XIX y expone su cr√≠tica a los liberales por no haber sabido aprovechar la Guerra de la Independencia para fundar la naci√≥n.

La proclamaci√≥n de la Segunda Rep√ļblica

Art√≠culo principal: Segunda Rep√ļblica Espa√Īola

A√ļn escondido, Aza√Īa continu√≥ vigilando el desarrollo de los acontecimientos. Intent√≥ apoyar la validez, siquiera provisional, del gobierno dise√Īado el 15 de diciembre y, ya en v√≠speras de las elecciones municipales que lo precipitar√≠an todo, concedi√≥ el sentido de plebiscito a estas y avanz√≥ la posibilidad de una manifestaci√≥n de la voluntad popular que, sin el impedimento del ej√©rcito, constituir√≠a una suerte de "alzamiento nacional".[20] Por fin, el d√≠a 12 de abril de 1931 la coalici√≥n republicano-socialista triunf√≥ en la elecciones municipales en las capitales y principales poblaciones. Ante el entusiasmo de la poblaci√≥n en Madrid, que sali√≥ a la calle, Aza√Īa fue recogido de la casa donde estaba escondido por sus compa√Īeros y se dirigi√≥ junto a ellos hasta la Puerta del Sol, para asomarse posteriormente al balc√≥n del Ministerio de la Gobernaci√≥n.

Esa misma noche, acompa√Īado por el capit√°n de artiller√≠a Arturo Men√©ndez, se present√≥ en el Palacio de Buenavista, donde se encontr√≥ con el subsecretario del Ministerio del Ej√©rcito, general Ruiz Fornells. Se hizo cargo del Ministerio y as√≠ se lo comunic√≥ a todas las guarniciones militares, a las que pidi√≥ patriotismo y disciplina; posteriormente, mediante decreto, estableci√≥ la obligaci√≥n de todos los miembros del estamento militar de prometer su adhesi√≥n y fidelidad a la Rep√ļblica, quedando sin efecto el hecho a las instituciones en ese momento ya desaparecidas. Con el decreto conocido como de retiros o ley Aza√Īa, inici√≥ un proceso de reducci√≥n de efectivos militares. En general, la intelectualidad elogi√≥ esas medidas, pero caus√≥ malestar en altas jerarqu√≠as militares.

Como consecuencia de la llegada de la Rep√ļblica, y con vistas a las inminentes elecciones de Cortes Constituyentes, el grupo pol√≠tico de Aza√Īa, Acci√≥n Republicana, se convirti√≥ en partido pol√≠tico, decidi√©ndose por una orientaci√≥n izquierdista. A lo largo de su primera Asamblea nacional, celebrada a finales de mayo, perfilaron su programa pol√≠tico cuid√°ndose mucho de mantener una posici√≥n intermedia entre los socialistas y los radicales de Lerroux. En el mitin inaugural de la campa√Īa, en Valencia en junio, Aza√Īa reiter√≥ el objetivo de romper radicalmente con el pasado y de reconstruir el pa√≠s y el Estado, para lo cual se hac√≠a necesario triturar al caciquismo.

En las elecciones del 28 de junio, Acci√≥n Republicana consigui√≥ 21 diputados. Su maniobra consiguiente fue intentar no quedar subordinado a Lerroux ni romper con los socialistas, reforzando la Alianza y sosteniendo para su partido una posici√≥n izquierdista, que quedar√≠a plenamente definida en su segunda Asamblea nacional, celebrada en septiembre, quedando Aza√Īa como presidente. All√≠, en el discurso de clausura, subray√≥ la necesidad de que la Rep√ļblica penetrase en todos los √≥rganos del Estado, y apunt√≥ de forma expl√≠cita al √°mbito educativo, en concreto a los colegios controlados por √≥rdenes religiosas.

Sobre este asunto vers√≥ uno de los momentos cr√≠ticos en la elaboraci√≥n del proyecto de Constituci√≥n, cuando se discuti√≥ el art√≠culo 24 (luego ser√≠a el 26). En principio, adem√°s de sancionar el sometimiento de las religiones, en tanto que asociaciones, al Estado, el art√≠culo establec√≠a la disoluci√≥n de las mismas y la nacionalizaci√≥n de todos sus bienes. Tanto la jerarqu√≠a cat√≥lica como varios pol√≠ticos, entre ellos Alcal√° Zamora (presidente de la Rep√ļblica), reaccionaron negativamente, por lo que se hizo necesario una reformulaci√≥n del art√≠culo para no bloquear la formaci√≥n del gobierno. Aza√Īa, con el temor de que tanto Alcal√° Zamora como Maura e, incluso, Lerroux, se desvinculasen del gobierno dejando a este exclusivamente en manos de la izquierda, decidi√≥ apoyar esa nueva redacci√≥n, en la que se suavizaban los elementos m√°s conflictivos: se disolver√≠an solo las √≥rdenes con voto especial de obediencia a una autoridad que no fuese el Estado (los jesuitas) y se prohibir√≠a el ejercicio de la industria y el comercio para el resto.

El día 13 de octubre hubo de pronunciar un discurso en el congreso con el objeto de hacer reflexionar a los más izquierdistas sobre la conveniencia de aceptar la nueva redacción del artículo. El no incorporar la disolución de todas las órdenes religiosas centraba en sus justos términos lo que, en sus palabras, era el mal llamado problema religioso, pues este

"no puede exceder de los l√≠mites de la conciencia personal"; es un problema pol√≠tico, de constituci√≥n del Estado. Se trata de organizar el Estado de acuerdo con una premisa que la proclamaci√≥n de la Rep√ļblica convierte en axioma: "Espa√Īa ha dejado de ser cat√≥lica".[21]

As√≠, pues, Aza√Īa expuso su idea de que el tronco central de la cultura espa√Īola ya no era cat√≥lico, y que no hab√≠a vuelta atr√°s. Su idea era que hab√≠a que sustituir esa religi√≥n nacional por otra de car√°cter laico. De ah√≠ que para Aza√Īa fuese suficiente con la prohibici√≥n a las √≥rdenes religiosas de ense√Īar y con reclamar la libertad de conciencia para los ciudadanos.

De todo lo anterior, se deriv√≥ el hecho de que entre abril y octubre Aza√Īa hab√≠a reformado por completo la pol√≠tica militar y religiosa de Espa√Īa. El impacto emocional de todas esas semanas sobre Aza√Īa lo resumi√≥ el mismo con una frase: parec√≠a estar presenciando lo que le sucede a otro.[22]

Por lo dem√°s, a medida que avanzaban las semanas, la dificultad para formar gobierno hac√≠a que las miradas se dirigiesen hacia Aza√Īa como posible presidente. La votaci√≥n favorable al nuevo art√≠culo sobre la cuesti√≥n religiosa provoc√≥ la dimisi√≥n de Alcal√° Zamora. Maura, que tambi√©n hab√≠a dimitido del gobierno, apunt√≥ a que solo hab√≠a dos posibilidades de sustituci√≥n: o Lerroux o Aza√Īa. Lerroux desech√≥ su candidatura y se√Īal√≥ que Aza√Īa era el hombre ideal, en tanto representaba a un partido minoritario que pod√≠a servir de puente entre los mayoritarios.

Presidente del Gobierno

Escultura de Manuel Aza√Īa en Alcal√° de Henares

Sustituy√≥, por tanto, a Niceto Alcal√°-Zamora como presidente del Segundo Gobierno Provisional de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola (en octubre del mismo 1931).

Los objetivos inmediatos fueron la aprobaci√≥n de la Constituci√≥n y de los presupuestos de la Rep√ļblica, y la elaboraci√≥n de la Ley Agraria. Adem√°s, sac√≥ adelante una Ley de Defensa con la intenci√≥n de dotar de facultades extraordinarias al gobierno en caso de necesidad, y promulg√≥ un decreto para reducir considerablemente las plantillas de funcionarios. Una vez aprobada la Constituci√≥n, recuper√≥ a Alcal√° Zamora para la presidencia de la Rep√ļblica, con lo que incorpor√≥ a la derecha liberal cat√≥lica como fuerza participante en la direcci√≥n del pa√≠s. En diciembre, consigui√≥ que Alianza Republicana aceptase definitivamente la coalici√≥n con los socialistas para el gobierno, lo que provoc√≥ la retirada inmediata de Lerroux. A continuaci√≥n, Aza√Īa present√≥ la dimisi√≥n del gobierno ante Alcal√° Zamora y dej√≥ en sus manos la soluci√≥n de la crisis. El presidente de la Rep√ļblica, asesorado por Besteiro y el mismo Lerroux, encarg√≥ de nuevo la tarea de formar gobierno a Aza√Īa, quien en principio intent√≥ repetir el equilibrio de fuerzas anterior. Sin embargo, Lerroux termin√≥ por negarse sobre la base de su incompatibilidad con los socialistas, y con la probable intenci√≥n de que un gobierno de ese tipo le pudiese abrir las puertas a la presidencia del mismo unos meses despu√©s.[23] Aza√Īa volvi√≥ otra vez a poner su cargo a disposici√≥n de Alcal√° Zamora, pero este lo confirm√≥ en el mismo.

El 17 de diciembre pudo, por fin, presentar un programa que se revel√≥ como muy ambicioso, y que ten√≠a como puntos m√°s sobresalientes la Ley de Reforma Agraria, la incorporaci√≥n de los sindicatos a las negociaciones laborales, la Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas, el Estatuto de Autonom√≠a de Catalu√Īa, una reforma educativa con el objetivo de universalizar la ense√Īanza primaria, la introducci√≥n del divorcio, la reforma del C√≥digo Civil, la equiparaci√≥n de derechos entre hombres y mujeres, terminar con la reforma militar, etc. Tuvo tiempo, adem√°s, para estrenar su drama La Corona en Barcelona, el 19 de diciembre. Dos graves problemas sociales tuvo que afrontar a comienzos de 1932: una huelga general convocada por la Federaci√≥n de Trabajadores de la Tierra (de la UGT) que tuvo como resultado varias muertes, tanto por parte de la Guardia Civil como de manifestantes, y la proclamaci√≥n del comunismo libertario en la cuenca del Llobregat. En ambos casos, justific√≥ el uso de la fuerza militar como √ļnica forma, no de controlar las huelgas, sino de reconducir un orden que hab√≠a sido violentamente quebrado. En este sentido, puso el l√≠mite de lo asumible por el gobierno en lo marcado por la Constituci√≥n.

El 2 de febrero, Aza√Īa fue iniciado en la masoner√≠a, en un acto (tras el que no habr√≠a de volver a pisar una logia) de intencionalidad pol√≠tica encaminado a facilitar sus relaciones con el Partido Radical (la Logia Matritense, donde se desarroll√≥ la ceremonia, era lerrouxista) que se empezaba a oponer con rotundidad a su gobierno.[24] Por otro lado, desde la presidencia del gobierno Aza√Īa hubo tambi√©n de afrontar el desarrollo de, al menos, tres conspiraciones contra la Rep√ļblica. En primer lugar, una promovida por Alfonso de Borb√≥n con el objeto de devolverle al trono; despu√©s, otra llevada a cabo por elementos mon√°rquicos afectos al infante don Juan que buscaban la abdicaci√≥n de Alfonso; y, en tercer lugar, una de tipo militar (simultaneada por las continuas quejas por parte de jefes y oficiales del ej√©rcito), liderada por los generales Barrera y Cavalcanti,[25] que habr√≠a ido gest√°ndose desde mediados de 1931. Finalmente, la noche del 9 al 10 de agosto de 1932 estall√≥ otra conspiraci√≥n, tambi√©n liderada por el general Barrera y acompa√Īado en esta ocasi√≥n por el general Sanjurjo, que Aza√Īa consigui√≥ parar apenas con la ayuda de la Guardia Civil.

Aunque el golpe result√≥ m√°s complicado en Sevilla, la resoluci√≥n favorable al gobierno termin√≥ por reforzar a este. Aza√Īa, para aprovechar el momento, realiz√≥ un viaje que lo llev√≥ por numerosas ciudades, entre ellas Barcelona, en la que como art√≠fice del Estatuto de Autonom√≠a fue recibido en septiembre en olor de multitud. Con todo, record√≥, una vez m√°s, que los destinos de Catalu√Īa y Espa√Īa estaban unidos en la Rep√ļblica.[26]

Apenas un a√Īo despu√©s, el invierno de 1933 supuso el declive de la labor de Aza√Īa al frente del gobierno. Los sucesos de Casas Viejas, Castilblanco y Arnedo, sirvieron de pretexto para respaldar una ofensiva pol√≠tica del centro-derecha lerrouxista (que critic√≥ el fracaso econ√≥mico, social y pol√≠tico, y ech√≥ parte de las culpas a la coalici√≥n con los socialistas) y de la derecha de Miguel Maura, que finalmente motivar√≠a la destituci√≥n de Aza√Īa, el 8 de septiembre de 1933, por parte del presidente Alcal√°-Zamora. Por lo dem√°s, en marzo de ese a√Īo hab√≠a aparecido el catolicismo como fuerza pol√≠tica bajo el nombre de Confederaci√≥n Espa√Īola de Derechas Aut√≥nomas, liderada por el joven abogado de Salamanca Jos√© Mar√≠a Gil-Robles. Aza√Īa y los partidos republicanos minimizaron su relevancia y su capacidad de aglutinar a amplios sectores de la sociedad espa√Īola, sobre la base de un concepto idealista de la Rep√ļblica en el que el pueblo ya no pertenec√≠a a nadie en particular.[27] Los resultados municipales del 23 de abril de 1933 dieron a esta nueva derecha un espacio decisivo en el panorama pol√≠tico espa√Īol, en el que los republicanos cada vez estaban m√°s desunidos.

Con todo, Aza√Īa, incluso en el momento √°lgido de las cr√≠ticas (febrero), mantuvo su valoraci√≥n positiva de su pol√≠tica y su relaci√≥n con los socialistas, a los que consideraba imprescindibles para la creaci√≥n de lo que denominaba el nuevo orden republicano; especialmente, reforz√≥ sus lazos con Indalecio Prieto, con quien hab√≠a establecido no solo una relaci√≥n personal, sino "un acuerdo completo sobre estrategias y t√°ctica pol√≠tica."[28] El 8 de junio, en plena crisis por el asunto religioso, y con la mayor parte de la prensa y de la intelectualidad en su contra, Aza√Īa dimiti√≥, aunque se le hubo de encomendar nuevamente la formaci√≥n de gobierno. Intent√≥ incorporar, otra vez, a los radicales de Lerroux, pero Mart√≠nez Barrio lo impidi√≥ al mantener Aza√Īa a los socialistas en el gobierno.

En la oposición

Sin embargo, el nuevo gobierno no dur√≥ mucho: no solo las relaciones entre Alcal√°-Zamora y Aza√Īa hab√≠an quedado seriamente da√Īadas tras la aprobaci√≥n de la Ley de Confesiones, sino que la divisi√≥n entre socialistas y republicanos aument√≥; as√≠ las cosas, el presidente de la Rep√ļblica retir√≥ su confianza a Aza√Īa el 7 de septiembre y le encarg√≥ la tarea de formar gobierno a Alejandro Lerroux.

Acci√≥n Republicana aport√≥ al mismo la figura de Claudio S√°nchez Albornoz para el Ministerio de Estado, colaboraci√≥n que los socialistas criticaron hasta el punto de provocar su ruptura definitiva con los republicanos. Finalmente, como Lerroux no consigui√≥ el respaldo parlamentario (tras el debate que Aza√Īa denominar√≠a "de los enojos"), Alcal√°-Zamora se lo encomend√≥ a Mart√≠nez Barrio, quien, tras conseguir la aceptaci√≥n de Lerroux al respecto, present√≥ el 9 de octubre un gobierno de concentraci√≥n con presencia de pol√≠ticos socialistas. El 16 de octubre, en el discurso de clausura de la Asamblea nacional de Acci√≥n Republicana, Aza√Īa se reafirm√≥ en su pol√≠tica llevada a cabo como presidente del gobierno y se mostr√≥ orgulloso de la revoluci√≥n llevada a cabo en forma de diversos cambios de reg√≠menes: pol√≠tico, familiar, religioso, etc. Con vistas a las elecciones de noviembre, Aza√Īa busc√≥ por todos los medios la coalici√≥n con los socialistas, sabedor que, de lo contrario, la derrota ser√≠a inevitable frente a la derecha.

Efectivamente, el 19 de noviembre de 1933 triunf√≥ la coalici√≥n formada por el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y la Confederaci√≥n Espa√Īola de Derechas Aut√≥nomas (CEDA) de Jos√© Mar√≠a Gil-Robles. Aza√Īa mantuvo su esca√Īo de diputado gracias a que se hab√≠a presentado por el distrito de Indalecio Prieto (en Bilbao), quien hab√≠a mantenido, frente a las consignas de su partido, la coalici√≥n con los republicanos. El 16 de diciembre Lerroux accedi√≥ a la presidencia del gobierno, con el apoyo de la CEDA de Gil-Robles, quien dej√≥ claro desde el primer momento su futura aspiraci√≥n a gobernar. Aza√Īa, en distintas declaraciones p√ļblicas, se mostr√≥ muy cr√≠tico con las aspiraciones de la CEDA a gobernar, en tanto no mostrasen su fidelidad a la Rep√ļblica, pues no aceptaba el que, por un lado, se hiciesen con el poder a trav√©s de los votos y que, por otro, y seg√ļn √©l, tuviesen la pretensi√≥n de terminar con ese mismo sistema que se lo hab√≠a posibilitado. En este sentido, subray√≥ con claridad la jerarqu√≠a de relevancias para el Estado de darse una situaci√≥n cr√≠tica:

por encima de la Constituci√≥n, est√° la Rep√ļblica, y por encima de la Rep√ļblica, la revoluci√≥n.[29]

En otro orden de cosas, Aza√Īa, en estos primeros meses de 1934, dedic√≥ una atenci√≥n casi exclusiva al asunto de la necesaria uni√≥n entre los partidos republicanos de izquierda, como √ļnica v√≠a de arbitraje entre la polarizaci√≥n ya iniciada entre la derecha cat√≥lica y el Partido socialista. En este contexto, se produjo la disoluci√≥n de Acci√≥n Republicana para fusionarse con la Organizaci√≥n Republicana Gallega Aut√≥noma y con el Partido Radical Socialista Independiente en la nueva formaci√≥n llamada Izquierda Republicana, que nacer√≠a a principios de abril bajo la presidencia del propio Aza√Īa. Desde su primer discurso en el cargo, dej√≥ clara su repugnancia hacia aquellos republicanos que hab√≠an optado por aliarse con una derecha antirrepublicana para gobernar el pa√≠s e, impl√≠citamente, se desentendi√≥ de cualquier futura alianza con los primeros.

M√°s all√° de esto, Aza√Īa entr√≥ en un semi-retiro pol√≠tico y regres√≥ a la actividad literaria y editorial. De estas fechas son los libros Una pol√≠tica y En el Poder y en la Oposici√≥n, recopilaciones de discursos parlamentarios. Con todo, una pronta crisis gubernamental, que acab√≥ con Lerroux como presidente, hizo volver a Aza√Īa a la primera l√≠nea pol√≠tica, estableciendo sendas conversaciones con los republicanos de centro y derecha con el objeto de llevar a Alcal√° Zamora la propuesta de un gobierno nacional de defensa republicana, con el objeto de reconducir la situaci√≥n pol√≠tica disolviendo las Cortes. El Presidente de la Rep√ļblica no accedi√≥ y el asunto no lleg√≥ m√°s all√° de a la recomposici√≥n de las relaciones personales entre los distintos l√≠deres republicanos de izquierda y centro-derecha. Aza√Īa intent√≥ de nuevo conseguir la coalici√≥n con los socialistas a efectos electorales, pero fue imposible, dada la animadversi√≥n de estos para con el sistema republicano, al que desde las p√°ginas de El Socialista se consideraba un r√©gimen no mejor que la monarqu√≠a.[30]

El 30 de agosto, durante unas peque√Īas vacaciones en Catalu√Īa, fue homenajeado con un banquete al que asistieron 1025 personas, al final del cual pronunci√≥ un discurso en el que analiz√≥ la situaci√≥n pol√≠tica del momento. Fundamentalmente, expres√≥ su queja por que la pol√≠tica hubiese ca√≠do en manos de pandillas pol√≠ticas y expuso que la situaci√≥n solo ten√≠a dos posibles v√≠as de escape, ligadas a su nueva ascensi√≥n a la presidencia del gobierno: el sufragio o la revoluci√≥n. Eludi√≥ expl√≠citamente la v√≠a electoral, por suponer una derrota segura ante el centro-derecha dada la extrema divisi√≥n de la izquierda; en cuanto a la revoluci√≥n, record√≥, una vez m√°s, que no se podr√≠a consentir un derribo del r√©gimen republicano desde dentro. A primeros de octubre, el gobierno de Samper se rompi√≥ y Lerroux fue encargado para formar un nuevo gobierno, en el que incluy√≥ a tres ministros de la CEDA. Casi inmediatamente, el gobierno de la Generalitat proclam√≥ la Rep√ļblica Federal Espa√Īola y el Estado Catal√°n dentro de ella, proyecto en el que Aza√Īa se neg√≥ a involucrarse por considerar que su fidelidad estaba con la Constituci√≥n y el Estatuto;[31] tambi√©n, a primeros de octubre se desarroll√≥ una huelga general en toda Espa√Īa, en la que fueron especialmente graves los hechos acaecidos en Asturias. Simult√°neamente, se empezaron a propagar rumores de una revuelta (ya en circulaci√≥n desde finales de septiembre) y de la inminencia de la ascensi√≥n de Aza√Īa a la Presidencia de la Rep√ļblica. Como consecuencia de todo ello, y de la presencia circunstancial de Aza√Īa en Barcelona en donde se esperaba el inicio de esa revuelta, el 8 de octubre fue detenido por la autoridad militar.

Fue encarcelado en distintos barcos de la armada (el buque Ciudad de C√°diz y los destructores Alcal√° Galiano[32] y S√°nchez Barc√°iztegui, en los que fue interrogado varias veces por distintos jueces en relaci√≥n con la rebeli√≥n en Barcelona, con un alijo de armas encontrado en el vapor Turquesa en la playa de San Esteban de Pravia y con unos contactos con ciudadanos portugueses, supuestamente para ayudarles en 1931 a preparar en Portugal algo parecido a la proclamaci√≥n de la Segunda Rep√ļblica en Espa√Īa.

El 28 de diciembre el Tribunal Supremo decidi√≥ sobreseer el procedimiento y lo puso en libertad. Aza√Īa relatar√≠a estos hechos en su libro Mi Rebeli√≥n en Barcelona, donde, de paso, critica abiertamente a ciertos sectores del nacionalismo catal√°n a los que denomina antidemocr√°ticos, autoritarios y demag√≥gicos. Durante su reclusi√≥n se produjo una oleada de muestras de afecto hacia su persona en id√©ntica proporci√≥n a las cr√≠ticas que recibi√≥ por parte de la derecha mon√°rquica y cat√≥lica. El resultado de ese enfrentamiento de apreciaciones sobre el personaje dio origen a una n√≠tida divisi√≥n entre ac√©rrimos partidarios (aza√Īistas) y detractores del mismo, que perdurar√≠a en el tiempo y que simbolizar√≠an en √©l la confrontaci√≥n civil en ciernes, como el propio Aza√Īa maliciaba ya en aquellos momentos.[33] A principios de enero de 1935 resolvi√≥ con varios miembros del Consejo Nacional de Izquierda Republicana el mantener la identidad del partido y la fidelidad a la Constituci√≥n, e insistir en la necesidad de la uni√≥n entre los partidos republicanos con vistas a las siguientes elecciones. En esos primeros meses hubo de enfrentarse tambi√©n a una acusaci√≥n, que quedar√≠a en nada, promovida por la CEDA y los radicales, que lo responsabilizaba de la venta de un cargamento de armas a los socialistas revolucionarios de Asturias.

El 20 de marzo pronunci√≥ un discurso en el Congreso en el que rompi√≥ toda posible relaci√≥n pol√≠tica con Alcal√° Zamora (al que responsabilizaba, en parte, de la crisis pol√≠tica por haber dado p√°bulo a rumores de toda √≠ndole) y apel√≥ a la necesidad de una disoluci√≥n de las Cortes y de una convocatoria de elecciones para salir de la delicada situaci√≥n pol√≠tica del momento. A finales de mayo, con un multitudinario m√≠tin en el Campo de f√ļtbol de Mestalla, en Valencia (calificado por el peri√≥dico El Sol como el acontecimiento m√°s importante de estos √ļltimos tiempos), inici√≥ una serie de actos p√ļblicos con el objeto de reivindicar la vigencia de la Rep√ļblica y de la necesidad de la coalici√≥n entre los partidos afines a ella. Su √©xito personal fue enorme y el m√≠tin del campo de Comillas, cerca de Madrid, que tambi√©n concit√≥ a una enorme multitud, fue incluso anunciado por el diario Pueblo, √≥rgano del PCE. Sus discursos insist√≠an en las ideas de siempre: pol√≠tica basada en la Constituci√≥n, y una Constituci√≥n, adem√°s, reformista en el orden social y fundada en el sufragio universal. Una de las primeras consecuencias de esta actividad fue el restablecimiento de las relaciones con Indalecio Prieto, hasta el punto de que este lo invit√≥ a un viaje junto a su mujer a B√©lgica en el mes de septiembre. A su regreso a Espa√Īa, sin embargo, Largo Caballero mantuvo su negativa a cualquier coalici√≥n con los republicanos, ejemplificando la manifiesta ruptura entre su l√≠nea y la de Prieto. Con todo, una crisis gubernamental que parec√≠a que iba a precipitar el acceso de la CEDA al poder, llev√≥ en noviembre a Largo Caballero a rectificar, aceptando la coalici√≥n planteada por Aza√Īa, coalici√≥n solo de cara a las elecciones (nunca para el gobierno) y en la que deber√≠an ir incluidos los sindicalistas y los comunistas. La gente bautiz√≥ la nueva coalici√≥n republicana de izquierdas como Frente Popular.

Presidente del Gobierno

El 16 de febrero de 1936 result√≥ vencedora esta coalici√≥n de partidos de izquierda por un ajustado n√ļmero de votos, aunque en esca√Īos la victoria fue rotunda. Inmediatamente, el presidente del Consejo, Manuel Portela Valladares, dimiti√≥ y Aza√Īa se hizo cargo del gobierno sin que las Cortes se hubiesen llegado a constituir. Los mensajes de Aza√Īa a la poblaci√≥n fueron, constantemente, en la misma direcci√≥n:

tranquilizar los √°nimos, asentar la democracia, aplicar lealmente el programa electoral, democratizar el ej√©rcito para evitar situaciones como las de las √ļltimas horas [tras el triunfo del frente popular, hubo rumores de golpe de Estado], aprobar la amnist√≠a [para los represaliados de la revoluci√≥n de octubre], restablecer el orden, aplicar la ley.[34]

El 19 de febrero de 1936 se form√≥ el nuevo gobierno, que presentaba una coalici√≥n de Izquierda Republicana y Uni√≥n Republicana. Al tiempo que gestionaba la amnist√≠a de presos antes citada y restablec√≠a las relaciones con Catalu√Īa anulando la suspensi√≥n del Estatuto, el estado de alarma que exist√≠a en el pa√≠s le permiti√≥ encarcelar a la plana mayor de Falange Espa√Īola por el atentado cometido por un falangista el 12 de marzo contra el Vicepresidente de las Cortes, Luis Jim√©nez de As√ļa (en el que morir√≠a solo su escolta). A la tensi√≥n y violencia que se viv√≠a en el pa√≠s, Aza√Īa contrapuso un discurso en las Cortes el 3 de abril en el que intent√≥ calmar los √°nimos, sobre todo ante la desorientaci√≥n de los dos partidos con mayor representaci√≥n parlamentaria y mayor seguimiento popular: la CEDA y el PSOE.[35] El 15 de abril present√≥ su gobierno ante las Cortes, pero ya con la idea de acceder a la Presidencia de la Rep√ļblica, en la creencia de que su popularidad le habilitaban m√°s para ese cargo como √°rbitro que en la presidencia del gobierno. Por lo dem√°s, desde ah√≠ ten√≠a tambi√©n como objetivo el incorporar definitivamente a los socialistas al gobierno.

El 30 de abril fue elegido candidato √ļnico a la Presidencia de la Rep√ļblica de todos los partidos que formaban el Frente Popular. Tras la destituci√≥n de Alcal√°-Zamora (cuyo partido liberal-dem√≥crata hab√≠a sufrido un descalabro en las elecciones), fue elegido Presidente de la Rep√ļblica el 10 de mayo de 1936 con 754 votos de los 874 diputados, jurando el cargo al d√≠a siguiente.

Presidente de la Rep√ļblica. La Guerra civil

Con el trasfondo de una conspiraci√≥n militar en marcha y una movilizaci√≥n obrera y campesina, Aza√Īa encarg√≥ la presidencia del gobierno a Santiago Casares Quiroga, que form√≥ uno exclusivamente republicano, y entr√≥ en la din√°mica institucional de su nuevo cargo, sin hacer mucho caso de todo lo que estaba fragu√°ndose.[36] As√≠, cuando el golpe de Estado se produjo, el gobierno se hundi√≥ casi inmediatamente. Casares Quiroga dimiti√≥ la tarde del 18 de julio y Aza√Īa, desde el Palacio Nacional (adonde hab√≠a sido trasladado por seguridad), encarg√≥ r√°pidamente al Presidente de las Cortes, Diego Mart√≠nez Barrio, que formase un gobierno que incorporase a elementos de la derecha y que no incorporase a comunistas. Sin embargo, el PSOE, por boca de Indalecio Prieto (pero siguiendo la estrategia de Largo Caballero), se neg√≥ a participar en tal gobierno. Con todo, el 19 por la ma√Īana ten√≠a formado un gobierno con miembros de Izquierda Republicana, Uni√≥n Republicana y el Partido Nacional Republicano (sin socialistas ni comunistas, por tanto).

Mart√≠nez Barrio lleg√≥ a hablar con algunos de los generales sublevados (Cabanellas y Mola), pero no hubo vuelta atr√°s. Adem√°s, tanto socialistas como anarcosindicalistas y comunistas, rechazaron tambi√©n cualquier tipo de vuelta atr√°s y reclamaron las armas para hacer frente a la sublevaci√≥n, neg√°ndose a reconocer al nuevo gobierno. Mart√≠nez Barrio dimiti√≥ el mismo 19. Aza√Īa reuni√≥, entonces, a los partidos con el objeto de buscar una soluci√≥n satisfactoria para todos. Largo Caballero supedit√≥ la participaci√≥n socialista al reparto de armas a los sindicatos y a la licenciaci√≥n de todos los soldados. Aza√Īa encarg√≥ entonces la formaci√≥n del gobierno a Jos√© Giral, que form√≥ uno exclusivamente republicano y que asumi√≥ el reparto de armas. El 23 de julio Aza√Īa dirigi√≥ por radio una alocuci√≥n al pa√≠s en la que anim√≥ y agradeci√≥ su esfuerzo a los que defend√≠an la Rep√ļblica, reivindicando su legitimidad y condenando a sus agresores. Sin embargo, simult√°neamente a estas exteriorizaciones,

quienes le hab√≠an visitado unas semanas antes y volv√≠an ahora para charlas de nuevo con √©l comprobaron un r√°pido envejecimiento, una acusada palidez en su rostro, un evidente cansancio, un temblor de emoci√≥n en la voz cuando evocaba las atrocidades de los insurgentes y el sacrificio del pueblo, aunque hablara sin rencor y sin mostrar ning√ļn √°nimo de venganza.[37]

A principios de agosto, al saber que Francia y Gran Breta√Īa no iban a apoyar a la Rep√ļblica con armas, Aza√Īa se convenci√≥ de que no habr√≠a forma de ganar la guerra. El 22 de agosto la c√°rcel Modelo de Madrid fue asaltada por una multitud y resultaron asesinados varios amigos personales de Aza√Īa, entre ellos Melqu√≠ades √Ālvarez. Como resultado de todo, al d√≠a siguiente Aza√Īa se plante√≥ dimitir, aunque √Āngel Ossorio y Gallardo le ayud√≥ finalmente a reconsiderar su intenci√≥n. Por lo dem√°s, un nuevo problema se hizo visible en Espa√Īa: la indisciplina, la fragmentaci√≥n del poder y las ansias de revancha.

El desorden generalizado provoc√≥ que a principios de septiembre Jos√© Giral dimitiese y con √©l todo el gobierno. Giral recomend√≥ un gobierno que, por su influencia en el pueblo, incluyese al sindicalismo y Aza√Īa, a pesar de considerar a los sindicatos como los principales responsables del caso, termin√≥ por aceptar al l√≠der de la UGT, Largo Caballero, como presidente del gobierno. El nuevo gobierno de coalici√≥n estaba formado por socialistas, republicanos, comunistas y un miembro del PNV. Ante la proximidad del ej√©rcito de Franco a Madrid, el gobierno decidi√≥ que Aza√Īa se trasladase a Barcelona. A finales de octubre, estableci√≥ su residencia y despacho en el Palacio de la Ciudadela. Desde all√≠, en el mismo mes de octubre y previendo un dif√≠cil triunfo republicano, intent√≥, a trav√©s de los embajadores en Inglaterra y B√©lgica, que se mediase ante los brit√°nicos para conseguir el final de la guerra y que as√≠ los espa√Īoles pudiesen decidir su futuro pac√≠ficamente. Sin embargo, el ambiente favorable al levantamiento en ambos pa√≠ses dio al traste con el intento. El 2 de noviembre Aza√Īa cambi√≥ su residencia al monasterio de Montserrat. All√≠ recibi√≥ la noticia de que Largo Caballero hab√≠a concedido cuatro ministerios a la CNT, en parte gracias a un malentendido entre Aza√Īa y Giral, que hab√≠a mediado en el asunto. Aza√Īa se molest√≥ (contrario como era a encomendar a sindicatos cargos pol√≠ticos), y le expuso al presidente su especial oposici√≥n a la presencia de ministros del FAI, pero no hubo vuelta atr√°s.

A lo largo de los siguientes meses, Aza√Īa tuvo que resistir diferentes acometidas de su estado de √°nimo ante los acontecimientos que se estaban desarrollando, pero resisti√≥ sin abandonar su cargo por diversas razones:

la primera fue su claro y contundente repudio a la rebeli√≥n, que defini√≥ desde el principio como una agresi√≥n sin ejemplo, como horrenda culpa, un "crimen no de lesa patria, sino de lesa humanidad", echando en cara a sus responsables el delito de haber desgarrado el coraz√≥n de la patria. Nunca encontr√≥ justificaci√≥n ni explicaci√≥n alguna para ese delito: "aunque hubiesen sido ciertos todos los males que se cargaban a la Rep√ļblica no hac√≠a falta la guerra. Era in√ļtil para remediar aquellos males. Los agravaba todos, a√Īadi√©ndoles los que resultan de tanto destrozo". La segunda (...) fue su respeto por los combatientes. (...) la tercera (...) es la causa misma de la Rep√ļblica (...) la Rep√ļblica era la ley, el orden, la convivencia, la democracia y a esos valores hab√≠a entregado su vida.[38]

Aza√Īa vivi√≥ durante varios meses en reclusi√≥n y tristeza entre Montserrat y Barcelona, y al margen del Gobierno republicano. Finalmente, en diciembre del 36, √Āngel Ossorio lo anim√≥ a acercarse a Valencia, a lo que Aza√Īa accedi√≥.

En enero de 1937 pronunci√≥ un discurso en el Ayuntamiento de Valencia en el que destac√≥ que, aunque la guerra era, en su origen, un problema interno debido a la rebeli√≥n de una gran parte del ej√©rcito contra el Estado, por la presencia de fuerzas de distintos pa√≠ses se hab√≠a convertido en un grave problema internacional. Y que Espa√Īa estaba luchando, por tanto, tambi√©n por su independencia nacional. En este sentido, insisti√≥ en sus gestiones para que la firma de un cese de hostilidades facilitase la salida de las potencias extranjeras de Espa√Īa y, de paso, un restablecimiento de relaciones entre las partes en conflicto para, finalmente, llegar a un refer√©ndum que aclarase el futuro.

De vuelta a Catalu√Īa, se traslad√≥ a vivir a Barcelona, aunque hizo frecuentes visitas a Valencia, donde ten√≠a su sede el gobierno. Pens√≥ en un plan, que comunic√≥ a varios miembros del gobierno (el cual lo compart√≠a en marzo de 1937), que consist√≠a en el bloqueo de armas y de contingentes, y el reembarco de los combatientes extranjeros con una suspensi√≥n de armas, para la que ser√≠a necesaria la intervenci√≥n del Reino Unido y de Francia; no recibi√≥ la atenci√≥n necesaria por parte del gobierno y finalmente qued√≥ en nada.[39]

A principios de febrero de 1937 ten√≠a tambi√©n en mente que la √ļnica forma de reconducir la situaci√≥n de fracaso en la guerra era conseguir sacar del gobierno a los sindicatos y dejarlo en una coalici√≥n de comunistas, socialistas y republicanos. El mismo Stalin hizo llegar su queja de que la guerra no se tomaba en serio y que no hab√≠a disciplina militar. La insurrecci√≥n anarquista en Barcelona de mayo recrudeci√≥ la separaci√≥n entre Aza√Īa y el gobierno de Largo Caballero, que se mantuvo bastante pasivo respecto de la revuelta, hasta el punto de que Aza√Īa pens√≥ otra vez en dimitir. Aza√Īa, con todo, sigui√≥, y posteriormente manej√≥ una nueva crisis de gobierno con vistas a conseguir que Largo Caballero abandonase la presidencia del gobierno, lo que conseguir√≠a gracias a la presi√≥n conjunta de socialistas y comunistas, y la aquiescencia de republicanos.

Aunque se esperaba que el sustituto fuese Indalecio Prieto, Aza√Īa opt√≥ por Juan Negr√≠n al no fiarse de los altibajos an√≠micos del primero.[40] y por parecerle este m√°s apto para dirigir un gobierno de coalici√≥n, dadas sus relaciones correctas con todas las fuerzas pol√≠ticas. Con todo, la raz√≥n decisiva fue entender que Negr√≠n era el pol√≠tico m√°s adecuado para intentar, una vez m√°s, una salida a la guerra a trav√©s de la mediaci√≥n internacional, que en el momento del cambio de presidente, mayo de 1937, ten√≠an mejores perspectivas que en ocasiones anteriores. Sin embargo,

la propuesta de un plan de intervención de las potencias extranjeras que dejara la guerra en tablas (...) no entraba para nada en el horizonte de los mandos insurgentes ni de sus aliados eclesiásticos que, para entonces, ya habían redescrito el "alzamiento" como una "cruzada" que solo podría acabar con la liquidación y el exterminio del adversario.[41]

Por esas fechas, Aza√Īa se instal√≥ en la Pobleta, una finca cerca de Valencia, donde inici√≥ lo que m√°s tarde denominar√≠a el Cuaderno de La Pobleta. Memorias pol√≠ticas y de guerra, donde registr√≥ multitud de conversaciones con distintas personalidades del momento.

Al nuevo gobierno le se√Īal√≥ las que consideraba prioridades del momento: la defensa del interior (con especial menci√≥n a Catalu√Īa, donde era necesario restablecer la autoridad del gobierno) y no perder la guerra en el exterior. Respecto de esto √ļltimo, en un nuevo discurso pronunciado el 18 de julio, volvi√≥ a criticar abiertamente la pasividad de Gran Breta√Īa y Francia en relaci√≥n a la guerra en Espa√Īa. A finales de 1937 se acerc√≥ a Madrid y en el ayuntamiento pronunci√≥ un nuevo discurso, ahora muy centrado en los aspectos morales de la guerra y en su realidad y consecuencias calamitosas para todos, algo que comprob√≥ emocionado cuando, al d√≠a siguiente, visit√≥ Alcal√°.

El General Rojo y el Presidente de la Rep√ļblica, Manuel Aza√Īa, visitan el frente de Guadalajara en noviembre de 1937.

En diciembre se traslad√≥ otra vez a Catalu√Īa, ahora cerca de Tarrasa, en la finca La Barata, junto, como siempre, a su mujer y sus colaboradores m√°s cercanos. Insisti√≥ en el armisticio, pero ahora tanto el comit√© central del Partido Comunista como Franco expresaron su rechazo al mismo; por lo dem√°s, el gobierno de Negr√≠n tampoco parec√≠a aceptar ya esa posibilidad. Tras la ofensiva sobre Teruel y el derrumbe del frente de Arag√≥n, Franco lleg√≥ al Mediterr√°neo en abril de 1938. Aza√Īa se reafirm√≥ en su idea de la imposibilidad de ganar la guerra y que, por tanto, cualquier esfuerzo en la direcci√≥n de conseguir el triunfo militar estaba condenado al fracaso. As√≠, pues, la frustrada ofensiva de la Rep√ļblica en el terreno militar, que obviaba la idea defensiva que propugnaba Aza√Īa para forzar la intervenci√≥n extranjera, termin√≥ por hacer perder toda esperanza de que esta se llegase a producir.

A finales de febrero de 1938 hab√≠a expuesto con claridad al embajador de Francia la necesidad de acabar con la guerra de inmediato. En este sentido, propuso que Francia y Gran Breta√Īa se hiciesen con las bases navales de Cartagena y Mah√≥n para equilibrar las que ten√≠a el ej√©rcito de Franco en Ceuta, M√°laga y Palma; la contrapartida ser√≠a la b√ļsqueda de la paz en Espa√Īa. El corte de comunicaciones entre Barcelona y Valencia puso en un aprieto al gobierno, y Negr√≠n hubo de pedir ayuda directamente a Francia el 8 de marzo. La situaci√≥n empeor√≥ en Espa√Īa y hubo de volver en una semana con una propuesta de mediaci√≥n del gobierno franc√©s. El gobierno de Negr√≠n no consigui√≥ ponerse de acuerdo en relaci√≥n a ella, en parte porque el propio Negr√≠n, por ejemplo, estaba convencido de la victoria, y fue rechazada el 26 de marzo. Aza√Īa pens√≥ en sustituir a Negr√≠n al frente del gobierno, ampar√°ndose en las cr√≠ticas que recib√≠a por su relaci√≥n con los comunistas, que hab√≠a provocado en parte la salida de Prieto del gobierno, y la situaci√≥n de la guerra en general. A primeros de abril, Aza√Īa convoc√≥ al gobierno con la esperanza de poder salir de la misma con Negr√≠n destituido, pero no fue posible. Su posici√≥n qued√≥, en fin, debilitada, hasta el punto de que Prieto hubo de convencerle de que no dimitiese

porque su dimisi√≥n lo desmoronar√≠a todo; porque usted personifica la Rep√ļblica que respetan los pa√≠ses no aliados de Franco.[42]

Con todo, su desilusi√≥n era tan grande que a mediados de ese mismo mes envi√≥ un giro por valor de un mill√≥n de francos franceses a Cipriano de Rivas (que convertir√≠a a d√≥lares oro) para ir preparando el destierro de su familia en Francia. Para el primero de mayo se present√≥ una declaraci√≥n de trece puntos firmada por el Gobierno de la uni√≥n nacional en la que se subrayaba como objetivos, entre otros, defender la independencia de Espa√Īa de toda potencia extranjera y establecer una Rep√ļblica democr√°tica, y anunciaba una gran amnist√≠a para quienes quisiesen colaborar en ello.

Martinez Barrio, Aza√Īa y Negr√≠n (de izquierda a derecha), tras el discurso de Aza√Īa en el Ayuntamiento de Barcelona por el 2¬ļ a√Īo de guerra (18 de julio de 1938).

El 18 de julio de 1938, en el edificio de las Casas Consistoriales de Barcelona, pronunci√≥ un c√©lebre discurso en el que instaba a la reconciliaci√≥n entre los dos bandos, bajo el lema Paz, piedad y perd√≥n. El n√ļcleo del discurso fue la expresi√≥n de su idea de cu√°l estaba siendo el da√Īo m√°s grave que la guerra estaba provocando en Espa√Īa:

un dogma que excluye de la nacionalidad a todos los que no lo profesan, sea un dogma religioso, político o económico, [al que opone] la verdadera base de la nacionalidad y del sentimiento patriótico: que todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo arroyo.[43]

A finales de ese mes, mantuvo una conversaci√≥n con John Leche, encargado de negocios brit√°nico, en la que ofreci√≥ la cabeza de Negr√≠n y la salida de los comunistas del gobierno a cambio de una intervenci√≥n brit√°nica imponiendo la suspensi√≥n de armas. La respuesta brit√°nica fue la que ya hab√≠a sido hasta el momento: su pol√≠tica era la no intervenci√≥n. La derrota en la batalla del Ebro precipit√≥ los acontecimientos al hacer entrar en crisis continuada al gobierno. El 13 de enero de 1939 recibi√≥ Aza√Īa un aviso del general Hern√°ndez Saravia en el que le ped√≠a que se marchase de Espa√Īa. El 21 abandon√≥ Tarrasa junto con su familia y diversos colaboradores, y se dirigi√≥ en primer lugar a Llavaneras y despu√©s al castillo de Perelada, adonde lleg√≥ el 24. All√≠ se enteraron de que Barcelona hab√≠a sido tomada por el ej√©rcito de Franco. El 28 recibi√≥ la visita de Negr√≠n y del general Rojo, el jefe del Estado Mayor, quien present√≥ un informe que planteaba un plan de rendici√≥n y un trasvase de poderes entre militares. Aza√Īa le pidi√≥ a Negr√≠n, que parec√≠a estar de acuerdo, que reuniese al gobierno para tomar una decisi√≥n. Sin embargo, dos d√≠as despu√©s el presidente del gobierno regres√≥, pero haciendo notar a Aza√Īa que su idea era seguir resistiendo hasta el final.

Una vez que el gobierno franc√©s abri√≥ paso a civiles y militares por la frontera, entre el 28 de enero y el 5 de febrero, Aza√Īa, su familia y sus colaboradores se dirigieron hacia ella. Se desviaron de la carretera principal hacia La Vajol y all√≠ se reuni√≥ con Jules Henry el 4 de febrero para comunicarle que no estaba de acuerdo con la decisi√≥n de Negr√≠n de continuar la resistencia; insisti√≥, una vez m√°s, en la necesidad de que Francia e Inglaterra, con el apoyo de Estados Unidos, interviniesen en el final, presentando un plan de paz a Franco que, b√°sicamente, facilitase el trato humanitario a los vencidos, incluidos los dirigentes pol√≠ticos y militares de la Rep√ļblica.[44] Negr√≠n no acept√≥ porque, independientemente de su insistencia en continuar la guerra, entend√≠a que Franco no aceptar√≠a nunca ese tipo de paz.

Ese mismo d√≠a 4, Negr√≠n le comunic√≥ personalmente que era decisi√≥n del gobierno que Aza√Īa se refugiase en la embajada de Espa√Īa en Par√≠s hasta poder organizar su regreso a Madrid. Aza√Īa dej√≥ claro que, tras la guerra, no hab√≠a vuelta posible a Espa√Īa.

El 5 de febrero reanudaron el viaje hacia el destierro. En total, eran unas veinte personas, yendo los de m√°s edad en coches de la polic√≠a. Antes de llegar a lo alto de un puerto, uno de los coches se estrope√≥ e, impidiendo el paso a los dem√°s, oblig√≥ a continuar el camino a pie, llegando al amanecer. Atravesaron la frontera por el puesto de aduana; iban, entre otros, Aza√Īa, su esposa, Negr√≠n, Jos√© Giral, Cipriano de Rivas y Santos Mart√≠nez. Descendieron hacia Les Illes por una barrancada helada.

En el exilio: dimisión y muerte

Desde Les Illes viajaron a Collonges-sous-Sal√®ve, adonde llegaron el d√≠a 6 de febrero para instalarse en La Prasle, una casa que su cu√Īado, Cipriano Rivas, y mujer, hab√≠an alquilado el verano del 38. Desde all√≠, le confirm√≥ al embajador en Francia, Marcelino Pascua, que llegar√≠a el d√≠a 8 a Par√≠s, donde estar√≠a varios d√≠as.

El 12 le present√≥ su renuncia el general Rojo y el 18 Negr√≠n le envi√≥ un telegrama inst√°ndole a que, como presidente, deb√≠a volver a Espa√Īa. Aza√Īa, sin embargo, ten√≠a claro que no iba a volver, como ten√≠a claro que presentar√≠a su dimisi√≥n en cuanto Francia y Reino Unido reconociesen al gobierno de Franco. As√≠, pues, regres√≥ a Collonges el 27 de febrero (dos d√≠as despu√©s de que se diese el visto bueno al establecimiento de relaciones diplom√°ticas con Espa√Īa) y desde all√≠ envi√≥ la carta de dimisi√≥n al presidente de las Cortes.[45]

El reconocimiento de un Gobierno legal en Burgos por parte de las potencias, singularmente Francia e Inglaterra, me priva de la representaci√≥n jur√≠dica internacional para hacer o√≠r de los Gobiernos extranjeros, con la autoridad oficial de mi cargo, lo que no es solamente dictado mi conciencia de espa√Īol, sino el anhelo profundo de la inmensa mayor√≠a de nuestro pueblo. Desaparecido el apartado pol√≠tico del Estado, Parlamento, representaciones superiores de los partidos, etc., carezco, dentro y fuera de Espa√Īa, de los √≥rganos de Consejo y de acci√≥n indispensables para la funci√≥n presidencial de encauzar la actividad de gobierno en la forma que las circunstancias exigen con imperio. En condiciones tales, me es imposible conservar ni siguiera nominalmente mi cargo al que no renunci√© el mismo d√≠a que sal√≠ de Espa√Īa porque esperaba ver aprovechado este lapso de tiempo en bien de la paz.[46]

El 31 de marzo, en una reuni√≥n de la Diputaci√≥n Permanente del Congreso de los Diputados en Par√≠s, Negr√≠n critic√≥ duramente la decisi√≥n de Aza√Īa de no volver a Espa√Īa, calific√°ndolo casi de traidor, palabras que, al menos, fueron respaldadas por Dolores Ib√°rruri.[47]

El comentario de Aza√Īa sobre esas declaraciones, conocido a trav√©s de una carta a Luis Fern√°ndez Cl√©rigo, se produjo el 3 de julio y fue en la direcci√≥n de insistir en lo ya expuesto en otras ocasiones: la ilegitimidad intr√≠nseca del nuevo r√©gimen frente a la legitimidad republicana, que se basaba no en la supervivencia de las instituciones en el exilio sino en el haber sido elegidas por el pueblo espa√Īol, algo a lo que habr√≠a que terminar por volver. Por lo dem√°s, decidi√≥ apartarse de toda actuaci√≥n pol√≠tica personal convencido de que ser√≠a completamente in√ļtil. En su opini√≥n, lo que hab√≠a que intentar hacer era no tanto la Rep√ļblica, sino la emoci√≥n nacional que esta representaba, siendo as√≠ que lo m√°s importante era recuperar las condiciones para que los espa√Īoles pudiesen elegir libremente el r√©gimen que deseasen.

Aislado, pues, de lo pol√≠tico, intent√≥ centrarse en su labor intelectual y decidi√≥ publicar una versi√≥n retocada de los diarios de 1937 con el t√≠tulo de Memorias pol√≠ticas y de guerra. Los cuadernos de La Pobleta y su obra dialogada La velada en Benicarl√≥. Solo esta segunda lleg√≥ a publicarse en agosto de 1939 en Buenos Aires. Tambi√©n empez√≥ una serie de art√≠culos sobre la guerra en la revista The World Review, pero que no tendr√≠a continuidad porque el inicio de la Segunda Guerra Mundial desplaz√≥ el inter√©s period√≠stico hacia esta. En su primer art√≠culo, Aza√Īa insisti√≥ en dos de sus ideas m√°s frecuentes en lo relativo a la guerra: en responsabilizar a la pol√≠tica franco-brit√°nica del descalabro de la Rep√ļblica, responsables tambi√©n, por omisi√≥n, de la intromisi√≥n de la Uni√≥n Sovi√©tica en Espa√Īa; y en la necesidad que hab√≠a de resistir no para vencer, como quer√≠a Negr√≠n, sino para obligar al enemigo a terminar negociando.

Entre abril y diciembre de 1939, la presi√≥n del nuevo embajador de Espa√Īa en Francia, Jos√© F√©lix de Lequerica, termin√≥ por causar sus efectos, pero m√°s en Espa√Īa que en Francia. All√≠ se decidi√≥ aplicar a Aza√Īa la ley de 9 de febrero de responsabilidades pol√≠ticas, para lo cual el juez instructor hubo de recabar diversos informes de varias partes. Es en estos informes donde se expone por primera vez de una forma n√≠tida la visi√≥n que de Manuel Aza√Īa quiso popularizar el nuevo r√©gimen: enemigo del ej√©rcito, la religi√≥n y la patria, pervertido sexual, mas√≥n y marxista.[48] La consecuencia del auto fue el embargo de todos sus bienes (incautados por Falange Espa√Īola, previamente) y una multa de cien millones de pesetas.

Aza√Īa permaneci√≥ en Collonges hasta el 2 de noviembre, cuando ante el temor de que Francia fuese invadida por Alemania, se tuvo que mudar a Pyla-sur-Mer, cerca de Burdeos, instal√°ndose en la villa L'√Čden con su mujer y cu√Īados, entre otros.

A principios de enero de 1940, una gripe mal curada del verano anterior se le manifestó de nuevo. Los médicos, sin embargo, descubrieron de paso una gravísima afección aórtica con considerable dilatación del corazón y varios problemas en el sistema cardiaco. Hasta mayo, su salud fue muy delicada:

Pasaba las horas sentado d√≠a y noche en un sill√≥n de orejas, sufriendo espasmos y continuos ataques de tos, escupiendo sangre, sin poder hablar, sin fuerza para llevarse nada a la boca, sin sue√Īo, sin dormir, lleno de alucinaciones, descansando gracias a buenas dosis de calmantes que no suprim√≠an un permanente estado de nerviosismo e inquietud.[49]

Ya mejorado, recibi√≥ a principios de junio a Miguel Maura, quien le propuso reconocer al gobierno de Franco a cambio de una amnist√≠a general. Aza√Īa consinti√≥, pero expres√≥ tambi√©n sus dudas acerca de que Franco accediese a algo as√≠. Finalmente, la propuesta no lleg√≥ a plantearse.

En las semanas siguientes, la presi√≥n del nuevo r√©gimen provoc√≥ los primeros movimientos para que los exiliados buscasen la salida hacia M√©xico. El 19 de junio Negr√≠n invit√≥ a Aza√Īa y a su cu√Īado a ocupar dos asientos libres en un barco hacia M√©xico. Su estado de salud impidi√≥ a Aza√Īa aceptarlo.

El 25 de junio, acompa√Īado de su mujer, de G√≥mez Pallete y Antonio Lot, fue trasladado a Montauban en ambulancia a la zona libre francesa, para escapar de los alemanes. All√≠ se instal√≥ en un peque√Īo piso del doctor Cave, que hab√≠a sido alquilado como refugio de exiliados espa√Īoles.

Con media Francia ocupada por el ejército alemán y otra media bajo administración del gobierno de Pétain, el 10 de julio fue detenida por la gestapo, ayudada de miembros de Falange, toda su familia y allegados que se habían quedado en Pyla-sur-Mer, siendo deportados inmediatamente.

Tumba de Manuel Aza√Īa en el cementerio urbano de Montauban.

Aza√Īa se resinti√≥ del hecho y sufri√≥ un amago de ataque cerebral. El 20 de julio se difundi√≥ una orden por la que se dispon√≠a que se le negase el visado de salida de Francia a los antiguos dirigentes republicanos espa√Īoles.

La llegada a Montauban de un grupo de falangistas puso sobre alerta al grupo de Aza√Īa; el embajador de M√©xico, Luis Ignacio Rodr√≠guez Taboada alquil√≥ unas habitaciones en el Hotel du Midi, adonde fue trasladado Aza√Īa el 15 de septiembre.

El día 16 sufrió un grave infarto cerebral que le afectó al habla y le provocó parálisis facial. Un mes después, parecía sin embargo estar bastante recuperado, hasta el punto de que el nuevo obispo de Montauban, Pierre-Marie Théas, que acababa de intervenir para lograr la conmutación de la pena de muerte recientemente impuesta a Cipriano de Rivas, se acercó hasta el hotel para conocerlo. Con todo, a finales de octubre sufrió una nueva recaída de la que ya no se podría recuperar:

pasadas las diez de la noche del d√≠a 3 de noviembre, vi√©ndole morir y angustiada por su soledad en aquel dolor, [Dolores de Rivas] encarg√≥ a Antonio Lot que llamara a Saravia y [una] monja, soeur Ignace, que cumpliendo sus deseos volvi√≥ un poco m√°s tarde acompa√Īando al obispo. Y as√≠, en el momento de su muerte, (...) a las doce menos cuarto de la noche, rodeaban a Manuel Aza√Īa (...) su mujer, Dolores de Rivas Cherif, el general Juan Hern√°ndez Saravia, el pintor Francisco Galicia, el mayordomo Antonio Lot, el obispo Pierre-Marie Th√©as y la monja Ignace.[50] [51]

El entierro tuvo lugar el día 5. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Montauban (Trapeze Q, Section 7).

El mariscal P√©tain prohibi√≥ que se le enterrara con honores de Jefe de Estado: s√≥lo accedi√≥ a que fuera cubierto su f√©retro con la bandera espa√Īola, a condici√≥n de que √©sta fuera la bicolor rojigualda tradicional y de ninguna manera la bandera republicana tricolor. El embajador de M√©xico decidi√≥ entonces que fuera enterrado cubierto con la bandera mexicana. Seg√ļn explica en sus memorias, Rodr√≠guez le dijo al prefecto franc√©s:

Lo cubrirá con orgullo la bandera de México- Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección.[52]

Filmografía

A√Īo Pel√≠cula Director Personaje Premios
2008 Aza√Īa, cuatro d√≠as de julio Santiago San Miguel Jordi Dauder Gaud√≠ al mejor actor principal


Predecesor:
Niceto Alcal√° Zamora
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Presidente del Gobierno (Provisional) de la Rep√ļblica Espa√Īola

14 de octubre - 10 de diciembre de 1931
Sucesor:
Niceto Alcal√° Zamora
(Presidente de la Rep√ļblica)

√Čl mismo
(como Presidente del Consejo de Ministros)
Predecesor:
√Čl mismo
(como Presidente del Gobierno Provisional)
Escudo de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola.svg
Presidente del Consejo de Ministros de Espa√Īa

1931 - 1933
Sucesor:
Alejandro Lerroux García
Predecesor:
Manuel Portela Valladares
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Presidente del Consejo de Ministros de Espa√Īa

19 de febrero - 10 de mayo de 1936
Sucesor:
Augusto Barcia Trelles
Predecesor:
Diego Martínez Barrio
(interino)
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Presidente de la Rep√ļblica Espa√Īola

1936 - 1939
Sucesor:
José Miaja Menant
(Presidente del Consejo Nacional de Defensa, bando republicano)

Diego Martínez Barrio
(en 1945 como Presidente de la Rep√ļblica Espa√Īola en el exilio)

Véase también

Notas

  1. ‚ÜĎ El nombre completo con el que fue inscrito en el registro civil fue Manuel Mar√≠a Nicanor Federico Aza√Īa D√≠az-Gallo; a√Īos despu√©s, sin embargo, fue corregido por petici√≥n de su abuela de forma que desapareciese el apellido Gallo.
  2. ‚ÜĎ Santos Julia (2008). Vida y tiempo de Manuel Aza√Īa. Taurus. Madrid. pp. 13.  En Escalada y toda la comarca, sobre todo en algunos pueblos "ten√≠a un gran arraigo Izquierda Republicana, entre otras cosas, porque Manuel Aza√Īa descend√≠a por l√≠nea materna de esta localidad‚ÄĚ (cf. Guti√©rrez Flores, Jes√ļs (2000). Guerra Civil en una comarca de Cantabria: Campoo. Am√©rica Grafiprint. Santander. pp. 393. ISBN 84-95054-34-5. ).
  3. ‚ÜĎ Santos Juli√°, Vida y tiempo..., p√°g. 27.
  4. ‚ÜĎ "Uno de los colegios que formaban a la minor√≠a gobernante de la Restauraci√≥n"; Jos√© Mar√≠a Marco, "La creaci√≥n de la naci√≥n. Manuel Aza√Īa (1880-1940)", en La libertad traicionada. Siete ensayos espa√Īoles, Planeta, Barcelona, 1997, p√°g. 192.
  5. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°g. 34.
  6. ‚ÜĎ Tambi√©n se hab√≠a alistado en el reemplazo de 1899, pero fue declarado excedente de cupo.
  7. ‚ÜĎ Santos Juli√°, cit., p√°g. 42.
  8. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°gs. 69-70.
  9. ‚ÜĎ Aza√Īa pidi√≥ una prorroga de la beca que no le fue concedida, por lo que entre febrero y octubre de 1912 estuvo en Francia por cuenta propia.
  10. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°g. 76.
  11. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°gs. 99-100.
  12. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°g. 110.
  13. ‚ÜĎ Adem√°s, en un acto celebrado en el C√≠rculo Reformista de Madrid, en febrero de 1917, en el que la Liga qued√≥ oficialmente constituida, se consigui√≥ reunir a los principales l√≠deres socialistas, republicanos y reformistas; este principio de colaboraci√≥n qued√≥ luego refrendado en un m√≠tin celebrado el 26 de abril que, convocado bajo el llamamiento "A todas las izquierdas espa√Īolas", se hab√≠a organizado como contestaci√≥n a otro de Antonio Maura. Tres d√≠as despu√©s de este m√≠tin, se produjo el acto de fuerza de las Juntas de Defensa del Arma de Infanter√≠a contra el gobierno de Manuel Garc√≠a Prieto.
  14. ‚ÜĎ Las otras partes versar√≠an, respectivamente, sobre el laicismo y la organizaci√≥n del sufragio. Precisamente, su inter√©s en el tema lo llev√≥ a pedir a comienzos de 1919 una pensi√≥n para viajar otra vez a Par√≠s, lo que har√≠a en octubre de ese a√Īo.
  15. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Marco, op. cit., p√°g. 197.
  16. ‚ÜĎ Cf. Santos Juli√°, op. cit., p√°gs. 166-167. Tambi√©n, en 1918 Aza√Īa comenz√≥ a colaborar con la revista parisina Hispania con una serie de art√≠culos sobre la vida pol√≠tica espa√Īola.
  17. ‚ÜĎ Manuel Aza√Īa, "Santos y se√Īas", Espa√Īa, 23 de febrero de 1924, √°pud ib√≠dem, p√°g. 226.
  18. ‚ÜĎ Manuel Aza√Īa, "Llamada al combate. Alocuci√≥n en el banquete republicano de 11 de febrero de 1930", √°pud ib√≠dem, p√°g. 263.
  19. ‚ÜĎ Manuel Aza√Īa, Discurso en la plaza de toros de Madrid, 29-9-1930, √°pud ib√≠dem, p√°g. 272.
  20. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 278.
  21. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 295 (las frases entre comillas son citas literales de las palabras de Aza√Īa). El discurso puede leerse completo aqu√≠.
  22. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 298.
  23. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 307.
  24. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 319.
  25. ‚ÜĎ Conspiraci√≥n en la que podr√≠a haber estado involucrado Franco, al que Aza√Īa lleg√≥ a calificar en uno de sus diarios como "el m√°s temible" de entre esos supuestos conspiradores; cf. ib√≠dem, p√°g. 313.
  26. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 321.
  27. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 333.
  28. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 326.
  29. ‚ÜĎ √Āpud ib√≠dem, p√°g. 349.
  30. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 358.
  31. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 364.
  32. ‚ÜĎ hemeroteca ABC: El Se√Īor Aza√Īa, trasladado al Alcal√° Galiano
  33. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°gs. 366-378.
  34. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°g. 377.
  35. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 378.
  36. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 388.
  37. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°g. 391.
  38. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°gs. 400-401 (las frases entrecomilladas reflejan citas literales de palabras de Aza√Īa).
  39. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°gs. 405 y ss.
  40. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 411.
  41. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°g. 415.
  42. ‚ÜĎ √Āpud ib√≠dem, p√°g. 432.
  43. ‚ÜĎ √Āpud. ib√≠dem, p√°g. 437.
  44. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 447.
  45. ‚ÜĎ Fue sustituido con car√°cter provisional por Diego Mart√≠nez Barrio.
  46. ‚ÜĎ Comunicaci√≥n dirigida al presidente de las Cortes de la Rep√ļblica por Manuel Aza√Īa, Collonges-sous-Sal√®ve (Francia), 27 de febrero de 1939.
  47. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°g. 452.
  48. ‚ÜĎ Cf. ib√≠dem, p√°gs. 457-458.
  49. ‚ÜĎ Ib√≠dem, p√°g. 460.
  50. ‚ÜĎ √ćbidem, p√°g. 467.
  51. ‚ÜĎ Seg√ļn testimonios del m√©dico y del obispo, Aza√Īa recibi√≥ los √ļltimos sacramentos. Tres testimonios da el obispo, junto a la carta del m√©dico que le asist√≠a por aquel entonces, Dr. Acosta, y del que fuera director de El Imparcial y diputado de I.R. Ricardo Gasset (publicada en el Bulletin Catholique de Mountauban del 21 de noviembre de 1940; cf. Federico Su√°rez, Manuel Aza√Īa y la Guerra de 1936, Ed. Rialp, p√°gs. 176 y ss. ISBN 84-321-3319-1). Esta versi√≥n es rechazada por entornos cercanos, presentes en los √ļltimos d√≠as de vida de Aza√Īa (cf. Mart√≠nez Saura, Santos, Memorias del secretario de Aza√Īa, Editorial Planeta, 1999. p√°gs. 680 y ss. ISBN 84-08-03217-8). Su viuda, Dolores de Rivas, encarg√≥ a dicho obispo un funeral religioso en la catedral de Montauban (cf. T√©moignage de Madame Aza√Īa, en Cipriano de RIVAS CHERIF, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Madrid, 1980, pp. 500-511; Enrique de RIVAS, ¬ęAza√Īa √† Montauban¬Ľ, en Aza√Īa et son temps, dir. por Jean-Pierre Amalric & Paul Aubert, Casa de Vel√°zquez, Madrid, 1993, pp. 407-437; enrique de RIVAS, ¬ęDolores de Rivas Cherif et Aza√Īa¬Ľ, en: Manuel Aza√Īa et la France, dir. por Jean-Pierre Amalric, Ed. Arkheia, Montauban, 2007, pp. 105-123; Jean-Pierre AMALRIC, ¬ęMonseigneur Th√©as et les derniers jours de Manuel Aza√Īa¬Ľ, en: Monseigneur Th√©as, √©v√™que de Montauban, les Juifs, les Justes, dir. por Fran√ßois Drouin et Philippe Joutard, Privat, Toulouse, 2003, pp. 79-85).
  52. ‚ÜĎ Luis I. Rodr√≠guez, Misi√≥n de Luis I. Rodr√≠guez en Francia: la protecci√≥n de los refugiados, El Colegio de M√©xico, M√©xico, ISBN 968-12-0874-9, p√°g. 277.

Fuentes

  • Juli√°, Santos, Vida y tiempo de Manuel Aza√Īa (1880-1940), Taurus, Madrid, 2008. ISBN 978-84-306-0696-2

Bibliografía

Enlaces externos


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