Iberos

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Iberos
Este artículo trata sobre los pueblos prerromanos que habitaron Iberia. Para otros usos de este término, véase Ibero (desambiguación).
Iberos
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Distribución de las lenguas paleohispánicas
Información
Raíz étnica

Preindoeuropeo

 Iberos
Idioma Ibero
Región Levante, sur de la península ibérica y suroeste de Francia
Correspondencia actual Espa√Īa, Portugal y Francia
Pueblos relacionados Iberos

Los iberos[1] o √≠beros fue como llamaron los antiguos escritores griegos a las gentes del levante y sur de la Pen√≠nsula Ib√©rica para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. De estos pueblos escribieron Hecateo de Mileto, Her√≥doto, Estrab√≥n o Rufo Festo Avieno, cit√°ndolos con estos nombres, al menos desde el siglo VI a. C.: elisices, sordones, ceretanos, airenosinos, andosinos, bergistanos, ausetanos, indigetes, castelani, lacetanos, layetanos, cossetanos, ilergetas, iacetanos, suessetanos, sedetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, oretanos, bastetanos y turdetanos.

Geográficamente, Estrabón y Apiano denominaron Iberia al territorio de la Península Ibérica.

Contenido

Historia

Dama de Baza, considerada como la mejor expresión del arte ibérico escultórico.

Aunque las fuentes clásicas no siempre coinciden en los límites geográficos precisos ni en la enumeración de pueblos concretos, parece que la lengua es el criterio fundamental que los identificaba como iberos desde el punto de vista de griegos y romanos, puesto que las inscripciones en lengua ibérica aparecen a grandes rasgos en el territorio que las fuentes clásicas asignan a los iberos: la zona costera que va desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, que penetra hacia el interior por el valle del Ebro, por el valle del Segura, gran parte de La Mancha meridional y oriental hasta el río Guadiana y por el valle alto del Guadalquivir. Desde el punto de vista arqueológico actual, el concepto de cultura ibérica no es un patrón que se repite de forma uniforme en cada uno de los pueblos identificados como iberos, sino la suma de las culturas individuales que a menudo presentan rasgos similares, pero que se diferencian claramente en otros y que a veces comparten con pueblos no identificados como iberos.

Referencias históricas

La primera referencia que se tiene de los iberos es a trav√©s de los historiadores y ge√≥grafos griegos. Curiosamente, los griegos tambi√©n llamaban iberos a un pueblo de la actual Georgia, conocido como Iberia cauc√°sica, con los que, sin duda, no tienen ning√ļn parentesco. Al principio, los griegos utilizaron la palabra ibero para designar el litoral mediterr√°neo occidental, y posteriormente, para designar a todos las tribus de la Pen√≠nsula. Tambi√©n llamaban Iberia al conjunto de pueblos de la Pen√≠nsula.

Pebetero contestano hallado en la necr√≥polis de Lucentum, conjunto arqueol√≥gico del Tossal de Manises, antigua ciudad ibero-cartaginesa-romana de Akra Leuk√© o 'Lucentum', en Alicante, Espa√Īa. Actualmente en el Museo Arqueol√≥gico de Alicante.

Las primeras descripciones de la costa ibera mediterr√°nea provienen de Avieno en su Ora maritima, del viaje de un marino de Massalia mil a√Īos antes (530 a. C.):

La mayor parte de los autores refieren que los iberos se llaman as√≠ justo por este r√≠o,[2] pero no por aquel r√≠o que ba√Īa a los revoltosos vascones. Pues a toda la zona de este pueblo que se encuentra junto a tal r√≠o, en direcci√≥n occidente, se la denomina Iberia. Sin embargo el √°rea oriental abarca a tartesios y cilbicenos.
Avieno, Ora maritima.

Apiano habla de pueblos y ciudades, aunque ya habían desaparecido en su época. También describe la parte más occidental de Andalucía. Estrabón hace una descripción de esta zona basándose en autores anteriores, y se refiere a las ciudades de la Turdetania, como descendientes de la cultura de Tartessos. En general, autores como Plinio el Viejo y otros historiadores latinos se limitan a hablar de pasada sobre estos pueblos como antecedentes de la Hispania romana.

Para estudiar a los iberos, se ha recurrido, además de a las fuentes literarias, a las fuentes epigráficas, numismáticas, y arqueológicas.

Origen de los iberos

A pesar de que estos pueblos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos. No se sabe detalladamente el origen de los iberos, aunque hay varias teorías que intentan establecerlos:

  • Una hip√≥tesis sugiere que llegaron a la Pen√≠nsula Ib√©rica en el periodo Neol√≠tico, y su llegada se data desde el quinto milenio antes de Cristo al tercer milenio antes de Cristo. La mayor√≠a de los estudiosos que adoptan esta teor√≠a se apoyan en evidencias arqueol√≥gicas, antropol√≥gicas y gen√©ticas estimando que los iberos proced√≠an de las regiones mediterr√°neas situadas m√°s al este.
  • Otros estudiosos han sugerido que pueden tener su origen en el norte de √Āfrica pero se corrobor√≥ que esta teor√≠a era err√≥nea. Los iberos inicialmente se habr√≠an asentado a lo largo de la costa oriental de Espa√Īa y, posiblemente, m√°s adelante se propagaron por todo el resto de la Pen√≠nsula Ib√©rica.
  • Otra hip√≥tesis alternativa afirma que formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y los creadores/herederos de la gran cultura megal√≠tica que surge en toda esta zona, posiblemente, una teor√≠a respaldada por estudios gen√©ticos. Los iberos ser√≠an similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Breta√Īa y Francia. Posteriormente, los celtas cruzar√≠an los Pirineos en dos grandes migraciones: en el IX y el VII siglo a. C. Los celtas se establecieron en su mayor parte al norte del r√≠o Duero y el r√≠o Ebro, donde se mezclaron con los iberos para conformar el grupo llamado celt√≠bero.

Origen y extensión de los protoíberos

Los supuestos límites máximos de la expansión íbera habrían llegado desde el mediodía francés hasta el Algarve portugués y el norte de la costa africana.[3]

Sin embargo, con posterioridad, los pueblos celtíberos ejercieron influencia sobre otros pueblos del interior de la península. Esta influencia se aprecia en la llegada del torno de alfarero a muchas zonas de la meseta norte de la península, sobre todo a los pueblos limítrofes del valle del Ebro, e incluso a algunos más alejados como arévacos, pelendones o vacceos.

Los iberos ser√≠an, en definitiva, los diferentes pueblos que evolucionan desde diferentes culturas precedentes hacia una serie de estructuras proto-estatales, vi√©ndose ayudados en dicha evoluci√≥n por la influencia de fenicios, primero, y luego de griegos y p√ļnicos, que traer√°n consigo elementos de lujo que ayudar√°n, como bienes de prestigio, a la diferenciaci√≥n interna de los diversos grupos sociales.

Lengua

La lengua ibérica en el contexto de las Lenguas paleohispánicas.
Artículo principal: Idioma ibero

La lengua ibera es una lengua paleohisp√°nica que est√° documentada por escrito, fundamentalmente, en signario ibero nororiental (o levantino) y ocasionalmente en signario ibero suroriental (o meridional) y en alfabeto greco-ib√©rico. Las inscripciones m√°s antiguas de esta lengua se datan a finales del siglo V a. C. y las m√°s modernas a finales del siglo I a. C., o principios del siglo I d. C.

Los textos en lengua ibera se saben leer razonablemente bien, pero en su mayor parte son incomprensibles, puesto que la lengua √≠bera es una lengua sin parientes suficientemente cercanos que sean √ļtiles para la traducci√≥n de textos.

Vascoiberismo

El vascoiberismo fue una hip√≥tesis de trabajo sobre la estructura y parentesco filogen√©tico de el idioma ibero, que en su versi√≥n extrema identifica la lengua ibera con la lengua vasca y deber√≠a traducir por tanto sin problemas los textos iberos. Sin embargo, las diversas propuestas de traducciones basadas en el euskera no son consistentes gramaticalmente, ni permiten traducir las inscripciones (una de las principales cr√≠ticas a los ¬ętraductores¬Ľ vascoiberistas es que el ib√©rico interpretado a la luz de sus traducciones no parece tener una gram√°tica regular reconocible, existiendo s√≥lo dudosas similitudes de forma con el l√©xico del vasco). Actualmente el vascoiberismo no tiene ninguna credibilidad en el √°mbito acad√©mico.

Sin llegar a la identificación plena entre lenguas, muchos estudiosos de la lengua ibera reconocen ciertas afinidades entre la lengua ibera y la lengua vasca, o más correctamente, con su variante más antigua: la lengua aquitana, hasta el punto que para algunos, estas afinidades ya serían suficientes para afirmar que pertenecen a la misma familia. Aunque estas afinidades son generalmente interpretadas como una influencia de tipo sprachbund más que como una muestra de parentesco filogenético real.

Extensión y variantes

La lengua ibera, en sus diferentes variantes, se hablaba en la amplia franja costera que se extiende desde el sur del Languedoc-Rosell√≥n hasta Alicante, y penetraba hacia el interior por el valle del Ebro, el valle del J√ļcar, el valle del Segura y el alto valle del Guadalquivir hasta el r√≠o Guadiana como l√≠mite noroeste. Las inscripciones en lengua √≠bera aparecen sobre materiales muy variados: monedas de plata y bronce, l√°minas de plomo, cer√°micas √°ticas, cer√°micas de barniz negro A y B, cer√°micas pintadas, dol√≠as, √°nforas, fusayolas, estelas, placas de piedra, mosaicos, etc. Es, con diferencia, la lengua paleohisp√°nica con m√°s documentos escritos encontrados, unos dos millares de inscripciones, que representan el 95% del total.

Escrituras

Artículo principal: Signario ibero
Las escrituras ibéricas en el contexto de las Escrituras paleohispánicas.
Reproducci√≥n del plomo de Ullastret, finales del siglo IV a. C.

La escritura ib√©rica constituye uno de los principales testimonios del desarrollo cultural con personalidad propia de los iberos. Se conocen tres tipos de escrituras paleohisp√°nicas: la escritura del suroeste, la meridional y la ib√©rica levantina. Adem√°s se escribi√≥ lengua ib√©rica con alfabeto j√≥nico, pr√°cticamente s√≥lo en territorio contestano, como lo testimonian algunos plomos encontrados en la Serreta de Alcoy, grafitos sobre cer√°mica procedentes de la Isleta de Campello (ambos en Alicante) y el plomo de El Cigarralejo (Mula, Murcia). La escritura ib√©rico-levantina es la mejor conocida, y fue descifrada en los a√Īos 20 por Manuel G√≥mez Moreno.

Sin embargo, hasta la fecha, no ha sido posible su traducci√≥n, por lo que no es posible entender lo que dicen los textos. Es una escritura de tipo mixto, sil√°bica y alfab√©tica, que posiblemente procede de una escritura m√°s antigua de origen fenicio o chipriota. El descubrimiento de grafitos en cer√°mica procedentes de yacimientos tart√©sicos como el Cabezo de San Pedro, en Huelva, con una cronolog√≠a entre mediados del siglo IX y mediados del siglo VIII AC, sugieren que la adopci√≥n de la escritura meridional y del SO se produjo de forma temprana, lo que explicar√≠a la introducci√≥n de formas arcaicas del alfabeto fenicio, utilizadas con anterioridad al siglo VIII a. C. Este alfabeto ser√≠a adaptado a la lengua tart√©sica, con la introducci√≥n de signos sil√°bicos, dando origen al primitivo signatario paleohisp√°nico y que ser√° el origen de la escritura del SO utilizada en las estelas tart√©sicas. La escritura meridional se utiliz√≥ en la Alta Andaluc√≠a y en el sureste, incluida la Contestania, persistiendo hasta √©poca romana temprana.

Esta escritura fue posteriormente adaptada a la lengua ibérica posiblemente en el territorio de la Contestania dando origen a la ibero-levantina (que se escribe de izquierda a derecha, al contrario que la meridional), conviviendo con la escritura meridional y la ibero-jónica, y desde allí se extendió al resto del territorio ibérico. El hecho de que en Contestania se documente la utilización de tres formas de escribir la lengua ibérica (escritura meridional, levantina e ibero-jónica), sugiere a algunos autores (J de Hoz, ver referencias) que sería en este territorio donde se produjo la aparición de la escritura ibérica levantina a partir de la meridional.

Los procesos de intercambio comercial facilitaron la extensión de la escritura levantina por el arco mediterráneo y el valle del Ebro (junto a otras manifestaciones culturales como la cerámica ibérica), donde fue utilizada para escribir celtíbero en el siglo I a. C. (ejem., bronces de Botorrita procedentes de Contrebia Belaisca y alfabeto monetal), y cuando prácticamente ya no se utilizaba en su lugar de origen. En la Contestania y en la Edetania encontramos textos escritos en plomo (La Serreta, La Bastida de las Alcusas, éste en escritura meridional) y sobre cerámica (San Miguel de Liria), principalmente. Es posible que se utilizaran otros soportes (madera, papiro, pieles) de los que no queda testimonio. Una pregunta interesante se plantea en relación con qué estratos sociales conocían y utilizaban la escritura. Parece probable una aplicación relacionada con prácticas religiosas y comerciales. Es posible que las clases dirigentes la utilizaran como método de control de mercancías (grafitos en cerámica indicadores de origen, destino, o poseedor), sin descartar prácticas de tipo mágico relacionadas con determinados cultos, como sugiere su presencia en depósitos votivos (como en el plomo de Amarejo) y santuarios, así como en cerámica, y de tipo funerario (estelas, como la de Sinancas).

La romanizaci√≥n hizo que la utilizaci√≥n de la escritura ib√©rica fuera desapareciendo de forma paralela a una progresiva latinizaci√≥n. En algunos lugares como Sagunto o el valle del Ebro perdur√≥ hasta √©poca republicana, desapareciendo pr√°cticamente su uso en torno al siglo I a. C. Una relevante excepci√≥n la constituye el fragmento de sigillata con inscripci√≥n biling√ľe procedente del Tossal de Manises, depositado en el MARQ. No obstante, algunos autores sospechan que pueda tratarse de una falsificaci√≥n en tanto que, si bien la pieza es antigua, la inscripci√≥n podr√≠a no serlo ya que se hunde en algunos descorchados de la pieza.

Influencia de los flujos culturales en la cultura íbera

El origen del sustrato cultural local que ejerci√≥ influencia en los iberos se remonta, cuando menos, al primer neol√≠tico mediterr√°neo: la cultura agro-pescadora de la cer√°mica impreso-cardial, que se extendi√≥ desde el Adri√°tico hacia occidente, influyendo intensamente en los abor√≠genes paleol√≠ticos y asimilando toda las regiones costeras del Mediterr√°neo occidental en el V milenio a. C.

Hacia el 2600 a. C. se desarrolla en Andaluc√≠a oriental la civilizaci√≥n calcol√≠tica, que se aprecia en los yacimientos de Los Millares (Almer√≠a) y Marroqu√≠es Bajos (Ja√©n), estrechamente relacionados con la cultura portuguesa de Vila Nova y quiz√°s (no probado) con alguna cultura del Mediterr√°neo oriental (Chipre).

Hacia 1800 a. C., esta cultura se ve sustituida por la de El Argar (bronce), que se desarrolla independientemente y parece estar muy influida en su fase B (desde 1500 a. C.) por las culturas egeas contempor√°neas (enterramientos en pithoi).

Hacia 1300 a. C., coincidiendo con la invasi√≥n del noroeste peninsular por los celtas, El Argar, que bien pudo haber sido un estado centralizado, da paso a una cultura ¬ępost-arg√°rica¬Ľ, de villas fortificadas independientes, en su mismo √°mbito. Tras la fundaci√≥n de Marsella por los focenses (hacia 600 a. C.), los iberos reconquistan el noreste a los celtas, permitiendo la creaci√≥n de nuevos establecimientos griegos al sur de los Pirineos.

A las comunidades establecidas al final de la edad del bronce se las considera sustrato indígena al hablar de la cultura íbera. Básicamente hay cuatro focos: El Argar, la cultura del Bronce Manchego, la del Bronce Valenciano y los Campos de Urnas del Noreste.

Relaciones con otros pueblos

El área de cultura predominantemente ibérica abarcaba todo el litoral mediterráneo, desde la actual Andalucía hasta el sur francés, incluyendo parte del valle del Ebro. Experimentarán influencias fenicias y, posteriormente, griegas a través de los contactos con las colonias que fueron estableciendo en zonas estratégicas de la costa mediterránea y el sur atlántico de la península.

Pueblos peninsulares no ibéricos

Gran parte del occidente, norte y centro peninsular pertenece a una cultura no ib√©rica, de pueblos asentados en √©poca paleol√≠tica y mesol√≠tica; desde el siglo VIII a. C. se a√Īadir√°n grandes contingentes de inmigrantes celtas que, paulatinamente, se asentar√°n en la meseta y en las zonas costeras atl√°nticas. Ser√°n influenciados por las culturas fenicia y griega, indirectamente, a trav√©s de sus relaciones con los pueblos √≠beros.[4]

Fenicios

La antigua Iberia fue objeto de los intereses comerciales de los fenicios, pueblo de tradici√≥n marinera que, seg√ļn los historiadores cl√°sicos, hacia el siglo IX a. C.[5] fund√≥ su primera colonia ultramarina en el Atl√°ntico, al otro extremo del Mediterr√°neo, ◊í◊ď◊® G√°dir (C√°diz) por su valor estrat√©gico (dominio del paso del Estrecho) y comercial (riquezas minerales de la regi√≥n de Huelva). Tambi√©n fundaron otras colonias, principalmente en el suroeste peninsular, como Toscanos (Torre del Mar), Malaka (M√°laga), Sexi (Almu√Ī√©car) o Abdera (Adra), en Almer√≠a.

Mediante el trueque de productos manufacturados por materias primas, monopolizaron el comercio de metales e impulsaron la industria del salaz√≥n. Hay constancia de explotaciones mineras en la pen√≠nsula de metales (oro, plata y esta√Īo), en la zona de R√≠o Tinto, y en otras de la provincia de Huelva. Estas explotaciones aportaron riqueza, no s√≥lo a los fenicios, tambi√©n a las caciques de la zona, habi√©ndose encontrado varios ¬ętesoros¬Ľ en algunas necr√≥polis de la √©poca. No hay noticias de grandes revueltas ni guerras.

Griegos

La colonizaci√≥n griega tuvo dos objetivos: comerciales y el paliar el problema demogr√°fico de las poleis griegas. Divulgaron el alfabeto y el uso de la moneda. Tambi√©n practicaron intercambios con los nativos, de vino, aceite y manufacturas (cer√°micas, bronces) por materias primas (oro, plata, plomo, cereales, esparto y salazones). Los griegos focenses, procedentes del Asia Menor, fundaron asentamientos en la costa nordeste mediterr√°nea, como Massalia (Marsella); posteriormente Rhode (Rosas), en el golfo de Rosas y Emporion (Ampurias), en la pen√≠nsula; tambi√©n posibles n√ļcleos comerciales, m√°s o menos estables, como Hemeroscopio, Baria, Malaka, y Alonis.[nota 1]

Cartagineses

Zonas de influencia de Cartago y Roma antes de la Primera Guerra P√ļnica.

Los cartagineses[6] eran un pueblo de origen fenicio que se estableci√≥ en Cartago Qart HadaŇ°t (en el actual T√ļnez). Se independizaron de la metr√≥polis cuando Tiro declin√≥ bajo el poder asirio. Con su inmejorable situaci√≥n estrat√©gica, en medio del Mediterr√°neo, lider√≥ a todas las colonias fenicias de occidente, entre estas, las factor√≠as de Iberia, que enviaban plata, esta√Īo y salazones.

A ra√≠z de la enorme deuda que contrajeron con Roma en la Primera Guerra P√ļnica, Cartago emprendi√≥ la conquista de las regiones mediterr√°neas de la Pen√≠nsula Ib√©rica para crear un nuevo imperio cartagin√©s; Am√≠lcar Barca desde C√°diz, su √ļnica plaza, comenz√≥ la invasi√≥n del valle del r√≠o Betis, cuyos reyezuelos se entregaron por la fuerza o la diplomacia, uni√©ndose al ej√©rcito invasor. Las nuevas prospecciones colmaron de plata las arcas cartaginesas y despu√©s de nueve a√Īos de guerra, hab√≠a conseguido para Cartago la plata y los mercenarios de Iberia. Am√≠lcar muere el a√Īo 229 a. C. en una escaramuza contra los oretanos.

Su yerno, Asdr√ļbal, continu√≥ su labor aunque utilizando una pol√≠tica de alianzas con los reyes ib√©ricos; se fund√≥ la ciudad de Cartago Nova y se estableci√≥ un tratado con los romanos fijando en el r√≠o Ebro los l√≠mites de influencia de los dos imperios. Los cartagineses se adue√Īaron de todo el sur de la Pen√≠nsula, del Levante hasta el golfo de Valencia y puede que dominasen tambi√©n el territorio de los oretanos. Asdr√ļbal muere asesinado el a√Īo 221.

An√≠bal, con solo 25 a√Īos, es elegido nuevo general por su ej√©rcito; invade el territorio de los olcades y penetra en los territorios de la meseta central al a√Īo siguiente, ocupando las ciudades de Toro y Salamanca; pagados los tributos, emprende regreso a Cartago Nova con numerosos rehenes, siendo atacado por un ej√©rcito en coalici√≥n de carpetanos, vacceos y olcades, a los que derrota junto al Tajo. El ataque a la ciudad de Sagunto desencadena la Segunda Guerra P√ļnica que concluye con la derrota de An√≠bal, el declive del poder cartagin√©s y la conquista romana de la Pen√≠nsula Ib√©rica. Durante esta √©poca destacaron Istolacio, y su hermano Indortes, generales celtas de los ej√©rcitos mercenarios (Diodoro 25. 10).

Conquista romana

Artículo principal: Conquista de Hispania

Roma decidió conquistar la Península Ibérica por la gran cantidad de recursos que poseía y su valor estratégico.

Cuando los romanos llegaron a Iberia, el otrora imperio ib√©rico que lleg√≥ a extenderse hasta el mediod√≠a franc√©s y m√°s all√°, yac√≠a desgarrado por luchas internas. Tribus contra tribus, hombres contra hombres, sin los reyes poderosos de anta√Īo que dieran firmeza y estabilidad a esta confederaci√≥n de pueblos guerreros.

El proceso conquistador dur√≥ cerca de doscientos a√Īos y se hizo en varias etapas: los Escipiones (218‚Äď197 a. C.) ocuparon la franja mediterr√°nea, el valle del Ebro y el del Guadalquivir, aunque no sin dificultades. Despu√©s, conquistaron la Meseta y Lusitania (Portugal). Los guerreros √≠beros prefer√≠an la muerte a tener que entregar sus armas. Los pueblos que habitaban estas zonas, ofrecieron gran resistencia, como los guerrilleros lusitanos con Viriato y los numantinos con jefes celt√≠beros como Ret√≥genes Caraunio (App. Iber. 93). Posteriormente (29 a 19 a. C.) sometieron a los c√°ntabros, dominando as√≠ toda la pen√≠nsula, aunque la violenta resistencia requiri√≥ la presencia del emperador Augusto. Hispania fue dividida administrativamente en provincias romanas y se convirti√≥ en fuente de materias primas con destino a la capital de Imperio romano.

La sociedad ibera y organización social

Jinete ibero del siglo III a. C. Parte del Grupo A del llamado Relieve de Osuna (Sevilla, Espa√Īa). M.A.N., Madrid.

La sociedad ibera estaba fuertemente jerarquizada en varias castas sociales muy dispares, todas ellas con una perfecta y bien definida misi√≥n para hacer funcionar correctamente una sociedad que depend√≠a de ella misma para mantener a su ciudad.[cita requerida]

La casta guerrera y noble era la que contaba con m√°s prestigio y poder dentro de estas.[cita requerida] Aparte de las armas, poseer caballos otorgaba tambi√©n gran prestigio y reflejaba poder, nobleza, y formar parte de la clase m√°s pudiente.

Tambi√©n ten√≠an gran importancia la casta sacerdotal,[cita requerida] en la que las mujeres, como se observa en los t√ļmulos funerarios, eran el v√≠nculo de la vida y la muerte. Las sacerdotisas gozaban de gran prestigio, ya que eran las que estaban en continuo contacto con el mundo de los dioses, aunque tambi√©n hab√≠a hombres que desarrollaban una tarea m√≠stica, prueba de ello son los sacerdotes lusitanos, que le√≠an el futuro en los intestinos de los guerreros enemigos.

Otra de las castas era la de los artesanos, apreciados porque de ellos salían los ropajes con los que se vestían y resguardaban del frío, los que elaboraban calzado, los que modelaban vasijas en las que guardar agua y alimentos y, sobre todo, por ser los que les hacían, a medida, armas y armaduras con las que se distinguían de las otras castas más bajas.

Finalmente estaba el ¬ępueblo llano¬Ľ, gente de distintos oficios que se dedicaban a los trabajos m√°s duros.

Indumentaria ibera

Artículo principal: Indumentaria ibera

Los iberos se vest√≠an con telas de distintas calidades, seg√ļn su poder econ√≥mico.

  • Guerreros: Seg√ļn los textos antiguos, la prenda m√°s habitual era un vestido de tela, como la de los romanos, con el ribete en rojo.
  • Sacerdotisas: Las sacerdotisas eran quiz√°s las que m√°s adornos ten√≠an. De ellas vienen la mantilla y la peineta, con la que se sol√≠an cubrir la cabeza y el cuerpo, un ejemplo de ello es la Dama de Elche, y los mo√Īos que hoy se pueden ver en Castell√≥n.
  • Otras prendas de vestir: Otra prenda muy valorada, era el sagum, una capa de lana, que proteg√≠a del duro fr√≠o. Otra de las prendas que a√ļn existen hoy, es una tela que a modo de diadema utilizaban los guerreros para recogerse el pelo. Su calzado era unas alpargatas, que se ataban a la pierna y el pie, en el invierno se cubr√≠an los pies ya las piernas con unas botas de piel y pelo de animal.

El guerrero ibero

Artículo principal: Guerrero ibero

Su car√°cter fue descrito por los griegos, quienes se fascinaron por unos soldados que se lanzaban al combate sin miedo alguno y que resist√≠an peleando sin retirarse a√ļn con la batalla perdida,[cita requerida] los guerreros a los que se refer√≠an eran mercenarios iberos reclutados por los griegos para sus propias guerras.

Economía

No sabemos mucho sobre la agricultura ibérica, pero sí lo suficiente como para deducir su importancia económica. Del estudio de una buena cantidad de piezas del utillaje agrícola halladas en los poblados del área valenciana, dedujo E. Plá que se había llegado en éste, como en otros edificios, a una especialización adecuada, dándose con la herramienta justa que en muchos casos ha llegado hasta nuestros días.

La agricultura que se practica es la de secano, siendo los cultivos fundamentales el cereal, el olivo y la vid, para la que está atestiguada ya en el siglo VI la obtención de excedentes con destino a su comercialización, así como las leguminosas (garbanzos, guisantes, habas y lentejas). Y por otra parte, se conocen diversas especies frutales, entre las cuales destaca el manzano, el granado y la higuera.

Tuvieron también cierta importancia determinados cultivos industriales, especialmente el lino en Saitabi (Játiva). Tenemos ampliamente documentada la industrialización del esparto, especialmente en el Campus Spartarius, al norte de Cartagena, con multitud de aplicaciones, entre las cuales sobresalen los cordajes para la navegación.

Respecto a la ganader√≠a, no parece haber tenido un papel predominante, salvo quiz√° en regiones espec√≠ficas, limit√°ndose al papel habitual complementario de la agricultura. S√≠ es necesario se√Īalar la importancia de ciertas especies como el caballo, utilizado en la caza y la guerra y probablemente s√≠mbolo de determinado estatus social en cuanto que da acceso a estas actividades. Tambi√©n debi√≥ tenerse en gran estima al buey y de la abundancia de ganado bovino nos hablan las frecuentes menciones del sagum o manto de lana ib√©rico en las fuentes romanas.

La caza, parece haber tenido una cierta importancia, seg√ļn se deduce de su frecuente representaci√≥n en la cer√°mica pintada, aunque quiz√° m√°s como actividad social que econ√≥mica. El jabal√≠ debe haber sido la pieza reina, aunque junto a √©l se cazan igualmente c√©rvidos y varias especies menores.

Arte ibérico

Artículo principal: Arte ibérico

El arte ibérico posee sus mejores manifestaciones en obras escultóricas de piedra y bronce, madera y barro cocido. Ofrece gran variedad regional con rasgos culturales de cada zona que se distribuye en tres zonas bien diferenciadas: Andalucía, la zona de Levante y el Centro peninsular.

Escultura

Artículo principal: Escultura ibérica

La escultura ib√©rica aparece en torno al 500 a. C. y constituye una de las manifestaciones m√°s importantes de la cultura ib√©rica en la que confluyen influjos mediterr√°neos (griegos y fenicios principalmente) y aut√≥ctonos. Desde los primeros descubrimientos se han planteado entre los especialistas diversas hip√≥tesis respecto a su origen.

Las diferentes influencias se ven reflejadas en las obras, algunas de estilo más orientalizante (Pozo Moro), con posibles influjos sirio-hititas, y otras de aspecto más jónico (Cerrillo Blanco, Porcuna), con algunas evocaciones del arte chipriota y etrusco.

Pintura

Artículo principal: Pintura ibérica

La pintura ib√©rica no re√ļne la perfecci√≥n y el inter√©s que ofrece la escultura, pero tampoco deja de tener su importancia a√ļn prescindiendo de que muchas interesantes pinturas de las llamadas prehist√≥ricas pueden datar de las edades del bronce y del hierro y sean, por lo mismo, verdadera y propiamente obras de arte ib√©ricas. Fuera de ellas, la pintura ib√©rica se reduce a decoraciones de numerosas vasijas y de alg√ļn muro de c√°maras sepulcrales. Su mayor antig√ľedad se atribuye al siglo VI a. C. como puede inferirse por comparaci√≥n con los restos de cer√°mica griega con los cuales se halla, a veces confundida la ib√©rica y, sin duda, que √©sta fue siguiendo a trav√©s de las civilizaciones p√ļnica y romana llegando quiz√° hasta la invasi√≥n de los b√°rbaros.

Kalathos ib√©rico decorado. Cueva del Cabuchico (Azuara, Zaragoza), siglo I a. C. Museo de Zaragoza.

Cer√°mica

Artículo principal: Cerámica ibérica

Con la introducci√≥n del torno r√°pido por los fenicios en el siglo VIII a. C. se produce un cambio en la fabricaci√≥n de la cer√°mica en el mundo ind√≠gena, lo que permite el desarrollo de una de las manifestaciones m√°s caracter√≠sticas de la cultura ib√©rica.

Etapas de la cer√°mica ib√©rica, seg√ļn Ruiz-Molinos:

  • Ib√©rico I (600/580‚Äď540/530 a. C.), protoib√©rico, orientalizante final. Vasos tr√≠podes, vasos con asas triples, formas de barniz rojo y √°nforas fenicias.
  • Ib√©rico II (540/530‚Äď450/425 a. C.), ib√©rico antiguo. Urnas de orejeras (Oral), vasos con borde de cabeza de √°nade, decoraci√≥n con bandas. Asociada con cer√°mica griega de origen masaliota o de Emporiton, y cer√°micas √°ticas de figuras rojas.
  • Ib√©rico III (450/425‚Äď350/300 a. C.), ib√©rico inicial-pleno. Diversificaci√≥n de formas y motivos. Cer√°mica de barniz rojo-ib√©rico en el Levante y Andaluc√≠a. Apogeo de la cer√°mica √°tica de figuras rojas. Al final (350‚Äď300 a. C.) se produce un corte brusco de las importaciones de cer√°mica griega.
  • Ib√©rico IV (350/300‚Äď175/150 a. C.), Ib√©rico pleno-tard√≠o. M√°ximo desarrollo de la diversificaci√≥n. Aparici√≥n del estilo de Liria-Oliva. Las decoraciones son variadas e incluyen escenas con guerreros, de recolecci√≥n, actividades textiles, caballeros, danzantes, m√ļsicos, animales, etc. Su final coincide con la aparici√≥n de la cer√°mica campaniense y el final de la segunda guerra p√ļnica.
  • Ib√©rico V (175/150‚Äď60 d. C.), Ib√©rico tard√≠o. Vinculada a las producciones romanas (campaniense A y B, sigillata). Estilo de Azaila, continuaci√≥n del Elche-Archena.
  • Ib√©rico VI (60 d. C.‚Äďsiglo II/III d. C.). Producci√≥n marginal con estilo ib√©rico en √©poca romana.

Religión

La religi√≥n es un tema poco conocido de la cultura ib√©rica, pero en los √ļltimos a√Īos se han producido importantes avances en el conocimiento e interpretaci√≥n de muchos hallazgos. Las fuentes fundamentales son los materiales arqueol√≥gicos, y los escasos escritos. Entre los materiales m√°s relevantes estar√≠an los exvotos de bronce, terracota y piedra, la cer√°mica y otros objetos como falcatas votivas.

Animales sagrados

Poco se sabe del mundo de los dioses de los iberos, lo poco que se conoce es gracias a escritos de antiguos historiadores y fil√≥sofos, y a alg√ļn que otro resto arqueol√≥gico. De lo que s√≠ se tiene constancia, es que animales como los toros, lobos, linces, o buitres, formaban parte de este mundo, ya fuese como dioses, s√≠mbolos, v√≠nculos con el mundo mortal y sus 'esp√≠ritus', o el mundo divino.

El toro representaría la virilidad y la fuerza. El lince estaba vinculado al mundo de los muertos. Los buitres llevaban las almas de los guerreros muertos en las batallas al mundo de los dioses. No se sabe mucho más, ya que ha perdurado escasa información sobre estos asuntos.

Enterramientos

Caja funeraria ibera hallada en Galera.

Los iberos utilizaban el rito de la incineración, conocido gracias a los fenicios o a los pueblos transpirenáicos que introducen la cultura de los campos de urnas.

Las cenizas eran guardadas en urnas cinerarias de cer√°mica con forma de copa, con tapa y sin decoraci√≥n. Otras ten√≠an forma de caja con patas terminadas en garras, con tapadera y decoraci√≥n de animales. Las urnas se introduc√≠an en fosos excavados en tierra junto con un ajuar funerario. Los √≠beros, para se√Īalizar el lugar de la tumba, constru√≠an t√ļmulos de variadas dimensiones, aunque hab√≠a enterramientos mucho m√°s elaborados para las clases sociales m√°s altas.

Se han hallado t√ļmulos con recipientes cer√°micos a los pies de la difunta, como la Dama de Baza que est√° sentada en una especie de trono alado, o Dama de Elche que guarda y protege los restos y el ajuar funerario. En otros t√ļmulos se depositaban las armas del difunto, al que se incineraba y se introduc√≠a en una vasija de cer√°mica ornamentada. En algunos funerales se peleaba sobre la propia tumba hasta la muerte, como en el entierro de Viriato.

T√ļmulo ib√©rico en el Cabezo de Alcal√°.

Santuarios

Se han identificado lugares de culto como santuarios urbanos, algunos de los más importantes localizados en la Contestania y área de influencia como el Santuario de la Serreta (Alcoy), famoso por sus terracotas, el Santuario del Cerro de los Santos (Albacete), el templo urbano de la Alcudia (Elche), los templos de la Isleta (Campello), el santuario de la Luz (Verdolay, Murcia), el santuario de El Cigarralejo (Mula, Murcia), el Santuario de Coimbra de Barranco Ancho (Jumilla, Murcia) y el santuario de La Encarnación (Caravaca, Murcia). También se han identificado espacios sacros como el santuario doméstico de El Oral (S. Fulgencio, Alicante), o el de la Bastida de les Alcuses (Mogente, Valencia) y depósitos votivos como el encontrado en el El Amarejo (Bonete, Albacete), o el posible santuario de Meca (Ayora, Valencia).

Otra caracter√≠stica es el empleo de grutas o cavernas a modo de santuarios, en los que se depositaban peque√Īas estatuillas, llamadas exvotos, como ofrenda votiva a alguna deidad. Estas figuras son tanto de mujeres sacerdotisas como de hombres guerreros, a pie o a caballo, otras est√°n sacrificando alg√ļn animal con un cuchillo, o mostrando su respeto con las manos en alto, o con los brazos abiertos.

Asentamientos

Las zonas que mejor se conocen son las del Alto Guadalquivir y del río Segura, donde se distinguen tres tipos de poblados:

  • los peque√Īos asentamientos, situados en zonas llanas y que carec√≠an de fortificaci√≥n;
  • los recintos fortificados, estructuras de dimensiones reducidas con fuertes defensas que sol√≠an estar en zonas altas.
  • los grandes poblados u oppida, centros que controlaban una regi√≥n o un territorio, donde se situaban los distritos poblados en llano y sus recintos fortificados. Son las capitales mencionadas por Estrab√≥n.

Las ciudades

Mapa de la monta√Īa Penya del Moro en Sant Just Desvern (Catalu√Īa).

Las ciudades iberas podían estar construidas junto a cerros, en lugares estratégicos, controlando las vías de paso, lo que les daban una importante ventaja frente a los enemigos; solían estar circundadas por muros de piedra y adobe, sobre los que se disponían torres de vigilancia y las puertas a la ciudad. Los asentamientos construidos en llano nunca estaban amurallados y tenían una funcionalidad económica, agrícola y ganadera.[7]

La mayor√≠a... no fueron concebidos para rechazar asedios formales que nunca vendr√≠an, no s√≥lo porque las fortificaciones ejercieran un efectivo papel militar disuasorio ‚ÄĒtambi√©n‚ÄĒ, sino porque el atacante no tendr√≠a ning√ļn inter√©s en asediar la ciudad. Un asalto r√°pido o por sorpresa a una granja, bien; una entrada en tropel por una puerta abierta cuando se persegu√≠a a un enemigo en huida, de acuerdo... pero un asedio prolongado carecer√≠a de sentido en la forma ib√©rica de entender la guerra... m√°s valdr√≠a volver a saquear los campos y buscar la sorpresa la primavera siguiente.
Fernando Quesada Sanz[8]

Las casas de las ciudades solían ser de planta rectangular, hechas de adobe sobre una base de piedra, a modo de cimientos, de una sola planta y, algunas veces, dos; las cubiertas tenían una estructura de madera y recubrimiento vegetal.

Yacimientos arqueológicos

Notas

  1. ‚ÜĎ Las fuentes literarias mencionan tres colonias griegas en el Sureste de la Pen√≠nsula Ib√©rica: Hemeroscopio, Alonis y Akra Leuk√©. Tradicionalmente se han localizado en Denia, Benidorm y Alicante, aunque con pocas bases reales, hasta que, a partir de los a√Īos 50 del siglo pasado, los arque√≥logos muestran su escepticismo debido a la falta de hallazgos griegos en la zona artehistoria

Referencias

  1. ‚ÜĎ Seg√ļn la prosodia y la etimolog√≠a latinas, la forma original ser√≠a ibero, sin embargo, seg√ļn la Real Academia Espa√Īola, √≠bero es asimismo correcta para referirse a dichos pueblos y su lengua.
  2. ‚ÜĎ El Tinto-Odiel. La homonimia con el Ebro en s√≠, con los iberos e Iberia, es una confusi√≥n, producida por etimolog√≠a popular, a partir de la relaci√≥n √Črebo-(H)ibero (R√≠o del Erebo), y por acumulaci√≥n de datos sintetizados en estos pocos versos. Ora mar√≠tima.
  3. ‚ÜĎ La Espa√Īa protohist√≥rica
  4. ‚ÜĎ La Espa√Īa prerromana
  5. ‚ÜĎ Seg√ļn los historiadores cl√°sicos ca. 1100 a. C., aunque no hay ning√ļn hallazgo arqueol√≥gico anterior al siglo VIII a. C.
  6. ‚ÜĎ El imperialismo cartagin√©s
  7. ‚ÜĎ Los iberos
  8. ‚ÜĎ Quesada Sanz, Fernando: Gladius XXI, 2001, p. 152.

Bibliografía

  • BELTR√ĀN, M. (1996): Los iberos en Arag√≥n, Zaragoza.
  • BERMEJO TIRADO, Jes√ļs: Breve historia de los √≠beros. Ediciones Nowtilus S.L., 2007. ISBN 84-9763-353-9. [1]
  • ESCACENA, J. L., 1987: El poblamiento ib√©rico en el Bajo Guadalquivir, Iberos. Actas de las I Jornadas sobre el Mundo Ib√©rico (1985), Ja√©n, pp. 273‚Äď299.
  • MOLINOS, M. et al. (1998). El santuario heroico de ¬ęEl Pajarillo¬Ľ (Huelma, Ja√©n). Ja√©n, Universidad de Ja√©n. ISBN 84-89869-36-7. 
  • PELL√ďN, J. (2006), √ćberos de la A a la Z. La vida en Iberia durante el primer milenio antes de Cristo, Espasa, Madrid, 2006
  • PRESEDO, F., 1980: Los pueblos ib√©ricos, Historia de Espa√Īa Antigua. I. Protohistoria, Madrid.
  • RU√ćZ, A. y MOLINOS, M. (1993). Los iberos. An√°lisis arqueol√≥gico de un proceso hist√≥rico. Barcelona, Editorial Cr√≠tica. ISBN 84-7423-566-9. 
  • SAGVNTVM, papeles del laboratorio de arqueologia de Valencia, Extra-3, Ibers. Agricultors, artesans i comerciants, Universitat de Val√®ncia, 2000
  • SANMART√ć, J.; SANTACANA, J. (2005): Els ibers del nord, Barcelona.
  • SANMART√ć, J. (2005): ¬ęLa conformaci√≥n del mundo ib√©rico septentrional¬Ľ, Palaeohispanica 5, pp. 333‚Äď358.
  • Adolf Schulten. Hispania: Geograf√≠a, etnolog√≠a e historia.. 
  • UNTERMANN, J.: Monumenta Linguarum Hispanicarum, Wiesbaden. (1975): I Die M√ľnzlegenden. (1980): II Die iberischen Inschriften aus S√ľdfrankreich. (1990): III Die iberischen Inschriften aus Spanien. (1997): IV Die tartessischen, keltiberischen und lusitanischen Inschriften.

Véase también

Enlaces externos


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