René Descartes

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René Descartes

René Descartes

Para otros usos de este término, véase Descartes (desambiguación).
René Descartes
también conocido por su nombre latinizado Renato Cartesio
Frans Hals - Portret van René Descartes.jpg
René Descartes, óleo sobre lienzo de Frans Hals, 1649, Museo del Louvre
Filosofía occidental
Filosofía del siglo XVII
Nacimiento 31 de marzo de 1596
La Haye en Touraine [ahora Descartes], Indre-et-Loire, Francia
Fallecimiento 21 de febrero de 1650
Estocolmo, Suecia (53 a√Īos)
Escuela/tradición Cartesianismo, Racionalismo, Fundacionalismo
Intereses principales Metafísica, Epistemología, Ciencia, Matemática
Ideas notables Cogito ergo sum, Duda metódica, Coordenadas cartesianas, Dualismo, Argumento ontológico
Influido por Al-Ghazali, Platón, Aristóteles, Zenón de Citio, Aristón de Quíos, Anselmo, Aquino, Ockham, Suárez, Gómez Pereira, Mersenne, Sexto Empírico, Michel de Montaigne, Duns Scoto
Influy√≥ a Spinoza, Hobbes, Arnauld, Malebranche, Pascal, Locke, Leibniz, More, Kant, Husserl, Brunschvicg, ŇĹiŇĺek, Chomsky
Firma
Firma Descartes.svg

Ren√© Descartes [pronunciado / Ā…ône de'ka Āt/ en franc√©s] (La Haye en Touraine, actual Descartes, 31 de marzo de 1596 ‚Äď Estocolmo, 11 de febrero de 1650) fue un fil√≥sofo, matem√°tico y cient√≠fico franc√©s. Es considerado como el Pionero de la Filosof√≠a Moderna y el creador de la noci√≥n de sujeto.[cita requerida]

En 1935 se decidi√≥ en su honor llamar ¬ęDescartes¬Ľ a un cr√°ter lunar.[1]

Contenido

Biografía

Infancia

Ren√© Descartes naci√≥ el 31 de marzo de 1596 en La Haye en Touraine, cerca de Poitiers. Desde 1967 La Haye se llama Descartes en honor al fil√≥sofo, que fue el tercer hijo del jurista Joachim Descartes y de Jeanne Brochard. Aunque Ren√© pensaba que su madre muri√≥ al nacer √©l, lo cierto es que muri√≥ un a√Īo despu√©s, durante el parto de un hermano que tampoco sobrevivi√≥. Tras la muerte de su madre, √©l y sus 2 hermanos fueron educados por su abuela, pues su padre, consejero del Parlamento de Breta√Īa, se ausentaba cada 2 a√Īos por largas temporadas, y acab√≥ dejando atr√°s a sus hijos al contraer nuevas nupcias con una doncella inglesa.

Educación

La educaci√≥n en la Fl√®che le proporcion√≥, durante los cinco primeros a√Īos, una s√≥lida introducci√≥n a la cultura cl√°sica, habiendo aprendido lat√≠n y griego en la lectura de autores como Cicer√≥n, Horacio y Virgilio, por un lado, y Homero, P√≠ndaro y Plat√≥n, por el otro. El resto de la ense√Īanza estaba basada principalmente en textos filos√≥ficos de Arist√≥teles (Organon, Metaf√≠sica, √Čtica a Nic√≥maco), acompa√Īados por comentarios de jesuitas (Su√°rez, Fonseca, Toledo, quiz√° Vitoria) y otros autores espa√Īoles (Cayetano). Conviene destacar que Arist√≥teles era entonces el autor de referencia para el estudio, tanto de la f√≠sica, como de la biolog√≠a. El plan de estudios inclu√≠a tambi√©n una introducci√≥n a las matem√°ticas (Clavius), tanto puras como aplicadas: astronom√≠a, m√ļsica, arquitectura. Siguiendo una extendida pr√°ctica medieval y cl√°sica, en esta escuela los estudiantes se ejercitaban constantemente en la discusi√≥n () (Cfr. Gaukroger, quien toma en cuenta la Ratio studiorum: el plan de estudios que aplicaban las instituciones jesu√≠ticas).

Registro de graduación de Descartes en el Collège Royal Henry-Le-Grand, La Flèche, 1616.

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La universidad

A los 18 a√Īos, Ren√© Descartes ingres√≥ a la Universidad de Poitiers para estudiar derecho y algo de medicina. Para 1616 Descartes cuenta con los grados de bachiller y licenciado. Descartes fue siempre un alumno sobresaliente y fue gracias al gran afecto de algunos de sus profesores lo que hizo que Ren√© pudiera visitar los laboratorios de la universidad con asiduidad.

Etapa investigadora

René Descartes en su escritorio.

En 1619, en Breda, conoci√≥ a Isaac Beeckman, quien intentaba desarrollar una teor√≠a f√≠sica corpuscularista, muy basada en conceptos matem√°ticos. El contacto con Beeckman estimul√≥ en gran medida el inter√©s de Descartes por las matem√°tica y la f√≠sica. Pese a los constantes viajes que realiz√≥ en esta √©poca, Descartes no dej√≥ de formarse y en 1620 conoci√≥ en Ulm al entonces famoso maestro calculista alem√°n Johann Faulhaber. √Čl mismo refiere que, inspirado por una serie de sue√Īos, en esta √©poca vislumbr√≥ la posibilidad de desarrollar una ¬ęciencia maravillosa¬Ľ. El hecho es que, probablemente estimulado por estos contactos, Descartes descubre el teorema denominado de Euler sobre los poliedros.

A pesar de discurrir sobre los temas anteriores, Descartes no publica entonces ninguno de estos resultados. Durante su estancia m√°s larga en Par√≠s, Descartes reafirma relaciones que hab√≠a establecido a partir de 1622 con otros intelectuales, como Marin Mersenne y Guez de Balzac, as√≠ como con un c√≠rculo conocido como ¬ęLos libertinos¬Ľ. En esta √©poca sus amigos propagan su reputaci√≥n, hasta el punto de que su casa se convirti√≥ entonces en un punto de reuni√≥n para quienes gustaban intercambiar ideas y discutir. Con todo ello su vida parece haber sido algo agitada, pues en 1628 libra un duelo, tras el cual coment√≥ que ¬ęno he hallado una mujer cuya belleza pueda compararse a la de la verdad¬Ľ. El a√Īo siguiente, con la intenci√≥n de dedicarse por completo al estudio, se traslada definitivamente a los Pa√≠ses Bajos, donde llevar√≠a una vida modesta y tranquila, aunque cambiando de residencia constantemente para mantener oculto su paradero. Descartes permanece all√≠ hasta 1649, viajando sin embargo en una ocasi√≥n a Dinamarca y en tres a Francia.

La preferencia de Descartes por Holanda parece haber sido bastante acertada, pues mientras en Francia muchas cosas podr√≠an distraerlo y hab√≠a escasa tolerancia, las ciudades holandesas estaban en paz, florec√≠an gracias al comercio y grupos de burgueses potenciaban las ciencias fund√°ndose la academia de √Āmsterdam en 1632. Entre tanto, el centro de Europa se desgarraba en la Guerra de los Treinta A√Īos, que terminar√≠a en 1648. Enunci√≥ las leyes de refracci√≥n y reflexi√≥n de la luz y fund√≥ la geometr√≠a anal√≠tica.

Fallecimiento

Descartes en la Corte de la reina Cristina de Suecia (detalle), Pierre Louis Dumesnil. Museo nacional de Versailles.
La tumba de Descartes (en el centro), con vista detallada de la inscripción, en la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, París.

En septiembre de 1649 la Reina Cristina de Suecia le llam√≥ a Estocolmo. All√≠ muri√≥ de una neumon√≠a el 11 de febrero de 1650. Falleci√≥ a los 53 a√Īos de edad.

Actualmente se pone en duda si la causa de su muerte fue la neumon√≠a. En 1980, el historiador y m√©dico alem√°n Eike Pies hall√≥ en la Universidad de Leiden una carta secreta del m√©dico de la corte que atendi√≥ a Descartes, el holand√©s Johan Van Wullen, en la que describ√≠a al detalle su agon√≠a. Curiosamente, los s√≠ntomas presentados ‚ÄĒn√°useas, v√≥mitos, escalofr√≠os‚ÄĒ no eran propios de una neumon√≠a. Tras consultar a varios pat√≥logos, Pies concluy√≥ en su libro El homicidio de Descartes, documentos, indicios, pruebas, que la muerte se deb√≠a a envenenamiento por ars√©nico. La carta secreta fue enviada a un antepasado del escritor, el holand√©s Willem Pies.

En el a√Īo de 1676 se exhumaron los restos de Descartes; colocados en un ata√ļd de cobre se trasladaron a Par√≠s para sepultarlos en la iglesia de Sainte-Genevi√®ve-du-Mont; movidos nuevamente durante el transcurso de la Revoluci√≥n Francesa, los restos fueron colocados en el Panth√©on, la bas√≠lica dedicada a los grandes hombres de la naci√≥n francesa; nuevamente, en 1819, los restos de Ren√© Descartes cambiaron de sitio de reposo siendo llevados esta vez a la Iglesia de Saint-Germain-des-Pr√©s donde actualmente se encuentran.

Obras

Las primeras obras

Aunque se conservan algunos apuntes de su juventud, su primera obra fue Reglas para la dirección del espíritu creada en 1628 y publicada en 1701.(póstuma). Luego escribió La luz o Tratado del mundo y El hombre, que retiró de la imprenta al enterarse de la condena de la Inquisición a Galileo en 1633, y que más tarde se publicaron a instancias de Leibniz. En 1637 publicó el Discurso del método para dirigir bien la razón y hallar la verdad en las ciencias, seguido de tres ensayos científicos: Dióptrica, La Geometría y Los meteoros. Con estas obras, escritas en francés, Descartes acaba por presentarse ante el mundo erudito, aunque inicialmente intentó conservar el anonimato.

En 1641 public√≥ las Meditaciones metaf√≠sicas, acompa√Īadas de un conjunto de Objeciones y respuestas que ampli√≥ y volvi√≥ a publicar en 1642. Hacia 1642 puede fecharse tambi√©n un di√°logo, La b√ļsqueda de la verdad mediante la raz√≥n natural (p√≥stumo).

En 1647 aparecen los Principios de filosof√≠a, que Descartes idealmente habr√≠a destinado a la ense√Īanza. En 1648 Descartes le concede una entrevista a Frans Burman, un joven estudiante de teolog√≠a, quien le hace interesantes preguntas sobre sus textos filos√≥ficos. Burman registra detalladamente las respuestas de Descartes, y √©stas usualmente se consideran genuinas. En 1649 publica un √ļltimo tratado, Las pasiones del alma, sin embargo a√ļn pudo dise√Īar para Cristina de Suecia el reglamento de una sociedad cient√≠fica, cuyo √ļnico art√≠culo es que el turno de la palabra corresponda rotativamente a cada uno de los miembros, en un orden arbitrario y fijo.

De Descartes tambi√©n se conserva una copiosa correspondencia, que en gran parte canalizaba a trav√©s de su amigo Mersenne, as√≠ como algunos esbozos y op√ļsculos que dej√≥ in√©ditos. La edici√≥n de referencia de sus obras es la que prepararon Charles Adam y Paul Tannery a fines del siglo XIX e inicios del XX, y a la que los comentaristas usualmente se refieren como AT, por las iniciales de los apellidos de estos investigadores.

Filosofía

Los principiantes deber√≠an abordar la filosof√≠a cartesiana a trav√©s de las antes referidas "Meditaciones metaf√≠sicas" o bien a trav√©s de su obra derivada, que es el famoso "Discurso del m√©todo", que en sus primeras partes es ejemplarmente ameno y fluido, adem√°s de tratar temas fundamentales y darnos una buena idea del proyecto filos√≥fico general del autor.[2] Descartes explica ante todo, qu√© lo ha llevado a desarrollar una investigaci√≥n independiente. Es que aunque √©l atribuye al conocimiento un enorme valor pr√°ctico (lo cree indispensable para conducirse en la vida, pues ¬ębasta pensar bien para actuar bien¬Ľ), su paso por la escuela lo ha dejado frustrado.

Por ejemplo, comenta que la lectura de los buenos textos antiguos ayuda a formar el esp√≠ritu, aunque s√≥lo a condici√≥n de leerse con prudencia (caracter√≠stica de un esp√≠ritu ya bien formado); reconoce el papel de las matem√°ticas, a trav√©s de sus aplicaciones mec√°nicas, para disminuir el trabajo de los hombres, y declara su admiraci√≥n por su exactitud, aunque le parece que sobre ellas no se ha montado un saber lo suficientemente elevado; dice que los libros de los moralistas paganos ¬ęcontienen muchas ense√Īanzas y exhortaciones a la virtud que son muy √ļtiles¬Ľ, aunque en realidad no nos ayudan mucho a identificar cu√°l es la verdadera virtud; a√Īade ¬ęque la filosof√≠a da medios para hablar con verosimilitud de todas las cosas y hacerse admirar de los menos sabios; que la jurisprudencia y la medicina dan honores y riquezas a los que las cultivan¬Ľ aunque claro, aqu√≠ se echa de menos toda menci√≥n de alg√ļn inter√©s por la verdad, la salud o la justicia. Pero el colmo es que la filosof√≠a, de donde las dem√°s ciencias habr√≠an de tomar sus fundamentos, es un desastre: no parece haber aqu√≠ ¬ęcosa alguna en la que est√©n de acuerdo los sabios¬Ľ. Su paso por la escuela, pues, ha servido para descubrirle su profunda ignorancia, y de ah√≠ que sea indispensable la investigaci√≥n.

El padre de la filosofía moderna

Al menos desde que Hegel escribi√≥ sus Lecciones de historia de la filosof√≠a, en general se considera a Descartes como el padre de la filosof√≠a moderna (independientemente de sus aportes a las matem√°ticas y la f√≠sica). Este juicio se justifica, principalmente, por su decisi√≥n de rechazar las verdades recibidas, p. ej., de la escol√°stica, combatiendo activamente los prejuicios. Y tambi√©n, por haber centrado su estudio en el propio problema del conocimiento, como un rodeo necesario para llegar a ver claro en otros temas de mayor importancia intr√≠nseca (la moral, la medicina y la mec√°nica). En esta prioridad que concede a los problemas epistemol√≥gicos, lo seguir√°n todos sus principales sucesores. Por otro lado, los principales fil√≥sofos que lo sucedieron estudiaron con profundo inter√©s sus teor√≠as, sea para desarrollar sus resultados o para objetarlo. Este es el caso de Pascal, Spinoza, Leibniz, Malebranche, Locke, Hume y Kant, cuando menos. Sin embargo, esta manera de juzgarlo no debe impedirnos valorar los estrechos v√≠nculos que este autor mantiene con los fil√≥sofos cl√°sicos, principalmente con Plat√≥n y Arist√≥teles. Descartes aspira a ¬ęestablecer algo firme y durable en las ciencias¬Ľ. Con ese objeto, seg√ļn la parte tercera del Discurso, por un lado √©l cree que en general conviene proponerse metas realistas y actuar resueltamente, pero prev√© que en lo cotidiano, as√≠ sea provisionalmente, tendr√° que adaptarse a su entorno, sin lo cual su vida se llenar√° de conflictos que lo privar√°n de las condiciones m√≠nimas para investigar. Por otra parte, compara su situaci√≥n a la de un caminante extraviado, y as√≠ concluye que en la investigaci√≥n, libremente elegida, le conviene seguir un rumbo determinado. Esto implica atenerse a una regla relativamente fija (un m√©todo), sin abandonarla ¬ępor razones d√©biles¬Ľ...

Las reglas del método

Ya la parte segunda del Discurso hab√≠a presentado el m√©todo. Descartes considera que aunque la l√≥gica ten√≠a muchas reglas v√°lidas, en general √©stas son in√ļtiles, puesto que, como afirma en las Reglas para la direcci√≥n del esp√≠ritu, la capacidad de razonar es b√°sica y primitiva, y nadie puede ense√Ī√°rnosla. Son las reglas del m√©todo:

  1. El llamado precepto de la evidencia (o también, de la duda metódica): No admitir nunca algo como verdadero, si no consta con evidencia que lo es, es decir, no asentir más que a aquello que no haya ocasión de dudar, evitando la precipitación y la prevención.
  2. El precepto del an√°lisis: Dividir las dificultades que tengamos en tantas partes como sea preciso, para solucionarlas mejor.
  3. El precepto de la síntesis: Establecer un orden de nuestros pensamientos, incluso entre aquellas partes que no estén ligadas por un orden natural, apoyándonos en la solución de las cuestiones más simples (que Descartes llama "naturalezas simples") hasta resolver los problemas más complejos a nuestro alcance.
  4. El precepto de control: Hacer siempre revisiones amplias para estar seguros de no haber omitido nada.

Descartes anuncia que emplear√° su m√©todo para probar la existencia de Dios y del alma, aunque es preciso preguntar c√≥mo podr√≠an √©l, o sus lectores, cerciorarse de que los razonamientos que ofrece para ello tienen genuino valor probatorio. Desarrollar una prueba genuina es algo muy problem√°tico, especialmente en lo tocante a cuestiones fundamentales, seg√ļn hab√≠an se√Īalado ya autores como Arist√≥teles y Sexto Emp√≠rico. Veremos que en este punto, las teor√≠as cartesianas pueden considerarse como un desarrollo de la filosof√≠a griega.

Propósito literario

No obstante su fluidez ejemplar, la escritura cartesiana puede considerarse como intencionalmente cr√≠ptica. El resultado es algo semejante a un acertijo, para el que s√≥lo se nos entregan numerosas claves, de modo que la comprensi√≥n de sus obras exige la participaci√≥n activa del lector. Por ejemplo, algunas cosas no aparecen en los textos en el orden m√°s natural, como cuando el m√©todo se presenta antes de que Descartes explique por qu√© cree conveniente adoptar una regla (sea √©sta la que fuere). Mejor a√ļn, un par de enigmas, que abajo intentamos resolver y para los que no hay otra soluci√≥n conocida, muestran el car√°cter cr√≠ptico de su escritura: el fil√≥sofo nunca explica por qu√© raz√≥n eligi√≥ originalmente su m√©todo (aunque s√≠ dice que m√°s valdr√≠a tomar uno al azar que no seguir ninguno). Y tampoco dice por qu√©, tanto en las Meditaciones metaf√≠sicas como en los Principios..., desarrolla lo que visiblemente son tres pruebas distintas de la existencia de Dios (al contrario, en la ¬ęCarta a los Decanos y Doctores...¬Ľ que precede a las Meditaciones, da a entender que la multiplicidad de pruebas es innecesaria, e incluso dificulta su apreciaci√≥n). Siendo √©stas dos de las principales cuestiones que Descartes deja sin aclarar en sus textos, hay muchas m√°s. Es muy posible que el autor (que en la Fl√®che hab√≠a estudiado la emblem√°tica y otras formas de comunicaci√≥n indirecta, seg√ļn Gaukroger), quisiera legarnos un acertijo. Si esto es cierto, habr√≠a que ver sus textos, en parte, como criptogramas que a sus lectores les corresponde descifrar.

La duda metódica

Descartes fue considerado el fil√≥sofo de la duda porque pensaba que, en el contexto de la investigaci√≥n, hab√≠a que rehusarse a asentir a todo aquello de lo que pudiera dudarse racionalmente. √Čl estableci√≥ tres niveles principales de duda:

En el primero, citando errores típicos de percepción de los que cualquiera ha sido víctima, Descartes cuestiona cierta clase de percepciones sensoriales, especialmente las que se refieren a objetos lejanos o las que se producen en condiciones desfavorables.

En el segundo se se√Īala la similitud entre la vigilia y el sue√Īo, y la falta de criterios claros para discernir entre ellos; de este modo se plantea una duda general sobre las percepciones (aparentemente) emp√≠ricas, que acaso con igual derecho podr√≠an imputarse al sue√Īo.

Por √ļltimo, al final de la Meditaci√≥n I Descartes concibe que podr√≠a haber un ser superior, espec√≠ficamente un genio maligno extremadamente poderoso y capaz de manipular nuestras creencias.Dicho "genio maligno" no es m√°s que una met√°fora que significa: ¬Ņy si nuestra naturaleza es intelectualmente defectuosa?, de manera que incluso creyendo que estamos en la verdad podr√≠amos equivocarnos, pues ser√≠amos defectuosos intelectualmente. Siendo √©ste el m√°s c√©lebre de sus argumentos esc√©pticos, no hay que olvidar c√≥mo Descartes considera tambi√©n all√≠ mismo la hip√≥tesis de un azar desfavorable o la de un orden causal adverso (el orden de las cosas), capaz de inducirnos a un error masivo que afectara tambi√©n a ideas no tomadas de los sentidos o la imaginaci√≥n (vg., las racionales).

El prop√≥sito de estos argumentos esc√©pticos, y en particular los m√°s extremos, de los dos √ļltimos niveles, no es provocar la sensaci√≥n de que hay un peligro inminente para las personas en su vida cotidiana. Se trata de posibilidades abstractas, cuya finalidad es servir a la investigaci√≥n en forma semejante a un microscopio en el laboratorio.

Soluciones propuestas

Ahora bien, por un lado en la ¬ęCarta-prefacio a la traducci√≥n francesa de los Principios¬Ľ Descartes se refiere a Plat√≥n y Arist√≥teles como los principales autores que han investigado la existencia de principios o fundamentos (v√°lidos) del conocimiento. Aunque Descartes no lo menciona, ambos fil√≥sofos piensan que la dial√©ctica o controversia, donde cada uno de los participantes procura convencer o refutar a su antagonista, es el √ļnico tipo de argumentaci√≥n capaz de responder esta pregunta; y en especial, la explicaci√≥n que da Arist√≥teles (Met. őď, 4) de por qu√© hay que acudir a este tipo de argumento para alcanzar una prueba de los ¬ęprincipios¬Ľ, es muy digna de atenci√≥n. Perfectamente pudo Descartes ver aqu√≠ una buena raz√≥n para elegir la dial√©ctica como procedimiento para indagar la validez de los fundamentos.

Esto es lo que insin√ļa la primera regla met√≥dica, si el lector, en lugar de atribuirle el papel principal a la noci√≥n general de evidencia, se lo concede a la (m√°s espec√≠fica) de indubitabilidad racional: las ideas tendr√°n la clase relevante de evidencia s√≥lo en la medida en que sean apropiadamente indudables, pero es obvio que no ser√°n indudables mientras haya ¬ęocasi√≥n¬Ľ de ponerlas en duda, y habr√° ocasi√≥n de dudar siempre que haya argumentos esc√©pticos vigentes. Ahora bien, bajo un argumento como el del genio maligno, p. ej., siempre puede plantearse una duda que afecte, en t√©rminos generales, incluso a las ideas m√°s evidentes: perfectamente puede pensarse que acaso las ideas evidentes son falsas.

Por otro lado, vimos que Descartes acepta tres razones para plantear la duda m√°s extrema: son las hip√≥tesis del genio maligno, la de un azar desafortunado y la de una causalidad natural adversa. As√≠, si suponemos que Descartes argumenta para enfrentar al cr√≠tico radical (el esc√©ptico), se entiende f√°cilmente el desarrollo de tres pruebas, que s√≥lo aparentemente se encaminan a establecer la existencia divina. As√≠, a cada una de estas pruebas en realidad puede asign√°rsele el prop√≥sito de refutar una de las hip√≥tesis esc√©pticas. De este modo, Descartes no habr√≠a buscado ¬ędemostrar¬Ľ, en primer t√©rmino, la existencia de Dios: en cambio habr√≠a intentado vencer dial√©cticamente a su antagonista en la controversia, rechazando una raz√≥n espec√≠fica entre las admitidas para plantear la duda m√°s extrema. Para lograrlo, le habr√≠a bastado mostrar que las razones para aceptar la existencia divina son, en todo caso, m√°s s√≥lidas que las que pueden darse para implantar las dudas radicales. Si Descartes alcanza este objetivo, las dudas m√°s extremas quedar√≠an sin fundamento. Esto, a su vez, autorizar√≠a al investigador a aceptar ciertas proposiciones como v√°lidas, por ser racionalmente indudables (al menos, a la luz de los argumentos esc√©pticos conocidos). Pero Descartes habr√≠a ocultado este aspecto negativo de su procedimiento.

La metafísica

Otra postura que Descartes sostiene es la evidencia, de la libertad. Pero más que discutir la realidad o no del libre albedrío, Descartes parece partir de la hipótesis de que él mismo es libre, para poner esta libertad en práctica: ya la investigación, en su caso, resulta de una determinación voluntaria y libre. Además, la epistemología cartesiana (vg., su investigación sobre las condiciones de validez del conocimiento) hace un aporte tácito, pero fundamental, al campo de la filosofía práctica: la responsabilidad no es ilusoria, pues si hay conocimiento legítimo, y éste versa en parte sobre algunas relaciones causales, hemos de tomar nuestras decisiones sin dar oídos sordos a las consecuencias previsibles de nuestros actos.

Sin embargo, parece que Descartes nunca intent√≥ demostrar la correcci√≥n de la citada hip√≥tesis sobre el libre albedr√≠o, como no fuera poni√©ndola a prueba indirectamente, acaso examinando su capacidad de producir resultados favorables. Descartes compara el cuerpo de los conocimientos a un √°rbol cuyas ra√≠ces son de tipo metaf√≠sico, el tronco equivale a la f√≠sica, y las ramas principales son las artes mec√°nicas (cuya importancia est√° en que permiten disminuir el trabajo de los hombres), la medicina y la moral. La metaf√≠sica es fundamental, pero a√Īade que los frutos de un √°rbol no se cogen de las ra√≠ces, sino de las ramas.

Teoría de las dos sustancias

La sustancia es aquello que existe por s√≠ mismo sin necesidad de otra cosa, es decir, es aquello autosubsistente. Partiendo del cogito (pensamiento) Descartes sostiene que √©l mismo es s√≥lo una sustancia pensante, dado que ni siquiera el esc√©ptico radical puede negar la existencia del pensamiento (su negaci√≥n ser√≠a un pensamiento m√°s), mientras s√≠ puede mantenerse una duda sobre el cuerpo. Este razonamiento es sospechoso, dado que una idea tan evidente como el propio cogito puede ponerse en duda en t√©rminos generales (es inteligible la frase: ¬ęlas ideas m√°s evidentes son dudosas, acaso est√°n equivocadas¬Ľ), y esta clase de duda s√≥lo queda claramente superada cuando se refutan las razones m√°s radicales para dudar que ha admitido la investigaci√≥n. Adem√°s, s√≥lo estas mismas razones hab√≠an permitido poner en duda las m√°s elementales de las ideas sensibles (Cfr. el argumento esc√©ptico del sue√Īo y sus secuelas inmediatas, tanto en el Discurso IV, como en la Meditaci√≥n I). Ahora bien, entre estas ideas simples se encuentran la extensi√≥n, la figura, etc.

En cualquier caso, la teoría de las dos sustancias nos invita a un mundo dualista. Para llegar de una realidad a otra, del cuerpo al alma (en la percepción sensorial), o viceversa (como en el movimiento voluntario) Descartes menciona que hay una glándula en el cerebro humano (la pineal), donde se encuentra el punto de contacto entre ambas sustancias. Por supuesto, Descartes nunca pudo verificar esta afirmación.

Por otro lado Descartes afirma que hay dos tipos de sustancia, la infinita y la finita. La sustancia infinita es Dios, que es un ser perfecto o infinito (estas dos nociones parecen equivalentes, tal como Descartes las emple√≥). Tradicionalmente, se considera que Descartes introduce a Dios en su metaf√≠sica como garant√≠a de la verdad, pero esto da lugar al profundo problema de la circularidad, que Descartes mismo se√Īala en la ¬ęCarta a los Decanos y Doctores...¬Ľ que antecede a las Meditaciones.

El problema del círculo

Este problema consiste en cómo saber que existe Dios, si frente a los ateos no basta invocar un texto sagrado (como Descartes mismo destaca en la "Carta a los Decanos y Doctores..." que precede a las Meditaciones), y frente al escéptico que pone en duda la evidencia, no bastaría siquiera dar un alegato evidente. Este es un tema discutido entre los comentaristas, pero hay dos respuestas básicas: o no lo sabemos en absoluto; o bien se trata de una prueba dialéctica.

Seg√ļn la segunda l√≠nea interpretativa, Descartes no ha intentado demostrar la existencia de Dios, sino refutar la hip√≥tesis en la que se funda la duda. Esto se conseguir√≠a mostrando: 1) que un argumento incompatible con la hip√≥tesis del genio (o del azar adverso, etc.) es comparativamente 'm√°s s√≥lido que' la(s) respectiva(s) hip√≥tesis esc√©ptica(s); y 2), que ni ese argumento, ni el juicio que lo considera incompatible y superior al alegato opuesto, merecen ser juzgados circulares.

Atendiendo al √ļltimo punto: la refutaci√≥n de la hip√≥tesis del genio ser√≠a circular si ente el argumento refutatorio, el esc√©ptico a√ļn pudiera sugerir que ¬ęacaso el propio genio le haya sugerido a Descartes este alegato¬Ľ. As√≠, la "prueba" de que no hay genio sucumbir√≠a a la misma duda que aspira a superar. Pero esta r√©plica es ileg√≠tima bajo el m√©todo cartesiano, puesto que para ofrecerla, el esc√©ptico necesita apoyarse en una idea -la del genio maligno- que una vez expuesta la refutaci√≥n, hemos adquirido razones para poner en duda (V. gr., las razones en que estriba la misma refutaci√≥n).

Este camino s√≥lo ser√≠a promisorio, por supuesto, si no suponemos de entrada que la duda radical planteada por el esc√©ptico y admitida en la investigaci√≥n, es universal (si lo fuera, a priori toda respuesta a esa duda estar√≠a condenada a la circularidad). Adem√°s, habr√≠a que preguntarse dos cosas: 1) Si es posible plantear una duda general, que afecte incluso a las ideas evidentes, pero que no sea universal. Una posibilidad, desde luego, es imaginar que la duda se formula con ayuda del cuantificador plurativo: ¬ęla mayor√≠a de...¬Ľ y 2), Si habr√≠a razones que permitan desechar la duda universal, y que no se reduzcan a se√Īalar el fracaso al que estar√≠amos condenados, si hubi√©semos de enfrentar esta clase de escepticismo. Esta √ļltima es una pregunta abierta.

Referencias

  1. ‚ÜĎ Ficha del cr√°ter lunar ¬ęDescartes¬Ľ, Gazeteer of Planetary Nomenclature Enlace consultado el 4 de julio de 2009.
  2. ‚ÜĎ Suele considerarse √©sta como la primera obra erudita escrita en una lengua moderna (distinta del lat√≠n), aunque en realidad ya Nicol√°s Oresme hab√≠a escrito en franc√©s un comentario cr√≠tico a la F√≠sica de Arist√≥teles.

Bibliografía relacionada

Bibliografía secundaria

  • Beyssade, J-M. Descartes au fil de l'ordre. Vrin.
  • Beyssade, J-M. √Čtudes sur Descartes. Seuil, 2001.
  • Clarke, Desmond. La filosof√≠a de la ciencia de Ren√© Descartes Alianza Universidad.
  • Curley, E. Descartes Against the Skeptics.
  • De Teresa, J. Breve introducci√≥n al pensamiento de Descartes. Univ. Aut. Metropolitana, M√©xico 2007.
  • Doney, W. (Comp.) Descartes. A Collection of Critical Essays.
  • Gaukroger, S. Descartes. An Intellectual Biography.
  • Jos√© Ortega y Gasset: ¬ŅQu√© es filosof√≠a?; O.C., Vol. VII, Ed. Alianza, Madrid.
  • Jos√© Ortega y Gasset: La idea de principio en Leibniz y la evoluci√≥n de la teor√≠a deductiva; O.C., Vol. VIII, Ed. Alianza, Madrid.
  • Jos√© Ortega y Gasset: Sobre la raz√≥n hist√≥rica; O.C., Vol. XII, Ed. Alianza, Madrid.
  • Edmund Husserl: Ideas relativas a una fenomenolog√≠a pura y a una filosof√≠a fenomenol√≥gica; ¬ß¬ß32 y siguientes.
  • Edmund Husserl: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenolog√≠a transcendental; ¬ß¬ß17 y siguientes.
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  • Martin Heidegger: Proleg√≥menos para una historia del concepto de tiempo, ¬ß 22, Ed. Alianza, Madrid, 2006. Trad. de Jaime Aspiunza.
  • Leonardo Polo: Evidencia y realidad en Descartes, 1996.
  • Jacques Maritain: Tres reformadores.
  • Jean-Luc Nancy, Egu sum, Anthropos, Barcelona, 2007, traducci√≥n y pr√≥logo de Juan Carlos Moreno Romo.
  • Juan Carlos Moreno Romo (Coord.), Descartes vivo. Ejercicios de hermen√©utica cartesiana, Anthropos, Barcelona, 2007.
  • Pit Olargo(Coord.)

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  • Ren√© Descartes ‚ÄĒ (Portr√§t von Frans Hals, 1648) ‚Ķ   Deutsch Wikipedia

  • Rene Descartes ‚ÄĒ Ren√© Descartes ¬ę Descartes ¬Ľ redirige ici. Pour les autres significations, voir Descartes (homonymie). Ren√© Descartes Philos ‚Ķ   Wikip√©dia en Fran√ßais

  • Rene Descartes ‚ÄĒ Ren√© Descartes in einem Portrait von Frans Hals, 1648 Ren√© Descartes [ Ä…ôňąne deňąka Ät], latinisiert Renatus Cartesius, (* 31. M√§rz 1596 in La Haye/Touraine, Frankreich; ‚Ć ‚Ķ   Deutsch Wikipedia

  • Rene Descartes ‚ÄĒ ¬†¬†¬†¬†Ren√© Descartes ¬†¬†¬†¬†‚Ć Catholic Encyclopedia ‚Ėļ Ren√© Descartes ¬†¬†¬†¬†(Renatus Cartesius), philosopher and scientist, born at La Haye France, 31 March, 1596; died at Stockholm, Sweden, 11 February 1650. He studied at the Jesuit college of La Fl√®che ‚Ķ   Catholic encyclopedia

  • Ren√© Descartes ‚ÄĒ (31 de marzo, 1596, La Haye 11 de febrero, 1650, Estocolmo), Fil√≥sofo y matem√°tico franc√©s. Ren√© Descartes naci√≥ en 1596 en La Haye (Turena, cerca de Poitiers, Francia) en el seno de una familia de abogados, comerciantes y m√©dicos. Fue el tercer… ‚Ķ   Enciclopedia Universal

  • Ren√© Descartes ‚ÄĒ Descartes redirects here. For other uses, see Descartes (disambiguation). Ren√© Descartes Portrait after Frans Ha ‚Ķ   Wikipedia

  • Ren√© Descartes ‚ÄĒ ¬ę Descartes ¬Ľ redirige ici. Pour les autres significations, voir Descartes (homonymie). Ren√© Descartes Philosophe occidental √Čpoque Moderne ‚Ķ   Wikip√©dia en Fran√ßais

  • Rene Descartes ‚ÄĒ noun French philosopher and mathematician; developed dualistic theory of mind and matter; introduced the use of coordinates to locate a point in two or three dimensions (1596 1650) ‚ÄĘ Syn: ‚ÜĎDescartes ‚ÄĘ Derivationally related forms: ‚ÜĎCartesian (for ‚Ķ   Useful english dictionary

  • Ren√© Descartes ‚ÄĒ Alegr√≠a Hasta una falsa alegr√≠a suele ser preferible a una verdadera tristeza. La alegr√≠a que nace del bien es seria, mientras que la que nace del mal va acompa√Īada de risas y burlas. Bondad El bien que hemos hecho nos da una satisfacci√≥n… ‚Ķ   Diccionario de citas

  • Rene Descartes ‚ÄĒ n. (1596 1650) French philosopher and mathematician and the founder of modern rationalism ‚Ķ   English contemporary dictionary


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