Historia del cristianismo en Espa√Īa

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Historia del cristianismo en Espa√Īa
Cristo crucificado, de Vel√°zquez.

El cristianismo en Espa√Īa tiene una larga historia: casi dos mil a√Īos, seg√ļn la leyenda que remonta sus or√≠genes a la evangelizaci√≥n de la Pen√≠nsula Ib√©rica, en el mismo siglo I, por el ap√≥stol Santiago el Mayor (vinculado a las historias de la Virgen del Pilar de Zaragoza y del milagroso transporte de su cad√°ver hasta Compostela), y por San Pablo, cuyo viaje a Hispania es improbable, pero de quien al menos consta su voluntad expresa de emprenderlo:

Saldr√© para Espa√Īa, pasando por vuestra ciudad, y s√© que mi ida ah√≠ cuenta con la plena bendici√≥n de Cristo.
Epístola a los Romanos. 15,28

Tras haber sido impuesto como religi√≥n oficial en el √ļltimo siglo del Imperio romano, el cristianismo sufri√≥ las vicisitudes de una prolongada Edad Media, que comenz√≥ experimentando la segregaci√≥n entre el arrianismo que tra√≠an los invasores germ√°nicos y el catolicismo de los hispanorromanos (hasta la conversi√≥n de Recaredo en 586), para pasar a enfrentarse con el Islam en la Reconquista, periodo que presenci√≥ tanto la tolerancia como los intentos de erradicaci√≥n entre religiones alternativamente dominantes.

La conformaci√≥n de los reinos que terminaron reuni√©ndose en la Monarqu√≠a Cat√≥lica o Monarqu√≠a Hisp√°nica del Antiguo R√©gimen se hizo en gran medida a trav√©s de la construcci√≥n de una personalidad fuertemente religiosa, representativa del dominio social del grupo que se identificaba a s√≠ mismo con el concepto √©tnicamente excluyente de cristiano viejo, y que desemboc√≥ en lo que ha podido llamarse pol√≠tica de "m√°ximo religioso" de los Reyes Cat√≥licos,[1] incluyendo la creaci√≥n de la Inquisici√≥n espa√Īola, la expulsi√≥n de los jud√≠os y el bautismo forzoso de los moriscos, as√≠ como una fuerte reforma institucional del clero, a cargo del cardenal Cisneros. La Iglesia espa√Īola de la Edad Moderna fue desde entonces un mecanismo disciplinado y al servicio de la monarqu√≠a y los estamentos privilegiados, poco accesible a las innovaciones de la Reforma luterana, que s√≥lo alcanz√≥ a c√≠rculos minoritarios (algunos, incluso con poca relaci√≥n con el luteranismo, como los alumbrados), con lo que los conflictos religiosos de Espa√Īa no fueron comparables a los que desgarraron Francia, Inglaterra , Alemania o Hungr√≠a en esa misma √©poca. Espa√Īa, garantizado el consenso interior en materia religiosa gracias al f√©rreo control social, fue un firme basti√≥n del catolicismo romano, que los reyes de la Casa de Austria reclamaban defender en sus guerras exteriores en Europa (frente a luteranos o anglicanos, aunque a veces llegaran a enfrentarse a la cat√≥lica Francia o a los mism√≠simos Estados Pontificios), en el Mediterr√°neo (frente a los turcos) y en la colonizaci√≥n de Am√©rica (justificada como evangelizaci√≥n, no sin reflexiones en contra, como la de Bartolom√© de las Casas).

En cambio s√≠ se produjeron fort√≠simos debates, como el que se dio en torno al erasmismo, vinculado a la resistencia a la modernizaci√≥n en las √≥rdenes religiosas.[2] Durante el siglo XVI se suscit√≥ un movimiento reformista de car√°cter m√≠stico en el que se implicaron con no pocos enfrentamientos los carmelitas Santa Teresa de Jes√ļs y San Juan de la Cruz; tambi√©n en el contexto de la Contrarreforma fund√≥ San Ignacio de Loyola la muy influyente Compa√Ī√≠a de Jes√ļs. La complaciente imagen de una Espa√Īa "m√°s papista que el Papa", o "martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma",[3] cuyas ciudades se disputaban la primac√≠a en el fervor mariano (votos asuncionista y concepcionista), tuvo su caricatura en la Leyenda Negra que fij√≥ el estereotipo del espa√Īol como adusto, cruel, intolerante y supersticioso. La mayoritaria identificaci√≥n de lo espa√Īol con la versi√≥n m√°s rancia del catolicismo, o la minoritaria resistencia a ello, empap√≥ buena parte de la mentalidad y la literatura espa√Īola: siglos m√°s tarde, Valle Incl√°n plasm√≥ en tres adjetivos el retrato de ese eterno y quijotesco hidalgo espa√Īol, el Marqu√©s de Bradom√≠n como "feo, cat√≥lico y sentimental".[4] Con la ca√≠da del absolutismo y la abolici√≥n de la Inquisici√≥n en el siglo XIX se produce tambi√©n la aparici√≥n de las primeras comunidades protestantes en Espa√Īa, que en principio son s√≥lo toleradas con severas restricciones para la pr√°ctica de su culto.

La crisis del Antiguo R√©gimen, rematado por la Guerra Carlista, destruy√≥ las bases econ√≥micas y el monopolio ideol√≥gico e intelectual del clero, as√≠ como buena parte del consenso social existente hasta entonces, pudi√©ndose hablar a partir de la Edad Contempor√°nea de Dos Espa√Īas que ten√≠an en la oposici√≥n anticlericalismo/catolicismo integrista una de las grietas separadoras que las condujeron a una Guerra Civil. √Čsta fue justificada como cruzada por el clero, v√≠ctima de una violent√≠sima represi√≥n en la retaguardia republicana (que se ha llegado a calificar de persecuci√≥n religiosa recordada desde el pontificado de Juan Pablo II con canonizaciones multitudinarias).

Para el primer franquismo, el nacionalcatolicismo fue una de sus principales se√Īas de identidad, adem√°s de componer los "cat√≥licos" una de las familias en que Franco se apoyaba en el ejercicio de su poder. Tras el Concilio Vaticano II, la jerarqu√≠a cat√≥lica aparece dividida entre una orientaci√≥n progresista y otra conservadora (sin que esa diferencia, como la que tambi√©n existe entre una orientaci√≥n centralista y otra m√°s cercana a los nacionalismos perif√©ricos le impida mantener la unidad estrechamente coordinada y controlada desde el papado). Simult√°neamente, las comunidades cristianas de base se alinean claramente con la oposici√≥n al franquismo. La Transici√≥n supuso la plena libertad religiosa seg√ļn la Constituci√≥n de 1978, que no obstante reconoce la peculiar condici√≥n de la Iglesia Cat√≥lica, protegida en cuestiones relativas a la financiaci√≥n y la ense√Īanza (conciertos educativos y asignatura de religi√≥n), lo que ha dado origen, ya en plena democracia, a algunos enfrentamientos con movilizaciones masivas. Otras cuestiones que separan a la Conferencia Episcopal de los sucesivos gobiernos han sido asuntos relacionados con la moral, como el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual.

No han sido tanto las conversiones sino la reciente incorporaci√≥n a la sociedad espa√Īola de numerosos contingentes de inmigrantes lo que ha ampliado la presencia de confesiones cristianas no cat√≥licas, sin conflictos significativos, adem√°s de aportar una numerosa poblaci√≥n musulmana de m√°s problem√°tica integraci√≥n. Pero el mayor desaf√≠o a la personalidad cristiana de Espa√Īa es la secularizaci√≥n de la sociedad,[5] creciente desde el desarrollismo del franquismo final. Si son significativas las encuestas de pr√°ctica religiosa, el cambio social del √ļltimo medio siglo ha sido mucho m√°s agresivo que la frase de Manuel Aza√Īa en 1931: Espa√Īa ha dejado de ser cat√≥lica. Sin embargo, la pervivencia de las tradicionales manifestaciones multitudinarias de religiosidad popular, vertebradoras de la identidad local de la pr√°ctica totalidad de pueblos y regiones espa√Īolas, y de nuevas instituciones con presencia social decisiva (C√°ritas, colegios religiosos, medios de comunicaci√≥n como la COPE...) siguen haciendo del cristianismo, en su versi√≥n cat√≥lica, el principal referente ideol√≥gico y social; incomparablemente m√°s importante, en t√©rminos cuantitativos, que partidos pol√≠ticos, sindicatos o movimientos culturales como la m√ļsica o el deporte.[6]

Contenido

La Hispania romana

Santa Justa y Santa Rufina, de Murillo, sostienen la Giralda, como patronas de Sevilla.

Tradiciones apostólicas

Son innumerables las tradiciones, más o menos legendarias, algunas recogidas por autores antiguos (San Clemente Romano, San Jerónimo, San Ireneo, Orígenes, Tertuliano...) que remontan a fechas muy antiguas la llegada del cristianismo a unos u otros lugares de la Península Ibérica.[7] Actualmente se las considera poco más que leyendas sin base, cuyo propósito habría sido legitimar la iglesia hispana con una mayor proximidad apostólica, en un afán por mantener su independencia frente a Roma.[8] Las más importantes son:

  • La venida de Pablo de Tarso: La tradici√≥n recoge que Pablo desembarc√≥ en Tarragona, y algunas fuentes recogen el nombre de los primeros conversos, dos mujeres: Xantipa, mujer del prefecto Probo, y la de su hermana Polixena. Las fuentes que refieren estos hechos han sido criticadas desde antiguo por los historiadores, como Marcelino Men√©ndez y Pelayo, que indica a Sim√≥n Metafraste (autor de poca fe), y el Menologio griego.[9] La persistencia de las referencias parece estar sustentada por la ep√≠stola a los romanos (a√Īo 58), donde Pablo comenta su deseo de ir a Hispania. Dado el prestigio del texto, muchos autores cristianos primitivos lo citan o glosan, a√Īadiendo informaci√≥n de imposible comprobaci√≥n (San Cirilo de Jerusal√©n, San Epifanio, San Jer√≥nimo, San Juan Cris√≥stomo, Teodoreto y San Clemente de Roma en Canon Muratorio y Acta Pauli-).[10] No obstante, algunos autores indican que, en el caso de haberse producido, se limit√≥ a un contacto con las comunidades jud√≠as.[11]
  • Los siete varones apost√≥licos, que habr√≠an sido enviados por San Pedro: Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio.[12] Entre ellos San Cecilio, que alguna fuente considera anacr√≥nicamente como obispo de Granada, fue martirizado.[13] El destino de los dem√°s pudo ser tambi√©n el martirio, aunque en esto discrepan el Martirologio de Lyon y los Calendarios moz√°rabes, para los que son simplemente Doctores de la fe.[14] Resultado de la llegada de los siete varones a Acci (Guadix, Granada), ser√≠a la primera conversi√≥n completa de una ciudad, tras el hundimiento milagroso de un puente que los salv√≥ de una persecuci√≥n. Tambi√©n aqu√≠ habr√≠a sido una mujer noble la primera conversa: Luparia. Despu√©s de eso, los siete varones se dispersaron, quedando Torcuato en Acci, Segundo en Abula (Abla, Almer√≠a), Indalecio en Urci (Torre de Villaricos), Tesifonte en Vergi (Berja, Almer√≠a), Eufrasio en Iliturgis (Cuevas de Lituergo), Cecilio en Il√≠beris (Elvira, Granada) y Hesiquio en Carcesi (Cieza, Murcia).[15] La identificaci√≥n de esas localidades es muy insegura: seg√ļn otras fuentes, Carcesi o Carcere es Cazorla (Ja√©n), Urci es Pechina (Almer√≠a), Iliturgi And√ļjar (Ja√©n).,[16] o Abula √Āvila (que tiene a San Segundo de patr√≥n).[17]

El origen africano

Aun aceptando la venida de Pablo, la expansi√≥n del cristianismo primitivo en Hispania tiene estrechas relaciones con los soldados de la Legio VII Gemina y las comunidades cristianas de √Āfrica, adem√°s de la influencia decisiva de la patr√≠stica oriental.[18] Su veh√≠culo de expansi√≥n ser√≠a el elemento militar, a trav√©s de la V√≠a de la Plata y sus interconexiones con Gallaecia y Caesaraugusta. Se han encontrado varios rasgos de influencia africana en el cristianismo espa√Īol primitivo: el an√°lisis filol√≥gico de los primeros documentos de la Iglesia (como las actas del Concilio de Elvira -Iliberis-); la arquitectura de las primeras bas√≠licas; el elemento militar y origen africano de los primeros m√°rtires hispanos; e incluso caracter√≠sticas de la propia liturgia.[19]

Los testimonios más antiguos de la presencia del cristianismo en Hispania son los de Ireneo de Lyon, Tertuliano y la Carta LXVII de San Cipriano, obispo de Cartago (254, en plena persecución de Decio), en la que condenaba a los obispos libeláticos Basílides de Mérida y Marcial de Astorga.[20]

Sea como fuere, de lo temprano y extenso de la cristianizaci√≥n, sobre todo en zonas urbanas, fueron muestra los m√°rtires de las persecuciones de finales del siglo III y comienzos del siglo IV, como los Santos Ni√Īos Justo y Pastor, en Complutum (Alcal√° de Henares) o Santa Justa y Santa Rufina en Sevilla; y concilios como el ya citado de Il√≠beris (de fecha incierta, entre el 300 y el 324, en el primer caso ser√≠a anterior a la persecuci√≥n de Diocleciano y en el segundo, posterior al Edicto de Mil√°n de Constantino). En sus 81 c√°nones, todos disciplinares, se encuentra la ley eclesi√°stica m√°s antigua concerniente al celibato del clero, la instituci√≥n de las v√≠rgenes consagradas (virgines Deo sacratae), referencias al uso de im√°genes (de interpretaci√≥n discutida), a las relaciones con paganos, jud√≠os y herejes, etc.[21] Posiblemente el primer martirio con constancia documental ocurri√≥ el 21 de enero del a√Īo 259 en el anfiteatro de Tarraco (Tarragona), donde fueron quemados vivos el obispo Fructuoso, y los di√°conos Augurio y Eulogio (persecuci√≥n de Valeriano y Galieno).[22]

Los cristianos hispanos tuvieron oportunidad de llegar a puestos de responsabilidad en la iglesia romana: la tradici√≥n citada por San Agust√≠n[23] sit√ļa en Huesca el lugar de nacimiento de San Lorenzo m√°rtir (di√°cono romano muerto en 258); incluso un texto de San Donato lo sit√ļa en Valencia, a donde habr√≠a hecho llegar el Santo Grial por orden del papa Sixto II.[24]

Son de muy reciente descubrimiento (2006) unos pol√©micos restos arqueol√≥gicos (que destacados expertos consideran falsos)[25] hallados en el yacimiento de Iru√Īa-Veleia (cercano a Iru√Īa de Oca, √Ālava) que parecen representar una escena de calvario, la siglas RIP y otros signos y palabras propias del cristianismo (de un modo anacr√≥nico e impropiamente utilizadas), de una cronolog√≠a excepcionalmente temprana (siglo III), que de haber sido ciertos los convertir√≠an en los m√°s antiguos no s√≥lo de Espa√Īa, sino del mundo, como sigue sosteniendo el director del yacimiento, que insiste en la veracidad de los restos.[26]

Triunfo del Cristianismo y decadencia del Imperio

La instauración del cristianismo como religión oficial del Imperio con Teodosio, emperador de origen hispano, hizo que se extendiera en perjuicio de los cultos "paganos" como pasaron a denominarse. La cristianización de los templos, espacios sagrados y festividades de cultos anteriores produjo un sincretismo en el que pervivieron ritos y divinidades precristianas, sobre todo en la religiosidad popular, que a veces han podido rastrearse.

La crisis del siglo III produjo una ruralizaci√≥n de la sociedad y una retracci√≥n de las instituciones romanas urbanas, cuyo espacio es ocupado en buena medida por la instituci√≥n episcopal. La atracci√≥n por la vida mon√°stica en el campo tampoco es ajena de los intereses econ√≥micos de los latifundios y del emergente modo de producci√≥n feudal que sustituye al esclavista, sobre todo en el periodo siguiente a las invasiones. A partir de esos momentos, en medio de la descomposici√≥n del Imperio, se produjo la llegada a Hispania de distintas versiones del cristianismo: el arrianismo de suevos y visigodos y la aportaci√≥n de una influencia migratoria de acceso m√°s pac√≠fico que lleg√≥ por una ruta tan insospechada como la atl√°ntica (di√≥cesis de Britonia, creada entre Asturias y Galicia por cristianos de Breta√Īa).

Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, factorem caeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium;

Et in unum Dominum, Iesum Christum, filium Dei unigenitum, et ex Patre natum ante omnia saecula; Deum de Deo, Lumen de Lumine, Deum verum de Deo vero, genitum non factum, consubstantialem Patri, per quem omnia facta sunt

Symbolum Nicaenum, Credo definido en el Concilio de Nicea, presidido por Osio de Córdoba.

Entre la √©lite intelectual de la √©poca final del Imperio, algunos hispanorromanos se cuentan entre los cl√°sicos cristianos, como Osio (polemista contra Arrio y autor del Credo del Primer Concilio de Nicea, que presidi√≥ en 325) o Paulo Orosio (historiador agustinista y polemista contra Prisciliano). Este mismo Prisciliano, opuesto al papa D√°maso I (de origen hispano), abre la larga lista de heterodoxos espa√Īoles que estudi√≥ Marcelino Men√©ndez y Pelayo, como heresiarca del priscilianismo, condenado por los Concilios de Zaragoza (380) y de Burdeos, y posteriormente ejecutado (385), tras soportar uno de los primeros procesos con tortura, que puede considerarse precedente de la inquisici√≥n medieval.

La Conversi√≥n de Recaredo, en una pintura hist√≥rica de Antonio Mu√Īoz Degrain (1887).
Pórtico de la iglesia de Sotosalbos (Segovia). Aunque es varios siglos posterior y su estilo arquitectónico es el románico, se observa la permanencia la forma originada por las funciones funeraria y penitencial que esta parte de la iglesia tenía en época visigoda.

Los pueblos germ√°nicos

La llegada de las invasiones germ√°nicas del siglo V caus√≥ el fin del Imperio en Hispania y gran destrucci√≥n de vidas y propiedades, tanto civiles como eclesi√°sticas, adem√°s de contribuir en el plano te√≥rico a la reflexi√≥n providencialista. Pero sobre todo influy√≥ en el terreno religioso por la llegada de dos pueblos que se hab√≠an cristianizado en el arrianismo: los suevos, asentados en el noroeste, y los visigodos, principalmente en el centro de la pen√≠nsula (con capital en Toledo). Ambos pueblos comenzaron con una estrategia religiosa de exclusi√≥n, aprovechando la circunstancia de las sutiles diferencias teol√≥gicas y rituales (uni√≥n hipost√°tica, trinidad, bautismo por inmersi√≥n) para proscribir incluso los matrimonios mixtos (lo que garantizaba la segregaci√≥n de los invasores, minor√≠as dominantes, de los hispanorromanos, mayor√≠a dominada). En ambos casos se producen tensiones internas que conducen a la adopci√≥n del catolicismo por la persona de los reyes, a los que siguen sus pueblos. En el caso de los visigodos, la muerte de San Hermenegildo por su padre Leovigildo, es seguida por la conversi√≥n de Recaredo (586). La iglesia ser√° a partir de entonces protegida por la monarqu√≠a, lo que est√° en el origen de la recurrente imbricaci√≥n de la Iglesia y el Estado en la Historia de Espa√Īa, aunque ten√≠a su origen en la etapa constantiniana y fue recogida por otros pueblos germ√°nicos, como los francos. Son buen ejemplo los Concilios de Toledo: eran convocados siempre por el rey, que abr√≠a las sesiones con su discurso y se ausentaba tras dejar el tomo regio que indicaba los temas a tratar (de car√°cter religioso pero tambi√©n civil), y confirmaba los c√°nones con la promulgaci√≥n de una ley (lex in confirmatione concilio) para darles valor civil. Acud√≠an los obispos o sus representantes, pero tambi√©n abades de monasterios y nobles del Aula Regia y Oficio palatino. Sin firmar las actas, asist√≠an sacerdotes, di√°conos y "seglares piadosos". Tambi√©n hubo concilios provinciales.[27]

Destacaron a nivel europeo las figuras de San Ildefonso (obispo de Toledo, te√≥rico de la mariolog√≠a) San Isidoro (obispo de Sevilla, con una obra de pretensiones enciclop√©dicas -Etimolog√≠as-) y San Braulio (obispo de Zaragoza, que tuvo con el anterior una fecunda relaci√≥n epistolar). La extensi√≥n del cristianismo se produce incluso en territorios donde su presencia no estaba a√ļn muy desarrollada, como en las zonas apartadas de la cornisa cant√°brica, a trav√©s de los eremitas.

Una amplia n√≥mina de eclesi√°sticos de alta formaci√≥n intelectual, como Leandro, Isidoro (hermano del anterior, y de los dem√°s cuatro santos de Cartagena), Fructuoso de Braga o Juan de B√≠clara, compusieron reglas mon√°sticas, para organizar unas instituciones cada vez m√°s numerosas en las zonas rurales que se adaptaban perfectamente a las condiciones econ√≥micas y las demandas sociales. El clero secular se institucionaliz√≥ jer√°rquicamente, con di√≥cesis bien repartidas por los n√ļcleos urbanos que salpicaban el territorio y con centro en Toledo. Los templos eran dotados con un terreno patrimonial que permit√≠a la supervivencia del sacerdote: en la ley can√≥nica para alimento (ad cibarium) se indicaba un recinto de setenta y dos pasos alrededor del atrio, que ir√° modificando su extensi√≥n y situaci√≥n. En el II Concilio de Toledo ya se reflejaban algunos conflictos: Si alg√ļn cl√©rigo se comprueba que se ha hecho alg√ļn guerto o alguna vi√Īa en las tierras de la Iglesia para su propia sustentaci√≥n, pos√©alo hasta el d√≠a de su muerte... restituir√° a la Iglesia lo que le pertenece y no lo dejar√° a ninguno de sus herederos. En el XII Concilio de Toledo, la prevenci√≥n iba en el sentido de otorgar protecci√≥n jur√≠dica: que ninguno se atreva a sacar de all√≠ a los que se refugiaron en la iglesia o est√°n en ella, ni a causar ning√ļn da√Īo, mal o despojo a los que se encuentran en lugar sagrado, sino que se permitir√° a aquellos que se refugian moverse libremente dentro de una distancia de treinta pasos, desde las puertas de la iglesia, dentro de los cuales treinta pasos, alrededor de cualquier iglesia, se guardar√° la debida reverencia. La liturgia, que puede denominarse hisp√°nica mejor que visigoda, pervivir√° en la moz√°rabe. Todo en conjunto hizo que la cultura hispanorromana perviviese, constituyendo una iglesia nacional con personalidad propia frente a la normativa que la curia romana terminar√≠a por imponer en toda Europa Occidental.[28]

En alguna cuesti√≥n la iglesia hispana ten√≠a marcadas diferencias: por ejemplo, era muy rigurosa con la expiaci√≥n de las culpas de los penitentes, que deb√≠a ser p√ļblica. Para ello participaban en una ceremonia especial de imposici√≥n de manos y se les imped√≠a la asistencia a la misa (al igual que a las mujeres "impuras" cuarenta d√≠as despu√©s del parto y los catec√ļmenos), debiendo utilizar un espacio arquitect√≥nicamente destacado en el exterior del templo y que tambi√©n ten√≠a uso funerario: el p√≥rtico (que seguir√° siendo una caracter√≠stica en el rom√°nico segoviano, por ejemplo) hasta una nueva ceremonia p√ļblica de "reconciliaci√≥n", que exig√≠a la m√°xima humillaci√≥n y contrici√≥n. Dentro de la iglesia, tres espacios aparec√≠an separados con barreras o canceles, la primera similar al iconostasio de la Iglesia oriental (aunque probablemente no se usaba como soporte de iconos) y que convert√≠a la consagraci√≥n en un ritual secreto ("misterio" o "arcano"). Las naves laterales permit√≠an una circulaci√≥n fluida de una gran parte de los asistentes (penitentes y catec√ļmenos) que escuchaban la lectura de los evangelios y, despu√©s de la ep√≠stola deb√≠an abandonar el recinto, donde quedaban los "cat√≥licos" (con pleno derecho de participar en los oficios religiosos).[29]

Que el obispo y el levita comulguen delante del altar, el clero en el coro, y el pueblo fuera del coro
III Concilio de Toledo
Algunos diáconos llegan a tal soberbia que se anteponen a los presbíteros e intentan colocarse delante en el primer coro... por lo tanto, para que reconozcan que los presbíteros son superiores a ellos, tanto los unos como los otros, pertenezcan a uno y otro coro.
IV Concilio de Toledo

Al-√Āndalus y los reinos cristianos del norte

Ilustración del Beato del Escorial, uno de los ejemplares del escritorio de San Millán del comentario de Beato de Liébana al Apocalipsis.
Claustro de San Juan de la Pe√Īa, Huesca. Los peque√Īos reinos cristianos reducidos a las monta√Īas del norte en el siglo VIII se convierten en el siglo XI en una fuerza m√°s poderosa que los reinos taifas del sur, y la religi√≥n que representan se expande e impone.

Cristianismo arrinconado

La sustitución de los visigodos por los árabes como minoría dominante en la mayor parte de la península Ibérica a comienzos del siglo VIII no suprimió la religión cristiana. Los mozárabes conservaron sus iglesias (aunque las catedrales se convirtieron en mezquitas) e incluso el obispo metropolitano de Toledo continuó manteniendo su prelación sobre las sedes de los reinos independientes del norte en los primeros tiempos.

Esto cambi√≥ cuando los reyes de Asturias-Le√≥n, que hab√≠an consolidado su autoridad sobre un territorio relativamente extenso, pusieron en pr√°ctica un ambicioso programa ideol√≥gico en el que la religi√≥n ten√≠a un importante papel: al mismo tiempo que se justificaba la legitimidad de la monarqu√≠a por su "herencia g√≥tica", se insist√≠a en sus or√≠genes sobrenaturales (intervenci√≥n de la Virgen de Covadonga en la batalla que supuso la creaci√≥n del reino). Poco despu√©s se produjo la "invenci√≥n" del sepulcro de Santiago, que dio comienzo a las peregrinaciones y al Camino de Santiago,[30] al tiempo que se lograba el triunfo en la pol√©mica teol√≥gica sobre el adopcionismo (quiz√° un intento sincr√©tico entre catolicismo y arrianismo m√°s conciliable con la concepci√≥n unitaria de dios en el Islam), en la que Beato de Li√©bana consigui√≥ el apoyo de la cristiandad europea frente a los moz√°rabes de Toledo. Los n√ļcleos pirenaicos (Navarra, Arag√≥n y los condados catalanes) depend√≠an m√°s estrechamente del Imperio carolingio, tanto en el aspecto pol√≠tico (relaciones de vasallaje) como en cuestiones eclesi√°sticas.

Las instituciones eclesi√°sticas, especialmente las sedes episcopales restauradas ‚ÄĒLugo, Valpuesta, Seo de Urgel, Ausona (Vich)‚ÄĒ o de nueva creaci√≥n ‚ÄĒOviedo, Santiago‚ÄĒ, y los monasterios, tuvieron un papel decisivo en las primeras etapas del movimiento repoblador ‚ÄĒpresuras en el norte de la Meseta del Duero y tierras al sur de la cordillera pirenaica‚ÄĒ, gracias a lo cual la Iglesia se convirti√≥ en la principal poseedora de tierras. Junto con ello, las instituciones eclesi√°sticas adquirieron funciones pol√≠ticas e incluso militares similares a las de cualquier se√Īor√≠o laico, y una influencia si cabe mayor, dado que entre el clero se encontraban las √ļnicas personas ilustradas de la √©poca, capaces de leer y escribir documentos (habilidad que no se consideraba necesaria para los nobles, ni siquiera para los reyes). Entre los siglos VIII y X se fundaron cerca de un millar de monasterios en la estrecha franja cristiana del norte peninsular, muchos de ellos como patrimonio familiar de nobles (Sobrado, de los condes de Pr√©saras) o dotes reales (San Juan de Abo√Īo, San Salvador de Deva).[31] Aunque en los reinos orientales la fiebre mon√°stica fue cuantitativamente menor, no lo fue la importancia de las fundaciones, protegidas por reyes y condes (Monasterio de San Mill√°n de Yuso, de San Juan de la Pe√Īa en Arag√≥n, San Juan de las Abadesas y Santa Mar√≠a de Ripoll en Catalu√Īa).[32]

La inicial tolerancia de los emires hacia el cristianismo pas√≥ por algunos altibajos, entre los que se encuentran en el siglo IX los martirios provocados de los llamados m√°rtires de C√≥rdoba, liderados por San Eulogio, que m√°s bien fueron una reacci√≥n al debilitamiento del cristianismo en la mayor parte de Espa√Īa, cada vez m√°s islamizada y arabizada. Las revueltas de moz√°rabes (Bobastro) fueron reprimidas sin contemplaciones, y muchos de ellos emigraron a los reinos del norte, que no se mantuvieron sin embargo libres de interferencias, sobre todo bajo el califato, desde Abderram√°n III hasta Almanzor, quienes realizaron expediciones de castigo en las que saquearon monasterios y catedrales, llevando aC√≥rdoba rehenes (San Pelayo m√°rtir), reliquias y objetos lit√ļrgicos que dar√≠an origen a un extra√Īo tr√°fico en los siglos siguientes.

Cristianismo expansivo

En la iconograf√≠a cristiana de Espa√Īa, Santiago, patr√≥n de Espa√Īa, es a menudo representado como "Matamoros", en alusi√≥n a su supuesta intervenci√≥n en la tal vez legendaria batalla de Clavijo (844).

A partir del siglo XI, la ca√≠da del califato, dividido en reinos de taifas, permiti√≥ que se consolidase la fortaleza de los reinos cristianos. En t√©rminos religiosos, ello tuvo como consecuencia la extensi√≥n de los benedictinos de la orden de Cluny, protegida por los reyes, que permiti√≥ el florecimiento del arte rom√°nico en la mitad norte peninsular; un siglo m√°s tarde la orden del C√≠ster tendr√≠a un papel similar en la difusi√≥n del g√≥tico primitivo. Simult√°neamente, el avance de la reconquista extend√≠a cada vez m√°s hacia el sur el √°rea de influencia de estas nuevas ideas religiosas. Al tiempo que las casas reales emparentaban con la realeza europea (sobre todo con la Casa de Borgo√Īa), fueron llegando cl√©rigos franceses para ocupar las nuevas sedes reconquistadas, sobre todo en Castilla: (Bernardo de Cluny en Toledo, Bernardo de Ag√©n en Sig√ľenza...)

El clero, convertido en una estructura jerarquizada siguiendo la cadena del vasallaje, funcionaba como un estamento privilegiado paralelo a la nobleza, con la que manten√≠a v√≠nculos inseparables. Los hijos segundones de las casas nobles, tanto varones como mujeres, estaban destinados a formar parte del alto clero: bien al clero secular (obispos, can√≥nigos, arciprestes y titulares de beneficios eclesi√°sticos), bien al regular (abades y abadesas, monjes y monjas). El bajo clero, de a√ļn m√°s escasa formaci√≥n, estaba nutrido por los numerosos curas de las parroquias menos favorecidas y los hermanos legos de los monasterios. Los obispos y las fundaciones mon√°sticas eran una fuerza pol√≠tica trascendental en los reinos cristianos, apoyados en sus inmensas rentas (basadas en el diezmo) y dominios territoriales). Por ejemplo: el obispo Gelm√≠rez en Santiago de Compostela (percib√≠a adem√°s el voto de Santiago), el abad Oliba (de Monasterio de Ripoll y Cuix√°, a la vez que obispo de Vich), el monasterio de las Huelgas en el reino de Castilla o el monasterio de Poblet en Catalu√Īa.

Los tres votos del clero regular, además de por su valor espiritual, tuvieron tanto éxito por su adecuación a la estructura económica y social del feudalismo: la pobreza no impedía a muchos clérigos vivir de forma opulenta, pero sí disputar a sus hermanos mayores la herencia de los bienes y títulos familiares, en tanto que la castidad, aunque no evitaba que se tuviesen relaciones sexuales, garantizaba que, de tener hijos, estos serían ilegítimos y por tanto tampoco podrían disputarla. La obediencia mantuvo la cohesión interna de las fundaciones monásticas y diócesis no sin conflictos, a veces violentos y coincidentes con los enfrentamientos civiles. Uno de los motivos de las recurrentes reformas monásticas era el abandono del ideal de vida ascética propuesto por las reglas originales.

La conquista de Toledo (1086) signific√≥ la llegada de los reyes cristianos a territorios en los que la poblaci√≥n era muy diversa: jud√≠os, mud√©jares y moz√°rabes (cuyos ritos, de origen visigodo, se mantuvieron distintos a los romanos impuestos desde hac√≠a tiempo en el norte), a los que se a√Īad√≠an repobladores del norte de la pen√≠nsula e incluso de fuera de ella (francos). La convivencia no siempre fue tolerante, ni siquiera entre los cristianos: la presi√≥n hacia los moz√°rabes signific√≥ que en poco tiempo se realizaron grandes transferencias de propiedad, en muchos casos hacia la Iglesia. La archidi√≥cesis de Toledo se convirti√≥ con el tiempo en la m√°s rica de la cristiandad despu√©s de la propia sede papal.

Simult√°neamente, las invasiones de almor√°vides y almohades significaron episodios de intolerancia religiosa en la Espa√Īa musulmana, d√°ndose los √ļltimos grandes movimientos de poblaci√≥n moz√°rabe, sobre todo al valle del Ebro reci√©n reconquistado por el reino de Arag√≥n (Alfonso I el batallador). Tambi√©n hubo una importante emigraci√≥n de comunidades jud√≠as que se asentaron en los reinos cristianos.

La Baja Edad Media

La catedral de Córdoba, integrada en las naves de la mezquita musulmana, a su vez construida sobre la basílica visigoda de San Vicente.

Tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), uno de los pocos momentos de la Reconquista en que hay una intervenci√≥n militar europea con expl√≠cito tratamiento de Cruzada por el papado, se produce la conquista de las taifas del Valle del Guadalquivir, Murcia, Valencia y Mallorca. Los cuatro reinos cristianos peninsulares se estabilizan territorialmente, en algunas zonas sobre importantes minor√≠as no cristianas. Fernando III se titular√° rey de las tres religiones e incluir√° en su tumba un epitafio cuadriling√ľe en caracteres latinos (castellano y lat√≠n), √°rabes y hebreos; lo que no ha de imaginarse como un s√≠ntoma de buena convivencia: la rebeli√≥n de los mud√©jares (1260) es prueba de lo contrario. La tolerancia religiosa que permite incluso la m√°s fruct√≠fera de las colaboraciones (escuela de traductores de Toledo) no oculta que es una concesi√≥n desde la m√°s clara imposici√≥n del cristianismo como religi√≥n de la "casta" dominante, cada vez m√°s orgullosa y excluyente, siendo las dem√°s "toleradas" en cuanto subordinadas. Incluso los intentos de acercamiento, como el de Ramon Llull, lo son con prop√≥sito proselitista, m√°s que con un simple deseo de conocimiento del otro.

El siglo XIII expande la fiebre constructiva religiosa, con las impresionantes catedrales góticas que sustituyen a las románicas o se levantan sobre las mezquitas conquistadas restaurando las diócesis romano-visigodas: Oviedo, León, Palencia, Burgos, Toledo, Cuenca... en la Corona de Castilla; Zaragoza, Gerona, Lérida, Barcelona, Tarragona, Valencia, Orihuela, Palma de Mallorca... en la de Aragón). Lo propio ocurre en Portugal. Navarra quedó excluida del avance territorial. Los edificios de las catedrales de Segovia, Murcia, Córdoba, Sevilla y Nueva de Salamanca fueron reconstruidos a finales de la Edad Media o a comienzos de la Moderna, así como la de Granada, de nueva construcción, con lo que sus estilos son más recientes. En cambio, la de Teruel, contemporánea a las anteriores, es de arte mudéjar.

Las órdenes religiosas

Además de los benedictinos (cistercienses y cluniacenses), la Baja Edad Media presencia un florecimiento de órdenes religiosas de muy distinta naturaleza

Militares y redentoras

Art√≠culo principal: √ďrdenes militares espa√Īolas

Las Cruzadas ocasionaron la extensi√≥n en Europa Occidental de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusal√©n, Orden del Hospital (llamada de Malta o de San Juan) y la del Temple, que con su violenta supresi√≥n como consecuencia del enfrentamiento con el rey de Francia provoc√≥ el nacimiento de nuevas √≥rdenes militares: las de Santiago, Alc√°ntara y Calatrava en la Corona de Castilla; y la Orden de Montesa en Arag√≥n. Estas √≥rdenes tendr√≠an un papel decisivo en la reconquista y repoblaci√≥n de la Meseta Sur (actuales Extremadura y Castilla-La Mancha), y el Maestrazgo aragon√©s y valenciano. Hubo una orden orientada a la defensa naval de Castilla, la Orden de Santa Mar√≠a de Espa√Īa u Orden de la Estrella, con base en Cartagena, pero tras varios fracasos militares fue disuelta e incorporada a la de Santiago.

√ďrdenes redentoras de cautivos fueron los trinitarios y mercedarios, √©sta √ļltima nacida en Catalu√Īa (San Pedro Nolasco, San Pedro Armengol y San Ram√≥n Nonato).

Claustro de Santa María de Pedralbes, construido para una comunidad de clarisas.

√ďrdenes mendicantes

El desaf√≠o de las herej√≠as urbanas, que denunciaban la riqueza de la iglesia y su contradicci√≥n con la pobreza evang√©lica, supuso una convulsi√≥n en los siglos XI al XIII. Los albigenses fueron particularmente importantes en los territorios ultrapirenaicos de inter√©s para la corona de Arag√≥n (que los perdi√≥ intentando defenderlos en la batalla de Muret). En los territorios peninsulares no hubo una dimensi√≥n semejante del fen√≥meno. La vida mon√°stica tradicional no se adecuaba a las exigencias de la respuesta a ese desaf√≠o, que llev√≥ al √©xito un nuevo tipo de orden religiosa: las √≥rdenes mendicantes. Las dos principales fueron los dominicos y los franciscanos. Estas exigencias a las que respond√≠an eran: la visualizaci√≥n de su presencia ejemplarizante, el combate dial√©ctico (con decisiva presencia en las nuevas universidades), e incluso la imposici√≥n f√≠sica (los tribunales de la Inquisici√≥n). Incluso hubo cambios en el uso de los espacios arquitect√≥nicos: mientas que los edificios de las comunidades benedictinas estaban casi cerrados a los laicos, las √≥rdenes mendicantes ofrec√≠an una mayor apertura, lo que se traduc√≠a en el templo a restringirse a un espacio limitado, un peque√Īo coro tras el altar para el rezo de las horas can√≥nicas.[33]

Dominicos

Santo Domingo de Guzm√°n, castellano, fue el fundador de los dominicos, bajo el nombre de Orden de Predicadores. Preocupaci√≥n personal suya fue tambi√©n la extensi√≥n de la devoci√≥n mariana a trav√©s del rezo del rosario. Conventos importantes de esta orden fueron San Esteban de Salamanca, San Pablo de Valladolid o de Sevilla, y Santo Domingo de Madrid o de Valencia; tambi√©n fuera de ciudades importantes, como Santa Mar√≠a la Real de Nieva (Segovia). En la Corona de Arag√≥n destac√≥ la actividad de San Raimundo de Pe√Īafort, tercer maestro general de la Orden,[34] que introdujo la inquisici√≥n y apoy√≥ a Pedro Nolasco en la fundaci√≥n de los mercedarios.

Franciscanos

La extensi√≥n de los franciscanos, cuya forma de entender la vida conventual estuvo muy presente en la sociedad y adaptada a la realidad urbana, les hizo alcanzar una gran popularidad, y una gran atracci√≥n de recursos y vocaciones, entre las que se incluyen personalidades destacadas, como Ramon Llull, Fray Antonio de Marchena (que acogi√≥ a Col√≥n en el Monasterio de La R√°bida), y algunos reyes. Son importantes conventos como San Francisco de Teruel (uno de los primeros en fundarse), Santa Clara de Palencia, el de clarisas de Pedralbes (Barcelona, fundada por Elisenda de Montcada) y San Francisco de Palma.[33] El propio San Francisco de As√≠s estuvo en Espa√Īa en 1217, fundando el convento de Rocaforte (Sang√ľesa, Navarra) en su peregrinaci√≥n a Santiago.[35] La divisi√≥n original entre terciarios, clarisas y frailes menores, fue aumentada con la confusi√≥n de diversos enfrentamientos, que terminaron dibujando una agrupaci√≥n en capuchinos, conventuales y observantes.[36]

Monasterio de Guadalupe.

Otras órdenes religiosas

Premostratenses

Los premostratenses (mostenses o norbertinos) tuvieron su principal establecimiento en el Monasterio de Santa Mar√≠a la Real (Aguilar de Campoo), desde 1169. Las primeras fundaciones hab√≠an sido Santa Mar√≠a de Retuerta (1146) y Santa Mar√≠a de La Vid; y posteriormente Bujedo, San Pelayo de Cerrato o Santa Cruz de Ribas, todos ellos en Castilla. Desde el siglo XIV mantuvieron una red de hospitales en el camino de Santiago.[37] En la Corona de Arag√≥n hubo fundaciones en Nuestra Se√Īora de la Alegr√≠a (Benabarre, Arag√≥n),[38] Bellpuig de les Avellanes (Catalu√Īa), Bellpuig (en Art√°, Mallorca),[39] etc.

Cartujos

Los cartujos se instalan desde 1163 en Scala Dei, cerca de Poblet, y algo m√°s tarde en el reino de Valencia Porta Coeli y Vall de Crist, donde Bernardo Fontova elabor√≥ un Tratado espiritual de las tres v√≠as, purgativa, iluminativa y unitiva, de gran influencia en la asc√©tica y m√≠stica espa√Īola. Otras fundaciones en la Corona de Arag√≥n fueron Benifasar y Vallparad√≠s. La de Aula Dei (Zaragoza) es ya del siglo XVI. Tambi√©n se extendieron por Castilla: Cartuja de El Paular (Sierra de Madrid, 1390), Cartuja de Miraflores (Burgos, 1441), Sevilla, Jerez, Granada (proyectada desde 1506), etc.

Jerónimos

La Orden de San Jer√≥nimo aparece en el siglo XIV a partir del retiro como ermita√Īos de Fernando S√°nchez de Figueroa, can√≥nigo de Toledo, y el caballero Pedro Fern√°ndez Pecha, y re√ļnen grupos de ermita√Īos del centro de Castilla promovidos por el franciscano terciario italiano Tom√°s Succio. Las m√°s importantes fundaciones fueron los monasterios de Lupiana (Guadalajara), El Parral (Segovia), Guadalupe y Yuste (ambos en C√°ceres). Tambi√©n se implantaron en Catalu√Īa: Murtra y Valle de Hebr√≥n (Barcelona).[40] Guadalupe (1389), Santa Catalina de Talavera (1397) y ya en la Edad Moderna San Lorenzo del Escorial fueron los tres monasterios m√°s ricos de esta elitista orden.[41]

Seglares de vida ascética

Hubo en Valencia desde el siglo XIV una comunidad de beguinas (beaterios de seglares que hacen vida asc√©tica en com√ļn aunque no entran propiamente en religi√≥n, es decir, en el clero regular, y pueden salir libremente de su comunidad para casarse), a las que no afect√≥ la supresi√≥n de Juan XXIII (antipapa) (no el hom√≥nimo del siglo XX, sino el considerado antipapa durante el Cisma de Occidente), por la bula Cum inter nonnulos, centrada en las comunidades de beguinos y franciscanos espirituales de Europa Septentrional. En el habla popular, el nombre de beguina pas√≥ a ser sin√≥nimo de beata, y aplicado a cualquier persona con inclinaciones asc√©ticas. Arnau de Villanova realiz√≥ una encendida defensa de beguinos y beguinas ante los reyes Jaime II de Arag√≥n y Federico III de Sicilia, escribiendo el tratado Raonament d'Aviny√≥ en defensa de las pr√°cticas penitencia entre seglares. Se ha planteado su posible relaci√≥n con el posterior movimiento de los alumbrados.[42]

Capilla del Sagrario, catedral de Palencia.
Sepulcro de Ramón Berenguer II, catedral de Gerona.

El diezmo

El clero secular a√Īadi√≥ a su base de propiedades territoriales e inmuebles un recurso econ√≥mico que representaba un porcentaje alt√≠simo del excedente productivo: el diezmo, que pasa de ser de cobro espor√°dico y voluntario a hacerse general en el siglo XII y formalmente obligatorio desde el IV Concilio Lateranense, aunque s√≥lo con la colaboraci√≥n de la monarqu√≠a (Alfonso X el Sabio en Castilla y Le√≥n) pudo hacerse efectivo. Se distribu√≠a en un principio en tres tercios: el pontifical (al obispo) el parroquial (al sacerdote) y el de f√°brica (a la construcci√≥n y mantenimiento del edificio de la iglesia). La hacienda real consigui√≥ detraer para s√≠ las dos terceras partes del tercio de f√°brica (Tercias Reales).[43]

Las capillas

Las capillas de uso funerario y piadoso de familias nobles, cl√©rigos y corporaciones se multiplicaron en las iglesias, a medida que la demanda social cubr√≠a con creces las posibilidades t√©cnicas que ofrec√≠a la arquitectura g√≥tica. Los templos pasaron de tenerlas s√≥lo en la cabecera a cubrir toda la extensi√≥n de sus muros articulados con capillas perimetrales. Su alto precio aseguraba recursos que manten√≠an la fiebre constructiva. Si bien en un principio las capillas regularizadas se mantuvieron, la presi√≥n de cl√©rigos y nobles poderosos consigui√≥ desalojar las capillas ya existentes a su conveniencia (por ejemplo, primero el cardenal Gil de Albornoz y luego el valido √Ālvaro de Luna se apropiaron de las capillas de la girola de la catedral de Toledo)[44] Algunas alcanzaron dimensiones verdaderamente extraordinarias (como las citadas, o la Capilla del Condestable de la Catedral de Burgos). La finalidad de esta apropiaci√≥n de espacios dentro de los templos era claramente obtener prestigio social, y se intent√≥ frenar con multitud de normas, sistem√°ticamente incumplidas

Eso mismo decimos de aquellos que facen las sepolturas mucho altas o las pintan tanto que semejan m√°s altares que monimentos, o otras sobejan√≠as que se facen m√°s a placer e a voluntad de los vivos, que non √° pro nin √° bien de los finados. Otro tal es de los que cubren las fuesas con manteles, et ponen hi pan e vino et otras viandas para dar √° pobres, ca maguer lo facen como en raz√≥n de alimosna, la manera es tan mala en que se faz, que non tiene pro al vivo, e face da√Īo al muerto por quien es fecho
Primera Partida, Ley XCVIII, título V
San Vicente Ferrer, detalle del tríptico de Giovanni Bellini.

La convivencia con los judíos y el problema converso

Artículo principal: Converso

La existencia de una poblaci√≥n jud√≠a se conoc√≠a desde √©poca romana y visigoda, pero aument√≥ notablemente hasta constituir cientos de miles a mediados del siglo XIV. El antisemitismo funcion√≥ eficazmente al aportar un c√≥modo chivo expiatorio de las tensiones sociales producidas por la crisis del siglo XIV. Las predicaciones antisemitas del arcediano de √Čcija Ferr√°n Mart√≠nez actuaron como desencadenante de una energ√≠a social contenida que estall√≥ en los pogromos de 1391.[45] Lo mismo puede decirse de las de San Vicente Ferrer, que tambi√©n ejerci√≥ un papel pol√≠tico fundamental en el Compromiso de Caspe. Las conversiones masivas que se hab√≠an producido a finales del siglo XIV llevaron a la presencia de un numeroso colectivo de conversos o cristianos nuevos, cuya prosperidad econ√≥mica y social ‚ÄĒya no obstaculizada por la diferencia religiosa‚ÄĒ no dej√≥ de observarse y plantear un hondo resentimiento en los que se sent√≠an superiores por su condici√≥n de cristiano viejo.

Esos extendidos sentimientos, convenientemente manipulados por Pedro Sarmiento en Toledo en 1442, condujeron a una revuelta en la que se implicaron de forma decisiva los can√≥nigos cristiano-viejos de la catedral, en contra de los can√≥nigos cristiano-nuevos. La redacci√≥n por parte de los ide√≥logos de la revuelta de un documento (el primer estatuto de limpieza de sangre), que imped√≠a a los cristianos nuevos la entrada en el regimiento de la ciudad, el cabildo catedralicio o cualquier otro cargo p√ļblico, fue imitada con entusiasmo por toda Castilla. Sus opositores llegaron hasta el Papa, que les dio la raz√≥n, pero el movimiento social era imparable. La sospecha de criptojuda√≠smo e incluso la imaginaci√≥n de pr√°cticas sacr√≠legas y aberrantes (presunto crimen del Santo Ni√Īo de la Guardia) excitaba la imaginaci√≥n popular y alimentaba el denominado "problema converso", que no acab√≥ ni con la instituci√≥n de la moderna Inquisici√≥n (1478) ni con la expulsi√≥n de los jud√≠os de Espa√Īa (1492).

Un caso particular fueron los judíos mallorquines, forzados a convertirse (1435) y sometidos al control de la Inquisición (1478), que mantuvieron una religiosidad problemática incluso después de intensificarse la represión en el siglo XVII, cuando se originó una fortísima estigmatización y segregación de su comunidad, que se sigue conociendo en la actualidad con el nombre de chuetas.

Artículo principal: Chueta

La crisis bajomedieval

Art√≠culo principal: Crisis de la Edad Media en Espa√Īa

La Crisis del siglo XIV produjo una notable presi√≥n sobre los recursos econ√≥micos del clero, dejando en evidencia la subordinaci√≥n de su justificaci√≥n espiritual a su funci√≥n estamental de defensa de los privilegiados y su dominio social. El penoso espect√°culo del Cisma de Occidente ‚ÄĒque lleg√≥ a traer la sede pontificia a Pe√Ī√≠scola, entre excomuniones cruzadas que devaluaron la eficacia de tan terrible castigo y el prestigio papal‚ÄĒ evidenci√≥ m√°s a√ļn la necesidad de lo que se demostr√≥ inevitable en el siglo siguiente: una reforma que adaptara las instituciones eclesi√°sticas a la nueva realidad urbana, en la que la presencia de una minor√≠a culta, formada en las universidades, ya no era escasa, y las monarqu√≠as autoritarias estaban en proceso de construcci√≥n.

Fue a partir de entonces cuando la presencia de cl√©rigos de origen hispano en la curia romana empez√≥ a ser significativa, y en algunos casos trascendental, como el cardenal Gil de Albornoz, castellano, el antipapa Benedicto XIII (1394-1423), ambos de la familia aragonesa Luna (durante el cuestionado pontificado de este √ļltimo papa de Avi√Ī√≥n, el papel de los cl√©rigos hispanos -como Francesc Eiximenis- se vio l√≥gicamente impulsado); y la poderos√≠sima familia Borgia, valenciana, que lleg√≥ en dos ocasiones al papado (Calixto III, 1455-1458, y Alejandro VI, 1492-1503). Previamente (1276-1277), el portugu√©s Pedro Juli√£o hab√≠a sido elegido papa con el nombre de Juan XXI (y a veces se le identifica con el enigm√°tico l√≥gico Petrus Hispanus).

El papel de la iglesia en la crisis bajomedieval, y su relaci√≥n con monarqu√≠a, nobleza y ciudades, convirti√≥ al clero en unas de las m√°s importantes instituciones espa√Īolas del Antiguo R√©gimen, fijando su funci√≥n econ√≥mica, social y pol√≠tica para los siglos siguientes.


Universidad de Alcalá, refundada por Cisneros, produjo un monumento humanista como la Biblia Políglota Complutense.

Edad Moderna

- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

- ¬ŅEn qu√©, Calisto?

Este famoso fragmento (tal como lo interpreta Mart√≠ de Riquer) abre el siglo de Oro Espa√Īol con un juego sacr√≠lego que identifica la belleza de la amada y el lugar donde los amantes se encuentran: una iglesia. De una manera m√°s evidente, Joanot Martorell hab√≠a situado un encuentro amoroso entre Tirant y Carmesina en la mism√≠sima catedral de Santa Sof√≠a de Constantinopla.[46] El Renacimiento y el Humanismo est√°n pasando del teocentrismo medieval a un antropocentrismo que significar√° la apertura de la modernidad. Sin embargo, mediado el siglo XVI esa precoz secularizaci√≥n parece muy lejos de la realidad hist√≥rica espa√Īola, en la que los asuntos religiosos segu√≠an teniendo un violent√≠simo protagonismo.

Los Reyes Católicos

Los Reyes Católicos han sido vistos por la historiografía tradicionalista como figuras providenciales que consiguieron una unificación en todos los ámbitos: político, territorial, ideológico y religioso (a pesar de lo forzada que a los historiadores actuales parezca esa interpretación). Incluso está gestionándose por influyentes personalidades la beatificación de Isabel (ante el escándalo de otros).[47]

Lo que s√≠ puede afirmarse con m√°s seguridad es que los reyes intentaban una pol√≠tica de "m√°ximo religioso",[48] que pudieron permitirse tras el fin de la Guerra de Granada en 1492. Inmediatamente se afront√≥ lo que se percib√≠a como un grave problema: la convivencia entre jud√≠os y conversos, que se cre√≠a daba pie al mantenimiento de pr√°cticas judaizantes. La expulsi√≥n de los jud√≠os de Espa√Īa fue vista como una soluci√≥n, y una oportunidad de incrementar las conversiones (cosa que se produjo s√≥lo en menor medida). La situaci√≥n de los musulmanes que hab√≠an quedado en Granada protegidos por las condiciones de la capitulaci√≥n y la pol√≠tica apaciguadora del confesor real y primer obispo de la ciudad, Fray Hernando de Talavera, se vio alterada por la presi√≥n ejercida por el nuevo confesor, el Cardenal Cisneros. Tras el edicto de 1502 no pod√≠a quedar en territorio de la Monarqu√≠a nadie que no fuera cristiano. Los bautismos masivos obtenidos con pocos miramientos originaron para las siguientes generaciones el problema morisco (nombre que recibe este grupo al que s√≥lo con mucha laxitud puede considerarse cristiano), que no se solucion√≥ con su dispersi√≥n por el interior del reino tras la Rebeli√≥n de las Alpujarras y s√≥lo acab√≥ con la expeditiva soluci√≥n que se dio en 1609: la expulsi√≥n de los moriscos.

La Inquisici√≥n Espa√Īola

Art√≠culo principal: Inquisici√≥n espa√Īola

Una inquisici√≥n de nuevo cu√Īo, bien diferente de la medieval, y que se convirti√≥ en una de las pocas instituciones comunes al conjunto de reinos hisp√°nicos, tuvo un papel trascendental en la configuraci√≥n de la sociedad espa√Īola del Antiguo R√©gimen. Cl√©rigos de fuerte personalidad la fueron conformando, como Tom√°s de Torquemada (tambi√©n confesor de la reina) o Pedro Arbu√©s, el primer inquisidor de Arag√≥n, asesinado mientras rezaba en la catedral (a pesar de ir prevenido con armadura). La planta de los tribunales cubr√≠a el territorio de un modo m√°s racional que las propias di√≥cesis, y la tupida red de familiares (sus temidos informantes) hac√≠a llegar su influjo hasta el √ļltimo rinc√≥n.

Los miles de procesados y condenados, y el clima obsesivo de persecuci√≥n entre los posibles objetivos de su represi√≥n resultaron en un control social mucho m√°s eficaz que el que pudieran haber efectuado las instituciones civiles. Otro resultado fue la extraordinariamente mala imagen que tiene la inquisici√≥n espa√Īola en el imaginario popular actual. No est√° de m√°s recordar que las truculentas formas del proceso inquisitorial eran universalmente aplicadas en las instituciones judiciales civiles y eclesi√°sticas de todos los estados y religiones en Europa (como pudo comprobar Miguel Servet, tan her√©tico para los cat√≥licos como para los calvinistas de Ginebra que le ajusticiaron), y que la censura y prohibici√≥n de libros, aunque fue extraordinariamente severa en Espa√Īa, no estaba ausente de los dem√°s pa√≠ses, aunque fuera m√°s relajada en algunos (Holanda y Venecia, notablemente).

Fachada de la Universidad de Salamanca, con los Reyes Católicos en el medallón central.

Reforma eclesi√°stica e intelectual

La reforma de la iglesia castellana hab√≠a sido objeto de preocupaci√≥n desde mediados del siglo XV, ante la evidencia de su situaci√≥n desde la poca instrucci√≥n de los p√°rrocos hasta la vida poco edificante de los m√°s altos dignatarios, envueltos en las intrigas pol√≠ticas y militares de la Guerra Civil Castellana. Los Fonseca hab√≠an creado una verdadera dinast√≠a episcopal. El Cardenal Mendoza o el Arzobispo Carrillo eran personajes imprescindibles en la corte. Uno de los intentos m√°s interesantes hacia la reforma fue el del obispo de Segovia Juan Arias D√°vila, que convoc√≥ el S√≠nodo de Aguilafuente para debatir con los cl√©rigos sobre c√≥mo reformar sus costumbres y obtener una labor pastoral m√°s eficaz. Un resultado lateral de sus preocupaciones humanistas fue la introducci√≥n de la imprenta, probablemente el primer libro impreso en Espa√Īa (el Sinodal de Aguilafuente, 1472). En la Corona de Arag√≥n, la situaci√≥n no era distinta, y se emprendi√≥ su reforma sistem√°tica a partir de finales de 1493, con la concesi√≥n de una serie de bulas y breves pontificios que hab√≠an sido repetidamente solicitados por los reyes. Se empez√≥ por la reforma de los monasterios femeninos catalanes (visitadores, capellanes, relevo de las religiosas m√°s problem√°ticas, insistencia en la clausura...), que se extendi√≥ al resto.[49]

El programa reformador en Castilla fue ocupado por el Cardenal Cisneros, que desde su proximidad a la Reina Isabel y, posteriormente, con su papel como regente, tuvo oportunidad de llevar a cabo un plan ambicioso de reforma, que inclu√≠a todos los aspectos, incluyendo la investigaci√≥n filol√≥gica y teol√≥gica en la refundada Universidad de Alcal√°. Comienza entonces, junto a la literaria, la edad de oro de las universidades espa√Īolas: la de Alcal√°, la de Salamanca y la de Valladolid, con sus colegios universitarios administrados por las √≥rdenes religiosas (dominicos, agustinos, jesuitas) fueron testigo de sonadas pol√©micas, de clases magistrales que se esperaban con expectaci√≥n y de publicaciones que se recib√≠an e influ√≠an en toda Europa, incluyendo una decisiva intervenci√≥n espa√Īola en el Concilio de Trento.

La llamada escuela de Salamanca, presidida por Francisco de Vitoria, signific√≥ la pervivencia y renovaci√≥n de la escol√°stica en lo que se ha dado en llamar neoescol√°stica, as√≠ como una orientaci√≥n neoaristot√©lica, opuesta al neoplatonismo paganizante del humanismo italiano. Personajes como Melchor Cano, Tom√°s de Mercado, Mart√≠n de Azpilicueta, el Padre Su√°rez o el Padre Mariana (con su Historia de Espa√Īa y su divulgada justificaci√≥n del tiranicidio) cubrieron todo el ampl√≠simo abanico de disciplinas que pudieran ser influidas por la teolog√≠a, que son todas, incluida una estrecha relaci√≥n con el naciente pensamiento econ√≥mico (arbitrismo). Adem√°s de su funci√≥n intelectual, la universidad fue durante toda la Edad Moderna un poderoso mecanismo de ascenso social y de reclutamiento burocr√°tico, tanto para la Iglesia como para las instituciones civiles. Su mayor carencia fue su incapacidad para incluir la revoluci√≥n cient√≠fica (que tampoco tuvo acogida en sus inicios en las universidades europeas, sino en otras instituciones).

Otras influencias menos "acad√©micas" fueron esenciales para la Contrarreforma: la fundaci√≥n de la disciplinada Compa√Ī√≠a de Jes√ļs por San Ignacio de Loyola, en la que entraron personalidades espa√Īolas tan decisivas como San Francisco de Borja y San Francisco Javier.

Dif√≠cilmente hubieran tenido los cl√©rigos espa√Īoles tanta influencia intelectual sin la influencia material, pol√≠tica, financiera y militar de Espa√Īa sobre el Papado, y su hegemon√≠a en Europa. No s√≥lo los Reyes Cat√≥licos dispusieron de un complaciente Alejandro VI (de la familia valenciana Borgia) para otorgarles el t√≠tulo de Cat√≥licos y las bulas alejandrinas que les proporcionaron la justificaci√≥n de la colonizaci√≥n de Am√©rica. Tambi√©n los Habsburgos ejercieron toda la influencia que fueron capaces para conseguir de los c√≥nclaves papas favorables: empezando por Carlos V, que obtuvo el nombramiento de su preceptor e ide√≥logo Adriano de Utrecht; o Felipe II con P√≠o V, tan agradecido tras la batalla de Lepanto, que lleg√≥ a comparar a Juan de Austria con el Bautista vino un hombre, enviado de dios, que se llamaba Juan. Las relaciones no fueron siempre cordiales, y la Guerra de la Liga de Cognac y el Saco de Roma (1527) lo certificaron, por mucho que la justificaci√≥n de la pol√≠tica exterior y militar de los Habsburgo en Europa fuera el mantenimiento de la fe cat√≥lica. Enemigos protestantes y cat√≥licos alimentaron la leyenda negra espa√Īola, divulgada en forma de propaganda antiespa√Īola desde la rebelde Holanda de Guillermo de Orange.

Texto de Desiderio Erasmo, incluido en el Index Librorum Prohibitorum, censurado a tachones, junto con su imagen en un grabado. Se llegó a una verdadera erasmofobia.

Erasmismo

Aun rehusando venir en persona, como se le propuso (respondi√≥: Non placet Hispania), Erasmo de Rotterdam fue la personalidad m√°s destacada en el panorama religioso espa√Īol de la primera mitad del siglo XVI. El erasmismo, un humanismo cristiano cr√≠tico, intermedio entre los extremos que se terminar√≠an fijando como luteranismo y catolicismo romano, se divulg√≥ a trav√©s de sus escritos, verdaderos √©xitos editoriales, y de sus disc√≠pulos directos: Luis Vives y los hermanos Juan y Alfonso de Vald√©s. Se extendi√≥ incluso a capas populares, notablemente gracias a la divulgaci√≥n que supuso la novela an√≥nima Lazarillo de Tormes (cuya autor√≠a ha sido atribuida a muy distintos personajes, entre otros a alguno de los hermanos Vald√©s). La recepci√≥n que tuvieron sus ideas supone la previa existencia en Espa√Īa de una atm√≥sfera cultural y unas elites culturales y sociales que la permitiera.[50] Aun as√≠, el apoyo del emperador Carlos V, de la universidad de Alcal√° y de buena parte de la jerarqu√≠a no impidi√≥ que sus poderosos adversarios: las √≥rdenes religiosas, apoyadas por te√≥logos de Salamanca (Francisco de Vitoria) y Valladolid (Pedro Margallo y Fernando de Pr√©jano), se terminaran imponiendo. A punto estuvieron de conseguir su condena en la Conferencia de Valladolid (1527), de la que s√≥lo se libr√≥ gracias a la suspensi√≥n de las sesiones ordenada por el inquisidor proerasmista Alfonso Manrique.

En el proceso del Brocense, un estudiante legista, llamado Juan P√©rez, acusa al Maestro S√°nchez de ¬ęhablar de Erasmo con elogio, refiriendo el dicho de un can√≥nigo de Salamanca: ¬ęQuien dice mal de Erasmo, o es fraile o es asno¬Ľ; y... que si no hubiera habido frailes las obras de Erasmo fueran buenas, y no habr√≠a nada vedado en ellas¬Ľ.
Marcelino Menéndez Pelayo[51]
Santo Domingo preside un auto de fe contra los albigenses, de Pedro Berruguete (1475). No se representa un hecho propio de la Inquisici√≥n Espa√Īola, ni a protestantes ni a judaizantes, pero la acumulaci√≥n en la misma escena del juez eclesi√°stico con el h√°bito dominico, los penitentes con sambenito, el arrepentido que se "reconcilia" en el √ļltimo momento y los "relajados al brazo secular" quem√°ndose (lo que se hac√≠a en el "brasero", fuera del lugar donde se hac√≠a el auto de fe), tiene una gran fuerza visual y ha hecho que este famoso cuadro sea ampliamente reproducido.

La persecución de la disidencia religiosa

Alumbrados y protestantes

Desde 1521 la persecuci√≥n inquisitorial de todo lo que pudiera asociarse a la reforma luterana va creando la imagen, mucho m√°s poderosa que la realidad, de un util√≠simo enemigo, al que se asocian tanto erasmistas como m√≠sticos o renovadores que poco o nada ten√≠an que ver con el protestantismo, en un ambiente cada vez m√°s cerrado y xen√≥fobo, que culmin√≥ con la prohibici√≥n de estudiar fuera de Espa√Īa (Pragm√°tica de 22 de noviembre de 1559).[52]

Hasta mediados de siglo, los procesados y ejecutados son extranjeros que vagamente han o√≠do hablar de Lutero: el pintor Gonzarlo en Mallorca (1523), el mercader alem√°n Blay en Valencia (1524) y en la misma ciudad el pintor Cornelius de Gante y el agustino Mart√≠n Sanch√≠s, primer espa√Īol en ser ejecutado (1528). En 1532, el proceso de los iluministas o alumbrados (Vergara, Tovar, Egu√≠a, Mar√≠a de Cazalla y Castillo, que reunidos en convent√≠culos de Pastrana o Escalona -desde 1511 Pedro Ruiz de Alcaraz, Isabel de la Cruz y Bedoya que para alg√ļn autor consideraban ya el ‚Äúamor de Dios‚ÄĚ no como idea m√≠stica, sino como certeza absoluta de que Dios gu√≠a a la mente humana para poder leer la Escrituras con entera libertad, influyendo en Juan de Vald√©s-[53] le√≠an e interpretaban personalmente la Biblia y prefer√≠an la oraci√≥n mental a la vocal, como hicieron posteriormente los quietistas, o pretend√≠an comulgar sin confesar, por considerar que gente justificada y confirmada en el bien no pueden ya pecar como antes que ellos los begardos[54] ) signific√≥ el comienzo de una persecuci√≥n m√°s sistem√°tica, encabezada por el inquisidor Fernando de Vald√©s. Bajo su direcci√≥n, y al tiempo que se publica el √≠ndice de libros prohibidos, se produjeron los autos de fe de 1559, que acabaron con los n√ļcleos de Valladolid (restringido a √©lites intelectuales y de alto nivel social) y de Sevilla (divulgado por algunos predicadores como el doctor Constantino Ponce de la Fuente, con un car√°cter m√°s popular aunque tambi√©n minoritario). A√ļn se discute la verdadera naturaleza teol√≥gica de las creencias de ambos n√ļcleos.[55] Escaparon a la represi√≥n muchos reformistas exiliados, como Juan P√©rez de Pineda, Cipriano de Valera, Casiodoro de Reina, Antonio del Corro y los hermanos Francisco y Juan de Encinas. Los erasmistas que quedan en Espa√Īa han de tomar muchas cautelas, incluso negar la orientaci√≥n de su pensamiento, que pasa a centrarse m√°s que en el menosprecio de las ceremonias y la sublimaci√≥n del esp√≠ritu, en el problema de la justificaci√≥n por la fe y del beneficio de Cristo.[56] El a√Īo 1559 tambi√©n presenci√≥ el extraordinario esc√°ndalo que conllev√≥ el proceso del arzobispo de Toledo Bartolom√© de Carranza, que a pesar de ser uno de los principales ponentes del Concilio de Trento, y protegido de Felipe II, hab√≠a publicado en sus Comentarios sobre el catecismo romano proposiciones que al Inquisidor Fernando de Vald√©s le permitieron acusarle de todo un conjunto de desviaciones, en la peligrosa l√≠nea que bordea el erasmismo y el luteranismo. La recusaci√≥n de su juez, la defensa de Mart√≠n de Azpilicueta, y la intervenci√≥n final del papado, no impidieron que Carranza terminara muriendo en Roma sin poder volver a su sede.

Hubo un resurgir de grupos alumbrados entre 1570 y 1579, y ya en el siglo XVII, otros n√ļcleos surgieron en Sevilla y Valencia, de extracci√≥n m√°s popular que los elitistas de los n√ļcleos castellanos, algunas de ellas herederas del movimiento de beguinas o beatas (que dio tambi√©n manifestaciones m√°s extravagantes, como las emparedadas por su propia voluntad.[57]

Cristianos nuevos

Artículo principal: Cristiano nuevo

Una de las mayores peculiaridades de la vida religiosa espa√Īola del Antiguo R√©gimen fue la existencia de la categor√≠a social de cristiano nuevo, que no se perd√≠a con el paso de las generaciones, lo que dejaba claro la motivaci√≥n √©tnica de la diferenciaci√≥n, a pesar de la insistencia inquisitorial en buscar casos de criptojuda√≠smo.

A los judeoconversos se les otorgaba el apelativo de marranos, y los estatutos de limpieza de sangre les imped√≠an entrar en la mayor parte de las instituciones, incluyendo las universitarias, las √≥rdenes militares y algunas √≥rdenes religiosas. Eso hizo que muchos de ellos procuraran ocultarlo, sobrecompensando con una mayor intransigencia religiosa (el denominado celo del converso) o con una mayor espiritualidad. La ocultaci√≥n y desvelamiento de or√≠genes jud√≠os se hac√≠a obsesivamente en todas las capas de la sociedad, incluida la nobleza, el clero (tambi√©n los propios inquisidores) y la misma monarqu√≠a (Tiz√≥n de la nobleza). La historiograf√≠a, sobre todo a partir de la pol√©mica Am√©rico Castro-S√°nchez Albornoz, convirti√≥ en un lugar com√ļn la b√ļsqueda de eso mismo para en la mayor parte de los personajes de la Edad de Oro como Santa Teresa o San Juan de la Cruz, a veces con pruebas convincentes y otras veces a trav√©s de indicadores discutibles (posturas cr√≠ticas, miedo a la Inquisici√≥n; sobrecompensaciones, como la frecuente invocaci√≥n a la Sant√≠sima Trinidad o posturas casticistas, o salidas escapistas, como la b√ļsqueda de la fama o el atormentado "vivir desvivi√©ndose").[58]

Los moriscos no fueron tan perseguidos por la Inquisici√≥n (seguramente por ser mayoritariamente comunidades campesinas sujetas a un fuerte sistema se√Īorial, que al tiempo que les explotaba tambi√©n les proteg√≠a de interferencias). Se ha interpretado que los extra√Īos Plomos del Sacromonte, un famoso caso de falsificaci√≥n hist√≥rica, eran en realidad un intento de conciliaci√≥n del cristianismo con el Islam por parte de alg√ļn grupo de moriscos de alta posici√≥n social tras la Rebeli√≥n de las Alpujarras. Los plomos pretend√≠an ser un quinto evangelio que habr√≠a sido revelado por la Virgen en idioma √°rabe para ser divulgado en Espa√Īa, presuntamente a San Cecilio, uno de los misteriosos varones evang√©licos del siglo I al que para la ocasi√≥n se le imagina como un √°rabe cristiano que acompa√Īaba a Santiago.[59]

Fray Luis de León, monje agustino y profesor de la Universidad de Salamanca, fue acusado ante la Inquisición, entre otras cosas por traducir El Cantar de los Cantares. Con su poesía, declaradamente escapista del mundanal ruido, busca la placidez del que con solo Dios se acompasa, ni envidiado ni envidioso.

Debates teológicos en el siglo XVI

Los te√≥logos cat√≥licos espa√Īoles distaron mucho de presentar un pensamiento monocorde: adem√°s de la existencia reducid√≠sima de un pensamiento m√°s o menos cercano a la reforma protestante y de los humanistas de corriente erasmista, la escol√°stica tradicional se vio desafiada por lo que puede denominarse "teolog√≠a positiva" o "historicista" (Melchor Cano). El proceso de Fray Luis de Le√≥n fue sin duda una consecuencia de esos enfrentamientos. Por otro lado, las √≥rdenes religiosas manten√≠an visiones distintas sobre puntos de importancia, como los dominicos, defensores de un tomismo ortodoxo y los jesuitas, partidarios de una concepci√≥n que para aquellos sobrepasaba la ortodoxia cat√≥lica en los temas de la gracia divina y la libertad humana. A la publicaci√≥n de Concordia liberi arbitii (Lisboa, 1588) del jesuita Luis de Molina, se respondi√≥ con Apolog√≠a gratum predicatorum... adversus quesdam novas assectationes cusdam doctores Ludovici Molinae... de Domingo B√°√Īez y otros dominicos. La cuesti√≥n lleg√≥ a la inquisici√≥n y al papa. Paulo V, salom√≥nico, consider√≥ que el tema se mov√≠a en m√°rgenes opinables. Francisco Su√°rez terci√≥ en la pol√©mica defendiendo un punto intermedio: el congruismo. En Defensio fidei el mismo autor apoya la prelaci√≥n del Papa frente a la autoridad temporal de los reyes, suscitada por la cuesti√≥n del juramento de fidelidad (Jacobo I de Inglaterra); otras obras muy divulgadas en Europa fueron De legibus y sobre todo Disputaciones metaf√≠sicas (diecisiete ediciones).

Véase también: polémica de auxiliis

El enfrentamiento entre los racionalistas dominicos (Melchor Cano, De iustitia et de iure, Bartolom√© de Medina, definidor del probabilismo moral o Diego de Z√ļ√Īiga) y los franciscanos (el penalista Alfonso de Castro De potestatae legis poenalis), comprensivos con posturas cercanas al iluminismo (alcanzar la perfecci√≥n √ļnicamente mediante la oraci√≥n, sin someterse a pr√°cticas piadosas o rituales) y el recogimiento; se conoce como la pol√©mica de los espirituales (no confundir con el movimiento de los espirituales, de los siglos XII y XIII, que pretend√≠a una iglesia pobre) o controversia sobre el quietismo, y acab√≥ con el triunfo de los dominicos tras el proceso a Miguel de Molinos.[60] La trascendencia de la obra de Molinos fue muy importante en otras partes de Europa, sobre todo en Francia, donde sus propuestas (denominadas molinosismo, que no conviene confundir con el molinismo de Luis de Molina), fueron recogidas por Fenelon (que tambi√©n fue condenado).

Para la fijaci√≥n de la ortodoxia y la extensi√≥n de la instrucci√≥n religiosa, un instrumento de alcance secular fue el Catecismo de la doctrina cristiana del padre jesuita Gaspar Astete, al que se a√Īadi√≥ en el siglo siguiente el de su correligionario Jer√≥nimo Ripalda (1616). Ambos siguieron utiliz√°ndose con peque√Īas modificaciones hasta el siglo XX.[61]

M√≠stica ciudad de Dios... y Vida de la Virgen... manifestada en estos √ļltimos siglos por la misma Se√Īora a su Esclava... Sor Mar√≠a de Jes√ļs...

Mística, Oratoria Sagrada y literatura espiritual del siglo XVI

Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios, basta.
Teresa de Cepeda (Santa Teresa de Jes√ļs)

En la asc√©tica y m√≠stica espa√Īola, el final de la Edad Media hab√≠a supuesto un periodo de importaci√≥n o iniciaci√≥n, en que algunos autores consideran decisiva la influencia de los m√≠sticos √°rabes (Ramon Llull ser√≠a el eslab√≥n entre el misticismo musulm√°n y el cristiano seg√ļn Helmut Hatzfeld) y jud√≠os, adem√°s de los g√©rm√°nicos: Ruysbroeck, Tauler, Eckhart y, sobre todo, Tom√°s de Kempis (Imitaci√≥n de Cristo, traducida en Zaragoza en 1490 y muy divulgada en Espa√Īa).

En la primera mitad del siglo XVI, hasta 1560, viene el denominado periodo de asimilaci√≥n, caracterizado por las ediciones de literatura espiritual estimuladas por Cisneros (Eiximenis, Ludolfo de Sajonia, Santiago de la Vor√°gine) y producciones propias como las de Hern√°ndo de Z√°rate, Alonso de Orozco, Francisco de Osuna, San Pedro de Alc√°ntara y Fray Alonso de Madrid; as√≠ como los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola y el Audi, filia de Juan de √Āvila.[62]

Tras los m√°s importantes predicadores del siglo, San Pedro de Alc√°ntara (que tambi√©n cre√≥ el convento m√°s peque√Īo del mundo) y Fray Luis de Granada, vino el periodo culminante de la m√≠stica en el √ļltimo tercio del siglo XVI: Santa Teresa de Jes√ļs y San Juan de la Cruz, que adem√°s de su vida interior y producci√≥n literaria realizaron una activ√≠sima presencia en la vida de su tiempo, fundando los primeros conventos de carmelitas descalzos a partir de 1562 y 1568 respectivamente, en medio de una fort√≠sima lucha contra los carmelitas calzados, que incluso llev√≥ a Juan a prisi√≥n.

La m√≠stica del siglo XVII suele denominarse de decadencia, o compilaci√≥n doctrinal (m√°s barroca y extravagante a√ļn), y est√° representado por Sor Mar√≠a Jes√ļs de √Āgreda.

Art√≠culo principal: Escuela asc√©tica espa√Īola

Debates intelectuales en el siglo XVII

Hanse de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos: regla de gran maestro, no hay que a√Īadir comento
San Ignacio de Loyola, glosado por Baltasar Graci√°n (Or√°culo manual, 251).[63]

Superados los enfrentamientos del siglo XVI, no hay nada de trascendencia similar al contempor√°neo esc√°ndalo del jansenismo en Francia. La actitud de Baltasar Graci√°n (El Critic√≥n), no interesado en las implicaciones doctrinales ni teol√≥gicas de su reflexiones morales, tomando como referentes a los moralistas de la tradici√≥n cl√°sica (Maquiavelo, Bocallini, Barclay, Botero) y la Antig√ľedad grecolatina (Marcial, S√©neca), choc√≥ con sus superiores en la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs, muy interesados en mantenerse dentro de la m√°s clara ordotoxia, en la coyuntura cr√≠tica de los debates en que se encontraban inmersos contra los jansenistas.[64] El casuismo de los jesuitas (a veces llamado jesuitismo), que se plantea todo tipo de casos, especialmente la problem√°tica del fracaso matrimonial, enfatizando el an√°lisis de la compleja casu√≠stica de la moral sexual;[65] era visto por sus adversarios como laxismo moral. Se traduc√≠a, a trav√©s de sus influyentes confesores, en la costumbre de permitir la comuni√≥n frecuente; frente al respeto reverencial al sacramento de la comuni√≥n de otros movimientos, que consideraban la aproximaci√≥n a la Hostia como una ocasi√≥n especial√≠sima. La costumbre popular era la de comulgar "burocr√°ticamente" por Pascua en la parroquia bajo cuya jurisdicci√≥n estaba domiciliado el feligr√©s (comuni√≥n pascual), de lo que incluso se levantaba testimonio por los p√°rrocos, dando en algunos casos un registro tan fiable que ha sido utilizado como fuente documental para estudios de demograf√≠a hist√≥rica e historia local.

Fray Martín de Vizcaya repartiendo pan a los pobres, de Zurbarán. La pobreza, ampliamente presente en la sociedad, se percibe como valor espiritual más que una disfunción económica, y cumple una función integradora entre los estamentos privilegiados y los no privilegiados, en una concepción del mundo que ve como sospechosa de poco cristiana vieja la acumulación de capital por la burguesía, desincentivándola. Los pobres, con sus oraciones agradecidas, pagan la caridad de los ricos. El clero es el mediador y facilita la salvación eterna de todos.
Finis Gloriae Mundi, de Juan de Valdés Leal. Los cadáveres de un caballero y un obispo se pudren bajo la balanza que pesa sus méritos y culpas. La entera vida humana se enfocaba en perspectiva hacia sus postrimerías.

La religiosidad popular barroca

Se hizo omnipresente la defensa contrarreformista de las obras, y por tanto de la colaboración necesaria del hombre para la salvación, que en su interpretación católica no debe fiarse al mero abandonarse a la gracia y la fe (como insistían los protestantes o los quietistas) es lo que justificaba el papel mediador de la Iglesia, administradora de los sacramentos y depositaria (por la comunión de los santos) méritos de los santos, la Virgen (corredentora y mediadora) y de Cristo para el "negocio de la salvación": sacar pronto a las ánimas del purgatorio.

Los manuales de confesiones de Martín de Azpilicueta o Jaime de Corella responden a la intensificación del control social de la Iglesia a través de las conciencias. El papel del confesor trasciende su labor espiritual para convertirse en un orientador vital en todos los aspectos materiales, tanto personales (médicos, psicológicos) como sociales (económicos, educativos, incluso legales).[66]

Las pr√°cticas religiosas rituales, devocionales y caritativas, tanto en el √°mbito p√ļblico como en el privado constitu√≠an una considerable parte de la vida social. M√ļltiples instituciones se hacen cargo de todas las posibles manifestaciones de esas pr√°cticas, desde los hospicios para ni√Īos hu√©rfanos, los hospitales para enfermos y transe√ļntes y las casas de "arrecog√≠as" para prostitutas, hasta las m√ļltiples instituciones ligadas al fen√≥meno de la muerte. Creci√≥ extraordinariamente el n√ļmero e influencia de las cofrad√≠as, congregaciones, esclavitudes y otras instituciones de laicos, asociadas a devociones nuevas, como la Escuela de Cristo o las √Ānimas del Purgatorio. Muchas de ellas eran una especie de mutualidades de enterramientos, un asunto muy importante en la consideraci√≥n social. √ďrdenes mendicantes y parroquias compet√≠an tan duramente que tuvo que regularse un pago del 25% (cuarta funeral) para quien quisiera ser enterrado fuera de su parroquia.[67]

Se pretende conquistar los esp√≠ritus a trav√©s de los sentidos, y parad√≥jicamente, adem√°s de los movimientos quietistas y m√≠sticos, vividos individualmente, la religi√≥n se vive sobre todo socialmente, como un espect√°culo. Ejemplo m√°ximo son las procesiones de Semana Santa, durante las que una ciudad entera se convierte en una obra de arte que remite a todos los sentidos (m√ļsica y esculturas ambulantes, arquitectura ef√≠mera, tapices florales, dramatizaciones y vestuarios que implican a buena parte de la comunidad, especialidades gastron√≥micas concebidas para la ocasi√≥n...). Los autos de fe se conciben como un espect√°culo popular y una catarsis colectiva. Las canonizaciones barrocas fueron numeros√≠simas en Espa√Īa: en el siglo XV s√≥lo se hab√≠a hecho una, en el XVI otra, mientras que en el siglo XVII se beatificaron 23 y se canonizaron 20 (en el siglo XVIII las beatificaciones descendieron a 16 y las canonizaciones a 9). Se rescataron figuras medievales de inter√©s pol√≠tico San Isidro labrador (patr√≥n de Madrid, capital de la Monarqu√≠a) y San Fernando Rey (primo de San Luis Rey, rey de la enemiga Francia). En 1622 se canoniz√≥ simult√°neamente, entre desmesurados festejos, a Santa Teresa de Jes√ļs, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.[65] Se logr√≥ una verdadera popularizaci√≥n de los asuntos teol√≥gicos a trav√©s de la vivencia religiosa del arte y la m√ļsica, logrando una especial repercusi√≥n la imaginer√≠a (Gregorio Fern√°ndez en Valladolid, Juan Mart√≠nez Monta√Ī√©s en Sevilla, Francisco Salzillo en Murcia) y el teatro (autos sacramentales de Calder√≥n de la Barca). Buena parte de los dramaturgos son cl√©rigos o terminan tomando los h√°bitos (Tirso de Molina, Lope de Vega). El uso de las im√°genes religiosas y √°mbitos santificados era omnipresente, y se extendi√≥ a todo tipo de fines, incluso para "proteger" una pared de los que hac√≠an sus necesidades; acogerse a "sagrado" cuando se huye de la justicia;[68] poner fin a las peleas a la vista de una cruz o el paso de un vi√°tico que produc√≠a procesiones espont√°neas siguiendo al sacerdote que llevaba los √ļltimos sacramentos a un enfermo grave.

La edad de oro de los milagros

Iglesia de Velilla, con su campanario.

Se puede hablar de una "inflaci√≥n milagrera", con un total de 118 milagros recogidos en 150 Relaciones en el siglo XVII (en el √ļltimo cuarto del siglo XVI hab√≠an sido s√≥lo 13). Hubo numerosos esc√°ndalos: el del eremita Juan de Jes√ļs en C√≥rdoba o la beata de Carri√≥n (ambos en 1635), mossen Sim√≥n en Valencia... La jerarqu√≠a intent√≥ controlar los excesos m√°s evidentes, a veces impidiendo ritos propiciatorios ancestrales (los goigs catalanes que recordaban a divinidades paganas, las procesiones excesivamente supersticiosas en petici√≥n de lluvia o contra las epidemias o la langosta) y reprimiendo el carnaval. Todo ello con poco √©xito: ante el riesgo de tormentas que amenazaban una pr√≥xima cosecha, los p√°rrocos no pod√≠an resistirse a la presi√≥n popular que les exig√≠a subirse a los conjuratorios de las torres para espantar el nublado. El ta√Īido de Velilla (parroquia cercana a Zaragoza, cuyas campanas se dec√≠a que estaban fundidas por los √°ngeles con las treinta monedas de Judas), se oy√≥ sin que nadie lo tocara entre 1601 y 1686, para avisar que algo malo iba a ocurrir en Espa√Īa, seg√ļn fue comprobado y avalado por el prestigioso te√≥logo Padre Guadalajara (desgraciadamente, era dif√≠cil no acertar con una desgracia). En 1641 la reproducci√≥n milagrosa de la pierna cortada de Miguel Pellicer (milagro de Calanda) fue aprovechada para la propaganda real en la sublevaci√≥n de Catalu√Īa.[69]

Protestas por las fundaciones conventuales

La sinceridad de la vivencia religiosa cristiana en la inmensa mayor√≠a del pueblo no imped√≠a que se manifestaran contradicciones y disfunciones en el funcionamiento de las instituciones religiosas. El aumento considerable de la presi√≥n econ√≥mica de las fundaciones conventuales sobre los municipios produjo, ya en 1523, la petici√≥n 45 de las Cortes de Valladolid. En ella se solicitaba que los monasterios, iglesias y personas eclesi√°sticas no puedan comprar ni heredar bienes ra√≠ces, lo que fue concedido por Carlos V, aun previendo la confirmaci√≥n del Papa, pero no tuvo cumplimiento, reiter√°ndose en cortes sucesivas, y recibiendo la negativa de Felipe II a hacer novedad en ese asunto. En torno a 1600 Rodrigo S√°nchez Doria, procurador por Sevilla, insist√≠a en lo gravoso de ese peso sobre la econom√≠a castellana: en los lugares de m√°s consideraci√≥n las mejores casas, vi√Īas, dehesas y heredades est√°n en su poder, y aunque este da√Īo es antiguo no se hab√≠a notado como al presente, porque antes daban las casas a censo perpetuo y ahora las arriendan, y crecen las rentas. Aunque se fueron dictando prohibiciones, eran f√°ciles de eludir, y durante todo el siglo XVII la queja se renov√≥.[70] Las fundaciones de conventos se hicieron muy escasas a partir de mediados del siglo XVII, y muchos de los creados con anterioridad pasaron por dificultades, al menos hasta despu√©s de la Guerra de Sucesi√≥n (1714). Eso no signific√≥ que las propiedades eclesi√°sticas no siguieran expandi√©ndose, m√°s mediante compras de tierras que por las donaciones.[71]

Las élites

En cuanto a las élites, su devoción tenía rasgos diferenciales, empezando por la vinculación con el alto clero. Las fundaciones religiosas privadas, capellanías, etc. eran un símbolo de prestigio social. La monarquía daba ejemplo con la especial atención a determinadas instituciones, a las que vinculaba a su familia, como el convento de las Descalzas Reales de Madrid. La ocupación de cargos eclesiásticos con fines políticos, empezando por la designación de cargos eclesiásticos para los segundones de la familia real, sin que eso significara apartarlos de la primera línea política o militar (el Cardenal-Infante). Un cuidado exquisito se ponía en el nombramiento de los confesores reales, que más que significar un asunto espiritual privado de los reyes, era tratado con criterios políticos. En otras ocasiones la carrera eclesiástica era una salida al fracaso político y una manera de evitar las represalias (Duque de Lerma).

La brujería

Vive su momento estelar con el caso de Zugarramurdi (1610), que inquisidores "racionalistas" reconducen h√°bilmente. A pesar de estar muy presente incluso en la corte (Carlos II el Hechizado), en Espa√Īa la persecuci√≥n de la brujer√≠a no alcanz√≥ ni de lejos el furor del centro y norte de Europa.[72] En cualquier caso hubo tanto autores partidarios de que las brujas realmente van (siguiendo la opini√≥n de Santo Tom√°s de Aquino, defendida en Espa√Īa por Nicolau Eymeric en el siglo XIV, y en el XVI por Casta√Īega, Ciruelo o Mart√≠n del R√≠o) y otros que interpretaban la brujer√≠a como una alucinaci√≥n (Pere Gil, Pedro de Valencia y el inquisidor Salazar Fr√≠as)[73]

Los espa√Īoles extienden el cristianismo

Plazas africanas y Canarias

Las di√≥cesis de Ceuta y de T√°nger fueron restauradas con la ocupaci√≥n portuguesa (1418 y 1459). Las plazas de Melilla y Or√°n fueron ocupadas por los castellanos (Cardenal Cisneros). La Conquista de las Islas Canarias fue acompa√Īada de la creaci√≥n de toda una estructura eclesi√°stica de nueva planta, desde las di√≥cesis hasta las parroquias, monasterios, conventos y dem√°s instituciones, en unas islas previamente y en otras de manera paralela a los comienzos de la colonizaci√≥n y evangelizaci√≥n de Am√©rica, para la que su ejemplo sirvi√≥ de precedente.

Extremo oriente y Filipinas

Las misiones de los jesuitas, destacadamente de San Francisco Javier se desarrollaron de forma muy ambiciosa desde la India hasta China y Jap√≥n, bajo el control de la corona portuguesa -incluida en la Monarqu√≠a Hisp√°nica de 1580 a 1640-. Las Islas Filipinas fueron colonizadas por Espa√Īa, y el peso de los cl√©rigos fue incluso superior al que alcanzaron en la colonizaci√≥n americana, destacando la presencia de los llamados Agustinos Filipinos (desde 1565). Desde all√≠ los agustinos Mart√≠n de Rada y Jer√≥nimo Mart√≠n fueron los primeros espa√Īoles en llegar a China (1575).[74] La presencia secular en esos lugares explica la existencia de un singular Museo Oriental en el Convento de los Agustinos Filipinos de Valladolid, que fue la sede central donde se formaba a los misioneros antes de enviarlos.

Imagen de la Virgen de Guadalupe de México.
Imagen de la Virgen de Guadalupe de Guadalupe (C√°ceres, Espa√Īa).

América

Tras el descubrimiento de Col√≥n, los Reyes Cat√≥licos se garantizaron el apoyo papal para la conquista y colonizaci√≥n del Nuevo Mundo y el Patronato regio (el control de los nombramientos de todo tipo de beneficios eclesi√°sticos, incluidos los obispos) mediante las Bulas Alejandrinas, a cambio de la misi√≥n espiritual de la evangelizaci√≥n. La ejecuci√≥n en la pr√°ctica de ese mandato dio lugar a instituciones controvertidas: las encomiendas, que significaron una verdadera cat√°strofe humana en las islas del Caribe. El Serm√≥n de Montesinos, por el que Antonio de Montesinos denunciaba esa situaci√≥n con argumentos cristianos y humanistas fue amplificado por uno de sus oyentes, el encomendero arrepentido Bartolom√© de las Casas, a partir de ese momento el mayor defensor de los ind√≠genas americanos. Su mayor opositor en Espa√Īa fue Juan Gin√©s de Sep√ļlveda, que en la Junta de Valladolid tuvo oportunidad de contrarrestar sus argumentos. Previamente, otro debate teol√≥gico, la Junta de Burgos hab√≠a instituido el requerimiento como documento a leer en los contactos con los pueblos a descubrir, para justificar su conquista.

Fue constante del siglo XVI al XVII la emigraci√≥n a Am√©rica de cl√©rigos espa√Īoles, tanto a cubrir los puestos beneficiales seculares como las misiones (sobre todo franciscanos y jesuitas). Alcanzaron particular importancia las reducciones jesu√≠ticas del Paraguay, que fueron objeto de pol√©mica a ra√≠z de los acuerdos hispanoportugueses y su resistencia armada.

El cristianismo americano se hizo en buena parte a partir del sincretismo religioso (caso claro de la Virgen de Guadalupe), cuando no por la destrucci√≥n junto con su cultura material de las creencias precolombinas (vistas como id√≥latras y demon√≠acas). Algunos cl√©rigos tuvieron un inter√©s antropol√≥gico por ellas (Fray Bernardino de Sahag√ļn).

La América hispana fue una sociedad compartimentada en "castas", en la que la religión cumplía un papel esencial como amortiguador de los conflictos: sor Juana Inés de la Cruz, la China Poblana, el indio Juan Diego y San Martín de Porres, son ejemplos de los papeles reservados a las mujeres, los indios y los negros en cuanto a su función religiosa.

Protestantismo en Latinoamérica

Los alemanes llegados con la Familia Welser a Venezuela (1528-1546) con el respaldo de Carlos V fueron la primera comunidad protestante de Am√©rica, pero se desmantel√≥ en cuanto se hizo evidente su naturaleza contraria a la uniformidad cat√≥lica que se pretend√≠a para el Nuevo Mundo. Tambi√©n hubo otros casos individuales, pero eran reprimidos en cuanto se detectaban, y no se llegaron a formar otros n√ļcleos protestantes hasta despu√©s de la Independencia de la Am√©rica Hispana.

El motín de Esquilache, de Francisco de Goya.
Monumento a Pablo de Olavide en La Carlota. Su negativa a la instalación de religiosos, más allá de los párrocos, en la repoblación de Sierra Morena, fue una de las causas que llevaron a su enfrentamiento con los clérigos "reaccionarios" u opuestos a los ilustrados, que le terminaron conduciendo a su procesamiento inquisitorial y condena. Ni siquiera la protección del rey Carlos III, sometido a un pulso de altura política, pudo bastar para librarle de ellos.
Procesión, de Francisco de Goya. El punto de vista ilustrado critica, considerándolos retrógrados, los aspectos más truculentos de la religiosidad popular, en este caso los disciplinantes.
Enrique Fl√≥rez, iniciador de la monumental recopilaci√≥n de fuentes historiogr√°ficas eclesiales Espa√Īa Sagrada
Retrato de Juan Antonio Llorente, de Francisco de Goya (1810). Cl√©rigo afrancesado, en la primera parte de su carrera eclesi√°stica trat√≥ de reformar la inquisici√≥n, sin √©xito, a pesar del apoyo de Jovellanos (que termin√≥ encarcelado). Lleg√≥ a su c√ļspide bajo la dominaci√≥n francesa, cuando propuso un Reglamento para la Iglesia Espa√Īola. Desde el exilio public√≥ una demoledora Historia cr√≠tica de la Inquisci√≥n en Espa√Īa.

La crisis del Antiguo Régimen

Regalismo

El Siglo de las Luces comenzó con una afirmación del regalismo de la nueva dinastía de Borbón, que acentuó el control del rey sobre el clero en perjuicio del Papa. Las negociaciones del Concordato de 1753 tuvieron altibajos, con enfrentamientos internos que supusieron el proceso inquisitorial y exilio de uno de los principales partidarios del regalismo, Melchor de Macanaz.[75]

La prerrogativa de regium exequatur (que confer√≠a a los reyes el derecho de retener hasta dar su aprobaci√≥n las bulas y breves papales), hab√≠a sido utilizada en el siglo XVI por Carlos V y Felipe II, pero hab√≠a ca√≠do en desuso en el siglo siguiente. El regalismo de cu√Īo borb√≥nico no hizo m√°s que restaurar esta regia prerrogativa en tiempos de Carlos III (18 de enero de 1762) y ampliar su aplicaci√≥n a los asuntos relacionados con el dogma. La raz√≥n fue la pol√©mica por la condena de la Exposition de la doctrine chr√©tienne de Fran√ßois Philippe Mesenguey. De todas maneras, al poco tiempo el exequatur se declar√≥ en suspenso. Adem√°s se establecieron los recursos de fuerza, por los cuales la administraci√≥n de justicia civil (Audiencias y Consejo de Castilla) revisar√≠an en apelaci√≥n las sentencias de los tribunales eclesi√°sticos, pudiendo revocarlas y dictar otras si encontraban vicios de procedimiento.

Sumado a todo ello, la expulsi√≥n de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs (fuertemente vinculada al Papado) en 1767 represent√≥ el punto m√°s extremo al que lleg√≥ la pol√≠tica de orientaci√≥n regalista en el siglo XVIII, bajo el reinado de Carlos III, influido por Tanucci y el denominado "partido jansenista" (Campomanes). La orientaci√≥n regalista tambi√©n se encauz√≥ hacia otros asuntos econ√≥micamente muy sustanciosos: el expediente sobre amortizaci√≥n eclesi√°stica; la reforma del excusado (te√≥ricamente el diezmo del mayor contribuyente de cada parroquia); y distintas disposiciones que afectaban al clero regular (prohibici√≥n de cuestaciones en las eras excepto a los franciscanos, mercedarios y trinitarios; prohibici√≥n de ocupaciones temporales a los monjes -1767-, y ajuste del n√ļmero de religiosos de cada convento a sus ingresos -1770-).[76]

Nuevo ambiente intelectual

Desde principios del siglo XVIII se hab√≠a iniciado un nuevo planteamiento de la misi√≥n asistencial de la Iglesia y del valor de la pobreza, como puede verse en la fundaci√≥n del Monte de Piedad de Madrid por el Padre Piquer (1702). La preocupaci√≥n por la no interferencia de la vida religiosa en la esfera econ√≥mica produjo propuestas de reforma del calendario laboral, como la de Campomanes, quien lo criticaba por excesivo,[77] ya que para algunos oficios gremiales y meses del a√Īo exist√≠an casi tantos d√≠as festivos como laborables (no obstante, prudentemente, no criticaba las devociones por s√≠ mismas, ni el cumplimiento de los preceptos).

los de fiesta, hacen un menoscabo considerable a la industria popular; y lo mismo sucede, si en los días festivos, en que oyendo misa es lícito trabajar, se dispensan de sus tareas los artesanos, y se entregan al ocio y a las diversiones
Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento, parte III (1773)[78]

Los ilustrados dieciochescos fueron muy cr√≠ticos con la Iglesia: se satiriz√≥ la degeneraci√≥n de la oratoria sagrada (como en la conocida obra del padre Isla Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes) y se critic√≥ clandestinamente a la Inquisici√≥n (Morat√≠n Quema de brujas en Logro√Īo) y al modo en que se reclutaba a los miembros del clero, que, muchas veces faltos de vocaci√≥n, se comportaban con frecuencia de forma licenciosa (por ejemplo, los esc√°ndalos del abuso de las confesiones: la solicitaci√≥n). Se critic√≥ incluso la implantaci√≥n territorial del clero secular, muy tupida en el norte de Espa√Īa y muy dispersa en el sur, con zonas en Andaluc√≠a, La Mancha, Extremadura y Murcia, donde la atenci√≥n pastoral era muy deficiente, mientras se hac√≠a visibles en la vida social las figuras poco edificantes del beneficiado, que acumulaba las rentas de varios beneficios, del capell√°n que cantaban misa con escasos asistentes (o ninguno, aparte del monaguillo) en los palacios nobiliarios, del tonsurado, que no ejerc√≠a ninguna cura de almas o la del que recib√≠a √≥rdenes menores con el √ļnico fin de adquirir el fuero eclesi√°stico. Sobre todo eran objeto de las cr√≠ticas ilustradas el excesivo n√ļmero alcanzado por el clero regular (cuando no su propia funci√≥n o existencia), y la distorsi√≥n al mercado e impedimentos para el desarrollo de una econom√≠a capitalista que significaban en conjunto tanto la riqueza de la iglesia (las tierras y propiedades urbanas del clero, sometidas a manos muertas y sus rentas, sobre todo el diezmo), como la manera de utilizarla: no en inversiones productivas que permitieran una acumulaci√≥n de capital, sino en gastos suntuarios o en subvencionar la pobreza (en las Cortes de C√°diz un diputado liberal lleg√≥ a argumentar que la Iglesia produc√≠a pobreza justific√°ndose en tener que socorrerla). Es significativo que la pobreza evang√©lica hubiera dejado de ser un valor social, y que las instituciones religiosas no recibieran cr√≠ticas tanto por ser ricas como por no saber serlo: si en la √©poca feudal se comportaron como un se√Īor√≠o m√°s, en la transici√≥n al capitalismo no estaban demostrando la misma habilidad para convertirse en empresarios.[79]

Todo es muestra del nuevo ambiente intelectual del siglo de las luces, que se hab√≠a ido gestando en Europa noroccidental desde la crisis de la conciencia europea de finales del XVII y principios del XVIII, y que aunque llega tarde a Espa√Īa (excepto por una peque√Ī√≠sima minor√≠a de novatores), se va imponiendo sobre todo en la segunda mitad del XVIII. Emerge una nueva concepci√≥n racionalista, enciclopedista o volteriana, que en algunos puede llamarse de√≠sta o pante√≠sta (Bernardo de Iriarte, condenado con esos cargos por la inquisici√≥n en 1779; mientras que fueron obligados a abjurar de sus errores su hermano Tom√°s de Iriarte, el fabulista, en 1786 y Luis Garc√≠a Ca√Īuelo, editor de El Censor, en 1788)[80] o incluso relacionada con la masoner√≠a.[81] Los grados en que se compart√≠a ese programa intelectual variaban enormemente: las posturas cr√≠ticas pod√≠an ser moderadas y perfectamente asumibles dentro de la mayor ortodoxia, en la l√≠nea de ilustraci√≥n cristiana que hab√≠a marcado Feijoo y adoptaron muchos cl√©rigos (como Ram√≥n Pignatelli) y buena parte de los obispos (Francisco Arma√Ī√°, Jos√© Tormo, Jos√© Climent). Algunas posiciones eran m√°s extremas, como la de Pedro Centeno (que pretend√≠a depurar el catecismo de Ripalda, arsenal de embustes y patra√Īas, y las erratas, solecismos y disparates del Misal), o la del "jansenista" Joaqu√≠n Lorenzo Villanueva (De la lecci√≥n de la Sagrada Escritura en lengua vulgar, un atrevimiento antes de la autorizaci√≥n de 1782, Recomendaci√≥n de la lectura de la Biblia, que todav√≠a parec√≠a una costumbre protestante, y el regalista Catecismo de Estado seg√ļn los principios de la religi√≥n de 1793).[82]

La mayoría "casticista"

Pero la gran mayor√≠a de la sociedad, en todos los estamentos, se manten√≠a dentro de posiciones tradicionalistas, sobre todo en el terreno religioso. Es el momento en el que aparece la Espa√Īa Sagrada del Padre Fl√≥rez, un monumento historiogr√°fico que busca en el pasado las esencias del cristianismo como rasgo esencial de lo espa√Īol. Fray Diego Jos√© de C√°diz y otros predicadores capuchinos alentaban una religi√≥n afectiva y adaptada a las circunstancias locales, frente a la piedad elitista y uniformadora de los ilustrados, a trav√©s de los sermones masivos y de las misiones itinerantes, que creaban en los pueblos un clima de efusiva exaltaci√≥n merced al premeditado empleo de recursos teatrales destinados a conmover los corazones de los fieles, actuando como una de las principales fuerzas opositoras a todas las corrientes ilustradas, incluso ante los recelos de buena parte del clero (denominado por aquellos como "jansenistas").[83]

No hay que olvidar tampoco que el ascendiente de los cl√©rigos segu√≠a siendo enorme, sobre todo entre las masas populares: en la coyuntura cr√≠tica del Mot√≠n de Esquilache la plebe madrile√Īa, que hab√≠a iniciado una violenta revuelta, recondujo de una manera organizada la protesta tras la intervenci√≥n del Padre Yecla, un franciscano (de los denominados gilitos (del convento de San Gil), que se puso una soga al cuello y con un crucifijo sali√≥ al encuentro de las turbas. Tambi√©n se produjo, sobre todo durante la primera mitad del siglo, una intensificaci√≥n de las peregrinaciones a Santiago de Compostela.

En la educaci√≥n, se hab√≠a producido incluso un aumento de la influencia clerical desde el siglo anterior, tanto entre las √©lites (colegios jesuitas, como el Seminario de Nobles de Madrid, hasta su expulsi√≥n) como entre el pueblo bajo, casi totalmente analfabeto y confiado a la predicaci√≥n del cura o a la llegada puntual y espectacular de predicadores de misiones. Incluso los escasos maestros municipales impart√≠an una formaci√≥n fuertemente religiosa. Los colegios escolapios (orden fundada en el siglo XVII por el espa√Īol San Jos√© de Calasanz) aparecieron y se extendieron en esta √©poca. Su proliferaci√≥n hizo que fuesen incluso objeto de cr√≠ticas economicistas como las de Olavide: "como ense√Īan de balde, quitan labradores".

Otra cosa eran las √©lites, o al menos parte de ellas: la p√©rdida del monopolio intelectual como consecuencia de la irrupci√≥n de los ilustrados laicos origin√≥ no pocos choques, con v√≠ctimas de ambos bandos, como la expulsi√≥n de los jesuitas (chivo expiatorio del Mot√≠n de Esquilache, lo que no dej√≥ de ser bien visto por √≥rdenes religiosas rivales) y el proceso inquisitorial a Pablo de Olavide. La animadversi√≥n por parte del catolicismo casticista a todo lo afrancesado tuvo su oportunidad de volver a identificar a lo espa√Īol con lo cat√≥lico en la guerra contra la Convenci√≥n (1792), en que los p√°rrocos le√≠an homil√≠as encendidamente patri√≥ticas contra los franceses ateos y revolucionarios (tuvo gran difusi√≥n la obra de Fray Diego de C√°diz El soldado cat√≥lico en guerra de religi√≥n). La Guerra de Independencia Espa√Īola intensific√≥ esa actitud del clero, que incluso lleg√≥ a tomar las armas (como fue el caso del cura Merino).

Alcanz√≥ mucha resonancia, pero escasa trascendencia, el denominado Cisma de Urquijo (1799), durante la invasi√≥n napole√≥nica de los Estados Pontificios, que devolv√≠a a los obispos espa√Īoles algunas atribuciones que hab√≠a concentrado el Papa (dispensas matrimoniales). La medida fue defendida por el obispo de Salamanca Antonio Tavira (de tendencia "jansenista"), en aplicaci√≥n de las ideas del episcopalista flamenco-holand√©s Zeger Bernhard van Espen que estaban en el ambiente europeo desde el S√≠nodo de Pistoia (1786) y las medidas de la Revoluci√≥n francesa (Constituci√≥n Civil del Clero).[84]

Revolución Liberal

Los debates de la Constitución de Cádiz, a pesar de su solemne declaración

La Religi√≥n de la naci√≥n espa√Īola es y ser√° perpetuamente la cat√≥lica, apost√≥lica, romana, √ļnica verdadera. La Naci√≥n la protege por leyes sabias y justas y proh√≠be el ejercicio de cualquiera otra.
Artículo 12

asociaron a la mayor parte del clero a la facci√≥n absolutista, que tuvo oportunidad de liquidar la obra de los liberales a la vuelta de Fernando VII, en gran parte gracias a la labor del can√≥nigo Esc√≥iquiz, antiguo preceptor del monarca. Con las Guerras Carlistas y la quema de conventos de 1835 qued√≥ a√ļn m√°s en evidencia la identificaci√≥n del clero con el absolutismo, lo que dio al ministro liberal Mendiz√°bal la ocasi√≥n de privarles de su base econ√≥mica con la desamortizaci√≥n de 1836. Contempor√°neamente, puede hablarse de un creciente anticlericalismo, y del comienzo de un cierto proceso de descristianizaci√≥n entre las masas populares urbanas y de algunas zonas rurales donde el clero secular no hab√≠a tenido una red de implantaci√≥n tan densa como en otras (como en Andaluc√≠a). Este incipiente problema religioso ser√≠a en el futuro una de las brechas que llevar√≠an al enfrentamiento de las Dos Espa√Īas.

En esa época se produjo también la abolición definitiva de la Inquisición, que había recibido con el libro de Juan Antonio Llorente una crítica demoledora.

Presencia testimonial de otras confesiones cristianas

Con los gobiernos liberales, comenz√≥ a plantearse la posibilidad de permitir la presencia e incluso predicaci√≥n de protestantes (un interesante testimonio sobre esta actividad puede hallarse en la conocida obra de George Borrow La Biblia en Espa√Īa). Con anterioridad, y vinculadas al exilio, se hab√≠an producido algunas conversiones ‚ÄĒentre ellas, la de Jos√© Mar√≠a Blanco White‚ÄĒ, num√©ricamente poco significativas. Guillermo Harris Rule, metodista ingl√©s, presb√≠tero en Gibraltar, fund√≥ en C√°diz la primera escuela (1838) y la primera iglesia (1839) del protestantismo espa√Īol, que funcion√≥ clandestinamente hasta 1868.

Un listado de protestantes espa√Īoles s√≥lo recoge diez entradas para el siglo XIX (adem√°s de los antes citados). Dos de ellas se refieren a misioneros extranjeros: la estadounidense Alice Gordon Gulick (1847-1903) y el alem√°n Federico Fliedner (1845-1901). Los ocho espa√Īoles, muchos de ellos relacionados entre s√≠ y exiliados en Gibraltar en 1863 (a causa de la presi√≥n del gobierno), son: Jos√© Alhama Teba (1826-1892, organizador de la primera iglesia evang√©lica de Granada); Juan Bautista Cabrera Ivars (1837-1916, escolapio, que a ra√≠z de la revoluci√≥n de 1868 obtuvo del general Prim facilidades para su actividad y fund√≥ la primera iglesia evang√©lica de Sevilla. Lleg√≥ a ser el primer obispo de la Iglesia Espa√Īola Reformada Episcopal (anglicana), rescatando el uso de la liturgia moz√°rabe); Antonio Carrasco Palomo (1842-1873, organizador de la primera iglesia evang√©lica de Madrid, en 1869); Juan Labrador S√°nchez (1855-1935, general de artiller√≠a de la armada); Lorenzo Lucena Pedrosa (1807-1881, catedr√°tico de Teolog√≠a y vicerrector, que hizo carrera eclesi√°stica en Gibraltar e Inglaterra); Manuel Matamoros Garc√≠a (1834-1866, encarcelado por su actividad religiosa en 1861); Pedro Sala y Vilaret (1838-1916, inicialmente sacerdote cat√≥lico, fil√≥sofo, atene√≠sta y profesor de un colegio protestante de ense√Īanza media en Madrid, que termin√≥ por abandonar su militancia protestante); y Luis Usoz y R√≠o (1805-1865, cercano a los cu√°queros, fil√≥logo y editor de Reformistas antiguos espa√Īoles, de 1847 a 1880, especialista en Juan de Vald√©s, que reuni√≥ una biblioteca de 10.000 vol√ļmenes, hoy en la secci√≥n de raros de la Biblioteca Nacional). [85]

El 24 de enero de 1869 Julio Vizcarrondo (abolicionista de origen puertorrique√Īo), como presidente del Comit√© Central de la Uni√≥n Evang√©lica Espa√Īola, obtuvo licencia municipal para celebrar p√ļblicamente culto protestante en Madrid.[86] Las divisiones entre los protestantes espa√Īoles multiplicaron las denominaciones de sus iglesias: La primera asamblea de la Iglesia Reformada Espa√Īola (1869) dar√° paso a la Iglesia Cristiana Espa√Īola (1871) y a la Iglesia Evang√©lica Espa√Īola (1897), todas ellas de r√©gimen presbiteriano. El r√©gimen episcopal produjo una escisi√≥n denominada Iglesia Espa√Īola Reformada Episcopal (anglicana) (1880, la de Juan Bautista Cabrera). Por otro lado, la Iglesia Bautista se fund√≥ en Madrid el 10 de agosto de 1870.[87]

Ya podeis recorrer Espa√Īa con la Biblia bajo el brazo
Entrevista de Prim con Juan Bautista Cabrera, Algeciras, 1868
Escultura de La Regenta, frente a la Catedral de Oviedo. La novela naturalista de Clar√≠n refleja crudamente la nueva posici√≥n de la Iglesia en la Espa√Īa del √ļltimo cuarto del siglo XIX: asentada la nueva clase dominante -alta burgues√≠a y aristocracia-, el clero (representado en la novela por Don Ferm√≠n de Pas, que desde or√≠genes humildes ha conseguido llegar a can√≥nigo magistral) se esfuerza por adaptarse de forma realista a la nueva situaci√≥n, comprobada como imposible la vuelta al Antiguo R√©gimen: la influencia que el confesionario alcanzaba sobre las mujeres de alta posici√≥n (Ana Ozores, la Regenta, joven esposa del regente de la Audiencia) se percib√≠a como un valor inapreciable.

El cristianismo en la Espa√Īa burguesa

El reinado de Isabel II comenz√≥ con un enfrentamiento claro de los liberales contra el clero, pero la situaci√≥n se recondujo tras el abrazo de Vergara. La b√ļsqueda de un acercamiento de la intelectualidad cat√≥lica a la nueva situaci√≥n la encarna la obra y trayectoria vital del sacerdote y fil√≥sofo Jaime Balmes (1810-1848) ‚ÄĒautor de El Criterio, El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilizaci√≥n europea y el manual La religi√≥n demostrada al alcance de los ni√Īos‚ÄĒ, partidario del aperturismo liberal de P√≠o IX, ante la incomprensi√≥n de la mayor parte de la opini√≥n cat√≥lica espa√Īola, profundamente tradicionalista, y que incluso pretendi√≥ superar la divisi√≥n din√°stica con un matrimonio entre Isabel II y Carlos Luis de Borb√≥n, heredero de la rama carlista.[88]

Los gobiernos moderados se reconciliaron con el papado, firm√°ndose el Concordato de 1851. La clave fue la renuncia del clero a la recuperaci√≥n de los bienes desamortizados, mientras que el estado se compromet√≠a al mantenimiento de un Presupuesto de Culto y Clero. Espa√Īa seguir√≠a siendo un estado confesional, con capellan√≠as en el ej√©rcito y las prisiones. Se mantendr√≠an las peculiaridades del derecho can√≥nico y la condici√≥n cat√≥lica del matrimonio. La propia reina se rode√≥ de lo que Valle Incl√°n llamaba la corte de los milagros, en la que figuraban Sor Patrocinio (la monja de las llagas) y San Antonio Mar√≠a Claret, fundador de la orden claretiana. Isabel II recibi√≥ la Rosa de Oro, la m√°s importante condecoraci√≥n papal, que supon√≠a un apoyo no por simb√≥lico menos importante, teniendo en cuenta que hasta entonces el pretendiente carlista hab√≠a sido mejor visto por la jerarqu√≠a eclesi√°stica.

La revista jesuita Raz√≥n y Fe se centr√≥ en la defensa de la funci√≥n docente de la Iglesia, tanto en las escuelas p√ļblicas como en las de las congregaciones religiosas, presentando la ense√Īanza confesional reconocida en el Concordato como una funci√≥n patri√≥tica.[89]

El sexenio revolucionario signific√≥ un nuevo periodo de desencuentro entre gobiernos progresistas, dem√≥cratas y republicanos y la Iglesia, que no estaba en condiciones de organizar un partido pol√≠tico con una base electoral suficiente, como el Zentrum alem√°n. Los llamados neocat√≥licos no fueron una fuerza parlamentaria decisiva. Hay que recordar que cuestiones como la soberan√≠a nacional o el mismo concepto de liberalismo hab√≠an sido recientemente declarados anatemas por la Iglesia Cat√≥lica. Ya en √©poca de la Restauraci√≥n, tuvo una amplia difusi√≥n el libro de F√©lix Sard√° y Salvany El liberalismo es pecado (1884),[90] que recib√≠a el sobrenombre de la Biblia de los intransigentes.[91] La Constituci√≥n de 1869 fue la primera de las espa√Īolas en reconocer la libertad religiosa, el matrimonio civil y los derechos civiles plenos para los no cat√≥licos (art√≠culo 27). El c√≥digo civil de 1889, en el contexto nuevamente confesional de la Restauraci√≥n, reconoc√≠a dos formas de matrimonio: el civil y el can√≥nico que deben contraer todos los que profesan la religi√≥n cat√≥lica, frase que suscit√≥ distintas interpretaciones.[92]

La Iglesia protagoniz√≥ un espectacular resurgimiento en Espa√Īa en el √ļltimo cuarto del siglo XIX, gracias a la actualizaci√≥n de su funci√≥n social. Estimulada por el papado, llev√≥ a cabo un amplio programa de actuaci√≥n social, sobre todo en educaci√≥n y labor asistencial. La doctrina social de la iglesia, definida por el magisterio pontificio, se difundi√≥ sin tensiones graves, aunque un sector estaba intranquilo por lo que se percib√≠a como una sensibilidad demasiado avanzada, a pesar de su evidente paternalismo y actitud de respuesta a la amenaza del encuadramiento obrero con los movimientos socialistas y anarquistas.[93] Si las enc√≠clicas me despojan, me har√© cism√°tico, lleg√≥ a decir un diputado.[94]

Los C√≠rculos Cat√≥licos de Obreros (que no hab√≠an tenido demasiado √©xito en Francia o B√©lgica) fueron introducidos por el jesuita Antonio Vicent, para restaurar la caridad y la abnegaci√≥n en el patrono y la paciencia y la religiosidad en el obrero. Nunca pasaron de ser centros piadosos y de recreo en locales cedidos por los patronos. Aunque se extendieron por toda Espa√Īa, para 1900 estaba claro que s√≥lo ten√≠an una presencia efectiva en zonas rurales, donde desarrollaron algunos proyectos cooperativos. Incluso can√≥nigos como Arboleya los censuraban por insistir m√°s en las obligaciones de los obreros que en las de los capitalistas, y no proponer seriamente la reivindicaci√≥n de derechos ni la reparaci√≥n de injusticias.[95]

La exigencia de que las ense√Īanzas en la universidad fueran conformes a la doctrina cat√≥lica produjo la salida de un nutrido grupo de intelectuales cercanos al krausismo, liderados por Francisco Giner de los R√≠os, que fundaron la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza. La intelectualidad cat√≥lica tambi√©n contaba con figuras de nivel, como el pol√≠grafo Marcelino Men√©ndez Pelayo.

Para 1902, la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza y otras instituciones laicas no llegaban a las cien escuelas, mientras que las dirigidas por instituciones religiosas eran casi cinco mil, repartidas entre 294 comunidades religiosas masculinas y 910 femeninas. Ejerc√≠an en la pr√°ctica el monopolio de la ense√Īanza secundaria (un ochenta por ciento del alumnado). El inter√©s por aumentar su presencia tambi√©n en la escuela primaria, donde solo estaba escolarizado en centros religiosos un tercio de los alumnos, produjo la fundaci√≥n de las Escuelas del Ave Mar√≠a por el sacerdote y pedagogo Andr√©s Manj√≥n.[96]

El santuario del Cerro de los √Āngeles, en el centro geogr√°fico de Espa√Īa, se construy√≥ como monumento a la Consagraci√≥n de Espa√Īa al Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs. Durante la Guerra Civil fue "fusilado" por milicianos republicanos, y posteriormente, "desagraviado" tras la victoria de Franco.

Siglo XX

A partir de principios de siglo, la acci√≥n social cat√≥lica se reorient√≥ desde el interclasismo de los C√≠rculos Cat√≥licos a la creaci√≥n de sindicatos cat√≥licos que representaran √ļnicamente a los obreros, aunque no tuvieron un crecimiento comparable a los sindicatos de izquierda, a excepci√≥n de los Vizcaya y Guip√ļzcoa, donde apareci√≥ Solidaridad de los Trabajadores Vascos (ELA-STV), un sindicato de orientaci√≥n cat√≥lica y nacionalista vasca, cercano al PNV.[97]

La Semana Tr√°gica de Barcelona (1909) evidenci√≥ la distanciamiento de la Iglesia que hab√≠a alcanzado la clase obrera concentrada en esa ciudad, la m√°s importante en poblaci√≥n e industria, de miserables condiciones de trabajo y sometida al reclutamiento para la Guerra de √Āfrica. Su descontento, que el movimiento obrero anarquista y socialista no supo encauzar hacia enemigos de clase m√°s objetivamente evidentes, fue f√°cilmente canalizado hacia objetivos de gran fuerza simb√≥lica por la demagogia lerrouxista:

Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie, penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para que el fuego purifique la infame organización social, entrad en los hogares humildes y levantad legiones de proletarios, para que el mundo tiemble ante sus jueces despiertos.
Alejandro Lerroux (1906) ¬°Rebeldes!,¬°Rebeldes![98]

La Ley del candado (1910), promulgada por el gobierno Canalejas, impidió el establecimiento de nuevas órdenes religiosas, cuya expansión era vista con recelo por los liberales dinásticos, cuyo anticlericalismo no era tan radical como el de la oposición republicana.

Con la creaci√≥n del Ministerio de Instrucci√≥n P√ļblica comenz√≥ un enfrentamiento expl√≠cito entre los gobiernos liberales y la ense√Īanza religiosa. Con motivo de los decretos que pretend√≠an controlar la contrataci√≥n de profesorado, el arzobispo de Sevilla pronunci√≥ en el Senado (1901) un discurso en que por primera vez la Iglesia propugnaba la defensa de la libertad de ense√Īanza (hasta entonces considerada un anatema, como en el esc√°ndalo de la expulsi√≥n de los krausistas): el monopolio de la ense√Īanza... era el camino abierto a la esclavitud de los esp√≠ritus, mientras que la "libertad de ense√Īanza, por la emulaci√≥n que crea, hace que todos trabajen para eumentar sus conocimientos... ense√Īadores y ense√Īados, maestros y disc√≠pulos".[99] Se crea la Federaci√≥n de Amigos de la Ense√Īanza (FAE)y es aprobada por el papa la Instituci√≥n Teresiana (1924, aunque hab√≠a sido iniciada en 1911 por San Pedro Poveda).

Los primeros a√Īos del siglo son tambi√©n los del lanzamiento de una cabecera period√≠stica que representar√° la opini√≥n cat√≥lica: el diario El Debate.

Segunda Rep√ļblica

El Estado espa√Īol no tiene religi√≥n oficial.
Todas las confesiones religiosas ser√°n consideradas como Asociaciones sometidas a una ley especial.

El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.

Una ley especial regular√° la total extinci√≥n, en un plazo m√°ximo de dos a√Īos, del presupuesto del Clero.

Quedan disueltas aquellas √ďrdenes religiosas que estatutariamente impongan, adem√°s de los tres votos can√≥nicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la leg√≠tima del Estado. Sus bienes ser√°n nacionalizados y afectados a fines ben√©ficos y docentes.

Las dem√°s √ďrdenes religiosas se someter√°n a una ley especial votada por estas Cortes Constituyentes

Artículo 26
La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religi√≥n quedan garantizados en el territorio espa√Īol, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral p√ļblica.

Los cementerios estarán sometidos exclusivamente a la jurisdicción civil. No podrá haber en ellos separación de recintos por motivos religiosos.

Todas las confesiones podr√°n ejercer sus cultos privadamente. Las manifestaciones p√ļblicas del culto habr√°n de ser, en cada caso, autorizadas por el Gobierno.

Nadie podr√° ser compelido a declarar oficialmente sus creencias religiosas.

Artículo 27


Las disposiciones relativas a la libertad religiosa y determinadas limitaciones previstas en la constituci√≥n (art√≠culos 26 y 27) son interpretadas habitualmente en el sentido de que la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola dispuso de una legislaci√≥n claramente anticlerical. En la pr√°ctica, las m√°s importantes y pol√©micas eran la supresi√≥n del presupuesto de Culto y Clero y las exenciones impositivas, y las relativas a la ense√Īanza y la supresi√≥n de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs. Otras de menor trascendencia eran la secularizaci√≥n de los cementerios, necesidad de autorizaci√≥n para las manifestaciones p√ļblicas de culto, prohibici√≥n a los eclesi√°sticos del acceso a las m√°s altas magistraturas del Estado, etc.).

La concesi√≥n del sufragio femenino en 1932 tuvo detractores desde ambientes progresistas por considerar que las mujeres votar√≠an seg√ļn la orientaci√≥n de sus confesores (enfrentamiento entre Clara Campoamor y Victoria Kent).

La relaci√≥n de la jerarqu√≠a cat√≥lica con Acci√≥n Popular y la CEDA, aunque no fue de dependencia org√°nica o program√°tica, s√≠ fue evidente a nivel ideol√≥gico y personal, incluso institucional.[100] Las quemas de iglesias y asesinatos de sacerdotes durante la fracasada revoluci√≥n de 1934 volvieron a recordar a todos que el religioso era un frente de confrontaci√≥n entre las Dos Espa√Īas. Parec√≠a tr√°gicamente evidente que los espa√Īoles estaban

condenados a ir siempre detr√°s de los curas, o con el cirio o con el garrote


En innumerables iglesias de Espa√Īa se colocaron, al t√©rmino de la Guerra Civil, placas de homenaje a los Ca√≠dos por Dios y por Espa√Īa, con una lista encabezada en todos los casos por Jos√© Antonio Primo de Rivera (el ausente) y continuada por los muertos del bando nacional de la localidad. Sol√≠a terminarse con un marcial ¬°Presentes!. Esta corresponde al muro exterior de la Catedral de Cuenca, y ha sido objeto de sabotaje con pintura roja.

Guerra civil espa√Īola

La Iglesia, a pesar de su esp√≠ritu de paz, y de no haber querido la guerra ni haber colaborado en ella, no pod√≠a ser indiferente en la lucha: se lo imped√≠a su doctrina y su esp√≠ritu, el sentido de conservaci√≥n y la experiencia de Rusia. De una parte se suprim√≠a a Dios, cuya obra ha de realizar la Iglesia en el mundo, y se causaba a la misma un da√Īo inmenso, en personas, cosas y derechos, como tal vez no la haya sufrido instituci√≥n alguna en la historia; de la otra, cualesquiera que fuesen los humanos defectos, estaba el esfuerzo por la conservaci√≥n del viejo esp√≠ritu, espa√Īol y cristiano.

...

Mientras en la Espa√Īa marxista se vive sin Dios, en las regiones indemnes o reconquistadas se celebra profusamente el culto divino y pululan y florecen nuevas manifestaciones de la vida cristiana.

Carta colectiva de los obispos espa√Īoles a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra en Espa√Īa

Pamplona, 1¬ļ de Julio de 1937


La Carta colectiva del episcopado espa√Īol durante la Guerra Civil[102] tuvo una gran repercusi√≥n internacional, atrayendo apoyos al bando franquista, sobre todo entre los cat√≥licos franceses y estadounidenses y el Vaticano. Ante la supresi√≥n casi total de las actividades de culto en la zona republicana y los asesinatos de miles de personas especialmente relacionadas con la Iglesia (obispos ‚ÄĒ13 de un total de 70‚ÄĒ, sacerdotes, religiosos masculinos y femeninos y seglares), el documento consideraba la situaci√≥n como una persecuci√≥n religiosa y a sus v√≠ctimas como m√°rtires, y justificaba la sublevaci√≥n militar como algo providencial: una verdadera Cruzada que deb√≠a salvar a Espa√Īa del ate√≠smo marxista.[103]

Entre los obispos con m√°s destacada actividad durante la Guerra Civil estuvieron Enrique Pl√° y Deniel (Las dos ciudades, 1936; El Triunfo de la Ciudad de Dios y la resurrecci√≥n de Espa√Īa, 1939) y los cardenales Pedro Segura e Isidro Gom√°. La influencia vaticana en el nuevo Estado Nacional de Franco fue muy importante, tanto que incluso consigui√≥ impedir (enero de 1939) la ratificaci√≥n de un convenio de cooperaci√≥n cultural firmado con la Alemania nazi, que ve√≠a como peligroso en t√©rminos ideol√≥gicos.[104] No obstante hubo alg√ļn obispo (Francisco Vidal y Barraquer) que se neg√≥ a firmar la Carta colectiva y que se neg√≥ a reconocer el r√©gimen franquista, muriendo exiliado en Roma.

Parad√≥jicamente, hubo tambi√©n religiosos muertos por las tropas franquistas, aunque en reducido n√ļmero: varios sacerdotes cat√≥licos relacionados con el nacionalismo vasco y algunos miembros de otras confesiones, al menos un testigo de Jehov√° que se declar√≥ objetor de conciencia y un pastor protestante (amigo de Unamuno) que adem√°s era mas√≥n. La masoner√≠a fue un movimiento que, precisamente por no ser religioso sino su contrafigura, fue especialmente reprimido por el bando vencedor, que tuvo hacia la presunta conspiraci√≥n judeomas√≥nica una verdadera obsesi√≥n.

La cruz que se eleva sobre la Abad√≠a del Valle de los Ca√≠dos (Juan de √Āvalos) preside el paisaje de la Sierra de Guadarrama, imponi√©ndose incluso sobre la mole del cercano Monasterio de El Escorial, con el que guarda una relaci√≥n simb√≥lica evidente.
Escriv√° de Balaguer se dirige a una audiencia femenina.

Nacionalcatolicismo

Artículo principal: Nacionalcatolicismo
La profesi√≥n y pr√°ctica de la Religi√≥n Cat√≥lica, que es la del Estado espa√Īol, gozar√° de la protecci√≥n oficial.

El Estado asumir√° la protecci√≥n de la libertad religiosa, que ser√° garantizada por una eficaz tutela jur√≠dica que, a la vez, salvaguarde la moral y el orden p√ļblico...

El Estado reconoce y ampara a la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos y deberes anteriores y superiores a toda ley humana positiva. El matrimonio será uno e indisoluble. El Estado protegerá especialmente a las familias numerosas.

Fuero de los espa√Īoles de 1945: art√≠culos 6 y 22[105]

Tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, el Vaticano fue el mayor apoyo internacional del gobierno de Francisco Franco, manifestado en lo que fue el mayor evento internacional ‚ÄĒtanto religioso como civil‚ÄĒ celebrado en Espa√Īa en esos a√Īos: el Congreso Eucar√≠stico Internacional de Barcelona (1952), que de hecho signific√≥ el comienzo de la apertura al exterior con intercambios cada vez mayores en todos los t√©rminos, y tambi√©n el fin de la sociedad cerrada de los a√Īos cuarenta, en que la imposici√≥n de una forma oscurantista y represora de entender religi√≥n era omnipresente en todos los aspectos de la vida p√ļblica y privada[106]

Con un lenguaje marcadamente agustinista, el Concordato de 1953 reconocía importantísimas áreas competenciales al papado, y una libertad de expresión y actuación de la que no gozaba ninguna otra institución ni individuo (cosa que produciría conflictos en el futuro), al tiempo que garantizaba a Franco el ejercicio del derecho de presentación de obispos que tradicionalmente correspondía los reyes (y que continuó vigente y utilizado hasta que Juan Carlos I renunció a él en julio de 1976).[107]

En el nombre de la Sant√≠sima Trinidad..., en conformidad con la Ley de Dios y la tradici√≥n cat√≥lica de la Naci√≥n espa√Īola...

La Religi√≥n Cat√≥lica, Apost√≥lica Romana, sigue siendo la √ļnica de la Naci√≥n espa√Īola y gozar√° de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Can√≥nico.

El Estado espa√Īol reconoce a la Iglesia Cat√≥lica el car√°cter de sociedad perfecta y le garantiza el libre y pleno ejercicio de su poder espiritual y de su jurisdicci√≥n, as√≠ como el libre y p√ļblico ejercicio del culto... la Santa Sede podr√° libremente promulgar y publicar en Espa√Īa cualquier disposici√≥n relativa al gobierno de la Iglesia y comunicar sin impedimento con los Prelados, el clero y los fieles del pa√≠s, de la misma manera que √©stos podr√°n hacerlo con la Santa Sede.

Gozar√°n de las mismas facultades los Ordinarios y las otras Autoridades eclesi√°sticas en lo referente a su Clero y fieles.

Concordato con la Santa Sede de 27 de agosto de 1953: encabezamiento y artículos 1 y 2[108]

Los cat√≥licos eran considerados como una de las familias del franquismo, y el nacionalcatolicismo como una de sus principales se√Īas de identidad, al menos hasta el Concilio Vaticano II, pero eso no ocultaba la existencia de distintas corrientes dentro del complejo mundo englobado en la expresi√≥n "los cat√≥licos": desde posturas cercanas a la democracia cristiana europea (Joaqu√≠n Ruiz-Gim√©nez), los activistas de la Acci√≥n Cat√≥lica y sus secciones (presentes en el mundo laboral, a veces solapados e incluso enfrentados con la "familia nacionalsindicalista" o falangista), la prensa cat√≥lica (√Āngel Herrera Oria y el diario Ya) o la debatida actividad del Opus Dei, fundado en 1928 por Jos√© Mar√≠a Escriv√° de Balaguer, algunos de cuyos miembros alcanzaron desde finales de los a√Īos cincuenta una considerable presencia en el mundo pol√≠tico (los ministros tecn√≥cratas: Gregorio L√≥pez Bravo, Laureano L√≥pez Rod√≥) y econ√≥mico (Banco Popular) vi√©ndose afectados por la repercusi√≥n medi√°tica y la instrumentalizaci√≥n pol√≠tica de algunos esc√°ndalos del final del franquismo (Matesa). M√°s tarde, el fundador ser√≠a beatificado (1999) y canonizado (2002) por Juan Pablo II, tras erigir a la Obra en una prelatura personal.

V√©anse tambi√©n: Nacionalcatolicismo, Historia de la prensa en Espa√Īa y Opus Dei
Iglesia de Nuestra Se√Īora del Carmen en Punta Umbr√≠a (Huelva), de Miguel Fisac.

Aggiornamento

A partir del Concilio Vaticano II (que fue calificado como un "aggiornamento" o puesta al d√≠a), la Iglesia espa√Īola experiment√≥ profundas transformaciones, empezando por las relativas a la aplicaci√≥n de sus consecuencias. Las m√°s evidentes fueron los cambios lit√ļrgicos: de la misa en lat√≠n a las lenguas vern√°culas (en la mayor parte de Espa√Īa en castellano, y en menor medida en las dem√°s lenguas no oficiales en ese momento ‚ÄĒcatal√°n, gallego y vasco‚ÄĒ, con alguna controversia). El aspecto tradicional de las iglesias, recargadas de im√°genes, es sustituido en las de nueva creaci√≥n por espacios di√°fanos, vitrales abstractos y simplicidad decorativa, que deja un protagonismo m√°ximo a los crucifijos de grandes dimensiones, lo que las hace asemejarse a los templos protestantes. Hab√≠an marcado el precedente las iglesias de los agustinos de Moratalaz y de los dominicos de Alcobendas (1955), ambas de Miguel Fisac, en ese momento pr√≥ximo al Opus Dei.[109] La m√ļsica de √≥rgano, el gregoriano y la polifon√≠a pierden su monopolio, y comienza a ser habitual encontrarse con grupos musicales juveniles que introducen instrumentos propios del pop (guitarras, percusi√≥n) y cambian los h√°bitos por un atuendo m√°s callejero, como hacen los mismos sacerdotes, no sin esc√°ndalo de la opini√≥n m√°s conservadora.

Cada vez se hizo m√°s habitual la presencia de cristianos en la oposici√≥n al franquismo, incluyendo a miembros de la jerarqu√≠a apoyados por el pontificado de Pablo VI (considerado "progresista"), con notables esc√°ndalos, como el protagonizado por Monse√Īor A√Īoveros. Cabeza visible de esta corriente era Vicente Enrique y Taranc√≥n, que ya se hab√≠a hecho notar por su sensibilidad social en marzo de 1950 con una pastoral titulada El pan nuestro de cada d√≠a,[110] y que demostr√≥ tener la confianza del Vaticano al suceder al "conservador" Casimiro Morcillo en el arzobispado de Madrid (1971, en un momento delicado, los √ļltimos a√Īos de Franco, que a√ļn ejerc√≠a el derecho de presentaci√≥n de obispos). Taranc√≥n, que hab√≠a sido en los a√Īos 1950 secretario del Episcopado Espa√Īol, se convirti√≥ en presidente de la conferencia episcopal espa√Īola (instituci√≥n fundada en 1966).[111]

En lo que empez√≥ a denominarse comunidades cristianas de base se cont√≥ con la presencia de los llamados curas obreros, entre los que destac√≥ el Padre Llanos, en el Pozo del T√≠o Raimundo (periferia chabolista de Madrid). Las Hermandades Obreras de Acci√≥n Cat√≥lica (HOAC) empezaron a entrar en contacto con la actividad de los sindicatos clandestinos vinculados a los partidos ilegales (socialista o comunista), fund√°ndose uno de inspiraci√≥n cristiana: la USO (Uni√≥n Sindical Obrera). El mundo del nacionalismo vasco, siempre pr√≥ximo al clero local, vio c√≥mo al tradicional PNV se le a√Īad√≠a una escisi√≥n partidaria de la acci√≥n terrorista (ETA),[112] que fue evolucionando hacia la ideolog√≠a marxista y tercermundista. En el √°mbito social, la presencia del clero fue esencial en el movimiento cooperativista de Mondrag√≥n (fundado por Jos√© Mar√≠a Arizmendiarrieta en 1956). En Catalu√Īa, el Monasterio de Montserrat acogi√≥ en diversas ocasiones a movimientos catalanistas y de oposici√≥n al franquismo. Adem√°s de Uni√≥ Democr√†tica de Catalunya, el partido democristiano catalanista existente desde la Segunda Rep√ļblica, se fund√≥ en 1956 Crist i Catalunya o Cat√≤lics Catalans, reconvertido en la Converg√®ncia Democr√†tica de Catalunya de Jordi Pujol, que tuvo en el mismo monasterio su asamblea fundacional el 17 de noviembre de 1974.[113] Un momento de fuerte tensi√≥n fue la campa√Īa Volem bisbes catalans! (¬°Queremos obispos catalanes!), lanzada contra el nombramiento de Marcelo Gonz√°lez Mart√≠n como arzobispo de Barcelona en 1967.

M√°s importante num√©ricamente fue la parte los obispos y de los movimientos cat√≥licos de actitudes m√°s tradicionales o "conservadoras", incluso algunos que pueden considerarse pr√≥ximos al b√ļnker (ultraderecha): tanto en la jerarqu√≠a (Monse√Īor Jos√© Guerra Campos, de destacada actividad en las cortes franquistas, y fundador de la Hermandad Sacerdotal Espa√Īola), como en movimientos de inspiraci√≥n cat√≥lica, pero cuya vinculaci√≥n con la iglesia institucional es m√°s lejana, y que se implicaron en actividades violentas (Guerrilleros de Cristo Rey).

Muchos cl√©rigos y seglares cat√≥licos salieron al exterior en labores misionales, siendo especialmente importante la presencia de cl√©rigos espa√Īoles en Am√©rica Latina, donde algunos de ellos participaron en la construcci√≥n del movimiento denominado teolog√≠a de la liberaci√≥n, enfrent√°ndose con las estructuras de poder pol√≠tico y econ√≥mico, y con el mismo Vaticano (Ignacio Ellacur√≠a, asesinado con otros jesuitas en El Salvador, o Pedro Casald√°liga que prosigue su actividad en Brasil).

Pero lo que puede considerarse como cambio m√°s llamativo de la √ļltima etapa del franquismo fue la secularizaci√≥n de la sociedad espa√Īola. La modernizaci√≥n econ√≥mica, la emigraci√≥n del campo a la ciudad o a Europa, la influencia del turismo y la apertura al exterior, fueron todos factores que influyeron en una cada vez mayor liberalizaci√≥n de las costumbres: crisis de la familia tradicional, b√ļsqueda de la planificaci√≥n familiar, uso de anticonceptivos, relaciones prematrimoniales, nuevas formas de ocio, movimientos juveniles, un incipiente feminismo... Los valores de la sociedad de consumo, urbana e industrial prevalec√≠an sobre los valores de la sociedad preindustrial. El distanciamiento que grupos cada vez mayores de la poblaci√≥n espa√Īola demostraban con sus actitudes y opiniones no ten√≠a que ver, como en los a√Īos anteriores a la guerra civil, con un anticlericalismo violento. Tampoco era consecuencia de las consignas pol√≠ticas de izquierda, de seguimiento minoritario, que consideraban a la Iglesia como uno de los "poderes f√°cticos".[114] La "Espa√Īa real" se alejaba cada vez m√°s de la "Espa√Īa oficial", y junto a esta, de lo que se identificaba con ella, incluidas las pr√°cticas religiosas, a pesar de las transformaciones que pretend√≠an hacerlas atractivas para j√≥venes y gentes de sensibilidad avanzada. La llamada crisis de vocaciones amenazaba con vaciar los seminarios y los conventos, al tiempo que, por otros motivos, se llenaba la c√°rcel especial para religiosos y se acumulaban peticiones se secularizaci√≥n de sacerdotes. Los tiempos de la posguerra, en que hubo incluso reclutamiento de "vocaciones tard√≠as", hab√≠an quedado atr√°s.

Desde el final de la Guerra Civil y durante la d√©cada de los cuarenta el n√ļmero de seminaristas mayores pas√≥ de unos dos mil a ocho mil, cifra alcanzada en 1952, que se mantendr√° con cierto crecimiento hasta 1964. Este n√ļmero convert√≠a al clero espa√Īol en el m√°s joven de Europa y porcentualmente por encima de la media europea e incluso mundial. En la d√©cada de los sesenta comienza un continuo descenso. En 1962 la proporci√≥n era de un sacerdote por cada 1.228 habitantes; al final del franquismo ser√≠a de uno por cada 1.468. A partir de 1962 se reduce el n√ļmero de regulares no s√≥lo por el descenso de los ingresos, sino tambi√©n por el creciente n√ļmero de abandonos sobre todo entre los religiosos varones: 2.639 entre los a√Īos 1966 y 1971. En 1963 s√≥lo 167 hab√≠an abandonado su ministerio; dos a√Īos m√°s tarde la cifra ascend√≠a a 1.189, para alcanzar la cifra de 3.700 en 1970. Muchos de ellos confesaban sentirse insatisfechos con el celibato.

Democracia

1. Se garantiza la libertad ideol√≥gica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin m√°s limitaci√≥n, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden p√ļblico protegido por la ley.

2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

3. Ninguna confesi√≥n tendr√° car√°cter estatal. Los poderes p√ļblicos tendr√°n en cuenta las creencias religiosas de la sociedad espa√Īola y mantendr√°n las consiguientes relaciones de cooperaci√≥n con la Iglesia Cat√≥lica y las dem√°s confesiones.

La Constituci√≥n de 1978, aun proclamando la libertad religiosa, otorga un tratamiento especial de la Iglesia Cat√≥lica. Mucho m√°s compromisos por parte del Estado obtuvo el Vaticano en el Concordato de 1979, tildado por algunos juristas de preconstitucional.[116] Una parte de esas concesiones fue la garant√≠a de continuidad de la financiaci√≥n de la Iglesia Cat√≥lica, que incluso ha ido m√°s all√° del Concordato, que preve√≠a la autofinanciaci√≥n en un futuro que sucesivamente se ha ido retrasando, aunque los √ļltimos acuerdos lo hacen parecer pr√≥ximo. Como procedimiento para los pagos, se ha venido fijando un porcentaje del IRPF (impuesto de la renta) de los contribuyentes que marcan voluntariamente una casilla (un tercio del total de declaraciones) sin que esto suponga para ellos pagar m√°s. Todos los a√Īos ha habido necesidad de suplementar esa cantidad. El total fue de 144 millones de euros en 2005. Adem√°s de eso, la Iglesia goza de exenciones de impuestos (que est√°n siendo cuestionadas por la Uni√≥n Europea), y subvenciones a m√ļltiples instituciones por muy distintas razones, normalmente en atenci√≥n a su funci√≥n social (educativa, asistencial, cultural, preservaci√≥n del patrimonio, etc.). Las dem√°s confesiones religiosas suelen quejarse por no recibir un trato semejante.[117]

Estatua de Juan Pablo II ante la Catedral de la Almudena de Madrid, la √ļltima construida en Espa√Īa y la √ļnica de toda su historia que ha sido consagrada por un Papa.

La Conferencia Episcopal Espa√Īola suele presentarse por los medios de comunicaci√≥n dividida entre obispos de dos sensibilidades: "moderada" (ya no suele utilizarse el t√©rmino "progresista" de los a√Īos 1970), y "conservadora",[118] ganando terreno esta √ļltima a partir de los a√Īos 1980 (presidencias de El√≠as Yanes, Antonio Mar√≠a Rouco Varela, y en los √ļltimos a√Īos Ricardo Bl√°zquez P√©rez). Tambi√©n se han reflejado tensiones territoriales que reproducen las existentes en la configuraci√≥n auton√≥mica del estado. Se ha llegado a solicitar al Vaticano la constituci√≥n formal de una conferencia separada o Provincia Tarraconense para las di√≥cesis catalanas, que suelen coordinarse entre s√≠. De un modo similar tambi√©n lo hacen las di√≥cesis vasconavarras. A pesar de todo ello, la sujeci√≥n a la autoridad papal, transmitida directamente o mediante la figura del Nuncio apost√≥lico ha hecho que fueran escasos los momentos que pueden considerarse verdaderamente problem√°ticos.[119] Quiz√° los m√°s notables fueron los protagonizados por la actitud pol√©mica hacia el terrorismo de ETA del obispo de San Sebasti√°n Jos√© Mar√≠a Seti√©n, que no obstante siempre recibi√≥ la solidaridad de la Conferencia. Mucha menor trascendencia han tenido algunos enfrentamientos entre di√≥cesis, como la de los pueblos aragoneses que han pasado a depender de Huesca y reclaman su patrimonio art√≠stico que est√° depositado en L√©rida, en un litigio que ha llegado al Vaticano y a√ļn no est√° resuelto.[120]

Las comunidades cristianas de base (cuya presencia social no parece haber aumentado desde la época de los curas obreros), y movimientos como la Asociación de Teólogos Juan XXIII (Enrique Miret Magdalena, Juan José Tamayo), se han distanciado notablemente de la jerarquía eclesiástica, planteando varias líneas de divergencia:

  • movimiento por el celibato opcional
  • cuestionamiento del papel de la mujer en la Iglesia (mucho menos radical que en las confesiones protestantes de Estados Unidos y el Norte de Europa)
  • opci√≥n preferencial por los pobres (en la actualidad, el caso de la parroquia de San Carlos Borromeo en Vallecas, Madrid)

En cambio, las visitas a Espa√Īa de Juan Pablo II, desde 1982, permitieron la visibilizaci√≥n de la fuerza del catolicismo "tradicional", pasada la Transici√≥n. Es muy notable que las movilizaciones masivas contra determinados proyectos pol√≠ticos hayan sido mucho m√°s importantes en los √ļltimos a√Īos (sobre temas relativos a la ense√Īanza y el matrimonio homosexual) que los realizados en los a√Īos 1980 contra el divorcio y el aborto. La posibilidad de crear un partido confesional, descartada desde la Transici√≥n, se ha vuelto a considerar como una de las posibles reacciones al terreno perdido en lo que tanto desde el Vaticano como desde la jerarqu√≠a eclesi√°stica se considera una vi√Īa devastada por los jabal√≠es del laicismo y un pa√≠s de misi√≥n.[121]

Procesión de la Custodia el día del Corpus Christi en Toledo.
La Virgen de los Desamparados, en Valencia, es objeto de una espectacular ofrenda floral, una de las muestras de devoci√≥n mariana que hacen de Espa√Īa lo que se ha dado en llamar la "Tierra de Mar√≠a Sant√≠sima".

Pervivencia de la religiosidad popular

¬ŅC√≥mo se define Ud. en materia religiosa: cat√≥lico, creyente de otra religi√≥n, no creyente o ateo?

Cat√≥lico 77.3 %

Creyente de otra religi√≥n 1.7 %

No creyente 12.4 %

Ateo 6.5 %

No contesta 2.1 %

Pregunta 32 del Barómetro del CIS de abril de 2007[122]
¬ŅCon qu√© frecuencia asiste Ud. a misa u otros oficios religiosos, sin contar las ocasiones relacionadas con ceremonias de tipo social, por ejemplo, bodas, comuniones o funerales? (preguntado s√≥lo a quienes se definen como cat√≥licos o creyentes de otra religi√≥n)

Casi nunca 53.3 %

Varias veces al a√Īo 15.9 %

Alguna vez al mes 11.3 %

Casi todos los domingos y festivos 16.2 %

Varias veces a la semana 2.3 %

No contesta 0.9 %

Pregunta 32a

Estad√≠sticas comparativas consideran que Espa√Īa es el octavo pa√≠s cat√≥lico del mundo por n√ļmero de fieles: 37,165,000 (un 87.79% de un total de 42,335,000 habitantes), y su estructura institucional es de las m√°s desarrolladas (70 di√≥cesis, 25,281 sacerdotes -16,920 de ellos diocesanos y el resto "religiosos"- 176 di√°conos permanentes, 13,364 religiosos masculinos 52,243 religiosas femeninas y 22,680 parroquias).[123]

Las encuestas de adscripci√≥n religiosa del CSIC est√°n sujetas a todo tipo de interpretaci√≥n o valoraci√≥n, as√≠ como el porcentaje de contribuyentes que ponen la "crucecita" en la declaraci√≥n de la renta (un tercio). Otras cosas son evidentes: consciente o inconscientemente la vida de la mayor√≠a de los espa√Īoles sigue presidida por un ritmo sacramental cristiano (bautizo, comuni√≥n, boda, funeral), aunque el porcentaje de seguimiento de estas pr√°cticas se ha reducido sustancialmente: las bodas civiles han pasado del 24% en 2000 al 44% en 2006.[124] Los nombres que se ponen a los hijos siguen siendo los cristianos, incluso entre los no creyentes.[125] El ritmo laboral sigue marcado por las "fiestas de guardar" (sea cual sea el valor espiritual que les den los que las disfrutan, puesto que domingos, festivos y vacaciones est√°n casi mayoritariamente secularizados y sometidos a las nuevas formas de ocio). No hay en Espa√Īa un debate similar al franc√©s para la "multiculturalizaci√≥n" del calendario de fiestas.

La secularizaci√≥n generalizada de todos los √°mbitos de la vida social, hace que se produzcan interferencias entre las creencias particulares de los cat√≥licos y lo que se espera socialmente del ejercicio de algunas actividades profesionales, notablemente en el caso de los m√©dicos y los farmac√©uticos. Se han llegado a dar conflictos en este √°mbito, utilizando un considerable n√ļmero de ellos el recurso a la objeci√≥n de conciencia en temas como la pr√°ctica legal de abortos, la dispensaci√≥n de anticonceptivos y la llamada p√≠ldora del d√≠a siguiente.[126] En el caso de los jueces, la aplicaci√≥n de la ley del matrimonio homosexual ha suscitado tambi√©n un intento similar, que no ha sido admitido por el Consejo General del Poder Judicial.[127]

Las manifestaciones multitudinarias siguen significando movilizaciones de identidad local, regional o nacional: Semana Santa en Espa√Īa, Romer√≠a del Roc√≠o, Procesi√≥n del Corpus de Toledo, Misterio de Elche, pasiones vivientes, ciclo festivo de la Navidad (con costumbres como el belenismo, o los regalos de Reyes), cofrad√≠as que presiden la vida social de algunas localidades (blancos y azules en Lorca), devociones muy extendidas en determinados colectivos (rosarios, novenas, vigilias, campanilleros...). Desde un punto de vista quiz√° fr√≠volo, pueden considerarse las fiestas de moros y cristianos, muy significativas por la identificaci√≥n con la concepci√≥n de la historia que transmiten, con un referente religioso al fin y al cabo.

En muchas localidades rurales, la misa dominical sigue siendo el principal acto social. Los ritmos anuales ligados a la naturaleza y la agricultura siguen siendo importantes en las zonas rurales, y hacen que las festividades religiosas ligadas a la cosecha de cereal y a la vendimia sigan siendo muy importantes (San Juan, la Virgen de Agosto...). En cambio el carnaval, considerado tradicionalmente como una "contrafigura" de la Semana Santa, se ha secularizado por completo. En el lado contrario, la identificaci√≥n nacionalista (Monserrat), localista (Virgen de los Desamparados, Virgen de la Macarena) o "hisp√°nica" (Virgen del Pilar, Virgen de Covadonga), de profundo arraigo en una sensibilidad f√°cilmente manipulable, permite la instrumentalizaci√≥n pol√≠tica de las devociones religiosas, que sin llegar a la violencia de √©pocas pasadas, produce puntualmente alg√ļn esc√°ndalo (por ejemplo los suscitados por las parodias de Els Joglars).

Espa√Īa, Tierra de Mar√≠a Sant√≠sima

Juan Pablo II tuvo en sus visitas a Espa√Īa varias referencias a este t√≥pico.[128]

Os llevo a todos en mi coraz√≥n, hasta siempre Espa√Īa, tierra de Mar√≠a Sant√≠sima
Discurso en la Plaza de Colón de Madrid

En otra alocuci√≥n, en el Roc√≠o, puede interpretarse que se refiere tanto a Espa√Īa como de forma restringida a Andaluc√≠a, que tambi√©n suele exhibir ese lema:

Esa devoción mariana, tan arraigada en esta tierra de María Santísima
Discurso en El Rocío
La construcci√≥n del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, iniciado por Gaud√≠, es muestra de la pervivencia del cristianismo como religi√≥n ampliamente mayoritaria en Espa√Īa contempor√°nea.

Nuevas instituciones

La persistencia de la dificultad de renovaci√≥n de vocaciones religiosas ha producido el envejecimiento del clero (la media de edad de los sacerdotes en activo es de 63,3 a√Īos) e incluso dificultades graves en la atenci√≥n parroquial (de las 23.286 parroquias, 10.615 no tienen sacerdote residente).[129] A pesar de todo ello, los √ļltimos a√Īos se han caracterizado por una intensificaci√≥n de la presencia social de personas e instituciones vinculadas a la Iglesia cat√≥lica, notable en muchos √°mbitos:

  • C√°ritas, organizada a nivel diocesano y con una confederaci√≥n estatal, es la m√°s importante ONG espa√Īola, y organiza un numeroso voluntariado en distintos programas contra la pobreza, la marginaci√≥n y otros problemas sociales.
  • Los centros sanitarios y asistenciales vinculados de alguna manera a entidades cat√≥licas son muy numerosos: 97 hospitales, 113 ambulatorios, 943 hogares para ancianos e inv√°lidos, 549 orfanatos y guarder√≠as, 108 consultorios familiares y otros centros para la protecci√≥n de la vida [antiabortistas] y 2.405 centros especiales de educaci√≥n o reeducaci√≥n social.[130]
  • La Educaci√≥n Religiosa est√° muy extendida, no tanto por los colegios privados (de pago), como, en su mayor√≠a, a trav√©s de colegios concertados.
    • Estos √ļltimos mantienen un ideario fijado por la propiedad (la gran mayor√≠a de ellos de inspiraci√≥n religiosa), pero son gratuitos, subvencionados por las administraci√≥n p√ļblica a trav√©s de un concierto (aunque en la pr√°ctica los padres han de afrontar un coste econ√≥mico algo mayor que en los colegios p√ļblicos a trav√©s de las actividades extraescolares o las asociaciones te√≥ricamente voluntarias, el uniforme, etc); escolarizan a m√°s del 30% de los alumnos en los niveles obligatorios.[131]
    • La que es claramente mayoritaria es la elecci√≥n de la asignatura de religi√≥n (77% del alumnado, con una tendencia decreciente en el tiempo y con la edad de los alumnos),[132] de oferta obligada en todos los colegios e institutos, y optativa para los alumnos. Tras distintos cambios de modelo desde la Transici√≥n (en que la asignatura de religi√≥n dej√≥ de ser obligatoria), actualmente (curso 2010-2011) la clase de religi√≥n cuenta con una alternativa no confesional (Historia y Cultura de las Religiones) y con "Medidas de Atenci√≥n Educativa" si el alumno no opta por ninguna de ellas. Si el n√ļmero de alumnos que lo pidiera fuera suficiente, las autoridades educativas tambi√©n deben ofrecer ense√Īanza religiosa en otras confesiones de "notorio arraigo" (protestantismo, juda√≠smo o islam). La contrataci√≥n y pago de los profesores de religi√≥n corresponde a la administraci√≥n educativa, pero su elecci√≥n corresponde al obispo de cada di√≥cesis, que puede no renovarlos si su conducta (incluso su vida privada o extraescolar) no se atiene a lo que √©ste considera apropiado por cuestiones morales o doctrinales. Esta peculiar relaci√≥n laboral ha sido objeto de varios litigios, pero est√° avalada por la jurisprudencia del Tribunal Constitucional.[133]
    • Las asociaciones de padres cat√≥licos CONCAPA (Confederaci√≥n Cat√≥lica de Asociaciones de Padres de Alumnos) y las patronales de colegios religiosos FERE (Federaci√≥n Espa√Īola de Religiosos de la Ense√Īanza, no siempre coincidente con las orientaciones de los obispos, al menos en la actual pol√©mica por la objeci√≥n a la asignatura de Ciudadan√≠a, de la que son partidarios de contemporizar)[134] y CECE (Confederaci√≥n Espa√Īola de Centros de Ense√Īanza, frontalmente contraria a la asignatura)[135]
    • Mucha menor presencia en el alumnado tienen las universidades privadas (8% del alumnado), entre las que las de orientaci√≥n cristiana son numerosas (San Pablo CEU, ESADE, Universidad de Deusto, Universidad de Navarra, Universidad Ram√≥n Llull...), varias de ellas gestionadas por los jesuitas. La Universidad Cat√≥lica San Antonio (Murcia), vinculada al Camino neocatecumenal de Kiko Arg√ľello (un movimiento laico cat√≥lico de creciente influencia),[136] ha tenido incluso algunos roces con el episcopado de esa di√≥cesis.[137] Siguen existiendo las antiguas Universidades Pontificias (Salamanca y Comillas).[138]
  • Medios de comunicaci√≥n
    • Prensa: desaparecido el diario Ya (de la Editorial Cat√≥lica) no se ha conseguido alcanzar su nivel de influencia. Los responsables de comunicaci√≥n en distintos niveles eclesi√°sticos han realizado algunos intentos para producir √≥rganos de difusi√≥n escrita m√°s modernos y sofisticados que las tradicionales hojas parroquiales. Uno de ellos es la revista Alfa y Omega de la Archidi√≥cesis de Madrid, distribuida como suplemento con el peri√≥dico ABC.[139]
    • Radio: la COPE es una cadena de emisoras cuya propiedad es de la Conferencia Episcopal, y que ha aumentado muy notablemente su audiencia, sobre todo en los √ļltimos a√Īos (desde 2004) a ra√≠z de la nueva estrategia de oposici√≥n pol√≠tica y social al gobierno de Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero. El protagonismo en ello del periodista radiof√≥nico Federico Jim√©nez Losantos ha contado con diferentes grados de aceptaci√≥n y rechazo dentro de la misma jerarqu√≠a.
    • Televisi√≥n: aunque ha habido intentos, la Iglesia Cat√≥lica no ha conseguido que ninguna televisi√≥n generalista de las de amplia audiencia tenga orientaci√≥n religiosa. Popular TV (del mismo grupo de comunicaci√≥n que la COPE) ha alcanzado hasta ahora muy poca difusi√≥n.[140]
    • Internet dispone de multitud de sitios web en que distintas instituciones cat√≥licas se presentan.[141] Su influencia, o al menos su repercusi√≥n medi√°tica es inferior a las de otros foros.
La Iglesia en Espa√Īa, en cifras
  • 315.000 ni√Īos reciben el Bautismo cada a√Īo.
  • 10 millones de cat√≥licos asisten a misa cada domingo.
  • Cerca de 1.400.000 ni√Īos asisten a centros educativos de la Iglesia.
  • M√°s de 25.000 hu√©rfanos, y m√°s de 57.000 ancianos, son cuidados por personas de la Iglesia.

La Iglesia trabaja en:

  • M√°s de 200 centros hospitalarios, ambulatorios y dispensarios.
  • 876 casas para ancianos, enfermos cr√≥nicos, inv√°lidos y minusv√°lidos.
  • Cerca de 900 orfanatos y centros para la tutela de la infancia.
  • 144 centros de caridad y sociales, y 300 consultorios para la defensa de la vida y la familia.
  • M√°s de 300 guarder√≠as.
    Alfa y Omega, semanario de la Archidiócesis de Madrid.[142]

El crecimiento actual de otras confesiones cristianas

Tiene un alcance limitado en el conjunto de la población, pero muy importante en grupos que pueden ver en la religión un mecanismo de preservación de la identidad:

  • Iglesias evang√©licas entre la poblaci√≥n gitana.
  • Iglesias evang√©licas entre los inmigrantes latinoamericanos.
  • Iglesias ortodoxas entre los inmigrantes rumanos (utilizaci√≥n compartida de parroquias cat√≥licas y construcci√≥n de una gran iglesia en Alcal√° de Henares)[143] y b√ļlgaros.

Desde 1895 hay actividad religiosa del cristianismo ortodoxo u oriental en Espa√Īa, actualmente en dos parroquias diferentes, cada una dependiente de su patriarcado: la parroquia de San Andr√©s y San Demetrio (Madrid, 1949, consagrada en 1973) de la Iglesia Ortodoxa Griega, que depende de Constantinopla a trav√©s del exarca de Par√≠s; y la parroquia de la Sant√≠sima Virgen Mar√≠a (1979, a√ļn sin templo propio) de la Iglesia Ortodoxa Rumana, dependiente del Patriarcado de Ruman√≠a.

Las distintas confesiones protestantes espa√Īolas, muy divididas, se han visto estimuladas a constituir conjuntamente la FEREDE (Federaci√≥n de Entidades Religiosas Evang√©licas de Espa√Īa, 10 de noviembre de 1992) para posibilitar el di√°logo con el Estado espa√Īol, dado que se consider√≥ al protestantismo como una de las religiones de "notorio arraigo", condici√≥n que comparte con el Islam y el juda√≠smo (no obstante, cada una de las confesiones tiene que inscribirse separadamente en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia). [144]

Algunas estimaciones calculan en un mill√≥n doscientos mil el n√ļmero de protestantes en Espa√Īa, cuatrocientos mil espa√Īoles de origen y ochocientos mil inmigrantes latinoamericanos o europeos.[145]

Véase también

Referencias

Bibliografía

  • BANGO TORVISO, Isidro (1995) Edificios e im√°genes medievales. Historia y significado de las formas (Historia de Espa√Īa, vol. 11), Madrid: Temas de Hoy ISBN 84-7679-290-5
  • CALLAHAN, William J. Iglesia, poder y sociedad en Espa√Īa 1750-1874, Madrid: Nerea ISBN 84-86763-12-6
  • DOM√ćNGUEZ ORTIZ, Antonio Patrimonio y rentas de la Iglesia, en ARTOLA, Miguel (dir) (1991) Enciclopedia de Historia de Espa√Īa. (I Econom√≠a. Sociedad; II Instituciones pol√≠ticas. Imperio; III Iglesia. Pensamiento. Cultura IV Diccionario Biogr√°fico; V Diccionario Tem√°tico; VI Fuentes), Madrid: Alianza Editorial ISBN 84-206-5294-6
  • FL√ďREZ, Enrique Espa√Īa Sagrada
  • GARC√ćA DE CORT√ĀZAR, Fernando La Iglesia en Espa√Īa: organizaci√≥n, funciones y acci√≥n, en ARTOLA, Miguel (dir)(1991) Enciclopedia de Historia de Espa√Īa. (I Econom√≠a. Sociedad; II Instituciones pol√≠ticas. Imperio; III Iglesia. Pensamiento. Cultura IV Diccionario Biogr√°fico; V Diccionario Tem√°tico; VI Fuentes), Madrid: Alianza Editorial ISBN 84-206-5294-6
  • GARC√ćA C√ĀRCEL, Ricardo (1996) La cultura del Siglo de Oro. Pensamiento, arte y literatura (Historia de Espa√Īa, vol. 17), Madrid: Temas de Hoy ISBN 84-7679-295-6
  • MART√ćNEZ SHAW, Carlos (1996) El siglo de las Luces. Las bases intelectuales del reformismo (Historia de Espa√Īa, vo. 19), Madrid: Temas de Hoy ISBN 84-7679-297-2
  • MEN√ČNDEZ PELAYO, Marcelino Historia de los heterodoxos espa√Īoles

Exposiciones y cat√°logos

Notas

  1. ‚ÜĎ Luis Su√°rez Fern√°ndez (2001), La doctrina del m√°ximo religioso, en la P√°gina Oficial de la Comisi√≥n para la Causa de Canonizaci√≥n de la Reina Isabel la Cat√≥lica. .
  2. ‚ÜĎ Marcel Bataillon, Erasmo y Espa√Īa. Estudio sobre la historia espiritual del siglo XVI.
  3. ‚ÜĎ Men√©ndez Pelayo, op. cit.
  4. ‚ÜĎ Sonata de Invierno. Un estudio sobre este t√≥pico en Maricarmen Mart√≠nez Valle Incl√°n, la est√©tica de un Don Juan feo, cat√≥lico y sentimental, accesible en [1]
  5. ‚ÜĎ Teolog√≠a y secularizaci√≥n en Espa√Īa. A los cuarenta a√Īos de la clausura del Concilio Vaticano II, Instrucci√≥n Pastoral de la Conferencia Episcopal, Madrid, 30 de marzo de 2006 [2]; recibida con pol√©mica: Un documento terrible El blog de 21RS, la revista cristiana de hoy
  6. ‚ÜĎ La asistencia semanal a misa caracteriza a m√°s del 17% de la poblaci√≥n, una cifra superior incluso a la de cualquier espect√°culo deportivo en directo (el seguimiento por televisi√≥n supone otras cifras, pero no comparables), y m√°s del 76% se declara cat√≥lica en un grado u otro, cifra incomparable con cualquier otra forma de agrupar la opini√≥n o ideolog√≠a. Estudio del CIS, Clases sociales y estructura social de Espa√Īa.[3], citado extensamente en prensa, por ejemplo: [4]
  7. ‚ÜĎ Julio de Prado Reyero (1980) ¬ŅC√≥mo lleg√≥ el cristianismo a nuestras tierras? en "Castillete", accesible en [5]
  8. ‚ÜĎ Carmelo Arribas P√©rez Revista de Historia, "Medieval", comentado en Extremadura al D√≠a, 12 jul 2007 [6]
  9. ‚ÜĎ Historia de los heterodoxos espa√Īoles, Libro I cap√≠tulo I. Propagaci√≥n del cristianismo en Espa√Īa [7]
  10. ‚ÜĎ F. Prat San Pablo, en Enciclopedia Cat√≥lica
  11. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Bl√°zquez Posible origen africano del cristianismo espa√Īol, en Antigua: Historia y Arqueolog√≠a de las Civilizaciones
  12. ‚ÜĎ Los or√≠genes de la Iglesia en Espa√Īa. Pablo, Santiago y los Varones apost√≥licos.
  13. ‚ÜĎ El Santoral de El √Āngel de la Web
  14. ‚ÜĎ Bernardino Llorca 15 de mayo, Torcuato, obispo y compa√Īeros m√°rtires, accesible en[8]
  15. ‚ÜĎ Lecciones de la c√°tedra de Teolog√≠a (archimadrid.es): Los or√≠genes hist√≥ricos del cristianismo. Lecci√≥n XVII: La difusi√≥n del cristianismo fuera de Palestina[9]. Cita como fuente a Garc√≠a Villada, Historia Eclesi√°stica de Espa√Īa, pg. 168
  16. ‚ÜĎ Diccionario de Historia de Espa√Īa, Madrid: Istmo, 2003
  17. ‚ÜĎ P.Juan Croisset, S.J. San Segundo, obispo y patr√≥n de √Āvila, accesible en [10]
  18. ‚ÜĎ Isidro Bango Torviso op. cit., pg. 12
  19. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Bl√°zquez (dir.) Historia Antigua de Espa√Īa, Madrid: C√°tedra; del mismo autor, Posible origen africano del cristianismo espa√Īol, en Antigua: Historia y arqueolog√≠a de las civilizaciones, accesible en [11]
  20. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Bl√°zquez: La carta 67 de Cipriano y el cristianismo primitivo. Tambi√©n en Carmelo Arribas P√©rez, op. cit..
  21. ‚ÜĎ Enciclopedia Cat√≥lica
  22. ‚ÜĎ Entre 2008 y 2009 se celebrar√° en Tarragona un a√Īo jubilar con motivo del 1750 aniversario [http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=17771 1750 a√Īos de m√°rtires. Benedicto XVI decreta a√Īo jubilar 2008-2009 en Tarragona]
  23. ‚ÜĎ Sermo 302, de Sancto Laurent
  24. ‚ÜĎ Manuscrito del siglo VI recientemente traducido por el religioso agustino Lorenzo Mateu y Sanz y divulgado por la periodista y ling√ľista Janice Bennet. Noticia del 8/11/2008, EP/EFE
  25. ‚ÜĎ Con esta contundencia se expresaron ayer en las Juntas Generales de √Ālava cinco de los veintis√©is estudiosos del equipo de investigaci√≥n promovido por la Diputaci√≥n, propietaria del yacimiento: Revocan el permiso de excavaci√≥n. Estalla el esc√°ndalo de Iru√Īa Veleia por la falsedad de los hallazgos, el correodigital.com 20/11/2008.Gara 20/01/2008 Destacados expertos discrepan abiertamente sobre los hallazgos de Iru√Īa-Veleia. Mart√≠n Almagro Gorbea: ¬ęLos hallazgos de Iru√Īa-Veleia son una broma o una estafa¬Ľ. Blanca Urgell: ¬ęLo que he visto de Veleia creo que es falso¬Ľ
  26. ‚ÜĎ Rese√Īa period√≠stica del hallazgo, con fotograf√≠a, en el correo digital, viernes, 9 de junio de 2006. El director de Iru√Īa Veleia se queda solo en la defensa del fraude. Eliseo Gil mantiene la autenticidad de los hallazgos, mientras la Diputaci√≥n alavesa anuncia que enviar√° el caso a la Fiscal√≠a, art√≠culo en El Correo, 21 de noviembre de 2008
  27. ‚ÜĎ Carmen Argente del Castillo, Concilios de Toledo, en Miguel Artola (dir.) Enciclopedia de Historia de Espa√Īa, tomo 5, pg. 296-297 ISBN 84-206-5241-5
  28. ‚ÜĎ Isidro Bango Torviso, pg. 12 a 15
  29. ‚ÜĎ Isidro Bango Torviso, pg. 16 a 20
  30. ‚ÜĎ Cr√≥nicas, recopiladas sobre todo durante el reinado de Alfonso III (Moz√°rabe, Albeldense...)
  31. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit.,pg. 81
  32. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit.,pg. 87
  33. ‚ÜĎ a b Isidro Bango Torviso op. cit. pgs. 89
  34. ‚ÜĎ Maestros de la Orden en dominicos.org
  35. ‚ÜĎ Itinerario del Camino de Santiago con indicaci√≥n de las tradiciones vinculadas a la estancia de San Francisco[12]
  36. ‚ÜĎ Miguel Artola (dir) Enciclopedia de Historia de Espa√Īa, tomo 5, pg.532-533
  37. ‚ÜĎ Premonstratenses en GER.
  38. ‚ÜĎ Monasterios en Gran Eciclopedia Aragonesa.
  39. ‚ÜĎ Mallorca medieval
  40. ‚ÜĎ Isidro Bango Torviso op. cit. pgs. 80-91
  41. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit., pg. 94
  42. ‚ÜĎ Pedro Santonja (2000) Las doctrinas de los alumbrados espa√Īoles y sus posibles fuentes medievales, en Dicenda. Cuadernos de Filolog√≠a Hisp√°nica pgs. 353-392 ISSN: 0212-2952 [13]
  43. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cti., pg. 86
  44. ‚ÜĎ Isidro Bango Torviso, op. cit., pg. 38
  45. ‚ÜĎ Pero L√≥pez de Ayala, Cr√≥nica del Rey don Enrique, tercero de Castilla e de Le√≥n. Madrid, B.A.E-, 1953, vol. 68, p. 167, accesible en[14]
  46. ‚ÜĎ Rafael Beltran Llavador La huella de ¬ęTirant lo Blanc¬Ľ en la ¬ęCelestina¬Ľ [15]
  47. ‚ÜĎ P√°gina de la Comisi√≥n para la Causa de Canonizaci√≥n de la Reina Isabel la Cat√≥lica [16]. Jos√© Manuel Vidal Isabel la Cat√≥lica, ¬ŅSanta? (Resumen de las vicisitudes del proceso) [17]. De este mismo autor, un art√≠culo enormemente agresivo contra Lustiger, un cardenal opuesto a la beatificaci√≥n [18]
  48. ‚ÜĎ Luis Su√°rez Fern√°ndez, op. cit.
  49. ‚ÜĎ Angel Rodr√≠guez S√°nchez Reyes cat√≥licos de los eclesi√°sticos, en artehistoria
  50. ‚ÜĎ Manuel de la Fuente Mer√°s, El ¬ęErasmismo¬Ľ en la Espa√Īa Imperial. Una aproximaci√≥n a su verdadero significado, en El Catobeplas, agosto de 2005 [19]
  51. ‚ÜĎ Historia de los heterodoxos espa√Īoles, nota 1312 [20]
  52. ‚ÜĎ La Pragm√°tica exceptuaba las universidades de Bolonia, Roma, N√°poles y Coimbra, y puede ser considerada como el punto final del humanismo espa√Īol. Francisco Tom√°s y Valiente (1999) El pensamiento jur√≠dico, en Artola Enciclopedia de Historia de Espa√Īa vol. 3 pg. 355
  53. ‚ÜĎ Pedro Santonja, op. cit.
  54. ‚ÜĎ Pedro Santonja, op. cit.. El texto en cursiva es del Informe del prior de los dominicos de Lucena a la Inquisicl√≥n de C√≥rdoba (1585).
  55. ‚ÜĎ Para Marcel Bataillon no eran protestantes, para Gonz√°lez Noval√≠n y Tellechea, de aut√©ntica naturaleza luterana. Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit., pgs. 31-32
  56. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit., pg. 25
  57. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit., pg. 38
  58. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel op. cit., pg. 6
  59. ‚ÜĎ Barrios Aguilera, Manuel (Ed.) (2006) Los plomos del Sacromonte, invenci√≥n y tesoro, Valencia: Universitad de Valencia ISBN 84-370-6464-3; Serrano Antol√≠n, Patricia: Hacer Historia de lo falso
  60. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit. pg. 39-41
  61. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cort√°zar, op. cit., pg. 40. El catecismo de Astete, con las modificaciones de Gabriel Men√©ndez de Luarca y Benito Sanz y Fores: [21] El catecismo de Ripalda, en su edici√≥n de 1957: [22]
  62. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit. pgs.65-66
  63. ‚ÜĎ Rub√©n Soto Rivera ‚ÄúEl discreto Taicosama: Un caso de casuismo en Baltasar Graci√°n‚ÄĚ
    Ese detalle es un ejemplo de la ret√≥rica graciana del silencio. Dicho mutismo acusa cierta casu√≠stica in politicis, por parte del jesuita aragon√©s. Enrique Tierno Galv√°n aduce que: "Graci√°n introduce la moral casu√≠stica en la pol√≠tica, limit√°ndose simplemente a seguir el esp√≠ritu de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs a la que perteneci√≥." Graci√°n repite un dicho de Ignacio de Loyola, que resume el casuismo jesuita: "Hanse de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos: regla de gran maestro, no hay que a√Īadir comento" (Or√°culo manual, 251). Phillipe Sollers, quien repite dicho aforismo ignaciano-graciano en su art√≠culo "Elogio de la casu√≠stica: En torno a Baltasar Graci√°n", dice que los jesuitas son, a la vez heraclitanos y chinos, concentraci√≥n y saturaci√≥n. El jesuitismo barroco ser√≠a un concepto ingenioso entre dos extremos cognoscibles como el heraclitismo y el mandarinismo
  64. ‚ÜĎ Angel Guti√©rrez Sanz La √Čtica del P. Baltasar Graci√°n. Cap√≠tulo 2: Encuadre hist√≥rico de la moral Graciana [23]. Otros estudios sobre la moral de Graci√°n: L√≥pez Aranguren, Jos√© Luis, "La moral de Graci√°n" (1958), en J. L. Aranguren, Estudios literarios, Madrid, Gredos, 1976. ISBN 84-249-0681-0. pp.113-144 (contiene "Anexo: nota sobre El Critic√≥n", pp.144-150) y Tierno Galv√°n, Enrique, extractado en SOBEJANO, G. "Graci√°n y la prosa de ideas", en: F. Rico (dir.), Historia y cr√≠tica de la literatura espa√Īola, III, Barcelona, Cr√≠tica, 1983, esp. pp. 904-970.
  65. ‚ÜĎ a b Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit., pg. 34
  66. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit., pg.32
  67. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit., pgs. 103-104
  68. ‚ÜĎ Arturo P√©rez-Reverte El capit√°n Alatriste
  69. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit., pgs. 34 a 38. Cita como fuentes a Rafael Carrasco en lo relativo a las Relaciones de milagros, y a Pons Fuster para mossen Sim√≥n.
  70. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit., pgs.97-98
  71. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit., pg.110
  72. ‚ÜĎ Julio Caro Baroja Las brujas y su mundo.
  73. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel, op. cit. pg. 39
  74. ‚ÜĎ Carta de Mart√≠n de Rada a Felipe II Manila, 1 de mayo de 1576, conservada en el Archivo General de Indias. Signatura: Audiencia de Filipinas, Filipinas 84. Localizada y transcrira por Dolors Folch Fornesa.
  75. ‚ÜĎ Carmen Mart√≠n Gaite (1999): El Proceso de Macanaz. Historia de un Empapelamiento, Barcelona: Espasa Calpe. ISBN 84-8450-171-X.
  76. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit., pg. 110
  77. ‚ÜĎ La cr√≠tica al excesivo n√ļmero de festivos se encuentraba ya en algunos autores arbitristas del siglo XVII (Pedro Fern√°ndez de Navarrete) y en el Padre Feijoo. Josefina Castilla Soto La otra cara de la fiesta: algunas de sus posibles repercusiones econ√≥micas, en Espacio. Tiempo y Forma, Serie IV, H¬™ Moderna, t. 10, 1997. p√°gs. 99-118
  78. ‚ÜĎ El Discurso de Campomanes en wikisource
  79. ‚ÜĎ William J. Callahan, op. cit.
  80. ‚ÜĎ Carlos Mart√≠nez Shaw, op. cit. pg. 12
  81. ‚ÜĎ Jos√© Antonio Ferrer Benimeli (2004) La masoner√≠a en Madrid y en Espa√Īa del siglo XVIII al siglo XXI Madrid: Centro de Estudios Hist√≥ricos de la Masoner√≠a Espa√Īola ISBN 84-96223-47-7 [24]
  82. ‚ÜĎ Carlos Mart√≠nez Shaw, op. cit., pg. 68-69
  83. ‚ÜĎ Carlos Mart√≠nez Shaw, op. cit. pg.99
  84. ‚ÜĎ Carlos Mart√≠nez Shaw, op. cit., pg. 69; del mismo autor La ilustraci√≥n cristiana, en artehistoria
  85. ‚ÜĎ Enciclopedia del Protestantismo en Espa√Īa del Centro de Estudios de la Reforma, accesible en[25]
  86. ‚ÜĎ Biograf√≠as de abolicionistas
  87. ‚ÜĎ Presencia en Espa√Īa de: Las Iglesias orientales. Las Iglesias de Occidente. Informaci√≥n procedente del Secretariado de la Comisi√≥n Episcopal de Relaciones Interconfesionales
  88. ‚ÜĎ Art√≠culo Jaime Luciano Balmes, en Enciclopedia Cat√≥lica
  89. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cort√°zar, op. cit., pg. 67
  90. ‚ÜĎ Accesible en esta web
  91. ‚ÜĎ Ricardo Corleto, en una introducci√≥n a una selecci√≥n de textos del libro de Sard√°, que tambi√©n glosa[26]
  92. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cort√°zar, op. cit., pg. 48.
  93. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cortazar, op. cit. pg. 64
  94. ‚ÜĎ El agrarista Jos√© Mar√≠a Lamamie de Clairac, durante los debates de la reforma agraria de la Segunda Rep√ļblica (La Segunda Rep√ļblica y la guerra editado por Octavio Ruiz Manj√≥n-Cabeza, pg. 93). Hay muchas versiones de este episodio (43 resultados en google books), con distintas variaciones de la misma frase, siempre recogida de forma m√°s o menos similar: si Su Santidad me despoja, me har√© cism√°tico; si usted persiste en intentar robar nuestras tierras con citas de las enc√≠clicas, acabaremos volvi√©ndonos cism√°ticos, etc.
  95. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cortazar, op. cit. pg. 65
  96. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cortazar, op. cit. pg. 68
  97. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cort√°zar, op. cit., pgs. 65-66
  98. ‚ÜĎ (1905) Rebeldes !, Rebeldes! per Alejandro Lerroux
  99. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cort√°zar, op. cit., pgs. 69
  100. ‚ÜĎ Garc√≠a de Cort√°zar, op. cit., pg. 66
  101. ‚ÜĎ Jaime Ruiz A vueltas con la cuesti√≥n religiosa [27]
  102. ‚ÜĎ Texto completo de la carta. Texto extractado, comentado desde un punto de vista cercano al de sus redactores
  103. ‚ÜĎ Santos Juli√° (El Pa√≠s, 21/10/2007) Religi√≥n y muerte en la Espa√Īa del 36
  104. ‚ÜĎ Im√°genes y biograf√≠as de obispos comprometidos con el bando franquista en la Guerra Civil, en fuenterrebollo.com
  105. ‚ÜĎ Texto del Fuero de los Espa√Īoles en wikisource
  106. ‚ÜĎ Andr√©s Sope√Īa Monsalve (1994) El florido pensil. Memoria de la escuela nacionalcat√≥lica, Cr√≠tica, Barcelona ISBN-84-7423-673-8; Carmen Mart√≠n Gaite (1990) 9¬™ edici√≥n, Usos amorosos de la postguerra espa√Īola. Barcelona, Anagrama. ISBN 84-339-0085-4
  107. ‚ÜĎ Javier Tusell (2000) 25 a√Īos de monarqu√≠a. El escudo protector de la transici√≥n, en El Pa√≠s Digital, Extra Juan Carlos I. [28]
  108. ‚ÜĎ Texto del Concordato[29]
  109. ‚ÜĎ Miguel Fisac, en zooglea.
  110. ‚ÜĎ Biograf√≠a con motivo del centenario de su nacimiento, en www.cardenaltarancon.org
  111. ‚ÜĎ Web oficial de la Conferencia Episcopal.
  112. ‚ÜĎ Baeza L., √Ālvaro (1995) ETA naci√≥ en un seminario. El gran secreto: historia de ETA (1952-1995) Madrid: ABL
  113. ‚ÜĎ Cronolog√≠a de UDC (en catal√°n).
  114. ‚ÜĎ Juan Carlos Rodr√≠guez Ibarra "Poderes P√ļblicos y Ciudadan√≠a: una visi√≥n desde el Socialismo". Madrid, 11 de noviembre de 2002 Nombra a la Iglesia como uno de los "poderes f√°cticos" en el franquismo y la transici√≥n.
  115. ‚ÜĎ Abd√≥n Mateos y √Ālvaro Soto La Iglesia: crisis y cambio, en [30]
  116. ‚ÜĎ Dionisio Llamazares Los Acuerdos del Estado Espa√Īol con la Santa Sede [31]. Juan G. Bedoya, El Pa√≠s, 25 marzo de 2002: Los acuerdos son preconstitucionales, dice el catedr√°tico Dionisio Llamazares. El ex director general de Asuntos Religiosos lamenta que la Iglesia quiera ser colegisladora, recogido en [32]
  117. ‚ÜĎ La Iglesia se financiar√° exclusivamente con las aportaciones voluntarias del IRPF 20MINUTOS.ES / AGENCIAS. 22.09.2006 [33]. Uno de cada tres contribuyentes marca la casilla de la Iglesia Cat√≥lica en su declaraci√≥n EFE. 22.09.2006 [34]. Bruselas sospecha que las exenciones fiscales a inmuebles de la Iglesia podr√≠an ser ilegales. La Comisi√≥n Europea expres√≥ el pasado 19 de julio sus dudas sobre las exenciones del patrimonio de la Iglesia y espera respuesta del Gobierno AGENCIAS / ELPAIS.com - Bruselas / Madrid - 28/08/2007 [35]
  118. ‚ÜĎ Jos√© Manuel Vida La unidad de Espa√Īa, ¬Ņun bien moral? Cisma en la Conferencia Episcopal, El Mundo, Domingo, 18 de Junio de 2006.[36]
  119. ‚ÜĎ Rouco reconquista el Pa√≠s Vasco con el 'ascenso' de Bl√°zquez a Valladolid, en El Pa√≠s, 14/03/2010. Incluye una breve reconstrucci√≥n hist√≥rica de los momentos de tensi√≥n debidos a la mayor o menor sensibilidad "nacionalista" de la Iglesia en Catalu√Īa y el Pa√≠s Vasco desde el franquismo.
  120. ‚ÜĎ Los bienes del Arag√≥n oriental, especial de El Heraldo, [37] El Vaticano rechaza el recurso del Obispado de Lleida por las obras que reclama Arag√≥n La Vanguardia S√°bado 15 de septiembre 2007 [38]
  121. ‚ÜĎ Expresiones de Benedicto XVI y de Rouco Varela respectivamente, citados en Rouco llama a la reconquista. Movilizaci√≥n general del catolicismo espa√Īol en contra del laicismo. Los propagandistas de la ACdP y la organizaci√≥n Hazte O√≠r discrepan sobre la conveniencia de crear con urgencia un partido pol√≠tico confesional, El Pa√≠s, 2/01/2010.
  122. ‚ÜĎ SAS Output
  123. ‚ÜĎ Statistics by Country, by Catholic Population [Catholic-Hierarchy]
  124. ‚ÜĎ M√≥nica C. Belaza, 'Espa√Īa se seculariza El Pa√≠s, 10 de enero de 2008, que cita como fuente los datos del INE
  125. ‚ÜĎ INE: Nombres por provincia y d√©cada de nacimiento. [39]. Por total nacional y provincias, sin tener en cuenta la fecha de nacimiento. [40] En todas los nombres m√°s usados son cristianos excepto en Ceuta y Melilla (Mohammed)
  126. ‚ÜĎ Inma √Ālvarez, P√≠ldora del d√≠a despu√©s y objeci√≥n de conciencia, en Alfa y Omega, 12 de julio de 2001
  127. ‚ÜĎ El CGPJ se ratifica contra la objeci√≥n de conciencia de los jueces para casar a homosexuales, [41], 3 de noviembre de 2006
  128. ‚ÜĎ [42][43]. Un art√≠culo sobre la devoci√≥n mariana en Espa√Īa: Francisco Jos√© Fern√°ndez de la Cigo√Īa Espa√Īa, tierra de Mar√≠a[44]
  129. ‚ÜĎ Datos de 2005 usados por el cardenal Antonio Mar√≠a Rouco en su discurso ante la asamblea de la Conferencia Episcopal, el lunes 23 de noviembre de 2009. Citado en El Pa√≠s, 30 de noviembre de 2009. Art√≠culo descriptivo: Pocos curas y muy atareados. P√°rrocos espa√Īoles (o inmigrantes) que cada vez abarcan m√°s pueblos, monjas que contratan ayuda... As√≠ se adapta la Iglesia a la falta de vocaciones y la vejez, 17/01/2011.
  130. ‚ÜĎ Estad√≠sticas sobre la Iglesia Cat√≥lica en Espa√Īa
  131. ‚ÜĎ En la Comunidad de Madrid el 88% de los centros concertados son cat√≥licos y resulta que de los 1.038.000 alumnos que hay este curso, el 25% estudiar√° en este tipo de centros, lo que supone alrededor de 260.000 alumnos [45]. Seg√ļn el Ministerio de Educaci√≥n, para 2004 y sin indicar la parte correspondiente a los colegios religiosos:
    De cada 100 alumnos: en educaci√≥n infantil, 65 asisten a centros p√ļblicos, 18 a centros privados concertados y 16 a centros privados no concertados; en educaci√≥n primaria, 67 asisten a centros p√ļblicos, 30 a centros privados concertados y tres a centros privados no concertados; en educaci√≥n secundaria obligatoria, 66 asisten a centros p√ļblicos, 31 a centros privados concertados y tres a centros privados no concertados; en el conjunto de la educaci√≥n secundaria post-obligatoria, 75 asisten a centros p√ļblicos, 14 a centros privados concertados y 11 a centros privados no concertados y, por √ļltimo, en educaci√≥n universitaria, 92 asisten a centros sostenidos con fondos p√ļblicos, bien universidades p√ļblicas o bien otros entes p√ļblicos adscritos a las primeras.
  132. ‚ÜĎ Recortes de prensa de STS, proporciona ese porcentaje, junto con datos hasta el a√Īo 2006. Para el curso 2010-2011, las cifras son un 81% en primaria y un 59'8% en la ESO: Los obispos, alarmados por el descenso de alumnos en las clases de catolicismo, El Pa√≠s, 25/01/2011.
  133. ‚ÜĎ Noticia de la resoluci√≥n del Consejo de Ministros sobre los derechos de los profesores de religi√≥n[47]. Noticia sobre la sentencia del Tribunal Constitucional en un caso de despido [48]
  134. ‚ÜĎ Art√≠culo en El Pa√≠s, Carmen Mor√°n 30/08/2007 Gu√≠a complementaria para Educaci√≥n para la Ciudadan√≠a. La escuela concertada edita una gu√≠a que adapta la asignatura
  135. ‚ÜĎ Joaquina Prades, El Pa√≠s 02/09/2007 Educaci√≥n para la Ciudadan√≠a a la carta. Los libros de texto de la nueva asignatura permiten la ense√Īanza de las ideolog√≠as m√°s dispares
  136. ‚ÜĎ El reclamo de Kiko Arg√ľello, El Pa√≠s, 2 de enero de 2007
  137. ‚ÜĎ ¬°Con la Iglesia hemos topado! Pugna entre el obispo de Murcia y la Fundaci√≥n San Antonio por el control de la Universidad Cat√≥lica, El Confidencial, 7 de diciembre de 2007
  138. ‚ÜĎ Universidades Catolicas en Espa√Īa
  139. ‚ÜĎ Accesible en la web [49]
  140. ‚ÜĎ Sitio web de la cadena [50]
  141. ‚ÜĎ Muchas de ellas accesibles a trav√©s de [51] o de [52]
  142. ‚ÜĎ Editorial de apertura En la casa de todos, 12 de noviembre de 2009.
  143. ‚ÜĎ Noticia de la cesi√≥n de una parcela de 1000 metros cuadrados para su construcci√≥n. El Pa√≠s, 29/11/2006 [53]
  144. ‚ÜĎ Presencia en Espa√Īa de: Las Iglesias orientales. Las Iglesias de Occidente. Informaci√≥n procedente del Secretariado de la Comisi√≥n Episcopal de Relaciones Interconfesionales.
  145. ‚ÜĎ Gabino Fern√°ndez Campos, citado en El protestantismo en Espa√Īa y su compromiso con la sociedad Forum Barcelona 2004.
  146. ‚ÜĎ La Luz de las Im√°genes

Bibliograf√≠a disponible sobre cristianismo en Espa√Īa pero no utilizada en este art√≠culo

  • C√°rcel Ort√≠, Vicente (2003) Breve historia de la Iglesia en Espa√Īa, Barcelona: Planeta ISBN 84-08-04950-X
  • Luis A. Garc√≠a Moreno et al (eds.) (2003) Encuentro Hispania en la Antig√ľedad Tard√≠a. Santos, obispos y reliquias. Acta antiqua complutensia; III, Alcal√° de Henares: Universidad de Alcal√° ISBN 84-8138-573-5
  • Manuel Nieto Cumplido (coord.) (2003) Historia de las di√≥cesis espa√Īolas, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, ISBN 84-7914-665-6
  • Mitre Fern√°ndez, Emilio (2003) La iglesia en la Edad Media. Una introducci√≥n hist√≥rica, Madrid: Editorial S√≠ntesis ISBN 84-9756-113-9
  • Sarri√≥n Mora, Adelina (2003) Beatas y endemoniadas. Mujeres heterodoxas ante la Inquisici√≥n, siglo XVI a XIX, Madrid: Alianza Editorial ISBN 84-206-4163-4
  • Tamayo-Acosta, Juan Jos√© (2003) Adi√≥s a la cristiandad. La Iglesia cat√≥lica espa√Īola en la democracia, Barcelona: Ediciones B ISBN 84-666-1116-9
  • Higueruela del Pino, Leandro (2003) La iglesia en Castilla-La Mancha. Dos vol√ļmenes. La Di√≥cesis de Toledo en la Edad Contempor√°nea (1776-1995), Toledo: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ISBN 84-7788-290-8
  • Jimeno Aranguren, Rold√°n (2003) Or√≠genes del cristianismo en la tierra de los vascones, Pamplona: Pamiela, ISBN 84-7681-380-5
  • Antonio Luis Cort√©s Pe√Īa, Miguel Luis L√≥pez-Guadalupe Mu√Īoz, Antonio Lara Ramos (eds.). (2003) Iglesia y sociedad en el reino de Granada (ss. XVI-XVIII), Granada: Universidad de Granada ISBN 84-338-3001-5
  • VV. AA., Hispania Christiana, EUNSA, 1988, ISBN 84-313-1034-0
  • Garc√≠a Villoslada, Ricardo, Historia de la Iglesia en Espa√Īa, BAC, Madrid 1979
  • Ant√≥n M. Pazos; Jos√© Andr√©s-Gallego, La Iglesia en la Espa√Īa contempor√°nea, Encuentro, ISBN 978-84-7490-519-9
  • Redondo, Gonzalo, Historia de la Iglesia en Espa√Īa: La segunda rep√ļblica, Rialp, ISBN 978-84-321-2984-1
  • Redondo, Gonzalo, Historia de la Iglesia en Espa√Īa: La guerra civil (1936-1939), Rialp, ISBN 978-84-321-3016-8

Enlaces externos


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  • Historia del cristianismo ‚ÄĒ Este art√≠culo o secci√≥n necesita referencias que aparezcan en una publicaci√≥n acreditada, como revistas especializadas, monograf√≠as, prensa diaria o p√°ginas de Internet fidedignas. Puedes a√Īadirlas as√≠ o avisar ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

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