Monarquía Hispánica

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Monarquía Hispánica
Matthaeus Seutter, Novissima et Accuratissima Regnorum Hispaniae et Portugalliae Mappa Geographica..., Augsburg, 1734.
Europe about 1560, en The Historical Atlas de William R. Shepherd, 1923.
Las posesiones de la Monarquía Hispánica (Casa de Austria) en amarillo.
Dominios de Felipe II en 1598.

Monarqu√≠a Hisp√°nica, hist√≥ricamente denominada Monarqu√≠a Cat√≥lica[1] o Monarqu√≠a de Espa√Īa,[2] se refiere al conjunto de territorios con sus propias estructuras institucionales y ordenamientos jur√≠dicos, diferentes y particulares, unidos seg√ļn el principio aeque principaliter[3] y que se hallaban gobernados por igual por el mismo soberano,[4] el monarca espa√Īol, a trav√©s de un sistema polisinodial de Consejos.

El soberano espa√Īol actuaba como rey (y en su caso con el correspondiente t√≠tulo nobiliario), seg√ļn la constituci√≥n pol√≠tica de cada ¬ęReyno, Estado y Se√Īorio¬Ľ,[2] y por tanto, su poder variaba de un territorio a otro, pero actuaba como monarca de forma unitaria sobre todos sus territorios.[5] El respeto de las jurisdicciones territoriales no impidi√≥ un refuerzo de la autoridad y poder regio del monarca en cada reino en particular.[6]

A pesar del respeto y autonom√≠a jurisdiccional, exist√≠a una pol√≠tica o directriz com√ļn que hab√≠a que obedecerse encarnada por la diplomacia y la defensa,[7] y en la que la Corona de Castilla ocupaba la posici√≥n central y preeminente sobre los dem√°s.[8]

La Monarqu√≠a inclu√≠a las coronas de Castilla (con Navarra y los territorios de Ultramar) y Arag√≥n (con Sicilia, N√°poles, Cerde√Īa y el Estado de los Presidios), Portugal entre 1580 y 1640, los territorios del C√≠rculo de Borgo√Īa excepto 1598-1621 (Franco Condado, Pa√≠ses Bajos, m√°s aparte Charolais), el ducado de Mil√°n y el marquesado de Finale.[9] [10]

Su extensi√≥n temporal es utilizada de forma diversa seg√ļn la voluntad del autor que use la expresi√≥n: usualmente entre el comienzo del reinado de los Reyes Cat√≥licos[7] [11] en 1476 (tambi√©n puede retrasarse su comienzo al inicio del reinado de Felipe II[12] ) y el final con los tratados de Utrecht y Baden (1713-1714) y los Decretos de Nueva Planta (1707-1716),[13] que produjeron una ruptura en el sistema implantando una mayor homogeneidad y centralizaci√≥n pol√≠tica, relegando el sistema polisinodial.[14] [15] Desde entonces, las denominaciones de monarqu√≠a hisp√°nica o cat√≥lica han permanecido para designar a la monarqu√≠a espa√Īola durante el Antiguo R√©gimen a lo largo del siglo XVIII.

Contenido

Elementos y caracterización

Desde época de los Reyes Católicos se renovó un sentimiento de restaurar la Hispania romana o visigoda, que los reyes de León habían evocado con el título de Imperator totius Hispaniae,[16] [17] y los mismos reyes hicieron difusión de la recuperación de la antigua Hispania bajo el mismo monarca:

Los monarcas que unieron las Coronas de Castilla y Arag√≥n intentaron revivir el antiguo recuerdo de una Hispania romana o visig√≥tica con el fin de promover una fidelidad mayor hacia una hist√≥ricamente resucitada Espa√Īa.
Espa√Īa en Europa: Estudios de historia comparada: escritos seleccionados, p√°gina 75[18]
En 1478, el posible nacimiento de un hijo var√≥n y por tanto heredero indiscutible de ambas Coronas [Castilla y Arag√≥n] llen√≥ a todos de gozo, [...] as√≠ los consellers de Barcelona enviaron una carta de felicitaci√≥n al rey diciendo que el pr√≠ncipe era ¬ęuni√≥ dels regnes e senyories¬Ľ. Estos sentimientos volvieron a aflorar a la muerte de Juan II, cuando se consum√≥ la llegada al trono aragon√©s de Fernando. [...] los jurados de Valencia le expresan en una carta (12 de febrero de 1479) sus deseos de que en lo sucesivo ¬ęserem en grandissima bienaventuran√ßa e preservats de molts e infinits dans que de primer, per no esser Spanya juncta ab la dita Cassa sereniss√≠ma de Arag√≥, erem molt calumniats e vexats¬Ľ. [...] Algo que podemos resumir en esta frase de Antonio de Nebrija dedicada a los Reyes Cat√≥licos ¬ęHispania tota sibi restituta est¬Ľ.
Jos√© Mar√≠a de Francisco Olmos, ¬ęLa moneda napolitana de Fernando el Cat√≥lico, documento propagand√≠stico de la unidad de las Coronas¬Ľ, en la Revista General de Informaci√≥n y Documentaci√≥n Vol. 11, 2-2001; p√°ginas 151 y 152

La elecci√≥n imperial de Carlos V supuso un cambio de orientaci√≥n pol√≠tica, para liderar un Imperio universal cristiano,[19] basado en establecer relaciones pac√≠ficas entre la Cristiandad para guerrear contra el infiel,[20] [21] de lo que result√≥ la imposibilidad de crear un sistema de gobierno para el conjunto de sus territorios patrimoniales heredados; de esta manera, cada territorio mantuvo su administraci√≥n particular ante las ausencias de su soberano.[22] En Espa√Īa, a su regreso en 1522, llev√≥ a cabo una reforma e implementaci√≥n del sistema polisinodial vigente.[23] Entre 1555 y 1556, Carlos I abdic√≥ los territorios patrimoniales en su hijo Felipe II, pero √©ste no regres√≥ a Espa√Īa hasta 1559 hasta no resolver la cuesti√≥n de la guerra con Francia dejada pendiente por su padre.[24] Desde entonces se impuso la pol√≠tica de desde los intereses espa√Īoles[25] que eran al fin y al cabo la base econ√≥mica y humana[26] para llevar a cabo los designios de la monarqu√≠a universal, defensora de la fe cat√≥lica.[27]

El monarca de los reinos espa√Īoles pas√≥ a serlo tambi√©n en los Pa√≠ses Bajos, Borgo√Īa e Italia,[28] de forma que la monarqu√≠a hisp√°nica se constituy√≥ como una uni√≥n de distintas entidades pol√≠ticas territoriales, no s√≥lo de la pen√≠nsula Ib√©rica, sino tambi√©n de Europa y fuera de Europa, teniendo as√≠ un car√°cter supranacional,[12] pero en la que no hab√≠a unidad jurisdiccional, y por tanto, el monarca respetaba las distintas jurisdicciones particulares de sus respectivos territorios.

La Monarqu√≠a cat√≥lica o hisp√°nica qued√≥ fundamentada pues, en su car√°cter confesional, supranacional, y que Espa√Īa, como ubicaci√≥n de la corte, fuera el elemento central y primordial.[29]

The Spanish monarchy too was a system of different territories, unified only by the person of the king. Among these teritories it is difficult to identify constantly 'dominant' or 'dependent' territories, particularly in the fourteenth and fifteenth centuries. Spain itself, until the beginning of the eighteenth century, was a conglomeration of different kingdoms: Castile and Le√≥n, Aragon and Navarre, to wich from 1580 and 1640 Portugal was added. La monarqu√≠a Espa√Īola tambi√©n fue un sistema de diferentes territorios, unidos s√≥lo por la persona del rey. Entre estos territorios es dif√≠cil identificar de firme territorios 'dominantes' o 'dependientes', particularmente en los siglos XIV y XV. Espa√Īa, hasta el comienzo del siglo XVIII, era un conglomerado de diferentes reinos: Castilla y Le√≥n, Arag√≥n y Navarra, a los que se a√Īadi√≥ Portugal desde 1580 a 1640.
The Origins of the Modern State in Europe: 13th to 18th Centuries, p√°gina 92.[30]
Though his son, Philip II (1556-98), is often styled king of Spain, and he thought of himself as such, his was not a unified state, nor was he an absolute monarch. The various kingdoms on the Iberian Peninsula had their own financial regulations, currencies and customs barriers. As John Lynch observed, Fernando and Isabel gave Spain a common government but not a common administrarion. The king rule varied in structure and power from kingdom to kingdom, city to city [...] Philip's power over Aragon was far more attenuated than it was over Castile. The various states were united only in the person of the king. Aunque su hijo, Felipe II (1556-98), se le designa a menudo como rey de Espa√Īa, y √©l pensaba de s√≠ mismo como tal, no era un estado unificado, ni tampoco √©l fue un monarca absoluto. Los distintos reinos en la Pen√≠nsula Ib√©rica ten√≠an sus propios reglamentos financieros, monedas y barreras aduaneras. Como John Lynch advirti√≥, Fernando e Isabel dieron a Espa√Īa un gobierno com√ļn pero no una administraci√≥n com√ļn. La autoridad del rey variaba en estructura y poder de reino a reino, de ciudad a ciudad [...] El poder de Felipe sobre Arag√≥n fue mucho m√°s atenuado del que ten√≠a en Castilla. Los distintos estados estaban unidos s√≥lo en la persona del rey.
Juan de Ovando: governing the Spanish Empire in the reign of Phillip II, p√°gina 5.[31]

Felipe II estableci√≥ un gobierno y una capital permanentes, as√≠ como desarroll√≥ el sistema polisinodial.[32] [33] Con lo que a pesar de que en Espa√Īa no hubiera unidad jurisdiccional en su constituci√≥n interna, sin embargo s√≠ exist√≠a una cierta unidad pol√≠tica que englobaba a todo el conjunto de esos territorios, a trav√©s de un aparato institucional dependiente del monarca, con instituciones distintas y superiores a los reinos de la Monarqu√≠a, y que fueron el sistema polisinodial de Consejos, el valido, los secretarios y los embajadores:[34]

EL GOBIERNO DE LA MONARQU√ćA EN TIEMPOS DE FELIPE IV ES UNA CUESTI√ďN COMPLEJA, PUES COMPLEJA era la Monarqu√≠a de los Austrias madrile√Īos. De cuya singularidad nos da idea el extremo de que carec√≠a de un nombre, que con visos de oficialidad, la identificara en cuanto tal. Nosotros convencionalmente la solemos denominar Monarqu√≠a Hisp√°nica; o bien utilizamos alguna de las denominaciones que para referirse a ella se generalizaron en los siglos XVI y XVII: Monarqu√≠a Espa√Īola, Monarqu√≠a Cat√≥lica, por la titulaci√≥n pontificia de sus reyes, o Monarqu√≠a de Espa√Īa. Pero ante todo, e independientemente de la forma que nos refiramos a ella, estamos ante una Monarqu√≠a transoce√°nica, en la que, efectivamente, nunca se pon√≠a el sol. A los territorios europeos y a los extensos dominios americanos o asi√°ticos de las Indias de Castilla, hab√≠an venido a sumarse, en 1580, Portugal y las dilatadas dependencias ultramarinas de la Corona lusitana, que m√°s tarde se desgajar√≠an del tronco com√ļn de la Monarqu√≠a del Rey Cat√≥lico tras los acontecimientos de 1640. As√≠ Felipe IV era cabeza de un conglomerado de coronas, reinos y estados de la m√°s variada caracterizaci√≥n jur√≠dica. Y en cada uno de ellos el monarca reinaba con diferente t√≠tulo y con distintos y desiguales poderes. [...] Coloquial y literariamente estaba extendida la expresi√≥n "Rey de Espa√Īa" o "de las Espa√Īas"; us√°ndose indistinta y frecuentemente el singular y el plural, en lat√≠n y en castellano, en los documentos reales, ya fueran despachos o cartas. [...] (p√°g. 138) Por otra parte, en la documentaci√≥n privativa de los distintos reinos y estados se utilizaba en ocasiones s√≥lo el t√≠tulo regio del territorio de que se tratara [...] Es precisamente esta -llam√©mosla- "constituci√≥n" interna de la Monarqu√≠a, que se fundamentaba en el estricto respeto a la configuraci√≥n jur√≠dica propia de los territorios que la integraban, la que intent√≥ variar Olivares en su programa pol√≠tico.
Felipe IV: El hombre y el reinado, p√°ginas 137 y 138.[35]
La peculiar constituci√≥n de la Monarqu√≠a espa√Īola hab√≠a hecho posible la diferenciaci√≥n jur√≠dica de las comunidades que agrupaba al respetar la constituci√≥n interna de los reinos o territorios que la integraban. [...] La Monarqu√≠a no entra√Īa la uniformidad en orden al sistema de gobierno de los reinos y se√Īor√≠os que abarca. Por el contrario, respeta la variedad de sistemas pol√≠ticos y jur√≠dicos. [...] Este respeto a las leyes, usos, costumbres y estilos de los reinos que integran la Monarqu√≠a no excluye la necesaria participaci√≥n de los mismos en las empresas mon√°rquicas.
La crisis de la hegemon√≠a espa√Īola, siglo XVII, p√°gina 375.[36]
Las Alteraciones de Aragón ponen de relieve los límites del poder real fuera del territorio castellano, así como los sentimientos de los aragoneses, que consideraban a los castellanos como extranjeros. El poderío de Carlos V y, mucho más, el de Felipe II es impresionante y, sin embargo, llama la atención la falta de coherencia de aquel cuerpo inmenso, formado por varias naciones que no tienen la impresión de pertenecer a una misma comunidad. El lazo lo constituye el monarca, asesorado por los Consejos territoriales: Consejo Real o Consejo de Castilla, Consejo de Indias, Consejo de Aragón, Consejo de Italia (separado del anterior en 1555), Consejo de Flandes, Consejo de Portugal... Existen organismos comunes: el Consejo de Guerra, el Consejo de Estado, pero que están vueltos más bien hacia los asuntos diplomáticos y militares. La gran política, la política exterior, es cosa exclusiva del soberano; a los pueblos solo se les exige que contribuyan con los impuestos.
Historia de Espa√Īa, p√°gina 201.[37]
La Monarquía se administraba por medio de una descomunal burocracia que coronaban los doce consejos establecidos en Madrid. Algunos de estos Consejos, como el de Estado, poseían jurisdicción sobre todo el territorio de la Monarquía.
Felipe IV: El hombre y el reinado, p√°gina 94.[38]
Dado que el absentismo real era un rasgo ineludible de las monarqu√≠as compuestas, era probable que el primer y m√°s importante cambio que experimentase un reino o provincia anexionado a otro m√°s poderoso que √©l, fuese la marcha de la corte, la p√©rdida de a categor√≠a de capital de su ciudad principal y el cambio de monarca por un gobernador o virrey. Ning√ļn virrey pod√≠a compensar la ausencia del monarca en estas sociedades de la Europa moderna, donde su presencia se consideraba decisiva. Sin embargo, la soluci√≥n espa√Īola de designar un consejo compuesto por consejeros aut√≥ctonos al servicio del rey pali√≥ en gran medida el problema, al proporcionar un foro en el que las opiniones y agravios locales pudieran manifestarse en la corte y el conocimiento local fuese tenido en cuenta a la hora de determinar una pol√≠tica. A un nivel m√°s alto, el Consejo de Estado, compuesto en su mayor parte, pero no siempre en exclusiva, por consejeros castellanos, se manten√≠a en reserva como √ļltima instancia, al menos nominal, de toma de decisiones y de coordinaci√≥n pol√≠tica atenta a los intereses de la monarqu√≠a en su totalidad. Esto no exist√≠a en la monarqu√≠a compuesta inglesa del siglo XVII.
Espa√Īa en Europa: Estudios de historia comparada: escritos seleccionados, p√°gina 73[39]

Aunque no se realiz√≥ la uni√≥n jur√≠dica, y en el interior de sus reinos los Reyes Cat√≥licos nunca usaron oficialmente el t√≠tulo de Reyes de Espa√Īa, desde el exterior se conoci√≥ a los Reyes Cat√≥licos como Reyes de Espa√Īa desde finales del siglo XV,[40] como soberanos de una potencia internacional con una voz en el exterior, respaldada por un poder econ√≥mico y militar.[41]

Jur√≠dicamente Espa√Īa no exist√≠a, lo que s√≠ exist√≠a era el sentimiento de la p√©rdida de la unidad del territorio tras la invasi√≥n de los √°rabes, y la necesidad de volver a aquella √©poca. [...] Esta situaci√≥n hizo que en el interior de la pen√≠nsula los Reyes Cat√≥licos nunca utilizaran el t√≠tulo de reyes de Espa√Īa, sin embargo las otras naciones europeas s√≠ percib√≠an que esa era la nueva realidad peninsular, y en numerosos documentos o tratados internacionales se dirigen a los reyes por este nuevo t√≠tulo. [...] Con esta concepci√≥n pol√≠tica y legal de mantenimiento de las estructuras jur√≠dicas de cada territorio, y al mismo tiempo fomentando la idea de la recuperaci√≥n del territorio com√ļn que en la antig√ľedad form√≥ Espa√Īa, los Reyes Cat√≥licos entraron de lleno en la pol√≠tica internacional europea uniendo de forma indisoluble los intereses de ambas Coronas, [...], pero desde el exterior se percib√≠a con claridad que en el territorio peninsular hab√≠a una voz √ļnica en pol√≠tica exterior, respaldada por un gran poder econ√≥mico y militar, capaz en un momento dado de utilizar tropas castellanas para defender intereses aragoneses. [...]
Jos√© Mar√≠a de Francisco Olmos, ¬ęEstudio documental de la moneda castellana de Juana la Loca fabricada en los Pa√≠ses Bajos (1505-1506)¬Ľ, en la Revista General de Informaci√≥n y Documentaci√≥n Vol. 12, n√ļm. 2 (2002); p√°ginas 295-296
Los cronistas otomanos de los siglos XVI y XVII le designaban por su nombre de vez en cuando y m√°s bien se refer√≠an a √©l como ¬ęIspanya Krali¬Ľ, (el rey de Espa√Īa). La raz√≥n de este modo de actuar hay que buscarlo en el rechazo de Solim√°n al uso del t√≠tulo de ¬ęemperador¬Ľ por parte de Carlos V.
Carlos V y Solimán el Magnífico: dos soberanos en lucha por un poder universal, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.[42]
Para Solim√°n, el tratado ten√≠a adem√°s una importancia simb√≥lica, por cuanto el texto ya no se refer√≠a a Carlos como "emperador" sino simplemente como "rey de Espa√Īa"
El imperio otomano 1300-1650, p√°g.69.[43]
Nu ist also, dat den Coninck van Spaengien, nae het overlijden van hooger memorie Keyser Kaerle de vijfde, van wien hy alle dese Nederlanden ontfanghen hadde, vergetende de diensten die so sijn Heer vader, als hy Ahora por lo tanto, fue que el rey de Espa√Īa despu√©s del fallecimiento del emperador, su padre, Carlos V, de gloriosa memoria, del cual recibi√≥ todas estas provincias, olvidando los servicios hechos por el s√ļbditos de estos pa√≠ses, tanto a su padre como a √©l mismo.
Plakkaat van Verlatinghe (1581).[44]
Don Philippe der Vierdre Köning in Spanien Philippus quartus Rex Hispaniae
Tratado de Westfalia entre Espa√Īa y las Provincias Unidas (6 de enero de 1648)[45]
Trate con el se√Īor de Bateuila, Embaxador Ordinario de Espa√Īa en aquella Corte
Gazeta de Madrid de 1 de enero de 1661[46]

La separaci√≥n de la tambi√©n hisp√°nica Portugal en 1640 y la p√©rdida de los territorios europeos por el Tratado de Utrecht en 1714 termin√≥ haciendo restringir el concepto de Espa√Īa, en el que ya no estaba incluido Portugal. Desde el siglo XVIII, con la dinast√≠a Borb√≥n, suele utilizarse el t√©rmino Espa√Īa y Monarqu√≠a espa√Īola con mucha mayor frecuencia. Constituci√≥n Pol√≠tica de la Monarqu√≠a espa√Īola fue el nombre que se escogi√≥ para titular el texto de la Constituci√≥n de C√°diz de 1812.

En fin, el proceso iniciado con la Restauraci√≥n portuguesa de 1640, formalizado jur√≠dicamente en 1668 con el reconocimiento de la independencia de Portugal por Carlos II, queda consolidado tras la guerra de sucesi√≥n y el establecimiento de una nueva dinast√≠a. Espa√Īa ha dejado de ser definitivamente la expresi√≥n geogr√°fica e hist√≥rica, comprensiva de toda la Pen√≠nsula, arraigada en una noble tradici√≥n cl√°sica; Espa√Īa ha pasado a ser una entidad pol√≠tica que comparte, con otra entidad pol√≠tica llamada Portugal, el solar de la Hispania del Renacimiento.
Historia y civilización: Escritos seleccionados, página 88[47]

Intitulación

En esta unión política de diversos reinos y territorios, unidos en torno al monarca, pero conservando sus respectivas entidades jurídicas[48] se planteó el problema de la intitulación del soberano.

Las Espa√Īas y los t√≠tulos regios

Los Reyes Cat√≥licos establecieron en la Concordia de Segovia el gobierno conjunto de Castilla, as√≠ como la titulaci√≥n. La intitulaci√≥n era la heredada de sus predecesores, con la salvedad que se estableci√≥ la titulaci√≥n de ambos reyes de forma conjunta y altern√°ndose los t√≠tulos castellanos y aragoneses.[49] Esta intitulaci√≥n muestra de Fernando e Isabel rechazaron fundir las dos coronas de Castilla y Arag√≥n en una √ļnica corona de Espa√Īa, dado el r√©gimen jur√≠dico tan distinto entre ambas, especialmente en la Corona de Arag√≥n, donde sus reinos eran contrarios a la p√©rdida de sus identidad jur√≠dica.[50]

Hernando del Pulgar indica que en el Consejo real exist√≠an partidarios de que los Reyes Cat√≥licos adoptasen el t√≠tulo de Reyes de Espa√Īa, ya que ambos se hab√≠an convertido en reyes de casi toda Espa√Īa.[51] Un poco anterior a Hernando de Pulgar, Rodrigo S√°nchez de Ar√©valo indicaba que la legitimidad de rey de Espa√Īa corresponder√≠a a los reyes de Castilla, como directos descendientes de los visigodos, adem√°s que la corona de Castilla ocupaba la mayor parte de lo que era Hispania.[52]

Pero esta titulaci√≥n fue rechazada.[51] Jos√© Mar√≠a Maravall lo atribuye a la conveniencia de no dificultar con ello las relaciones diplom√°ticas con la Corona de Portugal, en tanto en cuanto la denominaci√≥n de Espa√Īa englobaba tambi√©n a Portugal, denominaci√≥n que aun ten√≠a vigencia incluso en √©poca de la Guerra de Sucesi√≥n, cuando el monarca portugu√©s entr√≥ a favor del archiduque Carlos.[53]

La fórmula de la intitulación diplomática se fijó de forma más estable a partir de 1555-1556, tras las abdicaciones de Carlos V, que dejaban a su hijo Felipe II todos sus territorios, que no habían sido cedidos anteriormente.[54]

Don Felipe, Por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de Le√≥n, de Arag√≥n, de las dos Sicilias, de Jerusal√©n, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Cerde√Īa, de C√≥rdoba, de C√≥rcega, de Murcia, de Ja√©n, del Algarve, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las Islas y Terrafirme del Continente Oce√°nico, Archiduque de Austria, Duque de Borgo√Īa, de Brabante, de Atenas y Neopatria y de Mil√°n, Conde de Absburg, de Flandes, del Tirol y de Barcelona, Se√Īor de Vizcaya y de Molina, etc.

Estos t√≠tulos variaban de un territorio a otro, y sufrieron pocas variaciones: entre 1554-1558, Felipe II fue monarca de Inglaterra jure uxoris, de modo que incorpor√≥ los t√≠tulos de los monarcas ingleses;[56] y entre 1580-1668, los monarcas espa√Īoles, a√Īadieron los t√≠tulos portugueses,[57] aunque desde la Restaura√ß√£o de 1640, ya no reinaban en Portugal. Por otra parte, entre los t√≠tulos se inclu√≠an aquellos que son de procedencia din√°stica, heredados de sus antecesores, como rey de Jerusal√©n, duque de Atenas y Neopatria o archiduque de Austria.

En esta diversidad de jurisdicciones y de t√≠tulos, la denominaci√≥n de las Espa√Īas es la expresi√≥n que refleja por un lado la pluralidad de reinos y territorios de Espa√Īa originada en la Edad Media tras la desaparici√≥n de la Hispania antigua, por un lado manifestaba un ideal pol√≠tica de restaurar y unir esa Hispania tras la finalizaci√≥n de la Reconquista en √©poca de los Reyes Cat√≥licos.[58] Las menciones a la Hispania antigua se refieren no tanto a la Hispania romana, sino m√°s bien a la Hispania visigoda, ya que la Hispania romana hab√≠a pertenecido al Imperio romano, y no exist√≠a inter√©s en resaltar dependencia alguna con el Sacro Imperio Romano Germ√°nico, al cabo heredero del Imperio romano; mientras que la Hispania visigoda hab√≠a sido un reino unido, independiente y cristiano, y en definitiva el objetivo de la restauraci√≥n de Hispania.[59]

En relaci√≥n con esto, aparece la denominaci√≥n en monedas y medallas como Hispaniarum rex (rey de las Espa√Īas), con formulaciones incluso m√°s lapidarias y rimbombantes: Philippus II catholicus, Hispaniarum Rex et Indiarum Nouiq' Orbis Monarcha Potentissimus.[60]

Moneda de plata: PHILIPUS IIII HISPANIARUM REX. 1657. MEDIOLANI DUX ET C (Felipe IV, rey de las Espa√Īas, duque de Mil√°n).
El primer documento numism√°tico donde se recoge la titulaci√≥n hisp√°nica para los Reyes Cat√≥licos son unas monedas acu√Īadas en N√°poles (1504), y luego Carlos I lo generalizar√° en sus nuevas monedas castellanas (escudo de oro de 1537) y americanas (M√©xico, 1535), lo cual llev√≥ a una aceptaci√≥n general del t√©rmino, tanto en el interior de los reinos hisp√°nicos como en el exterior.
Jos√© Mar√≠a de Francisco Olmos, ¬ęLas primeras acu√Īaciones del Pr√≠ncipe Felipe de Espa√Īa (1554-1556): Soberano de Mil√°n, N√°poles e Inglaterra¬Ľ, en la revista Documenta & Instrumenta de la Universidad Complutense de Madrid n√ļmero 3 (2005), p√°gina 164

El Monarca Católico

El t√≠tulo de Reyes Cat√≥licos fue concedido de forma personal a Isabel de Castilla y Fernando de Arag√≥n por Alejandro VI en la bula Si convenit expedida el 19 de diciembre de 1496 y redactada tras un debate en el Colegio Cardenalicio (2 de diciembre, con el consejo directo de tres de los cardenales -Oliverio Caraffa de N√°poles, Francisco Piccolomini de Siena, y Jorge de Costa de Lisboa-) en el que por primera vez recibieron el nombre de rey y reina de las Espa√Īas y en el que se barajaron y descartaron otros posibles t√≠tulos (defensores o protectores), las razones que el texto de la bula invoca para la concesi√≥n del t√≠tulo son:

  • La liberaci√≥n de los Estados Pontificios y del feudo papal del Reino de N√°poles, invadidos por el rey Carlos VIII de Francia.
  • Las virtudes personales de ambos Reyes manifestadas en la unificaci√≥n, pacificaci√≥n y robustecimiento de sus reinos.
  • La reconquista de Granada de manos del Islam.
  • La expulsi√≥n de los jud√≠os que no hubiesen aceptado o aceptasen el bautismo en 1492.
  • Por los esfuerzos realizados por ambos monarcas en intentar llevar adelante la cruzada contra el Imperio Turco, y la promesa de llevarla a cabo.[61]

En la bula Pacificus et aeternum de 1 de abril de 1517, el Papa León X concedió el mismo título de Rey Católico al rey Carlos I,[62] con lo que se le legitimaba el título real asumido por Carlos de forma ilegal.[63]

Pero despu√©s Carlos I asumi√≥ el t√≠tulo m√°s importante de Emperador, y cuando le sucedi√≥ su hijo Felipe II, √©ste recuper√≥ el t√≠tulo de Rey Cat√≥lico, y sus sucesores tambi√©n lo siguieron utilizando, ya que as√≠ se evitaban cometer un error de derecho, porque no exist√≠a jur√≠dicamente un reino de Espa√Īa, as√≠ como evitar herir la identidad nacional de los s√ļbditos de sus diferentes dominios.[64] Tras la abdicaci√≥n del emperador Carlos V, los territorios de su sucesor, Felipe II, abarcaban territorios en Europa, por tanto, esta monarqu√≠a no era estrictamente hisp√°nica, en tanto que inclu√≠a otras naciones como italiana o borgo√Īona. As√≠ pues, la designaci√≥n del soberano como monarca Cat√≥lico no procede √ļnicamente del t√≠tulo otorgado a los Reyes Cat√≥licos, sino de tambi√©n para identificar de una manera com√ļn y v√°lida a todos las naciones que formaban parte de la misma Monarqu√≠a.[65]

Otros usos

La denominación de Católico responde a una emulación entre las distintas monarquías autoritarias que se estaban formando en Europa Occidental: Los reyes de Francia ya utilizaban el título de Rey Cristianísimo (Francia era la fille ainée de l'Eglise -la hija mayor de la Iglesia-). En 1521 Enrique VIII de Inglaterra obtuvo el de Defensor de la Fe (Defensor Fidei, por un libro polémico contra Lutero, Assertio septem sacramentorum, escrito con el auxilio de Tomás Moro).

Otra vertiente del nombre es su contribuci√≥n a la idealizaci√≥n del pasado imperial en el pensamiento reaccionario espa√Īol, a partir del carlismo (que acaba haci√©ndose sin√≥nimo de Tradicionalismo y denomina su versi√≥n de la monarqu√≠a como Monarqu√≠a Tradicional o Cat√≥lica) y de la aportaci√≥n esencial de Marcelino Men√©ndez y Pelayo a finales del siglo XIX. Esta tendencia se sustanciar√° en el programa pol√≠tico de la derecha durante la segunda rep√ļblica (CEDA, Falange) y contribuir√° a la ideolog√≠a nacionalcat√≥lica del franquismo. Incluso Juan de Borb√≥n, que pod√≠a considerarse la oposici√≥n mon√°rquica al franquismo, un√≠a los ep√≠tetos Tradicional y Cat√≥lica a su ideal de monarqu√≠a liberal en su Manifiesto de Lausana de 1945.[66]

Véase también

Notas

  1. ‚ÜĎ Fern√°ndez √Ālvarez, Manuel (1979), Espa√Īa y los espa√Īoles en los tiempos modernos, Universidad de Salamanca, p√°g.128
  2. ‚ÜĎ a b Salazar de Mendoza, Pedro (1770), Monarqu√≠a de Espa√Īa, volumen 1, ed. Joachin Ibarra, p√°gs. i-iii
  3. ‚ÜĎ Echevarr√≠a Bacigalupe, Miguel √Āngel (1998), Flandes y la monarqu√≠a hisp√°nica, 1500-1713, Silex Ediciones, p√°g.121
  4. ‚ÜĎ Ruiz Rodr√≠guez, Jos√© Ignacio (2006), Apuntes de historia del derecho y de las instituciones espa√Īolas, Librer√≠a-Editorial Dykinson, p√°g.195
  5. ‚ÜĎ Ruiz Mart√≠n, Felipe (1996), La proyecci√≥n europea de la monarqu√≠a hisp√°nica, Editorial Complutense, p√°g. 473
  6. ‚ÜĎ Ib√≠d. p√°g.18 y p√°g. 120
  7. ‚ÜĎ a b P√©rez, Joseph (2003), Historia de Espa√Īa, Editorial Critica, p√°gs.213-214
  8. ‚ÜĎ Echevarr√≠a Bacigalupe, Miguel √Āngel (1998), Flandes y la monarqu√≠a hisp√°nica, 1500-1713, Silex Ediciones, p√°g. 123
  9. ‚ÜĎ Alcal√°-Zamora y Queipo de LLano, Jos√© (1976), Raz√≥n de Estado y Geostrategia en la pol√≠tica italiana de Carlos II: Florencia y los presidios (1677-81), Real Academia de la Historia, p√°g. 306
  10. ‚ÜĎ Alcal√°-Zamora y Queipo de LLano, Jos√© (2005), La Espa√Īa y el Cervantes del primer Quijote, Real Academia de la Historia, p√°g. 14
  11. ‚ÜĎ Bernal, Antonio-Miguel (2005), Espa√Īa, proyecto inacabado: Los costes/beneficios del imperio, Marcial Pons Historia, p√°g. 45
  12. ‚ÜĎ a b Hurtado Bautista, Mariano (1992), Funciones y fines del derecho: estudios en homenaje al profesor Mariano Hurtado Bautista, EDITUM, p√°gs. 575-576
  13. ‚ÜĎ Alcal√°-Zamora, Jos√© N., Felipe IV: El hombre y el reinado, Centro de Estudios Europa Hisp√°nica (2005), p√°gs. 178-179
  14. ‚ÜĎ Maqueda Abreu, Consuelo (1992), El auto de fe, Ediciones AKAL, p√°gs. 114-115
  15. ‚ÜĎ VV.AA.(1994), Introducci√≥n a la historia moderna, Ediciones AKAL, p√°gs. 489-490
  16. ‚ÜĎ Quesada Marco, Sebasti√°n (1997), Diccionario de civilizaci√≥n y cultura espa√Īolas, Ediciones AKAL, p√°g. 244
  17. ‚ÜĎ Garc√≠a G√≥mez, Emilio (1993), Homenaje acad√©mico a D. Emilio Garc√≠a G√≥mez, Real Academia de la Historia, p√°gs. 338-341
  18. ‚ÜĎ John Huxtable Elliott, Espa√Īa en Europa: Estudios de historia comparada: escritos seleccionados, Universitat de Val√®ncia (2002), p√°gina 75
  19. ‚ÜĎ Florist√°n Im√≠zcoz, Alfredo (2004), Historia de Espa√Īa en la Edad Moderna, Editorial Ariel, p√°g. 168
  20. ‚ÜĎ Florist√°n Samanes, Alfredo (2005), Historia moderna universal, edici√≥n 3, editorial Ariel, p√°g. 183
  21. ‚ÜĎ Lynch, John (2007), Los Austrias (1516-1700), Editorial Critica, p√°g. 87
  22. ‚ÜĎ Lee, Stephen J. (1990), Aspects of European history, 1494-1789, Routledge, p√°g. 50
  23. ‚ÜĎ Florist√°n Samanes, Alfredo (2005), Historia moderna universal, edici√≥n 3, editorial Ariel, p√°g. 151
  24. ‚ÜĎ Mart√≠nez Ruiz, Enrique (1992), La Espa√Īa moderna, Ediciones AKAL, p√°g. 166
  25. ‚ÜĎ Lynch, John (2007), Los Austrias (1516-1700), Editorial Critica, p√°g.220
  26. ‚ÜĎ Batista Gonz√°lez, Juan (2007), Espa√Īa estrat√©gica: guerra y diplomacia en la historia de Espa√Īa, Silex Ediciones, p√°g. 270
  27. ‚ÜĎ Fern√°ndez Albaladejo, Pablo (2001), Los Borbones: dinast√≠a y memoria de naci√≥n en la Espa√Īa del siglo XVIII, Marcial Pons Historia, p√°g. 49
  28. ‚ÜĎ Bernal, Antonio-Miguel (2005), Espa√Īa, proyecto inacabado: Los costes/beneficios del imperio, Marcial Pons Historia, p√°g. 69
  29. ‚ÜĎ Galindo Mart√≠n, Miguel √Āngel (2007), Cervantes y la econom√≠a, Universidad de Castilla-La Mancha, p√°g. 95
  30. ‚ÜĎ Wolfgang Reinhard, Wim Blockmans, The Origins of the Modern State in Europe: 13th to 18th Centuries, Oxford University Press (1996), p√°gina 92.
  31. ‚ÜĎ Frederick Allen, Stafford Poole, Juan de Ovando: governing the Spanish Empire in the reign of Phillip II, University of Oklahoma Press (2004), p√°gina 5.
  32. ‚ÜĎ Lee, Stephen J. (1990), Aspects of European history, 1494-1789, Routledge, p√°gs. 51-53
  33. ‚ÜĎ Comellas, Jos√© Luis (2009), P√°ginas de la historia, Ediciones Rialp, p√°gs. 142-145
  34. ‚ÜĎ Maqueda Abreu, Consuelo (2007), La monarqu√≠a de Espa√Īa y sus visitantes: siglos XVI al XIX, Librer√≠a-Editorial Dykinson, p√°g. 17
  35. ‚ÜĎ Jos√© N. Alcal√°-Zamora, Felipe IV: El hombre y el reinado, Centro de Estudios Europa Hisp√°nica (2005), p√°ginas 137 y 138.
  36. ‚ÜĎ Luis Su√°rez Fern√°ndez, Jos√© Andr√©s-Gallego, La crisis de la hegemon√≠a espa√Īola, siglo XVII, Ediciones Rialp (1986), p√°gina 375.
  37. ‚ÜĎ Manuel Tu√Ī√≥n de Lara (1984). Historia de Espa√Īa. Labor S.A.. ISBN 84-335-9425-7. 
  38. ‚ÜĎ Jos√© N. Alcal√°-Zamora, Felipe IV: El hombre y el reinado, Centro de Estudios Europa Hisp√°nica (2005), p√°gina 94.
  39. ‚ÜĎ John Huxtable Elliott, Espa√Īa en Europa: Estudios de historia comparada: escritos seleccionados, Universitat de Val√®ncia (2002), p√°gina 73
  40. ‚ÜĎ S√°nchez Prieto, Ana Bel√©n (2004), La intitulaci√≥n diplom√°tica de los Reyes Cat√≥licos: un programa pol√≠tico y una lecci√≥n de historia, III Jornadas Cient√≠ficas sobre Documentaci√≥n en √©poca de los Reyes Cat√≥licos, p√°g. 299
  41. ‚ÜĎ de Francisco Olmos, Jos√© Mar√≠a (2007), La moneda castellana de los Pa√≠ses Bajos a nombre de do√Īa Juana (1505-1506)(1517). Medio de reivindicaci√≥n de soberan√≠a y propaganda de un golpe de Estado, Real Academia Matritense de Her√°ldica y Genealog√≠a, p√°gs. 136-137
  42. ‚ÜĎ Kumrular, √Ėzlem (2004), Carlos V y Solim√°n el Magn√≠fico: dos soberanos en lucha por un poder universal, Universidad del B√≥sforo
  43. ‚ÜĎ Imber, Colin (2004), El imperio otomano 1300-1650, Ediciones B, p√°g.69
  44. ‚ÜĎ Plakkaat van Verlatinghe (1581)
  45. ‚ÜĎ Paz de Westfalia entre Espa√Īa y las Provincias Unidas (6 de enero de 1648)
  46. ‚ÜĎ Gazeta de Madrid de 1 de enero de 1661
  47. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Jover Zamora, Marc Bald√≥ i Lacomba y Pedro Ruiz Torres, Historia y civilizaci√≥n: Escritos seleccionados, Universitat de Val√®ncia (1997), p√°gina 88
  48. ‚ÜĎ Lo que se manifestaba en que el mismo soberano observaba diferentes numerales en cada reino de la monarqu√≠a. As√≠ por ejemplo, Fernando el Cat√≥lico era segundo de Arag√≥n y quinto de Castilla, y por conquista, tercero en N√°poles y primero de Navarra; el emperador Carlos V era primero de Castilla y Arag√≥n; y Felipe el Prudente fue segundo s√≥lo en Castilla, mientras que en Arag√≥n y en Portugal deb√≠a computarse como primero. Tras la p√©rdida de los territorios europeos y la supresi√≥n de los fueros en la Corona de Arag√≥n, a comienzos del siglo XVIII, el ordinal fue el castellano, excepto en Navarra.
  49. ‚ÜĎ S√°nchez Prieto, Ana Bel√©n (2004), La intitulaci√≥n diplom√°tica de los Reyes Cat√≥licos: un programa pol√≠tico y una lecci√≥n de historia, III Jornadas Cient√≠ficas sobre Documentaci√≥n en √©poca de los Reyes Cat√≥licos, p√°g. 276
  50. ‚ÜĎ Ib√≠d. p√°g. 297
  51. ‚ÜĎ a b VV.AA. (1981), Los Trast√°mara y la Unidad Espa√Īola, Ediciones Rialp, p√°g. 36
  52. ‚ÜĎ Garcia C√†rcel, Ricard (2004), La construcci√≥n de las historias de Espa√Īa, Marcial Pons Historia, p√°g. 67
  53. ‚ÜĎ Ruiz Mart√≠n, Felipe (2003), La monarqu√≠a de Felipe II, Real Academia de la Historia, p√°g. 185
  54. ‚ÜĎ En 1521, Carlos V renunci√≥ el territorio del archiducado de Austria en su hermano Fernando, y en 1531, √©ste √ļltimo fue elegido rey de Romanos, esto es, su sucesor en el Imperio. Los descendientes de Fernando de Habsburgo formar√≠an la rama de los Habsburgo austr√≠acos. En 1540 Carlos V invisti√≥ a su hijo Felipe como duque de Mil√°n, y en 1554 le otorg√≥ el reino de N√°poles, para su casamiento con la reina de Inglaterra, Mar√≠a Tudor.
  55. ‚ÜĎ Las f√≥rmulas variaron en cada reinado o fase de √©ste, pero se mantuvo el orden de prelatura de los reinos (v√©ase esta colecci√≥n documental).
  56. ‚ÜĎ En Inglaterra: King and Queen of England, France, and Ireland; Defenders of the Faith;
  57. ‚ÜĎ En Portugal: rei de Portugal e dos Algarves, daquem e dal√©m mar em Africa, senhor de Guin√©, e da conquista, navega√ßao e commercio de Ethiopia, Arabia, Persia, e da India, etc.
  58. ‚ÜĎ Quesada Marco, Sebasti√°n (1997), Diccionario de civilizaci√≥n y cultura espa√Īolas, Ediciones AKAL, p√°g. 259
  59. ‚ÜĎ Garcia C√†rcel, Ricard (2004), La construcci√≥n de las historias de Espa√Īa, Marcial Pons Historia, p√°g. 65
  60. ‚ÜĎ Biblioteca Nacional de Portugal.
  61. ‚ÜĎ Dumont, Jean (1993), La "incomparable" Isabel La Cat√≥lica, Encuentro, p√°g. 216
  62. ‚ÜĎ Antonio Mar√≠a Rouco Varela y Roberto Serres L√≥pez de Guere√Īu (2003) Teolog√≠a y derecho: Escritos sobre aspectos fundamentales de derecho can√≥nico y de las Relaciones Iglesia Estado, Ediciones Cristiandad, ISBN 978-84-7057-441-2, p√°g. 563.
  63. ‚ÜĎ de Francisco Olmos, Jos√© Mar√≠a (2007), La moneda castellana de los Pa√≠ses Bajos a nombre de do√Īa Juana (1505-1506)(1517). Medio de reivindicaci√≥n de soberan√≠a y propaganda de un golpe de Estado, Real Academia Matritense de Her√°ldica y Genealog√≠a, p√°g. 183
  64. ‚ÜĎ P√©rez, Joseph (2003), Historia de Espa√Īa, Editorial Critica, p√°g. 214
  65. ‚ÜĎ Jover Zamora, Jos√© Mar√≠a (1997), Historia y civilizaci√≥n: escritos seleccionados, Universitat de Val√®ncia, p√°g. 74
  66. ‚ÜĎ Luis Mar√≠a Anson Don Juan.

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