Julio César

ÔĽŅ
Julio César
Para otros nobles romanos con el mismo nombre, véase Cayo Julio César (desambiguación).
Para otros usos de este término, véase Julio César (desambiguación).
Cayo Julio César
Dictador de la Rep√ļblica romana
Rimini083.jpg
Estatua de bronce de César, en Rímini.
Gobierno Octubre de 49 a. C. - 15 de marzo de 44 a. C.
Nombre real Caius Iulius Caesar
Nacimiento 12/13 de julio de 100 a. C.
Roma, Rep√ļblica romana
Fallecimiento 15 de marzo de 44 a. C.
Roma, Rep√ļblica romana
Predecesor Lucio Cornelio Sila (como Dictador de la Rep√ļblica romana)
Sucesor César Augusto (como Emperador romano)
Descendencia Julia Caesaris, Cesarión (no reconocido)
Dinastía Julio-Claudia
Padre Cayo Julio César
Madre Aurelia Cotta

Cayo Julio C√©sar (lat√≠n: Gaius Iulius Caesar)[nota 1] (Roma, Italia, 12/13 de julio de 100 a. C.[nota 2] ‚Äď ib√≠dem, 15 de marzo de 44 a. C.) fue un l√≠der militar y pol√≠tico de la era tardorrepublicana.

Nacido en el seno de la gens Julia, en una familia patricia de escasa fortuna, estuvo emparentado con algunos de los hombres m√°s influyentes de su √©poca, como su t√≠o Cayo Mario, quien influir√≠a de manera determinante en su carrera pol√≠tica. En 84 a. C., a los 16 a√Īos, el popular Cinna lo nombr√≥ flamen dialis, cargo religioso del que fue relevado por Sila, con el cual tuvo conflictos a causa de su matrimonio con la hija de Cinna. Tras escapar de morir a manos de los sicarios del dictador, fue perdonado gracias a la intercesi√≥n de los parientes de su madre.[1] Trasladado a Asia, combati√≥ en Mitilene como legatus de Marco Minucio Termo. Volvi√≥ a Roma a la muerte de Sila en 78 a. C., ejerciendo por un tiempo la abogac√≠a. En 73 a. C. sucedi√≥ a su t√≠o Cayo Aurelio Cota como pont√≠fice, y pronto entr√≥ en relaci√≥n con los c√≥nsules Pompeyo y Craso, cuya amicitia le permitir√≠a lanzar su propia carrera pol√≠tica.[2] En 70 a. C. C√©sar sirvi√≥ como cuestor en la provincia de Hispania y como edil curul en Roma. Durante el desempe√Īo de esa magistratura ofreci√≥ unos espect√°culos que fueron recordados durante mucho tiempo por el pueblo.

En 63 a. C. fue elegido praetor urbanus[nota 3] al obtener m√°s votos que el resto de candidatos a la pretura. Ese mismo a√Īo muri√≥ Quinto Cecilio Metelo P√≠o, Pontifex Maximus designado durante la dictadura de Sila, y, en las elecciones celebradas con objeto de sustituirle, venci√≥ C√©sar. Al t√©rmino de su pretura sirvi√≥ como propretor en Hispania, donde lider√≥ una breve campa√Īa contra los lusitanos. En 59 a. C. fue elegido c√≥nsul gracias al apoyo de sus dos aliados pol√≠ticos, Pompeyo y Craso, los hombres con los que C√©sar form√≥ el llamado Primer Triunvirato. Su colega durante el consulado, B√≠bulo, se retir√≥ a fin de entorpecer la labor de C√©sar que, sin embargo, logr√≥ sacar adelante una serie de medidas legales, entre las que destaca una ley agraria que regulaba el reparto de tierras entre los soldados veteranos.

Tras su consulado fue designado proc√≥nsul de las provincias de Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina; esta √ļltima tras la muerte de su gobernador, C√©ler. Su gobierno estuvo caracterizado por una pol√≠tica muy agresiva en la que someti√≥ a la pr√°ctica totalidad de pueblos celtas en varias campa√Īas. Este conflicto, conocido como la Guerra de las Galias, finaliz√≥ cuando el general republicano venci√≥ en la Batalla de Alesia a los √ļltimos focos de oposici√≥n, liderados por un jefe arverno llamado Vercing√©torix. Sus conquistas extendieron el dominio romano sobre los territorios que hoy integran Francia, B√©lgica, Holanda y parte de Alemania. Fue el primer general romano en penetrar en los inexplorados territorios de Britania y Germania.

Mientras C√©sar terminaba de organizar la estructura administrativa de la nueva provincia que hab√≠a anexionado a la Rep√ļblica, sus enemigos pol√≠ticos trataban en Roma de despojarle de su ej√©rcito y cargo utilizando el Senado, en el que eran mayor√≠a. C√©sar, a sabiendas de que si entraba en la capital ser√≠a juzgado y exiliado, intent√≥ presentarse al consulado in absentia, a lo que la mayor√≠a de los senadores se negaron. Este y otros factores le impulsaron a desafiar las √≥rdenes senatoriales y protagonizar el famoso cruce del Rubic√≥n, donde al parecer pronunci√≥ la inmortal frase "Alea iacta est" (la suerte est√° echada) iniciando as√≠ un conflicto conocido como la Segunda Guerra Civil de la Rep√ļblica de Roma, en el que se enfrent√≥ a los optimates,[nota 4] que estaban liderados por su viejo aliado, Pompeyo. Su victoria, basada en las derrotas que infligi√≥ a los conservadores en Farsalia, Tapso y Munda, le hizo el amo de la Rep√ļblica. El hecho de que estuviera en guerra con la mitad del mundo romano no evit√≥ que se enfrentara a Farnaces II en Zela y a los enemigos de Cleopatra VII en Alejandr√≠a. A su regreso a Roma se hizo nombrar c√≥nsul y dictator perpetuus ‚ÄĒdictador vitalicio‚ÄĒ e inici√≥ una serie de reformas econ√≥micas, urban√≠sticas y administrativas.

A pesar de que bajo su gobierno la Rep√ļblica experiment√≥ un breve periodo de gran prosperidad, algunos senadores vieron a C√©sar como un tirano que ambicionaba restaurar la monarqu√≠a. Con el objeto de eliminar la amenaza que supon√≠a el dictador, un grupo de senadores formado por algunos de sus hombres de confianza como Bruto y Casio y antiguos lugartenientes como Trebonio y D√©cimo Bruto, urdieron una conspiraci√≥n con el fin de eliminarlo. Dicho complot culmin√≥ cuando, en los idus de marzo, los conspiradores asesinaron a C√©sar en el Senado. Su muerte provoc√≥ el estallido de otra guerra civil, en la que los partidarios del r√©gimen de C√©sar; Antonio, Octavio y L√©pido, derrotaron en la doble Batalla de Filipos a sus asesinos, liderados por Bruto y Casio. Al t√©rmino del conflicto, Octavio, Antonio y L√©pido formaron el Segundo Triunvirato y se repartieron los territorios de la Rep√ļblica, aunque, una vez apartado L√©pido, finalmente volver√≠an a enfrentarse en Actium, donde Octavio, heredero de C√©sar, venci√≥ a Marco Antonio.

Al margen de su carrera pol√≠tica y militar, C√©sar destac√≥ como orador y escritor. Redact√≥, al menos, un tratado acerca de astronom√≠a, otro acerca de la religi√≥n republicana romana, y un estudio sobre el lat√≠n, ninguno de los cuales ha sobrevivido hasta nuestros d√≠as. Las √ļnicas obras que se conservan son sus Comentarios de la Guerra de las Galias y sus Comentarios de la Guerra Civil. Se conoce el desarrollo de su carrera como militar y gran parte de su vida a trav√©s de sus propias obras y de los escritos de autores como Suetonio, Plutarco, Veleyo Pat√©rculo o Eutropio.

Contenido

Biografía

Primeros a√Īos

C√©sar naci√≥ en Roma el 12/13 de julio del a√Īo 100 a. C.; no obstante, su fecha de nacimiento no ha sido establecida con claridad y pudo haberse situado en alg√ļn punto entre los a√Īos 102 y 101 a. C.[3] Perteneci√≥ a una gens patricia ‚ÄĒla Julia‚ÄĒ que, seg√ļn la leyenda, se remontaba hasta Iulo, hijo del pr√≠ncipe troyano Eneas y nieto de la diosa Venus. Fue el propio C√©sar qui√©n estableci√≥ la relaci√≥n entre su familia e Iulo durante el discurso que pronunci√≥ en el funeral de su t√≠a Julia, esposa de Cayo Mario.[4] Con los a√Īos, en el apogeo de su poder, C√©sar iniciar√≠a en Roma la construcci√≥n de un templo dedicado a su supuesta antepasada, Venus Genetrix. El patron√≠mico C√©sar parece que puede provenir de la palabra latina "caesaries", cuyo significado es "cabellera o barba". Contrariamente a lo sostenido por algunos autores, la palabra ces√°rea no tiene nada que ver con C√©sar, ni √©ste naci√≥ por medio de esa cirug√≠a.[5]

Alumnos con su pedagogo.

Su padre, llamado al igual que √©l Cayo Julio C√©sar, fue un pol√≠tico poco influyente que lleg√≥ a la pretura.[6] Su ascenso a trav√©s del cursus honorum se vio interrumpido al morir en campa√Īa. Su madre, llamada Aurelia, era una noble plebeya perteneciente a una rama de la gens Aurelii, los Aurelii Cottae; familia integrante de la nobleza plebeya de rango senatorial con gran riqueza e influencia. El historiador T√°cito la compara con Cornelia, madre de los Gracos, bas√°ndose en su inteligencia, la pureza de sus costumbres y la nobleza de su car√°cter.[7]

El hecho de que los Julio Césares, pertenecientes al poderoso patriciado republicano, no obtuvieran cargos importantes durante el periodo republicano se explica por su falta de fortuna en comparación a la aristocracia romana de la época; de hecho, César creció en uno de los barrios más pobres de la ciudad, la Subura.

√önico hijo var√≥n del matrimonio de sus padres, su infancia transcurri√≥ en un ambiente esencialmente femenino, entre su madre y sus dos hermanas. Al igual que a todos los j√≥venes nobles y patricios de la √©poca, se le inculc√≥ el temor a los dioses, el respeto a las leyes, las reglas de la decencia, la modestia y la frugalidad. Tras el estallido de la Guerra Social su t√≠o Sexto fue elegido c√≥nsul, dando as√≠ un poco de fama a la familia. Cuando ten√≠a diez a√Īos se vio confiado a las ense√Īanzas de Marco Antonio Grif√≥n, un grammaticus de origen galo y formado en la escuela de ret√≥ricos alejandrinos considerado uno de los hombres m√°s versados en literatura griega y romana de su √©poca. Aprendi√≥ a leer y a pensar con las obras de Homero, la Il√≠ada y la Odisea; primero con la traducci√≥n al lat√≠n de Livio Andr√≥nico y despu√©s con el texto original en griego. Algunos autores contempor√°neos vinieron a adherirse a esta base literaria, que recib√≠an de una manera m√°s o menos uniforme los j√≥venes romanos de su tiempo. Asimismo, aprendi√≥ oratoria y a escribir poes√≠a.[8]

La mujer de Mario, su t√≠a paterna Julia, desempe√Ī√≥ tambi√©n un papel muy destacado en la educaci√≥n y orientaci√≥n del joven C√©sar. Durante su vida, el general hab√≠a sido un influyente pol√≠tico reformista, l√≠der de la facci√≥n progresista del Senado, los populares, enemigos de los conservadores, los optimates.

Ciertas fuentes cl√°sicas registran que C√©sar padec√≠a crisis epil√©pticas que pod√≠an producirse en cualquier momento y hacerle perder el conocimiento. Suetonio menciona dos de estas crisis, y Plutarco una, durante la Batalla de Tapso; constituye la √ļnica ocasi√≥n de la que se tiene noticia en que un ataque epil√©ptico interfiri√≥ en su capacidad de mando.[9] [10] [11]

Tras la Guerra Social aumentaron los enfrentamientos entre optimates y populares con las disputas entre Mario y Sila por el mando del ej√©rcito que deb√≠a ir a combatir al rey Mitr√≠dates VI del Ponto, lo que condujo a la marcha de Sila sobre Roma, que dej√≥ al cargo de un c√≥nsul optimate y otro popular, y al golpe de Estado de Mario y Cinna, inici√°ndose un per√≠odo de tres a√Īos (Cinnanum tempus: 87-84) en el que Cinna dirigi√≥ el Estado en calidad de c√≥nsul.

En 84 a. C., Cinna nombr√≥ al joven C√©sar (de 16 a√Īos), flamen dialis, el sacerdote de J√ļpiter, y lo cas√≥ con su hija Cornelia (Flaminia) tras haberse divorciado de su matrimonio con Cosutia, perteneciente a una rica familia de rango ecuestre. Ese mismo a√Īo y tras el asesinato de Cinna y las derrotas de Carb√≥n y Mario el joven (hijo de Cayo Mario) a manos de Sila, el l√≠der conservador entr√≥ en Roma. La situaci√≥n de C√©sar era muy insegura pues estaba unido a trav√©s de varios lazos familiares al bando perdedor; no s√≥lo era sobrino de Mario, sino que adem√°s estaba casado con la hija de Cinna. Sila trat√≥ de atraerlo a su bando como hab√≠a hecho con varios de los seguidores de su enemigo; para probar su lealtad le orden√≥ divorciarse de su esposa, a lo que, para sorpresa del dictador, el joven se neg√≥.[12]

Enfurecido, Sila orden√≥ a una banda de sicarios que lo capturaran y asesinaran, anul√≥ su nombramiento como flamen dialis, y confisc√≥ toda su fortuna. A C√©sar no le qued√≥ otra salida que huir de Roma; vi√©ndose obligado a cambiar de refugio cada noche, cay√≥ enfermo al no estar acostumbrado a esta clase de vida. Una noche fue sorprendido por los sicarios de Sila, pero pudo salvarse al sobornarles con el dinero que se ofrec√≠a por su cabeza, dos talentos de oro. Tras escapar de los hombres de Sila, permiti√≥ a su familia interceder por √©l ante el dictador. Su madre, sus t√≠os Marco, Cayo y Lucio, las v√≠rgenes vestales y el yerno de Sila, Mamerco Emilio L√©pido Liviano, lograron convencer al dictador que accedi√≥ a rega√Īadientes a perdonarle la vida. Tras ordenar el cese de la persecuci√≥n dijo que ese joven ser√≠a el fin de los optimates, pues ¬ęen el veo a muchos Marios¬Ľ.[13]

Al percatarse de que el perd√≥n de Sila pod√≠a ser revocado en cualquier momento, C√©sar juzg√≥ que lo m√°s seguro era alejarse de Roma durante un tiempo y decidi√≥ viajar a Oriente para participar en la guerra contra Mitr√≠dates VI del Ponto bajo las √≥rdenes del c√≥nsul Marco Minucio Termo. Durante el sitio de Mitilene se le orden√≥ ir a Bitinia para solicitar a Nicomedes IV la cesi√≥n de una peque√Īa flota a fin de asaltar la ciudad rebelde. Al parecer, el rey asi√°tico qued√≥ tan deslumbrado con la belleza del joven mensajero romano que lo invit√≥ a descansar en su habitaci√≥n y a participar en un fest√≠n donde sirvi√≥ de copero real durante el banquete. La aventura de C√©sar en Asia lleg√≥ muy pronto a o√≠dos de los ciudadanos de Roma. En la pol√≠tica romana, acusar a alguien de mantener relaciones homosexuales pasivas era una estrategia com√ļn,[14] pues la homosexualidad pasiva, a diferencia de la activa, era considerada una pr√°ctica vergonzosa. Sus enemigos pol√≠ticos proclamaron que se hab√≠a prostituido con un rey b√°rbaro y le apodaron ¬ęla reina de Bitinia¬Ľ, causando un gran da√Īo a su reputaci√≥n. Sin embargo, C√©sar siempre desminti√≥ este hecho. El resto de la campa√Īa le vali√≥ una mejor reputaci√≥n, mostrando gran capacidad de mando y un arrojo y valor personal encomiables, por los que Minucio Termo, tras la toma de Mitilene le conceder√≠a la corona c√≠vica, la condecoraci√≥n al valor m√°s alta que se otorgaba en la Rep√ļblica Romana.[15]

Despu√©s de la muerte de Sila en el 78 a. C., C√©sar regres√≥ a Roma e inici√≥ una carrera como abogado en el Foro romano, d√°ndose a conocer por su cuidada oratoria. Su primer caso fue dirigido contra Cneo Cornelio Dolabela, un protegido de Sila que en el a√Īo 81 a. C. hab√≠a sido elegido c√≥nsul y despu√©s, al a√Īo siguiente, proc√≥nsul en Macedonia, y donde al parecer hab√≠a malversado los fondos del Estado. Dolabela, al enterarse del proceso en su contra contrat√≥ para su defensa a uno de los m√°s ilustres abogados de la √©poca, Quinto Hortensio (llamado ¬ęEl Bailar√≠n¬Ľ por su manera de moverse en los estrados) y al eminente Lucio Aurelio Cotta ‚ÄĒsu propio t√≠o, pero esto era normal‚ÄĒ. A pesar de estos formidables enemigos, C√©sar mostr√≥ su calidad de orador que, aunque no le sirvi√≥ para ganar la causa, s√≠ le procur√≥ la fama que buscaba.[16]

Al a√Īo siguiente unas ciudades griegas que hab√≠an sido saqueadas por Cayo Antonio Hybrida durante la campa√Īa de Sila en Grecia, le confiaron la defensa de su causa. C√©sar habl√≥ ante el pretor Marco Terencio Varr√≥n L√ļculo con mucha elocuencia y gan√≥ el juicio, pero Hybrida apel√≥ a los tribunos de la plebe, los cu√°les ejercieron su derecho al veto, dejando en suspenso la sentencia dictada en su contra.[17] En el a√Īo 73 a. C. la muerte de su t√≠o le abri√≥ las puertas para ser elegido pontifex en su sustituci√≥n, entrando de esa manera en el Colegio de Pont√≠fices, un organismo religioso de gran calado en la vida piadosa de Roma.

A pesar de este éxito, César decidió viajar a Rodas para ampliar su formación estudiando filosofía y retórica con el gramático Apolonio Molón, que era considerado el mejor de la época. Sin embargo, durante el viaje, su barco fue asaltado por los piratas a la altura de la isla Farmacusa que lo raptaron. Cuando exigieron un rescate de 20 talentos de oro (un talento equivalía a 26 kilos aproximadamente), César se rio y los desafió a pedir 50. En su cautiverio se dedicó a componer algunos discursos, teniendo por oyentes a los piratas, a los cuales trataba de ignorantes y bárbaros cuando no aplaudían. Treinta y ocho días después, el rescate llegó y César fue liberado después de un cautiverio bastante cómodo, durante el cual a pesar de tratar a sus secuestradores con amabilidad, les avisó en varias ocasiones de su negro futuro. Así, una vez recuperada su libertad, organizó una fuerza naval que partió del puerto de Mileto, capturó a los piratas en su refugio y los llevó a la prisión en Pérgamo. Una vez capturados fue en busca de Junio, gobernante de Asia, porque le competía a este castigar a los apresados. Junio se interesó más en el botín y dejó a los bandidos a juicio de César, quien los mandó crucificar, tal como les había prometido (aunque en un gesto de "compasión" ordenó que primero los degollaran).[18] [19]

En 69 a. C., Cornelia falleci√≥ mientras daba a luz a un ni√Īo que naci√≥ muerto y poco despu√©s C√©sar perdi√≥ a su t√≠a Julia, viuda de Mario, a quien se hab√≠a sentido muy unido. En contra de las costumbres de la √©poca, C√©sar insisti√≥ en organizar sendos funerales p√ļblicos. Ambos funerales sirvieron tambi√©n para desafiar las leyes de Sila, pues en el sepelio de Julia se exhibieron las im√°genes de Cayo Mario y del hijo que hab√≠a tenido con ella y que tambi√©n hab√≠a luchado contra Sila: su difunto primo, Cayo Mario el Joven; y en el sepelio de Cornelia, la imagen de su padre Lucio Cornelio Cinna. Todos ellos hab√≠an sido proscritos, y las leyes del dictador prohib√≠an mostrar sus im√°genes en p√ļblico, pero C√©sar no vacil√≥ en quebrar las reglas. Este desaf√≠o fue muy apreciado por los plebeyos y los que formaban la facci√≥n de los populares, y, en la misma medida, repudiado por los optimates.[20]

Ascenso político

C√©sar fue elegido cuestor por los Comicios en el 69 a. C., con 30 a√Īos de edad, como estipulaba el cursus honorum romano. En el sorteo subsiguiente, le correspondi√≥ un cargo en la provincia romana de Hispania Ulterior, situada en lo que es hoy d√≠a Portugal y el sur de Espa√Īa. Seg√ļn cuenta una leyenda local, en el Templo de H√©rcules Gaditano (Heraklei√≥n) de la ciudad de Gades, situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri, Julio C√©sar tuvo un sue√Īo que le predec√≠a el dominio del mundo despu√©s de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un √©xito importante.[21] [22] All√≠, como cuestor, conoci√≥ a Lucio Cornelio Balbo "El Mayor" el cual, posteriormente, se convirti√≥ en consejero y amigo del futuro dictador y propretor de la Hispania Ulterior en el a√Īo 61 a. C. Gades proporcion√≥ un gran apoyo a la flota romana en su campa√Īa de Lusitania, donde Balbo ya era praefectus fabrum, esto es, una especie de jefe de ingenieros, perteneciente a la plana mayor de las legiones.

Julio César. Obra de Nicolas Coustou.

A su regreso a Roma, C√©sar prosigui√≥ su carrera como abogado hasta ser elegido edil curul en el a√Īo 65 a. C., el primer cargo del cursus honorum que se desempe√Īaba dentro de Roma. Las funciones de un edil pueden ser equiparadas, en cierto modo, a las de un moderno Presidente de una Junta Municipal e inclu√≠an la regulaci√≥n de las construcciones, del tr√°nsito, del comercio y otros aspectos de la vida diaria, entre otras, las funciones de jefe de polic√≠a. Pero el cargo, el primer pelda√Īo p√ļblico para llegar a la magistratura suprema del consulado, pod√≠a ser tambi√©n el √ļltimo que se desempe√Īara, pues inclu√≠a la organizaci√≥n de los juegos en el Circo M√°ximo, lo que, debido a lo limitado del presupuesto p√ļblico, exig√≠a al edil la utilizaci√≥n de fondos personales. Esto fue especialmente verdad en el caso de C√©sar, que pretend√≠a realizar unos juegos memorables para impulsar su carrera pol√≠tica. Y, de hecho, emple√≥ todo su ingenio para conseguirlo, llegando a desviar el curso del T√≠ber e inundar el Circo para ofrecer una naumaquia (es decir, un combate entre barcos). Acab√≥ el a√Īo con deudas del orden de varios cientos de talentos de oro.[23]

Sin embargo, su √©xito como edil fue una ayuda importante para que, despu√©s de la muerte de Quinto Cecilio Metelo P√≠o en el a√Īo 63 a. C., C√©sar fuera elegido Pontifex Maximus,[24] dignidad que dotaba al electo de enorme auctoritas y dignitas. El d√≠a de su elecci√≥n hab√≠a sospechas de un atentado contra √©l, lo que oblig√≥ a Julio C√©sar a decir a su madre:

Madre, hoy verás a tu hijo muerto en el Foro o vistiendo la toga del sumo pontífice.
Suetonio[25]

El cargo implicaba una casa nueva en el Foro, la Domus Publica, la presidencia del Colegio de Pont√≠fices y una cierta preeminencia en la vida religiosa de Roma, as√≠ como la asunci√≥n de los deberes y derechos del paterfamilias sobre las V√≠rgenes Vestales.[25] Su estreno como Pontifex Maximus fue marcado por un esc√°ndalo. Despu√©s de la muerte de Cornelia Cinna, C√©sar se hab√≠a casado con Pompeya Sila (hija de Cornelia Sila y Quinto Pompeyo Rufo), nieta de Sila. Como esposa del Pontifex Maximus y una de las mujeres m√°s importantes de Roma, Pompeya era responsable de la organizaci√≥n de los ritos de la Bona Dea en diciembre, una liturgia exclusivamente femenina, donde los hombres no pod√≠an participar. Pero durante las celebraciones del a√Īo 62 a. C.Publio Clodio Pulcro (un joven l√≠der demagogo, conceptuado peligroso) consigui√≥ entrar en la casa disfrazado de mujer, al parecer, movido por el lascivo prop√≥sito de yacer con Pompeya. En respuesta a este sacrilegio, del cual ella probablemente no era culpable, Pompeya recibi√≥ una orden de divorcio. C√©sar admiti√≥ en p√ļblico que √©l no la consideraba responsable, pero justific√≥ su acci√≥n con la c√©lebre m√°xima:

La mujer de César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo.
Plutarco[26]

Sin embargo, Clodio fue perdonado.

En las elecciones para el 63 a. C., Marco Tulio Cicer√≥n sali√≥ elegido c√≥nsul senior. Fue un a√Īo particularmente dif√≠cil no s√≥lo para C√©sar, sino tambi√©n para Roma. Durante su consulado, Cicer√≥n revel√≥ una conspiraci√≥n para destituir a los magistrados electos y reducir la funcionalidad del Senado, complot liderado por Lucio Sergio Catilina, un patricio frustrado por su falta de √©xito pol√≠tico. Si bien no se celebr√≥ juicio contra ellos, en el sentido estricto del t√©rmino, lo cierto es que casi todos los acusados en la conspiraci√≥n, y desde luego, Catilina, estuvieron presentes en las sesiones del Senado en las que se les "juzg√≥"; en la tercera reuni√≥n, Cicer√≥n descarg√≥ su responsabilidad sobre la curia haciendo que los senadores debatieran la pena a la que habr√≠a de condenarse a los conjurados. El resultado fue una sentencia de muerte para cinco prominentes romanos aliados de Catilina y para el propio Catilina.[27] Todos estos extremos quedaron para la posteridad en las famosas Catilinarias escritas por el propio Cicer√≥n.

César se opuso a la pena de muerte usando para esos fines su mejor oratoria, pero fue vencido por la insistencia de Marco Porcio Catón el Joven y los 5 hombres fueron ejecutados ese mismo día. Fue también en esta dramática reunión del Senado en la que el romance de César con Servilia Cepionis, hermana de Marco Porcio Catón, salió a la luz.[28] Los opositores políticos de César lo acusaron de formar parte de la conspiración de Lucio Sergio Catilina, lo que nunca fue probado ni perjudicó su carrera.

C√©sar fue electo pretor urbano para el 62 a. C., el puesto de pretor m√°s distinguido ya que era el que se ocupaba de los asuntos entre ciudadanos romanos. Apoy√≥ al tribuno de la plebe Quinto Cecilio Metelo Nepote cuando √©ste present√≥ algunas leyes en favor de Pompeyo. Sin embargo, dichas leyes fueron vetadas por Cat√≥n y se generaron luchas callejeras entre ambos bandos.[29] Despu√©s de su complicado a√Īo como pretor, C√©sar fue nombrado propretor de Hispania Ulterior.[27]

El primer triunvirato

Artículo principal: Primer Triunvirato (Roma)

El gobierno de C√©sar en la provincia de Hispania no se encuentra bien documentado; sabemos que lider√≥ una peque√Īa y r√°pida guerra en el norte de Lusitania que quiz√° le proporcionara algo de bot√≠n para saldar parte de las deudas generadas en su gesti√≥n como edil, y ganarse un buen cr√©dito como l√≠der castrense. Sin duda, el √©xito militar fue importante, ya que el Senado le concedi√≥ un triunfo.[30]

C√©sar abandon√≥ su provincia antes incluso de la llegada de su sustituto y march√≥ a Roma con celeridad. Al llegar al Campo de Marte tuvo que detenerse a la entrada de la ciudad, -pues a√ļn ostentaba el imperium- hasta haber celebrado el triunfo.[31] Ante la imposibilidad de entrar en Roma, se instal√≥ en la Villa P√ļblica y se apresur√≥ en presentar su candidatura al consulado por persona interpuesta o bien mediante una misiva al senado, pues no hay constancia de que √©ste se reuniera extra-pomerium (o sea, "fuera del pomerio"), para escuchar la petici√≥n. Tras demorarse un d√≠a, parec√≠a que el Senado no tendr√≠a problemas en validarla.[32]

¬ęCedant arma togae (¬ęCedan las armas a la toga¬Ľ). Marco Tulio Cicer√≥n no dej√≥ que nadie olvidara nunca su afirmaci√≥n de que en el 63 a. C., con la derrota de la conspiraci√≥n de Catilina, √©l hab√≠a salvado la Rep√ļblica.

Cat√≥n, portavoz de la facci√≥n optimate m√°s conservadora, era reacio a que un pol√≠tico popular obtuviese el consulado y m√°s a√ļn si este pol√≠tico era C√©sar (a quien detestaba),[33] y sabiendo que se deb√≠a votar antes de la puesta del Sol, sigui√≥ hablando hasta bien entrada la noche, por lo que no se pudo aprobar la moci√≥n anterior. Ante ello, C√©sar decidi√≥ prescindir de los laureles de su triunfo y presentarse personalmente como candidato.[34]

Tras no haber podido neutralizar la entrada de C√©sar en las elecciones, los optimates se movieron r√°pidamente para encontrar un candidato que equilibrase la balanza, y que perteneciera a la esfera de las ideas conservadoras, con el fin de contrarrestar las medidas que C√©sar pudiese tomar.[35] Pompeyo mientras tanto hab√≠a empezado a repartir dinero entre su clientela y votantes, gastando cuanto fuese necesario para comprar los dos consulados. Mientras, Cat√≥n eligi√≥ como candidato a su yerno Marco Calpurnio B√≠bulo, quien para los optimates interpretaba el papel de salvador de la Rep√ļblica. En las elecciones del a√Īo 59 a. C. C√©sar fue primero con diferencia y B√≠bulo gan√≥ el segundo puesto.[36]

Todo parec√≠a transcurrir con naturalidad para los conservadores, que, tras bloquear pol√≠ticamente a Pompeyo, y ante la perspectiva para ellos inaceptable de permitir que un hombre como C√©sar, tan sediento de gloria y con dotes militares, fuese gobernador de una provincia, iniciaron maniobras para evitarlo. Cat√≥n plante√≥ al Senado que una vez acabado el mandato de los c√≥nsules, y estando Italia plagada de forajidos y bandidos tan s√≥lo diez a√Īos despu√©s de la rebeli√≥n de Espartaco, ser√≠a en bien de la Rep√ļblica encargar a los c√≥nsules que acabaran con ellos en una misi√≥n de un a√Īo de duraci√≥n. El Senado acogi√≥ favorablemente la idea, que se convirti√≥ en ley. La voluntad de Cat√≥n se cumpli√≥ perfectamente y parec√≠a que C√©sar terminar√≠a su consulado como polic√≠a, entre aldeanos y pastores italianos.[37]

Fue una decisión arriesgada, no obstante, pero al tomarla el senado se aseguraba de que si César no la aceptaba tendría que recurrir a la fuerza para revocarla y sería declarado un criminal, un segundo Catilina. La estrategia de Catón consistió siempre en identificarse con la tradición y arrinconar a sus enemigos contra ella hasta obligarles a tomar el papel de revolucionarios. En el senado los aliados de los optimates liderados por Catón mantenían una mayoría sólida, contando con Craso y su poderoso bloque, pues todo el mundo esperaba que éste se opusiese a cualquier medida de Pompeyo.[38]

En la primera reunión del Senado durante el consulado de César, éste trato de ofrecer un generoso acuerdo para recompensar a los veteranos de Pompeyo. Catón no estaba dispuesto a que se aprobara y empezó a utilizar su táctica favorita: habló y habló hasta que César le impidió seguir, indicándoles con un gesto de la cabeza a sus lictores que se lo llevaran. Al verlo, algunos senadores comenzaron a abandonar sus puestos; al ser interrogados por César para conocer porqué se marchaban uno de ellos le contestó que "prefiero estar en la cárcel con Catón, que en el senado contigo".[39]

Ante ello, se vio obligado a rectificar, pero su retirada fue puramente estrat√©gica: llev√≥ la campa√Īa de su ley agraria directamente ante los Comicios. Roma empez√≥ a llenarse de veteranos de Pompeyo, lo que alarm√≥ a los conservadores. Sin embargo, C√©sar pod√≠a hacer aprobar la propuesta por el pueblo con fuerza de ley, pero ir contra la voluntad del Senado era una t√°ctica poco ortodoxa, que arruinar√≠a su cr√©dito entre sus colegas y su carrera habr√≠a terminado. La estrategia de C√©sar se desvel√≥ en la recta final de la votaci√≥n: no sorprendi√≥ a nadie que la primera persona en hablar en favor de sus veteranos fuese Pompeyo; pero la identidad de la segunda persona que apoy√≥ la moci√≥n fue sorpresiva: Marco Licinio Craso. Los optimates, desbordados, vieron como ca√≠an todas sus esperanzas. Juntos los tres hombres, podr√≠an repartirse la Rep√ļblica como gustasen.[40] Los historiadores designan esta uni√≥n como el primer triunvirato, o el gobierno de los tres hombres. Para confirmar la alianza, Pompeyo se cas√≥ con Julia Caesaris, la √ļnica hija de C√©sar, y a pesar de la diferencia de edades y ambiente social, el matrimonio fue un √©xito.[41]

Las razones por las que estas tres personalidades de la vida p√ļblica romana decidieron unirse, no deben buscarse m√°s que en los intereses de cada uno. Pompeyo necesitaba a C√©sar para que se aprobaran las leyes agrarias que dotaran de tierras a sus veteranos; Craso quer√≠a un mando proconsular que le proporcionara verdadera gloria, que no hab√≠a conseguido en su represi√≥n de la revuelta de Espartaco y C√©sar necesitaba del prestigio de Pompeyo y de los fondos de Craso para poder conseguir la provincia que ansiaba.[42] Desde luego, no debe pensarse que el acercamiento de estos tres grandes personajes de la Rep√ļblica fue s√ļbito, por m√°s que constituyera una sorpresa para sus coet√°neos, maniobra pol√≠tica de cuya existencia se dieron cuenta m√°s bien gradualmente.[43]

Marco Bíbulo y los conservadores que lo apoyaban iniciaron una estrategia en la retaguardia: empezaron a usar el veto para oponerse a las propuestas de César; pero César no estaba dispuesto a que no le dejaran legislar, y llevó sus proyectos directamente ante los Comicios, donde se aprobaban, entre otras cosas, por el decidido apoyo físico de los veteranos de Pompeyo.[44] Sin embargo, cuando en un altercado algunos elementos del populus arrojaron una cesta de estiércol a la cabeza de Bíbulo, éste optó por retirarse de toda la vida política, aunque sin renunciar a su magistratura, con el pretexto de dedicarse a la observación de los cielos en busca de presagios.[45] [44] Esta decisión, aparentemente de espíritu religioso, estaba destinada a impedir a César aprobar leyes durante su consulado, pero César ignoró sistemáticamente los augurios desfavorables que publicaba diariamente Bíbulo y se apoyó para la toma de decisiones en los tribunos de la plebe y en los Comicios.[45]

Como es sabido, los romanos denominaban a sus a√Īos por el nombre de los dos c√≥nsules que reg√≠an dicho per√≠odo. El a√Īo 59 a. C., tras la nula participaci√≥n de B√≠bulo, fue llamado por los propios romanos (con sentido del humor) el "a√Īo de Julio y C√©sar".[45] [46]

La Guerra de las Galias

Artículo principal: Guerra de las Galias

Tras un a√Īo dif√≠cil como c√≥nsul, C√©sar recibi√≥ poderes proconsulares para gobernar las provincias de Galia Transalpina (actualmente el sur de Francia) e Iliria (la costa de Dalmacia) durante cinco a√Īos, gracias al apoyo de los otros dos miembros del triunvirato, que cumplieron con la palabra dada. A estas dos Provincias se a√Īadi√≥ la Galia Cisalpina tras la muerte inesperada de su gobernador Quinto Cecilio Metelo C√©ler. Eran unas provincias muy buenas para alguien que, como C√©sar, y siguiendo la t√≠pica mentalidad del proc√≥nsul romano, no ten√≠a intenciones de gobernar pac√≠ficamente, pues estaba necesitado de bienes para pagar las fabulosas sumas que adeudaba.[47]

El Mundo Romano antes de la Guerra de las Galias.

La oportunidad se le present√≥ mediante una te√≥rica amenaza de los helvecios, que pensaban emigrar al oeste de las Galias. Decidido a impedirlo y con la excusa pol√≠tica de que se acercar√≠an demasiado a la Provincia de la Galia Cisalpina -los helvecios quer√≠an instalarse en pago Sant√≥n, al norte de la Aquitania- reclut√≥ tropas e inici√≥ las operaciones b√©licas que, a la postre, dar√≠an lugar a lo que m√°s tarde se denomin√≥ Guerra de las Galias (58 a. C. - 49 a. C.),[48] en la que conquist√≥ la llamada Galia Comata o Galia melenuda (actualmente Francia, Holanda, Suiza y partes de B√©lgica y Alemania), en varias campa√Īas. C√©sar hizo una demostraci√≥n de fuerza construyendo por dos veces un puente sobre el Rin e invadiendo en dos ocasiones Germania sin intenci√≥n de conquistarla, e hizo otro alarde de fortaleza cruzando el Canal de la Mancha tambi√©n por dos veces hacia las Islas Brit√°nicas, si bien es cierto que estas dos incursiones ten√≠an un sentido m√°s estrat√©gico que colonial.[49]

Entre sus legados (comandantes de legi√≥n) se contaban sus primos Lucio Julio C√©sar y Marco Antonio, Marco Licinio Craso, hijo de su compa√Īero de triunvirato, as√≠ c√≥mo Tito Labieno, cliente de Pompeyo, y Quinto Tulio Cicer√≥n, el hermano m√°s joven de Marco Tulio Cicer√≥n, todos hombres que habr√≠an de ser personajes importantes en los a√Īos siguientes.

En materia de t√°cticas, Julio C√©sar us√≥ con gran resultado lo que se conoci√≥ como celeritas caesaris, o ¬ęrapidez cesariana¬Ľ (que puede comparase, salvando las distancias, a la denominada guerra rel√°mpago del siglo XX), aparte de su genio militar tanto en batallas campales como en asedio de ciudades. Adem√°s, supo conjugar sabiamente la fuerza, la diplomacia y el manejo de las rencillas internas de las tribus galas, para separarlas y vencerlas.[50] [51]

El puente de César sobre el Rin. Cuadro de John Soane, 1814.

C√©sar derrot√≥ pueblos como los helvecios en 58 a. C., a la confederaci√≥n belga y a los nervios en 57 a. C. y a los v√©netos en 56 a. C. Finalmente, en 52 a. C., C√©sar venci√≥ a una confederaci√≥n de tribus galas lideradas por Vercing√©torix en la batalla de Alesia. Sus cr√≥nicas personales de la campa√Īa est√°n registradas en sus Comentarios a la Guerra de las Galias (De Bello Gallico).

De acuerdo con Plutarco, la guerra se cerró con un balance de 800 ciudades tomadas (como la de Avarico, en la cual de los 40.000 defensores, solo quedaron 800), 300 tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla. Plinio habla de 1.192.000 muertos y más o menos los mismos prisioneros y Veleyo Patérculo dice que murieron 400.000 galos y muchos más fueron tomados prisioneros, aunque las cifras de los antiguos historiadores deben tomarse con mucha precaución, incluidas las del propio Julio César.[52] [53]

Utiliz√≥ en varias ocasiones la t√°ctica de sorprender al enemigo apareciendo ante √©l como por ensalmo y, a despecho de los d√≠as de marcha, hac√≠a que sus soldados se enfrentasen directamente con el adversario, pese a que √©ste consideraba que el cansancio invalidar√≠a el empuje de sus legiones. Fue igualmente brillante en los asedios de ciudades, llegando al culmen en el sitio de Alesia en donde orden√≥ construir una doble l√≠nea de fortificaciones de varios kil√≥metros de extensi√≥n, para blindarse frente a los casi trescientos mil galos que intentaban ayudar a los ochenta mil asediados soldados de Vercinget√≥rix a los que C√©sar ten√≠a acosados dentro de la plaza fuerte. C√©sar, con menos de cincuenta mil efectivos correspondientes a diez legiones nunca completas tras ocho a√Īos de guerras en las Galias, venci√≥ a unos y a otros en la misma batalla en la que se decidi√≥ el destino de los galos.[50]

Crisis política

El Mundo Romano tras las conquistas de César.

Pero a pesar de sus éxitos y de los beneficios que la conquista de Galia llevó a Roma, César continuaba siendo impopular entre sus pares, en particular entre los conservadores que temían su ambición.

En el 56 a. C., el triunvirato se tambaleaba, pues Pompeyo no se fiaba de Craso y cre√≠a que era el que manten√≠a en la sombra a Clodio y sus secuaces, que estaban sembrando la violencia en Roma.[54] Ante esta situaci√≥n, que amenazaba su proconsulado, C√©sar convoc√≥ a una reuni√≥n a sus dos aliados en la ciudad de Lucca, pues √©l no pod√≠a ir a Roma sin renunciar a su imperium. Al parecer, a dicho encuentro no s√≥lo asistieron ellos sino unos doscientos senadores (las dos terceras partes del Senado); en este concilio se acord√≥ que tanto Pompeyo como Craso se presentaran al consulado al a√Īo siguiente y que, una vez c√≥nsules, promulgar√≠an una ley por la que el proconsulado de C√©sar se alargar√≠a cinco a√Īos m√°s. Este pacto se conoce en la Historia como el ¬ęConvenio de Lucca¬Ľ.[55] Al a√Īo siguiente, como era de prever, sus aliados Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso fueron elegidos c√≥nsules y honraron el acuerdo establecido con C√©sar.

Sin embargo, en 54 a. C., Julia Caesaris muri√≥ durante un parto, dejando al padre y al marido muy apenados. Marco Licinio Craso, por su parte, muri√≥ en el 53 a. C. en la Batalla de Carrhae, frente a los partos durante la desastrosa campa√Īa de Persia, condenada al fracaso desde el inicio por una p√©sima planificaci√≥n. Todav√≠a en la Galia, C√©sar trat√≥ de asegurarse la alianza con Cneo Pompeyo Magno proponi√©ndole matrimonio con una de sus sobrinas, pero √©ste prefiri√≥ casarse de nuevo con Cornelia Metela, hija de Quinto Cecilio Metelo Escipi√≥n, perteneciente a la facci√≥n optimate.

El desastre de la Batalla de Carrhae en el que Craso muri√≥, con sus legiones, al enfrentarse a los partos y la muerte de Julia acab√≥ por romper el triunvirato. D√≠as despu√©s, tras la victoria de C√©sar en la Alesia, Celio, como tribuno, lanz√≥ una propuesta de ley adicional: C√©sar ser√≠a dispensado de la obligaci√≥n de acudir a Roma para presentar su candidatura al consulado. Esta medida supon√≠a que los opositores y enemigos de C√©sar que pretend√≠an procesarle por los supuestos cr√≠menes de su primer consulado perder√≠an toda posibilidad de juzgarle, puesto que C√©sar en ning√ļn momento dejar√≠a de desempe√Īar una magistratura. Mientras fuese proc√≥nsul, C√©sar tendr√≠a inmunidad judicial, pero si se ve√≠a obligado a entrar en Roma para presentarse al consulado perder√≠a su cargo y, durante un tiempo, podr√≠a ser atacado con toda una bater√≠a de demandas de sus enemigos.[56]

El poder de C√©sar era visto por muchos senadores conservadores como una amenaza. Si C√©sar regresaba a Roma como c√≥nsul, no tendr√≠a problemas para hacer aprobar leyes que concediesen tierras a sus veteranos, y a √©l una reserva de tropas que superase o rivalizase con las de Pompeyo. Cat√≥n y los enemigos de C√©sar se opusieron frontalmente, con lo que el Senado se vio envuelto en largas discusiones sobre el n√ļmero de legiones que deber√≠a de tener bajo su mando y sobre qui√©n deber√≠a ser el futuro gobernador de la Galia Cisalpina e Iliria.

Estatua de Pompeyo el Grande.

Pompeyo finalmente se decantó por favorecer a los tradicionalistas y emitió un veredicto claro: César debía de abandonar su mando la primavera siguiente, faltando todavía meses para las elecciones al consulado, tiempo más que suficiente para juzgarle.[57] Sin embargo, en las siguientes elecciones para tribuno de la plebe fue elegido Curio, que se reveló como cesariano, vetando todos los intentos de apartar a César de su mando en las Galias. Jurídicamente, todos los intentos consulares de apartar a César de sus tropas se veían anulados por la tribunicia potestas.

A finales del mismo a√Īo C√©sar acamp√≥ en R√°vena con la XIII legi√≥n. Pompeyo tom√≥ el mando de dos legiones en Capua y empez√≥ a reclutar levas ilegalmente, un acto que, como era predecible, aprovecharon los cesarianos en su favor. C√©sar fue informado de las acciones de Pompeyo personalmente por Curio, que en esos momentos ya hab√≠a finalizado su mandato. Mientras tanto su puesto de tribuno fue ocupado por Marco Antonio que lo desempe√Ī√≥ hasta diciembre.

Pero cuando el Senado le contest√≥ definitivamente impidi√©ndole concurrir al consulado y poni√©ndole en la disyuntiva de licenciar a sus Legiones o ser declarado enemigo p√ļblico, comprendi√≥ que, escogiera la alternativa que escogiera, se entregaba inerme en manos de sus enemigos pol√≠ticos. El 1 de enero de 49 a. C., Marco Antonio ley√≥ una carta de C√©sar en el Senado, en la cual el proc√≥nsul se declaraba amigo de la paz. Tras una larga lista de sus muchas gestas, propuso que tanto √©l como Pompeyo renunciaran al mismo tiempo a sus mandos. El Senado ocult√≥ este mensaje a la opini√≥n p√ļblica.[58]

Metelo Escipi√≥n dict√≥ una fecha para la cual C√©sar deber√≠a haber abandonado el mando de sus legiones o considerarse enemigo de la Rep√ļblica. La moci√≥n se someti√≥ inmediatamente a votaci√≥n. S√≥lo dos senadores se opusieron, Curio y Celio. Marco Antonio, como tribuno, vet√≥ la propuesta para impedir que se convirtiera en ley. Tras el veto de Marco Antonio a la moci√≥n que obligaba a C√©sar a abandonar su cargo de gobernador de las Galias, Pompeyo notific√≥ no poder garantizar la seguridad de los tribunos. Antonio, Celio y Curio se vieron forzados a abandonar Roma disfrazados como esclavos, acosados por las bandas callejeras.

El 7 de enero, el Senado proclamó el estado de emergencia y concedió a Pompeyo poderes excepcionales, nombrándole cónsul sine collega. Catón y Marcelo instaron al Senado a que pronunciara la famosa frase

Caveant consules ne quid detrimenti res publica capiat (Cuiden los c√≥nsules que la rep√ļblica no sufra da√Īo alguno).

que equivalía a dictar la ley marcial, e instaron a Pompeyo a trasladar inmediatamente sus tropas a Roma. La crisis había llegado a su punto más álgido.[59]

Guerra Civil

Localización del Río Rubicón.

En vista del cariz que tomaban los acontecimientos, C√©sar areng√≥ a una de sus legiones, la decimotercera, y les explic√≥ la situaci√≥n pregunt√°ndoles si estaban dispuestos a enfrentarse con Roma en una guerra donde ser√≠an calificados de traidores en caso de perderla. Los legionarios respondieron a la arenga de su general con la decisi√≥n de acompa√Īarlo.[60] [61]

Entre el 7 y el 14 de enero de 49 a. C. ‚ÄĒmuy probablemente el 10 de enero‚ÄĒ,[62] C√©sar recibi√≥ la noticia de la concesi√≥n de los poderes excepcionales a Pompeyo, e inmediatamente orden√≥ que un peque√Īo contingente de tropas cruzara la frontera hacia el sur y tomara la ciudad m√°s cercana. Al anochecer, junto con la Legio XIII Gemina, C√©sar avanz√≥ hasta el Rubic√≥n, la frontera entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia y, tras un momento de duda, dio a sus legionarios la orden de avanzar. Algunas fuentes han sugerido que fue entonces cuando pronunci√≥ el famoso:

Alea iacta est[63]

Cuando los optimates conocieron la noticia, abandonaron la ciudad declarando enemigo de Roma a todo aquel que se quedase en ella. Luego, marcharon hacia el sur, sin saber que C√©sar estaba acompa√Īado s√≥lo por su decimotercera legi√≥n.[64] C√©sar persigui√≥ a Pompeyo hasta el puerto de Brundisium en el sur de Italia, con alguna esperanza de poder rehacer su alianza, pero √©ste se repleg√≥ hacia Grecia con sus seguidores. Entonces, hubo de tomar una decisi√≥n: o persegu√≠a a Pompeyo hasta Grecia, dejando sus espaldas desguarnecidas y expuestas a un ataque por parte de las legiones pompeyanas establecidas en Hispania o, dejando organizarse a Pompeyo en Grecia, se dirig√≠a a Hispania para asegurar su retaguardia.[64]

Tras ponderar la situaci√≥n, C√©sar se dirigi√≥ a Hispania en una marcha forzada de apenas 27 d√≠as, para derrotar a los seguidores de Pompeyo en esa poderosa provincia. All√≠ hab√≠a establecidas varias legiones al mando de legados pro-pompeyanos, a lo que hab√≠a que a√Īadir que la generalidad de las poblaciones aut√≥ctonas hab√≠an jurado fidelidad al propio Pompeyo (que segu√≠a siendo Proc√≥nsul de esa provincia). Tras varias escaramuzas y batallas, C√©sar se midi√≥ contra sus enemigos en la Batalla de Ilerda, cerca de la actual L√©rida, donde los derrot√≥ definitivamente.[65]

S√≥lo cuando consider√≥ segura la retaguardia, y despu√©s de organizar las instituciones pol√≠ticas en Roma, que hab√≠a ca√≠do en la anarqu√≠a, C√©sar se dirigi√≥ a Grecia. El 10 de julio de 48 a. C., C√©sar fue derrotado en la Batalla de Dirraquium. Sin embargo, Pompeyo no supo o no pudo hacer uso de esta victoria para acabar con C√©sar, y √©ste consigui√≥ huir con su ej√©rcito casi intacto para luchar en otro momento. El encuentro final se dio poco despu√©s, el 9 de agosto, en la Batalla de Farsalia.[66] C√©sar obtuvo una victoria aplastante, gracias a un ardid t√°ctico. Sin embargo, sus enemigos pol√≠ticos consiguieron huir: Cneo Pompeyo Magno parti√≥ hacia Rodas y de ah√≠ a Egipto, Quinto Cecilio Metelo Escipi√≥n y Marco Porcio Cat√≥n marcharon hacia el norte de √Āfrica.

Legión en orden de marcha.

De regreso a Roma, fue nombrado dictador, con Marco Antonio como Magister equitum, y fue, junto a Publio Servilio Vatia Isa√ļrico como colega junior, electo c√≥nsul por segunda vez.

En 47 a. C., C√©sar se dirigi√≥ a Egipto en busca de Pompeyo, pero le sorprendi√≥ el hecho de que el viejo aliado y enemigo hab√≠a sido asesinado el a√Īo anterior. Al saber de su suerte, C√©sar qued√≥ apenado por su asesinato y por haber perdido la oportunidad de ofrecerle su perd√≥n.[67] Tal vez debido a esto y a los intereses de Roma en Egipto, C√©sar decidi√≥ intervenir en la pol√≠tica egipcia y substituy√≥ al rey Ptolomeo XIII de Egipto, que ya ten√≠a la dignidad de fara√≥n, por su hermana Cleopatra que cre√≠a m√°s af√≠n a Roma. Durante su estancia, quem√≥ sus naves para evitar que las usaran en su contra, lo que provoc√≥ el incendio de un almac√©n de libros anexo a la Biblioteca de Alejandr√≠a. C√©sar tuvo un romance con la reina de Egipto y de la relaci√≥n parece que naci√≥ un ni√Īo, el futuro Ptolomeo XIV de Egipto (Cesari√≥n), que ser√≠a el √ļltimo fara√≥n de Egipto, si bien C√©sar nunca lleg√≥ a reconocerlo oficialmente como hijo suyo.[68]

Despu√©s de las campa√Īas de Egipto, C√©sar se dirigi√≥ al Asia Menor, donde derrot√≥ a Farnaces rey del Ponto en la Batalla de Zela, debido a la cual pronunci√≥ la famosa frase:

Veni, vidi, vici[69]

Despu√©s se dirigi√≥ al norte de √Āfrica para atacar a los l√≠deres de la facci√≥n conservadora all√≠ refugiados. En la Batalla de Tapso en 46 a. C., C√©sar obtuvo una victoria m√°s y vio desaparecer a dos de sus m√°s encarnizados enemigos: Quinto Cecilio Metelo Escipi√≥n y Marco Porcio Cat√≥n. Pero los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto Pompeyo Fastulos, as√≠ como su antiguo legado principal en las Galias, Tito Labieno, consiguieron huir a las provincias de Hispania.[70]

Tras la victoria

C√©sar regres√≥ a Roma a finales de julio de 46 a. C. La victoria total de su facci√≥n dot√≥ a C√©sar de un poder enorme y el Senado se apresur√≥ a legitimar su victoria nombr√°ndolo dictador por tercera vez en la primavera del 46 a. C., por un plazo sin precedentes de diez a√Īos.

En septiembre, celebró sus triunfos, ofreciendo cuatro desfiles triunfales que se desarrollaron entre el día 21 de septiembre y el día 2 de octubre.[71] Galos, egipcios, asiáticos y africanos desfilaron encadenados ante la multitud, mientras jirafas, carros de guerra britanos y batallas en lagos artificiales dejaban boquiabiertos a sus conciudadanos. La guerra entre romanos fue enmascarada por las victorias contra extranjeros y las celebraciones no tuvieron precedentes en sus dimensiones y duración.

Lictores. Cada cónsul iba precedido por doce y el dictador por veinticuatro.

Durante las celebraciones fue ejecutado ritualmente Vercinget√≥rix, que hab√≠a permanecido en una c√°rcel de plata desde su captura tras Alesia; en ese mismo desfile, se rompi√≥ el eje de su carroza y estuvo a punto de caer al suelo. El desfile triunfal contra Farnaces II, cont√≥ con una carroza que portaba el lema ¬ęVeni, vidi, vici¬Ľ.[69] [72]

C√©sar no olvid√≥ recompensar a sus tropas, y as√≠ entreg√≥ a cada legionario cinco mil denarios (el equivalente a lo que ganar√≠an en los 16 a√Īos de servicio obligatorio), a cada centuri√≥n, diez mil y a cada tribuno y prefecto, veinte mil denarios. Adem√°s les asign√≥ tambi√©n terrenos, aunque no cercanos a Roma, para no despojar a ciudadanos y establecer as√≠ colonias romanas en territorios recientemente conquistados. Distribuy√≥ al pueblo diez modios de trigo por cabeza y otras tantas libras de aceite con 300 sestercios, en cumplimiento de una antigua promesa que le hab√≠a hecho, a los cuales agreg√≥ 100 m√°s por la demora. Rebaj√≥ el alquiler de las casas: en Roma hasta la suma de 2.000 sestercios, en el resto de Italia hasta quinientos. A todo ello a√Īadi√≥ la distribuci√≥n de carnes, y despu√©s del triunfo sobre Hispania dos festines p√ļblicos, y no considerando el primero bastante digno de sus magnificencias, el que ofreci√≥ cinco d√≠as despu√©s fue mucho m√°s abundante.[73] Dio tambi√©n espect√°culos de varios tipos, incluyendo combates de gladiadores y comedias en todos los barrios de la ciudad, desempe√Ī√°ndolas actores de todas las naciones y en todos los idiomas. Juegos en el circo, atletas y una naumaquia completaron el programa.[74]

En el Foro, combatieron entre los gladiadores Furio Leptino, en cuya familia figuraban pretores, y Quinto Calpeno, que había formado parte del Senado y defendido causas delante del pueblo. Los hijos de muchos príncipes de Asia y de Bitinia bailaron la pírrica. El ciudadano romano Décimo Liberio representó en los juegos un mimo de su composición, recibiendo quinientos mil sestercios y un anillo de oro y pasando después desde la escena, por la orquesta, a sentarse entre los equites.[74]

Lucha de gladiadores (Reconstrucción actual).

En el Circo se ensanch√≥ la arena por ambos lados; abrieron alrededor un foso, que llenaron de agua, y j√≥venes nobil√≠simos corrieron en aquel recinto cuadrigas y bigas, o saltaron en caballos adiestrados al efecto. Ni√Īos divididos en dos bandos, seg√ļn la diferencia de edad, ejecutaron los juegos llamados troyanos. Se dieron 5 d√≠as de combates de fieras, y finalmente se dio una batalla entre dos ej√©rcitos: cada uno comprend√≠a 500 infantes, 30 jinetes y 20 elefantes. Con objeto de dejar a las tropas mayor espacio, hab√≠an quitado las barreras del circo, formando a cada extremo un campamento.[74]

Durante 3 d√≠as lucharon atletas en un estadio construido expresamente en las inmediaciones del Campo de Marte. Se hizo un lago en la Codeta menor (un lugar del otro lado del T√≠ber) y all√≠ trabaron combate naval: birremes, trirremes, cuatrirremes, figurando dos flotas, una tiria y otra egipcia, cargadas de soldados. El anuncio de estos espect√°culos hab√≠a atra√≠do a Roma a una gran cantidad de forasteros, cuya mayor parte durmi√≥ en tiendas de campa√Īa, en las calles y las plazas, y muchas personas, entre ellas dos senadores, fueron aplastadas o asfixiadas por la multitud.[74]

En el invierno del a√Īo 46 a. C., estall√≥ una nueva rebeli√≥n en Hispania, liderada por los hijos de Pompeyo. Usando la antigua influencia de su padre y los recursos de la provincia, los hermanos Pompeyo y Tito Labieno consiguieron reunir un nuevo ej√©rcito de trece legiones compuestas por los restos del ej√©rcito constituido en √Āfrica, las dos legiones de veteranos, una legi√≥n de ciudadanos romanos de Hispania, y el alistamiento de la poblaci√≥n local. A finales del 46 a. C. tomaron el control de casi toda Hispania Ulterior, incluyendo las colonias romanas de It√°lica y de Corduba, la capital de la provincia. C√©sar, ante el peligro, regres√≥ a Hispania y tras algunas escaramuzas, los derrot√≥ finalmente en la Batalla de Munda.

Menci√≥n aparte merece la actividad constructiva de C√©sar, que durante su dictadura emprendi√≥ numerosos proyectos de reforma de los edificios p√ļblicos de Roma y cre√≥ otros muchos nuevos, en general en torno al campo de Marte y el nuevo complejo del Foro. Cabe destacar entre ellos, el Foro Julio o Foro de C√©sar, construido en 46 a. C. en las pendientes del Capitolio y finalizado por Augusto; en el centro de la plaza se alzaba la estatua ecuestre de C√©sar, ante el templo de su divina antepasada, Venus Genetrix, obra destacada igualmente. En dicho templo se encontraba la estatua de la diosa, instalada en el √°bside del templo, y que era obra de Arcesilas, cuyos bocetos alcanzaban seg√ļn Plinio precios astron√≥micos.[75]

El poder absoluto

Debe se√Īalarse que no est√° hist√≥ricamente demostrado que la intenci√≥n de C√©sar fuera proclamarse rey; y, de haber querido serlo, no puede saberse qu√© tipo de rey, si un rex a la manera etrusca, como lo hab√≠an sido Servio Tulio o Lucio Tarquinio Prisco, uno a semejanza del fara√≥n egipcio o, simplemente, al estilo de los "Basileus" hel√©nicos. Lo cierto es que un an√°lisis ponderado de los hechos, seg√ļn nos han llegado de las fuentes, parece indicar que pensaba en instaurar un r√©gimen autocr√°tico de alg√ļn tipo, o, al menos, lo pensaban en las esferas m√°s cercanas a √©l.[76]

Denario cesariano del a√Īo 44 a. C. En el anverso, el busto de C√©sar laureado y la leyenda CAESAR IM P M; en el reverso, la diosa Venus portando un cetro y a Victoria y la leyenda L AEMILIVS BVCA.

C√©sar, despu√©s de vencer tras el √ļltimo intento de los pompeyanos (dirigido por Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo Magno) se mostr√≥ desconfiado, pensando en la posibilidad de un inminente intento de asesinato. Muestra de ello es que en diciembre del a√Īo 45 a. C., en v√≠speras de las Saturnales, fue a pasar unos d√≠as con el suegro de Cayo Octavio (su sobrino nieto) en la residencia que √©ste pose√≠a cerca de Puteoli (hoy Pozzuoli) e hizo que lo acompa√Īara una escolta de 2.000 hombres.

Cicer√≥n, cuya villa colindaba con la de Lucio Marcio Filipo, hab√≠a pedido a C√©sar que le hiciera el honor de cenar con √©l. El dictador acept√≥. Los sucesos de aquella noche quedaron registrados en una c√©lebre carta de Marco Tulio Cicer√≥n a Tito Pomponio √Ātico. Seg√ļn Cicer√≥n, C√©sar lleg√≥ a la villa acompa√Īado de toda la guardia. Tres salones especiales recibieron al s√©quito de Cesar. La cena fue un gran √©xito. "Como √©l [C√©sar] se hab√≠a purgado", precisa Marco Tulio Cicer√≥n, "bebi√≥ y comi√≥ con tanto apetito como energ√≠a". C√©sar se mostr√≥ conversador brillante e ingenioso. "Por otra parte", a√Īade su anfitri√≥n, "ni una palabra de asuntos serios. Conversaci√≥n enteramente literaria". Al d√≠a siguiente, 20 de diciembre, parti√≥ a Roma.[77]

El Senado hab√≠a aprovechado la ausencia de C√©sar para votar en bloque los decretos relativos a los honores que le eran conferidos. "As√≠", explica Di√≥n Casio, "esta labor no deb√≠a parecer el resultado de una coacci√≥n, sino la expresi√≥n de su libre voluntad". Cuando C√©sar estaba ya de regreso en Roma, antes de colocar los decretos a los pies de J√ļpiter Capitolino como era tradicional, los senadores decidieron present√°rselos personalmente. De este modo, se subrayaba a√ļn m√°s la importancia del homenaje que el Senado le rend√≠a.[78]

César estaba en el vestíbulo del templo de Venus Genetrix, ocupado en discutir los planos de los trabajos que los arquitectos y artistas habían venido a someterle. Cuando se le anunció que el Senado in corpore había venido a verlo, precedido de los magistrados en ejercicio y de una multitud de ciudadanos de diversos rangos, hizo como que no le daba importancia alguna y continuó, sin interrumpirla, la conversación con sus colaboradores.[78]

La Curia Julia, lugar de reunión del Senado Romano, mandada edificar por César durante su dictadura pero terminada por Octavio Augusto, tras la destrucción de la Curia Hostilia, por los seguidores de Clodio.

Uno de los senadores se adelantó para pronunciar un discurso apropiado a las circunstancias. Entonces César se volvió hacia él y se preparó a escucharlo, sin dignarse siquiera a levantarse de su asiento. Probablemente, se trataba de poner en evidencia su disgusto con la afrenta que le infligió el tribuno Aquila tres meses antes. Asimismo, su respuesta dejó anonadados a los senadores: En vez de alargar la lista de honores a él acordados, insistió más bien en reducirlos... Pero no obstante los aceptó. Esta actitud produjo una tremenda indignación entre los miembros del Senado y en la multitud que asistió a esta solemnidad.[78]

C√©sar no se limit√≥ a aceptar las distinciones honor√≠ficas con las que lo hab√≠a colmado el Senado, sino que, al mismo tiempo supo apoderarse de m√ļltiples prerrogativas de un car√°cter m√°s realista que le permitieron reunir en sus manos la totalidad del poder gubernamental. Exigi√≥ y obtuvo que todos sus actos fuesen ratificados por el Senado, los funcionarios p√ļblicos fueron obligados a prestar juramento, desde su entrada en funciones, de no oponerse jam√°s a medida alguna emanada de √©l y se hizo atribuir los privilegios de los tribunos de la plebe, con lo que obtuvo la "tribunicia potestas" y la inmunidad sacrosanta que los distingu√≠a.[78]

Como consecuencia, el Senado perdía su poder, permaneciendo como una asamblea consultiva que aprobaba resoluciones, resoluciones que el dictador podía pasar por alto, sin dar siquiera una explicación para hacerlo. En lo sucesivo sería César quien tendría el derecho exclusivo de disponer de las finanzas del estado, y quien prepararía la lista de los candidatos al consulado y demás magistraturas.[79]

As√≠, de hecho, ya pose√≠a todos los poderes de un monarca. No le faltaba m√°s que el t√≠tulo. A este respecto, empez√≥ una propaganda insinuante emprendida por ciertos agentes para preparar a la opini√≥n p√ļblica, que era muy hostil a la idea de volver a la monarqu√≠a. Sus enemigos esperaban poder arruinarlo m√°s f√°cilmente explotando su ambici√≥n y se organizaron para actuar. Como resultado, seguir√≠a una guerra solapada pero implacable.

√Čsta comenz√≥ cuando la estatua de oro que acababa de ser erigida de C√©sar en la rostra, fue coronada con una diadema portando una cintilla blanca, distinci√≥n de la realeza. Se trataba de una primera tentativa, todav√≠a muy discreta, de sondear el terreno y simular un deseo popular en favor de la coronaci√≥n de C√©sar como rey. Dos tribunos del pueblo ordenaron arrancar la diadema y lanzarla lejos, hecho esto simularon erigirse en defensores de la reputaci√≥n c√≠vica de C√©sar.[80]

En los √ļltimos d√≠as de enero ten√≠an lugar en el Monte Albano, en las cercan√≠as de Roma, las tradicionales fiestas latinas. C√©sar estaba llamado a asistir bien como Pont√≠fice M√°ximo o como dictador. Opt√≥ por esta √ļltima calidad, lo cual le permit√≠a, usando el privilegio que le hab√≠a concedido el Senado, figurar en estas ceremonias vistiendo la toga p√ļrpura y calzando las altas botas rojas. Al concluir las fiestas, C√©sar hizo su entrada en Roma a caballo. En medio de la multitud que lo esperaba, y desde que se le vio aparecer, resonaron aclamaciones, escuch√°ndose voces que lo saludaban con el t√≠tulo de rey, quiz√° provenientes de sat√©lites debidamente aleccionados. Inmediatamente el partido opuesto intervino y se escucharon exclamaciones de protesta. C√©sar salv√≥ la situaci√≥n respondiendo: ¬ęMi nombre es C√©sar y no Rex¬Ľ, lo cual, en rigor, podr√≠a interpretarse como que √©l s√≥lo ve√≠a en los saludos de que era objeto una alusi√≥n a su parentesco con la gens Marcci Reges, a la que pertenec√≠a su madre.[81]

Otro acto estaba previsto para el 15 de febrero, día de las fiestas Lupercales. Para asistir a ellas César usó el mismo ropaje que había usado en las fiestas latinas y ocupó un sitial de oro sito en medio de la tribuna de las arengas, delante del cual debía pasar la procesión conducida por Marco Antonio. Junto al dictador se situó el cuerpo de magistrados en ejercicio: su jefe de caballería Marco Emilio Lépido, los pretores, los ediles, etc. Mientras desfilaba delante de la tribuna el colegio de sacerdotes Julianos, uno de ellos, Licinio, apareció a nivel del estrado y depositó a los pies de César una corona de laurel entrelazada con la cintilla de la diadema real, momento en que estallaron los aplausos. Entonces Licinio subió a la tribuna y puso la corona sobre la cabeza de César que hizo un gesto de protesta y se dirigió a Lépido para que lo ayudara, pero éste no hizo nada.[80]

Cayo Casio Longino, se adelant√≥ y, quitando la corona de la cabeza de C√©sar, la puso sobre sus rodillas, pero C√©sar la rechaz√≥. En el √ļltimo minuto, Marco Antonio trat√≥ de componer las cosas. Escal√≥ la rostra, se apoder√≥ de la corona y la coloc√≥ de nuevo sobre la cabeza del dictador, pero C√©sar esta vez se quit√≥ √©l mismo la corona y la arroj√≥ lejos de s√≠. Esto le vali√≥ los aplausos de la multitud, pero algunos espectadores le pidieron que aceptara la ofrenda del pueblo.[80] Marco Antonio aprovech√≥ el momento para recoger el emblema, tratando de ce√Ī√≠rselo de nuevo y se escucharon gritos de ¬°Salud, oh rey!, pero con ellos se mezclaban protestas indignadas. C√©sar se quit√≥ la corona y orden√≥ llevarla al templo de J√ļpiter ¬ędonde ser√° mejor colocada¬Ľ, y requiri√≥ al redactor de los actos p√ļblicos que hiciera constar all√≠ ¬ęque habi√©ndole ofrecido el pueblo la realeza de manos del c√≥nsul, √©l la hab√≠a rechazado¬Ľ.[82]

Mientras tanto, se recurrió a los libros sibilinos que, habiendo sido consumidos por las llamas en tiempos de Lucio Cornelio Sila, habían sido reemplazados desde entonces por copias espurias. Los encargados de la custodia de dichos libros anunciaron que ciertos pasajes de los mismos dejaban entender que los ejércitos romanos no obtendrían la victoria sobre los partos en la guerra que iba a comenzar de un momento a otro, hasta que estuviesen mandados por un rey. Pronto circuló en Roma el rumor que en la próxima sesión del Senado, que debía tener lugar el 15 de marzo, el quindecenviro Lucio Aurelio Cotta, tío del dictador, tomaría la palabra para proponer que fuese conferido el título de rey a su sobrino.[83]

Complot y asesinato

Muerte de César, de Carl Theodor von Piloty.

No es posible saber con certeza qué condiciones fueron las que llevaron a un grupo de senadores a pensar en el asesinato de César. Los intentos de establecer un régimen autocrático sin duda tuvieron mucho que ver, pero no se puede descartar que hubiera otras motivaciones no tan nobles.

El solo hecho de que un n√ļmero relativamente alto de senadores estuviera dispuesto a participar en el complot y a matar a C√©sar en el propio senado ‚ÄĒlo que constitu√≠a un sacrilegio‚ÄĒ da muestra del estado de cosas al que se hab√≠a llegado.

La conspiración

Los √ļltimos acontecimientos acaecidos y, en particular, el rumor de lo que se preparaba para el 15 de marzo en el Senado, motivaron que lo que quedaba de la facci√≥n optimate y, entre ellos, Cayo Casio Longino, decidiesen pasar a la acci√≥n. Cayo Casio se dirigi√≥ a algunos hombres en los que cre√≠a poder confiar, y que a su juicio compart√≠an su idea de dar muerte al dictador librando as√≠ a Roma del destino que √©l cre√≠a que le esperaba: un nuevo imperio cosmopolita, dirigido desde Alejandr√≠a.[84]

Sin embargo, Cayo Casio Longino no era probablemente el hombre adecuado para ser la cabeza visible de este tipo de acción, y se acordó tantear a Marco Junio Bruto, considerado como el personaje indicado para este papel.[85]

Se especula que, tras una serie de reuniones, ambos estaban de acuerdo en que la libertad de la Rep√ļblica estaba en juego, pero no ten√≠an los mismos puntos de vista de c√≥mo actuar; Marco Junio Bruto no pensaba asistir al Senado el d√≠a 15, sino que abogaba por la protesta pasiva (la abstenci√≥n); pero Cayo Casio Longino le replic√≥ que como ambos eran pretores, pod√≠an obligarlos a asistir. Entonces respondi√≥ Bruto: ¬ęEn ese caso, mi deber ser√°, no callarme, sino oponerme al proyecto de ley, y morir antes de ver expirar la libertad¬Ľ. Cayo Casio Longino rechaz√≥ de lleno esta soluci√≥n, pues entend√≠a que no era d√°ndose muerte como se iba a salvar la Rep√ļblica, y lo exhort√≥ a la lucha, a pasar a la acci√≥n. Su elocuencia termin√≥ por convencer a su interlocutor.[86]

El nombre de Marco Junio Bruto atrajo varias adhesiones valiosas, no en vano se dec√≠a descendiente de aquel otro Bruto (Lucio Junio Bruto) que hab√≠a dirigido la expulsi√≥n del √ļltimo rey de Roma, Tarquinio el Soberbio en 509 a. C.; entre otras adhesiones a la trama, se produjo la de D√©cimo Junio Bruto Albino, un familiar del dictador, en quien √©ste ten√≠a entera confianza. En total, el n√ļmero de los conjurados parece haber sido de unos sesenta, de los cuales 23 se encargaron de la ejecuci√≥n material del atentado. Durante las reuniones preliminares se elabor√≥ un plan de acci√≥n. Se decidi√≥ por unanimidad atentar contra C√©sar en pleno Senado. De este modo, se esperaba que su muerte no pareciera una emboscada, sino un acto para la salvaci√≥n de la patria, y que los senadores, testigos del asesinato, inmediatamente declarar√≠an su solidaridad.[87] Los planes de los conjurados no solamente preve√≠an el asesinato de C√©sar, sino que adem√°s deseaban arrastrar su cad√°ver al T√≠ber, adjudicar sus bienes al Estado y anular sus disposiciones.[88]

Hay que tener en cuenta que las motivaciones de los magnicidas eran muy heterog√©neas, ya que los hab√≠a movidos por un aut√©ntico sentido de salvaci√≥n de la Rep√ļblica. A √©stos se les hab√≠an unido otras personas movidas por el rencor, la envidia, o por la idea de que si C√©sar acaparaba las magistraturas, a ellos no les tocar√≠a nunca llegar al poder.[89]

Tambi√©n es de se√Īalar que muchos de los conspiradores eran ex pompeyanos reconocidos, a los que C√©sar hab√≠a perdonado la vida y la hacienda, incluso confiando en ellos para la administraci√≥n del Estado (Casio y Bruto fueron gobernadores provinciales, nombrados por C√©sar).[90]

Tumba de Julio César En el Foro Romano

El magnicidio

Muerte de C√©sar, de Jean-L√©on G√©r√īme, 1867.

En los idus de marzo del a√Īo 44 a. C., un grupo de senadores, pertenecientes a la conspiraci√≥n arriba citada, convoc√≥ a C√©sar al Foro para leerle una petici√≥n, escrita por ellos, con el fin de devolver el poder efectivo al Senado. Marco Antonio, que hab√≠a tenido noticias difusas de la posibilidad del complot a trav√©s de Servilio Casca, temiendo lo peor, corri√≥ al Foro e intent√≥ parar a C√©sar en las escaleras, antes de que entrara a la reuni√≥n del Senado.[91]

Pero el grupo de conspiradores intercept√≥ a C√©sar justo al pasar al Teatro de Pompeyo, donde se reun√≠a la curia romana, y lo condujo a una habitaci√≥n anexa al p√≥rtico este, donde le entregaron la petici√≥n. Cuando el dictador la comenz√≥ a leer, Tulio Cimber, que se la hab√≠a entregado, tir√≥ de su t√ļnica, provocando que C√©sar le espetara furiosamente ¬ęIsta quidem vis est?¬Ľ ¬ŅQu√© clase de violencia es esta? (no debe olvidarse que C√©sar, al contar con la sacrosantidad de la tribunicia potestas, y, por ser Pontifex Maximus, era jur√≠dicamente intocable). En ese momento, el mencionado Casca, sacando una daga, le asest√≥ un corte en el cuello; el agredido se volvi√≥ r√°pidamente y, clavando su punz√≥n de escritura en el brazo de su agresor,[92] le dijo: ¬ę¬ŅQu√© haces, Casca, villano?¬Ľ, pues era sacrilegio portar armas dentro de las reuniones del Senado.[93] [94]

Casca, asustado, grit√≥ en griego ¬ęŠľÄőīőĶőĽŌÜő≠, ő≤őŅőģőłőĶőĻ!¬Ľ, (¬ęadelphe, boethei!¬Ľ = ¬°Socorro, hermanos!), y, en respuesta a esa petici√≥n, todos se lanzaron sobre el dictador, incluido Marco Junio Bruto.[94] [95] C√©sar, entonces, intent√≥ salir del edificio para recabar ayuda, pero, cegado por la sangre, tropez√≥ y cay√≥. Los conspiradores continuaron con su agresi√≥n, mientras aqu√©l yac√≠a indefenso en las escaleras bajas del p√≥rtico. De acuerdo con Eutropio y Suetonio, al menos 60 senadores participaron en el magnicidio. C√©sar recibi√≥ 23 pu√Īaladas, de las que, si creemos a Suetonio, solamente una, la segunda recibida en el t√≥rax, fue la mortal.[94]

Las √ļltimas palabras de C√©sar no est√°n establecidas realmente, y hay una pol√©mica en torno a las mismas, siendo las m√°s conocidas:

  • őöőĪŠĹ∂ ŌÉŠĹļ ŌĄő≠őļőĹőŅőĹ. Kai sy, teknon? (Griego, ‚Äė¬Ņt√ļ tambi√©n, hijo m√≠o?‚Äô). Suetonio.[96]
  • Tu quoque, Brute, filii mei! (traducci√≥n al lat√≠n de la frase anterior: ‚Äė¬°T√ļ tambi√©n, Bruto, hijo m√≠o!‚Äô).
  • Et tu, Brute? (Lat√≠n, ‚Äė¬ŅT√ļ tambi√©n, Bruto?‚Äô, versi√≥n inmortalizada en la pieza de Shakespeare).[97]
  • Plutarco nos cuenta que no dijo nada, sino que se cubri√≥ la cabeza con la toga tras ver a Bruto entre sus agresores.[98]

Tras el asesinato, los conspiradores huyeron, dejando el cad√°ver de C√©sar a los pies de una estatua de Pompeyo, donde qued√≥ expuesto por un tiempo. De all√≠, lo recogieron tres esclavos p√ļblicos que lo llevaron a su casa en una litera,[94] de donde Marco Antonio lo recogi√≥ y lo mostr√≥ al pueblo, que qued√≥ conmocionado por la visi√≥n del cad√°ver. Poco despu√©s los soldados de la decimotercera legi√≥n, tan unida a C√©sar, trajeron antorchas para incinerar el cuerpo de su querido l√≠der. Luego, los habitantes de Roma, con gran tumulto, echaron a esa hoguera todo lo que ten√≠an a mano para avivar m√°s el fuego.[99]

La leyenda cuenta que Calpurnia Pisonis, la mujer de C√©sar, despu√©s de haber so√Īado con un presagio terrible, advirti√≥ a C√©sar de que tuviera cuidado, pero C√©sar ignor√≥ su advertencia diciendo: ¬ęS√≥lo se debe temer al miedo¬Ľ. En otras se cuenta c√≥mo un vidente ciego le hab√≠a prevenido contra los Idus de Marzo; llegado el d√≠a, C√©sar le record√≥ divertido en las escaleras del Senado que a√ļn segu√≠a vivo, a lo que el ciego respondi√≥ que los idus no hab√≠an acabado a√ļn.[100]

Consecuencias del magnicidio

Las consecuencias de la muerte de C√©sar son numerosas, y no se limitan a la guerra civil posterior. El nombre ¬ęC√©sar¬Ľ, por ejemplo, se convirti√≥ en com√ļn a todos los emperadores posteriores, debido a que Augusto, de nombre Cayo Octavio, al ser adoptado oficialmente por el dictador cambi√≥ su nombre por el de Cayo Julio C√©sar Octaviano; dado que todos los emperadores posteriores a Augusto hasta Ner√≥n fueron adoptados, el cognomen C√©sar acab√≥ siendo una especie de t√≠tulo m√°s que un nombre, y, as√≠, desde Vespasiano en adelante los emperadores lo ostentaron como tal sin haber sido adoptados por la familia C√©sar. Tanto prestigio acumul√≥ el cognomen que de C√©sar provienen los apelativos k√°iser y zar.[101]

Muchas de sus iniciativas quedaron en suspenso a su muerte, entre ellas:

  • Reprimir a los dacios, que bajo el reinado de Burebista se hab√≠an extendido hasta el Ponto Euxino y la Tracia;[102] enseguida llevar la guerra al Imperio Parto, pasando por Armenia Menor, y no combatirlos en batalla campal hasta haberles medido sus fuerzas.[103]
  • La construcci√≥n de un templo a Marte, mayor que cualquier otro del mundo, rellenando hasta el nivel del suelo el lago en que ofreci√≥ la naumaquia.[103]
  • Reducir a justa proporci√≥n todo el derecho civil, y encerrar en poqu√≠simos libros lo mejor y m√°s indispensable del inmenso y difuso n√ļmero de leyes existentes.[103]
  • Formar bibliotecas p√ļblicas griegas y latinas, lo m√°s numerosas posible, y encarg√≥ a Marco Terencio Varr√≥n el cuidado de adquirir y clasificar los libros.[103]

En el lugar de la cremaci√≥n de su cad√°ver se construy√≥ un altar que servir√≠a de epicentro para un templo a √©l dedicado, pues en el a√Īo 42 a. C. el Senado le deific√≥ con el nombre de Divus Julius,[104] acci√≥n que se convertir√≠a en costumbre a partir de ese momento, con lo que todos los emperadores desde Augusto fueron deificados a su muerte. Esta pr√°ctica es la que, al parecer, inspir√≥ las √ļltimas palabras de Vespasiano, que al sentirse morir parece ser que dijo "Creo que me estoy convirtiendo en dios".[105]

Despu√©s de la muerte de C√©sar, estall√≥ una lucha por el poder entre su sobrino-nieto C√©sar Augusto, a quien en su testamento hab√≠a nombrado heredero universal, y Marco Antonio, que culminar√≠a con la ca√≠da de la Rep√ļblica y el nacimiento de una especie de Monarqu√≠a, que se ha dado en denominar Principado, con lo que la conspiraci√≥n y el magnicidio se revelaron a la postre in√ļtiles, ya que no impidieron el establecimiento de un sistema autocr√°tico.

Relaciones familiares

Ascendientes

El padre de Julio C√©sar, Cayo Julio C√©sar III, nacido hacia 135 a. C. y muerto en 85 a. C., era hijo de Cayo Julio C√©sar II. Perteneciente a una familia patricia que hab√≠a dado varios c√≥nsules (Sexto Julio C√©sar II y Sexto Julio C√©sar III), ejerci√≥ durante su vida las funciones de cuestor (99 a. C. √≥ 98 a. C.), pretor (92 a. C.) y despu√©s gobernador de Asia (91 a. C.). Muri√≥ bruscamente por causas naturales en Pisae en 85 a. C.[106]

Su madre, Aurelia Cotta, nacida en 120 a. C. y muerta en 54 a. C. √≥ 53 a. C.,[107] proced√≠a de una familia patricia y consular (sus tres hermanos fueron c√≥nsules). Para T√°cito[108] y Plutarco,[109] encarna el ideal de matrona romana, ejemplar por la educaci√≥n y la devoci√≥n que siente hacia sus hijos y su familia.[110] Habiendo enviudado en 85 a. C., no volvi√≥ a casarse y sigui√≥ viviendo con su hijo.

Aquí hay un árbol genialógico sobre sus antepasados:

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sexto Julio César I
 
 
 
 
 
 
 
Cayo Julio César I
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cayo Julio César II
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cayo Julio César III
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Quinto Marcio Rex
 
 
 
 
 
 
 
Quinto Marcio Rex
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Marcia Rex
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cayo Julio César
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Lucio Aurelio Cota
 
 
 
 
 
 
 
Lucio Aurelio Cota
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Lucio Aurelio Cota
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Aurelia Cotta
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Rutilia
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Hermanas

Además de César, Cayo Julio César III y Aurelia Cotta tuvieron otras dos hijas, Julia Caesaris Maior y Julia Caesaris Minor.

La informaci√≥n acerca de Julia Caesaris ¬ęMaior¬Ľ es escasa. Suetonio confirma la existencia porque la menciona en relaci√≥n con la acusaci√≥n de Publio Clodio Pulcro, perseguido por sacrilegio y adulterio. Fue llamada a testificar en contra de Publio Clodio, que era a la vez acusado de sacrilegio y convicto de adulterio con Pompeya, su esposa. C√©sar afirm√≥ no saber nada, aunque su madre Aurelia y su hermana Julia declararon fielmente a los mismos jueces toda la verdad.[111] Tuvo al menos un hijo, porque distintos autores mencionan la parte reservada a este ni√Īo en el testamento de C√©sar.[112] [113]

Julia Caesaris ¬ęMinor¬Ľ naci√≥ en 101 a. C. y muri√≥ en 51 a. C. Octavio, nacido en 63 a. C., pronunci√≥ su elogio f√ļnebre a los 12 a√Īos.[114] Se cas√≥ con Marco Atio Balbo, originario de Aricia y era la madre de Atia Balba Caesonia, madre de Octavio (futuro Augusto), que ser√≠a adoptado por C√©sar.

Esposas

Seg√ļn Suetonio, Cossutia fue la primera esposa de C√©sar, de la que se divorci√≥ para casarse con Cornelia Cinna minor por motivos pol√≠ticos:

... y aunque le hab√≠an prometido, en su ni√Īez, a Cossutia, de una simple familia ecuestre, pero muy rica, la repudi√≥, para casarse con Cornelia, hija de Cinna, quien hab√≠a sido cuatro veces c√≥nsul (dimissa Cossutia quae familia equestri sed admorum dives praetextato desponsata furat‚Ķ).[115]

El examen de las raras fuentes y la compilaci√≥n de estudios sobre el tema llevan a elaborar la siguiente hip√≥tesis: C√©sar, que acababa de vestirse con la toga viril, se cas√≥ con Cossutia, perteneciente a una familia rica de la orden ecuestre, entre julio de 85 a. C. y julio de 84 a. C. (sin duda por iniciativa de sus padres y por motivos econ√≥micos, ya que la familia no era especialmente rica) y se divorci√≥ al a√Īo siguiente, bajo el consulado de Lucio Cornelio Cinna, del que tom√≥ a su hija Cornelia por esposa (una elecci√≥n m√°s personal que traduce una orientaci√≥n pol√≠tica que nunca se desminti√≥ despu√©s, ya que C√©sar, aunque muy joven se hab√≠a convertido en el paterfamilias por la muerte de su padre).

Plutarco no aporta una solución satisfactoria ya que el relato que hace de la vida de César conlleva algunas incoherencias:

A la vuelta de su cuestura, se casó en terceras nupcias con Pompeya Sila; tenía de Cornelia, su primera esposa, una hija, que después se casaría con Pompeyo Magno.

La cita lleva una contradicci√≥n que Napole√≥n III ya hab√≠a encontrado.[116] En 68 a. C., tras haber ejercido las funciones de cuestor en Hispania, C√©sar se casa con Pompeya Sila, porque su primera esposa Cornelia hab√≠a muerto el a√Īo anterior.[117]

Cinco a√Īos m√°s tarde, en 63 a. C., C√©sar fue elegido Pontifex Maximus y decidi√≥ divorciarse como consecuencia de las supuestas relaciones entre su esposa y un joven, Publio Clodio Pulcro.

Por fin, en 59 a. C., se casa con Calpurnia Pisonis con la que quedar√° unido hasta su muerte en 44 a. C.

Descendencia

  • Cornelia Cinna minor le da su √ļnico descendiente leg√≠timo,[118] una hija llamada Julia Caesaris, que nace en 83 a. C. u 82 a. C. y se casa con Pompeyo en 60 a. C. Muere en 54 a. C.
  • Durante su estancia en Egipto, C√©sar mantiene relaciones con Cleopatra VII que dar√° a luz m√°s tarde (hacia 47 a. C., o m√°s probablemente hacia 44 a. C.) a un ni√Īo, Ptolomeo XV llamado Cesari√≥n. Sin embargo, la paternidad de C√©sar con respecto a este ni√Īo es discutida por los historiadores,[119] no s√≥lo modernos sino de la antig√ľedad. Y parece que ya fue objeto de una pol√©mica poco tiempo despu√©s de la muerte del dictador:
Algunos autores griegos han escrito que este hijo se le parecía por la silueta y los andares; Marco Antonio afirmó, en pleno senado, que César lo había reconocido; e invocó el testimonio de C. Matio, de C. Oppio, y de otros amigos del dictador. Pero Cayo Oppio creyó necesario defenderle y justificarle sobre este punto, y publicó un libro para demostrar que el hijo de Cleopatra no era, como ella decía, hijo de César.
Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 52

Cesari√≥n fue asesinado muy joven (con 15 o 17 a√Īos) por Augusto, el hijo adoptivo de C√©sar y primer emperador romano.

  • En 46 a. C., C√©sar, sin descendencia leg√≠tima, adopt√≥ a su sobrino-nieto Octavio por testamento que, seg√ļn la costumbre romana en caso de adopci√≥n, fue llamado a partir de entonces Cayo Julio C√©sar Octaviano. M√°s tarde se convertir√° en Augusto, primer emperador de Roma.
  • Y por √ļltimo, C√©sar fue tal vez padre de Bruto, al que habr√≠a tenido con Servilia Cepionis en 85 a. C. En efecto, Plutarco en su obra, Vida de Bruto, cuenta la benevolencia de C√©sar hacia aquel[120] y la creencia que hab√≠a adquirido de ser el padre natural, ya que el ni√Īo hab√≠a nacido durante el per√≠odo en el que frecuentaba a Servilia Cepionis:[120]
    Quería, dicen, complacer a Servilia, madre de Bruto, que le amaba perdidamente: y como Bruto nació en la época en que esta pasión estaba en toda su fuerza, César se persuadió que él era el padre.

César el seductor

Las mujeres de la alta sociedad romana

Seg√ļn el historiador latino Suetonio, C√©sar sedujo a numerosas mujeres a lo largo de su vida y sobre todo a aquellas pertenecientes a la alta sociedad romana.[121]

Seg√ļn el autor, C√©sar habr√≠a seducido a Postumia, esposa de Servio Sulpicio Rufo, Lollia, esposa de Aulo Gabinio y Tertulla, esposa de Marco Licinio Craso. Tambi√©n parece haber frecuentado a Mucia, esposa de Pompeyo.[121] Asimismo, C√©sar mantuvo relaciones con Servilia Cepionis, madre de Bruto, a la que parec√≠a apreciar especialmente.[121] As√≠, Suetonio refiere los distintos regalos y beneficios que ofreci√≥ a su amada, de los cuales destaca una magn√≠fica perla con un valor de seis millones de sestercios.[121] El amor de Servilia hacia C√©sar era conocido p√ļblicamente en Roma.[122]

Cleopatra ejerció una profunda fascinación sobre César. Cuadro Cleopatra ensaya venenos en condenados a muerte de Alexandre Cabanel.

La inclinaci√≥n de C√©sar hacia los placeres del amor tambi√©n ha sido confirmada por los versos cantados por sus soldados con ocasi√≥n de su triunfo en Roma por las campa√Īas en la Galia, referidos por Suetonio:

Ciudadanos, vigilad a vuestras mujeres: traemos a un ad√ļltero calvo
Has fornicado en Galia con el oro que tomaste prestado en Roma.[123]

Las reinas

C√©sar mantuvo relaciones amorosas con Euno√ę, esposa de Bogud, rey de Mauritania.[124]

Sin embargo, su relación más famosa fue con Cleopatra VII. Suetonio cuenta que César remontó el Nilo con la reina egipcia[124] en una nave provista de cabinas; y habría atravesado así todo Egipto y penetrado hasta Etiopía, si el ejército no se hubiese negado a seguirlos. La hizo ir a Roma colmándola de honores y de presentes.[124] Para él era un buen modo de sujetar Egipto, donde quedaban presentes tres legiones, y cuyo papel en el aprovisionamiento de cereales para Italia empezaba a ser preponderante. Sea como fuere, Cleopatra estuvo presente en Roma en el momento del asesinato de César y volvió rápidamente a su país después del crimen.

Senatvs Popvlvs Qve Romanvs

César como legislador

La labor de C√©sar como legislador fue muy amplia, pese a que el tiempo en que realmente estuvo en el poder fue relativamente corto. Sin embargo, y como bien se√Īala Adrian Goldsworthy,[125] un an√°lisis detallado de cada medida o posible medida que tom√≥ ser√≠a excesivamente extenso, pues su obra legal fue ardua; aun as√≠, podemos hacernos una idea de su trabajo en este campo por la lista de disposiciones legales que se encuentra en Suetonio y otros autores:

  • Corrigi√≥ el calendario en uso, en el que hab√≠a tal desorden por culpa de los pont√≠fices y por abuso, antiguo ya, de las intercalaciones, que las fiestas de la recolecci√≥n no ca√≠an ya en est√≠o, ni las vendimias en oto√Īo. Ajust√≥ el a√Īo al curso del sol, y lo compuso de 365 d√≠as, suprimiendo el mes intercalado y aumentando un d√≠a cada cuatro a√Īos. Para que este nuevo orden de cosas pudiera comenzar en las calendas de enero del a√Īo siguiente, a√Īadi√≥ dos meses, entre noviembre y diciembre, teniendo por consiguiente este a√Īo quince meses, contando el antiguo intercalario que ocurr√≠a en √©l.[126] Esta trascendental reforma, que conocemos hoy en d√≠a como Calendario juliano, consisti√≥ en que, partiendo del a√Īo 153 a. C. se toma como inicio del a√Īo el 1 de enero, en lugar del tradicional 1 de marzo, para poder planear las campa√Īas del a√Īo con tiempo. Consta de 365 d√≠as divididos en 12 meses, excepto los a√Īos bisiestos que tienen 366 d√≠as, y a√Īaden un d√≠a adicional al mes de febrero. El calendario juliano cuenta como bisiestos uno de cada cuatro a√Īos, incluso los seculares. Con este calendario se comete un error de 7,5 d√≠as cada 1.000 a√Īos.
El orden de los meses y la distribuci√≥n de los d√≠as era as√≠: januarius (31 d√≠as); februarius (28, √≥ 29 los a√Īos bisiestos); martius (31); aprilis (30); maius (31); junius (30); julius (31) (anteriormente quintilis y llamado as√≠ en honor del propio C√©sar); sextilis (30) (renombrado augustus en el reinado de su hijo adoptivo); september (31); october (30); november (31); december (30)
  • Complet√≥ el Senado, diezmado por la guerra civil, aumentando el n√ļmero de senadores a 900 y llen√°ndolo de partidarios suyos, en especial equites, √©lites provinciales, y alg√ļn que otro escriba, centuri√≥n e incluso hijo de liberto. Entre los m√°s destacados y poderosos se encontraron los Balbos.[127]
  • Cre√≥ nuevos patricios, aument√≥ el n√ļmero de pretores, de ediles, de cuestores y de magistrados inferiores, ampliando por ejemplo el vigintivirato a 26 magistrados (vigintisexviratum); rehabilit√≥ a algunos a los que los censores hab√≠an despojado de su dignidad o condenado los jueces por cohecho. Comparti√≥ con el pueblo el derecho de elecci√≥n de magistrados; de suerte que, exceptuando sus competidores al consulado, los dem√°s candidatos los designaban por mitades, el pueblo y √©l. Los suyos los designaba en tablillas que mandaban a todas las tribus conteniendo esta breve inscripci√≥n: ¬ęC√©sar dictador, a tal tribu. Os recomiendo a fulano y a mengano para que obtengan su dignidad por vuestro sufragio.¬Ľ Admiti√≥ a los honores a los hijos de los proscritos.[128]
  • Estableci√≥ la contrataci√≥n a extranjeros en las legiones y cre√≥ el cargo de Imperator, que ser√≠a el comandante del ej√©rcito.[128]
  • Restringi√≥ el sistema judicial a dos clases de jueces, a los senadores y a los caballeros, y suprimi√≥ los tribunos del Tesoro (tribuno aurearii), que formaban la tercera jurisdicci√≥n.[128]
  • Hizo el censo del pueblo, no de la manera acostumbrada, ni en el paraje ordinario, sino por barrios y seg√ļn padrones de los propietarios de las casas: redujo el n√ļmero de aquellos a quienes suministraba trigo el Estado, de 320.000 a 150.000; y para que la formaci√≥n de estas listas no pudiese ser en lo venidero causa de nuevos disturbios, decret√≥ que el pretor pudiese reemplazar a los que fallecieran, por medio del sorteo, con los que no estaban inscritos.[128]
  • Distribuy√≥ a 80.000 ciudadanos en las colonias de ultramar, y para que no quedase exhausta la poblaci√≥n en Roma, decret√≥ que ning√ļn ciudadano mayor de 20 a√Īos y menor de 60 a√Īos, que no estuviese obligado por un cargo p√ļblico, permaneciese m√°s de 3 a√Īos fuera de Italia; que ning√ļn hijo de senador emprendiese viajes lejanos, si no era en compa√Ī√≠a o bajo el patronato de alg√ļn magistrado; y por √ļltimo, que los que criaban ganado tuviesen entre sus pastores, por lo menos, la tercera parte de hombres libres en edad de pubertad.[129]
  • Concedi√≥ el derecho de ciudadan√≠a a cuantos practicaban medicina en Roma o cultivaban las artes literarias, debiendo este favor fijarlos en la ciudad y atraer a otros.[129]
Restos del Foro de César, quien lo mandó edificar en Roma durante su dictadura.
  • En cuanto a las deudas, en vez de conceder la abolici√≥n, con af√°n esperada y reclamada sin cesar, decret√≥ que los deudores pagar√≠an seg√ļn la estimaci√≥n de sus propiedades y conforme al precio de estos bienes antes de la guerra civil, y que se deducir√≠a del capital todo lo que se hubiese pagado en dinero o en promesas escritas a t√≠tulo de usura, con cuya disposici√≥n desaparecer√≠a cerca de la cuarta parte de las deudas.[129]
  • Disolvi√≥ todas las asociaciones, exceptuando aquellas que ten√≠an origen en los primeros tiempos de Roma.[129]
  • Aument√≥ la penalidad en cuanto a los cr√≠menes, y como los ricos los comet√≠an sin perder nada de su caudal, decret√≥ contra los parricidas la confiscaci√≥n completa y contra los criminales la de la mitad de sus bienes.[129]
  • Declar√≥ nulo el matrimonio de un antiguo pretor que se hab√≠a casado con una mujer al segundo d√≠a de separada de su marido, aunque no se la sospechara de adulterio.[130]
  • Estableci√≥ impuestos sobre las mercanc√≠as extranjeras. Mandaba a los mercados guardias que secuestraran los art√≠culos prohibidos y los llevaran a su casa, yendo algunas veces lictores y soldados a recoger en los comedores lo que hab√≠a escapado a la vigilancia de los guardias.[130]
  • Prohibi√≥ el uso de literas, de la p√ļrpura y las perlas, exceptuando a ciertas personas, ciertas edades y en determinados d√≠as.[130]
  • En cuanto a la moneda, increment√≥ a cuatro el n√ļmero de tresviri auro argento aere flando feriundo (‚Äútriunviros responsables de la fundici√≥n y acu√Īaci√≥n de oro, plata y bronce‚ÄĚ), confiando la direcci√≥n de la ceca del templo de Juno Moneta (as√≠ como las rentas p√ļblicas) a algunos de sus propios esclavos.[131] Tambi√©n cre√≥ una ceca privada con la que acu√Ī√≥ regularmente, de 48 a 44 a. C., el oro que obtuvo en la Guerra de las Galias y saqueando el erario p√ļblico (15.000 lingotes).[132] Fij√≥ el peso del aureus en 1/40 de la libra romana (aproximadamente el equivalente a 8 gramos). Tuvieron gran √©xito al ser similares en peso y ley a las est√°teras macedonias.[133] Tambi√©n fij√≥ el √°ureo en 25 denarios, de modo que una libra de oro equivaliera a 1.000 denarios, tras el descenso del precio del oro (a 750 denarios la libra) que hab√≠an provocado el caudal de bot√≠n tra√≠do de las Galias.[132] Debe destacarse as√≠mismo que Julio C√©sar fue el primer dirigente romano vivo cuyo rostro apareci√≥ en una moneda en circulaci√≥n (44 a. C.), por autorizaci√≥n del Senado.[134] Sin embargo, no hubo ninguna emisi√≥n substancial de bronce bajo su gobierno, por lo que continu√≥ la escasez de numerario propia del siglo I a. C.[135] En un intento de restaurar la liquidez, hizo aprobar una ley que proh√≠b√≠a que nadie acumulara m√°s de 15.000 denarios, pretendiendo poner en circulaci√≥n las monedas atesoradas. Esta ley, como puede suponerse, debi√≥ ser sin duda alguna tan ineficaz como inaplicable.[136]
  • Para evitar problemas, fue el primer legislador romano que instal√≥ a sus veteranos en colonias fuera de Italia.[137]

César como militar

Indiscutiblemente, uno de los aspectos m√°s reconocidos de la personalidad de Julio C√©sar es, sin duda, su genio militar. Este genio fue puesto a prueba muchas veces a lo largo de su accidentada vida castrense, y C√©sar respondi√≥ a los retos casi siempre con innovaciones t√°cticas o a√Īagazas que sorprendieron a sus contrarios y que le hicieron ganar ventajas en un terreno u otro.

Seg√ļn Suetonio, C√©sar era un aut√©ntico soldado, que compart√≠a con sus milites las fatigas de la guerra; era experto en las armas y en equitaci√≥n.[138] Tambi√©n sabemos que era un general valiente,[139] que dirig√≠a sus tropas desde el propio frente de batalla, para que su ejemplo infundiera valor en los soldados, y era proclive a las arengas y mantenedor de una f√©rrea disciplina.[140] Sin embargo, sus soldados lo veneraban y fueron muy raros los casos de deserci√≥n, quiz√° debido al car√°cter magn√°nimo de C√©sar.[141] Tambi√©n montaba un caballo de nombre Genitor que naci√≥ en los establos que el general ten√≠a en su casa. El caballo presentaba atavismo en las patas, por lo que ten√≠a varios dedos largos rematados en pezu√Īa adem√°s de casco central,[142] algo causado por la desactivaci√≥n del gen inhibidor que impide el crecimiento de m√°s dedos en los caballos aparte del tercero durante el desarrollo embrionario.

Para ofrecer una visi√≥n lo m√°s amplia posible de la capacidad t√°ctica de C√©sar se ha elegido ofrecer breves rese√Īas de algunas de sus batallas; quiz√° no las m√°s representativas o fundamentales, pero s√≠ de las que supusieron alguna innovaci√≥n t√°ctica o una muestra de c√≥mo C√©sar dirig√≠a sus tropas: la Batalla de Bibracte como ejemplo de batalla contra fuerzas no romanas, la Batalla de Alesia como ejemplo de asedio, la Batalla de Farsalia como ejemplo de lucha entre romanos, la Batalla de Ruspina por la manera en la que se convirti√≥ de una derrota casi segura en una retirada ordenada, y la Batalla de Tapso en √Āfrica, que supuso la derrota de las fuerzas pompeyanas establecidas en esa provincia y, a la larga, la muerte de Cat√≥n y otras figuras se√Īeras de la oposici√≥n a C√©sar.

La Batalla de Bibracte

Artículo principal: Batalla de Bibracte

En el a√Īo 58 a. C., C√©sar acababa de tomar posesi√≥n de su cargo de proc√≥nsul de la Galia, cu√°ndo fue advertido de que una confederaci√≥n de pueblos germ√°nicos, compuesta por los helvecios, los boios y los tulingios, hab√≠an decidido dejar sus tierras ancestrales y emigrar a la Galia Comata.

Ambas fuerzas coincidieron en las cercanías de la localidad de Bibracte, donde César había tomado posiciones en lo alto de una colina. Contaba con cuatro legiones veteranas, las VII, VIII, IX y X, que ordenó en triplex acies al pie de la subida; las legiones XI y XII, de novatos, y los auxiliares fueron desplegados bajo una elevación del terreno en la cima.

Guerreros celtas.

Las fuerzas helvecias, quiz√° unos 77.000 guerreros si hemos de creer al propio C√©sar en sus Comentarii, avanzaron hacia los romanos en una formaci√≥n que C√©sar describe como ¬ęuna falange¬Ľ, lo que quiere decir que probablemente formaban una masa compacta que se agrupaba tras los escudos, no una formaci√≥n de tipo macedonio.[143]

Cuando la formaci√≥n helvecia se encontr√≥ al alcance adecuado, o sea unos 15 metros, de las filas romanas sali√≥ la primera salva de pila. Esta jabalina pesada estaba dise√Īada para retorcerse al clavarse en el escudo, dejando as√≠ al guerreo atacante la opci√≥n de portar un pesado escudo con una jabalina clavada que dificultaba su manejo, o deshacerse del escudo y luchar sin protecci√≥n.

La lluvia de pila tuvo el efecto de deshacer la formación helvecia, y los romanos aprovecharon para cargar, amparados tras sus escudos, con sus gladius, aprovechando el desnivel y corriendo colina abajo; sin escudos y mal armados, los helvecios fueron obligados a retroceder hasta una colina que se hallaba como a un kilómetro y medio.

Las legiones los siguieron, confiando en una rápida victoria, cuando, de pronto, aparecieron en el campo de batalla los boios y los tulingios, en cantidad de unos 15.000 guerreros, amenazando el flanco derecho del ejército romano.[144] El flanco derecho era el más peligroso, pues era el que no portaba escudo (que se llevaba en el brazo izquierdo).

Cogidos así entre la espada de los helvecios, que al ver aparecer a sus aliados se lanzaron al ataque con ánimo renovado, y a la pared de los boios y tulingios, César ordenó que la tercera línea de la triplex acies rotara hacia la derecha, colocándose en ángulo recto de cara a los nuevos atacantes, mientras que las fuerzas restantes, formadas en duplex acies hacían frente al renovado ataque de los helvecios.

Faltos del factor sorpresa en que habían confiado, peor armados que los romanos y los helvecios ya cansados por la lucha, fueron arrasados por las legiones.

La innovación táctica de César fue la rapidez en que, calculando el problema, había convertido la tradicional disposición legionaria en triplex acies en una formación novedosa, con un frente en duplex acies, que se encargó de frenar a los helvecios, y uno en simplex acies, que contuvo el ataque por el flanco y, eventualmente, le llevó a ganar la batalla.

La Batalla de Alesia

Artículo principal: Batalla de Alesia
Las fortificaciones construidas por César en Alesia de acuerdo a la hipótesis de localización en Alise-Sainte-Reine.
En el mapa de la esquina la cruz muestra la localización de Alesia en la Galia (hoy Francia). En el esquema, el círculo muestra el punto débil en la circunvalación.

Alesia estaba situada en la cima de una colina rodeada por valles y ríos y contaba con importantes defensas. Dado que un asalto frontal sobre la fortaleza sería suicida, César consideró mejor forzar un asedio de la plaza para rendir a sus enemigos por hambre. Considerando que había cerca de 80.000 hombres fortificados dentro de Alesia junto con la población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos. Para garantizar un bloqueo perfecto César ordenó la construcción de un perímetro circular de fortificaciones. Los detalles de los trabajos de ingeniería se encuentran en los Comentarios a la Guerra de las Galias (De Bello Gallico) de Julio César y han podido ser confirmados por las excavaciones arqueológicas en la zona. Se construyeron muros de 18 km de largo y 4 metros de alto con fortificaciones espaciadas regularmente en un tiempo récord de 3 semanas. Esta línea fue seguida hacia el interior por dos diques de cuatro metros y medio de ancho y cerca de medio metro de profundidad. El más cercano a la fortificación se llenó de agua procedente de los ríos cercanos. Asimismo, se crearon concienzudos campos de trampas y hoyos frente a las empalizadas con el fin de que su alcance fuese todavía más difícil, más una serie de torres equipadas con artillería y espaciadas regularmente a lo largo de la fortificación.[145]

La caballería de Vercingetórix a menudo contraatacaba los trabajos romanos para evitar verse completamente encerrados, ataques que eran contestados por la caballería germana que volvió a probar su valía para mantener a los atacantes a raya. Tras dos semanas de trabajo, parte de la caballería gala pudo escapar de la ciudad por una de las secciones no finalizadas. César, previendo la llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda línea defensiva exterior protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era de 21 km, incluyendo cuatro campamentos de caballería. Esta serie de fortificaciones les protegería cuando las tropas de liberación galas llegasen: ahora eran sitiadores preparándose para ser sitiados.[146]

Por estos tiempos, las condiciones de vida en Alesia iban empeorando cada vez más. Con los 80.000 soldados y la población local había demasiada gente dentro de la fortaleza para tan escasa comida.[147]

A finales de septiembre las tropas galas, dirigidas por Commio, acudieron en refuerzo de los fortificados en Alesia, y atacaron las murallas exteriores de César. Vercingetórix ordenó un ataque simultáneo desde dentro. Sin embargo, ninguno de estos intentos tuvo éxito y a la puesta del sol la lucha había acabado. Al día siguiente, el ataque galo fue bajo la cobertura de la oscuridad de la noche, y lograron un mayor éxito que el día anterior. César se vio obligado a abandonar algunas secciones de sus líneas fortificadas. Sólo la rápida respuesta de la caballería, dirigida por Marco Antonio y Cayo Trebonio, salvó la situación. La pared interna también fue atacada, pero la presencia de trincheras, los campos plantados de "lirios" y de "ceppos", que los hombres de Vercingetórix tenían que llenar para avanzar, les retrasaron lo suficiente como para evitar la sorpresa. Para entonces, la situación del ejército romano también era difícil.[148]

El d√≠a siguiente, el 2 de octubre, Vercasivellauno, un primo de Vercinget√≥rix, lanz√≥ un ataque masivo con 60.000 hombres, enfocado al punto d√©bil de las fortificaciones romanas, que C√©sar hab√≠a tratado de ocultar hasta entonces, pero que hab√≠a sido descubierto por los galos. El √°rea en cuesti√≥n era una zona con obstrucciones naturales en la que no se pod√≠a construir una muralla continua. El ataque se produjo combinando las fuerzas del exterior con las de la ciudad: Vercinget√≥rix atac√≥ desde todos los √°ngulos las fortificaciones interiores. C√©sar confi√≥ en la disciplina y valor de sus hombres, y orden√≥ mantener las l√≠neas. √Čl personalmente recorri√≥ el per√≠metro animando a sus legionarios.[149]

Reconstrucción actual de las fortificaciones de Alesia.

La caballería de Labieno fue enviada a aguantar la defensa del área en donde se había localizado la brecha de las fortificaciones. César, con la presión incrementándose cada vez más, se vio obligado a contraatacar la ofensiva interna, y logró hacer retroceder a los hombres de Vercingetórix. Sin embargo, para entonces la sección defendida por Labieno se encontraba a punto de ceder. César tomó una medida desesperada, tomando 13 cohortes de caballería (unos 6.000 hombres) para atacar el ejército de reserva enemigo (unos 60.000) por la retaguardia. La acción sorprendió tanto a atacantes como a defensores.[150]

Viendo a su general afrontar tan tremendo riesgo, los hombres de Labieno redoblaron sus esfuerzos. En las filas galas pronto empez√≥ a cundir el p√°nico, y trataron de retirarse. Sin embargo, como sol√≠a ocurrir en la antig√ľedad, un ej√©rcito en retirada desorganizada es una presa f√°cil para la persecuci√≥n de los vencedores, y los galos fueron masacrados. C√©sar anot√≥ en sus Comentarios que s√≥lo el hecho de que sus hombres estaban completamente exhaustos salv√≥ a los galos de la completa aniquilaci√≥n.[151]

En Alesia, Vercinget√≥rix fue testigo de la derrota del ej√©rcito exterior. Enfrent√°ndose tanto al hambre como a la moral, se vio obligado a rendirse sin una √ļltima batalla. Al d√≠a siguiente, el l√≠der galo present√≥ sus armas a Julio C√©sar, poniendo fin al asedio de Alesia y a la conquista romana de la Galia.[152]

La Batalla de Farsalia

Artículo principal: Batalla de Farsalia

Después de haber sido derrotados en la Batalla de Dyrrachium, los cesarianos se enfrentaron definitivamente en batalla campal a Pompeyo y sus aliados en las cercanías de Farsalia.

C√©sar ten√≠a con √©l a las legiones VII, VIII, IX, X, XI, XII y XIII muy reducidas en cuanto a fuerza, pues probablemente no estaban compuestas por m√°s de 2750 legionarios cada una de ellas, y, adem√°s las legiones VIII y IX, que hab√≠an sostenido el frente de batalla en Dyrrachium y hab√≠an quedado seriamente mermadas, a las que se les dio la orden de que actuaran como una sola y se protegieran una a la otra; adem√°s, contaba con un peque√Īo contingente de caballer√≠a. En el otro lado, Pompeyo dirig√≠a una fuerza de once legiones, posiblemente de 4.000 hombres cada una, y una caballer√≠a de 7.000 jinetes, junto con un fuerte destacamento de arqueros y honderos.[153]

Hondero balear.

Ambos generales formaron sus ej√©rcitos en triplex acies, uno frente a otro, y la caballer√≠a apostada en las respectivas alas izquierdas, pues los flancos derechos de las formaciones se apoyaban en el r√≠o Enipeus, que proteg√≠a de esa manera el ala derecha. C√©sar coloc√≥ a las legiones IX y VIII en el flanco derecho, apoyadas en el r√≠o, y despu√©s fue colocando sucesivamente a la XI, XII, XIII, VI, VII y X. Pero tras la l√≠nea de caballer√≠a, ocultos tras una peque√Īa elevaci√≥n del terreno, detrajo y coloc√≥ una cuarta fila, compuesta de seis cohortes, en sentido oblicuo a la caballer√≠a y que recibi√≥ √≥rdenes estrictas de no moverse bajo circunstancia alguna hasta que le fuera se√Īalado por un vexillum.[153]

Pompeyo había formado en una sistema más clásico, con todas sus legiones por igual y la caballería apoyada por una densa formación de arqueros y honderos, colocada tras ella; sin embargo, los había dispuesto en una formación más estática, con la idea táctica de que ofrecieran un muro de contención a la infantería cesariana, pues Pompeyo había depositado sus esperanzas en la superioridad de la caballería.

Caballería legionaria.

La batalla, si creemos a César, se abrió con la carga suicida de un centurión primípalo, esto es, el centurión que mandaba la primera centuria de la primera cohorte, un puesto de gran prestigio. Dicho centurión, de nombre Crastino, arrastró a 120 voluntarios con él a cargar contra la líneas de Pompeyo, en las que, lógicamente, fueron arrasados.[154]

Al ocurrir esto, las líneas primera y segunda de la formación cesariana cargaron, pero a mitad de camino pararon para coger aire al ver que las legiones de Pompeyo no contracargaban (quizá porque Pompeyo tenía la esperanza de que se cansaran previamente). Los cesarianos recompusieron sus líneas y en ése momento, Pompeyo dio orden a su caballería de cargar.

La caballería pompeyana salió al galope, dividida en sus turma individuales, seguida por los arqueros, con el fin de flanquear el ala izquierda de la formación de César, para atacar así desde la retaguardia y formar un martillo (caballería) y un yunque (infantería) para machacar a los cesarianos. La carga tuvo éxito con la caballería cesariana, que salió en desbandada.

Pero en ese momento, César ordenó a su línea escondida de seis cohortes que atacara. La caballería pompeyana se encontró con que, en vez de tomar por sorpresa por la retaguardia a las legiones cesarianas y desbaratarlas, una nueva línea de batalla se dirigía hacia ellos con ferocidad.

Las turmas que lideraban la carga entraron en pánico y huyeron, pero probablemente se toparon en su huida con los escuadrones que les seguían y que no sospechaban nada, sembrando así la consiguiente confusión. Los legionarios de César no arrojaron sus pila, sino que los usaron, por orden de su general, más como picas, enfrentándolos a la cara de los jinetes y sus caballos, aumentando de ésta manera el pánico y la confusión; así, una fuerza de apenas 1.650 legionarios puso en fuga a la caballería pompeyana y pudo dedicarse a destrozar a los ligeramente armados arqueros y honderos.[153]

A continuación, se lanzaron al ataque del ahora desprotegido flanco izquierdo de los pompeyanos, apoyados en ése momento por una ataque furioso de la tercera línea de las legiones cesarianas, que, sustituyendo a las cansadas primera y segunda líneas, presionaron el frente de batalla.

Atacadas por tropas de refresco en el centro, flanqueadas por la izquierda y por la retaguardia, las tropas pompeyanas primero vacilaron y luego emprendieron una huida en toda regla, dejando en el campo a 15.000 muertos, frente a los 200 de los cesarianos.[155] [156]

La genialidad de César fue prever que Pompeyo iba a usar su caballería para atacar, que la suya propia no tenía la fuerza para resistirla, y arbitrar un método completamente novedoso con la línea de 6 cohortes, tendiendo una celada a su enemigo, en la que cayó, y que le sirvió para ganar la batalla y destrozar a las principales fuerzas de los pompeyanos.

La Batalla de Ruspina

Artículo principal: Batalla de Ruspina

Tras Farsalia, una buena cantidad de tropas pompeyanas y de se√Īaladas figuras de la facci√≥n, como Cat√≥n el Joven, Quinto Cecilio Metelo P√≠o Escipi√≥n Nasica Corneliano y el antiguo legado principal de C√©sar en las Galias, Tito Labieno, se replegaron a la provincia de √Āfrica, para reorganizarse y plantar cara de nuevo al dictador; corr√≠a el a√Īo 46 a. C.

√Čste les persigui√≥, y despu√©s de desembarcar, fij√≥ sus reales en Ruspina, cerca de la actual Al Munastir. Tras una serie de peripecias, sali√≥ en busca de trigo con una fuerza de 30 cohortes armadas ¬ęa la ligera¬Ľ,[157] o sea, unos 13.000 hombres m√°s o menos, dos mil jinetes y ciento cincuenta arqueros.[157]

S√ļbitamente, a unos cinco kil√≥metros del campamento, los exploradores de C√©sar le avisaron de que se aproximaba una gran fuerza de infanter√≠a hacia ellos: eran tropas pompeyanas al mando de Labieno. Consciente de su inferioridad, C√©sar ordena a su exigua caballer√≠a y a los pocos arqueros que ten√≠a que salieran del campamento y le siguieran a corta distancia.

Mientras C√©sar estaba colocando a sus hombres, que dada la exig√ľidad de esta fuerza "expedicionaria", iban formados en simplex acies con la caballer√≠a en alas,[158] Labieno despleg√≥ sus fuerzas, que resultaron estar constituidas en su inmensa mayor√≠a por caballer√≠a y no por infanter√≠a. Fue una h√°bil celada tendida por el comandante pompeyano, que hab√≠a juntado al m√°ximo sus l√≠neas, intercalando una numerosa tropa de infanter√≠a ligera n√ļmida entre los jinetes para dar ese efecto desde la distancia.[159]

Mientras los pompeyanos avanzaron en una l√≠nea simple de extrema longitud, C√©sar hab√≠a desplegado sus tropas a fines de no verse flanqueado por las de su enemigo. Pero esto fue precisamente lo que ocurri√≥: mientras las pocas tropas de caballer√≠a luchaban en vano para no ser superadas, el centro de la formaci√≥n de C√©sar se vio golpeado por la masa de la caballer√≠a pompeyana y la infanter√≠a ligera n√ļmida, que atacaban y se retiraban sucesivamente.

La infanter√≠a cesariana respondi√≥ como pudo, pero empez√≥ a disgregarse. Al verlo, C√©sar orden√≥ que ning√ļn soldado se alejara m√°s de cuatro pasos de su unidad.[160] Pero la superioridad num√©rica del enemigo, la escasa caballer√≠a cesariana, los heridos y caballos perdidos, hicieron que la formaci√≥n de C√©sar empezara a colapsarse. En √©se momento, C√©sar orden√≥ a sus tropas que adoptaran una formaci√≥n defensiva, denominada orbis (literalmente: orbe), b√°sicamente una formaci√≥n en c√≠rculo que ten√≠a como misi√≥n la de no ofrecer el flanco al enemigo.

Pero se encontró rodeado por todos lados por las tropas, mucho más numerosas y móviles, de Labieno -en un lejano eco de la desastrosa Batalla de Cannas -, y algunos de sus más recientes reclutas comenzaron a fallar; ante ello César tomó una decisión: ordenó extender la línea de batalla en orden cerrado tan lejos como fuera posible. Esta maniobra fue siempre altamente desaconsejada por los tácticos romanos porque llevaba excesivo tiempo llevarla a cabo;[161] sin embargo, esta vez las fuerzas de César lo hicieron rápidamente y una vez que se hallaron desplegadas en una sola línea, César dio otra orden: que cada cohorte par diera un paso atrás y se enfrentaran de cara a su enemigo, con lo que consiguió transformar la simplex acies en una duplex acies.[160] [162]

En ese momento, la caballería cesariana apareció para romper definitivamente el círculo, forzando a los pompeyanos a formar dos líneas de batalla separadas por las tropas cesarianas. Entonces, los sorprendidos pompeyanos se vieron sometidos a una lluvia de pila por parte ambos lados de la formación contraria, lo que provocó que vacilaran y se echaran atrás una distancia, no lo suficientemente grande como para disgregarse, pero sí para que César ordenara la vuelta al campamento en orden de batalla.

Una tropa de infantería romana formando en testudo.

Mientras volv√≠an a sus reales, los pompeyanos se vieron reforzados por la inesperada llegada de una fuerza de 1.600 jinetes y un gran n√ļmero de infantes, al mando de Marco Petreyo y Gneo Pis√≥n, que hizo que atacaran de nuevo con renovadas fuerzas, rodeando otra vez a los cesarianos, pero ahora desde m√°s lejos a fines de que C√©sar no volviera a repetir la maniobra, y lanzando sobre sus tropas una lluvia de armas arrojadizas. Las tropas de C√©sar se pararon y, ante la avalancha, quiz√° formaron un ¬ętestudo¬Ľ (=tortuga), una formaci√≥n en la que los legionarios se cubr√≠an con los escudos.[163]

A medida que las tropas pompeyanas se iban quedando sin jabalinas y que su energ√≠a combativa disminu√≠a frente a la cerrada formaci√≥n de C√©sar, √©ste se dio cuenta de que llegaba el momento de romperla y atacar s√ļbitamente, por lo que curs√≥ √≥rdenes de que a una se√Īal suya, se levantara el muro de escudos para dejar pasar a unas cohortes selectas, que adoptando la formaci√≥n en cu√Īa golpearon a las tropas pompeyanas.[164] Del relato de la Guerra de √Āfrica no queda claro si √©ste ataque se produjo en varios puntos determinados o fue un ataque masivo sobre un s√≥lo punto, pero lo cierto es que tuvo el efecto deseado y las tropas pompeyanas se abrieron, dejando expedito el paso a C√©sar y a sus hombres que se retiraron en formaci√≥n hacia su campamento, donde se fortificaron.

Lo verdaderamente genial de √©sta batalla no es la derrota en s√≠ de C√©sar, sino c√≥mo mediante una serie de decisiones t√°cticas y variadas formaciones de batalla, logr√≥ que lo que podr√≠a haber sido una masacre se convirtiera en una retirada organizada, en la que conserv√≥ el mayor n√ļmero posible de efectivos.[165]

La Batalla de Tapso

Artículo principal: Batalla de Tapso
Elefantes de guerra cargando.

Tras la Batalla de Farsalia, las tropas pompeyanas se hab√≠an refugiado en la provincia de √Āfrica, donde al mando de destacados miembros de la facci√≥n conservadora, como Cat√≥n el Joven y Quinto Cecilio Metelo Escipi√≥n, hab√≠an logrado reorganizarse y estaban dispuestos a continuar la lucha. Los conservadores reunieron sus fuerzas a una velocidad impresionante. Su ej√©rcito inclu√≠a 40.000 hombres (unas 10 legiones), una poderosa caballer√≠a dirigida por el que fue anteriormente la mano derecha de C√©sar en la Galia, Tito Labieno, y fuerzas aliadas de reyes locales, entre ellos el n√ļmida Juba I y 60 elefantes de guerra. C√©sar ten√≠a consigo al menos 5 legiones, aunque no podemos saber c√≥mo estaban de completas, y una estimable fuerza de caballer√≠a.

Tras el incidente de Ruspina, siguieron una serie de encuentros no decisivos entre las tropas de ambas facciones, peque√Īas batallas para medir sus fuerzas, y durante ese tiempo dos legiones de los conservadores desertaron para unirse a C√©sar. Mientras tanto, C√©sar esperaba refuerzos de Sicilia.[166]

A comienzos de febrero, César llegó a Tapso y puso cerco a la ciudad, bloqueando la entrada sur con tres filas de fortificaciones. Los conservadores, bajo el mando de Metelo Escipión, no podían permitirse perder esa posición, por lo que se vieron obligados a entablar batalla.[167]

Disposici√≥n de los ej√©rcitos en la Batalla de Tapso, seg√ļn un grabado antiguo.

Escipión desplegó sus tropas, formando las legiones en el centro en cuadruplex acies, puso la caballería en las alas, delante de las cuales situó la mitad de sus elefantes de guerra (treinta en el ala derecha y treinta en el ala izquierda); por detrás de las filas legionarias, puso en el ala izquierda una formación de tropas ligeras y otra mixta de caballería e infantería ligera, y en el ala derecha una mixta de caballería e infantería ligera.[168] [169]

César formó con las legiones en el centro, en triplex acies,(las X y VII a la derecha y las VIII y IX a la izquierda), situó la caballería en la alas, y frente a los elefantes desplegó a sus arqueros y honderos. Pero dividió la Legio V Alaudae en dos grupos de cinco cohortes cada uno, y los situó detrás de las formaciones de arqueros y honderos.[168] [169]

Aunque la batalla comenz√≥ antes de lo que C√©sar hubiera deseado,[167] debido a la impaciencia de sus soldados del ala derecha, tom√≥ r√°pidamente el mando de la situaci√≥n y orden√≥ el ataque. Los arqueros y honderos del ala derecha dispararon sus proyectiles contra los elefantes del ala izquierda de los pompeyanos, que al recibir la lluvia de flechas y piedras, se asustaron y dieron media vuelta, cargando contra sus propias filas. En √©se momento, la caballer√≠a ligera n√ļmida apostada por Escipi√≥n en esa ala, carg√≥ hacia el frente al verse desprotegida el muro de elefantes, pero fueron desbandados por la carga de las legiones, y la Legio X tom√≥ posesi√≥n del campamento pompeyano, impidiendo as√≠ la huida de los enemigos.[170] [169]

Sin un lugar al que volver, con las tropas en desbandada, rendidas o muertas, los líderes pompeyanos abandonaron el campo de batalla a César, con lo que dieron por perdida la guerra.[171]

La genialidad de César en la batalla fue el movimiento táctico de colocar infantería legionaria protegiendo a los arqueros y honderos de los elefantes, y asumir con prontitud el desarrollo de la misma, usando a su favor la precipitación con la que había comenzado.

César como historiador y escritor

V√©anse tambi√©n: De Bello Gallico y De Bello Civili

La obra escrita que llega hasta nuestros días coloca a César entre los grandes maestros de la lengua latina. Sus trabajos conocidos incluyen:

No se puede asegurar que la autor√≠a del llamado "Corpus Cesariano" o "Tria Bella", esto es la Guerra de Alejandr√≠a, la Guerra de √Āfrica y la Guerra de Hispania, sea de C√©sar y entre sus traductores existe un consenso generalizado acerca de que no fueron escritas por √©l, aunque s√≠ est√°n posiblemente basadas en sus notas.[172]

Tanto la Guerra de las Galias como la Guerra Civil, son indiscutiblemente obra de C√©sar y est√°n escritas en un lat√≠n de gran perfecci√≥n sint√°ctica. Ambas son prueba de la erudici√≥n de su autor y fueron usadas, sobre todo, como propaganda ante el Senado y el pueblo de Roma. En ellas hace important√≠simas referencias a m√ļltiples aspectos de la vida cotidiana en el ej√©rcito romano de la tardorrep√ļblica, de su organizaci√≥n, t√°cticas, t√©cnicas y armamento.[173] [174]

Asimismo, hizo descripciones etnogr√°ficas de pueblos celtas y germanos incluyendo temas como la organizaci√≥n social y militar, la religi√≥n o la lengua que a√ļn hoy en d√≠a son de obligado estudio para los expertos en las diferentes materias.[174]

Igualmente describi√≥ lugares geogr√°ficos, como la Selva Hercinia,[175] y describe en sus escritos importantes aspectos que permiten comprender mejor la pol√≠tica de la Rep√ļblica romana de los √ļltimos a√Īos del siglo I a. C. y a figuras como Pompeyo, Cicer√≥n, Cat√≥n y otros.[173]

Adem√°s se sabe que sent√≠a curiosidad por muchos temas, desde la filosof√≠a griega hasta la astronom√≠a, pasando por temas sagrados o ling√ľ√≠sticos. Por referencias en otros autores cl√°sicos, se sabe que C√©sar compuso un tratado de astronom√≠a, otro de ling√ľ√≠stica y otro m√°s sobre augurios, pero se han perdido y no se conoce ni siquiera un p√°rrafo de ellos.

También se sabe por Suetonio que compuso un tratado en defensa suya llamado el Anticatón, dos libros sobre la Analogía y, al menos, un poema llamado El Camino; en su juventud escribió las Alabanzas de Hércules, una tragedia con el título de Edipo y una Colección de frases selectas.[176] Parece ser que se conservaban sus oficios al Senado, sus cartas a Cicerón y su correspondencia privada. Sin embargo, Augusto prohibió a su bibliotecario que todos estos documentos fueran copiados o publicados, por lo que acabaron perdiéndose.[177] Se sabe que era un magnífico orador, pues tanto Plutarco como Suetonio lo mencionan, y parece ser que también Cicerón y Cornelio Nepote avalaban ésta opinión.[178] También se conoce que empleaba un latín de gran perfección.[179]

La obra conocida de César no puede tomarse como la de un historiador moderno, pues su intención no era esa. Las obras que se conservan y cuya autoría no es discutida, esto es, los Comentarios sobre las Guerras Galas y Civil, eran un instrumento de propaganda y un informe de progresos para el Senado, no una obra como las de Tácito o Polibio, por lo que todas sus afirmaciones, en especial las políticas, deben ser analizadas desde un ánimo crítico.[180] El hecho de que la mayor parte de la obra literaria de César se haya perdido es un inconveniente que, no por habitual en la mayoría de los autores clásicos deja de ser lamentable y que ha impedido una crítica razonada de César como autor, ya que los historiadores sólo pueden basarse en unos libros que, pese a ser de los más importantes en la Historia Occidental, no dejaban de ser más un instrumento de propaganda que un alarde de erudición.[181]

A√ļn as√≠, con todas sus limitaciones, en muchas ocasiones, sus escritos son el √ļnico testimonio antiguo que se posee sobre muchos aspectos de los pueblos, usos y costumbres de la √©poca.[182]

César en la literatura y el cine

James Mason como Bruto en la película Julio César de 1953.
Rex Harrison interpretando a Julio César en Cleopatra.

Julio César ha sido con frecuencia representado en obras literarias y cinematográficas. En la literatura, destacan:

  • La novela C√©sar de Allan Massie, que el mismo Adrian Goldsworthy recomienda por su fidelidad a los hechos hist√≥ricos.[184]
  • C√©sar es uno de los personajes que aparecen en la serie de novelas hist√≥ricas de Colleen McCullough

En cuanto al cine, el personaje ha aparecido en numerosos filmes, desde la pantalla grande a la televisión, bien como protagonista, bien como personaje secundario.

Uno de los m√°s reputados, tanto por la calidad de la cinta como por la de sus actores, es la pel√≠cula del a√Īo 1953, Julio C√©sar, dirigida por Joseph L. Mankiewicz y cuyos papeles principales los desempe√Īaban Marlon Brando (como Marco Antonio), Louis Calhern (como C√©sar), Deborah Kerr (como Porcia) y James Mason (como Bruto). Con m√ļsica de Mikl√≥s R√≥zsa, el guion es una adaptaci√≥n de la obra de teatro de Shakespeare. Fue nominada a cinco Premios √ďscar, de los que gan√≥ uno.[185]

Otro de los filmes m√°s premiados y conocidos, en el que C√©sar es protagonista, es la cinta Cleopatra. Dirigida por Joseph L. Mankiewicz, con fotograf√≠a de Leon Shamroy y m√ļsica de Alex North, los papeles principales fueron interpretados por Elizabeth Taylor como Cleopatra, Richard Burton como Marco Antonio y Rex Harrison como C√©sar. Fue nominada a ocho premios √ďscar de los que gan√≥ cuatro.[186]

En el mundo del cómic, sin duda una de las más célebres representaciones de César es el personaje salido de la pluma y el pincel de Goscinny y Uderzo, antagonista (soberbio, orgulloso, pero al final, casi siempre justo) de su célebre personaje Astérix.

Filmografía

A√Īo Pel√≠cula Director Actor
1908 Julius Caesar J. Stuart Blackton/William V. Ranous Charles Kent
1911 Julius Caesar Frank R. Benson Guy Rathbone
1917 Cleopatra J. Gordon Edwards Fritz Leiber
1934 Cleopatra Cecil B. DeMille Warren William
1945 Caesar and Cleopatra Gabriel Pascal Claude Rains
1950 Julius Caesar David Bradley Harold Tasker
1953 Julius Caesar Joseph L. Mankiewicz Louis Calhern
1960 Spartacus Stanley Kubrick John Gavin
1963 Cleopatra Joseph L. Mankiewicz Rex Harrison
1970 Julius Caesar Stuart Burge John Gielgud
1979 Julius Caesar Michael Langham Sonny Jim Gaines
1999 Cleopatra Franc Roddam Timothy Dalton
2001 Vercingétorix Jacques Dorfmann Klaus Maria Brandauer
2002 Julius Caesar Uli Edel Jeremy Sisto
2003 Imperium: Augustus Roger Young Peter O'Toole
2005 Rome Varios Ciar√°n Hinds

Cronología

Véase también

Notas

  1. ‚ÜĎ Epigr√°ficamente, IMP¬∑GAIVS¬∑IVLIVS¬∑CAESAR, es decir, el Emperador Cayo Julio C√©sar, seg√ļn el sistema de filiaci√≥n (praenomen, nomen y patronimicus) de la nomenclatura romana. Tras su muerte, en 42 a. C. fue deificado por el Senado, convirti√©ndose en Divus Caesar, el Divino C√©sar.
  2. ‚ÜĎ La fecha del nacimiento de C√©sar no aparece con claridad en ning√ļn texto antiguo. Wilhelm Drumann, al que siguen Piganiol, Klotz y Cary, la situaba en el a√Īo 100 a. C.; J√©r√īme Carcopino se√Īalaba al a√Īo 101, y Theodor Mommsen el 102, con el benepl√°cito de Fowler, Ferrero y Holmes.
  3. ‚ÜĎ Juez que dirim√≠a las disputas entre ciudadanos romanos.
  4. ‚ÜĎ Facci√≥n conservadora del Senado.

Referencias

  1. ‚ÜĎ Plutarco, C√©sar, 1; Suetonio, C√©sar, 1-2.
  2. ‚ÜĎ Probablemente en la campa√Īa electoral de 71 a. C. (Canfora 2000: 30).
  3. ‚ÜĎ V√©ase nota 2.
  4. ‚ÜĎ Seg√ļn Suetonio (Vida de C√©sar, C√©sar 6):
    Por parte materna la estirpe de mi tía tiene origen de reyes, por parte de padre está emparentada con los dioses inmortales. Pues los Marcio reyes proceden de Anco Marcio y de tal linaje ha sido su madre; y del de Venus los Julios, a cuya estirpe pertenece nuestra familia. Existe por tanto en la raza la sacralidad de los reyes, que destacan enormemente entre los hombres, y también el encumbramiento de los dioses, bajo cuya potestad están los mismos reyes.
  5. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, p√°g. 55.
  6. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, p√°g. 53
  7. ‚ÜĎ T√°cito, Cornelio. De oratoribus, 28
  8. ‚ÜĎ Gerald Walter, C√©sar: "Cap√≠tulo II", p√°g 16. Impreso: Ediciones Ciencias Sociales ISBN 956-06-0465-X
  9. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 45
  10. ‚ÜĎ Plutarco, Vidas paralelas, C√©sar y Alejandro, 17
  11. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g 598
  12. ‚ÜĎ Montanelli, Indro Historia de Roma, p√°g 228
  13. ‚ÜĎ Montanelli, Indro, Historia de Roma, p√°g. 228
  14. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g.95
  15. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, p√°g.94
  16. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, p√°gs. 99-108
  17. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, p√°g 103
  18. ‚ÜĎ Montanelli, Indro, Historia de Roma, p√°g.228
  19. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian Grandes Generales del Ej√©rcito Romano, p√°g. 213
  20. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g 133
  21. ‚ÜĎ Plutarco, Vidas Paralelas, Alejandro y C√©sar. 24, 5
  22. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar 1, 7
  23. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°gs. 142-143
  24. ‚ÜĎ en la elecci√≥n, que fue llevada a cabo en los Comicios, tuvo el apoyo, entre otros de Tito Labieno que lo propuso en su calidad de tribuno
  25. ‚ÜĎ a b Suetonio Vida de los Doce C√©sares, C√©sar, 13
  26. ‚ÜĎ Plutarco. Vidas paralelas, Alejandro y C√©sar. 9-10
  27. ‚ÜĎ a b Montanelli, Indro Historia de Roma, p√°gs 221-223
  28. ‚ÜĎ Al parecer, recibi√≥ una misiva. Cat√≥n, pensando que era alg√ļn escrito incriminatorio, le oblig√≥ a leerla en publico; result√≥ ser una carta de amor de la propia hermana de Cat√≥n
  29. ‚ÜĎ Mommsen, Theodor, Historia de Roma, vol. 4., p√°g. 201.
  30. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian Op. cit, p√°g 198-199
  31. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian op. cit. p√°g. 199. Probablemente dej√≥ a su cuestor a cargo de la provincia.
  32. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, op. cit., p√°g. 210
  33. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, op. cit. p√°g 212
  34. ‚ÜĎ Di√≥n Casio, op. cit., 37.54.1-2
  35. ‚ÜĎ Holland, Tom Rubic√≥n, p√°g 246
  36. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian. op. cit., p√°g 215
  37. ‚ÜĎ Holland, Tom Rubic√≥n, p√°g 247
  38. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, op. cit., p√°gs. 210-211
  39. ‚ÜĎ Di√≥n Casio, op. cit. 38.3
  40. ‚ÜĎ Apiano, 2.9.
  41. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°gs. 227-229
  42. ‚ÜĎ Montanelli, Indro, Historia de Roma, p√°g 229-230
  43. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, Grandes Generales del Ejercito Romano, p√°g.215
  44. ‚ÜĎ a b Goldsworthy, Adrian Grandes Generales del Ejercito Romanop√°g 215
  45. ‚ÜĎ a b c Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°gs. 224-227
  46. ‚ÜĎ Suetonio Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 20. Al parecer hab√≠a una copla popular a √©ste respecto, que dec√≠a ¬ęNon Bibulo quidquam nuper, sed Cesare factum est: Non Bibulo fieri consulte nil memini¬Ľ, esto es, ¬ęNada es de Bibulo todo es de C√©sar, pues nadie recuerda lo que hizo aquel¬Ľ.
  47. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g 256-257
  48. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g 267
  49. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g 347 y ss.
  50. ‚ÜĎ a b C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, passim
  51. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar,p√°g. 439
  52. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g 456
  53. ‚ÜĎ Plutarco, Vidas Paralelas, C√©sar, 15
  54. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian. C√©sar, p√°g. 336
  55. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°gs 337-338
  56. ‚ÜĎ Montanelli, Indro Historia de Roma, p√°g 243
  57. ‚ÜĎ Montanelli, Indro Historia de Roma, p√°g 243
  58. ‚ÜĎ Montanelli, Indro, Historia de Roma, p√°g 243-244
  59. ‚ÜĎ Montanelli, Indro, Historia de Roma, p√°g 244
  60. ‚ÜĎ C√©sar, Julio. Bellum Civile. Libro I. P√°g. 69, 7.
  61. ‚ÜĎ Montanelli, Indro. Historia de Roma, p√°g 244
  62. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, p√°g. 485) propone √©sta (10 de enero) como fecha m√°s probable, aunque afirma que es imposible conocer el d√≠a exacto en que se produjo este hecho en su biograf√≠a de C√©sar, sin embargo, en el libro del mismo autor Grandes Generales del Ej√©rcito Romano, se decanta por el d√≠a 11 de Enero. Kovaliov, S.I. (Historia de Roma, p√°g 506, nota 201) propone el d√≠a 7 como fecha, el mismo d√≠a en que se promulgaron las leyes en el senado, aunque dadas las distancias entre ambas ciudades, este hecho parece poco probable. Kovaliov dice:
    Las circunstancias históricas reales del cruce son desconocidas. No se puede descartar que César pasara el Rubicón antes del día 7 de Enero y que los tribunos de la plebe lo encontrasen en Rímini, debido a que para César era importante demostrar que no fue él el que inició la guerra civil. Por eso la tradición, que le ha sido favorable, presenta los hechos como si el cruce del confín hubiera sucedido después del 7 de enero.
    En cualquier caso, hay que tener en cuenta que Kovaliov es materialista hist√≥rico. La √ļnica conclusi√≥n es que la fecha del paso del Rubic√≥n no est√° definitivamente fijada.
  63. ‚ÜĎ , ¬ęAlea iacta est¬Ľ (¬ęLa suerte est√° echada¬Ľ). Se suele creer que C√©sar pronunci√≥ esta frase en lat√≠n. Originalmente es una frase del dramaturgo ateniense Menandro, uno de los autores preferidos de C√©sar y la pronunci√≥ en griego. Suetonio, op.cit. Pompeyo, 60 y C√©sar 32.
  64. ‚ÜĎ a b Montanelli, Indro, Historia de Roma, p√°g. 245
  65. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 34
  66. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar,35
  67. ‚ÜĎ Montanelli, Indro, Historia de Roma, p√°g 248.
  68. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 35
  69. ‚ÜĎ a b ¬ęVeni, vidi, vici¬Ľ (¬ęLlegu√©, vi, venc√≠¬Ľ). Frase pronunciada por C√©sar en el Senado romano haciendo referencia a la facilidad de su victoria contra Farnaces II del Ponto. Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 35 y respecto de la frase Veni, Vidi, Vici, op. cit., 37
  70. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 35 in fine
  71. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar. p√°g 601
  72. ‚ÜĎ Suetonio, Vidas de los doce C√©sares, C√©sar, 24
  73. ‚ÜĎ Suetonio, Vidas de los doce C√©sares, C√©sar, 38.
  74. ‚ÜĎ a b c d Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 39
  75. ‚ÜĎ Plinio, Naturalis Historia XXXIV, 18.
  76. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar p√°g 641
  77. ‚ÜĎ Walter, Gerard C√©sar, Cap√≠tulo 57 pag 482. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  78. ‚ÜĎ a b c d Walter, Gerard Cesar Cap√≠tulo 57 pag 483. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  79. ‚ÜĎ Walter, Gerard C√©sar Cap√≠tulo 57 pag 484. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  80. ‚ÜĎ a b c Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 79
  81. ‚ÜĎ Walter, Gerard C√©sar: Cap√≠tulo 57 pag 485. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  82. ‚ÜĎ Walter, Gerard C√©sar,: Cap√≠tulo 57 pag 486. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  83. ‚ÜĎ Walter, Gerard C√©sar Cap√≠tulo 57 pag 487. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  84. ‚ÜĎ Montanelli, Indro Historia de Roma. p√°g. 255
  85. ‚ÜĎ Montanelli, Indro Historia de Roma. p√°g. 255
  86. ‚ÜĎ Walter, Gerard C√©sar: Cap√≠tulo 58 pag 491. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales
  87. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 80
  88. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 82 in fine
  89. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar. p√°gs 643-646
  90. ‚ÜĎ Montanelli, Indro Historia de Roma, p√°g 254
  91. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar p√°g.650
  92. ‚ÜĎ Los romanos no escrib√≠an en papel, sino en tablillas de madera cubiertas de cera. Para grabar los signos usaban un punz√≥n
  93. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar p√°g. 651
  94. ‚ÜĎ a b c d Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 82
  95. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar p√°g 652
  96. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 80
  97. ‚ÜĎ Shakespeare, William La Tragedia de Julio C√©sar. Acto III, escena I
  98. ‚ÜĎ Plutarco, Vidas Paralelas, C√©sar, 66
  99. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 84-85
  100. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 81
  101. ‚ÜĎ V√©ase la etimologia de la palabra K√§iser en el DRAE; en cu√°nto a la etimolog√≠a de Zar, proviene del ruso —Ü–į—Ä—Ć, a su vez del eslav√≥nico —Ü—£—Ā–į—Ä—Ć, procedente del lat√≠n caesar, se puede ver en esta web
  102. ‚ÜĎ Carcopino, Jer√īme (2004): Julio C√©sar. El proceso cl√°sico de la concentraci√≥n del poder, p. 257 seqq.
  103. ‚ÜĎ a b c d e f Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 44
  104. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 88
  105. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, Vespasiano, 23.4
  106. ‚ÜĎ Plinio el Viejo, Historia Natural, 1
  107. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 26
  108. ‚ÜĎ T√°cito, Di√°logo de los oradores, 28, 6
  109. ‚ÜĎ Plutarco, Vida de C√©sar, 10
  110. ‚ÜĎ Plutarco, Vida de C√©sar, 7
  111. ‚ÜĎ Suetonio,Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 74
  112. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 83
  113. ‚ÜĎ Apiano, Guerra civil, III, 22-23
  114. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, Augusto, 8
  115. ‚ÜĎ Toda la interpretaci√≥n de esta frase reposa en la traducci√≥n de dimissa. El verbo dimittere parece siempre haber sido empleado por Suetonio con el sentido de "divorciar". Monroe E. Deutsch, Caesar's first wife, Classical Philology, Vol. 12, No. 1. (enero de 1917), p√°gs. 93-96
  116. ‚ÜĎ Si Pompeya Sila es la tercera esposa de C√©sar, y Cornelia la primera, Plutarco no menciona la identidad de la segunda esposa. Parece m√°s plausible que Cornelia fuera la segunda esposa de C√©sar y Cossutia la primera. El comentario se encuentra en la Histoire de Jules Cesar, monumental obra de Napole√≥n III sobre C√©sar; ver Napole√≥n III
  117. ‚ÜĎ Plutarco, Vidas paralelas, C√©sar 5, 6
  118. ‚ÜĎ T√°cito, Anales, Libro III, VI: ¬ę...as√≠ el divino Julio, privado de su hija √ļnica¬Ľ.
  119. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, p√°gs. 637-638
  120. ‚ÜĎ a b Plutarco, Vidas paralelas, Bruto, 5
    Se dice que, en ese día, César sintió por él el más vivo interés: recomendó a sus oficiales que no le mataran en el combate y, que lo trajeran a su presencia si se rendía voluntariamente; que le dejasen ir si se defendía contra aquellos que le arrestasen, y que no hicieran ninguna violencia contra él.
  121. ‚ÜĎ a b c d Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 50
  122. ‚ÜĎ Plutarco, Vidas paralelas, Bruto, 5
  123. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 51
  124. ‚ÜĎ a b c Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 52
  125. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian op.cit., p√°g 606
  126. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 40
  127. ‚ÜĎ Syme, Ronald (1989): La revoluci√≥n romana, pp. 112-34).
  128. ‚ÜĎ a b c d Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 41
  129. ‚ÜĎ a b c d e Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 42
  130. ‚ÜĎ a b c d Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 43
  131. ‚ÜĎ Suetonio, C√©sar, 76.
  132. ‚ÜĎ a b Suetonio, C√©sar, 54.
  133. ‚ÜĎ Harl, Kenneth (): Coinage in the Roman Economy, 53.
  134. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian, C√©sar, pag. 633
  135. ‚ÜĎ Burnett, Andrew (1987): Coinage in the Roman World, p. 36.
  136. ‚ÜĎ (Burnett 1987: 197).
  137. ‚ÜĎ Meliani, Chiara et alii, Atlas Ilustrado de la Antigua Roma, p√°g. 111
  138. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 64, dice:
    Era César muy diestro en el manejo de las armas y caballos y soportaba la fatiga hasta lo increíble; en las marchas precedía al ejército, algunas veces a caballo, y con más frecuencia a pie, con la cabeza descubierta a pesar del sol y de la lluvia. Salvaba largas distancias con increíble rapidez, sin equipaje, en un carro de alquiler, recorriendo de esta forma hasta cien millas por día. Si le detenían los ríos, los pasaba a nado o sobre odres henchidos, y con frecuencia se anticipaba a sus correos.
  139. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 53-54, cuenta por ejemplo:
    En Alejandr√≠a atac√≥ un puente, pero una inesperada salida del enemigo le oblig√≥ a saltar a una barca, perseguido por gran n√ļmero de enemigos; se lanz√≥ al mar, y recorri√≥ a nado el espacio de doscientos pasos hasta otra nave, sacando la mano derecha fuera del agua para que no se mojasen los escritos que llevaba, y llevando cogido con los dientes su manto de general para no abandonar aquella prenda al enemigo.
  140. ‚ÜĎ Suetonio, op. cit., 62-65
  141. ‚ÜĎ Suetonio, op. cit, 66-75
  142. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 61
  143. ‚ÜĎ Cowan, Ross Roman Battle Tactics. p√°g. 25
  144. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 1-24-26
  145. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 69-70
  146. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 70-2
  147. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 71-4
  148. ‚ÜĎ C√©sar,Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 79-80
  149. ‚ÜĎ C√©sar,Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 82-83
  150. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 87-88
  151. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 88-6
  152. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 89
  153. ‚ÜĎ a b c Cowan, Ross Roman Battle Tactics, p√°g. 26-27
  154. ‚ÜĎ C√©sar, Julio, Guerra Civil, 3 84-99
  155. ‚ÜĎ C√©sar, Julio Guerra Civil, 3 84-99
  156. ‚ÜĎ Plutarco, Vidas paralelas, Pompeyo, 69-72
  157. ‚ÜĎ a b An√≥nimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 12-3
  158. ‚ÜĎ Cowan, Ross Roman Battle Tactics, p√°g. 15
  159. ‚ÜĎ An√≥nimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 13-2
  160. ‚ÜĎ a b An√≥nimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 15-2
  161. ‚ÜĎ Frontino, Strategicon, 12-b-17
  162. ‚ÜĎ Cowan, Ross, Roman Battle Tactics, p√°g. 17
  163. ‚ÜĎ Cowan, Ross, Roman Battle Tactics, p√°g 18
  164. ‚ÜĎ An√≥nimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 18-4-5
  165. ‚ÜĎ Cowan, Ross, Roman Battle Tactics, p√°g. 18
  166. ‚ÜĎ An√≥nimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 70-78
  167. ‚ÜĎ a b Cowan, Ross Roman Battle Tactics, p√°g. 30
  168. ‚ÜĎ a b An√≥nimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 81
  169. ‚ÜĎ a b c Cowan, Ross Roman Battle Tactics, p√°g. 31
  170. ‚ÜĎ An√≥nimo, Guerra de Africa, 81-84
  171. ‚ÜĎ Cowan, Ross Roman Battle Tactics, p√°g. 32
  172. ‚ÜĎ C√©sar, Cayo Julio y Autores del Corpus Cesariano, Guerra Civil; Guerra de Alejandr√≠a; Guerra de √Āfrica; Guerra de Hispania, Introducci√≥n
  173. ‚ÜĎ a b C√©sar, Cayo Julio y Autores del Corpus Cesariano, Guerra Civil; Guerra de Alejandr√≠a; Guerra de √Āfrica; Guerra de Hispania
  174. ‚ÜĎ a b C√©sar, Cayo Julio, Guerra de las Galias
  175. ‚ÜĎ C√©sar, Cayo Julio, Guerra de las Galias, 6.24.2, 25.1
  176. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 56
  177. ‚ÜĎ Suetonio, op.cit., 56 in fine
  178. ‚ÜĎ Suetonio, Vida de los doce C√©sares, C√©sar, 55
  179. ‚ÜĎ Caerols, Jos√© Joaqu√≠n (2002). Introducci√≥n a los Comentarios a la Guerra de las Galias. Col. Bibiblioteca tem√°tica. Madrid: Alianza Editorial. pp. . 32-33. ISBN 978-84-206-4092-1. .
  180. ‚ÜĎ Caerols, Jos√© Joaqu√≠n (2002). op. cit.. Col.Biblioteca tem√°tica. Madrid: Alianza Editorial. pp. . 24-26. ISBN 978-84-206-4092-1. .
  181. ‚ÜĎ Caerols, Jos√© Joaqu√≠n (2002). op. cit.. Col.Biblioteca tem√°tica. Madrid: Alianza Editorial. pp. . 29-30. ISBN 978-84-206-4092-1. .
  182. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian (2007), C√©sar
  183. ‚ÜĎ Wilder, Thornton Los idus de marzo. Editorial Edhasa, 2005. En cuya introducci√≥n se lee: ¬ęen el caso de Los idus de marzo, adem√°s del √©xito, recibi√≥ la admiraci√≥n de Jorge Luis Borges¬Ľ
  184. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian C√©sar, p√°g. 666
  185. ‚ÜĎ Fue nominada a los Oscar por Mejor Actor (Marlon Brando), Mejor Banda Sonora Original, Mejor Pel√≠cula, Mejor Fotograf√≠a en Blanco y Negro y Mejor Direcci√≥n Art√≠stica, ganando solamente √©ste √ļltimo
  186. ‚ÜĎ Fue nominada para Mejor Pel√≠cula, Mejor Sonido, Mejor Montaje, Mejor Fotograf√≠a en color, Mejor Direcci√≥n Art√≠stica en color, Mejor M√ļsica original, Mejor Dise√Īo de Vestuario en color y Mejores Efectos Especiales y gan√≥ los de Mejor Fotograf√≠a en color, Mejor Direcci√≥n Art√≠stica en color, Mejor Dise√Īo de Vestuario en color y Mejores Efectos Especiales.

Bibliografía

Generales

  • Cowan, Ross (texto) y Hook, Adam (Ilustraciones) (2007). Roman Battle Tactics. 109 BC-AD 313. Osprey Publishing Ltd. ISBN 978-1-84603-184-7. 
  • Frontino, Sexto Julio (2005). Los Cuatro Libros de los Exemplos, Consejos e Avisos de la Guerra (Strategematon). Ministerio de Defensa. Centro de Publicaciones.. ISBN 978-84-9781-169-9. 
  • Goldsworthy, Adrian (3¬™ reimpresi√≥n, marzo de 2007). Grandes Generales del Ej√©rcito Romano.. Ed. Ariel S.A.. ISBN 978-84-344-6770-5. 
  • Kovaliov, Serguei Ivanovich (1998). Historia de Roma. Traducci√≥n del ruso a cargo de Domingo Pl√°cido Madrid: Akal Ediciones. ISBN 978-84-460-2822-2. 
  • Mommsen, Theodor (2003). Historia de Roma. Vol V: Fundaci√≥n de la Monarqu√≠a Militar. Ediciones Turner, S.L.. ISBN 978-84-7506-608-0. 
  • Montanelli, Indro (2003). Historia de Roma. Debolsillo ed. Barcelona.. ISBN 978-84-9759-315-1. 
  • Rold√°n, Jos√© Manuel (2008). C√©sares: Julio C√©sar, Augusto, Tiberio, Cal√≠gula, Claudio y Ner√≥n.. La Esfera de los Libros S.L.. ISBN 978-84-9734-721-1. 
  • Simkins, Michael (texto) y Embleton, Ron (Ilustraciones) (1984). The Roman Army. From Cesar to Trajan. Osprey Publishing Ltd.. ISBN 978-0-85045-528-6. 

Sobre Julio César

  1. Volumen I: Historia romana I. Madrid: Editorial Gredos. 1994. ISBN 978-84-249-3550-4. 
  2. Volumen II: Historia romana II: Guerras civiles. Libros I-II. Madrid: Editorial Gredos. 1985. ISBN 978-84-249-3551-1. 
  3. Volumen III: Historia romana III: Guerras civiles. Libros III-V. Madrid: Editorial Gredos. 1985. ISBN 978-84-249-3552-8. 
  1. Volumen I: Libros I-III. 1992 [1¬™ edici√≥n, 2¬™ impresi√≥n]. ISBN 978-84-249-1492-9. 
  2. Volumen II: Libros IV-VIII. 1992 [1¬™ edici√≥n, 2¬™ impresi√≥n]. ISBN 978-84-249-1494-3. 
  • Veleyo Pat√©rculo y otros autores (2000). Historia Romana. Madrid: Editorial Gredos. Col. Biblioteca Cl√°sica. ISBN 978-84-249-2284-9. 
  • Walter, Gerard. Cesar. Obra completa. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. ISBN 956-06-0465-X. 

Obra propia

  1. Volumen I: Libros I-II-III. 2.¬™ ed. revisada. 2¬™ Reimpresi√≥n, 1996. ISBN 978-84-249-3547-4. 
  2. Volumen II: Libros IV-V-VI. 2¬™ edici√≥n, 1996. ISBN 978-84-249-1020-4. 
  3. Volumen III: Libro VII. 2¬™ edici√≥n, 1989. ISBN 978-84-249-1021-1. 
  • ‚Äď. Guerra de las Galias. Obra completa. Traducci√≥n a cargo de Valent√≠n Garc√≠a Yebra, 2 vol√ļmenes anotados Lat√≠n. Madrid: Editorial Gredos. 
  1. Volumen I: Libros I-II-III-IV. 9¬™ edici√≥n revisada, 1999. ISBN 978-84-249-3388-3. 
  2. Volumen II: Libros V-VI-VII. 9¬™ edici√≥n, 1997. ISBN 978-84-249-3389-0. 
  • ‚Äď. Guerra de las Galias. Obra completa. Traducci√≥n a cargo de Jos√© Joaqu√≠n Caerols. Madrid: Alianza editorial, Colecci√≥n Cl√°sicos de Grecia y Roma. ISBN 978-84-206-4092-1. 
  • ‚Äď & Autores del Corpus Cesariano. Guerra Civil; Guerra de Alejandr√≠a; Guerra de √Āfrica; Guerra de Hispania. 2005. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2781-3. 
  • ‚Äď. Guerra Civil. Obra completa. Traducci√≥n a cargo de J. Calonge, 2 vol√ļmenes biling√ľe Lat√≠n. Madrid: Editorial Gredos. 
  1. Volumen I: Libros I-II. 2¬™ edici√≥n, 1994. ISBN 978-84-249-3530-6. 
  2. Volumen II: Libro III. 2¬™ edici√≥n, 1989. ISBN 978-84-249-3531-3. 
  • ‚Äď. Guerra Civil. Traducci√≥n a cargo de J. Calonge, un volumen anotado Lat√≠n, 6¬™ edici√≥n revisada, 1995. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3393-7. 

Ficción

Enlaces externos


Predecesor:
Quinto Cecilio Metelo Pío
Pontífice Máximo
63 - 44 a. C.
Sucesor:
Marco Emilio Lépido
Predecesor:
Lucio Afranio y Quinto Cecilio Metelo Céler
C√≥nsul de la Rep√ļblica romana
junto con Marco Calpurnio Bíbulo

59 a. C.
Sucesor:
Lucio Calpurnio Pisón Cesonino y Aulo Gabinio
Predecesor:
Lucio Cornelio Léntulo Crus y Cayo Claudio Marcelo
C√≥nsul de la Rep√ļblica romana
junto con Publio Servilio Is√°urico

48 a. C.
Sucesor:
Quinto Fufio Caleno y Publio Vatinio
Predecesor:
Quinto Fufio Caleno y Publio Vatinio
C√≥nsul de la Rep√ļblica romana
junto con Marco Emilio Lépido

46 a. C.
Sucesor:
√Čl mismo sine collega
Predecesor:
√Čl mismo y Marco Emilio L√©pido
C√≥nsul de la Rep√ļblica romana
sine collega

45 a. C.
Sucesor:
√Čl mismo y Marco Antonio
Predecesor:
√Čl mismo sine collega
C√≥nsul de la Rep√ļblica romana
junto con Marco Antonio

44 a. C.
Sucesor:
Aulo Hircio y Cayo Vibio Pansa Centroniano
Predecesor:
Lucio Cornelio Sila
(81 a. C. - 80 a. C.)
Dictador de la Rep√ļblica romana
49 a. C. - 44 a. C.
Sucesor:
-


Wikimedia foundation. 2010.

Mira otros diccionarios:

  • Julio C√©sar ‚ÄĒ J√ļlio C√©sar Soares Esp√≠ndola J√ļlio C√©sar ‚Ķ   Wikip√©dia en Fran√ßais

  • J√ļlio C√©sar ‚ÄĒ ist der Namen folgender Personen: J√ļlio C√©sar Soares de Esp√≠ndola (J√ļlio C√©sar; * 1979), brasilianischer Fu√üballtorh√ľter J√ļlio C√©sar da Silva (* 1963), brasilianischer Fu√üballspieler Julio C√©sar de Le√≥n (* 1979), honduranischer Fu√üballspieler… ‚Ķ   Deutsch Wikipedia

  • Julio Cesar ‚ÄĒ J√ļlio C√©sar ist die Kurzform des Namens folgender s√ľdamerikanischer Fu√üballspieler: J√ļlio C√©sar Silva (* 1963), ehemaliger Abwehrspieler und brasilianischer Nationalspieler J√ļlio C√©sar Soares de Esp√≠ndola (* 1979), brasilianischer Torh√ľter und… ‚Ķ   Deutsch Wikipedia

  • J√ļlio C√©sar ‚ÄĒ Saltar a navegaci√≥n, b√ļsqueda J√ļlio C√©sar Soares Esp√≠ndola Nacimiento 3 de septiembre de 1979 (30 a√Īos) ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Julio C√©sar ‚ÄĒ (Julio C√©sar Agras√°nchez) ¬†¬†¬†one of the sons of producer Rogelio Agras√°nchez Linaje, Julio C√©sar played little kid roles in his father s films, cf Las momias de Guanajuato (1970) ‚Ķ   Biographical Dictionary of Mexican Film Performers

  • Julio Cesar ‚ÄĒ Infobox Given Name Revised name = Julio Cesar imagesize= caption= pronunciation= gender = Male meaning = region = origin = related names = footnotes = Julio Cesar could refer to those people:*, Ancient Roman dictator (born 100 BC)… ‚Ķ   Wikipedia

  • J√ļlio C√©sar ‚ÄĒ Cette page d‚Äôhomonymie r√©pertorie les diff√©rents sujets et articles partageant un m√™me nom. Julio Cesar peut faire r√©f√©rence √† : Patronymes J√ļlio C√©sar da Silva : joueur de football br√©silien n√© en 1963. J√ļlio C√©sar Soares… ‚Ķ   Wikip√©dia en Fran√ßais

  • Julio C√©sar ‚ÄĒ Cayo Julio C√©sar (Gaius Iulius Caesar) (13 de julio de 100 adC 15 de marzo de 44 adC) fue un l√≠der pol√≠tico y militar de la Antigua Roma que conquist√≥ la Gallia Comata o trasalpanina extendiendo el Imperio Romano hasta el Oc√©ano Atl√°ntico e… ‚Ķ   Enciclopedia Universal

  • Julio C√©sar ‚ÄĒ Cr√≠tica Nada es m√°s f√°cil que censurar a los muertos. Fuerza Nada es tan dif√≠cil que no pueda conseguir la fortaleza. Muerte Nada es m√°s f√°cil que censurar a los muertos ‚Ķ   Diccionario de citas

  • Julio C√©sar (desambiguaci√≥n) ‚ÄĒ Julio C√©sar puede referirse a: Contenido 1 Personajes romanos 1.1 V√©ase tambi√©n 2 Arte, cine y literatura 3 Personas cuyo nombre de pila comien ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol


Compartir el artículo y extractos

Link directo
… Do a right-click on the link above
and select ‚ÄúCopy Link‚ÄĚ

We are using cookies for the best presentation of our site. Continuing to use this site, you agree with this.