Civilización cicládica

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Civilización cicládica

La civilizaci√≥n cicl√°dica (tambi√©n conocida como cultura cicl√°dica o periodo cicl√°dico) es una cultura arqueol√≥gica de la Edad del Cobre y del Bronce en las C√≠cladas, en el mar Egeo, abarcando aproximadamente el periodo del 3000 a. C. al 2000 a. C. En mitad del Egeo, entre las Esp√≥radas y Creta, entre la pen√≠nsula hel√©nica y Anatolia, se halla el archipi√©lago de las C√≠cladas. Estas islas deben el nombre a su disposici√≥n aproximadamente circular (kyklos en griego significa c√≠rculo) en torno a Delos, la isla sagrada que vio nacer a Apolo. Son Mikonos, Paros, Milo o Milos, Sifnos, Amorgos, Tinos, Serifos o Serfanto y Santorini. En estos islotes del Egeo floreci√≥ una civilizaci√≥n anterior en casi 2.000 a√Īos a la griega, que dej√≥ tras de s√≠ cientos de figurillas de m√°rmol, la mayor√≠a figuras femeninas.

Contenido

Historia

Figurilla de mujer embarazada (tercer milenio a. C.).

La significativa cultura cicl√°dica de la √©poca Neol√≠tica final y Edad del Cobre es mejor conocida por los √≠dolos femeninos lisos tallados, fuera de las islas, en m√°rmol blanco puro, siglos antes de la gran "cultura minoica" de la Edad del Bronce Medio surgida en Creta, al sur. Dichas figuras han sido saqueadas de los enterramientos para satisfacer al creciente mercado de antig√ľedades cicl√°dicas desde inicios del siglo XX.

Una caracter√≠stica cultural neol√≠tica que amalgama elementos anatolios y del continente griego en el Egeo occidental antes del 4000 a. C., basada en el trigo (triticum dicoccum) y cebada silvestre, ovejas y cabras, cerdos, y atunes que fueron arponeados desde peque√Īos barcos (Rutter). Sitios excavados como Saliagos y Cefala (en Ceos), que muestran signos de trabajo del cobre. Cada una de las peque√Īas islas C√≠cladas mantienen no m√°s de unos pocos miles de habitantes, aunque los modelos de barcos del cicl√°dico final muestran que cincuenta remeros pudieron ser reunidos de comunidades dispersas (Rutter).

Sabemos que, por su posici√≥n geogr√°fica que las sit√ļa como una especie de puente entre Europa y Asia, por la riqueza del subsuelo y por la relativa suavidad de su clima, las C√≠cladas fueron cuna de una notable civilizaci√≥n.

Nos consta que en el periodo Calcol√≠tico, aproximadamente entre el 3000 a. C. y el 2000 a. C., aquella civilizaci√≥n se expres√≥ con notable originalidad. Y ello a pesar de que la facilidad de comunicaci√≥n con las zonas ribere√Īas del Mediterr√°neo ofrec√≠a a los habitantes de estas islas la posibilidad de absorber toda clase de influjos culturales for√°neos.

Sabemos que la civilizaci√≥n cicl√°dica se mantuvo durante varios siglos despu√©s del 2000 a. C. Si bien, cuando la altamente organizada cultura palaciega de Creta surge, las islas declinan, con la excepci√≥n de Delos, que conserv√≥ su arcaica reputaci√≥n como santuario durante el periodo de la civilizaci√≥n cl√°sica griega (ver liga de Delos). Y m√°s tarde cae bajo la cada vez m√°s predominante influencia pol√≠tica y art√≠stica del continente griego.

La cronolog√≠a de la civilizaci√≥n cicl√°dica se divide en tres principales secuencias: cicl√°dico inicial, medio y final. Al periodo inicial (ca. 3000 a. C.) le sigui√≥ el arqueol√≥gicamente oscuro cicl√°dico medio (ca. 2500 a. C.). A finales del cicl√°dico final (ca. 2000 a. C.) hubo una convergencia esencial entre el cicl√°dico y la civilizaci√≥n minoica.

Pero el cicl√°dico hunde sus ra√≠ces en tiempos a√ļn m√°s remotos. Quiz√° en el 7000 a. C. Prueba de ello es la difusi√≥n de la obsidiana de Milo. De esta isla provienen numerosos objetos cortantes de obsidiana encontrados en diferentes asentamientos prehist√≥ricos del Mediterr√°neo oriental, especialmente en la costa turca y en Tesalia (Grecia).
Bien es cierto, que esto s√≥lo demuestra una frecuentaci√≥n de la zona, que no supone necesariamente la existencia en ella de una base bien definida de civilizaci√≥n. De hecho, los primeros indicios de comunidades organizadas en las C√≠cladas no van m√°s all√° del 5000 a. C.
Y todav√≠a en el Neol√≠tico final, es decir, en la segunda mitad del cuarto milenio a. C., el grado de desarrollo de estas comunidades cicl√°dicas parece limitado, sobre todo si lo comparamos con el de los centros del Oriente m√°s inmediato: Anatolia, Siria, Cana√°n. Se tratar√≠a, seg√ļn los datos que tenemos, de peque√Īas aldeas de pescadores o de agricultores muy pobres.

Al comenzar la Edad del Cobre, todo empieza a cobrar relieve en las C√≠cladas. El desarrollo de las actividades marineras y el cultivo de la vid son el resorte que dispara la transformaci√≥n de las estructuras econ√≥micas, sociales y culturales de los isle√Īos.
Sus productos llegan a Grecia y a diversas regiones del Mediterráneo oriental. Hablaríamos de un verdadero despegue económico, que origina diferencias sociales.
Y todo esto en paz, pues los asentamientos, situados mayoritariamente en las costas, no están fortificados. Lo serán más tarde, cuando las Cícladas caigan en la órbita de Creta, más poderosa y organizada.
Estaremos entonces hacia el final del bronce Antiguo, es decir, en torno al a√Īo 2000 a. C.

Hay cierta tensi√≥n entre los sistemas de dataci√≥n usados para la civilizaci√≥n cicl√°dica, uno "cultural" y otro "cronol√≥gico." Los intentos de aunarlos conducen a varias combinaciones; la m√°s com√ļn es resumida abajo.

Figurilla cicl√°dica de m√°rmol de la cultura Keros.
Cronología cicládica[1]
Fase Fecha Cultura Cultura
Contempor√°nea
del continente
Notas
Cicl√°dico inicial I Grotta-Pelos
Cicl√°dico inicial II Keros-Siros
Cicl√°dico inicial III Kastri
Cicládico medio I (CMI). Filacopí
Cicl√°dico medio II (CMII).
Cicl√°dico medio III (MCIII).
Cicl√°dico final I
Cicl√°dico final II
Cicl√°dico final II

Arqueología

Escultura de √≠bice de oro (siglo XVII a. C.)

Hay que advertir, de entrada, que a√ļn quedan muchos puntos oscuros, muchos datos por codificar, muchas hip√≥tesis no probadas.
El estudio del Cicl√°dico ha sido laborioso, complejo y a√ļn no puede darse por concluido.

El historiador griego Tuc√≠dides hab√≠a escrito en el siglo V a. C.: "Minos (...) domin√≥ las C√≠cladas y fue el colonizador de gran parte de ellas, despu√©s de haber expulsado a los carios".

Fueron estas palabras las que llamaron la atención del arqueólogo Ludwig Ross, quien en el segundo tercio del siglo XIX, aventuró la hipótesis de que en las sepulturas prehistóricas visitadas por él en Paros, Naxos, Amorgos y Tera (Santorini), donde se habían hallado ídolos y vasos de mármol, estaba la confirmación de la presencia de los carios en el archipiélago: un pueblo de piratas originario de la región costera del Asia Menor entre las antiguas Lidia, Licia y Frigia.

Por los mismos a√Īos del siglo XIX en que Ludwig Ross, con los textos de Tuc√≠dides en la mano, atribu√≠a a los carios las tumbas del Cicl√°dico, en Filacop√≠, en la isla de Milo, aparec√≠an nuevas tumbas intactas colmadas de cer√°mica que luego se dispersaron por los museos de Europa.
Veinte a√Īos despu√©s, en torno a 1850-60, el arque√≥logo Papadopoulos exploraba la necr√≥polis de Chaliandrani en la isla de Siros y lanzaba la hip√≥tesis de que aquellas tumbas eran de √©poca romana y guardaban los restos de los condenados por delitos pol√≠ticos, a quienes Roma expatriaba y confinaba en los islotes de aquel archipi√©lago.
No deben extra√Īarnos estas suposiciones err√≥neas, puesto que en aquella √©poca no hab√≠a forma de cotejar cr√≠ticamente los materiales que proporcionaban las excavaciones.

Hacia 1860 comienza la exploración de los asentamientos prehistóricos de la isla de Santorini.
Pero a√ļn no puede hablarse de investigaciones cient√≠ficas, susceptibles de configurar un cuadro fiable de la civilizaci√≥n que los hallazgos van delineando.

En los √ļltimos a√Īos del siglo la actividad exploratoria es muy intensa, rica en observaciones que a√ļn tienen validez. En gran parte la lleva a cabo Christos Tsountas, quien investig√≥ lugares de enterramiento en varias islas en 1898-99, sobre todo en Amorgos, Despotic√≥s, Paros, Ant√≠paros, Sifnos y Siros, y acu√Ī√≥ el t√©rmino de "civilizaci√≥n cicl√°dica".

Pero las primeras excavaciones verdaderas son las que en 1896 dirige la Escuela Brit√°nica de Atenas, en Filacop√≠, en la isla de Milo. Las excavaciones incluyeron el an√°lisis estratigr√°fico del terreno y proporcionaron resultados fiables. En concreto en la isla de Milo pudo reconocerse la presencia de tres ciudades superpuestas, precedidas por una fase a√ļn m√°s antigua (preurbana). Y sobre todo se comprob√≥ que estas diversas fases pod√≠an ser relacionadas con los estilos de cer√°mica.

A partir de entonces, el inter√©s se qued√≥ a la zaga, pero se reanim√≥ a mediados del siglo XX, cuando coleccionistas comenzaron a pujar por las tallas de corte modernista que se parec√≠an tanto a la escultura de Jean Arp o de Constantin Brancusi. Los sitios arqueol√≥gicos fueron saqueados y surgi√≥ un activo comercio de falsificaciones. El contexto de muchas de estas figurillas cicl√°dicas ha sido as√≠ destruido; su significado nunca podr√° ser entendido. Otros intrigantes y misteriosos objetos son las sartenes cicl√°dicas. La arqueolog√≠a ha revelado las l√≠neas generales de la cultura agr√≠cola y marinera que hubieron inmigrado de Asia Menor c. 5000 a. C. El cicl√°dico inicial evolucion√≥ en tres fases, entre c. 3300 a. C. - 2000 a. C., cuando fue cada vez m√°s invadida por la creciente influencia de la Creta minoica.

La cultura de Grecia continental contempor√°nea de la cultura cicl√°dica es calificada como Hel√°dico.

Origen de los habitantes de las Cícladas

√ćdolo cicl√°dico conservado en el Museo Arqueol√≥gico Nacional de Atenas.

Otro tema de encendidos debates fue el del origen de los primeros habitantes de las Cícladas.

Hasta los 50 del siglo XX, la ausencia de huellas de asentamientos neol√≠ticos en las islas daba pie a suponer que √©stas no estaban habitadas en aquel periodo; por lo tanto, su poblamiento se situaba en torno al 2600 a. C. Pero ¬Ņde d√≥nde proced√≠an aquellos primeros habitantes de las C√≠cladas?
Casi todos los investigadores coincid√≠an en afirmar que se trataba de grupos heterog√©neos llegados de Anatolia en el curso de migraciones sucesivas, y muchos se√Īalaban que uno de los centros de procedencia, entre el 2800 y el 2300 a. C., fue Troya.
En cualquier caso parecía cierto que, en el momento de llegar a las islas, aquellos grupos poseían ya una civilización propia y definida, que después evolucionó de manera autónoma.

Era la √ļnica hip√≥tesis posible, dado que las dem√°s carec√≠an de base. Faltaban por completo las informaciones hist√≥ricas, y las breves noticias de Tuc√≠dides, que es necesario repetir, vivi√≥ en el siglo V a. C., hac√≠an referencia a una √©poca m√°s avanzada, concretamente a la expansi√≥n cretense por el archipi√©lago.
Seg√ļn menciona el historiador, en aquel tiempo las islas estaban habitadas por los carios, cuyas armas hallaron los atenienses en m√°s de la mitad de las tumbas que descubrieron en el curso de la purificaci√≥n de la isla de Delos.

Pero las excavaciones efectuadas en los 60 suministraron nuevos elementos que echaron por tierra gran parte de las precedentes hipótesis.

Fue posible determinar que las C√≠cladas estaban ya habitadas, por lo menos, en los √ļltimos tiempos del Neol√≠tico Medio y en el Neol√≠tico Final; es decir hacia el 5000 a. C.
Así lo demostraban los hallazgos habidos en Saliagos, un islote entre las islas de Paros y Antíparos, entre 1964 y 1965, así como las excavaciones que en 1963 se llevaron a cabo en Cefala, en la isla de Ceos.

Los descubrimientos de Saliagos fueron muy interesantes. Eran restos de habitaciones de planta rectangular, sobre fundamentos de piedra, cerradas por un muro perimetral. En ellas aparecieron cerámicas de formas geométricas, cuya superficie oscura estaba decorada con motivos en blanco opaco, rectilíneos o curvos. Estos elementos configuraban la que, a partir de entonces, se llamó cultura de Saliagos, que englobó otros hallazgos de las mismas características en Vouni (isla de Antíparos), Agrilia (Milo) y Mavrispilia (Miconos).
Los materiales fueron sometidos a pruebas de dataci√≥n mediante el carbono 14 (14C), en base a las cuales, y en relaci√≥n con las excavaciones de Emporio X en la isla de Qu√≠os, pudo determinarse que esta cultura floreci√≥ en torno al 4900 a. C.
A ella se asociaron tambi√©n puntas de obsidiana y peque√Īas figuras tanto esquem√°ticas como naturalistas.

Por las mismas fechas, el arque√≥logo Caskey hall√≥ en Cefala una necr√≥polis con tumbas redondas, ovaladas y rectangulares. En general estaban realizadas con peque√Īos muros de piedra inclinados hacia el centro, aunque algunas se hab√≠an excavado parcialmente en la roca; las hab√≠a individuales y m√ļltiples.
Entre los escombros salieron a la luz numerosas cer√°micas de color oscuro, algunas rojizas y otras de color rojo brillante. Hab√≠a jarras de cuello largo y fino, tazas, una especie de cazo de extravagante forma, una estatuilla obscena de terracota, etc. Dado que estos objetos, y especialmente la cer√°mica oscura, mostraban caracter√≠sticas afines a la de otros hallazgos producidos en el √Ātica y en las C√≠cladas noroccidentales, se asign√≥ a esta cultura la denominaci√≥n de √Ātica-Cefala. Sabemos que se desarroll√≥ hacia el 3500 a. C.

Todos estos descubrimientos fueron importantísimos, porque obligaron a revisar las conclusiones de quienes atribuían un origen exclusivamente anatólico a la civilización cicládica.
Uno de los principales argumentos en que se apoyaban era la presencia de tumbas de cista, pero el hecho de que este tipo de tumbas aparezca ya en la necrópolis de Cefala sugiere una continuidad local.
Sin duda hay ciertas analogías entre la civilización cicládica y la anatólica, pero ello no demuestra que haya sido Anatolia el hogar originario de aquélla. Algunas de sus formas parecen de origen local; otras podrían estar ligadas al continente griego.

En base a los conocimientos que proporcionan las excavaciones, resulta más sencillo pensar en una evolución paralela de culturas análogas, sin que con esto se pretenda rechazar la existencia de contactos más o menos ocasionales entre ellas.

Las ciudades de los vivos

Grupo de tres figuras cicl√°dicas.

Disponemos de datos procedentes de excavaciones de asentamientos y viviendas aisladas, pero no siempre son del todo fiables por las dificultades que entra√Īa la dataci√≥n.

Las excavaciones que realiz√≥ Tsountas en Paros en 1898, sacaron a la luz casas de planta rectangular, divididas en dos habitaciones comunicadas y la m√°s interior rematada en √°bside. El detalle del √°bside parece sugerir un recuerdo de la caba√Īa redonda que, en el Neol√≠tico, se difundi√≥ por gran parte del √°rea mediterr√°nea.

Respecto a Filacopí son singularmente generosos los datos ofrecidos:

Artículo principal: Filacopí

Tambi√©n Santorini y Tirasia han proporcionado datos √ļtiles sobre las casas de las C√≠cladas. El ge√≥logo Fouqu√© estudi√≥ las situadas sobre la escollera septentrional de Tirasia. Son de planta rectangular, con muros de piedra de lava, irregulares, unidas por argamasa.
Se han encontrado otros muros que seguramente se hicieron mediante un armazón de madera. Sistema de construcción que hallamos a menudo en casi todas las poblaciones del Egeo.
Sus muros angulares se componen de sillares perfectamente tallados y casi siempre de grandes dimensiones, superpuestos en hiladas horizontales.

Los muros defensivos

Hay fortificiaciones en Chalandriani (Siros), Panormos (Naxos), Agios Andreas (Sifnos) y Filacopí. Son fortificaciones que se remontan al momento de la influencia cretense y parecen confirmar lo que escribió Tucídides acerca de su construcción después de que la armada de Minos expulsara a los piratas carios.

En Filacop√≠ II hay una doble muralla. Los muros que la forman est√°n a una distancia de tres metros el uno del otro. La parte baja de la muralla interior es una masa de tierra y piedras peque√Īas, sobre la que se apoyan grandes bloques cicl√≥peos. La exterior, mucho m√°s d√©bil, es de tierra, reforzada con algunas filas de piedra. A intervalos m√°s o menos regulares, las dos murallas se unieron mediante peque√Īos muros transversales, y los espacios vac√≠os se rellenaron con grava. El conjunto tiene un espesor de aproximadamente seis metros.
El sector más curioso de la fortificación es aquel en que se practicó una puerta secreta, defendida por un muro. De esta forma los sitiadores tenían que recorrer un largo trecho junto a los bastiones y, por lo mismo, a ponerse a tiro de los que defendían la ciudad.

En Chalandriani se trata propiamente de una acr√≥polis, tres de cuyos lados est√°n defendidos por un precipicio. Bast√≥ con fortificar el cuarto lado mediante una muralla doble, semiel√≠ptica, de cerca de 60 m. Del muro externo, el m√°s d√©bil, quedan un par de hileras de piedras. En su centro se abre una puerta dispuesta oblicuamente respecto al muro. La muralla interior, de sillares peque√Īos, est√° reforzada por 5 torres. Los accesos eran dos, situados junto a la segunda torre y entre la tercera y la cuarta, y obligaban tambi√©n a los agresores a un largo recorrido al descubierto.

Agios Andrea, en Sifnos, presenta asombrosas analogías con Chalandriani, con una técnica de construcción perfeccionada.

Las ciudades de los muertos

Reconstrución de una tumba de cista.

A excepción de la isla de Siros, las tumbas cicládicas son del tipo de cista. Se excavan a poca profundidad en las pendientes de las colinas, a veces hasta la orilla del mar y tienen forma trapezoidal, con los lados revestidos de piedras planas. La cobertura es también de piedras sin tallar, mientras que el piso es de piedra, guijarros o sencillamente tierra apisonada. Sus dimensiones son reducidas. No más 1,20 m de longitud.

Otra caracter√≠stica es que abundan las tumbas m√ļltiples, probablemente de miembros de una misma familia, en las que se superponen las sepulturas.

Las tumbas de Siros son muy diferentes. Se trata de peque√Īas tumbas con c√°mara, con paredes de piedra en seco cuyas hiladas van aproxim√°ndose hacia el interior hasta formar una falsa b√≥veda, que en su parte superior se cierra con una gran lastra cuyo peso da solidez al conjunto. Como detalle curioso hay que observar que estas tumbas tiene una abertura que comunica con el exterior y cuya funci√≥n apenas podemos imaginar. Sus dimensiones no permiten el paso de un cuerpo. Posiblemente se destinaba a ciertos ritos funerarios.

A propósito de tales ritos recordemos que en las tumbas de cista el cuerpo del difunto, o los cuerpos cuando eran varios, se disponía recostado sobre el lado derecho, las rodillas dobladas hacia el pecho y el antebrazo llevado hacia la cabeza. De ahí las reducidas dimensiones del enterramiento.

Las pr√°cticas religiosas

La escasez de hallazgos arqueol√≥gicos hace que sepamos muy poco de las pr√°cticas religiosas de los pueblos cicl√°dicos. Mientras que en Creta se han encontrado numerosos lugares de culto, en las C√≠cladas tan solo conocemos uno. En el puerto de Minoa, en la isla de Amorgos, bajo una gran pe√Īa, se han hallado fragmentos de cer√°mica y algunos vasos enteros. Parece que en tiempos remotos existi√≥ all√≠ un gruta o quebrada.
Cerca, en otra quebrada, se han hallado tambi√©n muchos restos cer√°micos. Las excavaciones dirigidas por Tsountas en esta misma zona revelaron la existencia de fosas semejantes repletas de a√Īicos. En una de ellas el mismo arque√≥logo descubri√≥, adem√°s, cierto n√ļmero de vasos m√°s o menos completos, alguna pieza en forma de huso y trozos de obsidiana. Muchos vasos conten√≠an astillas de hueso, a menudo ennegrecidas y calcinadas, dientes de oveja, cabra o buey.

El descubrimiento de estos dep√≥sitos de vasos bajo las rocas o en anfractuosidades del terreno, por un lado, y la completa ausencia de necr√≥polis en los alrededores, por otro, sugieren que nos hallamos ante un lugar sagrado al aire libre. Tal vez se trate de uno de aquellos lugares sagrados, en los que durante las ceremonias de ofrenda se encend√≠an grandes hogueras. Tras una invocaci√≥n m√°gica se arrojaban a ellas los animales inmolados, quiz√°s vivos a√ļn. Y luego cuando el fuego comenzaba a languidecer, se lanzaban objetos votivos. Las cenizas, mezcladas con los huesos y los exvotos, eran depositados finalmente en la quebrada de modo que quedaran en estrecho contacto con la roca, la que a su vez no era sino una parte del cuerpo de la Diosa Gran Madre, la divinidad m√°s importante de los pueblos cicl√°dicos

Expertos navegantes

Pez volador, cultura de Filacopí.

Del hecho de que la mayor parte de objetos provengan de un n√ļmero reducido de tumbas, en tanto que en la mayor√≠a de √©stas s√≥lo hayan aparecido uno o dos por t√©rmino medio, cabe deducir que el pueblo cicl√°dico hab√≠a pasado ya de la sociedad diferenciada, en el que destacaban determinados grupos y personas. Hab√≠a "ricos" o "notables" que se pod√≠an permitir un ajuar funerario acorde con su rango, en tanto que los "pobres" deb√≠an contentarse con un √≠dolo, una vasija o un sencillo adorno.
Esta hipótesis viene corroborada por otro indicio, como es el de la aparición en las tumbas de objetos ya usados: vasijas con evidentes huellas de composturas, píxides con tapaderas que no les corresponden, etc. De eso han deducido algunos estudiosos que las familias pobres compraban para sus difuntos un ajuar literalmente de "segunda mano".

Esto es, en suma, lo que revelan las necesidades acerca de la estructura social de aquellas gentes.
Algunos otros hallazgos se refieren a la vida económica. Es posible afirmar que se trataba de un pueblo de agricultores, pastores y artesanos, pero asimismo que tenía la mirada puesta en el mar: en la pesca y en la navegación.
Que practicaban la primera lo prueban tanto el descubrimiento de algunos anzuelos de bronce, como la decoración de ciertos vasos de terracota en que aparecen hombres portando un pez en cada mano.

Y en cuanto a la navegaci√≥n, baste citar otras decoraciones cer√°micas en las que vemos representadas naves de altura, capaces de servir para las m√°s audaces exploraciones. De hecho, parece que los marinos de las C√≠cladas no se limitaron a comerciar con la vecina Creta, el Peloponeso y Anatolia, sino que llegaron hasta la costa d√°lmata, Cerde√Īa y por lo menos durante el Bronce Medio, a partir del 2000 a. C., hasta las Baleares y el sur de Francia, ya que en todos estos lugares han aparecido objetos de elaboraci√≥n cicl√°dica.

Por desgracia aquel pueblo que poseía nociones de numeración no dejó documentos escritos que permitan caracterizarlo con mayor precisión.

Véase también

Notas

Referencias

  • VV.AA. (1988). Los grandes descubrimientos de la arqueolog√≠a. Barcelona: Planeta-De Agostini. pp. 21-41. ISBN 978-84-395-0687-2. 

Enlaces externos


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