Historia de la ciencia y la tecnolog√≠a en Espa√Īa

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Historia de la ciencia y la tecnolog√≠a en Espa√Īa
Fragmento del Atlas catal√°n de Abraham Cresques, 1375.

Historia de la ciencia y la tecnolog√≠a en Espa√Īa es la denominaci√≥n con que se suele englobar la historia de la ciencia y la historia de la tecnolog√≠a en Espa√Īa (aunque no hay un consenso acad√©mico fijado para ello, siendo igualmente usadas las distintas denominaciones con las que la bibliograf√≠a suele referirse a este √°mbito de conocimiento: Historia de la ciencia en Espa√Īa, Historia de la ciencia espa√Īola, Historia de la ciencia y la tecnolog√≠a espa√Īolas o Historia de la ciencia y de la t√©cnica en Espa√Īa).[1]

El mismo deslindamiento de qu√© llamar ciencia, qu√© t√©cnica y qu√© tecnolog√≠a es un asunto delicado, del que se ocupan los estudios de ciencia, tecnolog√≠a y sociedad, de reciente definici√≥n. Mientras que las actividades cient√≠ficas y t√©cnicas son tan antiguas como el ser humano, el establecimiento de una verdadera tecnolog√≠a (entendida como la integraci√≥n de conocimientos sistem√°ticos, recursos materiales, habilidades y procedimientos t√©cnicos aplicados a la trasformaci√≥n de un proceso productivo con una metodolog√≠a consciente ‚ÄĒque supere el nivel de lo artesanal‚ÄĒ), ha de esperar a la Edad Contempor√°nea, momento que para el caso de Espa√Īa lleg√≥ tr√°gicamente atrasado, en comparaci√≥n con la precocidad y empuje con que entr√≥ en la modernidad. Muy pocos cient√≠ficos espa√Īoles (salvo excepciones como Servet o Cajal) fueron protagonistas de alguno de los cambios de paradigma que caracterizaron las sucesivas revoluciones cient√≠ficas; es por eso que buena parte de los estudios de historia de la ciencia consisten en el rastreo de su recepci√≥n en Espa√Īa, y lo mismo sucede con las transferencias tecnol√≥gicas. Hasta tal punto la ciencia y la tecnolog√≠a han sido en Espa√Īa una ¬ęrealidad marginal en su organizaci√≥n y contexto social¬Ľ,[2] que tal marginalidad se ha llegado a convertir en una especie de estereotipo nacional espa√Īol, unas veces rechazado por impropio o humillante y otras veces asumido con orgullo y desd√©n, como en la lapidaria expresi√≥n de Miguel de Unamuno cuyo repetido uso y abuso ha producido un t√≥pico o clich√© que se utiliza con sentidos opuestos:

¬°Que inventen ellos!

Miguel de Unamuno, varias versiones, 1906‚Äď1912

El uso del masculino ellos, tampoco es casual (hay quien plantea su contrario: ¬ęQue inventen ellas¬Ľ).[3] El predominio de varones en ciencia y tecnolog√≠a ha sido casi absoluto hist√≥ricamente, y √ļnicamente ha sido desafiado en t√©rminos cuantitativos desde las √ļltimas d√©cadas del siglo XX. No obstante, los denominados gender studies (traducidos habitualmente como estudios de g√©nero) y la historia de las mujeres aplicada a la historia de la ciencia y la tecnolog√≠a, se han ocupado de visibilizar a las personalidades femeninas significativas en estos campos.

De izquierda a derecha, el Telescopio William Herschel, el Dutch Open, el Carlsberg Meridian, el Telescopio Solar Sueco, el Telescopio Isaac Newton (segundo por la derecha) y el Telescopio Jacobus Kapteyn (el más lejano por la derecha), en el Observatorio del Roque de los Muchachos, Isla de la Palma, Instituto de Astrofísica de Canarias.
Útiles de esparto procedentes de las explotaciones mineras romanas de Carthago Nova (Cartagena). Museo Arqueológico Municipal de Cartagena.

Contenido


A pesar de su dificultad metodológica (ausencia de fuentes escritas), la reconstrucción de aspectos del pensamiento pre-científico y pre-tecnológico (interpretación y transformación de la naturaleza) en épocas prehistóricas se ha intentado con el análisis e interpretación del arte paleolítico, que en la Península Ibérica tiene muestras de extraordinario valor; así como con las técnicas líticas e incluso con las reconstrucciones anatómicas.[4]

La teor√≠a de la revoluci√≥n neol√≠tica implica para esta zona una interpretaci√≥n difusionista para innovaciones como la agricultura o la cer√°mica,[5] mientras que, desde posturas poligenistas, se argumenta que la metalurgia del cobre en el calcol√≠tico (Los Millares, principios del III milenio a. C.) podr√≠a haber surgido de una innovaci√≥n end√≥gena, simult√°nea a un incremento de los rendimientos agr√≠colas por el regad√≠o (acequia del poblado del Cerro de la Virgen de Orce), al amurallamiento y a la estratificaci√≥n social.[6]

Ya en √©poca plenamente hist√≥rica para el Pr√≥ximo Oriente (pero protohist√≥rica para Europa ‚ÄĒEdad de los Metales‚ÄĒ), el papel de las tierras del Extremo Occidente en el comercio de metales a larga distancia con las primeras civilizaciones fue fundamental para la incorporaci√≥n de las t√©cnicas metal√ļrgicas de la edad del bronce; mientras que las de la edad del hierro fueron introducidas a finales del II milenio a. C. y comienzos del I milenio a. C. simult√°nea e independientemente por los pueblos colonizadores mediterr√°neos (griegos y fenicios, en la costa oriental y meridional) y los celtas centroeuropeos (en el centro, oeste y norte). La llegada de otras manifestaciones t√©cnicas como la rueda, el arado o la vela son a√ļn m√°s dif√≠ciles de constatar.

La romanizaci√≥n fue muy profunda en Hispania, y dan muestra de ello las t√©cnicas constructivas que permitieron resultados tan acabados como el Puente de Alc√°ntara o el Acueducto de Segovia, un complejo trazado de calzadas, las primeras presas hidr√°ulicas (cuya entidad est√° siendo debatida)[7] o explotaciones mineras de todo tipo, desde la aur√≠fera a tan gran escala como las M√©dulas hasta la del lapis specularis (v√©ase tambi√©n Econom√≠a en la Hispania Romana). Autores b√©ticos como el algecire√Īo Pomponio Mela o el gaditano Columela est√°n entre los escasos tratadistas hispano-latinos de cuestiones cient√≠ficas. El primero, ge√≥grafo, con su De Chorographia; el segundo con Res rustica y Liber de arboribus, de cuestiones agron√≥micas. Una l√ļcida reflexi√≥n de Columela representa claramente c√≥mo el car√°cter especulativo de la actividad cient√≠fica en el mundo grecorromano est√° desconectado de las t√©cnicas y el trabajo manual; como corresponde a la radical separaci√≥n entre el otium propio de los fil√≥sofos y el mundo del negotium y los esclavos.

Y no puedo acabarme de admirar, cuando considero que escogiendo los que desean hablar buen un orador cuya elocuencia imiten; buscando los que quieren aprender las reglas del c√°lculo y de las medidas un maestro de esta ense√Īanza que tanto les agrada; procurando los aficionados a la danza y a la m√ļsica con el mayor cuidado maestros de estas artes; llamando los que quieren hacer un edificio operarios y arquitectos; los que quieren confiar al mar una embarcaci√≥n hombres que sepan manejarla; los que emprender guerras personas inteligentes en la t√°ctica; y para decirlo todo de una vez, haciendo cada cual diligencia, para el estudio a que quiere aplicarse, del mejor director que pueda encontrar; y finalmente, eligiendo cada uno de entre el n√ļmero de los sabios una persona que forme su esp√≠ritu y sea su maestro en la virtud: solamente la agricultura, que sin duda est√° muy cerca de la sabidur√≠a, y tiene cierta especie de parentesco con ella, carece de disc√≠pulos que la aprendan y de maestros que la ense√Īen.
Lucio Junio Moderato Columela

Los doce libros de la agricultura, De las cosas del campo (De re rustica), mediados del siglo I.[8]

Esfera armilar de la Biblioteca de El Escorial.
La fragua de Vulcano, Diego Vel√°zquez, 1630. El trabajo manual, relegado en la mitolog√≠a grecorromana al dios m√°s feo y deforme (Hefaistos-Vulcano, deshonrado por su bella esposa, Afrodita-Venus, y por el gallardo dios de la guerra, Ares-Marte), era tambi√©n despreciado socialmente en la Espa√Īa del Barroco, que tambi√©n pon√≠a la honra muy por encima de todo lo material. Este mismo genial pintor tuvo que demostrar documentalmente, contra toda evidencia, que jam√°s en su vida (como no fuera por servicio al rey o por ¬ęamor al arte¬Ľ) hab√≠a incurrido en tal incompatibilidad con la condici√≥n de nobleza a la que aspiraba.[9]

La ciencia medieval, dentro de sus limitaciones inherentes, tuvo algunos de sus m√°ximos desarrollos en la Pen√≠nsula Ib√©rica, compartida por reinos cristianos y musulmanes, y con una influyente presencia intelectual hebrea. Antes incluso, la Edad Oscura de la Alta Edad Media tuvo en el reino visigodo de Toledo y en el monacato hisp√°nico alguna de sus aisladas lumbreras (destacadamente, San Isidoro y sus Etimolog√≠as). Las transiciones entre distintos modos de producci√≥n implicaron transformaciones tecnol√≥gicas impulsadas o frenadas por las diferentes configuraciones econ√≥mico-sociales, que en el caso espa√Īol se sustanciaron en diferentes formas de renovar las t√©cnicas agr√≠colas, ganaderas y de la industria alimentaria y otras ramas de la artesan√≠a; a veces por iniciativa institucional (mon√°stica o gremial) o por la din√°mica propia de las actividades productivas, m√°s o menos sometidas a secretos de oficio y desprestigiados socialmente en la sociedad estamental (incompatibilidad entre trabajo y nobleza, calificaci√≥n de oficios viles y mec√°nicos).[10] Los ejemplos m√°s aparatosos son las norias del sureste espa√Īol y otras t√©cnicas de regad√≠o introducidas o perfeccionadas por la civilizaci√≥n √°rabe-hispana.

La inclusi√≥n de los reinos bajomedievales espa√Īoles en las rutas comerciales europeas, entre el Atl√°ntico y el Mediterr√°neo, estimul√≥ no s√≥lo la tecnolog√≠a naval y la investigaci√≥n cartogr√°fica y astron√≥mica aplicable, sino tambi√©n la experimentaci√≥n de t√©cnicas comerciales y financieras innovadoras, tanto en la Corona de Arag√≥n (Lonja de la Seda, Taula de canvi, Consulado del mar) como en la de Castilla (con ferias como las de Medina del Campo, Medina de Rioseco y Villal√≥n),[11] en las que se firmaron las primeras letras de cambio, y se inici√≥ la reflexi√≥n que, tras el impacto decisivo que supuso la conquista y colonizaci√≥n de Am√©rica y sus efectos negativos en Espa√Īa (revoluci√≥n de los precios, desincentivaci√≥n de las inversiones productivas y fomento del conservadurismo social e ideol√≥gico) termin√≥ dando origen a la ciencia econ√≥mica (no en vano uno de sus textos fundacionales, el de Tom√°s de Mercado se titul√≥, parafraseando a la Suma teol√≥gica de su tocayo Santo Tom√°s de Aquino, Suma de tratos y contratos, 1571).[12] En algunos casos, estas pr√°cticas estaban ligadas a la minor√≠as jud√≠a y conversa (el pr√©stamo a inter√©s era considerado pecado de usura tanto para la moral cristiana como para la isl√°mica), lo que estuvo en el origen de cuestiones tan decisivas para la historia cultural e intelectual como la dial√©ctica cristiano nuevo-cristiano viejo y la propia conformaci√≥n de la hacienda y la burocracia (almojarifes) de la naciente monarqu√≠a autoritaria que peculiariz√≥ a la Monarqu√≠a Hisp√°nica unificada desde la √©poca de los Reyes Cat√≥licos, para quien la pol√≠tica de m√°ximo religioso justific√≥ tambi√©n toda una serie de decisiones que determinaron graves consecuencias para el tejido productivo, la ciencias y las t√©cnicas en Espa√Īa, como la expulsi√≥n de los jud√≠os (1492) y la expulsi√≥n de los moriscos (1609), la persecuci√≥n de toda clase de disidentes religiosos o intelectuales (alumbrados, protestantes, erasmistas) as√≠ como la sujeci√≥n de las conciencias al sistema inquisitorial que universalizaba la sospecha, la delaci√≥n y la autocensura.

Quedaron todos los circunstantes admirados, y algunos de ellos, m√°s simples que curiosos, en altas voces comenzaron a decir:

‚ÄĒ¬°Milagro, milagro!

Pero Basilio replicó:

‚ÄĒ¬°No ¬ęmilagro, milagro¬Ľ, sino industria, industria!

Miguel de Cervantes

Don Quijote de la Mancha (Segunda Parte, cap√≠tulo XXI), a√Īo 1615.

La importancia econ√≥mica de la Carrera de Indias y la explotaci√≥n minera del Nuevo Mundo hizo que la demanda cient√≠fica y tecnol√≥gica impulsada desde el inmenso poder de la Monarqu√≠a Hisp√°nica fuera de alt√≠simo nivel, sobre todo en los √°mbitos naval y metal√ļrgico. La prioridad indiscutible en cualquier programa cient√≠fico que hubiera podido dise√Īarse era claramente la que marcaban las necesidades del inmenso Imperio ultramarino.

Cron√≥metro marino J. R. Losada, 1850‚Äď1860.

Una de sus m√°s punteras manifestaciones tuvo lugar en 1598, cuando Felipe III convoc√≥ un concurso abierto a cualquiera que determinara la longitud geogr√°fica en el mar. El propio Galileo Galilei opt√≥ al atractivo premio en 1616 (con un m√©todo inviable en un barco en movimiento, basado en la observaci√≥n de los movimientos de las lunas de J√ļpiter).[13] La magnitud de la ambici√≥n del concurso qued√≥ evidenciada con el hecho de que tal cosa no fuera posible hasta los relojes del siglo XVIII, cuando la primac√≠a naval estaba pasando a Inglaterra (desde 1731 dispon√≠a de relojes, como el de John Harrison que, sin p√©ndulos ni pesas, sino resortes, se alojaban en una caja con suspensi√≥n card√°n para absorber los movimientos del barco), mientras que la tecnolog√≠a relojera espa√Īola hab√≠a quedado retrasada (las colecciones regias de Carlos III y Carlos IV, a pesar de la existencia de la Real F√°brica de Relojes ‚ÄĒen funcionamiento de 1788 a 1793‚ÄĒ y la Real Escuela de Relojer√≠a ‚ÄĒ1770‚ÄĒ recurr√≠an a John Ellicott o a relojeros franceses) hasta las notables creaciones de Jos√© Rodr√≠guez Losada, ya a mediados del XIX.[14] En otra dimensi√≥n, pero con no menor proyecci√≥n en el futuro, se situ√≥ el certamen convocado en su corte por Felipe II y que puede considerarse como primer campeonato del mundo de ajedrez (1575). En aquella ocasi√≥n, el espa√Īol Ruy L√≥pez de Segura (considerado hasta entonces el mejor ajedrecista pr√°ctico y te√≥rico ‚ÄĒLibro de la invenci√≥n liberal y arte del juego del Axedrez, 1561‚ÄĒ), fue destronado por el italiano Leonardo da Cutri.

La universidad medieval se renov√≥ con el humanismo; mientras que la contrarreforma supuso un cierre a las influencias exteriores y un anquilosamiento generalizado de la instituci√≥n, que pasa a cumplir la que de hecho siempre hab√≠a sido su principal funci√≥n: la reproducci√≥n de las √©lites (v√©ase Colegio Mayor). No obstante, algunos extremos de este cierre al exterior no han de ser magnificados, como la famosa Pragm√°tica de Felipe II de 1559 que imped√≠a a los estudiantes castellanos salir a universidades de fuera del reino (ampliado en 1568 a los estudiantes de la Corona de Arag√≥n) cuya aplicaci√≥n fue en la pr√°ctica poco rigurosa, y cuya motivaci√≥n es cuestionada por la historiograf√≠a (posiblemente no era tanto una defensa contra el protestantismo como un ataque a la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs y la Universidad de Lovaina, significativamente no exceptuada ‚ÄĒcomo s√≠ lo estaban Bolonia, Roma, N√°poles y Co√≠mbra‚ÄĒ).

Cartografía de la Isla de San Carlos (Isla de Pascua) levantada durante la expedición de Felipe González Ahedo (1772). Museo Naval de Madrid.
Que es lastimosa y aun vergonzosa cosa que, como si fu√©ramos indios, hayamos de ser los √ļltimos en recibir las noticias y luces p√ļblicas que ya est√°n esparcidas por Europa. Y asimismo, que hombres a quienes tocaba saber esto se ofendan con la advertencia y se enconen con el desenga√Īo. ¬°Oh, y qu√© cierto es que el intentar apartar el dictamen de una opini√≥n anticuada es de lo m√°s dif√≠cil que se pretende en los hombres!
Juan de Cabriada

Carta filosófico-médico-chymica, 1687.[15]

La conciencia del mal estado de las ciencias y las t√©cnicas en Espa√Īa surge a partir de la introspecci√≥n negativa de los arbitristas del siglo XVII, y sobre todo desde el siglo XVIII, que a las luces de la raz√≥n buscaba el progreso en las ciencias √ļtiles. Tras el debate generado por la provocativa pregunta ¬ŅQu√© se debe a Espa√Īa? de Masson de Morvilliers (v√©ase Pan y Toros) pas√≥ a ser un t√≥pico que la ciencia espa√Īola mostraba un atraso considerable frente a la de los dem√°s pa√≠ses europeos, al contrario que la literatura espa√Īola (entendida como literatura art√≠stica) o el arte espa√Īol. De hecho, el t√≥pico pas√≥ a ser de tan extendido uso que provoc√≥ la queja por la queja en autores como Cadalso o Larra (Cartas marruecas, En este pa√≠s ‚ÄĒv√©ase Ser de Espa√Īa‚ÄĒ).

En realidad, los conceptos de ciencias y letras o humanidades no estuvieron deslindados hasta la Ilustraci√≥n (e incluso hasta mucho m√°s adelante no se tom√≥ conciencia de lo hondo de la brecha entre ambos campos del conocimiento con el debate de las dos culturas de mediados de siglo XX). En ese contexto se debe entender el famoso discurso de Don Quijote sobre las armas y las letras: frente al ejercicio militar propio del caballero (y que en la Edad Media era el √ļnico que le era propio), desde el Renacimiento qued√≥ evidenciado que la alta alcurnia no estaba re√Īida con la formaci√≥n intelectual.[16] Letras en esa √©poca eran tanto las letras divinas (teolog√≠a) como las letras humanas,[17] recientemente emancipadas de ellas como saberes aut√≥nomos: gram√°tica, derecho y cualquiera de las denominadas artes liberales, incluidas la medicina (habitualmente denominada f√≠sica, y f√≠sicos los m√©dicos), las distintas ramas de las matem√°ticas (entre las que la astronom√≠a no se hab√≠a deslindado de la astrolog√≠a) y la filosof√≠a (indistinguible de lo que hoy llamar√≠amos ciencia, sobre todo cuando se adjetivaba como filosof√≠a natural o historia natural).[18]

Independientemente de la coyuntura adversa que presidi√≥ el tr√°nsito del siglo XVIII al siglo XIX (denominada crisis del Antiguo R√©gimen por la historiograf√≠a), la clave de lo que cada vez m√°s se percib√≠a como el atraso espa√Īol era la pervivencia de unas estructuras socioecon√≥micas preindustriales, justo en el decisivo momento en que Inglaterra inicia su Revoluci√≥n industrial y Francia su Revoluci√≥n francesa; que es tambi√©n el contexto crucial en que se inici√≥ en los pa√≠ses m√°s avanzados la coordinaci√≥n entre ciencia y t√©cnica (mundos hasta entonces sustancialmente ajenos) que llevar√° con el tiempo a la formaci√≥n de una verdadera tecnolog√≠a y a los procesos de retroalimentaci√≥n, originados por la demanda social de innovaciones, que han dado en denominarse ciencia-tecnolog√≠a-sociedad o CTS (STS en ingl√©s).

La expresi√≥n intelectual de la resistencia a la modernizaci√≥n en Espa√Īa fue la fort√≠sima oposici√≥n entre afrancesados y casticistas, que se radicaliz√≥ con la atribuci√≥n de todo tipo de heterodoxias religiosas a los ilustrados (jansenismo, masoner√≠a, pante√≠smo, librepensamiento, volterianismo, agnosticismo, ate√≠smo ‚ÄĒejemplificado en el proceso inquisitorial a Pablo de Olavide‚ÄĒ). Parad√≥jicamente, en el lado del clero, tambi√©n las v√≠ctimas que cayeron fueron los m√°s preparados cient√≠ficamente: los jesuitas,[19] expulsados en 1767 al ser culpados del Mot√≠n de Esquilache. Sus colegios y bibliotecas fueron confiscados y sus miembros dispersados (muchos de ellos, desde Roma, continuaron su producci√≥n cient√≠fica y literaria en espa√Īol). Los escolapios[20] pasaron a ser la orden m√°s dedicada a la ense√Īanza en entornos extrauniversitarios, aunque en niveles mucho m√°s elementales (los jesuitas se centraban en la √©lite social e intelectual). La Compa√Ī√≠a de Jes√ļs se reintrodujo en Espa√Īa en el siglo XIX, volvi√≥ a ser suprimida durante la Segunda Rep√ļblica y se restaur√≥ con el franquismo. En cualquier caso, los recelos anticient√≠ficos no fueron monopolio espa√Īol: en la Inglaterra y la Holanda de finales del XVII y comienzos del XVIII hubo fort√≠sima oposici√≥n m√©dica al uso de la quina (polvo de los jesuitas[21] ).

Maquinaria de excavación en las minas de Riotinto.

La Guerra de Independencia Espa√Īola (1808‚Äď1814) supuso un verdadero desastre para la ciencia y la t√©cnica en Espa√Īa, que en algunos sectores hab√≠an llegado a ser punteras (significativamente, de los veinti√ļn elementos descubiertos en el siglo XVIII,[22] dos ‚ÄĒplatino y wolframio‚ÄĒ lo fueron con intervenci√≥n espa√Īola; de los cincuenta y uno descubiertos en el siglo XIX, s√≥lo el vanadio, pero justamente en 1801). M√°s decisiva incluso que los destrozos sistem√°ticos de infraestructuras clave (telares de B√©jar,[23] porcelana del Buen Retiro ‚ÄĒ por los ej√©rcitos franc√©s e ingl√©s)[24] fue la fuga de cerebros causada por los exilios sucesivos de afrancesados y liberales. Es significativo que el cierre de las universidades (cuya reforma, pretendida por los ilustrados, hab√≠a demostrado ser tan imposible como cualquier otra reforma que amenazase con alterar las bases estructurales del Antiguo R√©gimen) fuera compensado con la apertura de la Escuela de Tauromaquia de Pedro Romero (Sevilla, 1830‚Äď1834).[25] Al menos, la recopilaci√≥n de los fondos dispersos tras los saqueos permiti√≥ la apertura del Museo del Prado en el edificio que iba a ser sede del Gabinete de Ciencias, la Biblioteca Nacional y otras instituciones propias del academicismo. Lentamente, la universidad fue reconstruy√©ndose sobre una nueva planta (traslado de la vetusta universidad de Alcal√° de Henares a Madrid como Universidad Central). Las ense√Īanzas media y primaria se vieron establecidas como base de un ambicioso plan educativo (Ley Moyano) que, no obstante, no tuvo implantaci√≥n eficiente y generalizada hasta la Segunda Rep√ļblica (1931‚Äď1936).[26]

La vida econ√≥mica de la revoluci√≥n liberal estuvo lastrada por las guerras carlistas y la desamortizaci√≥n, que impusieron un grave retraso a una precaria industrializaci√≥n que se hab√≠a iniciado muy precozmente (indianas catalanas, siderurgia malague√Īa). Los programas liberales, especialmente los progresistas del bienio (1854‚Äď1856) y el sexenio democr√°tico (1868‚Äď1874), aunque tambi√©n los moderados, supusieron un impulso a la construcci√≥n de los ferrocarriles y a la explotaci√≥n minera, que abri√≥ a Espa√Īa a la inversi√≥n extranjera (francesa, belga e inglesa). Posteriormente, el final de siglo signific√≥ un cierre proteccionista. La ciencia econ√≥mica de cada √©poca iba respondiendo a las demandas suscitadas por los intereses opuestos de los grupos agrario (oligarqu√≠a terrateniente castellano-andaluza) o industrial (burgues√≠a textil catalana).[27]

Células de Purkinje en un cerebelo de paloma. Dibujo de Ramón y Cajal, 1899.
Friso del edificio principal del CSIC, que recuerda la fecha de constituci√≥n (1939) y de construcci√≥n del edificio (1944), en ambos casos en loa del Victor Franciscus Franco. Por Orden Ministerial de 18 de marzo de 1940 (ministro Jos√© Ib√°√Īez Mart√≠n), se puso bajo el patronazgo de San Isidoro, que representa en nuestra historia el primer momento imperial de la cultura espa√Īola. El emblema ser√°, siguiendo y adaptando la tradici√≥n luliana, un ¬ęarbor scientiae¬Ľ, que represente un granado, en cuyas diversas ramas se aluda en lengua latina a las manifestaciones cient√≠ficas que el Consejo cultiva.[28]
Hoy las ciencias adelantan / que es una barbaridad / ¬°Una bestialidad! / ¬°Una brutalidad!
Ricardo de la Vega, 1894.

La verbena de la Paloma, zarzuela.

Diálogo entre el boticario don Hilarión y su amigo don Sebastián.

La conciencia del atraso era cada vez m√°s evidente, especialmente entre las √©lites liberales, entre las que se reproduc√≠an t√≥picos extremados provenientes de la denominada leyenda negra, denunciada a su vez como propaganda antiespa√Īola a partir del estudio de Juli√°n Juder√≠as (1914), que recoge una amplia reivindicaci√≥n de personalidades cient√≠ficas espa√Īolas de los Siglos de Oro.[29]

Si, prescindiendo de aquellos siglos en que la civilizaci√≥n ar√°biga hizo de Espa√Īa el primer pa√≠s del mundo en cuanto a la ciencia se refiere, s√≥lo nos fijamos en la √©poca moderna, y comenzamos a contar desde el siglo XV, bien comprender√©is que no es √©sta, ni puede ser √©sta en verdad, la historia de la ciencia en Espa√Īa, porque mal puede tener historia cient√≠fica pueblo que no ha tenido ciencia. La imperfecta relaci√≥n que hab√©is o√≠do, es resumen hist√≥rico de la ciencia matem√°tica, si; pero en Italia, en Francia, en Inglaterra, en Holanda, en Alemania, en Suiza...; no es la historia de la ciencia aqu√≠ donde no hubo m√°s que l√°tigo, hierro, sangre, rezos, braseros y humo
José de Echegaray.

Discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias, 1866.[30]

La pol√©mica de la ciencia espa√Īola que enfrent√≥ al pensamiento reaccionario (Men√©ndez y Pelayo) con los krausistas marc√≥ la √©poca de la Restauraci√≥n. El Desastre de 1898 suscit√≥ como reacci√≥n el regeneracionismo. El Premio Nobel de Santiago Ram√≥n y Cajal (1906), surgido de un penoso panorama cient√≠fico, dio paso a la Edad de Plata de las letras y ciencias espa√Īolas.

En los tiempos que corremos, en que la investigaci√≥n cient√≠fica se ha convertido en una profesi√≥n regular que cobra n√≥mina del Estado... pasaron aquellos tiempos de anta√Īo en que el curioso de la Naturaleza, recogido en el silencio de su gabinete, pod√≠a estar seguro de que ning√ļn √©mulo vendr√≠a a turbar sus tranquilas meditaciones. Hoga√Īo, la investigaci√≥n es fiebre: apenas un nuevo m√©todo se esboza, numerosos sabios se aprovechan de √©l, aplic√°ndolo casi simult√°neamente a los mismos temas, y mermando la gloria del iniciador... En Espa√Īa, donde la pereza es, no ya un vicio, sino una religi√≥n, se comprenden dif√≠cilmente esas monumentales obras de los qu√≠micos, naturalistas y m√©dicos alemanes, en las cuales s√≥lo el tiempo necesario para la ejecuci√≥n de los dibujos y la consulta bibliogr√°fica parece deber contarse por lustros. Y sin embargo, estos libros se han redactado en uno o dos a√Īos... Todo el secreto est√° en el m√©todo de estudio... en ahorrar, en fin, el gasto mental que supone esa ch√°chara ingeniosa de caf√© y de la tertulia, que nos resta fuerzas nerviosas y nos desv√≠a, con nuevas y f√ļtiles preocupaciones de la tarea principal.
Santiago Ramón y Cajal

Discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, 1897.[30]

La Guerra Civil Espa√Īola signific√≥ de nuevo una cat√°strofe tr√°gica para la ciencia en Espa√Īa, incluyendo el exilio de una generaci√≥n entera de cient√≠ficos (el siguiente nobel espa√Īol de medicina, 1959, lo ser√° con nacionalidad estadounidense ‚ÄĒ Severo Ochoa[31] ), y la mortecina vida intelectual del exilio interior de muchos cient√≠ficos durante la prolongada y paup√©rrima posguerra, bien retratada en Tiempo de Silencio de Luis Mart√≠n-Santos. Significativamente, uno de los proyectos eruditos con m√°s peso de la √©poca, en pleno nacionalcatolicismo, fue la Biblioteca de Autores Cristianos (1944), aunque a pesar de la censura, con el tiempo la industria editorial se diversific√≥ y demostr√≥ una gran capacidad de innovaci√≥n t√©cnica y de contenidos.

La autarqu√≠a y la concentraci√≥n de capitales en grandes grupos bancarios e industriales produjeron algunas oportunidades de desarrollo t√©cnico-cient√≠fico en sectores estrat√©gicos, como el naval y el energ√©tico (sobre todo petroqu√≠mico e hidroel√©ctrico ‚ÄĒ la primera central nuclear se construir√° m√°s adelante, en 1968). La institucionalizaci√≥n de la actividad cient√≠fica se produjo en la universidad (privada en las c√°tedras m√°s punteras de la mayor parte de sus profesores y sometida a la fuga de cerebros j√≥venes en sucesivas generaciones) y un Consejo Superior de Investigaciones Cient√≠ficas que hab√≠a sustituido y depurado en 1939 a una Junta para la Ampliaci√≥n de Estudios e Investigaciones Cient√≠ficas de tradici√≥n krausista.

Queremos una ciencia católica. Liquidamos, por tanto, en esta hora, todas las herejías científicas que secaron y agostaron los cauces de nuestra genialidad nacional y nos sumieron en la atonía y la decadencia. [...] Nuestra ciencia actual, en conexión con la que en los siglos pasados nos definió como nación y como imperio, quiere ser ante todo católica
Jos√© Ib√°√Īez Mart√≠n

Discurso inaugural del CSIC, octubre de 1940.[32]

Logros individuales o colectivos, como el ferrocarril Talgo o la erradicaci√≥n de la malaria,[33] eran exhibidos como glorias del r√©gimen franquista, independientemente de su relevancia (como el trasplante de coraz√≥n intentado por el Marqu√©s de Villaverde ‚ÄĒyerno del propio Franco‚ÄĒ el 18 de septiembre de 1968, poco despu√©s del de Barnard ‚ÄĒ 3 de diciembre de 1967[34] ).

El desarrollismo desde los a√Īos sesenta se aceler√≥ en cuanto a su rendimiento cient√≠fico t√©cnico en el √ļltimo cuarto del siglo XX, con la Transici√≥n espa√Īola y la entrada en la Uni√≥n Europea.

Ciencia y t√©cnica en la Espa√Īa medieval

Véase también: Ciencia medieval
El mundo visto desde el Finis Terrae hispano
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Las partes del saber antiguo que se consideraron dignas de integrarse en la nueva concepci√≥n del mundo propia de la cultura cristiana pervivieron en la Espa√Īa visigoda gracias a enciclopedistas como San Isidoro. En el periodo posterior, a pesar de la abrumadora superioridad cultural que se reconoc√≠a a los textos √°rabes, esa l√≠nea o tradici√≥n intelectual se transmiti√≥ a los posteriores reinos cristianos trav√©s de los cl√©rigos moz√°rabes, que constituyeron la intelectualidad del naciente reino de Asturias. La posici√≥n extremo-occidental de las tierras denominadas Hispania en lat√≠n, Al √Āndalus en √°rabe y Espa√Īa en romance (y que se expresaba en t√©rminos como Finisterre ‚ÄĒ'fin de la tierra'‚ÄĒ o Magreb ‚ÄĒ'occidente'‚ÄĒ) no signific√≥ una posici√≥n marginal ni perif√©rica en lo socioecon√≥mico, lo cultural, lo t√©cnico o lo cient√≠fico. De hecho, tanto los reinos cristianos como los musulmanes de la Pen√≠nsula Ib√©rica se incluyeron en las inseguras y escasas rutas comerciales y religiosas medievales (particularmente importante fueron el Camino de Santiago hacia Europa y las rutas mediterr√°neas y transaharianas controladas sucesivamente por el Califato de C√≥rdoba, los almohades y los almor√°vides); y recibieron, con lo que para la √©poca puede considerarse agilidad, las escasas novedades art√≠sticas e intelectuales, del mismo modo que difundieron sus propias innovaciones. La Pen√≠nsula Ib√©rica fue uno de los puntos de contacto entre civilizaciones e intercambio cultural en un contexto general de aislamiento, que la historiograf√≠a tradicional exager√≥ en extremo, perpetuando una imagen t√≥pica de ¬ęatraso y oscurantismo medieval¬Ľ que no puede corresponder fielmente a un periodo muy prolongado y diverso, y sujeto a su propia din√°mica.

A la izquierda, Mapa T en O de las Etimologías de San Isidoro, en un ejemplar del siglo XII. A la derecha, Mapamundi de Beato de Liébana tal como se reproduce en los folios 45 y 46 del denominado Beato de San Severo (siglo XI).

Ciencia y técnica en la Hispania visigoda

Si algo hay que merezca el nombre de ciencia visigoda, son los escasos textos que han quedado del Reino visigodo de Toledo (549‚Äď711), entre los que destacan las Etimolog√≠as de San Isidoro de Sevilla (una verdadera enciclopedia de gran difusi√≥n en la √©poca medieval), sin olvidar las propias actas de los Concilios de Toledo, donde se reflejan no s√≥lo asuntos doctrinales o can√≥nicos restringidos al clero, sino todo tipo de cuestiones que permiten reconstruir aspectos de la vida pol√≠tica, econ√≥mica y social, que a pesar de estar sumida en una edad oscura en cuanto a escasez de fuentes escritas, estaba inmersa en una transformaci√≥n decisiva (la transici√≥n del esclavismo al feudalismo) de larga duraci√≥n y que se caracterizaba por un fuerte proceso de ruralizaci√≥n y decadencia de la vida urbana. De todos modos, era en el √°mbito eclesi√°stico donde se encontraba de forma totalmente exclusiva todo rastro de vida intelectual, fuera de tradici√≥n cl√°sica o cristiana: los obispos (como el propio Isidoro, su hermano San Leandro, San Braulio de Zaragoza o San Ildefonso de Toledo), y el monasterio hispano, que junto con otros ejemplos posteriores de vida monacal (en Irlanda, Inglaterra o Francia ‚ÄĒBeda el Venerable, Alcuino de York, Erico de Auxerre) y con la sede papal de Roma, fueron los √ļnicos transmisores de la cultura de Europa Occidental. En el reino suevo (que se mantuvo durante m√°s de un siglo en el noroeste de la Pen√≠nsula Ib√©rica), un papel similar fue ejercido por San Mart√≠n de Braga.

Noria elevadora de agua en el molino de la Albolafia (C√≥rdoba), de origen romano y modificado en √©poca califal. Tambi√©n fue la f√°brica de papel m√°s importante de Europa en la Eda Media. La cultura del agua fue fundamental en la Espa√Īa musulmana.[35]

Ciencia y t√©cnica en Al-√Āndalus: la Espa√Īa musulmana

Art√≠culo principal: Ciencia en Al-√Āndalus

Al-√Āndalus se desarroll√≥ como una civilizaci√≥n urbana, con un alto grado de alfabetizaci√≥n y cultivo de toda clase de ciencias y t√©cnicas, integrada en las redes de comercio a larga distancia, mientras el resto de Europa Occidental permanec√≠a inmersa en un prolongad√≠simo proceso de ruralizaci√≥n que se remontaba a la crisis del siglo III.

En un principio, la cultura √°rabe se caracteriz√≥ por la adopci√≥n sincr√©tica de la cultura cl√°sica grecorromana, la judeocristiana y la persa (que a su vez la puso en contacto con influencias de la china y la india), pero no se limit√≥ a la mera reproducci√≥n, sino que realiz√≥ trascendentes aportaciones propias, muchas de las cuales tuvieron lugar en la Pen√≠nsula Ib√©rica. Ya en el siglo IX, los hispano-romano-visigodos que continuaron siendo cristianos (moz√°rabes) dieron testimonio de que el prestigio cultural de sus dominadores musulmanes era tal que los j√≥venes dejaban de cultivar las letras latinas en beneficio del √°rabe.[36] El n√ļmero y tama√Īo de las bibliotecas de C√≥rdoba (consideradas como √≠ndice de prestigio social) en la √©poca de esplendor del Califato (siglo X) se hizo legendario. A partir del siglo XI, la divisi√≥n en reinos de taifas, que conllev√≥ un declive de poder pol√≠tico y militar, supuso un verdadero esplendor intelectual y cient√≠fico, multiplic√°ndose los centros de producci√≥n de cultura. Posiblemente fue en Al-√Āndalus donde se introdujeron los primeros molinos de viento y molinos de marea en Europa.[37] Otros usos de las ruedas hidr√°ulicas muy extendidos en la Espa√Īa medieval fueron los batanes, aplicados a todo tipo de procesos industriales que necesitan el golpeo repetido de grandes mazos, conectados a las ruedas motrices por engranajes.

La n√≥mina de cient√≠ficos andalus√≠es es ampl√≠sima: Abulcasis (m√©dico), Maslama al-Mayriti (Maslama el madrile√Īo, matem√°tico, como sus disc√≠pulos Ibn al-Samh, Ibn al-Saffar y al-Kirmani) Averroes (fil√≥sofo y m√©dico) Said al-Andalusi (o Said de Toledo, ca√≠d de esa ciudad y autor de la primera historia de la ciencia), Azarquiel (astr√≥nomo), Ibn Bassal y Ibn al-Luengo (agr√≥nomos) Ibrahim ben Said (constructor de astrolabios y otros instrumentos), Ibn Bassal (bot√°nico), al-Mutam√°n (rey de la taifa de Zaragoza y autor de una obra de matem√°ticas), Ibn al-Sayyid y su disc√≠pulo Avempace (matem√°ticos), al-Istich√≠ (astr√≥logo) Abd al-Karim ben Muttanna e Ibn Muad de Ja√©n el Joven (matem√°ticos), Ibn Jalaf al-Murad√≠ (autor de un tratado de mec√°nica), Abu Salt de Denia (l√≥gico, astr√≥nomo, m√©dico y m√ļsico),[38] Abu Abdullah al-Bakri (ge√≥grafo, bot√°nico e historiador), Ibn Jald√ļn (considerado un precursor fundamental de las modernas ciencias sociales), Abenalsid (neopitag√≥rico), Abb√°s Ibn Firn√°s (precursor de la aeron√°utica), al-Garnat√≠ e ibn Yubair (iniciadores del g√©nero de la rihla, relatos cosmogr√°ficos de viajes), etc. Tambi√©n destacaron los jud√≠os que cultivaron toda clase de ciencias en la Espa√Īa musulmana: Hasdai ben Isaac ibn Shaprut (m√©dico), Abraham ben Meir ibn Ezra, Ibn Gabirol (conocido como Avicebr√≥n), Yehuda Halevi, Maim√≥nides (fil√≥sofos y m√©dicos), etc.

Me aflige pensar que las ciencias de la humanidad son dos y que si las aprendo no tengo más que aprender: Una ciencia (la teología) cuya comprobación real es imposible y otra (la filosofía) cuya verdad de nada sirve.
al-Waqqasí, Toledo, siglo XI.[39]

Ciencia y técnica en los reinos cristianos peninsulares medievales

Alta Edad Media

La escasez en la producci√≥n documental fue similiar a la de la √©poca visigoda, e incomparablemente inferior a la de las fuentes musulmanas. √önicamente un reducido grupo de monasterios del norte peninsular mantuvo scriptorium donde los copistas reprodujeran manuscritos antiguos, y alguna destacable producci√≥n propia, como la de Beato de Li√©bana, rese√Īable no s√≥lo por su faceta de polemista religioso (denunci√≥ y consigui√≥ declarar herej√≠a el adopcionismo, posici√≥n cristol√≥gica mantenida por los cristianos moz√°rabes de la sede primada de Toledo ‚ÄĒElipando‚ÄĒ, quiz√° como una reminiscencia del arrianismo visigodo o como consecuencia de la convivencia con el radical monote√≠smo isl√°mico; el efecto pol√≠tico fue permitir al reino asturiano cortar cualquier forma de subordinaci√≥n a autoridades religiosas con sede en territorio musulm√°n) sino porque sus Comentarios al Apocalipsis (786) inclu√≠an nociones cosmol√≥gicas y geogr√°ficas de tradici√≥n cl√°sica (Claudio Ptolomeo), visigoda (San Isidoro) y b√≠blica, plasmadas en el mapa-mundi m√°s divulgado de la √©poca altomedieval (Mapa Mundi de Beato de Li√©bana).

El monasterio de Ripoll parece ser el √ļnico en el que se ense√Īaban las cuatro ciencias del quadrivium carolingio (aritm√©tica, m√ļsica, geometr√≠a y astronom√≠a). M√°s decisivo fue para este monasterio el cruce de influencias visigodas, francas y musulmanas: all√≠ se tradujeron del √°rabe al lat√≠n por primera vez algunos textos cient√≠ficos, entre ellos tratados sobre el astrolabio, por Seniofr√© Llobet. Fue en Ripoll donde Gilberto de Aurillac, posteriormente elegido papa con el nombre de Silvestre II, entr√≥ en contacto con la ciencia hispano-√°rabe, consider√°ndose el introductor del cero en Roma; lo que situar√≠a Espa√Īa como el eslab√≥n de contacto entre India y Europa a trav√©s de la civilizaci√≥n √°rabe (Al Juarismi).[40]

Tabla astronómica del Almanach perpetuum de Abraham Zacuto, publicada en Portugal tras la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos (1492) y antes de la expulsión de ese reino (1497).

Baja Edad Media

Personalidades destacadas de la ciencia medieval en los reinos cristianos fueron: Pedro Hispano, m√©dico y l√≥gico de identidad debatida, usualmente identificado con el papa Juan XXI; Ramon Llull, pol√≠grafo mallorqu√≠n con una extensa obra anticipadora de muy diferentes temas (que en sus investigaciones alqu√≠micas en 1275 destil√≥ una mezcla de vitriolo ‚ÄĒ√°cido sulf√ļrico‚ÄĒ con alcohol obteniendo un vitriolo dulce que posteriormente se denominar√≠a √©ter);[41] Arnau de Vilanova, m√©dico valenciano (Par√°bolas de la medicaci√≥n, Regimen sanitatis ‚ÄĒ1308‚ÄĒ); o Abraham Zacuto, matem√°tico, astr√≥nomo e historiador sefard√≠ (v√©ase pie de imagen).

Traductores judíos

No obstante, m√°s incluso que la producci√≥n propia, la traducci√≥n sigui√≥ siendo la aportaci√≥n decisiva de la Espa√Īa medieval a la historia de la ciencia, incrementada desde que la invasi√≥n almor√°vide (1086) forz√≥ a muchos jud√≠os andalus√≠es a emigrar a los reinos del norte (v√©ase Historia de los jud√≠os en Espa√Īa). Los musulmanes andalus√≠es lo llegaron a tratar como un verdadero problema, considerando necesario prohibir la venta de libros de ciencia a jud√≠os o cristianos ¬ęporque los traducen y atribuyen la paternidad de estas obras no a los musulmanes sino a sus correligionarios o, como sucede en algunos manuscritos conservados en monasterios del Norte, omiten el nombre de los autores¬Ľ.[42] Yoseh ha-Nas√≠ Ferruziel, apodado el Cidiello, fue m√©dico de Alfonso VI de Castilla, en cuya corte alcanz√≥ gran influencia, protegiendo a otros intelectuales jud√≠os, como Yehudah Halevi.[43] Mose ben Ezra (1055‚Äď1135, superador de las traducciones literales buscando el sentido) pas√≥ por Castilla, Navarra y Arag√≥n, y se estableci√≥ definitivamente en Barcelona. A partir de entonces hay numerosos traductores hebreos nacidos ya en reinos cristianos: Abraham ben Ezra, Yehuda ben Tibbon (Granada, 1120 ‚Äď Marsella, 1190; Padre de los Traductores), su hijo Samuel, uno de sus nietos (profesor de medicina en la universidad de Montpellier), y otro miembro de su familia, que tradujo para Federico II de Alemania varias obras cient√≠ficas, entre ellas a Averroes y Arist√≥teles. Mose Sefard√≠ se convirti√≥ al cristianismo como Pedro Alfonso y lleg√≥ a m√©dico de Enrique I de Inglaterra, difundiendo por toda Europa la astronom√≠a y matem√°tica hispano-√°rabe (Disciplina clericalis). Benjam√≠n de Tudela, viajero por todo el Mediterr√°neo, recoge en su Libro de Viajes (S√©fer Masaot) todo tipo de datos obtenidos en los lugares que visita, entre ellos una referencia, muy divulgada posteriormente, a los supuestos espejos telesc√≥picos del faro de Alejandr√≠a.[44]

Universidades y escuelas de traductores

Fue decisivo el papel de las escuelas episcopales, en un momento en el que se estaban transformando en las primeras universidades o Studium Generale, que aparecer√°n en el siglo XIII (Universidad de Palencia ‚ÄĒ1208, trasladada posteriormente a Valladolid‚ÄĒ, Universidad de Salamanca ‚ÄĒ1218, que incluy√≥ estudios de medicina‚ÄĒ, Estudios Generales de Lisboa ‚ÄĒ1290, posteriormente trasladados a Coimbra‚ÄĒ, Universidad de Alcal√° de Henares ‚ÄĒ1293‚ÄĒ, Universidad de L√©rida ‚ÄĒ1297, organizada en las cuatro facultades de Leyes, Medicina, Teolog√≠a y Artes‚ÄĒ, Universidad Sertoriana de Huesca ‚ÄĒ1354‚ÄĒ y Universidad de Perpi√Ī√°n ‚ÄĒ1349‚ÄĒ; los estudios generales de Sevilla, creados en el siglo XIII, apenas tuvieron actividad en los dos siglos siguientes, como tampoco los de Barcelona y de Gerona, creados sobre el papel a mediados del siglo XV).[45]

Antes de ese ciclo de creaci√≥n de universidades, Miguel Cornel, obispo de Tarazona (1119‚Äď1152) fue el primer impulsor de una escuela de traductores, destacando Hugo Sanctallensis. Garc√≠a Gudiel, mientras fue obispo de Burgos (1273‚Äď1280), mand√≥ a Juan Gonz√°lez y al jud√≠o Salom√≥n traducir a Avicena; y se los llev√≥ a Toledo al ser nombrado arzobispo de esa ciudad (1280‚Äď1299). En Toledo ya funcionaba la Escuela de traductores de Toledo, vinculada al impulso especial de Alfonso X el Sabio, aunque ya iniciada por el arzobispo Raimundo de Toledo. Fue ella la de mayor trascendencia para el acceso de textos cl√°sicos griegos a Europa a trav√©s de sus traducciones √°rabes (Domingo Gundisalvo, Juan Hispalense, Yehuda ben Moshe, y otros provenientes de toda la cristiandad occidental ‚ÄĒGerardo de Cremona, Hermann el Alem√°n, Hermann el D√°lmata‚ÄĒ, sobre todo ingleses ‚ÄĒRoberto de Retines, Adelardo de Bath, Miguel Escoto, Miguel de Morlay, Alfredo de Morlay). Daniel de Morley llega a escribir los motivos de su viaje desde Inglaterra: primero a Par√≠s, ¬ędonde s√≥lo hall√≥ maestros fatuos y vac√≠os¬Ľ, y despu√©s a Toledo ¬ępara aprender de los mayores sabios del mundo¬Ľ.[46]

El nombre del rey sabio también se dio a las Tablas Alfonsíes. Basadas en cálculos previos del toledano Azarquiel (Al-Zarkali, que se exilió a Sevilla tras la conquista cristiana de su ciudad en 1085), fueron resultado de observaciones llevadas a cabo en Toledo por Yehuda ben Moshe e Isaac ben Sid entre 1262 (fecha de la coronación de Alfonso) y 1272. Su difusión fue amplísima, y no superada hasta las Tablas Rudolfinas de Tycho Brahe y Kepler (1627), en el contexto del cambio de paradigma ptolemaico-copernicano.

Estudio es ayuntamiento de Maestros, e de Escolares, que es fecho en algun lugar, con voluntad, e entendimiento de aprender los saberes. E son dos maneras del. La vna es, a que dicen Estudio general, en que ay Maestros de las Artes, as√≠ como de Gramatica, e de la Logica, e de Retorica, e de Arismetica, e de Geometria, e de Astrologia: de otrosi en que ay Maestros de Decretos, e Se√Īores de Leyes. E este Estudio debe ser establecido por mandado del Papa, o de Emperador, o del Rey. La segunda manera es, a que dicen Estudio particular, que quiere tanto decir, como quando algun Maestro muestra en alguna Villa apartadamente a pocos Escolares. E a tal como este pueden mandar fazer, Perlado, o Concejo de algun Lugar.

(...)

Para ser el Estudio general complido, cuantas son las sciencias, tantos deuen ser los Maestros que las muestren, assí que cada vna dellas aya vn maestro a lo menos. Pero si para todas las sciencias non pudiesen aver Maestro, abonda que aya de Gramatica, e de Logica, e de Retorica, e de Leyes, e Decretos.

(...)

Bien e lealmente deben los Maestros mostrar sus saberes a los Escolares, leyendo los libros, e faziendogelo entender lo mejor que ellos pudieren. E de que començaren a leer, deuen continuar el estudio todavía fasta que hayan acabado los libros, que començaran.

Alfonso X el Sabio, Siete partidas, Partida III, Ley I, Ley III y Ley IV.[47]
Tecnología naval

El control cristiano del estrecho de Gibraltar a partir de la batalla del Salado (1340) convirtió a la Península Ibérica en un punto clave de las rutas marítimas entre el Mediterráneo y el Atlántico. Las necesidades de la navegación estimularon tres importantes líneas de mejora tecnológica.

En primer lugar, la construcci√≥n naval: En la Corona de Arag√≥n ya se hab√≠a producido una expansi√≥n por el Mediterr√°neo, sostenida en cuanto a la producci√≥n de barcos por las Atarazanas Reales de Barcelona. La Corona de Castilla y el Reino de Portugal, empe√Īados en la continuidad de la expansi√≥n por el Oc√©ano (Azores, conquista de las Islas Canarias, pesquer√≠as), hab√≠an conseguido desarrollar en sus astilleros una tecnolog√≠a naval puntera, adaptada a las necesidades de navegaci√≥n por el Atl√°ntico, para el que los barcos de fondo plano, como la galera mediterr√°nea no son id√≥neos. Estos nuevos dise√Īos recibieron los nombres de carabela y nao.

La cartograf√≠a, en la que destacaron los portulanos mallorquines (Abraham Cresques y su hijo Jehuda Cresques). Portugal se dot√≥ de una importante instituci√≥n que centraliz√≥ todo tipo de informaciones y tecnolog√≠as para la exploraci√≥n mar√≠tima: la Escuela de Sagres, fundada en el extremo suroccidental de la Pen√≠nsula por Enrique el Navegante, con participaci√≥n de los citados dise√Īadores de portulanos mallorquines.

Por √ļltimo, el uso de t√©cnicas e instrumentos de orientaci√≥n y localizaci√≥n: ballestilla, astrolabio, br√ļjula, etc. (v√©ase tambi√©n Historia de la navegaci√≥n astron√≥mica).

Ciencia y t√©cnica en la Edad Moderna o Antiguo R√©gimen espa√Īol

Por descubrir el movimiento de la tierra. Dibujo n¬ļ 94 del ¬ęCuaderno C¬Ľ, de Francisco de Goya. Habitualmente interpretado como una referencia a Galileo, este dibujo es muestra de la visi√≥n cr√≠tica ilustrada que el pintor mostr√≥ en Los Caprichos, pero que en estos dibujos que mantuvo in√©ditos se permite llevar a un grado m√°s expl√≠cito, haciendo claras referencias sobre la persecuci√≥n inquisitorial hacia los novatores y su desesperaci√≥n ante el desprecio que la Espa√Īa castiza hace de la ciencia. Otros dibujos del mismo cuaderno, muy similares, son los titulados: No comas, c√©lebre Torrigiano (DC100), en el que se refiere a un escultor renacentista, Zapata, tu gloria ser√° eterna (DC1909), en el que honra al novator espa√Īol Diego Mateo Zapata, procesado por la Inquisici√≥n en 1721, y un gen√©rico No haber escrito para tontos (DC96).[48]

La Edad Moderna espa√Īola, que historiogr√°ficamente se identifica con el periodo que va del siglo XV al XVIII, asimilable al concepto Antiguo R√©gimen en Espa√Īa, se periodiza tradicionalmente por dinast√≠as: Reyes Cat√≥licos (1469‚Äď1516), Austrias (1516‚Äď1700) y Borbones (1700 en adelante, conviniendo en pasar a la Edad Contempor√°nea desde 1808). Las ventajas de este esquema cronol√≥gico, sobre todo de la oposici√≥n entre Austrias (que comparten con los Cat√≥licos el Siglo o Siglos de Oro) y Borbones (identificados con las luces de la Ilustraci√≥n), se intensifican al considerar la decisiva ruptura que signific√≥ el final del siglo XVII, momento de triunfo de la Revoluci√≥n Cient√≠fica en los pa√≠ses de Europa Noroccidental que salen reforzados de la crisis del siglo XVII (ejemplificados en la Inglaterra de Newton), y que vista desde una perspectiva m√°s amplia ha sido calificada de crisis de la conciencia europea.[49]

Ciencia y t√©cnica en el Siglo de Oro espa√Īol

El Siglo de Oro es un t√©rmino muy apropiado para designar la brillantez de la historia cultural de Espa√Īa en un √°mbito cronol√≥gico que cubre los siglos XVI y XVII, aunque su exacta dimensi√≥n suele situarse entre 1492 y 1681 (o restringirse al periodo de hegemon√≠a espa√Īola en Europa, entre 1521 y 1648). Un hecho cient√≠fico-t√©cnico inaugural para el periodo puede encontrarse en la introducci√≥n de la Imprenta en Espa√Īa (Juan P√°rix, Sinodal de Aguilafuente, Segovia, 1472); mientras que el punto final suele establecerse en la Carta filos√≥fico-m√©dico-chymica de Juan de Cabriada (1687), cuando la decadencia espa√Īola (que hac√≠a m√°s de medio siglo ven√≠a denunci√°ndose de forma plenamente autoconsciente entre la √©lite intelectual) enlaza con la general crisis de la conciencia europea que precedi√≥ a la Ilustraci√≥n del siglo XVIII.

El Renacimiento espa√Īol y el Barroco espa√Īol son periodos de una impresionante producci√≥n art√≠stica, pero tambi√©n en todos los √°mbitos de la producci√≥n intelectual. En ciencia y tecnolog√≠a se abren con la Era de los descubrimientos, que situ√≥ a Espa√Īa en el centro del mundo: tras el Descubrimiento de Am√©rica (Crist√≥bal Col√≥n, 1492) y la apertura de la ruta de Asia a trav√©s del extremo sur de √Āfrica (Bartolomeu Dias, 1488; Vasco da Gama, 1497), el Tratado de Tordesillas (1494) literalmente reparti√≥ (con los criterios geogr√°ficos m√°s avanzados de la √©poca a la hora de definir un meridiano) el mundo por descubrir entre los reinos peninsulares de Castilla y Portugal, mundo que por primera vez se circunnaveg√≥ por una expedici√≥n espa√Īola (expedici√≥n de Magallanes-Elcano, 1519‚Äď1522).

V√©ase tambi√©n: Expediciones espa√Īolas
Artificio de Juanelo para subir el agua del Tajo hasta la ciudad de Toledo.
Ilustración y comentario latino de la Sanguinaria, en el Códice Badiano.

En cambio, no se logr√≥ una explotaci√≥n sistem√°tica de los conocimientos obtenidos; por ejemplo, la expedici√≥n cient√≠fica a Nueva Espa√Īa ‚ÄĒM√©xico‚ÄĒ que dirigi√≥ entre 1571 y 1577 Francisco Hern√°ndez de Toledo y que produjo 38 vol√ļmenes de notas e ilustraciones, no tuvo adecuada publicaci√≥n; y sus originales, depositados en la Biblioteca de El Escorial, se perdieron en el incendio de 1671. Esta important√≠sima instituci√≥n, organizada inicialmente por Benito Arias Montano, cont√≥ incluso con la presencia de alguno de los √ļltimos eruditos hispano-√°rabes, como el m√©dico y traductor morisco Alonso del Castillo (posteriormente involucrado en el fraude de los Plomos del Sacromonte ‚ÄĒ1595).[50] La sistematizaci√≥n del conocimiento pre-estad√≠stico y cosmogr√°fico de la propia geograf√≠a peninsular y sus recursos tambi√©n qued√≥ s√≥lo iniciada con las Relaciones Topogr√°ficas de Felipe II, (Pedro Esquivel, Pedro Juan de Lastanosa, Felipe de Guevara, Juan de Herrera) a un nivel que no se super√≥ hasta el Catastro de Ensenada, ya en el siglo XVIII.

Otras facetas prometedoras de la ciencia y la t√©cnica en Espa√Īa quedaron sin continuidad, como la actividad de Juanelo Turriano, constructor de artefactos mec√°nicos para Carlos V, a quien acompa√Ī√≥ en su retiro a Yuste; o la experimentaci√≥n con m√°quinas de vapor de Blasco de Garay (gale√≥n Trinidad, Barcelona, 1543)[51] y de Jer√≥nimo de Ayanz y Beaumont, Administrador General de Minas del Reino desde 1587 (y que no ser√≠an muy diferentes a las que m√°s tarde har√≠an Salomon de Caus ‚ÄĒ1615‚ÄĒ Giovanni Branca ‚ÄĒ1629‚ÄĒ, Edward Somerset ‚ÄĒ1663‚ÄĒ o las que se consideran m√°s definitivas, las de Denis Papin y Thomas Savery ‚ÄĒambos de 1698).[52]

El contacto con las culturas precolombinas

El contacto con las culturas precolombinas fue ambivalente: por un lado se produjo una verdadera aculturaci√≥n por imposici√≥n de la cultura espa√Īola dominante, mientras que por otro pervivieron partes muy importantes de la cultura ind√≠gena. En ambos procesos fue determinante la actitud de los misioneros espa√Īoles: en algunos casos propiciaban la destrucci√≥n de todo rastro de civilizaci√≥n anterior (c√≥dices mayas, c√≥dices prehisp√°nicos de Mesoam√©rica), en otros se ocuparon de aprender sus idiomas y conservar testimonios de las culturas en trance de desaparici√≥n (como el Popol Vuh y otros ejemplos de literatura maya ‚ÄĒc√≥dices coloniales de M√©xico); as√≠ como de producir obras pol√≠glotas como el Symbolo Catholico Indiano de Luis Jer√≥nimo de Or√© (1598), personalidad que tambi√©n influy√≥ en la redacci√≥n de Primer Nueva coronica y buen gobierno (1615) de Felipe Guam√°n Poma de Ayala (un noble hispano-inca). En los aspectos cient√≠ficos y t√©cnicos hubo transferencias por ambas partes: adem√°s del espectacular intercambio transatl√°ntico de cultivos que implic√≥ consecuencias extraordinarias en la futura revoluci√≥n agr√≠cola (ca√Īa de az√ļcar, trigo y vid por el Viejo Mundo, ma√≠z, frijol, patata, pimiento y tomate por el Nuevo); hubo algunos ejemplos de obras cient√≠ficas mestizas, como el C√≥dice Badiano (Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis o Amate-Cehuatl-Xihuitl-Pitli, 1552), elaborado en n√°huatl por Mart√≠n de la Cruz, m√©dico indio que estudi√≥ en el Colegio de Tlatelolco (una de las primeras instituciones educativas espa√Īolas en Am√©rica, fundada en 1533), y Juan Badiano, que lo tradujo al lat√≠n.[53] La creaci√≥n de centros universitarios en la Am√©rica espa√Īola destac√≥ por su precocidad (Santo Domingo ‚ÄĒ1538‚ÄĒ, San Marcos de Lima ‚ÄĒ1551‚ÄĒ, M√©xico ‚ÄĒ1553‚ÄĒ, etc.).

Las universidades espa√Īolas en el siglo de Oro

Las universidades espa√Īolas, esencialmente las que tuvieron colegios mayores (las de Salamanca, Alcal√° y Valladolid), pero tambi√©n otras universidades, colegios o estudios[54] (en la Corona de Arag√≥n las de Zaragoza,[55] Valencia,[56] la Sertoriana de Huesca, las catalanas de L√©rida, Gerona y Barcelona ‚ÄĒtrasladadas y fusionadas en la de Cervera en 1717‚ÄĒ, la Luliana de Palma, la de Gand√≠a ‚ÄĒhasta la expulsi√≥n de los jesuitas‚ÄĒ y la de Orihuela; la navarra Pamplona;[57] y otras en la Corona de Castilla: Santiago,[58] Oviedo, Sig√ľenza, Toledo, Almagro, Sevilla, Granada y Baeza), participaron activamente en el esplendor cultural de los Siglos de Oro, pero, al igual que las dem√°s instituciones universitarias europeas, no fueron el centro del movimiento renovador del pensamiento cient√≠fico que llev√≥ a la Revoluci√≥n Cient√≠fica, papel que correspondi√≥ a otras instituciones, como las sociedades cient√≠ficas y academias y a las propias publicaciones cient√≠ficas y correspondencia que se intercambiaban los cient√≠ficos. En l√≠neas generales la universidad permaneci√≥ estancada en las formas repetitivas de la escol√°stica medieval (magister dixit), tendentes a la perpetuaci√≥n de los paradigmas dominantes (galenismo, geocentrismo) y lo que se ha venido en llamar neoescol√°stica. No obstante, sus c√°tedras y colegios acogieron a personalidades de impresionante altura intelectual, y particularmente las espa√Īolas se caracterizaron por protagonizar un movimiento cultural de gran influencia que ha venido recibiendo el nombre de humanismo espa√Īol, dentro del cual puede acotarse un grupo de autores bajo el nombre de escuela de Salamanca.

Tambi√©n hubo un nutrido n√ļmero de profesores espa√Īoles que impartieron docencia en universidades de toda Europa, desde la que la percepci√≥n de Espa√Īa y sus intelectuales fue ambivalente, muy elogiosa en unos casos y muy cr√≠tica en otros, sobre todo a medida que se iban extendiendo los t√≥picos de la propaganda antiespa√Īola que han recibido el nombre de leyenda negra.[59] En una citad√≠sima expresi√≥n, respuesta a la petici√≥n de venir a Espa√Īa, y a la que se han atribuido toda clase de causas, desde recelos antijud√≠os hasta recelos antiinquisitoriales, la cabeza del humanismo europeo lleg√≥ a decir: no me gusta Espa√Īa.

Non placet Hispania.
Erasmo de Rotterdam, en carta a Tom√°s Moro, julio de 1517.[60]

El erasmismo fue, de hecho, la etiqueta que pas√≥ a ser sin√≥nimo de innovaci√≥n intelectual y se utiliz√≥ como bandera tanto por sus partidarios como por sus detractores; los que acabaron por imponerse, convirtiendo a Espa√Īa en l√≠der de la Contrarreforma.[61]

Planos originales del proyecto de Juan de Herrera para la Catedral de Valladolid (1585). El arquitecto de El Escorial, un hombre del Renacimiento de multidisciplinaria actividad, comparable a los artistas italianos, fue una de las personalidades científicas más importantes del Siglo de Oro, e intervino en varios de los mayores proyectos científicos del reinado de Felipe II, como la Academia Real Matemática o las Relaciones Topográficas.
Comp√°s de artiller√≠a firmado por Luis Collado (1584) ¬ęcon el cual se pod√≠an realizar medidas de distancias y de √°ngulos de inclinaci√≥n, as√≠ como obtener el peso de un proyectil dependiendo del material del que est√° fabricado y su calibre¬Ľ. Museo Nacional de Ciencia y Tecnolog√≠a.
Vista del Cerro de Potosí (Herman Moll, 1715). El método de patio exigía una molienda muy fina del mineral, por lo que se utilizaban cientos de molinos llamados de almadenetas, dos por cada ingenio (a la derecha de la imagen, en Tarapaya). A pesar del aspecto que el artista les da, la mayor parte de ellos no parecen haber sido de viento, sino hidráulicos, aprovechando la Ribera de Potosí. De entre todas las del mundo, la ciudad de Potosí (recién creada en 1545) era lo más parecido a una ciudad industrial en los siglos XVI y XVII.[62]
Los jesuitas fundaron instituciones educativas siguiendo el esp√≠ritu de la contrarreforma por toda Europa, y fueron especialmente importantes para la recuperaci√≥n del catolicismo en la Europa Central. Entre sus bases en territorio amigo (la utilizaci√≥n del vocabulario militar es caracter√≠stica de esta Compa√Ī√≠a) estaban las de las cortes de los Habsburgo: Viena y Madrid. En la capital espa√Īola abrieron el Colegio Imperial, tambi√©n denominado Seminario de Nobles o Reales Estudios de San Isidro. Tras distintas vicisitudes se termin√≥ convirtiendo en Instituto de Educaci√≥n Secundaria.

Instituciones científicas y técnicas de los Siglos de Oro

Los autores destacados por su contribuci√≥n a alg√ļn aspecto de la ciencia y la tecnolog√≠a en la Espa√Īa de los siglos de Oro configuran una n√≥mina extens√≠sima, y de hecho, su propia enumeraci√≥n constituye un fin en s√≠ misma de alguno de los estudios de historia de la ciencia espa√Īola. L√≥gicamente, ese enfoque personalista no suele ser neutral, sino que obedece a prop√≥sitos reivindicativos: sean exaltadores de glorias nacionales, o, al contrario, denunciadores de la ausencia de una verdadera ciencia articulada e institucionalizada.[63] No obstante, s√≠ que existieron instituciones cient√≠ficas de patrocinio p√ļblico, que con mejor o peor fortuna desarrollaron una tarea cient√≠fica o t√©cnica, a la que se sumaron numeros√≠simas publicaciones (muchas de ellas de trascendencia internacional) y la actividad dispersa, y la mayor parte de las veces poco o nada coordinada, de una pl√©yade de personalidades provenientes de todo tipo de tradiciones intelectuales y formaciones profesionales.

Carrera de Indias. Navegación. Ingeniería

Muchas de las instituciones vinculadas a la Carrera de Indias fueron ubicadas en Sevilla: Universidad de mareantes, Casa de Contratación (piloto mayor, cosmógrafo mayor, Cátedra de Navegación y Cosmografía desde 1552, y más tarde un arqueador y medidor de naos y una Cátedra de Artillería, fortificaciones y escuadrones).[64]

Muy numerosos fueron las figuras que destacaron por sus contribuciones a la ciencia de la navegaci√≥n, en la que Espa√Īa fue hegem√≥nica (Mart√≠n Fern√°ndez de Enciso, Valero, Pedro de Medina, Mart√≠n Cort√©s, Juan Escalante de Mendoza, Pedro N√ļ√Īez, Pedro Men√©ndez de Avil√©s, etc. ‚ÄĒsus textos se utilizaban para el aprendizaje de los navegantes ingleses y franceses‚ÄĒ),[65] a las t√©cnicas militares (√Ālava, Barroso, Escriv√°, Men√©ndez Vald√©s, Diego de Salazar); artiller√≠a (Fernando del Castillo, Andr√©s Garc√≠a de C√©spedes) o a las fortificaciones (Luis Fuentes, Medina Barba). La Real F√°brica de Artiller√≠a de La Cavada surti√≥ de piezas artilleras a la marina desde 1616 (Jean Curtius, Jorge de Bande).

Destacaron por su tarea como ingenieros (aplicados o no a la aventura del Nuevo Mundo) el citado Juanelo Turriano, Juan de Arfe (escultor, perito de metales preciosos en la Real Casa de la Moneda de Segovia ‚ÄĒv√©ase ceca y F√°brica Nacional de Moneda y Timbre - Real Casa de la Moneda‚ÄĒ y tratadista de arte, anatom√≠a, gnom√≥nica ‚ÄĒrelojes de sol‚ÄĒ y orfebrer√≠a), Diego Rivero, Felipe Guill√©n, Mart√≠n Cort√©s, Antonio Boteller, Bernardo P√©rez de Vargas, Garci S√°nchez, Carlos Corzo, Pedro de Contreras, Lope de Saavedra, fray Blas del Castillo, √Ālvaro Alonso Barba, etc; como cart√≥grafos y ge√≥grafos Juan de la Cosa, Pedro Texeira, Alonso de Santa Cruz, Rodrigo Zamorano (cosm√≥grafo de Felipe II, Cronolog√≠a y Repertorio de la raz√≥n de los tiempos ‚ÄĒ1585 y 1594‚ÄĒ Los seis libros primeros de Euclides traducidos en lengua Espa√Īola ‚ÄĒ1576‚ÄĒ, Carta de marear ‚ÄĒ1579‚ÄĒ, Compendio de la arte de navegar), Luis Collado (ingeniero que dise√Ī√≥ el comp√°s de artiller√≠a),[66] etc. El puesto de Cosm√≥grafo real, Cosm√≥grafo del rey o Cosm√≥grafo mayor estuvo vinculado al cargo de Cronista mayor. (V√©ase tambi√©n Categor√≠a:Cart√≥grafos de Espa√Īa, Cosm√≥grafo Mayor del Virreinato del Per√ļ).

En 1527 la Casa de Contratación prohibió que los pilotos extranjeros tuvieran cartas de navegación. A partir de entonces, el secretismo con el que se preparaban estos documentos, sumado a su propia naturaleza efímera, provocó que se hayan conservado muy pocos. En el Consejo de Indias los mapas estaban considerados documentos secretos, y los asuntos cosmográficos, secretos de estado.[67]

Metalurgia. La amalgama: plata y mercurio

La metalurgia, sobre todo la de la plata, fue especialmente desarrollada a partir del perfeccionamiento del m√©todo de la amalgama, que implicaba un uso masivo de mercurio (azogue) para la obtenci√≥n de metales preciosos a partir del mineral bruto. Fue introducido en Pachuca (M√©xico) en 1552 por Bartolom√© de Medina, quien dec√≠a haberlo aprendido de un alem√°n llamado Maese Lorenzo. Pedro Fern√°ndez de Velasco lo aplic√≥ en el virreinato del Per√ļ (la mina principal era el Cerro de Potos√≠, en la actual Bolivia) desde 1572, con ciertas mejoras (paso del beneficio del patio al beneficio de cajones). √Ālvaro Alonso Barba en 1640 abarat√≥ el proceso con el denominado beneficio de cazo y cocimiento (en el que se utilizaba sal, piritas de cobre y hierro adem√°s del mercurio, gran parte del cual pod√≠a recuperarse, adem√°s de poder utilizarse con minerales de menor grado de metal).[68] La explotaci√≥n intensiva de las minas de Almad√©n en Espa√Īa (en funcionamiento desde la Antig√ľedad hasta su cierre en 2001) y Huancavelica en Per√ļ (1566) fue esencial para este proceso industrial. En 1633, Lope Saavedra Barba desarroll√≥ en Huancavelica unos hornos de aludeles, que trece a√Īos m√°s tarde fueron mejorados por Juan Alonso de Bustamante en Almad√©n (tambi√©n se llaman bustamantes o busconiles).[69]

Véase también: Camino Real Intercontinental
Matemáticas y astronomía

En Madrid se fund√≥, en √©poca de Felipe II la Academia Real Matem√°tica o Academia de Matem√°ticas de Madrid (1582, con estatutos redactados en 1584 por el arquitecto y maestro mayor Juan de Herrera). Las matem√°ticas, como la astronom√≠a, sal√≠an as√≠ del entorno universitario, poco proclive a las innovaciones, en un proceso que en otras partes de Europa condujo a la Revoluci√≥n cient√≠fica (de hecho, un poco m√°s tarde, con academias como la Linceana ‚ÄĒFlorencia, 1603‚ÄĒ, la del Cimento ‚ÄĒRoma, 1657‚ÄĒ o la Royal Society ‚ÄĒInglaterra, 1660); pero lo accidentado de la vida de la instituci√≥n madrile√Īa es muestra de lo poco que pudo arraigar o de lo poco receptivo que el medio social espa√Īol de la √©poca era para recibirla.[70] Matem√°ticos y astr√≥nomos notables fueron Pedro Ciruelo, Mart√≠nez Siliceo, Fern√°n P√©rez de Oliva, Fernando de C√≥rdoba, Pedro Juan Oliver, Pedro Juan Monz√≥, Pedro Jaime Esteve, Andr√©s de Lorenzo, Lorenzo Victorio Mol√≥n, Miguel Franc√©s, Gaspar Lux, √Ālvaro Thom√°s, Pedro N√ļ√Īez, Antich Rocha, Francisco S√°nchez; Pedro Chac√≥n y Juan Salmo ‚ÄĒasesores del calendario gregoriano‚ÄĒ, Jeroni Mu√Īoz (Libro del nuevo cometa, 1573, sobre la supernova de 1572),[71] Juan de Rojas (elementos del astrolabio, proyecci√≥n ortogonal), Hugo de Omerique, etc. Joan Roget y Pere Roget (artesanos barceloneses ‚ÄĒdenominados ¬ęhermanos Rogetes¬Ľ por Juder√≠as), estuvieron entre los primeros constructores de telescopios del mundo.

Aplicados a la descripci√≥n geogr√°fica, Pedro Esquivel ‚ÄĒDescripci√≥n de Espa√Īa cierta y cumplida, 1556‚ÄĒ, Relaciones Topogr√°ficas de Felipe II, Juan Gonz√°lez de Mendoza ‚ÄĒlibro sobre China, 1585‚ÄĒ, Luis M√°rmol Carvajal ‚ÄĒDescripci√≥n general de √Āfrica, 1573 a 1599‚ÄĒ.

La disputa de la C√°tedra de matem√°tica y astrolog√≠a de la Universidad de Salamanca, que hab√≠a quedado vacante en 1576 sin que apareciera ning√ļn candidato id√≥neo de la propia Universidad, enfrent√≥ a Jer√≥nimo Mu√Īoz, de la Universidad de Valencia, y Rodrigo Zamorano, cosm√≥grafo de la Casa de Contrataci√≥n de Sevilla, dando oportunidad a ambos para demostrar su excelencia, con curricula impresionantes, investigaciones y publicaciones actualizadas y reconocidas a nivel internacional.[72]

Medicina

El Protomedicato fue instaurado por Carlos V, aunque no como una instituci√≥n centralizada, pues no pretend√≠a sustituir a los colegios de m√©dicos locales, muy dispersos ‚ÄĒcomo el Colegio de San Cosme y San Dami√°n (Pamplona), que ni siquiera ten√≠a jurisdicci√≥n en toda Navarra‚ÄĒ. La medicina fue la actividad cient√≠fica m√°s asentada institucionalmente e implantada por todo el territorio, siguiendo la tradici√≥n medieval, anquilosada en una universidad que reproduc√≠a los textos de Hip√≥crates y Galeno sin cuestionarse la teor√≠a de los humores. No obstante, hubo quienes intentaron un cambio de paradigma (Miguel Servet) y quienes recibieron las innovaciones anat√≥micas de Vesalio, la yatroqu√≠mica de Paracelso o la teor√≠a circulatoria de William Harvey: Francisco Vall√©s el Divino, G√≥mez Pereira, Pere d'Olesa; Pedro Gimeno y Luis Collado ‚ÄĒvalencianos disc√≠pulos de Andreas Vesalio, que estuvo en Espa√Īa; Dialogus de re medica, 1549‚ÄĒ, Juan de Valverde ‚ÄĒdivulgador de Servet Historia de la composici√≥n del cuerpo humano, 1556‚ÄĒ, G√≥mez Pereira, Miguel Sabuco, Juan Huarte de San Juan ‚ÄĒdoctrina del ingenio Examen de ingenios para las ciencias, 1575‚ÄĒ, Luis de Mercado ‚ÄĒgalenista r√≠gido‚ÄĒ, Antonio Ponce de Santa Cruz ‚ÄĒparacelsiano‚ÄĒ, Benito Daza Vald√©s o Benito Daza de Vad√©s ‚ÄĒsin formaci√≥n m√©dica, de profesi√≥n notario de la Inquisici√≥n, escribi√≥ un notable tratado de oftalmolog√≠a y √≥ptica en 1623, en el que se muestra como receptor de Galileo‚ÄĒ,[73] Juan de la Torre y Valc√°rcel ‚ÄĒescol√°stico, contrario a Harvey‚ÄĒ, etc.

V√©anse tambi√©n: Historia de la medicina, Historia de la medicina en Espa√Īa y Historia de la Medicina General en Espa√Īa
Colegio Imperial de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs

El Colegio Imperial, fundado por los jesuitas en 1625 (Juan Eusebio Nieremberg, Gemma Cornelli Madriti, Claudio Richardi ‚ÄĒClaude Richard o Claudio Ricardo‚ÄĒ, Jean-Baptiste Cysat, Jean Charles della Faille, Hugh Sempill ‚ÄĒHugo Sempilius‚ÄĒ, Alexius Silvius Polonus, Francisco Antonio Camassa, Jean Francois Petrey, Jacob Kresa, etc.) fue denominado sucesivamente Reales Estudios de San Isidro o Seminario de Nobles. En los siglos sucesivos sufri√≥ las vicisitudes que afectaron a la propia Compa√Ī√≠a de Jes√ļs.[74]

Otras ciencias

Otras ciencias f√≠sicas y naturales, de denominaciones y fronteras indefinidas por esa √©poca, fueron cultivadas por autores como Juan de Aguilera, Diego de Z√ļ√Īiga, Diego P√©rez de Mesa, Pedro Sim√≥n Abril, Jer√≥nimo Pardo y Juan de Celaya ‚ÄĒf√≠sica nominalista en el Colegio de Montaigne de la Universidad de Par√≠s‚ÄĒ, Domingo de Soto, Benito Perea y Francisco de Toledo ‚ÄĒtratados de filosof√≠a natural‚ÄĒ, Gonzalo Fern√°ndez de Oviedo, Nicol√°s Bautista Monardes, Jos√© de Acosta ‚ÄĒHistoria natural‚ÄĒ, Mat√≠as Garc√≠a, Gabriel Alonso de Herrera (agr√≥nomo y naturalista), Bernardo P√©rez de Vargas (autor de una De re metallica ‚ÄĒ1569‚ÄĒ influenciada por la obra hom√≥nima de Georgius Agricola ‚ÄĒ1556), Andr√©s Laguna (m√©dico, farmac√≥logo y bot√°nico), Gonzalo Fern√°ndez de Oviedo,[75] Francisco Mic√≥, Juan Bautista Monardes, Juan Jaraba, Juan Gil Jim√©nez.

Los Novatores

Artículo principal: Novatores

Se considera su hito fundacional la reuni√≥n del grupo de novatores de Valencia: Juan Bautista Corach√°n y Tom√°s Vicente Tosca en casa de Baltasar √ć√Īigo (1683), en la que surgi√≥ la idea de crear una especie de academia matem√°tica que renovara las ideas y las pr√°cticas cient√≠ficas anquilosadas de la Espa√Īa de su √©poca. De inquietudes similares son personalidades contempor√°neas como el matem√°tico y astr√≥nomo Jos√© Zaragoza (Padre Zaragoza),[76] Isaac Cardoso, Juan Caramuel[77] y Juan de Cabriada, cuya Carta filos√≥fico-m√©dico-chymica (1687) suele considerarse como una especie de manifiesto que resume los prop√≥sitos del movimiento.

Otros novatores de esta √©poca ser√≠an: Diego Mateo Zapata, Mart√≠n Mart√≠nez,[78] Vicente Mut,[79] Juan Mu√Īoz y Peralta ‚ÄĒRegia Sociedad de Medicina y otras Ciencias de Sevilla‚ÄĒ,[80] Juan Bautista Juanini ‚ÄĒDiscurso pol√≠tico y physico, que muestra los movimientos y efectos que produce la fermentaci√≥n y materias nitrosas, m√©dico de Juan Jos√© de Austria‚ÄĒ, Cris√≥stomo Mart√≠nez ‚ÄĒgrabador y microscopista‚ÄĒ, Francisco San Juan y Campos ‚ÄĒexplica por primera vez a Harvey en la universidad de Zaragoza‚ÄĒ, Antonio Hugo de Omerique ‚ÄĒrepresentante de un grupo de novatores de C√°diz cuyo Analysis geometrica, de 1698 fue elogiada por el propio Newton‚ÄĒ,[81] etc.[82]

Otros autores se han considerado como precedentes de los novatores por su temprana cronolog√≠a, como Pedro Miguel de Heredia (¬ęgalenista moderado¬Ľ, m√©dico de Felipe IV, autor de un Operum Medicinalium publicado p√≥stumamente en 1688 ‚ÄĒmuri√≥ en 1655),[83] Gaspar Bravo de Sobremonte (receptor de Harvey), Sebasti√°n Izquierdo o Luis Rodr√≠guez de Pedrosa.[84]

A pesar de la conciencia del propio atraso, los novatores se preocuparon de reaccionar contra algunas acusaciones despectivas de científicos extranjeros, como la del médico francés Pierre Régis (calvinista exiliado en Holanda).[85]

El movimiento de los novatores se prolongó en la primera mitad del siglo XVIII, en lo que puede considerarse la primera Ilustración, la Preilustración o la Ilustración anterior a la Enciclopedia: Jerónimo de Uztáriz (Teoría y práctica de comercio y de marina, 1724), Martín Martínez (Anatomía completa del hombre, 1728), Andrés Piquer (Lógica Moderna, 1747) o Mateo Aymerich (Prolusiones Philosophicae, 1756). Incluso se vinculan a ellos los dos grandes científicos militares de ese periodo y que enlazan con el grupo de Cádiz: Jorge Juan y Antonio de Ulloa.

Luisa Sigea.
Beatriz Galindo.

Las mujeres en la ciencia y la cultura del Siglo de Oro espa√Īol

Se discute si el notable texto Nueva filosofía de la naturaleza del hombre es obra de Miguel Sabuco o de su hija Oliva Sabuco, en cuyo caso estaríamos ante una de las escasas personalidades científicas femeninas de la Edad Moderna.

Otras literatas de fama fueron Beatriz Galindo (la Latina, mujer de confianza de Isabel la Cat√≥lica que escrib√≠a poes√≠a en lat√≠n y exhib√≠a conocimientos de teolog√≠a y medicina ‚ÄĒse le atribuyen unos Comentarios a Arist√≥teles), y en su misma √©poca, la del humanismo renacentista, Francisca Nebrija (hija del gram√°tico), Florencia Pinar, Isabel Vergara, Lorenza M√©ndez de Zurita o Luisa Sigea (la Minerva, pol√≠glota y experta en los cl√°sicos).[86]

La contrarreforma, en buena medida, reorient√≥ la actividad de las mujeres con ambiciones intelectuales al √°mbito religioso (Santa Teresa de Jes√ļs, Sor Juana In√©s de la Cruz o Sor Mar√≠a de Jes√ļs de √Āgreda).

M√°s all√° del mundo literario, el grado de integraci√≥n de la mujer en los oficios t√©cnicos, ya de por s√≠ poco documentados, est√° oculto por la invisibilizaci√≥n general de todo lo que se refiere a la historia de las mujeres, limit√°ndose a su reflejo en personajes ficticios de novelas y obras teatrales y a casos reales tan particulares que suscitaron esc√°ndalo o asombro: como el de Catalina de Erauso (la monja alf√©rez, integrada en el ej√©rcito) o la italiana Sofonisba Anguissola, que lleg√≥ a pintora de la corte espa√Īola y se le atribuye en la actualidad un retrato de Felipe II antes atribuido a Alonso S√°nchez Coello.

Ciencia y t√©cnica en la Ilustraci√≥n espa√Īola

Representaci√≥n bot√°nica de Hydrocotyle bonariensis e Hydrocotyle tribotrys en Flora Peruviana, et Chilensis : sive, descriptiones, et icones plantarum Peruvianarum, et Chilensium, secundum systema Linnaeanum digestae, cum characteribus plurium generum evulgatorum reformatis, de Hip√≥lito Ruiz y Jos√© Pav√≥n (1798‚Äď1802).

El expl√≠cito t√≠tulo del libro de Jean Sarrailh[87] restring√≠a la Ilustraci√≥n en Espa√Īa a la segunda mitad del siglo XVIII; y aunque se han producido reivindicaciones de autores m√°s o menos importantes de su primera mitad, no deja de ser reconocido ampliamente que hasta los reinados de Carlos III (1759) y Carlos IV (1788) y el impulso de estadistas como Floridablanca, Campomanes o Jovellanos, no arrancan los programas cient√≠ficos m√°s ambiciosos, aplicaci√≥n del nuevo y revolucionario concepto enciclopedista de ¬ęprogreso¬Ľ a trav√©s de las ¬ęciencias √ļtiles¬Ľ.[88]

A pesar de ello, la primera mitad del siglo presenci√≥ la actividad meritoria de figuras aisladas muy prestigiosas, como Benito Jer√≥nimo Feijoo, o la fundaci√≥n de instituciones de gran proyecci√≥n literaria (Real Academia, Academia de la Historia) y cient√≠fica, como la Escuela de Guardiamarinas de C√°diz (1717), de la que saldr√≠an dos de los m√°s importantes personajes del siglo: Jorge Juan y Antonio de Ulloa (Misi√≥n Geod√©sica a Per√ļ, expedici√≥n de 1734 coordinada con Francia ‚ÄĒLa Condamine‚ÄĒ para la medici√≥n de un grado de meridiano);[89] aunque de la mediocridad general da prueba que una figura tan extravagante como Diego de Torres Villarroel llegara a catedr√°tico de matem√°ticas de la Universidad de Salamanca.

En cambio, a finales de siglo la conexi√≥n entre las instituciones cient√≠ficas espa√Īolas y las europeas eran mucho m√°s habituales; y demostraron ser lo suficientemente atractivas para personalidades extranjeras de la talla de Alexander von Humboldt, cuya extraordinaria expedici√≥n a Canarias y Am√©rica (fragata Pizarro 5 de junio de 1799) se inici√≥ con un hecho tan incre√≠ble como el descubrimiento de la Meseta Central, al ser el primero en realizar e interpretar correctamente las mediciones altim√©tricas que le permitieron trazar un perfil topogr√°fico de la Pen√≠nsula Ib√©rica, de Valencia a La Coru√Īa[90] (no deja de ser significativo, sin embargo, que Espa√Īa no fuera su primera elecci√≥n o propuesta, gestiones fallidas que realiz√≥ previamente en Francia, y que en la corte de Carlos IV hall√≥ el entusiasta apoyo del ministro Mariano Luis de Urquijo y la comunidad cient√≠fica espa√Īola, encantada de acoger al joven prusiano).[91]

Sin duda la bot√°nica y la mineralog√≠a fueron las ciencias m√°s destacables en la aportaci√≥n espa√Īola a la producci√≥n cient√≠fica puntera de ese periodo. Momentos brillantes fueron los del descubrimiento del wolframio, debido a las investigaciones de Juan Jos√© Delhuyar y Fausto Delhuyar; la purificaci√≥n del platino por Fran√ßois Chavaneau[92] (ambos hechos de 1783, en las c√°tedras del Real Seminario Patri√≥tico de Vergara, donde tambi√©n trabajaba Louis Proust) y el descubrimiento del vanadio en 1801 (que hubiera podido llamarse rionio en honor a Andr√©s Manuel del R√≠o, catedr√°tico de qu√≠mica y mineralog√≠a del Real Seminario de Miner√≠a de la Nueva Espa√Īa ‚ÄĒM√©xico‚ÄĒ dirigido por Fausto Delhuyar).

No fue menos importante, en este caso para la ingenier√≠a, la apertura del Real Gabinete de M√°quinas (1791, a iniciativa de Agust√≠n de Bethencourt y cuya Descripci√≥n redact√≥ Juan L√≥pez Pe√Īalver). Ese gabinete, prometedor resultado de una persistente labor de documentaci√≥n (o, seg√ļn se mire, espionaje industrial) en Inglaterra y Francia, sustanciado en una impresionante colecci√≥n de maquetas e instrucciones para su reproducci√≥n a escala; es un buen ejemplo de lo que se repiti√≥ como constante en las instituciones cient√≠ficas espa√Īolas de ese periodo: Lo que pudo sobrevivir a la destrucci√≥n y dispersi√≥n humana y material de la Guerra de la Independencia Espa√Īola y los sucesivos exilios pol√≠ticos, no se utiliz√≥; o al menos no aprovech√≥ a la ciencia y t√©cnica en Espa√Īa. En cambio, s√≠ lo hizo en el extranjero: en aquel caso, en su exilio ruso, Bethencourt y el mexicano Jos√© Mar√≠a Lanz publicaron un Essay sur la composition des machines (1808) muy divulgado en la educaci√≥n t√©cnica europea.[93]

  • Cient√≠ficos de la Ilustraci√≥n de finales del siglo XVIII: Agust√≠n de Pedrayes (maestro de matem√°ticas de la Real Casa de Caballeros pajes de su Majestad ‚ÄĒinstituci√≥n fusionada con el ex-jesuita Seminario de Nobles en 1786‚ÄĒ y autor de un Nuevo y uniersal m√©todo de cuadraturas determinadas, 1777) y Gabriel C√≠scar representaron a Espa√Īa en el Congreso Internacional de Par√≠s (1799) que impuls√≥ el sistema m√©trico decimal, y se atribuye a Pedrayes (el sabio espa√Īol) la propuesta de procedimiento de medici√≥n del meridiano de Dunkerke a Barcelona, cuya subdivisi√≥n (la diezmillon√©sima parte del cuadrante) dio lugar a la primera definici√≥n del metro. Jos√© Mun√°rriz (disc√≠pulo de Proust, traductor de Lavoisier) desarroll√≥ la purificaci√≥n del cristal de t√°rtaro. Andr√©s Manuel del R√≠o (Elementos de Ortognosia, 1800). Juan Pablo Canals (tintes, granza ‚ÄĒle hicieron marqu√©s de la Vall-Roja), Dionisio Alcal√° Galiano, etc.

Instituciones cient√≠ficas y t√©cnicas de la Ilustraci√≥n espa√Īola

Fuente en la Plaza de la Plater√≠a de Mart√≠nez, donde en el siglo XVIII se encontraba esa importante instituci√≥n madrile√Īa, frente al Jard√≠n Bot√°nico y el edificio proyectado como sede del Real Gabinete de Historia Natural (finalmente asignado al Museo del Prado). A pocos metros al sur, en Atocha, se levantaron instituciones m√©dicas y de ense√Īanza de la medicina (Hospital de San Carlos); y detr√°s del Bot√°nico, en el Retiro, el Observatorio Astron√≥mico y la F√°brica de Porcelana del Buen Retiro. Una impresionante concentraci√≥n de instituciones cient√≠ficas e industriales punteras, que sufri√≥ una devastadora destrucci√≥n durante la Guerra de Independencia (1808‚Äď1814).

Las Manufacturas reales o Reales F√°bricas (una de las aportaciones del mercantilismo borb√≥nico de inspiraci√≥n colbertista desde la √©poca de Felipe V) produc√≠an todo tipo de productos, especialmente de lujo (cristal ‚ÄĒLa Granja‚ÄĒ, porcelana, tapices, relojes ‚ÄĒen Madrid) y estrat√©gicos (armamento, p√≥lvora), pero tambi√©n de consumo masivo (pa√Īos ‚ÄĒGuadalajara, Brihuega, San Fernando de Henares‚ÄĒ, hilados de algod√≥n ‚ÄĒ√Āvila y Barcelona, que estuvo en el origen del desarrollo textil catal√°n posterior), especialmente en el caso de los estancados con criterios monopol√≠sticos (tabaco, aguardiente, naipes). A iniciativa de Juan de Goyeneche se fundaron las f√°bricas de Nuevo Bazt√°n (funcionaron entre 1710‚Äď1778). Otras iniciativas locales se centraron en la cer√°mica, como la del Marqu√©s de Sargadelos (cer√°mica de Sargadelos) o la del Conde de Aranda (Alcora). V√©ase tambi√©n Industria en Espa√Īa#El siglo XVIII.

Gran trascendencia tuvieron varias instituciones militares: la Escuela de Guardiamarinas de C√°diz (1717, que tambi√©n acogi√≥ el Real Instituto y Observatorio de la Armada, 1797 ‚ÄĒpublicando Efem√©rides astron√≥micas o Almanaque n√°utico desde 1791) y la Academia de Artiller√≠a de Segovia (1763, que cont√≥ con Louis Proust para ense√Īar qu√≠mica y metalurgia entre 1786 y 1799). Previamente se hab√≠an creado en 1722 escuelas de matem√°ticas para artilleros en Barcelona (que acog√≠a una Academia Militar de Matem√°ticas desde 1715), Pamplona, Badajoz y C√°diz. Ingenieros militares como el italiano Francesco Sabatini tuvieron una gran presencia en todos los √°mbitos de la producci√≥n intelectual, incluyendo la cultura y el arte.[97]

No menos trascendencia tuvieron las instituciones mineralógicas, como la Real Academia de Minas de Almadén (1777) y el Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía de Gijón (iniciativa de Gaspar Melchor de Jovellanos, 1794).

Las Reales Sociedades Econ√≥micas de Amigos del Pa√≠s se difundieron por toda Espa√Īa siguiendo el ejemplo de la Bascongada (1765, Conde de Pe√Īaflorida). Gran importancia tuvo el Seminario Patri√≥tico de Vergara (que utiliz√≥ la sede del antiguo Colegio de los jesuitas en esa localidad ‚ÄĒexpulsados en 1767). Fueron profesores en √©l Louis Proust, los hermanos Elh√ļyar, Miguel de Lardiz√°bal y F√©lix Mar√≠a de Samaniego. Entre sus alumnos estuvo Mart√≠n Fern√°ndez de Navarrete.[98]

Se intent√≥ paliar la ausencia de r√≠os navegables (una de las causas principales de las dificultades de comunicaci√≥n interior que imposibilitaban la formaci√≥n de un verdadero mercado nacional, a diferencia de Inglaterra o Francia) con canales artificiales como el Canal de Castilla (en estudio desde el siglo XVI, e iniciado en 1753), el Canal Imperial de Arag√≥n (1776‚Äď1790, Ram√≥n Pignatelli, al que se agreg√≥ el medieval Canal de Tauste) y el Canal del Guadarrama (ambicios√≠simo proyecto del ingeniero franc√©s Carlos Lemaur ‚ÄĒ1785‚ÄĒ que habr√≠a incluido la presa m√°s alta de Europa ‚ÄĒpresa del Gasco‚ÄĒ y que no se complet√≥).

Madrid, sede de la Corte, acogi√≥ un considerable n√ļmero de instituciones de alt√≠simo nivel: el Real Jard√≠n Bot√°nico (1755), la Casa de la platina (o Laboratorio de la platina, 1757, dirigida posteriormente por Fran√ßois Chavaneau), el Real Gabinete de Ciencias o Gabinete de Historia Natural (1772, dirigido por Jos√© Clavijo y Fajardo y luego por Eugenio Izquierdo, iniciado a partir de la colecci√≥n de Pedro Franco D√°vila y precedente del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales), la Real Escuela de Mineralog√≠a de Madrid (Laboratorio Real de Madrid o Laboratorio de Qu√≠mica Metal√ļrgica, Chavaneau, 1787; en √©l Pedro Guti√©rrez Bueno desarroll√≥ su Curso de qu√≠mica, te√≥rico y pr√°ctica, para la ense√Īanza del Real Laboratorio de Qu√≠mica de esta Corte, 1788), la Plater√≠a Mart√≠nez (Real Escuela de Plater√≠a y M√°quinas, 1778), el Colegio de Cirug√≠a de San Carlos (1787), el Real Observatorio del Retiro (1790) y el citado Gabinete de M√°quinas de Bethancourt, que tambi√©n fue responsable de la creaci√≥n de la Escuela de Caminos y Canales (1802). Es tambi√©n en Madrid donde se comenzaron a publicar los Anales de Historia Natural, que suele considerarse la primera revista cient√≠fica espa√Īola (1799, Domingo Garc√≠a Fern√°ndez y Antonio Jos√© de Cavanilles);[99] aunque Louis Proust hab√≠a sacado con anterioridad dos Anales del Real Laboratorio de Qu√≠mica de Segovia (1791 y 1795), donde public√≥ textos cient√≠ficos trascendentales resultado de sus investigaciones (entre otros, la formulaci√≥n impl√≠cita de la Ley de las proporciones definidas,[100] debatida posteriormente por Berthollet y Berzelius y que estuvo en el origen de la teor√≠a at√≥mica de Dalton).[101]

Expediciones espa√Īolas del ¬ęSiglo de las Luces¬Ľ

Despu√©s de la citada expedici√≥n de La Condamine, Jorge Juan y Antonio de Ulloa para la medici√≥n del meridiano, se abri√≥ un periodo excepcional, en que las expediciones espa√Īolas se organizaron con criterios tanto cient√≠ficos como estrat√©gicos. En el √ļltimo cuarto del siglo XVIII se hizo evidente que la continuidad (y en su caso el incremento) del Imperio, frente a la competencia de otras potencias y de los nacientes particularismos criollos en Am√©rica, exig√≠a un programa expedicionario de dimensiones globales, que incluy√≥ estudios cient√≠fico paralelos a la demostraci√≥n de la capacidad de presencia naval.

Art√≠culo principal: Expediciones espa√Īolas
Véase también: Categoría:Expediciones botánicas

La expedici√≥n de Alejandro Malaspina (1789‚Äď1794, Jos√© Bustamante, cart√≥grafo Felipe Bauz√°, naturalistas Tadeo Haenke, Luis N√©e y Antonio Pineda, pintores Jos√© Gu√≠o, Jos√© del Pozo, Fernando Brambila, Juan Ravenet y Tom√°s de Suria) cuyos problemas pol√≠ticos con Godoy provocaron la incautaci√≥n y olvido de sus materiales recopilados, que no condujeron a ning√ļn resultado pr√°cticos en Espa√Īa; tuvo un triste destino que, por una circunstancia o por otra, fue compartido por buena parte de los hallazgos de las expediciones de la √©poca, lo que indica la escasa receptividad que la sociedad y el sistema productivo espa√Īol ten√≠a hacia innovaciones y descubrimientos, hecho mucho m√°s decisivo que la cambiante voluntad de los gobiernos ilustrados que los impulsaban o el entusiasmo de los cient√≠ficos que los emprend√≠an. Al menos una de estas expediciones s√≠ tuvo un √©xito indiscutible: la expedici√≥n de la vacuna de Francisco Javier Balmis (1803‚Äď1806, Jos√© Salvany).

Antonio Carnicero, Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez, 1784. El 5 de junio de 1784 se produjo este espectáculo en los jardines de Aranjuez, a cargo del francés Bouclé. No obstante, se discute si podría representar una ascensión similar que tuvo lugar el 23 de noviembre de 1783 en El Escorial, por el marqués d'Arle y Pilastre de Rozier.[102]

Inicios de la aeron√°utica

Aunque ya en el siglo IX el andalus√≠ Abb√°s Ibn Firn√°s hab√≠a efectuado pruebas aeron√°uticas desde torres en C√≥rdoba (con artefactos no muy distintos a los precedentes del paraca√≠das y de los planeadores y alas batientes que dise√Ī√≥ Leonardo da Vinci en torno a 1500); no es sino a finales del siglo XVIII que se documentan experiencias significativas en ese √°mbito. La aerostaci√≥n lleg√≥ a Espa√Īa por imitaci√≥n del globo franc√©s Montgolfier de 1783. Tales fueron las experiencias del pr√≠ncipe Gabriel en Aranjuez y Madrid, de Charles Bouche en Valencia, de Francesc Salv√† i Campillo en Barcelona (m√©dico y f√≠sico, que experiment√≥ la aplicaci√≥n de la electricidad a la telegraf√≠a e inici√≥ la serie de observaciones meteorol√≥gicas m√°s antigua de Espa√Īa), y algunos otros: Vicente Lunardi, Jos√© Campello, Antonio Gull y Rogell. Pocos a√Īos m√°s tarde Diego Mar√≠n Aguilera, un agricultor autodidacta con inquietudes mec√°nicas, se convirti√≥ en uno los precursores de la aviaci√≥n por lograr un vuelo de m√°s de 300 metros al lanzarse junto con su artilugio desde el castillo de Coru√Īa del Conde (1793).

Isidra de Guzmán, entre libros, luce sobre su vestido una muceta, símbolo de su condición doctoral.

Las mujeres en la Ilustraci√≥n espa√Īola

Alcal√° acogi√≥ el primer caso de una mujer universitaria: la doctora de Alcal√° Mar√≠a Isidra de Guzm√°n y de la Cerda, a la que la protecci√≥n de Carlos III allan√≥ toda posible oposici√≥n a que alcanzase (en 1785, con 17 a√Īos) los t√≠tulos de doctora y maestra en la Facultad de Artes y Letras humanas, catedr√°tica de Filosof√≠a, conciliadora y examinadora; adem√°s de ser admitida en la Academia de la Lengua. No obstante, esta excepci√≥n no signific√≥ ninguna variaci√≥n en la r√≠gida exclusi√≥n de la mujer en el √°mbito universitario hasta el siglo XX.

Mar√≠a Andrea Casamayor y de la Coma, educada con los escolapios, escribi√≥ dos libros de artim√©tica aplicada y metrolog√≠a (Tirocinio aritm√©tico, 1738; y El para s√≠ solo, divulgado a su muerte en 1780), lo que la convierte en la primera matem√°tica espa√Īola, o al menos la primera con obra publicada.[103]

Josefa Amar y Borb√≥n defendi√≥ la capacidad de las mujeres para las letras y la necesidad de una educaci√≥n femenina para el progreso del intelecto y la autonom√≠a moral en t√©rminos puramente ilustrados (el logro de la felicidad).[104] A imitaci√≥n de Francia, los salones dirigidos por mujeres aristocr√°ticas, sobre todo despu√©s del impacto revolucionario franc√©s ‚ÄĒ1789‚ÄĒ pasan a ser tertulias donde todos los temas, incluidos los cient√≠ficos, son escrutados a la luz de la raz√≥n y la cr√≠tica, y las mujeres salen a la calle, a enterarse, a leer, y se incorporan a las academias y sociedades ilustradas.[105] [106]

Ciencia y t√©cnica en la Edad Contempor√°nea espa√Īola: el ¬ęfracaso¬Ľ de la Revoluci√≥n Industrial

Acción de Altos Hornos de Vizcaya.

La Revoluci√≥n industrial es la manifestaci√≥n tecnol√≥gico-productiva de los cambios revolucionarios con que se abre la Edad Contempor√°nea: en lo pol√≠tico-ideol√≥gico la revoluci√≥n liberal y en lo social la revoluci√≥n burguesa; mientras que en lo cient√≠fico (en principio, y hasta finales del siglo XIX, no conectado plenamente en un sistema que imbricara ciencia, tecnolog√≠a y sociedad ‚ÄĒCTS) se desarrollaban las consecuencias y aplicaciones del paradigma newtoniano (hasta que encontr√≥ sus l√≠mites que exigieron la revoluci√≥n einsteniana de comienzos del siglo XX).

Para Espa√Īa, la Revoluci√≥n Industrial se ha calificado, seg√ļn la provocativa tesis de Jordi Nadal, de un fracaso.[107] La Edad Contempor√°nea en Espa√Īa se inicia con la Guerra de Independencia Espa√Īola, que, en medio de grav√≠simas consecuencias para el tejido productivo, la ciencia y la tecnolog√≠a, manifest√≥ de forma violenta en lo econ√≥mico, social y pol√≠tico la preexistente crisis del Antiguo R√©gimen; y se continu√≥ con la Guerra de Independencia Hispanoamericana y una serie ininterrumpida de guerras civiles y golpes de estado. Lo trascendental de todo ello para la ciencia y la tecnolog√≠a espa√Īolas fue lo que implic√≥ de atraso relativo frente a los pa√≠ses m√°s avanzados de Europa, y que puede medirse en un siglo. Mientras que en la mayor parte de √©stos la crisis del Antiguo R√©gmien se cerrar√° con la revoluci√≥n de 1848 (o para otros con la Primera Guerra Mundial, 1914‚Äď1918), en Espa√Īa seguir√° teniendo pervivencias hasta el franquismo, superada la mitad del siglo XX.

Provenientes de las pol√©micas entre afrancesados y castizos del siglo XVIII, a lo largo de todo el siglo XIX y la primera mitad del XX se sucedieron continuas pol√©micas entre las √©lites ilustradas y las √©lites reaccionarias (que tildaban a sus rivales de representar la Anti-Espa√Īa), y que tuvieron en el pro y anti-darwinismo uno de sus aspectos m√°s significativos: la Circular de Orovio (1875, por el marqu√©s de Orovio, ministro de Fomento del recientemente implantado gobierno de la Restauraci√≥n borb√≥nica), que imped√≠a la difusi√≥n de ideas contrarias al catolicismo, suprimiendo la libertad de c√°tedra hasta entonces vigente, fue desafiada por Augusto Gonz√°lez Linares, que expon√≠a desde su c√°tedra de Ampliaci√≥n de Historia Natural en la Universidad de Santiago de Compostela tesis evolucionistas, por lo que fue expulsado, suscitando la denominada segunda cuesti√≥n universitaria.[108] La primera, de 1864‚Äď1865, que se movi√≥ en el √°mbito de las ciencias sociales, proven√≠a del enfrentamiento intelectual y pol√≠tico, iniciado d√©cadas antes, entre krausistas (Juli√°n Sanz del R√≠o) y neocat√≥licos (Jaime Balmes, Donoso Cort√©s ‚ÄĒambos para entonces ya fallecidos). En ese momento los neos ten√≠an el apoyo del gobierno de Narv√°ez, que promulg√≥ una circular (27 de octubre de 1864, Circular de Alcal√° Galiano, por el ministro Antonio Alcal√° Galiano) en la que se prohib√≠a la ense√Īanza o publicaci√≥n de, entre otras, cualquier opini√≥n contraria al catolicismo o a la fidelidad a la reina (siendo los elementos en cuesti√≥n el Concordato y el Patrimonio Real).[109] Se lleg√≥ hasta la destituci√≥n del rector Juan Manuel Montalb√°n y del catedr√°tico Emilio Castelar, lo que produjo la dimisi√≥n por solidaridad de Nicol√°s Salmer√≥n y una rebeli√≥n estudiantil brutalmente reprimida (la Noche de San Daniel).

La pol√©mica de la ciencia espa√Īola desencadenada a partir de un texto del tradicionalista Men√©ndez y Pelayo (1876), y que fue contestada por los identificados con la etiqueta de krausistas (la mayor parte de ellos, expulsados de sus c√°tedras universitarias y reunidos en torno a la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza de Francisco Giner de los R√≠os); no tuvo en su aspecto intelectual consecuencias muy positivas o estimulantes para la producci√≥n cient√≠fica. De hecho, m√°s all√° de la gen√©rica y desesperada llamada a la modernizaci√≥n del regeneracionismo (el Escuela y Despensa de Joaqu√≠n Costa), la actitud ante la t√©cnica y la ciencia entre los intelectuales m√°s l√ļcidos fue ambivalente: m√°s receptiva entre la denominada generaci√≥n de 1914 (Gregorio Mara√Ī√≥n, Jos√© Ortega y Gasset, Meditaci√≥n de la t√©cnica), mucho m√°s sombr√≠a en la generaci√≥n de 1898. Unamuno lleg√≥ a pronunciar un famoso que inventen ellos, a pesar de defender la inteligencia que los militares sublevados de 1936 expl√≠citamente despreciaban (Viva la muerte, abajo la inteligencia, pronunci√≥ en un famoso acto el general Mill√°n Astray ‚ÄĒen la Universidad de Salamanca y ante el propio Unamuno, su rector‚ÄĒ; y el mism√≠simo Franco dej√≥ dicho que si por √©l fuera borrar√≠a enteros dos siglos: el siglo XIX por liberal y el XVIII por ilustrado).[110]

No obstante, la denominada Edad de Plata de las letras y ciencias espa√Īolas (1906‚Äď1936) no pudo ser s√≥lo un luminoso par√©ntesis, sino un elemento visible de continuidad con una tradici√≥n de actividad cient√≠fica que, a pesar de su debilidad, ni la guerra civil ni el aislamiento exterior del primer franquismo consiguieron erradicar (fuga de cerebros, exilio interior). A pesar de todo ello, lo evidente es que s√≥lo a partir de los cambios sociales y econ√≥micos desatados con el desarrollismo tecnocr√°tico franquista de los a√Īos sesenta, y con los cambios pol√≠ticos de la Transici√≥n Espa√Īola de los setenta, que incluy√≥ la decisiva entrada en el Mercado Com√ļn Europeo en 1986, puede hablarse de una ciencia moderna en Espa√Īa, aunque d√©bil y con una muy marcada dependencia de las inversiones p√ļblicas, frente a lo que ocurre en otros pa√≠ses desarrollados.

Ciencia y t√©cnica en el siglo XIX espa√Īol

La Biblioteca Nacional, refundada en 1836 a partir de la Biblioteca Real del Palacio Real de Madrid y de los fondos eclesi√°sticos procedentes de la desamortizaci√≥n, se convirti√≥ en uno de los m√°s importantes centros de conservaci√≥n del patrimonio bibliogr√°fico del mundo, adem√°s de servir de soporte a investigaciones en todos los √°mbitos. Desde 1892 ocupa buena parte del edificio destinado a Biblioteca y Museos Nacionales (de los que s√≥lo el Arqueol√≥gico ha tenido continuidad en el lugar). El programa escult√≥rico de exhibici√≥n orgullosa de las glorias de las letras espa√Īolas escogido para la escalinata de la fachada es un ejemplo muy significativo de construcci√≥n de la historia nacional, y no discrimina la producci√≥n literaria cient√≠fica de la puramente est√©tica. Incluye, en lugar destacado, a dos lumbreras medievales: San Isidoro y Alfonso X el sabio; m√°s atr√°s, junto a Miguel de Cervantes y Lope de Vega, a los humanistas Antonio de Nebrija y Luis Vives; y medallones con bustos del Padre Mariana, Arias Montano, Diego Hurtado de Mendoza, Nicol√°s Antonio y Antonio Agust√≠n junto a los de fray Luis de Le√≥n, Francisco de Quevedo, Calder√≥n de la Barca, Garcilaso de la Vega, Santa Teresa de Jes√ļs y Tirso de Molina. El programa iconogr√°fico del front√≥n es igualmente significativo, en este caso de otra clave intelectual de la √©poca: la idea de progreso de Espa√Īa a trav√©s de las ciencias y las artes. Se reprensentan el Genio, el Estudio, la Paz, la Guerra, la Elocuencia, la Poes√≠a, la M√ļsica, la Arquitectura, la Pintura, la Escultura, la Filolog√≠a, la Industria, el Comercio, la Agricultura, la Filosof√≠a, la Jurisprudencia, la Historia, La Astronom√≠a, la Etnograf√≠a, la Geograf√≠a, la Qu√≠mica, la Medicina y las Matem√°ticas.[111]

A pesar del atraso relativo de Espa√Īa durante el siglo XIX en ciencia y t√©cnica, el esfuerzo por generalizar la formaci√≥n educativa fue significativo, aunque insuficiente: las cifras del analfabetismo, que hacia 1800 se calculaban en un 94%, para 1860 eran de un 80% (69% entre los varones adultos y 90% entre las mujeres adultas); cifras s√≥lo equiparables a la Europa meridional y oriental, mientras que B√©lgica y Austria (zonas tambi√©n cat√≥licas, que no hab√≠an experimentado la generalizaci√≥n de la lectura atribuible a la Reforma protestante) lo hab√≠an reducido un 50%, y el resto de Europa y Norteam√©rica a cifras incluso inferiores.[112] Para 1877, la cifras espa√Īolas eran de un 75%. Tras el Plan Pidal de 1845, la Ley Moyano de 1857 (Ministerio de Fomento), de mayor trayectoria, preve√≠a una estructura educativa basada en una escolarizaci√≥n primaria confiada a los ayuntamientos (que en la pr√°ctica no se generaliz√≥ en todo el territorio nacional hasta la Segunda Rep√ļblica), una ense√Īanza secundaria enfocada a los varones de las clases medias, con un instituto de bachillerato por provincia (confiados a las diputaciones provinciales, que para 1868 cursaban s√≥lo 28.698 alumnos), y una ense√Īanza superior con el doctorado centralizado en la Universidad Central de Madrid (traslado de la antigua Universidad Complutense de Alcal√° de Henares). Ya en 1847 Nicomedes Pastor D√≠az introdujo las Facultades de Filosof√≠a con cuatro secciones: literatura, filosof√≠a, ciencias naturales y ciencias f√≠sico matem√°ticas; donde se cursaban licenciaturas de cinco a√Īos. Entre el curso 1857‚Äď1858 y el 1867‚Äď1868 se hab√≠a duplicado la matr√≠cula universitaria: de 6.104 a 12.023 alumnos. La mayor√≠a eran de leyes (pasaron de 3.742 a 4.120), medicina (de 1.155 a 5.648) y farmacia (de 563 a 983). Es significativo que los matriculados en ciencias pasaran de 127 a 642; mientras que los matriculados en teolog√≠a se redujeran de 326 a 159 en el mismo periodo. La filosof√≠a se incrementaba de 191 a 471.[113] Se mantuvo de forma aut√≥noma la formaci√≥n t√©cnico cient√≠fica de los cuerpos navales, del arma de artiller√≠a y de los ingenieros militares, de tradici√≥n ilustrada (un militar, el general Carlos Ib√°√Īez de Ibero, fundar√≠a el Instituto Geogr√°fico y Estad√≠stico y lleg√≥ a dirigir la Oficina Internacional de Pesas y Medidas entre 1872 y 1891); as√≠ como la ingenier√≠a civil, tanto las instituciones preexistentes (miner√≠a ‚ÄĒdesde 1772 en Almad√©n‚ÄĒ, de caminos ‚ÄĒcreada por Bethancourt en 1802) como las que se crear√°n a lo largo del siglo (industrial ‚ÄĒReal Instituto Industrial, creado por Real Decreto del Ministerio de Obras P√ļblicas de 4 de septiembre de 1850, con Escuelas en Madrid, Barcelona, Gij√≥n, Sevilla, Valencia y Vergara‚ÄĒ; forestal o de montes ‚ÄĒOrdenanzas Generales de Montes, Cuerpo y Escuela de Ingenieros de Montes en la Casa de Oficios de El Escorial, 1833; 1862, t√≠tulo de Ayudante de Montes‚ÄĒ). No obstante, la capacidad de generar innovaciones tecnol√≥gicas originales fue muy escasa, m√°s all√° de casos aislados como el de Ram√≥n Verea, que patent√≥ una m√°quina de calcular en Estados Unidos en 1878.

Aunque durante mucho tiempo la escasa vida cient√≠fica, junto con la intelectual se restringi√≥ a las Sociedades de Amigos del Pa√≠s abiertas a finales del XVIII y a los recientemente creados Ateneos y Casinos (en cuyas tertulias ten√≠an cabida desde las conspiraciones pol√≠ticas hasta cualquier otro aspecto de la vida social); el prestigio cient√≠fico de algunas c√°tedras universitarias espa√Īolas fue gan√°ndose lentamente, sobre todo a medida que consegu√≠a establecerse cierta vinculaci√≥n internacional a sus correspondientes brit√°nicas, alemanas o francesas. Salvo la conexi√≥n inglesa de algunas zonas de Andaluc√≠a, era evidente el predominio del franc√©s como lengua extranjera m√°s utilizada por las √©lites intelectuales. Un estudio de bibliotecas privadas de pol√≠ticos, profesionales y militares entre 1830 y 1870 contabiliza de un 10 a un 20% de libros en franc√©s, sobre todo de tem√°tica cient√≠fica, t√©cnica, derecho, pol√≠tica e historia; a lo que hay que sumar las abundantes traducciones, que en el caso del ingl√©s y el alem√°n se concretaban en una tem√°tica m√°s variada (literatura, pensamiento y ciencia).[114] La industria editorial espa√Īola (Francisco de Paula Mellado, Gaspar y Roig, Manuel Rivadeneyra ‚ÄĒBiblioteca de Autores Espa√Īoles‚ÄĒ, Sociedad Literaria de Madrid ‚ÄĒ1842‚ÄĒ, Uni√≥n Literaria ‚ÄĒ1843‚ÄĒ, La Ilustraci√≥n, Sociedad Literario-Tipogr√°fica Espa√Īola)[115] demostr√≥ ser una de las de m√°s impulso, lo que determin√≥ su vinculaci√≥n al nacimiento del movimiento obrero madrile√Īo (varios l√≠deres, como el propio Pablo Iglesias, fueron tip√≥grafos), por contraste con el caso catal√°n, vinculado a las factor√≠as textiles.

No obstante, lo m√°s parecido a un texto cient√≠fico de amplia difusi√≥n (sin duda el m√°s divulgado, desde 1840 hasta la actualidad) fue el Calendario Zaragozano de Mariano Castillo y Ocsiero, que adem√°s de un calendario con toda clase de efem√©rides, realiza una predicci√≥n meteorol√≥gica basada en un m√©todo tradicional denominado t√©mporas o caba√Īuelas).[116]

Instituciones científicas del siglo XIX

Instituciones cient√≠ficas de importancia creadas durante el siglo XIX fueron, entre otras: la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza (1875), la Real Sociedad Espa√Īola de Historia Natural (1871); y un buen n√ļmero de Reales Academias (a las de la Lengua, la Historia y la Jurisprudencia y Legislaci√≥n, fundadas en el siglo XVIII, en el XIX se les a√Īadieron las de Ciencias Exactas, F√≠sicas y Naturales ‚ÄĒ1847, por reorganizaci√≥n de la de Medicina y Ciencias Naturales de 1734‚ÄĒ, la de Medicina ‚ÄĒ1861, tambi√©n proveniente de la escisi√≥n de la anterior‚ÄĒ, la de Ciencias Morales y Pol√≠ticas ‚ÄĒ1857‚ÄĒ; mientras que la de Farmacia es de 1932, por reorganizaci√≥n del Colegio de Farmac√©uticos).

Moneda de cinco pesetas (duro) de Alfonso XII (1874‚Äď1885). Su valor en plata se expresa en cantidades propias del sistema m√©trico: 40 PIEZAS EN KILOG., o sea, 25 gramos. Es heredero del peso duro, el real de a ocho que conten√≠a 25,560 gramos de plata; en su momento (la Edad Moderna) el objeto preferente de la tecnolog√≠a espa√Īola, que la p√©rdida de las colonias americanas hab√≠a convertido en un pasado mitificado.

Los matem√°ticos Jos√© de Echegaray (que obtuvo el primer Premio Nobel otorgado a un espa√Īol ‚ÄĒ1904‚ÄĒ, pero por su obra literaria), Eduardo Torroja Caball√© (1847‚Äď1918, padre del ingeniero Eduardo Torroja) y Zoel Garc√≠a de Galdeano (1846‚Äď1924) introdujeron las matem√°ticas contempor√°neas en la Universidad y sobre todo en las Escuelas de Ingenieros del √ļltimo cuarto del siglo XIX.[117] Las c√°tedras universitarias de matem√°ticas fueron hasta finales del siglo XIX una instituci√≥n marginal. En el segundo tercio del siglo (tras la desorganizaci√≥n caracter√≠stica del primero), fue en colegios, academias, sociedades civiles, religiosas o militares donde se crean prestigiosas c√°tedras para individualidades que demostraban sus conocimientos en la materia (cl√©rigos, marinos y militares principalmente). Las matem√°ticas que se ense√Īaron en las facultades de ciencias y en las escuelas de ingenieros hasta finales de siglo se caracterizaron por su insistencia en una erudici√≥n cada vez m√°s obsoleta, con lo que que los pocos que pretend√≠an actualizarse o conseguir aplicaciones pr√°cticas recurr√≠an esencialmente a la ciencia importada.[118]

La econom√≠a pol√≠tica era ya una disciplina universitaria en Salamanca a finales del XVIII (1788, Ram√≥n de Salas y Cort√©s), y desde la misma √©poca hab√≠a estudios comerciales en los consulados de comercio (1798, Mariano Luis de Urquijo), las academias de comercio de Barcelona o Bilbao, y la Escuela Mercantil de C√°diz (1803). La Escuela de Comercio de Madrid se abre en 1823, pero no fue hasta mediados del XIX que se organizaron las escuelas de comercio (Plan General de Estudios de 1836 y Real Decreto de 1857).[119] M√°s all√° de la docencia, los economistas que publicaban textos lo hac√≠an generalmente con el fin de intervenir en el debate p√ļblico de cuestiones de peso pol√≠tico, y actuaron en buena medida como justificadores de las posiciones econ√≥micas de los distintos grupos de inter√©s en torno a los temas clave en cada periodo: especialmente la desamortizaci√≥n y la opci√≥n por el librecambismo o el proteccionismo (Eudald Jaumeandreu, Manuel Colmeiro, Jos√© Canga Arg√ľelles, √Ālvaro Fl√≥rez Estrada, Laureano Figuerola, Terencio Thos y Codina, Alejandro Mon, Ram√≥n Santill√°n, etc.).[120] La hacienda p√ļblica y la banca fueron las instituciones en que los economistas ten√≠an ocasi√≥n de aplicar distintas teor√≠as sobre la moneda, la fiscalidad y las finanzas. El Banco de Espa√Īa se cre√≥ en 1856, por fusi√≥n de precedentes como el Banco de San Carlos (1782), el Banco de San Fernando (1829), el Banco de Isabel II (1844) y el Banco de Barcelona (1845). Lleg√≥ a convertirse en la √ļnica banca emisora en 1874 (bajo el ministerio de Echegaray, el matem√°tico). La adhesi√≥n a la Uni√≥n Monetaria Latina que propiciaba la adopci√≥n del sistema m√©trico decimal dio lugar al nacimiento de la peseta en 1868. El predominio del proteccionismo y de la utilizaci√≥n de autoridades francesas (Jean Baptiste Say, Bastiat) antes que inglesas caracteriz√≥ a la denominada Escuela Economista Espa√Īola. La recepci√≥n del pensamiento marxista se produce en Espa√Īa a partir de la divulgaci√≥n de Paul Lafargue.[121] De 1886 es la primera traducci√≥n (incompleta) de El Capital aunque existieron traducciones de otros textos de Marx desde 1869. La primera producci√≥n interna de un texto marxista de altura intelectual es el Informe a la Comisi√≥n de Reformas Sociales (1884) del m√©dico neur√≥logo Jaime Vera L√≥pez (disc√≠pulo del doctor Esquerdo).[122]

Ramón y Cajal en su laboratorio de Valencia, 1887.

Las ciencias naturales del siglo XIX espa√Īol tuvieron personalidades destacadas (Juan Mieg ‚ÄĒPaseo por el Gabinete de Historia Natural de Madrid, 1819‚ÄĒ,[123] Antonio Aguilar y Vela ‚ÄĒastr√≥nomo, estad√≠stico y meteor√≥logo‚ÄĒ, Mariano Lagasca ‚ÄĒdirector del Jard√≠n Bot√°nico cuya ideolog√≠a liberal le llev√≥ al exilio y la p√©rdida de su herbario y manuscritos durante la ominosa d√©cada, 1823‚Äď1833, periodo en el que continu√≥ sus investigaciones en Inglaterra‚ÄĒ, Mariano de la Paz Graells ‚ÄĒdirector del Museo de Ciencias cuya energ√≠a y longevidad le permiti√≥ presidir la vida cient√≠fica espa√Īola durante d√©cadas‚ÄĒ,[124] etc.); especialmente en el √°mbito de la geolog√≠a, aplicada a la explotaci√≥n minera (v√©ase en su secci√≥n, m√°s adelante). Pero fue en la fisiolog√≠a y medicina donde los esfuerzos personales de meritorias individualidades iniciaron las bases y constituyeron los equipos (vinculados a departamentos universitarios de las facultades de medicina) de lo que en el siglo siguiente constituir√° la parte m√°s brillante de la actividad cient√≠fica espa√Īola. Entre ellos pueden citarse Mateo Orfila (toxicolog√≠a), Diego de Argumosa (cirug√≠a), Ram√≥n Turr√≥ (fisiolog√≠a y psicolog√≠a),[125] Jos√© Mar√≠a Esquerdo (neuropsiquiatr√≠a),Jaime Ferr√°n (bacteriolog√≠a), Luis Simarro y Nicol√°s Ach√ļcarro (neurocient√≠ficos). Pese a ello, la penuria de medios caracteriz√≥ toda esa √©poca.

¬°Ah! ¬°Qui√©n tuviera esos magn√≠ficos objetivos a que Flemming, Strasburger y Carnoy deben sus descubrimientos! ¬°qui√©n pudiera poseer un Seibert 1/16 √≥ un Zeiss 1/18! Aqu√≠ desgraciadamente las facultades no tienen material y, aunque yo me empe√Īara en pedir uno de esos objetivos, no me lo permitir√≠a el decano por falta de fondos. Mucho envidio m√°s a√ļn esa riqueza de medios t√©cnicos de que ustedes gozan, con la que se hace cuanto se quiere. Yo tengo que resignarme con un objetivo 8 de inmersi√≥n Verick y √©ste gracias a que es de mi propiedad [se lo hab√≠a comprado en 1877], que por la Facultad no tendr√≠a m√°s que un 5 √≥ 6 Nachet.
Carta de Santiago Ramón y Cajal a Antonio Vicente Dolz, 1 de enero de 1885 (el destinatario estaba en Lovaina).[126]

En el mismo a√Īo 1885 Cajal consigui√≥ de la Diputaci√≥n de Zaragoza un Zeiss, en agradecimiento por su informe sobre la campa√Īa (muy incomprendida) de vacunaci√≥n contra la epidemia de c√≥lera de Jaime Ferr√°n en Valencia. Gracias al regalo pudo abordar, sin recelos y con la debida eficiencia, los delicados problemas de la estructura de las c√©lulas y del mecanismo de su multiplicaci√≥n.[127]

[129]

La recepción del evolucionismo

Jos√© de Letamendi habr√≠a sido el primero en hablar de las ideas de Darwin, para criticarlas desde una perspectiva tomista, en el Ateneo Catal√°n (1867). En 1876 se articulan los defensores del evolucionismo en torno a la Revista Contempor√°nea de Jos√© del Perojo. El anatomista Peregr√≠n Casanova Ciurana entr√≥ en contacto con Haeckel (correspondencia entre 1876 y 1886). Su disc√≠pulo, Ram√≥n G√≥mez Ferrer, public√≥ en 1884 un estudio sistem√°tico sobre las ideas vigentes acerca de la herencia. A partir de entonces, la escuela histol√≥gica espa√Īola (Luis Simarro y Santiago Ram√≥n y Cajal y las Sociedades de Anatom√≠a e Histolog√≠a, fundadas en Madrid durante la revoluci√≥n de 1868) tendr√° al evolucionismo como supuesto, aunque con malinterpretaciones vitalistas y finalistas. Lo mismo ocurr√≠a en manuales como el de fisiolog√≠a general de Balbino Quesada (1880). Otro campo interesado fue la geolog√≠a (Juan Vilanova y Piera, seguidor de Armand de Quatrefages). Tambi√©n la Sociedad Antropol√≥gica Espa√Īola fue una instituci√≥n receptiva al evolucionismo, al contrario que otras totalmente opuestas, como las Academias de la Lengua y de la Historia; aunque en general las ciencias sociales fueron las m√°s entusiastas en defender el evolucionismo (Instituto de Sociolog√≠a de Madrid, fundado por Manuel Sales y Ferr√© y Pedro Estasen y Cortada‚ÄĒ, y personalidades intelectuales de otros √°mbitos, como Antonio C√°novas del Castillo, Miguel de Unamuno, Valent√≠n Almirall y Antonio Machado y N√ļ√Īez ‚ÄĒm√©dico, antrop√≥logo, zo√≥logo y abuelo del poeta hom√≥nimo‚ÄĒ). La pol√©mica entre darwinistas y antidarwinistas no se limit√≥ a la anteriormente referida expulsi√≥n del catedr√°tico de Santiago Gonz√°lez Linares y los dem√°s que encontraron refugio en la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza, sino que se extendi√≥ a todos los rincones de Espa√Īa: por ejemplo, la publicaci√≥n por fasc√≠culos de la Historia Natural de Canarias de Gregorio Chil y Naranjo (Las Palmas, 1876) produjo un considerable esc√°ndalo, con intervenci√≥n del obispo, y que suscit√≥ su defensa por Paul Broca en la Sociedad Antropol√≥gica de Par√≠s. En otras zonas fueron catedr√°ticos de instituto (Rafael Garc√≠a y √Ālvarez en Granada, M√°ximo Fuerte Acevedo en Badajoz) los que se enfrentaron a los reaccionarios locales, con consecuencias m√°s o menos penosas.[130]

El dise√Īo de la etiqueta de An√≠s del Mono (Ram√≥n Casas, 1897) se hizo con claras referencias a Darwin, cuyo rostro se caricaturiza en el de un mono que exhibe este cartel: Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento.
El amigo o amiba,

Que del agua nació con alma viva,

Cuando le dio la gana

En pez se transformó, si no fue en rana;

Ensanchando m√°s tarde sus pellejos

Formó... varios bichejos.

De estas transformaciones como fruto

Resultó él Director de un Instituto.

Si éste sigue la norma

Veremos en qué bicho se transforma.

Poema satírico contra Máximo Fuerte Acevedo.

Las represalias antidarwinistas continuaban en fechas tan tardías como 1895, cuando Odón de Buen fue separado de su cátedra de Barcelona; pero la respuesta social fue mucho más viva: las movilizaciones estudiantiles de protesta obligaron a cerrar dos meses la Universidad y terminaron haciendo que el gobierno de Cánovas del Castillo revocase su decisión.[131]

Pocos a√Īos m√°s tarde, en 1909, centenario del nacimiento de Darwin, la prensa se hizo eco de la pol√©mica pro y antidarwinista, siendo notable la repercusi√≥n del homenaje de los estudiantes de medicina de Valencia (se lleg√≥ a decir que hab√≠a sido mayor que el de Londres); una buena muestra de la normalizaci√≥n del pensamiento darwinista en la ense√Īanza superior espa√Īola, la profundidad y amplitud de la popularizaci√≥n del mismo, y la continuidad de la utilizaci√≥n polarizaci√≥n del tema en la Espa√Īa de la Restauraci√≥n.[132]

Comisi√≥n cient√≠fica del Pac√≠fico (1862‚Äď1865, formada por Marcos Jim√©nez de la Espada y otos expedicionarios, entre los que estuvieron el zo√≥logo Francisco de Paula Mart√≠nez y S√°ez, el antrop√≥logo cubano Manuel Almagro y el bot√°nico Juan Isern y Battl√≥. El fot√≥grafo de la expedici√≥n (uno de los primeros documentalistas) fue Rafael Castro y Ord√≥√Īez.

Expediciones espa√Īolas del siglo XIX

Aunque de dimensiones mucho m√°s modestas que las expediciones de la √©poca del imperialismo europeo, hubo algunas expediciones cient√≠ficas espa√Īolas herederas de las del siglo XVIII: la de la Comisi√≥n Cient√≠fica del Pac√≠fico (Marcos Jim√©nez de la Espada, 1862‚Äď1865); la expedici√≥n (esencialmente militar) a Guinea Ecuatorial de Juan Jos√© Lerena y Barry (1843), tambi√©n inventor (tel√©grafo √≥ptico de uso naval ‚ÄĒ1829‚ÄĒ, que se implant√≥ en l√≠neas terrestres entre Madrid, Aranjuez y La Granja ‚ÄĒde 1831 a 1838); la expedici√≥n cient√≠fica del comandante Julio Cervera, el ge√≥logo Francisco Quiroga y el int√©rprete Felipe Rizzo al S√°hara Occidental en 1886;[133] La de Francisco Noro√Īa al Oc√©ano √ćndico y Filipinas; las de Manuel Iradier (1868 y 1877); y algunos otros periplos individuales o colectivos con fines m√°s o menos cient√≠ficos o aventureros (Francisco de Paula Mar√≠n ‚ÄĒintroductor de la pi√Īa en Haw√°i‚ÄĒ, Jos√© Mar√≠a de Murga ‚ÄĒel ¬ęMoro Vizca√≠no¬Ľ‚ÄĒ, Joaqu√≠n Gatell y Foch ‚ÄĒ¬ęCaid Ismail¬Ľ, Marruecos y el Sahara‚ÄĒ, V√≠ctor Abarques de Sost√©n ‚ÄĒMar Rojo y Abisinia‚ÄĒ, Crist√≥bal Ben√≠tez ‚ÄĒTumbuct√ļ y Senegal‚ÄĒ, Bonelli, √Ālvarez P√©rez, Bens y Capaz ‚ÄĒR√≠o de Oro e Ifni).

Se fund√≥ en 1876 una Sociedad Geogr√°fica de Madrid (posteriormente denominada Real Sociedad Geogr√°fica), con prop√≥sitos similares a otras como la francesa (1821), la prusiana (1828), la Royal Geographical Society (brit√°nica, 1830), o la m√°s tard√≠a National Geographic Society (estadounidense, 1888). En 1877 se cre√≥ la Asociaci√≥n Espa√Īola para la Exploraci√≥n de √Āfrica (filial de la Asociaci√≥n para la Exploraci√≥n del Congo vinculada a Leopoldo II de B√©lgica), y en 1883, a iniciativa de Joaqu√≠n Costa una Sociedad Espa√Īola de Africanistas y Colonistas (sic). Con implantaci√≥n en Barcelona se cre√≥ la Sociedad de Geograf√≠a Comercial; y en Granada, con participaci√≥n de √Āngel Ganivet, la Uni√≥n Hispano-Mauritana (arabistas y universitarios tanto espa√Īoles como norteafricanos, que editaba La Estrella de Occidente ‚ÄĒ1880‚ÄĒ y Al Andalus (revista)).[134]

Inicios de la fotografía y el cine

El primer daguerrotipo se impresion√≥ en Barcelona en 1839. Desde los a√Īos 1840 Jos√© de Albi√Īana se profesionaliz√≥ como fot√≥grafo, llegando a retratista de c√°mara de Su Majestad,[135] aunque la fotograf√≠a espa√Īola de mediados del del siglo XIX se caracteriz√≥ por la presencia de fot√≥grafos extranjeros, como el ingl√©s Charles Clifford o el franc√©s Jean Laurent.[136]

V√©anse tambi√©n: Historia de la fotograf√≠a en Espa√Īa, Fotograf√≠a en Espa√Īa, Periodismo fotogr√°fico#Espa√Īa y :Categor√≠a:Fotograf√≠a en Espa√Īa

Hay documentaci√≥n escrita de alguna actividad cinematogr√°fica en Espa√Īa en 1895, aunque su manifestaci√≥n p√ļblica con mayor repercusi√≥n tuvo lugar en mayo de 1896, cuando con pocos d√≠as de diferencia un Teatrograph (similar a las m√°quinas Edison) y una m√°quina Lumi√®re (del equipo de Alexandre Promio) se presentaron en los d√≠as previos a las fiestas de San Isidro de Madrid, filmando y exhibiendo sus pel√≠culas. En octubre del mismo a√Īo se filmaron dos escenas de las fiestas del Pilar de Zaragoza por los primeros camar√≥grafos espa√Īoles (Eduardo Jimeno padre e hijo), y poco despu√©s se rod√≥ en Barcelona la primera pel√≠cula de ficci√≥n (Ri√Īa en un caf√©, Fructuoso Gelabert, 1897 ‚ÄĒla fecha es s√≥lo probable).

V√©anse tambi√©n: Historia del cine en Espa√Īa, Cine espa√Īol#Inicios y Cine catal√°n#Historia

Los inicios de la electrificaci√≥n en Espa√Īa

Art√≠culo principal: Historia de la electricidad en Espa√Īa

En 1875 la Escuela de Ingenieros import√≥ una una m√°quina Gramme y una luz de arco que utiliz√≥ para el alumbrado, en su gabinete de f√≠sica. Desde entonces se divulg√≥ lentamente la electrificaci√≥n, gracias a ingenieros como Narc√≠s Xifra Masmitj√†, Francisco de Paula Rojas Caballero-Infante, Llu√≠s Muntadas Rovira o Josep Mestre Borrell (v√©ase Ingenier√≠a industrial (Espa√Īa)). En 1881 se fund√≥ la Sociedad Espa√Īola de Electricidad en Barcelona, primera empresa que produc√≠a y distribu√≠a fluido el√©ctrico a otros consumidores. Tambi√©n constru√≠a diversos aparatos el√©ctricos, y sobre todo promocion√≥ la electrificaci√≥n de las principales ciudades (Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao). La primera red de alumbrado p√ļblico urbano se inaugur√≥ en Gerona en 1886, y poco despu√©s la primera l√≠nea de tracci√≥n el√©ctrica en Bilbao.[137]

Los ferrocarriles en Espa√Īa

Impulsores, accionistas e ingenieros de la l√≠nea Barcelona-Matar√≥. Locomotora n√ļmero 12. Estaci√≥n t√©rmino, actualmente Estaci√≥n de Francia, 1848.
Art√≠culo principal: Historia de los ferrocarriles en Espa√Īa

El primer ferrocarril espa√Īol en territorio europeo cubri√≥ la l√≠nea Barcelona-Matar√≥ (28 de octubre de 1848), a cargo de una compa√Ī√≠a de capital ingl√©s y espa√Īol (principalmente catal√°n y cubano), y con tecnolog√≠a e ingenieros ingleses. Diez a√Īos antes, el 19 de noviembre de 1837, se hab√≠a abierto el primer ferrocarril espa√Īol, pero en Am√©rica: la l√≠nea La Habana-Bejual, en Cuba. La l√≠nea Madrid-Aranjuez (Tren de la Fresa) se inaugur√≥ el 9 de febrero de 1851. El dise√Īo del trazado nacional fue esencialmente radial (une Madrid con la periferia), con pocas conexiones transversales (alguna de ellas, como la Santander-Mediterr√°neo nunca se concluy√≥); y a pesar de su baja densidad en comparaci√≥n con otros casos europeos, fue de muy lenta construcci√≥n: no complet√≥ sus partes esenciales hasta finales de siglo.

La dificultad m√°s importante del trazado ferroviario espa√Īol era la necesidad de salvar fuertes desniveles que caracterizan el aislamiento orogr√°fico de la Meseta central con las dem√°s unidades geogr√°ficas, y de cada una de estas entre s√≠. La raz√≥n esgrimida para optar por un ancho de v√≠a mayor que el europeo (ancho ib√©rico) por el informe de la Comisi√≥n de Ingenieros de caminos de la Direcci√≥n general del ramo de 2 de noviembre de 1844 (ingenieros Juan Subercase[138] y Calixto Santacruz[139] ) fue permitir un mayor tama√Īo de las ruedas y con ellas una mayor velocidad. Tambi√©n un mayor ancho permite un mayor tama√Īo de las calderas. Otra de las razones que suele esgrimirse (y que se pone en relaci√≥n con que tambi√©n Rusia opt√≥ por un ancho mayor) es el dificultar por ese medio una hipot√©tica invasi√≥n militar, aunque no parece que fuera la que m√°s influy√≥ en la decisi√≥n; de hecho, Portugal opt√≥ por el ancho espa√Īol. La Ley General de Caminos de Hierro de 1855 homogeneiz√≥ el ancho espa√Īol que siguieron las l√≠neas principales, a excepci√≥n de las l√≠neas del Cant√°brico (por razones orogr√°ficas: un ancho menor ahorra costes en el trazado de las curvas, all√≠ muy abundantes, lo que determin√≥ que se usase la v√≠a estrecha).[140]

Las principales compa√Ī√≠as ferroviarias se formaron con predominio de capital extranjero (franc√©s, ingl√©s y belga) y se beneficiaron de una legislaci√≥n protectora que les permit√≠a importar pr√°cticamente libre de derechos todo su material: Compa√Ī√≠a de los Caminos de Hierro del Norte de Espa√Īa ‚ÄĒla propietaria de la Estaci√≥n del Norte de Madrid‚ÄĒ, Compa√Ī√≠a del Ferrocarril de Madrid a Zaragoza y Alicante ‚ÄĒMZA, la propietaria de la Estaci√≥n de Atocha de Madrid‚ÄĒ, la Compa√Ī√≠a Nacional de los Ferrocarriles del Oeste y la Compa√Ī√≠a de los Ferrocarriles Andaluces, fusionadas en 1941 en la Red Nacional de los Ferrocarriles Espa√Īoles (RENFE).

Chimenea de la f√°brica textil El Vapor Aymerich, Amat i Jover, Tarrasa (arquitecto Llu√≠s Muncunill, 1907‚Äď1908). El edificio se ha transformado en el actual Museo de la Ciencia y de la T√©cnica de Catalu√Īa, que exhibe una amplia muestra de maquinaria textil y de otro tipo de industrias, de todas las √©pocas.

El textil y la ingenier√≠a en Catalu√Īa

Los inicios de la industria textil catalana fueron muy precoces (las indianas del siglo XVIII) y no carentes de innovaciones, por ejemplo la creaci√≥n aut√≥ctona de la m√°quina hiladora ¬ębergadana¬Ľ (Ramon Farguell, 1790‚Äď1795), un caso de transferencia tecnol√≥gica por imitaci√≥n de la jenny, la famosa hiladora manual inglesa. Desde comienzos del siglo XIX se importaban unidades de la ¬ęmula¬Ľ de Samuel Crompton (hiladora con tracci√≥n adaptable tanto a rueda hidr√°ulica como a m√°quina de vapor). La f√°brica ¬ęEl Vapor¬Ľ (hermanos Bonaplata, 1832) fue incendiada poco tiempo despu√©s en una acci√≥n similar a la de los luditas ingleses, aunque en el contexto de la quema de conventos de 1835. En la d√©cada de 1840 la siguiente generaci√≥n de maquinaria recibi√≥ el curioso nombre de ¬ęselfactinas¬Ľ (adaptaci√≥n del ingl√©s self-acting machines), aun as√≠, con un nivel t√©cnico inferior al brit√°nico.[141] A pesar de todo ello, la trayectoria industrial de los textiles catalanes, sufri√≥ a lo largo del siglo XIX graves discontinuidades debidas fundamentalmente a coyunturas b√©licas y pol√≠ticas (Guerra de Independencia Espa√Īola, Guerras Carlistas, golpes militares en que se bas√≥ la alternancia entre moderados y progresistas y ‚ÄĒque incluyeron el bombardeo de Barcelona (1842) por Espartero o la quema de conventos de 1835‚ÄĒ, y la desaparici√≥n del mercado colonial por la Independencia Hispanoamericana ‚ÄĒa excepci√≥n de Cuba hasta 1898‚ÄĒ o levantamientos obreros como el conflicto de las selfactinas). A la reserva de ese mercado cautivo para los productos textiles catalanes se sumaba la del depauperado mercado interno espa√Īol, sobre el que se exig√≠an barreras proteccionistas en discusi√≥n con los intereses de exportaci√≥n al exterior de la oligarqu√≠a terrateniente castellano-andaluza (formada por los intereses compartidos de la alta nobleza y burgues√≠a tras la desamortizaci√≥n), que consegu√≠an altos precios para las exportaciones agr√≠colas en un mercado internacional sometido peri√≥dicamente a tensiones (Guerra de Crimea, crisis de la filoxera). A finales del siglo XIX, la p√©rdida de Cuba y la crisis agr√≠cola precipit√≥ un consenso de ambos grupos de inter√©s en sentido proteccionista, lo que convirti√≥ a Espa√Īa en uno de los pa√≠ses m√°s proteccionistas del mundo, al menos hasta 1959.

Las sinergias que la industria textil contribuy√≥ a generar supuso el desarrollo de un significativo n√ļmero de proyectos industriales metal√ļrgicos y mec√°nicos en Catalu√Īa (Valent√≠n Espar√≥ Giralt ‚ÄĒValent√≠n Espar√≥ y Consocios, adquirida a la compa√Ī√≠a Bonaplata en 1839‚ÄĒ, Sociedad La Barcelonesa ‚ÄĒTous, Ascac√≠bar y Compa√Ī√≠a, Nicol√°s Tous Mirapeix y Celedonio Ascac√≠bar, 1838‚ÄĒ, La Espa√Īa Industrial ‚ÄĒprimera gran instalaci√≥n industrial de Barcelona, 1847‚ÄĒ, Maquinista Terrestre y Mar√≠tima, 1855), as√≠ como de instituciones cient√≠ficas asociadas Escuela T√©cnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona (1851).

La explotaci√≥n minera en el siglo XIX. La siderurgia malague√Īa, asturiana y vasca

En Torre del Mar ‚ÄĒpor entonces la zona costera del municipio de V√©lez-M√°laga‚ÄĒ la familia Larios desarroll√≥ un n√ļcleo industrial basado en la explotaci√≥n de la ca√Īa de az√ļcar, extensi√≥n de su complejo industrial malague√Īo (Fuengirola, Marbella, etc.) que inclu√≠a siderurgias y otros negocios. A pesar de lo temprano de esta industrializaci√≥n (primera mitad del siglo XIX), la debilidad del tejido social y productivo local, sumado a las dificultades t√©cnicas y lo inapropiado de la localizaci√≥n (ausencia de carb√≥n mineral, lo que exig√≠a el carboneo de los bosques con sistemas tradicionales), hicieron inviable su continuidad.
Vagoneta abandonada en una boca de las minas de cobre de Texeo (Riosa, Asturias), utilizadas desde la prehistoria y redescubiertas en 1888 por el ingeniero belga Alejandro Van Straalem (que trabajaba en las minas de mercurio de Soterra√Īa). Fueron explotadas por The Aramo Cooper Minas Ltd, y m√°s adelante por ENSIDESA y HUNOSA.[142]
El puente colgante denominado de Vizcaya, construido entre 1888 y 1893, cruza la ría del Nervión de Portugalete a Las Arenas. En primer plano de esta imagen, el mareómetro.

La primera siderurgia espa√Īola importante de la √©poca de la Revoluci√≥n Industrial fue La Constancia (1826 √≥ 1834), con dos factor√≠as en Marbella, a cargo de trabajadores ingleses y dirigidas por Manuel Agust√≠n de Heredia (Banco de M√°laga). Otra sider√ļrgica malague√Īa se denomin√≥ El √Āngel. La diversificaci√≥n en otros sectores corri√≥ a cargo del mismo grupo de familias de la oligarqu√≠a terrateniente, como los Larios y los Heredia, que fundaron conjuntamente en 1846 Industria Malague√Īa S.A.. Tambi√©n fue importante la actividad del financiero Jos√© de Salamanca y Mayol (ennoblecido como Marqu√©s de Salamanca). El problema de este foco industrial era su utilizaci√≥n de carb√≥n vegetal, con ventajas t√©cnicas pero precio muy alto y problemas ecol√≥gicos grav√≠simos (deforestaci√≥n). El declive de la actividad fue visible desde 1860.

La ¬ęlocalizaci√≥n racional¬Ľ ser√≠a la que se impondr√≠a por factores geol√≥gicos y de transporte: una gran ventaja era la cercan√≠a a las cuencas de carb√≥n mineral de Asturias (Mieres y Langreo), que ten√≠an las f√°bricas de Mieres (1848, inglesa, comprada en 1852 por la Compagnie Mini√®re et M√©tallurgique des Asturies, disuelta en 1868 y readquirida por Numa Guilhou) y La Felguera (Pedro Duro y c√≠a.). La miner√≠a y la siderurgia asturiana se hab√≠an desarrollado desde que a finales del siglo XVIII la intervenci√≥n de Jovellanos y del Conde de Toreno (Descripci√≥n de varios minerales..., 1781) pusieran de manifiesto sus potencialidades. En 1773 y a existi√≥ una Compa√Ī√≠a de San Luis con t√©cnicos ingleses, y el primer horno de coque fue instalado por Fernando de Casado y Torres en 1792. En 1794 se cre√≥ la F√°brica de municiones gruesas de Trubia (para evitar la cercan√≠a a la frontera de la navarra de Orbaiceta). La Real Compa√Ī√≠a Asturiana de Minas fue fundada en 1833 por el Marqu√©s de Casa Riera, la Aguado Muriel y C√≠a por el financiero Alejandro Aguado en 1836 y la Asturiane Minning Company por John Mauby en 1844. La introducci√≥n de t√©cnicas modernas vino con m√°s lentitud (primer lavadero mec√°nico por el ingeniero Luis Adaro, un verdadero empresario schumpeteriano, primera f√°brica de cemento en Tudela Vegu√≠n, de la Banca Masaveu).[143]

Art√≠culo principal: Miner√≠a en Espa√Īa

Los sucesivos cambios en la Ley de Minas de Espa√Īa, terminaron produciendo una verdadera desamortizaci√≥n del subsuelo que desat√≥ una carrera internacional por participar en la explotaci√≥n de las riquezas mineras espa√Īolas. En ella destac√≥ la intervenci√≥n de capitales, tecnolog√≠a, personal cient√≠fico y t√©cnico y know how de origen brit√°nico, franc√©s y belga principalmente. De 1834 data el primer mapa geol√≥gico, del cart√≥grafo franc√©s Frederic Le Play, centrado en una zona de alto inter√©s: Extremadura y el norte de Andaluc√≠a. Poco despu√©s se realiz√≥ el Mapa Petrogr√°fico del Reino de Galicia, de Guillermo Schulz (1835).[144] El Instituto Geol√≥gico y Minero de Espa√Īa se fund√≥ en 1849. Notables ge√≥logos fueron Casiano del Prado, Jos√© Macpherson y Hemas, Eduardo Hern√°ndez-Pacheco y Estevan, Augusto Gonz√°lez de Linares, Lucas Mallada, etc.

La Ley de Minas de 1825 establecía el principio del dominio eminente de la Corona sobre las minas, dejando en situación precaria a los concesionarios privados. Las reformas sucesivas (Ley de minas de 1849 y Ley de minas de 1859) fueron menos regalistas y más favorables a la iniciativa privada, pero no fue hasta la Revolución de 1868 (ley de bases sobre minas de 29 de diciembre de 1868) que se desató una verdadera fiebre minera que se prolongó hasta finales del siglo XIX. Esa Ley de minas de 1868 simplificó la adjudicación de concesiones y proporcionaba suficiente seguridad al concesionario. A ello se sumó, entre otras medidas complementarias y la política general de los gobiernos del Sexenio Revolucionario, la Ley de libertad de creación de sociedades mercantiles e industriales de 19 de octubre de 1869, que incluía a las sociedades mineras.

Entre las razones que se aducen para explicar esa pol√≠tica de concesiones mineras a empresas extranjeras, est√°n las dificultades presupuestarias (la deuda p√ļblica, proveniente de la quiebra de la monarqu√≠a absoluta y que se intensific√≥ con las guerras carlistas, hizo que el escaso cr√©dito internacional de Espa√Īa convirtiese en una inversi√≥n arriesgada cualquiera que se proyectase para ese pa√≠s), la ideolog√≠a liberal y librecambista de los revolucionarios de 1868; y m√°s t√©cnicamente los factores de demanda (es decir, no s√≥lo el deseo del gobierno, sino fundamentalmente la creciente demanda internacional de minerales: cobre, azufre, cinc, plomo). Para responder a esa demanda era necesario levantar una industria metal√ļrgica de implosible creaci√≥n con los escaasos recursos internos: ni el capital ni la t√©cnica necesaria se pod√≠an improvisar; ni era previsible que los fuera a haber en mucho tiempo. La decisi√≥n ante la que se enfrentaban las autoridades hacia 1870 era permitir la explotaci√≥n de las minas con ayuda sustancial del capital extranjero y con vistas a la exportaci√≥n, o condenarlas a permanecer inactivas.

Para el caso concreto del hierro, la industria sider√ļrgica inglesa (el taller del mundo durante la era victoriana) fue determinante para el desarrollo minero y metal√ļrgico espa√Īol. Las transferencias tecnol√≥gicas en el sector del acero supusieron la introducci√≥n del convertidor Bessemer, que precisa un lingote libre de f√≥sforo, proveniente de un mineral de hierro cuya presencia en la naturaleza es relativamente escasa. El mejor situado era el de la cuenca minera vizca√≠no-santanderina. Los yacimientos malague√Īos estaban bastante m√°s lejos para los ingleses; mientras que los suecos (Kiruna-Gallivare) se encuentran mucho m√°s apartados de la costa. Desde 1871 se fundaron m√°s de veinte compa√Ī√≠as brit√°nicas con presencia en la miner√≠a espa√Īola del hierro: la Orconera Iron Ore and Railway Company, la Salvador Spanish Iron Company, y la Marbella Iron Company. Tambi√©n francesas: Schneider, Franco-Belge des Mines de Somorrostro (Valle de Somorrostro). Incluso hubo algunas espa√Īolas (Ybarra). A finales del siglo XIX Espa√Īa era el mayor exportador de mineral de hierro en Europa, con una enorme desproporci√≥n entre producci√≥n y exportaci√≥n.

El valor acumulado a lo largo del siglo XIX de las exportaciones de plomo super√≥ al del hierro, al exportarse ya beneficiado. Su localizaci√≥n tambi√©n era diferente, al situarse sobre todo al sur peninsular (Sierra de G√°dor, Sierra Almagrera y Sierra minera de Cartagena-La Uni√≥n). El cobre se concentraba en Huelva (Minas de Riotinto y Tharsis). Las piritas para la obtenci√≥n de sosa c√°ustica y √°cido sulf√ļrico se explotaron desde 1866 por la Tharsis Sulphur and Copper Company (por subrogaci√≥n de la Compagnie des Mines de Cuivre d'Huelva, 1855). El mercurio de las Minas de Almad√©n fue arrendado por los Rothschild. El cinc de Reoc√≠n fue explotado por la Real Compa√Ī√≠a Asturiana de Minas de capital belga.[145]

V√©ase tambi√©n: Categor√≠a:Miner√≠a de Espa√Īa, miner√≠a andaluza (miner√≠a onubense ‚ÄĒRio Tinto Company Limited (1873)‚ÄĒ Pozoblanco, Los Pedroches, Aznalc√≥llar, Linares (Ja√©n)) miner√≠a extreme√Īa (Mina La Jayona, 1900), miner√≠a murciana (Historia de Cartagena (Espa√Īa), Portm√°n, La Uni√≥n (Espa√Īa)), miner√≠a asturiana (Cuencas Mineras (Asturias)), miner√≠a leonesa, miner√≠a vasca, miner√≠a aragonesa, etc.

La siderurgia vizca√≠na ten√≠a la ventaja del mineral de hierro, con ferrer√≠as desde la Edad Media, pero subdesarrollada hasta mediados del siglo XIX. En 1841 Santa Ana de Bolueta (Bego√Īa) tuvo la primera sociedad an√≥nima, constituida por un grupo bilba√≠no, que levant√≥ un alto horno en 1848 y dos m√°s en 1860. La familia Ybarra comenz√≥ con una ferrer√≠a tradicional en 1827 que se convirti√≥ en f√°brica en Baracaldo en 1854, convertida en compa√Ī√≠a comanditaria (Ybarra y Compa√Ī√≠a) en 1860. El gran negocio de la exportaci√≥n de hierro a Inglaterra permiti√≥ el desarrollo de una siderurgia que utilizara el retorno de los barcos, que para no dejar vac√≠as las bodegas, volv√≠an cargados de carb√≥n ingl√©s, lo que convert√≠a a la r√≠a del Nervi√≥n en una verdadera bocamina de los dos elementos necesarios (carb√≥n y hierro). Francisco de las Rivas, convertido en conde de Mudela, abri√≥ la F√°brica de San Francisco (el Desierto, Sestao, 1879); mientras que Ybarra se convirti√≥ en sociedad an√≥nima (Altos Hornos y F√°bricas de Hierro y Acero, 1882, con capital y direcci√≥n combinado entre capitalistas vascos y catalanes). Tambi√©n de 1882 es La Vizcaya, mientras que de 1888 es la Sociedad An√≥nima Iberia. Las tres empresas se fusionaron en Altos Hornos de Vizcaya (1902). La introducci√≥n de tecnolog√≠a puntera fue muy √°gil: la sustituci√≥n de los hornos de pudelar y el m√©todo del crisol (m√©todos en los que la proporci√≥n de hierro y carbono ‚ÄĒpara obtener hierro forjado o dulce, acero o hierro colado‚ÄĒ se hac√≠a con criterios pr√°cticamente artesanales) se produjo a mediados de los 1880, con el sistema Bessemer, poco despu√©s los hornos Martin-Siemens y el Thomas-Gilchrist, que permiten la precisi√≥n necesaria para fabricar acero en cantidades masivas.[146] En 1897 se cre√≥ la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao, que no se pondr√≠a en funcionamiento hasta 1899. Desde 1846, el Colegio General de Vizcaya (fundado a iniciativa del Consulado, Ayuntamiento y Diputaci√≥n) impart√≠a ense√Īanzas industriales, normalizadas desde 1850 con el plan estatal, y en 1879 las mismas instituciones impulsaron la creaci√≥n de la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao tomando como modelo la de Barcelona. Desde 1886, el Colegio de Estudios Superiores de Deusto incluy√≥ entre sus estudios una Preparatoria de Ingenieros y Arquitectos.[147]

Ramón Menéndez Pidal y María Goyri en 1900, haciendo la ruta del Cid en su viaje de bodas.

La incorporaci√≥n de la mujer a las instituciones culturales espa√Īolas del siglo XIX

La revoluci√≥n de 1868 permiti√≥ el acceso de la mujer a la Universidad, una posibilidad que en la Edad Media y el Renacimiento se hab√≠a dado espor√°dicamente (y no tanto para la obtenci√≥n de t√≠tulos como para el seguimiento informal de los estudios) y que la Contrarreforma hab√≠a cerrado dr√°sticamente (con la excepci√≥n se√Īadada de Isidra de Guzm√°n a finales del XVIII). Una ley de 1880 plante√≥ la necesidad de un permiso especial para la admisi√≥n de mujeres, requisito que se suprimi√≥ en 1910. Ninguna mujer fue profesora universitaria hasta que Julio Burell cre√≥ la C√°tedra de Literaturas Rom√°nicas de la Universidad de Madrid para Emilia Pardo Baz√°n (1916).[148] Ella y Concepci√≥n Arenal (que hab√≠a asistido clandestinamente, vestida de hombre, a la facultad de derecho en 1841) fueron las dos personalidades m√°s destacadas que desde mediados del siglo XIX ven√≠an impulsando con su ejemplo intelectual y vital la incorporaci√≥n de la mujer a las instalaciones culturales espa√Īolas, como por ejemplo el Ateneo de Madrid.

Una generación más tarde, ya hubo varias mujeres que pudieron incluso plantearse acudir a la universidad, para lo que tuvieron que salvar no pocos obstáculos. Solían ser las ciencias sociales y la literatura los ámbitos a los que por entonces se dirigían las pretensiones femeninas, como por ejemplo las de María Goyri y Carmen Gallardo (1891);[149] pero anteriormente hubo mujeres matriculadas en medicina: María Elena Maseras (Barcelona, 1872) y Manuela Solís Clarás (Valencia, 1882), que llegó a publicar en 1907 un tratado sobre embarazo y lactancia que prologó su antiguo profesor Ramón y Cajal.[150] Otra de las que suelen ser citadas como primera universitaria fue Matilde Padrón (1888), de quien Ortega y Gasset dijo, en una muy poco feminista expresión, que era la mujer más inteligente que había conocido.[151]

¬°No quiero doctores con faldas!
De un catedr√°tico de medicina a una de las primeras universitarias.[152]
La mujer ni puede ni debe ejercer las diversas profesiones del hombre (...) jam√°s cedamos a sus halagadores enga√Īos de sirena (...) pronto vendr√≠an a quedarse con toda la casa.
Revista Siglo Médico, 1889.[153]

Una misionera protestante, Alice Gordon Gulick, fund√≥ el International Institute for Girls in Spain, con sedes en Santander y San Sebasti√°n, donde profesoras norteamericanas daban clase a j√≥venes espa√Īolas. M√°s adelante, en 1915, esta instituci√≥n contribuy√≥ a la creaci√≥n de la Residencia de Se√Īoritas de Madrid, dentro de la que destacaba el Laboratorio Foster de Qu√≠mica.[154]

Ciencia y t√©cnica en el siglo XX espa√Īol

Las √ļltimas expediciones coloniales

Art√≠culo principal: Expediciones espa√Īolas

El primer tercio del siglo XX constituye la √ļltima oportunidad de expansi√≥n colonial para un Imperio espa√Īol que hab√≠a sufrido el trauma del desastre de 1898 con la p√©rdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en beneficio de Estados Unidos (lo que tambi√©n oblig√≥ a liquidar por venta a Alemania el resto de islas del Pac√≠fico, que quedaban sin posible gesti√≥n). La √ļnica posibilidad era aumentar la presencia en √Āfrica Occidental, zona a la que se orientaron los esfuerzos militares, diplom√°ticos y cient√≠ficos.[155] En el aspecto institucional, se cre√≥ la Liga Africanista Espa√Īola en 1913, tras la adjudicaci√≥n a Espa√Īa del una zona del protectorado de Marruecos.[156]

Expediciones al interior: el ¬ęredescubrimiento de Espa√Īa¬Ľ

Orientadas al interior de las fronteras de la metr√≥poli, se efectuaron otro tipo de expediciones cient√≠ficas, como la Comisi√≥n Cient√≠fica a Galicia (1921‚Äď1929), la expedici√≥n a Canarias de C√©sar Labrado (1905‚Äď1906), los estudios y exploraci√≥n flor√≠stica de la Mancha de Jos√© Gonz√°lez-Albo (1934)[157] o las Campa√Īas Ictiol√≥gicas y Pesqueras de 1939.[158] Responden al redescubrimiento de Espa√Īa, su paisaje y paisanaje,[159] caracter√≠stico del ambiente intelectual krausista y regeneracionista, cuya dimensi√≥n literaria fue la generaci√≥n de 1898, y que se expres√≥ tambi√©n en el surgimiento de la pedagog√≠a del excursionismo (muy utilizada por la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza) y las sociedades excursionistas (Centro Excursionista de Catalu√Īa, Sociedad Castellana de Excursiones ‚ÄĒ1903‚ÄĒ, Grup Excursionista i Esportiu Giron√≠ ‚ÄĒ1919).

Consideraci√≥n especial mereci√≥ la zona de Las Hurdes, objeto de un divulgad√≠simo conjunto de viajes antropol√≥gicos y de preocupaci√≥n social iniciados por Maurice Legendre y que terminaron implicando a Miguel de Unamuno (1914), Gregorio Mara√Ī√≥n (Comisi√≥n Sanitaria de abril de 1922) y al propio rey Alfonso XIII (junio de 1922); a ra√≠z de los cuales se film√≥ el pol√©mico documental de Luis Bu√Īuel (Las Hurdes, tierra sin pan, 1933).

Tambi√©n en la provincia de C√°ceres, identificada como la zona m√°s afectada por la malaria en Espa√Īa, se estableci√≥ en 1925 el Instituto Antipal√ļdico de Navalmoral de la Mata, centro de investigaci√≥n y experimentaci√≥n impulsado por el doctor Gustavo Pittaluga y dirigido por Sad√≠ de Buen.

A principios del siglo XX comienza la extensi√≥n de una red de observatorios espec√≠ficamente meteorol√≥gicos, emancipados de los observatorios astron√≥micos que hasta entonces hab√≠an acogido la recogida de datos meteorol√≥gicos como un ap√©ndice de su principal funci√≥n (Real Instituto y Observatorio de la Armada ‚ÄĒC√°diz‚ÄĒ y Real Observatorio Astron√≥mico ‚ÄĒMadrid‚ÄĒ, creados en el siglo XVIII). El primero fue el observatorio de Monte Igueldo de San Sebasti√°n (1905, por el p√°rroco de Zarauz Juan Miguel Orcolaga),[160] y poco despu√©s el observatorio de Fabra (en el Tibidabo de Barcelona, fundado por Camil Fabra, marqu√©s de Alella en 1901, pero cuya construcci√≥n no finaliz√≥ hasta 1905),[161] el observatorio del Ebro (vinculado a los jesuitas, que lo fundaron en 1904 ‚ÄĒRoquetes, cerca de Tortosa, en el Bajo Ebro‚ÄĒ como observatorio astron√≥mico ‚ÄĒrelaciones Sol-Tierra‚ÄĒ y se integr√≥ en la red meteorol√≥gica en 1920),[162] el observatorio de Toledo (1908, dependiente del Instituto de Bachillerato ‚ÄĒprofesor Miguel Liso) y muchos otros.[163] El Instituto Nacional de Meteorolog√≠a remonta sus primeras instituciones fundacionales a mediados del siglo XIX,[164] aunque su primera configuraci√≥n como Instituto Central Meteorol√≥gico no se realiz√≥ hasta 1888, por la insistencia de Francisco Giner de los R√≠os, que promovi√≥ el nombramiento de Augusto Arcimis como primer director, y que hasta 1906 no dispuso de m√°s personal que un ayudante y un ordenanza.[165] Asociado a ambos tipos de observatorios se fue completando una red de observatorios geof√≠sicos (sism√≥grafos, mediciones magn√©ticas, etc.).

El desarrollo de la electrificaci√≥n en Espa√Īa

Art√≠culo principal: Historia de la electricidad en Espa√Īa

El Metro de Madrid se inaugur√≥ el 17 de octubre de 1919. Ese mismo a√Īo se produjo la primera gran huelga del sector: la huelga de La Canadiense, lo que testimonia que tanto el n√ļmero de trabajadores como sus condiciones de trabajo se hab√≠an equiparado significativamente con los dem√°s sectores industriales. La dictadura de Primo de Rivera impuls√≥, desde una perspectiva de nacionalismo econ√≥mico, sectores de vanguardia en telecomunicaciones, como la radiodifusi√≥n (v√©ase Radio en Espa√Īa) y la telefon√≠a (Compa√Ī√≠a Telef√≥nica Nacional de Espa√Īa, en r√©gimen de monopolio). La autarqu√≠a del primer franquismo impuls√≥ la concentraci√≥n y nacionalizaci√≥n parcial del sistema de generaci√≥n y distribuci√≥n el√©ctrica, lo que produjo un oligopolio de empresas,[166] que se reorden√≥ con las privatizaciones y fusiones propias de la econom√≠a espa√Īola posterior a la incorporaci√≥n a la Uni√≥n Europea (1986).

La ciencia y la tecnolog√≠a en la ¬ęEdad de Plata¬Ľ

Residencia de Estudiantes. Enclavada desde 1910 en una zona de lo que entonces eran las afueras del norte de Madrid (los Altos del Hip√≥dromo, donde desde 1887 ya estaba el Museo Nacional de Ciencias Naturales ‚ÄĒheredero del Real Gabinete de Ciencias‚ÄĒ y que posteriormente acogi√≥ tambi√©n al CSIC), sirvi√≥ de centro de intercambio de ideas de la juventud vanguardista espa√Īola entre s√≠ y con sus maestros, lo que en ese momento (la denominada edad de plata) significaba el contacto de tres generaciones decisivas para la cultura espa√Īola (las denominadas generaci√≥n de 1898, generaci√≥n de 1914 y generaci√≥n de 1927). Tambi√©n se concibi√≥ para una esencial proyecci√≥n internacional (era resultado de la actividad de la Junta para la Ampliaci√≥n de Estudios), y acogi√≥ visitas de cient√≠ficos del m√°ximo prestigio, como el propio Albert Einstein[167] en su gira por Espa√Īa de 1923, que incluy√≥ a Barcelona y Zaragoza. Entre las personalidades con que el genial f√≠sico tom√≥ contacto se contaron, en el mundo literario: P√≠o Baroja, Jos√© Ortega y Gasset, Ram√≥n G√≥mez de la Serna, Eugenio d'Ors, Miguel de Unamuno o Bartolom√© Coss√≠o; y entre las de formaci√≥n cient√≠fica: Julio Rey Pastor, Blas Cabrera, Esteban Terradas, Gregorio Mara√Ī√≥n y Jos√© Rodr√≠guez Carracido.[168]

La Edad de Plata de las letras y ciencias espa√Īolas[169] es el nombre con el que suele designarse al primer tercio del siglo XX, caracterizado por un esperanzador florecimiento de las actividades cient√≠ficas y literarias, de una calidad y repercusi√≥n internacional incomparable desde el Siglo de Oro. Comenz√≥ con un hito espectacular: el premio nobel de Santiago Ram√≥n y Cajal (1906) y termin√≥ tr√°gicamente con el estallido de la Guerra Civil Espa√Īola (1936).

La mentalidad regeneracionista impregna a los gobiernos de muy distinta orientaci√≥n pol√≠tica de la monarqu√≠a de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera (impulsora de obras p√ļblicas de todo tipo, de la electrificaci√≥n y de los inicios de la telefon√≠a y la radiodifusi√≥n) y la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola. Particularmente √©sta √ļltima (o al menos la √©lite intelectual que impuls√≥ su instauraci√≥n ‚ÄĒNiceto Alcal√° Zamora, Manuel Aza√Īa, Juli√°n Besteiro, Fernando de los R√≠os, la Agrupaci√≥n al Servicio de la Rep√ļblica ‚ÄĒJos√© Ortega y Gasset, Gregorio Mara√Ī√≥n, Ram√≥n P√©rez de Ayala) se percib√≠a a s√≠ misma como un r√©gimen pol√≠tico orientado a la transformaci√≥n social de Espa√Īa en un sentido laico e ilustrado, que ve√≠a a la educaci√≥n, la ciencia y la tecnolog√≠a como herramientas esenciales de un progreso en todos los √°mbitos (econ√≥mico, social, institucional), imprescindible para la superaci√≥n del atraso nacional (cuya conciencia se expresaba contempor√°neamente en el denominado debate sobre el Ser de Espa√Īa).

La neutralidad de Espa√Īa en la Primera Guerra Mundial (1914‚Äď1918) signific√≥ unas oportunidades de negocio que aprovech√≥ una clase empresarial reci√©n salida del impacto de la p√©rdida del mercado colonial (1898), aunque no tuviera consecuencias sociales muy positivas (crisis de 1917). Uno de los momentos m√°s brillantes del periodo previo a la Segunda Rep√ļblica fuer el de las exposiciones internacionales que coincidieron en 1929 y que sirvieron de escaparate internacional de Espa√Īa: la Exposici√≥n Iberoamericana de Sevilla y la Exposici√≥n Internacional de Barcelona.

Instituciones cient√≠ficas y tecnol√≥gicas de la ¬ęEdad de Plata¬Ľ

Instituciones clave del periodo fueron la Asociaci√≥n Espa√Īola para el Progreso de las Ciencias (1908) y la Junta para la Ampliaci√≥n de Estudios e Investigaciones Cient√≠ficas (1907), de origen krausista (el mundo intelectual proveniente de la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza). Dependientes de ella, se crearon un de instituciones anejas: la Residencia de Estudiantes (1910 ‚ÄĒv√©ase pie de imagen), el Instituto Nacional de Ciencias F√≠sico-Naturales (1910, dirigido por Cajal) del que a su vez depend√≠a el Laboratorio de Investigaciones F√≠sicas (dirigido por Blas Cabrera, y que fue transformado en Instituto Nacional de F√≠sica y Qu√≠mica en 1932 ‚ÄĒactual Instituto Rocasolano del CSIC), el Seminario y Laboratorio Matem√°tico (Julio Rey Pastor, 1915), etc. En el mismo ambiente institucionista se fund√≥ el Instituto Escuela (1918 ‚ÄĒense√Īanza secundaria, hoy convertido en el IES Ramiro de Maeztu). Las ciencias sociales no fueron ajenas al impulso: Centro de Estudios Hist√≥ricos[170] y Escuela Espa√Īola en Roma de Arqueolog√≠a e Historia (dirigidos por Ram√≥n Men√©ndez Pidal, 1910).

Otras iniciativas, de muy diverso origen e inspiraci√≥n, rivalizaron en la fundaci√≥n de instituciones cient√≠ficas y tecnol√≥gicas de primer nivel: el Instituto Cat√≥lico de Artes e Industrias (ICAI, 1908, dirigido por los jesuitas ‚ÄĒEnrique Jim√©nez, Jos√© Agust√≠n P√©rez del Pulgar y Enric de Rafael‚ÄĒ, orden que volvi√≥ a sufrir, como en 1767, una legislaci√≥n que la suprim√≠a en Espa√Īa, con la Constituci√≥n republicana de 1931; el propio edificio del ICAI fue incendiado en los disturbios anticlericales[171] ), el Laboratorio de Sanidad Municipal, la Academia de Ciencias Exactas, F√≠sico-Qu√≠micas y Naturales de Zaragoza (1916), el Laboratorio de Investigaciones Bioqu√≠micas de Zaragoza (Antonio de Gregorio Rocasolano, 1918) o el Instituto Espa√Īol de Oceanograf√≠a. Catalu√Īa se demostr√≥ especialmente din√°mica: Escuela Industrial de Barcelona (patronato creado en 1904, que en 1916 ya hab√≠a creado siete escuelas), Instituto Qu√≠mico de Sarri√° (Eduardo Vitoria, 1916), Observatorio Fabra (1904), Institut d'Estudis Catalans (1907).

El Instituto de Radiactividad fue uno de los pioneros en Europa (1910 √≥ 1911, el de Viena es de 1908 y los de Par√≠s y Londres de 1910; mientras que el alem√°n Kaiser Wilhelm Gesellschaft es de 1912[172] ), y es tambi√©n conocido por el nombre de Laboratorio Amaniel, por la calle de Madrid donde se traslad√≥ en 1914. Su director, Jos√© Mu√Īoz del Castillo hab√≠a comenzado a investigar en su propio laboratorio privado desde 1903 (seis a√Īos despu√©s del descubrimiento de Henri Becquerel, y el mismo a√Īo que √©ste recibi√≥ el Nobel), tras asistir como delegado especial de Espa√Īa al quinto Congreso Internacional de Qu√≠mica Aplicada de Berl√≠n, donde qued√≥ impresionado por el radiotelurio (polonio) de William Markwald. Con gran apoyo acad√©mico y pol√≠tico y una singular visi√≥n comercial, Mu√Īoz del Castillo realiz√≥ el Mapa de la radiactividad en Espa√Īa (1905) y certificaba la radiactividad de aguas termales (con colaboraci√≥n de los m√©dicos hidr√≥logos) y de abonos radiactivos (que parec√≠an ser una prometedora aplicaci√≥n para la radioagricultura). Desde 1909 public√≥ el Bolet√≠n de Radiactividad. La oposici√≥n tenaz de Mu√Īoz a admitir la hip√≥tesis de la desintegraci√≥n radiactiva le fue aislando de los grupos de investigaci√≥n europeos. Tras su jubilaci√≥n (1920) el laboratorio se conviri√≥ en una instituci√≥n marginal. Los equipos y el edificio de la calle Amaniel permanecieron inutilizables entre 1940 y 1980 debido a su fuerte contaminaci√≥n radiol√≥gica.[173]

La ingenier√≠a tuvo su principales figuras en Leonardo Torres Quevedo (Centro de Ensayos de Aeron√°utica, Laboratorio de Aeron√°utica, Asociaci√≥n de Laboratorios, Laboratorio de Mec√°nica Aplicada o Autom√°tica del Ateneo de Madrid) y en Esteban Terradas; quien adem√°s era un cient√≠fico de gran altura, del que el propio Einstein dir√≠a He descubierto un hombre extraordinario.[117] No obstante, protagoniz√≥ un esc√°ndalo que dividi√≥ al mundo cient√≠fico en bandos pol√≠ticos: su nombramiento como catedr√°tico de Ecuaciones Diferenciales (durante la Dictadura) fue revocado en 1931 (tras la proclamaci√≥n de la Rep√ļblica) por cuestiones formales, y al presentarse a oposiciones al a√Īo siguiente fue suspendido por un tribunal compuesto por Jos√© Barinaga,[174] Fernando Lorente de N√≥ y Roberto Araujo,[175] quienes a su vez ser√≠an represaliados tras la Guerra Civil (por el gobierno de Franco).

Un grupo de arquitectos catalanes fund√≥ en 1930 el Grupo de Artistas y T√©cnicos Espa√Īoles para el Progreso de la Arquitectura Contempor√°nea (GATEPAC) como rama espa√Īola del Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM).

Alfonso XIII inspeccionando un Flecha Hispano-Suiza de la reciente arma de aviación.

El automovilismo espa√Īol naci√≥ con empresas como La Hispano-Suiza e instituciones sociales y deportivas como el Real Autom√≥vil Club de Espa√Īa.

La aeron√°utica espa√Īola o aviaci√≥n espa√Īola, vinculada al ej√©rcito desde el 1896 (Servicio de Aerostaci√≥n Militar dirigido por Pedro Vives y Vich, Parque Aerost√°tico de Guadalajara del Cuerpo de Ingenieros, participante en la Comisi√≥n Internacional para la Aerostaci√≥n Cient√≠fica[176] ), fue una de las m√°s precoces de Europa, y se le atribuye el primer bombardeo a√©reo planificado del mundo (Marruecos, 1913). Heraclio Alfaro Fournier construy√≥ el primer avi√≥n espa√Īol, que sobrevol√≥ Vitoria en 1914. El innovador m√°s importante fue Juan de la Cierva y Codorn√≠u (autogiro), aunque el h√©roe medi√°tico fue Ram√≥n Franco (Vuelo del Plus Ultra, que cruz√≥ el Atl√°ntico sur en 1926, un a√Īo antes que el Spirit of St. Louis cruzara el Atl√°ntico norte). El vuelo del Cuatro Vientos (1933, Barber√°n y Collar) abri√≥ la ruta a√©rea del Atl√°ntico central, pero termin√≥ tr√°gicamente en su √ļltima escala (La Habana-M√©xico). La aviaci√≥n militar espa√Īola fue objeto de una cuidada organizaci√≥n (Historia del Ej√©rcito del Aire de Espa√Īa, Emilio Herrera Linares, Alfredo Kindel√°n), y a partir de ella se desarrollaron unas tambi√©n precoces aviaci√≥n civil espa√Īola (Iberia ‚ÄĒ1927, Horacio Echeberrieta) e industria aeron√°utica espa√Īola (Construcciones Aeron√°uticas S.A. ‚ÄĒ1923, Jos√© Ortiz Echag√ľe).

Los viajes de ampliaci√≥n de estudios al extranjero caracterizaron la renovaci√≥n de la ciencia econ√≥mica espa√Īola en el primer tercio del siglo, ejemplo de la cual fue el Servicio de Estudios del Banco de Espa√Īa (1930‚Äď1936). Una primera generaci√≥n del 98 (Antonio Flores de Lemus, Francisco Bernis Carrasco y Jos√© Mar√≠a Zumalac√°rregui Prat) dio paso a una segunda generaci√≥n del 14 (Luis Olariaga Pujana, Olegario Fern√°ndez Ba√Īos, Germ√°n Ben√°cer ‚ÄĒo Bern√°cer‚ÄĒ, Ram√≥n Carande, A. Vi√Īuelas, G. Franco y A. Cienfuegos) y a una tercera del 27 (Rom√°n Perpi√Ī√° Grau y Josep Anton Vandell√≥s ‚ÄĒo Valdell√≥s).[177]

La recepción de la revolución relativista

A pesar de que Esteban Terradas y Blas Cabrera presentaron las teor√≠as de Albert Einstein en 1908, s√≥lo tres a√Īos despu√©s de los famosos art√≠culos de 1905 (Primer Congreso de la Asociaci√≥n Espa√Īola para el Progreso de las Ciencias, Zaragoza), y que algunos f√≠sicos, como Jos√© Mar√≠a Plans se mostraban receptivos, la mayor parte de los cient√≠ficos espa√Īoles acogieron con mucho recelo el debate cient√≠fico en torno a la Teor√≠a de la Relatividad y posteriormente la Mec√°nica cu√°ntica, y evitaron cuanto fue posible el cuestionamiento de los modelos cl√°sicos dise√Īados para la pervivencia del paradigma newtoniano (teor√≠a del √©ter).

¬°Cu√°ntos cap√≠tulos de la vieja mec√°nica habr√≠a que modificar profundamente si se aceptase como buena esta √ļltima negaci√≥n! [se refiere a la inexistencia del movimiento absoluto]
El sistema de Einstein, desde el punto de vista rigurosamente cient√≠fico, no es v√°lido: es una extra√Īa mezcla de imaginaci√≥n metaf√≥rica, de interpretaciones err√≥neas, de experiencias e hip√≥tesis injustificadas, cuyas absurdas conclusiones se han procurado disimular durante alg√ļn tiempo, pero que ahora se hacen ya evidentes.
Ricardo Royo Villanova, La crisis de la ciencia, 1936.[179]

No obstante, la visita de Albert Einstein a Espa√Īa (1923) se celebr√≥ como un acontecimiento cient√≠fico y social de gran repercusi√≥n, y entre el a√Īo 1933 y 1935 (cuando se planteaba dejar Alemania) se le ofreci√≥ insistentemente una c√°tedra en Espa√Īa, que acab√≥ postergando en beneficio de los Estados Unidos. Alg√ļn colaborador de Einstein, como Jakob Laub, u otros f√≠sicos extranjeros de renombre, como Tullio Levi-Civita, Hermann Weyl, Arnold Sommerfeld y Kasimir Fajans, s√≠ desarrollar√°n alg√ļn periodo de su actividad cient√≠fica en Espa√Īa.[117]

Otros cient√≠ficos espa√Īoles del primer tercio del siglo XX

La n√≥mina de cient√≠ficos espa√Īoles que comienzan su carrera investigadora en el primer tercio del siglo es impresionante. Una gran mayor√≠a, dada su identificaci√≥n con los perdedores de la Guerra Civil, se vieron forzados al exilio, enriqueciendo las universidades de pa√≠ses hispanoamericanos (Exilio espa√Īol en M√©xico, Historia de la ciencia en la Argentina), de los Estados Unidos o de la Uni√≥n Sovi√©tica.[180] Una significativa minor√≠a, de perfil pol√≠tico menos acusado, o directamente afin al r√©gimen franquista, pas√≥ a la tarea de la reconstrucci√≥n de la destruida ciencia y tecnolog√≠a espa√Īola de la posguerra.

El campus de Moncloa de la Universidad Complutense de Madrid, en construcci√≥n desde los a√Īos veinte, fue frente de la batalla de Madrid (noviembre de 1936) y continu√≥ recibiendo un duro castigo durante el resto de la Guerra Civil Espa√Īola. Reconstruido durante el franquismo, acogi√≥ las principales instituciones de educaci√≥n superior de Espa√Īa, con una clara vocaci√≥n investigadora que lentamente fue superando el desolador estado f√≠sico y humano de la prolongada posguerra (a√Īos cuarenta y cincuenta).
Esta pieza del Museo Nacional de Ciencia y Tecnolog√≠a se exhibe como el primer microscopio electr√≥nico que lleg√≥ a Espa√Īa, donado por la Fundaci√≥n Juan March, hacia 1960. Seg√ļn otras fuentes, ser√≠a de 1961, y no el primero sino el segundo (v√©ase texto del art√≠culo y su referencia).

La ciencia y la tecnología durante el franquismo

Se ha llegado a calificar de destrucci√≥n de la ciencia en Espa√Īa[184] el resultado conjunto de la guerra civil, el exilio de cient√≠ficos (una gran mayor√≠a identificados con el bando republicano) y la represi√≥n que las autoridades franquistas ejercieron sobre los que permanecieron en Espa√Īa. Esta se expres√≥ en una concienzuda depuraci√≥n de funcionarios p√ļblicos y en particular de la Universidad y la ense√Īanza media y primaria (v√©ase Depuraci√≥n del Magisterio espa√Īol tras la Guerra Civil Espa√Īola) y de la Junta de Ampliaci√≥n de Estudios, que se opt√≥ por refundar en una nueva planta como Consejo Superior de Investigaciones Cient√≠ficas (CSIC, 1939), controlado por pol√≠ticos de formaci√≥n intelectual (Jos√© Ib√°√Īez Mart√≠n, que tambi√©n era Ministro de Educaci√≥n y Ciencia) y cient√≠ficos (Jos√© Mar√≠a Albareda Herrera), en ambos casos fuertemente identificados con el nacionalcatolicismo.

La actividad cient√≠fico-tecnol√≥gica durante el franquismo dependi√≥ estrechamente de la peculiar posici√≥n internacional de Espa√Īa. Durante la Segunda Guerra Mundial oscil√≥ entre la fidelidad a a las potencias del Eje y la neutralidad, dando paso a un duro aislamiento internacional acentuado con una opci√≥n consciente por una pol√≠tica de autarqu√≠a. Los a√Īos cincuenta significaron el acercamiento a los Estados Unidos y una cada vez mayor apertura con criterios desarrollistas y tecnocr√°ticos, sobre todo tras el Plan de Estabilizaci√≥n de 1959. La pol√≠tica cient√≠fica, de muy escaso peso presupuestario, permiti√≥ reconstruir un d√©bil tejido investigador, en el que destacaban meritorias individualidades (algunas de ellas recuperadas del exilio) y un selecto grupo de instituciones: El Instituto Nacional de T√©cnica Aeroespacial (INTA, 1942; el INTASAT, primer sat√©lite espa√Īol, se lanz√≥ en 1974), la Junta de Energ√≠a Nuclear (1951, dirigida de 1958 a 1974 por Jos√© Mar√≠a Otero de Navascu√©s; el primer reactor nuclear para obtenci√≥n de energ√≠a el√©ctrica se abri√≥ en 1968 ‚ÄĒCentral nuclear Jos√© Cabrera‚ÄĒ, incluso se especul√≥ con la posibilidad de desarrollar un arma nuclear[185] ), la Comisi√≥n Asesora de Investigaci√≥n Cient√≠fica y T√©cnica (CAICYT, 1958), o el Fondo Nacional para el Desarrollo de la Investigaci√≥n Cient√≠fica (FNDIC, 1964).

Una prestigiosa instituci√≥n de iniciativa personal, el Instituto T√©cnico de la Construcci√≥n y la Edificaci√≥n, creado en 1934 por Eduardo Torroja, pas√≥ a integrarse en el CSIC (actualmente es denominado Instituto de Ciencias de la Construcci√≥n Eduardo Torroja). Tambi√©n en el CSIC se integr√≥ el Centro de Investigaciones Biol√≥gicas, creado en 1953 a iniciativa de Gregorio Mara√Ī√≥n. En cambio, instituciones de gran proyecci√≥n con anterioridad a la guerra (y que durante esta siguieron funcionando en condiciones heroicas) quedaron desmanteladas por el ostracismo al que se someti√≥ a sus equipos, como el laboratorio de gen√©tica del Museo de Ciencias Naturales (Antonio de Zulueta, que hab√≠a llevado a la gen√©tica espa√Īola a un importante nivel de desarrollo, y que durante la Guerra Civil incluso cont√≥ con la presencia de Hermann Joseph Muller[186] ), que no se recuper√≥ hasta los a√Īos ochenta.[187]

La vinculaci√≥n de los cient√≠ficos e instituciones espa√Īoles con sus hom√≥logos internacionales no pas√≥ en la mayor parte de las disciplinas de lo que se puede denominar seguimiento: el A√Īo Geof√≠sico Internacional (1957‚Äď1958), momento crucial que signific√≥ el cambio de paradigma o revoluci√≥n wegeneriana cont√≥ con un modesta participaci√≥n espa√Īola.[188] La alianza militar con los Estados Unidos propici√≥ que el programa espacial estadounidense abriera instalaciones en Espa√Īa (MDSCC Madrid Deep Space Communications Complex ‚ÄĒRobledo de Chavela y Fresnedillas), donde realiz√≥ su actividad Luis Ruiz de Gopegui; mientras que la actividad de la Estaci√≥n Sismol√≥gica de Sonseca, vinculada a la detecci√≥n de pruebas nucleares, fue mucho m√°s discreta y sin pr√°cticamente ninguna participaci√≥n espa√Īola hasta los a√Īos setenta.[189]

Cient√≠ficos de alto nivel de muy distintas especialidades desarrollaron su actividad en la Espa√Īa del franquismo: Pedro Puig Adam y Sixto R√≠os (matem√°ticas), Juan Jos√© L√≥pez Ibor y Juan Antonio Vallejo-N√°gera (psiquiatr√≠a), Ignacio Barraquer y Jos√© Barraquer (oftalmolog√≠a), Salvador Gil Vernet y Antonio Puigvert (urolog√≠a), Francisco Bonilla Mart√≠ (obstetricia y ginecolog√≠a),[190] etc.

En 1943 se cre√≥ la Facultad de Ciencias Pol√≠ticas y Econ√≥micas de la Universidad Complutense de Madrid (Manuel de Torres, Valent√≠n Andr√©s √Ālvarez, Jos√© Casta√Īeda Chornet, Heinrich von Stackelberg), y entre 1957 y 1968 la Facultad de Ciencias Econ√≥micas de Barcelona (Joan Sard√°, Fabi√°n Estap√©).[191]

La tecnolog√≠a automovil√≠stica tuvo un lento desarrollo tras la posguerra a trav√©s de empresas privadas como la de Eduardo Barreiros (Barreiros (automoci√≥n), 1954‚Äď1978), y sobre todo mediante la iniciativa estatal del Instituto Nacional de Industria (INI): SEAT (1950, con inicial apoyo tecnol√≥gico de la italiana Grupo Fiat y ENASA-Pegaso (autom√≥viles) (Wifredo Ricart, 1946).

La llegada a Espa√Īa del primer microscopio electr√≥nico fue al Instituto de √ďptica del CSIC (1948), la fundaci√≥n Juan March dot√≥ de otro a la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona (1961) y el Banco de Espa√Īa y otras instituciones financieras p√ļblicas al Centro de Investigaciones Biol√≥gicas en 1962. Luis Bru hab√≠a fundado la Sociedad Espa√Īola de Microscop√≠a Electr√≥nica (1956) y el Centro Nacional de Microscop√≠a Electr√≥nica (1957), que dispuso de otro aparato desde 1965. La Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid obtuvo otro del Ministerio de Educaci√≥n proporcionado por la Ayuda Americana (programa de compensaci√≥n por el uso de las bases militares de Estados Unidos en Espa√Īa).[192]

Los inicios de la revolución informática

Aparte de las Enigma que la Alemania nazi suministr√≥ al ej√©rcito de Franco en la Guerra Civil,[193] el primer ordenador digno de tal nombre que lleg√≥ a Espa√Īa, en 1958, fue un IBM 650 de tarjetas perforadas (medio mill√≥n de d√≥lares de precio y 900 kg de peso), existente en el mercado desde 1953, que emple√≥ la Renfe para calcular las rutas de los ferrocarriles mineros.[194] La segunda generaci√≥n de ordenadores lleg√≥ al a√Īo siguiente: un UNIVAC UCT para la Junta de Energ√≠a Nuclear. En 1961 la Feria de Muestras de Barcelona present√≥ un IBM 1401. En 1962, la segunda edici√≥n del SIMO de Madrid (Luis Alberto Petit) presenta, junto al mismo IBM 1401, el Bull Gama 70, el Univac 1103 y el MTR 39. En el mismo a√Īo, las primeras empresas del sector privado en comprar un ordenador fueron Sevillana de Electricidad y Galer√≠as Preciados.[195] Simult√°neamente, el Ministerio de Hacienda adquiri√≥ su primer ordenador. En 1967 la Universidad Complutense de Madrid obtuvo, como donaci√≥n del fabricante, un ordenador cient√≠fico IBM 7094. Los a√Īos siguientes presenciaron un aumento significativo del parque de ordenadores, que para 1970 hab√≠an desplazado a las tabuladoras utilizadas desde los a√Īos veinte. Aparatos inform√°ticos actualizados estaban presentes tanto en Madrid (50% del total) como en Barcelona (34%), y s√≥lo un 16% en el resto de ciudades, sobre todo en las grandes entidades financieras.[196] En 1973 o 1974 una empresa espa√Īola desarroll√≥ el Kentelec 8 (Manel Puigb√≥ Rocafort, para DISTESA-Anaya), que algunas fuentes consideran el primer ordenador personal (el microprocesador exist√≠a desde 1971, y en los a√Īos setenta hay diversos dise√Īos que precedieron al IBM PC de 1981).[197]

La ciencia y la tecnología en la democracia

Trabajos en los niveles T6 y T10 del sector Gran Dolina del yacimiento de Atapuerca, Burgos.
Buque oceanográfico Hespérides.
Una de las versiones del Airbus (Airbus A400M), producci√≥n de un consorcio europeo con participaci√≥n espa√Īola, presentado en Sevilla en 2008.

Los diferentes gobiernos de la democracia, desde la transici√≥n (1975‚Äď1978) hasta la actualidad, se encontraron con la necesidad de potenciar las instituciones cient√≠ficas, y sobre todo la coordinaci√≥n de las instituciones p√ļblicas (universidades, centros de investigaci√≥n, nuevas instituciones creadas por las Comunidades Aut√≥nomas) con las empresas privadas, cuya participaci√≥n en el esfuerzo investigador era muy inferior al de los pa√≠ses desarrollados a los que la econom√≠a espa√Īola estaba convergiendo (OCDE). La planificaci√≥n cient√≠fica se pretend√≠a hacer de forma acorde con los nuevos planteamientos de integraci√≥n I+D o I+D+I (investigaci√≥n y desarrollo o investigaci√≥n, desarrollo e innovaci√≥n), especialmente con el proceso de integraci√≥n en las Comunidades Europeas (1986, a√Īo de la Ley de Fomento y Coordinaci√≥n de la Investigaci√≥n Cient√≠fica y T√©cnica o Ley de la Ciencia, que ha dado nombre a una generaci√≥n de investigadores[198] ).[199]

Los poderes p√ļblicos promover√°n la ciencia y la investigaci√≥n cient√≠fica y t√©cnica en beneficio del inter√©s general.
Constituci√≥n espa√Īola de 1978. Art√≠culo 44, secci√≥n 2.

La recepci√≥n de la actividad cient√≠fica espa√Īola, medida en t√©rminos de impacto de las publicaciones y de cifras comparativas de las universidades, sit√ļa a las instituciones y cient√≠ficos espa√Īoles en un estadio intermedio dentro de las naciones m√°s avanzadas, a pesar de los sesgos usuales en ese tipo de estudios: sesgos geogr√°ficos y ling√ľ√≠sticos (sobrerrepresentaci√≥n de los pa√≠ses anglosajones que tienden a minusvalorar la producci√≥n de pa√≠ses de la ¬ęperiferia cient√≠fica¬Ľ, en los que se sol√≠a incluir a Espa√Īa) y tem√°ticos (infrarrepresentaci√≥n de las ciencias sociales y humanas, lo que perjudica una parte sustancial de la producci√≥n cient√≠fica espa√Īola).[200] Aunque, en ocasiones, la presencia espa√Īola en comunicaciones de alto nivel es anormalmente alta en algunos sectores cient√≠ficos.[201] Para la primera d√©cada del siglo XXI, se ha llegado a hablar de la nueva edad de plata de Espa√Īa, sostenida en un incremento de las inversiones cuya dudosa continuidad a partir de la crisis de 2008 ha generado un debate pol√≠tico con participaci√≥n de la √©lite cient√≠fica.[202]

Véase también: Pacto de Estado por la Ciencia

Las distintas modalidades de los Premios Pr√≠ncipe de Asturias (gestionado por una fundaci√≥n nacional) y del Premio Rey Jaime I (gestionado por la Comunidad Valenciana), se han situado entre los m√°s prestigiosos en la √≥rbita cient√≠fica internacional. Ya en el siglo XXI, desde el a√Īo 2001 se viene concediendo el Premio Nacional de Investigaci√≥n en diez categor√≠as disciplinares.

La explotaci√≥n del excepcional yacimiento de Atapuerca ha convertido a Espa√Īa en el centro mundial de la paleoantropolog√≠a, y a sus investigadores (dirigidos desde 1976 por Emiliano Aguirre y desde 1990 por Juan Luis Arsuaga, Jos√© Mar√≠a Berm√ļdez de Castro y Eudald Carbonell) en autoridades de m√°ximo reconocimiento internacional.

En muchas ramas de las ciencias f√≠sico-naturales los investigadores espa√Īoles han realizado contribuciones importantes; particularmente en las ciencias m√©dicas, destacando las m√ļltiples derivaciones de la biolog√≠a molecular: Santiago Grisol√≠a (bioqu√≠mica; en el equipo de Severo Ochoa desde 1944, en las √ļltimas d√©cadas del siglo XX ha pasado a dirigir instituciones cient√≠ficas en Espa√Īa y otros pa√≠ses), Federico Mayor Zaragoza (co-fundador y director del Centro de Biolog√≠a Molecular Severo Ochoa ‚ÄĒCBM‚ÄĒ, presidente del CSIC, Ministro de Educaci√≥n ‚ÄĒde 1981 a 1982‚ÄĒ y director general de la UNESCO ‚ÄĒde 1987 a 1999‚ÄĒ), Mariano Barbacid y Joan Massagu√© (oncolog√≠a), Antonio Garc√≠a-Bellido, Gin√©s Morata, Xavier Estivill (gen√©tica), Eladio Vi√Īuela (virolog√≠a), Bernat Soria (investigador con c√©lulas madre, que lleg√≥ a Ministro de Sanidad ‚ÄĒde 2007 a 2009), Juan Jos√© Badiola (priones y enfermedades emergentes).[203] Otros campos destacados son el de la obstetricia y fertilidad humana (Fernando Bonilla ‚ÄĒHospital Cl√≠nico de Valencia‚ÄĒ, Antonio Pellicer ‚ÄĒIVI Instituto Valenciano de Infertilidad‚ÄĒ y Santiago Dexeus ‚ÄĒen la Cl√≠nica Dexeus se realiz√≥ la primera fecundaci√≥n in vitro de Espa√Īa, 12 de julio de 1984, por el ginec√≥logo Pedro Barri y la bi√≥loga Anna Veiga‚ÄĒ[204] ) y el de los trasplantes: Josep Maria Caralps (primer trasplante de coraz√≥n efectivo (1983, tras el cuestionable intento del tardofranquismo),[205] Enrique Moreno Gonz√°lez (trasplantes abdominales), Pedro Cavadas (trasplante de cara). El sistema espa√Īol, basado en la Organizaci√≥n Nacional de Trasplantes (1989) se ha convertido en l√≠der mundial, y ha sido considerado modelo a implantar en el resto de la Uni√≥n Europea.[206]

En otras disciplinas, pueden citarse a Miguel Delibes de Castro (director de la Estaci√≥n Biol√≥gica de Do√Īana), Fernando Gonz√°lez Bern√°ldez (ecolog√≠a), Francisco Anguita (planetolog√≠a), Federico Garc√≠a Moliner (f√≠sica del estado s√≥lido), Rolf Tarrach Siegel (f√≠sica te√≥rica), Javier Tejada Palacios (magnetismo cu√°ntico),[207] Juan Ignacio Cirac (teor√≠a cu√°ntica de la informaci√≥n) Miguel de Guzm√°n (matem√°ticas), etc.

Se dise√Ī√≥ un relativamente modesto programa espacial que consigui√≥ poner en √≥rbita el primer sat√©lite de tecnolog√≠a √≠ntegramente espa√Īola en 1997 (MINISAT 1)[199] ; aunque lo caracter√≠stico de la investigaci√≥n en este campo, as√≠ como en el aeron√°utico, es la integraci√≥n en los programas europeos (Agencia Espacial Europea, Airbus). El hasta ahora √ļnico astronauta espa√Īol, Pedro Duque, efectu√≥ su primera misi√≥n espacial con la NASA en 1998 (el madrile√Īo Miguel L√≥pez-Alegr√≠a, de nacionalidad estadounidense, lo hab√≠a hecho en 1995). En astronom√≠a, el Instituto de Astrof√≠sica de Canarias (fundado en 1975 sobre la base del Observatorio del Teide) se convirti√≥ en una instituci√≥n puntera a nivel mundial, gracias a la participaci√≥n internacional atra√≠da por las inmejorables condiciones naturales del archipi√©lago para la observaci√≥n astron√≥mica. Otra gran instalaci√≥n cient√≠fica, en construcci√≥n desde 2004 y que se prev√© terminar en 2011 es el sincrotr√≥n ALBA.[208]

La Junta de Energ√≠a Nuclear se transform√≥ en 1986 en el CIEMAT (Centro de Investigaciones Energ√©ticas, Medioambientales y Tecnol√≥gicas) abierto a otras fuentes de energ√≠a, al tiempo que se produc√≠a la moratoria nuclear que interrumpi√≥ la construcci√≥n de nuevas centrales (se llegaron a construir diez). Con el tiempo, Espa√Īa se convirti√≥ en un pa√≠s l√≠der en el desarrollo de las energ√≠as alternativas, sobre todo la e√≥lica y la solar.

Con inicial tecnolog√≠a francesa y alemana complementada por tecnolog√≠a propia de TALGO, se cre√≥ en 1992 la primera l√≠nea ferroviaria de Alta Velocidad (AVE) entre Madrid y Sevilla, que celebraba una Exposici√≥n Universal. La ampliaci√≥n del trazado hubo de esperar a los primeros a√Īos del siglo XXI (no lleg√≥ a Barcelona hasta 2008), y para el 2010 se prev√©n 2.230 km, que la convertir√°n en la mayor del mundo.

Algunos sectores, como el autom√≥vil, que hab√≠an dejado de ser punteros, encontraron en la Espa√Īa de los a√Īos setenta y ochenta una localizaci√≥n id√≥nea por su cercan√≠a al mercado europeo y la ventaja competitiva de los salarios.

Ausente de las dos primeras convocatorias del A√Īo Polar Internacional (1882 y 1932), por primera vez Espa√Īa particip√≥ en el de 2008‚Äď2009, con base en los veinte a√Īos de experiencia de los Buques de Investigaci√≥n Oceanogr√°fica Las Palmas (A-52) y Hesp√©rides (A-33), y las Bases ant√°rticas de Espa√Īa (Base Ant√°rtica Juan Carlos I en la Isla Livingston, 1988; Base Ant√°rtica Gabriel de Castilla, Isla Decepci√≥n, 1989) y tras adherirse al Tratado Ant√°rtico en 1982.[209] La primera expedici√≥n cient√≠fica espa√Īola a la Ant√°rtida hab√≠a respondido a una iniciativa asociativa (Espa√Īa en la Ant√°rtida, 1982, que flet√≥ la goleta Idus de Marzo desde Cand√°s, con la colaboraci√≥n del Instituto Espa√Īol de Oceanograf√≠a y del Centro Regional de Investigaciones Acu√°ticas de Asturias), a partir de la cual se realizaron los contactos que permitieron colaborar con las campa√Īas australes de Chile (1984‚Äď1985) y Alemania (buque Polastern, 1986). La expedici√≥n cient√≠fico-pesquera de 1987, que inclu√≠a dos arrastreros, permiti√≥ a Espa√Īa ingresar como miembro consultivo en la Convenci√≥n para la Conservaci√≥n de Recursos Vivos Ant√°rticos.[210] La modernizaci√≥n de la flota pesquera espa√Īola, una de las mayores del mundo, su reconversi√≥n, redimensionamiento y adaptaci√≥n a las cambiantes condiciones (biol√≥gicas, jur√≠dicas y de competencia) de la pesca mundial fue una de las cuestiones tecnol√≥gico-econ√≥micas m√°s significativas de las √ļltimas d√©cadas del siglo XX.

La mujer espa√Īola accede a la ciencia y la tecnolog√≠a

En consonancia con la incorporaci√≥n de la mujer al trabajo y a todo tipo de actividades, que se ven√≠a produciendo desde las primeras d√©cadas del siglo XX, sufri√≥ un brusco par√≥n con la posguerra, y se reinici√≥ en los √ļltimos a√Īos del franquismo (feminismo, concepto de liberaci√≥n de la mujer); el n√ļmero de mujeres cient√≠ficos experiment√≥ un significativo aumento en los √ļltimos a√Īos del siglo XX. Entre las pioneras se cuentan Isabel Torres, Dolores Garc√≠a Pineda, Sara Borrell, Olga Garc√≠a Riquelme, Gertrudis de la Fuente, Josefa Molera Izaba, Concepci√≥n Laguna, Laura Iglesias, Griselda Pascual, Carmina Virgili, Gabriela Morreale, Ana Mar√≠a Pascual-Leone, Mar√≠a C√°scales, Josefina Castellv√≠, Emilia Curr√°s, Carmen Maroto, Margarita Salas, Teresa Mendiz√°bal, Pilar Carbonero, Teresa Riera.[211] Dorotea Barn√©s, Mar√≠a Antonia Zorraquino, Josefa Gonz√°lez Aguado.[212] En 2002 se funda la Asociaci√≥n de mujeres investigadoras y tecn√≥logas (AMIT).[213]

La divulgación científica y la protección de la naturaleza

F√©lix Rodr√≠guez de la Fuente (a la derecha) conversa con el tambi√©n naturalista Hugo van Lawick y con el fil√≥sofo Jes√ļs Moster√≠n en el Serengeti, 1969.

Aunque los primeros parques nacionales de Espa√Īa (v√©ase Espacios naturales de Espa√Īa) provienen de principios de siglo XX (el primero, el Parque Nacional de Covadonga, 1918), el conservacionismo no recibe un impulso decisivo hasta la segunda mitad del siglo XX, ya con el nombre de ecologismo, cuando muchos espacios naturales comienzan a sufrir graves amenazas del desarrollismo tur√≠stico, urbano e industrial, y en algunos casos en fuerte pol√©mica con instituciones p√ļblicas como el ICONA (repoblaci√≥n forestal). Un hito decisivo fue la protecci√≥n del Coto de Do√Īana y sus sucesivas ampliaciones, conseguidas por la presi√≥n de la comunidad cient√≠fica, entidades como WWF/Adena (en Espa√Īa desde 1968) y una opini√≥n p√ļblica concienciada cada vez m√°s numerosa. A esa conciencia contribuy√≥ de forma decisiva la divulgaci√≥n cient√≠fica, que en su forma medi√°tica tuvo su principal figura en F√©lix Rodr√≠guez de la Fuente y sus documentales televisivos (El hombre y la tierra, 1974‚Äď1980), de una proyecci√≥n internacional similar a la de otros documentalistas contempor√°neos, como David Attenborough o Jacques Cousteau. Su disc√≠pulo Joaqu√≠n Ara√ļjo y otros naturalistas han continuado hasta el presente esas actividades.

En otros √°mbitos cient√≠ficos, fueron muy importantes las contribuciones de muchos cient√≠ficos que se propusieron no limitarse a la investigaci√≥n y la comunicaci√≥n cient√≠fica erudita, y escribieron libros de divulgaci√≥n de sus disciplinas (Jos√© Luis Pinillos, La mente humana, 1969); o de los hombres del tiempo, que popularizaron la meteorolog√≠a y las disciplinas ligadas, como Mariano Medina o Manuel Toharia, que posteriormente desarroll√≥ el Museo de las Ciencias Pr√≠ncipe Felipe de Valencia. Este y otros museos cient√≠ficos, p√ļblicos (Museos Cient√≠ficos Coru√Īeses ‚ÄĒMC2, 1985, Ram√≥n N√ļ√Īez Centella) o privados (CosmoCaixa en Barcelona ‚ÄĒdirigido por Jorge Wagensberg‚ÄĒ y Alcobendas ‚ÄĒiniciado por Toharia), los planetarios (como los de Madrid ‚ÄĒ1986‚ÄĒ o Pamplona ‚ÄĒJavier Armentia)[214] y los acuarios (La Coru√Īa, Valencia) se han ido constituyendo en una oferta de ocio cultural, en muchos casos con programas especialmente dirigidos a la infancia. Los zool√≥gicos han pasado del criterio coleccionista propio de la Casa de Fieras del Retiro a gestionarse con modernos principios conservacionistas y de exhibici√≥n menos traum√°tica, no exentos de pol√©mica por parte de los grupos de defensa de los animales.

La presencia de temas cient√≠ficos en los medios de comunicaci√≥n es cada vez m√°s frecuente, as√≠ como la utilizaci√≥n de la ciencia y de los cient√≠ficos en el debate p√ļblico.[215]

La Asociaci√≥n Espa√Īola de Periodismo Cient√≠fico (AEPC, creada en 1975, por Manuel Calvo Hernando) y transformada en la Asociaci√≥n Espa√Īola de Comunicaci√≥n Cient√≠fica (AECC, dirigida actualmente por Toharia) agrupan a un numeroso grupo de periodistas cient√≠ficos, que tanto en revistas especializadas como en las secciones de ciencia de los diarios generalistas (Vladimir de Semir, Alicia Rivera Casado, Javier Sampedro, etc.) o, con mucha mayor repercusi√≥n, en la televisi√≥n (Luis Miravitlles ‚ÄĒVisado para el futuro, 1963‚ÄĒ, Ram√≥n S√°nchez Oca√Īa ‚ÄĒM√°s vale prevenir, 1979‚Äď1987‚ÄĒ, Antonio L√≥pez Campillo, Felipe Mellizo, Eduard Punset ‚ÄĒRedes, desde 1996‚ÄĒ, Luis Miguel Dom√≠nguez ‚ÄĒFauna callejera, Vive la v√≠a‚ÄĒ; que la multiplicaci√≥n de la oferta audiovisual ha relegado a horarios y cadenas marginales ‚ÄĒdocumentales de la dos y la denominada televisi√≥n educativa), efect√ļan una labor de seguimiento de las noticias cient√≠ficas y de formaci√≥n cient√≠fica de la opini√≥n p√ļblica, esencial para la toma democr√°tica de decisiones y la retroalimentaci√≥n entre ciencia, tecnolog√≠a y sociedad en la actual √©poca postindustrial.[216]

Véase también

  • Categor√≠a:Cient√≠ficos de Espa√Īa
  • Categor√≠a:Ciencia y tecnolog√≠a de Espa√Īa

Referencias

  1. ‚ÜĎ Jos√© Manuel S√°nchez Ron: Cincel, martillo y piedra. Historia de la ciencia en Espa√Īa. Madrid, Taurus, 1999. Leoncio L√≥pez Oc√≥n Breve Historia de la ciencia espa√Īola Madrid: Alianza, 2003. ISBN 84-206-5626-7. (Descarta la Edad Media (cristiana y musulmana), para iniciar el libro en el Renacimiento y la Espa√Īa imperial, con su auge y posterior decadencia en el Barroco). Manuel Desantes ¬ŅC√≥mo que inventen ellos?. Conferencia: Un repaso de los √ļltimos quinientos a√Īos de la historia de la ciencia y la tecnolog√≠a en Espa√Īa explica el retraso estructural actual. El II Congreso de la sociedad espa√Īola de historia de las ciencias (Jaca, 27 de septiembre‚Äď1 de octubre, 1982) fue dedicado a La ciencia y la t√©cnica en Espa√Īa entre 1850 y 1936, teniendo entre otras, ponencias con estos t√≠tulos: Antonio Ferraz Perspectivas institucionales de la historia de la ciencia y de la t√©cnica en Espa√Īa; Eduardo Ortiz Sobre la ciencia y la t√©cnica en Espa√Īa en el siglo XIX; Jos√© Luis Peset La historia de la ciencia y de la t√©cnica en el curriculum profesional del cient√≠fico y del ingeniero.
  2. ‚ÜĎ Thomas F. Glick, Eugenio Portela Marco, V√≠ctor Navarro Brot√≥ns: La historia de la ciencia en Espa√Īa como realidad marginal en su organizaci√≥n y contexto social], Anthropos, 1982, N√ļmero 20, especial dedicado a Jos√© Mar√≠a L√≥pez Pi√Īero. ficha en dialnet
  3. ‚ÜĎ Logros cient√≠ficos de mujeres en la muestra '¬°Que inventen ellas!', El Pa√≠s, 12/09/2003
  4. ‚ÜĎ Desde las hip√≥tesis iniciadas por la antropolog√≠a de James Frazer (La rama dorada, donde plantea la similitud de la funci√≥n de la ciencia con la de la magia en la cultura primitiva y la mente primitiva ‚ÄĒ v√©ase un breve resumen en John Lewis Antropolog√≠a simplificada, Selector, 1985 ISBN 978-968-403-041-1, "mente+primitiva"&source=bl&ots=KVp0EkHjpO&sig=zNLYl3feoMy-ZkMc_FgVrjNr79o&hl=es&ei=vd3LSb2VHY6UjAeZ0ITsCQ&sa=X&oi=book_result&resnum=4&ct=result#PPA81,M1 pp. 80‚Äď81) hasta las investigaciones estructuralistas de Andr√© Leroi-Gourhan. Las denominaciones de las fases por las que habr√≠a pasado el pensamiento humano en su aplicaci√≥n a la interpretaci√≥n de la naturaleza provienen del positivismo de Auguste Comte (estado teol√≥gico o ficticio, estado metaf√≠sico o abstracto y estado cient√≠fico o positivo); y se han propuesto muchas otras denominaciones: pensamiento m√°gico, pensamiento pre-filos√≥fico, mitopoy√©tico (en:Mythopoeic thought ‚ÄĒ Henri Frankfort, Wilson y Jacobsen: The Intellectual Adventure of Ancient Man, 1946, posteriormente titulado Before Philosophy, traducido como El Pensamiento Prefilos√≥fico, FCE), y otras. (V√©ase tambi√©n evoluci√≥n tecnol√≥gica, sociolog√≠a del conocimiento). La reconstrucci√≥n del aparato fonador (a trav√©s del hioides) y del auditivo (huesos y cavidades del o√≠do) en los pre-neardentales (Homo Heidelbergensis) de la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca est√° siendo uno de los campos m√°s prometedores de la investigaci√≥n paleoantropol√≥gica, puesto que permitir√° establecer el grado de comunicaci√≥n oral en esta especie, que se podr√≠a vincular a otros hechos del mismo yacimiento, como la intencionalidad de la acumulaci√≥n de cad√°veres. Todo ello supondr√≠a la consideraci√≥n de la capacidad pensamiento simb√≥lico (Ignacio Mart√≠nez conferencia Evoluci√≥n Humana, CTIF de Alcal√° de Henares 29 de abril de 2009; tambi√©n los textos de Juan Luis Arsuaga El collar del neandertal, El enigma de la esfinge y otros).
  5. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rodan√©s Vicente Neol√≠tico, C√¶saraugusta, 78. 2007, pp. 49‚Äď66, ISSN: 0007-9502. Especialmente p. 52 y ss.
  6. ‚ÜĎ El calcol√≠tico en la Pen√≠nsula Ib√©rica (Espa√Īa) en Artehistoria.
  7. ‚ÜĎ La romanidad de las denominadas presa de Proserpina y presa de Cornalvo son cuestionadas por el arque√≥logo Santiago Feijoo, que niega la posibilidad de su utilizaci√≥n como abastecedoras de agua a poblaciones y retrotrae su fecha de construcci√≥n a la Alta Edad Media (siglos VIII al X, en √©poca musulmana). Insiste en que los romanos buscaban manantiales de agua de calidad, para lo que constru√≠an acueductos kilom√©tricos. El agua de los embalses es necesariamente de calidad muy inferior, y provocaron problemas de salubridad cuando empezaron a utilizarse para el consumo humano con la revoluci√≥n industrial, a partir del siglo XIX. La utilizaci√≥n del embalse de Proserpina ser√≠a principalmente ganadera, y desde el siglo XVII, como lavadero de lanas. Una investigaci√≥n similar de Luis Caballero descart√≥ la romanidad de las presas del monasterio de Santa Mar√≠a de Melque (Toledo). M√©rida. Una investigaci√≥n de cinco a√Īos sobre la presa de Proserpina descarta su origen romano: Terrae Antiquae, 26 de abril de 2006 (cita diversas fuentes).
  8. ‚ÜĎ Libro Primero: Pr√≥logo a Publio Silvino, pp. 1‚Äď2. Traducci√≥n de Juan Mar√≠a √Ālvarez de Sotomayor y Rubio, Edici√≥n de 1824 (Imprenta de Miguel de Burgos) digitalizado en google books
  9. ‚ÜĎ Alonso Cano declar√≥ en su favor: ¬ępreguntado por el oficio de pintor, dijo que en todo el tiempo que le a conocido ni antes, sabe ni a oydo decir que lo aya tenido por oficio ni tenido tienda ni aparador ni vendido pinturas, que solo lo a exercitado por gusto suyo y obediencia de Su Magestad¬Ľ. En el mismo procedimiento, un tal Gabriel Gonz√°lez de Herrera se atrevi√≥ a decir que ¬ęel [oficio] de pintor que entienden algunos com√ļnmente lo es, no es sino arte, y caso que lo sea, el pretendiente lo a exercitado por gusto y en servicio de Su Magestad¬Ľ. Citados por Jos√© Manuel Pita Andrade y √Āngel Aterido Fern√°ndez (2000) Corpus velazque√Īo, Ministerio de Educaci√≥n, Cultura y Deporte, ISBN 978-84-369-3345-1.
  10. ‚ÜĎ D√ćEZ, Fernando (190) Viles y mec√°nicos. Trabajo y sociedad en la Valencia preindustrial. Valencia, Edicions Alfons el Magan√†nim. M¬™ Rosario Caballero Carrillo y Pedro Miralles Mart√≠nez (2002) El trabajo de la infancia y la juventud en la √©poca del Barroco. El caso de la seda murciana.
  11. ‚ÜĎ Documentos feriales Medina del Campo, Villal√≥n y Medina de Rioseco.
  12. ‚ÜĎ V√©anse los enlaces marcados y adem√°s: Mercantilismo, Edad Media#El surgimiento de la burgues√≠a e Historia del capitalismo.
  13. ‚ÜĎ El GPS de las estrellas.
  14. ‚ÜĎ Cat√°logo del Museo Nacional de Ciencia y Tecnolog√≠a, p. 68. Roberto Moreno Jos√© Rodr√≠guez de Losada. Vida y obra. 1995, Madrid: Fundaci√≥n Juanelo Turriano.
  15. ‚ÜĎ Citada en Miguel √Āngel Quintanilla y Jos√© Manuel S√°nchez Ron (1998) Ciencia, tecnolog√≠a y sociedad, Madrid: Santillana, ISBN 84-294-4976-0, p. 89
  16. ‚ÜĎ Era lo sostenido, entre otros, por Baltasar de Castiglione, en su difundida obra El cortesano, o en Espa√Īa por el Marqu√©s de Santillana, Juan Bosc√°n o Garcilaso de la Vega, √©l mismo un ejemplo de poeta-soldado, como el propio Cervantes. La serie de novelas hist√≥ricas del Capit√°n Alatriste (Arturo P√©rez-Reverte) ilustran muy gr√°ficamente esta vinculaci√≥n, poniendo como ejemplo al ficticio protagonista y su relaci√≥n con personajes reales, como Francisco de Quevedo.
  17. ‚ÜĎ Valent√≠n Moreno Gallego Letras misivas, letras humanas, letras divinas. La correspondencia del cardenal Granvela en la Real Biblioteca y sus cartas de autores, en Cuadernos de Historia Moderna, 2005 Anejo IV, pp. 31‚Äď55
  18. ‚ÜĎ Ambas denominaciones han quedado obsoletas, aunque siguen teniendo alg√ļn uso en el √°mbito acad√©mico anglosaj√≥n, donde es com√ļn utilizar natural philosophy como equivalente a ¬ęf√≠sica¬Ľ. En el √°mbito acad√©mico hisp√°nico suele restringirse a un uso historiogr√°fico: por ejemplo, la Universidad de Valladolid mantiene una asignatura denominada Filosof√≠a e historia natural en la Ilustraci√≥n; tambi√©n en t√≠tulos como el del estudio de Luis Millones Figueroa: Filosof√≠a e historia natural en el Inca Garcilaso, en Ensayos de cultura virreinal latinoamericana Lima: Universidad San Marcos, 2006.
  19. ‚ÜĎ C√≥mo los jesuitas inundaron Europa de cient√≠ficos
  20. ‚ÜĎ Vicente Faubell Zapata: Historia de la acci√≥n educativa de los Escolapios en Espa√Īa de 1733 a 1845
  21. ‚ÜĎ Malaria. Exposici√≥n en la Biblioteca Nacional, 2009. La Condesa, los Jesuitas, el Cardenal, el Demonio, Linneo y sus Polvos.
  22. ‚ÜĎ Jos√© Manuel S√°nchez Ron ¬°Viva la ciencia!, Barcelona: Cr√≠tica, 2009 ISBN 84-8432-916-9 pp. 93‚Äď94.
  23. ‚ÜĎ Jos√© Luis Comellas: Historia de Espa√Īa Contempor√°nea, Ediciones Rialp, 1988, ISBN 978-84-321-2441-9, p. 83
  24. ‚ÜĎ No s√≥lo por actos de guerra, cuya necesidad era m√°s o menos discutible, sino tambi√©n por simple negligencia: los telescopios Herschel del Observatorio del Retiro fueron usados como le√Īa por los soldados franceses all√≠ acuartelados. S√°nchez Ron, ¬ŅViva la ciencia! op. cit.
  25. ‚ÜĎ La asociaci√≥n de ambos hechos ha pasado a ser un t√≥pico historiogr√°fico, que se repite desde fechas muy cercanas a los hechos, cuando La Espa√Īa de 1830 a 1836, folleto de Charles Didier, fue traducido por el ya citado Mariano Jos√© de Larra. La responsabilidad pol√≠tica concretamente se atribuye al ministro Francisco Tadeo Calomarde a partir de 1824, refiri√©ndose al Plan General de Estudios del Reino del 14 de octubre de 1824. V√©ase el texto original de Didier y Larra ([1] Imprenta Repull√©s, 1836, p. 13) y un comentario contempor√°neo ([2] Art√≠culos Varios, Editorial Castalia, 1976 ISBN 978-84-7039-225-2, p. 124).
  26. ‚ÜĎ Museo Pedag√≥gico de Huesca.
  27. ‚ÜĎ √Āngel Bahamonde Pol√≠tica econ√≥mica y liberalizaci√≥n, en Artehistoria.
  28. ‚ÜĎ Texto de la Orden y otros documentos relativos a la fundaci√≥n del CSIC y a Ib√°√Īez Mart√≠n en filosofia.org
  29. ‚ÜĎ La leyenda negra y la verdad hist√≥rica (1914). Enumeraci√≥n de los cient√≠ficos espa√Īoles citados por Juder√≠as:
    • Par√≠s: √Ālvaro Thomas, Jer√≥nimo Prado, Pedro de Lerma, los hermanos Coronel, Juan Dolz de Castellar, Miguel Servet, Fernando de Encina, Juan de Celaya, Juan G√©lida, Luis Baeza
    • Sorbona: Gaspar Lux, Miguel Franc√©s, Perdo Ciruelo, Juan Mart√≠nez Siliceo, padre Mariana, fray Gregorio Arias, Francisco Escobar, Fern√°n P√©rez de Oliva
    • Leuven: Luis Vives, Antonio P√©rez el jurisconsulto, Juan Vernoza
    • Dillingen e Inglostadt: fray Pedro de Soto, Mart√≠n de Olave, Alonso de Pisa
    • Praga: Rodrigo de Arriaga
    • Toulouse: Antonio Gouvea, Luis de Lucena, S√°nchez
    • Varsovia y Cracovia: Pedro Ruiz de Moros, Alfonso Salmer√≥n
    • Padua: Bernardo Gil, Antonio Burgos, Juan Montes de Oca, Francisco de Valencia, Est√©fano de Terraza, Rodrigo Fonseca
    • Bolonia: Pedro Naranjo, Gonz√°lo D√≠az, Pedro Garc√≠a de Atodo, Alfonso de Guevara, Pedro Carnicer
    • Oxford: Luis Vives, fray Pedro de Soto, Francisco Encinas
    • Burdeos: Garbiel de T√°rrega, Raimundo de Granoller
    • Lausana: Pedro N√ļ√Īez de Vela
    • Ancona: Jer√≥nimo Mu√Īoz
    • N√°poles: Miguel Villar, Juan L√≥pez, Gonzalo del Olmo
    • Roma: Francisco de Toledo, padre Mariana, Juan de Maldonado, Pedro de Rivadeneira
  30. ‚ÜĎ a b Quintanilla y S√°nchez Ron, op. cit.
  31. ‚ÜĎ P√°gina oficial de la organizaci√≥n del Premio N√≥bel, que precisa que ese dato era el que se dio en el momento del premio (Titles, data and places given above refer to the time of the award).
  32. ‚ÜĎ Citado por Carlos El√≠as, en Los cient√≠ficos piden que el CSIC no tenga car√°cter pol√≠tico. Denuncian el esp√≠ritu anticient√≠fico que rige este organismo en su 60 aniversario, El Mundo, 15 de octubre de 2000.
  33. ‚ÜĎ Cat√°logo de la exposici√≥n Malaria, Biblioteca Nacional, mayo de 2009. La declaraci√≥n oficial coincidi√≥ con el XXV aniverario del fin de la Guerra Civil ([XXV a√Īos de paz]], en 1964) La erradicaci√≥n del paludismo en Espa√Īa.
  34. ‚ÜĎ El paciente despert√≥, pero muri√≥ al d√≠a siguiente. Suele considerarse que el primer trasplante de coraz√≥n efectivo en Espa√Īa fue el realizado en el Hospital Sant Pau de Barcelona por Josep Maria Caralps, el 8 de mayo de 1983. El paciente sobrevivi√≥ nueve meses. Noticia del 40 aniversario del trasplante de 1968 en gaceta.es. Noticia del 25 aniversario del trasplante de 1983 en Hoy salud, en La Raz√≥n.
  35. ‚ÜĎ AL-ANDALUS. UNA CULTURA DEL AGUA. Abderrahman Jah y Margarita L√≥pez. Revista Alif Nun
  36. ‚ÜĎ Mar√≠a Jes√ļs Rubiera Mata: Literatura hispano√°rabe, El Emirato Omeya, p. 17.
  37. ‚ÜĎ Ciencia y t√©cnica en las taifas, en Artehistoria.
  38. ‚ÜĎ Autores citados en las distintas secciones de Artehistoria, web citada.
  39. ‚ÜĎ Recogido por Miguel As√≠n Palacios en ¬ęAl-Andalus¬Ľ 3 (1935), 383‚Äď389; recogido a su vez en Ciencia y t√©cnica en las taifas, web citada.
  40. ‚ÜĎ Arte y cultura de los reinos cristianos, en Artehistoria.
  41. ‚ÜĎ Consta que Paracelso lo us√≥ a comienzos del siglo XVI como anest√©sico, pero no volvi√≥ a utilizarse hasta el siglo XIX, cuando, adem√°s de su uso m√©dico, se aplic√≥ como disolvente de la nitrocelulosa. Exposici√≥n Casa del explosivo en el Museo de la Miner√≠a y de la Industria de Asturias mumi.es
  42. ‚ÜĎ Traducci√≥n y traductores en Artehistoria.
  43. ‚ÜĎ Enrique Cantera, Sefarad, en Historia National Geographic, enero 2010, p. 56.
  44. ‚ÜĎ Sven Dupr√© Los or√≠genes del telescopio, Investigaci√≥n y Ciencia, septiembre de 2009, p. 53
  45. ‚ÜĎ Julio Valde√≥n (1981) La Baja Edad Media, Madrid, Historia 16.
  46. ‚ÜĎ Traducciones y traductores, Artehistoria, web citada.
  47. ‚ÜĎ Fascimil de Las Partidas, p. 698 en Cervantesvirtual.
  48. ‚ÜĎ La cr√≠tica contra Inquisici√≥n y la censura, breve referencia a los dibujos de Goya sobre el tema, incluyendo su numeraci√≥n. Breve biograf√≠a de Zapata con la imagen del dibujo de Goya, en Regi√≥n de Murcia digital.
  49. ‚ÜĎ Concepto popularizado por Paul Hazard, en el libro de igual t√≠tulo.
  50. ‚ÜĎ Alonso del Castillo en Cervantesvirtual.
  51. ‚ÜĎ Primera prueba espa√Īola de propulsi√≥n a vapor (1543).
  52. ‚ÜĎ GARC√ćA TAPIA, Nicol√°s. 2001. Un inventor navarro: Jer√≥nimo de Ayanz y Beaumont (1553‚Äď1613), Pamplona: Gobierno de Navarra. V√©anse referencias en estas web El primer uso conocido del vapor por d. Jer√≥nimo de Ayanz y Beaumont D. Jer√≥nimo de Ayanz y Beaumont, tecn√≥logo)
  53. ‚ÜĎ Las ciencias naturales y m√©dicas, en Miguel Arjona Colomo (1973) Historia de Am√©rica, Madrid: EPESA ISBN 84-7067-200-2
  54. ‚ÜĎ Tambi√©n se utilizaban las expresiones universidades mayores y universidades menores: Eduardo Escart√≠n S√°nchez Universidades mayores y menores. Una pol√©mica en la Catalu√Īa del siglo XVII, Revista Pedralbes, 23 (2003), 187‚Äď202.
  55. ‚ÜĎ Les universitats de la Corona d'Arag√≥, ahir i avui
  56. ‚ÜĎ La Universitat de Val√®ncia i l'humanisme: ¬ęStudia Humanitatis¬Ľ i renovaci√≥ cultural a la Europa i al nou m√≥n, 2003
  57. ‚ÜĎ Jos√© Salvador y Conde, La Universidad de Pamplona en el s. XVII, Diputaci√≥n Foral de Navarra, 1977 ISBN 13: 978-84-235-0061-1
  58. ‚ÜĎ Jos√© Ram√≥n Barreiro Fern√°ndez, Historia de la Universidad de Santiago de Compostela: De los or√≠gines al siglo XIX, ISBN 978-84-8121-776-6
  59. ‚ÜĎ Juli√°n Juder√≠as op. cit. V√©ase la n√≥mina en la nota anterior que referencia a este autor.
  60. ‚ÜĎ Palabras similares dirigi√≥ a Beato Renano: Non est animus hispanizein (no es mi intenci√≥n ¬ęhispanizar¬Ľ). Enrique Gonz√°lez y Gonz√°lez, Leticia P√©rez Puente: Permanencia y cambio: Universidades hisp√°nicas 1551‚Äď2001 UNAM, 2006 ISBN 978-970-32-2727-3, "non+placet+hispania"&source=bl&ots=eYOqyaqnHV&sig=XBjM7TwSdVnP8ku1bjuK4dQol0U&hl=es&ei=59YeSpIZi82MB_TV6I8N&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=10 p. 118.
  61. ‚ÜĎ El texto cl√°sico sobre el asunto es el de Marcel Bataillon Erasmo en Espa√Īa. V√©ase tambi√©n Historia del cristianismo en Espa√Īa#Erasmismo
  62. ‚ÜĎ Guillaume Boccara Colonizaci√≥n, resistencia y mestizaje en las Am√©ricas (siglos XVI‚ÄďXX), Editorial Abya Yala, 2002 ISBN 9978-22-206-5, p. 143.
  63. ‚ÜĎ V√©ase el estudio de Juli√°n Juder√≠as op. cit. (La enumeraci√≥n en la nota anterior que referencia a este autor).
  64. ‚ÜĎ Miguel Artola (1991) Enciclopedia de Historia de Espa√Īa. Tomo V Diccionario Tem√°tico. Madrid, Alianza Editorial ISBN 84-206-5294-6, p. 214.
  65. ‚ÜĎ Felipe Picatoste, Apuntes para una biblioteca cient√≠fica espa√Īola del siglo XVI: estudios biogr√°ficos y bibliogr√°ficos de ciencias exactas f√≠sicas y naturales y sus inmediatas aplicaciones en dicho siglo, 1891.
  66. ‚ÜĎ Gu√≠a Did√°ctica del Museo Nacional de Ciencia y Tecnolog√≠a, accesible en la web del museo.
  67. ‚ÜĎ Mar√≠a Portuondo Secret Science, Chicago, 2009; rese√Īa en Investigaci√≥n y Ciencia, enero de 2010, pp. 94‚Äď96.
  68. ‚ÜĎ √Āngel Sanz Tapia La miner√≠a hispanoamericana (1542‚Äď1810), en Am√©rica Virreinal, vol XXIX de Gran Historia Univesal, Madrid: N√°jera ISBN 84-7461-683-2, pp. 239‚Äď241
  69. ‚ÜĎ Voz aludel en el DRAE. Parque Minero de Almad√©n. Pilar Amar√© y otros: Miner√≠a y metalurgia de la plata y del azogue: un puente entre Espa√Īa y Am√©rica.
  70. ‚ÜĎ √Āngel Mart√≠n Municio: Las matem√°ticas y la academia
  71. ‚ÜĎ Jeroni Mu√Īoz y la supernova de Tycho.
  72. ‚ÜĎ Mar√≠a Portuondo, op. cit.
  73. ‚ÜĎ Benito Daza en Cordobapedia.
  74. ‚ÜĎ El Colegio Imperial de Madrid y los Reales Estudios de San Isidro
  75. ‚ÜĎ Kathleen A. Myers: History, Truth and Dialogue: Fern√°ndez de Oviedo's Historia general y natural de las Indias (Bk XXXIII, Ch LIV), en Hispania. Volume 73, n¬ļ 3, Septiembre 1990 ‚ÄĒ Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  76. ‚ÜĎ Cotarelo Valledor A. El padre Zaragoza y la Astronom√≠a de su tiempo. En: Asociaci√≥n Nacional de Historiadores de la Ciencia Espa√Īola. Estudio sobre la ciencia espa√Īola del siglo XVII. Madrid: Gr√°fica Universal; 1935. p. 82., citado en El doctor L√°zaro de Flores Navarro y el primer libro cient√≠fico que se redact√≥ en Cuba, por Jos√© Antonio L√≥pez Espinosa.
  77. ‚ÜĎ Rafael-√Āngel Rodr√≠guez S√°nchez. "padre+Zaragoza"+astronom√≠a&cd=5&hl=es&ct=clnk&gl=es Algunos aspectos de la ciencia universitaria en la modernidad espa√Īola
    Caramuel y Cardoso destacaron, a diferencia de los profesores universitarios citados, por una abierta y descarada oposici√≥n contra el escolasticismo y contra el modo ¬ęantiguo¬Ľ de concebir la ciencia.

    Resulta altamente significativo se√Īalar que ninguno de los tres autores mencionados ejerci√≥ la profesi√≥n universitaria en nuestro pa√≠s. El Padre Zaragoza fue profesor de matem√°ticas a partir 1670 en los Reales Estudios del Colegio Imperial de San Isidro de Madrid, instituci√≥n de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs que desde su creaci√≥n fue acogida con hostilidad por parte de las universidades*. En cuanto a Caramuel y Cardoso, ambos marcharon fuera de nuestras fronteras con, aproximadamente, unos treinta a√Īos (en 1638, esto es, con treinta y dos a√Īos, Caramuel se doctora en teolog√≠a por la Universidad de Lovaina; por otro lado, Cardoso, tambi√©n con treinta a√Īos, se establece en Venecia en 1645). Ninguno de los dos permaneci√≥ establemente dentro de nuestras fronteras.

    As√≠ pues, la investigaci√≥n m√°s novedosa e innovadora llevada a cabo en los a√Īos centrales del XVII no se organiz√≥ en torno a la burocr√°tica universidad del momento, sino que se realiz√≥ ¬ęen solitario¬Ľ, como en los casos vistos.

  78. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a L√≥pez Pi√Īero La introducci√≥n de la ciencia moderna en Espa√Īa. Barcelona, Ariel, 1963, citado por Rafael Rodr√≠guez S√°nchez, op. cit.
  79. ‚ÜĎ Vicente Mut Armengol en la Biblioteca Virtual Ignacio Larramendi
  80. ‚ÜĎ Primero llamada Venerada Tertulia M√©dica Hispalense y m√°s tarde Real Academia de Medicina y Cirug√≠a de Sevilla: Historia en su p√°gina web.
  81. ‚ÜĎ Ricardo Garc√≠a C√°rcel (1996) La cultura del Siglo de Oro. Pensamiento, arte y literatura (Historia de Espa√Īa, vol. 17), Madrid: Temas de Hoy ISBN 84-7679-295-6. Secci√≥n El pensamiento cient√≠fico, pp. 47‚Äď52 y La revoluci√≥n cient√≠fica, pp. 52‚Äď55. Cita como fuentes a L√≥pez Pi√Īero (op. cit. y Ciencia y t√©cnica en la sociedad espa√Īola de los siglos XVI y XVII, Barcelona, 1979) y a Enrique Tierno Galv√°n El pensamiento cient√≠fico en el Siglo de Oro, en Edad de Oro, vol. III, 1984.
  82. ‚ÜĎ La Ciencia Espa√Īola En Los Siglos XVI y XVII.
  83. ‚ÜĎ Portada de su Operum, con su retrato. Josep Bernabeu Mestre: Tradici√≥n y renovaci√≥n en el pensamiento y obra del Dr. Pedro Miguel Heredia (1579‚Äď1655).
  84. ‚ÜĎ Luis Rodr√≠guez de Pedrosa, en Biblioteca Virtual Ignacio Larramendi.
  85. ‚ÜĎ Alvar Mart√≠nez y Jos√© Pardo: In tenebris adhuc versantes. La respuesta de los novatores espa√Īoles a la invectiva de Pierre R√©gis, en Deramis. Acta Hisp. Med. SU. Hist. Illus., 15, 1995, 301‚Äď340.
  86. ‚ÜĎ http://www.mujeryciencia.es/2008/07/03/el-hospital-de-beatriz-galindo-la-latina/ mujeryciencia.es]
  87. ‚ÜĎ La Espa√Īa ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, Fondo de Cultura Econ√≥mica, 1979, ISBN 9788437500273.
  88. ‚ÜĎ Especialmente Jovellanos gustaba de utilizar la expresi√≥n en sus escritos y discursos. Jos√© Luis Ramos Gorostiza Jovellanos y la naturaleza: econom√≠a, ciencia y sentimiento, en Scripta NovaUniversidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Vol. XI, n√ļm. 241, 15 de junio de 2007.
  89. ‚ÜĎ Nosolosig - Tecnolog√≠as y Sistemas de Informaci√≥n Geogr√°fica ‚Äď Cartograf√≠a espa√Īola en la Biblioteca Nacional, ss. XVI‚ÄďXIX
  90. ‚ÜĎ Vicente Casals Costa Ciencia, pol√≠tica y territorio. la construcci√≥n del paradigma regional en la pen√≠nsula ib√©rica, en Scripta Nova. Revista Electr√≥nica de Geograf√≠a y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona ISSN 1138-9788 N.¬ļ 79, 1 de enero de 2001
  91. ‚ÜĎ Miguel √Āngel Puig-Samper Sentir y Medir. Alexander Von Humboldt en Espa√Īa, y del mismo autor el art√≠culo Humboldt, inventario de Am√©rica, en La aventura de la Historia, n¬ļ 127, pp. 41‚Äď44. Mayo de 2009.
  92. ‚ÜĎ Chavaneau se dio cuenta que la infusibildad del platino otorgaba gran valor a los objetos de √©l hechos, por lo que inici√≥ un negocio con Joaqu√≠n Cabezas para producirlos, iniciando lo que se ha llegado a denominar la era del platino en Espa√Īa. Weeks, M. E. (1968). Discovery of the Elements (7 ed.). Journal of Chemical Education. pp. 385‚Äď407. ISBN 0-8486-8579-2. OCLC 23991202
  93. ‚ÜĎ Edici√≥n Fasc√≠mil de Joaqu√≠n Fern√°ndez P√©rez e Ignacio Gonz√°lez Tasc√≥n (eds.), (1991) Descripci√≥n de las M√°quinas del Real Gabinete de Juan L√≥pez de Pe√Īalver, Madrid: Ediciones Doce Calles, ISBN 84-87111-21-1.
  94. ‚ÜĎ O previamente la de autores precedentes como Richard Cantillon : Jos√© Manuel Menudo y Jos√© Mar√≠a O'Kean Alonso La recepci√≥n de la obra de Jean-Baptiste Say en Espa√Īa: la teor√≠a econ√≥mica del empresario
  95. ‚ÜĎ Bibliograf√≠a para toda la secci√≥n: MART√ćNEZ SHAW, Carlos (1996) El siglo de las Luces. Las bases intelectuales del reformismo (Historia de Espa√Īa, v. 19), Madrid: Temas de Hoy, ISBN 84-7679-297-2. Especialmente la secci√≥n El progreso cient√≠fico, pp. 70‚Äď76. Cita como fuentes a: A√Ī√≥n, C., El Real Jard√≠n Bot√°nico de Madrid. Sus or√≠genes, 1755‚Äď1781, Madrid, 1987. Bustos, M., Los cirujanos del Real Colegio de C√°diz en la encrucijada de la Ilustraci√≥n, C√°diz, 1983. Horacio Capel, Geograf√≠a y matem√°ticas en la Espa√Īa del siglo XVIII, Barcelona, 1981. S√°nchez, J. E., y Meneada, O., De Palas a Minerva: la formaci√≥n cient√≠fica y la estruc¬≠tura institucional de los ingenieros militares en el siglo XVIII, Madrid, 1988. Galera, A., La Ilustraci√≥n espa√Īola y el conocimiento del Nuevo Mundo. Las ciencias naturales en la expedici√≥n Malaspina (1789‚Äď1794): la labor cient√≠fica de Antonio Pineda y Ram√≠rez, Madrid, 1988. Hern√°ndez de Alba, G., Pensamiento cient√≠¬≠fico y filos√≥fico de Jos√© Celestino Mutis, Bogot√°, 1982. Lafuente, A., Los caballeros del punto fijo. Ciencia, pol√≠tica y aventura en la expedici√≥n geod√©sica hispanofrancesa al Virreinato del Per√ļ en el siglo XVIII, Barcelona. 1987. L√≥pez P√≠√Īero, J. M., (op. cit. La introducci√≥n de la ciencia moderna en Espa√Īa. Barcelona, 1969). Lozoya, X., Plantas y Luces en M√©xico. La Real Expedici√≥n Cient√≠fica a Nueva Espa√Īa (1787‚Äď1803), Barcelona, 1984. Puerto Sarmiento, F. J., La ilusi√≥n que¬≠brada: bot√°nica, sanidad y pol√≠tica cient√≠fica en la Espa√Īa ilustrada, Barcelona, 1988. Ciencia de C√°mara. Casimiro G√≥mez Ortega (1741‚Äď1818), el cient√≠fico cortesano, Madrid. 1992. Ramos, L. J., El viaje a Am√©rica (1735‚Äď1745) de los Tenientes de Nav√≠o Jorge Juan y Antonio de Ulloa, y sus consecuencias litera¬≠rias, Madrid. 1985. Riera, J., Cirug√≠a espa√Īola ilustrada y su comunicaci√≥n con Europa, Valladolid, 1976. Rovira, S. L., Antoni Mart√≠ i Franqu√©s (1750¬∑1832), Altafulla, 1982. Antonio Rumeu de Armas, Ciencia y tecnolog√≠a en la Espa√Īa ilustrada. La Escuela de Caminos y Canales. Madrid, 1980. S√°nchez Granjel, L., La medicina espa√Īola en el siglo XVIII. Salamanca, 1979. Medicina y ciencia en la Espa√Īa ilustrada, Valladolid, 1981. Silv√°n, L., Los estudios cient√≠ficos en Vergara a fines del siglo XVIII. San Sebasti√°n, 1977. Steele, A. R.. Flores para el Rey. La expedi¬≠ci√≥n de Ru√≠z y Pav√≥n y la 'Flora del Per√ļ' (1777¬∑1788), Barcelona, 1982.
  96. ‚ÜĎ Mar√≠a Rosario de Felipe y Jos√© Manuel Pozuelo Mutis y la bot√°nica en el siglo XVIII, en Schironia, n¬ļ 2, julio 2003, p. 33.
  97. ‚ÜĎ Concepci√≥n Romo Santos Francisco Sabatini, un gran matem√°tico, f√≠sico y arquitecto en la Corte de Carlos III
  98. ‚ÜĎ La Real Sociedad Bascongada de los Amigos del Pa√≠s y el Real Seminario Patri√≥tico de Vergara, en cervantesvirtual.
  99. ‚ÜĎ Miguel √Āngel Puig, op. cit., p. 42
  100. ‚ÜĎ Juan Francisco L√≥pez y Manuel Valera: Estudios de Proust sobre el alcanfor de Murcia, en Llull, n¬ļ 18, 1995, p. 275.
  101. ‚ÜĎ Para toda la secci√≥n, Quintanilla y S√°nchez Ron, op. cit., pp. 90‚Äď92
  102. ‚ÜĎ [uid=210&no_cache=1 Ficha de la obra en la web del Museo del Prado].
  103. ‚ÜĎ Mar√≠a Jos√© Casado Ruiz de L√≥izaga (2006) Las damas del laboratorio: mujeres cient√≠ficas en la historia, Madrid: Debate.
  104. ‚ÜĎ Isabel Morant Deusa: Mujeres ilustradas en el debate de la educaci√≥n. Francia y Espa√Īa.
  105. ‚ÜĎ Natacha Sese√Īa Goya y las Mujeres, Taurus, 2004. Entre las arist√≥cratas retratadas por Goya, esta autora cita a la marquesa de La Solana, la marquesa viuda de Villafranca, la de Santa Cruz, la condesa de Fern√°n Nu√Īez, la marquesa de Santiago, la de Pontejos, la condesa duquesa de [sic], la duquesa de Osuna, la de Abrantes, la marquesa de Laz√°n y la de Villafranca, la condesa de Chinch√≥n y, especialmente, la duquesa de Alba. Entrevista en Cinco D√≠as: Las mujeres ilustradas que retrat√≥ Goya.
  106. ‚ÜĎ Juana V√°zquez Mar√≠n Las mujeres ilustradas en El Quijote en clave de mujeres.
  107. ‚ÜĎ Jordi Nadal (1975) El fracaso de la Revoluci√≥n Industrial en Espa√Īa. 1814‚Äď1913, Barcelona, Ariel.
  108. ‚ÜĎ Del racionalismo krausista al positivismo, en Realidad y mito del 98: las distorsiones de la percepcion. Ciencia y pensamiento en Espa√Īa (1875‚Äď1923), Cayuela Fern√°ndez, Jos√© G. (coord.): Un siglo de Espa√Īa: centenario, 1898‚Äď1998. Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha y Cortes de Castilla-La Mancha, 1998, pp. 527‚Äď552. ISBN 84-89958-07-6.
  109. ‚ÜĎ Antonio Jim√©nez-Landi Mart√≠nez Los or√≠genes de la Instituci√≥n, Edicions Universitat Barcelona, 1996, ISBN 978-84-89365-96-4, p. 105
  110. ‚ÜĎ La atribuci√≥n es de Jos√© Carlos Mainer El coraje de un hombre ‚ÄĒ Escenarios, en www.elperiodicodearagon.com 31/01/2009. La frase literal que suele citarse se restringe al siglo XIX (texto citado por Jos√© M. Roca: Fuentes de legitimidad del r√©gimen franquista), aunque es habitual referir el deseo de borrar la historia de Espa√Īa incluso m√°s all√°, hasta al menos Felipe II (Josep Fontana, en Tu√Ī√≥n de Lara y la historiograf√≠a espa√Īola, varios autores, Siglo XXI 1977. ISBN 978-84-323-1003-4).
  111. ‚ÜĎ Historia y edificio. Web oficial de la Biblioteca Nacional.
  112. ‚ÜĎ Germ√°n Rueda (1996): Cultura, saber y diversiones (p. 44 y ss.), en El reinado de Isabel II. La Espa√Īa liberal, tomo 22 de la Historia de Espa√Īa, Temas de Hoy ISBN 84-7679-315-4
  113. ‚ÜĎ Germ√°n Rueda, op. cit. pp. 48‚Äď52. V√©ase un estudio de Los 222 catedr√°ticos de la universidad espa√Īola en 1846 en filosofia.org.
  114. ‚ÜĎ Germ√°n Rueda, op. cit., citando como fuente a Jes√ļs Mart√≠nez Mart√≠n (1991): Lectura y lectores en el Madrid del siglo XIX
  115. ‚ÜĎ Germ√°n Rueda, op. cit., p. 54
  116. ‚ÜĎ http://www.yoteca.com/pg/Informacion-de-calendario-zaragozano.asp http://iesitaza.educa.aragon.es/DAPARTAM/geohist/personajes/marainocast.pdf http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=3429&tipo_busqueda=1&nombre=mariano%20castillo&categoria_id=&subcategoria_id=&conImagenes=
  117. ‚ÜĎ a b c d Javier Turri√≥n, op. cit.
  118. ‚ÜĎ Santiago Garma Pons La ense√Īanza de las matem√°ticas en Espa√Īa durante el segundo tercio del s. XIX, en Llull, ISSN 0210-8615, N.¬ļ 2, 1978, pp. 26‚Äď34
  119. ‚ÜĎ M del Carmen Cu√©llar, Juan Ram√≥n Rodr√≠guez: Los estudios mercantiles y la Escuela de Comercio de Valencia 1787‚Äď1975 Universidad de Valencia, 2000 ISBN 978-84-370-4447-7, p. 25 y ss.
  120. ‚ÜĎ Fabi√°n Estap√© Ensayos sobre historia del pensamiento econ√≥mico, 1971 V√©ase tambi√©n Nacionalismo espa√Īol#Nacionalismo y econom√≠a y Categor√≠a:Economistas de Espa√Īa del siglo XIX.
  121. ‚ÜĎ Susana Mart√≠nez Rodr√≠guez, comentario del libro de Enrique Fuentes Quintana (dir., 2003): Econom√≠a y Economistas Espa√Īoles, C√≠rculo de Lectores-Galaxia Gutemberg, Barcelona.
  122. ‚ÜĎ Rafael Priesca Balb√≠n La recepci√≥n del marxismo en Espa√Īa, 1880‚Äď1894, El Basilisco, ISSN 0210-0088, N.¬ļ 12, 1981, pp. 38‚Äď51
  123. ‚ÜĎ Ra√ļl de la Fuente Juan Mieg, ¬ęEl t√≠o cig√ľe√Īo¬Ľ.
  124. ‚ÜĎ Exposici√≥n en el Museo de Ciencias, 2009.
  125. ‚ÜĎ Breve biograf√≠a de Turr√≥. Web m√°s amplia, en catal√°n.
  126. ‚ÜĎ Citada en S√°nchez Ron ¬°Viva la ciencia!, op. cit. pp. 228‚Äď229. Dolz era jesuita, y fue el primer director del colegio de Jesuitas de Valencia, donde comenz√≥ una importante colecci√≥n de Ciencias Naturales que impuls√≥ sobre todo Ignacio Sala a medidados del siglo XX (Cesi√≥n de la Colecci√≥n de Ciencias Naturales Ignacio Sala).
  127. ‚ÜĎ Ram√≥n y Cajal, Historia de mi labor cient√≠fica, 1912, citado por S√°nchez Ron, op, cit., p. 229
  128. ‚ÜĎ Graellsia isabellae.
  129. ‚ÜĎ Para toda la secci√≥n, Quintanilla y S√°nchez Ron, op. cit., pp. 92‚Äď94.
  130. ‚ÜĎ Thomas F. Glick: Darwin en Espa√Īa. Introducci√≥n y traducci√≥n de Jos√© M. L√≥pez Pinero. Ediciones Pen√≠nsula Barcelona, 1982. Santiago Riera i Tu√®bols : La difusi√≥ del darwinisme a Catalunya, en Medi Ambient. Tecnologia i Cultura, 27/1/2009.
  131. ‚ÜĎ Rese√Īa de Mis memorias (Zuera, 1863 ‚Äď Toulouse, 1939). Zaragoza: Instituci√≥n Fernando El Cat√≥lico (CSIC), 2003. ISBN 84-7820-687-6 en Geo Cr√≠tica
  132. ‚ÜĎ Homenaje a Carlos R. Darwin en el centenario de su naciemiento
  133. ‚ÜĎ Jos√© Antonio Rodr√≠guez Esteban (editor) Conmemoraci√≥n de la expedici√≥n cient√≠fica de Cervera-Quiroga-Rizzo al S√°hara Occidental en 1886. Consejo Superior de Investigaciones Cient√≠ficas, Madrid, 2008 Recensi√≥n en el Bolet√≠n de Historia de la Geolog√≠a de Espa√Īa, n¬ļ 32, noviembre de 2008, Sociedad Geol√≥gica de Espa√Īa.
  134. ‚ÜĎ Victoriano Darias de Las Heras: El africanismo espa√Īol y la labor comunicadora del Instituto de Estudios Africanos
  135. ‚ÜĎ Ficha de una de sus obras en el Museo Cerralbo.
  136. ‚ÜĎ Un listado de Intelectuales, artistas y cient√≠ficos espa√Īoles del siglo XIX ante la fotograf√≠a, en Riego, B.: Impresiones: la fotograf√≠a en la cultura del siglo XIX (antolog√≠a de textos), 2003.
  137. ‚ÜĎ Consejo general de colegios oficiales de ingenieros industriales
  138. ‚ÜĎ Juan Subercase Krets, en Galer√≠a de Ingenieros Egregios. X. Siglo XIX-Espa√Īa.
  139. ‚ÜĎ Juan Manuel Grijalvo ‚Äď Ferrocarril y ferrocarriles ‚Äď El ancho de v√≠a.
  140. ‚ÜĎ ¬ŅPor qu√© las v√≠as de tren en Espa√Īa son m√°s anchas?. El ancho de v√≠a del tren espa√Īol
  141. ‚ÜĎ Gabriel Tortella, op. cit., secci√≥n La industria algodonera, pp. 68‚Äď76
  142. ‚ÜĎ Minas de Riosa
  143. ‚ÜĎ Museo de la Miner√≠a y de la Industria de Asturias mumi.es; Historia de Tudela Vegu√≠n S. A.
  144. ‚ÜĎ Fotograf√≠a del mapa de 1834 y Art√≠culo, en El Pa√≠s, 27 de mayo de 2009.
  145. ‚ÜĎ Gabriel Tortella. La miner√≠a, en Revoluci√≥n Burguesa, oligarqu√≠a y constitucionalismo, tomo 8 de la Historia de Espa√Īa dirigida por Manuel Tu√Ī√≥n de Lara, Barcelona, Labor. ISBN 8433592481, pp. 49‚Äď62. Cita como fuentes principales a Jaume Vicens Vives, Jordi Nadal y Nicol√°s S√°nchez-Albornoz.
  146. ‚ÜĎ Gabriel Tortella, op. cit., secci√≥n La industria sider√ļrgica, pp. 76‚Äď87.
  147. ‚ÜĎ Guillermo Lusa Monforte: El final de la soledad de la Escuela de Barcelona (1892‚Äď1899)
  148. ‚ÜĎ Castro, 1994, citado por Marta I. Gonz√°lez Garc√≠a y Eulalia P√©rez Sede√Īo: Recuperaci√≥n de las mujeres en la historia de la ciencia y la tecnolog√≠a
  149. ‚ÜĎ Mar√≠a Goyri, la primera universitaria
  150. ‚ÜĎ Mercedes de la Fuente Manuela Sol√≠s, primera universitaria valenciana
  151. ‚ÜĎ √Āngela Carmona Rosas y espinas, citada en esta entrevista period√≠stica
  152. ‚ÜĎ Citado por Isa√≠as Lafuente, en Agrup√©monos todas ‚ÄĒ La lucha de las espa√Īolas por la igualdad, Aguilar, ISBN 84-03-09390-X
  153. ‚ÜĎ Citado por Mercedes de la Fuente, op. cit.
  154. ‚ÜĎ Catalina Lara Un siglo de mujeres en la Universidad, El Pa√≠s, 09/09/2010.
  155. ‚ÜĎ J. Luis Maldonado Polo Las expediciones cient√≠ficas espa√Īolas en los siglos xix y xx en el archivo del museo nacional de ciencias naturales, en Asclepio, Vol. LIII, febrero de 2001.
  156. ‚ÜĎ Victoriano Darias de Las Heras, op. cit.
  157. ‚ÜĎ Jos√© Gonz√°lez-Albo Campillo (1913‚Äď1990) Necrol√≥gica en Anales del Jard√≠n Bot√°nico de Madrid, 48(1) 1990.
  158. ‚ÜĎ Maldonado, op. cit.
  159. ‚ÜĎ Las expresiones son de uso com√ļn, y aparecen, por ejemplo, en estudios sobre Manuel Aza√Īa (Jos√© Mar√≠a Marco La inteligencia republicana) o Antonio Machado (Carlos Moreno Hern√°ndez Antonio Machado, 1907‚Äď1917).
  160. ‚ÜĎ El observatorio meteorol√≥gico de Igueldo. V√©ase tambi√©n la Breve historia de los comienzos de la meteorolog√ća en Euskal herria de Ant√≥n Uriarte.
  161. ‚ÜĎ [...] fecha en la cual tambi√©n se edific√≥ junto a este el museo de f√≠sica experimental La Mentora que en la actualidad expone gran parte de los aparatos cient√≠ficos de la √©poca. (De Montjuic y el Monte Tibidabo).
  162. ‚ÜĎ Web del Observatorio del Ebro.
  163. ‚ÜĎ [...] fue el encargado de instalar los instrumentos en una terraza del Palacio de Lorenzana, acompa√Īado de una peque√Īa oficina. En aquel espacio coloc√≥ los term√≥metros, un pluvi√≥grafo Hellmann, una veleta anemom√©trica Wild y el resto de aparataje. (Cien a√Īos de mediciones y registros meteorol√≥gicos casi ininterrumpidos)
  164. ‚ÜĎ Desde 2008 rebautizado como Agencia Estatal de Meteorolog√≠a, en cuya web se reclama con m√°s de 140 a√Īos de historia.
  165. ‚ÜĎ Manuel Palomares Calder√≥n (febrero de 2010): La ascensi√≥n en globo de Augusto Arcimis en 1905
  166. ‚ÜĎ Se repart√≠an territorialmente el mercado: ENDESA (p√ļblica, perteneciente al INI), Iberduero (por los r√≠os Ebro y Duero), Hidroel√©ctrica Espa√Īola, Fuerzas El√©ctricas de Catalu√Īa (FECSA) y Sevillana de Electricidad. ENDESA en su historia, Gonzalo Anes, Santiago Fern√°ndez Plasencia y Juan Temboury; El sector el√©ctrico a trav√©s de UNESA 1944 ‚Äď 2004 UNESA 1944‚Äď2004
  167. ‚ÜĎ Cat√°logo de la exposici√≥n conmemorativa. Fotograf√≠a de Einstein en los jardines de la Residencia de Estudiantes.
  168. ‚ÜĎ Art√≠culo period√≠stico sobre la citada exposici√≥n.
  169. ‚ÜĎ La Ciencia en Espa√Īa
  170. ‚ÜĎ Jos√© M. L√≥pez S√°nchez Las ciencias sociales en la edad de plata espa√Īola: el Centro de Estudios Hist√≥ricos, 1910‚Äď1936. Tesis doctoral en la Universidad Complutense, 2005.
  171. ‚ÜĎ Biograf√≠a de P√©rez del Pulgar en Biograf√≠as y Vidas. "incendio+del+icai"&source=bl&ots=8qDxNnYXkp&sig=0zBl2HH-WY_btbHsIdnb23OIfNM&hl=ca&ei=mUIqSuytKZKwsAbj86CeDA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=2 Referencia al incendio del ICAI en Hominum causa omne ius Constitutum est, de Jos√© Mar√≠a D√≠az Moreno y Jos√© Mar√≠a Cast√°n V√°zquez Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, 2000 ISBN 978-84-89708-76-1
  172. ‚ÜĎ Fritz Haber dirig√≠a el instituto de qu√≠mica f√≠sica, Otto Hahn el instituto de radioactividad, y desde 1918 Lise Meitner el departamento de f√≠sica de ese instituto. chemheritage.org
  173. ‚ÜĎ museovirtual del CSIC. N√©stor Herran Los inicios de la radiactividad en Espa√Īa, en Investigaci√≥n y Ciencia n¬ļ 394, julio de 2009. ISSN 0210136X, pp. 9 y 10. V√©ase tambi√©n el libro de este mismo autor, Aguas, semillas y radiaciones. El Laboratorio de Radiactividad de la Universidad de Madrid, 1904‚Äď1927, CSIC, 2008 (recensi√≥n) y el extracto de su tesis doctoral Radioactividad en Espa√Īa: Ascenso y declive del Instituto de Radiactividad, 1904‚Äď1929, Universidad Aut√≥noma de Barcelona, 2006.
  174. ‚ÜĎ divulgamat.ehu.es
  175. ‚ÜĎ 12. Las oposiciones de Terradas a la C√°tedra de Ecuaciones Diferenciales
  176. ‚ÜĎ Palomares, op. cit.
  177. ‚ÜĎ Enrique Fuentes Quintana, op. cit.; El profesor Bernis ante la econom√≠a espa√Īola, Bibliograf√≠a de Bernis; El profesor Zumalacarregui (1879‚Äď1956); Olegario Fern√°ndez-Ba√Īos.
  178. ‚ÜĎ Luis Enrique Otero Carvajal: Einstein y la revoluci√≥n cient√≠fica del siglo XX
  179. ‚ÜĎ publicado en El Siglo M√©dico, 18 de julio de 1936. El autor, como rector de la Universidad de Zaragoza, hab√≠a recibido elogiosamente a Einstein en 1923. Citado por Javier Turri√≥n Berges: Einstein en Espa√Īa, en Monograf√≠as de la Real Academia de Ciencias de Zaragoza. 27: 35‚Äď68, (2005).
  180. ‚ÜĎ La neurociencia espa√Īola en el exilio convivi√≥ y choc√≥ con Stalin. Un estudio recoge el papel de los m√©dicos del PCE en la URSS. El campo de la psiquiatr√≠a fue el m√°s aprovechado, en P√ļblico, 23/10/2011; rese√Īa extensa de un art√≠culo de Miguel Marco en Revista de Neurolog√≠a. Recoge la continuada relaci√≥n entre la neurociencia rusa y la espa√Īola desde la presentaci√≥n de Iv√°n Pavlov en el XIV Congreso Internacional de Medicina (1903, Madrid). Disc√≠pulos de P√≠o del R√≠o Hortega se terminar√≠an exiliando en la URSS. Se contin√ļa en la misma fuente con otros art√≠culos: El psiquiatra rojo que segu√≠a a Pavlov. Florencio Villa Landa vivi√≥ el comunismo en Espa√Īa, la Uni√≥n Sovi√©tica, M√©xico y Cuba (sobre Florencio Villa Landa, 1912-1992), El referente del PCE en sanidad. Realiz√≥ el primer experimento de respuesta condicionada en Espa√Īa (sobre Juan Planelles, 1900-1972), El espa√Īol que estuvo en el gulag (sobre Juli√°n Fuster) y Manuel Arce. Ni√Īo de la guerra y neurorradi√≥logo formado en la URSS, volvi√≥ a Espa√Īa a mediados de la d√©cada de los sesenta (sobre Manuel Arce, 1929).
  181. ‚ÜĎ Cayuela, op. cit.
  182. ‚ÜĎ Referencia a la ley en una biograf√≠a de Cabrera. Referencia al contenido de las investigaciones sobre paramagnetismo: Carmen Magall√≥n Portol√©s Mujeres en las ciencias f√≠sico-qu√≠micas en Espa√Īa: el Instituto nacional de ciencias y el Instituto nacional de f√≠sica y qu√≠mica (1910‚Äď1936), en Llull ISSN 0210-8615, Vol. 20, N.¬ļ 39, 1997, p. 553
  183. ‚ÜĎ Casimiro Lana Sarrate
  184. ‚ÜĎ Luis Enrique Otero Carvajal: La destrucci√≥n de la ciencia en Espa√Īa. Las consecuencias del triunfo militar de la Espa√Īa franquista, en Historia y Comunicaci√≥n Social. n√ļmero 6. Universidad Complutense, Madrid, 2001. ISSN: 1137-0734, pp. 149‚Äď186. Luis Enrique Otero Carvajal (dir), Mirta N√ļ√Īez D√≠az-Balart, Gutmaro G√≥mez Bravo, Jos√© Mar√≠a L√≥pez S√°nchez, Rafael Sim√≥n Arce: La destrucci√≥n de la ciencia en Espa√Īa. Depuraci√≥n universitaria en el franquismo] UCM-Editorial Complutense, Madrid, 2006 ISBN 978-84-7491-808-3 (rese√Īa de Salvador L√≥pez Arnal).
  185. ‚ÜĎ La bomba at√≥mica que plane√≥ Franco, en El Pa√≠s, 18/01/2008.
  186. ‚ÜĎ Enrique Cerd√° (1981) Nuestros genes, Salvat, p. 54.
  187. ‚ÜĎ Exposici√≥n y cat√°logo La evoluci√≥n de Darwin, 2009, Museo Nacional de Ciencias Naturales. ISBN 978-84-9785-577-8, especialmente Rafael Zardoya El Museo Nacional de Ciencias Naturales, CSIC, y el origen de la gen√©tica en Espa√Īa, pp. 135‚Äď138.
  188. ‚ÜĎ Fue uno de los 67 pa√≠ses participantes (A√Īo Geof√≠sico Internacional o A√Īo Polar Internacional-3 (AGI o API-3, 1957‚Äď1958): 25 a√Īos despu√©s, se funda el Sistema Ant√°rtico), y se encontraba ya entre las 52 que hab√≠an anunciado su participaci√≥n previa (La Unesco y su programa. El A√Īo Geof√≠sico Internacional).
  189. ‚ÜĎ Art√≠culo en el Bolet√≠n del Instituto Geogr√°fico Nacional, n.¬ļ 10, abril‚Äďjunio de 2002.
  190. ‚ÜĎ Historia de la urolog√≠a
  191. ‚ÜĎ Enrique Fuentes Quintana, op. cit.; Fabi√°n Estap√© Con acuse de recibo; Universidad de Barcelona. Historia; La contribuci√≥n de Manuel de Torres a la econom√≠a agraria en Espa√Īa (1930‚Äď1960)
  192. ‚ÜĎ Mar√≠a Jes√ļs Santesmases: "la+ciencia+en+el+franquismo"&source=bl&ots=mCt73Hal9J&sig=wP1ngN-Aey5-lh_pyTaJZcf5nLM&hl=es&ei=uj8aSryNK8WD_AbxyZ3-DA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=3#PPA71,M1 Neutralidad y Atrasos: Ciencias y Tecnicismo en la Espa√Īa de Franco, en Actes de la VII trobada D'hist√≤ria de la ci√®ncia i de la T√®cnica: Barcelona, 14, 15, 16 I 17 de noviembre de 2002. Institut d'Estudis Catalans, 2003 ISBN 978-84-7283-710-2, p. 69
  193. ‚ÜĎ El arma secreta de Franco. Una investigaci√≥n de EL PA√ćS descubre en una oficina del Ej√©rcito de Tierra un lote de las m√°quinas Enigma, que, compradas a Hitler, permitieron al bando nacional cifrar mensajes, Rafael Moreno Izquierdo, El Pa√≠s, 12/10/2008.
  194. ‚ÜĎ Primer ordenador en Espa√Īa
  195. ‚ÜĎ SIMO: una larga historia de 41 a√Īos
  196. ‚ÜĎ Rafael Barzallana Las generaciones de ordenadores, recogido en Wikilearning.
  197. ‚ÜĎ Rafael Barzallana, op. cit. Origen del PC. Las generaciones de ordenadores. Universidad de Murcia Historia de la Inform√°tica. La era de la electr√≥nica. Una amplia descripci√≥n del Distesa Kentelec 8, que plantea la duda de fechas entre 1973 y 1974.
  198. ‚ÜĎ Ignacio Fern√°ndez Bayo, Luis Guijarro y Antonio Calvo Roy (2005) La generaci√≥n de la Ley de la Ciencia. 45 perfiles de cient√≠ficos espa√Īoles de hoy, CSIC, ISBN 84-689-3848-3.
  199. ‚ÜĎ a b Quintanilla y S√°nchez Ron, op. cit., pp. 95‚Äď103
  200. ‚ÜĎ En el World Universities Ranking de enero de 2009 (Laboratorio de Internet del CINDOC, que utiliza un factor de impacto web), Espa√Īa aparece en s√©ptimo lugar, con cuatro universidades entre las doscientas primeras, veintisiete entre las quinientas primeras y cuarenta y dos entre las mil primeras (por delante de Suecia, Jap√≥n o Suiza). En cambio, en otras clasificaciones aparece peor situada (puesto 18 en Academic Ranking of World Universities de la Universidad de Shangh√°i Jiao Tong).
    Espa√Īa que posee 44 revistas en el conjunto de las BD del ISI, lo cual representa el 0,5 por ciento del total, un valor muy por debajo de su potencial cient√≠fico y editorial, que viene calcul√°ndose en todos los indicadores de producci√≥n cient√≠fica en torno a valores del 2,5‚Äď3 por ciento.
    Emilio Delgado L√≥pez-C√≥zar y otros: N-RECS: √≠ndice de impacto de las revistas espa√Īolas de ciencias sociales. Una nueva herramienta para medir el impacto de la investigaci√≥n espa√Īola, en Biblio 3W Revista bibliogr√°fica de geograf√≠a y ciencias sociales (Serie documental de Geo Cr√≠tica) Universidad de Barcelona ISSN: 1138-9796, 30 de marzo de 2005.

    El gran volumen de la investigación en ciencias sociales, o al menos de lo publicado, es objeto de análisis crítico por Araceli Mangas Dispendio universitario en proyectos fantasma, El Mundo, 2 de marzo de 2010.

    La presencia de las escuelas de negocios en este tipo de clasificaciones (3 entre las 20 mejores del mundo) es muy superior al de las universidades (11 entre las 500 mejores): La escuela de negocios saca los colores a la Universidad. Los 'ranking' mundiales dejan mal parados a los campus espa√Īoles y muy bien a los centros de formaci√≥n de directivos. La falta de internacionalizaci√≥n y de especializaci√≥n est√°n entre las causas, El Pa√≠s, 10/03/2010.

    Adelaida de la Calle, catedrático de Biología y rector de la Universidad de Malaga, matiza la trascendencia de estas clasificaciones (Entrevista en El País, 08/10/2011:

    Me hace gracia cuando empresarios dicen que en el ranking no ha ninguna espa√Īola. Y, ¬Ņcu√°ntas empresas hay? Es lo mismo, si tienes una multinacional potente que hace investigaci√≥n pues vas a salir, pero si tienes una empresita que lo haces bien, pero de peque√Īa dimensi√≥n, pues no vas a figurar. Pasa lo mismo con las universidades espa√Īolas: no somos Harvard... Espa√Īa ha alcanzado el noveno puesto en productividad cient√≠fica, eso quiere decir que somos buenos, creativos, serios y rigurosos en las investigaciones que son competitivas
  201. ‚ÜĎ Javier Sampedro Las c√©lulas madre abren un nuevo flanco en la investigaci√≥n del c√°ncer. Tres laboratorios espa√Īoles se sit√ļan en primera l√≠nea, pero falta dinero], El Pa√≠s 10/08/2009
    Que salgan tres trabajos espa√Īoles en el mismo n√ļmero de Nature es ins√≥lito. ¬ŅSe est√° convirtiendo Espa√Īa en una potencia en medicina regenerativa? ¬ęYo no lo dir√≠a¬Ľ, responde Serrano. ¬ęEspa√Īa esta a mejor nivel que Italia, lo que ya es mucho decir, pero no al nivel del Reino Unido, Alemania, Holanda o Suiza o Suiza. Ni por supuesto al de Estados Unidos, Canad√°, Jap√≥n o Singapur. Pero sin duda es un nivel decente para lo que es Espa√Īa¬Ľ.
  202. ‚ÜĎ La frase es de Nature, citada por Joan Guinovart ¬ŅHundir la ciencia por el precio de seis 'ronaldos'?, 17/09/2009. La dif√≠cil contabilidad de la inversi√≥n en I+D se analiza por Luis Sanz Men√©ndez Presupuestos para I+D: aterriza como puedas, 10/10/2009. El caso particular de la inversi√≥n espa√Īola en la Agencia Europea del Espacio, y su repercusi√≥n en la pol√≠tica de justo retorno se discute por Alicia Rivera La crisis en la ciencia. Espa√Īa reduce el 36% su pago al plan espacial europeo. La menor participaci√≥n en la ESA preocupa a la industria, 10/10/2009. Para los presupuestos de 2011 Los recortes de presupuesto llegan a los laboratorios. Ciencia e Innovaci√≥n rebaja en 50 millones los proyectos de investigaci√≥n (El Pa√≠s, 27/07/2010):
    La reducción, que ronda el 15% de media, pero que en algunas áreas es superior (18% o 20% en biología), no tiene efectos necesariamente graves en los equipos potentes, que, además, cuentan con otras fuentes de financiación, como los proyectos europeos. Pero los grupos más modestos pueden verse obligados a replantearse los objetivos o incluso a cancelar el proyecto mismo, y estos equipos no solo pueden hacer buena ciencia, sino que aportan a menudo su cantera de promesas para los grupos de excelencia. En el caso de los jóvenes científicos que empiezan ahora su carrera, la repercusión del recorte puede ser crítica si no logran financiación suficiente para sus primeras investigaciones independientes. (...)

    En lo que s√≠ ha cumplido el ministerio ha sido en el compromiso de no recortar los contratos Ram√≥n y Cajal y las becas FPI para realizar la tesis doctoral, de modo que se convocan este a√Īo 250 y 1.100, respectivamente, igual que en 2009. (..)

    En 2009 se solicitó financiación del plan nacional para 5.880 proyectos de investigación y, tras el proceso de evaluación de cada uno, se aprobaron 3.732. Las cifras definitivas de la convocatoria de 2010 se conocerán a finales de verano.

    El CSIC recibe del ministerio este a√Īo 120 millones de euros menos que el pasado, y en 2009 fueron 60 menos que en 2008. En total, es una reducci√≥n de 180 millones sobre los 600 de 2008, un 30%. El Ciemat ha sufrido un recorte del 36% en estos dos a√Īos, con 35 millones en el presupuesto de 2010 por debajo de los 96 de 2008. Pese a que ambas instituciones obtienen recursos a√Īadidos por proyectos y contratos, su situaci√≥n es muy complicada...

  203. ‚ÜĎ Director del Centro Nacional de Referencia de las Encefalopat√≠as Espongiformes Transmisibles tambi√©n llamado Centro de Investigaci√≥n en Encefalopat√≠as Transmisibles y Enfermedades Emergentes de Zaragoza o Centro Nacional de Referencia de Encefalopat√≠as y Enfermedades Emergentes, y del Consejo General de Colegios Veterinarios. Entrevista en Consumer, Perfil en El Pa√≠s
  204. ‚ÜĎ La primera ni√Īa probeta cumple 25 a√Īos, El Mundo, 9 de julio de 2009.
  205. ‚ÜĎ V√©ase nota 33
  206. ‚ÜĎ Nota de prensa del Ministerio. Art√≠culo en 20 minutos. Art√≠culo en El Pa√≠s.
  207. ‚ÜĎ Premio Blas Cabrera 2009
  208. ‚ÜĎ El sincrotr√≥n Alba enciende la luz. El nuevo centro de Barcelona impulsa el estudio de la estructura de los materiales, El Pa√≠s, 10/03/2010.
  209. ‚ÜĎ Espa√Īa participa por primera vez en el A√Īo Polar con 220 investigadores. Espa√Īa participa por primera vez en el A√Īo Polar con 220 investigadores
  210. ‚ÜĎ Panel del Museo Mar√≠timo de Asturias (Luanco). La expedici√≥n de 1987 fue del buque Ant√°rtida 8611, con los arrastreros Nuevo Alcocero y Pescapuerta IV.
  211. ‚ÜĎ Portal Fuenterrebollo, citando la exposici√≥n La otra mitad de la ciencia, del Instituto de la Mujer.
  212. ‚ÜĎ Mujeres ilustres en Mujeres y Ciencia, CSIC.
  213. ‚ÜĎ AMIT
  214. ‚ÜĎ Esp√©rame en el cielo, web del Planetario de Pamplona.
  215. ‚ÜĎ Javier Sampedro: El aborto enciende a los cient√≠ficos. Un millar de investigadores denuncia la ¬ęutilizaci√≥n ideol√≥gica de la ciencia¬Ľ, El Pa√≠s, 06/04/2009.
  216. ‚ÜĎ Asociaci√≥n Espa√Īola de Periodismo Cient√≠fico(AEPC/AECC); Asociaci√≥n Espa√Īola de Comunicaci√≥n Cient√≠fica (AECC). Su portal web es aecomunicacioncientifica.org.

Enlaces externos

  • Madri+d

Wikimedia foundation. 2010.

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