Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza (León)

La Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza es una cofradía penitencial, radicada en León (España), capital de la provincia de León y fundada en 1992, teniendo desde entonces su sede canónica en la iglesia parroquial de San Claudio. Como definen sus Estatutos, su finalidad es triple:

  • Promover la vivencia cristiana de las Bienaventuranzas.
  • Estimular la fraternidad cristiana entre sus miembros.
  • Expresar el sentido penitencial a través de los desfiles procesionales en torno al misterio de la Muerte y Resurrección del Señor, de acuerdo con las actuales exigencias de la piedad popular y de la nueva evangelización.

Contenido

Historia

Virgen de la Pasión.

Con las bendiciones de D. Antonio Villaplana Molina, Obispo de León, nace esta Cofradía el 8 de junio del año 1992, erigida en la parroquia de San Claudio de León, heredera del más antigo cenobio de la ciudad, surgido sobre las tumbas martiriales de Claudio, Lupercio y Victorico, miembros de la Legio VII Gemina e hijos de San Marcelo, oficial que fue condenado a muerte por declararse cristiano en tiempos del emperador Diocleciano (finales del s. III d. C.).

Como emblema de la Cofradía se eligió, en recuerdo de aquellos santos, la Cruz de Cristo acompañada de dos lámparas que representan el alma de los mártires. Por colores, los de una de las reliquias más señaladas y célebras del antiguo monasterio de San Claudio: la tela de Almanzor, un tejido musulmán, de tonalidades azules y doradas, que mostraba, con la maestría del lejano siglo X, una de las señales de la realeza, uno de los símbolos preferidos por Ibn Abu Amir, hayib de Córdoba en tiempos de Hixem II: el león.

Si los elementos identificativos buscan la huella de los antepasados, la vida de esta cofradía camina también indefectiblemente unida a la de la parroquia en la que se asienta, y puede bien considerarse simbólica heredera de aquella otra surgida en la Edad Media y que agrupaba al gremio de monederos del reino, es decir: a los profesionales encargados de acuñar y distribuir moneda en el territorio de León. No es una herencia cualquiera, sino la ligazón con una de las más antiguas agrupaciones leonesas, crisol del culto y la devoción popular.

La elección del nombre no pudo resultar más oportuna y simbólica. Cristo, en su lección humana, eligió un discreto lugar de Galilea, en Eretz Israel, la Tierra Prometida, para participar la Buena Nueva a los hombres. Bienaventurados los que sigan sus enseñanzas, bienaventurado Cristo que nos mostró el camino de la Fe, la Verdad y la Vida. Los padres de esta Cofradía sin duda tuvieron en la mente y en el corazón este mensaje.

Sus primeros pasos traen el recuerdo de aquellos que cedieron su tiempo para formar esta unión espiritual y fraterna en ese ya lejano 1992. A sus primeras reuniones asistieron Consuelo Rodríguez del Cueto, Joaquín Otero, Mª Cristina Campelo, Julio Rivera, José Mª Viejo, Roberto Martínez, Victorina Mígueles, Marta Mª Blanco, Santos Flórez y Dolores García.

El 19 de junio de 1992,se decidió el nombramiento de los primeros cargos de la Cofradía. Así, fue elegido Abad Javier Sánchez González, Juez de Penas, Joaquín Otero, Secretaria Mª Cristina Campelo, Tesorero Santos Flórez, Vice-Abad Julio Rivera. También, en la misma reunión, se optó por José Mª Viejo como Jefe de Banda y Roberto Martínez como Jefe de Paso. Por otra parte, formaron la Comisión de Vestuario Victorina Míguelez, en calidad de Presidenta, ayudada por las vocales Mª Dolores García y Marta Mª Blanco. Y no se dejó pasar la ocasión, sin completar el elenco mediante la designación de una Comisión de Propaganda, cuyo objetivo, además de dar a conocer la Cofradía, era captar almas que quisieran sumarse a este esfuerzo. Manuel Alegre, fue su primer Presidente, y Fernando Alegre y Javier del Canto, los vocales que le apoyaron en sus labores primigenias. De la tutela espiritual de los cofrades, se encargó el alma de la Iglesia Parroquial de San Claudio: Don Carmelo Rodríguez del Cueto.

Eligieron para procesionar el Jueves Santo, rindiendo tributo y homenaje al Santo Cristo de la parroquia de San Claudio, que, sobre sus hombros, cada Semana Santa a partir de 1993, se ha mostrado a la devoción de los leoneses. El Sábado de Pasión, siguiendo el camino de la penitencia, los cofrades participan en un Viacrucis.

La primera procesión, en 1993, fue posible gracias a la ayuda de los 350 hermanos pertenecientes a la cofradía en aquel momento, al empuje de su abad, Javier Sánchez, y a las ayudas económicas de los hermanos anónimos que donaron, desde el guion de la Cofradía, hasta ciertas cantidades para instrumentos musicales y otros fines, una piadosa práctica todavía hoy vigente.

Papones de la Bienaventuranza.

Pero también colaboraron en aquella primera muestra de devoción los miembros de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad de León, que, generosamente, cedió dos tronos completos a su joven hermana de San Claudio. También San Lorenzo contribuyó mediante la entrega temporal de un manto para la Virgen, una Corona, una Cruz Alzada y los Portacirios.

Se procesionaron el Cristo de la Bienaventuranza, de la propia parroquia, que salió sin policromar, la Piedad de Sahagún, y el Paso de la Santa Cruz, realizado para los niños, entre doce y catorce años, y que consiste en una cruz sencilla encima de unas andas. Los adornos, mil quinientas cincuenta docenas de flores embellecieron los Pasos.

La ilusión de los cofrades consiguió vencer, durante los primeros años, siempre complicados en cualquier agrupación devocional, todas las dificultades, roces e inconvenientes. Se consolidó lo que en su comienzo fue una ilusionante idea, una forma de concebir la espiritualidad que buscaba enlazar con la vía de camino ascético heredada de nuestros antepasados, pero bajo premisas contemporáneas.

Por ello, se optó por elegir una fecha, que simbolizase esa forma de vivencia en común, y en la cual se celebrara la fiesta de la Cofradía. Esas jornadas fueron los días 24 y 25 de octubre, a las 8 y media de la tarde, momento en el que, después de la misa y la devoción, toman posesión los cargos electos.

Aquellos titubeantes pasos, afianzaron el camino. Con humildad, se escuchó a aquellos que tenían experiencia en otras hermandades, se aprendió de los errores, se corrigieron los primeros defectos, se consiguió el objetivo de una forma tan rápida que hoy en día esta unión devocional se ha convertido para todos los leoneses en una referencia obligada en la historia de la Semana Santa de León.

Poco a poco llegaron los logros: en 1994 se consiguió el dinero necesario para policromar el Cristo titular de la Cofradía, cuya copia ya se había concebido meses atrás. Los acuerdos con otras cofradías también aportaron solidez y estabilidad. Pero si hubo un año que caló hondo en la historia de la hermandad, ese fue 1997. En 1997, el abad Javier Martínez, en nombre de los suyos, encarga una imagen de la Piedad al escultor salmantino Ricardo Flecha Barrio, que cumple su labor con magistral arte y entrega lo acordado en 1998, bajo el báculo abacial de Francisco Javier Arias. Ese mismo año, 1997, el esfuerzo por dar a conocer sus ideas, sus inquietudes, sus esfuerzos y tantas horas de desvelo en común, se ve plasmado en la redacción de una revista de la Cofradía. Un elemento definidor que sigue vivo y con fuerza en el presente.

Emblema

Los Estatutos de la Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza exponen, en su artículo 3.1, las carácterísticas del emblema: "El emblema de la cofradía está formado por dos círculos dorados, con cruz dorada en el centro y dos lámparas con llamas rojas, una a cada lado de la cruz, todo ello sobre fondo azul celeste y colocado a la altura del corazón del lado izquierdo".

Hábito

Túnica de tablón de sarga negra, con cintas de raso del mismo color bordeando el cuello y atravesando horizontalmente la parte superior del pecho y de la espalda y verticalmente el centro delantero. Capillo y bocamangas de raso azul celeste, cíngulo del mismo color con las caídas hacia la izquierda y emblema bordado en oro y fondo azul celeste sobre el corazón. Camisa blanca y corbata, guantes, pantalón, calcetines y zapato bajo, todo en color negro.

Procesiones

Solemne Viacrucis Procesional (Sábado de Pasión)

Es, junto a la Procesión de las Bienaventuranzas, uno de los dos actos procesionales de la Cofradía. El cortejo parte a las nueve de la noche de la iglesia parroquial de San Claudio, su sede, tras la celebración del último de los tres oficios que se han venido celebrando en los días previos, como Triduo al Santo Cristo de la Bienaventuranza, su titular. A lo largo del mismo, los hermanos de la Cofradía, acompañados por numerosos fieles, en su mayoría vecinos del barrio de San Claudio -que les acoge-, van rezando las catorce estaciones del Viacrucis en puntos señalados del itinerario, que se desarrolla a lo largo del ya mencionado barrio, asentado sobre el hoy desaparecido Monasterio de San Claudio. Se trata de un acto sencillo, sobrio y sobrecogedor: tras los faroles y la cruz de guía, que abren tradicionalmente las procesiones leonesas, siguen el guion o emblema de la Cofradía, la Cruz alzada y la Cruz de difuntos, de fuerte contenido simbólico, ya que en su centro una placa, que se coloca en la cruz tras su lectura previa al comienzo de cada procesión, recuerda a los hermanos difuntos. La única imagen procesionada es el Santo Cristo de la Bienaventuranza, titular de la Cofradía, tipológicamente un crucificado, portado en posición horizontal, sin trono ni andas, sino directamente sobre el hombro de cinco hermanos, que se relevan por turnos, sin que la imagen descanse nunca en el suelo. Estos mismos hermanos se apoyan en su puja en horquetas, que antaño servían como soporte de los pasos en las paradas, y que hoy, con su sonido, acentúan aún ese citado carácter sobrecogedor. El Santo Cristo de la Bienaventuranza es, asimismo, acompañado por la Banda de Cornetas y Tambores de la misma Cofradía, que en este caso no tocan marcha alguna: sus únicos toques, con corneta y tambor destemplado, a los que se une la carraca, son los previos y posteriores a cada estación; durante el resto del acto permanece en silencio. Igualmente, los hermanos libres de puja acompañan al titular con velas a lo largo del trayecto. Finalmente se sitúan el párroco y capellán de la hermandad y los fieles, cerrando la tradicional representación de las otras cofradías y hermandades de la capital y el Hermano Abad. Uno de los momentos sin duda más destacados es la entrada del cortejo a la iglesia de San Claudio, a su regreso: en ella, el Santo Cristo de la Bienaventuranza es recibido alumbrado tan solo por antorchas encendidas y, habitualmente, la música de un cuarteto de cuerda, culminando el acto con la interpretación por parte de la Banda de la Marcha Real y el Besapiés a la Sagrada imagen.


Procesión de las Bienaventuranzas (Jueves Santo)

El Santo Cristo de la Bienaventuranza es subido "al cielo" ante la iglesia parroquial de San Claudio durante la procesión de las Bienaventuranzas.

Procesión "oficial" de la Cofradía, ha sido celebrada ininterrumpidamente desde el año de fundación de la congregación. Sin embargo, su recorrido ha variado notablemente a lo largo del tiempo: durante años, el cortejo partió a las 8,30 del patio de El Albéitar de la Universidad, enclavado en el barrio de San Claudio, que acoge y da aliento a la Cofradía, al lado de su parroquia. Desde aquí, y con los primeros rayos de la mañana, los hermanos de la Cofradía se ponían en camino, dispuestos para realizar un duro itinerario que les llevaba a recorrer todo el Casco histórico de León y los barrios que separan este del que les acoge, donde volvían a recogerse, durante más de seis horas. El esfuerzo realizado era notable y el agotamiento, mayúsculo. Por ello, comenzaron a buscarse alternativas y a acortar, de forma tímida, el magno camino; además, la necesidad de buscar años después un nuevo lugar de salida llevaron el inicio y final de la procesión al colegio de San Claudio, ubicado en el mismo barrio y cercano al lugar previo. Las modificaciones de itinerario en esos años fueron anuales, pero los problemas para los hermanos, que llevaban sobre sus hombros un número importante de pasos, siempre sin suplentes, y aun sin completar el número de braceros, continuaban. El cambio fue entonces definitivo y la modificación, sensible. Se trasladó la salida al centro de la ciudad: a la Basílica de San Isidoro, donde la procesión acudía cada año, en torno al mediodía, para realizar un descanso en su andadura, manteniéndose el final en el Colegio de San Claudio y, por tanto, la vinculación con el barrio, auténtica seña de identidad de la Cofradía. En la actualidad, pues, el cortejo parte a las 9.30 horas del patio trasero del Instituto Juan del Encina muy cerca de la Real Colegiata de San Isidoro portando consigo un total de cinco pasos, que componen el principal patrimonio de la Cofradía, y que, por orden en la procesión, son los siguientes:

  • El Ángel de la Pasión, también denominado la Santa Cruz.
  • Nuestro Señor Jesús Nazareno.
  • El Santo Cristo de la Bienaventuranza, titular de la Cofradía y del cortejo procesional.
  • Nuestra Madre de la Piedad.
  • La Virgen de la Pasión.

La procesión arranca con elementos definitorios de la Semana Santa de León, como son la cruz de guía, los faroles y el guion de la Cofradía, que muestra por un lado su emblema y, por el otro, su denominación y año de fundación. Encabezando el desfile se sitúa asimismo uno de los elementos de mayor contenido simbólico y carga sentimental para los hermanos: la Cruz de difuntos, no habitual en las otras Cofradías y Hermandades de la Ciudad, que porta una placa de plata donde constan los nombres de los hermanos fallecidos hasta la fecha, siendo esta leída antes de ser colocada en su lugar en el momento previo al inicio de la procesión, para así hacer partícipes de la misma a aquellos hermanos ya muertos. El discurrir del cortejo continúa con el paso de las imágenes, acompañadas por la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía y por otras bandas invitadas para la ocasión, así como por los hermanos de fila, nombre que reciben aquellos "papones" libres de puja; las manolas, mujeres vestidas de luto, con peineta y mantilla españolas, siguiendo la imagen de las antiguas plañideras, y las Bienaventuranzas, cuyo texto aparece en otros tantos guiones, recordando que el fin último del cortejo es promover la vivencia cristiana de las Bienaventuranzas como parte esencial del mensaje de Cristo. El momento central de la procesión tiene lugar hacia las 10.30 frente a la Catedral, ante cuyo pórtico se celebra el Sermon de las Bienaventuranzas, acto, sin duda, más relevante para la Cofradía leonesa. A la llegada de los diferentes pasos, estos se van disponiendo uno al lado del otro, mirando hacia el templo mayor leonés, reservando al Santo Cristo de la Bienaventuranza un lugar central, ante la imagen de la Virgen Blanca, que preside el parteluz de la portada oeste de la Catedral. También ante esta se coloca la Junta de Seises (el grupo de hermanos encargados del gobierno de la Cofradía), los representantes de las otras cofradías invitadas al actos, así como los hermanos que, durante la procesión, portan las Bienaventuranzas, acompañados de estas, junto al capellán, que se hace oír entre las gentes allí congregadas para leer el texto de San Mateo en que recoge la predicación por Cristo de las Bienaventuranzas. Tras el Sermón, la marcha interpretada por la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía da pie a bailar los pasos, costumbre típica en la Semana Santa de León que consiste en "mecer" las imágenes al ritmo de la música, para después subir aquellos "al cielo", costumbre única en la Semana Santa de León, realizada solo por la Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza, y que consiste en alzar, a la señal convenida, los pasos por encima de las cabezas de sus braceros, sosteniendo solo con ayuda de las muñecas y bailando estos durante unos segundos, con el consiguiente y enorme esfuerzo que ello supone para los braceros, como símbolo de la ofrenda que se rinde al Cielo con este acto. Esta subida "al cielo" se repetirá tan solo en otra ocasión: al pasar las imágenes ante la iglesia parroquial de San Claudio, sede de la hermandad, en homenaje al templo que les acoge y a su santo titular. Otros actos destacados tienen lugar en ubicaciones puntuales en el recorrido, como en la Capilla del Cristo de la Victoria, ubicada en la popula Calle Ancha, que, según la tradición, se levanta en el mismo lugar donde, en época romana, se levantó la casa del legionario San Marcelo y, en consecuencia, lugar de nacimiento de San Claudio, hijo de este; o ante la Capilla del Cristo de Afuera de San Martín, en el famoso Barrio Húmedo.

Pasos

Santo Cristo de la Bienaventuranza

Se trata de la imagen titular de la Cofradía. Representa a Cristo crucificado en el momento en que este ya ha expirado y permanece en la cruz a la espera del descendimiento. La obra original, propiedad de la Parroquia de San Claudio (León), es una imagen anónima, de comienzos del siglo XX, venerada en la citada parroquia con anterioridad a la creación de la Cofradía. Por ello, ya desde su nacimiento, la imagen se convirtió en titular de aquella, recibiendo el nombre de Santo Cristo de la Bienaventuranza. En su primer año de procesión por las calles leonesas, en 1993, la imagen del Santro Cristo de la Bienaventuranza desfiló a hombros de los braceros sin policromar. Con posterioridad, y ya al año siguiente, recibió una policromía llamativamente oscura, que hace que sea popularmente conocida entre los hermanos como El Cristo Moreno.

Procesionó durante años tanto en el Viacrucis del Sábado de Pasión, como en la Procesión de las Bienaventuranzas del Jueves Santo, en el primer caso directamente portado por los hermanos en posición horizontal; en el segundo, por un número de braceros que sobrepasaban los 80. Sufrió en estos años una serie de modificaciones: entre las más importantes, el abandono de la cruz original, de sección cuadrangular y modificando su grosor de manera rítmica, por una nueva, encargada por la Cofradía al artista leonés José Luis Casanova, de sección circular; pero además, se modificó también el tradicional INRI situado sobre la misma: así, se pasó de una tabla en que, a modo de pergamino, se había clavado el texto de la condena, a otra tallada en madera imitando un pergamino enrollado. En uno y otro caso, no obstante, se ha optado siempre por la versión fiel al Evangelio de Juan (Jn 19, 19-20), que nos dice que la leyenda Jesús Nazareno, Rey de los Judíos se escribió en hebreo, griego y latín, siendo este un caso único en la Semana Santa leonesa. También el trono en que se porta la imagen ha sufrido variaciones: del inicial, menos elaborado, se pasó a uno más acorde al espíritu de la Cofradía, en madera sin policromar, en que se dispusieron una serie de espacios cuadrangulares donde se recogieron las frases de las Bienaventuranzas, así como el emblema de la Cofradía y del propio paso, junto a otras imágenes que variaron en ocasiones (faroles, ángeles portando velas...). En los últimos años, este se ha sustituido por otro de similares características, de madera de tono más oscuro, acorde con el del propio Cristo, y doble cuerpo: el inferior con los huecos donde se recogen las Bienaventuranzas, ahora grabadas sobre placas plateadas, junto a la inscripción trilingüe del INRI y otras imágenes; y el superior, decorado con ágatas engarzadas en apliques plateados. Es característica también del mismo, desde hace años, la decoración floral, basada principalmente en un monte de claveles rojos a los pies de la imagen.

La imagen original, sin embargo, no fue concebida en origen para procesionar, y ello incidió en el deterioro de la misma. Fue por ello que, llegado el nuevo milenio, la Junta General de la Cofradía, máximo órgano de gobierno de la misma, en que están representados todos los hermanos, decidió la realización de una nueva imagen, que sustituiría a la anterior. Tras sopesar varias posibilidades, se acordó que se trataría de una copia exacta del Cristo original: aunque conscientes de su escaso valor artístico, primó entre los hermanos el valor sentimental, y fue por ello que se realizó este encargo al artista leonés José Luis Casanova, muy vinculado a la imaginería de la Cofradía. Este entregó una imagen exacta del Cristo de las Bienaventuranzas en 2004, policromado a la manera del anterior, aunque el tono moreno de su piel incluso se agudizó. Por entonces, la Junta General ratificó la propuesta de la Junta de Seises de que la copia se procesionara en la Procesión de las Bienaventuranzas, mientras que, puesto que su recorrido era mucho menor, se seguiría procesionando la imagen original durante el Viacrucis del Sábado de Pasión. Finalmente, y puesto que, como resulta obvio, ambas imágenes no iban a exponerse al culto en la Parroquia de San Claudio, se mantuvo en su lugar la original, como ya se ha dicho, propiedad de la parroquia, mientras que diversas gestiones permitieron que la copia del Cristo pudiera ser expuesta en la Iglesia Parroquial de la cercana localidad de Navatejera.


Nuestro Señor Jesús Nazareno

La imagen representa a Jesus en una de sus caídas. En el año 2000 la Cofradía decide ampliar su numero de pasos incorporando la imagen de un Nazareno. Se opta por procesionar una Imagen cedida por la Parroquia de San Pedro de Boñar una imagen de talla completa que procesionaba con una túnica bordada en oro realizada por la modista de la Cofradía utilizando unos bordados donados por un Hermano.

En el año 2005 se decide sustituir la imagen por una propiedad de la Cofradía, encargándole su realización a Jose Luis Casanova García, con las siguientes peculiaridades. Se utilizará como base para su realización el rostro y los rasgos de la Imagen del Santo Cristo de la Bienaventuranza, imagen titular de la Cofradía, representará una caída de Jesus, concretamente aquella en la que el Nazareno ayuda a Jesus con el peso de la Cruz.

Gracias a donaciones se consiguió complementar la imagen del Nazareno con la de Simón de Cirene que se encuentra agachado, ayudando con el peso de la cruz, y de un soldado romano increpando al cirineo.

La Imagen de Nuestro Señor Jesus Nazareno se encuentra al culto en la Iglesia de San Claudio durante el año, manteniendo para su exposición al culto la túnica negra original que cubria la anterior imagen, utilizando para procesionar una túnica morada bordada en oro. Como característica procesiona con unos gemelos de oro donados por un hermano de la Cofradía.

El trono, en tonos de nogal, se ha ido engrandeciendo con tallas en las partes delantera y trasera, en la delantera con el escudo de la Cofradía y en la trasera con una placa como muestra del hermanamiento de los braceros de ese paso con las braceras de Nuestra Madre de la Piedad.

Nuestra Madre de la Piedad

Virgen de la Pasión

La imagen es una virgen dolorosa de candelero o de vestir, realizada por José Luis Casanova García en el año 2000. En principio estaban tallados cabeza y manos, en el año 2007 y debido a la devoción que la imagen ha provocado entre los fieles de la Parroquia que besaban las sandalias que inicialmente completaban la imagen de la virgen se decide incorporar la talla de los pies, desnudos, a fin de acercar los vínculos de la Cofradía con la Parroquia y aumentar la devoción de los feligreses a la imagen.

Está realizada en madera de cedro policromada al oleo al estilo tradicional, ojos de cristal y pestañas. Tres lagrimas recorren el dulce rostro de la virgen que sigue las líneas castellanas de este tipo de imágenes, representado a una mujer dulce lejos de la juventud típica de otras zonas geográficas. En su representación lleva una de las manos sobre el pecho en señal de duelo y la otra mano semi-flexionada y con el dedo índice extendido señalando al frente el camino de la bienaventuranza, clave y guía de nuestra Cofradía. Desde su adquisición, y gracias a la vinculación con la Iglesia de San Claudio, se encuentra al culto en el lateral izquierdo de la misma, junto a la Imagen titular de la Cofradía.

La imagen realizada para procesionar en la mañana de Jueves Santo, procesionó bajo palio desde el principio, si bien los primeros años su vestimenta era “de hebrea”, y las bambalinas lisas negras con flecos dorados y el emblema de la Cofradía en la parte delantera y la trasera. Se adquirieron dos mantos azul y morado y un vestido color mostaza, los cuales se utilizan actualmente para acompañar a la imagen durante el año en la Iglesia. El trono de madera de pino fue realizado por los talleres municipales, siendo costeados los materiales por la Cofradía.

Poco a poco y gracias a la colaboración económica de las braceras del paso, fue engrandeciéndose el patrimonio, sustituyendo los varales iniciales cedidos por la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad por unos lisos (ya propiedad de la Cofradía) de menor peso y en la actualidad, estrenados este pasado año, por unos torneados en plata.

También se acordó sustituir las bambalinas y el techo del palio, en colores negro y oro respectivamente por el color azul identificativo de nuestra Cofradía y bordar primero la delantera del palio y posteriormente la trasera, realizados en fases en varios años.

El vestido también sufrió modificaciones y cambios, pudiendo adquirir en el año 2005 un vestido bordado en oro, si bien en un principio se opto por el color negro para el mismo, posteriormente se decidió cambiar el mismo por el color blanco, más acorde al sentido de la Cofradía, símbolo de Bienaventuranza y esperanza en Cristo.

El manto inicial corto se sustituyo por uno largo y tras muchas vicisitudes y problemas consiguió procesionar bordado en el año 2008, incorporando en el centro del mismo los simbolos de nuestra cofradía, la cruz y las lámparas

Finalmente en el año 2010 y gracias a la donación de un hermano de la Cofradía se adquirió en los talleres de Orovio de la Torre en Ciudad Real, un trono de plata repujada, diferente a los tronos brillantes y llamativos que actualmente se procesionan en la mayoría de ciudades, llevando un tratamiento de patinado que trasmite sobriedad. Incorpora en la parte delantera en símbolo de Mater Dolorosa Virgen y Reina y en la parte trasera la corona y los clavos de Nuestro Señor Jesucristo. También este año y gracias a la aportación de las braceras se adquirió una diadema en plata para la virgen con ornamentos de pedrería azul.

Desde el primer año procesiona también con un rosario en la mano que lleva extendida y un pañuelo en la mano que lleva sobre el pecho. Es portada a hombros por 90 braceras.


Santa Cruz

Paso propiedad de la Cofradía de León “Santo Cristo de la Bienaventuranza”, portado a hombros por treinta jóvenes con edades comprendidas entre los trece y diecisiete años. Sobre el trono de aluminio va una cruz con sudario y un ángel (atributos), la imagen es obra del escultor zamorano D. Ricardo Flecha Barrio y donada a la Cofradía en el año 1998.


Todos los datos han sido tomados de la página web de la cofradía Santo Cristo de la Bienaventuranza http://cofradiascb.es/WP/


Wikimedia foundation. 2010.

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