Concilio de Constantinopla III

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Concilio de Constantinopla III
Tercer Concilio de Constantinopla
VI¬ļ Concilio Ecum√©nico
de la Iglesia Católica
Fecha de inicio 7 de noviembre de 680
Fecha de término 16 de septiembre de 681
Aceptado por Iglesia católica e Iglesia ortodoxa
Concilio anterior Concilio de Constantinopla II
Concilio posterior Concilio de Nicea II (católicos)
Concilio Quinisexto (ortodoxos)
Convocado por Emperador Constantino IV
Presidido por Emperador Constantino IV
Asistencia Los documentos tienen de 43 a 174 firmas.
Temas de discución Monotelismo

El Tercer Concilio de Constantinopla, celebrado del 7 de noviembre de 680 al 16 de septiembre de 681, tambi√©n recibe el nombre de Concilio Trullano,[1] en alusi√≥n a la sala del palacio imperial donde se realiz√≥, que llevaba el nombre de trullos (c√ļpula). Fue convocado por el emperador romano de oriente Constantino IV, y presidido por √©l en persona. Los principales protagonistas fueron Constantino IV y el patriarca Sergio; tambi√©n dos Papas: San Agat√≥n y el Le√≥n II.

El motivo de convocar el concilio, desde el punto de vista doctrinal, fue el problema de la herejía del monotelismo, que admitía en Cristo una sola voluntad y una sola operación o principio de operación, a saber: la divina. Es un sucedáneo del monofisismo que sólo admite en el hombre-Dios una sola naturaleza: el Logos.

Contenido

Contexto doctrinal, político y eclesiástico

El a√Īo 553 el Segundo Concilio de Constantinopla hab√≠a reinterpretado el Concilio de Calcedonia. Rebatiendo la doctrina de Cirilo de Alejandr√≠a, se acentu√≥ la unidad de la persona divina del Hijo de Dios hecho hombre. Desde el punto de vista teol√≥gico, el partido monofisita, hacia el cual se inclinaban sobre todo los monjes, hab√≠a querido condenar una vez m√°s al nestorianismo. Temiendo que se reforzara se asieron a la doctrina de la mia physis, ‚Äúuna sola naturaleza‚ÄĚ, muy difundida en Egipto. Al mismo tiempo, intentaban alcanzar la paz ideol√≥gica dentro de un Imperio cada vez m√°s heterog√©neo, en donde la lengua y la filosof√≠a griega no hab√≠an circulado con la fluidez necesaria para comprender conceptos tan elaborados como los cristol√≥gicos.

Durante esta √©poca, el acentuado intervencionismo de los emperadores y de su corte (incluidas las consortes) en las cuestiones dogm√°ticas terminaban mezclando el debate pol√≠tico con las cuestiones de doctrina teol√≥gica. No se puede olvidar que en un sistema teocr√°tico como el bizantino, la unidad pol√≠tica depende de la unidad religiosa; y esta unidad religiosa es buscada acudiendo a una formulaci√≥n dogm√°tica de compromiso. La tendencia de los sucesores de Justiniano ‚ÄĒtanto Zen√≥n (474-475, 476-491) como Justino II (565-578) que condenaba los Tres Cap√≠tulos‚ÄĒ fue, en efecto, la de buscar soluciones intermedias que, a la larga, favorecieron la vuelta a escena de los obispos, te√≥logos y monjes monofisitas que exist√≠an. Tales directrices llegaron poco antes de la ocupaci√≥n persa, que redujo notablemente el control bizantino sobre Asia Menor, Siria y Egipto. El emperador Heraclio (610-641), al recuperar los territorios perdidos, encontr√≥ varios focos de monofisismo entre las comunidades cristianas. All√≠ no hab√≠a llegado la reflexi√≥n cristol√≥gica, madurada y concluida en Calcedonia, ni se hab√≠an conocido las nuevas f√≥rmulas dogm√°ticas. Los hechos obligaban a buscar una soluci√≥n que pacificara las zonas recuperadas, favoreciendo una vuelta a la doctrina monofisita.

Para poner fin a las pol√©micas, Sergio (610-638), patriarca de Constantinopla, propuso una nueva doctrina, a la cual se adhiri√≥ tambi√©n el emperador Heraclio. La tesis del patriarca Sergio intentaba ser una v√≠a intermedia y seg√ļn √©sta en Jes√ļs se dan, ciertamente, dos naturalezas inconfusas pero un s√≥lo tipo de operaciones (monoenergeia). M√°s tarde termin√≥ atribuyendo a Jes√ļs tambi√©n una √ļnica voluntad (monotelismo), porque la voluntad humana de Jes√ļs estar√≠a movida por su voluntad divina de tal modo que la voluntad humana ser√≠a totalmente pasiva, sin producir un propio querer humano. Heraclio por su parte, a medida que avanzaba su campa√Īa militar, hab√≠a iniciado los tr√°mites para alcanzar la unidad con la iglesia armena, presente en Siria y Egipto, mediante la doctrina de una nueva f√≥rmula: el √ļnico y mismo Cristo operante ‚Äúcon la √ļnica energ√≠a te√°ndrica‚ÄĚ. Ciro, electo patriarca de Alejandr√≠a en 631, se empe√Ī√≥ en tal meta, a la cual tambi√©n se uni√≥ desde Roma el papa Honorio.

Aunque parecía un simple acuerdo, rápidamente encontró obstáculos, tanto en los monofisitas de Siria como en los calcedonenses en Egipto. El monje Sofronio, elegido patriarca de Jerusalén en 634, atacó duramente tal solución, pues iba en detrimento de los logros doctrinales de Calcedonia. También el papa Honorio terminó apoyando esta postura. Entonces el patriarca Sergio presentó una nueva solución, por la cual, prescindiendo de la energía, afirmaba la presencia en Cristo de una sola voluntad; es decir, el monotelismo.

La nueva doctrina, sostenida en Bizancio por la Iglesia y el Estado, fue condenada por el emperador por medio del edicto Ekthesis del 638, que debería constituir la nueva carta de la unidad religiosa del Imperio. En realidad, a pesar del inicial consenso del sucesor de Sergio, del patriarca Pirro y del papa Honorio, la solución fue rechazada por todos y se dejó, como las intentos precedentes, en un mero acuerdo. No se había podido sanar la división religiosa. Mientras tanto, eliminada la fuerza que contenía a los persas, Heraclio abría una brecha para la expansión islámica, que se extendía con una fuerza incontrolable.

Por otra parte, entre pol√≠tica y religi√≥n, el Imperio bizantino ten√≠a bastantes problemas para resolver y, por una tradici√≥n arraigada, el emperador continuaba prestando una particular atenci√≥n a solucionar los asuntos doctrinales de la vida cristiana. A prop√≥sito del monotelismo, la disputa teol√≥gica, bastante agudizada en Constantinopla, se trasplanto a √Āfrica, donde hab√≠a terminado exiliado el patriarca Pirro. En la capital, en efecto, los eventos pol√≠ticos posteriores a la muerte de Heraclio no maduraron bajo el signo de la paz social. Muerto el primog√©nito Constantino y depuesto el siguiente heredero, la situaci√≥n pol√≠tica estaba bajo el control del senado, que quer√≠a acrecentar su propio papel dentro del Estado y de la corona. Constante Pogonato, hijo de Constantino, nuevo basileus, se encontr√≥, adem√°s de los tradicionales enemigos, los Eslavos, que le acosaban por la espalda, con el deber de hacer frente a los √°rabes, ya en posesi√≥n de las provincias orientales del Imperio. Por lo dem√°s, en aquellas regiones la divisi√≥n teol√≥gica fragmentaba la resistencia militar: basta pensar que en Alejandr√≠a el patriarca monofisita Benjam√≠n se someti√≥ espont√°neamente a los √Ārabes, declar√°ndose en contra de Bizancio.

En este contexto adquiere relieve la figura de San M√°ximo el Confesor, que, siendo s√≥lo un monje, pero con gran autoridad teol√≥gica, entr√≥ en la controversia monotelita y monoenergita, antes en √Āfrica y finalmente en Roma y Constantinopla.

En el a√Īo 645, en Cartago, el patriarca monotelita de Constantinopla, Pirro, exiliado, realiz√≥ un debate p√ļblico con M√°ximo ante Gregorio, prefecto de √Āfrica, muchos obispos, eclesi√°sticos y otras personalidades. La Disputatio cum Pirrho ofrece una idea de la complejidad del problema cristol√≥gico, pero tambi√©n ilustra como para M√°ximo, si Jesucristo era el nuevo principio de la vida del cristiano, necesariamente √Čl era verdadero Dios y hombre completo. Probablemente M√°ximo estaba convencido de que detr√°s de las proposiciones controversiales renac√≠an los problemas dram√°ticos de Nicea y Calcedonia: en Cristo exist√≠an dos naturalezas y por tanto eran consecuentes dos voluntades y dos modos de obrar, o energ√≠as; sin embargo, la facultad de querer pertenece a la naturaleza; el hecho de elegir y de querer es propio de la persona, por lo tanto, en Cristo, el Logos inclina las determinaciones del querer (querer gn√≥mico) y guiaba la voluntad humana junto a la divina dejando fuera el pecado y el error.

A comienzos del 646, el suceso de la argumentaci√≥n de M√°ximo indujo a varios obispos africanos a convocar un s√≠nodo, condenando como her√©tico el monotelismo sostenido por el patriarca y el gobierno bizantino. La situaci√≥n se hizo m√°s cr√≠tica cuando el prefecto Gregorio se revel√≥ contra el Emperador sin tomar en cuenta la amenaza √°rabe que se cern√≠a sobre la costa africana desde la conquista de Alejandr√≠a en el 642. Casualmente en el 647 los √°rabes asaltaron el territorio de norte de √Āfrica. El perfecto perdi√≥ la vida en la batalla y la estructura del imperio se debilit√≥ m√°s a√ļn. Los hechos acaecidos eran una prueba de lo peligroso de las fracturas teol√≥gicas en el Imperio. Seg√ļn el punto de vista desde el que se vea el problema, se podr√≠a inculpar a unos y otros de los dos partidos; aun as√≠, si se tiene presente el valor de una cristolog√≠a ortodoxa, la cual ha quedado como baluarte del sentido m√°s genuino de la tradici√≥n salv√≠fica, se debe decir que el partido de M√°ximo garantizaba mejor tales valores fundamentales cristianos: era lo mismo que paso en Nicea y Calcedonia.

El Emperador, con el Typos de 648, prohibi√≥ m√°s discusiones sobre el problema de la energ√≠a y de la voluntad de Cristo, aboliendo el Ekthesis (exposici√≥n) y trasladando las discusiones a su punto de partida. La disputa, entonces, se complic√≥ en Roma, a donde M√°ximo se traslad√≥ con el patriarca Pirro. Es interesante subrayar su veneraci√≥n por aquella sede, que √©l consideraba la √ļnica base y fundamento de todas la Iglesias de la tierra, a la que Jes√ļs hab√≠a concedido las llaves del poder universal sobre la ortodoxia de la fe.

Un motivo m√°s de dificultad apareci√≥ en el 649. El papa Mart√≠n reuni√≥ en Roma un s√≠nodo, en el cual fueron rechazados tanto el Ekthesis como el Typos y fue definida la doctrina de las dos voluntades en Cristo, excomulg√°ndose a los patriarcas Sergio, Paolo, Porro y Ciro. El emperador reaccion√≥ haciendo capturar al Papa y traslad√°ndolo a Bizancio, donde fue procesado y exiliado al Quersoneso. All√≠ muri√≥ el 16 de septiembre de 655. La misma suerte comparti√≥ M√°ximo, hecho prisionero y conducido a la capital. El a√Īo de la muerte del Papa sufri√≥ un juicio que le procur√≥ el exilio. Procesado m√°s adelante, por no adherirse a la voluntad imperial, luego de numerosas traves√≠as, muri√≥ martirizado en Lazica el 13 de agosto de 662.

Si bien Máximo desapareció bajo el poder imperial, sus ideas continuaron viviendo en las disputas teológicas de los siglos sucesivos. El emperador murió asesinado, en Sicilia, en Siracusa. Durante el período de su sucesor, Constantino IV (668-685), los árabes aparecieron una vez más en Asia Menor; en el 674 atacaron Constantinopla asediándola reiteradamente sin conseguir conquistarla. La resistencia de la capital significó un cambio histórico en la lucha contra el islam, acrecentando el prestigio de Bizancio. Sin bien la capital no había caído, gran parte del territorio estaba en manos de los árabes, sobre todo aquellos que simpatizaban, primero con el monofisismo y después con el monotelismo. La Iglesia monofisita, jacobita y monotelita, bajo el dominio árabe no constituyeron más un problema para el Imperio.

Preparación, desarrollo y conclusión del concilio

El emperador Constantino IV Pogonato, ya en el a√Īo 679 hab√≠a enviado un carta al papa Dono (676-678), en la cual le solicitaba que enviara a Constantinopla una delegaci√≥n de obispos, pero la carta lleg√≥ cuando el Papa hab√≠a muerto. Su sucesor Agat√≥n (678-681) envi√≥ la delegaci√≥n hasta el a√Īo 680, conformada por tres obispos italianos, tres apocrisiarios pontificios, un representante del arzobispo de Ravena y cuatro monjes de los conventos griegos de occidente.

El 10 de septiembre, Constantino IV orden√≥ al patriarca Jorge que convocar√° a Concilio a los obispos de su patriarcado y que enviara entre ellos a Macario I, patriarca de Antioqu√≠a, que se encontraba en Constantinopla con sus obispos. El 7 de noviembre, en la gran sala de la c√ļpula del palacio imperial se abri√≥ el concilio, que en los discursos fue definido como ecum√©nico. Constantino IV, flanqueado por sus oficiales y senadores, asisti√≥ personalmente a las primeras once asambleas, de las cuales la √ļltima tuvo lugar el 20 de marzo de 681. El protocolo requer√≠a que todas las intervenciones fueran dirigidas al emperador o a sus representantes. Participaron en el concilio, adem√°s de la delegaci√≥n papal, Macario I, que era un enardecido monotelita, los representantes delegados de los patriarcas de Jerusal√©n y de Alejandr√≠a y los obispos del Il√≠rico oriental y de todas las regiones del imperio, cuyo n√ļmero var√≠a de una sesi√≥n a otra; sin embargo, la profesi√≥n de fe final fue firmada por 161 obispos y por dos di√°conos representantes de sus respectivos obispos. Largas fueron las discusiones de car√°cter dogm√°tico.

Primera sesión

Durante la primera sesi√≥n los legados romanos preguntaron al Emperador por el origen de la doctrina sobre una √ļnica voluntad y actividad en Cristo. El emperador dio la palabra a Jorge y Macario. Los patriarcas defendieron con astucia su oposici√≥n a las dos voluntades revelando su monotelismo. Conoc√≠an el deseo del emperador de reconciliarse con Roma. Arguyeron las actas de supuestos concilios en que se apoyaban y que estar√≠an en consonancia con Roma.

Segunda sesión

A petici√≥n del Emperador, fueron le√≠das las actas de √Čfeso y las de Calcedonia. La lectura fue interrumpida por la objeci√≥n de los legados pontificios a una interpretaci√≥n incorrecta de un texto de Cirilo de Alejandr√≠a. El Padre de la Iglesia hablaba de dos actividades naturales, sin confusi√≥n ni divisi√≥n. Esta intervenci√≥n abri√≥ un di√°logo entre el Emperador y Macario respecto a la referencia a dos actividades naturales y no a una. Macario se defendi√≥ argumentando que incluso el papa Le√≥n no llegaba hablar de dos actividades y que la actividad a la que √©l se refer√≠a ser√≠a una sola operaci√≥n divino-humana. Te√≥fano, uno de los mejores te√≥logos del concilio, invit√≥ a Macario y su disc√≠pulo Esteban a que descubrieran detr√°s de la voluntad natural la referencia a la humanidad de Cristo. Esteban replic√≥ que tal voluntad de Cristo no ser√≠a otra que una voluntad electiva y autodeterminante como la que pose√≠a Ad√°n antes de la ca√≠da. Seg√ļn su punto de vista, Ad√°n, como co-creador junto a Dios, ten√≠a una √ļnica voluntad co-sustancial a la de Dios. Se trataba de una aproximaci√≥n al problema equiparando la naturaleza humana de Cristo a la situaci√≥n de Ad√°n antes de la ca√≠da, puesto tal ser√≠a la naturaleza humana que asumi√≥ el Verbo en vistas a preservarla del pecado original.

Tercera sesión

Se abri√≥ (13 de noviembre), una vez m√°s, leyendo las actas de un Concilio Ecum√©nico, en este caso, el quinto, celebrado en Constantinopla. El libellus result√≥ estar adulterado, al comienzo se hab√≠an incluido cuatro p√°ginas que no correspond√≠an a la fecha del documento. Como tal a√Īadidura no sosten√≠a la postura de Macario, el Emperador permiti√≥ que la contienda teol√≥gica siguiera adelante.

El 7 de diciembre se suspendieron las sesiones y no se reanudaron sino hasta el mes de febrero.

En la octava sesión (7 de marzo), el patriarca Jorge se adhirió a la doctrina de las dos voluntades. Macario, si bien desde el principio había negado tal doctrina, admitió en la novena sesión que había mutilado el texto en el que se apoyaba. Durante esa sesión fue depuesto, junto a su discípulo, el abad Esteban. Durante la décimo tercera sesión, el 28 de marzo de 681, el concilio declaró que era necesario borrar de los frontispicios además de Macario y Esteban, a los patriarcas de Constantinopla Servio, Pirro, Pablo II, Pedro, el patriarca de Alejandría, Ciro, el obispo de Farán, Teodoro, y, finalmente, al papa Honorio.

Durante esta misma sesi√≥n, examinadas las cartas dogm√°ticas escritas por Sergio, en su tiempo patriarca de esta ciudad [Constantinopla]..., tanto a Ciro que entonces era obispo de Fasi, como a Honorio que era obispo de la antigua Roma y la carta [Scripta fraternitatis, del a√Īo 634] con la cual este √ļltimo, es decir Honorio, respondi√≥ a Sergio, se les conden√≥ como her√©ticas.

El emperador asistió a la décimo octava sesión, que se tuvo el 16 de septiembre, en la cual se recitó una profesión de fe en que los padres conciliares decían:

Predicamos igualmente en √Čl [Cristo] dos voluntades naturales o quereres y dos operaciones naturales, sin divisi√≥n, sin conmutaci√≥n, sin separaci√≥n, sin confusi√≥n, seg√ļn la ense√Īanza de los santos Padres; y dos voluntades, no contrarias (...) sino que su voluntad humana sigue a su voluntad divina y omnipotente, sin opon√©rsele ni combatirla, antes bien, enteramente sometida a ella. Era, en efecto, menester que la voluntad de la carne se moviera, pero ten√≠a que estar sujeta a la voluntad divina del mismo (...). Porque a la manera que su carne dice y es carne de Dios Verbo, as√≠ la voluntad natural de su carne se dice y es propia de Dios Verbo, como √Čl mismo dice: ¬ęPorque ha bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me ha enviado¬Ľ [Jn 6, 38], llam√°ndola suya la voluntad de la carne, puesto que la carne fue tambi√©n suya (...) Glorifiquemos tambi√©n dos operaciones naturales, sin divisi√≥n, sin conmutaci√≥n, sin separaci√≥n, sin confusi√≥n, en el mismo Se√Īor nuestro Jesucristo, nuestro verdadero Dios, esto es, una operaci√≥n divina y otra operaci√≥n humana (...) Porque no vamos a admitir una misma operaci√≥n natural de Dios y de la criatura, para no levantar lo creado hasta la divina sustancia ni rebajar tampoco la excelencia de la divina naturaleza al puesto que conviene a las criaturas

El concilio, al final, dirigi√≥ un homenaje al emperador y envi√≥ una carta al papa Agat√≥n. Despu√©s que los legados del Papa volvieron de Constantinopla a Roma, Le√≥n II envi√≥ varias cartas proclamando la validez del Concilio. Escribi√≥ al emperador la denominada Reg√≠ regum, de aproximadamente agosto del 682; y tambi√©n a Espa√Īa, a los obispos ‚ÄĒCum diversa sint‚ÄĒ y al rey Ervigio‚ÄĒ.Cum unus exset‚ÄĒ

En otra carta denominada Fides papae, recogida en el Liber diurnos Romanorum pontificum, se propone como declaración de fe la condena del papa Honorio que dice [Patres Concilii] auctores vero novi dogmatis Sergium, Pyrrhum... una cum Honorio, qui pravis eorum adsertionibus fomentus impendit, ...nexu perpetue anathematis devinxerunt; pero [los Padres conciliares] ataron con el lazo del anatema perpetuo a los autores de la nueva doctrina, Sergio y Pirro, ...juntamente con Honorio, que concedió su favor a las depravadas afirmaciones de ellos . Respecto al papa Honorio, León II dejó claro en su carta al emperador el motivo de la condena: no habiéndose esforzado para hacer resplandecer la fe apostólica, permitió que esta fe inmaculada fuese mancillada.

En el a√Īo 692 se celebr√≥ el Segundo Concilio Trullano, que emiti√≥ 102 c√°nones disciplinares. Tuvo gran aceptaci√≥n en oriente, como complemento de los dos anteriores de Constantinopla. No tuvo la misma acogida en occidente a causa del viejo canon 28 de Calcedonia, en donde se equiparaba Constantinopla a Roma en importancia pol√≠tica y la incipiente doctrina sobre el celibato sacerdotal.

Aportación doctrinal del concilio

El aporte fundamental del Tercer Concilio de Constantinopla fue la definici√≥n dogm√°tica respecto a las voluntades y operaciones de Jes√ļs. Este Concilio cierra, por as√≠ decirlo, el ciclo de los concilios cristol√≥gicos. Es, a la vez, continuaci√≥n de los concilios anteriores. Esto se ve especialmente cuando aplica a las voluntades y a las operaciones de Jes√ļs los t√©rminos que el Concilio de Calcedonia hab√≠a aplicado a las dos naturalezas; es una consecuencia necesaria, ya que voluntad y operaciones son propias de las dos naturalezas. De hecho, una naturaleza humana sin una efectiva voluntad humana ser√≠a una naturaleza profundamente mermada; Cristo no ser√≠a entonces perfecto hombre.

Por otra parte, resume la doctrina sobre Cristo tal como la entendieron los Padres de la Iglesia desde los primeros tiempos. San Atanasio, comentando Mt 26, 39, dice:

Jes√ļs manifiesta all√≠ dos voluntades, la voluntad humana que es aquella de la carne y la voluntad divina que es de Dios; la voluntad humana pide, por la debilidad de la carne, el alejamiento del sufrimiento; sin embargo la voluntad divina est√° dispuesta.

Por otra parte, San Juan Damasceno dice:

Existe en Nuestro Se√Īor Jesucristo, seg√ļn la diversidad de naturalezas, dos voluntades, no contrarias. Ni la voluntad natural, ni la natural facultad de querer, ni las cosas que est√°n naturalmente sujetas, ni el ejercicio natural de la misma voluntad, son contrarias a la voluntad divina. La voluntad divina cre√≥ todas la cosas naturales. Solamente lo que es contrario a la naturaleza lo es tambi√©n a la voluntad divina, como el pecado, que Jesucristo no tom√≥. Mas porque una es la persona de Jesucristo y uno el mismo Jesucristo, uno es tambi√©n el que quiere por medio de cada una de las dos naturalezas.

Notas

  1. ‚ÜĎ El Tercer Concilio de Constantinopla tambi√©n es denominado: Primer Concilio Trullano (o Trulano). Posteriormente se celebr√≥ un Segundo Concilio Trullano (692), tambi√©n conocido como Concilio Quinisexto o S√≠nodo Trullano.

Bibliografía

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  • Heintich DENZINGER, P. H√úNERMANN, Enchiridion Symbolorum Definitionum et Declarationum de Rebus Fidei et Morum, Herder, Barcelona 20002
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  • G. DUMEIGE (dir), Historia de los Concilios Ecum√©nicos, 12 vols., Vitoria 1969, el tomo dedicado al Concilio de Constantinopla III.

Véase también

Enlaces externos


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