Milenarismo

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Milenarismo

El milenarismo o quiliasmo[1] es la doctrina seg√ļn la cual Cristo volver√° para reinar sobre la Tierra durante mil a√Īos, antes del √ļltimo combate contra el Mal, la condena del diablo al perder toda su influencia para la eternidad y el Juicio Universal. Tuvo influencia en la Iglesia del Siglo II de la era cristiana, en la Edad Media, y finalmente entre los protestantes fundamentalistas.

Para algunos autores el milenarismo, expresado en un utopismo de carácter secular -pero religioso-, ha seguido vigente a través de proyectos políticos de salvación universal o ingeniería social totalitaria.[2]

Contenido

Apocalipsis

El milenarismo cristiano se basa en el libro del Apocalipsis ("revelaci√≥n"), atribuido a San Juan, uno de los doce ap√≥stoles de Jesucristo, que se calcula escrito hacia el a√Īo 90 dC. Espec√≠ficamente, toma literalmente el cap√≠tulo 20 de este libro prof√©tico en el que se dice que el diablo permanecer√° encarcelado en el abismo por mil a√Īos. Apocalipsis 20:4-5 dice que en ese tiempo, Cristo volver√° y reinar√° junto a los m√°rtires ("los que hab√≠an sido decapitados a causa del testimonio de Jes√ļs y de la Palabra de Dios") y aquellos "que no hab√≠an adorado a la bestia". El diablo ser√° liberado "por un breve tiempo" al finalizar ese per√≠odo. Levantar√° contra Cristo las naciones de Gog y Magog y marchar√° por toda la tierra hasta rodear el campamento de los santos. Entonces, caer√° fuego del cielo y los consumir√°. El diablo ser√° arrojado a un estanque de azufre junto al "falso profeta" y "la Bestia". A continuaci√≥n, ocurrir√° el "Juicio de las Naciones" o Juicio Universal: todos los muertos resucitar√°n y comparecer√°n frente a Cristo, quien los juzgar√° "seg√ļn sus acciones". Los que no est√©n en El Libro de la Vida ser√°n arrojados tambi√©n al estanque de fuego, lugar que indica una destrucci√≥n eterna.

La Bestia no debe identificarse con el Diablo. Las referencias a ella en el Apocalisis son varias y es posible que aludieran al emperador romano, aunque la identificación con el demonio tampoco es caprichosa. En este capítulo, de hecho la Bestia yace junto al diablo en el fuego.

Estos pasajes, especialmente complejos, proporcionan sin embargo una fecha precisa, que la Iglesia se inclina hoy por interpretar simb√≥licamente como "un lapso muy prolongado". Los milenaristas calcularon esos mil a√Īos de distinta manera, pero siempre literalmente.

Polémica cristiana

La idea de un milenio bajo el reinado de Cristo en la Tierra form√≥ parte importante de la teolog√≠a de los tres primeros siglos del cristianismo. Desde el siglo II varios polemistas enfrentaron las tesis de los montanistas y otros creyentes que esperaban un r√°pido advenimiento del Milenio y refutaron a quienes quer√≠an hacer c√°lculos sobre cu√°ndo llegar√≠a esa edad, en la forma que posteriormente lo har√≠a San Agust√≠n, el autor de "La Ciudad de Dios", recordando que Cristo hab√≠a tenido el cuidado de no favorecer fechas precisas sobre su segunda llegada cuando dijo: "En cuanto a ese d√≠a o a esa hora, nadie la conoce, ni los √Āngeles del cielo ni el Hijo, sino s√≥lo mi Padre", en el llamado serm√≥n escatol√≥gico del Evangelio de Mateo 24:36. La forma en que consideraban el milenio el gn√≥stico Cerinto, Pap√≠as, Justino e Ireneo de Lyon¬≠ y otros escritores de los primeros siglos del cristianismo, tienen como punto de partida el libro de Apocalipsis, pero tambi√©n declaraciones milenaristas que se encuentran en los escritos de Pedro y de Pablo, as√≠ como en el Padrenuestro: "Venga Tu Reino", esto es, a la Tierra, para que aqu√≠ se haga Su voluntad, como se hace en el cielo (Cf. Mt 6).

Eusebio de Cesarea no era partidario del Milenio. Aparentemente esa opinión antimilenarista suya fue la que influyó en la forma en que trata a los milenaristas, entre los cuales también hubo gnósticos, a pesar de que en general los gnósticos fueron los primeros en abominar de la sola idea de un reinado de Cristo sobre la Tierra.

Por ejemplo, leemos a Eusebio de Cesarea en Historia Eclesi√°stica III, 28:

Esta es la doctrina que ense√Īaba Cerinto: el reino de Cristo ser√° terrenal. Y como amaba el cuerpo y era del todo carnal, imaginaba que iba a encontrar aquellas satisfacciones a las que anhelaba, las del vientre y del bajo vientre, es decir del comer, del beber, del matrimonio: en medio de fiestas, sacrificios e inmolaciones de v√≠ctimas sagradas, mediante lo cual intent√≥ hacer m√°s aceptables tales tesis.

La alusi√≥n al "falso mes√≠as" en el Apocalipsis fue interpretada como se√Īal de que antes del Juicio Final aparecer√° un personaje as√≠, tambi√©n llamado Anticristo, lo que por otra parte es predicado por Jes√ļs en el Evangelio de Mateo. Esto movi√≥ a identificar al falso mes√≠as con diversos gobernantes y Papas. Para el reformador Mart√≠n Lutero, por ejemplo, el Anticristo era sin duda el Papa. A trav√©s de toda la Edad Media, escritores eclesi√°sticos intentaron interpretar el pasaje en el que San Juan menciona el milenio.

Pese a la condena extraoficial con car√°cter de oficial para muchos, aun en 1790, a√Īo en que el jesuita chileno Manuel Lacunza culmin√≥ en Imola su obra La venida del Mes√≠as en Gloria y Majestad, persist√≠a el milenarismo como una corriente marginal y espor√°dica en el seno de la Iglesia Cat√≥lica. El libro de Lacunza, en todo caso, fue incluido en el Index Librorum Prohibitorum ( el listado de libros prohibidos por la Inquisici√≥n).

La realidad es que la Iglesia cat√≥lica nunca ha condenado el milenarismo, debido a que as√≠ cre√≠an los santos Padres de la antig√ľedad, no solamente Pap√≠as de Hier√°polis, sino tambi√©n, entre otros, Justino M√°rtir, Policarpo, y el insigne Ireneo de Lyon. Condenar el milenarismo equivaldr√≠a a condenar a una incontable nube de testigos de los primeros siglos y a echar por tierra el mism√≠simo concepto de la sucesi√≥n apost√≥lica, ya que algunos de los primeros obispos cristianos eran milenaristas, como lo prueba el propio Lacunza en su obra al tratar in extenso de la historia de esta doctrina.

Prescindiendo del n√ļmero mil, y por extensi√≥n, comenz√≥ a llamarse milenaristas a los movimientos religiosos que ponen √©nfasis en el regreso de Cristo, la fundaci√≥n de la Nueva Jerusal√©n (la ciudad de los justos) y el castigo a los pecadores.

El renacimiento del milenarismo

La idea milenarista se dej√≥ sentir, con un √≠mpetu cada vez mayor, a partir del siglo XII para pronto extenderse por toda Europa a trav√©s de incontables sectas militantes, entre las cuales las huestes de Dolcino en Italia, los taboritas bohemios y los campesinos revolucionarios de Thomas M√ľntzer as√≠ como los anabaptistas de M√ľnster en Alemania se destacan por su radicalidad y por los horrendos ba√Īos de sangre con que se cerraron aquellos episodios.[3]

Las razones de este renacimiento del milenarismo no son evidentes y lo m√°s probable es que exista aqu√≠ una fuerte relaci√≥n con el militantismo belicoso que invade a la cristiandad a partir de la Primera Cruzada, que se desencadena haci√©ndose eco del famoso Serm√≥n de Clermont realizado por el papa Urbano II en 1095. Las ‚Äúguerras santas‚ÄĚ de aquella √©poca se dan a su vez en un contexto econ√≥mico y social cada vez m√°s apremiante, donde el aumento poblacional estaba desbordando las capacidades de la agricultura europea. Hab√≠a as√≠ muchos segmentos poblacionales que no pod√≠an acceder a la tierra ni tampoco a posiciones dentro de los estamentos establecidos de la sociedad medieval y entre los cuales tend√≠a a imponerse un estilo de vida itinerante. Fuese como fuese, la marea de la fe militante se volcar√≠a hacia el mundo, ya sea para conquistarlo, como en el caso de la Tierra Santa luego de Am√©rica, o para reformarlo de ra√≠z, como en el seno mismo de la antigua cristiandad.

Joaquín de Fiore

Ser√° a fines del siglo XII que el milenarismo encontrar√° su te√≥rico m√°s destacado y de lejos m√°s influyente: el monje calabr√©s Joaqu√≠n de Fiore (Gioacchino da Fiore, 1135-1202), ‚Äúde esp√≠ritu prof√©tico dotado‚ÄĚ, para usar las palabras que Dante le dedic√≥ en La divina comedia.[4] Paul Johnson lo califica en su Historia del Cristianismo, con toda raz√≥n, como el m√°s erudito, sistem√°tico y ‚Äúcient√≠fico‚ÄĚ de todos los creadores medievales de sistemas prof√©ticos. Adem√°s, ‚Äúno era un rebelde, sino un elegante abate calabr√©s, protegido por tres papas, un hombre cuya conversaci√≥n complaci√≥ a Ricardo Coraz√≥n de Le√≥n en su viaje durante la Tercera Cruzada.‚ÄĚ[5]

Joaqu√≠n es el creador de una interpretaci√≥n de la historia que, al igual que la de San Agust√≠n, debe ser considerada como una de las grandes novedades culturales de Occidente y, adem√°s, como el restablecimiento sistem√°tico del milenarismo. Tal como Karl L√∂with lo dice: ‚ÄúJoaqu√≠n abri√≥ la puerta a una revisi√≥n fundamental de mil a√Īos de historia y de teolog√≠a cristiana [...] Su creencia en un √ļltimo progreso providencial hacia la culminaci√≥n de la historia de salvaci√≥n dentro de la estructura misma de la historia del mundo es radicalmente nueva en comparaci√≥n con el dise√Īo de Agust√≠n.‚ÄĚ[6] La esencia de la concepci√≥n del monje calabr√©s reside en su visi√≥n de la historia como manifestaci√≥n progresiva de la Trinidad, es decir, como un proceso dividido en tres grandes fases, a trav√©s de las cuales se pasa a niveles m√°s altos de perfecci√≥n, culminando en un estadio de plenitud y bienaventuranza caracterizado por la libertad, la santidad, la inocencia, el amor y la armon√≠a contemplativa que Joaqu√≠n llam√≥ ordo monachorum. Para √©l, la humanidad hab√≠a superado ya la primera fase en esta evoluci√≥n, la √Čpoca de Padre, y se encontraba al final de la segunda fase, la √Čpoca del Hijo, cuyo t√©rmino pronosticaba, apoy√°ndose en el pasaje 12:6 del Apocalipsis, para el a√Īo 1260. Joaqu√≠n se consideraba a s√≠ mismo como el anunciador de la tercera y dichosa fase, como el Juan Bautista de la √Čpoca del Esp√≠ritu Santo. El paso a esta tercera √©poca estar√≠a marcado por hechos de un dramatismo propiamente apocal√≠ptico, como ser enormes guerras y sufrimientos relacionados con la aparici√≥n del muy temido Anticristo, el cual ser√≠a finalmente derrotado, el pueblo jud√≠o convertido y el milenio abrir√≠a as√≠ sus ansiadas puertas.

La grandiosa visi√≥n hist√≥rica de Joaqu√≠n conocer√≠a un destino singular. Algunos de sus disc√≠pulos radicalizar√≠an su profec√≠a, pasando en muchos casos a la preparaci√≥n pr√°ctica de la renovatio mundi anunciada y la creaci√≥n de esa especie de hombre nuevo medieval que es el homo bonus de Dolcino, uno de los seguidores m√°s temidos de las profec√≠as de Joaqu√≠n. Otros adoptar√≠an las formas m√°s radicales del movimiento franciscano, en cuyo seno tanto las profec√≠as reales como las atribuidas a Joaqu√≠n tuvieron gran influencia. Ante el clima de cisma generalizado que dominaba a la cristiandad de entonces, la Iglesia respondi√≥, por medio de la Inquisici√≥n, con una brutal represi√≥n de los disidentes m√°s extremos. Las profec√≠as del abate calabr√©s pasaron desde entonces a alimentar el submundo de la herej√≠a y de la subversi√≥n, inspirando nuevas y nuevas generaciones de rebeldes durante los siglos venideros. Pero no s√≥lo los Dolcino, los M√ľntzer o los Campanella recibir√≠an inspiraci√≥n de Joaqu√≠n. A trav√©s de la gran influencia de la obra del alem√°n G. E. Lessing (uno de los grandes referentes intelectuales de Marx) titulada Sobre la educaci√≥n de la especie humana de 1780 se relanzar√°, desde el seno mismo de la Ilustraci√≥n, el esquema tri√°dico de Joaqu√≠n, preanunciando las formulaciones hegelianas y, por su conducto, las marxistas. En Francia, las ideas del abate calabr√©s ser√°n reivindicadas por los disc√≠pulos de Saint Simon y Auguste Comte rendir√° homenaje a Joaqu√≠n en quien ver√° uno de sus predecesores. Entre los j√≥venes hegelianos (entre quienes se cuentan Marx, Engels y Bakunin) la visi√≥n de Joaqu√≠n fue relanzada en 1838 por el conde polaco August von Cieszkowski en una obra se√Īera titulada Proleg√≥menos sobre la filosof√≠a de la historia. En esta obra Cieszkowski plantea la necesidad de pasar a la acci√≥n, formulando lo que √©l mismo llama una ‚Äúfilosof√≠a de la praxis‚ÄĚ (‚Äúdie Philosophie der Praxis‚ÄĚ). As√≠, Joaqu√≠n de Fiore entrar√° de lleno al pante√≥n de la modernidad y le pondr√° su sello a nuestras utop√≠as contempor√°neas.

Incluso en nuestros d√≠as el monje calabr√©s no pierde su actualidad. Seg√ļn se pudo leer en el Sunday Times del 27 de marzo de 2009[7] el portavoz del Vaticano, padre Raniero Cantalamessa, afirm√≥ que Joaqu√≠n fue citado tres veces en los discursos de la campa√Īa electoral de Barack Obama como una autoridad moral y un visionario.[8] Ante esto, Cantalamessa recordaba que, tal como el mismo Papa Benedicto XVI hace no mucho lo sostuvo, para la Iglesia Cat√≥lica los pensamientos de Joaqu√≠n eran ‚Äúfalsos y her√©ticos‚ÄĚ. Sin embargo, nadie ha podido encontrar las supuestas referencias de Obama a Joaqu√≠n.

Pervivencia del milenarismo

La reforma protestante del siglo XVI vino luego a prestar terreno f√©rtil para una nueva ola de difusi√≥n del pensamiento milenarista, que tomar√≠a las formas m√°s diversas, inspirando desde respetables sociedades cient√≠ficas en Inglaterra hasta muchos de los emigrantes que partir√≠an para buscar la tierra prometida m√°s all√° del Atl√°ntico. La ca√≠da del Imperio bizantino (1453) mereci√≥ interpretaciones milenaristas, tambi√©n el descubrimiento de Am√©rica movi√≥ a muchos esp√≠ritus a entender el acontecimiento como un signo de la llegada de los tiempos profetizados por San Juan. El monje dominicano Francisco de la Cruz, condenado a la hoguera en 1578, predic√≥ el traslado del Papa a Lima, la Nueva Jerusal√©n; √©l mismo se llam√≥ el "tercer David" y proclam√≥ la espera de un "Tercer Testamento". En plena Era Moderna, muchos siguieron ocup√°ndose de la interpretaci√≥n del Apocalipsis. El propio Isaac Newton, el descubridor de la ley de gravedad, escribi√≥ sobre la antigua profec√≠a e hizo c√°lculos acerca del cumplimiento de sus plazos. En 1595, se publicaron las Profec√≠as de San Malaqu√≠as, supuestamente datadas en el siglo XII, que han adquirido un car√°cter apocal√≠ptico fijando una fecha aproximada del fin del mundo a trav√©s de una lista de Papas. Dado que esta profec√≠a determina una fecha pr√≥xima para tal suceso (despu√©s del actual Papa, Benedicto XVI, quedar√≠an, seg√ļn las diferentes interpretaciones, s√≥lo uno o dos sumos pont√≠fices hasta el fin del mundo), han adquirido gran popularidad recientemente.

Las ideas del fin de los tiempos, de la Nueva Jerusal√©n y la de los elegidos que reinar√°n junto a Jes√ļs fueron centrales en iglesias protestantes que se establecieron en Norteam√©rica. La sectarizaci√≥n de algunos de estos grupos, sobre todo por basarse en la idea de los elegidos, los aisl√≥ de sus comunidades y redujo su influencia. En cambio, otras iglesias milenaristas, como la de los anabaptistas, llegaron a ser populares. Durante el siglo XX algunas iglesias evang√©licas fundamentalistas articularon una visi√≥n milenarista, con una concepci√≥n sobre el Rapto para preservar a los creyentes antes de los acontecimientos finales y la proximidad del regreso de Cristo, revelada de acuerdo con sus interpretaciones, por el restablecimiento del estado de Israel. Los Testigos de Jehov√° tambi√©n sostienen la idea de un reino milenario. El concepto de un milenio de paz y prosperidad en la tierra bajo el gobierno de Jesucristo y de 144.000 elegidos es una de las ense√Īanzas y creencias fundamentales de este grupo, muy socorrida en sus publicaciones.

Milenarismo secular, teorías sobre su existencia y función

Las tradiciones milenaristas conservan su vitalidad hasta bien entrado el siglo XIX y se hacen una fuente de las utopías cada vez mas frecuentes en el siglo XIX y XX. Su influencia sobre el naciente pensamiento socialista y comunista es directa, particularmente a través de figuras tan destacadas como Robert Owen en Inglaterra, Félicité de Lamennais en Francia y Wilhelm Weitling en Alemania. Robert Nisbet ha expuesto en su Historia de la Idea del Progreso y Ernest Lee Tuveson en Milenio y utopía que la idea misma del progreso, tal como fue formulada dentro del pensamiento moderno, le debe mucho a la vertiente milenarista de pensamiento.[9]

El teórico político John N. Gray -apoyado de manera especial en las conversaciones y los trabajos del historiador Norman Cohn, autor, entre otros, del clásico libro En pos del milenio (The Pursuit of the Millennium)[10] en el que plantea la tesis que relaciona el milenarismo con los fundamentos de los movimientos revolucionarios del siglo XX-[11] desarrolla en su libro Misa negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía, la idea de que el milenarismo secularizado existe y ha tenido expresiones desastrosas en los proyectos políticos que han alcanzado el poder. El utopismo secular tendría su origen en las ideas apocalípticas de los primeros cristianos e invadiría de pleno la Ilustración trasladándose a los proyectos totalitarios utópicos tanto en ideales revolucionarios (época de El Terror de la revolución francesa, comunismo, nazismo) como en ideales democráticos (guerra contra el terror).[2]

Referencias

  1. ‚ÜĎ La anomal√≠a salvaje: ensayo sobre poder y potencia en Baruch Spinoza, Antonio Negri, Anthropos, 1993, ISBN 84-7658-390-7, pag. 143
  2. ‚ÜĎ a b John Gray, Misa negra/Black Mass: La Religi√≥n Apocaliptica Y La Muerte De La Utop√≠a, John Gray, Paid√≥s, 2008, ISBN 978-84-493-2158-0
  3. ‚ÜĎ Una obra cl√°sica sobre el tema es Cohn, Norman (1970). The Pursuit of the Millennium, Oxford: Oxford University Press.
  4. ‚ÜĎ La referencia est√° en Para√≠so:XII. El estudio cl√°sico sobre Joaqu√≠n es Reeves, Marjorie (1969). Prophecy in the Later Middle Ages ‚Äď A Study in Joachimism. Oxford: The Clarendon Press.
  5. ‚ÜĎ Johnson, Paul (2007). Historia del cristianismo. Barcelona: Editorial Vergara, p. 348.
  6. ‚ÜĎ L√∂with, Karl (1949). Meaning in History. Chicago: The University of Chicago Press, p. 154.
  7. ‚ÜĎ http://www.timesonline.co.uk/tol/comment/faith/article5987457.ece
  8. ‚ÜĎ En su tercera pr√©dica por la Cuaresma 2009 Cantalamessa dijo: ¬ęIl fatto che il neo eletto presidente degli Stati Uniti, durante la sua campagna elettorale, si sia riferito per tre volte a Gioacchino da Fiore ha riacceso l‚Äôinteresse per la dottrina di questo monaco del medioevo¬Ľ.
  9. ‚ÜĎ Nisbet, Robert (1980). History of the Idea of Progress. London: Heinemann;Tuveson, Ernst Lee (1949). Millennium and Utopia. Berkeley: University of California Press.
  10. ‚ÜĎ The pursuit of the millennium: revolutionary millenarians and mystical anarchists of the Middle Ages, 1970, Oxford University Pres
  11. ‚ÜĎ Agradecimientos, John Gray, Misa negra/Black Mass: La religi√≥n apocal√≠ptica y la muerte de la utop√≠a, John Gray, Paid√≥s, 2008, ISBN 978-84-493-2158-0, p√°g. 11

Bibliografía

  • Norman Cohn (1995), "El Cosmos, el caos y el mundo venidero." . Cr√≠tica - Grijalbo Mondadori. Barcelona.
  • Norman Cohn, (1957) En pos del milenio. Revolucionarios milenaristas y anarquistas m√≠sticos de la Edad Media. The Pursuit of the Millennium: Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages -Alianza, Madrid, 1997-.
  • Paul Johnson (2007). Historia del cristianismo. Barcelona: Editorial Vergara
  • Karl L√∂with (1949). Meaning in History. Chicago: The University of Chicago Press
  • Henri de Lubac (1984). La posterit√† spirituale di Gioacchino da Fiore. II. Da Saint-Simon ai nostri giorni. Milano: Jaca Book.
  • Robert Nisbet (1980). History of the Idea of Progress. London: Heinemann
  • Jos√© Luis Orozco, "De te√≥logos, pragm√°ticos y geopol√≠ticos. Aproximaci√≥n al globalismo norteamericano." . Gedisa-UNAM. Barcelona 2001.
  • Focillon, Henri (1997). El a√Īo mil. Ediciones Altaya. ISBN 978-84-487-0730-9. 
  • Duby, Georges (1988). El a√Īo mil: Una nueva y diferente visi√≥n de un momento crucial de la historia. Editorial Gedisa. ISBN 978-84-7432-322-1. 
  • Gian Luca Potest√† (2005). Gioacchino da Fiore nella cultura contemporanea, Roma: Libreria Editrice Viella
  • Marjorie Reeves (1969). Prophecy in the Later Middle Ages ‚Äď A Study in Joachimism. Oxford: The Clarendon Press.
  • Ernst Lee Tuveson (1949). Millennium and Utopia. Berkeley: University of California Press.

Véase también

Enlaces externos


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Mira otros diccionarios:

  • milenarismo ‚ÄĒ sustantivo masculino 1. (no contable) √Ārea: religi√≥n Doctrina religiosa seg√ļn la cual Jesucristo reinar√° sobre la Tierra durante mil a√Īos antes del Juicio Final. 2. (no contable) Antigua doctrina seg√ļn la cual el fin del mundo llegar√≠a en el a√Īo… ‚Ķ   Diccionario Salamanca de la Lengua Espa√Īola

  • milenarismo ‚ÄĒ m. Doctrina o creencia de los milenarios ‚Ķ   Diccionario de la lengua espa√Īola

  • Milenarismo ‚ÄĒ ‚Ėļ sustantivo masculino 1 RELIGI√ďN Creencia que defend√≠a que el fin del mundo tendr√≠a lugar en el a√Īo mil de la era cristiana. 2 RELIGI√ďN Creencia que defend√≠a que Jesucristo reinar√≠a sobre la tierra durante mil a√Īos antes del juicio final. * * *… ‚Ķ   Enciclopedia Universal

  • milenarismo ‚ÄĒ {{ÔľÉ}}{{LM M25889}}{{„Äď}} {{ÔľĽ}}milenarismo{{ÔľĹ}} ‚ÄĻmi¬∑le¬∑na¬∑ris¬∑mo‚Äļ {{„Ää}}‚Ėć s.m.{{„Äč}} {{Ôľú}}1{{Ôľě}} Creencia que afirma que Jesucristo (seg√ļn la Biblia, madre de Jesucristo) reinar√° sobre la Tierra antes del juicio final durante un per√≠odo de mil a√Īos.… ‚Ķ   Diccionario de uso del espa√Īol actual con sin√≥nimos y ant√≥nimos

  • milenarista ‚ÄĒ ‚Ėļ adjetivo 1 RELIGI√ďN Del milenarismo. ‚Ėļ adjetivo/ sustantivo masculino femenino 2 RELIGI√ďN Que profesa el milenarismo. * * * milenarista adj. Del milenarismo. ‚äö adj. y n. Seguidor de √©l. * * * milenarista. adj. Partidario o defensor del… ‚Ķ   Enciclopedia Universal

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  • Misa negra. La religi√≥n apocal√≠ptica y la muerte de la utop√≠a ‚ÄĒ de John N. Gray G√©nero Ensayo Subg√©nero Filosof√≠a ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Juan el Ap√≥stol ‚ÄĒ ¬ęSan Juan el Evangelista¬Ľ, por El Greco. 1600. Museo del Prado (Madrid). Ap√≥stol y Evangelista ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Reino de Asturias ‚ÄĒ Este art√≠culo trata del Reino de Asturias hist√≥rico (718‚Äď925). Para consultar informaci√≥n sobre la actual comunidad aut√≥noma v√©ase el art√≠culo sobre el Principado de Asturias ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

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