Cristina de Suecia

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Cristina de Suecia

Cristina de Suecia

Cristina de Suecia a caballo (1653) de Sébastien Bourdon. Museo del Prado (Madrid)

Cristina de Suecia (* Estocolmo, 8 de diciembre de 1626 ‚Äď ‚Ä† Roma, 19 de abril de 1689) fue una reina de Suecia (1632-1654) y duquesa de Bremen y princesa de Verden (1648-1654). Hija de Gustavo II Adolfo y de Mar√≠a Leonor de Brandeburgo. Protectora de las artes y mecenas. Abdic√≥ del trono de Suecia en 1654. Protestante de nacimiento se convirti√≥ al catolicismo el mismo a√Īo. Muri√≥ en Roma a los 63 a√Īos.

Contenido

Origen y ni√Īez

Cristina pertenecía a la dinastía real de los Vasa, iniciada en 1521. Su madre procedía de la importante dinastía alemana de los Hohenzollern. El nacimiento de Cristina el 8 de diciembre de 1626 fue bien recibido por su padre, no así por su madre, quien deseaba darle al rey Gustavo II Adolfo un heredero varón que siguiera sus pasos.

El a√Īo 1604 el Consejo del Reino hab√≠a acordado aceptar a una mujer como sucesora en el trono, si se daba el caso, por lo que el rey Gustavo II Adolfo decidi√≥ confirmar a Cristina en 1627 como su heredera con todos los derechos a la corona, si no nac√≠an otros hijos varones.

Suecia se involucr√≥ en 1630 en la Guerra de los Treinta A√Īos por el lado protestante, y en junio del mismo a√Īo el rey march√≥ a la guerra que se desarrollaba en el continente europeo, dejando a su hija bajo la tutela del canciller Axel Oxenstierna, para que se encargara de la peque√Īa en caso de morir en la guerra.

El 6 de noviembre de 1632 cay√≥ el rey en la batalla de L√ľtzen, y antes de cumplir los seis a√Īos, Cristina se convirti√≥ en reina de Suecia, bajo la regencia del canciller Oxenstierna.

El canciller cumpli√≥ con los deseos del rey, tom√≥ a Cristina bajo su protecci√≥n y comenz√≥ muy cuidadosamente a preparar su educaci√≥n. Por razones de Estado la peque√Īa reina fue separada de su madre y encargada al cuidado de su t√≠a Catalina, hermana del difunto rey. Cristina pas√≥ un par de a√Īos junto a su primo Carlos Gustavo, el futuro rey Carlos X Gustavo, pero volvi√≥ al cuidado de su madre por fallecimiento de su t√≠a Catalina.

La relaci√≥n con su madre fue dif√≠cil y la ni√Īa pas√≥ al cuidado de la hermana del canciller Oxenstierna. Al cumplir los 13 a√Īos dej√≥ de ver a su madre, y no volver√≠a a encontrarla sino para su coronaci√≥n.

Una muchacha muy inteligente y especial

Junto al canciller Oxenstierna, que se hizo cargo de educar a Cristina en asuntos de Estado y política, estaba el obispo Johannes Mattiae Gothus, que como jefe de estudios se encargó de instruir a Cristina en idiomas, filosofía, historia, teología y astronomía, entre otras materias. Mattiae documentó la gran facilidad de aprendizaje y la enorme sed de conocimientos que mostraba la joven reina. Los idiomas eran la materia preferida de la soberana y a través de su vida continuó con su aprendizaje.

Cristina no era agraciada, pero eso a ella no le importaba. Era un poco contrahecha, de contextura gruesa y estatura más bien corta. Poseía un temperamento fuerte, inquieto y vivaz, así como una gran energía física.

Los llamados quehaceres femeninos no le atraían, tampoco los lujos, joyas o ropajes. Prefería vestir ropas simples y cómodas. Era muy diestra en la equitación, la caza y la esgrima. Solía dormir poco y dedicaba muchas horas del día a la lectura.

Una reina intelectual

Cumplidos los 16 a√Īos, Cristina comenz√≥ a asistir a las reuniones del Consejo del Reino, demostrando su conocimiento de las leyes y la administraci√≥n del reino sin inconvenientes.

A los 18 a√Īos cumpli√≥ su mayor√≠a de edad y asumi√≥ como soberana, reemplazando gradualmente al canciller Oxenstierna en sus funciones. En 1645 particip√≥ activamente en el tratado de paz con Dinamarca (Tratado de Br√∂msebro), ventajoso para su reino.

En 1648 Suecia firm√≥ la Paz de Westfalia, que daba fin a la Guerra de los Treinta A√Īos, quedando el reino en una posici√≥n de supremac√≠a en la regi√≥n del B√°ltico. Cristina y el canciller Oxenstierna tuvieron diferencias en la forma de llevar los acuerdos, imponiendo finalmente la reina su opini√≥n.

El 17 de octubre de 1650 se realiz√≥ la coronaci√≥n de Cristina en Estocolmo. Los festejos fueron muchos y se alargaron por semanas. Seg√ļn la costumbre, nombr√≥ a su primo Carlos Gustavo como su sucesor.

La soberana de Suecia hab√≠a comenzado hace algunos a√Īos a desarrollar la vida cultural de su reino, la cual hab√≠a quedado da√Īada por las luchas religiosas, incluyendo la destrucci√≥n de obras consideradas cat√≥licas. Adopt√≥ el lema ‚ÄúLa sabidur√≠a es el pilar del reino‚ÄĚ (Columna regni sapientia).

Si bien la situación económica del reino era precaria, debido principalmente a los gastos militares que implicaban ser una potencia, la reina no dudó en invertir en la compra de obras de arte en Europa, con el fin de enriquecer los bienes culturales de Suecia.

Descartes en la Corte de la reina Cristina de Suecia (Detalle), Pierre Louis Dumesnil. Museo Nacional del Palacio de Versalles.

La fama de protectora de la cultura comenz√≥ a expandirse y varios conocidos intelectuales europeos se interesaron en sus proyectos. Cristina vio la posibilidad de atraerlos a su corte mediante el mecenazgo. De esta manera hab√≠a llegado a Estocolmo en 1649 el intelectual franc√©s Ren√© Descartes, con quien Cristina manten√≠a correspondencia desde hac√≠a a√Īos, y que muri√≥ por enfermedad en la misma ciudad cinco meses despu√©s. En 1652 lleg√≥ el artista S√©bastien Bourdon, que trabaj√≥ como pintor de la corte por dos a√Īos, hasta la abdicaci√≥n de la reina y hubo de regresar a su pa√≠s.

Cristina apreciaba la pintura y no dud√≥ en regalar al rey Felipe IV de Espa√Īa los dos principales tesoros de su pinacoteca, las obras de Durero, Ad√°n y Eva, hoy en el Museo del Prado.

Otro importante personaje de la época fue el jurista y teórico político holandés Hugo Grocius, que actuó de embajador de Suecia en Francia desde 1635, por recomendación del canciller Oxenstierna.

Estocolmo y Uppsala fueron recibiendo a fil√≥logos, anticuarios, bibliotecarios, poetas, orientalistas, latinistas, historiadores y otros. En 1652, los eruditos franceses Samuel Bochart y Pierre Daniel Huet se hicieron cargo de su biblioteca. En alg√ļn momento Suecia fue el centro del humanismo en Europa, y Cristina recibi√≥ el nombre de Minerva del Norte.

La reina tambi√©n apoy√≥ el desarrollo del ballet y del teatro. Cristina trajo a Estocolmo a compa√Ī√≠as francesas, holandesas, alemanas e italianas, que presentaban sus ballets y pantomimas, adem√°s de √≥peras y piezas en sus propios idiomas. Entre los italianos destac√≥ el escen√≥grafo Antonio Brunati, que construy√≥ en el castillo real un escenario con escenograf√≠as movibles, llamada la Grande Salle des Machines, algo muy moderno para la √©poca.

Su entusiasmo por el teatro lo manifestó la reina participando en una obra, en 1651, haciendo el papel de una camarera.

En 1652 la salud de Cristina se resintió y un médico francés, Pierre Bourdelot, fue llamado a Estocolmo para su curación. Bourdelot consiguió la recuperación de la reina y se transformó en uno de sus favoritos, lo que provocó recelos entre otros miembros de la corte. Finalmente el médico abandonó la corte sueca y algunos favoritos reales dejaron de serlo.

Embajadores y religiosos

Contempor√°neos de Cristina eran Luis XIV en Francia y Felipe IV en Espa√Īa. El representante diplom√°tico franc√©s en la corte sueca desde 1645 era Pierre-Hector Chanut, quien logr√≥ cultivar una amistad personal con la reina y la apoy√≥ sin reservas en sus planes de desarrollo cultural del reino.

El embajador espa√Īol desde 1652 era el general Antonio Pimentel del Prado, que tambi√©n estableci√≥ una relaci√≥n de amistad con la reina. Es posible que ambos hayan apoyado a Cristina como confidentes, y cat√≥licos, en las inquietudes religiosas de la reina.

También el religioso Antonio Macedo, miembro del cuerpo diplomático de Portugal y una persona muy cultivada, percibió el interés de la reina por los temas religiosos y se encargó de traer a Estocolmo en 1651 a dos jesuitas italianos, Paolo Casati y Francesco Malines, para que respondieran a las preguntas de Cristina sobre la fe católica.

Abdicación

En 1647, la soberana fue inquirida oficialmente por el Consejo del Reino sobre un futuro matrimonio que asegurara la continuación de la dinastía. Ella respondió que pensaría en ello y que consideraría a su primo Carlos Gustavo al dar su respuesta.

La respuesta oficial la dio en 1649, anunciando que no contraería matrimonio alguno, excusándose de dar motivos.

Comenz√≥ entonces una lucha pol√≠tica entre Cristina y los nobles. La soberana aprovech√≥ h√°bilmente un conflicto entre la nobleza y la plebe, esta √ļltima exigiendo reducciones en los impuestos, para imponer su voluntad. La soberana insisti√≥ en el nombre de Carlos Gustavo en la sucesi√≥n en el trono a cambio de negar las reducciones impositivas, lo que fue finalmente aceptado por los nobles.

Pasaron algunos a√Īos y en febrero de 1654 la reina comunic√≥ al Consejo del Reino, y a todos los principales, su decisi√≥n de abdicar a la corona. No dio explicaciones, pero dijo "que con el tiempo se entender√≠an sus motivos".

Se hicieron muchos esfuerzos in√ļtiles para hacerla cambiar de decisi√≥n. Ella permaneci√≥ imperturbable.

El Consejo del Reino exigi√≥ entonces de la soberana una explicaci√≥n, a lo que la reina respondi√≥: ‚ÄúSi el Consejo supiera las razones, no le parecer√≠an tan extra√Īas‚ÄĚ.

El 6 de junio de 1654, en el castillo de Uppsala, la reina se despoj√≥ de sus insignias reales y su primo asumi√≥ la corona de Suecia con el nombre de Carlos X Gustavo. Al d√≠a siguiente, en una emotiva ceremonia, Cristina se despidi√≥ del rey, de los miembros del Consejo, de los nobles y por √ļltimo de las damas de la corte.

Para su manutención se estableció un acuerdo económico, en el cual se le otorgaba la permanente propiedad de varios dominios en el reino, cuya administración quedaba a cargo de un gobernador general. Los ingresos los percibió Cristina hasta su deceso.

Continuando su camino, Cristina pas√≥ por la ciudad de Nyk√∂ping a despedirse de su madre ‚Äďque morir√≠a al siguiente a√Īo-, sigui√≥ hasta el puerto de Halmstad, donde licenci√≥ a su comitiva, y se embarc√≥ hacia Hamburgo, para luego continuar hasta Amberes y Bruselas, en Flandes, entonces dominio del Imperio espa√Īol, donde Cristina tomar√≠a la segunda decisi√≥n m√°s importante de su vida.

Cambio de fe

Despu√©s de algunos meses de estad√≠a, y estando bajo la protecci√≥n del rey espa√Īol Felipe IV, Cristina hizo oficial su cambio de fe al catolicismo en forma privada, en la v√≠spera de Navidad de 1654, a los 28 a√Īos de edad. Tomar√≠a, sin embargo, alg√ļn tiempo el hacer p√ļblica la noticia. (El cuadro que aparece al inicio de este art√≠culo es un regalo de Cristina a Felipe IV.)

En abril de 1655 era elegido papa Alejandro VII, quien acept√≥ la intenci√≥n de Cristina de avecindarse en Roma. Se acord√≥ efectuar su cambio de fe en forma p√ļblica antes de su llegada a los Estados Pontificios.

Fue así que Cristina emprendió su viaje a Roma a fines de octubre de 1655, y el 3 de noviembre fue recibida oficialmente por la Iglesia Católica en la capilla del castillo de Innsbruck. Desde este lugar también se informó a todas las casas reales europeas del cambio de fe de la joven.

La noticia fue recibida en Suecia, as√≠ como en otros reinos protestantes, con asombro. ¬ŅC√≥mo era posible que la hija del Le√≥n del Norte -Gustavo II Adolfo-, el palad√≠n del protestantismo, hab√≠a abandonado su fe por la del enemigo?

Su profesor Johannes Mattiae Gothus, obispo de Strängnäs, fue duramente criticado por el clero sueco por la responsabilidad que pudiera haber tenido en esta decisión.

Cristina continu√≥ su viaje hacia Roma, deteni√©ndose en Bolonia para visitar la antigua universidad, el Santuario de la Santa Casa en (Ancona), donde don√≥ una corona ‚Äúde doce diamantes y cuatro rub√≠es‚ÄĚ a la Virgen, y As√≠s, la cuna de San Francisco.

Por la importancia que ten√≠a para el mundo cat√≥lico, Alejandro VII orden√≥ una recepci√≥n espectacular para Cristina en su camino a Roma. En cada localidad por la que pasaba, se la saludaba con salvas de ca√Ī√≥n, las iglesias ta√Īendo sus campanas, misas, procesiones e incluso representaciones art√≠sticas en honor a ella.

El 19 de diciembre de 1655, Cristina llegaba a la Ciudad Eterna, y el d√≠a 23 hizo su entrada oficial montando en un caballo blanco y seguida de un gran cortejo. En la llamada Porta del Popolo se grab√≥, para la ocasi√≥n y en su honor, la leyenda ‚ÄúPor una feliz y auspiciosa entrada en el a√Īo del Se√Īor 1655‚ÄĚ.

El papa, los senadores, el colegio cardenalicio, la nobleza romana y una gran cantidad de romanos acudieron a recibirla.

El día de Navidad, Cristina recibió la confirmación y la comunión del papa Alejandro VII, en la capilla de la iglesia de San Pedro en Roma.

Eligió el nombre de Alexandra como su nombre de confirmación, y a solicitud del papa, también el de María.

María Cristina Alexandra Vasa comenzó entonces una nueva etapa de su vida en la urbe más importante del catolicismo.

Vida en Roma

En su primer tiempo en Roma, Cristina visit√≥ claustros, iglesias, colegios, museos, bibliotecas, etc. En general todo lugar que pudiera tener importancia religiosa y cultural para ella. El papa Alejandro VII la recibi√≥ durante alg√ļn tiempo en su residencia, en la llamada Torre de los Vientos.

Para asesorarla en su nuevo ambiente, el papa design√≥ al cardenal Decio Azzolini, conocido por su amplia cultura y dotes diplom√°ticas. El cardenal era tres a√Īos menor que Cristina y se convertir√≠a en su m√°s cercano y fiel amigo.

A trav√©s de √©l, Cristina se fue interiorizando de las luchas internas entre los miembros del cardenalato. El cardenal Azzolini lideraba el partido que deseaba mayor independencia pol√≠tica para el Papado de las influencias de Francia y Espa√Īa. Cristina se identific√≥ con dicha posici√≥n y colabor√≥ con los planes del grupo del cardenal Azzolini.

Sus contactos con las familias poderosas de Roma los realizó organizando espectáculos y veladas culturales, las cuales fueron muy bien recibidas por dichas familias.

Cristina comenz√≥ a montar su propia corte bajo la premisa de mantener su derecho al t√≠tulo de reina ‚Äďpor el hecho de tener sangre real- a pesar de su abdicaci√≥n.

En septiembre de 1656, Cristina viajó a Francia, residiendo en el palacio de Fontainebleau por un corto tiempo. Francia estaba administrada por el cardenal Mazarino, por decisión de la regente Ana de Austria. El rey Luis XIV de Francia asumiría el poder a la muerte del cardenal en 1661.

En octubre de 1657 retornó a Francia, residiendo en el mismo palacio. Al mes siguiente descubre que uno de sus cortesanos, Juan Rinaldo, marqués de Monaldeschi, espiaba sus comunicaciones privadas con el cardenal Mazarino. Esta delicada situación política Cristina la resolvió juzgando y ejecutando a Monaldeschi el 10 de noviembre, en el mismo palacio.

La ejecución fue muy criticada por la nobleza europea en general, argumentando que Cristina, desde su abdicación, ya no tenía autoridad para ordenar ejecuciones. Cristina contestó reafirmando su condición real para hacerlo, pero esto provocaría una ola de desprestigio hacia su persona, que trascendería en el tiempo.

Cristina retornó a Roma en febrero de 1658. Allí fue recibida con frialdad por el papa Alejandro VII y la nobleza. Su amigo, el cardenal Azzolini, se encargó con el tiempo de ir limando asperezas, y ella entendió que era hora de cambiar de residencia. El Palacio Farnesio sería su elección y allí se estableció con su corte.

La reina comenzó a buscar obras de arte en la Ciudad Eterna para aumentar su colección traída de Suecia, pero no siempre pudo adquirir lo que deseaba. Los fondos con que contaba eran insuficientes. Poseyendo gran sagacidad y cultura, carecía de talento administrativo, lo que dejaba en otras manos, no siempre honestas. Sus rentas en el reino sueco tampoco eran suficientes e incluso comenzaban a retardarse debido a la situación de guerra con los reinos de Polonia y Dinamarca. La soberana comenzó a tener problemas económicos y se los confió a su amigo el cardenal Azzolini, que tomó cartas en el asunto y reorganizó las finanzas, asignándole un administrador más competente.

En 1659 decidió cambiar su corte al Palacio Riario (posteriormente Corsini) donde comenzó a desarrollar un estricto protocolo.

El 12 de febrero de 1660 muri√≥ s√ļbitamente Carlos X Gustavo en Gotemburgo, dejando a su hijo Carlos XI de Suecia, de 5 a√Īos de edad, como heredero. El Consejo del Reino design√≥ a cinco nobles para que asumieran el poder en el reino de Suecia, hasta la mayor√≠a de edad del heredero. Cristina decidi√≥ viajar a su tierra natal para revisar su posici√≥n e intereses.

Su visita al reino sueco tuvo altibajos. Logró confirmar las condiciones de su título y sus rentas, pero se le retiró el poder para nombrar autoridades eclesiásticas en las posesiones que generaban dichas rentas. La soberana también estaba disconforme con la gestión de los gobernadores generales que administraban su hacienda, pero sin poder político suficiente, no pudo nombrar otros. Además, algunos miembros de la corte no aceptaron su intromisión en el tema de la sucesión, lo que fue rechazado en forma escrita.

Despu√©s de pasar alg√ļn tiempo en el castillo de Johannisborg en Norrk√∂ping, una de sus propiedades, se embarc√≥ en la primavera de 1661 con destino a Hamburgo, donde permaneci√≥ cerca de un a√Īo. All√≠ resolvi√≥ firmar un contrato con un banquero, para que se hiciera cargo de normalizar sus ingresos. Durante su estancia en Hamburgo se interes√≥ por la alquimia y la Piedra filosofal, lo que algunos autores han interpretado como una b√ļsqueda de Cristina para resolver sus problemas financieros. En 1662 retorn√≥ a su palacio en Roma.

Toda la década de 1660 fue para ella económicamente difícil, y las relaciones con los regentes de Carlos XI iban de mal en peor. El principal miembro del gobierno regente era Magnus Gabriel De la Gardie, que había sido uno de sus favoritos en los tiempos de reinado, y que luego había perdido su favor. Esto sin duda enturbió la situación actual de la reina. De la Gardie era además tío de Carlos XI.

En 1666 dej√≥ Roma para nuevamente viajar a Hamburgo. Luego de vivir un a√Īo en esta ciudad, se traslad√≥ a Suecia, esta vez con la prohibici√≥n de acompa√Īarse de sacerdotes cat√≥licos y de celebrar misa en tierra sueca. Para una persona religiosa y observante como Cristina, esto fue un insulto, pero ella lo dej√≥ pasar y acudi√≥ al embajador franc√©s para poder asistir a misa en el recinto diplom√°tico franco. En cuanto a sus propiedades, logr√≥ arrendar sus posesiones de √Ėsel y Gotland, lo cual implic√≥ un ingreso fijo.

Con amargura abandon√≥ Suecia el a√Īo 1668, para ya no retornar m√°s, y volvi√≥ de nuevo a Hamburgo. Durante su estad√≠a all√≠ ocurri√≥ la abdicaci√≥n de Juan II Casimiro de Polonia, un miembro de la rama polaca de la dinast√≠a Vasa, y surgieron voces que la propusieron como aspirante al trono de Polonia-Lituania, pero no tuvo apoyo. Cristina regres√≥ a su corte en Roma y ya no volver√≠a a viajar.

El renacimiento de la Minerva del Norte

Durante su √ļltima estad√≠a en Hamburgo, otro hecho hab√≠a ocurrido en Roma: el papa Alejandro VII hab√≠a fallecido en mayo de 1667 y despu√©s de 18 d√≠as de c√≥nclave, fue elegido por unanimidad el cardenal Julio Rospigliosi, que tom√≥ el nombre de Clemente IX. Tambi√©n interesado en las artes, al regreso de Cristina le otorg√≥ una renta anual para ayudarla en sus proyectos. Tanto la reina como el cardenal Azzolino hab√≠an gestionado activamente su elecci√≥n.

La actividad cultural de Roma tomó nuevos bríos con los proyectos de la reina, que comenzó a reunir a artistas, científicos e intelectuales en su residencia, dándoles una estructura básica en forma de academias, donde se podía discutir y crear. A los más destacados, la soberana les asignó un estipendio y en algunos casos una pensión.

Una de sus academias, llamada Academia Real, estaba inspirada en la Academia Francesa, y su meta era preocuparse del idioma itálico, el cual consideraba proclive a la exageración y a la hipérbole, y reemplazarlo gradualmente por uno más sencillo. Este proyecto se transfomaría después de su muerte en 1690, en la llamada Pontificia Accademia degli Arcadi, o Academia de la Arcadia. Entre los miembros de dicha academia se encontraba un joven literato, Giovanni Francesco Albani, el futuro papa Clemente XI.

Una de las musas de la Villa Adriana de Tívoli, reunidas por Cristina de Suecia. Presiden actualmente el nuevo recibidor oval del Museo del Prado.

La soberana se interes√≥ por la arqueolog√≠a, y pese a sus limitados ingresos, financi√≥ algunas excavaciones. Reuni√≥ una excelente colecci√≥n de esculturas antiguas, como un grupo de Musas que luego ser√≠a adquirido por Felipe V de Espa√Īa. Estas Musas, actualmente en el Museo del Prado, presiden el nuevo sal√≥n oval del museo, remodelado por Rafael Moneo.

También construyó un observatorio en su palacio, contratando a dos astrónomos, y donde pasaba horas mirando el cielo.

El sistema de academias atrajo a cient√≠ficos como el fisi√≥logo Giovanni Alfonso Borelli, perseguido por sus simpat√≠as por las ideas de Galileo; a m√ļsicos como Bernardo Pasquini, Alessandro Scarlatti, Arcangelo Corelli y Alessandro Stradella entre los m√°s destacados, y poetas como Carlo Alessandro Guidi y Vincenzo da Filicaja.

Es de destacar su amistad con el escultor Gian Lorenzo Bernini, a quien solía visitar en su taller y a quien había protegido cuando perdió el favor del papa Inocencio X.

También se preocupó de adornar su palacio con colecciones de pinturas, esculturas, tapices y libros para su riquísima biblioteca.

De carácter librepensador, Cristina tampoco dudó en oponerse a las persecuciones religiosas, y así lo hizo, publicando en 1686 un manifiesto donde defendía a los judíos de Roma. También criticó duramente a Luis XIV por las persecuciones a los hugonotes en 1685 y entró en conflicto con el papa Inocencio XI por la intención de éste de eliminar la inmunidad diplomática y el derecho a asilo en Roma, en 1685.

Inocencio XI y Miguel de Molinos

El papa Clemente IX murió en 1669 y su sucesor fue Emilio Altieri, con el nombre de Clemente X. Siendo muy anciano, ejerció el papado hasta su muerte en julio de 1676.

Cristina obtuvo de él el levantamiento de la prohibición a la presencia de mujeres en los espectáculos artísticos, lo que vino a beneficiar el arte teatral, tan querido a la reina sueca. La soberana adquirió un convento, transformándolo en teatro, al que financió mediante suscripciones. En este ambiente comenzaría a desarrollarse, por iniciativa de la reina, la llamada ópera seria, incluyendo la participación de castrati.

Durante el mandato de Clemente X se asiló en Roma el jesuita António Vieira, un predicador brillante que estaba en conflicto con la corte y la Inquisición de Portugal. Cristina lo llevó a su corte para darle una tribuna a sus ideas. El religioso regresó a Portugal en 1675 por gestión del papa. En 1679 Cristina le ofreció un puesto en su corte, que Vieira declinó.

La elecci√≥n en 1676 del nuevo papa, Inocencio XI, un reformador administrativo y opositor a Luis XIV, traer√≠a un cambio en la situaci√≥n de Cristina. El papa le retir√≥ la renta que le hab√≠a otorgado Clemente IX y se opuso a su proyecto teatral, buscando el cierre de √©ste. La reina respondi√≥ con una dura campa√Īa, que hizo finalmente que Inocencio XI abandonara el intento.

Tambi√©n el ambiente religioso cambi√≥, como en el caso del te√≥logo espa√Īol Miguel de Molinos, muy cercano a Cristina. La teolog√≠a siempre fue un tema importante para ella y el quietismo propuesto por Molinos, la interes√≥, llev√°ndola a mantener nutrida correspondencia con el m√≠stico espa√Īol.

A pesar de la popularidad que tuvieron las obras del sacerdote espa√Īol, finalmente fueron condenadas por la Inquisici√≥n de Roma, abjurando el te√≥logo de sus escritos en 1685. Cristina reaccion√≥ decepcionada de Miguel de Molinos, pero no con el quietismo.

La religiosidad de la reina siempre fue un tema conflictivo en Roma, dado su natural espíritu inquieto y cuestionador, que, sumado a su activa actitud por la libertad religiosa, no pocas veces pusieron en duda su conversión al catolicismo, en el conservador ambiente romano.

Sus obras literarias

Siendo la Filosof√≠a y la Teolog√≠a los temas que m√°s le interesaban, mantuvo durante su vida una abundante correspondencia con destacados personajes en ambos temas, escribiendo siempre en franc√©s, as√≠ como lo fueron todos sus escritos. √Čsta correspondencia se encuentra hoy mayormente en los Codices Reginenses de la Biblioteca Vaticana y tambi√©n repartida por Europa.

En la √ļltima d√©cada de su vida comenz√≥ a escribir una Autobiograf√≠a, que dej√≥ inconclusa. La obra se compone de nueve cap√≠tulos, relativamente cortos, escritos con una prosa fluida y donde relata en buena s√≠ntesis sobre su reino, su persona, sus ancestros, sus parientes, su ambiente cortesano y an√©cdotas personales; alcanzando solo a relatar su ni√Īez. El texto tiene la forma de un mon√≥logo dedicado al Se√Īor. El talento para la s√≠ntesis parece haberlo heredado de sus ancestros paternos, hasta Gustavo Vasa, conocidos por expresarse en forma clara y concisa. Por algunos detalles en el escrito, se puede afirmar que empez√≥ a escribirlo a comienzos de la d√©cada de 1660, durante su estad√≠a en Hamburgo, prosiguiendo en 1681.

En 1665, el duque de La Rochefoucauld public√≥ Reflexiones o sentencias y m√°ximas morales. La reina inici√≥ un intercambio de correspondencia con el escritor franc√©s, y motivada por el trabajo de √©ste, comenz√≥ a escribir aforismos que fueron reescritos en 1670, en dos vol√ļmenes: Les Sentiments Heroiques y L'Ouvrage de Loisir: Les Sentiments Raisonnables. En total son 1300 aforismos, escritos con las cualidades de una m√°xima: ser la expresi√≥n m√°s breve de un pensamiento.

Tenía también como costumbre escribir comentarios en el margen de los libros que leía, que han contribuido a ampliar su biografía. Hay que recordar asimismo que contó con el inestimable apoyo de los miembros de la Academia Real fundada por ella.

√öltimos a√Īos

Monumento a la reina Cristina de Suecia en la Basílica de San Pedro, Roma.

La √ļltima d√©cada de su vida estuvo marcada por las dificultades econ√≥micas. Sus ingresos se vieron mermados por el estado de guerra en Suecia. Sin embargo, Carlos XI hizo lo posible por mantener el compromiso econ√≥mico con ella. La falta de recursos la oblig√≥ a terminar con algunos de sus mecenazgos, siendo el de Arcangelo Corelli, su maestro de capilla, el m√°s notorio. Su salud comenz√≥ a deteriorarse y pasaba la mayor parte de su tiempo escribiendo. Sus diferencias con el papa Inocencio XI se agudizaron.

Alg√ļn tiempo antes de su muerte, un visitante franc√©s escribi√≥ una descripci√≥n de Cristina:

"Tiene m√°s de sesenta a√Īos de edad, decididamente peque√Īa, muy robusta y rechoncha. Su piel, voz y facciones son masculinos: nariz grande, grandes ojos azules, cejas rubias, una doble barba con vello y un levemente prominente labio inferior. Su cabello es casta√Īo claro, un palmo de largo, empolvado y sin peinar. Su expresi√≥n es amistosa y sus modales muy obsequiosos. Su indumentaria se compone de una chaqueta masculina ajustada, de sat√≠n negro, que le alcanza las rodillas y abotonada en el frente. Usa una falda negra corta que muestra su calzado masculino. Una gran cinta negra ocupa el lugar del pa√Īuelo al cuello. Un cintur√≥n sobre su chaqueta le ajusta el vientre, haciendo m√°s notoria su redondez."

En los primeros meses de 1689, la reina comenz√≥ a sentirse muy enferma. El 13 de febrero sufri√≥ un desmayo, que se repiti√≥ tres d√≠as m√°s tarde. Sus m√°s cercanos le pidieron que recibiera la extremaunci√≥n, cosa que ella tom√≥ con serenidad. El 1 de marzo escribi√≥ su testamento, nombrando al cardenal Azzolino como su heredero universal. Tambi√©n le escribi√≥ una carta al papa Inocencio XI solicitando con humildad su perd√≥n por las diferencias que hab√≠an tenido. El papa, que tambi√©n se encontraba enfermo, recibi√≥ la misiva con emoci√≥n y le respondi√≥ por medio de un cardenal, que daba por terminadas sus diferencias y le daba la absoluci√≥n. En sus √ļltimos d√≠as tuvo la compa√Ī√≠a de su amigo Azzolino, que tambi√©n se hallaba enfermo y morir√≠a el 6 de junio del mismo a√Īo.

En su testamento Cristina escribi√≥ que deseaba ser amortajada de blanco y sepultada en el Pante√≥n de Agripa, sin exhibici√≥n de sus restos y rechazando cualquier pompa o vanidad. Su epitafio deber√≠a ser tallado en una piedra sencilla y s√≥lo con la inscripci√≥n ‚ÄúD.O.M. Vixit Christina annos LXIII‚ÄĚ (Deo √ďptimo M√°ximo vivi√≥ Christina 63 a√Īos).

A las 6 de la ma√Īana del 14 de abril, reposando en su lecho y s√≥lo en compa√Ī√≠a del cardenal Azzolino y su confesor, Pater Slavata, Cristina llev√≥ su mano izquierda al pecho y expir√≥.

Funerales

Su √ļltima voluntad, de ser sepultada con sencillez, no fue obedecida. El cardenal Azzolino y el papa Inocencio XI decidieron darle un funeral de Estado. Su cuerpo amortajado se expuso durante tres d√≠as en su palacio para recibir los √ļltimos respetos de numerosos visitantes. Al atardecer del 22 de abril, en un carro abierto, fue trasladada en un cortejo iluminado por antorchas y rodeada de su guardia palaciega, a una iglesia designada por el cardenal Azzolino. Al siguiente d√≠a se celebr√≥ una misa de responso en presencia de todo el colegio cardenalicio. Terminada √©sta, se inici√≥ una enorme procesi√≥n que llevar√≠a los restos de la reina hasta la Bas√≠lica de San Pedro. All√≠ fue depositado su cuerpo en un ata√ļd de cipr√©s junto a su corona y cetro. El ata√ļd a su vez fue colocado en otro de plomo y finalmente en otro ata√ļd de madera. √Čste fue depositado en la llamada Grotte vecchie, en la nave central de la Bas√≠lica. Su sepulcro fue sellado con argamasa y posteriormente se le agreg√≥ el epitafio: ‚ÄúD.O.M. Corpus Christinae Alexadrae Gothorum Suecorum Vandalorumque Reginae Obiit die XIX Aprilis MDCLXXXIX.

En 1701, durante el papado de Clemente XI -aquel joven literato Albani de la Academia de la Arcadia-; el arquitecto Carlo Fontana, un discípulo de Bernini, realizó el monumento funerario que se puede observar hoy en la Basílica de San Pedro.


Predecesor:
Gustavo II Adolfo
Reina de Suecia
1632 - 1654
Sucesor:
Carlos X Gustavo

Bibliografía

  • Curt Weibull:Drottning Christina. Studier och forskningar (La Reina Cristina: Estudios e Investigaciones). Editorial Natur och Kultur (1931)
  • Cristina de Suecia :Sj√§lvbiografi och aforismer (Autobiograf√≠a y aforismos) Editorial Natur och Kultur (1957)
  • Lars O. Lagerqvist :Sverige och dess regenter under 1 000 √•r (Suecia y sus soberanos durante 1 000 a√Īos) ISBN 91-0-075007-7
  • Sven Stolpe :Kristina Drottning och rebell (Cristina, reina y rebelde) ISBN 91-89684-27-3
  • Herman Lindqvist : Hermans historia (La Historia de Herman) ISBN 91-7643-428-1
  • Per Nystr√∂m :Tre kvinnor mot tiden (Tres mujeres contra su √©poca) ISBN 91-550-4121-3

Enlaces externos

Obtenido de "Cristina de Suecia"

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