Acción de Artaza

ÔĽŅ
Acción de Artaza

La Acción de Artaza fue un enfrentamiento armado durante la Primera Guerra Carlista en los valles de las Amescoas de Navarra entre las tropas isabelinas de Gerónimo Valdés y las carlistas de Tomás de Zumalacárregui el 22 de abril de 1835.

Artaza
Parte de Primera guerra carlista
Fecha 22 de abril de 1835
Lugar Amescoas
Resultado Victoria Carlista
Beligerantes
Carlistas Liberales
Comandantes
Tomás de Zumalacárregui Gerónimo Valdés
Fuerzas en combate
5.000 soldados 22.000 soldados

Contenido

Testimonios

Cuatro personas que participaron en la acción: Luis Fernández de Córdova, su hermano Fernando Fernández de Córdova, el inglés C.F. Henningsen y Juan Antonio de Zaratiegui, dejaron escritos sus recuerdos de ella. Tomando como base estos testimonios, más las alocuciones y el parte que redactó Valdés, es posible reconstruir con la mayor fidelidad su desarrollo.

Antecedentes

Comprobando que tampoco Espoz y Mina, al igual que sus antecesores Vicente Genaro Quesada y Rodil, no consegu√≠a acabar la guerra con Zumalac√°rregui, a pesar de los poderosos medios que se hab√≠an puesto a su disposici√≥n, Ger√≥nimo Vald√©s, ministro de Guerra, decidi√≥ en abril de 1835 trasladarse al frente del norte y hacerse cargo personalmente de la campa√Īa. Zumalac√°rregui, tras las duras campa√Īas realizadas durante el invierno, tanto en la batalla de Mendaza como en la de Arquijas y en las acciones desarrolladas en el Pirineo contra Espoz y Mina, dificult√°ndole abastecerse de recursos que desde Madrid le eran propiciados pero que deb√≠a recoger en la frontera francesa, se hab√≠a retirado con el grueso de sus fuerzas a los valles navarros de las Amescoas, Ega, Berrueza y Lana.

Paisaje

Al igual que en la mayoría de las acciones realizadas por Zumalacárregui, dado que éste tomaba como aliado al paisaje para poder hacer frente con sus exiguas tropas a las imponentes del enemigo, es preciso describir con detalle el terreno en el que se desarrolló esta acción.

Los valles de las Amescoas forman parte de los valles situados en la mara√Īa monta√Īosa existente entre las llanuras de Pamplona y √Ālava y la ribera del Ebro. Las Amescoas se conocen como Amescoa Alta y Baja. La Alta comienza a extenderse desde el alto de Contrasta hacia el este, entre la sierra de And√≠a al norte y la de L√≥quiz al sur, con un recorrido oeste-este de unos 20 km y unos 4 km de anchura. Transcurrida esta distancia, el valle dobla hacia el sur, entre la sierra de Urbasa, prolongaci√≥n hacia el sur de la de And√≠a, al este y la sierra de L√≥quiz al oeste, formando la Amescoa Baja con un largo de unos 6 km. Luego el valle se ensancha, siguiendo la direcci√≥n sur pero llam√°ndose a partir de aqu√≠ valle de All√≠n, llegando, tras otros 9 km de extensi√≥n y habi√©ndose unido al valle del Ega, a Estella.

Las sierras de And√≠a, Urbasa y L√≥quiz tienen los lomos en gran parte llanos, estando cubiertos de pastizales y densas masas de bosque. Los bosques son de encinas, robles y carrascas, provistos de un denso sotobosque de brezos, enebros y acebos. Los bordes de estas sierras sobre las Amescoas son todos ellos rocosos, exentos de vegetaci√≥n "...inmensos rollos que cuelgan de las rocas empotradas en las laderas de las monta√Īas..." dice Henningsen. Desde la base de las rocas hasta el fondo del valle, las laderas est√°n cubiertas de bosques a√ļn m√°s espesos que los que existen en las cumbres. Los accesos desde las Amescoas, todos ellos abiertos por la mano del hombre, trabajando la piedra, a las sierras son pocos y dif√≠ciles de superar. A los soldados carlistas, con su ropa y calzado de monta√Īa y su escaso equipo y armamento, no les era dif√≠cil trepar por estas rocas, ya que sus paredes aunque casi verticales no tienen la superficie lisa, sino rota con hendiduras. Pero los soldados isabelinos estaban uniformados con chac√≥, pantal√≥n largo, levita, zapatos, mochila, cartuchera, fusil, bayoneta y sable. Para ellos estas rocas eran imponentes murallas infranqueables.

Zumalac√°rregui utiliz√≥ preferentemente las Amescoas como guarnici√≥n de sus tropas, puesto que desde esta posici√≥n ten√≠a excelente informaci√≥n de las tropas enemigas a trav√©s de su sistema de Aduaneros, de los movimientos que el enemigo realizaba desde sus fortificadas guarniciones entre Logro√Īo-Pamplona, Logro√Īo-Vitoria y Vitoria-Pamplona, y pod√≠a entorpecer en muy pocas horas, debido a la agilidad de movimiento en la que se basaba el operativo de sus batallones, las marchas de las lentas divisiones isabelinas.

La naturaleza no es pr√≥diga para los humanos que la habitan: ''"En el estrecho y alargado valle se levantan ocho o diez peque√Īas y pobres aldeas que producen, aproximadamente, lo suficiente para la alimentaci√≥n de sus habitantes, con la excepci√≥n de garbanzos y lentejas, que son muy estimados en Navarra", informa Henningsen.

Aqu√≠ hab√≠an establecido los carlistas sus hospitales, tanto para hombres como para caballos. Los valles hab√≠an sido por ello invadidos una y otra vez por columnas isabelinas, pero Zumalac√°rregui rehuy√≥ el combate en aquel paraje a fin de no da√Īar a los habitantes y sus bienes, abandon√°ndolos inmediatamente al acercarse el enemigo, bien hacia el oeste, a los valles del Ega, Lana y de La Berrueza, bien hacia el noreste a los de la Ulzama y Borunda. Consigui√≥ as√≠ que el valle fuese respetado por las tropas isabelinas que transitaron por √©l en su b√ļsqueda, hasta principios de abril, cuando Luis Fern√°ndez de C√≥rdova lo recorri√≥, asol√°ndolo, causando grandes da√Īos en los bienes de sus habitantes, tratando de hacer inhabitable la guarida carlista. Zumalac√°rregui se encontraba actuando en el norte de Navarra y al tener noticia de la incursi√≥n isabelina, march√≥ r√°pidamente a las Amescoas, pero los isabelinos ya las hab√≠an vuelto a abandonar. Henningsen narra: "A medida que pas√°bamos a trav√©s de las diferentes aldeas, siguiendo las huellas del ej√©rcito de la Reina, en todas partes se nos presentaban los vestigios de su salvaje venganza; tan pronto como empezamos a descender por el desfiladero, pudimos observar fuertes columnas de humo que se levantaban de cuatro o cinco aldeas."

Preliminares a la acción

Gerónimo Valdés.

El general Vald√©s lleg√≥ desde Madrid a Logro√Īo el 14 de abril, marchando seguidamente a Vitoria, donde hab√≠a ordenado reunirse las fuerzas disponibles en la zona. El menor de los C√≥rdova recuerda: "...Vino al ej√©rcito Vald√©s sin fausto alguno ni s√©quito, con un solo criado y una peque√Īa maleta y sin caballos, uniformes ni armas. √Čl mismo no sab√≠a d√≥nde estaba el equipaje que le pertenec√≠a. Tampoco tra√≠a dinero y nada en verdad necesitaba. De uno de los generales adquiri√≥ el sombrero, de otro el caballo que deb√≠a montar, de otros los cigarros, y la comida tom√°bamos en donde la hab√≠a o sent√≠ase con apetito.

El día 18 publicó Valdés un bando dedicado a los habitantes de las provincias vascas y Navarra:"...es preciso, es absolutamente indispensable para vuestro propio bien y para la tranquilidad de la Nación entera, de la que formáis parte, que termine de una vez para siempre esta guerra cruel y fratricida..." Ofreció también indulto a los que en un plazo de quince días abandonaban a Zumalacárregui pero acabó amenazando: "...entregaré a las llamas, sin reserva ni consideración de ninguna especie, todas las poblaciones de ciertos valles que sirven de refugio ordinario a los rebeldes y donde encuentran más recursos y criminal acogida, respetando, sin embargo, las personas y propiedades de sus habitantes, que encontrarán amparo y seguridad si se retiran a los pueblos donde haya guarnición o a las provincias pacíficas. Esta medida es dolorosa pero cuando el bien de la patria habla, deben callar todos los sentimientos humanos."

Movimientos del día 19-4-1835

El ej√©rcito isabelino, compuesto por 34 batallones, unas bater√≠as de monta√Īa, una de cohetes a la congreve (proyectil usado contra la caballer√≠a y que consist√≠a en un tubo de hierro que disparaba cohetes con cabeza provista de carga explosiva), as√≠ como varios escuadrones de caballer√≠a, parti√≥ de Vitoria el 19 de abril, llegando al atardecer a Salvatierra. Eran unos 22.000 hombres.

Movimientos del día 20-4-1835

Al día siguiente partió el ejército isabelino hacia la vertiente norte de la sierra de Andía, que posee allí laderas que, aunque pendientes, permiten acceso sin dificultad por varios puertos, remontándolo por el de Olazagutía.

Tom√°s de Zumalac√°rregui.

Tan pronto como Zumalac√°rregui fue informado del rumbo tomado por el enemigo, orden√≥ a los jefes de los batallones acantonados en los cercanos valles de Ega y Berrueza que se pusiesen inmediatamente en marcha hacia las Amescoas. Durante la noche fueron llegando a Eulate, en la Amescoa Alta, formando una tropa compuesta por los batallones 2¬ļ, 3¬ļ, 4¬ļ, 6¬ļ y 10¬ļ de Navarra, el de Gu√≠as de Navarra, el 1¬ļ de Castilla, el 1¬ļ de √Ālava y el √ļnico escuadr√≥n de lanceros que hab√≠an conseguido crear. Eran unos 4.000 hombres.

Zarratiegui dice que :"...podía a la verdad haber aumentado algunos días antes estas fuerzas, pero las dificultades de mantenerlas en un país tan estéril y exhausto de todo, y la imposibilidad de maniobrar con soltura en un terreno tan angosto y desigual como lleno de obstáculos, le persuadieron que los diez batallones que hemos citado serían suficientes para hacer frente a los 32 de Valdés..."

En realidad, Zumalac√°rregui en ning√ļn momento sopes√≥ enfrentarse a Vald√©s en las Amescoas. Pensaba que √©ste √ļnicamente quer√≠a manifestarle la potencia de la tropa de la que dispon√≠a, proponi√©ndole una vez m√°s que entregase las armas, y en el caso de que Zumalac√°rregui no se aviniese a ello, mientras marchaba pausadamente por el valle a Estella, se limitar√≠a a arrasar y saquear lo poco que hab√≠a dejado indemne Luis Fern√°ndez de C√≥rdova unas semanas antes.

Por la tarde llegó el ejército isabelino a Contrasta, asomándose a lo más alto del valle de las Amescoas. El jefe carlista Bruno Villarreal que con dos batallones vigilaba este terreno, se retiró, uniéndose al grueso de la tropa carlista en Eulate, quedando la tropa carlista compuesta por 5.000 hombres.

En la planicie que se extiende alrededor de las casas de Contrasta acamp√≥ el ej√©rcito isabelino. Fernando Fern√°ndez de C√≥rdova lo recuerda: "Las tropas formaron en tres columnas profundas en orden paralelo, y a distancia de maniobra. Su frente abrazaba todo el valle de uno a otro lado. La caballer√≠a y artiller√≠a, convenientemente protegidas, ocupaban el centro. Avanzadas y escuchas bien colocadas cubr√≠an al campamento. La noche, fr√≠a y oscura, hac√≠a desear el fuego, y el general permiti√≥ se encendieran fogatas, que el soldado alumbr√≥ en gran n√ļmero con la abundante le√Īa de que dispon√≠a. Recuerdo que el aspecto del campamento fue deslumbrador e imponente. Mi batall√≥n ocup√≥ la cabeza de la columna del centro... los dem√°s jefes y brigadieres estaban convenientemente repartidos y los cuerpos recibieron la orden de no moverse de sus posiciones respectivas, de guardar el mayor silencio y de no hacer fuego al enemigo sino a quemarropa, recibi√©ndolo con la bayoneta en caso de que se arrojara sobre nuestras filas. Mas el enemigo no dio se√Īales de vida durante la noche, y contra su costumbre, no lleg√≥ a tirotear nuestras posiciones. Solo nos dio a conocer su inmediata presencia por una fogata encendida a nuestro frente a distancia de dos tiros de fusil, en el fondo y centro del valle..."

Allí, calentándose junto a la hoguera vista por el militar isabelino, se encontraba precisamente el capitán de lanceros carlistas Henningsen: "Envuelto en mi capote y delante de una gran fogata estaba yo, temblando de frío, pues era tan penetrante el viento que, o llevaba la llama y el calor hacia un lado, o repentinamente arrojaba sobre nuestras caras la llama y las chispas, dispersando a todo el grupo."

Movimientos del día 21-4-1835

Fernando Fern√°ndez de C√≥rdova sigue relatando: "Amaneci√≥ y con la aurora del 21 se levant√≥ el ej√©rcito a la se√Īal de diana y los cuerpos m√°s avanzados, as√≠ como los situados en los flancos y retaguardia, hicieron la descubierta reconociendo el territorio, que por lo espeso de los bosques y muchos accidentes era peligroso y muy necesario de explorar de cerca... Parec√≠a aquel pa√≠s un desierto y hubi√©ramos considerado el valle completamente abandonado, sin la presencia de algunos ganados extraviados y la multitud de ropa y efectos de casa y v√≠veres y aun dinero que los soldados encontraban escondidos en los huecos de los √°rboles."''

Henningsen da respuesta a esta noticia: "Ahora que el segundo avance de Valdés se había anunciado, las aldeas quedaron enteramente desiertas. Todos los habitantes con sus familias, ganado, aves, muebles, se refugiaron en la sierra, huyendo delante de sus despojadores... aquellos artículos que no podían llevar consigo, los enterraban de tal modo que los cristinos, al llegar, se encontraban con los muros desnudos". Sigue contando Fernando Fernández de Córdova: "Zumalacárregui parecía querernos amedrentar con el silencio y con el aspecto imponente y singular de aquellos lugares solitarios. Ni un soldado, ni un habitante, ni ser alguno viviente se presentaba a nuestra vista ni al alcance de los anteojos dirigidos hacia todos los puntos del horizonte después de recorrer los terrenos inmediatos." El avance isabelino lo describe Henningsen desde el otro lado del frente: "A primera hora, Valdés avanzó en columnas cerradas por el valle; pero sólo podía marchar paso a paso, pues nosotros nos retirábamos a su vista. Alrededor de la mitad del batallón de Guías, desparramado en forma de tiradores sueltos, hacía que su avance fuera muy lento". Zumalacárregui abandonó Eulate cuando comenzó a acercarse Valdés y situó sus tropas más al fondo del valle.

A mediodía llegaron las avanzadillas de Valdés a Eulate y fue entonces cuando el jefe isabelino tomó una de las decisiones más incomprensibles que militar alguno tomara durante esta guerra: "Hice tomar posición en el valle a la división del general Córdova, con su izquierda apoyada en Eulate, en cuya disposición se mantuvo hasta que todas las demás tropas, desfilando por su retaguardia, subieron el puerto de Eulate, cuyo movimiento siguió después dicha división por medio de una bella operación de escalones."

Guías de Navarra.

Viendo Zumalac√°rregui que el enemigo abandonaba el valle y volv√≠a a subir a la sierra de And√≠a por el pasillo abierto en las rocas de Eulate, pens√≥ que Vald√©s, que hasta poco antes desconoc√≠a el paisaje en el que se hab√≠a introducido con su enorme ej√©rcito, la dificultad de moverlo por √©l y la ausencia de intenci√≥n carlista de ofrecerse a combatir, hab√≠a decidido abandonar su objetivo, volviendo a √Ālava.

Tres horas tard√≥ en subir a la sierra el ej√©rcito isabelino y tras ellos envi√≥ Zumalac√°rregui una partida para que observase su movimiento. Cuando poco despu√©s desde las alturas le llegaron los correos, inform√°ndole que Vald√©s no se dirig√≠a por el lomo de la sierra hacia √Ālava, sino que marchaba hacia el este, el jefe carlista qued√≥ desconcertado sobre lo que se propon√≠a hacer Vald√©s, ya que marchando en esa direcci√≥n, tras una penosa traves√≠a por la sierra, s√≥lo podr√≠a llegar al cabo de dos d√≠as y dando un gran rodeo a Estella, o en tres a Pamplona.

La venta de Urbasa

Guardia Real de Infantería isabelina.

Vald√©s explica lo que le ha ocurrido: "...siendo ya muy entrada la tarde y faltando absolutamente el agua en aquellas elevadas cimas, me vi en la absoluta precisi√≥n de dirigirme a acampar a las inmediaciones de la venta de Urbasa..." Duro es el paisaje de las sierras de And√≠a y Urbasa, pero el lugar m√°s inh√≥spito es el que rodea la venta de Urbasa. Apenas hay tierra en el suelo, permitiendo que la roca rompa la fina capa de tierra, cubriendo gran parte del suelo; los pocos √°rboles que crecen lo hacen retorci√©ndose, buscando en el aire, en el sol, el alimento que niega la est√©ril tierra a sus ra√≠ces. La vista del musgo que cubre los troncos de estos √°rboles y el que cuelga de sus ramas es el m√°s claro testimonio de la dureza de la estancia para el ser humano en este lugar. La situaci√≥n la describe Fernando Fern√°ndez de C√≥rdova: "Tuvimos que acampar tambi√©n, formando un gran cuadro con la infanter√≠a desplegada en tres filas, una de las cuales deb√≠a permanecer sentada sin separarse ning√ļn hombre de su puesto ni dejar las armas en la mano. Las otras dos filas pod√≠an descansar sin descomponer la formaci√≥n ni abandonar tampoco los fusiles, aunque estuviesen acostadas. A retaguardia, y detr√°s de los batallones as√≠ dispuestos, situ√°ronse algunos en masa como en reserva, y dentro del cuadro se confeccionaron los ranchos cerca de los regimientos respectivos."

El ej√©rcito acamp√≥ al aire libre, se prohibi√≥ hacer fuego y fumar y las cacerolas del rancho que se prepar√≥ estaban pr√°cticamente vac√≠as. El ej√©rcito isabelino, provisto siempre de muy escasas raciones, hab√≠a salido de Vitoria con raciones para tres d√≠as. La primera la consumi√≥ en Salvatierra, pero en Contrasta, el hambre por un lado, y en la creencia de que al d√≠a siguiente llegar√≠an lo m√°s tarde al anochecer a Estella, les anim√≥ a consumir las dos raciones que les quedaban. Por ello, en la venta de Urbasa ya no les quedaba nada para comer y apenas hab√≠a agua y la poca que se encontr√≥ se reparti√≥ de mala manera. Y tambi√©n hac√≠a mucho fr√≠o. Incluso los diez batallones carlistas cobijados en las aldeas en el valle sufrieron la dureza de la noche seg√ļn confirma Henningsen: "...hac√≠a un fr√≠o intenso, aun en el valle que estaba relativamente resguardado; el aguanieve, la nieve y la lluvia se sucedieron hasta la ma√Īana." A√ļn m√°s ocurri√≥ en el campamento de la venta de Urbasa, seg√ļn Zaratiegui, ya que Zumalac√°rregui mand√≥ all√° arriba a "...unos 200 tiradores, a fin de mantener con sus disparos toda la noche en vela al enemigo". Hecho que confirma el menor de los C√≥rdova: "Cuando las fuerzas contrarias presumieron sin duda que las tropas rendidas por el sue√Īo, habr√≠an relajado la vigilancia en el campo, present√°ronse algunas compa√Ī√≠as enemigas en diferentes puntos para tirotearnos". Esta estratagema de importunar el sue√Īo del enemigo, haciendo que unos pocos de sus hombres disparasen sobre su campamento, no dejando dormir a los que lo ocupaban, rest√°ndoles fuerzas para el siguiente d√≠a, era una de tantas t√°cticas que empleaba el genial general carlista para desmoralizar al enemigo.

Esquema de situación de la Acción de Artaza

Br√ļjulaN.svg
               (1)           (2)                            
^^^^(3)^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^(10)^^^^^^^^
                     ^                                               ^
                    (8)        (6)    (9)                      (11) (5) 
                     ^                                               ^
^^^^(4)^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^      ^           
                                                              ^ (7)  ^
                                                              ^ (12) ^
                                                              ^      ^   (13)
                                                              ^      ^
                                                                (14) 
                                                                        
                                                     

(1) Vitoria. (2) Salvatierra. (3) Sierra de Andía. (4) Sierra de Lóquiz. (5) Sierra de Urbasa. (6) Valle de Amescoa Alta. (7) Valle de Amescoa Baja. (8) Contrasta. (9) Eulate. (10) Venta de Urbasa. (11) Zudaire. (12) Artaza. (13) Abárzuza. (14) Estella

La acción

Amaneci√≥ y en el campamento isabelino la banda de m√ļsica del regimiento de la Guardia Real toc√≥ diana y a los soldados se les dio el aguardiente al que ten√≠an derecho cuando hab√≠a previsto un enfrentamiento. Vald√©s dice: "A las seis de la ma√Īana emprend√≠ de nuevo mi movimiento, dominando como la v√≠spera las cumbres. Mi intenci√≥n era dirigirme a Estella porque la absoluta falta de subsistencias lo exig√≠a; tanto m√°s cuanto que mi objetivo principal estaba cumplido desde el d√≠a anterior en que hab√≠a demostrado al enemigo que pod√≠a penetrar en las Amescoas y ocupar o destruir sus pueblos a mi placer, a pesar de la reuni√≥n de sus fuerzas. Con esta idea continu√© mi marcha al trav√©s de los intrincados bosques que cubren la expresada sierra."

En el fondo del valle, los carlistas, seg√ļn Zaratiegui, tambi√©n madrugaron: "Al rayar el alba, Zumalac√°rregui dio orden de que se tocasen durante largo rato las cornetas y cajas y se distribuyesen a las tropas el aguardiente acostumbrado en los d√≠as de combate; recorriendo en seguida las compa√Ī√≠as y anim√°ndolas con algunos breves discursos. A las cinco de la ma√Īana comenz√≥ a establecer en varios puntos sus batallones y creyendo que los enemigos bajar√≠an adonde √©l estaba por el puerto de Zudaire, que es el m√°s ancho y suave, coloc√≥ 20 compa√Ī√≠as por escalones."

Pero tampoco aquel día había de dejar de sorprender Valdés a Zumalacárregui con otra de sus inexplicables actuaciones, ya que ni bajó a las Amescoas por el relativamente cómodo puerto de Zudaire, pero ya de por sí muy peligroso para su ejército nada preparado para combatir en este paraje, ni atravesó el lomo de la sierra de Urbasa hacia el sureste para bajar por sus suaves pendientes al valle en el que se encuentra Abárzuza y seguir desde allí a Estella, sino que optó por continuar hacia el sur, caminando sobre la abrupta cresta de la sierra que se encumbra sobre la Amescoa Baja.

De la sorpresa de Zumalac√°rregui al verlo a√ļn all√° arriba, dice Zaratiegui: "Cerca de las ocho tuvo este orden una completa variaci√≥n, porque en lugar de descender los contrarios por el citado puerto, se observ√≥ que iban pasando por el borde de la sierra hacia el de Artaza. Zumalac√°rregui, sorprendido al principio de tal movimiento, comprendi√≥ al fin que el tan formidable ej√©rcito no trataba ya m√°s que de retirarse de su vista, rehuyendo el combate. Entonces, con la mayor resoluci√≥n, tom√≥ cuatro batallones y subi√≥ con ellos al puerto de Artaza. Al llegar a √©l, los cristinos empezaban a salir al descubierto desde el bosque que hay m√°s elevado y en busca, a lo que luego se vio, del camino de Estella."

Amescoa Baja desde el puerto de Zudaire. Artaza a la izquierda.

Zumalac√°rregui dej√≥ el grueso de tropa en Zudaire y se llev√≥ a Artaza tres batallones: el de Gu√≠as y los 4¬ļ y 6¬ļ de Navarra y el escuadr√≥n de Lanceros de Navarra, fuerza que consideraba suficiente para cerrar el paso a los isabelinos en el puerto durante largo tiempo, ya que √©ste no es m√°s que una breve cortadura en la muralla rocosa de la cresta, sin arriesgar el grueso de su tropa.

Una vez all√≠, cuenta Henningsen: "Aunque en las alturas brillaban abundantes las armas del enemigo, solamente pod√≠an bajar por este desfiladero, pues las murallas de roca hac√≠an el paso imposible por cualquier otro lado. Cuando vimos la peque√Īa fuerza destinada a detener su paso y nos dimos cuenta de que, si √©sta era vencida, el torrente que bajar√≠a al valle nos traer√≠a segura destrucci√≥n a todos, no pudimos menos de mirar con ansiedad el resultado del choque."

Vald√©s confiesa: "Era la primera vez que yo pisaba aquel terreno, pero en medio de la falta de noticias y de la imposibilidad de un reconocimiento previo detenido, conoc√≠ la importancia de ocupar un elevad√≠simo pe√Īasco que domina la salida del puerto y al que me dirig√≠ a la cabeza de dos batallones a tiempo que ya los enemigos trepaban su cima." El pe√Īasco que cita de nada le serv√≠a ocuparlo a no ser que hubiese conseguido subir all√° arriba artiller√≠a de batir, fuerza de la que no dispon√≠a. Desde all√≠ con s√≥lo fuego de fusiler√≠a no pod√≠a asegurar la bajada de sus soldados al quedar demasiado distanciado el pe√Īasco del puerto, ni a los carlistas se les habr√≠a ocurrido trepar al pe√Īasco para ocuparlo, porque de nada tampoco les habr√≠a servido llegar all√° arriba. Aquel pe√Īasco s√≥lo serv√≠a para tener una grandiosa vista sobre el paisaje en el que se iba a desarrollar el desastre del ej√©rcito isabelino.

Lo que hicieron los carlistas fue tomar posiciones a la salida del puerto, entre los √°rboles, con el batall√≥n de Gu√≠as y el 4¬į de Navarra, mientras que el 6¬į quedaba algo m√°s abajo, ya a la entrada del pueblo, donde acaba el arbolado y comienzan las praderas y las tierras de labor, como reserva junto con el escuadr√≥n de caballer√≠a.

El batall√≥n que mandaba Fernando Fern√°ndez de C√≥rdova, el 2¬ļ batall√≥n de Voluntarios de Arag√≥n, hab√≠a protagonizado en enero una revuelta en Madrid, ocupando la Casa de Correos, llegando a dar muerte al capit√°n general que intentaba apaciguarlos. El reglamento preve√≠a que el batall√≥n hubiera sido diezmado pero, temiendo revueltas de otras fuerzas acantonadas en la capital, se decidi√≥ enviarlo al frente. All√≠ ser√≠a empleado como fuerza de choque, es decir, sacrificado. Su batall√≥n fue por ello el primero en tratar de abrirse paso en la brecha de Artaza y a medida que los soldados llegaban a tiro de los carlistas ocultos en la masa forestal, eran recibidos con las descargas enemigas, no pudiendo ponerse a cubierto, ya que los que ven√≠an detr√°s y que no sab√≠an lo que ocurr√≠a delante de ellos, los empujaban. Su comandante dice: "...un inmenso p√°nico comenz√≥ a dominar al batall√≥n... imped√≠ales volver la espalda lo estrecho del campo y los batallones que nos segu√≠an". Los que iban consiguiendo salir, se desparramaban por la ladera, a los pies del pe√Īasco en el que estaba Vald√©s, incapaz de cubrirles desde aquella inveros√≠mil posici√≥n.

Durante cuatro horas contuvieron los dos batallones carlistas a los isabelinos. Al cabo de ellas "...el camino estaba tan lleno de muertos, que los cristinos no podían bajar sin pasar por encima de sus cadáveres", dice Henningsen.

El 4¬ļ batall√≥n de Navarra, exhausto, ya casi sin municiones, fue relevado por el 6¬ļ pero √©ste, al ser su comandante herido de muerte nada m√°s entrar en combate, se desmoraliz√≥, cediendo sus posiciones, desband√°ndose cuesta abajo. Cuenta Henningsen que entonces: "En un instante, alrededor de 4.000 hombres se abrieron paso hacia abajo, y el 4¬ļ batall√≥n, a causa de la huida del 6¬ļ, fue v√≠ctima de la mayor confusi√≥n y cedi√≥. Todo esto tuvo lugar tan r√°pidamente que una carga nuestra, dado el n√ļmero de los que se hab√≠an abierto camino hacia abajo, hubiera sido peor que in√ļtil. A pesar de la firmeza de los Gu√≠as, yo pens√© durante un momento que nos har√≠an pedazos a todos."

Tomado por los cristinos el campo alrededor del pueblo, continuaron descendiendo hacia el fondo del valle nuevamente por una fuerte pendiente, también densamente poblada de árboles y arbustos, encontrándose tras ellos parapetados con los restos de los tres batallones comandados por Zumalacárregui. La caballería había sido enviada poco antes a bajar al fondo del valle y marchar desde allí en dirección de Zudaire.

La tierra de los campos de Artaza contiene mucha cal, lo que hace que con la humedad proveniente del deshielo en la sierra, al caminante se le pegan pesados terrones de tierra en su calzado. La infantería isabelina estaba provista de zapatos de cartón, recubiertos con una delgada capa de cuero, fabricados en Inglaterra donde el gobierno isabelino los adquiría para su ejército. En aquella marcha, los soldados isabelinos pronto quedaron descalzos y comenzaron a abandonar gran parte de su equipo para poder moverse más ágilmente por el bosque.

La oposición que pudo realizar Zumalacárregui con fuerzas tan mermadas duró poco, quedando separado de su retaguardia al lograr el grueso de las tropas de Valdés llegar al fondo del valle, interponiéndose entre él y las tropas que estaban en Zudaire. Aquí, en la retaguardia carlista, ignoraban lo que estaba ocurriendo en Artaza, por lo que Zaratiegui, con dos batallones, subió por el puerto de Zudaire a la sierra. Una vez arriba vio que allí abajo "...todo el ejército isabelino se dirigía hacia Estella...", aunque en lo alto de la sierra "...una división compuesta de seis o siete batallones que permanecía formada en columna cerrada a pocos pasos de allí, con el objetivo al parecer de cubrir su retaguardia. Luego que el primer batallón de Navarra que marchaba a la cabeza tomó posición en el alto del puerto, comenzó el ataque contra la división enemiga, la que, permaneciendo antes arma al brazo, viéndose acometida, opuso una gran resistencia..."

Cuando el grueso de las tropas de Vald√©s consigui√≥ abrirse paso y llegar al fondo del valle, tom√≥ el camino de Estella, mientras que su retaguardia continuaba en la sierra, conteniendo a Zaratiegui. La marcha por el valle continu√≥ siendo muy penosa, puesto que la noche hab√≠a llegado, el camino era estrecho y eran muchos los heridos que hab√≠a que transportar, convirti√©ndose la formaci√≥n en una prolongada l√≠nea. El total desastre era inevitable, ya que, por un lado, Zumalac√°rregui fue con su gente por la ladera este con mayor rapidez que la columna enemiga, consiguiendo as√≠ emboscarse nuevamente en el paso de las Pe√Īas de San Fausto, lugar en el que el valle queda muy encajonado. Aqu√≠ aguant√≥ a las tropas de Vald√©s hasta que se le acab√≥ la munici√≥n, cediendo finalmente el paso. Pero desde Zudaire se hab√≠an puesto en movimiento los dos batallones alaveses de Villarreal, acosando a la retaguardia isabelina que hu√≠a por el valle. La caballer√≠a carlista, a la que pertenec√≠a Henningsen, particip√≥ en esta persecuci√≥n "...picando la retaguardia hasta las diez de la noche. Cuando nos aproximamos a Estella... cerca de 3.000 fusiles fueron abandonados."

Fernando Fern√°ndez de C√≥rdova dice que "...en la oscuridad de la noche alguno de los cuerpos formados por quintos y con oficiales ya de edad o faltos de experiencia, sin disciplina aquellos y sin rigor y serenidad √©stos, perdieron la formaci√≥n y se dispersaron, contribuyendo a introducir el desorden y confusi√≥n en muchos otros.". Su hermano Luis ampl√≠a la noticia: "...en aquella funesta tarde y noche, la 3¬™ divisi√≥n que yo mandaba no s√≥lo rechaz√≥ los ataques del enemigo y conserv√≥ el orden m√°s perfecto en medio del caos, preserv√°ndose del p√°nico general que hab√≠a ganado a los dem√°s cuerpos, sino que salv√≥ a muchos de √©stos que corr√≠an a su perdici√≥n por el camino de la confusi√≥n y el desaliento; recogi√≥ la artiller√≠a abandonada en la marcha y sufri√≥ sin responder el fuego con que en la oscuridad nos recib√≠an nuestros mismos compa√Īeros de armas, que dispersos y aterrados nos tomaron por enemigos, vi√©ndonos marchar formados. Dar una idea de la confusi√≥n de aquella noche es imposible, pues el caos no se describe."

Tras él venía su hermano Fernando: "Mi batallón se encontró a retaguardia de todo el ejército y serían como las once de la noche cuando, considerando dificilísima mi llegada a Estella, donde habían entrado ya los primeros cuerpos de mi hermano, resolví tomar posición fuera del camino y esperar el día. Mas en aquellos momentos y cuando no se escuchaba ya el fuego enemigo y menos en verdad lo esperábamos, empezóse a oír un vivísimo tiroteo del lado de Estella, cuya dirección, por desdicha, demostraba que provenía de nuestras propias fuerzas, y que por éstas era también contestado. La oscuridad profunda de la noche, la confusión de la marcha y un pánico inexplicable que se apoderó de varios cuerpos del ejército dio origen a estas escenas lamentables, que costaron la vida a muchos bravos, sacrificados en la aspereza y lobreguez de aquellas sierras por sus propios hermanos de armas."

En la sierra, cerrada la noche, las dos retaguardias dejaron de enfrentarse, volviendo la carlista a Zudaire y la isabelina, cruzando con mucho sentido com√ļn el lomo de la sierra en direcci√≥n sureste, lleg√≥ a Ab√°rzuza.

Consecuencias

Al iniciarse la guerra en octubre de 1833, los partidarios carlistas fueron considerados por el gobierno isabelino como personas facciosas, siendo fusiladas casi sin excepción. Por lo que las tropas carlistas también fusilaban a los prisioneros del ejército isabelino que hacían, por un lado, como represalia, por otro, al no disponer permanentemente de localidad alguna en sus manos a la que podían conducirlos. El hecho más sangriento de fusilamientos se realizó en Heredia.

La prensa brit√°nica informaba con gran detalle sobre la guerra civil que se desarrollaba en Espa√Īa, por lo que su gobierno decidi√≥ enviar a lord Elliot con la misi√≥n de obtener un acuerdo entre los contendientes con el que cesasen los fusilamientos. Lord Elliot lleg√≥ el 25 de abril de 1835 al valle de La Berrueza al que se hab√≠a retirado Zumalac√°rregui desde las Amescoas, el cual acept√≥ inmediatamente el convenio propuesto con el que, b√°sicamente, se acordaba respetar la vida de los prisioneros, respetar igualmente los lugares en los que se encontraban las prisiones y promover el canje. El emisario ingl√©s se traslad√≥ a Logro√Īo, donde Vald√©s tambi√©n firm√≥ el convenio tres d√≠as despu√©s. Con la firma del convenio, el ej√©rcito carlista obtuvo una nueva victoria, ya que ahora era aceptado como ej√©rcito regular.

Tras el desastre de Artaza, Vald√©s se retir√≥ con sus tropas a la orilla sur del Ebro y orden√≥ que pr√°cticamente todas las guarniciones isabelinas mantenidas en el tri√°ngulo Logro√Īo-Vitoria-Pamplona, as√≠ como las que exist√≠an entre Pamplona y la frontera francesa, fuesen evacuadas, ya que no era posible mantener contacto con ellas. Este hecho y la desaparici√≥n de tropas isabelinas importantes en Navarra, abri√≥ el camino a Zumalac√°rregui para conquistar el Pa√≠s Vasco. Por el valle del Oria inici√≥ la conquista de Guip√ļzcoa, ocup√°ndola en pocas semanas con excepci√≥n de las ciudades fortificadas de San Sebasti√°n y Fuenterrab√≠a y alg√ļn puerto de mar. Las guarniciones enemigas que encontr√≥, o se rindieron o fueron conquistadas, consiguiendo as√≠ hacerse con una importante secci√≥n de artiller√≠a de batir de la que hab√≠a carecido completamente hasta la fecha. Ocup√≥ √Čibar, una de las ciudades armeras m√°s importantes de Espa√Īa, y el 2 de junio deshizo, en el alto de Descarga, ya camino de Vizcaya, la tropa isabelina que para detenerlo hab√≠a sido enviada desde Bilbao al mando de Espartero. Siete d√≠as despu√©s pas√≥ revista por √ļltima vez a su ahora poderoso ej√©rcito en Durango y el d√≠a 13 inici√≥ el sitio de Bilbao.

Fuentes

  • Fernando Fern√°ndez de C√≥rdova. Mis memorias √≠ntimas. Madrid, 1886. Tomo I. P√°ginas 203-219
  • Luis Fern√°ndez de C√≥rdova. Memoria justificativa. Par√≠s, 1837. P√°ginas 85-89
  • C.F. Henningsen. Zumalac√°rregui. Campa√Īa de doce meses por las provincias vascongadas y Navarra. Buenos Aires, 1947. P√°ginas 219-230
  • Jer√≥nimo Vald√©s. Bando. Vitoria. 18-4-1835. Bolet√≠n de Logro√Īo. 27.IV.1835
  • Jer√≥nimo Vald√©s. Parte Oficial. Estella. 24-4-1835. Bolet√≠n de Logro√Īo. 1-V-1835
  • Juan Antonio Zaratiegui. Vida y hechos de don Tom√°s de Zumalac√°rregui. San Sebasti√°n, 1947. P√°ginas 312-318

Véase también


Wikimedia foundation. 2010.

Mira otros diccionarios:

  • Accion de Artaza ‚ÄĒ Saltar a navegaci√≥n, b√ļsqueda Acci√≥n de Artaza Obtenido de Accion de Artaza ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Artaza (Navarra) ‚ÄĒ Saltar a navegaci√≥n, b√ļsqueda Artaza (escrito igual en euskera) es un concejo del municipio espa√Īol de Am√©scoa Baja, en la provincia de Navarra. En 2005 ten√≠a una poblaci√≥n de 154 habitantes. Durante la Primera Guerra Carlista hubo en los campos… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Acci√≥n de Alegr√≠a de √Ālava ‚ÄĒ Parte de Primera Guerra Carlista Fecha 27 de octubre de 1834 Lugar Chinchetru, √Ālava ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Acci√≥n de la Venta de Echavarri ‚ÄĒ Primera Guerra Carlista (1833 a 1840) Heredia Alegr√≠a d ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Battle of Artaza ‚ÄĒ Infobox Military Conflict conflict=Battle of Artaza partof=First Carlist War date= April 20 22, 1835 place= Artaza (Am√©scoa Baja), Spain result=Carlist victory combatant1=Carlists supporting Infante Carlos of Spain combatant2=Liberals (… ‚Ķ   Wikipedia

  • Primera Guerra Carlista ‚ÄĒ Fecha 1833 ‚Äď 1840 Lugar Espa√Ī ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Tom√°s de Zumalac√°rregui ‚ÄĒ Seg√ļn dibujo realizado por C. F. Henningsen, capit√°n de lanceros del ej√©rcito de Zumalac√°rregui. √önico retrato aut√©ntico que se conoce del biografiado Capit√°n General ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Batallas libradas en Espa√Īa ‚ÄĒ Anexo:Batallas libradas en Espa√Īa Saltar a navegaci√≥n, b√ļsqueda Orden de batallas terrestres libradas en Espa√Īa por orden cronol√≥gico: Contenido 1 Siglo III a. C 2 Siglo II a. C. 3 Siglo I a. C ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Anexo:Batallas libradas en Espa√Īa ‚ÄĒ Orden de batallas terrestres libradas en Espa√Īa por orden cronol√≥gico: Contenido 1 Siglo III a. C 2 Siglo II a. C. 3 Siglo I a. C. 4 Siglo V ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Convenio Lord Eliot ‚ÄĒ El Convenio Lord Eliot se firm√≥ en abril de 1835 entre el jefe carlista Tom√°s de Zumalac√°rregui y el isabelino Ger√≥nimo Vald√©s gracias a la intervenci√≥n de lord Eliot, enviado por el gobierno brit√°nico, para dar fin a los fusilamientos… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol


Compartir el artículo y extractos

Link directo
… Do a right-click on the link above
and select ‚ÄúCopy Link‚ÄĚ

We are using cookies for the best presentation of our site. Continuing to use this site, you agree with this.