Cuento de terror

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Cuento de terror

Cuento de terror

El cuento de terror (también conocido como cuento de horror o cuento de miedo, y en ciertos países de Sudamérica, cuento de suspenso), considerado en sentido estricto, es toda aquella composición literaria breve, generalmente de corte fantástico, cuyo principal objetivo parece ser provocar el escalofrío, la inquietud o el desasosiego en el lector, definición que no excluye en el autor otras pretensiones artísticas y literarias.

Contenido

Introducción

Contexto

Un cuento de terror ser√≠a, por tanto, un relato literario y no oral, ya que, si bien existe una amplia y antiqu√≠sima tradici√≥n de cuentos con dichos contenidos, probablemente por tratarse de relatos transmitidos de boca en boca, nunca han recibido otra denominaci√≥n que la de ‚Äúcuentos‚ÄĚ o ‚Äúleyendas‚ÄĚ a secas. Ni siquiera cuentos infantiles, aunque de √≠ndole terror√≠fica (e inscritos en la tradici√≥n oral en su d√≠a), como La Cenicienta, de Charles Perrault, o Caperucita roja y Blancanieves, de los Hermanos Grimm, reciben la denominaci√≥n de ‚Äúcuentos de terror‚ÄĚ, que parece haber sido acu√Īada expresamente para las obras mayores del g√©nero aparecidas entre los siglos XIX y XX.

Blancanieves en su ata√ļd, Theodor Hosemann, 1867. ¬ŅCuento de hadas o de miedo?

El cuento tradicional

La definici√≥n m√°s amplia confunde, sin embargo, en muchos casos el cuento de terror (m√°s bien el 'cuento de miedo') con el ‚Äúcuento‚ÄĚ tradicional. Se conocen cuentos de miedo desde siempre, desde la m√°s remota antig√ľedad: ¬ęEl cuento de horror es tan antiguo como el pensamiento y el habla humanos¬Ľ (H. P. Lovecraft). Este tipo de historias o leyendas se alimenta primordialmente de los diversos miedos "naturales" del hombre: la muerte, las enfermedades y epidemias, cr√≠menes y desgracias de todo tipo, cat√°strofes naturales... Relatado por los viejos del lugar al amor del fuego en noches propicias, el cuento de miedo es elemento t√≠pico del folklore de los pueblos, y ha sido una de las primeras formas culturales de la humanidad, tan antigua, sin duda, como la √©pica, la magia y la religi√≥n, de las cuales igualmente se nutr√≠a. Pensemos en los dioses y demonios, los buenos y malos esp√≠ritus, los monstruos, leviatanes, magos y adivinos que, a trav√©s de los mitos, leyendas, epopeyas y epopeyas mitol√≥gicas, han asustado al hombre a lo largo de toda la Antig√ľedad, en culturas tan dispares como las de la India, Jap√≥n, Mesopotamia, Am√©rica del Sur, Grecia, pueblos n√≥rdicos y celtas...

En la literatura de la Grecia cl√°sica, por ejemplo, encontramos elementos que dir√≠ase ya prefiguran algunos aspectos del relato de terror. El √ļltimo canto de la Il√≠ada, que trata sobre el rescate del cad√°ver de H√©ctor, est√° impregnado de una atm√≥sfera casi sobrenatural, muy cercana al cuento de fantasmas, en la que el dios Hermes se comporta como un espectro poderoso, omnipresente y protector. En la parte central de la Odisea nos adentramos en un mundo y en una geograf√≠a imaginarios, a veces fantasmag√≥ricos, con amenazas tales como la de la diosa Circe (cuya descripci√≥n coincide con la de las brujas arquet√≠picas de toda la literatura posterior), y monstruos antrop√≥fagos como Escila, Caribdis y Polifemo.

El antrop√≥logo escoc√©s James George Frazer recoge a lo largo de su obra capital, La rama dorada, cientos de cuentos y leyendas, con especial atenci√≥n a los tab√ļes de todo tipo, procedentes de todas las partes del mundo y de todas las √©pocas. Uno de los mitos m√°s antiguos en este sentido es el que Fraser llama alma externada, vinculado con la muerte y la resurrecci√≥n.

F√°bulas de esta clase est√°n difundidas extensamente en el mundo, y del n√ļmero y la variedad de incidentes y detalles de que est√° revestida la idea principal podemos deducir que la idea de un alma externada es una de las que han tenido m√°s fuerte arraigo en la mentalidad de los hombres en una etapa hist√≥rica primitiva. Los cuentos populares son un fidedigno reflejo del mundo tal como apareci√≥ ante la mente primitiva y podemos estar seguros de que una idea que se encuentre corrientemente en ellos, por absurda que nos parezca, debi√≥ ser alguna vez art√≠culo de fe corriente. Esta convicci√≥n, en lo que se refiere al supuesto poder de separar el alma del cuerpo por un tiempo m√°s o menos largo, se corrobora ampliamente por una comparaci√≥n de los cuentos populares en cuesti√≥n con las creencias y pr√°cticas actuales de los salvajes.
La rama dorada, de J. G. Frazer

En el cuento de miedo popular se entrecomilla de alguna manera al Mal, buscando atemorizar con √©l a las buenas gentes, a fin de exorcizarlo, o quiz√° s√≥lo por advertir de sus peligros. As√≠, el cuento de miedo llega en muchos aspectos a confundirse en la forma y en el fondo con las citadas expresiones originales del esp√≠ritu colectivo (¬Ņno supone la propia Biblia un buen muestrario de relatos terror√≠ficos?), cosa que no es de extra√Īar, dados los resortes an√≠micos tan sutiles que suelen remover en el lector o en la audiencia sus espinosos contenidos.

Un trol escandinavo. (Theodor Kittelsen, 1911)

En la Edad Media las cr√≥nicas y anales oficiales y oficiosos aparecen salpicados de todo tipo de datos, supersticiones y consejas que versan sobre ogros, aparecidos, brujas, duendes, vampiros, hombres lobo y otros seres y animales malditos. En todos los pa√≠ses se ha asustado siempre a los ni√Īos con los demonios ind√≠genas respectivos, y m√°s en concreto en los de habla hispana, con las distintas variantes de El Coco, el Hombre del saco, el Chupacabras y el Sacamantecas. Las antiguas herej√≠as, la larga tradici√≥n de la alquimia, las ciencias ocultas y las sectas prohibidas, inspiraron igualmente multitud de f√°bulas y narraciones orales y escritas, largas y cortas, unas tirando a lo did√°ctico y ben√©volo y otras directamente a lo terrible; historias genuinas y deformadas en infinitas versiones, y dirigidas a un p√ļblico en el que no se diferenciaban las edades.

Tanto si se elevaban por los aires sobre escobas como sobre machos cabr√≠os, el volar pod√≠a ser peligroso para las brujas..., ya que el ta√Īido de la campana de una iglesia pod√≠a derribar su a√©reo veh√≠culo. Una bruja llamada Lucrezia fue quemada despu√©s de confesar que, cuando regresaba del sabbat, su demonio la arroj√≥ sin contemplaciones al o√≠r el toque del Angelus
Historia de la brujería, de Frank Donovan

Volviendo al terreno literario (y ci√Ī√©ndonos en todo momento a la literatura occidental), dif√≠cilmente se entiende el hecho de que, pese a tratarse de una modalidad con tan venerables precedentes y que ha contado entre sus cultivadores con algunos de los mejores escritores, tanto en Occidente como en el Oriente, de todas las √©pocas, hoy en d√≠a se trate al objeto de este art√≠culo con una cierta distancia, sin duda despectiva, como vulgar literatura ‚Äúde g√©nero‚ÄĚ, fen√≥meno debido tal vez a las connotaciones negativas adquiridas por el contacto, en los √ļltimos a√Īos, con cierto tipo de cine y otras manifestaciones audiovisuales de baja calidad y peor gusto (el subg√©nero conocido como gore, de origen anglosaj√≥n).

Técnica

Dejando aparte las fuentes tradicionales, nutridas de la cultura y la historia de los pueblos, el cuento de terror literario trata de vérselas y hacerse eco de esos espantos mucho más personales que nos persiguen y agobian a través de las pesadillas. Un cuento de terror no supone, en realidad, más que un intento de recrear con fines catárticos (si bien no falta quien afirme que sádicos) tales mundos oníricos, con todo lo de estrambótico y siniestro que contienen, aunque acatando siempre unas determinadas reglas. Sólo hay una salvedad: al final, llegada la necesidad, no le asiste a uno el recurso de despertarse.

Como producto art√≠stico, el cuento de miedo se ve constre√Īido, pues, por una normativa procedimental caracter√≠stica. Adolfo Bioy Casares, en el pr√≥logo a la Antolog√≠a de la literatura fant√°stica, cita leyes generales, por un lado, y especiales (para cada cuento espec√≠fico), por otro, pero son tres los elementos o exigencias fundamentales que se admiten com√ļnmente como requisitos a cumplir. En primer lugar, ha de verificarse un cuidado muy especial en el dise√Īo del clima, la "atm√≥sfera" que rodea los siniestros acontecimientos de marras, aspecto este en el cual los grandes autores se evidencian a menudo como aut√©nticos virtuosos. ¬ęLa atm√≥sfera es siempre el elemento m√°s importante, por cuanto el criterio final de la autenticidad no reside en urdir la trama, sino en la creaci√≥n de una impresi√≥n determinada.¬Ľ (Lovecraft, op. cit.)

El cuentista suele asimismo trabajar con gran detalle el desarrollo narrativo, la gradación de efectos, es decir, la estructura secuencial de la historia, de manera que contribuya en todo lo posible a la suspensión de la incredulidad del lector, a la verosimilitud (tan apreciada o más que la propia originalidad por Poe); lo que se pretende suscitar en el lector es el miedo, y está de sobra demostrado que a tal efecto prima una mecánica lenta y gradual.

En el cuento propiamente dicho ‚ÄĒdonde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusi√≥n y variedad incidental‚ÄĒ, la mera construcci√≥n se require mucho m√°s imperiosamente que en la novela. En esta √ļltima, una trama defectuosa puede escapar a la observaci√≥n, cosa que jam√°s ocurrir√° en un cuento. Empero, la mayor√≠a de nuestros cuentistas desde√Īa la distinci√≥n. Parecen empezar sus relatos sin saber c√≥mo van a terminar; y, por lo general, sus finales ‚ÄĒcomo otros tantos gobiernos de Tr√≠nculo‚ÄĒ, parecen haber olvidado sus comienzos.
de Marginalia, por Edgar A. Poe

Todo cuento de terror, finalmente, como se ha dicho, resulta en un peque√Īo tratado sobre el Mal en alguno de sus infinitos rostros y formas, por lo que, en principio, conviene obviar toda otra consideraci√≥n, moralista o sensible, a la hora de abordar su ejecuci√≥n o su lectura.

Bioy Casares, aunque refiri√©ndose a la literatura fant√°stica, a√Īade otro factor de obviedad fundamental: la "sorpresa", que, adem√°s de argumental, puede ser verbal (por la terminolog√≠a utilizada), e incluso de puntuaci√≥n.

Caracterización y tipos

Los aut√©nticos cuentos macabros cuentan con algo m√°s que un misterioso asesino, unos huesos ensangrentados o unos espectros agitando sus cadenas seg√ļn la vieja regla. Pues debe respirarse en ellos una determinada atm√≥sfera de expectaci√≥n e inexplicable temor ante lo ignoto y el m√°s all√°; han de estar presentes unas fuerzas desconocidas (...) la maligna y espec√≠fica suspensi√≥n o la derrota de las leyes desde siempre vigentes de la Naturaleza, que representan nuestra √ļnica salvaguardia contra los asaltos del caos y los demonios del espacio insondable.
El horror sobrenatural en la literatura, de H. P. Lovecraft

En Lovecraft parece haberse inspirado para su definici√≥n el m√©dico y estudioso espa√Īol Rafael Llopis, responsable de algunas de las, hoy por hoy, m√°s importantes antolog√≠as aparecidas en lengua castellana (Los Mitos de Cthulhu, Antolog√≠a de cuentos de terror...):

¬ęLo que caracteriza al verdadero cuento de miedo es la aparici√≥n de un elemento sobrenatural e inexplicable, totalmente irreductible al universo conocido, que rompe los esquemas conceptuales vigentes e insin√ļa la existencia de leyes y dimensiones que no podemos ni intentar comprender, so pena de sufrir graves cortocircuitos cerebrales.¬Ľ

He aquí una referencia clara al cuento de terror literario, aunque parece más bien restringirse al modelo y espíritu del propio Lovecraft. Pero lo que habría que destacar sin duda es el elemento "sobrenatural", hoy también conocido como "paranormal".

Llopis, por otra parte, hace oscilar el género de la novela larga al relato breve, de lo irreal al realismo, del realismo al onirismo, del cuento al informe técnico, del informe técnico a la ciencia-ficción, de ésta al misticismo, etc., en sucesivas oleadas.

El escritor y especialista brit√°nico L. P. Hartley describ√≠a una de sus variedades, el cuento de fantasmas, como ¬ęla forma m√°s exigente del arte literario¬Ľ.

Los compiladores Michael Cox y R. A. Gilbert ("Historias de fantasmas de la literatura inglesa", Edhasa), acerca de esta misma variedad, sostienen que

¬ęLos protagonistas fantasmales deben actuar con intencionalidad; sus acciones, o las consecuencias de las mismas, deben constituir el tema central del relato, en lugar de las acciones de los vivos. Y, lo m√°s importante, todo fantasma, sea humano, animal o cad√°ver reanimado, debe estar indiscutiblemente muerto¬Ľ.

El antologista norteamericano David G. Hartwell (responsable, entre otras contribuciones, de la antolog√≠a The dark descent, traducido como ‚ÄúEl gran libro del terror‚ÄĚ por Ed. Mart√≠nez Roca), afirma que al final de un cuento de terror, el lector se queda con una nueva percepci√≥n de la naturaleza de la realidad, y divide la literatura de terror en tres corrientes: 1. La alegor√≠a moral (relatos sobrenaturales). 2. La met√°fora psicol√≥gica (psicopatolog√≠as varias), y 3. Lo fant√°stico (la moderna mezcla de ambas).

El escritor y estudioso del cuento Enrique Anderson Imbert (Teor√≠a y t√©cnica del cuento), se queja de las clasificaciones habituales: ¬ęAlgunas clasificaciones son demasiado abstractas. Roger Caillois ha propuesto que se prepare una tabla te√≥rica y de ah√≠ se deduzcan y prevean los temas actuales y posibles, de la misma manera que de la tabla de propiedades qu√≠micas de Mendeliev se pudieron predecir elementos hasta entonces desconocidos. Otras clasificaciones son demasiado concretas. Enumeran todas las variantes tem√°ticas que les vienen a las mientes. Si en la tabla general se habla de "seres inexistentes", en la enumeraci√≥n concreta se habla de dioses, √°ngeles, hadas, duendes, gigantes, monstruos, brujas, fantasmas, vampiros, lic√°ntropos, esqueletos, larvas y as√≠ ad nauseam (...) por prolijas que sean las listas de temas siempre quedan cuentos que no se dejan clasificar. Los del subg√©nero de la ciencia-ficci√≥n son los que m√°s se resisten.¬Ľ

Anteriormente, los escritores y compiladores argentinos Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, a juzgar por el principio de selecci√≥n que pareci√≥ animarlos a la hora de reunir los materiales de su c√©lebre Antolog√≠a de la literatura fant√°stica (1965), solaparon en gran medida el relato fant√°stico con el de terror, lo que no ayuda precisamente como gu√≠a a aquellos con vocaci√≥n clasificadora. Borges y compa√Ī√≠a afirmaban en el pr√≥logo de la obra citada que no hay un tipo de cuento fant√°stico, sino muchos. Lo mismo puede aplicarse al cuento de terror. Tan absurdo parece ya dividirlo en cuentos de vampiros, de fantasmas, de muertos vivientes, etc., como atender a criterios puramente t√©cnicos o estructurales para su estudio. El grado de sofisticaci√≥n literaria en este campo concreto (como en cualquier otra manifestaci√≥n art√≠stica, a la vuelta del siglo XX, lo que en m√ļsica se conoce por ‚Äúmestizaje‚ÄĚ) ha llegado a tal punto que dif√≠cilmente resultar√° veros√≠mil ‚ÄĒmeramente productivo‚ÄĒ otro criterio de selecci√≥n que el meramente hist√≥rico.

Antecedentes

Los antecedentes inmediatos del formato breve, como tal, hay que buscarlos, no obstante, en el largo, más en concreto en la llamada 'novela gótica' (véase literatura de terror gótico), que floreció en la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX, en tierra de nadie entre racionalismo y romanticismo. Los grandes novelistas góticos, inspirados principalmente en el romanticismo alemán y en autores como Daniel Defoe, S. T. Coleridge, el Marqués de Sade, y sin duda en los demonios de Goethe y los fantasmas de Shakespeare, entendieron por sobrenatural un tétrico submundo poblado de nobles atrabiliarios, espectros aulladores y monjas ensangrentadas, pululando preferentemente por lóbregas catacumbas de castillos medievales marcados por alguna oscura maldición, convenientemente subrayada a cada paso por rayos, truenos y centellas de tormenta.

Horace Walpole, pionero de la novela gótica.

El ingl√©s Horace Walpole fue el padre de la exitosa serie (El castillo de Otranto, 1764). A√Īos m√°s tarde, tuvo como destacados continuadores a William Beckford (Vathek, 1786), la escritora Ann Radcliffe (Los misterios de Udolfo, 1794), a Matthew G. Lewis (El monje, 1796) y Charles Maturin (Melmoth el errabundo, 1820), sin olvidar a la que fue precursora de la ciencia-ficci√≥n Mary Shelley (Frankenstein o el Moderno Prometeo, de 1817). Tambi√©n cabr√≠a mencionar aqu√≠ la novela Manuscrito encontrado en Zaragoza (1805), del polaco Jan Potocki.

La parte baja del castillo estaba recorrida por varios claustros intrincados, y no resultaba f√°cil para alguien tan ansioso dar con la puerta que se abr√≠a a la caverna. Un terrible silencio reinaba en aquellas regiones subterr√°neas, salvo, de vez en cuando, algunas corrientes de aire que golpeaban las puertas que ella hab√≠a franqueado, y cuyos goznes, al rechinar, proyectaban su eco por aquel largo laberinto de oscuridad. Cada murmullo le produc√≠a un nuevo terror, pero a√ļn tem√≠a m√°s escuchar la voz airada de Manfredo urgiendo a sus criados a perseguirla.
El castillo de Otranto, de Horace Walpole


Primeras muestras

Entre los primeros cuentistas propiamente dichos, es preciso nombrar al alem√°n E.T.A. Hoffmann (1776-1822), a quien Lovecraft lleg√≥ a tachar de ligero y extravagante, pero cuyo talento pionero anticip√≥ muchos de los temas y formas que dominar√≠an en a√Īos posteriores, incluyendo la ciencia-ficci√≥n, a trav√©s de t√≠tulos como El magnetizador, El hombre de arena o Los aut√≥matas.

El franc√©s Charles Nodier (1780-1844), bibliotecario de enorme prestigio en su tiempo, adem√°s de fil√≥sofo, cient√≠fico y alborotador pol√≠tico, a ra√≠z de su devoci√≥n por Hoffmann, dej√≥ a la posteridad un nutrido ramillete de obritas repletas de brujas, vampiros y espectros varios, a medias entresacados de la tradici√≥n popular y de su propia cosecha. En ellas se a√ļnan la sencillez de dise√Īo y el delicioso sonsonete del viejo cuento de aparecidos: El vampiro Arnold-Paul, El espectro de Olivier, Las aventuras de Thibaud de la Jacqui√®re, El tesoro del diablo.

Los huéspedes infernales comenzaron entonces a mover las mesas, a aullar, a mirar por las ventanas, adoptando formas de osos, lobos, gatos, y de hombres terribles, en cuyas manos se veían vasos llenos de vino, pescados y carne cocida y asada.
Historia de una aparición de demonios y espectros en 1609, de Charles Nodier
Gustavo Adolfo Bécquer, autor de las Leyendas

Escritores netamente románticos como Théophile Gautier (La muerta enamorada), Prosper Mérimée (La venus de Ille), Walter Scott (La habitación tapizada), Víctor Hugo (Hans de Islandia), Washington Irving (La leyenda de Sleepy Hollow) y el Barón de la Motte-Fouqué (Ondina, novela corta), se sintieron pronto atraídos por la nueva corriente, contribuyendo de una u otra forma y con desigual fortuna a la misma, si bien ninguno de ellos cultivó con asiduidad el cuento de terror propiamente dicho.

Algo posterior, en Espa√Īa, el rom√°ntico tard√≠o Gustavo Adolfo B√©cquer (1836-1870) fue muy aclamado por sus Leyendas las cuales contienen algunos cuentos de miedo de extraordinario m√©rito (El monte de las √Ānimas, El miserere, Maese P√©rez el organista...).

...refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.
El Monte de las √Ānimas, de Gustavo A. B√©cquer

Los grandes cl√°sicos

El norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) y el irland√©s Joseph Sheridan Le Fanu (1818-1873) son com√ļnmente considerados los dos autores que abrieron camino en el g√©nero. De Le Fanu se dice que es el fundador del relato de fantasmas ("ghost story") moderno en Gran Breta√Īa (El fantasma de la Se√Īora Crowl, T√© verde, El vigilante, Dickon el diablo...), modalidad que tanta repercusi√≥n tendr√≠a luego en la √©poca victoriana. Pero lo que lo asemeja a Poe es el novedoso tratamiento que da al fen√≥meno mal√©fico. La f√°cil explicaci√≥n racional, y a√ļn m√°s, el desenlace moralista positivo (la mano de la Providencia Divina surgiendo de un modo u otro al final para poner las cosas, al monstruo, al bueno y al malo, en su sitio) ser√°n desterrados definitivamente por estos autores. Ambos, adem√°s, inaugurar√°n el llamado "terror psicol√≥gico", m√°s atento a la "atm√≥sfera" de la historia y a medir los efectos emocionales que al mero susto.

Imagen de Edgar Allan Poe.

Con Poe, el cuento de terror alcanzar√° sus m√°s altas cimas muy pronto, hacia los a√Īos 30 del siglo XIX, periodo que vio nacer el cuento como g√©nero aut√≥nomo, al decir de Cort√°zar (introducci√≥n a Ensayos y cr√≠ticas de E. A. Poe). El norteamericano es maestro absoluto del g√©nero porque, en primer lugar, siguiendo al propio Cort√°zar, lo es de la t√©cnica del relato breve en s√≠. Por un lado su gran instinto narrativo (que ya reconoc√≠a su detractor R. L. Stevenson) y por otro su gran bagaje po√©tico, le indujeron a incorporar a un √°mbito que √©l determin√≥ muy exigente y especializado, elementos sin embargo muy dispares, procedentes de las artes pl√°sticas, de la m√ļsica, de la misma poes√≠a, a los que incorporaba incluso los efectos distorsionantes de los alucin√≥genos. Decidi√≥ a la vez que era preciso despojar al relato de todo elemento narrativo accesorio, alej√°ndolo de la prolijidad novel√≠stica. Sobraba todo aquello que no contribuyera al efecto puntual deseado; as√≠, de entrada, en sus cuentos no tienen cabida las citadas consideraciones sociales, morales, religiosas (¬ęComprendi√≥ que la eficacia de un cuento depende de su intensidad como acaecimiento puro, es decir, que todo comentario al acaecimiento en s√≠ (...) debe ser radicalmente suprimido¬Ľ: Cort√°zar, op. cit. p√°g. 34). En sus poderosas fantasmagor√≠as no se trasluce otra cosa que una imaginaci√≥n y una inteligencia portentosas r√≠gidamente al servicio de un designio art√≠stico. Poe no se fundament√≥ en una tradici√≥n espec√≠fica. Ante las acusaciones que se le dirig√≠an de tratar de imitar a los alemanes, afirm√≥: ¬ęEse terror no viene de Alemania, sino del alma¬Ľ (pr√≥logo de Cuentos de lo grotesco y arabesco, lo que ha sido corroborado por gran parte de la cr√≠tica). Ning√ļn otro autor, anterior o posterior, ha sabido evocar como √©l una atm√≥sfera malsana y de pesadilla, hilvanar las escenas con tan infernal habilidad, culminar las historias con tan sonora consistencia; retratar "los efectos de la condenaci√≥n", seg√ļn Van Wyck Brooks.

De Poe afirm√≥ su seguidor Lovecraft: ¬ęRealiz√≥ lo que nadie hab√≠a realizado o pod√≠a haber realizado, y a √©l debemos el relato de horror moderno en su estado final y perfecto.¬Ľ (T√≠tulos: El gato negro, La ca√≠da de la Casa Usher, El barril de amontillado, El coraz√≥n delator.)

Durante todo un d√≠a de oto√Īo, triste, oscuro, silencioso, cuando las nubes se cern√≠an bajas y pesadas en el cielo, cruc√© solo, a caballo, una regi√≥n singularmente lugubre del pa√≠s; y, al fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontr√© a la vista de la melanc√≥lica Casa Usher. No s√© c√≥mo fue, pero a la primera mirada que ech√© al edificio invadi√≥ mi esp√≠ritu un sentimiento de insoportable tristeza.
La caída de la Casa Usher, de Edgar A. Poe

Al igual que Herman Melville, el propio Poe alab√≥ a su contempor√°neo y compatriota Nathaniel Hawthorne (1804-1864) como hombre de genio (rese√Īa de Twice-Told Tales, de Hawthorne). Este autor, aunque gran estilista, se hallaba muy lastrado por el r√≠gido puritanismo en que se form√≥ (un pariente suyo fue juez en los procesos contra la brujer√≠a celebrados en Salem), y no supo o no quiso transmitir a sus historias ni la fuerza ni el desgarro art√≠stico que admiran en aqu√©l. (T√≠tulos: Wakefield, El velo negro del predicador, El experimento del Dr. Heidegger.)

En Francia, los alsacianos Erckmann y Chatrian, nacidos en 1822 y 1826, respectivamente, cultivaron un estilo campechano muy eficaz, con grandes influencias alemanas (Hugo el lobo, El burgomaestre embotellado).

Guy de Maupassant

Pero es al tambi√©n franc√©s Guy de Maupassant (1850-1893), disc√≠pulo de Flaubert y admirador de Poe, a quien debe la literatura europea de terror algunas de sus mejores piezas. Sus hondas convicciones naturalistas generaron, probablemente, los acusados tintes emocionales presentes en sus mejores cuentos. Sus temas fueron el p√°nico, la soledad, la locura, la perdici√≥n. (T√≠tulos: El Horla, ¬ŅQui√©n sabe?, La cabellera, ¬ŅLoco?)

El terror recuperó con el periodista norteamericano Ambrose Bierce (1842-1914?) toda la garra y la intensidad que había desarrollado Poe en sus orígenes. En sus arrebatadoras fantasías, muchas de ellas ambientadas en la Guerra de Secesión americana, el terror pánico acecha siempre en las cercanías, y en el momento de desatarse parece decidido a devorar vivos literalmente a los personajes. (Títulos: La cosa maldita, La muerte de Halpin Frayser, Un habitante de Carcosa, La ventana tapiada...).

Observ√© con estupor que nada me resultaba familiar. A mi alrededor se extend√≠a una inmensa llanura desierta, barrida por el viento, cubierta de yerbas altas y marchitas que se agitaban y silbaban bajo la brisa de oto√Īo, mensajera de Dios sabe qu√© misterios e inquietudes. A largos intervalos, ve√≠a unas rocas que emerg√≠an del suelo con formas extra√Īas y f√ļnebres colores.
Un habitante de Carcosa, de Ambrose Bierce

Pleno desarrollo

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el terror encontró un grupo de dignísimos cultivadores entre los grandes novelistas de la época: Charles Dickens (La casa encantada), Robert Louis Stevenson (Markheim), Rudyard Kipling (El rickshaw fantasma), Arthur Conan Doyle (El parásito), H. G. Wells (El difunto míster Elvesham), Henry James (Los amigos de los amigos), Bram Stoker (El entierro de las ratas)...

Lo que hab√≠a o√≠do cuando Chartie grit√≥ ‚ÄĒme refiero al otro grito, a√ļn m√°s tr√°gico‚ÄĒ ¬Ņera el grito de desesperaci√≥n de la desdichada mujer al recibir el golpe, o el sollozo articulado (fue como una r√°faga de una gran tormenta) del esp√≠ritu exorcizado y apaciguado? Posiblemente esto √ļltimo, porque aqu√©lla fue, misericordiosamente, la √ļltima de las apariciones de Sir Edmund Orme.
Sir Edmund Orme, de Henry James
Hector Hugh Munro, "Saki"

El cuento de fantasmas en sí viviría su apogeo en la época victoriana y en los comienzos del siglo XX, alcanzando niveles nunca vistos de calidad y sofisticación. La lista de representantes ingleses es interminable: Saki (El narrador de fábulas), Margaret Oliphant (La puerta abierta, novela corta), Vernon Lee (Una voz perversa), E. F. Benson (El cuarto de la torre), Richard Middleton (En el camino de Brighton), L. P. Hartley (Tres o cuatro a cenar), H. Russell Wakefield (El triunfo de la muerte), Edith Wharton (La campanilla de la doncella) , M. P. Shiel (La mansión de los ruidos), Hugh Walpole (El fantasmita)...

De este periodo es preciso destacar a cuatro autores: M. R. James, Arthur Machen, Algernon Blackwood y Walter de la Mare, con quienes culmina el cuento de fantasmas victoriano.

M. R. James (1862-1936), erudito y profesor universitario, fue gran amante de la obra de Le Fanu, a quien consideraba el m√°s grande escritor de lo sobrenatural. Sus espectros, criaturas siempre extra√Īas e inesperadas que unas veces escapan de profundos escondrijos excavados en cementerios y catedrales y otras se confunden con la luz diurna y los objetos m√°s familiares, prefiguran muchos de los horrores "cotidianos" que las generaciones posteriores pondr√≠an de moda. (T√≠tulos: El sitial del coro, Silba y acudir√©, El √°lbum del can√≥nigo Alberico.)

El galés Arthur Machen (1863-1947) fue el autor que enterró definitivamente los exhaustos horrores góticos. Encontró su principal fuente de inspiración en las antiguas leyendas romanas y celtas de su tierra. Al intentar una especie de neopaganismo, anticipó la teogonía macabra desarrollada por su seguidor más notable, H. P. Lovecraft. (Títulos: La pirámide ardiente, El pueblo blanco, Los tres impostores.)

Algernon Blackwood (1869-1951) es un gran cultivador del misterio fantasmagórico, pero en ocasiones aporta al género un elemento desconocido hasta el momento, como es el horror enmarcado en majestuosos parajes de naturaleza virgen, adornado de connotaciones paganas (en esto se equiparará a Machen). (Títulos: El Wendigo, Los sauces, La casa vacía, Culto secreto.)

Por lo que Simpson puede recordar, fue un movimiento violento, como de algo que se arrastraba en el interior de la tienda, lo que le despert√≥ y le hizo darse cuenta de que su compa√Īero estaba sentado, muy tieso, junto a √©l. Estaba temblando. Deb√≠an de haber pasado varias horas, porque el p√°lido resplandor del alba recortaba su silueta contra la tela de la tienda.
El Wendigo, de Algernon Blackwood

Walter de la Mare (1873-1956), tambi√©n poeta y antologista de prestigio, fue uno de los mejores estilistas del g√©nero, maestro del terror psicol√≥gico y urdidor de extra√Īas y sutiles tramas protagonizadas por los sue√Īos, la ansiedad y una callada desesperaci√≥n. (T√≠tulos: La t√≠a de Seaton, La org√≠a: un idilio, Todos los santos, La trompeta.)

Lovecraft y compa√Ī√≠a

Lovecraft y su esposa, Sonia Greene

H. P. Lovecraft (1890-1937), norteamericano de Providence, es reconocido por la cr√≠tica, junto a Poe, como el m√°ximo exponente del cuento de terror. Su aportaci√≥n m√°s importante fue el llamado "cuento materialista de terror". Mezclando el espanto con la ciencia-ficci√≥n, se trata de una narraci√≥n de horror c√≥smico que propone una nueva mitolog√≠a plena de escalofriantes dioses y monstruosidades arquet√≠picos; se ha dicho que se trata de la √ļltima mitolog√≠a que ha conocido Occidente: los Mitos de Cthulhu. Devoto de Poe, sus otras fuentes conocidas son el fant√°stico y enigm√°tico mundo de los sue√Īos, la historia y el paisaje de Nueva Inglaterra, su tierra, y un selecto grupo de autores de su predilecci√≥n: William Hope Hodgson (Una voz en la noche), Lord Dunsany (El pobre Bill), Arthur Machen, Algernon Blackwood, et alii. (T√≠tulos: El horror de Dunwich, La sombra sobre Innsmouth, En la noche de los tiempos, El cl√©rigo malvado...).

Robert Suydam hab√≠a logrado su objetivo y su victoria en un esfuerzo final que le desgarr√≥ los tendones, provocando el desmoronamiento de su cuerpo nauseabundo. El impulso hab√≠a sido tremendo, pero su fuerza resisti√≥ hasta el final; y mientras ca√≠a convertido en una p√ļstula fangosa de corrupci√≥n, el pedestal se tambale√≥, se volc√≥ y finalmente se precipit√≥ desde su base de √≥nice a las espesas aguas, despidiendo un √ļltimo destello de oro tallado al hundirse pesadamente en los negros abismos del T√°rtaro inferior.
El horror de Red Hook, de H. P. Lovecraft

Pese a sus h√°bitos e idiosincrasia saturninos, Lovecraft conoci√≥ en vida una nutrida camarilla de imitadores y seguidores que formaron con √©l el llamado C√≠rculo de Lovecraft. Entre estos se encuentran algunos de los m√°s s√≥lidos cuentistas de esa generaci√≥n: Robert Bloch (El vampiro estelar), Fritz Leiber (El expreso de Belsen), Frank Belknap Long (Los visitantes de oto√Īo), Clark Ashton Smith (Estirpe de la cripta), August Derleth (El sello de R'lyeh), Robert E. Howard (La piedra negra)...

Otros grandes cuentistas norteamericanos de la √©poca: R. W. Chambers (El signo amarillo), F. Marion Crawford (La litera de arriba) y el prol√≠fico escritor de Weird Tales, Seabury Quinn (El √ļltimo hombre).

Stephen King

Los √ļltimos a√Īos

A partir de los a√Īos 70 del siglo XX, el terror literario registra una acusada tendencia a la novela larga en detrimento del cuento. Entre los m√°s conocidos autores contempor√°neos, en su mayor√≠a norteamericanos, hay que mencionar a Robert Aickman (Las espadas), T. E. D. Klein (Los hijos del reino), Dan Simmons (El r√≠o Estigia fluye corriente arriba), Ramsey Campbell (La camada), Peter Straub (La esposa del general), Dean Koontz (Terra Phobia), Theodore Sturgeon (Segmento brillante), los cl√°sicos Richard Matheson (A trav√©s de los canales) y Ray Bradbury (Y la roca grit√≥), el joven (en los 80) y rompedor Clive Barker (Terror) y el omnipresente e irregular Stephen King (La niebla). Casi todos estos autores han cultivado con acierto la ciencia-ficci√≥n, especialmente Bradbury y Matheson.

El motivo era evidente, pero al principio la mente de Randy se negó a aceptarlo... Era demasiado imposible, demasiado demencialmente grotesco. Mientras miraba, algo tiraba del pie de Deke en el espacio entre dos de las tablas que formaban la superficie de la balsa acuática. Entonces vio el brillo opaco de la cosa negra, más allá del talón y los dedos del pie derecho sutilmente deformado de Deke; un brillo opaco en el que se movían giratorios y malévolos colores.
La balsa, de Stephen King

Aquí puede mencionarse además a dos importantes escritoras de dicha nacionalidad: la ya fallecida Shirley Jackson (El hermoso desconocido) y Joyce Carol Oates (El rey del bingo).

En castellano

La influencia de la literatura fant√°stica anglosajona se observa muy se√Īaladamente en la obra de los argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, a partir de las primeras d√©cadas del siglo XX. Aunque el subg√©nero de cuento g√≥tico o de terror no fue el m√°s desarrollado por estos autores y por sus continuadores (Silvina Ocampo, Juan Rodolfo Wilcock...), s√≠ lo es el cuento fant√°stico, que normalmente trata de recrear un proceso de extra√Īamiento operado en la vida cotidiana, mostr√°ndose un punto de vista de la realidad poco corriente, con visos de terror a partir de esta situaci√≥n.

Por tal motivo, en la obra de Borges y Bioy se rinde culto a los por ellos considerados maestros de la narrativa breve: Edgar Allan Poe, R. L. Stevenson, G. K. Chesterton, Lord Dunsany, Nathaniel Hawthorne, Henry James, lo que se advierte en las colecciones que editaron en los a√Īos 50, en Buenos Aires, que incluyen a √©stos y otros muchos autores ingleses y estadounidenses de terror, del g√©nero policial y de misterio.

El argentino Julio Cort√°zar

De habla hispana, cabe mentar como auténticos especialistas en el cuento de miedo, a tres continuadores de Edgar Allan Poe en castellano, el peruano Clemente Palma (1872-1946, colección Cuentos malévolos), el uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937: El síncope blanco) y el argentino Julio Cortázar (1914-1984): Casa tomada, Todos los fuegos el fuego, La noche boca arriba...

El mexicano Carlos Fuentes ha dedicado varias obras igualmente al g√©nero (Aura, Cumplea√Īos, Inquieta compa√Ī√≠a). Otro mexicano, el gran cuentista Juan Rulfo (1918-1986), pionero del realismo m√°gico, es considerado a veces escritor de terror, aparte de por su novela de espectros Pedro P√°ramo, por relatos breves como Luvina o Talpa. Tambi√©n han contribuido al g√©nero a lo largo del siglo XX los argentinos Leopoldo Lugones (La loba) y Santiago Dabove (Ser polvo), el cubano Virgilio Pi√Īera (La carne), el uruguayo Felisberto Hern√°ndez (colecci√≥n La casa inundada), el venezolano Salvador Garmendia (Claves) y el mejicano Juan Jos√© Arreola (La migala), entre otros.

Oy√≥ gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era √©l que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defend√≠a con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pens√≥ en sus compa√Īeros que llenar√≠an otras mazmorras, y en los que ascend√≠an ya los pelda√Īos del sacrificio.
La noche boca arriba, de Julio Cort√°zar

En Espa√Īa, aparte del ya mencionado B√©cquer, a lo largo de los siglos XIX y XX, escribieron cuentos de miedo, entre otros, autores destacados como Agust√≠n P√©rez Zaragoza (colecci√≥n Galer√≠a f√ļnebre de espectros y sombras ensangrentadas), Emilia Pardo Baz√°n (La resucitada), Pedro Antonio de Alarc√≥n (La mujer alta), Wenceslao Fern√°ndez Fl√≥rez (El claro en el bosque), P√≠o Baroja (M√©dium), Miguel de Unamuno (El que se enterr√≥) y Noel Claras√≥ (M√°s all√° de la muerte). Y m√°s modernamente: Emilio Carrere (La casa de la cruz), Juan Perucho (colecci√≥n Aparicions i fantasmes), Alfonso Sastre (colecci√≥n Las noches l√ļgubres), Juan Benet (Cat√°lisis), Leopoldo Mar√≠a Panero (El lugar del hijo), Jos√© Mar√≠a Merino (Los libros vac√≠os), Javier Mar√≠as (No m√°s amores), Luis Mateo D√≠ez (Los males menores), Cristina Fern√°ndez Cubas (El √°ngulo del horror), Pilar Pedraza (Anfiteatro), Jos√© Mar√≠a Latorre (La noche de Cagliostro), Javier Casis (Doble Nelson), Gregorio Morales (El devorador de sombras), √Āngel Olgoso (Los demonios del lugar), etc.

Publicaciones en castellano

Las editoriales en castellano nunca han parecido muy dispuestas a fomentar el g√©nero entre las nuevas generaciones de escritores. No obstante, concretamente en Espa√Īa, desde los a√Īos 60 del siglo XX, no han dejado de aparecer antolog√≠as de relatos macabros procedentes de poderosos sellos editoriales anglosajones, prefiri√©ndose la importaci√≥n del material a la creaci√≥n vern√°cula. Tenemos as√≠ las m√ļltiples ediciones en r√ļstica de Editorial Bruguera (Las mejores historias ins√≥litas, Las mejores historias de ultratumba, Las mejores historias de fantasmas...), a cargo de compiladores de prestigio en la materia como Kurt Singer, Forrest J. Ackerman o A. van Hageland, as√≠ como las numerosas ediciones a cargo de las editoriales, alguna de ellas ya desaparecida, Minotauro, Grijalbo, Molino, Acervo, Ultramar, G√©minis, Fontamara, Versal, Uve, Siruela, V√©rtice, etc.

De Alianza Editorial contamos con las cuidadas selecciones de Rafael Llopis antes citadas, traducidas por √©l mismo con la ayuda del traductor y gran especialista Francisco Torres Oliver (Premio Nacional de Traducci√≥n), quien desarroll√≥ desde entonces, por su cuenta, una intensa y brillante labor en este campo. Editorial Edhasa public√≥ en 1989 la can√≥nica Historias de fantasmas de la literatura inglesa, de Cox y Gilbert. Ed. Mart√≠nez Roca hab√≠a sacado en 1977 la tambi√©n excelente Relatos maestros de terror y misterio, editada por Agust√≠ Bartra. Esta misma editorial, en los a√Īos 80 y 90, ofert√≥ nutridas selecciones de revistas norteamericanas de importancia, como Twilight Zone (Dimensi√≥n Desconocida), que suponen un amplio muestrario de las √ļltimas y ecl√©cticas tendencias. M√°s recientemente, de la especializada Editorial Valdemar, junto a otros muchos t√≠tulos, Felices pesadillas, en dos generosos vol√ļmenes, y han surgido iniciativas nuevas como las protagonizadas por las editoriales Jaguar y Factor√≠a de Ideas.

Hitos del género

Tomando como referencia los títulos que se acaban de citar, podría aventurarse una lista selecta de cuentos de terror, en orden a la especial atención que han recibido tradicionalmente por parte de antologistas y críticos:

El gato negro, La caída de la casa Usher, El barril de amontillado, El corazón delator, de Poe. El horror de Dunwich, La sombra sobre Innsmouth, de Lovecraft. El Horla, de Maupassant. Un terror sagrado, La ventana tapiada, de Ambrose Bierce. El rincón alegre, de Henry James. *El enemigo, de Chejov. Té verde, de Sheridan Le Fanu. El armario, de Thomas Mann. La pata de mono, de W. W. Jacobs. Silba y acudiré, de M. R. James. El guardavías, de Dickens. Las ratas del cementerio, de Henry Kuttner. *Una rosa para Emily, de Faulkner. *Luvina, de Juan Rulfo. *El médico rural, de Kafka. *Las hermanas, de Joyce. El fumador de pipa, de Martin Armstrong. El burlado, de Jack London. Vinum Sabbati ( o El polvo blanco), El gran dios Pan, de Arthur Machen. Janet, cuello torcido, de Stevenson. El Wendigo, de Algernon Blackwood. La casa del juez, de Bram Stoker. Casa tomada, de Julio Cortázar. La balsa, de Stephen King.

(*Antologados como cuentos de misterio y terror por Agustí Bartra en la citada colección.)

La lista puede ampliarse indefinidamente:

Ligeia, Berenice, El retrato oval, La verdad sobre el caso del se√Īor Valdemar de Poe. El ser en el umbral, El que susurra en la oscuridad, La sombra fuera del tiempo, La llamada de Cthulhu, Las ratas en las paredes, El Sabueso, de Lovecraft. La noche, de Maupassant. La cosa maldita, Un habitante de Carcosa, de Ambrose Bierce. La renta espectral, Sir Edmund Orme, de Henry James. Schalken el pintor, El fantasma de la se√Īora Crowl, de Sheridan Le Fanu. El conde Magnus, El maleficio de las runas, Panorama desde la colina, Mr. Humphreys y su herencia, El diario de Mr. Poynter, Los sitiales de la catedral de Barchester, El grabado, de M. R. James. El pueblo blanco, El sello negro, La pir√°mide resplandeciente, N, de Arthur Machen. Olalla, El ladr√≥n de cad√°veres, de Stevenson. Los sauces, Antiguas brujer√≠as, Descenso a Egipto, de Algernon Blackwood. La habitaci√≥n de la torre, de E. F. Benson. El hijo, El espectro, El almohad√≥n de plumas, La gallina degollada, de Horacio Quiroga. Circe, Cartas de mam√°, La noche boca arriba, Las babas del diablo, de Julio Cort√°zar. Crouch End, Soy la puerta, A veces vuelven, de Stephen King. La novia, de M. P. Shiel. Aura, de Carlos Fuentes. La trama celeste, En memoria de Paulina, de Adolfo Bioy Casares. La puerta en el muro, de H. G. Wells. ¬ŅQu√© es esto?, de Fitz James O'Brien. La nave abandonada, La nave de piedra, de William Hope Hodgson. El vampiro, de John William Polidori, El osito de felpa del profesor, de Theodore Sturgeon. Los veraneantes, de Shirley Jackson. El joven Goodman Brown, La hija de Rappaccini, de Nathaniel Hawthorne. John Barrington Cowles, de Arthur Conan Doyle. La marca de la bestia, La extra√Īa cabalgada de Morrowbie Jukes, de Rudyard Kipling. El beso, de Gustavo Adolfo B√©cquer. La ara√Īa, de H. H. Ewers. Porque la sangre es vida de F. Marion Crawford. Vera, de Villiers de L¬īIsle-Adam. La familia del vurdalak, de Aleks√©i Nikol√°yevich Tolst√≥i. Hijo del alma, de Emilia Pardo Baz√°n. El jard√≠n del Montarto, Era una presencia muerta, de Noel Claras√≥. El grano de la granada, de Edith Wharton. El olor, de P. McGrath. Ovando, de J. Kincaid. Mirad all√≠ arriba, de H. Russell Wakefield. El patio, La tercera expedici√≥n, Los hombres de la Tierra, de Ray Bradbury. Lord Mountdrago, de William Somerset Maugham. Bethmoora, La oficina de cambio de males, de Lord Dunsany. De profundis, de Walter de la Mare. Los perros de T√≠ndalos, de Frank Belknap Long. La reina muerta, de R. Coover. El papel amarillo, de Charlotte P. Gilman. El valle de lo perdido, de Robert E. Howard. El escultor de g√°rgolas, El final de la historia, de Clark Ashton Smith. Voces quedas en Passenham, de T. H. White. Los cicerones, de Robert Aickman. Fullcircle, de John Buchan. Et in sempiternum pereant, de Charles Williams. El monje negro, de Ant√≥n Ch√©jov...

Bibliografía

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  • Poe, Edgar A. Cuentos 1 y 2. (Julio Cort√°zar, ed. intr. y notas). Alianza, 1975-77.
  • Poe, Edgar A. Ensayos y cr√≠ticas (Julio Cort√°zar, ed.). Alianza, 1973.
  • Frazer, J. G. La rama dorada. Fondo de Cultura Econ√≥mica, 1986.
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  • Propp, Vladimir. Morfolog√≠a del cuento. Akal, 1998.
  • Joshi, S. T. The evolution of the weird tale. Hippocampus Press, 2004.
  • Mart√≠nez de Mingo, Luis. Miedo y literatura. EDAF, 2004.
  • Donovan, Frank. Historia de la brujer√≠a. Alianza Editorial, 1988.
  • Varios Autores. Antolog√≠a de cuentos de terror, 3 tomos. (Rafael Llopis, ed.) Alianza, 1982.
  • VV. AA. Los mitos de Cthulhu (Rafael Llopis, ed. e intr.). Alianza, 1976.
  • VV. AA. Historias de fantasmas de la literatura inglesa - 2 vol. (M. Cox & R. A. Gilbert, eds.). Ed. Edhasa, 1989.
  • VV. AA. El gran libro del terror (David G. Hartwell, ed.). Mart√≠nez Roca, 1989.
  • VV. AA. Segundo gran libro del terror (Kirby McCauley, ed.). Mart√≠nez Roca, 1990.
  • VV. AA. Cuentos de terror (Rafael Llopis, ed.). Taurus, 1963.
  • VV. AA. Cuentos √ļnicos (Javier Mar√≠as, ed.). Debolsillo, 2007.
  • VV. AA. Aguas negras (Alberto Manguel, ed.). Alianza Ed., 1999.
  • VV. AA. Antolog√≠a espa√Īola de literatura fant√°stica. (Alejo Mart√≠nez, ed.) Valdemar, 1996.
  • VV. AA. Antolog√≠a de la literatura fant√°stica. (Borges, Bioy Casares y Ocampo, eds.) Edhasa, 1981.
  • VV. AA. El horror seg√ļn Lovecraft. (J. A. Molina Foix, ed.). Ed. Siruela, 2003.
  • VV. AA. Los nuevos g√≥ticos. Minotauro, 2000.
  • VV. AA. El vampiro. Siruela, 2006.
  • VV. AA. Felices pesadillas. Valdemar, 2003.
  • VV. AA. Malos sue√Īos. Valdemar, 2004.
  • VV. AA. Relatos maestros de terror y misterio. (Agust√≠ Bartra, ed.). Ed. Mart√≠nez Roca, 1977.
  • VV. AA. Horror 1-7. 'Colecci√≥n Gran Super Terror' (7 vol.) Mart√≠nez Roca, 1986 - 1990.
  • VV. AA. Horror. Selecci√≥n 2 (Kurt Singer, ed.). Bruguera, 1976.
  • VV. AA. Horror. Selecci√≥n 6 (Kurt Singer, ed.). Bruguera, 1976.
  • VV. AA. Las mejores historias ins√≥litas. Ed. Bruguera, 1974.
  • VV. AA. Las mejores historias siniestras (Laurette Noaomi Pizer, ed.). Bruguera, 1968.
  • VV. AA. Las mejores historias de ultratumba (A. van Hageland, ed.). Bruguera, 1973.
  • VV. AA. Las mejores historias de fantasmas (A. van Hageland, ed.). Bruguera, 1973.
  • VV. AA. Las mejores historias de horror (Forrest J Ackerman, ed.). Bruguera, 1969.
  • VV. AA. Antolog√≠a de fantasmas (Antonio Ballesteros, ed.). Ed. Jaguar, 2003.
  • VV. AA. Antolog√≠a cr√≠tica del cuento hispanoamericano del siglo XX. (Jos√© Miguel Oviedo, ed.). Alianza, 2003.
  • VV. AA. Los mejores relatos fant√°sticos de habla hispana. (Joan Estruch, ed.) Alfaguara, 2002.
  • VV. AA. La realidad oculta. Cuentos fant√°sticos espa√Īoles del siglo XX. (David Roas y Ana Casas, eds.) Menoscuarto, 2008.

Véase también

Enlaces externos

  • [1] Numerosos relatos de terror.

Cuentos de fantasmas clásicos en inglés:

Crítica literaria de terror

Obtenido de "Cuento de terror"

Wikimedia foundation. 2010.

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