Francisco de Quevedo

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Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

¬ęQuevedo¬Ľ redirige aqu√≠. Para otras acepciones, v√©ase Quevedo (desambiguaci√≥n).
Francisco de Quevedo
Retrato de Francisco de Quevedo.jpg
Retrato de Francisco de Quevedo, atribuido a Juan van der Hamen o Vel√°zquez
Nacimiento 14 de septiembre de 1580
Madrid, Espa√Īa
Fallecimiento 8 de septiembre de 1645
Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, Espa√Īa

Francisco G√≥mez de Quevedo y Santib√°√Īez Villegas (Madrid, 14 de septiembre de 1580[1] ‚ÄĒ Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645) fue un noble, pol√≠tico y escritor espa√Īol del Siglo de Oro, uno de los m√°s destacados de la historia de la literatura espa√Īola. Ostent√≥ los t√≠tulos de Se√Īor de La Torre de Juan Abad y Caballero de la Orden de Santiago.

Contenido

Biografía

Quevedo, extraido de Lutero: asunto tomado de un sue√Īo del infierno de Quevedo del pintor catal√°n Francisco Sans Cabot.

Quevedo naci√≥ en Madrid y fue bautizado en la parroquia de San Gin√©s el 26 de septiembre de 1580. Su infancia transcurri√≥ en la Villa y Corte, rodeado de nobles y potentados, ya que sus padres desempe√Īaban altos cargos en Palacio. Estudi√≥ Teolog√≠a en Alcal√° sin llegar a ordenarse y lenguas antiguas y modernas. Durante la estancia de la Corte en Valladolid parece ser que circularon los primeros poemas de Quevedo, que imitaban o parodiaban los de Luis de G√≥ngora bajo seud√≥nimo (Miguel de Musa) o no, y el poeta cordob√©s detect√≥ con rapidez al joven que minaba su reputaci√≥n y ganaba fama a su costa, de forma que decidi√≥ atacarlo con una serie de poemas; Quevedo le contest√≥ y ese fue el comienzo de una enemistad que no termin√≥ hasta la muerte del cisne cordob√©s, quien dej√≥ en estos versos constancia de la deuda que Quevedo le ten√≠a contra√≠da (cit. en Pablo Jauralde Pou, Francisco de Quevedo (1580-1645) Madrid: Castalia, 1999, p√°g. 906-907:

Musa que sopla y no inspira
y sabe que es lo traidor
poner los dedos mejor
en mi bolsa que en su lira,
no es de Apolo, que es mentira.

Quevedo tambi√©n se aproxim√≥ a la prosa escribiendo como juego cortesano, en el que lo m√°s importante era exhibir ingenio, la primera versi√≥n manuscrita de una novela picaresca, la Vida del Busc√≥n, y un cierto n√ļmero de cortos op√ļsculos burlescos que le ganaron cierta celebridad entre los estudiantes y de los que habr√≠a de renegar en su edad madura como travesuras de juventud; igualmente por esas fechas sostiene un muy erudito intercambio epistolar con el humanista Justo Lipsio, deplorando las guerras que estremecen Europa, seg√ļn puede verse en el Epistolario reunido por Luis Astrana Mar√≠n. Por 1604 intenta explorar nuevos caminos m√©tricos creando un libro de silvas que no termin√≥, a imitaci√≥n de las de Publio Papinio Estacio, combinando versos de siete y once s√≠labas libremente.

Vuelta la Corte a Madrid, arriba a ella Quevedo en 1606 y reside all√≠ hasta 1611 entregado a las letras; escribe cuatro de sus Sue√Īos y diversas s√°tiras breves en prosa; obras de erudici√≥n b√≠blica como su comentario L√°grimas de Jerem√≠as castellanas; una defensa de los estudios human√≠sticos en Espa√Īa, la Espa√Īa defendida; y una obra pol√≠tica, el Discurso de las privanzas, as√≠ como l√≠rica amorosa y sat√≠rica. Se gana la amistad de F√©lix Lope de Vega (hay numerosos elogios a Quevedo en los libros de Rimas del F√©nix y Quevedo aprob√≥ las Rimas humanas y divinas, de Tom√© Burguillos, heter√≥nimo del F√©nix), as√≠ como de Miguel de Cervantes (se le alaba en el Viaje del Parnaso del alcala√≠no y Quevedo corresponde en la Perinola), con quienes estaba en la Cofrad√≠a de Esclavos del Sant√≠simo Sacramento; por el contrario, atac√≥ sin piedad a los dramaturgos Juan Ruiz de Alarc√≥n, cuyos defectos f√≠sicos le hac√≠an gracia (era pelirrojo y jorobado), siendo √©l mismo deforme, as√≠ como Juan P√©rez de Montalb√°n, hijo de un librero con el que Quevedo tuvo ciertas disputas. Contra este √ļltimo escribi√≥ La Perinola, cruel s√°tira de su libro miscel√°neo Para todos. Sin embargo, el m√°s atacado sin duda fue Luis de G√≥ngora, al que dirigi√≥ una serie de terribles s√°tiras acus√°ndole de ser un sacerdote indigno, homosexual, escritor sucio y oscuro, entregado a la baraja e indecente. Quevedo, descaradamente, violentaba la relaci√≥n meti√©ndose hasta con su aspecto (como en su s√°tira A una nariz, en la que se ensa√Īa con el ap√©ndice nasal de G√≥ngora, pues en la √©poca se cre√≠a que el rasgo f√≠sico m√°s acusado de los jud√≠os era ser narigudos). En su descargo, cabe decir que G√≥ngora le correspondi√≥ casi con la misma violencia. Por entonces estrecha una gran amistad con el grande Pedro T√©llez-Gir√≥n, el Gran Duque de Osuna, al que acompa√Īar√° como secretario a Italia en 1613, desempe√Īando diversas comisiones para √©l que le llevaron a Niza, Venecia y finalmente a Madrid, donde se integrar√° en el entorno del Duque de Lerma, siempre con el prop√≥sito de conseguir a su amigo el Duque de Osuna el nombramiento de virrey de N√°poles, lo que al fin lograr√° en 1616. Vuelto a Italia de nuevo con el Duque, √©ste le encarg√≥ dirigir y organizar la Hacienda del Virreinato y desempe√Īa otras misiones, algunas relacionadas con el espionaje a la Rep√ļblica de Venecia, aunque no directamente, como se ha cre√≠do hasta hace poco, y obtiene en recompensa el h√°bito de Santiago en 1618.

Ca√≠do el grande Osuna, Quevedo es arrastrado tambi√©n como uno de sus hombres de confianza y se le destierra en 1620 a la Torre de Juan Abad (Ciudad Real), cuyo se√Īor√≠o hab√≠a comprado su madre con todos sus ahorros para √©l antes de fallecer. Los vecinos del lugar, sin embargo, no reconocieron esa compra y Quevedo pleitear√° interminablemente con el concejo, si bien el pleito s√≥lo se resolver√° a su favor tras su muerte, en la persona de su heredero y sobrino Pedro Alderete. Llegado all√≠ a lomos de su jaca "Scoto", llamada as√≠ por lo sutil que era, como cuenta en un romance, y aislado ya de las tormentosas intrigas cortesanas, a solas con su conciencia, escribir√° Quevedo algunas de sus mejores poes√≠as, como el soneto "Retirado a la paz de estos desiertos..." o "Son las torres de Joray..." y hallar√° consuelo a sus ambiciones cortesanas y su desgarr√≥n afectivo en la doctrina estoica de S√©neca, cuyas obras estudia y comenta convirti√©ndose en uno de los principales exponentes del neoestoicismo espa√Īol. Completa el n√ļmero de sus Sue√Īos y redacta tratados pol√≠ticos como Pol√≠tica de Dios, morales como Virtud militante y dos s√°tiras extensas: Discurso de todos los diablos y La hora de todos. Tom√≥ parte muy activa en la controversia sobre el patronato de Espa√Īa con dos obras: Memorial por el patronato de Santiago y Su espada por Santiago, 1628. La cuesti√≥n se hab√≠a suscitado cuando una reforma del Breviario Romano en el siglo XVII no cit√≥ la predicaci√≥n y enterramiento de Santiago en Espa√Īa, lo que provoc√≥ un cruce de cartas y presiones que dur√≥ treinta y dos a√Īos hasta conseguir su revocaci√≥n; el asunto se reaviv√≥ cuando se pretendi√≥ otorgar el patronazgo de Espa√Īa a Santa Teresa de Jes√ļs, lo que acab√≥ por convertirse en una aut√©ntica batalla de intelectuales en pro de una u otro, y Quevedo, bastante mis√≥gino, se inclin√≥ por el santo guerrero Santiago.

La entronizaci√≥n de Felipe IV supuso para Quevedo el levantamiento de su castigo, la vuelta a la pol√≠tica y grandes esperanzas ante el nuevo valimiento del Conde Duque de Olivares. Quevedo acompa√Īa al joven rey en viajes a Andaluc√≠a y Arag√≥n, algunas de cuyas divertidas incidencias cuenta en interesantes cartas. Por entonces denuncia sus obras a la Inquisici√≥n, ya que los libreros hab√≠an impreso sin su permiso muchas de sus piezas sat√≠ricas que corr√≠an manuscritas haci√©ndose ricos a su costa. Quevedo quiso asustarlos y espantarlos de esa manera y preparar el camino a una edici√≥n definitiva de sus obras que nunca lleg√≥ a aparecer. Por otro lado, lleva una vida privada algo desordenada de solter√≥n: fuma mucho, frecuenta las tabernas (G√≥ngora le achaca ser un borrach√≠n consumado y en un poema sat√≠rico se le llama don Francisco de Quebebo) y frecuenta los lupanares, pese a que vive amancebado con una tal Ledesma. Sin embargo, es nombrado incluso secretario del monarca, en 1632, lo que supuso la cumbre en su carrera cortesana. Era un puesto sujeto a todo tipo de presiones: su amigo, el Duque de Medinaceli, es hostigado por su mujer para que lo obligue a casarse contra su voluntad con do√Īa Esperanza de Mendoza,[2] se√Īora de Cetina, viuda y con hijos, y el matrimonio, realizado en 1634, apenas dura tres meses. En contrapartida, son a√Īos de una febril actividad creativa. En 1634 publica La cuna y la sepultura y la traducci√≥n de La introducci√≥n a la vida devota de Francisco de Sales; de entre 1633 y 1635 datan obras como De los remedios de cualquier fortuna, el Epicteto, Virtud militante, Las cuatro fantasmas, la segunda parte de Pol√≠tica de Dios, la Visita y anatom√≠a de la cabeza del cardenal Richelieu o la Carta a Luis XIII. En 1635 aparece en Valencia el m√°s importante de uno de los numerosos libelos destinados a difamarle, El tribunal de la justa venganza, erigido contra los escritos de Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desverg√ľenzas, licenciado en bufoner√≠as, bachiller en suciedades, catedr√°tico de vicios y protodiablo entre los hombres.

En 1639, con motivo del memorial aparecido bajo la servilleta del Rey Sacra, católica, cesárea, real Majestad..., donde se denuncia la política del Conde Duque, se le detuvo, se confiscan sus libros y, sin apenas vestirse, es llevado al frío Hostal San Marcos de León hasta la caída del valido y su retirada a Loeches en 1643. En el monasterio Quevedo se dedicó a la lectura, como cuenta en la Carta moral e instructiva, escrita a su amigo, Adán de la Parra, pintándole por horas su prisión y la vida que en ella hacía:

Desde las diez a las once rezo algunas devociones, y desde esta hora a la de las doce leo en buenos y malos autores; porque no hay ning√ļn libro, por despreciable que sea, que no tenga alguna cosa buena, como ni alg√ļn lunar el de mejor nota. Catulo tiene sus errores, Marcus Fabius Quintilianus sus arrogancias, Cicer√≥n alg√ļn absurdo, S√©neca bastante confusi√≥n; y en fin, Homero sus cegueras, y el sat√≠rico Juvenal sus desbarros; sin que le falten a Egecias algunos conceptos, a Sidonio medianas sutilezas, a Ennodio acierto en algunas comparaciones, y a Aristarco, con ser tan insuls√≠simo, propiedad en bastantes ejemplos. De unos y de otros procuro aprovecharme de los malos para no seguirlos, y de los buenos para procurar imitarlos.

Pero Quevedo hab√≠a salido ya del encierro, en 1643, achacoso y muy enfermo, y renuncia a la Corte para retirarse definitivamente en la Torre de Juan Abad. Es en sus cercan√≠as, y tras escribir en su √ļltima carta que "hay cosas que s√≥lo son un nombre y una figura", fallece en el convento de los padres Dominicos de Villanueva de los Infantes, el 8 de septiembre de 1645. Se cuenta que su tumba fue violada d√≠as despu√©s por un caballero que deseaba tener las espuelas de oro con que hab√≠a sido enterrado y que dicho caballero muri√≥ al poco en justo castigo por tal atrevimiento.

Sus obras fueron muy mal recogidas y editadas por el humanista Jos√© Antonio Gonz√°lez de Salas, quien no tiene empacho en retocar los textos, en 1648: El Parnaso espa√Īol, monte en dos cumbres dividido, con las nueve Musas, pero es la edici√≥n m√°s fiable; peor es la edici√≥n del sobrino de Quevedo y destinatario de su herencia, Pedro Alderete, en 1670: Las tres Musas √ļltimas castellanas; en el siglo XX Jos√© Manuel Blecua las ha editado con rigor.

En 1663 se imprimió la primera biografía de Francisco de Quevedo, la de Pablo Antonio de Tarsia, abundante en anécdotas; posteriormente vendrán las de Aureliano Fernández Guerra en el siglo XIX, donde se le pinta como un hombre de estado, y la de Pablo Jauralde Pou en el siglo XX.

An√°lisis de su obra

Lo m√°s original de la obra literaria de Quevedo radica en el estilo, vinculado al Conceptismo barroco y por lo tanto muy amigo de la concisi√≥n, de la elipsis y del cortesano juego de ingenio con las palabras mediante el abuso de la anfibolog√≠a. Amante de la ret√≥rica, ensay√≥ a veces un estilo oratorio lleno de simetr√≠as, ant√≠tesis e isocola que luci√≥ m√°s que nunca en su Marco Bruto. De l√©xico muy abundante, cre√≥ adem√°s muchos neologismos por derivaci√≥n, composici√≥n y estereotipia y flexibiliz√≥ notablemente el mecanismo de la aposici√≥n especificativa en castellano ("cl√©rigo cerbatana, zapatos galeones..."), mecanismo que los escritores barrocos posteriores imitaron de √©l. En su s√°tira se acerca a veces a la est√©tica del expresionismo al degradar a las personas mediante la reificaci√≥n o cosificaci√≥n, y la animalizaci√≥n. Se ha se√Īalado, adem√°s, como un rasgo caracter√≠stico de su verso, la esticomit√≠a, esto es, la tendencia a transformar cada verso en una sentencia de sentido completo, lo cual hace a sus poemas muy densos de significado, como era prioritario en su po√©tica, radicada en los principios del conceptismo barroco.

La mayor parte de la producci√≥n po√©tica de Quevedo es sat√≠rica, pero como ya apercibi√≥ el abate Jos√© Marchena sus s√°tiras est√°n mal dirigidas y, aunque consciente de las causas verdaderas de la decadencia general, es para √©l m√°s un mero ejercicio de estilo que otra cosa y se vierte contra el bajo pueblo m√°s que contra la nobleza, en lo cual no tuvo el atrevimiento de, por ejemplo, el otro gran sat√≠rico de su √©poca, Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana. Cultiv√≥ tambi√©n una fina l√≠rica cortesana realizando un cancionero petrarquista en temas, estilo y t√≥picos, pr√°cticamente perfecto en t√©cnica y fondo, en torno a la figura de Lisi, que no hay que identificar como se ha querido con ninguna dama concreta, sino con un arquetipo quintaesenciado de mujer. Destacan sobre todo sus sonetos metaf√≠sicos y sus salmos, donde se expone su m√°s √≠ntimo desconsuelo existencial. La visi√≥n que da su filosof√≠a es profundamente pesimista y de rasgos preexistencialistas. El cauce preferido para la abundante vena sat√≠rica de que hizo gala es sobre todo el romance, pero tambi√©n la letrilla ("Poderoso Caballero es Don Dinero"), veh√≠culo de una cr√≠tica social a la que no se le esconden los motivos m√°s profundos de la decadencia de Espa√Īa, y el soneto. Abomin√≥ de la est√©tica del Culteranismo cuyo l√≠der, Luis de G√≥ngora, fue violentamente atacado por Quevedo en s√°tiras personales. Contra la pedanter√≠a y obscuridad que le imputaba se propuso tambi√©n editar las obras de los poetas renacentistas Francisco de la Torre y Fray Luis de Le√≥n.

La poesía amorosa de Quevedo, considerada la más importante del Siglo XVII, es la producción más paradójica del autor: misántropo y misógino, fue, sin embargo, el gran cantor del amor y de la mujer. Escribió numerosos poemas amorosos (se conservan más de doscientos), dedicados a varios nombres de mujer: Flora, Lisi, Jacinta, Filis, Aminta, Dora. Consideró el amor como un ideal inalcanzable, una lucha de contrarios, una paradoja dolorida y dolorosa, en donde el placer queda descartado. Su obra cumbre en este género es, sin duda, su "Amor Constante Más Allá De La Muerte".

Obras

Monumento a Quevedo en Madrid (A. Querol, 1902).

Obras políticas

  • Pol√≠tica de Dios, gobierno de Cristo. Su primera parte fue escrita hacia 1617 (en la dedicatoria a Olivares, de 1626, le dice que "es el libro que yo escrib√≠ diez a√Īos ha") e impresa en 1626 con el t√≠tulo de Pol√≠tica de Dios, gobierno de Cristo y tiran√≠a de Satan√°s. La segunda parte, escrita en torno a 1635, se public√≥ en 1655. Las dos partes juntas se publicaron bajo el ep√≠grafe Pol√≠tica de Dios, gobierno de Cristo, sacada de la Sagrada Escritura para acierto del Rey y del reino en sus acciones.
  • Vida de Marco Bruto, 1644, glosa de la vida correspondiente al famoso asesino de C√©sar escrita por Plutarco, escrita con algebraico rigor y una elevaci√≥n de estilo conceptista poco menos que inimitable.
  • Mundo caduco y desvar√≠os de la edad (1621, ed. 1852)
  • Grandes anales de quince d√≠as (1621, ed. 1788), an√°lisis de la transici√≥n entre los reinados de Felipe III y Felipe IV.
  • Memorial por el patronato de Santiago (1627, ed. 1628).
  • Lince de Italia y zahor√≠ espa√Īol (1628, ed. 1852).
  • El chit√≥n de Tarabillas (1630), impreso muchas veces con el t√≠tulo de Tira la piedra y esconde la mano. Defiende las disposiciones econ√≥micas del Conde-Duque de Olivares, de quien luego se distanciar√≠a.
  • Execraci√≥n contra los jud√≠os (1633), alegato antisemita que contiene una velada acusaci√≥n contra don Gaspar de Guzm√°n, Conde-Duque de Olivares y valido de Felipe IV.
  • Carta al seren√≠simo, muy alto y muy poderoso Luis XIII, rey cristian√≠simo de Francia (1635).
  • Breve compendio de los servicios de Francisco G√≥mez de Sandoval, duque de Lerma (1636).
  • La rebeli√≥n de Barcelona ni es por el g√ľevo ni es por el fuero. 1641, panfleto contra la revuelta catalana de 1640.
  • Espa√Īa defendida y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros sediciosos, editada por primera vez en 1916.

Obras ascéticas

  • Providencia de Dios, 1641, tratado contra los ateos que intenta unificar estoicismo y cristianismo.
  • Vida de San Pablo, 1644.
  • Vida de Santo Tom√°s de Villanueva, 1620.
  • La constancia y paciencia del santo Job, publicada p√≥stumamente en 1713.

Obras filosóficas

  • Doctrina moral del conocimiento propio, y del desenga√Īo de las cosas ajenas (Zaragoza, 1630).
  • La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desenga√Īo de las cosas ajenas (Madrid, 1634), que es una reescritura de la obra anterior, publicada sin su autorizaci√≥n, en la que amplific√≥ y mejor√≥ estil√≠sticamente el texto precedente.
  • Epicteto, y Phoc√≠lides en espa√Īol con consonantes, con el Origen de los estoicos, y su defensa contra Plutarco, y la Defensa de Epicuro, contra la com√ļn opini√≥n (Madrid, 1635).
  • Las cuatro pestes del mundo y los cuatro fantasmas de la vida (1651).

Crítica literaria

  • La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un d√≠a (1631), sat√≠rica embestida contra los poetas que usan el lenguaje gongorino o culterano.
  • La culta latiniparla (1624), burlesco manual para hablar en lenguaje gongorino.
  • La Perinola (1633, ed. en 1788), ataque contra el "Para todos" de Juan P√©rez de Montalb√°n.
  • Cuento de cuentos (1626), reducci√≥n al absurdo de los coloquialismos m√°s vac√≠os de significado.

Obras festivas

  • Prem√°tica y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Prem√°tica del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son s√°tiras de los g√©neros burocr√°ticos habituales en las canciller√≠as y que se aplican a temas grotescos.
  • Cartas del caballero de la Tenaza (1625), humor√≠stica descripci√≥n de las ep√≠stolas intercambiadas entre un caballero sumamente taca√Īo y su amante, que quiere sacarle dinero por cualquier medio.
  • Libro de todas las cosas y otras muchas m√°s. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El √ļnico maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
  • Gracias y desgracias del ojo del culo. Un estudio po√©tico magistral sobre los placeres y las dolencias relativos a semejante √≥rgano.

Obras satírico-morales

  • Los Sue√Īos, compuestos entre 1606 y 1623, circularon abundantemente manuscritos pero no se imprimieron hasta 1627. Se trata de cinco narraciones cortas de inspiraci√≥n lucianesca donde se pasa revista a diversas costumbres, oficios y personajes populares de su √©poca. Son, por este orden, El Sue√Īo del Juicio Final (llamado a partir de la publicaci√≥n de Juguetes de la ni√Īez, la versi√≥n expurgada de 1631 El sue√Īo de las calaveras), El alguacil endemoniado (redenominado El alguacil alguacilado), El Sue√Īo del Infierno (esto es, Las zah√ļrdas de Plut√≥n en su versi√≥n expurgada), El mundo por dentro (que mantuvo su nombre siempre) y El Sue√Īo de la Muerte (conocido como La visita de los chistes).
  • De la estirpe de los Sue√Īos son dos llamadas "fantas√≠as morales", el Discurso de todos los diablos y de La Hora de todos. Ambas son tambi√©n s√°tiras lucianescas de caracter√≠stico tono jocoserio, aunque en su factura y creatividad superan a los Sue√Īos:
    • Discurso de todos los diablos o infierno emendado (1628), publicado en algunas versiones como El peor escondrijo de la muerte y, a partir de 1631, en la versi√≥n expurgada en la que aparecen tambi√©n los cinco Sue√Īos con los t√≠tulos cambiados que se enumeran m√°s arriba, con el t√≠tulo de El entremetido y la due√Īa y el sopl√≥n.
    • La hora de todos y la Fortuna con seso, variaci√≥n sobre el tema del mundo al rev√©s en que la Fortuna recobra el juicio y da a cada persona lo que realmente merece, provocando tan gran trastorno y confusi√≥n que el padre de los dioses debe volverlo todo a su primitivo desorden.
  • La novela picaresca Historia de la vida del Busc√≥n llamado Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de taca√Īos, apareci√≥ impresa en Zaragoza en 1626, pero existen tres versiones m√°s de la obra con grandes divergencias textuales. El problema es complejo, pues todo parece indicar que Quevedo retoc√≥ su obra varias veces. La versi√≥n m√°s antigua es el manuscrito 303 bis (olim Artigas 101) de la Biblioteca de Men√©ndez Pelayo a causa del cotejo de las variantes y la manera en que unos testimonios se agrupan frente a otros. La impresi√≥n de 1626 fue asumida, si no controlada, por Quevedo, seg√ļn el propio autor declara en su memorial Su espada por Santiago (1628) y la sinceridad de sus palabras es confirmada por otros datos, as√≠ que en realidad no puede sostenerse que se hiciera sin permiso del autor. Pero esta versi√≥n no fue la √ļltima, pues don Francisco volvi√≥ sobre ella para retocar algunos pormenores narrativos, amplificar el retrato sat√≠rico de varios personajes secundarios y paliar las expresiones que juzgaron irreverentes o blasfemas los redactores de dos libelos antiquevedia¬≠nos, el Memorial enviado a la Inquisici√≥n contra los escritos de Quevedo (1629) y El Tribunal de la Justa Venganza (1635). De estos retoques dan fe los otros manuscritos. El Busc√≥n es un divertimento en que el autor se complace en ridiculizar los vanos esfuerzos de ascensi√≥n social de un pobre diablo perteneciente al bajo pueblo; para ello exhibe cortesanamente su ingenio por medio de un brillante estilo conceptista que degrada todo lo que toca cosific√°ndolo o animaliz√°ndolo, utilizando una est√©tica preexpresionista que se aproxima a Goya, Solana y Valle-Incl√°n y no retrocediendo ante las gracias m√°s repugnantes. La caracterizaci√≥n apenas existe: se trata s√≥lo de un veh√≠culo para el lucimiento aristocr√°tico del autor.


Epistolario

Fue editado por Luis Astrana Marín (Epistolario completo de Don Francisco de Quevedo / edición crítica..., Madrid: Instituto Editorial Reus, 1946).

Traducciones

Quevedo frecuent√≥ a humanistas como el distante Justo Lipsio y el m√°s cercano Jos√© Antonio Gonz√°lez de Salas; ambos le transmitieron su fervor por Propercio. Como helenista, las traducciones de Quevedo del griego dejan bastante que desear; se atrevi√≥, sin embargo, a traducir p√©simamente a Anacreonte (traducci√≥n que circul√≥ manuscrita y no se imprimi√≥ en vida de Quevedo, sino en 1656), al pseudo Foc√≠lides y la Vida de Marco Bruto de Plutarco para su Marco Bruto. Mayor m√©rito tienen sus Lamentaciones de Jerem√≠as desde el hebreo, o sus versiones de excelente latinista de los sat√≠ricos Marcial, Persio y Juvenal; sus obras est√°n esmaltadas tambi√©n de reminiscencias de Virgilio, Propercio, Tibulo, Ovidio, Estacio y S√©neca, autores que, como los citados sat√≠ricos, frecuent√≥ no poco. Tambi√©n son excelentes sus versiones del italiano y el franc√©s; en esta √ļltima lengua, conoc√≠a la obra de l√≠ricos como Joachim du Bellay y le√≠a y admiraba la de Montaigne e incluso es posible que tradujese el primer libro de sus Essais. En su haber se cuentan:

  • Introducci√≥n a la vida devota, de San Francisco de Sales.
  • De los remedios de cualquier fortuna (1638), versi√≥n libre de S√©neca.
  • El R√≥mulo, 1632, del marqu√©s Virgilio Malvezzi.

Obras perdidas

  • La segunda parte de la Vida de Marco Bruto, mencionada por Quevedo en sus √ļltimas cartas, en 1644.
  • Historia de don Sebasti√°n, rey de Portugal.
  • La polilla de las rep√ļblicas.
  • Historia del a√Īo 1631.
  • Dichos y hechos del Duque de Osuna en Flandes, Espa√Īa, N√°poles y Sicilia.

Quevedo, personaje literario y cinematogr√°fico

Como prototipo del intelectual cortesano que exhib√≠a su ingenio y con frecuencia la gustaba escandalizar o √©pater le bourgeois, Quevedo pas√≥ a la literatura popular como personaje de chistes con frecuencia groseros, volvi√©ndose personaje de leyendas urbanas como algunos de sus seguidores, por ejemplo Camilo Jos√© Cela. Igualmente fue el afortunado personaje de gran n√ļmero de piezas teatrales y novelas; ya Diego de Torres Villarroel lo resucit√≥ a principios del siglo XVIII en sus Sue√Īos morales, visiones y visitas de Torres con Don Francisco de Quevedo por Madrid, y en el XIX es personaje principal de los dramas Don Francisco de Quevedo (1848) del poeta rom√°ntico Eulogio Florentino Sanz, de Una broma de Quevedo y Cuando ahorcaron a Quevedo, de Luis de Egu√≠laz, o, ya en el siglo XX, de El caballero de las espuelas de oro de Alejandro Casona. De la misma manera tent√≥ a la novela hist√≥rica: en el XIX escribi√≥ Francisco Jos√© Orellana Quevedo (1857) y Antonio de San Mart√≠n su novela por entregas Aventuras de don Francisco de Quevedo (1883-1884). Francisco de Quevedo es tambi√©n, junto a otros personajes hist√≥ricos de la Espa√Īa de Felipe IV, un personaje secundario en la saga conocida como Las Aventuras del Capit√°n Alatriste (1996), de Arturo P√©rez-Reverte, y en la pel√≠cula basada en ella, Alatriste (2006), dirigida por Agust√≠n D√≠az Yanes, en donde el personaje de Quevedo es interpretado por el actor Juan Echanove. En esta obra de Ficci√≥n, Quevedo es presentado como amigo personal del mal llamado Capit√°n Don Diego Alatriste y Tenorio, veterano de las guerras de Flandes, quien se gana la vida como sicario en el Madrid del siglo XVII. La primera aparici√≥n de Quevedo se da en el primer t√≠tulo de la saga, El Capit√°n Alatriste (1996), donde es representado como un hombre ingenioso, apasionado y excelente espadach√≠n, quien regularmente debe hacer uso de la herreruza (espada) para zanjar los contantes coflictos en los que se involucra, ya sea por los desafortunados versos que dedica a numerosas personas (incluidas personalidades de renombre), como por aquellos relacionados con su amigo Alatriste. En t√©rminos narrativos, Francisco de Quevedo representa en la obra el contrapunto alegre y deshinibido a la personalidad reservada y tosca de Alatriste, aportando a la lectura del texto momentos frescos y de un humor elegante e imaginativo, aunque tambi√©n cumple el rol de factor determinante en muchos de los sucesos de la obra, especialmente en el segundo volumen de la saga Limpieza de Sangre (1997). Cabe destacar que en la obra como en sus numerosos ep√≠logos, aparecen algunas obras (mayoritariamente sonetos) que son "atribuidos" a este personaje, entre los que destaca aquel que Alaba la virtud militar, en la persona del Capit√°n Alatriste. Este poema, que Quevedo dedicar√≠a a Alatriste, narra de manera aleg√≥rica la vida y car√°cter del personaje, loando su valent√≠a y temple.

Referencias

Notas

  1. ‚ÜĎ Nacimiento de Quevedo
  2. ‚ÜĎ Partida de matrimonio de don Francisco de Quevedo con do√Īa Esperanza de Mendoza, inclu√≠da en la Colecci√≥n de documentos in√©ditos para la historia de Espa√Īa, vol. LXXXVIII, pag. 525.

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