Don Quijote de la Mancha

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Don Quijote de la Mancha

Don Quijote de la Mancha

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Para otros usos de este término, véase Don Quijote (desambiguación).
Don Quijote de la Mancha
Cervantes Don Quixote 1605.gif
Autor Miguel de Cervantes Saavedra
Pa√≠s Espa√Īa
Idioma Castellano
Género Novela de aventuras, parodia de las novela de caballerías, novela realista
Editorial Imprenta de Juan de la Cuesta
Fecha de publicación 1605, 1615

Don Quijote de la Mancha[a] (pronunciaci√≥n ‚Ė∂ ) es una novela escrita por el espa√Īol Miguel de Cervantes Saavedra. Publicada su primera parte con el t√≠tulo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a comienzos de 1605, es una de las obras m√°s destacadas de la literatura espa√Īola y la literatura universal, y una de las m√°s traducidas. En 1615 aparecer√≠a la segunda parte del Quijote de Cervantes con el t√≠tulo de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha.

Contenido

Estructura, génesis, contenido, estilo y fuentes

Placa en el n√ļmero 87 de la calle Atocha de Madrid colocada con motivo del tercer centenario de El Quijote. El texto dice: "Aqu√≠ estuvo la imprenta donde se hizo en 1604 la edici√≥n pr√≠ncipe de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha compuesta por Miguel de Cervantes Saavedra, publicada en mayo de 1605. Conmemoraci√≥n MDCCCCV"

La novela consta de dos partes: la primera, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, fue publicada en 1605; la segunda, Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, en 1615.[1]

La primera parte se imprimi√≥ en Madrid, en casa de Juan de la Cuesta, a fines de 1604. Sali√≥ a la venta en enero de 1605 con numerosas erratas, por culpa de la celeridad que impon√≠a el contrato de edici√≥n. Esta edici√≥n se reimprimi√≥ en el mismo a√Īo y en el mismo taller, de forma que hay en realidad dos ediciones de 1605 ligeramente distintas. Se sospecha, sin embargo, que existi√≥ una novela m√°s corta, que ser√≠a una de sus futuras Novelas ejemplares. Fue divulgada o impresa con el t√≠tulo El ingenioso hidalgo de la Mancha. Esa publicaci√≥n se ha perdido, pues autores como Francisco L√≥pez de √öbeda o Lope de Vega, entre otros testimonios, aluden a la fama de esta pieza. Tal vez circulaba manuscrita e, incluso, podr√≠a ser una primera parte de 1604. Tambi√©n el toledano Ibrahim Taybil√≠, de nombre cristiano Juan P√©rez y el escritor morisco m√°s conocido entre los establecidos en T√ļnez tras la expulsi√≥n general de 1609-1612, narr√≥ una visita en 1604 a una librer√≠a en Alcal√° en donde adquiri√≥ las Ep√≠stolas familiares y el Relox de Pr√≠ncipes de Fray Antonio de Guevara y la Historia imperial y ces√°rea de Pedro Mex√≠a. En ese mismo pasaje se burla de los libros de caballer√≠as de moda y cita como obra conocida el Don Quijote. Eso le permiti√≥ a Jaime Oliver As√≠n a√Īadir un dato a favor de la posible existencia de una discutida edici√≥n anterior a la de 1605.

La inspiración de Cervantes para componer esta obra vino, al parecer, del llamado Entremés de los romances, que era de fecha anterior (aunque esto es discutido). Su argumento ridiculiza a un labrador que enloquece creyéndose héroe de romances. El labrador abandonó a su mujer, y se echó a los caminos, como hizo Don Quijote. Este entremés posee una doble lectura: también es una crítica a Lope de Vega; quien, después de haber compuesto numerosos romances autobiográficos en los que contaba sus amores, abandonó a su mujer y marchó a la Armada Invencible. Es conocido el interés de Cervantes por el Romancero y su resentimiento por haber sido echado de los teatros por el mayor éxito de Lope de Vega, así como su carácter de gran entremesista. Un argumento a favor de esta hipótesis sería el hecho de que, a pesar de que el narrador nos dice que Don Quijote ha enloquecido a causa de la lectura de novelas de caballerías, durante su primera salida recita romances constantemente, sobre todo en los momentos de mayor desvarío. Por todo ello, podría ser una hipótesis verosímil.

La primera parte, en que se alargaba la previa ¬ęnovela ejemplar¬Ľ, se reparti√≥ en cuatro vol√ļmenes. Conoci√≥ un √©xito formidable y fue traducida a todas las lenguas cultas de Europa. Sin embargo, no supuso un gran beneficio econ√≥mico para el autor a causa de las ediciones piratas. Cervantes s√≥lo reserv√≥ privilegio de impresi√≥n para el reino de Castilla, con lo que los reinos aleda√Īos imprimieron Don Quijotes m√°s baratos que luego vender√≠an en Castilla. Por otra parte, las cr√≠ticas de car√°cter neoaristot√©lico hacia la nueva f√≥rmula teatral ensayada por Lope de Vega y el hecho de inspirarse en un entrem√©s en que se le atacaba, supuso atraer la inquina de los lopistas y del propio Lope; quien, hasta entonces, hab√≠a sido amigo de Cervantes. Eso motiv√≥ que, en 1614, saliera una segunda parte de la obra bajo el nombre de Alonso Fern√°ndez de Avellaneda. En el pr√≥logo se ofende gravemente a Cervantes tach√°ndole de envidioso, en respuesta al agravio infligido a Lope. No se tienen noticias de qui√©n era este Alonso Fern√°ndez de Avellaneda. Un importante cervantista, Mart√≠n de Riquer, sospecha que fue otro personaje real, Jer√≥nimo de Pasamonte, un militar compa√Īero de Cervantes y autor de un libro autobiogr√°fico, agraviado por la publicaci√≥n de la primera parte, donde aparece como el galeote Gin√©s de Pasamonte. La novela no es mala y es posible, incluso, que se inspirara en la continuaci√≥n que estaba elaborando Cervantes. Aun as√≠, no es comparable a la que se imprimi√≥ poco despu√©s. Cervantes jugar√≠a con el hecho de que el protagonista en su obra se entera de que exist√≠a un suplantador.

Primera parte

√ćncipit escrito en un chip de silicio con un microscopio de fuerza at√≥mica

Empieza con un pr√≥logo en el que se burla de la erudici√≥n pedantesca y con unos poemas c√≥micos, a manera de preliminares, compuestos en alabanza de la obra por el propio autor, quien lo justifica diciendo que no encontr√≥ a nadie que quisiera alabar una obra tan extravagante como √©sta, como sabemos por una carta de Lope de Vega. En efecto, se trata de, como dice el cura, una ¬ęescritura desatada¬Ľ libre de normativas que mezcla lo ¬ęl√≠rico, √©pico, tr√°gico, c√≥mico¬Ľ y donde se entremeten en el desarrollo historias de varios g√©neros, como por ejemplo: Gris√≥stomo y la pastora Marcela, la novela de El curioso impertinente, la historia del cautivo, el discurso sobre las armas y las letras, el de la Edad de Oro, la primera salida de Don Quijote solo y la segunda con su inseparable escudero Sancho Panza (la segunda parte narra la tercera y postrera salida).

La novela comienza describi√©ndonos a un tal Alonso Quijano, hidalgo pobre, que enloquece leyendo libros de caballer√≠as y se cree un caballero medieval. Decide armarse como tal en una venta, que √©l ve como castillo. Le suceden toda suerte de c√≥micas aventuras en las que el personaje principal, impulsado en el fondo por la bondad y el idealismo, busca ¬ędesfacer agravios¬Ľ y ayudar a los desfavorecidos y desventurados. Persigue un plat√≥nico amor por una tal Dulcinea del Toboso; que es, en realidad, una moza labradora ¬ęde muy buen parecer¬Ľ: Aldonza Lorenzo. El cura del lugar somete la biblioteca de Don Quijote a un expurgo, y quema parte de los libros que le han hecho tanto mal. Don Quijote lucha contra unos gigantes, que no son otra cosa que molinos de viento. Vela en un bosque donde cree que hay otros gigantes que hacen ruido; aunque, realmente, son s√≥lo los golpes de unos batanes. Tiene otros curiosos incidentes como el acaecido con un vizca√≠no pendenciero, con unos reba√Īos de ovejas, con un hombre que azota a un mozo y con unos monjes benitos que acompa√Īan un ata√ļd a su sepultura en otra ciudad. Otros c√≥micos episodios son el del b√°lsamo de Fierabr√°s , el de la liberaci√≥n de los traviesos galeotes; el del Yelmo de Mambrino que cree ver en la bac√≠a de barbero y el de la zapatiesta causada por Maritornes y Don Quijote en la venta, que culmina con el manteamiento de Sancho Panza. Finalmente, imitando a Amad√≠s de Gaula, decide hacer penitencia en Sierra Morena. Terminar√° siendo apresado por sus convecinos y devuelto a su aldea en una jaula.

En todas las aventuras, amo y escudero mantienen amenas conversaciones. Poco a poco, revelan sus personalidades y fraguan una amistad basada en el mutuo respeto.

Dedic√≥ esta parte a Alfonso L√≥pez de Z√ļ√Īiga y P√©rez de Guzm√°n, VI duque de B√©jar.

Segunda parte

Placa en el n√ļmero 7 de la calle San Eugenio de Madrid colocada en 1905. El texto dice: "En el solar que ocupa esta casa estuvo en el siglo XVII la imprenta de Juan de la Cuesta donde se hizo en 1615 la edici√≥n pr√≠ncipe de la segunda parte del Ingenioso Caballero D. Quijote de la Mancha escrita por Miguel de Cervantes Saavedra. Conmemoraci√≥n en 1905".

En el prólogo, Cervantes se defiende irónicamente de las acusaciones del lopista Avellaneda y se lamenta de la dificultad del arte de novelar. En la novela se juega con diversos planos de la realidad al incluir, dentro de ella, la edición de la primera parte de Don Quijote y, posteriormente, la de la apócrifa Segunda parte, que los personajes han leído. Cervantes se defiende de las inverosimilitudes que se han encontrado en la primera parte, como la misteriosa reaparición del rucio de Sancho después de ser robado por Ginés de Pasamonte y el destino de los dineros encontrados en una maleta de Sierra Morena, etc.

La obra empieza con el renovado prop√≥sito de Don Quijote de volver a las andadas y sus preparativos para ello. Promete una √≠nsula a su escudero a cambio de su compa√Ī√≠a. √ćnsula que le otorgan unos duques interesados en burlarse del escudero con el nombre de Barataria. Sancho demuestra tanto su inteligencia en el gobierno de la √≠nsula como su car√°cter pac√≠fico y sencillo. As√≠, renunciar√° a un puesto en el que se ve acosado por todo tipo de peligros y por un m√©dico, Pedro Recio de Tirteafuera, que no le deja probar bocado. Siguen los siguientes episodios:

  • Unos actores van a representar en un carro el auto de Las Cortes de la Muerte.
  • El descenso a la Cueva de Montesinos, donde el caballero se queda dormido y sue√Īa todo tipo de disparates que no llega a creerse Sancho Panza (es una parodia de un episodio de la primera parte del Espejo de Pr√≠ncipes y Caballeros y de los descensos a los infiernos de la √©pica, y para Rodr√≠guez Mar√≠n se constituye en el episodio central de toda la segunda parte).
  • El episodio del rebuzno, el del barco encantado, el de la cabeza parlante, el de los postergados azotes de Sancho, el de Roque Guinart y sus bandoleros catalanes, el de la colgadura de Don Quijote, entre otros.
  • La final derrota del gran manchego en la playa de Barcelona ante el Caballero de la Blanca Luna, que es en realidad el bachiller Sans√≥n Carrasco disfrazado. √Čste le hace prometer que regresar√° a su pueblo y no volver√° a salir de √©l como caballero andante. As√≠ lo hace Don Quijote, quien piensa, por un momento, en sustituir su obsesi√≥n por la de convertirse en un pastor como los de los libros pastoriles.

Don Quijote retorna, al fin, a la cordura. Enferma y muere de pena entre la compasi√≥n y las l√°grimas de todos. Mientras se narra la historia, se entremezclan otras muchas que sirven para distraer la atenci√≥n de las intrigas principales. Tienen lugar las divertidas y amenas conversaciones entre caballero y escudero, en las que se percibe c√≥mo Don Quijote va perdiendo sus ideales progresivamente, influido por Sancho Panza. Va transform√°ndose tambi√©n su autodenominaci√≥n, pasando de Caballero de la Triste Figura al Caballero de Los Leones. Por el contrario, Sancho Panza va asimilando los ideales de su se√Īor, que se transforman en una idea fija: llegar a ser gobernador de una √≠nsula.

El 31 de octubre de 1615, Cervantes dedica esta parte a Don Pedro Fern√°ndez De Castro y Andrade, VII Conde de Lemos.

Interpretaciones de Don Quijote

Don Quijote seg√ļn Honor√© Daumier (c. 1868)

Don Quijote ha sufrido, como cualquier obra cl√°sica, todo tipo de interpretaciones y cr√≠ticas. Miguel de Cervantes proporcion√≥ en 1615, por boca de Sancho, el primer informe sobre la impresi√≥n de los lectores, entre los que ¬ęhay diferentes opiniones: unos dicen: 'loco, pero gracioso'; otros, 'valiente, pero desgraciado'; otros, 'cort√©s, pero impertinente'¬Ľ (cap√≠tulo II de la segunda parte). Pareceres que ya contienen las dos tendencias interpretativas posteriores: la c√≥mica y la seria. Sin embargo, la novela fue recibida en su tiempo como un libro de entretenimiento, como regocijante libro de burlas o como una divertid√≠sima y fulminante parodia de los libros de caballer√≠as. Intenci√≥n que, al fin y al cabo, quiso mostrar el autor en su pr√≥logo, si bien no se le ocultaba que hab√≠a tocado en realidad un tema mucho m√°s profundo que se sal√≠a de cualquier proporci√≥n.

Toda Europa leyó Don Quijote como una sátira. Los ingleses, desde 1612 en la traducción de Thomas Shelton. Los franceses, desde 1614 gracias a la versión de César Oudin, aunque en 1608 ya se había traducido el relato El curioso impertinente. Los italianos desde 1622, los alemanes desde 1648 y los holandeses desde 1657, en la primera edición ilustrada. La comicidad de las situaciones prevalecía sobre la sensatez de muchos parlamentos.

La interpretaci√≥n dominante en el siglo XVIII fue la did√°ctica: el libro era una s√°tira de diversos defectos de la sociedad y, sobre todo, pretend√≠a corregir el gusto estragado por los libros de caballer√≠as. Junto a estas opiniones, estaban las que ve√≠an en la obra un libro c√≥mico de entretenimiento sin mayor trascendencia. La Ilustraci√≥n se empe√Ī√≥ en realizar las primeras ediciones cr√≠ticas de la obra, la m√°s sobresaliente de las cuales no fue precisamente obra de espa√Īoles, sino de ingleses: la magn√≠fica de John Bowle, que avergonz√≥ a todos los espa√Īoles que presum√≠an de cervantistas, los cuales ningunearon como pudieron esta cima de la ecd√≥tica cervantina, por m√°s que se aprovecharon de ella a manos llenas. El idealismo neocl√°sico hizo a muchos se√Īalar numerosos defectos en la obra, en especial, atentados contra el buen gusto, como hizo Valent√≠n de Foronda; pero tambi√©n contra la ortodoxia del buen estilo. El neocl√°sico Diego Clemenc√≠n destac√≥ de manera muy especial en esta faceta en el siglo XIX.

Pronto empezaron a llegar las lecturas profundas, graves y esot√©ricas. Una de las m√°s interesantes y a√ļn poco estudiada es la que afirma, por ejemplo, que Don Quijote es una parodia de la Autobiograf√≠a escrita por San Ignacio de Loyola, que circulaba manuscrita y que los jesuitas intentaron ocultar. Ese parecido no se le escap√≥, entre otros, a Miguel de Unamuno, quien no trat√≥, sin embargo, de documentarlo. En 1675, el jesuita franc√©s Ren√© Rapin consider√≥ que Don Quijote encerraba una invectiva contra el poderoso duque de Lerma. El acometimiento contra los molinos y las ovejas por parte del protagonista ser√≠a, seg√ļn esta lectura, una cr√≠tica a la medida del Duque de rebajar, a√Īadiendo cobre, el valor de la moneda de plata y de oro, que desde entonces se conoci√≥ como moneda de molino y de vell√≥n. Por extensi√≥n, ser√≠a una s√°tira de la naci√≥n espa√Īola. Esta lectura que hace de Cervantes desde un antipatriota hasta un cr√≠tico del idealismo, del empe√Īo militar o del mero entusiasmo, resurgir√° a finales del siglo XVIII en los juicios de Voltaire, D'Alembert, Horace Walpole y el intr√©pido Lord Byron. Para √©ste √ļltimo, Don Quijote hab√≠a asestado con una sonrisa un golpe mortal a la caballer√≠a en Espa√Īa. A esas alturas, por suerte, Henry Fielding, el padre de Tom Jones, ya hab√≠a convertido a Don Quijote en un s√≠mbolo de la nobleza y en modelo admirable de iron√≠a narrativa y censura de costumbres sociales. La mejor interpretaci√≥n dieciochesca de Don Quijote la ofrece la narrativa inglesa de aquel siglo, que es, al mismo tiempo, el de la entronizaci√≥n de la obra como ejemplo de neoclasicismo est√©tico, equilibrado y natural. Algo tuvo que ver el valenciano Gregorio May√°ns y Siscar que en 1738 escribi√≥, a manera de pr√≥logo a la traducci√≥n inglesa de ese a√Īo, la primera gran biograf√≠a de Cervantes. Las r√°fagas iniciales de lo que ser√≠a el hurac√°n rom√°ntico anunciaron con toda claridad que se acercaba una transformaci√≥n del gusto que iba a divorciar la realidad vulgar de los ideales y deseos. Jos√© Cadalso hab√≠a escrito en sus Cartas marruecas en 1789 que en Don Quijote ¬ęel sentido literal es uno y el verdadero otro muy diferente¬Ľ.

Heinrich Heine

El Romanticismo alem√°n trat√≥ de descifrar el significado verdadero de la obra. Friedrich von Schlegel asign√≥ a Don Quijote el rango de precursora culminaci√≥n del arte rom√°ntico en su Di√°logo sobre la poes√≠a de 1800 (honor compartido con el Hamlet de Shakespeare). Un par de a√Īos despu√©s, Friedrich W. J. Schelling, en su Filosof√≠a del arte, estableci√≥ los t√©rminos de la m√°s influyente interpretaci√≥n moderna, basada en la confrontaci√≥n entre idealismo y realismo, por la que Don Quijote quedaba convertido en un luchador tr√°gico contra la realidad grosera y hostil en defensa de un ideal que sab√≠a irrealizable. A partir de ese momento, los rom√°nticos alemanes (Schelling, Jean Paul, Ludwig Tieck...) vieron en la obra la imagen del hero√≠smo pat√©tico. El poeta Heinrich Heine cont√≥ en 1837, en el l√ļcido pr√≥logo a la traducci√≥n alemana de ese a√Īo, que hab√≠a le√≠do Don Quijote con afligida seriedad en un rinc√≥n del jard√≠n Palatino de Dusseldorf, apartado en la avenida de los Suspiros, conmovido y melanc√≥lico. Don Quijote pas√≥ de hacer re√≠r a conmover, de la √©pica burlesca a la novela m√°s triste. Los fil√≥sofos Hegel y Arthur Schopenhauer proyectaron en los personajes cervantinos sus preocupaciones metaf√≠sicas.

El Romanticismo inici√≥ la interpretaci√≥n figurada o simb√≥lica de la novela, y pas√≥ a un segundo plano la lectura sat√≠rica. Que muelan a palos al caballero, ya no le hizo gracia al poeta ingl√©s Samuel Taylor Coleridge. Don Quijote se le antojaba ser ¬ęuna sustancial alegor√≠a viviente de la raz√≥n y el sentido moral¬Ľ, abocado al fracaso por falta de sentido com√ļn. Algo parecido opin√≥ en 1815 el ensayista William Hazlitt: ¬ęEl pathos y la dignidad de los sentimientos se hallan a menudo disfrazados por la jocosidad del tema, y provocan la risa, cuando en realidad deben provocar las l√°grimas¬Ľ. Este Don Quijote triste se prolonga hasta los albores del siglo XX. El poeta Rub√©n Dar√≠o lo invoc√≥ en su Letan√≠a de Nuestro Se√Īor don Quijote con este verso: ¬ęOra por nosotros, se√Īor de los tristes¬Ľ y lo hace suicidarse en su cuento DQ, compuesto el mismo a√Īo, personificando en √©l la derrota de 1898. No fue dif√≠cil que la interpretaci√≥n rom√°ntica acabara por identificar al personaje con su creador. Las desgracias y sinsabores quijotescos se le√≠an como met√°foras de la vapuleada vida de Cervantes y en la m√°scara de Don Quijote se pretend√≠a ver los rasgos de su autor, ambos viejos y desencantados. El poeta y dramaturgo franc√©s Alfred de Vigny imagin√≥ a un Cervantes moribundo que declaraba in extremis haber querido pintarse en su Caballero de la Triste Figura.

Homenaje al IV Centenario de El Quijote, frente a la casa natal de Miguel de Cervantes en Alcal√° de Henares.
Parte de monumento IV centenario de Don Quijote de la Mancha en Alcal√° de Henares

Durante el siglo XIX, el personaje cervantino se convierte en un símbolo de la bondad, del sacrificio solidario y del entusiasmo. Representa la figura del emprendedor que abre caminos nuevos. El novelista ruso Iván Turgénev así lo hará en su espléndido ensayo Hamlet y Don Quijote (1860), en el que confronta a los dos personajes como arquetipos humanos antagónicos: el extravertido y arrojado frente al ensimismado y reflexivo. Este Don Quijote encarna toda una moral que, más que altruista, es plenamente cristiana.

Antes de que W. H. Auden eleve al hidalgo a los altares de la santidad, Dostoyevski ya lo hab√≠a comparado con Jesucristo, para afirmar que ¬ęde todas las figuras de hombres buenos en la literatura cristiana, sin duda, la m√°s perfecta es Don Quijote¬Ľ. Tambi√©n el pr√≠ncipe Mishkin de El idiota est√° fraguado en el molde cervantino con un metal que procede del Cristo b√≠blico. Menos evang√©licos, G√≥gol, Pushkin y Tolst√≥i vieron en √©l un h√©roe de la bondad extrema y un espejo de la maldad del mundo.

Ilustración de Don Quijote de 1848

El siglo rom√°ntico no s√≥lo estableci√≥ la interpretaci√≥n grave de Don Quijote, sino que lo empuj√≥ al √°mbito de la ideolog√≠a pol√≠tica. La idea de Herder de que en el arte se manifiesta el esp√≠ritu de un pueblo (el Volksgeist) se propag√≥ por toda Europa y se encuentra en autores como Thomas Carlyle e Hippolyte Taine, para quienes Don Quijote reflejaba los rasgos de la naci√≥n en que se engendr√≥. Pero ¬Ņcu√°les eran esos rasgos? Para los rom√°nticos conservadores, la renuncia al progreso y la defensa de un tiempo y unos valores sublimes aunque caducos, los de la caballer√≠a medieval y los de la Espa√Īa imperial de Felipe II. Para los liberales, la lucha contra la intransigencia de esa Espa√Īa sombr√≠a y sin futuro. Estas lecturas pol√≠ticas siguieron vigentes durante decenios, hasta que el r√©gimen surgido de la Guerra Civil en Espa√Īa privilegi√≥ la primera, imbuyendo la historia de nacionalismo tradicionalista.

El siglo XX recuperó la interpretación jocosa como la más ajustada a la de los primeros lectores, pero no dejó de ahondarse en la interpretación simbólica. Crecieron las lecturas esotéricas y disparatadas y muchos creadores formularon su propio acercamiento, desde Kafka y Jorge Luis Borges hasta Milan Kundera. Thomas Mann, por ejemplo, inventó en su Viaje con Don Quijote (1934) a un caballero sin ideales, hosco y un punto siniestro alimentado por su propia celebridad, y Vladimir Nabokov, con lentes anacrónicos, pretendió poner los puntos sobre las íes en un célebre y polémico curso.

Quiz√°, el principal problema consista en que Don Quijote no es uno, sino dos libros dif√≠ciles de reducir a una unidad de sentido. El loco de 1605, con su celada de cart√≥n y sus patochadas, causa m√°s risa que suspiros, pero el sensato anciano de 1615, perplejo ante los enga√Īos que todos urden en su contra, exige al lector trascender el significado de sus palabras y aventuras mucho m√°s all√° de la comicidad primaria de palos y chocarrer√≠as. Abundan las interpretaciones panegiristas y filos√≥ficas en el siglo XIX. Las interpretaciones esot√©ricas se iniciaron en dicho siglo con las obras de Nicol√°s D√≠az de Benjumea La estafeta de Urganda (1861), El correo del Alquife (1866) o El mensaje de Merl√≠n (1875). Benjumea encabeza una larga serie de lecturas impresionistas de Don Quijote enteramente desenfocadas; identifica al protagonista con el propio Cervantes haci√©ndole todo un librepensador republicano. Siguieron a √©ste Benigno Pallol, m√°s conocido como Polinous, Teodomiro Ib√°√Īez, Feliciano Ortego, Adolfo Sald√≠as y Baldomero Villegas. En 1967, la cabalista Dominique Aubier afirma que ¬ęDon Quijote es un libro que puede leerse a la vez en castellano y en hebreo¬Ľ. Seg√ļn ella, Don Quijote (Q¬ījot en arameo significa verdad) se escribi√≥ en el marco de una preocupaci√≥n ecum√©nica. En recuerdo de una Espa√Īa tierra de encuentro de las tres religiones reveladas, Cervantes propondr√≠a al futuro un vasto proyecto cultural colocando en su centro el poder del verbo.

A partir de 1925 las tendencias dominantes de la crítica literaria se agrupan en diversas ramas:

  • 1) Perspectivismo (Leo Spitzer, Edward Riley, Mia Gerhard)
  • 2) Cr√≠tica existencialista (Am√©rico Castro, Stephen Gilman, Dur√°n, Luis Rosales)
  • 3) Narratolog√≠a o socio-antropolog√≠a (Redondo, Joly, Moner, Cesare Segre)
  • 4) Estil√≠stica y aproximaciones afines (Helmut Hatzfeld, Leo Spitzer, Casalduero, Rosenblat)
  • 5) Investigaci√≥n de las fuentes del pensamiento cervantino, sobre todo en su aspecto ¬ędisidente¬Ľ (Marcel Bataillon, Vilanova, M√°rquez Villanueva, Forcione, Maravall)
  • 6) Los contradictores de Am√©rico Castro desde puntos de vista diversos, al impulso modernizante que manifiesta El pensamiento de Cervantes de Castro (Ludwig Auerbach, Alexander A. Parker, Otis H. Green, Mart√≠n de Riquer, Russell, Close)
  • 7) Tradiciones cr√≠ticas antiguas renovadas: la investigaci√≥n de la actitud de Cervantes ante la tradici√≥n caballeresca (Murillo, Williamson, Daniel Eisenberg); el estudio de los ¬ęerrores¬Ľ del Quijote (Stagg, Flores) o de su lengua (Amado Alonso, Rosenblat); la biograf√≠a de Cervantes (McKendrick, Jean Canavaggio)
  • 8) Interpretaci√≥n jud√≠a-cabal√≠stica, desde 1967: Don Quijote como obra mayor inspirada por el Zohar y criptada en clave hebrea (Dominique Aubier, Reichelberg, Baruch, Mac Gaha).

El realismo en Don Quijote

Molinos de viento en Campo de Criptana (La Mancha, Espa√Īa)

La primera parte supone un avance considerable en el arte de narrar. Constituye una ficci√≥n de segundo grado, es decir, el personaje influye en los hechos. Lo habitual en los libros de caballer√≠as hasta entonces era que la acci√≥n importaba m√°s que los personajes. √Čstos eran tra√≠dos y llevados a antojo, dependiendo de la trama (ficciones de primer grado). Los hechos, sin embargo, se presentan poco entrelazados entre s√≠. Est√°n encajados en una estructura poco homog√©nea, abigarrada y variada, t√≠picamente manierista, en la que pueden reconocerse entremeses apenas adaptados, novelas ejemplares insertadas, discursos, poemas, etc.

La segunda parte es más barroca que manierista. Representa un avance narrativo mucho mayor de Cervantes en cuanto a la estructura novelística: los hechos se presentan amalgamados más estrechamente y se trata ya de una ficción de tercer grado. Por primera vez en una novela europea, el personaje transforma los hechos y al mismo tiempo es transformado por ellos. Los personajes evolucionan con la acción y no son los mismos al empezar que al acabar.

Como primera novela verdaderamente realista, al regresar Don Quijote a su pueblo, asume la idea de que no sólo no es un héroe, sino que no hay héroes. Esta idea desesperanzada e intolerable, similar a lo que sería el nihilismo para otro cervantista, Dostoyevski, matará al personaje que era, al principio y al final, Alonso Quijano, conocido por el sobrenombre de El Bueno.

Tem√°tica

La riqueza temática de la obra es tal que, en sí misma, resulta inagotable. Supone una reescritura, recreación o cosmovisión especular del mundo en su época. No obstante, pueden dibujarse algunas directrices principales que pueden servir de guía a su lector.

El tema de la obra gira en torno a si es posible encontrar un ideal en lo real. Este tema principal est√° estrechamente ligado con un concepto √©tico, el de la libertad en la vida humana, como ha estudiado Luis Rosales; Cervantes estuvo preso gran parte de su vida y luch√≥ por la libertad de Europa frente al Imperio Otomano. ¬ŅA qu√© debe atenerse el hombre sobre la realidad? ¬ŅQu√© idea puede hacerse de ella mediante el ejercicio de la libertad? ¬ŅPodemos cambiar el mundo o el mundo nos cambia a nosotros? ¬ŅQu√© es lo m√°s cuerdo o lo menos loco? ¬ŅEs moral intentar cambiar el mundo? ¬ŅSon posibles los h√©roes? De esta tem√°tica principal, estrechamente ligada al tema erasmiano de la locura y al tan barroco de la apariencia y la realidad, derivan otros secundarios:

  1. Si es posible encontrar el ideal literario: el tema de la crítica literaria es constante a lo largo de toda la obra de Cervantes. Se encuentran en la obra críticas a los libros de caballerías, las novelas pastoriles y la nueva fórmula teatral creada por Félix Lope de Vega.
  2. Si es posible encontrar el ideal de amor: aparecen diferentes historias de amor. Algunas desgraciadas por concepciones de vida rigurosamente ligadas a la libertad, como es el caso de la de la pastora Marcela y Grisóstomo, otras por una inseguridad patológica (novela inserta del curioso impertinente) y amadas ya excesivamente idealizadas (Dulcinea del Toboso) ya excesivamente prosaicas (Aldonza Lorenzo). También aparece el tema de los celos, muy importante en Cervantes.
  3. Si es posible encontrar el ideal pol√≠tico: aparece el tema de la utop√≠a en fragmentos como el gobierno de Sancho en la √≠nsula Barataria, las enso√Īaciones quim√©ricas de don Quijote en la cueva de Montesinos y otros.
  4. Si es posible encontrar el ideal de justicia: como en las aventuras del mozo apaleado, los galeotes, etc.

Originalidad

En cuanto a obra literaria, puede decirse que es, sin duda alguna, la obra maestra de la literatura de humor de todos los tiempos. Además es la primera novela moderna y la primera novela polifónica, y ejercerá un influjo abrumador en toda la narrativa europea posterior.

En primer lugar, aportó la fórmula del realismo, tal como había sido ensayada y perfeccionada en la literatura castellana desde la Edad Media. Caracterizada por la parodia y burla de lo fantástico, la crítica social, la insistencia en los valores psicológicos y el materialismo descriptivo.

En segundo lugar, cre√≥ la novela polif√≥nica, esto es, la novela que interpreta la realidad, no seg√ļn un solo punto de vista, sino desde varios puntos de vista superpuestos al mismo tiempo. Torna la realidad en algo sumamente complejo, pues no s√≥lo intenta reproducirla, sino que en su ambici√≥n pretende incluso sustituirla. La novela moderna, seg√ļn la concibe el Quijote, es una mezcla de todo. Tal como afirma el propio autor por boca del cura, es una ¬ęescritura desatada¬Ľ: g√©neros √©picos, l√≠ricos, tr√°gicos, c√≥micos, prosa, verso, di√°logo, discursos, chistes, f√°bulas, filosof√≠a, leyendas... y la parodia de todos estos g√©neros.

La voraz novela moderna que representa el Quijote intenta sustituir la realidad, incluso, físicamente: alarga más de lo acostumbrado la narración y transforma, de esa manera, la obra en un cosmos.

Técnicas narrativas

En la época de Cervantes, la épica se podía escribir también en prosa. Las técnicas narrativas que ensaya Cervantes en esta novela son varias:

  • La recapitulaci√≥n o resumen peri√≥dico cada cierto tiempo de los acontecimientos, a fin de que el lector no se pierda en una narraci√≥n tan larga.
  • El contraste entre lo idealizado y lo real, que se da a todos los niveles. Por ejemplo, en el estilo, que a veces aparece pertrechado con todos los elementos de la ret√≥rica y otras veces aparece rigurosamente ce√Īido a la imitaci√≥n del lenguaje popular.
Hay un contraste entre los personajes. En el di√°logo los personajes se escuchan y comprenden, Quijote se sanchifica y Sancho Panza se quijotiza.
  • Tambi√©n est√° el contraste entre los personajes, a los que Cervantes gusta de colocar en parejas, a fin de que cada uno le ayude a construir otro diferente mediante el di√°logo. Un di√°logo en el que los personajes se escuchan y se comprenden, ayud√°ndoles a cambiar su personalidad y perspectiva: don Quijote se sanchifica y Sancho se quijotiza. Si el se√Īor se obsesiona con ser caballero andante, Sancho se obsesiona con ser gobernador de una √≠nsula. Tan desenga√Īados llegan a estar el uno como el otro. A la inversa, don Quijote va siendo cada vez m√°s consciente de lo teatral y fingido de su actitud. Por ejemplo, a ra√≠z de su enso√Īaci√≥n en la cueva de Montesinos, Sancho se burlar√° de √©l el resto del camino. Esta mezcla y superposici√≥n de perspectivas se denomina perspectivismo.
  • El humor es constante en la obra. Es un humor muy especial: respetuoso con la dignidad humana de los personajes.
  • Una primera forma de contrapunto narrativo: una estructura compositiva en forma de tapiz, en la que las historias se van sucediendo unas a otras, entrelaz√°ndose y retom√°ndose continuamente.
  • La suspensi√≥n, esto es, la creaci√≥n de enigmas que ¬ętiran¬Ľ de la narraci√≥n y del inter√©s del lector hasta su resoluci√≥n l√≥gica, cuando ya se le ha formulado otro enigma para continuar m√°s all√°.
  • La parodia ling√ľ√≠stica y literaria de g√©neros, lenguajes y roles sociales como f√≥rmula para mezclar los puntos de vista hasta ofrecer la misma visi√≥n confusa que suministra la interpretaci√≥n de lo real.
  • La oralidad del lenguaje cervantino, vestigio de la profunda obsesi√≥n teatral de Cervantes, y cuya viveza aproxima extraordinariamente al lector a los personajes y al realismo facilitando su identificaci√≥n y complicidad con los mismos.
  • El perspectivismo, que ya se ha se√Īalado, hace que cada hecho sea descrito por cada personaje en funci√≥n de una cosmovisi√≥n distinta, y con arreglo a ello la realidad se torna s√ļbitamente compleja y rica en sugestiones.
  • Simula imprecisiones en los nombres de los personajes y en los detalles poco importantes, a fin de que el lector pueda crearse su propia imagen en algunos aspectos de la obra y sentirse a sus anchas en la misma, suspendiendo su sentido cr√≠tico.
  • Utiliza juegos metaficcionales a fin de difuminar y hacer desaparecer la figura del autor del texto por medio de continuos intermediarios narrativos (Cide Hamete Benengeli, los supuestos Anales de la Mancha, etc.) que hacen, as√≠, menos literaria y m√°s realista la obra desprovey√©ndola de su car√°cter perfecto y acabado.

Trascendencia: el cervantismo

Aunque el influjo de la obra de Cervantes es obvio en los procedimientos y t√©cnicas que ensay√≥ toda la novela posterior, en algunas obras europeas del siglo XVIII y XIX es perceptible todav√≠a m√°s esa semejanza. Se ha llegado, incluso, a decir que toda novela posterior reescribe El Quijote o lo contiene impl√≠citamente. As√≠, por ejemplo, uno de los lectores de Don Quijote, el novelista policiaco Jim Thompson, afirm√≥ que hay unas cuantas estructuras novel√≠sticas, pero s√≥lo un tema: ¬ęlas cosas no son lo que parecen¬Ľ. Ese es un tema exclusivamente cervantino.

Estatua en Madrid de Sancho Panza por Lorenzo Coullaut Valera, 1930.

En Espa√Īa, por el contrario, Cervantes no alcanz√≥ a tener seguidores dignos de su nombre, fuera de Mar√≠a de Zayas en el siglo XVII y Jos√© Francisco de Isla en el XVIII. El g√©nero narrativo se hab√≠a sumido en una gran decadencia a causa de su contaminaci√≥n con elementos moralizadores ajenos y la competencia que le hizo, como entretenimiento, el teatro barroco.

Solamente renacer√° Cervantes como modelo novel√≠stico en Espa√Īa con la llegada del realismo. Benito P√©rez Gald√≥s, gran conocedor de Don Quijote, del que se sab√≠a cap√≠tulos enteros, ser√° un ejemplo de ello con su abundante producci√≥n literaria. Paralelamente, la novela suscit√≥ gran n√ļmero de traducciones y estudios, suscitando una rama entera de los estudios de Filolog√≠a Hisp√°nica, el cervantismo nacional e internacional.

Continuaciones de Don Quijote

Además del Segundo Tomo de Alonso Fernández de Avellaneda, existen varias continuaciones del Quijote. Las primeras fueron tres obras francesas: las dos partes de la Historia del admirable don Quijote de la Mancha, escritas por Francois Filleau de Saint-Martin y Robert Challe, y la anónima Continuación nueva y verdadera de la historia y las aventuras del incomparable don Quijote de la Mancha.

Del siglo XVIII datan dos de las continuaciones espa√Īolas de la obra, que pretenden relatar lo sucedido despu√©s de la muerte de Don Quijote, como las Adiciones a la historia del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Jacinto Mar√≠a Delgado, y la Historia del m√°s famoso escudero Sancho Panza, en dos partes (1793 y 1798), de Pedro Gatell y Carnicer.

En 1886 se public√≥ en La Habana la obra del gallego Luis Otero y Pimentel Semblanzas caballerescas o las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha, cuya acci√≥n transcurre en Cuba a fines del siglo XIX. En el XX aparecieron varias continuaciones m√°s, entre ellas una muy divertida, La nueva salida del valeroso caballero D. Quijote de la Mancha: tercera parte de la obra de Cervantes, de Alonso Ledesma Hern√°ndez (Barcelona, 1905) y El pastor Quij√≥tiz de Jos√© Cam√≥n Aznar (Madrid, 1969). Al morir don Quijote (2004), la m√°s reciente novela que contin√ļa la historia, es obra del espa√Īol Andr√©s Trapiello. Hay tambi√©n continuaciones hispanoamericanas, entre ellas Cap√≠tulos que se le olvidaron a Cervantes, de Juan Montalvo y Don Quijote en Am√©rica o sea la cuarta salida del ingenioso Hidalgo de La Mancha, de don Tulio Febres Cordero, libro editado en 1905 (edici√≥n conmemorativa 2005, ULA).

Don Quijote alrededor del mundo

Don Quijote en Iberoamérica

Francisco Rodr√≠guez Mar√≠n descubri√≥ que la mayor parte de la primera edici√≥n de Don Quijote hab√≠a ido a parar a las Indias. En unas fiestas con motivo de haber sido nombrado virrey del Per√ļ el marqu√©s de Montesclaros, se aludi√≥ a la obra maestra de Cervantes. En los env√≠os de libros a Buenos Aires durante los siglos XVII y XVIII figuran quijotes y otras obras de Cervantes. En la novela La Quijotita y su prima del mexicano Jos√© Joaqu√≠n Fern√°ndez de Lizardi (1776-1827) es evidente el influjo cervantino. El ensayista ecuatoriano Juan Montalvo (1832-1889) compuso una continuaci√≥n de la obra con el ingenioso t√≠tulo de Cap√≠tulos que se olvidaron a Cervantes, y el cubano Luis Otero y Pimentel escribi√≥ otra con el t√≠tulo Semblanzas caballerescas o las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha, cuya acci√≥n se desenvuelve en una Cuba identificada por el protagonista con el nombre de √ćnsula Encantada. Otro ensayista can√≥nico, Jos√© Enrique Rod√≥, ley√≥ en clave quijotesca el descubrimiento, conquista y colonizaci√≥n de Am√©rica, y Sim√≥n Bol√≠var, que un d√≠a dio la orden burlesca de fusilar a Don Quijote para que ning√ļn peruano le imitase nunca, cercana ya la hora de su muerte hubo de pronunciar, con m√°s de un desenga√Īo a sus espaldas, estas asombrosas palabras: "Los tres grand√≠simos majaderos hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo". No es extra√Īo, pues, que Rafael Obligado, en su poema El alma de Don Quijote, identifique a Bol√≠var y San Mart√≠n con El Caballero de la Triste Figura. Tambi√©n, desde los Andes venezolanos, el escritor meride√Īo Tulio Febres Cordero escribi√≥ Don Quijote en Am√©rica: o sea la cuarta salida del ingenioso hidalgo de La Mancha publicada en la misma ciudad, en la Tip. El L√°piz, en 1905 (reeditada recientemente con motivo de los 100 a√Īos de su publicaci√≥n).

Uno de los m√°s importantes cervantistas hispanoamericanos fue el chileno Jos√© Echeverr√≠a y Rub√©n Dar√≠o ofreci√≥ una versi√≥n decadente del mito en su cuento DQ, ambientado en los √ļltimos d√≠as del imperio colonial espa√Īol, as√≠ como en las Letan√≠as a Nuestro Se√Īor Don Quijote, incluidas en sus Cantos de vida y esperanza (1905). El costarricense Carlos Gagini escribi√≥ un breve relato denominado Don Quijote se va, y el cubano Enrique Jos√© Varona la conferencia titulada Cervantes. El poeta argentino Evaristo Carriego escribi√≥ el extenso poema Por el alma de Don Quijote, que participa en la extendida santificaci√≥n del personaje quijotesco. Por otra parte, los igualmente argentinos Alberto Gerchunoff (1884-1950) y Manuel M√ļjica La√≠nez (1910-1984) son habituales cultivadores de lo que se ha venido a llamar glosa cervantina. Se ha observado el influjo cervantino en el Mart√≠n Fierro de Jos√© Hern√°ndez y en otra obra maestra de la literatura gauchesca, Don Segundo Sombra de Ricardo G√ľiraldes. Es perceptible el influjo cervantino en la gran novela hist√≥rica de Enrique Larreta La gloria de Don Ramiro, y Jorge Luis Borges posee una relaci√≥n tan compleja con la ficci√≥n como la de Cervantes, pues no en vano ley√≥ la obra desde ni√Īo y la glos√≥ en ensayos y poemas, as√≠ como se inspir√≥ en ella para elaborar el cuento Pierre Menard, autor del Quijote incluido en su antolog√≠a Ficciones.

En efecto, Cervantes est√° presente en las grandes obras del boom hispanoamericano, empezando por las obras Alejo Carpentier Los Pasos Perdidos y la imitaci√≥n barroca en Cien a√Īos de soledad, de Gabriel Garc√≠a M√°rquez, que es la segunda obra escrita en castellano m√°s traducida de todos los tiempos.

Don Quijote en el Reino Unido de la Gran Breta√Īa

La inglesa fue la primera traducci√≥n que se hizo en Europa de la primera parte de Don Quijote, merced a Thomas Shelton (en 1612), quien m√°s tarde har√≠a tambi√©n la segunda; su traducci√≥n, sin embargo, tiene errores, pero posee una gran vivacidad; m√°s exacta ser√≠a, sin embargo, la de Charles Jarvis en 1742, pero a costa de la gran inspiraci√≥n de su predecesor. Tambi√©n al Cervantismo ingl√©s se le deben dos de las primeras contribuciones cr√≠ticas al establecimiento del texto de Don Quijote en su lengua original durante el siglo XVIII: la edici√≥n de 1738, lujos√≠sima y bellamente ilustrada por dem√°s, cuyo texto corri√≥ a cargo de Pedro Pineda, y la de John Bowle en 1781. La huella de la obra de Cervantes fue casi tan profunda en Inglaterra como en Espa√Īa. Ya incluso en el teatro del siglo XVII: Francis Beaumont y John Fletcher representaron en 1611 un drama heroico-burlesco titulado El caballero de la mano de almirez llameante inspirado en la primera parte, y se tradujo en fecha tan temprana como 1612 por Thomas Shelton; poco despu√©s, Shakespeare y el mismo Fletcher escribieron en 1613 otra obra sobre la "Historia de Cardenio" recogida en Don Quijote, Cardenio, que se ha perdido. El Hudibras de Samuel Butler est√° inspirado tambi√©n en Don Quijote como reacci√≥n contra el puritanismo. En 1687 se hace una nueva traducci√≥n, la del sobrino de John Milton, John Philipps, que alcanz√≥ una enorme difusi√≥n, aunque le siguieron las traducciones dieciochescas de Anthony Motteux (1700), Jarvis (1724) y Smollet (1755). Hay huellas de Don Quijote en el Robinson Crusoe de Daniel Defoe y en los Viajes de Gulliver (1726) de Jonathan Swift y, m√°s a√ļn, en las obras de Henry Fielding: √©ste escribi√≥ Don Quixote in England (1734) y uno de los personajes de su novela Joseph Andrews, escrita, seg√ļn el autor, "a la manera de Cervantes", es Abraham Adams, "p√°rroco quijotesco del siglo XVIII", en quien empieza una especie de santificaci√≥n del h√©roe cervantino. El novelista Tob√≠as Smollet not√≥ la impronta de la novela que hab√≠a traducido en sus novelas Sir Launcelot Greaves y Humphry Clinker. Lawrence Sterne fue un genial disc√≠pulo de Cervantes en su Tristram Shandy. Charlotte Lennox publica en 1752 su Mujer Quijote y Jane Austen experimenta su influjo en su muy c√©lebre La abad√≠a de Northanger, ya de 1818. El creador de la novela hist√≥rica rom√°ntica, el escoc√©s Walter Scott, se ve√≠a a s√≠ mismo como una especie de Don Quijote. Byron cree ver en su Don Juan la causa de la decadencia de Espa√Īa en Don Quijote, pues a su ver este libro hab√≠a hecho desaparecer en este pa√≠s las virtudes caballerescas. Wordsworth, en el libro V de su Preludio (1850), sintetiza en su ermita√Īo un nuevo Don Quijote y otro poeta lakista, Samuel Taylor Coleridge, asumiendo ideas de los rom√°nticos alemanes, viene a considerar a Don Quijote la personificaci√≥n de dos tendencias contrapuestas, el alma y el sentido com√ļn, la poes√≠a y la prosa. Por √ļltimo, los maestros del ensayo rom√°ntico ingl√©s, Charles Lamb y William Hazlitt dedicaron p√°ginas cr√≠ticas a√ļn frescas a esta obra cl√°sica de la literatura universal. Ya en el Realismo del periodo victoriano, Charles Dickens, por ejemplo, imit√≥ la novela en Los documentos p√≥stumos del club Pickwick (1836-1837), en donde Mr. Pickwick representa a don Quijote y su inseparable Sam Weller a Sancho Panza; su cervantismo lleg√≥ hasta hacer del personaje de Fagin en su Oliver Twist una especie de Monipodio; su competidor William Makepeace Thackeray, imit√≥ la novela en su The newcomers, as√≠ como George Gissing, que en su obra Los documentos privados de Henry Ryecroft hace a su protagonista pedir leer en su lecho de muerte el Don Quijote. A finales de siglo surgen tres nuevas traducciones, la de Duffield (1881), la de Ormsby (1885) y la de Watt (1888). Fitmaurice-Kelly colaborar√° despu√©s con Ormsby en la primera edici√≥n cr√≠tica del texto espa√Īol (Londres, 1898-1899) y son ya lo que podemos llamar miembros de lo que se ha venido a llamar cervantismo internacional.

El "quijotismo" ingl√©s se prolonga durante el siglo XX. Gilbert Keith Chesterton recuerda a Cervantes al final de su poema Lepanto y en su novela p√≥stuma El retorno de Don Quijote convierte en Alonso Quijano al bibliotecario Michael Herne. Graham Greene asume la tradici√≥n cervantina de Fielding en su Monse√Īor Quijote a trav√©s del protagonista, p√°rroco de El Toboso, que cree descender del h√©roe cervantino. W. H. Auden considera, por otra parte, a la pareja Quijote-Sancho la m√°s grande de las parejas entre esp√≠ritu y naturaleza, cuya relaci√≥n consiste en lo que llama projimidad cristiana.

Don Quijote en los Estados Unidos de América

Mark Twain

Entre los primeros lectores estadounidenses de la novela se encuentra el padre fundador Thomas Jefferson, humanista y erudito adem√°s de pol√≠tico y tercer Presidente de la Naci√≥n. Don Quijote era una de sus lecturas preferidas y pose√≠a un ejemplar en espa√Īol de la edici√≥n de la Real Academia Espa√Īola de 1781, que se conserva actualmente en la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

Se ha apreciado el influjo de la inmortal novela cervantina en el Moby Dick de Herman Melville. Es m√°s, Mark Twain era un admirador de Don Quijote y acoge aspectos de la novela en su Huckleberry Finn; William Faulkner declar√≥ releer la obra de Cervantes cada a√Īo y afirman su huella tambi√©n autores como Saul Bellow, cuya primera y m√°s aplaudida obra, Las aventuras de Augie March (1935) le debe bastante; Thornton Wilder, en Mi destino, (1934); y John Kennedy Toole, en La conjura de los necios. Como cr√≠tico, Vladimir Nabokov no lleg√≥, sin embargo, a entender la obra y, por otra parte, es patente, aunque apenas estudiado, el influjo de Cervantes en autores m√°s recientes como Jim Thompson, William Saroyan o Paul Auster. Una reciente traducci√≥n en un ingl√©s menos arcaico, la de Grossmann, ha vuelto a popularizar la obra en los EE. UU., que, es verdad, nunca hab√≠a deca√≠do a causa de adaptaciones como el musical El hombre de La Mancha. El importante cr√≠tico Harold Bloom ha dedicado p√°ginas y libros de literatura comparada a la obra.

Don Quijote en Holanda y Alemania

En Holanda, la tierra de los molinos, se ley√≥ mucho Don Quijote como una obra sat√≠rica sobre la Espa√Īa que se hab√≠a enfrentado con la potencia protestante, rival en los mares. Pieter Arentz Langedijk, importante autor de la primera mitad del siglo XVIII, escribi√≥ una comedia que todav√≠a contin√ļa represent√°ndose en la actualidad, Don Quijote en las bodas de Camacho (1699). La hispanista Barber van de Pol ha traducido la obra nuevamente al neerland√©s en 1997 con gran √©xito.

Thomas Mann

En Alemania el influjo de Don Quijote fue tard√≠o y menor al de autores como Baltasar Graci√°n o la novela picaresca durante los siglos XVII y XVIII, en los que el influjo del racionalismo franc√©s predomin√≥. La primera traducci√≥n parcial (que contiene 22 cap√≠tulos) aparece en Frankfurt, en 1648, bajo el t√≠tulo de Don Kichote de la Mantzscha, Das ist: Juncker Harnisch au√ü Fleckenland/ Aus Hispanischer Spraach in hochteutsche ubersetzt; el traductor era Pahsch Basteln von der Sohle. Bertuch publica una traducci√≥n en 1775, pero ya en 1764 hab√≠a publicado a imitaci√≥n de Cervantes Christoph Martin Wieland su Don Sylvio de Rosalva, que viene a constituir el modelo de la novela alemana moderna (Der Sieg der Natur √ľber die Schw√§rmerei oder die Abenteuer des Don Sylvio von Rosalva, Ulm 1764). Herder, Schiller y Goethe se har√°n eco de la gran novela cervantina y de las obras de Pedro Calder√≥n de la Barca. El Romanticismo, en efecto, supone la aclimataci√≥n del cervantismo, el calderonismo y el gracianismo en Alemania: ven la luz las traducciones hoy cl√°sicas de Ludwig Tieck y de Soltau. Se ocupan de toda la obra de Cervantes, y no solo del Don Quijote, los hermanos August Wilhelm y Friedrich von Schlegel, el ya citado poeta Tieck y el fil√≥sofo Schelling. Esta n√≥mina de cervantistas se completa con Ver√≥nica Veit, Gotthold Ephraim Lessing, Juan Pablo Richter y Bouterwek en lo que constituye la primera generaci√≥n de cervantistas rom√°nticos alemanes. Despu√©s seguir√°n los fil√≥sofos Solger, Hegel y Schopenhauer, as√≠ como los poetas Joseph von Eichendorff y E.T.A. Hoffmann. La visi√≥n general de los cervantistas rom√°nticos alemanes, perge√Īada ya por August Wilhelm von Schlegel, consiste en percibir en el caballero una personificaci√≥n de las fuerzas que luchan en el hombre, del eterno conflicto entre el idealismo y prosa√≠smo, entre imaginaci√≥n y realidad, entre verso y prosa. En ese sentido apunta tambi√©n el pr√≥logo de Heinrich Heine a la edici√≥n francesa de Don Quijote; no debemos olvidar, por otra parte, su siniestro augurio de que los pueblos que queman libros terminar√°n por quemar hombres, contenido en su pieza dram√°tica Almansor. Para este autor, constituyen el triunvirato po√©tico de la modernidad Cervantes, Shakespeare y Goethe. Por otra parte, Franz Grillparzer suscribe el juicio de Lord Byron sobre la decadencia espa√Īola y Richard Wagner admira en el libro la resurrecci√≥n del esp√≠ritu heroico medieval. Richard Strauss renueva el tema con el poema sinf√≥nico Don Quijote. Variaciones fant√°sticas sobre un tema caballeresco (1897). Ya en el siglo XX, Franz Kafka compone su ap√≥logo La verdad sobre Sancho Panza y, en mayo de 1934, el novelista Thomas Mann elige como compa√Īero de viaje a Estados Unidos la traducci√≥n de Tieck del Don Quijote, experiencia que quedar√° recogida en su ensayo A bordo con Don Quijote, en la que el autor esboza una defensa de los valores de la cultura europea amenazada por un fascismo en auge. Por √ļltimo, el te√≥logo suizo Hans Urs von Balthasar, en unas memorables p√°ginas de su obra Gloria, (1985‚Äď1989), ve en la comicidad de Don Quijote la comicidad y el rid√≠culo cristiano: ¬ęAcometer a cada paso, modestamente, lo imposible¬Ľ. En ese sentido se decanta tambi√©n el ilustre hispanista y cervantista Friedrich Sch√ľrr, en su conferencia de 1951 Don Quijote como expresi√≥n del alma occidental ("Der Don Quijote als Ausdruck der abendl√§ndischen Seele").

Don Quijote en Rusia

Fiódor Dostoyevski. Retrato por Vasili Peróv, 1872

Unamuno afirm√≥ que los pa√≠ses que mejor hab√≠an comprendido Don Quijote fueron Inglaterra y Rusia. Es cierto que en el pa√≠s eslavo goz√≥ de un gran prestigio, difusi√≥n e influencia literaria, pero tambi√©n lo es que en sus autores m√°s eminentes, como Fi√≥dor Dostoyevski o Lev Tolst√≥i, el verdadero don Quijote es el del √ļltimo cap√≠tulo, Alonso Quijano, el Bueno.

Como cuenta Vs√©volod Bagno en El Quijote vivido por los rusos (Madrid: CSIC ‚ÄĒ Diputaci√≥n de Ciudad Real, 1995), ya Pedro I hab√≠a le√≠do la obra, como se deduce por una an√©cdota incluida en Relatos de Nartov sobre Pedro el Grande:

El zar, partiendo hacia Dunkerque, al ver un mot√≥n de molinos se ri√≥ y dijo a Pavel Yaguzinski: ¬ęSi estuviera aqu√≠ Don Quijote, tendr√≠a mucho trabajo¬Ľ.

A mediados de siglo la apertura del pa√≠s a Occidente permiti√≥ un conocimiento mayor y menos selectivo de la obra de Cervantes. El cient√≠fico y escritor Miguel o Mija√≠l Lomon√≥sov pose√≠a un ejemplar del Quijote de la traducci√≥n alemana de 1734. Vasili Trediakovski en su Di√°logo entre un extranjero y un ruso sobre la ortograf√≠a vieja y nueva recomienda que los di√°logos sean tan naturales como los que sosten√≠an el caballero andante Don Quijote y su escudero Sancho Panza, ¬ęa pesar de sus extraordinarias aventuras¬Ľ, y no encuentra en la literatura rusa nada semejante. Sumar√≥kov distingui√≥ en su art√≠culo ¬ęSobre la lectura de novelas¬Ľ (1759) el Don Quijote de toda la avalancha de novelas de aventuras que cay√≥ sobre Rusia, valor√°ndola como una excelente s√°tira. Aleksandr Rad√≠shchev, en una de las obras maestras de la literatura rusa del dieciocho, Viaje de San Petersburgo a Mosc√ļ (1790), compara uno de los acontecimientos del camino con la batalla entre el h√©roe y el reba√Īo de ovejas. En otras obras suyas aparece m√°s patente esta huella. Vasili Liovsh√≠n hizo caminar a un caballero con un sanchopancesco amigo en Las horas vespertinas, o los cuentos antiguos de los eslavos drevlianos (1787). A fines del XVIII hay un quijote que pasa de una tonter√≠a (as√≠ se dice) a otra tambi√©n en una novela an√≥nima, An√≠simich. Un nuevo Don Quijote; el fin habitual de estas obras era ¬ęponer en claro las mezquinas pasiones de la hidalgu√≠a rural¬Ľ.

El fabulista Iv√°n Krylov compara en una carta de su Correo de los esp√≠ritus al protagonista de la tragedia Rozlav de Kniazhnin con el Caballero de la Triste Figura; en otros pasajes queda claro que lo ten√≠a por una antih√©roe, aunque con grandes ideales. I. I. Dm√≠triev compuso la primera obra inspirada en el personaje, su ap√≥logo Don Quijote, donde el quijotismo es interpretado como una extravagancia. Nada menos que la zarina Catalina II encarg√≥ una selecci√≥n de los refranes de Sancho y compuso un Cuento sobre el tristemente famoso palad√≠n Kosometovich para ridiculizar el quijotismo de su enemigo Gustavo III de Suecia; es m√°s, se represent√≥ una √≥pera c√≥mica inspirada en este cuento, Tristemente famoso palad√≠n Kosometovich (1789), con m√ļsica del compositor espa√Īol Vicente Mart√≠n y Soler, que vivi√≥ en San Petersburgo durante los a√Īos de su mayor fama. En ella la huella de la iconograf√≠a cervantina es patente.

En el XVIII y XIX los intelectuales rusos le√≠an Don Quijote preferiblemente en franc√©s, o incluso en espa√Īol, y antepon√≠an las traducciones extranjeras a las versiones en ruso, hechas sobre esas mismas traducciones y no de forma directa desde el original; el libro era tan com√ļn que se pod√≠a encontrar al menos uno en cada pueblo, seg√ļn el citado Dm√≠triev. En ello no ten√≠a poco que ver el desd√©n general por la lengua rusa, hasta que Pushkin le dio un verdadero rango literario.

En la segunda mitad del siglo XVIII aparecieron en ruso dos versiones incompletas y traducidas del franc√©s; la primera es de 1769, desde la traducci√≥n francesa de Fillot de San Martin, y fue realizada por Ignati Antonovich Teils, profesor de alem√°n en una escuela militar para cadetes de la nobleza; aunque se le considera mujeriego en la aventura de la venta con Maritornes, del un ojo tuerta y del otro no muy sana, y habla de sus ¬ęfecundas tonter√≠as¬Ľ, alcanza a veces a ser adecuada. La siguiente fue a partir de la adaptaci√≥n francesa de 1746 y fue realizada por Nicolai Osipov en 1791; es una versi√≥n adem√°s enriquecida con escenas que Cervantes no escribi√≥ jam√°s y se trata en general de una adaptaci√≥n muy chabacana. En cada biblioteca rusa era uno de esos libros imprescindibles, ya en franc√©s, ya en la traducci√≥n desde el franc√©s hecha por el prerrom√°ntico Zhukovski. Por entonces se entend√≠a al protagonista como un personaje caricaturesco, pero pronto asom√≥ la interpretaci√≥n germ√°nica rom√°ntica.

M. N. Muri√°tov se identifica a s√≠ mismo con Don Quijote como consecuencia de sus desilusiones y sus razonamientos sobre la separaci√≥n de la realidad y los ideales, y lo muestra en sus cartas a su hermana F. N. Lunina; la interpretaci√≥n dieciochesca no es, pues, la √ļnica. Tambi√©n existe un interpretaci√≥n sentimental en La respuesta a Turg√©niev (1812) de Konstant√≠n B√°tiushkov, uno de los m√°s importantes poetas rusos y precursor de Aleksandr Pushkin, donde Don Quijote ¬ępasa el tiempo so√Īando / vive con las quimeras, / charla con los fantasmas / y con la luna meditabunda¬Ľ. En esta interpretaci√≥n sentimental Nikol√°i Karamz√≠n es quien sufre una impresi√≥n m√°s profunda, que aparece ya en una carta de 1793 dirigida a Ivan Dmitriev, en el poema A un pobre poeta (1796) y, sobre todo, en El caballero de nuestro tiempo (1803); el protagonista se compara a Don Quijote porque su inclinaci√≥n a la lectura e impresionabilidad natural le ejercitaron el ¬ęquijotismo de la imaginaci√≥n¬Ľ y los peligros y la amistad heroica se convierten en sus ensue√Īos predilectos:

Vosotros, indolentes flem√°ticos, que no viv√≠s, sino que dorm√≠s y llor√°is de ganas de bostezar, sin duda nunca so√Īasteis as√≠ en vuestra infancia. Y vosotros tampoco, ego√≠stas juiciosos, que no os encari√Ī√°is con los hombres, sino que os agarr√°is a ellos por prudencia mientras esta relaci√≥n sea √ļtil para vosotros, y, sin duda, apart√°is la mano si los hombres se convierten en un obst√°culo.

Ivan Turg√©niev afirm√≥ en 1860 que en ruso no exist√≠a buena traducci√≥n del Quijote, y es de lamentar que no cumpliera su reiterada promesa de traducirlo completamente, que se impuso ya en 1853 y todav√≠a en 1877 segu√≠a empe√Īado en querer hacer; el dramaturgo Aleksandr Ostrovski hab√≠a traducido ya los Entremeses y quer√≠a traducir algunos cap√≠tulos de la obra; el caso es que Turgenev ignor√≥ deliberadamente la traducci√≥n de Vasili Zhukovski, el maestro de Pushkin, que empez√≥ en 1803 y que public√≥ en seis vol√ļmenes entre 1804 y 1806. Se deb√≠a a que no respond√≠a a la noci√≥n de traducci√≥n que sosten√≠a Turgenev; pero la obra de Zhukovski fue capital para el desarrollo de la prosa rusa en el XIX, puesto que fue realizada por un gran escritor, de nivel comparable al de Ludwig von Tieck, Jean-Pierre Claris de Florian o Tob√≠as Smollet. Ofrece una interpretaci√≥n psicol√≥gico-filos√≥fica de la obra, en la que el protagonista es sin duda el Caballero de la Triste Figura. Como no sab√≠a espa√Īol, utiliz√≥ la versi√≥n francesa de Florian, que es bastante buena, pues el sobrino de Voltaire conoc√≠a bien la lengua y hab√≠a estado en Espa√Īa y tratado con los ilustrados espa√Īoles, pero conoci√≥ tambi√©n, aunque no la utiliz√≥, la versi√≥n alemana de Tieck (1799), que ofrec√≠a ya la interpretaci√≥n rom√°ntica del personaje. Sin embargo se vali√≥ del documentado pr√≥logo de Florian para encauzar su traducci√≥n, pues era hombre m√°s prestigioso que el entonces advenedizo Tieck. Para empezar, omite cap√≠tulos enteros y abrevia los pasajes largos, los episodios naturalistas que no respond√≠an al gusto de la √©poca y las historias intercaladas que desviaban la atenci√≥n; de su cosecha aporta un acento folcl√≥rico del que carec√≠a la versi√≥n francesa y reemplaza la paremiolog√≠a sachopancesca, que vierte literalmente Florian, por proverbios rusos equivalentes, y para comprender el m√©rito de su traducci√≥n en estos detalles basta con compararla con la de Osipov. En general, la traducci√≥n de Zhukovski evita los episodios en que se minimiza al h√©roe y acent√ļa los elementos po√©ticos. La re-traducci√≥n de Zhukovski tuvo una segunda edici√≥n en 1815, sin cambios significativos fuera de la puntuaci√≥n, que es mejor que en la primera, la ortograf√≠a y la limpieza de erratas. Esta versi√≥n entusiasm√≥ a Pushkin y fue imitada descaradamente por la de S. Chaplette, tambi√©n sobre la de Florian (San Petersburgo, 1831); por entonces ya se dejaba sentir cierta preferencia por la traducci√≥n alemana de Tieck, m√°s precisa, y se empezaba a sentir como inevitable una versi√≥n directa desde el espa√Īol, que lleg√≥ en la √©poca del Realismo, cuando se editaron las traducciones de K. P. Masalski (1838) y la de V. A. Karelin (1866); pero la vulgarizaci√≥n del mito en el Romanticismo vino principalmente a trav√©s de la versi√≥n de Zhukovski.

Una de las m√ļltiples ilustraciones que realiz√≥ el artista Gustave Dor√© para El Quijote.

Cervantes está presente en Aleksandr Pushkin, Gógol, Turgénev, Dostoyevski, Leskov, Bulgákov y Nabókov, por citar solamente a algunos de los grandes.

Aleksandr Pushkin ten√≠a en su biblioteca un Quijote en espa√Īol editado en Par√≠s, 1835, y aprendi√≥ la lengua en 1831 y 1832 para leerlo en el original; se conservan adem√°s traducciones inversas de La Gitanilla desde su versi√≥n francesa al castellano para comparar el resultado con el original cervantino; anim√≥ adem√°s a G√≥gol a emprender una obra narrativa de gran aliento a la manera de Cervantes, y √©ste compuso Almas muertas. Turgenev en su conferencia Hamlet y Don Quijote compara al reflexivo e irresoluto Hamlet con el irreflexivo y arrojado Don Quijote, y encuentra la nobleza en ambos caracteres. Pero el influjo en Fi√≥dor Dostoyevski fue m√°s hondo; comenta la obra muchas veces en su epistolario y en su Diario de un escritor (1876), donde se refiere a ella como una pieza esencial en la literatura universal y como perteneciente ¬ęal conjunto de los libros que gratifican a la humanidad una vez cada cien a√Īos¬Ľ; finalmente escribe:

En todo el mundo no hay obra de ficci√≥n m√°s profunda y fuerte que √©sa. Hasta ahora representa la suprema y m√°xima expresi√≥n del pensamiento humano, la m√°s amarga iron√≠a que pueda formular el hombre y, si se acabase el mundo y alguien preguntase a los hombres: ¬ęVeamos, ¬Ņqu√© hab√©is sacado en limpio de vuestra vida y qu√© conclusi√≥n definitiva hab√©is deducido de ella?¬Ľ, podr√≠an los hombres mostrar en silencio el Quijote y decir luego: ¬ę√Čsta es mi conclusi√≥n sobre la vida y... ¬Ņpodr√≠ais condenarme por ella?¬Ľ.

Desde el punto de vista del escritor ruso, la novela es una conclusi√≥n sobre la vida. Su primera menci√≥n de la obra aparece en una carta de 1847, pero es en 1860 cuando llega a obsesionar verdaderamente al escritor; la imit√≥ en El idiota, cuyo protagonista, el pr√≠ncipe Mishkin, es tan idealista como el h√©roe manchego, pero, despojado de rid√≠culo hero√≠smo, es en realidad el personaje final de la obra, Alonso Quijano, el bueno, y un imitador de Jesucristo; su mon√≥logo ¬ęA la salud del sol¬Ľ est√° claramente inspirado en el discurso sobre la Edad de Oro. Dostoyevski escribi√≥ en su Diario de un escritor que ¬ęya no se escriben libros como aqu√©l. Ver√©is en Don Quijote, en cada p√°gina, revelados los m√°s arcanos secretos del alma humana¬Ľ. Por otra parte, en 1877, el cap√≠tulo del Diario de un escritor ¬ęLa mentira se salva con la mentira¬Ľ imita deliberadamente el estilo cervantino, hasta el punto de que un episodio imaginado por Dostoyevski pas√≥ como genuino de Cervantes durante mucho tiempo.

La m√°s famosa novela de Nikolai Lesk√≥v, Tres hombres de Dios, es una curiosa precursora del Monse√Īor Quijote de Graham Greene; su protagonista, el prior Saweli Tuberosov, es un idealista que alcanzada ya la cincuentena se plantea decir la verdad, y lucha con las crudas y puras circunstancias contrarias de su entorno en compa√Ī√≠a de un Sancho, el di√°colo Ajila, y de un Sans√≥n Carrasco, Tuganov; en su inflexibilidad se hace incomprensible y a menudo rid√≠culo ante los dem√°s, y al fin es desprovisto de la palabra, le proh√≠ben pronunciar m√°s sermones e, imposibilitado para cumplir su destino al igual que el h√©roe cervantino, muere de pena. Pero el influjo de Cervantes se extiende incluso al tipo de h√©rore que presenta Lesk√≥v en casi todas sus novelas, y particularmente en Una familia en decadencia, protagonizada por un reconocible, delgado y pobre terrateniente llamado Dormidont Rogozin, al que acompa√Īa su inseparable escudero Zinka, en compa√Ī√≠a del cual recorre los contornos ¬ębarruntando agravios¬Ľ. Tambi√©n acusan claramente la influencia del Don Quijote sus novelas El pensador solitario y Los ingenieros desinteresados.

Aunque para Lev o Lev Tolst√≥i la novela cervantina no tuvo tanta importancia como para Turg√©nev, Dostoyevski o Lesk√≥v, lo cierto es que es perceptible y visible su huella; en ¬ŅQu√© es el arte? declara como su novela predilecta el Don Quijote por su ¬ęconenido interior¬Ľ, por su ¬ębuen arte vital del mundo¬Ľ; en los borradores de esta obra queda clara su intenci√≥n: es una obra que expresa los m√°s nobles sentimientos para todas las √©pocas, comprensibles a todos; en algunas de sus obras asume la herencia cervantina; principalmente en su novela Resurrecci√≥n, donde se plantea qui√©n est√° loco, el mundo o el h√©roe, y donde Katerina M√°slova es una Aldonza que, al ser pretendida por el pr√≠ncipe que la deshonr√≥ empezando su carrera de prostituta, no quiere ser la Dulcinea del h√©roe, en lo que hay ecos del poeta simbolista Sogolub, del que hablaremos en breve; tambi√©n hay ecos de los encantamientos y del episodio de los galeotes.

Los poetas del Simbolismo ruso, sobre todo Fi√≥dor Sologub, experimentan la seducci√≥n por el mito de Dulcinea. √Čste escribi√≥ al respecto un ensayo, El ensue√Īo de Don Quijote, en el que afirma que al rechazar a Aldonza y aceptarla como Dulcinea, Don Quijote est√° realizando la pretensi√≥n final de toda poes√≠a l√≠rica, una haza√Īa m√°s l√≠rica que caballeresca, convertir la realidad en arte, en algo que se pueda soportar. La actitud quijotesca es un sin√≥nimo de ¬ęnoci√≥n l√≠rica de la realidad¬Ľ. Esta idea de haza√Īa l√≠rica se reitera en otras obras suyas, como Los demonios y los poetas y el pr√≥logo a la pieza La victoria de la muerte, o en la obra Los rehenes de la vida. Tras aparecer la figura del loco alucinado en su novela El trasgo, el tema de Dulcinea reaparece en sus versos entre 1922 y 1924, dedicados a su mujer, Anastasiya Nikolaevna Chebotar√©vskaya, que se suicid√≥ en 1921. Desde Sogolub el mito de Dulcinea pasa a otros poetas simbolistas, como Igor Severianin o Aleksandr Blok; este √ļltimo lo profundiza y transforma de una manera muy original en Versos a una hermosa dama.

Bulg√°kov (a√Īos 20)

Tras la Revoluci√≥n, Mija√≠l Bulg√°kov, uno de los escritores no tanto perseguidos como soportados por Stalin, como el mismo Boris Pasternak, y por ello con bastante suerte, ya que no era un escritor sovi√©tico, pudo subsistir al permit√≠rsele ser ayudante de director de escena teatral y poder alimentarse mediante el alumbramiento de continuas traducciones, como Anna Ajm√°tova y Bor√≠s Pasternak; insufl√≥ la filosof√≠a quijotesca de la lucha a pesar de la conciencia plena de la derrota, emparentable con el quijotismo de Unamuno, en su obra maestra, la novela El maestro y Margarita; en los a√Īos de apogeo de la represi√≥n estalinista, en 1937, escribe en una carta que sigue componiendo teatro a pesar de que no ser√° nunca escenificado ni publicado por mero quijotismo y hace voto de no volverlo a hacer, pero... vuelve a hacerlo, estudiando con tanta pasi√≥n la obra del ¬ęrey de los escritores espa√Īoles¬Ľ que algunas de sus cartas a su tercera mujer, Elena, est√°n escritas parcialmente en espa√Īol y que, seg√ļn √©l mismo reconoce, ¬ęasaltaba el Quijote¬Ľ. Su modesto quijote no desentona del entorno, es una persona normal que batalla como todas; solamente al final se contempla ser h√©roe al morir, cuando el propio autor ya tambi√©n estaba moribundo:

¬°Ah, Sancho!, el da√Īo causado por su acero es insignificante. Tampoco me desfigur√≥ el alma con sus golpes. Pero me da miedo pensar que me cur√≥ el alma y, al curarla, le retir√≥ sin cambiarme por otro. ¬°Me quit√≥ la d√°diva m√°s preciosa de cuantas est√° dotado el hombre, me quit√≥ la libertad! Sancho, el mundo est√° lleno de mal, pero lo peor de todo es el cautiverio! ¬°√Čl me encaden√≥, Sancho! Mira: el sol est√° cortado por la mitad, la tierra sube y sube y lo devora. ¬°La tierra se aproxima al cautivo!. ¬°Me absorber√°, Sancho!.

Anatol Lunacharski (1875 - 1933), hombre de letras y político ruso, primer comisario de educación y cultura tras la Revolución de Octubre (1917), protector de Meyerhold y Stanislavski, escribió algunos dramas históricos, y entre ellos un Don Quijote liberado (1923); en fin, entre todos estos cervantistas, parece la excepción Vladímir Nabókov, que en su Curso sobre El Quijote demuestra una gran incomprensión de la obra, cuya grandeza reduce solamente a la del personaje principal.

Don Quijote en el este de Europa

Adam Mickiewicz por Walenty WaŇĄkowicz

La primera traducci√≥n al b√ļlgaro se hizo desde una traducci√≥n rusa y en fecha tan tard√≠a como 1882, a los cuatro a√Īos escasos de reaparecer Bulgaria en el mapa de Europa. Su principal estudioso fue Efrem Karamfilov. Pero es en la poes√≠a b√ļlgara del siglo XX donde aparece m√°s la figura del caballero como s√≠mbolo del luchador infatigable, palad√≠n de la bondad, el valor, la fe y la justicia: Konstantin Vel√≠chkov, Jristo F√≥tev, As√©n Ratzsv√©tnikov, Dami√°n Dami√°nov, Nicolai R√°inov, Parv√°n St√©fanov, Blaga Dimitrova y P√©tar V√©lchev.

La primera traducci√≥n completa al checo fue obra de J. B. Pichl (1866, primera parte) y de K. Stefan (1868, segunda parte), aunque ya en 1620 el cardenal Dietrichstein la hab√≠a le√≠do en espa√Īol, pues se hab√≠a educado en la Pen√≠nsula ib√©rica. Se ley√≥ mucho en Bohemia y fue muy popular en el siglo XVIII, pero m√°s en versiones italianas y francesas que en otras lenguas. Ya en el siglo XX, Milan Kundera afirma, como Octavio Paz, que el humor no es algo innato en el hombre, sino una conquista de los tiempos modernos gracias a Cervantes y su invento, la novela moderna.

La primera traducci√≥n de Don Quijote al polaco es de los a√Īos 1781-1786 y se debe al conde Franciszek Podoski, a partir de una versi√≥n francesa. Para los ilustrados polacos era una obra fundamentalmente c√≥mica y de lectura no s√≥lo agradable, sino tambi√©n √ļtil por su cr√≠tica a las perniciosas para la sensatez novelas de caballer√≠as. Esa es la interpretaci√≥n del obispo Ignacy Krasicki y del duque Czartoryski, quien sin embargo percibe ya la complejidad de la obra en sus Reflexiones sobre la literatura polaca, 1801. En los a√Īos cuarenta del siglo XIX, el pol√≠grafo Edward Dembowski ahonda en la tr√°gica interpretaci√≥n alemana de Don Quijote como s√≠mbolo de la lucha del ideal contra la dura realidad del mundo circundante. La figura del caballero se encuentra en la obra de los grandes poetas rom√°nticos polacos, Adam Mickiewicz, Juliusz SŇāowacki y Cyprian Kamil Norwid, as√≠ como en la obra maestra del novelista del Realismo BolesŇāaw Prus, La mu√Īeca. Ya en el siglo XX, hay que destacar el Don Quijote de BolesŇāaw LeŇõmian, que representa la tragedia de la p√©rdida de la fe, Juicio sobre Don Quijote de Antoni SŇāonimski, donde se adapta el episodio del gobierno de Sancho en la √≠nsula Barataria para satirizar los totalitarismos, Don Quijote y las ni√Īeras, de Maria Kuncewiczowa, cr√≥nica de un viaje a Espa√Īa en busca de Don Quijote, y En la belleza ajena, de Adam Zagajewski, con don Quijote en la biblioteca.

Entre 1881 y 1890 se publicaron 61 cap√≠tulos en rumano del Quijote, a cargo de Stefan V√ģrgolici. La primera traducci√≥n completa al rumano la realizaron en 1965 Ion Frunzetti y Edgar Papu. En 2005 el Instituto Cervantes de Bucarest promovi√≥ una nueva traducci√≥n que corri√≥ a cargo del hispanista rumano Sorin Marculescu

Don Quijote en Francia

Gustave Flaubert visto por Giraud

En Francia no se hicieron an√°lisis de Don Quijote tan profundos como los alemanes ni √©ste ejerci√≥ un influjo tan extenso como en Inglaterra o Rusia, aunque su impronta fue tambi√©n generosa en grandes obras y autores del siglo XIX y muchas naciones conocieron la obra a trav√©s de traducciones francesas o retraducciones a partir del texto en esta lengua. La primera traducci√≥n es apenas posterior en un a√Īo a la inglesa de Shelton, en 1614, por C√©sar Oudin. En 1618 se traduce la segunda parte por Fran√ßois de Rosset y a partir de 1639 ambas partes marchar√°n juntas. Es la primera traducci√≥n al franc√©s, a la que seguir√°n varias decenas m√°s, entre las que destacan las de Filleau de Saint-Martin (1677-1678) y la del caballero Jean-Pierre Claris de Florian (1777), un hispanista formado en su infancia en Espa√Īa y sobrino de Voltaire, que ser√° muy divulgada por Europa.

La traducci√≥n de Filleau de Saint-Martin se public√≥ con el t√≠tulo de Historia del admirable don Quijote de la Mancha y con el a√Īadido de una continuaci√≥n escrita por el propio traductor, para lo cual alter√≥ el final de la obra original y mantuvo a don Quijote con vida y con capacidad de lanzarse a nuevas aventuras. A su vez, esta continuaci√≥n fue prolongada por otro escritor franc√©s de cierto renombre, Robert Challe. No termina ah√≠ la serie de continuaciones: un autor desconocido alarg√≥ la obra de Cervantes con otra parte suplementaria titulada Continuaci√≥n nueva y verdadera de la historia y las aventuras del incomparable don Quijote de la Mancha.

Simonde de Sismondi pone la primera piedra de la interpretaci√≥n rom√°ntica del h√©roe. Louis Viardot traduce la obra muy fielmente entre 1836 y 1837. Chateaubriand se ve a s√≠ mismo como un Cervantes y un Quijote, y en su Itinerario de Par√≠s hasta Jerusal√©n (1811) ensalza al Caballero de la Triste Figura, que ocupa tambi√©n su lugar en El genio del Cristianismo como el m√°s noble, el m√°s valiente, el m√°s amable y el menos loco de los mortales. Hay bastante de Cervantes en ese militar frustrado rom√°ntico que fue Alfred de Vigny. Los viajeros Prosper Merim√©e y Th√©ophile Gautier llenan sus diarios de viaje de alusiones cervantinas. Para el cr√≠tico Sainte-Beuve, Don Quijote es un libro que empieza por constituirse en una s√°tira de los libros de caballer√≠as y termina por hacerse espejo de la vida humana. Victor Hugo, que pas√≥ algunos de sus a√Īos infantiles en Espa√Īa como hijo del general Hugo, considera a Cervantes el poeta del contraste entre lo sublime y lo c√≥mico, lo ideal y lo grotesco, y apercibe el influjo de La gitanilla en su novela Nuestra Se√Īora de Par√≠s. Henri Beyle, m√°s conocido como Stendhal, que ten√≠a diez a√Īos cuando ley√≥ Don Quijote por primera vez, escribi√≥ que ¬ęel descubrimiento de ese libro fue quiz√° la m√°s grande √©poca de mi vida¬Ľ.

Honor√© de Balzac represent√≥ casi m√°s a Don Quijote en su vida que en sus escritos y Gustave Flaubert asumi√≥ este esp√≠ritu en sus dos novelas Bouvard y Pecuchet, p√≥stuma e inacabada, cuyos dos personajes principales enloquecen leyendo libros que no pueden asimilar, y su Madame Bovary, cuya protagonista es en realidad una quijotesca dama que pierde la sensatez leyendo noveluchas sentimentales, como Jos√© Ortega y Gasset ya apreci√≥ (¬ęes un Quijote con faldas y un m√≠nimo de tragedia sobre su alma¬Ľ). Gustave Dor√© ilustr√≥ con grabados una edici√≥n de Don Quijote en 1863. Personajes quijotescos son, por otra parte, el Tartar√≠n de Tarasc√≥n de Alphonse Daudet y el Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand. En 1932, Maurice Ravel y Jacques Ibert compusieron canciones seg√ļn los poemas de Paul Morand titulados Don Quijote √° Dulcinea. En Les oiseaux de la lune o Los p√°jaros de la luna (1956), de Marcel Aym√©, el inspector de un colegio adquiere el poder de transformar a los pelmazos en aves de tanto leer novelas, lo que parece ser una parodia c√≥mica de la locura de Don Quijote de la Mancha y de los magos que transforman sus desilusiones.

La escritora lesbiana Monique Wittig, por otra parte, en su novela Le voyage sans fin (1985) reelabora el Quijote de Cervantes sustituyendo a caballero y escudero por dos mujeres. En 1968 Jacques Brel compuso y grab√≥ un disco de m√ļsica, L'Homme de la Mancha. Y para cerrar una lista que podr√≠a prolongarse demasiado, mencionaremos s√≥lo a L√©on Bloy, Tailhade, Henri Bergson, Maurice Barr√®s, Alfred Morel-Fatio, Paul Hazard, Andr√© Maurois y Andr√© Malraux.

Don Quijote en el mundo √°rabe

La presencia de referencias al personaje de Cervantes ‚ÄĒllamado DŇęn KńęjŇętńę o DŇęn KńęshŇęt‚ÄĒ en el imaginario √°rabe contempor√°neo, y sobre todo en su literatura, es muy habitual. Esto suele se√Īalarse como parad√≥jico dado que las primeras traducciones del Quijote al √°rabe se publicaron en fecha tan tard√≠a como los a√Īos cincuenta y sesenta del siglo XX.

La primera obra extensa en lengua √°rabe sobre Cervantes la publicaron en 1947, con ocasi√≥n del cuarto centenario de su nacimiento, los hispanistas libaneses Nayib Abu Malham y Musa Abbud en Tetu√°n, la capital del entonces Marruecos espa√Īol: Cervantes, pr√≠ncipe de las letras espa√Īolas es un ensayo de m√°s de cuatrocientas p√°ginas que suscit√≥ tanto inter√©s en c√≠rculos literarios e intelectuales que la secci√≥n √°rabe de la Unesco encarg√≥ a los dos hispanistas la traducci√≥n del Quijote. Dicha traducci√≥n se inici√≥, pero por razones desconocidas no lleg√≥ a publicarse. Entre 1951 y 1966 se hizo otra traducci√≥n en Marruecos que tambi√©n permaneci√≥ in√©dita (se conserva el manuscrito), realizada por el ulema Tuhami Wazzani, que public√≥ algunos cap√≠tulos en el peri√≥dico que dirig√≠a, Rif.

La obra de Abu Malham y Abbud sirvi√≥ para acrecentar el inter√©s de los intelectuales √°rabes por la obra cervantina, a la que accedieron a trav√©s de sus ediciones en otras lenguas, hasta que en 1956 se public√≥ en El Cairo la traducci√≥n de la Primera parte del Quijote. Hubo que esperar, sin embargo, hasta 1965 para ver publicada la obra completa, en una nueva traducci√≥n, esta vez del hispanista Abd al-Rahman Badawi, quien contextualizaba la novela en un intenso estudio preliminar. Cinco a√Īos antes se hab√≠a publicado en la capital egipcia una versi√≥n infantil del Quijote, que sigui√≥ reimprimi√©ndose durante d√©cadas, lo que da una idea de la difusi√≥n que alcanzaron r√°pidamente las aventuras del hidalgo. La traducci√≥n de Badawi ha sido la traducci√≥n cl√°sica, la m√°s le√≠da, al menos hasta la aparici√≥n en 2002 de dos nuevas traducciones, una nuevamente egipcia, a cargo del hispanista Sulayman al-Attar, y otra del sirio Rifaat Atfe.

Antes de las traducciones, sin embargo, la novela hab√≠a sido objeto de diversos estudios cr√≠ticos, aparte del ya citado de Abu Malham y Abbud, lo que contribuy√≥ a despertar el inter√©s literario por la figura de don Quijote. √Čsta est√° plenamente integrada en el imaginario √°rabe: muchos ven en el quijotismo un s√≠mbolo del devenir contempor√°neo de los pueblos √°rabes, cargado de idealismo y ret√≥rica pero impotente ante la fuerza aplastante de la realidad. Referencias a Don Quijote aparecen con frecuencia en la obra de escritores como Nizar Qabbani, Naguib Surur, Yusuf al-Jal, Mahmud Darwish, Assia Djebbar, Badr Shakir al-Sayyab, Gamal al-Guitani y otros muchos.

Por otro lado, el Quijote, as√≠ como el resto de la obra cervantina, es tambi√©n objeto de especial inter√©s y estudio debido a sus m√ļltiples referencias al islam y a lo morisco, que son m√°s visibles para lectores arabo-musulmanes. Un estudio sobre la presencia del pensamiento cor√°nico en el Quijote aparece en el estudio de la escritora francesa Dominique Aubier Don Quichotte, la R√©affirmation messianique du Coran.[2]

Don Quijote en las Naciones Unidas

El Volumen XV de la revista literaria de las Naciones Unidas, Ex Tempore (ISSN 1020-6604), de diciembre de 2004, está dedicado al Quijote. Véase sobre todo el prólogo de Alfred de Zayas y el poema Elogio de la Locura de Zaki Ergas, ambos miembros del PEN Club Suizo.

Don Quijote en otros idiomas

Don Quijote en alem√°n

La primera traducción al alemán (Don Kichote de la Mantzscha) fue realizada en 1621 por Pahsch Basteln von der Sohle; sin embargo, más conocida actualmente es la traducción de Ludwig Tieck de 1799-1801 . La traducción de Ludwig Braunfels se ha considerado la más fiel al original y la más erudita. En 2008 apareció la obra en una nueva traducción de Susanne Largo, la cual fue muy elogiada por la crítica literaria.

Don Quijote en esperanto

Entre las traducciones curiosas de la obra son destacadas las publicadas en el idioma internacional esperanto. Existe una traducción completa publicada en 1977, y varios intentos parciales anteriores, algunos de cierto interés por sí mismos.

La primera versión parcial se debe a Vicente Inglada Ors, un científico políglota, destacado geólogo y miembro de la Academia de Ciencias, que lo intentó ya en 1904. Otros esperantistas que publicaron versiones de algunos capítulos fueron el escritor catalán Frederic Pujulà i Vallès (1909), el conocido militar republicano Julio Mangada (1927) y el activista Luis Hernández Lahuerta (1955).

La traducci√≥n completa debi√≥ esperar, sin embargo, a 1977, cuando la Fundaci√≥n Esperanto edit√≥ la versi√≥n debida al m√°s importante traductor de obras espa√Īolas al idioma internacional, Fernando de Diego. La obra, con las cl√°sicas ilustraciones de Dor√©, ha tenido una amplia difusi√≥n mundial, y un importante prestigio entre los conocedores de la cultura esperantista.

Don Quijote en catal√°n

El mallorqu√≠n Jaume Pujol llev√≥ a cabo su traducci√≥n in√©dita entre 1835 y 1850. Eduart T√†maro tradujo la primera parte de Don Quijote a la lengua de Verdaguer (Barcelona: Estampa de Crist√≥fol Mir√≥, 1882). La primera traducci√≥n impresa pr√°cticamente √≠ntegra del XIX fue realizada en 1891 por el acad√©mico Antoni Bulbena i Tussell con el t√≠tulo L'enginy√≥s cavallier Don Quixot de La Mancha; fue reimpresa en 1930 y en 2005. El sacerdote mallorqu√≠n Ildefonso Rull√°n lo tradujo por primera vez al dialecto mallorqu√≠n (L'enginy√≥s hidalgo Don Quixote de la Mancha, Felanitx, Imprempta d'en Bartom√©u R√®us, 1905-1906). Octavi Viader, en 1936, realiz√≥ tambi√©n una traducci√≥n y Joaquim Civera i Sorman√≠ hizo otra en Barcelona: Editorial Tarraco, S. A, 1969. Sin embargo, la √ļnica traducci√≥n total, que incluye incluso algunos poemas dejados en castellano por los anteriores traductores, es la del abogado mallorqu√≠n y gran cervantista Jos√© Mar√≠a Casasayas, que dedic√≥ cuarenta y cuatro a√Īos a la misma, reescribi√©ndola veinte veces; imprimi√≥ s√≥lo ocho ejemplares de la misma que regal√≥ a cada uno de sus nietos, ya que ninguna editorial quiso imprimirla para el gran p√ļblico. Combina los diferentes dialectos catalanes y posee una amplia anotaci√≥n.

Don Quijote en croata

Se destaca la traducci√≥n de Iso Velikanovińá al idioma croata.[3]

Don Quijote en ruso

Si bien la influencia de Don Quijote en la literatura y cultura rusas fue notable, demor√≥ bastante tiempo en aparecer una buena traducci√≥n. De hecho, circulaban las versiones inglesa, alemana y francesa en los c√≠rculos m√°s cultos. La primera edici√≥n rusa del Quijote apareci√≥ en 1769: Istoria o slavnom La-Manjskom rytsare Don Kishote y cubr√≠a tan s√≥lo los primeros ventisiete cap√≠tulos; el traductor fue Ignati Teils (1744-1815), un profesor de alem√°n relacionado con los c√≠rculos ilustrados del conocido progresista y mas√≥n Nikolai Novikov; se bas√≥ en la traducci√≥n francesa de Filleau de Saint-Martin. Veintid√≥s a√Īos despu√©s aparece en San Petersburgo una nueva traducci√≥n, que fue reeditada en 1812 en Mosc√ļ con el t√≠tulo de Don Kishot La-Manjsky; su autor fue el int√©rprete jurato Nikolai Osipov (1751-1799). En 1804 se public√≥ otra traducci√≥n obra del poeta Vasili Zhukovsky (1783-1852), quien tradujo desde la versi√≥n francesa de Jean Pierre de Florian; con su destreza po√©tica logr√≥ embellecer lo que hubiera sido una versi√≥n mediocre y seca, logrando gran √©xito entre el p√ļblico. Pero hubo que esperar a 1838, en que el escritor Konstantin Masalsky (1802-1861) edita la primera traducci√≥n rusa del Quijote hecha directamente del texto original de Cervantes; este trabajo fue completado en 1866 por V. Karelin. En 1907, bajo el t√≠tulo de Ostroumno-izobretatelny idalgo Don-Kijot Lamanchesky, sali√≥ la nueva traducci√≥n directa del espa√Īol, hecha por la escritora Mar√≠a Watson (1853-1932).

En la época soviética tuvieron lugar importantísimas traducciones, la primera en 1929-1932, versión completa a manos de los filólogos Grigori Lozinsky (1889-1942) y Konstantin Mochulsky (1892-1948). Pero la mejor y la más conocida traducción del Quijote al ruso fue hecha en 1951 por Nikolai Liubimov (1912-1992), por la cual fue galardonado con el Premio Estatal de la URSS en 1978; se la considera la traducción más clásica e inmejorable a la lengua rusa.[4]

Don Quijote en vasco

Jos√© Palacio S√°enz de Vitery, escritor alav√©s del siglo XIX natural de Villarreal de √Ālava, abogado y doctor en Filosof√≠a y Letras, fue gran cervantista y redactor de Cr√≥nica de los Cervantistas. Logr√≥ poseer la mejor colecci√≥n de Quijotes de su tiempo y emprendi√≥ la traducci√≥n al vasco, pero muri√≥ dejando incompleta su tarea. La Guerra Civil hizo desaparecer los manuscritos de la versi√≥n incompleta en Madrid en el palacio familiar del Paseo del Cisne. Con el t√≠tulo de Don Kijote Mantxa'ko se public√≥ en Zarauz (Guip√ļzcoa) por la Editorial Itxaropena los dos vol√ļmenes de la primera versi√≥n √≠ntegra al euskera de la obra de Cervantes (1976, primera parte, 1985, segunda), siendo el autor de la traducci√≥n Pedro Berrondo y el promotor de la edici√≥n Jos√© Estorn√©s Lasa.

Don Quijote en quechua

En noviembre de 2005, se public√≥ la traducci√≥n del cl√°sico hispano al quechua sure√Īo con el nombre Yachay sapa wiraqucha dun Qvixote Manchamantan. La traducci√≥n fue posible gracias al trabajo de Demetrio T√ļpac Yupanqui y la edici√≥n fue presentada en la feria del libro de Guadalajara, engalanada con bellas ilustraciones de Sarwa, trabajos t√≠picos y costumbristas en tablillas. Por fin, despu√©s de 400 a√Īos de su publicaci√≥n, la obra cumbre del idioma castellano ha sido llevada al idioma andino.

Don Quijote en hebreo

La primera vez fue hace varias décadas de la mano de Natan Bistrinsky y Nahman Bialik, y en 1994 llegó a los estantes de las librerías la considerada mejor de las dos traducciones, por Beatriz y Luis Landau.

Don Quijote en chino

La traductora china Yang Jiang tradujo el Quijote al chino en 1978. Desde entonces, han aparecido varias versiones nuevas.

Don Quijote en T9 (texto predictivo)

Una de las grandezas del texto del Quijote es que representa, en esencia, "posibilitar lo imposible" y como parte de esta idea El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha ha sido la primera obra traducida a Texto predictivo que consiste en transformar las palabras por n√ļmeros y utilizar los mensajes del tel√©fono m√≥vil y una aplicaci√≥n instalada en los mismos, el T9, para transformar esos n√ļmeros, del 2 al 9, a las palabras y frases escritas en su momento por Miguel de Cervantes.

Ediciones de Don Quijote

Don Quijote sentado, por Salvador Dalí.

Hasta el Siglo de las Luces las ediciones de la obra maestra del Siglo de Oro espa√Īol degradaron en general el texto, salvo la cuidados√≠sima edici√≥n de Bruselas por Roger Velpius de la primera parte en 1607. Se consideran habitualmente ediciones cl√°sicas de Don Quijote, en el siglo XVIII, Vida y hechos del ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha, Londres: J. y R. Tonson, 1738, 4 vols., edici√≥n que public√≥ Lord Carteret ilustrada con 68 primorosas calcograf√≠as dedicada a la condesa de Montijo, esposa del embajador espa√Īol durante el reinado de Jorge II; el texto se encomend√≥ a un cervantista entusiasta, el jud√≠o sefard√≠ residente en Londres Pedro Pineda. Fue un trabajo cr√≠tico y erudito digno del Siglo de las Luces y Gregorio May√°ns y Siscar incluy√≥ en ella una Vida de Cervantes que se considera la primera biograf√≠a rigurosa del autor. Picada en su orgullo, la Real Academia Espa√Īola hizo otra en cuatro vol√ļmenes (1780) que se reedit√≥ varias veces con numerosas modificaciones y rectificaciones y donde los editores incluyeron una introducci√≥n cr√≠tica con una biograf√≠a del autor, un ensayo sobre la novela, An√°lisis del Quijote, que establece la interpretaci√≥n cl√°sica de la obra como la feliz conjunci√≥n de dos perspectivas, dos tradiciones literarias y dos cosmovisiones, un estudio cronol√≥gico-hist√≥rico de las aventuras de don Quijote, una serie de grabados y un mapa de Espa√Īa para seguir el itinerario de don Quijote. Vicente de los R√≠os, responsable principal de esta edici√≥n de la Real Academia, corrigi√≥ los errores textuales de las previas ediciones. De nuevo otro cervantista ingl√©s, el reverendo anglicano John Bowle, examin√≥ escrupulosamente el texto y depur√≥ los errores, incluyendo listas de variantes, en su edici√≥n de 1781, que es tambi√©n un monumento de erudici√≥n y supera a todas las anteriores; Bowle fue el primero en notar que hab√≠a dos ediciones en 1605. Todos los editores posteriores se aprovecharon de su erudici√≥n y generoso esfuerzo. Sigui√≥ despu√©s la en cinco vol√ļmenes de don Juan Antonio Pellicer (1797-1798), con abundantes notas y atenta a las variantes textuales. Por otra parte, Agust√≠n Garc√≠a Arrieta public√≥ en Francia unas Obras escogidas de Cervantes en diez vol√ļmenes (Paris, Librer√≠a Hispano Francesa de Bossange padre, 1826, reimpresa por Firmin Didot, 1827). Esta magna obra comprend√≠a el Quijote (I-VI), las Novelas ejemplares (VII-IX) y el Teatro (X). La edici√≥n del Quijote es quiz√° la mejor hasta entonces.

En el siglo XIX sali√≥ la prolija y muy eruditamente anotada (triplica el n√ļmero de notas de Pellicer) de Diego Clemenc√≠n (6 vols., 1833-1839); posee sin embargo no pocos defectos en el terreno filol√≥gico que intentaron corregir las notas de Juan Calder√≥n y Luis de Usoz, en el Cervantes vindicado en 115 pasajes (1854) escrito principalmente por el primero; tambi√©n son importantes las ediciones de Juan Eugenio Hartzenbusch, una en Argamasilla de Alba, 1863, IV vols., y otra en Obras completas de Miguel de Cervantes; Madrid, Imprenta de Manuel Rivadeneyra, 1863; a esta √ļltima cabe agregar un grupo de notas que Hartzenbusch prepar√≥ para una segunda edici√≥n que no lleg√≥ a realizarse y que se imprimieron con el t√≠tulo Las 1633 notas puestas por... D. J. E. Hartzenbusch a la primera edici√≥n de ¬ęEl ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha¬Ľ, Barcelona: Narciso Ram√≠rez, 1874.

Ya a finales del XIX Clemente Cortej√≥n prepar√≥ ambiciosamente una edici√≥n que quiso fuera la primera realmente cr√≠tica de la obra cotejando nada menos que 26 ediciones distintas, pero el autor muri√≥ en 1911 sin ver terminada su obra, cuyo √ļltimo tomo fue realizado por Juan Givanel y Juan Su√Ī√© Benages y sali√≥ al fin en Barcelona (1905-1913) en seis vol√ļmenes, sin el prometido diccionario cervantino y con muy sensibles defectos, derivados de los prejuicios del autor contra cervantistas anteriores como Clemenc√≠n y la escasa aclaraci√≥n de sus criterios ecd√≥ticos y filol√≥gicos; fue, pues, muy discutida por los cervantistas, que echaron de ver el farrago extempor√°neo de muchas de sus notas, las lecturas injustificadas que forz√≥, los err√≥res al atribuirse m√©ritos que pertenec√≠an a otros y la general falta de explicaciones y justificaciones a sus cambios, conjeturas y lecturas modernizadas, entre otras razones que hacen muy inc√≥modo el uso de su edici√≥n. Despu√©s de √©l fueron muy famosas (en parte por la actitud excluyente de su autor respecto a otros cervantistas) las ediciones preparadas por Francisco Rodr√≠guez Mar√≠n, quien al menos usaba una metodolog√≠a, la del positivismo, cada cual m√°s y mejor anotada que la anterior: la de Cl√°sicos La Lectura en ocho tomos (1911-1913); la supuesta "edici√≥n cr√≠tica" en seis tomos (1916-1917) y la "nueva edici√≥n cr√≠tica" en siete tomos (1927-1928). La √ļltima fue reeditada p√≥stumamente, con correcciones y nuevas notas, en diez tomos (1947-1949) con el t√≠tulo Nueva edici√≥n cr√≠tica con el comento refundido y mejorado y m√°s de mil notas nuevas); sin embargo, posee los lastres metodol√≥gicos del positivismo en cuanto a su abusivo acarreo de informaci√≥n documental y, como el autor carec√≠a de formaci√≥n filol√≥gica, no son verdaderas ediciones cr√≠ticas, pues no depur√≥ el texto comparando todas las ediciones autorizadas ni se√Īal√≥ siquiera sus cambios en el texto; la de Rudolph Schevill y Adolfo Bonilla y San Mart√≠n (1914-1941), posee, sin embargo, un adecuado rigor filol√≥gico y ecd√≥tico y se extiende a toda la obra conocida de Miguel de Cervantes; la de Mart√≠n de Riquer (la √ļltima corresponde a 1996) es la obra maestra de un humanista experto en la vida caballeresca medieval y la del Instituto Cervantes, realizada por un equipo dirigido por Francisco Rico (1998 y 2004), es la √ļltima y por lo tanto la m√°s autorizada a causa del gran n√ļmero de fuentes consultadas para depurar el texto y comentarlo. Son tambi√©n importantes, por distintos aspectos, entre un n√ļmero muy crecido de ediciones estimables, las de Emilio Pascual (1975), Juan Bautista Avalle-Arce (1979), John Jay Allen (1984), Vicente Gaos (1987), la de Luis Andr√©s Murillo (1988), y las distintas, algunas de ellas digitales, de Florencio Sevilla Arroyo (2001).

En 2005 se celebr√≥ IV Centenario de El Quijote, motivo por el que la Real Academia Espa√Īola y la Asociaci√≥n de Academias de la Lengua Espa√Īola promovieron una edici√≥n popular basada en la de Francisco Rico y el Instituto Cervantes publicada por Editorial Alfaguara de 500.000 ejemplares. Adem√°s se elabor√≥ una obra de teatro, danza y narrativa donde participaron distintos artistas de hip hop espa√Īol.

Don Quijote en el cine

Categoría principal: Películas sobre Don Quijote
Estatuas de bronce de Don Quijote y Sancho Panza. Realizadas por el escultor Lorenzo Coullaut Valera (1876‚Äď1932) entre 1925 y 1930. Detalle del monumento a Cervantes (1925‚Äď30, 1956‚Äď57) de la Plaza de Espa√Īa de Madrid.
  • En 1990 la productora Hanna-Barbera realiz√≥ una serie de dibujos animados para televisi√≥n, dividida en 26 episodios de 30 minutos de duraci√≥n, basada en el Quijote que se titul√≥ Don Coyote and Sancho Panda.
  • La primera experiencia cinematogr√°fica sobre Don Quijote de la Mancha vino de la productora francesa Gaumont en 1898; se trataba de una breve escena de t√≠tulo Don Quijote. Lamentablemente no se conservan im√°genes.
  • La productora francesa Path√© realiza en 1903 Les Aventures de Don Quichotte de la Manche dirigida por Lucien Nonguet y Ferdinand Zecca; se realiza una versi√≥n coloreada manualmente en la que se reproducen varios episodios de Don Quijote de la Mancha. En Espa√Īa se proyecta en 1905 en los fastos de conmemoraci√≥n del tercer centenario de la publicaci√≥n de la edici√≥n pr√≠ncipe.
  • La m√°s antigua pel√≠cula espa√Īola basada en los textos de Cervantes es El curioso impertinente (1908), realizada por Narciso Cuy√°s, tambi√©n director de la versi√≥n para el cine mudo de Don Quijote (1908). De ellas escasamente se conserva alguna noticia.
  • La tard√≠a aparici√≥n de un organismo encargado de velar y restaurar el legado cinematogr√°fico espa√Īol (hasta la creaci√≥n en 1953 de la Filmoteca Espa√Īola) permiti√≥ que muchas pel√≠culas del cine mudo, incluidas las primeras versiones cinematogr√°ficas de las obras cervantinas, hayan desaparecido. S√≥lo se conocen las cr√≠ticas aparecidas en la prensa con motivo de su estreno y apenas quedan breves referencias escritas.
  • Una de las primeras apariciones del personaje en una obra cinematogr√°fica fue en Don Quixote (1923), de la mano del director brit√°nico Maurice Elvey, y que cuenta con dos grandes actores del cine mudo como fueron Jerrold Robertshaw y George Robey, √©ste √ļltimo conocido por sus musicales en Broadway.
  • Una de las adaptaciones cinematogr√°ficas m√°s logradas es el Don Quijote de 1933, una producci√≥n franco-brit√°nica dirigida por Georg Wilhelm Pabst considerada como un cl√°sico del cine e interpretada en sus principales papeles por Feodor Chaliapin Jr., como Don Quijote, George Robey que ya interpretara a Sancho Panza en la versi√≥n de Maurice Elvey diez a√Īos antes y Renee Valliers como Dulcinea.
  • La adaptaci√≥n realizada en la Uni√≥n Sovi√©tica en 1957, Don Quijote, dirigida por Grigori K√≥zintsev es, junto con la de G. W. Pabst, la versi√≥n m√°s conseguida de la obra maestra de Cervantes. Su t√≠tulo original es Don Kijot, y sus principales protagonistas son Nikolai Tcherkassov ‚ÄĒconocido por ser el Aleksandr Nevski y el Iv√°n de las pel√≠culas de Eisenstein‚ÄĒ y Yuri Tolub√ļyev. Sin embargo la introducci√≥n de un mensaje subliminal sobre la lucha de clases, caracter√≠stica de todas las pel√≠culas rusas de la √©poca, y debido al endurecimiento de la Guerra Fr√≠a por el incidente de Bah√≠a de Cochinos evit√≥ que fuese estrenada en Estados Unidos hasta 1961. En esta producci√≥n colabor√≥ con bocetos y escenograf√≠as el escultor, pintor y escen√≥grafo toledano exiliado en la URSS tras la Guerra Civil Alberto S√°nchez.
  • La versi√≥n del director alem√°n Carlo Rim, que originalmente fue concebida como una serie para la televisi√≥n, dividida en trece cap√≠tulos de treinta minutos cada uno ‚ÄĒaunque en Espa√Īa se present√≥ para su clasificaci√≥n y explotaci√≥n comercial dividida en dos partes, Don Quijote (1965) y Dulcinea del Toboso (1965)‚ÄĒ, no llegar√≠a a estrenarse en las salas de cine.
  • La versi√≥n cinematogr√°fica del musical Man of La Mancha (El hombre de la Mancha, 1972), dirigida por Arthur Hiller, cont√≥ con Peter O'Toole en el papel de Don Quijote/Cervantes y de Sofia Loren como Dulcinea. La versi√≥n teatral se ha representado en m√°s de 50 idiomas, uno de los montajes en espa√Īol fue el protagonizado en 1997 por el actor Jos√© Sacrist√°n y la cantante Paloma San Basilio.
  • Una adaptaci√≥n libre de Don Quijote fue la coproducci√≥n hispano-mexicana de la comedia Don Quijote cabalga de nuevo (1973), dirigida por Roberto Gavald√≥n, sobre ¬ęla verdad de lo ocurrido en aquel lugar de la Mancha seg√ļn Sancho¬Ľ, protagonizada por Fernando Fern√°n G√≥mez en el papel de Don Quijote y Mario Moreno ¬ęCantinflas¬Ľ como Sancho.
  • Los bailarines Sir Robert Helpmann y Rudolf Nureyev co-dirigen y protagonizan la pel√≠cula Don Quijote (1973), una adaptaci√≥n cinematogr√°fica del ballet creado en 1869 por el core√≥grafo Marius Petipa y el compositor Ludwig Minkus que se rod√≥ en un hangar del aeropuerto Essendon de Melbourne y dur√≥ 20 d√≠as. En julio de ese a√Īo se estren√≥ en el Teatro de la √≥pera de Sydney.
  • En 1979 el estudio de animaci√≥n espa√Īol formado por el director Cruz Delgado y el productor Jos√© Romagosa realiz√≥ el sue√Īo de dar vida a la primera serie espa√Īola de larga duraci√≥n, en dibujos animados, para la televisi√≥n mundial, Don Quijote de la Mancha, compuesta de 39 episodios de media hora cada uno. Se realiz√≥ la adaptaci√≥n con la supervisi√≥n literaria de Guillermo D√≠az-Plaja y contando en el equipo con el cervantista Manuel Criado de Val. Las voces principales: Fernando Fern√°n G√≥mez (Don Quijote) y Antonio Ferrandis (Sancho Panza). La serie ha recorrido el mundo entero en m√°s de 30 doblajes √≠ntegros.
  • En 1980 el estudio de animaci√≥n japon√©s Ashi Productions realiz√≥ una serie de dibujos animados para la televisi√≥n basada en Don Quijote de la Mancha; su t√≠tulo original era Zukkoke Knight: Don De La Mancha y en espa√Īol se titul√≥ Don Quijote y los cuentos de La Mancha. Estaba compuesta de 23 episodios, siendo su director de animaci√≥n Noa Kawaii y el director de la serie Kunihiko Yuyama.
  • El prestigioso director de teatro europeo Maurizio Scaparro, a partir de un gui√≥n en colaboraci√≥n con Rafael Azcona, realiza una original versi√≥n para televisi√≥n de la novela de Miguel de Cervantes en su Don Quijote de 1983, en la que cabe destacar la participaci√≥n del grupo de teatro Els Comediants.
  • En 1955 Orson Welles comienza a trabajar en una adaptaci√≥n de El Quijote, proyecto que tuvo que abandonar en varias ocasiones por falta de presupuesto. Una vez abandonado definitivamente el proyecto y fallecido su director, Jes√ļs Franco realiza un montaje con parte de las im√°genes originales y presenta la pel√≠cula Don Quijote de Orson Welles (1992) en el Festival de Cannes. Sus protagonistas son Akim Tamiroff en el papel de Sancho ‚ÄĒtambi√©n intervino en Mister Arkadin (1955), Sed de mal (1958) y Campanadas a medianoche (1965), del mismo director‚ÄĒ, y Francisco Regueira como Don Quijote.
  • En 1997 Romagosa International Merchandising, S.L., productora de la serie de dibujos animados ya mencionada con anterioridad, realiz√≥, de la mano del director Cruz Delgado Jr. y del productor Santiago Romagosa, la edici√≥n del Quijote de 1979 en dos magn√≠ficos largometrajes de dibujos animados, adaptando cada largometraje una de las partes del Quijote. Don Quijote I (92 min.) y Don Quijote II (94 min.) fueron los primeros largometrajes de animaci√≥n realizados en adaptaci√≥n del Quijote.
  • En el a√Īo 2000 el director Terry Gilliam inici√≥ el rodaje de El hombre que mat√≥ a Don Quijote, con Johnny Depp interpretando a Sancho y Vanessa Paradis a Dulcinea. Una serie de calamidades, como la de Jean Rochefort, que encarnaba al ingenioso hidalgo de La Mancha y que sufri√≥ de una hernia discal doble que le impidi√≥ montar a caballo, y adversidades meteorol√≥gicas, abortaron la pel√≠cula. Sin embargo, nos queda el documental Perdido en la Mancha (2003), de Keith Fulton y Louis Pepe, que retrata todas esas fatalidades y que se convirti√≥ en el primer documental de c√≥mo no se hizo una pel√≠cula.

Películas

  • Aventures de Don Quichotte de la Manche (1903), de Ferdinand Zecca y Lucien Nonguet; duraba 16 minutos.
  • Don Quijote (¬Ņ1908?), de Georges M√©li√®s.
  • Don Quichotte (1909), de Emile Cohl, Francia; cortometraje.
  • Monsieur Don Quichotte (1909), de Paul Gavault, Francia.
  • Don Chisciotte (1910), producida por Cin√©s, Italia.
  • Don Quichotte (1913 √≥ 1912), de Camille de Morlhon, Francia.
  • Il sogno di Don Chisciotte (1915), de Amleto Palermi, Italia.
  • Don Quixote (1916), de Edward Dillon. Protagonizada por Wolf Hopper (Don Quijote), Max Davidson (Sancho Panza) y supervisada por D.W. Griffith.
  • Don Quixote (1926), de Lau Lauritze.
  • Dulcinea (1946), de Luis Amaya.
  • Don Quijote de la Mancha (1948), de Rafael Gil.
  • El curioso impertinente (1953), de Flavio Calzavara.
  • Aventuras de D. Quixote (1954), serie de televisi√≥n brasile√Īa.
  • Dan Quihote V'Sa'adia Pansa (1956), de Nathan Axelrod, Israel, 80 min. Con Shimson Bar-Noy.
  • Aventuras de Don Quijote (1960) de Eduardo Garc√≠a Maroto, Espa√Īa, 33 min. Con Guillermo Amengual, Manuel Arb√≥. Cortometraje. El primero de seis que no se llegaron a realizar.
  • Don Quijote (1961), de Yugoslavia.
  • Th√©√Ętre de la jeunesse: Don Quichotte (1961), dirigido por Marcel Cravenne y Louis Grospierre para televisi√≥n.
  • Rutas del Quijote (1962), de Juli√°n de la Flor. Documental en catal√°n.
  • Don Quixote (1962), pel√≠cula finlandesa.
  • Don Quichotte (1965), de Jean-Paul Le Chanois (Francia).
  • Don Quijote (1965), serie de televisi√≥n de 13 episodios dirigida por Jacques Bourdon, Louis Grospierre y Carlo Rim.
  • Sancho Panza dans son √ģle (1965), de Maurice Chateau, para televisi√≥n.
  • Quijote ayer y hoy (1965), de C√©sar Fern√°ndez Ardav√≠n, documental.
  • La Mancha de Cervantes (1968), de Ram√≥n Masats, cortometraje documental.
  • Don Quijote de la Mancha (1968), de Rafael Ballar√≠n.
  • Don Chisciotte e Sancho Panza (1969), de Giovanni Grimaldi.
  • Don Quijote es armado caballero (1970), de Amaro Carretero y Vicente Rodr√≠guez, corto de animaci√≥n.
  • Don Kihot i Sanco Pansa (1971), de Zdravko Sotra, versi√≥n yugoslava para televisi√≥n.
  • The Adventures of Don Quixote (1973), de Alvin Rakoff para televisi√≥n.
  • As trapalhadas de Dom Quixote e Sancho Pan√ßa (1977), de Ary Fernandes, producci√≥n brasile√Īa.
  • Rutas del Quijote (1975), de Juli√°n de la Flor, corto documental.
  • Don Quijote, Sancho y Clavile√Īo (1978), de Rafael Gordon, cortometraje.
  • La Mancha alucinante (1978), de Alberto Lape√Īa, cortometraje documental.
  • Don Quijote de La Mancha (1979), serie televisiva de dibujos animados obra de Cruz Delgado y Producida por Jos√© Romagosa. 39 episodios de 26 minutos cada uno. Doblada a m√°s de 30 lenguas, se considera por muchos como la m√°s extensa y fiel adaptaci√≥n de la obra magna de Cervantes.
  • Tskhovreba Don Kikhotisa da Sancho Panchosi (1988), de Rezo Chkheidze, serie de televisi√≥n hispano-rusa.
  • El Quijote de Miguel de Cervantes (1990), de Manuel Guti√©rrez Arag√≥n, para televisi√≥n.
  • Don Quijote de Orson Welles (1992), versi√≥n de Jes√ļs Franco.
  • Don Quijote (1997), dirigida por Csaba Boll√≥k.
  • Don Quijote I & II (1997), largometrajes de dibujos animados obra de Cruz Delgado y producidos por Santiago Romagosa.
  • El caballero Don Quijote (2002), dirigida por Manuel Guti√©rrez Arag√≥n.
  • El secreto de Don Quixote (2005), documental de producci√≥n, el secreto oculto que esconde la novela cervantina y los misterios de la Kabalah, dirigido por Ra√ļl Fern√°ndez Rinc√≥n.

Don Quijote en la historieta

La obra de Cervantes ha sido objeto de varias adaptaciones a este medio. Entre las m√°s recientes, cabe destacar el Quijote (2000) de Will Eisner y en 2005, a√Īo de su IV centenario, el √°lbum colectivo Lanza en astillero, editado por la Junta de Castilla-La Mancha, o Mortadelo de la Mancha de Francisco Iba√Īez.

Véase también

Notas

a . La ortograf√≠a y t√≠tulo original son vacilantes, por ejemplo, en la dedicatoria ¬ęal duque de B√©jar¬Ľ aparece como ¬ęingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha¬Ľ,[5] aunque en el t√≠tulo aparece ¬ęQvixote¬Ľ.

Referencias

  1. ‚ÜĎ T√≠tulo original: Segunda parte del ingenioso cavallero Don Qvixote de la Mancha.
  2. ‚ÜĎ "Don Quichotte, la R√©affirmation messianique du Coran." en el sitio web de la autora, Dominique Aubier.
  3. ‚ÜĎ Don Quijote en croata
  4. ‚ÜĎ Difusi√≥n de Don Quijote en Rusia
  5. ‚ÜĎ Facs√≠mil de la dedicatoria ¬ęal duque de B√©jar¬Ľ de la primera edici√≥n (Madrid, Juan de la Cuesta, 1605).

Bibliografía

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  • Ascunce Arrieta, Jos√© √Āngel, Los quijotes del Quijote: Historia de una aventura creativa. Kassel, Edition Reichenberger 1997. ISBN 3-931887-14-6
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