Historia contempor√°nea de Espa√Īa

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Historia contempor√°nea de Espa√Īa
La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra (Museo de las Cortes de Cádiz).

Historia contempor√°nea de Espa√Īa es la disciplina historiogr√°fica y el periodo hist√≥rico de la historia de Espa√Īa que corresponde a la Edad Contempor√°nea en la Historia Universal. Sin embargo, convencionalmente la historiograf√≠a espa√Īola suele considerar como hito inicial no a la Revoluci√≥n francesa, la Independencia de Estados Unidos o la Revoluci√≥n industrial inglesa (hechos todos ellos muy influyentes en la historia espa√Īola y que se utilizan como hitos iniciales de la Edad Contempor√°nea), sino un acontecimiento local decisivo: el inicio de la Guerra de la Independencia de Espa√Īa (1808).[1]

La Guerra de la Independencia ahond√≥ lo que se conoce como la Crisis del Antiguo R√©gimen, que no comenz√≥ ni termin√≥ su ca√≠da con la entrada del ej√©rcito napole√≥nico; aunque la guerra fue decisiva para el desencadenamiento del proceso que s√≠ fue responsable de acabar con el Antiguo R√©gimen en Espa√Īa (una categor√≠a de an√°lisis hist√≥rico fundamental, que engloba un conjunto institucional y de manifestaciones socio-econ√≥micas de gran duraci√≥n, coincidente a grandes rasgos en el tiempo con la historia moderna de Espa√Īa). Ese proceso, la revoluci√≥n liberal, fue precisamente en Espa√Īa donde recibi√≥ ese nombre, a pesar de sus debilidades estructurales y la lentitud e indecisi√≥n en sus transformaciones econ√≥micas, sociales y pol√≠ticas, hasta el punto de que su definici√≥n real, su condici√≥n excepcional u homologable a otros casos europeos, su ritmo y su fecha de culminaci√≥n es objeto de diferentes interpretaciones.[2]

Voluntarios estadounidenses en Cuba durante la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898.

Los territorios de América continental se independizaron mediante las Guerras de independencia hispanoamericanas, mientras que en la metrópoli se inicia un prolongado periodo de bandazos políticos: durante el reinado de Fernando VII (1814-1833) se suceden violentamente en el gobierno los absolutistas y los liberales; mientras que durante el de Isabel II (1833-1868) son los liberales progresistas y moderados quienes se suceden mediante pronunciamientos militares a cargo de espadones de diferente orientación política, como Espartero, Narváez, O'Donnell, Prim o Serrano, algunos de ellos veteranos de las guerras americanas, por lo que se les aplicó el mote de ayacuchos (particularmente a los agrupados en torno a Espartero).

Los textos constitucionales se fueron sucediendo en un movimiento pendular entre el inicial reconocimiento de la soberan√≠a nacional en la Constituci√≥n de 1812 (vitoreada como la Pepa, resultado del predominio liberal en las Cortes de C√°diz, cuya legislaci√≥n tambi√©n configur√≥ temas de gran trascendencia en el desmontaje del Antiguo R√©gimen y el establecimiento del R√©gimen Liberal -supresi√≥n de la Inquisici√≥n, de se√Īor√≠os y mayorazgos, y en general de cualquier l√≠mites al ejercicio del poder por el Estado y al ejercicio de la libertad individual, los derechos individuales y la libertad econ√≥mica-), a su total supresi√≥n en la restauraci√≥n del absolutismo (1814-1820), su reposici√≥n en el Trienio Liberal (1820-1823), una nueva supresi√≥n durante la Ominosa D√©cada (1823-1833), la redacci√≥n de una Carta Otorgada que reconoc√≠a el ejercicio de ciertos derechos por la mera voluntad de la monarqu√≠a (Estatuto Real de 1834), el establecimiento de una constituci√≥n doctrinaria basada en el sufragio restringido (Constituci√≥n de 1845) o una constituci√≥n democr√°tica como la de 1869. La de mayor vigencia en el tiempo fue la de 1876, ecl√©ctica de los rasgos de todas ellas. Caracterizaron la oposici√≥n entre todos esos textos el tratamiento de temas como el equilibrio de poderes entre Rey y Parlamento, la libertad de prensa, el juicio por jurado, la funci√≥n de los ayuntamientos, o la extensi√≥n del derecho de sufragio (inicialmente indirecto, luego directo pero restringido, y que no se asent√≥ como sufragio universal masculino hasta 1890 -el sufragio femenino no se ejerci√≥ hasta 1933-). Otra cuesti√≥n altamente definitoria de la opci√≥n pol√≠tica predominante en cada momento fue el tratamiento del orden p√ļblico (confiado a instituciones revolucionarias como la Milicia Nacional o conservadoras como la Guardia Civil).[3]

La reacci√≥n antiliberal del clero y amplios sectores populares, localizados en determinadas regiones, sobre todo del Norte de Espa√Īa, se materializ√≥ en las Guerras Carlistas, durante las que el r√©gimen liberal consigui√≥ imponerse, tanto militar como socialmente, al aumentar su base social entre la burgues√≠a y en una nueva clase de propietarios beneficiados por las sucesivas desamortizaciones (la de Mendiz√°bal, 1836 y la Madoz, 1855) aliada a la antigua aristocracia terrateniente. El proceso industrializador se inici√≥ t√≠midamente, aunque el cambio econ√≥mico m√°s radical en t√©rminos hist√≥ricos, y el que absorbi√≥ la mayor parte del capital nacional, fue el que supuso el aumento de la superficie agr√≠cola explotada y de sus rendimientos (continuaci√≥n de un proceso comenzado a finales del XVIII con el fin de los privilegios ganaderos de la Mesta -definitivamente abolida en 1836- y los frustrados intentos de reforma agraria -Informe de Jovellanos, 1795-), que permiti√≥ alimentar a una creciente poblaci√≥n e incluso exportar excedentes. Los intereses econ√≥micos de la oligarqu√≠a terrateniente castellano-andaluza se encauzaron a la apertura de los mercados europeos al trigo espa√Īol y la apertura a las inversiones extranjeras en minas y ferrocarriles (de costoso trazado, que con el tiempo integrar√≠an espacialmente el mercado nacional); mientras que los intereses de la burgues√≠a textil catalana, claramente opuestos, se orientaron a la reserva para su producci√≥n del d√©bil y desarticulado mercado interno y los restos del mercado colonial. La pol√≠tica econ√≥mica se caracteriz√≥ por el enfrentamiento entre el proteccionismo y el librecambismo,[4] a trav√©s del que se fue forjando un verdadero nacionalismo econ√≥mico que a veces es calificado de mentalidad aut√°rquica;[5] y en t√©rminos fiscales entre los impuestos directos (contribuciones, que gravan seg√ļn la propiedad) y los indirectos (consumos, que afectan a todos). La expresi√≥n ideol√≥gica de la combinaci√≥n de esos intereses econ√≥micos con las redes clientelares y otros factores de alineamiento pol√≠tico fueron las ramas progresista y moderada del liberalismo espa√Īol. Particularmente, la frustraci√≥n de las expectativas de los industriales catalanes estuvo entre las razones que promovieron las sucesivas escisiones dem√≥crata, republicana, federal, cantonal, y especialmente, en la conformaci√≥n, a finales del siglo XIX, de un proyecto nacionalista alternativo: el catalanismo (Bases de Manresa de Prat de la Riba).[6]

Tras el convulso periodo del sexenio revolucionario (1868-1874), en que se experimentaron sucesivamente soluciones pol√≠ticas democr√°ticas, republicanas unitarias y federales; la burgues√≠a pas√≥ de revolucionaria a conservadora en el √ļltimo cuarto de siglo, periodo en el que coincide el despegue industrial de Catalu√Īa y el Pa√≠s Vasco con el asentamiento de un r√©gimen pol√≠tico estable: la Restauraci√≥n (1875-1923), presidida por el turnismo pactado entre los conservadores de C√°novas y los liberales de Sagasta, que manipulaban los resultados electorales manteniendo a los partidos no din√°sticos (republicanos, socialistas, nacionalistas perif√©ricos) fuera de cualquier posibilidad de influir en el gobierno, gracias al control de los distritos rurales mediante el caciquismo y el pucherazo. En el Pa√≠s Vasco surgi√≥ un nacionalismo (el PNV de Sabino Arana) de muy distinto origen al catal√°n, pues se articul√≥ a partir del fracaso del carlismo como expresi√≥n de la reacci√≥n tradicionalista y ultracat√≥lica a la industrializaci√≥n y sus consecuencias sociales, como la inmigraci√≥n y la destrucci√≥n de la sociedad tradicional.[7]

Las masas populares, sometidas a grandes desequilibrios sociales y espaciales, sufrieron un desigual proceso de proletarizaci√≥n acompa√Īado por las primeras manifestaciones del movimiento obrero espa√Īol; aunque como factores de movilizaci√≥n fueron muy eficaces cuestiones no estrictamente laborales (revueltas por la carest√≠a de los alimentos -mot√≠n de subsistencias-, o antifiscales -mot√≠n de consumos-), o claramente ideol√≥gicas, como el anticlericalismo (en el contexto de un proceso de descristianizaci√≥n) y el antimilitarismo (ante las injusticias del sistema de reclutamiento).

El desastre de 1898 llev√≥ a la p√©rdida de la pr√°ctica totalidad de las pocas colonias ultramarinas que permanec√≠an bajo soberan√≠a espa√Īola: Cuba y Filipinas. No obstante, la repatriaci√≥n de capitales y una notable sacudida ideol√≥gica y social en forma de reacci√≥n regeneracionista permiti√≥ que Espa√Īa entrara en el siglo XX en un periodo de notable vitalidad: la denominada edad de plata de las ciencias y las letras espa√Īolas.[8]

Escena de la batalla de Guadalajara (marzo de 1937), uno de los episodios de la Guerra Civil Espa√Īola.

La neutralidad de Espa√Īa en la Primera Guerra Mundial permiti√≥ un desarrollo acelerado pero con fuertes desequilibrios econ√≥micos, pol√≠ticos y sociales, que estallaron en la crisis de 1917. El sistema de la Restauraci√≥n no pudo recuperarse del esc√°ndalo posterior al desastre de Annual, y se produjo un golpe de estado que instaur√≥ la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), que intent√≥ llevar a cabo un corporativismo con ciertas caracter√≠sticas similares al fascismo italiano, pero que no se prolong√≥ en el tiempo. La oposici√≥n republicana, coordinada en el Pacto de San Sebasti√°n, se impuso en las grandes ciudades en las elecciones municipales de 1931, en medio de una movilizaci√≥n popular que oblig√≥ al rey a exiliarse y llev√≥ a la proclamaci√≥n de la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola.[9]

Los republicanos de izquierda (Manuel Aza√Īa) y el movimiento obrero, dividido entre socialistas (PSOE y UGT) y anarquistas (CNT), iniciaron un proceso de transformaci√≥n social durante el primer bienio (1931-1933), que fue frenado por los gobiernos radical-cedistas del segundo bienio (noviembre de 1933 - febrero de 1936), enfrentados a la oposici√≥n violenta de partidos y sindicatos obreros y nacionalistas catalanes en la revoluci√≥n de octubre de 1934. Las elecciones de febrero de 1936 dieron el triunfo al Frente Popular, tras lo que las fuerzas conservadoras optaron por la soluci√≥n militar. La resistencia popular a la sublevaci√≥n del 18 de julio de 1936 dividi√≥ f√≠sicamente a Espa√Īa en dos, inici√°ndose la Guerra Civil Espa√Īola (1936-1939).[10]

Moneda de 2 euros. El reverso es com√ļn en los 16 estados que comparten la moneda com√ļn europea (existente desde 1999 aunque no circul√≥ f√≠sicamente hasta 2002), y el anverso es diferente en cada uno. En Espa√Īa aparece la efigie del rey. El cambio de Peseta a Euro es uno de los cambios enmarcados en el √°mbito de la Uni√≥n Europea, del que forma parte Espa√Īa desde 1986.

Contrariamente a la divisi√≥n interna del bando republicano, donde la pol√©mica entre "ganar la guerra para hacer la revoluci√≥n" o "hacer la revoluci√≥n para ganar la guerra" impidi√≥ una coordinaci√≥n efectiva entre sus m√ļltiples y opuestos componentes;[11] la victoria del bando denominado nacional se debi√≥ tanto a la r√≠gida integraci√≥n bajo el mando militar de sus diversas familias en el Movimiento Nacional como a la mayor eficacia de la ayuda internacional de la Alemania nazi y la Italia fascista ante la inoperancia de la pol√≠tica de no intervenci√≥n de las democracias. La Rep√ļblica se vio forzada a depender de la relativamente menor ayuda aportada por la Uni√≥n Sovi√©tica y las Brigadas Internacionales, lo que tuvo tambi√©n el efecto de convertir al peque√Īo Partido Comunista de Espa√Īa en una de las fuerzas m√°s influyentes.[12]

El final de la guerra supuso el asentamiento de un r√©gimen dictatorial marcadamente personalista y con caracter√≠sticas calificadas en mayor o menor grado de fascistas por la historiograf√≠a,[13] que perpetu√≥ a Francisco Franco en el poder hasta su muerte en 1975. En sus primeras d√©cadas, el franquismo opt√≥ por la autarqu√≠a econ√≥mica, el totalitarismo y el nacionalcatolicismo, logrando sobrevivir a la derrota de sus aliados, las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, y al aislamiento internacional posterior; pero en las √ļltimas, especialmente desde el plan de Estabilizaci√≥n de 1959 y la alianza con Estados Unidos (Pacto de Madrid de 1953), se llev√≥ a cabo una relativa apertura pol√≠tica (que no pas√≥ de un relajamiento en la represi√≥n, sin admitir ning√ļn tipo de expresi√≥n de oposici√≥n al franquismo) y una liberalizaci√≥n econ√≥mica que produjeron un fuerte desarrollo econ√≥mico y una significativa modernizaci√≥n social.[14]

Velas en homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en la estación de Atocha de Madrid.

La transici√≥n a la democracia se produjo no sin tensiones, pero de forma pac√≠fica, en contraste con la violencia tradicional de las transformaciones pol√≠ticas espa√Īolas; produci√©ndose la alternancia en el gobierno de partidos de orientaci√≥n moderada hacia la derecha o hacia la izquierda (UCD -Adolfo Su√°rez y Leopoldo Calvo Sotelo-, PSOE -Felipe Gonz√°lez y Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero- y PP -Jos√© Mar√≠a Aznar-) en una monarqu√≠a parlamentaria en la que el presidente del gobierno se convirti√≥ en la figura clave, quedando la del rey (Juan Carlos I durante todo el periodo) reducida a un papel institucional similar al de las monarqu√≠as europeas contempor√°neas, excepto en un momento clave, como fue el 23-F.[15] Especialmente desde 1986, con la integraci√≥n en las Comunidades Europeas, Espa√Īa ha experimentado un notable proceso de convergencia econ√≥mica, pol√≠tica y social con los pa√≠ses de Europa Occidental; al tiempo que se incrementaba la presencia internacional de empresas e instituciones espa√Īolas en todo el mundo, especialmente en Am√©rica Latina. La poblaci√≥n espa√Īola culmin√≥ el proceso de transici√≥n demogr√°fica hasta convertirse en una de las de menor natalidad y mayor esperanza de vida del mundo; al tiempo que desde los √ļltimos a√Īos del siglo XX recib√≠a una fuerte inmigraci√≥n.[16]

V√©anse tambi√©n: Arte contempor√°neo en Espa√Īa, M√ļsica de Espa√Īa#Del siglo XVIII al XX, Danza espa√Īola, Cine espa√Īol y C√≥mic espa√Īol

Contenido

Reinado de Carlos IV (1788-1808)

Art√≠culo principal: Carlos IV de Espa√Īa
La familia de Carlos IV, por Goya (1800). En el centro, Carlos IV y la reina Mar√≠a Luisa de Parma flanquean al infante Francisco de Paula de Borb√≥n (cuya partida de Palacio provocar√° el levantamiento del 2 de mayo de 1808, al grito de ¬ę¬°Que nos lo llevan!¬Ľ). A la izquierda, justo delante del pintor, aparece el primog√©nito, futuro Fernando VII, y Carlos Mar√≠a Isidro de Borb√≥n el futuro pretendiente carlista.
Manuel Godoy, Duque de Alcudia y Príncipe de la Paz, por Goya (1801).

El estallido de la Revoluci√≥n francesa (1789) alter√≥ el equilibrio internacional europeo, poniendo a Espa√Īa en una de las fronteras del foco revolucionario. Las medidas destinadas a evitar el contagio fueron eficaces, pues m√°s all√° de aislados grupos de simpatizantes (conspiraci√≥n de Picornell, 1795),[17] el consenso social en Espa√Īa fue contrarrevolucionario, activamente impulsado por el clero y controlado por la Inquisici√≥n, que actu√≥ de cord√≥n sanitario.[18] En cambio, fracas√≥ el intento de la Primera Coalici√≥n de acabar militarmente con la Francia revolucionaria (que en la frontera hispano-francesa se concret√≥ en la guerra de los Pirineos o del Rosell√≥n, 1793-1795). Tras la reconducci√≥n del proceso interno franc√©s (reacci√≥n thermidoriana, 1794) hacia el poder personal de Napole√≥n (1799), las prioridades espa√Īolas cambiaron, y se opt√≥ por renovar la tradicional alianza franco-espa√Īola (Pactos de Familia) a pesar de que no fuera ya un rey Borb√≥n sino pol√≠ticos plebeyos, o un autocoronado emperador Bonaparte, quienes ocuparan el poder o se sentaran en el trono de Par√≠s, y de que tales advenedizos mantuvieran la legitimidad revolucionaria que hab√≠a llevado a la guillotina a Luis XVI, primo del rey de Espa√Īa.

Desde 1792, el validazgo de Manuel Godoy, un ambicioso militar de oscuro origen protegido por la reina, ennoblecido con el t√≠tulo de pr√≠ncipe de la Paz (por la Paz de Basilea, 1795), desplaz√≥ del poder a la √©lite aristocr√°tica ilustrada que ven√≠a gobernando el pa√≠s desde el reinado de Carlos III (Floridablanca, Aranda, Jovellanos), en algunos casos llev√°ndoles literalmente al destierro o a la c√°rcel. El limitado √©xito de la guerra de las naranjas contra Portugal (1801) consigui√≥ un m√≠nimo reajuste fronterizo (Olivenza); pero mucho m√°s decisivas fueron las graves consecuencias de la batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805), donde se perdi√≥ la mejor parte de la Marina espa√Īola. A pesar de la derrota, la vinculaci√≥n de la posici√≥n de Godoy a la subordinaci√≥n al Emperador (que hab√≠a conseguido victorias decisivas en las campa√Īas terrestres en centroeuropa) llev√≥ a la firma del Tratado de Fontainebleau de 1807, que preve√≠a la invasi√≥n conjunta de Portugal (punto d√©bil en el bloqueo continental contra Inglaterra) y que de hecho sirvi√≥ para que varios cuerpos de ej√©rcito franc√©s ocuparan zonas estrat√©gicas de Espa√Īa.

¬ŅA qui√©n se ofende y se da√Īa?

A Espa√Īa

¬ŅQui√©n prevalece en la guerra?

Inglaterra

¬ŅY qui√©n saca la ganancia?

Francia

Tonadilla popular[19]

La profunda crisis econ√≥mica del cambio de siglo mostr√≥ de forma dram√°tica la debilidad estructural del Antiguo R√©gimen en Espa√Īa, ante la que la crisis fiscal de la Monarqu√≠a (Francisco Cabarr√ļs, Banco de San Carlos), y la crisis comercial y financiera provocada por las guerras, s√≥lo eran un aspecto coyuntural. De causas mucho m√°s profundas era el agotamiento del ciclo demogr√°fico alcista del siglo XVIII, no acompa√Īado por reformas agrarias que permitieran un aumento significativo de la producci√≥n (el Informe de Jovellanos en el interminable Expediente de la Ley Agraria -1795-,[20] como el resto de proyectos ilustrados desde el Catastro de Ensenada -1749-, no se lleg√≥ a materializar por la oposici√≥n de los poderosos grupos privilegiados a los que afectaba; las √ļnicas excepciones hab√≠an sido el recorte de los privilegios de la Mesta por Campomanes entre 1779 y 1782[21] y las t√≠midas pol√≠ticas liberalizadoras del mercado de granos -moderada tras el mot√≠n de Esquilache de 1766- o del comercio con Am√©rica -1765 y 1778-) lo que condujo a crisis de subsistencias, al hambre y al aumento del descontento social. [22]

La importancia cient√≠fica y estrat√©gica que hab√≠an alcanzado las expediciones espa√Īolas (expedici√≥n de la vacuna, 1803) y la prometedora situaci√≥n de la ciencia y la tecnolog√≠a espa√Īolas, que hab√≠a alcanzado una posici√≥n s√≥lo algo m√°s retrasada que la de los pa√≠ses europeos m√°s avanzados; se deterioraron dram√°ticamente ante la incapacidad del Estado de seguir sosteniendo unos esfuerzos que el atraso de la estructura socioecon√≥mica no estaba en condiciones de suplir por una iniciativa privada incomparablemente m√°s d√©bil que la que en la Inglaterra de la √©poca estaba protagonizando la revoluci√≥n industrial. La persecuci√≥n o el desprecio a los que fueron sometidos algunos de los principales impulsores de la modernizaci√≥n cient√≠fico-tecnol√≥gica espa√Īola (Alejandro Malaspina, Agust√≠n de Betancourt) termin√≥ beneficiando a otras naciones (como ocurri√≥ con la m√°s prometedora de todas las empresas: las investigaciones americanas de Alexander von Humboldt, iniciadas bajo patrocinio espa√Īol).

La impopularidad cada vez mayor de Godoy llevó a la formación de un partido fernandino dentro de la Corte, que preparó el motín de Aranjuez, un golpe de Estado que logró deponer al valido y la abdicación del rey Carlos IV en su hijo mayor Fernando VII, quien, a pesar de ello, no consiguió asentarse en el trono a causa de la intervención de Napoleón, que consiguió llevar a toda la familia real a reunirse con él en Francia, virtualmente como prisioneros.

Guerra de Independencia (1808-1814)

Art√≠culo principal: Guerra de la Independencia de Espa√Īa
Los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya.

El escandaloso comportamiento de la corte, la familia real y los altos funcionarios de la burocracia y el ej√©rcito ante la ocupaci√≥n militar francesa y las maniobras pol√≠ticas de Napole√≥n condujeron a un estallido social cuya expresi√≥n documental qued√≥ fijada en el Bando de los alcaldes de M√≥stoles posterior al levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid. La r√°pida difusi√≥n del documento se hizo simult√°neamente a la creaci√≥n de Juntas locales que, de forma m√°s o menos expl√≠cita, se arrogaban una representaci√≥n soberana en nombre de un rey cautivo (Fernando VII el Deseado); lo que condujo a formas pol√≠ticas cada vez m√°s revolucionarias: primero una Junta Suprema Central (25 de septiembre de 1808), dominada por figuras ilustradas (Floridablanca y Jovellanos), y luego un Consejo de Regencia que convoc√≥ las Cortes de C√°diz (24 de septiembre de 1810), donde el grupo pol√≠tico de los liberales (denominaci√≥n aut√≥ctona que se termin√≥ extendiendo al vocabulario pol√≠tico internacional[23] [24] -Diego Mu√Īoz Torrero, Agust√≠n Arguelles, el conde de Toreno-) consigui√≥ imponerse al de los absolutistas (Bernardo Mozo de Rosales, Pedro de Quevedo y Quintano -Obispo de Orense e Inquisidor General-)[25] en la redacci√≥n de la Constituci√≥n de 1812 (12 de marzo, por lo que fue llamada la Pepa) y en una legislaci√≥n que desmontaba las bases econ√≥micas, sociales y jur√≠dicas del Antiguo R√©gimen (bienes eclesi√°sticos, mayorazgos, se√Īor√≠os, Inquisici√≥n, etc.)

Paralelamente, buena parte de la √©lite social e intelectual, por convicci√≥n o por comodidad, pas√≥ a colaborar con las autoridades impuestas por Napole√≥n, recibiendo el nombre de afrancesados (Mariano Luis de Urquijo, Cabarr√ļs, Mel√©ndez Vald√©s, Juan Antonio Llorente, Leandro Fern√°ndez de Morat√≠n y un largu√≠simo etc√©tera, en el que se incluy√≥ el propio Goya). Jos√© I de Espa√Īa (Jos√© Bonaparte o Pepe Botella), hermano de Napole√≥n, que ya hab√≠a sido designado por √©ste como rey de N√°poles, fue llamado a ocupar el trono vacante de Espa√Īa. El hecho de que fuera el primer rey que gobern√≥ te√≥ricamente bajo una constituci√≥n o carta otorgada (el Estatuto de Bayona de 8 de julio de 1808) le convierte en el primer rey constitucional de una Espa√Īa constituida en Estado liberal seg√ļn los criterios del Nuevo R√©gimen, en este caso impuestos por los ocupantes cuatro a√Īos antes de que los diputados gaditanos consiguieran construir de forma aut√≥noma el concepto de soberan√≠a nacional.

Las campa√Īas militares se sucedieron con espectaculares alternativas. A un inicial √©xito del ej√©rcito espa√Īol dirigido por el General Casta√Īos, que consigui√≥ derrotar y capturar en la Batalla de Bail√©n (19 de julio de 1808) a un cuerpo de ej√©rcito franc√©s, en lo que constituy√≥ la primera gran derrota terrestre de las guerras napole√≥nicas, respondi√≥ el propio Emperador con su presencia f√≠sica en la Pen√≠nsula, y una masiva ocupaci√≥n del territorio que dej√≥ √ļnicamente unos pocos enclaves asediados, entre ellos, el propio C√°diz, protegido por la flota inglesa con base en Gibraltar.

Los sitios de Zaragoza y de Gerona mostraron una resistencia √©pica. La resistencia popular en forma de guerrillas (el Empecinado, Espoz y Mina y el cura Merino) y el avance de tropas regulares espa√Īolas, inglesas y portuguesas comandadas por el Duque de Wellington terminaron por hacer retroceder al ej√©rcito franc√©s (batalla de los Arapiles, 22 de julio de 1812 y batalla de Vitoria, 21 de junio de 1813). Las consecuencias de la guerra en t√©rminos de muerte, hambre y destrucci√≥n de equipamiento y de la infraestructura cient√≠fica espa√Īola (resultado de la violencia, y en algunos casos de la premeditaci√≥n, de ambas partes) fueron inmensas. La salida al exilio de los afrancesados abre el ciclo de exilios pol√≠ticos espa√Īoles que se renovar√° sucesivamente con cada cambio de r√©gimen hasta 1977.[26]

Independencia hispanoamericana

Artículo principal: Guerras de independencia hispanoamericana
La Batalla de Ayacucho, 9 de diciembre de 1824, puso fin a las guerras de independencia en Sudamérica.

En los territorios espa√Īoles de Am√©rica, las noticias de 1808 causaron una movilizaci√≥n social semejante s√≥lo en parte a la que ocurri√≥ en la Pen√≠nsula. El vac√≠o de poder fue tambi√©n cubierto con Juntas locales, que tambi√©n fueron derivando en posturas cada vez m√°s revolucionarias. En su caso, caracterizadas por el independentismo cada vez m√°s obvio del grupo social de los criollos, que culmin√≥ en declaraciones de independencia. La acogida a los diputados americanos en las Cortes de C√°diz, que concibi√≥ la naci√≥n espa√Īola definida en la Constituci√≥n como la reuni√≥n de los espa√Īoles de ambos hemisferios,[27] no represent√≥ una oferta lo suficientemente atractiva como para impedir que los movimientos independentistas, apoyados por Inglaterra, siguieran el ejemplo de las anteriores emancipaciones de Estados Unidos y Hait√≠, neg√°ndose a ning√ļn tipo de soluci√≥n intermedia que no fuera la independencia absoluta. La imposici√≥n militar de la autoridad espa√Īola sobre los n√ļcleos independentistas no consigui√≥ ser los suficientemente s√≥lida, especialmente tras el pronunciamiento de Rafael del Riego en Cabezas de San Juan (enero de 1820), que desvi√≥ hacia el conflicto interno peninsular las tropas previstas para ser embarcadas hacia Am√©rica. Las campa√Īas de Sim√≥n Bol√≠var desde Venezuela y Jos√© de San Mart√≠n desde Argentina acorralaron en los Andes centrales a las √ļltimas tropas espa√Īolas, que fueron derrotadas definitivamente en la Batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824). La independencia de M√©xico y Am√©rica Central se produjo de forma aut√≥noma y relativamente pac√≠fica, estableci√©ndose el mandato personal, con t√≠tulo de Emperador, de Agust√≠n de Iturbide. S√≥lo Cuba y Puerto Rico, adem√°s de Filipinas, quedaron sujetas a la metr√≥poli, situaci√≥n que durar√≠a hasta 1898.

Reinado de Fernando VII (1814-1833)

Artículo principal: Reinado de Fernando VII
Retrato de Fernando VII.

Sexenio absolutista (1814-1820)

La liberaci√≥n de Fernando VII por Napole√≥n (Tratado de Valen√ßay, 11 de diciembre de 1813) signific√≥ la no continuaci√≥n de las hostilidades por parte de Espa√Īa, lo que de cara al futuro signific√≥ la p√©rdida de todo apoyo brit√°nico. En el interior, los absolutistas (o serviles, como eran denominados por los liberales) se configuraron ideol√≥gicamente en torno a un documento: el Manifiesto de los Persas, que solicitaba al rey la restauraci√≥n de la situaci√≥n institucional y sociopol√≠tica anterior a 1808. Incluso se escenific√≥ una espont√°nea recepci√≥n del rey por el pueblo, que desenganch√≥ los caballos de su carruaje para tirar de √©l por ellos mismos, al grito de ¬°Vivan las cadenas!. Receptivo de esas ideas, Fernando se neg√≥ a reconocer ninguna validez a la Constituci√≥n o a la legislaci√≥n gaditana, y ejerci√≥ el poder sin ning√ļn tipo de l√≠mites. Comenz√≥ una activa persecuci√≥n pol√≠tica, tanto de los liberales (por muy fernandinos que fueran) como de los afrancesados.

Tampoco los militares se libraron de la purga, consciente el rey de que no podía fiarse de la mayor parte de un ejército que ya no era la institución estamental del Antiguo Régimen, sino formado en su mayor parte por jóvenes promocionados por méritos de guerra, hijos segundones que en otras circunstancias se hubieran convertido en clérigos, o incluso antiguos clérigos que habían colgado sus hábitos, o guerrilleros de cualquier origen social. Muchos de los que no salieron al exilio fueron encarcelados, desterrados o perdieron sus cargos (como el Empecinado). Más fiabilidad para el control social se esperaba de una institución restablecida: la Inquisición.

La √ļnica posibilidad de retomar el proceso revolucionario liberal era el pronunciamiento militar, que se intent√≥ repetidamente, siempre sin √©xito, lo que condujo a nuevos exilios (Espoz y Mina). Juan D√≠az Porlier, Joaqu√≠n Vidal o Luis Lacy y Gautier mueren en acci√≥n, o son detenidos y fusilados.

Los restaurados privilegios de nobleza y clero agravaron la quiebra del sistema fiscal, convertida en crónica por los intereses de la deuda y en imposible de equilibrar por la pérdida de las rentas americanas. Presionado por Estados Unidos, el rey obtiene algunos recursos financieros por la venta de las Floridas; que se emplean en la compra al zar ruso Alejandro I de una flota de barcos que debería transportar un ejército a América. Los retrasos resultantes del mal estado de esos barcos (algunos no estaban en condiciones de volver a navegar) estuvieron entre las causas de que la acumulación de tropas acantonadas en torno a Cádiz se volviera cada vez un elemento políticamente más peligroso.

Trienio Liberal (1820-1823)

Rafael del Riego.
Artículo principal: Trienio Liberal

El ejército expedicionario no partió a sofocar la revolución americana, sino que el 1 de enero de 1820 se convirtió él mismo en un ejército revolucionario, en nombre de la Constitución y bajo las órdenes del coronel Riego. Tras un accidentado periplo, se logró que las noticias de la rebelión convocaran la adhesión de las ciudades organizadas de nuevo en Juntas; mientras que el rey queda reducido a la inacción por falta de militares dispuestos a apoyarle. Finalmente jura la Constitución de Cádiz con la famosa frase Caminemos todos, y yo el primero, por la senda constitucional. La evidencia de la insinceridad de tal juramento quedó reflejada en la letra del Trágala, una canción satírica convertida en himno liberal.

Durante el Trienio las Sociedades Patri√≥ticas y la prensa procuraron la extensi√≥n de los conceptos liberales; mientras que las Cortes, elegidas por el sistema de sufragio universal indirecto, repusieron la legislaci√≥n gaditana (abolici√≥n de se√Īor√≠os y mayorazgos, desamortizaci√≥n, cierre de conventos, supresi√≥n de la mitad del diezmo), y ejercieron el papel clave que les daba la Constituci√≥n de 1812 en nombre de la soberan√≠a nacional, sin tener en cuenta la voluntad de un rey del que no pod√≠an esperar ninguna colaboraci√≥n institucional. La divisi√≥n pol√≠tica en el espacio institucional se estableci√≥ entre los docea√Īistas o liberales moderados, partidarios de la continuidad de la Constituci√≥n vigente, incluso si eso significaba mantener un equilibrio de poderes con el rey); y los veintea√Īistas o liberales exaltados, partidarios de redactar una nueva constituci√≥n que acentuara todav√≠a m√°s el predominio del legislativo, y de llevar las reformas a su m√°ximo grado de transformaci√≥n revolucionaria (algunos de ellos, minoritarios, eran declaradamente republicanos). Los gobiernos iniciales fueron formados por los moderados (Evaristo P√©rez de Castro, Eusebio Bardaj√≠ Azara, Jos√© Gabriel de Silva y Baz√°n -marqu√©s de Santa Cruz-, y Francisco Mart√≠nez de la Rosa). Tras las segundas elecciones, que tuvieron lugar en marzo de 1822, las nuevas Cortes, presididas por Riego, estaban claramente dominadas por los exaltados. En julio de ese mismo a√Īo, se produce una maniobra del rey para reconducir la situaci√≥n pol√≠tica a su favor, utilizando el descontento de un cuerpo militar af√≠n (sublevaci√≥n de la Guardia Real), que es neutralizado por la Milicia Nacional en un enfrentamiento en la Plaza Mayor de Madrid (7 de julio). Se forma entonces un gobierno exaltado encabezado por Evaristo Fern√°ndez de San Miguel (6 de agosto).

La brevedad del periodo hizo que la mayor parte de la legislación del trienio no se llegara a hacer efectiva (la ley de venta de realengos y baldíos para los campesinos, el nuevo sistema fiscal proporcional, etc.) Únicamente cuestiones como la articulación del mercado nacional, eliminando las aduanas interiores y estableciendo un fuerte proteccionismo agrario, tuvieron alguna continuidad. También la nueva división provincial, que no obstante no se hizo efectiva hasta 1833.

La influencia de los acontecimientos de Espa√Īa fue trascendente en Europa, especialmente en Portugal e Italia (donde se desencadenan revoluciones similares, basadas en el modelo conspirativo de sociedades secretas y el protagonismo de j√≥venes militares, que incluso toman el texto de la Constituci√≥n de C√°diz como modelo), de modo que la historiograf√≠a denomina al conjunto del proceso como revoluci√≥n de 1820.

La reacción absolutista en el interior se manifestó en la decidida resistencia de buena parte del clero (especialmente del alto clero y del clero regular); apoyaron partidas de campesinos desposeídos de tierra y promovieron conspiraciones, con el obvio apoyo del rey (la denominada Regencia de Urgel). No obstante, la fuerza decisiva vino del exterior: la legitimista y reaccionaria Europa de la Restauración o del Congreso de Viena, firme partidaria del intervencionismo, no podía consentir el contagio revolucionario. Las potencias de la Santa Alianza, reunidas en el Congreso de Verona (22 de noviembre de 1822) encomendaron a a un ejército francés (que recibió la denominación de los Cien Mil Hijos de San Luis) el restablecimiento del poder absoluto del rey legítimo.

Década ominosa (1823-1833)

Artículo principal: Década ominosa
Fusilamiento de Torrijos, óleo de Antonio Gisbert. Museo del Prado.

La vuelta del absolutismo trajo consigo la vuelta a la represi√≥n pol√≠tica de los liberales. Se cre√≥ la polic√≠a pol√≠tica, se ahorc√≥ a Rafael de Riego y otra nueva oleada de exiliados sali√≥ del pa√≠s. Los militares liberales volvieron a recurrir a las sociedades secretas, las conspiraciones y los pronunciamientos, que de nuevo se saldaron con fracasos y ejecuciones (El Empecinado, Torrijos, Mariana Pineda, etc.) Las delaciones requeridas por la polic√≠a dieron lugar a personajes s√≥rdidos, como la madrile√Īa T√≠a Cotilla.

No obstante, a pesar de la denominación historiográfica (fruto de las vivencias de los afectados), la intensidad represiva de la ominosa fue menor que durante el sexenio absolutista; e incluso la relajación de la represión se hizo patente a medida que se acercaba el final del periodo, cuando la evidencia de que no habría un sucesor varón (incluso cuando tras tres matrimonios estériles el rey consiguió tener descendencia, fue una hija, Isabel, nacida en 1830) hizo que buena parte de la corte, en torno a la reina María Cristina y los aristócratas menos reaccionarios, presionaran al rey, cada vez más débil, para que derogara la Ley Sálica que impedía la sucesión femenina. Los elementos más absolutistas de nobleza y clero se agruparon en torno al hermano del rey, Carlos María Isidro, que de quedar en vigor la Ley Sálica sería el heredero del trono. Los cristinos vieron en el acercamiento a los elementos más moderados de entre los liberales la jugada más plausible, y se los fueron atrayendo con medidas como la amnistía de 1832-1833, que permitió que muchos volvieran del exilio. Entre tanto, los carlistas fueron valorando la salida insurreccional (Guerra de los Agraviados o Malcontents) preludiada por la actividad, en zonas rurales especialmente propicias, de grupos como Los Apostólicos.[28]

La camarilla absolutista (el grupo cercano a la cámara real, que se vio sometido a un mecanismo de selección inversa[29] ) se vio incapaz de solucionar la apremiante situación hacendística, sobre todo en ese momento, al haber perdido los ingresos de las colonias. No había más remedio que recurrir a políticos ilustrados. De la actividad técnica de éstos surgieron la ley de minas, los aranceles proteccionistas para la industria, la promulgación del Código de comercio (1829) o la división provincial de Javier de Burgos (1833). Las tímidas transformaciones económicas estaban en la práctica abriendo la puerta al liberalismo. Tampoco los absolutistas podían contar con el apoyo exterior: la revolución de 1830 había establecido en Francia una monarquía burguesa (la de Luis Felipe).

Reinado de Isabel II (1833-1868)

Art√≠culo principal: Reinado de Isabel II de Espa√Īa

Regencias (1833-1843)

Véase también: Minoría de edad de Isabel II

Regencia de María Cristina (1833-1840) y Primera Guerra Carlista

Véase también: Primera Guerra Carlista
Isabel II, por Federico de Madrazo y Kuntz.
Primera Guerra Carlista (1833-1840).      Zonas de mayor intensidad del carlismo      Zonas con simpatizantes carlistas Explosion.svg Principales asedios carlistas.
Solid yellow.png Centros liberales del norte.
Red-square.gif Principales centros carlistas.
Legenda miejsce bitwy.svg Batallas.

El 29 de septiembre de 1833, la hija de Fernando VII, Isabel II, heredaba la corona sin haber cumplido los tres a√Īos, bajo la regencia a su madre Mar√≠a Cristina. La negativa a aceptar la sucesi√≥n por parte de los carlistas inici√≥ una verdadera guerra civil en la que los dos bandos dibujaban una fractura ideol√≥gica y social: en un bando, los partidarios del Antiguo R√©gimen, que a grandes rasgos eran la mayor parte del clero, y buena parte de la baja nobleza y de los campesinos de la mitad norte de Espa√Īa; en el otro, los partidarios del Nuevo R√©gimen, que a grandes rasgos eran las clases medias y la plebe urbana (encabezadas por los mas concienciados pol√≠ticamente: unos 13.000 exiliados a los que una nueva amnist√≠a permiti√≥ regresar, numerosos presos que fueron excarcelados, los nuevos dirigentes locales surgidos de las elecciones municipales de noviembre, y la mayor parte de la oficialidad del ej√©rcito, a la que se permiti√≥ acceder a los puestos clave en el mando).[30] La aristocracia se dividi√≥ siguiendo criterios de oportunidad, de implantaci√≥n en el territorio y de posici√≥n en la corte. Muchas familias quedaron dolorosamente divididas, y en extensas zonas se evidenci√≥ geogr√°ficamente el enfrentamiento al quedar las ciudades, donde se organizaban juntas y se reclutaban milicias nacionales liberales, rodeadas por un campo donde se armaban partidas carlistas (los voluntarios realistas hab√≠an quedado disueltos). La movilizaci√≥n popular parec√≠a recordar, en ambos bandos, la de 1808, en un caso con un esp√≠ritu claramente revolucionario, en el otro claramente reaccionario.

En la corte, los gobiernos de signo m√°s o menos liberal (Cea Berm√ļdez -absolutista moderado-, Mart√≠nez de la Rosa -liberal moderado-, Mendiz√°bal, Ist√ļriz y Calatrava -liberales progresistas-, que inauguraron el t√≠tulo de Presidente del Consejo de Ministros de Espa√Īa -anteriormente se usaba el de Secretario de Estado-) no consegu√≠an una victoria decisiva en la guerra y se enfrentaban a graves aprietos financieros, que no se pudieron encauzar hasta la desamortizaci√≥n eclesi√°stica o de Mendiz√°bal, una decisi√≥n trascendental: al mismo tiempo que privaba de recursos econ√≥micos al principal enemigo social e ideol√≥gico del Nuevo R√©gimen (el clero), constru√≠a una nueva clase social de propietarios agr√≠colas de origen social variado -nobles, burgueses o campesinos enriquecidos, que en la mitad sur de Espa√Īa conformaron una verdadera oligarqu√≠a terrateniente- que le deb√≠an su fortuna; y al aceptar como medio de pago en las subastas los t√≠tulos de la deuda p√ļblica, revalorizaba √©sta y permit√≠a la restauraci√≥n del cr√©dito internacional y la sostenibilidad hacend√≠stica (garantizada en un futuro por las contribuciones a pagar por esas tierras, antes exentas fiscalmente y ahora liberadas de las manos muertas que las apartaban del mercado). La abolici√≥n del r√©gimen se√Īorial no signific√≥ (como hab√≠a ocurrido durante la Revoluci√≥n francesa con el hist√≥rico decreto de abolici√≥n del feudalismo de 4 de agosto de 1789) una revoluci√≥n social que diera la propiedad a los campesinos. Para el caso de los se√Īores laicos, la confusa distinci√≥n entre se√Īor√≠os solariegos y jurisdiccionales, de origen remot√≠simo e imposible comprobaci√≥n de t√≠tulos, termin√≥ llevando a un masivo reconocimiento judicial de la propiedad plena a los antiguos se√Īores, que √ļnicamente vieron alterada su situaci√≥n jur√≠dica y quedaron desprotegidos ante el mercado libre por la desaparici√≥n de la instituci√≥n del mayorazgo (es decir, que quedaban libres para vender o legar a su voluntad, pero tambi√©n expuestos a perder su propiedad en caso de mala gesti√≥n).

El anticlericalismo se convirti√≥ en una fuerza social de importancia creciente, manifestada violentamente a partir de la matanza de frailes de 1834 en Madrid (17 de julio, durante una epidemia de c√≥lera, del que corrieron rumores que era debido al envenenamiento de las fuentes).[31] Al a√Īo siguiente (1835) se produjo una generalizada quema de conventos por varios puntos de Espa√Īa. La represi√≥n antiliberal efectuada por el bando carlista lleg√≥ a extremos con represalias de gran violencia (Ram√≥n Cabrera el Tigre del Maestrazgo).

Institucionalmente, se gobernaba de acuerdo con una carta otorgada: el Estatuto Real de 1834, que ni reconocía la soberanía nacional ni derechos o libertades reconocidos por sí mismos, sino concedidos por voluntad real, y que introducía fuertes mecanismos de control de la representación popular (bicameralismo, elecciones indirectas con sufragio censitario muy restringido para el Estamento de Procuradores -0',15% de la población- y un Estamento de Próceres con miembros natos de la aristocracia y el alto clero).[32]

El texto sigui√≥ en vigor hasta que el mot√≠n de los sargentos de la Granja (12 de agosto de 1836) oblig√≥ a la reina regente a reponer la vigencia de la Constituci√≥n de 1812. Al a√Īo siguiente se recondujo la situaci√≥n con un texto m√°s conservador: la Constituci√≥n espa√Īola de 1837 que, aunque basada en el principio revolucionario de la soberan√≠a nacional, establec√≠a un equilibrio de poderes entre Cortes y Corona favorable a √©sta, y manten√≠a el bicameralismo (con los nuevos nombres de Congreso y Senado). El sistema electoral, aunque introduc√≠a por primera vez la elecci√≥n directa, segu√≠a siendo favorable a los m√°s ricos (un sufragio censitario s√≥lo ligeramente ampliado: 257.908 electores, un 2,2% de la poblaci√≥n). Se sustituy√≥ la confesionalidad por el reconocimiento de la obligaci√≥n de mantener el culto y los ministros de la religi√≥n cat√≥lica que profesan los espa√Īoles.[33] Se produjo en ese momento la escisi√≥n entre liberales moderados (muchos de ellos antiguos exaltados del trienio, evolucionados hacia el moderantismo) como el conde de Toreno, Alcal√° Galiano y el general Narv√°ez, que disfrutaron de la confianza de la Regente y formaron gobierno hasta 1840 (Evaristo P√©rez de Castro); y progresistas como Mendiz√°bal, Ol√≥zaga y el general Espartero (marginados de esa confianza, pero cuyo apoyo pol√≠tico y militar continu√≥ siendo decisivo).[34]

Al quedar los carlistas sin apoyo internacional y sin recursos, el general Maroto se avino a negociar la paz con Espartero (el abrazo de Vergara, 31 de agosto de 1939), dando a la oficialidad carlista la posibilidad de integrarse en el ejército nacional. La mayor parte de la nobleza carlista pasó a aceptar, con mayor o menor gusto, la nueva situación. Otra circunstancia definitoria del Nuevo Régimen, el centralismo político frente al reconocimiento carlista de los fueros, quedaba mitigado para las Provincias Vascongadas y Navarra (la ley de 25 de octubre de 1839, en vez de abolir los fueros, los confirmaba sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía).[35] El foco carlista de Morella (Ramón Cabrera) resistió varios meses más (30 de mayo de 1840).

La situaci√≥n de Mar√≠a Cristina en la regencia estaba comprometida desde su mismo inicio en 1833 por el matrimonio secreto que contrajo, al poco de enviudar, con un militar de la corte (Agust√≠n Fernando Mu√Īoz y S√°nchez, al que se ennobleci√≥ como duque de Ri√°nsares) con el que tuvo ocho hijos. El prestigio y el control sobre el ej√©rcito que hab√≠a alcanzado el general Espartero le pon√≠a en una posici√≥n clave para convertirse en una alternativa de poder. Los intentos de atra√©rsele mediante el ennoblecimiento,[36] e incluso nombr√°ndole presidente del consejo de ministros, no evitaron las discrepancias profundas entre el general y la regente, especialmente acerca del papel de la Milicia Nacional y de la autonom√≠a de los ayuntamientos; asunto que provoc√≥ la dimisi√≥n de Espartero (15 de junio). Sucesivas sublevaciones contra Mar√≠a Cristina de las ciudades m√°s importantes, obligaron finalmente a √©sta a abdicar, renunciando al ejercicio de la regencia y a la custodia de sus hijas, incluida la Reina Isabel, en favor del general (12 de octubre de 1840).

El romanticismo espa√Īol
El pintor Antonio María Esquivel retrató en este cuadro de 1846 a toda una generación de literatos románticos, reunidos en su taller para escuchar una lectura de José Zorrilla, ante el retrato de Espronceda (muerto en 1842).[37]

Los intelectuales (muchos de ellos, de inquietudes pol√≠ticas, retornados de un exilio f√©rtil en influencias) implantaron el nuevo gusto rom√°ntico, que se extendi√≥ a la poes√≠a (Jos√© de Espronceda), al teatro (el duque de Rivas) y a una prensa de gran pluralidad e ingenio, estimultada por los debates pol√≠ticos y literarios y cuya supervivencia siempre se vio amenazada por la censura y la precariedad econ√≥mica. Entre las muchas figuras del periodismo destacaron Alberto Lista, Manuel Bret√≥n de los Herreros, Seraf√≠n Est√©banez Calder√≥n, Juan Nicasio Gallego, Antonio Ros de Olano, Ram√≥n Mesonero Romanos y, sobre todas ellas, el extraordinario articulista Mariano Jos√© de Larra, que consigui√≥ plasmar la vida cotidiana y los m√°s graves asuntos en expresiones sucintas y geniales, que se han convertido en t√≥picos muy extendidos (Vuelva usted ma√Īana, Escribir en Madrid es llorar, Aqu√≠ yace media Espa√Īa, muri√≥ de la otra media). El entierro de Larra (suicidado el 13 de enero de 1837) fue uno de los momentos m√°s particulares de la vida art√≠stica espa√Īola, y signific√≥ el pase de testigo del romanticismo espa√Īol al joven Jos√© Zorrilla.

V√©anse tambi√©n: Historia de la prensa en Espa√Īa y Categor√≠a:Periodistas de Espa√Īa del siglo XIX
V√©ase tambi√©n: Pintura rom√°ntica#Espa√Īa

Regencia de Espartero (1840‚Äď1843)

La regencia le fue confirmada a Espartero por una votación de las Cortes (8 de marzo de 1841), que también consideraron la posibilidad de otorgársela a otros candidatos, o a una terna.

Los gobiernos progresistas procedieron a aplicar la ley de desamortizaci√≥n del clero secular, garantizando por parte del Estado el mantenimiento de las parroquias y de los seminarios. Se intent√≥ dise√Īar un sistema educativo nacional en el que la Iglesia no tuviera un papel predomiante, pero ante la carencia de medios, la implantaci√≥n de un sistema educativo digno de tal nombre no se consigui√≥ hasta la segunda mitad del siglo, ya bajo presupuestos moderados y neocat√≥licos. La formaci√≥n de los ciudadanos y la construcci√≥n de una historia nacional (a trav√©s del patrocinio de g√©neros como la pintura de historia) se ve√≠an como una de las principales exigencias de la construcci√≥n del Estado liberal.

El compromiso alcanzado en Vergara con los fueros vascos se rompió con la ley de 29 de octubre de 1841, que los abolía en su totalidad.[38]

Se procur√≥ incentivar la actividad econ√≥mica aplicando los principios librecambistas, lo que atrajo inversiones de capital extranjero (principalmente ingl√©s, franc√©s y belga) a sectores como la miner√≠a y las finanzas. Las nuevas desigualdades originaron la denominada cuesti√≥n social. El naciente n√ļcleo industrial textil catal√°n, que ya hab√≠a presenciado el surgimiento de movilizaciones obreras (la f√°brica El Vapor, de los hermanos Bonaplata, inaugurada en 1832 ya hab√≠a sufrido un ataque de car√°cter ludita en 1835 -coincidiendo con la quema de conventos); al tiempo que continuaba su proceso de modernizaci√≥n tecnol√≥gica (recepci√≥n de las selfactinas, que m√°s tarde ocasionar√≠an conflictos),[39] acog√≠a ahora los principales apoyos a la parte m√°s radical del liberalismo progresista (los futuros dem√≥cratas y republicanos, a√ļn no presentados con esas denominaciones). Los intereses proteccionistas tanto de patronos como de obreros, convirtieron Barcelona en un foco de protestas contra Espartero, que lleg√≥ a la sublevaci√≥n. El regente opt√≥ por la represi√≥n m√°s violenta, bombardeando la ciudad el 3 de diciembre de 1842 y ejecutando posteriormente a los l√≠deres de la revuelta.

Una persona de mi conocimiento afirma, como una ley de la historia de Espa√Īa, la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta a√Īos. Esta boutade denota todo un programa pol√≠tico.
Manuel Aza√Īa, citando un t√≥pico atribuido al propio Espartero.[40]

La hostilidad de políticos y militares (Manuel Cortina, Joaquín María López, el general Juan Prim), que rechazaban su expeditiva manera de resolver no sólo ese conflicto sino toda la vida política (había disuelto las Cortes y gobernaba de modo prácticamente dictatorial) le dejaba cada vez más aislado. Las elecciones dieron el triunfo a la facción progresista de Salustiano Olózaga, muy crítica con Espartero, y éste las impugnó. El 11 de junio, un golpe militar conjunto de espadones moderados y progresistas (alguno de ellos desde el exilio, por haber protagonizado pronunciamientos anteriores: Narváez, O'Donnell, Serrano y Prim), consiguió el apoyo de la mayor parte del ejército, incluso de las tropas enviadas por el propio Espartero para combatirlos (Torrejón de Ardoz, 22 de julio); con lo que el regente se vio obligado a exiliarse en Inglaterra, la principal beneficiada de su política económica (30 de julio de 1843).[41]

Mayoría de Isabel II (1843-1868)

El problema de renovar la regencia se obvió al decidir que Isabel podía ser declarada mayor de edad (10 de noviembre de 1843) y ejercer por sí misma sus funciones; que enseguida demostraron estar en plena sintonía con el moderantismo, tras un periodo de intrigas parlamentarias protagonizadas por el progresista Salustiano Olózaga y Luis González Bravo (pasado a las filas moderadas), que se saldó con el triunfo de éste y el exilio de Olózaga. Hubo incluso un fallido pronunciamiento militar de carácter progresista (la Rebelión de Boné, en Alicante, de enero a marzo de 1844).

Década moderada (1844-1854)

Artículo principal: Década moderada
Ramón María Narváez y Campos, por Vicente López.
Ferrocarril Barcelona-Mataró, 1848.

El general Ramón Narváez quedó como líder del partido moderado y asumió la presidencia del consejo de ministros (3 de mayo de 1844), comenzando una época de estabilidad política en la que los progresistas quedaron relegados a la oposición sin posibilidades de acceder a las posiciones de poder que se negociaban en las camarillas palaciegas.

El 13 de mayo de 1844 se creó la Guardia Civil, un cuerpo militar desplegado en el territorio en casas cuartel para garantizar el orden y la ley, especialmente en el medio rural; era claramente una contrafigura de la Milicia Nacional.

El 4 de julio de 1844 se revisó la abolición de los fueros vascos y navarros llevada a cabo por Espartero, y se restauraron parcialmente, aunque no en lo tocante a cuestiones como el pase foral, las aduanas interiores o los procedimientos electorales.[42]

La Ley de Ayuntamientos de 1845 restring√≠a fuertemente la autonom√≠a municipal en pro del centralismo, otorgando al gobierno el nombramiento de los alcaldes. El mismo a√Īo se promulg√≥ la Constituci√≥n de 1845, muy similar a la de 1837 (60 de los 77 art√≠culos eran id√©nticos), pero reformada en un sentido m√°s acorde con el liberalismo doctrinario. En lugar de la soberan√≠a nacional establec√≠a la soberan√≠a compartida entre las Cortes y el Rey, con preeminencia de este, que pod√≠a convocar y disolver las C√°maras sin limitaciones. Se confirmaba la confesionalidad cat√≥lica del Estado. Regulaba los derechos del ciudadano, que quedaron fuertemente restringidos, como la libertad de expresi√≥n limitada por la censura (una cuesti√≥n crucial ante la vitalidad que hab√≠a alcanzado la prensa en Espa√Īa). Desaparec√≠a la Milicia Nacional. El sistema electoral, que se estableci√≥ por la Ley Electoral de 1846, continu√≥ siendo un sufragio censitario fuertemente olig√°rquico, que limitaba a√ļn m√°s el derecho al voto, restringido a 97.000 electores (varones mayores de 25 a√Īos que superaran un determinado nivel de renta, mayor que el previsto hasta entonces), el 0,8% de la poblaci√≥n total.[43] El gobierno de Juan Bravo Murillo intent√≥ que se aprobara una constituci√≥n a√ļn m√°s restrictiva (texto publicado en la Gaceta de Madrid el 2 de diciembre de 1852), pero la fuerte oposici√≥n expresada por todo el arco parlamentario hicieron a la reina desistir del proyecto y oblig√≥ a Bravo Murillo a presentar la dimisi√≥n.[44]

El Concordato de 1851 restableci√≥ las buenas relaciones con la Santa Sede. El Papa reconoci√≥ a Isabel II como reina (distingui√©ndola con la rosa de oro, la principal condecoraci√≥n papal) y acept√≥ la p√©rdida de los bienes eclesi√°sticos ya desamortizados, tranquilizando las conciencias de sus compradores. A cambio el Estado espa√Īol se comprometi√≥ a mantener el presupuesto de culto y clero con el que se cubrir√≠an las necesidades del clero secular; as√≠ como garantizar la catolicidad de la ense√Īanza, en la que la Iglesia tendr√° un papel decisivo, as√≠ como en la censura de las publicaciones. La corte de Isabel II se convirti√≥ en una verdadera corte de los milagros a causa del ascendiente que sobre la reina alcanzaron algunos religiosos (San Antonio Mar√≠a Claret y Sor Patrocinio, la monja de las llagas). La confluencia de la intelectualidad cat√≥lica y tradicionalista con el moderantismo dio lugar al movimiento de los neocat√≥licos (Marqu√©s de Viluma, Donoso Cort√©s, Jaime Balmes).

La corrupci√≥n pol√≠tica que inclu√≠a a destacados financieros (el Marqu√©s de Salamanca) y a una creciente familia real (la de la reina y su consorte -su primo Francisco de As√≠s de Borb√≥n-, la de su madre y padrastro -la expulsada Mar√≠a Cristina y su marido morgan√°tico, a quienes se permiti√≥ regresar en 1844-, y la de los Montpensier -hermana y cu√Īado de la reina, casados el mismo d√≠a que ella en un fastuoso doble enlace real[45] e instalados en Espa√Īa desde su expulsi√≥n de Francia con motivo de la revoluci√≥n de 1848-), acompa√Ī√≥ al t√≠mido despegue del capitalismo espa√Īol; mientras que las finanzas p√ļblicas se ordenaron con la reforma tributaria de 1845 (conocida, por el nombre de sus impulsores, como reforma fiscal Mon-Santill√°n). M√°s que en una fracasada revoluci√≥n industrial espa√Īola, el crecimiento econ√≥mico se centr√≥, ante la ausencia de capital nacional, en negocios de banca y sociedades financieras sustentados sobre las fuentes de riqueza naturales (el crecimiento de la superficie cultivada y la puesta en explotaci√≥n de numerosas minas) y un naciente tendido de l√≠neas ferroviarias, todo ello con amplia participaci√≥n extranjera en medio de sonoros esc√°ndalos, que facilitaron la vuelta al poder de los progresistas.

Bienio progresista (1854-1856)

Artículo principal: Bienio progresista

El autoritarismo de Narváez, y la imposibilidad de contrarrestarlo por vías institucionales, empujó a la oposición a la solución militar: un pronunciamiento llevado a cabo por el general Leopoldo O'Donnell en Vicálvaro (la Vicalvarada, 28 de junio de 1854). El fracaso inicial llevó a O'Donell a retirarse hacia el sur, donde contactó con el general Serrano, junto con el que proclamó el manifiesto de Manzanares (redactado por Antonio Cánovas del Castillo, 7 de julio), que dotó al movimiento de un programa político y le consiguió el gran respaldo popular que reclamaba; lo que precipitó su triunfo.

Nosotros queremos la conservaci√≥n del trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la pr√°ctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejor√°ndolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta econom√≠a; queremos que se respeten en los empleos militares y civiles la antig√ľedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralizaci√≥n que los devora, d√°ndoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios, y como garant√≠a de todo esto queremos y plantearemos, bajo s√≥lidas bases, la Milicia Nacional...

Las Juntas de gobierno que deben irse constituyendo en las provincias libres; las Cortes generales que luego se re√ļnan; la misma naci√≥n, en fin, fijar√° las bases definitivas de la regeneraci√≥n liberal a que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella est√© cumplida.

El apoyo masivo del ejército no llegó hasta que Espartero aceptó encabezar la iniciativa. La reina le nombró presidente del consejo de ministros y se formó un gabinete progresista.

O'Donnell creó la Unión Liberal, un partido ecléctico que procuraba integrar a moderados y progresistas. Las nuevas Cortes constituyentes redactaron un texto constitucional que no llegó a aprobarse ni entrar en vigor (la que hubiera sido la Constitución de 1856).

La actividad m√°s trascendente del bienio progresista consisti√≥ en su legislaci√≥n econ√≥mica: se procur√≥ encauzar la legalidad del desarrollo capitalista, cerrando el ciclo de privatizaciones de la tierra con la ley desarmotizadora de Madoz (3 de mayo de 1855), que se aplic√≥, adem√°s de a muchas propiedades eclesi√°sticas todav√≠a no afectadas, a las √≥rdenes militares y otras instituciones, fundamentalmente los propios y comunales (tierras de propiedad municipal cuyo arrendamiento se utilizaba para cubrir servicios prestados por los ayuntamientos o bien se explotaban en com√ļn por los habitantes del municipio); y se legisl√≥ sobre minas, finanzas e inversiones de capital (creaci√≥n de sociedades an√≥nimas). El propio Madoz facilit√≥ el derribo de las murallas de Barcelona (una medida largo tiempo demandada por el ayuntamiento, a la que se hab√≠a opuesto Espartero y que estuvo entre las causas del bombardeo de 1842), permitiendo el trazado del ensanche (Plan Cerd√°, 1860) al igual que en otras ciudades, que fueron conformando su desarrollo urbano bajo los nuevos principios higienistas propios de los modernos barrios burgueses (Plan Castro de Madrid, 1860, Canal de Isabel II, 1858). La p√©rdida de patrimonio hist√≥rico que supon√≠an tales derribos y reformas, se sum√≥ a las de la desamortizaci√≥n, que hab√≠a dejado desprotegidos miles de edificios religiosos (incluso universitarios como los de los de Alcal√°); pero se asum√≠a como una necesidad del progreso que f√°cilmente acall√≥ cualquier voz de protesta (como la del poeta Gustavo Adolfo B√©cquer o la de su hermano el pintor Valeriano Dom√≠nguez B√©cquer y otros -Valent√≠n Carderera, Jenaro P√©rez Villaamil- que emprendieron proyectos de conservaci√≥n de la memoria de ese mundo en trance de desaparecer, al menos en sus im√°genes).

Se orden√≥ el sistema ferroviario que se extendi√≥ con cierta dificultad siguiendo un esquema radial de baja densidad, con centro en Madrid y concesionado a grandes compa√Ī√≠as (Compa√Ī√≠a de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante -los Rotschild-; Compa√Ī√≠a de los Caminos de Hierro del Norte de Espa√Īa -los P√©reire-). En las d√©cadas siguientes la industrializaci√≥n tuvo mayor continuidad, pudi√©ndose comprobar las ventajas de la integraci√≥n de un incipiente mercado nacional. Las relaciones de producci√≥n capitalistas, tanto en el entorno urbano como en el rural, comenzaban a generar conflictos sociales de nueva naturaleza (la lucha de clases), que en los escasos n√ļcleos industriales encontr√≥ expresi√≥n en un naciente movimiento obrero que tomaba conciencia de su oposici√≥n de intereses con los propietarios del capital (movilizaciones de 1855 en Barcelona[46] o Valladolid[47] ); mientras que en el campo se manifestaba de forma similar entre la gran masa de jornaleros despose√≠dos y la nueva oligarqu√≠a de propietarios. La connivencia de intereses entre la oligarqu√≠a terrateniente castellano-andaluza, de vocaci√≥n exportadora ante la debilidad y desarticulaci√≥n del mercado interior, y la apertura al exterior facilitada por una pol√≠tica librecambista que aceptara las inversiones extranjeras, se vio estimulada por una coyuntura especialmente favorable durante la Guerra de Crimea (1853-1856).

Agua, sol y guerra en Sebastopol.[48]

Bienio moderado (1856-1858)

La agitaci√≥n social provoc√≥ la ruptura entre Espartero y O'Donnell. La presidencia de √©ste (de julio a octubre de 1856) procur√≥ llevar a cabo una pol√≠tica ecl√©ctica que satisficiera a todo el espectro pol√≠tico, siendo el primer gobierno que no realiz√≥ la tradicional renovaci√≥n de los funcionarios para situar a los adictos y dejar como cesantes a los opuestos. De hecho, sus medidas significaron una profunda revisi√≥n de la labor del bienio, con la disoluci√≥n de la Milicia Nacional y la vuelta a la Constituci√≥n de 1845, a la que se a√Īadi√≥ un Acta Adicional para la ampliaci√≥n de derechos, que tuvo apenas un mes de vigencia. Dado lo imposible de mantener la apariencia de centralidad, la reina opt√≥ por llamar de nuevo a Narv√°ez, que ocup√≥ la presidencia un a√Īo completo, de octubre de 1856 a octubre de 1857.

La medida m√°s trascendente del bienio moderado fue la promulgaci√≥n de la Ley de Instrucci√≥n P√ļblica o Ley Moyano, que estableci√≥ el sistema educativo que, con pocas modificaciones, sigui√≥ vigente durante m√°s de un siglo.

La crisis econ√≥mica de 1857 llev√≥ a Narv√°ez a dimitir, siendo sucedido por los breves gobiernos de Armero e Ist√ļriz.

El naciente movimiento republicano abander√≥ la ocupaci√≥n de tierras en el campo andaluz, sufriendo la represi√≥n y los fusilamientos masivos ordenados por Narv√°ez (El Arahal en 1857 y Loja en 1861). En las ciudades el alto precio de los alimentos y los impuestos indirectos (consumos) provocaban motines de subsistencias y motines de consumos tambi√©n inspirados por el republicanismo. El sistema de reclutamiento (quintas) y el servicio militar de ocho a√Īos, eximible por el pago de una cuota o un reemplazista, produc√≠a injusticias cada vez peor soportadas, que la pol√≠tica de prestigio exterior del periodo posterior no har√° m√°s que exacerbar.[49]

Gobiernos de la Unión Liberal (1858-1863)

La batalla de Tetu√°n, por Dionisio Fierros √Ālvarez (1894). La batalla tuvo lugar el 31 de enero de 1860.

El 30 de junio de 1858, O'Donnell formó un nuevo gobierno, que junto con el siguiente conformarían los de más larga duración de la época, hasta principios de 1863. Durante este periodo se mantuvo la recuperación económica y se controló la corrupción electoral y la propia desunión en el partido.

Se invirti√≥ en grandes obras p√ļblicas, se desarroll√≥ la red ferroviaria y el ej√©rcito, se continu√≥ con la desamortizaci√≥n pero entregando parte de la deuda p√ļblica a la Iglesia y reponiendo el Concordato de 1851. Se aprobaron tambi√©n una serie de importantes leyes que seguir√≠an repercutiendo m√°s adelante. Sin embargo sigui√≥ habiendo mucha corrupci√≥n pol√≠tica y econ√≥mica, y tampoco se lleg√≥ a aprobar la prometida ley de prensa qued√°ndose as√≠ sin apoyo parlamentario.

Se intent√≥ emprender una pol√≠tica exterior de prestigio, con presencia en Marruecos (Guerra de √Āfrica, 1859-1860) y en lugares tan lejanos como el sureste asi√°tico (Guerra de Cochinchina, 1858-1862).

Fin del reinado de Isabel (1863-1868)

Los progresistas y los moderados se aliaron para presionar a la Unión Liberal provocando la dimisión de O'Donnell (marzo de 1863). Sin embargo la sustitución del gobierno no fue fácil, dado que los partidos tradicionales estaban inmersos en graves disensiones internas. La reina, negándose a convocar elecciones como se le pedía desde la oposición, fue formando sucesivos gobiernos moderados bajo presidencia del Marqués de Miraflores, Lorenzo Arrazola y Alejandro Mon, hasta que finalmente se volvió a llamar al principal espadón del moderantismo, Narváez (septiembre de 1864). Intentó reconciliarse con los progresistas integrándolos en el gobierno, a lo que éstos se negaron. El autoritarismo de Narváez se reforzó, privándose incluso del apoyo de algunos de sus ministros. La nueva crisis desembocó en el retorno de O'Donnell (junio de 1865). Se aprobó una ley para aumentar el censo electoral en 400.000 votantes y se convocaron elecciones a Cortes; pero sin el apoyo de los progresistas no se consiguió un gobierno estable y se produjo la vuelta de Narváez (10 de junio de 1866).

La crisis pol√≠tica se complic√≥ con una grave crisis econ√≥mica (los valores espa√Īoles ca√≠an en la bolsa de Par√≠s, y el negocio ferroviario se deterioraba). Los militares progresistas y dem√≥cratas intentaron de nuevo la salida del pronunciamiento, con sucesivos fracasos (el general Prim en Villarejo de Salvan√©s y los sargentos del cuartel de San Gil el 22 de junio de 1866). La reacci√≥n de Narv√°ez fue actuar con mano dura con la oposici√≥n pol√≠tica (disoluci√≥n de las Cortes, exilio del general Serrano y de los Montpensier) e intelectual (cierre de las Escuelas de Magisterio y destituci√≥n de profesores agn√≥sticos como Emilio Castelar -la denominada cuesti√≥n universitaria- que hab√≠a provocado la protesta estudiantil de la Noche de San Daniel -10 de abril de 1865-, saldada con catorce muertos y un centenar de heridos).

Las dos principales figuras del periodo mueren en un breve intervalo (Leopoldo O'Donnell el 5 de noviembre de 1867 y Ramón María Narváez el 23 de abril de 1868). De éste se cuenta que, en su lecho de muerte, al solicitarle el sacerdote que perdonase a sus enemigos, respondió Padre, no tengo enemigos; los he matado a todos.[50]

La reina formaba apresuradamente gabinetes de breve duraci√≥n, con Luis Gonz√°lez Bravo como nuevo hombre fuerte cuya √ļnica perspectiva era continuar la pol√≠tica de represi√≥n y destierros de militares y pol√≠ticos. El exilio, lejos de reforzar a las fuerzas conservadoras, sirvi√≥ para incrementar el radicalismo y la formaci√≥n de un selecto grupo de intelectuales espa√Īoles, que se pusieron en contacto con todo tipo de nuevas ideas que circulaban por Londres, Par√≠s o Bruselas (Pi i Margall se ver√° muy influido por sus lecturas de Proudhon); y para que la √©lite pol√≠tica espa√Īola de todos los grupos situados entre el centro y la izquierda, en tan dif√≠ciles circunstancias, se viese obligada a alcanzar un punto de acuerdo en lo esencial. Reunidos en una ciudad belga, un grupo de unionistas (Serrano), progresistas (Prim y Pr√°xedes Mateo Sagasta) y dem√≥cratas (Nicol√°s Mar√≠a Rivero y Emilio Castelar) acord√≥ el denominado pacto de Ostende.

Sexenio democr√°tico (1868-1874)

Artículo principal: Sexenio Democrático
Las etapas del Sexenio, dibujo satírico de Tomás Padró para La Flaca (1874).

La Revolución de 1868

Artículo principal: Revolución de 1868

El 19 de septiembre de 1868, los generales Prim y Serrano y el almirante Topete se levantan en armas en C√°diz. Un ej√©rcito dirigido por Serrano se dirigi√≥ desde el sur a Madrid, venciendo en la batalla de Alcolea (28 de septiembre) al enviado por el gobierno para interceptarle. La Reina, que estaba veraneando en San Sebasti√°n, cruz√≥ la frontera francesa y desde el exilio mantendr√° su pretensi√≥n de derecho al trono, sin abdicar en su hijo Alfonso hasta dos a√Īos m√°s tarde.

La expulsi√≥n de la desprestigiada reina era una de los principales reivindicaciones de la "Gloriosa Revoluci√≥n", cuyos lemas fueron ¬ę¬°Abajo la raza espuria de los Borbones!¬Ľ y ¬ę¬°Viva Espa√Īa con Honra!¬Ľ.[51] La movilizaci√≥n popular fue muy importante. De nuevo se organizaron juntas locales como en 1808, 1836 o 1854. Se volvi√≥ a organizar la Milicia Nacional, con el nombre de Voluntarios de la Libertad.

Serrano, al asumir la jefatura del gobierno provisional como una regencia (18 de junio), procuró moderar la deriva extremista de la revolución disolviendo las juntas y declarando que la monarquía seguiría siendo la forma de gobierno; y convocó elecciones a Cortes. Entre las primeras medidas se produjo la supresión del impuesto de los consumos, se proclamó el fin de las quintas de reclutamiento y se estableció el sufragio universal masculino. Las órdenes religiosas que operaban desde 1837 quedaron disueltas, cerrando monasterios y confiscando sus bienes, y se realizó un inventario de los objetos de arte de las iglesias, que pasaron a engrosar el patrimonio nacional; la orientación anticlerical del nuevo régimen provocó la ruptura de las relaciones con la Santa Sede.

La revoluci√≥n concit√≥ la confluencia de m√ļltiples intereses. Adem√°s de los grupos pol√≠ticos de Ostende, fue apoyada por los sectores financieros e industriales, conscientes de que el gobierno isabelino era incapaz de superar la crisis econ√≥mica.

Desde el principio, el nuevo gobierno tuvo que hacer frente al estallido del problema colonial cubano, largo tiempo gestado y en el que se complicaban las peticiones de autonomía local con el problema de la abolición de la esclavitud (constantemente retrasada por la influencia del grupo de presión esclavista, dominante en las esferas económicas -Antonio López, futuro Marqués de Comillas-, mientras que el grupo antiesclavista dominaba en el ambiente intelectual -Julio Vizcarrondo, Rafael María de Labra-). La guerra abierta estalló el 10 de octubre de 1868 con el Grito de Yara (Céspedes), que aprovechó la revolución en la metrópoli para declarar la independencia.[52]

Gobierno provisional, Constitución y Regencia (1868-1871)

Gobierno Provisional de 1869: Laureano Figuerola, Pr√°xedes Mateo Sagasta, Ruiz Zorrilla, Juan Prim, Francisco Serrano y Dom√≠nguez, Topete, Adelardo L√≥pez de Ayala, Antonio Romero Ortiz y Juan √Ālvarez de Lorenzana. Foto de J. Laurent.

Se convocaron en diciembre de 1868 elecciones municipales, con sufragio universal masculino, donde los republicanos obtuvieron importantes parcelas de poder (veinte capitales de provincia, entre ellas Barcelona, Valencia y La Coru√Īa).

A comienzos de 1869 se convocaron las primeras elecciones parlamentarias espa√Īolas con elecci√≥n directa mediante sufragio universal masculino. El panorama parlamentario que surgi√≥ de ellas era multipartidista, permitiendo una mayor√≠a de unionistas y progresistas, pero con una amplia representaci√≥n de los republicanos, y grupos menos importantes de carlistas y dem√≥cratas.

La Constituci√≥n de 1869, la primera democr√°tica de la historia de Espa√Īa, proclamaba la soberan√≠a nacional y establec√≠a la monarqu√≠a parlamentaria con divisi√≥n estricta de poderes, en el que el gobierno es responsable ante las Cortes (bicamerales) y el poder judicial es independiente. El reconocimiento de derechos y libertades era amplio y detallado (derecho al voto, inviolabilidad del domicilio, libertad de ense√Īanza, de expresi√≥n, de residencia, de reuni√≥n y asociaci√≥n); se aseguraba la libertad de cultos y se mantien√≠a el presupuesto de culto y clero cat√≥lico. Se introdujo el juicio por jurado. Se esbozaba una descentralizaci√≥n territorial en provincias y ayuntamientos, y se apuntaba la posibilidad de reforma del estatus de los territorios coloniales.

A falta de rey, Serrano se convirti√≥ en regente, mientras Prim form√≥ los primeros gobiernos, con Sagasta y Ruiz Zorrilla en los principales ministerios. Sagasta, desde el ministerio de gobernaci√≥n, reprimi√≥ los focos de federalismo que se manten√≠an activos desde la revoluci√≥n. Se encarg√≥ al ej√©rcito (general Antonio Caballero de Rodas) la represi√≥n de los levantamientos republicanos en Andaluc√≠a, Extremadura, Catalu√Īa y Arag√≥n, que para octubre de 1869 hab√≠an quedado liquidados.

Las medidas econ√≥micas de Laureano Figuerola (arancel librecambista, reordenaci√≥n bancaria -el germen de lo que ser√≠a el Banco de Espa√Īa-, y monetaria -creaci√≥n de la peseta, 1869-) restauraron la confianza internacional. Los valores espa√Īoles subieron en Par√≠s, se volv√≠a a atraer capitales extranjeros y el ferrocarril experiment√≥ un nuevo impulso. Una nueva ley de minas hizo crecer actividad en las cuencas mineras diseminadas por la geograf√≠a peninsular (Riotinto, Almad√©n, Cartagena, Asturias, Vizcaya), lo que signific√≥ para la r√≠a de Bilbao el desarrollo de una importante siderurgia.

El problema cubano se intent√≥ remediar en 1870 con dos medidas voluntaristas, pero poco eficaces: la Ley Moret, que pretend√≠a una abolici√≥n progresiva (libertad de vientres -al nacer- y libertad de los esclavos al alcanzar los 60 a√Īos de edad), y la concesi√≥n de autonom√≠a para Puerto Rico.

La guerra de Cuba suscitó una nueva causa de descontento popular. Se decretaron nuevas quintas, respondidas con manifestaciones antimilitaristas pidiendo su supresión (protagonizadas por las madres de los reclutas), especialmente importantes en Barcelona, donde se recurrió al ejército para disolverlas.

El movimiento obrero

En esa misma ciudad, el principal centro industrial de Espa√Īa y la ciudad que contaba con una clase obrera m√°s numerosa, hab√≠a alcanzado notable eco el el internacionalismo proletario tras la llegada en 1868 de Giuseppe Fanelli, recibido por la izquierda dem√≥crata y republicana (Fernando Garrido, que en el exilio se hab√≠a decantado ya por el socialismo -La Democracia y el Socialismo, con pr√≥logo de Mazzini- y Jos√© Mar√≠a Orense, su principal polemista, desde un republicanismo individualista). A su influencia, y a la actividad de los primeros l√≠deres locales, como Anselmo Lorenzo, Francisco Mora y Tom√°s Gonz√°lez Morago, se debe la convocatoria del Congreso de Barcelona o I Congreso de la Federaci√≥n Regional Espa√Īola -FRE- donde se cre√≥ la Secci√≥n Espa√Īola de la Asociaci√≥n Internacional de Trabajadores, 1870; mientras que en el Congreso de Zaragoza de 1872 se produjo la ruptura entre marxistas o socialistas y bakuninistas o anarquistas, al igual que hab√≠a sucedido en el Congreso de La Haya del mismo a√Īo. El predominio del anarquismo en Espa√Īa era muy evidente en este periodo, debido tanto a su m√°s temprana llegada (Fanelli era pr√≥ximo a Bakunin, mientras que Paul Lafargue -que lleg√≥ m√°s tarde a Espa√Īa, tras la derrota de la Comuna en 1871- era yerno de Marx y fue el introductor del marxismo) como a las condiciones objetivas que presentaba un pa√≠s con una industrializaci√≥n m√°s d√©bil, con predominio de la fuerza de trabajo agr√≠cola, y de posici√≥n perif√©rica en el capitalismo europeo (similar al caso ruso). La difusi√≥n de las distintas organizaciones e ideolog√≠as del movimiento obrero espa√Īol se produjo inicialmente por los n√ļcleos industriales catalanes y valencianos, y en el campo andaluz (de predominio anarquista); mientras que los n√ļcleos madrile√Īo y vasco, de implantaci√≥n posterior, tuvieron predominio socialista. Las reivindicaciones iniciales inclu√≠an, adem√°s de cuestiones de naturaleza laboral, cuestiones pol√≠ticas como la libertad de reuni√≥n y de asociaci√≥n; mientras que, en el campo, la gran esperanza que se planteaba como una soluci√≥n redentora a las m√≠seras condiciones de vida, era el reparto de la tierra entre los jornaleros. El factor movilizador m√°s importante fueron las protestas antimilitaristas, que en ocasiones se convirtieron en verdaderas sublevaciones, como la de Jerez de marzo de 1869, reprimida de forma sangrienta por el ej√©rcito.[53]

Candidatos al trono vacante

El asunto pol√≠tico interno que absorbi√≥ el principal inter√©s, y que alcanz√≥ una gran repercusi√≥n internacional, fue la b√ļsqueda de un candidato id√≥neo para ocupar el trono. Descartado, por razones ideol√≥gicas obvias, el pretendiente carlista (Carlos VII, que estaba sopesando sus opciones de llegar al trono por v√≠as pac√≠ficas o por un levantamiento en armas, que se producir√≠a finalmente en 1872 -la Tercera Guerra Carlista-), se barajaron diversos nombres; como el propio Espartero (el √ļltimo de los ayacuchos, ya con 72 a√Īos, pero que a√ļn vivir√≠a 11 m√°s), el Duque de Montpensier (cu√Īado de Isabel II) y un selecto grupo de pretendientes europeos, entre los que estaban Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha (padre del rey de Portugal -la uni√≥n entre Portugal y Espa√Īa era promovida por el movimiento iberista-) y Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen (apoyado por Otto von Bismarck -canciller de Guillermo de Prusia- y rechazado por Napole√≥n III de Francia, cuyo enfrentamiento por esta causa estuvo entre las que llevaron a la guerra franco-prusiana -telegrama de Ems, 13 de julio de 1870-). Finalmente el elegido ser√° Amadeo, Duque de Aosta, hijo de V√≠ctor Manuel II de Italia, de la Casa de Saboya, representante de la monarqu√≠a m√°s liberal de Europa, cuyo papel en la unificaci√≥n italiana la manten√≠a en un duro enfrentamiento con el propio Papa.[52]

Reinado de Amadeo I (1871-1873)

Amadeo I frente al féretro del general Prim, por Antonio Gisbert.

El 20 de diciembre de 1871 llegaba Amadeo de Saboya al puerto de Cartagena, donde recibi√≥ la noticia de la muerte del general Prim, su principal valedor, v√≠ctima de un atentado en Madrid tres d√≠as antes. El promotor del magnicidio a√ļn es un enigma. Desde entonces se viene especulando con distintas posibilidades: el grupo de presi√≥n pro-esclavista en beneficio de sus intereses, o cualquiera de los muchos enemigos pol√≠ticos de dentro o fuera de Espa√Īa que se hab√≠a granjeado con el asunto de la elecci√≥n real, como el Duque de Montpensier, los republicanos, o incluso alguna facci√≥n de la masoner√≠a (a la que pertenec√≠a).[54]

Amadeo I se comportó como un monarca liberal, con escrupuloso respeto a la Constitución y una exquisita neutralidad política, que no obstante no le consiguieron el apoyo de ninguno de los grupos sociales o políticos. La aristocracia y las clases altas, mayoritariamente borbónicas, le hicieron el vacío.

Los principales l√≠deres del periodo fueron del partido progresista, que se escindi√≥ en el Partido Constitucional de Sagasta, aliado con alfonsinos y unionistas; y el Partido Radical en torno a Ruiz Zorrilla, que busc√≥ apoyos en todo el espectro de las Cortes, desde los republicanos hasta los carlistas. Los grupos as√≠ establecidos se enfrentaron a prop√≥sito de temas sociales, como la abolici√≥n de la esclavitud y el problema de la la Internacional. Sagasta acusaba a la organizaci√≥n de provocar constantes levantamientos, y la ilegaliz√≥. Ruiz Zorrilla se empe√Ī√≥ en abolir la esclavitud, para lo que el apoyo del rey, cuya opini√≥n antiesclavista era notoria, no fue determinante, dada su situaci√≥n institucional. El grupo de presi√≥n proesclavista continu√≥ con su pol√≠tica de obstaculizaci√≥n por todos los medios, que incluyeron la subvenci√≥n econ√≥mica a la sublevaci√≥n carlista y contactos con los alfosinos de C√°novas (cuyo propio hermano era un destacado l√≠der de los negreros).

Al problema cubano, que se alargaba, se a√Īadi√≥ la Tercera Guerra Carlista. En mayo de 1872, el pretendiente Carlos Mar√≠a de Borb√≥n y Austria-Este (Carlos VII) entraba en Navarra alzando en armas un ej√©rcito; pero al poco tiempo el Ej√©rcito del Norte, dirigido personalmente por Serrano (que ocupaba el cargo de presidente del consejo de ministros), le oblig√≥ a volver a Francia al derrotarle en la batalla de Oroquieta. En una evidente imitaci√≥n del abrazo de Vergara de Espartero, Serrano ofreci√≥ a los carlistas unas condiciones de rendici√≥n tan favorables (la convenci√≥n de Amorebieta), que fueron rechazadas por las Cortes; lo que movi√≥ a Serrano a pedir al rey la suspensi√≥n de garant√≠as constitucionales. Al no obtenerla del rey, dimiti√≥. Tampoco todos los carlistas (empezando por el propio pretendiente, que consider√≥ traidores a los firmantes), se avinieron a las condiciones de la convenci√≥n; con lo que continuaron las partidas, especialmente por Navarra y Catalu√Īa, a veces convertidas en simple bandolerismo. El carlismo se estaba identificando cada vez m√°s con la recuperaci√≥n de los fueros vascos y navarros; que el pretendiente declar√≥ restaurados en julio de 1872, as√≠ como abolidos los Decretos de Nueva Planta que suprimieron los fueros en la Corona de Arag√≥n en el siglo XVIII, lo que intensific√≥ la fuerza de la revuelta, especialmente en zonas rurales de Catalu√Īa y, con menor intensidad, en otras de Arag√≥n y Valencia.

Amadeo, deseoso de encontrar una causa para renunciar al trono y volver a Italia, la encontr√≥ en una grave crisis entre el gobierno de Ru√≠z Zorrilla y el cuerpo de artiller√≠a. El rey expres√≥ su apoyo a los militares, y el Congreso al gobierno, con lo que Amadeo I qued√≥ justificado para presentar su abdicaci√≥n el 11 de febrero de 1873. Esa misma noche, las Cortes, conscientes sus diputados de la imposibilidad de encontrar ning√ļn candidato para ocupar el trono vacante, proclamaron la Primera Rep√ļblica Espa√Īola.[52]

Primera Rep√ļblica (1873-1874)

Art√≠culo principal: Primera Rep√ļblica Espa√Īola
Alegor√≠a de la Primera Rep√ļblica Espa√Īola. Las letras "RF" entre hojas de laurel son las iniciales de "Rep√ļblica Federal". Tanto en ese aspecto como en muchos otros, la iconograf√≠a elegida era muy similar a la de la Rep√ļblica Francesa (el gorro frigio, la figura femenina -en Francia denominada Marianne, y en Espa√Īa la Ni√Īa Bonita-,[55] el lema Libertad, Igualdad, Fraternidad -en el tri√°ngulo-, incluso el gallo). Se complementa con alegor√≠as de las distintas actividades econ√≥micas, ciencias y artes (algunas indicativas del progreso y la modernidad, como la telegraf√≠a y la fotograf√≠a). Los colores de la bandera eran los mismos que la bandera usada por la monarqu√≠a (s√≥lo se sustituy√≥ en el escudo la corona real por una corona mural). Fue la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola la que introdujo una bandera diferente, sustituyendo la franja inferior roja por otra de color morado.

El 11 de febrero de 1873, el Congreso proclam√≥ la Rep√ļblica por 256 votos a favor y 32 en contra. Los republicanos estaban divididos entre una minor√≠a de unitarios (Emilio Castelar, Nicol√°s Salmer√≥n, Eugenio Garc√≠a Ruiz, Antonio de los R√≠os Rosas), cuyo peso pol√≠tico fue mucho mayor que su precaria representaci√≥n; y una mayor√≠a de federales, a su vez divididos entre transigentes (Francisco Pi y Margall) e intransigentes (Jos√© Mar√≠a Orense). Durante los dos a√Īos escasos en que se desarroll√≥ la experiencia republicana, se oper√≥ siempre en precariedad institucional. En el contexto internacional, √ļnicamente Estados Unidos y Suiza reconocieron al nuevo r√©gimen, mientras que las potencias europeas optaron por mantenerse a la expectativa (Francia y Alemania acababan de salir de la guerra Franco-Prusiana, uno de cuyos motivos fueron las maniobras por interferir en las candidaturas al trono espa√Īol).

Estanislao Figueras, republicano moderado, fue elegido por las Cortes como Jefe del Poder Ejecutivo, y form√≥ gobierno exclusivamente con republicanos de ambas tendencias (Castelar, Pi -que actuaba como hombre fuerte del gobierno desde el ministerio de Gobernaci√≥n-, Salmer√≥n y el general Acosta -ministro de Guerra-). Con sus primeros decretos se abolieron los t√≠tulos de nobleza, se reorganizaron los Voluntarios de la Libertad y se anunciaba una pr√≥xima abolici√≥n de la esclavitud, adem√°s de convocar una Asamblea Constituyente. El proyecto de Constituci√≥n de 1873 se fue elaborando con dificultad y no lleg√≥ a entrar nunca en vigor. Establec√≠a una Rep√ļblica federal de 17 Estados y varios territorios de ultramar, cada uno con su propia Constituci√≥n. Los municipios tendr√≠an una Constituci√≥n local y divisi√≥n de poderes entre alcald√≠a, ayuntamientos y tribunales locales. En el Estado central, el poder ejecutivo lo ejercer√≠a un jefe de gobierno nombrado por el Presidente. El legislativo lo desempe√Īar√≠an dos c√°maras, ambas de elecci√≥n directa, con un Senado formado por cuatro representantes de cada Estado, y un Congreso con un diputado por 50.000 habitantes. El judicial lo presidir√≠a un Tribunal Supremo constituido por tres magistrados de cada Estado. Se confiaba al Presidente un llamado poder de relaci√≥n con los dem√°s poderes y los Estados Federales. La separaci√≥n Iglesia-Estado era total.[52]

Enseguida surgieron movimientos partidarios de profundizar de forma m√°s radical en las reformas, desde un punto de vista territorial o social: en Barcelona se proclam√≥ la Rep√ļblica Federal democr√°tica de la que Catalu√Īa ser√≠a un estado. Las primeras organizaciones propias del movimiento obrero espa√Īol comienzan a tener una presencia p√ļblica activa, solicitando medidas como la reducci√≥n de jornada o el aumento de salarios. En M√°laga, los internacionalistas se hicieron con el poder municipal, y en el campo andaluz y extreme√Īo los jornaleros ocuparon tierras.

Desde el extremo opuesto del espectro de los revolucionarios de 1868, el general Serrano intentó dar un golpe de estado, que fracasó.

Pi y Margall fue proclamado Presidente de la Rep√ļblica en junio, dimitiendo al cabo de un mes ante el agravamiento de los tres frentes de oposici√≥n violenta: la sublevaci√≥n carlista (que aumentaba sus apoyos y su extensi√≥n territorial, con el guerrillero Savalls sembrando el p√°nico en Catalu√Īa), la continuidad de la guerra de Cuba, y el surgimiento de una revoluci√≥n cantonal por parte de los m√°s extremistas de entre los republicanos federales (especialmente fuerte en el cant√≥n de Cartagena).

Salmer√≥n asumi√≥ el ejecutivo con una decisi√≥n que terminar√° siendo fatal para la continuidad de la Rep√ļblica: reprimir la sublevaci√≥n cantonal mediante el ej√©rcito, que estaba bajo el control de generales alfonsinos (mon√°rquicos partidarios del pr√≠ncipe Alfonso, hijo de Isabel II). Pav√≠a fue enviado a Andaluc√≠a, Mart√≠nez Campos a Valencia y L√≥pez Dom√≠nguez a Cartagena. Salmer√≥n dimiti√≥ el 7 de septiembre tras negarse a firmar las condenas a muerte de unos militares cantonalistas, atrapado entre las opuestas presiones de su propio partido (Eduardo Palanca) y de los militares (Pav√≠a).[56] Simult√°neamente hab√≠a estallado una crisis internacional que implicaba a Estados Unidos y el Reino Unido en el conflicto cubano como consecuencia del apresamiento en Cuba del buque Virginius y el fusilamiento de 53 de sus tripulantes, entre ellas ciudadanos estadounidenses y brit√°nicos.

El siguiente presidente, Castelar, procuró la solución diplomática del conflicto internacional, mientras que, invocando poderes especiales, cerró las Cortes hasta enero, con el argumento de que el poder ejecutivo debía emplearse sin restricciones en la solución el problema cubano, carlista y cantonal. Su presidencia no sobreviviría a la apertura del siguiente periodo de sesiones, el 2 de enero de 1874.

Dictadura de Serrano (1874)

El general Francisco Serrano.

El 3 de enero de 1874, el general Manuel Pav√≠a interrumpi√≥ violentamente una sesi√≥n de las Cortes, que acababan de retirar la confianza a Castelar (a pesar de que la acci√≥n no tuvo la espectacularidad con que se la describi√≥ popularmente, la expresi√≥n el caballo de Pav√≠a pas√≥ a ser un t√≥pico pol√≠tico espa√Īol similar al de ruido de sables, con los que se alude a la amenaza de golpe de estado militar). El vac√≠o de poder llev√≥ a formar un gobierno de concentraci√≥n que puso la Presidencia de la Rep√ļblica en manos de Serrano, quien en la pr√°ctica no se someti√≥ a los controles constitucionales, consider√°ndose su mandato (casi un a√Īo entero) como una vedadera dictadura.[57]

En medio de una grave situaci√≥n financiera, se enfrent√≥ a los problemas pol√≠ticos al tiempo que se dedic√≥ con firmeza a intentar sofocar los tres frentes b√©licos abiertos: la sublevaci√≥n cantonal a√ļn fuerte en Cartagena, la tercera guerra carlista y la guerra de Cuba. Form√≥ gobierno con los republicanos unitarios de Eugenio Garc√≠a Ruiz, con Jos√© de Echegaray en Hacienda, que puso orden las finanzas dando forma al Banco de Espa√Īa. Sagasta, presidente del consejo de ministros desde septiembre (los presidentes del poder ejecutivo del periodo anterior asum√≠an ambos cargos, mientras que Serrano prefer√≠a designar a otro para ese cargo, quedando √©l en una posici√≥n institucionalmente similar a la de los reyes), ilegaliz√≥ de nuevo la secci√≥n espa√Īola de la Internacional y cerr√≥ sedes y peri√≥dicos revolucionarios, disolviendo grupos como los Voluntarios de la Libertad.

Inmediatamente las potencias europeas, con Alemania a la cabeza, reconocieron al nuevo régimen.

Alfonso, el hijo de Isabel II, que estaba recibiendo formaci√≥n militar en Inglaterra, envi√≥ desde la Real Academia de Sandhurst un mensaje a los espa√Īoles (el manifiesto de Sandhurst) promovido por el partido alfonsino, el grupo m√°s moderado de entre los mon√°rquicos espa√Īoles, liderados por Antonio C√°novas del Castillo. En un tono conciliador, declaraba haber aprendido la lecci√≥n derivada de la expulsi√≥n de su madre y su prop√≥sito de nunca dejar de ser buen espa√Īol, ni, como todos mis antepasados, buen cat√≥lico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal; procur√°ndose el apoyo de una amplia zona del espectro pol√≠tico, entre los reaccionarios y los liberales moderados.

Mientras tanto, la coyuntura bélica se prolongaba en las regiones con implantación carlista. Los ejércitos del gobierno, dirigidos por el propio general Serrano, contuvieron a los carlistas en Navarra, consiguieron levantar el sitio de Bilbao y acometieron una ofensiva en la zona de Cuenca.

El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos inició una sublevación en Sagunto en favor del príncipe Alfonso. Serrano optó por reconocer los hechos consumados y no oponerse al pronunciamiento; llamando a formar gobierno a Cánovas, líder del partido alfonsino, pero que no veía con buenos ojos el protagonismo militar en la vuelta de los borbones al trono. Consiguió marginar al general sublevado, quedando el gobierno en manos civiles.[52]

Restauración borbónica

Reinado de Alfonso XII (1875-1885) y regencia de María Cristina (1885-1902)

Alfonso XII.
Dibujo satírico sobre el pucherazo. Sagasta aparece sobre un embudo (referencia a la ley del embudo) con el cartel sufragio universal, encabezando una procesión de elementos de alteración de los resultados electorales (lázaros -votantes fallecidos-, intimidación a cargo de militares, guardias civiles -tricornio y sable- y oscuros personajes -embozados y con porras-, votos cautivos en urnas-jaula, etc.) Publicado por Tomás Padró Pedret en La Flaca (revista desaparecida en 1876). El sufragio universal no se restauraría hasta 1890.

Con la restauraci√≥n borb√≥nica, el nuevo rey confirm√≥ en el poder a C√°novas, que convoc√≥ elecciones en enero del a√Īo siguiente con el sistema previsto en la Constituci√≥n de 1869 (sufragio universal), que le proporcionaron una abrumadora mayor√≠a de mon√°rquicos conservadores afines a su gobierno. La redacci√≥n de la Constituci√≥n espa√Īola de 1876 fue encargada a una comisi√≥n de notables elegida por el mismo C√°novas y presidida por Manuel Alonso Mart√≠nez, que se present√≥ a las Cortes y fue aprobada sin grandes cambios el 30 de junio. Se opt√≥ por no precisar el sistema electoral (con lo que las siguientes elecciones se har√≠an por sufragio censitario hasta 1890). La soberan√≠a se compart√≠a entre Rey y Cortes, en un sistema parlamentario bicameral que dejaba al poder ejecutivo el ejercicio de un poder muy amplio. El reconocimiento de las libertades p√ļblicas quedaba matizado. Se defin√≠a la confesionalidad cat√≥lica del estado y la tolerancia hacia otras religiones.

Para la estabilidad del sistema político, Cánovas, que organizó en su torno el Partido Liberal-Conservador, era consciente de la necesidad de contar con una oposición dinástica, es decir, fiel a la monarquía parlamentaria alfonsina. En 1879 Sagasta, apoyado por Emilio Castelar, creó el Partido Liberal-Fusionista que integraba a progresistas y demócratas desencantados con el republicanismo. A partir del pacto de El Pardo (24 de noviembre 1885, ante la posibilidad de que estallara una crisis política a la muerte de Alfonso XII) el acuerdo entre Cánovas y Sagasta estableció un turnismo casi automático para que ambos partidos se sucedieran en el poder, lo que implicaba que los conservadores debían aceptar que los liberales recuperaran paulatinamente las conquistas políticas del sexenio (libertad de prensa, derecho de asociación o el sufragio universal). El control de las elecciones a través del ministerio de Gobernación (encasillado de los candidatos) se convirtió en el punto clave del un sistema que en su base se apoyaba en el denominado caciquismo: el predominio local de personalidades de gran prestigio social y posición económica, a partir de los cuales se establecían redes clientelares y se manipulaban los resultados (pucherazo).

Se platica

al fondo de una botica:

‚ÄĒYo no s√©,

don José,

cómo son los liberales

tan perros, tan inmorales.

‚ÄĒ¬°Oh, tranquil√≠cese ust√©!

Pasados los carnavales

vendr√°n los conservadores,

buenos administradores

de su casa.

Todo llega y todo pasa.

Nada eterno:

ni gobierno

que perdure,

ni mal que cien a√Īos dure.

Antonio Machado, Meditaciones rurales

A pesar de la estabilidad característica del sistema canovista, no dejó de haber disensiones dentro de los partidos dinásticos, protagonizadas por personalidades como Francisco Silvela (muy crítico con el caciquismo, lo que no le impidió ser ministro de Gobernación), Francisco Romero Robledo o Raimundo Fernández Villaverde en el partido conservador y Segismundo Moret o Eugenio Montero Ríos en el liberal.

Los partidos no din√°sticos quedaban en la pr√°ctica fuera de toda posibilidad de alcanzar el poder, aunque a finales de siglo comenzaron a obtener alguna representaci√≥n en circunscripciones urbanas, m√°s dif√≠ciles de manipular. Eso fue lo que permiti√≥ al naciente movimiento catalanista (en torno a Enric Prat de la Riba -Uni√≥ Catalanista, 1891, Bases de Manresa, 1892-) llegar al parlamento (Lliga Regionalista, 1901); mientras que el Partido Nacionalista Vasco de Sabino Arana, mucho m√°s radical, tard√≥ varios a√Īos m√°s.

El movimiento obrero se reorganiz√≥ con la creaci√≥n de partidos y sindicatos de ideolog√≠a marxista (PSOE -1879- y UGT -1888-, bajo el liderazgo de Pablo Iglesias, que opt√≥ por la participaci√≥n electoral, con mayor implantaci√≥n en Madrid y el Pa√≠s Vasco) o anarquista (Federaci√≥n de Trabajadores de la Regi√≥n Espa√Īola -1881- que optaron por la no intervenci√≥n en el sistema pol√≠tico, con mayor implantaci√≥n en Catalu√Īa y Andaluc√≠a). Una confusa red de grupos e individualidades anarquistas desarrollaron pr√°cticas de la denominada acci√≥n directa, que inclu√≠an, junto a medidas pac√≠ficas, otras violentas (propaganda por el hecho) con atentados terroristas en algunos casos muy espectaculares (bomba del Liceo de Barcelona -1893-, asesinato de C√°novas -1897-), y en otros casos manipulados por las propias autoridades (La Mano Negra, 1882-1884).

La denominada cuesti√≥n universitaria fue el principal conflicto de la vida intelectual y uno de los asuntos pol√≠ticos m√°s definitorios del nuevo sistema: la Circular de Orovio de 1875 (por el marqu√©s de Orovio, ministro de Fomento) limit√≥ de forma sustancial la libertad de c√°tedra al obligar a mantener las ense√Īanzas en t√©rminos que no afectaran al catolicismo y la monarqu√≠a. Un buen n√ļmero de catedr√°ticos universitarios, identificados como krausistas (Francisco Giner de los R√≠os, Gumersindo de Azc√°rate, Teodoro Sainz Rueda, Nicol√°s Salmer√≥n, Augusto Gonz√°lez Linares) fueron expulsados de la universidad y un grupo de ellos se reuni√≥ para continuar la docencia fuera de la universidad, en la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza, que inici√≥ una renovaci√≥n pedag√≥gica de gran trascendencia.

Un decidido esfuerzo militar, dirigido por Mart√≠nez Campos, acab√≥ con la resistencia carlista, lo que se aprovech√≥ para abolir el sistema foral de las tres provincias vascas (1876). La supervivencia de los fueros navarros se vio cuestionada m√°s tarde, en 1893, pero una movilizaci√≥n popular fren√≥ tales pretensiones (gamazada). El conflicto de Cuba se recondujo, tras la llegada a la isla del propio Mart√≠nez Campos, hacia la negociaci√≥n por la Paz de Zanj√≥n (1878). La promesa de autogobierno y de aplicaci√≥n la ley antiesclavista de Moret (retrasada hasta 1886) no se sustanci√≥ en reformas suficientes para evitar la insatisfacci√≥n de los independentistas cubanos y la frustraci√≥n de las expectativas de los autonomistas, lo que, veinte a√Īos m√°s tarde termin√≥ por llevar a una nueva guerra, esta vez con la decisiva intervenci√≥n de los Estados Unidos, el denominado desastre del 98; cuyas consecuencias internas, m√°s all√° del fin de la mayor parte del imperio colonial, fueron decisivas intelectual y pol√≠ticamente (regeneracionismo, generaci√≥n del 98), abriendo la denominada crisis de la restauraci√≥n.

Despensa, escuela y doble llave al sepulcro del Cid.

Desequilibrios demográficos, económicos, sociales y espaciales

Los √ļltimos a√Īos del siglo XIX y los primeros del XX significaron una crisis econ√≥mica de gran intensidad. Tras la epidemia de c√≥lera de 1885, que se ceb√≥ en las hacinadas e insalubres barriadas obreras disparando la mortalidad a niveles catastr√≥ficos; una profunda crisis agr√≠cola, de origen clim√°tico y biol√≥gico (malas cosechas cereal√≠sticas, epidemia de la filoxera, que destruy√≥ las vi√Īas), se vio agravada por la estructura socioecon√≥mica del campo espa√Īol, que no hab√≠a afrontado la mecanizaci√≥n ni otras transformaciones de la revoluci√≥n agr√≠cola, y lleg√≥ al menos hasta 1902. Las jornadas eran largas y agotadoras, con salarios paup√©rrimos, a veces incluso sometidos al destajo. Las condiciones de vida se deterioraron fuertemente, dispar√°ndose la mortalidad infantil, mientras el resto de los datos demogr√°ficos correspond√≠an a√ļn a cifras propias de una sociedad preindustrial. Sometidos a fuertes p√©rdidas, los terratenientes se mostraban cada vez m√°s opuestos a las reivindicaciones de los jornaleros, intensific√°ndose la confrontaci√≥n. Miles de jornaleros andaluces secundaron las huelgas pidiendo tierras. Otras regiones con una estructura de propiedad menos concentrada no por ello se libraron de los conflictos sociales que acompa√Īaron a los procesos de transformaci√≥n que dejaron su reflejo incluso en la literatura, que pas√≥ del costumbrismo a la denuncia social (los de la huerta valenciana inmortalizados por Vicente Blasco Ib√°√Īez, los de Asturias por Leopoldo Alas). Donde las condiciones lo hac√≠an particularmente propicio, funcion√≥ la v√°lvula de escape de la emigraci√≥n, especialmente a Am√©rica, pero tambi√©n a Francia o a Argelia; siendo particularmente intensa en Galicia y otras zonas del norte de Espa√Īa, donde algunas figuras retornadas con √©xito (los indianos) contribuyeron con su prestigio a la popularizaci√≥n del ideal social del enriquecimiento por el trabajo duro en lejanas tierras.

El gallego no pide, emigra.
Alfonso Rodríguez Castelao.[60]

En el País Vasco se produjo una industrialización basada en la minería del hierro, exportado a Inglaterra por la ría de Bilbao. La conveniencia de retornar con carga de carbón inglés provocó la creación de una siderurgia local, y el florecimiento de sectores asociados, como la construcción naval y las instituciones financieras (notablemente, la banca vasca -incluso la santanderina- fue mucho más sólida que la catalana). Al mismo tiempo que las relaciones sociales tradicionales del campo vasco (el caserío) entraban en crisis, y conducían a muchos a una emigración similar a la gallega, se producía un movimiento opuesto de llegada de emigrantes castellanohablantes a trabajar en las nuevas industrias. El invevitable choque cultural se expresó en todo tipo de conflictos e ideologías alternativas, como el socialismo y el nacionalismo vasco, y a complejas trayectorias personales, como las de Miguel de Unamuno, Pío Baroja o Tomás Meabe.

Simult√°neamente la burgues√≠a catalana estaba viviendo una verdadera fiebre del oro (periodo de la Exposici√≥n Universal de 1888) que se prolong√≥ en medio de una fort√≠sima conflictividad social (Semana Tr√°gica de 1909, crisis de 1917, a√Īos de plomo de pistolerismo patronal-sindical) en la √©poca dorada que llega al menos hasta la Exposici√≥n Internacional de 1929.[61] La vitalidad de Barcelona la convirti√≥ en la verdadera capital econ√≥mica de Espa√Īa, beneficiada incluso por la repatriaci√≥n de capitales tras la p√©rdida de Cuba; y un foco art√≠stico a nivel europeo (modernismo catal√°n, noucentisme). El abismo social que separaba a pobres y ricos increment√≥ la influencia del anarquismo en Catalu√Īa, con consecuencias pol√≠ticas trascendentes y prolongadas en el tiempo.

En toda Espa√Īa, la imagen del anarquismo ante la opini√≥n p√ļblica qued√≥ fuertemente marcada por la decisi√≥n de peque√Īos grupos de activistas de elegir el magnicidio como medida de propaganda por el hecho m√°s eficaz. Tras la bomba del Teatro del Liceo (1893) y el asesinato de C√°novas (1897), se produjo un atentado fallido contra la boda de Alfonso XII (Mateo Morral, 1906) y los asesinatos de los presidentes Jos√© Canalejas (1912) y Eduardo Dato (1921).

Las transformaciones sociales, como en el resto de Europa, fueron estimulando a una minor√≠a de mujeres a demandar su incorporaci√≥n a distintos √°mbitos de la vida cultural, suscitando todo tipo de rechazos y obst√°culos que la retrasaron. Concepci√≥n Arenal tuvo que asistir a las clases de derecho disfrazada de hombre; Cecilia B√∂hl de Faber tuvo que ocultarse bajo el masculin√≠simo pseud√≥nimo de Fern√°n Caballero; mientras que casos como el de Mar√≠a de la O Lej√°rraga fueron todav√≠a m√°s humillantes (era la autora de buena parte de las obras firmadas por su marido Gregorio Mart√≠nez Sierra) . Sometida a una autorizaci√≥n especial entre 1880 y 1910, la presencia de mujeres en la universidad sigui√≥ siendo una rareza hasta los a√Īos treinta. El mundo literario fue acept√°ndolas con cuentagotas (Rosal√≠a de Castro, Emilia Pardo Baz√°n, Concha Espina, Carmen de Burgos). La incorporaci√≥n al trabajo industrial de las clases bajas fue mucho m√°s temprana, sometida a salarios inferiores a los varones.

Reinado de Alfonso XIII (1902-1931)

La crisis de la Restauración

Archivo:Alfonso XIII de Espa√Īa (cropped).jpg
Barcelona se convirtió en La ciutat cremada ("la ciudad quemada") durante la Semana Trágica (1909).


La inestabilidad política hacía sucederse rápidamente a los gobiernos de signo conservador y liberal, y dentro de cada partido se producían toda clase de escisiones, disensiones e intrigas. El espíritu del regeneracionismo imperaba en la toma de decisiones reformistas en lo económico y social, con medidas como la Ley de repoblación interior de 1907 (Augusto González Besada)[62] y un plan de embalses para triplicar los regadíos (aplicación de la política hidráulica de Joaquín Costa o Lucas Mallada); retrasadas por la falta de una recursos económicos que se disputaban con el sostenimiento de un ejército desproporcionado (más mandos que soldados) y la reconstrucción de una marina de guerra que ya no tenía imperio que defender. En 1908 se puso en marcha el Instituto Nacional de Previsión, germen de las políticas de protección social propias de un estado social como el que se había implantado en la Alemania de Bismarck.

El campo de la ciencia, la educaci√≥n y la cultura, experiment√≥ un impulso significativo, hasta tal punto que desde 1906 (a√Īo de la concesi√≥n del Premio Nobel de medicina a Santiago Ram√≥n y Cajal) se puede hablar de una edad de plata de las ciencias y las letras espa√Īolas que durar√≠a treinta a√Īos (hasta la Guerra Civil). Se cre√≥ el Ministerio de Educaci√≥n, oblig√°ndose el Estado a asumir el salario de los maestros. En 1907 se cre√≥ la Junta para Ampliaci√≥n de Estudios, √≥rgano de investigaci√≥n cient√≠fica de orientaci√≥n institucionista presidido por el reci√©n premiado. El mismo movimiento obrero se orientaba a la educaci√≥n popular (los ateneos libertarios, las escuelas modernas anarquistas y las casas del pueblo socialistas).

Semana Tr√°gica y reformas de Canalejas

Tras el desastre de 1898, la √ļnica salida al imperialismo espa√Īol era la vocaci√≥n africanista. Una intensa actividad diplom√°tica llev√≥ a obtener una presencia colonial en el protectorado de Marruecos, que se obtuvo precisamente por lo oportuno que resultaba a las potencias europeas conceder a Espa√Īa, una potencia de poca consideraci√≥n, lo que resultar√≠a amenazante conceder a Alemania o a Francia (Tratado de Algeciras, 7 de abril de 1906). La exigencia de un nuevo esfuerzo militar llev√≥ a movilizar grandes contingentes de reclutas obligatorios (con el injusto sistema de quintas y la exclusi√≥n de los que pagaran la cuota de 6.000 reales). Las movilizaciones antimilitaristas provocaron una grave sublevaci√≥n en Barcelona en julio de 1909 (la Semana Tr√°gica), que amenaz√≥ con extenderse y tuvo que ser sofocada con el ej√©rcito y la llamada de los reservistas. Los disturbios tuvieron un fuerte componente anticlerical, promovido por el dirigente radical Alejandro Lerroux (j√≥venes b√°rbaros), con quema de conventos e iglesias. El gobierno conservador de Antonio Maura declar√≥ el estado de sitio en todo el pa√≠s, y se detuvo a miles de personas, a las que se aplic√≥ la jurisdicci√≥n militar y se someti√≥ a consejos de guerra. El m√°s sonado fue el de Francisco Ferrer Guardia, creador de las escuelas modernas anarquistas. A pesar de las protestas de la opini√≥n p√ļblica internacional, se cumpli√≥ la sentencia, que le condenaba a muerte como responsable de la instigaci√≥n de los disturbios (13 de octubre). La presi√≥n sobre Maura le oblig√≥ a dimitir (21 de octubre).

El turno de los liberales llev√≥ al gobierno a Jos√© Canalejas, que procur√≥ frenar las reivindicaciones populares mediante reformas legislativas, como la obligatoriedad del servicio militar que acabara con la injusticia del soldado de cuota y frenara el creciente antimilitarismo, y el intento de frenar el creciente anticlericalismo reforzando el car√°cter laico del Estado. Ante la negativa papal a negociar el Concordato de 1851, opt√≥ por limitar unilateralmente la actividad de las √≥rdenes religiosas (Ley del Candado, diciembre de 1910). La orientaci√≥n social de las medidas gubernamentales incluyeron la sustituci√≥n de los consumos por un impuesto progresivo sobre las rentas urbanas y un impulso a la ense√Īanza primaria. No obstante, cuando tuvo que hacer frente a estallidos sociales, no dud√≥ en emplearse con firmeza, como en la militarizaci√≥n que acab√≥ con la huelga de los ferroviarios de 1912.[63]

Primera Guerra Mundial y Crisis de 1917

La neutralidad de Espa√Īa en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuestionada por aliad√≥filos (m√°s numerosos en la izquierda) y german√≥filos (m√°s numerosos en la derecha), trajo consigo un aumento importante de la demanda de todo tipo de productos destinados a la exportaci√≥n, a pesar de la opci√≥n pol√≠tica por el proteccionismo industrial promovido por los catalanes de la Lliga, que hab√≠an conseguido una cuota relativamente importante de poder pol√≠tico y autonom√≠a local (Mancomunitat Catalana, 1913) y aspiraban a ser determinantes en la pol√≠tica nacional (Francesc Camb√≥). Los precios sub√≠an por el aumento de las exportaciones, mientras que los salarios no lo hac√≠an al mismo ritmo, produciendo un descenso sustancial del poder adquisitivo de los obreros mientras los empresarios ve√≠an aumentar sus m√°rgenes de beneficio. Las desigualdades sociales intensificaron la afiliaci√≥n sindical a la Uni√≥n General de los Trabajadores (UGT, socialista) y la Confederaci√≥n Nacional del Trabajo (CNT, anarquista, fundada en 1910).[64]

La crisis de 1917 estall√≥ como consecuencia de cuatro graves problemas: el problema pol√≠tico (inadecuaci√≥n de las instituciones a una sociedad cada vez m√°s moderna y una opini√≥n p√ļblica cada vez m√°s consciente, sobre todo en las zonas urbanas no sometidas al caciquismo), el problema econ√≥mico-social (descenso del nivel de vida e intensificaci√≥n de las reivindicaciones obreras), el problema militar (descontento de la oficialidad media y baja por la pol√≠tica de ascensos y por el descenso de los salarios reales), y el problema catal√°n (incremento de la presi√≥n regionalista, respondida por la presi√≥n de los militares espa√Īolistas desde el asunto del ¬°Cu-Cut! -1905-). Una asamblea de diputados reunida en Barcelona plante√≥ la posiblidad de una alternativa a los partidos din√°sticos y la regeneraci√≥n del r√©gimen pol√≠tico. Simult√°neamente se produjo una huelga general (convocada por la UGT y apoyada por la CNT). El gobierno conservador de Eduardo Dato contest√≥ con la represi√≥n, enviando a prisi√≥n o al exilio a los dirigentes de las protestas (los socialistas Francisco Largo Caballero, Juli√°n Besteiro, Indalecio Prieto, Andr√©s Saborit y Daniel Anguiano o el republicano Marcelino Domingo -todos ellos con gran futuro pol√≠tico-). Se form√≥ un gobierno de concentraci√≥n de liberales y conservadores, y las siguientes elecciones arrojaron resultados inciertos.

El fin del ciclo econ√≥mico coincidi√≥ con el fin de la Primera Guerra Mundial y la cat√°strofe demogr√°fica de la denominada gripe espa√Īola (la prensa espa√Īola, a diferencia de la de los pa√≠ses beligerantes, no estaba sometida a censura de guerra y pod√≠a informar de la epidemia). No obstante, a esas alturas del siglo XX las cifras demogr√°ficas de los a√Īos "normales" ya respond√≠an a las de una transici√≥n demogr√°fica iniciada, con una creciente poblaci√≥n urbana; y los datos de la estructura econ√≥mica a las de un pa√≠s inmerso en un proceso de industrializaci√≥n, con la mayor parte de la fuerza de trabajo a disposici√≥n del mercado, m√°s all√° de los circuitos aldeanos del autoconsumo, aunque con un claro atraso relativo, lejos de los niveles de desarrollo que ya hab√≠an convertido a algunos pa√≠ses en verdaderas sociedades de consumo.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho donde yago.

Desastre de Annual, "trienio bolchevique" y "a√Īos de plomo"

Una imprudente maniobra militar en √Āfrica, respaldada personalmente por el rey,[66] condujo al desastre de Annual (22 de julio de 1921, con cerca de diez mil muertos). La investigaci√≥n parlamentaria del esc√°ndalo (Expediente Picasso) amenaz√≥ con desestabilizar los centros de poder del sistema canovista: la monarqu√≠a y el ej√©rcito.

Simult√°neamente, se asist√≠a a un recrudecimiento de los conflictos sociales, tanto en zonas urbanas como rurales: los denominados trienio bolchevique[67] de Andaluc√≠a (huelgas y revueltas campesinas que llevaron a la declaraci√≥n del estado de guerra en mayo de 1919) y a√Īos de plomo de Barcelona[68] (caracterizados por el pistolerismo de la patronal y la acci√≥n directa o violencia anarquista de grupos de trabajadores, y la pol√≠tica de dura represi√≥n contra √©stos del gobernador Severiano Mart√≠nez Anido,[69] que enrarec√≠an cada vez m√°s la vida social catalana).

El capitán general de Barcelona, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923, con la inmediata aceptación del rey, sin que hubiera fuertes reacciones de oposición ni en la esfera política ni en la social, mientras que los intelectuales se dividían: oposición de Unamuno (que fue desterrado) y aceptación de Ortega.[70]

...yo actuaba por iniciativa propia. No tengo c√≥mplices. Consideraba que si llegaba a cumplir mi objetivo de matar al rey, provocar√≠a una revoluci√≥n en Espa√Īa. No es por odio personal al soberano por lo que me propon√≠a actuar, pues lo respeto como hombre pero no como rey y estimo que su desaparici√≥n podr√≠a ayudar a la salvaci√≥n de Espa√Īa.
Confesión de Buenaventura Durruti ante la policía francesa, junio de 1926.[71]

Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

Artículo principal: Dictadura de Primo de Rivera

Se impuso entonces una dictadura que, en los primeros a√Īos, recibi√≥ toda clase de apoyos sociales, desde la burgues√≠a catalana hasta la UGT de Largo Caballero, mientras los partidos din√°sticos aceptaban la suspensi√≥n de la Constituci√≥n. La popularidad del r√©gimen qued√≥ fortalecida con una soluci√≥n militar, en forma de operaci√≥n de gran envergadura, al problema de Marruecos, para la que se cont√≥ con la ayuda de Francia: el desembarco de Alhucemas (8 de septiembre de 1925). Se nacionalizaron sectores estrat√©gicos, como el petrol√≠fero y el telef√≥nico, en los que se establecieron grandes compa√Ī√≠as monopol√≠siticas (CAMPSA y la Compa√Ī√≠a Telef√≥nica Nacional). Una ambiciosa pol√≠tica de obras p√ļblicas de esp√≠ritu regeneracionista (construcci√≥n de carreteras y embalses, regad√≠os, repoblaci√≥n forestal) dinamiz√≥ el empleo y la actividad econ√≥mica, una vez establecida por la fuerza la paz social. Parec√≠an ser las virtudes terap√©uticas del cirujano de hierro que hab√≠a pronosticado Joaqu√≠n Costa.[72]

Con el tiempo, el r√©gimen fue derivando en un corporativismo que en algunos extremos recordaba a la Italia fascista de Mussolini, incluso con la creaci√≥n de un movimiento pol√≠tico con vocaci√≥n de partido √ļnico (partido pol√≠tico, pero apol√≠tico: la Uni√≥n Patri√≥tica). La sustituci√≥n del inicial directorio militar por un directorio civil (3 de diciembre de 1925), que incluy√≥ a pol√≠ticos ajenos a los partidos tradicionales (Jos√© Calvo Sotelo, Galo Ponte, Eduardo Callejo), inici√≥ una institucionalizaci√≥n del r√©gimen (fundaci√≥n de la Organizaci√≥n Corporativa Nacional -1926-, convocatoria de una Asamblea Nacional Consultiva -1927-, inicio de la redacci√≥n de un nuevo texto constitucional -la Constituci√≥n de 1929, que no lleg√≥ a completarse-), que cada vez demostraba m√°s intenciones de prolongarse en el tiempo, frente a su pretendida provisionalidad inicial.

La mala gesti√≥n de la pol√≠tica monetaria impidi√≥ desarrollar el programa de obras p√ļblicas, y las dificultades econ√≥micas se sumaron a la p√©rdida de popularidad del dictador, cada vez m√°s criticado por una oposici√≥n creciente, especialmente entre la juventud universitaria, los intelectuales y el movimiento obrero; mientras se fraguaba una conspiraci√≥n pol√≠tica entre los partidos republicanos y el socialista. Ante la falta de apoyos, la situaci√≥n de Primo de Rivera se hizo insostenible, y opt√≥ por renunciar y salir al exilio (28 de enero en 1930).

Dictablanda y crisis final de la monarquía (1930-1931)

Artículo principal: Dictablanda

El gobierno fue encargado al General Berenguer. El descr√©dito del nuevo gobierno fue inmediato: un sonado art√≠culo de uno de los m√°s destacados intelectuales, Jos√© Ortega y Gasset (El error Berenguer -El Sol, 15 de noviembre de 1930-), terminaba con un rotundo delenda est monarchia. La sublevaci√≥n pro-republicana de una unidad militar en Jaca el 12 de diciembre de 1930 fue sofocada, pero el fusilamiento de los dos principales responsables (Ferm√≠n Gal√°n y √Āngel Garc√≠a Hern√°ndez) tuvo una gran repercusi√≥n en la opini√≥n p√ļblica. Ortega, apoyado por un selecto grupo (Ram√≥n P√©rez de Ayala y Gregorio Mara√Ī√≥n) cre√≥ la Agrupaci√≥n al Servicio de la Rep√ļblica, presidida por Antonio Machado. Su primer acto p√ļblico (14 de febrero de 1931) fue seguido por la dimisi√≥n de Berenguer.

La unidad de acción de los políticos republicanos de diferentes orientaciones, a partir del Pacto de San Sebastián (17 de agosto de 1930), les permitía desafiar con ventaja al cada vez más débil gobierno y ofrecerse como una verosímil alternativa de poder.

En este contexto, el nuevo presidente, el almirante Aznar, opt√≥ por un restablecimiento paulatino de las pr√°cticas democr√°ticas, comenzando por la celebraci√≥n de elecciones municipales el 12 de abril, un escenario pol√≠tico m√°s proclive a la recomposici√≥n del tradicional control de las redes clientelares sobre el poder local. Los partidos republicanos y el PSOE constituyeron un bloque electoral que recibi√≥ el apoyo de la UGT. En Catalu√Īa los partidos din√°sticos se aliaron con la Lliga, mientras que a los partidos de oposici√≥n de √°mbito nacional se sumaba la recientemente creada Esquerra Republicana de Catalunya (Francesc Maci√†). La CNT aplic√≥ la ortodoxia ideol√≥gica anarquista, que consideraba contraproducente intervenir en las instituciones pol√≠ticas burguesas; mientras que el Partido Comunista de Espa√Īa (PCE, escindido del PSOE como resultado de formaci√≥n de la Tercera Internacional prosovi√©tica) era a√ļn un partido de muy escasa entidad. A pesar de que tanto en n√ļmero de votos como en n√ļmero de ayuntamientos los candidatos mon√°rquicos ganaron, a nadie se le ocultaba que la mayor parte de las circunscripciones (pueblos sometidos al caciquismo y sin verdadera libertad de voto), no pod√≠an ser consideradas del mismo modo que las ciudades, donde ganaron con holgura las listas republicano-socialistas. En vista de los resultados, el 14 de abril, en un ambiente festivo y popular, la multitud llen√≥ las calles de todas las ciudades ondeando banderas tricolores (la bandera republicana sustitu√≠a la banda inferior roja por otra morada), mientras destacados pol√≠ticos republicanos, ante el desbordamiento y la inacci√≥n de las autoridades, se hac√≠an con el control de edificios p√ļblicos proclamando la Rep√ļblica. El rey opt√≥ por no forzar una respuesta represiva que no hubiera contado con el apoyo del ej√©rcito ni de los partidos din√°sticos, y se exili√≥, renunciando al ejercicio de sus poderes aunque sin abdicar formalmente.

Segunda Rep√ļblica (1931-1939)

Art√≠culo principal: Segunda Rep√ļblica Espa√Īola


Niceto Alcal√° Zamora, primer presidente de la Segunda Rep√ļblica.
Manuel Aza√Īa, segundo presidente.

Primer bienio, "social-aza√Īista", reformista o transformador

Se instaur√≥ un gobierno provisional presidido por Niceto Alcal√° Zamora formado por republicanos de distintas ideolog√≠as, incluyendo a socialistas. El 28 de junio de 1931, las elecciones a Cortes constituyentes dieron lugar a una c√°mara en la que los partidos republicanos de izquierda, junto con el PSOE, impusieron una orientaci√≥n laicista y avanzada socialmente, lo que produjo la dimisi√≥n de Alcal√° Zamora y la formaci√≥n de un nuevo gobierno presidido por Manuel Aza√Īa (14 de octubre de 1931). Se procur√≥ mantener el equilibrio institucional nombrando a Alcal√° Zamora Presidente de la Rep√ļblica (10 de diciembre del mismo a√Īo).

La Constituci√≥n de 1931 reconoci√≥ un amplio conjunto de derechos pol√≠ticos y sociales, como el sufragio femenino, la instituci√≥n de jurados mixtos de patronos y obreros en paridad para la resoluci√≥n de los conflictos laborales. Al subordinar la propiedad privada al inter√©s de la econom√≠a nacional se respond√≠a a la necesidad de una reforma agraria (sustanciada en la Ley de 9 de septiembre de 1932) que preve√≠a la expropiaci√≥n con indemnizaci√≥n de las fincas que se consideraran no explotadas con suficiente rentabilidad social (como la mayor parte de los latifundios del Sur de Espa√Īa), en beneficio de los jornaleros sin tierras. La total separaci√≥n Iglesia-Estado se expres√≥ en una completa libertad religiosa, en la supresi√≥n del presupuesto de culto y clero (concesi√≥n a la Iglesia cat√≥lica desde el Concordato de 1851, que remediaba mediante el pago de salarios a obispos y sacerdotes la privaci√≥n de recursos a causa de la desamortizaci√≥n), en la prohibici√≥n de la ense√Īanza reglada a las √≥rdenes religiosas y en la supresi√≥n de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs (bas√°ndose en su voto de especial obediencia al Papa). El nuevo dise√Īo institucional hac√≠a recaer el poder ejecutivo en un Presidente de la Rep√ļblica que nombraba al presidente de un gobierno responsable ante un legislativo unicameral. La nueva estructura territorial reconoc√≠a el derecho a la autonom√≠a dentro de un denominado Estado integral, lo que result√≥ en la constituci√≥n de la Generalitat de Catalunya (Generalidad de Catalu√Īa, 2 de agosto). Se abol√≠an las jurisdicciones especiales (como la militar, que se ejerc√≠a sobre civiles desde 1906), se extend√≠a el jurado y se preve√≠a la formaci√≥n de un Tribunal de Garant√≠as Constitucionales.

La reforma del ej√©rcito, instituci√≥n descompensada por la gran cantidad de oficiales, implic√≥ el cierre de la Academia General de Zaragoza. El descontento militar, al que se sum√≥ el de la Guardia Civil, llev√≥ al general Sanjurjo a dar el fallido golpe de estado de 1932, de car√°cter mon√°rquico y que tambi√©n aduc√≠a como causa la deriva anticlerical de la Rep√ļblica, ejemplificada en la quema de conventos. Desde el otro extremo del espectro pol√≠tico, los dirigentes anarquistas de la CNT y la FAI impusieron la t√°ctica de presi√≥n permanente mediante huelgas y otras movilizaciones, especialmente violentas en el campo. Se sucedieron graves enfrentamientos como los sucesos de Gilena, de Castilblanco, de Arnedo y de Casas Viejas;[73] cuya gesti√≥n minar√≠a al gobierno social-aza√Īista hasta el punto de obligar a la disoluci√≥n de la c√°mara y la convocatoria de las elecciones de noviembre de 1933, en las que los anarquistas manifestaron su indiferencia ante el r√©gimen republicano mediante la abstenci√≥n. Tambi√©n se hab√≠a argumentado (debate Victoria Kent y Clara Campoamor) que el ejercicio por primera vez del sufragio femenino dar√≠a a la derecha el voto de muchas mujeres, influidas de forma determinante por la opini√≥n expresada por los sacerdotes desde el p√ļlpito y el confesionario. Los partidos que m√°s esca√Īos obtuvieron fueron el bloque de la Confederaci√≥n Espa√Īola de Derechas Aut√≥nomas (CEDA) de Jos√© Mar√≠a Gil-Robles y el Partido Radical de Alejandro Lerroux (muy alejado del radicalismo que le caracteriz√≥ a comienzos de siglo), que llegaron a un acuerdo de gobierno.

Segundo bienio, "radical-cedista" o "negro"

Las reformas que se hab√≠an iniciado en el primer bienio se vieron radicalmente interrumpidas por el gobierno cedista. Se fren√≥ la aplicaci√≥n de la Ley de Reforma Agraria; se concedi√≥ amnist√≠a a los golpistas del 32 (Sanjurjo, Juan March, etc.); y se vet√≥ la ley de la Generalitat catalana favorable a los rabassaires. Desde la izquierda republicana y el movimiento obrero se tem√≠a que la incorporaci√≥n al gobierno de Gil-Robles significara, como hab√≠a ocurrido con la de Hitler en Alemania, el establecimiento de un sistema fascista a pesar de su origen democr√°tico. La insurrecci√≥n de octubre de 1934, impulsada por el PSOE, apoyada por los anarquistas, y que en Catalu√Īa cont√≥ con la adhesi√≥n institucional del gobierno aut√≥nomo, de Esquerra Republicana (que fue a√ļn m√°s lejos, proclamando el Estado Catal√°n dentro de la Rep√ļblica Federal Espa√Īola, 6 de octubre), fracas√≥ en toda Espa√Īa excepto en Asturias, donde los mineros tomaron las ciudades. El gobierno encarg√≥ la represi√≥n al ej√©rcito de √Āfrica, dirigido por Francisco Franco, que acab√≥ con la revuelta de forma expeditiva; adem√°s de los numerosos muertos y heridos, miles de obreros, sindicalistas y pol√≠ticos de partidos de izquierda quedaron encarcelados.[74] El final del periodo se vio afectado por un esc√°ndalo de corrupci√≥n (el fraude del estraperlo) que provoc√≥ dificultades parlamentarias al partido de Lerroux, que se disgreg√≥, lo que forz√≥ un adelantamiento electoral.

Meses previos a la Guerra: de febrero a julio de 1936

A imitaci√≥n de Francia donde un Front Populaire hab√≠a llegado al gobierno (la estrategia frentepopulista, dise√Īada por Dimitrov y Stalin en el Komintern, respond√≠a a la necesidad de frenar al fascismo por v√≠a electoral reuniendo a los partidos antifascistas de una amplia zona del espectro pol√≠tico), en Espa√Īa, con la misma denominaci√≥n de Frente Popular, se form√≥ una coalici√≥n electoral que gan√≥ las elecciones de febrero de 1936. A pesar de la escasa distancia en votos, el sistema electoral produjo una gran mayor√≠a de diputados del PSOE, de Izquierda Republicana y del resto de los partidos de la coalici√≥n. Alcal√° Zamora fue destituido por la nueva c√°mara como presidente de la Rep√ļblica (7 de abril), y se eligi√≥ para sustituirle a Manuel Aza√Īa (11 de mayo), un cambio id√©ntico en las personas al que se produjo en la presidencia del gobierno en 1931. Previamente (19 de febrero) se hab√≠a formado un gobierno presidido por Aza√Īa con ministros republicanos entre los que no se nombr√≥ a socialistas (cuyo apoyo parlamentario era imprescindible, pero que estaban divididos internamente entre la tendencia m√°s moderada de Indalecio Prieto y la m√°s radical de Francisco Largo Caballero).

Se restableci√≥ la Generalitat catalana y se desbloquearon las reformas paralizadas por el bienio radical-cedista, entre ellas los tr√°mites para dotar de estatutos de autonom√≠a a Galicia y el Pa√≠s Vasco. Las confrontaciones laborales y el desorden p√ļblico iban en aumento. Volvi√≥ a producirse una nueva oleada de disturbios anticlericales. Desde el 14 de abril (quinto aniversario de la proclamaci√≥n de la Rep√ļblica) se suced√≠an manifestaciones y contramanifestaciones violentas, con resultado de muertos en una espiral de venganzas personales y pol√≠ticas. El 15 de junio de 1936 Gil-Robles denunciaba la grave situaci√≥n en un discurso parlamentario:

160 iglesias destruidas, 251 asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto. 269 muertos. 1287 heridos de diferente gravedad. 215 agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan. 69 centros particulares y políticos destruidos, 312 edificios asaltados. 113 huelgas generales, 228 huelgas parciales. 10 periódicos totalmente destruidos, todos de derecha. 83 asaltos a periódicos, intentos de asalto y destrozos. 146 bombas y artefactos explosivos. 38 recogidos sin explotar.[75]

El 12 de julio fue asesinado el teniente Castillo, militar de la Unión Militar Republicana Antifascista que se había significado en la represión de una manifestación derechista. Al día siguiente, un grupo de guardias de asalto (fuerza de seguridad a la que pertenecía Castillo) quisieron vengarle matando a Gil-Robles, pero al no encontrarse en su domicilio decidieron atentar contra José Calvo Sotelo, antiguo ministro de Hacienda de la monarquía y jefe del Bloque Nacional (agrupación de monárquicos alfonsinos y carlistas, de carácter tradicionalista o ultraconservador), que a pesar de su escaso peso político actuaba parlamentariamente como uno de los líderes más visibles de la oposición. Su asesinato fue considerado como justificación (se le denominó el protomártir de la Cruzada) para la sublevación militar que se produjo cuatro días después, aunque no como su detonante, pues el hecho de que llevaba varios meses preparándose había pasado a ser un secreto a voces ante el que todas las fuerzas sociales y políticas estaban tomando posición.

Guerra Civil

Art√≠culo principal: Guerra Civil Espa√Īola
Las dos Espa√Īas tal como las defin√≠a el frente de guerra en 1936.
Se observa claramente la muesca sim√©trica (que afecta por igual a ambos sexos) en los nacidos entre 1936 y 1939, que en el a√Īo 1950 ya ten√≠an entre 14 y 11 a√Īos; y la muesca asim√©trica (que s√≥lo afecta a los varones) en los grupos de edad entre 30 y 40 a√Īos, que en la Guerra ten√≠an entre 14 y 11 a√Īos menos, es decir, estaban en edad militar.
La muesca sim√©trica de los nacidos en la Guerra Civil se sigue observando en el grupo de edad entre 69 y 65 a√Īos. La sobremortalidad masculina de los mayores de 85 a√Īos explica la desproporci√≥n entre varones y mujeres, pero s√≥lo en parte es debida a los muertos en guerra.

La tarde del 17 de julio comenz√≥ la sublevaci√≥n militar en Marruecos y la ma√Īana del 18 de julio en la mayor parte de la Pen√≠nsula. El denominado Alzamiento Nacional fracas√≥ en lugares clave, como Madrid y Barcelona, debido en algunos casos a la oposici√≥n de parte del ej√©rcito, y en otros a la resistencia popular, organizada en milicias de sindicatos y partidos de izquierda que obtuvieron armas de las autoridades gubernamentales (a lo largo de la guerra fue significativa la actividad militar de l√≠deres de extracci√≥n popular, como Enrique L√≠ster y Valent√≠n Gonz√°lez El Campesino -comunistas, Quinto Regimiento-, y Buenaventura Durruti -anarquista, Milicia confederal-). Algunos puntos donde triunf√≥ la sublevaci√≥n quedaron rodeadas como enclaves (Sevilla, Toledo, Granada). Espa√Īa qued√≥ dividida en dos zonas (zona nacional o fascista y zona republicana o roja -seg√ļn qui√©n la nombrara-) que determinaron la condici√≥n de nacionales o republicanos geogr√°ficos (es decir, no por convicci√≥n, sino por obligaci√≥n) de buena parte de los militares, polic√≠as, guardias civiles o funcionarios; as√≠ como de los reclutas forzosos y la sociedad civil. En l√≠neas generales, la zona nacional correspond√≠a a las zonas agrarias del norte donde dominaba la peque√Īa propiedad (Galicia, Meseta Norte, Navarra), mientras que la republicana correspond√≠a a las zonas industriales y obreras (Asturias, Pa√≠s Vasco, Catalu√Īa, Madrid, Valencia) y las zonas agrarias latifundistas del sur (Extremadura, Meseta Sur y Andaluc√≠a); lo que tambi√©n respond√≠a a grandes rasgos al sentido del voto mantenido desde principios de siglo en las sucesivas elecciones entre izquierdas y derechas. Los otros rasgos ideol√≥gicos que tambi√©n funcionaron como identificativos fueron los que separaban a los partidarios del concepto m√°s tradicionalista de unidad de Espa√Īa contra los nacionalistas perif√©ricos y los que separaban a los partidarios del papel tradicional de la Iglesia cat√≥lica de los anticlericales. La heterogeneidad de los bandos inclu√≠a a los nacionalistas vascos (cat√≥licos) en el bando republicano, y a los catalanistas de la Lliga (derechistas) en el bando nacional. La radicalizaci√≥n de las posturas implic√≥ la marginaci√≥n de los moderados de cada bando o los que no se sent√≠an identificados con ninguno de los dos (la denominada tercera Espa√Īa).

Comenz√≥ una violent√≠sima represi√≥n en ambas retaguardias, m√°s sistem√°tica en el bando nacional, mas descontrolada en el republicano, que lleg√≥ incluso a graves enfrentamientos internos (sucesos de Barcelona de mayo de 1937, entre anarquistas, trotskistas y comunistas, involucrados en un conflicto de prioridades entre ganar la guerra o hacer la revoluci√≥n -la denominada revoluci√≥n social espa√Īola, que realizaba colectivizaciones y experimentos libertarios en zonas carentes del control gubernamental y perdidas en poco tiempo-). Los pase√≠llos y sacas de presos (ejecuciones clandestinas) y las detenciones regulares o irregulares (en c√°rceles organizadas a medida que avanzaba la zona nacional y chekas de distintas orientaciones en la retaguardia republicana) se centraron en los enemigos de clase e ideol√≥gicos: propietarios y sacerdotes para el bando republicano, sindicalistas y maestros para el nacional.

La desventaja estrat√©gica inicial de los militares sublevados (fuerzas concentradas en √Āfrica sin el control de la marina ni la aviaci√≥n, mayoritariamente republicanas) se compens√≥ con el apoyo de aparatos cedidos por la Alemania nazi, que junto con la Italia fascista pasaron a ser un aliado decisivo de los sublevados,[76] a los que tambi√©n benefici√≥ la garant√≠a de suministro de petr√≥leo por parte de una petrolera estadounidense (Texaco), a pesar de la oposici√≥n de su propio gobierno.[77]

El gobierno de la Rep√ļblica, primero presidido por Jos√© Giral y luego por Francisco Largo Caballero, no pudo obtener una ayuda semejante por parte de las democracias europeas, que propiciaban una pol√≠tica de no intervenci√≥n, al tiempo que pretend√≠an, mediante la pol√≠tica de apaciguamiento, frenar el expansionismo de Hitler en Europa central, empe√Īo finalmente in√ļtil, que demostr√≥, entre otras cosas, que la Guerra de Espa√Īa fue el ensayo y primera batalla de la Segunda Guerra Mundial. El √ļnico apoyo internacional que la Rep√ļblica obtuvo fue el de la Uni√≥n Sovi√©tica, que se concret√≥ en material b√©lico, asesores militares y la organizaci√≥n de un reclutamiento internacional de voluntarios en las Brigadas internacionales. La cada vez mayor influencia sovi√©tica fue paralela al incremento de la presencia social e institucional del hasta entonces peque√Īo Partido Comunista de Espa√Īa, especialmente con el gobierno del socialista Juan Negr√≠n (desde mayo de 1937). El pago econ√≥mico se complic√≥ con el oscuro asunto de la salida de las reservas de oro del Banco de Espa√Īa para ser custodiado en Rusia, el denominado oro de Mosc√ļ.

El bando nacional qued√≥ desde el 1 de octubre de 1936 bajo el mando √ļnico del general Franco, cuyo prestigio hab√≠a quedado incrementado por la dura campa√Īa que conect√≥ las zonas sublevadas de sur y norte (toma de Badajoz, 14 de agosto de 1936), prolongada con el episodio del rescate de los asediados en el Alc√°zar de Toledo (27 de septiembre de 1936). Ning√ļn militar pod√≠a discut√≠rselo (el organizador de la sublevaci√≥n, general Mola y el m√°s prestigioso de entre los sublevados, el general Sanjurjo, fallecieron en accidentes de aviaci√≥n). Tampoco hubo serias disputas pol√≠ticas internas: el fundador de Falange Espa√Īola, Jos√© Antonio Primo de Rivera, estaba preso en la c√°rcel de Alicante (fue fusilado el 20 de noviembre), y a partir de entonces se le nombraba como el ausente. De est√©tica y programa inspirado en el fascismo italiano, era el partido m√°s extremista de la derecha y el m√°s prestigioso, por su opci√≥n decidida por la violencia, entre los que hab√≠an perdido toda confianza en el sistema republicano desde que la derecha perdi√≥ las elecciones de febrero de 1936, produci√©ndose un espectacular incremento de su militancia (los camisas nuevas frente a los camisas viejas). Todos los dem√°s partidos y movimientos adheridos al alzamiento (las JONS, ya integradas en Falange, los partidos derechistas ya integrados en la CEDA, Tradici√≥n y Renovaci√≥n Espa√Īola y diversos grupos derechistas, cat√≥licos, carlistas, mon√°rquicos, etc.) fueron disueltos y obligados a unificarse con Falange bajo las siglas FET y de las JONS (Falange Espa√Īola Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, Decreto de Unificaci√≥n de 19 de abril de 1937). Se evidenci√≥ que la guerra no se hac√≠a para restablecer una monarqu√≠a liberal-conservadora o un gobierno derechista republicano, sino para implantar un r√©gimen totalitario similar al italiano y al alem√°n.

La defensa de Madrid, fuertemente bombardeada, adquiri√≥ tonos propagand√≠sticos (lema No pasar√°n, poema de Antonio Machado que llam√≥ a Madrid Rompeolas de todas las Espa√Īas) amplificados por el apoyo mayoritario de los intelectuales a la rep√ļblica (Alianza de Intelectuales Antifascistas, Exposici√≥n Internacional de Par√≠s de 1937). Una decidida resistencia consigui√≥ evitar la toma de la capital, aunque tuvo que ser desalojada por el gobierno, que se refugi√≥ en Valencia. La evacuaci√≥n de los prisioneros derechistas ocasion√≥ uno de los episodios m√°s pol√©micos de la guerra: los asesinatos de Paracuellos. Tambi√©n pol√©micos fueron los episodios relativos a la ca√≠da de la zona norte republicana: el bombardeo de Gernika, la toma de Bilbao (te√≥ricamente protegida por un cintur√≥n de hierro) y la retirada de los nacionalistas vascos (Pacto de Santo√Īa).

Los republicanos pretendieron tomar la iniciativa con las ofensivas de Belchite (agosto-septiembre de 1937) y de de Teruel (diciembre 1937 - febrero de 1938), que fueron neutralizadas. M√°s graves consecuencias tuvo la llegada de las tropas de Franco al Mediterr√°neo en Vinaroz (General Yag√ľe, 15 de abril de 1938, culminaci√≥n de la Ofensiva de Arag√≥n), que cort√≥ la zona republicana en dos. El planteamiento de una seria contraofensiva en la batalla del Ebro (julio-noviembre de 1938), la m√°s importante de toda la guerra, no pudo romper el frente de forma decisiva, y el agotamiento de las fuerzas republicanas condujo a la ca√≠da de Catalu√Īa (diciembre de 1938 - febrero de 1939) y la salida al exilio en Francia del primer gran contingente de republicanos espa√Īoles, incluido el dimitido presidente Aza√Īa (27 de febrero de 1939), que hab√≠a intentado in√ļtilmente la reconciliaci√≥n de ambos bandos con su emotivo discurso Paz, piedad y perd√≥n (18 de julio de 1938).[78] Los √ļltimos d√≠as de la guerra no fueron de combates en el frente sino en la retaguardia republicana, en la que se produjo el golpe de estado del Coronel Casado (4 de marzo de 1939) y la r√°pida disoluci√≥n de toda autoridad, mientras se organizaba precipitadamente la huida hacia el exilio. La toma de Madrid por las tropas de Franco se hizo sin ninguna oposici√≥n, y el 1 de abril se firm√≥ el √ļltimo parte de la Guerra Civil Espa√Īola.

El tema de la Guerra Civil es el de mayor producci√≥n literaria de toda la historiograf√≠a espa√Īola, as√≠ como el m√°s pol√©mico y generador de debate social y pol√≠tico (v√©ase memoria hist√≥rica). Ni siquiera en las fechas hay acuerdo total: los denominados revisionistas proponen la revoluci√≥n de 1934 como inicio de la guerra, mientras que la propia declaraci√≥n del estado de guerra fue divergente en ambos bandos: el gobierno republicano no declar√≥ el estado de guerra hasta casi su final (para mantener el control civil de todas las instituciones), mientras que el gobierno de Franco no levant√≥ la declaraci√≥n hasta varios a√Īos despu√©s de terminada (para garantizar su control militar).

Las consecuencias de la Guerra civil han marcado en gran medida la historia posterior de Espa√Īa, por lo excepcionalmente dram√°ticas y duraderas: tanto las demogr√°ficas, que marcaron la pir√°mide de poblaci√≥n durante generaciones (aumento de la mortalidad por violencia directa -175.000 muertos en el frente, 60.000 por la represi√≥n en la retaguarda nacional y 30.000 en la republicana- y por el deterioro de las condiciones de vida y la alimentaci√≥n; y descenso de la natalidad) como las materiales (destrucci√≥n de las ciudades, de la estructura econ√≥mica -50% de la estructura ferroviaria y m√°s de un tercio de la marina mercante y de la ganader√≠a-,[79] del patrimonio art√≠stico -a pesar de intentos de protegerlo, como el que llev√≥ a evacuar a Suiza de los principales fondos del Museo del Prado para evitar los bombardeos de Madrid, pero que eran inviable generalizar, dada la dispersi√≥n del arte religioso, en el que se ensa√Ī√≥ la ira anticlerical-), intelectuales (fin de la denominada Edad de Plata de las letras y ciencias espa√Īolas) y pol√≠ticas (la represi√≥n en la retaguardia de ambas zonas -mantenida por los vencedores con mayor o menor intensidad durante todo el franquismo, unas 50.000 ejecuciones- y el exilio de los perdedores), que se perpetuaron mucho m√°s all√° de la prolongada posguerra, incluyendo la excepcionalidad geopol√≠tica del mantenimiento del r√©gimen de Franco hasta 1975.

Dictadura de Franco (1939-1975)

Artículo principal: Dictadura de Francisco Franco
Véase también: Franquismo

Autarquía y nacionalcatolicismo (1939-1959)

Franco junto a Heinrich Himmler, jefe de las SS en 1940. A la derecha se encuentra Serrano Su√Īer, llamado el cu√Īad√≠simo por ser el cu√Īado de Franco imitando a uno de los t√≠tulos del dictador; el General√≠simo. Franco tambi√©n se hac√≠a llamar el Caudillo.
Valle de los Ca√≠dos (1940-1958), memorial de la Guerra Civil construido como trabajos forzados por presos republicanos. Franco lo concibi√≥ tambi√©n para alojar su propia tumba, al lado de la de Jos√© Antonio Primo de Rivera el ausente, cuyo cad√°ver hab√≠a sido trasladado a hombros de falangistas desde Alicante hasta el pante√≥n de los reyes de Espa√Īa en Monasterio de El Escorial, un lugar muy cercano al elegido para el Valle.
Enfrentamiento entre los maquis y la guardia civil en un bosque. La actividad guerrillera antifranquista tuvo su mayor incidencia con el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) y se prolong√≥ hasta comienzos de los a√Īos cincuenta.
Cacer√≠a presidida por Franco y su mujer, Carmen Polo, junto a militares y dirigentes del r√©gimen, y un miembro de la Guardia Mora (disuelta en 1956). El papel de las reuniones sociales de cierta informalidad, como las cacer√≠as o los partidos de f√ļtbol (en el famoso palco de Bernab√©u) era muy significativo tanto pol√≠tica como econ√≥micamente. Una cacer√≠a semejante es la base argumental de la pel√≠cula La escopeta nacional, de Luis Garc√≠a Berlanga (1977).
Inauguración de unas instalaciones del INIA en Puerta de Hierro (Madrid), en 1954. Junto a Franco están Eugenio Morales Agacino y Joaquín Ruiz-Giménez.

Tras la Victoria una represi√≥n de extraordinaria dureza se extendi√≥ en el tiempo (hasta 1948 no se levant√≥ el Estado de Guerra) y se centr√≥ entre los grupos sociales identificados como Antiespa√Īa: sindicatos y partidos republicanos, izquierdistas y nacionalistas perif√©ricos; cuyo patrimonio fue confiscado. Se promulg√≥ una Ley para la Represi√≥n de la Masoner√≠a y el Comunismo (1 de marzo de 1940) y se inici√≥ una Causa General sobre la dominaci√≥n roja en Espa√Īa (desde el 26 de abril de 1940 y prolongada hasta 1969, cuando se estableci√≥ la prescripci√≥n de los "delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939"). Las causas judiciales se establec√≠an por delito de rebeli√≥n militar, pues aunque la rebeli√≥n de hecho hab√≠a sido la del bando vencedor, se consideraba que tras la declaraci√≥n del estado de guerra, cualquier actividad contraria a ella, incluso la del gobierno republicano, era ilegal. Se prest√≥ una particular atenci√≥n a la masoner√≠a (objeto especial de una obsesi√≥n personal de Franco -la conspiraci√≥n judeomas√≥nica-) y se llev√≥ a cabo una concienzuda depuraci√≥n del Magisterio, para impedir la continuidad de un cuerpo identificado con los valores republicanos; as√≠ como de todos los funcionarios p√ļblicos, a los que se exig√≠a el juramento de adhesi√≥n a los principios del Movimiento Nacional. La mayor parte de los intelectuales, artistas, literatos, cient√≠ficos y profesores universitarios, cuya identificaci√≥n con el bando perdedor era mayoritaria, formaba parte del exilio exterior o comenz√≥ una penosa existencia de marginaci√≥n y silencio (el denominado exilio interior:[80] Vicente Aleixandre, Blas de Otero, Antonio Buero Vallejo, generaci√≥n de 1950). A pesar de la producci√≥n de literatos y artistas afines al franquismo (Azor√≠n, Jos√© Mar√≠a Pem√°n, Ernesto Gim√©nez Caballero, Luis Rosales, Camilo Jos√© Cela, Pedro La√≠n Entralgo), de la vuelta de algunas celebridades de gran peso internacional (destacadamente Ortega y Gasset y Dal√≠) y del mantenimiento de una m√≠nima actividad cient√≠fica (creaci√≥n del CSIC), el periodo se ha llegado a denominar como destrucci√≥n de la ciencia en Espa√Īa;[81] o, en expresi√≥n de Luis Mart√≠n Santos, Tiempo de silencio.

Los sucesos de 1956 demostraron que, a pesar del éxito del franquismo en mantenerse y conseguir la conformidad social (legitimidad de ejercicio, como se argumentaba por sus defensores), por convicción o por represión, entre las clases populares y medias; fracasó precisamente entre las élites, produciéndose un evidente alejamiento de una parte significativa de los intelectuales inicialmente afines, y sobre todo de la juventud universitaria, destacando el protagonismo conjunto en los disturbios tanto de hijos de los vencedores como de hijos de los vencidos.

La unificaci√≥n de partidos pol√≠ticos y movimientos sociales favorables al Alzamiento se prolong√≥ despu√©s de la guerra, aunque dentro del Movimiento Nacional eran visibles las diferentes sensibilidades e intereses de cada una de las familias del franquismo, entre las que Franco, de forma paternalista, administraba el reparto de parcelas de poder e influencia (azules -falangistas-, requet√©s -tradicionalistas o carlistas-, juanistas -los mon√°rquicos partidarios de Juan de Borb√≥n, heredero de Alfonso XIII, que se mantuvo en el exilio y realiz√≥ alternativos acercamientos a Franco y a la oposici√≥n-, cat√≥licos -de Acci√≥n Cat√≥lica, la Asociaci√≥n Cat√≥lica Nacional de Propagandistas y otras instituciones, entre las que paulatinamente fue ganando influencia el Opus Dei- y militares -especialmente los africanistas, los de m√°s confianza de Franco, con mandos relevantes en la Guerra Civil y en muchos casos en la posterior campa√Īa de Rusia de la Divisi√≥n Azul-). Cada una de ellas expresaba p√ļblicamente ligeros matices a trav√©s de una pluralidad de medios de prensa, todos ellos entusi√°sticamente partidarios del r√©gimen y sometidos a una r√≠gida censura previa (Arriba, ABC, Ya), que en el caso de los medios audiovisuales se somet√≠a a una total unificaci√≥n en los mensajes informativos (parte de Radio Nacional de Espa√Īa, de obligada difusi√≥n en todas las emisoras, y NO-DO en todos los pases cinematogr√°ficos).

V√©ase tambi√©n: Historia de la prensa en Espa√Īa

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial oblig√≥ a Franco a mantener un delicado equilibrio entre sus principales apoyos (el Eje Roma-Berl√≠n y el Pacto Antikomintern, al que Espa√Īa se hab√≠a adherido), y la conveniencia de no enemistarse con Inglaterra y Estados Unidos. Se declar√≥ la no beligerancia o neutralidad ben√©vola, que permiti√≥ incluso el env√≠o de unidades militares (te√≥ricamente formadas por voluntarios) a la campa√Īa de Rusia integrado en el ej√©rcito alem√°n (la Divisi√≥n Azul). El protagonismo en las cordiales relaciones con Alemania en los primeros a√Īos cuarenta, en que el avance alem√°n parec√≠a imparable, correspondi√≥ a Ram√≥n Serrano S√ļ√Īer. Hitler lleg√≥ a proponer a Franco la entrada de Espa√Īa en la guerra, pero las negociaciones, en las que la posici√≥n espa√Īola fue desproporcionadamente exigente, no fructificaron (entrevista de Hendaya, 23 de octubre de 1940).

El cambio de la coyuntura b√©lica en los √ļltimos a√Īos de la guerra provocaron un enfriamiento de las declaraciones de amistad hispano-alemana, la retirada de la Divisi√≥n Azul y la evidente marginaci√≥n de los falangistas (Serrano S√ļ√Īer fue discretamente apartado y se restringi√≥ la actividad de la familia azul a los asuntos sociales; los escasos movimientos de descontento -hedillistas, ya alejados de la direcci√≥n desde 1937, o falangistas aut√©nticos- fueron eficazmente reprimidos o reconducidos). El discreto acercamiento a los aliados occidentales, no obstante, no impidi√≥ que tras el final de la guerra el r√©gimen de Franco sufriera un duro aislamiento internacional. En todo caso, lo que s√≠ se consigui√≥ fue la propia supervivencia del r√©gimen, frente a la exigencia de la Uni√≥n Sovi√©tica y del exilio republicano (muchos de cuyos miembros hab√≠an luchado junto a los aliados en la guerra) de que compartiera la suerte de los dem√°s reg√≠menes fascistas de Europa. En el contexto de las conferencias de Yalta y y Potdsdam, los c√°lculos geoestrat√©gicos de Churchill y Truman consideraron preferible el mantenimiento de Franco en Espa√Īa (al igual que el de Oliveira Salazar en Portugal, que era decididamente angl√≥filo), antes que arriesgarse a un incremento de la influencia sovi√©tica en Europa Occidental justo cuando se estaba produciendo un nuevo alineamiento de bloques a ambos lados del Tel√≥n de Acero en los inicios del periodo conocido como Guerra Fr√≠a.

Se inici√≥ una campa√Īa de guerra irregular (el maquis) por parte de peque√Īas unidades republicanas infiltradas en Espa√Īa siguiendo las t√°cticas utilizadas durante su participaci√≥n en la Resistencia francesa. Aunque no tuvo ning√ļn √©xito militar (la invasi√≥n del Valle de Ar√°n de 1944 fue f√°cilmente rechazada) s√≠ que consigui√≥ provocar una fuerte reacci√≥n represiva que impidi√≥ cualquier actividad opositora en el interior. Tambi√©n contribuy√≥ a incrementar las discrepancias que hicieron inoperante la Segunda Rep√ļblica espa√Īola en el exilio, cada vez con menor apoyo entre los gobiernos extranjeros. La evidencia de la imposibilidad de derrotar militarmente a Franco llev√≥ a la decisi√≥n de Stalin de que el Partido Comunista de Espa√Īa optara por intentar obtener presencia social en la clandestinidad, infiltr√°ndose incluso en las propias instituciones del sindicalismo franquista; tras la muerte de Stalin, Santiago Carrillo insisti√≥ en esa v√≠a a trav√©s de la orientaci√≥n pol√≠tica denominada de reconciliaci√≥n nacional (1956).

El totalitarismo del r√©gimen se expres√≥ en un cuerpo legislativo inicialmente inspirado en el fascismo italiano (Fuero del Trabajo, imitaci√≥n de la Carta del Lavoro), pero que se fue adecuando a las sucesivas coyunturas pol√≠ticas conforme la indiscutida autoridad interior de Franco decid√≠a que era necesaria alguna actualizaci√≥n, en lo que se denominaron Leyes Fundamentales. El Estado no ten√≠a divisi√≥n de poderes (todos estaban concentrados en la jefatura, vitaliciamente concedida a Franco), pero se procur√≥ dotarle de una apariencia institucional bicameral (Cortes Espa√Īolas y Consejo Nacional del Movimiento, instalados en los palacios tradicionalmente ocupados por Congreso y Senado), se defini√≥ como te√≥rica forma de gobierno la monarqu√≠a (reservando a Franco la elecci√≥n de un "sucesor a t√≠tulo de rey" entre cualquier miembro de cualquier rama din√°stica hist√≥rica) y se acu√Ī√≥ como expresi√≥n pol√≠tica el t√©rmino democracia org√°nica (que reconoc√≠a como √ļnicos veh√≠culos de participaci√≥n popular "la familia, el municipio y el sindicato").

El corporativismo y la negación de cualquier lucha de clases que expresara discrepancia de intereses entre patronos y obreros llevó a la formación de un sindicato vertical en que ambos estaban representados orgánicamente y bajo un rígido control político, que establecía precios y salarios en un mercado muy intervenido. La autarquía no sólo fue una necesidad provocada por la Guerra Mundial y el posterior aislamiento, sino que se argumentaba como una elección política consciente basada en el orgullo nacionalista y el proteccionismo económico.

La penuria econ√≥mica de la posguerra espa√Īola se prolong√≥ durante los veinte a√Īos necesarios para recuperar los niveles de producci√≥n anteriores a la guerra. Ante los problemas de hambre, desnutrici√≥n y recurso a alimentos nocivos (latirismo), fue necesario el mantenimiento de instituciones de Auxilio Social y el racionamiento de los art√≠culos de primera necesidad, paralelamente al cual funcionaba un mercado negro (con el nombre popular de estraperlo) muy lucrativo para los que lo desarrollaban, en connivencia con la corrupci√≥n de algunos cargos dirigentes del propio r√©gimen. Se fren√≥ la emigraci√≥n del campo a la ciudad, exigiendo pasaportes interiores y permisos de residencia, y de hecho las cifras de ocupaci√≥n por sectores reflejan la ruralizaci√≥n producida en los a√Īos 1940, que no se revirti√≥ hasta la d√©cada siguiente. Se estableci√≥ un sistema empresarial presidido por grandes monopolios p√ļblicos (Tabacalera, CAMPSA, RENFE, Telef√≥nica) a los que se a√Īadi√≥ un conglomerado empresarial p√ļblico de nueva creaci√≥n (el INI) formado por empresas de sectores considerados estrat√©gicos (Astilleros Espa√Īoles, siderurgia -ENSIDESA-, miner√≠a -HUNOSA-, veh√≠culos industriales -ENASA-), que compart√≠an sus directivos con el selecto n√ļcleo de las grandes empresas oligopol√≠sticas del capitalismo espa√Īol tradicional, especialmente los bancos y las el√©ctricas. Se iniciaron pol√≠ticas de fomento a trav√©s de obras p√ļblicas, centradas en la construcci√≥n de embalses y otras mejoras agr√≠colas como la ampliaci√≥n de regad√≠os, la concentraci√≥n parcelaria y la denominada colonizaci√≥n (Instituto Nacional de Colonizaci√≥n, Plan Badajoz), como alternativas a la reforma agraria republicana.

V√©ase tambi√©n: Econom√≠a de Espa√Īa durante la autarqu√≠a franquista

El nacionalcatolicismo pas√≥ a ser la ideolog√≠a dominante, con una presencia abrumadora de la Iglesia Cat√≥lica en todos los √°mbitos p√ļblicos y privados. Se establecieron r√≠gidos requisitos morales de comportamiento que suprimieran el libertinaje asociado al laicismo republicano; con una gran insistencia en la moral sexual, la sumisi√≥n al padre de familia, la subordinaci√≥n de la condici√≥n femenina y la educaci√≥n en la fe de ni√Īos y j√≥venes.[82] La jerarqu√≠a eclesi√°stica, diezmada por la represi√≥n republicana, hab√≠a declarado el car√°cter de Cruzada de liberaci√≥n de la Guerra Civil y lo providencial de la figura del Caudillo Franco, al que se reconoci√≥ el derecho de presentaci√≥n de obispos. Incluso se le recib√≠a en los templos bajo palio y se incorpor√≥ su nombre y t√≠tulo a la rogativa de la liturgia de la misa. El principal apoyo internacional del r√©gimen fue el Vaticano, al que se concedi√≥ un Concordato de 1953 que reconoc√≠a a la Iglesia como sociedad perfecta, cuyos intereses se identificaban totalmente con los de un Estado plenamente confesional. El congreso eucar√≠stico de Barcelona de 1952 fue el √ļnico acto internacional de relevancia celebrado en la Espa√Īa de la √©poca.

El aislamiento internacional no permiti√≥ a Espa√Īa beneficiarse del Plan Marshall, pero el acercamiento a los Estados Unidos trajo la firma de los Acuerdos de Madrid (26 de septiembre de 1953), por lo que se establecieron bases militares estadounidenses en Espa√Īa y se recibieron cr√©ditos y ayuda econ√≥mica y militar. El apoyo estadounidense permiti√≥ la entrada de Espa√Īa en la ONU en diciembre de 1955.

Desarrollismo y apertura (1959-1975)

Franco y el presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower en Madrid en 1959.
Seat 600, símbolo del desarrollismo económico.
La simbolog√≠a del sindicato vertical y la denominaci√≥n XXV A√Īos de Paz se utilizaron para un grupo de viviendas, en M√°laga (1965).


A partir del establecimiento de la alianza con los Estados Unidos, el régimen consintió una relativa apertura política, consistente en la amortiguación de la retórica fascista de Falange o la promulgación de leyes (como la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 o Ley Fraga, por Manuel Fraga Iribarne, el ministro más aperturista) que suprimían la censura previa, aunque no significaran una real libertad de expresión.

M√°s profunda fue la liberalizaci√≥n econ√≥mica, que abri√≥ la econom√≠a a las inversiones extranjeras y a la propia iniciativa privada, aunque se mantuvo el edificio institucional del INI y los monopolios p√ļblicos. El paso previo necesario fue el Plan de Estabilizaci√≥n de 1959, al que siguieron los Planes de Desarrollo posteriores; todo un dise√Īo planificado y gestionado por un grupo de economistas vinculados al Opus Dei que recibieron la denominaci√≥n de tecn√≥cratas (Alberto Ullastres, Mariano Navarro Rubio, Laureano L√≥pez Rod√≥, Gregorio L√≥pez-Bravo) con el apoyo de los cr√©ditos del Fondo Monetario Internacional, de la OECE y del gobierno estadounidense. A finales del periodo, las exigencias de modernizaci√≥n de las instituciones internacionales obligaron a proponer una reforma educativa (Ley General de Educaci√≥n de 1970) que introdujera criterios funcionalistas y t√©cnicas de renovaci√≥n en un sistema ya muy alejado de la escuela nacional-cat√≥lica del primer franquismo.

La oposici√≥n interna entre las familias del franquismo se manifest√≥ en esc√°ndalos como el caso Matesa (1969), resuelto expeditivamente por Franco destituyendo tanto a los ministros implicados (del Opus) como a sus adversarios (entre ellos el propio Fraga, al que se acusaba de utilizar a la prensa para denunciar el caso). Fraga tambi√©n hab√≠a sido el impulsor del turismo internacional (campa√Īa Spain is different, red de Paradores Nacionales), que se estaba convirtiendo en un motor importante de la econom√≠a. Los ingresos por turismo junto con las remesas de los emigrantes espa√Īoles en el extranjero compensaban el d√©ficit estructural de la balanza de pagos de un comercio internacional en expansi√≥n.

El √©xodo rural y la emigraci√≥n a Europa (que sustituy√≥ el tradicional destino americano de la emigraci√≥n espa√Īola) aliviaron las tensiones sociales a un alto coste humano y cultural: el desarraigo; pero trajo como consecuencia la definitiva superaci√≥n de la sociedad preindustrial por una sociedad industrial y urbana, que con el tiempo signific√≥ la destrucci√≥n de las mismas bases sociales e ideol√≥gicas del franquismo. El aumento de la poblaci√≥n urbana fue espectacular en la periferia de las ciudades industriales y ciudades-dormitorio de las √°reas metropolitanas de Madrid, Barcelona o Bilbao, creando problemas de suministros y servicios p√ļblicos, hacinamiento y chabolismo. Los sectores econ√≥micos experimentaron una industrializaci√≥n y terciarizaci√≥n aceleradas, con una notable contribuci√≥n del sector de la construcci√≥n, tanto de viviendas como de obras p√ļblicas. Las desigualdades sociales y geogr√°ficas permitieron, no obstante, que predominara la estabilidad social impuesta por los valores dominantes de una clase media en expansi√≥n cuya prioridad eran el bienestar material antes que cuestiones ideol√≥gicas (en t√©rminos que se popularizaron con las denominaciones de franquismo sociol√≥gico y mayor√≠a silenciosa).

La conmemoraci√≥n de los XXV A√Īos de Paz (1964) pretend√≠a demostrar que el franquismo hab√≠a conseguido un amplio consenso social y suficiente flexibilidad como para permitir la institucionalizaci√≥n del futuro del r√©gimen. Tras a√Īadir la Ley Org√°nica del Estado al cada vez m√°s complejo edificio legislativo, se nombr√≥ sucesor de Franco a t√≠tulo de rey, y en cumplimiento de las Leyes Fundamentales del Reino (julio de 1969) a Juan Carlos de Borb√≥n y Borb√≥n, nieto de Alfonso XIII e hijo del pretendiente Juan de Borb√≥n. √Čste, a pesar de estar enemistado con Franco desde los a√Īos cuarenta y de permanecer exiliado en Portugal, hab√≠a permitido que su hijo se educara en Espa√Īa bajo control de las autoridades; aunque manten√≠a su ascendiente sobre la denominada familia mon√°rquica en torno al peri√≥dico ABC, lo que produjo algunos conflictos internos en el r√©gimen franquista.[83]

La oposici√≥n al franquismo, muy atomizada y entre la que destacaba la capacidad organizativa del Partido Comunista de Espa√Īa, comenz√≥ a moverse cada vez con mayor atrevimiento, incluso utilizando los mecanismos de representaci√≥n laboral del sindicato vertical franquista mediante las Comisiones Obreras. Se produjo una importante reuni√≥n de personalidades del exilio republicano con personajes de relevancia del interior que fueron represaliados a su regreso, y que la prensa espa√Īola bautiz√≥ con el peyorativo nombre de Contubernio de M√ļnich (junio de 1962). La formaci√≥n de coordinadoras opositoras continu√≥ en los a√Īos setenta (Plataforma Democr√°tica, en la que no participaba el PCE y Junta Democr√°tica, impulsada por √©ste).

A partir del Concilio Vaticano II el distanciamiento entre la Iglesia Cat√≥lica y el r√©gimen se hizo evidente, personalizado en figuras como el Padre Llanos, que compart√≠a la vida obrera en los suburbios de Madrid, y obispos como Vicente Enrique y Taranc√≥n y Antonio A√Īoveros Ata√ļn (que protagoniz√≥ un sonado esc√°ndalo).

En 1968 surgió el problema terrorista con Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi Y Libertad, ETA), un grupo fundado anteriormente como escisión radical del nacionalismo vasco, y que se pretendió desmontar conjugando severidad y clemencia con la condonación de las condenas a muerte del Proceso de Burgos (3 de diciembre de 1970). Tras reorganizarse, su atentado más espectacular fue el asesinato de Luis Carrero Blanco (20 de diciembre de 1973), a los pocos meses de ser éste nombrado presidente del gobierno (en junio). Carrero Blanco, hombre de confianza de Franco desde el comienzo del régimen, había sido el primero en ser nombrado para ese cargo durante el franquismo, pues hasta entonces sus funciones se incluían en las competencias reservadas para sí mismo por el propio Jefe del Estado.

Tras un ambiguo discurso de Franco (en el que lleg√≥ a pronunciar la enigm√°tica frase no hay mal que por bien no venga), fue designado presidente del gobierno Carlos Arias Navarro. El agravamiento del estado de salud de Franco oblig√≥ al pr√≠ncipe Juan Carlos a ocupar interinamente la jefatura del estado durante unos meses, tras los que el general volvi√≥ a ejercer por s√≠ mismo el poder, produci√©ndose su √ļltima aparici√≥n en p√ļblico, en la Plaza de Oriente, para rechazar la condena internacional a unas condenas a muerte (1 de octubre de 1975). Finalmente, los √ļltimos meses del a√Īo la enfermedad de Franco entr√≥ en su curso final, en un momento cr√≠tico del conflicto del Sahara Occidental: la Marcha Verde, que tuvo que gestionar Juan Carlos autorizando la negociaci√≥n del abandono de la provincia africana en beneficio de Marruecos y Mauritania (Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre de 1975). Tras una agon√≠a prolongada artificialmente por su propio yerno (el marqu√©s de Villaverde, un m√©dico con ambiciones pol√≠ticas y cient√≠ficas, que hab√≠a intentado emular a Barnard con un pol√©mico trasplante de coraz√≥n), se declar√≥ su fallecimento el 20 de noviembre de 1975, aniversario de la muerte de Jos√© Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange.

La cultura espa√Īola durante el franquismo

Museos2-orihuelaz.jpg El poeta Miguel Hern√°ndez, muerto en prisi√≥n en 1942, fue retratado por su compa√Īero de cautiverio Antonio Buero Vallejo, quien posteriormente alcanzar√≠a gran aceptaci√≥n en la escena teatral con una amarga visi√≥n del ser humano y la sociedad. La vida cultural espa√Īola de la posguerra se vio tr√°gicamente ensombrecida por la muerte violenta de destacadas personalidades identificadas con uno y otro bando (Federico Garc√≠a Lorca, Ramiro de Maeztu, Pedro Mu√Īoz Seca). Por causas naturales hab√≠an muerto Valle Incl√°n y Unamuno (en enero y diciembre de 1936, respectivamente) y Antonio Machado (al poco de cruzar la frontera francesa en 1939).
Vicente Aleixandre.jpg Vicente Aleixandre, entre los poetas del 27 fue el que mejor represent√≥ la apuesta vital e intelectual por un exilio interior fecundo pero discreto, como el del pintor Joan Mir√≥. En cambio, destacados representantes de la generaci√≥n de la amistad, como D√°maso Alonso y Gerardo Diego, se implicaron en las instituciones culturales del franquismo; mientras que otros, como Luis Cernuda o Rafael Alberti, salieron a un exilio que compartieron con una pl√©yade de escritores (Ram√≥n J. Sender, Claudio S√°nchez-Albornoz, Am√©rico Castro, Jos√© Bergam√≠n, Le√≥n Felipe, Francisco Ayala, Arturo Barea), m√ļsicos (Manuel de Falla, Pau Casals), artistas pl√°sticos (Pablo Picasso, Julio Gonz√°lez, Alberto S√°nchez P√©rez, Josep Lluis Sert[84] ), cient√≠ficos y profesionales de todas las disciplinas; cuyo reconocimiento internacional era alt√≠simo en universidades y todo tipo de instituciones culturales, culminando en los premios N√≥bel de Juan Ram√≥n Jim√©nez -literatura, 1956- y Severo Ochoa -medicina, 1959-. La concesi√≥n del mismo premio a Aleixandre en 1977 -a√Īo en que regresaron destacados exiliados supervivientes- se entendi√≥ como la convalidaci√≥n internacional de la recuperaci√≥n de la democracia en Espa√Īa.
Monumento Jos√© Mar√≠a Pem√°n, Parque Genov√©s, C√°diz.jpg Monumento a Jos√© Mar√≠a Pem√°n (el juglar de la Cruzada). Fue tambi√©n un destacado mon√°rquico que lleg√≥ a presidir el consejo privado de Juan de Borb√≥n. Los intelectuales pr√≥ximos al franquismo (Ernesto Gim√©nez Caballero, Luis Rosales, Agust√≠n de Fox√°) o los que por una raz√≥n u otra procuraron aproximarse (Josep Pla, Azor√≠n, Jacinto Benavente) han sufrido un destino com√ļn en cuanto a su valoraci√≥n posterior: ganaron la guerra y perdieron la historia de la literatura.[85]
Gonzalo Torrente Ballester-ERREKA.jpg Gonzalo Torrente Ballester, como otros intelectuales procedentes del falangismo (Pedro Laín, Dionisio Ridruejo), se fueron distanciando del régimen. El final del franquismo significó apertura de un significativo espacio cultural que ocuparon autores directamente hostiles al régimen, como Manuel Vázquez Montalbán y otros del grupo novísimos. El impacto editorial del boom latinoamericano tuvo una gran influencia. Otras figuras consagradas continuaron con una activa producción literaria, como Camilo José Cela o los autores de la generación del 50. La universidad se convirtió en uno de los baluartes de la oposición al franquismo, como demostró en febrero de 1965 el escándalo de la privación de sus cátedras de Enrique Tierno, José Luis López Aranguren y Agustín García Calvo, con los que se solidarizaron Antonio Tovar y José María Valverde.[86]
Aranjuez MonumentoJoaquinRodrigo1.jpg Joaqu√≠n Rodrigo (Concierto de Aranjuez, Fantas√≠a para un gentilhombre) fue la figura m√°s importante de la m√ļsica culta espa√Īola del franquismo, que tambi√©n dispuso de directores de la talla de Ata√ļlfo Argenta e int√©rpretes como Narciso Yepes y Andr√©s Segovia. La danza espa√Īola se codific√≥ con Vicente Escudero (Dec√°logo del buen bailar√≠n, 1951). Los folcklores regionales fueron revitalizados a trav√©s del extenso trabajo de rescate y recopilaci√≥n de Coros y Danzas (Secci√≥n Femenina de Falange);[87] y de esfuerzos individuales como el del dulzainero segoviano Agapito Marazuela. La m√ļsica popular estuvo presidida por la denominada canci√≥n espa√Īola, en la que int√©rpretes como Imperio Argentina y Concha Piquer pon√≠an voz a la obra de compositores y poetas de extraordinaria calidad, como Quintero, Le√≥n y Quiroga.
Antoni T√†pies i la fundaci√≥ IDIBELL.jpg Antoni Tapies y otros representantes del arte rupturista con los convencionalismos acad√©micos (Museo de Arte Abstracto Espa√Īol de Cuenca) consiguieron apoyo institucional y espacio en la vida cultural del franquismo.
La Sirena Varada (E. Chillida) 01.jpg La inicial negativa y posterior rectificaci√≥n municipal para instalar La sirena varada de Eduardo Chillida en el Museo de escultura al aire libre de Madrid fue un sonoro esc√°ndalo cultural de los a√Īos 70.
Luis Bu√Īuel.JPG El director de cine Luis Bu√Īuel, exiliado en M√©xico y Francia, fue admitido en el cine espa√Īol de los a√Īos sesenta, suscitando con Viridiana (1961) un esc√°ndalo que el propio Franco consideraba un exceso de celo clerical.[88] La censura del cine y los dem√°s medios de comunicaci√≥n de masas durante el franquismo produjo algunos extremos rid√≠culos (esc√°ndalo de Gilda -1946-, alteraci√≥n del guion de Mogambo -1953-). A pesar continuar hasta los a√Īos setenta, se mitig√≥ mucho con el tiempo, permitiendo producciones de gran altura art√≠stica que inclu√≠an un componente cr√≠tico bastante evidente, como las de Carlos Saura, Luis Garc√≠a Berlanga o Juan Antonio Bardem.
Véase también: Arte y cultura del franquismo

Transición y democracia (1975 - actualidad)

Art√≠culo principal: Transici√≥n Espa√Īola
Constitución de 1978.

Segundo gobierno de Carlos Arias Navarro (1975-1976)

Carlos Arias Navarro, que hab√≠a sido el √ļltimo presidente del gobierno de Franco, es confirmado en tal puesto por Juan Carlos I. Tras un discurso aperturista que fue denominado esp√≠ritu del 12 de febrero, se produce una clara involuci√≥n en respuesta a las presiones del bunker (gironazo). En pocos meses queda clara la p√©rdida de confianza del rey en Arias Navarro, hasta que obtiene su dimisi√≥n. Junto con Torcuato Fern√°ndez Miranda, el rey obtiene de las instituciones encargadas de presentar la terna de candidatos a la presidencia del gobierno la introducci√≥n del nombre de Adolfo Su√°rez, un personaje relativamente oscuro procedente de la familia azul.

Gobiernos de Adolfo Su√°rez (1976-1981)

Los reyes de Espa√Īa reciben al presidente de M√©xico Jos√© L√≥pez Portillo en octubre de 1977, tras la reanudaci√≥n de las relaciones diplom√°ticas, interrumpidas desde 1939. M√©xico se hab√≠a destacado como refugio del exilio republicano espa√Īol.
Santiago Carrillo y Rafael Alberti en 1978. El prestigioso poeta comunista ocupó junto a La Pasionaria la mesa de edad de las primeras cortes democráticas, a pesar de los decepcionantes resultados del PCE.
Nicol√°s Redondo y Marcelino Camacho, l√≠deres sindicales de UGT y Comisiones Obreras y diputados por el PSOE y el PCE durante los a√Īos setenta y ochenta (la fotograf√≠a es de 2008).
Josep Tarradellas, a quien Suárez reconoció el estatus institucional de Honorable president de la Generalitat de Catalunya, en una hábil jugada política que le permitió legitimarse ante la oposición, organizando un multitudinario recibimiento en Barcelona, durante el que Tarradellas pronunció una famosa frase desde el balcón de la Plaza de Sant Jaume: Ja soc aquí ("Ya estoy aquí").

Ante la sorpresa de franquistas y opositores, que no se esperaban tal nombramiento, inicia un r√°pido desmontaje del edificio insititucional franquista, que implicaba el denominado harakiri de las Cortes y la convocatoria de un refer√©ndum para la aprobaci√≥n de la Ley para la Reforma Pol√≠tica. El debate entre reforma y ruptura preside los movimientos pol√≠ticos de grupos de todo el espectro pol√≠tico, desde los partidarios del mantenimiento del franquismo puro (el bunker) hasta los partidarios de la recuperaci√≥n de la legitimidad republicana sin ning√ļn tipo de concesiones; no obstante, fueron los grupos que demostraron mayor flexibilidad y moderaci√≥n los que demostraron tener mayor apoyo social y capacidad pol√≠tica.[89]

El problema del terrorismo se recrudec√≠a; tanto el procedente de la oposici√≥n al franquismo (ETA -de ideolog√≠a marxista-leninista y nacionalista vasca-, y los GRAPO -de ideolog√≠a mao√≠sta-) como el de extrema derecha, cuya pr√°ctica simult√°nea parec√≠a obedecer a la denominada espiral acci√≥n-represi√≥n prevista por la teor√≠a de los movimientos insurreccionales, de amplia difusi√≥n en la √©poca, con el objetivo de provocar la involuci√≥n pol√≠tica, en forma de un golpe de estado militar.[90] Especialmente violento fue el mes de enero de 1977, cuando coincidieron altercados callejeros entre manifestantes y contramanifestantes (con varios muertos) con secuestros de militares y altos cargos, asesinatos de polic√≠as y de abogados laboralistas (matanza de Atocha). Tras la manifestaci√≥n de duelo, controlada por el Partido Comunista de Espa√Īa, en el entierro de los abogados, se incrementa el prestigio de Santiago Carrillo como interlocutor necesario para el gobierno. Tras unos meses de negociaciones clandestinas, en plenas vacaciones de Semana Santa se produce la legalizaci√≥n del PCE, lo que es visto como una traici√≥n por una parte importante del ej√©rcito, que a pesar de ello mantuvo mayoritariamente la disciplina (en buena parte como resultado del esfuerzo del vicepresidente Manuel Guti√©rrez Mellado). Como contrapartida exigida por Su√°rez, Carrillo, en una multitudinaria rueda de prensa, comunic√≥ que su partido renunciaba a la bandera republicana y aceptaba la monarqu√≠a parlamentaria y el concepto de unidad de Espa√Īa; se pretend√≠a que los militares aceptaran que un partido homologado con los partidos comunistas de Europa Occidental (con los que hab√≠a construido el concepto de eurocomunismo) no iba a implicarse en una aventura revolucionaria de car√°cter leninista en pos de la dictadura del proletariado y no representar√≠a una amenaza a la que hubiera que responder violentamente.[91]

Seguidamente se convocaron las elecciones generales de 1977, las primeras elecciones libres en cuarenta y dos a√Īos, que fueron ganadas por Uni√≥n de Centro Democr√°tico, un partido improvisado en torno a la figura de Su√°rez, que dispuso de una c√≥moda mayor√≠a relativa. Contra los pron√≥sticos m√°s extendidos, el principal partido de la oposici√≥n no fue el PCE, sino el PSOE, un partido socialdem√≥crata apoyado por la Internacional Socialista (y que posteriormente renunci√≥ al marxismo). La extrema derecha no obtuvo representaci√≥n, reduci√©ndose el campo del franquismo al modesto resultado de la Alianza Popular de Manuel Fraga Iribarne, considerado el m√°s aperturista dentro del r√©gimen anterior. Ning√ļn √©xito tuvieron los l√≠deres democristianos o liberales que meses antes parec√≠an predestinados a ocupar el gobierno (Jos√© Mar√≠a de Areilza o Joaqu√≠n Ruiz-Gim√©nez), eclipsados h√°bilmente por las maniobras de Su√°rez previas a las elecciones, y que contaban con el apoyo del equipo de confianza pol√≠tica formado en torno al rey.[92]

En 1977 se firmaron, por la gran mayor√≠a de los partidos con representaci√≥n parlamentaria, los pactos de la Moncloa donde se acordaron reformas sociales y econ√≥micas para combatir la crisis, que estaba afectando de forma grave al empleo y la inflaci√≥n, y que asentaron el modelo de econom√≠a social de mercado que sancion√≥ la Constiuci√≥n. Mediante consenso se redact√≥ la Constituci√≥n de 1978 que ser√≠a aprobada ese mismo a√Īo en refer√©ndum. Espa√Īa se defin√≠a como un Estado social y democr√°tico de Derecho, con vocaci√≥n de homologarse con el Estado del bienestar en su versi√≥n europea occidental; y reconoc√≠a el derecho a la autonom√≠a de las nacionalidades y regiones que la integran, un concepto de suficiente ambig√ľedad como para permitir no frustrar el acuerdo de una ampl√≠sima mayor√≠a pol√≠tica, social y territorial. La transici√≥n espa√Īola se propuso internacionalmente como un modelo a seguir, que implicaba un amplio consenso, la garant√≠a de las libertades p√ļblicas, la moderaci√≥n en las reivindicaciones sociales, la renuncia a la satisfaci√≥n de agravios del pasado y una generosa amnist√≠a (que en ese momento se plante√≥ como garant√≠a de la vuelta de los exiliados, y posteriormente servir√≠a para garantizar la no persecuci√≥n de los cr√≠menes atribuibles a la represi√≥n del franquismo).[93]

Art√≠culo principal: I Legislatura de Espa√Īa

Las elecciones de 1979 incrementaron el n√ļmero de diputados de UCD, sin llegar a la mayor√≠a absoluta, permitiendo la confirmaci√≥n de Adolfo Su√°rez en la presidencia del gobierno. La normalizaci√≥n del sistema pol√≠tico implicaba continuar con el iniciado proceso preauton√≥mico, que se sustanci√≥ en la aprobaci√≥n de los estatutos de autonom√≠a de las regiones a las que la Constituci√≥n reconoc√≠a, por razones que denominaba hist√≥ricas (haber dispuesto de autonom√≠a en la Segunda Rep√ļblica o haber iniciado los tr√°mites para ello), un procedimiento privativo para alcanzar el m√°ximo techo competencial: Catalu√Īa y Euskadi (ambos aprobados el 18 de diciembre de 1979), adem√°s del previsto para Galicia, que lo hizo posteriormente. En las elecciones a sus parlamentos aut√≥nomos, las candidaturas de UCD sufrieron una significativa derrota, en beneficio de los partidos nacionalistas perif√©ricos (Converg√®ncia i Uni√≥ en las de Catalu√Īa y PNV en las de Euskadi). El refer√©ndum andaluz (28 de febrero de 1980), independientemente de su confuso resultado, implic√≥ una derrota del gobierno y la evidencia de que no se podr√≠a impedir la generalizaci√≥n de las m√°ximas competencias a las comunidades que as√≠ lo determinaran, dispusieran o no de alg√ļn tipo de hecho diferencial de naturaleza hist√≥rica o de cualquier otra (lo que el ministro Manuel Clavero Ar√©valo, dimitido por esta cuesti√≥n, denomin√≥ caf√© para todos).[94] Otras leyes importantes, aprobadas en medio de la contestaci√≥n social, fueron el Estatuto de los trabajadores y el Estatuto de centros docentes. Las negociaciones para la entrada en la Comunidad Econ√≥mica Europea se prolongaban ante las reticencias de algunos pa√≠ses (especialmente Francia), lo que, sumado al incremento del paro y de la inflaci√≥n, en medio de la segunda crisis del petr√≥leo, contribuy√≥ a dibujar un sombr√≠o panorama, en el que destacaba la violencia de los continuos atentados de ETA, que se concentraban contra miembros del ej√©rcito, la guardia civil y la polic√≠a. La situaci√≥n pol√≠tica era cada vez m√°s insostenible. El PSOE present√≥ una moci√≥n de censura, que fue rechazada, pero evidenci√≥ la soledad del gobierno. Dentro del propio partido que lo apoyaba, la UCD, las diferentes familias (democristianos, liberales, socialdem√≥cratas) comenzaron a exhibir sin disimulo diferencias de criterio cada vez mayores entre ellos y con el presidente. Tambi√©n el propio rey dej√≥ que se divulgara su malestar por la situaci√≥n pol√≠tica y su p√©rdida de confianza en Su√°rez, y de esa forma se interpret√≥ su mensaje de Navidad de 1980, a pesar de que tal funci√≥n no corresponde al rey en la Constituci√≥n. Para comienzos de 1981, Su√°rez entendi√≥ que no ten√≠a otra salida que dimitir.[95]

Golpe del 23 F y gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo (1981-1982)

Art√≠culo principal: Golpe de Estado en Espa√Īa de 1981

La dimisión de Adolfo Suárez, que había perdido la confianza de la mayor parte de los dirigentes de su propio partido, precipitó los preparativos previos para un golpe de estado, y durante la sesión de investidura de su sustituto, Leopoldo Calvo-Sotelo (23 de febrero de 1981, un destacamento de guardias civiles dirigidos por Antonio Tejero ocupó el Congreso y secuestró a los diputados y al gobierno en pleno. Simultáneamente Jaime Milans del Bosch ocupó militarmente la ciudad de Valencia y Alfonso Armada, antiguo secretario de la casa real, intentaba obtener el apoyo del Rey para formar un gobierno de concentración cívico-militar. La oposición del rey y la descoordinación y diferencia de objetivos entre los propios golpistas impidieron que la mayoría de las autoridades militares se les unieran, y al día siguiente se rindieron.[96]

Entre los hechos m√°s destacados del gobierno de Calvo Sotelo estuvo la integraci√≥n de Espa√Īa en la OTAN (30 de mayo de 1982)[97] y la aprobaci√≥n de la ley del divorcio (22 de junio de 1981), impulsada por el ministro Francisco Fern√°ndez Ord√≥√Īez y que hab√≠a suscitado una intensa oposici√≥n de la Conferencia Episcopal Espa√Īola, convirti√©ndose en una de las principales causas de discrepancia dentro del partido del gobierno.[98] El proceso auton√≥mico intent√≥ armonizarse mediante la LOAPA (30 de junio de 1982), una ley restrictiva que posteriormente fue desmontada en aspectos esenciales por el Tribunal Constitucional (13 de agosto de 1983).

Gobiernos de Felipe Gonz√°lez (1982-1996)

Art√≠culo principal: II Legislatura de Espa√Īa
Art√≠culo principal: III Legislatura de Espa√Īa
Art√≠culo principal: IV Legislatura de Espa√Īa
Art√≠culo principal: V Legislatura de Espa√Īa
El senador chileno Andrés Zaldivar con el presidente Felipe González en 1990.

En las elecciones de octubre de 1982 el PSOE, liderado por Felipe Gonz√°lez, obtuvo una mayor√≠a absoluta. El nuevo gobierno tuvo que hacer frente a la crisis, al tiempo que implantaba medidas propias de un estado de bienestar de orientaci√≥n socialdem√≥crata incrementando el gasto p√ļblico en pol√≠ticas sociales (universalizaci√≥n de la sanidad con la Ley General de Sanidad de 1986, incremento de las pensiones y de la cobertura del desempleo, LOGSE de 1990 -que extendi√≥ la escolarizaci√≥n obligatoria hasta los 16 a√Īos-). Los efectos negativos en el empleo de la reconversi√≥n y reestructuraci√≥n industrial, sumados a otras medidas liberalizadoras, como la flexibilizaci√≥n del mercado laboral o de los horarios comerciales, provoc√≥ la oposici√≥n radical de los sindicatos UGT y CCOO, que convocaron la huelga general del 14 de diciembre de 1988, que paraliz√≥ al pa√≠s. El distanciamiento se hab√≠a hecho evidente desde que el hist√≥rico l√≠der de la UGT, Nicol√°s Redondo, dimiti√≥ como diputado del PSOE 1987 tras votar en contra de los presupuestos. En junio de 1992 y enero de 1994 se volvieron a repetir convocatorias sindicales de huelga general contra gobiernos socialistas.

Se control√≥ la inflaci√≥n y se mejor√≥ la pol√≠tica fiscal (creaci√≥n de la Agencia Tributaria), reorganizando las cuentas p√ļblicas de modo que se facilit√≥ el ingreso en la Comunidad Europea, cuyo tratado de adhesi√≥n se firm√≥ en junio de 1985 (entrada oficial el 1 de enero de 1986). El 12 de marzo de 1986 se garantiz√≥ la permanencia en la OTAN mediante un refer√©ndum al que Felipe Gonz√°lez se hab√≠a comprometido cuando estaba a√ļn en la oposici√≥n.

Se duplic√≥ la renta per c√°pita al tiempo que aumentaba la poblaci√≥n activa y la incorporaci√≥n de la mujer al mundo laboral. El saldo migratorio, tradicionalmente negativo, pas√≥ a ser positivo, convirti√©ndose Espa√Īa en el mayor receptor de inmigrantes de Europa y uno de los mayores receptores del mundo. Se aprovecharon los fondos de cohesi√≥n que se hab√≠an obtenido de las instituciones comunitarias para mejorar las infraestructuras b√°sicas. La fragilidad del crecimiento econ√≥mico, en un periodo que se denomin√≥ del pelotazo, por lo f√°cilmente que se produc√≠a la especulaci√≥n,[99] conllev√≥ desequilibrios financieros que obligaron a realizar varias devaluaciones en los a√Īos noventa.

El proceso autonómico se cerró con la configuración de diecisiete comunidades y dos ciudades autónomas, que comenzaron a dotarse de instituciones y legislación propia, y coordinarse con las estatales y municipales, mediante negociaciones de gran complejidad, especialmente las relativas a la financiación.

Segu√≠a existiendo el problema del terrorismo de ETA, ante el que el gobierno socialista intent√≥ todo tipo de soluciones: la presi√≥n pol√≠tica interna basada en el consenso entre los partidos democr√°ticos (Acuerdo de Madrid sobre Terrorismo de 5 de noviembre de 1987 y Pacto de Ajuria Enea de 12 de enero de 1988), el intento de negociaci√≥n (tregua de ETA de 1988 -8 de enero- o conversaciones de Argel -iniciadas anteriormente y mantenidas hasta el 4 de abril de 1988-),[100] y la colaboraci√≥n policial y judicial francesa (vinculada a la mejora de relaciones pol√≠ticas y econ√≥micas). Como posteriormente se demostr√≥ (en un proceso judicial impulsado entre otros por El Mundo -un peri√≥dico de orientaci√≥n derechista- y por el juez Garz√≥n -reingresado en la carrera judicial tras un breve y conflictivo paso por la pol√≠tica como diputado del PSOE-), varios altos cargos de los primeros gobiernos socialistas (entre ellos el ministro Jos√© Barrionuevo y el secretario de seguridad Rafael Vera) hab√≠an impulsado entre 1982 y 1986 un terrorismo de Estado o guerra sucia mediante la actividad de los denominados Grupos Antiterroristas de Liberaci√≥n (GAL), que realizaron varios atentados en territorio franc√©s contra miembros de ETA. La divulgaci√≥n de estos hechos a mediados de los a√Īos noventa, junto con otros esc√°ndalos de corrupci√≥n pol√≠tico-econ√≥mica (Juan Guerra, Luis Rold√°n, FILESA), unido a la grave crisis econ√≥mica posterior a los eventos de 1992 (expo de Sevilla y olimpiadas de Barcelona), provoc√≥ la derrota del PSOE en las elecciones de 1996 y la llegada al poder del Partido Popular con Jos√© Mar√≠a Aznar, que al no tener mayor√≠a absoluta tuvo necesidad de lograr acuerdos con los partidos nacionalistas (Partido Nacionalista Vasco, Convergencia y Uni√≥n y Coalici√≥n Canaria).

Gobiernos de José María Aznar (1996-2004)

Art√≠culo principal: VI Legislatura de Espa√Īa
Voluntarios limpiando las playas gallegas de crudo tras el hundimiento del Prestige.

El nuevo gobierno del Partido Popular se propuso cumplir los criterios de convergencia del tratado de Maastricht para que la econom√≠a espa√Īola se incorporara al grupo de pa√≠ses que compartir√≠an la nueva moneda europea: el euro. Se inici√≥ una pol√≠tica de privatizaci√≥n de empresas estatales y de reforma laboral, estimulando las contrataciones temporales para frenar el paro, lo que precariz√≥ el mercado de trabajo, pero no alteraba los puntos esenciales del Estado del bienestar. En 1999, con los criterios cumplidos en su mayor parte, Espa√Īa fue aceptada como como miembro de la Eurozona, estableci√©ndose una cotizaci√≥n de 166,386 pesetas por euro. Las monedas y billetes de peseta dejaron de circular en 2002.

Tras la masiva movilizaci√≥n popular contra el largo secuestro de Jos√© Ortega Lara (17 de enero de 1996 - 1 de julio de 1997, liberado por la polic√≠a) y el asesinato de Miguel √Āngel Blanco (13 de julio de 1997, particularmente impactante, al ser el resultado final de un secuestro cuyo chantaje consist√≠a en la exigencia del acercamiento de los presos de ETA a las c√°rceles del Pa√≠s Vasco), la situaci√≥n de la banda terrorista se hab√≠a deteriorado incluso entre parte de sus bases sociales del Pa√≠s Vasco. Se plante√≥ un cambio de estrategia de los partidos nacionalistas vascos moderados, que acordaron junto con los radicales cercanos a ETA el Pacto de Lizarra (12 de septiembre de 1998). La inmediata Mayor Oreja denomin√≥ tregua trampa (septiembre de 1999).[101]

Art√≠culo principal: VII Legislatura de Espa√Īa

En las elecciones generales de 2000 el PP consigui√≥ la mayor√≠a absoluta, lo que le permiti√≥ llevar a cabo su pol√≠tica sin el condicionante de la b√ļsqueda de apoyos en los partidos nacionalistas perif√©ricos. La oposici√≥n sindical al nuevo decreto reforma laboral se sustanci√≥ en la huelga general del 20 de junio de 2002. Se suprimi√≥ el servicio militar obligatorio y se impuls√≥ el Plan Hidrol√≥gico Nacional.

En pol√≠tica exterior, Aznar se aline√≥ claramente con los Estados Unidos, convirti√©ndose en uno de sus principales aliados europeos (tr√≠o de las Azores) en los conflictos posteriores al 11-S: la guerra de Afganist√°n y la guerra de Irak. El desastre ecol√≥gico provocado por el accidente del petrolero Prestige (2002-2004, posiblemente agravado por la confusa gesti√≥n pol√≠tica, que gener√≥ el movimiento de protesta Nunca Mais) se sum√≥ al esc√°ndalo consiguiente al accidente del Yak-42 (avi√≥n que se estrell√≥ en Turqu√≠a -26 de mayo de 2003- trasladando tropas espa√Īolas desde Afganist√°n hasta Espa√Īa, cuya precipitada e irregular identificaci√≥n gener√≥ el descontento de los familiares y un proceso judicial) y a la gran oposici√≥n de la opini√≥n p√ļblica a la intervenci√≥n de Espa√Īa en la guerra de Irak (movimiento de protesta No a la guerra), desprestigiado al gobierno y al Partido Popular, que no obstante consigui√≥ mantener unos aceptables resultados en las elecciones auton√≥micas de Espa√Īa de 2003.

Aznar se había comprometido a no presentarse a una tercera convocatoria electoral. Para sustituirle como candidato se barajaban tres nombres: Rodrigo Rato, Mayor Oreja y Mariano Rajoy, quien fue finalmente elegido por el propio presidente.

Tres días antes de las elecciones generales, se produjeron los atentados del 11 de marzo de 2004, con 191 muertos, conmocionando al país y produciendo la confusión del propio gobierno, que en un primer momento lo atribuyó a ETA. Tras una manifestación unitaria de repulsa, a medida que comenzaron a publicarse evidencias de la autoría del terrorismo islámico (posteriormente discutidas por los medios de comunicación -especialmente el periódico El Mundo- que siguen sosteniendo teorías alternativas a la investigación oficial), el descontento comenzó a desplazarse contra el gobierno, y el mismo día de reflexión se convocaron manifestaciones irregulares frente a las sedes del Partido Popular. El resultado de las elecciones, que dio la victoria por mayoría relativa al PSOE, se suele interpretar como un voto de castigo.

Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero (2004 en adelante)

Art√≠culo principal: VIII Legislatura de Espa√Īa

Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero se signific√≥ en los primeros momentos de su mandato con una decisi√≥n de gran impacto internacional: la retirada de las tropas espa√Īolas de Irak, en cumplimento de su promesa electoral, aunque sorprendente por su inmediatez, comunicada antes incluso de la formaci√≥n de su gobierno. En pol√≠tica interior, la subida del salario m√≠nimo interprofesional (uno de los m√°s bajos de Europa) abri√≥ el camino de otras reformas sociales entre las que destacaba la autorizaci√≥n del matrimonio homosexual (30 de junio de 2005), muy protestado por la Iglesia Cat√≥lica; y la ley de dependencia (30 de noviembre de 2006). Otras cuestiones, como la reforma de la ley del aborto, se aplazaron para la siguiente legislatura.

Ante la ONU, Zapatero propuso la Alianza de civilizaciones, una iniciativa de colaboración internacional que co-lideró con el presidente turco Erdogan. La aprobación en referéndum de la constitución europea en 2005 fue inoperante, dado el fracaso de mecanismos similares en otros países.

Varias comunidades iniciaron el procedimiento de reforma de sus estatutos de autonom√≠a. El denominado Plan Ibarretxe, no planteado como una reforma estatutaria sino como una iniciativa soberanista para el Pa√≠s Vasco, fue rechazado por las Cortes (1 de febrero de 2005). La reforma del Estatuto catal√°n fue a√ļn m√°s pol√©mica; a pesar de superar todos los tr√°mites con distintas modificaciones y entrar en vigor tras el refer√©ndum de 2006, sigue en la actualidad (2010) sujeto a un recurso de inconstitucionalidad que el Tribunal Constitucional lleva varios a√Īos discutiendo sin llegar a emitir un fallo.

Durante varios meses del a√Īo 2006 se llevaron a cabo contactos del gobierno con ETA en un contexto de tregua declarada por el grupo terrorista y de protestas del Partido Popular, la Asociaci√≥n de V√≠ctimas del Terrorismo y los medios de comunicaci√≥n de orientaci√≥n conservadora; y que se demostraron infructuosos tras el atentado de la T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas (30 de diciembre de 2006). M√°s eficacia demostr√≥ la presi√≥n policial, judicial e internacional, que consigui√≥ la detenci√≥n consecutiva de los equipos dirigentes que se sucedieron en la c√ļpula de la banda terrorista; y el impedimento, mediante reformas legislativas y decisiones judiciales, de que las agrupaciones pol√≠ticas organizadas en torno a ETA obtuvieran representaci√≥n pol√≠tica en ayuntamientos y parlamentos, al ser ilegalizadas parcial o totalmente en unas u otras convocatorias electorales.

Durante una cumbre iberoamericana se produjo un incidente verbal entre el rey y el presidente venezolano Hugo Ch√°vez, que lleg√≥ a hacerse muy popular (¬ŅPor qu√© no te callas?, 10 de noviembre de 2007); y que se utiliza como ejemplo de la complejidad de las relaciones entre Espa√Īa e Hispanoam√©rica. Estas relaciones, intensificadas tanto en lo econ√≥mico como en lo pol√≠tico, son denunciadas como neocolonialistas por la corriente de opini√≥n indigenista,[102] mientras que la opini√≥n conservadora dentro de Espa√Īa critica por contraproducente e ingenuo el mantenimiento de relaciones relativamente amistosas con el gobierno de Cuba y otros de orientaci√≥n pr√≥xima, calificados de populistas y contrarios a los intereses espa√Īoles.[103]

Art√≠culo principal: IX Legislatura de Espa√Īa

Tras las elecciones generales de Espa√Īa de 2008 (cuyos actos finales de campa√Īa tuvieron que ser suspendidos ante el asesinato por ETA de Isa√≠as Carrasco), se repiti√≥ la mayor√≠a relativa del PSOE y el segundo puesto del PP. Ambos partidos aumentaron en n√ļmero de diputados. Los partidos nacionalistas e Izquierda Unida disminuyeron su representaci√≥n, al tiempo que aparec√≠a un nuevo partido de √°mbito nacional: Uni√≥n Progreso y Democracia, por el que Rosa D√≠ez consigui√≥ un acta de diputado.

El debate en torno a la Ley de Memoria Histórica, que provenía de la legislatura anterior, alcanzó su nivel máximo como consecuencia de la decisión del juez Garzón de iniciar un procedimiento judicial contra los crímenes del franquismo (16 de octubre de 2008); y la reacción contra él, que, además de su apartamiento de la causa, que no tuvo continuidad, se sustanció en tres procedimientos judiciales simultáneos por diversos motivos, unos ligados a ese asunto y otros ajenos, pero también de repercusión política, que llevaron a su suspensión como juez de la Audiencia Nacional, en medio de un escándalo internacional (14 de mayo de 2010).

La crisis econ√≥mica de 2008-2010 afect√≥ de manera grav√≠sima a la econom√≠a espa√Īola, que tras experimentar el final de la denominada burbuja del ladrillo sufri√≥ varios trimestres consecutivos de descenso del PIB y de incremento del paro. La crisis de la deuda griega de 2010, convertida en una verdadera crisis de la Eurozona, llev√≥ a los gobiernos europeos, e incluso al presidente norteamericano Barak Obama, a exigir al espa√Īol (que precisamente ocupaba durante ese semestre la presidencia rotativa de la UE) medidas dr√°sticas de reducci√≥n del d√©ficit p√ļblico. La decisi√≥n de Zapatero (12 de mayo de 2010) de reducir el salario de los funcionarios y no incrementar las pensiones se calific√≥ de una medida sin precedentes en la historia de la democracia espa√Īola, cuestion√°ndose el mantenimiento del modelo de Estado del bienestar.[104]

La cultura espa√Īola en la transici√≥n y la democracia

Rafael Moneo 01m.jpg Rafael Moneo y otros destacados arquitectos espa√Īoles, como Santiago Calatrava, han logrado una gran proyecci√≥n internacional, que se ha sumado a la de los arquitectos de la generaci√≥n anterior, como Ricardo Bofill, Miguel Fisac (muerto en 2006), S√°enz de O√≠za (muerto en 2000), etc.
Eduardo Mendoza (Feria del Libro de Madrid, 6 de junio de 2008).jpg Eduardo Mendoza, representante de la m√°s reciente narrativa espa√Īola, que cuenta con nombres como √Ālvaro Pombo, Terenci Moix (muerto en 2003), Vicente Molina Foix, Jos√© Mar√≠a Guelbenzu, Rosa Montero, Fernando Mar√≠as, Elvira Lindo, Antonio Mu√Īoz Molina, Juan Jos√© Mill√°s, Luis Landero, Jos√© √Āngel Ma√Īas, etc.; y con las √ļltimas producciones de autores de generaciones anteriores, como Miguel Delibes (muerto en 2010), Juan Mars√©, Ana Mar√≠a Matute o Carmen Mart√≠n Gaite (muerta en 2000).
Albert Boadella.jpg Albert Boadella, con el grupo Els Joglars, lleva realizando un continuado trabajo teatral desde 1962. El teatro catal√°n ha sido muy prol√≠fico en grupos de muy distinto tipo, todos ellos de gran originalidad, como Dagoll Dagom, Els Comediants, La Fura dels Baus, Tricicle, La Cubana, etc. El panorama esc√©nico espa√Īol de finales del siglo XX cont√≥ con los √ļltimos textos de Antonio Buero Vallejo o Lauro Olmo y la presencia de nuevos autores como Fernando Arrabal, Alfonso Sastre, Francisco Nieva, Jos√© Sanchis Sinisterra o Antonio Gala y profesionales de todas las artes esc√©nicas, como Mario Gas, Antonio Gades, Nuria Espert, Jos√© Mar√≠a Rodero o el polifac√©tico Fernando Fern√°n G√≥mez.
Pedro Almod√≥var (Guadalajara) 5.jpg Pedro Almod√≥var. La movida madrile√Īa de finales de los ochenta y principios de los noventa tuvo en la obra de este cineasta su principal herencia cultural. A la misma generaci√≥n y entorno est√©tico pertenecen artistas espa√Īoles de otras zonas de Espa√Īa, o del mundo del dise√Īo y las artes p√°sticas, como Javier Mariscal y Miquel Barcel√≥.
Narcizo Iba√Īez Serrador.JPG Un, dos, tres... responda otra vez, de Narciso Ib√°√Īez Serrador, ha sido uno de los programas de televisi√≥n m√°s influyentes de la historia de la televisi√≥n en Espa√Īa. El papel de la televisi√≥n fue trascendental en la modernizaci√≥n de la sociedad espa√Īola en el tardofranquismo y la transici√≥n. La aparici√≥n de las televisiones privadas a partir de 1990 tuvo resultados ambivalentes: aument√≥ la oferta, pero introdujo la denominada telebasura y redujo a espacios marginales la programaci√≥n de contenido cultural que hab√≠a sido de m√°xima audiencia en los a√Īos setenta y ochenta (El hombre y la tierra, Estudio uno, La clave, etc.)
Serrat.jpg Joan Manuel Serrat, uno de los cantautores de la canci√≥n protesta que se populariz√≥ entre la juventud del 68. La m√ļsica de gran consumo inclu√≠a la llamada canci√≥n espa√Īola o folcl√≥rica de las tonadilleras (Lola Flores, Roc√≠o Jurado), la rumba (Los Chichos), la m√ļsica ligera o mel√≥dica (Julio Iglesias), el rock (Miguel R√≠os), o todo tipo de versiones, tendencias y combinaciones dentro de lo que se conoce como pop (desde Mocedades y Mecano hasta Alaska y los Pegamoides y los cantantes salidos de Operaci√≥n Triunfo). La llamada m√ļsica culta cont√≥ con compositores que ya hab√≠an renovado la escena musical en pleno franquismo, como Crist√≥bal Halffter, Luis de Pablo o Carmelo Bernaola; pero su mayor impacto fue gracias a la presencia internacional de cantantes de √≥pera de la talla de Jaume Aragall, Alfredo Kraus, Pl√°cido Domingo, Josep Carreras o Montserrat Caball√©.
Ferran Adri√† a El Bulli.jpg Ferr√°n Adri√°, varias veces nombrado mejor cocinero del mundo, junto con otros representantes de la m√°s reciente cocina espa√Īola, han situado a √©sta en una posici√≥n de liderazgo internacional.
Arantxa Sanchez Vicario.JPG Lo mismo ha ocurrido con las nuevas generaciones de deporte espa√Īol, especialmente tras las Olimpiadas de Barcelona (1992), en disciplinas tan diversas como el ciclismo (Perico Delgado, Miguel Indurain, Alberto Contador), el tenis (Rafael Nadal, Arancha S√°nchez Vicario), el automovilismo (Fernando Alonso) o el f√ļtbol (Real Madrid, F√ļtbol Club Barcelona, Copa Mundial de F√ļtbol de 2010 para la selecci√≥n espa√Īola de f√ļtbol). El inter√©s p√ļblico por la actividad deportiva, rasgo destacado en el franquismo como factor de cohesi√≥n social (pan y f√ļtbol), se diversific√≥ a otros deportes a partir de 1966 con la campa√Īa Contamos contigo (Juan Antonio Samaranch, posteriormente presidente del Comit√© Ol√≠mpico Internacional).[105]
Gran Dolina-Estrato Aurora..jpg La excavaci√≥n y estudio del yacimiento de Atapuerca ha representado, por sus caracter√≠sticas √ļnicas, la aportaci√≥n m√°s importante de la ciencia espa√Īola al conocimiento universal en los √ļltimos a√Īos. En otros campos cient√≠ficos no faltan individuos y equipos de trabajo de alt√≠simo nivel, particularmente en las ciencias biol√≥gicas.
Jose Tom√°s manoletina.JPG Jos√© Tom√°s ha protagonizado alguno de los momentos m√°s destacados de la tauromaquia reciente. El activismo antitaurino, junto a factores pol√≠ticos locales, condujeron al Parlamento de Catalu√Īa en 2010 a la adopci√≥n de una medida legislativa que suspender√° las corridas de toros en esa comunidad. Anteriormente, una medida similar se adopt√≥ en Canarias.
Simpecado de la hermandad de Sanl√ļcar. Romer√≠a de El Roc√≠o, embarque de las hermandades en Sanl√ļcar hacia IMGP3114.JPG Una escena de la romer√≠a del Roc√≠o. Aunque las encuestas sobre creencia religiosa muestran una mayor√≠a de cat√≥licos no practicantes, y las pr√°cticas sociales muestran un alto grado de secularizaci√≥n, la relgiosidad popular sigue siendo muy vital en determinadas manifestaciones festivas, y el liderazgo de la iglesia cat√≥lica se demuestra peri√≥dicamente en convocatorias espor√°dicas como visitas papales (desde la de Juan Pablo II en 1992) o macromanifestaciones de car√°cter pol√≠tico-moral (contra el aborto o el matrimonio homosexual); y de un modo m√°s constante en la presencia de la educaci√≥n religiosa o los medios de comunicaci√≥n cat√≥licos. La presencia de otras confesiones religiosas sigue siendo claramente minoritaria, aunque est√°n muy altamente representadas en la inmigraci√≥n.
Proc acade.jpg Procesi√≥n de doctorandos en la Universidad Miguel Hern√°ndez en Elche (Alicante). La universidad ha dejado de ser un reducto reservado a las √©lites. La multiplicaci√≥n de universidades, extendidas por todas las comunidades aut√≥nomas y la mayor√≠a de las provincias, es la c√ļspide de un sistema educativo cuya base ha presenciado la extensi√≥n de la educaci√≥n obligatoria, tanto en el final del franquismo (hasta los 14 a√Īos con la Ley General de Educaci√≥n de 1970) como en la democracia (hasta los 16 a√Īos con la LOGSE de 1990), y su verdaderas consecuencias son objeto de debate (informe PISA).
Parque Almenara - Carpa.jpg Centro comercial en Lorca (Murcia). El incremento del nivel de vida ha convertido a la denominada cultura del ocio y al consumismo en componentes esenciales de la vida espa√Īola, tanto p√ļblica como privada. El radical cambio de costumbres ha alterado incluso la dieta tradicional con graves consecuencias (des√≥rdenes alimentarios). La abundancia y amplio horario de establecimientos de hosteler√≠a y diversi√≥n son extraordinarios en comparaci√≥n con la mayor√≠a de los pa√≠ses del mundo. Fuertemente ligado a ello, el turismo en Espa√Īa contin√ļa fundamentado en las playas masificadas, pues la creciente oferta de turismo cultural o turismo rural sigue siendo minoritaria en comparaci√≥n.
Federico Jimenez Losantos.jpg Federico Jim√©nez Losantos ha protagonizado en la radio, en la prensa y en los nuevos medios digitales, algunas de las m√°s duras pol√©micas period√≠sticas, pol√≠ticas e intelectuales de los √ļltimos a√Īos.[106] La presencia de los intelectuales en pol√≠tica, m√°s all√° de los procedentes del mundo del derecho (como los ponentes de la Constituci√≥n en 1978 o algunos destacados miembros del Tribunal Constitucional), ha pasado a ser marginal; pero su papel en los medios de comunicaci√≥n contin√ļa siendo muy activo en lo que se denomina la formaci√≥n de la opini√≥n p√ļblica. Entre √©stos hay tanto personalidades surgidas en el mundo del periodismo (columnistas[107] como Francisco Umbral -muerto en 2007-, Eduardo Haro Tecglen -muerto en 2005-, Arcadi Espada, Ra√ļl del Pozo, Isabel San Sebasti√°n, Maruja Torres; directores de programas de radio, como Luis del Olmo o I√Īaki Gabilondo; o los tres m√°s destacados directores de peri√≥dicos: Luis Mar√≠a Anson, Juan Luis Cebri√°n -elegidos simult√°neamente acad√©micos de la lengua en 1996- y Pedro J. Ram√≠rez) como de fuera de √©l (Jos√© Luis Sampedro, Juan Velarde Fuertes, Francisco Rodr√≠guez Adrados, Gregorio Salvador, Antonio Elorza, Fernando Savater, Ignacio Sotelo, Almudena Grandes, Manuel Rivas, Ian Gibson, Mario Vargas Llosa -estos dos √ļltimos nacionalizados espa√Īoles-).[108]

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

  • Artehistoria:
  • ArtEEspa√Īa:

Notas

  1. ‚ÜĎ √Ālvarez Junco, op. cit. V√©ase el concepto de historia nacional otros relacionados en Nacionalismo espa√Īol.
  2. ‚ÜĎ Artola, op. cit.; Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit., Josep Fontana, op. cit., Jordi Nadal, op. cit.. V√©ase el debate sobre la "normalidad" o "excepcionalidad" del caso espa√Īol en Ser de Espa√Īa. El an√°lisis de Manuel Aza√Īa (Causas de la Guerra de Espa√Īa -1939-, recogido en El ensayo espa√Īol. Siglo XX, pg. 280) es esclarecedor:
    Las dificultades proven√≠an del fondo mismo de la estructura social espa√Īola y de su historia pol√≠tica en el √ļltimo siglo. La sociedad espa√Īola ofrec√≠a los contrastes m√°s violentos. En ciertos n√ļcleos urbanos, un nivel de vida alto, adaptado a todos los usos de la civilizaci√≥n contempor√°nea, y a los pocos kil√≥metros, aldeas que parecen detenidas en el siglo XV. Casi a la vista desde los palacios de Madrid, los albergues miserables de la monta√Īa. Una corriente vigorosa de libertad intelectual, que en materia de religi√≥n se traduc√≠a en indiferencia y agnosticismo, junto a demostraciones p√ļblicas de fanatismo y superstici√≥n, muy distantes del puro sentimiento religioso. Provincias del noroeste donde la tierra est√° desmenuzada en pedacitos que no bastan a mantener el cultivador; provincias del sur y del oeste, donde el propietario de 14.000 hect√°reas detenta en una sola mano todo el territorio de un pueblo. En las grandes ciudades y en las cuencas fabriles, un proletariado industrial bien encuadrado y defendido por los sindicatos; en Andaluc√≠a y Extremadura, un proletariado rural que no hab√≠a saciado el hambre, propicio del anarquismo. La clase media no hab√≠a realizado a fondo, durante el siglo XIX, la revoluci√≥n liberal. Expropi√≥ las tierras de la Iglesia, fund√≥ el r√©gimen parlamentario. El atraso de la instrucci√≥n popular, y su consecuencia, la indiferencia por los asuntos p√ļblicos, dejaban sin base s√≥lida al sistema. La industria, la banca y, en general, la riqueza mobiliaria, resultante del esp√≠ritu de empresa, se desarrollaron poco. Espa√Īa sigui√≥ siendo un pa√≠s rural, gobernado por unos cientos de familias. Aunque la Constituci√≥n limitaba te√≥ricamente los poderes de la corona, el rey, en buen acuerdo con la Iglesia, reconciliada con la dinast√≠a por la pol√≠tica de Le√≥n XIII, y apoyado en el Ej√©rcito, conservaba un predominio decisivo a trav√©s de unos partidos pendientes de la voluntad regia. La instituci√≥n parlamentaria era poco m√°s que una ficci√≥n.
  3. ‚ÜĎ Artola, op. cit.; Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit.; Pedro Farinas, Breve historia constitucional de Espa√Īa, Madrid: Latina Universitaria, 1981 ISBN 84-7516-015-8; Jordi Sol√© Tura, Eliseo Aja, Constituciones y per√≠odos constituyentes en Espa√Īa (1808- 1936), Siglo XXI, Madrid, 1977
  4. ‚ÜĎ Proceso estudiado desde fechas tan tempranas como 1931 -PUG√ČS, MANUEL. C√≥mo triunf√≥ el proteccionismo en Espa√Īa. (La formaci√≥n de la pol√≠tica arancelaria espa√Īola). Pr√≥logo del Profesor D. Pedro Gual Villalb√≠. Barcelona, Editorial Juventud- hasta la actualidad -Antonio Tena Junguito (2001)¬ŅPor qu√© fue Espa√Īa un pa√≠s con alta protecci√≥n industrial? Evidencias desde la protecci√≥n efectiva 1870-1930 Documento de trabajo de la Universidad Carlos III de Madrid-
  5. ‚ÜĎ Juan Velarde Fuertes El espa√Īol como base del desarrollo, en II Congreso Internacional de la Lengua Espa√Īola, Valladolid, octubre de 2001
    En Espa√Īa, precisamente, desde el Arancel de los Moderados de 1847, acentuado con el mensaje proteccionista de C√°novas del Castillo maximizado por el Arancel de Guerra de 1891, y continuado, de modo cada vez m√°s fuerte, hasta 1957, existi√≥ una clar√≠sima mentalidad aut√°rquica.
    Juan Hern√°ndez Andreu y Nelson √Ālvarez V√°zquez (2005) Librecambismo y proteccionismo en Espa√Īa (siglos XVIII y XIX) Madrid: Universidad Nacional de Educaci√≥n a Distancia ISBN 84-362-5034-6 Francisco J. Constenla Acasuso (1982) La evoluci√≥n del proteccionismo en Espa√Īa y el Arancel Camb√≥ de 1922, Santiago de Compostela: F.J. Constenla ISBN 84-300-6438-9
  6. ‚ÜĎ Artola, op. cit.; Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit. Jordi Nadal, op. cit.
  7. ‚ÜĎ Mart√≠nez Cuadrado, op. cit.; Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit., Carlos Dardeop. cit., √Āngel Bahamonde op. cit.
  8. ‚ÜĎ Mart√≠nez Cuadrado, op. cit.; Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit. El t√©rmino edad de plata fue acu√Īado, para la literatura, por Jos√© Carlos Mainer (1987) La Edad de Plata (1902‚Äď1939), Madrid: C√°tedra. El mismo autor titula Modernidad y nacionalismo 1900‚Äď1939 el volumen 6 de la Historia de la literatura espa√Īola, Cr√≠tica, 2010
  9. ‚ÜĎ Mart√≠nez Cuadrado, op. cit.; Santos Juli√° op. cit.; Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit.; Genoveva Garc√≠a op. cit.
  10. ‚ÜĎ Santos Juli√° op. cit.; Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit.; Raymond Carr, op. cit., Julio Gil op.cit.
  11. ‚ÜĎ Santos Juli√° Duelo por la Rep√ļblica Espa√Īola, 25 de junio de 2010. Es parte de una pol√©mica en las p√°ginas de opini√≥n de El Pa√≠s sobre la relaci√≥n de memoria entre la Transici√≥n democr√°tica y la II Rep√ļblica, la Guerra Civil y el Franquismo; desencadenada por un art√≠culo de Joaqu√≠n Leguina Enterrar a los muertos, 24 de abril de 2010 (fecha en la que se hab√≠an convocado las primeras manifestaciones en democracia contra la impunidad del franquismo; como le reprochaba Almudena Grandes La condici√≥n miserable, 9 de mayo de 2010); en la que sucesivamente intervinieron Javier Cercas La pu√Īetera verdad 6 de junio de 2010; el citado Juli√° y Gregorio Mara√Ī√≥n y Bertr√°n de Lis La insobornable verdad, 28 de junio de 2010.
  12. ‚ÜĎ Pierre Vilar, op. cit.; Raymond Carr, op. cit.; Ar√≥stegui, op. cit.
  13. ‚ÜĎ V√©ase el debate sobre la calificaci√≥n fascista al r√©gimen de Franco en Fascismo#Espa√Īa
  14. ‚ÜĎ Tu√Ī√≥n de Lara, op. cit., Josep Fontana y otros op. cit., Payne op. cit., Mateos y Soto, op. cit.
  15. ‚ÜĎ Javier Cercas, op. cit.
  16. ‚ÜĎ Javier Tusell, op. cit; Santos Juli√°, op. cit.; Garc√≠a de Cort√°zar, op. cit.
  17. ‚ÜĎ Rebeliones de Picornell y Malaspina
  18. ‚ÜĎ Espa√Īa y la Revoluci√≥n francesa, en Artehistoria.
  19. ‚ÜĎ Citada por Emilio Cotarelo Iriarte y su √©poca, Rivadeneyra, 1897.
  20. ‚ÜĎ Informes en el Expediente de Ley Agraria. Andaluc√≠a y la Mancha (1768). Edici√≥n y estudio preliminar de Gonzalo Anes. ICI, Quinto Centenario, IEF. Madrid, 1990. ISBN 84-206-2840-4. Gonzalo Anes: La Ley Agraria. Alianza Editorial, Madrid, 1995. ISBN 84-7196-879-7. Fuentes citadas en [web.usal.es/~rrobledo/text/anes_1995.doc]. Texto de Jovellanos en cervantesvirtual.
  21. ‚ÜĎ El bloqueo agrario, en Artehistoria.
  22. ‚ÜĎ La crisis del cambio del siglo (Espa√Īa) en Artehistoria
  23. ‚ÜĎ
    La voz liberal aplicada a un partido o a individuos, es de fecha moderna y espa√Īola en su origen, pues empez√≥ a ser usada en C√°diz en 1811, y despu√©s ha pasado a Francia, a Inglaterra y a otros pueblos
    Citado por Francisco Arias Solís La palabra liberal.
  24. ‚ÜĎ
    El liberalismo, movimiento espa√Īol.

    El primer punto que hab√≠a que destacar es el origen espa√Īol de las palabras liberal y liberalismo en su acepci√≥n pol√≠tica. Este hecho es hoy reconocido incluso en la literatura anglosajona.

    Historia cr√≠tica del pensamiento espa√Īol: Liberalismo y romanticismo, Espasa-Calpe, 1979, ISBN 8423964116, pg. 56.
  25. ‚ÜĎ En el Manifiesto de los Persas, redactado en 1814 por el primero, y firmado por 69 diputados de las Cortes de C√°diz, se refieren al segundo en estos t√©rminos: En 17 de agosto del propio a√Īo [1812] ampliando las Cortes la autoridad legislativa como √ļnica que se hab√≠an reservado, privaron de honores, empleos, y expatriaron al reverendo Obispo de Orense, por haber jurado la Constituci√≥n despu√©s de hacer varias protestas, y se extendi√≥ igual pena a todo espa√Īol que en el acto de jurarla, usare o hubiere usado de iguales reservas: y que en el caso de ser eclesi√°stico, se le ocupar√≠an adem√°s las temporalidades. Este empe√Īo de aterrar porque jurasen, en √©poca en que se titulaba a todos libres para manifestar su pensamiento por escrito y de palabra, es lo que m√°s prueba la falta de libertad en el juramento, la de consentimiento general de la Naci√≥n, y el recelo de que no lo habr√≠a (punto 83).
  26. ‚ÜĎ Juan Goytisolo Liberales y rom√°nticos, El Pa√≠s 17/12/2006 (art√≠culo sobre los exiliados del siglo XIX, glosando en en centenario de su nacimiento la obra de Vicente Llor√©ns Liberales y rom√°nticos, una emigraci√≥n espa√Īola en Inglaterra (1823 1834) M√©xico, 1954).
  27. ‚ÜĎ Constituci√≥n de 1812 (art. 1)
  28. ‚ÜĎ Benito P√©rez Gald√≥s titul√≥ as√≠ uno de sus Episodios Nacionales, publicado en 1879 (v√©ase en cervantesvirtual.com). Voz "Apost√≥licos" en Gran Enciclopedia Aragonesa.
  29. ‚ÜĎ Josep Fontana, op. cit.
  30. ‚ÜĎ Avil√©s y otros op. cit., pg. 169.
  31. ‚ÜĎ Art√≠culo sobre epidemia y matanza. P√°gina sobre la epidemia. Art√≠culo sobre la matanza.
  32. ‚ÜĎ Avil√©s op. cit., pg. 168.
  33. ‚ÜĎ Art√≠culo 11. Los dem√°s datos, en Avil√©s y otros op. cit., pg. 167.
  34. ‚ÜĎ La implantaci√≥n del Estado liberal durante las regencias de Maria Cristina y Espartero (1833-1843) en historiasiglo20.org
  35. ‚ÜĎ La abolici√≥n de los Fueros en Fundaci√≥n para la libertad.
  36. ‚ÜĎ T√≠tulos de Duque de la Victoria, Conde de Luchana, Vizconde de Banderas y Duque de Morella, con Grandeza de Espa√Īa.
  37. ‚ÜĎ http://www.museodelprado.es/index.php?id=100&tx_obras[uid]=855&no_cache=1 Ficha de la obra] en la web del Museo del Prado.
  38. ‚ÜĎ La abolici√≥n de los Fueros, web cit.
  39. ‚ÜĎ Gabriel Tortella, op. cit., pg. 68-76
  40. ‚ÜĎ Obras Completas, vol 3, Giner, 1990, ISBN 8472731413; pg. 511.
  41. ‚ÜĎ La regencia del General Espartero (1841-1843).
  42. ‚ÜĎ La abolici√≥n de los fueros, web cit.
  43. ‚ÜĎ Avil√©s y otros, op. cit. pg. 168
  44. ‚ÜĎ La d√©cada moderada, en Artehistoria.
  45. ‚ÜĎ Reflejado por Benito P√©rez Gald√≥s en Bodas reales, uno de los Episodios Nacionales, publicado en 1900.
  46. ‚ÜĎ El 11 de mayo se redact√≥ esta petici√≥n a Espartero por parte de las sociedades obreras (reproducido en veuobrera.org):
    La clase obrera de Catalu√Īa pide que se la reconozca la propiedad de su trabajo, lo mismo que se reconoce a la de sus amos los capitalistas, desea por tanto en cada uno de sus individuos la libertad absoluta de asociarse para casos en que gozando de salud carezca de trabajo, por la misma raz√≥n que se le concede cuando teniendo trabajo carece de salud: para poder rechazar el jornal que considere insuficiente a sus necesidades, y a la magnitud de su trabajo y pedir el, en su concepto, justo, (todo pac√≠ficamente y sin la menor violencia), por la misma raz√≥n que el capitalista puede asociar sus capitales rechazando los jornales en su concepto altos...

    El nombramiento de un jurado mixto; esto es, de amos y trabajadores, que dirima buenamente y con acierto las cuestiones sobre el jornal entre fabricantes y operarios...

    Que se fije en diez el m√°ximun de las horas del jornal, y se sujeten a inspecci√≥n los locales de los establecimientos fabriles para ver si llenan las, condiciones higi√©nicas necesarias; que se establezca el mayor n√ļmero posible de escuelas gratuitas industriales, en donde aprendan los obreros los medios menos violentos, m√°s √ļtiles y modernos para cumplir sus diversas operaciones y fundar tal vez sus inventos, y por √ļltimo que se establezcan tambi√©n salas de asilo para los hijos de los obreros que, ocupados en su trabajo, se ven en la necesidad de tenerlos casi todo el abandonados a los peligros f√≠sicos y morales de la poca edad, y se proh√≠ba a sus padres les pongan a trabajar antes de la edad de diez a√Īos, ya que se evitar√≠an de estemodo las harto frecuentes desgracias de su debilidad e inexperiencia en los talleres, lograr√≠an mejor desarrollo f√≠sico, y podr√≠an aprovechar las escuelas industriales.

  47. ‚ÜĎ La prensa conservadora acus√≥ a los anarquistas de los disturbios de Valladolid, que adoptaron la forma tradicional de motines de subsistencias. Ante la tolerancia con los participantes en la revuelta que demostraba la Milicia Nacional, y presionado por el propio O'Donnell, dimiti√≥ el ministro de Gobernaci√≥n, Patricio de la Escosura, a pesar de contar con la confianza del presidente Espartero. El enfrentamiento entre ambos espadones termin√≥ con la intervenci√≥n de la reina, que depuso a Espartero y llam√≥ a O'Donnell a formar gobierno. Jaime Prieto, op. cit., pg. 166.
  48. ‚ÜĎ El refr√°n completo, citado y comentado por Miguel de Unamuno "Para el vino, agua, sol y guerra en Sebastopol". Es decir, el lema de nuestro sistema econ√≥mico, ganar lo que pierde otro. En Unamuno, pol√≠tica y filosof√≠a: art√≠culos recuperados (1886-1924), pg. 44. Hay al menos otras dos referencias de Unamuno a este refr√°n en otros pasajes de su obra ([2] [3]).
  49. ‚ÜĎ Francisco Javier Paredes Alonso (ed) Historia contempor√°nea de Espa√Īa: Siglo XIX, Ariel, 2004; ISBN 8434467550, pg. 230.
  50. ‚ÜĎ Citado por Manuel Jim√©nez de Parga Recuerdos y olvidos del pasado.
  51. ‚ÜĎ Xos√© R. Veiga Alonso El significado del Sexenio en la definici√≥n de una identidad pol√≠tica conservadora.
  52. ‚ÜĎ a b c d e Guerrero, P√©rez Garz√≥n y Rueda, 2004, p√°gs. 325-431.
  53. ‚ÜĎ La leyenda de La Mano Negra (sobre la actividad de Reclus, Rey y Fanelli en Espa√Īa). Jean Maitron, Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier fran√ßais (fuente citada en fr:Aristide Rey de la Wikipedia en franc√©s. Para la sublevaci√≥n de Jerez, v√©ase el discurso de Sagasta en las Cortes (18 de marzo de 1869), que reproduce telegramas de ese mismo d√≠a (incluso uno emitido s√≥lo una hora antes).
  54. ‚ÜĎ Asesinato de Juan Prim
  55. ‚ÜĎ La utilizaci√≥n del t√©rmino ni√Īa bonita" para referirse a la misma rep√ļblica se suele atribuir a Salvador de Madariaga, que en su texto lo pone en relaci√≥n con el nombre que sus fieles conspiradores le daban cari√Īosamente durante todo el siglo XIX (en Espa√Īa. Ensayo de historia contempor√°nea, Madrid: Espasa Calpe, 1979 (ed. or. 1942); pg. 311 y ss.
  56. ‚ÜĎ Luis Su√°rez op. cit., pg. 222.
  57. ‚ÜĎ El uso de la expresi√≥n "dictadura de Serrano" es habitual en la historiograf√≠a (ejemplos de uso); aunque es m√°s frecuente el de "gobierno de Serrano" (ejemplos de uso).
  58. ‚ÜĎ Historia en refugioginer.com
  59. ‚ÜĎ Citado por Jose Luis Comellas, Del 98 a la semana tr√°gica: 1898-1909 : crisis de conciencia y renovaci√≥n pol√≠tica, Biblioteca Nueva, 2002, pg. 124.
  60. ‚ÜĎ La frase, muy famosa, aparece tambi√©n en el texto de un dibujo sat√≠rico titulado √Čxodo en el que aparece una multitud, y este texto: "¬ŅY estos tambi√©n piden la autonom√≠a?. No, los gallegos no piden nada, emigran". Citado en Javier Costa Clavell Castelao: entre la realidad y el mito, BPR, 1986 pg. 65
  61. ‚ÜĎ La denominaci√≥n Febre d'or proviene del t√≠tulo de una novela de Narc√≠s Oller (adaptada al cine La fiebre del oro, 1993). La literatura y la filmograf√≠a sobre la √©poca es muy amplia, e incluye La saga de los Rius, basada en los relatos de Ignacio Agust√≠. Eduardo Mendoza escribi√≥, en colaboraci√≥n con su hermana, un ensayo sobre el periodo: Barcelona modernista. El mismo autor hace una recreaci√≥n literaria de la √©poca en La ciudad de los prodigios.
  62. ‚ÜĎ Pol√≠tica de colonizaci√≥n y repoblaci√≥n
  63. ‚ÜĎ El gobierno de Canalejas en Artehistoria.
  64. ‚ÜĎ Antonio Elorza, La CNT y el anarquismo El Pa√≠s, 27/10/2010.
  65. ‚ÜĎ Publicado en prensa en 1908 y como parte de Campos de Castilla en 1912 (v√©ase texto y notas en Francisco Caudet Antolog√≠a comentada, pg. 143).
  66. ‚ÜĎ Era vox populi que hab√≠a alentado el inicio de la penetraci√≥n en terreno enemigo con un telegrama que dec√≠a Ol√© tus cojones o Viva los hombres, seg√ļn versiones. V√©ase un resumen de la bibliograf√≠a al respecto.
  67. ‚ÜĎ El estudio original de Juan D√≠az del Moral (Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, 1929) usa la denominaci√≥n trienio bolchevista.
  68. ‚ÜĎ 1919-1923, los "a√Īos de plomo" de las luchas sociales catalanas. Dolores de la Calle y Manuel Redero Guerra Civil: documentos y memoria, Universidad de Salamanca, 2006, ISBN 8478003983.
  69. ‚ÜĎ Juan Ignacio Ramos (2010) Centenario de la fundaci√≥n de la CNT. El anarcosindicalismo y la revoluci√≥n social.
  70. ‚ÜĎ Si el movimiento militar ha querido identificarse con la opini√≥n p√ļblica y ser plenamente popular, justo es decir que lo ha conseguido por entero (Ortega y Gasset en El Sol, 27 de noviembre de 1923); citado por Tu√Ī√≥n de Lara, La Espa√Īa del siglo XX.
  71. ‚ÜĎ Carlos Garc√≠a Alix Matar al rey, El Pa√≠s, 30/10/2010
  72. ‚ÜĎ V√©anse referencias bibliogr√°ficas a la frase de Costa, muy debatida en su significado.
  73. ‚ÜĎ Algunas fuentes los denominan Revoluci√≥n de Enero de 1933
  74. ‚ÜĎ Opini√≥n de Salvador de Madariaga sobre la Revoluci√≥n de Asturias de 1934.
    El alzamiento de 1934 es imperdonable. La decisi√≥n presidencial de llamar al poder a la CEDA era inatacable, inevitable y hasta debida desde hac√≠a ya tiempo. El argumento de que Jos√© Mar√≠a Gil-Robles intentaba destruir la Constituci√≥n para instaurar el fascismo era a la vez hip√≥crita y falsa. Hip√≥crita, porque todo el mundo sab√≠a que los socialistas de Largo Caballero estaban arrastrando a los dem√°s a una rebeli√≥n contra la Constituci√≥n de 1931 sin consideraci√≥n alguna para lo que se propon√≠a o no Gil-Robles; y, por otra parte, a la vista est√° que el presidente Companys y la Generalitat entera violaron tambi√©n la Constituci√≥n. ¬ŅCon qu√© fe vamos a aceptar como heroicos defensores de la Rep√ļblica de 1931, contra sus enemigos m√°s o menos ilusorios de la derecha, a aquellos que para defenderla la destru√≠an? Pero el argumento era, adem√°s, falso, porque si Gil-Robles hubiera tenido la menor intenci√≥n de destruir la Constituci√≥n del 31 por la violencia, ¬Ņqu√© mejor ocasi√≥n que la que le proporcionaron sus adversarios pol√≠ticos alz√°ndose contra la misma Constituci√≥n en octubre de 1934, precisamente cuando √©l, desde el poder, pudo, como reacci√≥n, haberse declarado en dictadura? Lejos de haber demostrado en los hechos apego al fascismo y desapego al parlamentarismo, Gil-Robles sali√≥ de esta crisis convicto y confeso parlamentario, a punto que dej√≥ de ser, si jam√°s lo hab√≠a sido, persona grata para los fascistas (...) Con la rebeli√≥n de 1934, la izquierda espa√Īola perdi√≥ hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebeli√≥n de 1936.
    Salvador de Madariaga Espa√Īa. Ensayo de historia contempor√°nea. Espasa-Calpe, Madrid, 1979, p. 362
  75. ‚ÜĎ Discurso reproducido en la web de la Fundaci√≥n Francisco Franco.
  76. ‚ÜĎ lavanguardia.es. ¬ęPayne: "Sin la ayuda de Hitler, la insurrecci√≥n de Franco hubiera fracasado"¬Ľ. Consultado el 15 de abril de 2009.
  77. ‚ÜĎ Arthur Lepic. ¬ęChevron-Texaco, primer mecenas de la vida pol√≠tica estadounidense¬Ľ. Consultado el 13 de abril de 2009.
  78. ‚ÜĎ El discurso en la web de Radio Nacional de Espa√Īa
  79. ‚ÜĎ Juan Pablo Fusi, Reflexi√≥n, en VV.AA.: Historia de Espa√Īa Madrid: Mc Graw, 2009, ISBN 978-84-481-6938-1 pg. 356.
  80. ‚ÜĎ Expresi√≥n de Miguel Salabert para un art√≠culo en L'Express de 1958; citado por √©l mismo en la introducci√≥n a El exilio interior, 1988, Barcelona: Anthropos. El libro fue escrito en 1961 y tuvo problemas para editarse en Espa√Īa (Carta al director de El Pa√≠s de Jos√© Manuel Fajardo 30/12/1984.
  81. ‚ÜĎ Luis Enrique Otero Carvajal: La destrucci√≥n de la ciencia en Espa√Īa. Las consecuencias del triunfo militar de la espa√Īa franquista, en Historia y Comunicaci√≥n Social. n√ļmero 6. Universidad Complutense, Madrid, 2001. ISSN: 1137-0734 p√°gs. 149-186. Luis Enrique Otero Carvajal (dir), Mirta N√ļ√Īez D√≠az-Balart, Gutmaro G√≥mez Bravo, Jos√© Mar√≠a L√≥pez S√°nchez, Rafael Sim√≥n Arce: La destrucci√≥n de la ciencia en Espa√Īa. Depuraci√≥n universitaria en el franquismo] UCM-Editorial Complutense, Madrid, 2006 ISBN 978-84-7491-808-3 (rese√Īa de Salvador L√≥pez Arnal).
  82. ‚ÜĎ Dos obras muy descriptivas son Usos amorosos de la posguerra, de Carmen Mart√≠n Gaite y El Florido Pensil, de Andr√©s Sope√Īa.
  83. ‚ÜĎ Luis Mar√≠a Anson (1999) Don Juan
  84. ‚ÜĎ Los arquitectos del exilio (rese√Īa de la exposici√≥n Arquitecturas desplazadas. Arquitecturas del exilio espa√Īol, Madrid, Nuevos Ministerios, 2007).
  85. ‚ÜĎ Frase de Andr√©s Trapiello Las armas y las letras, Ed. Pen√≠nsula (citado por Javier Rodr√≠guez Marcos en Generales, curas y se√Īoritos espa√Īoles).
  86. ‚ÜĎ Tambi√©n entre los represaliados estaban los profesores Santiago Montero D√≠az y Aguilar Navarro Santiago Montero D√≠az 1911-1985 en filosofia.org. Shirley Mangini Rojos y rebeldes: la cultura de la disidencia, pg. 142. Jos√© Vidal-Beneyto Memoria democr√°tica, pg. 83
  87. ‚ÜĎ Danzas de Espa√Īa en Google Earth, 234 grabaciones en la web del Ministerio de Cultura.
  88. ‚ÜĎ El cine que burl√≥ a Franco, P√ļblico, 19/10/2007.
  89. ‚ÜĎ Cercas, op. cit.
  90. ‚ÜĎ Artehistoria. El cine pol√≠tico de la √©poca produjo un documento excepcional: Siete d√≠as de enero, de Juan Antonio Bardem (1979). Reflexiones semejantes hab√≠a hecho Costa Gavras en Estado de sitio (pel√≠cula) (1972), ambientada en Uruguay.
  91. ‚ÜĎ Cercas, op. cit.
  92. ‚ÜĎ Cercas, op. cit.
  93. ‚ÜĎ Cercas, op. cit.
  94. ‚ÜĎ Citado por Sonia Aparicio ¬ęCaf√© para todos¬Ľ
  95. ‚ÜĎ Cercas, op. cit.
  96. ‚ÜĎ Javier Cercas op. cit.
  97. ‚ÜĎ Web del Ministerio de Defensa.
  98. ‚ÜĎ Pablo Mart√≠n de Santa Olalla. ¬ęLa ley del divorcio de junio de 1981 en perspectiva hist√≥rica¬Ľ. Espacio, tiempo y forma, Serie V, Historia contempor√°nea. Consultado el 2 de junio de 2010.
  99. ‚ÜĎ El ministro Carlos Solchaga, en una frase que se hizo muy popular, aduc√≠a como un m√©rito que Espa√Īa era el pa√≠s del mundo donde era m√°s f√°cil enriquecerse r√°pidamente. Citado en Evoluci√≥n econ√≥mica y pol√≠tica social en la reciente sociedad espa√Īola, pg. 57.
  100. ‚ÜĎ Florencio Dom√≠nguez El fracaso de Argel, en El Sur, 23 de marzo de 2006.
  101. ‚ÜĎ Romero y Rodr√≠guez: Lo que Aznar hizo por la tregua, en El Pa√≠s, 24/03/2006.
  102. ‚ÜĎ Hugo Ch√°vez, Daniel Ortega, Fidel Castro, Adolfo P√©rez Esquivel, Luis Britto Garc√≠a y otros (2008) ¬ŅPor qu√© no te callas, Borb√≥n?, Editorial Txalaparta, ISBN 978-84-8136-528-3
  103. ‚ÜĎ Rafael L. Bardaj√≠ y Florentino Portero De la irrelevancia al rid√≠culo, en Libertad Digital, 24 de diciembre de 2007.
  104. ‚ÜĎ La noticia period√≠stica, publicada en Expansi√≥n el 13 de mayo de 2010. An√°lisis y debate intelectual sobre La sostenibilidad del estado del bienestar, en una serie especial de El Pa√≠s, mayo y junio de 2010.
  105. ‚ÜĎ Rosa Bielsa y Manuel Vizuete Historia de la organizaci√≥n deportiva espa√Īola de 1943-1975
  106. ‚ÜĎ El suicidio intelectual de la derecha espa√Īola
  107. ‚ÜĎ Manuel V√°zquez Montalb√°n Columnistas, columna en El Pa√≠s, 16/01/1989. Columnistas de El Pa√≠s y columnistas de El Mundo, ambas web a fecha 11/09/2010
  108. ‚ÜĎ Savater es el √ļnico espa√Īol de la lista de los cien intelectuales m√°s influyentes]

Véase también


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