Edad Moderna en Cantabria

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Edad Moderna en Cantabria

Edad Moderna en Cantabria

La Edad Moderna es el periodo de la historia, en Espa√Īa, que tradicionalmente abarca desde el a√Īo 1492 hasta la invasi√≥n napole√≥nica y la consecuente Guerra de la Independencia (1808-1814), cuando se introdujeron los ideales revolucionarios que acabar√°n con el Antiguo R√©gimen dando comienzo a la Edad contempor√°nea.

Se caracterizó en lo económico por el mantenimiento del Feudalismo, progresivamente erosionado por la expansión del capitalismo mercantil; en lo social por la consolidación de la Sociedad Estamental y en lo político por el desarrollo del absolutismo monárquico.

En Cantabria el tr√°nsito de la Edad Media a la Moderna no altera el estado de fragmentaci√≥n territorial heredado del medievo, condicionando una desvertebraci√≥n a la vez econ√≥mica, pol√≠tica, institucional y eclesial. Tierras de realengo y de se√Īor√≠o, feudos laicos y religiosos, concejos, valles, merindades y corregimientos tejen la intrincada mara√Īa institucional de una tierra sin conciencia de unidad y que en su conjunto es conocida como ‚ÄúMonta√Īas Bajas de Burgos‚ÄĚ, ‚ÄúDe Pe√Īas al Mar‚ÄĚ o simplemente ‚ÄúLa Monta√Īa‚ÄĚ.

Sin embargo, a lo largo de esta época se producirá una evolución en los factores característicos de la sociedad cántabra, pudiéndiose desglosar la Edad Moderna en tres grandes fases coincidentes con los tres siglos que la integran: XVI, XVII y XVIII.

Contenido

Hidalguía y desigualdad social

La llegada de Crist√≥bal Col√≥n a las "Indias orientales" el 12 de octubre de 1492 inaugura convencionalmente en Espa√Īa la Edad Moderna.

En su seno la reuni√≥n de peque√Īos barrios en Concejos sigue constituyendo la c√©lula b√°sica de la organizaci√≥n territorial, √≥rgano en el que se ven representadas las familias vecinas de cada lugar a trav√©s de un representante con derecho a voto. Aparente ‚Äúdemocracia‚ÄĚ desvirtuada por el control que sobre el Concejo ejerc√≠an los grandes hacendados, relegando a una mayor√≠a de min√ļsculos propietarios, colonos y jornaleros obligados a trabajar la tierra de los primeros y sometidos, por tanto, a la autoridad de unos orgullosos linajes acaparadores de la riqueza y el poder pol√≠tico en una sociedad que sancionaba jur√≠dicamente la desigualdad. Sociedad en la que el individuo se ve√≠a supeditado a los intereses de la comunidad y en la que el paternalismo emanaba desde las propias familias, unidad b√°sica del entramado social; en su seno se establec√≠a una r√≠gida jerarquizaci√≥n presidida por el var√≥n cabeza de familia a quien se supeditaban por orden descendente los dem√°s miembros, ocupando el √ļltimo escalaf√≥n mujeres y ni√Īos.

La hegemon√≠a social en aquella estructura estamental de las oligarqu√≠as rurales, heterog√©neas pero cohesionadas, se traduc√≠a en la imposici√≥n de una mentalidad aristocr√°tica que otorgaba especial relevancia a la hidalgu√≠a y la limpieza de sangre. Las redes clientelares tejidas por los linajes nobiliares vinculaban su poder y prestigio a la honorabiliad que envolv√≠a sus apellidos, mentalidad reforzada por la unidad religiosa en torno al catolicismo impuesta a partir de los Reyes Cat√≥licos, y que fomentaba la consiguiente intolerancia social frente a minor√≠as e individuos de dudosa ascendencia. Discriminaci√≥n concretada en el acceso a cargos administrativos y en la represi√≥n inquisitorial ante toda actitud heterodoxa, otorgando al estatuto de hidalgu√≠a (escalaf√≥n b√°sico del estamento privilegiado) el valor de certificado de adecuaci√≥n social, junto a exenciones fiscales y garant√≠as judiciales negadas a los pecheros (individuos sujetos a impuestos ordinarios). La extensi√≥n de la condici√≥n de hidalgos (‚Äúhijos de algo‚ÄĚ) a la mayor parte de los habitantes de Cantabria, les confer√≠a un especial orgullo como miembros de una comunidad de castellanos viejos presuntamente no contaminada con sangre musulmana o jud√≠a.

En la c√ļspide de aquella pir√°mide estamental y hasta la extinci√≥n del Antiguo R√©gimen los grandes se√Īor√≠os jurisdiccionales de Cantabria estuvieron controlados principalmente por tres de las grandes familias nobiliarias espa√Īolas: los Mendoza (Duques del Infantado, Marqueses de Santillana); los Manrique de Lara (Marqueses de Aguilar de Campoo, Condes de Casta√Īeda) y en menor medida por los Velasco (Duques de Fr√≠as, Condestables de Castilla).

La extensi√≥n de la hidalgu√≠a ocultaba una sociedad fuertemente polarizada entre una minor√≠a de grandes y medianos propietarios y una mayor√≠a de micropropietarios y campesinos sin tierra en condiciones de subsistencia, al margen de la ‚Äúpureza‚ÄĚ de su sangre. Desigualdad pre√Īada de tensi√≥n social, en muchas ocasiones violenta, reflejada en el plano de las mentalidades cuando la [[Iglesia contrarreformista trate de imponer una religiosidad oficial cargada de ceremonial y boato (Concilio de Trento, 1563) sobre un cristianismo popular impregnado de espiritualidad naturalista. Una Iglesia aliada de la aristocracia y que diezmaba los ingresos de esas mismas clases populares para sostener sus privilegios y su hegemon√≠a ideol√≥gica.

Un espacio rural, agrario y se√Īorial en el que contrastaban las villas marineras, limitada presencia del mundo urbano que sufrir√° una aguda crisis econ√≥mica y demogr√°fica en el tr√°nsito del siglo XVI al XVII. Su tr√°fico mercantil se hab√≠a resentido ya por la competencia de los puertos vascos desde la posici√≥n privilegiada que les otorgaba sus cartas forales, iniciada a finales del medievo y confirmada ahora con la creaci√≥n del Consulado mar√≠timo de Bilbao (1511). Lejos de conseguir un √≥rgano similar, el comercio c√°ntabro se vio supeditado al Consulado instalado en Burgos desde 1494. Por otro lado con los Reyes Cat√≥licos desaparece la Hermandad de las Marismas, sustituida institucionalmente por el Corregimiento de las Cuatro Villas. Pero el golpe de gracia vendr√° de la mano de la pol√≠tica imperial impuesta en la pen√≠nsula a ra√≠z de la implantaci√≥n de los Habsburgo en el trono. La supeditaci√≥n de los intereses castellanos a su estrategia hegem√≥nica en Europa arruinar√° la econom√≠a espa√Īola, sangrando fiscalmente a su poblaci√≥n y diezm√°ndola con una sucesi√≥n de guerras, hambrunas y plagas.

En ese escenario las villas c√°ntabras ejercieron de puertos de embarque y base de la flota del Atl√°ntico, lo que, si en un principio potenci√≥ la construcci√≥n naval de la regi√≥n (Astilleros de Colindres), a la larga supuso una sangr√≠a de naves y hombres enviados a servir en una armada que deb√≠a proteger las vulnerables l√≠neas mar√≠timas coloniales y las dispersas posesiones espa√Īolas en Europa. La constante merma de hombres, los ataques protagonizados por la armada francesa y las distorsiones que el tr√°fico mar√≠timo sufri√≥ a causa de los conflictos b√©licos significaron un duro golpe para las econom√≠as portuarias, sentenciadas con la paralizaci√≥n de las exportaciones laneras a Flandes a partir de 1570.

Una sucesi√≥n de plagas (epidemias de tabardillo y peste entre 1596 y 1599) se ceb√≥ a finales del siglo XVI sobre una poblaci√≥n debilitada por la crisis de subsistencias, provocando en las villas un largo declive econ√≥mico y demogr√°fico extendido hasta el siglo XVIII. Si el trasiego comercial se redujo al cabotaje, el monopolio pesquero era amenazado por nuevos puertos. No obstante Santander mantuvo su participaci√≥n en la exportaci√≥n de lana, comerciando con Inglaterra, √Āmsterdam y Hamburgo, pr√≥logo del √©xito que la llevar√° a convertirse en la capital de la futura provincia.

Culturalmente a partir del siglo XVI resurge el inter√©s por los estudios relativos a Cantabria y los c√°ntabros, apareciendo el problema de la localizaci√≥n del territorio que ocup√≥ este pueblo. No ser√° hasta el siglo XVIII cuando se zanje definitivamente la gran controversia sobre la situaci√≥n y extensi√≥n de la Cantabria antigua gracias a obras tan trascendentales para el conocimiento de la historia regional como La Cantabria del padre agustino e historiador Enrique Fl√≥rez de Seti√©n. Paralelamente a este inter√©s por los c√°ntabros y a la clarificaci√≥n de la aludida pol√©mica se aplic√≥ el nombre de c√°ntabro o Cantabria en el territorio monta√Ī√©s a diversas instituciones, organismos y jurisdicciones.

Una economía tradicional. Cambios y limitaciones

Retrato del emperador Carlos V expuesto en la Alte Pinakothek (Vieja pinacoteca) de M√ļnich.

El descubrimiento y colonización del continente americano introdujo en Europa nuevos cultivos. Si la popularización de alubias, pimientos, tomates y patatas en Cantabria fue posterior, el maíz se expandió mucho antes con importantes consecuencias. Desde comienzos del XVII penetra desde la costa hacia el interior, potenciando relevantes transformaciones en la economía rural.

Acondicionado con facilidad, desplaz√≥ a la deficitaria producci√≥n de unos cereales (trigo, mijo, cebada, centeno) mal adaptados al clima del cant√°brico, incrementando la productividad de los terrazgos gracias a su integraci√≥n las actividades agropecuarias. As√≠ tras la recogida de la cosecha se permit√≠a el acceso de las reses para que pastaran los restos herb√°ceos (derrota de mieses), fertilizando con ello la tierra. Se configur√≥ as√≠ un paisaje agrario denominado de ‚Äúcampos abiertos‚ÄĚ.

Mejora en la dieta campesina que impuls√≥ un discreto pero sostenido incremento demogr√°fico, se pasa de 87.687 habitantes en 1534 a unos 130.000 en 1700, acelerado desde la segunda mitad del siglo XVIII (178.715 habitantes en 1822). Crecimiento desigualmente repartido, favoreciendo √°reas costeras y valles en detrimento del interior monta√Īoso. Sin embargo la adopci√≥n del ma√≠z no logr√≥ superar los estrechos l√≠mites de la econom√≠a agraria c√°ntabra, perpetuando el nivel de subsistencia que afectaba a la mayor√≠a de las familias.

Las alternativas a tal situaci√≥n fueron la emigraci√≥n a ultramar, las actividades complementarias desplegadas en tierras castellanas y andaluzas o la roturaci√≥n de nuevas tierras (el arca√≠smo y la falta de capital imped√≠a un incremento de la productividad mediante innovaciones t√©cnicas). Proceso, este √ļltimo, que mengu√≥ las tierras comunales en beneficio de cerramientos particulares, provocando una competencia por el control de la tierra que aflor√≥ en forma de tensi√≥n social y violencia abierta. Fue un pulso desigual que benefici√≥ a grandes hacendados y propietarios acomodados frente a unos jornaleros y arrendatarios que no pod√≠an manipular laadministraci√≥n concejil y de justicia a su favor, como s√≠ hicieron los primeros.

Las carencias de la producción agrícola impedían el desarrollo de otras actividades económicas, reducidas a rudimentarias labores artesanales ejercidas por campesinos que las compatibilizaban con sus ocupaciones agrícolas (curtidores, carpinteros, alfareros, herreros). Producción de escasa comercialización centrada en satisfacer la demanda de las propias comunidades agrícolas.

Fabricaban instrumentos de trabajos y menajes hogare√Īos elaborados con t√©cnicas tradicionales: azadas, dalles, horcones, rastrillas, albarcas, cu√©vanos, carretas, redes para la pesca. Ente aquellos artesanos destacaron por su prestigio los maestros canteros (principalmente de Trasmiera), quienes imprimieron su huella en la arquitectura espa√Īola edificada durante los siglos modernos.

No obstante las carencias de aquella economía tradicional, a lo largo del siglo XVIII florecieron en Cantabria otras actividades que superaban el ámbito de lo artesanal para constituir verdaderas protoindustrias. Por su capacidad productiva y energías empleadas no podemos denominarlas industriales, pero sí alcanzaron un incipiente desarrollo sustentado en los recursos naturales de la región: hierro, madera y corrientes fluviales. Numerosas fueron las ferrerías, así como los molinos maquileros que aprovechaban la corriente de los ríos o la fuerza de las mareas. En los batanes se confeccionaban tejidos para uso doméstico a partir de lino y lana, en tanto que la zona de Siete Villas se especializó en la fabricación de campanas.

Esta protoindustria rurales se vio extinguida por el incontenible empuje de la siderurgia industrial y la fabricación de tejidos de algodón impulsada por la Revolución Industrial a lo largo del siglo XIX.

Diferentes fueron las f√°bricas que por iniciativa estatal se implantaron en Cantabria durante el setecientos. Construcci√≥n naval (Astilleros de Guarnizo) y producci√≥n de ca√Īones en Li√©rganes y La Cavada fueron orientadas a alimentar el rearme promovido por la nueva dinast√≠a de los Borbones dentro de su pol√≠tica colonial. Las consecuencias para la regi√≥n fueron nefastas.

La voraz necesidad de madera que tales actividades necesitaron llev√≥ a la Corona a imponer un estricto monopolio forestal sobre amplias zonas, privando de ese recurso a una poblaci√≥n que lo necesitaba para la construcci√≥n de viviendas y cercados, la carpinter√≠a o como le√Īa. Ecol√≥gicamente signific√≥ la deforestaci√≥n de extensas √°reas de la regi√≥n, principalmente en las comarcas occidentales. Pese a todo, aquellas f√°bricas no sobrevivieron a la coyuntura cr√≠tica iniciada a finales de siglo, que acab√≥ con unas actividades no enraizadas en la econom√≠a de su entorno territorial.

La expansión de Santander y la unidad provincial

Santander vista por Joris Hoefnagel a finales del siglo XVI. Este grabado es la imagen m√°s antigua existente de la ciudad.

Cantabria experimentar√° durante el siglo XVIII un evidente incremento demogr√°fico, pasando de 130.000 a 180.000 habitantes en poco m√°s de una centuria (1700-1822). Fue, no obstante, un crecimiento desequilibrado, concentrado en la franja costera ‚Äďprincipalmente Santander y su entorno- y en los valles medios ‚Äďdestacando la cuenca del Besaya-, al tiempo que se experimentaba un descenso en la densidad de poblaci√≥n en las √°reas interiores y de monta√Īa (Campoo y Li√©bana). Era, como anta√Īo, una poblaci√≥n eminentemente rural, no alcanzando el 75% de las localidades los 1.000 habitantes en 1787. Las √ļnicas excepciones eran las cuatro villas costeras (San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro-Urdiales), algo m√°s populosas, seguidas por Reinosa y Santo√Īa.

Economía eminentemente agraria, estaba desde el siglo XVII orientada hacia el cultivo del maíz, no obstante algunas peculiaridades comarcales. Si Liébana destacaba por la implantación de la vid, en Campoo se mantenían los cereales tradicionales (trigo, cebada, centeno), mientras que en el Pas predominaban praderías y pastos ganaderos. Se trataba en todo caso de una agricultura de subsistencia, de baja productividad y escasos excedentes, en la que la ganadería jugaba un papel meramente complementario.

As√≠, la combinaci√≥n de un escaso desarrollo econ√≥mico y la existencia de un moderado pero evidente crecimiento demogr√°fico, no dej√≥ de ser un incentivo para la emigraci√≥n, estacional o definitiva, orientada tanto a otras regiones de Espa√Īa como a Ultramar.

Sobre tales estructuras socio-económicas se erigían las tradicionales instituciones monopolizadas por élites locales deviejos linajes detentadores mayoritarios de la propiedad de la tierra.

Economía mercantil

Por contraste, el crecimiento urbano y demográfico que convertiría a Santander en la capital del territorio vino de la mano de una floreciente economía mercantil desarrollada alrededor del puerto desde mediados del siglo XVIII. Impulsó el aumento sostenido y acelerado de la población, la regresión de las actividades tradicionales, mayor diversificación social y una mejor articulación con la Meseta. En definitiva una novedosa vertebración del tejido social de la ciudad, que arrumbaba con el tradicional marco feudal para configurar un nuevo mundo burgués.

Apenas diferenciada de su atrasado entorno rural y agrario durante la primera mitad del la centuria, el despegue se producir√° por iniciativa estatal con la apertura del camino que unir√° Santander con la Meseta a trav√©s de Reinosa en 1753. El objetivo era eludir las exenciones fiscales del puerto de Bilbao para las exportaciones castellanas, canaliz√°ndolas a trav√©s de Santander. Concebida tal arteria comercial en principio para las salidas de lanas hacia Europa, la quiebra de este mercado reorientar√° el puerto santanderino hacia las exportaciones de granos y harinas castellanas con destino a los protegidos mercados espa√Īoles en Am√©rica, desde donde se importar√°n productos coloniales (Reales Decretos de 1765 y 1778).

Gale√≥n espa√Īol por Alberto Durero

El vertiginoso crecimiento de este tr√°nsito mercantil impuls√≥ tanto la expansi√≥n urbana y demogr√°fica (de 2.500 a 5.000 habitantes en cincuenta a√Īos), como su diversificaci√≥n social gracias a las nuevas actividades desarrolladas alrededor del puerto.

Simult√°neamente la antigua villa ir√° concentrando las instancias de decisi√≥n eclesial (Obispado en 1754), institucional (estatus de ciudad en 1755) y administrativa (Consulado del Mar en 1785), transform√°ndose en la capital pol√≠tica y econ√≥mica de Cantabria. Sin embargo este espectacular crecimiento no se constituy√≥ en un factor de integraci√≥n regional, ya que funcion√≥ de espaldas a los potenciales recursos del territorio, configurando por el contrario un fr√°gil sistema mercantil dependiente de mercados ajenos (castellano y antillano) y de una pol√≠tica estatal proteccionista. Tal fragilidad se har√° patente cuando las bases de ese florecimiento se vean alteradas, coyunturalmente durante el cambio de centuria y definitivamente en el √ļltimo tercio del siglo XIX.

Sí consolidó en cambio una expansiva y cohesionada burguesía mercantil formada por comerciantes, navieros, y banqueros que, fusionada con los grandes propietarios rurales ávidos de participar en la nueva fuente de riqueza, se constituirá en la élite rectora de los destinos de la provincia creada a comienzos del XIX.

Proyectos de unidad

Porque, efectivamente, a lo largo de la √Čpoca Moderna La Monta√Īa hab√≠a visto crecer una incipiente conciencia de identidad, en discordancia con la desvertebraci√≥n de un territorio fragmentado en jurisdicciones (real, se√Īorial, eclesi√°stica) y modelos administrativos superpuestos y conflictivos: locales (concejo, juntas de valle, alfoces) o pertenecientes a instancias superiores (juntas generales, provincias, merindades), englobadas a su vez en circunscripciones superiores (corregimientos). As√≠, la falta de unidad pol√≠tica y administrativa se mostrar√≠a cada vez m√°s como un obst√°culo para el progreso.

Esta evidencia impulsar√°, a lo largo del siglo XVIII, distintas y contradictorias iniciativas encaminadas a superar aquella situaci√≥n: por un lado proyectos unificadores planteados desde √°mbitos tradicionales en defensa de sus seculares privilegios frente frente al creciente poder del Estado; por el otro el af√°n de la burgues√≠a santanderina en expansi√≥n por estructurar un territorio que sustentara la nueva econom√≠a mercantil. Esta √ļltima ser√° la que finalmente se imponga.

As√≠, el alto grado de autonom√≠a de las peque√Īas entidades en que integraban el solar monta√Ī√©s, junto a la carencia de recursos, ahondaba en su debilidad, amenazadas por la expansi√≥n administrativa y fiscal del absolutismo borb√≥nico; cada d√≠a se mostraba m√°s evidente la imposibilidad de afrontar la acumulaci√≥n de problemas: desde las siempre dif√≠ciles comunicaciones hasta las trabas para el ejercicio de la justicia, desde las dificultades para el abastecimiento en √©pocas duras, hasta las levas de soldados, y sobre todo la creciente presi√≥n fiscal. Todo ello determin√≥ que se aceleraran los contactos entre villas y valles.

Un primer intento unificador partió desde la Junta General del Partido de las Cuatro Villas, como medio de aunar esfuerzos contra la pretensión real de fiscalizar las mercancías importadas. Las Ordenanzas aprobadas en 1727, nunca sancionadas por la corona, pretendían regular el territorio comprendido por el Corregimiento de las Cuatro Villas, pero el proyecto no llegó a cuajar.

Mayor recorrido tuvo el proyecto gestado en torno a las Juntas de la Provincia de los Nueve Valles, conducido por los diputados elegidos a través de los órganos tradicionales de autogobierno.

Dos fueron los hechos que catalizaron la culminación del proceso de integración en este segundo intento:

  • Por un lado el inter√©s colectivo por evitar contribuir a la reconstrucci√≥n del Puente de Carlos III de Miranda de Ebro, seg√ļn impon√≠a la orden del Intendente de Burgos de 11 de julio de 1775, cuando aquel mismo a√Īo hab√≠a sufrido Cantabria dos tremendas inundaciones: 20 de junio y 3 de noviembre.
  • Por otro la necesidad de hacer frente mancomunadamente a la gran cantidad de bandidos que actuaban impunemente en Cantabria, ante la inoperancia de la justicia por la escasez de recursos.

Tras la convocatoria enviada por el Diputado General de Nueve Valles para que acudieran a la Junta que hab√≠a de celebrarse en Puente San Miguel el 21 de marzo de 1777, las jurisdicciones afectadas por estos y otros males, mandaron a sus respectivos diputados con poderes suficientes para que pudieran decidir el agregarles a la Provincia de Nueve Valles, seg√ļn dec√≠an unos, para unirse y acompa√Īarse, seg√ļn otros, y en definitiva, para ser unos con los dem√°s, como manifest√≥ el Concejo de Pie de Concha.

En aquella Junta General se establecieron las bases y se pusieron en marcha las gestiones que habr√≠an de desembocar el a√Īo de 1778 en la unidad administrativa y jurisdiccional. Todo ello culmin√≥ en el √©xito de la Asamblea celebrada en la Casa de Juntas de Puente San Miguel el 28 de julio de 1778, donde qued√≥ constituida la Provincia de Cantabria, mediante el acto de aprobar las ordenanzas comunes, confeccionadas para aquel fin y previamente discutidas y aprobadas en los concejos de todas las villas, valles y jurisdicciones comprometidas. Eran, adem√°s de los Nueve Valles, Ribadedeva, Pe√Īamellera, Provincia de Li√©bana, Pe√Īarrubia, Lamas√≥n, Rionansa, Villa de San Vicente de la Barquera, Coto de Estrada, Vald√°liga, Villa de Santillana del Mar, Lugar de Vi√©rnoles, Villa de Cartes y su jurisdicci√≥n, Valle de Buelna, Valle de Cieza, Valle de Igu√Īa con las villas de San Vicente y Los Llares, Villa de Pujayo, Villa de Pie de Concha y B√°rcena, Valle de Anievas y Valle de Toranzo.

     Partido del Bast√≥n de Laredo (Provincia de Cantabria)      Merindad de Campoo (Provincia de Toro).

Escarmentados por el fallido intento del a√Īo 1727 el primer objetivo a cubrir consisti√≥ en conseguir la aprobaci√≥n por el rey Carlos III de Espa√Īa de la uni√≥n de todos en una provincia, cuya ratificaci√≥n la lograr√≠an mediante real provisi√≥n el 22 de noviembre de 1779.

Las veintiocho jurisdicciones que asumieron en primer lugar el empe√Īo de crear la Provincia de Cantabria, postularon con toda claridad su voluntad de que en ella se incluyeran todas las dem√°s que formaban el Partido y Bast√≥n de las Cuatro Villas de la Costa. En consecuencia establecieron toda clase de facilidades para la integraci√≥n, que pod√≠an realizar en cualquier momento que as√≠ lo solicitasen, sujet√°ndose a las ordenanzas, con los mismos derechos y deberes de las fundadoras, en el plano de la m√°s estricta igualdad. De este modo se fueron agregando la Abad√≠a de Santillana, los valles de Tudanca, Polaciones, Herrer√≠as, Casta√Īeda, la Villa de Torrelavega y su jurisdicci√≥n, Val de San Vicente, Valle de Carriedo, Tresviso y las villas pasiegas de La Vega, San Roque y San Pedro, as√≠ como la Ciudad de Santander con su Abad√≠a.

A causa de la competencia de Laredo, el Ayuntamiento de Santander, que al comienzo había aceptado la titulación de Cantabria para la provincia creada a principios del siglo XIX, reaccionó después imponiendo que se la denominara con su nombre para que no hubiese duda alguna de cual era su capital. Cuando en 1821 la Diputación Provincial presentó en las Cortes constitucionales su proyecto definitivo sobre la fijación de los límites de la provincia y de los partidos judiciales, proponiendo la denominación de Provincia de Cantabria, el Ayuntamiento de Santander replicó imponiendo "que a esta provincia se le conserve el nombre de Santander".

Aun así, muchos periódicos exhibieron en sus cabeceras el nombre de cántabro o Cantabria.

La provincia de Santander

Santander será a la postre el centro impulsor de una unión provincial auspiciada por el Estado. La nueva clase burguesa ansiaba el control de la región, para consolidar y extender la nueva economía de mercado y acabar con los obstáculos que el Antiguo Régimen oponía a su enriquecimiento. Absolutismo y liberalismo actuaron alternativamente como aliados, interesados en los beneficios fiscales.

El conflictivo per√≠odo que sigui√≥ a la Guerra de la Independencia retras√≥ considerablemente la constituci√≥n estable de la nueva entidad administrativa. La Provincia Mar√≠tima de Santander creada en 1801, desaparec√≠a en 1805, aunque la b√ļsqueda de la unidad provincial no ces√≥. La promulgaci√≥n de la Constituci√≥n de 1812 abri√≥ la puerta para la creaci√≥n de una diputaci√≥n provincial, al igual que su reimplantaci√≥n en 1820, frustrados ambos intentos por la reacci√≥n fernandina.

La confrontaci√≥n entre absolutismo y liberalismo que desgarr√≥ al pa√≠s durante el primer tercio del siglo retras√≥ el proyecto hasta 1833, cuando la nueva ordenaci√≥n territorial dise√Īada por el Ministro de Fomento, Javier de Burgos inclu√≠a la creaci√≥n de la Provincia de Santander. Entidad articulada desde 1835 mediante Ayuntamientos. Posteriormente, en 1847, Patricio de la Escosura, en un intento de regionalizar m√°s la pen√≠nsula, promulga un decreto el 29 de septiembre de 1847 por el que se divid√≠a a la pen√≠nsula en once Gobiernos Generales, denominando Cantabria al formado por las tres Provincias Vascongadas y Navarra, teniendo la capital en Pamplona, mientras que la provincia de Santander, junto a las de Burgos, Logro√Īo y Soria. queda en el Gobierno General de Burgos, con capital en Burgos.

La nueva unidad administrativa no acababa, sin embargo, con la desvertebraci√≥n econ√≥mica y social que afectaba al territorio c√°ntabro, perpetu√°ndose a lo largo del XIX una regi√≥n escindida en dos √°mbitos contrastados: el n√ļcleo urbano, costero, burgu√©s y capitalista frente a un espacio rural, agrario y tradicional. Las graves carencias educacionales, estructurales y comunicativas constituir√°n serios obst√°culos en la senda de una mejor integraci√≥n regional.

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Wikimedia foundation. 2010.

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