Ejército de Cartago

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Ejército de Cartago

Ejército de Cartago

Artículo bueno

El ej√©rcito de Cartago fue una de las fuerzas militares m√°s importantes de la Antig√ľedad cl√°sica. Si bien para Cartago la armada fue siempre su principal fuerza, el ej√©rcito adquiri√≥ un papel clave en la extensi√≥n del poder p√ļnico sobre los nativos del norte de √Āfrica y del sur de la Pen√≠nsula Ib√©rica, principalmente en el periodo comprendido entre el siglo VI a. C. y el siglo III a. C. A partir del siglo V a. C. Cartago inici√≥ un ambicioso programa de expansi√≥n hacia Cerde√Īa, las islas Baleares y el norte de √Āfrica. Debido a ello, su ej√©rcito se fue transformando en un mosaico multi√©tnico, pues la escasez de recursos humanos propios motiv√≥ la necesidad de enrolar contingentes de tropas for√°neas, principalmente como mercenarios. Este hecho convirti√≥ a las fuerzas armadas de Cartago en un conglomerado de unidades p√ļnicas, aliadas y mercenarias.

En cuanto a su estructura militar, se trat√≥ siempre de un ej√©rcito combinado, que dispon√≠a de infanter√≠a ligera y pesada, de artiller√≠a, de hostigadores, de caballer√≠a ligera y pesada, as√≠ como de secciones de elefantes de guerra y carros de guerra. El mando supremo del ej√©rcito fue inicialmente ostentado por los sufetes, hasta el siglo III a. C. A partir de entonces, lo recibieron generales nombrados directamente por el Senado o la Asamblea.

El ej√©rcito de Cartago se enfrent√≥ en numerosas ocasiones a ej√©rcitos griegos por la hegemon√≠a en Sicilia. Esto influenci√≥ el desarrollo de las t√°cticas y armas p√ļnicas, que bas√≥ su ej√©rcito en unidades de falange. La disputa por Sicilia result√≥ inconclusa, y Cartago nunca lleg√≥ a conquistar la ciudad de Siracusa.

Sin embargo, la maquinaria b√©lica cartaginesa tuvo su mayor reto al enfrentarse a las legiones romanas en las Guerras P√ļnicas. Si bien Cartago fue finalmente derrotada, su ej√©rcito consigui√≥ notables triunfos al mando de hombres excepcionales como An√≠bal y Am√≠lcar Barca.

Contenido

Naturaleza

La característica más llamativa del ejército de Cartago era su composición, puesto que contaba con un gran contingente de fuerzas extranjeras. Cartago disponía de un escaso cuerpo de ciudadanos de entre los cuales podía reclutar tropas y estos, además, carecían de una marcada tradición militar. No ocurría así en el caso de la armada, que contaba con un mejor entrenamiento y una larga tradición y experiencia, pero los ejércitos de tierra tendían a alistarse o ampliarse esencialmente cuando eran necesarios para acciones bélicas, disolviéndose a su fin. Los ciudadanos sólo estaban obligados a ejercer el servicio militar para defender a la propia ciudad en caso de amenaza directa.[1] Esta ausencia de una fuerza ciudadana propia obligaba a que el ejército estuviera compuesto sobre todo por soldados extranjeros: libios, hispanos, galos, griegos, etc.

Sin embargo, considerar que el ej√©rcito p√ļnico estaba compuesto por mercenarios tampoco es ajustado a la realidad: muchas de las tropas extranjeras que Cartago alistaba entre sus filas no luchaban junto a la ciudad p√ļnica simplemente por dinero. Algunos contingentes no recib√≠an una remuneraci√≥n, sino que eran proporcionados por reinos tributarios o aliados, como parte de los acuerdos alcanzados en tratados bilaterales. Este era un caso muy frecuente, por ejemplo, entre los reinos n√ļmidas, que manten√≠an fuertes relaciones pol√≠ticas con los cartagineses. Tambi√©n ocurr√≠a en relaciones m√°s estrechas que vinculaban a diversos pueblos con algunos generales en particular, como por ejemplo An√≠bal.[2]

La naturaleza diferencial del ej√©rcito de Cartago implicaba que un comandante cartagin√©s ten√≠a bajo sus √≥rdenes a muy distintos contingentes de tropas, procedentes de diversos pueblos. Eso impide que se pueda hablar de un t√≠pico ej√©rcito cartagin√©s, dado que cada fuerza p√ļnica pose√≠a caracter√≠sticas √ļnicas.[3] Por otro lado, su composici√≥n implicaba una serie de ventajas e inconvenientes: ofrec√≠a al general un ej√©rcito muy vers√°til, formado por tropas muy diversas con un alto grado de profesionalidad, y que a su vez pod√≠an reclutarse con mucha rapidez. Sin embargo, este tipo de hueste planteaba al general una gran dificultad para relacionar y combinar adecuadamente todos los contingentes, hasta el punto de que un ej√©rcito formado por la uni√≥n de diversos y experimentados cuerpos (por ejemplo, el ej√©rcito cartagin√©s de la batalla de Zama) pod√≠a tener problemas para actuar como una √ļnica entidad.[4]

Evolución

Magón y la consolidación del poder militar de Cartago

Hacia el a√Īo 550 a. C., Mag√≥n, general en jefe del ej√©rcito p√ļnico, gobern√≥ en Cartago. √Čste inici√≥ una serie de reformas que consolidaron el poder y la reglamentaci√≥n militar de la ciudad.[5] El n√ļcleo militar durante el siglo IV a. C. era la falange, formada por los ciudadanos de Cartago, que ten√≠an la obligaci√≥n de servir en el ej√©rcito.

Seg√ļn las escasas menciones que nos han llegado desde fuentes cl√°sicas sobre la forma de combatir de los p√ļnicos, los ej√©rcitos cartagineses arcaicos deb√≠an combatir en formaciones cerradas de lanceros, similares al ej√©rcito que se enfrent√≥ a Timole√≥n en Sicilia.

Conjetur√≥se que √©stos eran cartagineses por la brillantez de sus arreos y por el api√Īamiento y orden de su marcha.
Plutarco[6]

El máximo de tropas reclutadas puede estimarse a partir de la capacidad de los cuarteles situados en los tres anillos de murallas que protegían la ciudad, que ofrecían alojamiento a 24.000 infantes, 4000 jinetes y unos 300 elefantes. Probablemente entre estas cifras deba también contarse un amplio contingente de mercenarios y tropas auxiliares. Por otro lado, Apiano menciona unas cifras de 1000 jinetes, 40.000 soldados de infantería pesada y 2000 carros de guerra reclutados para oponerse a la invasión de Agatocles.[7]

Utilización masiva de mercenarios

El senado de Cartago, despu√©s de los desastres de las Guerras Sicilianas de los siglos V y IV a. C., en los que perecieron un gran n√ļmero de ciudadanos p√ļnicos, opt√≥ por potenciar la composici√≥n de sus ej√©rcitos terrestres sobre la base del empleo masivo de mercenarios, un sistema ya iniciado en menor medida a finales del siglo VI a. C. con la reforma militar de Mag√≥n.[5] A partir de 480 a. C., mercenarios iberos y honderos baleares lucharon en las filas cartaginesas en Sicilia: en la Batalla de H√≠mera, en el asedio y destrucci√≥n de Selinunte (409 a. C.), en las conquistas de las ciudades de H√≠mera (408 a. C.), Agrigento (406 a. C.), Gela y Camarina (405 a. C.), en el Sitio de Siracusa (397-395 a. C.) y en la Primera Guerra P√ļnica. La mayor√≠a de las fuentes cl√°sicas enfatizan la multinacionalidad del ej√©rcito de Cartago, que asemejan por este motivo al persa.

La utilizaci√≥n de mercenarios est√° documentada al menos durante la Segunda Guerra Siciliana por Diodoro,[8] que menciona grandes contingentes de tropas mercenarias durante la invasi√≥n de Himilc√≥n a Sicilia. Los mercenarios compon√≠an la mayor parte del ej√©rcito cartagin√©s, en el que tambi√©n se encontraban carros de guerra e infanter√≠a libio-fenicia. Por los datos que menciona Diodoro, esta √ļltima representaba s√≥lo una peque√Īa parte del ej√©rcito, pues fue capaz de retirarla al completo utilizando s√≥lo cuarenta trirremes. Su flota completa ascend√≠a a "m√°s de seiscientas naves". Aunque esta cifra probablemente sea exagerada, el contraste en n√ļmero de las naves implica una diferencia de tropas importante, sin olvidar que las tropas p√ļnicas fueron diezmadas por la peste durante el asedio a Siracusa.

(Himilcón) aparejó cuarenta trirremes durante la noche, en las que embarcó a los ciudadanos de Cartago, y navegó de regreso, abandonando al resto de su ejército
Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica XIV, 75.4

Diodoro menciona la existencia de mercenarios iberos en el ej√©rcito cartagin√©s que invadi√≥ Sicilia al mando de Himilc√≥n, los √ļnicos que no fueron tomados prisioneros y entraron al servicio del tirano Dionisio I de Siracusa.

Los iberos se reagruparon con sus armas, y enviaron a un emisario para que negociara con el tirano para entrar a su servicio. Dionisio hizo la paz con ellos y les tomó a su servicio como mercenarios
Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica XIV, 75.8-9

Los reclutadores p√ļnicos recorrieron todos los confines del Mediterr√°neo atrayendo a los dominios cartagineses una pl√©yade de hombres de armas, aventureros y esclavos fugitivos que formaron, junto a los pueblos aliados, un ej√©rcito plural que consigui√≥ su mayor efectividad cuando un mando decidido y con ascendiente sobre la tropa fue capaz de conjugar grupos tan heterog√©neos para combatir siguiendo los par√°metros de la guerra compleja de grandes formaciones que requer√≠an, por ejemplo, las campa√Īas contra Roma.

Las referencias a mercenarios utilizados en la Primera Guerra P√ļnica son m√ļltiples:

Los cartagineses movilizaron tropas a sueldo en las regiones ultramarinas, la mayoría hispanas y muchas de ellas ligures y celtas, enviándolas todas a Sicilia.

Esta entrada de Polibio recoge fielmente la naturaleza mercenaria del ej√©rcito de Cartago. Tropas ¬ęa sueldo¬Ľ de ¬ęregiones ultramarinas¬Ľ. Sin embargo, no hace referencia a fuerzas libias.

Tito Livio menciona la captura de reclutadores p√ļnicos cerca de Sagunto el a√Īo 203 a. C.:

¬ęPor esos mismos d√≠as vinieron legados de Sagunto conduciendo unos cartagineses apresados con una cantidad de dinero que hab√≠an pasado a Hispania para reclutar tropas auxiliares. Depositaron en el vest√≠bulo de la Curia doscientas cincuenta libras de oro y ochenta de plata¬Ľ.[9]
Busto de africano en el Museo del Bardo, en la ciudad de Susa (T√ļnez).

Celtas, galos, ligures, n√ļmidas, africanos, griegos y, sobre todo, iberos, fueron reclutados ampliamente por Cartago.

Los mercenarios ib√©ricos al servicio de Cartago empiezan a citarse en las fuentes cl√°sicas a finales del siglo VI a. C., en relaci√≥n a las tropas estacionadas en Cerde√Īa. Al parecer, los iberos formaron parte de las tropas auxiliares cartaginesas que sometieron casi toda la isla, y que como resultado de una disputa con los libios por el bot√≠n se separaron del ej√©rcito y se asentaron en las partes elevadas de Cerde√Īa.[10]

No ser√° hasta el 396 a. C. y como consecuencia de la huida de Himilc√≥n, que algunos contingentes entraran al servicio de Siracusa, participando incluso en las guerras sostenidas en Grecia durante el siglo IV a. C.

Pueden establecerse dos fases en el reclutamiento de mercenarios iberos:

  • La primera, entre el siglo VI a. C. y la conquista b√°rcida (siglo III a. C.), se circunscribe en sentido estricto a la pr√°ctica del mercenariado.
  • A partir de esa fecha, las alianzas establecidas mediante pactos de amistad o dependencia sirvieron para engrosar las filas cartaginesas con un gran n√ļmero de contingentes, aunque se sigui√≥ manteniendo la contrataci√≥n de mercenarios, especialmente entre las tribus del interior de la Pen√≠nsula Ib√©rica.

Causas del alistamiento

La historiografía ha debatido ampliamente sobre las causas de alistamiento de los guerreros ibéricos como mercenarios, citándose en primer lugar y como motivo principal las dificultades económicas de estos pueblos. Esta tesis está sustentada en un texto de Diodoro Sículo en el que se alude al bandolerismo como una de las prácticas más frecuentes de los iberos.[11]

Las reformas de Jantipo

Artículo principal: Jantipo (general)
En esta época regresó a Cartago cierto conductor, de los que habían sido enviados a Grecia, conduciendo un gran reemplazo de tropas, entre las que venía un general llamado Jantipo, lacedemonio, educado en el arte de la guerra al estilo de su país.

En el a√Īo 255 a. C. llega a Cartago un general espartano llamado Jantipo, al que se respetaba por su amplia experiencia militar. Parece que los cartagineses enviaron a Grecia emisarios destinados a reclutar mercenarios, y en el p√°rrafo anterior - escrito por Polibio, un griego -, se halla la prueba de que varios contingentes helenos lucharon a sueldo en el bando cartagin√©s. Jantipo se ganar√° el favor del senado p√ļnico en poco tiempo. Le ser√° entonces concedido el mando del ej√©rcito, al que entrena al estilo maced√≥nico.

(Jantipo) sac√≥ el ej√©rcito fuera de la ciudad, lo dispuso en formaci√≥n, y comenz√≥, dividi√©ndolo en secciones, a hacer evoluciones y a instruirlo seg√ļn las reglas del arte.

Las armas combinadas

Tanto Sexto Julio Frontino como Polibio nos dan pistas sobre la disposición del ejército cartaginés bajo el mando de Jantipo, en la batalla de los llanos del Bagradas.

(Jantipo) posicionó los elefantes en línea, delante de la infantería. Tras ellos dispuso, a cierta distancia, a la falange cartaginesa. Las tropas extranjeras las divide, colocando a las pesadas en el flanco derecho, y a las más ágiles junto con la caballería, al frente de una y otra ala.

La aplastante victoria cartaginesa, que prolongó la guerra una década, se trató en profundidad en Roma, como desvela el siguiente texto de Frontino, general y escritor latino:

Xanthippus Lacedaemonius in Africa adversus Atilium Regulum levem armaturam in prima acie conlocavit, in subsidio autem robur exercitus praecepitque auxiliaribus, ut emissis telis cederent hosti et, cum se intra suorum ordines recepissent, confestim in latera discurrerent et a cornibus rursus erumperent; exceptumque iam hostem a robustioribus et ipsi circumierunt. Jantipo el lacedemonio, en √Āfrica contra Marco Atilio R√©gulo, dispuso al frente a sus tropas ligeras, manteniendo en reserva a la flor de su ej√©rcito. Entonces instruy√≥ a sus tropas auxiliares para que, tras lanzar sus jabalinas, cedieran terreno al enemigo y se retiraran entre las filas de sus soldados, corrieran hacia los laterales y volvieran a atacar desde esa posici√≥n. De ese modo cuando el enemigo chocaba contra las tropas pesadas, era al mismo tiempo rodeado.
Frontino, Estratagemas, 3, 10

La disposici√≥n adoptada recuerda a la t√≠pica formaci√≥n de armas combinadas del ej√©rcito macedonio de los tiempos de Alejandro, con algunas variantes. La utilizaci√≥n de elefantes es quiz√° la principal de ellas. En esta ocasi√≥n los dispone al frente del ej√©rcito, al contrario que los generales cartagineses de la √©poca, como Hann√≥n, que colocaban a los paquidermos en segunda l√≠nea de combate. Las tropas extranjeras son los mercenarios, a los m√°s ligeros les otorga la funci√≥n cl√°sica de los peltastas griegos, apoyar a la caballer√≠a entre l√≠neas mientras avanza la infanter√≠a pesada. En este p√°rrafo se produce la primera referencia a la falange cartaginesa, que es expl√≠citamente diferenciada de las ¬ętropas extranjeras¬Ľ. Por otro lado, tanto Polibio como Jantipo son griegos; luego dicha falange podr√≠a estar compuesta de mercenarios griegos, extranjeros a Cartago pero no al general. Lo m√°s probable es que se compusiera en esencia de lanceros africanos apoyados por destacamentos mercenarios griegos.

Aprovechamiento del terreno

En la descripci√≥n que de la batalla hace Polibio, se relata que Jantipo basa su empuje en la carga de los elefantes (pasan a desempe√Īar, pues, una tarea m√°s activa) seguida del s√≥lido frente de la falange cartaginesa, situada en llano. El llano permite la maniobrabilidad de la falange, que de otro modo puede sufrir rupturas entre l√≠neas, algo fatal para una formaci√≥n totalmente compacta y r√≠gida, basada en su imparable potencia frontal. Las tropas mercenarias, de hecho, son derrotadas y expulsadas del combate. Mientras, la caballer√≠a cartaginesa bate a su contraria y apoya posteriormente a la infanter√≠a desde los flancos. Jantipo exprime al m√°ximo la utilidad de las armas combinadas (caballer√≠a, elefantes, tropas ligeras y falange), tornando la batalla en una victoria p√ļnica sin paliativos.

De ese modo, Jantipo, √ļnicamente cambiando el terreno, cambi√≥ el signo de la Primera Guerra P√ļnica. Observ√≥ que los africanos, superiores en caballer√≠a y elefantes, se manten√≠an en las colinas, mientras que los romanos, superiores en infanter√≠a, se manten√≠an en el llano. Desplaz√≥ el campo de operaciones a la llanura, donde romp√≠a las formaciones romanas con sus elefantes y posteriormente acosaba a las tropas dispersas con la caballer√≠a n√ļmida. As√≠ destroz√≥ al ej√©rcito romano, que hasta entonces siempre hab√≠a salido victorioso en sus enfrentamientos en tierra. [12]

Las tácticas de Amílcar

Artículo principal: Amílcar Barca

El a√Īo 247 a. C., tras dieciocho a√Īos de guerra, Am√≠lcar fue nombrado l√≠der del ej√©rcito y la armada de Cartago.[13] Pronto se gan√≥ una reputaci√≥n de gran comandante y h√°bil general. Cornelio Nepote exalta la figura de Am√≠lcar, llegando a afirmar que durante su estancia en Sicilia, jam√°s fue derrotado por los romanos.

Cum ante eius adventum et mari et terra male res gererentur Carthaginiensium, ipse, ubi adfuit, numquam hosti cessit neque locum nocendi dedit saepeque e contrario occasione data lacessivit semperque superior discessit. Quo facto, cum paene omnia in Sicilia Poeni amisissent, ille Erycem sic defendit, ut bellum eo loco gestum non videretur. A pesar de que los esfuerzos cartagineses habían sido infructuosos por tierra y mar, tras su llegada, nunca cedieron terreno al enemigo, ni dieron opción a que les atacara, por el contrario, a menudo atacaba a sus enemigos cuando la ocasión se presentaba propicia, y siempre con ventaja. Más tarde, defendió Erice de una forma tan capaz, que no parecía existir ninguna guerra allí.
Nepote, Cornelio, De los Grandes Comandantes Extranjeros, Amílcar II

La obra de Nepote no desvela gran cosa sobre la t√°ctica del ej√©rcito p√ļnico bajo Am√≠lcar. Sin embargo, de sus palabras es posible extraer que el general evitaba los enfrentamientos a gran escala, lo que hace pensar que reorganiz√≥ al ej√©rcito, adiestr√°ndolo para el combate en terreno dif√≠cil y utilizando t√°cticas de guerrilla. La primera noticia que tenemos de Am√≠lcar en el frente siciliano, narra su desembarco rel√°mpago en la peque√Īa cala del monte Erict√©, el a√Īo 246 a. C., al regreso de una incursi√≥n naval a Brucia.

Guerra de guerrillas

Siguiendo los textos de Polibio, se extrae que Amílcar utilizó posteriormente el monte Ericté como base de operaciones. Desde allí, hostigaba a las tropas romanas en la Sicilia central y occidental, y lanzaba incursiones navales al resto de la isla y al sur de Italia. El griego describe la base de Amílcar como:

Erict√© se situaba junto al mar, entre Erice y Palermo (...) Se trata de una monta√Īa escarpada por todos sus lados (...) Su cumbre no tiene menos de cien estadios de circunferencia, en cuyo espacio se encuentra un terreno muy apto para pastos y semillas, defendido de los vientos del mar (...) Est√° rodeado de eminencias inaccesibles, tanto por el lado del mar como por el que se une con la tierra, entre las cuales el espacio intermedio necesita de pocos reparos para su defensa. En este llano se eleva un promontorio, que al mismo tiempo que representa un alc√°zar, sirve de c√≥moda atalaya para registrar lo que pasa en la regi√≥n cercana. Tiene un profundo puerto, muy conveniente para los que viajan a Italia desde Dr√©pano y Lilibea. Para subir s√≥lo hay tres caminos, y √©stos muy dif√≠ciles, de los cuales dos est√°n por el lado de tierra y uno por el del mar.

Am√≠lcar permaneci√≥ tres a√Īos en el campamento fortificado de Erict√©, durante los cuales eran frecuentes las escaramuzas, aunque no se produjo ning√ļn combate a gran escala.[13] Las gestiones diplom√°ticas no debieron faltar, pues tres a√Īos m√°s tarde (244 a. C.), lanz√≥ un ataque sobre la ciudad de Erice, sitiando a los romanos - que a√ļn ocupaban la ciudad - dentro de la acr√≥polis.[14] Su objetivo era distraer la atenci√≥n romana de los dos √ļltimos bastiones p√ļnicos en la isla: Lilibea y Dr√©pano, al mismo tiempo que agotaba sus fuerzas. Sus t√°cticas tuvieron √©xito, y Roma finalmente abandon√≥ la tentativa terrestre en favor de la construcci√≥n de una nueva flota de guerra.

La caballer√≠a n√ļmida y los elefantes, de nuevo, jugaron un papel relevante en la Guerra de los Mercenarios. Sitiadas las dos principales ciudades aliadas de Cartago, Am√≠lcar recurre a tropas ligeras para sabotear los convoyes y cortar las l√≠neas de comunicaci√≥n de los rebeldes.

Am√≠lcar, digo, llevando consigo a √©ste y a Naravas, bat√≠a la campa√Īa, y cortaba los convoyes a Math√ī y Spendios. Naravas el n√ļmida le fue de suma utilidad, tanto en esta como en otras expediciones.

Doctrina de movilidad

Movimientos t√°cticos durante la Batalla del Bagradas (239 a. C.).

A lo largo de su vida, Am√≠lcar destac√≥ en la direcci√≥n de ej√©rcitos de peque√Īo y mediano tama√Īo. Nombrado de nuevo comandante en jefe durante la Guerra de los Mercenarios (241 - 238 a. C.), cargo que comparti√≥ durante un tiempo con otro general, Hann√≥n el Grande, se asign√≥ a su cargo a un reducido y r√°pidamente reclutado ej√©rcito.

La doctrina de movilidad de Amílcar se puso de manifiesto especialmente en combates como la Batalla del Bagradas, quizá la obra maestra de táctica militar del cartaginés, pues aunó durante la misma varios factores de singular relevancia:

  • Estudio y aprovechamiento del terreno.
  • Factor sorpresa.
  • Movilidad.
  • Maniobrabilidad.
Estudio del terreno

Amílcar había observado que en verano, al soplar el viento del desierto, la arena arrastrada por el mismo formaba un depósito de lodo que creaba una ruta vadeable en la desembocadura del río.

Factor sorpresa

Dispuso al ejército para la marcha, esperando que esto ocurriera, sin mencionar a nadie sus planes. De este modo, al movilizar el ejército, nadie esperaba lo que iba a ocurrir. Cruzó el vado de noche y atacó al amanecer.

Movilidad

El ejército completo se encontraba preparado para la marcha a la caída de la noche, durante la cual todas las tropas cruzaron a la otra orilla. Al amanecer, no quedaba ni un soldado en la otra orilla.

Maniobrabilidad

Atacado desde el norte y oeste, Amílcar reorganizó su ejército rápidamente. La caballería y elefantes, que formaban la vanguardia, se retiraron por los extremos de la formación, mientras la falange, situada en retaguardia, comenzaba a desplegar una línea compacta frente al enemigo.

Esta doctrina de movilidad volvi√≥ a ponerse de manifiesto durante la Batalla de "La Sierra". Seg√ļn nos cuenta Polibio, en muchos combates a media escala, Am√≠lcar separaba el ej√©rcito enemigo, embolsando grandes n√ļmeros de tropas a las que destru√≠a atacando por todos los flancos. En batallas m√°s generales, dispon√≠a emboscadas insospechadas para los rebeldes, o aparec√≠a de la nada cuando sus enemigos menos lo esperaban, ya fuera de d√≠a o de noche. La culminaci√≥n de esta estrategia se produjo cuando el general, con un ej√©rcito menos numeroso, hostig√≥ a las tropas rebeldes que quedaron sitiadas en un desfiladero.[15]

El ejército de Aníbal

Artículo principal: Tácticas militares de Aníbal
Reconstrucción por ordenador del busto de Aníbal realizado por Horacio.

Considerado uno de los mejores estrategas de la Historia, Aníbal recibió el legado de otro gran estratega, su padre Amílcar. Tras casi dos décadas en Hispania, Cartago controlaba la práctica totalidad de la Península Ibérica, tenía acceso a algunos de los mejores soldados y armas de la época - los mercenarios celtas e iberos eran respetados a lo largo del mundo antiguo, y mucho se ha hablado de sus armas y del hierro ibero - y a un extenso territorio que cultivar para alimentar a sus tropas.

Las haza√Īas militares de An√≠bal se pueden dividir en cuatro fases: La conquista de Hispania, incluyendo el asedio de Sagunto; el cruce de los Alpes; las grandes batallas en Italia y la guerra de desgaste posterior, hasta su regreso a √Āfrica.

Carisma y empatía con las tropas

An√≠bal acompa√Ī√≥ a su padre, Am√≠lcar, en la conquista de la Pen√≠nsula Ib√©rica. All√≠, adem√°s de aprender de su progenitor las que ser√≠an las bases de su doctrina t√°ctica, convivi√≥ con los soldados, que le proclamaron general por aclamaci√≥n.[16]

multi saepe militari sagulo opertum humi iacentem inter custodias stationesque militum conspexerunt. Vestitus nihil inter aequales excellens: arma atque equi conspiciebantur. Equitum peditumque idem longe primus erat; princeps in proelium ibat, ultimus conserto proelio excedebat. Muchos le vieron envuelto en sayo militar, durmiendo en el suelo entre los puestos de guardia de los soldados. Su vestimenta no era en ning√ļn modo superior a la de sus iguales: sus caballos y armas eran llamativos. Siempre era el primero en lanzarse al combate, y el √ļltimo en abandonarlo.

Seg√ļn la estela de Lacinio, An√≠bal envi√≥ 200 jinetes hispanos, 13.850 infantes y 870 honderos baleares a defender √Āfrica. Del mismo modo, traslad√≥ 450 guerreros de caballer√≠a africanos y libio-fenicios a Hispania. De esta manera pretend√≠a asegurarse su fidelidad.[17]

Tras tomar Sagunto, An√≠bal areng√≥ a las tropas √≠beras, concedi√©ndoles permiso para que pasaran el invierno en sus hogares. De este modo los hispanos "reposaron y recuperaron el vigor de sus cuerpos y mentes para las haza√Īas que estaban por venir".[18]

Al inicio de su expedición a los Alpes, dejó como guarnición a 11.000 soldados íberos que se mostraron reticentes a abandonar su territorio[19]

Todas estas muestras de comportamiento favorecían el efecto positivo de las arengas de Aníbal, de las cuales nos han dejado testimonio Tito Livio y Polibio, como la que dio a sus soldados tras cruzar los Alpes, previamente a la batalla del Tesino:

S√≥lo hay una alternativa: vencer, morir o vivir bajo el yugo romano. La victoria no nos conceder√° caballos y vestidos, sino todas las riquezas de Roma, lo que os convertir√° en los m√°s felices de los hombres. Si luchando hasta el √ļltimo aliento fracas√°is, dar√©is vuestra vida por un glorioso cometido. Pero si abandon√°is el amor a la vida, y huis para intentar salvaros, os perseguir√°n las desdichas. No creo que haya nadie tan insensato que, tras recordar lo que ha sufrido durante el viaje, los arduos combates que han sobrevenido en el camino, y los anchos r√≠os que ha cruzado, conf√≠e en poder regresar a su casa solo. (...) deb√©is entrar en combate con √°nimo de vencer, y cuando esto no sea posible, de morir, pues una vez derrotados no queda esperanza alguna de vida. Si esto hac√©is y est√°is convencidos de ello, lograr√©is vencer y sobrevivir.

Posicionamiento y emboscada

Aníbal mostró una capacidad estratégica enorme durante su invasión a Italia. Dominaba principalmente el arte de la colocación, posicionamiento y emboscada. La brillantez de sus tácticas estribaba en la facilidad con que atraía a los romanos a luchar bajo sus condiciones, en su terreno y en el momento que él decidía.

Las tropas celt√≠beras confirmaban la columna vertebral de su ej√©rcito, al que rearm√≥ casi por completo tras la debacle romana en el lago Trasimeno, con el equipo de los legionarios ca√≠dos. Sin embargo, su ej√©rcito sufri√≥ numerosas transformaciones a lo largo de los quince a√Īos que pas√≥ en Italia, de modo que hacia el final de su estancia la mayor parte del mismo la formaban galos y latinos (ligures, brucios y campanios).

Las haza√Īas de An√≠bal, y particularmente su victoria en Cannas, han sido estudiadas y analizadas por las academias militares del mundo entero. En la Encyclop√¶dia Britannica de 1911, el autor del art√≠culo dedicado a An√≠bal elogia al general en estos t√©rminos:

Sobre la trascendencia del genio militar de An√≠bal no pueden existir dos opiniones. El hombre que fue capaz de mantener sus conquistas en un pa√≠s hostil frente a varios ej√©rcitos poderosos y una sucesi√≥n de comandantes capaces, debe necesariamente de haber sido un t√°ctico y estratega sin igual. Ciertamente, sobrepas√≥ a todos los generales de la Antig√ľedad en la utilizaci√≥n de estratagemas y emboscadas. Tan incre√≠bles como fueron sus logros, debemos admirarnos a√ļn m√°s si tenemos en cuenta el escaso apoyo que recibi√≥ desde Cartago. A medida que ca√≠an sus veteranos, se ve√≠a obligado a organizar levas de refresco en el lugar donde se hallara. Nunca se menciona un solo mot√≠n en su ej√©rcito, compuesto como estaba de africanos, hispanos y galos. M√°s a√ļn, todo lo que sabemos de √©l nos ha llegado en su mayor parte de fuentes hostiles. Los romanos le tem√≠an y odiaban tanto que eran incapaces de hacerle justicia. Livio habla de sus grandes cualidades, pero a√Īade que sus vicios eran igualmente grandes, de entre los cuales destaca su ¬ęperfidia m√°s que p√ļnica¬Ľ y su ¬ęinhumana crueldad¬Ľ. Para el primero no parece existir mayor justificaci√≥n que su consumada habilidad en tender emboscadas. En lo concerniente al segundo, creemos que no es posible otra raz√≥n que, en ciertas crisis, actuara seg√ļn el esp√≠ritu de la guerra antigua. A veces contrasta de modo m√°s favorable con su enemigo. Ninguna brutalidad mancha su nombre tanto como la perpetrada por Claudio Ner√≥n sobre el derrotado Asdr√ļbal. Polibio √ļnicamente menciona que era acusado de crueldad por parte de los romanos y de avaricia por parte de los cartagineses. Ten√≠a, ciertamente, enemigos implacables, y su vida represent√≥ una constante lucha contra el destino. Por su firmeza de prop√≥sito, por su capacidad organizativa y maestr√≠a en la ciencia militar, es posible que jam√°s haya tenido igual.[21]
Mapa que muestra las diferentes batallas que libró Aníbal en Italia.

Incluso los cronistas romanos le consideran un maestro militar supremo y escriben acerca de √©l que ¬ęno exigi√≥ jam√°s a otros algo que no hubiera hecho √©l mismo¬Ľ.[22] Seg√ļn Polibio, ¬ęcomo un sabio gobernador, supo contentar y someter a su gente, que jam√°s se rebel√≥ contra √©l ni se plante√≥ ning√ļn intento de sedici√≥n, d√°ndoles lo que necesitaban. Aunque su ej√©rcito estuviera compuesto por soldados de diversos pa√≠ses: africanos, espa√Īoles, ligures, galos, cartagineses, italianos y griegos, que no ten√≠an en com√ļn entre ellos ni leyes, ni costumbres, ni idioma, An√≠bal logr√≥ gracias a su capacidad reunir a todas esas diferentes naciones y someterlas a la subordinaci√≥n de su liderazgo, imponi√©ndolas sus mismas opiniones¬Ľ.[23]

El documento del conde Alfred von Schlieffen (titulado el Plan Schlieffen), elaborado a partir de sus estudios militares, insiste en gran medida en las t√©cnicas militares que emplearon los cartagineses para rodear y destruir al ej√©rcito romano en la Batalla de Cannas[24] [25] George Patton pensaba que √©l mismo era la reencarnaci√≥n de An√≠bal (entre otras reencarnaciones, Patton cre√≠a que era un legionario romano y un soldado de Napole√≥n I).[26] No obstante, los principios b√©licos que se aplicaban en tiempos de An√≠bal, se siguen aplicando hoy en d√≠a¬Ľ.[27]

Por √ļltimo, seg√ļn el historiador militar Theodore Ayrault Dodge:

An√≠bal sobresali√≥ como t√°ctico militar. A lo largo de la historia, ninguna batalla ha ofrecido un ejemplo mejor de utilizaci√≥n de la t√°ctica que la Batalla de Cannas. Pero sobresal√≠a a√ļn m√°s como log√≠stico y como estratega. Ning√ļn capit√°n march√≥, como √©l, alguna vez, con y contra tantos ej√©rcitos que le excedieran en n√ļmero y equipamiento. Ning√ļn hombre resisti√≥ nunca por s√≠ mismo durante tanto tiempo o tan h√°bilmente en condiciones tan adversas de una forma tan ingeniosa y llena de coraje. Enfrentado constantemente a los mejores soldados, liderados por respetables generales, a menudo de gran habilidad, desafi√≥ todos los esfuerzos que hicieron por expulsarle de Italia, durante media generaci√≥n. Exceptuando el caso de Alejandro, y algunos conflictos b√©licos aislados, todas las contiendas anteriores a la Segunda Guerra P√ļnica, se hab√≠an decidido en su mayor parte, si no por completo, gracias a las t√°cticas de batalla. La habilidad estrat√©gica influ√≠a s√≥lo hasta cierto punto. Los ej√©rcitos marchaban uno contra otro, luchaban en orden paralelo, y el conquistador impon√≠a los t√©rminos sobre su adversario. Cualquier variaci√≥n en esta regla conduc√≠a a una emboscada u otras estratagemas. Una guerra como aqu√©lla, que se llevaba a cabo esquivando la necesidad de entrar en batalla, donde la victoria pod√≠a conseguirse mediante ataques contra las comunicaciones enemigas, maniobras de flanqueo, consecuci√≥n de posiciones desde las que poder retirarse r√°pidamente en caso de ser atacados, no se comprend√≠a... [sin embargo] Por primera vez en la historia de la guerra, vemos dos generales esquiv√°ndose mutuamente, ocupando las tierras altas, marchando sobre los flancos de su rival para capturar ciudades o suministros en retaguardia, acos√°ndose mutuamente con t√°cticas de guerrilla, y raramente aventur√°ndose a presentar batalla, batalla que pod√≠a convertirse en un completo desastre; todo ello con el prop√≥sito preconcebido de colocar al oponente en desventaja estrat√©gica... que todo aquello se produjera fue debido a las ense√Īanzas de An√≠bal.[28]

Guerra de desgaste

Hacia 204 a. C., el signo de la guerra se hab√≠a inclinado claramente hacia el lado romano. Tres a√Īos antes, hab√≠an destruido al ej√©rcito de Asdr√ļbal que marchaba desde Iberia hasta Italia a trav√©s de los Alpes, con la intenci√≥n de reforzar a su hermano. Publio Cornelio Escipi√≥n hab√≠a aprovechado la partida de Asdr√ļbal para acabar con el dominio cartagin√©s en la Pen√≠nsula Ib√©rica, como resultado de la batalla de Ilipa. Ante el acoso continuo de los romanos, An√≠bal hab√≠a pasado a la defensiva.

Tras la batalla del Metauro, An√≠bal decidi√≥ concentrar sus tropas y aliados en Brucia, ‚Äúel rinc√≥n m√°s remoto de Italia‚ÄĚ.[29] Renunci√≥ al resto de sus posesiones en Lucania y la Magna Grecia, aparentemente porque hab√≠an perdido su importancia estrat√©gica, y las consideraba indefensibles ante la superioridad romana. M√°s a√ļn, habiendo perdido muchas tropas en ciudades conquistadas por los romanos en a√Īos anteriores, intentaba minimizar sus bajas. Bruttium era una regi√≥n eminentemente monta√Īosa, casi completamente rodeada por el mar, la base perfecta para que An√≠bal vigilara el avance romano y forzando al senado a mantener un poderoso ej√©rcito movilizado contra √©l.

Curiosamente, An√≠bal imit√≥ las mismas t√°cticas que su padre, Am√≠lcar Barca hab√≠a empleado durante siete a√Īos en Erict√© (Sicilia), durante la Primera Guerra P√ļnica. De acuerdo al historiador militar Hans Delbr√ľck, el objetivo de esta t√°ctica era inducir a Roma a firmar un tratado de paz, a cambio de renunciar a la base p√ļnica que ten√≠a en Italia.[30]

Livio describe las características de estos combates del siguiente modo:

La pugna por Bruttium hab√≠a asumido el car√°cter de bandidaje m√°s que de guerra regular. Los n√ļmidas[31] hab√≠an comenzado esta pr√°ctica, y los brutios siguieron su ejemplo, no tanto por su alianza con Cartago, sino porque era su forma tradicional y natural de hacer la guerra. Finalmente, incluso los romanos se vieron infectados de la pasi√≥n por el saqueo y, en la medida que les permit√≠an sus generales, acostumbraban a efectuar incursiones depredadoras a los campos de cultivo enemigos.

Aníbal tuvo que elevar los impuestos y conseguir nuevos recursos mediante confiscaciones. Estas medidas minaron su popularidad entre la población local, lo que causó numerosas defecciones.[33] La deportación de ciudadanos sospechosos de escasa lealtad desde fuertes estratégicos, hecho éste referido por Apiano, reportó una mayor seguridad a Aníbal, excepto en el caso de Locri.

Presionado por la p√©rdida de tan estrat√©gico puerto, An√≠bal fij√≥ su base ¬ęen Crotona, que encontr√≥ bien situada para sus operaciones, y donde estableci√≥ su cuartel general contra el resto de las ciudades.¬Ľ[34] Como en el a√Īo anterior, se vio obligado a enfrentarse a dos ej√©rcitos de dos legiones cada uno, uno dirigido por el c√≥nsul Publio Licinio Craso, y el otro por el proc√≥nsul Quinto Cecilio Metelo.[35]

A pesar de sus constantes ataques sobre Crotona, el c√≥nsul Cneo Servilio Cepi√≥n no pudo evitar que An√≠bal partiera sin contratiempos a √Āfrica. Apiano informa que para transportar a sus veteranos An√≠bal incluso construy√≥ m√°s barcos, adicionalmente a una flota que hab√≠a llegado desde Cartago,[36] sin que los romanos pudieran impedirlo.[37]

Asdr√ļbal el Beotarca y el rearme de Cartago

Art√≠culo principal: Tercera Guerra P√ļnica

El ej√©rcito de Cartago qued√≥ muy debilitado tras la Segunda Guerra P√ļnica. Las condiciones de Escipi√≥n fueron duras: la armada cartaginesa, a excepci√≥n de diez naves, deb√≠a ser entregada a Roma. Tambi√©n deb√≠an ser entregados todos sus elefantes, prisioneros de guerra, desertores y el ej√©rcito que An√≠bal hab√≠a tra√≠do de Italia. Se les prohib√≠a reclutar mercenarios celtas o ligures, adem√°s de otras condiciones de √≠ndole puramente econ√≥mica.[38]

En la guerra contra Masinisa de 150 a. C., Asdr√ļbal el Beotarca reuni√≥ un ej√©rcito de 25.000 infantes y 400 jinetes, al que posteriormente se unieron 6000 jinetes n√ļmidas, desertores de las filas de Masinisa. Antes de la batalla, los refuerzos p√ļnicos casi doblaban dicho n√ļmero.

Cuando Masinisa form√≥ sus tropas, Asdr√ļbal dispuso enfrente a su ej√©rcito. Era muy grande, pues los reclutas hab√≠an acudido en masa desde los alrededores. Tiempo despu√©s, Escipi√≥n a menudo comentaba que hab√≠a presenciado varios combates, pero nunca hab√≠a disfrutado tanto de ninguno, pues en ning√ļn otro hab√≠a visto tan f√°cilmente c√≥mo hasta 110.000 soldados se incorporaban a la batalla.[39]
(...) De este modo, de los 58.000 hombres que compon√≠an el ej√©rcito, s√≥lo unos pocos regresaron ilesos a Cartago. Entre ellos se encontraban Asdr√ļbal (el Beotarca) y otros nobles.[40]
Apiano, Guerras Extranjeras: "Las Guerras P√ļnicas"

A petici√≥n p√ļnica, Roma envi√≥ mediadores para arbitrar entre Cartago y Numidia, con las √≥rdenes de favorecer a Masinisa en todo lo posible. Viendo c√≥mo hab√≠a prosperado la ciudad en apenas 50 a√Īos, los romanos comenzaron a meditar sobre su destrucci√≥n. A Cartago se le exigi√≥, paulatinamente: rehenes, barcos, armas y maquinaria militar. Cuando esto se hubo llevado a cabo, y los p√ļnicos se hallaban desarmados, Roma exigi√≥ que abandonaran la ciudad, que ser√≠a destruida, y levantaran una nueva tierra adentro.

Cuando finalizaron sus lamentaciones, hubo otro intervalo de silencio, tras el cual reflejaron que su ciudad se hallaba desarmada, vac√≠a de defensores, no pose√≠a una sola nave, ni una catapulta, ni una espada, ni el suficiente n√ļmero de guerreros, habiendo perdido 50.000 no mucho tiempo atr√°s. Tampoco ten√≠an mercenarios, ni amigos, ni aliados, ni tiempo para procurarse algunos. Sus enemigos se encontraban en posesi√≥n de sus ni√Īos, sus armas y sus territorios. Su ciudad se hallaba sitiada por enemigos que dispon√≠an de flota, infanter√≠a, caballer√≠a y m√°quinas de guerra. Mientras Masinisa, otro de sus rivales, acechaba su flanco.
Apiano[41]

La guerra se antoj√≥ inevitable, y el senado de Cartago liber√≥ a todos los esclavos, eligi√≥ nuevos generales y nombr√≥ a Asdr√ļbal, a quien hab√≠a condenado a muerte, comandante en jefe. Asdr√ļbal dispon√≠a de un ej√©rcito de 30.000 hombres.

Dentro de las murallas eligieron como capit√°n a otro Asdr√ļbal, nieto de Masinisa. Todos los templos, capillas y cualquier otro espacio desocupado se convirti√≥ en una f√°brica, donde hombres y mujeres trabajaban d√≠a y noche sin descanso, recibiendo comida regularmente y en raciones. Cada d√≠a fabricaron 100 escudos, 300 espadas, 1000 proyectiles de catapulta, 500 dardos y jabalinas, y tantas catapultas como pudieron producir. Como cuerdas para tensarlas utilizaron los cabellos de sus mujeres.[42]

Durante el fallido asalto de Mancino a Cartago, se menciona a Bitias, desertor del ej√©rcito de Gulussa, como general de caballer√≠a, bajo cuyo mando se encontraban 6000 infantes y 1000 jinetes ¬ęveteranos y bien entrenados¬Ľ. Mientras que Asdr√ļbal el Beotarca dispon√≠a, en ese momento, de 30.000 soldados.[43]

En el momento de la captura y destrucci√≥n de Cartago (invierno de 146 a. C.), dos ej√©rcitos cartagineses segu√≠an en campa√Īa: en el interior, el ej√©rcito de Di√≥genes, que hab√≠a asumido el mando como sucesor de Asdr√ļbal, contaba con unos 84.000 hombres en el momento de ser derrotado por Escipi√≥n en Neferis, cifra en la cual seguramente se inclu√≠an las tropas de Bitia.[44]

Durante la conquista de la ciudad, los cartagineses actuaron utilizando t√°cticas de guerrilla urbana, combatiendo calle por calle, casa por casa y barrio por barrio. En el interior de la ciudad, Asdr√ļbal dispon√≠a de 36.000 hombres, aunque esta cifra es probablemente exagerada.[45]

Estructura

Infantería

El Batallón Sagrado

Artículo principal: Legión sagrada
Infante del Batallón Sagrado.[46]

El Batallón Sagrado era un cuerpo de élite, similar al Batallón Sagrado de Tebas, que habitualmente no combatía fuera del territorio africano.[47] Se situaba en el centro de la formación del ejército, inmediatamente detrás de los elefantes y protegido en las alas por los auxiliares mercenarios y la caballería. Estaba constituido por hijos de nobles de Cartago y poseían una gran preparación para el combate. Dada la condición social de sus integrantes, probablemente disponían del mejor equipamiento posible.

Seg√ļn la mayor√≠a de los autores cl√°sicos, los miembros del Batall√≥n Sagrado combat√≠an a pie y ejerc√≠an las funciones de guardia personal del general o comandante cartagin√©s del ej√©rcito.[48]

Esta fuerza escogida contaba con 2500 hombres ‚ÄĒla que parece ser su magnitud habitual ‚ÄĒen la batalla del Crimiso,[49] en el a√Īo 341 a. C., cuando el ej√©rcito cartagin√©s fue vencido por el de Timole√≥n, que comandaba al ej√©rcito siracusano. En esta batalla, el Batall√≥n Sagrado fue aniquilado.

Plutarco describe así al ejército cartaginés que se aproximaba al río Crimiso:

Vieron entonces el río Crimiso y a los enemigos a punto de vadearlo. A la cabeza venían las cuádrigas formidablemente armadas para el combate y detrás, diez mil hoplitas con escudos blancos. Se comprobaba que esos eran los cartagineses por su brillante armadura, la lentitud y lo ordenado de su marcha. Después de ellos venían los demás pueblos que vadeaban el río a empellones y en desorden.[50]

Plutarco cifra las bajas en 10.000 hombres, de los que 3000 eran cartagineses:

Gran duelo para su ciudad, puesto que eran los ciudadanos m√°s distinguidos por su nacimiento, riqueza y fama y, jam√°s, hasta donde alcanza la memoria de los hombres, hab√≠an perecido tantos cartagineses en una sola batalla. Como normalmente empleaban libios, iberos y n√ļmidas en las batallas, era a los extranjeros a los que correspond√≠a pagar los gastos de sus derrotas.[51]

Diodoro Sículo cifra las bajas del Batallón Sagrado en 2.500, y las bajas totales del ejército cartaginés en 10.000 muertos y 15.000 prisioneros, en su mayoría mercenarios.[52]

Tras su lamentable participaci√≥n en la Batalla de T√ļnez contra Agatocles de Siracusa en 310 a. C., sus efectivos aumentaron hasta los 12.000 hombres.[53] √Čsta es la cifra que aparece en la Batalla de los llanos del Bagradas (255 a. C.), y es similar al n√ļmero de soldados reclutados para oponerse a la sublevaci√≥n de los mercenarios en el 240 a. C.

La infantería libio-fenicia

Lancero africano (libio-fenicio).[46]

Tito Livio describe a la ¬ęinfanter√≠a libio-fenicia¬Ľ como mixtunz Punicum Afris genus,[54] probablemente tomando a Polibio como fuente. Constitu√≠an las fuerzas m√°s leales y capaces del ej√©rcito cartagin√©s.

Hacia el siglo III a. C., los libio-fenicios eran la √ļnica etnia bajo el dominio cartagin√©s, y estaba obligada por ley a suministrar soldados a la metr√≥poli.[55] Una vez reclutados, sin embargo, existen evidencias de que recib√≠an un salario tan copioso como el de las tropas mercenarias. Polibio dice que constitu√≠an el n√ļcleo de la caballer√≠a, adem√°s de suministrar tropas de infanter√≠a.

Anteriormente a la Primera Guerra P√ļnica, los libio-fenicios iban equipados con yelmos y corazas de hierro. Portaban grandes escudos blancos que proteg√≠an la mayor parte de su cuerpo, y marchaban en formaci√≥n lenta y ordenada (muy probablemente al estilo de la falange macedonia). Les apoyaban contingentes de carros de guerra de dise√Īo semita, muy utilizados en los conflictos coloniales.

Al comienzo de la guerra se les describe equipados al estilo hoplita tardío, como los mercenarios griegos. Portaban yelmo metálico, grebas, una coraza de lino, escudos redondos y lanzas largas similares a la sarissa, además de espadas cortas.[56]

Tambi√©n usaban, en otras ocasiones, armaduras capturadas a los principes y asteros romanos, sobre todo tras la victoria de An√≠bal Barca en la batalla del Lago Trasimeno (218 a. C.);[57] las completaban con cascos tracios o capturados al enemigo, y una lanza corta o jabalina (longche), de la que derivaba su nombre de longchoporoi.

Cuando An√≠bal se dispon√≠a a invadir Italia, dej√≥ en Hispania a 450 jinetes y 11.850 infantes libio-fenicios al mando de su hermano Asdr√ļbal.[58]

Panoplia

Los lanceros iban equipados de manera similar a los hoplitas helen√≠sticos. Este equipo constaba de una lanza pesada de 5 a 7 m de longitud, con punta y contera de hierro, que se manejaba con ambas manos. Adem√°s, portaban una espada larga para el combate a corta distancia y un escudo redondo de 60 cm de di√°metro y forma c√≥ncava, pensado para embrazarse, que contaba con una empu√Īadura (antilab√©) en su extremo y una correa (telamon) que permit√≠a transportarlo con comodidad, al tiempo que, enrollada en el brazo izquierdo y pasada alrededor del cuerpo, permit√≠a fijarlo mejor en la carga.

Los escudos de la falange cartaginesa estaban generalmente pintados de blanco. Los motivos decorativos más característicos eran la estrella, la palmera o el caballo, símbolos de la ciudad de Cartago, como demuestran sus monedas.

Estos mismos escudos son descritos por Mamerco, tirano de Catania, tras conseguirlos de una parte de los mercenarios griegos de Timoleón:

Estos escudos te√Īidos de p√ļrpura, incrustados de oro, marfil y coral, los hemos tomado con la ayuda de peque√Īos y pobres escudos carentes de valor.[59]

Los elementos defensivos de la panoplia se completaban con un casco tracio de carrilleras fijas, cimera met√°lica y cogotera saliente, aunque en la descripci√≥n de la Batalla del Crimiso se cita que el batall√≥n Sagrado de Cartago usaba cascos de bronce c√≥nicos carentes de visera; una coraza met√°lica musculada, realizada en hierro y utilizada indistintamente junto a la griega de lino, que en el siglo III a. C. ser√≠a sustituida por las cotas de malla de procedencia it√°lica; y grebas de bronce decoradas de ca√Īa alta que proteg√≠an la pierna desde el tobillo hasta el inicio del muslo, por encima de la rodilla, y se aseguraban con correas de cuero. Bajo la armadura llevaban t√ļnicas de color rojo, y calzaban sandalias.[46]

Gracias a ello aguantaron el primer choque con vigor y, gracias a sus corazas de hierro, sus cascos de bronce y los grandes escudos que les cubrían, pudieron rechazar los tiros de jabalina.[59]

Los despojos de la Batalla del Crimiso formaron el trofeo de Timole√≥n, cuyas tropas tardaron dos d√≠as en recoger los equipos del ej√©rcito cartagin√©s. Las armas que envi√≥ a Corinto decoraron los templos de la ciudad y fueron la envidia de todas las ciudades de Grecia, no s√≥lo por su riqueza, sino por ser las √ļnicas que no hab√≠an sido obtenidas gracias a la victoria sobre otros griegos.

Las tropas hispanas

Tras la conquista de Spania, el grueso del ej√©rcito cartagin√©s estaba formado por tropas procedentes de Iberia. Estas tropas proven√≠an de dos etnias diferentes: las tribus iberas del Levante y sur peninsular, y las tribus celt√≠beras del interior. Constitu√≠an las tropas m√°s disciplinadas de los ej√©rcitos p√ļnicos, si exceptuamos la infanter√≠a libio-fenicia.[60] Estos soldados, en su mayor√≠a mercenarios - aunque es posible que existieran contingentes que obedecieran ciegamente a generales carism√°ticos, como An√≠bal, siguiendo la tradicional devotio ib√©rica - suministraban tropas de caballer√≠a ligera, infanter√≠a ligera y pesada.

Iberos
Soldado hispano de infantería del ejército de Aníbal.[46]

La infanter√≠a pesada ibera portaba armadura de mallas o escamas, yelmo y un escudo largo y oblongo, parecido al escutum romano de los tiempos de la Rep√ļblica. Su arma principal era la falcata, una espada corta de doble filo, ligeramente curvada, que golpeaba con letal precisi√≥n y pod√≠a ser usada para cortar o apu√Īalar.

La infanter√≠a ligera ibera iba equipada con un juego de dardos, dos o tres jabalinas, escudos ligeros y hondas. Algunos utilizaban la caetra, un peque√Īo escudo redondo de cuero o madera. Generalmente iban desprotegidos, aunque su agilidad y habilidad con la espada les hac√≠a oponentes equiparables a la infanter√≠a pesada en combates abiertos.

Celtíberos

Los infantes celt√≠beros serv√≠an tanto como infanter√≠a pesada como ligera. Vest√≠an las mismas armaduras que la infanter√≠a ibera, aunque variaba su armamento. Bland√≠an la t√≠pica espada de doble filo celta, destinada a cortar mediante agresivos movimientos de ataque. Portaban un tipo especial de jabalinas, conocidas por los romanos como soliferreum ("s√≥lo hierro") que, como su nombre indica, estaban hechas √ļnicamente de hierro y aproximadamente del mismo tama√Īo que el pilum, con una funci√≥n similar. Tambi√©n empleaban la fal√°rica: un astil de madera de pino con una larga cabeza de hierro en su extremo, alrededor de la que el soldado enrollaba lana empapada en aceite o brea, la prend√≠a y la lanzaba por los aires. Este arma incendiaria ser√≠a adoptada y modificada por los romanos para ser lanzada desde m√°quinas de guerra. Llevaban capas negras y, en cuanto a los escudos, algunos usaban unos ligeros similares a los de los celtas y otros escudos redondos del tama√Īo del aspis griego. Proteg√≠an sus piernas con bandas de pelo trenzado, y sus cabezas con cascos de bronce con cimeras rojas.[61]

Lusitanos

Los infantes lusitanos son descritos por el ge√≥grafo griego Estrab√≥n como √°giles y r√°pidos, diestros para las emboscadas, el espionaje y las retiradas. Portaban un peque√Īo escudo, tipo caetra, c√≥ncavo por su parte delantera y de dos pies de di√°metro, que mediante correas llevaban colgado de los hombros, posiblemente porque carec√≠a de asas y abrazaderas. Iban armados con un pu√Īal o cuchillo, y con varias jabalinas, o una lanza de punta de bronce. La mayor√≠a se proteg√≠an con corazas de lino (similar al linotorax griego) y s√≥lo algunos usaban cotas de malla. Iban equipados con cascos met√°licos con tres penachos, o con yelmos de cuero. Tambi√©n utilizaban espinilleras (grebas).[62]

Los honderos baleares

Artículo principal: Hondero balear
Hondero balear.

Aunque se pueda contar entre las tropas hispanas de An√≠bal, este contingente merece menci√≥n aparte por sus especiales caracter√≠sticas. Se citan por primera vez a mediados del siglo IV a. C. en Cerde√Īa, durante la conquista de Selinunte (409 a. C., durante la Segunda Guerra Siciliana).[63] Diodoro les coloca entre los combatientes cartagineses durante la toma de Agrigento y, ya comenzada la Tercera Guerra Siciliana, en la batalla de Ecnomo (310 a. C.), a las √≥rdenes de Am√≠lcar, hijo de Gisc√≥n.

De ellos dice Diodoro Sículo, que:

(...) en la pr√°ctica de lanzar grandes piedras con honda aventajan a todos los dem√°s hombres.
Diodoro Sículo, Biblioteca histórica v.17.1.

Los honderos baleares ‚ÄĒ mencionados por las fuentes como funditores, por extensi√≥n del arma que manejaban, la honda, llamada funda en lat√≠n ‚ÄĒ combat√≠an ¬ęsemidesnudos¬Ľ, es decir, con escaso armamento defensivo.[64] Al respecto dice Tito Livio ¬ęlevium armorum baliares¬Ľ ‚ÄĒarmados a la ligera‚ÄĒ,[65] y ¬ęlevis armatura¬Ľ.[66] Tambi√©n refiere que como armamento defensivo s√≥lo usaban un escudo recubierto de piel de cabra, y como armamento ofensivo un venablo de madera afilada y las c√©lebres hondas. Estas eran elaboradas con una fibra vegetal negra trenzada, con crines o con nervios de animales. Utilizaban tres tipos de hondas de distintas longitudes, seg√ļn la distancia del objetivo a alcanzar. Las que no estaban usando en un momento dado, las llevaban en torno a la cabeza y la cintura.[67] Por el contrario, seg√ļn Estrab√≥n y otros autores, llevaban las tres hondas atadas alrededor de la cabeza.[68]

Los proyectiles, que lanzaban tras voltear tres veces sus hondas, podían ser de piedra, terracota o plomo. Podían llegar a pesar hasta 500 gramos, y sus efectos eran análogos a los de una catapulta.[67]

Su maestría con la honda la intentaba explicar ya Licofrón en su poema épico Alexandra, donde hablaba así de los fugitivos de Troya que llegan a las Islas Baleares:

Despu√©s de navegar como cangrejos en las rocas de Gimnesis[69] rodeados de mar, arrastraron su existencia cubiertos de pieles peludas, sin vestidos, descalzos, armados de tres hondas de doble cordada. Y las madres se√Īalaron a sus hijos m√°s peque√Īos, en ayuno, el arte de tirar; ya que ninguno de ellos probar√° el pan con la boca si antes, con piedra precisa, no acierta un pedazo puesto sobre un palo como blanco.
Licofrón de Calcis (280 adC), Alexandra (versos 633-641)

Excelentes defensores y asaltantes de fortificaciones, los cartagineses los emplearon sobre todo en el campo de batalla. Normalmente, eran los primeros en intervenir en las batallas, derribando a las primeras filas enemigas, rompiendo escudos, yelmos y cualquier tipo de arma defensiva.[70]

Cuando se les terminaban los proyectiles o el enemigo estaba ya muy próximo, se replegaban junto a los arqueros para ceder el paso al grueso de la infantería ligera.

Seg√ļn los cronistas, An√≠bal cont√≥ con aproximadamente 2000 honderos, quien en los inicios de la campa√Īa en la Pen√≠nsula It√°lica los dispuso en primera fila de su ej√©rcito,[71] y eran los encargados de comenzar la lucha hostigando a los romanos. Esta disposici√≥n de las tropas, que ten√≠a un cierto paralelismo con la de los v√©lites en el ej√©rcito romano, la repiti√≥ en Cannas (216 a. C.). Es significativo el hecho de que los contingentes de honderos fueran citados expresamente en la distribuci√≥n de tropas que An√≠bal hizo antes de dejar el mando del territorio cartagin√©s en la pen√≠nsula Ib√©rica a su hermano Asdr√ļbal, al que confi√≥ 500 baleares.[72] An√≠bal confer√≠a gran importancia a estas tropas y las protegi√≥ a lo largo de la campa√Īa como soldados irreemplazables. El motivo no era otro que el mayor alcance y precisi√≥n que la honda ten√≠a sobre el arco.

Las tropas galas

Guerrero galo del ejército de Aníbal.[46]

Los galos sirvieron como mercenarios en los ej√©rcitos cartagineses desde, al menos, el siglo V a. C. En la cr√≥nica que hace de la Guerra de los Mercenarios, Polibio revela la existencia de un contingente de alrededor de dos mil galos rebeldes, al mando de Autarito, que combati√≥ en la Primera Guerra P√ļnica en n√ļmero mucho mayor.

(Spendios) llevaba también consigo a Autarito y sus galos, tan sólo dos mil, pues el resto del contingente original había desertado a los romanos cuando acampaba junto a Erice.

Los celtas combatieron en ej√©rcitos cartagineses como mercenarios al menos desde el a√Īo 340 a. C. An√≠bal reclut√≥ grandes cohortes de infanter√≠a celta de las tribus galas (los romanos llamaban a los celtas "galos") al norte del r√≠o Po, que constitu√≠an el grupo de soldados m√°s entusiasta entre las tropas de An√≠bal, ya que se encontraban en guerra con los romanos desde un siglo antes de que el cartagin√©s invadiera Italia.

Organizados en clanes, estas tropas actuaban como infantería pesada y vivían para la guerra, la gloria y el saqueo.

Su arma principal era una espada larga de doble filo, un arma cortante que pod√≠an blandir de lado a lado sobre su cabeza, dej√°ndola caer despu√©s como si de un hacha se tratara. Durante la guerra de Breno contra Roma, esta t√©cnica part√≠a los escudos romanos. Para contrarrestar esto, los armeros romanos redise√Īaron el escudo, a√Īadiendo un forrado de metal al borde del mismo.

Originalmente, los galos no llevaban armadura, y en ocasiones combatían completamente desnudos mientras cargaban en tromba contra las formaciones enemigas, pues luchar sin armadura era para ellos signo de valor.

Los galos del ej√©rcito de An√≠bal representaban a menudo casi la mitad de sus tropas. Luchaban individualmente y era pr√°cticamente imposible hacerles maniobrar o adoptar formaciones de combate ordenadas. An√≠bal les usaba habitualmente como tropas de choque, para desgastar al enemigo reservando su valiosa infanter√≠a africana. Esto ten√≠a como consecuencia grandes cifras de bajas entre las filas galas, que a√ļn as√≠ resultaban f√°cilmente reemplazables. Para los galos, sin embargo, la posibilidad de lanzarse al m√°s arriesgado de los ataques era la mejor medalla que pod√≠an recibir, de modo que no se reduc√≠a su lealtad ni ferocidad.

Aliados it√°licos

Varios contingentes de soldados italianos sirvieron en los ej√©rcitos cartagineses, bien como mercenarios, bien como aliados durante la invasi√≥n de An√≠bal a Italia en el 218 a. C. Entre ellos, las tribus de los brucios, samnitas, s√≠culos, campanios y lucanos. Seg√ļn Polibio, tras la batalla de Asculum en 209 a. C. An√≠bal contaba hasta con 40.000 soldados italianos bajo sus √≥rdenes. Cuando regres√≥ a √Āfrica, la mayor parte de sus 18.000 veteranos proven√≠an de Italia, y Polibio menciona que los brucios formaron en la tercera l√≠nea de su ej√©rcito - donde se encontraban los veteranos y tropas de √©lite - en Zama.[73]

Brucios, apulios y lucanos

Tras la batalla de Cannas, muchas ciudades en Lucania, Bruttium, Apulia y el Samnio defeccionaron al bando cartaginés. Los brucios fueron de los primeros pueblos en jurar fidelidad a Aníbal.[74] El general envió a Magón Barca con un destacamento a Lucania, con la misión de reclutar nuevas tropas y ejercer el control efectivo de las ciudades. Hannón el Viejo se enfrentó a los romanos en la batalla de Crotona, liderando un ejército formado por 17.000 infantes, en su mayoría brucios y lucanos.[75]

Existen pocos datos sobre el armamento y armadura de los apulios. En Conversano, localidad cercana a Bari, se hall√≥ una panoplia, que consta de cn√©midas y coraza musculada griega, cintur√≥n samnita y casco de tipo etrusco-corintio, con alas de bronce y plumas. El origen de este casco, que no era para cubrir el rostro, sino que se utilizaba como tocado, es probablemente del siglo VI a. C. Los celtas, que invadieron Italia central en el siglo IV a. C., influyeron en el equipamiento militar apulio, como se desprende del hallazgo en una tumba de un casco y una coraza musculada celtas.

En cuanto a la indumentaria militar de los lucanos, se conserva en la Torre de Londres una panoplia que consta de una coraza de dos piezas, con el peto y el espaldar cuadrados, un casco √°tico con portaplumas de muelle, grebas con trabillas para las correas, y cintur√≥n samnita. Otra armadura de circa del 300 a. C., hallada en Paestum, consta de una coraza formada por un espaldar y un peto de tres discos, un casco √°tico similar al de Londres, grebas y cintur√≥n samnita.

Campanios

A menudo se menciona a los campanios en fuentes cl√°sicas como mercenarios sin escr√ļpulos, que combat√≠an tanto en el bando griego como en el cartagin√©s durante las Guerras Sicilianas. Cambiaban de bando en funci√≥n de mejores perspectivas de salario o victoria por una u otra facci√≥n. Pinturas de jinetes campanios encontradas en Paestum y Capua les muestran desarmados, exceptuando yelmo y cintur√≥n. Sin embargo, las pinturas de Paestum permiten apreciar bardas de bronce en el caballo, y parece l√≥gico que, dado que la aristocracia prove√≠a la caballer√≠a, algunos de ellos -si no todos- fueran caballer√≠a pesada acorazada.[76]

Ligures
Artículo principal: Ligures

Los ligures fueron aliados de los cartagineses durante la Segunda Guerra P√ļnica. Fueron utilizados sobre todo en la vanguardia de la infanter√≠a ligera, aunque tambi√©n sirvieron en el ej√©rcito cartagin√©s como exploradores. Un contingente importante de ligures luch√≥ con Asdr√ļbal Barca en la batalla del Metauro. Antes del final de la guerra, Mag√≥n desembarc√≥ en Liguria, territorio que fue la base de operaciones contra la Galia Cisalpina.

Samnitas
Batalla de las Horcas Caudinas en el que est√°n representados soldados samnitas. Fresco lucano de Paestum.
Artículo principal: Samnitas

Los samnitas formaban un pueblo belicoso que habitaba en la región del Samnio y que se había enfrentado en varias ocasiones a Roma. Aunque las tropas samnitas eran esencialmente de infantería, también disponían de caballería, como se puede ver en los frescos de Paestum.

El armamento de un soldado samnita era muy similar al de un legionario: portaban el escudo alto y oblongo conocido como escudo samnita y el pilum, armas que fueron asimiladas por los romanos durante las Guerras Samnitas, entre el 343 y el 290 a. C. La infanter√≠a usaba lanza o jabalina, pero no espada. Cubr√≠an su torso con una armadura de tres discos,[77] conocida como cardiophylax,[78] que enfatizaba la protecci√≥n del pecho y de la que se han hallado numerosos ejemplares. Bajo √©sta llevaban un t√ļnica corta ce√Īida por un cintur√≥n de bronce, como s√≠mbolo de virilidad. Era un accesorio obligado tambi√©n entre los lucanos, campanios y apulios.

Los cascos samnitas, una versión modificada del yelmo griego ático, llevaban portaplumas. Las carrilleras del casco eran articuladas y su decoración era trilobulada, fiel reproducción del cardiophylax; su finalidad era puramente ornamental. Sus caballos llevaban testera, petral y plumas, y los jinetes utilizaban tobilleras en lugar de grebas.

Tras la batalla de Cannas, todas las tribus samnitas, a excepción de los pentri, se aliaron a Aníbal en su lucha contra Roma.[79]

Sículos
Artículo principal: Sículos

Los s√≠culos constitu√≠an una de las principales etnias de Sicilia. Seg√ļn Diodoro de Sicilia, combatieron junto a los cartagineses durante la Segunda Guerra Siciliana, enfrent√°ndose a Dionisio I de Siracusa, aunque posteriormente cambiaron de bando ante la superioridad num√©rica del tirano.[80]

Falange macedonia

Durante la Segunda Guerra P√ļnica, Livio menciona que una falange macedonia de unos 4000 hombres (probablemente 4096, una unidad de falange) luch√≥ en las filas p√ļnicas en condici√≥n de aliados. Al mando de √©sta se encontrar√≠a S√≥patro, general de Filipo V de Macedonia.[81]

Entre los historiadores actuales se desestima en general la presencia de esta tropa, dado que √ļnicamente es mencionada por Livio, escritor de marcado car√°cter apologista. El hecho de que una completa unidad macedonia combatiera codo con codo junto a los cartagineses justificar√≠a a√ļn m√°s la posterior intervenci√≥n romana en Macedonia. Este escepticismo viene dado por muchos factores, entre otros el hecho de que la unidad fuera enviada a √Āfrica y no a Italia, mucho m√°s pr√≥xima y donde hubiera sido m√°s necesaria. En este caso, se han propuesto alternativas como que dicha unidad formara parte de la guarnici√≥n de la ciudad de Cartago, y no participara en la batalla,[82] lo que dif√≠cilmente explicar√≠a su posterior captura como prisioneros de guerra, por parte de los romanos.[83]

Siempre seg√ļn Livio, estas tropas habr√≠an combatido en segunda l√≠nea a las √≥rdenes de An√≠bal durante la batalla de Zama, tras la que fueron capturados. Los embajadores que Filipo V envi√≥ a Roma tras la paz con Cartago, solicitaron la devoluci√≥n de los prisioneros, sin √©xito. El historiador romano no vuelve a mencionar a estas tropas con posterioridad a dicha fecha.[84]

Arqueros

Los cartagineses debían saber utilizar el arco compuesto, de origen semita, aunque su utilización no parecía extendida entre el resto de mercenarios. No existía una tradición entre iberos y celtíberos de utilización de arcos como instrumentos de guerra, aunque los empleaban en labores de caza.[76] Tampoco entre los celtas, más acostumbrados al combate cuerpo a cuerpo.

Existe testimonio de arqueros cretenses entre las tropas que defienden Siracusa durante el asedio de Marcelo, lo que hace suponer que su utilización era extendida también entre los cartagineses.[85]

Las primeras filas las formaban 600 cretenses, que habían servido bajo el mando de Hipócrates y Epícides en el ejército de Hierón, y habían experimentado la clemencia de Aníbal, pues habían sido tomados prisioneros por éste y más tarde liberados.
Tito Livio, Ab urbe condita libri XXIV, 30

También se menciona la existencia de arqueros bereberes en las filas de Aníbal durante las batallas de Zama y, por implicación, en Trebia.[76]

Caballería

Los ej√©rcitos p√ļnicos se caracterizaron, especialmente a partir de las Guerras P√ļnicas, por utilizar cuerpos de caballer√≠a en grandes n√ļmeros.

Caballería de ciudadanos

Jinete de caballería pesada de ciudadanos.[46]

Los ciudadanos configuraron una parte significativa de la caballer√≠a p√ļnica, diferenciada de los jinetes libios, c√°ntabros y n√ļmidas. Inspirados en los Hetairoi o Compa√Īeros de Alejandro, consist√≠an en una aut√©ntica caballer√≠a pesada, mezcla de estado mayor, guardia del comandante en jefe y escuela de oficiales. Iban armados de forma similar a la infanter√≠a, eran reclutados entre las filas de la nobleza, que costeaba su caro equipamiento: cota de malla, yelmo y grebas, adem√°s de un peque√Īo escudo, dos lanzas (una corta para ser arrojada y otra m√°s larga), y una espada corta de filo ancho. Se caracterizaban por llevar anillos de oro, uno por cada campa√Īa en la que hab√≠an servido.

No está claro si estos jinetes formaban parte del Batallón Sagrado, aunque probablemente formaran una entidad independiente de aquél.

En Zama (202 a. C.), la caballer√≠a ciudadana p√ļnica no pudo reunir m√°s que 1000 jinetes, que se dispusieron en el flanco izquierdo del dispositivo t√°ctico de An√≠bal, mientras en el derecho formaron los 2000 n√ļmidas de Tiqueo. Frente a los ciudadanos formaban los 2000 equites de Cayo Lelio, mientras 6000 jinetes n√ļmidas de Masinisa, quien ahora combat√≠a del lado romano, se dispon√≠an frente a sus compatriotas. Ante la inferioridad num√©rica, su √ļnica misi√≥n consist√≠a en impedir el envolvimiento de sus tropas por el flanco. La inferioridad en tropas montadas oblig√≥ al cartagin√©s a descartar una carga frontal, una de las pocas esperanzas de que dispon√≠a para batir el dispositivo de Publio Cornelio Escipi√≥n.

Iniciado el combate, la caballer√≠a p√ļnica, desordenada en parte por algunos elefantes enloquecidos por el dolor que les causaron los dardos de los v√©lites romanos, fue r√°pidamente vencida y expulsada en el campo de batalla por la romana, dejando desprotegido el flanco del ej√©rcito cartagin√©s.

Caballer√≠a n√ļmida

Art√≠culo principal: Caballer√≠a n√ļmida

En el cap√≠tulo V de las Historias, Polibio relata la campa√Īa siciliana de un general llamado Hann√≥n, que embarc√≥ en Cartago con cincuenta elefantes y las tropas que se pudieron reunir. De √©l narra:

Viendo Hann√≥n a los romanos debilitados a causa de la peste y el hambre (...) dispone cincuenta elefantes con el resto de su ej√©rcito, saliendo de Heraclea, y ordenando a los jinetes n√ļmidas batir el campo.
Jinete n√ļmida.[46]

En esta entrada se nos menciona por primera vez a los jinetes n√ļmidas. Estos ser√≠an algunos de los soldados embarcados en Cartago; lo que no queda claro es si actuaban como mercenarios o como tributarios/aliados de los p√ļnicos. Todav√≠a no se hace menci√≥n a fuerzas libias entre las tropas cartaginesas.

Los jinetes n√ļmidas estuvieron presentes en todos los enfrentamientos importantes de las Guerras P√ļnicas hasta la derrota final de Cartago, a partir del pacto acordado entre Am√≠lcar Barca y Naravas en la √©poca de la Guerra de los Mercenarios. Fueron utilizados de forma masiva por An√≠bal, que lleg√≥ a alinear m√°s de 4000 jinetes en Cannas.[86]

Excelentes como caballer√≠a ligera, montaban sobre peque√Īos y √°giles corceles √°rabes o de Berber√≠a,[87] acostumbrados al clima duro de las estepas al norte del S√°hara. Cumpl√≠an misiones de exploraci√≥n,[88] enlace y persecuci√≥n de las tropas vencidas para aumentar el n√ļmero de bajas. Estas caracter√≠sticas se pusieron de relieve en la batalla de Cannas, donde fueron incapaces de romper por s√≠ solos las l√≠neas de la caballer√≠a latina. Una vez rotas √©stas por la caballer√≠a pesada ibera, sin embargo, fueron los encargados de iniciar la persecuci√≥n, con un √©xito notable al incrementar en gran manera el n√ļmero de bajas.[89] Debido a su movilidad y rapidez para replegarse eran usados como cebo en las emboscadas.

Tito Livio refiere que llevaban dos caballos y saltaban del caballo cansado al fresco, muchas veces en lo más encarnizado de la refriega.[90] No empleaban sillas ni bridas, y guiaban sus caballos con la presión de sus piernas. Sin embargo, Estrabón afirma que pasaban cuerdas en torno al cuello del caballo, a modo de brida.[91]

Usaban un escudo circular embrazado y jabalinas. Vest√≠an, por regla general, una t√ļnica corta sin ninguna protecci√≥n corporal, problem√°tico ante la acometida de un escuadr√≥n de caballer√≠a pesada. Estrab√≥n les retrata semidesnudos, exceptuando una piel de leopardo, que pod√≠an enrollar alrededor de su brazo izquierdo para que hiciera las funciones de escudo.[46]

Su t√°ctica principal consist√≠a en el acercamiento al enemigo sin trabar combate en proximidad, hostigarle lanz√°ndole dardos, y atraerle a un terreno desfavorable para ser derrotado por el grueso de la caballer√≠a y los infantes p√ļnicos.

Caballería hispana

Lanza √≠bera de hierro. Mediados del siglo V ‚Äď siglo III a. C. Museo Arqueol√≥gico Nacional de Espa√Īa (Madrid).

La mayor parte de la caballer√≠a pesada del ej√©rcito cartagin√©s durante la Segunda Guerra P√ļnica fue aportada desde Hispania. El armamento del jinete celt√≠bero consist√≠a en una lanza con cabeza met√°lica en forma de hoja de √°rbol, encajada en el astil, de 30 a 60 cm de longitud.[76] Tambi√©n portaban la falcata y el peque√Īo escudo que llevaba la infanter√≠a ligera (caetra). Se proteg√≠an con yelmo, cota de malla y grebas.

En ocasiones llevaban un infante ligero a la grupa, armado con falcata y caetra. En combate cerrado, este infante desmontaba y luchaba a pie. El uso de sillas de montar no estaba extendido, y normalmente llevaban una manta cinchada al lomo del caballo, aunque en algunas representaciones se aprecian sillas de estilo hel√©nico. Tambi√©n utilizaban bridones, con barras en forma de luna creciente. La cabeza del caballo se hallaba protegida por una especie de barda, probablemente met√°lica. Las evidencias arqueol√≥gicas muestran que los primeros ejemplares de herradura aparecen en t√ļmulos funerarios del centro peninsular, lo que podr√≠a indicar que los celt√≠beros fueron sus inventores.[92]

Los iberos pose√≠an conocimientos de equitaci√≥n avanzados, y adiestraban caballos y jinetes con gran dedicaci√≥n. Uno de los ejercicios consist√≠a en entrenar al caballo para arrodillarse y mantenerse est√°tico y silencioso en espera de la se√Īal. Este ejercicio era id√≥neo para las t√°cticas de guerrilla que a menudo practicaban.[92]

Aunque la caballer√≠a hisp√°nica rivalizaba con la n√ļmida en velocidad y habilidad sobre el caballo, su rol principal era de choque como caballer√≠a pesada, rompiendo las filas de la caballer√≠a enemiga.[76]

Elefantes de guerra

Artículo principal: Elefante de guerra

En los establos de Cartago hab√≠a espacio para 300 elefantes de guerra.[93] Los cartagineses emplearon por primera vez estos animales contra los romanos el a√Īo 262 a. C., y obtuvieron su primer triunfo en 255 a. C., cuando en la llanura del Bagradas, los elefantes dispuestos por Jantipo al frente de la formaci√≥n p√ļnica, aplastaron a la infanter√≠a de Marco Atilio R√©gulo, en el que puede considerarse el mayor √©xito de la fuerza de elefantes cartaginesa.[94]

Los romanos rechazaron a los mercenarios cartagineses que peleaban en la vanguardia, que chocaron con los elefantes y el resto de líneas de su ejército.

Esta frase de la Batalla de Agrigento (262 a. C.) nos indica la forma de combatir que adopt√≥ Hann√≥n (que no ten√≠a por qu√© ser la m√°s com√ļn): los mercenarios luchaban en vanguardia, una decisi√≥n l√≥gica, en cierto modo, pues as√≠ se evitaban deserciones y traiciones. Los mercenarios eran controlados desde la retaguardia, y en caso de que la batalla se tornara en contra, se perder√≠an las tropas m√°s prescindibles y menos gravosas.

Elefantes de guerra atacando la formación romana durante la Batalla de Zama. Ilustración de Cornelis Cort (1567).

Lo extra√Īo es que los elefantes combatieran en segunda l√≠nea. Esto hace pensar que quiz√° se utilizaran como plataformas de arqueros m√°s que como antiguos ¬ęcarros de combate¬Ľ, pues en segunda l√≠nea no pod√≠an embestir al rival, y, sin embargo, permit√≠an a los arqueros situados en su grupa una l√≠nea de tiro directa hacia el enemigo.

Cartago obtuvo inicialmente algunos elefantes asi√°ticos a trav√©s del Egipto Ptolemaico, que tambi√©n le proporcion√≥ conductores indios base del futuro cuerpo de mahouts. Estos elefantes, de gran tama√Īo - alrededor de 3 metros de altura desde la pezu√Īa hasta el hombro - pod√≠an ir equipados para el combate con una estructura de torre en la grupa, aunque no todos ellos sol√≠an llevarla. En este caso, su guarnici√≥n estaba formada por cuatro hombres: El mahout o conductor, generalmente de raza n√ļmida. Abrazaba al elefante protegi√©ndose con sus grandes orejas. Contaba con una aguja para espolear al animal, que pod√≠a clavar en su nuca si el paquidermo enloquec√≠a. En la torre viajaban otros tres soldados: un arquero, un lancero equipado al modo hoplita y un oficial. Algunos comandantes p√ļnicos gustaban de dirigir la batalla desde lo alto de un elefante, como el propio An√≠bal al inicio de su campa√Īa italiana.

Pero los p√ļnicos no pod√≠an abastecerse permanentemente de animales indios, y capturaron elefantes africanos, en el √°rea del S√°hara. Se trataba de la especie de elefante forestal, hoy extinguido, de menor tama√Īo que los asi√°ticos. Su peque√Īo tama√Īo imped√≠a la colocaci√≥n de la torre en la grupa, de modo que se destinaron a labores de choque, siendo controlados por un √ļnico mahout.

El mantenimiento y el desplazamiento de los elefantes en campa√Īa era complicado. Polibio relata las dificultades que el ej√©rcito de An√≠bal tuvo para conseguir hacer atravesar el R√≥dano a sus elefantes, que se vio obligado a construir un puente de barcas y balsas. Sin embargo, al hundirse la construcci√≥n los animales cayeron al agua y acabaron atravesando el r√≠o respirando con ayuda de su trompa.[95]

Al cruzar los Alpes, An√≠bal s√≥lo pudo contar con los elefantes supervivientes de la Batalla del Trebia (218 a. C.), dado que la mayor√≠a murieron en el transcurso del crudo invierno del 218-217 a. C.[96]

Durante la Batalla de Ad√≠s, Polibio dice que ¬ęCartago ten√≠a puestas sus principales esperanzas en la caballer√≠a y los elefantes¬Ľ.[97] Esta afirmaci√≥n ser√° una constante durante la totalidad de las dos primeras guerras entre Roma y Cartago.

Carros de guerra

Carro de guerra p√ļnico.[46]
Artículo principal: Carro de guerra

Aunque no se han encontrado ilustraciones de carros de guerra p√ļnicos, existen relieves de veh√≠culos fenicios y chipriotas, que se pueden asumir similares ‚ÄĒ si no id√©nticos. Los carros de guerra segu√≠an utiliz√°ndose en Chipre a comienzos del siglo V a. C.,[98] aparentemente de dise√Īo p√ļnico, aunque en la misma √©poca dejaron de usarse por el resto de los griegos.[99] Existen muchas representaciones en terracota de carros chipriotas desde los siglos VII al VI a. C.; adem√°s, se han descubierto restos de carros reales de Salamina en Chipre, que datan de mediados del siglo VIII-VII a. C. Tambi√©n se han hallado representaciones de carros reales o sagrados sidonios en monedas sidonias del siglo V a. C.

La orfebrer√≠a fenicia de los siglos VII y VIII a. C. es tambi√©n una fuente prol√≠fica de im√°genes de carros de guerra. Partes de carros de guerra p√ļnicos encontrados en la Pen√≠nsula Ib√©rica (h. siglo VIII a. C.), as√≠ como ilustraciones sobre los mismos, grabadas en tumbas tambi√©n en suelo ib√©rico, permiten confirmar su empleo en las campa√Īas extranjeras de Cartago.

Seg√ļn estos datos, los carros p√ļnicos ten√≠an un estilo similar, tanto en construcci√≥n como en t√°cticas de combate, a los carros asirios de los siglos VII y VIII a. C. (por ejemplo, los carros de mando se distingu√≠an en el campo de batalla por parasoles). Los √ļltimos carros de guerra de Salamina y modelos del Levante llevaban doble eje, para un yugo de cuatro caballos, seg√ļn el modelo asirio. Este ser√≠a el modelo de carro p√ļnico del siglo IV a. C.

Diodoro menciona el desplazamiento a Sicilia de 300 carros de guerra, m√°s 2000 pares de caballos de "reserva"[100] durante la guerra contra Dionisio I de Siracusa.

Durante la expedici√≥n de 341 a. C. contra Timole√≥n, las cuadrigas cartaginesas avanzaron al frente del ej√©rcito y desempe√Īaron un papel decisivo para rechazar un ataque por sorpresa de la caballer√≠a siracusana, mandada por Damareto, sobre las tropas p√ļnicas que cruzaban el r√≠o Crimiso. La movilidad de los carros, dotados de cuchillas en las ruedas, desbarat√≥ e hizo retroceder a la caballer√≠a siracusana. Para contrarrestar el embate de dichos veh√≠culos, Timol√©on atac√≥ frontalmente con sus tropas de √©lite, venci√≥ y captur√≥ 200 carros.

En los primeros combates tras la invasi√≥n de √Āfrica (310 a. C.) por el tirano Agatocles de Siracusa, el ej√©rcito p√ļnico aline√≥ hasta 2000 carros y 1000 jinetes frente a los siracusanos, que carec√≠an de tropas montadas. Pese a tal desproporci√≥n de fuerzas, la carga inicial de la caballer√≠a y los carros se estrell√≥ contra la infanter√≠a enemiga, que minimiz√≥ el impacto de jinetes y veh√≠culos. Sumado a ello, los arqueros y honderos les hostigaron con lanzamientos masivos de proyectiles, forz√°ndoles a retroceder sobre su propia infanter√≠a, desbarat√°ndola.

El carro de guerra cartagin√©s dej√≥ de utilizarse de forma generalizada despu√©s de esta campa√Īa.

Armas colectivas

La tradici√≥n de los p√ļnicos como innovadores se refleja a menudo en las fuentes antiguas, como recoge Tertuliano varios siglos m√°s tarde,[101] el ingeniero militar romano Vitrubio, u otros escritores como Plinio el Viejo, quien afirma - err√≥neamente, como se ha comprobado por hallazgos arqueol√≥gicos - que los p√ļnicos inventaron la honda y la balista.

La guerra en Sicilia, una constante a lo largo de gran parte de la historia militar p√ļnica, pose√≠a unas caracter√≠sticas singulares. La isla posee dos grandes llanuras costeras, y varios valles interiores que normalmente siguen los cursos de los r√≠os principales. Las pocas batallas campales que tuvieron lugar en Sicilia se dieron cerca de la costa, especialmente en la parte sur-oriental de la isla. La gran densidad de ciudades, muchas de ellas fortificadas, complicaba el control del territorio y lo supeditaba a una guerra de asedio continua. Como prueba la conquista de la "ciudad-fortaleza" de Lilibea por parte de Pirro, o su posterior fracaso frente a Erice.[102] Otro ejemplo resulta la guerra de guerrillas de Am√≠lcar durante la Primera Guerra P√ļnica, quien utiliz√≥ esta √ļltima ciudad como base de operaciones gracias a sus defensas naturales.[103] La misma Siracusa fue asediada en m√ļltiples ocasiones, tanto por cartagineses como por romanos, y Panormo - actual Palermo - fue conquistada y reconquistada hasta en tres momentos hist√≥ricos distintos.

Esta constante conquista, fortificaci√≥n y defensa de ciudades motiv√≥ la utilizaci√≥n extensiva de armas colectivas durante casi tres siglos, desde el siglo V a. C. hasta finales del siglo II a. C. En cualquier caso, la utilizaci√≥n de armas colectivas se generaliz√≥ entre los p√ļnicos, fuera como armas de asedio o como armas defensivas, no s√≥lo en el escenario siciliano. Como ejemplos, tras la ca√≠da de Cartago Nova en la Segunda Guerra P√ļnica, Escipi√≥n se apropi√≥ de 120 oxibeles de gran tama√Īo y 281 m√°s peque√Īos, 23 grandes litobolas y 52 de menor tama√Īo, sin contar con otras 2500 a las que Livio anacr√≥nicamente llama escorpiones.[104] Un siglo m√°s tarde, tras el ultim√°tum romano a Cartago previo a la Tercera Guerra P√ļnica, los cartagineses rindieron a Roma 2000 piezas de artiller√≠a y m√°quinas de asedio de diverso calibre como intento desesperado de evitar el conflicto.[105]

El ariete

El ingeniero y arquitecto romano Vitrubio y su contempor√°neo, el griego Ateneo el Mec√°nico, atribu√≠an err√≥neamente la invenci√≥n del ariete a los cartagineses.[106] No obstante, parece claro que fueron los p√ļnicos en introducir este ingenio de guerra en el √°mbito del Mediterr√°neo, durante el asedio de Gadir, a finales del siglo VI o principios del siglo V a. C.

Un constructor de barcos tirio, de nombre Pefasmeno, perfeccionó el ariete, suspendiendo el ariete en sí, que debía golpear la puerta o muralla, de otro mástil transversal. Utilizando cuerdas, el tronco era balanceado de forma que golpeaba con mayor fuerza sobre la superficie a derribar, lo que era conocido como Aries Prensilis.[107]

Después cierto artífice tirio llamado Pefasmeno, siguiendo aquella invención y método, plantó un mástil, y pendiente de él ató otro transversalmente a modo de balanza, el cual con el retiro e impulso a fuerza de vehementísimos golpes derribó el muro de Cádiz.
Vitrubio, Diez Libros de Arquitectura X, XIX.60 ‚Äď 63

Una nueva evoluci√≥n del ariete fue realizada por el p√ļnico Geras, quien construy√≥ una plataforma m√≥vil sobre ruedas y fij√≥ el ariete horizontalmente a la misma. √Čste ya no era empujado mediante polea y cuerdas, sino empujado por un gran n√ļmero de hombres. Ateneo atribuye tambi√©n a este cartagin√©s el blindaje del ariete, a√Īadiendo un techo cubierto a la plataforma m√≥vil del ariete, en lo que ser√≠a la primera tortuga.[108]

Geras fue el inventor de la plataforma protegida, a la cual llamó tortuga, debido a su lentitud. (...) Después de esto, ciertas personas arrastraban rodando el ariete y lo utilizaban de este modo.
Ateneo el Mec√°nico, Mec√°nica 10.3-4

La artillería

Gastrafetes aparecido en la edición de septiembre de 1906 de Technical World Magazine.

En 398 a. C. Dionisio I de Siracusa contrata a ¬ęlos mejores ingenieros de todo el Mediterr√°neo¬Ľ, entre los que se encontraban varios cartagineses atra√≠dos por los altos salarios, para trabajar sobre el desarrollo de las armas colectivas.[109] Estas gestiones tienen como consecuencia el nacimiento de alguno de los primeros ingenios de artiller√≠a de torsi√≥n, como la catapulta o katapeltikon, entre otros inventos, como el pol√≠ntonon o ballesta gigante, que es capaz de disparar proyectiles de plomo de varios kilos desde una gran distancia.[110] Es posible que este √ļltimo ingenio se basara en el gastrafetes griego, utilizado desde hac√≠a tiempo en la Grecia continental, pero apenas conocido en el Mediterr√°neo occidental.[108]

(...) y los siracusanos mataron a muchos enemigos utilizando desde tierra las catapultas que disparaban misiles largos y afilados. En verdad esta arma causó un gran desánimo en los cartagineses, pues se trataba de un invento nunca antes visto.
Diodoro[111]

Cuando conocieron la magnitud y potencia de los ingenios de Dionisio, los cartagineses decidieron enviar un gran ej√©rcito por mar, y cargaron hasta 600 transportes con suministros y ¬ęm√°quinas de guerra¬Ľ, menos de un a√Īo despu√©s de la ca√≠da de Motia.[112] Lo que evidencia el conocimiento previo de los p√ļnicos en esta √°rea. No obstante, es probable que siguieran bas√°ndose en viejos ingenios de artiller√≠a de tensi√≥n, como el oxibeles.

La revolución tecnológica alcanzó también a los proyectiles. Eneas el Táctico describe uno de los primeros proyectiles incendiarios, fabricado con alquitrán, azufre, estopa, incienso y virutas de madera.

Torres de Asedio

La utilizaci√≥n de torres de asedio por parte de los cartagineses queda documentada en numerosas ocasiones, la primera de ellas siendo el asedio a la ciudad siciliana de Selinunte en 409 a. C.[113] Durante el asedio, Diodoro menciona la utilizaci√≥n de arietes y de torres que ¬ęexced√≠an con mucho la altura de las murallas¬Ľ. Estas m√°quinas se emplear√≠an poco despu√©s en el asedio a H√≠mera. En estas torres de asedio se fundamentar√≠a posteriormente Dionisio el Viejo para construir la gran torre con que asedi√≥ Motia en 397 a. C.[114] de seis pisos de altura, la mayor conocida hasta la fecha.[115] En cualquier caso, no parece que tuvieran la complicaci√≥n de las helepolis, utilizadas por primera vez por Alejandro en el asedio de Tiro de 332 a. C. y perfeccionadas por Demetrio Poliorcetes.

Más avanzada resultaba la torre móvil que construyeron los ingenieros de Aníbal durante el asedio a Sagunto. Esta torre, de una altura mayor que las murallas de la ciudad, iba provista de piezas de artillería neurobalística en todos los pisos. La función de estas piezas era barrer de defensores las murallas, destruyendo los parapetos en la parte superior de las mismas para que no pudieran ser empleados de nuevo.[116]

Refugios y obras de minado

Muralla p√ļnica de Cartagena.

Desde el asedio de H√≠mera, en que An√≠bal recurre a minar el muro de la ciudad,[117] varios autores hacen menci√≥n a la existencia de zapadores dentro del ej√©rcito p√ļnico, especialmente Tito Livio en su narraci√≥n del asedio de Sagunto, donde indica que An√≠bal dispon√≠a de un cuerpo de zapadores especializados, unos quinientos africanos ¬ędelgados y muy √°giles¬Ľ que mand√≥ con picos a derribar la muralla, una vez limpia √©sta - moment√°neamente, por el efecto de la artiller√≠a - de defensores.[118]

Tanto para que estos zapadores pudieran acercarse a los muros de la ciudad, como para la aproximación de otros ingenios de guerra o arietes, era necesario facilitar una cierta protección. Livio menciona explícitamente la existencia de vineas, galerías protegidas por parapetos, que permitían a los soldados acercarse a las murallas, para efectuar labores de minado o empujar los arietes, mientras quedaban razonablemente protegidos de los proyectiles enemigos.

Además de estas estructuras, Tito Livio habla de la existencia de puestos de vigilancia permanentes, stationes opera, cartagineses. No deja claro sin embargo si levantaron muros de circunvalación. Sí menciona, no obstante, la creación de una cabeza de puente en la muralla, a la que siguió una fortificación avanzada - castellum - construida con gran rapidez.[119]

Estos trabajos de asedio resultaban muy importantes para los p√ļnicos, hasta el punto de que hayan llegado a la actualidad los nombres de varios ingenieros al servicio de An√≠bal, como Gorgos, ingeniero de minas; o Crates, ingeniero hidr√°ulico.[120]

Jefes militares

Los magistrados cartagineses, como los sufetes, ejerc√≠an el mando supremo militar hasta el siglo V a. C. A partir de entonces, dicha tarea se encomendaba directamente a generales. No est√° claro qui√©n designaba a estos jefes militares, pero por lo com√ļn asum√≠an el mando de manera semipermanente hasta que eran sustituidos.[121]

Los oficiales superiores, surgidos mayormente de las filas de las principales familias de la nobleza agraria o ciudadana cartaginesa, constituyeron una unidad de élite unida por lazos de parentesco que les aseguraban el acceso al mando de las tropas antes que su propia capacidad, aunque su estatus no les protegía siempre de las consecuencias de sus errores, dado que era frecuente la ejecución de los mandos militares acusados de incompetencia.

Los ejemplos son m√ļltiples. El terror al castigo provocar√≠a, por ejemplo, el suicidio de Mag√≥n tras haber abandonado el sitio de Siracusa en 342 a. C., sin combatir como consecuencia de una a√Īagaza del estratego corintio Timole√≥n.

Su muerte no impidió que la furia de los ciudadanos de Cartago acabara colgando su cadáver de una horca.[122]

Por otro lado, aquellos jefes militares cuyos éxitos les permitían evitar los castigos por incompetencia lograban acumular una experiencia militar muy dilatada. En ese sentido, cuanto más tiempo lograban conservar el mando de un ejército, más experiencia acumulaban y más eficientes se volvían, logrando también una mayor cohesión con los hombres bajo su mando y un mejor funcionamiento global.[121]

Véase también

Referencias

Notas

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  2. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian. La ca√≠da de Cartago, marzo de 2008 edici√≥n, Barcelona: Ed. Ariel, pp. 34. ISBN 78-4-344-5243-5.
  3. ‚ÜĎ Historiadores actuales, como Fernando Quesada, toman esta afirmaci√≥n como demasiado dr√°stica, otorgando rasgos diferenciales √ļnicamente al ej√©rcito de An√≠bal.
    Quesada Sanz, Fernando (2005). ¬ęDe guerreros a soldados. El ej√©rcito de An√≠bal como un ej√©rcito cartagin√©s at√≠pico¬Ľ Trabajos del Museo Arqueol√≥gico de Ibiza y Formentera. n.¬ļ 56. ISSN 1130-8095 , p√°gs. 129-162.
  4. ‚ÜĎ Goldsworthy, Adrian. La ca√≠da de Cartago, marzo de 2008 edici√≥n, Barcelona: Ed. Ariel, pp. 37-38. ISBN 78-4-344-5243-5.
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  7. ‚ÜĎ Apiano, Las Guerras Extranjeras: Las Guerras P√ļnicas 80.
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  10. ‚ÜĎ Pausanias, Descripci√≥n de Grecia x.17.5-9
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  13. ‚ÜĎ a b Polibio, Historias Vol. I, Lib. I, Cap. XVI
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  15. ‚ÜĎ Polibio, Historias Vol. I, Lib. I, Cap. XXIII
  16. ‚ÜĎ Zonaras VIII, 21
    *
    "(Am√≠lcar) llev√≥ con √©l a An√≠bal, que poco despu√©s ser√≠a conocido por sus haza√Īas b√©licas, era √©ste hijo de Alm√≠car y hermano de su esposa, un joven arm√≠gero que era muy grato a los guerreros.
    Apiano, Iberia, 6
  17. ‚ÜĎ Polibio, Historias III, 23.7
    Tito Livio, Ab Urbe condita libri XXI 5-12 y XXIII 4
  18. ‚ÜĎ Tito Livio, Ab Urbe condita libri XXI, 21
  19. ‚ÜĎ Tito Livio, Ab Urbe Condita libri XXI, 23
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  31. ‚ÜĎ Su n√ļmero se hab√≠a reducido dr√°sticamente tras catorce a√Īos de guerra.
  32. ‚ÜĎ Tito Livio, XXIX, 6
  33. ‚ÜĎ Apiano, La Guerra de An√≠bal, IX, 57
  34. ‚ÜĎ Apiano, La Guerra de An√≠bal, IX, 57
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  40. ‚ÜĎ Apiano, Las Guerras P√ļnicas 15.72
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    Nam et arietem (non quem Laberius reciprocicornem et lanicutem et testitrahum, sed trabes machina est, quae muros frangere militat) nemini unquam adhuc libratum illa dicitur Carthago, studiis asperrima belli, prima omnium armasse in oscillum penduli impetus, commentata uim tormenti de bile pecoris capite (se) uindicantis. Pues el ariete (no el animal que tiene cuernos hacia atrás, lana y arrastra los testículos, sino la máquina de madera, que se utiliza para derribar muros) nunca antes manejado por un hombre, fue utilizado por primera vez por Cartago, estudiosa en la guerra más intensa, balanceándolo como un péndulo, con tremenda furia como el animal que lleva su nombre indica
  102. ‚ÜĎ Plutarco, Pirro 22
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Enlaces externos

El contenido de este art√≠culo incorpora materiales de la edici√≥n original de la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (Espasa), cuyo cuerpo principal se termin√≥ de editar en 1930. Si la fecha de edici√≥n del tomo que contiene la entrada es anterior a ochenta a√Īos desde la fecha actual, se encuentra en el dominio p√ļblico.
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