Entremés

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Entremés

Entremés

Para el significado culinario del término, véase Entremés (gastronomía).

Se conoce como entrem√©s (o paso) a una pieza dram√°tica jocosa y de un solo acto, protagonizada por personajes de clases populares, que sol√≠a representarse durante el Siglo de Oro espa√Īol, es decir, a fines del siglo XVI y durante el siglo XVII y XVIII hasta su prohibici√≥n en 1780, entre la primera y segunda jornada de una obra mayor. Posteriormente ser√° llamado sainete. En Europa, su equivalente es la farsa, cuya denominaci√≥n se aplic√≥ en Espa√Īa a cualquier tipo de representaci√≥n teatral.

Contenido

Evolución y estilo

El t√©rmino entrem√©s procede del catal√°n y est√° documentado en el siglo XV como una especie de pantomima representada en banquetes cortesanos y, en una acepci√≥n gastron√≥mica, como "manjar entre dos platos principales". Su uso actual se generaliza en el siglo XVI alternando con el m√°s com√ļn de paso. As√≠ se usa en el Entrem√©s de la Representaci√≥n de la historia evang√©lica de san Juan de Sebasti√°n de Horozco, un pleito c√≥mico situado al final del primer cuadro del mismo, enlazado con la siguiente acotaci√≥n: "Mientras vuelve el ciego pasa un entrem√©s entre un procurador y un litigante". En el pr√≥logo de la Comedia de Sep√ļlveda, de 1547, se dice:

No os puede dar gusto el sujeto ansí desnudo de aquella gracia con que el proceso dél suele ornar los recitantes y otros muchos entremeses que intervienen por ornamento de la comedia, que no tienen cuerpo en el sujeto della.

En sus principios, era pues una acci√≥n no exenta de la principal, a manera de descanso o interludio c√≥mico. As√≠ era en el caso de algunas obras de Gil Vicente o Garci S√°nchez de Badajoz, junto a los pasos de Lope de Rueda tenidos por antecedente del entrem√©s. Sebasti√°n de Horozco, sin embargo, escribi√≥ el primer entrem√©s exento, diferente del ya mencionado, par ser representado en un convento de monjas el d√≠a de San juan Evangelista, protagonizado por un fraile rezador y visitador de burdeles, y otros dos personajes populares, un pregonero, un bu√Īolero y un villano bobo y procaz, que intercambian insultos, golpes y manteos en clara manifestaci√≥n del car√°cter carnavalesco del g√©nero.

√Čste empez√≥ a definirse con los Pasos de Lope de Rueda en el siglo XVI. Al principio se escrib√≠a indistintamente en prosa o verso. Juan de Timoneda cita la palabra entrem√©s precisamente en una de sus obras m√°s conocidas, la colecci√≥n dram√°tica La Turiana, en la cual se contienen diversas comedias y farsas muy elegantes y graciosas con muchos entremeses y pasos apacibles (1565). Se ve pues en la denominaci√≥n de paso era sin√≥nima de la algo m√°s gastron√≥mica entrem√©s. El mismo Timoneda en El deleitoso (1567) dice: "Venid alegremente al Deleitoso / hallarlo heis repleto y caudaloso / de pasos y entremeses muy facetos". Agust√≠n de Rojas Villandrando, en su obra El viaje entretenido (1603), escribi√≥:

Y entre los pasos de veras
mezclados otros de risa
que, porque iban entre medias
de la farsa, los llamaron
entremeses de comedias

Desde que Luis Qui√Īones de Benavente (1600-1650) configur√≥ definitivamente el g√©nero en el siglo XVII, acab√≥ escribi√©ndose en versos e incorporando a veces n√ļmeros cantados que dar√≠an lugar a un g√©nero posterior, la tonadilla; este ingenio lleg√≥ incluso a crear un subg√©nero entremesil, el llamado entrem√©s cantado. Lope de Vega, por otra parte, recuper√≥ su funci√≥n subsidiaria y lo defin√≠a como un "alivio c√≥mico" protagonizado por personajes populares "porque entrem√©s de reyes no se ha visto", en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609), y lo ten√≠a por arquetipo de la comedia antigua que √©l hab√≠a venido a renovar con su comedia nueva. Un entrem√©s ven√≠a a venderse por el triple de lo que costaba una loa y ten√≠a una importancia capital en un programa teatral del siglo XVII, de forma que una comedia buena con un mal entrem√©s fracasaba irremediablemente, pero una comedia mala con un buen entrem√©s pod√≠a mantenerse en cartel y ser un √©xito (los √©xitos teatrales del Siglo de Oro no pasaban por lo general de una semana). Hab√≠a actores especializados en este g√©nero, como Cosme P√©rez, m√°s conocido por su sobrenombre de Juan Rana, una aut√©ntica celebridad en su √©poca y para quien escribieron gustosos los ingenios cortesanos no menos de cincuenta piezas.

La evolución del entremés se repartió a lo largo de cuatro etapas:

  • 1. Nacimiento, formaci√≥n y consolidaci√≥n definitiva. Entran en esta etapa autores de entremeses primitivos como Lope de Rueda y Juan de Timoneda.
  • 3. √Čpoca de gran popularidad de los entremeses y de una abundante y prol√≠fica producci√≥n de los mismos; existe sin embargo repetici√≥n de algunos esquemas, temas y modelos y, en su momento final, el comienzo de la decadencia con el agotamiento de las ideas. Abarca √≠ntegra la segunda mitad del XVII y empieza a desarrollarse el costumbrismo. Algunos entremeses, por otra parte, re√ļnen gran vistosidad porque son destinados a Palacio y empiezan a aparecer elementos par√≥dicos que vienen en √ļltimo t√©rmino de la llamada Comedia burlesca. La p√©rdida de su vitalidad se compensa con esa dicha vistosidad y carga par√≥dica. Algunos de los autores m√°s importantes de esta etapa son Jer√≥nimo de C√°ncer y Agust√≠n Moreto.
  • 4. Fase de decadencia del entrem√©s; incluye los fines del siglo XVII y el siglo XVIII en que acaba por desaparecer de la escena, en 1778, cuando los te√≥ricos de la Ilustraci√≥n lo prohibieron por su vulgaridad y chabacaner√≠a, ajenas al idealismo est√©tico del Neoclasicismo; era esta una oposici√≥n que se a√Īad√≠a a la de la Iglesia, pero no por motivos morales. Todav√≠a, sin embargo, produce el entrem√©s algunas figuras interesantes como Francisco de Castro, Antonio de Zamora, Manuel de Le√≥n Marchante, Juan de la Hoz y Mota, etc√©tera; pero es sustituido por el sainete, situado entre el segundo y tercer acto; era este una pieza de car√°cter m√°s extenso y menos l√≠rico, con un argumento m√°s desarrollado y sin apenas n√ļmeros cantados. Se renueva con nuevos tipos: el petimetre afrancesado, el castizo majo y el abate presuntuoso. En este nuevo g√©nero, y a fines del siglo XVIII, destacaron el gaditano Juan Ignacio Gonz√°lez del Castillo y el madrile√Īo Ram√≥n de la Cruz.
  • 5. Recuperaci√≥n y reivindicaci√≥n. A fines del siglo XIX y principios del XX algunos autores reivindicaron la tradici√≥n farsesca del entrem√©s. Fueron en primer lugar los autores del teatro por horas. Recuperaron fundamentalmente el esp√≠ritu del entrem√©s y algunas de sus caracter√≠sticas morfol√≥gicas: Valle-Incl√°n, los hermanos Seraf√≠n y Joaqu√≠n √Ālvarez Quintero, Carlos Arniches, etc√©tera en la preguerra; en la posguerra Max Aub, Lauro Olmo y otros muchos.

El entremés formaba la parte más importante y sustancial del llamado teatro menor, integrado también por otros géneros como la loa, la mojiganga, el fin de fiesta, la jácara, el baile, el baile entremesado etcétera. Sus personajes tenían un carácter popular y la temática derivaba frecuentemente hacia el costumbrismo, tomando frecuentemente carácter satírico. El entremés se convirtió en una especie de desfile de tipos sociales populares o representativos de distintos oficios, reflejando de forma realista algunos temas que no podían aparecer en la pieza mayor. Y eso supuso atraer las primeras críticas de los clérigos regulares y seculares, que no las tenían todas consigo en cuestión de espectáculos que consideraban inmorales o incentivadores del pecado.

Por otra parte su lenguaje era mucho más realista y vivo que el de la comedia y prescindía de los alambicamientos retóricos y metafóricos de está siendo más directa y fresca; además, y recogía todo tipo de tecnicismos relacionados con los oficios populares y, con su costumbrismo, el vocabulario de la vida cotidiana del país; el erudito padre Martín Sarmiento afirmó en su Declamación contra los abusos de la lengua castellana (Madrid, 1795): "Nunca supe lo que era la lengua castellana hasta que leí entremeses".

Personajes

Eran habituales personajes (o, mejor que personajes, tipos) del entrem√©s el bobo o simple, malicioso aunque suele ser v√≠ctima de los enga√Īos ajenos, y que en el entrem√©s ejerce muchas veces el papel de alcalde de pueblo o criado; entre los cargos p√ļblicos, los alguaciles, caricaturizados por sus sordos o√≠dos y ciegos ojos ante la gente del hampa que los soborna; los alcaldes rurales, caracterizados por su palurdez y paletez y muchas veces identificado con el bobo e incluso con un actor c√≥mico caracter√≠stico, el gran Juan Rana; la milicia ofrec√≠a los tipos del soldado pobre sin oficio y hu√©sped triste de los figones, rival en amores del sacrist√°n y casi siempre desairado en ellos; la milicia era tambi√©n criticada, porque a ella iban a parar los segundones y aquellos que, por no poderse adaptar al m√©todo y rigor del trabajo manual, buscaban mejor manera de ganarse su sustento, o tambi√©n aquellos que hu√≠an de cumplir alg√ļn castigo o condena; muchos de ellos volv√≠an al cabo de a√Īos cargados de heridas, presunci√≥n y vanagloria y se incorporaban a la sociedad organizada sin hallar hueco a su talante aventurero, terminando muchos de ellos como fanfarrones, camorristas o gorrones. El opuesto al soldado y su rival era el sacrist√°n, que ten√≠a m√°s posibilidades econ√≥micas que √©l y m√°s aceptado por las mujeres; tras el bobo, es el personaje m√°s frecuente. El m√©dico es figura muy atacada en el entrem√©s a causa de sus pobres medios de curaci√≥n; se les caracteriza como √°vidos de dinero y de confuso y culto lenguaje, siempre a lomos de una mula para darse tono. El boticario era personaje menos popular, acusado de envenenar y hacer morir a la gente como el m√©dico, y sol√≠a ser un amante rid√≠culo, que cita importunamente medicinas y recetas en sus argumentos amatorios. El escribano era popular y no entre los m√°s agudamente zaheridos, y aparece repetidas veces al lado del alcalde simpl√≥n e ignorante como su contrapunto, aconsej√°ndole lo que debe hacer, en ocasiones en ligera o discreta disputa con √©l. Menos respetado y m√°s maltratado es el letrado, surgido de la fusi√≥n de la nobleza con la burgues√≠a, cuantioso producto de las universidades que ofrec√≠an escapatoria a los hijos de la baja nobleza y de la burgues√≠a y que pod√≠an siempre incorporarse al estado clerical sin m√°s estudios que los proporcionados por las universidades. Aunque encarnaban la aristocracia intelectual del pa√≠s, eran mirados con desprecio por el pueblo. Los criados aparecen frecuentemente, aunque sus intervenciones no son principales; presentan, aunque no siempre, la apariencia de rudos y atontados en contraposici√≥n con el mismo tipo de la comedia, que siempre es inteligente y comedido. Los pajes entremesiles suscitan la risa con su hambre y glotoner√≠a sempiterna y con sus embustes y burlas; son muchachos de ingenua torpeza y aguda picard√≠a. Los estudiantes no aparecen favorecidos: siempre se hallan envueltos en aventuras de amor, ri√Īas nocturnas, duelos, disputas con compa√Īeros y bromas estudiantiles fuera de las horas de estudio. Eran pendencieros, alegres y tunos y proporcionaron a la comedia, a la novela picaresca y a la novela cortesana numerosos episodios y caracteres a la par que enriquecieron el idioma con giros, modismos y frases particulares; en los entremeses son presentados como trampolicantes burlones y aut√©nticos genios de la picard√≠a. Es sin duda el tipo m√°s deformado. Los mesoneros protagonizan un particular mundo de andariegos soldados, mendigos, gente del hampa, campesinos y viajeros a la corte; aparecen de dos maneras: como pobres v√≠ctimas de los hu√©spedes, timados o estafados, o como rateros ellos mismos. De peor catadura eran los venteros, m√°s cobardes que aquellos, m√°s ladrones y de perversas y torcidas intenciones las m√°s veces; est√°n en concordia y buena amistad con las gentes de mal vivir. Los hombres aparecen con una impronta de profesi√≥n u oficio, pero a veces tambi√©n con un rasgo de car√°cter dominante: avaros, gorrones, casamenteros o valientes o bravucones que se confunden ya en el XVIII con el militar mismo y se arrugan siempre cuando llega el momento de demostrarlo; son como el guapo de la obra y los romances vulgares. En cuanto al hidalgo es de menguado buen trato en el entrem√©s, como lo fuera en la novela picaresca: pobre en el fondo, fanfarroneando opulencia, digno de conmiseraci√≥n m√°s que de risa, y v√≠ctima de un concepto decadente y deformado de lo que hab√≠a sido una gloriosa clase social; a fines del XVII y en el siglo XVIII desaparece y es sustituido por el vizconde, que hered√≥ todo lo que de rid√≠culo se hab√≠a echado encima al pobre hidalgo y responde a un contacto menos vivo con la realidad social. El poeta es tan pobre como el hidalgo y es caracterizado por su man√≠a de reducirlo todo a verso. El marido ofrec√≠a amplio campo al entrem√©s en sus facetas de cornudo, cartujo, burlado, celoso o embebido en las man√≠as de su mujer; es un campesino o un ciudadano que se guarnece de la siempre veleidosa mujer que le ha tocado quitar el sue√Īo.

En la corte se mezclaban adem√°s genes de todo pelaje y la m√°s diversa condici√≥n: los franceses eran frecuentes en los oficios de caldereros, amoladores, buhoneros y castradores; los flamencos eran m√°s raros; los indianos eran siempre ricos inocentes, caballos blancos que desplumar y siempre avaros; los portugueses, sin apenas avariantes, siempre enamorados y enamoradizos, bravucones, parlanchines, altaneros y dados a cantar; los negros seseantes y de lenguaje tenebroso salen casi siempre, cuando no son personajes, en los bailes, danzas y coplas; los gallegos son caracterizados por su servilismo y avaricia; los gitanos, como los negros, salen solamente cuando hay que bailar o en la c√°rcel, o con alguna gitanilla graciosa; los monta√Īeses, siempre a cuentas con su hidalgu√≠a y anticuados y risibles valores de figur√≥n. Todos ellos son ampliamente caracterizados por su lenguaje de sonidos mal articulados o vocablos mal interpretados.

De antigua raigambre es el personaje del ciego o coplero, siempre mascullando la oración oportuna al caso y en pugna con los otros colegas del oficio que le ocupan un puesto de más negocio; su psicología mezcla la picardía, la mala intención y el mercantilismo de la devoción con la buena fe y a veces la ingenuidad.

Por debajo de todo este mundo estaba el de la german√≠a, mundo de la delincuencia y el hampa s√≥rdido, misterioso y alucinante que comprend√≠a otro lenguaje en jerigonza; para ser de la german√≠a hac√≠a falta haber sido azotado alguna vez p√ļblicamente, condenado a galeras o haber estado en el saco o trullo; el burdel era el centro de operaciones.

La mujer se daba en dos tipos: la recogida en los ambientes honestos del hogar y la familia y sumisa y bondadosa en un ambiente de valores tradicionales, o la suelta que iba a todas partes, pertenecía a cualquier clase social, que se impone por su sensualidad o que es llevada a la vida alegre por la avaricia. Si eran de alta clase social y tenían clientela urbana y de estado noble o distinguido eran cortesanas; si no, eran busconas de calle que pululaban por las diversiones populares, incluidas las afueras del corral de comedias. Se les caracteriza por su ingenioso lenguaje y facultad de animar el cotarro con su ingenio chispeante y despejo y desenvoltura. En su fase final tanto unas como otras van a dar en celestinas o alcahuetas. La buscona era zaherida por su avaricia, vicio y artes. La fregona es otro tipo femenino frecuente, de origen campesino y burdas y primitivas maneras. La beata hipócrita es también blanco de sátira más o menos directa. También tienen lugar en el cosmos del entremés la mujer redicha, la hechicera, la gitana graciosa, la mujer prudente (apenas representada), la graciosa, la embaucadora, la celosa.

Autores

Los m√°s originales creadores de entremeses son Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo y Luis Qui√Īones de Benavente.

Destacaron también Luis Vélez de Guevara, Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, Alonso de Castillo Solórzano, Antonio Hurtado de Mendoza, Francisco Bernardo de Quirós, Jerónimo de Cáncer, Pedro Calderón de la Barca, Vicente Suárez de Deza, Sebastián Rodríguez de Villaviciosa, Agustín Moreto, Francisco Bances Candamo, Antonio de Zamora y Francisco de Castro.

Colecciones de entremeses

Desde temprano apercibieron los impresores el gran negocio que era recopilar colecciones de entremeses. Una de las m√°s tempranas fue Entremeses nuevos de diversos autores (Zaragoza: Pedro Lanaja, 1640). Siguieron Entremeses nuevos de diversos autores para honesta ecreaci√≥n (Alcal√° de Henares: Francisco Ropero, 1643); Ramillete gracioso, Valencia, 1643; Teatro Po√©tico repartido en veinti√ļn entremeses nuevos, Zaragoza, 1651; Flor de entremeses y sainetes de diferenes autores, Madrid, 1653; Teatro po√©tico repartido en veinti√ļn entremeses nuevos escogidos de los mejores ingenios de Espa√Īa (Zaragoza: Juan de Ybar, 1658); Laurel de entremeses varios (Zaragoza: Juan de Ybar, 1660); Rasgos del ocio (Madrid: Jos√© Fern√°ndez de Buend√≠a, 1661, reimpreso en 1664); Tardes apacibles de gustosos entretenimiento repartidas en varios entremeses (Madrid: Andr√©s Garc√≠a de la Iglesia, 1663); Navidad y Corpus Christi (Madrid: Jos√© Fern√°ndez de Buend√≠a, 1664); Ociosidad entretenida en varios entremeses, bailes, loas y j√°caras (Madrid: Andr√©s Garc√≠a de la Iglesia, 1668); Verdores del Parnaso en veinte y seis entremeses (Madrid: Domingo Garc√≠a Morras, 1668); Parnaso nuevo (Madrid: Andr√©s Garc√≠a, 1670); Ramillete de sainetes escogidos (Zaragoza: Diego Dormer, 1672); Vergel de entremeses y conceptos de donaire (Zaragoza: Diego Dormer, 1675); Flor de entremeses, bailes y loas (Zaragoza: Diego Dorner, 1676); La mejor flor de entremeses que hasta hoy ha habido (Zaragoza: Herederos de Diego Dorner, 1679); Floresta de entremeses y rasgos de ocio a diferentes asumptos (Madrid: Viuda de Josep Fern√°ndez de Buend√≠a, 1680); Floresta de entremeses y rasgos de ocio a diversos asuntos (Madrid: Antonio de Zafra, 1691); Verdores del Parnaso en diferenes entremeses (Pamplona: Juan Mic√≥n, 1697); Arcadia de entremeses (Pamplona, 1700); Libro de entremeses de varios autores (Madrid, 1700); Ramillete de entremeses de diverentes autores (Pamplona, 1700); Flores del Parnaso cogidas para recreo del entendimiento por los mejores ingenios de Espa√Īa en loas, entremeses y mojigangas (Zaragoza, sin a√Īo, pero 1708); Arcadia de entremeses (Madrid, 1723); Chistes del gusto por varios ingenios de Espa√Īa (Madrid: Jos√© Rivas, 1742, 2 vols.) etc√©tera.

Bibliografía

  • Eugenio Asensio Asensio, Itinerario del entrem√©s. desde Lope de Rueda a Qui√Īones de Benavente. Con cinco entremeses in√©ditos de D. Francisco de Quevedo. Madrid: Gredos, 1971.
  • Emilio Cotarelo y Mori, Bosquejo hist√≥rico del entrem√©s, la loa, el baile, la j√°cara y la mojiganga, hasta mediados del siglo XVIII. Madrid: Nueva Biblioteca de Autores Espa√Īoles, 1911. Tomos XVII y XVIII.
  • Antolog√≠a del entrem√©s (desde Lope de Rueda hasta Antonio de Zamora). Siglos XVI y XVII. Selecci√≥n, estudio preliminar y notas de Felicidad Buend√≠a. Madrid: Aguilar, 1965.
Obtenido de "Entrem%C3%A9s"

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Sinónimos:

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