Estados Pontificios

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Estados Pontificios

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Stati della Chiesa
Estados Pontificios
752‚Äď1870

Flag of the Papal States (1808-1870).svg ‚Üí Flag of Italy (1861-1946).svg ‚Üí

Bandera Escudo
Bandera Escudo
Ubicación de Estados Pontificios
Mapa de los Estados Pontificios; el √°rea rojiza fue anexionada al Reino de Italia en 1860, el resto (en color gris) en 1870.
Capital Roma
Gobierno Monarquía
Historia
 ‚ÄĘ Establecido 752
 ‚ÄĘ Disoluci√≥n 1870

Los Estados Pontificios o ¬ęEstados de la Iglesia¬Ľ estuvieron formados por un conglomerado de territorios b√°sicamente centros italianos que se mantuvieron como un estado independiente entre los a√Īos 752 y 1870 bajo la directa autoridad civil de los papas, y cuya capital fue Roma.

Contenido

Origen

Desde que se instituy√≥ la sede episcopal de Roma, los fieles, y en mayor medida los emperadores cristianos, fueron donando a la Iglesia romana cuantiosos bienes territoriales, algunos de ellos constitutivos de importantes extensiones de terreno. Estas posesiones, m√°s otras de car√°cter inmueble, vinieron a integrar lo que se conoci√≥ como Patrimonio de San Pedro, y estuvieron diseminadas por toda Italia e incluso fuera de ella. Su administraci√≥n, aunque no convirti√≥ inicialmente a los papas en jefes de Estado, les confiri√≥ no obstante aut√©nticas prerrogativas civiles y pol√≠ticas reconocidas por la Pragm√°tica Sanci√≥n de 554 promulgada por el emperador Justiniano I (una vez que, tras la conquista de Belisario, Roma volv√≠a a estar bajo la soberan√≠a de los emperadores, tras el interregno h√©rulo y ostrogodo), entre otras la de poseer una fuerza militar que lleg√≥ a constituir un respetable ej√©rcito puesto en acci√≥n en m√ļltiples ocasiones, en no pocas bajo el mando del propio pont√≠fice-caudillo. Por otro lado, muchos de los papas proced√≠an de las clases dominantes romanas y ejercieron simult√°neamente el cargo episcopal y el de gobernante civil de la Ciudad Eterna. Tal fue el caso de Gregorio Magno (590 ‚Äď 604), hombre avezado en el desempe√Īo de funciones pol√≠ticas pues hab√≠a ostentado anteriormente el cargo de prefecto de la propia ciudad (prefectus Urbis) y pertenec√≠a a una familia de patricios romanos.

Creación de los Estados Pontificios

La formación de los Estados Pontificios.
La donaci√≥n de Pipino el Breve por el Tratado de Quierzy, al Papa Esteban II, en el a√Īo 756.

Carlos Martel, en el 741, dividi√≥ el territorio del Pueblo franco en dos partes, una para Carloman y otra para Pipino (sus dos hijos). Carloman abdic√≥ en el 747 para convertirse en monje. Cuatro a√Īos despu√©s, Pipino (conocido como el Breve por su corta estatura), confin√≥ en un monasterio al √ļltimo descendiente de Clodoveo, el joven Childerico III; y fue proclamado por la nobleza rey de los francos, y se convirti√≥ en el fundador de la Dinast√≠a Carolingia.

Pipino no solo fue rey por elecci√≥n, sino que adem√°s recibi√≥ la bendici√≥n de la Iglesia. Obtuvo del papa Zacar√≠as un mandato, seg√ļn el cual, quien detentaba el poder, pod√≠a asumir el t√≠tulo de rey ‚Äú por la gracia de Dios‚ÄĚ, ungido como David en el Antiguo Testamento.

A partir de ah√≠ se produjeron nuevas conexiones entre el Papado y la monarqu√≠a carolingia. Roma se vio amenazada por los Lombardos, cuyo ej√©rcito cerc√≥ la ciudad mientras el papa Esteban II solicitaba in√ļtilmente ayuda al emperador de Bizancio. Denegado el auxilio bizantino, el papa pidi√≥ a Pipino una intervenci√≥n urgente. El Rey franco realiz√≥ dos incursiones en Italia, forz√≥ a los lombardos a abandonar el asedio de Roma y les oblig√≥ a devolver sus conquistas. Finalizado el conflicto, los territorios situados en la Roma√Īa y las Marcas no fueron restituidos al control de Bizancio, sino que fueron conferidos al papa -donaci√≥n de Pipino, en el a√Īo 756-, como leg√≠timo representante del poder imperial. Este tratado destruy√≥ a los lombardos, y a su vez permiti√≥ la constituci√≥n del Estado Pontificio independiente de todo poder temporal y base del futuro poder de la Iglesia Romana.

Pero los Estados de la Iglesia no se originan hasta el pontificado de Esteban II, hacia 752. La tutor√≠a del Imperio Bizantino sobre Roma y su sede pontificia estaba declinando desde principios del siglo VIII. El distanciamiento respecto al imperio de Oriente se hizo cada vez m√°s patente y profundo con visos de aut√©ntica ruptura, como cuando el papa Constantino I, enfrent√°ndose al emperador Fil√≠pico Bardanes, al que tild√≥ de hereje, lleg√≥ a dirigir sus armas contra el exarca bizantino. En aquel clima de tensi√≥n, siendo de temer la ofensiva del lombardo Astolfo contra Roma tras haberse apoderado √©ste de R√°vena, el papa Esteban acude, en demanda de socorro, a los francos. Su rey, Pipino el Breve, se lo presta. La intervenci√≥n de los francos apacigu√≥ a Astolfo, quien acept√≥ traspasar R√°vena a la ¬ęRep√ļblica Romana¬Ľ. Pero retirados aquellos, el rey lombardo incumpli√≥ su compromiso y, por a√Īadidura, puso sitio a Roma. Nueva llamada del papa al reciente protector franco y nueva acci√≥n de √©ste en su auxilio. Sometidos, por fin, los lombardos con la intervenci√≥n de Pipino, √©ste hizo entrega al papa del antiguo exarcado de R√°vena (R√°vena, Ferrara, Bolonia, ...), de la Pent√°polis (obispados de R√≠mini, P√©saro, Fano, Senigallia y Ancona) y de la regi√≥n de Roma, confiriendo al sumo pont√≠fice el dominio temporal de un estado que, con algunas variaciones geogr√°ficas, hab√≠a de perdurar durante m√°s de once siglos, hasta 1870. Esteban II fue Papa del a√Īo 752 al 757. Al poco tiempo de ocupar el solio, Esteban vio en peligro la libertad de Roma a la llegada de Astolfo (749-756) tras la conquista de R√°vena. Astolfo hab√≠a prometido una tregua de 40 a√Īos, pero no la respet√≥ sino que decidi√≥ exigir impuestos anuales de cada habitante de Roma, a la que consideraba su feudo. Al mismo tiempo, rechaz√≥ diversas peticiones que le hizo un emisario de Bizancio, acompa√Īado, por Pablo, hermano del Papa, para que restituyera los territorios imperiales de los que se hab√≠a adue√Īado. Ante tantos fracasos, el Papa pidi√≥ ayuda al emperador Constantino V (741-775), pero tampoco logr√≥ mucho, de suerte que opt√≥ por dirigirse finalmente a Pepino III, rey de los francos (751-768), as√≠ como antes Gregorio III se hab√≠a dirigido en su momento a Carlos Martel el a√Īo 739. Pepino dio una respuesta afirmativa y al mismo tiempo envi√≥ dos emisarios al Papa para escoltarlo. El 6 de enero del 754 Esteban II fue acogido obsequiosamente por Pepino en Ponthi√≥n. Esteban volvi√≥ a suplicar al rey para que liberara al pueblo de los longobardos. El resultado de este encuentro fue el compromiso de Pepino de proteger la iglesia romana y las prerrogativas del Papa, y prometi√≥ por escrito que garantizar√≠a como leg√≠timas las posesiones de San Pedro, adem√°s del ducado de Roma, R√°vena, el hexarcado y otras ciudades, m√°s otras √°reas vastas de la Italia del norte y central. Algunos opinan que Esteban hizo sus reivindicaciones bas√°ndose en la as√≠ llamada "Donaci√≥n de Constantino", pero no hay datos de ello. El 28 de julio del 754 el papa, aunque enfermo, ungi√≥ solemnemente a Pepino en San Denis cerca de Par√≠s, y as√≠ se sellaba la legitimidad de la dinast√≠a, y confiri√≥ al rey y a los suyos el t√≠tulo de "Patricios de los Romanos". Pepino derrot√≥ dos veces al rey longobardo en agosto del 754 y finalmente en junio del 756. Los funcionarios bizantinos alegaron que los territorios pertenec√≠an a su emperador, pero Pepino replic√≥ que hab√≠a tomado las armas s√≥lo por amor al sucesor de San Pedro y por la remisi√≥n de sus pecados, de suerte que no estaba dispuesto a entregar sus conquistas a ning√ļn otro que al "ap√≥stol". Seguidamente don√≥ perpetuamente R√°vena las ciudades del hexarcado, la pent√°polis, la Emilia a "San Pedro" y a la Iglesia romana.

Sin embargo, el peligro lombardo no hab√≠a quedado definitivamente conjurado por las acciones militares de Pipino el Breve. El rey Desiderio invadi√≥ los Estados Pontificios y aun la misma Roma. Adriano I, Papa a la saz√≥n (774), invoc√≥ de nuevo en este trance a los francos para que le dispensen su protecci√≥n, y, como a√Īos atr√°s hiciera su padre, acudi√≥ ahora Carlomagno en ayuda de la Santa Sede. El resultado fue la restituci√≥n de los bienes de la Iglesia y la promesa, no cumplida, de anexi√≥n de otros territorios. En todo caso, la mayor parte de la Italia central qued√≥ constituida en un estado independiente bajo el gobierno de los papas. En agradecimiento, el Papa coron√≥ a Carlomagno como emperador de Occidente en el a√Īo 800.

El periodo medieval

Desaparecido el Imperio Carolingio, el autoproclamado rey de Italia, Berengario II, amenaz√≥ las posesiones eclesi√°sticas. El papa Juan XII requiri√≥ el amparo de Ot√≥n el Grande, quien dobleg√≥ al hostigador y entr√≥ triunfante en Roma. All√≠, en la Bas√≠lica de San Pedro, el papa restableci√≥ la dignidad imperial, coronando a Ot√≥n como emperador del Sacro Imperio Romano Germ√°nico el 2 de febrero de 962,[1] mientras que Ot√≥n, por su parte, ratific√≥ la potestad de la Iglesia sobre los Estados Pontificios mediante el ¬ęPrivilegium Othonis¬Ľ.

La Italia meridional nunca form√≥ parte de los Estados Pontificios, pero s√≠ estuvo sujeta a vasallaje de √©stos durante el periodo de dominaci√≥n normanda. En 1059, mediante el concordato de Melfi, dimanado del concilio celebrado en esta ciudad, el papa Nicol√°s II otorgaba a Ricardo de Aversa la investidura del principado de Capua, y a Roberto Guiscardo la del ducado de Apulia y de Calabria, as√≠ como, para un futuro, del se√Īor√≠o de Sicilia. Como contrapartida a la unci√≥n papal con que se vieron dignificados, se compromet√≠an √©stos a prestar vasallaje al sumo pont√≠fice en todo momento. Roberto Guiscardo se mostr√≥ imparable en sus conquistas y en pocos a√Īos ocup√≥ toda Sicilia y tomando a los musulmanes Palermo y Mesina, y a los bizantinos directamente Bari y Brindisi, y bajo su soberan√≠a te√≥rica Amalfi y Salerno. Cuando en 1080 Gregorio VII precis√≥ el auxilio militar del normando le otorg√≥ su apost√≥lico benepl√°cito a las conquistas a cambio de una formal declaraci√≥n de vasallaje hacia la Santa Sede sobre todos los territorios ganados.

En las postrimer√≠as del pontificado de Inocencio II, hacia 1143, coincidiendo con el movimiento reivindicativo municipal que se extend√≠a por todas las ciudades de Italia, el Senado romano se hizo con buena parte del poder civil de los papas. El sucesor de Inocencio, Lucio II intent√≥ restablecer por las armas el orden anterior y atac√≥ el Capitolio al frente de un ej√©rcito, pero el Senado le infligi√≥ una severa derrota. Arnaldo de Brescia se puso al frente de la revoluci√≥n popular y senatorial romana. Bajo su liderazgo se pidi√≥ que el papa depusiera todo poder temporal, y que √©l mismo y el resto del clero entregasen sus posesiones territoriales. Roma se apart√≥ de la obediencia civil al papa y se declar√≥ nueva rep√ļblica. Federico Barbarroja devolvi√≥ al papa Adriano IV el gobierno de los Estados Pontificios cuando, deseando ser coronado emperador en Roma de manos del pont√≠fice, entr√≥ en 1155 en la ciudad con un potente ej√©rcito y apres√≥ y ejecut√≥ a Arnaldo de Brescia. No obstante, fue el propio Federico quien, en aras de una pol√≠tica expansionista que aspiraba al control de toda Italia, puso a√Īos despu√©s a los papas en grave riesgo de perder sus posesiones.

Inocencio III dio un impulso decisivo a la consolidaci√≥n y engrandecimiento de los Estados Pontificios. Someti√≥ definitivamente al estamento municipal romano y priv√≥ de poderes al senado de la urbe. Recuper√≥ el pleno dominio de aquellos territorios pertenecientes al patrimonio de San Pedro que el emperador hab√≠a entregado a mandatarios germ√°nicos, expulsando a los usurpadores de la Roma√Īa, del marquesado de Ancona, del ducado de Spoleto y de las ciudades de As√≠s y de Sora. Por la fuerza de las armas precedida de la excomuni√≥n eclesi√°stica se incaut√≥ de los territorios en litigio que hab√≠an constituido las posesiones de la condesa Matilde de Toscana y que, presumiblemente, hab√≠an sido legados como herencia a la Santa Sede, pero que permanec√≠an en posesi√≥n de vasallos del emperador. De esta forma obtuvo el reconocimiento por parte de las ciudades de Toscana de su soberan√≠a, y con ello el norte de Italia sacud√≠a el dominio germ√°nico y ca√≠a bajo la √≥rbita de la autoridad pontificia. Por a√Īadidura, como consecuencia de la cruzada llevada a cabo contra los albigenses en el Mediod√≠a franc√©s, hab√≠a logrado de Raimundo VI de Tolosa la cesi√≥n de siete castillos en la regi√≥n de Provenza, patrimonio que se incorpor√≥ al de la Iglesia y que luego, en 1274, ser√≠a trocado mediante acuerdo entre Gregorio X y el rey Felipe III el Atrevido por el condado de Venasque, regi√≥n que comprende las tierras que se extienden entre el R√≥dano, el Durance y el Monte Ventoux.

Los Estados Pontificios volvieron a pasar por un dif√≠cil trance durante el imperio de Federico II (1215-1251). Due√Īo del reino de las Dos Sicilias e incorporadas al imperio Lombard√≠a y Toscana tras la derrota de la liga lombarda en 1239, Federico se propuso anexionar igualmente el patrimonio de San Pedro para acaparar el dominio de toda Italia. March√≥ sobre Roma, de donde se vio obligado a huir el papa Gregorio IX, se pase√≥ desafiante y sin oposici√≥n por toda Italia, nombr√≥ gobernador del territorio peninsular a su hijo Enzio y √©l mismo se erigi√≥ en se√Īor de los Estados Pontificios. El a√Īo 1253, dos despu√©s de la muerte del emperador, el papa Inocencio IV pudo regresar a Roma desde su exilio franc√©s y retomar el gobierno de la ciudad y del resto de los dominios eclesi√°sticos.

Los Estados Pontificios no pod√≠an sustraerse a los acontecimientos que se estaban produciendo en la convulsa Italia de mediados del siglo XIV. Sin contar con la desvinculaci√≥n de algunos feudos tradicionales de la corte romana, como Sicilia, en poder ahora de la Corona de Arag√≥n, o el reino de N√°poles, bajo la autoridad de la casa de Anjou, el propio estado pontificio estaba en descomposici√≥n. As√≠ lo pon√≠an de manifiesto casos como el de Giovanni di Vico, que se hab√≠a erigido en se√Īor de Viterbo tras hacerse con una extensa zona territorial perteneciente al papa; o el de la insumisi√≥n en que se encontraba el ducado de Spoleto; o el de la f√°ctica independencia del marquesado de Ancona; o el de la privatizaci√≥n de Fermo llevada a cabo por Gentile de Mogliano y la de Camerino por Ridolfo de Varano; o el de la abierta rebeld√≠a de los Malatesta; o el de Francesco degli Ordelaffi, que se hab√≠a hecho con una gran parte de la Roma√Īa; o el de Montefeltro que se√Īoreaba los distritos de Urbino y Cagli; o el de la ciudad de Senigallia apartada de la obediencia papal; o el de Bernardino y Guido de Polenta, que se hab√≠an adue√Īado de R√°vena y de Cervia, respectivamente; o el de Giovanni y Riniero Manfredi que hab√≠an hecho lo propio con Faenza; o el de Giovanni d‚ÄôOllegio que manten√≠a bajo su posesi√≥n la ciudad de Bolonia. Era precisa una actuaci√≥n resuelta y aplastante contra todos aquellos rebeldes si se quer√≠a reunificar el patrimonio de San Pedro. Aprovechando la presencia en Avi√Ī√≥n del espa√Īol Gil de Albornoz, arzobispo de Toledo y avezado militar, que hab√≠a participado con las huestes de Alfonso XI de Castilla en la Batalla del Salado y en el sitio de Algeciras, Clemente VI le elev√≥ al cardenalato y le confi√≥ la misi√≥n de reclutar un ej√©rcito. Dos a√Īos despu√©s (1353), entronizado ya Inocencio VI, portando una bula por la que se le nombraba legado papal plenipotenciario para los Estados Pontificios, se aplic√≥ Gil de Albornoz a la misi√≥n encomendada, consiguiendo militarmente todos sus objetivos. Recuper√≥ cuantos territorios hab√≠an sido usurpados y dobleg√≥ a los altivos cabecillas de la insubordinaci√≥n italiana; los estados de la Iglesia volv√≠an, agrupados, a la obediencia del papa. Albornoz tambi√©n redact√≥ y puso en pr√°ctica el primer marco jur√≠dico espec√≠fico para los Estados Pontificios, las Constitutiones Aegidianae (las Constituciones Egidianas ‚Äďpor Egidio, esto es, por Gil) que siguieron en funcionamiento hasta los Pactos de Letr√°n (1929) que fundan la Ciudad del Vaticano.

La época del Renacimiento

En los albores del siglo XVI, cuando las naciones europeas consegu√≠an unificarse y sus monarcas asum√≠an el poder absoluto de las mismas, no era la iglesia de Roma la √ļnica que advert√≠a que la descomposici√≥n multise√Īorial italiana y las pugnas entre sus heterog√©neos y mal avenidos estados eran caldo de cultivo para las intervenciones de franceses, alemanes y espa√Īoles, ni tampoco era la √ļnica que tem√≠a, de otra parte, que la implantaci√≥n de un estado √ļnico nacional le privara de los derechos gubernamentales sobre su propio territorio, lo que, en el caso de la iglesia, supondr√≠a la p√©rdida de su jurisdicci√≥n temporal. A cada pr√≠ncipe italiano, y al papa como otro m√°s de los jefes de estado, s√≥lo le hubiera satisfecho ser √©l el l√≠der unificador de toda la pen√≠nsula en torno a sus dominios; pero la iglesia, por su talante ecum√©nico y su tradici√≥n teocr√°tica universal, estaba en mejores condiciones que sus posibles competidores para llevar a cabo aquel cometido. Con este √°nimo de potenciales monarcas absolutos de una Italia unida y centralista ejercieron los papas renacentistas su jefatura de estado.

La singularidad de Alejandro VI (el papa Borgia) estriba en que conceb√≠a la organizaci√≥n papal como una monarqu√≠a personalista y ansiaba la formaci√≥n de un reino centroitaliano desvinculado de la Santa Sede, cuya corona descansase sobre la cabeza de alguno de sus hijos. A tal efecto, decidi√≥ subyugar a los tiranos locales, vasallos nominales de Roma pero que gobernaban a su antojo sus respectivos feudos. Con su hijo Juan, duque de Gand√≠a, a la cabeza de los ej√©rcitos pontificios fueron cayendo los castillos de Cervetri, Anguillara, Isola y Trevignano, acciones por las que le nombr√≥ duque de Benevento y se√Īor de Terracina y Pontecorvo. Cuando Juan muri√≥ asesinado, el papa encomend√≥ la capitan√≠a de sus ej√©rcitos a otro de sus hijos: C√©sar Borgia. Con la ayuda militar francesa, Cesar tomaba en 1499 las ciudades de Imola y Forl√≠ gobernadas por Catalina Sforza, y luego la de Cesena. M√°s tarde se apoder√≥ de R√≠mini, se√Īoreada por Pandolfo Malatesta y de Faenza, de Piombino y su anexa Isla de Elba, de Urbino, Camerino, Citt√† di Castello, Perusa y Fermo, y por fin de Senigallia. De todo ello pasaba a ser due√Īo el hijo del papa a quien √©ste hab√≠a nombrado soberano de la Roma√Īa, Marcas y Umbr√≠a.

El empe√Īo del papa Julio II (1503-1513) consisti√≥ en devolver a la Iglesia las posesiones de que los Borgia se hab√≠an apropiado. En algunos casos lo consigui√≥ con facilidad; en otros por la fuerza de las armas. Perusa y Bolonia quedaron reintegradas en los Estados Pontificios de esta manera en 1506. Venecia amenazaba con competir con el Vaticano por el dominio de Italia; para atajar este peligro, Julio II form√≥ la Liga de Cambrai con la intervenci√≥n de Francia, Espa√Īa, el Sacro Imperio, Hungr√≠a, Saboya, Florencia y Mantua. Venecia no pudo oponer resistencia a tan potente enemigo y result√≥ derrotada en la batalla de Agnadello en 1509, dejando al papa sin rival. Con la ayuda de Espa√Īa trat√≥ luego de desembarazarse de la presencia en suelo italiano de los franceses, due√Īos de G√©nova y Mil√°n. Lo consigui√≥ tras dura lucha, pero lo que nunca lograr√≠a es liberar a Italia del dominio espa√Īol que perdurar√≠a intensa y prolongadamente, en especial durante los reinados de Carlos I y Felipe II, aunque √©stos nunca acrecentaron sus posesiones a costa de los Estados Pontificios. Por el contrario, Felipe II, si bien contra sus deseos, no impidi√≥ que el papa Clemente VIII anexionase a los bienes de la Iglesia la ciudad de Ferrara en 1597.

Mapa de Italia en 1796, mostrando los Estado Pontificios antes de las guerras Napoleonicas que cambiaron el mapa de Italia.
Los Estado Pontificios en 1806.

Movimientos revolucionarios

El condado Venesino y Avi√Ī√≥n pertenec√≠an a los Estados Pontificios, formando un enclave en suelo franc√©s. Estas posesiones fueron confiscadas durante la Revoluci√≥n Francesa, siendo papa P√≠o VI (1775-1799).

La invasi√≥n napole√≥nica de Italia en 1797 no se detuvo ante las puertas de Roma: un a√Īo despu√©s las tropas francesas entraban en la ciudad. Unidos a los franceses, los revolucionarios italianos exigieron del papa la resignaci√≥n de su soberan√≠a temporal. El 7 de marzo de 1798 se declar√≥ la Rep√ļblica Romana y el papa fue apresado y deportado a Francia. Napole√≥n Bonaparte quiso regularizar las relaciones con la Iglesia, lo que qued√≥ plasmado en el Concordato que Francia y la Santa Sede firmaron en 1801. El papa ‚Äďlo era entonces P√≠o VII‚Äď regres√≥ a Roma, de donde retorn√≥ a Par√≠s para coronar emperador a Napole√≥n en 1804. Pero pronto el papa supuso un estorbo en los planes del emperador, quien en 1809 se adue√Ī√≥ de los Estados Pontificios, los incorpor√≥ al Imperio franc√©s y retuvo a P√≠o VII como prisionero en Savona. Tras las derrotas de Napole√≥n, el papa pudo retomar sus posesiones en 1814, siendo reconocida en el Congreso de Viena de 1815 la pervivencia de los Estados Pontificios dentro del nuevo orden europeo, aunque con una ligera merma territorial que fue a parar a poder del Imperio Austr√≠aco.

El esp√≠ritu revolucionario franc√©s se extendi√≥ tambi√©n por Italia. En 1831, el mismo a√Īo en que era nombrado papa Gregorio XVI, estall√≥ un levantamiento en M√≥dena, seguido de otro en Reggio y poco despu√©s en Bolonia, donde se arri√≥ la bandera papal y se iz√≥ en su lugar la tricolor. En cuesti√≥n de semanas todos los Estados Pontificios ard√≠an en la hoguera revolucionaria y se proclamaba un gobierno provisional. En torno a la Marca se creaba el ¬ęEstado de las Provincias Unidas¬Ľ de la Italia central. Gregorio XVI no contaba con efectivos militares suficientes para contener un movimiento de aquellas proporciones; necesit√≥ de la ayuda extranjera, que en esta ocasi√≥n le vino de Austria. En febrero de 1831 las tropas austriacas entraban en Bolonia forzando la salida del ¬ęgobierno provisional¬Ľ que se refugi√≥ en Ancona; en dos meses la rebeli√≥n qued√≥ de momento sofocada. Con verdadera urgencia se dieron cita en Roma representantes de Austria, Rusia, Inglaterra, Francia y Prusia, las cinco grandes potencias del momento, para analizar la situaci√≥n y elaborar un dictamen sobre las reformas que a su juicio era necesario introducir en la administraci√≥n de los Estados Pontificios. No todas las sugerencias realizadas en tal sentido fueron aceptadas por Gregorio XVI, pero s√≠ las suficientes como para que los cambios en materia de justicia, administraci√≥n, finanzas y otras fuesen palpables.

A pesar de ello, estos peque√Īos logros no fueron suficientes para satisfacer las demandas de los exaltados revolucionarios. A finales de ese mismo a√Īo de 1831 la rebeli√≥n se propagaba otra vez por los estados de la Iglesia. Las tropas austriacas, cuya presencia constitu√≠a una garant√≠a de estabilidad y orden, hab√≠an regresado a sus bases de origen; fue preciso pedir de nuevo su intervenci√≥n, cosa que llev√≥ a cabo sol√≠citamente el general Radetzky. Unidas sus fuerzas a las del papa fue tarea f√°cil tomar Cesena y Bolonia, focos de la protesta revolucionaria. Francia, por su parte, despleg√≥ algunos destacamentos en Italia y ocup√≥ Ancona que fue desalojada en 1838. Despu√©s de unos a√Īos de calma la agitaci√≥n revolucionaria se hizo notar en 1843 en Roma√Īa y Umbr√≠a. En 1845 fuerzas sublevadas se apoderaron de la ciudad de R√≠mini. Pudieron ser desalojadas aunque no reducidas, de forma que, si bien abandonaron R√≠mini, llevaron la revoluci√≥n a Toscana.

Unificación Italiana y fin de los Estados Pontificios

Pío IX.
Artículo principal: Unificación de Italia

Los aires revolucionarios que soplaban con fuerza por toda Italia derivaron en corrientes impulsoras de la unidad nacional. El rey sardo-piamont√©s Carlos Alberto asumi√≥ las iniciativas en pro de tal unidad y declar√≥ la guerra a Austria. El papa P√≠o IX, que hab√≠a sido entronizado en 1846, no quiso unirse a la causa, actitud que no le perdon√≥ el pueblo romano. Estall√≥ la rebeli√≥n y P√≠o IX tuvo que huir de Roma en noviembre de 1848. Se aboli√≥ el poder temporal del papa y se proclam√≥ la II Rep√ļblica Romana. Se organiz√≥ un contingente militar aportado por diversas naciones cat√≥licas y el 12 de abril de 1850 el papa regresaba a Roma, abolida la ef√≠mera rep√ļblica. En el verano de 1859 algunas ciudades de la Roma√Īa se levantaron contra la autoridad del papa y adoptaron la plebiscitaria resoluci√≥n de anexionarse al Piamonte, lo que se llev√≥ a efecto en marzo de 1860. Ese mismo a√Īo, V√≠ctor Manuel solicit√≥ formalmente del papa la entrega de Umbr√≠a y de Marcas, lo que P√≠o IX rehus√≥ hacer. Las tropas piamontesas se enfrentaron a las del papa, que resultaron derrotadas en Castelfidardo (18 de septiembre) y en Ancona (30 de septiembre). La iglesia se vio despose√≠da de aquellas regiones que, en uni√≥n de la de Toscana, de Parma y de M√≥dena -√©stas por voluntad propia expresada mediante plebiscitos-, se anexionaron al creciente reino de Piamonte-Cerde√Īa (noviembre de 1860), que pasaba a denominarse reino de Italia del Norte. Los Estados Pontificios quedaban definitivamente desmembrados y reducidos a la ciudad de Roma y su entorno, donde el papa, bajo la protecci√≥n de las tropas francesas, sigui√≥ por el momento ejerciendo su declinada autoridad civil.

En 1870 estalló la Guerra Franco-prusiana y el emperador francés Napoleón III precisó disponer de todos los efectivos militares, incluidas las unidades de guarnición en Roma. Italia fue aliada de Prusia en esta contienda, por lo que contó con el beneplácito del Canciller de Alemania Otto von Bismarck para actuar sin reparos contra las posesiones del pontífice profrancés. Pío IX reunió ocho mil soldados en un desesperado intento de resistir, pero el insuficiente ejército papal no pudo contener a las divisiones italianas que marcharon patrióticamente enardecidas sobre Roma. El 20 de septiembre de 1870 entraban en la capital del flamante reino de Italia en cuyo palacio del Quirinal establecía su corte el rey Víctor Manuel II.

Desde el comienzo de su pontificado el Papa P√≠o IX se vio envuelto en la vor√°gine hist√≥rica que signific√≥ el proceso de unificaci√≥n de Italia. √Čsta implicaba necesariamente el fin de los Estados Pontificios, a lo que P√≠o IX se opuso tenazmente. El papa P√≠o IX se autoproclam√≥ prisionero en el Vaticano cuando el reino papal en Roma acab√≥ a la fuerza, los Estados Papales se unieron al resto de Italia para formar el nuevo Reino de Italia unificado bajo el rey V√≠ctor Manuel II y la ciudad se convirti√≥ en la capital.

Tuvieron que pasar 59 a√Īos hasta que, el 11 de febrero de 1929, P√≠o XI y Benito Mussolini suscribieran los Pactos de Letr√°n, en virtud de los cuales la iglesia reconoc√≠a a Italia como estado soberano, y √©sta hac√≠a lo propio con la Ciudad del Vaticano, peque√Īo territorio independiente de 44 hect√°reas bajo jurisdicci√≥n pontificia.

Véase también

Referencias

  1. ‚ÜĎ ¬ęLa Edad Media¬Ľ (en espa√Īol). tatsachen-ueber-deutschland (2006). Consultado el 07/10/2007.

Enlaces externos

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