Francisco de Toledo

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Francisco de Toledo
Francisco de Toledo
Francisco de Toledo

30 de noviembre de 1569 ‚Äď 1 de mayo de 1581
Predecesor Lope García de Castro
Sucesor Martín Enríquez de Almansa

Datos personales
Nacimiento 10 de julio de 1515
Oropesa, Toledo, Espa√Īa
Fallecimiento 21 de abril de 1582
Escalona, Toledo, Espa√Īa
Profesión Político y militar.

Francisco √Ālvarez de Toledo (* Oropesa, 1515 - ‚Ć Escalona, 1582) conocido tambi√©n como "El Sol√≥n Colonial",[1] fue un noble y militar espa√Īol, que lleg√≥ a ser el quinto de los Virreyes del Per√ļ. Ocup√≥ dicho cargo desde el 30 de noviembre de 1569 hasta el 1¬ļ de mayo de 1581, un total de 11 a√Īos y 5 meses. Es una de las figuras m√°s pol√©micas de la historia colonial peruana. Los enjuiciamientos de quienes han estudiado su labor gubernativa son bastante diversos: unos como Roberto Levillier lo elogian como el ‚Äúsupremo organizador‚ÄĚ del virreinato, por darle su adecuada estructura legal, afianzando importantes instituciones coloniales, en torno a las cuales girar√≠a la administraci√≥n del pa√≠s durante unos 200 a√Īos.[2] Otros historiadores como Luis E. Valc√°rcel lo presentan como el ‚Äúgran tirano‚ÄĚ de los indios, sustent√°ndose en determinadas medidas tomadas por este virrey, como la implantaci√≥n de la mita minera (sistema de trabajo obligatorio de los indios en las minas) y la ejecuci√≥n del inca T√ļpac Amaru I.[3]

Contenido

Biografía

Nacimiento y primeros a√Īos

Hijo segundo del II Conde de Oropesa Fernando √Ālvarez de Toledo y Z√ļ√Īiga y de do√Īa y Mar√≠a Pacheco Portocarrero, naci√≥ en el Palacio de los √Ālvarez de Toledo en Oropesa (actualmente Parador Nacional), al tiempo que fallec√≠a su madre, lo que habr√≠a de influir en su talante serio y taciturno. Era descendiente del rey Alfonso XI de Castilla y de Do√Īa Leonor N√ļ√Īez de Guzm√°n (que a su vez era descendiente de la familia de Santo Domingo de Guzm√°n). Sus t√≠as do√Īa Mar√≠a y do√Īa Isabel se encargaron de su crianza.

Al cumplir ocho a√Īos se traslad√≥ a la Corte de Carlos V, para servir como paje de las reinas do√Īa Leonor y do√Īa Isabel. Aprendi√≥ lat√≠n, historia, ret√≥rica y teolog√≠a adem√°s de esgrima, m√ļsica, baile y modales cortesanos.

Al servicio del emperador Carlos I

El emperador Carlos I.

Ten√≠a 15 a√Īos cuando en 1530 Carlos I lo acept√≥ en su casa, acompa√Īando a dicho emperador hasta sus √ļltimos d√≠as en las m√°s variadas circunstancias tanto de paz como de guerra. Se dice que este contacto personal con el monarca, de quien adopt√≥ la prudencia pol√≠tica, el ‚Äúmaquiavelismo‚ÄĚ y la tendencia a buscar contrapesos entre sus colaboradores, le servir√≠a de provechosa experiencia para su labor gubernativa posterior.

En 1535, cuando ten√≠a 20 a√Īos, fue investido con el h√°bito de caballero de la Orden de Alc√°ntara, una orden religioso-militar, y a√Īos despu√©s se le dio en esta corporaci√≥n la encomienda de Acebuchar (1551).

La primera acci√≥n militar en la que intervino fue la expedici√≥n a T√ļnez en 1535, gran triunfo de las tropas imperiales sobre los turcos otomanos a quienes arrebataron dicha plaza del norte africano. Siguiendo al emperador en su recorrido por Europa, Toledo pas√≥ por Roma, donde Carlos I desafi√≥ al rey de Francia Francisco I, lo que desencaden√≥ otra guerra con dicho pa√≠s (la tercera del reinado del emperador), entre los a√Īos 1536-1538. Tras la firma de la paz, Toledo regres√≥ a Espa√Īa y march√≥ mas tarde a Gante (Flandes). Particip√≥ enseguida en la expedici√≥n a Argel, importante plaza turca del norte africano, campa√Īa que culmin√≥ en fracaso debido al mal tiempo (1541).

En los a√Īos siguientes continu√≥ al servicio de las armas imperiales, aunque tambi√©n particip√≥ en las dietas, juntas y concilios. La informaci√≥n que tenemos de este per√≠odo de su vida es confusa. Era una √©poca muy turbulenta, pues adem√°s del embate de los turcos otomanos se produc√≠a el avance del protestantismo en Alemania, regi√≥n bajo √≥rbita imperial. En todo este tiempo Toledo estuvo cerca de Carlos V. Conoci√≥ las negociaciones de Espa√Īa con Inglaterra para iniciar una nueva guerra contra Francia, estuvo en Valladolid cuando Bartolom√© de las Casas present√≥ ante una junta de te√≥logos el texto de la Brev√≠sima relaci√≥n de la destrucci√≥n de las Indias, supo de la redacci√≥n de las Nuevas Leyes de Indias que tanto revuelo provocaron en el Per√ļ, y parti√≥ de Barcelona en 1543 con el emperador, rumbo a Italia y Alemania, durante la cuarta guerra contra Francia. Particip√≥ en las batallas de G√ľeldres y D√ľren.

En 1556 se produjo la abdicaci√≥n de Carlos I y su retiro a Espa√Īa y el 12 de noviembre, camino de Yuste, hizo su entrada en el castillo de Jarandilla, donde fue recibido por Francisco de Toledo y su hermano mayor, el IV Conde de Oropesa; ambos sirvieron al anciano monarca hasta su fallecimiento en 1558.

Los a√Īos siguientes los dedic√≥ Toledo en actividades relacionadas con la Orden de Alc√°ntara. Entre 1558 y 1565 permaneci√≥ en Roma, donde particip√≥ en las discusiones y la definici√≥n de los Estatutos de la Orden, como procurador general.

Nombramiento como Virrey del Per√ļ

Fue mayordomo en la casa del Rey Felipe II (hijo y sucesor de Carlos I), y asisti√≥ en calidad de delegado regio al concilio provincial de Toledo de 1565. Le√≥n G√≥mez Rivas, que ha dedicado un libro (1994) a estudiar la peripecia vital de don Francisco antes de su venida al Per√ļ, pone de relieve el decisivo apoyo que le otorg√≥ el cardenal Diego de Espinosa, presidente del Consejo Real, durante las deliberaciones de la Junta Magna de 1568. Entre los resultados de la junta, donde se tomaron acuerdos importantes sobre la organizaci√≥n administrativa de las Indias, surgi√≥ el nombramiento de Toledo como virrey, gobernador y capit√°n general del Per√ļ (30 de noviembre de 1568).

A fines de diciembre de 1568 sali√≥ de Madrid y tras visitar a sus familiares lleg√≥ a Sevilla el 23 de febrero del a√Īo siguiente, embarc√°ndose en San L√ļcar de Barrameda el 19 de marzo, en la armada que conduc√≠a el general Diego Flores de Vald√©s.

Arribo al Per√ļ

Francisco de Toledo y su r√ļbrica. Grabado de Evaristo San Crist√≥bal. Es la cl√°sica imagen del virrey seg√ļn la descripci√≥n de los cronistas: vestido de negro riguroso, espada al cinto y con una gran cruz verde de Alc√°ntara en el pecho.

El Virreinato del Per√ļ era entonces inmenso: abarcaba desde Panam√° hasta el extremo sur de Chile, incluyendo las Audiencias de Panam√°, Bogot√°, Quito, Lima, Chile y Charcas.

Toledo arrib√≥ a Am√©rica y desembarc√≥ en Cartagena de Indias el 8 de mayo de 1569. Su figura debi√≥ impresionar a cuantos encontr√≥, no s√≥lo por su ascetismo y el rigor de su presencia f√≠sica, sino por los modales y manera de hablar, cargado de seriedad y de firmeza. A punto de cumplir 54 a√Īos, el virrey Toledo era de convicciones firmes, exagerada sobriedad, sentimiento reformador, audacia ilimitada, perfeccionismo a ultranza y de talante altivo. No estaba casado y eso le permit√≠a volcar todas sus energ√≠as al servicio de la Corona.

Su eficacia en el mando qued√≥ demostrada de inmediato: no bien desembarc√≥ en Cartagena estableci√≥ los derechos de aduanas, levant√≥ un hospital, artill√≥ la plaza y expuls√≥ a algunos franceses all√≠ asentados. Tres semanas m√°s tarde llegaba a Nombre de Dios, en Panam√°, continuando su obra organizadora: instal√≥ un hospital para marineros enfermos, cambi√≥ la localizaci√≥n de la ciudad y el puerto, que traslad√≥ a un lugar llamado Porto Bello, envi√≥ a Espa√Īa a los espa√Īoles casados y encerr√≥ a los soldados y marineros en actitud de rebeld√≠a. Se traslad√≥ por tierra a la ciudad de Panam√°, orden√≥ la construcci√≥n de caminos y v√≠as, resolvi√≥ los conflictos de intereses enfrentados, estableci√≥ el derecho de almojarifazgo, reuni√≥ a los indios en nuevas reducciones y persigui√≥ a los negros cimarrones que asolaban la regi√≥n.

Desde Panamá avisó su llegada y envió una embajada a Lima, explicando el sentido de su misión gobernadora. Navegó hasta Manta (costa del actual Ecuador) y continuando por tierra alcanzó Piura a principios de septiembre de 1569. El día 15 de octubre fue recibido con toda solemnidad en Trujillo; el 26 de noviembre llegó a la chacra de Barrionuevo, cerca de Lima, donde recibió el saludo del gobernador Lope García de Castro, la Audiencia, vecinos notables y prelados religiosos; y finalmente el 30 de noviembre ingresó a Lima, pasando bajo los arcos de triunfo que se habían levantado en su honor. El arzobispo de Lima Jerónimo de Loayza lo recibió en la Catedral.

Primeras medidas

El rey Felipe II.

Posesionado pues del gobierno virreinal, Toledo permaneci√≥ en Lima durante un a√Īo, a fin de superar la cr√≠tica situaci√≥n que hall√≥, caracterizada por el enfrentamiento con la Audiencia, los abusos generalizados, el incumplimiento de las normas, la falta de respeto a la autoridad, la inaplicaci√≥n de las leyes, la miseria y dispersi√≥n de los ind√≠genas, el abandono de las minas y las rebeliones de espa√Īoles, criollos e indios. En este tiempo, supo rodearse de los mejores conocedores de la situaci√≥n y con su apoyo inici√≥ de inmediato una formidable obra de legislador y reformador, por lo que mereci√≥ el t√≠tulo de "Sol√≥n del Per√ļ", que le otorgara el insigne jurista lime√Īo Antonio de Le√≥n Pinelo.

Durante esos primeros meses de gobierno tomó las siguientes medidas:

  • Nombr√≥ corregidores en las ciudades m√°s importantes.
  • Cre√≥ el cargo de protom√©dico encargado de la supervisi√≥n del ejercicio de la medicina.
  • Restableci√≥ el servicio de las armas.
  • Reorden√≥ los libros de leyes y la actividad de los funcionarios reales revisando su sistema salarial.
  • Reorganiz√≥ la Hacienda real.
  • Exigi√≥ de los sacerdotes y prelados el estricto cumplimiento de las normas emanadas del Concilio de Trento.
  • Cre√≥ los llamados "obispos de anillo" o auxiliares.
  • Instal√≥ el Tribunal de la Inquisici√≥n.

Su correspondencia con el rey, a lo largo de estos meses, demuestra el alcance y la amplitud de la labor emprendida en estos campos.

Ten√≠a por delante una inmensa tarea, dedicada a la administraci√≥n civil. En primer lugar, para resolver el problema de los indios estaba obligado a reunirlos en poblados o reducciones, pero al mismo tiempo tuvo que recomponer la ca√≥tica situaci√≥n de los repartimientos y reordenar el funcionamiento de las encomiendas, pervertidos con el paso del tiempo. Quedaban muchas vacantes de encomiendas y su asignaci√≥n provoc√≥ protestas y enfrentamientos con quienes reclamaban un supuesto favoritismo y discriminaci√≥n. Fue una tarea interminable, que le ocup√≥ a lo largo de todos los a√Īos de mandato.

La visita general al Per√ļ (1570-75)

El virrey Francisco de Toledo. MNAAHP.

Siguiendo las recomendaciones del rey, Toledo se propuso llevar a cabo la visita de los territorios a su cargo, algo que nunca se había producido y que sin duda sería una tarea muy agobiante.

Sali√≥ de la ciudad de Lima el 22 de octubre de 1570, acompa√Īado de su secretario √Ālvaro Ruiz de Navamuel y de los hombres m√°s sabios y conocedores del medio, entre los que se encontraban el cosm√≥grafo e historiador Pedro Sarmiento de Gamboa y el naturalista Tom√°s V√°squez. M√°s adelante se les unir√≠a el licenciado Juan Polo de Ondegardo, el insigne Juan de Matienzo y el religioso cronista Jos√© de Acosta.

En los cinco a√Īos que dur√≥ esta visita de inspecci√≥n, el virrey Toledo realiz√≥ un extraordinario recorrido de unos 8,000 km, el cual se dividi√≥ en dos etapas: en la primera el itinerario fue el siguiente: Lima - Huarochir√≠ - Jauja ‚Äď Huamanga y Cuzco. En el Cuzco permaneci√≥ dos a√Īos para luego continuar la visita en una segunda etapa, con direcci√≥n a la Provincia de Charcas, siendo el itinerario seguido el siguiente: Checacupe - Chucuito - Juli - La Paz - Potos√≠ - La Plata. Luego de una desafortunada expedici√≥n contra los chiriguanos (sureste de Charcas), retorn√≥ a Lima, v√≠a Arequipa y el mar.

Ahora trataremos las incidencias de esta larga vista. Tras ingresar a la sierra por Huarochir√≠, el 20 de noviembre de 1570 arrib√≥ a Jauja, donde estableci√≥ nuevas reducciones o poblados de indios. Un relato cuenta que qued√≥ asombrado al encontrar all√≠ una monta√Īa de expedientes judiciales, pues los lugare√Īos eran dados a los pleitos interminables. Para demostrar la inutilidad de tales papeles los ech√≥ todos a la hoguera. A continuaci√≥n, construy√≥ iglesias y resolvi√≥ injusticias, mientras ordenaba recuperar las tradiciones y costumbres de los antiguos incas.

El 15 de diciembre entró en Huamanga, la actual Ayacucho, ocupándose de algunas obras. Centró su atención en las ya famosas minas de mercurio de Huancavelica hacia donde mandó un inspector. También ordenó la construcción de una nueva población, Villa Rica de Oropesa (actual Huancavelica) y el reagrupamiento de los poblados de indios.

Llegó a Cuzco a mediados de febrero de 1570 para permanecer en la antigua capital inca hasta el 5 de octubre de 1572, una larga estadía llena de acontecimientos y de fecunda actividad administrativa. Impresionado por la grandeza de sus edificaciones y su numerosa población, trató de recuperar las instituciones y leyes del Incario, reconociendo su innegable valor y procurando adaptarlas al gobierno de los indios. Amplió y mejoró las reducciones, cuyas tierras entregó en propiedad, proyectó la construcción de iglesias, escuelas y hospitales y aprobó la institución de los cabildos de indios, lo que permitió su autogobierno. También se preocupó por la situación de los encomenderos, colectores de los tributos de los indios que tenían asignados, lo que obligaba a su cuidado y catequización, así como a levantar escuelas y hospitales e incluso el pago de sus servicios en caso de necesitarlos.

De este modo, se iba dotando el virreinato de un marco jur√≠dico estable, que habr√≠a de permanecer inalterable durante m√°s de 200 a√Īos. Desde Cuzco, Toledo gobern√≥, administr√≥ y transform√≥ la dif√≠cil realidad que hab√≠a encontrado en todas partes, con un tes√≥n y una paciencia admirables.

Sin embargo, una p√°gina sombr√≠a de su gobierno fue el sometimiento de los incas de Vilcabamba. Toledo envi√≥ un ej√©rcito a dicha zona, bajo el mando de Mart√≠n Hurtado de Arbieto, quien logr√≥ derrotar y capturar al inca T√ļpac Amaru I, hermano y sucesor de Titu Cusi Yupanqui. En un acto p√ļblico que quiso ser ejemplarizador, el √ļltimo inca fue ajusticiado en la Plaza Mayor del Cuzco (septiembre de 1572). Fue un acto inhumano a la vez que un grave error pol√≠tico. El mismo rey Felipe II desaprob√≥ tal acci√≥n.

Este hecho, así como otras decisiones que tomó Toledo, atizaron el crecimiento de una fuerte animosidad en contra suya de parte de funcionarios, sacerdotes y encomenderos, insatisfechos y quejosos de las disposiciones del virrey.

El cerro de Potosí.

Despu√©s de dos a√Īos de permanecer en el Cuzco, pas√≥ al territorio de Charcas (actual Bolivia), en la que permaneci√≥ otros dos a√Īos m√°s. En el camino se encontr√≥ con Lope Garc√≠a de Castro, el anterior gobernador que retornaba luego inspeccionar la Audiencia de Charcas. Luego de llegar a La Paz, Toledo se dirigi√≥ apresuradamente a la villa imperial de Potos√≠, sede de las m√°s ricas minas de plata del mundo (Cerro Rico), diciendo festivamente que iba a celebrar un casamiento de gran importancia entre dichas minas y las de Huancavelica. Alud√≠a al mercurio huancavelicano, fundamental en la t√©cnica de amalgama para beneficiar la plata, que decidi√≥ implementar. Desde Potos√≠ promulg√≥ una serie de decretos relativos a la producci√≥n minera y al trabajo de los indios, recuperando la antigua mita como sistema de producci√≥n. Luego de permanecer seis meses en dicha villa, pas√≥ a La Plata, sede de la Audiencia. Tuvo tiempo para escribir al rey Felipe II en defensa de su gesti√≥n y trat√≥ de rebatir los argumentos de sus enemigos.

Su siguiente objetivo fue el sometimiento de los indios chiriguanos, que se hallaban en pie de guerra y manten√≠an la alarma en toda la regi√≥n situada al sudeste de Charcas, donde a√Īos atr√°s se fundara Santa Cruz de la Sierra. Toledo envi√≥ primero una misi√≥n de inspecci√≥n y reconocimiento al territorio de los chiriguanos, y luego √©l mismo parti√≥ con una expedici√≥n de 400 espa√Īoles y de un n√ļmero regular de indios auxiliares (la mayor√≠a jaujinos). Era fines de mayo de 1574. Se produjo un enfrentamiento con los chiriguanos quienes adoptaron la t√°ctica de la ‚Äútierra arrasada‚ÄĚ es decir se retiraron gradualmente arrasando todo a su paso. La escasez de provisiones empez√≥ a causar estragos entre los espa√Īoles a la que se sumaron las enfermedades por la insalubridad del territorio. El mismo Virrey enferm√≥ de calenturas, lo que le oblig√≥ a retirarse, llegando a Chuquisaca con los restos de su maltrecha expedici√≥n. La empresa fue un fracaso total, pues el objetivo de dominar a los chiriguanos no se cumpli√≥.

Tras una corta estancia en La Paz, Toledo emprendi√≥ el regreso a Lima, pasando por Arequipa, a la que titul√≥ "noble y leal", y donde continu√≥ su incansable tarea de legislador, con el prop√≥sito de corregir los abusos que segu√≠a encontrando. Luego bajo a la costa y desde Quilca naveg√≥ hasta el Callao. El 20 de noviembre de 1575 arribaba a la capital tras cinco a√Īos de ausencia.

√öltimos a√Īos de su gobierno

En los cinco a√Īos siguientes permaneci√≥ en Lima, aunque sin descuidar la gobernaci√≥n del inmenso virreinato. Su salud se hallaba entonces quebrantada por el mal de gota y los c√°lculos vesiculares.

En esos a√Īos realiz√≥ abundantes obras p√ļblicas, canalizaciones de aguas, construcci√≥n de diques y puentes sobre el r√≠o R√≠mac, hospitales y escuelas en la zona de Lima y sus alrededores, adem√°s de la reconversi√≥n de la Universidad de San Marcos y el deslinde de poderes con la Audiencia y con la Inquisici√≥n. En 1579 se produjo la sorpresiva incursi√≥n del corsario ingl√©s Francis Drake, lo que lo oblig√≥ a tomar medidas defensivas a lo largo del territorio del Virreinato.

Fin de su gobierno

Sus continuos enfrentamientos con funcionarios (eclesiásticos y civiles) y su mal estado de salud, le obligaron a solicitar varias veces su cese, que fue continuamente rechazado, hasta que, vista las repetidas denuncias que llegaban a la corte, Felipe II decidió relevarle del cargo de Virrey, eligiendo en su reemplazo a Martín Enríquez de Almansa, por cédula del 26 de mayo de 1580.

Toledo permaneci√≥ en el cargo hasta la llegada del nuevo virrey, pero no esper√≥ a que √©ste entrara en Lima, y el 1¬ļ de mayo de 1581 sali√≥ del Callao rumbo a Espa√Īa, v√≠a Panam√°. Su apuro se deb√≠a a que le urg√≠a alcanzar la flota que esperaba en Nombre de Dios y que hab√≠a de conducirlo a Espa√Īa junto con la plata destinada a las arcas reales. Tres d√≠as despu√©s el nuevo virrey desembarcaba en el puerto, contrariado por lo que consider√≥ una descortes√≠a de Toledo.

Tras un viaje de cinco meses, Toledo arrib√≥ a Lisboa, donde se hallaba entonces asentada la corte. Es fama que al presentarse ante el rey Felipe II √©ste no le brind√≥ el reconocimiento que esperaba, en parte porque le reprochaba su crueldad de ordenar la muerte de T√ļpac Amaru I y la persecuci√≥n de la familia de los incas. D√≠cese que las palabras de reproche del rey fueron textualmente: ‚ÄúMarchaos a vuestra casa, que yo os mand√© al Per√ļ no para matar reyes sino para servirlos‚ÄĚ.[4] No parece veros√≠mil esta versi√≥n ya que la muerte de T√ļpac Amaru I ocurri√≥ en 1572, y a√ļn as√≠ el Rey dej√≥ a Toledo en el gobierno durante varios a√Īos m√°s. Lo cierto es que en la c√©dula por la cual se le reemplazaba, el Rey hac√≠a menci√≥n de lo bien que hab√≠a servido Toledo durante los 12 a√Īos que dur√≥ en el cargo.

Muerte

Ya viejo y enfermo, Toledo se retir√≥ a vivir sus √ļltimos d√≠as en la villa de Escalona, falleciendo el 21 de abril de 1582.[5] Sus restos fueron trasladados a Oropesa y depositados en la Iglesia de San Bernardo, por √©l fundada, al pie del altar mayor

Obras y medidas importantes de su gobierno

Toledo emprendi√≥ una vasta tarea de organizaci√≥n y, basado en un severo ejercicio de la autoridad, consigui√≥ darle adecuada estructura legal al virreinato. Su labor supuso el afianzamiento de importantes instituciones, en torno a las cuales girar√≠a la administraci√≥n del pa√≠s hasta las reformas del siglo XVIII. Asegur√≥, en definitiva, la sujeci√≥n del Per√ļ a la ‚Äúmonarqu√≠a universal‚ÄĚ de Felipe II.

La visita general que realiz√≥ en el Per√ļ entre 1570-1575 permiti√≥ a Toledo conocer la realidad del pa√≠s. Adonde no pudo ir envi√≥ a visitadores que tomaron nota de la situaci√≥n y le enviaron sus informes. A base de todo ello revis√≥ las anteriores ordenanzas, las complement√≥ y dio otras nuevas. Reglament√≥ todo aspecto de la vida virreinal: vida de las ciudades, cabildos, impuestos, administraci√≥n de justicia, trabajo agr√≠cola, miner√≠a, comercio, defensa, etc. Las ‚ÄúOrdenanzas de Toledo‚ÄĚ fueron redactadas por los juristas Juan de Matienzo y Juan Polo de Ondegardo.

El problema de la perpetuidad de las encomiendas

Toledo enfoc√≥ con acierto el problema de la perpetuidad de las encomiendas. La discusi√≥n era si se deb√≠a o no dar a perpetuidad las encomiendas a los conquistadores y a sus descendientes, tema que se toc√≥ en la Junta Magna de 1568 realizada en Espa√Īa (reuni√≥n donde, como ya dijimos, se discuti√≥ sobre la mejor manera de administrar las colonias americanas y donde Toledo fue nombrado virrey del Per√ļ). Se dice que Toledo aconsej√≥ al rey, inspir√°ndose en las resoluciones del conde de Nieva (su antecesor en el Virreinato), en ceder solo algunas encomiendas a perpetuidad, las dem√°s deb√≠an volver a la corona tras la muerte del encomendero o se dar√≠an por una o dos generaciones m√°s. A pesar de la insistencia de los encomenderos, la Corona se mostr√≥ siempre reacia a dar encomiendas a perpetuidad, pues tem√≠a que el encomendero obtuviera un poder local que amenazara a la metr√≥poli, como sucedi√≥ a√Īos antes. El tema de las encomiendas nunca ser√≠a resuelto; en 1592, Felipe II suspender√≠a toda pol√©mica sobre dicho asunto. Problema estrechamente relacionado fue el de si se deb√≠an repartir las tierras entre los indios, lo cual fue rechazado de plano en dicha junta. Ya en el Per√ļ, Toledo comprob√≥ la magnitud del problema de la tierra: al repartirse los espa√Īoles las mejores tierras de cultivo, dejaban las menos productivas a los indios o los obligaban a emigrar. Todo ello, sumado a que la mita y el servicio personal restaban muchos brazos a la agricultura, as√≠ como la obligaci√≥n del pago del tributo, sometieron a gran parte de la poblaci√≥n ind√≠gena a una situaci√≥n de pobreza extrema.

Las reducciones de indios

Oblig√≥ a los indios a vivir en reducciones, es decir en poblaciones con plaza mayor, iglesia, cabildo y solares. Hasta entonces la poblaci√≥n ind√≠gena viv√≠a dispersa en el territorio y dicha medida facilitaba la labor de los sacerdotes y las autoridades en general. Esta medida hab√≠a sido ya recomendada por la Real Audiencia de Lima en octubre de 1549 y dispuesta por real c√©dula del 21 de marzo de 1551. Ya el anterior gobernador Lope Garc√≠a de Castro hab√≠a reducido 563 poblados antiguos a solo 40. Toledo acometi√≥ con mayor empe√Īo tal tarea. Al ser concentrados los indios en poblados y divididas las tierras en torno a nuevos linderos, se alter√≥ profundamente el sistema tradicional de control de pisos ecol√≥gicos. Muchas tierras antes cultivadas fueron abandonadas por los indios y los espa√Īoles se apoderaron de ellas. Estas reducciones fueron para ellos tener mayor tributos y lograr mayor ingreso para el virrey

Reglamentación de la mita

Reglament√≥ la mita, antiguo sistema de trabajo obligatorio por turnos que los incas implementaron para la construcci√≥n de obras p√ļblicas y que los espa√Īoles reimplantaron transformando su sentido original. Bajo los incas, el mitayo o trabajador ind√≠gena recib√≠a la manutenci√≥n del Estado y la retribuci√≥n en bienes; en cambio, los espa√Īoles fijaron para cada mitayo un salario irrisorio, sum√°ndose esta pesada carga laboral al tributo que el indio deb√≠a pagar al encomendero. De acuerdo a lo dispuesto por las ordenanzas, los pueblos ind√≠genas deb√≠an proveer un n√ļmero de trabajadores para la construcci√≥n de puentes, caminos y edificios administrativos y religiosos; para el mantenimiento de tambos o posadas; y para industrias tales como la extracci√≥n de minerales, las f√°bricas de pa√Īos (obrajes) y aun las estancias. Las m√°s odiadas por los indios fueron la mita minera y la obrajera.

Reglamentación del tributo indígena

Reglament√≥ la recolecci√≥n del tributo ind√≠gena, exigiendo que el pago fuera hecho en moneda, pese a lo cual los indios siguieron pagando en especie. Estaban obligados a pagarlo los individuos de 18 hasta los 50 a√Īos, pero ambos extremos fueron arbitrariamente ampliados por los encomenderos, corregidores y caciques a quienes correspond√≠a efectuar la cobranza, a fin de mantener as√≠ el rendimiento de la renta.

Auge de la minería

Se produjo un auge de la miner√≠a, tanto por la mano de obra que la mita provey√≥ a las minas, como por la inclusi√≥n de la t√©cnica de amalgama en el refinamiento de la plata que permiti√≥ incrementar considerablemente los vol√ļmenes de producci√≥n. Incorpor√≥ las minas de azogue de Huancavelica a la Corona, debido a lo fundamental que era dicho metal en la amalgama. Es el llamado estanco por el cual el estado arrendaba tales minas a los mineros.

Obras urbanísticas

Dict√≥ ordenanzas para el ‚Äúbuen gobierno‚ÄĚ de las ciudades. En ese sentido realiz√≥ importantes obras de mejoramiento urban√≠stico en varios lugares, beneficiando a las ciudades con la edificaci√≥n o restauraci√≥n de sus casas de cabildos, hospitales, iglesias y c√°rceles, as√≠ como se preocup√≥ por la provisi√≥n de agua, tanto en el Cuzco, como en Lima; en esta √ļltima culmin√≥ la obra que ya hab√≠a iniciado el virrey conde de Nieva, con la llegada del agua al surtidor de la Plaza Mayor, lo que constituy√≥ todo un acontecimiento.

Recopilaciones de la historia inca

Portada de la Segunda parte de la crónica de Sarmiento de Gamboa, referente a la historia de los incas.

Dirigi√≥ la recolecci√≥n de informaciones sobre el Imperio Incaico, de la que se encargaron Juan Polo de Ondegardo y Pedro Sarmiento de Gamboa, con el prop√≥sito de discutir la legitimidad del se√Īor√≠o inca. Su intenci√≥n era demostrar que el gobierno de los incas hab√≠a sido una tiran√≠a impuesta al resto de los pueblos y que por lo tanto la conquista espa√Īola estaba justificada. Polo de Ondegardo escribi√≥ una Relaci√≥n del linaje de los incas y como ellos extendieron sus conquistas, y Sarmiento de Gamboa redact√≥ una Historia √ćndica. Ellos iniciaron la tradici√≥n de los llamados cronistas toledanos. El mismo Virrey interrog√≥ en sus viajes a los curacas, quipucamayocs, nobles incas, etc. y como resultado de ello redact√≥ un ‚ÄúInforme‚ÄĚ para el Rey. Tambi√©n encarg√≥ confeccionar unos lienzos y tapices donde se fijasen los hechos m√°s importantes de la historia de los incas, sus √≠dolos, la traza de sus templos, etc., trabajo que se encomend√≥ a los art√≠fices indios m√°s expertos. Estos pa√Īos, as√≠ como el ‚ÄúInforme‚ÄĚ del Virrey y la segunda parte de la Historia √ćndica de Sarmiento (referente a la historia de los incas) fueron enviados al Rey en 1572, siendo portador del encargo don Ger√≥nimo de Pacheco.

Reglamentación del cultivo y comercio de la coca

El consumo de las hojas de la coca por parte de los indios hab√≠a llegado a tal extremo que se ve√≠an manadas de llamas cargadas con cestos de coca. La Iglesia conden√≥ su uso pues lo relacion√≥ con las antiguas pr√°cticas idol√°tricas. Pero los espa√Īoles notaron que los indios rend√≠an m√°s en el trabajo luego del acto de ‚Äúchacchar‚ÄĚ (masticar) las hojas de coca y permitieron por ende su uso. Toledo crey√≥ conciliar los opuestos puntos de vista mediante la reglamentaci√≥n de su cultivo y comercio.

Instalación del Tribunal de la Inquisición

Celebración de un Auto de Fe en la Plaza Mayor de Lima.

Se instal√≥ el Tribunal de la Inquisici√≥n de Lima, creado por real c√©dula de Felipe II en 1569. Era una filial provincial del Consejo de la Suprema y General Inquisici√≥n espa√Īola. Por recomendaci√≥n de Toledo, fueron nombrados como primeros inquisidores de Lima el Dr. Andr√©s de Bustamante y el licenciado Serv√°n de Cerezuela. El primero falleci√≥ en pleno viaje, cerca de Panam√°. Con la sola presencia de Cerezuela, el 29 de enero de 1570 fue establecido en Lima el Tribunal de la Inquisici√≥n, mediante acto solemne, realizado en la Catedral, con asistencia de las principales autoridades civiles y eclesi√°sticas. El tribunal tuvo a su cargo vigilar y sancionar las faltas graves contra la fe y los mandamientos, incluyendo vigilar la prohibici√≥n de la lectura y difusi√≥n de los libros incluidos en el Index de la Iglesia. Contaba para esto con un sistema de alguaciles e informantes. Los indios estaban fuera de su jurisdicci√≥n. El primer auto de fe se realiz√≥ el 15 de noviembre de 1573, oportunidad en que fue quemado Mateo Salado, un franc√©s luterano acusado de blasfemia y herej√≠a. Un segundo auto de fe se realiz√≥ el 13 de abril de 1578, siendo ejecutado el fraile dominico Francisco de la Cruz, quien dirig√≠a al parecer una conjura de religiosos opuestos al gobierno.

Instalación del Tribunal de la Santa Cruzada

Se instal√≥ el Tribunal de la Santa Cruzada (1574) creado para cautelar la publicaci√≥n de la Bula de Cruzada y la recaudaci√≥n de las limosnas previstas en ella; bien para hacer la guerra contra los infieles de √Āfrica, bien como penitencia o caridad para los hospitales u otra obra p√≠a. A cambio de √©stas eran dispensados los fieles de la abstinencia o el ayuno impuestos por la Iglesia.

Ejecuci√≥n del inca T√ļpac Amaru I

Ejecuci√≥n del inca T√ļpac Amaru I, seg√ļn un dibujo de Guaman Poma de Ayala.

Toledo acab√≥ con el reducto rebelde de los incas de Vilcabamba, capturando al √ļltimo de ellos, T√ļpac Amaru I, a quien hizo ejecutar.

Retrocediendo unos a√Īos en la historia, recordemos que el anterior gobernador Lope Garc√≠a de Castro hab√≠a intentado reducir al inca de Vilcabamba Titu Cusi Yupanqui, pero no logr√≥ su objetivo y tras fallecer dicho inca en 1571, asumi√≥ la dignidad imperial su hermano T√ļpac Amaru I. El virrey Toledo le envi√≥ mensajeros para intimarlo a dejar su reducto y vivir entre los espa√Īoles; pero aquellos no fueron muy prudentes y los consejeros del joven soberano le hicieron ver cu√°n breve y oscura hab√≠a sido la vida de su antecesor Sayri T√ļpac desde que dejara Vilcabamba; de modo que T√ļpac Amaru decidi√≥ permanecer all√≠.

Decidido el virrey a terminar con ese foco de latente hostilidad, organiz√≥ secretamente una partida que sali√≥ de Cuzco bajo el mando de los capitanes Mart√≠n Hurtado de Arbieto y Juan √Ālvarez Maldonado. Despu√©s de una dura lucha con las fuerzas del inca, los espa√Īoles ocuparon Vilcabamba, siendo al capit√°n Mart√≠n Garc√≠a de Loyola a quien le correspondi√≥ el honor de capturar a T√ļpac Amaru, cuando hu√≠a con sus mujeres e hijos. El joven inca fue llevado a Cuzco y se le inici√≥ proceso por orden de Toledo. Se le acus√≥ de rechazar las ofertas de paz, matar a los espa√Īoles enviados para negociarla y de ser rebelde y traidor, adem√°s de preparar una insurrecci√≥n general. Fue condenado a muerte, lo que provoc√≥ numerosas peticiones de clemencia, tanto de notables indios como de espa√Īoles, civiles y religiosos, a las que el virrey no quiso atender.

La sentencia se cumpli√≥ en la Plaza Mayor del Cuzco, ante una multitud que llor√≥ la muerte del inca (22 √≥ 23 de septiembre[6] de 1572). Su cabeza fue colocada en una picota, pero cuando la gente empez√≥ a rendirle culto y a creer que la cabeza del inca no se deterioraba, el virrey orden√≥ que la retiraran. No contento con todo esto, el virrey persigui√≥ a los miembros de la familia imperial cuzque√Īa para evitar cualquier asomo de reivindicaci√≥n inc√°sica

Los enemigos del virrey extendieron luego el mito de un gobernante virreinal sanguinario, cruel y detestable, frente a la juventud, inocencia y timidez del √ļltimo descendiente de los reyes incas. El Inca Garcilaso de la Vega, a√Īos m√°s tarde, se encarg√≥ de amplificar y difundir esta imagen. En realidad, Toledo cre√≠a estar cumpliendo su deber de gobernante y por eso actu√≥ sin remordimientos de conciencia.

Expedición a Chile

Atendiendo al pedido de los colonos de Chile que enfrentaban la hostilidad de los indios araucanos, fue enviado a esa región un ejército de 250 soldados al mando del general Rodrigo de Quiroga, ya experimentado en esas lides. Este partió del Callao en abril de 1572, pero no logró ninguna victoria decisiva sobre los indios. Quiroga fue después nombrado Gobernador de Chile, cargo que mantuvo hasta su muerte, en 1580.

Fracasada expedición contra los chiriguanos

Desde La Plata, en la Provincia de Charcas, Toledo en persona inici√≥ una campa√Īa para poner t√©rmino a las depredaciones de los indios chiriguanos, que manten√≠an en zozobra la regi√≥n del Sudeste, vecina a la reci√©n fundada Santa Cruz de la Sierra. La expedici√≥n no obtuvo el √©xito que se hab√≠a esperado, y el propio Toledo enferm√≥ gravemente, debiendo retroceder (1574).

Represión de brotes de insurrección

  • Los hermanos Aguado, que se rebelaron contra la incorporaci√≥n de las minas de azogue a la Corona, fueron ajusticiados.
  • Destac√≥ por su esp√≠ritu inquieto un vecino de La Paz llamado Gonzalo Gironda, quien rompi√≥ el sosiego de varias ciudades andinas y evadi√≥ m√°s de una vez la prisi√≥n.
  • Las disputas al interior de la hueste colonizadora de Santa Cruz de la Sierra fueron aplacadas, seg√ļn orden de Toledo, con el estrangulamiento del caudillo Diego de Mendoza.
  • Menudearon tambi√©n las pendencias en provincias selv√°ticas subordinadas a la jurisdicci√≥n de Quito.

Secularización y apoyo a la Universidad de San Marcos

Facsímil de la provisión del Virrey Toledo, del 25 de abril de 1577, dotando con 13,000 pesos de renta anual a la Universidad de San Marcos.

Seculariz√≥ y favoreci√≥ notoriamente a la Universidad de San Marcos llamado hasta entonces Estudio General. Fundada por real c√©dula de 1551 y establecida en 1553 en los claustros del convento de Santo Domingo bajo la direcci√≥n de los dominicos, sus primeros a√Īos de vida fueron precarios y oscuros, entre otras razones por la escasez de alumnos y la falta de rentas. Toledo empez√≥ por quitar la rector√≠a a los dominicos y nombr√≥ al primer rector laico de la universidad, Pedro Fern√°ndez de Valenzuela (1¬ļ de junio de 1571). Luego instal√≥ sus aulas en un local apropiado, primero en un amplio terreno situado al lado de la Iglesia de San Marcelo (1574), y finalmente en una amplia casa situada frente a la Plaza de la Inquisici√≥n, ocupada hasta entonces por el Recogimiento de San Juan de la Penitencia para mestizas hijas de los conquistadores (1576). La dot√≥ enseguida de 13,000 pesos de renta anual para salarios de las 17 c√°tedras instituidas (25 de abril de 1577), y, finalmente, colocada ya la universidad bajo el patrocinio de San Marcos, promulg√≥ las Constituciones con arreglo a las cuales se gobernar√≠a ese centro de estudios (22 de abril de 1581). En este contexto, es digna de menci√≥n la obra del historiador alem√°n Yacin Hehrlein (1992), que ha examinado la confrontaci√≥n pol√≠tico-religiosa que opuso a Toledo y los frailes dominicos de pensamiento lascasiano; uno de los puntos de la contienda fue precisamente la secularizaci√≥n de la universidad.

Fundación del Colegio Mayor de San Felipe y San Marcos

Complementando su labor educativa, Toledo orden√≥ la fundaci√≥n del Colegio Real y Mayor de San Felipe y San Marcos, como un anexo de la Universidad y bajo la direcci√≥n del rector universitario (1575). Su prop√≥sito ser√≠a dar facilidades a los estudiantes pobres y proporcionar a los venidos de las provincias un c√≥modo y seguro albergue, libr√°ndoles de las casas de pupilos o de pensi√≥n. Sin embargo no empez√≥ a funcionar entonces, sino hasta el a√Īo 1592, en que fue abierto por el virrey Garc√≠a Hurtado de Mendoza.

Tambi√©n procur√≥ difundir las letras entre los ind√≠genas, ideando la erecci√≥n de colegios para los hijos de caciques en Lima y Cuzco, aparte de lo cual recalc√≥ la necesidad de ense√Īar a leer y rezar a todos los ni√Īos en las doctrinas. En esta tarea result√≥ fundamental la colaboraci√≥n de los jesuitas.

Controversia con los jesuitas

Tuvo una controversia con los jesuitas, a quienes quiso confiar algunas c√°tedras de la Universidad, a condici√≥n de que cerraran sus propias aulas. Los jesuitas se negaron pues ello significaba una limitaci√≥n a su principal labor, esto es, dar una s√≥lida formaci√≥n a la juventud, y Toledo, en respuesta, cerr√≥ el Colegio de la Compa√Ī√≠a. El trasfondo de esta disputa fue el deseo del Virrey de favorecer el despunte de la Universidad frente a un foco alternativo de notable calidad intelectual. El Rey no aprob√≥ tal proceder y por real c√©dula del 28 de febrero de 1580 orden√≥ la reapertura del Colegio, que solo se cristalizar√≠a en el gobierno del siguiente virrey, Mart√≠n Enr√≠quez de Almansa.

Fundación de poblaciones

  • Se fundaron una serie de poblaciones como:
- La Villa de San Francisco de la Victoria de Vilcabamba, llevada a cabo por Mart√≠n Hurtado de Arbieto el 4 de octubre de 1571 en homenaje a la prisi√≥n del √ļltimo inca de Vilcabamba.
- La Villa Real de Oropesa, actual Cochabamba (en la zona central de la actual Bolivia), el 15 de agosto de 1571 por el Capit√°n Ger√≥nimo de Osorio, seg√ļn √≥rdenes de Toledo, con la finalidad de crear un centro de producci√≥n agr√≠cola para proveer alimentos a las ciudades mineras de la regi√≥n, principalmente la ciudad de Potos√≠.
- La Villa Deleitosa de Oropesa, a unos 20 km al sureste del Cuzco (hoy en el distrito de Oropesa, provincia de Quispicanchi).
- La Villa Rica de Oropesa, hoy Huancavelica, el 4 de agosto de 1572, en vista de la riqueza minera de la zona, pues era necesario un poblado donde albergar a los empresarios y trabajadores de las minas.
- La ciudad de Córdoba de La Nueva Andalucía (actual Córdoba, en Argentina), fundada por Jerónimo Luis de Cabrera el 6 de julio de 1573.
- La Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa (hoy Tarija, en el suroeste de Bolivia), fundada el 4 de julio de 1574 por el capitán Luis de Fuentes y Vargas en un valle descubierto por Francisco de Tarija, a orillas de un río bautizado como Nuevo Guadalquivir.
  • En cambio, no foment√≥ la realizaci√≥n de entradas colonizadoras, pues ya se ten√≠a experiencia de los nocivos efectos que originaba el asentamiento de gente no preparada en tierras de escasos recursos, donde no hac√≠an sino promover levantamientos y abusar de los indios.

Incursión del corsario Francis Drake

Francis Drake, ‚Äúel terror de los siete mares‚ÄĚ.
  • Provey√≥ la fortificaci√≥n de la costa y el incremento de la armada ante la sorpresiva incursi√≥n del corsario ingl√©s Francis Drake entre los a√Īos 1577 y 1579. Luego de recorrer las costas brasile√Īas y argentinas, Drake ingres√≥ por el estrecho de Magallanes hacia el oc√©ano Pac√≠fico; asol√≥ la costa de Chile y se present√≥ sorpresivamente en el Callao, el 13 de julio de 1579. Pero creyendo muy grandes las fuerzas del Virrey, no desembarc√≥ y se limit√≥ a cortar las amarras de los barcos que estaban surtos en el puerto y saquear una nave cargada de mercanc√≠as que ven√≠a de Panam√°. Luego sigui√≥ su traves√≠a con direcci√≥n a California y retorn√≥ a Inglaterra v√≠a Ocean√≠a y el Cabo de Buena Esperanza, siendo el segundo en realizar la vuelta al mundo, despu√©s de Magallanes y Elcano. La reina Isabel I de Inglaterra le concedi√≥ el t√≠tulo de sir a bordo de su nav√≠o, el Golden Hind.
  • Para prevenir nuevas incursiones enemigas, en octubre de 1579 Toledo envi√≥ una expedici√≥n al estrecho de Magallanes al mando de Pedro Sarmiento de Gamboa, el primero en cruzar el estrecho de oeste a este.

Obra escrita

Notas

  1. ‚ÜĎ En comparaci√≥n con el ateniense Sol√≥n quien al igual que Toledo realiz√≥ una labor reformadora y legisladora.
  2. ‚ÜĎ Roberto Levillier: Don Francisco de Toledo, supremo organizador del Per√ļ. Su vida, su obra [1515-1582]. Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1935-1942.
  3. ‚ÜĎ Luis E. Valc√°rcel: El virrey Toledo, gran tirano del Per√ļ: una revisi√≥n hist√≥rica. Lima, Imprenta del Museo Nacional, 1940. Sin embargo, el punto de vista de este historiador peruano no deber√≠a interpretarse como opuesto al del argentino Levillier, sino como complementario.
  4. ‚ÜĎ Es la versi√≥n que nos ha transmitido el Inca Garcilaso en su Segunda parte de los Comentarios Reales, m√°s conocida como la Historia General del Per√ļ Libro VIII, cap√≠tulo XX (Lisboa, 1614).
  5. ‚ÜĎ Esta fecha de su muerte ha sido ya definitivamente fijada, pues una versi√≥n antigua la fechaba el 26 de setiembre de 1584 y otra en el a√Īo 1581, datos err√≥neos que se siguen consignando en diversas webs y enciclopedias electr√≥nicas.
  6. ‚ÜĎ No se conoce la fecha exacta de la ejecuci√≥n de T√ļpac Amaru I, y lo m√°s probable es que se cumpliera entre el 22 y 23 de septiembre, seg√ļn se desprende de la carta del 24 de setiembre de ese a√Īo de 1572, por la que Toledo le escrib√≠a al rey, dici√©ndole: ‚Äúlo que vuestra magestad manda acerca del Inga, se ha hecho‚ÄĚ (Roberto Levillier: Don Francisco de Toledo, supremo organizador del Per√ļ. Su vida, su obra [1515-1582]. Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1935-1942).

Bibliografía

  • Hampe Mart√≠nez, Teodoro: La ca√≠da del imperio inca y el surgimiento de la colonia. Primer tomo del Compendio hist√≥rico del Per√ļ. Editorial Milla Batres. Tercera Edici√≥n. Lima, 2005. ISBN 9972-58-108-X
  • Inca Garcilaso de la Vega: Historia general del Per√ļ. Tomo 3. Lima, Editorial Universo S.A., 1972.
  • Tauro del Pino, Alberto: Enciclopedia Ilustrada del Per√ļ. Tercera Edici√≥n. Tomo 16. TAB-UYU. Lima, PEISA, 2001. ISBN 9972-40-165-0
  • Vargas Ugarte, Rub√©n: Historia General del Per√ļ. Tomo II. Virreinato (1551-1596). Editor: Carlos Milla Batres. Lima, Per√ļ, 1981. ISBN 84-499-4813-4
  • Varios autores: Grandes Forjadores del Per√ļ. Lima, Lexus Editores, 2000. ISBN 9972-625-50-8
  • Varios autores: Historia General de los peruanos. Tomo 2. Parte Quinta: Iconograf√≠a de los gobernadores y Virreyes del Per√ļ (1535-1824). Obra editada con el auspicio del Gobierno Revolucionario del Per√ļ. Lima, 1973.


Predecesor:
Lope García de Castro
Gobernador y Presidente de la Audiencia
1564-1569
Virrey del Per√ļ
1569 ‚Äď 1581
Sucesor:
Martín Enríquez de Almansa
Virrey del Per√ļ
1581-1583

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