Matanzas de Paracuellos

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Matanzas de Paracuellos
Vista del cementerio de Paracuellos[1] cercano al r√≠o Jarama, uno de los lugares donde ocurrieron estos episodios de represi√≥n de la Guerra Civil Espa√Īola, erigido en recuerdo y memoria de los asesinados. Al fondo de la imagen, una cruz blanca de grandes dimensiones, en la ladera del "cerro de San Miguel", es visible desde la proximidad del aeropuerto de Madrid-Barajas.

Las llamadas matanzas de Paracuellos fueron una serie de episodios de asesinatos masivos organizados durante la Batalla de Madrid, en el transcurso de la Guerra Civil Espa√Īola, y que llevaron a la muerte de varios miles de prisioneros considerados opuestos al bando republicano. Los hechos se desarrollaron en los parajes del arroyo de San Jos√©, en Paracuellos de Jarama, y en el soto de Aldovea, en el t√©rmino municipal de Torrej√≥n de Ardoz, ambos lugares cercanos a la ciudad de Madrid.

Las matanzas se realizaron aprovechando los traslados de presos de diversas c√°rceles madrile√Īas, conocidos popularmente como sacas, llevados a cabo entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, mientras se enfrentaban las tropas gubernamentales y franquistas[2] por el control de la ciudad. Del total de 33 sacas de presos que tuvieron lugar en las fechas citadas, 23 de ellas terminaron en asesinatos: las de los d√≠as 7, 8, 9, 18, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30 de noviembre y las del 1 y el 3 de diciembre. Entre el 10 y el 17 de noviembre no hubo extracci√≥n alguna, y desde el 4 de diciembre cesaron.[3]

Los convoyes mencionados fueron desviados hacia los lugares del arroyo San Jos√©, en la vega del r√≠o Jarama, y a un caz o canal de irrigaci√≥n fuera de uso, en la vega del r√≠o del Henares donde miles de prisioneros fueron asesinados. Entre ellos se encontraban militares que hab√≠an participado en la sublevaci√≥n o que no se hab√≠an incorporado a la defensa de la Rep√ļblica,[4] falangistas, religiosos, militantes de la derecha, burgueses y otras personas que en su inmensa mayor√≠a hab√≠an sido detenidas por ser consideradas como partidarias de la sublevaci√≥n, y custodiadas sin amparo legal ni acusaci√≥n formal.

Tras ser extra√≠dos de las prisiones con listas elaboradas y notificaciones de traslado o libertad con membrete de la Direcci√≥n General de Seguridad y, en ocasiones, firmadas por Segundo Serrano Poncela, el delegado de Orden P√ļblico de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico de la Junta de Defensa de Madrid, encabezada por Santiago Carrillo, y posteriormente fusilados de manera sumaria por milicias pertenecientes a las organizaciones obreras. Antes del 7 de noviembre ya hab√≠an tenido lugar algunas sacas, especialmente durante el mes de octubre, fruto del cambio de manos del control de las prisiones, que pas√≥ de las de los funcionarios de prisiones a las de las milicias a ra√≠z del asalto a la C√°rcel Modelo, que tuvo lugar el 22 de agosto de 1936, si bien el n√ļmero de asesinados fue mucho menor y carecieron del car√°cter sistem√°tico y organizado que tuvieron las de noviembre y diciembre.[5]

Las matanzas de Paracuellos son consideradas las de mayor dimensi√≥n que tuvieron lugar en la retaguardia de la zona republicana. El n√ļmero de asesinados ascendi√≥ a varios miles, entre 2.000 y 5.000, si bien la cifra exacta sigue siendo objeto de discrepancia y controversia. Tambi√©n son objeto de enconadas discusiones aspectos como qui√©n dio la orden de ejecutar a los evacuados de las c√°rceles, por qu√© unas sacas terminaron en asesinatos masivos en tanto que en otras los prisioneros llegaban sanos y salvos a su destino y, en definitiva, las responsabilidades directas e indirectas de los fusilamientos.

Contenido

Las fuentes

Las matanzas de Paracuellos siguen siendo objeto de agria pol√©mica, con gran √©nfasis en la responsabilidad de Santiago Carrillo. El libro de referencia sobre las matanzas de Paracuellos ha sido durante mucho tiempo Paracuellos: c√≥mo fue, del hispanista irland√©s Ian Gibson, publicado en 1983 y reimpreso en 2005 sin ninguna modificaci√≥n, salvo un nuevo pr√≥logo. Su libro fue el primero que abord√≥ de forma sistem√°tica y sin tesis preconcebidas dicho asunto (as√≠, por ejemplo, en 1994, Ricardo de la Cierva calific√≥ el libro de Gibson como ¬ęexcelente¬Ľ[6] y al propio Gibson como un "historiador de izquierdas [Gibson se define como ‚Äúsocialista‚ÄĚ en el pr√≥logo de su libro] ganado por la Historia por encima de sus inclinaciones pol√≠ticas"[7] ). Ese mismo a√Īo, el periodista e historiador gallego Carlos Fern√°ndez public√≥ Paracuellos del Jarama: ¬ŅCarrillo culpable?, con mucha menos repercusi√≥n (si bien La Cierva indica que su m√©rito principal consiste en "el an√°lisis, generalmente acertado, de las fuentes que se refieren a las ejecuciones de noviembre y diciembre en Madrid").[8]

Ian Gibson firmando en la Feria del Libro de Madrid de 2007. La publicación del libro de Ian Gibson, Paracuellos: cómo fue en 1983 marcó un hito en el estudio de las matanzas.

En 1994, con motivo de la presentaci√≥n por parte de Santiago Carrillo de sus Memorias (en las que, entre otros, narra su actuaci√≥n como consejero de Orden P√ļblico en la Junta de Defensa de Madrid y su relaci√≥n con los episodios de Paracuellos), Ricardo de la Cierva public√≥ Carrillo miente, en el que afirma demostrar que las memorias del pol√≠tico comunista conten√≠an abundantes inexactitudes y falsedades (el subt√≠tulo del libro es 153 documentos contra 106 falsedades). De sus diez cap√≠tulos, el cuarto, El responsable de Paracuellos, est√° dedicado √≠ntegramente a la implicaci√≥n de Carrillo en las matanzas.

En 1998, Javier Cervera había publicado un análisis de la represión y la resistencia clandestina en Madrid durante la Guerra Civil, Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939, publicada en 1998, con segunda edición en 2006, sobre una tesis doctoral anterior del autor (Violencia política y acción clandestina: la retaguardia de Madrid en guerra, 1996[9] ). En este libro, se dedica un capítulo (Las sacas de presos) dentro de la sección Madrid: sublevación derrotada, Estado destruido al análisis de las matanzas de Paracuellos. La reimpresión de 2006 proporciona nuevos datos y hallazgos.

Seg√ļn el periodista e historiador Jorge Mart√≠nez Reverte, los mayores avances en la dilucidaci√≥n de lo que realmente ocurri√≥ en Paracuellos se deben a Ian Gibson, Javier Cervera y √Āngel Vi√Īas. De acuerdo con su opini√≥n, las investigaciones franquistas (recogidas en la c√©lebre Causa General, con confesiones extra√≠das bajo tortura y con errores de documentaci√≥n que califica de evidentes), no fueron nada √ļtiles. La primera reconstrucci√≥n de los hechos se deber√≠a a Paracuellos: c√≥mo fue, de Ian Gibson, publicada en 1983. El primer estudio consistente sobre el n√ļmero e identidad de las v√≠ctimas se deber√≠a a Javier Cervera, a finales de los noventa. Ya en los primeros a√Īos del siglo XXI, √Āngel Vi√Īas habr√≠a avanzado mucho en esclarecer los hechos gracias a los archivos sovi√©ticos. Respecto a C√©sar Vidal y P√≠o Moa, califica sus obras de panfletos que "no han hecho m√°s que oscurecer la investigaci√≥n".[10] Como ya se ha citado anteriormente, en 1994, La Cierva calific√≥ el libro de Gibson como ¬ęexcelente¬Ľ. Por su lado, el hispanista estadounidense Stanley G. Payne afirma que el estudio m√°s reciente y mejor sobre las matanzas de Paracuellos es la obra de Vidal Paracuellos-Katyn.[11]

Ian Gibson

Todas las obras citadas son fuentes secundarias, basadas en el an√°lisis de gran cantidad de fuentes historiogr√°ficas. Por lo que respecta a Gibson, afirma haber utilizado, entre otras, las siguientes fuentes:

  • Los fondos de la denominada Causa General, transferidos en 1980 al Archivo Hist√≥rico Nacional y abiertos a la investigaci√≥n en 1981; hasta entonces, s√≥lo se hab√≠an conocido algunos de los resultados de las investigaciones, publicadas en 1944 como Causa General. La dominaci√≥n roja en Espa√Īa. Avance de la informaci√≥n instruida por el Ministerio P√ļblico[12] [13] (el propio La Cierva escribi√≥ que Gibson demostraba un excelente conocimiento de la documentaci√≥n de la Causa General y la hab√≠a aprovechado a fondo[6] ).
  • Los teletipos intercambiados entre miembros del Gobierno de la Rep√ļblica y de estos con la Junta de Defensa de Madrid durante los d√≠as 10 y 11 de noviembre, conservados en el Servicio Hist√≥rico Militar y cuya referencia le fue proporcionada por Ram√≥n Salas Larraz√°bal.[14]
  • El libro de Felix Schlayer, diplom√°tico alem√°n que desempe√Ī√≥ el puesto de c√≥nsul noruego en Madrid durante los primeros meses de la Guerra, Diplomat im roten Madrid, publicado en alem√°n en Berl√≠n en 1938 por la editorial nazista F.A. Herbig y pr√°cticamente desconocido hasta que Gibson lo sac√≥ a la luz. El libro narra las impresiones de Schlayer sobre la represi√≥n que asol√≥ la retaguardia republicana en Madrid durante su estancia en la capital. El libro de Schlayer, a pesar de las simpat√≠as pronazis[15] y por el bando franquista del diplom√°tico alem√°n (Schlayer colabor√≥ con la quinta columna para pasar informaci√≥n a las tropas que asediaban la capital) es casi un√°nimemente considerado un documento de primordial importancia para conocer muchos de los detalles de las matanzas (Gibson alude al libro diciendo que "reviste una importancia extraordinaria para nosotros";[16] √Āngel Vi√Īas matiza la fiabilidad de las memorias de Schlayer debido a su fecha y lugar de publicaci√≥n: "Es improbable que no pasaran por la bien engrasada m√°quina de propaganda goebbelsiana, ya desatada fren√©ticamente en una cruzada antibolchevique"[17] ).
  • El libro de Mijail Koltsov, periodista agente sovi√©tico a las √≥rdenes directas de Stalin, Diario de la guerra espa√Īola, publicado en Mosc√ļ en 1938, en el cual describe, vali√©ndose de un sosias, Miguel Mart√≠nez, sus andanzas durante los primeros meses de la guerra y sus conversaciones con los medios comunistas espa√Īoles. Koltsov tuvo, seg√ļn Gibson, una importancia crucial en el destino de los presos de las c√°rceles madrile√Īas.
  • Los vascos en el Madrid sitiado, libro del nacionalista vasco Jes√ļs de Gal√≠ndez, en el que narra sus experiencias como miembro del Comit√©-Delegaci√≥n del Partido Nacionalista Vasco en Madrid entre el inicio de la guerra y su marcha de la ciudad en mayo de 1937 y como responsable de la secci√≥n de Presos y Desaparecidos de dicha delegaci√≥n desde octubre de 1936 hasta su marcha de Madrid. Fue publicado por la editorial Ekin en Buenos Aires en 1945 y reeditado por Txalaparta en 2005.
  • Los libros de varios presos en la C√°rcel Modelo en noviembre de 1936. Gibson cita dos, d√°ndoles una valoraci√≥n muy diferente: de Emocionario √≠ntimo de un cautivo. Los cuatro meses de la Modelo (1939), de Antonio Cobane√Īa, el Duende Azul, Gibson afirma que es "una fuente indispensable"; de Madrid bajo ¬ęel Terror¬Ľ, 1936-1937 (1937) y La agon√≠a de Madrid, 1936-1937 (1938), de Adelardo Fern√°ndez Arias, el Duende de la Colegiata, un escritor de extrema derecha, dice en cambio que "no es de fiar", fundamentalmente porque estuvo refugiado en la embajada de Argentina durante los hechos y no fue testigo directo de lo sucedido.
  • Entrevistas con varias personas involucradas o relacionadas con los hechos, como Santiago Carrillo, cuya entrevista es transcrita en el libro de Gibson, ocupando un cap√≠tulo entero; M√°ximo de Dios, suplente del secretario de la Junta de Defensa de Madrid, socialista; o Ricardo Arest√© Yebes, testigo presencial e hijo del alcalde de Paracuellos en la fecha de las matanzas.
  • Los boletines oficiales de la Junta de Defensa de Madrid.

Carlos Fern√°ndez

El libro de Fern√°ndez carece de una secci√≥n dedicada al an√°lisis de fuentes. Tambi√©n prescinde de dos de las fuentes m√°s importantes sobre las matanzas de Paracuellos: el libro de Schlayer y los documentos de la Causa General (s√≥lo se utiliz√≥ el resumen Causa General. La dominaci√≥n roja en Espa√Īa.... Aparte del citado resumen de la Causa General, las fuentes m√°s relevantes sobre el asunto manejadas por Fern√°ndez son diversos libros con testimonios de contempor√°neos de las matanzas (entre los que se encuentran Adelardo Fern√°ndez Arias y Mijail Koltsov), testimonios de supervivientes a las sacas y fuentes secundarias como el trabajo de Ram√≥n Salas Larraz√°bal Carrillo y la represi√≥n en el Madrid republicano (revista ¬ęNueva Historia¬Ľ, n¬ļ 5, junio de 1977). La versi√≥n de Santiago Carrillo es contrastada con el libro de R√©gis Debray y Max Gallo Demain l'Espagne, publicado en Par√≠s en 1974 y traducido al espa√Īol como Ma√Īana Espa√Īa: conversaciones con Santiago Carrillo.

Ricardo de la Cierva

Ricardo de la Cierva no aporta demasiadas novedades historiogr√°ficas a su cap√≠tulo sobre Paracuellos en Carrillo miente (en el que se√Īala 13 supuestas falsedades sobre las matanzas de Paracuellos ‚ÄĒel cap√≠tulo contiene algunas m√°s, no relacionadas con estos hechos‚ÄĒ, aportando treinta y ocho documentos de muy distinta condici√≥n), mezclando fuentes primarias y secundarias. Entre las fuentes primarias, La Cierva menciona fundamentalmente:

  • Las actas de las sesiones y los Boletines de la Junta de Defensa de Madrid, recopiladas y analizadas por Julio Ar√≥stegui y Jes√ļs A. Mart√≠nez en 1984, en el libro La Junta de Defensa de Madrid.
  • Los libros de Felix Schlayer, Jes√ļs de Gal√≠ndez y Mijail Koltsov.
  • Los libros de Adelardo Fern√°ndez Arias, los cuales, a pesar de que Gibson se√Īal√≥ que hab√≠an sido escritos de o√≠das, puesto que el autor no sali√≥ de la embajada argentina durante los hechos que narra, es calificado por La Cierva como "de m√°xima importancia"[8] (La Cierva indica que estos libros fueron usados tambi√©n por Carlos Fern√°ndez, el cual "los valora mucho, y tiene raz√≥n").[8]
  • El libro de Antonio Cobane√Īa, el Duende Azul, en cuya valoraci√≥n coincide con Gibson.
  • El libro de Enrique Castro Delgado Hombres made in Mosc√ļ (1963). Castro Delgado, primer comandante del Quinto Regimiento, hab√≠a pertenecido a la direcci√≥n del PCE y sido partidario de Jes√ļs Hern√°ndez. A la ca√≠da de este ante Uribe y Pasionaria, Castro Delgado fue expulsado del partido, pudiendo abandonar la Uni√≥n Sovi√©tica, donde se encontraba. Primero fue a M√©xico a Jes√ļs Hern√°ndez colaborando en su proyecto comunista disidente, pero luego volvi√≥ a Espa√Īa, sin ser encarcelado. Escribi√≥ varios libros profundamente anticomunistas, como el citado (el historiador Fernando Hern√°ndez S√°nchez se√Īala que las obras de Castro, como las de "El Campesino" hab√≠an sido sufragadas por el Departamento de Estado estadounidense, en plena Guerra Fr√≠a[18] ).
  • El resumen de la Causa General, Causa General. La dominaci√≥n roja en Espa√Īa. Avance de la informaci√≥n instruida por el Ministerio P√ļblico.
  • Actas del Pleno Ampliado del PCE en Valencia en 1937.

Entre las secundarias se encuentran:

  • El propio libro de Ian Gibson (los documentos de la Causa General son siempre citados a partir de transcripci√≥n de Gibson), as√≠ como el de Carlos Fern√°ndez.
  • P√©rdidas de la guerra, de Ram√≥n Salas Larraz√°bal, sobre la estad√≠stica de asesinados en las matanzas.
  • ¬ęSantiago Carrillo y la represi√≥n republicana en Madrid, 1936¬Ľ, en el n√ļmero 5 de la revista Nueva Historia (junio de 1977)

Javier Cervera

Javier Cervera no proporciona tampoco fuentes novedosas. Utiliza profusamente la Causa General, los Boletines y actas de sesiones de la Junta de Defensa de Madrid incluidos en el libro de Ar√≥stegui y Mart√≠n, los libros de contempor√°neos ya citados y finalmente, entrevistas con Santiago Carrillo (que seg√ļn Reverte no aportan nada nuevo sobre el contenido de sus Memorias) y Cayetano Luca de Tena, integrante de una de las extracciones de presos que s√≠ lleg√≥ sana y salvas a Alcal√° de Henares. El √ļnico elemento novedoso es el acta de la reuni√≥n de Comit√© Nacional de la CNT que sac√≥ a la luz Jorge M. Reverte, en la que se da cuenta de una reuni√≥n efectuada entre representantes de las JSU y de la federaci√≥n local de la CNT el 7 de noviembre, en la que acordaron dividir a los presos de las c√°rceles madrile√Īas en tres grupos. Uno de ellos, el de los presos ¬ęfascistas o elementos peligrosos¬Ľ, deb√≠a ser objeto de "ejecuci√≥n inmediata. Cubriendo la responsabilidad".[10]

La fiabilidad de la Causa General

Detalle de la entrada del edificio principal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el complejo de la calle Serrano (Madrid). Ahí se encuentra el Archivo Histórico Nacional, donde se hallan depositados los fondos que constituyen la Causa General.

La denominada ¬ęCausa General¬Ľ fue un proceso abierto por los vencedores en la Guerra Civil en 1940. En palabras de sus promotores ten√≠a:

...la honrosa y delicada misi√≥n de fijar, mediante un proceso informativo fiel y veraz ‚ÄĒpara conocimiento de los Poderes P√ļblicos y en inter√©s de la Historia‚ÄĒ, el sentido, alcance y manifestaciones m√°s destacadas de la actividad criminal de las fuerzas subversivas que en 1936 atentaron abiertamente contra la existencia y los valores esenciales de la Patria, salvada en √ļltimo extremo, y providencialmente, por el Movimiento Liberador.
Citado en (Gibson 2005: 37-38)

Su fiabilidad es muy discutida por los historiadores. Todos reconocen su parcialidad, al contemplar solo los presuntos cr√≠menes cometidos en la llamada zona roja, y consideran fruto de esta parcialidad el que se acuse de rebeli√≥n a los que permanecieron fieles a la rep√ļblica. Pero muchos historiadores imparciales la consideran fiable en cuanto a la los horrores que se desencadenaron en la zona republicana,[19] o a que en ella se describen v√≠vidamente Las circunstancias espantosas en que vivieron muchas personas en la retaguardia[20] y en cuanto a las relaciones de v√≠ctimas del llamado terror rojo.

Su confecci√≥n, en los a√Īos m√°s duros de la posguerra, ha llevado a los historiadores interesados en los episodios represivos en la retaguardia republicana, a tratar esta fuente, fundamental por otra parte, con cierta cautela. As√≠, Gibson, que se√Īala que la consulta de los documentos de la Causa General es imprescindible para el estudio de las matanzas ocurridas en Madrid durante la Guerra Civil, tambi√©n indica que su consulta debe hacerse con cuidado, "puesto que constituyen casi siempre una densa mezcla de verdades y mentiras, fuertemente condicionadas por las circunstancias en las cuales se prestaban".[21] Pero no pone en duda la realidad de los los horrores que se desencadenaron en la zona republicana:

Todos los horrores que se desencadenaron en la zona republicana después del alzamiento, y que con todo lujo de detalles se pueden encontrar en la Causa General que el bando ganador elaboró para mostrar los crímenes de los rojos, no se empezaron a reprimir hasta muy tarde.

Javier Cervera, que consult√≥ los documentos de la Causa General a√ļn m√°s profusamente que Gibson (dado que su estudio abarcaba el total de la Guerra), indica que a pesar de sus deficiencias, los documentos de la Causa deben ser ineludiblemente consultados. Las deficiencias se√Īaladas por Cervera son su prop√≥sito justificativo, el momento en el que se llev√≥ a cabo, inmediatamente despu√©s del fin de la Guerra, y las circunstancias en las que las declaraciones se llevaban a cabo ("se trata de una densa mezcla de verdades y mentiras, manifestadas por personas interrogadas, muchas de ellas, bajo la presi√≥n de una posible condena, perpetua o capital muchas veces". La metodolog√≠a utilizada por Cervera a la hora de considerar veraz una declaraci√≥n fue el siguiente: si los datos de un testigo son corroborados por otros testimonios, incluso a veces supuestas v√≠ctimas de sus presuntas acciones; cuando se proporcionan informaciones cuya ocultaci√≥n o tergiversaci√≥n no tiene ning√ļn beneficio para el declarante (como por ejemplo, relativas al funcionamiento de instituciones); o cuando las manifestaciones son corroboradas por fuentes bibliogr√°ficas o testimonios posteriores.[22]

Ricardo de la Cierva no hace especial cr√≠tica de las fuentes que utiliza. Respecto a la Causa General afirma que se trata de un "formidable archivo" con "exhaustivos fondos".[6] S√≥lo al referirse al precedente de la Causa General, el ¬ęDictamen de la Comisi√≥n sobre ilegitimidad de poderes actuantes en 18 de julio de 1936¬Ľ afirma que contiene "testimonios importantes y fidedignos sobre la represi√≥n en Madrid".[23] Sin embargo, Gibson indica en la secci√≥n dedicada a la Causa General que en otra de sus obras, La historia se confiesa, de 1976 que "La Causa General, ese conjunto deplorable de acusaciones mal comprobadas y peor urdidas, presenta, entre m√ļltiples datos que s√≠ est√°n comprobados y documentados, algunas descripciones horripilantes sobre atrocidades perpetradas en zona republicana".[24] C√©sar Vidal no incluye ninguna secci√≥n sobre cr√≠tica de fuentes, citando siempre documentos de la Causa General sin ninguna matizaci√≥n.

En 1981, Pedro La√≠n Entralgo dec√≠a en su art√≠culo Sobre la convivencia en Espa√Īa dando por ciertos los cr√≠menes relatados en la ‚Äė‚ÄôCausa General‚Äô‚Äô:

Se publicó una Causa general, hubo lápidas para los caídos en la retaguardia, del nombre de Paracuellos se hizo todo un símbolo, fue minuciosamente elaborada una tesis doctoral acerca de los sacerdotes y religiosos asesinados... Cierto todo ello. Horrible todo ello.

Francisco P√©rez √Ālex, coordinador de la Asociaci√≥n Memoria Hist√≥rica y Justicia de Sevilla (AMHYJA) opina que los muertos del bando franquista fueron registrados uno por uno:

No explicó que los franquistas, después del golpe militar y la guerra, se cuidaron de airear sus muertos, que fueron registrados uno por uno en lo que denominaron "la causa general", mientras minimizaban, manipulaban y ocultaban las cifras de la tremenda represión franquista, entre otras razones porque seguían reprimiendo.

Enrique Moradiellos considera que las víctimas de la violencia republicana fueron bien contadas gracias a la eficacia de la causa general:

Porque es indigno no ayudar a los familiares actuales a localizar los restos de sus antepasados enterrados en fosas anónimas. Porque las otras víctimas de la violencia republicana (muchas inocentes y bien contadas gracias a la eficacia de la Causa General incoada por el franquismo) ya tuvieron su restitución oficial, sus muertes reconocidas, sus tumbas honradas, sus deudos gratificados.

Los hechos

Entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 se llevaron a cabo 33 extracciones de presos de c√°rceles madrile√Īas. Las extracciones se llevaban a cabo mediante notificaciones con el membrete oficial de la Direcci√≥n General de Seguridad y firma de su director y, en ocasiones, firma de Segundo Serrano Poncela, delegado de Orden P√ļblico y situado inmediatamente a las √≥rdenes de Santiago Carrillo, consejero de Orden P√ļblico de la Junta de Defensa de Madrid, que se hab√≠a constituido en la madrugada del 7 de noviembre. Las extracciones portaban listas nominativas e inclu√≠an como raz√≥n de la extracci√≥n la puesta en libertad de los listados o su traslado a c√°rceles alejadas de la l√≠nea del frente como las de Alcal√° de Henares o Chinchilla. De acuerdo con las conclusiones del historiador Javier Cervera, las sacas que tuvieron como raz√≥n el "traslado" de presos llegaron efectivamente a su destino sanas y salvas, siempre a Alcal√° de Henares.

Cuartel General del Ejército del Aire, edificado en la posguerra en la manzana donde se levantaba la Cárcel Modelo, de donde partieron las sacas de los días 7, 8 y 9 de noviembre que terminaron en Paracuellos del Jarama, donde sus integrantes fueron asesinados.

Las autoridades de las prisiones proced√≠an a llamar a los presos que aparec√≠an en las listas. Una vez congregados, los presos, en su mayor parte, eran atados por las manos. A continuaci√≥n se les sub√≠a a los veh√≠culos encargados de su traslado. Si la expedici√≥n era numerosa, se utilizaban autobuses de dos pisos de color verde del servicio p√ļblico de transportes de la ciudad. Autobuses de tal tipo fueron usados en las sacas de la Modelo del 7, 8 y 9 de noviembre, as√≠ como en la evacuaci√≥n de la prisi√≥n el d√≠a 16. Cuando el volumen de sacados era menor, se utilizaban camiones. Las expediciones eran escoltadas por milicianos, pertenecientes en su mayor parte a las Milicias de Vigilancia de la Retaguardia (una fuerza policial creada en septiembre de 1936 para integrar las milicias que ya efectuaban labores policiales de forma aut√≥noma e incontrolada en la Direcci√≥n General de Seguridad), a bordo de coches balilla. Estos milicianos integraban los pelotones de fusilamiento.[28]

Cronología

6 de noviembre de 1936:

7 de noviembre:

  • Madrugada: se constituye extraoficialmente el Consejo de la Direcci√≥n General de Seguridad.
  • Se producen cinco sacas. Una de madrugada, procedente de la c√°rcel de Porlier y dos m√°s durante el d√≠a, procedentes de la C√°rcel Modelo (por la tarde) y la de San Ant√≥n (a primera hora de la tarde), respectivamente. Las tres terminan en Paracuellos del Jarama. Otras dos sacas, procedentes de San Ant√≥n, llegan sanas y salvas a Alcal√° de Henares.
  • Tras una reuni√≥n del Cuerpo Diplom√°tico, Felix Schlayer se re√ļne por la tarde en el Ministerio de la Guerra, sede de la Junta de Defensa, con el general Miaja y posteriormente con Santiago Carrillo. Schlayer hab√≠a estado ese d√≠a por la ma√Īana en la C√°rcel Modelo, antes de que se produjese la saca y posteriormente, antes de reunirse con Carrillo, cuando la saca se hab√≠a producido ya.
  • Tras la sesi√≥n de la Junta de Defensa (tarde-noche) representantes de las JSU y de la federaci√≥n local de la CNT se re√ļnen. En la reuni√≥n acuerdan dividir a los presos de las c√°rceles madrile√Īas en tres grupos. Uno de ellos, el de los presos ¬ęfascistas o elementos peligrosos¬Ľ, deb√≠a ser objeto de "ejecuci√≥n inmediata. Cubriendo la responsabilidad".[29] [10]

8 de noviembre:

  • Se inicia la batalla de Madrid. Aunque el d√≠a anterior hab√≠an llegado a la capital los primeros efectivos de las Brigadas Internacionales, no entraron en acci√≥n hasta el d√≠a siguiente.
  • Segundo Serrano Poncela es nombrado por Santiago Carrillo delegado de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico en la Direcci√≥n General de Seguridad.
  • Sacas mortales provenientes de las c√°rceles Modelo y de Porlier. La saca de la C√°rcel Modelo, compuesta por 414 personas, termina en el Soto de Aldovea, en Torrej√≥n de Ardoz.
  • Felix Schlayer acude por la ma√Īana a la C√°rcel Modelo.

9 de noviembre:

  • La primera Brigada Internacional entra en acci√≥n.
  • Sacas mortales provenientes de las c√°rceles Modelo y de Porlier.

10 de noviembre:

  • El general Miaja, en la reuni√≥n de la Junta de Defensa, exige a Carrillo que finalicen los paseos.
  • Sin ser oficialmente el titular, el anarquista Melchor Rodr√≠guez asume la Direcci√≥n General de Prisiones (su nombramiento como inspector, no director, general de Prisiones, no aparecer√≠a publicada en el Diario Oficial de la Junta de Defensa de Madrid hasta el 14 de noviembre). Cesan moment√°neamente las sacas.
  • El ministro sin cartera Manuel de Irujo (PNV), junto con el resto del Gobierno en Valencia, muestra su conocimiento, en una comunicaci√≥n enviada desde Valencia al capit√°n Casta√Īeda, ayudante del general Miaja, de ciertos "hechos lamentables, como consecuencia de los cuales han sido fusilados gran n√ļmero de detenidos" producidos en la capital.[30] El capit√°n Casta√Īeda respondi√≥ que el general no sab√≠a nada de los hechos expuestos por el ministro.

11 de noviembre:

  • Decreto de Santiago Carrillo, consejero de Orden P√ļblico, disolviendo formalmente las checas y centralizando, bajo el mando de dicha consejer√≠a (a trav√©s del Consejo de la Direcci√≥n General de Seguridad, creado formalmente mediante el mismo decreto), todas las actividades relacionadas con la represi√≥n de la ¬ęquinta columna¬Ľ.
  • Sesi√≥n de la Junta de Defensa presidida por el comunista Antonio Mije, en la que se discute sobre las evacuaciones de presos. Carrillo manifiesta que "se ha suspendido la evacuaci√≥n", debido a las protestas del Cuerpo Diplom√°tico. La reuni√≥n concluye concediendo a Carrillo un voto de confianza para que resuelva el asunto de las evacuaciones.
  • Irujo y Giral, ministros sin cartera, le piden explicaciones a √Āngel Galarza, ministro de Gobernaci√≥n, sobre lo que est√° ocurriendo en Madrid con los presos. √Čste niega los hechos aunque reconoce que se hab√≠an producido ¬ęgraves incidentes¬Ľ y la existencia de v√≠ctimas.

12 de noviembre:

  • Felix Schlayer, el doctor Georges Henny, delegado en Madrid del Comit√© Internacional de la Cruz Roja y Edgardo P√©rez Quesada, encargado de negocios de la embajada argentina, localizan el lugar de enterramiento del Soto de Aldovea (la fecha no es segura; podr√≠a ser el d√≠a 13).

13 de noviembre:

  • Primer n√ļmero del Bolet√≠n Oficial de la Junta de Defensa de Madrid, en el que se publican, con car√°cter retroactivo, entre otros, los decretos del consejero de Orden P√ļblico.
  • La columna Durruti llega a Madrid.

Los franquistas toman el cerro de Garabitas en la Casa de Campo, donde instalarán baterías artilleras con las que bombardearán la ciudad el resto de la Guerra.

  • Aparecen publicadas en el Bolet√≠n Oficial de la Junta de Defensa de Madrid las medidas de orden p√ļblico ordenadas por Carrillo que terminar√≠an con los paseos.
  • Los ministros anarquistas Federica Montseny (Sanidad) y Juan Garc√≠a Oliver (Justicia) presiden la sesi√≥n de la Junta de Defensa de Madrid.

14 de noviembre:

  • La Junta de Defensa de Madrid publica una nota acordada en la sesi√≥n de la Junta de Defensa del d√≠a anterior en la que califica de ¬ęcompletamente falso (s)¬Ľ los rumores sobre fusilamientos de presos.
  • El ministro de Justicia, Garc√≠a Oliver, se presenta en Madrid con el director general de Prisiones titular (Juan Antonio Carnicero Gim√©nez), exigi√©ndole a Melchor Rodr√≠guez que deje de preocuparse por los presos, ante lo cual √©ste dimite.

15 de noviembre:

  • Los franquistas alcanzan el Hospital Cl√≠nico.
  • Felix Schlayer localiza en lugar de enterramiento de los asesinados en Paracuellos del Jarama.

16 de noviembre: la C√°rcel Modelo es bombardeada y poco despu√©s, evacuada. Los 5.000 presos que se encontraban en la c√°rcel son distribuidos por el resto de c√°rceles madrile√Īas (1.500 a San Ant√≥n, 2.500 a Porlier, 1.000 a Ventas).
17 de noviembre: la Legión Cóndor bombardea Madrid tres veces.
18 de noviembre:

  • El mando franquista suspende el asalto general a Madrid, si bien bombardean intensamente la ciudad.
  • Se reanudan las sacas: una de la c√°rcel de Porlier finaliza en Paracuellos. Otra saca de la c√°rcel de Ventas llega a Alcal√° de Henares.

19 de noviembre: muere, en extra√Īas circunstancias, Buenaventura Durruti.
20 de noviembre:

  • Los franquistas toman el palacete de La Moncloa.
  • Una saca de la c√°rcel de Ventas llega sana y salva a Alcal√° de Henares.

21 de noviembre: contraataque republicano en el cerro de Garabitas en la Casa de Campo. Fracasan.
22 de noviembre:

  • Fuerte bombardeo y ca√Īoneo sobre la capital.
  • Saca mortal proveniente de la c√°rcel de San Ant√≥n.
  • Vicente Girauta Linares, subdirector general de Seguridad, abandona Madrid rumbo a Valencia.

23 de noviembre: en una reunión en Leganés, el general Franco asume el fracaso del asalto general sobre Madrid.
24 de noviembre: saca mortal proveniente de la c√°rcel de Porlier.
25 de noviembre: saca mortal proveniente de la c√°rcel de Porlier.
26 de noviembre:

  • Se decreta el racionamiento de v√≠veres en la capital.
  • Saca mortal proveniente de la c√°rcel de Porlier. Una saca de la c√°rcel de Ventas llega sana y salva a Alcal√° de Henares.

27 de noviembre:

  • Segundo Serrano Poncela es destituidopor Santiago Carrillo.
  • Saca mortal proveniente de la c√°rcel de Ventas. Una saca de la c√°rcel de San Ant√≥n llega sana y salva a Alcal√° de Henares (en esta saca iban Rafael y Cayetano Luca de Tena, primos segundos de Torcuato Luca de Tena, fundador del diario mon√°rquico ABC).[31] Gibson indica que ese d√≠a hubo otra saca en San Ant√≥n, que tambi√©n lleg√≥ a Alcal√° de Henares.[32] Por su parte, Vidal indica que una saca de San Ant√≥n producida ese d√≠a lleg√≥ a Alcal√° de Henares sana y salva por error.[33]

28 de noviembre: dos sacas mortales provenientes de San Ant√≥n. En una de ellas es asesinado Pedro Mu√Īoz Seca. Una saca de la c√°rcel de San Ant√≥n llega sana y salva a Alcal√° de Henares.
29 de noviembre:

  • Comienza la batalla de la carretera de La Coru√Īa.
  • Sacas mortales provenientes de las c√°rceles de San Ant√≥n y Ventas. Una saca de la c√°rcel de San Ant√≥n llega sana y salva a Alcal√° de Henares. Entre las v√≠ctimas de las sacas provenientes de San Ant√≥n se encontraba Arturo Soria Hern√°ndez, hijo del urbanista Arturo Soria.[34]

30 de noviembre: sacas mortales provenientes de las cárceles de San Antón y Ventas. Ese día se produjo la mayor matanza de religiosos de toda la Guerra Civil en Madrid: 73 clérigos fueron asesinados, de ellos 51 agustinos de El Escorial.[35] Una saca de la cárcel de Porlier llega sana y salva a su destino.[36]
1 de diciembre:

  • Por orden del Gobierno, la Junta se transforma en Junta Delegada de Defensa de Madrid y sus Consejer√≠as en Delegaciones.
  • Sacas mortales provenientes de las c√°rceles de Porlier y Ventas.

2 de diciembre: una saca de la c√°rcel de Ventas llega sana y salva a Alcal√° de Henares.
3 de diciembre: sacas mortales provenientes de las c√°rceles de Porlier y Ventas.
4 de diciembre:

  • Debido a las presiones del Cuerpo Diplom√°tico y del presidente del Tribunal Supremo, Mariano G√≥mez, Melchor Rodr√≠guez es nombrado delegado especial de Prisiones de Madrid de la Direcci√≥n General de Prisiones. Desde ese d√≠a finalizan definitivamente las sacas.
  • Gibson afirma que durante la madrugada del d√≠a 4 tuvieron lugar tres sacas de la c√°rcel de Porlier. Dos llegaron sanas y salvas a Alcal√° de Henares y otra, mortal, en Paracuellos.[37] Vidal alude s√≥lo a dos sacas, una mortal y otra que lleg√≥ a Alcal√° de Henares.[38] Cervera no recoge dichas sacas.[5]

8 de diciembre: el avi√≥n que transportaba a Georges Henny, hacia Toulouse es atacado por un caza a la altura de Guadalajara. Aunque el avi√≥n no fue derribado y pudo realizar un aterrizaje de emergencia, el doctor result√≥ herido en una pierna. Presumiblemente, el avi√≥n fue atacado por un caza republicano, pilotado por sovi√©ticos, para evitar que llevase a Ginebra documentos sobre las matanzas de Madrid (sin embargo, Gibson se√Īala que, seg√ļn sus investigaciones en el Comit√© Internacional de la Cruz Roja, no consta ning√ļn informe sobre dichos asuntos en los archivos de la organizaci√≥n).[39] [40]
24 de diciembre: Santiago Carrillo dimite como delegado de Orden P√ļblico, siendo sustituido por el tambi√©n comunista Jos√© Cazorla.
1 de marzo de 1937: Melchor Rodríguez es destituido de su puesto de delegado especial de Prisiones.
22 de abril: se disuelve la Junta Delegada de Defensa de Madrid.

La creación de la Junta de Defensa de Madrid

En el consejo de ministros realizado el 6 de noviembre de 1936, y ante el avance de los franquistas,[2] que se hallaban a las puertas de Madrid, el nuevo Gobierno republicano a cuyo frente se hallaba Largo Caballero decidi√≥ abandonar Madrid y trasladarse a Valencia, en la certeza de que la ca√≠da de la capital era inminente. Seg√ļn Gibson, que toma como base la entrevista realizada a Santiago Carrillo en 1982 para la elaboraci√≥n de su obra sobre Paracuellos, la decisi√≥n se tom√≥ a eso de las 18:45 de la tarde.[41] Sin embargo, seg√ļn las memorias de Santiago Carrillo, escritas diez a√Īos despu√©s, en 1993, el consejo de ministros se reuni√≥ por la ma√Īana.[42] En la reuni√≥n se tom√≥ la decisi√≥n de que el gobierno deb√≠a abandonar Madrid esa tarde. De acuerdo con dichas memorias, los ministros comunistas del gobierno (Vicente Uribe y Jes√ļs Hern√°ndez) informaron a los dirigentes del partido, as√≠ como a los dirigentes de las JSU reci√©n afiliados al PCE, entre ellos a Carrillo, que el gobierno abandonaba la ciudad con la intenci√≥n de dejar al mando, para encargarse de la defensa de la ciudad, a una Junta de Defensa presidida por el general Miaja y compuesta por representantes de todos los partidos que compon√≠an el Frente Popular. A √ļltima hora de la tarde, el general Asensio, subsecretario de Guerra (Largo Caballero era el ministro), que part√≠a a Valencia con el gobierno, convoc√≥ a los generales Miaja y Pozas en el Ministerio de la Guerra y les entreg√≥ sus oficios, en dos sobres cerrados, que no deb√≠an abrir hasta el d√≠a siguiente a las seis de la ma√Īana. Los generales desobedecieron las √≥rdenes y abrieron los sobres inmediatamente, ganando un tiempo precioso (puesto que los oficios respectivos estaban intercambiados). El oficio del general Miaja le comisionaba para la creaci√≥n y direcci√≥n de la Junta. Esta quedaba facultada para ¬ęla coordinaci√≥n de todos los medios necesarios para la defensa de Madrid, que deber√° ser llevada al l√≠mite¬Ľ y se constitu√≠a en la m√°xima autoridad en la capital, con facultades delegadas del Gobierno y absorbiendo tambi√©n, por tanto, las competencias del Ayuntamiento de Madrid (su alcalde, Pedro Rico, hab√≠a abandonado tambi√©n esa tarde Madrid, junto con el Gobierno).

Al mismo tiempo, y de acuerdo con Carrillo, √©ste y Cazorla (miembro tambi√©n de la direcci√≥n de las JSU y que hab√≠a ingresado tambi√©n en el PCE) se dirigieron a ver a Largo Caballero antes de que abandonase la ciudad, mostr√°ndose √©ste sorprendido de que supiesen que el Gobierno se iba. A la salida de la reuni√≥n, Carrillo y Cazorla acudieron a la sede del comit√© central del PCE. A diferencia del resto de partidos, cuyas direcciones hab√≠an abandonado tambi√©n la ciudad (Prieto abandon√≥ en avi√≥n la ciudad; el √ļnico dirigente de peso del PSOE que permaneci√≥ en la capital fue Juli√°n Zugazagoitia, al frente de El Socialista), el PCE (junto con las JSU, cuya direcci√≥n estaba ya controlada por aquel) fue el √ļnico partido cuya direcci√≥n permaneci√≥ mayoritariamente en Madrid. El comit√© ya hab√≠a contactado con Miaja y hab√≠a decidido apoyarle para que la Junta comenzase a funcionar lo antes posible, en vez del d√≠a 7 (fecha en la que, formalmente, deb√≠a hacerlo, de acuerdo con el oficio recibido por Miaja). Adem√°s, el comit√© decidi√≥ tambi√©n que Antonio Mije e Isidoro Dieguez deb√≠an convertirse en consejero y suplente, respectivamente, de Guerra en la Junta de Defensa, en tanto que Carrillo y Cazorla deb√≠an hacer lo propio, como representantes de las JSU, en la de Orden P√ļblico.[43]

La situaci√≥n de aquella noche era desesperada para el general Miaja. Carec√≠a de Estado Mayor, apenas ten√≠a noticias de las fuerzas que defend√≠an Madrid y s√≥lo poco a poco fueron acudiendo al Ministerio de la Guerra algunos militares, como el teniente coronel Rojo, para ponerse a sus √≥rdenes. El Quinto Regimiento se puso inmediatamente a su disposici√≥n y mand√≥ un oficial de enlace al Estado Mayor en ciernes de Miaja.[44] Por su parte, durante la noche del 6 de noviembre fueron acudiendo al Ministerio de la Guerra tambi√©n representantes y comisiones de los partidos pol√≠ticos del Frente Popular, que acordaron en una primera reuni√≥n, previa a la constituci√≥n formal de la Junta, que, aunque la disposici√≥n de Largo Caballero alud√≠a a que los diversos partidos deb√≠an designar representantes en la misma proporci√≥n que la que ten√≠an en el Gobierno, ¬ęcada uno de los partidos estuviese representado por un titular y un suplente¬Ľ.[45] Durante la madrugada del d√≠a 7 fueron elegidos los representantes de cada uno de los partidos, sindicatos y organizaciones presentes: el PSOE, el PCE, las Juventudes Socialistas Unificadas, la CNT, la Casa del Pueblo de Madrid (UGT), Izquierda Republicana, Uni√≥n Republicana, las Juventudes Libertarias y el Partido Sindicalista, bajo la presidencia del general Miaja. La Junta se constitu√≠a oficialmente el d√≠a 7 de noviembre a las once de la ma√Īana. El predominio comunista en la Junta era muy grande, tanto por el n√ļmero de integrantes (aparte de los p√ļblicamente comunistas, tanto los representantes de las JSU, reci√©n afiliados, como los de la Casa del Pueblo, representantes de la UGT, lo eran tambi√©n) como por su perfil: Antonio Mije era miembro de la direcci√≥n del PCE, en tanto que Santiago Carrillo era el secretario general de las JSU. Sin embargo, ese dominio no era a√ļn patente, puesto que la afiliaci√≥n comunista de Carrillo y Cazorla a√ļn no era conocida. No hubo resistencias por parte del resto de partidos a la asunci√≥n de las consejer√≠as de Guerra y Orden P√ļblico por parte del PCE y las JSU.[46]

La mayor parte de las sacas se produjeron mientras las tropas franquistas asaltaban la ciudad durante la batalla de Madrid. En la fotograf√≠a, b√ļnkeres de ametralladoras en el Parque del Oeste, l√≠nea del frente durante la batalla de Madrid.

La madrugada del 6 al 7 de noviembre

Esa misma noche tenían lugar otros acontecimientos relevantes en diversos lugares de Madrid.

El periodista sovi√©tico Mijail Koltsov, formalmente corresponsal de Pravda, descrito por Hugh Thomas e Ian Gibson como "el agente personal de Stalin en Espa√Īa" y como una persona que "en ocasiones ten√≠a l√≠nea directa con el Kremlin", lleg√≥ a Espa√Īa el 8 de agosto de 1936 (antes del establecimiento de relaciones diplom√°ticas entre Espa√Īa y la Uni√≥n Sovi√©tica). En poco tiempo hab√≠a ganado una enorme influencia no s√≥lo ante los cuadros del PCE sino tambi√©n en el gobierno y el ej√©rcito. De hecho, asist√≠a a las sesiones del Comisariado de Guerra, creado a mediados de octubre, presididas por √Ālvarez del Vayo. Koltsov hab√≠a estado alertando tanto al Comisariado como al Gobierno de Largo Caballero del peligro que representaban los miles de "fascistas" presos en las c√°rceles madrile√Īas. Seg√ļn afirma Koltsov en su libro Diario de la guerra espa√Īola, el problema de la evacuaci√≥n de los presos hab√≠a sido tratado el 1 de noviembre por el gobierno, si√©ndole encomendada la misi√≥n al ministro de Gobernaci√≥n √Āngel Galarza. Sin embargo, cuando el gobierno huy√≥ de Madrid en la tarde del 6 de noviembre, no se hab√≠a hecho nada a este respecto. En palabras de Koltsov, De los ocho mil fascistas detenidos no ha sido evacuado uno solo.[47]

Esa tarde, tras recorrer las dependencias oficiales, encontr√°ndoselas vac√≠as, Koltsov acudi√≥, ya anochecido, a la sede del Comit√© Central del PCE, donde observa que es el √ļnico partido que sigue activo en Madrid, tratando de organizar la defensa de la ciudad ante el inminente asalto. Seg√ļn cuenta en su diario:

[Koltsov] preguntó qué había de la evacuación de los fascistas detenidos. Respondió [Pedro] Checa que no se había hecho nada y que ya era tarde. Para ocho mil personas hace falta muchísimo transporte, escolta, una verdadera organización [...].

Por una parte se constituía extraoficialmente el denominado Consejo de la Dirección General de Seguridad.

Evacuaciones y primeras sacas

Durante la reuni√≥n de constituci√≥n de la Junta, en la madrugada del 6 al 7 de noviembre, se decidi√≥ evacuar a los presos internados en la C√°rcel Modelo, entre los que se encontraban numerosos militares, a prisiones alejadas de Madrid. El motivo era la preocupaci√≥n por que los presos pudieran aumentar el potencial ofensivo de los sublevados ‚ÄĒa la saz√≥n a las puertas de Madrid‚ÄĒ ante la eventualidad de la ca√≠da de la capital.[48] En ese momento, los combates se llevaban a cabo en la propia ciudad, habiendo llegado los rebeldes hasta la Ciudad Universitaria, muy cercana a la c√°rcel Modelo (este episodio b√©lico se conoce como batalla de Madrid).

Mientras la reuni√≥n de constituci√≥n de la Junta tiene lugar, se est√° preparando una saca en la c√°rcel de Porlier. De madrugada todav√≠a, parti√≥ de dicha c√°rcel un convoy de autobuses de l√≠nea regular pertenecientes a la Sociedad Madrile√Īa de Tranv√≠as, con el aparente prop√≥sito de trasladar a los presos a Valencia. Sin embargo, una vez llegado a Torrej√≥n de Ardoz (la carretera de Valencia estaba bajo el fuego de los asaltantes), en lugar de seguir hacia Loeches y Camporreal para enlazar con la carretera de Valencia, se desvi√≥ hacia la vega del Jarama (en el municipio de Paracuellos de Jarama), y all√≠ los presos fueron fusilados. Los sucesos se repitieron dos d√≠as despu√©s, esta vez en la vega del Henares (en el municipio de Torrej√≥n de Ardoz). Miembros del cuerpo diplom√°tico, como el c√≥nsul de Noruega, el alem√°n Felix Schlayer, ya el d√≠a 7 por la tarde hab√≠an advertido al Consejero de Orden P√ļblico, Santiago Carrillo, de los hechos. Carrillo sin embargo, aunque reconoci√≥ en sus memorias la conversaci√≥n con el c√≥nsul noruego (al que confunde con el embajador de Finlandia), ha sostenido en todo momento no estar al corriente de las matanzas.[49]

Siguientes sacas

A pesar de las declaraciones en contra de las autoridades republicanas, los fusilamientos se reanudaron de nuevo. Ni las protestas del cuerpo diplom√°tico ni el posible deterioro de la imagen internacional del Frente Popular lograron detener los asesinatos.

Primera intervención de Melchor Rodríguez

Finalmente, las matanzas se detuvieron el 10 de noviembre, cuando el anarquista Melchor Rodr√≠guez, llamado "El √Āngel Rojo", se puso al frente de la Direcci√≥n de Prisiones, el cual, con su en√©rgica actuaci√≥n individual logr√≥ detener las matanzas masivas de presos. Su asunci√≥n del cargo careci√≥ de nombramiento oficial hasta el d√≠a 14, fecha en que dimiti√≥. Su dimisi√≥n permiti√≥ la reanudaci√≥n de las extracciones y asesinatos de presos hasta que su nombramiento definitivo, causado por las presiones del cuerpo diplom√°tico y del presidente del Tribunal Supremo, Mariano G√≥mez, finaliz√≥ definitivamente con las sacas y asesinatos masivos.[30]

El intento de asesinato del doctor Henny

El 8 de diciembre de 1936 fue derribado sobre Pastrana el avión correo de la embajada francesa que enlazaba Madrid con Tolouse, un Potez 54. En él viajaba el doctor Henny, delegado de la Cruz Roja Internacional, además de dos tripulantes, dos periodistas y dos secretarias. Aunque la pericia del piloto evitó una tragedia mayor, hubo tres heridos: Henny pasó cuatro meses en cama, uno de los periodistas (Louis Delaprée) murió a consecuencia de las heridas y otro sufrió la amputación de una pierna. Aunque el Ministerio de la Guerra proclamó que había sido "criminalmente atacado y derribado por la aviación fascista", el día 21 se descubrió que el avión había sido derribado por dos cazas republicanos Polikarpov I-15, pilotados por soviéticos.[50]

El doctor era portador de un dossier sobre las matanzas de presos en Madrid y, en especial, de las producidas en Paracuellos de Jarama, que deb√≠a presentarse ante la Sociedad de Naciones en Ginebra, donde iba a comparecer el ministro republicano Julio √Ālvarez del Vayo. Sin embargo, el derribo evit√≥ que esto ocurriera. F√©lix Schlayer y otros miembros del Cuerpo Diplom√°tico asumieron que hab√≠a sido derribado deliberadamente en un intento de evitar que las pruebas de las matanzas se hicieran p√ļblicas; Delapr√©e atribuy√≥ el atentado a Alexander Orlov, jefe de la inteligencia sovi√©tica en Espa√Īa, responsable entre otros episodios del secuestro y asesinato de Andr√©s Nin. C√©sar Vidal considera acertados ambos testimonios,[51] pero Gibson se√Īal√≥ que no hab√≠a hallado informe alguno sobre dichos asuntos en los archivos de la Cruz Roja Internacional.[39]

Las víctimas

Lápida sepulcral de los "mártires de Almagro" en la iglesia del convento dominico de la Asunción de Calatrava de Almagro (Ciudad Real). Los cuatro dominicos beatificados que aparecen en la lápida (José Delgado Pérez, José Prieto Fuentes, Manuel Santiago Santiago y Francisco Fernández Escosura), fueron asesinados en Paracuellos del Jarama.

Entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre tuvieron lugar, pues, 33 sacas de presos de las prisiones de Madrid. De ellas, 23 concluyeron con el asesinato de sus integrantes. Las expediciones partieron de la C√°rcel Modelo (7, 8 y 9 de noviembre; la c√°rcel fue evacuada el d√≠a 16 y los presos que a√ļn quedaban en ella repartidos entre otras c√°rceles madrile√Īas), la de Porlier (7, 8, 9, 18, 24, 25 y 26 de noviembre, 1 y 3 de diciembre; de esta prisi√≥n, s√≥lo una saca, la del 30 de noviembre, no termin√≥ en tragedia), la de San Ant√≥n (7, 22, 28, 29 y 30 de noviembre) y la de Ventas (27, 29 y 30 de noviembre y 1 y 3 de diciembre). No hubo ninguna saca en las c√°rceles de mujeres, por lo que no existe ninguna presa asesinada en Paracuellos. La mayor parte de las v√≠ctimas provinieron de la C√°rcel Modelo.[52]

En cuanto a la tipolog√≠a de las v√≠ctimas, √©stas pertenec√≠an en su mayor parte a la clase media conservadora y cat√≥lica, entre los que se contaban abogados, jueces, periodistas, escritores, catedr√°ticos y m√©dicos. Hab√≠a tambi√©n un elevado n√ļmero de militares, falangistas y religiosos, entre las que hay documentados varios casos de padres e hijos y de hermanos muertos juntos. Entre las v√≠ctimas hab√≠a tambi√©n menores de 21 a√Īos.[53] La mayor√≠a hab√≠an sido detenidos en Madrid (o trasladados a las c√°rceles madrile√Īas desde otras localidades) desde el inicio de la guerra. En el caso de los presos civiles, en su inmensa mayor√≠a sin haber participado en la sublevaci√≥n militar y sin haber recibido acusaci√≥n concreta ni juicio alguno. Entre las v√≠ctimas se encontraban Federico Salm√≥n, ministro de Trabajo por la CEDA en 1935, Jes√ļs C√°novas del Castillo, pol√≠tico agrarista, e incluso un futbolista, Monch√≠n Triana, que hab√≠a jugado en el Atl√©tico de Madrid y el Real Madrid. En una de las sacas, la del d√≠a 27 de noviembre, procedente de la c√°rcel de San Ant√≥n, encontr√≥ la muerte el dramaturgo espa√Īol Pedro Mu√Īoz Seca. Mu√Īoz Seca, que conoci√≥ d√≠as antes el fin que le esperaba y tuvo tiempo de escribir a su mujer, dej√≥ dicho a otro preso: ‚ÄúSe me acusa de mon√°rquico, por haber llevado a Roma para Don Alfonso XIII el manto de la Virgen del Pilar. Con este manto voy a morir yo tambi√©n‚ÄĚ. Tambi√©n pereci√≥ Mateo Garc√≠a de los Reyes, almirante retirado, primer comandante del arma submarina y Ministro de Marina durante la dictadura de Primo de Rivera. Otra v√≠ctima relevante fue Ricardo de la Cierva Codorn√≠u, un joven abogado cuya relevancia estriba en que trabajaba para la embajada noruega, al frente de la cual se hab√≠a colocado F√©lix Schlayer, que fue quien descubri√≥ las fosas en Paracuellos precisamente siguiendo la pista de su abogado. De la Cierva, muerto el 7 de noviembre en una de las sacas procedentes de la c√°rcel Modelo, era hijo del pol√≠tico conservador Juan de la Cierva Pe√Īafiel, varias veces ministro de la monarqu√≠a, padre del historiador Ricardo de la Cierva, y hermano de Juan de la Cierva, el inventor del autogiro.

Las v√≠ctimas fueron depositadas en seis fosas excavadas en Paracuellos entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, en algunos casos por los propios vecinos del pueblo de Paracuellos, obligados a ello pistola en mano (existen tambi√©n aqu√≠ discrepancias; mientras que Gibson sostiene que las fosas no estaban abiertas cuando llegaron las primeras sacas, bas√°ndose en el testimonio de Ricardo Arest√© Yebes, testigo presencial, alcalde de Paracuellos en 1983 e hijo del alcalde de la localidad en 1936,[54] Vidal afirma que estaban ya excavadas puesto que es "la pr√°ctica habitual en este tipo de casos", descartando las afirmaciones de Arest√© como una mera excusa para asegurar que nadie en Paracuellos, incluido su padre, sab√≠an nada de lo que estaba sucediendo[55] ). Una √ļltima fosa, la n√ļmero 7, fue excavada en 1940, una vez acabada la guerra, para acoger los cad√°veres de los fusilados en Soto de Aldovea (Torrej√≥n de Ardoz) en las mismas fechas, as√≠ como las de otros asesinados en fechas diferentes en lugares como Boadilla del Monte. Todos ellos fueron trasladados al cementerio de Paracuellos en f√©retros individuales y con toda formalidad.

Cifras

El n√ļmero total de fusilados en los campos de Paracuellos y de Torrej√≥n ha conocido, desde el principio, distintas cuantificaciones. Su c√°lculo es complejo porque las √≥rdenes para extraer presos de las c√°rceles madrile√Īas (que inclu√≠an listas nominativas conservadas entre los documentos de la Causa General) no inclu√≠an ninguna indicaci√≥n acerca del destino final de los sacados de las c√°rceles. Dichas √≥rdenes, como ya se ha indicado, justificaban la extracci√≥n de presos bajo la apariencia de traslado a otras c√°rceles, o incluso de puesta en libertad de los presos. Adem√°s, mientras que algunas expediciones eran efectivamente trasladadas y llegaban sanas y salva a su destino (las menos), otras terminaban en las fosas comunes de Paracuellos y Torrej√≥n.

El historiador Ian Gibson ofreci√≥ en la d√©cada de 1980 la cifra de 2.400 asesinados.[56] Para ello se bas√≥ en el cotejo de las relaciones nominativas registradas en la Causa General (las usadas para extraer los presos de las c√°rceles) con los listados incluidos en el diario ultraderechista El Alc√°zar (que el 3 de enero de 1977,[57] en los meses previos a la legalizaci√≥n del Partido Comunista de Espa√Īa, a la que se opon√≠an frontalmente los herederos de la dictadura, public√≥ una lista nominativa de 2.500 asesinados,[58] afirmando que en Paracuellos hab√≠an sido asesinadas entre 10.000 y 12.000 personas; el peri√≥dico titulaba en portada ¬ęDescansen en paz los doce mil m√°rtires vilmente asesinados y enterrados en fosas comunes en Paracuellos del Jarama en noviembre de 1936 por mandato expreso del consejero de Orden P√ļblico del Gobierno Rojo, el comunista Santiago Carrillo¬Ľ), y determinar as√≠ cu√°les de las sacas terminaron en asesinato. De acuerdo con Gibson, la lista de El Alc√°zar es una copia literal de la publicada en Comunicaci√≥n. √ďrgano oficial de la Delegaci√≥n Nacional de Ex Cautivos, Madrid, suplemento extraordinario n√ļmero 5, publicada el 7 de noviembre de 1941, que a su vez se basa en las investigaciones llevadas a cabo, tras la guerra, por la Asociaci√≥n de Familiares de los M√°rtires de Paracuellos del Jarama. Gibson tambi√©n indica que utiliz√≥ el libro del padre Vicu√Īa M√°rtires agustinos de El Escorial, San Lorenzo de El Escorial, 1943 (sobre los monjes agustinos del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, asesinados en Paracuellos; el padre agustino Carlos Vicu√Īa Murguiondo fue el √ļnico de los agustinos de El Escorial que no encontr√≥ la muerte en el oto√Īo de 1936, siendo liberado gracias a las gestiones del Partido Nacionalista Vasco[59] ), para realizar este cotejado. En el caso de la C√°rcel Modelo, Gibson verifica la cifra de asesinados procedentes de esta prisi√≥n tambi√©n con el libro de Schlayer y con los registros oficiosos de la Cruz Roja Internacional enviados por Georges Henny, delegado del Comit√© Internacional de la Cruz Roja en Madrid. De este cotejado, deduce unas cifras aproximadas de 2.000 asesinados. Teniendo en cuenta las afirmaciones de Ricardo de la Cierva que indica que existen 2.750 v√≠ctimas identificadas (citado en El cementerio de Paracuellos del Jarama, Madrid, 1972), datos obtenidos de los archivos de la Asociaci√≥n de Familiares de los M√°rtires de Paracuellos (citado en La matanza de Paracuellos, incluido en Espa√Īa 1936-1976. La historia se confiesa, Barcelona, 1978), todo ello reiterado en su obra de 1994,[60] Gibson ofrece una estimaci√≥n final de los citados 2.400 asesinados (curiosamente, La Cierva afirma que "Gibson se declara de acuerdo con mis datos, confirmados por un estudio anal√≠tico de ¬ęEl Alc√°zar¬Ľ".[60] En su edici√≥n de 2005, Gibson mantuvo sus conclusiones.

Por su parte, Vidal hace un repaso de las diversas cifras proporcionadas hasta entonces,[61] de forma err√≥nea en todos los casos.[62] Finalmente, Vidal da por bueno un trabajo no publicado ni sometido a revisi√≥n historiogr√°fica hasta el momento de Jos√© Manuel Ezpeleta, piloto a√©reo, nieto de un asesinado en Paracuellos y vocal de la Hermandad de Nuestra Se√Īora de los M√°rtires de Paracuellos del Jarama[63] (citado err√≥neamente por Vidal como J.A. Ezpeleta; la edici√≥n de bolsillo del libro de Vidal incluye una errata en este punto, ya que atribuye estos estudios a un tal J.A. Ezquerra), el cual incluye una lista de 4.200 asesinados, seg√ļn Ezpeleta completamente identificados, sin contar los 414 fusilados en el Soto de Aldovea en Torrej√≥n de Ardoz, procedentes de una saca de la c√°rcel de San Ant√≥n (y de los que, tras su exhumaci√≥n, s√≥lo se identific√≥ a 96). C√©sar Vidal alaba lo que √©l considera rigor del autor, tomando sus investigaciones como definitivas y redondeando la cifra a unos 5.000[64] (Vidal incluye en su libro una lista de 4.021 v√≠ctimas de las matanzas de Paracuellos,[65] si bien no especifica si se trata de la lista de Ezpeleta).

Puerta del cementerio de Paracuellos de Jarama erigido en el lugar donde se encontraban las fosas comunes donde fueron enterrados los asesinados en oto√Īo de 1936.

Finalmente, Cervera ofrece la cifra de unos 2.000 asesinados.[66] Su razonamiento comienza con la relativizaci√≥n de la lista de El Alc√°zar, utilizada por Gibson en sus estimaciones ("El conocido trabajo de Gibson les otorga una extraordinaria importancia como base sobre la que cuantificar el n√ļmero de los asesinados, lo cual nos indica que no parece que las examinara con mucho rigor"[67] ). As√≠, se√Īala la existencia de v√≠ctimas que aparecen listadas dos veces o la inclusi√≥n de v√≠ctimas asesinadas en sacas ocurridas antes del 7 de noviembre (como Ramiro Ledesma, parte de una saca procedente de la c√°rcel de Ventas cuyos integrantes fueron asesinados en el cementerio de Aravaca la madrugada del 1 de noviembre, como el propio Gibson detalla en su libro[68] ). Cervera tambi√©n descalifica la cifra de 12.000 incluida en el art√≠culo, puesto que, de acuerdo con sus investigaciones, sobrepasar√≠a el total de poblaci√≥n reclusa en Madrid en noviembre de 1936.[69] A continuaci√≥n, cita el trabajo de Rafael Casas de la Vega, El terror. Madrid 1936, Madrid, 1994, el cual incluye tambi√©n listados con los asesinados en la provincia de Madrid, incluyendo los de las sacas de noviembre y diciembre. Cervera se√Īala que abundan los nombres repetidos con leves variaciones ortogr√°ficas, errores de fecha, lugar y circunstancias de las muertes, as√≠ como personas que estaban vivas despu√©s de la presunta fecha de su muerte, lo cual le hace poner en duda la fiabilidad de las cifras de Casas de la Vega (que eran 2.410 con seguridad y 526 m√°s necesitadas de comprobaci√≥n).[70] Por todo ello, usando los listados disponibles en la Causa General y las listas de El Alc√°zar y Casas de la Vega, que permit√≠an descartar nombres, se llega a la cifra de algo m√°s de 2.000 personas.

Las responsabilidades

La responsabilidad √ļltima de estos cr√≠menes (qui√©n o quienes dieron las √≥rdenes de proceder a las matanzas) es un asunto a√ļn abierto y la tarea de determinarla es cada vez m√°s ardua para los historiadores, a causa de la muerte de muchas personas clave de dichos hechos y de la ausencia de pruebas directas acerca de qui√©n o quienes dieron las √≥rdenes de que algunas de las sacas terminasen en las fosas comunes de Paracuellos o Torrej√≥n. Tambi√©n resulta controvertido dilucidar las complicidades en tales hechos (esto es, qu√© autoridades, teniendo constancia de las matanzas, no hicieron lo suficiente para impedirlas). As√≠, Cervera distingue en su an√°lisis entre la responsabilidad directa, es decir, la de los que planearon los asesinatos y dieron las √≥rdenes para su ejecuci√≥n, y las de aquellos que, conociendo que se estaban llevando a cabo tales acciones, no hicieron lo suficiente para terminar con ellas, a√ļn disponiendo de poder y medios para ello.[71]

El hispanista irland√©s Ian Gibson afirma que es clara la responsabilidad del Partido Comunista, cada vez m√°s poderoso en Madrid y fuerza hegem√≥nica en el Consejo de la Direcci√≥n General de Seguridad de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico (presidido por Segundo Serrano Poncela), continuador del Comit√© Provincial de Investigaci√≥n P√ļblica (la tristemente c√©lebre checa de Bellas Artes y luego de Fomento), dirigido en la sombra por los agentes sovi√©ticos en Espa√Īa Mijail Koltsov (al que identifica como a la persona que se ocultaba bajo el seud√≥nimo de Miguel Mart√≠nez) y Nikloski "Alejandro" Orlov, jefe de la NKVD en Espa√Īa.[72] De acuerdo con Gibson, el "Consejillo de Orden P√ļblico" habr√≠a implantado un "sistema de terror y muerte". Un sistema que era heredero de la tristemente c√©lebre "checa de Fomento" y que dirig√≠a el Consejillo de la Direcci√≥n General de Seguridad, un organismo controlado por los comunistas con la colaboraci√≥n activa de los anarquistas. Estos asesinatos no tuvieron lugar en cualquier momento, sino en una especial situaci√≥n, en la que las tropas franquistas se encontraban a las puertas de la ciudad, sin saberse si entrar√≠an en la ciudad en cualquier momento. En la situaci√≥n de "miedo y p√°nico que se hab√≠an apoderado de un Madrid sujeto d√≠a y noche al bombardeo, aquellos duros del Consejillo [el Consejo de la Direcci√≥n General de Seguridad] no estaban dispuestos a tratar humanamente a los presos ¬ęfascistas¬Ľ hacinados en las c√°rceles de Madrid. Y adem√°s, las masas que representaban clamaban por la sangre de aquellos reclusos.[73]

Fuente situada en el chaflán que forma uno de los ángulos del colegio de las Escuelas Pías de San Antón, transformado en cárcel (cárcel de San Antón) durante la Guerra Civil y de donde salieron muchas de las sacas que finalizaron en Paracuellos del Jarama.

Respecto a otras personas acusadas por otros autores de haber ordenado las matanzas, Gibson no considera en ning√ļn momento como responsable de estas a Manuel Mu√Īoz Mart√≠nez, director general de Seguridad, que hab√≠a abandonado la ciudad en la tarde-noche del 6 de noviembre con el resto del Gobierno, habiendo dejado una orden de evacuaci√≥n de presos de la c√°rcel de San Ant√≥n a Alcal√° de Henares, que fue usada el d√≠a 7, con la fecha probablemente manipulada. Tampoco menciona a Margarita Nelken, diputada socialista sin ninguna participaci√≥n en el Gobierno ni en la Junta de Defensa de Madrid (acusada por C√©sar Vidal, el cual, siguiendo a Schlayer, la considera sucesora de Mu√Īoz al frente de la Direcci√≥n General de Seguridad el 7 de noviembre; Gibson no considera que existiese tal "sucesi√≥n" en la DGS entre la huida de su titular, en la noche del 6 de noviembre y la constituci√≥n de la Junta de Defensa de Madrid, en la madrugada del 7).[74] Con respecto a Santiago Carrillo, afirma que es dif√≠cil de creer que aquel no estuviese enterado de las matanzas que se hab√≠an producido los d√≠as 7 y 8 de noviembre, si no enseguida, s√≠ muy poco tiempo despu√©s (m√°xime teniendo en cuenta la conversaci√≥n con Schlayer, en la que √©ste le hab√≠a advertido de la situaci√≥n de los presos), si bien es posible que Carrillo no tuviese nada que ver con ella. Gibson concluye que tanto Carrillo como su delegado, Segundo Serrano Poncela, prefirieron no darse por enterados del "sistema de terror y muerte implantado antes de su llegada al poder, de acuerdo, pero continuado durante su mandato. [...] A la vista de esta situaci√≥n, tanto Carrillo como Serrano Poncela, a nuestro juicio, optaron por hacer la vista gorda".[75] Prueba de que, en caso de haberse querido, la Consejer√≠a de Orden P√ļblico, a cuyo frente estaba Carrillo, pod√≠a haber evitado las sacas, es su cese con el nombramiento de Melchor Rodr√≠guez como delegado especial de Prisiones.[76]

C√©sar Vidal no hace ninguna distinci√≥n entre responsabilidades directas e indirectas. As√≠, sostiene que la responsabilidad √ļltima de los fusilamientos la tuvieron Santiago Carrillo, como consejero de Orden P√ļblico de la Junta de Defensa de Madrid, y sus subordinados comunistas, socialistas y anarquistas. Tambi√©n acusa a Margarita Nelken, diputada socialista, Manuel Mu√Īoz Mart√≠nez, director General de Seguridad, a los ministros del Gobierno de Largo Caballero Angel Galarza (Gobernaci√≥n) y Garc√≠a Oliver (Justicia). La responsabilidad estar√≠a, en definitiva, "en una visi√≥n ideol√≥gica que pretend√≠a poseer la autoridad y legitimidad suficientes como para decidir la muerte de segmentos enteros de la poblaci√≥n". Carrillo ha arg√ľido que Paracuellos de Jarama no se encontraba dentro del √°rea de jurisdicci√≥n de la Junta de Defensa para sostener su inocencia, aunque las c√°rceles desde donde partieron todos las sacas de presos s√≠ que lo estaban.[77]

Javier Cervera por su parte, afirma que indudablemente las matanzas fueron cuidadosamente preparadas y no resultaron obra de incontrolados, individuos aislados o comit√©s aut√≥nomos. En su an√°lisis, Cervera diferencia entre responsabilidades directas (los que ordenaron y planificaron las matanzas) e indirectas (aquellos que pudiendo haberlas evitado no lo hicieron) y comienza descartando responsables. As√≠ descarta a los comit√©s de las tristemente c√©lebres checas, as√≠ como al Gobierno de la Rep√ļblica o a sus Tribunales de Justicia. A los chequistas los descarta debido a que nunca se preocuparon la selecci√≥n de paseados o de la elaboraci√≥n de listas. Respecto al Gobierno de la Rep√ļblica, Cervera se√Īala las sacas tuvieron cuando el gobierno se encontraba en Valencia, no comenzando hasta horas despu√©s de su partida. El Gobierno, y sobre todo su ministro de Estado, Julio √Ālvarez del Vayo, era consciente de la atenci√≥n del Cuerpo Diplom√°tico a la situaci√≥n de las prisiones desde agosto. En un momento en el que la Rep√ļblica necesitaba desesperadamente el apoyo de las democracias europeas, una acci√≥n de tal calibre √ļnicamente conseguir√≠a deslegitimar al Gobierno de la Rep√ļblica. Adem√°s, las sacas iban en contra de los esfuerzos del Gobierno para instituir los Tribunales Populares que hacer pagar sus culpas legalmente a los sublevados y sus partidarios. Cervera afirma, bas√°ndose, entre otras cosas, en los reglamentos aplicables a la gesti√≥n de las salidas de presos de las c√°rceles madrile√Īas, que la responsabilidad de las sacas estuvo en el entorno de la Direcci√≥n General de Seguridad. Sin embargo, tambi√©n exculpa a su director, Manuel Mu√Īoz Mart√≠nez, puesto que √©ste huye a Valencia el d√≠a 6 de noviembre hacia las siete de la tarde y las sacas no comenzaron hasta la madrugada del d√≠a 7 (en compa√Ī√≠a del ministro de Gobernaci√≥n, √Āngel Galarza, el cual, obviamente tampoco estuvo en Madrid en el momento de las sacas). Efectivamente, una de las √≥rdenes de extracciones de presos, utilizada en la c√°rcel de San Ant√≥n el 7 de noviembre, estaba firmada por √©l, pero Mu√Īoz no se encontraba en Madrid y el documento conservado en la Causa General parece tener raspada la fecha de esta orden (Mu√Īoz s√≠ que hab√≠a firmado anteriormente otras √≥rdenes de extracciones de presos que terminaron en matanza, como las utilizadas en la c√°rcel de Ventas los d√≠as 31 de octubre y 1 y 2 de noviembre, en la que los integrantes de las expediciones fueron asesinados en el cementerio de Aravaca), por lo que puede descartarse la participaci√≥n de Mu√Īoz en estas sacas (tras el d√≠a 7, su firma no volvi√≥ a aparecer en ninguna orden). Por otra parte, la iniciativa de eliminar a los presos tampoco parti√≥ del Gobierno a trav√©s de los Tribunales Populares, puesto que tras las matanzas, muchos presos fueron llamados a juicio, ignorantes los Tribunales Populares de que hab√≠an sido asesinados.

Cervera achaca la responsabilidad directa de la decisi√≥n y planificaci√≥n de los asesinatos a sectores, personas u organismos comunistas, actuando desde la Direcci√≥n General de Seguridad, que depend√≠a de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico. Adicionalmente, se√Īala que se cont√≥ con la complicidad de miembros de la Federaci√≥n Local de la CNT, tal como indican los hallazgos de Reverte.[10] Sobre la implicaci√≥n de los sovi√©ticos, ante la falta de documentos al respecto, Cervera no la descarta, pero tampoco la afirma. [78]

La principal novedad de Cervera es que sigue la tesis de Jorge Mart√≠nez Reverte, seg√ļn la cual los anarquistas tomaron parte en los hechos (Payne tambi√©n lo hace[11] ). Seg√ļn Reverte, la orden de la matanza vendr√≠a de los agentes sovi√©ticos que, con mano de hierro, dirig√≠an al PCE en aquellos momentos. La ejecuci√≥n de las matanzas habr√≠a corrido a cargo de comunistas y anarquistas (la participaci√≥n de estos √ļltimos era absolutamente necesaria al controlar las Milicias de Etapas, encargadas de vigilar las carreteras. Una vez constituida la Junta de Defensa, representantes cenetistas y de las JSU se habr√≠an reunido en un aparte (sin contar con el general Miaja ni con los representantes de otros partidos) y habr√≠an llegado a un acuerdo consistente en clasificar a los presos, unos ocho mil, en tres categor√≠as: la primera, compuesta por ‚Äúfascistas‚ÄĚ y elementos "peligrosos" que ser√≠an ejecutados de inmediato; la segunda, con responsabilidades menores, ser√≠a trasladada a Chinchilla; los componentes de la tercera ser√≠an puestos en libertad. La alianza ser√≠a meramente circunstancial, puesto que aunque ambos compart√≠an la obsesi√≥n por eliminar a los miembros de la derecha, alimentada por los miles de asesinatos que los sublevados hab√≠an ido cometiendo en su avance hacia Madrid, se detestaban. Sin embargo, unos controlaban la consejer√≠a de Orden P√ļblico, con la polic√≠a y los ficheros de presos, y otros las carreteras de salida de Madrid, por donde las expediciones deber√≠an pasar si no se quer√≠an llevar a cabo las matanzas en pleno Madrid. Sin embargo, Reverte tambi√©n sostuvo que las JSU no ten√≠an la autonom√≠a suficiente para tomar una decisi√≥n de tal calibre y que fueron los agentes estalinistas sovi√©ticos, de los que Mijail Koltsov era el m√°s conocido, quienes tomaron la decisi√≥n.

Reverte fundamentaba esta tesis en un documento encontrado por √©l mismo en los archivos de la CNT: el acta de una reuni√≥n en el local del Comit√© Nacional de la CNT entre distintos miembros de comit√©s de la organizaci√≥n confederal en Madrid llevada a cabo el 8 de noviembre en la que uno de los conocedores del supuesto pacto secreto, Amor Nu√Īo, consejero de Industrias de Guerra de la Junta de Defensa de Madrid, relata con todo detalle el acuerdo que se hab√≠a tomado. Sin embargo, en el acta no aparecen los nombres de los representantes de las JSU que hab√≠an participado en la reuni√≥n.[10]

Herederos del movimiento anarquista[79] [80] han negado cualquier participación anarquista en las matanzas de Paracuellos.

Juli√°n Casanova, profesor de Historia Contempor√°nea en la Universidad de Zaragoza asigna las responsabilidades a las autoridades comunistas de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico, asesoradas por los sovi√©ticos, en el libro, coordinado por Santos Juli√°, V√≠ctimas de la guerra civil, Madrid, 1999, citando a Manuel Mu√Īoz, Santiago Carrillo y Segundo Serrano Poncela:

No parece exagerado cargar la responsabilidad sobre los aparatos policiales, bajo control comunista y con asesores sovi√©ticos, sobre militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas y sobre los m√°ximos dirigentes de ese sistema policial: Manuel Mu√Īoz, director general de Seguridad; Santiago Carrillo, consejero de Orden P√ļblico; y Segundo Serrano Poncela, ¬ędelegado para la Direcci√≥n General de Seguridad¬Ľ [...] las ¬ęsacas¬Ľ de noviembre apuntan a una limpieza de la retaguardia en toda regla, dictada por la guerra y querida al mismo tiempo, una ocasi√≥n extraordinaria para aniquilar al enemigo pol√≠tico, ideol√≥gico y de clase.
(Juli√° 1999: 134-135)

La responsabilidad de Santiago Carrillo

Santiago Carrillo firmando sus Memorias en la Feria del Libro de Madrid en 2007. Santiago Carrillo era consejero de Orden P√ļblico cuando tuvieron lugar las matanzas.

En la madrugada del 7 de noviembre, el puesto de consejero de Orden P√ļblico de la Junta de Defensa de Madrid hab√≠a reca√≠do en el joven Santiago Carrillo. Ten√≠a 21 a√Īos y era el secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas, una organizaci√≥n que contaba con 30.000 militantes en julio de 1936 y que constitu√≠a el resultado de la fusi√≥n entre las juventudes del PSOE y las del PCE. Carrillo proven√≠a de las socialistas, alineadas con el ala izquierda del partido, liderada por Largo Caballero. Sin embargo, cuando se hizo cargo de la consejer√≠a, Carrillo hab√≠a solicitado ya (el mismo d√≠a 6 de noviembre), junto con muchos de sus compa√Īeros de la direcci√≥n de las JSU, el ingreso en el PCE, algo que desconoc√≠an en el PSOE.

Ya la c√©lebre Causa General franquista mencion√≥ a Carrillo en relaci√≥n con las matanzas. En el cap√≠tulo 7 de Causa General. La dominaci√≥n roja en Espa√Īa. Avance de la informaci√≥n instruida por el Ministerio P√ļblico, C√°rceles y asesinatos,[81] Carrillo aparece mencionado una √ļnica vez, como consejero de Orden P√ļblico y responsable del nombramiento de Segundo Serrano Poncela como delegado de Orden P√ļblico, responsable a su vez del Consejo de la Direcci√≥n General de Seguridad, al que se le atribuye la responsabilidad de las matanzas. Tambi√©n en el Anexo 4, relativo a Las checas, Carrillo es definido como presidente, junto con Serrano Poncela del Consejo, el cual procedi√≥ a las extracciones de presos, los cuales fueron asesinados por las Milicias de Vigilancia de la Retaguardia[82] (en relaci√≥n con ello, el propio Carrillo afirm√≥ que la imputaci√≥n por parte del r√©gimen franquista acerca de su culpabilidad se produjo s√≥lo cuando fue elevado a la secretar√≠a general del Partido Comunista de Espa√Īa, en la d√©cada de 1950, veinte a√Īos despu√©s de las masacres[83] ).

Autores identificados con el franquismo, como Ricardo de la Cierva (hijo, adem√°s, de un asesinado en Paracuellos), acusan a Santiago Carrillo de haber ordenado las matanzas.[84] Tales acusaciones son lugar com√ļn entre c√≠rculos de la extrema derecha,[85] donde la calificaci√≥n de Carrillo como ¬ęgenocida¬Ľ y ¬ęasesino¬Ľ es habitual, as√≠ como por parte de periodistas autodefinidos como liberales.[86] [87] Familiares de los asesinados han acusado tambi√©n a Carrillo, mostr√°ndose convencidos tambi√©n de su responsabilidad.[88] Autores como C√©sar Vidal, P√≠o Moa,[89] Rafael Casas de la Vega[cita requerida], o Stanley G. Payne[90] han secundado tales acusaciones. Incluso historiadores alejados de las corrientes representadas por estos √ļltimos, como Guillermo Cabanellas se han mostrado de acuerdo, siguiendo el testimonio de Jes√ļs de Gal√≠ndez (v√©ase m√°s abajo),[91] si bien considerando que fueron los agentes sovi√©ticos los que posiblemente ordenaron las matanzas, siendo Carrillo el brazo ejecutor de la operaci√≥n.[92] Tambi√©n ha visto afirmaciones de historiadores como Paul Preston, el cual dice que la implicaci√≥n de Santiago Carrillo en la organizaci√≥n de las matanzas de Paracuellos es innegable.[93] [94]

No existe sin embargo ninguna prueba documental o testimonio directos que prueben o le acusen de haber ordenado las matanzas, aunque s√≠ documentos o citas de terceras personas que han sido interpretadas por algunos autores como pruebas. El propio Carrillo ha desmentido repetidamente que fuese √©l la persona que ordenase las matanzas, centr√°ndose en las sacas de la c√°rcel Modelo y atribuy√©ndolas generalmente a grupos de incontrolados operando fuera de su jurisdicci√≥n, que interceptaron los convoyes, los cuales contaban con una escolta escasa y poco dispuesta a defender a los presos debido a la cr√≠tica situaci√≥n militar y de estado de √°nimo de los defensores de la ciudad.[95] En su entrevista con Ian Gibson para Paracuellos: c√≥mo fue, Carrillo niega la posibilidad de que los responsables de las matanzas fueran parte de la consejer√≠a de Orden P√ļblico[96] aunque insin√ļa la responsabilidad de Serrano Poncela[97] y de los agentes sovi√©ticos.[98]

Modernamente, ha sido C√©sar Vidal el autor que m√°s se ha distinguido en atribuir la responsabilidad de las matanzas a Carrillo. As√≠, escribe que "debe afirmarse que la responsabilidad ejecutora de Carrillo no tuvo ninguna duda ninguno de los que supieron, en noviembre de 1936, lo que estaba sucediendo ‚ÄĒcomo no la han tenido despu√©s los familiares de los asesinados ni los estudiosos del tema‚ÄĒ ya formaran parte del cuerpo diplom√°tico, como [Felix] Schlayer o de las autoridades republicanas".[99] En su apoyo, cita los escritos del diplom√°tico germano-noruego Felix Schlayer (Diplomat im roten Madrid de 1938) y el nacionalista vasco Jes√ļs de Gal√≠ndez (Los vascos en el Madrid sitiado). As√≠, respecto al primero, Vidal afirma que Schlayer, el d√≠a 7 de noviembre:

...se encamin√≥ a su entrevista con Santiago Carrillo. El consejero de Orden P√ļblico demostr√≥ una notable astucia pero no cay√≥ en el enga√Īo. Con todo, el c√≥nsul noruego no supo exactamente qu√© responsabilidad atribuirle en lo que suced√≠a [...] S√≠ que tuvo clara la responsabilidad subsiguiente a aquella entrevista y, ciertamente, no se equivoca. En el curso de los d√≠as siguientes, no solo continuaron las sacas sino que Schlayer constat√≥ que Miaja y Carrillo no hac√≠an nada para impedir las matanzas. ¬ęY ‚ÄĒcomo escribir√≠a tiempo despu√©s‚ÄĒ entonces s√≠ que no pod√≠an alegar desconocimiento ya que estaban informados por nosotros¬Ľ.
(Vidal 2005: 183)

Respecto al segundo, Vidal cita la obra de Galíndez:

Algunos de estos fascistas [la Quinta Columna] estaban refugiados en las embajadas protegidas por el "tab√ļ" de la extraterritorialidad, muchos a√ļn se agazapaban en casas particulares desde las cuales tiroteaban a mansalva, pero otros estaban apresados en las c√°rceles de la ciudad. Y el mismo d√≠a 6 de noviembre se decidi√≥ la limpieza de esta Quinta Columna, por las nuevas autoridades que controlaban el orden p√ļblico.

Los fascistas se han encargado de propagar escenas y cifras, que creo no son del todo ciertas. Pero la tr√°gica limpieza fue desgraciadamente hist√≥rica, no caben paliativos a la verdad. En la noche del 6 de noviembre fueron sumariamente revisadas las fichas de unos 600 presos de la C√°rcel Modelo, y, comprobada su condici√≥n de fascistas, ejecutados en el pueblecito de Paracuellos del Jarama, cerca de Alcal√° de Henares; dos noches despu√©s, otros 400 presos eran id√©nticamente ejecutados; en total fueron 1.020. En d√≠as sucesivos, hasta el 4 de diciembre, la limpieza seguir√≠a, aunque con cifras inferiores, en las dem√°s c√°rceles provisionales[...] Las matanzas de agosto, los paseos, son injustificables, pero se explican por la situaci√≥n del momento y la √≠ndole de las personas que la hicieron; para m√≠, la limpieza de noviembre es el borr√≥n m√°s grave de la defensa de Madrid, por ser dirigida por las autoridades encargadas del orden p√ļblico.
(Galíndez 2005: 85-88), citado parcialmente en (Vidal 2005: 218)

No cita Vidal, sin embargo, la siguiente frase del libro de Galíndez:

Bien es verdad, que a primeros de diciembre dej√≥ Serrano Poncela la Delegaci√≥n de Orden P√ļblico y fue nombrado Melchor Rodr√≠guez para la Delegaci√≥n de Prisiones, momento en el cual las matanzas cesaron y Tribunales Regulares comenzaron a actuar con un criterio justo y ben√©volo.
(Galíndez 2005: 88)

Finalmente, Vidal se√Īala que Carrillo justifica en sus memorias su desconocimiento sobre lo que ocurri√≥ con los presos extra√≠dos de la c√°rcel Modelo, pero muestra un "silencio absoluto" sobre la segunda fase de las matanzas (la ocurrida a partir del 18 de noviembre).[100]

Los textos citados por Vidal demostrar√≠an que, tras la entrevista con Schlayer (cuando ya se hab√≠an producido las primeras sacas que terminaron en fosas comunes), efectivamente Carrillo no desconoc√≠a que estaban teniendo lugar asesinatos entre los presos de las c√°rceles madrile√Īas, y que la responsabilidad emanaba de las autoridades de orden p√ļblico, como afirma Gal√≠ndez (si bien este √ļltimo apunta como responsable a Serrano Poncela).

La ultraderecha considera a Santiago Carrillo responsable del "genocidio" de Paracuellos. En la foto, un cartel colocado en el pedestal de la estatua de Francisco Franco en los Nuevos Ministerios de Madrid tras su retirada en 2005.

Por su parte, Gibson examina también otras afirmaciones de Galíndez, que han sido utilizadas como argumento incriminatorio de Carrillo:

El deber de estricta objetividad que me he impuesto hace que d√© cuenta de la versi√≥n escuchada en labios de Segundo Serrano Poncela, baja en el Partido Comunista antes de terminar la guerra, y exiliado finalmente en la Rep√ļblica Dominicana. Seg√ļn sus palabras, √©l ignor√≥ totalmente que el ¬ętraslado a Chinchilla¬Ľ, o las √≥rdenes de libertad posteriores, fueran una contrase√Īa convenida para sacarlos de la prisi√≥n y matarlos en las afueras de Madrid; las √≥rdenes le eran pasadas por el consejero de Orden P√ļblico, Santiago Carrillo, y √©l se limitaba a firmarlas; y tan pronto como averigu√≥ la tr√°gica verdad, a primeros de diciembre, dimiti√≥ de su cargo. El asunto es tan delicado y grave que no juzgo l√≠cito opinar.
(Galíndez 2005: 89) citado en (Gibson 2005: 251-252)

Gibson, sin embargo, descarta esta "prueba de cargo" por dos razones: que seg√ļn al menos dos fuentes, el propio Carrillo y Arturo Garc√≠a de la Rosa, Serrano Poncela fue destituido, no dimiti√≥; y que no existe ninguna menci√≥n en los documentos de la Causa General sobre el procedimiento al que seg√ļn Gal√≠ndez aludi√≥ Serrano Poncela. Gibson concluye que: "Si Serrano Poncela pronunci√≥, pues, las palabras recogidas por Gal√≠ndez, creemos que o bien ment√≠a o sufr√≠a una aguda amnesia".[75] Carrillo reconoce, sin embargo, en una entrevista con el propio Gibson, que no recuerda si existe alg√ļn documento recogiendo la destituci√≥n de Serrano Poncela (Gibson confirma que no existe ninguna referencia en el Bolet√≠n de la Junta de Defensa).[101] Este hecho (la falta de orden de destituci√≥n) es para Vidal un intento de Carrillo de evadir su responsabilidad y transfer√≠rsela a Serrano Poncela.[102]

No obstante, la prueba definitiva para Vidal ser√≠a un documento proveniente de los archivos sovi√©ticos, con fecha de 30 de julio de 1937, que fue sacado a la luz por los historiadores estadounidenses Ronald Radosh, Mary Habeck y Grigory Sevostianov en 2001, junto con otros 80 documentos en su libro de 2001 Spain Betrayed: The Soviet Union in the Spanish Civil War, y que hab√≠an atribuido a Georgi Dimitrov, secretario general de la Internacional Comunista (Komintern). Seg√ļn la traducci√≥n de Vidal (existe una traducci√≥n al espa√Īol desde el original ingl√©s en que se public√≥ el citado documento, en Espa√Īa traicionada. Stalin y la guerra civil, Barcelona, 2002; Vidal afirma que la traducci√≥n al castellano de dicho documento estaba mutilada, por lo que hizo la traducci√≥n directamente desde el ruso), Dimitrov envi√≥ un informe a Voroshilov, comisario del Pueblo (ministro) de Defensa sovi√©tico:

Pasemos ahora a Irujo. Es un nacionalista vasco, cat√≥lico. Es un buen jesuita, digno disc√≠pulo de Ignacio de Loyola. Estuvo implicado en el esc√°ndalo financiero Salamanca-Francia. Act√ļa como un verdadero fascista. Se dedica especialmente a acosar y perseguir a gente humilde y a los antifascistas que el a√Īo pasado trataron con brutalidad a los presos fascistas en agosto, septiembre, octubre y noviembre. Quer√≠a detener a Carrillo, secretario general de la Juventud Socialista Unificada, porque cuando los fascistas se estaban acercando a Madrid, Carrillo, que era entonces gobernador, dio la orden de fusilar a los funcionarios fascistas detenidos.
(Vidal 2005: 219)

Sin embargo, el historiador √Āngel Vi√Īas descalifica esta presunta prueba de cargo (Vi√Īas 2006: 35). En primer lugar, se√Īala que el informe no fue escrito por Dimitrov, un personaje de gran importancia en el comunismo mundial de la √©poca, cuya presencia en Espa√Īa, que no consta, no podr√≠a haber pasado inadvertida y habr√≠a sido registrada (el libro de Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, sobre el papel de la Internacional Comunista en la direcci√≥n del Partido Comunista de Espa√Īa, Queridos camaradas. La Internacional Comunista y Espa√Īa, 1919-1939, no constata ninguna presencia de Dimitrov en Espa√Īa). M√°s a√ļn, el documento incluye la frase "Hern√°ndez vino a verme y me dijo ¬ęescribe al camarada Dimitrov, escribe al camarada Manuilsky¬Ľ. Que vengan aqu√≠ y echen un vistazo a la belleza del Frente Popular...". El autor del informe habr√≠a sido el b√ļlgaro Stoy√°n M√≠nev, alias "Stepanov" o "Moreno", delegado de la Komintern en Espa√Īa entre febrero de 1937 y febrero de 1939. Pero no s√≥lo eso. En la traducci√≥n original en ingl√©s, el p√°rrafo que apunta a la presunta responsabilidad de Carrillo dec√≠a "...Carrillo [...] gave the order to shoot several arrested officers of the fascists.", es decir, que Carrillo orden√≥ que se fusilara a varios oficiales fascistas detenidos, algo bastante diferente a lo afirmado por Vidal, que utiliza el gen√©rico "los funcionarios" (de hecho, el "descubrimiento" de Vidal es ya citado en 1994 por Elorza y Bizcarrondo, a partir de una obra la periodista b√ļlgara Tatiana Vaksberg, Dhevnik, en la que se da cuenta del informe remitido a Dimitrov por Stepanov y se transcribe la frase referida a Carrillo afirmando que Irujo hab√≠a pretendido detenerle porque "en calidad de gobernador (sic, prueba de la defectuosa informaci√≥n de Stepanov) hab√≠a dado orden de fusilar a cierto n√ļmero de oficiales fascistas encarcelados").[103] Finalmente, afirma Vi√Īas que la pretendida traducci√≥n directa de Vidal desde los archivos militares sovi√©ticos es imposible puesto que el acceso a dichos archivos, tras haber sido abiertos a los investigadores de forma indiscriminada durante los noventa (fecha en la que Radosh y sus colaboradores hab√≠an accedido a ellos), se hab√≠a hecho m√°s dif√≠cil, y el legajo conteniendo el informe de Stepanov hab√≠a sido cerrado a la investigaci√≥n, puesto que conten√≠a otros documentos que no deb√≠an haber sido desclasificados.

Por su parte, Cervera pone en duda las conclusiones que Vidal saca del informe, incluso sin entrar a cuestionar ni su autor√≠a ni posibles defectos de traducci√≥n. El razonamiento de Cervera es el siguiente: por una parte, si el informe alude al tiempo en el que "los fascistas se estaban acercando a Madrid", en ese momento Carrillo no ten√≠a ning√ļn cargo o responsabilidad oficial, puesto que s√≥lo entr√≥ a formar parte de la Junta de Defensa cuando los franquistas estaban ya en Madrid; por otra parte, el cargo de Carrillo no fue en ning√ļn caso el de gobernador (el gobernador civil de Madrid era el socialista Carlos Rubiera Rodr√≠guez, en tanto que la m√°xima autoridad en Madrid era el general Miaja). El autor del informe demostrar√≠a que, apenas a ocho meses de los acontecimientos y a siete meses del abandono por parte de Carrillo de su cargo en la Junta de Defensa, confund√≠a el cargo y desconoc√≠a qui√©n era la persona que efectivamente lo ocupaba, por lo que la fiabilidad del autor del informe deber√≠a ponerse en duda. En tercer lugar, el autor del informe habla de "funcionarios fascistas detenidos", no siendo el car√°cter de "funcionarios" el determinante a la hora de referirse a los asesinados. Adem√°s, en el texto del sovi√©tico, y siguiendo la traducci√≥n mostrada por Vidal, se diferencia entre detenidos y presos. S√≥lo se puede hablar en propiedad de presos para los recluidos en las c√°rceles. Detenidos ser√≠an los encerrados en checas (y con frecuencia paseados). Finalmente, los presos habr√≠an sido "tratados con brutalidad" y no asesinados. Por todo ello, Cervera opina que las conclusiones de Vidal son aventuradas al interpretar que el autor del informe se refiere a las sacas y no a los paseos, lo cual, dado el contenido del informe, parece lo m√°s probable. Cervera concluye con que el informe, atribuido a Dimitrov, es de escasa credibilidad.[104]

Otra "prueba" que se ha alegado para justificar la responsabilidad Carrillo es el libro de Schlayer ya citado anteriormente, Diplomat im roten Madrid de 1938. A pesar de haber sido usado profusamente por Gibson en Paracuellos: c√≥mo fue, el libro permaneci√≥ sin traducci√≥n al castellano hasta 2006, en que fue publicado por la editorial √Āltera, bajo el t√≠tulo Matanzas en el Madrid republicano, con traducci√≥n de Carmen Wirth Lenaerts (Ricardo de la Cierva se√Īala en 1994 que exist√≠a una traducci√≥n previa, no publicada y usada por √©l, efectuada por la Asociaci√≥n de Familiares de los M√°rtires [de Paracuellos].[8] De acuerdo con la traducci√≥n que publicada en 2006, la descripci√≥n que hizo Schlayer de su entrevista con Carrillo el 7 de noviembre es la siguiente:

Dicha autoridad se llamaba Santiago Carrillo. Tuvimos con él una conversación muy larga, en la que recibimos toda clase de promesas de buena voluntad y de intenciones humanitarias respecto a la protección de los presos y al cese de la actividad asesina. Pero la impresión final que sacamos de la entrevista fue de una total inseguridad y falta de sinceridad. Le dije lo que acababa de oír en la Moncloa y le pedí explicaciones. Carrillo pretendía no saber nada de todo aquello, cosa que me parece totalmente inverosímil. A pesar de todas las promesas, aquella noche y al siguiente día continuaron los transportes de presos que sacaban de las cárceles sin que Miaja ni Carrillo se creyeran obligados a intervenir. Y entonces sí que no podían alegar desconocimiento, ya que estaban informados por nosotros.
(Schlayer 2006: 124), citada por (Vi√Īas 2006: 36)

La cita que De la Cierva hace de la impresión de Schlayer sobre la entrevista con Carrillo, usando la traducción de la Asociación de Familiares de los Mártires es bastante similar:

¬ę√Čl pretend√≠a no saber nada de todo aquello, cosa que me parece inveros√≠mil¬Ľ.
(Cierva 1994: 172)

Seg√ļn la descripci√≥n que aparentemente hizo Schlayer, √©ste habr√≠a pensado que Carrillo estaba ya al corriente, en la tarde del 7 de noviembre, de las sacas de la C√°rcel Modelo que hab√≠an tenido lugar esa ma√Īana. Vidal da por buena esa afirmaci√≥n.[105]

Sin embargo, Gibson ‚ÄĒque trabaj√≥ con una traducci√≥n del libro de Schlayer entre finales de los setenta y principios de los ochenta que le hab√≠a hecho su esposa‚ÄĒ, ya en 1983 y mucho antes de la traducci√≥n del libro al espa√Īol, describe la narraci√≥n de Schlayer sobre su entrevista con Carrillo la tarde del 7 de noviembre de un modo radicalmente diferente:

Schlayer, que, como hemos dicho, abandon√≥ Madrid en julio de 1937 ‚ÄĒseg√ļn √©l bajo amenaza de muerte lanzada por el Gobierno rojo‚ÄĒ, volvi√≥ a Espa√Īa al final de la guerra. El 7 de marzo de 1940 prest√≥ declaraci√≥n ante los jueces de la Causa General acerca de sus investigaciones sobre la matanza de presos. La declaraci√≥n de Schlayer confirma el relato publicado en su libro en 1938, y no a√Īade nada nuevo a √©ste. A pesar de ello, creemos oportuno citar su referencia a la conversaci√≥n que sostuvo con Santiago Carrillo en el Ministerio de la Guerra aquella tarde del 7 de noviembre de 1936, cuando le cont√≥ a √©ste lo que hab√≠a visto aquella ma√Īana en la c√°rcel Modelo y le expres√≥ su inquietud por la suerte de los presos pol√≠ticos.
(Gibson 2005: 138)

A continuación Gibson incluye la citada declaración de Schlayer en la Causa General acerca de la entrevista con Carrillo:

En su visita a Carillo, le denunció estos hechos y mantuvieron larga discusión porque Carrillo sostenía que había máxima seguridad. La situación en Madrid era tan anárquica que le consta que a pesar de haberse perpetrado ya a esa hora la mayor parte de los asesinatos, Carrillo no conocía los hechos.
Declaraci√≥n de Schlayer ante la Causa General el 7 de marzo de 1940 (caja 1.527, ¬ęEmbajadas¬Ľ, ff. 77-89, citado en (Gibson 2005: 138-139)

Vi√Īas va m√°s all√° y califica de simple "fraude" y "ejemplo t√≠pico de tergiversaci√≥n de documentos de archivo" la traducci√≥n publicada por √Āltera en su art√≠culo ¬ęT√©cnicas de fraude en el caso de Paracuellos¬Ľ.[106] Traduciendo directamente del alem√°n (cuyo original, en letra g√≥tica, muestra en el art√≠culo), indica que el texto que en original dec√≠a lo siguiente:

Le dije lo que había visto en la Moncloa y le pedí explicaciones, pero respondió que no sabía de ello, algo que considero probable.
(Schlayer 1938; 116)

Bastante alejado del texto citado anteriormente, pero que concuerda plenamente con la narración de Gibson y con el testimonio de Schlayer ante la Causa General en 1940.

Otros argumentos citados por Vidal son las menciones de Carrillo y de miembros del Partido Comunista acerca de la eliminaci√≥n de la quinta columna en Madrid. El propio Carrillo declara en sus memorias que una de sus m√°ximas preocupaciones como consejero de Orden P√ļblico fue la lucha contra la ¬ęquinta columna¬Ľ.[107] Ricardo de la Cierva cita un discurso de Francisco Ant√≥n, miembro del comit√© central de PCE, en el pleno ampliado del comit√© central del PCE celebrado en Valencia entre el 6 y el 8 de marzo de 1937. En √©l, Ant√≥n afirma:

Es dif√≠cil asegurar que en Madrid est√° aniquilada la quinta columna, pero lo que s√≠ es cierto es que all√≠ se le han dado los golpes m√°s fuertes... Y esto ‚ÄĒhay que proclamarlo muy alto‚ÄĒ se debe a la preocupaci√≥n del Partido y al trabajo abnegado, constante, de dos camaradas nuevos, pero tan queridos por nosotros como si fueran viejos militantes de nuestro Partido, el camarada Carrillo, cuando fue consejero de Orden P√ļblico, y el camarada Cazorla, que lo es ahora.
(Cierva 1994:232-233)

Las opiniones sobre lo que era la quinta columna y sobre quienes la formaban son muy variadas. Carrillo en sus memorias nunca la identifica con los presos de las c√°rceles.[108] Los autores que sostienen la responsabilidad directa de Carrillo (De la Cierva, Payne, Vidal) consideran que los presos de las c√°rceles formar√≠an parte de ella (su contempor√°neo Gal√≠ndez tambi√©n lo consideraba as√≠, como muestra una de sus citas anteriores), por lo que las menciones a la represi√≥n de la quinta columna y la depuraci√≥n de la retaguardia ser√≠an pruebas de cargo inequ√≠vocas. Por su parte, Cervera, cuyo libro es una monograf√≠a sobre la retaguardia republicana en Madrid durante la Guerra Civil, define la quinta columna, a partir de las notas e instrucciones del general Mola, como "los partidarios de los sublevados integrados en organizaciones clandestinas en la retaguardia enemiga", a cargo de "labores de espionaje, sabotaje, derrotismo y, en general, cualquier actividad subversiva contra el Gobierno republicano, pero con una nota caracter√≠stica: lo realizaba en el marco de una organizaci√≥n y, por tanto, de forma sistem√°tica y estudiada".[109] El discurso de Ant√≥n en el pleno del PCE atribuye la represi√≥n de la quinta columna tanto a Carrillo (bajo cuyo mandato en la consejer√≠a de Orden P√ļblico se produjeron sacas cuyos integrantes perecieron asesinados) como a Cazorla (durante cuyo mandato en la ya delegaci√≥n de Orden P√ļblico no se produjeron).

Aunque Gibson y Cervera han considerado que Carrillo no tuvo responsabilidades directas en las matanzas de Paracuellos (esto es, no fue Carrillo la persona que planific√≥ y orden√≥ las matanzas), no le eximen de responsabilidad. As√≠, Gibson se√Īala que es indudable que Carrillo y Serrano Poncela, si bien no estaban al corriente de lo que ocurri√≥ con las primeras sacas, si lo estuvieron despu√©s, pero "optaron por hacer la vista gorda";[110] se tratar√≠a por tanto de complicidad o responsabilidad indirecta. Cervera ha descartado las responsabilidades directas de Carrillo, afirmando que le parece "muy aventurada e injusta la acusaci√≥n, que tantas veces se ha hecho y a√ļn hoy se hace, de que Santiago Carrillo fue quien plane√≥ y orden√≥ estos asesinatos en masa. Seg√ļn los datos que hoy poseemos, nosotros pensamos que no se puede acusar con bases suficientes al entonces consejero".[111] Al mismo tiempo si le asigna responsabilidades indirectas ("...creemos que en el terreno de las responsabilidades indirectas, cabe incluir a Carrillo. Quiz√° el 7 de noviembre, como ya se ha dicho con anterioridad, no supo nada de lo que ocurr√≠a en las c√°rceles, pero ese desconocimiento no pudo durar mucho para el que era la m√°xima autoridad del Orden P√ļblico en Madrid").[112]

Curiosamente, Vidal afirma, sin mayores precisiones, que la responsabilidad de Carrillo en las matanzas ha sido afirmada por Gibson.[33] En tanto que respecto al estudio de Cervera, afirma que "resulta chocante la voluntad exculpatoria que se aprecia en J. Cervera",[33] cuando, del mismo modo, Cervera indica que Carrillo estaba al corriente de las matanzas, al menos desde el día 9, 10 a lo sumo, pero no las impidió, como sí hizo Melchor Rodríguez (Cervera aventura que Carrillo probablemente pudo hacerlo, pero que tenía otras prioridades más importantes que preocuparse de la situación de las cárceles, como acabar con los paseos, especialmente en la situación de cerco y combates que sufría la ciudad), una clara responsabilidad indirecta.[113]

El propio Carrillo ha negado siempre que conociese los hechos, o que diese la orden, aunque recientemente ha reconocido cierto grado de responsabilidad indirecta:[114]

Si tuve alguna responsabilidad en aquel episodio fue la de no haberlo evitado. Pero en un Madrid asediado por las tropas de Franco, bombardeado día y noche por la aviación y la artillería enemigas que causaban miles de víctimas inocentes, con la quinta columna tiroteando desde los tejados cuando anochecía, donde carecíamos de soldados incluso para cubrir todas las bocacalles por las que podían entrar los atacantes; un Madrid que incluso el mismo Gobierno republicano pensaba que sólo resistiría tres días, la Junta de Defensa carecía de instrumentos para controlar plenamente la situación.

Respecto a los autores que han analizado las matanzas, Carrillo ha acusado a Vidal (nacido en 1958) de falsear la historia y de haber sido un confidente franquista.[115] Respecto a Gibson, Carrillo afirmó:[116]

No me he explicado por qué Gibson, que es un progresista, publicó antes de unas elecciones un libro en el que se ponía en cuestión mi conducta. [...] Hay una preocupación de imparcialidad a la hora de enjuiciar hechos que ocurrieron hace tanto tiempo..., y la imparcialidad resulta imposible.

Acciones judiciales

El juez Baltasar Garzón, que desestimó una querella por genocidio, torturas y terrorismo contra Santiago Carrillo en 1998.

En 1998, al amparo del proceso emprendido en Espa√Īa contra el ex dictador chileno Augusto Pinochet, una autodenominada Asociaci√≥n de Familiares y Amigos de V√≠ctimas del Genocidio de Paracuellos del Jarama, present√≥ una querella ante la Audiencia Nacional contra Santiago Carrillo, el PCE, el PSOE, la Comunidad de Madrid y el Estado espa√Īol por delitos de genocidio, torturas y terrorismo. El juez Baltasar Garz√≥n rechaz√≥ de plano la querella alegando la ¬ęmala fe procesal¬Ľ y ¬ęabuso del Derecho¬Ľ por parte de los denunciantes, por lo que no admiti√≥ recurso alguno contra la resoluci√≥n.[117] Garz√≥n razon√≥ as√≠ la resoluci√≥n:

Con el respeto que me merece la memoria de las v√≠ctimas, no puede dejarse de llamar la atenci√≥n frente a quienes abusan del derecho a la jurisdicci√≥n para ridiculizarla y utilizarla con finalidades ajenas a las marcadas en el art√≠culo 117 de la Constituci√≥n Espa√Īola y los art√≠culos 1 y 2 de la Ley Org√°nica del Poder Judicial, como acontece en este caso [...], los preceptos jur√≠dicos alegados son inaplicables en el tiempo y en el espacio, en el fondo y en la forma a los [hechos] que se relatan en el escrito y su cita quebranta absolutamente las normas m√°s elementales de retroactividad y tipicidad.
(Reig Tapia 2006: 233)

Polémicas entre historiadores

En el prefacio de su segunda edici√≥n de Paracuellos: c√≥mo fue, en 2005, Gibson descalifica globalmente el libro de Vidal. Por una parte, le acusa de un sesgo ideol√≥gico neofranquista ("Un comentario final sobre el libro de Vidal, cuyo rabioso anticomunismo le lleva, a mi juicio, a grotescas exageraciones, suposiciones y tergiversaciones"[118] ). Por otra, cuestiona su m√©todo de investigaci√≥n ("¬ŅHacen falta m√°s comentarios sobre el proceder de este escritor empe√Īado en demostrar que en Madrid se llev√≥ a cabo, con la connivencia del Gobierno de la Rep√ļblica, un genocidio en toda regla?";[118] "Traigo a colaci√≥n el libro de Vidal porque es todo lo contrario a un intento de conocer y difundir la verdad de lo ocurrido en el Madrid de noviembre de 1936. Parte de la base de que los ¬ęrojos¬Ľ son todos monstruos ‚ÄĒ as√≠ lo subrayan tanto el subt√≠tulo como la cubierta del libro‚ÄĒ y que el Partido Comunista hab√≠a decidido tiempo atr√°s llevar a cabo un ¬ęgenocidio¬Ľ de burgueses espa√Īoles en el momento oportuno. En funci√≥n de este dogma, el autor picotea aqu√≠ y all√° entre los peri√≥dicos de izquierdas del momento en busca de suculentas citas que apoyen sus argumentos. Y cuando encuentra algo que le parezca de utilidad lo sirve fuera de contexto, a veces truncado y a veces mutilado"[119] ). Y as√≠ cita varios ejemplos de invenci√≥n y mutilaci√≥n de citas, a lo que se une la falta de referencias de muchas de las fuentes que dice aportar, lo cual impide su verificaci√≥n.

El ejemplo m√°s desarrollado es el relativo al editorial del diario La Voz del 3 de noviembre de 1936,[120] citado por Vidal en su libro como una de las pruebas de que "durante el mes de noviembre de 1936, pocas dudas pod√≠a haber de que el sentir com√ļn de las fuerzas que integraban el Frente Popular era exterminar a los enemigos de clase".[121] As√≠, seg√ļn Vidal:

El 3 de noviembre, a unos d√≠as apenas de las matanzas, el diario La Voz lanzaba un llamamiento significativo: ¬ęHay que fusilar en Madrid a m√°s de cien mil fascistas camuflados, unos en la retaguardia, otros en las c√°rceles. Que ni un quinta columna quede vivo para impedir que nos ataquen por la espalda. Hay que darles el tiro de gracia antes de que nos lo den ellos a nosotros.
(Vidal, 2005, p. 164)

La cita y atribución de Vidal, sin embargo, no son originales suyas. El párrafo ya había sido citado por Ricardo de la Cierva en su obra Carrillo miente en 1994, atribuyéndoselo también al editorial de La Voz de ese día.[122]

Sin embargo, Gibson se√Īala que Vidal se habr√≠a simplemente inventado el contenido del editorial.[123] Un editorial cuyo contenido real era totalmente diferente al mostrado por Vidal, en el que se contaba que no eran cien mil "fascistas" los que el peri√≥dico ped√≠a fueran ejecutados, sino cien mil republicanos los que se encontraban en peligro de ser fusilados si las tropas franquistas tomaban la ciudad.[124] Gibson se√Īala que ni en el editorial de aquel d√≠a ni en el resto del n√ļmero del 3 de noviembre aparecen las imputaciones de Vidal. Aunque podr√≠a tratarse de una equivocaci√≥n, Gibson no lo cree, puesto que el editorial realmente existente posee bastantes puntos en com√ļn con las alegaciones de Vidal, salvo con un cambio radical de sentido de lo escrito en La Voz.[125] √Āngel Vi√Īas verific√≥ adem√°s que el presunto editorial de La Voz no aparec√≠a en n√ļmeros posteriores del diario (seg√ļn Vi√Īas "De ello cabe deducir no que Vidal no consultara La Voz sino que tergivers√≥ datos f√°ciles de contrastar").[126] Gibson concluye con una severa cr√≠tica: "No se puede escribir as√≠ la historia. Cuando se trata, sobre todo, de proporcionar responsabilidades, lo menos que se puede pedir a un investigador es que compruebe sus fuentes y las cite correctamente".[119]

Gibson proporciona otros ejemplos de citas truncadas o mutiladas que Vidal utiliza para apoyar su tesis preconcebida.[127] Gibson apunta también la inexistencia de referencias que permitan validar las afirmaciones de Vidal.[128]

Por su parte, Vidal ha respondido en diversas entrevistas a algunas de las acusaciones planteadas por Gibson en el prefacio de la segunda edici√≥n de su libro, reimpreso inmediatamente despu√©s de la publicaci√≥n del libro de Vidal. Si en su libro, Vidal incluye la obra de Gibson entre aquellas que "han estudiado con rigor las matanzas de Paracuellos"[33] (si bien para ponerle como ejemplo de estudios que han afirmado "la responsabilidad de Carrillo en las matanzas", afirmaci√≥n que Gibson no hace), tras la reimpresi√≥n de la obra de Gibson las alabanzas se convierten en acusaciones y reproches. As√≠, Vidal ha acusado a Gibson de no ser realmente un historiador, por no revisar sus conclusiones en la reedici√≥n de Paracuellos. C√≥mo fue, reproch√°ndole no haber tenido en cuenta la nueva documentaci√≥n que se hab√≠a conocido desde la primera edici√≥n (sobre todo los archivos de la Uni√≥n Sovi√©tica).[129] Tambi√©n cuestiona su metodolog√≠a, acus√°ndole no usar m√°s que entrevistas y consultas a hemerotecas para escribir su obra.[130] Por otra parte, y refiri√©ndose al resto de acusaciones plasmadas por Gibson, Vidal alude √ļnicamente al caso del editorial inexistente de La Voz, concluyendo con que Gibson "no ha dado con la fuente".[131]

Vidal tambi√©n ha acusado a Gibson de haber otorgado ¬ęcomprensi√≥n¬Ľ a las matanzas.,[129] aludiendo al titular bajo el que se public√≥ una entrevista a Gibson en el diario El Pa√≠s el 22 de septiembre de 2005 ¬ęParacuellos fue terrible, pero lo entiendo¬Ľ.[132] El texto completo encuentra la explicaci√≥n las matanzas de Paracuellos en la situaci√≥n de p√°nico que se viv√≠a en Madrid en esos momentos.[133]

Referencias

  1. ‚ÜĎ Plano del Camposanto de Paracuellos de Jarama: plano de las fosas de Paracuellos del Jarama y explicaci√≥n sobre cada una de ellas, en la web de la Hermandad de Nuestra Se√Īora de los M√°rtires de Paracuellos del Jarama.
  2. ‚ÜĎ a b El 21 de septiembre la Junta de Defensa Nacional nombr√≥ General√≠simo a Francisco Franco, y el 1 de octubre "Jefe del Estado espa√Īol" (Preston 1994: 229-230 y 236).
  3. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 89).
  4. ‚ÜĎ Seg√ļn Javier Cervera, unos 1.100 jefes y oficiales del Ej√©rcito se encontraban recluidos en la C√°rcel Modelo el 9 de agosto;(Cervera 2006: 85).
  5. ‚ÜĎ a b (Cervera 2006: 89)
  6. ‚ÜĎ a b c (Cierva 1994: 142)
  7. ‚ÜĎ (Cierva 1994: 178)
  8. ‚ÜĎ a b c d (Cierva 1994: 143)
  9. ‚ÜĎ El primer tomo de la tesis doctoral puede consultarse en l√≠nea en la Biblioteca de la Universidad Complutense
  10. ‚ÜĎ a b c d e (Reverte 2006)
  11. ‚ÜĎ a b (Payne 2006: 137)
  12. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 38-39)
  13. ‚ÜĎ (Reig Tapia 2006: 193)
  14. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 140)
  15. ‚ÜĎ El secretario general del Cuerpo Diplom√°tico Extranjero en Madrid durante la guerra civil espa√Īola, el americano Henry Helfant lo consider√≥ en su libro La doctrina Trujillo del asilo diplom√°tico humanitario publicado en 1947 como pro-nazi y partidario de los rebeldes franquistas. Ve√°se Felix Schlayer and the Nazis (en ingl√©s)
  16. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 127)
  17. ‚ÜĎ (Vi√Īas 2007: 36)
  18. ‚ÜĎ Jes√ļs Hern√°ndez, ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio (1939-1956). Introducci√≥n al libro "Comunistas sin partido. Jes√ļs Hern√°ndez, ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio", de Fernando Hern√°ndez S√°nchez. Editorial Ra√≠ces (2007)
  19. ‚ÜĎ a b [1] ENTREVISTA: Ian Gibson Hispanista ."Paracuellos fue terrible, pero lo entiendo".
  20. ‚ÜĎ Hugh Thomas p.1072
  21. ‚ÜĎ (Gibson 2005:39)
  22. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 27-28)
  23. ‚ÜĎ Ibid.
  24. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 38)
  25. ‚ÜĎ Sobre la convivencia en Espa√Īa/ y 2 PEDRO LAIN ENTRALGO 07/05/1981
  26. ‚ÜĎ ‚Äė‚ÄôRespeto por la historia‚Äô‚Äô Francisco P√©rez √Ālex, coordinador de la Asociaci√≥n Memoria Hist√≥rica y Justicia de Sevilla (AMHYJA) - Sevilla - 10/02/2004
  27. ‚ÜĎ Uso y abuso de la historia: la Guerra Civil. ENRIQUE MORADIELLOS 31/10/2005
  28. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 90)
  29. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 98)
  30. ‚ÜĎ a b (Cervera 2006: 106)
  31. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 438)
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  33. ‚ÜĎ a b c d (Vidal 2005: 190)
  34. ‚ÜĎ (Vidal 205: 190)
  35. ‚ÜĎ (Casanova: 187)
  36. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 89) afirma que ninguno de los 24 presos presentes en el listado ha sido identificados como asesinados; (Vidal 2005: 109) asume que s√≠ lo fueron.
  37. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 175-182)
  38. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 109)
  39. ‚ÜĎ a b (Gibson 2005: 144-151)
  40. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 208-211)
  41. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 42)
  42. ‚ÜĎ (Carrillo 1994: 188-189)
  43. ‚ÜĎ (Carrillo 1994: 179-180)
  44. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 46-49)
  45. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 49)
  46. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 53)
  47. ‚ÜĎ (Gibson: 86), citando Diario de la Guerra de Espa√Īa.
  48. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 96-97)
  49. ‚ÜĎ
    Tuve las primeras noticias del suceso por el embajador de Finlandia, que vino a mi consejer√≠a a protestar. Era un nazi y unos a√Īos despu√©s public√≥ un libro en Berl√≠n, donde reconoce que cuando me visit√≥ yo no sab√≠a nada del asunto. Pero en ese momento √©l tampoco pudo darme una informaci√≥n precisa. La verdad es que yo he empezado a o√≠r hablar de Paracuellos bastantes a√Īos despu√©s.
    (Carrillo 1994: 209)
  50. ‚ÜĎ (Ezquerro 2001)
  51. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 207-13)
  52. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 89-90)
  53. ‚ÜĎ En una esquela publicada por familiares en el 70 aniversario de las matanzas, aparecen los nombres de 276 menores de 21 a√Īos presuntamente asesinados en Paracuellos entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, El Mundo, 4 de diciembre de 2006, p√°gina 46. En "Y ahora, los muertos de Paracuellos", reportaje de la Cr√≥nica de El Mundo, 17 de septiembre de 2006, n√ļmero 568, Jos√© Manuel Ezpeleta, vocal de la Hermandad de Nuestra Se√Īora de los M√°rtires de Paracuellos afirma "Tenemos contabilizados hasta 800 menores de 21 a√Īos ‚ÄĒl√≠mite para la mayor√≠a de edad en aquella √©poca‚ÄĒ acribillados en este lugar."
  54. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 29)
  55. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 182)
  56. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 210)
  57. ‚ÜĎ La fecha la dan tanto (Gibson 2005: 206) como (Cervera 2006: 91)
  58. ‚ÜĎ En (Gibson 2005: 206) s√≥lo se indica que el listado de El Alc√°zar es parcial y no incluye el total de los supuestos 12.000 asesinados en Paracuellos. Es (Cervera 2006: 91) quien proporciona la cifra.
  59. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 97)
  60. ‚ÜĎ a b (Cierva 1994: 226)
  61. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 214)
  62. ‚ÜĎ As√≠, Vidal yerra en todas las atribuciones. En el caso de Guillermo Arsenio de Izaga, Modestinus, preso en la C√°rcel Modelo, donde fue testigo de las sacas de los d√≠as 7, 8 y 9 de noviembre y posteriormente evacuado a la c√°rcel de Ventas, denominado err√≥neamente por Vidal "Antonio de Izaga", se le atribuye la cifra de 8.354 asesinados (sin que Vidal incluya referencia ni menci√≥n a la obra consultada en la bibliograf√≠a; presumiblemente Los presos de Madrid. Recuerdos e impresiones de un cautivo en la Espa√Īa roja, Madrid, 1940). La cifra que da realmente Izaga es de 8.534 y se refiere a inhumados "oficialmente" en el cementerio de Paracuellos. En su libro, Izaga describre su visita al cementerio de Paracuellos apenas dos meses despu√©s de terminar la guerra (7 de junio de 1939):
    Los datos oficiales reunidos hasta la fecha cifran en 8.534 el n√ļmero de inhumados. Algunos piensan que hay muchos m√°s. Y cuenta que en Torrej√≥n de Ardoz pasan de 1.000. Y que los hay en los desmontes de Vic√°lvaro, y en la Casa de Campo, y en la Pradera de San Isidro, y en el Parque del Oeste, y en las cercan√≠as de la Ciudad Universitaria, y en otros lugares ignorados a√ļn.
    (Izaga 1940: 338-339)

    A pesar de citar cifras oficiales, no existen tales cifras. Adem√°s, el n√ļmero de exhumados, en fecha posterior a la visita de Izaga, en Torrej√≥n de Ardoz (y trasladados posteriormente a Paracuellos) fue de 414 y no de 1000, como sostiene Izaga. Es posible que el error de las cifras provenga de "El gran holocausto de Paracuellos del Jarama", una conferencia de Jos√© Antonio Garc√≠a Noblejas, acad√©mico correspondiente de la Real Academia de la Historia y ex director general de Archivos y Bibliotecas durante el franquismo, ex presidente de la Hermandad de Nuestra Se√Īora de los M√°rtires de Paracuellos, en la web de dicha asociaci√≥n, da cifra de 8.354 atribuy√©ndosela a Izaga y refiri√©ndose al "n√ļmero de sepultados en Paracuellos, incluidos los llevados de Boadilla del Monte, Rivas-Vaciamadrid, los 414 de Torrej√≥n de Ardoz y otros lugares pr√≥ximos". De forma similar, le atribuye al propio Gibson la cifra de 2.750 asesinados, cuando Gibson da como estimaci√≥n 2.400 (Gibson 2005: 210). A Ram√≥n Salas Larraz√°bal le asigna 8.300, citando P√©rdidas de la guerra, Barcelona, 1977, p√°g. 109, como fuente. Sin embargo, Gibson explica que en dicha obra, Salas Larraz√°bal afirma que en Madrid, en noviembre de 1936, fueron asesinadas 7.000 personas, en tanto que en diciembre la cifra ascendi√≥ a 1.300. Por tanto, la cifra de 8.300 personas corresponder√≠a a los supuestamente asesinados durante ambos meses, cuando las sacas que finalizaron en asesinatos masivos en Paracuellos y Torrej√≥n tuvieron lugar entre el 7 de noviembre y el 3 de diciembre. Adem√°s, Gibson cita ampliamente otra obra de Larraz√°bal, Santiago Carrillo y la represi√≥n republicana en Madrid:

    De los 8.000 muertos de noviembre y diciembre, aproximadamente el 15 por ciento cayeron antes del d√≠a 8 de noviembre, de ellos 1.000 en n√ļmeros redondos el mismo d√≠a 7 y unos 400 entre el 1 y el 6. Quiere decirse que durante el per√≠odo de responsabilidad de Carrillo fueron cerca de 7.000 los madrile√Īos que cayeron sin juicio de ninguna clase ante las tapias de cualquier cementerio de los alrededores de Madrid y con predilecci√≥n en Paracuellos del Jarama.

    Gibson aclara que las conclusiones de Larraz√°bal, basadas en un an√°lisis de los registros civiles madrile√Īos, en los que muchas de las inscripciones de fallecimientos lo fueron tras la Guerra Civil (por lo que es muy probable que existan muchos errores), se refieren al conjunto del per√≠odo, sin que ello implique que fuesen asesinados en Paracuellos y Torrej√≥n o bajo √≥rdenes de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico. A Jes√ļs de Gal√≠ndez le atribuye la cifra de 1.020, cuando Gal√≠ndez da esa cifra √ļnicamente para los asesinados sacados la C√°rcel Modelo. En la obra que cita Vidal, Los vascos en el Madrid sitiado, Gal√≠ndez hace una estimaci√≥n que estar√≠a en torno a 2.000 personas:

    Seg√ļn los pocos datos escritos que conservo, las principales sacas fueron las siguientes: los d√≠as 6 y 8 de noviembre, 1.020 presos que proced√≠an en su casi totalidad de la C√°rcel Modelo y algunos de la prisi√≥n provisional de San Ant√≥n [...]; en diversos d√≠as del mes de noviembre, pero especialmente los d√≠as 19 y 24, as√≠ como el 4 de diciembre, varios centenares de la prisi√≥n provisional de calle General Porlier [...]; los d√≠as 27 y 30 de noviembre, otros tantos de la prisi√≥n provisional de San Ant√≥n [...]; y los d√≠as 30 de noviembre, 19 y 2 de diciembre, en menor cantidad de la antigua c√°rcel de mujeres de Ventas.
    (Galíndez 2006: 87)

    A Ricardo de la Cierva le atribuye la cifra de 10.000 seg√ļn la cita de La Cierva que hab√≠a incluido Gibson en su obra (Gibson 2005: 208), de El cementerio de Paracuellos del Jarama. Sin embargo, la cita de La Cierva (El cementerio de Paracuellos del Jarama) incluida por Gibson habla de 10.000 enterrados en Paracuellos, de los cuales m√°s de la mitad habr√≠an sido llevados all√≠ con posterioridad a la Guerra Civil:

    En Paracuellos del Jarama se efectuaron unos diez mil enterramientos. De ellos hay 2.750 perfectamente identificados, que descansan all√≠, en el mismo lugar en que fueron asesinados por decisi√≥n de diversos comit√©s de milicias del Frente Popular, con expreso conocimiento del Gobierno de Madrid, entre los meses de septiembre y diciembre de 1936. La mayor√≠a de estas v√≠ctimas corresponden al mes de noviembre de 1936, entre los d√≠as 6 y 15, precisamente cuando el peligro de que las vanguardias del Ej√©rcito de √Āfrica penetrasen en la capital se hizo acuciante. [...] Se llevaron adem√°s a Paracuellos 5.300 personas m√°s, asesinadas en diversos puntos de Madrid y su provincia (entre ellas casi un centenar de mujeres) enterradas fuera de lugar sagrado y trasladadas all√≠ al terminar nuestra guerra. El resto hasta la cifra indicada de 10.000 corresponde a personas no identificadas que perecieron de igual forma en las inmediaciones del campo de muerte en que hoy descansan.
    La cifra de La Cierva, en todo caso, ascendería a aproximadamente 5.100 asesinados (descontando de los 10.000 enterrados los 5.300 que fueron llevados allí desde otros lugares y sumando los 414 (Vidal 2005: 215) (Cervera 2006: 91) llevados al cementerio de Paracuellos desde el Soto de Aldovea, en Torrejón de Ardoz, de los que sí se sabe a ciencia cierta que proceden de las sacas de noviembre de 1936), y no a los 10.000 que le atribuye Vidal. Finalmente, Vidal alude a una lista nominativa publicada en El Alcázar, presumiblemente la misma usada por Gibson, pero fechada el 5 de noviembre de 1977.
  63. ‚ÜĎ Sitio web de la Hermandad
  64. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 214-215)
  65. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 327-375)
  66. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 93)
  67. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 92)
  68. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 184-187)
  69. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 91)
  70. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 92-93)
  71. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 94)
  72. ‚ÜĎ
    El peso de los muchos datos que poseemos sobre lo ocurrido en las c√°rceles de Madrid, procedentes de varias fuentes independientes hace imposible no identificar a los comunistas como los principales instigadores de la matanza. Koltsov repite una y otra vez que fue Miguel Mart√≠nez, es decir, √©l mismo, quien insisti√≥ en la necesidad de efectuar los traslados. El ruso no menciona a la NKVD ni a Nikloski, alias ¬ęAlejandro Orlov¬Ľ, pero sabiendo lo que sabemos de las actividades de √©ste ‚ÄĒincluido tal vez el intento de matar al doctor Henny‚ÄĒ, nos parece dif√≠cil, y hasta imposible, que no estuviera el estalinista Koltsov ‚ÄĒuno de los dirigentes sovi√©ticos m√°s destacados en Espa√Īa‚ÄĒ en estrecho contacto con √©l. No existen documentos que lo demuestren (o, si existen, no han sido, que sepamos, publicados), pero se nos hace muy cuesta arriba creer que, en la matanza de ¬ęfascistas¬Ľ llevada a cabo el 7 y el 8 de noviembre, no intervinieran sigilosamente los asesores rusos, presionando sobre sus camaradas espa√Īoles para que acabasen de una vez con sus enemigos. [...] Pero de todas maneras, aun cuando hubiera habido presi√≥n rusa sobre los comunistas espa√Īoles para que √©stos matasen a los presos ¬ęfascistas¬Ľ, la m√°xima culpabilidad por lo que ocurri√≥ sigue pesando, a nuestro parecer, sobre el Partido Comunista Espa√Īol.
    (Gibson 2005: 247-248)
  73. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 253)
  74. ‚ÜĎ
    Manuel Mu√Īoz Mart√≠nez, director general de Seguridad, hab√≠a abandonado Madrid en la noche del 6 de noviembre, siendo asumido su puesto por el subdirector, Vicente Girauta Linares. Al irse el Gobierno a Valencia, la Direcci√≥n General de Seguridad, como tal, desapareci√≥ pr√°cticamente como entidad policial madrile√Īa y, a partir de entonces, todos sus efectivos, servicios, etc., pasaron a depender de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico de la Junta de Defensa...
    (Gibson 2005: 242)
  75. ‚ÜĎ a b (Gibson 2005: 252)
  76. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 253-254)
  77. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 223)
  78. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 93-103)
  79. ‚ÜĎ Jes√ļs Salgado. La CNT, Amor Nu√Īo y la revisi√≥n de la historia: Las acusaciones de Mart√≠nez Reverte y las ejecuciones de Paracuellos, en Rojo y Negro, √≥rgano de la Confederaci√≥n General del Trabajo (CGT), 22 de enero de 2007.
  80. ‚ÜĎ "A r√≠o revuelto": Paracuellos, respuesta del Secretariado Permanente de CNT-AIT, escrito originalmente para El Pa√≠s y no publicado por su extensi√≥n.
  81. ‚ÜĎ Causa General. La dominaci√≥n roja en Espa√Īa. Avance de la informaci√≥n instruida por el Ministerio P√ļblico. Cap√≠tulo 7 (enlace roto disponible en Internet Archive; v√©ase el historial y la √ļltima versi√≥n).
  82. ‚ÜĎ Causa General. La dominaci√≥n roja en Espa√Īa. Avance de la informaci√≥n instruida por el Ministerio P√ļblico. Anexo IV. Las checas (enlace roto disponible en Internet Archive; v√©ase el historial y la √ļltima versi√≥n).:
    Disuelta la ¬ęcheca¬Ľ de Fomento, sus miembros se reparten. con autorizaci√≥n del Gobierno, parte de los fondos obtenidos en los saqueos, a raz√≥n de treinta mil pesetas cada "juez" de la "checa". sus mismos individuos formaron inmediatamente un Consejo de polic√≠a , presidido por los comunistas Santiago Carrillo y Segundo Serrano Poncela, a cuyo cargo qued√≥ de un modo exclusivo el orden p√ļblico en la Capital abandonada por el Gobierno rojo. El referido Consejo de Orden P√ļblico reparti√≥ a sus miembros entre las diversas c√°rceles de Madrid, y tras una brev√≠sima selecci√≥n, que ya hab√≠a sido comenzada por el disuelto Comit√© de Investigaci√≥n P√ļblica, fueron extra√≠dos de las prisiones, entonces abarrotadas, varios millares de presos de todas las edades, profesiones y condiciones sociales, que fueron asesinados por las Milicias de Vigilancia improvisadas por el Gobierno rojo en Paracuellos del Jarama, Torrej√≥n de Ardoz y otros lugares pr√≥ximos a Madrid, donde reposan los restos de estas v√≠ctimas. Las √≥rdenes que sirvieron para realizar estas extracciones aparecen firmadas por las autoridades rojas de orden p√ļblico.
  83. ‚ÜĎ En una entrevista de Borja Hermoso publicada en el diario El Mundo, el 26 de agosto de 2005:
    Pregunta.- En una entrevista, usted dijo que la matanza de 2.000 personas en Paracuellos no había sido tanto drama, en una guerra en la que morían miles y miles. Me pareció un poco cruel como frase...

    Respuesta.- Y es normal que se lo pareciese. Usted no vivi√≥ aquella guerra, ni aquella √©poca; felizmente para usted, vivi√≥ otra. Y no puede imaginarse lo que era Madrid. Y le voy a decir algo: la verdad es que, de lo de la matanza famosa de Paracuellos, a m√≠ nadie me imput√≥ eso hasta que no me convert√≠ en secretario general del PCE, qu√© casualidad, ¬Ņverdad? Y sin embargo, para ser sincero y para intentar zanjar de una vez esta cuesti√≥n, he de decir que yo no sab√≠a ni que exist√≠a un pueblo llamado Paracuellos hasta mucho despu√©s de que se produjera la matanza. Yo no tuve nada que ver con aquello.
  84. ‚ÜĎ
    [...] creo que quedan claras dos cosas: la tremenda responsabilidad de Santiago Carrillo en la decisión y ejecución de las represiones contra la quinta columna en Madrid; [...].
    (Cierva 1994: 227)
  85. ‚ÜĎ Como puede verse en la Fundaci√≥n Francisco Franco (El ¬ęasesino de Paracuellos¬Ľ ha experimentado el terror), en minuto ditigal (El genocida Carrillo nuevamente ensalzado), o en las consignas de los responsables de un intento de agresi√≥n a Santiago Carrillo (Simpatizantes de Falange intentan agredir a Carrillo al grito de "asesino")
  86. ‚ÜĎ Gabilondo, rector Horroris Causa, editorial de Federico Jim√©nez Losantos en Libertad Digital, con motivo de la concesi√≥n del doctorado honoris causa por la Universidad Aut√≥noma de Madrid, 19 de octubre de 2005:
    ...Santiago Carrillo Solares, [...] aparece como el m√°ximo responsable de la mayor masacre de la historia contempor√°nea espa√Īola...
  87. ‚ÜĎ Wenceslao Cruz, tambi√©n de Libertad Digital, con motivo de las beatificaciones de v√≠ctimas de la Guerra Civil realizadas en octubre de 2007:
    El m√°ximo responsable de la matanza fue el Delegado de Orden P√ļblico en la Junta de Defensa de Madrid, Santiago Carrillo, involucrado en el genocidio de miles de personas durante noviembre y diciembre de 1936.
  88. ‚ÜĎ V√©ase la entrevista con Luisa Soria de Claver√≠a, hija de Arturo Soria Hern√°ndez (asesinado en Paracuellos) y nieto del destacado urbanista, que Ian Gibson incluye en su obra y la conclusi√≥n del propio Gibson:
    Do√Īa Luisa Soria de Claver√≠a considera a Santiago Carrillo, director de Orden P√ļblico en Madrid en aquel momento, como m√°ximo culpable de la muerte de su padre, as√≠ como de muchas v√≠ctimas m√°s. Tratar de sugerir ante ella la posible inocencia de Carrillo resulta tarea azarosa e ingrata. Para ella, Carrillo no tuvo que mancharse personalmente las manos para ser un asesino. 'Su padre, Wenceslao, un socialista de pro, ha llorado de haber engendrado a tal hijo; eso me consta' nos ha dicho.
    (Gibson 2005: 33-35)
  89. ‚ÜĎ En la bit√°cora de P√≠o Moa en Libertad Digital, Presente y pasado, del 16 de noviembre de 2006, H√©roes de la izquierda:
    ... El antiguo líder de las juventudes socialistas [Carrillo] quedará para la historia como uno de los principales responsables de la matanza de Paracuellos...
  90. ‚ÜĎ
    La Junta [de Defensa de Madrid] consider√≥ que los miles de prisioneros derechistas encarcelados en Madrid (entre los que se inclu√≠a un n√ļmero inusualmente elevado de oficiales) constitu√≠an un gran riesgo para la seguridad y, alentados seg√ļn parece por los sovi√©ticos, los socialistas [las JSU] y los anarcosindicalistas que dominaban la Junta, junto a los comunistas, acordaron proceder a la ¬ęejecuci√≥n inmediata¬Ľ de todos los ¬ęfascistas y elementos peligrosos¬Ľ, sin juicio previo mediante asesinatos en masa. En las cinco semanas siguientes y bajo la direcci√≥n de Santiago Carrillo, entonces consejero de Orden P√ļblico, se ejecut√≥ en grupos a 4.000 personas cuando menos, arroj√°ndose sus cad√°veres en las fosas comunes de Paracuellos del Jarama y de otros lugares al este de Madrid. Estos asesinatos en masa s√≥lo terminaron cuando, en diciembre, se nombr√≥ al cenetista Melchor Rodr√≠guez nuevo director de Prisiones.
    (Payne 2006: 136-137)
  91. ‚ÜĎ
    Jes√ļs de Gal√≠ndez, [...], denunci√≥ valientemente los hechos que se desarrollaban en Madrid, con condena de aquellas falsas libertades que, en definitiva, no significaban sino ejecutar, al margen absoluto de la ley, a detenidos no juzgados. Se√Īala textualmente que es √©se, a su juicio, ¬ęel borr√≥n que af√©a la heroica defensa de Madrid¬Ľ. Menciona la actuaci√≥n cumplida por el ¬ęConsejero de Orden P√ļblico, Santiago Carrillo, que daba √≥rdenes de libertad que significaban contrase√Īas convenidas para sacar a determinados presos de la prisi√≥n y matarlos en las afueras de Madrid¬Ľ.

    Las ejecuciones madrile√Īas de noviembre y diciembre de aquel 1936 estuvieron dirigidas por Santiago Carrillo, que ten√≠a por ayudante, en estas siniestras maniobras, a Jos√© Cazorla, Consejero de Orden P√ļblico de la Junta de Defensa de Madrid.
    (Cabanellas 1975: 813)
  92. ‚ÜĎ
    Las matanzas de Paracuellos dle Jarama y Morata de Taju√Īa, si no fueron ordenadas por los asesores sovi√©ticos, Koltsov entre otros, s√≠ estuvieron inspiradas por los comunistas, los que ya dominaban la represi√≥n.
    (Cabanellas 1975: 813)
  93. ‚ÜĎ http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/preston-las-mentiras-carrillo-paracuellos-son-infantiles-20110411
  94. ‚ÜĎ http://www.publico.es/espana/370707/paul-preston-las-mentiras-de-carrillo-sobre-paracuellos-son-infantiles
  95. ‚ÜĎ As√≠, en una entrevista concedida por Carrillo a los periodistas Jos√© Oneto, Miguel √Āngel Aguilar y Pedro P√°ramo, y publicada el 16 de enero de 1977 en la revista Cambio 16, n¬ļ 266, Carrillo habla de Paracuellos. ¬ęNo fui responsable¬Ľ, citada por (Fern√°ndez 1983: 51-52), aquel afirmaba:
    Cuando yo tomo posesi√≥n el 7 de noviembre de 1936, esa operaci√≥n (Paracuellos) est√° ya en su conclusi√≥n y yo no hice m√°s que, con el general Miaja, ordenar ya el traslado de los √ļltimos presos. Porque en ese momento las fuerzas franquistas hab√≠an llegado a 300 metros de la prisi√≥n. Yo no conoc√≠a nada de esas cosas que hab√≠an sucedido anteriormente, porque yo estaba en el frente de Peguerinos. En el camino, parece ser, por todo lo que se explica ahora, ese convoy fue interceptado. Y como dice esa gente, los que iban en esa expedici√≥n de prisioneros, como sucedi√≥ con las anteriores, fueron asesinados. Ahora hay que tener en cuenta, para juzgar aquello, la situaci√≥n en la que estaba el pa√≠s. Madrid era una ciudad medio cercada ya el 7 de noviembre, que no ten√≠a ya m√°s que una salida. Y cuando yo tom√© posesi√≥n de mi cargo ese d√≠a, yo no ten√≠a ninguna seguridad de estar vivo a la noche siguiente. Porque teniendo en cuenta que no pose√≠amos un ej√©rcito, que no ten√≠amos m√°s que milicianos, que tap√°bamos los huecos en el frente m√°s que con un batall√≥n de peluqueros, de alba√Īiles, de j√≥venes que no hab√≠an cogido un fusil en su vida, todas las posibilidades eran de que al d√≠a siguiente las tropas de Franco entrasen en Madrid y nos ejecutasen. Eran momentos de lucha a vida o muerte.

    En la noche del 7 de noviembre cuando la quinta columna tambi√©n actuaba en Madrid, cuando no ten√≠amos fuerzas, yo no ten√≠a ni dos o tres brigadas para asegurar la custodia de esos presos tan perfecta como para garantizar su llegada a Valencia ‚ÄĒy no las ten√≠amos porque no las ten√≠amos para dejar Madrid‚ÄĒ. Esa noche no ten√≠amos ni artiller√≠a antia√©rea, ni municiones, porque en la pr√°ctica el Gobierno se hab√≠a marchado con la idea de que Madrid iba a caer. Y esa misma noche fuimos objeto de un gran ataque de aviones que nos hizo pasar a la mayor√≠a de nosotros la noche anterior en el Metro haciendo m√≠tines para mantener la moral de la poblaci√≥n y a circular por las calles hasta el punto de que a m√≠ me rompieron a tiros varios cristales del coche y no me mataron de casualidad. Es decir, no tener en cuenta las condiciones en que estaba Madrid en ese momento, las cantidades de mujeres y de ni√Īos que estaban muriendo en ese momento en Madrid, el odio que eso creaba que hac√≠a que, aunque hubiese una arbitrariedad en exceso a treinta kil√≥metros, no ten√≠as tiempo de emocionarte por eso, porque era cuesti√≥n de vida o muerte. No comprender eso me parece que es hacer una abstracci√≥n de lo que fue la Guerra Civil.
    Del mismo modo, en unas declaraciones a la periodista Mar√≠a Eugenia Yag√ľe en Cambio 16, el mismo a√Īo (Santiago Carrillo, perfil humano y pol√≠tico), tambi√©n citadas por (Fern√°ndez 1983: 53) Carrillo afirma:
    Me encuentro (cuando tomo posesi√≥n de la Comisar√≠a de Orden P√ļblico), con que en la c√°rcel Modelo hay un n√ļcleo muy numeroso de detenidos franquistas, a punto de ser liberado esa noche por las tropas, que est√°n a 400 metros de la c√°rcel. Era un regalo envenenado que nos hab√≠a dejado el Gobierno republicano a la Junta de Defensa. En esas condiciones tom√© la decisi√≥n de trasladar a Valencia esos detenidos. No pod√≠a permitir que esos hombres pasasen a engrosar las filas de los asediantes y tampoco pod√≠a poner a su disposici√≥n, para escoltarlos, una divisi√≥n que tendr√≠a que haber retirado del frente. Madrid pod√≠a caer de un momento a otro y el pueblo se hab√≠a organizado por profesiones para defenderse. ¬ŅDe d√≥nde iba a sacar yo una escolta? Por otra parte corr√≠a el riesgo de que pasaran a formar nuevos cuerpos del ej√©rcito. Creo que hice lo que deb√≠a de hacer.

    En el camino hacia Valencia, fuerzas que en ese momento no pudimos concretar quienes era, se apoderaron del convoy y ejecutaron a los presos, fuera ya del terreno de mi jurisdicci√≥n. ¬ŅCu√°l es mi responsabilidad? No haber sacado una brigada del frente para escoltarlos. Pero en ese momento no pudimos sacar del frente ni siquiera un soldado. Est√°bamos con el agua al cuello... Naturalmente, yo pod√≠a haber dejado ah√≠ a esos hombres para que los liberasen las tropas no lo hice [...] Hab√≠a que impedir que los franquistas pudiesen organizar con esos hombres nuevos Cuerpos de Ej√©rcito. Porque ah√≠ hab√≠a oficiales con los que se pod√≠a hacerlo.

    En la entrevista realizada por Ian Gibson al propio Carrillo (1983), incluida en su libro (Gibson 2005: 221, 228-229), Carrillo se manifiesta de forma similar:

    Las sacas del siete de noviembre, es decir, la evacuaci√≥n del siete de noviembre ‚ÄĒporque lo que fue es una evacuaci√≥n que luego, eh...‚ÄĒ, fue decidida en conjunto por la Junta de Defensa... Claro, se le puede creer a uno, o no se le puede creer, pero es que yo no tuve en ese momento noci√≥n ni de c√≥mo se hizo esta evacuaci√≥n, ni de lo que pas√≥ en la evacuaci√≥n. No tuve en ese momento una noci√≥n clara de esto, porque... Hay que representarse lo que era Madrid en ese momento. Madrid es una ciudad en la que, en esa noche del seis al siete, cuando nos reunimos ‚ÄĒentonces era comandante, me parece, Rojo, jefe del Estado Mayor de Miaja‚ÄĒ la situaci√≥n era... Rojo nos hace un cuadro de la situaci√≥n: el Gobierno se hab√≠a llevado la artiller√≠a antia√©rea, la poca artiller√≠a antia√©rea que hab√≠a en Madrid, para Valencia; que no tenemos munici√≥n, que no hay armas para armar al pueblo, a la gente que en la Casa del Pueblo, y en los locales de la Juventud y de los partidos y tal, se ha concentrado para ir al frente; que no sabemos qu√© vamos a hacer al d√≠a siguiente.

    [...] En ese momento en la Consejería no teníamos nada. Si en ese momento todavía, todavía, la Consejería no podía hacerse siquiera con el aparato de la Dirección General de Seguridad, en ese momento la Consejería no tiene ninguna fuerza propia, ninguna. [...] Y es que el nueve o el diez cuando yo empiezo a controlar un poco, eh... Porque la disolución de las checas estas [decretada por Carrillo] incluso se hace cuando yo no tengo más personal que el de los policías gubernamentales que están en la oficina, no tengo más... Incluso la Guardia de Asalto dependía de [la Consejería de] Guerra...

    [...] yo o puedo, no puedo decir que, si eso pasó no, porque, como si se dijera que los ministros de Franco han sido inocentes de las barbaridades que se han hecho en el otro campo, incluso aunque no hayan conocido el detalle, no. Pero lo cierto es que, en eso de Paracuellos, yo no he tenido una intervención personal directa en absoluto. En absoluto.

    En 1994, Carrillo describe la situación en sus memorias:

    En aquellos días, no recuerdo exactamente cuál, los franquistas llegaron a doscientos metros de la cárcel Modelo. Y en la junta acordamos que era necesario evacuar a los militares presos, a todo riesgo; si perdíamos veinticuatro horas más podían ser liberados, con el fortalecimiento evidente del potencial franquista que iba a derivarse de ello. Impedirlo era esencial par ala defensa de Madrid e incluso para el curso de la guerra. El problema más difícil era el de su custodia; las fuerzas de que se disponía para ello era más bien escasas; las brechas que teníamos en el frente y por las que el enemigo trataba de entrar exigían la presencia de todas las fuerzas movilizables. Al final el mando militar destinó algunas fuerzas para escoltar el convoy.

    Tardamos varios d√≠as en saber que hab√≠an sido interceptados y ejecutados, pero nunca llegamos a saber por qui√©n y en aquel momento ni supimos donde. En los alrededores de Madrid merodeaban miles de incontrolados, con armas, muchos de ellos provenientes del territorio tomado por los franquistas antes de llegar a la capital, que hab√≠an perdido familiares y amigos por la represi√≥n y que se hallaban animados de un odio cerval. En las carreteras hab√≠a controles, que no obedec√≠an ni a la Junta ni al Gobierno. Y frente a gentes as√≠ las fuerzas de escolta hubieron debido librar batalla para proteger a los presos; a la vista de lo sucedido puedo imaginar que ni por su n√ļmero, ni sobre todo por su moral, estaban dispuestos a dar su vida para defender la de los que iban custodiando.
    (Carrillo 1994: 208-209)

    En 1998, Carrillo reitera cuales son las circunstancias de Madrid en noviembre de 1936 y cu√°les son sus prioridades como consejero:

    [Como consejero de Orden P√ļblico] cuando tiene que pedir para custodiar tiene que pedir a las milicias de retaguardia que custodien..., y que est√° en un Madrid cercado y tal; vamos a ver, ¬°qu√© Consejero de Orden P√ļblico puede responder de todo el foll√≥n que hay en ese momento! ¬Ņno? Yo, en eso, siento mucha tranquilidad. Mire usted, al final, para m√≠, lo importante era que Francon no pudiera organizar tres, dos o tres, cuerpos de ej√©rcito. Eso es, en ese momento el objetivo esencial. Y ese objetivo lo logramos. ¬ŅNo lo logramos salvando la vida de esta gente? Es verdad, pero en aquel momento mor√≠a mucha gente en Madrid..., mor√≠a mucha gente en Madrid y a nosotros mimos pod√≠an colgarnos en la Puerta del Sol a los dos d√≠as. Es decir, que remordimientos de conciencia no tengo ninguno y pienso que cualquiera en mi lugar, cualquiera hubiera hecho lo que hice yo [...] Pero, lo cierto es que en ese momento era o ellos o nosotros. Me hubiera gustado que no hubiera pasado eso, no por nada, fundamentalmente, le digo a usted, no era, en ese momento, tanto por razones humanitarias, porque odio a esa gente le ten√≠a yo tanta como le ten√≠a... la mujer que le hab√≠an hundido la casa. Yo era por consideraciones pol√≠ticas, por consideraciones pol√≠ticas a m√≠ aquello no me conven√≠a. [...] Pero, ¬Ņen aquel momento? En aquel momento, eso me preocup√≥ como un hecho pol√≠tico negativo para la Rep√ļblica.
    (Cervera 2006: 109)
  96. ‚ÜĎ
    Yo, lo que pienso es que hab√≠a dos, dos... aparatos, un aparato legal, p√ļblico y tal, y que era la Consejer√≠a de Orden P√ļblico, luego otro de gente con que la Consejer√≠a de Orden P√ļblico no ten√≠a nada que ver.
    (Gibson 2005: 235)
  97. ‚ÜĎ
    Pero, en fin, all√≠ se ve que hubo gente con la que pas√≥ eso [que determinados presos fueron sacados de las prisiones y asesinados], y ye le digo a usted que la destituci√≥n de Serrano Poncela no es ajena a las quejas que en ese momento llegaron sobre su comportamiento y sobre el comportamiento de esta Comisi√≥n [el Consejo de Investigaci√≥n de la Consejer√≠a de Orden P√ļblico], de estos representantes de todos los grupos del Frente Popular.
    (Gibson 2005: 230)
  98. ‚ÜĎ
    Pregunta. Ser√≠a l√≥gico que, en aquellas circunstancias, que alguien tuviera la idea de llegar a la ¬ęsoluci√≥n final¬Ľ con aquellos prisioneros, eso es lo que yo pienso.

    Respuesta. Yo creo que puede entrar en la lógica en una situación de terror la idea del terror rojo, para entendernos, o del terror republicano, eso puede entrar.

    P. Y quitarles de en medio.

    R. Quitarles de en medio.

    P. Mucho más fácil. La solución final. Seguro.

    R. Esa idea no es una idea que se expresa en la Junta de Defensa, o que hace suya la Junta de Defensa o tal, pero puede ser una idea que hab√≠a en otras gentes, eso s√≠ es verdad. Y adem√°s, sobre todo a los que ten√≠an la experiencia de la revoluci√≥n rusa podr√≠a ocurr√≠rseles con... porque... te recuerda de cuando atentan contra Lenin, el Gobierno sovi√©tico entonces decreta el Terror Rojo. Claro, en un momento en que hay terror fascista no hay que extra√Īarse de que la idea de un terror antifascista, pues, responda a la idea del terror fascista.
    (Gibson 2005: 237-238)
  99. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 217-218)
  100. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 188)
  101. ‚ÜĎ (Gibson 2005: 225)
  102. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 193)
  103. ‚ÜĎ (Elorza 1994: 379)
  104. ‚ÜĎ (Cervera 2005: 99)
  105. ‚ÜĎ
    Durante la entrevista con Carrillo, Schlayer y el delegado de la Cruz Roja recibieron todo tipo de seguridades. Sin embargo, el diplom√°tico noruego percibi√≥ en Carrillo ¬ęinseguridad¬Ľ y ¬ęfalta de sinceridad¬Ľ, especialmente porque insist√≠a en que no sab√≠a nada del traslado de los presos lo que, cierto es, resultaba poco veros√≠mil.
    (Vidal 2005: 157)
  106. ‚ÜĎ (Vi√Īas 2006)
  107. ‚ÜĎ
    Paralelamente la funci√≥n m√°s espec√≠fica que me correspond√≠a en tanto que consejero de Orden P√ļblico, es la lucha contra la quinta columna. √Čsta era muy activa, pero se camuflaba eficazmente tras el desbarajuste de la retaguardia republicana.
    (Carrillo 1994: 201)
  108. ‚ÜĎ
    En una situación en la que habían venido funcionando incontroladamente diversas policías de grupo [checas], cientos de controles callejeros también incontrolados y en que miles de milicianos circulaban armados por la ciudad y sus alrededores sin que se supiera bien a quién obedecían y por qué actuaban, se daban las condiciones ideales para el desenvolvimiento de la quinta columna.
    (Carrillo 1994: 2001)
    Adem√°s, aprovechando la oscuridad, la quinta columna disparaba desde los tejados contra los coches que circulaban y los transe√ļntes. Circular en la noche por Madrid en esos primeros d√≠as era tan peligroso por la acci√≥n de la quinta columna como por los persistentes bombardeos.
    (Carrillo 1994: 192-193)
  109. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 146)
  110. ‚ÜĎ
    En definitiva, nos cuesta trabajo llegar a la conclusión de que, en todo lo relacionado con la matanza de presos efectuada entre el 7 de noviembre y el 3 de diciembre de 1936, tanto Carrillo como su delegado, Segundo Serrano Poncela, prefirieron no darse por enetrados de lo que ocurría... A la vista de esta situación, tanto Santiago Carrillo como Serrano Poncela, a nuestro juicio, optaron por hacer la vista gorda.
    (Gibson 2005: 253)
  111. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 99)
  112. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 103-104)
  113. ‚ÜĎ (Cervera 2006: 108)
  114. ‚ÜĎ Carta al director en el diario El Pa√≠s de Santiago Carrillo en respuesta a una columna de Patxo Unzueta, 28 de octubre de 2005, disponible en la web de Profesionales del Partido Comunista de Madrid, junto con la columna original de Unzueta. Citada tambi√©n en (Cervera 2006: 108)
  115. ‚ÜĎ Presentaci√≥n de la Fundaci√≥n Trece Rosas, de cuyo patronato Carrillo forma parte, 19 de octubre de 2005
  116. ‚ÜĎ Entrevista a Santiago Carrillo en el diario El Pa√≠s, 17 de diciembre de 2006: "Cuando escucho a algunos obispos me viene a la memoria 1936"
  117. ‚ÜĎ Biograf√≠a de Santiago Carrillo, en Terra Actualidad.
  118. ‚ÜĎ a b (Gibson 2005: 21)
  119. ‚ÜĎ a b (Gibson 2005: 16)
  120. ‚ÜĎ El ejemplar completo de ese d√≠a puede consultarse en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional (PDF, 7 Mb).
  121. ‚ÜĎ (Vidal 2005: 163)
  122. ‚ÜĎ (Cierva 1994: 165-166)
  123. ‚ÜĎ (Gibson 2005:13-14)
  124. ‚ÜĎ Gibson incluye casi en su totalidad el editorial de La Voz:
    El momento crítico

    Se acercan a Madrid los que han fusilado a seis mil hombres, mujeres y ni√Īos en Sevilla; cuatro mil, en Granada; tres mil, en C√°diz; cinco mil, en Zaragoza; otros tantos en C√≥rdoba; dos mil, en Badajoz; ochocientos, en Almendralejo; un n√ļmero incalculable en Castilla y Galicia. Traen como vanguardia y fuerza de choque a moros y legionarios. Han prometido a unos y otros concederles, como premio de sus fatigas y peligros, dos d√≠as de saqueo libre en la capital de Espa√Īa.

    ¬°Dos d√≠as de saqueo libre, madrile√Īos! Pensad en lo que eso representa de horror.

    [...]Detr√°s de cabile√Īos y mercenarios del Tercio marchan los j√≥venes asesinos del ¬ęrequet√©¬Ľ y de Falange. Vienen apercibidos para la gran matanza. Franco, en sus proclamas, ha anunciado, desde luego, que fusilar√° a sus prisioneros de guerra, a los veinticinco mil heridos y enfermos de los hospitales de sangre y a todos los que de alg√ļn modo hayan servido a la Rep√ļblica.

    Por cada fascista que haya muerto har√° matar a diez republicanos, socialistas, comunistas y sindicalistas. No enga√Īa a nadie. Anuncia lo que va a hacer, si el ej√©rcito del pueblo le deja entrar en Madrid.

    Se calcula que Madrid, si es vencido, ser√° teatro espantoso de cien mil inmolaciones. Se fusilar√° a cuantos hayan sido, o sean, milicianos, a todos los que desempe√Īan o desempe√Īaron cargos en c√≠rculos, comit√©s, centros, agrupaciones, sociedades, comisiones de control, etc., adheridos al Frente Popular y a las centrales sindicales que dirigen el movimiento obrero hispano, a todos los que aceptaron puestos oficiales o representativos durante el primer bienio de la Rep√ļblica y desde febrero a la fecha, a todos los que de alguna manera, activa o pasiva, han cooperado a la defensa del r√©gimen y de la legalidad, a todos aquellos que las gentes de la quinta columna denuncian como izquierdistas o sospechosos de serlo.

    Madrid ser√° diezmado. De su mill√≥n de habitantes perecer√° la d√©cima parte. As√≠ fue decidido por Franco, Mola, Gil-Robles y consortes. Yag√ľe, el monstruoso Yag√ľe, el de los ametrallamientos en la plaza de toros de Badajoz, y su segundo, el feroz Castej√≥n, son los encargados de llevar a cabo la b√°rbara carnicer√≠a. Tienen ya una larga experiencia. Recordemos las palabras pronunciadas por Yag√ľe cuando los falangistas de Badajoz le felicitaban por su idea de matar desde los tendidos del circo taurino de la ciudad extreme√Īa a los dos mil hombres, mujeres y ni√Īos, presos all√≠ por sus hordas:

    ¬ęEsto ha sido un ensayo, que repetir√© en mayor escala en la plaza Monumental de Madrid¬Ľ.

    ¬ŅBravatas? No. Amenazas que se cumplir√°n si los defensores de Madrid no ponen el coraz√≥n a la altura del peligro. Las alima√Īas con figura humana que asaltan, en estas horas decisivas, las posiciones que cubren los accesos a la capital de la Rep√ļblica han probado, en tres meses largos de horribles cr√≠menes, que no retroceden ante nuevos ba√Īos de inocente sangre espa√Īola.

    Que los milicianos que est√°n en los frentes se acuerden de sus madres, hermanas, novias, esposas e hijas. Franco, Mola y sus c√≥mplices se las han ofrecido, como el m√°s precioso de los botines de guerra, a los moros y legionarios. Si se rinden o huyen, no s√≥lo no salvar√°n sus vidas, sino que entregar√°n a la atroz lujuria de salvajes de √Āfrica y apaches internacionales a los seres que son la alegr√≠a de su existencia.
  125. ‚ÜĎ Otro ejemplo de cita presuntamente inventada por Vidal es la que seg√ļn Vidal public√≥ Mundo Obrero, el √≥rgano del Partido Comunista de Espa√Īa, el 8 de noviembre de 1936 (Vidal 2005: 183). Gibson examin√≥ los contenidos de Mundo Obrero de los d√≠as 7, 8, 9 y 10 de noviembre y no pudo encontrarla. (Gibson 2005: 20)
  126. ‚ÜĎ (Vi√Īas 2006: 34)
  127. ‚ÜĎ Como la citas truncadas que hace (Vidal 2005: 163) de los n√ļmeros de Milicia Popular, el √≥rgano del Quinto Regimiento, los d√≠as 5 y 21 de agosto de 1936(Gibson 2005: 17-18)
  128. ‚ÜĎ Como el supuesto Retablo de ajusticiables que seg√ļn Vidal, public√≥ Mundo Obrero, en alg√ļn momento de agosto de 1936 (Vidal 2005: 163-164), sin mayores precisiones. Tambi√©n cita la cifra de v√≠ctimas de Paracuellos aportada por Vidal (Vidal 2005: 214), de la que critica que ni siquiera aparezca en la bibliograf√≠a, con lo que es imposible su verificaci√≥n o revisi√≥n.
  129. ‚ÜĎ a b En Di√°logo con C√©sar Vidal, 27 de septiembre de 2006:
    [Gibson] No es historiador y sacar un libro de hace dos décadas sin corregir nada con la de material que ha aparecido, que cuestiona sus conclusiones y que yo menciono expresamente en mi libro me parece muy desvergonzado.

    [...] Ian Gibson tiene un descaro impresionante otorgando su "comprensi√≥n" al genocidio y tendiendo cortinas de humo para no comentar, por ejemplo, los documentos sovi√©ticos donde se identifica a Carrillo como responsable de los fusilamientos o se indican los pilotos sovi√©ticos que intentaron derribar el avi√≥n en el que un representante de la Cruz Roja llevaba a Ginebra los documentos sobre las matanzas. Ambos extremos los indico en mi libro y se√Īalo que la versi√≥n de Gibson es inaceptable. No me extra√Īa que al cabo de dos d√©cadas haya vuelto a publicar el libro sin modificaciones. Si lo modificara, tendr√≠a que reconocer que se ha equivocado.

    [...] Pues teniendo en cuenta que tanto Dimitrov como Stepanov le se√Īalan como el responsable de los fusilamientos llevados a cabo en Madrid ‚ÄĒdocumentos que reproduzco en mi libro y sobre los que Gibson no dice ni mu‚ÄĒ ¬Ņusted qu√© cree?
  130. ‚ÜĎ En Di√°logo con C√©sar Vidal, 26 de junio de 2006:
    La raz√≥n de su deficiencia es su metodolog√≠a. Est√° empe√Īado en que se puede escribir historia entrevistando gente y tirando de hemeroteca.
  131. ‚ÜĎ En Di√°logo con C√©sar Vidal, 5 de diciembre de 2006:
    Gibson simplemente no ha dado con la fuente. Es curioso porque tampoco comenta en su reedición las fuentes soviéticas que yo cito en las que se atribuye a Carrillo la responsabilidad de las matanzas o los intentos soviéticos de asesinar al comisario de la Cruz Roja que llevaba informes a la Sociedad de Naciones sobre Paracuellos u otras fuentes.
  132. ‚ÜĎ "Paracuellos fue terrible, pero lo entiendo", El Pa√≠s, 22 de septiembre de 2005.
  133. ‚ÜĎ
    Pregunta. ¬ŅC√≥mo explica semejante salvajada?

    Respuesta. Fue algo terrible. El Gobierno acababa de salir hacia Valencia durante la tarde del 6 de noviembre, y no sólo existía un tremendo vacío de poder sino la sensación de que la ciudad se había dado por perdida. Madrid vivía unos momentos delicados con las tropas fascistas en sus puertas y con una Junta de Defensa que empezó a funcionar aquella noche en medio del desbarajuste. La cárcel Modelo estaba llena de prisioneros afines al otro bando, entre los que destacaban muchos oficiales, que inmediatamente podían ser liberados para incorporarse a las filas de los atacantes...

    P. Así que decidieron liquidarlos...

    R. As√≠ es. Las bombas italianas y alemanas no dejaban de golpear la ciudad, y exist√≠a entre la gente un odio atroz hacia los que hab√≠an empezado la guerra. Esos generales que, como escribi√≥ Machado en un pr√≥logo para un libro de Aza√Īa que nunca se pudo publicar, hab√≠an cometido una "imprudencia incalificable". Pero no s√≥lo era el odio. Era tambi√©n el p√°nico, la brutal psicosis colectiva, y estaban las incendiarias charlas radiof√≥nicas de Queipo de Llano, que se emit√≠an en Sevilla pero se escuchaban en todas partes, y que contribu√≠an a potenciar el terror por la fiereza de las tropas que estaban a punto de entrar en Madrid.

    P. ¬ŅNo hab√≠a ninguna autoridad capaz de imponer el orden?

    R. Los paseos, los asesinatos, las checas, las venganzas... Todos los horrores que se desencadenaron en la zona republicana después del alzamiento, y que con todo lujo de detalles se pueden encontrar en la Causa General que el bando ganador elaboró para mostrar los crímenes de los rojos, no se empezaron a reprimir hasta muy tarde. De hecho, es la Junta de Defensa la primera que decide eliminar las checas de Madrid, pero esto llevó su tiempo. Sólo acababa de entrar en funciones.

    P. ¬ŅQui√©nes fueron entonces los que animaron la masacre?

    R. La √ļnica fuerza organizada en esos momentos en Madrid era el Partido Comunista, que incluso hab√≠a reforzado su poder con la llegada de las armas y los consejeros rusos. No es f√°cil conocer toda la verdad, pero en aquel momento los asesores que llegaron de Mosc√ļ ten√≠an un enorme prestigio y ten√≠an la experiencia del terror rojo. Koltsov, que no s√≥lo era un periodista que cubr√≠a la guerra sino que ten√≠a l√≠nea directa con Stalin, fue el que sugiri√≥ que algo hab√≠a que hacer con tantos oficiales del bando franquista, que representaban un peligro real con las tropas enemigas a 300 metros de la c√°rcel Modelo. Yo creo que hubo una orden de las autoridades republicanas para trasladar a los presos a Valencia. Pero en un momento de tantas carencias y tanto desorden, ¬Ņc√≥mo organizar una comitiva para que se llevara los presos? Era m√°s f√°cil que los liquidaran. Y no creo que fuera dif√≠cil convencer a los milicianos. Paracuellos fue terrible, pero lo entiendo. El p√°nico era demasiado grande y el peligro de tener tantos oficiales enemigos dentro era indiscutible. Se les hab√≠a dicho que se pasaran a los republicanos, y se negaron.

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos


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