Guerra del Brasil

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Guerra del Brasil
Guerra del Brasil
Juncal MuratureJose 1865.png
Batalla de Juncal
Fecha 25 de octubre de 1825- 28 de agosto de 1828
Lugar La Banda Oriental (actual Uruguay),
Río de la Plata,
Río Grande del Sur (Sur de Brasil),
Carmen de Patagones (sur de la Provincia de Buenos Aires).
Conflicto Disputa territorial entre el Imperio del Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata.[1] [2] [3] [4] [5] [6]
Resultado Convención Preliminar de Paz, Creación del Estado Oriental del Uruguay.
Beligerantes

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Provincias Unidas del Río de la Plata

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Imperio del Brasil
Comandantes
Bernardino Rivadavia
Guillermo Brown
Carlos María de Alvear
Juan Antonio Lavalleja
Fructuoso Rivera
Pedro I de Brasil
Rodrigo Pinto Guedes
Marques de Barbacena
Fuerzas en combate
Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata
Armada de las Provincias Unidas del Río de la Plata
Ejército Imperial del Brasil
Armada Imperial del Brasil

La Guerra del Brasil, o Guerra Argentino-Brasile√Īa o Guerra rioplatense-brasilera (en portugu√©s Guerra da Cisplatina) fue un conflicto armado que tuvo lugar en la d√©cada de 1820 entre las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata, que recientemente se hab√≠an emancipado de Espa√Īa, y el Imperio del Brasil, por la posesi√≥n de los territorios que corresponden a la actual Rep√ļblica Oriental del Uruguay y parte del actual estado brasile√Īo de R√≠o Grande del Sur.

En 1816, numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve comenzaron la invasi√≥n lusobrasile√Īa de la Provincia Oriental y de la casi totalidad de Misiones, as√≠ como practicaban incursiones en las provincias de Corrientes y Entre R√≠os.

En 1821 la entonces llamada Provincia Oriental, anteriormente Banda Oriental y actual Uruguay, tras ser derrotado Jos√© Gervasio Artigas el a√Īo anterior en la Batalla de Tacuaremb√≥, fue anexada al Brasil por Portugal con el nombre de Provincia Cisplatina.

Cinco a√Īos despu√©s, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamados los Treinta y Tres Orientales y liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingres√≥ en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasile√Īos. A ellos se sum√≥ oportunamente (tras haber servido a los brasileros) Fructuoso Rivera y en pocos meses logran retirar al ej√©rcito brasilero. El 25 de agosto de 1825, en el Congreso de Florida, se declar√≥ la independencia del territorio oriental, y su voluntad de formar parte de las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata (actual Argentina).

Pese a que al comienzo las fuerzas imperiales eran mayores a las rioplatenses, las Provincias Unidas lograron derrotar a Brasil luego de una lucha de tres a√Īos por tierra y mar; la batalla decisiva fue la de Ituzaing√≥. Sin embargo, los problemas econ√≥micos provocados por el bloqueo de la Armada de Brasil al puerto de Buenos Aires obligaron a aceptar reclamos brasile√Īos por lo que finalmente, Bernardino Rivadavia envi√≥ al ministro Manuel Jos√© Garc√≠a a gestionar la paz. Garc√≠a firm√≥ un tratado que luego ser√≠a conocido como el ¬ętratado deshonroso¬Ľ, ya que reconoc√≠a la soberan√≠a del Imperio sobre la Provincia Oriental y se compromet√≠a a pagarle a Brasil una indemnizaci√≥n de guerra. El presidente Rivadavia rechaz√≥ el convenio y posteriormente presentar√≠a su renuncia.

El conflicto continuó hasta el 28 de agosto de 1828, cuando durante el gobierno de Manuel Dorrego se llegó a una Convención Preliminar de Paz, donde se disponía la independencia de la Provincia Oriental y el cese de las hostilidades.

Contenido

Antecedentes

Espa√Īa y Portugal en la Cuenca del Plata

En 1594, poco despu√©s del Descubrimiento de Am√©rica, el Tratado de Tordesillas fij√≥ los l√≠mites entre los dominios de Espa√Īa y Portugal en Am√©rica del Sur a lo largo de una l√≠nea que, en la pr√°ctica, result√≥ muy dif√≠cil de determinar, aunque distintos autores coincidieron en fijarla alrededor del meridiano 46¬ļ O.[7] Por ello las fundaciones portuguesas en la costa del Brasil se extendieron hasta S√£o Vicente.[8] En la pr√°ctica, la colonizaci√≥n portuguesa del Brasil nunca respet√≥ totalmente ese l√≠mite, y en el interior la colonizaci√≥n se extendi√≥ mucho m√°s al oeste, sobre todo en la regi√≥n de S√£o Paulo y continuando a partir de la d√©cada de 1540 hacia el Sur, llegando hasta la localidad de Laguna.

Desde principios del siglo XVII, los colonizadores portugueses consideraron como su l√≠mite natural al R√≠o de la Plata. En fecha tan temprana como el a√Īo 1631 ya exist√≠a cartograf√≠a que consideraba que la margen izquierda de este r√≠o era de soberan√≠a portuguesa.[9] En 1580, aprovechando la ausencia de colonizaci√≥n espa√Īola en la regi√≥n, el Maestre de Campo Manuel de Lobo fund√≥ la Colonia del Sacramento en la costa norte del R√≠o de la Plata, fijando la pretensi√≥n de Portugal de extender su dominio hasta aquella regi√≥n. Si bien fue inmediatamente expulsado por fuerzas espa√Īolas provenientes de Buenos Aires, la corona espa√Īola prefiri√≥ conservar la paz con Portugal y devolver la Colonia a la misma. Durante casi un siglo, la Colonia fue varias veces capturada por fuerzas espa√Īolas y otras tantas, r√°pidamente devuelta a Portugal.[10]

Un nuevo intento de colonización portuguesa fue frenado por la fundación de la ciudad de Montevideo en 1724.[11] A ello respondieron los portugueses con la ocupación de la actual Río Grande del Sur en 1737.[12]

En 1750, el Tratado de Madrid anul√≥ la L√≠nea de Tordesillas y fij√≥ un nuevo l√≠mite entre las colonias portuguesas y espa√Īolas en Am√©rica del Sur, adjudic√°ndole a Portugal las Misiones Orientales a cambio de la posesi√≥n de Colonia; el Tratado trajo serios conflictos en la regi√≥n y termin√≥ por ser modificado por el Tratado de San Ildefonso, de 1777, que defin√≠a claramente los l√≠mites entre el Brasil y el recientemente creado Virreinato del R√≠o de la Plata.[13] Los virreyes del R√≠o de la Plata se esforzaron en fundar pueblos en lo que ya se llamaba la Banda Oriental a partir de esa fecha, para asegurarse la soberan√≠a efectiva de Espa√Īa sobre ese territorio.[14] La ciudad de Montevideo fue amurallada y contaba tambi√©n con una fuerte guarnici√≥n militar.

Los dos tratados parec√≠an dejar en claro que ambas potencias aceptaban la ocupaci√≥n de territorio como fuente para reclamar la soberan√≠a,[15] pero las recuerrentes guerras entre Portugal y Espa√Īa causaban la inestabilidad de los l√≠mites, y ning√ļn tratado logr√≥ estabilizarlos: durante la Guerra de las Naranjas, en 1801, tropas portuguesas ocuparon las Misiones Orientales, sin que las fuerzas de Buenos Aires pudieran hacer nada para impedirlo o recuperarlas.[13]

Ocupación portuguesa

Art√≠culo principal: Invasi√≥n Luso-Brasile√Īa

Desde que en 1808, a ra√≠z de las guerras napole√≥nicas, la casa real portuguesa se instal√≥ en R√≠o de Janeiro, las pretensiones portuguesas sobre la Banda Oriental ‚Äď e incluso, a trav√©s del proyecto carlotista, sobre todo el Virreinato del R√≠o de la Plata[16] ‚Äď fueron en aumento.

El estallido de la Revoluci√≥n de Mayo y la Revoluci√≥n Oriental, y las Expediciones Libertadoras de la Banda Oriental dieron nuevo impuso a esas pretensiones, sobre todo cuando el √ļltimo virrey, Francisco Javier de El√≠o, solicit√≥ la intervenci√≥n portuguesa en defensa de su dominio en la Banda Oriental. Ese pedido caus√≥ la invasi√≥n portuguesa de 1811, que dur√≥ hasta fines de 1812.[17]

Con la ruptura entre el caudillo federal Jos√© Artigas y el gobierno bonaerense, la situaci√≥n en la Banda Oriental se destac√≥ por la inestabilidad pol√≠tica y social. La victoria de Artigas, que a principios de 1815 ocup√≥ Montevideo y todo el resto de la Banda Oriental, permiti√≥ ciertos avances democr√°ticos y en el reparto de tierras entre los gauchos pobres.[18] Este avance democr√°tico fue visto como una amenaza por el rey de Portugal, Juan VI, que ‚Äď aprovechando la debilidad de la Provincia Oriental, que no pod√≠a contar con apoyo del gobierno central ‚Äď plane√≥ la invasi√≥n de la Banda Oriental. Adem√°s fue impulsado a ello por los espa√Īoles exiliados de Montevideo cuando esta ciudad hab√≠a ca√≠do en manos de los independentistas, y de los partidarios de distintos bandos de la misma ciudad, enemistados con Artigas.[19]

Portugal ambicionaba la Banda Oriental por dos razones principales: en primer lugar, si el R√≠o de la Plata se transformaba en un r√≠o lim√≠trofe, la navegaci√≥n por el mismo ser√≠a libre para ambas naciones, lo cual le posibilitar√≠a alcanzar la cuenca superior del r√≠o, en la cual estaba ubicada la mayor parte de la poblaci√≥n alejada del mar del Imperio.[20] La otra raz√≥n de las ambiciones portuguesas estaba relacionada con la riqueza rural, especialmente ganadera, de la Banda Oriental, cuyo ganado cimarr√≥n podr√≠a ser una fuente barata de alimentaci√≥n para la poblaci√≥n brasile√Īa, especialmente para sus esclavos.[21]

Con la excusa de terminar con las fuerzas artiguistas, acusadas de atacar las estancias de los antiguos territorios espa√Īoles que Portugal ocupara en 1801 y que en 1816 fueran anexados al Brasil, la Invasi√≥n Luso-Brasile√Īa se inici√≥ a mediados de 1816. A principios del a√Īo siguiente ya ocupaban Montevideo ‚Äď ciudad que fue ocupada gracias a una capitulaci√≥n con el cabildo ‚Äď y varias otras plazas.[22] La defensa del territorio fue dirigida por Artigas, el cual, a√ļn cuando sufri√≥ varias derrotas a manos de los invasores, logr√≥ sostenerse durante m√°s de tres a√Īos en distintos puntos de la campa√Īa.

Las desavenencias entre Artigas y varios de sus seguidores, que le exig√≠an llegar a alg√ļn punto de arreglo con el gobierno de Buenos Aires, llevaron al abandono de √©stos de las filas artiguistas.[23] Finalmente, en enero de 1820, en la Batalla de Tacuaremb√≥, Artigas fue definitivamente derrotado y expulsado del territorio, al que ya no volver√≠a.[22]

El √ļltimo resto de sus seguidores, acaudillado por Fructuoso Rivera, termin√≥ por incorporarse al ej√©rcito portugu√©s.[24]

El rey Juan VI quiso darle alguna forma legal a la ocupaci√≥n, y orden√≥ al gobernador del territorio invadido, Carlos Federico Lecor, que organizara un Congreso Cisplatino que decidiera si ese territorio deber√≠a ser devuelto a las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata, incorporarse al Brasil ‚Äď opci√≥n que por razones diplom√°ticas no era la que el rey prefer√≠a ‚Äď u obtener la independencia. Pero el gobernador Lecor digit√≥ las elecciones hasta obtener un Congreso formado por sus seguidores y aliados; este Congreso declar√≥ la incorporaci√≥n de la Banda Oriental al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, con el nombre de Provincia Cisplatina.[25]

La Provincia Cisplatina

Artículo principal: Provincia Cisplatina
Bandera de la Provincia Cisplatina.

En 1822, el Imperio de Brasil se independiz√≥ de Portugal; durante la crisis subsiguiente, los dirigentes orientales intentaron lograr que las fuerzas portuguesas que ocupaban Montevideo, le entregaran la ciudad a ellos, a√ļn cuando el interior de la Cisplatina estaba ocupada por las fuerzas leales al Brasil, comandadas por Lecor. Pero los portugueses entregaron Montevideo a Lecor, que sigui√≥ gobernando la Provincia Cisplatina en nombre del Emperador Pedro I.[26] No todo el territorio de la Banda Oriental qued√≥ dentro de la Cisplatina: la fracci√≥n m√°s septentrional pas√≥ a depender la Capitan√≠a de San Pedro del R√≠o Grande del Sur.

Durante esa crisis, los sectores orientales que intentaban expulsar a los brasile√Īos pidieron ayuda a las provincias argentinas. La Provincia de Buenos Aires, la m√°s cercana, rica y poderosa, se neg√≥ por completo a participar en cualquier campa√Īa militar para liberar ese territorio. El √ļnico gobernante que prometi√≥ ayuda fue Estanislao L√≥pez, de la provincia de Santa Fe, pero su gesto no pas√≥ de buenas intenciones.[27]

Un grupo de oficiales orientales intentó organizar una revolución en el territorio oriental, pero fracasó en su intento debido a la habilidad política del gobernador Lecor. De modo que, dirigidos por Juan Antonio Lavalleja, se trasladaron a Buenos Aires, donde reunieron fondos y recursos bélicos, aportados sobre todo por estancieros y comerciantes, entre los cuales se destacaron Juan Manuel de Rosas y Pedro Trápani.[28]

Terminada la Guerra de la Independencia respecto a Espa√Īa, la opini√≥n p√ļblica en Buenos Aires y en el Litoral exig√≠a la recuperaci√≥n del territorio ocupado. Por su parte, el pueblo oriental intensificaba sus proyectos de liberaci√≥n.[29]

Los Treinta y Tres y el Gobierno Nacional

Los Treinta y Tres Orientales

Artículos principales: Treinta y Tres Orientales y Cruzada Libertadora
El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, óleo de Juan Manuel Blanes.

Con el apoyo de Buenos Aires, Santa Fe y Entre R√≠os, fue organizada una peque√Īa expedici√≥n: al mando de Juan Antonio Lavalleja secundado por Manuel Oribe, los llamados Treinta y Tres Orientales partieron de la localidad bonaerense de San Isidro y desembarcaron en las costas orientales del r√≠o Uruguay, m√°s exactamente en el lugar conocido como ¬ęArenal Grande¬Ľ o La Agraciada, el 19 de abril de 1825.[30]

Avisados con antelaci√≥n, centenares de orientales se unieron a las fuerzas de Lavalleja. Una semana m√°s tarde, fuerzas de Lavalleja tomaron prisionero al Comandante de Campa√Īa imperial, el antiguo lugarteniente artiguista Fructuoso Rivera, a quien Lavalleja incorpor√≥ a sus fuerzas, en el hecho conocido como ¬ęAbrazo del arroyo Monz√≥n¬Ľ.[31] Las fuerzas leales a Rivera se incorporaron a la Cruzada Libertadora de Lavalleja, comandadas por √©ste y por el despu√©s general Juli√°n Laguna.[32]

En una r√°pida campa√Īa, las fuerzas revolucionarias ocuparon el interior del territorio, superando al ej√©rcito ocupante, que estaba muy debilitado desde la retirada de las fuerzas portuguesas. Por otro lado, el Emperador no hab√≠a podido enviar refuerzos a Lecor, debido a que deb√≠a enfrentar una peligrosa revuelta en Pernambuco.[33] El 2 de mayo fue ocupada la villa de Canelones,[34] y el d√≠a 8 de mayo, Oribe puso sitio a Montevideo,[35] rechazando en una escaramuza a las fuerzas que quisieron disputarle el Cerrito de la Victoria.[36]

Desde Canelones, Lavalleja envió diversas columnas en todas direcciones: a Rivera hacia Durazno, a Leonardo Olivera hacia Maldonado, a Manuel Durán hacia San José de Mayo, más otra en dirección a Colonia. Simón del Pino defendería Canelones.[36]

El gobernador de Buenos Aires, Las Heras, organiz√≥ en el mes de mayo un Ej√©rcito de Observaci√≥n, que se instal√≥ en octubre en Concepci√≥n del Uruguay, sobre el r√≠o Uruguay, en la provincia de Entre R√≠os, bajo el mando del general Mart√≠n Rodr√≠guez.[37] Estaba formado por dos escuadrones de caballer√≠a, tres compa√Ī√≠as de infanter√≠a y cuatro piezas de artiller√≠a, a los cuales se agregaron 200 hombres de Entre R√≠os, comandados por Pedro Espino.[38] Su comandante ten√≠a instrucciones de prestar apoyo a los orientales √ļnicamente si √©stos retroced√≠an hacia Entre R√≠os, aunque de estas instrucciones se pod√≠a inferir que el objetivo no era facilitarles volver a la lucha, sino imped√≠rselo.[39]

El Congreso de La Florida

Artículo principal: Congreso de La Florida

Lavalleja convoc√≥ de inmediato a una asamblea de los representantes de los pueblos orientales; √©ste se reuni√≥ en el pueblo de Florida el 14 de junio, formado por algunos representantes de los pueblos. Presidida por Manuel Calleros, este primer Gobierno Provisorio nombr√≥ a Lavalleja Brigadier General y Comandante en Jefe del Ej√©rcito. Su principal misi√≥n fue convocar a los representantes de todos los pueblos liberados, los cuales se reunieron en el llamado Congreso de La Florida el 20 de agosto. √Čste, presidido por Juan Francisco Larrobla, eligi√≥ a Lavalleja Gobernador y Capit√°n General de la Provincia Oriental, y sancion√≥ el 25 de agosto tres leyes: por la Ley de Independencia, se proclamaba a la Provincia Oriental

¬ęlibre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquier otro del universo¬Ľ.

Por la Ley de Unión se proclamaba:

¬ęQueda la Provincia Oriental del R√≠o de la Plata unida a las dem√°s de este nombre en el territorio de Sud Am√©rica¬Ľ.

La tercera ley establecía la bandera de las tropas orientales, que sería la misma de tres colores que había usado Artigas.[40]

Primeras batallas

El primer combate de alguna envergadura fue el combate de Las Vacas, del 25 de junio, victoria oriental sobre tropas de desembarco, seguido por el combate de Arroyo Grande, en que se lució la caballería de Rivera sobre una avanzada enemiga. El 14 de agosto hubo un choque en Fraile Muerto, cerca del extremo oriental de la provincia, que resultó una victoria de Oribe sobre Bento Manuel Ribeiro.[36] El 18 de agosto, las fuerzas independentistas sitiaron la ciudad de Colonia.[34]

Otros combates se produjeron entre fines de agosto y principios de septiembre en San Francisco, Mercedes y las Puntas del √Āguila.[36]

En la primavera, las tropas libertadoras sumaban 3.230 hombres, seg√ļn un parte redactado por Lavalleja al gobierno en La Florida. Por su parte, los brasile√Īos contaban alrededor de 4.200 hombres.[36]

El avance de los independentistas hab√≠a dejado algunas fuerzas a retaguardia, la mayor parte de las cuales se hab√≠an retirado hacia el norte. Entre las que no lo hab√≠an hecho estaba una divisi√≥n que se encargaba de cuidar los caballos que necesitaba el ej√©rcito portugu√©s, junto al r√≠o Uruguay; una audaz maniobra de Rivera le dio la victoria sobre estos enemigos en la Batalla del Rinc√≥n el 24 de septiembre.[41] Poco despu√©s, Lecor envi√≥ unos 2.000 hombres, al mando de Bento Manuel Ribeiro, a atacar a los independentistas en su propia capital; Lavalleja alcanz√≥ a reunir una fuerza equivalente, que alcanz√≥ una completa victoria en la Batalla de Sarand√≠, del 12 de octubre.[34] Ese mismo d√≠a, la poblaci√≥n de Buenos Aires atac√≥ la residencia del embajador brasile√Īo, por lo que √©ste abandon√≥ la ciudad.[42]

Las fuerzas orientales tambi√©n lograron desalojar a los brasile√Īos de Maldonado y de la Fortaleza de Santa Teresa, √©sta √ļltima liberada por fuerzas al mando de Leonardo Olivera, comandante militar de Maldonado, el √ļltimo d√≠a de 1825.[36]

S√≥lo a mediados de noviembre de 1825 comenz√≥ el embarque en R√≠o de Janeiro de las primeras tropas brasile√Īas para reforzar las derrotadas o sitiadas de la Banda Oriental. Al finalizar el a√Īo 1825, las fuerzas orientales en campa√Īa sumaban 4.245 hombres.[36] Debido a que enfrentaba algunas rebeliones en su contra ‚ÄĒ que a la larga resultar√≠an intrascendentes, pero en ese momento parecieron amenazar el Imperio ‚ÄĒ el gobierno imperial tard√≥ mucho en poder reunir las tropas necesarias. Durante el posterior ataque rioplatense, los brasile√Īos quedar√≠an en inferioridad num√©rica frente al enemigo dentro de su propia provincia de San Pedro del Sur.[43]

Las victorias de las tropas orientales encendieron el patriotismo de la opini√≥n p√ļblica porte√Īa, que forz√≥ al Congreso Argentino, reunido en esa ciudad, a aceptar la reincorporaci√≥n de la Provincia Oriental el 25 de octubre de 1825,[44] y ese mismo d√≠a fueron aprobados los diplomas del diputado Javier Gomensoro, electo por la Provincia Oriental.[45] En respuesta, el Imperio declar√≥ la guerra a las Provincias Unidas el d√≠a 10 de diciembre, e inmediatamente la poderosa escuadra brasile√Īa bloque√≥ el puerto de Buenos Aires y la boca del R√≠o de la Plata, bloqueo que se mantuvo hasta el final del conflicto, en 1828.[46]

La declaración de guerra fue respondida por el Congreso argentino el 1 de enero de 1826.[47]

Recursos bélicos

La guerra presentó desde su comienzo, dos fuerzas disímiles en material, recursos y hombres.[48]

Las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata reci√©n hab√≠an concluido por el norte y el oeste la guerra de liberaci√≥n respecto al Imperio espa√Īol, por el noreste debieron afrontar la oportunista invasi√≥n lusobrasile√Īa, que ocup√≥, tras las Misiones Orientales, toda la Banda Oriental y extensas regiones en el este de la Mesopotamia Argentina, actualmente correspondientes a las provincias argentinas de Misiones, Corrientes y Entre R√≠os. Tras concluir la amenaza realista (espa√Īola y proespa√Īola), las Provincias Unidas debieron afrontar las tendencias secesionistas que desde la reci√©n creada Bolivia terminaron con la existencia de la extensa provincia de Tarija.[cita requerida]

Las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata, en su sector actualmente argentino, pose√≠an fronteras secas muy l√°biles y la extensi√≥n de las catorce provincias era mucho menor que en el presente. Las diferencias de riquezas accesibles entre las Provincias Unidas y el Brasil eran abismales: pr√°cticamente los √ļnicos recursos exportables (que s√≥lo posibilitaban una muy magra redistribuci√≥n, y con esto fuertes tensiones por la coparticipaci√≥n) que entonces pose√≠an las Provincias Unidas eran la exportaci√≥n de cueros ¬ęen crudo¬Ľ y la carne secada y salada, el tasajo. Por otra parte, exist√≠an entonces unas pocas, modestas y dif√≠cilmente accesibles minas de oro en Famatina, que apenas bastaban para la acu√Īaci√≥n de unas pocas monedas. La escasa riqueza de las Provincias Unidas terminaron siendo factor de grave conflicto entre un gobierno centralista y los gobiernos provinciales.[cita requerida]

Por contrapartida, el Brasil ‚Äď aunque pose√≠a tambi√©n fuertes contradicciones ‚Äď era un estado territorialmente muy extenso y monol√≠tico, cohesionado y con mucha m√°s poblaci√≥n, con mayor posibilidad de reclutar efectivos para la guerra. √Čstos debieron ser reclutados a la fuerza, lo que no result√≥ una excesiva desventaja frente a la escasa colaboraci√≥n de las provincias interiores argentinas. El Imperio se hab√≠a independizado del Portugal tras unas breves y poco onerosas acciones b√©licas.[49]

Aunque ‚ÄĒ en comparaci√≥n con su poblaci√≥n ‚ÄĒ el mercado interno brasile√Īo era d√©bil, estaba mucho m√°s desarrollado que el de las Provincias Unidas, y sus recursos econ√≥micos eran muy importantes a nivel internacional: explotaci√≥n de millones de personas como mano de obra esclava, exportaci√≥n de caf√©, ca√Īa de az√ļcar, algod√≥n, tabaco, pieles, maderas finas, pesca, b√°lsamos, tinturas, productos medicinales naturales, plumas llamativas, importantes minas de oro, diamantes y hierro. Incluso en cuanto a riquezas regionales, como cuero vacuno, tasajo y mate, el Brasil, tras haber anexado gradualmente territorios en la cuenca del Plata, hab√≠a superado a todos los estados concurrentes.[50]

La situaci√≥n geopol√≠tica era absolutamente favorable para Brasil: se encontraba geogr√°ficamente mucho m√°s cerca de sus mercados (Europa, Am√©rica del Norte e incluso el √Āfrica). Tal situaci√≥n geopol√≠tica tambi√©n le permit√≠a al Brasil interrumpir o dificultar enormemente el tr√°nsito comercial entre las Provincias Unidas y los principales mercados de la √©poca. La diferencia geopol√≠tica a favor de Brasil se acentuaba en otros aspectos; mientras que Brasil pose√≠a ya un extens√≠simo litoral mar√≠timo ‚Äď por lo cual era impracticable todo intento de aplicarle bloqueos navales ‚Äď las Provincias Unidas pose√≠an casi exclusivamente una √ļnica salida y entrada para el comercio ultramarino: el R√≠o de la Plata, f√°cilmente bloqueable.[cita requerida]

Brasil doblaba prácticamente la cifra de efectivos terrestres, y gran parte de las tropas a su servicio estaba constituida por mercenarios alemanes. No obstante, la diferencia en moral combativa y experiencia bélica contaba enteramente a favor de las Provincias Unidas, con tropas de larga experiencia bélica debido a las guerras de independencia y civiles, y convencidas además de la justicia de su causa.[51]

Respecto de su flota de guerra, que contaba cerca de 80 unidades, s√≥lo destac√≥ en el Plata unas 50, mientras que las Provincias Unidas dispon√≠an tan s√≥lo de unos pocos barcos ‚Äď llegaron a reunir catorce ‚Äď en su mayor√≠a peque√Īos y medianos nav√≠os mercantes improvisados para combatir, uno de medio tonelaje y algunas lanchas ca√Īoneras.[52]

Organización del Ejército Argentino

El Congreso Nacional Argentino ‚Äď primera vez que se us√≥ ese nombre oficialmente ‚Äď cohesion√≥ a todas las provincias, las cuales, seg√ļn sus posibilidades, enviaron contingentes para formar el Ej√©rcito de Observaci√≥n. Poco despu√©s de la declaraci√≥n de Guerra, el Congreso, entendiendo que deb√≠a centralizas las decisiones militares, econ√≥micas y diplom√°ticas, cre√≥ un Poder Ejecutivo nacional el 8 de febrero de 1826, eligiendo como presidente de las Provincias Unidas a Bernardino Rivadavia.

Al estallar la guerra, el Ej√©rcito de las Provincias Unidas hab√≠a dejado de existir; sus fuerzas hab√≠an quedado desperdigadas entre las provincias, y el √ļnico resto de ej√©rcito con alg√ļn car√°cter nacional se hab√≠a incorporado al Ej√©rcito Unido Libertador del Per√ļ. El 31 de mayo una ley del Congreso volvi√≥ a crear el Ej√©rcito Argentino.[53]

Un serio problema que enfrentaba Rivadavia era que su autoridad no estaba respaldada por una constituci√≥n, de modo que las provincias dieron su colaboraci√≥n con mucha reticencia y suspicacia. Esta suspicacia fue en aumento cuando varios de los oficiales enviados al interior del pa√≠s a reunir tropas utilizaron las fuerzas a su mando para hacer prevalecer el partido del presidente; el caso m√°s destacado fue el de Gregorio Ar√°oz de Lamadrid, que derroc√≥ al gobernador de la provincia de Tucum√°n, Javier L√≥pez, y se hizo elegir gobernador en su lugar. La guerra entre Lamadrid y Facundo Quiroga impidi√≥ la incorporaci√≥n de tropas de muchas provincias al Ej√©rcito nacional.[54] Las posteriores acciones del Congreso, en particular la sanci√≥n de la Constituci√≥n Argentina de 1826, de neto corte unitario, rechazada por la mayor√≠a de las provincias del interior, disminuyeron a√ļn m√°s el aporte de las provincias al esfuerzo b√©lico.[55] [56]

La comandancia de las tropas rioplatenses le fue propuesta al gobernador de Córdoba, Juan Bautista Bustos, con el propósito de lograr el máximo de adhesión de las provincias del Interior, de las cuales Bustos era uno de los principales referentes desde el Tratado de Benegas; pero Bustos declinó la oferta.[57]

En segundo lugar le fue ofrecida por los oficiales del Ejército al general José de San Martín, considerado en su momento el máximo estratega argentino, pero el general se negó a ofrecer al gobierno sus servicios, porque consideraba que éstos serían rechazados por el presidente Rivadavia y su ministro de guerra, Carlos María de Alvear, dos de los más tenaces enemigos internos de San Martín.[58] [59]

El ministro Alvear aprovech√≥ su cargo para equipar generosamente al Ej√©rcito, mientras negociaba con los diputados y el presidente, de resultas de lo cual, poco despu√©s fue nombrado su comandante. Asumi√≥ el mando en Salto, ya en territorio oriental, adonde hab√≠a trasladado el campamento el general Rodr√≠guez. El Ej√©rcito Republicano ‚Äď nombre que le asignaron sus oficiales, para diferenciarlo del Ej√©rcito Imperial ‚Äď se form√≥ con aportes de la mayor parte de las provincias, aunque mucho m√°s de la mitad proven√≠an de Buenos Aires y la Provincia Oriental.[60]

El Ejército Imperial

El Ej√©rcito Imperial contaba con 12.420 hombres, diseminados en varios destinos: el grueso del mismo eran los 8.500 hombres comandados por el Marqu√©s de Barbacena en Santa Ana del Libramento. Otros 3.000 hombres estaban estacionados en Montevideo y 1.500 en Colonia. En el norte de la Provincia operaban dos cuerpos de milicias de caballer√≠a ga√ļcha ‚Äď es decir, gauchos lusoparlantes de R√≠o Grande del Sur, al mando de Bentos Manuel Ribeiro y Bento Gon√ßalves da Silva.[61]

Las tropas portuguesas, excepci√≥n hecha de los ga√ļchos, eran mayoritariamente de infanter√≠a. Su artiller√≠a no era superior a la rioplatense, pero su poder de fuego en fusiles eran mucho mayor. Parte importante de la caballer√≠a y de la infanter√≠a eran mercenarios de origen alem√°n y agricultores del mismo origen, residentes en las colonias agr√≠colas establecidas en Santa Catarina en 1824. El comandante de estas tropas extranjeras era el mariscal de campo brit√°nico Gustave Henry Brown.[62]

El general Barbacena se hab√≠a propuesto un ambicioso objetivo: en una carta al Emperador, lo invitaba a ocupar toda la Mesopotamia y el Paraguay. Incluso, comprendiendo mal la naturaleza del r√©gimen confederal que propugnaban los caudillos de esas provincias, le propon√≠a incitar a sus gobiernos a unirse voluntariamente al Imperio.[63] No obstante, cuando se produjera el avance republicano, Barbacena permanecer√≠a estrictamente a la defensiva, tal como lo anunci√≥ al Emperador a fines de enero del a√Īo siguiente.[64]

Guerra naval

Guillermo Brown, comandante de la escuadra argentina.

El primer acto hostil de buques de guerra brasile√Īos fue la ocupaci√≥n intermitente de la rada de la Ensenada de Barrag√°n por varios buques de esa nacionalidad a partir del 13 de noviembre de 1825, aunque se limitaron a anclar en ese sitio y aprovisionarse de le√Īa en las islas cercanas, pero no a desembarcar en tierra firme.[65]

En su declaración de guerra a las Provincias Unidas, el Emperador incluyó un párrafo autorizando el corso de forma expresa:

¬ęPor tanto ordeno que por mar y tierra se le hagan todas las hostilidades posibles, autorizando el corso y el armamento que quieran emprender mis s√ļbditos contra aquella naci√≥n; declarando que todas las tomas y presas, cualquiera sea su calidad, pertenecer√°n completamente a sus aprehensores, sin deducci√≥n alguna a beneficio del erario p√ļblico.¬Ľ
Declaración de guerra de Don Pedro I a las Provincias Unidas, 10 de diciembre de 1825.[66]

En consecuencia, el día 22 de diciembre de 1825, el vicealmirante Ferreira de Lobo estableció el bloqueo del puerto de Buenos Aires, y declaró que

¬ęno van a pasar ni los p√°jaros¬Ľ

La escuadra bloqueadora dominaría el Plata durante la casi totalidad del conflicto, trayendo enormes perjuicios comerciales.

Comienzos de la guerra naval

Desde un principio, el gobierno argentino dio la m√°xima importancia a la guerra naval, tanto por la importancia econ√≥mica de forzar el levantamiento del bloqueo, como por la estrat√©gica de permitir transportes √°giles desde y hacia la Banda Oriental. Los argentinos intentaron contrarrestar la superioridad naval brasile√Īa, logrando resultados espectaculares, aunque no concluyentes.

Es de notar que la mayor parte de los marinos de ambas escuadras eran originarios del Reino Unido, de modo que se trat√≥, en cierto sentido, de una ¬ęguerra entre ingleses¬Ľ[67]

Lo primero que intent√≥ el gobierno fue comprar en Valpara√≠so, Chile, algunos buques de la escuadra de ese pa√≠s, a trav√©s del general Ignacio √Ālvarez Thomas y del coronel Ventura V√°zquez. La operaci√≥n result√≥ un desastre: de los tres buques que efectivamente fueron comprados, la Fragata Mar√≠a Isabel naufrag√≥ al cruzar el Cabo de Hornos, muriendo en el hecho su capit√°n y 500 hombres, incluido el coronel V√°zquez. La corbeta Independencia estaba en tan mal estado, que debi√≥ regresar al puerto de Talcahuano, donde meses m√°s tarde debi√≥ ser vendida como le√Īa. √önicamente la nave m√°s peque√Īa, la corbeta Chacabuco logr√≥ llegar al Oc√©ano Atl√°ntico, pero en tal estado que pas√≥ meses repar√°ndose en Carmen de Patagones. Aun as√≠, prestar√≠a importantes servicios, bajo el mando de su capit√°n Santiago Jorge Bynnon.[68]

La estrategia de las tropas argentinas consistió en el hostigamiento constante y sorpresivo. Al mando de la escuadra fue puesto el coronel mayor Guillermo Brown, marino irlandés nacionalizado argentino, que inició sus operaciones al mando de una flotilla muy reducida: aparte de varios buques mercantes menores, artillados para la guerra, sólo contaba con una nave de gran porte: la Corbeta 25 de Mayo.

Al frente de ese buque y con 4 bergantines, 3 goletas y 9 lanchas ca√Īoneras atac√≥ el 9 de febrero a la escuadra enemiga, de superior capacidad de fuego, en el Combate de Punta Colares, de incierto resultado. Como resultado, Brown exigi√≥ y consigui√≥ la separaci√≥n del mando de su segundo jefe, Juan Bautista Azopardo, y tres capitanes m√°s, por haber evitado entrar en combate.[69]

Dos semanas m√°s tarde, Brown atac√≥, aunque sin √©xito, la plaza artillada de Colonia del Sacramento. Pese al evidente fracaso y las graves p√©rdidas sufridas, la audacia de su ataque incit√≥ a la escuadra brasile√Īa a ser m√°s prudente, con lo que se logr√≥ alejar por un tiempo el bloqueo m√°s pr√≥ximo a Buenos Aires. Un grave error estrat√©gico brasile√Īo permiti√≥ a los argentinos recuperar la isla Mart√≠n Garc√≠a, que hab√≠a sido ocupada por la flota bloqueadora.[70]

El vicealmirante Lobo fue reemplazado en el mando de su escuadra. En su lugar ocup√≥ el mando el almirante James Norton. Brown lanz√≥ un audaz ataque al puerto de Montevideo, intentando capturar la fragata del comandante enemigo en dos oportunidades, en el mes de abril. Pese al doble fracaso, demostr√≥ que pod√≠a burlar el bloqueo. Adem√°s Brown continu√≥ su camino hacia Montevideo, aunque no logr√≥ otras capturas; en su regreso, en cambio, se top√≥ con la Fragata Nictheroy sobre el Banco Ortiz, encallando ambas e intercambiando disparos desde esa posici√≥n, con escasos da√Īos en ambos buques. Tras escapar de la varadura, ambos buques se dirigieron a sus bases; estos hechos pusieron en rid√≠culo a Norton, que fue reemplazado poco despu√©s, volviendo a asumir el mando el vicealmirante Ferreira de Lobo.[71]

El Combate de Los Pozos

Artículo principal: Combate de Los Pozos

Las operaciones de la escuadra de Brown demostraron que el bloqueo no hab√≠a sido suficientemente estricto, de modo que a fines de mayo, la escuadra brasile√Īa formaliz√≥ tres l√≠neas de bloqueo, desde la desembocadura del Plata hacia adentro, hasta enfrentar a Buenos Aires. Por dos veces, los d√≠as 23 y 25 de mayo, la escuadra brasile√Īa intent√≥ ataques parciales al puerto de Buenos Aires, sin resultado alguno.[72]

Aprovechando que una parte de la escuadra argentina hab√≠a escoltado el traslado de un nuevo contingente de tropas a la Banda Oriental, el 11 de junio se present√≥ ante el puerto de Buenos Aires una poderosa escuadra enemiga, compuesta de 31 barcos. All√≠ se hallaba anclada solamente una parte de la flota de Brown, que s√≥lo dispon√≠a de 4 buques y 7 ca√Īoneras. Antes de comenzar el combate, Brown areng√≥ a sus hombres:

¬ęMarinos y soldados de la Rep√ļblica: ¬ŅV√©is esa gran monta√Īa flotante? ¬°Son los 31 buques enemigos! Pero no cre√°is que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitar√©is a la 25 de Mayo que ser√° echada a pique antes que rendida. Camaradas: confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria!¬Ľ
¬ę¬°Fuego rasante, que el pueblo nos contempla!¬Ľ

En efecto, gran parte de la poblaci√≥n de la ciudad hab√≠a subido a las azoteas de las casas y edificios p√ļblicos o se hab√≠a agolpado en la playa para presenciar el combate. √Čste comenz√≥ poco antes de las dos de la tarde, con sucesivas descargas de artiller√≠a. La escasa profundidad impidi√≥ a las naves brasile√Īas obtener completa ventaja de su superioridad num√©rica.

Al poco tiempo se presentaron a retaguardia de los brasile√Īos dos buques argentinos, la goleta R√≠o de la Plata, mandada por Leonardo Rosales y el bergant√≠n General Balcarce, comandado por Nicol√°s Jorge, que evitaron a los buques enemigos y se unieron a la escuadra de Brown. Poco antes del atardecer, la flota brasile√Īa se retir√≥.[73]

El pueblo de Buenos Aires recibió a Brown y a su tripulación con grandes manifestaciones de admiración.

Quilmes y Juncal

La Batalla de Juncal fue el enfrentamiento naval m√°s importante de la Guerra del Brasil.

El fracaso del ataque a Buenos Aires volvi√≥ a relativizar el bloqueo, oportunidad que la escuadra argentina aprovech√≥ para pasar una gran cantidad de tropas y pertrechos a la Banda Oriental, burlando la vigilancia enemiga. Pero a su regreso, la flota republicana fue atacada en el Combate de Quilmes, del 29 y 30 de julio; el resultado fue de serios da√Īos a la 25 de Mayo ‚ÄĒ que deber√≠a ser desmantelada ‚ÄĒ y numerosas bajas, aunque todos los buques lograron llegar a Buenos Aires.[74] En esta batalla tuvo destacada actuaci√≥n el coronel Tom√°s Espora.

Durante los meses siguientes la escuadra argentina no logr√≥ lanzar ataques de mayor importancia, y el bloqueo aument√≥ sus da√Īos a la econom√≠a porte√Īa. No obstante, un peque√Īo buque, con apoyo terrestre, logr√≥ desbaratar las operaciones navales brasile√Īas en Maldonado.

La larga inactividad de la flota argentina finalmente incit√≥ a la escuadra enemiga a tomar la iniciativa: en los √ļltimos d√≠as de 1826 se propuso ingresar al r√≠o Uruguay, cortando las comunicaciones entre la provincia de Entre R√≠os y el ej√©rcito del general Alvear. Brown se adelant√≥ a la maniobra y artill√≥ la Isla Mart√≠n Garc√≠a. A continuaci√≥n se instal√≥ en la desembocadura del r√≠o Uruguay, desembarcando parte de sus hombres en Punta Gorda, en espera del regreso de la escuadra enemiga. √Čste se produjo el 8 de febrero, d√°ndose inicio a la Batalla de Juncal, el combate naval de mayor importancia de la guerra.

Tras dos días de combate, de los 17 buques que habían ingresado en el río Uruguay, tres fueron destruidos, doce capturados y sólo dos lograron escapar. El propio comandante Jacinto Roque de Sena Pereira se rindió, insistiéndolo en hacerlo a manos del capitán Francisco José Seguí.[75]

La guerra de corso

Pese a las victorias navales, el mayor da√Īo que causaban los buques de guerra argentino era el de buques armados por particulares, con patente de corso. √Čstos recorr√≠an la costa del Brasil en sucesivas campa√Īas, capturando gran cantidad de buques mercantes. Posteriormente, el Emperador se quejar√≠a a los diplom√°ticos argentinos de la acci√≥n de los corsarios, olvidando que en la declaraci√≥n de guerra que √©l mismo firmara en diciembre de 1825, el primer recurso militar que hab√≠a mencionado hab√≠a sido, justamente, la guerra de corso.

En esas campa√Īas se destacaron especialmente el propio general Brown ‚Äď que hab√≠a lanzado una campa√Īa de esas caracter√≠sticas entre los combates de Quilmes y de Juncal[76] ‚Äď el navegante italiano C√©sar Fournier y los marinos porte√Īos Tom√°s Espora y Leonardo Rosales, con naves artilladas para especialmente para esa actividad.

Para la guerra de corso, los argentinos llegaron a construir dos peque√Īos veleros (lugres) dotados con seis ca√Īones por cada borda, llamados respectivamente ¬ęEl hijo de Mayo¬Ľ y ¬ęEl hijo de Julio¬Ľ. √Čstos, como los dem√°s buques corsarios, estaban impedidos de acercarse a Buenos Aires por el bloqueo, de modo que operaban principalmente desde puertos ocultos en la bah√≠a de Samboromb√≥n, y en Carmen de Patagones y en la cercana Bah√≠a San Blas, en la Patagonia. All√≠ reparaban sus buques y desembarcaban sus presas.

Batalla de Carmen de Patagones

Artículo principal: Batalla de Carmen de Patagones

La escuadra brasile√Īa decidi√≥ dar un golpe sobre Carmen de Patagones, como medio para disminuir las acciones de los corsarios argentinos. Los brasile√Īos consideraban que esa poblaci√≥n deb√≠a estar desguarnecida, pero la captura a fines de 1825 de cuatro oficiales brasile√Īos desembarcados en sus cercan√≠as en misi√≥n de espionaje ‚Äď y buscando alianzas con los ind√≠genas fieles a los hermanos Pincheira, ex soldados realistas devenidos bandoleros y caciques ‚Äď hab√≠a llevado al Comandante de Frontera de la Provincia de Buenos Aires, coronel Juan Manuel de Rosas, a fortificar la plaza y dotarla de tropas y armamento adicional.[77]

El 28 de febrero de 1827 cuatro naves brasile√Īas al mando del capit√°n ingl√©s James Shepherd llegaron a la boca del r√≠o Negro, uno de ellos el Duquesa de Goyaz var√≥ en un barco de arena y naufrag√≥, muriendo 40 de sus ocupantes, siendo rescatados los dem√°s por el Constancia. Los otros dos barcos, la Itaparica y la Escudeira ingresaron en el r√≠o sorteando el bombardeo de la bater√≠a ¬ęLa Pantomima¬Ľ, que fue desmantada. Continuaron remontando el r√≠o, perdiendo seis d√≠as valiosos que los defensores aprovecharon para organizarse. Finalmente, el 6 de marzo, desembarc√≥ unos 600 efectivos y march√≥ sobre la villa del Carmen de Patagones. En el camino se extraviaron, y finalmente fueron rodeados en el Cerro de la Caballada, donde las milicias populares comandadas por el coronel Mart√≠n Lacarra y las tropas de l√≠nea del oficial Sebasti√°n Olivera los destrozaron, muriendo en la acci√≥n el capit√°n James Shepherd. Obligados a retirarse por la quema de pastizales, al llegar hasta los buques, encontraron que √©stos hab√≠an sido ya capturados por los marinos al mando de Santiago Bynon, de modo que debieron rendirse.[78] Las dos banderas que se hallan expuestas en la iglesia parroquial de Carmen de Patagones como trofeo, atestiguan el triunfo argentino.[79]

Los brasile√Īos tambi√©n intentaron tomar el destacamento de la bah√≠a San Blas, en el sur de la actual provincia de Buenos Aires.

√öltimos combates

Con la llegada de la noticia de Patagones, el gobierno orden√≥ a Brown tomar nuevamente la ofensiva, zarpando desde la desembocadura del r√≠o Salado hacia las costas del Brasil. Cuando marchaba hacia su apostadero con cuatro embarcaciones, Brown fue alcanzado por 18 buques enemigos frente la Ensenada de Barrag√°n, frente al punto conocido como Monte Santiago. Pese a la tenaz defensa de los buques argentinos, la Batalla de Monte Santiago, de los d√≠as 7 y 8 de abril de 1827, fue un completo desastre para la Armada Argentina, que perdi√≥ dos buques y tuvo m√°s de 100 bajas, entre ellas el comandante Francisco Drummond. La escuadra brasile√Īa tambi√©n perdi√≥ dos barcos, pero no tuvo tanto efecto debido a la superioridad num√©rica de la escuadra bloqueadora.[80]

Desde ese momento, la escuadrilla argentina, muy reducida, qued√≥ sumida en la impotencia y no pudo volver a actuar sobre el bloqueo, que fue firmemente reforzado. El bloqueo provoc√≥ grandes problemas econ√≥micos a la provincia de Buenos Aires, causando la paralizaci√≥n del comercio exterior, el descontrol de los precios, p√©rdida del valor de la moneda y escasez de productos. Por primera vez, la inflaci√≥n se abati√≥ sobre los porte√Īos, mientras la campa√Īa perd√≠a muchos trabajadores para levantar las cosechas.[81]

Igualmente se mantuvieron las actividades de corso, en las que una vez m√°s destac√≥ el capit√°n Fournier, junto al capit√°n estadounidense Jorge De Kay.A lo largo de la guerra, cerca de 300 naves brasile√Īas fueron capturadas y saqueadas por corsarios argentinos.[82]

Por su parte, el coronel Espora recibi√≥ orden de coordinar sus operaciones con las fuerzas del comandante Olivera cerca de Maldonado, para transportar tropas a la desembocadura del r√≠o Grande, combinando el ataque con un avance terrestre entre la Laguna Mer√≠n y el mar, en una proyectada campa√Īa sobre la costa de Castillos.[83]

Pero la mayor vigilancia imperial dio finalmente sus frutos: Fournier ‚Äď que anteriormente hab√≠a perdido sus dos buques y hab√≠a partido en una nueva y m√°s exitosa campa√Īa corsaria ‚Äď naufrag√≥ en alta mar.[84] De Kay fue derrotado en un encuentro en la Ensenada de Barrag√°n, donde perdi√≥ el bergant√≠n General Brandsen.[85]

A su vez, Espora pasó semanas intentando combinarse con Olivera, que no estableció contacto con él. De modo que avanzó hasta Río Grande, donde capturó un bergantín y su cargamento. A su regreso, fue a su vez derrotado en el combate de los Bajíos de Arregui, sobre la Bahía de Samborombón, perdiendo su embarcación y viéndose obligado a rendirse; su tripulación pudo desembarcar.[86] [83]

El bloqueo no hab√≠a sido levantado, y sus efectos econ√≥micos ser√≠an, en definitiva, los que decidieran el resultado final de la guerra.[81] Por otro lado, la presi√≥n del Reino Unido para doblegar la intransigencia argentina ‚ÄĒ que comenz√≥ a atacar a los pocos nav√≠os corsarios argentinos restantes, so pretexto de que practicaban ¬ępirater√≠a¬Ľ ‚ÄĒ oblig√≥ a una mucha mayor prudencia hasta la finalizaci√≥n de la guerra, y las acciones de corso cesaron casi por completo.[82]

Operaciones del Ejército Republicano

Primeras acciones en la Provincia Oriental

Mart√≠n Rodr√≠guez cruz√≥ el r√≠o Uruguay el 28 de enero de 1826, instal√°ndose en Paysand√ļ, donde se incorporaron varios contingentes provenientes de Buenos Aires y del interior de las Provincias Unidas. Los cuerpos de Entre R√≠os formaron el Regimiento Nro. 1 de caballer√≠a, al mando del coronel Federico Brandsen; el batall√≥n de Cazadores de Salta, que inclu√≠a tambi√©n efectivos de Santiago del Estero fue transformado en el Regimiento Nro. 2 de Caballer√≠a, al mando del coronel Jos√© Mar√≠a Paz, que los hab√≠a llevado desde sus provincias de origen; desde Buenos Aires fueron enviados los Regimientos Nro. 3, Nro. 4 y Nro. 16 de Caballer√≠a, al mando de los coroneles Manuel de Escalada, Juan Lavalle y Jos√© Valent√≠n de Olavarr√≠a. El Regimiento Nro. 15 era el que hab√≠a organizado Gregorio Ar√°oz de Lamadrid, pero qued√≥ en Tucum√°n, luchando en la guerra civil. Un Batall√≥n de Cazadores al mando de Manuel Correa y uno de artiller√≠a ligera, al mando de Tom√°s de Iriarte, completaban el Ej√©rcito. Hasta entonces, eran solamente 2.800 hombres, seg√ļn el propio Rodr√≠guez. El jefe de estado mayor era el general Miguel Estanislao Soler.[87]

El sitio de Montevideo persisti√≥ a todo lo largo de la guerra; las tropas a √≥rdenes de Oribe no eran suficientes para conquistar la plaza, pero aun as√≠ lograron un importante triunfo en el Cerro de Montevideo y el arroyo Pantanoso el 9 de febrero, rechazando una salida de las tropas sitiadas.[88] Posteriormente el general Lucio Norberto Mansilla dirigi√≥ el sitio durante alg√ļn tiempo, para dejarle nuevamente el mando a Oribe meses m√°s tarde.

Los orientales no ten√≠an preparaci√≥n militar adecuada, y sus jefes estaban divididos en dos facciones, dirigidas por Lavalleja y Rivera. √Čste se sublev√≥ con todo su regimiento y se incorpor√≥ al ej√©rcito de Rodr√≠guez, pero el jefe nacional lo transform√≥ en el Regimiento Nro. 8 de Caballer√≠a, al mando de Juan Zufriategui. Lavalleja ‚Äď a quien el ministro de guerra hab√≠a ordenado ponerse a √≥rdenes de Rodr√≠guez, desobedeci√≥ abiertamente a √©ste y atac√≥ Colonia, fracasando en su intento. Por su parte, Rivera, siguiendo √≥rdenes de Rodr√≠guez, atac√≥ a Bentos Manuel Ribeiro en su avance sobre Paysand√ļ, derrot√°ndolo. Pero se neg√≥ a continuar su avance y destruir el campamento enemigo en la costa del r√≠o Cuareim, e incluso avis√≥ al jefe enemigo de las intenciones de Rodr√≠guez. El 17 de junio, por exigencia de Lavalleja, Rodr√≠guez envi√≥ a Rivera a Buenos Aires, informando de lo sucedido. El presidente orden√≥ arrestar a Rivera, pero en el mes de septiembre, √©ste escap√≥ hacia Santa Fe, donde se puso bajo la protecci√≥n de Estanislao L√≥pez.

Rodr√≠guez inici√≥ la marcha a mediados de 1826 hacia sudeste, buscando incorporar las tropas orientales. Se instal√≥ en Durazno, donde recibi√≥ nuevas incorporaciones. Tambi√©n envi√≥ ayuda a Ignacio Oribe, que comandaba las operaciones en Cerro Largo, que estaba siendo atacado por las fuerzas del jefe ga√ļcho Bento Gon√ßalves da Silva; pero √©ste destruy√≥ las avanzadas enviadas por Oribe y Paz a fines de julio.[89]

En agosto, Rodr√≠guez tuvo noticias de que iba a ser relevado del mando, por lo que march√≥ a Buenos Aires sin esperar el cambio. El general Alvear se hizo cargo del Ej√©rcito el 1 de septiembre.[90] [91] Se incorpor√≥ tambi√©n el Regimiento de Colorados de las Conchas, milicias de caballer√≠a, al mando de Jos√© Mar√≠a Vilela, y los Coraceros, cuyo jefe era el oriental Anacleto Medina. Con los Batallones Nro. 1, Nro. 2, Nro. 3 y Nro. 5 ‚Äď al mando de Manuel Correa, Ventura Alegre, Eugenio Garz√≥n y F√©lix Olaz√°bal respectivamente ‚Äď aument√≥ el n√ļmero de efectivos de infanter√≠a, pero igualmente estaba en franca minor√≠a, con s√≥lo 1.500, contra 500 de artiller√≠a y 3.116 de caballer√≠a. La vanguardia estaba ubicada en Durazno, y estaba formada por 2.600 hombres, todos de caballer√≠a, comandados por Lavalleja, Laguna, los hermanos Oribe y Servando G√≥mez. El grueso del ej√©rcito se organiz√≥ junto al Arroyo Grande, al norte de Colonia.[92]

Avance de Alvear

Carlos María de Alvear, comandante del ejército vencedor en la Batalla de Ituzaingó.

Las fuerzas del Imperio ‚Äď descontada la guarnici√≥n de Montevideo ‚Äď estaban divididas en dos ej√©rcitos: el grueso, al mando de Barbacena, en Santa Ana del Libramento, y las milicias ga√ļchas en Cerro Largo. Alvear orden√≥ a Lavalleja avanzar en busca de la caballer√≠a de Bento Goncalves y los jinetes alemanes de Gustave Henry Brown, pero √©stas se desplazaron hacia la costa de la Laguna Mer√≠n. Entonces Alvear pens√≥ en introducirse entre ambas fuerzas, impidiendo la reuni√≥n entre ellas. De modo que se lanz√≥ a una marcha forzada en direcci√≥n a Bag√©; este movimiento hizo que las tropas brasile√Īas acantonadas en Santa Ana del Libramento, temiendo ser rodeadas por las republicanas, se retiraran velozmente hacia el este. La marcha forzada era una maniobra relativamente f√°cil para la caballer√≠a, pero en cambio la infanter√≠a ‚Äď y muy especialmente la artiller√≠a ‚Äď fueron sometidas a un desplazamiento extenuante.[93]

Al llegar a Bagé una fuerte lluvia complicó la situación del Ejército Republicano, y el general Alvear ordenó detener la marcha durante varios días las operaciones. En cambio, Goncalves continuó su retirada y logró incorporarse al ejército de Barbacena. Los imperiales lograron restablecerse puestos y sistemas de abastecimientos desde retaguardia, con lo cual Alvear debía enfrentar de inmediato al enemigo o retroceder.

El ej√©rcito brasile√Īo continu√≥ la retirada hacia el norte, buscando alcanzar las escabrosas serran√≠as del centro de R√≠o Grande del Sur, donde esperaba obtener ventajas contra un ej√©rcito formado mayoritariamente por caballer√≠a. Por su parte, Alvear cambi√≥ completamente el rumbo y march√≥ hacia el oeste, anunciando a sus subordinados que lo hac√≠a para atraer a Barbacena hacia el llano. Aunque nadie lo contradijo en esa oportunidad, sus detractores afirmar√≠an que no era l√≥gico intentar atraer al enemigo mientras le dejaba el camino libre hacia la Banda Oriental.[94]

Barbacena envi√≥ a la caballer√≠a de Goncalves a hostilizar al ej√©rcito rioplatense, hasta que una partida comandada por el coronel Juan Lavalle lo derrot√≥ en la Batalla de Bacacay, el 13 de febrero. Tres d√≠as m√°s tarde, el mismo Goncalves fue atacado por casi toda la infanter√≠a y el regimiento de Lavalle, bajo el mando del nuevo jefe del estado mayor republicano, general Lucio Norberto Mansilla, y ‚Äď pese a las varias torpezas cometidas por el mismo Mansilla ‚Äď dispersado en la Batalla de Omb√ļ.[95]

Ituzaingó

Artículo principal: Batalla de Ituzaingó

Después de estos combates, Alvear continuó su marcha hacia el oeste, perseguido por Barbacena, que renunciaba a la posibilidad de marchar nuevamente sobre la provincia en disputa y caía en la trampa tendida por Alvear. Se detuvo dos días en el arroyo Cacequí, donde ordenó aligerar los bagajes, e incluso destruir armamento y parque de artillería en perfecto estado.[96]

El Ejército Republicano llegó hasta el Paso del Rosario sobre el río Santa María, en las nacientes del río Ibicuy, que encontró crecido e imposible de vadear. De modo que retrocedió hasta quedar enfrentado a las tropas de Barbacena junto al arroyo Cutizaingó, nombre que posteriormente cambiaría por el un arroyo cercano, llamando Ituzaingó. Barbacena perdió una magnífica oportunidad de destruir a su enemigo mientras remontaba el desfiladero que le permitía salir del encajonado valle del Santa María.[97]

El 20 de febrero, los 6.800 republicanos enfrentaron a 7.700 imperiales en la Batalla de Ituzaing√≥, en que la acci√≥n en el centro del campo de batalla recay√≥ en la artiller√≠a, mandada por Iriarte, secundado por Jos√© Mar√≠a Pir√°n y Martiniano Chilavert. Las fuerzas de caballer√≠a atacaron de frente a la infanter√≠a enemiga, lo que caus√≥ grandes bajas en los regimientos de Paz y de Brandsen, y √©ste √ļltimo muri√≥ en combate. Una acci√≥n notable le cupo al regimiento de Lavalle, que rode√≥ un zanj√≥n que divid√≠a sus fuerzas de las del cuerpo de caballer√≠a que ten√≠a a su frente, y lo destroz√≥ en un ataque repentino.[98]

El Ej√©rcito Imperial retrocedi√≥ tras grandes p√©rdidas de hombres, incluyendo m√°s de 200 muertos[99] y 800 perdidos, contando entre estos √ļltimos a muertos cuyos cad√°veres no se pudieron rescatar y desertores.[100] Sin embargo, ante la desesperaci√≥n de sus oficiales, Alvear prohibi√≥ la persecuci√≥n de los vencidos. Cuando √©stos lograron recuperar un tanto sus fuerzas, la falta de recursos y caballadas le impidi√≥ a los rioplatenses perseguir al enemigo y emprender nuevas acciones ofensivas para definir la campa√Īa.[101]

Falto de recursos, Alvear retrocedi√≥ hacia Corrales, cerca de Cerro Largo, abandonando el territorio invadido a los brasile√Īos. En su retirada encontraron muchos desertores alemanes de infanter√≠a del Ej√©rcito Imperial, que fueron incorporados al Ej√©rcito Republicano; pero no se adaptaron a la alimentaci√≥n exclusivamente de carne del ej√©rcito y fueron enviados a Buenos Aires.[102] [103]

Recién dos meses más tarde, el Ejército volvió a avanzar en dirección al norte, y el 13 de abril ocupó Bagé por segunda vez. Desde allí, Alvear envió hacia el norte a Lavalle, que el 23 de abril destruyó a los imperiales en la Batalla de Camacuá. Esa victoria no permitió ulteriores avances, y el campamento republicano quedó establecido en el río Yaguarón. Desde allí, Alvear volvió a enviar hacia el norte a Lavalle, pero si bien éste fracasó en capturar las caballadas del Ejército Imperial, derrotó a las fuerzas que lo atacaron a su regreso en la batalla de Yerbal el 25 de mayo.[104]

El Ejército al mando de Lavalleja

El 13 de julio de 1827, Alvear traspasó el mando de las fuerzas republicanas interinamente al general Paz. El gobierno nombró en su reemplazo a Lavalleja. La situación del ejército era deplorable: las tropas estaban impagas y con el vestuario destruido, y ni siquiera contaban con municiones para más de una batalla.[105] Los oficiales orientales se dedicaron a arrear ganado desde Río Grande del Sur hacia la Provincia Oriental, de modo de recomponer los ganados de ese territorio, que habían sido saqueados durante y después de la invasión de 1816-1820. La inactividad provocó que las deserciones aumentaran enormemente.[106]

El sitio de Montevideo por parte de Oribe seguía sin vistas de solución, mientras Colonia era sitiada por el coronel Isidoro Suárez.[107]

Las operaciones se empantanaron, y aunque Lavalleja intent√≥ algunos ataques, como en la batalla de Padre Filiberto, del 22 de febrero de 1828, no obtuvo √©xito alguno.[108] Una flotilla que operaba en la Laguna Mer√≠n fue derrotada por otra similar brasile√Īa, pero logr√≥ salvarse de ser destruida al refugiarse en un r√≠o, bajo la protecci√≥n de una bater√≠a de tierra.[109]

Poco m√°s tarde, Lavalleja se repleg√≥ hacia el sur, dejando s√≥lo una avanzada al mando del general Laguna en Yaguar√≥n, para utilizar sus mejores tropas en una proyectada campa√Īa sobre la costa de Castillos, desde donde lanzar√≠a un ataque por la franja de terreno que separaba la Laguna Mer√≠n del mar, pero √©sta no pudo se llevada a cabo por falta de coordinaci√≥n con la flota que deb√≠a apoyarla.[83] En el √≠nterin, el jefe brasile√Īo Brown atac√≥ a las fuerzas de Laguna en el Combate de Las Ca√Īas, en que tras un intercambio de disparos ambas fuerzas abandonaron su posici√≥n: las tropas de Laguna se retiraron al sur del Yaguar√≥n, hacia Cerro Largo. De ese modo, las tropas de ambos bandos quedaron separadas por una gran distancia hasta el final de la guerra.[110]

Campa√Īa de Rivera a las Misiones Orientales

Art√≠culo principal: Campa√Īa de Rivera a las Misiones Orientales
El general Fructuoso Rivera, que conquistó las Misiones Orientales.

Tras la ca√≠da de Rivadavia de la presidencia, asumi√≥ el gobierno de la provincia de Buenos Aires el coronel Manuel Dorrego, partidario de continuar la guerra pese a los problemas financieros, y a quien las dem√°s provincias encargaron la direcci√≥n de las relaciones exteriores entre septiembre y diciembre de 1827.[111] Aunque las provincias del interior, agotadas por la reciente guerra civil y recelosas a√ļn de las intenciones del gobierno porte√Īo, no aportaron nuevos contingentes,[112] s√≠ lo hizo el gobernador de la provincia de Santa Fe, Estanislao L√≥pez. Con la anuencia de los gobernadores de Entre R√≠os y Corrientes, organiz√≥ una campa√Īa para la liberaci√≥n de las Misiones Orientales. Enterado de ello Dorrego, le prest√≥ algunos apoyos para la proyectada campa√Īa. El objetivo final era no s√≥lo reocupar los siete pueblos de las Misiones al oriente del r√≠o Uruguay, sino operar por la retaguardia del ej√©rcito imperial y amenazar incluso la ciudad de Porto Alegre.

L√≥pez encarg√≥ al jefe de su avanzada, general Rivera, el mismo que hab√≠a huido de Entre R√≠os un a√Īo antes, ante la amenaza de un juicio por connivencia con los brasile√Īos, que se traslad√≥ a buscar apoyos a Entre R√≠os. All√≠ encontr√≥ que la poblaci√≥n continuaba acus√°ndolo de alianzas con el Brasil, y por lo dem√°s parte importante de su poblaci√≥n apta para llevar armas estaba enrolada en el ej√©rcito a √≥rdenes de Lavalleja. De modo que, sin autorizaci√≥n del gobernador Lavalleja, cruz√≥ a la Provincia Oriental y comenz√≥ a reunir adictos. Varias unidades que hab√≠an servido a sus √≥rdenes se pasaron a sus fuerzas.

Lavalleja envi√≥ a su encuentro al coronel Oribe, con orden de arrestarlo, pero Rivera se traslad√≥ hacia el norte. Fue alcanzado junto al r√≠o Ibicu√≠ por las tropas de Oribe, que pensaba que el general rebelde se iba a pasar a los brasile√Īos. Esquivando a Oribe y atacando por sorpresa la guarnici√≥n imperial que custodiaba el r√≠o al mando de Joaqu√≠n de Alencastre, Rivera invadi√≥ las Misiones Orientales al frente de unos 500 hombres el 21 de abril de 1828.[113]

Por su parte, López cruzó Entre Ríos y Corrientes con tropas santafesinas y de esas dos provincias y cruzó el río Uruguay por La Cruz. Dorrego ordenó a López ponerse al mando de la invasión, pero Rivera no acató la orden. Para evitar un enfrentamiento frente al enemigo, López regresó a Santa Fe con parte de su escolta y dejó el resto de sus tropas a las órdenes de Rivera. Por orden de Dorrego, también Oribe se retiró.

Sin encontrar resistencia, Rivera ocupó sucesivamente los pueblos de las Misiones Orientales hasta Cruz Alta. Fijó la capital del territorio, que fue declarado provincia autónoma, en Itaquí.[114]

Mientras Dorrego intentaba sobornar a los mercenarios alemanes, entró en relación con los principales líderes riograndenses, Bento Gonçalves da Silva y Bento Manuel Ribeiro, pero éstos prefirieron seguir a órdenes del Emperador.

El gobernador porte√Īo tambi√©n envi√≥ algunos refuerzos a Rivera, y especialmente oficiales capacitados. Entre ellos se contaron los coroneles Manuel de Escalada ‚Äď el que hab√≠a abandonado el ej√©rcito en repulsa de Alvear ‚Äď el cual ejerci√≥ como jefe de estado mayor, y el coronel Eduardo Trol√©, que hab√≠a sido jefe de ingenieros del ej√©rcito republicano, y que en las Misiones ejerci√≥ como jefe de la artiller√≠a.[115]

El √©xito de la campa√Īa forz√≥ al Imperio a reiniciar negociaciones, pese al juramento que hab√≠a hecho el Emperador de expulsar a las ¬ęfuerzas invasoras¬Ľ tras la derrota de Ituzaing√≥. Pero si bien don Pedro I aceptar√≠a reconocer la independencia de la Banda Oriental, exigi√≥ como condici√≥n excluyente para cualquier acuerdo la evacuaci√≥n de las Misiones Orientales por Rivera. Si bien esa exigencia no estaba incluida en la Convenci√≥n Preliminar de Paz firmada en octubre de 1828, por pedido de Dorrego, entonces, Rivera inici√≥ la retirada hacia el sur. Acompa√Īado por gran cantidad de ind√≠genas guaran√≠es, y llevando un gran arreo de ganado vacuno, cruz√≥ el Ibicu√≠ el 22 de diciembre.

Fuerzas del mariscal Sebastiao Barreto Pereira Pinto vigilaban sus movimientos de cerca, de modo que Rivera no pudo detenerse al sur del Ibicu√≠, que los rioplatenses consideraban la frontera norte de la Banda Oriental.[116] El jefe brasile√Īo esperaba forzar a los misioneros a retirarse hasta el r√≠o Daym√°n, que los brasile√Īos consideraban su l√≠mite sur,[117] pero Rivera inici√≥ negociaciones con √©l. Si bien el coronel Trol√©, primer enviado de Rivera, fue arrestado, finalmente Barreto se avino a firmar el 25 de diciembre el acuerdo de Irere-Amb√°, por el cual Rivera quedaba autorizado a instalar a la poblaci√≥n y milicias que lo acompa√Īaban al sur del r√≠o Cuareim. M√°s tarde, Ponsonby asegurar√≠a al gabinete ingl√©s que la ambici√≥n de Rivera era formar un gran estado con R√≠o Grande del Sur, el Uruguay, Entre R√≠os, Corrientes, y tal vez el Paraguay.[118]

A principios de 1829, Rivera fundó con los misioneros la villa de Bella Unión en la margen sur del río Cuareim. A pesar de que la villa fue despoblada tras la llamada matanza del Salsipuedes, a largo plazo este acto resultaría un antecedente determinante para la fijación del límite entre el Uruguay y el Brasil sobre este río, que recién serían fijados en 1851.[119]

Final de la guerra e independencia del Uruguay

Primeras gestiones de Gran Breta√Īa

Desde agosto de 1822, el ministro de relaciones exteriores de Gran Breta√Īa era George Canning. Sus objetivos centrales, en lo que respecta a las relaciones con Am√©rica Latina, eran neutralizar los intentos de las potencias europeas de extender la acci√≥n de la Santa Alianza a las nuevas naciones sudamericanas, y recuperar la iniciativa frente a los Estados Unidos, que hab√≠an ganado un gran prestigio a trav√©s de la enunciaci√≥n de la Doctrina Monroe. Consigui√≥ explotar las rivalidades entre las monarqu√≠as europeas, con lo que la Santa Alianza pronto dejar√≠a de existir, y reconoci√≥ la independencia de los estados hispanoamericanos a trav√©s de sucesivos tratados de amistad, comercio y navegaci√≥n, con lo que Gran Breta√Īa volv√≠a a ser la potencia m√°s ligada a los gobiernos de aquellos.[120]

En septiembre de 1823, José Valentín Gómez había exigido al Emperador la devolución de la Banda Oriental a las Provincias Unidas, arguyendo su pertenencia histórica a éstas y la invalidez de las actuaciones del Congreso Cisplatino. Sus reclamos fueron rechazados.

Poco despu√©s, los enviados del Congreso de las Provincias Unidas ofrecieron a Sim√≥n Bol√≠var ponerse al frente de una campa√Īa contra el Imperio, pero el proyecto no termin√≥ de atraer al Libertador, tanto por el escaso eco que sus pretensiones respecto a la ulterior organizaci√≥n pol√≠tica de Sudam√©rica ten√≠an en Buenos Aires, como por los problemas en el Per√ļ, que lo retuvieron lejos del nuevo teatro de guerra.

De modo que, en julio de 1825 y nuevamente en noviembre, el embajador rioplatense en Londres, Manuel de Sarratea, solicit√≥ la intervenci√≥n de Gran Breta√Īa en el conflicto por la Banda Oriental, cuando ya era conocida la expedici√≥n de los Treinta y Tres. Ya el c√≥nsul brit√°nico en Buenos Aires, Woodbine Parish, hab√≠a hecho notar al Foreign Office que estaba por estallar una crisis por esa cuesti√≥n.[121]

No obstante las gestiones del embajador británico en Río de Janeiro, en enero de 1826 la guerra estaba declarada y los ejércitos y escuadras a punto de enfrentarse.

La Misión Ponsonby

El diplomático británico John Ponsonby tuvo una actuación muy destacada en la resolución de la Guerra del Brasil.

El ministro Canning nombr√≥ embajador en Buenos Aires al arist√≥crata John Ponsonby,[122] Antes de partir hacia su destino, en marzo de 1826, recibi√≥ nuevas instrucciones, para que mediara entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil. En primer lugar, deber√≠a presentar la oferta del gobierno de Buenos Aires, de que la Provincia Oriental volviera a las Provincias Unidas, a cambio de una indemnizaci√≥n generosa por los gastos luso-brasile√Īos durante la ocupaci√≥n. Si ese pedido fuera rechazado, deb√≠a sugerir al Emperador la independencia de la Banda Oriental como un estado separado.[123]

Entre mayo y agosto de 1826, Ponsonby permaneci√≥ en R√≠o de Janeiro, presentando esas dos propuestas a Pedro I a trav√©s de su ministro de relaciones exteriores, Ant√īnio Lu√≠s Pereira da Cunha. El Emperador rechaz√≥ toda mediaci√≥n, y ofreci√≥ una contrapropuesta: la Provincia Cisplatina ser√≠a reconocida como parte del Imperio por las Provincias Unidas, a cambio de que el puerto de Montevideo fuera puerto franco para los buques que llegaban a o part√≠an desde Buenos Aires.[124]

Ponsonby llegó en septiembre de 1826 a Buenos Aires, lugar que le desagradó al extremo de calificarlo

¬ę...el sitio m√°s despreciable que jam√°s vi, estoy cierto que me colgar√≠a de un √°rbol si esta tierra miserable tuviese √°rboles apropiados... es un sitio para bestias.¬Ľ[125]

Present√≥ la contraoferta brasile√Īa a Rivadavia, pero recibi√≥ un rotundo rechazo. Entonces dijo al presidente que la √ļnica base posible para la negociaci√≥n con el Brasil ser√≠a la independencia oriental.[126] En este punto, la mayor parte de los historiadores, tanto argentinos como uruguayos y brasile√Īos, est√°n de acuerdo en que estaba defendiendo exclusivamente los intereses brit√°nicos: a sus comerciantes les interesaba crear un estado tap√≥n a partir de la Provincia Oriental, que les permitir√≠a tener un acceso al comercio y las finanzas en la Cuenca del Plata, sin que mediara la autoridad naval y comercial de un gobierno central rioplatense.[127] [128]

Rivadavia se mostr√≥ favorable a la independencia oriental, pero exigi√≥ como condici√≥n excluyente que Gran Breta√Īa garantizara la continuidad de esa nueva situaci√≥n. Adem√°s se deber√≠an retirar inmediatamente las fuerzas de ambos pa√≠ses beligerantes de la Banda Oriental, y se demoler√≠an las fortificaciones de Montevideo y Colonia. Esa contrapropuesta fue presentada al Emperador por el embajador brit√°nico Robert Gordon, pero recibi√≥ como respuesta un altivo rechazo. Unas semanas m√°s tarde, sin embargo, el Emperador cambi√≥ de idea y decidi√≥ aceptar la ¬ę√ļnica base de la independencia¬Ľ, con la condici√≥n de que en el tratado se le reconocer√≠a haber obrado de acuerdo a derecho al incorporar la Provincia Cisplatina al Imperio.[129]

La presión económica sobre el gobierno argentino

El presidente argentino Bernardino Rivadavia apoyó inicialmente la guerra, pero posteriormente intentó llegar a la paz a cualquier precio, lo que lo llevó a perder su cargo.

El inicio de la guerra puso fin a la llamada ¬ęfeliz experiencia¬Ľ[130] de la situaci√≥n econ√≥mica favorable en Buenos Aires, debida al fin de la participaci√≥n de esa provincia en la guerra de independencia y al monopolio de esta provincia en la utilizaci√≥n de los recursos de la Aduana. La nueva guerra signific√≥ un aumento muy significativo de los gastos militares, primero de la provincia y luego del pa√≠s reunificado.

Pero la guerra causó una crisis económica en mucha mayor medida debido al exitoso bloqueo del Río de la Plata. Si bien la escuadra de Guillermo Brown había obtenido varias y muy significativas victorias, y aunque el bloqueo no era tan estricto que impidiera enviar refuerzos a las tropas expedicionarias en la Provincia Oriental, el bloqueo siguió su curso y limitó muy severamente el comercio exterior del país.

La severa disminuci√≥n de los ingresos p√ļblicos caus√≥ varios efectos simult√°neos, entre los que se contaron la salida masiva de moneda met√°lica, lo que a su vez causaba inflaci√≥n. El cierre de las exportaciones afectaba especialmente a los ganaderos ‚Äď fuente casi √ļnica de mercanc√≠as exportables de la √©poca ‚Äď y la inflaci√≥n combinada con un t√≠mido intento de control de precios gener√≥ una grave disminuci√≥n del ingreso de ganado y harina para el consumo de la capital.

El embajador Ponsonby, en carta a Canning, le relataba que

¬ęLas rentas de la rep√ļblica ascienden, m√°s o menos, a 1.200.000 pesos aproximadamente al a√Īo; los gastos, a unos 600.000 pesos al mes... No veo ninguna posibilidad de mejorar el estado de las finanzas, mientras el bloqueo contin√ļe y destruya el comercio.¬Ľ[131]

Bajo la presi√≥n de los comerciantes y ganaderos, que necesitaban imperiosamente la apertura del puerto, y de Ponsonby, que buscaba una soluci√≥n favorable al comercio brit√°nico, Rivadavia cambi√≥ el tono belicista de su discurso por la b√ļsqueda desesperada de la paz a cualquier precio. Por otro lado, necesitaba el ej√©rcito que luchaba contra los brasile√Īos para imponer por la fuerza el predominio del Partido Unitario. Tambi√©n se estaba gestando un complicado conflicto con Bolivia por la provincia de Tarija.

Misión García y primer tratado de paz

El plenipotenciario Manuel Jos√© Garc√≠a firm√≥ el ¬ętratado deshonroso¬Ľ de 1827, repudiado por la opini√≥n p√ļblica, por el Congreso y por el presidente Rivadavia.

La falta de recursos y el fracaso de la Constitución unitaria impusieron la necesidad de lograr la paz. Ponsonby propuso enviar al Brasil para gestionarla a Manuel José García,

...cuya coincidencia con todas mis opiniones... lo indican como particularmente apropiado para ser utilizado.

De modo que Rivadavia envi√≥ a Garc√≠a a R√≠o de Janeiro,[132] [133] munido de instrucciones que indicaban que deb√≠a llegarse a la paz sobre la base del reconocimiento de los derechos argentinos, o bien de la independencia de la Banda Oriental. Al despedirlo, el ministro Juli√°n Segundo de Ag√ľero le encarg√≥ conseguir la paz a todo trance;

...de otro modo, caeremos en la demagogia y en la barbarie.

La frase denuncia el inter√©s de parte de la dirigencia porte√Īa, m√°s preocupada por imponer el dominio de su partido sobre las provincias que de recuperar la soberan√≠a argentina sobre una de ellas.[134]

Garc√≠a lleg√≥ en mayo de 1827 a R√≠o de Janeiro; all√≠ se encontr√≥ con que el Emperador, consternado por la victoria rioplatense de Ituzaing√≥ y temiendo por la estabilidad de su imperio en esas circunstancias, hab√≠a jurado ante el Senado brasile√Īo no tratar la paz ante las Provincias Unidas y continuar la guerra hasta obligarlas a aceptar su soberan√≠a sobre la Provincia Cisplatina. Garc√≠a decidi√≥ regresar a Buenos Aires.

No obstante, el embajador Gordon lo convenci√≥ de entrevistarse con el ministro de relaciones exteriores imperial, el Marqu√©s de Queluz. Tras tres reuniones infructuosas, ins√≥litamente el enviado rioplatense termin√≥ por firmar una Convenci√≥n Preliminar de Paz el 24 de mayo de 1827. Por la misma, Garc√≠a reconoc√≠a la soberan√≠a del Imperio sobre la Banda Oriental, compromet√≠a a las Provincias Unidas a desarmar la isla Mart√≠n Garc√≠a y a pagar una indemnizaci√≥n por cada presa que hubiesen hecho los buques corsarios a su servicio, cuyos actos calificaba de ¬ępirater√≠a¬Ľ.[135]

A su regreso a Buenos Aires, el 20 de junio, Garc√≠a present√≥ la Convenci√≥n al Presidente y al Congreso. La opini√≥n p√ļblica en Buenos Aires reaccion√≥ indignada, se publicaron art√≠culos muy violentos contra el gobierno en los peri√≥dicos, y la ciudad se cubri√≥ de panfletos ofensivos contra Garc√≠a, Rivadavia y Ponsonby. De modo que Rivadavia, a quien se supon√≠a partidario de aceptar el acuerdo, se present√≥ ante el Congreso con un virulento discurso exigiendo su rechazo.

La Convenci√≥n fue rechazada, pero Rivadavia no logr√≥ salvar su gobierno: la opini√≥n p√ļblica no le perdonaba su actuaci√≥n, y simult√°neamente se denunciaban en la prensa su participaci√≥n en negociados mineros en Famatina. El d√≠a 26 de junio Rivadavia presentaba su renuncia irrevocable a la presidencia.[136]

Dorrego y el aumento de la presión económica

El gobernador Manuel Dorrego intentó continuar la guerra, pero la presión económica terminó por obligarlo al reconocimiento de la independencia del Estado Oriental del Uruguay en la Convención Preliminar de Paz de 1828.

Tras la ca√≠da de Rivadavia fue suprimida la presidencia y clausurado el Congreso. La provincia de Buenos Aires reasumi√≥ su soberan√≠a y para gobernarla fue elegido el l√≠der de la oposici√≥n federal porte√Īa, Manuel Dorrego, que asumi√≥ el 13 de agosto de 1827. Desde el principio, √©ste declar√≥ que estaba dispuesto a continuar la guerra.

El triunfo de la facci√≥n federal en Buenos Aires, que adem√°s estuvo acompa√Īado de la victoria federal en varias provincias del interior que hasta entonces hab√≠an sido bastiones del partido unitario ‚Äď como Tucum√°n, Catamarca, San Juan y Mendoza ‚Äď tuvo su correlato en la Provincia Oriental. All√≠, el gobernador Lavalleja se hab√≠a visto obligado a ceder el gobierno a la legislatura provincial, controlada por orientales aliados de los unitarios ‚Äď como una concesi√≥n del propio Lavalleja para obtener la ayuda del gobierno unitario ‚Äď y √©sta hab√≠a nombrado gobernador provisorio a Joaqu√≠n Su√°rez, partidario de Rivadavia. Vi√©ndose apoyado por Dorrego, que lo nombr√≥ comandante del Ej√©rcito Republicano, Lavalleja regres√≥ del frente de combate y exigi√≥ la devoluci√≥n del cargo; por pedido de los comandantes de la mayor parte de los departamentos de la Provincia, y ante la negativa de la legislatura y del propio Su√°rez, el 12 de octubre, Lavalleja disolvi√≥ la sala y asumi√≥ la gobernaci√≥n.[137]

No obstante la favorable situaci√≥n pol√≠tica, la econom√≠a de Buenos Aires estaba cada vez en peor estado, lo mismo que las finanzas de esa provincia, que cargaba con todo el costo de la guerra. Si bien en menor medida, tambi√©n la econom√≠a del Brasil estaba pasando por un mal momento, debido a la crisis econ√≥mica inglesa de los a√Īos 1827-1828, que redund√≥ en la ca√≠da de los precios de los productos exportables brasile√Īos. Por otro lado, una escuadra francesa bloque√≥ brevemente el puerto de Recife, exigiendo el cese del bloque a Buenos Aires, que perjudicaba sus negocios en esa plaza.

Pese a la intenci√≥n de Dorrego de enviar recursos al ej√©rcito en operaciones, no pod√≠a adquirir armas suficientes para que √©ste tomara nuevamente la ofensiva, y los sueldos impagos se acumulaban. De modo que Dorrego prefiri√≥ apoyarse en milicias, m√°s econ√≥micas, ya que se sosten√≠an en la misma campa√Īa y pr√°cticamente no exig√≠an sueldos. Apoy√≥ entonces el proyecto del gobernador de la provincia de Santa Fe, Estanislao L√≥pez, de invadir las Misiones Orientales. El plan fue muy exitoso en lo militar, pero como quien lo llev√≥ adelante fue Fructuoso Rivera, enemigo personal de Lavalleja, la alianza de √©ste con Dorrego se debilit√≥. Los orientales, tanto partidarios de Lavalleja como de Rivera, terminaron por creer que cualquier cosa que hicieran los gobiernos porte√Īos era para someterlos a su dominio.[138]

Ponsonby comenz√≥ entonces a influir sobre Lavalleja a trav√©s de su amigo Pedro Tr√°pani, quien lo convenci√≥ de que el √ļnico resultado posible era la independencia nacional de la Banda Oriental.[139]

Ponsonby tambi√©n presion√≥ econ√≥micamente a Dorrego: falt√°ndole los ingresos de la aduana, la √ļnica otra fuente de financiaci√≥n disponible para el gobierno eran los pr√©stamos del Banco Nacional; a pesar de su nombre, √©ste era un banco privado, cuyo directorio estaba formado casi exclusivamente por comerciantes ingleses. Ponsonby pidi√≥ a estos comerciantes ¬ęno facilitarle cr√©dito sino por peque√Īas sumas para pagos mensuales¬Ľ a fin de ¬ęhacerlo trabajar para la paz¬Ľ En carta a Lord Dudley el 2 de diciembre de 1827, le dec√≠a que ¬ęmi prop√≥sito es conseguir medios de impugnar al coronel Dorrego si llega a la temeridad de insistir sobre la continuaci√≥n de la guerra¬Ľ; y el 1 de enero siguiente, que ¬ęver√© su ca√≠da con placer¬Ľ.[140]

Un √ļltimo recurso fue intentado por Dorrego, tratando con los caudillos ga√ļchos Bento Gon√ßalves da Silva y Bento Manuel Ribeiro, con el objetivo de crear la Rep√ļblica de San Pedro del R√≠o Grande ‚Äď antecedente de la Rep√ļblica Riograndense ‚Äď e incluso logr√≥ que dos de los jefes ‚ÄďFriedrich Bauer y Anton Martin Thym‚Äď de las tropas mercenarias alemanas que serv√≠an al Brasil intentaran la creaci√≥n de una rep√ļblica en Santa Catarina. Las derivaciones de estos hechos son conocidas en Brasil como la Revuelta de los Mercenarios.[141]

La Convención de paz

El Emperador Pedro I.

Falto de opciones, Dorrego utiliz√≥ la √ļnica carta en su favor que le quedaba: la invasi√≥n de Rivera a las Misiones Orientales pod√≠a ser utilizada como moneda de cambio para una negociaci√≥n exitosa. Envi√≥ a R√≠o de Janeiro a dos diplom√°ticos, los generales Tom√°s Guido y Juan Ram√≥n Balcarce, con la propuesta de reconocer una independencia temporaria de la Banda Oriental durante cinco o diez a√Īos, tras los cuales sus habitantes decidir√≠an si quer√≠an seguir siendo independientes, o incorporarse a las Provincias Unidas o al Brasil. No obstante, antes de partir, Dorrego termin√≥ por ceder a la realidad de su situaci√≥n: les dio instrucciones de negociar la independencia absoluta de la Banda Oriental. Cuando estaban en R√≠o, les escribi√≥ insistiendo sobre la insistencia temporaria, pero los diplom√°ticos le respondieron que el Emperador no aceptar√≠a esas bases de ninguna manera.

Entre el 11 y el 27 de agosto, los generales argentinos negociaron con los ministros del Emperador, llegando en esa √ļltima fecha a convenir en la llamada Convenci√≥n Preliminar de Paz. Por la misma se reconoc√≠a la independencia absoluta de la ¬ęProvincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina¬Ľ; se detallaba el proceso de elecciones del nuevo Gobierno Provisorio de la misma y de la sanci√≥n de una Constituci√≥n; los dos estados beligerantes garantizaban la independencia del nuevo estado y su paz interior; la paz entre los dos pa√≠ses, la retirada de las tropas argentinas y brasile√Īas del territorio y el intercambio de prisioneros; el final del bloqueo y el cese de la guerra de corso.[142]

Por un art√≠culo adicional, agregado a √ļltimo momento, se conven√≠a que

¬ęAmbas Altas Partes contratantes se comprometen a emplear los medios que est√©n a su alcance a fin de que la navegaci√≥n del R√≠o de la Plata y de todos los otros que desaguan en √©l, se conserve libre para el uso de los s√ļbditos de una y otra naci√≥n por el t√©rmino de quince a√Īos, en la forma que se ajustare en el Tratado definitivo de paz.¬Ľ[143]

Las ratificaciones por el Senado y el Emperador por un lado, y por la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires y el gobernador Dorrego por el otro, fueron intercambiadas en Montevideo en el mes de octubre. Nunca hubo un Tratado de paz definitivo, especialmente debido a la caída de Dorrego y la guerra civil subsiguiente.

Implícitamente, la Convención disponía la retirada de Rivera de las Misiones Orientales, que seguirían perteneciendo al Brasil.[144]

El tratado adolecía de varias falencias evidentes, sobre todo en que no fijaba los límites del nuevo estado; esta indefinición sería aprovechada por el Brasil para imponer los límites que le convinieron.[145] Las tropas argentinas regresaron a Buenos Aires en dos grupos, en noviembre y diciembre de 1828, bajo el mando de los generales Lavalle y Paz.[146]

Consecuencias

Como consecuencia principal de la guerra, Brasil perdi√≥ la Provincia Cisplatina con la que hab√≠a nacido a la vida independiente al tenerla incorporada desde tiempos del dominio portugu√©s. Junto con ella perdi√≥ tambi√©n el dominio sobre el R√≠o de la Plata, los r√≠os interiores Uruguay y Paran√° y un amplio sector sobre el Atl√°ntico Sur meridional que hubieran hecho de √©l una superpotencia mundial. Como consecuencia de ello, Estado Oriental del Uruguay, que ven√≠a luchando contra el centralismo porte√Īo desde los tiempos de la emancipaci√≥n de Espa√Īa, obtuvo su independencia, condicionado por las ambiciones de sus poderosos vecinos (Argentina y Brasil).

Tras los gobiernos provisorios de Joaqu√≠n Su√°rez, Jos√© Rondeau y Lavalleja, una asamblea de representantes sancion√≥ una constituci√≥n que fue jurada por el pueblo el 18 de julio de 1830. tras la misma fue elegido primer presidente constitucional Fructuoso Rivera. El enfrentamiento entre Lavalleja y Rivera se prolong√≥ durante m√°s de cuatro d√©cadas, en la Guerra Grande, un conflicto en el que Buenos Aires intent√≥ someter a su control a la naciente rep√ļblica apoyando al bando encabezado por el general Manuel Oribe; la revoluci√≥n de 1858 y la Guerra Chiquita, dos guerras civiles que asolaron al pa√≠s.

El Emperador Pedro I qued√≥ muy desprestigiado y la guerra inici√≥ un proceso que ‚ÄĒ aunque su culminaci√≥n se deber√≠a a razones de pol√≠tica europea ‚ÄĒ terminar√≠a con su abdicaci√≥n en su hijo Pedro II. La influencia de las vecinas rep√ļblicas, y el prestigio adquirido por los l√≠deres ga√ļchos llev√≥ a varios procesos independentistas y republicanos en el sur del Imperio. La Rep√ļblica Riograndense lograr√≠a sostener una inestable independencia del mismo desde 1835 a 1845. El Imperio del Brasil logr√≥ retener las Misiones Orientales.[147]

En Buenos Aires, la cr√≠tica situaci√≥n financiera llev√≥ a los comerciantes y estancieros a abandonar su simpat√≠a inicial por Dorrego, y la firma de la Convenci√≥n Preliminar de Paz puso en su contra al ej√©rcito que hab√≠a luchado en la campa√Īa del Brasil. Sus jefes se pusieron a disposici√≥n de los l√≠deres del Partido Unitario, alejado del poder desde la ca√≠da de Rivadavia, y el general Lavalle lo derroc√≥ el 1 de diciembre de 1828, fusil√°ndolo pocos d√≠as m√°s tarde. Este hecho hizo renacer la guerra civil entre federales y unitarios, teniendo su correlato uruguayo en la guerra entre nacionales y colorados.[148] El fracaso unitario en la guerra civil llevar√≠a al partido federal al poder en todas las provincias, de modo que el pa√≠s se organiz√≥ como Confederaci√≥n Argentina; pero la organizaci√≥n constitucional del pa√≠s qued√≥ postergada durante m√°s de veinte a√Īos.[149]

Notas y referencias

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  4. ‚ÜĎ Lima, Manuel de Oliveira. O Imp√©rio brasileiro. Belo Horizonte: Itatiaia, 1989. ISBN 85-319-0517-6 p. 24, 56, 97
  5. ‚ÜĎ Doratioto, Francisco. Maldita Guerra: Nova hist√≥ria da Guerra do Paraguai. S√£o Paulo: Companhia das Letras, 2002. ISBN 85-359-0224-4. Pg 24.
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  8. ‚ÜĎ Hist√≥ria da Capitan√≠a de S√£o Vicente de Pedro Taques, art√≠culo en Dominio P√ļblico consultado el 16 de agosto de 2010.
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  20. ‚ÜĎ Esa ser√≠a la raz√≥n por la cual durante la Guerra del Brasil la corona consider√≥ m√°s o menos seriamente la ocupaci√≥n de toda la Mesopotamia argentina y el Paraguay, la cual permitir√≠a asegurar toda la cuenca de los r√≠os Paran√° y Paraguay. V√©ase el ¬ęNovo Mappa Geographico que cont√©m as Prov√≠ncias de S. Pedro, Cisplatina, Entre Rios, Paraguai e paises adjacentes¬Ľ; citado por Ariadna Islas, en L√≠mites para un Estado , figura 15 y p√°g. 193-194, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay .
  21. ‚ÜĎ Se han calculado arreos hacia R√≠o Grande del Sur del orden de los 14 millones de cabezas durante la ocupaci√≥n luso-brasile√Īa. V√©ase Creaci√≥n del Estado Oriental (I), en Historia Nacional, p√°gina del Movimiento Revolucionario Oriental. Consultado en agosto de 2010.
  22. ‚ÜĎ a b Washington Reyes Abadie, Oscar H. Bruschera y Tabar√© Melogno, El Ciclo Artiguista, Tomo II, Ed. Cord√≥n, Montevideo, 1975.
  23. ‚ÜĎ Lincoln R. Maiztegui Casas, Orientales: una historia Pol√≠tica del Uruguay, Tomo 1: De los or√≠genes a 1865, Ed. Planeta, Bs. As., Montevideo, 2004. ISBN 950-49-1330-X
  24. ‚ÜĎ Alfredo Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), tomo 3 de la Historia Uruguaya, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2007, p√°g. 5. ISBN 978-9974-4-0454-9
  25. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), p√°g. 17-21.
  26. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), p√°g. 21-24.
  27. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), p√°g. 24-28.
  28. ‚ÜĎ El admirable Tr√°pani‚Äô‚Äô, de Walter Rela, art√≠culo en el sitio de CX4 Radio Rural, del 31 de mayo de 2010. Consultado en agosto de 2010.
  29. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), p√°g. 33-34.
  30. ‚ÜĎ Desembarco de los 33, en Historia del Uruguay. Consultado el 17 de agosto de 2010.
  31. ‚ÜĎ Existe una controversia no resuelta entre los historiadores sobre el episodio del paso de Rivera a las fuerzas revolucionarias: mientras historiadores simpatizantes del Partido Colorado relatan que el abrazo fue real, y que la supuesta prisi√≥n de Rivera era para justificarse ante el Imperio, los historiadores de tendencia Blanca afirman que Rivera se neg√≥ a colaborar y s√≥lo se uni√≥ a Lavalleja ante la amenaza de ser fusilado. Una carta de Lavalleja a su esposa y las memorias de Jos√© Brito del Pino parecen respaldar esta √ļltima afirmaci√≥n.
  32. ‚ÜĎ Actos por el 185¬ļ aniversario del Abrazo del Monz√≥n, en el Diario La Rep√ļblica del 3 de mayo de 2010.
  33. ‚ÜĎ Ulisses Brend√£o, A confedera√ß√£o do Equador, Ed. del Instituto Arqueol√≥gico, Hist√≥rico e Geogr√°fico Pernambucano, Recife, 1924.
  34. ‚ÜĎ a b c Batalla de Sarand√≠, en Escuela Digital. Consultado en agosto de 2010.
  35. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), p√°g. 35.
  36. ‚ÜĎ a b c d e f g Luis Edelmiro Chelle, Los principales hechos hist√≥ricos de 1825, Ed. de la Comisi√≥n Nacional de Homenaje del Sesquicentenario de los hechos hist√≥ricos de 1825, Montevideo, 1875.
  37. ‚ÜĎ Isidoro J. Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, Ed. Emec√©, Bs. As., 2004, p√°g. 372-373. ISBN 950-04-2675-7
  38. ‚ÜĎ Su jefe de estado mayor era el coronel Manuel Patricio Rojas, el comandante de la caballer√≠a era el mayor Paulino Rojas, de la infanter√≠a el capit√°n Bernardo Henestrosa, el secretario militar Tom√°s de Iriarte y su comisario de guerra Dionisio Quesada. V√©ase Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 373.
  39. ‚ÜĎ Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina, Ed. Garriga, Bs. As., 1973.
  40. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), p√°g. 35-56.
  41. ‚ÜĎ Batalla del Rinc√≥n, en Escuela Digital. Consultado en agosto de 2010.
  42. ‚ÜĎ F√°bio Ferreira, Breves consideracoes acerca da Provincia Cisplatina: 1821-1828, en el sitio de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul. Consultado en agosto de 2010.
  43. ‚ÜĎ David Carneiro, Hist√≥ria da Guerra Cisplatina.
  44. ‚ÜĎ Decreto de Reincorporaci√≥n de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata.
  45. ‚ÜĎ El Congreso de las Provincias Unidas acepta la reincorporaci√≥n de la Banda Oriental, en la p√°gina de Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas, del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina. Consultado en agosto de 2010.
  46. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 381-382.
  47. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 376.
  48. ‚ÜĎ Decreto de habilitaci√≥n de gastos para la Guerra del Brasil emitido por el Congreso General Constituyente.
  49. ‚ÜĎ John Armitage, Historia do Brazil, desde a chegada da real fam√≠lia de Bragan√ßa, em 1808, at√© a abdica√ß√£o do imperador D. Pedro I, em 1831, trad. al portugu√©s de Joaquim Teixeira de Macedo, Ed. de la Typ. Imp. e Const. de Villeneuve e Comp., R√≠o de Janeiro, 1837, p√°g. 173.
  50. ‚ÜĎ Boris Fausto y Fernando J. Devoto, Brasil e Argentina: Um ensaio de hist√≥ria comparada (1850-2002), 2da. ed., Editoria 34, S√£o Paulo, 2005, p√°g. 26-37
  51. ‚ÜĎ Tom√°s de Iriarte repetidamente da cuenta de esa diferencia de car√°cter de los militares de ambos bandos en La Campa√Īa del Brasil, fragmentos seleccionados de sus Memorias, en que Ed. Hyspam√©rica, Bs. As., 1988. ISBN 950-614-728-0
  52. ‚ÜĎ David Carneiro, Hist√≥ria da Guerra Cisplatina, Companhia Editora Nacional, S√£o Paulo, 1946.
  53. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 373.
  54. ‚ÜĎ V√©ase David Pe√Īa, Juan Facundo Quiroga, Ed. Hyspam√©rica, Bs. As., 1986.
  55. ‚ÜĎ Busaniche, Historia Argentina, p√°g. 458.
  56. ‚ÜĎ Las operaciones terrestres, en la Historia de las Relaciones Exteriores argentinas, del Ministerio de Relaciones Exteriores. Consultado en agosto de 2010.
  57. ‚ÜĎ Sierra, Historia de la Argentina.
  58. ‚ÜĎ
    ¬ę....ya habr√° sabido la renuncia de Rivadavia. Su administraci√≥n ha sido desastrosa y solo ha contribuido a dividir los √°nimos. Yo he rechazado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona. Con un hombre como este al frente de la administraci√≥n no cre√≠ necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra con el Brasil, por el convencimiento en que estaba, de que hubieran sido despreciados.¬Ľ
    Carta de San Martín a Bernardo O'Higgins del 20 de octubre de 1827.
    Citado por H√©ctor Juan Piccinali, Vida de San Mart√≠n en Espa√Īa, Ediciones Argentinas, Bs. As., 1977.
  59. ‚ÜĎ Pocos a√Īos m√°s tarde, el buque franc√©s que transportaba a San Mart√≠n desde Europa hasta Buenos Aires debi√≥ hacer una etapa en R√≠o de Janeiro; al ser inspeccionado el pasaje por los brasile√Īos, San Mart√≠n debi√≥ ocultar su apellido y declarar llamarse Jos√© Matorras ‚Äďusando el apellido materno‚Äď y ser oriundo de Espa√Īa. V√©ase Bartolom√© Mitre, Historia de San Mart√≠n y de la emancipaci√≥n sudamericana. Ed. Eudeba, Bs. As., 1968.
  60. ‚ÜĎ Iriarte, La Campa√Īa del Brasil, p√°g. 73-77.
  61. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 385 y 388.
  62. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 388.
  63. ‚ÜĎ Citado por Juan Beverina, La guerra contra el Imperio del Brasil, Ed. de la Biblioteca del Oficial, Bs. As., 1927, p√°g. 255-257.
  64. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 394.
  65. ‚ÜĎ √Āngel Justiniano Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Vol. II, Tomo 4, Guerra contra el Brasil, Ed. de la Secretar√≠a de Estado de Marina, Bs. As., 1962, p√°g. 253.
  66. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 249, nota 142.
  67. ‚ÜĎ El frente mar√≠timo: un enfrentamiento entre brit√°nicos ¬ęargentinos¬Ľ y brit√°nicos ¬ębrasile√Īos¬Ľ. Consultado el 29 de septiembre de 2010.
  68. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 253-256.
  69. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 253-256. Carranza opina que el castigo fue injusto, y que los oficiales no faltaron a su deber.
  70. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 277-295.
  71. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 295-307.
  72. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 309-311.
  73. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 312-320.
  74. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 341-359.
  75. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 403-422.
  76. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 341-402.
  77. ‚ÜĎ El comienzo de la guerra entre las Provincias Unidas del Riio de la Plata y el Imperio del Brasil. Consultado el 29 de septiembre de 2010.
  78. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 426-432.
  79. ‚ÜĎ Nuevo aniversario de la gesta del 7 de marzo de 1827.
  80. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 437-447.
  81. ‚ÜĎ a b Los efectos de la guerra en la econom√≠a de las Provincias Unidas, en la p√°gina de historia de las relaciones exteriores argentinas del Ministerio de Relaciones Exteriores. Consultado el 30 de septiembre de 2010.
  82. ‚ÜĎ a b El corso, en la p√°gina de historia de las relaciones exteriores argentinas del Ministerio de Relaciones Exteriores. Consultado el 30 de septiembre de 2010.
  83. ‚ÜĎ a b c Horacio Rodr√≠guez, Coronel de Marina Leonardo Rosales, Instituto Nacional Browniano, Bs. As., 2007.
  84. ‚ÜĎ Horacio Rodr√≠guez y Pablo Arguindeguy, N√≥mina de oficiales navales argentinos, 1810-1900, Ed. Instituto Nacional Browniano, Bs. As., 1998. ISBN 987-95160-7-9
  85. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 461-474.
  86. ‚ÜĎ Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Tomo 4, p√°g. 477-494.
  87. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 385 y 393.
  88. ‚ÜĎ Jos√© de Torres Wilson, Oribe: el Uruguay en la lucha de los Imperios, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 1976.
  89. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 385.
  90. ‚ÜĎ Iriarte cuenta en sus Memorias que la llegada de Alvear caus√≥ la deserci√≥n del coronel Escalada, enemigo personal de aqu√©l. En su reemplazo, asumi√≥ el mando del Regimiento Nro. 3 el teniente coronel √Āngel Pacheco.
  91. ‚ÜĎ En reemplazo de Alvear, asumi√≥ el Ministerio de Guerra el general Francisco Fern√°ndez de la Cruz.
  92. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 387-389.
  93. ‚ÜĎ V√©anse las Memorias de Iriarte (La Guerra del Brasil, p√°g. 121-135) y el Diario de Marcha del coronel Brandsen.
  94. ‚ÜĎ En sus Memorias, Iriarte llega a afirmar que la intenci√≥n de Alvear era destruir su propio ej√©rcito. La Guerra del Brasil, p√°g. 151-161
  95. ‚ÜĎ Iriarte, Memorias. La Guerra del Brasil, p√°g. 147-148.
  96. ‚ÜĎ Iriarte refiere en sus Memorias que vio c√≥mo eran quemadas las cure√Īas que hab√≠a guardado para reemplazar las que se estaban arruinando por la larga marcha. La Guerra del Brasil, p√°g. 155-161.
  97. ‚ÜĎ Iriarte cuenta que Alvear se limit√≥ a dormir la siesta, esperando que el r√≠o bajara. El teniente coronel Eugenio Garz√≥n lo habr√≠a despertado a los gritos, exigi√©ndole que tomara alguna decisi√≥n, a lo que Alvear reaccion√≥ ordenando un retroceso a marchas forzadas hacia un lugar en que hab√≠a decidido presentar batalla. La Guerra del Brasil, p√°g. 170-177
  98. ‚ÜĎ Paz y Lavalle fueron ascendidos al grado de brigadier despu√©s de la batalla; otro oficial que fue ascendido fue Pacheco. Iriarte, que cre√≠a haber hecho m√©ritos para obtener un ascenso, fue postergado, lo cual le vali√≥ a Alvear el odio de por vida del jefe de su artiller√≠a, que en sus monumentales Memorias no ahorrar√≠a ep√≠tetos en su contra.
  99. ‚ÜĎ Entre los muertos figur√≥ el mariscal Abreu, muerto por fuego de su propio bando. V√©ase Achylles Porto-Alegre, Homens Illustres do Rio Grande do Sul, Livraria Selbach, Porto Alegre, 1917.
  100. ‚ÜĎ No solamente Iriarte, sino tambi√©n Paz y Lamadrid adjudicar√≠an en sus respectivas Memorias el m√©rito de la batalla a sus oficiales, todos ellos con mucha mayor experiencia b√©lica que su jefe; casi todos ellos eran veteranos de la guerra de Independencia Argentina. Los tres destacan tambi√©n el coraje, la destreza y la frugalidad de los gauchos rioplatenses como ventajas del Ej√©rcito Republicano.
  101. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 411-414.
  102. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 411-414.
  103. ‚ÜĎ Como curiosidad, algunos de los descendientes de estos soldados alemanes llegaron a ser miembros destacados de la aristocracia porte√Īa, como es el caso de la familia Bullrich. V√©ase Jauretche, Arturo, El medio pelo en la sociedad argentina, Ed. A. Pe√Īa Lillo, Bs. As., 1966.
  104. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 387-389.
  105. ‚ÜĎ Iriarte, La Guerra del Brasil, p√°g. 261-262.
  106. ‚ÜĎ Iriarte, La Guerra del Brasil, p√°g. 254-256.
  107. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 429.
  108. ‚ÜĎ Iriarte, La Guerra del Brasil, p√°g. 268.
  109. ‚ÜĎ Segundo Roca, Apuntes p√≥stumos: relaci√≥n hist√≥rica de la primera campa√Īa del gen. Arenales a la Sierra del Per√ļ, en 1820, art√≠culo publicado en La Revista de Buenos Aires, p√°g. 10. Consultado en Google Libros el 20 de agosto de 2010.
  110. ‚ÜĎ Baldrich, Juan Amadeo, Historia de la Guerra del Brasil, EUDEBA, Buenos Aires, 1974.
  111. ‚ÜĎ Busaniche, Historia Argentina, p√°g. 473.
  112. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, tomo I, p√°g. 429.
  113. ‚ÜĎ Conquista de las Misiones por el Gral. Rivera, en La Escuela Digital. Consultado en agosto de 2010.
  114. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, tomo I, p√°g. 431.
  115. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, tomo I, p√°g. 429.
  116. ‚ÜĎ Ana Frega, La ¬ęcampa√Īa militar¬Ľ de las Misiones en una perspectiva regional, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay, p√°g. 157-159.
  117. ‚ÜĎ El ¬ętratado de la Farola¬Ľ, firmado en 1819 entre las fuerzas de ocupaci√≥n portuguesas y el Cabildo de Montevideo, fijaba el l√≠mite norte de la Provincia Cisplatina en el r√≠o Daym√°n. No obstante, las autoridades rioplatenses siempre rechazaron la pretensi√≥n brasile√Īa de utilizar ese tratado en favor de sus pretensiones, ya que el cabildo montevideano jam√°s hab√≠a tenido jurisdicci√≥n m√°s all√° de los l√≠mites de la ciudad. V√©ase Ariadna Islas, L√≠mites para un estado, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay, p√°g. 158-160.
  118. ‚ÜĎ Ariadna Islas, L√≠mites para un estado, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay, p√°g. 159-161.
  119. ‚ÜĎ Ariadna Islas, L√≠mites para un estado, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay, p√°g. 162-167.
  120. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 57-59.
  121. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 59-60.
  122. ‚ÜĎ Aparentemente, la raz√≥n por la que Ponsonby, que no ten√≠a ninguna experiencia diplom√°tica, fue enviado tan lejos era por pedido del rey Jorge IV, para sacarse de encima un competidor por los favores de su amante.
  123. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 62-63.
  124. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 63-64.
  125. ‚ÜĎ Carta de Ponsonby a Lord Dudley, citado por Jos√© Mar√≠a Rosa en Rivadavia y el imperialismo financiero, Ed. Pe√Īa Lillo, Bs. As.,1964. Consultado en agosto de 2010.
  126. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 64-65.
  127. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa, Rivadavia y el imperialismo financiero, Ed. Pe√Īa Lillo, Bs. As.,1964. Consultado en agosto de 2010.
  128. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 65.
  129. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 65.
  130. ‚ÜĎ La expresi√≥n ¬ęfeliz experiencia¬Ľ, utilizada por el gobernador Las Heras en su discurso de asunci√≥n del cargo de gobernador, pas√≥ a la historia como una acertada descripci√≥n del bienestar y optimismo reinante en la capital despu√©s de la experiencia de la guerra de independencia y de la Anarqu√≠a del A√Īo XX. V√©ase Luis Alberto Romero, La feliz experiencia, Memorial de la Patria, tomo IV, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1983. ISBN 950-508-073-5
  131. ‚ÜĎ Carta de Ponsonby a Canning, Buenos Aires, 20 de octubre de 1826, citada en Luis Alberto de Herrera La Misi√≥n Ponsonby, Tomo II, p√°g. 71-72.
  132. ‚ÜĎ Bernardino Rivadavia, en Historia Argentina, por Ra√ļl Celso. Consultado en agosto de 2010.
  133. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa, Rivadavia y el imperialismo financiero, Ed. Pe√Īa Lillo, Bs. As.,1964. Consultado en agosto de 2010.
  134. ‚ÜĎ Luis C. Al√©n Lascano, Manuel Jos√© Garc√≠a, Revista Todo es Historia, Nro. 40, agosto de 1970.
  135. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 66.
  136. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa, Rivadavia y el imperialismo financiero, Ed. Pe√Īa Lillo, Bs. As.,1964. Consultado en agosto de 2010.
  137. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 40.
  138. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 69.
  139. ‚ÜĎ La segunda etapa de la misi√≥n Ponsonby, en la Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas, p√°gina del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina. Consultado el 20 de agosto de 2010.
  140. ‚ÜĎ Ra√ļl Scalabrini Ortiz, Pol√≠tica Brit√°nica en el R√≠o de la Plata, Ed. Reconquista, Bs. As., 1940, p√°g. 113.
  141. ‚ÜĎ Sergio Corr√™a da Costa, Brasil, segredo de Estado: incurs√£o descontra√≠da pela hist√≥ria do pa√≠s, 5ta. ed., Ed. Record, R√≠o de Janeiro, 2002. ISBN 85-01-06182-4
  142. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 73-77.
  143. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 77.
  144. ‚ÜĎ Alejandro Largu√≠a, Misiones Orientales, la provincia perdida, Ed. Corregidor, Bs. As., 2000.
  145. ‚ÜĎ Rivera logr√≥ que no ceder a todas las pretensiones del Brasil, que exig√≠a llevar su l√≠mite sur hasta el r√≠o Daym√°n actualmente l√≠mite entre los departamentos de Salto y Paysand√ļ. V√©ase Ariadna Islas, L√≠mites para un Estado, en Ana Frega (coord.), Historia regional e independencia del Uruguay, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2009. ISBN 978-9974-1-0629-1
  146. ‚ÜĎ Lily Sosa de Newton, Lavalle, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1973.
  147. ‚ÜĎ Largu√≠a, Misiones Orientales, la provincia perdida.
  148. ‚ÜĎ Adolfo Sald√≠as, Historia de la Confederaci√≥n Argentina, Ed. Hyspam√©rica, Bs. As., 1987.
  149. ‚ÜĎ Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina, Ed. Garriga, Bs. As., 1973.

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