Historia de Cantabria

ÔĽŅ
Historia de Cantabria
Los menhires del municipio de Valdeolea, al sur de Cantabria, datan de hace 5.000 a√Īos. Se cree fueron levantados a finales del neol√≠tico por las primeras comunidades sedentarias que se asentaron en las vegas del r√≠o Camesa y montes de alrededor.

Cantabria, una de las comunidades aut√≥nomas de Espa√Īa, posee una dilatada historia que va desde los primeros asentamientos humanos, con evidencias como las pinturas de la Cueva de Altamira, hasta nuestros d√≠as; pasando por ser pieza fundamental para el pa√≠s en diversas ocasiones, como por ejemplo durante la Reconquista o en las relaciones comerciales con el Nuevo Mundo gracias al puerto de Santander.

Contenido

Prehistoria en Cantabria

Artículo principal: Prehistoria en Cantabria

Aunque existen evidencias de presencia humana en la Pen√≠nsula Ib√©rica desde hace un mill√≥n de a√Īos ‚Äďposiblemente llegada a trav√©s del estrecho de Gibraltar-, no podemos constatar su asentamiento en la regi√≥n del Cant√°brico hasta hace 100.000 a√Īos, a finales del Paleol√≠tico Inferior. Sin duda la barrera que formaba la Cordillera Cant√°brica fue un factor de aislamiento de la cornisa norte respecto del resto de la Pen√≠nsula.

Paleolítico

El Paleolítico en Cantabria, por tanto, se extendería a lo largo de una estrecha franja costera entre la zona central de la actual Asturias y los Pirineos occidentales, sobrepasando los límites de la actual comunidad autónoma.

Clim√°ticamente la Prehistoria se caracteriz√≥ por la alternancia de per√≠odos c√°lidos y otros muy fr√≠os, llamados glaciaciones. Aquellos primeros pobladores de Cantabria vivieron en un per√≠odo interglaciar, con temperaturas templadas ‚Äďpuede que incluso m√°s que las nuestras- y una l√≠nea de costa similar a la actual. No han sido hallados restos humanos, aunque sabemos que simult√°neamente en otras regiones de Europa viv√≠a el Homo Erectus, uno de los antepasados del ser humano actual. S√≠ poseemos restos de √ļtiles tallados en piedra (cuarcita u ofita), caso de los bifaces (hachas), hallados en algunas cuevas pero sobre todo en yacimientos al aire libre, posibles gracias a la benignidad del clima. Estos poblamientos se realizaban pr√≥ximos a la costa y en valles bajos, junto a r√≠os, habitando chozas construidas con ramas o pieles. En todo caso se tratar√≠a de asentamientos eventuales, ya que aquella poblaci√≥n se compon√≠a de peque√Īos grupos familiares o de clanes que se trasladar√≠an siguiendo los recursos que les proporcionaba la caza de animales y la recolecci√≥n de vegetales.

En la transici√≥n del Paleol√≠tico Inferior al Paleol√≠tico Medio, ocurrida hace unos 95.000 a√Īos, se inicia la √ļltima glaciaci√≥n (W√ľrm), prolongada hasta hace unos 10.000 a√Īos. Cantabria, al igual que amplias zonas de Europa, sufre un fuerte enfriamiento clim√°tico, alterando el entorno natural y trasladando la l√≠nea de costa varios kil√≥metros hacia el interior del mar ‚Äďa causa del congelamiento de amplios vol√ļmenes de agua-. El entorno ecol√≥gico de la Cordillera Cant√°brica se caracteriza entonces por la presencia de glaciares y nieves perpetuas, convirti√©ndose, ahora con m√°s raz√≥n, en una verdadera barrera natural. La primera consecuencia que observamos en las comunidades humanas es la ocupaci√≥n masiva de cuevas y abrigos naturales ‚Äďcomo antes cerca de la costa y en valles bajos-, ahora habitados por una nueva especie, el Neanderthal (del que tampoco nos han llegado restos). Este desarrollar√° la industria l√≠tica heredada del per√≠odo anterior, perfeccionando el tallado de instrumentos ‚Äďpuntas, raederas, raspadores, denticulados- dirigidos principalmente a la caza de grandes animales como ciervos, rebecos, caballos, rinocerontes y b√≥vidos. La preeminencia de la piedra como materia prima no obsta para que tambi√©n utilizaran otras, caso de la madera, que por su car√°cter perecedero no han podido llegar hasta nosotros.

La dieta c√°rnica se ve√≠a asimismo completada con la recolecci√≥n de frutas y verduras, aunque llama la atenci√≥n la escasa presencia de restos de moluscos, lo que indicar√≠a su falta de inter√©s o acceso a los recursos mar√≠timos. Poseemos indicios de la pr√°ctica del canibalismo, aunque no sabr√≠amos interpretar si era debida a la escasez de recursos alimenticios o a actividades rituales. Sobre estas √ļltimas conocemos la realizaci√≥n de enterramientos colectivos acompa√Īados de ofrendas a los muertos, indicativas de los rudimentos de una vida espiritual, a la que posiblemente estaban vinculadas las primeras manifestaciones art√≠sticas.

Bastón de mando perforado adornado con el grabado de un ciervo hallado en la Cueva de El Castillo.

El √ļltimo per√≠odo Paleol√≠tico, el Paleol√≠tico Superior, se inici√≥ hace 35.000 a√Īos, y se prolong√≥ hasta el final de la √ļltima glaciaci√≥n, hace 10.000. En el asistimos a la extinci√≥n del Neanderthal y su sustituci√≥n por el Homo Sapiens Sapiens, impulsor de un importante avance tecnol√≥gico y cultural que signific√≥ el cenit cultural del Paleol√≠tico. Este desarrollo tiene su correspondencia en el aumento demogr√°fico, que posibilita la expansi√≥n humana hacia espacios antes deshabitados, caso de los valles medios de la regi√≥n. Da lugar a una ocupaci√≥n masiva de cuevas que ahora aparecen mejor acondicionadas y compartimentadas para distintos usos, en un entorno natural que contin√ļa las pautas glaciares. Igualmente asistimos a una evoluci√≥n y mayor especializaci√≥n de la industria l√≠tica, junto a la de huesos (arpones) y astas, proliferando, al lado de armas y √ļtiles (azagayas), piezas decorativas y simb√≥licas (caso de los famosos bastones de mando).

La organización social gana en complejidad, generando una división del trabajo que posibilita la especialización en diferentes tareas, así como asentamientos más extensos y duraderos. Su alimentación provenía de la caza de gran variedad de especies, debida a la diversidad de medios ecológicos de que disfrutaba la región cantábrica; así, a ciervos, caballos y cabras se suman otras como renos, bisontes o mamuts, típicos de climas fríos (de todos ellos extraen carne, pieles, huesos y astas). Su caza en grupo indica la existencia de un alto nivel organizativo, en un momento en el que el aumento de población empuja a una intensa explotación de los recursos. A esta dieta se unen, nuevamente, vegetales recolectados, así como algunos animales marinos.

Se puede afirmar que el desarrollo de las culturas del Paleol√≠tico Superior en Cantabria estuvo al nivel de sus hom√≥logas europeas, gracias a la combinaci√≥n de diversidad ecol√≥gica y abundancia de cavidades naturales, constituyendo un verdadero fil√≥n arqueol√≥gico. La regi√≥n cuenta por ello con un patrimonio de valor incalculable, repartido por una infinidad de cuevas en las que se ven representadas todas las fases del Paleol√≠tico Superior: Ch√Ętelperroniense, Auri√Īaciense, Solutrense y Magdaleniense.

Arte paleolítico

Prueba irrefutable de ese florecer cultural es la excepcional producci√≥n art√≠stica generada por aquel ‚Äúhombre de las cavernas‚ÄĚ, conformando un per√≠odo art√≠stico de la humanidad cuyo descubrimiento y estudio ha estado y est√° √≠ntimamente ligado a Cantabria. La n√≥mina de las cuevas que contienen este patrimonio es sorprendente: Altamira, El Castillo, La Pasiega, Las Monedas, Covalanas, Hornos de la Pe√Īa, El Pendo... as√≠ hasta el medio centenar. Esta producci√≥n se compone tanto de arte mueble o mobiliar (grabados o pinturas realizados sobre objetos transportables como huesos, caparazones, dientes y astas que constitu√≠an armas, √ļtiles, adornos y objetos votivos), como de arte rupestre o parietal, ejecutado sobre paredes de cuevas.

Este √ļltimo, caracter√≠stico de la Europa m√°s occidental por su riqueza en abrigos rocosos naturales (paisajes k√°rsticos), era realizado mediante diversas t√©cnicas, que inclu√≠an el grabado, la pintura e incluso atisbos de escultura. El grabado se realizaba con los dedos, sobre materiales blandos como la arcilla, y mediante piedras talladas para las superficies m√°s duras. La pintura, aplicada manualmente, se elaboraba con colorantes naturales a partir de √≥xidos de hierro (ocre) y carb√≥n vegetal, alcanz√°ndose en su desarrollo verdadera policrom√≠a. Igualmente, aquellos artistas prehist√≥ricos utilizaban las propias formas de las paredes para lograr los vol√ļmenes de sus figuras, aut√©ntico antecedente de la escultura. Estas obras las hallamos, en ocasiones, a la entrada de las cuevas, donde aprovechaban la luz natural; pero m√°s habitualmente en galer√≠as interiores, realizadas mediante luz artificial (antorchas). Ello ha permitido en muchos casos resguardarlas de las agresiones atmosf√©ricas, conserv√°ndose as√≠ hasta la actualidad.

En lo referente a la temática, la caza era omnipresente, siendo habitual la representación de sus principales presas, como ciervos, caballos, bisontes, renos... Por el contrario nunca representaban carnívoros, así como tampoco abunda la figura humana, a excepción de la impresión de manos. Por otro lado destacar la presencia de motivos geométricos y simbólicos. Mucho se ha especulado sobre el significado de estas manifestaciones artísticas, sin alcanzarse un consenso diáfano. No obstante si hay coincidencia en ligarlas al mundo espiritual de aquellas gentes, religiosidad evidente en los rituales realizados alrededor de sus enterramientos.

Todo este desarrollo tecnol√≥gico y cultural se ve radicalmente alterado a partir de hace 10.000 a√Īos, cuando el final de la glaciaci√≥n marca la clausura del Paleol√≠tico. Se inicia entonces un proceso de transici√≥n hacia el Neol√≠tico, la √ļltima fase de la Edad de Piedra, que ha venido a denominarse Epipaleol√≠tico o Mesol√≠tico. El retroceso del fr√≠o trae consigo, en Cantabria, una nueva l√≠nea de costa, la expansi√≥n de los bosques y, con ello, la transformaci√≥n de la fauna (desaparici√≥n de los animales de climas fr√≠os). Estos cambios obligaron a aquellos grupos humanos a adaptarse a las nuevas condiciones. As√≠, en una primera fase denominada Aziliense, asistimos a la decadencia de los patrones culturales paleol√≠ticos, especialmente evidenciada en el retroceso de la actividad art√≠stica. Posteriormente, en el per√≠odo Asturiense (hace 9.000-7.000 a√Īos) se produce una explotaci√≥n m√°s diferenciada de los recursos, tanto en tierra ‚Äďse caza una mayor diversidad de especies- como en el mar, abundando los restos de pr√°cticas de marisqueo (concheros). Los asentamientos, rupestres y al aire libre, son fundamentalmente costeros, no existiendo vestigios en el interior.

Neolítico

El Neolítico -descubrimiento de la agricultura y la ganadería en las regiones de Oriente Medio, desde donde se extendieron al resto del viejo continente-, es un momento crucial en la historia de la humanidad, posibilitando su liberación de la total dependencia del medio físico, típica de las sociedades depredadoras. Las consecuencias de la aparición de economías productoras serán enormes, en forma de crecimiento demográfico y transformaciones culturales: se pasa del tallado al pulimentado de la piedra mejorando considerablemente su utilidad, se desarrolla la cerámica, las poblaciones dejan de ser nómadas para sedentarizarse, se inicia el uso de metales y la capacidad de generar excedentes permite su comercialización y una mayor división del trabajo.

La expansi√≥n de esta nueva civilizaci√≥n tuvo lugar a trav√©s del Mediterr√°neo y de Centroeuropa, lo que convirti√≥ a la actual Cantabria en una regi√≥n marginal con un importante desfase cronol√≥gico en la incorporaci√≥n de las innovaciones (V-IV milenio a. C.). Ello explica la larga pervivencia del Epipaleol√≠tico, coexistiendo durante mucho tiempo una econom√≠a depredadora con otra productora. La incipiente expansi√≥n de esta √ļltima vendr√° acompa√Īada de un fen√≥meno com√ļn al de otras regiones atl√°nticas europeas: el Megalitismo, la elevaci√≥n de grandes piedras con finalidad funeraria o ritual: menhires, d√≥lmenes, cromlechs, alineaciones... Fue una manifestaci√≥n cultural vinculada a la ganader√≠a pastoril trashumante, propiciada por las caracter√≠sticas naturales de Cantabria, m√°s proclives a aquella que a la agricultura. La elevaci√≥n de megalitos demuestra la existencia de un sistema social basado en grupos m√°s numerosos que en per√≠odos anteriores, con una organizaci√≥n capaz de canalizar aquel gran esfuerzo colectivo.

Reproducci√≥n del interior de una antigua vivienda c√°ntabra de la Edad del Hierro en Arg√ľeso.

Este largo proceso de ‚Äúneolitizaci√≥n‚ÄĚ se prolongar√° a trav√©s de la Edad de los Metales, que en Cantabria se desarrolla con la consiguiente tardanza cronol√≥gica. As√≠ el Calcol√≠tico, caracterizado por la coexistencia de √ļtiles de piedra y cobre y vinculado a la cer√°mica ‚Äúcampaniforme‚ÄĚ, se introduce en la segunda mitad del III milenio. La Edad del Bronce se desarrolla entre 1.800 a. C. y 700 a. C., incorporando la aleaci√≥n de cobre y esta√Īo, ambos muy escasos en Cantabria, por lo que la presencia de estos materiales responder√≠a a la existencia de contactos comerciales con otras regiones.

Es una época de crecimiento demográfico y ocupación de nuevos espacios, permitiendo la extensión de la ganadería bovina y porcina, junto a la ovina y caprina en menor medida. El fin de los enterramientos colectivos indicaría una incipiente estratificación social que acabará con la sociedad igualitaria y colectivista que había caracterizado a las comunidades cazadoras.

A partir del 700 a. C. se extiende el uso del hierro, abundante en Cantabria, inici√°ndose as√≠ las actividades mineras (Pe√Īa Cabarga, zona de Castro-Urdiales). Esta √ļltima fase de la Prehistoria se extiende hasta la misma llegada de los romanos, introductores de los primeros textos escritos.

Cantabria prerromana

Véase también: Guerras Cántabras
Cantabria durante el periodo de las Guerras C√°ntabras. El mapa se√Īala las fronteras del territorio c√°ntabro en relaci√≥n con la Cantabria actual as√≠ como las distintas tribus que lo habitaban, los pueblos vecinos, ciudades y accidentes geogr√°ficos interpretados a partir de fuentes cl√°sicas.

La primera referencia escrita del nombre de Cantabria se remonta hacia el a√Īo 195 a. C. en el que el historiador Cat√≥n el Viejo habla en su libro Or√≠genes del nacimiento del r√≠o Ebro en el pa√≠s de los c√°ntabros:

[...] fluvium Hiberum: is oritur ex Cantabris, magnus atque pulcher, pisculentus. [...] el río Ebro: nace en el país de los cántabros, grande y hermoso, abundante en peces.

A partir de aqu√≠ las citas sobre c√°ntabros y Cantabria se suceden continuamente, puesto que los c√°ntabros se empleaban como mercenarios en diferentes conflictos tanto dentro como fuera de la Pen√≠nsula. Hay constancia de que participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma durante la Segunda Guerra P√ļnica por las referencias de Silio It√°lico (libro III) y Quinto Horacio Flacco (lib. IV, oda XIV). Tambi√©n se les menciona durante el sitio de Numancia llevado a cabo por Cayo Hostilio Mancino, que se dice levant√≥ el sitio a la ciudad al ser informado de que c√°ntabros y astures acud√≠an en su auxilio.

La mayor parte de los testimonios posteriores aparecen a ra√≠z del inicio de las Guerras C√°ntabras contra Roma en el a√Īo 29 a. C. Se conservan en torno a 150 referencias de este pueblo de cuya fama dejan constancia textos griegos y latinos. Su territorio rebasaba significativamente los l√≠mites de la actual comunidad aut√≥noma de Cantabria, localiz√°ndose al norte con el Mar Cant√°brico, nombre con el que le bautizaron los romanos; al oeste con el r√≠o Sella, en el actual Principado de Asturias; por el sur se extend√≠a por Campoo y la actual Monta√Īa Palentina, llegando hasta Pe√Īa Amaya y el noroeste de la actual provincia de Burgos; al este se extend√≠a hasta casi Castro-Urdiales, en torno al r√≠o Ag√ľera.

El poblamiento del territorio durante la Edad del Hierro se apoyaba en poblados fortificados, denominados castros, que se asentaban sobre altos de f√°cil defensa. En el sur de Cantabria este tipo de emplazamientos fueron de especial inter√©s debido a las necesidades estrat√©gicas y defensivas del pa√≠s. Algunos de estas fortificaciones llegaron a tener unas dimensiones formidables, con impresionantes aparatos defensivos que permit√≠an refugiar a m√°s de una tribu entera en tiempos de guerra, como los de Pe√Īa Amaya, Monte Cild√° o Monte Bernorio.

Se tiene evidencias que ya desde la Edad del Bronce los c√°ntabros que habitaron en las zonas costeras tuvieron relaciones y contactos comerciales a trav√©s del mar con otros pueblos del mundo c√©ltico del arco atl√°ntico. As√≠ lo demuestra el denominado Caldero de Cab√°rceno, hallado en Pe√Īa Cabarga y de fabricaci√≥n irlandesa o brit√°nica, y otros utensilios de bronce encontrados.[1]

Reproducci√≥n de un antiguo poblado c√°ntabro de la Edad del Hierro en la localidad de Arg√ľeso.

A través de fuentes clásicas y hallazgos epigráficos se sabe que los cántabros, a semejanza de otros pueblos de la Península Ibérica, abandonaban temporalmente su territorio para ofrecerse como mercenarios a otros pueblos, destacando de ellos su fiereza y carácter combativo:

[...] Los cántabros por su fiereza eran los primeros, los más violentos y los más pertinaces en la rebelión, los cuales, no contentos con defender su libertad, trataban también de dominar a sus vecinos, atormentando a los Vacceos, Turmogos y Autrigones con incursiones frecuentes.
Floro II, 33, 46-47

En el caso de los cántabros tradicionalmente se han justificado este hecho por la importancia de la actividad bélica en su sociedad y las escasa posibilidades que la tierra y el clima les ofrecía para su sustento, lo que dio lugar a la marcada condición guerrera de sus gentes.

Con anterioridad a la conquista romana del pa√≠s parece que los c√°ntabros ya sirvieron como fuerza armada en los ej√©rcitos del general cartagin√©s Asdr√ļbal Barca que se dirig√≠an a la Pen√≠nsula It√°lica con el fin de prestar auxilio a An√≠bal frente a Roma, en el a√Īo 208 a. C. Por otro lado las cr√≥nicas de Julio C√©sar se√Īalan la existencia de soldados c√°ntabros en el ej√©rcito de Pompeyo durante la guerra civil que libraron ambos generales en Hispania, en el siglo I a. C. As√≠ mismo, en De Bello Gallico informa de la presencia de estos como aliados de las tribus celtas aquitanas en la Guerra de las Galias, en el a√Īo 56 a. C.

Cantabria romana

Artículo principal: Cantabria romana
Artículo principal: Romanización de Cantabria

Tras el sometimiento y control militar de la zona por parte del ejército romano, Roma llevará a cabo una organización administrativa del territorio de los cántabros cuyo fin está orientado a su explotación económica. Así se inicia un política de construcción de infraestructuras que permitan activar la explotación y el comercio fundamentalmente de los recursos mineros que albergaba su subsuelo: fundamentalmente sal, plomo y hierro.

La Legio IIII Macedonica queda instalada desde el a√Īo 43 en Pisoraca (Herrera de Pisuerga, actual provincia de Palencia, pr√≥xima a Aguilar de Campoo) con el fin de comenzar la romanizaci√≥n de los ind√≠genas derrotados, situ√°ndose destacamentos militares en otros lugares m√°s al interior del territorio c√°ntabro. No obstante la paz no estaba ni mucho menos consolidada, pues tres a√Īos despu√©s de la victoria c√°ntabra, hacia el 16 a. C., vuelve a haber insurrecciones de los c√°ntabros.

Detalle de las ruinas de Julióbriga, la ciudad más importante de la Cantabria romana. Se observa las columnas que discurren por el Decumanus Maximus.

Junto a la integraci√≥n dentro de la administraci√≥n romana de las √©lites sociales y pol√≠ticas c√°ntabras, persisten tambi√©n estructuras sociales nativas y un sincretismo religioso entre el misticismo aut√≥ctono y el romano que se perpetuar√°n hasta fechas muy tard√≠as. Este fen√≥meno hace que los ind√≠genas equiparen las cualidades bienhechoras de deidades propias con dioses similares romanos, para lo cual fusionaban ambos nombres. As√≠ en Cantabria aparecen altares dedicados a los dioses del pante√≥n romano, como J√ļpiter, o a dioses mestizos romano-vern√°culos, como J√ļpiter Candamo.

La romanizaci√≥n de Cantabria se puede considerar como un fen√≥meno selectivo en el territorio, parejo al del urbanismo. La principal ciudad existente en territorio c√°ntabro, Juli√≥briga, se funda al terminar las Guerras C√°ntabras, sobre el 15 a. C., estando ocupada hasta la segunda mitad del siglo III. La misi√≥n de esta √ļnica urbe romana[2] de importancia estar√≠a estrechamente ligada con el proceso de integraci√≥n administrativa de las poblaciones c√°ntabras sometidas por Roma tras largos a√Īos de resistencia, controlando y administrando un territorio tan amplio como pr√°cticamente toda la Cantabria romana.[3]

Al igual que con Juli√≥briga, Plinio,[4] y posteriormente Ptolomeo,[5] nos dar√≠a datos sobre n√ļcleos menores de la Cantabria como son: Concana, Octaviolca (v√©ase Camesa-Rebolledo), Orgenomescum, Vadinia, Vellica, Moroica, Aracillum, Noega Ucesia, Bergida, Acella, Amaia, Tritino Bellunte y Decium. Estas ciudades de menor importancia parece que no evolucionaron durante el periodo de dominaci√≥n romana, estando la mayor√≠a de ellas relacionadas con las tribus que, al parecer, las habitaban y llegaron a poblar Cantabria: Vadinienses, Orgenomescos, Tam√°ricos, Vellicos, Concanos, Moroicanos, Blendios, Coniscos, Salaenos, Avariginos, Cornecanos y Octavilcos. Finalmente encontramos los puertos de Portus Victoriae Iuliobrigensium, Portus Blendium y Portus Vereasuecae. La antigua Portus Amanum, posteriormente bautizada por los romanos como Flaviobriga con el t√≠tulo de colonia, estar√≠a inserta en territorio autrig√≥n.

Tras las Guerras C√°ntabras, y la consecuente ocupaci√≥n romana de Cantabria, soldados c√°ntabros aparecen formando parte de legiones como la II Augusta, la IX Hispana o la IV Macedonica, tal y como se√Īalan diferentes l√°pidas funerarias halladas. No obstante lo m√°s frecuente es encontrarlos enrolados como tropa auxiliar.[6] As√≠ ha quedado constancia de que en la segunda mitad del siglo I exist√≠an dos cohortes formadas exclusivamente por c√°ntabros: una acantonada en Moesia y la otra en Palestina.

La Península Ibérica en torno al 560.
     Visigodos      Asentamientos de colonos visigodos      Asentamientos de colonos visigodos      Suevos      Bizantinos      C√°ntabros y vascones

Durante los siglos III y IV surge una crisis económica y social en toda Cantabria, las ciudades se van progresivamente abandonado a medida que se produce un aumento de la presión fiscal y de los ataques de los bagaudas, lo que produce un retorno al medio rural de la sociedad, un resurgimiento de las antiguas estructuras organizativas nativas y una aparición creciente de las villas en el campo.

El estado de inquietud y pavor provocado por las invasiones b√°rbaras produce una reorganizaci√≥n militar de los escasos efectivos que a√ļn se mantienen en el norte de Hispania,[7] posiblemente con el fin de defender la provincia de una hipot√©tica invasi√≥n por los Pirineos occidentales, y la fortificaci√≥n precipitada[8] de Monte Cild√° y del antiguo castro de Vellica[9] en el siglo IV y V.[10]

En el a√Īo 406 los visigodos se establecen en Hispania como federados del ya debilitado Imperio romano, mientras que el noroeste peninsular se encuentra ocupado por el reino suevo (Galicia y Asturias). Esta situaci√≥n propicia que c√°ntabros y vascones puedan disfrutar de cierto grado de independencia.

Durante el siglo V apenas hay datos de lo que ocurre en Cantabria y √ļnicamente sabemos, por una breve referencia del cronista Hidacio, que 400 h√©rulos en siete naves atacaron despiadadamente la costa c√°ntabra y de Vardulia en el a√Īo 456.[11]

En este estado de cosas pasar√°n m√°s de un siglo sin que Cantabria vuelva aparecer en la historiograf√≠a. Un tiempo en que el pueblo c√°ntabro escapa al control de suevos y visigodos, en el que gran parte de sus gentes conservan a√ļn un paganismo que, a pesar de los siglos de dominaci√≥n romana, no hab√≠a quedado extinto, y en el que resurgen manifestaciones de violencia y agresividad que revelan la escasa romanizaci√≥n del territorio fuera de unos pocos focos culturales romanos. Prueba de ello es que para algunos autores la mayor√≠a de los c√°ntabros a√ļn hablaban su lengua prerromana, en el que aparec√≠an, eso s√≠, no pocas intrusiones del lat√≠n.[12]

Ducado de Cantabria

Límites del Ducado de Cantabria.
Artículo principal: Ducado de Cantabria

Tras la ca√≠da del imperio romano, Cantabria recuper√≥ su independencia frente al reino visigodo hasta el a√Īo 574 en el que, seg√ļn Braulio de Zaragoza en su Vida de San Mill√°n de la Cogolla,[13] el rey Leovigildo conquista Cantabria y su capital Amaya. Durante este periodo de la historia hispano-goda, Cantabria se integra dentro del reino como provincia fronteriza y se configura un ducado (ver imagen), regido por un Dux, delegado regio en el pa√≠s. Esta f√≥rmula garantizar√≠a cierto grado de autonom√≠a del pueblo c√°ntabro a pesar de estar bajo control real.

A partir de aqu√≠ se sucede un periodo oscuro debido a la escasez de fuentes, no solo relativas a Cantabria sino a todo el norte de Espa√Īa. No obstante, es probable que debido a la escasa asimilaci√≥n cultural visigoda de Cantabria y el mantenimiento las arraigadas costumbres b√°rbaras, no se consiguiera una seguridad pol√≠tica y militar plena en la regi√≥n, lo que propiciar√≠a a√Īos de rebeliones y levantamientos contra el poder real. Ya a este parecer, hacia el a√Īo 632, San Isidoro advierte al hablar de los c√°ntabros de su obstinada disposici√≥n al pillaje, las luchas y a desafiar los castigos, por lo que se deduce que a principio del siglo VII a√ļn se les consideraba como una posible amenaza.[14]

Tambi√©n durante estos a√Īos hubo al parecer luchas fronterizas entre los reyes visigodos de Hispania y los reyes francos de Austrasia y Borgo√Īa en la que Cantabria se vio involucrada. As√≠, seg√ļn el Chronicon[15] del cronista franco Fredegario del siglo VII, estos √ļltimos intentaron someter la regi√≥n de los c√°ntabros y Vasconia, siendo recuperada la primera por Sisebuto. En este mismo texto se cita la existencia en el Ducado de Cantabria de un dux llamado Francio de Cantabria all√° por los finales del siglo VI o comienzos del VII, que rend√≠a tributo a los francos desde hac√≠a tiempo, un personaje que sigue siendo a√ļn oscuro.

De estos √ļltimos testimonios se deduce que el Ducado de Cantabria ser√≠a tierra fronteriza entre reinos. Se desconoce si los reyes merovingios tuvieron √©xito en sus conquistas al sur de los Pirineos, pero lo que parece probable es que este ducado era importante para el reino visigodo a modo de marca fronteriza desde donde poder lanzar ofensivas contra los vascones y al mismo tiempo poder controlar a un pueblo cuyo sometimiento era inestable y superficial y que no daba suficientes garant√≠as de paz a los reyes visigodos.

Cantabria durante la Reconquista

Artículo principal: Edad Media en Cantabria
Véase también: Reino de Asturias

En el a√Īo 714 los musulmanes invaden los valles altos del Ebro y llegan a conquistar Amaya, la capital c√°ntabra, obligando a los c√°ntabros a ce√Īirse a las tradicionales fronteras b√©licas, para organizar su defensa.

Colegiata de Santa Juliana (siglo XII) situada en Santillana del Mar, en la merindad de las Asturias de Santillana. En esta población residía el merino o representante regio.

En las primeras crónicas de la Reconquista sigue apareciendo Cantabria definida como región. Así, en la Crónica Albeldense al tratar de Alfonso I dice "iste Petri Cantabriae ducis filius fuit", con lo que, junto a la figura de Pedro, se nombra el título de Duque de Cantabria, que atestigua la territorialidad de su ducado.

A partir de este periodo el corónimo Cantabria desaparece al producirse una sustitución parcial del mismo motivado por dos factores:

  • La expansi√≥n del t√©rmino Asturias hasta la mitad occidental de la regi√≥n.
  • El desplazamiento del Ducado de Cantabria m√°s al sur de la Cordillera Cant√°brica con unos supuestos l√≠mites imprecisos.

Este √ļltimo caso es consecuencia de las referencias contenidas en la Vita de Sancti Aemiliani (Vida de San Mill√°n) sobre la predicaci√≥n en Cantabria de este eremita del siglo VI, que hicieron que este top√≥nimo se ubicase pr√≥ximo a la actual ciudad de Logro√Īo, en torno a la denominada Sierra de Cantabria.[16]

De este modo, las fuentes documentales durante la Edad Media apenas sí hacen referencia a Cantabria con este nombre, dado que, como se ha comentado, prevalecerá el de Asturias con las comarcas denominadas Asturias de Santillana, Asturias de Trasmiera y Asturias de Laredo.

La situación geográfica de Cantabria, a caballo entre los reinos cristianos de León, Castilla[17] y Navarra hizo que su territorio sufriera directamente las tensiones fronterizas entre ambos, lo que dio lugar a sucesivos fraccionamientos e integraciones parciales en unos y otros. A comienzos del siglo XIII se estabilizan las fronteras de estos reinos y vuelve a documentarse la presencia de una Cantabria unida territorialmente. En este periodo Alfonso X lleva cabo una reorganización de las merindades, integrándolas en la Merindad Mayor de Castilla y reconociendo como tales las viejas comarcas de Asturias de Santillana, Liébana, Campoo, Trasmiera y la zona de Asón y Ontón, en ocasiones denominada como Vecio.[18]

Batalla naval de La Rochelle (miniatura francesa del siglo XV). En ella la flota castellana, formada por naves c√°ntabras, destroza a la armada inglesa, pasando el control del Canal de la Mancha a manos de Castilla.

A partir del n√ļcleo inicial formado por la Hermandad de las Cuatro Villas -Santander, Laredo, Castro-Urdiales y San Vicente de la Barquera- se forma la Hermandad de las Marismas, uni√©ndose as√≠ a todos los puertos importantes situados al este de Asturias.

De los puertos cántabros se formaban y partían armadas con destino al resto de Europa y el Mediterráneo. Las referencias sobre sus hecho de armas se ven incrementadas a partir del siglo XIV con las diferentes marinas de guerra que actuaron en el Mediterráneo. Cada una de las Cuatro Villas de la Costa comprometían al rey una galera siempre dispuesta, así como su respectiva dotación armada.

Fue tal la importancia que la Hermandad de las Cuatro Villas de la Costa tuvieron que llegaron a rivalizar con la Liga Hanseática, frenando su expansión hacia el sur del Arco Atlántico.

Durante la Guerra de los Cien A√Īos, la pol√≠tica naval de los Trast√°mara elegir√° Santander como base naval de las sucesivas armadas que se organizaron. De este puerto partieron en 1372 las 12 galeras comandada por el almirante genov√©s Ambrosio Bocanegra que vencieron en la Batalla de La Rochelle frente a los ingleses, o la del c√°ntabro Pero Ni√Īo, quien atac√≥ Plymouth, Portland y otras ciudades inglesas y lleg√≥ a remontar con sus naves el T√°mesis.

Navegantes y barcos de la armada cántabra formarían el germen de lo que sería la futura Marina Real de Castilla.

La participación cántabra en la reconquista de la Península Ibérica a los musulmanes se fraguó en dos frentes. Por una lado mediante una función repobladora de los foramontanos y por otro a través del esfuerzo de guerra de sus gentes.

Desde el siglo XIII, en el que marinos cántabros se distinguieron en la de diferentes ciudades musulmanas (Cartagena, Tarifa, etc.), fue constante e ininterrumpida su participación en el proceso de consumación de la Reconquista castellana en la mar. La flota de naves de las Cuatro Villas de la Costa participaron también en la toma de Sevilla en 1248, rompiendo el puente de barcas que unía Triana y Sevilla al mando de Ramón Bonifaz. Este hecho de armas ha quedado representado con una nao y la Torre del Oro de Sevilla en el escudo de Santander.[19]

Por otro lado ciudades andaluzas como C√°diz y El Puerto de Santa Mar√≠a fueron repobladas con familias procedentes de los puertos del Cant√°brico.[20] En el caso de C√°diz la mayor√≠a proced√≠an de Castro Urdiales, y en el del Puerto de Santa Mar√≠a, de Santo√Īa, conocida entonces como Santa Mar√≠a del Puerto.

Ya durante la √ļltima acci√≥n de la Reconquista, en la toma del Reino de Granada, asistieron a los Reyes Cat√≥licos para su conquista los distintos valles y villas de Cantabria mediante soldados de Trasmiera y Asturias de Santillana por tierra y en la mar marineros de las Cuatro Villas. Buena parte de los fueros, privilegios y franquicias conseguidos por estos valles y villas los obtendr√≠an de los reyes de Castilla en reconocimiento a su participaci√≥n en el esfuerzo llevado a cabo durante la Reconquista.

Con los Reyes Católicos desaparece la Hermandad de las Marismas, quedando el Corregimiento de las Cuatro Villas, que abarca las áreas de influencia de los puertos de la antigua Hermandad de las Cuatro Villas (casi toda Cantabria). Sus juntas se celebraban o en Bárcena de Cicero o en turno rotatorio entre las villas que la componían, prestándose especial atención a que ninguna prevaleciera sobre las demás.

Cantabria en la Edad Moderna

Artículo principal: Edad Moderna en Cantabria

En el siglo XVI se difunde a nivel popular y literario el uso del nombre La Monta√Īa para designar a la antigua Cantabria en contraposici√≥n a Castilla, con la que se alud√≠a exclusivamente a La Meseta. Esta distinci√≥n ha llegado hasta nuestros d√≠as.[21]

Durante la Baja Edad Media y el Antiguo R√©gimen los grandes se√Īor√≠os de Cantabria estuvieron dominados principalmente por tres de las grandes casas nobiliarias espa√Īolas, los Mendoza (Duques del Infantado, Marqueses de Santillana); los Manrique de Lara (Marqueses de Aguilar de Campoo, Condes de Casta√Īeda) y los Velasco Duques de Fr√≠as, Condestables de Castilla).

La controversia sobre su localizaci√≥n geogr√°fica vino determinada por el hecho de que durante la Edad Media el top√≥nimo de Cantabria se perdi√≥ o se us√≥ de forma gen√©rica o inexacta, y se alargar√≠a hasta el siglo XIX. En el siglo XVI numerosos eruditos, principalmente vizca√≠nos y guipuzcoanos, basados en la √ļnica lengua prerromana de la Pen√≠nsula Ib√©rica, el euskera, elaboraron la hip√≥tesis de situar la Cantabria antigua al este del r√≠o As√≥n, en el Pa√≠s Vasco y las zonas lim√≠trofes de Navarra y La Rioja, bas√°ndose en la existencia del citado monte que conserva el top√≥nimo, la Sierra de Cantabria, as√≠ como las citas conservadas en las Glosas Silenses, del siglo XII, y de la Cr√≥nica del Tudense del siglo XIII, que situaban el ducado de Cantabria en La Rioja. Estas conjeturas contribuyeron a crear una estado de opini√≥n que hizo que est√° creencia se consolidara hasta la segunda mitad del siglo XVIII.[22]

A estas teor√≠a se opusieron estudiosos como Jer√≥nimo de Zurita, Arnaud Oihenart o Francisco de Sota entre otros. Tal como fuera las discusiones entre vasco-cantabristas y cant√°brico-monta√Īeses, no exentan de descalificaciones personales, se extendieron durante todo el siglo XVII y el XVIII.

No ser√° hasta 1796 cuando se zanje definitivamente la gran controversia sobre la situaci√≥n y extensi√≥n de la Cantabria antigua gracias a obras tan trascendentales para el conocimiento de la historia regional como La Cantabria: disertaci√≥n sobre el sitio y extensi√≥n del padre agustino e historiador Enrique Fl√≥rez de Seti√©n.[23] Este, bas√°ndose en sus buenos conocimientos de las fuentes cl√°sicas y de la geograf√≠a monta√Īesa, puso fin a la contienda, refutando todos los argumentos de las tesis vasco-cantabristas y situando el solar de los c√°ntabros en donde hoy conocemos.

Paralelamente a este inter√©s por los c√°ntabros y a la clarificaci√≥n de la aludida pol√©mica se aplic√≥ el nombre de c√°ntabro o Cantabria en el territorio monta√Ī√©s a diversas instituciones, organismos y jurisdicciones.

Paseo de Pereda en el Ensanche de Santander. Este ensanche de poblaci√≥n, construido entre mediados del siglo XVIII a finales del XIX, es consecuencia del auge econ√≥mico de la burgues√≠a mercantil. Fue uno de los primeros que se realizaron en Espa√Īa e impuls√≥ el desarrollo urbano de la ciudad, que ampli√≥ su espacio construido hacia el Este en 2.690 metros cuadrados.

Los siglos XVII y XVIII fueron centurias de decadencia para las Cuatro Villas de la Costa. Su actividad √ļnicamente se reduc√≠a a la pesca ya que el comercio mar√≠timo en el Cant√°brico era acaparado por Bilbao.[24] √önicamente Santander llegar√≠a a hacer frente a esta din√°mica a partir de 1754 al confluir iniciativas particulares con intereses estrat√©gicos del Estado.[25] A partir de este a√Īo la actual capital c√°ntabra polariza el desarrollo de Cantabria: en 1754 el Papa crea el obispado de Santander a instancias del padre R√°vago; en 1755 Fernando VI otorga a Santander el t√≠tulo de ciudad; entre 1775-1778 se permite al puerto santanderino comerciar con Am√©rica; en 1785 se erigi√≥ en ella el Consulado del Mar y Tierra; en 1791 pasa a ser sede de la Sociedad Cant√°brica de Amigos del Pa√≠s; y en 1801 se la elige como capital de la Provincia Mar√≠tima de Santander, nombre que lograr√≠a mantener con el mayor de los celos.

Paralelamente el resto de jurisdicciones de la regi√≥n ven√≠a persiguiendo, desde 1727, la integraci√≥n de sus territorios en una entidad m√°s cohesionada, a semejanza del Principado de Asturias o el Se√Īor√≠o de Vizcaya. Tal pretensi√≥n lograr√≠a fraguar en 1778 con la constituci√≥n de la Casa de Juntas de Puente San Miguel.

La agricultura de subsistencia, complementada con una significativa caba√Īa ganadera, fue la base econ√≥mica de la regi√≥n durante toda la Edad Moderna. El minifundio, e incluso microfundio, era la caracter√≠stica principal del terrazgo cultivado. Apenas exist√≠an grandes propietarios de tierras, lo que hac√≠a que esta estuviese muy particionada y repartida, explot√°ndose muchas de las veces en r√©gimen de aparcer√≠a, lo que permit√≠a que el acceso a la propiedad incluso a las clases m√°s desfavorecidas. La exigua y deficitaria producci√≥n agr√≠cola se sustentaba en cultivos de escasa adaptaci√≥n al territorio y clima de Cantabria: trigo, mijo, centeno y cebada. Es por ello que la importaci√≥n de cereales de Castilla, Andaluc√≠a y Francia era cr√≥nica. √önicamente con la introducci√≥n del ma√≠z, un tipo de cultivo que se adapt√≥ perfectamente a las caracter√≠sticas ed√°ficas y de explotaci√≥n de la regi√≥n, se consigui√≥ la autosuficiencia de grano por primera vez en la historia de Cantabria.

En cuanto a la ganader√≠a, esta era mayoritariamente vacuna compuesta principalmente por bueyes y vacas "duendas", es decir las destinadas a la labor del campo. Se aclimatan progresivamente otras razas europeas con mayor producci√≥n de carne y leche, que van desplazando a las aut√≥ctonas, como la pasiega, la tudanca o la campurriana. Tambi√©n exist√≠a una caba√Īa ovina y caprina, adem√°s de la esencial porcina, imprescindible esta √ļltima para la alimentaci√≥n familiar ya que a trav√©s de la matanza se proporcionaba las prote√≠nas b√°sicas para la alimentaci√≥n de las unidades familiares a lo largo de todo el a√Īo.

En este periodo de la historia de Cantabria la industria se segu√≠a centrando en la transformaci√≥n alimentaria a trav√©s de ace√Īas y conservas de pescado. No obstante surgir√≠a durante estos siglos una importante industria especializada en la construcci√≥n naval, sustentada por las fuertes demandas del Estado a partir del reinado de Felipe II y focalizada en los astilleros de Guarnizo y Colindres.

Del mismo modo la implantaci√≥n de la primera industria armament√≠stica del pa√≠s con la construcci√≥n de la Real F√°brica de Artiller√≠a de La Cavada, la cual no solo fund√≠a y equipaba de ca√Īones a los buques de la armada para la defensa de los vastos territorios espa√Īoles de ultramar, sino que tambi√©n abastec√≠a de herrajes y clavaz√≥n a las citadas atarazanas. La creaci√≥n de estos altos hornos y astilleros produjo, como consecuencia del consumo insostenible de madera para la producci√≥n de carb√≥n vegetal y nav√≠os, una fuerte alteraci√≥n del paisaje en cuencas como la del r√≠o Miera derivada de una r√°pida deforestaci√≥n del territorio.

Tras el resurgimiento comercial del puerto de Santander y la apertura del camino de Reinosa, este crecimiento industrial ser√≠a acompa√Īado de nuevas industrias de molturaci√≥n de harinas, cervezas, curtidos, jabones, tejidos, etc. pr√≥ximas a la ciudad. En la segunda mitad del siglo XVIII al puerto santanderino se le habilita para el tr√°fico mar√≠timo con Am√©rica, lo que le permite alcanzar vol√ļmenes de intercambios con las colonias americanas espa√Īolas y Europa que le colocaron entre los primeros del pa√≠s.

Provincia de Cantabria

En 1727 se producirá el primer intento de lo que sería después la Provincia de Cantabria.

Aun as√≠, el alto grado de autonom√≠a que disfrutaban las peque√Īas entidades en que estaba fraccionado el viejo solar de Cantabria, conjugado con la proverbial pobreza de recursos, sigui√≥ siendo la raz√≥n principal de su debilidad, incrementada con el progresivo avance de la eficacia administrativa del centralismo borb√≥nico, por lo que cada d√≠a se mostraba m√°s evidente la imposibilidad de hacer frente en solitario a la multitud de problemas de todo tipo: desde las siempre dif√≠ciles comunicaciones hasta las trabas para el ejercicio de la justicia, desde las dificultades para el abastecimiento en √©pocas duras, hasta la saca indiscriminada de levas de soldados, y sobre todo la progresi√≥n de las imposiciones fiscales. Todo ello determin√≥ que se aceleraran los contactos entre las villas, valles y jurisdicciones. En esta ocasi√≥n se polarizaron en torno a las Juntas de la Provincia de Nueve Valles, conducidos por los diputados elegidos a trav√©s de los √≥rganos tradicionales de autogobierno. Dos fueron los hechos que catalizaron la culminaci√≥n del proceso de integraci√≥n en este segundo intento:

  • Por un lado el inter√©s colectivo por evitar contribuir a la reconstrucci√≥n del Puente de Carlos III de Miranda de Ebro, seg√ļn impon√≠a la orden del Intendente de Burgos de 11 de julio de 1775, cuando aquel mismo a√Īo hab√≠a sufrido Cantabria dos tremendas inundaciones: 20 de junio y 3 de noviembre.
  • Por otro la necesidad de hacer frente mancomunadamente a la gran cantidad de bandidos que actuaban impunemente en Cantabria, ante la inoperancia de la justicia por la escasez de recursos.

Tras la convocatoria enviada por el Diputado General de Nueve Valles para que acudieran a la Junta que hab√≠a de celebrarse en Puente San Miguel el 21 de marzo de 1777, las jurisdicciones afectadas por √©stos y otros males, mandaron a sus respectivos diputados con poderes suficientes para que pudieran decidir el agregarles a la Provincia de Nueve Valles, seg√ļn dec√≠an unos, para unirse y acompa√Īarse seg√ļn otros, y en definitiva, para ser unos con los dem√°s, como manifest√≥ el Concejo de Pie de Concha.

En aquella Junta General se establecieron las bases y pusieron en marcha las gestiones que habr√≠an de desembocar el a√Īo de 1778 en la unidad administrativa y jurisdiccional. Todo ello culmin√≥ en el √©xito de la Asamblea celebrada en la Casa de Juntas de Puente San Miguel el 28 de julio de 1778, donde qued√≥ constituida la Provincia de Cantabria, mediante el acto de aprobar las ordenanzas comunes, confeccionadas para aqu√©l fin y previamente discutidas y aprobadas en los concejos de todas las villas, valles y jurisdicciones comprometidas. Eran, adem√°s de los Nueve Valles, Rivadedeva, Pe√Īamellera, Provincia de Li√©bana, Pe√Īarrubia, Lamas√≥n, Rionansa, Villa de San Vicente de la Barquera, Coto de Estrada, Vald√°liga, Villa de Santillana del Mar, Lugar de Vi√©rnoles, Villa de Cartes y su jurisdicci√≥n, Valle de Buelna, Valle de Cieza, Valle de Igu√Īa con las villas de San Vicente y Los Llares, Villa de Pujayo, Villa de Pie de Concha y B√°rcena, Valle de Anievas y Valle de Toranzo.

Escarmentados por el fallido intento del a√Īo 1727 el primer objetivo a cubrir consisti√≥ en conseguir la aprobaci√≥n por el rey Carlos III de la uni√≥n de todos en una provincia, cuya ratificaci√≥n la lograr√≠an mediante Real Provisi√≥n el 22 de noviembre de 1779.

Las veintiocho jurisdicciones que asumieron en primer lugar el empe√Īo de crear la Provincia de Cantabria, postularon con toda claridad su voluntad de que en ella se incluyeran todas las dem√°s que formaban el Partido y Bast√≥n de las Cuatro Villas de la Costa. En consecuencia establecieron toda clase de facilidades para la integraci√≥n, que pod√≠an realizar en cualquier momento que as√≠ lo solicitasen, sujet√°ndose a las ordenanzas, con los mismos derechos y deberes de las fundadoras, en el plano de la m√°s estricta igualdad. De este modo se fueron agregando la Abad√≠a de Santillana, los valles de Tudanca, Polaciones, Herrer√≠as, Casta√Īeda, la Villa de Torrelavega y su jurisdicci√≥n, Val de San Vicente, Valle de Carriedo, Tresviso y las villas pasiegas de La Vega, San Roque y San Pedro, as√≠ como la Ciudad de Santander con su Abad√≠a.

A causa de la competencia de Laredo, el Ayuntamiento de Santander, que al comienzo hab√≠a aceptado la titulaci√≥n de Cantabria para la provincia creada a principios del siglo XIX, reaccion√≥ despu√©s imponiendo que se la denominar√° con su nombre para que no hubiese duda alguna de cual era su capital. Cuando en 1821 la Diputaci√≥n Provincial present√≥ en las Cortes constitucionales su proyecto definitivo sobre la fijaci√≥n de los l√≠mites de la provincia y de los partidos judiciales, proponiendo la denominaci√≥n de Provincia de Cantabria, el Ayuntamiento de Santander replic√≥ imponiendo ¬ęque a esta provincia se le conserve el nombre de Santander¬Ľ. Aun as√≠, muchos peri√≥dicos exhibieron en sus cabeceras el nombre de c√°ntabro o Cantabria.

Siglo XIX

Artículo principal: Siglo XIX en Cantabria
Estatua erigida en Santander a la memoria del capit√°n de artiller√≠a Pedro Velarde Santill√°n, h√©roe c√°ntabro de la Guerra de la Independencia Espa√Īola muerto durante el levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid.

El levantamiento contra la invasi√≥n napole√≥nica de 1808 va a significar el inicio del colapso del Antiguo R√©gimen (absolutismo pol√≠tico, econom√≠a feudal y desigualdad jur√≠dica) y el doloroso comienzo de la Edad Contempor√°nea en Espa√Īa. Nac√≠a as√≠ un convulso siglo XIX marcado por la pugna del liberalismo (r√©gimen constitucional, igualdad de derechos y econom√≠a de libre mercado) para desmontar las estructuras socioecon√≥micas y pol√≠ticas del Antiguo R√©gimen e integrar un mercado a nivel nacional, frente a la resistencia de los grupos privilegiados ‚Äďnobleza y clero- y amplias capas de un campesinado apegado a sus tradicionales modos de subsistencia.

Cantabria fue un escenario m√°s de esa lucha. Si a comienzos del XIX era una regi√≥n abrumadoramente rural en la que se hallaban s√≥lidamente asentadas las estructuras feudales, el liberalismo se introducir√° de la mano de la burgues√≠a mercantil santanderina. √Čsta, que hab√≠a construido su √©xito a la sombra del Antiguo R√©gimen, se inclinar√° hacia la revoluci√≥n liberal cuando aqu√©l se convierta en un lastre para su florecimiento. No obstante, sus convicciones pol√≠ticas siempre fueron eminentemente pragm√°ticas, anteponiendo sus intereses econ√≥micos a los principios ideol√≥gicos.

De hecho, sus integrantes siempre se movieron entre la necesidad de romper las barreras jur√≠dicas que frenaban su enriquecimiento y el temor a que los cambios se les escaparan de las manos para transformarse en una revoluci√≥n popular. Este temor, unido a la debilidad de una burgues√≠a consecuente con una econom√≠a poco desarrollada, llevar√≠a al liberalismo c√°ntabro (y espa√Īol) por la senda de la moderaci√≥n y el pactismo. De ese modo, el r√©gimen que finalmente se impuso a partir de 1833 fue resultado de un compromiso entre las viejas y nuevas √©lites sociales (en Cantabria, la oligarqu√≠a rural nobiliaria y la burgues√≠a mercantil), configurando un Estado de propietarios erigido en defensa de sus respectivos intereses.

Los damnificados de ese pacto fueron los campesinos, que integraban el grueso de la poblaci√≥n c√°ntabra. Eran, sin duda, un conjunto heterog√©neo en el que contrastaban las situaciones de peque√Īos y medianos propietarios, aparceros o jornaleros, lo que influir√° en su respuesta ante los nuevos tiempos y su adaptaci√≥n al capitalismo. Pero para la mayor√≠a de no propietarios, labradores de tierras ajenas en condici√≥n de colonos, la extensi√≥n de las reglas del libre mercado impuestas por el nuevo r√©gimen iba a serles especialmente perjudicial.

El ocaso del Antiguo Régimen

Ante la noticia del secuestro de la familiar real, retenida por Napole√≥n en Bayona, y frente a la clara actitud invasora de las tropas francesas penetradas en territorio espa√Īol con la excusa de invadir Portugal, estalla una rebeli√≥n en Madrid el 2 de mayo de 1808, en la que destacaron los capitanes Luis Dao√≠z y Pedro Velarde, este √ļltimo natural de Muriedas (Valle de Camargo). Duramente reprimida, el levantamiento popular se extiende por toda la geograf√≠a nacional.

En un primer momento las autoridades civiles y religiosas de Santander permanecieron a la expectativa, optando por la prudencia y el control de la situación frente a un doble temor: el posible castigo francés ante cualquier acción reivindicativa y el miedo a un levantamiento popular incontrolable. Este se produce finalmente el 26 de mayo de 1808, por lo cual las autoridades deciden encabezarlo procurando contener los impulsos populares. Se constituye así una Junta Suprema Cantábrica presidida por el obispo Rafael Tomás Menéndez de Luarca -que asumió el título de Regente de la provincia-, declarado enemigo de la revolución y de las ideas ilustradas. En colaboración con Asturias se organiza un Armamento Cántabro dirigido por el coronel Velarde e integrado por 5.000 voluntarios destinados a controlar los accesos de la cordillera. No obstante, la reacción francesa enviada desde Burgos logra sendas victorias en Lantueno y el puerto del Escudo, tomando Santander el 23 de junio, de donde ya habían huido las autoridades y parte de los ciudadanos. Al frente de la alcaldía en tan difícil situación se colocó a Bonifacio Rodríguez de la Guerra, quien hubo de bascular entre el sometimiento a los ocupantes y el intento de templar las represalias; lo cual le acarrearía acusaciones de afrancesado y traidor tras la guerra.

La resistencia guerrillera se extendi√≥ a toda la geograf√≠a regional, destacando cabecillas como Juan L√≥pez Campillo en la zona oriental o Juan D√≠az Porlier El Marquesito, militar de inclinaciones liberales que instal√≥ su base de operaciones en Li√©bana; reorganiz√≥ las fuerzas del Armamento bajo la nueva denominaci√≥n de Divisi√≥n C√°ntabra, incorporando varios regimientos y batallones como los H√ļsares de Cantabria (caballer√≠a) o los Tiradores de Cantabria (infanter√≠a). La lucha ocasion√≥ numerosos combates que costaron terribles p√©rdidas humanas y materiales. El a√Īo crucial fue 1812, cuando la retirada de efectivos franceses hacia el frente ruso, una ofensiva guerrillera a escala nacional y la campa√Īa de Wellington desde Portugal quebraron el poder√≠o napole√≥nico, obligando a Jos√© I a abandonar Madrid y a las tropas de ocupaci√≥n a replegarse al norte. En Cantabria la base francesa se acantona en Santo√Īa, cuyo car√°cter casi insular y sus construcciones defensivas la convertir√°n en un baluarte inexpugnable hasta la retirada francesa en 1814, finalizada ya la guerra (hecho que llev√≥ a denominarla ‚ÄúGibraltar del Cant√°brico‚ÄĚ). El √ļltimo acto de guerra en territorio c√°ntabro tuvo lugar el 11 de mayo de 1813, cuando las tropas francesas, en su retirada y tras un largo asedio, tomaron Castro-Urdiales provocando un ba√Īo de sangre.

El retorno del deseado Fernando VII tras su sumisa actitud frente a las pretensiones de Napoleón (extensiva a toda la familia real), significó la restauración absolutista, derogando la Constitución de 1812 y la labor legislativa de las Cortes de Cádiz, e implantando un régimen de marcado carácter represivo. Regresadas a Santander las antiguas autoridades, la reacción encontrará en el obispo Menéndez de Luarca a su mejor representante (la Iglesia absolutista y ultraortodoxa surgió de la guerra envuelta en un aura de legitimidad). No obstante, poca oposición pudieron hallar los absolutistas en un campesinado amenazado por el hambre y alejado de las querellas políticas, o en una burguesía dispersa, arruinada y contemporizadora con el orden social.

Pese a ello, el evidente fracaso de la restauraci√≥n fernandina en asegurar las condiciones que permit√≠an el enriquecimiento de la burgues√≠a santanderina inclinar√°n a √©sta a secundar el alzamiento liberal de 1820, iniciado en C√°diz y propagado a la guarnici√≥n militar de Santo√Īa. El proyecto reformista del Trienio Liberal (1820-1823) fue abortado, sin embargo, por sus propias contradicciones internas y una oposici√≥n tradicionalista apoyada por las monarqu√≠as absolutistas europeas. As√≠, el retorno a la acci√≥n guerrillera rural que supuso la proliferaci√≥n de partidas realistas, de importante presencia en nuestra regi√≥n, fue seguida de una nueva invasi√≥n francesa, la de los Cien Mil Hijos de San Luis, que aboli√≥ la Constituci√≥n, suprimi√≥ el Parlamento y reinstaur√≥ los poderes absolutos del monarca. En Cantabria s√≥lo Santo√Īa resisti√≥ varios meses, mientras el ex gobernador Quesada regresaba a Santander al frente del autodenominado Ej√©rcito de la Fe. La escasa defensa del r√©gimen liberal se explica por haberse enajenado casi todo el apoyo social que pudo tener en un principio. Si las clases populares se vieron defraudadas por unas medidas que en nada resolv√≠an sus m√°s acuciantes necesidades, los sectores burgueses, asegurados sus negocios, no estaban interesados en reformas democr√°ticas y s√≠ en apoyar cualquier fuerza dispuesta a imponer el orden social.

Se iniciaba as√≠ el √ļltimo tramo del reinado de Fernando VII, la Ominosa D√©cada (1823-1833), cuyo principal brazo represor ser√°n los voluntarios realistas, germen de las futuras partidas carlistas. Se constituy√≥ as√≠ una Brigada de Cantabria[26] cuerpo paramilitar comandado por Bernardino Gonz√°lez de Ag√ľero e integrado por 7.000 hombres distribuidos en 13 batallones: los de Hoznayo, Carriedo, Merodio (hoy Asturias), Molledo, Ampuero, Cesto, Soncillo (actualmente Burgos), Puente Nansa, Santander, Toranzo, Cabez√≥n de la Sal, Cay√≥n y Mena (tambi√©n en Burgos). Constituyeron la fuerza hegem√≥nica del per√≠odo, instrumento de la l√≠nea m√°s dura del absolutismo y las oligarqu√≠as rurales para imponer sus tesis pol√≠ticas.

Retrato de Fernando VII. Francisco de Goya. Museo Municipal de Bellas Artes, Santander, (Espa√Īa)

Implantación y crisis del Estado liberal

En Cantabria la guerra civil estallada tras la muerte del inefable Fernando VII (I Guerra Carlista, 1833-1840) se hizo sentir con dureza, por la propia divisi√≥n interna que la regi√≥n sufr√≠a. En las zonas rurales la presencia del carlismo era predominante, por su arraigo en una poblaci√≥n agraria, en gran medida desmovilizada pol√≠ticamente pero apegada a viejos usos y costumbres, sometida a la nobleza rural y muy sensible a los sermones antiliberales del clero. El liberalismo, por su parte, se restring√≠a a algunos n√ļcleos costeros y, esencialmente, a Santander, donde la burgues√≠a nuevamente se ve√≠a impelida a desmontar las barreras jur√≠dicas que el absolutismo impon√≠a a su actividad mercantil, en aquel momento atravesando una coyuntura cr√≠tica. Este desgarramiento se ver√° potenciado por hallarse la regi√≥n tan pr√≥xima a uno de los principales n√ļcleos carlistas: el vasco-navarro. Ello convert√≠a a Cantabria en un frente de guerra.

Guerra Carlista

El propio a√Īo de 1833 vio un potente levantamiento carlista monta√Ī√©s dirigido por el coronel Pedro B√°rcena, con el objetivo de tomar la capital (s√≥lo √©sta, junto a Castro, Santo√Īa y Laredo, permanecieron fieles a la heredera). En la misma se organiz√≥ un Batall√≥n de Vecinos Honrados que pudo detener la ofensiva carlista en la Acci√≥n de Vargas (3 de noviembre). Ello asegur√≥ el control liberal del territorio, pero no la extinci√≥n de las simpat√≠as carlistas alimentadas por la cercan√≠a del frente vizca√≠no (desde donde partieron varias expediciones) y la propia incomunicaci√≥n de la regi√≥n. Por su parte, la organizaci√≥n carlista monta√Īesa contaba con una Junta de Armamento y Defensa, dos batallones, un hospital en Carranza y una f√°brica de armas en Guriezo.

La causa de Carlos V, además de contar con la dirección de los tradicionales grupos privilegiados que veían peligrar su posición social (los antiguos linajes), se alimentaba por su base de un campesinado depauperado que se rebelaba contra un régimen político que no resolvía su situación y que atacaba hábitos tradicionales que aquellas gentes vinculaban a sus modos de vida comunitarios. La amalgama ideológica de tan heterogéneo movimiento la pondrá la Iglesia más reaccionaria, que igualmente se sentía agredida por un reformismo secularizador.

La precariedad del control de la reci√©n creada Provincia de Santander (1833) por parte de la burgues√≠a liberal, llevar√° a √©sta a ‚Äúpreparar‚ÄĚ las elecciones de los nuevos Ayuntamientos formados en 1835 para asegurarse su adhesi√≥n, como afirma el propio Gobernador civil en una carta dirigida al Ministerio de Fomento en enero de 1836. Se inician as√≠, desde los mismos or√≠genes del Estado liberal, las pr√°cticas clientelares que asegurar√°n la pervivencia del sistema, sustituyendo el inmovilismo social ‚Äďo la oposici√≥n abierta- mediante la adulteraci√≥n y el pucherazo. Se tejen de ese modo redes de intereses que, por toda Cantabria, recaban el apoyo pol√≠tico a los candidatos a cambio de favores administrados por los caciques locales, movidos m√°s por afinidades personales e intereses particulares que por l√≠neas program√°ticas de la pol√≠tica nacional. Funcionamiento del sistema liberal isabelino que continuar√°, perfeccionado, bajo la Restauraci√≥n.

Reinado de Isabel II

El fin de la guerra civil tras la derrota carlista en Ramales de la Victoria a manos del general Espartero (1839), iniciará un período de relativa estabilidad gubernamental que posibilitará el crecimiento económico. Para Santander significará el fin de la coyuntura crítica que se arrastraba desde finales del XVIII y la continuidad de la prosperidad comercial de la ciudad, alcanzándose el cenit del sistema mercantil a mediados de siglo. Sin embargo esta calma era más aparente que real. La Monarquía constitucional se sustentaba en las facciones más moderadas del liberalismo, aliadas con los sectores tradicionalistas más pragmáticos (los grandes propietarios que se habían beneficiado de las medidas desamortizadoras). El régimen, por tanto, poseía un carácter híbrido en el que la soberanía era compartida a partes iguales por la corona y la nación, lo cual confería a la reina poderes considerables en detrimento del parlamento. Ello, sumado a la existencia de un voto restringido a los grupos más pudientes del país, alejaba la integración de amplias capas de la población en el sistema, en absoluto democrático. Además, la marginación política de los sectores progresistas del liberalismo les llevó a apoyarse en el ejército (pronunciamientos) para acceder al gobierno (como durante el Bienio Progresista, 1854-1856).

En Cantabria, a partir de la d√©cada de los 40 se perfilan los grupos o tendencias pol√≠ticas erigidos en soporte y beneficiarios del nuevo Estado: Progresistas (entre quienes destacan Fl√≥rez Estrada, Arguindegui, Trueba Cos√≠o, Jos√© Mar√≠a Orense o Fern√°ndez de los R√≠os) y Moderados; estos √ļltimos, de mayor vigor, englobaban a liberales conservadores y antiguos absolutistas, descollando nombres como los de Viluma de la Torre, Montecastro, Hoz o Isla Fern√°ndez. Conformaron organizaciones de precaria estructura organizativa, constituyendo grupos locales movidos m√°s por afinidades e intereses que por l√≠neas program√°ticas, por lo que fue habitual la permeabilidad entre ellos. Mediada la centuria ser√° la Uni√≥n Liberal -ensayo centrista- el partido hegem√≥nico, caracterizado por la estabilidad, la transacci√≥n y la "desideologizaci√≥n"; lograr√° una fuerte implantaci√≥n y una organizaci√≥n eficiente y poderosa, gracias a su identificaci√≥n con el grueso de la √©lites locales y su cultura pol√≠tica clientelar y deferencial.

La Diputación Provincial, de limitadas atribuciones, se convirtió en el ámbito político donde dilucidar las tensiones de los grupos de poder.

Fotografía de comienzos de 1869 en Madrid. De izq. a der. Fernando Garrido, Elias Reclus, José María Orense (sentado) destacado político demócrata nacido en Laredo (Cantabria), Aristides Rey y Giuseppi Fanelli.

Finalmente, las escasas bases sociales del r√©gimen isabelino ir√°n menguando seg√ļn avance el reinado, de modo que, cuando estalle la crisis econ√≥mica en los a√Īos 1860, confluir√°n de nuevo aspiraciones populares e intereses burgueses para impulsar reformas democratizadoras que permitan superar la crisis y avanzar por la senda del progreso. En Cantabria la pragm√°tica burgues√≠a de nuevo se tornar√° ‚Äúrevolucionaria‚ÄĚ, apoyando un cambio que aporte soluciones a una econom√≠a mercantil que comienza a mostrar s√≠ntomas de agotamiento. Adem√°s, la carest√≠a y el paro generados por la crisis hab√≠an deteriorado notablemente las condiciones de vida de las capas medias y bajas de la poblaci√≥n santanderina.

Sexenio Democr√°tico

La Gloriosa Revoluci√≥n se iniciaba en septiembre de 1868, con la sublevaci√≥n de la escuadra al mando del almirante Topete en C√°diz. Inmediatamente es secundada por la guarnici√≥n de Santo√Īa, que apoy√≥ con 400 soldados el levantamiento de Santander. Para reprimirlo el gobierno envi√≥ una columna de 3.000 soldados al mando del general Calonge, enfrentada a una ciudad defendida por 500 soldados y carabineros junto a 200 paisanos. El avance oblig√≥ a la retirada naval de los sublevados, pero la victoria del general Serrano en Alcolea sentenci√≥ el fin del reinado de Isabel II, inici√°ndose el Sexenio Democr√°tico (1868-1874).

Este fue un proyecto reformista apoyado por el liberalismo m√°s progresista y los nuevos grupos dem√≥cratas, republicanos y federalistas. Perfilaron un r√©gimen democr√°tico, basado en la libertad pol√≠tica y el sufragio universal masculino, y cuyo centro deb√≠a ser el parlamento, al tiempo que impulsaban medidas liberalizadoras que deb√≠an romper los obst√°culos al desarrollo econ√≥mico. En Santander despert√≥ un j√ļbilo republicano sustentado en nuevos grupos socio-profesionales (clases medias) surgidos de las actividades econ√≥micas desarrolladas alrededor del sector mercantil. En el resto de la regi√≥n, por el contrario, cont√≥ con una escasa adhesi√≥n. De hecho, la efervescencia revolucionaria impulsar√° una reorganizaci√≥n de los tradicionalistas, movilizados en torno a la defensa de la ortodoxia cat√≥lica frente a la promulgaci√≥n de la libertad de cultos, a los que se sumar√°n sectores del liberalismo moderado descontentos con el sesgo ‚Äúpopulista‚ÄĚ que adquir√≠a la revoluci√≥n. As√≠ pudieron presentar una candidatura por el distrito de Cabu√©rniga en la persona del escritor Jos√© Mar√≠a de Pereda, que sali√≥ elegido diputado a Cortes en 1871.

Pese a sus intenciones, el proyecto democrático acabará naufragando. Por un lado sus impulsores no lograron consolidar un sistema político estable, enzarzados desde el principio en todo tipo de disputas que en nada ayudaron a legitimarlo. Esto, sumado a la consecución de la crisis económica y la sensación de caos social, alejó progresivamente a los grupos burgueses, temerosos de que la libertad política abriera la puerta a la revolución social. Además la insurrección en Cuba hacía peligrar el mercado colonial (fundamental para la economía santanderina), negándose aquellos tanto a una solución pactada como a la liberación de los esclavos.

Tambi√©n las bases populares vieron frustradas sus esperanzas de mejora; la escasez de fondos llev√≥ al gobierno a mantener los odiados impuestos por consumos, mientras que la triple guerra a la que tuvo que enfrentarse ‚Äďcolonial, cantonalista y carlista- le oblig√≥ a seguir recurriendo al servicio militar por quintas, leva obligatoria para las familias m√°s humildes. Privados de apoyos y carentes de recursos para afrontar sus reformas, las minor√≠as dem√≥cratas que sustentaban la fr√°gil rep√ļblica instaurada en 1873 no pudieron detener un nuevo pronunciamiento que en diciembre del a√Īo siguiente instauraba en el trono a Alfonso XII, hijo de la depuesta reina.

Hacia la especialización ganadera

Fuente de ingresos fundamental para la gran mayor√≠a de la poblaci√≥n en los albores del siglo XIX, la agricultura adolec√≠a de serias carencias que la condenaban a ser un sector volcado en la subsistencia. Las aldeas que conformaban el paisaje c√°ntabro trabajaban un policultivo ‚Äďma√≠z, alubias, patatas, vi√Īas- dirigido a su propio sustento, de modo que la escasa productividad de las peque√Īas parcelas que las familias deb√≠an trabajar les condenaba a sufrir p√©simas condiciones de vida. La falta de capital, a su vez, derivaba en una carencia de inversiones que imped√≠a modernizar las explotaciones agr√≠colas, siendo el agro c√°ntabro incapaz de romper el c√≠rculo del subdesarrollo.

El atraso en las labores agr√≠colas, adem√°s de por sus carencias tecnol√≥gicas, que condenaban a los trabajadores a cultivar la tierra con instrumentos medievales, tambi√©n se ve√≠a inducido por la estructura de la propiedad. Un reparto consecuente con una sociedad profundamente desigual. Mientras m√°s de la mitad de las tierras cultivables se hallaba en manos de un 10% o 15% de la poblaci√≥n, las grandes familias se√Īoriales y determinados notables locales, la mayor√≠a de los habitantes deb√≠an conformarse con parcelas m√≠nimas que apenas alcanzaban para su propio sustento.

Ese minifundismo tendía a camuflar la desigual distribución de la riqueza, al tiempo que las reducidas dimensiones de las parcelas significaban un serio obstáculo para mejorar la productividad agraria. Las carencias en las comunicaciones, pésimas dentro de la provincia y prácticamente inexistentes con el exterior, condenando al territorio a la desarticulación y el aislamiento, eran otra piedra más en el camino del desarrollo.

Estas caracter√≠sticas son extensibles a las que sufr√≠a otro de los subsectores tradicionales del primario regional: la pesca. Las peque√Īas barcas, de propiedad individual o colectiva, tripuladas por marineros que se repart√≠an el producto a la parte, adolec√≠an de una falta de capital y un atraso tecnol√≥gico que condenaba a sus familias a unas m√°s que precarias condiciones de vida.

Agricultura y mercado

La nueva econom√≠a de mercado que se impone a lo largo del XIX, sin embargo, alcanzar√° tambi√©n a la tierra, provocando un ingente traspaso de los t√≠tulos de propiedad mediante numerosos contratos de compraventa. Pero ello no significar√° una alteraci√≥n de su estructura. Una nueva √©lite de propietarios se consolidar√° con el r√©gimen liberal, principalmente burgueses santanderinos y notables locales que adquieren tierras desamortizadas ‚Äďpropiedades eclesi√°sticas o municipales puestas en venta por el Estado-, o de agricultores arruinados que no pueden hacer frente a las crecientes deudas que atenazan sus precarias econom√≠as dom√©sticas.

El paisaje minifundista no se ve alterado; al contrario, se consolida, pero la extensi√≥n de la propiedad, acentuada por la pr√°ctica de los cerramientos ‚Äďla apropiaci√≥n por particulares de terrenos comunales de los pueblos-, restringe la tradicional pr√°ctica del colonato. Una de las consecuencias inevitables fue la emigraci√≥n, puesto que la combinaci√≥n de desigualdad social en el reparto de la tierra y de la debilidad de los otros sectores econ√≥micos, imposibilitaba el sostenimiento de una poblaci√≥n en crecimiento.

Estrategia de supervivencia o complemento de la economía familiar, la emigración había sido tradicionalmente realizada por miembros de familias más o menos acomodadas que acudían a los mercados castellanos, andaluces o americanos para integrarse en el comercio minorista, las labores artesanales o marineras y el servicio, generando así un circuito transoceánico nutrido por redes familiares (los jándalos e indianos). A partir de 1880 esta emigración se vuelca masivamente hacia América (Cuba, México, Estados Unidos) alimentada ahora por campesinos pobres (hasta un cuarto de millón llegaron a salir de la provincia antes de la Guerra Civil), incapaces de hallar su futuro en una economía escasamente desarrollada y huyendo, igualmente, de un servicio militar que recaía en los jóvenes más pobres del país.

La especialización ganadera y la proletarización industrial a partir de 1900 no harán sino reforzar esos flujos. Por otro lado, las remesas de dinero que enviaron o trajeron a su vuelta (el 8,86% del PIB regional en 1913) resultaron fundamentales para salvar muchas economías familiares y permitir a otras el acceso a la propiedad de la tierra; pero igualmente para fomentar innumerables obras sociales, como las casas de salud o las escuelas que proliferaron por toda la región.

Las propuestas reformistas chocaron siempre con obst√°culos insalvables: la negativa de las clases poderosas a cualquier cambio de estatus, la carencia monetaria y cultural de los agricultores que les imped√≠a afrontar las transformaciones necesarias, un per√≠odo de convulsiones pol√≠ticas y sociales que dificultaban cualquier iniciativa global o la perpetua insolvencia financiera del Estado, que le imposibilitaba abordar reformas en profundidad. Ante la inviabilidad de alterar la estructura de propiedad, se impuso la idea de que el √ļnico camino habr√≠a de ser la especializaci√≥n productiva y, atendiendo a las caracter√≠sticas geogr√°ficas y clim√°ticas de la regi√≥n y a la disponibilidad de mano de obra, aquella apuntaba en la l√≠nea de la especializaci√≥n ganadera.

Toro y vacas tudancos a los pies del Pico Mozagro, Mazcuerras.

Sin embargo esta posibilidad se enfrentaba, de nuevo, a un obst√°culo aparentemente insalvable: la propia miseria de la poblaci√≥n agr√≠cola. S√≥lo la burgues√≠a santanderina, tras un siglo de expansi√≥n mercantil, pose√≠a los recursos para ello. No obstante estos eran destinados a las propias actividades comerciales y a otros subsectores que les aseguraran beneficios: la inversi√≥n ferroviaria o las sociedades financieras y bancarias. La coyuntura que posibilitar√° una reorientaci√≥n estrat√©gica en esas inversiones se dar√° en el √ļltimo tercio del siglo XIX, de la mano de una crisis econ√≥mica. √Čsta se present√≥ con doble faz: como crisis agropecuaria, causada por la llegada de productos alimenticios provenientes de los nuevos pa√≠ses ‚ÄďEEUU, Argentina, Australia- con los que la producci√≥n nacional no pod√≠a competir; y como crisis colonial, ya que el mercado cubano estaba siendo absorbido por el gigante norteamericano. La ratificaci√≥n de esa p√©rdida vendr√° con la guerra de 1898 y el fin de los restos imperiales.

La burgues√≠a regional reaccion√≥ ante el ocaso de la base de su prosperidad mediante la reorientaci√≥n inversora, ahora hacia los recursos naturales de la provincia: los yacimientos mineros y la caba√Īa ganadera. As√≠, el final de siglo traer√° consigo el inicio de la producci√≥n vacuna que de manera tan profunda ha marcado la personalidad de Cantabria a lo largo de la √ļltima centuria.

Sector ganadero

Si bien es cierto que la inclinaci√≥n hacia las labores pecuarias ha sido una constante en Cantabria ‚Äďfacilitada por las condiciones naturales y humanas- antes del XIX, aquella no alcanz√≥ verdaderos caracteres de especializaci√≥n, lastrada por similares obst√°culos que la agricultura: reducido tama√Īo de las explotaciones, carencias t√©cnicas, falta de inversiones debida a la pobreza de los productores... La ganader√≠a siempre fue un subsector secundario, complementario de las labores agr√≠colas ‚Äďanimales de tiro, abono, pieles, aportes cal√≥ricos, ingresos monetarios-.

Durante el siglo XIX la fuerte demanda de leche en las ciudades provoca la introducción de nuevas razas de ganado vacuno mucho más productivas -como la frisona (en la imagen), traída por los pasiegos desde Holanda- y que fueron sustituyendo paulatinamente a las razas autóctonas de la región, como la tudanca o la pasiega.

Con la apertura del Camino de Reinosa a mediados del siglo XVIII, que conectaba Santander con la meseta castellana, se articular√° una v√≠a de crecimiento econ√≥mico ‚Äďel corredor del Besaya- que, entre otros sectores, potenciar√° el pecuario. El transporte de mercanc√≠as ‚Äďlanas, granos, harinas- har√° necesario un n√ļmero creciente de animales de tiro, especializaci√≥n que primero afectar√° a las comarcas adyacentes al camino.

Otro foco de especializaci√≥n lo hallaremos en tierras pasiegas donde, a la par que se impon√≠a el cierre de los campos ‚Äďen contraposici√≥n a los campos abiertos habituales en el resto de la regi√≥n, que posibilitaban el pasto del ganado tras la recolecci√≥n de las cosechas, pero a costa de provocar da√Īos en el terrazgo- los ganaderos se especializaban en la cr√≠a de vacuno, buscando la comercializaci√≥n de carne y l√°cteos. Respecto a √©stos √ļltimos, la especie pasiega no sobresal√≠a por su cantidad, pero s√≠ por la calidad de su leche. Se trataba de una incipiente econom√≠a de mercado.

Sin embargo, el aut√©ntico motor del sector pecuario en Cantabria habr√° de ser la demanda urbana. Cruzado el ecuador del siglo XIX, el crecimiento de las ciudades era notorio a nivel nacional; en nuestra regi√≥n, el de Santander era m√°s que evidente, tras m√°s de un siglo de boyante econom√≠a mercantil. Ello hab√≠a generado una importante demanda de productos alimentarios ‚Äďtampoco debemos olvidar la proximidad de otro importante foco urbano: Bilbao-. Este mercado pronto har√° sentir su fuerza de gravedad sobre las zonas rurales m√°s pr√≥ximas, impulsando la especializaci√≥n vacuna, primero c√°rnica y luego lechera, acelerada por la crisis agraria finisecular y el cambio de estrategia inversora de la burgues√≠a santanderina. A ello colabor√≥ tambi√©n la importaci√≥n de especies vacunas for√°neas ‚Äďa destacar la frisona holandesa-, mejor orientadas hacia la producci√≥n de leche que las aut√≥ctonas ‚Äď tudanca-. Prueba del temprano √©xito de esa reorientaci√≥n es la aparici√≥n y pujanza, con el cambio de siglo, de numerosas ferias ganaderas a lo ancho de todo el territorio regional, como las de Torrelavega, Solares u Orejo.

Cenit y declive mercantil. El despertar industrial

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, Santander se había convertido en una especie de gran colector mercantil, exportador de granos y harinas castellanas e importador de artículos coloniales; en todo caso productos no autóctonos, puesto que Cantabria apenas generaba excedentes exportables. El comercio santanderino no se constituyó, por tanto, en un factor de integración regional. Sí consolidó una experimentada, pujante y cohesionada burguesía de los negocios formada por comerciantes, navieros, comisionistas y banqueros, élite económica que a su vez se instituirá en élite política y social de la nueva provincia.

La economía portuaria configuró, no obstante, un sistema mercantil débil e inseguro, sustentado en tres elementos claves: el control del mercado harinero castellano, el del mercado colonial y una política estatal proteccionista. El sistema pareció quebrar cuando el Estado borbónico no pudo asegurarlos durante el período crítico sufrido entre 1793 y 1833. Sin embargo, pasado éste, el circuito pudo reactivarse, gracias a leyes proteccionistas respecto a la importación de granos y harinas, el fomento de la exportación, el aumento de la producción cerealística nacional y el estallido de la guerra carlista que, inutilizado el puerto de Bilbao, hizo converger las mercancías en Santander. Fue, en definitiva, un relanzamiento de la actividad comercial desde las mismas bases estructurales.

Península de la Magdalena con su palacio. Un símbolo de la próspera burguesía de Santander.

Su pleno desarroll√≥ se alcanzar√° mediada la centuria, momento en el que comenzar√° a mostrar sus debilidades. Por un lado se aten√ļa el control del mercado antillano, ante la competencia norteamericana y el despertar de la conciencia independentista cubana. Por otro el n√ļcleo productor castellano pierde importancia, debido a la reestructuraci√≥n de los flujos comerciales en el interior de la Pen√≠nsula gracias a la expansi√≥n ferroviaria. El desarrollo de un nuevo centro productor de cereales en La Mancha abastecedor de Catalu√Īa y la p√©rdida de la capacidad productiva castellana, aquejada de falta de transformaciones estructurales, provocaron el descenso de la demanda harinera a trav√©s de Santander.

La consecuencia del declive será la obligatoria readaptación de las bases económicas de la prosperidad burguesa. De hecho, el puerto reorientará tanto el horizonte de sus exportaciones, del mercado antillano al europeo, como el producto de las mismas (el incremento de las salidas de minerales alcanzará el 80% del total de las exportaciones en 1910, aunque su valor real fuera menor).

Reorientación inversora

As√≠ el capital santanderino se reinvirti√≥ en la explotaci√≥n de la caba√Īa ganadera vacuna y en la extracci√≥n de los recursos mineros de la regi√≥n. Entre estos destacar√°n el zinc, localizado en Picos de Europa y Reoc√≠n y, especialmente, el hierro de Pe√Īa Cabarga, Camargo y la zona de Castro-Urdiales (llegando a ser la segunda provincia productora tras Vizcaya).

La grande demanda de mineral de hierro hizo muy rentables muchas explotaciones mineras en Cantabria, donde se construyeron importantes infraestructuras de transporte minero. En la imagen el antiguo cargadero de Mio√Īo. Construido en 1896, permit√≠a cargar el mineral directamente en los buques fondeados en la rada abierta de D√≠cido, en vez de mediante barcazas como se hac√≠a con anterioridad.

Pese a que en un principio las empresas extractoras se nutr√≠an primordialmente de capital extranjero (franc√©s, belga, ingl√©s), junto al repatriado de las Antillas, y a que la mayor parte del producto se destin√≥ a la exportaci√≥n fuera de la provincia, no dej√≥ de impulsar beneficios a la econom√≠a regional: la expansi√≥n ferroviaria, puestos de trabajo, el desarrollo de Torrelavega como n√ļcleo industrial o la cristalizaci√≥n de una red bancaria. Como perjuicios podr√≠amos se√Īalar los reducidos salarios, las p√©simas condiciones laborales (incluido el trabajo infantil), el expolio de recursos no renovables o la degradaci√≥n de amplios espacios naturales. A largo plazo impulsar√° la moderna industrializaci√≥n de la regi√≥n (efecto arrastre).

El impacto ecol√≥gico de tal desarrollo pronto se hizo de notar, impulsando una transformaci√≥n del paisaje c√°ntabro de irreversibles consecuencias. La importante deforestaci√≥n que a lo largo de la Edad Moderna hab√≠a sufrido la Cantabria oriental (ferrer√≠as, astilleros, f√°bricas de ca√Īones, expansi√≥n de las prader√≠as), se ver√° potenciada por el impacto de las explotaciones mineras y los centros industriales (relleno de marismas, contaminaci√≥n fluvial), la especializaci√≥n lechera (extensi√≥n de pastos a costa de bosques) y la irrupci√≥n del pino y el eucalipto en detrimento de especies arb√≥reas aut√≥ctonas, por su adecuaci√≥n para la extracci√≥n de pasta de papel. De hecho la mayor parte del espacio arb√≥reo c√°ntabro es producto de una pol√≠tica sistem√°tica de repoblaciones impulsada sobre todo a partir de la Guerra Civil.

El crecimiento econ√≥mico posibilit√≥ completar una red viaria provincial que en gran medida ha llegado hasta nuestros d√≠as, y que ha influido considerablemente en la caracterizaci√≥n econ√≥mica y demogr√°fica de la regi√≥n. Esta red se inici√≥ con la apertura del camino de Reinosa a Alar del Rey en 1753, arteria fundamental para el desarrollo de Santander y que comunicaba Cantabria con la meseta castellana. Ya en el XIX se ampliar√° conformando un plano que enlazaba la capital con los centros productivos de Castilla y el valle del Ebro (La Rioja), m√°s un camino paralelo al litoral que un√≠a a Santander con los principales n√ļcleos y puertos costeros que integraban el importante comercio de cabotaje.

Era una red que se concentraba en la zona central y que carecía de conexiones entre las diferentes arterias, provocando la marginación de amplios espacios del interior. No se trataba, por tanto, de articular las necesidades comunicativas de la región, sino de reforzar el papel de Santander como gran puerto del Cantábrico.

La red ferroviaria construida en la segunda mitad del XIX no har√° sino ahondar en esas caracter√≠sticas. As√≠ se estableci√≥ una v√≠a entre Santander y Alar del Rey, abierta en 1866, que ven√≠a a completar el camino de las harinas. Otra horizontal, denominada Ferrocarril del Cant√°brico, que un√≠a Santander con Oviedo y Bilbao, ya a finales de siglo. Y el Ferrocarril Econ√≥mico entre Astillero y Ontaneda, proyectado para fomentar el desarrollo minero de la zona e inaugurado en 1902. Se consolid√≥ de ese modo una red en forma de ‚ÄúT‚ÄĚ (trazado longitudinal norte-sur y horizontal paralelo a la costa), en principio sirviendo a los intereses de la exportaci√≥n de minerales y que iba a marcar el posterior desarrollo de Cantabria, consolidando una nueva polarizaci√≥n regional.

Por un lado una zona central (Reinosa-Torrelavega-Santander) de notable desarrollo industrial completada con un eje costero, polos ambos de concentraci√≥n poblacional y productiva; y por otro numerosos valles del interior marginados econ√≥micamente y condenados a despoblarse por la emigraci√≥n. Tal situaci√≥n se reforzar√° con el crecimiento industrial ‚Äďy posterior desindustrializaci√≥n- del siglo XX.

Sociedad en evolución

Paseo de Pereda en el Ensanche de Santander. Este ensanche de poblaci√≥n, construido entre mediados del siglo XVIII a finales del XIX, es consecuencia del auge econ√≥mico de la burgues√≠a mercantil. Fue uno de los primeros que se realizaron en Espa√Īa e impuls√≥ el desarrollo urbano de la ciudad, que ampli√≥ su espacio construido hacia el Este en 2.690 metros cuadrados.

Las transformaciones econ√≥micas, institucionales y pol√≠ticas que Cantabria experiment√≥ desde la segunda mitad del siglo XVIII, tuvieron evidentes consecuencias tanto en su estructura y din√°mica sociales como en su vida cultural. El sostenido crecimiento de la poblaci√≥n llev√≥ a √©sta a duplicarse entre 1752 y 1910, pasando de 138.200 habitantes a 302.956. Consecuentemente la densidad subi√≥ de 26 a 52 habitantes por kil√≥metro cuadrado, aunque no de forma homog√©nea. Creci√≥ la presi√≥n demogr√°fica en determinadas zonas (Santander y su entorno, el canal del Besaya, los centros comarcales, algunos n√ļcleos costeros) despobl√°ndose el resto. Un desequilibrio que no har√° sino incrementarse hasta la actualidad.

El ritmo del crecimiento demográfico tampoco fue homogéneo, sufriendo evidentes alteraciones: si a lo largo del XVIII el aumento es moderado, en el XIX se acelera, especialmente en los períodos 1830-1860 y a partir de 1880, prolongándose en la siguiente centuria. La deceleración experimentada en las décadas de los sesenta y setenta se explica por las limitaciones que impuso el lento desarrollo de la región: la excesiva presión del trabajo sobre la tierra, sin inversiones que mejoraran la productividad ni una división del trabajo más racional, se combinó con un creciente impulso de las corrientes migratorias, incidiendo en las tasas de crecimiento demográfico.

Los cambios entre la población no fueron sólo cuantitativos. También las estructuras sociales sufrieron importantes alteraciones. A lo largo del XIX fue desarrollándose una incipiente población urbana alrededor de Santander y su entorno, que contrastaba con la sociedad agraria y rural predominante en el resto de la región. Esta doble faz se mantendrá durante toda la centuria, aunque la extensión de la economía de mercado al campo y la expansión de una pujante cultura urbana provocarán la progresiva desintegración de la tradicional sociedad rural.

En Santander, la cristalizaci√≥n de esa nueva sociedad vendr√° de la mano de la expansi√≥n comercial y el crecimiento econ√≥mico, reforzando y acelerando tanto las anteriores tendencias de aumento demogr√°fico como la diversificaci√≥n social y profesional de la poblaci√≥n. La c√ļpula de esa pir√°mide en desarrollo la formaba una casta de altos comerciantes integrada por los capitalistas: grandes almaceneros, inversores, financieros, ferroviarios, propietarios... Bajo ellos crec√≠an unas clases medias compuestas por artesanos y trabajadores especializados, caracterizados por un nivel de rentas medio-bajo y una evidente inestabilidad social; junto a ellos el funcionariado civil y militar. Destaca asimismo la todav√≠a escasa presencia de profesionales libres, la imparable p√©rdida de peso de los sectores tradicionales (agricultores, marineros y pescadores) y los primeros indicios de proletarizaci√≥n.

Respecto al mundo rural y pese a las dificultades documentales existentes a la hora de establecer una clasificación social del agro cántabro, si podemos negar una visión demasiado homogénea o estática de aquella sociedad. Así podríamos distinguir un alto campesinado integrado por propietarios acomodados que explotaban sus cabezas de ganado en régimen de aparcería. Un medio campesinado con tierras suficientes para subsistir en combinación con otras arrendadas a los grandes propietarios. Y un bajo campesinado compuesto por minifundistas, colonos, aparceros, renteros y jornaleros con dificultades para subsistir, lo que les obligaría a optar por la emigración estacional o permanente. Aunque en gran medida era una sociedad cerrada, volcada en el autoabastecimiento y en la que los intercambios comerciales se hallaban poco desarrollados, no dejaba de existir una proporción de la población dedicada a funciones no vinculadas directamente a la tierra. Entre ellos una variada gama de artesanos (canteros, curtidores, carpinteros...) en su mayoría agricultores a tiempo parcial; el funcionariado local; algunos profesionales liberales (médicos, cirujanos, abogados o escribanos); y comerciantes, caso de taberneros, vendedores ambulantes y transportistas.

La Restauración

El Puente de Treto une la localidad de Adal y Treto (Bárcena de Cicero) con Colindres. La polémica que rodeo su construcción provocó la pérdida de la hegemonía política del distrito de Laredo-Castro por parte del Partido Liberal.


El √ļltimo cuarto de siglo XIX se caracteriz√≥, en contraste con el resto de la centuria, por una mayor estabilidad pol√≠tica. As√≠, el r√©gimen de la Restauraci√≥n inaugurado en 1874 tuvo en Cantabria una encarnaci√≥n especialmente estable: regi√≥n mayoritariamente rural, la movilizaci√≥n pol√≠tica era escasa, por lo que las redes olig√°rquicas consolidadas a lo largo de la centuria otorgar√≠an la estabilidad necesaria. Un caciquismo regional que hall√≥ f√°cil integraci√≥n en el sistema canovista gracias al car√°cter burgu√©s-cat√≥lico de sus elites y a la fragmentada geograf√≠a del territorio, compartimentada en numerosos valles aislados.

Los partidos mon√°rquicos ‚Äď Conservador y Liberal- estaban integrados por personalidades y notables locales, sin infraestructuras permanentes y que √ļnicamente se movilizaban en per√≠odos electorales. S√≥lo Santander tender√° a romper ese esquema, debido al amplio apoyo que las opciones republicanas encontraban en una poblaci√≥n urbana con mayor concienciaci√≥n pol√≠tica (opciones no obstante debilitadas por su propia divisi√≥n interna).

Electoralmente, la provincia se dividi√≥ en una Circunscripci√≥n, compuesta por la capital m√°s un amplio entorno rural, y dos Distritos, el de Cabu√©rniga (occidental) y el de Laredo (oriental). Eleg√≠an en total cinco esca√Īos, de los cuales tres correspond√≠an a la circunscripci√≥n y uno a cada distrito.

  • Los Distritos se convirtieron en s√≥lidos feudos electorales de los liberales hasta fin de siglo, el occidental controlado, sucesivamente, por Federico de la Biesca y Jos√© Garnica, y el oriental por Manuel Eguilior Llaguno y su sucesor, Francisco Sainz Tr√°paga. √Čste √ļltimo, no obstante, present√≥ una mayor vitalidad, consecuente con la relativa actividad industrial localizada en Castro-Urdiales (miner√≠a) y Laredo (conservera). De hecho, el distrito acab√≥ pasando a manos conservadoras (1903) a causa del malestar social generado por el prolongado y problem√°tico proceso de construcci√≥n del Puente de Treto (nudo vital para las comunicaciones orientales y para el tr√°nsito mercantil y de pasajeros desplegado a lo largo de la carretera Santander-Bilbao).
  • La Circunscripci√≥n, por su parte, result√≥ ser la m√°s compleja, al configurarse en Santander un comportamiento electoral m√°s democr√°tico, caracterizado por la movilizaci√≥n pol√≠tica de los votantes, una participaci√≥n libre y consciente en los comicios y un abanico real de opciones ideol√≥gicas. Para contrarrestar la fuerza del republicanismo en Santander se la englob√≥ con un amplio n√ļmero de municipios rurales de la Cantabria central, ahogando las opciones no din√°sticas y asegurando la hegemon√≠a electoral de los conservadores.

Desarrollada pues en Cantabria sin obstáculos significativos durante su prolongada existencia, el éxito de la Restauración quedaría patente en la práctica ausencia de violencia política, prueba del modélico funcionamiento del pacto dinástico (que no de la alternancia). Dinámica engrasada con la escasa ideologización de los partidos, la adscripción personalista dentro de los mismos y la pasividad del electorado. Aun así, donde el favoritismo y el chantaje no alcanzaban se recurría a la coacción a través de alcaldes, guardia civil, empresarios, arrendadores… derivando en un fraude electoral generalizado (el recurso al encasillado fue habitual). La supeditación económica, social y cultural de la población tenía su corolario en la falta de libertad política.

En medio de este paisaje los partidos antisistema apenas lograron m√°s que una presencia testimonial. Por la derecha destacaban carlistas e integristas, menguada su fuerza por las reconstituidas relaciones entre la Iglesia y el Estado liberal. Por la izquierda los partidos republicanos crecieron gracias a su relevante presencia en Santander y, en menor medida, otros n√ļcleos relativamente desarrollados (lograron un diputado en 1881, Mart√≠nez Pacheco); pero a partir de la segunda d√©cada del siglo XX entraron en declive, lastrados por su falta de unidad ideol√≥gica y organizativa, y por el hecho de incidir en las mismas carencias y defectos de los partidos din√°sticos: organizaciones de notables sin bases ni existencia real m√°s all√° de los per√≠odos electorales, uso de los mismos m√©todos caciquiles y redes clientelares ‚Äďerosionando su capacidad cr√≠tica con el sistema- y alejamiento de las demandas y necesidad de los estratos sociales m√°s bajos.

Demandas que si ser√°n recogidas por el socialismo ‚Äďla UGT se fund√≥ en la regi√≥n en 1888-, que sustituir√° a los republicanos como principal movimiento a la izquierda del sistema a partir de los a√Īos 1920, cuando madure el tejido industrial y con √©l la nueva clase obrera regional.

Crisis del turnismo

Aunque el sistema continuó funcionando sin grandes alteraciones, la llegada del siglo XX aportó determinadas modificaciones, sobre todo en lo referente a los partidos políticos, que atravesarán un creciente proceso de inestabilidad y división, en consonancia con los problemas que les aquejarán a nivel nacional a partir de la desaparición de sus grandes líderes fundadores.

  • As√≠, los conservadores se escindieron en dos grandes grupos: uno, el representante del viejo caciquismo, encabezado por Jos√© M¬™ de la Viesca; el otro, en alza, de corte regeneracionista (silvelista), dirigido por Ram√≥n Fern√°ndez Hontoria.
  • De mayor calado fue la crisis de los liberales, enfrentados por la sucesi√≥n de Sagasta y el asesinato de Canalejas, se vieron divididos en Cantabria en diversos grupos personalistas.
  • Los republicanos, por su parte, intentaron una reorganizaci√≥n con la fundaci√≥n de la Uni√≥n Republicana (1903), integrada en la Provincia de Santander por federalistas y progresistas, pero no lograron ir m√°s all√° del consabido partido de notables sin programa definido.

A partir de la I Guerra Mundial (1914-1918), sin embargo, el sistema entrará en una fase de degradación que, aunque no alcanzará la gravedad crítica de otras zonas del país, si alterará alguno de los factores sobre los que había pivotado la dinámica restauracionista en la Provincia. La causa de tal distorsión respondía a la crisis de representatividad del régimen, evidenciada en el creciente divorcio entre la sociedad civil y los partidos políticos. Si la falta de atención a las demandas más básicas de los estratos inferiores fomentará el crecimiento de la izquierda obrerista (socialista y, en menor medida, anarquista), por arriba aumentará la desconfianza de la burguesía regional respecto a la clase política como intermediaria y defensora de sus intereses.

Desconfianza azuzada por la escasa influencia de los pol√≠ticos c√°ntabros en el panorama nacional ‚Äďconsecuente, por otro lado, con la menor entidad de la burgues√≠a santanderina respecto a la de otras regiones-, concretada en la desatenci√≥n a las principales demandas de √©sta: modernizaci√≥n del puerto, ferrocarril Santander-Mediterr√°neo, beneficios fiscales que contrarrestaran el r√©gimen especial vasco, depresi√≥n econ√≥mica de posguerra y temor a la creciente conflictividad social. La consecuencia ser√° el reforzamiento de la representaci√≥n pol√≠tica corporativa de los grupos econ√≥micos provinciales, plasmada finalmente en el apoyo al golpe de Primo de Rivera en 1923.

La Dictadura

En Cantabria la Dictadura (1923-1929) legó algunas novedades políticas. Más allá de la retórica regeneracionista, el nuevo régimen propició el trenzado de una nueva red de caciques superpuesta a la anterior, impulsada por la necesidad de dotar a la Dictadura de una base afín a través de un nuevo clientelismo. Ello propiciará cierta renovación en las elites regionales, con una mayor presencia de miembros de la burguesía santanderina y el reclutamiento entre las filas de partidos no dinásticos ( mauristas y católicos).

En paralelo se experimentar√° un progresivo incremento de la organizaci√≥n obrera y de la rural, con el crecimiento del sindicalismo y la movilizaci√≥n de la poblaci√≥n agraria a trav√©s del propagandismo cat√≥lico ‚Äďla religi√≥n se articul√≥ en una aut√©ntica ideolog√≠a pol√≠tica-, lo que derivar√° a partir de 1931 en la modernizaci√≥n de la pol√≠tica regional: cristalizaci√≥n de una pol√≠tica de masas, una mayor independencia en los comportamientos del electorado y el perfilado de una incipiente cultura democr√°tica ‚Äďbrutalmente abortada con el golpe de 1936 y la subsiguiente Guerra Civil-.

Se dibujan de esta manera las √°reas pol√≠ticas que estructurar√°n la din√°mica pol√≠tica de la Rep√ļblica, con una evidente territorializacion de la derecha y la izquierda:

  • La izquierda predominar√° en las zonas industrializadas y urbanizadas, b√°sicamente el entorno de la bah√≠a de Santander, Torrelavega, el corredor del Besaya hasta Reinosa y algunos puntos de la costa oriental.
  • La derecha continuar√° siendo hegem√≥nica en las √°reas rurales, agropecuarias y con un abrumador predominio de la religi√≥n y el localismo. Caracter√≠sticas que dificultaban el cuarteamiento del entramado caciquil.

La Segunda Rep√ļblica

El 14 de abril se proclama la Segunda Rep√ļblica Espa√Īola. Santander amanece republicana entre el j√ļbilo de unos y el estupor de otros, que no se explicaban tan inesperado cambio por unas elecciones municipales. La Diputaci√≥n Provincial celebr√≥ su √ļltima sesi√≥n el 23 de abril, bajo la presidencia de J. A. Morante y con la asistencia de los se√Īores Pereda Elordi, Cordero Arronte, Labat Calvo y Lastra Serna.

Primera experiencia democr√°tica en Espa√Īa, la Segunda Rep√ļblica naci√≥ en un contexto muy adverso ‚Äďel de la Gran Depresi√≥n y el ascenso de los fascismos-, impidiendo su consolidaci√≥n la confrontaci√≥n entre dos bloques socio-pol√≠ticos dispuestos a desbordarla, desde la derecha y la izquierda.

Por la izquierda el proletariado industrial y agrario vio frustradas sus demandas m√°s b√°sicas y acuciantes ‚Äďcondiciones laborales dignas, acceso a la propiedad rural, una elemental seguridad social-, desliz√°ndose hacia posiciones revolucionarias. No obstante siempre present√≥ serias dificultades para organizar un frente com√ļn a causa de las diferencias ‚Äďideol√≥gicas, estrat√©gicas, t√°cticas- que enfrentaban a anarquistas, social-revolucionarios, social-dem√≥cratas, comunistas.

Por la derecha las clases medias rurales y urbanas, profundamente religiosas, horrorizadas ante las transformaciones sociales y el fantasma de la revolución, se aliaron con la alta burguesía preocupada por las demandas de las clases trabajadoras, el cuestionamiento de su hegemonía política y, en definitiva, la alteración del status quo. Reacción, militarismo y fascismo cristalizaron en una solución autoritaria.

En definitiva, durante el cr√≠tico per√≠odo de los a√Īos 30 se evidenciaron las fuertes contradicciones y tensiones que el proceso de desarrollo ‚Äďindustrializaci√≥n, urbanizaci√≥n, proletarizaci√≥n- provocaba en un pa√≠s a√ļn mayoritariamente rural, agrario y tradicional.

El escudo de la II Rep√ļblica Espa√Īola estaba situado en la Plaza del Ayuntamiento, justo al lado de la estatua ecuestre de Franco. Fue retirado el mismo 18 de diciembre de 2008.

En Cantabria, caracterizada mayormente por una baja violencia, la Rep√ļblica sigui√≥ en su desarrollo un esquema similar, aunque dotado de caracter√≠sticas propias:

  • Tras una primera fase de desorientaci√≥n la Derecha experiment√≥ un proceso de reorganizaci√≥n y fortalecimiento, basculando desde posiciones pragm√°ticas hacia la hostilidad abierta contra el r√©gimen republicano. Articulando fuerzas pol√≠ticas dispares alrededor de unos postulados b√°sicos ‚Äďorden, religi√≥n, familia y propiedad-, moviliz√≥ a un importante espectro de clases medias urbanas y amplias capas del campesinado, sobre las que la Iglesia manten√≠a una considerable influencia. Se logra as√≠ la consolidaci√≥n de una nueva derecha ‚ÄďAgrupaci√≥n Regional Independiente, Centro Tradicionalista, Uni√≥n de Derechas Agrarias-, apoyada por sindicatos agr√≠colas e instituciones religiosas ‚ÄďAcci√≥n Cat√≥lica- y constituida en la principal fuerza pol√≠tica de la regi√≥n. Descollar√°n con ella nuevos l√≠deres como Pedro Sainz Rodr√≠guez (independiente) o Jos√© Luis Zamanillo (tradicionalista). La Falange, de reducida presencia en la provincia ‚Äďentre j√≥venes de clase media y obrera-, colabor√≥ sobremanera en azuzar la espiral de violencia mediante sus constantes enfrentamientos con las juventudes socialistas, federales o libertarias (Manuel Hedilla alcanzar√° gran relevancia durante la guerra como virtual sucesor de Jos√© Antonio).
  • El Partido Socialista, fuerza hegem√≥nica de la Izquierda ‚Äďsu principal figura fue Bruno Alonso-, pugn√≥ entre la necesidad de alianza con los partidos republicanos y la preocupaci√≥n por diferenciarse program√°ticamente de estos. Fundado en la regi√≥n en 1887, en 1931 era la fuerza pol√≠tica mejor organizada, contribuyendo decisivamente al triunfo de las candidaturas antimon√°rquicas en las elecciones de abril. Si la colaboraci√≥n con el republicanismo liberal se mantuvo hasta las elecciones a Cortes constituyentes, a partir de ah√≠ aquella se cuestion√≥, mostrando su preocupaci√≥n por la erosi√≥n que entre el electorado obrero pudiera provocar la alianza con formaciones burguesas. No obstante la apuesta por colaborar con los republicanos con objeto de estabilizar la Rep√ļblica no debi√≥ de ser minoritaria, habida cuenta de la facilidad con que se acord√≥ la organizaci√≥n del Frente Popular de cara a las elecciones de 1936. Por su parte, anarquistas y comunistas fueron siempre fuerzas de escasa presencia en la regi√≥n.
  • La incapacidad mostrada por los Republicanos para superar sus diferencias ideol√≥gicas y lograr una base centrista y moderada que estabilizara la Rep√ļblica. Si los partidos Federal y Radical representaban la tradici√≥n republicana, aparecen en estos a√Īos nuevas fuerzas pol√≠ticas: el Partido Radical-Socialista, la Derecha Liberal Republicana y la Acci√≥n Republicana de Manuel Aza√Īa ‚Äďposteriormente Izquierda Republicana-, dirigida en Cantabria por el antiguo diputado federal Ram√≥n Ruiz Rebollo. Estas agrupaciones se vieron constantemente devoradas por sucesivas escisiones (Partido Republicano Conservador de Miguel Maura, Partido Radical Socialista Independiente de M. Domingo, dos fracciones del Partido Federal). Representando a un 20% del electorado, tambi√©n se vieron afectadas por la creciente polarizaci√≥n, dividi√©ndose en formaciones de centro-izquierda y centro-derecha sin reconciliaci√≥n posible.
  • En Cantabria esta efervescencia pol√≠tica y sus consecuentes confrontaciones fueron vividas con intensidad por el cuerpo electoral, aunque la violencia se mantuvo a un nivel muy bajo a lo largo del lustro en relaci√≥n con otras regiones, a excepci√≥n de algunos sucesos de poco calado en octubre de 1934.
  • La polarizaci√≥n del espectro pol√≠tico hacia sus extremos y la pr√°ctica volatilizaci√≥n del centro, especialmente tras las elecciones de 1936, azuzaron la espiral de confrontaci√≥n a lo largo de la primavera de ese a√Īo, desembocando ocasionalmente en episodios sangrientos. Las calles derivaron en un escenario de enfrentamientos que alcanzaron su culminaci√≥n con el asesinato de Luciano Malumbres, director del diario La Regi√≥n, a manos de un falangista.

De este modo, los procesos electorales durante la Rep√ļblica alcanzaron una vitalidad nunca vista anteriormente, consecuencia de la libertad de expresi√≥n, la movilizaci√≥n del electorado, el abanico ideol√≥gico de las fuerzas en contienda y la organizaci√≥n y dinamismo de las formaciones pol√≠ticas. Vitalidad e, incluso, virulencia en la confrontaci√≥n electoral que no deriv√≥, salvo excepciones, en la violencia abierta, caracteriz√°ndose las jornadas de votaci√≥n por la tranquilidad y la ausencia de incidentes de consideraci√≥n. Respecto a los resultados, si la circunscripci√≥n se caracteriz√≥ por su sesgo conservador, este no fue abrumador, manteni√©ndose un cierto equilibrio pol√≠tico entre izquierda y derecha.

Fue durante los a√Īos de la Rep√ļblica cuando se plantearon los primeras iniciativas autonomistas, sustentadas en las posibilidades descentralizadoras que auspiciaba la Constituci√≥n de 1931. As√≠, en el seno de la Diputaci√≥n Provincial se estudiar√° la posibilidad de elaborar un estatuto de autonom√≠a, llegando a nombrar una comisi√≥n preparatoria en julio de 1936. Asimismo, el Partido Federal elabor√≥ en 1936 un Estatuto de Autonom√≠a para un Estado Federal C√°ntabro-Castellano, que no pudo aprobarse por el estallido de la Guerra Civil. Como consecuencia de la contienda y la marginaci√≥n subsiguiente de estas tendencias se utiliz√≥ menos el nombre de Cantabria, que a nivel oficial qued√≥ relegado a las federaciones deportivas, √ļnicas en las que Cantabria segu√≠a figurando como regi√≥n.

La Guerra Civil

Sublevación frustrada

Despu√©s de la sublevaci√≥n militar del 18 de julio de 1936, Cantabria permaneci√≥ fiel al gobierno leg√≠timo de la Rep√ļblica, pero su aislamiento del resto del territorio republicano impidi√≥ una eficaz resistencia. La capital fue conquistada en agosto de 1937, y la llamada Batalla de Santander concluy√≥ el 1 de septiembre del mismo a√Īo, cuando toda la regi√≥n (salvo Tudanca y Li√©bana, que caer√≠an en el ataque a Asturias) pas√≥ al llamado bando nacional.

El fracaso de la rebelión en Cantabria causó sorpresa en todos aquellos que tenían asumida la imagen conservadora, tradicional, rural y católica que velaba las importantes transformaciones socio-económicas y culturales experimentadas por la región desde finales del siglo XIX. Las causas del fracaso golpista serían, por tanto, de dos tipos: estructurales y coyunturales.

Estructural fue la pujanza y vitalidad alcanzadas por el movimiento obrero en Cantabria durante el primer tercio del siglo, especialmente la ugetista Federaci√≥n Obrera Monta√Īesa, plasmada en la fortaleza y expansi√≥n del sindicalismo en las √°reas industriales y su incipiente penetraci√≥n en algunos √°mbitos rurales. Su capacidad de movilizaci√≥n y la celeridad con la que reaccionaron sus dirigentes en las primeras horas del alzamiento, llenando el vac√≠o de poder generado por la incapacidad de respuesta de las autoridades provinciales, contrastaron con la descoordinaci√≥n de las tramas golpistas, militares y civiles.

Las coyunturales, en gran medida consecuencia de la anterior, fueron diversas circunstancias acaecidas antes y durante la rebelión militar:

Principales líneas de avance del ejército sublevado en el Frente Norte entre marzo y septiembre de 1937.
  • Las elecciones de febrero significaron un √©xito amargo para las derechas: pese a su √©xito en la regi√≥n, el triunfo nacional del Frente Popular dej√≥ en manos de la izquierda los √≥rganos de poder provincial y municipal. La frustraci√≥n radicaliz√≥ las posiciones conservadoras, beneficiando a la Falange que, aunque marginal, inici√≥ una campa√Īa de desestabilizaci√≥n en los meses posteriores a los comicios.
  • La pasividad de las fuerzas de la derecha ante la preparaci√≥n del golpe, confiando en el peso de la mayor√≠a conservadora de la regi√≥n y delegando la iniciativa en los militares. Imprevisi√≥n agravada por la existencia de varias tramas golpistas no coordinadas, tambi√©n en el seno del ej√©rcito (s√≥lo en Santander hubo cierta conexi√≥n). Los militares implicados, adem√°s, no contactaron ni con la polic√≠a ni con la Guardia Civil. En ese sentido, Guardias de Asalto y Carabineros permanecieron leales a la legalidad, mientras que la Benem√©rita aguard√≥ como espectador pasivo, a la espera de la evoluci√≥n de los hechos.
  • El asesinato de Luciano Malumbres, director del diario izquierdista La Regi√≥n, tiroteado el 3 de junio por un falangista, conmocion√≥ a la ciudad, extendiendo la confusi√≥n y el miedo. La represi√≥n policial encarcel√≥ u oblig√≥ a los falangistas a esconderse, impidi√©ndoles una m√°s activa actuaci√≥n el 18 de julio.
  • Las vacilaciones del coronel Jos√© P√©rez y Garc√≠a Arg√ľelles, Gobernador Militar al frente del Regimiento n¬ļ 23, acuartelado en la Calle Alta. Pese a su proximidad a los golpistas y a las reuniones con falangistas en los d√≠as previos, su indecisi√≥n durante las primeras horas, la confusi√≥n de las informaciones y la en√©rgica respuesta obrera (rodearon el cuartel y filtraron la informaci√≥n, interceptando el tel√©grafo) m√°s la presencia en la bah√≠a del buque Jaime I lograron que no se alzara. De hecho, entreg√≥ el mando del cuartel gracias a una treta de Juan Ruiz Olazar√°n, quien fabric√≥ una orden del Ministerio de Guerra. Arg√ľelles fue encarcelado, pero, parad√≥jicamente, fueron los franquistas quienes lo fusilaron por su actuaci√≥n en los d√≠as del golpe.
  • La r√°pida reacci√≥n de la izquierda, que moviliz√≥ de inmediato sus recursos, incluso por encima de la legalidad republicana, sustituyendo la inoperancia del Gobernador Civil, Enrique Balmaseda V√©lez. Rese√Īable fue la actuaci√≥n del presidente de la Diputaci√≥n Provincial, Ruiz Olazar√°n, quien encabez√≥ las fuerzas del Frente Popular, la FOM-UGT y la CNT coordin√°ndolas en una direcci√≥n hacia un objetivo: frustrar el golpe en Cantabria. De hecho, Olazar√°n (nombrado Gobernador Civil) form√≥ un acertado triunvirato director junto a los diputados nacionales Bruno Alonso y Ram√≥n Ruiz Rebollo.
  • La lealtad a la legalidad y la decisi√≥n en su defensa del coronel Jos√© Garc√≠a Vayas, quien junto a civiles frentepopulistas frustr√≥ la trama golpista en el destacamento militar de Santo√Īa, controlando la mayor fuerza armada de la provincia y poniendo a disposici√≥n de las milicias su arsenal. Se traslad√≥ a Santander y env√≠o tropas para controlar los pasos de monta√Īa de la provincia. En la capital recibi√≥ el mando del Regimiento 23.
  • En las √°reas rurales, punto d√©bil de la izquierda, se organizaron milicias que conformaron Comit√©s Locales del Frente Popular. As√≠ pudieron lograr el control de Torrelavega (tras la rendici√≥n de la Guardia Civil), tomar Potes o, tras una aut√©ntica tragedia, Reinosa.

Restitución del orden. Autonomía de facto

Abortada la rebelión las fuerzas del Frente Popular se centraron en la reconstrucción del orden, la centralización del poder (fracturado por la virtual independencia de los Comités Locales) y la detención de los actos incontrolados (muchos asesinatos se produjeron al albur del derrumbe de la legalidad: unos 800 muertos y 343 desaparecidos), mediante la designación de un Comité de Guerra (julio de 1936). Con el nombramiento de Juan Ruiz Olazarán como Gobernador Civil (agosto de 1936) se busca la reconstitución de la autoridad y la legalidad, focalizando las funciones militares en una Comisaría de Defensa (septiembre de 1936) dirigida por Bruno Alonso. El mando del II Cuerpo, como parte integrante del Ejército del Norte, se encarga a García Vayas. En febrero de 1937 la Junta de Defensa de Santander es sustituida por un Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos, aunque sólo la primera permanece íntegramente en territorio republicano.

La constitución ex novo de estos organismos (a los que la legislación central se adaptará a posteriori), el aislamiento de la cornisa cantábrica respecto al grueso del territorio republicano y la escasa coordinación de las tres provincias crearon en Cantabria una virtual situación de autogobierno, lo que influyó en una valoración positiva del autonomismo (cuestión, no obstante, que republicanos y socialistas aplazaron hasta la finalización de la guerra). Se produjo, sin embargo, una paulatina restitución de las instituciones republicanas, lo que en la práctica generó un sistema mixto de poder.

Aunque el objetivo principal estuvo claro desde el principio: limitar los impulsos revolucionarios y reconstituir el poder central para lograr ganar la guerra, ello no evitó divisiones y luchas de poder entre los diferentes grupos políticos y sindicatos. La marcha del conflicto derivó además en el incremento de las detenciones políticas (en total 4.500 encarcelados). Respecto a la prensa, la dirección de los periódicos fue asignada a comités obreros.

Las consecuencias del golpe y el estado de guerra tambi√©n descoyuntaron la econom√≠a regional, afectada por la huida de directores, gerentes y administradores, por la carencia de materias primas (a causa del aislamiento por tierra y el bloqueo mar√≠timo) y por la necesidad de imponer el racionamiento; lo cual se agravar√≠a con la llegada de refugiados de otras provincias. El establecimiento de una econom√≠a de guerra oblig√≥ a una intervenci√≥n directa de las autoridades p√ļblicas en el sistema productivo.

El gobierno cántabro fue desde un principio consciente de constituir la pieza más frágil del bloque republicano del norte, por el menor desarrollo económico de la región respecto a los vecinos asturianos y vizcaínos, y por la hostilidad de una extensa población conservadora. Los cántabros, por tanto, serán los más interesados en respetar la autoridad del Gobierno central republicano y por coordinarse con las otras dos provincias, buscando el apoyo, en un difícil equilibrio, de la revolucionaria Asturias y de la autonomista y conservadora Vizcaya. Nunca se logró una auténtica coordinación, y en la práctica las tres provincias actuaron como tres bloques autónomos.

Desde Cantabria se lanzaron varias ofensivas militares: contra Burgos en diciembre del 36; sobre el Páramo de Lora para cortar las comunicaciones entre Burgos y el frente de Vizcaya en febrero del 37… Santander, además, hubo de soportar sucesivas incursiones aéreas, con bombardeos indiscriminados sobre la población (lo que redundó en represalias como la del buque-prisión Alfonso Pérez), pero el grueso de la contienda en el norte de la Península se produjo durante el verano de 1937.

La caída del frente norte

Artículo principal: Batalla de Santander
El Penal de El Dueso, en Santo√Īa, donde fueron recluidas las tropas republicanas vascas.

La Campa√Īa del Norte, emprendida por las tropas nacionales y desarrollada entre abril y noviembre de 1937, acab√≥ con el √°rea del Cant√°brico controlada por los republicanos. En Cantabria las operaciones tuvieron lugar entre agosto y septiembre, tras la conquista de Vizcaya por las tropas franquistas (lo que provoc√≥ la ingente afluencia de refugiados vascos, agravando la dif√≠cil situaci√≥n de la provincia).

El 6 de agosto se constituía la Junta Delegada del Gobierno en el Norte, presidida por el General Mariano Gamir Ulibarri, integrada por los gobiernos de Euskadi, Asturias y Cantabria y encargada de coordinar la defensa frente a la ofensiva franquista. Para tal misión contaba con cuatro cuerpos de ejército: el XIV (vasco), el XV (cántabro) y los XVI y XVII (asturianos).

Frente a ellos el General Dávila dirigía 6 brigadas navarras y 2 castellanas, más 3 divisiones y 1 brigada del cuerpo expedicionario italiano. La ofensiva se articuló mediante dos líneas de avance:

  • Una, desde Palencia y Burgos, embols√≥ la zona del Alto Ebro atacando simult√°neamente desde el noroeste y el noreste, tomando Reinosa y ascendiendo hacia Santander a trav√©s de los valles del Saja, Pas y Besaya, apoder√°ndose de Torrelavega.

El 24 de agosto las tropas vascas vinculadas al PNV firmaban la rendici√≥n con los mandos italianos (Pacto de Santo√Īa). El 25 capitulaba Santander, donde penetraban las fuerzas italianas en la madrugada del 26. El 1 de septiembre el ej√©rcito franquista alcanzaba el l√≠mite con Asturias. Finalmente el 17 de Septiembre las tropas franquistas entran en Tresviso.

Las causas de la derrota republicana fueron varias:

  • La superioridad militar franquista, especialmente en artiller√≠a y aviaci√≥n (proporcionadas por alemanes e italianos) y el apoyo del acorazado Espa√Īa.
  • La escasez de mandos militares en el ej√©rcito republicano.
  • La desmoralizaci√≥n provocada por el avance enemigo y la llegada de numerosos refugiados.
  • La falta de provisiones y alimentos.
  • El aislamiento respecto del resto del territorio republicano, agravado por el bloqueo naval.

Franquismo

Artículo principal: Franquismo en Cantabria

Ocupada la regi√≥n, las fuerzas nacionales llevaron a cabo una dur√≠sima represi√≥n (se calculan unos 2.500 muertos, 1.300 de ellos ejecutados por consejos de guerra y el resto por descontrolados, adem√°s de un ingente n√ļmero de encarcelados y exiliados), borrando todo rastro de tradici√≥n liberal, republicana o socialista a trav√©s de la eliminaci√≥n f√≠sica de los cuadros humanos y el expolio de todos los bienes muebles e inmuebles de sus organizaciones.

En el contexto de fortísimo centralismo territorial del régimen las tímidas reivindicaciones autonomistas de preguerra fueron completamente abortadas, consolidándose el Gobernador civil (histórico y alargado brazo del Gobierno central) como la máxima autoridad política y administrativa.

Entre 1937 y 1975 la historia de Cantabria bajo la dictadura franquista atraviesa, a grandes rasgos, tres grandes fases:

  • La larga posguerra, durante los a√Īos 40, caracterizada por el retroceso econ√≥mico, la represi√≥n pol√≠tica, el estancamiento demogr√°fico y el marasmo cultural
  • La recuperaci√≥n del crecimiento durante los a√Īos 50, con la plena expansi√≥n del modelo industrial consolidado en Cantabria antes de la guerra, en el contexto de fuerte intervencionismo econ√≥mico de la Autarqu√≠a.
  • El lento pero imparable declive econ√≥mico de la regi√≥n a partir de 1960, provocado por la incapacidad competitiva del modelo industrial en el contexto liberalizador de los gobiernos tecn√≥cratas, que marginaron a la provincia en favor de otras en sus planes de desarrollo, bas√°ndose en el desarrollismo. Decadencia que desembocar√° abruptamente en la crisis econ√≥mica de los 70, obligando en Cantabria a una dur√≠sima reconversi√≥n.

En 1963 el presidente de la Diputación Provincial, Pedro Escalante y Huidobro, propuso recuperar el nombre de Cantabria para la Provincia de Santander, en base a un erudito informe redactado por el cronista Tomás Maza Solano. A pesar de las gestiones realizadas y del voto afirmativo de los ayuntamientos, la petición no prosperó, sobre todo por la oposición de nuevo del Ayuntamiento de Santander.

Transición a la democracia

Antigua sede del Gobierno de Cantabria

El proceso de transici√≥n pol√≠tica iniciado en Espa√Īa tras la muerte de Francisco Franco en 1975 va a abrir la puerta el establecimiento en Cantabria de una Comunidad Aut√≥noma uniprovincial, emanada de la Constituci√≥n de 1978 y aprobaba el 30 de diciembre de 1981. Un estatus, el auton√≥mico, desconocido hasta el momento por la vieja Monta√Īa, y constituido en el marco de referencia insoslayable para la historia del tiempo presente de la regi√≥n. Su implantaci√≥n, consolidaci√≥n y funcionamiento normalizado no van a ser f√°ciles, abri√©ndose a partir de 1982 un largo, inestable y conflictivo per√≠odo pol√≠tico prolongado hasta mediados de los a√Īos 1990, enmarcado en la dur√≠sima coyuntura socio-econ√≥mica de la crisis de los a√Īos 80 y la rigurosa reconversi√≥n industrial que afect√≥ a la joven Autonom√≠a.

La larga dictadura franquista había legado una herencia envenenada a la provincia que iniciaba tan trascendental singladura política (el establecimiento de un novedoso marco de autogobierno): crisis económica y desindustrialización, desestructuración social, carencia de un sólido tejido político democrático, cultura y hábitos marcados por cuatro décadas de autoritarismo y la falta de un definido sentimiento de identidad compartida. El resultado será la fuerte inestabilidad de las nuevas instituciones implantadas con la autonomía y, en consecuencia, el desapego de la ciudadanía cántabra respecto a ellas, hasta que la estabilización y la normalización experimentadas desde 1995 posibiliten la cristalización de un sentimiento favorable al autonomismo.

La econom√≠a c√°ntabra, en lenta desaceleraci√≥n desde 1960, entra en barrena a partir de 1973, iniciando un proceso de desindustrializaci√≥n prolongado hasta los a√Īos 90. La descomposici√≥n del r√©gimen y su virtual par√°lisis impidieron afrontar las causas de la crisis hasta el restablecimiento de la democracia. As√≠, el proceso auton√≥mico, primero, y la Comunidad Aut√≥noma a partir de 1982 tuvieron que bragar con un brutal proceso de destrucci√≥n de tejido industrial y de reducci√≥n del sector primario (pesca y ganader√≠a, acelerado desde la incorporaci√≥n a la CEE en 1986), acompa√Īado del consiguiente incremento del desempleo, que abrieron la puerta a la terciarizaci√≥n socio-econ√≥mica de la regi√≥n, redirigidos sus esfuerzos hacia los servicios y la oferta tur√≠stica.

La implantaci√≥n y puesta en marcha de la autonom√≠a, adem√°s, va a coincidir con un abrupto momento de transformaci√≥n de la sociedad c√°ntabra, completando en el √ļltimo tercio del siglo XX el largo proceso de √©xodo rural, concentraci√≥n de la poblaci√≥n en la costa y n√ļcleos importantes y expansi√≥n de las pautas culturales urbanas. El nuevo marco de autogobierno y la puesta en marcha de los mecanismos pol√≠ticos democr√°ticos deber√°n realizarse en medio de una coyuntura de mutaci√≥n social.

La nueva estructura de partidos, por tanto, hubo de fundamentarse sobre un suelo social inestable, desencantado y escéptico respecto a las nuevas instituciones y a los sujetos políticos. El retroceso de la clase obrera, el crecimiento de sectores profesionales vinculados al terciario, el incremento del trabajador por cuenta propia y la extensión de nuevos rentistas (jubilados anticipados, desempleados con subsidios) derivaron en una base social más conservadora, conformista y políticamente apática. Carencia de dinamismo social que se sumará a la falta de un proyecto sólido articulador de la política regional, no ajena a la persistencia de una deficiente integración territorial de la región que alimentaba la continuidad de hábitos heredados: localismo, caciquismo, clientelismo…

A partir de 1982 la evolución institucional y política de la Comunidad Autónoma atravesará dos fases diferenciadas:

  • Hasta 1995 una situaci√≥n de permanente inestabilidad definida como de Crisis Institucionalizada, marcada por escisiones, transfugismo, gobiernos aislados, personalizaci√≥n de los enfrentamientos pol√≠ticos, mociones de censura, esc√°ndalos, corrupci√≥n y judicializaci√≥n de la pol√≠tica, que alcanz√≥ su cenit durante los gobiernos de Juan Hormaechea (1987-1995). Durante esta fase la anomia social aliment√≥ la falta de estabilidad pol√≠tico-institucional, pero la carencia de una direcci√≥n pol√≠tica s√≥lida impidi√≥ la resoluci√≥n efectiva de los males que aquejaban al tejido socio-econ√≥mico c√°ntabro.
  • A partir de la segunda mitad de los a√Īos 1990, tras tocar fondo la recesi√≥n y culminado lo m√°s duro de la reconversi√≥n, se abre un per√≠odo de normalizaci√≥n y estabilizaci√≥n para la din√°mica institucional y las relaciones pol√≠ticas, encarnadas en la estabilidad de los diferentes gobiernos de coalici√≥n (PP-PRC a partir de 1995, y PSOE-PRC desde 2003), y en la mejora de la valoraci√≥n de las instituciones auton√≥micas por parte de la poblaci√≥n.

El proceso autonómico

El 30 de diciembre de 1981 concluyó el proceso iniciado en abril de 1979. Otros 85 ayuntamientos de la región y la Diputación Provincial se sumaron en los meses siguientes a la propuesta aprobada por el Ayuntamiento de Cabezón de la Sal. Cantabria basó su autonomía en el precepto constitucional que abría la vía del autogobierno a las "provincias con entidad regional histórica".

La Asamblea Mixta, integrada por los diputados provinciales y los parlamentarios nacionales, inici√≥ el 10 de septiembre de 1979 los trabajos para la redacci√≥n del Estatuto de Autonom√≠a. Tras la aprobaci√≥n de √©ste por las Cortes Generales, el 15 de diciembre de 1981, el Rey de Espa√Īa firm√≥ la correspondiente Ley Org√°nica del Estatuto de Autonom√≠a para Cantabria el 30 de diciembre de ese mismo a√Īo. De esta forma, la provincia de Santander se desvincul√≥ de su hist√≥rica pertenencia a Castilla y sali√≥ del r√©gimen preauton√≥mico de Castilla y Le√≥n en el que se encontraba junto con las provincias de √Āvila, Burgos, Le√≥n, Logro√Īo, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora.

El 20 de febrero de 1982 se constituyó con carácter provisional la primera Asamblea Regional provisional (hoy Parlamento). A partir de entonces el nombre de Provincia de Santander fue sustituido por el de Cantabria, recuperando así su nombre histórico. Las primeras elecciones autonómicas se celebraron en mayo de 1983.

En el transcurso de la IV Legislatura (1995-1999) entró en vigor la primera gran reforma del Estatuto de Autonomía para Cantabria, consensuada por todos los grupos parlamentarios.


Véase también

Notas y referencias

  1. ‚ÜĎ Dado que el mineral de bronce escasea en Cantabria, esto hace pensar que durante este periodo las relaciones comerciales con otros territorios debieron ser comunes.
  2. ‚ÜĎ Plinio se referir√≠a a ella en otra ocasi√≥n como oppidum (Plinio, III, 21).
  3. ‚ÜĎ Desde el norte hasta la costa y hacia el sur hasta los hitos terminales de la Legio IIII Macedonica, que al ser enviada por Cal√≠gula en el a√Īo 39 ddC a defender la limes germ√°nica dar√≠a como origen a la ciudad de Pisoraca (Herrera de Pisuerga).
  4. ‚ÜĎ Plinio. III, 27
  5. ‚ÜĎ Claudio Ptolomeo. III, 6, 50
  6. ‚ÜĎ Las auxilia generalmente combat√≠an utilizando armamento y t√©cnicas que les eran propias de su pa√≠s, aunque el cuadro de mandos de la unidades militares correspond√≠a siempre a personal romano.
  7. ‚ÜĎ La Notitia Dignitatum recoge el traslado de la Cohors I Celtiberorum, unos 500 soldados por aquel entonces, de Brigantia (La Coru√Īa) a Juli√≥briga.
  8. ‚ÜĎ Se emplearon no solo restos de antiguos edificios sino tambi√©n l√°pidas sepulcrales.
  9. ‚ÜĎ Durante las Guerras C√°ntabras ya ser√≠a este un lugar que jugar√≠a un importante papel en la contienda entre c√°ntabros y romanos al librarse a los pies de esta ciudad fortificada una enorme batalla.
  10. ‚ÜĎ Esta situaci√≥n de temor es com√ļn al noroeste de Hispania. As√≠, en Le√≥n, el campamento de la Legio VII Gemina, se edificaron tambi√©n apresuradamente murallas, encontr√°ndose losas sepulcrales, prueba de la dif√≠cil situaci√≥n por la que atravesaba.
  11. ‚ÜĎ
    Ad sedes propias redeuntes, Cantabriarum et Vardaliarum loca maritima crudelissime deproedatio sunt
    Fontes Hispaniae Antiquae, IX, p. 74
  12. ‚ÜĎ Joaqu√≠n Gonz√°lez Echegaray y Mateo Escagedo Salm√≥n consideran que el lat√≠n no se generaliz√≥ en Cantabria hasta despu√©s de la invasi√≥n √°rabe.
  13. ‚ÜĎ San Braulio. Vita S. Aemil., (II) 9: ¬ęeodem igitur anno, quadragesimae diebus ruelatur ei etiam excidium Cantabriae; unde nuncio misso iubet ad diem festum paschae senatum eius praesto esse ( ...) Aat ille denuntiat ei rem per semetipsum experiri, quod post probauit euentus nam gladio uindice Leuuegildi est interemtus¬Ľ
  14. ‚ÜĎ San Isidoro de Sevilla. Etim.., VIII, 2, 113
  15. ‚ÜĎ Fregedario et alii, Chron., IV.33: ¬ęProvinciam Cantabriam Gothorum regno subaegit, quam aliquando Franci possederant; dux Francio nomen qui Cantabriam in tempore Francorum egerat, tributa Francorum regibus multo tempore impleverat¬Ľ
  16. ‚ÜĎ Diversos autores se√Īalan que la consideraci√≥n los datos aportados por la biograf√≠a del santo debe ser prudente ya que son poco expl√≠citos dado que no se√Īalan si esa Cantabria se refiere a una regi√≥n, comarca o simplemente una ciudad. Parece ser que toda esta cadena monta√Īosa era denominada Sierra de Tolo√Īo hasta finales del siglo XVIII, cuando algunos pasaron a llamarla Sierra de Cantabria al ubicar la ciudad de Cantabria, mencionada en la biograf√≠a de San Mill√°n, en esa zona.[1]
  17. ‚ÜĎ Formado a partir del condado de Castilla en el siglo IX
  18. ‚ÜĎ Aunque otras veces se llama con este nombre √ļnicamente al municipio de Castro-Urdiales.
  19. ‚ÜĎ En la girola de la catedral de Santander se conserva una pila de agua con una inscripci√≥n en √°rabe en caracteres c√ļficos que tradicionalmente se ha considerado como un trofeo de la toma de la ciudad. [2].
  20. ‚ÜĎ C√°diz se repobl√≥ con cuatrocientas familias de hidalgos procedentes de Castro-Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera.
  21. ‚ÜĎ Tambi√©n fueron comunes nombres como Pe√Īas al Mar, Monta√Īas Bajas de Burgos o Monta√Īas de Santander.
  22. ‚ÜĎ Gran enciclopedia de Cantabria. P√°g. 220. (Tomo V) ISBN 84-86420-04-0
  23. ‚ÜĎ Enrique Fl√≥rez. La Cantabria. Disertaci√≥n sobre el sitio y extensi√≥n que tuvo en tiempos de los romanos la regi√≥n de los c√°ntabros, con noticia de las regiones cofinantes y de varias poblaciones antiguas. Madrid. 1768
  24. ‚ÜĎ El comercio lanero pr√°cticamente desaparece de Santander, anta√Īo principal muelle de Castilla para este producto, as√≠ como del resto de puertos c√°ntabros.
  25. ‚ÜĎ En este a√Īo se abre el camino carretero de Reinosa que comunicaba la villa con la Meseta, facilitando la exportaci√≥n e importaci√≥n de mercanc√≠as a trav√©s de su puerto.
  26. ‚ÜĎ Este per√≠odo de la historia c√°ntabra ha sido estudiado y documentado por Jos√© Sim√≥n Cabarga en sus obras ¬ęSantander en la Guerra de la Independencia¬Ľ y ¬ęSantander en el siglo de los pronunciamientos y las guerras civiles¬Ľ,

Bibliografía

  • Ansola, √ć., Revuelta, √Ā. y Seti√©n, A.: Operaci√≥n Koala: Historia de Cantabria en c√≥mic, Santander, 2005.
  • Gonz√°lez Echegaray, Joaqu√≠n. Editorial Estudio. ed. Los C√°ntabros (Tercera edici√≥n edici√≥n). Santander. pp. 277. ISBN 84-87934-23-4. 
  • Joaqu√≠n Gonz√°lez Echegaray (1999). ¬ęLas Guerras C√°ntabras en las fuentes¬Ľ (en espa√Īol). Consultado el 25-07-2008.
  • VV.AA.: Gran Enciclopedia de Cantabria. Santander: Cantabria, 1985 (8 tomos) y 2002 (tomos 9, 10 y 11). ISBN 84-86420-00-8
  • VV.AA.: Cantabria 1898-1998. Un siglo de im√°genes. Santander: Caja Cantabria, 1999.
  • VV.AA.: El perfil de la Monta√Īa: econom√≠a, sociedad y pol√≠tica en la Cantabria contempor√°nea, Santander, 1993.
  • VV.AA.: De la Monta√Īa a Cantabria: la construcci√≥n de una Comunidad Aut√≥noma, Santander, 1995.
  • VV.AA.: Cantabria: de la Prehistoria al tiempo presente, Santander, 2001.
  • VV.AA.: Historia de Cantabria, Santander, 2007.

Wikimedia foundation. 2010.

Mira otros diccionarios:

  • Cantabria romana ‚ÄĒ Saltar a navegaci√≥n, b√ļsqueda Desarrollada la conquista romana del territorio c√°ntabro entre los a√Īos 29 a. C. y 19 a. C., los enfrentamientos mantenidos por Roma contra los diversos pueblos del Norte hispano (c√°ntabros y… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Cantabria TV ‚ÄĒ Nombre p√ļblico Cantabria TV Eslogan Cantabria Televisi√≥n, contigo Tipo de canal Privada Programaci√≥n Regional Propietario Servicios Televisivos C√°ntabros de Informaci√≥n, S. A. (Setecisa) Pa√≠s ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Cantabria ‚ÄĒ Para otros usos de este t√©rmino, v√©ase Cantabria (desambiguaci√≥n). Cantabria Comunidad aut√≥noma de ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia de la configuraci√≥n territorial de Cantabria ‚ÄĒ La comunidad aut√≥noma de Cantabria en el conjunto de Espa√Īa. Cantabria es un territorio hist√≥rico[1] cuyas primeras referencias nos llegan desde los romanos. En las edades del Bronce y del Hierro los ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del Real Racing Club de Santander ‚ÄĒ Contenido 1 Historia 1.1 Inicios 1.2 La Liga 1.3 Descensos y etapa gris del club 1.4 Re ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia de Santander ‚ÄĒ Santander vista por Joris Hoefnagel a finales del siglo XVI. Este grabado es la imagen m√°s antigua existente de la ciudad. Se sabe que Hoefnagel no estuvo en la por entonces villa y que lo hizo a partir de otras fuentes para su obra Civilates… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia de Santo√Īa ‚ÄĒ La historia de Santo√Īa solo se puede explicar en base a sus condiciones geogr√°ficas, situada al pie del monte Buciero y rodeada, casi en su totalidad, por el Mar Cant√°brico. As√≠, el refugio que proporcionaba el monte atrajo a los primeros… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Cantabria (vapor) ‚ÄĒ Para otros usos de este t√©rmino, v√©ase SS Cantabria (desambiguaci√≥n). Cantabria Banderas ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del nombre de Cantabria ‚ÄĒ Existen desacuerdos sobre la neutralidad en el punto de vista de la versi√≥n actual de este art√≠culo o secci√≥n. En la p√°gina de discusi√≥n puedes consultar el debate al respecto ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia de Laredo (Cantabria) ‚ÄĒ Laredo es un municipio espa√Īol de la parte oriental de la comunidad aut√≥noma de Cantabria, situado junto al mar Cant√°brico. Es la cabeza comarcal del Bajo As√≥n, y como tal presta servicios a sus municipios adyacentes. A lo largo de su extensa… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol


Compartir el artículo y extractos

Link directo
… Do a right-click on the link above
and select ‚ÄúCopy Link‚ÄĚ

We are using cookies for the best presentation of our site. Continuing to use this site, you agree with this.