Historia de Córcega

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Historia de Córcega
La bandera de Córcega, símbolo de su independencia nacional.

Contenido

Condicionamiento físico de la Historia de Córcega

En la historia de C√≥rcega geograf√≠a y orograf√≠a han ejercido una mayor influencia que cualquier otra. La gran isla mediterr√°nea es una aut√©ntica "monta√Īa en medio del mar", dado que est√° atravesada, desde el noroeste hasta el sudeste, por un imponente sistema de cadenas monta√Īosas cuyas cimas superan a menudo los 2.500 metros. La c√ļspide de esas monta√Īas son los 2.706 metros del Monte Cinto, cuya cumbre, a menudo nevada incluso en verano, se encuentra s√≥lo a 28 km del mar a poniente, ilustrando as√≠ de modo bastante claro el desarrollo vertical m√°s que horizontal de este territorio.

Este sistema monta√Īoso siempre ha dividido C√≥rcega en dos partes: la del Nordeste (hoy Haute-Corse), llamada hist√≥ricamente Parte de dentro, De las monta√Īas ac√° o Cismonte (con referencia a Italia), y la del Sudoeste (hoy Corse-du-Sud), llamada Parte de fuera, De las monta√Īas all√° o Pumonte.

Los pasos que cruzan las monta√Īas (muchos de los cuales se encuentran a m√°s de 1.000 metros de altura) quedaban bloqueados durante semanas enteras por las nevadas, por lo que constitu√≠an junto a las monta√Īas m√°s una barrera que un verdadero v√≠nculo entre las dos subregiones. Los valles escarpados, a menudo sin comunicaci√≥n entre s√≠ incluso en el √°mbito de la misma Parte, trazan una especie de tela de ara√Īa con compartimentos estancos en el interior de C√≥rcega.

Si por una parte estas características del terreno han hecho que el trabajo de los invasores fuera largo y difícil, haciendo que su penetración se hiciera lenta y habituando a los corsos a practicar la guerra de guerrillas de modo habitual durante siglos, por otra parte han contribuido de modo decisivo a mantener siempre relativamente baja la densidad de población y a separar a los corsos entre sí.

La vertiente que mira hacia Italia ha tenido siempre una mayor influencia de los habitantes de la Pen√≠nsula, tanto en el terreno pol√≠tico-social como en el ling√ľ√≠stico, mientras la parte suroccidental ha mantenido una mayor originalidad (aunque tambi√©n ha gozado de un menor progreso pol√≠tico, por lo menos hasta la invasi√≥n francesa). El hecho de que la poblaci√≥n se estableciera en los valles monta√Īosos (todas las grandes ciudades al borde del mar fueron fundadas o desarrolladas por los invasores) gener√≥ y difundi√≥ por todas partes una tendencia al particularismo, que se empujaba a veces hasta que desembocaba en una especie de anarquismo que tuvo consecuencias dram√°ticas, la m√°s dram√°tica de todas la difusi√≥n y consolidaci√≥n, durante siglos, de la plaga de la venganza (vendetta) como sistema sumar√≠simo de justicia, y del fen√≥meno muy difundido del bandolerismo.

Vista desde el sat√©lite de C√≥rcega que muestra su relieve monta√Īoso. Al fondo el Archipi√©lago Toscano y el Argentario.

La gran divisi√≥n orogr√°fica longitudinal y las transversales (menores, pero a veces no menos importantes), m√°s marcadas en la zona suroccidental, han acabado por crear en la isla fronteras ideol√≥gicas, sociales, ling√ľ√≠sticas y pol√≠ticas. Estas fronteras, filtradas por la historia, se han traducido en las subdivisiones administrativas, que, con muy pocas variaciones, han permanecido inamovibles hasta nuestros d√≠as.

La insularidad de C√≥rcega y sus notables dimensiones (casi 8.800 km¬≤), a pesar de que no le sirven para poder asegurar un desarrollo realmente aut√≥nomo, han constituido sin embargo la premisa necesaria para conferir a su turbulenta historia una originalidad notable (y a hacer de los corsos m√°s fieros monta√Īeses que marineros) a la vez que han garantizado el nacimiento y crecimiento, hasta nuestros d√≠as, de un fuerte sentimiento nacional y de un tenaz deseo de independencia.

Situada en una posición estratégica en el Mediterráneo occidental, Córcega, por otra parte, suscitó el interés de diversos pueblos que, uno tras otro, se encontraban frente a ella en ese mar ya sea como comerciantes o como conquistadores.

Fenicios, griegos, romanos, v√°ndalos, bizantinos, Pisanos, aragoneses, genoveses y, por √ļltimo, Franceses (que con el Tratado de Versalles de 1768 de hecho obligaron a la Rep√ļblica de G√©nova a ceder la isla, e inmediatamente despu√©s la invadieron), se adue√Īaron de C√≥rcega en el transcurso de m√°s de dos milenios, dejando a su poblaci√≥n muy breves periodos de autonom√≠a e independencia.

Los primeros habitantes

Como consecuencia de las glaciaciones el nivel medio del Mediterr√°neo descendi√≥ y de ese modo se crearon diversos puentes naturales que permitieron el paso de la fauna (y quiz√°s del hombre) desde la parte continental italiana al archipi√©lago sardo-corso, pasando por las islas del Archipi√©lago Toscano y atravesando como mucho una estrecha franja mar√≠tima. Hace unos 12 o 14.000 a√Īos, el clima empez√≥ la evoluci√≥n que lo llev√≥ hacia su forma actual, y C√≥rcega tom√≥ su actual aspecto insular. Destacan alrededor del 9000 a. C. (Romanelliano) los primeros yacimientos paleol√≠ticos de piedra tallada y los esbozos escult√≥ricos que se han hallado hasta hoy en C√≥rcega, en la regi√≥n de Porto-Vecchio. Un esqueleto femenino (la dama de Bonifacio) datado del VII milenio a. C. se encontr√≥ cerca de la ciudad del mismo nombre. El Neol√≠tico, representado en C√≥rcega tambi√©n con restos de obsidiana importados, termina alrededor del 1800 a. C.

Menhires alineados en el recinto megalítico de Palaghju cerca de Sartena.

En este periodo se desarrolla una civilización megalítica de relieve que deja en la isla dólmenes (cerca de Cauria y Pagliagio), menhires y la mayor concentración de las características estatuas-menhir del Mediterráneo, concentradas sobre todo en el Sur, en el yacimiento arqueológico de Filitosa, pero que también se pueden hallar en el Norte, cerca de San Fiorenzo. El yacimiento de Filitosa se halla en las cercanías de Sollacaro, en el lugar en el que desemboca al mar el valle del Taravo).

Tambi√©n en el sur se desarrolla, con el advenimiento de la Edad del Bronce, la civilizaci√≥n Torreana, relacionada con la nur√°gica de la vecina Cerde√Īa. De esta cultura quedan hoy numerosas torres con estructura similar a la de los nuragas sardos, aunque menos imponentes. Por la naturaleza de los hallazgos, su √©poca y su localizaci√≥n, se tiende a suponer que dicha civilizaci√≥n podr√≠a ser una extensi√≥n de la que se estaba desarrollando en Cerde√Īa. Mejor organizados y armados, los Torreanos (que algunos identifican con el antiguo pueblo del mar de los Shardana) colocaron mejor sus megalitos y los distribuyeron hacia el centro y el norte de la isla. El mismo recinto de Filitosa presenta las trazas de la destrucci√≥n violenta al anterior asentamiento y la superposici√≥n del torreano.

Hacia la Edad del Hierro parece producirse una progresiva fusi√≥n entre los herederos de ambas civilizaciones: toma as√≠ forma el pueblo que los Griegos llamar√°n őöŠĹĀŌĀŌÖőĻőŅőĻ, corsos. Es significativo el hallazgo de algunas inscripciones Fenicias que datan del Siglo IX a. C. y que citan al pueblo del mar denominado KRSYM, establecido en Kition (Chipre). En la graf√≠a sin vocales que usaban los fenicios y otros pueblos semitas, KRSYM podr√≠a representar KoRSos (ya que -im es el fonema marcador de las formas plurales). Los KRSYM fueron bastante importantes, hasta el punto de que los Fenicios necesitaron instituir una figura llamada MLS HKRSYM, es decir, el int√©rprete de los Korsos.

Invasiones de la época clásica

En este periodo cada nuevo invasor expulsa al anterior. Ocupan la isla en r√°pida sucesi√≥n Iberos, Ligures, Fenicios y Griegos, mientras los ind√≠genas se refugian en las monta√Īas.

Iniciada en la isla alrededor del Siglo VIII a. C., la Edad del Hierro termina con la entrada de C√≥rcega en la Historia cuando colonos griegos de Focea fundan la colonia de Alalia 565 a. C., cerca del lugar en el que hoy est√° la ciudad de Aleria. Los griegos llaman a la isla Cyrnos.

Pero tampoco los griegos resisten mucho tiempo: en 535 a. C. son expulsados por una coalici√≥n entre etruscos y cartagineses. Pero los griegos de Siracusa siguen visitando regularmente la isla y en el Siglo V a. C., fundan Portus Syracusanus (Porto Vecchio) que tambi√©n caer√° en manos de los cartagineses en el Siglo IV a. C.).

Siete siglos de Córcega romana

Lucio Cornelio Escipi√≥n ocupa C√≥rcega en 259 a. C., durante la Primera Guerra P√ļnica, empezando de ese modo una dominaci√≥n ininterrumpida que durar√° unos siete siglos. Despu√©s de una serie de diversos acontecimientos, los Romanos tratan de ocupar Cerde√Īa partiendo de C√≥rcega y luego se vuelven a enfrentar con los corsos. La expulsi√≥n definitiva de las √ļltimas fuerzas p√ļnicas termina en 227 a. C. En un principio los romanos se limitan a controlar la isla sin iniciar propiamente una verdadera colonizaci√≥n.

Mario funda la ciudad de Mariana (Colonia Mariana a Caio Mario deducta, situada cerca de la actual comuna de Lucciana) hacia la desembocadura del Golo en el 105 a. C. A partir de ese momento empieza propiamente la aut√©ntica colonizaci√≥n y en la isla florecen las villas r√ļsticas y suburbanas, pueblos y asentamientos de todo tipo, incluyendo las termas de Orezza y Guagno.

En 81 a. C. los legionarios de Sila encuentran en C√≥rcega un lugar para obtener las asignaciones de tierras, ahora cerca de Aleria, seguidos por los veteranos de Julio C√©sar. La dominaci√≥n romana se desarrolla sin incidentes de relieve y, de modo an√°logo a los que sucede en otrasprovincias (C√≥rcega est√° asociada administrativamente a Cerde√Īa con la reforma de Octavio Augusto de 4 a. C.), los Romanos se ganan el respeto y la colaboraci√≥n de los dirigentes ind√≠genas (empezando por los Venacinos, tribu local del Capo corso), reconoci√©ndoles funciones de gobierno local y aportando riqueza con el aprovechamiento de las tierras en las colinas y a lo largo de las costas.

Cerca de Aleria y Mariana se instalan bases secundarias de la flota imperial de Miseno. Los marineros corsos enrolados cerca de los puertos de la isla formarán parte de los primeros que obtengan la ciudadanía romana (en tiempos de Vespasiano en 75).

En 44 a. C. Diodoro S√≠culo visita C√≥rcega y se da cuenta de que los corsos observan entre s√≠ reglas de justicia y de humanidad m√°s evolucionadas que las de otros pueblos b√°rbaros, eval√ļa su n√ļmero en unos 30.000 y explica que se dedican al pastoreo y que marcan los reba√Īos dejados sueltos en los pastos. La tradici√≥n de la propiedad com√ļn de las tierras comunales no se erradicar√° totalmente hasta la segunda mitad del Siglo XIX.

S√©neca pasa diez a√Īos exiliado en C√≥rcega a partir del 41. A pesar de las continuas relaciones con Italia y quiz√°s por su naturaleza agreste, la isla se convierte en lugar habitual de exilio y refugio de cristianos, que probablemente difunden la nueva fe.

En √©poca Antonina se perfeccionan las v√≠as de comunicaci√≥n interna (via Aleria-Aiacium y, en la costa Este, Aleria-Mantinum ‚ÄĒluego Bastia‚ÄĒ en el Norte y Aleria-Marianum ‚ÄĒluego Bonifacio‚ÄĒ en el Sur): la isla est√° casi totalmente latinizada, salvo algunos enclaves en la monta√Īa.

Parece aceptado que la isla fue colonizada por los romanos sobre todo mediante la distribuci√≥n de tierras a veteranos originarios del sur de Italia (o a soldados originarios de los mismos estratos sociales y √©tnicos a los que se les asignaron tierras sobre todo en Sicilia), lo que podr√≠a explicar algunas afinidades ling√ľ√≠sticas que todav√≠a hoy se pueden encontrar entre el corso meridional y los dialectos siculo-calabreses. Seg√ļn otras hip√≥tesis, m√°s recientes, las influencias ling√ľ√≠sticas podr√≠an deberse a las posteriores migraciones, consecuencia de la llegada de pr√≥fugos de √Āfrica entre los siglos VII y VIII. La misma oleada migratoria afect√≥ tambi√©n a Sicilia y a Calabria.

En 150 el geógrafo Ptolomeo en su obra cartográfica presenta una descripción más bien detallada de la Córcega prerromana, hablando de los 8 principales ríos, entre los que estaban el Govola-Golo y el Rhotamus-Tavignano, 32 centros habitados y puertos, entre ellos Centurinon (Centuri), Canelate (Punta de Canela), Clunion (Meria), Marianon (Bonifacio), Portus Syracusanus (Porto-Vecchio), Alista (Santa Lucia di Porto Vecchio), Philonios (Favone), Mariana, Aleria, y 12 tribus autóctonas (en griego, latín y su localización):

  • Kerouinoi (Cervinos, Bala√Īa);
  • Tarabenoi (Tarabenos, Cinarca);
  • Titianoi (Titianos, Valinco);
  • Belatonoi (Belatones, Sartinese);
  • Ouanakinoi (Venacinos, Capo Corso);
  • Kilebensioi (Cilebenses, Nebbio);
  • Likninoi (Licininos, Niolo);
  • Opinoi (Opinos, Castagniccia, Bozio);
  • Simbroi (Sumbros, Venaco);
  • Koumanesoi (Cumaneses, Fiumorbo);
  • Soubasanoi (Subasanes, Carbini y Livia);
  • Makrinoi (Macrinos, Casinca).

Santa Devota (m√°rtir, alrededor de 202 en las persecuciones de Septimio Severo, o de 304, persecuci√≥n de Diocleciano) es, junto a Santa Julia, una de las primeras santas corsas de las que se tiene noticia. Seg√ļn reza la leyenda, el barco que transportaba el f√©retro hacia √Āfrica fue lanzado por una tempestad sobre el litoral monegasco. Por eso pas√≥ a ser la patrona del Principado de M√≥naco y de la familia Grimaldi.

Santa Julia (mártir durante las persecuciones de Decio de 250, o las de Diocleciano), es patrona de Córcega y de Brescia, ciudad en la que reposan sus reliquias tras haber sido llevada allí por Ansa, esposa del rey longobardo Desiderio en 762. Santa Julia también es patrona de Livorno, lugar en el que los restos de la santa se habrían detenido en su viaje desde Córcega.

A estas mártires hay que unir muchos más, entre los que quizás se encuentre el primer obispo de Córcega, San Parteo. Tras el Edicto de Milán de Constantino I el Grande y la instauración de la libertad religiosa, Córcega, ya muy romanizada y cristianizada, se ve asociada a la diócesis de Roma. El primer obispo corso del que se tiene información segura fue Catonus Corsicanus, que participó en el Concilio de Arles convocado por Constantino I.

Como en otros lugares de occidente la organizaci√≥n romana en C√≥rcega cae con la invasi√≥n de los v√°ndalos que en el Siglo V, procedentes de √Āfrica, invaden incluso la propia ciudad de Roma. Aleria es saqueada y, abandonada, acaba en ruinas. Mariana ser√° en cambio durante mucho tiempo sede episcopal tambi√©n en la Edad Media.

La Alta Edad Media

Berengario se somete a Otón el Grande.

Durante las convulsiones que acompa√Īaron el final del Imperio romano de Occidente, C√≥rcega fue terreno de disputa entre las tribus de v√°ndalos y godos aliados a los √ļltimos emperadores, hasta que Genserico asumi√≥ el control total en 469. Durante los 65 a√Īos de su dominaci√≥n los V√°ndalos aprovechan el patrimonio forestal de la isla como astillero, gracias a la cual consiguen una flota que aterroriza todo el Mediterr√°neo occidental.

El poder V√°ndalo en √Āfrica acaba con Belisario, a la vez que su general Cirilo conquista C√≥rcega en 534, que de ese modo acaba unida al Exarcado de √Āfrica y, como tal, unida al Imperio romano de Oriente. Seg√ļn Procopio, historiador del emperador de oriente Justiniano I, en C√≥rcega quedan menos de 30.000 habitantes.

En los periodos siguientes, godos y longobardos unos tras otros toman al asalto y saquean la isla, dejada indefensa por los Bizantinos, que (a despecho de las oraciones del Papa San Gregorio Magno y despu√©s de haberla empobrecido a su vez por una excesiva carga fiscal) no la protegen adecuadamente. Por otra parte, los propios Bizantinos se encuentran implicados en √Āfrica por la invasi√≥n √°rabe, en 713, √©stos llevan a cabo sus primeras incursiones contra C√≥rcega, desde sus nuevas bases norteafricanas.

En esta época hay que destacar el inicio de un notable proceso de despoblamiento de la isla y la formación, cerca de Roma, de una colonia corsa en Porto (Ostia), en la que al parecer más adelante nació el Papa Formoso (891-896).

C√≥rcega permanece nominalmente unida al Imperio Romano de Oriente hasta que en 774, Carlomagno derrota a los Longobardos en Italia y conquista la isla, que de ese modo pasa a pertenecer a la jurisdicci√≥n de los francos. Pero ya en 806 las incursiones de los moros, esta vez viniendo de la Pen√≠nsula Ib√©rica se recrudecen; a pesar de haber sido derrotados varias veces por los lugartenientes del emperador Carlomagno, los moros consiguen retomar brevemente el control de la isla en 810. Por √ļltimo, expulsados de la isla por una expedici√≥n liderada por el hijo del emperador, los moros siguen sin darse por vencidos y seguir√°n hostigando C√≥rcega con sus incursiones.

Tratando de acabar con ese estado de cosas, en 828 se encomienda la defensa de la isla a Bonifacio II, conde de la Marca de Toscana, que dirigir√° una expedici√≥n punitiva victoriosa directamente contra los puertos norteafricanos desde los que parten las incursiones √°rabes contra las costas del Tirreno. A su regreso Bonifacio construye una fortaleza cerca de la punta Sur de C√≥rcega, fundando de ese modo el n√ļcleo fortificado de la ciudad de (Bonifacio), frente al Estrecho de Bonifacio que separa C√≥rcega de Cerde√Īa, y dejando as√≠ su nombre en los top√≥nimos correspondientes.

La guerra contra los sarracenos, que desde hace alg√ļn tiempo hab√≠an reanudado sus ataques, continu√≥ con el hijo de Bonifacio, Adalberto, que hered√≥ el cargo en 846. Sin embargo, los sarracenos siguieron dominando algunas bases en la isla hasta 930.

C√≥rcega, que durante ese tiempo se encontraba unida al reino de Berengario II, rey de Italia, pasa a ser refugio de su hijo Adalberto en 962, despu√©s de que Berengario fuera destronado por Ot√≥n I el Grande. Adalberto consigui√≥ mantener el control de C√≥rcega y pas√≥ el control a su hijo del mismo nombre Adalberto, que fue despu√©s derrotado por las fuerzas de Ot√≥n II. Esto determin√≥, pues, el paso de la isla a la Marca de Toscana, y el √ļltimo Adalberto s√≥lo fue responsable de la isla de C√≥rcega.

Tierra de Comunas y Tierra de los Se√Īores

En esta √©poca es necesario destacar la implantaci√≥n de la anarqu√≠a feudal que vio como estallaban luchas entre peque√Īos se√Īores locales ansiosos por extender sus peque√Īos dominios. Entre estos destacan los condes de Cinarca, que se consideran descendientes directos de Adalberto y tratan de extender su dominio a toda la isla. Esa pretensi√≥n se encuentra con notables obst√°culos y origina desencuentros que se prolongar√°n a lo largo de siglos: par contrarrestar las tenaces ambiciones de los feudatarios, a√ļn en el Siglo XIV Sambucuccio de Alando se sit√ļa a la cabeza de una especie de Dieta que se opone a sus pretensiones, relegando a los se√Īores a la parte suroeste de la isla. Esta parte de la isla adoptar√° el nombre de "Tierra de los Se√Īores" (Pomonte), mientras en la parte restante de la isla se afianza definitivamente un r√©gimen que une entre s√≠ a comunas aut√≥nomas (siguiendo el modelo an√°logo desarrollado en Italia desde el Siglo XI). Ese territorio adoptar√° el nombre de "Tierra de Comunas" (Cismonte).

La divisi√≥n acabar√° durando mucho tiempo (hasta el Siglo XVIII) y es la raz√≥n principal de las diferencias en el desarrollo social, econ√≥mico y hasta ling√ľ√≠stico entre las dos partes de la isla, con el norte m√°s unido a Italia y con un idioma cada vez m√°s influido por el toscano.

Desde el punto de vista organizativo, en la Tierra de Comunas, cada uno de los principales municipios o comunas estaba a la cabeza de una Pieve (parroquia principal de la zona) y nombraba (mediante sufragio universal que inclu√≠a a las mujeres) un n√ļmero variable de representantes llamados "Padres de la Comuna", responsables de la administraci√≥n de justicia y de la elecci√≥n de su presidente, llamado podest√°, que coordinaba la operaci√≥n. Los podest√°s de varias Pieves, a su vez, eleg√≠an a los miembros de un Consejo Superior, llamado "Consejo de los Doce", responsable de las leyes y reglamentos que regulaban la Tierra de Comunas. Los "Padres de la Comuna", adem√°s, eleg√≠an por cada Pieve un "Caporal", un magistrado responsable de la protecci√≥n y de la salvaguardia de las capas m√°s pobres de la poblaci√≥n. Este Caporal se encargaba de garantizar que los m√°s desfavorecidos no sufrieran abusos y que tuvieran asegurada la justicia.

Muchas de las tierras de esta regi√≥n se consideraban propiedad com√ļn de los colectivos comunales. La abolici√≥n total de las propiedades comunes, que se inici√≥ en la segunda mitad del Siglo XIX por parte de los franceses, tuvo consecuencias muy graves para la econom√≠a corsa.

En Cinarca (Tierra de los Se√Īores) los barones feudales manten√≠an sus prerrogativas, al igual que los que controlaban Capo Corso, y juntos constitu√≠an una amenaza al sistema en vigor en la "Tierra de Comunas".

Para poder hacer frente a esa amenaza, en 1020 los magistrados de esta √ļltima solicitaron la intervenci√≥n de Guglielmo Marchese di Massa (de la familia m√°s tarde conocida como Malaspina), qui√©n al llegar a la isla, consigui√≥ someter a los barones del Conde de Cinarca y estableci√≥ un protectorado en C√≥rcega del que se ocup√≥ √©l mismo, y que transmiti√≥ despu√©s a su hijo.

Hacia finales del Siglo XI, sin embargo, el Papado cuestion√≥, bas√°ndose en documentos falsificados (una presunta donaci√≥n de Carlomagno, que como mucho hab√≠a establecido una reversi√≥n de su dominio en favor de la Santa Sede), la soberan√≠a sobre C√≥rcega. Esta reivindicaci√≥n tuvo un amplio respaldo en el interior de la propia isla, empezando por sus cl√©rigos, y en 1077 los corsos se declararon s√ļbditos de Roma.

El dominio pisano

Torre del campanario de estilo románico-pisano de la iglesia más antigua de Bonifacio, Santa María la Mayor (Siglo XII).

El gran Papa Gregorio VII (1073-1085), en plena querella de las Investiduras con el emperador Enrique IV, no asumi√≥ directamente el control de la isla, pero se lo confi√≥ al obispo de Pisa, Landolfo, al que invisti√≥ con el cargo de legado pontificio para C√≥rcega. Despu√©s de ese acontecimiento, el titular de la c√°tedra arzobispal pisana pas√≥ a ser tambi√©n Primado de C√≥rcega (y de Cerde√Īa), cargo que siguen ostentando a nivel honor√≠fico hasta nuestros d√≠as. Catorce a√Īos despu√©s, el Papa Urbano II (1088-1099), a instancias de la condesa Matilde de Canossa, confirm√≥ las concesiones de su predecesor mediante la bula Nos igitur. El t√≠tulo de legado pontificio pas√≥ entonces a Daiberto, establecido en la c√°tedra de Landolfo. La asignaci√≥n como sufrag√°neos del obispado corso hizo que el obispo de Pisa asumiese el t√≠tulo de arzobispo.

Pisa, con su puerto, manten√≠a desde la √©poca romana estrechos v√≠nculos con la isla, extendiendo a la vez que su propia potencia como Rep√ļblica mar√≠tima crec√≠a su influencia pol√≠tica, cultural y econ√≥mica.

A la administraci√≥n episcopal sigui√≥ inevitablemente la presencia de la autoridad pol√≠tica de los Jueces (magistrados administrativos) de la Rep√ļblica toscana, que pretend√≠a en breve espacio de tiempo hacer resurgir C√≥rcega y marcarla profundamente, incluso despu√©s de la sensible p√©rdida de control de la isla que sigui√≥ a la desastrosa derrota sufrida por los pisanos a manos de los genoveses, en la batalla de Meloria (1284).

A pesar de lo que a√ļn hoy en d√≠a se juzga generalmente como buen gobierno de la Rep√ļblica de Pisa, no faltaron en C√≥rcega motivos de descontento. Parte del clero y de los obispos de la isla ve√≠a con malos ojos la sumisi√≥n al arzobispo de Pisa, a la vez que la creciente potencia de la Rep√ļblica de G√©nova, tradicional rival de la de Pisa y consciente del valor estrat√©gico de C√≥rcega, un√≠a a las quejas de los corsos ante la corte papal de Roma sus propias intrigas para conseguir una modificaci√≥n de la asignaci√≥n de la isla en su propio provecho.

Así, tras un periodo durante el cual el papado no adoptó una posición clara y coherente, en 1138 el Papa Inocencio II (1130-1143) estableció una solución de compromiso, y dividió la jurisdicción eclesiástica de la isla entre los arzobispos de Pisa y de Génova, firmando así el inicio de la influencia ligur en Córcega, que se concretó más en 1195 con la ocupación genovesa del importante puerto y fortaleza de Bonifacio.

Los pisanos durante veinte a√Īos trataron de retomar la ciudad sin conseguirlo, hasta que en 1217 el Papa Honorio III (1216-1227), que intervino como mediador, tom√≥ formalmente el control de la plaza. Sin embargo la mediaci√≥n papal no sirvi√≥ para que la lucha entre Pisa y G√©nova cesara. Adem√°s su influencia hizo que repercutiera en la isla durante todo el Siglo XIII la lucha entre g√ľelfos y gibelinos que se estaba desarrollando en toda Italia.

En el ámbito de esta lucha (y siguiendo un esquema que ya se había producido y que se repetiría más adelante muchas veces favoreciendo las dominaciones), los notables de la Tierra de Comunas invocaron la intervención del marqués Isnardo Malaspina. Los pisanos reaccionaron instaurando un nuevo conde de Cinarca, y la guerra invadió la isla sin que ni el partido genovés ni el pisano consiguieran imponerse de modo claro hasta que la batalla de Meloria 1284 inclinó definitivamente la balanza en favor de Génova que, a partir de ese momento, extendió de modo progresivo su influencia en Córcega.

La herencia de Pisa

El recuerdo de la influencia pisana ha permanecido en la toponimia, que se desarrolla a partir de este periodo, y en la onom√°stica (siguen estando en C√≥rcega muy difundidos apellidos de origen toscano), en el idioma local (de tipo toscano fundamentalmente en la regi√≥n de Bastia y de Capo Corso) y en algunos de los m√°s notables ejemplos de arquitectura rom√°nica que han permanecido en la isla, testimonio tambi√©n del deseo de edificar (iglesias y edificios p√ļblicos: en todas las catedrales de Nebbio, Mariana, San Michele de Murato, San Giovanni de Carbini, Santa Mar√≠a la Mayor de Bonifacio, San Nicol√°s de Pieve) y de construir infraestructuras (carreteras, puentes, fortalezas y torres).

Pero incluso despu√©s del comienzo del dominio genov√©s, Pisa mantuvo intensas relaciones con C√≥rcega, como queda demostrado en el abundante corpus documental relativo a C√≥rcega que se encuentra a√ļn hoy en d√≠a en la Curia de Pisa, en la que durante mucho tiempo hubo anexo un colegio para seminaristas corsos.

Poco mencionado, aunque significativo, es el hecho de que el Nielluccio, uno de los vi√Īedos m√°s difundidos en la isla (similar al Sangiovese de Toscana) y base del vino corso Patrimonio, fuera llevado a C√≥rcega por los pisanos en el Siglo XII.

A partir del dominio pisano, y en los siglos siguientes, hasta el XX, nunca deja de haber relaciones culturales entre la isla y Pisa y la Toscana, como se puede ver también en la penetración de elementos claramente toscanos e incluso de fragmentos enteros de la Divina Comedia de Dante en el rico repertorio de proverbios y canciones polifónicas tradicionales (paghjelle) de la isla.

Durante esa época gana prestigio en Córcega también el toscano vulgar, que pasa a convertirse en la lengua oficial. Pisa será también la primera de las sedes universitarias (a la que seguirán Roma y Nápoles) a las que acudirán estudiantes corsos: por esa razón se convertirá en proverbio de la isla decir que habla en crusca a aquellos que utilizaban para hablar un perfecto italiano: esta costumbre seguirá hasta avanzado el Siglo XIX. Estudiaron en Pisa Carlos y José Bonaparte, Antonmarchi (médico de Napoleón en Santa Elena), el poeta Salvatore Viale, el higienista Pietrasanta, médico de Napoleón III y en algunos casos como el de Angeli, Farinola, Pozzo di Borgo y otros a formar parte del cuerpo docente y rector de la Universidad de Pisa.

El paréntesis Catalano-aragonés y la penetración genovesa

El 12 de junio de 1295, para complicar a√ļn m√°s la situaci√≥n en C√≥rcega, tras la derrota de los pisanos en la batalla de Meloria que hac√≠a que √©stos perdieran el control de la isla, intervino el Papa Bonifacio VIII (1294-1303), invistiendo al rey Jaime II de Arag√≥n (implicado en la lucha por la Reconquista) como soberano del nuevo reino de Cerde√Īa y C√≥rcega (Tratado de Anagni).

Sin embargo los catalanes - aragoneses no se decidieron a atacar Cerde√Īa hasta 1324, acabando as√≠ con cualquier deseo que pudieran albergar a√ļn los pisanos en cuanto a controlar el norte de Cerde√Īa y C√≥rcega.

Durante ese tiempo C√≥rcega sigui√≥ viviendo en una situaci√≥n de independencia hasta 1347, √©poca en la que se convoc√≥ una gran asamblea de Caporales y Barones que, guiados por Sambucuccio de Alando, decidieron ponerse bajo la protecci√≥n de G√©nova y ofrecer a la Rep√ļblica Ligur la total soberan√≠a sobre la isla, que se ejercer√≠a mediante un gobernador. Seg√ļn constaba en dicha oferta, C√≥rcega pagar√≠a de modo regular tributo a G√©nova, que a su vez se encargar√≠a de proteger la isla de los repetidos ataques de los piratas berberiscos (que proseguir√°n de modo discontinuo hasta el Siglo XVIII), y garantizar√≠a el mantenimiento de las leyes corsas y de sus estructuras y costumbres de autogobierno local, que estaban reguladas por el Consejo de los Doce en el Cismonte, y por el Consejo de los Seis en el Pumonte. Los intereses isle√Īos se representar√≠an en G√©nova mediante un "Oratore".

En esa época toda Europa estaba viéndose afectada por el azote de la peste negra, que también llegó a Córcega y causó numerosas víctimas en el mismo momento en que se afirmaba la supremacía genovesa. El acuerdo entre Caporales y Barones pronto resultó violado y tanto unos como los otros mantuvieron pugnas que afectaban la instauración eficaz del dominio genovés en Córcega. En esta situación el rey Pedro III de Aragón reclamó sus derechos de soberanía sobre la isla.

Con este estado de cosas aparece en escena el Bar√≥n Arrigo della Rocca, Conde de Cinarca, quien con el apoyo de las tropas aragonesas en 1372 asume el total control de la isla, dejando √ļnicamente el extremo norte y unas pocas plazas mar√≠timas fortificadas bajo control genov√©s. Su victoria empuj√≥ a los Barones de Capo Corso a pedir de nuevo auxilio a G√©nova, que pens√≥ que el tema se solucionar√≠a creando con el gobernador de la isla una especie de compa√Ī√≠a comercial que se llam√≥ "Maona", formada por cinco personas y que trat√≥ de sobornar a Arrigo para que se volviera contra los aragoneses, aunque sin resultados satisfactorios.

La Maona era un consorcio de comerciantes (a veces de carácter familiar) que utilizó a menudo Génova, especialmente entre los siglos XIII y XV, con funciones de gobierno también en las colonias orientales. Entre las primeras Maonas hay que mencionar la de la isla de Quíos, en el Egeo, instituida en 1347, entre cuyos miembros se originó la famosa familia noble genovesa de los Giustiniani.

Al proseguir las tensiones, en 1380, cuatro de los cinco miembros de la Maona dimitieron ante G√©nova de sus cargos, dejando √ļnicamente a Leonello Lomellino para que ejerciera funciones de gobernador en solitario. En ese tiempo, Lomellino fund√≥, en 1383, la ciudad de Bastia, destinada a convertirse en el n√ļcleo m√°s importante de la dominaci√≥n genovesa y capital de la isla (hasta que dichas funciones pasaron a Ajaccio, tras la invasi√≥n francesa del Siglo XVIII).

Pero no fue hasta 1401, tras la muerte de Arrigo, cuando la autoridad genovesa se restableci√≥ formalmente en toda la isla, a pesar de que la misma G√©nova en ese tiempo ca√≠a en manos de los franceses: entre 1396 y 1409, de hecho, Carlos VI de Francia fue se√Īor de G√©nova, ciudad que gestion√≥ mediante el gobernador Jean Le Meingre se√Īor de Boucicault. Bajo su gobierno en 1407 se fund√≥ el Banco de San Giorgio, un potente consorcio de prestamistas privados a los que se confiar√° pasado el tiempo la administraci√≥n de los ingresos del Estado y el gobierno de numerosas tierras y colonias, entre ellas C√≥rcega.

As√≠ pues, Lomellino fue reenviado a C√≥rcega en 1407 como gobernador a cuenta de Carlos VI de Francia y tuvo que enfrentarse a Vincentello d'Istria quien, tras obtener privilegios del Casal de Barcelona, se hab√≠a declarado mientras tanto Se√Īor de Cinarca y hab√≠a agrupado en torno a s√≠ toda la Tierra de Comunas -incluida Bastia-, y se hab√≠a proclamado Conde de C√≥rcega desde 1405. Los esfuerzos de Lomellino no tuvieron √©xito alguno y en 1410 G√©nova (que hab√≠a recuperado su independencia) s√≥lo controlaba en la isla las plazas fortificadas de Bonifacio y Calvi.

Una vez más, una revuelta interna acabó con la virtual independencia de Córcega: la revuelta de un feudatario y del obispo de Mariana hizo que Vincentello perdiera el control de la Tierra de Comunas y, mientras acudía a Aragón para solicitar ayuda, los genoveses pudieron completar rápidamente la reconquista de toda la isla.

Sin embargo, el complejo juego de alianzas y enemistades locales no permiti√≥ que dicha reconquista fuese duradera. Lo que volvi√≥ a encrespar los √°nimos fue el Cisma de Occidente y la lucha por la investidura papal que se produce alrededor del √ļltimo antipapa avi√Īon√©s, Benedicto XIII, apoyado por los obispos corsos favorables a G√©nova por una parte, y la del antipapa Juan XXIII, apoyado por los partidarios de Pisa.

Vincentello, que hab√≠a conseguido desembarcar en la isla dirigiendo una fuerza miliar catalana, no encontr√≥ grandes obst√°culos y se aprovech√≥ de las rivalidades cruzadas para asumir f√°cilmente el control de la Cinarca y de Ajaccio. Tras aliarse con los obispos pro-pisanos, ampli√≥ su influencia a la Tierra de Comunas y construy√≥ el castillo de Corte: en 1419 la influencia genovesa en la isla se hab√≠a vuelto a quedar reducida a los n√ļcleos de Calvi y Bonifacio, mientras Vincentello, con el t√≠tulo de Virrey de C√≥rcega, establec√≠a a partir de 1420 la sede de su gobierno en Biguglia.

En estas circusntancias, Alfonso IV de Arag√≥n se present√≥ con una gran flota en el mar corso, con el objetivo de tomar posesi√≥n personalmente de la isla para anexionarla al Reino de Cerde√Īa y C√≥rcega. Tras la ca√≠da de Calvi, ciudad que siempre tuvo gran influencia genovesa, sigui√≥ resistiendo animada por las intrigas de los partidarios de la Rep√ļblica de G√©nova.

Durante ese per√≠odo, la resistencia de Bonifacio hizo que los sitiadores para que acabaran con el bloqueo de la ciudad que, una vez obtuvo la confirmaci√≥n de sus privilegios, se convirti√≥ de hecho en una especie de microrrep√ļblica independiente bajo protecci√≥n de los genoveses. Poco despu√©s, el descontento debido a unos elevados impuestos hizo que estallara una revuelta general contra Vincentello, quien, en un intento de dirigirse a Sicilia, result√≥ prisionero en un golpe de mano en el puerto de Bastia y, conducido a G√©nova como rebelde y traidor, fue decapitado el 27 de abril de 1434.

La lucha entre las facciones pro-genovesas y pro-catalanas prosiguió en la isla, y el Dogo genovés Giano di Campofregoso recuperó el control de Córcega, apoyándose en la mayor capacidad artillera (1441). Con motivo de dicha reconquista se funda y fortifica la ciudad de San Fiorenzo (1440).

La reacción aragonesa llevó la lucha a su punto culminante. En 1444 desembarcó en la isla un ejército pontificio compuesto por 14.000 hombres, enviada por el papa Eugenio IV. Este ejército, sin embargo, fue derrotado por las milicias corsas controladas por Rinuccio da Leca, encabezando una liga que reunía a casi todos los Caporales y Barones locales. Sin embargo, una segunda expedición obtuvo la victoria y el propio Rinuccio murió en batalla en el frente de Biguglia.

El se√Īor√≠o del Banco de San Giorgio y de G√©nova

1447 puede considerarse un a√Īo crucial para el control genov√©s de C√≥rcega. En este a√Īo accede a la silla papal Nicol√°s V, natural de Sarzana, en la regi√≥n ligur, y por esa raz√≥n muy unido a la Rep√ļblica de G√©nova. Era un hombre en√©rgico y culto, y uno de los introductores en Roma del esp√≠ritu del Renacimiento. De modo inmediato hizo valer los derechos papales sobre la isla (cuyas principales plazas estaban bajo control de las tropas pontificias) y los cedi√≥ a G√©nova.

De ese modo se pas√≥ a un periodo en el que la isla pasa a estar controlada ampliamente por la Rep√ļblica genovesa exceptuando Cinarca, bajo control nominal de los aragoneses mediante el dominio m√°s concreto de los Se√Īores locales, y de la Tierra de Comunas, que mediante una asamblea de sus jefes, en 1453 decide ofrecer el gobierno de toda la isla al Banco de San Giorgio, la potente compa√Ī√≠a comercial y financiera establecida en G√©nova en 1407, que lo acepta.

Una vez expulsados los catalanes de la isla (de cuyo paso por C√≥rcega quedar√° el emblema de la Cabeza Mora, desarrollado tras la Reconquista), el Banco de San Giorgio empez√≥ una aut√©ntica guerra de exterminio contra los Barones isle√Īos, cuya resistencia organizada termina en 1460, cuando los cabecillas son detenidos y desterrados a Toscana. A√ļn tendr√≠an que transcurrir dos a√Īos de luchas para conseguir someter por completo la isla, hasta 1462, en que el capit√°n genov√©s Tommasino da Campofregoso, de madre corsa, hizo valer con √©xito sus derechos familiares para reafirmar el control total de la Rep√ļblica tambi√©n en el interior de la isla.

S√≥lo dos a√Īos despu√©s, en 1464, G√©nova, y con √©sta C√≥rcega, cae en manos de Francesco I Sforza, duque de Mil√°n. A su muerte, en 1466, la autoridad milanesa en la isla se desvaneci√≥ por las habituales turbulencias internas y, una vez m√°s, tan s√≥lo las ciudades costeras permanecieron de modo efectivo bajo la tutela de las potencias continentales. En 1484 Tommasino da Campofregoso convenci√≥ a los duques Sforza para que le confiaran el gobierno de la isla, consiguiendo el control de las fortalezas. En ese tiempo consigue consolidar el poder interno, ali√°ndose con Gian Paolo da Leca, el m√°s poderoso de los Barones isle√Īos.

Tres a√Īos despu√©s la situaci√≥n se volv√≠a a mover. Un descendiente de los Malaspina, que ya hab√≠an tenido relaci√≥n con C√≥rcega en el Siglo XI, Jacopo IV de Appiano, pr√≠ncipe de Piombino, fue llamado para que interviniese en favor de aquellos que se opon√≠an a Tommasino, y as√≠ el hermano del pr√≠ncipe, Gherardo conde de Montagnano, se proclam√≥ conde de C√≥rcega y, tras desembarcar en la isla, se apoder√≥ de Biguglia y de San Fiorenzo. M√°s que oponerse a Gherardo, Tommasino restituy√≥ discretamente las prerrogativas en favor del Banco de San Giorgio, que durante ese tiempo refund√≥ y fortific√≥ Ajaccio (1492) cerca del lugar de la antigua Aiacium romana. La decisi√≥n de Tommasino fue criticada por otros miembros de su familia y por Gian Paolo da Leca, con raz√≥n, puesto que en cuanto el banco termin√≥ con Gherardo, apunt√≥ sus armas contra los belicosos barones corsos, a los que no consigui√≥ someter hasta 1511, y esto tras larga y sangrienta lucha.

Durante su gobierno, el Banco de San Giorgio demostr√≥ escasa visi√≥n y perspicacia pol√≠tica, optando por una b√ļsqueda del beneficio m√°s inmediato en lugar de buscar una estrategia de integraci√≥n, e instaurando de ese modo un r√©gimen colonial sobre C√≥rcega.

Se foment√≥ el desarrollo de los bosques, pero los principales beneficios eran para el Banco, que impon√≠a a la isla unas tasas de tal magnitud que de hecho imped√≠a cualquier posibilidad de desarrollo local. A lo largo de todas las costas de la isla se reconstruyeron y en gran parte se construyeron ex novo torres de vigilancia y defensa (muchas de ellas a√ļn subsisten hoy en d√≠a) para disponer de un sistema de alerta contra las incursiones de los piratas berberiscos, unido a las patrullas mar√≠timas. A pesar de que no se eliminar√° del todo (permanecer√° hasta el Siglo XVIII), esta plaga se control√≥, aunque m√°s para proteger los intereses econ√≥micos coloniales que para brindar protecci√≥n a la poblaci√≥n corsa, que seguir√° sufriendo las sangrientas incursiones de los piratas, virtualmente impunes cuando actuaban en las zonas de costa que el banco consideraba sin inter√©s estrat√©gico y econ√≥mico.

En gran parte, las instituciones locales (entre las que se distinguía por su realmente avanzado concepto político la organización de la Tierra de Comunas) fueron abolidas o vaciadas de contenido y competencias concretas. Los notables corsos ni siquiera pudieron gozar por completo de los derechos de ciudadanía, sin hablar de acceder a la oligarquía republicana genovesa, que por definición les estaba cerrada.

Los intentos de rebeli√≥n fueron generalmente reprimidos con gran dureza, utilizando con frecuencia el recurso a la pena de muerte; o alternativamente aplicando el principio de "divide y vencer√°s", manej√≥ h√°bilmente (incit√°ndolas cuando era necesario) querellas locales o inicios de guerra civil, utilizando esos desencuentros para debilitar las fuerzas y la moral de los se√Īores de la isla y por tanto a vacunarse contra alianzas que pudieran dar lugar a un levantamiento general. Se desarroll√≥ la cultura de la vendetta y del bandolerismo, que lejos de desaparecer se afianzaron. Todo esto mientras en Europa, y especialmente en la vecina Italia peninsular, florec√≠a el Renacimiento.

A las desgracias políticas se unieron epidemias de peste y el encarecimiento del coste de la vida que sirvieron para que el proceso de empobrecimiento y embrutecimiento de la isla, además de exacerbar el odio de los corsos hacia el dominio genovés.

Inicio de la penetración francesa en Córcega

Durante la primera mitad del siglo XVI Francia, que se estaba desarrollando como estado y potencia europea, empieza a colocar sus peones en el Mediterráneo por lo que manifiesta interés por Córcega e Italia. En este marco, Enrique II de Francia concibe un proyecto para apoderarse de la isla, aprovechándose de la torpeza de la política de los genoveses y el resentimiento de los corsos enrolados en los ejércitos franceses como mercenarios.

La primera conquista francesa y Sampiero Corso

Tras firmar en 1553 un tratado de cooperaci√≥n con el sult√°n otomano Solim√°n el Magn√≠fico, el rey de Francia se garantiz√≥ no s√≥lo la neutralidad, sino tambi√©n la colaboraci√≥n de la flota turca en el Mediterr√°neo. S√≥lo 18 a√Īos despu√©s, en 1571, el avance turco hacia Europa se detendr√° en la batalla de Lepanto con una flota multinacional, aunque dirigida principalmente por Espa√Īa y Venecia, y en la que Francia no participa.

Poco después de la firma del tratado entre Francisco I de Francia y Solimán, la flota franco-turca se presentó ante las costas de la isla y la atacó, sitiando a la vez todas las fortalezas costeras. Bastia cayó casi sin luchar, mientras Bonifacio resistió mucho tiempo y sólo cedió ante la promesa a la guarnición de respetar la vida de los sitiados, promesa que los turcos incumplieron, ya que una vez la ciudadela se rindió toda la guarnición fue masacrada y la ciudad saqueada. Pronto cayó toda la isla, salvo Calvi que siguió resistiendo.

Preocupado por la acci√≥n francesa, que abr√≠a decididamente las puertas a los otomanos en pleno coraz√≥n del Mediterr√°neo occidental, intervino el rey de Espa√Īa y emperador de Alemania, Carlos V, que a su vez invadi√≥ la isla a la cabeza de sus tropas y las de G√©nova. En los a√Īos siguientes (los Turcos hab√≠an desembarcado brevemente s√≥lo en Bonifacio), alemanes, espa√Īoles, genoveses, franceses y corsos lucharon ferozmente por las fortalezas de la isla.

De ese modo se llega a 1556, fecha en la que se produce una tregua que dejaba moment√°neamente a Francia el control de toda la isla, salvo Bastia, que anteriormente hab√≠a vuelto a ser conquistada por genoveses y espa√Īoles. El gobierno franc√©s, m√°s moderado que el genov√©s, consigui√≥ simpat√≠as entre la poblaci√≥n, tambi√©n gracias a la acci√≥n de los corsos al servicio de Francia, entre los que estaba, con el grado de coronel, el mercenario Sampiero di Bastelica.

Sin embargo, en 1559, las conclusiones de la Paz de Cateau-Cambrésis dispusieron la restitución de Córcega al Banco de San Giorgio. Los responsables del banco procedieron inmediatamente a imponer duros impuestos para tratar de resarcirse de los gastos de guerra (impuestos que gran parte de los corsos se negaron o estuvieron en medida de pagar) y, violando el tratado, que preveía una amnistía general, procedieron a confiscar todos los bienes de Sampiero, de su esposa Vannina d'Ornano, y de otros corsos que habían servido al lado de Francia.

Sampiero, establecido en Provenza, no se dio por vencido y empez√≥ a trabajar para agrupar en torno a √©l una parte significativa de los notables de la isla enfrentados a G√©nova, mientras paralelamente buscaba apoyos para su proyecto de separar la isla de la Rep√ļblica de G√©nova. Se dirigi√≥ con ese objetivo a Catalina de M√©dicis, entonces reina regente de Francia tras la muerte de su marido durante los festejos de celebraci√≥n de la Paz de Cateau-Cambr√©sis. Sin embargo, Catalina se neg√≥ a apoyar a Sampiero, al no querer implicarse en una operaci√≥n que hubiese reabierto la larga guerra que acababa de terminar.

No tuvo m√°s suerte un intento en ese sentido con Cosme I de M√©dicis, que tambi√©n quer√≠a adue√Īarse de C√≥rcega, pero pretend√≠a hacerse con ella s√≥lo mediante tratados con las potencias europeas, puesto que sab√≠a que Toscana no estaba en condiciones de desafiar abiertamente a los genoveses.

Fracasado un posterior intento de conseguir el apoyo de los Farnesio de Parma, Sampiero, que hab√≠a conseguido credenciales diplom√°ticas francesas, consigui√≥ ir personalmente al Norte de √Āfrica y a Constantinopla para suplicar al Sult√°n que interviniese para convertir C√≥rcega en provincia otomana, lo que resulta significativo para entender hasta qu√© punto G√©nova se hab√≠a hecho odiosa entre los corsos agrupados alrededor del antiguo coronel de los franceses. La misi√≥n de Sampiero en Oriente termin√≥ de hecho en fracaso porque mientras tanto Cosme I, conocedor de los proyectos del corso para instalar a la potencia otomana justo frente a las costas toscanas, hab√≠a advertido de la iniciativa a los genoveses, cuyos embajadores se hab√≠an adelantado a Sampiero y convencido a los ministros turcos para que rechazaran la propuesta.

Mientras Sampiero estaba en Oriente, su mujer, Vannina d'Ornano, due√Īa de feudos confiscados por G√©nova, hab√≠a tratado de recuperarlos buscando personalmente un acuerdo con la Seren√≠sima Rep√ļblica de G√©nova. Al enterarse Sampiero de estas gestiones al regresar a Francia, no dud√≥ en reaccionar ante lo que consideraba una sangrienta traici√≥n, matando a un amigo corso que hab√≠a permanecido para cuidar a su esposa y estrangulando personalmente a su esposa y a las dos damas de compa√Ī√≠a que la cuidaban en su ausencia. Sampiero reivindic√≥ los homicidios como delito de honor burlando de este modo a la justicia francesa. Llevado por un gran entusiasmo y una buena dosis de desesperaci√≥n unida a sus vivencias personales, desembarc√≥ en julio de 1563 con un pu√Īado de seguidores en Propriano, en el golfo de Valinco, con el deseo de expulsar a los genoveses de la isla.

Mientras tanto los genoveses una vez conscientes (aunque tarde) del nefasto papel pol√≠tico desempe√Īado por el Banco de San Giorgio en la administraci√≥n de C√≥rcega, hab√≠an decidido asumir el control directo a partir de 1562, instalando un gobernador en la isla.

En muy poco tiempo Sampiero consolid√≥ las alianzas locales, preparadas desde mucho tiempo antes, consolidando un ej√©rcito de 8.000 hombres, con el que llev√≥ a cabo una sangrienta serie de golpes de mano a los que el gobierno genov√©s se opuso tanto por las armas como azuzando las rivalidades entre los notables isle√Īos. Tras a√Īos de una guerra caracterizada por una extrema ferocidad por ambas partes, por matanzas, saqueos, incendios de cosechas y de poblaciones, los genoveses explotando el odio de los familiares de Vannina consiguieron reclutar entre ellos a unos sicarios que, en 1567 mataron a traici√≥n a Sampiero y llevaron su cabeza al gobernador de G√©nova. El presunto nombre del asesino de Sampiero, Vittolo pas√≥ as√≠ a convertirse en paradigma del traidor en la fantas√≠a corsa popular y a√ļn hoy guarda ese significado.

La lucha prosigui√≥ durante alg√ļn tiempo encabezada por un jovenc√≠simo hijo de Sampiero, Alfonso, pero los rebeldes corsos, sin el experto liderazgo de Sampiero y sin recursos militares, se desanimaron y buscaron la paz, a la que se lleg√≥ en 1569 con el pacto entre Alfonso y el genov√©s Giorgio Doria.

Un siglo y medio de pax genovesa

Puente genovés con tres arcos sobre el río Tavignano, cerca de Altiani, que sigue en servicio.

Se lleg√≥ tambi√©n al final de la guerra gracias a que, ya en los √ļltimos momentos de la lucha, la Rep√ļblica de G√©nova parec√≠a haber comprendido que la excesiva dureza mostrada en la administraci√≥n y en la explotaci√≥n de C√≥rcega incitaba a sus habitantes a rebelarse ante las miserias infligidas, y hab√≠a preparado una pol√≠tica m√°s moderada y equilibrada para recuperar el apoyo de la poblaci√≥n.

El dispositivo de paz preve√≠a una amnist√≠a y la liberaci√≥n de rehenes y prisioneros, la concesi√≥n a los corsos de libertad de movimiento de y hacia Italia y libertad para disponer directamente sus bienes, condonaci√≥n y pr√≥rroga fiscal de cinco a√Īos. Se ofreci√≥ a Alfonso la restituci√≥n de los feudos de Ornano que, confiscados, estaban en el origen de la tragedia familiar, siempre que √©l, junto a sus m√°s cercanos colaboradores, se exiliara, como hizo traslad√°ndose a Francia.

Con intención de pacificar la isla de modo duradero y reconocer, además de los derechos más básicos, elementos de autogobierno local significativos, en 1571 Génova (que se había vuelto a ocupar directamente de Córcega desde el final de la administración del Banco de San Giorgio en 1562) instituyó los Estatutos Civiles y Militares que, desde ese momento en adelante, regularían, al menos sobre el papel, el derecho y la administración en la isla.

Sucesivamente enmendados y ampliados, los Estatutos resultaron ser un buen instrumento institucional y, en las parte trasladadas a la Constitución paolina de 1755, seguirán parcialmente en vigor hasta la conquista francesa (1769).

Desde el punto de vista administrativo C√≥rcega pas√≥ a depender a partir de ese momento, de una especie de ministerio especial con sede en G√©nova, el Magistrado de C√≥rcega, que rend√≠a cuentas de sus actuaciones ante los m√°ximos √≥rganos de la Rep√ļblica, el Maggior Consiglio y el Minor Consiglio. En la isla resid√≠a un gobernador genov√©s, ayudado por un Vicario y por el Consejo de los Doce Nobles, inspirado en la instituci√≥n similar de la Tierra de Comunas.

El territorio se subdividi√≥ en provincias, cada una de las cuales ten√≠a a la cabeza un comisario (con sede en Bonifacio, Ajaccio y Calvi), o un lugarteniente (con sede en Corte o Aleria, Rogliano, Algaiola, Sartena y Vico). Las fortalezas en unos casos se repararon y en otros se consolidaron y ampliaron, adem√°s de disponer en ellas guarniciones m√°s s√≥lidas que en el pasado. Se reorganizaron las Cortes de Justicia y se les dot√≥ de un complejo aparato burocr√°tico. La vida p√ļblica se reorganiz√≥ sobre una cuidada redefinici√≥n de las comunidades rurales que pasaron a ser el n√ļcleo b√°sico del territorio desde el punto de vista institucional, fiscal y religioso, integrando la antigua red de las Pievi. Los pueblos, reunidos en parlamentos, eleg√≠an peri√≥dicamente sus Podest√°s o Padres del municipio, responsables de las funciones administrativas y de polic√≠a local, mediante el cargo, tambi√©n electivo, de capit√°n de la milicia.

Las comunidades se gobernaban pues de modo bastante aut√≥nomo, sin intervenci√≥n de la Rep√ļblica, salvo casos excepcionales. En los pueblos del interior de la isla esta libertad de desarrollo fue tal que se cre√≥ una clase de notables a los que se llam√≥ Principales. Los actos, tanto privados como p√ļblicos (elecciones locales y Grida del gobernador), se transcrib√≠an en los registros notariales, que eran remitidos de forma regular al Cancelliere de la sede provincial competente y durante un cierto periodo las autoridades locales pudieron enviar representantes propios al Gobernador o, incluso, a las autoridades centrales en G√©nova, para expresar exigencias particulares, denuncias por abusos graves o peticiones de ayuda en caso de calamidades como la sequ√≠a.

Se subdividi√≥ el territorio, desde el punto de vista fiscal y productivo, en c√≠rculos destinados a frutales y vi√Īas, tomas, destinadas a las siembra, y tierras comunes, patrimonio colectivo de las comunidades, destinadas a pastos, a cultivos de temporada y huertos, a la recolecci√≥n de frutos del bosque y a madera. Guardias forestales y jueces especializados se preocupaban de velar por que se respetaran los Estatutos en el tratamiento de las tierras.

Se definieron las leyes civiles y criminales, así como los impuestos, que fueron mucho más eficientes, a pesar de seguir basándose en la talla (imposición directa) y en la gabela como el escudo por bota para el vino, las mermas para otros productos, el boatico (venta forzosa a precio reducido de cebada y grano a las guarniciones establecidas en la isla) y diversos monopolios (el más importante el de la sal) en lo que concierne a la imposición indirecta.

Las ciudades costeras, algunas de las cuales estaban pobladas en su gran mayor√≠a por gente originaria de Liguria (en especial Calvi, Bastia y Bonifacio), ten√≠an diversos privilegios respecto a las localidades del interior (exenciones fiscales, inmunidades especiales), por lo que constitu√≠an un mundo aparte. Sede de los gobiernos provinciales, estas peque√Īas capitales desarrollaron un patriciado similar al que se estaba desarrollando en ese momento en Italia, enriqueci√©ndose tanto con el comercio mar√≠timo y con los beneficios derivados del ejercicio de funciones administrativas unidas al gobierno, como mediante las labores de explotaci√≥n agr√≠cola desarrolladas en las zonas del interior m√°s cercanas. La clase del patriciado, llamados los Nobles (aunque en realidad se trataba de una burgues√≠a urbana) controlaba el mercado de los cereales, el de la pesca, el de los pr√©stamos y el de los artesanos, y manufacturas locales. Ser√°n precisamente los miembros de esta clase los que, siempre deseosos de tener mayor prestigio y riquezas, encabezar√°n en el Siglo XVIII la rebeli√≥n popular y constituir√°n la fuente de la C√≥rcega independiente de Pasquale Paoli, y a continuaci√≥n el primer elemento de legitimaci√≥n local de los gobiernos franceses.

La Rep√ļblica, tanto durante el Siglo XVII como en el XVIII, recuper√≥ las mejores ideas del Banco de San Giorgio para mejorar el cultivo de cereales en las regiones litorales, el cultivo del olivo (especialmente en Balagna) y el aprovechamiento forestal (en especial los casta√Īos de Castagniccia). La red de carreteras de la isla se ampli√≥ y mejor√≥ (algunos de los puentes genoveses a√ļn siguen en uso), a la vez que especialmente en el Cismonte y en todas las ciudades de la costa tuvo lugar una intensa actividad de urbanizaci√≥n y reestructuraci√≥n de edificios que caracteriz√≥ muchos centros hist√≥ricos cuyo aspecto hoy sigue marcado por la fuerte influencia del estilo ligur y barroco de este periodo.

En las costas se reforzó el dispositivo de las torres de vigilancia y defensa, debido al recrudecimiento de las incursiones berberiscas, que fueron especialmente frecuentes y destructivas en las dos décadas que siguieron a la derrota de los turcos en Lepanto en 1571. Esto es normal, ya que la piratería venía a llenar el vacío dejado por la imposibilidad de acceder de otro modo a las riquezas de las que antes disponían a través del comercio y que ahora no era accesible debido a la derrota de su flota.

Las consecuencias de estas dos décadas de ataques, muy bien documentados y distribuidos a lo largo de todas las costas de la isla, fueron desastrosas y ocasionaron el despoblamiento de muchas zonas en los llanos, en un éxodo que no se conocía desde siglos antes. Como ejemplo se puede citar el caso de Sartena. En 1540 esta región tenía once centros mayores que a finales de siglo quedaron abandonados en su totalidad, si exceptuamos la propia Sartena, que tuvo que fortificarse y constituyó así refugio para toda la población circundante hasta el Siglo XVIII en que, una vez pasado el peligro, pudieron resurgir los centros menores.

En ese mismo periodo la isla padeci√≥ dos epidemias de peste que constituyeron m√°s adelante un grave obst√°culo para poder llevar a cabo los planes de desarrollo preparados por la Rep√ļblica, que a pesar de estar bien concebidos sobre el papel no tuvieron el √©xito esperado. Las dificultades econ√≥micas mantuvieron la emigraci√≥n de los corsos, que buscaron fortuna en el continente, muchos sirviendo como militares al servicio de las potencias extranjeras, desafiando la prohibici√≥n que en esa l√≠nea emit√≠a G√©nova, preocupada por esta sangr√≠a que dificultaba sus planes de desarrollo y despoblaba los campos.

Adem√°s, dicha preocupaci√≥n estaba justificada por la disminuci√≥n de los ingresos fiscales debido a la falta de desarrollo. Esta merma en los ingresos era muy preocupante debido a los problemas financieros de la Rep√ļblica, que se hab√≠a arriesgado a financiar a la corona de Espa√Īa que, durante el Siglo XVII, dej√≥ de pagar los importante pr√©stamos concedidos por los genoveses en los plazos estipulados, llegando incluso a declararse insolventes. Estas dificultades mermaron la capacidad econ√≥mica de una Rep√ļblica Genovesa, ya disminuida por la progresiva p√©rdida de todas sus colonias orientales a manos de los turcos y de la disminuci√≥n del volumen de su comercio con el Levante, debido a la competencia de los franceses, que se uni√≥ a partir del Siglo XVI, a la ya tradicional competencia ejercida por la Seren√≠sima Rep√ļblica de Venecia.

Además de restablecer la prohibición formal de emigrar, impuesta de nuevo a los corsos a pesar de lo que se establecía en los Estatutos, Génova trató de todos los modos posibles de impulsar la revalorización de las tierras de la isla, instituyendo también con ese objetivo la figura del Magistrado del cultivo y elaborando planes de desarrollo que sin embargo resultaron ineficaces en su mayor parte, pero de cuya calidad general da testimonio el hecho de que mucho más tarde serán copiados por los franceses en planes similares (por otra parte, también ineficaces durante mucho tiempo).

Uno de los puntos débiles de esos planes se debía al hecho de que se basaban, más que sobre una actuación del Estado (que tenía dificultades por sus problemas económicos), sobre la iniciativa privada mediante un complejo sistema de feudos y enfiteusis que lejos de iniciar una dinámica positiva acabó erosionando las tierras comunes impidiendo la disponibilidad plena a las comunidades locales y favoreciendo el lucro de algunos Principales y Nobles sin que la colectividad tuviera ventaja alguna.

Este fen√≥meno de expropiaci√≥n y empobrecimiento de las comunidades corsas en beneficio de los terratenientes ricos se acelerar√° cuando este esquema sea propuesto de nuevo por los franceses, y acabar√° ocasionando da√Īos sociales enormes y que desencadenar√°n en las rebeliones que, durante medio siglo, se dieron en C√≥rcega tras la ocupaci√≥n francesa, y que ocasionar√°n el fen√≥meno que pasar√° a la historia como Bandolerismo.

En este marco se implanta la llegada de unos cientos de griegos originarios de Laconia (región meridional del Peloponeso) huyendo del dominio otomano. Tras dar, con problemas, el consentimiento del primado pontificio estos prófugos se instalaron en 1676 en las tierras costeras a unos 50 km al norte de Ajaccio. En la región, llamada Paomia, los griegos fundaron una colonia en Cargese que, tras la ocupación francesa, ha mantenido casi hasta nuestros días su idioma y algunas tradiciones originarias, incluyendo el rito religioso oriental.

El √©xito frustrado de los planes genoveses de desarrollo, que acab√≥ por plantear la cuesti√≥n agr√≠cola cuyas consecuencias se hacen sentir hasta nuestros d√≠as, en el contexto de una econom√≠a a√ļn marcada por una explotaci√≥n sustancialmente colonial y de restricci√≥n progresiva en la pr√°ctica de las escasas libertades de que gozaban los corsos, considerados de hecho s√ļbditos y no ciudadanos de la Rep√ļblica, acab√≥ ocasionando una crisis que parec√≠a llevar a C√≥rcega a la ruptura definitiva con G√©nova, primero de modo gradual e imperceptible, y finalmente con la explosi√≥n de una nueva revuelta a partir de 1729.

El fin de la Guardia Corsa papal en Roma

La larga historia de los conflictos y violencias que ha caracterizado a Córcega a partir al menos de la caída del Imperio romano, había acostumbrado a sus habitantes a considerar la guerra algo habitual y había hecho del oficio de las armas uno de las principales actividades ejercidas por los corsos expatriados hacia los estados italianos (y en mucha menor medida hacia Francia) desde la Edad Media hasta la Edad Moderna. Recorriendo atentamente la lista de nombres de los capitanes mercenarios italianos, se puede observar que muchos de ellos eran originarios de Córcega y que, en algunos casos, contaban con batallones enteros de corsos.

Entre los destacamentos militares integrados en su totalidad por corsos que operaron fuera de la isla destaca la Guardia Corsa papal, que ejerci√≥ sus funciones durante varios siglos. A pesar de la poca fiabilidad de los documentos, normalmente se fecha en 1378, coincidiendo con el final del cautiverio de Avi√Ī√≥n, la fundaci√≥n en Roma de un cuerpo militar compuesto exclusivamente por corsos con funciones de Guardia Pont√≠fica y de milicia urbana, semejante a la actual Guardia Suiza.

Monumento funerario en honor a Pasquino Corso, coronel de la Guardia Corsa papal, Roma.

No parece que haya documentos que certifiquen la creación de este cuerpo militar antes, a pesar de la presencia de una significativa colonia corsa en Porto (Fiumicino) y luego en el Trastévere (la iglesia de San Crisógeno fue basílica sepulcral de los corsos) certificada al menos desde el Siglo IX y de hecho no se puede excluir una presencia organizada de milicias corsas en el seno los ejércitos papales incluso mucho antes del Siglo XIV, considerando el importante vínculo entre Córcega y Roma, ciudad de la que dependió la isla formalmente a partir del Siglo VIII y hasta su definitiva entrada en la órbita genovesa.

La Guardia Corsa estar√° al servicio del Papa de modo ininterrumpido durante casi tres siglos y preceder√° en casi 130 a√Īos a la instituci√≥n en 1506 de la Guardia Suiza. Su final se desencadena tras un incidente ocurrido en Roma el 20 de agosto de 1662 y es uno de los indicios de que los franceses comienzan a tener cada vez m√°s influencia en la pen√≠nsula it√°lica.

A mediados del Siglo XVII la presencia en Roma de numerosas delegaciones diplomáticas de los Estados había acabado por crear una situación paradójica, respecto a las potencias mayores, que abusando del concepto de extraterritorialidad, habían dotado a sus embajadas de auténticas guarniciones militares (que se movían armadas por toda la ciudad) y llevado a la transformación de zonas enteras del centro de la ciudad en zonas francas, en las que los delincuentes y asesinos de todo tipo encontraban refugio e impunidad.

El Papa Alejandro VII trat√≥ de remediar estos excesos. El rey de Espa√Īa y los representantes del Imperio aceptaron reducir sus milicias, pero el rey de Francia Luis XIV, en cambio, mand√≥ a Roma a su primo Carlos III, duque de Cr√©qui, como embajador extraordinario con una escolta militar reforzada, que poco tiempo despu√©s tuvo un grave enfrentamiento cerca del Puente Sixto con algunos miembros de la Guardia Corsa que patrullaban las calles de Roma, especialmente grave porque incluso los militares sin servicio en el cuartel acudieron para asaltar el vecino Palacio Farnesio, sede de la Embajada de Francia, exigiendo la detenci√≥n de los militares franceses responsables del incidente. Se produjeron disparos en el momento en el que la esposa del embajador regresaba al Palacio Farnesio, con una numerosa escolta militar francesa. Un paje de la se√Īora de Cr√©qui fue herido de muerte y Luis XIV se aprovech√≥ para elevar a sus mayores cotas un desencuentro con la Santa Sede que se hab√≠a iniciado durante el gobierno del Cardenal Mazarino.

El Rey Sol llam√≥ a cuentas a su embajador, retir√°ndolo de Roma; expuls√≥ de Francia al del Papa, se anexion√≥ los territorios pontificios de Avi√Ī√≥n y amenaz√≥ seriamente con la invasi√≥n de Roma si el Papa no le presentaba excusas y no se somet√≠a a sus peticiones, que comprend√≠an la inmediata disoluci√≥n de la Guardia Corsa, la emisi√≥n de un anatema contra su pa√≠s, el encarcelamiento como represalia de cierto n√ļmero de militares y la condena como galeotes para otros muchos; el cese del Gobernador de Roma y la construcci√≥n cerca del cuartel de la Guardia de una columna de infamia y maldici√≥n para los corsos que se hab√≠an atrevido a desafiar la autoridad real francesa.

En un primer momento, el Papa se opuso y trat√≥ de ganar tiempo, pero la real posibilidad de una intervenci√≥n del ej√©rcito franc√©s en Roma hizo que cediera. Se disolvi√≥ la Guardia Corsa para siempre y se encarcel√≥ a algunos de sus miembros, se erigi√≥ el monumento infamante, y se desterr√≥ de Roma al gobernador. En febrero de 1664 los franceses restituyeron los territorios de Avi√Ī√≥n y en julio, en Fontainebleau, el sobrino del papa, Flavio Chigi, fue obligado a humillarse y a presentar disculpas de Roma al Rey de Francia, que cuatro a√Īos despu√©s dio permiso para destruir la columna infamante.

A lo largo de las negociaciones Luis XIV había visto el modo de ampliar su influencia en la península, convirtiéndose en protector de algunos príncipes itálicos al obligar al Papa, siempre en el contexto de los desagravios por el asunto de la Guardia, a devolver Castro y Ronciglione al Duque de Parma y a indemnizar al Duque de Módena por sus derechos sobre Comacchio.

La revuelta contra Génova

A pesar de no verse amenazada por nuevas invasiones (exceptuando las habituales incursiones piratas) ni por nuevos cambios de r√©gimen ni de potencia ocupante, C√≥rcega, durante el √ļltimo siglo de dominaci√≥n genovesa deriva hacia una crisis que marcar√° que la har√° bascular, con muchas dificultades, del √°mbito de influencia italiano al entorno franc√©s. Ya la penetraci√≥n genovesa en C√≥rcega y su dominio hab√≠a contribuido a alejar C√≥rcega del √°rea sociocultural y ling√ľ√≠stica toscana y centro-italiana en la que se hab√≠a movido desde el Siglo IX: los Grida (bandos) del gobierno genov√©s, escritos en italiano, eran mejor comprendidos por los pastores analfabetos corsos que por los guardias de lengua ligur que acompa√Īaban al pregonero que los anunciaba en los pueblos de la isla.

La crisis sufrida por C√≥rcega durante el Siglo XVII y luego en el XVIII es consecuencia de la crisis y declive de la Rep√ļblica de G√©nova, en el marco m√°s amplio del declive general que afecta a todos los estados de la Pen√≠nsula italiana tras el Renacimiento, en contraposici√≥n a la creciente riqueza y potencia de otros estados europeos.

G√©nova entra en una situaci√≥n clara de crisis mucho antes que Venecia y se ver√° amenazada de cerca y luego ocupada y disuelta como Estado independiente por Francia poco despu√©s de perder C√≥rcega y, gastando gran parte de sus escasas fuerzas y recursos en el in√ļtil intento de conservar el control.

Hay que tener en cuenta que la Liguria tiene hoy una superficie (5.410 km¬≤) netamente inferior a la de C√≥rcega y que, incluso si en los tiempos de la Rep√ļblica el territorio metropolitano era mayor (poco m√°s de 6.000 km¬≤), C√≥rcega representaba alrededor del 60% de todo el territorio controlado por la Serenissima. Tambi√©n el dato demogr√°fico es significativo: Liguria, que hoy tiene 1.760.000 habitantes, ten√≠a s√≥lo 370.000 en el Siglo XVII (que pasar√°n a 523.000 a la ca√≠da de la Rep√ļblica en 1797) mientras C√≥rcega ten√≠a alrededor de 120.000 en el Siglo XVII y no llegaba a los 165.000 a finales del XVIII.

Es pues evidente que la lucha que se desarroll√≥ durante cuarenta a√Īos (de 1729 a 1768) entre G√©nova y su colonia era una lucha por la supervivencia (y de hecho G√©nova perder√° su independencia menos de treinta a√Īos despu√©s de haber perdido la isla), y era muy importante para la Rep√ļblica, que controlaba en el continente un territorio de menor tama√Īo al que se disputaba y sin contar en la metr√≥poli con una base demogr√°fica significativa respecto a la corsa.

En este sentido se justifica la dureza de la guerra, su prolongación durante décadas influyó dramáticamente en el estancamiento de la población corsa, especialmente después de los estragos y destrucciones que siguieron afectando a Córcega en su lucha contra Francia (con episodios significativos al menos hasta la segunda década del Siglo XIX) después de que Génova abandonara la lucha y esperara su final como Estado independiente.

En el origen de la rebelión corsa contra Génova, junto al odio hacia el gobierno genovés que no concedía a los corsos la ciudadanía, está la pobreza motivada por el fracaso de los planes de desarrollo de la isla. Córcega acabó viviendo de una economía de subsistencia, mientras en Europa por todas partes florecía el comercio y se acumulaban inmensas riquezas.

En cambio, en la isla, las medidas adoptadas por el gobierno de la Rep√ļblica con el fin de estimular la agricultura, demasiado volcadas sobre la iniciativa privada, terminan haciendo surgir una burgues√≠a parasitaria, que vive (salvo algunas excepciones, como en Capo Corso, en donde predomina la empresa comercial unida al transporte naval) sobre todo de rentas inmobiliarias cuando no de la peque√Īa usura, muy da√Īina, como por ejemplo cuando acaba dificultando la transhumancia ganadera y a amenazar la propia subsistencia de las comunidades campesinas quitando progresivamente espacio a las tierras comunes.

Esta situación hace crecer el descontento, por lo que vuelve a crecer el fenómeno de la vendetta y consecuentemente, el muy difundido bandolerismo (al que recurren tanto los corsos descontentos con la justicia, como los pastores expulsados de las tierras comunes), creando una situación de alarma y malestar social difuso que prefigura un clima de guerra civil.

La indiferencia de G√©nova ante esta evoluci√≥n y el que su presencia s√≥lo se notara a la hora de exigir gabelas y de perseguir los delitos (tampoco todos y no siempre eficazmente), acab√≥ haciendo crecer la ya tradicional tendencia isle√Īa a la introversi√≥n y aumentando el odio contra la Rep√ļblica. Cuando √©sta intervenga para intentar (de modo tard√≠o e incongruente) terminar con la muy extendida violencia, con la prohibici√≥n general para los corsos de llevar armas (una prohibici√≥n tanto m√°s incomprensible e inaceptable cuanto se trataba de un pueblo acostumbrado a llevarlas), lo que pretend√≠a pacificar ser√° lo que encienda la mecha de la revuelta, gracias tambi√©n a la disparidad de trato que se produce por la concesi√≥n arbitraria de salvoconductos e indultos (en lo relativo al derecho a llevar armas y a su uso), junto a la curiosa pr√°ctica de enrolar en sus milicias a los bandidos que no consegu√≠a capturar.

Será precisamente la clase minoritaria de notables rurales y urbanos de la isla, a cuyo desarrollo había dado un impulso decisivo el grupo de medidas económicas privatizadoras del gobierno genovés, la que hará ver la situación modesta y a veces miserable del resto de la población y desencadenará en 1729 de la revuelta independentista corsa.

De la revuelta de 1729 al rey Teodoro

Para compensar el descenso de ingresos debidos a la prohibición de llevar armas (costumbre muy difundida y por el que se pagaba una tasa), en 1715 Génova introdujo en Córcega la tasa general de los due seini. Esa tasa se había aparcado temporalmente, pero se había prorrogado varias veces sin que la prohibición de pasear armados ni la introducción de los Pacieri (magistrados para mediar pacíficamente en las vendettas) tuviera efectos significativos.

En 1729 se habl√≥ de volver a prorrogar los due seini por otros cinco a√Īos, justo en el momento en el que las malas cosechas de los √ļltimos a√Īos y el endeudamiento de los campesinos alcanzaba niveles catastr√≥ficos. Por eso la visita de los recaudadores de los due seini llevada por el lugarteniente de Corte en Pieve di Bozio, hizo saltar la chispa de la insurrecci√≥n en el coraz√≥n de la Tierra de Comunas que, social y civilmente m√°s avanzada que otras regiones desde la Edad Media, estaba menos preparada para soportar la crisis econ√≥mica y la restricci√≥n de derechos. Un destacamento de soldados Genoveses fue rodeado, desarmado, robado y, pr√°cticamente desnudo, reenviado a Bastia a la vez que en toda la regi√≥n sonaban las campanas y en las monta√Īas el tradicional cuerno marino de los pastores llamando a la rebeli√≥n.

De ese modo se originó una revuelta campesina que, a principios de 1730, descendiendo de Castagniccia y de Casinca, saqueó la llanura de Bastia, afectando también a veces a la capital. Génova envió a la isla como nuevo gobernador a Gerolamo Veneroso (que había sido Dogo entre 1726 y 1728) y este alcanzó una efímera tregua, invitando a las comunidades corsas a presentar sus reivindicaciones. En diciembre de 1730 los reunidos en la Consulta (asamblea) de San Pancrazio toman medidas relativas a la financiación de la insurrección y la constitución de milicias, cohesionando un grupo dirigente alrededor de algunos notables: Andrea Colonna Ceccaldi, Luigi Giafferi y el abate Raffaelli. A la revuelta se adhiere el bajo clero en lo que pronto se convertirá en causa nacional.

En febrero del a√Īo siguiente, 1731 una Consulta general en Corte establece formalmente las reivindicaciones que hay que dirigir al gobierno genov√©s, marcando una fase en la que los notables que encabezan la revuelta se preocupan de moderarla (reprimiendo a d√≠scolos y maleantes) y de buscar salidas negociadas a la revuelta. En abril los te√≥logos de la isla se re√ļnen en Orezza, adoptando una actitud prudente, invitando a la Rep√ļblica a cumplir con sus deberes para evitar unos des√≥rdenes que son contemplados con indulgencia. El can√≥nigo Orticoni viaja como emisario de una a otra corte en Europa, defendiendo las razones de su pueblo, especialmente ante la Santa Sede. La revuelta corsa se convierte pronto en asunto de inter√©s europeo y llama la atenci√≥n del embajador franc√©s en G√©nova, que informa a su gobierno.

Mientras tanto, la anarquía y los desórdenes vuelven a ensangrentar la isla: la colonia griega de Paomia es agredida y amenazada con el exterminio, lo que marca la extensión de la rebelión, primero reducida al Cismonte, también al Pumonte, mientras se inicia el contrabando de armas especialmente desde Livorno, con ayuda de los corsos emigrados a Italia.

Algunos de los implicados, confiando como era costumbres en los apoyos externos, invocaron la ayuda de Felipe V de Espa√Īa (quien prudentemente evitar√° entrar en un conflicto en el que su sobrino, el rey de Francia Luis XV ten√≠a intereses) y con este objetivo modifican la bandera aragonesa con la Testa Mora: la venda que, en el original, cubr√≠a los ojos de la figura, se transforma en una cinta en la frente para justificar la divisa, "Ahora C√≥rcega ha abierto los ojos".

En agosto de 1731 G√©nova, una vez rotas las hostilidades e incapaz de afrontar sola la rebeli√≥n, obtiene del Emperador Carlos VI (preocupado por una posible intervenci√≥n de Felipe V, que le hab√≠a privado del trono de Espa√Īa, del que se dec√≠a heredero, por medio de la Guerra de Sucesi√≥n de Espa√Īa) el env√≠o de una expedici√≥n militar que desembarca en C√≥rcega a las √≥rdenes del bar√≥n alem√°n Wachtendonk para apoyar a las fuerzas del comisario extraordinario genov√©s, Camillo Doria. Tras ser derrotados en Calenzana (en febrero de 1732), las tropas imperiales, mejor dotadas en artiller√≠a y con 8.000 hombres, se imponen. Los cabecillas de la rebeli√≥n son desterrados y el arbitraje imperial garantiza, en enero de 1733, las graciosas concesiones que el Minor Consiglio genov√©s aprueba con el objetivo de desarmar las aspiraciones secesionistas y devolver la tranquilidad a la isla.

En realidad durante poco tiempo, ya que en el siguiente oto√Īo (1733) estalla un nuevo foco rebelde en Castagniccia, esta vez dirigido directamente por un notable originario de la m√°xima instancia local que G√©nova hab√≠a pretendido que colaborara con el gobernador, los Nobili Dodici. Entre √©stos hab√≠a sido elegido Giacinto Paoli, que se sit√ļa al frente de la nueva rebeli√≥n. La isla vuelve a escaparse del control genov√©s (exceptuando las ciudades de la costa) y los rebeldes se organizan con la ayuda cada vez mayor de sus compatriotas en Italia. Se llega as√≠ a 1735, cuando una nueva Consulta general celebrada en Corte elabora, bajo la direcci√≥n del abogado Sebastiano Costa (un corso que regresa de Italia para apoyar la insurrecci√≥n) una declaraci√≥n constitucional que de hecho constituye a C√≥rcega como estado soberano. El texto anticipa la Constituci√≥n paolina de 1755 y llama la atenci√≥n de Montesquieu, que ve como a partir de ese momento encabezan la revoluci√≥n corsa hombres inspirados por los m√°s avanzados conceptos jur√≠dicos e ilustrados difundidos en Italia.

En el mismo contexto, Córcega se pone bajo la protección de la Virgen María y se adopta como himno nacional el canto sacro "Dio vi salvi Regina" compuesto a finales del siglo anterior por el jesuita Francesco de Geronimo, originario de la provincia de Taranto.

El Estado de C√≥rcega concebido en Corte carece voluntariamente de soberano, con el objetivo m√°s o menos manifiesto (adem√°s de liberarse de la Rep√ļblica ligur) de invitar a alg√ļn monarca reinante europeo a reclamar C√≥rcega. Sin embargo, a pesar de que muchos de ellos querr√≠an apoderarse de la isla, el complejo equilibrio alcanzado tras la Paz de Westfalia invita a todos a la prudencia y juega a favor de G√©nova y de la incre√≠ble aventura de un cierto bar√≥n Teodoro de Neuhoff (1694-1756), un extra√Īo aventurero de la peque√Īa nobleza alemana originario de Colonia y que hab√≠a pasado por Francia y Espa√Īa antes de conseguir convencer a la comunidad corsa de Livorno para que lo apoyara como candidato al vacante trono de C√≥rcega.

De ese modo, tras desembarcar en marzo de 1736 en Aleria con armas, cereales y ayudas en dinero, consigue con notoria habilidad y elocuencia ser acogido por Giacinto Paoli, Sebastiano Costa y Luigi Giafferi, que dirigen la rebelión, como una especie de Deus ex machina y se hace proclamar rey de Córcega. De naturaleza perspicaz, Teodoro demuestra comprender bien cuáles son las aspiraciones más profundas de los notables de la isla y se da prisa en instaurar una orden de la nobleza de Córcega, distribuyendo con liberalidad títulos pomposos a los cabecillas de la insurrección.

A pesar de esto, pronto se desencadenan disputas entre los nuevos nobles para tratar de acaparar los títulos que parecían más sugestivos, demostrando hasta qué punto las aspiraciones de los notables iban unidas a su propio progreso social que les negaba constitucionalmente Génova. Al malestar relacionado con las disputas sobre los títulos nobiliarios, se unieron pronto otros más serios relacionados con las vanas promesas de ayuda que Teodoro había usado para convencerlos de convertirlo en rey. Demostrando una vez más oportunismo y perspicacia, tras solo ocho meses de reinado, el efímero soberano, menospreciado por los genoveses, dejó Córcega en noviembre de 1736 con la excusa de reclamar las ayudas prometidas.

Tambi√©n en 1736 aparece, publicado por el abate corso Natali, el Desenga√Īo en torno a la Revoluci√≥n de C√≥rcega, primer ejemplo significativo del la floreciente literatura apolog√©tica (escrita en italiano) que popularizar√° la lucha por la independencia de los corsos en los ambientes ilustrados de toda Europa.

Teodoro volver√° a aparecer en C√≥rcega s√≥lo dos a√Īos m√°s tarde, para una breve tentativa frustrada de restauraci√≥n y otra vez en 1743, con apoyo brit√°nico, pero igual resultado. La vida del rey de C√≥rcega terminar√° en la pobreza en Londres en 1756 y su tragic√≥mica historia ser√° objeto de curiosidad en toda Europa, hasta el punto de ser protagonista de la √≥pera "Il re Teodoro in Venezia) de Giovanni Paisiello, que hab√≠a tomado el personaje del que esboz√≥ Voltaire en su C√°ndido.

La primera implicación francesa

Una vez huido Teodoro, la lucha se estanca. Por una parte, los corsos rebeldes se han apoderado de la isla, pero no son capaces de conquistar las fortalezas costeras, por otra los genoveses est√°n confinados en los centros litorales, y carecen de recursos humanos y financieros para poder lanzar una contraofensiva que les permita retomar el control total de la isla. En estas circunstancias G√©nova, carente de alternativas acepta la ayuda que Francia le ofrece. Francia desea hacerse con C√≥rcega (anticip√°ndose a posibles movimientos de ingleses o espa√Īoles) pero sin iniciar abiertamente un conflicto europeo.

La estrategia de la Francia de Luis XV bajo el gobierno primero del cardenal de Fleury y luego de Germain Louis Chauvelin y del duque de Choiseul, consistir√° en instalar sus tropas en C√≥rcega para apoyar al gobierno genov√©s, pero exigi√©ndole a √©ste un pago por sus servicios, pago que la Rep√ļblica de G√©nova no estaba en condiciones de satisfacer. As√≠, en febrero de 1738 desembarcan en C√≥rcega las primeras tropas francesas al mando del general de Boissieux, que se propone como mediador, a pesar de que no logra contentar a nadie. En diciembre una columna francesa es derrotada por los rebeldes en Borgo y Boissieux es relevado de sus funciones, que pasan a Maillebois. √Čste decide atacar a los rebeldes. En julio de 1739 Giacinto Paoli (y su hijo Pasquale) y Luigi Giafferi se ven obligados a huir a Italia. En 1741, considerando pacificada la isla, Maillebois deja Bastia sin que la Rep√ļblica de G√©nova, sola, sea capaz de mantener el control de la isla, que pronto se volver√° a levantar en armas. El nuevo compromiso propuesto por G√©nova en 1743 tampoco sirve, ni la misi√≥n pacificadora emprendida en la isla por el franciscano Leonardo da Porto Maurizio en 1744.

En agosto de 1745 una nueva Consulta revolucionaria convocada en Orezza instituye un nuevo triunvirato a la cabeza de la rebeli√≥n. Est√° formado por Gian Pietro Gaffori, Alerio Matra e Ignazio Venturini, mientras el corso exiliado Domenico Rivarola (antiguo podest√° de Bastia en 1724 y luego coronel del ej√©rcito sabaudo) consigue convencer a Carlos Manuel III de Cerde√Īa para que intente, con apoyo de los brit√°nicos (que tambi√©n mostraban inter√©s por la isla) y de los Austriacos, una expedici√≥n contra Bastia. Entre 1745 y 1748, con la ayuda inglesa y sabauda, Domenico Rivarola consigue ponerse a la cabeza de los insurgentes y castigar duramente a los Genoveses en Bastia, pero las divisiones entre los notables corsos minan los √©xitos de esta iniciativa y en 1748 Rivarola muere en Tur√≠n, adonde se hab√≠a dirigido en busca de nuevas ayudas.

Otra vez en situaci√≥n comprometida, los Genoveses volvieron a recurrir a Francia, que envi√≥ a Bastia tropas al mando del Mariscal de Cursay. √Čste, adem√°s de desarrollar un papel mediador, puso en marcha en la capital de la isla una Academia y otras iniciativas culturales que ten√≠an como objetivo fomentar la presencia de la cultura francesa en la isla. El excesivo celo mostrado por Cursay en esta acci√≥n propagand√≠stica en favor de Francia ante los corsos, suscit√≥ las iras de los Genoveses. La Rep√ļblica reaccion√≥ en 1753, solicitando y consiguiendo que el Mariscal y sus tropas salieran de la isla. Mientras tanto, algunos sicarios a sueldo de G√©nova asesinaban al cabecilla rebelde, Gian Pietro Gaffori.

Estas √ļltimas acciones se encuadran en el marco del desarrollo de la Guerra de sucesi√≥n austriaca que, entre otras cosas, lleva a la ocupaci√≥n de G√©nova por los ej√©rcitos austriacos (con el famoso episodio del balilla, en diciembre de 1746), y a nuevos y dur√≠simos contratiempos para la Rep√ļblica, empobrecida, invadida y enemistada con la Casa de Saboya y obligada a aliarse con Francia.

La Córcega independiente de Pasquale Paoli

Pasquale Paoli. Retrato de Richard Cosway.
Monumento a Pasquale Paoli en Ile-Rousse (sur de Córcega).

Tras el asesinato de Gaffori los insurrectos tardaron casi dos a√Īos en elegir un nuevo jefe. La elecci√≥n de muchos notables de la zona Norte del Cismonte, quiz√°s tambi√©n para no reavivar rivalidades largamente consolidadas en la isla, recay√≥ en el joven (30 a√Īos) Pasquale Paoli, hijo de Giacinto, que se hab√≠a exiliado en N√°poles en 1739. Pasquale, que ten√≠a 14 a√Īos al dejar C√≥rcega, en ese tiempo se hab√≠a convertido en oficial del rey de N√°poles (y futuro rey de Espa√Īa) Carlos de Borb√≥n y prestaba servicio en Porto Longone en la Isla de Elba.

Formado en el ambiente ilustrado del N√°poles de Antonio Genovesi y Gaetano Filangieri, Pasquale Paoli (que llevaba tiempo prepar√°ndose para volver a la isla y desempe√Īar un papel dirigente) dio un giro decisivo a la revuelta corsa: Paoli la convirti√≥ en la primera aut√©ntica revoluci√≥n burguesa de Europa, y suya es la primera Constituci√≥n democr√°tica y moderna, la que regul√≥ la vida de la C√≥rcega independiente entre 1755 y la conquista francesa de 1769.

Paoli llega a C√≥rcega el 19 de abril de 1755 y se re√ļne con su hermano Clemente en Morosaglia y, entre el 13 y el 14 de julio de 1755, es proclamado "General" de la que ya se defin√≠a como la Naci√≥n corsa. La elecci√≥n se desarrolla cerca del convento franciscano de San Antonio de Casabianca. Emanuele Matra, notable de la regi√≥n de Aleria, re√ļne en torno a √©l a un grupo de adversarios del partido de Paoli, y no acata la elecci√≥n, por lo que pronto se inicia una aut√©ntica guerra civil.

Matra, apoyado por los genoveses fue derrotado en noviembre por el reci√©n elegido General de la Naci√≥n, que seg√ļn el c√≥nsul franc√©s en Bastia estaba apoyado por los brit√°nicos, y fue desterrado. A pesar de este √©xito, Paoli tendr√° a√ļn que enfrentarse durante a√Īos a miembros de la familia Matra y a sus aliados.

Entre el 16 y el 18 de noviembre de 1755 se re√ļne la Consulta general en Corte (que hab√≠a pasado a ser capital del estado corso), Paoli promulg√≥ la Constituci√≥n de C√≥rcega, que ten√≠a en cuenta la estructura institucional anterior, y la perfeccionaba y mejoraba, a pesar de que ten√≠an que adecuarse a la situaci√≥n de emergencia, de aislamiento geogr√°fico, de guerra y de falta de un aut√©ntico reconocimiento internacional del nuevo estado que institu√≠a y regulaba, y contribuy√≥ a que Paoli se hiciera muy popular en los ambientes ilustrados de toda Europa y entre los colonos ingleses insurrectos que formar√°n los Estados Unidos y su Constituci√≥n.

La Constitución corsa llamó la atención de toda Europa por su excepcional carga de innovación y Paoli solicitó para perfeccionarla la colaboración de Jean-Jacques Rousseau. El filósofo ginebrino respondió afirmativamente a esta llamada y redactó su "Proyecto de Constitución para Córcega" (1764).

La Constituci√≥n asignaba al General un especial papel, parecido en ciertos aspectos, dado que se estaba en una situaci√≥n de guerra continuada, a la de un dictador en la Rep√ļblica romana, junto a un Consejo de Estado electivo que respond√≠a a los principios de colegialidad y de rotaci√≥n, siguiendo un esquema que se inspiraba en el modelo municipal de Italia. Se trataba pues de una especie de despotismo ilustrado, en el que a la m√°xima autoridad se superpon√≠a al control asambleario y votado en una acci√≥n reformadora inspirada en el esp√≠ritu de las luces

Las rebeliones an√°rquicas internas, nunca acabadas, junto a la constante amenaza exterior, llevaron al desarrollo de un sistema judicial, severo e inflexible (que se har√° famoso como Justicia paolina) y a una notable presi√≥n fiscal, unida a un continuo y casi desesperado esfuerzo de desarrollo agr√≠cola, econ√≥mico (en 1762 C√≥rcega acu√Īar√° su propia moneda) y comercial y se dot√≥ de una flota propia, con la bandera de la Cabeza Mora, para romper el bloqueo genov√©s. Tambi√©n con ese objetivo, en 1758 Pasquale Paoli fund√≥ el puerto de Isola Rossa, estrat√©gicamente bien posicionado para cortar el tr√°fico entre G√©nova, Calvi y San Fiorenzo. Tambi√©n en 1758 el abad corso Salvini public√≥ en Corte, en italiano, la Justificaci√≥n de la Revoluci√≥n de C√≥rcega.

Reducido el control Genovés a controlar unas pocas plazas fuertes costeras, asediadas con frecuencia, Paoli se dedicó con energía inagotable a dar forma y concreción al autoproclamado Estado de Córcega en cada campo, sin olvidar ninguno, desde la justicia a la economía. Tolerante en el ámbito religioso (Paoli fomentó la inmigración de judíos de Toscana), el General consiguió la confianza del clero local, que por otra parte siempre había apoyado en su mayoría a los insurgentes, y buenas relaciones con el Vaticano, también con la esperanza de que eso pudiera llevar a un reconocimiento oficial de la independencia corsa.

El nuevo Estado, al igual que los surgidos m√°s tarde de las revoluciones norteamericana y francesa, se caracteriz√≥ por ser un r√©gimen controlado por la burgues√≠a isle√Īa que se hab√≠a desarrollado durante el dominio genov√©s y mediante los instrumentos democr√°ticos de convocatoria peri√≥dica de asambleas que, incluso en los pueblos m√°s peque√Īos, eleg√≠an por sufragio universal sus representantes que, reunidos en consulta, a su vez proced√≠an a la renovaci√≥n de los cargos administrativos y pol√≠ticos a varios niveles, hasta el Consejo de Estado que gobernaba junto al General de la Naci√≥n. Las elecciones eran por sufragio universal y el voto era un derecho para todos los residentes leales al Estado, sin tener en cuenta su nacionalidad de origen, su sexo (tambi√©n las mujeres pod√≠an votar) su estado financiero o religi√≥n (pod√≠an votar todos los mayores de 25 a√Īos).

La aspiraci√≥n de la clase de los notables se cumpli√≥ y accedieron a los altos cargos del gobierno, en la administraci√≥n o en la justicia, que les hab√≠an negado siempre por la Rep√ļblica genovesa, sin acoger nunca a los corsos en su oligarqu√≠a, hab√≠a marcado su propio dominio de la isla como colonia y provocado la sublevaci√≥n de C√≥rcega contra su autoridad.

La administración local de la isla, encabezada por el General y el Consejo de Estado, que se establecieron en el "Palacio Nacional" de Corte, presidía el control de las provincias mediante magistrados que realizaban las funciones de los Comisarios y Lugartenientes genoveses (que respondían ante el gobernador de la isla). También en Corte Paoli fundó, en 1765, una Universidad de Lengua Italiana (que era la lengua oficial del Estado) cuyo objetivo era formar a los cuadros del gobierno y a su clase dirigente, mientras se preparaba la publicación de un auténtico boletín oficial del Estado.

Junto a la conservaci√≥n de parte de la Constituci√≥n de los Estatutos de la Rep√ļblica ligur, tambi√©n a nivel local hubo una confirmaci√≥n sustancial de buena parte de las instituciones existentes, incluyendo a los podest√°s, a los padres del municipio, los capitanes de la milicia, los pacificadores y los guardias (forestales). La situaci√≥n de guerra condujo a considerar movilizables todos los hombres v√°lidos. Estos preparativos militares son vitales cuando, desde 1764, los franceses vuelven a tomar por la fuerza Bastia, Ajaccio, Calvi y San Fiorenzo.

La conquista francesa

Ruinas del puente genovés en Golo conocido como Ponte Nuovo, escenario de la batalla ganada por el ejército de Luis XV de Francia, que marcó el final de la independencia del Estado corso de Pasquale Paoli, el 9 de mayo de 1769. El puente quedó destruido casi por completo por el ejército alemán que se retiraba hacia Bastia en septiembre de 1943, con el objetivo de frenar el avance de las tropas italianas, con ayuda de la Resistencia local y de tropas coloniales francesas.

Con la llegada del duque de Choiseul como ministro de Luis XV se aceleraron las ambiciones ya antiguas de Francia sobre Córcega.

Francia hab√≠a sufrido una dura derrota en la Guerra de los Siete A√Īos, y hab√≠a perdido todas sus colonias de Am√©rica, que con el Tratado de Par√≠s de 1763 pasaban a ser controladas por los brit√°nicos. Por esa raz√≥n resultaba vital para defender sus intereses en el Mediterr√°neo, ya que la potencia francesa estaba amenazada por Espa√Īa (que controlaba tambi√©n el Reino de las Dos Sicilias), por la creciente presencia brit√°nica, cuyo inter√©s por extender su protectorado a C√≥rcega era conocido por los franceses, y por la extensi√≥n del dominio austriaco en la Pen√≠nsula italiana, con la incorporaci√≥n a su esfera de influencia de Toscana (en donde se hab√≠a extinguido la dinast√≠a M√©dicis y hab√≠a sido reemplazada por la dinast√≠a Hasburgo-Lorena, mientras la regi√≥n de Lorena se incorporaba al reino de Francia).

Marcada Córcega como bien estratégico de importancia fundamental para la política mediterránea francesa, Choiseul perfeccionó y desarrolló el proyecto de apoderarse de la isla a expensas de los genoveses, aparentando una alianza. La primera fase de la operación consistió en forzar a Génova a firmar el Tratado de Compiègne en 1764, que establecía el envío de tropas francesas a Córcega para apoyar la reconquista de la isla por parte de Génova, que era quien asumía los gastos de financiación de la operación.

Una vez que el ej√©rcito franc√©s se apoder√≥ de las ciudades costeras de la isla, Choiseul, en lugar de atacar decididamente a Paoli, decidi√≥ parlamentar con el General de los Corsos, combinando amenazas y alabanzas por medio de su emisario Matteo Buttafuoco, un exiliado corso que serv√≠a como oficial de Luis XV. Paoli resisti√≥ y rechaz√≥ incluso los honores que le ofrecieron sobre su posible futuro papel en una futura administraci√≥n francesa de la isla. Durante ese tiempo, las tropas del rey de Francia, manten√≠an el alto el fuego y permanec√≠an seguros en las fortalezas genovesas, aumentando as√≠ mucho la factura que G√©nova deb√≠a pagar por su presencia seg√ļn el Tratado de Compi√®gne, hasta forzar la insolvencia por falta de recursos de los genoveses.

Esta situación sin salida se prolongó así hasta el 15 de mayo de 1768, momento en el que Choiseul culminó su plan, forzando a Génova a firmar el Tratado de Versalles, en la que Génova vendía a Francia el territorio. Las condiciones de esta venta, que acentuó el desprecio de los corsos hacia Génova, fueron enviadas a Paoli, para que se sometiera formalmente al rey de Francia. Paoli respondió movilizando a toda la población para resistir, con las armas en la mano, a los franceses.

Mientras los genoveses dejaban definitivamente la isla, el gobierno franc√©s inici√≥ r√°pidamente una campa√Īa militar. En un primer momento las tropas del marqu√©s de Chauvelin sufrieron una dura derrota en Borgo en octubre de 1768. Paoli, tratando de ganarse el respeto de Francia, en vez de masacrar a estas tropas, liber√≥ a los numerosos prisioneros franceses capturados. Francia respondi√≥ con el env√≠o a C√≥rcega, de m√°s tropas con fuerte apoyo de artiller√≠a a las √≥rdenes del marqu√©s de Vaux. La b√ļsqueda desesperada de ayuda internacional por parte de Paoli no dio resultado y la campa√Īa militar francesa se aceler√≥ a principios de mayo de 1769, apuntando directamente hacia el cuartel general corso en Murato. Para tratar de frenar este ataque, Paoli utiliz√≥ todas las fuerzas de las que dispon√≠a, incluyendo un contingente de infanter√≠a mercenaria alemana.

La batalla decisiva se desarroll√≥ el 9 de mayo de 1769 en Ponte Nuovo sul Golo, donde las milicias corsas fueron derrotadas por las fuerzas francesas, con superior capacidad artillera y apoyadas por destacamentos de corsos a sueldo de los notables rivales de Paoli, que se hab√≠an pasado de bando junto a los futuros due√Īos de la isla. A pesar de la derrota, los corsos, obtuvieron la admiraci√≥n de toda Europa por el valor demostrado en la batalla, especialmente entre los intelectuales ilustrados que ve√≠an en ellos el primero desaf√≠o abierto al Ancien R√©gime. Voltaire escribir√° acerca de esta batalla, destacando el valor de los corsos que defendieron el puente, poni√©ndolos como ejemplo de heroica reivindicaci√≥n de la libertad, mientras James Boswell, en su Account of Corsica (1768), trataba a Paoli de nuevo Licurgo.

Paoli consiguió escapar antes de ser capturado y pasar a Livorno, desde donde se trasladó a Londres, ciudad en la que pudo gozar de un honorable destino (fue recibido personalmente por el rey Jorge III y dotado con una pensión), mientras en Córcega se quedaba su secretario Carlo Maria Buonaparte (padre del futuro emperador Napoleón, para tratar junto a otros notables de organizar resistencia. La clara victoria militar francesa, no obstante, inclinó de modo definitivo la balanza política hacia el lado de Francia y el propio Buonaparte acabó uniéndose al partido francés.

Desde el Ancien Régime hasta la la Revolución francesa

Iglesia de San Cervone cerca de Oletta.

El crecimiento de este partido se debió en mucho a la inteligencia del conde de Marbeuf, que ya había destacado al frente de las tropas de Luis XV que ocuparon la isla. Mantuvo gran parte de los Estatutos genoveses, y fue elaborando por medio de sentencias y edictos reales un corpus legislativo denominado Códigos Corsos. Se terminó con todos los elemetos del estado paolino, empezando por la clausura de la Universidad italiana de Corte.

Al exportar a la isla el modelo absolutista y centralista francés, se abolieron las antiguas asambleas democráticas locales (lo que fue muy apreciado por los notables locales, que pronto gozaron de títulos nobiliarios de segundo rango a cambio de su adhesión al nuevo régimen), y también fueron eliminados los privilegios de que gozaban las ciudades costeras, lo que significó su ruina desde el punto de vista comercial.

Se censó detalladamente el patrimonio comunal y se preparó un Plan Terrier con el objetivo de que la economía de la isla pasara a beneficiar al rey, puesto que pasaba a formar parte de su patrimonio persona, lo que también permitió el relanzamiento de los antiguos planes del Banco de San Giorgio para explotar las llanuras costeras (de las que se aprovechó la oligarquía local pro-francesa) a la vez que el sistema fiscal retomó, racionalizados, los impuestos genoveses.

La llegada en masa de jueces y administradores franceses complet√≥ el cuadro, haciendo que los notables locales se precipitaran a someterse al rey de Francia para no verse apartados de los puestos administrativos. Los resultados del Plan Terrier y de la pol√≠tica francesa fueron escasos en el terreno productivo y desastrosos desde el punto de vista pol√≠tico, produciendo la hambruna en las comunidades locales expropiadas de cualquier derecho por la ambici√≥n de los nuevos propietarios. La √ļnica operaci√≥n que se pudo considerar un √©xito fue la instalaci√≥n pac√≠fica en Carg√®se, de los colonos griegos que hab√≠an sido expulsados de Paomia y que se hab√≠an refugiado en Ajaccio durante toda la guerra.

Lejos de ser exterminada, la resistencia paolista continuaba en las monta√Īas, y crec√≠a por la desesperaci√≥n de los campesinos expropiados ante la voracidad de los notables aliados a Francia. Todos los opositores al nuevo r√©gimen fueron tachados de bandidos y bandoleros y, como tales, ferozmente perseguidos. Result√≥ especialmente sangrienta la represi√≥n de la insurgencia de Niolo, que se hab√≠a rebelado siguiendo a algunos nacionalistas: en 1774 el mariscal de campo Narbonne destruy√≥ e incendi√≥ campos y poblacioness, ejecutando y encarcelando a numerosos rebeldes. A esto siguieron destierros masivos, con el exterminio diferido de los combatientes capturados, enviados a morir en los presidios de Tol√≥n.

La Revolución francesa y el regreso de Pasquale Paoli

Todo esto mantuvo viva, también entre los dirigentes aunque nunca se expresara abiertamente, la nostalgia por el régimen de Paoli y una particular aversión hacia el instaurado por el rey de Francia.

No es por tanto de extra√Īar que C√≥rcega, en donde se ve√≠a m√°s claramente que en otras regiones la crisis del Ancien R√©gime, se encontrara entre las regiones que se adhirieron a la Revoluci√≥n francesa. Los corsos presentaron sus propios Cahiers de Dol√©ances en 1789, tanto m√°s cuanto que gran parte de su clase dirigente, adem√°s de haber dado vida al r√©gimen democr√°tico paolino, hab√≠a absorbido los principios ilustrados, muy extendidos entonces en las universidades italianas en las que siempre se hab√≠an formado los notables corsos.

El entusiasmo suscitado por el derrumbamiento del antiguo régimen absolutista (que se identificaba con la ocupación francesa) y las grandes esperanzas de libertad que parecía impulsar la Revolución, llevaron a un segundo plano los deseos nacionalistas de los corsos, como sucederá más tarde en Italia y otros lugares a los que llegó el ejército francés "exportando" la Revolución.

Esa observación explica mejor la solicitud propuesta por el delegado corso Saliceti a la Asamblea Nacional Francesa de enajenar la isla al patrimonio real y unirla a la Corona francesa, pasando a depender así de la nueva Constitución. La instancia de Saliceti se aprobó el 30 de noviembre de 1789, incluyendo una amnistía para todos los paolistas, incluyendo al propio Pasquale Paoli.

Durante ese tiempo estallaron graves disturbios en la isla y las tropas leales al rey fueron derrotadas. Bajo este prisma, se comprende mejor el intento, poco se√Īalado, aunque significativo, del rey Luis XVI de Francia a principios de 1790, de liberarse de su conflictiva posesi√≥n, tratando de devolver C√≥rcega a G√©nova.

En la primavera de 1790 Pasquale Paoli lleg√≥ a Par√≠s, en donde tuvo una calurosa acogida de quienes admiraban a los opositores del absolutismo, entre los que se encontraba Maximiliano Robespierre. Recibido por La Fayette y por el rey, Paoli continu√≥ hacia C√≥rcega, en donde fue acogido triunfalmente, a pesar de sus 21 a√Īos de ausencia, y elegido comandante de la Guardia Nacional y Presidente del Directorio del Departamento franc√©s en el que se inclu√≠a la isla. S√≥lo dos a√Īos antes, precisamente en Par√≠s, Vittorio Alfieri hab√≠a dedicado a Pasquale Paoli "Propugnator magnanimo de' Corsi" su tragedia Timole√≥n.

Los siguientes a√Īos vieron c√≥mo aumentaba la tensi√≥n en C√≥rcega, ya que a los revolucionarios se opon√≠an los contrarrevolucionarios, creando as√≠ una lucha permanente, aunque esta situaci√≥n no desemboc√≥ en combates sangrientos. De este periodo datan algunas cartas del joven Napole√≥n Bonaparte, en las que expresaba su admiraci√≥n por Paoli, y su desprecio por aquellos ciudadanos corsos que se opon√≠an a la Revoluci√≥n francesa.[1]

Fue bajo este clima cuando, mientras en Francia crec√≠a el desencuentro entre Girondinos y Jacobinos, Pasquale Paoli, que hab√≠a aceptado el proyecto girondino de un federalismo republicano como marco aceptable al menos temporalmente para su C√≥rcega, se aline√≥ con los primeros. La victoria jacobina y el inicio del Terror en 1793, con la ejecuci√≥n de Luis XVI marc√≥ el cambio de postura. Tras el fracaso de una expedici√≥n liderada por el joven Napole√≥n cuyo objetivo era conquistar Cerde√Īa (rechazada por Domenico Millelire), a la que Paoli se hab√≠a opuesto, se form√≥ un grupo de notables (en cuya primera fila estaban Saliceti y los Buonaparte) que propon√≠a la extensi√≥n del r√©gimen jacobino en la isla y que deseaba liberarse del ya anciano Babbu (padre) de la naci√≥n corsa. La Convenci√≥n emiti√≥ un decreto de arresto en abril de 1793 contra Paoli por colaboraci√≥n con el enemigo.

El reino Anglo-Corso

Paoli, temiéndose lo peor, agrupó a su alrededor a sus partidarios y contraatacó a los jacobinos en la Consulta celebrada en mayo en Corte, negándose a someterse a la Convención Nacional. Puesto fuera de la ley en julio, Paoli respondió declarando la secesión de Córcega de Francia y pidiendo ayuda a los británicos, después de que sus seguidores pusieran en fuga a los jacobinos y quemaran la casa familiar de Napoleón en Ajaccio.

Los ingleses, en guerra contra los revolucionarios franceses desde febrero de 1793, no dejaron escapar la ocasión de arrebatar Córcega a los franceses y perfeccionar de ese modo el bloqueo naval al que trataban de someter al régimen revolucionario. Atacadas por Nelson, las fortalezas costeras en las que se habían refugiado las tropas francesas en la isla cayeron una tras otra. Sin embargo, las grandes expectativas que levantó en Córcega esta intervención duraron poco y ocasionaron una amarga y definitiva desilusión a Pasquale Paoli.

Una vez expulsados los franceses de la isla, se procedió a redactar una nueva Constitución de Córcega (la segunda después de la de 1755), que se aprobó en junio de 1794 por una Consulta mantenida en Corte, convertida en capital de la isla desde 1791, después de que Paoli reprimiera una revuelta contrarrevolucionaria iniciada en Bastia. Más compleja que la anterior, la nueva Constitución configuraba Córcega como un protectorado personal del rey de Inglaterra aunque dotado de una amplia autonomía, llevando a cabo una original estructura institucional síntesis de parlamentarismo a la inglesa, reformismo ilustrado e independentismo.

En realidad todo lo expresado en la carta constitucional resultó papel mojado, sobre todo considerando el hecho de que Inglaterra, en guerra contra Francia, no tenía intenciones de limitarse a ejercer un protectorado poco más que simbólico (como preveía la Constitución) en una isla tan importante para sus propios objetivos estratégicos.

Paoli, que esperaba ser nombrado virrey, vio c√≥mo este cargo reca√≠a en el ingl√©s Sir Gilbert Elliot-Murray-Kynynmond (que entre 1807 y 1813 ser√° gobernador general de la India), y vio c√≥mo se esfumaban tanto sus ambiciones personales, como su sue√Īo de ver una C√≥rcega libre e independiente. As√≠, la Constituci√≥n que dio vida al Reino Anglo-Corso (tambi√©n escrita en italiano, que volv√≠a a ser el idioma oficial de la isla), a pesar de ser importante desde el punto de vista legislativo, fue en su mayor parte ineficaz, originando un creciente malestar.

Paoli, apoyado por muchos notables que se ve√≠an excluidos del nuevo r√©gimen, empez√≥ a oponerse a Sir Elliot hasta que el propio Jorge III le convoc√≥ en Londres. Llegado en octubre de 1795, el h√©roe corso se vio desterrado definitivamente, aunque cont√≥ con medios adecuados y se vio reconfortado por los apoyos y compa√Ī√≠as que le permitieron pasar una buena vejez. Tras haber dejado una importante suma destinada a la reapertura de la Universidad italiana en Corte, Paoli muri√≥ en Londres el 5 de febrero de 1807 y fue enterrado, con honores absolutamente excepcionales para un extranjero, en la Abad√≠a de Westminster.

En octubre de 1796 los ingleses evacuaron C√≥rcega, que fue ocupada de nuevo por los franceses del Ej√©rcito de Italia capitaneado por Napole√≥n pr√°cticamente sin disparar un arma. √Čste la dividi√≥ en dos departamentos (Golo y Liamone) con el objetivo de debilitar la unidad y prevenir nuevas revueltas.

En la Francia imperial

"Il faut que la Corse soit une bonne fois fran√ßaise (C√≥rcega debe ser francesa de una buena vez)" declar√≥ el futuro emperador y, con la llegada del poder napole√≥nico, C√≥rcega empez√≥ a afrancezarse en una operaci√≥n que sigue en nuestros d√≠as. La isla se volvi√≥ a ocupar por completo en 1797, a la vez que en Italia Napole√≥n acababa tanto con la Rep√ļblica de G√©nova como con la de Venecia. Pero el regreso a C√≥rcega de la potencia francesa victoriosa en Europa no trae a la isla ni paz ni prosperidad. Se suceden rebeliones y revueltas y los considerados en otro momento patriotas de Paoli, convertidos en bandidos bajo los reinados de Luis XV y Luis XVI, pasan ahora a ser llamados contrarrevolucionarios por el Directorio.

En 1798 estalla la rebeli√≥n llamada de la Crocetta, debido a una peque√Īa cruz blanca que los rebeldes ponen en sus gorros. Se origina por los excesos del gobierno jacobino contra el clero (que en C√≥rcega hab√≠a apoyado siempre a los nacionalistas). Encabezada por el viejo Agostino Giafferi (1718-1798), los rebeldes conquistan pronto gran parte del Norte de la isla. La reacci√≥n jacobina es inmediata y la revuelta es reprimida con dureza. Giafferi (hijo de un exiliado con Giacinto Paoli), es detenido en su casa y fusilado. Un destino parecido tiene una expedici√≥n de corsos en el exterior, que desembarca en Fiumorbo en 1800 desde la Toscana: las promesas de apoyo que les hab√≠a hecho el c√≥nsul ruso resultaron vanas y tambi√©n este intento, duramente reprimido, fracas√≥ tras la resistencia de una Sartena orgullosamente republicana.

La continuación de los desórdenes y la dureza utilizada por el gobernador militar de la isla, Miot de Melito, hacen endémicas la miseria y la pobreza por toda la isla. Miot, frente a una Córcega reducida al extremo, se ve obligado a suavizar la presión fiscal a partir de 1801. Otras medidas en esta línea se tomaron hasta 1811 cuando, por decreto imperial, se confirmaron y completaron con la reunificación de los dos Departamentos, trasladando la capital a Ajaccio.

A las ventajas fiscales, que no tendr√°n ning√ļn efecto significativo, y mientras el estado de guerra en la isla se afianza sin embargo la suspensi√≥n de la aplicaci√≥n de la Constituci√≥n francesa en la isla, que permanece bajo un brutal r√©gimen militar durante todo el Consulado y el Imperio. El general Morand, que recibe plenos poderes en 1803, con el pretexto de luchar contra el bandolerismo, utiliza los tribunales militares como instrumento para reprimir con dureza a la poblaci√≥n. Animado por Napole√≥n, el general comete feroces excesos y, al tratar de poner en marcha el alistamiento masivo, se encuentra con una nueva revuelta en Fiumorbo y en las monta√Īas de la Alta Rocca, que se convierten en el refugio de los rebeldes y un foco de resistencia permanente y obstinada que proseguir√° incluso tras la Restauraci√≥n. La ferocidad de la represi√≥n pasa a ser legendaria y se recordar√° en C√≥rcega la justicia morandiana como sin√≥nimo de violencia ciega.

En el terreno económico no hay nada significativo, salvo algunos intentos de mejora de las razas ovinas, la readaptación para uso militar de la carretera Bastia-Ajaccio y el aprovechamiento forestal para la construcción naval de la marina de guerra francesa.

A la caída de Napoleón los habitantes de Ajaccio echan al mar el busto de su conciudadano y cuelgan banderas borbónicas, mientras los habitantes de Bastia, encabezados por el poeta corso Salvatore Viale, publican un manifiesto (Proclamación de Bastia) e incitan a la isla a la rebelión para conseguir la independencia, instaurando un gobierno provisional que reivindicaba la soberanía corsa sobre la isla. Pero nadie cuestiona las deliberaciones del Congreso de Viena, y Córcega vuelve a los franceses. El oportunismo se vuelve a imponer: muchos notables, incluidos los que se habían beneficiado con el régimen napoleónico, hacen acto de obediencia a la monarquía francesa restaurada, salvo en los momentos en los que vuelven a aplaudir a Napoleón durante los Cien días.

Hacia el segundo Imperio

Una vez cerrado, el par√©ntesis napole√≥nico, Francia pone sus ojos en C√≥rcega, al haberse convertido la isla en uno de los lugares de reclutamiento de los seguidores del emperador. Frente a la reacci√≥n mon√°rquica, los seguidores corsos de Napole√≥n se unen a los insurgentes nunca reducidos de las monta√Īas centro-meridionales y entre 1815 y 1816, se desarrolla en la isla la llamada Guerra del Fiumorbo: durante meses poco menos de mil hombres y unos centenares de guerrilleros corsos se enfrentan y al final casi derrotan las fuerzas de al menos 8.000 hombres del marqu√©s de Rivi√®re.

Tras salvarse de milagro de ser capturado en la batalla, el marqués fue sustituido por el conde Willot, que ofreció una capitulación honorable al comandante rebelde, el muratiano Poli que, gracias a la amnistía concedida en mayo de 1816, abandona Córcega con sus partidarios. Casi derrotados militarmente, los Borbones obtienen de ese modo una victoria política, y una vez alejados o encarcelados los bonapartistas, confían a monárquicos el gobierno de la isla.

Una vez terminado el √ļltimo eco del Fiumorbo (aunque una parte de los insurgentes se retirar√° a la guerrilla, que ser√° operativa hasta m√°s o menos 1830), la gente corriente sigue viviendo de una econom√≠a de subsistencia y el incremento demogr√°fico registrado desde 1890 (de 164.000 a 290.000 habitantes) no es especialmente significativo, ya que se debe fundamentalmente al cese de las guerras y devastaciones. Una prueba de los esfuerzos de los corsos por ganarse la vida, son visibles hoy en la isla en las numerosas terrazas abandonadas, creadas con gran esfuerzo no para cultivar vid y olivo, sino cereales panificables.

Los sucesivos planes de desarrollo agr√≠cola lo √ļnico que hicieron fue seguir fundamentalmente los que ya hab√≠a dise√Īado en el Siglo XVI dl Banco de San Giorgio, consiguiendo los mismos pobres resultados y generando las mismas tensiones sociales que se hab√≠an producido dos siglos antes, acabando por abrir situaciones que estallaron con motivo de la Revoluci√≥n de 1848.

Para oscurecer m√°s este periodo se produjeron carest√≠as (1811, 1816, 1823, 1834) y epidemias de c√≥lera (1834, 1855), sin contar la malaria, end√©mica en las h√ļmedas llanuras litorales, y se mantuvo la cultura de la vendetta y del bandolerismo que, lejos de ser √ļnicamente un fen√≥meno de pura criminalidad, era tambi√©n una forma de oponerse al esfuerzo de los franceses por extender su cultura y un modo de reivindicaci√≥n colectiva de identidad y de rechazo hacia el modelo franc√©s, que una parte de la poblaci√≥n ve√≠a como extra√Īo y colonial.

La respuesta del Estado, significativamente, se parecerá a la de los genoveses: tras fracasar las políticas represivas se recurrirá, durante el Segundo Imperio, a la supresión generalizada del derecho a llevar armas, mientras que, con la excusa de favorecer la agricultura se crearán colonias penales agrícolas en la isla.

Por otra parte los propios franceses ven C√≥rcega como algo extra√Īo (Chateaubriand da por descontado este dato en sus pol√©micas antinapole√≥nicas y trata de modo despectivo a sus habitantes) y, tambi√©n durante el Risorgimento, los corsos, que siguen acudiendo a Universidades italianas, se consideran parte de la comunidad italiana entendida en sentido cultural.

Sólo se usa el francés en los actos administrativos (y ni siquiera en todos: hasta mediados del Siglo XIX es habitual encontrar certificados de nacimientos, de matrimonio o de fallecimiento redactados en italiano), idioma que sigue siendo mayoritario en publicaciones e incluso en actas notariales, mientras mientras que lo que más adelante se conocerá como lengua autónoma, u Corsu, es solamente el nivel familiar de la lengua vernácula, al igual que sucede con numerosos dialectos locales italianos. De los notables que hablan en la versión toscana del italiano se dice que parlanu in crusca, con evidente referencia a la famosa Academia florentina, defensora de la lengua italiana.

En 1821 una inspección desarrollada por el académico francés Antoine-Félix Mourre, calculaba que de unos 170.000 habitantes sólo unos 10.000 comprendían el francés, y de ellos unos mil eran capaces de escribirlo. Una posterior confirmación de esa situación fue el Tratado firmado el 18 de febrero de 1831 en París entre el general La Fayette y el comité revolucionario italiano de París en el marco de las agitaciones unidas a la Monarquía de julio, a propuesta del francés, se establece el intercambio entre Córcega y Saboya. El 28 de julio de 1835 el corso Giuseppe Fieschi atenta contra la vida de Luis Felipe de Francia y es guillotinado.

El italiano, que se segu√≠a usando en actos p√ļblicos (por un decreto de 10 de marzo de 1805 que derogaba en la isla el uso obligatorio del franc√©s), se proh√≠be por completo el 4 de agosto de 1859, tras una sentencia de la Corte de Casaci√≥n francesa.

A pesar de algunas referencias a una implicaci√≥n de la isla en la unidad italiana por parte, entre otros, de Giuseppe Garibaldi, Giuseppe Mazzini y Vincenzo Gioberti, y la participaci√≥n de algunos corsos en algunas batallas durante el proceso de unificaci√≥n de Italia, C√≥rcega, dejando a parte intervenciones individuales de algunos de sus habitantes, nunca se sinti√≥ implicada en este proceso unitario italiano. De hecho los corsos han demostrado siempre que no ten√≠an deseo de respetar a dominador alguno por su genuino deseo independentista. La presencia de italianos en la isla, m√°s que para exaltar un inexistente sentimiento pro-italiano sirvi√≥ para difundir las ideas liberales entre la burgues√≠a corsa. En ese contexto, en torno a 1848 nace en C√≥rcega la sociedad secreta de los Pinnuti (murci√©lagos), una especie de Carbonarios isle√Īos.

Más significativo es, por supuesto, el deseo de los notables en el mundo político parisino, de que los corsos se integren en el Estado francés.

Durante la Restauraci√≥n borb√≥nica, en una C√≥rcega muy pobre se tiene que derogar el umbral econ√≥mico de acceso al sufragio censitario, baj√°ndolo lo necesario para implicar a los notables de la isla en la pol√≠tica nacional. Se acent√ļa as√≠ la tendencia, tradicional en los √ļltimos siglos de que las familias m√°s poderosas dispongan del poder, renovando el fen√≥meno que a√ļn se produce hoy y en el que los pol√≠ticos autonomistas e independentistas llaman en C√≥rcega clanistas a los pol√≠ticos locales encuadrados en partidos nacionales franceses.

Entre las familias que encarnan este proceso, sin duda las primeras son los Pozzo di Borgo y los Sebastiani, que inician su actividad a la sombra del nuevo poder central ya durante el Primer Imperio, y antes incluso de jurar fidelidad a la restauraci√≥n mon√°rquica. Ir√°n detr√°s los Abbatucci durante el Segundo Imperio y los Ar√®ne en la Tercera Rep√ļblica.

Si los corsos que buscan fortuna en Francia tratan de liberarse de su carácter corso para parecer más franceses, el continente descubre esta exótica isla, nuevo apéndice de su territorio, sobre todo gracias a los viajes para descubrir la isla que realizan algunos intelectuales y a las novelas de éxito inspiradas en Córcega. Entre todos, Honoré de Balzac que en 1830 publica La vendetta (título original en italiano), cuyos protagonistas corsos hablan italiano y Prosper Mérimée con Colomba (publicado en 1840), seguidos por Alejandro Dumas con Los hermanos Corsos, Gustave Flaubert y después otros relevantes autores franceses.

La era de Napoleón III

Carlos Luis Napoleón Bonaparte (1808-1873), hijo del hermano de Napoleón I, Luis Bonaparte, marca la Historia de la integración de Córcega en Francia.

La entrada en la escena política de Luis Napoleón sirve de catalizador de un fenómeno iniciado poco antes y que lleva al sorprendente desarrollo del bonapartismo en una Córcega que no había apreciado demasiado al tío del futuro Napoleón III. Las razones de esta evolución hay que buscarlas en el antiguo mecanismo que tantas veces lleva a los corsos a poner sus esperanzas en cualquiera que pudiera oponerse a los poderes que les oprimían, guiados por unos notables capaces de explotar el desinterés de los campesinos por la política.

Así el antiguo emperador, exiliado incluso después de muerto, consigue convertirse en un símbolo de oposición a la monarquía francesa, además de poder representar el enésimo caso de un corso que acaba sus días en un destierro compartido por los supervivientes de su familia. Este símbolo lo aprovechará su sobrino mediante la iniciativa de 1834 en Ajaccio del abogado Costa, de solicitar la supresión del exilio a los Bonaparte, que culmina en 1848 tras el regreso triunfal a París de los restos de Napoleón (1840).

Luis Napoleón es elegido en Ajaccio (sin olvidar presentarse en otros colegios del continente) obteniendo un gran éxito: el 10 de diciembre de 1848, en las elecciones presidenciales, obtiene unos 40.000 votos de un total de 47.600 (85%) y este porcentaje se transforma en una victoria sin paliativos en el plebiscito de 1852, en que consigue 56.500 votos afirmativos de 56.600 votantes.

Lo que las razones expuestas anteriormente no consiguen explicar se comprende inmediatamente al constatar el acceso a las más elevadas funciones del Estado de los cabecillas de los clanes corsos que habían apoyado al nuevo emperador de Francia: gracias a Luis Napoleón, los Abbatucci, los Casabianca, los Pietri, hacen carreras espectaculares, cuando no escandalosas, en algunos sectores de la magistratura y de la administración. La fidelidad a la dinastía Bonaparte está incentivada por tres visitas triunfales de Napoleón III a Córcega (1860, 1865 e 1869), en las que se inicia el culto dinástico alrededor de la Capilla Imperial construida ex-profeso en Ajaccio para albergar las tumbas de miembros de la familia, a la vez que la capital de la isla se embellece para colaborar en la autocelebración bonapartista.

Los corsos se precipitar√°n en cambiar de bandera tras la ruinosa ca√≠da de Napole√≥n III el 2 de septiembre de 1870 en Sed√°n, lo que desencadena sobre ellos una furibunda reacci√≥n de los radicales y de los republicanos franceses que, tras la ca√≠da de Napole√≥n III, se lanzan a una violenta campa√Īa de racismo anticorso.

V√≠ctor Manuel II de Italia que el 20 de septiembre de 1870 se apodera de Roma no se decide a extender su golpe de mano para aprovechar y hacerse con C√≥rcega. Y sin embargo, en marzo de 1871, en plena campa√Īa de odio hacia los corsos, un diputado radical que llegar√° a ser presidente, Georges Clemenceau, propone a la Asamblea Nacional negociar la devoluci√≥n de la isla a Italia. La idea que algunos franceses ten√≠an de C√≥rcega se puede ver en las palabras de Guy de Maupassant que en 1884 escribe:

Hice hace cinco a√Īos un viaje a C√≥rcega. Esta isla salvaje es m√°s desconocida y m√°s lejana para nosotros que las de Am√©rica (en Le bonheur)

La Tercera Rep√ļblica

La campa√Īa anti-corsa reaviva el instinto de los isle√Īos de retraerse y hacer frente com√ļn, as√≠, el bonapartismo resiste a√ļn algunos a√Īos como fuerza mayoritaria en C√≥rcega. La ruptura del esquema se debe al oportunismo y a la habilidad de Emmanuel Ar√®ne, nacido en Ajaccio en 1856 de una familia provenzal, lo que llevar√° al partido bonapartista a reducirse a fen√≥meno puramente de Ajaccio.

Apodado U Re Manuele, Ar√®ne, con apoyo total del gobierno central, domina la escena pol√≠tica corsa con gran habilidad a partir de 1878 (y hasta su muerte en 1908), ejercitando alternativamente mandatos de senador y diputado en el seno de los grupos republicanos moderados. Con Ar√®ne se institucionaliza definitivamente el clanismo isle√Īo: la pol√≠tica se convierte en profesi√≥n y √ļnico objetivo serio para las clases altas, ya directamente a trav√©s de la distribuci√≥n de tareas administrativas sobre todo en Francia y sus colonias, ya indirectamente, otorgando su poder a trav√©s del empleo p√ļblico (en el continente y en las colonias, y especialmente en el ej√©rcito) que, ofrecido a los corsos, se convierte en instrumento de control del voto e instrumento de control pol√≠tico.

Las clases dirigentes de la isla se ven desde entonces en una enorme mayoría atraídas a la órbita nacional francesa, en cuyo debate político y cultural participan activamente, mientras la educación elemental empieza a difundir la lengua y la cultura francesa y la francofonía también en el campo, iniciando un proceso de desnacionalización que ya no se detendrá.

Mientras la pol√≠tica implica a la minor√≠a dirigente, para la mayor parte de los corsos se completa el desastre preparado por casi un siglo de guerras ininterrumpidas seguido de otro siglo de represi√≥n y explotaci√≥n: implementado por primera vez por una ordenanza del 14 de diciembre de 1771 (s√≥lo dos a√Īos despu√©s de la ocupaci√≥n de la isla), un sistema injusto aduanero, y que no variar√° en lo fundamental en las sucesivas modificaciones que se realicen, asfixi√≥ la econom√≠a de la isla en un sistema que se puede definir como colonial.

Prohibidas expl√≠citamente o fuertemente desaconsejadas las importaciones y exportaciones del extranjero (en particular de Italia), √©stas se producen de hecho s√≥lo desde o hacia Francia, con tasas que generalmente gravan un 15% las mercanc√≠as salidas de C√≥rcega, pero solo en un 2% las de entrada. Los productos corsos tradicionalmente exportados salen as√≠ r√°pidamente del mercado, especialmente cuando el desarrollo de las importaciones desde la colonia se extiende, mientras C√≥rcega, pobre en recursos, pasa a ser estructuralmente dependiente de Francia en todo y para todo, y se halla unida a ella en un r√©gimen de monopolio por una √ļnica compa√Ī√≠a de navegaci√≥n concesionaria del Estado.

En el contexto europeo que contempla la libre circulaci√≥n de mercanc√≠as y capitales, y mientras la Revoluci√≥n industrial crece y alcanza la madurez, en una C√≥rcega ya de por s√≠ pobre, la anacr√≥nica gabela aduanera francesa hace in√ļtiles los pasos que se dan para adaptar la isla a la modernidad.

As√≠, valen de poco los enormes esfuerzos hechos, con la ayuda de Gustave Eiffel, para dotar a la isla de un ferrocarril. Una vez puestos los primeros n√ļcleos industriales y sider√ļrgicos en Toga y Solenzara (que no se enlazaron por ferrocarril hasta los a√Īos 1930), el tren sirve para poco y acaba siendo utilizado para transportar peri√≥dicamente los reba√Īos, evitando que la transhumancia abarrote demasiado las carreteras de la isla, que eran y han seguido siendo en nuestros d√≠as estrechas y tortuosas.

Manteniendo las barreras aduaneras desfavorables, la producci√≥n ole√≠cola y vin√≠cola que se hab√≠a expandido durante la primera mitad del Siglo XIX no resiste el golpe de la creciente competencia protegida, primero provenzal y luego colonial. Hasta la harina tra√≠da desde Marsella es m√°s econ√≥mica que la producida en la isla y los casta√Īos, que dejan de ser rentables, se transforman en le√Īa y carb√≥n o alimentan ef√≠meros talleres productores de taninos. La misma suerte sufren la sericicultura y la artesan√≠a antes floreciente especialmente en Bastia, arruinada por la llegada de la producci√≥n industrial de serie.

La poblaci√≥n corsa, exang√ľe, emigr√≥ en masa en veinte a√Īos a finales del siglo XIX, en su mayor√≠a a Venezuela y Puerto Rico, anulando as√≠ tambi√©n el trabajo por el que se sanearon tras a√Īos de sacrificios, unos 900 km¬≤ de llanuras insanas para recuperarlas para la agricultura: abandonadas vuelven a pasar enseguida a estado salvaje y habr√° que esperar a la intervenci√≥n decisiva de los estadounidenses, en 1944, para erradicar definitivamente la malaria de las llanuras orientales (donde se concentrar√°n los aer√≥dromos de los que part√≠an los aviones que bombardeaban Alemania y el Norte de Italia).

El siglo XX

La gravedad de la crisis económica hizo que las malas prácticas políticas aumentaran, produciéndose fenómenos como el caciquismo y la compra de votos como instrumento de control social que llevaba a los políticos locales a usar con fines clientelistas hasta la fuerte demanda de emigración.

En los inicios del Siglo XX, si por una parte el Estado Franc√©s mantiene sus responsabilidades por la profunda crisis en que se halla C√≥rcega, por otra el comportamiento de su clase dirigente acent√ļa los efectos de la desestructuraci√≥n econ√≥mica, social y cultural que hunde a una comunidad que hab√≠a alumbrado las esperanzas de las mentes ilustradas de la Europa del Siglo XVIII. Los pol√≠ticos clanistas, integrados en las formaciones pol√≠ticas nacionales francesas, adem√°s de explotar los males de la isla para conservar y acrecentar su poder personal, se limitan a clamar vacuamente por que se trate la "cuesti√≥n corsa" a nivel nacional.

Frente a la desarticulación de las estructuras tradicionales y básicas de la sociedad corsa, desde finales del Siglo XIX empieza a resurgir y a tomar conciencia en la isla un sentimiento de identificación que, frente al crecimiento de la cultura francófona, se agrupa en torno al fomento de la Lengua corsa sin renunciar a denunciar el clanismo, la indiferencia y el cinismo del Estado, la desertización real y metafórica de Córcega.

Desde Niccolò Tommaseo al nacimiento de la literatura corsa

Tumba de Pasquale Paoli en la capilla cercana a su casa natal de Morosaglia, cuando el cuerpo fue transportado a Córcega en 1889. Está escrita en italiano.

Las primeras se√Īales claras de este despertar datan de los a√Īos 1870 y coinciden con la crisis del movimiento bonapartista. Salt√°ndose voluntariamente el siglo franc√©s que ha transcurrido hasta ese momento, el movimiento reivindicativo se inspira en la recuperaci√≥n de las tradiciones nacionales corsas del Siglo XVIII. Un peque√Īo grupo de corsos desvinculados de formaciones pol√≠ticas hab√≠an empezado una actividad de base cuyo objetivo era defender la lengua, la identidad y la historia locales ya desde 1838-1839, periodo en que estuvo en la isla el fil√≥logo Niccol√≤ Tommaseo. √Čste, con ayuda del poeta y magistrado de Bastia Salvatore Viale (1787-1861), estudia el lenguaje vern√°culo corso y alaba su riqueza y pureza (lo llegar√° a definir como el m√°s puro dialecto italiano), contribuyendo al nacimiento de las primeras semillas de una conciencia ling√ľ√≠stica y literaria aut√≥noma en el √°mbito de la √©lite isle√Īa que se agrupa en torno a Viale. Este grupo en 1817 hab√≠a publicado una obra h√©roe-c√≥mica, la Dionomaquia, en la que hab√≠a un fragmento en corso en medio de un texto en italiano. Es √©sta la primera obra literaria relevante que utiliza el corso, ya que anteriormente hab√≠a pocos testimonios escritos, como mucho algunas poes√≠as (a menudo escritas por sacerdotes), aunque los testimonios de una rica tradici√≥n oral eran numerosos, destacando los cantos, especialmente en su forma pastoral antiqu√≠sima de los paghjelle, polifon√≠as especialmente estudiadas y admiradas por Tommaseo (y hoy recuperadas por grupos musicales corsos posteriores como A Filetta.

Sin embargo incluso entonces, y lo seguir√° siendo hasta finales del Siglo XIX, el corso s√≥lo se consideraba adecuado para temas jocosos, farsas (como la Dionomaquia) o populares (canciones), por lo que en los temas "serios" la elecci√≥n de los que rechazaban la asimilaci√≥n francesa era instintivamente la del italiano. Por ejemplo, en 1889, mientras Par√≠s celebra el siglo del Positivismo inaugurando la Torre Eiffel, los nacionalistas corsos traen desde Londres y tras un exilio de 82 a√Īos, los restos mortales de Pasquale Paoli. En la austera capilla de su casa natalicia, la inscripci√≥n de la l√°pida est√° en italiano.

Se llega así a 1896, fecha en que aparece el primer diario en lengua corsa, "A Tramuntana", fundado por Santu Casanova (1850-1936) y que será hasta 1914 el portavoz de la identidad corsa y de su dignidad.

Mientras el italiano desaparece con rapidez, debido a la falta de reconocimiento de t√≠tulos acad√©micos expedidos por universidades italianas desde la √©poca de Napole√≥n III que empuja a la √©lite cultural corsa hacia las universidades francesas, los corsos empiezan a valorar su lengua vern√°cula como instrumento de resistencia ante la desculturizaci√≥n francesa. Junto al proceso de promoci√≥n del corso, que lo llevar√° a ser percibido como un idioma aut√≥nomo y no ya como un nivel familiar del italiano, se desarrolla un sentimiento de b√ļsqueda de autonom√≠a administrativa y una necesidad de estudiar en las escuelas la historia corsa, en un panorama en el que todos los escolares sab√≠an qui√©n hab√≠a sido Vercinget√≥rix, pero ignoraban la existencia de Pasquale Paoli.

Junto a "A Tramuntana", otra revista, "A Cispra", representa un estado de ánimo que implica transversalmente a todo lo que hoy denominaríamos la sociedad civil de la isla, mientras los políticos clanistas de cualquier partido nacional francés quedan fuera del proceso y fieles al gobierno central y al nacionalismo francés. Los franceses se preocupan y contraatacan multiplicando las investigaciones parlamentarias en la isla, a la vez que el mismo presidente Sadi Carnot siente la necesidad de visitar Córcega en 1896.

El √ļnico resultado concreto de esta agitaci√≥n es el levantamiento, a partir de 1912, del r√©gimen aduanero colonial que estrangulaba a la isla desde su conquista. Pero esta medida, aislada e insuficiente, resultar√° in√ļtil debido al estallido de la Primera Guerra Mundial.

De la Primera a la Segunda Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) implica fuertemente a C√≥rcega y manifiesta la diversidad de trato hacia su poblaci√≥n en el seno del Estado franc√©s. Para los corsos no se aplica la regla que exime a los padres de familia numerosa de prestar el servicio militar o de ser destinados a primera l√≠nea, y los corsos son lanzados como carne de ca√Ī√≥n en las batallas del frente franco-alem√°n, lo que permite que C√≥rcega alcance la nada envidiada marca de contar porcentualmente con el doble de muertos que la media nacional, y con el √≠ndice m√°s alto de todas las regiones del pa√≠s. Seg√ļn las estimaciones, un 10 % del total de la poblaci√≥n de la isla muere en los campos de batalla. El impacto demogr√°fico es desastroso y se agrava por la interrupci√≥n, por motivos b√©licos, de la uni√≥n naval regular con la isla, que agrava la crisis y empuja a una poblaci√≥n hambrienta a dedicarse a una agricultura y a una econom√≠a arcaicas, vi√©ndose obligados a recuperar t√©cnicas de cultivo del Siglo XVIII para sobrevivir.

La situaci√≥n en C√≥rcega llega a ser tan desesperada que muchos soldados prefieren emigrar a las colonias o buscar trabajos en el continente antes que regresar a sus casas en una tierra cada vez m√°s desertizada. Esta di√°spora superpone sus efectos a las muchas p√©rdidas (los monumentos a los ca√≠dos en muchos pueblos de C√≥rcega cuentan con un n√ļmero de personas mayor al de los que hoy viven en ellos), dando un golpe que resultar√° decisivo para el equilibrio demogr√°fico, cultural y econ√≥mico de la isla.

Entre los que se quedan se produce una radicalizaci√≥n del movimiento reivindicativo y se estrechan los v√≠nculos pol√≠ticos con Italia, que ya en el gobierno de Francesco Crispi fomentaba el desarrollo de los movimientos rebeldes y una pol√≠tica exterior contraria a Francia. En C√≥rcega nace, impulsado por Petru Rocca, "A Muvra" (el mufl√≥n corso, 1919), un peri√≥dico escrito en corso e italiano, con algunos art√≠culos en franc√©s. Alrededor del diario se forma en marzo de 1922 el Partitu Corsu d'Azione (PCdA, autonomista). Junto a "A Muvra" nacen otras publicaciones, en C√≥rcega e Italia, en donde el diario livorn√©s "Il Telegrafo" distribuye en C√≥rcega, a partir de 1923, una edici√≥n para la isla, de amplia difusi√≥n. Adem√°s de estos peri√≥dicos se multiplican estudios ling√ľ√≠sticos serios e hist√≥rico-etnogr√°ficos dedicados a la isla, editados tanto en Italia como en C√≥rcega.

Se pasa así de la reivindicación autonomista y de identidad a la más marcadamente independentista y nacionalista que, con la llegada de la propaganda mussoliniana, se ve apoyada: el gobierno fascista, en su línea de reivindicar sus territorios perdidos (Zara, Menton, Niza, Saboya...) financia a los independentistas corsos e instituye becas para que los jóvenes corsos vuelvan a estudiar en universidades italianas. Este hecho fue aprovechado por los franceses para tratar de desprestigiar el movimiento independentista corso identificándolo con el fascismo italiano.

De hecho la llegada de Mussolini al poder en Italia incide en un sentimiento larvado de no identificaci√≥n de los corsos con Francia. La tradicional tendencia de los corsos a pedir ayuda externa y a agruparse en torno a pol√≠ticos en√©rgicos, empuja a los corsistas a una identificaci√≥n con el fascismo italiano. Adem√°s de Petru Rocca se distinguen en el movimiento corsista otros personajes, casi todos a la vez literatos (con producci√≥n po√©tica en corso y en italiano) y activistas pol√≠ticos. Algunos de ellos, como los hermanos Ghjuvanni y Anton Francescu Filippini (este √ļltimo, considerado el mejor poeta corso, fue secretario de Galeazzo Ciano), se exiliar√°n a Italia desde muy j√≥venes y unir√°n su destino p√ļblico al del r√©gimen fascista. Ese mismo destino marcar√° la vida de Marco Angeli y Petru Giovacchini, condenado a muerte en rebeld√≠a por Francia por desertor y traidor justo despu√©s de la derrota italiana en la Segunda Guerra Mundial.

Marco Angeli, de Sart√®ne, colabor√≥ en "Muvra" entre 1919 y 1924, se√Īal√°ndose como polemista, poeta y autor de la primera novela en corso (Terra corsa, Ajaccio, 1924). Intenso activista pol√≠tico, como secretario del PCdA. Desde 1926, acusado de deserci√≥n en Francia, se traslad√≥ a Italia, pa√≠s en el que se hab√≠a licenciado en medicina en Pisa. Desde 1930 desarroll√≥ desde esta ciudad toscana una intensa actividad propagand√≠stica que le llev√≥ a crear una red de activistas que, unidos en los "Grupos de Acci√≥n Corsa", ten√≠an miles de adherentes en toda Italia. Algunos seguidores del movimiento nacionalista corso llevaron su alineaci√≥n con la pol√≠tica fascista a extremos grotescos: Santu Casanova escribe poemas paneg√≠ricos celebrando la guerra de Abisinia y organiz√≥ festejos p√ļblicos para celebrar la proclamaci√≥n del Imperio Italiano el 9 de mayo de 1936.

Sin embargo, la mayor parte de la poblaci√≥n corsa era indiferente (y en algunos casos abiertamente hostil) a la llamada independentista (cuando no anexionista) y tras la se√Īal de alarma que surge tras las manifestaciones de j√ļbilo por las aventuras coloniales fascistas, a una reivindicaci√≥n oficial de Italia sobre C√≥rcega pronunciada por el Ministro de Exteriores, Galeazzo Ciano, hay una fuerte reacci√≥n del gobierno franc√©s que organiza en Bastia, el 4 de diciembre de 1938, frente al monumento a los ca√≠dos de la Primera Guerra Mundial una manifestaci√≥n nacionalista francesa que llegar√° a ser famosa como el Serment (juramento) de Bastia: miles de personas juran "vivir y morir franceses" y defender la pertenencia de C√≥rcega a Francia contra todos "respondiendo a la brutal violencia con la violencia leg√≠tima".

La Segunda Guerra Mundial y la ocupación italiana

Tras el armisticio de junio de 1940 las principales bases militares en Córcega reciben la visita de las misiones militares italianas y alemanas.

El 11 de noviembre de 1942, como respuesta a la Operación Torch aliada, empieza con el consentimiento del gobierno colaboracionista de Gobierno de Vichy, la invasión de Francia meridional por las fuerzas alemanas y de Córcega por parte de las italianas, que desembarcan en Bastia sin oposición alguna, utilizando medios y hombres que se habían preparado para el desembarco nunca realizado de Malta.

Las fuerzas italianas de ocupaci√≥n constaban de unos 80.000 hombres. En junio de 1943 se les a√Īadieron unos 14.000 alemanes de la divisi√≥n SS Reichsf√ľhrer. El mando militar italiano control√≥ f√°cilmente la isla gracias a la magnitud de las fuerzas de ocupaci√≥n (C√≥rcega ten√≠a unos 200.000 habitantes) y gracias al hecho de que tanto la Gendarmer√≠a francesa como la administraci√≥n civil local se mantuvieron en sus funciones. La oposici√≥n de la poblaci√≥n a la ocupaci√≥n, cuando existi√≥, fue escasa: una parte de la poblaci√≥n acoge a los italianos como liberadores. La dura intervenci√≥n de la polic√≠a secreta italiana (la OVRA), quiz√°s unida a los Carabinieri contra los escasos opositores consiguen, junto al hambre (a la que contribuyen las confiscaciones de v√≠veres), a alimentar el descontento, en el que incidir√°n los cabecillas del movimiento de Resistencia, tanto la de los comunistas como la de los republicanos y nacionalistas franceses.

Charles de Gaulle envía a la isla a uno de sus hombres de confianza, Fred (Godefroy) Scaramoni (nacido en Ajaccio en 1914), para organizar y unir a las distintas facciones de la Resistencia, hasta ese momento puramente testimonial. Scaramoni coordina con líderes locales un plan de desarrollo que prosigue durante muchos meses contando también con aprovisionamientos clandestinos por mar (muchos hechos gracias al submarino francés "Casablanca") y por lanzamientos nocturnos desde los aviones. Detenido por los carabinieri en Ajaccio y torturado por la OVRA durante los interrogatorios, Scaramoni, para no verse obligado a denunciar a nadie, se suicida en la cárcel el 19 de marzo de 1943.

Durante ese tiempo se producen algunos atentados que fuerzan una espiral de represión cada vez más despiadada. Se multiplican las detenciones y las deportaciones a la isla de Elba y a Calabria, mientras la Resistencia se reagrupa en el maquis (en corso macchia), término que servirá para designar a todo el movimiento de liberación en Francia. El siguiente cabecilla de la Resistencia corsa, Paolo Colonna d'Istria, detenido, consigue ser liberado convenciendo a los guardias de que es un agente secreto italiano gracias a su dominio del idioma.

El 27 de junio de 1943, también en Ajaccio, la OVRA detiene también a Jean Nicoli, dirigente del Frente Nacional (Resistencia comunista) en la isla. Trasladado a Bastia, Nicoli es condenado a ser fusilado el 30 de agosto. Sin embargo, su cuerpo se encontrará descuartizado y decapitado.

Tras el armisticio firmado por el general Badoglio el 8 de septiembre de 1943, gran parte de las fuerzas italianas, al mando del general Giovanni Magli, se oponen con las armas a los intentos de ser desarmadas por las fuerzas alemanas. Ya por la tarde, se produce una batalla en el puerto de Bastia, que los alemanes tratan de capturar. Magli en un primer momento negocia con el comandante alem√°n, el h√°bil general Fridolin von Senger und Etterlin (que desarrollar√° un papel clave en la batalla de Montecassino), quien tiene a su disposici√≥n en el Norte de la isla tropas acorazadas de √©lite. Frente a la amenaza de sufrir una tenaza debido al desembarco, cerca de Bonifacio de m√°s fuerzas acorazadas alemanas (90¬™ Divisi√≥n PanzerGrenadier) desde Cerde√Īa (que los alemanes evacuaban tratando de consolidar el control de C√≥rcega), Magli contacta con Paolo Colonna d'Istria para negociar una l√≠nea com√ļn contra los alemanes.

A las √≥rdenes del general Henry Giraud (que √°un se encuentra en el Norte de √Āfrica), desembarcan mientras tanto en la isla los primeros soldados coloniales franceses (Goumiers de Marruecos) junto a algunos agentes y rangers estadounidenses. El 12 de septiembre Magli rechaza un ultimatum de Albert Kesselring. A partir del 13 de septiembre de 1943 los italianos (salvo unos reducidos grupos de camisas negras que se unen a las tropas alemanas) se unen a unos 12.000 resistentes y a unos centenares de soldados coloniales franceses contra los alemanes, cuyas fuerzas del Sur trataban de alcanzar Bastia. Lo que pretende von Senger es asegurarse el control de la ciudad y de su puerto para llevar a salvo sus tropas y sus carros de combate hacia Livorno (para oponerse al desembarco de Salerno). Mientras Bastia resiste a los bersaglieri y a la artiller√≠a italiana, se producen cruentas luchas por toda la isla.

El 17 de septiembre desembarcan en Ajaccio nuevas tropas coloniales francesas a las √≥rdenes del general Henry Martin, y el 19 la Luftwaffe bombardea el cuartel general de Magli en Corte. El 21 de septiembre el general Giraud se re√ļne con el comandante italiano. Las fuerzas francesas en la isla ascienden a unos 6.000 hombres. Durante las batallas los alemanes minan y vuelan numerosos puentes, destruyendo, entre otros, el Ponte Novu que hab√≠a sido escenario de los combates m√°s duros en la batalla hom√≥nima en 1769 que marc√≥ el final de la C√≥rcega independiente de Pasquale Paoli. A partir del 29 de septiembre se lanza la ofensiva general italo-francesa. Las posiciones alemanas en Bastia son bombardeadas por la artiller√≠a italiana (los franceses no disponen de ella). El 3 de octubre los bersaglieri toman Bastia, aunque se retiran inmediatamente, debido a los acuerdos, para permitir a los franceses el honor de desfilar por la ciudad como libertadores al d√≠a siguiente. Mientras tanto, debido a un error se produce un duro bombardeo aliado, que provoca muchos da√Īos y numerosos muertos entre la poblaci√≥n civil. El 5 de octubre de 1943 se acaba con las √ļltimas bolsas de resistencia alemana en la isla, que pasa as√≠ a ser el primer Departamento franc√©s liberado y la √ļnica regi√≥n en la que los italianos combatieron con √©xito a los alemanes tras el 8 de septiembre.

Entre el 8 y el 10 de octubre de 1943, Charles de Gaulle visita la Córcega liberada, y destituirá a Giraud al acusarle de dejar demasiado protagonismo a los comunistas en la Resistencia. La isla se convierte en una importante base de partida para los ataques aliados contra las fuerzas alemanas en Italia y Alemania, y elemento clave para el desembarco en Provenza en 1944.

Francia aprovechar√° la impopularidad de los italianos en C√≥rcega tras la guerra y la ocupaci√≥n para tratar de francesar la isla, y prohibir√° toda expresi√≥n p√ļblica en italiano o corso, tachado pronto de fascismo irredento. Pero a partir de ese momento C√≥rcega, mitificada por el hecho de haber sido liberada sin ayuda aliada, y convertida en modelo de la Resistencia, puede volver a concentrarse en sus m√°s originales y aut√©nticos valores, sin temor a ser acusada de italianismo

De la posguerra al nacimiento del FLNC

Tras su primera visita en 1943, De Gaulle mantendr√° una especial relaci√≥n con C√≥rcega y har√° otros cinco viajes, el √ļltimo en 1961. La autoridad e influencia del general De Gaulle en C√≥rcega, se confirmaron por la facilidad con la que, el 24 de mayo de 1958, unos pocos paracaidistas al mando del diputado corso Pascal Arrighi y otros pol√≠ticos gaullistas se apoderan de la Prefectura de Ajaccio y, una vez desarmada la Gendarmerie, instituyen Comit√©s de Salvaci√≥n P√ļblica en la capital de la isla y en Bastia. Se trata de un aut√©ntico golpe de estado en el marco de las agitaciones que llevar√°n al nacimiento de la Quinta rep√ļblica y al mandato presidencial para el general el 21 de diciembre de 1958.

Deshinchado desde la inmediata posguerra el fenómeno que había visto al Partido Comunista Francés obtener, gracias sobre todo a su implicación en la Resistencia, un gran éxito en las elecciones de 1945, a finales del mandato presidencial de De Gaulle los clanes de los Giacobbi y de los Rocca Serra se reparten todos los resortes del poder en la isla. Este reparto acaba ayudando a las primeras reformas administrativas que sufre Córcega a partir de 1973 (reducción de los Cantones a 55) y en 1975 (división en dos Departamentos).

En el terreno econ√≥mico se repite en C√≥rcega algo ya conocido: el Estado interviene de modo casi siempre epis√≥dico, al tener que afrontar las reivindicaciones isle√Īas o por circunstancias externas, pero sin concebir una acci√≥n de aut√©ntico reflote de una tierra desangrada por la emigraci√≥n y gravemente empobrecida tanto en el terreno cultural como en el puramente econ√≥mico. En 1949 se asiste a una est√©ril reedici√≥n del Plan Terrier de casi 200 a√Īos antes, y que no pasa de una lista de los recursos de la isla.

En 1957 ve la luz un proyecto que se√Īala que el turismo y la agricultura son los recursos que hay que desarrollar para el futuro de C√≥rcega. Por el turismo se apuesta sobre todo por una mejora de las v√≠as de comunicaci√≥n internas (iniciada con retraso: a√ļn hoy hay numerosas carencias) y un aumento de las relaciones con Francia. Tambi√©n en este caso, habr√° que esperar hasta mediados de los a√Īos 1970 para que se instituya la continuidad territorial (tarifas subvencionadas de transporte de y hacia Francia). Para la agricultura se vuelve a tratar de recuperar las llanuras costeras orientales y su cultivo de c√≠tricos y hortalizas, sin adoptar medidas particulares en el campo vin√≠cola. Para iniciar el proyecto se instituyeron dos sociedades de capital mixto estatal y privado, la SOMIVAC (Soci√©t√© pour la Mise en valeur Agricole de la Corse, Sociedad para la puesta en valor agr√≠cola de C√≥rcega) y la SETCO (Soci√©t√© pour l'Equipement Touristique de la Corse, Sociedad para la Equipaci√≥n Tur√≠stica de C√≥rcega). La SETCO acab√≥ haciendo muy poco, ya por la falta de medios financieros, ya por la fort√≠sima oposici√≥n hallada en la isla contra sus planes de construcci√≥n de miles de edificios en las costas. Por otra parte, las inversiones m√°s rentables en el terreno tur√≠stico los efectuaron sociedades que t√≠picamente no reinvert√≠an en la econom√≠a local los ingresos realizados.

En el campo de acci√≥n de la SOMIVAC, sin embargo, se asiste a realizaciones m√°s importantes, acompa√Īadas por consecuencias a veces imprevistas, aunque no por ello menos negativas para la isla. La independencia de Argelia en 1962 tuvo como una de sus consecuencias el traslado a C√≥rcega, incluso en terrenos sujetos a desarrollo, de decenas de miles de refugiados franceses (Pieds-noirs), a los que se asign√≥ el 90% de los terrenos SOMIVAC originalmente destinados a los agricultores corsos. No habiendo sido hechas a√ļn las obras de regad√≠o necesarias para la horticultura, se pas√≥ as√≠ r√°pidamente a una enorme expansi√≥n de la viticultura sobre todo en las tierras ocupadas por los Pieds-Noirs, que adem√°s gozaron de generosas subvenciones estatales, que en cambio se negaron a los agricultores corsos, que tuvieron que trabajar a fondo para conseguir sacar fruto de sus campos de c√≠tricos, de los que sin embargo obtuvieron buenos resultados, especialmente en la producci√≥n de clementinas. En conjunto, sin embargo, fueron con mucho los Pieds-Noirs los que disfrutaron de las mayores ventajas, empezando una producci√≥n masiva y esencialmente especulativa de vinos de baja calidad y obteniendo grandes beneficios, capitalizados inmediatamente. Estos desarrollos, unidos a la sustancial falta de medidas y de inversiones destinadas a recuperar agr√≠colamente gran parte del territorio no llano de la isla (que recib√≠a hasta los a√Īos 1970 s√≥lo un 7% de las inversiones), llevaron a una subida de un sentido de frustraci√≥n y rabia en la poblaci√≥n que se sinti√≥ expoliada al ver c√≥mo sus tierras m√°s f√©rtiles y rentables (adem√°s de las mayores inversiones) dirigirse a favorecer a los Pieds-noirs, que tambi√©n en la Francia continental (y no s√≥lo en C√≥rcega) eran vistos a menudo como extranjeros.

La desconfianza, la crisis y el descontento crecieron de nuevo de modo significativo desde la primera mitad de los a√Īos 1960 y se volvi√≥ a disparar la emigraci√≥n: el recuento demogr√°fico marca 175.000 habitantes en 1962 y s√≥lo 190.000 en 1968, pero el incremento hay que adjudicarlo totalmente a la inmigraci√≥n (esencialmente los Pieds-noirs que, adem√°s, con frecuencia ven√≠an acompa√Īados por sus trabajadores de origen magreb√≠) y no consigui√≥ cubrir el saldo negativo debido a la emigraci√≥n de los corsos.

El flujo migratorio de las ex-colonias prosigui√≥ en los a√Īos siguientes (y nunca se ha detenido) modificando significativamente el equilibrio demogr√°fico y en consecuencia, el perfil cultural de la isla, cada vez m√°s desarraigada. En 1975 la poblaci√≥n alcanza (especialmente gracias a los inmigrantes) los 210.000 habitantes, pero al a√Īo siguiente se registran m√°s fallecimientos que nacimientos y el n√ļmero de ciudadanos nacidos en C√≥rcega, residentes en Francia continental, supera los 100.000. Ese fen√≥meno sigue produci√©ndose y ha llevado a la isla a ocupar de modo estable el primer puesto entre las regiones de Francia con la poblaci√≥n m√°s envejecida.

Estos acontecimientos, unidos a una serie de esc√°ndalos pol√≠ticos y financieros, llevaron en los a√Īos 1960 al resurgimiento de los movimientos regionalistas que pronto se transformaron en autonomistas, ya que la connotaci√≥n rebelde asumida en el pasado por esas iniciativas, y que hasta ese momento significaban un potente freno a su resurgir, ya no afectaba a las nuevas generaciones, ahora libres de expresar sin temor un v√≠nculo aut√©ntico y original a su propia tierra y a su propia cultura.

Ya en 1960 la protesta estalla alrededor del proyecto, retirado por la protesta popular, para cerrar las l√≠neas ferroviarias insulares, despu√©s de haber cerrado la l√≠nea que no se volver√° a abrir a pesar del desarrollo agr√≠cola que a lo largo de la llanura oriental, un√≠a Bastia con Porto Vecchio, da√Īada durante la guerra. Se proyectar√° el cierre de toda la red ferroviaria hasta el estallido de una crisis similar en 1983, que llev√≥ a la renovaci√≥n de las l√≠neas que sobrevivieron. En 1961, mientras se multiplican las huelgas, se desarrolla en Corte una asamblea de los corsos de la di√°spora, y se producen los primeros atentados reivindicativos con explosivos. En 1963 estalla la cuesti√≥n fiscal, a la vez que se dispara el debate y crece el descontento que tambi√©n se hab√≠a iniciado por el asunto de los Pieds-noirs.

En 1968 en el contexto de la protesta mundial, se funda el primer movimiento regionalista organizado de la posguerra, el FRC, Frente Regionalista Corso, que implica a muchos estudiantes. Junto a esto se desarrolla la ARC, Acción Regionalista Corsa, que moviliza a todos los estamentos de la sociedad insular y agrupa al mayor activismo reivindicativo sobre todo alrededor de la cuestión agraria (problema siempre fundamental en la isla), agravada por el fenómeno de la inmigración de los Pieds-noirs. En este marco, la ARC se establece en la llanura costera que circunda Aleria, manteniendo en la zona sus congresos (que luego se llevaron a Corte, antigua capital de la Córcega independiente) y denunciando el expolio del patrimonio insular y la permanencia de condiciones que podrían llevar a la muerte de la población y la cultura corsa.

En 1972 la empresa italiana Montedison origina una violenta respuesta violenta de los corsos: entre 1972 y 1973 dos barcos de dicha empresa descargan barro rojo altamente t√≥xico en el mar, a 35 km del Norte de Capo corso, sin que se produzca una reacci√≥n inmediata, a pesar de las denuncias de los pescadores (tanto italianos como corsos), por parte de los Estados. Francia interviene despu√©s de que grupos clandestinos corsos tomen por las armas primero y luego minen los barcos de los venenos, el "Scarlino I" y el "Scarlino II". Los juicios correspondientes, terminados en los a√Īos 1980, llevar√°n a la absoluci√≥n de la Montedison en Italia y a su condena en Francia, dando origen al Protocolo de Barcelona sobre protecci√≥n del Mediterr√°neo del 16 de febrero de 1976 (Protocol for the Prevention of Pollution of the Mediterranean Sea by Dumping from Ships and Aircraft).

En 1975, mientras los atentados con dinamita vuelve a resurgir junto a la exigencia de reforzar la Lengua corsa, la petición de la reapertura de la Universidad fundada en Corte por Pasquale Paoli e inmediatamente cerrada y nunca reabierta por los franceses, mientras el gobierno de París crea desde 1974, una comisión interministerial encargada de reequilibrar, con poco éxito, la intervención del Estado central en Córcega.

Ese mismo a√Īo, en julio, la ARC, que se transforma en Acci√≥n para el Renacimiento Corso, mantiene un congreso en Corte, denunciando con fuerza la acci√≥n del gobierno. La situaci√≥n se va complicando y en agosto de 1975 se produce la acci√≥n que se har√° famosa con el nombre de "Acontecimientos de Aleria".

El 18 de agosto de 1975 un peque√Īo grupo de autonomistas corsos, dirigidos por Edmondu Simeoni, m√©dico de Bastia, ocupa una finca agr√≠cola (la Cave Depeille, hoy en ruinas) llevada por una familia de Pieds-noirs envuelta en esc√°ndalos fiscales y financieros.

La tarde anterior Simeoni, portavoz del ARC, hab√≠a mantenido una fort√≠sima reuni√≥n en Corte en el que se hab√≠an redactado a modo de cahier de dol√©ances las reivindicaciones nacionalistas, desde el biling√ľismo corso-franc√©s al cumplimiento de los compromisos y denunciando a la vez el cierre de hecho de la v√≠a democr√°tica a las reformas como consecuencia del descubrimiento de fraudes electorales hechos con el voto por correo.

La ocupaci√≥n de la Cave Depeille se produce por la ma√Īana por siete corsos armados con escopetas de caza, con los que alejan a los propietarios y a sus empleados, e izan la bandera con la Testa Mora. La reacci√≥n del Estado es en√©rgica. El Ministerio del Interior ordena rodear la finca ocupada por 1.200 hombres fuertemente armados y apoyados por helic√≥pteros y carros de combate.

En el asalto lanzado el 22 de agosto, dos gendarmes resultan muertos, y dos ocupantes heridos. Los responsables de la ocupación son encarcelados en París, mientras que por la noche alguien incendia la Cave Depeille. El 27 de agosto se disuelve la ARC. En la noche del 27 al 28 de agosto estallan gravísimos incidentes en Bastia (carros armados por las calles y un gendarme muerto) y el prefecto regional y el vice-prefecto de Bastia son cesados. La disolución del ARC lo radicaliza hacia el independentismo y empuja a la clandestinidad al movimiento.

Nace as√≠ el FLNC, Fronte di Liberazione Naziunale Corsu, en el que confluyen el FPCL Fronte Paesanu Corsu di Liberazione, surgido en el Sur de la isla en 1973 y Ghjustizia Paolina, fundada en marzo de 1974, que ya hab√≠a reivindicado numerosos atentados tanto en C√≥rcega como en Francia continental. En la noche del 4 al 5 de mayo de 1976 22 atentados con explosivos sacuden C√≥rcega llegando a golpear incluso el Palacio de Justicia de Marsella, en lo que es el principio de una largu√≠sima serie de ataques, que no ha finalizado a√ļn. El 5 de mayo los representantes del FLNC mantienen una conferencia de prensa clandestina cerca de las ruinas del Convento franciscano de San Antonio de Casabianca, lugar cargado de significado simb√≥lico, puesto que all√≠ hab√≠a sido proclamado "General" de la naci√≥n corsa Pasquale Paoli, el 14 de julio de 1755.

De los a√Īos ochenta a nuestros d√≠as

Mientras el FLNC (que en 1983 es declarado totalmente ilegal y se ha escindido) lleva su campa√Īa clandestina, surgen diversas formaciones pol√≠ticas autonomistas e independentistas que participan en los procesos democr√°ticos y desarrollan pac√≠ficamente sus pol√≠ticas reivindicativas.

Sin embargo, desde los a√Īos 1980 una parte de los atentados tiene como objetivo el ajuste de cuentas y la recaudaci√≥n de un impuesto revolucionario, muy similar a las tasas de protecci√≥n de las organizaciones mafiosas. La dificultad para distinguir atentados de provocaciones se ver√° claramente cuando en la noche del 20 al 21 de abril de 1999 se produce un atentado que destruye un restaurante en Coti Chiavari. La investigaci√≥n demostrar√° que el propio Prefecto de la isla, Bernard Bonnet hab√≠a dado las √≥rdenes para el atentado. Bonnet ser√° destituido y arrestado.

En 1977 nace la UPC Unione di u Populu Corsu, partido encabezado por Edmond Simeoni, que sigue presente en la escena pol√≠tica y de orientaci√≥n autonomista. A finales de los a√Īos 1980 el FLNC crea un brazo pol√≠tico, que sufre varias escisiones y del que surgir√°n varios partidos pol√≠ticos independentistas. Tambi√©n el brazo armado se dividir√° en varias facciones, lo que hace que disminuya el n√ļmero de atentados, que hasta finales de los a√Īos 1990 son unos 500 al a√Īo.

Los partidos políticos independentistas surgidos de las escisiones se reunifican en 1992, dando origen a Corsica Nazione, hoy una de las fuerzas políticas más importantes de la isla. En general, y simplificando mucho, se puede decir que los partidos autonomistas están con frecuencia alineados a la izquierda, mientras los independentistas están más bien situados a la derecha. Sin embargo también existen partidos independentistas de corte socialista. Sin embargo, la atomización de estas opciones deja pocas posibilidades de que alcancen la mayoría política en la isla.

La roca de Corte, antigua capital de la Rep√ļblica Paolina, hoy sede de la Universidad de C√≥rcega.

Sin embargo, el esfuerzo pol√≠tico ha dado algunos frutos, como la reapertura (1981) en Corte de la Universidad de C√≥rcega, fundada por Pasquale Paoli (que los franceses hab√≠an cerrado en 1769) y, un a√Īo despu√©s (1982) la concesi√≥n durante la presidencia de Fran√ßois Mitterrand de un Estatuto Particular.

La reforma acabará sin contenido por las acciones de conservadores y nacionalistas franceses. De ese modo se llega a 1991, con el nacimiento de la Colectividad territorial de Córcega dotada de un nuevo estatuto particular que transfiere a la Asamblea de Córcega (elegida por sufragio universal) y que se había creado en 1982 numerosas competencias en materia cultural, económica y social.

Durante todos los a√Īos 1980 y 1990 se producen asesinatos dignos de las m√°s pura tradici√≥n de vendetta corsa, de las que son v√≠ctimas adversarios pol√≠ticos, gendarmes o polic√≠as. El m√°s grave de todos estos delitos es sin duda el asesinato del Prefecto de C√≥rcega Claude Erignac, muerto el 6 de febrero de 1998 en Ajaccio. Las responsabilidades relativas a esta muerte a√ļn no se han aclarado.

Pero ni el asesinato de Erignac, ni el esc√°ndalo levantado por las actividades terroristas fomentadas por su sucesor Bonnet, detuvieron el dif√≠cil camino de las reformas. Por iniciativa del gobierno de Lionel Jospin desde 1999 hay nuevas negociaciones que llevan en 2002 a una nueva Loi sur la Corse (Ley sobre C√≥rcega) que adem√°s de extender los poderes de la Asamblea de C√≥rcega, prev√© una extensi√≥n de la ense√Īanza de la lengua corsa tanto en los centros de educaci√≥n infantil como en los de primaria.

Véase también

Bibliografía

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Referencias

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Wikimedia foundation. 2010.

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