Historia del Ejército Argentino

ÔĽŅ
Historia del Ejército Argentino
Artículo principal: Ejército Argentino

La Historia del Ej√©rcito Argentino se remonta a los √ļltimos a√Īos del Virreinato del R√≠o de la Plata, cuando las primitivas formaciones militares coloniales se vieron enfrentadas a las Invasiones Inglesas a Buenos Aires en 1806 y 1807. √Čstas fueron repelidas gracias a la formaci√≥n de milicias, que ser√≠an la base del futuro Ej√©rcito Argentino.

Soldado de los Dragones de la Frontera, alrdedor de 1718.
Suboficial del Ejército Argentino en la actualidad.

Oficialmente, la fundación del Ejército Argentino data de un decreto de la Primera Junta, inmediatamente posterior a la Revolución de Mayo. A partir de ese momento, el Ejército Argentino participó en la Guerra de Independencia, antes de verse virtualmente disuelto por causa de las guerras civiles.

Espor√°dicamente volvi√≥ a formarse un ej√©rcito nacional durante la Guerra del Brasil y la Guerra contra la Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana, pero durante m√°s de medio siglo fue reemplazado por ej√©rcitos y milicias provinciales. Durante las presidencias de Urquiza y Mitre se intent√≥ volver a reorganizar un ej√©rcito nacional, pero el mismo no pas√≥ del papel.

La organizaci√≥n definitiva del Ej√©rcito Argentino se debi√≥, seg√ļn lo entiende la mayor parte de los historiadores, a la Guerra del Paraguay, que permiti√≥ la formaci√≥n de un ej√©rcito permanente. Fue ese ej√©rcito nacionalizado el que permiti√≥ aplastar las √ļltimas rebeliones internas en la d√©cada de 1870 y las revoluciones radicales de finales del siglo XIX, as√≠ como tambi√©n lograr la definitiva Conquista del Desierto y del Chaco.

La profesionalizaci√≥n definitiva del Ej√©rcito ‚Äď simbolizada en gran medida por el servicio militar obligatorio de la poblaci√≥n masculina ‚Äď se logr√≥ a principios del siglo XX. Durante m√°s de cien a√Īos, el Ej√©rcito no debi√≥ enfrentar enemigos exteriores y sus objetivos comenzaron a confundirse con acciones pol√≠ticas interiores. El Ej√©rcito profesional comenz√≥ a politizarse nuevamente y lider√≥ sucesivos golpes de estado a lo largo de aproximadamente medio siglo, entre 1930 y 1976.

Desde mediados del siglo XX, el Ej√©rcito lider√≥ la lucha contra movimientos armados de izquierda y peronistas, derivando paulatinamente en la persecuci√≥n sangrienta de toda oposici√≥n ‚Äď en la llamada guerra sucia ‚Äď llevada a cabo por la √ļltima dictadura (1976 ‚Äď 1983). La oposici√≥n creciente a √©sta llev√≥ al gobierno a intentar recuperar su prestigio con una aventura militar, la Guerra de las Malvinas. El r√°pido fracaso de las Fuerzas Armadas destruy√≥ el prestigio pol√≠tico del Ej√©rcito en forma definitiva.

Tras el regreso definitivo de la democracia, el Ejército ha buscado una nueva razón de ser, especialmente tras el final de la Guerra Fría. En parte la ha encontrado en las misiones humanitarias guiadas por la Organización de las Naciones Unidas en diversos países del mundo, que le permiten modernizarse y mantenerse activo, sin participar en el proceso político interno ni lanzarse a aventuras militares contra otros países.

Contenido

√Čpoca colonial y virreinal

Artículo principal: Unidades militares del Virreinato del Río de la Plata

Durante el tiempo en que las provincias argentinas formaban parte del Virreinato del Per√ļ, las guarniciones militares de las distintas gobernaciones estaban muy escasamente dotadas en lo militar. Para la defensa contra los ataques ind√≠genas deb√≠an contar casi exclusivamente con los aportes voluntarios de los pobladores. Algunas ciudades, como Buenos Aires, capital de la Gobernaci√≥n del R√≠o de la Plata ten√≠an reducidas guarniciones militares, destinadas a la defensa contra ataques extranjeros.

Desde 1680 en adelante, la corona espa√Īola se esforz√≥ por aumentar la dotaci√≥n de Buenos Aires y su gobernaci√≥n para defenderla de la amenaza que representaba la fundaci√≥n por parte de Portugal de la Colonia del Sacramento, ubicada en la margen norte del R√≠o de la Plata. Ese esfuerzo fue en aumento en los a√Īos siguientes, y con fuerzas venidas de la Pen√≠nsula se fund√≥ la ciudad de Montevideo.

Bajo el gobierno de Jos√© de Andonaegui se form√≥ un cuerpo de caballer√≠a para la defensa de la frontera ind√≠gena, los Blandengues de Buenos Aires, que defend√≠an distintos puntos del interior de la provincia de Buenos Aires;[1] a ellos que se unir√≠an posteriormente cuerpos similares en Santa Fe y Montevideo. Otros cuerpos especializados en la defensa contra los ind√≠genas, especialmente de la regi√≥n chaque√Īa, eran los Partidarios de la Frontera, cuerpo de milicianos a sueldo.[2]

El gobernador Pedro de Cevallos reforz√≥ la guarnici√≥n con la llegada de m√°s de 600 hombres, con los que intent√≥ la conquista de Colonia. En 1764, el mismo Cevallos cre√≥ el Regimiento Fijo de Buenos Aires, un cuerpo de infanter√≠a permanente en su mayor√≠a conformado por criollos, que gozaban de los mismos beneficios y privilegios que los soldados espa√Īoles.[3] El regimiento fue aumentado con sucesivas incorporaciones de fuerzas venidas desde Espa√Īa.[4] Pese a que su nombre indicar√≠a que era un regimiento que deber√≠a permanecer fijo en la capital de la gobernaci√≥n, en a√Īos posteriores tuvo guarniciones destacadas en Montevideo, la Fortaleza de Santa Teresa, en C√≥rdoba, Santa Fe, Maldonado, Islas Malvinas e isla Mart√≠n Garc√≠a.

En 1770 se creó el Regimiento de Dragones de Buenos Aires, también llamado Regimiento Fijo de Caballería. Poco después se creó el Real Cuerpo de Artillería.[5] A principios de 1771, la guarnición veterana de Buenos Aires contaba con un total de 3.151 hombres:[6]

En 1776 el ex gobernador Cevallos conquistó a Portugal la isla de Santa Catalina y Colonia del Sacramento, aunque fue obligado a devolver la primera por la paz de San Ildefonso.[7] Traía consigo el nombramiento de primer virrey del Virreinato del Río de la Plata con capital en Buenos Aires, a cuya guarnición agregó más de mil efectivos.[8]

En los a√Īos siguientes, las fuerzas virreinales tuvieron una actuaci√≥n marginal en las campa√Īas en que fueron aplastadas las revoluciones de T√ļpac Amaru II en el Per√ļ y de T√ļpac Catari en el Alto Per√ļ.[9] En 1801 tuvieron una actuaci√≥n poco destacada ante la ocupaci√≥n portuguesa de las Misiones Orientales por parte de Portugal.[10]

Las innovaciones m√°s destacadas de los a√Īos del virreinato estuvieron relacionadas con la organizaci√≥n jer√°rquica del Ej√©rcito, con el Virrey como comandante nominal, reemplazado en el control inmediato de las fuerzas militares por un Inspector General del Ej√©rcito, y un Comandante General de la Frontera para la prevenci√≥n de ataques ind√≠genas. En 1801 se produjo una profunda reorganizaci√≥n de las milicias, dirigida por el Inspector de Armas Rafael de Sobremonte.[11]

Invasiones Inglesas

Artículo principal: Invasiones Inglesas

Ante la inminencia de una invasi√≥n inglesa, el virrey Rafael de Sobremonte pidi√≥ urgente ayuda a Espa√Īa, que rechaz√≥ su pedido. Suponiendo que los brit√°nicos intentar√≠an ocupar Montevideo ‚Äď porque era un mejor puerto y una ciudad amurallada ‚Äď envi√≥ hacia esa ciudad las escasas fuerzas veteranas de Buenos Aires.

El 25 de junio de 1806, se inici√≥ la Primera Invasi√≥n Inglesa, cuando 1.600 ingleses, comandados por William Carr Beresford, desembarcaron en la zona de Quilmes. El intento de defensa a cargo del teniente coronel con 500 hombres fue r√°pidamente disuelto por la superioridad aplastante en armamento y t√°ctica de los invasores. Tambi√©n fracas√≥ el intento de defender la l√≠nea del Riachuelo pergre√Īada por el virrey Sobremonte, que viendo eso se dio a la fuga hacia C√≥rdoba. La ciudad de Buenos Aires fue ocupada sin mayor resistencia por una tropa notoriamente exigua, dejando en evidencia la incapacidad del Imperio Espa√Īol para defender sus colonias.

En secreto se formaron un conjunto de fuerzas milicianas en los alrededores de la ciudad, donde se unieron a los Blandengues de las cercanías, bajo el mando de Juan Martín de Pueyrredón. Mientras tanto, las fuerzas apostadas en Montevideo fueron conducidas hasta la capital por el coronel Santiago de Liniers, que desembarcó en San Isidro con 1.600 hombres. Allí se reunió a las fuerzas de Pueyrredón y otros voluntarios, con los que inició la marcha sobre Buenos Aires. Tras ser rechazada su intimación, obtuvo una completa victoria el 12 de agosto en el centro de la ciudad, en el hecho conocido históricamente como Reconquista de Buenos Aires, causando 417 muertos y tomando 1.200 prisioneros a los británicos, incluido el gobernador Beresford.

Formación de las milicias

El virrey Sobremonte debi√≥ delegar el mando militar y pol√≠tico en Liniers, que se aboc√≥ a la formaci√≥n de milicias locales. Una Junta de guerra convoc√≥ al pueblo a alistarse al ej√©rcito en cuerpos separados seg√ļn su provincia y lugar de origen. Hacia fin de a√Īo, se hab√≠an enrolado m√°s de 7.000 hombres,[12] divididos en los cuerpos de:[13]

  • Caballer√≠a: formado por Cazadores, Migueletes, Carabineros de Carlos IV, Escuadr√≥n de Labradores y tres escuadras de H√ļsares.
  • Infanter√≠a: formado por Patricios (el regimiento m√°s grande, dividido en tres batallones), Catalanes, Cazadores Correntinos, Monta√Īeses (o C√°ntabros), Vizca√≠nos y Asturianos, Pardos y Morenos, Gallegos, Andaluces, Arribe√Īos y Granaderos.
  • Artiller√≠a: formado por Milicias Provinciales, Maestranza, Morenos, Patriotas de la Uni√≥n, Indios y Pardos.

Cada uno de estos cuerpos elegían a sus oficiales y estaba formado por voluntarios a sueldo. También se formaron cuerpos milicianos en Córdoba, Paraguay[14] [15] y Montevideo.[16]

Segunda Invasión Inglesa

En enero de 1807, tropas brit√°nicas ‚Äď originalmente destinadas a reforzar a la guarnici√≥n de Beresford ‚Äď desembarcaron en la Banda Oriental y el 3 de febrero ocuparon Montevideo. La ineficacia mostrada por Sobremonte en la defensa de esa ciudad llev√≥ a su deposici√≥n por el cabildo, reemplazado interinamente por Liniers ‚Äď que ser√≠a nombrado posteriormente virrey titular. No obstante el car√°cter revolucionario de este acto, las milicias no tuvieron parte en el mismo.

El 28 de junio, los brit√°nicos desembarcaron en Ensenada, desde donde avanzaron hacia Buenos Aires, al mando del general John Whitelocke. √Čste esquiv√≥ primeramente la p√©sima posici√≥n defensiva de Liniers, para luego derrotarlo en el Combate de Miserere, del 2 de julio, que puso en evidencia la insuficiente preparaci√≥n del ej√©rcito de milicias porte√Īas. No obstante, Whitelocke tard√≥ 3 d√≠as en iniciar el ataque sobre la ciudad, d√°ndole tiempo para preparar la defensa con barricadas y trincheras. Contra √©stas choc√≥ el ataque de los invasores, que perdieron 2.500 hombres contra 302 muertos y 514 heridos locales. Whitelocke termin√≥ por rendirse, oblig√°ndose a devolver tambi√©n Montevideo y Colonia.

Las milicias locales habían demostrado su utilidad y adquirieron una notable autonomía política, especialmente a través de su héroe, el virrey Liniers.

Reorganización

Una revolución organizada contra el gobierno de Liniers obtuvo el apoyo armado de varias unidades milicianas, casi todas ellas de extracción peninsular. El rápido agotamiento de la asonada llevó a la disolución de los cuerpos de Gallegos, Vizcaínos y Catalanes.

Despu√©s de la invasi√≥n francesa a Espa√Īa, el virrey Liniers fue suplantado por Baltasar Hidalgo de Cisneros, que reorganiz√≥ completamente los cuerpos militares, reemplazando los nombres de los mismos por una numeraci√≥n del N¬ļ 1 al N¬ļ 6,[17] aunque los nombres antiguos siguieron us√°ndose.[18]

Parte de esas tropas fueron enviadas a aplastar la Revoluci√≥n de Chuquisaca a fines de 1809.[19] Aunque no llegaron a entrar en combate ‚Äď permanecieron all√≠, donde se incorporar√≠an a los ej√©rcitos realistas,[20] excepto algunos que ser√≠an incorporados a los ej√©rcitos patrios en 1811.

Primeras Campa√Īas de Independencia

Revolución de Mayo

Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta.

El s√ļbito contacto con los conflictos pol√≠ticos europeos y la influencia ideol√≥gica de la Ilustraci√≥n generaron una actividad pol√≠tica creciente en los a√Īos que siguieron a las invasiones inglesas. El exitoso rechazo de dos poderosas invasiones sin ayuda externa hicieron que la poblaci√≥n local, especialmente de Buenos Aires, adquiriera un alto grado de conciencia pol√≠tica.[21]

A partir de 1808, mientras en la metr√≥poli ten√≠a lugar la guerra contra la invasi√≥n francesa, el virreinato permaneci√≥ fiel a la autoridad de la Junta Suprema Central, que gobernaba en Espa√Īa en nombre del depuesto rey Fernando VII, que permanec√≠a prisionero en Francia.

A mediados del mes de mayo de 1810, la llegada de la noticia de que casi toda Espa√Īa hab√≠a ca√≠do en manos de los ej√©rcitos de Napole√≥n Bonaparte ‚Äď y de la disoluci√≥n de la Junta Suprema ‚Äď las discusiones pol√≠ticas y caus√≥ el estallido de la Revoluci√≥n de Mayo en Buenos Aires. Los revolucionarios esperaron a que los jefes de los regimientos se decidieran por la Revoluci√≥n, y √©sta s√≥lo se hizo con su anuencia; el jefe del Regimiento de Patricios ‚Äď el m√°s importante num√©ricamente ‚Äď Cornelio Saavedra, asumi√≥ la presidencia de la Primera Junta, junto con el cargo de Comandante General de Armas.[21]

Dado que la Junta pretendía imponer su autoridad sobre todo el Virreinato como sucesora legítima del virrey, el 27 de mayo envió una circular a las principales ciudades del virreinato en la que se les exigía acatamiento y se solicitaba el envío a la capital de un diputado por cada ciudad.[22] También anunciaba que enviaría "una expedición de 500 hombres para lo interior con el fin de proporcionar auxilios militares para hacer observar el orden, si se teme que sin él no se harían libre y honradamente las elecciones de vocales diputados."[23] En consecuencia, el 28 de mayo la Junta creó el Departamento de Gobierno y Guerra, siendo designado Mariano Moreno como su director, y al día siguiente ordenó una reorganización general de las fuerzas de la capital:[24]

"(...) Esta rec√≠proca uni√≥n de sentimientos a fijado las primeras atenciones de la Junta, sobre la mejora y fomento de la Fuerza militar de estas provincias; y aunque para justa gloria del pa√≠s es necesario conocer un soldado en cada habitante, el orden p√ļblico y la seguridad del Estado exigen que las esperanzas de los buenos patriotas y fieles vasallos reposen sobre la fuerza reglada correspondiente a la dignidad de estas provincias; a este fin, a acordado la Junta las siguientes medidas en cuya pronta y puntual observancia interesa sus respetos y todo vuestro celo."
"Los Batallones Militares existentes se elevarán a regimiento con la fuerza efectiva de 1.116 plazas, reservado la Junta proveer separadamente sobre el arreglo de la caballería y artillería volante.

Queda publicada de este d√≠a una rigurosa leva en que ser√°n comprendidos todos los vagos y hombres sin ocupaci√≥n desde los 18 hasta los 40 a√Īos.

Volver√°n al Servicio Activo todos los rebajados que actualmente no estuvieron ejerciendo alg√ļn arte mec√°nico o servicio p√ļblico."
Decreto de la Primera Junta del 29 de mayo de 1810.</ref>

Debido a este decreto, se considera que al 29 de mayo de 1810 como la fecha de nacimiento del Ejército Argentino.

La Revoluci√≥n fue apoyada en la mayor parte de la Intendencia de Buenos Aires y de la Intendencia de Salta del Tucum√°n,[22] pero fue resistida en C√≥rdoba,[25] Montevideo,[26] Paraguay[22] y el Alto Per√ļ.[27]

En total, el gobierno contaba con 4.145 hombres: 3.128 de infanter√≠a, 555 de caballer√≠a y 462 de artiller√≠a. Antes de fin de a√Īo fueron incorporados a esas fuerzas alrededor de mil hombres m√°s, y se sum√≥ un nuevo regimiento, el Regimiento Am√©rica o de la Estrella.[28] Si bien la tropa era numerosa, no ten√≠a otra experiencia que las Invasiones Inglesas, y desde entonces hab√≠an sido adiestrados por oficiales tan inexpertos como los soldados.[29]

Armamento y técnica

Las tecnolog√≠a disponible y las t√°cticas utilizadas por los ej√©rcitos ser√≠an comunes para las fuerzas patriotas y realistas, y no cambiar√≠an mucho a lo largo de las campa√Īas por la independencia. Durante los tres primeros a√Īos de guerra, ambos bandos combatir√≠an bajo la bandera de Espa√Īa.[30]

Los ejércitos de la época estaban distribuidos en tres armas: infantería, caballería y artillería. Las técnicas de combate eran muy simples: ataques frontales de infantería apoyada por artillería, mientras la caballería protegía los flancos o intentaba rodear a las fuerzas enemigas. Solamente las fuerzas irregulares llevaban adelante operaciones tácticas más imprevisibles.[31]

La infantería solía ser la más numerosa, armada de fusiles a chispa de avancarga y bayonetas para el combate cuerpo a cuerpo; los oficiales tenían mayor experiencia en el manejo de tropas de infantería, lo que hacía su uso preferible al de las otras armas.[32]

La caballer√≠a era poco numerosa, dado que los criollos desde√Īaban la caballer√≠a y consideraban a la lanza como un arma ind√≠gena. Su uso se ve√≠a limitado por la carencia de un entrenamiento adecuado, pero la recluta de milicias de caballer√≠a se extender√≠a r√°pidamente entre la poblaci√≥n rural del interior, y su prestigio se incrementar√≠a a partir de la creaci√≥n del Regimiento de Granaderos a Caballo, cuerpo de caballer√≠a especializado en choques armados a gran velocidad.[33] A partir de ese momento, la superioridad de la caballer√≠a patriota se mantuvo durante el resto de la guerra, sustentada en la habilidad de sus jinetes.

La artiller√≠a de campa√Īa manejaba peque√Īos ca√Īones port√°tiles de bronce y requer√≠a un despliegue log√≠stico mayor que las otras dos armas. Las piezas eran ubicadas en grupos dentro de las formaciones de infanter√≠a. Su oficialidad, muy deficiente, fue suplantada muchas veces por artilleros de marina, pero posteriormente se instalaron escuelas de oficiales con gran preparaci√≥n t√©cnica.[32]

No hab√≠a cuerpos de apoyo, que reci√©n aparecer√≠an con las campa√Īas de Jos√© de San Mart√≠n. S√≠, en cambio, se contaba con fuerzas auxiliares o irregulares, generalmente de caballer√≠a, armadas con lanzas, boleadoras y armas de fuego cortas.[34] En el Alto Per√ļ y en el Per√ļ las fuerzas irregulares ser√≠an de ind√≠genas de a pie, armados de macanas, garrotes y hondas.[35]

Los desplazamientos se realizaban en la llanura a lomo de mula, mientras en zonas monta√Īosas las mulas eran utilizadas exclusivamente para transporte de carga y los soldados de infanter√≠a marchaban a pie.[36]

Primera Expedici√≥n Auxiliadora al Alto Per√ļ

La resistencia a la revolución en Córdoba, dirigida por el ex virrey Liniers, obligó a realizar la anunciada expedición al interior, con la ciudad de Córdoba como primer objetivo. Al frente de la misma fue puesto el coronel Francisco Ortiz de Ocampo, secundado por Antonio González Balcarce. Llevaban consigo 1.150 hombres, extraídos de todos los cuerpos de la capital.[37]

Los contrarrevolucionarios habían llegado a reunir 1.500 hombres,[38] pero ante la aproximación del ejército de Ocampo desertaron masivamente. Liniers y los principales opositores fueron arrestados y ejecutados. El vocal Juan José Castelli asumió el mando político del Ejército del Norte y Ocampo fue desplazado por González Balcarce.

El virrey del Per√ļ, Jos√© Fernando de Abascal, envi√≥ tropas para defender las provincias del Alto Per√ļ, nombrando al frente de las mismas al Jos√© Manuel de Goyeneche.[39] [27] El general Jos√© de C√≥rdoba y Rojas ocup√≥ Santiago de Cotagaita, pueblo que controlaba el acceso principal al Alto Per√ļ. A sus espaldas, un regimiento enviado a un√≠rsele desde Cochabamba se sublev√≥ en septiembre, reconociendo la autoridad de la Junta e iniciando la Revoluci√≥n de Cochabamba.[40] Tambi√©n Santa Cruz de la Sierra y Oruro se pronunciaron por la revoluci√≥n.[27]

Tras una peque√Īa derrota en el Combate de Cotagaita, las fuerzas de Balcarce obtuvieron la primera victoria del Ej√©rcito Argentino el 7 de noviembre, en la Batalla de Suipacha.[41]

Todo el Alto Per√ļ cay√≥ en manos independentistas, e importantes fuerzas altoperuanas se sumaron al Ej√©rcito del Norte. El gobierno de Castelli logr√≥ ciertos avances pol√≠ticos, pero se enemist√≥ con la poblaci√≥n por sus actos de violencia y ataques a los sentimientos religiosos de la poblaci√≥n.[42]

El Ej√©rcito ‚Äď con alrededor de 7.000 hombres, m√°s de la mitad altoperuanos ‚Äď se situ√≥ sobre el r√≠o Desaguadero, l√≠mite con el Per√ļ, situaci√≥n en que fue atacado y derrotado por Goyeneche el 6 de junio en la Batalla de Huaqui.[43] La poblaci√≥n del Alto Per√ļ, predispuesta contra los ‚Äúporte√Īos‚ÄĚ, expuls√≥ de todas las ciudades al Ej√©rcito, que se vio obligado a retirarse hasta Jujuy.[44]

Las ciudades altoperuanas cayeron en manos realistas. No obstante, poco despu√©s estallaron insurrecciones en Cochabamba y alrededores de La Paz, que ‚Äď aunque fueron finalmente vencidas ‚Äď retrasaron la invasi√≥n realista a la Intendencia de Salta.[45]

Expedición al Paraguay

Artículos principales: Rechazo del Paraguay a la Revolución de Mayo y Expedición Libertadora al Paraguay
Manuel Belgrano comand√≥ la campa√Īa al Paraguay y posteriormente el Ej√©rcito del Norte.

El Paraguay y la ciudad de Montevideo se hab√≠an negado a acatar a la Primera Junta, y prefirieron obedecer a las autoridades residuales de la Pen√≠nsula. La Junta decidi√≥ entonces atacar a los realistas de Montevideo, para lo cual organiz√≥ 250 hombres, extra√≠dos de diversos cuerpos militares porte√Īos, con 6 ca√Īones. Al mando de esa divisi√≥n nombr√≥ al vocal Manuel Belgrano, con el grado de coronel.[46]

La invasión del las Misiones por el gobernador paraguayo Bernardo de Velasco[47] decidió a la Junta a enviar a Belgrano al Paraguay, otorgándole el mando militar y político de las provincias del litoral fluvial. Por su parte, Velasco organizó un ejército de entre 6.000 y 7.000 hombres.

En camino a su destino, Belgrano incorporó unos 357 Blandengues en San Nicolás de los Arroyos, 200 milicianos de infantería y caballería en Santa Fe,[48] tropas voluntarias reunidas por el comandante militar de Entre Ríos, y unos 200 hombres del Regimiento de Patricios enviados desde Buenos Aires.[49] El ejército avanzó hacia el norte por el centro de Entre Ríos y Corrientes, Belgrano proclamaba la libertad, propiedad y seguridad de los indígenas de los pueblos de Misiones.[50]

El grueso del ej√©rcito revolucionario ‚Äď unos 950 hombres ‚Äď cruz√≥ el r√≠o Paran√° el 19 de diciembre, obteniendo una peque√Īa victoria en la Batalla de Campichuelo, cerca de Encarnaci√≥n.[51]

El 25 de diciembre se inici√≥ el avance hacia la capital paraguaya, dejando 100 hombres en Candelaria. Los pobladores hu√≠an del ej√©rcito ‚ÄĒ al que consideraban invasor ‚ÄĒ llev√°ndose todos los medios de subsistencia. Pese al serio obst√°culo que significaban los numerosos r√≠os, esteros y selvas tropicales del Paraguay, a mediados de enero llegaron unos 460 hombres al pueblo de Paraguar√≠, ubicado en una elevaci√≥n rodeada de zonas pantanosas, punto elegido por Velasco para presentar batalla. El 19 de enero Belgrano se lanz√≥ sorpresivamente al ataque con 460 hombres contra 6.000. Obtuvo una ventaja inicial, pero en definitiva prim√≥ la ventaja num√©rica enemiga y fue derrotado tras cuatro horas de combate en la Batalla de Paraguar√≠, vi√©ndose obligado a retirarse.[52]

La retirada se detuvo su retirada junto al río Tacuarí, esperando refuerzos. En su apoyo, la Junta le envió una escuadrilla de tres buques comandada por Juan Bautista Azopardo, pero esta fue destruida muy lejos de allí el 2 de marzo, en el Combate de San Nicolás.

El ej√©rcito paraguayo, de 2.400 hombres, al mando del general Manuel Caba√Īas, atac√≥ el 9 de marzo a los 600 hombres de Belgrano en la Batalla de Tacuar√≠. La artiller√≠a de Belgrano logr√≥ frenar el avance de los paraguayos, pero fueron derrotados por una divisi√≥n que cruz√≥ el r√≠o aguas arriba y los tom√≥ de flanco. Belgrano contest√≥ a la intimaci√≥n a rendirse iniciando negociaciones pac√≠ficas, de resultas de las cuales el ej√©rcito abandon√≥ el Paraguay a los pocos d√≠as, con todas sus armas y bagajes.[53]

Las comunicaciones de Belgrano con los oficiales paraguayos llevaron a varios de √©stos a iniciar el proceso independentista. √Čste hizo eclosi√≥n en el mes de mayo, cuando el oficial Fulgencio Yegros depuso a Velasco y lo reemplaz√≥ por una Junta de Gobierno, en que descollaba Gaspar Rodr√≠guez de Francia, que gobernar√≠a al pa√≠s durante casi tres d√©cadas. El nuevo gobierno proclam√≥ la independencia absoluta del Paraguay, y en octubre firm√≥ con el propio Belgrano ‚Äď como enviado diplom√°tico ‚Äď un tratado de confederaci√≥n entre el Paraguay y Buenos Aires.[54] No obstante, el Paraguay nunca se reincorporar√≠a al antiguo virreinato.[55]

Primera Expedición a la Banda Oriental

La ciudad de Montevideo era la más próxima amenaza para el nuevo gobierno, sólidamente sostenida para la causa realista por la guarnición naval, y dominando sin problemas toda la Banda Oriental desde el Río de la Plata y el río Uruguay. Los planes de la Primera Junta para atacar Montevideo fueron pospuestos. A principios de 1811, Francisco Javier de Elío, nombrado virrey del Río de la Plata, se hizo fuerte en Montevideo y aumentó su agresividad frente a Buenos Aires,[56] mientras se ganaba el repudio de la población local con medidas impopulares.[57]

El 28 de febrero de 1811, la poblaci√≥n oriental inici√≥ la Revoluci√≥n Oriental con el Grito de Asencio. A partir de ese momento, y guiados por el oficial oriental Jos√© Artigas, los gauchos de la campa√Īa controlaron gran parte de la Banda Oriental, obteniendo las decisivas victorias de San Jos√© y Las Piedras.[58]

Finalizada la lucha en Paraguay, la Junta Grande ‚Äď sucesora de la Primera Junta ‚Äď envi√≥ a la Banda Oriental a los 1.134 hombres del ej√©rcito de Belgrano. Poco despu√©s reemplaz√≥ a √©ste ‚Äď que fue sometido a un juicio ‚Äď por el coronel Jos√© Rondeau,[59] que puso sitio a Montevideo y Colonia en mayo, aunque no pudo forzar su rendici√≥n por el dominio naval de los realistas sobre el R√≠o de la Plata.

El virrey Elío respondió llamando en su auxilio a las tropas portuguesas del Brasil, que invadieron el norte de la Banda Oriental en el mes de julio, derrotando a las fuerzas milicianas orientales y dominando gran parte de ese territorio.[60]

La noticia de la derrota de Huaqui forzó a la Junta a intentar estabilizar la situación en la Banda Oriental. El Primer Triunvirato, que sucedió a la Junta, llegó a un armisticio con Elío por el cual se le dejaba el control de la Banda Oriental y parte de la actual provincia de Entre Ríos. El 12 de octubre, Rondeau levantó el sitio y se retiró hacia Buenos Aires.[61]

La poblaci√≥n oriental se neg√≥ a acompa√Īar esta decisi√≥n y ‚Äď siguiendo a Artigas en el llamado √Čxodo Oriental ‚Äď se estableci√≥ masivamente en las orillas del r√≠o Uruguay, desde donde continu√≥ la guerra contra Portugal.[62] Desde ese momento, las fuerzas orientales dirigidas por Artigas dejaron de considerarse parte del Ej√©rcito Argentino. Pronto exigir√≠an que las tropas enviadas desde Buenos Aires actuaran como sus auxiliares.[56] En junio del a√Īo siguiente, tras la firma del Tratado Rademaker-Herrera, las fuerzas portuguesas abandonaron la Banda Oriental.[60]

En Buenos Aires, el gobierno decidió quitar al Regimiento de Patricios sus privilegios de milicia voluntaria, lo que causó el Motín de las Trenzas, sangrientamente aplastado. Desde entonces, las milicias originadas en las Invasiones Inglesas pasaron a ser consideradas tropas de línea.[63]

Por su parte, El√≠o regres√≥ a Espa√Īa, siendo sucedido por Gaspar de Vigodet. √Čste ‚Äď que s√≥lo ejerc√≠a como gobernador ‚Äď se vio obligado a lanzar ataques sobre las costas del r√≠o Paran√° para abastecer a la ciudad. Para defender esas costas fue enviado el general Belgrano a la villa de Rosario. En febrero de 1812, √©ste cre√≥ una escarapela celeste y blanca para identificaci√≥n de sus tropas, que fue aceptada por el Triunvirato. Dando un paso m√°s, el 27 de febrero hizo jurar a sus tropas una bandera con los mismos colores, acto que fue censurado por el gobierno. El mismo d√≠a, Belgrano fue puesto al frente del Ej√©rcito del Norte.[54]

Segunda Campa√Īa al Alto Per√ļ

La resistencia de las guerrillas altoperuanas ‚Äď aunque sangrientamente aplastada ‚Äďdemor√≥ el avance del ej√©rcito realista hasta principios de julio de 1812, fecha en que √©ste comenz√≥ su avance al mando del general P√≠o Trist√°n. En respuesta, y siguiendo √≥rdenes del gobierno, Belgrano evacu√≥ la poblaci√≥n de Jujuy y se retir√≥ hasta San Miguel de Tucum√°n. Aunque ten√≠a √≥rdenes de seguir su retirada, enfrent√≥ y derrot√≥ a Trist√°n el 24 de septiembre en la Batalla de Tucum√°n, oblig√°ndolo a retirarse hacia la ciudad de Salta. Jam√°s el ej√©rcito realista volver√≠a a llegar tan al sur.[64]

La noticia de la victoria provocó el derrocamiento del Triunvirato, reemplazado por un Segundo Triunvirato. En el golpe tuvo una actuación decisiva el Regimiento de Granaderos a Caballo, creado poco antes por un coronel llegado poco antes de Europa, José de San Martín. Este regimiento serviría de modelo de organización militar para el Ejército Argentino durante el resto de la guerra de independencia.[65]

Belgrano dedic√≥ los meses siguientes a una concienzuda reorganizaci√≥n del Ej√©rcito del Norte, dividi√©ndolo en regimientos m√°s org√°nicos e iniciando la formaci√≥n de sus oficiales y el abastecimiento de sus tropas.[54] Finalmente, en enero inici√≥ su marcha sobre Salta, y en el camino hizo jurar a sus tropas la Bandera Argentina. El 20 de febrero obtuvo la victoria en la Batalla de Salta, capturando a todo el ej√©rcito enemigo, aunque se vio obligado a dejarlo regresar ‚Äď desarmado ‚Äď al Alto Per√ļ.[54]

Aprovechando un nuevo alzamiento de la poblaci√≥n altoperuana, Belgrano inici√≥ su marcha hacia el Alto Per√ļ, pero fue derrotado en las batallas de Vilcapujio y Ayohuma y obligado a retirarse con menos de la mitad de su ej√©rcito.[66]

En enero de 1814, en Tucum√°n, Belgrano fue reemplazado por el coronel San Mart√≠n. Pese a que el nuevo jefe ‚Äď el oficial m√°s capacitado con que contaba la Revoluci√≥n ‚Äď realiz√≥ grandes avances en la organizaci√≥n militar, estaba convencido de la inutilidad de intentar derrotar a los realistas en el Alto Per√ļ. Por ello organiz√≥ la defensa de la provincia de Salta por partidas auxiliares de gauchos, iniciando as√≠ la Guerra Gaucha, que ser√≠a comandada por el salte√Īo Mart√≠n Miguel de G√ľemes.[34]

Cuatro meses después, San Martín renunció por razones de salud, siendo reemplazado por el general Rondeau.[61]

Segunda Campa√Īa a la Banda Oriental

Artículo principal: Sitio de Montevideo (1812-1814)

La actitud agresiva de Vigodet fue interpretada como una ruptura del armisticio, de modo que el Triunvirato dispuso una intervenci√≥n del ej√©rcito, comandado por Manuel Sarratea. √Čste logr√≥ que parte de las tropas de Artigas se unieran a su ej√©rcito, con lo cual los desacuerdos con √©ste se incrementaron.[67]

El ejército de Rondeau regresó a la Banda Oriental y el 20 de octubre puso nuevamente sitio a Montevideo. A fines de diciembre fue atacado en la Batalla de Cerrito, pero logró una amplia victoria. Poco tiempo después del combate, Artigas se unió nuevamente al sitio con sus fuerzas, aunque siguió considerándolas separadas del Ejército nacional.[61]

El 3 de febrero de 1813 las tropas de San Mart√≠n obtuvieron la victoria en el combate de San Lorenzo sobre una expedici√≥n al r√≠o Paran√°;[68] desde entonces, los realistas limitaron sus incursiones y pasaron a depender exclusivamente de su abastecimiento por mar. Por ello el gobierno organiz√≥ la segunda escuadra naval, que ‚Äď al mando de Guillermo Brown - obtuvo una serie de victorias y cerr√≥ el cerco.

Rondeau fue reemplazado en el mando del sitio por Carlos Mar√≠a de Alvear, que elev√≥ el n√ļmero de tropas a 4.000 hombres. El 20 de junio, completamente cercada, Montevideo fue ocupada por las tropas patriotas, cayendo en su poder tambi√©n una gran cantidad de soldados que fueron incorporados al Ej√©rcito Argentino ‚Äď m√°s de 5.000 hombres ‚Äď y mucho armamento, especialmente artiller√≠a de gran calibre.[69]

Tercera Campa√Īa al Alto Per√ļ

Bajo el mando de Rondeau, el Ej√©rcito del Norte fue muy eficazmente aprovisionado ‚Äďespecialmente con armamento capturado en Montevideo ‚Äď pero perdi√≥ en disciplina y moral.

Por su parte, el ej√©rcito realista del Alto Per√ļ, al mando de Joaqu√≠n de la Pezuela, avanz√≥ hacia el sur. Pero, enfrentado a los gauchos de G√ľemes, con su retaguardia amenazada por la acci√≥n de las Republiquetas y obligado a enviar parte de sus fuerzas a aplastar la Rebeli√≥n del Cuzco, termin√≥ por retirarse hacia el norte. Fuerzas auxiliares ‚Äď s√≥lo parcialmente asimilables al Ej√©rcito Argentino ‚Äď obtuvieron la victoria en la Batalla de La Florida y controlaron Cochabamba.[70]

En enero de 1815, tras rechazar el reemplazo de Rondeau por Alvear, el Ej√©rcito volvi√≥ a avanzar hacia el Alto Per√ļ. Una peque√Īa derrota en el Combate del Tejar retras√≥ las operaciones, que se reiniciaron en abril.[61] No obstante, los gauchos de G√ľemes abandonaron la campa√Īa acompa√Īando a su jefe, que fue electo gobernador de Salta.[34]

Una primera derrota del Ejército del Norte en la Batalla de Venta y Media obligó a Rondeau a retirarse hacia Cochabamba, donde fue derrotado completamente el 29 de noviembre de 1815 en la Batalla de Sipe Sipe.[71]

Los restos del Ej√©rcito se retiraron hacia San Miguel de Tucum√°n, dejando definitivamente la defensa del norte a G√ľemes y sus gauchos. Una ef√≠mera e in√ļtil campa√Īa en el a√Īo 1817, comandada por Gregorio Ar√°oz de Lamadrid, ser√≠a el √ļltimo intento del Ej√©rcito del Norte contra el Alto Per√ļ.[72] Desde entonces, ser√≠a gradualmente desmantelado, perdiendo tropas en beneficio del Ej√©rcito de los Andes, y dedicado progresivamente a participar en la guerra civil.[73]

Primeras luchas civiles

Artículo principal: Guerra entre Artigas y el Directorio

Surgimiento del federalismo

La creciente tendencia de los gobiernos de Buenos Aires hacia el centralismo llev√≥ a Artigas a rechazar su autoridad, iniciando el federalismo en el R√≠o de la Plata. Tras el rechazo de los diputados artiguistas a la Asamblea del A√Īo XIII, en enero de 1814 Artigas abandon√≥ el sitio de Montevideo, seguido por m√°s de mil de sus hombres y parte de la poblaci√≥n de la provincia, dirigi√©ndose a las costas del r√≠o Uruguay.

Declarado fuera de la ley por el gobierno porte√Īo, fue atacado por el bar√≥n Eduardo Kaunitz de Holmberg con 400 hombres, pero el federal Eusebio Here√Ī√ļ lo derrot√≥ el 22 de febrero en el combate de El Espinillo, cerca de Paran√°. A partir de ese momento, los artiguistas controlaron Entre R√≠os, y tras la Batalla de La Cruz, del 19 de marzo, tambi√©n la regi√≥n de Misiones.[74]

Mientras tanto, una revoluci√≥n federal estall√≥ en Corrientes, que se incorpor√≥ a los artiguistas, al tiempo que Fernando Otorgu√©s y otros l√≠deres federales controlaban el interior de la Banda Oriental. Tanto el gobierno porte√Īo como los realistas creyeron que Artigas se pasar√≠a a estos √ļltimos, pero √©ste rechaz√≥ todas insinuaciones en ese sentido.

Tras fracasar sus tentativas de vencer a Artigas, Posadas firm√≥ un armisticio con √©l en el mes de abril. Dos meses despu√©s, Alvear ocupaba Montevideo. Pese a su promesa de entregar la ciudad a los hombres de Artigas, Alvear atac√≥ a sus lugartenientes, lo que caus√≥ el reinicio de la guerra civil. Esta continu√≥ con altibajos durante varios meses, forzando a mantener tropas en la Banda Oriental y en Entre R√≠os, que no pudieron ser enviadas a reforzar el √ļnico frente que a√ļn exist√≠a contra los realistas, en el Norte.[75]

Se produjeron tres combates: Batalla de las Piedras (25 de junio), Batalla de Marmarajá (6 de octubre) a favor de los directoriales, y la Batalla de Guayabos (15 de enero de 1815) a favor de los artiguistas. Tras esta derrota, el nuevo Director Supremo, general Alvear, entregó a Artigas el control de la Provincia Oriental y de Montevideo. Ese pacto liberó algunas fuerzas militares para ser enviadas hacia el norte, pero la negativa de Artigas a suspender su ayuda a los federales de Entre Ríos y Corrientes obligó a mantener muchas tropas en esa región y en la Capital.

El 14 de marzo de 1815, una revoluci√≥n depuso al gobernador de Santa Fe con la ayuda de Artigas, con lo que √©sta pas√≥ al bando federal. D√≠as m√°s tarde, una amenaza de Artigas bast√≥ para que el cabildo cordob√©s depusiera al gobernador y nombrara en su lugar a Jos√© Javier D√≠az, un federal que ‚Äď si bien no se comportar√≠a como un subordinado de Artigas ‚Äď ser√≠a su aliado.

En respuesta, Alvear lanz√≥ en el mes de abril una campa√Īa militar con m√°s de 5.000 hombres hacia Santa Fe. Pero sus oficiales se sublevaron y causaron la ca√≠da del Director Alvear. El Director Supremo sustituto, Ignacio √Ālvarez Thomas firm√≥ un nuevo acuerdo con Artigas, gracias al cual se liberaron nuevas fuerzas para ser enviadas en ayuda del Ej√©rcito del Norte. No obstante, meses despu√©s, el mismo √Ālvarez Thomas romper√≠a el acuerdo: en agosto lanz√≥ una nueva expedici√≥n sobre Santa Fe, que cay√≥ en manos del general Juan Jos√© Viamonte.[76]

En marzo de 1816 se inici√≥ una nueva revoluci√≥n federal en Santa Fe; Viamonte fue cercado y obligado a rendirse. √Ālvarez Thomas envi√≥ una nueva expedici√≥n de 3.000 hombres contra la ciudad, bajo el mando de Manuel Belgrano. Pero el enviado de √©ste a Santa Fe termin√≥ pactando con los federales, lo que caus√≥ la deposici√≥n tanto de Belgrano como de √Ālvarez Thomas. No obstante los reiterados anuncios de acuerdo, la intransigencia de las partes impidi√≥ la uni√≥n entre los federales y el gobierno central.[76]

El nuevo Director Supremo, Juan Mart√≠n de Pueyrred√≥n, lanz√≥ una nueva invasi√≥n al mando de Eustoquio D√≠az V√©lez ‚Äď el mismo que hab√≠a pactado la paz meses antes ‚Äď que logr√≥ ocupar Santa Fe durante casi todo el mes de agosto. Pero, sitiado por los federales, termin√≥ por abandonar la ciudad por el r√≠o Paran√°.

La invasión portuguesa y nuevas guerras civiles

A pesar de los conflictos entre el Directorio y Santa Fe, durante el a√Īo 1817 no hubo nuevas hostilidades. En parte se debi√≥ a la campa√Īa de San Mart√≠n a Chile, y tambi√©n a que los federales de la Banda Oriental y de Misiones estaban enfrentando la Invasi√≥n Luso-Brasile√Īa a esa provincia.

En efecto, muy poco despu√©s de la declaraci√≥n de independencia de la Argentina del 9 de julio de 1816, poderosas fuerzas portuguesas invadieron la Banda Oriental. Cuando, a principios del a√Īo siguiente, Montevideo fue ocupada por los invasores, Artigas pidi√≥ ayuda al gobierno porte√Īo, pero √©ste le envi√≥ unas pocas armas y ninguna tropa. Pueyrred√≥n quiso aprovechar la emergencia que estaba pasando la poblaci√≥n oriental para someterla al sistema unitario de gobierno. El rechazo de esas condiciones de parte de Artigas signific√≥ que no recibi√≥ ayuda alguna de parte del gobierno central. Sin ayuda externa, Artigas se mantuvo a la defensiva en toda la Banda Oriental, aunque fue derrotado repetidamente.[77]

A lo largo de los a√Īos que siguieron a la Revoluci√≥n existieron una serie de alzamientos en varias provincias del interior contra el gobierno directorial, que fueron resueltas sin intervenci√≥n del Ej√©rcito. Pero, cuando en diciembre de 1816 se produjo la rebeli√≥n de Juan Francisco Borges en Santiago del Estero, el Ej√©rcito del Norte envi√≥ tropas a enfrentarlo. Borges fue derrotado y ejecutado por orden de Belgrano.[73] Pocos d√≠as m√°s tarde, dos divisiones del Ej√©rcito del Norte fueron utilizadas para imponer la autoridad del Directorio en C√≥rdoba. Al mando de una de ellas iba el despu√©s general Juan Antonio √Ālvarez de Arenales.

A partir de 1818, Pueyrred√≥n aprovech√≥ la debilidad de Artigas para lanzar ataques a sus subalternos en las provincias al oeste del r√≠o Uruguay. En enero de ese a√Īo, se produjo la invasi√≥n del sur de la provincia de Entre R√≠os, con la connivencia de Here√Ī√ļ, iniciando la segunda guerra entre el Directorio y Artigas en Entre R√≠os. Esta fue la ocasi√≥n en que asumi√≥ el mando militar de esa provincia uno de los caudillos federales m√°s destacados, Francisco Ram√≠rez, que derrot√≥ dos veces al ej√©rcito nacional, el 4 de enero y el 25 de febrero.

En Santa Fe, el gobernador federal Mariano Vera contemporizaba con el gobierno central, por lo que fue derrocado por los federales m√°s decididos, que llevaron al gobierno a Estanislao L√≥pez.[78] Pueyrred√≥n respondi√≥ invadiendo esa provincia desde el sur con 5.000 soldados al mando de Juan Ram√≥n Balcarce. √Čste ocup√≥ fugazmente la capital pero huy√≥ a los pocos d√≠as, arrasando y saqueando la provincia. El gobierno envi√≥ en su ayuda una divisi√≥n del Ej√©rcito del Norte al mando de Juan Bautista Bustos, pero L√≥pez eligi√≥ una estrategia de montonera que le result√≥ muy eficaz: dej√≥ sin caballos a Bustos y luego hostiliz√≥ continuamente a Balcarce durante semanas, hasta obligarlo a abandonar la provincia.[73]

Una nueva invasi√≥n porte√Īa, de principios de 1819, fue comandada por Juan Jos√© Viamonte desde Buenos Aires, y por Bustos desde C√≥rdoba. L√≥pez repiti√≥ su estrategia: enfrent√≥ a Bustos en la Batalla de La Herradura y lo oblig√≥ a retroceder. En seguida cerc√≥ a Viamonte en Rosario, hasta obligarlo a firmar un armisticio.[79]

La Anarqu√≠a del A√Īo 20

Art√≠culo principal: Anarqu√≠a del A√Īo XX

Durante los primeros meses de 1819 no hubo enfrentamientos civiles en las Provincias Unidas. Pero el nuevo Director Supremo, el general Rondeau, decidió librarse de los federales con ayuda de los portugueses que ocupaban la Banda Oriental. Al enterarse, Artigas encargó a Ramírez y López que atacaran al Director Supremo en la propia provincia de Buenos Aires.

Por su parte, Rondeau ordenó al Ejército de los Andes y al Ejército del Norte que se trasladaran a Buenos Aires, para atacar Santa Fe. San Martín desobedeció abiertamente, mientras Belgrano renunció al comando del Ejército del Norte, aunque éste se trasladó hacia Buenos Aires bajo el mando de Francisco Fernández de la Cruz.[73]

Pero la autoridad del Director se derrumbaba r√°pidamente: la mayor parte del interior de la provincia de C√≥rdoba estaba en manos de montoneros. En el mes de noviembre se sublev√≥ la peque√Īa guarnici√≥n del Ej√©rcito del Norte que hab√≠a quedado en Tucum√°n y llev√≥ al gobierno a Bernab√© Ar√°oz, que incorpor√≥ esas fuerzas a las de su provincia. A principios de enero siguiente se sublev√≥ el Batall√≥n N¬ļ 1 de Cazadores de los Andes en San Juan, nombrando al jefe de la revuelta, Mariano Mendiz√°bal, gobernador de la Provincia de San Juan, separada de la de Cuyo. Esto rest√≥ un buen n√ļmero a los efectivos que iban a participar en la campa√Īa libertadora del Per√ļ.[80]

El 8 de enero de 1820, el Ejército del Norte se sublevó en Arequito, negándose a seguir participando en las guerras civiles; no obstante su declarada intención de regresar al frente norte, esas fuerzas quedarían incorporadas a la Provincia de Córdoba, donde el jefe de la sublevación, Juan Bautista Bustos, sería nombrado gobernador.[73]

De modo que Rondeau había perdido toda su autoridad fuera de la Provincia de Buenos Aires; no obstante, marchó a enfrentar a Ramírez y López al frente de 2.000 hombres. El 1 de enero chocó con 1.600 federales en la Batalla de Cepeda: ante un error táctico de Rondeau, una rápida carga de caballería federal alcanzó para dispersar por completo la caballería directorial, incluido el general Rondeau. El resto del ejército se dirigió a San Nicolás de los Arroyos, desde donde se embarcaría hacia Buenos Aires.[73]

Anunciando que no iban en tren de conquista, sino a salvaguardar sus instituciones, los jefes vencedores avanzaron hacia la capital. En la capital, el general Soler declaró depuesto a Rondeau y el Congreso de Tucumán se declaró a sí mismo disuelto el 11 de febrero. Por presión de López y Ramírez, fue electo gobernador Manuel de Sarratea, que el 23 de febrero firmó con los caudillos el Tratado del Pilar. A partir de ese momento, cada provincia se gobernó por sí misma, y los restos del ejército nacional en las provincias, incluida la de Buenos Aires, fueron incorporados a las mismas.[76]

Como fuerza nacional, la √ļnica que se salv√≥ fue la parte del Ej√©rcito de los Andes que estaba acantonada en Chile, m√°s las que San Mart√≠n alcanz√≥ a retirar hacia ese pa√≠s tras la revoluci√≥n en San Juan.

Poco antes de la Batalla de Cepeda había ocurrido otra novedad significativa: Artigas había sido derrotado definitivamente en la batalla de Tacuarembó y había evacuado la Banda Oriental hacia la Mesopotamia. La ocupación de la Provincia Oriental por parte de Portugal era definitiva, y ésta sería poco después incorporado al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve como Provincia Cisplatina.[81]

En el a√Īo y medio que sigui√≥ a la disoluci√≥n del poder central, Ram√≠rez derrot√≥ y exili√≥ definitivamente a Artigas, y L√≥pez derrot√≥ y caus√≥ la muerte de Ram√≠rez. Por su parte, Buenos Aires qued√≥ sometida a una profunda anarqu√≠a durante diez meses. Los tratados de Benegas y del Cuadril√°tero estabilizar√≠an las relaciones entre las provincias, pero fracasar√≠an en reorganizar el poder central.[82]

√öltimas campa√Īas de la Independencia

Luchas en el Noroeste

El general Jos√© de la Serna dirigi√≥ dos invasiones a Salta y m√°s tarde fue virrey del Per√ļ.

A partir de 1816, la defensa de la provincia de Salta hab√≠a quedado en manos del gobernador G√ľemes, mientras el ej√©rcito de Rondeau se retiraba hacia Tucum√°n, donde se encarg√≥ de la protecci√≥n del reci√©n formado Congreso de Tucum√°n. En el mes de agosto ser√≠a ‚Äď fue reemplazado como comandante del ej√©rcito por el general Belgrano. √Čste tampoco pudo lanzar ning√ļn ataque hacia el norte. Por el contrario, su ej√©rcito se vio disminuido porque muchas tropas y oficiales fueron trasladados al Ej√©rcito de los Andes.[73]

Por su parte, el Congreso declar√≥ la Independencia de las Provincias Unidas en Sud Am√©rica el 9 de julio de 1816. Fue un gesto muy significativo, teniendo en cuenta que a esa fecha las Provincias Unidas eran el √ļltimo pa√≠s que segu√≠a enfrentando al imperio espa√Īol en Am√©rica.

En septiembre de 1816, tras el nombramiento de Pezuela como virrey del Per√ļ, asumi√≥ el comando el general Jos√© de la Serna, que al frente de un gran ej√©rcito se lanz√≥ a una ambiciosa invasi√≥n de las Provincias Unidas a fines de octubre. Fue obligado a retroceder por las sucesivas victorias de los gauchos de G√ľemes.[31]

Belgrano intent√≥ ayudar a G√ľemes enviando desde Tucum√°n una expedici√≥n al mando del coronel Lamadrid, con 350 hombres, para cortar las l√≠neas de comunicaci√≥n realistas. Lamadrid obtuvo algunas victorias, la principal de ellas el 14 de abril de 1817 en [[Batalla de La Tablada de Tolomosa|La Tablada], junto a Tarija, por lo que se lanz√≥ al interior del Alto Per√ļ. Lleg√≥ a atacar la ciudad de Chuquisaca; pero fue derrotado y debi√≥ retirarse. Regres√≥ a Tucum√°n a fines de julio de 1817. Esa fue la √ļltima ofensiva del Ej√©rcito del Norte en el Alto Per√ļ.[83] Durante los a√Īos siguientes, los gauchos de G√ľemes se las arreglaron solos para rechazar varias invasiones m√°s, aunque menos masivas que la de 1817. Si bien el Ej√©rcito del Norte no aport√≥ tropas, algunos oficiales pasaron a servir en las fuerzas salte√Īas.[34]

Expedición Libertadora a Chile

Artículo principal: Ejército de los Andes

Plan de San Martín

La Capitan√≠a General de Chile se hab√≠a independizado en forma relativamente incruenta, pero a principios de 1813 una ofensiva desde Per√ļ comenz√≥ la guerra de independencia en ese pa√≠s.[84] Un Batall√≥n de Auxiliares Argentinos, formado por 257 soldados de infanter√≠a de l√≠nea procedentes de Cuyo y C√≥rdoba particip√≥ en la misma, con activa participaci√≥n en los combates de Cucha Cucha y Membrillar, hasta poco antes de la derrota decisiva de Rancagua. Estaban al mando de Marcos Balcarce y Juan Gregorio de Las Heras.[85]

Tras la derrota, tanto los auxiliares argentinos como gran cantidad de civiles y unos 600 militares chilenos emigraron a Mendoza. Allí fueron protegidos por el general San Martín, gobernador de la Provincia de Cuyo.[86] [87]

San Mart√≠n hab√≠a renunciado al Ej√©rcito de los Andes por haber llegado a la conclusi√≥n de que era in√ļtil intentar avanzar por el Alto Per√ļ mientras la administraci√≥n colonial en Lima pudiera sostener los esfuerzos militares en la regi√≥n. El objetivo central era el centro de la resistencia, Lima, que podr√≠a ser alcanzado por mar, desde Chile. La idea original la habr√≠a tenido durante su paso por Inglaterra, tomando la idea de los antiguos proyectos brit√°nicos de conquista de Am√©rica del Sur,[88] o bien por orden de autoridades militares brit√°nicas.[89] Ca√≠da Lima, San Mart√≠n afirmaba que ser√≠a mucho m√°s f√°cil derrotar al resto de los realistas de Am√©rica del Sur. Ese era el llamado ‚ÄúPlan Continental‚ÄĚ de San Mart√≠n.

La reconquista espa√Īola de Chile complic√≥ los planes de San Mart√≠n, por lo que √©ste decidi√≥ libertar primeramente ese pa√≠s. Reforz√≥ los recursos militares de su provincia, e incorpor√≥ a los oficiales y las tropas chilenas a los mismos. Los Auxiliares Argentinos se fueron reorganizados como Regimiento N¬į 11 de Infanter√≠a, al mando del coronel Las Heras.[90] [91]

Antes de finales de 1814 se incorporaron nuevas tropas y armamento tra√≠do desde Montevideo,[92] y al a√Īo siguiente incorpor√≥ gran cantidad de voluntarios de Cuyo, adem√°s de una gran leva de vagos y la incorporaci√≥n de todos los esclavos varones de la provincia. Tambi√©n se incorpor√≥ el Regimiento de Granaderos a Caballo, llegando a fines de ese a√Īo a 3.887 hombres. A partir de 1816 se incorporar√≠an algunos cuerpos y muchos oficiales venidos desde el Ej√©rcito del Norte; e agosto de 1816, las tropas organizadas por San Mart√≠n fueron oficialmente bautizadas como "Ej√©rcito de los Andes".[93]

Instalado el Ej√©rcito para su entrenamiento en El Plumerillo, organiz√≥ all√≠ una f√°brica de armamentos y uniformes, que puso a √≥rdenes del fraile Luis Beltr√°n, y encarg√≥ a Jos√© Antonio √Ālvarez Condarco la realizaci√≥n de un plano de los principales cruces de la Cordillera de los Andes. El Director Pueyrred√≥n envi√≥ toda la ayuda que pudo, incluyendo refuerzos militares, dinero, alimentos, armas, uniformes y municiones en gran cantidad.[76]

El Capitán General Casimiro Marcó del Pont contaba con 5.500 hombres y con la ventaja de la defensa. Por ello San Martín le hizo creer alternativamente que iba a invadir por el sur o por el norte del país, valiéndose para ello de informaciones falsas y de los indígenas pehuenches, obligándolo a fraccionar sus tropas a todo lo largo de Chile.[92]

Cruce de los Andes

Artículos principales: Cruce de los Andes y Rutas sanmartinianas
José de San Martín en el cruce de los Andes.

En enero de 1817 iniciaron el Cruce de los Andes 5.350 hombres. 2.334 eran tropas de infanter√≠a, dividida en cuatro batallones, con cuatro compa√Ī√≠as de fusileros, una compa√Ī√≠a de granaderos y una compa√Ī√≠a de volteadores cada uno. Los 1.395 hombres de caballer√≠a estaba compuesta de cuatro escuadrones, un regimiento entero de Granaderos a Caballo y un escuadr√≥n escolta. La artiller√≠a, servida por 258 hombres, estaba compuesta de 17 piezas. El resto de los hombres eran tropa auxiliar, que conduc√≠a 7.250 mulas de silla, 1.929 mulas de carga y 1.200 caballos de batalla. Tambi√©n se hab√≠an incluido equipamiento para facilitar el paso por la cordillera, entre ellos puentes colgantes, un hospital port√°til y ganado en pie.[94] En honor a la participaci√≥n chilena en la campa√Īa, √©sta se hizo bajo la Bandera del Ej√©rcito de los Andes, no de la Bandera Argentina.[95]

El cruce se realiz√≥ simult√°neamente por seis rutas distintas: las dos principales estaban al mando del general Las Heras ‚Äď que cruz√≥ por el Paso de Uspallata ‚Äď y el propio San Mart√≠n, que lo hizo por el paso de Los Patos. Ambas columnas se unir√≠an para atacar la ciudad de Santiago de Chile.[96] Otras cuatro columnas deb√≠an operar al norte y al sur de las principales, por los pasos de Come Caballos (al mando de Francisco Zelada), Guana (al mando de Juan Manuel Cabot), Portillo (al mando de Jos√© Le√≥n Lemos)[97] y Planch√≥n (al mando de Ram√≥n Freire).[98]

Las columnas de Cabot y Freire ocuparon algunas plazas en el norte y sur del pa√≠s, manteniendo parte de las tropas chilenas alejadas de la capital. Por su parte, las dos columnas principales debieron despejar su camino con varios combates menores ‚Äď en Achupallas, Las Coimas y Guardia Vieja ‚Äď antes de unirse el 9 de febrero en Los Andes.

La Batalla de Chacabuco, seg√ļn el √≥leo de Pedro Subercaseaux.

De Chacabuco a Maip√ļ

El 12 de febrero, las dos columnas principales unidas chocaron con las fuerzas realistas del coronel Rafael Maroto en la Batalla de Chacabuco; pese a que el general chileno Bernardo O’Higgins se apresuró y puso en peligro las fuerzas patriotas, cuando éste pudo poner en juego todas sus tropas la victoria quedó del lado de San Martín. Los realistas perdieron 500 muertos y 600 prisioneros, frente a 130 muertos y 180 heridos patriotas.[99]

Dos días después, el Ejército de los Andes entró en Santiago y O'Higgins fue nombrado por el cabildo "Director Supremo del Estado de Chile", iniciando el período conocido como la Patria Nueva. San Martín fue nombrado comandante del "Ejército Unido Libertador de Chile", una agrupación militar formada por las unidades del "Ejército de los Andes" más las formaciones chilenas que se incorporaron.[100]

Los realistas se fortificaron en Concepci√≥n, apoyados por la marina de guerra fondeada en el cercano puerto de Talcahuano, cuyo comandante era el coronel Jos√© Ord√≥√Īez. Hacia all√≠ fue enviada una avanzada al mando de Las Heras, que derrot√≥ a Ord√≥√Īez en los combates de Curapalig√ľe y Gavil√°n. Los realistas se replegaron sobre la fortificada Talcahuano.[85] A mediados de ese a√Īo, O‚ÄôHiggins puso sitio a Talcahuano con algo m√°s de 2.000 hombres, pero la ciudad estaba bien abastecida por mar desde el Per√ļ y resisti√≥. Por ello O‚ÄôHiggins pretendi√≥ asaltar Talcahuano el 6 de diciembre con 3.77 hombres, pero la operaci√≥n fracas√≥ y los atacantes ‚Äď especialmente las fuerzas de Las Heras ‚Äď sufrieron graves bajas.[101]

En enero de 1818 desembarc√≥ en Talcahuano el general realista Mariano Osorio, con 3.000 hombres de refuerzo y 12 piezas de artiller√≠a; sumados a los 1.600 hombres de Ord√≥√Īez, volc√≥ la relaci√≥n a su favor, obligando a O‚ÄôHiggins a retroceder. San Mart√≠n se uni√≥ a las fuerzas de √©ste cerca de Talca, pero el 19 de marzo fue sorprendido por un ataque nocturno en la Batalla de Cancha Rayada.[102]

La Batalla de Maip√ļ.

Pese a la p√©rdida de gran cantidad de armamento, San Mart√≠n retrocedi√≥ hasta Santiago y reorganiz√≥ nuevamente el Ej√©rcito unido. Quince d√≠as m√°s tarde, el 5 de abril, en la Batalla de Maip√ļ, la superioridad t√°ctica de San Mart√≠n dio a los 5.050 patriotas la victoria m√°s absoluta frente a los 5.300 realistas. √Čstos perdieron 2.000 muertos y 3.000 prisioneros, mientras los patriotas tuvieron 1.000 muertos: fue la batalla m√°s sangrienta de las guerras de independencia de la Argentina y de Chile.[103] La independencia de Chile quedaba asegurada.

Durante los a√Īos siguientes, las tropas realistas se mantuvieron en distintos puntos del sur de Chile, en continua retirada; las fuerzas argentinas ejercieron como auxiliares de las chilenas, pero fracasaron en sus repetidos intentos de ocupar Chill√°n.[104] Cuando esta ciudad fue finalmente ocupada, la √ļltima participaci√≥n del Ej√©rcito Argentino en la guerra de independencia chilena ocurri√≥ en la Batalla del B√≠o B√≠o en enero del a√Īo 1819.[105] De all√≠ en adelante, la defensa de la causa del rey en Chile estar√≠a en manos de las partidas irregulares de origen chileno, que continuar√≠an una guerra de guerrillas. La respuesta del ej√©rcito chileno a esta estrategia, la llamada guerra a muerte,[106] no cont√≥ con participaci√≥n argentina, ya que las fuerzas de este origen se concentraron en el norte del pa√≠s para preparar la campa√Īa libertadora del Per√ļ.

Expedici√≥n Libertadora al Per√ļ

Estrategia conjunta

Lograda la independencia de Chile, el Plan Continental de San Mart√≠n pas√≥ a la etapa siguiente: el ataque directo a Lima. La estrategia de San Mart√≠n era embarcar el Ej√©rcito Unido Libertador del Per√ļ ‚Äď formado por el Ej√©rcito de los Andes y parte del Ej√©rcito de Chile ‚Äď y desembarcarlo en las cercan√≠as de la capital.

Pese al enorme esfuerzo del gobierno, la escuadra chilena era claramente insuficiente para enfrentar la flota espa√Īola del Pac√≠fico, por lo que San Mart√≠n contrat√≥ varios buques en Gran Breta√Īa, y al marino Thomas Cochrane para dirigir la escuadra. Durante el a√Īo 1819, Cochrane debilit√≥ a la escuadra espa√Īola en varios ataques, preparando la campa√Īa.[107]

Por otra parte, para 1820 las fuerzas realistas totales en Per√ļ sumaban 24.000 hombres, divididas entre el Alto Per√ļ (7.000), el Per√ļ (8.000) y el litoral mar√≠timo, desde Arica a Guayaquil (9.000).[108] San Mart√≠n jam√°s podr√≠a trasladar tropas suficientes para hacer frente a semejante enemigo, por lo que decidi√≥ reunir aportes y simpat√≠as en territorio peruano. La idea consist√≠a en desembarcar en el sur del Per√ļ, atrayendo al enemigo hacia √©l, enviar una campa√Īa a conquistar parte del interior, y reembarcar el resto del Ej√©rcito hacia el norte del pa√≠s, esperando que la campa√Īa militar y propagand√≠stica surtiera efecto.

Ten√≠a a su favor un factor inesperado: el primer d√≠a del a√Īo 1820 hab√≠a estallado una revoluci√≥n que hab√≠a iniciado el llamado Trienio Liberal en Espa√Īa, que se debilit√≥ en luchas entre absolutistas y liberales.[109]

En cambio, jugaba en contra la falta de apoyo del gobierno rioplatense, disuelto en febrero. Los oficiales del Ejército de los Andes firmaron el Acta de Rancagua, por el que declararon que, pese a que el gobierno que había conferido su autoridad a San Martín ya no existía, éste seguiría siendo su comandante.[110]

Campa√Īa del Per√ļ

El 20 de agosto parti√≥ de Valpara√≠so la Expedici√≥n Libertadora del Per√ļ, con 4118 soldados y 296 oficiales, de los cuales unos 750 eran rioplatenses, bajo el mando del general San Mart√≠n.[111] Desembarcaoron a principios de agosto en Paracas, cercana a la villa de Pisco, y desde all√≠ parti√≥ una divisi√≥n al mando del general Juan Antonio √Ālvarez de Arenales a internarse en la Sierra.

La campa√Īa de la Sierra fue muy exitosa, y demostr√≥ que pod√≠a atravesar el Per√ļ sin oposici√≥n. Obtuvo una victoria importante en la Batalla de Pasco el 6 de diciembre, antes de reincorporarse al ej√©rcito de San Mart√≠n.[112]

Por su parte, San Mart√≠n se reembarc√≥ y se traslad√≥ por mar a Huaura y luego en Anc√≥n, al norte del Per√ļ, donde inici√≥ negociaciones diplom√°ticas con el virrey. Aprovechando h√°bilmente las divisiones entre los realistas ‚Äď que llevaron al reemplazo del virrey Pezuela por De la Serna ‚Äď San Mart√≠n forz√≥ el abandono de Lima por parte de los realistas. La capital fue ocupada sin lucha, y el 28 de julio San Mart√≠n declar√≥ la Independencia del Per√ļ. Seis d√≠as m√°s tarde, San Mart√≠n era nombrado Protector del Per√ļ.[113] Tambi√©n las ciudades de Guayaquil[114] y Trujillo[115] se pronunciaron por la independencia.

Pero no todo el Per√ļ hab√≠a sido liberado. Una serie de combates menores, como la captura de Callao, el Combate de Mirave y otros[116] no lograron avances consistentes en el sur del Per√ļ, donde De la Serna contaba con el poderoso ej√©rcito del Alto Per√ļ y la lealtad de la poblaci√≥n.

Mientras tanto, la ciudad de Guayaquil hab√≠a solicitado la protecci√≥n de Sim√≥n Bol√≠var ‚Äď que acababa de terminar la campa√Īa de independencia de la Gran Colombia ‚Äď para terminar con el poder√≠o realista en Quito. Pese a la habilidad del general Antonio Jos√© de Sucre, que asumi√≥ el mando de las fuerzas de Guayaquil, la campa√Īa no logr√≥ el √©xito esperado. Por ello, San Mart√≠n envi√≥ auxilios a Sucre, con los que √©ste logr√≥ terminar la campa√Īa. Las fuerzas argentinas ‚Äď en particular los Granaderos de Juan Lavalle, vencedor en la Batalla de Riobamba y la infanter√≠a de Jos√© Valent√≠n de Olavarr√≠a ‚Äď tuvieron una participaci√≥n muy destacada en la victoria final, obtenida en la Batalla de Pichincha, del 24 de mayo de 1822.[117]

Fin de la Guerra de Independencia

Viendo que no lograba vencer a los realistas sin ayuda externa ‚Äď el gobierno porte√Īo se hab√≠a desentendido completamente de la guerra[118] ‚Äď y que s√≥lo Bol√≠var se la pod√≠a aportar, San Mart√≠n se entrevist√≥ con √©l en Guayaquil el 26 de julio. Ante la imposibilidad de conciliar las estrategias respectivas, San Mart√≠n present√≥ su renuncia y encarg√≥ al libertador del norte concluir la campa√Īa.[119]

Las fuerzas argentinas pasaron a depender del ej√©rcito de Bol√≠var. Antes de ser completamente absorbidas, una parte de las mismas ‚Äď 1.700 rioplatenses junto a 1.390 peruanos y 1.200 chilenos ‚Äď particip√≥ en la Campa√Īa a Puertos Intermedios, que termin√≥ en un desastre tras las derrotas en las batallas de Torata y Moquegua.[120]

Gran parte del resto de las fuerzas de origen rioplatenses ‚Äď en respuesta al retraso de los pagos y su situaci√≥n de extrema pobreza ‚Äď se sublev√≥ y entreg√≥ la ciudad de El Callao a los realistas.[121]

El resto de las fuerzas rioplatenses, unos pocos cientos, tuvieron una actuaci√≥n destacada en las batallas de Jun√≠n y Ayacucho, con las que termin√≥ la guerra de independencia en el Per√ļ.[122]

Una √ļltima campa√Īa sobre el Alto Per√ļ, comandada por el general Arenales en su car√°cter de gobernador de la Provincia de Salta no tuvo efecto alguno en el final de la guerra en esa regi√≥n, que se produjo el 1de abril de 1825, con la muerte del general Pedro Antonio Ola√Īeta en el Combate de Tumusla.[123]

Guerra contra el Brasil

Artículo principal: Guerra del Brasil
"El juramento de los treinta y tres orientales" por Juan Manuel Blanes.

Desde la disoluci√≥n del gobierno central en 1820 despareci√≥ el Ej√©rcito Argentino. Cada provincia, completamente aut√≥noma de las dem√°s, ten√≠a su propio ej√©rcito, en parte derivado de desprendimientos del Ej√©rcito nacional, adem√°s de sus milicias, dedicadas a proveer seguridad a las zonas rurales. El √ļltimo resto del ej√©rcito expedicionario al Per√ļ, las tropas del Regimiento de Granaderos a Caballo, lleg√≥ a Buenos Aires a mediados de 1826, y fue disuelto a los pocos d√≠as.[124]

La Banda Oriental había sido incorporada al Imperio del Brasil como [[Provincia Cisplatina] con la anuencia de una parte de su población, mientras los militares que habían combatido contra la invasión portuguesa permanecían en el exilio, o bien eran severamente vigilados por el gobierno ocupante.

El 19 de abril de 1825 se inici√≥ desde Buenos Aires la campa√Īa de los Treinta y Tres Orientales, liderados por Juan Antonio Lavalleja, que aspiraban a independizarse del Brasil y reincorporarse a las Provincias Unidas. En pocos d√≠as, sumaron el apoyo de miles de compatriotas, que se unieron al ej√©rcito y derrotaron a los brasile√Īos en la Batalla de Sarand√≠.[125] A continuaci√≥n pusieron sitio a Montevideo, y el 25 de agosto, el Congreso de La Florida declaraba la anexi√≥n a las Provincias Unidas.[126]

En Buenos Aires estaba reunido, desde el a√Īo anterior, el Congreso General Constituyente, con la misi√≥n de reunificar las Provincias Unidas. Pese a la simpat√≠a que despertaba el movimiento emancipador oriental, √©ste no contaba con medios para apoyarlo, al menos hasta tanto se organizara un poder central, que a su vez deber√≠a esperar la sanci√≥n de una constituci√≥n. Pero prevaleci√≥ el apoyo popular a la campa√Īa, y el 25 de octubre la Provincia Oriental fue oficialmente reincorporada a las Provincias Unidas.[127] En respuesta, el d√≠a 10 de diciembre el Imperio anunci√≥ la declaraci√≥n de guerra a las Provincias Unidas, que fue respondida el 1 de enero de 1825 por el Congreso.[128]

La provincia de Buenos Aires hab√≠a creado un ‚ÄĚEj√©rcito de Observaci√≥n‚ÄĚ, que se instal√≥ en Entre R√≠os. No era un ej√©rcito nacional, pero ten√≠a una misi√≥n en cierto sentido nacional.[129]

El 8 de febrero, el Congreso decidi√≥ ‚Äď considerando que una guerra nacional deb√≠a ser llevada adelante por un gobierno nacional ‚Äď crear un poder ejecutivo, con la denominaci√≥n de Presidente de las Provincias Unidas, cargo para el que nombr√≥ a Bernardino Rivadavia. Este gesto cay√≥ mal en las provincias interiores, que reclamaron que no se hubiera sancionado antes una constituci√≥n. A esa reacci√≥n se debe que el apoyo de las provincias interiores a la campa√Īa militar fuese muy exiguo. Por otro lado, la intromisi√≥n el los asuntos internos de las provincias de varios oficiales que hab√≠an sido enviados al interior a reclutar soldados impidi√≥ la incorporaci√≥n de tropas de muchas provincias al Ej√©rcito nacional. Las posteriores acciones del Congreso, en particular la sanci√≥n de la Constituci√≥n Argentina de 1826, de neto corte unitario, rechazada por la mayor√≠a de las provincias del interior, disminuyeron a√ļn m√°s el aporte de las provincias al esfuerzo b√©lico.[130] [131]

Campa√Īa del Ej√©rcito Republicano

El presidente organizó un ejército casi enteramente en los alrededores de Buenos Aires, aunque al mismo se le adicionaron las tropas acantonadas en Entre Ríos y algunos contingentes venidos de las provincias interiores. El día 31 de mayo, un decreto de Rivadavia creaba el Ejército Argentino, que sería conocido por los historiadores como Ejército Republicano, como contraste con el Ejército Imperial.

El ministro de guerra, Carlos María de Alvear equipó generosamente al Ejército, y fue posteriormente nombrado su comandante. Asumió el mando en septiembre Durazno. El grueso del Ejército fue trasladado por agua hasta la Provincia Oriental, y al mismo se le incorporaron las tropas de Lavalleja. No obstante, si bien actuaron como avanzada del Ejército Republicano, las tropas orientales se manejaron con gran autonomía.

Tras una serie de choques menores, las tropas brasile√Īas quedaron divididas en dos cuerpos: una parte defend√≠a la ciudad de Montevideo, y la otra estaba ubicada al noreste de la Provincia Oriental, tanto en territorio de √©sta como en la vecina Provincia de R√≠o Grande de San Pedro.

Con la intenci√≥n de definir la guerra, en los primeros d√≠as de 1826 el general Alvear avanz√≥ en busca del ej√©rcito imperial al mando de 12.000 hombres. La r√°pida marcha que realiz√≥ para introducirse entre las dos divisiones imperiales que se retiraban lentamente se frustr√≥ por el mal tiempo que oblig√≥ al Ej√©rcito Republicano a permanecer varios d√≠as inactivo en Bag√©. Unido el Ej√©rcito Imperial, Alvear parti√≥ finalmente en su b√ļsqueda, y tras dispersar a las divisiones volantes en Bacacay, y Omb√ļ, lo oblig√≥ a presentar batalla en Ituzaing√≥ el 20 de febrero. Este enfrentamiento entre 7.700 republicanos y 6.300 brasile√Īos fue una victoria brillante del Ej√©rcito Argentino.[132]

Pero la negligencia de Alvear en perseguir al enemigo hasta destruirlo completamente malogr√≥ los beneficios de la victoria. El ej√©rcito imperial se repuso, y el argentino comenz√≥ a sufrir penurias, particularmente falta de alimentos, uniformes y municiones.[133] A√ļn se pudieron obtener dos victorias m√°s, en Camacu√° y Yerbal, pero el Ej√©rcito se vio obligado a adoptar una posici√≥n defensiva sobre el r√≠o Yaguar√≥n.[134]

El Ejército Argentino quedó bajo el mando del jefe de los orientales, Lavalleja; bajo su mando reinó la indisciplina, y la falta de pago generalizó las deserciones.[135]

Disolución del Ejército

La permanencia del Ej√©rcito Imperial cerca de la frontera norte de la Provincia Oriental impidi√≥ reforzar el sitio de Montevideo, que por otra parte era eficazmente sostenida por la escuadra brasile√Īa. La guerra naval, conducida del lado argentino por Guillermo Brown, permiti√≥ obtener varias victorias notables, como las de Los Pozos, Juncal y Carmen de Patagones, la desproporci√≥n en armamento naval era demasiado grande a favor del Imperio. Bastaron unas cuantas derrotas, como las de Quilmes y Monte Santiago, para cerrar un estricto bloqueo naval sobre Buenos Aires y el Paran√°.[136]

Presionado por el bloque brasile√Īo, por los comerciantes ingleses y por la misi√≥n diplom√°tica de John Ponsonby, ministro plenipotenciario de Gran Breta√Īa, Rivadavia encomend√≥ a Manuel Jos√© Garc√≠a llegar a una paz honorable con el Imperio. √Čste decidi√≥ por su cuenta firmar una Convenci√≥n Preliminar de Paz el 24 de mayo de 1827, que desde el punto de vista argentino equival√≠a a una rendici√≥n, ya que la Rep√ļblica Argentina ‚Äď ya se llamaba oficialmente as√≠, desde la sanci√≥n de la Constituci√≥n de 1826 ‚Äď renunciaba a la Provincia Oriental.[137] La p√©sima acogida de la noticia de la Convenci√≥n Preliminar en la opini√≥n p√ļblica y en el Congreso oblig√≥ a Rivadavia a rechazarlo, y a√ļn as√≠ se vio obligado a renunciar. En su lugar fue electo gobernador de Buenos Aires Manuel Dorrego, que intent√≥ continuar la guerra, aunque debi√≥ enfrentar presiones en su contra a√ļn m√°s fuertes que las que hab√≠a sufrido Rivadavia.

Con la intenci√≥n de obligar al Imperio a negociar desde una posici√≥n menos dominante, Dorrego orden√≥ ‚Äď m√°s exactamente autoriz√≥ ‚Äď una campa√Īa dirigida por Estanislao L√≥pez y Fructuoso Rivera para reconquistar las Misiones Orientales, ocupadas por Portugal en 1801. La campa√Īa fue un √©xito,[138] pero caus√≥ una reacci√≥n negativa en el emperador Pedro I, que decidi√≥ continuar la guerra a cualquier costo y rechazar cualquier consideraci√≥n que tuviera en cuenta la situaci√≥n en las Misiones Orientales.

Mientras tanto, Lavalleja se iba convenciendo progresivamente que la √ļnica opci√≥n posible a la recuperaci√≥n de la Provincia Oriental por el Imperio era su independencia, y presion√≥ a sus diputados y al propio gobernador porte√Īo en ese sentido.[139] Dorrego termin√≥ por rendirse a la evidencia y en agosto de 1828 firm√≥ la Convenci√≥n Preliminar de Paz con el Imperio, que creaba el Estado Oriental del Uruguay.[140]

Las tropas orientales pasaron a ser el ej√©rcito del nuevo estado, y las argentinas ‚Äď cuyos jefes se sent√≠an traicionados por Dorrego ‚Äď regresaron a Buenos Aires en dos divisiones. La primera en llegar, comandada por Juan Lavalle, estaba formada por tropas porte√Īas, y fue utilizada para derrocar a Dorrego. Tras la guerra civil que sigui√≥, termin√≥ por ser unificada con el ej√©rcito de la Provincia de Buenos Aires por su vencedor, Juan Manuel de Rosas.[141]

La segunda divisi√≥n, comandada por Jos√© Mar√≠a Paz, se dirigi√≥ al interior, donde fue utilizado para derrocar el gobernador cordob√©s Juan Bautista Bustos y derrotar a sus aliados, especialmente al riojano Facundo Quiroga. A lo largo de la segunda guerra entre unitarios y federales en el interior, tanto Paz como Quiroga comandaron ej√©rcitos interprovinciales, y ambos anunciaron que lo hac√≠an en nombre de todo el pa√≠s. No obstante que la victoria qued√≥ en definitiva en manos de Quiroga, no volvi√≥ a organizarse ning√ļn ej√©rcito argentino. El Pacto Federal, que fue firmado por todas las provincias argentinas en 1831, organizaba las relaciones entre las provincias; en lo militar, establec√≠a que el mando de cualquier ej√©rcito inter o supraprovincial quedar√≠a al mando del gobernador de la provincia en que se combatiese.[142]

Guerra con Bolivia

Causas

En 1836 se form√≥ la Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana gobernada por el general Andr√©s de Santa Cruz, que estaba compuesta por los actuales pa√≠ses de Per√ļ y Bolivia, incluyendo algunos territorios que actualmente pertenecen a Chile. La misma, con intenciones expansionistas, represent√≥ una amenaza para Chile, quien le declar√≥ la guerra. Incitado por el gobierno chileno, y debido a la cuesti√≥n de Tarija ‚Äď que hab√≠a sido anexada a Bolivia en a√Īos anteriores ‚Äď y al apoyo de los oficiales de Santa Cruz a campa√Īas de invasi√≥n por parte de exiliados unitarios, el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, rompi√≥ relaciones con la confederaci√≥n el 13 de febrero de 1837,[143] y declar√≥ la guerra al mariscal Santa Cruz el 19 de mayo.[144]

De acuerdo al Pacto Federal, el mando deber√≠a haber reca√≠do en el gobernador de la Provincia de Jujuy, pero el 8 de mayo, Rosas, en su car√°cter de encargado de las relaciones exteriores y guerra, nombr√≥ comandante del Ej√©rcito del Norte al gobernador de la Provincia de Tucum√°n, Alejandro Heredia, en su car√°cter de general de mayor antig√ľedad del noroeste del pa√≠s. Dado que no pretend√≠a participar personalmente en la guerra, √©ste nombr√≥ jefe de Estado Mayor a su hermano, general Felipe Heredia, gobernador de la Provincia de Salta.[145]

Ejército Argentino del Norte

Al comenzar la guerra, no exist√≠a un ej√©rcito organizado, de modo que hubo que improvisar todo: la base del llamado Ej√©rcito del Norte fueron los ej√©rcitos de las provincias de Tucum√°n y Salta y las tropas de frontera de Jujuy. Como primera medida adicional, fueron movilizados 300 hombres, (100 voluntarios sin conocimiento militar y 200 milicianos), alcanzando a iniciar la campa√Īa apenas 400 hombres.[146] M√°s tarde se llegar√≠an a movilizar hacia el frente hasta 3.500 soldados.[147]

Posteriormente se movilizaron tres divisiones, al mando de Felipe Heredia, Gregorio Paz y Manuel Virto y Pablo Alem√°n.

Las operaciones

Pese a las órdenes de Santa Cruz de quedar a la defensiva mientras intentaba rechazar el ataque chileno, el general alemán Otto Philipp Braun al servicio de Santa Cruz tomó la ofensiva y a fines de agosto ocupó La Quiaca y el cercano pueblo de Cochinoca. Unido a la división de Francisco Burdett O'Connor, ocuparon Humahuaca unas semanas más tarde.[148]

Al d√≠a siguiente, el general Felipe Heredia, contraatac√≥ en el Combate de Humahuaca y ‚Äď seg√ļn fuentes argentinas ‚Äď volvi√≥ a vencer el d√≠a 12 a las fuerzas del teniente coronel Fernando Mar√≠a Campero Barrag√°n en el Combate de Santa B√°rbara, unos 4 km al norte de Humahuaca.[149] Fuentes bolivianas afirmaron que la batalla fue un triunfo de su pa√≠s.[150]

Una serie de rebeliones en las provincias del norte argentino obligaron a Heredia a retirar sus tropas del frente. Pero a principios del a√Īo siguiente, ante una nueva ofensiva boliviana, Heredia envi√≥ al norte a 3.500 hombres. La columna al mando del coronel Virto fue derrotada en el Combate de Iruya el 11 de junio. La columna de Paz logr√≥ llegar a las inmediaciones de Tarija, pero fue seriamente derrotada en el Combate de Montenegro el 24 de junio, por lo que ambas fueron obligadas a retirarse.[151]

La guerra no tuvo consecuencia alguna: si los historiadores argentinos la califican como un empate,[147] los bolivianos la elevan a la categor√≠a de gran victoria.[152] Aunque la Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana logr√≥ anexar ef√≠meramente algunas poblaciones del norte argentino. El asesinato de Alejandro Heredia, el derrocamiento de sus partidarios en las provincias del norte y la derrota y ca√≠da de Santa Cruz causaron el final de la guerra. Las poblaciones hasta el r√≠o La Quiaca fueron restituidas a la Argentina, pero Tarija y Tupiza quedaron en manos bolivianas cuando este pa√≠s se separ√≥ definitivamente de la Confederaci√≥n.[147]

La Organización Nacional

Poco después del final de la guerra contra Bolivia estalló nuevamente la guerra civil, enfrentándose una vez más federales y unitarios. El gobernador Rosas, en tanto encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, asumió la dirección de la lucha contra los unitarios y organizó poderosos ejércitos, delegando el mando de los mismos a diversos jefes, en particular a Manuel Oribe, presidente derrocado del Uruguay. El ejército de Oribe tenía pretensiones de representar a toda la Confederación, pero estaba formado como producto de una alianza. Tras la derrota de los unitarios en la Argentina, gran parte de este ejército invadió el Uruguay y tuvo una participación destacada en la Guerra Grande; no obstante, las tropas argentinas que participaron en la misma lo hicieron como ejércitos provinciales, en particular de Buenos Aires y Entre Ríos[141]

En 1851 las alianzas cambiaron nuevamente, y el general federal Justo José de Urquiza organizó el Ejército Grande, como resultado de la alianza de las provincias de Corrientes y Entre Ríos, el Partido Colorado uruguayo y el Imperio del Brasil. Al frente del mismo, Urquiza derrotó a Rosas y comenzó la Organización Nacional.[153]

Asumida la presidencia en 1854, Urquiza no s√≥lo encontr√≥ que no ten√≠a ej√©rcito nacional ‚Äď la base de su fuerzas militar resid√≠a en el poderoso ej√©rcito entrerriano ‚Äď sino que el Estado de Buenos Aires se negaba a reconocer su autoridad nacional. De modo que dedic√≥ muchos esfuerzos en refundar el Ej√©rcito de la Confederaci√≥n, sobre la base de las fuerzas militares provinciales.

Militarmente, el territorio quedó dividido en cinco Divisiones Militares, y varios caudillos provinciales de influencia regional, como el caso del sanjuanino Nazario Benavídez, del puntano Pablo Lucero, o del mismo Urquiza, asumieron el mando de estas divisiones. La educación militar brillaba por su ausencia, excepto en el arma de artillería, cuyos oficiales jóvenes recibían educación especial en el Colegio de Concepción del Uruguay. Las fuerzas de línea tuvieron un leve incremento entre 1854 y 1861, pasando de 2.950 a 4.325 hombres. No obstante lo exiguo de estas fuerzas, el Ministerio de Guerra y Marina insumía entre el 30 y el 50% del presupuesto de la Confederación.[154]

De todos modos, la reuni√≥n del Ej√©rcito de la Confederaci√≥n para operaciones a gran escala result√≥ una tarea demasiado grande para su gobierno. Las fuerzas que combatieron contra el Estado de Buenos Aires en la Batalla de Cepeda (1859) estaban estructuradas sobre las tropas de l√≠nea y milicias de Entre R√≠os, San Luis y Santa Fe; dos a√Īos m√°s tarde, para la Batalla de Pav√≥n, el presidente Santiago Derqui sum√≥ a estas fuerzas un gran contingente reunido en la Provincia de C√≥rdoba.[155]

La Batalla de Pav√≥n llev√≥ a corto plazo a la disoluci√≥n de la Confederaci√≥n, a la que sigui√≥ la invasi√≥n del interior por el ej√©rcito porte√Īo. Sobre la base de este ej√©rcito invasor se fundar√≠a ‚Äď esta vez en forma definitiva ‚Äď el Ej√©rcito Argentino. Parte de los ej√©rcitos provinciales, como los casos de C√≥rdoba y Santa Fe, fueron incorporados al ej√©rcito nacional a√ļn antes del ascenso de Bartolom√© Mitre a la presidencia. Otra parte continu√≥ como milicias provinciales, rebautizadas como Guardias Nacionales. Por √ļltimo, algunas de las milicias provinciales fueron sistem√°ticamente destruidas en la invasi√≥n porte√Īa, como fue el caso de las montoneras del Chacho Pe√Īaloza.[156]

En 1865, el Ej√©rcito Argentino estaba formado por unos 6.000 hombres, repartidos por la mayor parte de las fronteras con los ind√≠genas. Sus oficiales eran antiguos participantes de las guerras civiles, hombres de clase media a quienes les atra√≠a la vida de cuartel y peque√Īos hacendados con experiencia en la lucha contra los indios.[157]

Los soldados ‚Äúde l√≠nea‚ÄĚ ten√≠an tres or√≠genes distintos: la mayor√≠a eran gauchos condenados al servicio por ‚Äúvagos y mal entretenidos‚ÄĚ, es decir, que hab√≠an sido sorprendidos desplaz√°ndose por el campo sin la papeleta de conchabo.[158] A estos se agregaban todo tipo de condenados, lo que reemplazaba la ineficacia de las c√°rceles. Por √ļltimo se le sumaba un cierto n√ļmero de voluntarios extranjeros ‚Äď con gran preponderancia de los Italianos ‚Äď que se enrolaban por tres a√Īos.[157]

Campa√Īas contra los ind√≠genas

Durante todo el tiempo en que las fuerzas militares permanecieron libres de luchas internacionales y civiles, la actividad militar se concentró en la lucha contra los indígenas del sur y del Chaco. Por la importancia numérica de los combatientes y por el interés directo que en la lucha tenía el gobierno de Buenos Aires, los más peligrosos eran los distintos pueblos que poblaban la región pampeana y el norte de la Patagonia oriental. Eran los llamados pampas y ranqueles, etnias de origen mayormente tehuelche y pehuenche, cultural y políticamente absorbidos por los mapuches.

La relaci√≥n con los ind√≠genas del sur hab√≠a sido de paz desde fines del Virreinato, hasta el a√Īo 1820, en que varios grupos ind√≠genas, aprovechando la anarqu√≠a, comenzaron a lanzar ataques en distintos puntos de la Provincia de Buenos Aires. Tambi√©n tuvo un papel destacado la participaci√≥n en estos ataques de Jos√© Miguel Carrera, militar chileno que ayud√≥ a estos ind√≠genas en sus malones a cambio de su colaboraci√≥n en la campa√Īa a Chile que planeaba.

La respuesta del gobernador Mart√≠n Rodr√≠guez reinaugur√≥ la secular lucha por la frontera sur, que pronto se extendi√≥ a las dem√°s provincias. No obstante que el enemigo era com√ļn, no hubo coordinaci√≥n alguna entre las provincias afectadas, que se defendieron y contraatacaron con sus milicias provinciales √ļnicamente. Durante la segunda mitad de la d√©cada de 1820 la situaci√≥n se agrav√≥ por dos factores: la participaci√≥n de los hermanos Pincheira, realistas devenidos caciques, y el avance de la frontera sur en la provincia de Buenos Aires.[159]

Tras el final de la guerra civil de 1828‚Äď1831, se organiz√≥ la llamada Campa√Īa de Rosas al Desierto. Originalmente hab√≠a sido planeada como una campa√Īa combinada entre las provincias de Mendoza, San Luis, C√≥rdoba y Buenos Aires. Te√≥ricamente el comando correspond√≠a a Facundo Quiroga, pero en la pr√°ctica las tres columnas actuaron por separado, sin coordinaci√≥n alguna. Las columnas de Mendoza y de San Luis ‚Äď C√≥rdoba llevaron adelante un avance acotado, y debieron regresar por falta de alimentos. La columna de Buenos Aires, en cambio, dirigida por el general Rosas, alcanz√≥ con √©xito los objetivos planeados, ocupando todo el valle del r√≠o Negro y a√ļn m√°s all√°. Pero, en definitiva, se trat√≥ de una campa√Īa del ej√©rcito y milicias de la provincia de Buenos Aires, no de un ej√©rcito nacional.[160]

Durante los a√Īos siguientes, las relaciones con los ind√≠genas fue manejada por Rosas por medio de la pol√≠tica de pago de raciones y regalos a los caciques ind√≠genas que lograran mantener disciplinados a sus guerreros. Sin embargo, dado que los ranqueles ten√≠an fronteras con cinco provincias, fueron muy dif√≠ciles de cooptar.

El trato pac√≠fico con los indios se mantuvo hasta la Batalla de Caseros, tras la cual los gobiernos del Estado de Buenos Aires suspendieron los pagos a los caciques. Por otro lado, el presidente Urquiza sosten√≠a econ√≥micamente a los ind√≠genas para mantener ocupado y debilitar al ej√©rcito porte√Īo. El resultado fue la ruptura permanente con los ind√≠genas, que se lanzaron a una serie de campa√Īas de saqueo sobre la provincia, dirigidos por el cacique mayor Juan Calfucur√°, que contaba con varios miles de guerreros. Varios sucesivos contraataques de las fuerzas de Buenos Aires chocaron con la capacidad operativa de los ind√≠genas, que lograron una gran victoria sobre el futuro presidente Mitre en la Batalla de Sierra Chica, del 30 de mayo de 1855.

Desde entonces, la defensa contra los ind√≠genas estuvo centrada en la que pudieran sostener la multitud de peque√Īos fortines diseminados por toda la frontera y guarnecidos por gauchos condenados a servicio sin ninguna preparaci√≥n y con una carencia permanente de casi todo lo necesario para frenar los avances ind√≠genas. Pese a que se trat√≥ de campa√Īas puramente de una de las provincias, cabe citar estas campa√Īas como antecedente hist√≥rico el Ej√©rcito Argentino porque la mayor parte de √©ste ser√≠a formado ‚Äď a partir de 1862 ‚Äď por oficiales que hab√≠an hecho su trayectoria militar en la frontera ind√≠gena de la provincia de Buenos Aires.[161]

La situación en las provincias del sur de la Confederación era similar, con la diferencia de que los ranqueles tenían una mejor relación con su gobierno, por lo que la línea de fortines tenía una función principalmente disuasiva. Por otro lado, también los oficiales que hacían la guarnición en los fortines de la Confederación fueron incorporados al Ejército nacional después de la Batalla de Pavón.[159]

A partir de 1865 y hasta 1870, la Guerra del Paraguay interrumpi√≥ las operaciones contra los ind√≠genas. A√ļn as√≠, en 1867 se promulg√≥ la ley N¬į 215, que preve√≠a llevar la frontera sur a los r√≠os Negro y Neuqu√©n.

Guerra del Paraguay

Artículo principal: Guerra de la Triple Alianza

El conflicto se desencaden√≥ a fines de 1864, cuando el presidente del Paraguay, Francisco Solano L√≥pez, decidi√≥ acudir en ayuda del gobierno constitucional uruguayo, ejercido por el Partido Blanco. √Čste estaba en guerra civil contra el Partido Colorado, el cual era apoyado militarmente por el Imperio del Brasil.[162]

Campa√Īa de Corrientes

Artículo principal: Invasión paraguaya de Corrientes

La primera etapa de la guerra consisti√≥ en la exitosa invasi√≥n del Mato Grosso por fuerzas paraguayas.[163] A continuaci√≥n, L√≥pez solicit√≥ autorizaci√≥n al presidente argentino Bartolom√© Mitre para que sus tropas atravesaran la provincia de Corrientes rumbo al Uruguay.[164] Mitre neg√≥ tal permiso, y en respuesta L√≥pez declar√≥ la guerra a la Argentina:[165] En abril de 1865, tropas paraguayas ocuparon la Ciudad de Corrientes.[166] A principios de mayo, representantes de la Argentina, el Brasil y el Uruguay firmaron el ¬ęTratado de la Triple Alianza¬Ľ contra el mariscal L√≥pez.[167] [168]

La primera resistencia la dirigi√≥ el gobernador Manuel Lagra√Īa, que reuni√≥ en las cercan√≠as de la capital correntina alrededor de 3.500 voluntarios, unido poco despu√©s al caudillo correntino Nicanor C√°ceres, que aport√≥ 1.500 veteranos. Ante la superioridad num√©rica de los paraguayos ‚Äď unos 25.000 hombres ‚Äď debieron retirarse hacia el sur.

El presidente Mitre orden√≥ reunir todas las fuerzas disponibles, tanto de l√≠nea como de la Guardia Nacional, en Rosario y Buenos Aires. Una peque√Īa divisi√≥n del Ej√©rcito de l√≠nea lleg√≥ por el r√≠o Paran√° al mando de Wenceslao Paunero y reconquist√≥ la ciudad de Corrientes el 25 de mayo. Pero ante la llegada de nuevas divisiones paraguayas opt√≥ por reembarcarse hacia Goya. All√≠ se puso al mando de todas las tropas enviadas hacia el norte por el r√≠o Paran√°, llegando a reunir 3.600 hombres.[169] Esta fuerza no era suficiente para hacer frente a la invasi√≥n paraguaya, pero el presidente L√≥pez decidi√≥ no continuar su avance hasta destruir la escuadra brasile√Īa apostada frente a Corrientes, cosa que intent√≥ el 11 de junio, en la Batalla del Riachuelo. La derrota de la escuadra paraguaya cort√≥ el avance hacia el sur de las tropas paraguayas, que se retiraron hacia la ciudad de Corrientes.[170]

El avance hacia el sur obedecía a dos propósitos: la primera era apoyar la reacción a favor del Paraguay que López esperaba encontrar en Corrientes y Entre Ríos. Si bien hubo correntinos que lucharon en el bando paraguayo, fueron muy escasos; los soldados entrerrianos se negaron a luchar contra quienes consideraban sus aliados naturales, pero no pasó de una actitud pasiva.[171]

La otra raz√≥n era que se esperaba que los invasores se unieran con una segunda columna de 12.000 paraguayos, que hab√≠a avanzado desde Encarnaci√≥n, buscando llegar a territorio uruguayo. Divididas en dos columnas, estas fuerzas ocuparon el 5 de agosto la ciudad de Uruguayana, en territorio brasile√Īo, mientras una fracci√≥n ocupaba Paso de los Libres, en el lado correntino del mismo r√≠o Uruguay.[172] Para continuar su camino esperaban la llegada de la columna del Paran√°, que nunca lleg√≥.

El presidente Mitre se estableci√≥ en Concordia, donde se le unieron fuerzas brasile√Īas y uruguayas. Al mando de la vanguardia, formada principalmente por argentinos y uruguayos, el dictador Venancio Flores obtuvo el 17 de agosto la victoria de Yatay. A continuaci√≥n, los aliados pusieron sitio a Uruguayana, que termin√≥ por rendirse el 16 de septiembre.[172]

Las fuerzas paraguayas abandonaron Corrientes, adoptando posiciones defensivas en la regi√≥n paraguaya ubicada entre los r√≠os Paran√° y Paraguay. Los aliados tardaron muchas semanas en cruzar la provincia y ocupar la ciudad, al norte de la cual organizaron sus cuarteles. Tras la retirada, las fuerzas paraguayas intentaron algunos contraataques al sur del r√≠o Paran√°, durante los cuales obtuvieron una victoria en la Pehuaj√≥. Su √ļnico resultado fue retrasar la invasi√≥n a territorio paraguayo, que no pudo ser evitada.[172]

Fuerzas argentinas en la guerra

Oficialmente, al producirse la invasión paraguaya a Corrientes, el Ejército Argentino contaba con 6.391 hombres: 2.993 del arma de infantería, 2.858 de caballería y 540 de artillería.[173]

A esas tropas deben agregarse los Guardias Nacionales que pudieran enviarse al frente: te√≥ricamente se trataba de toda la poblaci√≥n entre los 17 y los 45 a√Īos, en total 185.000 hombres, pero l√≥gicamente no todos eran aptos para la lucha. Por otro lado, la movilizaci√≥n siquiera de la tercera parte de ese n√ļmero habr√≠a desarticulado por completo la econom√≠a argentina.[174] De modo que se ech√≥ mano a los gauchos que prestaban servicios en los fortines de la frontera ind√≠gena ‚Äď que qued√≥ parcialmente desarmada ‚Äď y a voluntarios de las ciudades de Buenos Aires y Rosario, √ļnicas en que la poblaci√≥n apoy√≥ decididamente la guerra, adem√°s de voluntarios correntinos. Del ej√©rcito de milicias entrerrianas s√≥lo participaron escasas divisiones de infanter√≠a y artiller√≠a, la caballer√≠a desert√≥ en masa.

Apenas iniciada la participación argentina en la guerra, una ley ordenó la formación de contingentes que debían ser reclutados por los gobiernos provinciales. En un parte del 15 de noviembre de 1865 se detallan las fuerzas con las que contribuyeron las provincias argentinas conformando la Guardia Nacional:[175]

  • Provincia de Buenos Aires: 10 batallones de infanter√≠a y 2 regimientos de caballer√≠a, 5.000 hombres
  • Santa Fe: 3 batallones de infanter√≠a y un regimiento de caballer√≠a, 1.025 hombres
  • Entre R√≠os, 2 batallones, artiller√≠a y piquete, 751 hombres
  • C√≥rdoba: 2 batallones, 459 hombres
  • La Rioja, 1 batall√≥n, 360 hombres
  • San Juan, 1 batall√≥n, 336 hombres
  • Tucum√°n: 1 batall√≥n, 300 hombres
  • Salta, 1 batall√≥n, 298 hombres
  • Catamarca, 1 batall√≥n, 282 hombres
  • Mendoza, 1 batall√≥n, 271 hombres
  • Corrientes, 1 batall√≥n, 219 hombres
  • San Luis, 1 batall√≥n, 195 hombres

A estas fuerzas se deben agregar 3 batallones de italianos y 4.500 correntinos de caballería que formaron la primera resistencia al frente de los coroneles Sosa, Hornos, Cáceres, y otros. El gobierno solicitó posteriormente 1.150 soldados más a las provincias del interior para remontar los cuerpos de línea. Muchos gobernadores organizaron esos contingentes enganchando a la fuerza a sus enemigos políticos, lo que daría lugar a repetidas sublevaciones.[176]

Las fuerzas de l√≠nea destinadas a la guerra en noviembre de 1865 eran 8 generales, 241 jefes, 2.059 oficiales, 5.402 suboficiales y 16.812 soldados, n√ļmero que se aument√≥ en abril de 1866 hasta 25.000.[177] En comparaci√≥n con los dem√°s beligerantes, en el caso argentino resulta llamativo que en total se movilizaron algo menos de 30 mil hombres, es decir que la gran mayor√≠a de los mismos ya hab√≠an sido movilizados antes de cumplirse un a√Īo del comienzo de la guerra.[178]

En el momento de realizarse el censo argentino de 1869, se contaron 6.276 militares argentinos en el Paraguay.[179]

De los otros aliados, el Brasil llegó a movilizar un total de 139.000 hombres a lo largo de toda la guerra,[180] mientras que el Uruguay aportó inicialmente 3.166 hombres, llegando a lo largo de la guerra a enviar al frente 5.583.[181]

Frente a estas fuerzas, el Paraguay contaba 7.000 soldados en armas poco antes de iniciarse la guerra; su poblaci√≥n fue movilizada en su totalidad, excediendo las previsiones de 64.000 potencialmente movilizables mediante la incorporaci√≥n de ancianos y adolescentes, e incluso ni√Īos.[182]

Armamento y estrategia

Las fuerzas aliadas permanecieron en las cercan√≠as de Corrientes entre el 28 de octubre ‚Äď fecha de su entrada en la ciudad ‚Äď y el 5 de abril de 1866, dedicadas a incorporar nuevos contingentes, recibir instrucci√≥n y aceitar su sistema de aprovisionamiento. Para los conocimientos militares de la √©poca, se consideraba imprescindible contar con una diferencia num√©rica abrumadora ‚Äď al menos de 3 a 1 ‚Äď para operar con posibilidades de √©xito en una ofensiva contra posiciones atrincheradas como las que esperaban hallar ‚Äď y efectivamente encontraron ‚Äď los aliados en el Paraguay.[183]

La ventaja num√©rica de los aliados era acompa√Īada por la superioridad de sus armamentos, ya que la mayor parte de las armas eran fusiles de retrocarga y ca√Īones ‚Äúrayados‚ÄĚ, frente a una mayor√≠a de fusiles a chispa y ca√Īones de bronce lisos en el ej√©rcito paraguayo. Sin ser especialmente brillantes, los oficiales aliados resultaron m√°s eficaces que los paraguayos, debido a que el presidente L√≥pez insist√≠a en tomar personalmente la mayor parte de las decisiones sin consultar a sus asistentes.

El bloqueo del R√≠o de la Plata por parte de la escuadra brasile√Īa impidi√≥ la llegada al Paraguay de gran cantidad de armamento de superior calidad que ya hab√≠a sido comprado en Europa.[184] Las √ļnicas ventajas en armamento que ten√≠an los paraguayos era la fundici√≥n de Ibicuy, en la que pod√≠an fabricar algunos miles de armas blancas y de fuego,[176] un mejor estado de sus caballos, y ‚Äď sobre todo ‚Äď un profundo conocimiento de la geograf√≠a de la zona donde se luch√≥ la guerra.[185]

El ejército paraguayo hizo un uso intensivo de las defensas terrestres fortificadas, que costaron muchos miles de vidas a sus enemigos. A eso se le suman algunos avances técnicos, como la comunicación telegráfica entre la capital y el frente de guerra, y el ferrocarril, que por estar alejado del principal teatro bélico tuvo un uso muy marginal. Mientras el Brasil y Paraguay utilizaron el telégrafo durante la contienda, tanto la Argentina como Uruguay continuaron utilizando chasques para sus comunicaciones militares. Desde entonces, el valor militar del telégrafo fue comprendido por muchos oficiales argentinos que participaron de la guerra.

La Guerra en territorio paraguayo

Representaci√≥n art√≠stica de la Batalla de Tuyut√≠ (1876‚Äď1885, por C√°ndido L√≥pez).

El 5 de abril se inici√≥ la invasi√≥n de 50.000 aliados a territorio paraguayo, inici√°ndose la fase m√°s larga de la guerra: la Campa√Īa de Humait√°. En una superficie muy reducida, cruzada por esteros, selvas y lagunas, el ej√©rcito paraguayo hab√≠a establecido gran cantidad de posiciones defensivas, centradas en los fortalezas de Itapir√ļ, que fue tomada ese d√≠a tras fuerte resistencia,[186] Curupayty y ‚Äď especialmente ‚Äď el de Humait√°; todas ellas estaban sobre el r√≠o Paraguay, artilladas para dificultar el paso de buques enemigos.[172]

No obstante su superioridad defensiva, el presidente López se lanzó al ataque en dos batallas iniciales, las de Estero Bellaco y Tuyutí. Si la primera fue una derrota relativa, la segunda fue la peor de las derrotas posibles, ya que perdió 13.000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros. El Ejército Argentino tuvo una actuación destacada en ambas, participando en la reacción contra las iniciales victorias paraguayas.[187]

L√≥pez cambi√≥ su estrategia y organiz√≥ una l√≠nea defensiva a muy corta distancia del campamento aliado; en respuesta, el general Mitre ‚Äď comandante del ej√©rcito aliado ‚Äď lanz√≥ sucesivos ataques sobre esas posiciones, en las batallas de Batalla de Boquer√≥n, Yatayt√≠ Cor√° y las dos Batallas de Sauce. Pese al valor demostrado por los argentinos, no se obtuvieron resultados.[188]

Tras la captura del Fuerte de Curuz√ļ por los brasile√Īos, Mitre orden√≥ un ataque frontal a Curupayty, que se realiz√≥ el 22 de septiembre de 1866. Fue una completa derrota, en que los argentinos tuvieron 983 muertos y 2.002 heridos, y los brasile√Īos, 408 muertos y 1.338 heridos. Por su parte, los paraguayos tuvieron 92 bajas en total.[172]

Las operaciones se detuvieron por completo durante un a√Īo, durante el cual apareci√≥ una epidemia de c√≥lera que diezm√≥ a las fuerzas de ambos bandos.[189] Por otro lado, grandes fracciones del Ej√©rcito Argentino debieron ser trasladadas a su propio territorio para enfrentar la Revoluci√≥n de los Colorados.[176]

A mediados de 1867, las fuerzas brasile√Īas reiniciaron la ofensiva sobre las posiciones paraguayas, rode√°ndolas por el este. Por su parte, la escuadra brasile√Īa logr√≥ superar las bater√≠as de Humait√° sin grandes da√Īos. A principios del a√Īo siguiente, bajo el mando del brasile√Īo Marqu√©s de Caxias, la ofensiva se hizo m√°s activa, dejando progresivamente de lado a las fuerzas argentinas.

L√≥pez evacu√≥ Curupayty y Humait√°, retir√°ndose a una nueva posici√≥n defensiva a corta distancia de Asunci√≥n. Desechando por completo contar con las fuerzas argentinas, Caxias lanz√≥ en diciembre de 1868 una ofensiva masiva, conocida como Campa√Īa del Piquisiry, con la que logr√≥ cercar a L√≥pez en su posici√≥n defensiva;[190] tras un fracaso inicial, se vio obligado a contar nuevamente con la participaci√≥n argentina en la Batalla de Lomas Valentinas. En los primeros d√≠as de 1869, los brasile√Īos ocuparon Asunci√≥n, mientras L√≥pez se retiraba hacia el interior. El general argentino Emilio Mitre se neg√≥ a ingresar a la ciudad, para no autorizar el saqueo de la misma.[191]

Bajo el mando del Conde D'Eu, yerno del Emperador Pedro II, la Campa√Īa de las Cordilleras consisti√≥ solamente en la persecuci√≥n de L√≥pez, que se hab√≠a atrincherado en la Cordillera de Escurra al frente de un ej√©rcito principalmente formado por ni√Īos y ancianos. La participaci√≥n del Ej√©rcito Argentino en la primera fase de la campa√Īa fue de apoyo de las fuerzas brasile√Īas, que llevaban el peso de toda la expedici√≥n. Las tropas argentinas no participaron en las matanzas de prisioneros paraguayos ‚Äď en su mayor√≠a ni√Īos ‚Äď que siguieron a las batallas de Piribebuy[192] y Acosta √Ďu,[193] √ļltimas verdaderas batallas de esta guerra.

La persecución final de López, que fue muerto en el Combate de Cerro Corá el 1 de marzo de 1870 no contó con participación argentina.[194]

El Paraguay sufri√≥ una cat√°strofe demogr√°fica, perdiendo gran parte de su poblaci√≥n,[195] perdi√≥ todos los territorios que hab√≠a tenido en disputa con la Argentina ‚Äď que confirm√≥ sin oposici√≥n su posesi√≥n de las actuales provincias de Formosa y Misiones[196] ‚Äď y vio definitivamente truncado su incipiente desarrollo industrial.[197] [198]

La Argentina sufri√≥ enormes gastos de guerra, que llevar√≠an a mediano plazo a una gran crisis econ√≥mica y a la dependencia permanente del cr√©dito externo. Tambi√©n perdi√≥ muchos miles de soldados. Pero el Ej√©rcito Argentino dej√≥ de ser un conglomerado de milicias provinciales y fuerzas de ocupaci√≥n porte√Īas en el interior, para iniciar el camino de su profesionalizaci√≥n y despolitizaci√≥n.[199]

√öltimas guerras civiles

A diferencia de lo que hab√≠a ocurrido durante los anteriores 40 a√Īos, las guerras civiles entre 1865 y 1880 contaron en uno de los bandos con la actuaci√≥n del Ej√©rcito Argentino, que luchaba del lado del gobierno nacional contra los distintos grupos rebeldes, en todos los casos de alcance local.

Revolución de los Colorados

Artículo principal: Revolución de los Colorados
El coronel Felipe Varela y sus oficiales.

El aplastamiento violento de los federales después de Pavón y la remisión de grandes contingentes a la Guerra del Paraguay llevó a un estado de agitación muy acentuado a las provincias del centro, oeste y norte del país. Como resultado, en noviembre de 1866 estalló en Mendoza una sublevación de las tropas reunidas para marchar a la guerra, que dio lugar a la Revolución de los Colorados, esto es, los antiguos federales. Rápidamente la rebelión se extendió a las vecinas provincias de San Juan, San Luis y La Rioja. En la segunda asumió el mando el general Juan Saá y en La Rioja el coronel Felipe Varela, ambos recientemente regresados desde su exilio en Chile.

Hubo tambi√©n rebeliones en C√≥rdoba y Catamarca, por lo que el gobierno de Mitre reaccion√≥ alarmado y el propio presidente regres√≥ desde el Paraguay para enfrentar la revoluci√≥n. No obstante, la superioridad t√°ctica de los jefes nacionales y ‚Äď sobre todo ‚Äď la superioridad en armamento de sus tropas le dieron dos victorias decisivas en San Ignacio y Pozo de Vargas, ambas en el mes de abril de 1867. Varela se mantuvo en la lucha durante un a√Īo m√°s, pero nunca volvi√≥ a tener posibilidad alguna de triunfar, ni siquiera a nivel provincial.[200]

Durante algunos a√Īos m√°s se produjeron alzamientos federales en el oeste del pa√≠s, en particular en La Rioja, pero no alcanzaron relevancia nacional.[201]

Rebelión de López Jordán

Artículo principal: Rebelión Jordanista
Ricardo L√≥pez Jord√°n, √ļltimo caudillo federal.

En mayo de 1868, el gobernador federal de Corrientes, Evaristo López, fue derrocado por una revolución unitaria, que contó con la simpatía del gobierno nacional. En defensa de López, el general Nicanor Cáceres se alzó en armas en el sur de la provincia. Pero tras algunos triunfos de Cáceres, Mitre decidió enviar en ayuda de los liberales a varias unidades del ejército en operaciones en Paraguay, con lo que asignaba el título de gobierno legal uno surgido de una revolución. Cáceres fue obligado a retirarse a Entre Ríos.[202]

En Entre R√≠os, el general Urquiza sostuvo su alianza con el gobierno nacional a lo largo de toda la d√©cada de 1870, y aport√≥ tropas reclutadas a la fuerza a la impopular Guerra del Paraguay. El 11 de abril de 1870, poco despu√©s del final de la Guerra del Paraguay, el general Ricardo L√≥pez Jord√°n se lanz√≥ a una revoluci√≥n contra Urquiza, de la que result√≥ la muerte del ex presidente y la elecci√≥n del jefe revolucionario como gobernador. El presidente Domingo Faustino Sarmiento reaccion√≥ en√©rgicamente y declar√≥ la guerra al caudillo federal. A continuaci√≥n, gran cantidad de tropas veteranas del Paraguay invadieron Entre R√≠os, ocupando r√°pidamente las ciudades y las zonas aleda√Īas.

L√≥pez Jord√°n contaba con m√°s de 10.000 soldados, pero no pod√≠a enfrentar al superior armamento del Ej√©rcito nacional. Se refugi√≥ en el interior de la provincia, valido de la superioridad de sus caballos, pero con el paso del tiempo se vio obligado a aceptar combates francos con los nacionales. Fue vencido en octubre en la Batalla de Santa Rosa, perdiendo progresivamente el control de la provincia. Por ello abri√≥ un nuevo frente, invadiendo Corrientes, donde contaba con la simpat√≠a de los federales expulsados tres a√Īos antes, pero el 26 de enero de 1871 fue completamente derrotado por el gobernador correntino Santiago Baibiene en la Batalla de √Ďaemb√©. A fines de febrero, L√≥pez Jord√°n hu√≠a al Brasil.[203]

El desplazamiento sistem√°tico de los federales caus√≥ el regreso de L√≥pez Jord√°n, que se produjo en mayo de 1873. En poco m√°s de una semana contaba con un ej√©rcito de casi 16.000 hombres, que inclu√≠a gran cantidad de infanter√≠a y artiller√≠a. El ministro de Guerra, coronel Mart√≠n de Gainza, fue nombrado jefe de las fuerzas de intervenci√≥n, organizadas en tres divisiones al mando del general Julio de Vedia y de los coroneles Luis Mar√≠a Campos y Juan Ayala. Durante seis meses la provincia volvi√≥ a estar dividida entre federales, que controlaban el interior, y nacionales, que controlaban las costas de los r√≠os. Las fuerzas nacionales ‚Äď en especial las mandadas por Ayala ‚Äď cometieron toda clase de abusos contra la poblaci√≥n, y los prisioneros fueron muchas veces ejecutados. El 9 de diciembre, L√≥pez Jord√°n fue vencido en la Batalla de Don Gonzalo por los generales Gainza y Vedia. El d√≠a de navidad, L√≥pez Jord√°n cruzaba nuevamente el r√≠o Uruguay hacia el exilio.[204]

En 1876, López Jordán volvería a intentar insurreccionar la provincia, pero no lograría reunir más de ochocientos hombres y cayó prisionero a los pocos días. El Partido Federal estaba definitivamente vencido en toda la Argentina.[205]

Luchas entre liberales y autonomistas

Tras el final de las luchas contra los caudillos federales, el partido de Mitre se lanz√≥ repetidamente a la lucha para intentar desplazar a los presidentes Sarmiento y Avellaneda, acusando a este √ļltimo de haber llegado a la presidencia por el fraude y de pretender avasallar la autonom√≠a de las provincias. Varias provincias vieron sucederse golpes de cuartel y revoluciones, pero en general no estuvieron involucradas tropas nacionales.

En cambio, al estallar la Revoluci√≥n de 1874 en el interior de la Provincia de Buenos Aires, fue el Ej√©rcito nacional el encargado de aplastarla, lo que consigui√≥ el coronel teniente coronel Jos√© Inocencio Arias, venciendo el 26 de noviembre en la Batalla de La Verde al propio ex presidente Mitre. Esta vez fue Mitre quien no consigui√≥ vencer ‚Äď pese a su enorme superioridad num√©rica ‚Äď la resistencia de un enemigo mucho mejor armado y parapetado.[206]

Al mismo tiempo se había sublevado el general José Miguel Arredondo en la frontera de San Luis y Córdoba. Avanzó hasta la ciudad de Córdoba y desde allí retrocedió hacia el sudoeste, ocupando a fines de octubre la ciudad de Mendoza. La razón por la que Arredondo no intentó unirse a Mitre en Buenos Aires era la división del Ejército de Línea organizada por el coronel Julio Argentino Roca, que se interpuso entre ambos ejércitos y luego persiguió a Arredondo hasta Mendoza, donde lo derrotó en la Batalla de Santa Rosa el 7 de diciembre. También hubo una sublevación mitrista en Corrientes, pero fue derrotada sin lucha por fuerzas nacionales llegadas desde el Chaco al mando de Manuel Obligado.[207]

El m√°s firme apoyo del mitrismo en el interior era el general Antonino Taboada, cuya familia gobernaba la provincia de Santiago del Estero desde 1851. Si bien no particip√≥ en la revoluci√≥n del 74, el presidente Avellaneda decidi√≥ no correr riesgos y apoy√≥ una revoluci√≥n en su contra. Para ello envi√≥ dos batallones nacionales de l√≠nea, lo que decidi√≥ a los opositores a derrocar violentamente a los Taboada en marzo de 1875. Las tropas nacionales participaron en el saqueo de los bienes de la familia gobernante y sus aliados, y tambi√©n en la represi√≥n de los √ļltimos grupos de montoneros que actuaban en su favor.[208]

Durante los a√Īos siguientes, hubo revoluciones en Corrientes y Santa Fe, pero el Ej√©rcito nacional no tuvo participaci√≥n en ellas.

La Revolución de 1880

Artículo principal: Revolución de 1880

La √ļltima de las guerras civiles argentinas fue la Revoluci√≥n de 1880 en Buenos Aires. En ella se enfrentaron la poderosa Guardia Civil de la Provincia de Buenos Aires y el Ej√©rcito Argentino. El presidente Avellaneda atac√≥ la ciudad antes de que los porte√Īos reunieran el poderoso ej√©rcito que hab√≠an organizado a lo largo de un a√Īo, pero fracas√≥ en impedir la entrada en la ciudad capital de las tropas venidas desde el interior de la provincia. Esto oblig√≥ a choques de grandes magnitudes, en las batallas de Puente Alsina, Barracas y los Corrales, de los d√≠as 20 a 23 de junio. M√°s de 10.000 porte√Īos resistieron eficazmente el avance del Ej√©rcito, pero en definitiva terminaron por admitir su imposibilidad de resistir nuevos ataques; vencido en el campo de batalla, el Ej√©rcito Argentino hab√≠a demostrado que no hab√≠a sido derrotado en forma definitiva y hab√≠a perdido muchos menos efectivos en la lucha. Como resultado de esta guerra se produjo la Federalizaci√≥n de Buenos Aires, ciudad que fue separada de la provincia del mismo nombre.[209]

Una √ļltima revuelta mitrista, ocurrida en la Provincia de Corrientes, fue vencida por la simple superioridad num√©rica, de armamento, movilidad y t√°ctica por el coronel Rufino Ortega al frente de una divisi√≥n del Ej√©rcito nacional.[210]

Conquista del desierto

Artículo principal: Conquista del Desierto

Durante la presidencia de Sarmiento la frontera se mantuvo estable y los malones disminuyeron significativamente. Las comandancias de frontera se organizaron y fueron provistas de armamento moderno y en gran cantidad, coincidiendo con la disminución del esfuerzo bélico argentino en el Paraguay.[211]

En 1870 Calfucurá firmó un convenio con el comandante de la frontera sur, coronel Francisco de Elías, pero pocos meses después éste atacó a los tehuelches Manuel Grande, Gervasio Chipitruz y Calfuquir. Indignado, Calfucurá atacó los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo (Buenos Aires) y Nueve de Julio (Buenos Aires) el 5 de marzo de 1872, al frente de un ejército de 6.000 combatientes. Resultaron muertos 300 criollos y robadas 200.000 cabezas de ganado.

El 8 de marzo de 1872, el comandante general de la frontera, general Ignacio Rivas ‚Äď respondiendo a un mal√≥n masivo en el centro de la Provincia de Buenos Aires ‚Äď logr√≥ derrotar completamente a Calfucur√° en la Batalla de San Carlos de Bol√≠var al frente de1.000 soldados y 800 indios aliados, entre ellos Ignacio Coliqueo. A partir de all√≠ el poder√≠o de los salineros decay√≥ r√°pidamente.[212]

Campa√Īa de Alsina

frontera hasta la zanja de Alsina.

En 1875, Adolfo Alsina, ministro de Guerra bajo la presidencia de Avellaneda, presentó al gobierno un plan que más tarde describió como el plan del Poder ejecutivo es contra el desierto para poblarlo y no contra los indios para destruirlos. El plan consistía, en una primera etapa, en un avance hacia el oeste, seguido de la construcción de una línea defensiva, la llamada Zanja de Alsina, de 374 km, de 3,50 metros de ancho por 2,60 de profundidad. Debería estar protegida por una línea de fortines y fuertes más desarrollados que los hasta entonces existentes. Un valor adicional sería la ocupación de las lagunas del oeste de la actual provincia de Buenos Aires, que servían de reservorios de ganados y caballos para los indígenas, lo que los dejaría muy debilitados.

En 176 se inició el avance, pocos días después de que los indígenas de Juan José Catriel y Manuel Namuncurá hubieran lanzado el ataque más vasto que se hubiese visto hasta entonces sobre Tres Arroyos, Tandil, Azul y otros pueblos. Pese a la destrucción, Alsina ordenó la partida de la expedición en cinco columnas con 3.900 soldados de línea, dirigidas por los coroneles Leopoldo Nelson, Conrado Villegas, Marcelino Freyre, Nicolás Levalle y Salvador Maldonado. Fueron construidos 109 fortines y los fuertes de Italó, Trenque Lauquen, Guaminí, Carhué y Puan.[213] En los siguientes meses, varios caciques se rindieron al gobierno.

Durante las fases finales de la campa√Īa falleci√≥ el ministro Alsina, cuya campa√Īa result√≥ enormemente beneficiosa, pese a lo cual fue muy criticado, ya que la opini√≥n p√ļblica era consciente de que las superioridad num√©rica y de armamento del Ej√©rcito Argentino era ya suficiente para aplastar definitivamente la resistencia de los ind√≠genas.

Campa√Īa de Roca

Territorio de la Argentina antes de la presidencia de Julio Argentino Roca.

El nuevo ministro de guerra, Julio Argentino Roca, obtuvo autorizaci√≥n para lanzar la definitiva conquista del ‚ÄúDesierto‚ÄĚ por medio de la ley N¬į 947, del 4 de octubre de 1878, que se fijaba el mismo l√≠mite de la ley de 1867, los r√≠os Negro y Neuqu√©n.[214]

Previo al avance masivo fueron lanzadas una serie de ofensivas hacia el territorio ind√≠gena, que permitieron tomar numerosos prisioneros, entre ellos los caciques Catriel, Epumer y Pinc√©n.[215] Las tribus, ya debilitadas por la campa√Īa de Alsina, quedaron pr√°cticamente destruidas: 4.341 ind√≠genas fueron capturados o muertos. La superioridad t√©cnica del Ej√©rcito Argentino result√≥ concluyente, especialmente por la utilizaci√≥n del fusil R√©mington y el tel√©grafo.[216]

De modo que, cuando en el mes de abril de 1879 parti√≥ la campa√Īa de 6.000 soldados en cinco divisiones, las tribus no opusieron resistencia alguna y se entregaron o huyeron hacia la actual Provincia del Neuqu√©n. De acuerdo con la Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, fueron tomados prisioneros 5 caciques principales, 1.271 ind√≠genas de lanza y 10.513 indios de chusma. Muertos resultaron un cacique principal y 1.313 indios de lanza, m√°s un n√ļmero indeterminado de indios de chusma.[217]

Campa√Īas finales

Pese a que la orden era llegar hasta el Neuquén, los coroneles Napoleón Uriburu y Ortega decidieron tomar posesión de la margen derecha de ese río, avanzando una centena de kilómetros, con la excusa de la falta de pastos en la margen izquierda y de la presencia de indígenas no sometidos en la cuenca del Agrio.[218]

Una vez electo presidente, Roca decidi√≥ lanzar una nueva campa√Īa en la cuenca del r√≠o Limay, llegando al lago Nahuel Huapi], en 1881. La formaron 1.700 hombres, y la comand√≥ el general Villegas. Caus√≥ 85 indios de lanza muertos y alrededor de 200 prisioneros.[219]

Otra campa√Īa fue dirigida por el mismo Villegas al a√Īo siguiente, alcanzando nuevamente el Nahuel Huapi, que fue militarmente ocupado. Poco despu√©s se rend√≠a el cacique Manuel Namuncur√°, hijo de Calfucur√°. En los dos a√Īos siguientes fueron lanzadas algunas expediciones m√°s, y el Combate de Apul√© fue el √ļltimo enfrentamiento armado contra mapuches en territorio argentino, en las nacientes del r√≠o Senguerr.[220]

El primer d√≠a de 1885 se rindi√≥ el cacique general Sayhueque, junto a todos sus caciques menores, 700 hombres de lanza y 2.500 indios ‚Äúde chusma‚ÄĚ. La guerra hab√≠a terminado.[221]

Conquista del Chaco

Artículo principal: Conquista del Chaco argentino

En comparaci√≥n con la Pampa y la Patagonia, la regi√≥n chaque√Īa era considerada menos importante econ√≥micamente, ya que su utilidad para la ganader√≠a era muy limitada. Los intentos de colonizaci√≥n durante la √©poca colonial, especialmente exitosos bajo la direcci√≥n de los jesuitas, no tuvieron continuaci√≥n. Los bordes del Chacho fueron ocupados muy marginalmente, especialmente en las costas del r√≠o Paran√° frente a Corrientes y en el este de Santiago del Estero.

Los enfrentamientos entre la poblaci√≥n blanca y los abor√≠genes chaque√Īos se incrementaron significativamente a partir de las guerras civiles. El gobernador santafesino Estanislao L√≥pez dedic√≥ buena parte de sus √ļltimos a√Īos a combatir contra los mocov√≠es.[222] mientras el santiague√Īo Juan Felipe Ibarra luchaba contra los abip√≥nes. Tambi√©n la provincia de Corrientes debi√≥ defenderse de las incursiones de los ind√≠genas chaque√Īos. Hasta el comienzo de la Guerra del Paraguay, no obstante, la lucha contra √©stos era un problema puramente provincial.

A partir de 1870, el comandante general de la frontera del Chaco, Manuel Obligado, lanz√≥ sucesivas campa√Īas sobre los territorios en manos ind√≠genas, aunque sin intentar la ocupaci√≥n efectiva del terreno. Tras la ‚ÄúConquista del Desierto‚ÄĚ, Obligado lanz√≥ una gran expedici√≥n al interior, seguida por las campa√Īas de Luis Jorge Fontana en1880, de Juan Sol√° en 1882, y las tres de Francisco Bosch, nuevamente de Obligado y de Rudecindo Ibazeta, en 1883. Ninguna de ellas cont√≥ con m√°s de 350 hombres, y varias no alcanzaron a 100; en total fueron muertos alrededor de 500 ind√≠genas, pero tampoco se instalaron fuertes permanentes.[223]

A fines de 1884, el ministro de Guerra, Benjam√≠n Victorica, dirigi√≥ una campa√Īa de tres columnas convergentes hacia el centro del Chaco, que logr√≥ la captura de m√°s de 5.000 nativos y tuvo al menos 7 combates, con cientos de bajas ind√≠genas. Por otro lado, estableci√≥ varios fortines y los caminos que los comunicaban. Al a√Īo siguiente, una campa√Īa al mando de Jos√© Gomensoro caus√≥ la muerte de 300 abor√≠genes y destruy√≥ sus tolder√≠as.[224]

La √ļltima gran campa√Īa ocurri√≥ bajo el mando del general Lorenzo Vintter, veterano de la lucha contra los mapuches, que moviliz√≥ 1.700 hombres durante la d√©cada de 1890, barriendo completamente la provincia del Chaco.[225] En 1911, el coronel Enrique Rostagno dirigi√≥ una campa√Īa similar para ocupar la Provincia de Formosa.

El √ļltimo mal√≥n se registr√≥ en 1919 en Fort√≠n Yunka, Formosa.[226]

Profesionalización del Ejército Argentino

El Colegio Militar

El primer paso hacia la profesionalizaci√≥n del Ej√©rcito se dio en junio de 1870, cuando un decreto del presidente Sarmiento, siguiendo la Ley 357 del a√Īo anterior, cre√≥ el Colegio Militar de la Naci√≥n. Su primer director fue el h√ļngaro Juan Czetz, y su primer alumno inscripto fue el despu√©s jefe de polic√≠a Ram√≥n Falc√≥n. Su primer sede fue el caser√≥n de Palermo de San Benito, antigua casa del gobernador Rosas, hasta que fue trasladado, a fines de ese siglo, a la localidad de El Palomar. Los egresados del Colegio Militar participar√≠an como oficiales subalternos en la Conquista del Desierto y en la represi√≥n de la Revoluci√≥n del 80, desplazando progresivamente a los militares de las guerras civiles y las campa√Īas al Desierto, e incluso a los veteranos del Paraguay.[227]

Desde la √ļltima d√©cada del siglo XIX, los militares ‚Äď t√©cnicamente m√°s preparados que sus antecesores ‚Äď comenzaron a incursionar en disciplinas ligadas a la ingenier√≠a: muchos de ellos exploraron los confines del pa√≠s ‚Äď la Patagonia y la regi√≥n chaque√Īa ‚Äď levantando mapas detallados, estudios de geodesia, prospecciones mineras y construcci√≥n de caminos.[228]

A finales del siglo XIX, los conflictos de l√≠mites con los pa√≠ses vecinos ‚Äď especialmente con Chile ‚Äď forzaron una modernizaci√≥n acelerada del armamento y disciplina del Ej√©rcito, ante la inminencia de un probable conflicto armado con ese pa√≠s. De esos a√Īos data la multiplicaci√≥n de instalaciones militares en zonas fronterizas, especialmente en la Patagonia.[229] As√≠ como la Armada Argentina contribuy√≥ poderosamente a la poblaci√≥n de las costas patag√≥nicas, las zonas interiores de la Patagonia deben buena parte de su impulso poblacional a la acci√≥n del Ej√©rcito.[230]

Revoluciones radicales

En julio de 1890 estall√≥ en Buenos Aires la Revoluci√≥n del Parque, que respond√≠a a las denuncias de autoritarismo y corrupci√≥n del gobierno de Miguel Ju√°rez Celman, con la poblaci√≥n convulsionada por una grave crisis econ√≥mica. La organiz√≥ la Uni√≥n C√≠vica, fundada en el mes de abril por Fancisco Barroetave√Īa, Leandro N. Alem y Arist√≥bulo del Valle, a la que hab√≠a adherido Bartolom√© Mitre. El general Manuel J. Campos, amigo de Mitre, fue nombrado comandante de la Revoluci√≥n, y una Logia formada por oficiales le aport√≥ el apoyo de una gran cantidad de regimientos y batallones de infanter√≠a y artiller√≠a. Por estar ubicado cerca de la Casa de Gobierno se eligi√≥ como centro de reuni√≥n de las tropas rebeldes el Parque de Artiller√≠a ‚Äď ubicado en la actual Plaza Lavalle ‚Äď que dar√≠a nombre a la Revoluci√≥n. En varios puntos de la ciudad se organizaron catones de civiles, pero la clave estaba en el apoyo militar.[231]

La revolución estalló el 26 de julio, con 1.300 soldados implicados y más de 2.500 civiles armados. Los revolucionarios tomaron la iniciativa, pero el general Campos ordenó que quedaran dentro del cuartel, adoptando una posición defensiva. Todo indica que Campos se había confabulado con Roca para hacer fracasar la revolución.[232] Eso permitió al general Nicolás Levalle, ministro de Guerra, reunir las tropas leales y atacar repetidamente en los días siguientes. Pese a que su primer ataque fue rechazado, esos ataques debilitaron las posiciones rebeldes y el día 29 los revolucionarios capitularon.[233] La revolución había costado entre 150 y 300 muertos, y varios miles de heridos. Su consecuencia fue la renuncia de Juárez Celman y la institucionalización de la Unión Cívica Radical como principal partido opositor, aunque el gobierno siguió en manos del Partido Autonomista Nacional.[234]

Una nueva revoluci√≥n, mucho mejor organizada, estall√≥ en 1893, dirigida por Del Valle e Hip√≥lito Yrigoyen. Tuvo ramificaciones en gran n√ļmero de ciudades: en dos revueltas sucesivas, las divisiones revolucionarias del Ej√©rcito tomaron el gobierno en San Luis, Santa Fe, Temperley, La Plata, Corrientes, Rosario y Tucum√°n. El propio Alem fue proclamado presidente en Rosario, pero el primer d√≠a de octubre la revoluci√≥n estaba vencida.[235]

La tercera y √ļltima revoluci√≥n radical, la de 1905, fue dirigida personalmente Yrigoyen ‚Äď Alem y Del Valle hab√≠an muerto ‚Äď en las ciudades de Buenos Aires, Bah√≠a Blanca, Mendoza, C√≥rdoba y Santa Fe, adem√°s de los cuarteles de Campo de Mayo. Hab√≠a sido cuidadosamente organizada, y fueron implicados muchos oficiales, pero fue aplastada con gran facilidad por el gobierno.[236] La represi√≥n que sigui√≥ alcanz√≥ a numerosos grupos obreros y socialistas, aunque no hab√≠an tenido relaci√≥n con el alzamiento. Tambi√©n hubo una persecuci√≥n rigurosa de los militares implicados, que fueron separados del Ej√©rcito y condenados a severas penas de prisi√≥n.[237]

No obstante, a partir de la segunda década del siglo XX, buena parte de los oficiales del Ejército pertenecía a una generación de hijos de inmigrantes que adhirió masivamente al radicalismo, y ellos mismos lo apoyaron.[238]

Pasar√≠an muchos a√Īos antes de que volviera a estallar una revoluci√≥n que dividiera a los militares entre leales y revolucionarios; el fracaso de estas tres revoluciones cohesion√≥ la unidad interna del Ej√©rcito.

Ricchieri y el servicio militar

En septiembre de 1900, el presidente Julio Argentino Roca nombró Ministro de Guerra al coronel Pablo Ricchieri, reemplazando en el cargo al general Luis María Campos. El reemplazo de este oficial formado esencialmente en los campos de batalla por el profesional Ricchieri marcó el punto de partida para la organización profesional del Ejército Argentino, que duraría hasta pasada la mitad del siglo XX.[239]

La profesionalización del Ejército se basó en la modernización del armamento, del Colegio Militar de la Nación, de la Escuela Superior de Guerra y de la Escuela de Suboficiales. Además, se adquirieron la mayor parte de las bases militares del Ejército, más alejadas del centro de las ciudades que las anteriores; el objetivo era evitar que un ejército con los cuarteles dentro de la ciudad fuera instrumento para revoluciones militares.[240] Entre los terrenos adquiridos por Ricchieri se cuentan Campo de Mayo, al norte de Buenos Aires, adquirido por ley del 6 de agosto de 1901; Campo Gral. Belgrano, en Salta; Campo General Paz, en Córdoba; Campo Los Andes, en Mendoza; y Paracao, en Entre Ríos.

Organizó el ejército, dividiéndolo en siete regiones militares, con organizaciones internas propias. Reorganizó también el Ministerio de Guerra. Refundó el Regimiento de Granaderos a Caballo que había creado el general San Martín, para funcionar como escolta del presidente de la Nación.

Defini√≥ claramente la misi√≥n de las Fuerzas Armadas del pa√≠s, afirmando que su √ļnica funci√≥n era defensiva, y de ninguna manera deb√≠an ser utilizadas para mezclarlas en contiendas pol√≠ticas. De todos modos, tambi√©n introdujo la idea de que parte de su misi√≥n era "el mantenimiento del orden y el respeto a la ley",[241] l√≠nea argumentativa que ser√≠a utilizada para justificar los sucesivos golpes de estado a que se ver√≠a sometido el pa√≠s durante medio siglo.

Pero, sobre todo, en la organizaci√≥n del servicio militar obligatorio, que fue establecida originalmente a trav√©s de la "Ley Ricchieri", que fue aprobada por el Congreso en diciembre de 1901, tras un duro debate que dur√≥ seis meses. Lleva el n√ļmero 4.301 entre las leyes argentinas.[242]

En la pr√°ctica, el servicio militar ya hab√≠a sido instaurado en el a√Īo 1896, en que el ministro Guillermo Villanueva hab√≠a movilizado ‚Äď por decreto ‚Äď m√°s de 25.000 conscriptos en las capitales de provincias, excepto los de la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires, que recibieron su instrucci√≥n en la Sierra de Cura Malal, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires.[243]

El servicio militar obligatorio prest√≥ otros √ļtiles servicios al desarrollo de la todav√≠a joven Naci√≥n, al difundir la idea de ciudadan√≠a y de igualdad ante la ley. Por otro lado, las listas y libretas de enrolamiento fueron r√°pidamente utilizadas como documentos de identidad, tanto para identificaci√≥n de las personas, como para la confecci√≥n de padrones electorales. De esta manera, fue un paso previo a la futura sanci√≥n de la Ley S√°enz Pe√Īa en el camino a la pureza del sufragio y la representatividad de los gobiernos surgidos de los mismos. Por otro lado, en los cuarteles se instalaron escuelas para los conscriptos, que colaboraron en la lucha contra el analfabetismo y la integraci√≥n de los hijos de inmigrantes.[244]

El primer cuarto del siglo XX

Durante los a√Īos que siguieron a las revoluciones radicales, el Ej√©rcito alcanz√≥ un alto grado de profesionalismo. Su imagen y su formaci√≥n militar estuvieron inspiradas en el que se consideraba el mejor ej√©rcito de la √©poca el alem√°n; el profesionalismo predominante en √©ste permiti√≥ mantener al Ej√©rcito alejado de las disputas pol√≠ticas, mientras colaboraba en el desarrollo de la poblaci√≥n y las comunicaciones en el pa√≠s.

Educado en el respeto obsesivo por el orden social jerárquico, el Ejército veía con malos ojos la tendencia populista de los gobiernos de Yrigoyen, especialmente el segundo, iniciado en 1828, que rechazaba las tendencias aristocráticas que habían dominado el gobierno de Alvear.[238]

A partir de la década de 1920, el auge de formas de derecha política ligadas al totalitarismo generaron la aparición de grupos con simpatías con el fascismo y el corporativismo en el Ejército. Un grupo de inspiración derechista, pero con ideales elitistas, dirigido por el general Agustín Pedro Justo se desarrolló también en esta década, nucleándose en la Logia General San Martín.[245] [238]

Si bien ambas corrientes no participaban de un sustrato ideol√≥gico com√ļn, las dos llevaban en su seno el desarrollo del militarismo, dej√°ndose de lado el largo per√≠odo en que el Ej√©rcito se consider√≥ alejado de las disputas pol√≠ticas. Por otro lado, dirigentes e intelectuales destacados viraron paulatinamente hacia el apoyo al militarismo, como es el caso de Leopoldo Lugones, con su insistencia en que hab√≠a llegado ‚Äė‚Äô"La Hora de la Espada"‚Äė‚Äô en Am√©rica Latina.[246]

A fines de la d√©cada, con la victoria de Yrigoyen contra los sectores liberales dentro del radicalismo, los partidos conservadores perdieron definitivamente la esperanza de recuperar el poder por medio de las elecciones. La crisis econ√≥mica global que comenz√≥ en el a√Īo 1829 dar√≠a finalmente la oportunidad a los militares de regresar a la acci√≥n pol√≠tica.

Petróleo y acero, Mosconi y Savio

El general Enrique Mosconi ejerci√≥ como director de la Divisi√≥n Aeron√°utica del Ej√©rcito entre 1920 y 1922. Durante esos a√Īos tom√≥ conciencia de la dependencia extrema en que estaba la defensa del pa√≠s respecto a la provisi√≥n de combustibles, que depend√≠a enteramente de compa√Ī√≠as extranjeras, que cortaban el suministro con cualquier excusa y hasta para presionar por la pol√≠tica econ√≥mica. Dedic√≥ muchos esfuerzos a convencer a sus superiores de la necesidad imperiosa del autoabastecimiento de combustibles f√≥siles, al menos en el plano militar.

El presidente Hip√≥lito Yrigoyen nombr√≥ a Mosconi presidente de la recientemente fundada empresa estatal Yacimientos Petrol√≠feros Fiscales, y durante los 8 a√Īos siguientes dedic√≥ gran esfuerzo a la exploraci√≥n y puesta en explotaci√≥n de yacimientos. A medida que pasaban los a√Īos, Mosconi se fue convenciendo de la necesidad de un monopolio integrado de explotaci√≥n de petr√≥leo.[247]

A√Īos m√°s tarde, a fines de la D√©cada Infame, el general Manuel Savio fue nombrado director de la Direcci√≥n General de Fabricaciones Militares, con la que se buscaba el aprovisionamiento militar sin depender de la importaci√≥n de armamento y municiones. Bajo su direcci√≥n, Fabricaciones Militares alcanz√≥ un enorme crecimiento y diversificaci√≥n. Su aporte m√°s significativo fue el comienzo de la extracci√≥n de hierro por la empresa estatal Altos Hornos Zapla, que posteriormente, ya durante la presidencia de Juan Domingo Per√≥n, se comenz√≥ a industrializar como acero en la empresa SoMiSA.[248]

Fabricaciones Militares también desarrolló los comienzos de la industria química, con plantas en Río Tercero y Tucumán, y produciendo azufre para uso industrial en Mina La Casualidad, en la Puna.[249]

De ese modo se inició la industria pesada en la Argentina, impulsada por el Ejército.

Golpes de Estado

Artículo principal: Golpes de Estado en Argentina

El golpe del 30 y la Década Infame

La crisis econ√≥mica mundial desatada en 1829 golpe√≥ a la Argentina con especial √©nfasis por su car√°cter de exportador de materias primas de una poblaci√≥n europea repentinamente empobrecida. Una facci√≥n del Ej√©rcito, comandada por el general Jos√© F√©lix Uriburu dirigi√≥ el golpe de estado del 6 de septiembre de 1930, iniciando la primera dictadura militar del pa√≠s en la era moderna. El presidente Yrigoyen no logr√≥ coordinar la acci√≥n defensiva contra el golpe, y nunca dio la orden ‚Äď esperada por una gran parte de los militares, que permanec√≠an leales ‚Äď de reprimir la revoluci√≥n. En esas condiciones, una alianza de grupos totalitarios y conservadores logr√≥ hacerse con el gobierno, derrocar al presidente constitucional, cerrar el Congreso e iniciar la llamada D√©cada Infame.[238]

Durante el a√Īo siguiente, Uriburu intentar√≠a dirigir el Estado y el Ej√©rcito en una direcci√≥n totalitaria de tinte corporativista. Forzado por los sectores liberales, convoc√≥ a elecciones en la Provincia de Buenos Aires, en las cuales el supuestamente desacreditados radicalismo result√≥ vencedor. Aunque las elecciones fueron anuladas y el radicalismo proscripto, el proyecto corporativista qued√≥ condenado al fracaso; los partidos conservadores se apoyaron en el grupo m√°s conservador del Ej√©rcito y llevaron a su jefe, el general Justo, a la presidencia de la Naci√≥n. El gobierno logr√≥ sostenerse aporvechando primeramente la abstenci√≥n radical y - cuando √©sta fue levantada - llev√≥ adelante un sistem√°tico uso del fraude electoral.

El Ejército osciló entre las preferencias pro británicas del general Justo y la herencia de la tradición germánica a lo largo de todo su período. Bajo su control, se aplicarían políticas conservadoras y extranjerizantes, como el Pacto Roca-Runciman, el monopolio de los transportes y la creación del Banco Central. Por contrapartida, la visión geopolítica de los militares permitirá la generación de algunos adelantos, como las Rutas Nacionales y la Creación de la Flota Mercante nacional.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Roberto Marcelino Ortiz proclam√≥ su neutralidad en el conflicto. La presi√≥n de los Estados Unidos y el Reino Unido llevar√° a la permanente discusi√≥n sobre la conveniencia o no de participar en la Guerra. El Grupo de Oficiales Unidos alert√≥ sobre la inconveniencia de tal participaci√≥n y reclam√≥ la apertura pol√≠tica y el fin de la pol√≠tica del ‚ÄúFraude Patri√≥tico‚ÄĚ.

El presidente Ram√≥n Castillo ‚Äď partidario de la neutralidad ‚Äď logr√≥ conservar esa pol√≠tica. Pero la elecci√≥n de Robustiano Patr√≥n Costas como candidato oficial a la presidencia, a mediados de 1843, dej√≥ en claro que no habr√≠a cambio alguno en la pr√°ctica del fraude y que, en cambio, peligraba la neutralidad.

Con apoyo de sectores que propugnaban la apertura democr√°tica, algunos sectores del radicalismo, de grupos partidarios del Eje y otros descontentos, el 4 de junio de 1943 estall√≥ el segundo golpe de estado en la Argentina: lo organizaron los oficiales del GOU, aunque accidentalmente tom√≥ el mando del mismo el general Arturo Rawson, un conservador liberal. Su r√°pido desplazamiento ‚Äď a d√≠as de asumido el mando ‚Äď reemplazado por el general Pedro Pablo Ram√≠rez, de trayectoria contraria al liberalismo, dej√≥ en claro que la tendencia no ser√≠a hacia la restauraci√≥n de la ‚ÄúRep√ļblica Olig√°rquica‚ÄĚ ni de la hegemon√≠a radical. Por de pronto, la posible participaci√≥n argentina en la Guerra fue desechada por completo.[238]

El Ejército durante los gobiernos de Perón

El golpe del 55 y el antiperonismo

Azules y colorados

Artículo principal: Azules y colorados

Lucha contra las organizaciones guerrilleras

El Proceso

Guerra de las Malvinas

Artículo principal: Guerra de las Malvinas

Recuperación de la democracia

Juicios a la guerra sucia

Los carapintada

Misiones humanitarias y de paz

El siglo XXI

Jefes del Ejército Argentino

Desde la constituci√≥n del Estado Argentino en 1862, el jefe del Ej√©rcito fue el ministro de Guerra y Marina, designado por el presidente. Los sucesivos ministros fueron: Juan Andr√©s Gelly y Obes (1862-?), Wenceslao Paunero (?-1868), Mart√≠n de Gainza (1868-1874), Adolfo Alsina, Julio Roca, Carlos Pellegrini, Benjam√≠n Victorica, Nicolas Levalle, Eduardo Racedo, Benjam√≠n Virasoro, Joaqu√≠n Viejobueno, Arist√≥bulo del Valle, Luis Mar√≠a Campos, Eudoro Balsa. En 1898, Roca desdobla al ministerio, creando el cargo de ministro de Guerra, separado del de Marina. Los sucesivos ministros fueron: Luis Mar√≠a Campos, Pablo Ricchieri, Enrique Godoy (1904-1906), Rosendo Fraga, Rafael Aguirre, Eduardo Racedo, Gregorio V√©lez (1910-1914), √Āngel Allaria (1914-1916), Elpidio G√≥nzalez (1916-1922), Agust√≠n Justo (1922-1928), Luis Dellepiane (1928-1930), Francisco Medina (1930-1932), Manuel Rodr√≠guez (1932-1936), Basilio Pertin√© (1936-1938), Carlos M√°rquez (1938-1941), Juan Tonazzi (1941-1942), Pedro Ram√≠rez (1942-1943), EDelmiro Farrel (1943-1944), Juan Per√≥n (1944-1945), Eduardo √Āvalos (1945), Humberto Sosa Molina (1945-1949). Esta situaci√≥n cambi√≥ en 1949, cuando Per√≥n reform√≥ la ley de ministerios, creando el cargo de Ministro de Ej√©rcito, el cual comandaba la fuerza y era independiente del ministro de defensa. El primer ministro de Ej√©rcito fue Franklin Lucero, que se mantuvo en su cargo hasta 1955. Luego, el presidente de facto Lonardi nombrar√≠a en el cargo a Justo Bengoa y Arturo Ossorio Arana, que se mantuvo en el cargo hasta 1957. Ese a√Īo, Aramburu nombra a V√≠ctor Maj√≥, que lo acompa√Īa hasta 1958. Frondizi reforma nuevamente los ministerios, eliminando el cargo de ministro de Ej√©rcito, por lo que la jefatura del arma, pasa a la √≥rbita del Ministerio de Defensa y se crea el cargo de comandante en jefe del Ej√©rcito.

En 1962, el presidente Jos√© Mar√≠a Guido design√≥ comandante en jefe a Juan Carlos Ongan√≠a, que retuvo ese cargo hasta 1965. En ese a√Īo Illia designa jefe a Pascual Pistarini, que se sublevar√≠a contra √©l en 1966, siendo luego reemplazado por Julio Alsogaray. En 1968, es nombrado como comandante en jefe Alejandro Lanusse, que retendr√≠a ese cargo hasta abandonar la presidencia en 1973. El gobierno peronista de ese a√Īo designa como jefe militar a Leandro Anaya y en 1975 a Alberto Numa Laplane. Disidencias internas en la fuerza hacen que Laplane sea desplazado a poco de asumir y en su lugar, Isabel Per√≥n designa jefe al golpista Jorge Videla, que retiene el cargo hasta 1978, cuando se retira del arma. Su aliado Roberto Viola es nombrado hasta 1981, cuando asume la presidencia de facto y es reemplazado por Leopoldo Galtieri, bajo cuya jefatura se produce la Guerra de Malvinas. Tras la derrota, en 1982, es nombrado jefe Cristino Nicolaides. En 1983, con la vuelta de la democracia, Alfons√≠n asume como comandante en jefe y nombra jefe del Estado Mayor a Jorge Arguindegui, en 1984 a Ricardo Pianta, en 1985 a H√©ctor R√≠os Ere√Īu, en 1987 a Dante Caridi y en 1988 a Francisco Gassino.

Referencias

  1. ‚ÜĎ Ricardo Lesser, Los or√≠genes de la Argentina', Ed. Biblos, Bs. As., 2004, p√°g. 195. ISBN 950-786-367-2, 9789507863677
  2. ‚ÜĎ Alberto Jos√© Gull√≥n Abao, La frontera del Chaco en la Gobernaci√≥n del Tucum√°n, 1750-1810, Ed. Servicio de Publicaciones de la Universidad Cat√≥lica Argentina, 1993. ISBN 84-7786-168-4, 9788477861683
  3. ‚ÜĎ Julio Mario Luqui-Lagleyze, Los cuerpos militares en la historia argentina: organizaci√≥n y uniformes: 1550-1950, Ed. del Instituto Nacional Sanmartiniano, 1995, p√°g. 41.
  4. ‚ÜĎ Juan Beverina, El virreinato de las provincias del R√≠o de La Plata, su organizaci√≥n militar: Contribuci√≥n a la "Historia del ej√©rcito argentino", Vol. 747 de la Biblioteca del Oficial, 1992, p√°g. 201.
  5. ‚ÜĎ Pedro Enrique Mart√≠ Garro, Historia de la Artiller√≠a Argentina, Ed. de la Comisi√≥n del Arma de Artiller√≠a "Santa Barbara", Bs. As., 1982.
  6. ‚ÜĎ Las Invasiones Inglesas, en Estatico Buenos Aires.
  7. ‚ÜĎ Gammalsson, Hialmar Edmundo, El virrey Cevallos, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1976.
  8. ‚ÜĎ Am√≠lcar Razori, Historia de la ciudad argentina, Volumen 2, Ed. Imprenta L√≥pez, 1945, p√°g. 60.
  9. ‚ÜĎ Comando en Jefe del Ej√©rcito Argentino, Rese√Īa hist√≥rica y org√°nica del Ej√©rcito Argentino, Volumen 2, Ed. del C√≠rculo Militar, 1972, p√°g. 76.
  10. ‚ÜĎ Francisco A. Berra, Bosquejo hist√≥rico de la Rep√ļblica Oriental del Uruguay, Ed. de Francisco Ybarra, 1895, p√°g. 213 ‚Äď 214.
  11. ‚ÜĎ Antecedentes de los Cuerpos milicianos en el Virreinato del R√≠o de la Plata.
  12. ‚ÜĎ Miguel Lobo, Historia general de las antiguas colonias hispano-americanas, desde su descubrimiento hasta 1808, Ed. de la Imprenta de Miguel Guijarro, 1875, p√°g. 305.
  13. ‚ÜĎ Estado de las fuerzas de Buenos Aires en octubre de 1806.
  14. ‚ÜĎ Julio C√©sar Chaves, Compendio de Historia Paraguaya, Carlos Schauman Editor, 1988.
  15. ‚ÜĎ [1]
  16. ‚ÜĎ Francisco Bauz√°, Historia de la dominaci√≥n espa√Īola en el Uruguay, Vol. 2, Ed. Barreiro y Ramos, Montevideo, 1895, p√°g. 401.
  17. ‚ÜĎ Providencia del Virrey Cisneros reorganizando los cuerpos voluntarios de Buenos Ayres, en Granaderos.com. Consultado el 10 de julio de 2010.
  18. ‚ÜĎ http://www.rs.ejercito.mil.ar/contenido/estructura/art_indpendencia.htm Revista del suboficial.
  19. ‚ÜĎ Levantamiento de La Paz - 1809, en la p√°gina de la C√°mara de Diputados de la Provincia de Salta.
  20. ‚ÜĎ Julio Mario Luqui-Lagleyze, Por el rey, la Fe y la Patria.1810-1825, Colecci√≥n Adalid, Madrid, 2006. ISBN 84-9781-222-0.
  21. ‚ÜĎ a b , Las brevas maduras, Memorial de la Patria.
  22. ‚ÜĎ a b c Edberto Oscar Acevedo, La Revoluci√≥n y las Intendencias, Ed. Ciudad Argentina, Bs. As., 2001. ISBN 987-507-204-4
  23. ‚ÜĎ Maricel Garc√≠a de Fl√∂el, La oposici√≥n espa√Īola a la revoluci√≥n por la independencia en el R√≠o de la Plata, Bs. As., 2000.
  24. ‚ÜĎ Isidoro J. Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, Ed. Emec√©, Bs. As., 2004, p√°g. 75-76. ISBN 950-04-2675-7
  25. ‚ÜĎ Efra√≠n Bischoff, Historia de C√≥rdoba, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1989, p√°g 147-148. ISBN 950-21-0106-5
  26. ‚ÜĎ Washington Reyes Abadie, Oscar H. Bruschera y Tabar√© Melogno, El Ciclo Artiguista, Ed. Cord√≥n, Montevideo, 1975.
  27. ‚ÜĎ a b c Jorge Siles Salinas, La independencia de Bolivia, Editorial MAPFRE, 1992.
  28. ‚ÜĎ Biograf√≠a de Domingo French, en Cabeza de Tigre. Consultado el 9 de julio de 2010.
  29. ‚ÜĎ Tulio Halper√≠n Donghi, Revoluci√≥n y guerra; formaci√≥n de una √©lite dirigente en la Argentina criolla, Bs. As. Ed. Siglo XXI, 1979. ISBN 987-98701-9-0
  30. ‚ÜĎ Emilio Bidondo La expedici√≥n de auxilio a las provincias interiores (1810-1812), Ed. C√≠rculo Militar, Bs. As., 1987. ISBN 950-9822-05-1
  31. ‚ÜĎ a b Jorge S√°enz, 1817, Batalla del Valle de Lerma, Mundo Editorial, Salta, 2007. ISBN 978-987-1196-33-3
  32. ‚ÜĎ a b Jos√© Mar√≠a Paz, Memorias p√≥stumas. Ed. Hyspam√©rica, Bs. As., 1988. ISBN 950-614-762-0
  33. ‚ÜĎ Camilo Ansch√ľtz, Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo 1812-1826, Ed. Alambra, Bs. As., 1826.
  34. ‚ÜĎ a b c d Sara Emilia Mata, Los gauchos de G√ľemes, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2008. ISBN 978-950-07-2933-8
  35. ‚ÜĎ Juan Ram√≥n Mu√Īoz Cabrera, La guerra de los quince a√Īos en el alto-per√ļ, o sea, fastos pol√≠ticos i militares de Bolivia: Para servir a la historia jeneral de la Independencia de Sud-am√©rica, Imprenta del Independiente, 1867.
  36. ‚ÜĎ Esas maravillosas mulas, de Juan A. Carrozzoni, en la p√°gina del Instituto Nacional Sanmartiniano. Consultado el 16-7-2010.
  37. ‚ÜĎ Archivo general de la Rep√ļblica Argentina, publicaci√≥n dirigida por Adolfo P. Carranza, Publicado por G. Kraft, 1894, p√°g. 78 y 79.
  38. ‚ÜĎ Bidondo, La expedici√≥n de auxilio a las provincias interiores (1810-1812), p√°g. 242.
  39. ‚ÜĎ Jos√© Luis Busaniche, Historia argentina, Ed. Taurus, Bs. As., 2005, p√°g. 318. ISBN 987-04-0078-7
  40. ‚ÜĎ Esteban Arze encabez√≥ la revoluci√≥n de septiembre, en Bolivia.com, del 14 de septiembre de 2005.
  41. ‚ÜĎ Pablo Camogli, Batallas por la libertad. Todos los combates de la Guerra de la Independencia, Ed. Aguilar, 2005, p√°g. 189-194. ISBN 987-04-0105-8
  42. ‚ÜĎ Pacho O‚ÄôDonnell, El grito sagrado, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1997, p√°g.29. ISBN 950-07-1331-4
  43. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 197-206.
  44. ‚ÜĎ Salvador Ferla, Huaqui, el desastre inicial, Revista Todo es Historia, nro. 125.
  45. ‚ÜĎ Jos√© Luis Roca, Ni con Lima ni con Buenos Aires: la formaci√≥n de un estado nacional en Charcas, Volumen 248 de Travaux de l'Institut fran√ßais d'√©tudes andines, Plural Editores, La Paz, Bolivia, 2007. ISBN 99954-1-076-1
  46. ‚ÜĎ Ignacio N√ļ√Īez, Noticias hist√≥ricas de la Rep√ļblica Argentina: Obra p√≥stuma, 2da edici√≥n, editada por Julio N√ļ√Īez y publicada por Guillermo Kraft, 1898, p√°g. 173.
  47. ‚ÜĎ V√≠ctor N. Vasconsellos, Lecciones de Historia Paraguaya, Ed. del autor, Asunci√≥n, 1974, p√°g. 117.
  48. ‚ÜĎ Manuel Mar√≠a Cervera, Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, 1573-1853, Ed. La Uni√≥n, 1907, p√°g. 280.
  49. ‚ÜĎ Secretar√≠a General de Ej√©rcito, Semblanza hist√≥rica del Ej√©rcito Argentino, Buenos Aires, 1981, p√°g. 29 y 30.
  50. ‚ÜĎ Bartolom√© Mitre, Historia de Belgrano, Ed. de la Librer√≠a de la Victoria, 1859, p√°g. 269-270.
  51. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 154.
  52. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 155-156.
  53. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 157-161.
  54. ‚ÜĎ a b c d Bartolom√© Mitre, Historia de Belgrano, Ed. Estrada, Bs. As., 1947.
  55. ‚ÜĎ La Independencia de Paraguay, en La Gu√≠a 2000. Consultado el 8 de julio de 2010.
  56. ‚ÜĎ a b Lincoln R. Maiztegui Casas, Orientales. Una historia Pol√≠tica del Uruguay, tomo 1- De los or√≠genes a 1865, Bs. As., Grupo Planeta, 2004. ISBN 950-49-1330-X
  57. ‚ÜĎ Alejandro Horowicz, El pa√≠s que estall√≥, Tomo I, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2004, p√°g. 226. ISBN 950-07-2561-4
  58. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, p√°g. 101-105.
  59. ‚ÜĎ Secretar√≠a General de Ej√©rcito, Semblanza hist√≥rica del Ej√©rcito Argentino, Bs. As., 1981. p√°g. 29 y 30.
  60. ‚ÜĎ a b Moacyr Flores, Dicion√°rio de hist√≥ria do Brasil, 2a ed., EDIPUCRS, 2001, 637 p√°g. ISBN 978-85-7430-209-6
  61. ‚ÜĎ a b c d Jorge A. Ferrer, Brigadier General Don Jos√© Casimiro Rondeau, Ed. Ciudad Argentina, Bs. As., 1997. ISBN 950-9385-91-3
  62. ‚ÜĎ Francisco Bauz√°, Historia de la dominaci√≥n espa√Īola en el Uruguay, Volumen 3, 2da edici√≥n, Ed. Barreiro y Ramos, Montevideo, 1897, p√°g. 200-201.
  63. ‚ÜĎ Gerardo Bra, El Mot√≠n de las Trenzas, Revista Todo es Historia, nro. 187.
  64. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, p√°g. 138-143.
  65. ‚ÜĎ Alejandro Fern√°ndez, An√≠bal J√°uregui y Dar√≠o Rold√°n, Un golpe militar en el camino hacia la independencia, Revista Todo es Historia, nro. 192.
  66. ‚ÜĎ Las batallas de Vilcapugio y Ayuhuma, en Portal de Salta. Consultado en junio de 2010.
  67. ‚ÜĎ Clemente Dumrauf, El genio mal√©fico de Artigas, Revista Todo es Historia, nro. 74.
  68. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, p√°g. 157-158.
  69. ‚ÜĎ Alcides Beretta Curi, Montevideo, la ciudad realista, Revista Todo es Historia, nro. 169.
  70. ‚ÜĎ Emilio Bidondo, La guerra de la independencia en el Alto Per√ļ, Ed. C√≠rculo Militar, Bs. As., 1979.
  71. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 265-271.
  72. ‚ÜĎ Gregorio Ar√°oz de Lamadrid, Memorias, Ed. El Elefante Blanco, Bs. As., 2007. ISBN 978-987-9223-79-6
  73. ‚ÜĎ a b c d e f g Mario Arturo Serrano, Arequito: ¬Ņpor qu√© se sublev√≥ el Ej√©rcito del Norte? , Ed. C√≠rculo Militar, Bs. As., 1996. ISBN 950-9822-37-X
  74. ‚ÜĎ Julio Barreyro, Breve historia de Misiones, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1979, p√°g 74.
  75. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, p√°g. 180.
  76. ‚ÜĎ a b c d Jos√© Rafael L√≥pez Rosas, Entre la monarqu√≠a y la rep√ļblica. Memorial de la Patria, tomo III, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1981.
  77. ‚ÜĎ Washington Reyes Abadie, Oscar H. Bruschera y Tabar√© Melogno, El Ciclo Artiguista, Tomo II, Ed. Cord√≥n, Montevideo, 1975.
  78. ‚ÜĎ Gianello, Leoncio, Historia de Santa Fe, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1986.
  79. ‚ÜĎ Armando Alonso Pi√Īeiro, Historia del general Viamonte y su √©poca, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1969.
  80. ‚ÜĎ Antonio Zinny, Historia de los gobernadores de las Provincias Argentinas, Ed, Hyspam√©rica, 1987. ISBN 950-614-685-3
  81. ‚ÜĎ Alfredo Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), tomo 3 de la Historia Uruguaya, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2007. ISBN 978-9974-4-0454-9
  82. ‚ÜĎ Luis Alberto Romero, La feliz experiencia. Memorial de la Patria, tomo IV, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1983. ISBN 950-508-073-5
  83. ‚ÜĎ Lamadrid, Memorias, p√°g. 126-173.
  84. ‚ÜĎ Luis Galdames, Historia de Chile, Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1995, p√°g. 292-295. ISBN 956-11-1160-8
  85. ‚ÜĎ a b Gabriel Nellar, General Juan Gregorio de Las Heras, su vida y su gloria, Ed. C√≠rculo Militar, Bs. As., 1965.
  86. ‚ÜĎ Galdames, Historia de Chile, p√°g. 306-307.
  87. ‚ÜĎ Diego Barros Arana, Historia general de la Independencia de Chile, 2da. ed., Volumen 10, Ed. Universitaria, 1999, p√°g. 109-116. ISBN 956-11-1607-3
  88. ‚ÜĎ Carlos Roberts, Las invasiones inglesas, Ed. Emec√©, Bs. As., 1999, p√°g. 77-82.
  89. ‚ÜĎ Rodolfo Terragno, Maitland & San Mart√≠n, Ed. Universidad Nacional de Quilmes, 1998. ISBN 987-9173-35-X
  90. ‚ÜĎ Academia Nacional de la Historia (Argentina), Nueva historia de la naci√≥n argentina, 2da. edici√≥n, Volumen 4, Ed. Planeta, Bs. As., 2000, p√°g. 318. ISBN 950-49-0389-4
  91. ‚ÜĎ Juan T. Figuerero, Historia militar de los regimientos argentinos: las campa√Īas militares, los regimientos argentinos, an√©cdotas epilogales, Ed. Artes Gr√°ficas Modernas, 1945, p√°g. 301.
  92. ‚ÜĎ a b Jos√© Pac√≠fico Otero, Historia del Libertador don Jos√© de San Mart√≠n, Ed. C√≠rculo Militar, Bs. As., 1978.
  93. ‚ÜĎ Bartolom√© Mitre, Historia de San Mart√≠n y de la emancipaci√≥n sudamericana, Volumen 1, ed. F. Lajouane, 1890.
  94. ‚ÜĎ Ger√≥nimo Espejo, El paso de las Andes: Cr√≥nica hist√≥rica de las operaciones del ejercito de los Andes, para la restauracion de Chile en 1817, Ed. C. Casavalle, 1882, p√°g. 419.
  95. ‚ÜĎ C√≥mo fue hecha la bandera del Ej√©rcito de los Andes, por Sixto E. Martelli, 1944. En Clar√≠n Digital Libros. Consultado el 14 de julio de 2010.
  96. ‚ÜĎ Barros Arana, Historia General de la Independencia de Chile, p√°g. 402-403.
  97. ‚ÜĎ Espejo, El paso de las Andes, p√°g. 541.
  98. ‚ÜĎ Barros Arana, Historia general de la independencia de Chile, Volumen 3, Impr. Chilena, 1857, p√°g. 393.
  99. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 84-93.
  100. ‚ÜĎ Biograf√≠a del Libertador Jos√© de San Mart√≠n, en la P√°gina de Chami. Consultado en mayo de 2010.
  101. ‚ÜĎ Luis L. Giunti, P√°ginas de gloria, Ed. C√≠rculo Militar, Bs. As., 2002, p√°g. 47-49. ISBN 950-9822-60-4
  102. ‚ÜĎ Galdames, Historia de Chile, p√°g. 324-325.
  103. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 107-108.
  104. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 119-121.
  105. ‚ÜĎ Camogli, Batallas por la libertad, p√°g. 122-123.
  106. ‚ÜĎ Galdames, Historia de Chile, p√°g. 332-337.
  107. ‚ÜĎ Ricardo Cox Balmaceda, La Gesta de Cochrane, Ed. Francisco de Aguirre, Bs. As., 1976.
  108. ‚ÜĎ Galdames, Historia de Chile, p√°g. 342-343.
  109. ‚ÜĎ Miguel √Āngel Scenna, Argentinos y espa√Īoles, 2da. parte, Revista Todo es Historia, Nro 130, Bs. As., 1978, p√°g. 67-69.
  110. ‚ÜĎ Gonzalo Bulnes, Historia de la espedici√≥n libertadora del Per√ļ (1817-1822), Ed. R. Jover, 1887, p√°g. 192.
  111. ‚ÜĎ Comit√© de historia militar del ej√©rcito, Historia Militar de Chile, Tomo I, 1969, p√°g. 173.
  112. ‚ÜĎ Jos√© Segundo Roca, Primera campa√Īa de la sierra en Per√ļ, 1820, Centro de Estudios Uni√≥n para la Nueva Mayor√≠a, Buenos Aires, 1998.
  113. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, p√°g. 309.
  114. ‚ÜĎ Efr√©n Avil√©s Pino, El 9 de octubre y la importancia de Guayaquil en la consolidaci√≥n de la independencia americana, Revista Podium, 2006.
  115. ‚ÜĎ Alberto Tauro del Pino, Enciclopedia Ilustrada del Per√ļ.. 3a. ed., Tomo 16, Ed. Peisa, Lima, 2001. ISBN 9972-40-165-0
  116. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, p√°g. 308.
  117. ‚ÜĎ Historia del Ecuador, Vol. 5, Salvat Editores, Quito, 1980. ISBN 84-345-4065-7.
  118. ‚ÜĎ Jos√© Luis Busaniche, Historia argentina. Ed. Taurus, Bs. As., 2005. ISBN 987-04-0078-7
  119. ‚ÜĎ Arturo Jauretche, Manual de zonceras argentinas. Ed. Pe√Īa Lillo, Bs. As., 1984, p√°g. 45-46.
  120. ‚ÜĎ Mariano Paz Sold√°n, Historia del Per√ļ independiente: Segundo per√≠odo: 1822-1827, p√°g. 117.
  121. ‚ÜĎ Andr√©s Garc√≠a Camba, Memorias para la historia de las armas espa√Īolas en el Per√ļ.
  122. ‚ÜĎ Mar√≠a S√°enz Quesada, Ayacucho, la m√°s gloriosa victoria, Revista Todo es Historia, Nro. 91.
  123. ‚ÜĎ Bidondo, La guerra de la independencia en el Alto Per√ļ, p√°g. 169.
  124. ‚ÜĎ Jos√© E. de la Torre, "Coronel Jos√© F√©lix Bogado: Granadero de la Independencia", Museo y Archivo Hist√≥rico "Primer Combate Naval Argentino", serie IV, N¬ļ 4, 1977.
  125. ‚ÜĎ Batalla de Sarand√≠, en Escuela Digital. Consultado en agosto de 2010.
  126. ‚ÜĎ Alfredo Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la Rep√ļblica Caudillesca (1820-1838), tomo 3 de la Historia Uruguaya, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2007, p√°g. 21-24. ISBN 978-9974-4-0454-9
  127. ‚ÜĎ El Congreso de las Provincias Unidas acepta la reincorporaci√≥n de la Banda Oriental, en la p√°gina de Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas, del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina. Consultado en agosto de 2010.
  128. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 376.
  129. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 373.
  130. ‚ÜĎ Busaniche, Historia Argentina, p√°g. 458.
  131. ‚ÜĎ Las operaciones terrestres, en la Historia de las Relaciones Exteriores argentinas, del Ministerio de Relaciones Exteriores. Consultado en agosto de 2010.
  132. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 411-414.
  133. ‚ÜĎ Iriarte, La Guerra del Brasil, p√°g. 170-177
  134. ‚ÜĎ Ruiz Moreno, Campa√Īas militares argentinas, Tomo I, p√°g. 387-389.
  135. ‚ÜĎ Iriarte, La Guerra del Brasil, p√°g. 254-256.
  136. ‚ÜĎ √Āngel Justiniano Carranza, Campa√Īas navales de la Rep√ļblica Argentina, Vol. II, Tomo 4, Guerra contra el Brasil, Ed. de la Secretar√≠a de Estado de Marina, Bs. As., 1962, p√°g. 253-494.
  137. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 66.
  138. ‚ÜĎ Conquista de las Misiones por el Gral. Rivera, en La Escuela Digital. Consultado en agosto de 2010.
  139. ‚ÜĎ La segunda etapa de la misi√≥n Ponsonby, en la Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas, p√°gina del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina. Consultado el 20 de agosto de 2010.
  140. ‚ÜĎ Castellanos, La Cisplatina, la Independencia y la rep√ļblica caudillesca, p√°g. 73-77.
  141. ‚ÜĎ a b Adolfo Sald√≠as, Historia de la Confederaci√≥n Argentina, Ed. Hyspam√©rica, Bs. As., 1987.
  142. ‚ÜĎ Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina, Ed. Garriga, Bs. As., 1973.
  143. ‚ÜĎ La negociaci√≥n chileno-argentina por un tratado de alianza, en Historia de las relaciones exteriores de la Argentina.
  144. ‚ÜĎ El cierre de la frontera y la declaraci√≥n de guerra a la Confederaci√≥n Peruano-Boliviana, en Historia de las relaciones exteriores de la Argentina, publicado por la Universidad CEMA.
  145. ‚ÜĎ Jorge Newton, Alejandro Heredia, el Protector del Norte, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1972.
  146. ‚ÜĎ George V. Rauch "Conflict in the Southern Cone: the Argentine military and the boundary dispute with Chile, 1870-1902", p√°g. 11.
  147. ‚ÜĎ a b c "Divisiones del Ej√©rcito de Heredia".
  148. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa, Historia argentina, Ed. Oriente, Unitarios y federales (1826-1841), Bs. As., 1941, p√°g. 268 ‚Äď 269.
  149. ‚ÜĎ La Guerra contra Bolivia, en La Gazeta.com.
  150. ‚ÜĎ David Marley, Wars of the Americas: A Chronology of Armed Conflict in the New World, 1492 to the Present. Ed. ABC-CLIO, 1998. P√°g. 485. ISBN 0-87436-837-5
  151. ‚ÜĎ Desarrollo de la guerra, en Historia de las relaciones exteriores de la Argentina, publicado por la Universidad CEMA.
  152. ‚ÜĎ Julio D√≠az Arguedas, El gran mariscal de Montenegro: (Otto Felipe Braun, ilustre extranjero al servicio de Bolivia) 1798-1869, p√°g. 83.
  153. ‚ÜĎ Juan Beverina, Las campa√Īas de los ej√©rcitos libertadores 1838-1852, Bs. As., 1923.
  154. ‚ÜĎ N√©stor Tom√°s Auza, El Ej√©rcito en la √©poca de la Confederaci√≥n, Ed. del C√≠rculo Militar, Bs. As., 1971.
  155. ‚ÜĎ James Scobie, La lucha por la Consolidaci√≥n de la Nacionalidad Argentina, Ed. Hachette, Bs. As., 1965.
  156. ‚ÜĎ Trinidad Delia Chianelli, El gobierno del puerto. Memorial de la Patria, tomo XII, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984.
  157. ‚ÜĎ a b Miguel √Āngel De Marco, La guerra del Paraguay, Ed. Booket, Bs. As., 2010. ISBN 978-987-580-364-0
  158. ‚ÜĎ La ‚Äúpapeleta de conchabo‚ÄĚ era un documento de portaci√≥n obligatoria desde la √©poca de los Triunviratos para todo hombre que se trasladara de un lugar a otro; debe entenderse que se trata de no propietarios. La otorgaba por tiempo prefijado el patr√≥n o el juez de paz. En la pr√°ctica, la aprensi√≥n de gauchos por ‚Äúvagos y mal entretenidos‚ÄĚ era una forma de presi√≥n social y pol√≠tica, con que frecuentemente se castigaba cualquier forma de rebeld√≠a, desde participar en montoneras federales hasta negarse a votar por el candidato oficialista ‚Äď o incluso competir con alg√ļn favorito del juez de paz por los amores de una mujer. V√©ase al respecto el testimonio del libro de Jos√© Hern√°ndez, Mart√≠n Fierro.
  159. ‚ÜĎ a b Norberto Ras, La guerra por las vacas, Ed. Galerna, Bs. As., 2006. ISBN 987-05-0539-2
  160. ‚ÜĎ Rosas hab√≠a organizado la campa√Īa poco antes de terminar su primer gobierno, pero la dirigi√≥ como comandante de armas de la provincia. Utilizar√≠a esta campa√Īa para obtener prestigio, gracias al cual ser√≠a nuevamente electo gobernador en 1835. De particular inter√©s resulta la lectura de su Diario de la expedici√≥n al desierto publicado por Editorial Plus Ultra en 1965.
  161. ‚ÜĎ Batalla de San Carlos, el comienzo del fin.
  162. ‚ÜĎ Barr√°n, Jos√© Pedro, Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco, Historia Uruguaya, tomo 4, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2007, p√°g. 82-86. ISBN 978-9974-1-0457-0
  163. ‚ÜĎ Francisco Doratioto, Maldita Guerra. Nueva Historia de la Guerra del Paraguay, Ed. Emec√©, Sao Paulo/Buenos Aires, 2008, p√°g. 61 y 92-100. ISBN 978-950-04-2574-2
  164. ‚ÜĎ "L√≥pez solicita permiso para atravesar territorio argentino (enero-febrero de 1865) ", en Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas.
  165. ‚ÜĎ Declaraci√≥n de guerra a la Argentina, en la p√°gina del Ministerio de Educaci√≥n y Cultura del Paraguay.
  166. ‚ÜĎ Castello, Antonio Emilio, Historia de Corrientes, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991, p√°g. 413-417. ISBN 950-21-0619-9
  167. ‚ÜĎ Versi√≥n revisionista argentina: el rol expansionista del Imperio y el inter√©s de Paraguay por mantener el equilibrio rioplatense, en Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas.
  168. ‚ÜĎ La Triple Alianza contra Paraguay. Tratado secreto de Infamia de la Guerra del Paraguay, en La Gazeta Federal.
  169. ‚ÜĎ Castello, Historia de Corrientes, p√°g. 416.
  170. ‚ÜĎ Ram√≥nTissera, Riachuelo, la batalla que cerr√≥ a Solano L√≥pez la ruta al oc√©ano, Revista Todo es Historia, n√ļmero 46, Bs. As., 1971.
  171. ‚ÜĎ Beatriz Bosch, Historia de Entre R√≠os, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991. ISBN 950-21-0108-1
  172. ‚ÜĎ a b c d e Zenequelli, Lilia, Cr√≥nica de una guerra, La Triple Alianza, Ed. Dunken, Bs. As., 1997. ISBN 987-9123-36-0
  173. ‚ÜĎ Doratioto, Maldita guerra, p√°g. 131.
  174. ‚ÜĎ Miguel √Āngel De Marco, La Guerra del Paraguay, Ed. Booket. Bs. As., 2010, p√°g. 94-97. ISBN 978-987-580-364-0
  175. ‚ÜĎ Garmendia, Campa√Īa de Corrientes y de R√≠o Grande: recuerdos de la guerra del Paraguay, Ed. Peuser, Bs. As., 1904, p√°g. 57.
  176. ‚ÜĎ a b c Jos√© Mar√≠a Rosa, La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Ed. Hyspam√©rica, 1986. ISBN 950-614-362-5
  177. ‚ÜĎ Doratioto, Maldita guerra, p√°g. 198.
  178. ‚ÜĎ Doratioto, Maldita guerra, p√°g. 441.
  179. ‚ÜĎ Vedoya, Juan Carlos, La magra cosecha. Memorial de la Patria, tomo XIII, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984.
  180. ‚ÜĎ Doratioto, Maldita guerra, p√°g. 252
  181. ‚ÜĎ Garmendia, Jos√© Ignacio, Campa√Īa de Corrientes y de R√≠o Grande, p√°g. 61.
  182. ‚ÜĎ Doratioto, Maldita guerra, p√°gs. 59 y 86.
  183. ‚ÜĎ Doratioto, Maldita guerra.
  184. ‚ÜĎ Doratioto, Maldita guerra, p√°g. 87.
  185. ‚ÜĎ De Marco, La Guerra del Paraguay, 34-35.
  186. ‚ÜĎ D√≠az Gavier, Mario, En tres meses en Asunci√≥n, Ed. del Boulevard, Rosario, Argentina, 2005, p√°g. 44-45. ISBN 987-556-118-5
  187. ‚ÜĎ D√≠az Gavier, En tres meses en Asunci√≥n, p√°g. 61-105.
  188. ‚ÜĎ D√≠az Gavier, En tres meses en Asunci√≥n, p√°g. 61-105.
  189. ‚ÜĎ D√≠az Gavier, En tres meses en Asunci√≥n, p√°g. 152.
  190. ‚ÜĎ D√≠az Gavier, En tres meses en Asunci√≥n, p√°g. 163-164.
  191. ‚ÜĎ De Marco, La Guerra del Paraguay, p√°g. 39-40.
  192. ‚ÜĎ Piribebu√Ĺ-Icu√° Bola√Īos, por Rub√©n Luces Le√≥n, en La Rueda.com.
  193. ‚ÜĎ Acosta √Ďu, por Rub√©n Luces Le√≥n, en La Rueda.com.
  194. ‚ÜĎ Cerro Cor√°, la epopeya de un pueblo, por Gustavo Carr√®re Cadirant, en Monograf√≠as.com.
  195. ‚ÜĎ Holocausto paraguayo en la Guerra del ‚Äė70.
  196. ‚ÜĎ Paraguay.
  197. ‚ÜĎ Le√≥n Pomer, La guerra del Paraguay, Ed. Leviat√°n, Bs. As., 2008. ISBN 978-897-514-141-4
  198. ‚ÜĎ ¬ęLa Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay aniquil√≥ la √ļnica experiencia exitosa de desarrollo independiente¬Ľ, en PaginaDigital.com.ar.
  199. ‚ÜĎ Vedoya, Juan Carlos, La magra cosecha. Memorial de la Patria, tomo XIII, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984.
  200. ‚ÜĎ Antonio Zinny, Historia de los gobernadores de las Provincias Argentinas, Tomo IV, p√°g 263, Ed. Hyspam√©rica, 1987. ISBN 950-614-685-3
  201. ‚ÜĎ Chumbita, Hugo, Jinetes rebeldes, Ed. Vergara, Bs. As., 1999. ISBN 950-15-2087-0
  202. ‚ÜĎ Antonio Emilio Castello, Historia de Corrientes, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991. ISBN 950-21-0619-9
  203. ‚ÜĎ Beatriz Bosch, Historia de Entre R√≠os, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991. ISBN 950-21-0108-1
  204. ‚ÜĎ Jorge Newton, Ricardo L√≥pez Jord√°n, √ļltimo caudillo en armas, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1972.
  205. ‚ÜĎ La captura de L√≥pez Jord√°n.
  206. ‚ÜĎ Miguel √Āngel Scenna, 1874: Mitre contra Avellaneda, Revista Todo es Historia, nro. 167.
  207. ‚ÜĎ Omar L√≥pez Mato, 1874, Historia de la Revoluci√≥n Olvidada, Ed. Olmo, Bs. As., 2005.
  208. ‚ÜĎ Luis C. Al√©n Lascano, Los Taboada, Revista Todo es Historia, nro. 47.
  209. ‚ÜĎ Isidoro J. Ruiz Moreno, La federalizaci√≥n de Buenos Aires, Ed. Hyspam√©rica, Bs. As., 1986. ISBN 950-614-467-2
  210. ‚ÜĎ Castello, Historia de Corrientes.
  211. ‚ÜĎ Pablo Camogli, Batallas entre hermanos, Ed. Aguilar, Bs. As., 2009, p√°g. 285. ISBN 978-987-04-1285-4
  212. ‚ÜĎ Miguel √Āngel Scenna, San Carlos: la √ļltima batalla de Calfucur√°, Revista Todo es Historia, nro. 59.
  213. ‚ÜĎ Camogli, Batallas entre hermanos, p√°g. 288-290.
  214. ‚ÜĎ Camogli, Batallas entre hermanos, p√°g. 288-290.
  215. ‚ÜĎ Historia del cacique Pincen. Indio Bravo
  216. ‚ÜĎ Camogli, Batallas entre hermanos, p√°g. 290-292.
  217. ‚ÜĎ Alberto Padilla, El general Roca: de ministro a presidente. Ed. Coni Hnos., Bs. As., 1936.
  218. ‚ÜĎ Curapil Curruhuinca y Luis Roux, Las matanzas del Neuqu√©n, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1993, p√°g. 150-160 y 168-171. ISBN 950-21-0660-1
  219. ‚ÜĎ Curruhuinca y Roux, Las matanzas del Neuqu√©n, p√°g. 162-164.
  220. ‚ÜĎ Curruhuinca y Roux, Las matanzas del Neuqu√©n, p√°g. 165-166.
  221. ‚ÜĎ Curruhuinca y Roux, Las matanzas del Neuqu√©n, p√°g. 172-191.
  222. ‚ÜĎ Camogli, Batallas entre hermanos, p√°g. 304.
  223. ‚ÜĎ Camogli, Batallas entre hermanos, p√°g. 304-306.
  224. ‚ÜĎ Camogli, Batallas entre hermanos, p√°g. 307.
  225. ‚ÜĎ Camogli, Batallas entre hermanos, p√°g. 308.
  226. ‚ÜĎ Graciela Lapido y Beatriz Spota, El √ļltimo mal√≥n. El asalto al Fort√≠n Yunka en 1919, Revista Todo es Historia Nro. 215, marzo de 1985.
  227. ‚ÜĎ P√°gina del Colegio Militar de la Naci√≥n.
  228. ‚ÜĎ Susana Bandieri, Historia de la Patagonia, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2005, p√°g. 114-119. ISBN 950-07-2217-8
  229. ‚ÜĎ Bandieri, Historia de la Patagonia, p√°g. 317-322.
  230. ‚ÜĎ Clemente Dumrauf, Patagonia azul y blanca, Ed. Pe√Īa Lillo, Bs. As., 2004, p√°g. 105-107 y 123-128. ISBN 978-950-754-127-8
  231. ‚ÜĎ C√©sar Augusto Cabral, Alem: informe sobre la frustraci√≥n argentina, Ed. Pe√Īa Lillo, Bs. As., 1967.
  232. ‚ÜĎ Leandro N. Alem, Exposici√≥n sobre la organizaci√≥n, desarrollo y capitulaci√≥n de la Revoluci√≥n de Julio, carta del mismo a Francisco Barroetave√Īa, en Wikisource.
  233. ‚ÜĎ Roberto Etchepareborda, La Revoluci√≥n Argentina del 90, EUDEBA, Bs. As., 1966.
  234. ‚ÜĎ No√© Jitrik, La Revoluci√≥n del 90, Ed. CEAL, Bs. As., 1970.
  235. ‚ÜĎ F√©lix Luna, Yrigoyen, Ed. Desarrollo, Bs. As., 1964.
  236. ‚ÜĎ Eduardo C√°rdenas y Carlos Paya, En camino a la democracia pol√≠tica, 1904-1910, Colecci√≥n Memorial de la Patria, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1975. ISBN 950-25-0000-8
  237. ‚ÜĎ Mar√≠a Florencia Guzm√°n, Juicio a los militares revolucionarios de 1905, Revista Todo es Historia Nro. 228, Bs. As, 1986.
  238. ‚ÜĎ a b c d e Historia pol√≠tica del Ejercito Argentino, por Jorge Abelardo Ramos, en La Patria Grande.
  239. ‚ÜĎ Jorge Oscar Canido Borges, Buenos Aires, esa desconocida; sus calles, plazas y monumentos, Ed. Corregidor, Bs. As., 2003. ISBN 950-05-1493-1
  240. ‚ÜĎ No obstante, ya en 1930, esta toma de distancia no ser√≠a suficiente, ante la mecanizaci√≥n de las tropas, al punto que el avance de las fuerzas de Jos√© F√©lix Uriburu desde Campo de Mayo hasta la capital dur√≥ apenas unas horas. V√©ase Mar√≠a Dolores B√©jar, Uriburu y Justo: el auge conservador, Centro Editor de Am√©rica Latina, Bs. As., 1983. ISBN 950-25-0032-6
  241. ‚ÜĎ Vicente Cutolo, Nuevo diccionario biogr√°fico argentino, 7 vol√ļmenes, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985.
  242. ‚ÜĎ Carlos Ricardo Frontera, ‚Äė‚ÄôLa cuesti√≥n de constitucionalidad en el debate de la Ley Ricchieri‚Äė‚Äô, en ‚Äė‚ÄôRevista de Historia del Derecho‚Äô‚Äô nro. 28, Bs. As., 2000.
  243. ‚ÜĎ Gerardo Bra, ‚Äė‚ÄôA cien a√Īos de Cura Malal‚Äė‚Äô, en Revista Todo es Historia, Nro. 345, Bs. As., 1996.
  244. ‚ÜĎ ‚Äė‚ÄôHistoria del Ej√©rcito Argentino.‚Äė‚Äô
  245. ‚ÜĎ Mar√≠a Dolores B√©jar, ‚Äė‚ÄôUriburu y Justo‚Äė‚Äô, Centro Editor de Am√©rica Latina, Bs. As., 1983.
  246. ‚ÜĎ Alberto Blasi Brambilla, ‚Äė‚ÄôLugones, La Hora de la Espada‚Äė‚Äô, Revista Todo es Historia, Nro. 85, 1974.
  247. ‚ÜĎ Biograf√≠a de Mosconi, en ‚Äė‚ÄôHistoria de los Yacimientos Petrol√≠feros Fiscales‚Äė‚Äô.
  248. ‚ÜĎ Ra√ļl Larra, ‚Äė‚ÄôEl argentino que forj√≥ el acero‚Äė‚Äô, Bs. As., Centro Editor de America Latina, Bs. As., 1992. ISBN 978-950-25-2375-0
  249. ‚ÜĎ ‚Äė‚ÄôManuel Savio: pionero de la industrializaci√≥n argentina‚Äė‚Äô, en Argenpress, 2006.

Enlaces externos


Wikimedia foundation. 2010.

Mira otros diccionarios:

  • Ej√©rcito Argentino ‚ÄĒ Escudo del Ej√©rcito Argentino Activa Desde 1806 Pa√≠s ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del anarquismo ‚ÄĒ Muchos libertarios han manifestado que realmente las ideas anarquistas han estado desde siempre presentes en la humanidad,[1] [2] de ah√≠ que a veces se mencione la expresi√≥n anarquismo moderno para nombrar a las teor√≠as que se desarrollan en el… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del Per√ļ entre 1821 y 1842 ‚ÄĒ Se ha sugerido que este art√≠culo o secci√≥n sea fusionado con Independencia del Per√ļ (discusi√≥n). Una vez que hayas realizado la fusi√≥n de art√≠culos, pide la fusi√≥n de historiales aqu√≠ ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del catolicismo en Argentina ‚ÄĒ Este art√≠culo se refiere a la historia de la Iglesia cat√≥lica en Argentina. Contenido 1 La Iglesia en la Colonia 2 La Independencia 3 Rosas 4 La Confederaci√≥n y Mitre ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del Club Atl√©tico de Madrid ‚ÄĒ El Club Atl√©tico de Madrid es un club de f√ļtbol espa√Īol, de la ciudad de Madrid. Fue fundado el 26 de abril de 1903 y en la actualidad juega en la Primera Divisi√≥n de Espa√Īa. El club ejerce de local en el Estadio Vicente Calder√≥n, recinto ubicado ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del Per√ļ ‚ÄĒ La historia del Per√ļ abarca de manera continua m√°s de 14 milenios de ocupaci√≥n humana continua [requiere referencia]. Los primeros grupos humanos habr√≠an llegado hacia fines de la glaciaci√≥n wisconsiense hacia el XIII milenio a. C. como ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del Paraguay ‚ÄĒ El Paraguay fue descubierto por Alejo Garc√≠a y Sebasti√°n Gaboto y Walter Emmanuel Vazquez Aranda, los primeros dos a las √≥rdenes de Espa√Īa en el a√Īo 1524y el tercero como enviado por inglaterra a escondidas, en tanto la ciudad de Asunci√≥n fue… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del arte ‚ÄĒ Para la historiograf√≠a de la historia del arte, v√©ase Estudio de la historia del arte. La creaci√≥n ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del Club de Deportes Cobreloa ‚ÄĒ Club de Deportes Cobreloa es una instituci√≥n de Deportes que se encuentra en la ciudad de Calama. La historia del Club de Deportes Cobreloa comienza el d√≠a 7 de enero de 1977, en donde la ciudad se movilizo para incorporar al club en el f√ļtbol… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Historia del Brasil ‚ÄĒ La periodizaci√≥n tradicional divide la historia del Brasil en cuatro per√≠odos generales: la Precolonial (hasta 1500), el Brasil Colonial (entre 1500 y 1822), el Imperio (de 1822 a 1889) y la Rep√ļblica (desde 1889 hasta los d√≠as presentes). Hay… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol


Compartir el artículo y extractos

Link directo
… Do a right-click on the link above
and select ‚ÄúCopy Link‚ÄĚ

We are using cookies for the best presentation of our site. Continuing to use this site, you agree with this.