Juan Manuel de Rosas

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Juan Manuel de Rosas
Para la estación de la línea B de subte, véase Juan Manuel de Rosas (Subte de Buenos Aires).
Juan Manuel de Rosas
Juan Manuel de Rosas
Juan Manuel de Rosas

17¬ļ Gobernador de la Provincia de Buenos Aires
7 de marzo de 1835 ‚Äď 3 de febrero de 1852
Predecesor Manuel Vicente Maza
Sucesor Vicente López y Planes

13¬ļ Gobernador de Buenos Aires
8 de diciembre de 1829 ‚Äď 17 de diciembre de 1832
Predecesor Juan José Viamonte
Sucesor Juan Ramón Balcarce

Datos personales
Nacimiento 30 de marzo de 1793
Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata
Fallecimiento 14 de marzo de 1877(83 a√Īos)
Southampton, Reino Unido
Partido Partido Federal
Cónyuge Encarnación Ezcurra
Hijos Pedro Rosas y Belgrano (adoptivo)
Juan Manuel de Rosas
María de Rosas
Manuelita de Rosas
Profesión Terrateniente, Militar y Político

Juan Manuel de Rosas (Buenos Aires; 30 de marzo de 1793 ‚Äď Southampton, Hampshire; 14 de marzo de 1877) fue un militar y pol√≠tico argentino, gobernador de Buenos Aires.

En 1829, tras derrotar al general Juan Lavalle, accedió al gobierno de la provincia de Buenos Aires. Logró constituirse en el principal dirigente de la denominada Confederación Argentina (1835-1852).

Contenido

Datos biogr√°ficos

Casa donde nació Rosas. (actual calle Sarmiento entre las calles San Martín y Florida.

Conocido como Juan Manuel de Rosas, fue bautizado como Juan Manuel Jos√© Domingo Ortiz de Rozas y L√≥pez de Osornio. Era hijo del militar Le√≥n Ortiz de Rozas y la estanciera Agustina L√≥pez de Osornio. Pertenec√≠a al linaje de los Ortiz de Rozas, que tiene origen en el pueblo de Rozas, Valle de Soba, Cantabria, Espa√Īa.

Nació en el solar que habitaba su abuelo materno - Clemente López de Osornio - situado en la calle que en ese entonces se denominaba Santa Lucía, actual calle Sarmiento entre las calles Florida y San Martín, en la ciudad de Buenos Aires.

Ingres√≥ a los 8 a√Īos de edad en el colegio privado que dirig√≠a Francisco Javier Argerich, si bien desde joven demostr√≥ vocaci√≥n por las actividades rurales. Interrumpi√≥ sus estudios para participar contando con trece a√Īos de edad, en la Reconquista de Buenos Aires en 1806 y posteriormente se enrol√≥ en la compa√Ī√≠a de ni√Īos del Regimiento de Migueletes, combatiendo en la Defensa de Buenos Aires en 1807, ambos hechos durante las invasiones inglesas (1806-1807), donde fue distinguido por su valor.

M√°s tarde, retirado al campo, se convirti√≥ en un gran estanciero de la Pampa bonaerense. Los escritores antirrosistas dicen que se mantuvo al margen de los sucesos revolucionarios de 1810, sin advertir que en esa √©poca Rosas solo contaba con 17 a√Īos de edad y ning√ļn joven de esa edad tuvo actuaci√≥n en esas jornadas. En 1813, pese a la oposici√≥n materna ‚ÄĒ que venci√≥ al hacer creer a su madre que la joven estaba embarazada ‚ÄĒ se cas√≥ con Encarnaci√≥n Ezcurra, con quien tuvo tres hijos: Juan, Mar√≠a, muerta de ni√Īa, y Manuelita, nacida en 1817, que luego ser√≠a su compa√Īera inseparable.

Poco después, debido a un entredicho que tuvo con su madre, devolvió a sus padres los campos que administraba para formar sus propios emprendimientos ganaderos y comerciales. Además se cambió el apellido "Ortiz de Rozas" por "Rosas", cortando simbólicamente la dependencia de su familia.

Fue administrador de los campos de sus primos , Nicol√°s y Tom√°s Manuel de Anchorena, al segundo de los cuales siempre le tuvo un especial respeto y admiraci√≥n, y quien ocupar√≠a cargos importantes dentro de su gobierno. En sociedad con Luis Dorrego ‚ÄĒ hermano del coronel Manuel Dorrego ‚ÄĒ fund√≥ un saladero; era el negocio del momento: la carne salada y los cueros eran casi la √ļnica exportaci√≥n de la joven naci√≥n. Acumul√≥ una gran fortuna como ganadero y exportador de carne vacuna, distante de los acontecimientos emergentes que conducir√≠an al virreinato del R√≠o de la Plata a la emancipaci√≥n del dominio espa√Īol en 1816.

Por esos a√Īos conoci√≥ al doctor Manuel Vicente Maza, quien se convirti√≥ en su patrocinador legal, en especial en una causa que sus propios padres hab√≠an entablado contra √©l. M√°s tarde ser√≠a un excelente consejero pol√≠tico.

En 1818, por presión de los abastecedores de carne de la capital, el director Juan Martín de Pueyrredón tomó una serie de medidas en contra de los saladeros. Rápidamente, Rosas cambió de rubro: se dedicó a la producción agropecuaria en sociedad con Dorrego y los Anchorena, que también le encargaron la dirección de su estancia "Camarones", al sur del río Salado.

Al a√Īo siguiente compr√≥ la estancia "Los Cerrillos", en San Miguel del Monte. En su estancia en la Laguna de Monte organiz√≥ una compa√Ī√≠a (aumentada al poco tiempo a regimiento) de caballer√≠a, los "Colorados del Monte", para combatir a los ind√≠genas de la zona pampeana. Fue nombrado su comandante, y alcanz√≥ el grado de teniente coronel.

Por esos a√Īos escribi√≥ sus famosas "Instrucciones a los mayordomos de estancias", en la que detallaba con precisi√≥n las responsabilidades de cada uno de los administradores, capataces y peones. All√≠ demostraba su capacidad para administrar simult√°neamente varias explotaciones, con m√©todos muy efectivos, en un anticipo de su futura capacidad para administrar el estado provincial.

Hasta 1820 se dedic√≥ a sus actividades privadas. Desde ese a√Īo hasta la batalla de Caseros, en 1852, consagrar√≠a su vida a la actividad pol√≠tica, liderando ‚ÄĒya en el gobierno o fuera de √©l‚ÄĒ la provincia de Buenos Aires, que contaba no s√≥lo con el territorio productivo m√°s rico de la naciente Argentina, sino con la metr√≥polis m√°s importante (la ciudad de Buenos Aires) y el puerto que concentraba el comercio exterior de las restantes provincias, as√≠ como el control de la aduana. En relaci√≥n a estos recursos se desarrollaron gran parte de los conflictos institucionales y las guerras civiles del siglo XIX en la Argentina, controlados hasta la ca√≠da de Rosas por la provincia de Buenos Aires.

Luego de la batalla de Caseros, Rosas se exili√≥ en Gran Breta√Īa, en una granja en las cercan√≠as de la ciudad de Southampton.

En 1820 concluy√≥ la etapa del Directorio con la renuncia de Jos√© Rondeau a consecuencia de la Batalla de Cepeda. Fue en esa √©poca que Rosas comenz√≥ a involucrarse en la pol√≠tica, al contribuir a rechazar la invasi√≥n del caudillo Estanislao L√≥pez al frente de sus ‚ÄúColorados del Monte‚ÄĚ. Particip√≥ en la victoria de Dorrego en Pav√≥n, pero junto a su amigo Mart√≠n Rodr√≠guez se neg√≥ a continuar la invasi√≥n hacia Santa Fe, donde Dorrego fue derrotado completamente en la Batalla de Gamonal.

Con apoyo de Rosas y otros estancieros, fue electo gobernador su colega Mart√≠n Rodr√≠guez. El 1ro de octubre estall√≥ una revoluci√≥n, dirigida por el coronel Manuel Pagola, que ocup√≥ el centro de la ciudad. Rosas se puso a disposici√≥n de Rodr√≠guez, y el d√≠a 5 inici√≥ el ataque, derrotando completamente a los rebeldes. Los cronistas de esos d√≠as recordaron la disciplina que reinaba entre los gauchos de Rosas,[1] que fue ascendido al grado de coronel. Con Rodr√≠guez, el grupo de los estancieros empez√≥ a tener un papel p√ļblico.

Tambi√©n fue parte de las negociaciones que concluyeron con el Tratado de Benegas, que pon√≠a fin al conflicto entre las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. Fue el responsable del cumplimiento de una de las cl√°usulas secretas del mismo: entregar al gobernador Estanislao L√≥pez 30.000 cabezas de ganado como reparaci√≥n de los da√Īos causados por las tropas bonaerenses en su territorio. La cl√°usula era secreta, para no "manchar el honor" de Buenos Aires. As√≠ se iniciaba la alianza permanente que tendr√≠a esta provincia con la de Buenos Aires hasta 1852.

Los primeros a√Īos despu√©s de la disoluci√≥n de los poderes nacionales fueron un per√≠odo de paz y prosperidad en Buenos Aires, principalmente debido a que Buenos Aires usufructu√≥ en su exclusivo provecho las rentas de la Aduana, una fuente inagotable de riqueza que la provincia decidi√≥ no compartir con sus hermanas ni con ej√©rcitos exteriores.[2]

Entre 1821 y 1824 compró varios campos más, especialmente la estancia que había sido del virrey Joaquín del Pino y Rozas (conocida como Estancia del Pino, en el partido de La Matanza), a la que llamó San Martín en honor del general.

Tambi√©n aprovech√≥ la ley de enfiteusis promovida por el ministro Bernardino Rivadavia para aumentar sus campos. En lugar de ayudar a los peque√Īos hacendados, esta ley termin√≥ dejando en propiedad de unos pocos grandes terratenientes cerca de la mitad de la superficie de la provincia.

Los des√≥rdenes del a√Īo 20 hab√≠an dejado desguarnecida la frontera sur, por lo que hab√≠an recrudecido los malones. Mart√≠n Rodr√≠guez dirigi√≥ entonces tres campa√Īas al desierto, usando una extra√Īa mezcla de di√°logos de paz y genocidio. En 1823 fund√≥ las actuales ciudades de Azul y Tandil. En casi todas estas campa√Īas lo acompa√Ī√≥ Rosas, que tambi√©n particip√≥ de una expedici√≥n en que el agrimensor Felipe Senillosa deline√≥ y estableci√≥ planos catastrales de los pueblos del sur de la provincia. El jefe nominal de esa campa√Īa era el coronel Juan Lavalle.

Durante la guerra del Brasil, el presidente Rivadavia lo nombr√≥ comandante de los ej√©rcitos de campa√Īa a fin de mantener pacificada la frontera con la poblaci√≥n ind√≠gena de la regi√≥n pampeana, cargo que volvi√≥ a ejercer despu√©s, durante el gobierno provincial del coronel Dorrego.

En 1827, en el contexto previo al inicio de la guerra civil que estallaría en 1828, Rosas era un dirigente militar, representante de la aristocracia rural, socialmente conservadora. Estaba alineado a la corriente federalista, adversa a la influencia foránea y a las iniciativas de corte liberal preconizadas por la tendencia unitaria.

Muri√≥ en el exilio el 14 de marzo de 1877, acompa√Īado por su hija Manuelita. Sus restos fueron repatriados a la Argentina el 1 de octubre de 1989 y reposan actualmente en el pante√≥n familiar del Cementerio de la Recoleta en la Ciudad de Buenos Aires.

La revolución de diciembre

Terminada la guerra del Brasil, Dorrego fue obligado ‚ÄĒ por una intensa presi√≥n diplom√°tica y financiera ‚ÄĒ a firmar la paz y la independencia de Uruguay, y la libre navegaci√≥n de los r√≠os; lo que fue visto por los miembros del ej√©rcito en operaciones como una traici√≥n. En repuesta, la madrugada del 1ro de diciembre de 1828, el general unitario Juan Lavalle tom√≥ el Fuerte de Buenos Aires y reuni√≥ a los unitarios en la iglesia de San Francisco, donde ‚ÄĒ a nombre del pueblo ‚ÄĒ eligieron gobernador a Lavalle, utilizando un concepto restrictivo del t√©rmino "pueblo". Siguiendo la misma l√≥gica, disolvi√≥ la legislatura.

Dorrego se retir√≥ al interior de la provincia, y busc√≥ la protecci√≥n del comandante de campa√Īa, Rosas. √Čste lo ayud√≥ a reunir un peque√Īo ej√©rcito, pero fueron atacados sorpresivamente en la batalla de Navarro, siendo derrotados.

Rosas aconsej√≥ a Dorrego que huyera hacia Santa Fe, pero el gobernador se neg√≥,[3] por lo que aqu√©l lo abandon√≥, march√°ndose hacia la provincia de Santa Fe. Dorrego se refugi√≥ en Salto, en el regimiento del coronel √Āngel Pacheco; pero, traicionado por dos oficiales de √©ste ‚ÄĒ Bernardino Escribano y Mariano Acha ‚ÄĒ fue enviado prisionero a Lavalle. √Čste, influido por el deseo de venganza de los ide√≥logos unitarios, fusil√≥ a Dorrego ‚ÄĒ y se hizo cargo de toda la responsabilidad. En su √ļltima carta, escrita a Estanislao L√≥pez, Dorrego ped√≠a que su muerte no fuera causa de derramamiento de sangre. Eso es exactamente lo que fue, y por muchos a√Īos.

A principios de enero de 1829, el general José María Paz, aliado de Lavalle, iniciaba la invasión de la provincia de Córdoba, donde derrocaría al gobernador Juan Bautista Bustos. De ese modo se generalizó la guerra civil en todo el país.

Lavalle envi√≥ ej√©rcitos en todas direcciones, pero varios peque√Īos caudillos aliados de Rosas organizaron la resistencia. Los jefes unitarios recurrieron a toda clase de cr√≠menes para aplastarla. No se ha difundido la memoria de estos hechos, pues ocurrieron en el campo y sus v√≠ctimas fueron gauchos y personas pertenecientes a clases sociales m√°s humildes.[4]

El gobernador intruso envió al coronel Federico Rauch hacia el sur, y una de sus columnas, al mando del coronel Isidoro Suárez, derrotó y capturó al mayor Mesa, que fue enviado a Buenos Aires y ejecutado. Al frente del grueso de su ejército, Lavalle avanzó hasta ocupar Rosario. Pero, poco después, López dejó sin caballos a Lavalle, que se vio obligado a retroceder. López y Rosas persiguieron a Lavalle hasta cerca de Buenos Aires, derrotándolo en la batalla de Puente de Márquez, librada el 26 de abril de 1829.

Mientras López regresaba a Santa Fe, Rosas sitió la ciudad de Buenos Aires. Allí crecía la oposición a Lavalle (a pesar de que los aliados de Dorrego habían sido expulsados), sobre todo por el crimen sobre el gobernador. Lavalle aumentó la persecución sobre los críticos, lo que le llevaría mucho apoyo a Rosas, en la ciudad que siempre fue la capital del unitarismo.

Lavalle, desesperado, se lanz√≥ a hacer algo ins√≥lito: se dirigi√≥, completamente solo, al cuartel general de Rosas, la Estancia del Pino. Como √©ste no se encontraba, se acost√≥ en su catre de campa√Īa a esperarlo. Al d√≠a siguiente, 24 de junio, Lavalle y Rosas firmaron el Pacto de Ca√Īuelas, que estipulaba que se llamar√≠a a elecciones, en las que s√≥lo se presentar√≠a una lista de unidad de federales y unitarios, y que el candidato a gobernador ser√≠a F√©lix de √Ālzaga.

Lavalle presentó el tratado con un mensaje que incluía una inesperada opinión sobre su enemigo:

‚ÄúMi honor y mi coraz√≥n me imponen remover por mi parte todos los inconvenientes para una perfecta reconciliaci√≥n...Y sobre todo ha llegado el caso de que veamos, tratemos y conozcamos de cerca de Juan Manuel de Rosas como a un verdadero patriota y amante del orden.‚ÄĚ

Pero los unitarios presentaron la candidatura de Alvear, y al precio de treinta muertos ganaron las elecciones. Las relaciones quedaron rotas nuevamente, obligando a Lavalle a un nuevo tratado, el pacto de Barracas, del 24 de agosto. Pero, ahora m√°s que antes, la fuerza estaba del lado de Rosas. A trav√©s de este pacto se nombr√≥ gobernador a Juan Jos√© Viamonte. √Čste llam√≥ a la legislatura derrocada por Lavalle, allan√°ndole a Rosas el camino al poder.

Primer gobierno

La Legislatura de Buenos Aires proclam√≥ a Juan Manuel de Rosas como Gobernador de Buenos Aires el 6 de diciembre de 1829, honr√°ndolo adem√°s con el t√≠tulo de "Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires" y en el mismo acto le otorg√≥ "todas las facultades ordinarias y extraordinarias que creyera necesarias, hasta la reuni√≥n de una nueva legislatura". No era algo excepcional: las facultades extraordinarias ya les hab√≠an sido conferidas a Sarratea y a Rodr√≠guez en 1820, y a los gobernadores de muchas otras provincias en los √ļltimos a√Īos; tambi√©n Viamonte las hab√≠a tenido.

El mismo día en que juró su cargo, declaró al diplomático uruguayo Santiago Vázquez:

¬ęCreen que soy federal; no se√Īor, no soy de partido alguno sino de la Patria... En fin, todo lo que yo quiero es evitar males y restablecer las instituciones, pero siento que me hayan tra√≠do a este puesto.¬Ľ

Lo primero que hizo Rosas fue realizar un extraordinario funeral, trayendo los restos de Dorrego a la capital; con eso se captó la voluntad de los seguidores del fallecido líder del partido federal, sumando automáticamente el apoyo del pueblo humilde de la capital al que ya tenía de la población rural.[5]

Para ganar apoyo político pronunció su frase en 1829, que resumiría toda su plataforma política, sus objetivos claramente nacionalistas y autoritarios y la esperanza de un gobierno largo:[6]

¬ęEl rey es como un padre: amar, castigar y recompensar¬Ľ.

La guerra civil en el interior

Paz hab√≠a ocupado C√≥rdoba y hab√≠a derrotado a Facundo Quiroga. Rosas envi√≥ una comisi√≥n a mediar entre Paz y Quiroga, pero √©ste fue derrotado y se refugi√≥ en Buenos Aires. Rosas le hizo dar un recibimiento triunfal ‚ÄĒ como si hubiese sido el vencedor ‚ÄĒ aunque el caudillo consideraba que la guerra hab√≠a terminado para √©l.

Paz aprovechó la victoria para invadir las provincias de los aliados de Quiroga, colocando en ellos gobiernos unitarios. Los bandos quedaban definidos: las cuatro provincias del litoral, federales; las nueve del interior, unitarias y unidas desde agosto de 1830 en una Liga Unitaria, cuyo "supremo jefe militar" era Paz.

A los pocos meses, en enero de 1831, Rosas y Estanislao L√≥pez impulsaron el Pacto Federal entre Buenos Aires, Santa Fe y Entre R√≠os. √Čste, que ser√≠a uno de los "pactos preexistentes" mencionados en la Constituci√≥n de la Naci√≥n Argentina, ten√≠a como objetivo poner un freno a la expansi√≥n del unitarismo encarnado en el general Paz. Corrientes se adherir√≠a m√°s tarde al Pacto, porque el diputado correntino Pedro Ferr√© intent√≥ convencer a Rosas de nacionalizar los ingresos de la Aduana de Buenos Aires e imponer protecciones aduaneras a la industria local. En este punto, Rosas ser√≠a tan inflexible como sus antecesores unitarios: la fuente principal de la riqueza y del poder de Buenos Aires proven√≠a de la aduana.

El caudillo santiague√Īo Juan Felipe Ibarra, refugiado en Santa Fe, logr√≥ que L√≥pez iniciara acciones contra C√≥rdoba. Ser√≠an acciones guerrilleras, porque en ese tipo de acciones ten√≠a ventaja sobre las disciplinadas tropas de Paz. A principios de 1831, el ej√©rcito porte√Īo inici√≥ tambi√©n las operaciones, al mando de Juan Ram√≥n Balcarce; pero el ej√©rcito porte√Īo nunca lleg√≥ a unirse al santafesino.

Cuando el coronel √Āngel Pacheco derrot√≥ a Juan Esteban Pedernera en la batalla de Fraile Muerto, Paz decidi√≥ hacerse cargo personalmente del frente Este.

Por su lado, Quiroga decidió volver a la lucha. Pidió fuerzas a Rosas, pero éste sólo le ofreció los presos de las cárceles. Quiroga instaló un campo de entrenamiento y, cuando se consideró listo, avanzó sobre el sur de Córdoba. En el camino, Pacheco le entregó los pasados de Fraile Muerto: con ellos conquistó Cuyo y La Rioja en poco más de un mes.

La inesperada captura de Paz por un tiro de boleadoras de un soldado de López, el 10 de mayo, provocó un repentino cambio: Lamadrid se hizo cargo del ejército unitario, con el que se retiró hacia el norte y fue vencido por Quiroga en la batalla de La Ciudadela, el 4 de noviembre, junto a la ciudad de Tucumán, con lo cual la Liga del Interior fue disuelta.

La Constitución que no fue

En los meses siguientes, las provincias restantes se ir√≠an adhiriendo al Pacto Federal: Mendoza, provincia de C√≥rdoba, Santiago del Estero y La Rioja en 1831. Al a√Īo siguiente, Tucum√°n, San Juan, San Luis, Salta y Catamarca.

En cuanto termin√≥ la guerra, los representantes de varias provincias anunciaron que, con la pacificaci√≥n interior, hab√≠a llegado la ocasi√≥n esperada para la organizaci√≥n constitucional del pa√≠s. Pero Rosas argumentaba que primero se ten√≠an que organizar las provincias y luego el pa√≠s, ya que la constituci√≥n deb√≠a ser el resultado escrito de una organizaci√≥n que deb√≠a darse primero. Aprovech√≥ una acusaci√≥n del diputado correntino Manuel Leiva para acusarlo de tener ideas an√°rquicas y retirar su representante de la convenci√≥n de Santa Fe. En agosto de 1832, la convenci√≥n quedaba disuelta, y la oportunidad de organizar constitucionalmente el pa√≠s se pospuso por otros veinte a√Īos.

Este hecho (muy criticado por la Historia Oficial) se debió tal vez al deseo de Rosas de evitar que sucediera lo qué sucedió en el país cuando finalmente fue sancionada la Constitución.

Por el momento, el pa√≠s quedaba dividido en tres √°reas de influencia: Cuyo y el noroeste, de Quiroga; C√≥rdoba y el litoral, de L√≥pez; y Buenos Aires, de Rosas. Por unos a√Īos, este triunvirato virtual gobernar√≠a el pa√≠s, aunque las relaciones entre ellos nunca fueron muy buenas.[7]

El gobierno de la provincia

El primer gobierno de Rosas fue un gobierno "de orden"; no fue una tiranía despótica, aunque más tarde los historiadores harían extensivas a su primer gobierno algunas características del segundo. En este primer momento, se apoyó en algunos de los dirigentes del "Partido del Orden" de la década anterior, lo cual ha permitido que fuera acusado de ser el continuador del Partido Unitario,[7] aunque con el tiempo se distanciaría de ellos.

La administración de Rosas fue, también, un gobierno "progresista": se fundaron pueblos, se reformaron el Código de Comercio y el de Disciplina Militar, se reglamentó la autoridad de los jueces de paz de los pueblos del interior y se firmaron tratados de paz con los caciques, con lo que se obtuvo una cierta tranquilidad en la frontera.

Entre los hechos negativos, se le atribuye responsabilidad en la invasi√≥n inglesa de las islas Malvinas, (hecho que si bien se le atribuye a Rosas, ocurri√≥ en realidad durante el Gobierno de Balcarce -el 3 de enero de 1833-, que sucedi√≥ transitoriamente a Rosas embarcado en su campa√Īa al desierto). Estas Islas, que hab√≠an sido objeto de disputa entre Espa√Īa e Inglaterra, se encontraban en posesi√≥n de Espa√Īa al momento de Declararse la Independencia Argentina, e Inglaterra impl√≠citamente reconoci√≥ la continuidad jur√≠dica de los derechos argentinos sobre las posesiones espa√Īolas al celebrar el tratado de Amistad, Comercio y Navegaci√≥n, firmado en Buenos Aires el 2 de febrero de 1825, a pocos a√Īos de la Independencia argentina y ratificado por el Gobierno Brit√°nico en el mes de mayo de ese mismo a√Īo. Adem√°s, las Islas Malvinas hab√≠an sido pobladas por el Gobierno de Buenos Aires y se hab√≠a designado un Gobernador.

No obstante, la supremacía lograda no estuvo asociada a un apoyo incondicional de toda la población. Rosas debió enfrentar, por el contrario, una dura resistencia durante el curso de su gobierno.

Interregno

A fines de 1832, la legislatura reeligi√≥ a Rosas. Se dijo durante muchos a√Īos que rechaz√≥ su reelecci√≥n porque no se le conced√≠an las facultades extraordinarias, lo que no es exacto: no se sent√≠a capaz de gobernar -ni quer√≠a hacerlo- sin la unanimidad de la opini√≥n p√ļblica en su favor. Esperar√≠a que lo llamaran desesperadamente, mientras buscaba la forma de hacerse imprescindible.

En su lugar fue electo Juan Ramón Balcarce, importante militar de la época de la guerra de independencia y jefe de un grupo federal no totalmente rosista. Rosas terminó su gobierno el 18 de diciembre de 1832.

Campa√Īa al desierto

V√©ase tambi√©n: Campa√Īa de Rosas al Desierto

La llanura pampeana bonaerense había estado sometida al dominio blanco apenas en una franja estrecha junto al Paraná y el Río de la Plata, por lo menos hasta la década de 1810. Desde entonces, la frontera se había adelantado hasta una línea que pasaba aproximadamente por las actuales ciudades de Balcarce, Tandil y Las Flores.

En cuanto baj√≥ del gobierno, coordin√≥ la campa√Īa con los de Mendoza, de San Luis y de C√≥rdoba para hacer una batida general, que adem√°s ser√≠a acompa√Īada por otra que realizara el general Manuel Bulnes en Chile. La comandancia general le fue ofrecida a Facundo Quiroga, pero √©ste no particip√≥ en ella. Concentr√≥ y adiestr√≥ la tropa en su estancia de Los Cerrillos, en Monte, y partieron de all√≠ en marzo de 1833.

La columna oeste, al mando de Jos√© F√©lix Aldao, recorri√≥ un territorio que hab√≠a sido "limpiado" de abor√≠genes recientemente, por lo que se limit√≥ a llegar al r√≠o Colorado. La del centro venci√≥ al cacique ranquel Yanquetruz y regres√≥ r√°pidamente. La que hizo la mayor parte de la campa√Īa fue la del este, al mando del propio Rosas. √Čste se estableci√≥ a orillas del r√≠o Colorado ‚ÄĒ cerca de la actual localidad de Pedro Luro ‚ÄĒ y envi√≥ cinco columnas hacia el sur y hacia el oeste, que consiguieron derrotar a los caciques m√°s importantes. A continuaci√≥n firm√≥ tratados de paz con otros, secundarios hasta entonces, que se convirtieron en √ļtiles aliados. Al a√Īo siguiente se sumar√≠a el m√°s importante de ellos, Calfucur√°.

Durante los primeros a√Īos de su segundo gobierno, la pol√≠tica de Rosas para con los indios alternar√≠a tratados de paz y donaciones con campa√Īas de exterminio. S√≥lo despu√©s de la crisis que comenz√≥ en 1839 la cambi√≥ por una pol√≠tica de paz permanente.

La campa√Īa tambi√©n incorpor√≥ cient√≠ficos que reunieron informaci√≥n sobre la zona recorrida,[8] pero las regiones des√©rticas quedaron en manos de los indios. Se asegur√≥ la tranquilidad para los campos y pueblos ya formados, y se logr√≥ un relativo avance en el sudoeste de la provincia, pero los adelantos de la frontera ser√≠an mucho menos espectaculares que los de la campa√Īa de Roca en 1879.

Lo m√°s importante que logr√≥ Rosas fue poner de su lado al ej√©rcito, a los estancieros y la opini√≥n p√ļblica. Y el eterno agradecimiento de las provincias de Mendoza, San Luis, C√≥rdoba y Santa Fe, que se vieron libres de saqueos importantes por muchos a√Īos. Sin embargo, el √ļnico grupo de indios que no fue totalmente dominado, los Ranqueles, siguieron siendo vistos como un problema para los ciudadanos de estas provincias.

El precio a pagar por la paz fue sostener a las tribus amigas con entregas anuales de ganado, caballos, harina, tejidos y aguardiente. A partir de este momento, las tribus cazadoras dependieron de las entregas de alimentos, y fueron considerados por los bonaerenses como costosos par√°sitos del erario p√ļblico, olvidando que ‚ÄĒ desde el punto de vista de Rosas ‚ÄĒ los pagos eran un precio a pagar por el uso de territorios que ellos consideraban suyos. Esta actitud pacificadora, y el cumplimiento de los pactos celebrados, le ganaron a Rosas el respeto de los jefes ind√≠genas. Cuando este asumi√≥ por segunda vez la gobernaci√≥n de la provincia, el cacique Catriel en Tapalqu√© dijo:

Juan Manuel es mi amigo. Nunca me ha enga√Īado. Yo y todos mis indios moriremos por √©l. Si no hubiera sido por Juan Manuel no vivir√≠amos como vivimos en fraternidad con los cristianos y entre ellos. Mientras viva Juan Manuel todos seremos felices y pasaremos una vida tranquila al lado de nuestras esposas e hijos. Todos los que est√°n aqu√≠ pueden atestiguar que lo que Juan Manuel nos ha dicho y aconsejado ha salido bien.[9]

A√Īos despu√©s de la ca√≠da de Rosas, el mismo Catriel se√Īalaba:

Nuestro hermano Juan Manuel indio rubio y gigante que vino al desierto pasando a nado el Samboromb√≥n y el Salado y que jineteaba y boleaba como los indios y se loncoteaba con los indios y que nos regal√≥ vacas, yeguas, ca√Īa y prendas de plata, mientras √©l fue Cacique General nunca los indios malones invadimos, por la amistad que ten√≠amos por Juan Manuel. Y cuando los cristianos lo echaron y lo desterraron, invadimos todos juntos
citado por Julio A. Costa en Roca y Tejedor[10]

Más tarde, el propio Rosas dirigiría la redacción de una Gramática de la lengua pampa.

En esta campa√Īa se destacaron algunos oficiales que formar√≠an la siguiente generaci√≥n de militares porte√Īos: Pedro Ramos, √Āngel Pacheco, Domingo Sosa, Hilario Lagos, Mariano Maza, Jer√≥nimo Costa, Pedro Castelli y Vicente Gonz√°lez (el Carancho del Monte).

La revolución "de los Restauradores"

Artículo principal: Revolución de los Restauradores

Mientras Rosas estaba en su campamento del río Colorado, los desacuerdos internos del partido federal iban en aumento. Una de las fracciones era ideológicamente liberal, y deseaba la organización constitucional; en sus filas militaban el gobernador Balcarce y sus ministros Enrique Martínez y Félix Olazábal. Sus adversarios, leales a Rosas, los llamaban lomos negros, debido a que el reverso de la lista en la cual se postulaban era de color negro. En el partido de Rosas figuraban estancieros, militares y comerciantes minoristas.

El enfrentamiento se condujo principalmente en la prensa, dividida en dos bandos, que se atacaban escandalosamente; el gobierno decidió procesar a varios periódicos opositores y uno o dos oficialista. Entonces se puso en acción Encarnación Ezcurra, esposa y consejera de Rosas, que reunía diariamente a sus aliados en su casa, y organizaba las manifestaciones y agresiones contra los opositores.

Cuando se anunció el juicio a los periódicos, uno de ellos era llamado "El Restaurador de las Leyes". Encarnación hizo empapelar la ciudad con la noticia de que iba a ser enjuiciado el Restaurador, lo que la gente interpretó como un juicio al jefe del partido federal. Se produjo una gran manifestación, y sus participantes se reunieron en las afueras de la ciudad; en su ayuda vino el general Agustín de Pinedo, que puso a sitio a la ciudad, provocando unos días más tarde la renuncia de Balcarce.

En su lugar fue nombrado nuevamente Viamonte, y en los días siguientes abundaron las agresiones de los partidarios de Rosas, organizados en la Sociedad Popular Restauradora, formada por las clases medias no educadas de la ciudad y parte de los oficiales de origen humilde. Su brazo armado era La Mazorca, un grupo de agitadores que también atacaban las casas de los opositores a Rosas y causaban desmanes. Por el momento, casi no hubo asesinatos.

Unos meses despu√©s llegaba Rosas de regreso a Buenos Aires, y Viamonte se vio obligado a renunciar. En su lugar fue elegido Rosas, pero no acept√≥ porque no se le conced√≠an las facultades extraordinarias. No se sent√≠a capaz de gobernar ‚ÄĒ ni le interesaba hacerlo ‚ÄĒ bajo las limitaciones de un "estado de derecho". Fue electo gobernador su amigo Manuel Vicente Maza, presidente de la legislatura.

Segundo gobierno

Bandera militar argentina usada por los regimientos federales.

Al estallar un conflicto que se había suscitado entre Salta y Tucumán, Rosas logró que Maza enviara como mediador al general Facundo Quiroga, que residía en Buenos Aires. En el trayecto fue emboscado y asesinado en Barranca Yaco (provincia de Córdoba) por Santos Pérez, un sicario vinculado a los hermanos Reynafé, que gobernaban Córdoba.

Esta muerte provoc√≥ la renuncia de Maza; el clima de inestabilidad y violencia oblig√≥ a la legislatura a llamar de regreso al gobierno a Rosas, que asumi√≥ el 13 de abril de 1835, y a otorgarle la condici√≥n que exigi√≥: la "suma del poder p√ļblico", esto es, la representaci√≥n y ejercicio de los tres poderes del Estado, sin necesidad de rendir cuenta de su ejercicio. Por otro lado, todo este asunto le dio a Rosas la oportunidad √ļnica de no compartir el mando del partido federal, que hasta entonces se hab√≠a repartido con Quiroga y L√≥pez. √Čste, en tanto que protector de los Reynaf√©, qued√≥ muy debilitado; y morir√≠a a mediados de 1838. Incluso los caudillos con poder propio cayeron en su √≥rbita, como Juan Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, y Jos√© F√©lix Aldao, de Mendoza.

La suma del poder p√ļblico se le otorg√≥ con el compromiso de:

  1. Conservar, defender y proteger la religión Católica Apostólica Romana.
  2. Sostener la causa nacional de la Federación.
  3. El ejercicio de la suma del poder p√ļblico durar√≠a "todo el tiempo que el Gobernador considere necesario".

No disolvió la legislatura ni los tribunales, por lo que era apenas una forma de poner más claro el carácter excepcional que tenía su mandato. La diferencia aparecería después, cuando Rosas hiciera uso de todo ese poder.

Debido a que el país no contaba por entonces con una Constitución propia (la cual recién iba a ser sancionada a su caída, en 1853), los poderes de los que gozó Rosas en su segundo mandato se han equiparado a los de un Presidente de facto, ya que no contaba con el reconocimiento de iure como tal. Cierta parte de la historiografía argentina sigue considerando a Rosas un dictador, mientras que la corriente revisionista le niega tal carácter, considerándolo un defensor de la soberanía nacional.

Una vez conseguidos estos nuevos poderes, impuso los criterios federales y formó alianzas con los líderes de las demás provincias argentinas, logrando el control del comercio y de los asuntos exteriores de la Confederación.

La Sala de Representantes nombr√≥ gobernador a Juan Manuel de Rosas por el quinquenio que comprende de 1835 a 1840. Antes de asumir semejante responsabilidad, el Restaurador exigi√≥ que se realizara un plebiscito, cuyo resultado fue 9.713 votos a favor y 7 en contra. Cabe destacar que por esos tiempos la provincia de Buenos Aires contaba con 60.000 habitantes, de los cuales no acced√≠an al sufragio las mujeres ni los ni√Īos.

No se tiene a√ļn noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar. Debo decirlo en obsequio de la verdad hist√≥rica, nunca hubo un gobierno m√°s popular, y deseado, ni m√°s bien sostenido por la opini√≥n. Los unitarios que en nada hab√≠an tomado parte, lo recib√≠an al menos con indiferencia, los federales lomos negros, con desd√©n, pero sin oposici√≥n; los ciudadanos pac√≠ficos lo esperaban como una bendici√≥n y un t√©rmino a las crueles oscilaciones de dos largos a√Īos; la campa√Īa, en fin, como el s√≠mbolo de su poder y la humillacion de los cajetillas de la CIUDAD. [...]
"[...] Concibese como ha podido suceder que en una provincia de cuatrocientos mil habitantes, seg√ļn lo asegura la Gaceta, s√≥lo hubiese tres votos contrarios al gobierno? Seria acaso que los disidentes no votaron? Nada de eso! No se tiene a√ļn noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar; los enfermos se levantaron de la cama a ir a dar su asentimiento, temerosos de que sus nombres fueran inscritos en alg√ļn negro registro; porque as√≠ se hab√≠a insinuado.
El terror estaba ya en la atm√≥sfera, y aunque el trueno no hab√≠a estallado a√ļn, todos ve√≠an la nube negra y torva que ven√≠a cubriendo el cielo." Domingo F. Sarmiento[11]

En este sentido, un retrato v√≠vido de esa √©poca ha sido el legado por la pluma de Esteban Echeverr√≠a en El matadero, cuento precursor del realismo rioplatense que transcurre en la provincia de Buenos Aires durante los a√Īos 30'. Desde la √≥ptica opositora, Echeverr√≠a describi√≥ las contiendas entre unitarios y federales, y las figuras del caudillo Juan Manuel de Rosas y sus seguidores, atribuyendo a estos √ļltimos cualidades brutales y sanguinarias.

En cuanto asumi√≥, orden√≥ la captura de Santos P√©rez y los Reynaf√©, y tras un juicio que tard√≥ a√Īos, fueron condenados a muerte y ejecutados. El juicio le dio a Rosas una autoridad nacional en un √°mbito inesperado: su provincia ten√≠a un tribunal penal de autoridad nacional. Esa autoridad no era legal pero era real, y aport√≥ cierta unidad a la administraci√≥n nacional.

Elimin√≥ de todos los cargos p√ļblicos a sus opositores: expuls√≥ a todos los empleados p√ļblicos que no fueran federales "netos", y borr√≥ del escalaf√≥n militar a los oficiales sospechosos de opositores, incluyendo a los exiliados. A continuaci√≥n hizo obligatorio el lema de "Federaci√≥n o muerte", que ser√≠a gradualmente reemplazado por "¬°Mueran los salvajes unitarios!", para encabezar todos los documentos p√ļblicos; e impuso a los empleados p√ļblicos y militares el uso del cintillo punz√≥, que pronto ser√≠a usado por todos.

Por oposición, más tarde los unitarios llevarían divisas celestes, lo que tuvo un resultado inesperado: la bandera argentina era, hasta ese momento, de color azul y blanco. Los ejércitos de Rosas la empezaron a usar con un color azul oscuro, casi violeta; para diferenciarse, los unitarios la utilizaron de color celeste y blanco.[12]

La Ley de Aduanas

Artículo principal: Ley de Aduana de 1835

El gobernador de Corrientes, Pedro Ferré, realizó un enérgico planteo reclamando medidas proteccionistas para los productos de origen local, cuya producción se deterioraba debido a la política de libre comercio de Buenos Aires.

El 18 de diciembre de 1835, Rosas sancionó la Ley de Aduanas en respuesta a ese planteo, que determinaba la prohibición de importar algunos productos y el establecimiento de aranceles para otros casos. En cambio mantenía bajos los impuestos de importación a las máquinas y los minerales que no se producían en el país. Con esta medida buscaba ganarse la buena voluntad de las provincias, sin ceder lo esencial, que eran las entradas de la Aduana. Estas medidas impulsaron notablemente el mercado interno y la producción del interior del país. Sin embargo, Buenos Aires continuó siendo la principal ciudad.

Se nac√≠a de un impuesto b√°sico de importaci√≥n del 17% y se iba aumentando para proteger a los productos m√°s vulnerables. Las importaciones vitales, como el acero, el lat√≥n, el carb√≥n y las herramientas agr√≠colas pagaban un impuesto del 5%. El az√ļcar, las bebidas y productos alimenticios el 24%. El calzado, ropas, muebles, vinos, co√Īac, licores, tabaco, aceite y algunos art√≠culos de cuero el 35%. La cerveza, la harina y las papas el 50%.

El efecto inesperado, pero que Rosas había considerado correctamente, era que disminuyeron las importaciones, pero el crecimiento del mercado interno compensó esa caída. De hecho, los impuestos por importación aumentaron significativamente. Más tarde, bajo el efecto de los bloqueos, se redujeron estas tasas de importación, pero nunca volvieron a ser tan bajas como en la época de Rivadavia, ni tanto como serían después de su caída.

Simultáneamente pretendió obligar a Paraguay a incorporarse a la Confederación Argentina ahogándola económicamente, para lo cual impuso una fuerte contribución al tabaco y los cigarros. Como temía que entraran de contrabando por Corrientes, esos impuestos alcanzaron también a los productos correntinos. La medida contra el Paraguay fracasó, pero tendría graves consecuencias respecto de Corrientes.

Su pol√≠tica econ√≥mica fue decididamente conservadora: control√≥ los gastos al m√°ximo, y mantuvo un equilibrio fiscal precario sin emisiones de moneda ni endeudamiento. Tampoco pag√≥ la deuda externa contra√≠da en tiempos de Rivadavia, salvo en peque√Īas sumas durante los pocos a√Īos en que el R√≠o de la Plata no estuvo bloqueado. El papel moneda porte√Īo mantuvo muy estable su valor y circul√≥ por todo el pa√≠s, reemplazando a la moneda met√°lica boliviana, con lo cual contribuy√≥ a la unificaci√≥n monetaria del pa√≠s. El Banco Nacional fundado por Rivadavia estaba controlado por comerciantes ingleses y hab√≠a provocado una grave crisis monetaria con continuas emisiones de papel moneda, continuamente depreciado. En 1836, Rosas lo declar√≥ desaparecido, y en su lugar fund√≥ el Banco de la Provincia de Buenos Aires.[13]

Su administraci√≥n era sumamente prolija, anotando y revisando puntillosamente los gastos e ingresos p√ļblicos, y public√°ndolos casi mensualmente. Incluso, cuando m√°s tarde castig√≥ a sus enemigos con embargos de sus bienes ‚ÄĒ no realiz√≥ confiscaciones, a diferencia de lo que hizo Lavalle antes que √©l, o Valent√≠n Alsina y Pastor Obligado despu√©s ‚ÄĒ hizo que se les entregaran a los parientes de los as√≠ castigados recibos detallados de todo lo embargado.

El 1¬ļ de diciembre de 1838, Rosas separ√≥ del cargo de Decano del Superior Tribunal de Justicia al Dr. Miguel Mariano de Villegas, por no merecer la confianza del gobierno ‚ÄĒ se cuenta que obr√≥ as√≠ por haberle dado un voto en contra de su indicaci√≥n ‚ÄĒ siendo de esta manera desterrado a la Estancia de Juan Jos√© Viamonte hasta el 5 de marzo de 1839.

La política exterior

En el norte, las ambiciones del dictador boliviano Andr√©s de Santa Cruz, que dominaba la reci√©n fundada Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana y quiso invadir Jujuy y Salta con el apoyo de algunos emigrados unitarios, llevaron a una guerra entre esos pa√≠ses y Argentina. La guerra estuvo a cargo del "protector" Heredia, gobernador de Tucum√°n. √Čste era el √ļltimo de los caudillos federales que hizo alguna sombra a Rosas, pero el Restaurador logr√≥ disciplinarlo por medio de la financiaci√≥n de esta guerra. A fines de 1838, con el asesinato de Heredia a manos de uno de sus oficiales, se paralizaron las operaciones y desapareci√≥ su √ļltimo competidor federal; tal vez por eso mismo al a√Īo siguiente aparecieron enemigos internos decididamente no federales.

Las relaciones con Brasil fueron muy malas, pero nunca se llegó a la guerra, por lo menos hasta Caseros. Nunca hubo problemas con Chile, aunque en ese país se refugiaban muchos opositores, que llegaron a lanzar algunas expediciones desde allí contra las provincias argentinas. Con Paraguay, la política de Rosas se limitó a pretender reincorporarlo a la Argentina. Aunque nunca se iniciaron acciones directas en ese sentido, mantuvo el bloqueo de los ríos interiores, a fin de forzar al Paraguay a negociar su incorporación a la Confederación, cosa que no consiguió.

En Uruguay, el nuevo presidente Manuel Oribe se libr√≥ de la tutor√≠a de su antecesor Fructuoso Rivera. Pero √©ste, con apoyo de unitarios de Montevideo (entre ellos Lavalle) y de los imperiales brasile√Īos establecidos en R√≠o Grande del Sur, form√≥ el partido ‚Äúcolorado‚ÄĚ (al que Oribe le opuso el partido "blanco") y se lanz√≥ a la revoluci√≥n inici√°ndose la llamada Guerra Grande. A mediados de 1838 comenz√≥ el sitio de parte de los colorados al gobierno, resguardado tras los muros de Montevideo. Los colorados tuvieron desde el primer momento el apoyo de la flota francesa y el protectorado brasile√Īo. Ante esto, Oribe renunci√≥ en octubre de 1838, dejando en claro que lo hab√≠a obligado una flota extranjera y se retir√≥ a Buenos Aires.

El bloqueo francés

Los peores problemas empezaron con Francia: la pol√≠tica exterior francesa hab√≠a permanecido en un perfil bajo por dos d√©cadas, hasta que el rey Luis Felipe intent√≥ recuperar para Francia su papel de gran potencia, obligando a varios pa√≠ses d√©biles a hacerle concesiones comerciales y, cuando era posible, reducirlos a protectorados o colonias. Ese fue el caso de Argelia, por s√≥lo citar un ejemplo. Desde 1830, Francia buscaba aumentar su influencia en Am√©rica Latina y, especialmente, lograr la expansi√≥n de su comercio exterior. Consciente del poder ingl√©s, en 1838 el rey Luis Felipe expon√≠a ante el parlamento que ‚Äúsolo con el apoyo de una poderosa marina podr√≠an abrirse nuevos mercados a los productos franceses‚Ķ‚ÄĚ.

Al ver que la Argentina no estaba organizada constitucionalmente, pensaron que podían, al menos, obligarla a concesiones comerciales. En noviembre de 1837, el vicecónsul francés se presentó al ministro de relaciones exteriores, Felipe Arana, exigiéndole la liberación de dos presos de nacionalidad francesa, el grabador César Hipólito Bacle, acusado de espionaje a favor de Santa Cruz, y el contrabandista Lavié. También reclamaba un acuerdo similar al que tenía la Confederación Argentina con Inglaterra y la excepción del servicio militar para sus ciudadanos (que en ese momento eran dos).

Arana rechaz√≥ las exigencias, y meses m√°s tarde, en marzo de 1838 la armada francesa bloque√≥ ‚Äúel puerto de Buenos Aires y todo el litoral del r√≠o perteneciente a la Rep√ļblica Argentina‚ÄĚ. Y lo extendi√≥ a las dem√°s provincias litorales, para debilitar la alianza de Rosas con ellas, ofreciendo levantar el bloqueo contra cada provincia que rompiera con √©l.

Tambi√©n en octubre de 1838, la escuadra francesa atac√≥ la isla Mart√≠n Garc√≠a, derrotando con sus ca√Īones y su numerosa infanter√≠a a las fuerzas del coronel Jer√≥nimo Costa y del mayor Juan Bautista Thorne. Debido al desempe√Īo honroso y valiente demostrados por los argentinos, fueron conducidos a Buenos Aires y dejados en libertad, con una nota del comandante franc√©s Hip√≥lito Daguenet, haciendo saber tal circunstancia a Rosas, en los siguientes t√©rminos: ‚Äú... Encargado por el Se√Īor Almirante Le Blanc,comandante en jefe de la estaci√≥n del Brasil, y de los mares del Sud, de apoderarme de la isla de Mart√≠n Garc√≠a con las fuerzas puestas a mi disposici√≥n para tal objeto, desempe√Ī√© el 14 de este la misi√≥n que me hab√≠a sido confiada.Ella me ha presentado la oportunidad de apreciar los talentos militares del bravo coronel Costa, gobernador de esa isla y de su animosa lealtad hacia su pa√≠s. Esta opini√≥n tan francamente manifestada es tambi√©n la de los capitanes de corbetas francesas la "Expeditive" y la "Bordelaise", testigos de la incre√≠ble actividad del se√Īor coronel Costa, como de las acertadas disposiciones tomadas por este oficial superior, para la defensa de la importante posici√≥n que estaba encargado de conservar. Lleno de estimaci√≥n por √©l he cre√≠do que no podr√≠a darle una prueba mejor de los sentimientos que me ha inspirado, que manifestando a V. E. su bizarra conducta durante el ataque dirigido contra √©l, el 11 del corriente,por fuerzas muy superiores a las de su mando..."

El bloqueo afectó mucho la economía de la provincia, al cerrar las posibilidades de exportar. Eso dejó muy descontentos a los ganaderos y a los comerciantes, muchos de los cuales se pasaron silenciosamente a la oposición.

Sobre el reclamo particular de Francia, esto es, la eximici√≥n del servicio de armas para sus s√ļbditos, el gobierno de Buenos Aires retras√≥ la respuesta por m√°s de dos a√Īos. Rosas no se opon√≠a a reconocer a los residentes franceses en el R√≠o de la Plata el derecho a un trato similar al que se daba a los ingleses, pero s√≥lo estuvo dispuesto a reconocerlo cuando Francia envi√≥ un ministro plenipotenciario, con plenos poderes para la firma de un tratado. Eso significaba un trato de igual a igual, y un reconocimiento de la Confederaci√≥n Argentina como un Estado soberano.

La generación del 37

En 1837 surgió un grupo de jóvenes, entre los que se contaban Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López, que se identificaban con la clase política que había protagonizado el proceso independentista hasta la organización unitaria de 1824, y adherían a las ideas del romanticismo europeo y la democracia liberal.

Este grupo logró cierta influencia a partir de dos instituciones: el Salón Literario (luego cerrado por orden de Rosas) y "La Joven Argentina", sociedad secreta fundada por Echeverría en 1838.

Intentaron ser una alternativa a federales y unitarios, propiciaron una organizaci√≥n nacional mixta, y sus ideas y acciones tendr√≠an gran influencia en el proceso constitucional posterior a la ca√≠da de Rosas. Por mucho tiempo, la ‚Äúhistoria oficial‚ÄĚ los consider√≥ pr√≥ceres civiles, pero posteriormente se les acus√≥ de considerar todo lo europeo superior a lo americano o espa√Īol, de querer trasplantar Europa a Am√©rica sin considerar a los americanos, y de traicionar repetidamente a su propio pa√≠s.

Se pronunciaron en contra de la pol√≠tica de Rosas respecto de Francia, y fueron perseguidos por la Mazorca ‚ÄĒ brazo armado de la Sociedad Popular Restauradora ‚ÄĒ y, si bien ninguno fue asesinado, terminaron refugiados en Montevideo. All√≠ se confundieron con los opositores refugiados, los m√°s antiguos de los cuales eran los unitarios, a los que se hab√≠an sumado los lomos negros de la √©poca de Balcarce; formar√≠an un grupo m√°s o menos homog√©neo, globalmente llamados "unitarios" por los partidarios de Rosas.

La guerra civil del 40

En junio de 1838 lleg√≥ a Buenos Aires el ministro de gobierno santafesino Domingo Cullen, con la misi√≥n de obtener un acercamiento entre Rosas y la flota francesa. Pero al parecer se extralimit√≥ en sus √≥rdenes, y negoci√≥ con el jefe de la flota el levantamiento de la misma para su provincia, a cambio de ayudar a Francia contra Rosas y suprimir la delegaci√≥n que su provincia hab√≠a hecho de las relaciones exteriores en la de Buenos Aires. Pero a mitad de la negociaci√≥n muri√≥ el gobernador Estanislao L√≥pez, por lo que Cullen huy√≥ a Santa Fe. All√≠ se hizo elegir gobernador, pero Rosas y el entrerriano Pascual Echag√ľe lo desconocieron como tal, con la excusa de que era espa√Īol. Fue depuesto y reemplazado por Juan Pablo L√≥pez, hermano de su antecesor.

Cullen huy√≥ a Santiago del Estero y se refugi√≥ en casa del gobernador Ibarra, desde donde logr√≥ organizar una invasi√≥n a la provincia de C√≥rdoba por parte de los opositores al gobernador Manuel L√≥pez. √Čstos fueron derrotados, e Ibarra envi√≥ a Cullen preso a Buenos Aires. Al llegar al l√≠mite de la provincia de Buenos Aires, fue fusilado por el coronel Pedro Ramos en junio de 1839.

Cullen hab√≠a enviado a su ministro Manuel Leiva a negociar con el gobernador correntino Genaro Ber√≥n de Astrada una alianza contra Rosas, que el correntino acept√≥. Pero ante la ca√≠da de Cullen, busc√≥ apoyo en el uruguayo Rivera, con quien firm√≥ un tratado de alianza, que √©ste nunca cumpli√≥. Y declar√≥ la guerra contra Buenos Aires y Entre R√≠os. El gobernador Echag√ľe invadi√≥ Corrientes y destroz√≥ al ej√©rcito enemigo en la batalla de Pago Largo, donde Ber√≥n pag√≥ la derrota con su vida.

En mayo, con apoyo y dinero porte√Īo, Echag√ľe invadi√≥ Uruguay, con apoyo de gran n√ļmero de militares "blancos", dirigidos por Juan Antonio Lavalleja, Servando G√≥mez y Eugenio Garz√≥n. Lleg√≥ hasta muy cerca de Montevideo, pero fue derrotado en la batalla de Cagancha.

El gobierno franc√©s no consigui√≥ mucho con su bloqueo, por lo que decidi√≥ financiar campa√Īas militares contra Rosas, tanto pagando un fuerte subsidio al gobierno de Rivera, como a los unitarios organizados en la Comisi√≥n Argentina, dirigida por Valent√≠n Alsina. √Čstos buscaron un jefe militar prestigioso para dirigir la revoluci√≥n, y la elecci√≥n cay√≥ en Lavalle, a quien Alberdi convenci√≥ de ponerse al frente de las tropas.

En la propia Buenos Aires se gestó un movimiento contra Rosas, cuyo mando militar cayó en al coronel Ramón Maza, hijo del presidente de la legislatura, Manuel Maza. Y en el sur de la provincia se organizó el grupo llamado de los Libres del Sur, cuyos miembros estaban alarmados por la caída de las exportaciones. Y contaban con Lavalle, que debía desembarcar en la bahía de Samborombón.

Pero todo sali√≥ mal: el grupo de Maza fue delatado, el ex amigo de Rosas fue asesinado en su despacho oficial y su hijo el propio jefe militar fusilado. Los Libres del Sur, descubiertos, se lanzaron a la insurrecci√≥n, pero apenas dos semanas m√°s tarde fueron derrotados por Prudencio Rosas, hermano del gobernador, en la batalla de Chascom√ļs.

La derrota se debi√≥ a que Lavalle hab√≠a cambiado de idea: al producirse el ataque de Echag√ľe a Uruguay, decidi√≥ aprovechar para invadir Entre R√≠os. Como no consigui√≥ apoyo alguno en esa provincia para su cruzada contra Rosas, se dirigi√≥ a Corrientes, donde el gobernador Ferr√© lo puso al mando de su ej√©rcito.

Lo primero que hizo Ferré fue lanzar contra Santa Fe al fundador de la autonomía provincial, Mariano Vera, pero éste fue rápidamente derrotado y muerto.

La Coalición del Norte

Desde la muerte de Heredia, los unitarios del norte se habían ido organizando y empezaron a controlar los gobiernos de Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca.

Rosas record√≥ que ten√≠an en su poder el armamento enviado por √©l para la guerra contra Bolivia, y decidi√≥ mandar un emisario para quit√°rselo antes de que se pronunciaran contra √©l. La elecci√≥n fue uno de los m√°s serios y evidentes errores en toda la carrera del Restaurador: el general Gregorio Ar√°oz de La Madrid, l√≠der unitario tucumano de la d√©cada anterior, que al llegar a Tucum√°n cambi√≥ de bando y se uni√≥ a los rebeldes. √Čstos se pronunciaron contra Rosas y formaron la Coalici√≥n del Norte, dirigida por el ministro tucumano Marco Avellaneda. Intentaron extender la alianza seduciendo a los gobernadores Tom√°s Brizuela, de La Rioja, e Ibarra, de Santiago del Estero. Ambos eran federales, pero al primero lo convencieron d√°ndole el mando militar supremo; Ibarra se neg√≥.

A fines de 1840, Lamadrid invadió Córdoba, donde un grupo de liberales derrocó a Manuel López. Incluso intentaron revoluciones en San Luis y Mendoza, pero ambas fracasaron.

Campa√Īas de Lavalle

Lavalle invadi√≥ Entre R√≠os y enfrent√≥ a Echag√ľe en dos batallas indecisas. Se refugi√≥ en la costa sur de la provincia y se embarc√≥ en la flota francesa, desembarcando en el norte de la provincia de Buenos Aires. Esquiv√≥ al general Pacheco y se dirigi√≥ hacia Buenos Aires, estableci√©ndose en Merlo, y all√≠ esper√≥ que la ciudad se pronunciara a su favor.

Rosas organiz√≥ su cuartel general en los Santos Lugares ‚ÄĒ actualmente San Andr√©s, Partido de General San Mart√≠n ‚ÄĒ el mismo cuartel que m√°s tarde se har√≠a famoso por los prisioneros recluidos all√≠ y por el fusilamiento de Camila O‚ÄôGorman. Le cerr√≥ el paso hacia la capital, mientras Pacheco lo rodeaba por el norte. Mientras tanto, el ej√©rcito de Lavalle se desarmaba por las deserciones, y la ciudad apoy√≥ incondicionalmente a Rosas.

Entonces Lavalle retrocedió. Todos los unitarios lo criticaron mucho por esa decisión, pero realmente no podía hacer otra cosa.

La retirada de Lavalle hizo que los franceses firmaran la paz con Rosas y levantaran el bloqueo. Lavalle, sin apoyo naval, ocupó Santa Fe, pero su ejército seguía disminuyendo. Por su parte, Rosas lanzó en su persecución a Pacheco, y poco después puso a Oribe al mando del ejército federal.

El Terror

Cuando se supo que Lavalle huía, estalló el terror general en la ciudad: decenas de personas fueron asesinadas, centenares de casas saqueadas y las calles quedaron vacías. Los antiguos partidarios de los unitarios fueron perseguidos, y también los que fueran sospechosos de serlo, por cualquier razón. Los símbolos de los unitarios, y hasta los objetos de colores identificados con los unitarios - celeste y verde - fueron destruidos. Las casas, la ropa, los uniformes, todo lo que pudiera colorearse fue pintado de color rojo.

Rosas no hizo nada para detener la masacre, y posiblemente no hubiera podido controlarla. S√≥lo a fines de ese a√Īo, cuando estuvo seguro de que iba a ser obedecido, anunci√≥ que a cualquiera que se lo descubriera violando una casa, robando o asesinando ser√≠a pasado por las armas. La violencia se detuvo ese mismo d√≠a.

El terror del a√Īo 40 fue la culminaci√≥n del uso pol√≠tico de la violencia por parte de Rosas y su partido. Algunos historiadores extienden la imagen de esas semanas de violencia a todo su gobierno, mientras que otros sostienen que no fue as√≠.[14] Hubo varios per√≠odos en los que los opositores fueron perseguidos, pero los cr√≠menes de todos los d√≠as s√≥lo ocurrieron a fines de 1840. De hecho, Rosas us√≥ m√°s el terror como idea para presionar las conciencias que para eliminar personas. [cita requerida]

En 1842, Rosas se autoproclamó Tirano ungido por Dios para salvar a la patria.[15] [16]

Final de la guerra civil

Lavalle se retiró hacia la provincia de Córdoba, pero al entrar en ella fue derrotado en la batalla de Quebracho Herrado, lo que lo obligó a retirarse a Tucumán. Allí se reunió y se separó nuevamente de Lamadrid, que marchó a invadir Cuyo. El jefe de su vanguardia, Mariano Acha (el que había entregado a Dorrego en manos de Lavalle), venció a José Félix Aldao en la batalla de Angaco, pero fue rápidamente derrotado batalla de La Chacarilla y ejecutado al poco tiempo. Unas semanas más tarde, Lamadrid se hacía nombrar gobernador de Mendoza, munido de las facultades extraordinarias tan criticadas,[17] sólo para ser pronto derrotado en Rodeo del Medio. Los sobrevivientes emigraron a Chile.

Lavalle esper√≥ a Oribe en Tucum√°n, y all√≠ fue derrotado en la batalla de Famaill√°, en septiembre de 1841. Su aliado Marco Avellaneda fue ejecutado, y el mismo Lavalle muri√≥ en un tiroteo casual en San Salvador de Jujuy. Sus restos fueron llevados a Potos√≠, donde tambi√©n se refugiaron los √ļltimos unitarios del norte.

Los antirrosistas, sin embargo, tuvieron un √©xito inesperado en Corrientes, donde el general Paz destroz√≥ el ej√©rcito de Echag√ľe en Caaguaz√ļ. Desde all√≠ invadi√≥ Entre R√≠os (simult√°neamente con Rivera) y se hizo nombrar gobernador. Un conflicto con Ferr√© le oblig√≥ a huir, dejando sus fuerzas en manos de Rivera.

Por esa √©poca hizo algunas campa√Īas navales el futuro h√©roe nacional italiano Giuseppe Garibaldi, que en los r√≠os argentinos y uruguayos asol√≥ las poblaciones y caser√≠os; y aunque el Almirante Brown resalt√≥ la valent√≠a del italiano,[18] consider√≥ la actuaci√≥n de sus subordinados pir√°tica.[19]

En Santa Fe, Juan Pablo López se pasó al bando contrario después de la derrota de la Coalición del Norte, de modo que Oribe regresó y lo derrotó fácilmente en abril de 1842. Se refugió junto a Rivera, en el este de Entre Ríos, donde Oribe los derrotó en Arroyo Grande, en diciembre de 1842.

Muchos de los prisioneros de estas batallas fueron ejecutados por orden de Oribe o de Rosas. Al menos, por el momento, la guerra civil había terminado en la Argentina.

La década final

La historiografía liberal decimonónica argentina (que tuvo a Bartolomé Mitre y a Vicente Fidel López como sus máximo exponentes y difusores) suele atribuir grandes cambios al período que siguió a la caída de Rosas, cuyo gobierno habría sido un largo período de estancamiento. Pero esa imagen deriva de posturas ideológicas, y no de un examen atento de los hechos.

La ley de aduanas de 1836 tuvo una aplicaci√≥n variable, y se derog√≥ y volvi√≥ a aplicar seg√ļn las necesidades y los bloqueos. La combinaci√≥n de ambos procesos llev√≥ a un gran crecimiento econ√≥mico en las provincias interiores, siendo el caso de Entre R√≠os muy claro, pero no exclusivo.

Hubo una fuerte inmigraci√≥n europea, aunque sus caracter√≠sticas fueron completamente distintas de las del per√≠odo siguiente. Llegaron muchos inmigrantes de Irlanda, Galicia, el Pa√≠s Vasco e incluso de Inglaterra. Pero no se afincaron en colonias agr√≠colas, sino que debieron integrarse en una sociedad controlada por los criollos. Muchos irlandeses y vascos se dedicaron a la cr√≠a de ganado ovino, y en pocos a√Īos lograron convertirse en propietarios. La ganader√≠a exclusivamente vacuna fue reemplazada por otra, dominada por las ovejas, y en la cual el principal rengl√≥n de las exportaciones fue, cada vez m√°s, la lana. Eso llev√≥ a aumentar la dependencia econ√≥mica respecto de Inglaterra, principal compradora de lana del mundo.

La sociedad argentina qued√≥ libre de toda disidencia. Quienes no se unieron al partido gobernante ni fueron muertos, simplemente emigraron. En el interior del pa√≠s, la adhesi√≥n autom√°tica a Rosas fue impuesta por los ej√©rcitos porte√Īos o por los caudillos locales. Muchos de estos hab√≠an surgido como emanaciones de la voluntad de Rosas, como Nazario Benav√≠dez en San Juan, Mariano Iturbe en Jujuy, Manuel Saravia en Salta, Pablo Lucero en San Luis.

Incluso fue obra de Rosas la llegada al poder de Urquiza en Entre R√≠os, pero era un caso distinto: √©ste era el general m√°s capaz del bando federal, s√≥lo comparable a Pacheco. Despu√©s de Arroyo Grande, los triunfos m√°s importantes los hab√≠a obtenido √©l, con tropas entrerrianas y algunos refuerzos porte√Īos. En segundo lugar, era un hombre muy rico, y aprovech√≥ su situaci√≥n de poder para enriquecerse a√ļn m√°s. Por √ļltimo, por su posici√≥n militar, Rosas se vio obligado a hacer la vista gorda cuando el entrerriano permit√≠a el contrabando desde y hacia Montevideo.

Política religiosa

Las relaciones con la Iglesia Católica fueron bastante complicadas: Rosas era un católico ferviente, pero siempre reclamó el patronato sobre la Iglesia en la Argentina.

Recibi√≥ a los jesuitas en 1836 y les devolvi√≥ algunos de sus bienes. Pero como √©stos se declararan fieles al Papado en relaci√≥n al patronato y se negaran a apoyar p√ļblicamente a Rosas en su iglesia, pocos a√Īos m√°s tarde se enfrentaron al gobernador y hacia 1840 estaban enfrentados al Restaurador y terminaron exili√°ndose en Montevideo.

En todas las otras iglesias, los curas apoyaron p√ļblicamente a Rosas, celebraron misas en agradecimiento a sus √©xitos y en desagravio a sus fracasos; los santos llevaban insignias de color punz√≥ y el retrato de Rosas figuraba entre los altares a los santos.

Rosas toler√≥ al obispo Mariano Medrano, electo durante el gobierno de Viamonte, pero no habr√≠a aceptado ning√ļn otro que no contara con su aprobaci√≥n. Esto es, se consideraba continuador del patronato eclesi√°stico que hab√≠an tenido los reyes de Espa√Īa. En esto, como en varias otras cosas, Rosas no fue una ruptura, sino un continuador de la pol√≠tica de Rivadavia.

Uno de los hechos más famosos de su gobierno fue la aventura de amor de Camila O’Gorman y el cura Ladislao Gutiérrez, que se escaparon juntos para formar una familia. Azuzado por la prensa unitaria desde Montevideo y Chile,[20] por los propios federales, e incluso por el padre de la joven, el gobernador ordenó inesperadamente fusilarlos, lo que se cumplió en el campamento de Santos Lugares.

El sitio de Montevideo y una nueva rebelión correntina

Despu√©s de la victoria de Arroyo Grande, Oribe todav√≠a ten√≠a una cuenta que saldar: atac√≥ a Rivera en el Uruguay, y se instal√≥ frente a Montevideo, a la que le puso sitio con el apoyo de varios regimientos argentinos. Apoyado por Francia, Gran Breta√Īa, y posteriormente Brasil, y defendido por refugiados argentinos y mercenarios europeos, Rivera logr√≥ que la ciudad resistiera hasta 1851. La flota porte√Īa del Alte. Guillermo Brown estableci√≥ el bloqueo del puerto, lo que hubiera significado la inmediata ca√≠da de la ciudad pero la escuadra anglo-francesa al mando del Comodoro Purvis, logr√≥ alejar a las embarcaciones de Buenos Aires y mantener as√≠ una v√≠a abierta para abastecer a la poblaci√≥n.

Rivera fue expulsado de la ciudad, pero Oribe nunca logró capturarla.

Durante todo ese tiempo, las mejores tropas de Buenos Aires quedaron inmovilizadas en el Uruguay. En la historia uruguaya, este período es conocido como la Guerra Grande.

Corrientes se volvió a alzar contra Rosas en 1843, bajo el mando de los hermanos Joaquín y Juan Madariaga, pero no lograron exportar su rebelión a las demás provincias.[21]

Tras m√°s de cuatro a√Īos de resistencia, el nuevo gobernador entrerriano Justo Jos√© de Urquiza los venci√≥ en dos batallas, en Laguna Limpia y en Rinc√≥n de Vences. A fines de 1847, la Argentina qued√≥ uniformemente alineada detr√°s de Rosas.

El bloqueo anglo-francés

El gobierno de Rosas hab√≠a prohibido la navegaci√≥n por los r√≠os interiores a fin de reforzar la Aduana de Buenos Aires, √ļnico punto por el que se comerciaba con el exterior. Durante largo tiempo, Inglaterra hab√≠a reclamado la libre navegaci√≥n por los r√≠os Paran√° y Uruguay para poder vender sus productos. En cierta medida, esto hubiera provocado la destrucci√≥n de la peque√Īa producci√≥n local, pero la √ļnica provincia beneficiada por esa pol√≠tica fue la de Buenos Aires, ya que se prohib√≠a comerciar por los puertos fluviales.

Debido a esta disputa, el 18 de septiembre de 1845 las flotas inglesas y francesas bloquearon el puerto de Buenos Aires e impidieron que la flota porte√Īa apoyara a Oribe en Montevideo. De hecho, la escuadra del almirante Guillermo Brown fue capturada por la flota brit√°nica.

La flota combinada avanz√≥ por el r√≠o Paran√°, intentando entrar en contacto con el gobierno rebelde de Corrientes y con Paraguay, cuyo nuevo presidente, Carlos Antonio L√≥pez, pretend√≠a abrir en algo el r√©gimen cerrado heredado del Dr. Francia. Lograron vencer la fuerte defensa que hicieron las tropas de Rosas, dirigidas por su cu√Īado Lucio Norberto Mansilla en la batalla de Vuelta de Obligado pero meses m√°s tarde fueron derrotados en la batalla de Quebracho. Esas batallas hicieron demasiado costoso el triunfo, por lo que no se volvi√≥ a intentar semejante aventura.

Al saber las noticias sobre la defensa de la soberan√≠a argentina en el Plata, el general San Mart√≠n, que viv√≠a en Francia, escribi√≥: ‚Äú... Sobre todo, tiene para m√≠ el general Rosas que ha sabido defender con toda energ√≠a y en toda ocasi√≥n el pabell√≥n nacional. Por esto, despu√©s del combate de Obligado, tentado estuve de mandarle la espada con que contribu√≠ a defender la independencia americana, por aquel acto de entereza, en el cual, con cuatro ca√Īones, hizo conocer a la escuadra anglofrancesa, que pocos o muchos, sin contar los elementos, los argentinos saben siempre defender su independencia.‚ÄĚ Ernesto Quesada, La √©poca de Rosas.Ediciones Del Restaurador, Buenos Aires, 1950, p√°g. 63.

Ya en su testamento redactado el 23 de enero de 1844 -un poco m√°s de un a√Īo y medio antes de Obligado- ya hab√≠a legado su sable corvo, la espada m√°s preciada que ten√≠a, la que hab√≠a usado en Chacabuco y Maip√ļ, al gobernador Rosas, el que la recibir√° despu√©s del fallecimiento del Libertador. Cit. por Ricardo Font Ezcurra, San Mart√≠n y Rosas. Buenos Aires, Edit Juan Manuel de Rosas, 1965.

"El sable que me ha acompa√Īado en toda la guerra de la independencia de la Am√©rica del Sud, le ser√° entregado al General de la Rep√ļblica Argentina don Juan Manuel de Rosas como una prueba de la satisfacci√≥n que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la Rep√ļblica contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla."[22]

Gran Breta√Īa levant√≥ el bloqueo en 1847, aunque reci√©n en 1849, con el tratado Arana-Southern, no se concluy√≥ definitivamente este conflicto. Francia tard√≥ un a√Īo m√°s, hasta la firma del tratado Arana-Lepredour. Estos tratados reconoc√≠an la navegaci√≥n del r√≠o Paran√° como una navegaci√≥n interna de la Confederaci√≥n Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del r√≠o Uruguay en com√ļn con el Estado Oriental.

Véase también: Batalla de la Vuelta de Obligado y Batalla de Quebracho

La caída

Artículo principal: Batalla de Caseros

Despu√©s de la retirada de Francia y Gran Breta√Īa, Montevideo s√≥lo depend√≠a del Imperio del Brasil para sostenerse. √Čste, que era garante de la independencia de Uruguay, hab√≠a abusado de esa condici√≥n en provecho propio. Rosas consider√≥ inevitable una guerra con Brasil, y pretendi√≥ aprovecharla para reconquistar las Misiones Orientales. Declar√≥ la guerra al Imperio y nombr√≥ comandante de su ej√©rcito a Urquiza.

Varios personajes del partido federal acusaron a Rosas de lanzarse a esta nueva aventura sólo para eternizar la situación de guerra que éste usaba como excusa para no convocar una convención constituyente. En cierto sentido, ambos bandos tenían razón.

Los más inteligentes de sus opositores se convencieron de que no se podía vencer a Rosas sólo con los unitarios. El general Paz, por ejemplo, creía que alguno de sus caudillos subalternos era quien lo iba a derribar; y pensó en Urquiza.

Urquiza no sent√≠a ning√ļn anhelo de libertad diferente del de Rosas, aunque su estilo era distinto en varios aspectos. Pero a fines del a√Īo 1850, Rosas le orden√≥ que cortara el contrabando desde y hacia Montevideo, que hab√≠a beneficiado enormemente a Entre R√≠os en los a√Īos anteriores.[23] Afectado econ√≥micamente, ya que el paso obligado por la Aduana de Buenos Aires para comerciar con el exterior era un problema econ√≥mico de magnitud para su provincia, Urquiza se prepar√≥ a enfrentar a Rosas.

Pero no pretendi√≥ derrotar a semejante enemigo a la manera de los unitarios, lanz√°ndose a la aventura; tras varios meses de negociaciones, acord√≥ una alianza secreta con Corrientes y con el Brasil. El gobierno imperial se comprometi√≥ a financiar sus campa√Īas y transportar sus tropas en sus buques, adem√°s de entregar enormes sumas de dinero al propio Urquiza para su uso personal, podemos creer que destinado a fines pol√≠ticos.

El 1¬ļ de mayo de 1851, lanz√≥ su Pronunciamiento, por el que reasumi√≥ la conducci√≥n de las relaciones exteriores de su provincia, aceptando inesperadamente la renuncia que todos los a√Īos Rosas hac√≠a de las mismas.[24]

Urquiza tampoco se lanzó directamente sobre su enemigo, sino que primero atacó a Oribe en Uruguay. Lo obligó a capitular con él y entregar el gobierno a una alianza de los disidentes de su partido con los colorados de Montevideo. A continuación se apoderó del armamento argentino que formaba parte de las fuerzas de Oribe… y de sus soldados, que fueron incorporados al Ejército Grande de Urquiza como si fueran ganado.

S√≥lo entonces, Urquiza se traslad√≥ a Santa Fe, derroc√≥ all√≠ a Echag√ľe y atac√≥ a Rosas. Tras la defecci√≥n de Pacheco, Rosas asumi√≥ el comando de su ej√©rcito,[25] al frente del cual fue derrotado en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852.

Tras la derrota, Rosas abandon√≥ el campo de batalla ‚ÄĒ acompa√Īado s√≥lo por un ayudante ‚ÄĒ y firm√≥ su renuncia en el "Hueco de los sauces" (actual Plaza Garay de la ciudad de Buenos Aires):

" Creo haber llenado mi deber con mis conciudadanos y compa√Īeros. Si m√°s no hemos hecho en el sost√©n de nuestra independencia, nuestra identidad, y de nuestro honor, es porque m√°s no hemos podido."

Muchos a√Īos m√°s tarde, Urquiza declarar√≠a, en una correspondencia particular:

"Toda mi vida me atormentará constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el modo en que lo hice, a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que por mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder."[26]

Exilio y muerte

Su tumba en el cementerio de la Recoleta.

Rosas se refugi√≥ en el consulado brit√°nico, la tarde del d√≠a siguiente, protegido por el c√≥nsul brit√°nico Robert Gore, parti√≥ hacia Gran Breta√Īa en el buque de guerra brit√°nico Conflict. Se instal√≥ en las afueras de Southampton.[27] All√≠ vivi√≥ en una granja obsequiada por el gobierno ingl√©s, donde intent√≥ reproducir algunas de las caracter√≠sticas de una estancia de la pampa. Recibi√≥ muy pocas visitas, pero escribi√≥ un buen n√ļmero de cartas a quienes hab√≠an sido sus amigos. En general, trataban de su situaci√≥n econ√≥mica, de testimonios sobre su propia vida y algo sobre pol√≠tica actual.

Complicando a√ļn m√°s su propia imagen, ya bastante controvertida, escribi√≥ a Mitre que lo que le conven√≠a a Buenos Aires era separarse del resto del pa√≠s y establecerse como una naci√≥n independiente.[28] Nunca aprendi√≥ a hablar ingl√©s ni ning√ļn otro idioma.[29]

Murió en su estancia de Southampton el 14 de marzo de 1877.

Cuando la noticia de su muerte lleg√≥ a Buenos Aires, el gobierno prohibi√≥ hacer ning√ļn funeral ni misa en favor de su alma, y organiz√≥ un responso por las v√≠ctimas de su "tiran√≠a". Por otro lado, nunca hubo un funeral p√ļblico por las v√≠ctimas de las dictaduras de Lavalle y Paz.

Memorial en Southampton en el Old Cemetery (Cementerio antiguo).

Después de Rosas

Despu√©s de la ca√≠da de Rosas, Urquiza se apresur√≥ a reunir un Congreso Constituyente en Santa Fe, que sancion√≥ la Constituci√≥n Argentina de 1853, del 1ro de mayo de ese a√Īo. Y al a√Īo siguiente asumi√≥ como el primer presidente de la Argentina. Pero la provincia de Buenos Aires, dominada por los unitarios (y muchos antiguos colaboradores de Rosas) se neg√≥ a participar en esa Constituci√≥n y se separ√≥ del pa√≠s.

Este fracaso, y las largas guerras civiles que siguieron, por lo menos hasta 1880 (en las cuales participaron miembros del partido federal hasta 1873), justificaron el descreimiento de Rosas en la esperada acción pacificadora y modernizadora de la constitución que había combatido. Tampoco hubo un cambio significativo en el respeto de los derechos humanos, y hombres como Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, que se habían quejado amargamente de las persecuciones sufridas, persiguieron con extrema crueldad a sus opositores federales, a quienes negaron los derechos más elementales, ejecutando a muchos de ellos con la excusa de que no eran partidarios en armas, sino simples bandidos.

Algunos de los cr√≠ticos m√°s emblem√°ticos de Rosas y su gobierno hab√≠an sido pol√≠ticos de ideolog√≠a liberal como Juan Bautista Alberdi (aunque este luego cambiar√≠a en parte su opini√≥n), Mitre y Sarmiento. √Čstos debieron emigrar hacia pa√≠ses como Uruguay y Chile en ese per√≠odo. Tras la batalla de Caseros, todos ellos regresaron y el pensamiento de Alberdi y su obra Bases y puntos de partida para la organizaci√≥n pol√≠tica de la Rep√ļblica Argentina, conjuntamente con el modelo estadounidense, y las constituciones anteriores fueron los puntos de partida de la nueva Carta Magna.

Sus restos reci√©n fueron repatriados en el a√Īo 1989, y poco despu√©s se construy√≥ su primer monumento en Buenos Aires, en la Plaza Int. Seeber, en Palemo. Algunos pueblos de la Argentina (e incluso una avenida de San Carlos de Bariloche) recuerdan al Restaurador, pero en la ciudad de Buenos Aires no existe ninguna calle con su nombre, ni tampoco hay pueblo alguno que lo lleve.[30] [31]

Actualmente, el Estado Argentino manifiesta el reconocimiento a la figura de Rosas incluyendo su imagen en los billetes de 20 pesos de curso legal.

La imagen de la historia oficial

Los fundadores de la historiografía nacional fueron Sarmiento, Mitre, Vicente Fidel López, todos ellos opositores a Rosas. En sus definiciones presentaron a Rosas como una figura altamente repudiable.

Se lo consideró como un bárbaro, un atrasado. Más adelante se hizo hincapié en otras facetas, tales como la eliminación de toda forma de disenso y la presunta falsedad de su federalismo.

Muchos historiadores hacen hincapi√© en cosas tales como recordar que se llamaba Rozas y no Rosas, que habr√≠a pose√≠do esclavos ‚ÄĒ lo cual es falso, que no import√≥ la arquitectura europea ni se preocup√≥ por tareas municipales en la ciudad de Buenos Aires.

En algunos textos se llegó a afirmar cosas más absurdas, como de arrojar los cadáveres de sus víctimas al pozo del que se sacaba el agua para los soldados de Santos Lugares. Se llegó a escribir que durante su primer gobierno no llovió jamás, y que cuando bajó del mismo, florecieron todos los árboles de la ciudad.[32]

El revisionismo

El caso de Rosas es realmente extremo, y hasta el día de hoy se sigue discutiendo sobre él. Tras largas décadas de uniformidad antirrosista, la aparición de la Historia de la Confederación Argentina, en que Adolfo Saldías rescató lo positivo de su figura, revolvió todo el ambiente historiográfico argentino. En la segunda y tercera década del siglo XX, la aparición del revisionismo histórico en Argentina rescató la figura del Restaurador, elevándolo al sitial de los mayores próceres de la historia.

En primer lugar, los revisionistas destacaron la acción de Rosas como la de un defensor de la soberanía nacional frente a las dos mayores potencias de su época. También destacaron su papel como organizador de la unión nacional previa a la sanción de la Constitución.

Muchos de estos revisionistas rescataron la figura de Rosas para defender la idea de un gobierno fuerte, autoritario, para su propia época. Entre ellos figuraron muchos personajes que adhirieron al movimiento peronista, aunque no todos veían a Perón como un gobernante fuerte.

Desde mediados del siglo XX apareció una nueva camada de historiadores, entre los que se destacaron Enrique Barba y Félix Luna, que atacaron el sistema de Rosas por haber eliminado toda forma de disenso, por antidemocrático, y también haber hecho de su gobierno un sistema centrado en el culto a su persona.

La figura de Rosas se ha visto asociada con Yrigoyen y con Perón; primero por sus opositores, y luego, orgullosamente, por sus partidarios. Los partidarios del liberalismo económico atacan hasta el día de hoy la memoria de Rosas, mientras que rescatan su figura los partidarios de alguna manera de proteccionismo o de nacionalismo.

Hoy en d√≠a, los historiadores tratan de llegar a un equilibrio en su an√°lisis de la figura de Rosas, de su sistema pol√≠tico y de su √©poca. Sin embargo, no cabe esperar que ese equilibrio sea alcanzado en los pr√≥ximos a√Īos, ni que sea aceptado por todos.

El hombre Rosas

El gobernador Rosas era un hombre disciplinado y que exigía disciplina. Con disciplina y autodisciplina había logrado hacerse rico y administrar un sistema complejo de estancias y saladeros, y así era como había logrado organizar a sus Colorados del Monte. Y aplicó ese sistema a su vida y su administración.

Por la ma√Īana conced√≠a audiencias, en las que administraba justicia y tomaba decisiones r√°pidas, casi como un se√Īor feudal. Por la tarde se dedicaba a contestar la correspondencia y revisar las cuentas p√ļblicas, tarea que lo obligaba a concentrar su atenci√≥n en cada papel producido por la administraci√≥n p√ļblica, a√ļn en los que trataban de minucias. Eso le exig√≠a un esfuerzo enorme, que pagar√≠a m√°s tarde en forma de lentitud en las decisiones claves (como cuando se le viniera encima la batalla de Caseros).

Su relaci√≥n con Encarnaci√≥n fue muy estrecha: ella era una consejera pol√≠tica para √©l; cuando muri√≥, en 1838, orden√≥ hacerle funerales dignos de un jefe de estado. Su hijo Juan se dedic√≥ a administrar las estancias de su padre y casi no tuvo relaciones con √©ste. Su hija Manuelita hered√≥ la posici√≥n p√ļblica de su madre, pero no era una consejera, sino s√≥lo la cara amable, humana de la mansi√≥n de Rosas.

A partir de 1840, Rosas tom√≥ como amante a una joven criada, Eugenia Castro, pero esa noticia no se hizo p√ļblica hasta despu√©s de su ca√≠da. Con ella tuvo ocho hijos, con los que comparti√≥ su escasa vida familiar en Palermo. Despu√©s de su ca√≠da quedaron en la pobreza y Rosas no se ocup√≥ de ellos.

La quinta de Palermo era un gran terreno deshabitado, bajo y pantanoso que ocupaba la costa del r√≠o de la Plata en una zona que no ten√≠a barrancas. Rosas la convirti√≥ en un hermoso paseo lleno de naranjos y sauces, donde se hizo construir gran edificio pero de estilo h√≠brido entre criollo e italiano. All√≠ se mud√≥ definitivamente en 1840 y all√≠ atend√≠a sus obligaciones p√ļblicas en primavera y verano. Sarmiento la har√≠a demoler para hacer all√≠ un parque p√ļblico.

Rosas no tenía esclavos, a pesar de todo lo que escribieron sus opositores. De hecho, era uno de los pocos ricos de Buenos Aires que no tenía esclavos. Lo que sí tenía era bufones, unos locos deformes que usaba para divertirse y humillar a sus adversarios. Uno de ellos llevó el curioso nombre de Eusebio de la Santa Federación.


Predecesor:
Juan José Viamonte
Gobernador de Buenos Aires
1829 ‚Äď 1832
Sucesor:
Juan Ramón González de Balcarce
Predecesor:
Manuel Vicente Maza
Gobernador de Buenos Aires, en ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional
1835 ‚Äď 1852
Sucesor:
Vicente López y Planes (como gobernador)
Justo José de Urquiza (en el PEN)

Véase también

Referencias

  1. ‚ÜĎ Especialmente Juan Manuel Beruti, Memorias curiosas, op. cit.
  2. ‚ÜĎ Rosas continuar√≠a esa pol√≠tica sin dudarlo; era, antes que nada, porte√Īo.
  3. ‚ÜĎ Cuando Rosas le critic√≥ su falta de previsi√≥n ante la revoluci√≥n unitaria, Dorrego respondi√≥: Se√Īor don Juan Manuel: que usted me quiera dar lecciones de pol√≠tica, es tan avanzado como si yo me propusiera ense√Īar a usted c√≥mo se gobierna una estancia.
  4. ‚ÜĎ Fradkin, Ra√ļl, ¬°Fusilaron a Dorrego!, o c√≥mo un alzamiento rural cambi√≥ el curso de la historia, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2008. ISBN 978-950-07-2946-8
  5. ‚ÜĎ Di Meglio, Gabriel, ¬°Viva el bajo pueblo! La plebe urbana de Buenos Aires y la pol√≠tica, entre la Revoluci√≥n de Mayo y el rosismo, Ed. Prometeo, Bs. As., 2006. ISBN 987-574-103-5
  6. ‚ÜĎ Algo habran Hecho por la Historia argentina. Cap√≠tulo 4. Primera temporada.
  7. ‚ÜĎ a b Barba, Enrique M., Correspondencia entre Rosas, Quiroga y L√≥pez. Ed. Hyspam√©rica, Bs. As., 1986.
  8. ‚ÜĎ Incluso recibi√≥ la visita del naturalista ingl√©s Charles Darwin.
  9. ‚ÜĎ Garret√≥n, Adolfo, comp. (1975). Partes detallados de la expedici√≥n al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833. Buenos Aires: EUDEBA. 
  10. ‚ÜĎ Costa, Julio A. (1927). Roca y Tejedor. Buenos Aires: Mario. 
  11. ‚ÜĎ Sarmiento, Domingo Faustino, Civilizaci√≥n y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga. Santiago de Chile, 1845. Pag. 311 Sexta edici√≥n. C√°tedra Letras Hisp√°nicas.
  12. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa, El revisionismo responde, Ed. Pampa y Cielo, Bs. As., 1964.
  13. ‚ÜĎ Es sintom√°tico que la historia mencione a Rivadavia como fundador del Banco, cuando Rosas lo disolvi√≥ y lo reemplaz√≥ por otro con una estructura y una distribuci√≥n accionaria completamente distinta.
  14. ‚ÜĎ Di Meglio, Gabriel, Mueran los salvajes unitarios. La Mazorca y la pol√≠tica en tiempos de Rosas, ed. Sudamericana, Bs. As., 2007. ; Carretero, Andr√©s M., La santa federaci√≥n. Memorial de la Patria, tomo VIII, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984. ; Bilbao, Manuel Vindicaci√≥n y Memorias de don Antonino Reyes, Ed. El Elefante Blanco, Bs. As., 1998.
  15. ‚ÜĎ Biograf√≠a de Juan Manuel de Rosas en Biografiasyvidas.com
  16. ‚ÜĎ Biograf√≠a de Rosas
  17. ‚ÜĎ No fue el √ļnico caso, ya que en cada crisis se le concedieron a casi todos los gobernadores, como Mart√≠n Rodr√≠guez, Paz, Avellaneda y muchos otros. Lo que nadie hab√≠a otorgado hasta entonces hab√≠a sido la suma del poder p√ļblico.
  18. ‚ÜĎ Romano, Nando: Desaf√≠o a la orilla del Paran√°
  19. ‚ÜĎ El almirante Brown, textualmente: "La conducta de estos hombres, excelent√≠simo se√Īor, ha sido bien de piratas, pues que han saqueado y destruido cuanta casa o criatura ca√≠a en su poder." Parte del combate naval de Punta Brava, publicado en La Gaceta Mercantil del 20 de septiembre de 1842. Citado en Adolfo Sald√≠as, Historia de la Confederaci√≥n Argentina, reeditado parcialmente como Por qu√© se produjo el bloqueo anglofranc√©s, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1974, p√°g. 27.
  20. ‚ÜĎ Un claro ejemplo fue una carta escrita por pu√Īo y letra de Sarmiento, el cual difam√≥ p√ļblicamente la imagen de Rosas, aduciendo que "la tiran√≠a de Rosas era cuplable de corromper la moral de la mujer argentina", inquiri√©ndole que "fusile a Camila O'Gorman, y a su prohibido amor, un sacerdote de nombre Ladislao Guti√©rrez", por haber tenido una relaci√≥n mal vista socialmente.
  21. ‚ÜĎ S√≥lo Juan Pablo L√≥pez logr√≥ recuperar Santa Fe por un mes, pero el nuevo gobernador Echag√ľe lo derrot√≥ vergonzosamente.
  22. ‚ÜĎ Cit. por Font Ezcurra, Correspondencia entre San Mart√≠n y Rosas. Buenos Aires: Plus Ultra, 1965. Rosas, a su vez, habr√≠a de legar su propio sable a Francisco Solano L√≥pez en una disposici√≥n testamentaria del 17 de febrero de 1869, con estas palabras: "Su excelencia el general√≠simo, Capit√°n General don Jos√© de San Mart√≠n, me honr√≥ con la siguiente manda: la espada que me acompa√Ī√≥ en toda la guerra de la Independencia ser√° entregada al general Rosas por la firmeza y sabidur√≠a con que ha sostenido los derechos de la Patria. Y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su Excelencia el se√Īor Gran Mariscal, Presidente de la Rep√ļblica Paraguaya y General√≠simo de sus ej√©rcitos, la espada diplom√°tica y militar que me acompa√Ī√≥ durante me fue posible defender esos derechos, por la firmeza y sabidur√≠a con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria".
  23. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa afirma que el verdadero beneficiario del contrabando era Urquiza, no su provincia, y que la mayor parte de ese contrabando era financiado por √©ste.
  24. ‚ÜĎ Esta renuncia peri√≥dica de la representaci√≥n de las provincias en el exterior estaba destinada a ratificar el poder del gobernador de Buenos Aires.
  25. ‚ÜĎ Esto fue un terrible error: era un gran pol√≠tico y un buen estratega militar, pero como t√°ctico en una batalla no era ni la sombra de Urquiza.
  26. ‚ÜĎ J. J. de Urquiza, 3 de marzo de 1870, publicada a fs. 326, tomo 3, de la Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas, de Antonio Zinny, ed. 192¬ļ - cita de Ra√ļl Rivanera Carl√©s, Rosas, p√°g. 13.
  27. ‚ÜĎ Actualmente, el sitio se encuentra dentro de la ciudad de Southampton.
  28. ‚ÜĎ Tal vez haya hecho sin querer un gran servicio a su pa√≠s; los unitarios de Buenos Aires estaban dedicados a hacer exactamente lo contrario de lo que hubiera hecho Rosas, y no valoraron este consejo.
  29. ‚ÜĎ Aunque recientemente ha circulado la versi√≥n de que habr√≠a escrito una novelita rom√°ntica en franc√©s. El uso de este idioma, el tema casi feminista que trataba y el ambiente puramente europeo del texto parecen desmentir tajantemente la autenticidad del mismo.
  30. ‚ÜĎ Para ver c√≥mo se escribe la historia en la Argentina, basta saber que Carlos Mar√≠a de Alvear tiene varios pueblos que llevan su nombre, e incluso hay uno que se llama Manuel Jos√© Garc√≠a. Consulte el lector sus biograf√≠as y decida si √©stos merecen m√°s recuerdo que Rosas.
  31. ‚ÜĎ En la localidad de Mor√≥n (Buenos Aires) existe la calle Ortiz de Rosas, cercana al Cementerio de Mor√≥n, y tambi√©n, la Av. Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas, siendo la avenida donde se encuentra ubicado el unico Shopping de la zona.
  32. ‚ÜĎ Beruti, Juan Manuel, Memorias curiosas, Ed. Emec√©, Bs. As., 2001.

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Enlaces externos


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