Motín de Esquilache

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Motín de Esquilache
Mot√≠n de Esquilache, atribuido a Francisco de Goya (ca. 1766, 1767, colecci√≥n privada, Par√≠s).[1] La torre del Ayuntamiento, a la izquierda, permite situar la escena en la Puerta de Guadalajara (calle Mayor).[2] El fondo despejado de la calle marca la direcci√≥n hacia Palacio, a donde los amotinados pretenden dirigirse. El personaje con h√°bito y crucifijo, que intenta calmar o coordinar a la multitud es el Padre Yecla o Padre Cuenca, un fraile gilito (orden franciscana) de los que predicaban por las plazas. En se√Īal de penitencia llevaba la cabeza encenizada, soga al cuello y corona de espinas.[3] Un personaje subido en una silla gesticula ante la multitud. Su vestidura (una lujosa casaca) le identifica como un personaje de alta posici√≥n social. Varios personajes, uno claramente vestido de manolo (con redecilla recogiendo el pelo), levantan un estandarte con una inscripci√≥n dif√≠cil de distinguir: se han propuesto las lecturas "Muera Esquilache" y "Muera el fantoche".[4] Varios personajes a la izquierda van vestidos contra la ordenanza: con chambergo y capa larga. A la derecha, un personaje arrodillado firma sobre las espaldas de otro la lista de peticiones que el fraile llevar√° hasta el rey.

Motín de Esquilache es la denominación de la revuelta que tuvo lugar en Madrid en marzo de 1766, siendo rey Carlos III.

La movilizaci√≥n popular fue masiva (un documento contempor√°neo cita la cifra de treinta mil participantes -posiblemente una exageraci√≥n para una poblaci√≥n de ciento cincuenta mil habitantes-), y lleg√≥ a considerarse amenazada la seguridad del propio rey. No obstante, a pesar de su espectacularidad y su extensi√≥n o coincidencia de revueltas por causas semejantes en otros lugares de Espa√Īa, la m√°s evidente consecuencia pol√≠tica del mot√≠n se limit√≥ a un cambio de gobierno que inclu√≠a el destierro del marqu√©s de Esquilache, el principal ministro del rey,[5] al que los amotinados culpaban de la carest√≠a del pan, y que se hab√≠a hecho extraordinariamente impopular como consecuencia de la prohibici√≥n de algunas vestimentas tradicionales.[6] Su condici√≥n de italiano contribuy√≥ de forma importante a ese rechazo. Las iniciales medidas de apaciguamiento y el especial cuidado que a partir de entonces se puso en el abasto de Madrid fueron suficientes para garantizar el orden social en los a√Īos siguientes.

Se han identificado diferentes intereses y grupos de poder nobiliarios y eclesi√°sticos, tanto entre los acusados de instigar el mot√≠n (que seg√ļn las conclusiones de la Pesquisa Secreta llevada a cabo por las autoridades desde el mes de abril de 1766 estuvo planificado por los jesuitas y personalidades afines, como el marqu√©s de la Ensenada)[7] como entre los beneficiados por la nueva situaci√≥n (denominados albistas por el Duque de Alba, aunque el personaje que alcanz√≥ mayor poder fue el conde de Aranda; junto con un equipo de bur√≥cratas ilustrados -Roda o Campomanes-). La historiograf√≠a actual lo interpreta como un movimiento popular espont√°neo, pero con una instrumentalizaci√≥n pol√≠tica evidente en medio de una lucha por el poder entre dos facciones de la Corte, por lo que se ha calificado de mot√≠n de Corte para indicar que no se reduce al modelo de mot√≠n de subsistencias.[8]

La maja y los embozados, uno de los cartones para tapices de Goya, 1777. Los personajes masculinos aparecen ataviados con las prendas prohibidas por el bando de Esquilache. En cualquier caso, el entorno en el que se encuentran (alg√ļn lugar de Andaluc√≠a, por lo que se indica en el t√≠tulo original), no se incluye entre los lugares sujetos a la prohibici√≥n: ning√ļn parage, sitio ni arrabal de esta Corte de Madrid y Reales Sitios, ni en sus paseos o campos fuera de su cerca.
Imposición de la capa corta y el tricornio, litografía de la colección Origen del Motín de Esquilache, autor anónimo.[9]
Un episodio del motín de Esquilache, una pintura de historia de José Martí y Monsó, que obtuvo mención honorífica en la Exposición Nacional de 1864.

Contenido

El bando de capas y sombreros

Leopoldo de Gregorio, marqu√©s de Esquilache, ministro de absoluta confianza del rey, al que ven√≠a sirviendo desde su anterior reinado en N√°poles (1759), se hab√≠a propuesto un programa de modernizaci√≥n de la villa de Madrid (cuya suciedad, insalubridad e inseguridad eran consideradas indignas de una Corte ilustrada) que inclu√≠a la limpieza, pavimentaci√≥n y alumbrado p√ļblico de las calles, la construcci√≥n de fosas s√©pticas (lo habitual hasta entonces era el agua va -es decir, arrojar las aguas sucias desde las ventanas a los arroyos que corr√≠an por medio de las calles-) y la creaci√≥n de paseos y jardines. Entre tales medidas se incluy√≥ la renovaci√≥n de una prohibici√≥n ya existente, pero cuya repetici√≥n era muestra de su incumplimiento (Reales √ďrdenes y bandos publicados en los a√Īos 1716, 1719, 1723, 1729, 1737, 1740... y especialmente la Real Orden... que se renov√≥ en el a√Īo de 1745). Pretend√≠a erradicar definitivamente de uso de la capa larga y el chambergo (sombrero de ala ancha, gacho, redondo, montera calada y otros modelos especificados) bajo el argumento de que el embozo permit√≠a el anonimato y la facilidad de esconder armas, lo que fomentaba toda clase de delitos y des√≥rdenes.

quiero y mando que toda la gente civil... y sus dom√©sticos y criados que no traigan librea de las que se usan, usen precisamente de capa corta (que a lo menos les falta una cuarta para llegar al suelo) o de redingot o capingot y de peluqu√≠n o de pelo propio y sombrero de tres picos, de forma que de ning√ļn modo vayan embozados ni oculten el rostro; y por lo que toca a los menestrales y todos los dem√°s del pueblo (que no puedan vestirse de militar), aunque usen de la capa, sea precisamente con sombrero de tres picos o montera de las permitidas al pueblo √≠nfimo y m√°s pobre y mendigo, bajo de la pena por la primera vez de seis ducados o doce d√≠as de c√°rcel... aplicadas las penas pecuniarias por mitad a los pobres de la c√°rcel y ministros que hicieren la aprehensi√≥n.
Bando de 10 de marzo de 1766.[10]

La medida fue vista como la imposici√≥n de una moda de procedencia extranjera. Parad√≥jicamente, la castiza vestimenta origen de la pol√©mica hab√≠a sido introducida apenas cien a√Īos antes por las tropas del general Sch√∂mberg y popularizada en Madrid por la guardia de la reina Mariana de Austria, regente en la minor√≠a de edad de Carlos II.[11]

El hambre, la verdadera causa

El mot√≠n de Esquilache fue una revuelta de car√°cter social con reivindicaciones pol√≠ticas y econ√≥micas expresadas de forma bastante ingenua; pero en ning√ļn caso se manifest√≥ ning√ļn sentimiento popular contra el poder real o contra los privilegios de la nobleza espa√Īola (ni mucho menos del clero). M√°s all√° de las ofendida dignidad nacional ante el bando de capas y sombreros y la condici√≥n extranjera del ministro, la causa material del descontento era la subida de los precios de los alimentos de primera necesidad, que produjo una verdadera situaci√≥n de hambre entre las capas populares, y que se atribu√≠a a las medidas de reforma econ√≥mica promovidas por Esquilache.

Bodegón con pan, higos y cesto. Luis Egidio Meléndez (ca. 1773, Museo del Louvre).

El pan, elemento fundamental en la dieta, hab√≠a duplicado su precio en cinco a√Īos, pasando de siete cuartos la libra -460 gramos- en 1761 a doce cuartos en 1766 y a un m√°ximo de catorce en los d√≠as previos al mot√≠n.[12] El jornal diario pod√≠a ser, para distintos oficios y categor√≠as, de entre dos y ocho reales.[13] Un ingreso medio de cuatro o cinco reales diarios (34 o 42,5 cuartos a 8,5 cuartos por real) llegaba apenas para comprar entre dos y tres libras de pan a ese precio m√°ximo. Visto el proceso con mayor perspectiva temporal, se ha calificado de hundimiento el descenso de los salarios reales en la segunda mitad del siglo XVIII;[14] mientras que las peri√≥dicas crisis de subsistencias de car√°cter puntual hab√≠an ocurrido con parecida gravedad, y a√ļn duraban en la memoria colectiva de los madrile√Īos las terribles hambres de la crisis secular del XVII, cuando el nivel de los once y doce cuartos por libra de pan tambi√©n se hab√≠a alcanzado (el 25 de abril de 1677, cuando se produjeron protestas contra Juan Jos√© de Austria, y el 28 de abril 1699, cuando se produjo el llamado Mot√≠n de los Gatos o de Oropesa).

Siguiendo las cl√°sicas pautas de los motines de subsistencia del Antiguo R√©gimen, la carest√≠a del pan en todas esas crisis lleg√≥ a ser insoportable para los m√°s humildes en la √©poca del a√Īo en que justamente el trigo es m√°s caro, antes de la cosecha y cuando se est√°n agotando las reservas del a√Īo anterior, provocando un m√°ximo de conflictividad coincidiendo con los meses de primavera (llamados tradicionalmente meses mayores a esos efectos). En esta ocasi√≥n, no fueron √ļnicamente las malas cosechas las que estaban detr√°s de tal escalada de precios; sus efectos se intensificaron por la aplicaci√≥n del decreto de 1765 (de supresi√≥n de la tasa de granos), que preve√≠a la liberalizaci√≥n del comercio del trigo.[15] Dada la inexistencia de un mercado interior √°gil ni de dimensiones nacionales (por razones tanto geogr√°ficas como tecnol√≥gicas y de estructura econ√≥mica y social), no se produjeron los ben√©ficos efectos que el programa reformador ilustrado preve√≠a del libre juego de la oferta y la demanda. Los acaparadores de trigo (empezando por nobleza y clero, que perciben la mayor√≠a de sus rentas en especie) no ten√≠an ning√ļn incentivo para vender barato, esperando a que el precio subiera al m√°ximo.[16]

Campomanes, con toga y golilla, ante una mesa atestada de libros y papeles. Antonio Carnicero, 1777.

El problema de la causa en las revueltas populares est√° extensamente tratado en la historiograf√≠a. Normalmente se utiliza la expresi√≥n ¬ęcausas lejanas¬Ľ o precondiciones y ¬ęcausas pr√≥ximas¬Ľ o precipitantes (la p√≥lvora y la chispa en una explosi√≥n).[17] Actuaron como precondiciones (como p√≥lvora) la depauperaci√≥n de las clases populares, pero sobre todo la percepci√≥n que ten√≠an del abandono por parte de las autoridades de la misi√≥n que se les atribu√≠a: garantizar el abasto barato de bienes de consumo (la denominada econom√≠a moral de la multitud[18] ), en un contexto de transici√≥n no completada del feudalismo al capitalismo. Como chispa actu√≥ el bando de las capas, un precipitante m√°s bien espont√°neo, aunque sin duda se vio favorecido por intrigas socio-pol√≠ticas de extraordinaria complejidad entre bander√≠as nobiliarias (albistas y ensenadistas), distintas partes del clero, en el contexto de la ampliaci√≥n del regalismo, y redes clientelares de origen universitario (los jesuitas apoyados por los colegiales golillas, enfrentados con las las dem√°s √≥rdenes religiosas y los mante√≠stas; y divisiones semejantes entre las mitras episcopales, a su vez enfrentadas con las togas -letrados, tanto golillas como mante√≠stas- y las corbatas -militares-).[19] La xenofobia antiitaliana, como la antiflamenca de la Guerra de las Comunidades dos siglos antes, fue un elemento movilizador de primer orden.

Muy significativa es la comparaci√≥n del mot√≠n de Esquilache como movimiento social (tanto en la Corte como en su prolongaci√≥n en las alteraciones en provincias que tuvieron lugar en los meses siguientes), con la contempor√°nea gestaci√≥n de la Revoluci√≥n francesa de 1789. Las turbas populares que asaltaron el Palacio de Versalles y que trajeron de vuelta a Par√≠s a la familia real, rebautizados como el Panadero y la Panadera, no eran muy distintos de las madrile√Īas de veintid√≥s a√Īos antes, pero la gesti√≥n pol√≠tica y social de los acontecimientos fue abismalmente diferente. En Francia hubo un asalto al poder por parte de una nueva √©lite dirigente con conciencia de clase: la burgues√≠a definida como Tercer Estado por Sieyes. En Espa√Īa no la hab√≠a. No fue el mot√≠n de Esquilache una vacuna contra la revoluci√≥n, sino una muestra evidente del atraso relativo de Espa√Īa; pero las √©lites ilustradas lo vieron precisamente as√≠: el conde de Floridablanca, ante las noticias que iban llegando de los des√≥rdenes de 1789, hizo un curioso an√°lisis: que quiz√° servir√≠an para restablecer el buen orden y el cr√©dito en Francia, como hab√≠a ocurrido en Espa√Īa con el mot√≠n contra Esquilache.[20] Ciertamente, el aprovechamiento de los des√≥rdenes populares para incrementar el poder de la monarqu√≠a ten√≠a precedentes, tanto en la monarqu√≠a francesa (la Fronda) como en la espa√Īola (Alteraciones de Arag√≥n), e incluso en el Gran Memorial del Conde Duque de Olivares a Felipe IV se plante√≥ ese recurso como uno de los que se deb√≠an considerar.[21]

Buena muestra del concepto paternalista que el despotismo ilustrado tenía de su relación con el pueblo es la frase, atribuida al propio rey, y que glosa aquí José María Pemán:

El rey Carlos III se burlaba de buena fe de esta especie de resistencia pasiva que advert√≠a en el pueblo frente a sus mejoras, y sol√≠a decir que sus s√ļbditos espa√Īoles eran como los ni√Īos, "que lloran cuando se les lava y se les peina"[22]
Véase también: Todo para el pueblo

El motín

Esquilache.

Publicado el edicto, la reacci√≥n popular fue sustituir los bandos por pasquines vejatorios contra el italiano, cuya redacci√≥n culta no pod√≠a atribuirse al vulgo iletrado. Esquilache, lejos de amedrentarse, orden√≥ a los soldados que ayudaran a las autoridades municipales en el cumplimiento de la orden, y las multas comienzan a producirse, con lo que el descontento crece, sucedi√©ndose peque√Īos conatos violentos. Los alguaciles acortaban en plena calle las capas de los d√≠scolos y a veces trataban de cobrar las multas en su propio beneficio. Algunos enigm√°ticos personajes estimulaban el descontento en ambientes marginales (uno era conocido con el nombre de "t√≠o Paco", que en Lavapi√©s -un barrio popular, del que sali√≥ la figura del manolo- pagaba a los chicos por gritar).[23]

Carlos III comiendo ante su corte, por Luis Paret, 1775.
El Rey Carlos, bonitatis,

el Gobernador,[24] tontitis,

el Confesor,[25] chilindritis,

pero el Ministro,[26] agarrantis. [27]

Los Grandes ser√°n gratis

cabrones[28] sin ton ni son,

Madrid, Datán y Abirón,[29]

y si no hay quien nos socorra

también Sodoma y Gomorra,[30]

excepto la Inquisición.[31]

Pero no fue hasta las cuatro de la tarde del Domingo de Ramos (23 de marzo) cuando se desencaden√≥ el mot√≠n. En la plazuela de Ant√≥n Mart√≠n, un embozado con capa larga y chambergo se acerc√≥ provocadoramente al cuartelillo all√≠ existente, llamado de Inv√°lidos (tambi√©n era lugar de mercado y repeso, donde los alguaciles habitualmente vigilaban el cumplimiento del bando de capas y sombreros, que preve√≠a que unos sastres cortaran y cosieran las ropas que lo contravinieran). Un sorprendido oficial le dio el alto; tras un breve intercambio de recriminaciones, el embozado sac√≥ de entre sus ropas una espada y avis√≥, silbando, a un grupo m√°s numeroso que estaba prevenido, y al que se juntaron espont√°neamente muchos transe√ļntes. Los agentes del orden se vieron obligados a huir, permitiendo al grupo de revoltosos asaltar el cuartelillo y apoderarse de sables y fusiles. Comenzaron a marchar por la calle de Atocha, donde se les fueron sumando cada vez m√°s personas, quiz√° unas dos mil. Sus gritos eran: ¬°Viva el Rey! ¬°Viva Espa√Īa! ¬°Muera Esquilache! Llegados a la plazuela del √Āngel, los amotinados se encontraron con un enigm√°tico personaje, dentro de una berlina de dos mulas, que se detuvo ante ellos el tiempo suficiente para animarles (les dijo: Vosotros seguid la liebre, que ella se cansar√°) y darles un escrito (redactado con anterioridad, el 12 de marzo) titulado Estatutos del cuerpo erigido por el amor espa√Īol en defensa de la patria para quitar y sacudir la opresi√≥n de los que intentaban violar sus dominios, que adem√°s de justificar la revuelta y se√Īalar como objetivo a Esquilache, conten√≠a instrucciones que detallaban el modo en que hab√≠an de comportarse los amotinados, incluso en el caso de ser apresados. El tumulto continu√≥ por la Plaza Mayor, donde se congreg√≥ una verdadera multitud. En la Puerta de Guadalajara detuvieron el carruaje del duque de Medinaceli, Caballerizo mayor, que acababa de dejar al rey en el cercano Palacio, tras volver precipitadamente de su cacer√≠a en la Casa de Campo al tener noticia del alboroto. Al ser abordado, el duque se comprometi√≥ a transmitir al rey su descontento y peticiones. Efectivamente, fue a Palacio a informar, y al poco tiempo volvi√≥ acompa√Īado del Duque de Arcos, confiando ambos en que su buena fama entre el pueblo les har√≠a receptivos a sus razones y depondr√≠an su actitud.[32]

Los amotinados ignoraron tales consejos y comenzaron un recorrido por las calles de la ciudad en el que, adem√°s de obligar a desapuntar el sombrero a todos los que lo llevaban de tres picos (o sea, deshacer las puntadas que lo manten√≠an conforme al bando), fueron destrozando cuantos faroles encontraron a su paso (desde 1765 hab√≠a 4000 en todo Madrid -su coste de instalaci√≥n hab√≠a sido astron√≥mico: 900.000 reales-, y se les denominaba popularmente esquilaches, porque su existencia proven√≠a de una orden de Esquilache de obligado cumplimiento para los vecinos, que eran quienes los deb√≠an mantener a su costa, lo que produjo el encarecimiento del aceite y las velas de sebo, haciendo que los m√°s pobres vivieran a oscuras en sus casas mientras las calles estaban iluminadas[33] ). Al llegar a la casa de Esquilache (llamada de las siete chimeneas) la asaltaron, matando a cuchilladas a un servidor que trat√≥ de ofrecer resistencia. El ministro no estaba all√≠ (hab√≠a huido a San Fernando de Henares, mientras su mujer hab√≠a salvado las joyas y se hab√≠a refugiado en el lugar donde estudiaban sus hijas, el Colegio de las Ni√Īas de Legan√©s); con lo que, tras vaciar la despensa, optaron por dirigirse a las casas de otros dos ministros italianos: Grimaldi y Sabatini. El d√≠a termin√≥ con la quema de un retrato de Esquilache en la Plaza Mayor.

Balcón de Palacio sobre la Plaza de la Armería. El Palacio Real de Madrid (levantado sobre el antiguo Alcázar de Madrid, incendiado en 1734) había sido inaugurado hacía bien poco tiempo, en 1764.

El Lunes Santo (24 de marzo) se extendi√≥ la noticia de que Esquilache se encontraba en Palacio junto al rey, y una muchedumbre, en la que hab√≠a un significativo n√ļmero de mujeres y ni√Īos, se fue congregando a sus puertas, en el guardia espa√Īola que no hizo el menor asomo de defenderse,[34] la guardia valona, un cuerpo militar compuesto por extranjeros y muy mal visto por los madrile√Īos,[35] se mantuvo firme frente a la masa de manifestantes; terminando por abrir fuego y matar a una mujer. Los amotinados, a√ļn m√°s enardecidos, coreaban consignas contra Esquilache y contra los valones; en el forcejeo cuerpo a cuerpo con los guardias valones aumentaron las bajas entre los amotinados, pero √©stos consiguieron atrapar y matar a diez de los guardias, uno en ese mismo lugar y otros que fueron sorprendidos en otros puntos de la ciudad; cuyos cad√°veres mutilados fueron arrastrados por las calles, quemando dos de ellos.[36] La temeridad de los amotinados, y el hecho de que los heridos rehusaran ser o√≠dos en confesi√≥n, fueron interpretados posteriormente como una prueba de que hab√≠an sido aleccionados por cl√©rigos que les hab√≠an convencido de la santidad de su causa, y de que no deb√≠an temer por la salvaci√≥n de sus almas. Tambi√©n parec√≠an estar convencidos de que los heridos o presos y sus familias ser√≠an apoyados econ√≥micamente.[37]

En ese momento, un fraile franciscano (el Padre Yecla o Padre Cuenca) llegó a la zona pretendiendo calmar los ánimos; aunque lo que consiguió fue actuar como mediador y recibir una lista de exigencias redactada allí mismo por uno en traje de clérigo.[38] Escoltado por las tropas, se abrió paso entre la multitud hasta Palacio, donde fue recibido por el propio rey, que leyó él mismo el documento:

  1. Que se destierre de los dominios espa√Īoles al marqu√©s de Esquilache y a toda su familia.
  2. Que no haya sino ministros espa√Īoles en el Gobierno.
  3. Que se extinga la Guardia Valona.
  4. Que bajen los precios de los comestibles.
  5. Que sean suprimidas las Juntas de Abastos.
  6. Que se retiren inmediatamente todas las tropas a sus respectivos cuarteles.
  7. Que sea conservado el uso de la capa larga y el sombrero redondo.
  8. Que Su Majestad se digne salir a la vista de todos para que puedan escuchar por boca suya la palabra de cumplir y satisfacer las peticiones.[39]
Conde de Revillagigedo.

La lista inclu√≠a amenazas grav√≠simas (si no se accede, treinta mil hombres har√°n astillas en dos horas el nuevo Palacio) y acababa con una advertencia: de no hacerlo as√≠ arder√° Madrid entero. El rey, animado por el fraile (que le ofreci√≥ su propia vida en garant√≠a si hay el menor desorden), parec√≠a dispuesto a presentarse f√≠sicamente ante los amotinados, creyendo que con su mera presencia les calmar√≠a; pero antes de tomar personalmente ning√ļn tipo de decisi√≥n, convoc√≥ con urgencia una reuni√≥n de consejeros en su misma antec√°mara. La mayor parte de los consejeros militares (duque de Arcos, marqu√©s de Priego -franc√©s- y conde de Gazzola -italiano-) aconsejaron responder con m√°xima violencia para restablecer el orden, excepto el mariscal Francisco Rubio y el conde de Revillagigedo (que votaba el √ļltimo por ser m√°s anciano y reproch√≥ que alguno de estos se√Īores ha propugnado la fuerza porque no ha tenido el suelo espa√Īol por cuna); los consejeros civiles (marqu√©s de Casa-Sarria, conde de O√Īate) eran claramente partidarios de que al pueblo se le de gusto en todo lo que pide, mayormente cuando todo lo que pide es justo, y culpaban de todo a Esquilache. El rey acept√≥ el criterio de este segundo grupo, y con mayor o menor convicci√≥n, sali√≥ acompa√Īado del Padre Eleta (su confesor, tambi√©n fraile gilito)[40] y el Duque de Fern√°n N√ļ√Īez a un balc√≥n que daba a la plaza de la Armer√≠a. All√≠, entre la multitud, un calesero llamado Bernardo "el Malague√Īo" resumi√≥ a gritos las reivindicaciones: fuera Esquilache, fuera guardias valones... y que baje el pan. El rey asinti√≥ con gestos y pretendi√≥ retirarse, pero tuvo que volver a salir ante la insistencia de los congregados, que s√≥lo se dieron por satisfechos cuando la guardia valona se repleg√≥ al interior de Palacio, momento en que se lanzaron sombreros e incluso algunos disparos al aire. Cuando la multitud se dispers√≥, la calma parec√≠a reinar de nuevo en la ciudad.[41]

Puerta del Cuartel de la Guardia Espa√Īola en Aranjuez.

El Martes Santo (25 de marzo) amaneci√≥ tranquilo, con la confianza del pueblo en el cumplimiento de la palabra real. Enseguida se divulga la noticia de que Carlos III, que se hab√≠a sentido muy afectado en su dignidad y estaba fuertemente asustado, hab√≠a partido hacia el Palacio de Aranjuez llevando consigo a toda su familia. El miedo de las √©lites al pueblo era una constante del Antiguo R√©gimen.[42] El miedo popular a la ausencia de la figura del monarca tambi√©n lo era, buen testimonio del paternalismo que legitimaba las relaciones sociales y pol√≠ticas. Ambos miedos volver√°n a manifestarse de forma evidente en la jornada del 2 de mayo de 1808 que abr√≠a la Guerra de Independencia Espa√Īola.

El cacharrero, uno de los cartones de Goya, 1779. Aparece un carruaje y un grupo de personajes populares. El protagonismo de los caleseros en el mot√≠n fue notable (Bernardo "el Malague√Īo" y Diego de Avenda√Īo).

La poblaci√≥n se inquiet√≥ ante los rumores y el miedo de que esa marcha pudiera significar que el monarca tuviera la intenci√≥n de doblegar a la ciudad utilizando al ej√©rcito. Aument√≥ la agitaci√≥n en las calles y se produjeron des√≥rdenes y saqueos peores que los de la jornada anterior. Fueron asaltados almacenes de comestibles, c√°rceles y cuarteles. Diego de Rojas, obispo de Cartagena y presidente del Consejo de Castilla, fue tomado prisionero en su propia casa y obligado a redactar una carta destinada al rey en la que se detallaba el estado de cosas;[43] o al menos eso es lo que √©l sostuvo, puesto que la Pesquisa posterior le atribuy√≥ (junto a otros, tambi√©n ex-colegiales en puestos clave, como el corregidor Alonso P√©rez Delgado y el presidente de la Sala de Alcaldes Francisco Mata Linares) alguna responsabilidad en el propio mot√≠n, y fue apartado (como √©stos) de sus cargos pol√≠ticos.[44] La carta tambi√©n cont√≥ para su redacci√≥n con la colaboraci√≥n de Luis Vel√°zquez, marqu√©s de Valdeflores, y fue enviada a Aranjuez mediante otro calesero llamado Diego de Avenda√Īo que actuaba en condici√≥n de diputado del pueblo.[45]

Carlos III, consciente ahora de la torpeza que supuso su marcha de la ciudad, hizo redactar a Roda una carta que el mismo Avenda√Īo llev√≥ al Consejo de Castilla, donde se recibi√≥ el d√≠a 26 a mediod√≠a. El grupo organizado que hab√≠a mandado la primera carta, ya hab√≠a enviado otra, esta vez con el calesero Bernardo el Malague√Īo (o Juan "el Malague√Īo"), que se cruz√≥ con la tra√≠da por Avenda√Īo.[46] La actividad escrita de este grupo incluy√≥ textos para su difusi√≥n m√°s amplia, como unas Ordenanzas que se deben y han de observar indispensablemente y bajo de las penas que es expresar√°n, por todos los sujetos de que se compone el cuerpo de espa√Īoles de esta corte, que ansiosamente solicitan ver a su amado Monarca y Se√Īor Don Carlos Tercero (que Dios guarde), fechadas ese mismo d√≠a de 25 de marzo de 1766 y que, por su forma elogiosa de referirse al obispo Rojas, sirvieron posteriormente como pruebas de su implicaci√≥n en el mot√≠n.[47]

La carta del rey se hizo pregonar en las calles de Madrid. En ella, explicando su ausencia por una indisposici√≥n, ratificaba su promesa de respetar las peticiones populares (especialmente la bajada de cuatro cuartos en todos los precios de alimentos, y m√°s a√ļn en el pan, que pasaba a valer ocho cuartos la libra[48] ); pero advirtiendo que, al contrario de lo que indicaba una de las peticiones, no se presentar√≠a ante su pueblo hasta que los √°nimos se hubieran calmado. La reacci√≥n generalizada entre la multitud que escuchaba el preg√≥n fue volver a sus casas lanzando vivas al rey. Las armas que hab√≠an sido capturadas por los amotinados fueron devueltas a sus dep√≥sitos. No obstante, siguieron apareciendo pasquines.[49]

El ciego de la guitarra, uno de los cartones de Goya, 1778.
Ya falleció de repente

el gran monstruo Esquilache,

y aunque el entierro se le hace,

no est√° de cuerpo presente.

Mucho llora su gente,

Parayuelo[50] e Ibarrola,[51]

Santa Gadea y Gazola,

no siendo cosa ynhumana [sic]

que quien mandó a la italiana

sea servido a la espa√Īola.

Requiescat: Murió Squilace,

in pace ha quedado el Reino.

Am√©n dice toda Espa√Īa,

Jes√ļs, y a qu√© lindo tiempo!

En una fecha no determinada, pero contemporánea al motín, los ciegos pregonaron por las calles hojas impresas por el librero Bartolomé de Ulloa que reproducían los vaticinios de Diego de Torres Villarroel (cuya fama de Gran Piscator Salmantino provenía de haber pronosticado la muerte de Luis I), previamente publicados (en 1765) como almanaque para 1766. Allí se pronosticaba, para el mes de marzo, del 11 al 18: un juez se descuida en los procedimientos justos: levántase un motín en su pueblo, y del 27 al 31 de marzo: un poderoso de cierta corte vive en trabajos y persecuciones de los que se habría librado si hubiera sabido gobernar. La indefinición de lo predicho se podía adaptar con facilidad a los hechos sucedidos; y ante la credulidad de la gente las autoridades se inquietaron. Se obtuvieron explicaciones y disculpas sumisas del propio Torres, que incluyó en su siguiente publicación una advertencia contra la manipulación de sus predicciones.[52]

La guardia valona fue retirada discretamente, y no volvi√≥ a desplegarse en Madrid. Cuando en el mes de mayo un peque√Īo n√ļmero de guardias realizaron un movimiento de persecuci√≥n de unos desertores, que pod√≠a interpretarse como un intento de comprobar c√≥mo eran recibidos por los madrile√Īos, volvieron a aparecer pasquines de protesta:[53]

Si volvieran los walones, no reinar√°n los Borbones

Consecuencias

Extensi√≥n del mot√≠n por Espa√Īa

Las noticias del mot√≠n de Madrid provocaron una oleada de emulaci√≥n en otras ciudades, como Cuenca, Zaragoza, Barcelona, Sevilla, C√°diz, Lorca, Cartagena, Elche, La Coru√Īa, Oviedo, Santander y poblaciones de Vizcaya y Guip√ļzcoa (donde se les dio la denominaci√≥n local tradicional de machinadas); en las que, con muy distintas particularidades, por lo general se hac√≠an peticiones de proteccionismo hacia el consumidor, el modelo cl√°sico de mot√≠n de subsistencia. No hab√≠a ninguna coordinaci√≥n entre ellas, ni hubo ninguna continuidad. No se aprovech√≥ tampoco, como durante la crisis de 1640, para movimientos pol√≠ticos de m√°s calado por parte de ninguna oposici√≥n organizada realmente peligrosa.[54]

Cambios políticos

Muy a disgusto del monarca, Esquilache partió al destierro. El conde de Aranda, capitán general de Valencia, que con sus tropas desplazadas a Aranjuez había tranquilizado al amedrentado monarca, se convirtió en el hombre fuerte del nuevo gobierno, que posteriormente se identificaría con la etiqueta de partido aragonés (personalidades próximas a Aranda, vinieran de Aragón o no, militares y manteístas -letrados plebeyos-) desplazando a los italianos y a los golillas (que se habían formado en los aristocráticos colegios mayores, mecanismo clásico de formación de las élites); no obstante, golillas y ministros italianos, como el genovés Grimaldi, siguieron ostentando cargos de la confianza real. Otras figuras emergentes fueron personajes de la talla política de Pedro Rodríguez de Campomanes, y el conde de Floridablanca, que terminarían consiguiendo la caída de Aranda (desplazado a la embajada de París en 1773).[55]

Colegio Imperial de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs, en la Calle de Toledo, situado entre los puntos neur√°lgicos del mot√≠n (a la izquierda, la Plaza Mayor, a la derecha, la bajada a Lavapi√©s, detr√°s, la C√°rcel de Corte y la calle Atocha, que va a la plazuela de Ant√≥n Mart√≠n). Campomanes anotaba cuidadosamente todos los rumores que implicaron a los jesuitas en el mot√≠n: c√≥mo se vio a ocho o nueve padres de la compa√Ī√≠a en la porter√≠a de su colegio, celebrando lo que ocurr√≠a a sus mismas puertas; o en el mismo lugar una mujer gritaba "¬°Tumulto!".[56]

Expulsión de los jesuitas

Artículo principal: Pragmática Sanción de 1767

La atribuci√≥n a posteriori de la culpa no tard√≥ en sustanciarse en la Pesquisa Secreta promovida desde finales de abril por Aranda y Campomanes. Ten√≠a todo el sentido de la oportunidad de encontrar chivos expiatorios, l√≥gicamente, entre los enemigos del partido que ocupaba ahora la confianza del soberano: el marqu√©s de la Ensenada fue desterrado de la Corte; tambi√©n fueron castigados Isidoro L√≥pez (procurador general de la provincia de Castilla de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs) como inspirador del mot√≠n, y como sus c√≥mplices, el abate Miguel Antonio de la G√°ndara, Lorenzo Hermoso de Mendoza y Luis Vel√°zquez, marqu√©s de Valdeflores.[57]

La Compa√Ī√≠a de Jes√ļs fue expulsada de todos los reinos de la Monarqu√≠a Hisp√°nica al a√Īo siguiente, 1767. La expulsi√≥n de los jesuitas no fue exactamente un signo de anticlericalismo (aunque la masoner√≠a se ha asociado con la figura de Aranda), pues la medida tuvo el acuerdo de la mayor parte del clero, tanto secular como regular (sus principales enemigos eran las otras √≥rdenes religiosas).

Casa de la Panadería de la Plaza Mayor de Madrid, donde también residía el Repeso Mayor.

Vuelta al paternalismo en los abastos

El abasto y el consumo alimentario en Madrid fueron, en lo sucesivo, vigilados especialmente a través de las instituciones tradicionales y sin las veleidades liberalizadoras de los decretos de libre comercio, respondiendo anticíclicamente a los periodos de escasez y carestía. En el vértice del aparato institucional estaba el Consejo de Castilla y la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, mientras que la base descansaba en los alguaciles, la red de repesos y los minoristas (tablajeros, panaderos); entre vértice y base se encontraban agentes intermedios y verdaderos grupos de presión (Pósito, obligados, Cinco Gremios Mayores, Ayuntamiento de Madrid).[58]

La moda y el casticismo

Suavemente, y con el consenso de la atemorizada sociedad madrile√Īa, las capas y chambergos desaparecieron, curiosamente, para pasar a identificarse con la vestimenta del verdugo, a quien nadie quer√≠a recordar. El traje de las capas populares pas√≥ a ser identificado con el de un personaje de sainete: el manolo, que los arist√≥cratas imitaban por casticismo, como las diversiones populares (flamenco y toros); una promiscuidad est√©tica que en otras cortes europeas hubiera sido inimaginable, y que, de hecho, funcion√≥ como factor de cohesi√≥n y freno a los cambios sociales.

Véase también: Pan y toros

Recreaciones en la ficción

Bibliografía

Notas

  1. ‚ÜĎ
    • El motin de Esquilache (1766) en Alma Mater hispalense.
    • Jos√© Cam√≥n Aznar, Francisco Goya, Caja de Ahorros de Zaragoza, Arag√≥n y Rioja, ISBN 8450041651, vol. 1, pg. 43. Cita a Pierre Gassier como el autor que identific√≥ la escena con el mot√≠n de Esquilache. La interpretaci√≥n que hace de la escena Cam√≥n Aznar es discrepante con los hechos: implica que el fraile no es un personaje real, sino la imagen de un santo que se lleva en andas; y que es el personaje con lujosa casaca, subido a una silla el que arenga a la muchedumbre.
    • Herman Schwember se extra√Īa de la atribuci√≥n a un Goya juvenil, cuando la factura parece m√°s de un Goya posterior (incluso cuarenta o cincuenta a√Īos posterior, de √©poca rom√°ntica). Aun as√≠, no duda de ella, puesto que supone que el cuadro es pendant con otro atribuido sin ninguna duda a Goya, y que se titula Carlos III firmando el decreto de expulsi√≥n de los jesuitas. Ambos tendr√≠an unas dimensiones de 46x60 cm (Las expulsiones de los jesuitas, o, Los fracasos del √©xito, J. C. S√°ez Editor, 2005, ISBN 9567802998, pg. 93). Otros autores hacen una indicaci√≥n diferente del cuadro que hace pareja con ese, indicando que se tratar√≠a de Cumplimiento de la expulsi√≥n. De ninguno de esos dos se tiene m√°s noticia que la referencia que hace Iriarte (bi√≥grafo de Goya) en 1867 a esos t√≠tulos y a su posesi√≥n por un coleccionista. Los datos biograficos de Goya en el periodo 1767-1770 (previos a su estancia en Italia) son muy escasos (Resultados de la b√ļsqueda de esos cuadros en Google books).
  2. ‚ÜĎ L√≥pez Garc√≠a, op. cit. pg. 10.
  3. ‚ÜĎ Vaca de Osma, op. cit., pg. 173.
  4. ‚ÜĎ Cam√≥n Aznar, op. cit.
  5. ‚ÜĎ el principal ministro de Carlos III entre 1759 y 1766 fue Esquilache, que no era secretario de Estado. Jos√© Miguel Delgado Barrado (ed.), Ministros de Fernando VI, Volumen 13 de Estudios de historia moderna: Colecci√≥n "Maior", Universidad de C√≥rdoba, 20002, ISBN 8478016260, pg. 95.
  6. ‚ÜĎ Egu√≠a, op. cit., pg. 7: El mot√≠n, por de pronto, no parece tuvo otro efecto que hacer salir de Madrid a este mismo Marqu√©s italiano, causa supuesta de √©l; al ilustr√≠simo Rojas, gobernador del Consejo; al Marqu√©s de la Ensenada; a otros amigos de los jesu√≠tas
  7. ‚ÜĎ
    • Gallego, 2005, op. cit., donde se citan y comentan la mayor parte de los documentos esenciales del mot√≠n y la Pesquisa: Resumen de Maldades de Don Leopoldo de Gregorio, Capitulaciones de Madrid, Noticias extrajudiciales de Campomanes, etc.
    • Por desgracia, se han perdido los documentos de la investigaci√≥n iniciada a finales de abril de 1766. La base documental fue destruida -al parecer, por orden directa del rey- y s√≥lo quedan pocos testimonios fiables para reconstruir sus planteamientos esenciales. Existe, sin embargo, un texto de atribuci√≥n dudosa, escrito por Roda o por Campomanes, que ilustra la convicci√≥n que alent√≥ en todo momento a los investigadores: El pueblo -la "gente baja y soez", se lee en el texto- no hab√≠a sido otra cosa que el instrumento de "personas de otra clase m√°s h√°bil". Hab√≠a, pues, culpables. He aqu√≠ el texto del documento: "Aunque el rey cree que ni la Nobleza, ni la villa ni los Gremios y dem√°s Cuerpos hayan cooperado ni concurrido al tumulto, desear√≠a no obstante que diesen algunas pruebas de esta verdad para quitar todo escr√ļpulo que pueda inducir la sospecha de que la gente baja y soez fuese s√≥lo instrumento de que se valdr√≠an personas de otra clase m√°s h√°bil y de alguna autoridad y poder que mov√≠a aqu√©lla. El orden se observ√≥ en el mayor desorden; la especie de disciplina y obediencia en los respectivos movimientos para el alboroto y para la respectiva quietud cuando les conven√≠a; los centinelas que ten√≠an y avisos que se daban; la ocupaci√≥n de las puertas de Madrid; el ning√ļn temor a la tropa ni a la Justicia; el arrojo con que se presentaron a Palacio, a los Tribunales y Magistrados; la avilantez y seguridad con que impidieron la salida de los primeros Personajes y de la conducci√≥n a Aranjuez de los v√≠veres y provisiones para S. M. y Real Familia y Casa; la especie de virtud y honor que se propuso y observ√≥ la gente m√°s vil, infame y pobre de cometer robos, homicidios a paisanos, insultos a mujeres, ni otro delito que el de su figurado intento, cuando se hallaban con la mayor libertad, due√Īos desp√≥ticos de Madrid, sus calles, casa y cuarteles, y apoderados de sus armas... no es f√°cil comprender que lo practicasen sin ser gobernados con instrucci√≥n, regla y disciplina que no se ve observar en las acciones militares por la tropa m√°s bien instruida y arreglada. Esto hace persuadir que hubo motores principales, cabezas y auxiliares de este tumulto y querer disculpar con pretextos de honor y fidelidad al rey, y tal vez con la justicia de sus pretensiones, como no ha dejado de intentarse y escribirse, es el mayor delito que pueda imaginarse. Y todo esto pone en la precisi√≥n al rey de que se averifique y aclare, el origen causas y autores de tan execrable delito." Finalmente, el Consejo Extraordinario puso al descubierto al padre jesuita Isidoro L√≥pez, procurador general de la provincia de Castilla Seg√ļn los investigadores, el padre L√≥pez hab√≠a sido el inspirador del mot√≠n, sin duda apoyado por Ensenada. En calidad de c√≥mplices, fueron procesadas tres personas m√°s: cierto abate santanderino llamado Miguel Antonio de la G√°ndara y dos civiles, Lorenzo Hermoso de Mendoza y el marqu√©s de Valdeflores, este √ļltimo por su activa labor como escritor y difusor de incendiarios pasquines. Debe decirse que estos presuntos culpables se defendieron muy h√°bilmente de las acusaciones, subrayando el car√°cter espont√°neo del mot√≠n en aquel clima de carest√≠a, recordando, en fin, las torpes provocaciones de Esquilache. Queda claro, seg√ļn ha mostrado el profesor Navarro Latorre, que los cuatro eran enemigos declarados del sector regalista y partidarios del marqu√©s de Ensenada, datos que nos ponen ante la evidencia de que contra ese sector se maniobraba en las altas esferas. Desde luego, el jesuita L√≥pez tom√≥ parte en el mot√≠n, pero atribuirle una responsabilidad decisiva resulta problem√°tico o aventurado, a falta de pruebas concluyentes. Faltaban √©stas, pero el Consejo Extraordinario lleg√≥ a la conclusi√≥n de que los culpables principales del mot√≠n hab√≠an sido los jesuitas, de la mano con elementos vinculados al ya desterrado Ensenada. Evidentemente, Aranda y los suyos pretend√≠an acabar con √©stos y con la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs, por lo que las conclusiones del Consejo deben considerarse pol√≠ticamente intencionadas. Es inevitable someterlas a un severo juicio cr√≠tico. Acabar con los jesuitas significaba hacer triunfar la causa del regalismo y, cosa importante, cambiar de manos las riendas de la educaci√≥n, de las universidades y colegios, donde los jesuitas hab√≠an logrado imponer un f√©rreo monopolio. La expulsi√≥n de los jesuitas de Espa√Īa y la universidad en Alma Mater hispalense.
    • ...puso en evidencia la confluencia de intereses entre el obispo Diego de Rojas y Contreras, presidente del Consejo de Castilla, Francisco Mata Linares, gobernador de la sala de alcaldes de Casa y Corte, y Alonso P√©rez Delgado, corregidor de Madrid. La investigaci√≥n oblig√≥ a retirarse de sus puestos pol√≠ticos a los obispos de Cartagena Diego de Rojas y Contreras y al obispo de Cuenca Isidro de Carvajal y Lancaster, pero no se quiso ir m√°s all√≠ y se prefiri√≥ dirigir la inculpaci√≥n contra los jesuitas, que fueron expulsados de Espa√Īa. Varios de estos personajes compart√≠an la condici√≥n de antiguos alumnos del colegio viejo de San Bartolom√© de Salamanca. Francisco Mata Linares: el mot√≠n de Esquilache.
  8. ‚ÜĎ La expresi√≥n se debe a Te√≥fanes Egido (1979, op. cit.), en respuesta a la identificaci√≥n con un "mot√≠n de subsistencias" o "guerra de harinas" (en referencia a la Guerra de las harinas francesa de 1775 que precedi√≥ a la Revoluci√≥n francesa), que habr√≠a realizado Pierre Vilar (op. cit.) Ambos son citados y comentados por Juan Hern√°ndez Franco, La gesti√≥n pol√≠tica y el pensamiento reformista del Conde de Floridablanca, Universidad de Murcia, 1984. V√©anse m√°s ejemplos de uso bibliogr√°fico de la expresi√≥n. De Te√≥fanes Egido tambi√©n es la interpretaci√≥n del ritmo temporal del Mot√≠n de Esquilache como un "mot√≠n en dos tiempos" (citado en Mac√≠as, op. cit., pg. 168. Otras referencias a las distintas interpretaciones del mot√≠n puede verse en Risco op. cit.
  9. ‚ÜĎ Datos obtenidos de la Oronoz, que cita como fuente la Biblioteca Nacional. En esa misma web se pueden ver otros grabados de esa serie.
  10. ‚ÜĎ Nov√≠sima recopilaci√≥n, Ley XIII, en Los C√≥digos espa√Īoles concordados y anotados, vol. 7, pg. 378.
  11. ‚ÜĎ ¬ęchambergo¬Ľ, Diccionario de la lengua espa√Īola (vig√©sima segunda edici√≥n), Real Academia Espa√Īola, 2001, http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=chambergo 
  12. ‚ÜĎ Soubeyroux, op. cit., pg. 53.
  13. ‚ÜĎ L√≥pez Garc√≠a, op. cit., pg. 24. El mismo autor indica que los salarios medios -unos 4,5 reales diarios- (op. cit., pg. 27) eran id√©nticos a los que cobraban en alba√Īiler√≠a; y ofrece ejemplos de otras remuneraciones mensuales, desde los 30 reales de una criada a los 200 de un ayuda de c√°mara (op. cit., pg. 27), que ten√≠an la ventaja de ser alimentados por sus amos, mientras que los trabajadores de otros oficios ten√≠an que asumir el coste de la alimentaci√≥n de su familia por s√≠ mismos. Tambi√©n hay que tener en cuenta los d√≠as que pod√≠an trabajar y cobrar realmente en cada tipo de oficio, que para algunos pod√≠a ser poco m√°s de doscientos al a√Īo. Los salarios tambi√©n variaban por regiones, aunque los de Valencia para peones y oficiales de alba√Īil se encontraba en ese rango: entre tres y cinco reales. Jorge Antonio Catal√° Sanz, Rentas y patrimonios de la nobleza valenciana en el siglo XVIII, Siglo XXI, 1995, ISBN 8432308692, pg. 265. Ambas ocupaciones (alba√Īil y criado) eran de las m√°s comunes entre las capas populares madrile√Īas.
  14. ‚ÜĎ Enrique Llopis Agel√°n y H√©ctor Garc√≠a Montero, Coste de la vida y salarios en Madrid, 1680-1800, Documentos de trabajo de la Asociaci√≥n Espa√Īola de Historia Econ√≥mica, N¬ļ. 1, 2009, pg. 22 y ss.
  15. ‚ÜĎ Fern√°ndez Albaladejo, op. cit., pg. 80.
  16. ‚ÜĎ La resistencia de instituciones eclesi√°sticas (especialmente la di√≥cesis de Cuenca) a la pol√≠tica liberalizadora y a algunas otras iniciativas de Esquilache, como importaciones de grano o la movilizaci√≥n de los recursos de la arrier√≠a, se se√Īala en La renovaci√≥n emprendida por Esquilache, en Stanley J. Stein y Barbara H. Stein, El apogeo del imperio: Espa√Īa y Nueva Espa√Īa en la era de Carlos III, 1759-1789, Cr√≠tica, 2005, ISBN 8484326020, pg. 61.
  17. ‚ÜĎ John Elliott (dir.) Revoluciones Y Rebeliones En La Europa Moderna. Cinco Estudios Sobre Sus Precondiciones Y Precipitantes, Alianza, 1975.
  18. ‚ÜĎ Expresi√≥n de Eric Hobsbawm.
  19. ‚ÜĎ Egido (1998, op. cit.), citado por Jos√© Pe√Īa Gonz√°lez, Historia pol√≠tica del constitucionalismo espa√Īol, Dykinson, 2006, ISBN 8497729064, pg. 43.
  20. ‚ÜĎ Recogido en Olaechea (2003), fuente citada a su vez por Campese, 2005, op. cit. pg. 39.
  21. ‚ÜĎ
    El tercer camino, aunque no con medio tan justificado, pero el m√°s eficaz, ser√≠a hall√°ndose V.M. con esta fuerza que dije, ir en persona como a visitar aquel reino donde se hubiere de hacer el efecto, y hacer que se ocasione alg√ļn tumulto popular grande y con este pretexto meter la gente, y en ocasi√≥n de sosiego general y prevenci√≥n de adelante, como por nueva conquista asentar y disponer las leyes en conformidad con las de Castilla y de esta misma manera irla ejecutando con los otros reinos.
    Gran Memorial, 25 de diciembre de 1624
    Citado en John Elliott y otros La rebeli√≥n de los catalanes: un estudio sobre la decadencia de Espa√Īa, Siglo XXI, 1986, ISBN 8432302694, pg. 179
  22. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Pem√°n, Breve historia de Espa√Īa, 1950, Cultura Hisp√°nica, pg. 294.
  23. ‚ÜĎ
    • Gallego, 2003, op. cit., parte IX (Esquilache y los jesuitas).
    • El embajador Larrey, informando a Bernstorff le dec√≠a asimismo que un mes antes del estallido del mot√≠n de Madrid, ¬ętodo induc√≠a a prever que algo funesto iba a sucederle al marqu√©s de Esquilache... Un gran n√ļmero de pasquines y s√°tiras an√≥nimas, repartidos incluso en su propia casa, y que, por la forma de estar escritos, ciertamente no proced√≠an de la hez del pueblo, anunciaban una gran fermentaci√≥n¬Ľ. Olaechea, op. cit., pg. 43.
  24. ‚ÜĎ Si se refiere al gobernador o presidente del consejo de Castilla, lo era Diego de Rojas y Contreras, obispo de Cartagena.
  25. ‚ÜĎ El Padre Eleta. El confesor real era una de las figuras m√°s importantes de la Corte espa√Īola en el Antiguo R√©gimen.
  26. ‚ÜĎ Esquilache.
  27. ‚ÜĎ Chilindritis y agarrantis no son de evidente interpretaci√≥n, pero pueden indicar una met√°fora vinculada a los juegos de naipes: el chilindr√≥n, adem√°s de una comida, es una jugada que forman las tres figuras de la baraja espa√Īola (sota, caballo y rey -¬ęchilindr√≥n¬Ľ, Diccionario de la lengua espa√Īola (vig√©sima segunda edici√≥n), Real Academia Espa√Īola, 2001, http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=chilindr%C3%B3n -). As√≠ interpretada, la frase querr√≠a decir: "el rey es bondadoso, el gobernador es tonto, el confesor tiene las mejores cartas, pero es Esquilache el que se lleva el dinero".
  28. ‚ÜĎ Los grandes de Espa√Īa se han dejado usurpar aquello a lo que tienen derecho, su posici√≥n preeminente en la Corte, y sin recibir pago (gratis), por lo que su posici√≥n es incluso m√°s agraviante que la de los "cornudos consentidos", una figura de gran tradici√≥n literaria.
  29. ‚ÜĎ Los sacerdotes hebreos que se opusieron a Mois√©s y Aar√≥n, y fueron castigados (libro de los N√ļmeros, 16, 16).
  30. ‚ÜĎ Las ciudades que fueron castigadas por sus pecados colectivos, espec√≠ficamente por la homosexualidad (libro del G√©nesis, 19).
  31. ‚ÜĎ Confiar en la Inquisici√≥n espa√Īola para librar a los madrile√Īos del castigo que sufrieron los personajes y ciudades b√≠blicos nombrados, es una sutil manera de asociar el tema con el de los marranos o cristianos nuevos que judaizaban; es decir, invocar las virtudes de las que son portadores los espa√Īoles castizos, como cristianos viejos.
  32. ‚ÜĎ
    • Rosell, op. cit., pg. 203.
    • Ferrer del R√≠o op. cit., pg. 15.
    • Nieto y Mendoza, op. cit., pg. 110 (en el relato del incidente de Ant√≥n Mart√≠n habla de dos embozados,no de uno, y refleja la presencia de los alguaciles y la mesa con las tijeras de los sastres).
  33. ‚ÜĎ L√≥pez Garc√≠a op. cit., pgs. 90 y 109.
  34. ‚ÜĎ L√≥pez Garc√≠a, op. cit., pg. 112.
  35. ‚ÜĎ En 1764 se hab√≠a implicado en un grave incidente en el Buen Retiro, al cargar contra la multitud durante la boda de la infanta Mar√≠a Luisa, ocasionando 24 muertos, y sin que se hiciera a nadie responsable (Carlos III y la polic√≠a. 1701-1788).
  36. ‚ÜĎ Dom√≠nguez Ortiz, op. cit., pg. 104; Lynch, op. cit., pg. 326.
  37. ‚ÜĎ Seg√ļn las Noticias extrajudiciales de Campomanes, un cura dio seis pesos duros a un zapatero de viejo que trabajaba junto al Ave Mar√≠a [entre Lavapi√©s y Ant√≥n Mart√≠n] por haber sido herido en el mot√≠n; en El Pardo, se hab√≠a o√≠do decir a un caballero que se dirig√≠a a un mendigo: "Prestos andad, que ya os cobrar√©is en Madrid" (Gallego op. cit., pg. 54).
  38. ‚ÜĎ Ferrer del R√≠o, op. cit., Volumen 1, pg. 22. El mismo autor recoge que, en ese momento, la multitud retenida junto al Arco de la Armer√≠a, llenaba todas las calles hasta la C√°rcel de Corte sin que fuera posible revolverse en todo el espacio de las calles de la Almudena y las Plater√≠as ni en la Plaza.
  39. ‚ÜĎ As√≠ se cita en Nieto y Mendoza, op. cit., pg. 112. De forma pr√°cticamente id√©ntica aparece en Modesto Lafuente, op. cit., pg. 117). En otras fuentes aparecen otras formulaciones, como la que resume Oloechea op. cit., sobre una fuente diplom√°tica (Lebzeltern a Kaunitz. Madrid, 24 marzo 1766): Que Esquilache, depuesto de todos sus empleos, saliera desterrado del pa√≠s, y en el ministerio de Hacienda fuera colocado un espa√Īol; que se redujera el precio de la libra del pan (de 14 a 8 cuartos), y que el precio de ¬ęlos comestibles m√°s precisos para la vida humana¬Ľ fuera dos cuartos m√°s barato¬Ľ; que se aboliera inmediatamente la Junta de Abastos; que los guardias walones se retiraran de Madrid, y que los ha bitantes de la capital pudieran seguir llevando el antiguo traje espa√Īol, compuesto por la capa larga y el sombrero redondo o gacho.
  40. ‚ÜĎ Sarrailh, op. cit., pg. 583.
  41. ‚ÜĎ Vaca de Osma, op. cit., pg. 174-175.
  42. ‚ÜĎ Equipo Madrid, op. cit., pg. 253
  43. ‚ÜĎ Que hab√≠an tomado muy a mal su huida, en un momento en que ellos no pensaban en otra cosa sino en manifestar su agradecimiento por las gracias recibidas; que deseaban ardientemente verlo en Madrid esa misma noche del 25 de marzo; que no pod√≠a neg√°rseles tan justa petici√≥n, ya que en caso contrario quemar√≠an el Palacio real, se apoderar√≠an del tesoro y cometer√≠an toda clase de excesos. Contenido de la carta, resumido en Olaechea, op. cit., pg. 39.
  44. ‚ÜĎ Tambi√©n en aquel momento eran colegiales el fiscal de la Sala de alcaldes de Casa y Corte Velasco y el alcalde semanero (Francisco Mata..., op. cit.). Rodr√≠guez Casado, citado por Tom√°s y Valiente, Tratado de la regal√≠a de amortizaci√≥n, en Ferrer Benimelli (ed.), op. cit., pg. 99.
  45. ‚ÜĎ Olaechea, op. cit., pg. 39.
  46. ‚ÜĎ Olaechea op. cit., pg. 40. sospechando que la huida del monarca se deb√≠a ¬ęal influjo de los p√≠caros italianos que rodeaban a S. M.¬Ľ,... manifestaban a S. M. que ¬ęsu intenci√≥n no era √ļnicamente protestar contra los excesos y vejaciones que hab√≠an sufrido por parte del marqu√©s de Esquilache¬Ľ, sino... aclararle que, dada la situaci√≥n en que se encontraba todo, se hab√≠a llegado... ¬ęa una perdici√≥n del Reino; a una exterminaci√≥n de vuestros dominios; a un menoscabo de vuestro real erario; a una aniquilaci√≥n de los pueblos, y a un despotismo tir√°nico¬Ľ... ¬ęLos espa√Īoles han visto y tolerado muchas cosas, muchos despojos, reformas y establecimientos, sin que se atendiera a los despojados. Hasta aqu√≠ han callado, pero ya no pueden soportar m√°s¬Ľ.
  47. ‚ÜĎ Gallego, op. cit., pg. 14.
  48. ‚ÜĎ Estudios... op. cit.
  49. ‚ÜĎ Olaechea, op. cit.
  50. ‚ÜĎ Rosendo S√°ez de Parayuelo, director general de rentas, colaborador de Esquilache y despu√©s de G√°lvez (Stanley J. Stein, Barbara H. Stein, El apogeo del imperio: Espa√Īa y Nueva Espa√Īa en la era de Carlos III, 1759-1789, Cr√≠tica, 2005, ISBN 8484326020, pg. 182).
  51. ‚ÜĎ Francisco Antonio Ibarrola, II marqu√©s de Zambrano, o Francisco Antonio de Ibarrola y Gorvea, caballero de Calatrava.
  52. ‚ÜĎ * Manuel Mar√≠a P√©rez L√≥pez y Emilio Mart√≠nez Mata, Revisi√≥n de Torres Villarroel, Universidad de Salamanca, 1998, ISBN 8478000860, pg. 98 y ss.
  53. ‚ÜĎ Olaechea, op. cit.
  54. ‚ÜĎ El mot√≠n de Esquilache y sus r√©plicas provinciales, en Campese op. cit., pg. 38 y ss.
  55. ‚ÜĎ Partido aragon√©s en GEA.
  56. ‚ÜĎ Gallego, 2005, op. cit., pg. 54
  57. ‚ÜĎ La expulsi√≥n..., op. cit.
  58. ‚ÜĎ
    • √Āngel Luis Alfaro, Fuentes para el estudio del consumo y del comercio alimentario en Madrid en el Antiguo R√©gimen, en Primeras jornadas sobre fuentes documentales para la historia de Madrid: 4,5 y 6 de febrero de 1988, Consejer√≠a de Cultura de la Comunidad de Madrid, 1990, ISBN 84-451-0173-0.
    • Equipo Madrid, op. cit.: el acuerdo de 1771 hab√≠a garantizado un m√≠nimo de 250 000 fanegas. Los panaderos compraban a los comerciantes y trajineros cuando ofrec√≠an mejores precios que el P√≥sito, recurriendo a √©ste cuando se elevaban bruscamente o se restring√≠a la oferta. El P√≥sito acumulaba una gran cantidad de grano y el corregidor logra en 1775 que saquen una quinta parte. El corregidor lo expon√≠a claramente: ¬ęEn las necesidades de trigo los panaderos tienen por amigo al P√≥sito y en tales ocasiones no reparan en su calidad ni en el precio; pero cuando abundan los arrieros cargados con sus recuas de una en otra tahona brindando con el trigo es cuando aborrecen el P√≥sito y su gobierno¬Ľ.
  59. ‚ÜĎ Ficha en cervantesvirtual

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  • Mot√≠n de Esquilache ‚ÄĒ En 1766, siendo rey Carlos III, tuvo lugar en Madrid y otros puntos de Espa√Īa la revuelta que ha pasado a la Historia como Mot√≠n de Esquilache, en la que se calcula que participaron alrededor de 40.000 personas y que cerca estuvo de poner en… ‚Ķ   Enciclopedia Universal

  • Esquilache (pel√≠cula) ‚ÄĒ Saltar a navegaci√≥n, b√ļsqueda Esquilache T√≠tulo Esquilache (pel√≠cula) Ficha t√©cnica Direcci√≥n Josefina Molina Producci√≥n Jos√© S√°mano Gui√≥n ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Mot√≠n de subsistencias ‚ÄĒ Mot√≠n contra la carest√≠a del pan en Richmond, EUA, 1863. Grabado de la √©poca. El mot√≠n de subsistencias, o mot√≠n del pan, es una forma de protesta popular com√ļn en Europa desde el siglo XV al siglo XIX , en la que una multitud pretende asegurarse ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Esquilache Riots ‚ÄĒ The Esquilache Riots, by Francisco de Goya The Esquilache Riots (Mot√≠n de Esquilache) occurred in March 1766 during the rule of Charles III of Spain. Caused mostly by the growing discontent in Madrid about the rising costs of bread and other… ‚Ķ   Wikipedia

  • Mot√≠n ‚ÄĒ El mot√≠n es una revuelta o rebeli√≥n multitudinaria contra el orden establecido. Se diferencia de los otros conceptos por sus caracter√≠sticas limitadas o localizadas. Tambi√©n suele caracterizarse por su surgimiento espont√°neo y su desarrollo… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Mot√≠n de Aranjuez ‚ÄĒ Este art√≠culo o secci√≥n necesita referencias que aparezcan en una publicaci√≥n acreditada, como revistas especializadas, monograf√≠as, prensa diaria o p√°ginas de Internet fidedignas. Puedes a√Īadirlas as√≠ o avisar ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Mot√≠n de los Gatos ‚ÄĒ El Mot√≠n de los Gatos o de Oropesa estall√≥ en Madrid el 28 de abril de 1699, siguiendo las cl√°sicas pautas de los motines de subsistencia del Antiguo R√©gimen, como respuesta a la carest√≠a de alimentos (sobre todo el pan), en la √©poca del a√Īo en… ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

  • Mot√≠n de Aranjuez ‚ÄĒ Soul√®vement d Aranjuez Repr√©sentation du Mot√≠n, avec le Palacio Real en fond (2006) ‚Ķ   Wikip√©dia en Fran√ßais

  • Esquilache, Leopoldo de Gregorio, marqu√©s de ‚ÄĒ ‚Ėļ (1700? 85) Pol√≠tico espa√Īol de origen italiano. Con Carlos III fue ministro de Hacienda y de la Guerra. Dict√≥ varias reformas sobre las costumbres y la econom√≠a y para separar a los eclesi√°sticos del poder civil. Hacia 1760 empez√≥ su… ‚Ķ   Enciclopedia Universal

  • Marqu√©s de Esquilache ‚ÄĒ Leopoldo de Gregorio, marqu√©s de Esquilache. Leopoldo de Gregorio, marqu√©s de Esquilache (Messina, h. 1700 √≥ 1708 ‚Äď Venecia, 15 de septiembre de 1785), fue un diplom√°tico y pol√≠tico espa√Īol de origen italiano ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol


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