Avariento, do tiene el tesoro, tiene el entendimiento, (El)

Así Baubecourt, cuyo amor al dinero era tal que a punto de morir ordenó que le pusieran sobre la cama el arca de sus riquezas, y mientras acariciaba con pasión las áureas monedas, gemía angustiosamente: «¡Y pensar que es forzoso que yo os deje!».

Diccionario de dichos y refranes. 2000.


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