Unificación de Italia


Unificación de Italia
Proceso de la Unificación italiana.

La Unificación de Italia fue el proceso histórico que a lo largo del siglo XIX llevó a la unión de los diversos estados en que estaba dividida la península Itálica, en su mayor parte vinculados a dinastías consideradas «no italianas» como los Habsburgo o los Borbones. Ha de entenderse en el contexto cultural del Romanticismo y la aplicación de la ideología nacionalista, que pretende la identificación de nación y estado, en este caso en un sentido centrípeto (irredentismo). También se le conoce como el Resurgimiento (Risorgimento en italiano), e incluso como la Reunificación italiana (considerando que existió una unidad anterior, la provincia de «Italia» creada por Augusto, en la antigua Roma).

El proceso de unificación se puede resumir así: a comienzos del siglo XIX la península itálica estaba compuesta por varios estados (Lombardía, bajo el dominio austríaco; los Estados Pontificios; el reino de Piamonte; el reino de las Dos Sicilias, entre otros), lo que respondía más a una concepción feudal del territorio que a un proyecto de estado liberal burgués. Luego de varios intentos de unificación entre 1830 y 1848, que fueron aplastados por el gobierno austríaco, la hábil política del Conde de Cavour, ministro del reino de Piamonte, logró interesar al emperador francés Napoleón III en la unificación territorial de la península, que consistía en expulsar a los austríacos del norte y crear una confederación italiana; a pesar de la derrota del imperio austríaco, el acuerdo no se cumplió por temor de Napoleón a la desaprobación de los católicos franceses. Aun así la Lombardía fue cedida por Napoleón al Piamonte. Además, durante la guerra se presentaron insurrecciones en los ducados del norte, los que luego fueron anexados al Piamonte, con lo cual se cumplió la primera fase de la unificación.

En la segunda fase se logró la unión del sur cuando Garibaldi, inconforme con el tratado entre Cavour y Napoleón, se dirigió a Sicilia con las camisas rojas, conquistándola y negándose a entregarla a los piamonteses; desde allí ocupó Calabria y conquistó Nápoles. En 1860 las tropas piamontesas llegaron a la frontera napolitana. Garibaldi, que buscaba la unidad italiana, entregó los territorios conquistados a Víctor Manuel II. Mediante plebiscitos, Nápoles, Sicilia y los Estados Pontificios se anexaron al reino de Piamonte y al futuro rey de Italia, Víctor Manuel II. El proceso de la unificación no fue producto de la voluntad popular pese a los plebiscitos convocados por Cavour, por tanto la acción del Estado se centró en la construcción de una nacionalidad italiana.

El papel conspirativo de la masonería o de los intereses de las distintas potencias europeas (concretamente Inglaterra, interesada en crear un fuerte antagonista a la enemiga Francia) también se han aducido como causa del «Risorgimento».[1]

El proceso es entendido, por algunos historiadores, también como la conquista de la aristocrática Italia del sur (Nápoles, Sicilia), el estado más industrializado de la península y el tercero de Europa;[2] por parte de Italia del norte (valle del Po), influenciada por las potencias europeas como Francia y Austria (según ellos el proceso también puede interpretarse en el sentido de que el norte parasitó al sur impidiendo su desarrollo y propiciando la emigración y la perpetuación de su situación social).[2]

Historiadores como Benedetto Croce ven el proceso como el que completó el Renacimiento italiano, interrumpido por las invasiones francesas y españolas de la Italia del siglo XVI. Este renacimiento nacional alcanzó -desde Florencia- todas las regiones habitadas por gente italiana (inclusive Sicilia y luego Istria y Dalmacia -como Italia irredenta- en el siglo XX).

En cualquier caso, el proceso fue encauzado finalmente por la casa de Saboya, reinante en el Piamonte (destacadamente por el primer ministro conde de Cavour), en perjuicio de otras intervenciones «republicanas» de personajes notables (Mazzini, Garibaldi) a lo largo de complicadas vicisitudes ligadas al equilibrio europeo (intervenciones de Francia y Austria), que culminaron con la incorporación del último reducto de los Estados Pontificios en 1870. El nuevo Reino de Italia continuó la reivindicación de territorios fronterizos, especialmente con el Imperio austrohúngaro (Trieste y el Trentino), que se solventaron parcialmente en 1919 tras la Primera Guerra Mundial (Tratado de Saint-Germain-en-Laye y expedición de Gabriele D'Annunzio).

Contenido

Antecedentes

A principios del siglo XIX el político austriaco Metternich afirmaba que Italia era sólo una «expresión geográfica» (cada pueblo tenía sus diferentes costumbres, lengua, bandera e himno). Ocupaban la península Itálica un mosaico de estados, algunos ocupados por potencias extranjeras.

Napoleón conquistó la península y modificó el mapa completamente. Anexionó Piamonte, Parma, Toscana, la República Ligur y los Estados Pontificios al Imperio francés, unificó todo el noreste de la península para crear el Reino de Italia, del cual se declaró rey y también conquistó el Reino de Nápoles. Durante este periodo Italia sufrió toda una serie de reformas liberales, como la abolición de los privilegios feudales y eclesiásticos.

El Congreso de Viena por Jean-Baptiste Isabey, 1819.

Con la derrota de Napoleón, el Congreso de Viena (1815) reestructura de nuevo el espacio geográfico de Italia, atendiendo especialmente a los intereses de las familias dinásticas y las grandes potencias europeas, nunca a los intereses del pueblo.

El Imperio austríaco se anexionó Lombardía y el Véneto y además colocó a príncipes austríacos en el trono de Parma, Módena y Toscana. Cerdeña y Piamonte se unificaron en el Reino de Piamonte-Cerdeña, el cual recibió Saboya y Niza. Se restauraron los Estados Pontificios y a los Borbones en el trono de Nápoles, que pasó a llamarse Reino de las dos Sicilias.

Se restauró el absolutismo en todos los estados. Los gobernantes impuestos por el Congreso de Viena no contaban con el apoyo popular, por lo que tuvieron que estar auxiliados por el Imperio Austriaco.

Mientras tanto, los ideales nacionalistas continuaban propagándose, incentivados por la vuelta al absolutismo y el progreso económico. El incremento de la producción textil de Piamonte necesitaba de un mercado interior más amplio donde colocar sus manufacturas. La expansión del ferrocarril favorecía las comunicaciones y la unidad de los diversos estados. Otros elementos aglutinadores eran la religión católica, la cultura italiana y el romanticismo, que identificó a Italia con el Risorgimento letterario, con lo que adquirió un gran poder político. Escritos aparentemente literarios o históricos estaban llenos de alusiones a la esclavitud o la tiranía. Donde no estaba permitida la crítica se utilizaba la sátira.

El Resurgimiento literario y el Romanticismo

Artículo principal: Literatura de Italia

La interpretación nacionalista de la literatura italiana identifica la dominación española de Italia, con un periodo de decadencia en su literatura debido, entre otras cosas, a la acción de la Inquisición (el tribunal religioso tradicional, no la institución española, que operaba con distintos criterios). Algunos autores (como Campanella o Giordano Bruno) sufrieron persecución por motivos religiosos, como también había ocurrido en la Edad Media (y en la Florencia de Savonarola). La identificación del ocupante con la opresión formaba parte de la ampliamente difundida propaganda antiespañola conocida como Leyenda Negra, entre cuyos productos artísticos pueden contarse Los Novios de Manzoni (ambientado en el Milán del XVII) o Don Carlo de Verdi (él mismo un símbolo viviente del Risorgimento, pues, además de su compromiso personal y artístico con la causa italiana, su nombre se gritaba como acrónimo de Vittorio Emanuele Re d'Italia (Victor Manuel, Rey de Italia).

Durante la primera mitad del siglo XVIII (que mal puede identificarse con una retirada española de Italia, pues la presencia continuó a través de los Borbones de Nápoles), se produjo una revitalización de la literatura conocida como Resorgimento letterario, entre otras cosas, gracias al carácter ilustrado de sus nuevos gobernantes austriacos.

Gianbattista Vico representa el despertar de la conciencia histórica en Italia. En su Ciencia Nueva, investigó las leyes que gobiernan el progreso de la raza humana, conforme a las cuales se desarrollarían los hechos históricos. Otros escritores importantes del Risorgimento literario fueron Giuseppe Parini, Gasparo Gozzi y Giuseppe Baretti.

Las ideas que impulsaron la Revolución francesa de 1789 dieron un sentido especial a la literatura italiana en la segunda mitad del siglo XVIII. Los italianos que aspiraban a una redención política consideraban ésta inseparable de una recuperación intelectual, que al mismo tiempo creían sólo podía llevarse a efecto volviendo al antiguo clasicismo. Este fenómeno fue una repetición de lo que ya había ocurrido en la primera mitad del siglo XV.

Por lo tanto, patriotismo y clasicismo, fueron los dos principios que inspiraron la literatura que comienza con Vittorio Alfieri. Este autor encaminó la literatura hacia una motivación nacional, armada solamente con el patriotismo y el clasicismo. Otros importante escritores patrióticos de este periodo fueron Ugo Foscolo, Pietro Colletta, Carlo Botta, Vincenzo Monti o Pietro Giordani.

Durante este periodo surgió la polémica sobre la pureza del lenguaje. Durante este periodo, la lengua italiana estaba repleta de galicismos. La prosa necesitaba de una recuperación por el bien de la dignidad nacional, y se pensó que esto no podría conseguirse si no era a través de la vuelta a los grandes escritores del siglo XIV. Uno de los promotores de esta nueva escuela fue Antonio Cesari, que se empeñaba en establecer la supremacía del toscano sobre el resto de dialectos. Pero el patriotismo en Italia tiene siempre algo de provinciano, y así, contra esta supremacía toscana proclamada y defendida por Cesari, surgió una escuela lombarda que no quería saber nada del toscano y que volvían a la idea de una lingua illustre.

El Romanticismo fue un movimiento cultural y político que se originó en Alemania a finales del siglo XVIII como una reacción al racionalismo de la Ilustración y el Neoclasicismo. Exaltaba los sentimientos, el nacionalismo, el liberalismo y la originalidad creativa. Es el movimiento literario que precede y asiste a las revoluciones políticas de 1848 puede considerarse representado por: Giuseppe Giusti, Francesco Domenico Guerrazzi, Vincenzo Gioberti, Cesare Balbo, Alessandro Manzoni y Giacomo Leopardi.

Después de 1850 la literatura política perdió importancia, siendo uno de los últimos poetas de este género Francesco Dall'Ongaro, con sus stornelli politici. Posiblemente la obra literaria que más contribuyó al asentamiento de la unidad italiana fue Corazón, de Edmondo De Amicis (1886), reunión de episodios protagonizados por niños de las distintas regiones italianas, que exaltan las virtudes, el heroísmo y el sentimiento patriótico, de una forma muy eficaz por el recurso a lo sentimental. Fue ampliamente utilizado como material escolar y pasado al cine, la televisión y los dibujos animados (y no sólo en Italia: es la célebre Marco, de los Apeninos a los Andes).

Las sociedades secretas

Placa en Memoria de los Carbonarios Angelo Targhini y Leonida Montanari.

Los ideales revolucionarios también se propagaron a través de sociedades secretas, tales como los Carbonarios, los adelfos y los neogüelfos.

Durante el dominio napoleónico, se formó en Italia un grupo secreto de resistencia, la Carbonería. Era una sociedad más o menos masónica, liderada por el general francés Joaquín Murat, cuñado de Bonaparte. Su objetivo, como el de la masonería en general, era combatir la intolerancia religiosa, el absolutismo y defender los ideales liberales. También lucharon contra las tropas francesas porque estas estaban realizando un auténtico expolio de Italia.

Con la expulsión de los franceses, la Carbonería quería unificar Italia e implantar los ideales liberales.

Los carbonarios eran principalmente gente de la mediana y pequeña burguesía. Se organizaban en vendas de veinte miembros cada una, que desconocían a los grandes jefes. Había una venda central, formada por siete miembros, que era la que transmitía el trabajo a las demás.

En 1830, Giuseppe Mazzini (1805-1872) entró a los carbonarios, y fue encarcelado en 1831 por incitar a la rebelión al pueblo junto con Federico Campanella, Giuseppe Elia Benza, Carlo Bini y Giambattista Cuneo, por lo que pasó a criticar a las sociedades secretas, sus ritos y su ineficiencia militar. De la crítica a las sociedades secretas pasó a la acción y fundó la Joven Italia, una organización paramilitar que pretendía liberar Italia del dominio Austríaco y unificar el país por medio de la educación del pueblo y la formación de una República democrática. Su lema era: Derechos de los hombres, progreso, igualdad jurídica y fraternidad. La sociedad organizó células revolucionarias por toda la península. A este movimiento democrático se oponían otras corrientes que también pretendían la unificación de Italia. Unos eran los reformistas monárquicos, contrarios a la violencia de Mazzini y que pedían la unificación en torno al Reino de Piamonte-Cerdeña, en un régimen monárquico constitucional. Otros eran los neogüelfos, conservadores liderados por Vincenzo Gioberti, cuyos ideales eran hacer de Italia una unión de estados federados presididos por el papado.

Revoluciones de 1820 y 1830

Revoluciones de 1820

En 1820 se inició en Europa una oleada revolucionaria que afectó sobre todo al área mediterránea. La revolución se inició en España a causa del levantamiento de Riego. En aquel momento se encontraba en Las Cabezas de San Juan junto con su ejército y se disponía a partir hacia América para sofocar los movimientos independentistas que allí se estaban produciendo. El primero de enero se sublevó contra el rey y aunque al principio la revolución no tuvo apoyo popular, finalmente el pueblo se rebeló y Fernando VII decidió jurar la Constitución de 1812. Pero Fernando VII era un monarca absolutista y consideraba que la división de poderes era una ofensa contra sus derechos, por lo que pidió auxilio al Sistema Metternich (quíntuple alianza) y éste dio permiso a Francia para enviar a un ejército llamado los Cien Mil Hijos de San Luis bajo el mando del duque de Angulema. Poco a poco, la revolución se fue extendiendo por Europa, llegando a Portugal, Grecia, diversos estados Italianos y Rusia.

La revolución en Nápoles

En 1814 la Carbonería comenzó a organizar actividades revolucionarias en Nápoles. Por 1820 el grupo ya era lo suficientemente poderoso para invadir Nápoles con su propio ejército. La revolución española estimuló el movimiento revolucionario de Nápoles. Un regimiento del ejército napolitano al mando del general Guglielmo Pepe, un carbonario, se levantó y conquistó la parte peninsular de Nápoles, por lo que el rey, Fernando I, se vio obligado a jurar que implantaría la nueva Constitución que los Carbonarios estaban redactando. Mientras, se utilizó de manera provisional la Constitución española.

Pero la revolución, que no contaba con el apoyo popular, cayó bajo las tropas austríacas de la Santa Alianza. El rey suprimió la Constitución y comenzó sistemáticamente a perseguir a los revolucionarios. Muchos partidarios de la revolución en Nápoles, incluyendo el erudito Michele Amari, fueron forzados al exilio durante las siguientes décadas, algunos fueron fusilados.

La revolución en Piamonte-Cerdeña

El líder del movimiento revolucionario en Piamonte-Cerdeña era Santorre di Santarosa, que deseó expulsar a los austríacos y unificar Italia bajo la casa de Saboya. La rebelión de Piamonte comenzó en Alessandria, donde las tropas adoptaron la bandera tricolor (verde, blanco y rojo) de la República Cisalpina. El regente del rey, actuando mientras que el rey estaba ausente, aprobó una nueva constitución para apaciguar a los revolucionarios, pero cuando el rey regresó rechazó la constitución y pidió auxilio a la Santa Alianza. Ésta dio a Austria permiso para intervenir en Italia y derrotar a las tropas de Santarosa.

Revoluciones de 1830

Alrededor de 1830, rebrotó el sentimiento revolucionario a favor de la unificación italiana; una serie de rebeliones puso la base para la creación de una nación en la península italiana.

El duque de Módena, Francisco IV, que era muy ambicioso, quería convertirse en rey de la Alta Italia aumentando su territorio. En 1826, dejó claro que no se opondría a aquellos que derribaran la oposición de la unificación. Animados por la declaración, los revolucionarios en la región comenzaron a organizarse.

En 1830, durante la revolución de julio, los revolucionarios franceses forzaron al rey a abdicar y colocaron en el trono a Luis Felipe de Orleáns. Éste prometió a algunos revolucionarios como Ciro Menotti que Francia ayudaría a los revolucionarios italianos si Austria interviniera militarmente. Pero, temiendo perder su trono, Luis Felipe decide no intervenir en la sublevación prevista de Menotti. Esta no llegó a ocurrir porque en 1831 la policía papal descubrió los planes de Menotti y este fue arrestado junto con otros conspiradores.

Al mismo tiempo, surgieron otras insurrecciones en las legaciones papales de Bolonia, Forli, Rávena, Imola, Ferrara, Pésaro y Urbino. Los revolucionarios adoptaron la bandera tricolore y establecieron un gobierno provisional que proclamaba la creación de una nación italiana unificada.

Las rebeliones en Módena y las legaciones papales inspiraron una actividad similar en el ducado de Parma, donde también fue adoptada la tricolore. Después de esto, la duquesa María Luisa salió de la ciudad.

Las provincias insurrectas planearon unirse para crear las provincias italianas unidas, cuando el Papa Gregorio XVI pidió ayuda austríaca contra los rebeldes. Metternich advirtió a Luis Felipe que Austria no tenía ninguna intención de dejar Italia y que la intervención francesa no sería tolerada. Luis Felipe retuvo cualquier ayuda militar e incluso arrestó a patriotas italianos que vivían en Francia.

En la primavera de 1831, el ejército del austríaco cruzó toda la península italiana, machacando lentamente los movimientos revolucionarios de cada territorio y arrestando a sus líderes, incluyendo Menotti.

Mazzini

Artículo principal: Giuseppe Mazzini
Giuseppe Mazzini.

Giuseppe Mazzini, en 1831 fue a Marsella, donde organizó una nueva sociedad política llamada La Giovine Italia (La Joven Italia). Su lema era Dios y el Pueblo, y su principio básico era la unión de los diversos Estados y reinos de la península en una única república como único medio para lograr la libertad italiana. También fundó diversas organizaciones con el fin de unificar o liberar otras naciones: «Joven Alemania», «Joven Polonia» y finalmente «Joven Europa» (Giovine Europa).

Mazzini creía que la unificación italiana sólo podría alcanzarse mediante un levantamiento popular. Continuó plasmando este propósito en sus obras y trató de conseguirlo a través del exilio y la adversidad con inflexible constancia. Sin embargo, su importancia fue más ideológica que práctica: tras la caída de las revoluciones de 1848 (durante las cuales Mazzini se convirtió en el líder de la efímera República Romana), los nacionalistas italianos empezaron a mirar al rey del Piamonte y su primer ministro, el conde Cavour como los directores del movimiento unificador.

La primera guerra de la independencia (1848)

Primer conflicto

Armas de la Casa de Saboya.

En el 1848, después de los movimientos revolucionarios en Palermo, Messina, Milán y en otras muchas partes de Europa, se inicia la Primera Guerra de la Independencia declarada a Austria el 23 de marzo de 1848 por Carlos Alberto de Saboya el jefe de la alianza del Reino de Cerdeña con los Estados Pontificios y el Reino de las Dos Sicilias.

Giuseppe Garibaldi, Giuseppe Mazzini y Giuseppe Elia Benza regresaron a Italia para participar de la revuelta, pero la Casa de Saboya no aceptó completamente que participaran en ella y la rebelión fue generalmente dirigida por los gobiernos.

Después de las victorias iniciales en Goito y en Peschiera del Garda, el Papa, preocupado por la expansión del Reino de Cerdeña en caso de victoria retiró sus tropas. También el Reino de las Dos Sicilias decidió retirarse, pero el general Guglielmo Pepe se negó a regresar a Nápoles y marchó a Venecia para participar en la defensa de la contraofensiva austríaca.

En efecto, Fernando II cambió la actitud preocupado por los acontecimientos revolucionarios que estaban desarrollándose en Sicilia y envió una delegación a Turín para alinearse con la Casa de Saboya y pedir ayuda para sofocar la revolución. Carlos Alberto, aunque era aliado de los napolitanos, mantuvo una posición cautelosa, lo que disgustó profundamente al Borbón.

Los Italianos perdieron en Custoza (cerca de Verona) y tuvieron que firmar, el 9 de agosto de 1848 el armisticio de Salasco con Austria y aceptar lo pactado anteriormente en el Congreso de Viena. Así termina la primera fase del 1848 italiano. El año siguiente la iniciativa sería democrática.

Segundo conflicto

En 1849, Leopoldo II de Toscana abandonó Florencia, dejando un gobierno provisional. En Roma se proclamó la República romana, con la idea de un triunvirato de Giuseppe Mazzini. Carlos Alberto rompió la tregua con Austria, pero cuando perdió en Novara abdicó a favor de Víctor Manuel II.

Roma, defendida por Giuseppe Garibaldi, fue atacada por las tropas francesas de Napoleón III, que la sitiaron. Con la caída de la República romana muchos revolucionarios fueron de nuevo condenados al exilio; Garibaldi en el 1850 fue a Nueva York, cerca de Antonio Meucci.

También la ciudad de Venecia, tras una larguísima resistencia del asedio austríaco comandada por Leonardo Andervolti, tuvo que rendirse por el hambre y una epidemia de cólera.

La segunda guerra de la independencia (1859-61)

Retrato de Cavour, obra de Francesco Hayez.

Los antecedentes

Aunque Carlos Alberto había sido derrotado en su intento de liberar a los italianos del poder austríaco, los piamonteses no se habían dado por vencidos completamente. Camillo Benso, conde de Cavour, llegó a primer ministro en 1852, y también él tenía ambiciones expansionistas. Pero se dio cuenta de que para conseguir la independencia necesitaban ayuda, pues había que combatir contra el Imperio austríaco, por lo que quería asegurarse la ayuda de Francia y Gran Bretaña.

Cavour creía que se ganaría el favor occidental si participaba en la guerra de Crimea, por lo que entró en la guerra en 1855. Cavour sabía que no podría pedir nada a cambio de su entrada en la guerra, porque sus aspiraciones iban justamente en contra de las de Austria, que también apoyaba a Francia y Gran Bretaña en el conflicto. Pero decidió prestar una ayuda sin condiciones, para ganarse la confianza de las potencias occidentales, considerando que los resultados favorables se obtendrían más adelante.

El 14 de enero de 1858, el nacionalista italiano Felice Orsini intentó asesinar a Napoleón III, emperador de Francia. En una súplica escrita desde la prisión, Orsini apeló a Napoleón que cumpliera su sueño ayudando a las fuerzas nacionalistas italianas. Napoleón, que de joven había pertenecido a la carbonaria, se veía como una persona con una mente avanzada, así que, en consonancia con las ideas del momento, se convenció de que su destino era hacer algo por Italia. En el verano de 1858, Cavour se reunió con Napoleón III en Plombières. Acordaron una guerra común contra Austria. Piamonte se anexionaría Lombardía, Véneto, Módena y Parma, y como compensación Francia recibiría Saboya y Niza. El centro y sur de Italia se quedarían como estaban, aunque sí se habló de colocar al primo de Napoleón en Toscana y expulsar a los Habsburgo. Para permitir que lo franceses intervinieran en la guerra sin parecer los agresores, Cavour tenía pensado incitar al ataque a los austríacos participando en los movimientos revolucionarios que se estaban produciendo en Lombardía.

La invasión austriaca del Piamonte

El 29 de abril de 1859, el ejército austríaco, al mando del general Ferencz Gyulai, atravesó el río Ticino e invadió el territorio piamontés, el 30 ocuparon Novara, Mortara y, más al norte, Gozzano, el 2 de mayo Vercelli y el 7 Biella. La acción no era obstaculizada por el ejército piamontés,dado que estos habían acampado en el sur entre Alessandria, Valenza y Casale. Los austríacos llegaron a 50 km de Turín.

En este punto, sin embargo, Gyulai invirtió la orden de marcha y se retiró a Lombardía; una orden expresa de Viena, sugirió que el mejor escenario de operación era cerca del río Mincio, donde los austríacos habían dominado durante 11 años la región, contrarrestando la avanzada piamontesa salvarían sus dominios en Italia; por el contrario, invadir Turín, podría significar una derrota.

Los austríacos pretendían luchar contra los Piamonteses y contra los Franceses por separado, entonces comenzaron el reclutamiento de dos ejércitos. El comando austríaco, por otra parte, realizó una gran inversión estratégica, que difícilmente pudo ser explicada sin asumir una cierta confusión. Ciertamente Gyulai no fue responsable, que a las pocas semanas, no pudo ser frenada una cierta debilidad en la acción.

La liberación de Lombardía

El 14 de mayo de 1859, Napoleón III, que había partido el 10 de mayo de París y desembarcado el 12 en Génova tomó el campo de Alessandria y asumió el comando del ejército franco-piemontés. Con el grueso del ejército localizando entre el río Ticino y el Po, el 20 de mayo de 1859 Gyulai comandó un gran reconocimiento de campo al sur de Pavía que fue frenado en la batalla de Montebello (20-21 de mayo) en la que participaron el general Federico Forey por parte de los franceses, futuro mariscal de Francia y la caballería sarda al mando del coronel Morelli di Popolo.

El 30 y el 31 de mayo los Piamonteses de Cialdini y de Durando consiguieron una brillante victoria en la batalla de Palestro.

Al mismo tiempo los franceses cruzaron el Ticino el 2 de junio y aseguraron el pasaje batiendo a los austríacos en la batalla de Turbigo. Gyulai había concentrado las propias fuerzas cerca de Magenta la cual fue asaltada el 4 de junio por los franco-piamonteses. El ejército de Napoleón III cruzó el río Ticino y desbordó el flanco derecho austríaco, con lo que obligó al ejército de Gyulai a retirarse. La batalla de Magenta no fue especialmente grande, ya que no participaron ni la caballería ni la artillería, pero fue una victoria decisiva para decantar la guerra hacia el bando sardo-francés. Los franco-italianos sufrieron 4.600 bajas y los austríacos 10.200.

El 5 de junio, el ejército derrotado abandonó Milán, donde entró el 7 de junio el Patrice de Mac-Mahon, artífice de la victoria en Magenta, para preparar el día siguiente la entrada triunfal de Napoleón III y Víctor Manuel II aclamados por el pueblo.

Los cazadores de los Alpes

El 22 de mayo los cazadores de los Alpes, liderados por Giuseppe Garibaldi, pasaron en Lombardía del Lago Mayor a Sesto Calende, con el objetivo de entrar en batalla ayudando a la ofensiva principal. El 26 defendieron Varese de un ataque de fuerzas austríacas superiores en número guiadas por el general Urban. El 27 combatieron al enemigo en la batalla de San Fermo y ocuparon Como.

Las últimas batallas

Emperador Francisco José I.

Mientras tanto, los austríacos se agruparon para defender la Fortaleza del Cuadrilátero. La tarde del 6 de junio, los austríacos enviaron una brigada de retaguardia de cerca de 8.000 hombres, y dos escuadrones de caballería, compuestos por Dragones y Húsares. La tarde del 8 de junio, la ciudad fue invadida por los franceses. Después de sangrientos combates (1000 franceses muertos y 1200 austríacos) el grueso del ejército austríaco perdió su marca y se retiró a Verona. Los franco-piamonteses reemprendieron la marcha el 12 de junio y el 14 capturaron Bérgamo y Brescia.

El 24 de junio franco-piamonteses vencieron en una gran batalla, la Batalla de Solferino. El ejército austríaco, al mando de Francisco José I, de unos 100.000 hombres fueron derrotados por los ejércitos de Napoleón III de Francia y del Reino de Cerdeña, comandado por Víctor Manuel II, con una fuerza aproximada de 118.600 hombres. Después de nueve horas de batalla, las tropas austríacas fueron forzadas a rendirse. Las bajas en el bando aliado fueron 2.492, 12.512 heridos y 2.922 capturados o desaparecidos. Más de 3.000 soldados austríacos murieron, 10.807 fueron heridos y 8.638 capturados o desaparecidos.

La fundación de la Cruz Roja

Al terminar la batalla de Solferino quedaron en el campo de batalla casi 40.000 hombres muertos o heridos abandonados a su suerte. Este escenario fue visto por Henri Dunant, que estaba viajando por el norte de Europa, y le dejó muy impresionado. Al ver como los soldados heridos morían sin asistencia se dedicó a socorrerlos con ayuda de algunos aldeanos de la zona.

Dunant estuvo reflexionando y llegó a la conclusión de que era necesaria una sociedad que se encargara de atender a los heridos de uno u otro bando sin distinción por medio de voluntarios. Sus reflexiones están escritas en el libro Recuerdo de Solferino.

En 1863 se fundó el Comité Internacional de la Cruz Roja y al año siguiente doce estados firman el Primer Convenio de Ginebra.

La paz

Napoleón III, temiendo no sólo la entrada al conflicto de más estados, sino que también la reacción de Prusia, que movilizó a 400.000 hombres a la frontera en el Rin, firmó, sin contar con los piamonteses, un acuerdo de paz. Víctor Manuel II no podía continuar la guerra sin la ayuda francesa, por lo que aceptó el acuerdo franco-austríaco.

La paz se firmó en Zúrich entre el 10 y el 11 de noviembre. Los Habsburgo cedieron la Lombardía a Francia, que a su vez, la cedió a la casa de Saboya. Austria conservaba el Véneto, el Trentino, Tirol del Sur, Friuli-Venecia Julia y las fortalezas de Mantova y Peschiera. Todos los estados italianos, incluso el Véneto que era austríaco, debieron unirse a una confederación italiana, presidida por el Papa.

El tratado tenía más ventajas para los austríacos y franceses que para los italianos:

  • La confederación italiana no presentaba ninguna ventaja para la unificación y garantizaba la continuación de la presencia austriaca en la península.
  • Los aumentos territoriales de Piamonte, aunque eran superiores en cantidad de kilómetros cuadrados que los de los franceses, no contentaban a los piamonteses porque ellos tenían la esperanza de conquistar en esta guerra el Véneto. Los franceses, aunque se retiraron, obtuvieron Saboya y Niza. Víctor Manuel se arrepintió de ceder Niza y Saboya, pero Napoleón III necesitaba de tales compensaciones territoriales para justificar la participación de Francia en la recién acabada guerra.

Consecuencias

En los meses sucesivos, de hecho, Piamonte se anexó además de Lombardía, Parma, Módena, Emilia-Romaña y la Toscana. Después de estas conquistas, el 24 de marzo de 1860 Piamonte aceptó firmar el Tratado de Turín, en el cual confirmaron el traspaso de Niza y Saboya a Francia, ahora las ganancias territoriales italianas eran superiores a las francesas.

El fin de esta guerra dio paso al último período de la Unificación. Tras la Paz, el Reino de Piamonte-Cerdeña comenzó a expandirse, consiguiendo en menos de dos años controlar prácticamente la totalidad de la península italiana. Así, el 17 de marzo de 1861, casi toda Italia había sido unificada, a excepción de Roma y el Véneto.

La expedición de los Mil

Artículo principal: Expedición de los Mil
Giusseppe Garibaldi, héroe nacional italiano.

En 1860, el Reino de las Dos Sicilias estaba gobernado por el joven rey, Francisco II, hijo de Fernando II. Aunque económicamente las Dos Sicilias eran considerados como el estado más próspero de Italia,[3] al tener un rey con poca autoridad y muy represivo el pueblo era propenso a rebelarse. En abril de 1860 una revolución frustrada en Messina y en Palermo aumentó los ánimos revolucionarios pero nadie del sur de Italia podía combatir al ejército borbón; en el año 1844 habían fracasado los hermanos Bandiera y en 1857 Carlo Pisacane.

El Reino de Piamonte estaba planeando conquistar el Reino de Las Dos Sicilias. Algunas fuentes indican el estímulo que suponía que el banco de Nápoles concentrara más de los 2/3 de reserva de oro de toda Italia.[4] «Bisogna occuparsi di Napoli» (es necesario ocuparse de Nápoles) decía Cavour.[5]

Es por eso, que el 5 de mayo de 1860 Giuseppe Garibaldi zarpó del puerto de Quarto (Provincia de Génova) con 1033 hombres, en su mayoría veteranos de las guerras de independencia[6] en dos barcos de vapor hacia Sicilia. Esta campaña se llamó Expedición de los Mil (en italiano Spedizione dei Mille) y fue un paso muy importante para la unificación de Italia.

El 11 de mayo, desembarca en Marsala, Sicilia, entre dos naves inglesas que cubrían la maniobra con 20.000 hombres. En Marsala, los camisas rojas (así eran llamadas las tropas de Garibaldi) no recibieron el apoyo esperado, pero el ejército aumentó gracias a los sucesivos desembarcos del ejército sardo piamontés. Garibaldi venció al ejército borbónico en la Batalla de Calatafimi a pesar de la superioridad numérica de los adversarios y del desarrollo inicial que favorecía a éstos. Se ha señalado que el general borbónico Landi había sido convencido de retirar sus tropas por los piamonteses, dándole dinero y prometiéndole un cargo importante en el ejército italiano.[7]

Después, tomó la ciudad de Palermo, cruzó el estrecho de Messina y entró en el continente. Siguió avanzando con poca resistencia hasta Salerno, ciudad muy cerca de Nápoles. Sólo en este momento el rey Francisco II se percató del peligro que corría. Decidió retroceder la línea de defensa al río Volturno, ubicado al Norte de Nápoles, para evital el asedio de la capital del reino. Garibaldi entra en la ciudad aclamado por la multitud, que según las fuentes históricas, fue obligada a vitorarlo por infiltrados piamonteses que les daban dinero a cambio, los que se negaban eran obligados a permanecer en sus casas por temor a represalias.[8]

Garibaldi se proclamó dictador de las Dos Sicilias, el Palacio Real de Nápoles fue totalmente saqueado, los objetos más preciosos fueron enviados a Turín, otros vendidos al mejor postor. El 11 de septiembre el oro de la Tesorería del Estado, patrimonio de la Nación, (equivalente a 1.670 millones de euros), y los bienes personales del rey (equivalentes a 150 millones de euros) todos depositados en el Banco de Nápoles, fueron sacados y proclamados bienes nacionales.[9]

Ya con la capital meridional tomada, el 8 de octubre, el gobierno piamontés emitió un decreto que indicaba un plebiscito a sufragio universal masculino en toda Italia para ratificar la anexión al Piamonte. El voto no fue secreto, en Nápoles y en todo el sur, se declaraba enemigo de la patria a quien votase por el No, en los cuartos había gente armada que obligaba a votar por el Sí. En el sur había mucha gente que les hacían creer que el SI significaba el regreso de su rey Francisco II y además los soldados garibaldinos votaban varias veces.[10] Los resultados dieron una contundente victoria a faver del Si a la anexión al piamonte y fueron usados como propaganda por el reino piamontés, queriendo probar que el pueblo quería unirse al Piamonte, ser gobernados por el rey de la casa de Saboya y abandonar la época de independencia y a las cuatro generaciones de la dinastía borbónica napolitana.

El Rey Francisco II, reorganizó su ejército de 40.000 hombres detrás del río Volturno, pero fue derrotado en manos de los garibaldinos en la llamada Batalla del Volturno. Por las bajas en dicha batalla estos resultados Garibaldi solicitó ayuda militar al gobierno piamontés y Francisco II quiso aprovechar el estancamiento de los garibaldinos para volver a atacar; pero los generales le aconsejaron reorganizar las fuerzas y entonces se retiró de Capua a Gaeta.

Allí, el rey Francisco II con sus últimos 20.000 soldados fue asediado hasta el 13 de febrero de 1861, por el general piamontés Enrico Cialdini con 18.000 soldados. La historia de este asedio impresionó vivamente a la opinión pública europea, sobre todo por el comportamiento heroico de la reina María Sofía de sólo 19 años, la cual a pesar de las bombas, arriesgó su vida para socorrer día y noche a los soldados heridos o moribundos.[11]

Después de meses de asedio, Francisco II se dio cuenta de la imposibilidad de la victoria y empezó a barajar la opción de la retirada. A las 7 de la mañana del 14 de febrero del 1861, el rey y la reina abandonaron Gaeta y se embarcaron en una nave francesa que los trasportó a Terracina, en los territorios papales. Después de la retirada, el rey nunca abdicó, dejando para él y sus herederos el título de Rey del Reino de las Dos Sicilias.

Ambicionando una Italia unida bajo un solo gobierno radicado en Roma, Garibaldi concibió la idea de marchar sobre los Estados Pontificios, defendidos por tropas francesas. Sin embargo, Víctor Manuel y Cavour, temerosos de perder lo logrado ante una posible radicalización del conflicto, evitaron el avance de Garibaldi. El incidente no supuso un enfrentamiento entre el rey del Piamonte y Garibaldi; al contrario, como había sido previsto el conquistador le cedió las Dos Sicilias.

La proclamación del Reino de Italia

Con tales operaciones, termina la segunda fase de la unificación de Italia; pero quedaban separados del Reino de Cerdeña, Roma, gobernada por el Papa, y el Véneto, en mano de los austríacos.

El 18 de febrero de 1861, Víctor Manuel II de Saboya se reunió en Turín con los diputados de todos los Estados que reconocían su autoridad, asumiendo el 17 de marzo el título de Rey de Italia por gracia de Dios y voluntad de la nación. Fue reconocido por las potencias europeas a pesar de que violaba el tratado de Zurich y el de Villafranca que le prohibían ser rey de toda Italia.

Italia fue gobernada con la base de la constitución liberal adoptada en el Reino de Cerdeña en 1848 (Estatuto albertino). La excepción se dio en el sur del país, donde debido a las revoluciones independentistas, se proclamó la ley marcial.

Tercera guerra de independencia (1866)

La alianza entre Prusia e Italia

Las crecientes tensiones entre Austria y Prusia por la supremacía en el mundo germánico, provocaron en 1866 la Guerra Austro-prusiana que ofreció a los italianos la oportunidad de conquistar el Véneto. El 8 de abril de 1866, el Gobierno Italiano, guiado por el general Alfonso La Marmora, realizó una alianza militar con la Prusia de Bismarck.

De hecho, se creó alianza entre los dos Estados que vieron en el Imperio austríaco el obstáculo de las respectivas unificaciones nacionales. Según los planes prusianos, Italia tenía que atacar Austria por el frente meridional. Mientras tanto, aprovechando la superioridad naval, invadir las costas dálmatas, llevando el campo de batalla a Europa central.

La primera invasión italiana

El 16 de junio de 1866 Prusia comenzó las hostilidades contra algunos principados germanos aliados de Austria. El 19 de junio Italia le declaraba la guerra a Austria, con inicio de las hostilidades el 23 de junio.

Al inicio del conflicto, el ejército italiano estaba dividido en dos grupos: el primero, comandado por La Marmora que era de Lombardía; el segundo, comandado por el general Enrico Cialdini de Emilia-Romaña.

El general La Marmora sufrió una rápida derrota en Custoza el 24 de junio.

Cialdini asedió la fortaleza austríaca de Borgoforte, al sur del Po.

Custoza supuso un gran retraso de las operaciones, por el tiempo perdido en reorganizarse temiendo una contraofensiva austríaca.

El éxito general de la guerra vino de las importantes victorias prusianas en el frente germano, en particular en Sadowa el 3 de julio de 1866, obra del general von Moltke. Después de estas batallas los austríacos se retiraron a Viena. Uno de cada tres cuerpos armados italianos dieron prioridad a la defensa de Trentino e Isonzo.

La determinación del renovado esfuerzo ofensivo

Enrico Cialdini.

El 5 de julio, llegó un telegrama del emperador de Francia Napoleón III, el cual prometía comenzar una mediación general, que habría permitido que Austria obtuviera condiciones honorables que hubieran permitido a Italia anexionarse Venecia.

La situación era particularmente embarazosa, debido a que las fuerzas armadas no supieron ganar ningún enfrentamiento en el campo de batalla.

El gobierno italiano buscó, por lo tanto, ganar tiempo, mientras el general Alfonso La Marmora obtenía «...una buena batalla para estar en condiciones más favorables para la paz».

El 14 de julio, en un consejo de guerra en Ferrara, se estableció, finalmente una nueva actitud respecto al proseguir de la guerra:

  • Enrico Cialdini habría guiado un ejército de 150.000 hombres que habría avanzado a través del Véneto, mientras La Marmora, con cerca de 70.000 hombres, hubiese mantenido la defensa de la fortaleza del Cuadrilatero.
  • La Regia Marina de la mano del Almirante Persano buscaría la gloria, saliendo del puerto de Ancona (cosa que intentó, el 20 de julio, en una desastrosa derrota en la batalla de Lissa de 1866).
  • El cuerpo de voluntarios de Garibaldi, reforzado con una división, debería penetrar en Trentino, acercándose lo más posible a la capital.

De hecho, ahora la adquisición del Véneto era cierta, pero era urgente proceder a la ocupación de Trentino antes de las negociaciones de paz.

El auge de las operaciones italianas

En las semanas siguientes, Cialdini dirigió al ejército italiano a las orillas del Po, de Ferrara a Udine. Cruzó el Po y ocupó Rovigo el 11 de julio, Padova el 12 , Treviso el 14 ; Santa Señora de Piave el 18 , Valdobbiadene y Oderzo el 20 , Vicenza el 21 y Udine el 22 de julio.

Mientras tanto, los voluntarios de Garibaldi partieron de Brescia hacia Trento abriéndose camino, el 21 de julio a la batalla de Bezzecca, la cual ganó. A su vez, una segunda columna italiana llegaba, el 25 de julio, a las murallas de Trento. Pero Garibaldi recibió órdenes del Gobierno italiano de abandonar Trentino, las cuales debió obedecer.

El cese de las hostilidades se produjo después del Armisticio de Cormons , el 12 de agosto de 1866, seguido el 3 de octubre de 1866 en el tratado de Viena. Así Italia consiguió anexionarse el Véneto, Víctor Manuel entró triunfal en Venecia, y realizó un acto de homenaje en la plaza de San Marcos. Pero aún faltaba anexionar al reino Roma, Trentino, Tirol del Sur (Alto Adige), Trieste, Istria y Dalmacia (aparte las áreas de lengua italiana en Córcega, Niza y Malta).

La conquista de Roma (1870)

Artículo principal: Cuestión Romana

Antecedentes

Giuseppe Garibaldi, después de la fundación del Reino de Italia prosiguió incansablemente sus actividades militares en busca de la unidad de Italia, emprendiendo acciones sin éxito en 1862 al grito de: Roma o muerte!. La protesta de Napoleón III, cuyas tropas custodiaban Roma, llevó al ejército de ocupación piamontés en Nápoles a repeler a Garibaldi, haciéndole prisionero en Aspromonte (sur de Nápoles). En 1867 realiza una nueva marcha hacia Roma aprovechando la retirada de tropas francesas, que se ven obligadas a desembarcar otra vez y a derrotar al italiano en Mentana.

La conquista

En esta foto de la época, se ven los escombros de la puerta romana Pía.

En julio de 1870 comenzó la guerra franco-prusiana. A principios de agosto Napoleón III llamó para la guerra a la guarnición que defendía de un posible ataque italiano a los Estados Pontificios. Numerosas manifestaciones públicas demandaban que el gobierno italiano tomara Roma. El gobierno italiano no inició ninguna acción bélica directa hasta el derrumbamiento del Segundo Imperio francés en la batalla de Sedán. Víctor Manuel II le envió una carta a Pío IX, en la que le pedía guardar las apariencias dejando entrar pacíficamente al ejército italiano en Roma, a cambio de ofrecer protección al Papa. Pero esté se negó rotundamente.

El ejército italiano, dirigido por el general Raffaele Cadorna, cruzó la frontera papal el 11 de septiembre y avanzó lentamente hacia Roma, esperando que la entrada pacífica pudiera ser negociada. Sin embargo, el ejército italiano alcanzó la Muralla Aureliana el 19 de septiembre y sitió Roma. El Papa siguió siendo intransigente y forzó a sus Zuavos a oponer una resistencia más que simbólica, ante la imposibilidad de la victoria. El 20 de septiembre, después de tres horas de bombardeos, el ejército italiano consiguió abrir una brecha en la Muralla Aureliana (Breccia di Porta Pia). Los Bersaglieri marcharon por la Vía Pía, después llamada Vía del XX de septiembre. 49 soldados italianos y 19 zuavos murieron en combate, y, tras un plebiscito, Roma y el Lacio se unieron a Italia.

Víctor Manuel le ofreció al Papa como compensación una indemnización y mantenerle como gobernante del Vaticano. Pero el Papa, que quería mantener el poder terrenal de la Iglesia, se negó, pues eso hubiera supuesto reconocer oficialmente al nuevo estado italiano y se declaró prisionero en el Vaticano. Además, sabiendo la influencia que tenía sobre los católicos, les prohibió a todos los católicos italianos votar en las elecciones del nuevo reino.

Esta incómoda situación, llamada Cuestión Romana, no se resolvió hasta 1929, cuando Benito Mussolini y Pío XI firmaron los Pactos de Letrán.

El Irredentismo

Artículo principal: Italia irredenta
La última fase de la Unificación de Italia fue en las «|tierras irredentas» del Adriático oriental, específicamente en la Dalmacia italiana. En color violeta, los territorios del Reino de Italia en Dalmacia entre 1918 y 1947, con las islas de Cherso y Lussino cerca de Istria, la provincia de Zara al centro y las islas de Lagosta y Cazza en el Adriatico meridional. En color amarillo, los límites del italiano Gobiernatorado de Dalmacia entre 1941 y 1943, durante la segunda guerra mundial.

La Unificación de Italia sin embargo no se había completado. Algunas provincias, como Trentino, Tirol del Sur (Alto Adige), Trieste, Istria y Dalmacia, aún continuaban bajo dominio austriaco, por lo que fueron denominadas provincias irredentas (no liberadas). En estos lugares surgió un movimiento de carácter nacionalista que buscaba su incorporación a Italia. Este movimiento, a favor de unificar al Reino de Italia también la llamada Italia irredenta, sucesivamente se extendió a las áreas francesas de Niza y Córcega.

La situación no se desbloqueó hasta el final de la Primera Guerra Mundial, en la que Italia entró del bando aliado con la promesa de recibir como compensación las Provincias Irredentas en manos austrohúngaras. Sin embargo, no todas estas provincias del Imperio de los Habsburgo fueron traspasadas en 1918, sino que Dalmacia (con la excepción de la ciudad de Zadar y algunas islas como Cherso y Lussino) pasó a formar parte de Yugoslavia.

El Fascismo de Benito Mussolini consideró «|irredentas» también Córcega, Niza y Malta, que estaban bajo control de Francia y Gran Bretaña. Durante la Segunda Guerra Mundial, Italia ocupó toda Dalmacia, Córcega y Niza por algunos años hasta septiembre de 1943, cuando resultó derrotada en el conflicto mundial.

La Italia irredenta fue unida a Italia por Mussolini y esto culminó el proceso de Unificación de Italia durante los primeros años de la segunda guerra mundial. Entre 1936 y 1943 Italia también se convirtió en Imperio, cuando el Rey Víctor Manuel III fue coronado Emperador de Etiopía.

Después de 1945, Istria y Zara fueron cedidas a la Yugoslavia del líder comunista Tito y se registró el éxodo forzado de casi toda la población italiana (350.000 exiliados) de estas áreas.

Movimientos secesionistas posteriores

Carmine Crocco, (Rionero in Vulture 1 de junio de 1830 - Portoferraio 18 de junio de 1905) uno de los artífices de la revolución de los bandidos llamados «briganti».

Después de los primeros días de la Expedición de los Mil de Garibaldi, y durante varios años siguientes, se produjeron algunas revueltas por la independencia del Reino de las Dos Sicilias que pusieron en dificultades al recién nacido Reino de Italia durante los primeros años unitarios. Los revolucionarios fueron llamados «briganti» (bandidos) porque practicaban sangrientas guerras de guerrillas y realizaban saqueos con homicidios.

Esta violenta contrarrevolución popular se debía a la fidelidad de una parte de la población del sur a la dinastía Borbón (promocionada por la iglesia de Roma que temía la desaparición del Estado Pontificio, lo que efectivamente ocurrió en 1870) y también por el aumento de los impuestos y por la confiscación de tierras borbónicas por parte del nuevo gobierno piamontés.

La revuelta estalló en casi todo el sur a finales del 1861 y el Piamonte envió a Nápoles a Enrico Cialdini dándole poderes extraordinarios con un total de 120.000 hombres. Así se comenzó una de las más cruentas represiones de la historia italiana. Los historiadores afirman que el sur italiano fue plagado de matanzas, devastaciones, fusilamientos, detenciones domiciliarias forzosas, saqueos de granjas, expropiación de tierras y cierre de industrias lo que fue la principal ruina de la población meridional y el empobrecimiento del sur. Sin embargo, algunos historiadores nacionalistas italianos[12] afirman que casi todas las matanzas fueron hechas por los bandidos «briganti» para aterrorizar a la población civil, que en su gran mayoría era favorable a la Unificación de Italia.

Víctor Manuel III, Rey de Italia y Emperador de Etiopía, nacido en Nápoles y autor de la total integración del sur italiano.

En 1864 se instauró la ley marcial en el ex Reino de las Dos Sicilias y las rebeliones se pudieron sofocar hacia el año 1868. En todos estos años murieron un total de 17.000 meridionales en batalla o fusilados; esta cifra es muy superior a la de todos los caídos en el sur de Italia para lograr la Unificación.[13]

Después de la «toma de Roma» por parte de los Italianos en 1870, el Estado Pontificio terminó su apoyo a los «briganti» y rápidamente se acabó la guerrilla. Este hecho fue considerado (por historiadores como Benedetto Croce) como la prueba de que estas revueltas fueron artificialmente promovidas por el Papa de Roma.

El historiador Alfonso Scirocco[14] afirma que la Unificación fue completa en la primera mitad del siglo XX, desapareciendo totalmente los movimientos secesionistas durante el gobierno de Víctor Manuel III, nacido en Nápoles y particularmente unido al sur de Italia.

Situación actual

Las seis naciones signatarias del Tratado de Roma de 1957, considerado la continuación del proceso de Unificación italiana en la Unión Europea.

Con la caída del fascismo, que obtuvo el consenso hacia la completa Unificación de los Italianos con la conquista de Etiopía en 1936, los Aliados empezaron una política de regionalización de Italia favoreciendo la creación de regiones independientes (como ocurrió en Sicilia en 1946).

Los disidentes de la unificación hicieron su aparición a lo largo de la segunda mitad del siglo XX (sobre todo después de la segunda guerra mundial en las leyes de los estados anexados) y los simpatizantes del regionalismo han llegado hasta nuestros días. En la actualidad existen dos pequeños movimientos independentistas con representación de un partido político activo: uno en el norte (Liga Norte) y otro al sur (Movimiento neoborbónico). Este movimiento secesionista meridional es parcialmente el resultado de las antiguas rebeliones de los campesinos contra el nuevo gobierno.

Una situación similar existe en al autoproclamado Condado de Seborga. Su demanda histórica de independencia viene del haber sido excluidos de los tratados que unificaron el moderno estado italiano. Sin embargo no ha sido identificado como un movimiento secesionista, ya que afirma que nunca fue parte de Italia. Las reclamaciones de independencia de Seborga no han sido reconocidas por ningún gobierno.

La región italiana de Tirol del Sur (Alto Adige) tuvo un fuerte movimiento secesionista, dirigido por la mayoría austro-germana que exigía su unión con Austria (el deseo secesionista se hizo más fuerte inmediatamente después del final de la Segunda Guerra Mundial).

Los partidos secesionistas existen en la actualidad, pero el movimiento ha sido apaciguado, en gran parte gracias a la amplia autonomía concedida por parte del gobierno italiano.

Actualmente la mayoría de los italianos apoya la continuación del proceso de Unificación de Italia en la actual Unificación de Europa. Dicha Unificación europea se ha iniciado en los Tratados de Roma de 1957 y fue promovida por Alcide De Gasperi, considerado uno de los «padres fundadores» de la Unión Europea.[15]

La unificación de Italia en la ficción

Véase también

Referencias

  1. presentación de Giuseppe Ressa, parte 1, pag 15
  2. a b El portal del sur
  3. datos de la Casa de Borbón
  4. presentación de Giuseppe Ressa, parte 1, pag 8
  5. Cartas de Cavour a Rattazzi del 9 de abril de 1856 (Lettres dè Cavour à U.Rattazzi, Paris, 1862, p.247; citata da Ò Clery La Rivoluzione italiana, Ares, 2000)
  6. presentación de Giuseppe Ressa, parte 1, pag 19
  7. Giacinto dè Sivo, op. cit. pag.525
  8. George Mundy, La fine delle Due Sicilie e la Marina britannica, Berisio, Napoli, 1966, pag.199
  9. Francesco Saverio Nitti, Scienze delle Finanze, Pierro, 1903, p.292.
  10. El portal del sur, los plebiscitos
  11. El portal del sur, el asedio de Gaeta
  12. Alfonso Scirocco, In difesa del Risorgimento.p.48
  13. Real Casa di Borbone delle Due Sicilie - Storia
  14. Scirocco Alfonso. In difesa del Risorgimentop. 38
  15. Pietro Scoppola, La proposta politica di De Gasperi

Bibliografía

  • Raffaele De Cesarea, The Last Days of Papal Rome, Archibald Constable & Co, London (1909)
  • Pio Nono: A Study in European Politics and Religion in the Nineteenth Century by E.E.Y. Hales (P.J. Kenedy, 1954)
  • Edgar Holt, The Making of Italy 1815-1870, Atheneum, New York (1971).
  • Bernardino Barbadoro, Ventisette secoli di storia D´Italia, Asociación Dante Alighieri, Buenos Aires.
  • Alberto Mario Banti, La nazione del Risorgimento: parentela, santità e onore alle origini dell'Italia unita, Torino, Einaudi, 2000 (Biblioteca di cultura storica; 225)
  • Alberto Mario Banti, Il Risorgimento italiano, Roma-Bari, Laterza, 2004 (Quadrante Laterza; 125)
  • Franco Della Peruta, L'Italia del Risorgimento: problemi, momenti e figure, Milano, Angeli, 1997 (Saggi di storia; 14)
  • Franco Della Peruta, Conservatori, liberali e democratici nel Risorgimento, Milano, Angeli, 1989 (Storia; 131)
  • Carlo Ghisalberti, Istituzioni e società civile nell'età del Risorgimento, Roma-Bari, Laterza, 2005 (Biblioteca universale Laterza; 575)
  • Denis Mack Smith, Il Risorgimento italiano: storia e testi (Nuova ediz.), Roma-Bari, Laterza, 1999 (Storia e società)
  • Lucy Riall, Il Risorgimento: storia e interpretazioni, Roma, Donzelli, 1997 (Universale; 2)
  • Rosario Romeo, Risorgimento e capitalismo, Roma-Bari, Laterza, 1998 (Económica Laterza; 144) (1ª ed. 1959)
  • Alfonso Scirocco, L'Italia del risorgimento: 1800-1860 (vol. 1 di Storia d'Italia dall'unità alla Repubblica), Bologna, Il mulino, 1990 (Le vie della civiltà)
  • Alfonso Scirocco, In difesa del Risorgimento, Bologna, Il mulino, 1998 (Collana di storia contemporánea)
  • Pietro Scoppola, La proposta politica di De Gasperi, Bologna, Il Mulino, 1977.
  • Stuart J. Woolf, Il risorgimento italiano, Torino, Einaudi, 1981 (Piccola biblioteca Einaudi; 420)

Enlaces externos


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