Vida de San Juan de la Cruz

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Vida de San Juan de la Cruz
San Juan de la Cruz, seg√ļn un retrato an√≥nimo del siglo XVII.

La Vida de San Juan de la Cruz es una parte destacada de las materias sanjuanistas que, junto con el estudio de su doctrina m√≠stica, el an√°lisis y disfrute de su poes√≠a, la interpretaci√≥n simb√≥lica de su obra y la caracterizaci√≥n de su psicolog√≠a conforman los temas principales de inter√©s sobre San Juan de la Cruz. A modo de introducci√≥n se puede decir, que fue un religioso espa√Īol del siglo XVI, perteneciente a la Orden de Nuestra Se√Īora del Monte Carmelo, a cuya reforma dedic√≥ su vida y para lo cual escribi√≥ varias poes√≠as y tratados espirituales.

Las fuentes sobre San Juan son ricas y variadas, pues ya en vida removió muchas conciencias, dejando impresiones duraderas en aquellos que le conocieron. El interés que despertó en su tiempo hizo que al poco de morir se redactasen varias biografías, y se tomase declaración a numerosos testigos. Es pues una vida documentada, que puede ser descrita con gran realismo. A pesar de ello, es pródiga en sucesos sobrenaturales o que fueron interpretados así por los respectivos testigos. Más allá de la interpretación que cada cual quiera darles, es una vida típica de su época, donde aparecen casi de forma cotidiana visiones, penitencias, arrebatos, tentaciones y endemoniados. Nada de eso, si bien llamativo, es realmente importante, pues San Juan de la Cruz es hoy reconocido por su Teología mística, de un rigor intelectual casi escolástico, por la cual se le considera por Doctor de la Iglesia. En el ámbito no religioso, es conocido sobre todo por sus poesías, que desde la prisión o la soledad interior en que fueron escritas han cruzado los siglos levantando admiración y creando escuela.

La vida de San Juan corre paralela a la de Santa Teresa de Jes√ļs, la Madre Teresa. El com√ļn empe√Īo que los llev√≥ a reformar su orden los mantuvo unidos durante d√©cadas. Tambi√©n la cercan√≠a motivada por el inter√©s m√≠stico de sus esp√≠ritus. A pesar de ser San Juan treinta a√Īos m√°s joven, ella fue para √©l una hija y √©l para ella un padre. Otras personas destacan en su vida. Ana de Jes√ļs, su mejor disc√≠pula. Fray Antonio de Jes√ļs, compa√Īero primero en la reforma. Fray Diego Evangelista, su enemigo declarado. Director espiritual, que no lo hay igual en toda Castilla, como dijo la madre Teresa, reformador, te√≥logo, rector, beato, Doctor de la Iglesia y Santo. Gracias a su muerte, acaecida de manera prematura, San Juan es hoy todo eso, pues la muerte le hurt√≥ de padecer el riguroso examen de sus escritos a cargo de la Inquisici√≥n y de seguir quiz√° la suerte de otros espirituales de ese siglo.

La vida de San Juan es muy geogr√°fica. Castellano como fue de nacimiento, muri√≥ sin embargo en Andaluc√≠a, llev√°ndole su destino por Medina del Campo, Salamanca, √Āvila, Toledo, Baeza, Granada, Segovia y, finalmente, en el tiempo de su muerte, √öbeda.

Contenido

La biografía barroca

La biograf√≠a barroca es la forma en que se hac√≠an las biograf√≠as en la √©poca del barroco, forma que presentaba unos rasgos distintivos de su tiempo. Las biograf√≠as del siglo XVII espa√Īol no ten√≠an la finalidad informativa que se entiende hoy, sino m√°s bien una funci√≥n ejemplarizante. Y este rasgo destaca a√ļn m√°s si, como sucedi√≥ con San Juan de la Cruz, el biografiado estaba inmerso en procesos de beatificaci√≥n y canonizaci√≥n. Esto afecta a cualquier Vida de San Juan de la Cruz que quiera redactarse hoy, porque una parte significativa de la informaci√≥n disponible proviene de biograf√≠as de √©poca. Lo bueno que tienen es que fueron escritas al poco de morir la persona y las noticias que transmiten no son leyendas de or√≠genes inciertos sino declaraciones firmadas de testigos relevantes, que conocieron a San Juan en alg√ļn momento de su vida. Y en esto de los testigos habr√° unos m√°s fiables y otros menos, pero son muchos y cuentan muchas cosas. Esto a su vez presenta un inconveniente que no ha podido soslayarse a√ļn. En el caso de San Juan de la Cruz, la persona llega descrita a trav√©s de otros. Lo poco que √©l dice de s√≠ mismo, apenas dibujan la persona, que queda oculta tras la figura del santo y tras el muro de un discreto af√°n, ll√°mese si se quiere humildad, por pasar desapercibido. Sin duda fue un santo para aquellos testigos y sus bi√≥grafos, como es natural, ensalzaron esos aspectos, proporcionando una ingente cantidad de material para una biograf√≠a, m√°s bien exterior, donde conviven con barroca naturalidad hechos naturales y sobrenaturales. A menudo la biograf√≠a se subordina a la idea, que es la ejemplaridad de una vida en Dios, y se convierte en hagiograf√≠a, donde prima la exaltaci√≥n de la santidad a costa de la realidad inicial. La realidad est√° ah√≠ pese a todo, suficientemente visible para trazar los rasgos grandes y medianos. No se duda de d√≥nde naci√≥, ni de donde vivi√≥, ni de los cargos que tuvo ni de las personas que conoci√≥, que son todas hist√≥ricas y tienen sus propias biograf√≠as. Su obra por otra parte est√° bien fechada y delimitada. Su entrega a la imprenta y las diversas copias manuscritas que se hicieron permiten fijar los textos. Con esta realidad indubitable y natural coexisten sucesos sobrenaturales, t√≠picos de la biograf√≠a barroca. Curaciones, milagros, tentaciones, exorcismos, levitaciones, mortificaciones, penitencias, apariciones del diablo, profec√≠as (algunas bien hist√≥ricas, por otra parte), persecuciones, etc. Todo ello sazonado con una muerte ejemplar y edificante, en olor de santidad, y unos huesecillos y enseres postreros, milagrosos ellos, convertidos al poco en reliquias. A menudo no es f√°cil siquiera decidir si un suceso es natural o sobrenatural. Unos ejemplos.

  • Durante uno de sus viajes, se acerc√≥ corriendo un perrazo furioso. Su compa√Īero, que a la postre narr√≥ el suceso, temi√≥ y quiso huir pero fray Juan le rog√≥ que no tuviese miedo. Al acercarse el animal, fray Juan extendi√≥ la mano y el perro se amans√≥.[ref 1]
  • Reci√©n fundado el Colegio de Baeza en una casa de la ciudad reciben de noche la visita de unos trasgos, que meten estr√©pito y no dejan dormir. Es uno de los presentes qui√©n narra el suceso.[ref 2]
  • Se declara un incendio en unos campos y las llamas amenazan la iglesia del convento. San Juan se arrodilla ante ellas y queda en oraci√≥n. Ya le est√°n chamuscando el h√°bito cuando cambia el viento y las llamas se marchan por donde han venido, consumi√©ndose al poco.[ref 3]
  • Muere una religiosa y fray Juan tiene la visi√≥n de su alma yendo al cielo. El suceso se lo cont√≥ a su madre, quien a su vez se lo cont√≥ a la declarante.[ref 4]
  • Tiene en √Āvila una visi√≥n de Cristo crucificado y la plasma en un peque√Īo dibujo, que todav√≠a se conserva.[ref 5]
  • En Segovia, mientras confiesa, par√©cele a algunos testigos que sale como un resplandor del confesionario, y hay un olor suave en el ambiente.[ref 6] Las vendas usadas durante su enfermedad final tambi√©n ten√≠an un agradable olor.

Fontiveros y Medina

En la villa castellana de Fontiveros, sita en las rutas que desde el sur de la pen√≠nsula conduc√≠an a las concurridas ferias de Medina del Campo, naci√≥ en el a√Īo 1542 Juan de Yepes, futuro Juan de la Cruz, como tercer v√°stago de la familia. Era su padre, Gonzalo de Yepes, miembro de una noble familia,[ref 7] oriunda de la localidad toledana de Yepes. Muertos los abuelos de Juan, su padre qued√≥ al cargo de unos t√≠os suyos, que lo ocuparon en la contadur√≠a de sus negocios. Por ese motivo viajaba con frecuencia a Medina. Durante esos viajes conoci√≥ en Fontiveros a Catalina √Ālvarez, joven hermosa pero de pobre condici√≥n con la cual se cas√≥ enamorado en 1529.[1] A consecuencia de ello, fue repudiado por sus t√≠os quedando sin dinero ni oficio, obligado a aprender el de su mujer, que era tejedora de sedas.[ref 8] En 1530 naci√≥ Francisco de Yepes, el hermano mayor de Juan y despu√©s, un segundo hermano, llamado Luis. Al poco de nacer Juan, el padre muri√≥ de una dolorosa enfermedad dejando a la viuda en un extremo desamparo, al cargo de los tres hijos.[ref 9] Catalina intent√≥ endosar al hijo mayor a unos parientes toledanos. Al no tener √©xito, le ense√Ī√≥ el oficio de tejedor. Luis, el segundo hermano, muri√≥ en esos a√Īos, quiz√° por desnutrici√≥n. De la infancia de Juan en el pueblo no se sabe gran cosa. En una ocasi√≥n, jugando con otros ni√Īos cerca de una laguna cenagosa, cay√≥ accidentalmente a ella:

...y vido, estando dentro una se√Īora muy hermosa que le ped√≠a la mano, alarg√°ndole la suya, y √©l no se la quer√≠a dar por no ensuciarla; y estando en esta ocasi√≥n lleg√≥ un labrador y con una ijada que llevaba le alz√≥ y sac√≥ fuera...[ref 10]

Incapaz de sobrevivir en Fontiveros, Catalina emigr√≥ con sus dos hijos a la cercana villa de Ar√©valo, un enclave hist√≥rico venido a menos. All√≠ se emple√≥ con su hijo mayor en una tejedur√≠a. Nada se sabe de Juan en ese tiempo. De Francisco s√≠ se cuenta que pas√≥ por una etapa disoluta, frecuentando malas compa√Ī√≠as, y que luego se arrepinti√≥. A partir de ah√≠, se dej√≥ instruir, haciendo frecuente oraci√≥n, y recogiendo pobres de las calles. Conoci√≥ entonces a Ana Izquierdo, con la cual se cas√≥.[ref 11] En 1551, la penuria familiar fue tal que se vieron obligados a emigrar nuevamente, esta vez a Medina del Campo. Camino de all√≠, se cuenta el siguiente suceso, cuya noticia proviene de la declaraci√≥n efectuada por Juan de San Jos√©, confesor de Francisco de Yepes.

Viniendo el dicho venerable padre fray Juan de la Cruz con el dicho virtuoso var√≥n Francisco de Yepes... a la dicha villa de Medina del Campo, a la entrada della, de una laguna de agua o del r√≠o Zapardiel (no se acuerda este testigo bien cu√°l de las dos partes fue), sali√≥ un pez de extraordinaria grandeza, como una ballena y m√°s, y con la boca cubierta, bien como que acomet√≠a al dicho venerable padre, que era ni√Īo, para trag√°rselo; y el ni√Īo, temeroso, se encomend√≥ a Dios, y desapareci√≥ el pez. Al cual vio el dicho Francisco de Yepes y se espant√≥ de ver una cosa tan monstruosa... Y ans√≠ se lo contaba a este testigo como cosa extraordinaria.[ref 12]

Asentada la familia en la parte norte de la villa, e incapaz de sostener con su oficio al peque√Īo Juan, le ingres√≥ en un Colegio de la Doctrina. Eran estos colegios, instituciones de beneficencia que recog√≠an ni√Īos pobres, hu√©rfanos sobre todo, a quienes atend√≠an en sus necesidades primarias y daban una primera educaci√≥n y oficio. Colaboraban en esta √ļltima finalidad artesanos de la ciudad que tomaban como aprendices a los ni√Īos. El colegio de Medina hab√≠a sido provisto con rentas por Don Rodrigo de Due√Īas y los ni√Īos ten√≠an la obligaci√≥n de acudir a la Iglesia de la Magdalena para asistir a los religiosos. Juan fracas√≥ sucesivamente como aprendiz de carpintero, sastre, entallador y pintor.[ref 13] Destac√≥ sin embargo en los servicios religiosos, donde se gan√≥ el aprecio de todos.

Otro suceso, también relacionado con el agua, tuvo lugar en ese tiempo. Se conservan varias declaraciones que difieren en lo milagroso del asunto.

Siendo este testigo vecino del Hospital desta villa..., fue ans√≠ que un d√≠a, viniendo este testigo a comer a su casa, oy√≥ decir entre mucha gente de la vecindad del dicho Hospital que el dicho ni√Īo de la Doctrina hab√≠a ca√≠do en un pozo d√©l, y y√©ndole a sacar, porque se pensaba se hab√≠a ahogado, porque el dicho pozo era muy hondo, y este testigo le ha visto, le hallaron al dicho ni√Īo de la Doctrina vivo dentro del pozo y que dec√≠a que una Se√Īora le hab√≠a tenido para que no se ahogase, y ans√≠ le sacaron sin lesi√≥n ni da√Īo alguno, y se public√≥ que la Virgen Nuestra Se√Īora era la que le hab√≠a sustentado y tenido para que no se ahogase; y este testigo vio despu√©s de pasado este caso muchas y diversas veces al dicho ni√Īo.[ref 14]

Quiz√°s a ra√≠z de este comentado suceso o de sus buenas cualidades, Juan fue requerido como recadero por Alonso √Ālvarez de Toledo, administrador del Hospital de Nuestra Se√Īora de la Concepci√≥n, tambi√©n conocido como Hospital de las bubas. Al mismo tiempo, comenz√≥ a estudiar en el Colegio de la Compa√Ī√≠a de los jesuitas, reci√©n fundado. Dado que termin√≥ sus estudios en el a√Īo 1563 se estima que debi√≥ empezarlos cuatro a√Īos antes, en 1559. Los estudios all√≠ realizados fueron del tipo humanista que preconizaban los jesuitas, saliendo de all√≠ al menos con conocimientos de griego, lat√≠n y ret√≥rica, y habiendo aprovechado bien en ellos, seg√ļn relata, entre otros, su propio hermano.[ref 15] En estos a√Īos tom√≥ su primer contacto con los cl√°sicos latinos y espa√Īoles.

Acabados sus estudios con 21 a√Īos, Alonso √Ālvarez, el administrador del Hospital quiso que se ordenara sacerdote y quedase al servicio de la instituci√≥n. Algunas √≥rdenes religiosas se interesaron tambi√©n por √©l. Un d√≠a, sin embargo, sali√≥ en secreto del Hospital y se acerc√≥ al convento que ten√≠an los carmelitas en Medina, provisional mientras el definitivo se constru√≠a. All√≠ solicit√≥ el ingreso en la orden y, casi al momento, recibi√≥ la tonsura y tom√≥ el h√°bito, de color marr√≥n y capa blanca, adoptando entonces el nombre de fray Juan de Santo Mat√≠a.

La Orden de Nuestra Se√Īora del Carmen

Escudo de la Orden del Carmen.
Artículo principal: Orden de Carmelitas Descalzos

La elección de la orden del Carmen se ha querido rodear de una aureola de revelación milagrosa o talante reformador. No hay tal. Le guiaba más el amor a la Virgen como aseguran algunos que le trataron entonces.[ref 16] La Orden del Carmen retrotrae sus orígenes a una comunidad ascética que se formó a mediados del siglo XII (1156) en el Monte Carmelo, una elevación situada en la tierra de Palestina.[ref 17] Esta comunidad fue fundada por Bertoldo de Calabria, hábil guerrero al servicio de Godofredo de Bouillon que, pese a tal condición, había prometido consagrarse a la religión si la ciudad de Antioquía, asediada entonces por Adalberto Zanghis, resistía y se salvaba.[ref 18] Como así ocurrió, Bertoldo organizó un eremitorio regido por unas reglas sueltas que su sucesor, San Brocardo unificaría. Para ello, Alberto de Jerusalén, patriarca de Jerusalén extendió una regla en forma de 16 puntos.[ref 19]

1.- Uno de los hermanos ser√° elegido prior y los dem√°s le prometer√°n obediencia.

2.- Cada hermano tendr√° una celda separada, elegida por el prior.

3.- Nadie podr√° cambiar de celda sin permiso.

4.- La celda del prior estar√° en la entrada, para recibir a los que vengan.

5.- Todos permanecerán día y noche en su celda, orando y meditando, si no tienen otra cosa legítima que hacer.

6.- Los que sepan leer y recitar, rezarán las preceptivas Horas Canónicas.

7.- Ning√ļn hermano tendr√° nada de su propiedad. Todo ser√° com√ļn y el prior lo distribuir√° seg√ļn las necesidades.

8.- El oratorio estar√° en el medio de las celdas.

9.- Se reunirán ciertos días para tratar la observancia y corregir las negligencias.

10.- Ayunarán desde la Exaltación de la Cruz hasta Pascua, excepto por enfermedad u otra causa justificada.

11.- No comer√°n carne, excepto por enfermedad.

12.- Cultivar√°n la fe, la justicia y la castidad.

13.- Trabajar√°n en silencio.

14.- Se respetará el silencio desde completas hasta prima, y lo que se hable fuera de ahí, no será ocioso.

15.- El prior meditar√° las palabras: El que quiera ser mayor, h√°gase siervo.

16.- Los hermanos honrar√°n al prior con humildad.

Seg√ļn esta regla, la vida carmelitana era eminentemente contemplativa y estaba marcada por la soledad, la renuncia y el silencio. En los siglos siguientes la orden pas√≥ a Europa, donde se adapt√≥ la regla primitiva y se fundaron conventos para mujeres. En los siglos XIV y XV cundi√≥ la opini√≥n de que la regla primitiva era demasiado rigurosa por lo que Eugenio IV concedi√≥ una mitigaci√≥n, consistente en levantar el ayuno, el silencio, la separaci√≥n de celdas y la prohibici√≥n de comer carne.[ref 20] Esta regla, llamada mitigada, se sigui√≥ desde entonces en casi todos los conventos, incluido el de Medina. Fray Juan termin√≥ su noviciado en Medina en el a√Īo 1564, profesando los votos en el mismo convento, recibiendo los votos el superior de la casa y actuando como testigos fray √Āngel de Salazar, provincial de Castilla y Alonso √Ālvarez de Toledo. La f√≥rmula de la profesi√≥n fue:

Ego frater Ioannes ut infra promitto obedientiam, paupertatem et castitatem Deo et reverendo patri fratri Ioanni Baptistae Rubeo, de Ravena, priori generali Ordinis Carmelitarum.[ref 21]

Apenas profesó pidió permiso para observar la regla primitiva de la orden. Se tiene de entonces vaga noticia de la composición de unas canciones poéticas, que no se conservan ni parecen guardar relación con sus obras posteriores.[ref 22]

Salamanca

Biblioteca de la Universidad de Salamanca.

La Universidad de Salamanca viv√≠a en esos tiempos su √©poca de mayor esplendor, tanto por la calidad de sus docentes como de su ense√Īanza.[ref 23] [2] Hab√≠a siete mil alumnos matriculados en las diferentes facultades, destacando por n√ļmero el derecho, las lenguas y la teolog√≠a. Los carmelitas dispon√≠an en Salamanca del Colegio de San Andr√©s, que estaba obligado a acoger con adecuada hospitalidad a los estudiantes de la Orden que acud√≠an a la ciudad para seguir las clases universitarias. El Colegio de San Andr√©s era un medio para la restauraci√≥n cultural del Carmelo en Espa√Īa, motivo por el cual recib√≠a en esos a√Īos especial atenci√≥n por parte de los generales de la orden. Ten√≠a categor√≠a de Studium generale por lo que dispon√≠a de estudios propios y un cuerpo docente. El r√©gimen de vida era riguroso. Los alumnos ten√≠an prohibido salir de √©l, si no era para asistir a las clases de la universidad y deb√≠an hacerlo de dos en dos, y guardando la debida compostura.

Fray Juan de Santo Mat√≠a aparece matriculado en la universidad el 6 de enero de 1565 junto al resto de alumnos del Colegio. Se desconoce qu√© estudios curs√≥ pues la informaci√≥n disponible deja una laguna de ignorancia que s√≥lo se puede mitigar describiendo el ambiente general universitario. Los estudiantes del Colegio llevaban un doble r√©gimen de estudios, los del colegio y los universitarios.[ref 24] De los estudios universitarios se tiene cierto conocimiento. Los estudiantes estaban sentados en bancos sin respaldos, escuchando al maestro, que deb√≠a disertar sobre su tema sin leer ning√ļn papel. No se permit√≠a dictar la lecci√≥n, prohibici√≥n que profesores y alumnos se saltaban, unos para dar tiempo a que los alumnos tomasen notas y, los otros, pateando el suelo si juzgaban que el profesor se apresuraba demasiado. Las clases se impart√≠an en lat√≠n. La ense√Īanza est√° influida por el tomismo, aunque los maestros ten√≠an libertad para comentar, ampliar, refutar o enmendar al aquinate, introduciendo elementos plat√≥nicos o averro√≠stas. En general, hab√≠a un ambiente liberal que admit√≠a a discusi√≥n cualquier sistema u opini√≥n. Dentro del Colegio de San Andr√©s, por su parte, se estudiaba teolog√≠a a trav√©s de las obras de dos destacados maestros de la orden: Juan Baconthorp (1290-1345) y Miguel de Bolonia.[ref 25]

Este es el ambiente general en el cual pudo estudiar fray Juan de Santo Mat√≠a. Se sabe que aprovech√≥ bien sus estudios, porque fue nombrado prefecto de estudiantes. El contraste entre los sistemas estudiados le dio flexibilidad de pensamiento, mientras que el f√©rreo estilo escol√°stico le ayud√≥ a fundamentar y estructurar su futura teolog√≠a m√≠stica. Al respecto, las primeras inquietudes pudieron ocuparle el a√Īo 1567, tiempo en que deb√≠a ingresar en la Facultad de Teolog√≠a. Era costumbre que los nuevos te√≥logos defendiesen p√ļblicamente una tesis de ingreso frente a estudiantes m√°s avanzados. San Juan hab√≠a dedicado especial atenci√≥n a los textos m√≠sticos de San Dionisio y San Gregorio de Nisa, y estudiado algunas ideas de su tiempo, encontrando en √©stas una mala inteligencia del hecho m√≠stico. Aunque no se conserva nada de su disertaci√≥n, se sabe que fue calificada de excelente.[ref 26]

Duruelo

Santa Teresa de Jes√ļs, en un cuadro de Rembrandt.

Mientras tanto, en ese a√Īo de 1567 andaba la Orden revuelta por el empe√Īo que pon√≠a una mujer en reformarla. Teresa de Jes√ļs ten√≠a desde hac√≠a unos meses el benepl√°cito de sus superiores para fundar conventos de monjas en Castilla. Hab√≠a pedido adem√°s permiso para extender la reforma a los frailes, y andaba buscando frailes que pudiesen comenzarla. La madre Teresa lleg√≥ a Medina del Campo el 14 de agosto de ese a√Īo con intenci√≥n de fundar su segundo convento de Descalzas. All√≠ expuso sus planes a fray Antonio de Heredia, prior del convento de Santa Ana, que se ofreci√≥ para ser primero en la reforma. Como era ya mayor, la madre Teresa le pidi√≥ que esperase, temiendo que no habr√≠a de aguantar el rigor de la vida reformada. Tambi√©n le hablan de un virtuoso estudiante de Salamanca, que en esos d√≠as hab√≠a venido a cantar su primera misa. Es el propio fray Juan, con quien se entrevista en septiembre u octubre de ese a√Īo.[ref 27] Meditaba fray Juan abandonar el Carmelo y los estudios para pasarse a la Cartuja, mucho m√°s penitente y recogida. Al conocer los planes de la Madre Teresa para la reforma de los frailes, que inclu√≠an permiso para fundar dos conventos de frailes reformados, cambi√≥ de idea y se comprometi√≥ a seguirla con la √ļnica condici√≥n de que no se tardase mucho. Despu√©s de la entrevista, la madre Teresa coment√≥ a sus hijas que ya ten√≠a fraile y medio para la reforma.[3] [ref 28] Fray Juan volvi√≥ a Salamanca para terminar sus estudios.

En el verano de 1568, acabado el a√Īo escolar, fray Juan volvi√≥ a Medina, donde se encontr√≥ otra vez con la madre Teresa. En el √≠nterin le hab√≠an ofrecido un casuco de labranza en una localidad bien humilde de la provincia llamada Duruelo, dif√≠cil de encontrar, incluso queriendo.[ref 29] All√≠ se propon√≠a fundar el primer convento de descalzos, prop√≥sito que secundaron de buen grado fray Juan y fray Antonio. Durante el verano se sucedieron los preparativos. Llegado el momento, fray Juan se adelant√≥ acompa√Īado de un alba√Īil con vocaci√≥n de lego para preparar la casa. Llevaba con √©l unos pocos enseres, unas estampas para adornar una improvisada iglesia y unos relojes de arena para regular la vida conventual. El camino hasta Duruelo transcurr√≠a por la Mora√Īa. Duruelo era un lugarejo en un vallecillo, encajonado entre altozanos de encinas. La casuca ten√≠a portal, c√°mara, desv√°n y cocinilla. Acometida la reforma, avisaron a sus superiores. Mientras esperaban, la vida en Duruelo transcurri√≥ haciendo penitencia y apostolado.[ref 30] Francisco de Yepes, el hermano de fray Juan, se acerc√≥ a ver a su hermano. Sal√≠an temprano a predicar a los lugares vecinos.

El 27 de noviembre llegaron unos carmelitas a Duruelo. Algunos ven√≠an a la fundaci√≥n, entre ellos el provincial fray Alonso Gonz√°lez. Otros, como fray Antonio de Heredia, ven√≠an para quedarse. Este √ļltimo se lament√≥ entonces de que fray Juan hubiese mudado el h√°bito, porque de esa forma ya no pod√≠a ser el primero, como era su deseo. Al d√≠a siguiente, despu√©s de celebrada la misa, fray Antonio de Heredia, fray Juan de Santo Mat√≠a y un di√°cono llamado fray Jos√© de Cristo se acercaron al altar y dieron cumplimiento al doble ritual de renunciar a la regla mitigada por Eugenio IV, para volver a la regla primitiva sin mitigaci√≥n. El acta de fundaci√≥n dice:

Nos, fray Antonio de Jes√ļs, fray Juan de la Cruz y fray Jos√© de Cristo, comenzamos hoy, 28 de noviembre de 1568 a vivir seg√ļn la regla primitiva.

Todos ellos trocaron su nombre. Fray Antonio de Heredia adoptar√° el nombre de fray Antonio de Jes√ļs y fray Juan de Santo Mat√≠a firmar√° de ah√≠ en adelante como fray Juan de la Cruz.[ref 31]

Mancera y Alcal√° de Henares

Roquedas y cuevas en Pastrana.

Pr√≥ximo a Duruelo, a eso de una legua, estaba el peque√Īo pueblo de Mancera de Abajo, donde Don Luis de Toledo, primo del Duque de Alba, ten√≠a un palacio residencia. A√Īo y medio despu√©s de la fundaci√≥n de Duruelo, fray Antonio gan√≥ la voluntad de Don Luis, que les cedi√≥ una iglesia construida por √©l mismo, y les invit√≥ a trasladarse all√≠. Como Duruelo se hab√≠a quedado peque√Īo, la comunidad accedi√≥ al traslado, previo permiso del provincial. La ceremonia de fundaci√≥n de Mancera, celebrada el 11 de junio de 1570, fue m√°s solemne, siendo acompa√Īada por numerosa gente, no s√≥lo de all√≠ sino venida tambi√©n desde Salamanca. La primitiva fundaci√≥n qued√≥ desierta y arruinada poco despu√©s. Fray Juan hubiese seguido su vida reformada de no ser porque fue reclamado para dos empresas. El 13 de julio de 1569, se hab√≠a fundado el segundo convento reformado, cerca de la localidad alcarre√Īa de Pastrana,[ref 32] constituido por dos ardorosos napolitanos, Ambrosio Mariano Azaro y Juan Narduch que hab√≠an sido ganados para la reforma por la madre Teresa.[ref 33] Desde Alcal√° acudieron novicios y la nueva fundaci√≥n se convirti√≥ en el primer noviciado. La madre Teresa tem√≠a que un celo mal entendido desfigurase el verdadero esp√≠ritu carmelitano, por lo que solicit√≥ que la vida espiritual de Pastrana fuese guiada por Juan de la Cruz. Fray Juan recibi√≥ la orden y emprendi√≥ el camino de treinta leguas, acompa√Īado por el hermano fray Pedro de los √Āngeles. El itinerario marcado en la √©poca pasaba por √Āvila, Navalperal de Pinares, Robledo de Chavela. De all√≠ se bajaba hasta Navalagamella, dejando a la izquierda una insignificante poblaci√≥n, convertida inopinadamente en centro del reino por la f√°brica en ciernes de un rocoso y austero palacio: San Lorenzo de El Escorial. M√≥stoles, Madrid, Alcal√° de Henares y Pastrana completaban el camino. Cuatro profesos y diez novicios formaban en ese momento la comunidad de Pastrana, incluyendo gente ilustre, religiosos antiguos y aventajados universitarios. Durante un mes, fray Juan organiz√≥ la vida espiritual dotando a la comunidad de reglas y pr√°cticas. Despu√©s parti√≥ de all√≠ y desand√≥ el camino a Mancera.[ref 34]

En noviembre de 1570 se detuvieron en Mancera tres monjas descalzas que iban camino de Salamanca, a la fundaci√≥n que la madre Teresa ha promovido all√≠. Una de ellas es una joven hermosa y capaz llamada Ana de Jes√ļs, a√ļn novicia, que se convertir√° m√°s adelante en una de las principales disc√≠pulas de fray Juan.[ref 35] Durante su estancia, recibieron instrucciones para ordenar su futura vida conventual. Por esos d√≠as se estaba gestando asimismo la fundaci√≥n del convento de Alba de Tormes. Fray Juan acudi√≥ y se emple√≥ en labores varias, igual confesaba que tomaba los apeos de alba√Īil, derribaba muros y sacaba escombros. La fundaci√≥n de este nuevo convento se realiz√≥ el 24 de enero de 1571. De aquellos d√≠as dej√≥ recuerdo la mansedumbre de fray Juan.[ref 36]

La labor reformadora y formadora de fray Juan prosigui√≥ en otros lugares. El 1 de noviembre de 1570 se hab√≠a fundado en la ciudad de Alcal√° un Colegio de Descalzos, que era a la saz√≥n el primero y √ļnica de la reforma. Andaba la instituci√≥n falta de un rector por lo que el comisario apost√≥lico fray Pedro Fern√°ndez extendi√≥ una patente para fray Juan, que la recibi√≥ en Mancera de manos del prior fray Antonio y motiv√≥ su partida hacia Alcal√° en abril de 1571. Le acompa√Ī√≥ en ese nuevo viaje entre las dos Castillas el mismo fray Pedro de los √Āngeles con el que fue a Pastrana, pero esta vez no aguarda el t√©rmino de su misi√≥n, pues llegados a Alcal√° se volvi√≥.[ref 37] Fray Juan se qued√≥ en la ciudad del Henares y ya no volvi√≥ m√°s a Mancera. La casa donde empez√≥ la reforma se aparta as√≠ de su camino.

La organizaci√≥n del Colegio de Alcal√° no se conoce demasiado. La falta de profesorado propio motivaba que los estudiantes acudiesen a la Universidad Complutense. Alcal√°, al igual que Salamanca, era uno de los centros culturales del pa√≠s y la vida estudiantil estaba presente por doquier. Entre el bullicio de los estudiantes destacaba la sobriedad de los alumnos del Colegio que pasaban silenciosos, con h√°bito pobre y capa blanca, pies desnudos y actitud modesta. Fray Juan vest√≠a un burdo sayal que no le alcanzaba el tobillo y no llevaba sandalias. Su aspecto apacible gan√≥ nuevos estudiantes para la reforma, entre ellos Inocencio de San Andr√©s qui√©n ser√° luego uno de sus disc√≠pulos m√°s allegados.[ref 38] Siendo rector de Alcal√° ocurri√≥ un altercado en Pastrana cuya resoluci√≥n le fue encomendada. Sucedi√≥ que se hab√≠a hecho cargo de la direcci√≥n espiritual un maestro cuyo rigor penitencial hab√≠a soliviantado, y quebrado tambi√©n, las voluntades de los novicios. Si el eje de la reforma carmelita era la vida contemplativa, este maestro entregaba a sus disc√≠pulos a pr√°cticas extravagantes que poco ten√≠an que ver con ella, como salir a los bosques vestidos como pobres y acarrear le√Īa para intentar venderla en los pueblos vecinos por sumas desorbitadas de dinero, sumas que obviamente nadie querr√≠a pagar, y motivar√≠a que los novicios tuviesen que soportar insultos e impertinencias. Las reacciones eran diversas, a veces de fina iron√≠a. Un caballero pregunt√≥ a un novicio llamado fray Ambrosio Mariano la raz√≥n de acarrear le√Īa a cuestas. Este respondi√≥:

Porque así nos calienta dos veces.[ref 39]

Más allá de estas ocurrencias particulares, había descontento y preocupación porque el prestigio de la reforma estaba en entredicho, por lo cual debió requerirse que fray Juan volviese allí. El 23 de abril de 1572 estaba en Pastrana, donde ordenó la vida de la comunidad, regulando las salidas y prácticas penitenciales.[ref 40] Después de eso regresó a Alcalá.

√Āvila

Vitral de Santa Teresa.

En 1571, la madre Teresa fue nombrada, a su pesar, priora de la Monasterio de la Encarnaci√≥n de √Āvila, sito en su ciudad natal y bien conocido de ella por haber estado all√≠. Si bien la decisi√≥n fue del comisario apost√≥lico fray Pedro Fern√°ndez, la aceptaci√≥n le vino a la madre Teresa, seg√ļn ella cuenta, de una peque√Īa revelaci√≥n donde el Se√Īor le urgi√≥ a aceptar el encargo.[ref 41]

La Encarnaci√≥n de √Āvila era un convento amplio y populoso, que contaba a la saz√≥n con ciento treinta monjas, por dem√°s hambrientas dada la escasez de recursos que padec√≠a el convento, y temerosas tambi√©n de que la Madre Teresa, que ven√≠a de fuera, impusiese all√≠ la vida rigurosa de la reforma. Las dificultades y la soledad con que enfrentaba su tarea motiv√≥ que solicitase del mismo comisario que fray Juan de la Cruz fuese nombrado director espiritual del convento. Hab√≠a reticencias porque dicho nombramiento pod√≠a suponer un desaire para los padres calzados que, desde siempre, hab√≠an realizado esa tarea. De cualquier modo, fray Juan dej√≥ el cargo de rector en Alcal√° y se traslad√≥ al convento que los frailes de la observancia ten√≠an en √Āvila, cerca de la muralla. All√≠ viv√≠an otros frailes descalzos como √©l, que las autoridades de la orden hab√≠an mezclado con los calzados por ver si esa convivencia mejoraba el tono general de la vida carmelitana. No era f√°cil que ocurriese. Durante un tiempo, fray Juan comparti√≥ las labores de confesi√≥n con los padres calzados habituales. Poco a poco, su influencia se dej√≥ sentir entre las monjas que empezaron a preferirle en detrimento de sus antiguos confesores. La convivencia no deb√≠a ser buena, porque fray Juan y un compa√Īero de la reforma llamado fray Germ√°n de San Mat√≠as, abandonaron el convento de los padres calzados y se trasladaron a una casuca con un corralillo, adosada a la Encarnaci√≥n, que la madre Teresa les hab√≠a dispuesto.[ref 42]

La direcci√≥n espiritual de fray Juan en el convento de la Encarnaci√≥n consigui√≥ los objetivos pretendidos por la madre Teresa. El descontento inicial fue cediendo y la comunidad de monjas enderez√≥ su malestar hacia la vida espiritual pretendida. Un cap√≠tulo aparte de su estancia en √Āvila la constituye la colaboraci√≥n con la madre Teresa. Uno y otro eran esp√≠ritus singulares y cimas de la m√≠stica. La madre Teresa hab√≠a tenido muchos directores pero la direcci√≥n de fray Juan le pareci√≥ tan acertada que con el tiempo dir√≠a: Despu√©s que se fue, no he hallado en toda Castilla otro como √©l. Por otra parte, fray Juan no conoci√≥ otro esp√≠ritu con tanta riqueza de experiencias m√≠sticas. La gu√≠a espiritual de fray Juan era rigurosa y deshac√≠a sin consideraci√≥n todo gusto por el apetito de las cosas, tanto de las cosas divinas como de las humanas. Se cuenta que la madre Teresa gustaba de comulgar con hostias grandes porque as√≠ le parec√≠a que ten√≠a al Se√Īor m√°s tiempo con ella. A poco que lo supo, fray Juan le hizo comulgar no ya con una hostia peque√Īa sino con media, para que la madre se desapegase de ese gusto. En otra ocasi√≥n, estando en Beas priv√≥ de la comuni√≥n a unas monjas, que se complac√≠an demasiado en el sacramento. Tambi√©n se la neg√≥ una vez a Ana de Jes√ļs.[ref 43]

Se conserva en el Monasterio de la Encarnaci√≥n un locutorio donde se narra el siguiente suceso. Hablando un d√≠a fray Juan y la madre Teresa de la Sant√≠sima Trinidad, fray Juan fue movido como por una fuerza irresistible y se levant√≥, o fue levantado subitamente, quedando de pie. Uno de los bi√≥grafos de su tiempo a√Īade que el √≠mpetu fue tal que sali√≥ despedido hacia el techo, llev√°ndose incluso la silla. La madre Teresa, sorprendida, pregunt√≥ por lo ocurrido:

- ¬ŅHa sido movimiento de oraci√≥n?
- Creo que sí -respondió él.[ref 44]
Cristo de San Juan de la Cruz, en el Monasterio de la Encarnaci√≥n de √Āvila.

Otra vez, tuvo fray Juan una visi√≥n de Cristo crucificado, que se aparec√≠a visto desde una perspectiva superior, colgando de la cruz con los brazos descoyuntados y la cabeza ca√≠da. Fray Juan plasm√≥ la visi√≥n en un peque√Īo papel y se la entreg√≥ a una de las monjas del convento con la que ten√≠a m√°s trato. Este dibujo todav√≠a se conserva en ese mismo convento, en un sencillo relicario de madera dorada.[ref 45] En otra ocasi√≥n, muri√≥ una monja en el convento y fray Juan contempl√≥ c√≥mo su alma sub√≠a al cielo.[ref 46] Durante su estancia en la ciudad ocurrieron asimismo algunas cosas, extramuros del convento.

  • Hab√≠a un rico caballero, comidilla de la ciudad, que visitaba y regalaba a una monja. El asunto causaba inquietud tanto en la casa del caballero como en el convento. La monja confiesa con fray Juan y decide no verle, tras lo cual el caballero espera a fray Juan y, presa de la ira, le sorprende y apalea dej√°ndole bien curtido. Fray Juan evita la denuncia y lo √ļnico que dir√° despu√©s es que se le hicieron dulces los palos, como a San Esteban las pedradas.[ref 47]
  • Una noche, estando s√≥lo, allan√≥ la casuca en que viv√≠a una joven de buena familia y mejor presencia que le segu√≠a desde hace tiempo. Fray Juan resisti√≥ la tentaci√≥n y conmin√≥ a marcharse a la joven, que volvi√≥ a su casa avergonzada de lo que hab√≠a hecho.[ref 48]
  • En el colegio agustino de Nuestra Se√Īora de Gracia, era notoria una joven monja que explicaba con gran tino las escrituras a pesar de no haber cursado estudios ni tenido maestros. Hab√≠a sido visitada por te√≥logos de reputado prestigio de la Universidad de Salamanca: Fray Luis de Le√≥n, Mancio del Corpus Christi... Se requiri√≥ al fin la presencia de fray Juan que, despu√©s de una hora de trato con la joven, afirm√≥ rotundamente Se√Īores, esta monja est√° endemoniada. Seg√ļn se dijo, con seis a√Īos la monja hab√≠a extendido una c√©dula de entrega al demonio, firmada con su propia sangre. Despu√©s de esto se inici√≥ un largo y penoso proceso de exorcismo, que dur√≥ meses y del que dan cuenta varios testigos.[ref 49]
  • En otra ocasi√≥n fue a Medina del Campo, donde hab√≠a una monja enferma de la que se dec√≠a que ten√≠a un mal esp√≠ritu. Tras confesar a la monja, dijo que no era nada de eso sino falta de juicio. Estando en la ciudad visit√≥ a su madre y all√≠ debi√≥ contarle el suceso de la monja difunta cuya alma hab√≠a visto ascender a los cielos.[ref 50]

En diciembre de 1575, el prior de los calzados de √Āvila decidi√≥ quitar de en medio a los confesores descalzos mediante el expeditivo m√©todo de apresarlos y llevarlos a la c√°rcel conventual de Medina del Campo. Las monjas y parte de la ciudad protestaron airadamente y gracias a la intervenci√≥n del nuncio Ormaneto los captivos volvieron y fueron confirmados en su puesto.(JRV p.45) Empezaban las dificultades.

Dificultades de la reforma

La Orden del Carmen ten√≠a por general en esos d√≠as a Juan Bautista Rubeo que hab√≠a autorizado la fundaci√≥n de varios conventos reformados porque la reforma era vista, al menos al principio, con buenos ojos. En 1567, el Papa hab√≠a extendido un breve para que el rey Felipe II nombrara dos comisarios apost√≥licos, independientes del general y con plenas atribuciones. Fueron nombrados dos padres dominicos: fray Pedro Fern√°ndez y Francisco de Vargas. Mientras fray Pedro Fern√°ndez ejerci√≥ su labor en consonancia con el general de la orden, el segundo tom√≥ algunas decisiones contrarias al esp√≠ritu integrador con que se hab√≠a iniciado la reforma. As√≠, mientras que en Castilla se tom√≥ la homeop√°tica medida de mezclar calzados y descalzos para estimular la reforma de los primeros, en Andaluc√≠a se dio a los descalzos el convento calzado de San Juan del Puerto en Huelva. Adem√°s, se fundaron conventos en Sevilla, Granada y la Pe√Īuela, contraviniendo las intenciones del general del Carmen.[ref 51] En 1574, se reuni√≥ una junta de provinciales espa√Īoles que envi√≥ a Roma un negociador, fray Jer√≥nimo Tostado, para conseguir que los comisarios apost√≥licos fuesen nombrados por la orden. A resultas de ello, el Papa derog√≥ el nombramiento de los dos comisarios, decisi√≥n que no gust√≥ al legado apost√≥lico en Espa√Īa, el nuncio Ormaneto. Su reacci√≥n fue nombrarlos reformadores con iguales atribuciones que antes. La decisi√≥n provoc√≥ la abierta oposici√≥n de los calzados que enviaron a Roma informes negativos y protestas, no siempre objetivos. El general de la Orden escribi√≥ dos cartas a la Madre Teresa, que no las recibi√≥ hasta mucho m√°s tarde. En medio de esta situaci√≥n, el cap√≠tulo de la orden se reuni√≥ en Piacenza en mayo de 1575. Ante las quejas de los calzados y el silencio de los descalzos, el cap√≠tulo tom√≥ una serie de medidas encaminadas a aniquilar la reforma. Nombrar un visitador para calzados y descalzos, supresi√≥n de los conventos andaluces que hab√≠an sido fundados sin licencia y la prohibici√≥n de fundar nuevas casas. Para la madre Teresa se dispuso que quedase recluida en un convento de su elecci√≥n. Se requiri√≥ asimismo el apoyo del brazo secular, del nuncio y los legados apost√≥licos.

Jer√≥nimo Tostado obtuvo el cargo de visitador y volvi√≥ a Espa√Īa a mediados de 1576 con el √°nimo decidido de acabar con la reforma. Las cosas sin embargo no salieron como esperaba. Al presentar sus credenciales ante las autoridades le fueron retenidas por el Consejo Real, pretextando discordancias con las disposiciones pontificias del nuncio. Incapaz de cumplir su mandato, regres√≥ a Portugal, para alivio de la madre Teresa, que dijo: Nos ha librado Dios del Tostado.[ref 52] En septiembre, se convoc√≥ en Almod√≥var una junta de descalzos que reuni√≥ a los superiores de los nueve conventos de la Reforma: Mancera, Pastrana, Alcal√°, Altomira, Granada, La Pe√Īuela, Roda, Sevilla y Almod√≥var. Fray Juan de la Cruz fue invitado a acudir en deferencia a su condici√≥n de primer descalzo. En ese cap√≠tulo se aprob√≥ una Constituci√≥n para la reforma, que era un compendio de lo que ya se ven√≠a haciendo y de las disposic√≠ones dadas tanto por los generales de la orden como por fray Antonio de Jes√ļs y fray Juan de la Cruz en Duruelo. La constituci√≥n establec√≠a un equilibrio entre la vida activa y la contemplativa, escasa en esto √ļltimo para las tesis que defend√≠a fray Juan. Adem√°s de la regulaci√≥n interna se tomaron algunas medidas para defender la reforma de los ataques externos. Se acord√≥ enviar a Roma a dos Padres para defender ante el Papa la reforma de los ataques que recib√≠a. Tambi√©n se decidi√≥ que fray Juan cesara en su puesto de vicario y confesor de la Encarnaci√≥n, con objeto de evitar tiranteces con los calzados. Ninguna de las dos disposiciones se llev√≥ a efecto.[4]

En junio de 1577 muri√≥ el nuncio Ormaneto, que hab√≠a defendido a capa y espada la reforma. Su sucesor Felipe Sega era del parecer contrario y a su nombramiento comenzaron los calzados a dar los primeros pasos para desmantelar la reforma. A finales de 1577, el dos de diciembre, un grupo de calzados y seglares armados se allegaron a la casita donde viv√≠a fray Juan, descerrajaron la puerta y prendieron a fray Juan y a su compa√Īero, llev√°ndolos presos al convento del Carmen. All√≠ fueron azotados dos veces. D√≠as despu√©s los dos presos fueron sacados de √Āvila. El compa√Īero de fray Juan fue llevado a Medina mientras que a √©l lo llevaron, entre maltratos y grandes rodeos, hacia la ciudad imperial, al convento calzado que ten√≠a all√≠ la Orden. Realiz√≥ el traslado el padre Maldonado prior del convento, siguiendo la orden dada por el visitador Jer√≥nimo Tostado, que requiri√≥ que fray Juan le fuese llevado. En cuanto tuvo noticia del secuestro, la madre Teresa escribi√≥ al rey, suplic√°ndole que hiciese algo. Poco se pudo hacer. Con gran secreto, fray Juan fue encerrado en una celda del convento de Toledo. Nadie sab√≠a donde estaba y los calzados se conjuraron para ocultar su paradero.

Toledo

El convento del Carmen de Toledo, principal entre los conventos de la orden, se erig√≠a en el lado sur de la ciudad sobre el abrupto tajo que da nombre al r√≠o. Fue as√≠ hasta el a√Īo 1808 en que qued√≥ destruido por la guerra que sostuvieron espa√Īoles y franceses.[ref 53] Viv√≠an en el recinto ochenta religiosos, de los cuales era superior el padre Hernando Maldonado, el mismo que hab√≠a secuestrado a fray Juan por orden de Jer√≥nimo Tostado. Lleg√≥ preso fray Juan al convento a mediados de diciembre, y al poco compareci√≥ ante un tribunal de calzados, formado por el visitador, el padre Maldonado y otros padres. All√≠ se le ley√≥ el acta del cap√≠tulo celebrado en Piacenza el a√Īo anterior, que decid√≠a el desmantelamiento de los conventos andaluces y, so pena de excomuni√≥n, se le conmina a abandonar la reforma y volver a la observancia. M√°s all√° de la decisi√≥n personal que se le instaba a tomar, estaba el hecho de que siempre hab√≠a actuado siguiendo las √≥rdenes de sus superiores, tanto de su general como de los visitadores. La fundaci√≥n de Duruelo-Mancera, la de Pastrana y todas las de Castilla se hab√≠an realizado con la aquiescencia de los superiores y no se ve√≠an afectadas por la resoluci√≥n del cap√≠tulo general. Tampoco √©l pod√≠a ser acusado de desobediencia, por m√°s que, como primer calzado y maestro destacado de la reforma, se le tuviese por un obstinado rebelde. La muerte del nuncio no anulaba per se los nombramientos hechos y no ser√≠a hasta unos meses despu√©s que su sucesor los derogase. Legalmente no pod√≠a ser obligado a nada, extremo que no fue respetado por el tribunal. Despu√©s del poco √©xito que tuvieron las amenazas y los ofrecimientos halagadores se le conden√≥ en rebeld√≠a y encerr√≥ en la c√°rcel conventual. A los dos meses se le cambi√≥ a un sitio preparado exprofeso para √©l, de seis pies por diez de planta y con la √ļnica abertura de una saetera en lo alto de tres dedos por la que s√≥lo a mediod√≠a entraba luz suficiente para poder leer. Era tan exigua la celda que fray Juan, con lo peque√Īo que era, apenas cab√≠a.[5] El lugar era antes un servicio y por eso carec√≠a de luz. El lecho se confeccion√≥ con una tabla echada en el suelo y dos mantas ra√≠das. De ropa, la que llevaba, sin poder cambiarse. En estas precarias condiciones tuvo que soportar el invierno toledano, cuyo rigor hizo que se le despellejasen los dedos de los pies.

A la inhumanidad del habit√°culo se sumaron luego diversos padecimientos y humillaciones, por lo pronto, una mala alimentaci√≥n a base de agua, pan y sardinas, si acaso algunas sobras, y ayuno prescrito tres d√≠as a la semana. No se produc√≠a este ayuno en la soledad de su celda, sino que esos d√≠as era sacado de su celda y cenaba con los frailes, pero no sentado como ellos sino de rodillas en el suelo. Despu√©s de la cena, el superior le increpaba, recriminando largamente su rebeld√≠a, acus√°ndole de sostener la reforma para ser tenido por santo. Los viernes recib√≠a de balde una disciplina circular que se extend√≠a por el tiempo de un miserere. Dispuestos los frailes en c√≠rculo, desnudaban su espalda y por turno la castigaban de recio con varas. A veces, los frailes hablaban frente a su celda, fingiendo el final de la reforma para atormentarle. Fray Juan soportaba todo con dulzura. Algunos novicios lamentaban lo que ocurr√≠a.[ref 54] Mientras, la madre Teresa no cesaba de buscar. Las pesquisas se√Īalaban a Toledo por lo que escribi√≥ a la priora de las descalzas, Ana de los √Āngeles, para que investigase. Nada consigui√≥ averiguar. El silencio que cubr√≠a el paradero de fray Juan era absoluto, pues cualquiera que lo ayudase recibir√≠a un severo castigo.

A los seis meses de cautiverio se hizo cargo de su guarda un nuevo carcelero, venido de Valladolid. Se trataba de un joven llamado fray Juan de Santa Mar√≠a, que ten√≠a mejor coraz√≥n que el anterior carcelero. Por lo pronto, evit√≥ cuando pod√≠a bajarle al refectorio, y le trajo una nueva t√ļnica. Viendo su mejor disposici√≥n, fray Juan le pidi√≥ un d√≠a tinta y papel para escribir cosas de devoci√≥n. A partir de ah√≠, aprovechando el mediod√≠a, cuando entraba luz por la aspillera, comenz√≥ a transcribir poes√≠as que, durante su encierro, hab√≠a ido componiendo mentalmente. De esa manera, en prisi√≥n y a hurtadillas de sus captores, redact√≥ las primeras 31 estrofas del C√°ntico espiritual, que es uno de sus tres poemas mayores, varios romances y el poema La fonte que mana y corre. Quiz√° compuso tambi√©n, en todo o en parte, el segundo de sus poemas mayores Noche oscura. Su situaci√≥n, por lo dem√°s, no mejor√≥ gran cosa.

Esta eclosi√≥n po√©tica ocurrida en la oscuridad de aquella celda no tiene explicaci√≥n. Se ha dicho de San Juan de la Cruz que es Poeta m√°ximo de obra m√≠nima, queriendo significar que su poes√≠a naci√≥ perfecta, sin antecedentes ni ensayos. Como tal perfecci√≥n exige de natural una ejercitaci√≥n continua o frecuente, se han buscado precedentes en el periodo anterior de su vida: en el colegio de Medina, en el convento de Santa Ana, en Salamanca, en √Āvila. Pruebas, lo que se dice pruebas, no las hay de nada. Quiz√° se puede situar alguna composici√≥n en el tiempo de √Āvila,[6] fruto del trato con Santa Teresa, que tambi√©n era escritora y poetisa, pero todo resulta insatisfactorio. La altura po√©tica alcanzada por fray Juan durante el encierro en Toledo semeja el Salto de Rold√°n, una suerte de acto heroico, imposible de acometer en una sola jornada.

Fuga

En julio de 1578, arreci√≥ el conflicto entre calzados y descalzos. El nuncio Felipe Sega revoc√≥ la patente de visitador de Jer√≥nimo Graci√°n y entreg√≥ a los calzados el gobierno de los descalzos. El rey y el Consejo Real se opusieron, dejando sin derecho la medida. Pese a eso, los calzados actuaron de hecho y el Tostado se afan√≥ en destruir la reforma. En medio de este conflicto, no parec√≠a que hubiese intenci√≥n de liberar a fray Juan, ni dejar el maltrato pertinaz al que se le somet√≠a. Permanec√≠a preso por voluntad del Tostado, que no pensaba en soltarlo. El calor en Toledo, riguroso tambi√©n, era insoportable en la celduca donde estaba y fray Juan se sent√≠a desfallecer. Declaraciones posteriores aseguran que la idea de la fuga, y la fuga misma, fueron promovidas por Dios. Inocencio de San Andr√©s, que oy√≥ de fray Juan el relato completo de la fuga, relata que el Santo puso en manos de Dios el asunto y, a los tres d√≠as, sinti√≥ el fuerte impulso de hacerlo y la confianza de que Dios le ayudar√≠a. La primera y m√°s directa dificultad era que no sab√≠a donde estaba, m√°s all√° de que era en Toledo. En nueve meses, hab√≠a salido de la celda s√≥lo de noche, para bajar al refectorio. As√≠, se ofreci√≥ al carcelero para verter el servicio que ten√≠a en la celda. Este accedi√≥ y varias veces a partir de entonces, el carcelero le llev√≥ a una sala para que tomase el aire. Era la hora de la siesta y los monjes descansaban. Fray Juan aprovech√≥ esos ratos para examinar el entorno. Mir√≥ por las ventanas, viendo que ca√≠an a una corrala bien abajo. Un d√≠a, aprovech√≥ que guardaba hilo de coser y midi√≥ la altura, suspendiendo de √©l una peque√Īa piedra. El hilo se lo hab√≠a dado el carcelero para remendar su ropa. En la celda midi√≥ la longitud de las mantas, con idea de hacerlas tiras y apa√Īar una especie de cuerda. Calcul√≥ que le iba a faltar una cierta altura, pero que descolg√°ndose a lo √ļltimo pod√≠a tirarse sin gran peligro. Otra cosa que hizo mientras com√≠a el carcelero fue aflojar los tornillos del candado para holgarlos y que, llegado el momento, cediesen desde dentro dando un empuj√≥n. Mediado agosto, la fuga est√° preparada. Fray Juan pidi√≥ perd√≥n al carcelero por las molestias que le causaba y le regal√≥ un crucifijo que llevaba con √©l, en agradecimiento.

El 14 de agosto, el Padre Maldonado le neg√≥ la posibilidad de decir misa. Una noche, que puede ser la del 16, el carcelero le trajo la cena y se ausent√≥. Aprovech√≥ fray Juan el momento para aflojar el candado. El carcelero no se dio cuenta del sabotaje y, acabada la cena, le encerr√≥ y se fue. Hab√≠an venido ese d√≠as dos frailes, que dorm√≠an en la sala contigua. La puerta estaba abierta y tambi√©n las ventanas exteriores pues hac√≠a mucho calor. A las dos de la ma√Īana, una vez dormidos los frailes, fray Juan empuj√≥ la puerta de la celda y cedi√≥ el cierre. Uno de los hu√©spedes despert√≥ al o√≠r los tornillos, pero se durmi√≥ poco despu√©s. Fray Juan recogi√≥ sus enseres, entre ellos su cuadernillo con las poes√≠as, y las mantas, pergue√Īadas ya para la fuga. Cruz√≥ en silencio la primera Sala. En la segunda, sali√≥ a un mirador donde at√≥ un cabo de la cuerda y ech√≥ el resto abajo. Hab√≠a luna. Su cuerpecillo se descolg√≥ como pudo por la improvisada cuerda y, en llegando a su t√©rmino se dej√≥ caer. Al levantarse, se encontr√≥ en un patio cerrado por altos muros, al que dio vueltas y vueltas angustiado, buscando una salida. Por una esquina, aprovechando agujeros, consigui√≥ sin saber c√≥mo[7] encimar un muro. Siguiendo por su filo lleg√≥ a una calle solitaria y se descolg√≥. No sab√≠a d√≥nde estaba. Quer√≠a llegar al convento descalzo de las hijas de la madre Teresa, pero ignorando que estaba ah√≠ mismito a la vuelta, camin√≥ desorientado por la ciudad. Lleg√≥ a la plaza de Zocodover. Hab√≠a un bodeg√≥n abierto y la gente que estaba all√≠ le invit√≥ a quedarse. Piensan que no le han abierto en el convento por llegar tarde. Fray Juan se excus√≥ y sigui√≥ adelante. Las verduleras, que cuidaban el g√©nero en la plaza, le increparon. M√°s adelante, vio un puerta abierta y, entrando, suplic√≥ a un caballero que le dejase dormir all√≠ mismo. Por la ma√Īana, sali√≥ de all√≠ y se encamin√≥ al convento de las descalzas. Llam√≥ al torno y dijo:

Hija, fray Juan de la Cruz soy, que me he salido esta noche de la cárcel. Dígaselo a la madre priora.[ref 55]

Enterada la priora, le acogi√≥ en la clausura para hurtarlo a los calzados, que hab√≠an descubierto ya la fuga y le buscaban. Llegaron al poco dos frailes preguntando por √©l, e inspeccionaron el locutorio y la iglesia. Los alguaciles vigilaban el convento y tambi√©n los caminos. Mientras, las monjas estaban asustadas del acabado aspecto de fray Juan. Apenas hablaba. Sus ropas no se ten√≠an, ni √©l tampoco. Pusieron su empe√Īo en cuidarle, d√°ndole comida y ropa. √Čl fue contando, casi sin voz, su penuria pasada. A mediod√≠a, se cerr√≥ la iglesia y fray Juan recit√≥ all√≠ los versos compuestos en la c√°rcel. Las monjas copiaron cada palabra embelesadas. Era un gozo del cielo o√≠rle.[ref 56] Por la tarde, la priora Ana de los √Āngeles, avis√≥ a un benefactor de la comunidad, Don Pedro Gonz√°lez de Mendoza y le explic√≥ lo ocurrido. Acord√≥ llevarse a fray Juan, para que pasase la noche en el Hospital de Santa Cruz.

Mientras, en el convento calzado, cara le sali√≥ la fuga a su carcelero. Fray Juan de Santa Mar√≠a fue castigado conforme dicta la regla. Era ahora el √ļltimo de la comunidad y quedaba privado de la voz y el voto. Algunos frailes se alegraban en silencio del fin de la ignominia. √Čl guardaba para s√≠ la cruz que le hab√≠a dado fray Juan, teni√©ndola en gran estima.[ref 57]

El Calvario

La reforma pasaba entonces por su peor momento y los descalzos hab√≠an convocado un cap√≠tulo el 9 de octubre de ese a√Īo de 1578 en el convento de Almod√≥var para enfrentar la situaci√≥n. A ella acudi√≥ tambi√©n fray Juan de la Cruz, quiz√° avisado por fray Antonio de Jes√ļs. Fray Juan hab√≠a pasado estos dos meses recuper√°ndose en el Hospital de Santa Cruz, al cuidado de Don Pedro Gonz√°lez de Mendoza. Dos de sus criados le hab√≠an acompa√Īado, d√©bil a√ļn, a la villa manchega. Era la primera vez que ve√≠a a los suyos en varios meses y enseguida le pusieron un enfermero. La situaci√≥n de la reforma era mala. Casi a la desesperada se hab√≠a convocado aquel cap√≠tulo, sobre cuya legalidad exist√≠an fundadas dudas. Tres decisiones tomaron durante el cap√≠tulo. La primera fue elegir un provincial, cargo que recay√≥ en fray Antonio de Jes√ļs. La segunda fue enviar un legado a Roma, fray Pedro de los √Āngeles para conseguir la segregaci√≥n de la descalcez en una provincia aparte. Como fray Pedro era prior de El Calvario en la sierra del Segura, la tercera decisi√≥n fue nombrar a fray Juan de la Cruz prior de ese mismo convento para sustituirle. Despu√©s del cap√≠tulo se present√≥ en Almod√≥var fray Juan de Jes√ļs Roca, nuevo prior de Mancera, que les advirti√≥ que la reuni√≥n era ilegal y no ten√≠an autoridad para nombrar un provincial. Se encontraban por tanto en una situaci√≥n peligrosa, ya que estaban desafiando la autoridad del nuevo nuncio. Los capitulares decidieron trasladarse a Madrid para informarle personalmente de las decisiones tomadas y someterlas a su aprobaci√≥n. Fray Juan de Jes√ļs Roca fue retenido un mes para evitar que informase √©l primero. Antes de despedirse fray Juan le dijo a fray Pedro de los √Āngeles, el que hab√≠a de ir a Roma:

Iréis a Italia descalzo y volveréis calzado.

Nadie lo entendi√≥ en ese momento, pues fray Pedro era hombre de vida rigurosa como el que m√°s. Sin embargo, su misi√≥n en Roma cedi√≥ antes los halagos y regres√≥ a Espa√Īa, no s√≥lo traicionando la encomienda recibida, sino volviendo a la observancia primitiva. Mientras, los que hab√≠an ido a Madrid toparon con un nuncio iracundo que estall√≥ furioso al conocer la reuni√≥n y, sin escucharlos para nada, se deshizo en insultos hacia ellos, los encarcel√≥ y excomulg√≥.

Fray Juan de la Cruz march√≥ hacia el sur, acompa√Īado por los dos criados de Gonz√°lez de Mendoza. Desde Almodovar cruzaron La Mancha para descender por Despe√Īaperros hasta las Navas de Tolosa. Luego tiraron camino hacia Vilches y Santisteban hasta llegar a Beas de Segura. Hab√≠a all√≠ un convento de descalzas, cuya priora era Ana de Jes√ļs, a quien hab√≠a conocido cuando era subprior en Mancera. Fray Juan despidi√≥ a los criados y se qued√≥ una temporada, pues estaba muy d√©bil.[ref 58] Durante esos d√≠as, habl√≥ con la priora acerca de varias cosas, entre ellas de la madre Teresa. En esas conversaciones se refiri√≥ a ella como a su hija, expresi√≥n chocante viniendo de alguien tan joven como fray Juan. Ana de Jes√ļs escribi√≥ a la madre Teresa, refiri√©ndole el atrevimiento de tal expresi√≥n y aprovech√≥ para pedir asimismo un confesor. La reprimenda de la Madre Teresa fue contundente:

En gracia me ha caído, hija, cuan sin razón se queja pues tiene allá a mi padre fray Juan de la Cruz, que es un hombre celestial y divino; pues yo le digo a mi hija que, después que se fue allá, no he hallado en toda Castilla otro como él ni que tanto fervore en el camino del cielo.[ref 59]

En el ínterin, fray Juan confesó a algunas monjas, que sintieron ya los beneficios de su dirección espiritual.

Me llenó el interior de una gran luz, que causaba quietud y paz.
Decl. de Magdalena del Santo Espíritu

En noviembre de 1578 parti√≥ del convento de Beas hacia el del Calvario, que distaba de all√≠ unas dos leguas al sur. Debi√≥ ir acompa√Īado ya que ni conoc√≠a los caminos ni estaba en condiciones de caminar solo. Por fuertes pendientes lleg√≥ al convento, antigua alquer√≠a, donde ahora viv√≠an con gran rigor unos treinta frailes.[ref 60] Fray Juan empez√≥ a instruirles, moderando la penitencia que hac√≠an, en ocasiones exagerada, en favor de un esp√≠ritu de fe y amor, del que andaban flojos hasta entonces. La vida que llevaban era, en cualquier caso, rigurosa. Com√≠an lo que encontraban, si hab√≠a pan, tomaban pan y si no, caldo de hierbas silvestres. Las cog√≠a el cocinero con ayuda de la burra, razonando el cocinero que si la burra las com√≠a, tambi√©n pod√≠an hacerlo los frailes.[ref 61] A veces eran tan amargas que deb√≠an sacarlas a medio cocer y exprimirlas fuera antes de echarlas de nuevo. Dorm√≠an sobre una estera, sin nada para cubrirse, como no fuese el propio h√°bito. La direcci√≥n de fray Juan era estricta y no permit√≠a imperfecciones. Un fraile que comi√≥ a hurtadillas una cereza, recibi√≥ una reprimenda al confesarlo. Tambi√©n gustaba de salir de paseo por los campos colindantes, aprovechando entonces para instruir a la comunidad. La relaci√≥n con los seglares amigos era excelente. Ven√≠an a menudo de visita, compart√≠an la comida con los frailes y confesaban con fray Juan. Se admiraban de encontrarle, siendo como era el prior, fregando platos o tallando peque√Īas im√°genes a golpe de lanceta.[ref 62]

Beas de Segura

Ana de Jes√ļs, retrato an√≥nimo.

Todos los s√°bados, quiz√° por encargo concertado por la Madre Teresa, fray Juan dejaba El Calvario y se dirig√≠a a Beas de Segura, para confesar a las monjas. Eran dos leguas de camino hacia el norte, una de subida suave por la solana del monte que separa ambas fundaciones y otra de bajada abrupta por la umbr√≠a. Desde la cima del monte se pod√≠a avistar tanto las estribaciones de la sierra de Cazorla al sur como las de la sierra de Chiclana al norte. Abajo, las blancas casas de Beas de Segura se api√Īaban junto al r√≠o y, cerca de √©l, el convento, adosado a la iglesia parroquial.[ref 63] El anterior confesor ten√≠a costumbre de despachar las confesiones en media hora. Fray Juan quiso dedicar el s√°bado y el domingo a este menester, tornando el lunes a su convento. Confesaba sin prisas, dando a cada persona el tiempo y la atenci√≥n que necesitaba, sin distinguir entre unas y otras. En poco tiempo, las monjas pudieron apreciar el acierto de la madre Teresa al recomendarlas a fray Juan. Para ellas, fue un director espiritual muy cabal, al que escuchaban con atenci√≥n, dejando todo. Para fray Juan, esta comunidad religiosa fue su preferida y supuso para √©l un acicate para escribir. A resulta de algunas conversaciones a√Īadi√≥ algunas estrofas m√°s al C√°ntico espiritual, empezado en prisiones.[8] Tambi√©n prosigui√≥ la costumbre de dejar consejos y cautelas escritos en peque√Īos billetes, que ellas conservaban como tesoros. Asimismo pergue√Ī√≥ en aquellos d√≠as una obra que ocupa un lugar especial entre las suyas, por tratarse de un dibujo, de una ilustraci√≥n que, como aquel Cristo crucificado, supone una de las pocas excursiones de fray Juan fuera de la literatura. El dibujo, del que se conserva el aut√≥grafo dedicado a Magdalena del Esp√≠ritu Santo, es un compendio gr√°fico y po√©tico de la teolog√≠a m√≠stica sanjuanista, que se conoce como Monte Carmelo o tambi√©n Monte de la perfecci√≥n.

Consiste el dibujo en tres caminos que suben a un monte, uno por la izquierda, otro por la derecha y otro, bien estrecho, recto por el centro. El camino de la derecha es un camino de imperfección:

(Bienes) del suelo, posesiones, gozo, saber, consuelo, descanso.

Cada uno de los bienes lleva a su lado una glosa, la misma, que se repirte seis veces:

Ni eso, ni eso, ni eso, ni eso, ni eso, ni eso.

Acompa√Īa las negaciones una leyenda a modo de conclusi√≥n:

Cuando menos lo quería, téngolo todo sin querer.

El de la izquierda, que también es camino de imperfección, dice:

(Bienes) del cielo, gloria, gozo, saber, consuelo, descanso.

Todos ellos van negados:

Ni esotro, ni esotro, ni esotro, ni esotro, ni esotro, ni esotro.

Y concluye:

Cuando ya no lo quería, téngolo todo sin querer.

El camino del centro es un canal recto que llega a lo alto del monte. En su cuello figura:

Senda del Monte Carmelo: espíritu de perfección. Nada, nada, nada, nada, nada y, en el monte, nada.

Arriba, el camino se abre a un espacio amplio salpicado de palabras y leyendas. Arriba se dice:

Ya por aquí no hay camino, porque para el justo no hay ley; él para sí es ley.

Asimismo están los dones del Espíritu Santo, y también un aviso:

Sólo mora en este monte, honra y gloria de Dios... No me da gloria nada... No me da pena nada.

En la base del dibujo figuran unas estrofas, que compendian la ruta apof√°tica del camino sanjuanista:

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.

Adem√°s de cultivar la sola espiritualidad, fray ocup√≥ sus ratos libres en Beas como alba√Īil y jardinero, empedrando suelos, entabicando, arreglando los altares de la iglesia y arrancando hierbas. Se cuenta que en uno de los viajes, mand√≥ a paseo a una mujer que se le insinu√≥ con ademanes lascivos, diciendo que a un demonio del infierno admitir√≠a por compa√Īero antes que a ella.[ref 64]

Baeza

En 1579, a fray Juan se le encomend√≥ la creaci√≥n y direcci√≥n de un colegio descalzo en Baeza, localidad andaluza conocida por su universidad como Salamanca y Alcal√°. Vino la encomienda motivada por la insistencia de algunos doctores de la Universidad, disc√≠pulos de San Juan de √Āvila, que admiraban la vida descalza e insist√≠an en la fundaci√≥n. Un vez que se obtuvieron los permisos de sus superiores y del obispo de Ja√©n, fray Juan hizo un primer viaje y adquiri√≥ una casa, no muy lejos de la puerta de Ubeda y de la Universidad. Conseguida la casa, volvi√≥ luego en junio acompa√Īado de tres frailes, entre ellos Inocencio de San Andr√©s. Las monjas de Beas les hab√≠an proporcionado lo necesario para empezar. En la noche del 13 junio, armaron un altar y al d√≠a siguiente, d√≠a de la Trinidad, tocaron la campana. Los vecinos acudieron para ver qui√©n habitaba la casa y, all√≠ mismo, se celebr√≥ la primera misa. A lo largo del d√≠a recibieron la visita de diversos amigos, entre ellos los doctores de la universidad. Se les ofrecieron colchones, que fray Juan rehus√≥ amablemente. A la noche, que era la segunda que pasaban all√≠ recibieron tambi√©n una visita. Apagadas las luces del candil comenzaron a o√≠r ruidos. Fray Juan asegur√≥ que eran duendes y que no hab√≠a nada que temer. Al apagar de nuevo las luces, oyeron estr√©pito de tazas rotas. A la mana√Īa siguiente no encontraron nada de eso. Durante de una semana se repitieron aquellos sucesos. Una de las veces, los duendes, as√≠ se cuenta, engancharon a fray Juan de las piernas y le hicieron caer.[ref 65] M√°s all√° de eso, que no pasa de an√©cdota, la normalidad lleg√≥ poco a poco a la casa. De los conventos del Calvario y la Pe√Īuela llegaron novicios y se puso en marcha el colegio, el primero que ten√≠a la reforma en Andaluc√≠a. Fray Juan organiz√≥ la vida del colegio, aprovechando su experiencia universitaria de Salamanca y su estad√≠a como rector en el Colegio de San Cirilo de Alcal√°.

Las primeras matr√≠culas se formalizaron en 1580. La Universidad de Baeza, peque√Īa en relaci√≥n con Salamanca y Alcal√°, ten√≠a sin embargo fama. El edificio estaba junto a la muralla y consist√≠a en un patio con un claustro superior alrededor del cual se ubicaban las peque√Īas aulas. La universidad hab√≠a sido fundada en 1540 por Rodrigo L√≥pez y Juan de √Āvila que hab√≠a promovido sobre todo las humanidades. La apertura del colegio movi√≥ a un intercambio en dos sentidos. Por una parte, los alumnos del Colegio cursaban estudios en la Universidad y, por otra, alumnos y catedr√°ticos de la Universidad se acercaban al Colegio descalzo para tratar con fray Juan temas de doctrina y sagrada escritura. Se organizaron discusiones p√ļblicas en el Colegio, al modo de las Universidades. La actividad colegial se complet√≥ con las actividades propias de la vida activa y de la vida contemplativa. Se reza, se barre, se friega, se celebran oficios, se hacen penitencias. Un cap√≠tulo particular fue el cuidado de enfermos, prolijo en el a√Īo de 1580, donde se desat√≥ el Catarro universal.[ref 66] La epidemia de 1580 tuvo enferma no s√≥lo a la comunidad de Baeza sino a casi toda la ciudad y la pen√≠nsula. V√≠ctima del mismo muri√≥ su madre en Medina.

Fray Juan de la Cruz dedic√≥ mucho tiempo a la gu√≠a y formaci√≥n de esp√≠ritus. La m√≠stica era en aquellos tiempos un af√°n relativamente com√ļn en toda clase de gentes y no exclusivo de frailes y monjas. La dificultad de encontrar un director espiritual experimentado, que supiese se√Īalar y corregir las desviaciones que pod√≠an producirse hizo que fray Juan fuese visitado y requerido por muchas personas, de la ciudad y del entorno, como confesor y director espiritual. Frecuente en esos tiempos fue que recorriese periodicamente las distintas fundaciones descalzas de monjes y monjas para ocuparse de su direcci√≥n. Adem√°s de eso, muchos particulares que quer√≠an cultivar su esp√≠ritu acud√≠an a √©l.

La gu√≠a de fray Juan era, seg√ļn los relatos de los propios afectados, dulce pero rigurosa. Para mitigar la distancia sol√≠a escribir peque√Īas notas con consejos que remit√≠a a los interesados. Fray Juan sab√≠a motivar a la gente hacia la vida espiritual, corrigiendo su quehacer de modo suave y progresivo. Se mostraba en cambio cr√≠tico y riguroso con los apegos materiales y espirituales. Una vez neg√≥ la comuni√≥n a Ana de Jes√ļs, por desearla en demas√≠a. El mismo vicerrector del Colegio se qued√≥ en una ocasi√≥n sin su pr√©dica, por gustarse predicando: Mejor es que no predique quien predica con propia voluntad.[ref 67]

Geogr√°ficamente, su labor como director espiritual le llev√≥ por muchos caminos de Andaluc√≠a. De Baeza sub√≠a a Beas una o dos veces al mes, para atender a la comunidad de all√≠, que ser√≠a siempre su preferida. Adem√°s, como estaba cerca, sol√≠a visitar tambi√©n El Calvario, su primer destino andaluz. Alguna vez fue requerido para ir a la Pe√Īuela, en el conf√≠n de Despe√Īaperros, y tambi√©n a Caravaca, en Murcia. Sol√≠a viajar con alg√ļn compa√Īero, a pie siempre a todos lados.

Granada

Cedro de San Juan de la Cruz, en el C√°rmen de Los M√°rtires de Granada.

La compleja situaci√≥n que viv√≠a la reforma desde la muerte del nuncio Ormaneto y la toma de posesi√≥n de su hostil sucesor, el nuncio Sega, se prolong√≥ durante esos a√Īos hasta el verano de 1580. El rey Felipe y los miembros del Consejo hab√≠an protegido la reforma de las iras del nuevo nuncio y as√≠, a base de tiras y aflojas, de aclaraciones y mediaciones, el Papa Gregorio XIII extendi√≥, a petici√≥n del rey, un breve declarando la segregaci√≥n de los descalzos en una provincia aparte, con derecho a tener provincial propio.[ref 68] Ello supon√≠a la emancipaci√≥n de la reforma de la observancia que tantos impedimentos hab√≠a puesto. La madre Teresa, convaleciente a√ļn del catarro que hab√≠a azotado la pen√≠nsula, inst√≥ a sus monjas a rezar y dar gracias por la nueva situaci√≥n.

Despu√©s de unos meses se convoc√≥ a los descalzos a un cap√≠tulo en la villa de Alcal√° de Henares en fecha de 3 de marzo de 1581.[ref 69] Fueron convocados al mismo los priores de los conventos reformados, as√≠ como el Rector de Baeza, fray Juan de la Cruz. Este se puso en camino con tiempo llevando por compa√Īero a Inocencio de San Andr√©s. Los actos capitulares fueron seguidos con inter√©s en la ciudad. Fray Juan y otros tres compa√Īeros fueron elegidos definidores. Jer√≥nimo Graci√°n fue elegido provincial. En los d√≠as siguientes se redactaron las constituciones. El rey Felipe, que se hizo cargo de los abultados gastos del solemne cap√≠tulo, fue recordado por los capitulares, que determinaron celebrar por √©l misa perpetua en pago por lo mucho que le deb√≠an. El 16 de ese mes se clausur√≥ el cap√≠tulo y todos volvieron a sus respectivas casas.

Ese a√Īo tuvo fray Juan dos encargos. El primero le condujo a Caravaca (30 leguas) para presidir la elecci√≥n de cargos en el convento reformado de descalzas.[ref 70] El segundo le llev√≥ primero a √Āvila y luego a Granada. Hab√≠a intenci√≥n en esos d√≠as de fundar un convento de descalzas en Granada. Ana de Jes√ļs, priora hasta hace poco de Beas, andaba con el prop√≥sito de traer a la fundaci√≥n a la madre Teresa, que estaba en √Āvila, en el convento de San Jos√©. Fray Juan fue delegado para que tratase el asunto con el provincial y con la madre Teresa, as√≠ que emprendi√≥ de nuevo el camino hacia Castilla, acompa√Īado quiz√° por fray Pedro de los √Āngeles. El provincial de la orden, Jer√≥nimo Graci√°n, no puso problema y extendi√≥ las autorizaciones necesarias para la fundaci√≥n. La madre Teresa reclut√≥ para la empresa a dos monjas de San Jos√© y otras varias de otros conventos. Declin√≥, sin embargo, el ofrecimiento de asistir a la fundaci√≥n porque ten√≠a compromiso en esas fechas. De vuelta hacia Andaluc√≠a, quedaron en Beas a la espera de en Granada se solventasen los dos problemas principales, a saber, el permiso del arzobispo, reacio que estaba, y la consecuci√≥n de una casa. Era diciembre de 1581. Un mes despu√©s, no ten√≠an a√ļn ni casa ni permiso. Como la situaci√≥n se dilataba, emprendieron la marcha hacia Granada y entraron de noche en la ciudad. Una viuda, noble y piadosa, Do√Īa Ana de Pe√Īalosa, les cedi√≥ su casa para la fundaci√≥n. El permiso del arzobispo lleg√≥ a rega√Īadientes y r√°pidamente celebraron misa quedando fundado el convento.[ref 71]

Al tiempo que participaba en la fundación del nuevo convento, fray Juan tomó posesión del cargo de Prior del convento de Los Mártires, una instalación ubicada en un cerrillo próximo a la Alhambra, llamada así por ser, durante la dominación mora, lugar de prisión para los cristianos.[ref 72] Su dirección en este convento siguió las pautas generales que había probado anteriormente: el prelado ni debe castigar todas las faltas ni disimularlas todas.[ref 73] El 1 de mayo de 1583 se celebró en Almodóvar del Campo un nuevo capítulo de la Orden, al que fray Juan acudió en calidad de prior de Los Mártires. Allí ocurrieron varias cosas. En contra de la opinión de fray Juan, se admitió la reelección de priores. También se instó a promover fundaciones en el extranjero.[ref 74] El Padre Nicolás Doria acusó a Jerónimo Gracián, el provincial, de llevar una vida demasiado activa, poco ajustada a la observancia de la regla. Aquel fue el comienzo de fuertes tensiones en la Orden.[ref 75]

Fray Juan ocupó su tiempo como Prior de los Mártires en la dirección de su comunidad y la de las Descalzas que acababa de fundar. Además de ello, mandó construir un acueducto para traer agua, siempre escasa en el cerro. También un claustro, que luego sería modelo para los demás conventos del Carmen. Participó en esas obras su hermano, que había venido desde Medina.[ref 76] También es de entonces un retrato suyo que se le hizo sin su consentimiento.[ref 77]

En Granada compuso tambi√©n la mayor parte de sus obras, en parte sobre trabajos previos que hab√≠a elaborado despu√©s de salir de la c√°rcel, tanto en el Calvario como en Baeza. All√≠, compil√≥ orden√≥ y complet√≥ el tratado Subida del Monte Carmelo, al cual antepuso el dibujo del Monte de perfecci√≥n.[ref 78] Tambi√©n redact√≥ el comentario de la Noche oscura y el del C√°ntico espiritual por encargo de Ana de Jes√ļs y, a instancias de la noble Ana de Pe√Īalosa, las cuatro estrofas de su obra m√°s espiritual: Llama de amor viva, compuesta en quince d√≠as.[ref 79] De sus obras no se conservan aut√≥grafos ya que, a medida que las compon√≠a, se ayudaba de compa√Īeros para copiarlas en limpio. Luego estas obras eran puestas a disposici√≥n de sus frailes y monjas que las volv√≠an a copiar, siendo al final estas las que se han conservado.[ref 80]

Andalucía

En 1585, se celebr√≥ en Lisboa un cap√≠tulo de la orden al que acudi√≥ fray Juan, donde fue reelegido definidor. Asimismo, ces√≥ en su cargo de provincial Jer√≥nimo Graci√°n, en favor del padre Nicol√°s Doria, prior a la saz√≥n en G√©nova. Durante su estancia en la ciudad, fueron los capitulares al convento de la Anunnziata donde estaba sor Mar√≠a de la Visitaci√≥n, una monja del lugar que ten√≠a arrobamientos y suspensiones en el aire, y que mostraba en manos y pies los estigmas de la pasi√≥n. Se la ten√≠a en ese momento, despu√©s de los preceptivos estudios, por un buen esp√≠ritu. Fray Juan, sin embargo, rehus√≥ visitarla a pesar de la insistencia de los capitulares y de hecho, abandon√≥ la ciudad sin hacerlo, cosa que se le tuvo a mal. Tiempo despu√©s, la inquisici√≥n descubri√≥ en el caso de esta monja un embuste may√ļsculo.[ref 81] Mientras, el Padre Doria volvi√≥ a Espa√Īa y convoc√≥ un nuevo cap√≠tulo, esta vez en Pastrana. La gobernaci√≥n de la provincia descalza se volv√≠a compleja debido al crecimiento que hab√≠a experimentado la reforma y se decidi√≥ dividir la provincia en cuatro partes: Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Portugal y Andaluc√≠a. Fray Juan fue nombrado vicario provincial de esta √ļltima. El Padre Doria inst√≥ adem√°s a los capitulares a seguir con estricto esp√≠ritu la observancia regular, que tanto se hab√≠a relajado durante el gobierno de Graci√°n.[ref 82]

Fray Juan viaj√≥ de manera constante por toda Andaluc√≠a. Durante el desempe√Īo de su cargo, visit√≥ Sevilla. Algunos j√≥venes, virtuosos en la pr√©dica, fueron amonestados por pasar largas temporadas alejados del convento. Uno de ellos era Diego Evangelista y otro, Francisco Cris√≥stomo, que abrigaron por este motivo un fuerte resentimiento.[ref 83] En abril de 1586, fund√≥ en C√≥rdoba un nuevo convento reformado.[ref 84] En uno de sus viajes cay√≥ enfermo cay√≥ enfermo y, a partir de ah√≠, su salud empez√≥ a resentirse, tambi√©n debido a las fuertes penitencias que se impon√≠a a s√≠ mismo.[ref 85] En el verano de ese a√Īo, asisti√≥ en Madrid a una junta de definidores donde se decidieron la publicaci√≥n de las obras de la madre Teresa y la adopci√≥n del rito romano en la Orden. Pasado el verano se fund√≥ en Madrid el convento de las Descalzas, al cual fue destinado Ana de Jes√ļs. En 1587, se celebr√≥ un nuevo cap√≠tulo en Valladolid, de tan gran concurrencia que fue llamado, el grande. En √©l ces√≥ fray Juan como definidor y fue nombrado nuevamente prior de los M√°rtires.[ref 86] Su etapa como vicario general de Andaluc√≠a, fue cubierta con una ingente actividad.

Segovia

En junio de 1588, se celebr√≥ un nuevo cap√≠tulo en Madrid donde se eligieron nuevos definidores, nuevo provincial y nuevos consiliarios. El Padre Nicol√°s Doria fue de nuevo elegido provincial. Fray Juan fue elegido primer definidor y tercer consiliario. Asimismo ces√≥ en su cargo como prior de Los M√°rtires y se hizo cargo del de Segovia.[ref 87] Hab√≠a sido fundado este convento por Ana de Pe√Īalosa, por petici√≥n testamentaria de su esposo, que quer√≠a construir un monasterio o un hospital en su ciudad natal. Estaba ubicado a extramuros, al norte de la ciudad, a los pies del imponente Alc√°zar de Segovia, junto al Santuario de la Fuencisla y la Iglesia de la Veracruz, al paso del camino de Zamarramala y cerca de la confluencia del Eresma y del Clamores. El convento hab√≠a sido elegido como Sede de la Consulta, y por quedar peque√Īo para ese menester,[ref 88] se emprendieron unas obras de ampliaci√≥n que duraron todo su mandato, y a√ļn m√°s.[ref 89] Adem√°s, durante la ausencia del Padre Doria, quedaba √©l como presidente de la Consulta, cargo derivado del suyo como primer definidor. Extendi√≥ nombramientos y resolvi√≥ consultas.[ref 90] Dos temas le enfrentaron con el parecer del Padre Doria, provincial de la Orden. Era el deseo de las monjas descalzas andar sujetas a la direcci√≥n de un padre descalzo y no a la Consulta, como reci√©n hab√≠a ocurrido. Por una parte, prefer√≠an la r√°pida resoluci√≥n de una persona y la discrecci√≥n que sin duda tendr√≠a para sus asuntos. Por otra parte, tem√≠an la proliferaci√≥n de normas que de tal Consulta pod√≠an salir. Para ello, Ana de Jes√ļs se las ingeni√≥ para pedir un breve al Papa que hiciese imposible a la Consulta modificar las reglas dadas por la madre Teresa. Asimismo pidieron que sus asuntos quedasen en manos de fray Juan de la Cruz. El Padre Doria, contrariado de que la petici√≥n se hubiese hecho a espaldas de la Orden, propuso desentenderse del gobierno de las monjas, a lo que Fray Juan se opuso. Es posible que fray Juan no tuviese parte en esto, pero el Padre Doria consider√≥ que s√≠.[ref 91] El otro asunto fue el referente al Padre Jer√≥nimo Graci√°n, a qui√©n el Padre Doria quer√≠a echar de la reforma. De nuevo fray Juan se opuso a ello.

Mientras, su vida como prior sigui√≥ la l√≠nea de los anteriores. Celda exigua, participaci√≥n en tareas humildes y formaci√≥n de esp√≠ritus: ni todo se corrige, ni todo se disimula.[ref 92] Entre las personas con las que trat√≥ habitualmente estaba Do√Īa Ana de Pe√Īalosa, que hab√≠a dejado Granada para venir a segovia.[ref 93] Fray Juan sub√≠a tambi√©n a confesar a las monjas al convento de las descalzas de San Jos√©, sito a medio camino entre la catedral y el alcazar de la ciudad.[ref 94]

[ref 95] A medio altura de la roca cortada de la Fuencisla hab√≠a una covacha estrecha donde fray Juan sol√≠a subir para recoger su esp√≠ritu. Gustaba estar todo el tiempo posible, hasta que iban a buscarle requiriendo su presencia. La oraci√≥n m√≠stica consist√≠a en vaciar o desembarazar progresivamente aquello que en la antropolog√≠a espiritual cristiana se llamaban las tres potencias del alma, a saber: memoria, entendimiento y voluntad. En tres etapas m√°s o menos sucesivas, el camino sanjuanista consist√≠a en vaciar de contenidos sensibles, y luego tambi√©n de contenidos espirituales, cada una de las tres potencias. El vaciamiento de la memoria obraba como una purgaci√≥n de los apetitos sensibles y espirituales, que llevaba a un desapego de todo lo que no fuese Dios, incluida la idea misma de Dios y el deseo de Dios. Conseguido ese vaciamiento de la memoria, que era la v√≠a purgativa, se dec√≠a que la memoria quedaba en estado de esperanza, virtud teologal. El vaciamiento de la segunda potencia sum√≠a al alma en la noche oscura, una tiniebla espiritual terrible que s√≥lo pod√≠a romper Dios, insuflando el llamado rayo de tiniebla, una especie de conocimiento infuso adquirido sin el concurso del entendimiento y que, dentro del sistema sanjuanista, se correspond√≠a con la virtud teologal de la fe. La tercera v√≠a, la v√≠a unitiva, consist√≠a en el vaciamiento de la propia voluntad y su uni√≥n con la voluntad de Dios. Esta √ļltima etapa, que era la amorosa meta de la m√≠stica cristiana, intentaba hacer realidad aquello de No yo, sino Cristo en m√≠. La uni√≥n con el Esp√≠ritu de Dios, el Esp√≠ritu Santo, la llama de amor viva, se correspond√≠a con la virtud teologal de la caridad. Las tres virtudes teologales quedaban de esta forma en relaci√≥n con las tres potencias del alma, siendo como tres estados, tres sublimaciones desde una condici√≥n natural dada a una sobrenatural recibida por medio de una gracia. El sistema sanjuanista se caracterizaba por su rigurosidad para con toda clase de embarazos, por nimios que fuesen.

Estas imperfecciones habituales son: como una com√ļn costumbre de hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que nunca acaba de querer vencer, as√≠ como a persona, a vestido, a libro, celda, tal manera de comida y otras conversacioncillas y gustillos en querer gustar de las cosas... Cualquiera de estas imperfecciones en que tenga el alma asimiento y h√°bito es da√Īo para poder crecer e ir adelante en virtud... Porque eso me da que un ave est√© asida a un hilo delgado que a uno grueso porque, aunque sea delgado, estar√° tan asido a √©l como el grueso en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es m√°s f√°cil de quebrar; pero por f√°cil que es, si no le quiebra no volar√°... Y as√≠ es l√°stima ver algunas almas como unas ricas naos cargadas de riquezas, y obra, y ejercicios espirituales, y virtudes, y mercedes, que Dios las hace y por no tener √°nimo para acabar con alg√ļn gustillo, o asimiento, o afici√≥n -que todo es uno-, nunca van adelante ni llegan al puerto de la perfecci√≥n, que no estaba en m√°s que dar un buen vuelo y acabar de quebrar aquel hilo de asimiento... (Subida.1.11.4)

En los √ļltimos d√≠as de su estancia en Segovia estuvo presente su hermano Francisco. Quiz√° le llam√≥ el propio fray Juan, sospechando que no volvieran a verse. Pasaron juntos muchos ratos. Cuenta Francisco en su declaraci√≥n que una de las veces estaban hablando de su madre y se les apareci√≥ esta, como envuelta en luz.[ref 96] Fray Juan le refiri√≥ tambi√©n una conocida an√©cdota. Habiendo en el convento un cuadro de Cristo llevando la cruz, tuvo la ocurrencia de sacarlo a la iglesia porque m√°s gente pudiera venerarlo. As√≠ hecho, el cuadro le habl√≥ un d√≠a prometi√©ndole por tal servicio aquello que le pidiese. La petici√≥n de fray Juan fue que le permitiese padecer por √©l, de lo cual se quej√≥ entonces fray Juan ante su hermano que no le hab√≠a hecho caso.

La Pe√Īuela y √öbeda

El primero de junio de 1591, fray Juan dejó Segovia para asistir en Madrid a un nuevo capítulo, difícil a cuenta de las diferencias que mantenía con el Padre Doria. El Papa había accedido a que el gobierno de las monjas recayese sobre una persona y no sobre el Consejo, a condición de que la persona designada tuviese la dignidad de otro cargo dentro de la orden. Todos pensaban en fray Juan. Las monjas porque querían que se ocupase de sus asuntos, conocedoras de los beneficios de su dirección. El Padre Doria y otros capitulares porque querían que no lo hiciese, pues preferían que las monjas quedasen sujetas a la dirección del Consejo. La manera más sencilla de evitar que fray Juan optase al cargo en ciernes fue quitarle todos los que tenía. Siguiendo los criterios deseados por el Padre Doria, la elección de consiliarios y definidores llevó al resultado de que el hasta entonces primer definidor y tercer consiliario, provicario de la orden en ausencia del vicario, primer fundador y alma de la reforma junto a la madre Teresa, quedó relegado de todo gobierno e impedido por eso mismo, como ya se le hizo notar, para asumir el gobierno de las monjas.[ref 97] A cambio se le ofreció marchar a México, para dirigir una expedición de doce frailes. Aunque de primeras aceptó, se cambió luego de parecer, y se le ofreció volver de prior de Segovia. Fray Juan rehusó a este segundo ofrecimiento y solicitó ser relevado de cualquier oficio dentro de la orden con objeto de poder ocuparse de su propia alma. No era lo que quería el Padre Doria pero tuvo que acceder a ello.[ref 98] Entre los nuevos consiliarios y definidores elegidos se encontraba el joven Diego Evangelista, que desde que fuese reprendido por fray Juan en Sevilla se la tenía jurada.[ref 99]

Fray Juan se despidi√≥ de sus amistades en Madrid y Segovia, y parti√≥ hacia Andaluc√≠a.[ref 100] Estaba de provincial fray Antonio de Jes√ļs, su compa√Īero de fundaci√≥n en Duruelo y a √©l se dirigi√≥ para solicitarle un destino. Fray Antonio de Jes√ļs lo dej√≥ en sus manos y fray Juan opt√≥ por quedarse en el convento de La Pe√Īuela, en Sierra Morena. En ese verano redact√≥ un nuevo comentario de Llama de amor viva.[ref 101] El resto del tiempo lo ocup√≥ en oraci√≥n y apostolado en Linares, sujeto en todo a la obediencia a su prior. Al tiempo que estaba retirado, el Padre Diego Evangelista, de quien dec√≠an que era mozo de poca prudencia y col√©rico levant√≥ contra √©l un proceso infamatorio. Fue de aqu√≠ para all√°, intimidando a monjas y frailes, tergiversando y falsificando declaraciones con objeto de arrojarlo de la Orden. Las monjas de Granada se sintieron tan acosadas que quemaron algunos de sus escritos porque no cayesen en sus manos. Los interrogatorios fueron tan abusivos que llovieron las denuncias contra el definidor. El Padre Doria call√≥ y dej√≥ hacer. Fray Juan tambi√©n. Se le recomend√≥ que protestase ante el vicario, pero √©l se neg√≥ por aquello de gustar la cruz a secas.[ref 102]

Mientras arreciaba la persecuci√≥n, fray Juan comenz√≥ a resentirse de unas bubas en el pie. Ten√≠a calenturas desde hac√≠a varios d√≠as. El prior le dijo que fuese a Baeza para curarse, pero √©l prefiri√≥ √öbeda, donde no le conoc√≠an tanto. El 28 de septiembre de 1591 sali√≥ en borrica para all√°, pues ten√≠a la piena inflamada. Llegados a √öbeda, todos le recibieron con gran contento, excepto el prior fray Francisco Cris√≥stomo. Se conoc√≠an de Sevilla, donde fray Juan tuvo que amonestarle junto a fray Diego Evangelista, su ahora enconado perseguidor. Adem√°s de la animadversi√≥n personal, motivada tambi√©n porque no le gustaban los santos, llegaba fray Juan en un mal momento donde la comunidad estaba a disgusto con su gobierno pues era una persona, agria y r√≠gida, m√°s de ciencia que de gentes, que quer√≠a llevarlos a palos a la perfecci√≥n.[ref 103] Adem√°s del desabrido recibimiento, le asign√≥ la peor celda y le oblig√≥ a asistir a oficios que no pod√≠a. En esos primeros d√≠as, su mal se desat√≥ virulentamente. Una erisipela en el empeine del pie derecho revent√≥ en cinco llagas en forma de cruz, que el enfermo miraba con cari√Īo, pues le causaban devoci√≥n. El cirujano sajaba la pierna d√≠a s√≠ y d√≠a tambi√©n, sacando de la escabechina tazas enteras de pus, las cuales, seg√ļn los relatos, ol√≠an bien, como a almizcle.[ref 104] La presencia de fray Juan no pas√≥ desapercibida. La gente quer√≠a verle y ayudarle.[ref 105] El padre Cris√≥stomo, mientras, molestaba al enfermo cuanto pod√≠a. Prohibi√≥ las visitas, se lamentaba de lo que com√≠a (:S), dificultaba el lavado de las vendas y cuando entraba en su celda le espetaba desagradables palabras. Los religiosos salvaban las dificultades buscando extramuros lo que all√≠ faltaba. Arreci√≥ la protesta cuando el padre Cris√≥stomo retir√≥ de su ocupaci√≥n al enfermero, por envidia de la dedicaci√≥n que mostraba a fray Juan. El enfermero escribi√≥ a fray Antonio de Jes√ļs, provincial de Andaluc√≠a, denunciando la situaci√≥n. Fray Antonio acudi√≥ con premura a √öbeda y reprendi√≥ con dureza al prior.[ref 106] que ya no le molest√≥ m√°s, e incluso le pidi√≥ perd√≥n. Uno de esos d√≠as, el 28 de noviembre, fray Antonio de Jes√ļs visit√≥ a fray Juan y le dijo: Padre, ma√Īana har√° veinticuatro a√Īos que comenzamos la primera fundaci√≥n.[ref 107]

Los d√≠as fueron pasando y la salud empeor√≥. Subi√≥ la fiebre y el mal se extendi√≥ desde las piernas a la espalda. Como apenas pod√≠a moverse, colgaron del techo una cuerda para que pudiera izarse √©l mismo. El mi√©rcoles 11 pidi√≥ el vi√°tico.[ref 108] El d√≠a 12 quem√≥ algunas cartas que guardaba bajo la almohada.[ref 109] El d√≠a 13 por la noche sinti√≥ la inminencia de su muerte y pidi√≥ la extremaunci√≥n. Se consum√≠a en dolores. A las diez de la noche, pidi√≥ que le dejaran descansar, avisando que llamar√≠a cuando lleguase el momento. A las 11 y media llam√≥ y, junto con varios religiosos, rezaron el salmo De profundis, el Miserere y el In te, Domine, esperavi. Despu√©s de eso se recost√≥ un rato y pidi√≥ que le dejaran: A las doce, estar√© delante de Dios Nuestro Se√Īor diciendo maitines. Y as√≠ que le dejaron s√≥lo y sonaron las campanas de las doce, bes√≥ su crucifijo y expir√≥ mansamente.[ref 110]

Procesos

Sepulcro de San Juan de la Cruz, en Segovia.

Si no muriera, le quitara el h√°bito y no muriera en Religi√≥n (Si no hubiese muerto, le habr√≠a quitado el h√°bito y no habr√≠a muerto en la religi√≥n). Esto dijo el Padre Diego Evangelista cuando tuvo conocimiento de la muerte de fray Juan. A√ļn despu√©s de muerto, continu√≥ recabando infamias que, posteriormente, remiti√≥ al padre Doria. Cuando √©ste empez√≥ a leer el informe, lo tir√≥ al suelo y dijo delante del secretario del definitorio: Ni el visitador ten√≠a la misi√≥n para meterse en esto ni lo que √©l aqu√≠ pretendi√≥ inquirir cabe en el padre fray Juan.[ref 111] En 1594, se celebr√≥ un nuevo cap√≠tulo donde el padre Evangelista fue reprendido y castigado por sus desmanes.

hallando haber traspasado los límites de su comisión, porque no la tenía para proceder contra el padre fray Juan de la Cruz, primer descalzo de la Reforma, ni tampoco para indagar contra él cosas tan ajenas a su aventajado espíritu, oración y mortificación... le condenaron a que ayunase.

Magro castigo que quedó ahí por no poder castigarse a los cargos electos. Terminado su cargo de definidor, le fue encomendado, sin embargo, el gobierno de Andalucía que no llegó a ejercer porque murió inopinadamente. También cesó en el cargo el padre Doria. El nuevo general quemó el informe difamatorio.

Mientras, y despu√©s de disputas, Ana de Pe√Īalosa consigui√≥ traer al convento de los carmelitas descalzos de Segovia el cuerpo de fray Juan, cuyos huesos, se dec√≠a, segu√≠an obrando milagros. Le enterraron en la iglesia, en una estrecha oquedad abierta en el suelo, donde permaneci√≥ durante m√°s de 300 a√Īos. El 25 de enero de 1675, fue beatificado por Clemente X. El 27 de diciembre de diciembre de 1726, fue canonizado por Benedicto XIII. El 24 de agosto de 1926, despu√©s de dos siglos de casi completo olvido, fue proclamado Doctor de la Iglesia. Con este motivo, se levant√≥ un monumento conmemorativo de m√°rmol en el interior de la iglesia carmelitana de Segovia y se traslad√≥ su cuerpo a una urna situada en su parte alta.

Desde entonces, y al hilo de esta corriente de exaltaci√≥n los estudios sanjuanistas han sido acometidos con enorme inter√©s, dentro y fuera de su Orden, tambi√©n dentro y fuera de Espa√Īa, desde la historiograf√≠a, la teolog√≠a, la psicolog√≠a, la literatura, y en la cual han colaborado desde la experiencia m√≠stica personalidades tan renombradas como Teresa del Ni√Īo Jes√ļs, Isabel de la Trinidad o Edith Stein (Teresa Benedicta de la Cruz).

Notas

  1. ‚ÜĎ Este dato es inferido del nacimiento del primog√©nito Francisco.
  2. ‚ÜĎ Algunos maestros de la Universidad son: Fray Luis de Le√≥n, Mancio de Corpus Christi, Juan de Guevara, Gregorio Gallo, Crist√≥bal Vela, Enrique Hern√°ndez, Francisco Navarro, Hernando de Aguilera, Francisco S√°nchez, Mart√≠n de Peralta, Juan de Ubredo.
  3. ‚ÜĎ Se dice que el medio fraile era el propio fray Juan, que era de peque√Īo tama√Īo, pero tambi√©n se dice que el fraile entero era √©l, por su virtud. En cualquier caso, el otro fraile a√Īadido ser√≠a fray Antonio de Heredia, el prior del convento.
  4. ‚ÜĎ De nuevo el nuncio confirm√≥ a fray Juan en el cargo, a pesar del peligro que corr√≠a.
  5. ‚ÜĎ Tal dijo la Madre Teresa cuando en su d√≠a la vio.
  6. ‚ÜĎ Vivo sin vivir en m√≠... y Entreme donde no supe....
  7. ‚ÜĎ Algunas declaraciones aseveran que vio una luz y oy√≥ una voz que le dijo: S√≠gueme. (Cris√≥gono 1947:167)
  8. ‚ÜĎ Quiz√° las estrofas 32-35

Referencias

  1. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:224
  2. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:202
  3. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:375
  4. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:188
  5. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:119
  6. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:346
  7. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:13
  8. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:15
  9. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:17
  10. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:20
  11. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:24
  12. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:26
  13. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:29
  14. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:31
  15. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:36
  16. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:44
  17. ‚ÜĎ Waach 1960:41
  18. ‚ÜĎ Waach 1960:43
  19. ‚ÜĎ Waach 1960:41
  20. ‚ÜĎ Waach 1960:44
  21. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:46
  22. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:47
  23. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:52
  24. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:54
  25. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:60
  26. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:64
  27. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:74
  28. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:73
  29. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:80
  30. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:81
  31. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:83
  32. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:92
  33. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:92
  34. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:39
  35. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:95
  36. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:96
  37. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:97
  38. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:99
  39. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:101
  40. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:40)
  41. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:107
  42. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:115
  43. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:121
  44. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:122
  45. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:120
  46. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:119
  47. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:116
  48. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:116
  49. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:126
  50. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:128
  51. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:133
  52. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:135
  53. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:147
  54. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:154
  55. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:168
  56. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:170
  57. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:163
  58. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:179
  59. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:190
  60. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:184
  61. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:185
  62. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:188
  63. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:191
  64. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:198
  65. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:202
  66. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:210
  67. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:226
  68. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:232
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  70. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:241
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  72. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:247
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  74. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:270
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  81. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:306
  82. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:309
  83. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:310
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  88. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:332
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  92. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:342
  93. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:343
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  95. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:337
  96. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:353
  97. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:365
  98. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:366
  99. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:365
  100. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:371
  101. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:375
  102. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:378
  103. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:388
  104. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:390
  105. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:394
  106. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:398
  107. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:398
  108. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:399
  109. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:400
  110. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:404
  111. ‚ÜĎ Cris√≥gono 1947:380

Bibliografía

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  • VICENTE RODR√ćGUEZ, JOS√Č (2007): Juan de la Cruz. Ed. San Pablo. ISBN 9788428532327
  • WAACH, HILDEGARD (1960): San Juan de la Cruz. Ed. RIALP

Enlaces externos


Wikimedia foundation. 2010.

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