Batalla de San Jacinto (Nicaragua)

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Batalla de San Jacinto (Nicaragua)

Batalla de San Jacinto (Nicaragua)

Batalla de San Jacinto
Parte de la Guerra Nacional
Fecha 14 de septiembre de 1856
Lugar Hacienda San Jacinto, Departamento de Managua, Nicaragua
Resultado Victoria de los patriotas nicarag√ľenses
Beligerantes
Filibusteros de William Walker Ejército del Septentrión
Comandantes
Byron Cole José Dolores Estrada Vado
Fuerzas en combate
300 160
Bajas
27 muertos y varios heridos 28 entre muertos y heridos

La batalla de San Jacinto es una batalla que tuvo lugar el 14 de septiembre de 1856 en la hacienda San Jacinto, departamento de Managua, Nicaragua, entre un grupo de las fuerzas patriotas del Ejército del Septentrión, encabezadas por el Coronel José Dolores Estrada Vado y los filibusteros del aventurero estadounidense William Walker, comandados por su amigo Byron Cole.

Contenido

Antecedentes de la batalla

Los filibusteros de William Walker, instalados en la ciudad de Granada, se abastec√≠an de carne en las haciendas de ganado ubicadas al norte y al este del Lago Xolotl√°n, las cuales estaban en el departamento de Granada (el cual lo formaban los actuales departamentos de Granada, Masaya, Carazo y Managua), hasta 1875 se cre√≥ el departamento de Managua. El 29 de agosto de 1856 (seg√ļn el testimonio del capit√°n Carlos Alegr√≠a) un grupo de 100 legitimistas al mando del Coronel Jos√© Dolores Estrada sali√≥ de Matagalpa, por √≥rdenes del General Tom√°s Mart√≠nez, para impedir que los filibusteros robaran el ganado (comet√≠an el delito de abigeato) llegando a la hacienda San Jacinto ese mismo d√≠a por la tarde. Esta le pertenec√≠a a don Miguel Bola√Īos, tatarabuelo del ex Presidente de Nicaragua Ingeniero Enrique Bola√Īos Geyer, quien gobern√≥ al pa√≠s en el periodo 2002-2007.

El 5 de septiembre, al amanecer, lleg√≥ un escuadr√≥n de rifleros a caballo para atacar la hacienda en una escaramuza. Iban dirigidos por el Coronel Edmund McDonald, junto con el Capit√°n William P. Jarvis. Los legitimistas, armados con fusiles de chispa, rechazaron el ataque de los filibusteros, teniendo estos 6 muertos y varios heridos durant, Jarvis result√≥ mortalmente herido. Los patriotas tuvieron un muerto y 3 heridos. William Walker escribi√≥ en el cap√≠tulo 9 de su libro ‚ÄúLa guerra en Nicaragua‚ÄĚ que eran 40 jinetes los atacantes; el teniente Alejandro Eva dice en su testimonio escrito en 1889 que era 60 y Estrada, que menciona que eran m√°s de 120 filibusteros, escribi√≥ ese mismo d√≠a el siguiente Parte Oficial:

Parte oficial del combate del día 5 de septiembre

Matagalpa, Septiembre 7 de 1856. Sr. Ministro de la Guerra del Gobierno Constitucional. Del General en Jefe del Ej√©rcito Libertador de la Rep√ļblica. El se√Īor Comandante expedicionario sobre Tipitapa me dice lo que copio:

¬®Se√Īor General en Jefe del Ej√©rcito Libertador D.U.L. [Dios-Uni√≥n-Libertad] San Jacinto, Septiembre 5 de 1856. Del Comandante de la Divisi√≥n de Operaciones.

Al amanecer del d√≠a de hoy atacado el enemigo en n√ļmero de m√°s de ciento veinte hombres, seg√ļn los informes tomados guerrillas que desplegaron y terreno que ocuparon. El ala derecha nuestra fue el blanco de sus tiros y su objeto principal, parapet√°ndose en el peque√Īo monte del abra; pero despu√©s de dos horas y media de un fuego muy nutrido en que fue preciso contener con espada en mano a nuestros soldados dentro del limite que yo les hab√≠a se√Īalado, huy√≥ despavorido por distintas direcciones, dejando en nuestro poder quince rifles, muchas paradas, cuatro espadas, un botiqu√≠n con su correspondiente repuesto de medicinas, un estuche de cirug√≠a, quince bestias mulares y otras tantas caballares con sus correspondientes monturas, diez botes de latas y otros muebles de menos importancia como chamarras, gorras, sombreros, cuchillos, espuelas, botas y pistolas descompuestas.

Durante el fuego y su primera carga dejaron seis muertos, y una porci√≥n de heridos que carg√≥ el enemigo con ellos, y se entiende que ser√≠an de alguna consideraci√≥n por el cuidado con que los llevaban y por el pavor que se introdujo luego que fueron reconocidos. De los muertos referidos se han conocido al cirujano y dos oficiales. Despu√©s de la acci√≥n mand√© perseguirlos, y estos detalles los comunicar√© cuando regrese el Capit√°n Bartolo Sandoval que fue encargado de esta Comisi√≥n. Por nuestra parte tuvimos la p√©rdida del intr√©pido Cabo 1ro. Justo Rocha, de Managua, y heridos, no de mucha gravedad, el bravo Capit√°n Carlos Alegr√≠a, el Ayudante Abelardo Vega y el soldado Crescencio Ram√≠rez. Ninguna recomendaci√≥n especial ser√≠a bastante para explicar el valor y denuedo de los oficiales y tropa de esta divisi√≥n, puesto todos se han portado y correspondido a la denominaci√≥n que se les ha dado. Yo felicito al Supremo Gobierno por el triunfo de sus armas. Soy del se√Īor General, atento y obediente servidor.

J. Dolores Estrada.

Lo digo a U. S. para que le sirva elevarlo al conocimiento de S. E. el se√Īor Diputado Presidente, y aceptar las muestras de respeto y consideraci√≥n con que soy de U. S. atento servidor. (firmado) Fernando Chamorro Conforme. Ministerio de la Guerra del Gobierno Constitucional de la Rep√ļblica de Nicaragua. Matagalpa, Septiembre 16 de 1856. El Jefe de Secci√≥n.

Ignacio Padilla.

La batalla

El 11 de septiembre lleg√≥ una compa√Ī√≠a de 60 indios flecheros, desde Matagalpa, al mando del capit√°n Francisco Sacasa. Esto se debi√≥ a que Estrada solicit√≥ refuerzos a Mart√≠nez, de acuerdo al testimonio del capit√°n Carlos Alegr√≠a. Seg√ļn el testimonio de Walker en su libro "La guerra en Nicaragua" los filibusteros salieron de Granada la tarde del d√≠a siguiente, el 12, pasaron por Masaya y en Tipitapa acamparon el 13, para atacar la hacienda la ma√Īana del d√≠a siguiente. El 12 en la ciudad de Le√≥n el general Tom√°s Mart√≠nez, jefe del Partido Legitimista, y M√°ximo Jerez, jefe del Partido Democr√°tico, hab√≠an firmado el Convenio de Uni√≥n de sus partidos para as√≠ juntos expulsar del pa√≠s a Walker.

Al amanecer del 14 de septiembre llegaron los filibusteros a San Jacinto, en medio de la neblina; el cabo Faustino Salmer√≥n, que era el vig√≠a, los divis√≥ y corri√≥ a la casa hacienda cuando los 160 legitimistas estaban desayunando, avisando al Coronel Estrada que el enemigo en n√ļmero de 300 hombres ven√≠a por el sur por lo que el grupo se tendi√≥ en 3 posiciones: el corral de piedra junto al costado oeste de la casa hacienda, capitaneado por el capit√°n Liberato Cisne, la casa hacienda defendida por el capit√°n Francisco de Dios Avil√©s y el corral de madera (esquina opuesta a la esquina sureste de la casa) defendido por Francisco Sacasa. Se les dio la orden de no disparar hasta que el enemigo estuviese cerca, pues el alcance eficaz de los fusiles de chispa era de 60 metros.

Los filibusteros, que casualmente hab√≠an recibido la misma orden, se hab√≠an dividido en 3 columnas para el ataque y a las 7 de la ma√Īana atacaron los tres frentes: la primera, bajo las √≥rdenes del teniente coronel Byron Cole y del teniente Robert Milligan, atac√≥ el flanco izquierdo del corral de madera; la segunda, al mando del mayor Calvin O‚ÄôNeal, avanz√≥ por el frente (la casa hacienda) y la tercera del capit√°n Lewis D. Watkins en la direcci√≥n del flanco derecho, donde se un√≠a el corral de madera con el cerco de piedra. Despu√©s de las primeras horas, los combates se hicieron cada vez m√°s fuertes y sangrientos, imponi√©ndose la lucha cuerpo a cuerpo; a las 9 am las fuerzas filibusteras lograron romper la defensa del flanco izquierdo, ante ello el coronel Estrada maniobr√≥ con las tropas y los oficiales Miguel V√©lez, Alejandro Eva y Ad√°n Sol√≠s para reforzar esta posici√≥n. La lucha era tan violenta y a falta de municiones, muchos siguieron el ejemplo de Andr√©s Castro, quien derrib√≥ a un filibustero de una certera pedrada. Pero la situaci√≥n era cr√≠tica para los nacionales.

Las columnas filibusteras a las 10 de la ma√Īana, cuando hab√≠an roto el cerco de defensa, iniciaron un reagrupamiento para concentrar sus esfuerzos principales en esa direcci√≥n. Ante esta situaci√≥n, Estrada tom√≥ la iniciativa y decidi√≥ enviar al capit√°n Liberato Cisne, al teniente Jos√© Ciero y al subteniente Juan Fonseca con sus escuadras, quienes atacaron por la retaguardia a los filibusteros gritando ¬°Viva Mart√≠nez ! ¬°Viva Nicaragua!, cargaron a la bayoneta con arrojo admirable y les hicieron una descarga de fusiler√≠a; el ataque asust√≥ a la yeguada y los potros de la hacienda que estaban en al vecina loma, Ciero dice en su testimonio que el teniente coronel Patricio Centeno y un oficial Flores de Granada tra√≠an a los caballos. Los filibusteros al creer que llegaban refuerzos huyeron en retirada, con direcci√≥n a la hacienda San Ildefonso. El capit√°n Bartolo Sandoval y el teniente Miguel V√©lez, montados en bestias capturadas, realizaron la persecuci√≥n junto con otros soldados que iban a pie. Esta acci√≥n fue tan violenta que el sargento Francisco G√≥mez cay√≥ muerto de fatiga. Sin embargo, producto de la persistencia de los nicarag√ľenses en lograr una contundente victoria, lograron dar muerte al jefe de la tropa filibustera Byron Cole, muerto por el cabo Faustino Salmer√≥n seg√ļn Alejandro Eva, aunque Ciero diga que fue 2 d√≠as despu√©s el 16 de septiembre a las 6 am en San Ildefonso. Los resultados de la batalla de cuatro horas se fueron reflejaron en el parte oficial firmado por el coronel Estrada, teniendo los nicarag√ľenses 10 muertos y 7 heridos; y el ej√©rcito filibustero 27 muertos, habiendo capturado 20 bestias, 25 pistolas, 32 rifles Sharp, 47 paradas, chamarras y sombreros.

Testimonios de los participantes de la batalla

Existen testimonios escritos de participantes de la batalla, de la cual solamente el Parte Oficial de Estrada es el √ļnico que se escribi√≥ el mismo d√≠a de la batalla y los dem√°s se escribieron varios a√Īos despu√©s de la heroica acci√≥n:

Parte oficial del combate del 14 de septiembre

17 14 de septiembre de 1856 Se√Īor General en Jefe del ej√©rcito libertador de la Rep√ļblica.- Dios, Uni√≥n y Libertad.- San Jacinto, septiembre 14 de 1856. Del Comandante de la Divisi√≥n Vanguardia y de Operaciones.

Antes de rayar el alba, se me present√≥ el enemigo, no ya como el 5 memorable, sino en n√ļmero de m√°s de doscientos hombres y con las prevenciones para darme esforzado y decisivo ataque. En efecto, empe√Īaron todas sus fuerzas sobre nuestra ala izquierda, desplegando al mismo tiempo, guerrillas que atacaban nuestro frente, y logran, no a poca costa, ocupar un punto del corral que cubr√≠a nuestro flanco, merced a la muerte del heroico oficial don Ignacio Jarqu√≠n, que supo mantener su puesto con honor, hasta perder la vida, peleando pecho a pecho con el enemigo. Esta p√©rdida nos produjo otras, porque nuestras fuerzas eran batidas ya muy en blanco, por la superioridad del terreno que ocupaba el enemigo, quien hacia sus esfuerzos en firme y sostenido; pero observando yo esto, y lo imposible que se hac√≠a recobrar el punto perdido atac√°ndolo de frente, porque no hab√≠a guerrilla que pudiera penetrar en tal multitud de balas, orden√© que el Capit√°n graduado don Liberato Cisne, con el Teniente Jos√© Siero, Subteniente Juan Fonseca y sus escuadras, salieron a flanquearlos por la izquierda, quienes, como acostumbrados y valientes, les hicieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo, que despavorido y en terror sali√≥ en carrera, despu√©s de cuatro horas de un fuego vivo y tan re√Īido, que ha de resaltar el valor y denuedo de nuestros oficiales y soldados, que nada han dejado de desear.

A la sombra del humo hicieron su fuga, que se las hizo m√°s veloz el siempre distinguido Capit√°n don Bartolo Sandoval, que con el recomendable Teniente don Miguel V√©lez y otros infantes, los persiguieron, montados en las mismas bestias que les hab√≠an avanzado, hasta de aquel lado de San Idelfonso, m√°s cuatro leguas distante de este cant√≥n. En el camino les hicieron nueve muertos, fuera de dieciocho que aqu√≠ dejaron, de suerte que la p√©rdida de ellos ha sido de veintisiete muertos, fuera de heridos, seg√ļn las huellas de sangre que por varias direcciones se han observado. Se les tomaron, adem√°s, veinte bestias, entre ellas algunas bien aperadas, y otras muertas que quedaron; veinticinco pistolas de cilindro, y hasta ahora se han recogido 32 rifles, 47 paradas, fuera de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y varios papeles que se remiten. En la lista que le incluyo, constan los muertos y heridos que tuvimos, lo cual es bien poco para el descalabro que ellos sufrieron, sobre el que dar√© un parte circunstanciado cuando mejor se haya registrado el campo. Sin embargo de la recomendaci√≥n general que todos merecen, debo hacer especialmente la del Capit√°n graduado don Liberato Cisne, Tenientes don Jos√© Siero, don Miguel V√©lez, don Alejandro Eva, don Ad√°n Sol√≠s y don Manuel Marenco, que aun despu√©s de herido permaneci√≥ en su punto, sosteni√©ndolo; y la del Subteniente don Juan Fonseca y Sargentos primeros Macedonio Garc√≠a, Francisco Estrada, Vicente Vigil, Catarino Rodr√≠guez y Manuel Paredes; Cabos primeros Juli√°n Artola y Faustino Salmer√≥n y los soldados Basilio Lezama y Espirid√≥n Galeano.

Se hizo igualmente muy recomendable el muy valiente Sargento primero Andr√©s Castro, quien por faltarle fuego a su carabina, bot√≥ a pedradas a un americano, que de atrevido se salt√≥ la trinchera para recibir su muerte. Yo me congratulo al participar al se√Īor General, el triunfo adquirido en este d√≠a sobre los aventureros; y felicito por su medio al Supremo Gobierno por el nuevo lustre de sus armas siempre triunfadoras.

J.D. Estrada

Conforme.- León, septiembre 22 de 1856.- Baca.

Aqu√≠ un sello que dice: ‚ÄúEstado de Nicaragua, Ministro de la Guerra del Supremo Gobierno‚ÄĚ.

Un informe escrito en Rivas por el Teniente Alejandro Eva, el 21 de agosto de 1889 y publicado en el Diario Nicarag√ľense (de Granada) el 14 de septiembre de 1890, dice textualmente lo siguiente:

En los primeros d√≠as del mes de septiembre de 1856, una columna de 160 hombres, p√©simamente armados con fusiles antiguos de peine, hambrientos, casi desnudos, al mando del coronel don Jos√© Dolores Estrada, ocupaban la Hacienda San Jacinto, de don Miguel Bola√Īos [tatarabuelo del Ingeniero Enrique Bola√Īos Geyer ex presidente de la Rep√ļblica], en el departamento de Granada [el departamento de Managua era entonces parte de Granada], con objeto de proporcionarse v√≠veres y descansar de las fatigas de una ruda campa√Īa. Esta peque√Īa fuerza estaba dividida en tres compa√Ī√≠as ligeras comandadas por los capitanes Cisne, Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avil√©s.

La casa de la hacienda era grande, de tejas y con dos corredores, estaba ubicada en el centro de un extens√≠simo llano, y solamente a retaguardia de la casa, como a 100 varas hab√≠a un peque√Īo bosquecillo. Inmediatamente se puso la casa en estado de defensa, claraboyando las paredes del lado de los corredores y con la madera de los dos corrales que se desbarataron formamos un c√≠rculo de trincheras. Tres d√≠as despu√©s de nuestra llegada, 60 jinetes yanquis de las mejores fuerzas del audaz y el aventurero William Walker, se acercaron a practicar un reconocimiento del cual result√≥ una peque√Īa escaramuza, en que muri√≥ un cabo, Justo Rocha, de los nuestros y un filibustero, el mismo que mat√≥ a √©ste, y que seg√ļn confiesa Walker en su "Guerra en Nicaragua", fue el capit√°n Jarvis.

Al amanecer del 14 de septiembre tom√°bamos un frugal desayuno, cuando Salmer√≥n, un esp√≠a nuestro, lleg√≥ a escape (corriendo) al campamento participando que el enemigo, en n√ļmero de 300 hombres, se aproximaba por el sur. En el acto el Coronel Estrada dispuso que solamente quedase en el interior de la casa una escuadra que comandaba el teniente Miguel V√©lez, y que el resto de la tropa ocupase la l√≠nea exterior. Se hizo as√≠, y en esa disposici√≥n esperamos, con orden de no hacer fuego sino hasta que los agresores estuviesen a tiro de pistola.

A las 7:00 a.m. divisamos al enemigo como a 2 mil varas de distancia; marchaba a discreci√≥n y no tra√≠a cabalgaduras. Los jefes y oficiales vest√≠an de paisano: levita, pantal√≥n, chaleco, y sombreros negros; algunos portaban espada y rev√≥lver y otros rifles; y la tropa iba uniformada con pantal√≥n y camisa de lana negros, sombreros del mismo color e iban atinados de rifles "sharp" y "negritos". Hicieron alto a tiro de fusil y se destacaron en tres columnas paralelas de 100 hombres cada una. Cuando estuvieron a una distancia conveniente, rompimos el fuego. Al recibir la descarga, en vez de vacilar se lanzaron impetuosamente sobre las trincheras: una columna atac√≥ de frente, otra por la izquierda y la √ļltima por la derecha. Todas fueron rechazadas por tres veces; y hasta el cuarto asalto no lograron apoderarse de la trinchera por el lado izquierdo, cuando el valiente oficial Jarqu√≠n y toda la escuadra que defend√≠a ese punto tan importante, hac√≠an un nutrido y certero fuego sobre el resto de las l√≠neas. Cortados de esta manera, ten√≠amos que comunicarnos las √≥rdenes a gritos. El infrascrito, con los Tenientes don Miguel V√©lez y don Ad√°n Sol√≠s, defend√≠an el ala derecha; y yo como primer Teniente recib√≠ la orden de defender el punto, hasta morir, si era necesario.

Mis compa√Īeros se bat√≠an con admirable sangre fr√≠a. Los yanquis multiplicaban los asaltos pero tuvimos la fortuna de rechazarlos siempre. Uno de ellos logr√≥ subir a la trinchera y all√≠ fue muerto -por el intr√©pido oficial Sol√≠s. Eran ya las 10:00 a.m. y el fuego segu√≠a viv√≠simo. Los americanos, desalentados sin duda por lo infructuoso de sus ataques, se retiraron moment√°neamente y se unieron a las 3 columnas; pero pocos momentos despu√©s al grito de ¬°Hurra Walker!; se lanzaron con √≠mpetu sobre el punto disputado. Se trab√≥ una lucha terrible, se peleaba con ardor por ambas partes, cuerpo a cuerpo.

Desesper√°bamos ya de vencer a aquellos hombres tenaces, cuando el grito de !Viva Mart√≠nez!;, dado por una voz muy conocida de nosotros, nos reanim√≥ s√ļbitamente. El Coronel Estrada, comprendiendo la gravedad de nuestra situaci√≥n, mand√≥ al Capit√°n Bartolo Sandoval, nombrado ese d√≠a segundo jefe en el lugar del Teniente Coronel Patricio Centeno, que procurase atacar a los yanquis por la retaguardia. Este bizarro militar se puso a la cabeza de los valientes oficiales Siero y Estrada y 17 individuos de la tropa, salt√≥ la trinchera por detr√°s de la casa, logr√≥ colocarse a retaguardia de los asaltantes, les hizo una descarga y lanzando con su potente voz los gritos de ¬°Viva Mart√≠nez ! ¬°Viva Nicaragua!, carg√≥ a la bayoneta con arrojo admirable.

Los bravos soldados del bucanero del norte retrocedieron espantados y se pusieron en desordenada fuga. Nosotros, llevando a la cabeza al intr√©pido Coronel Estrada, que mont√≥ el caballo de Salmer√≥n, √ļnico que hab√≠a, perseguimos al enemigo 4 leguas hasta la Hacienda "San Ildefonso". All√≠ mat√≥ Salmer√≥n con su cutacha al jefe de los americanos Coronel Byron Cole y lo despoj√≥ de un rifle y dos pistolas. Nuestra peque√Īa fuerza tuvo 28 bajas entre muertos y heridos; entre los primeros figuraban el Capit√°n don Francisco Sacasa y el Subteniente Jarqu√≠n, y entre los √ļltimos, el ahora Coronel don Carlos Alegr√≠a. Los filibusteros perdieron al Coronel Cole, al mayor cuyo apellido no recuerdo y que era el segundo jefe y 35 muertos mas, 18 prisioneros, cont√°ndose entre ellos el cirujano y muchos heridos que despu√©s hallaron muertos en los campos inmediatos.

Tal fue el memorable combate que abatió a los invasores y despertó loco entusiasmo en el ejército que defendía la Independencia de Centroamérica. Rivas, agosto 21, 1889. Alejandro Vega.

Testimonio del General Carlos Alegría, quien era capitán al momento de la batalla, material enviado por el arquitecto Huáscar Pereira Alegría, biznieto del que hizo este relato y publicado el 16 de septiembre de 2000 en el periódico El Nuevo Diario:

El combate del 14 de septiembre

Relato y parte de guerra contada por el Mayor General Carlos Alegría.

Al amanecer del memorable 14, me encontraba convaleciendo en una casa contigua a la hacienda; los gritos, las descargas, el correr de las bestias y el llegar de los heridos y muertos, me hizo levantarme de la grave postraci√≥n, pero s√≥lo llegu√© a San Jacinto a lamentar tanto estrago dentro de mis compa√Īeros y amigos. Despu√©s de una hora de terrible y mortal lucha, cuando ya hab√≠an ca√≠do muertos y heridos varios de nuestros principales oficiales, que no se pod√≠a atravesar el patio ni salir de la casa sin caer muerto por tener los filibusteros tomada la l√≠nea frente a los corrales, se juntaron en la puerta norte del mismo corral, los capitanes Liberato Cisne, Bartolom√© Sandoval, tenientes Jos√© Ciero, Manuel Marenco, Miguel V√©lez, Sargento Estanislao Morales, Francisco L√≥pez (segoviano) y el Cabo Rocha (Cabeza de Palo). He aqu√≠ la discusi√≥n en la mort√≠fera y terrible batalla, junto all√≠ dijo Cisne: ‚ÄúPiquemos la retaguardia‚ÄĚ. ‚ÄúCarguemos, contest√≥ Bartolo‚ÄĚ. Y no ha dilatado mi relato por la corta distancia que mediaba por tener los yankees la bayoneta de estos h√©roes sobre las espaldas. Semejante audacia caus√≥ espanto a aquellos bucaneros, y corrieron despavoridos sobre el abra donde pagaron con sus vidas semejante atrevimiento. Nos atacaron con un rigor desmedido por el flanco izquierdo, sureste del corral de madera, en donde Managua el Mayor Francisco Sacasa y el teniente Salvador Bola√Īos y all√≠ estaba yo, junto con mi grupo de granadinos, incluso Joaqu√≠n Castillo con managuas y masayas.

Se peleaba casi cuerpo a cuerpo, porque faltaba parque y entonces arroj√°bamos piedras pero el que hizo m√°s estragos fue un managua de apellido Castro, osado y fuerte, quien le lanz√≥ una piedra un poco m√°s grande y pesada que una bola de billar y la arroj√≥ con todas sus ganas, lleno de un coraje extraordinario, al yankee en el lado de la frente por la izquierda, de tal modo que el filibustero qued√≥ un instante a ahorcajadas, inclinado hacia atr√°s, tambale√°ndose sobre la cerca de madera, cayendo inmediatamente despu√©s moribundo dentro de la trinchera. No se imagina, dec√≠a don Cayetano, que el entusiasmo fue tan grande que revent√≥ una griter√≠a estrepitosa, pero como no hab√≠a parque, peleamos cuerpo a cuerpo y con piedras, yo mismo y compa√Īeros tiramos muchas como balas. Sin embargo, los filibusteros avanzaban m√°s y m√°s porque ten√≠an todo en abundancia y por eso los nuestros comenzaban a buscar refugio en la Casa Hacienda, siendo el 1ro. un oficial Zaragoza con los suyos, despu√©s de estar firmes como una 2da. muralla detr√°s de la trinchera.

Ese estado fue terrible, pues ya estaban algunos en los corredores de la Casa-Hacienda y entonces el General Estrada, con un coraje muy grande, grit√≥ para sostener el punto a varios militares que ya estaban entre la casa y el corral, entre ellos los capitanes V√©lez, Sol√≠s y otros para contener la embestida hasta morir como fue mandado. Y as√≠ se hizo, dando nuevas √≥rdenes inmediatas al mismo tiempo para contra atacar por retaguardia o flanqueo a los filibusteros, saliendo los nuestros por detr√°s de la Casa-Hacienda y dieron la vuelta como guerrillas por un lugar monta√Īoso que nos los vieron hasta el momento de caerles encima a los atacantes, que sorprendidos y cayendo por el empuje de los nuestros, se retiraron corriendo, desgran√°ndose como mazorcas, en momentos que ocurri√≥, como cosa inesperada, la irrupci√≥n de unos potros y de unas yeguas, que corrieron estrepitosamente sobre ellos. Asustadas las bestias por tantos ruidos de tiros y de los gritos que oyeron, quebraron piernas y brazos e hicieron huir, en una sola estampida, a los dem√°s que pod√≠an correr. No hab√≠a necesidad de este auxilio porque la victoria la ten√≠amos en la mano, pero como siempre se agradece a la providencia de Dios, que quiso ahorrar sangre nicarag√ľense, tan sufrida.

Mucho debe la naci√≥n a todos aquellos valientes patriotas que duermen en sus tumbas al contorno de San Jacinto, el sue√Īo eterno del olvido y que s√≥lo la Patria y este compa√Īero los recuerda. Abandonaron sus lugares para exponerse siempre a los peligros, haciendo lujo de las intemperies, expusieron sus vidas en ofrendas a las libertades conculcadas y por salvar a su Patria que se hallaba enteramente en poder del filibustero. La hubieran dado cuantas veces se las hubieran pedido. Son los √ļnicos que pueden llevar en altos pedestales el nombre de h√©roes, porque tambi√©n son los √ļnicos que han luchado cuerpo a cuerpo con la mort√≠fera arma de presi√≥n civilizada.

Son los primeros en América del Centro que como David han triunfado hasta con las piedras.

Mayor General ‚ÄĒ Carlos Alegr√≠a (14 de septiembre de 1886)

A treinta a√Īos de San Jacinto ¬°¬°¬°Viva Nicaragua!!! ¬°¬°¬°Viva la Patria!!! .

Combatientes de San Jacinto

Dentro de los 160 hombres que dice José Dolores Estrada pelearon en esta memorable acción, se recuerdan los siguientes:

MUERTOS

  • 1.- Mayor Francisco Sacasa ‚ÄĒ granadino
  • 2.- Teniente Salvador Bola√Īos ‚ÄĒ masaya
  • 3.- Subteniente Ignacio Jarqu√≠n ‚ÄĒ segoviano
  • 4.- Subteniente Francisco L√≥pez Blanco ‚ÄĒ managua
  • 5.- Subteniente Dolores Chiquit√≠n ‚ÄĒ diriome√Īo (Diriomo)
  • 6.- Sargento Francisco L√≥pez Negro ‚ÄĒ managua
  • 7.- Sargento Estanislao Morales ‚ÄĒ masaya
  • 8.- Cabo Jer√≥nimo Rocha (Cabeza de Palo) ‚ÄĒ managua
  • 9.- Raso Florent√≠n Ruiz ‚ÄĒ tipitape√Īo (Tipitapa)
  • 10.- Sargento Jos√© Araya

HERIDOS

  • 1.- Capit√°n Carlos Alegr√≠a ‚ÄĒ masaya (bisabuelo del arquitecto Hu√°scar Pereira Alegr√≠a)
  • 2.- Capit√°n Francisco Avil√©s ‚ÄĒ managua
  • 3.- Teniente Abelardo Vega ‚ÄĒ masaya
  • 4.- Teniente Luciano Miranda ‚ÄĒ masaya
  • 5.- Teniente Jos√© Ciero ‚ÄĒ masaya
  • 6.- Teniente Manuel Marenco ‚ÄĒ masaya
  • 7.- Sargento Andr√©s Castro ‚ÄĒ managua

OTROS COMBATIENTES

  • 1.- Teniente Coronel Patricio Centeno ‚ÄĒ jinotegano
  • 2.- Capit√°n Liberato Cisne ‚ÄĒ matagalpino
  • 3.- Capit√°n Francisco de Dios Avil√©s ‚ÄĒ managua
  • 4.- Capit√°n Crescencio Urbina
  • 5.- Capit√°n Bartolo Sandoval
  • 6.- Teniente Ad√°n Sol√≠s
  • 7.- Teniente Miguel V√©lez
  • 8.- Teniente Alejandro Eva
  • 9.- Teniente Jos√© Luis Coronel
  • 10.- Subteniente Juan Fonseca
  • 11.- Sargento Macedonio Garc√≠a
  • 12.- Sargento Vicente Vijil Berm√ļdez
  • 13.- Sargento Manuel Paredes
  • 14.- Sargento Francisco Espada
  • 15.- Sargento Catarino Rodr√≠guez
  • 16.- Sargento Francisco G√≥mez
  • 17.- Cabo Faustino Calder√≥n
  • 18.- Cabo Juli√°n Artola
  • 19.- Teniente Venancio Zaragoza
  • 20.- Soldado Juan Espada
  • 21.- Soldado Ceferino Gonz√°lez
  • 22.- Soldado Joaqu√≠n Castillo
  • 23.- Soldado Juan (alba√Īil)
  • 24.- Soldado Trinidad Cubero
  • 25.- Soldado Basilio Lezama
  • 26.- Soldado Catarino Pav√≥n
  • 27.- Soldado Cayetano Bravo (Ochomogo)
  • 28.- Soldado Desiderio (sastre)
  • 29.- Soldado Ad√°n Urbina
  • 30.- Soldado Espiridi√≥n Galeano
  • 31.- Soldado Andr√©s Zamora

Actualidad

Actualmente el lugar de la batalla es un sitio histórico de Nicaragua; el 14 de septiembre de 1956 el dictador General Anastasio Somoza García celebró allí mismo el centenario de la batalla y la casa hacienda es ahora un museo sobre los hechos.

Bibliografía

  • Parte Oficial de la batalla, 14 de septiembre de 1856, de Jos√© Dolores Estrada
  • La guerra en Nicaragua, 1860, de William Walker, traducida al espa√Īol en 1883 por el italo-nicarag√ľense Fabio Carnevalini y reeditada en 1974 y 1993.
  • Obras hist√≥ricas completas, 1865, de Jer√≥nimo P√©rez, reeditada en 1928 por Pedro Joaqu√≠n Chamorro Zelaya y m√°s adelante en 1974 y 1993.
  • La Guerra Nacional Centenario, 1956, de Ildefonso Palma Mart√≠nez, reeditada en 2006 en el Sesquicentenario de la batalla.
  • Oda a San Jacinto 1956, poemas del mismo autor, hecha para el Centenario de la batalla.
  • La batalla de San Jacinto. 1856, 1957 de Ernesto de la Torre Villar. M√©xico, Instituto Panamericano de Geograf√≠a e Historia.
  • Los filibusteros deben morir!, 1976 de Frederick Rosengarden. Wayne, Pensilvania, Estados Unidos, Haverford House, Publishers.
  • El predestinado de ojos azules, 1999, de Alejandro Bola√Īos Geyer (q.e.p.d.), hermano del ex Presidente de Nicaragua Enrique Bola√Īos Geyer.

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