Conquista del Desierto


Conquista del Desierto
Conquista del Desierto
La conquista del desierto.jpg
La Conquista del Desierto, cuadro de Juan Manuel Blanes.
Fecha 18691888
Lugar Patagonia y la Pampa
Causas Invasiones aborígenes a la frontera
Conflicto Expansión del área efectivamente controlada por el estado argentino
Resultado Victoria argentina
Cambios territoriales El estado argentino ejercerá control efectivo sobre toda la llanura pampeana y la patagonia argentina.
Beligerantes
Mapuches o «araucanos» y pueblos araucanizados Bandera de Argentina Estado argentino
Indígenas aliados
Comandantes
Sayhueque
Calfucurá
Inacayal
Tripailao
Baigorrita
Peyeumán
Painé
Namuncurá
Julio Argentino Roca
Conrado Villegas
Fuerzas en combate
2000[1] -20 000 (1870)[2] 6000 (1879)[1]

La Conquista del Desierto fue una campaña militar llevada a cabo por el gobierno de la República Argentina contra los pueblos de cultura mapuche y tehuelche, con el objetivo de ejercer un real dominio sobre los territorios de la región pampeana y la Patagonia que la Argentina reclamaba haber heredado de España, pero que hasta ese entonces permanecían bajo el control de pueblos originarios de diversas tribus.

En un sentido histórico más amplio, el término incluye también a las campañas previas a la Conquista del Desierto, es decir, al conjunto de campañas militares llevadas a cabo por los colonizadores españoles y los gobiernos nacionales y provinciales argentinos que los sucedieron, en contra de esos mismos pueblos, antes de la gran campaña de 1879.

Pintura de Ángel Della Valle mostrando una formación de infantería de línea.

El enfrentamiento entre la Confederación Argentina y la Provincia de Buenos Aires debilitó en grado sumo la seguridad de las fronteras interiores con los pueblos indígenas que habitaban en el sur, quienes además del beneficio que les reportaba la disminución de las fuerzas, solían realizar malones aprovechando la situación interna embanderándose: unos a favor de la Confederación (por ejemplo ranqueles y Calfucurá), y otros a favor de Buenos Aires (cómo Cipriano Catriel).[3] [4]

En la segunda mitad del siglo XIX, tanto la Argentina como Chile alcanzaron un nivel adecuado de orden interno para plantearse como objetivo el de ejercer plena soberanía sobre la totalidad de sus territorios heredados de España.

A partir de 1863 hasta 1872, la Guerra del Paraguay interrumpió las operaciones contra los indígenas, pero en 1867 se promulgó la ley N° 215 que preveía llevar la frontera sur a los ríos Negro, Neuquén y Agrio.

Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874), se fijó la línea de frontera sur en el río Quinto para Córdoba y San Luis, levantándose los fuertes y fortines: Fraga, Romero, Toscas, Villa Mercedes, Retiro, Totoritas, Esquina, Pringles, Tres de Febrero, El Lechuzo, 1° de Línea, Sarmiento y Necochea; al este del río Quinto y los fortines Achirero, Guerrero y Gainza al oeste; en la Provincia de Buenos Aires la línea de frontera quedó fijada en: Lavalle Norte (Ancaló), General Paz, Blanca Grande, Lavalle Sur (Sanquilcó) y San Martín.

Al asumir al cargo de presidente Nicolás Avellaneda, Namuncurá le ofrece la venta de cautivos a 40 pesos oro cada uno y, a cambio de no invadir y poder alimentar a su población y tribus amigas, pide: «Cuarenta mil pesos oro, cuatro mil seiscientas vacas, seis mil yeguas, cien bueyes para trabajar, telas de seda, tabaco, vino, armas, cuatro uniformes de general, etc.»[5] También incluye algo solicitado por primera vez por los indios, la provisión de jabón.[5]

El 5 de marzo de 1872 con un ejército estimado en 6.000 combatientes, Calfucurá inicia la llamada invasión grande a la provincia de Buenos Aires.[5] Monta así una fuerza integrada aproximadamente por sus 1500 lanzas de escolta, sumando 1500 aportadas por Pincén, 1000 argentinos de Neuquén y 1000 chilenos traídos por Alvarito.[5] Sólo los ranqueles de Mariano Rosas no se someten al mando de Namuncurá, aunque peleen por su cuenta.[5] De esta forma atacan los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo y Nueve de Julio, resultando muertos alrededor de 300 criollos y robadas 200 000 cabezas de ganado.

A finales de 1875, los indígenas se organizan y reaccionan contra el avance de la frontera sur de la Argentina. Adolfo Alsina, ministro de Guerra bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, presentó al gobierno un plan que más tarde describió como el plan del Poder ejecutivo es contra el desierto para poblarlo y no contra los indios para destruirlos. Entonces se firmó un tratado de paz con el cacique Juan José Catriel, sólo para ser roto por él corto tiempo después cuando atacó junto al cacique Manuel Namuncurá, las localidades bonaerenses de Tres Arroyos, Tandil, Azul y otros pueblos y granjas en un ataque incluso más sangriento que el de 1872.[cita requerida]

Adolfo Alsina dirige la defensa de los poblados y estancias argentinas (aunque se concentra, sobre todo, en la frontera de la provincia de Buenos Aires), respondió al ataque, forzándolos a retroceder y dejando fortines en su camino hacia el sur para proteger los territorios conquistados y para evitar el transporte del ganado robado construyó la llamada Zanja de Alsina en 1876 que tenía una trinchera de 2 m de profundidad y 3 de ancho con un parapeto de 1 m de alto por 4,5 de ancho, ésta sirvió como límite para los territorios sin conquistar de 374 km entre Italó (en el sur de Córdoba) y Colonia Nueva Roma (al norte de Bahía Blanca); además ordenó la instalación de telégrafos para mantener comunicados los fortines a lo largo de toda la frontera. La construcción de la zanja al ser sólo una medida defensiva y que no resolvía definitivamente los problemas de los malones fue duramente criticada.

El 11 de octubre de 1878 mediante la Ley 954, Nicolás Avellaneda crea la gobernación de la Patagonia con asiento en la población de Mercedes de Patagones (actual Viedma).[6]

Contenido

Pueblos indígenas involucrados

Los pueblos indígenas que se vieron involucrados en las campañas, incluyendo a los aliados del gobierno, fueron los siguientes:

  • Ranqueles, surgidos de la mapuchización de un sector de los tehuelches septentrionales, dominaban el sur de las provincias de Mendoza, Córdoba y San Luis y el norte de la de La Pampa.
  • Salineros, gobernados desde las Salinas Grandes por la dinastía mapuche de los Curá, dominaban el sudeste de La Pampa y el oeste de Buenos Aires.
  • Tribu de Pincén[7] en el noroeste de Buenos Aires.
  • Tribu del cacique Cachul (tehuelches septentrionales mapuchizados); vivían en la zona de Tapalqué.
  • Manzaneros, tehuelches septentrionales mapuchizados ubicados en Río Negro, Neuquén y Chubut.[8]

Aliados al estado argentino

Parcialidades o tribus que, por lo menos en él último período de la conquista del desierto, combatieron aliados a las tropas del estado argentino:[9]

  • Tribu del cacique Juan Sacamata (tehuelches septentrionales). En 1906 el gobierno argentino, en reconocimiento a su colaboración, les otorgó un territorio de cuatro leguas, al norte del lago Musters, en el valle de Sarmiento.
  • Tribu del cacique Manuel Quilchamal (tehuelches septentrionales -parcialidad cordillerana-).
  • Tribu del cacique Catriel (tehuelches septentrionales mapuchizados); vivían en la zona de Azul.
  • Tribu del cacique Coliqueo (eran el resto de los boroganos que se salvaron de la masacre de Masallé); se ubicaban en Los Toldos.

En contra del estado argentino

Parcialidades o tribus que, por lo menos en él último período de la conquista del desierto, combatieron a las tropas del estado argentino:[9]

  • Tribu del cacique Tracaleu (mapuches).
  • Tribu del cacique Marcelo Nahuel (mapuches).
  • Tribu del cacique Juan Salpú (tehuelches septentrionales).
  • Tribu del cacique principal Manuel Baigorrita (ranquelinos); con sus tolderías en Poitahué.
  • Tribu del cacique principal Epumer Rosas - Epumer Paine - (ranquelinos); con sus tolderías en Leubucó.
  • Tribu del cacique Namuncurá.
  • Tribu del cacique Reumay.
  • Tribu del cacique Pincén.
  • Tribu del cacique Manuel grande.
  • Tribu del cacique Tripailao.
  • Tribu del cacique Ramón Cabral (o Ramón Platero)(ranquelinos); con sus tolderías en Quenque. Después de la guerra fue un estanciero de Villa Mercedes, provincia de San Luis.
  • Tribu del cacique Namuncurá. Posteriormente se asentaron en el río Pichileufú en Neuquén.
  • Tribu del cacique Zuniga (pincunche). Posteriormente se asentaron junto con restos de los ranquelinos en el río Agrio.
  • Tribu del cacique Purrán (pehuenche). Posteriormente se asentaron en Loncopue.
  • Tribu del cacique Sayhueque (manzaneros, tehuelches septentrionales mapuchizados). Posteriormente se asentaron en la confluencia del río Caleufú con el río Collón Curá.

La campaña de Roca

Territorio de la Argentina controlado efectivamente por el estado antes de la primera presidencia de Julio Argentino Roca (1880-1886).
Fotografía tomada por Antonio Pozzo del Ejército Argentino en la ribera del Río Negro.
Instalaciones de fortín utilizado durante la Campaña al Desierto (expuesto en Cipolletti).
Mangrullo de fortín utilizado durante la Campaña al Desierto (expuesto en Cipolletti).

En 1870 los continuos ataques masivos que desde el corazón del dominio indígena practicaban los aborígenes contra las estancias y poblados, mediante los denominados «malones», dificultaban el progreso de la región. Finalmente, el general Julio Argentino Roca, mediante una serie de incursiones militares llamadas en su conjunto «conquista del desierto» y llevadas a cabo con una conjunción entre fuerzas militares nacionales más guerreros de las tribus aliadas, da por término a estos constantes ataques, y al mismo tiempo, incorpora a los esquemas productivos los territorios pampeanos y patagónicos donde las distintas tribus amerindias habitaban.

Después de que Adolfo Alsina muriera en 1877, el general Julio A. Roca fue nombrado nuevo ministro de Guerra y prosiguió sus objetivos en el sur. Pero, en contraste con Alsina, Roca creía que la única solución contra la amenaza de los indígenas era subyugarlos, expulsarlos, o exterminarlos.

Para llevar a cabo este plan, el 4 de octubre de 1878 fue sancionada la ley N° 947, que destinaba 1.700.000 pesos para el cumplimiento de la ley de 1867 que ordenaba llevar la frontera controlada efectivamente por el estado argentino hasta los ríos Negro, Neuquén y Agrio.

Mientras tanto, los jefes de sectores de fronteras realizaron diversas operaciones durante el año 1878 y comienzos de 1879, para preparar la ofensiva.

A finales de 1878, empezó la primera ola para dominar la zona entre la zanja de Alsina y el río Negro, a través de ataques sistemáticos y continuos a los establecimientos de los indígenas. El coronel Nicolás Levalle, y luego el teniente coronel Freire, atacaron a las fuerzas encabezadas por Manuel Namuncurá, provocándole más de 200 muertos. Mientras tanto, el coronel Lorenzo Vintter tomaba prisionero a Juan José Catriel y más de 500 de sus guerreros, a la vez que se hizo otro tanto con Pincén, cerca de Laguna Malal. Estos caciques fueron confinados en la isla Martín García. Posteriormente, el ranquel Epumer fue capturado en Leuvucó por el capitán Ambrosio. Otras acciones fueron dirigidas por el mayor Camilo García, el teniente coronel Teodoro García, el coronel Rudecindo Roca, el coronel Nelson, el mayor Germán Sosa, el coronel Eduardo Racedo, el teniente coronel Rufino Ortega, y el teniente coronel Benito Herrero.

Por ley del 11 de octubre de 1878 se creó la Gobernación de la Patagonia al mando del coronel Álvaro Barros y con jurisdicción en todos los territorios fuera de las provincias hasta el cabo de Hornos.

Con 6.000 soldados en cinco divisiones (entre ellos 820 indígenas aliados), en abril de 1879 comenzó la segunda ola, que alcanzó la isla de Choele Choel en dos meses, la cual fue entregada pacíficamente por los indígenas locales. Desde otros puntos, las compañías del sur hicieron su camino hacia el río Negro y el río Neuquén, el tributario septentrional del río Negro. Se construyeron muchos establecimientos en la cuenca de estos dos ríos, así como también en el río Colorado. Uno de los principales fue el fuerte General Roca. El fuerte Primera División fue establecido en la confluencia de los ríos Neuquén y Limay.

  • La primera división, al mando del general Roca, partió de Carhué el 29 de abril de 1879 con 1.900 soldados y 105 indígenas aliados, y el 24 de mayo entraron en la isla de Choele-Choel. En junio, Roca regresó a Buenos Aires, quedando al mando el coronel Conrado Villegas.
  • La segunda división, al mando del coronel Nicolás Levalle, partió de Carhué con 325 soldados y 125 indígenas aliados pertenecientes al cacique Tripailao. Avanzó hacia Traru-Lauquen en la actual La Pampa, y enfrentó a Namuncurá.
  • La tercera división, al mando de Eduardo Racedo, partió de Villa Mercedes hacia Potahue con 1.350 hombres, entre los que se contaban guerreros ranqueles de las tribus aliadas comandadas por los caciques Cuyapán y Simón. Esta división persiguió al cacique Baigorrita, no logrando capturarlo, aunque sí toma prisioneros a 500 de sus indígenas.
  • La cuarta división, al mando de Napoleón Uriburu, partió desde San Rafael el 21 de abril, rumbo a la confluencia de los ríos Limay y Neuquén. Esta división dio muerte, en Chos Malal, al cacique ranquel Peyeumán; en el río Agrio tomó prisionero al cacique Painé con 60 de sus guerreros; y finalmente da muerte al cacique Baigorrita. Estas acciones dejaron un saldo de 1.000 indígenas muertos, y 700 tomados prisioneros.
  • La quinta división, al mando del teniente coronel Hilario Lagos, partió de Trenque Lauquen, y en Curu-Pichi-Cajuel el teniente coronel Godoy mató al capitanejo Lemumier y su hijo. Esta columna tomó a 629 indígenas como prisioneros.[10]

De acuerdo con la Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, se tomaron prisioneros 5 caciques principales y uno fue muerto (Baigorrita), 1.271 indígenas de lanza fueron tomados prisioneros, 1.313 indios de lanza resultaron muertos, 10.513 indios de chusma fueron tomados prisioneros, y 1.049 indios fueron reducidos.

Campaña al Neuquén y Río Negro

Roca siguió a Nicolás Avellaneda como presidente. Creyó que era imperativo conquistar el territorio al sur del río Negro lo más pronto posible y ordenó la campaña de 1881 bajo el mando del coronel Conrado Villegas con 1.700 soldados en tres brigadas que comenzaron la campaña a principios de 1881. En un año, Villegas, ascendido a general y a cargo de la frontera sur, conquistó el territorio de la actual Provincia del Neuquén y llegó hasta el río Limay. Las tropas partieron de Buenos Aires el 19 de octubre de 1880 en el vapor Villarino con destino a Carmen de Patagones. En noviembre partieron de esta localidad rumbo a Choele Choel, en donde permanecieron hasta marzo de 1881.

  • La primera brigada, al mando del teniente coronel Rufino Ortega, avanzó por el pedemonte andino y enfrentó a Tacumán, hijo del cacique Sayhueque. Alcanzó el lago Nahuel Huapi el 3 de abril, con un saldo de 23 indígenas muertos.
  • La segunda brigada, al mando del coronel Lorenzo Vintter, avanzó por la costa del río Limay y tomó prisionero cerca del río Collon Curá al cacique Molfinquéo con 48 de sus indígenas, mientras que otros 17 resultaron muertos.
  • La tercera brigada, al mando del coronel Liborio Bernal, se dirigió hacia el arroyo Valcheta y tomó prisioneros a 140 indígenas, mientras que otros 45 resultaron muertos.

La escuadrilla del río Negro, integrada por los vapores Río Negro y Erasmo Obligado y sirvió de apoyo a los expedicionarios. En el Río Neuquén se embarcó la comisión exploradora fluvial al mando del teniente Eduardo O´Connor, llegando hasta la vuelta del Desengaño en el río Limay. A fin de año Obligado alcanzó la confluencia de los ríos Collón Curá y Limay a bordo del Río Negro.[11]

Campaña a los Andes

Cartel señalando el combate de Pulmari, en Neuquén.
Hito señalando el combate de Pulmari en Neuquén.

Entre noviembre de 1882 y abril de 1883 el general Villegas inició una nueva campaña con tres brigadas (cerca de 1.400 hombres) y consiguió controlar la totalidad de la actual Provincia del Neuquén:

  • La primera brigada, al mando del teniente coronel Rufino Ortega operó en la zona del río Agrió y de Aluminé, obtuvo la rendición de Millamán con casi 100 de sus indígenas. El teniente coronel Ruibal derrotó al cacique Queupo, mientras que el cacique Cayul fue capturado con cerca de 80 de sus guerreros. El mayor José Daza derrotó a Alvarito Rumay y capturó a los capitanejos Cayupán y Nahuelpán. Esta brigada tomó a 500 indígenas prisioneros, al tanto que otros 120 resultaron muertos.
  • La segunda brigada, al mando del teniente coronel Enrique Godoy operó en la zona de Collón Cura y Caleufú. Persiguió a Namuncurá, a Reuque-Curá, el cual fue logrado tomar prisionero, y a Ñancuche, quien huyó a Chile. Esta brigada tomó a 700 indígenas prisioneros, mientras que otros 100 resultaron muertos.
  • La tercera brigada, al mando del teniente coronel Nicolás Palacios se dirigió al Nahuel Huapi y atacó a los caciques Sayhueque e Inacayal, tomando a 500 indígenas prisioneros, mientras que otros 145 resultaron muertos.

La comisión exploradora fluvial al mando de Obligado volvió a intentar navegar el Limay llegando en el Río Negro hasta el Collón Curá y luego en lancha hasta Traful.

El 15 de febrero de 1883 el soldados del Regimiento 5 de Caballería al mando del sargento mayor Miguel E. Vidal fundaron el fortín Junín de los Andes.

Las campañas finales

Se continuó presionando a los aborígenes que resistían más hacia el sur, hasta lograr la rendición de Manuel Namuncurá con 330 de sus guerreros.

El teniente coronel Lino Oris de Roa al mando de 100 soldados llegó hasta el valle inferior del río Chubut operando entre noviembre de 1883 y enero de 1884. Mientras tanto, el mayor Miguel Vidal atacó a Sayhueque e Inacayal, librando la última batalla el 18 de octubre de 1884, en la que Inacayal y Foyel fueron derrotados por el teniente Insay, logrando la rendición de la mayoría de sus 3.000 indígenas. El 1 de enero de 1885 Sayhueque se rindió al nuevo gobernador de la Patagonia, el general Lorenzo Vintter, en la actual Provincia del Chubut. Inacayal y Foyel, junto con sus familiares, fueron llevados por Francisco Pascasio Moreno en 1886 a vivir al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en retribución a la hospitalidad que ellos le habían dado. Algunos grupos menores continuaron indómitos en Chubut hasta 1888.

Consecuencias

El Informe Oficial de la Comisión Científica[12] que acompañó al Ejército Argentino es considerablemente específico respecto de los resultados de la guerra:

El año 1879 tendrá en los anales de la República Argentina una importancia mucho más considerable que la que le han atribuido los contemporáneos. Ha visto realizarse un acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente, y cuyo alcance, desconocido hoy, por transitorias cuestiones de personas y de partido, necesita, para revelarse en toda su magnitud, la imparcial perspectiva del porvenir. Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Río Negro y del Neuquén.
Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral. Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.
Y eran tan eficaces los nuevos principios de guerra fronteriza que habían dictado estas medidas, que hemos asistido a un espectáculo inesperado. Esas maniobras preliminares, que no eran sino la preparación de la campaña, fueron en el acto decisivas. Quebraron el poder de los indios de un modo tan completo, que la expedición al Río Negro se encontró casi hecha antes de ser principiada. No hubo una sola de esas columnas de exploración que no volviese con una tribu entera prisionera, y cuando llegó el momento señalado para el golpe final, no existían en toda la pampa central sino grupos de fugitivos sin cohesión y sin jefes.
Es evidente que en una gran parte de las llanuras recién abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba.

Las palabras con las que concluye el informe demuestran el desprecio que en aquel período mostraba el Estado argentino hacia las etnias indígenas que le oponían resistencia. No es de extrañar que, en una época donde todavía había esclavitud en Sudamérica,[13] y donde erradas reinterpretaciones de las teorías de Darwin dieron paso al darwinismo social,[14] a los indígenas de las tribus que practicaban malones se los tratara como seres inferiores, sin los mismos derechos que los criollos o los europeos, al igual que ocurría en casi todos los rincones del globo con otros pueblos originarios, incluso con los no belicosos.[15] [16]

Roca, al mando de un ejército moderno y bien pertrechado,[17] sometió la débil resistencia que pudieron ofrecer los otrora indomables mapuches, causando una gran cantidad de víctimas y desplazando a las poblaciones restantes a regiones periféricas. En esos mismos años, la misma etnia de los mapuches fue también derrotada, en este caso por el estado chileno, en su misma tierra de origen, durante la Ocupación de la Araucanía, denominada en los documentos oficiales chilenos como «pacificación de la Araucanía».

Se estima que la campaña argentina fue causa directa de la muerte de más de mil indígenas (hombres, mujeres y niños).[18]

Las tribus que sobrevivieron fueron desplazadas a las zonas más periféricas y estériles de la Patagonia. Unos 10.000 nativos[19] fueron tomados prisioneros y unos 3.000 enviados a Buenos Aires, donde los separaban por sexo, a fin de evitar que procrearan hijos:[20] a las mujeres las repartieron por los diferentes barrios de la ciudad como sirvientas, mientras una parte de los hombres se envió a la isla Martín García, donde murieron, en su gran mayoría, a los pocos años de reclusión.

Esta campaña se realizó, además, porque el persistente abandono que la Argentina había sometido a sus dominios patagónicos heredados de España, había provocado que los ojos de otros países se fijaran en esa región, en especial el Reino Unido, el cual ya le había arrebatado las islas Malvinas, y Chile, que ya contaba con una próspera colonia austral posicionada en el sector del estrecho de Magallanes otorgado por el uti possidetis a las Provincias Unidas.[21] De esta manera, millones de hectáreas se sumaron así al control efectivo de la República Argentina. Estas enormes extensiones fueron adjudicadas a bajo precio, o directamente regaladas, a terratenientes y políticos influyentes.[22] [23]

Justificación de la campaña en la época

El malón (1845) óleo de Mauricio Rugendas.

Por ejemplo, sostiene el historiador Jorge Charata:

"La conquista del desierto era una necesidad histórica. Las tentativas de una acción civilizadora pacífica, en la que habían sacrificado sus vidas jesuitas y franciscanos en los siglos anteriores, habían fracasado porque no tenían en cuenta que los indios no sometidos aún estaban en otro estadio de la organización social. Se encontraban en una etapa preagraria,.... al nivel de cazadores-recolectores (incluyendo el robo de ganado como una novísima forma de caza) ....Contra esa naturaleza social de las tribus se estrellaron todos los esfuerzos por inculcarles formas más elevadas, que sólo podían ser producto de una larga evolución que la nación no podía esperar sin el peligro cierto de empobrecerse económicamente, perder la Patagonia a manos de Chile o ver surgir asomados a su frontera nuevos Estados bárbaros sometidos a la tutela imperialista. Esto último ya lo había intentado el francés Aurelio Antonio Tounens, alias "Orllie-Antoine I", rey de Araucaria y Patagonia, en 1860/70".

Debate sobre la aplicación del concepto de genocidio

Imagen tomada en 1897 en una de las expediciones por el geografo Hans Steffen Hoffman.

A mediados del siglo XX se forja el concepto de genocidio para designar los "actos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso". Diversos estudiosos han postulado aplicar la definición de genocidio a los actos realizados por el Estado argentino durante esta etapa, mientras que otros investigadores argumentan que esto no sería correcto.

Argumentos de los que postulan la tesis del genocidio

Dentro de los argumentos de los que apoyan esta tesis se citan los que tienen que ver con la declaración de las intenciones del Estado:

  • En el Congreso se habla de «exterminar a los indios salvajes y bárbaros de Pampa y Patagonia».
  • Desde el gobierno de Martín Rodríguez en la provincia de Buenos Aires, década de 1820, se hablaba de exterminio. Él ya decía «primero exterminaremos a los nómades y luego a los sedentarios».

También se citan los métodos utilizados en la campaña, que concuerdan con la definición de genocidio:

  • Ataques a tolderías con mujeres y niños solos en momentos en que los hombres adultos estaban en otras partidas.
  • Un campo de detención en Valcheta (Línea Sur de la actual provincia de Río Negro) con alambres de púas de tres metros de alto para encerrar a gente que acababa muriendo de hambre por no tener alimentos.
  • Traslados por la fuerza de los prisioneros caminando hasta Carmen de Patagones (un puerto en la desembocadura del río Negro), en donde los embarcaban a Martín García (una isla en el Río de la Plata enfrente de Buenos Aires). Estos traslados podían ser de hasta de mil km y exterminaron a miles de personas, ya que se mataba a los que no caminaban.
  • Traslados forzosos de familias a otros sitios dentro del territorio, ocurridos después de la campaña por la «policía de frontera».
  • Un segundo campo de detención en Martín García. Allí tuvieron que habilitar dos cementerios especiales en 1879.
  • Separación de las familias.
  • Cambios de nombres, de manera que no se pudiera reconstruir la historia familiar.
  • La cifra de muertos varía mucho. Según los bajistas (apoyados por las cifras oficiales) los indígenas que vivían en esas tierras eran 29 000 personas, y para los alcistas, apoyados por organizaciones indígenas, las habitaban 150 000 indígenas,[24] siendo 60 000 de ellos los de la Confederación de Sayhueque.[2] Según se estima, con la conquista murieron de 14 000 a 90 000 nativos, 20 000 a 35 000 de ellos lo fueron en la campaña de 1879,[25] y 55 000 en la de 1881.[24] Al resto, o se los redujo en reservas, o se los separó de sus familias y culturas. Según los más alcistas murieron 100 000 indígenas, incluidos también a los que cayeron en la Ocupación de la Araucanía por el ejército chileno al poniente de la cordillera andina.[26]

Algunos consideran anacrónico considerar genocidio la conquista del desierto, por intentar aplicar un concepto de derecho internacional surgido con posterioridad a los hechos de que se trata. Tampoco es una guerra, pues —según Karl von Clausewitz— «el fin de la guerra no es exterminar al enemigo sino desarmarlo».

Argumentos de los que rechazan la tesis del genocidio

Los argumentos de los que intentan desmentir la teoría del genocidio son:[27]

  • La aplicación de conceptos actuales para calificar hechos del pasado es inadecuada, ya que el marco ético y político tenía otras características, propias de su época.
  • Varias tribus combatieron aliadas a las tropas del estado argentino.
  • Falta de documentación sobre hechos a partir de los cuales se pueda inferir que se trató de genocidio. Además, esta falta no se debe a que se ocultaran algunos hechos ya que a la expedición se incorporaron periodistas, hombres de ciencia y religiosos que escribieron y publicaron lo que vieron.
  • Se pone en duda que las más de 5000 personas que participaron en las campañas hubieran sido todas cómplices de un genocidio ocultando información de este tipo.
  • Se pone en duda que lo hubiera permitido un humanista como el presidente Avellaneda.
  • Buen trato a los indios prisioneros, niños, mujeres y ancianos, quienes fueron examinados por sus dolencias, vacunados y muchos de ellos remitidos a hospitales de Buenos Aires.
  • Asignación por parte del Estado de grandes reservas a los indígenas, inclusive a los caciques y tribus del bando derrotado. Aunque fueron cercenadas posteriormente, esto fue hecho por individuos y estas acciones probablemente serán enmendadas por la justicia.
  • El discurso del 13 de septiembre de 1878 del Gral. Roca ante el Congreso no habla de exterminación sino de «absorción y asimilación» y la ley del 4 de octubre de 1878 del Congreso Nacional que financia la campaña habla de entregar tierras a los que se sometan y a los indios amigos.
  • La cantidad de indios muertos en la Campaña (1313) en contraposición a la cantidad de prisioneros entregados al Gobierno Nacional (11 784) no es compatible con una intención de exterminación.[28]

Referencias

  1. a b El Historiador | Artículos | “La conquista del desierto”
  2. a b CEPAL - SERIE población y desarrollo. Autonomía o ciudadanía incompleta: el pueblo mapuche en Chile y Argentina Pág. 28.
  3. Walther, J.C. (1970) (en español). La Conquista del Desierto. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires. pp. 271. 
  4. Best, F. (1960) (en español). Historia de las guerras argentinas. Buenos Aires: Peuser. pp. 361. 
  5. a b c d e MANUEL NAMUNCURA ("PIE DE PIEDRA") sitio web Instituto Malvinas. Consultado el 5 de enero de 2011.
  6. A 130 años: Creación de la Gobernación de la Patagonia Diario Río Negro. Consultado el 30 de marzo de 2011.
  7. INSTITUTO MALVINAS - Para pensar la Patria
  8. Los tehuelches: y otros cazadores australes. Pág. 82-83. Escrito por Irma Bernal, Mario Sánchez Proaño. Publicado por Editorial Galerna, 2001. ISBN 950-556-422-8, 9789505564224
  9. a b CULTURA ANCESTRAL
  10. «Created with DiDa».
  11. Crónica histórica del Lago Nahuel Huapi. Pág. 263. Autor: Juan M Biedma. Editor: Editorial del Nuevo Extremo, 2003. ISBN 987-1068-21-2, 9789871068210
  12. Introducción del Tomo I del Informe Oficial de la Comisión Científica agregada al estado mayor general de la Expedición al Río Negro (Patagonia), texto electrónico en ECyT-ar.
  13. https://www.planalto.gov.br/ccivil_03/Leis/1851-1900/L3353.htm
  14. Rick Tilman (2001): No es sorpresa, dada la eminencia de Darwin y de las alabanzas científicas hechas acerca de la teoría de la evolución, que evolucionistas de varios colores empezaron a explotar sus ideas para lograr sus propios fines políticos y morales", en Darwin’s Impact: Social Evolution in America, 1880–1920" (conclusión)
  15. http://www.journals.uchicago.edu/doi/pdf/10.1086/522350 From Terror to Genocide: Britain’s Tasmanian Penal Colony and Australia’s History Wars
  16. Thornton, American Indian Holocaust, 48–49.
  17. La principal diferencia sería de armamentos, principalmente el uso del Remington. Pero la conquista del desierto sería la primera operación de envergadura en el país que haría uso intensivo del telégrafo en las comunicaciones militares. Su uso militar fue promovido ya durante la gestión de Adolfo Alsina durante la presidencia Avellaneda. Uno de los 5 hilos conductores que salían del pequeño local de la Dirección General de Correos y Telégrafos en la ciudad de Buenos Aires iba siguiendo la Conquista del Desierto: desde Azul hasta Trenque Lauquen y Carhué, para unir a las cinco comandancias de frontera, arribando a Fuerte General Roca, en el Río Negro, en 1883. Su uso en la Campaña del Desierto en reemplazo de las señales mediante cañonazos y del uso de chasquis fue intenso y facilitó la logística y coordinación de las operaciones. Entre abril de 1876 y julio de 1877 las diversas oficinas del Telégrafo Militar intercambiaron 52218 telegramas por su red de 696 km. La cabecera estaba instalada en el Ministerio de Guerra y Marina en la Casa de Gobierno y contaba con 11 aparatos Morse atendidos por 30 hombres entre oficiales, suboficiales y soldados. El 18 de junio de 1879 Avellaneda saludaba por telégrafo al comandante de la expedición Roca: "Mis felicitaciones y las de toda la Nación. Lo saludo en las márgenes del Río Negro y del Neuquén donde su presencia realiza los votos de muchas generaciones". Así, pronto "No quedó Comandancia, fuerte o fortín sin la debida instalación de este valioso auxiliar de la defensa, porque, no solo evitaba demoras que traían graves perjuicios en las operaciones militares, sino que también producía economías importantes en cientos de soldados y caballos que se empleaban en las comunicaciones sin hilos. Las líneas telegráficas fueron debidamente tendidas por nuestros soldados y sin interrupción alguna hasta algo después de 1885. La vida de los telegrafistas de frontera alcanzó los grados de heroísmo, no sólo por los riesgos a que su libertad y vida se hallaban expuestos, sino por las privaciones y sufrimientos que debieron soportar trabajando duramente jornadas de sacrificios y ganando sueldos de hambre"(teniente coronel Eduardo Ramayón, La conquista del desierto, Buenos Aires, 1913).
  18. Según el informe del jefe militar Julio Roca, al parlamento, se mataron 1.323.
  19. Roca, muy poco después presidente, acotó ante el Congreso de la Nación, que también se habían tomado como prisioneros a 10.539 mujeres y niños y 2.320 guerreros
  20. Osvaldo Bayer dijo que “Roca fue implementando la esclavitud en el frente, lo que aquella brillante Asamblea del año XIII había eliminado cuando declaró la libertad de vientres, en todos los diarios de Buenos Aires, en 1879, se pueden ver los avisos donde dice reparto de indios, recorran los diarios. Y en La Nación del 21 de enero de 1879, un diario conservador, publicó esta crónica: ‘Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización.’
  21. Historia (Santiago) - La Guerra De Los Mapas Entre Argentina Y Chile: Una Mirada Desde Chile
  22. Roca dejó el camino expedito para entregar las tierras a los nuevos propietarios, a los que ya había sido asignada antes de la operación militar mediante la suscripción de 4.000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2.500 hectáreas. Un total de diez millones de hectáreas, en consecuencia, fueron vendidas por el Estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras, no del "desierto", mientras que el excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1882 en Londres y París, dando lugar así a la aparición de los primeros terratenientes de esos orígenes en los campos argentinos.Y como aún quedó más y nadie pensó en los aborígenes, en 1885 se cancelaron con tierras las deudas acumuladas con los soldados desde 1878, ya que llevaban siete años sin cobrar, pero como tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo, terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno. "Apropiación de la tierra a los aborígenes y genocidios en el Río de la Plata", Fernando Del Corro, periodista y docente de la UBA
  23. Osvaldo Bayer sostuvo que “es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el resultado que sacamos del Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fíjense que entre 1876 y 1903, en 27 años, se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”. Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la dictadura militar.
  24. a b Indígenas americanos: Explotación, genocidio y olvido - Monografias.com
    En abril de 1879 el general Roca inicia su expedición desplegando en abanico a más de 6000 hombres muy bien pertrechados y apoyados por artillería. Más de 150 000 indios inician la retirada; un éxodo en dirección al Neuquén.
    El informe final que el general Roca ofreció al Congreso sobre esa campaña dice que «14 172 indios fueron reducidos, muertos o prisioneros». Seiscientos indígenas fueron enviados a la zafra en Tucumán. Los prisioneros de guerra fueron incorporados forzosamente al Ejército y la Marina para cumplir un servicio de seis años, mientras que las mujeres y los niños se distribuyeron entre familias que las solicitaban, para servicios domésticos o adopción forzada, a través de la Sociedad de Beneficiencia.
    En 1881 Roca inicia la segunda fase de exterminio ilegal en la provincia del Neuquén, puesto que el Congreso le había autorizado, a través de la ley número 947 a perseguir a los indios solamente hasta los ríos Limay y Neuquén «y no más allá». En marzo de 1881 el general Villegas partía con tres brigadas de infantería, cuatro regimientos de caballería y una sección de artillería hacia el lago Nahuel Huapi ('yaguareté', en araucano). Como sólo opusieron resistencia los caciques con grupos selectos de guerreros, la huida de las familias indias transformó la expedición en un saqueo. Después de matar 45 indios y de tomar 150 prisioneros, las tropas del ejército capturaron con 6500 cabezas de ovinos, 1700 vacas y 2300 caballos, que estaban en poder de las tribus en fuga. Las batallas siguientes al pie de la Cordillera de los Andes, pusieron de manifiesto el desequilibrio existente: 345 indios muertos y 1720 prisioneros. Entre las fuerzas nacionales se registraron 17 muertos y 21 heridos.
    En términos de vidas humanas la conquista del Neuquén tuvo un costo oficial de 55 000 indios.
  25. Proyecto de Ley de la comisión anti-monumento a Julio A. Roca
  26. Nación Mapuche - Pueblo Mapuche
    Entre 1860-85, mediante una acción militar conjunta denominada "Pacificación de la Araucanía" por los militares chilenos y "Conquista del Desierto" por los argentinos, impunemente masacraron alrededor de cien mil mapuche. A lo que hay que agregar que las repúblicas de Chile y Argentina, -en una guerra no declarada-, incurrieron en una flagrante violación del derecho internacional al no respetar una frontera reconocida por una potencia internacional. Subsecuentemente, la ocupación militar del territorio de la nación Mapuche y la deportación de sus habitantes en reservas indígenas, testimonia un ultraje más del derecho internacional.
  27. [1] "Roca y el mito del genocidio" LaNacion.com
  28. De acuerdo con la Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, se tomaron prisioneros 5 caciques principales y uno fue muerto: Baigorrita, 1271 indios de lanza prisioneros, 1313 indios de lanza muertos, 10 513 indios de chusma prisioneros y 1049 indios reducidos. Los números son creíbles por dos razones. En primer lugar periodistas y científicos acompañaban las columnas y, principalmente , en la época de su publicación el éxito de la Campaña se medía por la mayor cantidad de indios involucrados. Los 1313 indios muertos en la Campaña del Desierto de Avellaneda - Roca no significan una cantidad desusadamente grande, la primer Campaña del Desierto de Juan Manuel de Rosas acabó con más del doble de ese número: fueron 3200 los indios ultimados. Por otra parte la cantidad de indios muertos desde el recrudecimiento de la invasión Mapuche en 1828 hasta el fin de la segunda Campaña del Desierto se estima en cerca de 50 000; cantidad similar a la de hombres, mujeres y niños criollos muertos o esclavizados por los indios en igual período.

Véase también

Enlaces externos


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