Vindicación de los derechos del hombre

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Vindicación de los derechos del hombre
Vindicación de los derechos del hombre
WollstonecraftVRM.jpg
Primera edición impresa de Vindicación de los derechos de la mujer: críticas acerca de asuntos políticos y morales
Autor Mary Wollstonecraft
Tema(s) Derechos
Idioma Inglés
Título original A Vindication of the Rights of Men
Editorial Publicado por Joseph Johnson
País Reino Unido
Fecha de publicación 1790

Vindicación de los derechos del hombre, en una carta al Muy Honorable Edmund Burke; ocasionada por sus reflexiones sobre la Revolución francesa (1790) es un panfleto político escrito por la feminista británica del siglo XVIII Mary Wollstonecraft, que ataca a la aristocracia y propugna el republicanismo. La de Wollstonecraft fue la primera respuesta en la guerra de panfletos iniciada por la publicación de Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790), de Edmund Burke, una defensa de la monarquía constitucional, la aristocracia y la Iglesia de Inglaterra.

Wollstonecraft atac√≥ no solo a los privilegios hereditarios, sino tambi√©n a la ret√≥rica que utiliz√≥ Burke para defenderlos. La mayor√≠a de los detractores de Burke condenaron lo que ellos percib√≠an como una pena muy teatral por Mar√≠a Antonieta, pero Wollstonecraft fue la √ļnica que denunci√≥ el lenguaje sexista de Burke. Al redefinir lo sublime y lo bello, t√©rminos establecidos por el propio Burke en Indagaci√≥n filos√≥fica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello (1756), Wollstonecraft socav√≥ su ret√≥rica adem√°s de sus argumentos. En su primera cr√≠tica abiertamente feminista, que la experta en Wollstonecraft Claudia L. Johnson considera que no ha sido superada en fuerza argumentativa,[1] Wollstonecraft critica la justificaci√≥n que hace Burke de una sociedad desigual basada en la pasividad de la mujer.

En su defensa de la virtud republicana, Wollstonecraft invoca el car√°cter distintivo de la clase media emergente en oposici√≥n a lo que ella considera un viciado c√≥digo de conducta de la aristocracia. Alentada por una creencia ilustrada en el progreso, se mofa de Burke por confiar en la tradici√≥n y las costumbres. Describe un pa√≠s id√≠lico en el que cada familia tiene una granja que cubre sus necesidades. Wollstonecraft contrasta su imagen ut√≥pica de la sociedad, dibujada, seg√ļn ella, con sentimientos genuinos, con el falso tableau teatral de Burke.

Los Derechos del Hombre tuvieron √©xito: recibi√≥ comentarios en todos los peri√≥dicos importantes de la √©poca y la primera edici√≥n se agot√≥ en tres semanas. Sin embargo, tras la publicaci√≥n de la segunda edici√≥n (la primera que llevaba el nombre de Wollstonecraft en la portada), las cr√≠ticas empezaron a evaluar el texto no solo como panfleto pol√≠tico sino como la obra de una mujer escritora. Contrastaban la "pasi√≥n" de Wollstonecraft con la "raz√≥n" de Burke, y trataban condescendientemente al texto y a su autora. Este an√°lisis de los Derechos del Hombre imper√≥ hasta los a√Īos 70 del siglo XX, cuando las acad√©micas feministas empezaron a leer los textos de Wollstonecraft con mayor cuidado y llamaron la atenci√≥n sobre su intelecutalismo.

Contenido

Contexto histórico

Controversia de la Revolución

Juramento del Juego de Pelota (1791), por Jacques-Louis David.

Vindicaci√≥n de los derechos del hombre se escribi√≥ en medio del ambiente de la Revoluci√≥n francesa y de los debates que esta gener√≥ en Gran Breta√Īa. En una animada y a veces virulenta guerra de panfletos, hoy conocida como la Controversia de la Revoluci√≥n, que dur√≥ desde 1789 hasta el final de 1795, los comentaristas pol√≠ticos brit√°nicos discutieron sobre la validez de la monarqu√≠a. Un experto se ha referido a este debate como "quiz√°s la √ļltima discusi√≥n verdadera sobre los fundamentos de la pol√≠tica en Gran Breta√Īa".[2] El poder de la agitaci√≥n popular de la Francia revolucionaria, puesta de manifiesto en sucesos como el Juramento del Juego de Pelota y la toma de la Bastilla en 1789, revitalizaron el movimiento reformista brit√°nico, que llevaba moribundo desde hac√≠a una d√©cada. As√≠, se reavivaron los esfuerzos por reformar el sistema electoral brit√°nico y distribuir los asientos de la C√°mara de los Comunes de manera m√°s equitativa.[3]

Gran parte del vigoroso debate pol√≠tico de la d√©cada de 1790 se inici√≥ con la publicaci√≥n de Reflexiones sobre la Revoluci√≥n francesa, de Edmund Burke, en noviembre de 1790. La mayor√≠a de los comentaristas de Gran Breta√Īa esperaban que Burke apoyara a los revolucionarios franceses, porque anteriormente hab√≠a formado parte del partido liberal Whig, cr√≠tico con el poder mon√°rquico, un defensor de los revolucionarios americanos y un denunciante de los abusos del gobierno en la India. Al no ser as√≠, el pueblo se conmocion√≥ y sus amigos y defensores se enfurecieron.[4] El libro de Burke, pese a su elevado precio de tres chelines, vendi√≥ la sorprendente cantidad de 30000 copias en dos a√Īos.[5] Sin embargo, la famosa respuesta de Thomas Paine, Los derechos del hombre (1792), que se convirti√≥ en grito de guerra para miles de ciudadanos, lo super√≥ ampliamente, al vender m√°s de 200 000 copias.[6]

Derechos del hombre de Wollstonecraft se public√≥ tan solo unas semanas despu√©s de las Reflexiones de Burke. Mientras Burke apoyaba a la aristocracia, la monarqu√≠a y la Iglesia establecida, los liberales como William Godwin, Paine y Wollstonecraft defend√≠an el republicanismo, el socialismo agrario, la anarqu√≠a y la tolerancia religiosa.[7] La mayor√≠a de los que terminar√≠an llam√°ndose radicales defend√≠an objetivos similares: libertades individuales y virtud c√≠vica. Tambi√©n les un√≠an las mismas cr√≠ticas: la oposici√≥n al belicoso "inter√©s territorial" y su papel en la corrupci√≥n del gobierno, y la oposici√≥n a una monarqu√≠a y una aristocracia que, seg√ļn ellos, se apoderaban ilegalmente del poder del pueblo.[8]

1792 fue el "annus mirabilis del radicalismo del siglo XVIII": se publicaron sus textos más importantes, y la influencia de las asociaciones radicales, como la London Corresponding Society (LCS) y la Society for Constitutional Information (SCI), estaba en su punto álgido.[9] Sin embargo, no fue hasta que estos grupos de clase media y obrera formaron una alianza con la más distinguida Friends of the People Society que el gobierno mostró interés. Tras la formación de esta alianza, el gobierno, dominado por los conservadores, prohibió los textos sediciosos. Tan solo en la década de 1790 se produjeron más de 100 procesamientos por sedición, un aumento drástico sobre las décadas anteriores.[10] El gobierno británico, temeroso de un alzamiento similar al de la Revolución francesa, dio pasos todavía más drásticos para sofocar a los radicales: hicieron más arrestos policiales y se infiltraron en los grupos radicales; amenazaron con "revocar las licencias a los taberneros que seguían acogiendo a las sociedades de debate político y vendiendo literatura reformista"; interceptaron el correo de "disidentes sospechosos"; apoyaron a los grupos que saboteaban los eventos radicales; y atacaron a los disidentes en la prensa.[11] Los radicales percibieron este periodo, que incluía a los famosos juicios por traición de 1794, como "la institución de un sistema de TERROR, casi tan atroz en sus rasgos, casi tan gigante en su talla e infinitamente más pernicioso en su tendencia, de lo que nunca conoció Francia".[12]

Cuando, en octubre de 1795, una multitud lanz√≥ basura e insult√≥ a Jorge III, demandando un cese de la guerra con Francia y una bajada del precio del pan, el Parlamento aprob√≥ inmediatamente las "leyes mordaza" (la Seditious Meetings Act y la Treasonable Practices Act, tambi√©n conocidas como las "Two Acts"). Bajo estas leyes, era casi imposible mantener reuniones p√ļblicas, y los discursos quedaron muy reducidos en aquellas que se celebraron.[13] El radicalismo brit√°nico fue silenciado con efectividad durante el final de la d√©cada de 1790 y la d√©cada de 1800. No fue hasta la siguiente generaci√≥n que se pudo promulgar una reforma real.[14]

Las Reflexiones de Burke

Publicado en parte como respuesta al serm√≥n del cl√©rigo disidente Richard Price, que celebraba la revoluci√≥n francesa, y en parte como respuesta a una petici√≥n de consejo de un joven franc√©s, Reflexiones sobre la Revoluci√≥n francesa de Burke defiende el gobierno aristocr√°tico, el paternalismo, la lealtad, la caballerosidad y la primogenitura.[5] √Čl ve√≠a la Revoluci√≥n francesa como un derrocamiento violento de un gobierno leg√≠timo. En sus Reflexiones, argumenta que los ciudadanos no tienen el derecho a rebelarse contra su gobierno, porque las civilicaciones, incluidos los gobiernos, son el resultado de un consenso social y pol√≠tico. Si las tradiciones de una cultura fueran cuestionadas continuamente, afirma, el resultado ser√≠a la anarqu√≠a.

Burke critica a muchos pensadores y escritores brit√°nicos que aplaudieron las primeras etapas de la Revoluci√≥n francesa. Mientras muchos radicales comparaban la revoluci√≥n con la propia Revoluci√≥n Gloriosa brit√°nica de 1688, que hab√≠a restringido los poderes de la monarqu√≠a, Burke afirma que la analog√≠a hist√≥rica m√°s apropiada era la Guerra Civil Inglesa (1642‚Äď1651), por la que Carlos I fue ejecutado en 1649.[15] Sin embargo, en el momento en que Burke escrib√≠a esto, se hab√≠a producido muy poca violencia revolucionaria; m√°s preocupado por persuadir a sus lectores que por informarles, exager√≥ enormemente este elemento de la revoluci√≥n como efecto ret√≥rico. En su Indagaci√≥n sobre lo sublime y lo bello, hab√≠a afirmado que "las nociones grandes e inexactas transmiten mejor las ideas", y para generar miedo en el lector, construy√≥ en sus Reflexiones la escena de un Luis XVI y una Mar√≠a Antonieta forzados en su palacio a punta de espada. Cuando en Francia se desencaden√≥ de hecho la violencia en 1793 durante el Reinado del Terror, Burke fue considerado como un profeta.[16]

Burke también critica el conocimiento asociado con los philosophes franceses; sostiene que las ideas nuevas no deben ser probadas en la sociedad con el objetivo de mejorarla, en imitación de la emergente disciplina de la ciencia, sino que las poblaciones deben fiarse de la costumbre y la tradición.[5]

Redacción y publicación de Derechos del hombre

En el anuncio impreso al comienzo de Derechos del hombre, Wollstonecraft describe cómo y por qué los escribió:

Las Reflexiones sobre la Revoluci√≥n francesa del SR. BURKE llamaron por primera vez mi atenci√≥n como la comidilla del d√≠a; y al leerlas m√°s por diversi√≥n que por informaci√≥n, surgi√≥ mi indignaci√≥n por los argumentos sofistas, que me contrariaban en todo momento, tras el dudoso disfraz de sentimientos naturales y sentido com√ļn.

Muchas p√°ginas de la siguiente carta fueron el producto de la efusividad del momento; pero, creciendo impercetiblemente hasta alcanzar un tama√Īo considerable, se sugiri√≥ la idea de publicar una corta vindicaci√≥n de los Derechos del Hombre.

Al no tener el tiempo libre o la paciencia para seguir a este tortuoso escritor por todos los sinuosos caminos por los que su capricho ha querido empezar un juego nuevo, he limitado mis cr√≠ticas, en gran medida, a los grandes principios a los que √©l ha dirigido muchos argumentos ingeniosos de manera tan enga√Īosa.[17] [√©nfasis de Wollstonecraft]

Para que el panfleto se pudiera publicar en cuanto ella terminara de escribirlo, Wollstonecraft escribió frenéticamente mientras su editor, Joseph Johnson, imprimía las páginas. Sin embargo, a mitad del trabajo, dejó de escribir. Un biógrafo lo describe como una "pérdida de valor"; Godwin, en sus Memorias de Wollstonecraft, lo describe como "un acceso temporal de letargo e indolencia".[18] Johnson, quizás lo bastante astuto a esas alturas de su amistad para saber cómo animarla, acordó deshacerse del libro y le dijo que no se preocupara. Avergonzada, se apresuró en terminarlo.[19]

Derechos del hombre de Wollstonecraft se public√≥ de manera an√≥nima el 29 de noviembre de 1790, convirti√©ndose en la primera de entre cincuenta y setenta respuestas a Burke de varios autores.[20] S√≥lo tres semanas despu√©s, el 18 de diciembre, se public√≥ una segunda edici√≥n, esta vez con su nombre en la p√°gina de t√≠tulo.[21] Wollstonecraft le dedic√≥ tiempo a editar la segunda edici√≥n, en la cual, de acuerdo con la bi√≥grafa Emily Sunstein, "agudiz√≥ su ataque personal a Burke" y cambi√≥ gran parte del texto de primera persona a tercera persona; "tambi√©n a√Īadi√≥ un c√≥digo no partidista criticando a los liberales hip√≥critas que hablan de igualdad pero se pliegan ante los poderes establecidos".[22]

Estructura y argumentos principales

Edmund Burke, pintado en el estudio de Sir Joshua Reynolds (1771).

Hasta los a√Īos 70 del siglo XX, el texto Derechos del hombre se consideraba desorganizado, incoherente, il√≥gico y salpicado de ataques ad hominem (como la insinuaci√≥n de que Burke habr√≠a promovido la crucifixi√≥n de Cristo).[23] Se vendi√≥ como un ejemplo de emoci√≥n "femenina" arremetiendo contra la raz√≥n "masculina".[24] Sin embargo, desde los a√Īos 70, los acad√©micos han desafiado esta opini√≥n, afirmando que Wollstoncraft emple√≥ modos de escritura del siglo XVIII, como la digresi√≥n, para conseguir un gran efecto ret√≥rico. Y lo que es m√°s importante, como sostiene el acad√©mico Mitzi Myers, "Wollstonecraft est√° pr√°cticamente sola entre los que contestaron a Burke al evitar un minucioso enfoque pol√≠tico a favor de una cr√≠tica m√°s amplia a los cimientos de las Reflexiones".[25] El razonamiento de Wollstonecraft es principalmente moral; su "pol√©mica no es una refutaci√≥n de las teor√≠as pol√≠ticas de Burke, sino una exposici√≥n de las crueles injusticias que presuponen dichas teor√≠as".[26] El estilo de Wollstonecraft tambi√©n fue una elecci√≥n deliberada, permiti√©ndole responder a la Indagaci√≥n sobre lo sublime y lo bello de Burke al mismo tiempo que a las Reflexiones.[27]

El estilo de Derechos del hombre refleja en gran parte el propio texto de Burke. No tiene una estructura clara; al igual que Reflexiones, el texto sigue las asociaciones mentales hechas por la autora mientras iba escribiendo.[28] El discurso pol√≠tico de Wollstonecraft est√° escrito, al igual que el de Burke, en forma de carta: la de Burke va dirigida a C. J. F. DePont, un joven franc√©s, y la de Wollstonecraft hacia el propio Burke.[29] Utilizando las mismas formas, met√°foras y estilo de Burke, ella le da la vuelta a los argumentos de Burke y los dirige de vuelta hacia √©l. Derechos del hombre trata tanto sobre el lenguaje y la argumentaci√≥n como de teor√≠a pol√≠tica; de hecho, Wollstonecraft afirma que ambas cosas son inseparables.[30] Como afirma un acad√©mico, Wollstonecraft defiende "la simplicidad y honestidad en la expresi√≥n, y una argumentaci√≥n que emplee la raz√≥n en lugar de la elocuencia".[29] Al comienzo del panfleto, ella le solicita a Burke: "Al abandonar ahora las flores de la ret√≥rica, perm√≠tanos, Se√Īor, razonar juntos".[31]

Derechos del hombre no prentende presentar una teoría política completamente articulada alternativa a la de Burke, sino demostrar las debilidades y contradicciones de su propia argumentación. Por tanto, gran parte del texto se centra en las inconsistencias lógicas de Burke, como su apoyo a la revolución americana y a la Ley de Regencia (que proponía restringir el poder monárquico durante la demencia de Jorge IV en 1788), en contraste con su falta de apoyo a los revolucionarios franceses.[32] Wollstonecraft escribe:

Usted estaba tan ansioso por saborear las mieles del poder que no fue capaz de esperar hasta que el tiempo hubiera determinado si un terrible delirio se establec√≠a como una locura confirmada; en cambio, entrometi√©ndose en los secretos de la Omnipotencia, usted proclam√≥ que Dios le hab√≠a arrojado de su trono, y que era la ridiculez m√°s insultante recordar que hab√≠a sido rey o tratarle con un respeto especial a causa de su anterior dignidad‚Ķ He estado leyendo, Se√Īor, con ojo escrutador y comparativo, varios de sus inconscientes y sacr√≠legos discursos durante la enfermedad del rey. Yo no me digno a aprovecharme del lado d√©bil de un hombre, o sacar conclusiones a partir de un indefenso: ¬°un le√≥n no se alimenta de cad√°veres![33] [√©nfasis de Wollstonecraft]

El objetivo de Wollstonecraft, tal y como lo expresa ella, es "mostrarle a usted [Burke] lo que es usted, despojado de los espl√©ndidos pa√Īos en los que ha envuelto sus principios tir√°nicos".[34] Sin embargo, hace gestos hacia un argumento superior de su propia cosecha, centr√°ndose en las desigualdades sufridas por los ciudadanos brit√°nicos a causa del sistema de clases.[35] Como afirma la experta en Wollstonecraft, Barbara Taylor: "al tratar a Burke como portavoz representativo del despotismo del antiguo r√©gimen, Wollstonecraft defiende las iniciativas reformistas del nuevo gobierno franc√©s contra sus 'opiniones oxidadas y perniciosas', y censura a las √©lites pol√≠ticas brit√°nicas por su opulencia, corrupci√≥n y trato inhumano a los pobres".[36]

Teoría política

Ataque contra el rango y los privilegios

Derechos del hombre está dominado por el ataque de Wollstonecraft al rango y la jerarquía. En él, castiga a Burke por su desprecio hacia el pueblo, al que tilda de "multitud embrutecida", y le reprende por apoyar a las élites, especialmente a María Antonieta.[37] Burke había escrito en un famoso pasaje: "Yo había pensado que diez mil espadas saldrían de sus vainas para vengar hasta una mirada insultante hacia ella. Pero la época de la caballerosidad se ha terminado".[38]

Contrastando sus valores de clase media con los aristocr√°ticos de Burke, Wollstonecraft afirma que la gente debe ser juzgada por sus m√©ritos y no por sus derechos de nacimiento.[39] Como sostiene la experta en Wollstonecraft Janet Todd: "la visi√≥n de la sociedad revelada en Vindicaci√≥n de los derechos del hombre era de talentos, donde los ni√Īos emprendedores sin privilegios podr√≠an competir en igualdad de condiciones con los ahora injustamente privilegiados".[40] Wollstonecraft pone √©nfasis en los beneficios del trabajo duro, la autodisciplina, la frugalidad y la moralidad, valores que contrasta con los "vicios de los ricos", como la "insinceridad" y la "necesidad [es decir, carencia] de afecto natural".[41] Apoya una sociedad comercialista que ayudar√≠a a los individuos a descubrir su propio potencial, adem√°s de forzarles a darse cuenta de sus responsabilidades civiles.[42] Para ella, el comercialismo ser√≠a la gran fuerza igualadora.[43] Sin embargo, varios a√Īos despu√©s, en Cartas escritas durante una corta estancia en Suecia, Noruega y Dinamarca (1796), cuestionar√≠a los beneficios fundamentales del comercialismo para la sociedad.

El clérigo disidente Richard Price, cuyo sermón sirvió de semilla para la obra de Burke, es el villano de Reflexiones, y al mismo tiempo el héroe de Derechos del hombre. Tanto Wollstonecraft como Burke le asocian con el pensamiento ilustrado, especialmente con la idea de que la civilización puede progresar mediante el debate racional, pero ambos interpretan esa posición de manera distinta. Burke creía que ese continuo cuestionamiento conduciría a la anarquía, mientras que Wollstonecraft relacionó a Price con "la razón, la libertad, la discusión libre, la superioridad mental, el cultivo de la mente, la excelencia moral, la benevolencia activa, la orientación hacia el presente y el futuro y el rechazo al poder y la riqueza": valores fundamentales profesionales de la clase media.[44]

Wollstonecraft acude a la definici√≥n de propiedad del fil√≥sofo ingl√©s John Locke (propiedad obtenida a trav√©s del trabajo) y la contrapone a la idea de riqueza heredada de Burke. Afirma que la herencia es uno de los mayores impedimentos para el progreso de la civilizaci√≥n europea[45] y sostiene repetidamente que los problemas de Gran Breta√Īa tienen su ra√≠z en la desigualdad en la distribuci√≥n de la propiedad. Aunque no era partidaria de una distribuci√≥n de la riqueza completamente igualitaria, s√≠ deseaba que fuera m√°s equitativa.[46]

Republicanismo

Pastor en los Alpes, de Claude Joseph Vernet; una vida rural idílica es parte de la utopía política que Wollstonecraft retrata en Derechos del hombre.

Derechos del hombre acusa a la monarqu√≠a y a la distinci√≥n hereditaria y promueve una ideolog√≠a republicana. Apoy√°ndose en ideas republicanas del siglo XVII y principios del XVIII, Wollstonecraft sostiene que la virtud est√° en el n√ļcleo de la ciudadan√≠a. Sin embargo, su idea de virtud es m√°s individualista y moralista que la ideolog√≠a tradicional de la Commonwealth. Los objetivos del republicanismo de Wollstonecraft son la felicidad y prosperidad del individuo, no el mayor bien para la mayor cantidad de gente, o la mayor cantidad de beneficios para los propietarios.[47] Aunque pone √©nfasis en los beneficios que acumular√° el individuo bajo el republicanismo, tambi√©n sostiene que la reforma s√≥lo puede tener efecto a nivel de la sociedad. Esto marca un cambio con respecto a sus textos anteriores, como Relatos originales de la vida real (1788), en los que el individuo juega el papel principal en la reforma social.[48]

Las ideas de virtud de Wollstonecraft giraban en torno a la familia, distingui√©ndola de otros republicanos como Francis Hutcheson y William Godwin.[49] Para Wollstonecraft, la virtud comienza en el hogar: las virtudes privadas son la base de las virtudes p√ļblicas.[50] Inspirada por las representaciones de la familia ideal de Jean-Jacques Rousseau y por los republicanos cantones de Suiza, dibuja un retrato de una vida familiar id√≠lica en una peque√Īa aldea de campo.[49] Un acad√©mico describe su plan de esta manera: "las grandes fincas se dividir√≠an en granjas peque√Īas, a los campesinos se les permitir√≠a cercar parcelas a partir de los terrenos comunales y, en lugar de darles limosna a los pobres, se les proporcionar√≠an los medios para independizarse y progresar".[51] Los individuos aprender√≠an y practicar√≠an la virtud en sus casas, virtud que no solo les har√≠a autosuficientes, sino que les llevar√≠a a sentirse responsables de los ciudadanos de su sociedad.

Tradición contra revolución

Uno de los argumentos centrales de Derechos del hombre es que los derechos deben otorgarse porque son razonables y justos, no porque sean tradicionales.[23] Mientras Burke sosten√≠a que la sociedad civil y el gobierno deben confiar en las tradiciones, que se han acumulado durante siglos, Wollstonecraft afirma que todos los acuerdos civiles est√°n sujetos a revisi√≥n racional. Seg√ļn ella, la precedencia no es raz√≥n para aceptar una ley o una constituci√≥n. Como lo expresa un acad√©mico: "La creencia de Burke en la antig√ľedad de la constituci√≥n brit√°nica y la imposibilidad de mejoras a un sistema que ha sido ensayado y probado en el tiempo es desechada como una tonter√≠a. Para Wollstonecraft, el pasado es el √°mbito de la superstici√≥n, la opresi√≥n y la ignorancia".[52] Wollstonecraft cre√≠a firmemente en la idea ilustrada de progreso y rechazaba la opini√≥n de que no se puede mejorar a partir de las ideas antiguas.[53] Usando el mismo lenguaje arquitect√≥nico que Burke, Wollstonecraft se pregunta: "¬Ņpor qu√© es nuestra obligaci√≥n reparar un un castillo antiguo, construido en √©pocas b√°rbaras, con materiales g√≥ticos?"[54] Tambi√©n menciona, de manera significativa, que la filosof√≠a de Burke aprueba la esclavitud:[55]

Todo el tenor de sus argumentos plausibles proporciona un fundamento perpetuo para la esclavitud. Permitir que su servil reverencia hacia la antig√ľedad y su prudente atenci√≥n al inter√©s propio tengan la fuerza que √©l pretende, har√° que el comercio de esclavos no sea nunca abolido; y, como nuestros ignorantes antepasados, sin comprender la dignidad natural del hombre, sancionaron un tr√°fico que ultraja todo indicio de raz√≥n y religi√≥n, tenemos que someternos a esta costumbre inhumana, y llamar amor por nuestro pa√≠s a un insulto atroz a la humanidad, y una verdadera sumisi√≥n a las leyes por las que se aseguran nuestras propiedades. ¬°Seguridad de la propiedad! Contemplen, en pocas palabras, la definici√≥n de libertad inglesa. Y por este ego√≠sta principio se sacrifican los m√°s nobles.[56]

Sensibilidad

Mar√≠a Antonieta, retratada por Marie-Louise-√Člisabeth Vig√©e-Lebrun (1783); Wollstonecraft ataca a Burke por su inmoderada simpat√≠a por la reina francesa.

En Derechos del hombre, Wollstonecraft no solo apoya el republicanismo, sino tambi√©n un contrato social basado en la simpat√≠a y el sentimiento de camarader√≠a.[49] Describe a la sociedad ideal en los siguientes t√©rminos: los individuos, apoyados por familias unidas, se relacionan con otros mediante simpat√≠a racional.[49] Wollstonecraft afirma, fuertemente influenciada por Price, a quien hab√≠a conocido en Newington Green unos a√Īos antes, que la gente debe procurar imitar a Dios practicando una benevolencia universal.[57]

Al adoptar una sensibilidad razonada, Wollstonecraft contrasta su teor√≠a de la sociedad civil con la de Burke, que seg√ļn ella est√° llena de pompa y solemnidad y plagada de prejuicios.[58] Ataca lo que considera un sentimiento falso de Burke, rebati√©ndolo con su propia emoci√≥n genuina. Wollstonecraft afirma que simpatizar con la revoluci√≥n francesa (es decir, con el pueblo) es humano, mientras que simpatizar con el clero franc√©s, como hace Burke, es una se√Īal de inhumanidad.[59] Acusa a Burke no solo de insinceridad, sino tambi√©n de manipulaci√≥n, tildando de propaganda a sus Reflexiones.[60] En uno de los momentos m√°s dram√°ticos de Derechos del hombre, Wollstonecraft afirma estar conmovida m√°s all√° de las l√°grimas de Burke por Mar√≠a Antonieta y la monarqu√≠a de Francia para acallar la injusticia sufrida por los esclavos, un silencio que ella representa con rayas dirigidas a expresar sentimientos m√°s aut√©nticos que los de Burke:[61]

El hombre caza hombres; y usted llora por el tapiz fr√≠volo que decoraba una mole g√≥tica, y por la indolente campana que llamaba a rezar al gordo cura. Usted llora por el vac√≠o espect√°culo de un nombre, cuando la esclavitud bate sus alas, y el coraz√≥n enfermo se retira para morir en yermos solitarios, lejos de las moradas de los hombres.... ¬ŅPor qu√© se horroriza nuestra imaginaci√≥n con las terror√≠ficas perspectivas de un infierno bajo nuestra sepultura? ‚Äď el infierno acecha por todas partes; ‚Äď el l√°tigo resuena en el costado desnudo del esclavo; y el infeliz que cae enfermo y ya no puede ganarse el pan rancio con su incesante trabajo se escabulle hasta una zanja para rogarle al mundo una buena y larga noche ‚Äď o, abandonado en alg√ļn hospital ostentoso, exhala su √ļltimo suspiro entre las risas de cuidadores mercenarios.

Tal miseria exige m√°s que l√°grimas ‚Äď hago una pausa para ordenar mis pensamientos; y para contener el desprecio que siento por sus florituras ret√≥ricas y su sensibilidad infantil.

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Sexo y estética

Mary Wollstonecraft, retratada por John Opie (c. 1791)

En Derechos del hombre, Wollstonecraft desaf√≠a la ret√≥rica de Burke tanto o m√°s que su teor√≠a pol√≠tica. Comienza redefiniendo lo sublime y lo bello, t√©rminos que √©l hab√≠a establecido en su Indagaci√≥n sobre lo sublime y lo bello.[63] Mientras Burke asocia lo bello con la debilidad y la feminidad, y lo sublime con la fuerza y la masculinidad, Wollstonecraft escribe: "porque la verdad, en cuanto a la moralidad, siempre me ha parecido la esencia de lo sublime; y, en cuanto al gusto, la simplicidad el √ļnico criterio para lo bello".[64] Con esta frase, pone en duda las definiciones sexistas de Burke; convencida de que son da√Īinas, m√°s adelante afirma lo siguiente en Derechos del hombre:

Puede que haya convencido [a mujeres] de que la menudez y la debilidad son la misma esencia de la belleza; y que el Ser Supremo, al darle a las mujeres belleza en un grado supereminente [sic], parece ordenarles que, seg√ļn la poderosa voz de la Naturaleza, no cultiven las virtudes morales que puedan correr el riesgo de provocar respeto e interferir con las sensaciones agradables que deben inspirar porque fueron creadas para ello. As√≠, confinando la verdad, la fortaleza y la humanidad a los r√≠gidos dominios de la moralidad varonil, se puede afirmar con justicia que, para ser amada, ¬°el gran prop√≥sito y distinci√≥n de la mujer!, esta debe ¬ęaprender a hablar con discreci√≥n, a caminar con tambaleo y apodar a las criaturas de Dios¬Ľ. Nunca, pueden repetir, se hizo afable un hombre, y mucho menos una mujer, por la fuerza de esas cualidades exaltadas, fortaleza, justicia, sabidur√≠a y verdad; y por tanto, prevenidas del sacrificio que deben hacer hacia esas virtudes austeras y antinaturales, quedar√≠an autorizadas para dirigir toda su atenci√≥n a sus personas, descuidando sistem√°ticamente la moral para asegurarse la belleza.[65]

Como escribe la acad√©mica Claudia Johnson: "Como cr√≠tica feminista, estos pasajes nunca han sido superados realmente".[1] Burke, sostiene Wollstonecraft, describe la virtud femenina como debilidad, no dejando as√≠ para la mujer ning√ļn rol sustantivo en la esfera p√ļblica y releg√°ndola a la inutilidad.[66]

Wollstonecraft aplica esta cr√≠tica feminista al lenguaje de Burke a lo largo de todas sus Reflexiones. Como afirma Johnson: "su panfleto al completo refuta el axioma de Burke de que ¬ępara conseguir que amemos a nuestro pa√≠s, nuestro pa√≠s debe ser hermoso¬Ľ"; Wollstonecraft desaf√≠a con √©xito la ret√≥rica de lo bello de Burke con la ret√≥rica de lo racional.[67] Tambi√©n consigue demostrar c√≥mo Burke personifica lo peor de sus propias ideas. √Čl se convierte en el escritor hist√©rico, il√≥gico y femenino y Wollstonecraft se convierte en el escritor racional y masculino. Ir√≥nicamente, para efectuar esta transposici√≥n, la misma Wollstonecraft se vuelve apasionada a veces, por ejemplo, en su descripci√≥n de la esclavitud (citada arriba).[68]

Acogida y legado

Carta de Wollstonecraft a Catharine Macaulay, junto con una copia de Derechos del hombre

Derechos del hombre tuvo éxito, a lo que ayudó su precio: a un chelín y seis peniques, costaba la mitad que el libro de Burke.[48] Tras agotarse la primera edición, Wollstonecraft aceptó que su nombre apareciera impreso en la página de título de la segunda edición. Fue su primer trabajo de importancia como profesional independiente e intelectual autoproclamada", como escribe la académica Mary Poovey, y:

adquirió la forma que la mayoría de la gente habría considerado menos apropiada para una mujer: la disquisición política. Al requerir conocimientos del gobierno (del que las mujeres no participaban), capacidad analítica (de la que las mujeres tenían teóricamente poca cantidad) y la ambición de participar directamente en los acontecimientos contemporáneos (de la que se suponía las mujeres no tenían ninguna), la disquisición política pertenecía al dominio masculino en todos los sentidos.[69]

Los comentarios de la época dan cuenta de esto; Horace Walpole, por ejemplo, la llamó "hiena con enaguas" por atacar a María Antonieta. William Godwin, su futuro marido, describió el libro como ilógico y agramatical; en sus Memorias de Wollstonecraft, sólo le dedicó un párrafo al contenido de la obra, llamándola "intemperada".[70]

Todos los peri√≥dicos del d√≠a publicaron una cr√≠tica de Derechos del hombre. El Analytical Review aprob√≥ los argumentos de Wollstonecraft y elogi√≥ sus "observaciones vivas y animadas".[71] El Monthly Review tambi√©n le fue favorable, pero tambi√©n se√Īal√≥ defectos en su escritura. Sin embargo, el Critical Review, "enemigo ac√©rrimo" del Analytical Review,[71] , escribi√≥ en diciembre de 1790, tras descubrir que el autor era una mujer:

Se ha observado en una obra antigua que las mentes no tienen sexo; y en verdad no descubrimos que este Defensor de los Derechos del Hombre era una Mujer. Sin embargo, la segunda edición, que a menudo revela secretos, ha atribuido este panfleto a la Sra. Wollstonecraft, y si ella adopta el disfraz de hombre no debe sorprenderse de que no sea tratada con la cortesía y el respeto que habría recibido hacia su propia persona. Como el artículo se escribió antes de que viéramos la segunda edición, hemos presentado una contestación de este tipo con las alteraciones necesarias. No habría bastado con corregir simplemente los errores verbales: una dama debía haber sido tratada con más respeto. [énfasis en el original][72]

La Gentleman's Magazine hizo lo mismo, criticando la lógica del libro y su "absurda suposición de que los hombres serán más felices siendo libres", además de las propias suposiciones de Wollstonecraft al escribir sobre temas ajenos a su propio campo, comentando: "¡los derechos del hombre declarados por una mujer! La edad de la caballerosidad no puede haber terminado, o los sexos han intercambiado sus fundamentos".[73] Sin embargo, Derechos del hombre puso a Wollstonecraft en el candelero como escritora; a partir de este punto de su carrera fue bastante conocida.[74]

Wollstonecraft envió una copia del libro a la historiadora Catherine Macaulay, a quien admiraba mucho. Macaulay respondió que estaba "todavía más complacida de que esta publicación que tanto he admirado por su expresividad y sentimiento haya sido escrita por una mujer y así ver mi opinión de las facultades y talentos del sexo de su pluma tan prontamente verificados".[75] William Roscoe, un abogado, escritor y mecenas de las artes de Liverpool, quedó tan agradado por el libro que incluyó a Wollstonecraft en su poema satírico Vida, muerte y logros maravillosos de Edmund Burke (The Life, Death, and Wonderful Achievements of Edmund Burke):

And lo! an amazon stept out,

One WOLLSTONECRAFT her name,

Resolv'd to stop his mad career,

Whatever chance became.[76]

Aunque la mayor√≠a de las primeras cr√≠ticas a Derechos del hombre, adem√°s de la mayor√≠a de los primeros bi√≥grafos de Wollstonecraft, criticaron el sentimentalismo de la obra y lo juxtapusieron a la obra maestra de l√≥gica de Burke, recientemente se ha producido una reevaluaci√≥n del texto. Desde los a√Īos 1970, los cr√≠ticos que han mirado m√°s de cerca su trabajo y el de Burke han llegado a la conclusi√≥n de que comparten muchas similitudes ret√≥ricas, y que los binomios masculino/l√≥gico y femenino/emoci√≥n no se sostienen.[77] La mayor√≠a de los estudiosos de Wollstonecraft reconocen hoy que fue esta obra la que radicaliz√≥ a Wollstonecraft y dirigi√≥ sus futuros trabajos, especialmente Vindicaci√≥n de los derechos de la mujer. Hasta el punto medio de Derechos del hombre Wollstonecraft no comienza su verdadera disecci√≥n de la est√©tica sexista de Burke; como afirma Claudia Johnson: "parece que en el acto de escribir las √ļltimas partes de Derechos del hombre descubri√≥ el tema que la preocupar√≠a durante el resto de su carrera".[27]

Dos a√Īos despu√©s, cuando Wollstonecraft public√≥ Derechos de la mujer, ampli√≥ muchos de los argumentos que hab√≠a iniciado en Derechos del hombre. Si todas las personas deben ser juzgadas por sus m√©ritos, escrib√≠a, las mujeres deben estar incluidas en ese grupo.[78] En ambos textos, Wollstonecraft pone √©nfasis en que la virtud de las naciones brit√°nicas depende de la virtud de su gente. En gran medida, ella derrumba la distinci√≥n entre privado y p√ļblico y exige que todos los ciudadanos cultos reciban la oportunidad de participar en la esfera p√ļblica.[50]

Notas

  1. ‚ÜĎ a b Johnson, 27; v√©ase tambi√©n, Todd, 165.
  2. ‚ÜĎ Qtd. in Butler, 1.
  3. ‚ÜĎ Barrell and Mee, "Introduction", xi-xii.
  4. ‚ÜĎ Butler, 33; Kelly, 85.
  5. ‚ÜĎ a b c Butler, 34-35.
  6. ‚ÜĎ Butler, 108.
  7. ‚ÜĎ Butler, 1.
  8. ‚ÜĎ Butler, 3-4.
  9. ‚ÜĎ Butler, "Introductory essay", 7; v√©ase tambi√©n Barrell y Mee, "Introduction", xii.
  10. ‚ÜĎ Barrell y Mee, "Introduction", xiii.
  11. ‚ÜĎ Keen, 54.
  12. ‚ÜĎ Qtd. in Barrell and Mee, "Introduction", xxi.
  13. ‚ÜĎ Barrell y Mee, "Introduction", xxxv; Keen, 54.
  14. ‚ÜĎ Butler, "Introductory essay", 3.
  15. ‚ÜĎ Butler, 1-2; 33-34.
  16. ‚ÜĎ Butler, 33-34.
  17. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindicaciones.
  18. ‚ÜĎ Godwin, 73.
  19. ‚ÜĎ Todd, 164; v√©ase tambi√©n Johnson, 26.
  20. ‚ÜĎ Furniss, 60; Taylor, 7; Sapiro, 23; Myers, 113.
  21. ‚ÜĎ Furniss, 60.
  22. ‚ÜĎ Sunstein, 198.
  23. ‚ÜĎ a b Wollstonecraft, Vindications, 43-44.
  24. ‚ÜĎ Johnson, 26; Myers, 114.
  25. ‚ÜĎ Myers, 119.
  26. ‚ÜĎ Myers, 129.
  27. ‚ÜĎ a b Johnson, 26.
  28. ‚ÜĎ Poovey, 58; Kelly, 88.
  29. ‚ÜĎ a b Sapiro, 197.
  30. ‚ÜĎ Sapiro, 197; Myers, 121; Kelly, 88-89.
  31. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 37.
  32. ‚ÜĎ Johnson, 26; v√©ase tambi√©n, Poovey 58-59.
  33. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 59.
  34. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 70; v√©ase tambi√©n Myers, 120-21.
  35. ‚ÜĎ Sapiro, 82; Todd, 218; Kelly, 88.
  36. ‚ÜĎ Taylor, 64.
  37. ‚ÜĎ Sapiro, 199; Jones, 49; Johnson, 28; Myers, 123-24.
  38. ‚ÜĎ Qtd. in Butler, 44.
  39. ‚ÜĎ Sapiro, 83; Kelly, 94-95.
  40. ‚ÜĎ Todd, 164.
  41. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 95; v√©ase tambi√©n Jones, 49; 51; Poovey, 65; Myers, 125.
  42. ‚ÜĎ Jones, 51.
  43. ‚ÜĎ Jones, 53.
  44. ‚ÜĎ Myers, 118; Kelly, 93.
  45. ‚ÜĎ Sapiro 84; v√©ase tambi√©n, Jones, 49-50; Sapiro, xx; Furniss, 60; Kelly, 91.
  46. ‚ÜĎ Sapiro, 90.
  47. ‚ÜĎ Jones, 43; Sapiro, xx; Johnson, 25; Kelly, 90-91.
  48. ‚ÜĎ a b Todd, 166.
  49. ‚ÜĎ a b c d Jones, 44-46.
  50. ‚ÜĎ a b Sapiro, 216.
  51. ‚ÜĎ Jones, 45.
  52. ‚ÜĎ Furniss, 61.
  53. ‚ÜĎ Todd, 164; Kelly, 91-92.
  54. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 75.
  55. ‚ÜĎ Sapiro, 209; Kelly, 92.
  56. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 44.
  57. ‚ÜĎ Jones, 48.
  58. ‚ÜĎ Jones, 48; Myers, 125-26.
  59. ‚ÜĎ Furniss, 62; Kelly, 97.
  60. ‚ÜĎ Todd, 163; Sapiro, 201-205.
  61. ‚ÜĎ Kelly, 98-99.
  62. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 95-96.
  63. ‚ÜĎ Johnson, 26; Sapiro, 121-22; Kelly, 90; 97-98.
  64. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 35.
  65. ‚ÜĎ Wollstonecraft, Vindications, 80.
  66. ‚ÜĎ Poovey, 62.
  67. ‚ÜĎ Johnson, 27; v√©ase tambi√©n Myers, 127-28; Kelly, 90.
  68. ‚ÜĎ Todd, 163; Taylor, 67.
  69. ‚ÜĎ Poovey, 56-57.
  70. ‚ÜĎ Godwin, 73; v√©ase tambi√©n Todd, 168; Sapiro, 25.
  71. ‚ÜĎ a b Wardle, 120-21.
  72. ‚ÜĎ Qtd. in Kelly, 101-102.
  73. ‚ÜĎ Citado en Todd, 472, n.34; v√©ase tambi√©n Wardle, 121.
  74. ‚ÜĎ Myers, 113; Kelly, 84.
  75. ‚ÜĎ Citada en Todd, 167.
  76. ‚ÜĎ Qtd. in Sapiro, 2.
  77. ‚ÜĎ Sapiro, 25; 186-87.
  78. ‚ÜĎ Sapiro, 83.

Bibliografía

Fuentes primarias

Críticas contemporáneas

  • Analytical Review 8 (1790): 416-419.
  • Critical Review 70 (1790): 694-696.
  • English Review 17 (1791): 56-61.
  • General Magazine and Impartial Review 4 (1791): 26-27.
  • Gentleman's Magazine 61.1 (1791): 151-154.
  • Monthly Review New Series 4 (1791): 95-97.
  • New Annual Register 11 (1790): 237.
  • Universal Magazine and Review 5 (1791): 77-78.
  • Walker's Hibernian Magazine 1 (1791): 269-271 [copiada de la Gentleman's Magazine]

Fuentes secundarias

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  • Jones, Chris. "Mary Wollstonecraft's Vindications and their political tradition". The Cambridge Companion to Mary Wollstonecraft. Ed. Claudia L. Johnson. Cambridge: Cambridge University Press, 2002. ISBN 0-521-78952-4.
  • Keen, Paul. The Crisis of Literature in the 1790s: Print Culture and the Public Sphere. Cambridge: Cambridge University Press, 1999. ISBN 0-521-65325-8.
  • Kelly, Gary. Revolutionary Feminism: The Mind and Career of Mary Wollstonecraft. New York: St. Martin's, 1992. ISBN 0-312-12904-1.
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  • Poovey, Mary. The Proper Lady and the Woman Writer. Chicago: University of Chicago Press, 1984. ISBN 0-226-67528-9.
  • Sapiro, Virginia. A Vindication of Political Virtue: The Political Theory of Mary Wollstonecraft. Chicago: University of Chicago Press, 1992. ISBN 0-226-73491-9.
  • Sunstein, Emily. A Different Face: the Life of Mary Wollstonecraft. Boston: Little, Brown and Co., 1975. ISBN 0-06-014201-4.
  • Taylor, Barbara. Mary Wollstonecraft and the Feminist Imagination. Cambridge: Cambridge University Press, 2003. ISBN 0-521-66144-7.
  • Todd, Janet. Mary Wollstonecraft: A Revolutionary Life. London: Weidenfeld and Nicholson, 2000. ISBN 0-231-12184-9.
  • Wardle, Ralph M. Mary Wollstonecraft: A Critical Biography. Lincoln: University of Nebraska Press, 1951.

Enlaces externos


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