China poblana

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China poblana
Poblanas, en una vi√Īeta del siglo XIX. A la izquierda, un chinaco.

China poblana es un t√©rmino que se refiere a dos cuestiones de la cultura de M√©xico que han quedado relacionadas aparentemente desde finales del siglo XIX. En su sentido m√°s amplio y com√ļn en la actualidad, es el nombre del que se considera el traje nacional de las mujeres de la Rep√ļblica Mexicana, aunque en realidad era propio s√≥lo de algunas zonas urbanas en el centro y sureste del pa√≠s, antes de su desaparici√≥n en la segunda mitad del siglo XIX.

En un sentido m√°s restringido, es el apodo de una esclava asi√°tica perteneciente a un linaje noble de India cuyo nombre fue Mirra, a quien se atribuy√≥ desde el Porfiriato la creaci√≥n del dicho traje de china. La hip√≥tesis, sin embargo, ha sido puesta en duda por muchos autores. Luego de ser convertida al catolicismo en Coch√≠n ‚ÄĒciudad india de donde fue raptada por unos piratas portugueses‚ÄĒ, a Mirra le fue impuesto el nombre de Catarina de San Juan, nombre con que se conoci√≥ en la Angel√≥polis donde sirvi√≥ como esclava, contrajo matrimonio y tom√≥ los h√°bitos. A su muerte, Catarina de San Juan fue enterrada en la sacrist√≠a del Puebla, en la que popularmente se conoce como Tumba de la China Poblana.

Contenido

Leyenda de la China Poblana

Catarina de San Juan, en un grabado del siglo XVII.

Se supone que a pedido de Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, marqu√©s de Gelves y virrey de Nueva Espa√Īa, un mercader trajo desde Filipinas una jovencita indostana que deb√≠a estar al servicio personal del virrey. Esta ni√Īa, llamada Mirra, fue raptada por piratas portugueses y llevada a Cochin, en el sur de la India. En ese sitio, escap√≥ de sus raptores y se refugi√≥ en una misi√≥n jesuita, donde fue bautizada con el nombre de Catarina de San Juan. Mirra fue raptada nuevamente por los piratas que la hab√≠an sacado de su casa natal, y en Manila la entregaron a quien luego la llev√≥ a la Nueva Espa√Īa. Pero habiendo desembarcado en el puerto de Acapulco, en lugar de entregarla al marqu√©s de Gelves, el mercader la vendi√≥ como esclava al comerciante poblano don Miguel de Sosa por diez veces el valor que el virrey hab√≠a prometido por ella.

Catarina de San Juan, o Mirra, probablemente sigui√≥ vistiendo a la manera de su India natal, embozada, con un sar√≠ que le cubr√≠a el cuerpo completo. Se supone que esta manera de vestir fue la que dio origen al traje de china (Mirra probablemente no volvi√≥ a vestir con sar√≠, despu√©s de ser capturada por los piratas portugueses, dejo de ser princesa y por ende dejo de vestirse a la usanza de su pa√≠s, ya que paso a ser una esclava, siendo su vestimenta sencilla y pobre, un ejemplo claro es el grabado, en donde ella porta un h√°bito franciscano. Existen muchos mitos en torno a su vida, y este es uno de ellos, para confirmar esto debe de consultarse a sus bi√≥grafos, Alonso Ramos, jesuita, y Jos√© del Castillo Grajeda, jesuita). Unos pocos a√Īos despu√©s de su llegada, don Miguel de Sosa muri√≥, dejando en su testamento la orden de manumitir a la esclava. Fue recogida en un convento, donde se dice que comenz√≥ a tener visiones de la Virgen Mar√≠a y el Ni√Īo Jes√ļs. Catarina de San Juan muri√≥ el 5 de enero de 1688 a la edad de ochenta y dos a√Īos. En Puebla de los √Āngeles se le rend√≠a veneraci√≥n como santa, hasta que en 1691 la Santa Inquisici√≥n debi√≥ prohibir las devociones populares. En la actualidad, el Templo de la Compa√Ī√≠a, en Puebla, es conocido como La Tumba de la China Poblana, puesto que en su sacrist√≠a reposan los restos mortales de Catarina de San Juan.[1]

Historia de la china poblana

Origen de la indumentaria de la china

Como se se√Īalaba en la introducci√≥n de este art√≠culo, el origen poblano de la vestimenta de la china poblana ha sido puesto en duda en muchas ocasiones. La identificaci√≥n entre la china ‚ÄĒcomo personaje popular‚ÄĒ y su vestuario con la China Poblana hist√≥rica ‚ÄĒla aludida Catarina de San Juan‚ÄĒ es producto de la evoluci√≥n de la cultura mexicana durante las primeras d√©cadas del siglo XX. De hecho, las chinas quedan bien definidas como un tipo popular en el siglo XIX, poco m√°s de un siglo despu√©s de la muerte de Catarina de San Juan. Gauvin Bailey apunt√≥:

La china poblana del imaginario popular ‚ÄĒla de la blusa relucientemente bordada y rebozo‚ÄĒ es producto del siglo XIX. S√≠mbolo de la feminidad mexicana, est√° emparentada con prototipos espa√Īoles como la maja, inmortalizada en las pinturas de Murillo y Goya[2]

Durante el siglo XIX ‚ÄĒsiglo en que la china devino un tipo popular al lado del chinaco y el l√©pero‚ÄĒ varios cronistas y escritores, mexicanos y extranjeros, se plantearon la interrogante sobre el origen del traje de china. Guillermo Prieto se√Īalaba que cuando estuvo en la ciudad de Puebla por unos ocho d√≠as, uno de sus empe√Īos era encontrar en cada mujer poblana una china salerosa, con camisa descotada, breve cintura y zagalejo reluciente,[3] tan s√≥lo para concluir que la especie del poblano origen de la china era producto de la fecunda imaginaci√≥n de los viajeros. V√°zquez Mantec√≥n atribuye la propagaci√≥n de esta hip√≥tesis a Carl Nebel, viajero alem√°n en cuyo libro Viaje pintoresco y arqueol√≥gico sobre la parte m√°s interesante de la Rep√ļblica Mexicana (1835) aparecen una poblanas vestidas como chinas.[4] En el mismo siglo XIX, el retrato que de La china hiciera Jos√© Mar√≠a Rivera para el libro de costumbres Los mexicanos pintados por s√≠ mismos (1854) apuntaba que a este personaje se lo pod√≠a ver en las trajineras de Santa Anita Zacatlamanco ‚ÄĒactualmente en Iztacalco (Distrito Federal)‚ÄĒ compitiendo en belleza con las sementeras floridas de la campi√Īa del Valle de M√©xico.[5]

Una china oaxaque√Īa.

Una d√©cada antes, Manuel Payno hab√≠a apuntado que para encontrar a la aut√©ntica china, era necesario hacer la b√ļsqueda en ciudades como Puebla o Guadalajara,[6] aun cuando estaba empe√Īada en presentar su indumentaria como un traje nacional.[7] Para las primeras d√©cadas del siglo XX, tiempo en que las chinas hab√≠an desaparecido como un personaje identificable del pueblo, Nicol√°s Le√≥n se√Īalaba que √©l no encontraba ninguna relaci√≥n entre la vestimenta de las chinas y la visionaria poblana Catarina de San Juan, desmintiendo la versi√≥n arraigada en el imaginario popular desde los √ļltimos a√Īos del siglo XIX. Para este autor, la indumentaria en cuesti√≥n le parec√≠a influida por aquella que empleaban las manolas espa√Īolas, contempor√°neas a las chinas mexicanas. Asimismo, demostr√≥ que chinas las hab√≠a no solo en Puebla, sino tambi√©n en Guadalajara, la Ciudad de M√©xico y Oaxaca de Ju√°rez.

Mar√≠a del Carmen V√°zquez Mantec√≥n se√Īala que muchos de los elementos que constituyeron la indumentaria de una china fueron comunes en diversas latitudes del mundo y en √©pocas por dem√°s variadas. En especial, las labores de chaquira y lentejuela en la camisa y el castor de la china ‚ÄĒse√Īalados como una de las caracter√≠sticas m√°s genuinas de la indumentaria de las mujeres de las clases populares urbanas del M√©xico decimon√≥nico‚ÄĒ eran conocidos en √Āfrica, Asia, la Am√©rica precolombina y, desde luego, en Europa. Apunta que es posible que Catarina de San Juan tambi√©n usara alg√ļn tipo de adornos en su vestido oriental, del que no qued√≥ ninguna descripci√≥n,[8] pero que en todo caso, parece m√°s probable que la ornamentaci√≥n del castor y la camisa de la china fueran producto de la influencia de las cortesanas gachupinas o criollas de principios del siglo XIX. Tampoco debe descartarse la posible relaci√≥n del vestido de china con las ind√≠genas de la √©poca colonial, en especial en lo que refiere al uso de camisas de algod√≥n con escotes bordados de flores y otros primores, los porabajos de puntas enchiladas y las fajas de brocado. Estas prendas persisten a√ļn en la actualidad entre las mujeres de varios pueblos ind√≠genas de M√©xico, como las mazahuas.[9]

Origen del mote de china

Una probable hipótesis para comprender el origen de término china con la connotación que aquí se expone es aquélla que enlaza a ese tipo popular con uno de los estamentos novohispanos más bajos. En la imagen, a la izquierda, una criada ataviada de china acarrea agua de la Fuente del Salto del Agua en la Ciudad de México.

Otro problema que se han planteado los estudiosos sobre el origen de las chinas en M√©xico es el problema de su nombre. En aquellas versiones donde la creaci√≥n del traje es asociada con Catarina de San Juan, existen dos propuestas. Por un lado, se se√Īala que en tanto que la princesa mogola era oriental, esto fue un motivo para que fuera llamada china por los poblanos de su tiempo. En M√©xico a los asi√°ticos se les contin√ļa llamando chinos, en tanto que se considera que el oriental por antonomasia es nativo de China. Esto puede explicarse porque casi todo aquello que llegaba en el Gale√≥n de Manila era calificado de chino por los novohispanos.[10] La segunda hip√≥tesis quiere asociar el apodo con el hecho de que Catarina de San Juan contrajo matrimonio con un esclavo de nombre Domingo Ju√°rez, que pertenec√≠a a la casta de los chinos. Tras el matrimonio, la China Poblana hist√≥rica debi√≥ de ser llamada por los habitantes de Puebla conforme correspond√≠a a la casta de su marido. Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XIX, ninguna menci√≥n sobre Catarina de San Juan hacia referencia al supuesto mote de china, menos a√ļn acompa√Īado del gentilicio poblana.[11]

Sin embargo, es probable que la segunda propuesta presentada en el p√°rrafo anterior arroje alguna luz sobre el origen del apodo de la china mexicana. En efecto, en la Nueva Espa√Īa la sociedad estaba organizada por estamentos definidos por una combinaci√≥n de sangres, donde las posiciones m√°s altas eran ocupados por aquellas personas que supuestamente pose√≠an una mayor proporci√≥n de sangre espa√Īola europea, mientras que un mayor componente de sangre africana colocaba a una persona en los estamentos inferiores. Los chinos eran aquellos descendientes de lobo y negra, lobo e india, mulato e india, o bien, espa√Īol y morisca, de entre muchas otras combinaciones.[12] Todas estas combinaciones daban como resultado que un chino pose√≠a tres cuartas partes de sangre negra y un cuarto de sangre ind√≠gena.[13] Seg√ļn el trabajo de Mar√≠a Concepci√≥n Garc√≠a Saiz sobre la iconograf√≠a de las castas en el arte novohispano, el vocablo china parecer tener un origen quechua. La autora da al t√©rmino la connotaci√≥n de india o mestiza que se dedica al servicio dom√©stico, mujer de bajo pueblo,[14] y a√Īade que es posible que en esa categor√≠a cayeran las m√°s personas de pelo rizado ‚ÄĒque en M√©xico se sigue llamando cabello chino[15] ‚ÄĒ.

Como quiera que haya sido, hay que se√Īalar que chinas las hubo y las hay en otras partes de M√©xico e incluso de Am√©rica Latina. En M√©xico, por ejemplo, las chinas oaxaque√Īas son las bailarinas del Jarabe del Valle que representa a los Valles Centrales de Oaxaca en la Guelaguetza. La indumentaria de las chinas oaxaque√Īas s√≥lo se distingue de aqu√©lla de la china poblana en que la falda no est√° bordada con lentejuelas y chaquiras. En el mismo estado de Puebla, las chinas atlixquenses son otros personajes del folclor local que participan en el festival cultural Huey Atlixc√°yotl de la ciudad de Atlixco. Con el nombre de chinos se llama en general a las clases populares del Per√ļ, y chinas fueron tambi√©n las mujeres de los gauchos uruguayos y argentinos y los huasos chilenos.

Indumentaria de la china


¡Plaza!, que allá va la nata y la espuma de la gente de bronce, la perla de los barrios, el alma de los fandangos, la gloria y ambición de la gente de "sarape y montecristo", la que me subleva y me alarma, y me descoyunta y me...

La china. José María Rivera.[16]


"La china", en una litograf√≠a que acompa√Ī√≥ el texto del mismo t√≠tulo en el libro costumbrista Los mexicanos pintados por s√≠ mismos.

La indumentaria de la china poblana es atribuida a Catarina de San Juan, aunque es bien cierto que incorpora elementos de las diversas culturas que se mezclaron en la Nueva Espa√Īa durante tres siglos de dominio espa√Īol.

Seg√ļn descripciones del siglo XIX, √©poca en que fueron muy populares en varias ciudades del centro y sureste de M√©xico; el atuendo de la china estaba compuesto por las siguientes prendas:

  • Una camisa blanca, con labores de deshilado y bordado de seda y chaquira con motivos geom√©tricos y florales en colores vivos. La camisa era lo suficientemente escotada para dejar ver una parte de su cuello y de su pecho,[17] lo cual no dejaba de escandalizar a las damas de buen tono de la sociedad decimon√≥nica mexicana.
  • Una falda llamada castor, que tom√≥ su nombre de la tela con que era hecha. Seg√ļn algunas opiniones, el castor era empleado por las patronas de las casas ricas para la confecci√≥n de las enaguas de sus criadas ind√≠genas.[18] El castor era trabajado con lentejuelas y camarones que formaban dibujos geom√©tricos y florales.[19] Los grupos de danza folcl√≥rica han popularizado una versi√≥n que lleva bordado en lentejuelas, chaquiras y canutillos el Escudo Nacional de M√©xico.
  • Unos porabajos blancos, con las puntas enchiladas,[20] es decir, con el borde inferior orlado por un encaje de motivos zigzagueantes. Los porabajos de una china poblana asomaban bajo su castor, y deb√≠an servir como una especie de trampa de luz para que el cuerpo de la mujer ataviada de china no se adivinara a contraluz.
  • Una banda que serv√≠a para sujetar el castor y los porabajos a la cintura de la mujer que lo portaba. La banda pod√≠a o no estar trabajada con labores de bordado, o bien, ser tejida en t√©cnica de brocado.
  • Un rebozo, que lo mismo pod√≠a ser de seda cuando m√°s fino o de bolita, en el mayor de los casos. El rebozo es una prenda muy com√ļn en M√©xico, aun en la actualidad. Lo usan las mujeres para cubrirse del fr√≠o, pero tambi√©n era empleado para cargar beb√©s o cualquier otra cosa cuyo tama√Īo y peso hicieran dif√≠cil llevarlo entre las manos. El rebozo de bolita, que era el m√°s com√ļnmente empleado por las chinas, era tejido con hilos de color azul y blanco, y tuvo como cuna el poblado otom√≠ de Santa Mar√≠a del R√≠o (San Luis Potos√≠).[21]
  • En algunas ocasiones, la china sol√≠a llevar una mascada de seda que mal le cubr√≠a lo que el escote de la camisa dejaba asomar. De estas mascadas, Jos√© Mar√≠a Rivera escribi√≥ que esas regularmente vienen a casa los domingos para volver los lunes o martes al empe√Īo.[22]
  • Como calzado, Manuel Payno se√Īalaba que a pesar de sus carencias financieras, una china no dejaba de usar zapatos de raso bordados con hilos de seda.[23] Este tipo de calzado aparece en algunos textos mexicanos del siglo XIX como un indicador de que quien los portaba era una mujer alegre.[24] Adem√°s, la china complementaba el atuendo con abalorios y joyas que adornaban sus orejas, el descubierto pecho, y las manos.[25]

Representaciones culturales de la china


‚ÄĒEso s√≠ que no; yo soy la tierra que todos pisan, pero no s√© hacer capirotadas.

La china. José María Rivera.

Un fandango mexicano del siglo XIX. En la imagen se aprecia a una china bailando con sus atavíos característicos, al son de un arpa.

Todo estereotipo es un personaje cargado de fuertes tintes que indican que una persona que pertenece a determinada clase, debe sostener un comportamiento definido. La china no es la excepci√≥n. Como lo han observado algunos autores para las mujeres mexicanas en general,[26] en la cultura mexicana no hay lugar para una mujer que no sea una santa o una prostituta.[27] Pero en el caso de las chinas, es necesario se√Īalar que su fama oscilaba entre un valor positivo y otro negativo, y en algunos casos, era la encarnaci√≥n de la buena y la mala mujer, dependiendo de aquel que se expresara de ella.

Si en algo coinciden la mayor√≠a de las descripciones hechas de ellas en el siglo XIX es en que se trataba de mujeres muy hermosas, cuyos vestidos resultaban demasiado atrevidos para la √©poca. Se puede entender que por belleza, el p√ļblico masculino de las chinas entend√≠a su tez morena, su cuerpo y cara que eran llenitos, pero no demasiado gordos, pero sobre todo que, a diferencia de las mujeres de estratos superiores de la poblaci√≥n como las currutacas o las coquetas, las chinas rara vez hac√≠an uso de artificios para resaltar su belleza. Rivera se√Īalaba que si una china hubiese visto un cors√©, habr√≠a pensado que fue uno de los artefactos que sirvi√≥ para dar tormento a Santa √örsula y las Once Mil V√≠rgenes; y que su cara no era ning√ļn g√©nero de la confiter√≠a francesa, en alusi√≥n a las bellezas del buen tono a quienes habr√≠a que lavarles la cara para ver si no se deste√Ī√≠an:

[...] no conoce el cors√©; si lo viera, desde luego pensar√≠a que semejante aparato fue uno de los intrumentos que sirvieron para el martirio de Santa √örsula y sus once mil compa√Īeras [...] y est√° tan a oscuras en eso de cascarillas, colorete y vinagres radicales, que si se hallara tales chucher√≠as entre sus limpios peines y adornadas escobetas, creer√≠a sin duda que aquello era para pintar las ollas del tinajero, pues, como dijo el otro, el novio de la china no tiene necesidad de lavar antes a la novia, como a las indianas, para ver si se desti√Īe, prueba a que deber√≠an estar sujetas algunas hermosuras del buen tono.[28]

En ese sentido, el vestuario de la china era considerado como demasiado provocativo. Constantemente, cronistas mexicanos y extranjeros que conocieron a estos personajes en la primera mitad del siglo XIX llaman la atenci√≥n a la forma en que la indumentaria de las mujeres del pueblo resaltaban sus formas femeninas, o eran un adecuado marco para todas las gracias que se atribu√≠an a estas mujeres. Se las retrat√≥ como excelentes bailarinas de jarabes populares de aquellos a√Īos ‚ÄĒcomo El Atole, El Agualulco, El Palomo y otros que forman parte de los jarabes folcl√≥ricos del siglo XX‚ÄĒ, tambi√©n como un dechado de limpieza y orden; de fidelidad por su hombre aunque bastante liberales en cuestiones del ejercicio de su sexualidad.

La china como estereotipo de lo mexicano

La casa de la China Poblana donde muri√≥ Catarina de San Juan a un costado del Templo de la Compa√Ī√≠a. Una figura de la China Poblana decora el patio del inmueble dedicado a ofrecer comida t√≠pica de Puebla.

Los cronistas de la llamada √©poca de esplendor de las chinas advert√≠an que se trataba de una de las m√ļltiples identidades que las mexicanas de la primera mitad del siglo XIX pod√≠an adquirir. En general, la china era un personaje de las ciudades mexicanas, a quienes los cronistas de la √©poca y los investigadores posteriores han atribuido una cierta liberalidad en el ejercicio de su sexualidad, en un tiempo en que, en el imaginario social del M√©xico decimon√≥nico, lo sexual estaba confinado al matrimonio ‚ÄĒvalorado positivamente‚ÄĒ y a la prostituci√≥n ‚ÄĒcon valencia negativa‚ÄĒ.[29] Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, comenzaron a desaparecer, como ya lo hab√≠a advertido Jos√© Mar√≠a Rivera en 1854. Este autor escribi√≥ que la china iba desapareciendo como desaparec√≠an en las damas pretenciosas la buena fe y otras cosillas, para continuar lament√°ndose de la manera siguiente:

La leg√≠tima china de castor con lentejuela, rebozo amantelado, zapatos de seda con mancuerna de oro y por abajos blanqu√≠simos como la nieve [...] ¬°ay!, la china, en fin, esa linda hija del pueblo, de bondadosa √≠ndole y coraz√≥n excelente, ¬°dentro de pocos a√Īos ser√° un tipo que pertenecer√° a la historia![30]

En ese mismo 1854, el franc√©s Ernest de Vigneaux describi√≥ el mismo fen√≥meno de desaparici√≥n del vestuario de las chinas mexicanas, que fue atribuido en 1873 al cierre de los talleres que produc√≠an el castor y otros aditamentos necesarios para la indumentaria de las chinas. Finalmente, Joaqu√≠n Garc√≠a Icazbalceta se√Īalaba en 1899 que para ese a√Īo, tanto el traje y los modales que las distingu√≠an hab√≠an desaparecido.[31] Pero a pesar del nada promisorio futuro que les promet√≠a Rivera y de la fe de defunci√≥n emitida por Garc√≠a Icazbalceta, la china pas√≥ al siglo XX convertida en arquetipo de la feminidad mexicana. El tr√°nsito hacia el siglo XX se dio acompa√Īado del enlazamiento entre la china del pueblo y la leyenda de Catarina de San Juan, a quien en definitiva se atribuy√≥ la maternidad del susodicho traje nacional.[32]

Fue especialmente entre las d√©cadas de 1920 a 1940 cuando la china ‚ÄĒya convertida en china poblana‚ÄĒ adquiri√≥ carta de reconocimiento como un estereotipo de lo mexicano, justo en un per√≠odo en que los gobiernos nacionalistas emanados de la Revoluci√≥n mexicana se empe√Īaban en legitimarse en el poder mediante el manejo pol√≠tico de los s√≠mbolos de la cultura popular.[33] Uno de los primeros momentos en que la china poblana pas√≥ a formar parte de la imagen de la mexicanidad fue en 1919, cuando la bailarina cl√°sica Ana Pavlova ejecut√≥ el Jarabe Tapat√≠o con la indumentaria de china. Poco a poco, en el teatro, en la m√ļsica, el cine y otras manifestaciones culturales fuertemente inclinadas a las posiciones oficialistas, la china poblana se torn√≥ la inseparable compa√Īera del charro ‚ÄĒel estereotipo de la masculinidad mexicana[34] ‚ÄĒ, aun cuando en el tiempo estuviesen separados por casi medio siglo de diferencia.[35]

Pero fue a partir de la d√©cada de 1930 cuando la intervenci√≥n estatal en las pol√≠ticas educativas y culturales en M√©xico favoreci√≥ la reproducci√≥n y apropiaci√≥n de los estereotipos de una mexicanidad simplificada. Tanto en las activas campa√Īas de alfabetizaci√≥n como en la oferta cultural incipiente de aquellos a√Īos, la china poblana y el charro ‚ÄĒy no el chinaco, que era el verdadero compa√Īero contempor√°neo de la primera, con la que compart√≠a, adem√°s, su condici√≥n de hombre del pueblo bajo; parad√≥jicamente, el charro representa a la clase hacendada contra la que se hizo la Revoluci√≥n‚ÄĒ fueron apareciendo cada vez m√°s como expresi√≥n de la mexicanidad.

Los regímenes posrevolucionarios no sólo habían patrocinado la mayoría de las actividades que pretendían estrechar la relación entre las expresiones artísticas de las élites y las de las mayorías, sino que se habían favorecido políticamente de tal unión, restándole autenticidad y mostrando ciertas convenciones que cada vez sabían más a demagogia. El resultado fue el impulso de ciertos estereotipos nacionales como el charro, la china poblana, el indito o el pelado con el fin de reducir a una dimensión más o menos gobernable, o si se quiere entendible, a esa multiplicidad que saltaba a la vista al momento de enunciar cualquier asunto relacionado con ese indefinible "pueblo mexicano". A pesar del variadísimo mosaico que presentaban las manifestaciones culturales regionales tanto indígenas como mestizas, la tendencia de las políticas oficiales así como de las corrientes artísticas más relevantes era la aplicación de estos estereotipos. La asociación entre México y los charros, entre México y sus chinas poblanas, y entre México y su 'jarabe tapatío' terminó triunfando a la larga, conviertiendo estas representaciones en elementos muy arraigados en la identidad popular.[36]

Cantantes de aquellos a√Īos como Lucha Reyes o actrices como Mar√≠a F√©lix aparecieron ataviadas de chinas poblanas en los teatros o el cine, alimentando la hist√≥ricamente err√≥nea relaci√≥n entre el charro y la china, y entre √©sta y Catarina de San Juan. En 1943 Mar√≠a F√©lix encarnaba a Madame Calder√≥n de la Barca en una cinta llamada La China Poblana, de la cual lo √ļnico que se conoce de ella es una parte del argumento.[37] En la cinta, la Marquesa Calder√≥n de la Barca decide asistir a una cena oficial ataviada de poblana, aun cuando las mujeres as√≠ vestidas ten√≠an mala reputaci√≥n en la sociedad mexicana de aquellos a√Īos. Seg√ļn el argumento de la pel√≠cula, lo que convenci√≥ a la marquesa de usar el traje de poblana fue la leyenda de Catarina de San Juan, que as√≠ vest√≠a, vivi√≥ un t√≥rrido romance y luego muri√≥ en olor de santidad.[38]

El éxito y la permanencia de la china poblana como uno de los símbolos de la identidad popular mexicana ha sido asociado, pues, con la manipulación que de su imagen ha hecho el Estado mexicano. Hay quienes son de la opinión que esto ha sido positivo, en tanto que aun siendo un estereotipo, sigue poseyendo una fuerte carga simbólica en la cultura popular. Sin embargo, hay otros que se muestran más críticos, como Pérez Monfort, quien dice que al estereotipar la mexicanidad, el Estado cerró los ojos a la gran diversidad cultural del país. Igualmente, Crespo apunta que el manejo político de los estereotipos de la mexicanidad ha contribuido a la reproducción del sistema social y sus desigualdades.[39]

Véase también

Referencias

  1. ‚ÜĎ De la Maza, Francisco (1990): Catarina de San Juan. Princesa de la India y visionaria de Puebla. M√©xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
  2. ‚ÜĎ Bailey, Gauvin A. (1997): "A Mughal Princess in Baroque New Spain. Catarina de San Juan (1606-1688), the china poblana". En: Anales del Instituto de Investigaciones Est√©ticas de la Universidad Nacional Aut√≥noma de M√©xico, n√ļm. 71, pp. 38-39. Traducci√≥n libre.
  3. ‚ÜĎ Prieto, Guillermo: "Ocho d√≠as en Puebla", en El Siglo Diez y Nueve, 22 de julio de 1849, √°pud V√°zquez Mantec√≥n, Mar√≠a del Carmen, op. cit., p.131
  4. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, Mar√≠a del Carmen, op. cit., p. 129
  5. ‚ÜĎ Rivera, Jos√© Mar√≠a, op. cit., p. 42
  6. ‚ÜĎ Payno, Manuel, op. cit., p. 84
  7. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, Mar√≠a del Carmen, op. cit., p. 126
  8. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, Mar√≠a del Carmen, op. cit., p. 135
  9. ‚ÜĎ El traje tradicional ind√≠gena. Mazahuas del Estado de M√©xico, en la p√°gina en Internet de la Comisi√≥n Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Ind√≠genas, consultada el 11 de enero de 2007.
  10. ‚ÜĎ Gonz√°lez, Alicia M. (1992): "La Olvidada Influencia Asi√°tica", en Ediciones Especiales, No. 12, septiembre de 1992, M√©xico, consultada el 28 de enero de 2007.
  11. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, op. cit., p. 132
  12. ‚ÜĎ Garc√≠a Saiz, Las castas mexicanas. Un g√©nero pict√≥rico americano. Olivetti, 1989
  13. ‚ÜĎ History 8A: Colonial History of Latinoam√©rica, en el sitio en Internet del Departamento de Historia de la Universidad de California en Berkeley, consultada el 14 de enero de 2007.
  14. ‚ÜĎ Garc√≠a Saiz, Mar√≠a Concepci√≥n, op. cit.
  15. ‚ÜĎ Diccionario Breve de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua, consultado el 14 de enero de 2007. Adem√°s hay que se√Īalar que el mismo Diccionario apunta que en M√©xico un chino libre es una persona que no tiene obligaciones ni patr√≥n a quien servir.
  16. ‚ÜĎ Rivera, Jos√© Mar√≠a (1997 [1855]): "La china". En Fr√≠as y Soto, Hilari√≥n et. al.: Los mexicanos pintados por s√≠ mismos. Selecci√≥n de Rosa Beltr√°n. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, M√©xico, p. 31.
  17. ‚ÜĎ Rivera, Jos√© Mar√≠a, op. cit., p. 36.
  18. ‚ÜĎ "El jarabe tapat√≠o", en el sitio en Internet de la Compa√Ī√≠a de Danza Folkl√≥rica Mexicana de Chicago, consultada el 10 de enero de 2007.
  19. ‚ÜĎ "La china poblana", en M√©xico Desconocido. Consultada el 10 de enero de 2007.
  20. ‚ÜĎ Rivera, Jos√© Mar√≠a, op. cit., p. 36
  21. ‚ÜĎ "Los rebozos de Santa Mar√≠a del R√≠o", en M√©xico Desconocido, consultada el 10 de enero de 2007.
  22. ‚ÜĎ Rivera, Jos√© Mar√≠a, op. cit., p. 36.
  23. ‚ÜĎ Payno, Manuel (1997 [1843]): "El coloquio. El l√©pero. La china.", en: Monsiv√°is, Carlos (comp.): A ustedes les consta. Antolog√≠a de la cr√≥nica en M√©xico. Era, M√©xico, p. 85
  24. ‚ÜĎ Cfr. De Cu√©llar, Jos√© Tom√°s (1996): Baile y cochino. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, M√©xico, p. 28
  25. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, Mar√≠a del Carmen (2000): "La china mexicana, mejor conocida como china poblana". En: Anales del Instituto de Investigaciones Est√©ticas de la Universidad Nacional Aut√≥noma de M√©xico, n√ļm. 77, p. 128.
  26. ‚ÜĎ Cfr. Bartra, Roger (1996): La jaula de la melancol√≠a, Grijalbo, M√©xico, y Paz, Octavio (2003): El laberinto de la soledad, C√°tedra, Barcelona
  27. ‚ÜĎ Paz, Octavio, op. cit., Cap√≠tulo IV.
  28. ‚ÜĎ Rivera, Jos√© Mar√≠a, op. cit., p. 32.
  29. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, op. cit.
  30. ‚ÜĎ Rivera, Jos√© Mar√≠a, op. cit., p. 42.
  31. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, Mar√≠a del Carmen, op. cit., p. 138.
  32. ‚ÜĎ Entre las muchas referencias, v√©ase por ejemplo el texto La china poblana, de la p√°gina de la Universidad Veracruzana dedicado a las artes populares de M√©xico.
  33. ‚ÜĎ P√©rez Monfort, Ricardo (s/f): "Las invenciones del M√©xico indio. Nacionalismo y cultura en M√©xico 1920 - 1940". En el sitio de ProDiversitas. Consultado el 10 de enero de 2007.
  34. ‚ÜĎ Serna, Enrique (2001): "El charro cantor". En: Enrique Florescano (coordinador): Mitos mexicanos, Taurus, M√©xico.
  35. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, Mar√≠a del Carmen, op. cit., p. 142
  36. ‚ÜĎ P√©rez Monfort, Ricardo, op. cit.
  37. ‚ÜĎ Esta es una de las pel√≠culas perdidas m√°s buscadas por la Filmoteca de la Universidad Nacional Aut√≥noma de M√©xico, cfr. Las 10 pel√≠culas perdidas m√°s buscadas
  38. ‚ÜĎ V√°zquez Mantec√≥n, op. cit., p. 144.
  39. ‚ÜĎ Crespo Oviedo, Luis Felipe (2003): "Pol√≠ticas culturales: viejos problemas, nueos paradigmas." En: Derecho y Cultura, n√ļm. 9, M√©xico.

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Mira otros diccionarios:

  • China poblana ‚ÄĒ (La china[Note 1] de Puebla) est un terme qui se r√©f√®re √† deux traits de la culture officielle mexicaine. Dans son sens le plus large et le plus commun, c est le nom d un costume f√©minin de la ville de Puebla avant sa disparition dans la seconde… ‚Ķ   Wikip√©dia en Fran√ßais

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  • china poblana ‚ÄĒ |chńďn…ôp…ôňąbl√§n…ô noun Usage: sometimes capitalized C&P Etymology: Mexican Spanish, literally, bold and attractive mestizo woman of Puebla : a colorful Mexican costume consisting of an embroidered white blouse and a red and green skirt with sequins ‚Ķ   Useful english dictionary

  • Hostal La China Poblana ‚ÄĒ (–ö—É—ć—Ä–Ĺ–į–≤–į–ļ–ł,–ú–Ķ–ļ—Ā–ł–ļ–į) –ö–į—ā–Ķ–≥–ĺ—Ä–ł—Ź –ĺ—ā–Ķ–Ľ—Ź: –ź–ī—Ä–Ķ—Ā: Aragon y Leon, 13, 62000 –ö—É—ć—Ä–Ĺ ‚Ķ   –ö–į—ā–į–Ľ–ĺ–≥ –ĺ—ā–Ķ–Ľ–Ķ–Ļ

  • Hotel Boutique Casona de la China Poblana - Adults Only ‚ÄĒ (–ü—É—ć–Ī–Ľ–į,–ú–Ķ–ļ—Ā–ł–ļ–į) –ö–į—ā–Ķ–≥–ĺ—Ä–ł—Ź –ĺ—ā–Ķ–Ľ—Ź: 5 –∑–≤–Ķ–∑–ī–ĺ—á–Ĺ—č–Ļ –ĺ—ā–Ķ–Ľ—Ć ‚Ķ   –ö–į—ā–į–Ľ–ĺ–≥ –ĺ—ā–Ķ–Ľ–Ķ–Ļ

  • China (desambiguaci√≥n) ‚ÄĒ Contenido 1 Soberan√≠as antiguas 2 Localidades 3 Personas 4 M√ļsica ‚Ķ   Wikipedia Espa√Īol

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