Conquista del Per√ļ

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Conquista del Per√ļ
Incas y espa√Īoles en un enfrentamiento, pintura de Juan Bravo para la municipalidad del Cuzco.

La Conquista del Per√ļ (1532-1533) es el proceso hist√≥rico de anexi√≥n del Imperio incaico al Imperio espa√Īol. Felipe Guam√°n Poma de Ayala, cronista del pa√≠s, se√Īala el primer contacto entre un espa√Īol y un inca, entre Pedro de Cand√≠a y Huayna C√°pac.[1] Sin embargo, fue a principios de 1532 que un ej√©rcito incaico se top√≥ con los Conquistadores espa√Īoles, durante la guerra civil entre los dos herederos al trono cuzque√Īo, Hu√°scar y Atahualpa, hijos del reci√©n difunto Emperador Inca, Huayna C√°pac. En este encuentro, Atahualpa fue tomado preso por Francisco Pizarro y semanas despu√©s fue ejecutado. Sin embargo, tras la conquista espa√Īola y desmoronamiento Inca, focos inconexos de resistencia abor√≠gen existieron hasta 1574.

Contenido

Antecedentes

Guaman Poma dijo en sus crónicas que el Inca Huayna Cápac tuvo un encuentro Pedro de Candía en el Cuzco, aunque dicha crónica se considera errónea.[2]

Se dice que la entrevista fue utilizando se√Īas, seg√ļn la cual el Inca interpret√≥ que Cand√≠a com√≠a oro, por lo que el gobernador le brind√≥ oro en polvo y luego le permiti√≥ marcharse.[3] Pedro de Cand√≠a se llev√≥ consigo a uno de los chasquis a Espa√Īa y lo present√≥ al rey, luego fue tra√≠do de vuelta al Tahuantinsuyo para que hiciera de traductor. Este inca ser√≠a conocido luego como Felipillo.[1]

La situación incaica

Poco tiempo después del primer contacto entre Huayna Cápac y Pedro de Candía, el Sapa Inca y su sucesor, Nina Cuyuchi, murieron a causa de una rara enfermedad,[4] que algunos autores atribuyen a la viruela traída con los europeos.

Tras la anarqu√≠a posterior al deceso del Inca, Hu√°scar asumi√≥ el gobierno por orden de los orejones (nobles) de Cuzco, quienes cre√≠an que su experiencia como vice-gobernante era suficiente para asumir el mando.[3] Despu√©s de un golpe de estado fallido; Hu√°scar, preocupado por la excesiva confianza que ten√≠a su hermano Atahualpa en los generales del imperio -los denominados ikas-, ordena a su hermano que se aleje de ellos. Pero √©l reacciona organizando un ej√©rcito y declar√°ndole la guerra. El enfrentamiento, que habr√≠a de durar tres a√Īos, finaliz√≥ con la victoria de Atahualpa y la captura y posterior ejecuci√≥n de Hu√°scar.[5] [6]

Situación de los conquistadores

Hacia 1523, a los 47 a√Īos de edad, Francisco Pizarro estaba situado en Panam√°, ciudad de la que lleg√≥ a ser alcalde en 1522. El an√°lisis hist√≥rico se inclina a creer que Pizarro pose√≠a una fortuna modesta, porque para emprender la aventura, √©l y Diego de Almagro, tuvieron que asociarse con un cura influyente, Hernando de Luque, que a la saz√≥n era cura de Panam√°. Villanueva habla de un cuarto "socio oculto": el licenciado Espinoza, que no quiso figurar p√ļblicamente, pero que fue el financista de las expediciones. Ello debi√≥ ser as√≠, por cuanto nunca uno s√≥lo de los socios decid√≠a de manera unilateral las acciones. S√≥lo Francisco Pizarro, iniciada la conquista f√≠sica del Per√ļ, tom√≥ decisiones de campa√Īa o sobre acciones militares y administrativas, prerrogativas de su cargo de Gobernador de Nueva Castilla.


En 1524 Pizarro se asoci√≥ con Diego de Almagro y el cura Hernando de Luque para conquistar "El Bir√ļ" (palabra que despu√©s se convertir√≠a en Per√ļ), reparti√©ndose las responsabilidades de la expedici√≥n. Pizarro la comandar√≠a, Almagro se encargar√≠a del abastecimiento militar y de alimentos y Luque se encargar√≠a de las finanzas y de la provisi√≥n de ayuda. A finales de septiembre de 1526, cuando hab√≠an transcurrido dos a√Īos de viajes hacia el sur afrontando toda clase de peligros y calamidades, llegaron a la isla del Gallo cansados y extasiados. El descontento entre los soldados era muy grande, llevaban varios a√Īos pasando calamidades sin conseguir ning√ļn resultado. Pizarro intenta convencer a sus hombres para que sigan adelante, sin embargo la mayor√≠a de sus huestes quieren desertar y regresar.

En la isla del Gallo se produce la acci√≥n √©pica de Pizarro, de trazar con su espada una raya en las arenas de la isla exhortando a sus hombres a decidir entre seguir o no en la expedici√≥n descubridora. Tan solo cruzaron la l√≠nea trece hombres. Los "Trece de la Fama", o los "Trece de la isla del Gallo", fueron: Bartolom√© Ruiz, Pedro Alc√≥n, Alonso Brice√Īo, Pedro de Cand√≠a, Antonio Carri√≥n, Francisco de Cu√©llar, Garc√≠a Jer√©n, Alonso Molina, Mart√≠n Paz, Crist√≥bal de Peralta, Elias Ascoy Angulo, Domingo de Soraluce y Juan de la Torre.

Sobre la escena que se vivió en la Isla del Gallo, luego que Juan Tafur le trasmitiera la orden del gobernador Pedro de los Ríos, cuenta el historiador José Antonio del Busto:

Cuadro que escenifica el momento llamado Trece de la Fama
"El trujillano no se dej√≥ ganar por la pasi√≥n y, desenvainando su espada, avanz√≥ con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los mir√≥ a todos y evit√°ndose una arenga larga se limit√≥ a decir, al tiempo que, seg√ļn posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena:

Por este lado se va a Panam√°, a ser pobres, por este otro al Per√ļ, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que m√°s bien le estuviere.

Un silencio de muerte rubric√≥ las palabras del h√©roe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sinti√≥ crujir la arena h√ļmeda bajo los borcegu√≠es y las alpargatas de los valientes, que en n√ļmero de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la l√≠nea, "no poco se alegr√≥, dando gracias a Dios por ello, pues hab√≠a sido servido de ponelles en coraz√≥n la quedada". Sus nombres han quedado en la Historia".
José Antonio del Busto

Pizarro y los Trece de la Fama esperaron en la isla del Gallo cinco meses por los refuerzos, los cuales llegaron de Panamá enviados por Diego de Almagro y Hernando de Luque, al mando de Bartolomé Ruiz. El navío encontró a Pizarro y los suyos en la Isla de la Gorgona, hambrientos y acosados por los indios. Ese mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur.

Pizarro no fue ni el primero ni el √ļnico que intent√≥ la conquista del Per√ļ. Dos a√Īos antes, en 1522, Pascual de Andagoya fue el primero en tratar de efectuar esa aventura: su expedici√≥n termin√≥ en un estrepitoso fracaso. Las noticias de la existencia de "Bir√ļ" y de sus enormes riquezas en oro y plata, debi√≥ influir en el √°nimo de tales aventureros y podr√≠a haber aportado el ingrediente decisivo para preparar la expedici√≥n no s√≥lo de Pizarro sino de Andagoya. Por tal raz√≥n, Pizarro, Almagro y Luque se lanzaron a la aventura.

La conquista (tercer viaje)

Primera fase

En 1531, las tropas de Pizarro se separaron en dos; Pizarro en Coaque se dirigi√≥ hacia Pun√° (en el Golfo de Guayaquil) En Pun√°, los espa√Īoles recibieron regalos e instrumentos musicales por parte del curaca punane√Īo, que los ve√≠a como instrumento para sus fines. M√°s tarde dicho curaca recurri√≥ a los punane√Īos y se rebelaron por los excesos cometidos por los espa√Īoles.[7]

Los punane√Īos tuvieron que enfrentarse no s√≥lo a espa√Īoles sino tambi√©n a Tumbesinos, aliados de los espa√Īoles por viejos resentimientos de guerra hacia los isle√Īos de Pun√°. M√°s tarde los espa√Īoles fueron v√≠ctimas de traiciones y conspiraciones por parte de sus aliados tumbesinos; En una ocasi√≥n los tumbesinos abandonaron en una de sus balsas en medio del mar a tres espa√Īoles.[8]

Segunda fase

Hernando de Soto con su tropa persigui√≥ a los tumbesinos levantados durante toda la noche y en la ma√Īana: cayeron sobre sus campamentos, sorprendi√©ndolos y mat√°ndolos, apoder√°ndose de los campamentos. Al d√≠a siguiente continu√≥ la persecuci√≥n. El cacique Quilimasa con las debidas garant√≠as para su vida, se present√≥ ante Hernando de Soto, quien lo llev√≥ donde estaba el Gobernador. De la conversaci√≥n con Quilimasa, se entera que otros caciques m√°s importantes hab√≠an ordenado la muerte de los espa√Īoles.

Otra conversaci√≥n importante fue la que sostuvo Pizarro con un principal venido del interior. Al respecto Pedro Pizarro, dice: "...pues preguntando al indio qu√© era el dijo que era un pueblo grande donde resid√≠a el Se√Īor de todos ellos, y que hab√≠a mucha tierra poblada y muchos c√°ntaros de oro y plata, y casas chapeadas con planchas de oro; y cierto el indio dijo verdad, y menos de lo que hab√≠a..."; les inform√≥ tambi√©n sobre valles m√°s f√©rtiles. Adem√°s de lo anterior, inform√≥ a Pizarro sobre la situaci√≥n Inca. Todos estos informes entusiasmaron a Pizarro, quien decidi√≥ continuar con la conquista.

En vista que no encontraron a los indios que persegu√≠an y que los poblados tumbesinos hab√≠an sido arrasados por los Pun√°s, Pizarro decide continuar dejando en ella a su teniente y abandonarla en dos grupos. La vanguardia a su mando, acompa√Īada por Hernando de Soto, parti√≥ hacia Poechos. La retaguardia, al mando de Hernando Pizarro, sali√≥ de T√ļmbez tiempo despu√©s, porque en sus filas hab√≠a enfermos: se les orden√≥ que siguieran a la vanguardia.

La fundación de San Miguel

En Poechos, Pizarro tiene noticias de Atahualpa, que se estaba desplazando de Quito a Cajamarca. Adem√°s, tuvo detalles de la guerra que sosten√≠a con Hu√°scar Inca Yupanqui. Decide enviar a Hernando de Soto a Caxas, con la finalidad de recopilar informaci√≥n sobre Atahualpa. Hernando de Soto se tom√≥ un tiempo en esto, lo que caus√≥ la preocupaci√≥n de Francisco Pizarro. En tanto se une la retaguardia de conquistadores que ven√≠an con Hernando Pizarro. En este tiempo se hab√≠an levantado los indios de Chira y Tangarala (Tangarar√°), obligando a los espa√Īoles de Hernando de Soto, a atrincherarse en la huaca Chira, enviando por ayuda a una parte de espa√Īoles donde Pizarro.

Francisco Pizarro deja a Hernando Pizarro en Poechos, y se dirige a la huaca Chira para auxiliar a sus compa√Īeros de armas. All√≠ castig√≥ severamente a los curacas: "Trece curacas fueron muertos a garrote y quemados sus cuerpos".[9] Luego de apaciguar a Chira, se dirige a Tangarala (Tangarar√°), en donde funda la Villa de San Miguel, el 15 de agosto de 1532. Fue la primera ciudad espa√Īola fundada en el Per√ļ. Luego pas√≥ a Piura, territorio de los tallanes. En esta ciudad, Francisco Pizarro hace el primer reparto de tierras y siervos indios entre los espa√Īoles que quisieron afincarse en ella. Este primer reparto incluy√≥ adem√°s de Piura, T√ļmbez (Tumbes). Pedro Pizarro, que hab√≠a quedado con su hermano Hernando en Poechos, describe la presencia de un esp√≠a de Atahualpa entre los curacas de Poechos, quien luego di√≥ noticias al Inca del arribo de los conquistadores. As√≠ Pizarro tiene por primera vez noticia de Atahualpa, de la guerra civil que enfrentaba a los hermanos y del derrotado Hu√°scar, que hab√≠a sido capturado.

Viaje de Piura a Cajamarca

Antes de entrar a la sierra, Francisco Pizarro tom√≥ una serie de precauciones, que seg√ļn Villanueva, fueron:

1. Que su hermano Juan Pizarro, con cincuenta de a caballo, se instalase en Piura, alerta ante las huestes de Atabalipa, haciendo gran actividad de espionaje;
2. Y que, con las dem√°s gente su hermano Hernando Pizarro se instalara en Tangarala;
3. El repartimiento de T√ļmbez, que era el m√°s ambicionado, lo entreg√≥ a Hernando de Soto, cumpliendo la promesa que le hiciera a Hernando Ponce de Le√≥n cuando le flet√≥ dos nav√≠os en Panam√°;
4. En Tangarala puso como su teniente gobernador a Antonio Navarro, contador del rey de Espa√Īa;
5. Adem√°s, dej√≥ en Tangarala a cincuenta y cinco vecinos espa√Īoles, que se quedaron a poblarla
Villanueva Sotomayor, lib. cit.

Luego de dictar las disposiciones anteriores y de reforzar su retaguardia, se dirige a Cajamarca por el Caminos del Inca (C√°pac √Ďam:camino Inca de la sierra), en donde sab√≠a se encontraba Atahualpa. Jerez dice que Pizarro sali√≥ de San Miguel de Piura el 24 de septiembre de 1532 con "sesenta y dos de caballo y ciento dos de pie". Camino a Cajamarca, un noble orej√≥n se entrevista con Pizarro para hacerle saber que el Inca "tiene la voluntad de ser su amigo, y esperalle en paz en Caxamarca". Luego de esto el indio retorn√≥ a Cajamarca a informar a Atahualpa y a entregarle los regalos que envi√≥ con √©l Francisco Pizarro y para decirle "que se apresurar√≠a en llegar a Caxamarca y ser amigo del Inca"". Para no ser hostigado por ambos bandos de la confrontaci√≥n intestina, Pizarro pregonaba que era partidario de Hu√°scar Inca Yupanqui y al Apoo, le dec√≠a que ven√≠a a apoyar a Atahualpa.

Las tropas de Atahualpa acababan de derrotar a las de su hermano Hu√°scar en Huanacopampa, el cual hab√≠a sido hecho prisionero. Seg√ļn Mar√≠a Rostworowski, "El consenso de cronistas de acuerdo en se√Īalar las crueldades ordenadas por Atahualpa contra los deudos, mujeres e hijos de Hu√°scar. Todos fueron ahorcados y se persigui√≥ en las casas de los difuntos Incas a los que hab√≠an pertenecido al linaje de Hu√°scar. El mayor ensa√Īamiento se cumpli√≥ con los miembros de la panaca de Tupac Yupanqui, matando a todos los miembros que se pudieron hallar" ("Historia del Tahuantinsuyu"). Mientras esta represi√≥n ten√≠a lugar, Atahualpa permanec√≠a en Huamachuco festejando los triunfos de sus generales y se preparaba para dirigirse a Cajamarca. En esto llegaron mensajeros enviados por los curacas de Payta y de Tumbes avisando de la llegada de unos extra√Īos personajes que habitaban unas casas flotantes y montaban unos enormes animales. Atahualpa retras√≥ su marcha a Cajamarca para ver a los reci√©n llegados y dio a sus generales la orden de ir a Cajamarca con Hu√°scar, lugar donde se reunir√≠a con ellos.

En la llacta de Cinto, el curaca inform√≥ a Pizarro de que Atahualpa hab√≠a estado en Huamachuco y de que se dirig√≠a a Cajamarca con cincuenta mil hombres de guerra. Continuando su camino hacia Cajamarca, los espa√Īoles llegaron a una bifurcaci√≥n del camino. Uno de ellos llevaba a Chincha y el otro a Cajamarca. Algunos espa√Īoles opinaban que ser√≠a mejor ir a Chincha y postergar el enfrentamiento con Atahualpa. Sin embargo, Pizarro decide ir a Cajamarca, por varias razones que explica Villanueva Sotomayor:

"1. Recuerda las recomendaciones de Hernán Cortés: "lo primero que hay que hacer es apoderarse del jefe, lo consideran como su dios y tienen poder absoluto. Con ello, los demás no saben qué hacer".
2. Por su propia experiencia, en Coaque, la Pun√° y T√ļmbez, sabe que apresando un curaca y teni√©ndolo como reh√©n se gana mucho. En cambio, suelto, el curaca se convierte en enemigo peligroso.
3. Los huascaristas lo ayudan porque él se ha declarado "su partidario". Tomar una ruta distinta a donde están los protagonistas de la guerra civil sería perder ese valioso apoyo.
4. A Atahualpa le ha mandado decir que va a su encuentro porque "quiere ser su amigo" y "apoyarlo" en su lucha contra Hu√°scar Inca Yupanqui. No cumplir con esa promesa debilitar√≠a las posibilidades de la sorpresa y el enga√Īo que le ten√≠a preparado al Inca.
5. Cambiar la ruta hacia Chincha sería la perdición para Pizarro, porque quedarían al descubierto sus planes secretos...".
Villanueva Sotomayor, lib. cit.#GGC11C

En un poblado de sierra, Pizarro decide dividir su ej√©rcito en dos grupos: la vanguardia con √©l y cuarenta de a caballo y sesenta de a pie. El resto, al mando de Hernando Pizarro, formar√≠a la retaguardia y se unir√≠a a Pizarro cuando √©l lo indicase. Luego de unos d√≠as de marcha, Pizarro mand√≥ decir a su hermano Hernando que se le uniese para continuar el viaje a Cajamarca juntos. Los informes que le daban eran tranquilizadores. Pizarro hace acampar a su fracci√≥n. En ese campamento, es que Pizarro recibe una embajada de Atahualpa, con diez llamas que el Inca hab√≠a enviado como regalo y para conocer el d√≠a que llegar√≠an a Cajamarca, a fin de enviarles comida por el camino. En otra poblado del camino (Llacta), Pizarro recibi√≥ otro obsequio de diez llamas, m√°s informes que lo tranquilizaron, y con ellos se qued√≥ uno de ellos que los acompa√Ī√≥ todo el camino hasta Cajamarca.

En otro poblado, seg√ļn Villanueva, hubo un incidente entre dos indios (entre el venido de Cajamarca y el que dio el alcance a Pizarro, de San Miguel de Piura, que hab√≠a sido enviado a Cajamarca). La raz√≥n del pleito la explic√≥ el indio de San Miguel as√≠:

"1. El enviado del Inca ment√≠a. Atahualpa no estaba en Cajamarca sino en el campo (Ba√Īos del Inca) y ten√≠a mucha gente.
2. A él lo habían querido matar, pero se había salvado porque amenazó con que los embajadores de Atahualpa serían ajusticiados por el Gobernador.
3. No permitieron que hable directamente con el Inca, porque estaba ayunando.
4. Se entrevistó por fin, con un tío de Atahualpa, quien le requirió por los cristianos. Su respuesta resumida por Jerez, fue: "Y yo les dije que son valientes hombres y muy guerreros; que traen caballos que corren como viento y los que van en ellos, llevan unas lanzas largas, y con ellas matan a cuantos hallan, porque luego en dos saltos los alcanzan, y los caballos con los pies y bocas matan muchos. Los cristianos que andan a pie dije son muy sueltos, y traen en el brazo una rodela de madera con que se defienden y jubones fuertes colchados de algodón y unas espadas muy agudas que cortan por ambas partes, de cada golpe, un hombre por medio, y a una oveja (nota: llama) llevan la cabeza, y con ella cortan todas las armas que los indios tienen; y otras traen ballestas que tiran de lejos, que de cada saeteada matan un hombre y tiros de pólvora que tiran pelotas de fuego, que matan mucha gente".

El mensajero de Atahualpa replicó:

"1. Que si Atahualpa no estaba en Cajamarca era porque esa llacta había sido reservada para aposentar a los cristianos.
2. Que Atahualpa acostumbraba acampar desde que estaba en guerra con Hu√°scar Inca Yupanqui.
3. Que cuando el Inca ayunaba no dejaban que hablara con nadie m√°s sino con su padre el Inti.
4. Muy diplomáticamente, Pizarro, zanjó la discusión "...teniendo en lo secreto por cierto que era verdad" la versión del huascarista, su aliado".
Villanueva Sotomayor, lib. cit.#GGC11C

Luego del incidente, los espa√Īoles continuaron su camino hacia Cajamarca. Muy cerca de esa poblado (llacta), Francisco Pizarro recibi√≥ otra embajada de Atahualpa con comida. Despu√©s se situ√≥ a una legua de Cajamarca, "y toda la gente y caballos se armaron, y el Gobernador los puso en concierto para la entrada del pueblo, e hizo tres haces de los espa√Īoles de pie y de caballo". "Llegado a la entrada de Caxamalca vieron estar el real de Atabaliba una legua de Caxamalca, en la falda de una sierra".

Los espa√Īoles hab√≠an llegado a Cajamarca por las alturas de Shicuana, al noreste del valle. Era el viernes 15 de noviembre de 1532. Hab√≠an caminado 53 d√≠as desde San Miguel de Piura.

Captura de Atahualpa

Artículo principal: Captura de Atahualpa
Atahualpa Inga est√° en la ciudad de Caxamarca en su trono usno.
Grabado de Felipe Guam√°n Poma de Ayala en Primer Nueva coronica y buen gobierno.

El Inca Garcilaso de la Vega y Miguel de Estete aseguran que los espa√Īoles encontraron en Cajamarca "gente popular y algunos de la gente de guerra" de Atahualpa. Adem√°s, que fueron bien recibidos. Otros cronistas, como Jerez, aseguran que los espa√Īoles no encontraron gente en el poblado. Herrera dice que "s√≥lo se ve√≠an en un extremo de la plaza unas mujeres que lloraban la suerte que el destino reservaba a los espa√Īoles que hab√≠an provocado la c√≥lera del emperador indio" ("Hechos de los castellanos, D√©cada V").

Cuando Pizarro entr√≥ en Cajamarca, Atahualpa se encontraba a media legua del asiento, en los Ba√Īos del Inca, donde hab√≠a asentado su real, "con cuarenta mil indios de guerra" como cuenta Pedro Pizarro. Entrados en Cajamarca y antes de apearse, Francisco Pizarro envi√≥ a Hernando de Soto con cinco o seis y un int√©rprete como embajada para decirle a Atahualpa "que √©l ven√≠a de parte de Dios y del Rey a los predicar y tenerlos por amigos, y otras cosas de paz y amistad, y que se viniese a ver con √©l. ". El Inca respondi√≥ a la embajada comunicando que "pod√≠an quedarse en la llacta de Cajamarca, que √©l no pod√≠a ir porque estaba terminando su ayuno". El Inca, una vez que se fueron los espa√Īoles, orden√≥ que veinte mil soldados imperiales se apostasen en las afueras de Cajamarca, para capturar a los espa√Īoles: estaba seguro que al ver tanta gente, los espa√Īoles se rendir√≠an.

S√≥lo eran soldados de profesi√≥n adem√°s de Pizarro, unicamente de Soto y Gand√≠a. Pedro Pizarro dice "Pues estando as√≠ los espa√Īoles, fue la noticia a Atahualpa, de indios que ten√≠a espiando, que los espa√Īoles estaban metidos en un galp√≥n, llenos de miedo, y que ninguno aparec√≠a por la plaza. Y a la verdad el indio la dec√≠a porque yo o√≠ a muchos espa√Īoles que sin sentirlo se orinaban de puro temor". Los conquistadores a las ordenes de Pizarro velaron armas durante la noche, Francisco Pizarro en base a los largos relatos que le hac√≠a Hern√°n Cort√©s sobre la conquista de los aztecas, ten√≠a en mente capturar al Inca imitando a Cort√©s en M√©xico.

Pizarro dispuso que Pedro de Cand√≠a se colocase en lo m√°s alto del tambo real, en el centro de la plaza, con tres trompeteros y un falconete peque√Īo. Ten√≠an la orden de disparar cuando ya el Inca, se encontrara en la plaza. Luego del estruendo del falconete, har√≠an sonar las trompetas. A los de caballo los dividi√≥ en dos fracciones al mando de Hernando de Soto, uno y de Hernando Pizarro, el otro. La orden era que cuando escuchasen el estruendo deber√≠an salir de sus escondites. La infanter√≠a tambi√©n estar√≠a dividida en dos fracciones, una al mando de Francisco Pizarro y la otra al mando de Juan Pizarro. La orden, avanzar a capturar al Inca. Todos deb√≠an estar escondidos en los edificios que rodeaban la plaza hasta escuchar la voz de ataque: ¬°Santiago!, que ser√≠a dada por el cura Valverde, en su momento.

Los cronistas fijan las cuatro de la tarde como la hora en que Atahualpa ingresa a la plaza de Cajamarca. Este dice: "A la hora de las cuatro comienzan a caminar por su calzada delante, derecho a donde nosotros est√°bamos; y a las cinco o poco m√°s, lleg√≥ a la puerta de la ciudad". El inca comenz√≥ su entrada en Cajamarca, antecedida por su vanguardia de cuatrocientos hombres con "grandes cantares", ingres√≥ a la plaza con toda su gente, que cubr√≠a toda ella, en una "litera muy rica, los cabos de los maderos cubiertos de plata...; la cual tra√≠an ochenta se√Īores en hombros; todos vestidos de una librea azul muy rica; y √©l vestido su persona muy ricamente con su corona en la cabeza y al cuello un collar de esmeraldas grandes; y sentado en la litera en una silla muy peque√Īa con un coj√≠n muy rico". Jerez, escrib√≠a. "Entre estos ven√≠a Atabaliba en una litera aforrada de plumas de papagayos de muchos colores, guarnecida de chapas de oro y plata".

Francisco Pizarro envi√≥ al cura dominico, fray Vicente de Valverde, al soldado Hernando de Aldama y al int√©rprete Martinillo. Ante el Inca, el cura Valverde hace el requerimiento formal a Atahualpa de abrazar la fe cat√≥lica y someterse al dominio del rey de Espa√Īa, al mismo tiempo que le entregaba un evangelio. El di√°logo que sigui√≥ es narrado de forma diferente por todos los testigos. Seg√ļn algunos cronistas, la reacci√≥n del Inca fue de sorpresa, curiosidad, indignaci√≥n y desd√©n. Atahualpa abri√≥ y revis√≥ el evangelio minuciosamente. Al no encontrarle significado alguno a lo escrito en √©l, lo tir√≥ al suelo. Villanueva, dice que "luego le pidi√≥ (el Inca) su espada a Aldama. El espa√Īol se la ense√Ī√≥, pero no la entreg√≥". La reacci√≥n posterior de Atahualpa fue decirle a Valverde que los espa√Īoles devolviesen todo lo que hab√≠an tomado de sus tierras sin su consentimiento; que nadie ten√≠a autoridad para decirle al Hijo del Sol lo que ten√≠a que hacer y que √©l har√≠a su voluntad; y finalmente, que los extranjeros "se fuesen por bellacos y ladrones"; en caso contrario los matar√≠a.

Grabado antiguo de la Captura de Atahualpa. Autor y fecha desconocidos.

A una se√Īal de Francisco Pizarro se puso en marcha lo planificado por √©l. Dispar√≥ el falconete de la artiller√≠a de Pedro de Cand√≠a y las trompetas y salieron los caballos. Algunos cronistas dicen que los millares de ind√≠genas api√Īados dentro la plaza no estaban con armados para defenderse de los espa√Īoles y que la mortandad se debi√≥ a su propia estampida humana que derrib√≥ muros.

...sonaban los cascabeles atados a los caballos, disparaban ensordecedores los arcabuces; los gritos, alaridos y quejidos eran generales. En esta confusión los aterrorizados indígenas, en un esfuerzo por escapar, derribaron una pirca de la plaza y lograron huir. Tras ellos se lanzaron los jinetes, dándoles alcance mataron a todos los que pudieron, otros murieron aplastados por la avalancha humana".

Mientras tanto, en la plaza de Cajamarca Pizarro buscaba el anda del Inca y Juan Pizarro la del Se√Īor de Chincha. El Se√Īor de Chincha y el Se√Īor de Cajamarca fueron muertos por los espa√Īoles que los capturaron. Tambi√©n mataron a mucha gente del entorno de ambos se√Īores. "Otros capitanes murieron, que por ser gran n√ļmero no se hace caso de ellos, porque todos los que ven√≠an en guarda de Atabaliba eran grandes se√Īores" (Jerez).

Igual suerte hubiera corrido Atahualpa de no ser por Francisco Pizarro, que ya se encontraba cerca de √©l, debido a que no pod√≠an derribar la litera del Inca, a pesar de que mataron a los portadores de la litera, ya que otros de refresco se met√≠an a cargarla. As√≠ estuvieron forcejeando gran tiempo; un espa√Īol quiso herir al Inca, cuando Francisco Pizarro, grit√≥ que "nadie hiera al indio so pena de la vida...", hasta que hicieron caer el anda y capturan al Inca, al que ponen bajo arresto en un ambiente del Templo del Sol.

Al caer la noche de aquel 16 de noviembre de 1532, habían terminado para siempre el Tawantisuyo, el Inca estaba cautivo y con su prisión llegaba a su fin la independencia del estado inca.

Tercera fase

Tras la victoria en Cajamarca los vencedores repartieron el bot√≠n de guerra en los Ba√Īos del Inca. El soldado cronista Estete, dice: "... todas esas cosas de tiendas y ropas de lana y algod√≥n eran en tan gran cantidad que a mi parecer fueran menester muchos nav√≠os en que cupieran". Otro cronista dice: "...el oro y la plata y otras cosas de valor se recogi√≥ todo y se llev√≥ a Cajamarca y se puso en poder del Tesorero de Su Majestad". Jerez nos dice: "el oro y plata en piezas monstruosas y platos grandes y peque√Īos, y c√°ntaros y ollas o braseros y copones grandes y otras piezas diversas. Atabalipa dijo que todo esto era vajilla de su servicio, y que sus indios que hab√≠an huido hab√≠an llevado otra mucha cantidad". Fue los primeros trofeos de importancia que tomaron los espa√Īoles. Villanueva Sotomayor dice al respecto: "Se valor√≥ ese primer tesoro de los incas en "ochenta mil pesos de oro y siete mil marcos de plata y catorce esmeraldas"". A su vez, Francisco L√≥pez de Gomara se√Īala que "ning√ļn soldado se enriqueci√≥ tanto en tan poco tiempo y sin riesgo" aunque agrega "nunca se jug√≥ de esa manera, pues hubo muchos que perdieron su parte a los dados".

El rescate

El Cuarto del Rescate (Cajamarca), habitación donde supuestamente estuvo prisionero Atahualpa.

Estando en prisi√≥n Atahualpa, ven√≠an los curacas a visitarle tray√©ndole obsequios, en oro y plata. El Inca se dio cuenta entonces de que el oro y la plata ten√≠a para los espa√Īoles otro valor, diferente, al que √©l y su pueblo le daban. Tambi√©n se dio cuenta y se convenci√≥ que la √ļnica forma de salvarse era ofreci√©ndoles gran cantidad de oro y plata. Y as√≠ lo hizo. Le propuso a Francisco Pizarro: "te dar√≠a de oro una sala" que tiene 22 pies de largo y diecisiete de ancho, llena hasta una raya blanca que est√° en la mitad del alto de la sala; y dijo que hasta all√≠ henchir√≠a la sala con diversas piezas de oro, c√°ntaros, ollas y tejuelos, y otras piezas, y que de plata dar√≠a todo aqu√©l boh√≠o dos veces lleno, y lo cumplir√® dentro de dos meses" (El Per√ļ en los tiempos modernos). Pizarro se apresur√≥ a confirmar la promesa por escrito en un acta ante escribano. Atahualpa le inform√≥ adem√°s del Templo de Pachac√°mac y de sus riquezas, que se encontraba a "diez jornadas al sur".

Pizarro comenzó a tomar una serie de providencias; reforzó la seguridad de Cajamarca, con obras civiles, en las cuales trabajaron "muchos indios huascaristas". El primer cargamento de oro ofrecido por Atahualpa llegó del sur y lo trajo un hermano del Inca, "trájole unas hermanas y mujeres de Atabaliba, y trajo muchas vasillas de oro; cántaros y ollas y otras piezas y mucha plata, y dijo que por el camino venía más; que como es tan larga la jornada, cansan los indios que lo traen y no pueden llegar tan aína; que cada día entrará más oro y plata de los que quedan más atrás". "Y así, entran algunos días veinte mil, y otras veces treinta mil, y otras cincuenta, y otras sesenta mil pesos de oro en cántaros y ollas grandes de tres arrobas y de a dos, y cántaros y ollas grandes de plata y otras muchas vasijas". Pizarro iba acumulando esas piezas en uno de los aposentos donde estaba Atahualpa, "hasta que cumpla su promesa".

Llega Almagro

Estando en Cajamarca Pizarro, arribaron al puerto de Manta (actual Ecuador) seis nav√≠os. El 20 de enero de 1533, Pizarro recibi√≥ mensajeros enviados desde San Miguel de Piura, avis√°ndole tal arribo. Tres de las naves mayores arribaron de Panam√°, al mando de Diego de Almagro, con 120 hombres. Las otras tres carabelas llegaron de Nicaragua, con 30 hombres m√°s. En total desembarcaron, adem√°s, 84 caballos. El cacique de T√ļmbez entr√≥ en rebeld√≠a, m√°s no levant√≥ a su gente.

Esta tercera etapa de la conquista fue más de consolidación del triunfo que habían tenido en la plaza de Cajamarca y de reparto del primer botín de guerra. A Francisco Pizarro debió preocuparle no sólo la presión de sus hombres para el reparto del oro y la plata, sino la presión que debían estar recibiendo sus socios en Panamá y Nicaragua para el pago de los fletes y demás pertrechos. Para demostrar el éxito de su empresa y poder así reclutar más gente para la empresa, gente que por otro lado debía necesitar con suma urgencia, dada la escasez de hombres con que contaban.

Cuarta fase

El 6 de enero de 1533, Hernando Pizarro, con Francisco de Jerez, secretario del Gobernador, parten con 20 hombres a caballo, algunos de infanter√≠a y varios indios auxiliares, hacia Huamachuco, por orden de Francisco Pizarro. En Huamacucho, los espa√Īoles tranquilizan a Pizarro, al informarle que todo se encontraba en calma, a lo que Pizarro les ordena avanzar hasta Pachac√°mac, ya que ten√≠a de rehenes a los se√Īores de este lugar, que tambi√©n hab√≠an ofrecido oro y plata por su libertad.

El 21 de enero de 1533, ingres√≥ a Cajamarca otro cargamento de oro y plata, tra√≠dos por otro hermano de Atahualpa. Fueron ‚Äútrescientas cargas de oro y plata en c√°ntaros y ollas grandes y otras diversas piezas‚ÄĚ. Este hermano del Inca, inform√≥ tambi√©n de la existencia de otro cargamento que se encontraba en Xauxa, al mando del general Challcuchimac. Entre tanto, en Cajamarca, Pizarro a comision√≥ a un hermano de Atahualpa, a los espa√Īoles Pedro Mart√≠n de Moguer y a Mart√≠n Bueno, negros esclavos y cientos de indios aliados, para que viajen al Cuzco, por el C√°pac √Ďam, y apresuren el env√≠o del oro y plata de Xauxa y se informen de la situaci√≥n en la capital del Imperio. Esta tropa sali√≥ de Cajamarca el 15 de febrero de 1533.

El 25 de marzo de 1533, llega a Cajamarca el grupo enviado al mando de Hernando Pizarro; hab√≠an recorrido Huamachuco, el Callej√≥n de Huaylas, Pachac√°mac, Xauxa, las pampas de Jun√≠n y el Callej√≥n de Conchucos. De Pachac√°mac, tra√≠an ‚Äúveintisiete cargas de oro y dos mil de plata‚ÄĚ y un reh√©n importante: el general Challcuchimac, apresado en Jauja.

El 14 de abril de 1533, llega Diego de Almagro a Cajamarca y el 28 del mismo mes, entr√≥ otro cargamento de oro y plata a esa ciudad, procedente de Xauxa; tra√≠an ‚Äúciento siete cargas de oro y siete de plata‚ÄĚ.

El 13 de mayo de 1533, se procede a la fundición de las piezas de oro y plata que había en Cajamarca para su reparto; además, existía el convencimiento de Francisco Pizarro, que ya se había recolectado la mayor parte del oro y plata de este reino.

Uno de los espa√Īoles, que hab√≠a ido al Cuzco, inform√≥ a Pizarro que ‚Äúse hab√≠a tomado posesi√≥n en nombre de su majestad en aquella ciudad del Cuzco‚ÄĚ, entre otras cosas, como el n√ļmero y descripci√≥n de las ciudades existentes entre Cajamarca y el Cuzco, de la cantidad de oro y plata recogidas, entre otras cosas. Quiz√° un dato importante que informan a Pizarro es la presencia en el Cuzco del general Qu√≠zquiz con ‚Äútreinta mil hombres de guarnici√≥n‚ÄĚ.

El 13 de junio llega a Cajamarca el oro y plata procedentes del Cuzco y de Jauja, eran ‚Äúdoscientas cargas de oro y veinticinco de plata‚ÄĚ. D√≠as despu√©s llegaron ‚Äúotras sesenta cargas de oro bajo‚ÄĚ.

Villanueva Sotomayor, nos dice sobre Francisco Pizarro, para cuidar sus ‚Äúdos tesoros‚ÄĚ (el Inca y las riquezas de oro y plata): ‚ÄúEl Gobernador hac√≠a resguardar la plaza fuerte de Cajamarca con una vigilancia permanente, por rondas, de 50 soldados de a caballo, durante el d√≠a y gran parte de la noche. Durante las madrugadas, era de 150 de a caballo, am√©n de los esp√≠as, informantes y vig√≠as de pie; indios y espa√Īoles‚ÄĚ.

El reparto del tesoro

Se sabe que no exist√≠a moneda en el Imperio Inca, en donde se presume se usaba trueque. El Oro y la Plata pose√≠an un valor ritual, pero no ten√≠an ni mercado ni comercio en las culturas prehisp√°nicas, no ten√≠an valor comercial.[10] El valor monetario se lo a√Īadi√≥ el transporte espa√Īol al mercado de Europa.

El 18 de junio de 1533, el Gobernador Francisco Pizarro, orden√≥ fundir lo recaudado y se repartiese. Toda la fundici√≥n arroj√≥ un valor espa√Īol total de ‚Äúun ciento y trescientos mil veintis√©is mil quinientos treinta y nueve pesos de buen oro‚ÄĚ (1.326.539 pesos de oro). En el libro ‚ÄúEl Per√ļ en los tiempos modernos‚ÄĚ, se dice al respecto: ‚ÄúLuego de pagar los derechos del fundidor, el quinto real para la Corona espa√Īola fue de 262.259 pesos de oro de alta pureza; el fundidor al que se le pag√≥ fue un orfebre espa√Īol. Pero toda la fundici√≥n la hicieron metalistas ind√≠genas, de acuerdo con su m√©todo. ‚ÄúCom√ļnmente se fund√≠an cada d√≠a cincuenta o sesenta mil pesos. Esta fundici√≥n fue hecha por los indios, que hay entre ellos plateros y fundidores, que fund√≠an con nuevas forjas‚ÄĚ. El total de plata fundida se valoriz√≥ en 51.010 marcos. A la Corona le toc√≥ 10.121 marcos.

Los de a caballo recibieron en total: 610.131 pesos de oro y 25.798,60 marcos de plata. Promedio individual: 9.386,60 pesos de oro y 396,90 marcos de plata. Los de infantería recibieron en total: 360.994 pesos de oro y 15.061,70 marcos de plata. Promedio individual: 3.438 pesos de oro y 143,4 marcos de plata.

El Gobernador, seg√ļn su criterio, premi√≥ a unos con m√°s y a otros les quit√≥ algo. Tambi√©n entreg√≥ unos 15.000 pesos de oro a los vecinos que quedaron en San Miguel. A Diego de Almagro y sus huestes les reparti√≥ de acuerdo con su criterio. Les dio 20.000 pesos de oro para que se repartan entre todos ellos. Pos supuesto, recibieron mucho menos que los caballeros e infantes que intervinieron directamente en la captura de Atahualpa.

Almagro hab√≠a pedido que a √©l y a sus compa√Īeros les tocase la mitad que a los de Cajamarca. Como no se pusieron de acuerdo, fue otro motivo para que ambos socios se distanciasen m√°s, arrastrando en sus diferencias a los soldados que estaban bajo el mando de cada uno de ellos. Los que en Cajamarca se beneficiaron del repartimiento fueron el cura Valverde, 65 de a caballo y 105 de infanter√≠a. Seg√ļn Pablo Macera:

‚ÄúEl Rescate de Atahualpa consisti√≥ en 6,087 kilogramos de oro y 11,793 kilogramos de plata. A cada soldado a caballo le tocaba 40 kilogramos de oro y 80 kilogramos de plata. A los peones, la mitad. A los soldados con perros m√°s que a los peones. A Pizarro 7 veces lo que a un jinete de caballo, adem√°s del trono de Atahualpa que pesaba 83 kilogramos de oro. Los sacerdotes recibieron la mitad de un pe√≥n‚ÄĚ.
Pablo Macera#GGC11C

Prescott dice del valor monetario que en el mercado de Europa alcanzó el tesoro transportado:

‚Äúteniendo presente el mayor valor de la moneda en el siglo XVI, vendr√≠a a equivaler en el actual (siglo XIX) a cerca de tres millones y medio de libras esterlinas o poco menos de quince millones y medio de duros‚Ķ La historia no ofrece ejemplos de semejante bot√≠n, todo en metal precioso y reducible como era a dinero constante‚ÄĚ.
Prescott#GGC11C

En el marco del comercio de Espa√Īa, esta fortuna, que consigui√≥ cada espa√Īol, gener√≥ la ‚Äúprimera inflaci√≥n de la historia del Per√ļ‚ÄĚ considerando al pa√≠s ya inclu√≠do en el mercado espa√Īol donde todo subi√≥ de precio. Villanueva dice que:

"...el precio del caballo antes del repartimiento 2.500 pesos; despu√©s del repartimiento 3.300. Inflaci√≥n: 32%. Su precio en el mercado subi√≥ una cuarta m√°s que el d√≠a anterior. Una botija de vino de tres azumbres (un poco m√°s de 6 litros), que costaba 40 pesos, se empez√≥ a vender a 60 pesos. Inflaci√≥n: 50%. Un par de borcegu√≠es (nota: botas hasta m√°s arriba de la rodilla que usaban los conquistadores) pas√≥ de 30 a 40 pesos. Inflaci√≥n: 33%. Un par de calzas (ropa interior; calzoncillo largo, bien ce√Īido a muslos y piernas), de 30 a 40 pesos. Inflaci√≥n: 33%. La capa subi√≥ de de 100 a 120 pesos. Inflaci√≥n: 20%. Una espada de 40 a 50 pesos. Inflaci√≥n: 25%.
Villanueva Sotomayor#GGC11C

Sacando la media de lo expuesto por Villanueva Sotomayor, tenemos que al día siguiente del reparto, hubo una inflación promedio del 32,17%.

Véase también: Revolución de los precios

Ejecución de Atahualpa

Cortanle la cavesa a Atagualpa inga, umanta cuchun.
Grabado de Felipe Guam√°n Poma de Ayala en Primer Nueva coronica y buen gobierno.

Nunca estuvo en la mente del Gobernador Francisco Pizarro, respetar la vida del Inca. Para continuar con su estrategia, inventó rebeliones de los leales a Atahualpa, responsabilizándolo de actos de traición.

Luego el Gobernador, con acuerdo de los oficiales de su majestad y de los capitanes y personas de experiencia, sentenci√≥ a muerte a Atabaliba, y mand√≥ por su sentencia, por la traici√≥n por √©l cometida, que muriese quemado si no se tornase cristiano‚Ķ, Atabaliba dijo que quer√≠a ser cristiano‚Ķ, y bautiz√≥le el muy reverendo padre Fray Vicente de Valverde‚Ķ‚ÄĚ.

Le pusieron de nombre Francisco y no de Juan, como muchos han asegurado. Juan de Santa Cruz Pachacuti, sostiene en tiempos de Vaca de Castro, que el Inca fue muerto por garrote; ‚Äú‚Ķ se le dio una vuelta al cuello con un cordel y de ese modo fue ahogado‚ÄĚ, nos dice Sancho de la Hoz. Por su parte Jerez, dice: ‚Äú‚Ķa la hora que fue preso y desbaratado‚ÄĚ.

La sentencia a muerte, fue dada el viernes 25 de julio de 1533 y al día siguiente sábado 26 de julio de 1533, fue muerto en la plaza de Cajamarca. Hay cierta discusión sobre las fechas. Franklin Peace, de un documento del Archivo de Indias, encontrado en Sevilla, por él, dice:

Y en dicho pueblo de Caxamalca en treinta y un d√≠as del dicho mes de julio en presencia de los dichos oficiales de S.M. manifest√≥ Francisco Pizarro mil ciento ochenta y cinco pesos en piezas labradas de indios que dijo que se le hab√≠a dado el cacique Atahualpa y manifest√≥les despu√©s de la muerte de dicho Atahualpa cinco d√≠as‚ÄĚ.
Franklin Peace

Por su parte María Rostworowski, escribe:

Es l√≥gico suponer que la muerte del Inca ocurri√≥ despu√©s del 8 de junio y antes del 29 de julio de 1533. La partida de Cajamarca se inici√≥ a mediados de agosto por grupos, el 26 de ese mismo mes, estaban en Andamarca y el 2 de septiembre arriban a Huaylas. La fecha antojadiza del 29 de agosto es completamente equivocada y se hace necesario rectificar el error‚ÄĚ.
María Rostworowski

Muerto Atahualpa, termina la dinast√≠a de los Incas, que gobernaron el Imperio (aunque Atahualpa, no fue reconocido por las panacas reales cusque√Īas, los espa√Īoles lo consideraron Sapa Inca). Para guardar las apariencias, y tener un seguro hasta la toma del Cuzco, Francisco Pizarro, nombra otro Sapa Inca, que recae en un hijo de Huayna C√°pac, duod√©cimo Sapa Inca del Imperio: T√ļpac Huallpa, y que los cronistas espa√Īoles nombran como Toparpa, quien reconoce vasallaje al rey de Espa√Īa.

Se dice mucho sobre la amistad de Hernando Pizarro con el Inca Atahualpa, cuando √©ste √ļltimo estuvo en prisi√≥n. Curiosamente, antes del juicio al, su hermano Francisco Pizarro, lo comisiona para que lleve a Espa√Īa el primer bot√≠n. A su retorno al Per√ļ, fue nombrado Gobernador del Cuzco. Villanueva Sotomayor, dice:

‚ÄúLa ausencia temporal de Hernando Pizarro no descarta una maniobra maliciosa de los conquistadores, ya sea por culpa de √©l o por imposici√≥n de su hermano. ¬ŅHernando Pizarro ya sab√≠a que iban a matar al Inca? ¬ŅFue ese viaje una salida airosa del capit√°n espa√Īol, √ļnico amigo de Atahualpa Inca? ¬ŅO fue una premeditada maniobra de su hermano Francisco para alejarlo y que no interfiriera en las decisiones dr√°sticas que ya pensaba tomar con la vida del Inca?‚ÄĚ
Villanueva Sotomayor#GGC11C

Lo cierto es que Hernando Pizarro sali√≥ de esta plaza con el bot√≠n, que representaba el ‚Äúquinto real‚ÄĚ, es decir, la quinta parte del bot√≠n de Cajamarca, con rumbo a San Miguel de Piura; ah√≠ embarcaron rumbo a Panam√°, cruzando el istmo, se embarcaron nuevamente hacia Sevilla, Espa√Īa. La primera de las cuatro naos, lleg√≥ a Sevilla, el 5 de diciembre de 1533, con los espa√Īoles Crist√≥bal de Mena y Fray Juan de Sosa (misionero de la Orden de La Merced); el oro y la plata que se desmbarc√≥ de dicha nao, ascend√≠a a 38.946 pesos. El 4 de enero de 1534, arrib√≥ y ancl√≥ en Sevilla la nao ‚ÄúSanta Mar√≠a del Campo‚ÄĚ, en donde estaba embarcado Hernando Pizarro. Desembarc√≥ con 153.000 pesos de oro y 5.048 marcos de plata. Todo lo tra√≠do de Per√ļ, fue depositado en la Casa de Contrataci√≥n de Sevilla; de ah√≠ fue trasladado al aposento del rey de Espa√Īa. Finalmente, el 3 de junio de 1534, llegaron las otras dos naos, en donde estaban embarcados Francisco de Jerez, primer secretario del Gobernador Francisco Pizarro y Francisco Rodr√≠guez, en una y otra nao; se desembarc√≥ de estas naos, 146.518 pesos de oro y 30.511 marcos de plata. Villanueva dice que el total desembarcado por las cuatro naos,

‚Äú‚Ķ fue valorizado en 708.580 pesos. El peso y el castellano eran monedas equivalentes; pero cada uno era igual a 450 maraved√≠es. S√≥lo el oro fundido (convertido en barras y otros pedazos) se valoriz√≥ en 318.861.000 maraved√≠es. La plata fundida vali√≥ 180.307.680 maraved√≠es‚ÄĚ.
Villanueva Sotomayor#GGC11C

Quinta fase

A pesar de tener casi dominado el norte del Imperio, con la toma de la isla de la Pun√°, Tumbes, haber fundado una ciudad en San Miguel de Piura, haber tomado la plaza fuerte de Cajamarca, tener de rehenes a varios curacas y haber asesinado al Inca y tener de apoyo a muchos indios huascaristas y etnias esperanzadas en ser liberadas del yugo Inca, los espa√Īoles a√ļn no hab√≠an consolidado la conquista. Antes de dirigirse a Xauxa, Pizarro envi√≥ una comitiva de 10 soldados a San Miguel con la finalidad que esperasen en ese lugar al primer nav√≠o de entrase procedente de Panam√° o de Nicaragua. Con lo desembarcado, deber√≠an reunirse con √©l en Xauxa. En Xauxa, Pizarro realiza otra fundici√≥n de oro y su respectivo reparto, con las piezas llegadas a Cajamarca antes de la salida de los espa√Īoles de la misma.

Los espa√Īoles salieron de Cajamarca ‚Äúun lunes por la ma√Īana‚ÄĚ. En el camino, se enteran del asesinato de Guaritico, que era hermano de Atahualpa y de T√ļpac Huallpa (Toparpa), √©ste era colaboracionista de los espa√Īoles y hab√≠a salido antes que Pizarro de Cajamarca y formaba su vanguardia en el viaje al Cusco. Lo anterior prueba lo que se viene diciendo, que los espa√Īoles, a su desembarco en el Per√ļ, ya ten√≠an ganado a parte del Imperio, que los ayud√≥; ello se debi√≥, no a las simpat√≠as que pudieron haber generado ellos, sino, simplemente, a que muchos en el Imperio, ya estaban descontentos de la pesada opresi√≥n Inca. Llegaron a Huamachuco y luego de reponer fuerzas por dos d√≠as, Pizarro env√≠a una avanzada al mando de Diego de Almagro, luego se encuentran en Huaylas, donde quedan por ocho d√≠as.

Contin√ļan su viaje al sur por Andamarca, Corongo, Yungay, Huaraz, Recuay, Chiqui√°n y llegan a Cajatambo. Ah√≠, Pizarro refuerza su vanguardia y retaguardia, ante el temor de levantamientos y ataques de los naturales, leales a Challcuchimac, que ven√≠a con √©l y porque las llactas por donde pasaban, siempre estaban abandonadas. En este camino, Francisco Pizarro se entera por informantes, que los generales atahualpistas Yncorabaliba, Yguaparro y Mortay, ven√≠an reclutando gente de guerra en Pumpu (Bomb√≥n). A partir de entonces quedaron incomunicados, el remedo de Sapa Inca, T√ļpac Huallpa y Challcuchimac. El cronista Sancho de la Hoz, dice que el motivo de esa rebeli√≥n era porque ellos ‚Äúquer√≠an guerra con los cristianos, porque ve√≠an la tierra ganada por los espa√Īoles y quer√≠an gobernarla ellos‚ÄĚ.

Tomando el camino de Oy√≥n, se enteran que a cinco leguas de Xauxa hab√≠a gente de guerra para destruirla y para que los espa√Īoles no encontraran nada. Llegaron a Tarma, sin encontrar resistencia. En esta llacta, pasaron la noche. Al amanecer reemprendieron la marcha hacia Xauxa. A dos leguas de Xauxa, Pizarro divide su ej√©rcito. Cerca, se da cuenta que la llacta est√° √≠ntegra y no s√≥lo eso, sino que tuvieron un recibimiento cordial, ‚Äúcelebrando su venida, porque con ella pensaban que saldr√≠an de la esclavitud en que les ten√≠a gente extranjera‚ÄĚ. Entrando a Xauxa, encuentran levantado al general Yukra Huallpa, dejado ah√≠ por Challcuchimac, antes de su captura, El enfrentamiento fue una atr√≥z matanza de indios; los espa√Īoles con sus armas, perros dogos e indios auxiliares, emboscaron a las tropas de Yukra Huallpa, haciendo una matanza; como dicha tropa fuera dejada por Challcuchimac, eran partidarios de Atahualpa. Esta tropa inca, hab√≠a sido enviada por los generales Yncorabaliba, Yguaparro y Mortay, que se encontraban con el grueso de su ej√©rcito a 6 leguas de Xauxa y en permanente contacto con el ej√©rcito de Qu√≠zquiz, que se hallaba en el Cusco. Enterado Francisco Pizarro, env√≠a una tropa a hacerles frente, m√°s los incas los hacen retroceder. Pizarro ante esto pretende atacar por sorpresa a la tropa inca; pero es enga√Īado y cuando quiere continuar hacia el Cusco, se da cuenta que los puentes estrat√©gicos, hab√≠an sido cortados.

Francisco Pizarro, funda la ciudad de Jauja, muy cerca de la Xauxa inca, deja en ella a 80 espa√Īoles, al tesorero de Su Majestad y a un lugarteniente como su representante. En esta ciudad muere misteriosamente T√ļpac Huallpa.

Muerto T√ļpac Huallpa, Pizarro convoca a Challcuchimac y otros nobles colaboracionistas que viajaban con √©l, para que propongan al nuevo Sapa Inca ‚Äút√≠tere‚ÄĚ. En esta reuni√≥n y frente al enemigo com√ļn, nuevamente se notan las diferencias entre huascaristas y atahualpistas, lo que es explotado h√°bilmente por Francisco Pizarro. Challcuchimac, propone a Aticoc, hijo quite√Īo de Atahualpa, mientras que los nobles colaboracionistas cusque√Īos proponen a un hermano del Sapa Inca muerto, pero de origen cusque√Īo. Como estaban cerca del Cusco, Pizarro h√°bilmente, se decide por el Inca de origen cusque√Īo.

Mientras los colaboracionistas nobles, buscaban a este hermano cuzque√Īo del Sapa Inca asesinado, Pizarro envi√≥ expediciones a la costa, con la finalidad de encontrar lugares id√≥neos para instalar puertos mar√≠timos, y esperando los resultados, se qued√≥ en Xauxa. Entre tanto, envi√≥ otra tropilla con rumbo al Cusco, a fin de que fueran reponiendo los puentes que estuvieran cortados. Los espa√Īoles, en su viaje por todo el valle del Mantaro, fueron constantemente ayudados por los huancas. Entraron a Tarcos, una llacta entre Xauxa y Vilcas, el 31 de octubre de 1533. En Vilcas se enfrentan a los incas, en una feroz batalla, que a pesar de la superioridad num√©rica, los incas pierden, por la superioridad de las armas espa√Īolas, con gran matanza entre los indios.

Continuó Pizarro su viaje hacia el Cusco, cuando recibe la noticia de Hernando de Soto, que el general inca Narabaliba, se encontraba con una tropa de 2.000 soldados, enviados por Quízquiz en Andabailla (Andahuaylas). Algo que contribuyó a debilitar los ataques de los incas, en este tramo del viaje hacia el Cusco, fue el hecho que tuvieran como rehén al general Challcuchimac, hombre muy querido por sus tropas. Temían la represalia de Pizarro y la muerte del valiente general atahualpista.

Pizarro entr√≥ en Andahuaylas (Anadabailla, para los espa√Īoles), sin ser molestado, pas√≥ la noche y al d√≠a siguiente continuaron hasta Curamba o Airamba, en donde encontraron dos caballos muertos. Esto preocup√≥ al Gobernador sobre la suerte de Hernando de Soto y su tropa. Luego de la entrada a Andahuaylas y del hallazgo de los caballos, Pizarro recibe la noticia que Hernando de Soto, se encontraba en el camino al Cusco, que estaba bloqueado, pero que no hab√≠a tropas incas y que los caballos hab√≠an muerto de ‚Äútanto calentarse y enfriarse‚ÄĚ. Luego de Andahuaylas, Pizarro continu√≥ su viaje hacia el Cusco y encontr√°ndose en un r√≠o, recibe la noticia de un enfrentamiento de su vanguardia con los rebeldes incas.

Lo que hab√≠a pasado era que Hernando de Soto, en su avance con la vanguardia hacia el Cusco, luego de vadear un r√≠o, al que hab√≠an cortado los puentes, se encontr√≥ con tropa imperial, que le hizo frente. Esta tropa pertenec√≠a al ej√©rcito imperial de Qu√≠zquiz. Los incas, se hab√≠an dado cuenta, que ya los espa√Īoles, estaban cansados, de igual manera sus caballos y perros, por lo que de ‚Äúmutu propio‚ÄĚ, a veces sin √≥rdenes de Quizquiz, atacaban a los espa√Īoles. Eso fue lo que pas√≥ luego del vadeo del r√≠o, al subir la cuesta, fueron atacados por los indios, que presionaron con tanta fuerza que mataron a cinco jinetes espa√Īoles. ‚ÄúA cinco cristianos cuyos caballos no pudieron subir a lo alto, carg√≥ tanto la muchedumbre, que a dos de ellos les fue imposible apearse y los mataron encima de sus caballos‚Ķ‚ÄĚ; ‚Äúles abrieron a todos la cabeza por medio, con sus hachas y porras‚ÄĚ; ‚Äú‚Ķhirieron diez y ocho caballos y seis cristianos; pero no de heridas peligrosas, que s√≥lo un caballo de √©stos muri√≥‚ÄĚ.

Luego de este ataque, los incas se fueron a una colina cercana, esperando el enfrentamiento franco, ‚Äúcasi concertado, esperando siempre un arreglo amistoso‚ÄĚ, costumbre de la guerra andina; mientras que Hernando de Soto, recurr√≠a al enga√Īo, al fingir que se refugiaba en un llano, aparentando huir, mientras que una parte de la tropa imperial, los persegu√≠a a hondazos, hasta que una vez que los hubieron alejado lo suficiente del grueso de las tropas incas, sobrepar√≥ la caballer√≠a y arremeti√≥ contra ellos, aniquil√°ndolos. Cuando el grueso del ej√©rcito inca vio esto, se retir√≥, pero acamparon muy cerca los dos ej√©rcitos, que se o√≠an las voces. La llegada inesperada de Diego de Almagro, con 40 a caballo, hizo que los indios se retiraran, sin presentar batalla. Juntos, Hernando de Soto y Diego de Almagro continuaron viaje hacia el Cuzco, cuando fueron informados de la presencia de una tropa inca, que hab√≠a enviado el general Qu√≠zquiz, por lo que optaron por atrincherarse en una llacta, en donde esperaron a Francisco Pizarro.

Noticiado de estos hechos, Francisco Pizarro, sospech√≥ que todos sus movimientos eran espiados y que el general Challcuchimac, era el que enviaba dichos informes a las tropas incas. Continuando el camino y estando ya cerca del Cusco, Diego de Almagro, se present√≥ en el campamento del Gobernador y continuaron hasta donde se encontraba Hernando de Soto. Unidos as√≠, siguieron ese mismo d√≠a, a ‚ÄúSachisagagna (Xaquixaguana), Sacsahuana o Jaquijahuana), donde acamparon‚ÄĚ.

Diego de Almagro y Hernando de Soto, estuvieron de acuerdo con Francisco Pizarro, que todas las cosas que les estaban pasando, eran producto de la ‚Äúinfidencia de Challcuchimac‚ÄĚ, y lo condenaron a muerte quemado vivo. ‚ÄúEl religioso trataba de persuadirlo a que se hiciera cristiano dici√©ndole que los que se bautizaban y cre√≠an en fe verdadera en nuestro redentor Jesucristo iban a la gloria del para√≠so, y los que no cre√≠an en √©l iban al infierno y a sus penas, haci√©ndole entender todo por un int√©rprete. Mas √©l no quiso ser cristiano diciendo que no sab√≠a que cosa fuese esa ley y comenz√≥ a invocar a Paccamaca (Pachac√°mac) y al capit√°n Qu√≠zquiz que vinieran a socorrerlo". Muri√≥ en la plaza de Sachisagagna, quemado vivo.

El 14 de noviembre de 1533, se present√≥ en el campamento de Francisco Pizarro, de Xaquixaguana, Manco Inca Yupanqui, hijo de Huayna C√°pac, de ascendencia cusque√Īa, que hab√≠a andado siempre fugitivo de las huestes de Atahualpa. Manco Inca Yupanqui, llamado tambi√©n Manco II, era uno de los hijos de Huayna C√°pac con la Coya Imperial del Cusco. Naci√≥, probablemente, en 1515. Fue nominado Sapa Inca pizarrista al poco tiempo de morir T√ļpac Huallpa (Toparpa). Su ascenso a Sapa Inca t√≠tere, fue pactado en el encuentro que tuvo con Pizarro en Jaquijahuana. Su reconocimiento y colocaci√≥n de la mascapaycha se produjo en el Cusco ocupado. Fiel a los t√©rminos del compromiso adquirido, al principio colabor√≥ en todo con Pizarro.

Lleg√≥ a ayudarlo en la guerra contra las tropas rebeldes del general Qu√≠zquiz, hasta alejarlo de Hu√°nuco y situarlo a merced de los espa√Īoles y huscaristas en las tierras norte√Īas. Pero la armon√≠a entre Francisco Pizarro y Manco Inca Yupanqui dur√≥ muy poco. No por culpa de √©l sino de los espa√Īoles, hasta que lleg√≥ Hernando Pizarro de Espa√Īa y lo puso en libertad en febrero de 1536; pero sin que pueda salir del Cusco. Harto de la situaci√≥n en que se encontraba, se subleva a Pizarro y a los espa√Īoles.

Villanueva Sotomayor, opina que los incas, hab√≠an observado las costumbres de los espa√Īoles, y que fatalmente, los incas no pudieron aprovechar las debilidades de los mismos, por las rivalidades, producto de la guerra civil que a√ļn continuaba, a pesar de la presencia del verdadero invasor. Y lo grafica muy bien, diciendo que Manco Inca Yupanqui, sab√≠a muy bien que los espa√Īoles en d√≠a domingo, no com√≠an carne roja y habiendo ido a pescar con unos indios la ‚Äúcomida de los espa√Īoles del d√≠a de guardar‚ÄĚ, recibi√≥ a un chasqui que le avisaba noticias del Cusco. Regres√≥ Manco Inca Yupanqui al campamento donde Francisco Pizarro para decirle: ‚Äú‚Ķ dice que Qu√≠zquiz con su gente de guerra va a quemar el Cusco y que est√° ya cerca, y he querido avis√°rtelo para que pongas remedio‚ÄĚ. Nos parece excelente el ejemplo del historiador Julio R. Villanueva Sotomayor, sobre c√≥mo los responsables del Imperio, no se daban cuenta, que el verdadero enemigo no eran las legiones de Hu√°scar Inca Yupanqui ni de Atahualpa, sino, a los que ayudaban. Es entendible la ayuda por parte de huancas, chankas, aymaras y otras etnias que estaban sometidas al Imperio, pero, la ayuda de quechuas, que sosten√≠an el Imperio‚Ķ

La adhesi√≥n de Manco Inca Yupanqui o Manco II, a los espa√Īoles, adicion√≥ m√°s tropas incas al lado de Francisco Pizarro; este inesperado apoyo, influy√≥ en el √°nimo del conquistador para entrar al Cusco, presentando batalla a las huestes de Qu√≠zquiz.

Sin obst√°culos, entr√≥ al Cusco el conquistador Francisco Pizarro, con Manco Inca y las huestes espa√Īolas e incas huascaristas. ‚ÄúDe este modo entr√≥ el Gobernador con su gente en aquella gran ciudad del Cusco sin otra resistencia ni batalla, el viernes a la hora de misa mayor, a quince d√≠as del mes de noviembre del a√Īo del Nacimiento de Nuestro Salvador y Redentor Jesucristo MDXXXIII‚ÄĚ (nota: a√Īo 1533).

Pizarro, entre tanto, al no ser hostilizado cuando tom√≥ el Cusco, organiz√≥ otro ej√©rcito con gente de Manco Inca Yupanqui que logr√≥ reunir ‚Äúcinco mil guerreros‚ÄĚ. Pizarro orden√≥ a Hernando de Soto, que apoye a dicha tropa india con 50 de a caballo, saliendo del Cusco para presentar batalla a Qu√≠zquiz a 5 leguas de la ciudad, en donde estaba su campamento. En la localidad de Sapi, se enfrentaron ambos ej√©rcitos, de donde sali√≥ victoriosa la tropa combinada de Manco Inca Yupanqui, pero sin poder derrotarlo. Luego de esta batalla, regresaron al Cusco. El general Paullu Inca, que comandaba las tropas de Manco Inca, persigui√≥ al ej√©rcito de Qu√≠zquiz, siendo derrotados en esa persecuci√≥n; en el Cusco se recibi√≥ la noticia ‚Äúque les hab√≠an muerto mil indios‚ÄĚ. Entre tanto Manco Inca Yupanqui solicit√≥ a los curacas ‚Äúgente de guerra‚ÄĚ, y en menos de diez d√≠as, ten√≠a en el Cusco un ej√©rcito de 10 mil guerreros.

El astuto Francisco Pizarro hizo legalizar el vasallaje un d√≠a domingo saliendo de misa a la que hab√≠a asistido con Manco Inca Yupanqui. Los hizo salir a la plaza al Inca, y le orden√≥ a su secretario Sancho de la Hoz que leyera la ‚Äúdemanda y requerimiento‚ÄĚ. Pizarro sigui√≥ el protocolo espa√Īol tradicional para estos casos; al final Pizarro abraz√≥ a Manco Inca Yupanqui y √©ste retribuy√≥ el gesto, ofreci√©ndole chicha en un vaso de oro.

Llegado el verano y las copiosas lluvias estivales, no se organiz√≥ ninguna campa√Īa contra las tropas de Qu√≠zquiz. En febrero de 1534, el ej√©rcito de Manco Inca Yupanqui, que a la saz√≥n contaba con 25 mil soldados y los 50 de a caballo de Hernando de Soto, se puso en movimiento, persiguiendo a Qu√≠zquiz, por la ruta de Vilcas. Llegando a Vilcas, el ej√©rcito de Manco Inca, descans√≥; all√≠ fueron noticiados de que el ej√©rcito de Qu√≠zquiz, se encontraba en Xauxa. Esto preocup√≥ sobremanera a la tropa espa√Īola de Manco Inca Yupanqui, porque en Xauxa, se encontraba la guarnici√≥n que hab√≠a dejado Francisco Pizarro, en su avance sobre el Cusco. Toda la caballer√≠a espa√Īola al mando de Hernando de Soto m√°s 4.000 guerreros del ej√©rcito de Paullu Inca, comandados por √©l, se apresuraron a ir en auxilio de los espa√Īoles dejados en Xauxa. Manco Inca Yupanqui y el resto del ej√©rcito, regres√≥ al Cusco. Parece que la tropa de Hernando de Soto y de Paullu Inca, lleg√≥ a tiempo, porque el ej√©rcito de Qu√≠zquiz, hab√≠a puesto sito a la plaza sin atacarla.

En uno de los reconocimientos a la plaza de Xauxa, por parte del ej√©rcito de Qu√≠zquiz, llegaron a una legua de dicha llacta; Hernando de Soto y Paullu Inca, tomaron 20 de a caballo y 3.000 guerreros incas y fueron en su b√ļsqueda. Los de Qu√≠zquiz, fueron alcanzados en Maracaylla, en donde se produjo el enfrentamiento. Villanueva, dice que el enfrentamiento fue duro, aunque no de ‚Äúcuerpo a cuerpo‚ÄĚ, ya que un ej√©rcito se encontraba en una orilla del r√≠o Mantaro y el otro, en la otra orilla; las armas que m√°s se usaron en esta batalla, fueron la ballesta, flechas y ‚Äúarcos como de piedra‚ÄĚ. Los espa√Īoles, decidieron cruzar el r√≠o, mientras las tropas de Qu√≠zquiz inician la retirada del lugar, siendo perseguidas por las tropas de Paullu Inca ‚Äúhasta hacerlas ocultar en un monte‚ÄĚ. Como no sal√≠an de √©l, las tropas de Paullu Inca, las atacaron en ese monte, muriendo varios curacas comarcanos y miles de la tropa de Qu√≠zquiz, retir√°ndose y siendo perseguidos por Paullu Inca, ‚Äútres leguas‚ÄĚ. El ej√©rcito de Qu√≠zquiz, se retir√≥ a Tarma. Ah√≠, el curaca impidi√≥ la entrada de Qu√≠zquiz a la llacta, present√°ndole batalla. Las tropas de Francisco Pizarro y de Paullu Inca, se hab√≠an enfrentado a las de Qu√≠zquiz en Vilcaconga, Anta y Sapi, en el Cuzco; Jauja y Maracaylla, en Jun√≠n y en Vilcashuam√°n, en Ayacucho.

Francisco Pizarro se apresuró en nombrar "Sapa Inca" a Manco Inca Yupanqui, por las razones que nos explica Villanueva Sotomayor:

‚ÄúEl 16 de noviembre, a un a√Īo de la toma de Cajamarca y de la captura de Atahualpa. Pizarro convirti√≥ a Manco Inca en Sapa Inca. ‚Ķ e h√≠zolo tan presto para que los se√Īores y caciques no se fueran a sus tierras, que eran de diversas provincias y muy lejos unas de otras, y para que los naturales, no se juntaran con los de Quito sino que tuvieran un se√Īor separado al que hab√≠an de reverenciar y obedecer y no se abanderizaran, y as√≠ mand√≥ a todos los caciques que lo obedecieran por se√Īor e hicieran todo lo que les mandara".

Era costumbre inca que cada curaca tuviera en el Cusco su alojamiento, porque ten√≠a que venir a la ciudad imperial para entregar sus tributos al Sapa Inca, a las fiestas (principalmente, al Inti Raymi) y a toda convocatoria que se le hiciera desde el ‚ÄúOmbligo del mundo‚ÄĚ. Pero, adem√°s, el auqui del curaca (su hermano o uno de sus hijos) siempre estaba en el Cusco, disfrutando de los favores de la corte del Sapa Inca. Su permanencia era la garant√≠a del v√≠nculo entre el Estado cuzque√Īo y los dominios del curaca. Era una especie de reh√©n.

"Si Pizarro no optaba por darle el mando imperial a Manco Inca, los auquis y los curacas que estaban en esos momentos en el Cusco, pod√≠an romper ese v√≠nculo y actuar a su manera. Tal vez, podr√≠an haberse unido a las tropas rebeldes de Qu√≠zquiz u organizar de otro modo la resistencia‚ÄĚ.

Los nobles del Cusco, no se daban cuenta a√ļn de que Francisco Pizarro, estaba manipulando el gobierno del Imperio, al nombrar como Sapa Inca, primero a T√ļpac Huallpa y luego a Manco Inca Yupanqui, manteni√©ndolos como rehenes, incluso. Bien pudieron haber nombrado los curacas del Cusco al nuevo Sapa Inca de entre las panacas reales, y manejar el gobierno con m√°s independencia, para organizar mejor la resistencia inca; pero, la guerra civil, ya hab√≠a llegado a la capital del imperio tambi√©n. Pero lo cierto es que ni huascaristas ni atahualpistas, lo hicieron, con lo que se perdi√≥ la oportunidad de unir nuevamente al Imperio y ofrecer a los espa√Īoles, una resistencia m√°s organizada y efectiva. Quiz√°, mientras estuvo vivo Challcuchimac, los ataques incas fueran d√©biles, por el temor a las represalias de los espa√Īoles en la persona de dicho general inca; pero asesinado el general inca, no creemos que a Qu√≠zquiz, le importara mucho la vida de Manco Inca Yupanqui, por ser huascarista.

El otro concepto que podr√≠a explicar la aislada resistencia, ser√≠a el modo de combatir de ambos ej√©rcitos: mientras los incas ofrec√≠an batalla en campo abierto de manera franca; los espa√Īoles apelaban a argucias para derrotarlos incluso antes de presentar batalla. No hay duda y esto est√° sumamente claro, que las armas jugaron un papel determinante en esta fase de la historia del Per√ļ, por las razones que se explic√≥ anteriormente.

Los espa√Īoles en el Cuzco

No cabe duda que el Cuzco era la ciudad principal de todo el Tahuantinsuyo. Al tomarla los espa√Īoles, merm√≥ significativamente la resistencia inca, no s√≥lo porque all√≠ se encontraba toda la organizaci√≥n del imperio, sino por el significado que ten√≠a para los ej√©rcitos incas ver su capital tomada y dominada por los espa√Īoles.

Hay en dicha ciudad otros muchos aposentos y grandezas; pasan por ambos lados dos ríos que nacen una legua (5,5 kilómetros) más arriba del y desde allí hasta que llegan a la ciudad y dos leguas (11 kilómetros) más abajo, todos van enlosados para que el agua corra limpia y clara y aunque crezca no se desborde; tienen sus puentes por lo que se entra a la ciudad...

Los espa√Īoles tambi√©n dieron suelta a su codicia de metales preciosos en √©l, saque√°ndolo, especialmente el Coricancha, los palacios imperiales y otros aposentos se√Īoriales. Este oro y plata fueron fundidos, obteni√©ndose 580.200 pesos de "buen oro". El quinto real represent√≥ 116.460 pesos de oro; adem√°s la plata represent√≥ 215.000 marcos: 170.000 "eran de plata buena en vajilla y planchas limpias y buena, y el resto no porque estaba en planchas y piezas mezcladas con otros metales conforme se sacaba de la mina.

El 23 de marzo de 1534, Francisco Pizarro realiza la fundaci√≥n espa√Īola de la ciudad del Cuzco con el t√≠tulo de La Muy Noble y Gran Ciudad de Cuzco. Se hizo el acta de fundaci√≥n y se reparti√≥ entre los espa√Īoles solares, tierras e indios. Como en toda ciudad espa√Īola, se escogi√≥ la Plaza Mayor, el sitio de la iglesia y se instalaron los primeros vecinos espa√Īoles del Cusco. Bajo el pretexto de "los ense√Īaran y doctrinar√°n en las cosas de nuestra santa fe cat√≥lica", se entreg√≥ a los espa√Īoles una cantidad de indios para su uso en trabajo e impuestos. Pizarro favoreci√≥ a sus amigos; en el Cusco el reparto de solares, tierras y nativos. Ello disminuy√≥ la ya fr√°gil cohesi√≥n espa√Īola, aument√≥ las diferencias y ahond√≥ los resentimientos entre ellos.

Postrimerías

Francisco Pizarro, en compa√Ī√≠a siempre del inca Manco Inca Yupanqui y de su ej√©rcito, sale del Cusco en busca de Qu√≠zquiz, hacia Xauxa, en la zona central norte del Imperio. En Vilcas, el Gobernador se entera de que Qu√≠zquiz con su ej√©rcito se encontraba 40 leguas (225 kil√≥metros) al norte de Xauxa, camino a Cajamarca. Pizarro solicita env√≠o de refuerzos y pasa a Xauxa. All√≠ se entera que Diego de Almagro, que hab√≠a sido enviado a socorrer al general Paullu y a Hernando de Soto, luego de ahuyentar a las tropas de Qu√≠zquiz, pas√≥ a Chincha y Pachac√°mac.

Llegado a Xauxa, el 25 de abril de 1534, Pizarro funda la nueva ciudad espa√Īola de Jauja, con reparto de solares y dem√°s protocolo espa√Īol de la ocasi√≥n. En este inter√≠n llegan los refuerzos del Cusco, consistente en 4.000 indios a los que se unen los 30 espa√Īoles de a caballo y 30 de a pie. Paralelo a lo anterior, Pedro de Alvarado hab√≠a organizado otra expedici√≥n de conquista al Per√ļ y ya se encontraba en las costas del imperio con cuatro nav√≠os, desembarcando en Puerto Viejo (actual Ecuador) cuatrocientos soldados, "de los cuales 150 eran de a caballo", mientras que Sebast√≠an de Banalc√°zar, con 70 de a caballo.

Preocupado Francisco Pizarro por la presencia de Pedro de Alvarado en el Per√ļ, instruye a Diego de Almagro para que celebre negociaciones con √©l. Almagro, con el apoyo de Sebasti√°n de Benalc√°zar, sali√≥ el encuentro de Pedro de Alvarado, el cual se encontraba camino a Quito. Alvarado hab√≠a salido con destino al Per√ļ desde Guatemala, con la intenci√≥n de conquistar la zona norte del imperio inca. Para ello, desembarc√≥ en Bah√≠a de Car√°quez (actual Ecuador), dirigi√©ndose inmediatamente hacia Quito. En Riobamba se encuentran Pedro de Alvarado con Diego de Almagro y Sebasti√°n de Benalc√°zar y celebran conversaciones. En ellas se acuerda que Pedro de Alvarado deb√≠a retornar a Guatemala, dejando en el Per√ļ a su tropa, buques y todo el parque, recibiendo a cambio una cantidad en oro y plata como compensaci√≥n.

El pago efectuado por Francisco Pizarro a Pedro de Alvarado fue una fortuna: se le entregaron 100.000 pesos de oro. Esa compensaci√≥n significaba el doble del oro que recibi√≥ Francisco Pizarro en la repartici√≥n de Cajamarca. Era de cuatro veces m√°s que la que recibi√≥ Hernando Pizarro y cinco veces m√°s que la que recibi√≥ Hernando de Soto. Por s√≥lo llegar hasta el Per√ļ, Alvarado recibi√≥ m√°s oro que la que obtuvo por todas sus conquistas de Mesoam√©rica y "sin disparar un solo tiro de arcabuz". Todo lo anterior, hizo una zanja a√ļn m√°s profunda entre los socios de la conquista.

Para Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Sebastián de Benalcázar, fue un negocio haber recibido las tropas, los navíos y los pertrechos traídos por Pedro de Alvarado, para poder consolidar la conquista.

Véase también

Notas y referencias

  1. ‚ÜĎ a b Guam√°n Poma de Ayala, Nueva cr√≥nica y buen gobierno, P√°g. 91
  2. ‚ÜĎ Historia de la antropolog√≠a indigenista: M√©xico y Per√ļ Anthropos Editorial, 1993
  3. ‚ÜĎ Error en la cita: El elemento <ref> no es v√°lido; pues no hay una referencia con texto llamada autogenerated2
  4. ‚ÜĎ Mar√≠a Rostworowski, Historia del Tawantinsuyu, P√°g. 171
  5. ‚ÜĎ Mar√≠a Rostworowski, Historia del Tawantinsuyu, P√°g. 174
  6. ‚ÜĎ Waldemar Espinoza, P√°g. 105.
  7. ‚ÜĎ BIograf√≠a de Francisco Tomala
  8. ‚ÜĎ El Per√ļ en los tiempos modernos, Julio R. Villanueva Sotomayor. P√°g 22-25
  9. ‚ÜĎ Seg√ļn una cosmovisi√≥n ind√≠gena, el ser quemados los anulaba para la vida despu√©s de la muerte, ya que cre√≠an que la muerte era un tr√°nsito entre √©sta y la otra vida, necesitaban sus cuerpos para ello; el fuego destru√≠a ese cuerpo.
  10. ‚ÜĎ Los Incas.Alfred M√©traux.1975

Fuentes

  • Imperio, Henry Kamen. ISBN 84-03-09316-0
  • Historia del Tahuantinsuyu, Mar√≠a Rostworowski. ISBN 9972-51-029-8
  • El Per√ļ en los tiempos modernos, Julio R. Villanueva Sotomayor, Empresa Period√≠stica Nacional S.A.C., Lima, Per√ļ

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