Edad Contempor√°nea

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Edad Contempor√°nea
La carga de los mamelucos, de Francisco de Goya, 1814, representa un episodio del levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Los pueblos europeos, convertidos en protagonistas de su propia historia y a los que se les había proclamado sujetos de la soberanía, no acogieron favorablemente la imposición de la libertad que suponía la extensión de los ideales revolucionarios franceses mediante la ocupación militar del ejército napoleónico. Más adelante, en toda la extensión de la Edad Contemporánea, la base popular de los movimientos sociales y políticos no implicaba su orientación progresista, sino que penduló de un extremo a otro del espectro político.
Pittsburgh en 1857. La Edad Contempor√°nea gener√≥ un nuevo tipo de paisaje industrial y urbano de gran impacto en la naturaleza y en las condiciones de vida. La revoluci√≥n de los transportes y de las comunicaciones permiti√≥ que la unidad de la econom√≠a-mundo lograda en la Edad Moderna se aproximara m√°s a√ļn al acortar el tiempo de los desplazamientos y aumentar su regularidad.
Le Démolisseur, de Paul Signac, 1897-1899. Además de ser una obra estéticamente vanguardista (técnica del puntillismo), la elección consciente de un protagonista anónimo y su tratamiento visual heroico conducen a su lectura alegórica: las masas derriban el orden antiguo antes de construir el nuevo.
Podemos hacerlo, indica un cartel de propaganda (1942, durante la Segunda Guerra Mundial) que estimula el esfuerzo bélico mediante el trabajo de la mujer, un paso decisivo en su emancipación.
Mujeres de Afganist√°n, en el a√Īo 2003, usando el burka, el velo tradicional que hubiera deseado suprimirse junto con otras opresiones por la modernizaci√≥n sovi√©tica (1978-1989); pas√≥ a ser obligatorio como parte de la re-islamizaci√≥n durante el r√©gimen fundamentalista de los talib√°n (1996-2001), y sigue siendo en la actualidad una de las piedras de toque con mayor valor medi√°tico para la intervenci√≥n internacional o Guerra en Afganist√°n (2001-presente).

Edad Contempor√°nea es el nombre con el que se designa el periodo hist√≥rico comprendido entre la Revoluci√≥n francesa y la actualidad. Comprende un total de 222 a√Īos, entre 1789 y el presente. La humanidad experiment√≥ una transici√≥n demogr√°fica, concluida para las sociedades m√°s avanzadas (el llamado primer mundo) y a√ļn en curso para la mayor parte (los pa√≠ses subdesarrollados y los pa√≠ses recientemente industrializados), que ha llevado su crecimiento m√°s all√° de los l√≠mites que le impon√≠a hist√≥ricamente la naturaleza, consiguiendo la generalizaci√≥n del consumo de todo tipo de productos, servicios y recursos naturales que han elevado para una gran parte de los seres humanos su nivel de vida de una forma antes insospechada, pero que han agudizado las desigualdades sociales y espaciales y dejan planteadas para el futuro pr√≥ximo graves incertidumbres medioambientales.[1]

Los acontecimientos de esta época se han visto marcados por transformaciones aceleradas en la economía, la sociedad y la tecnología que han merecido el nombre de Revolución industrial, al tiempo que se destruía la sociedad preindustrial y se construía una sociedad de clases presidida por una burguesía que contempló el declive de sus antagonistas tradicionales (los privilegiados) y el nacimiento y desarrollo de uno nuevo (el movimiento obrero), en nombre del cual se plantearon distintas alternativas al capitalismo. Más espectaculares fueron incluso las transformaciones políticas e ideológicas (Revolución liberal, nacionalismo, totalitarismos); así como las mutaciones del mapa político mundial y las mayores guerras conocidas por la humanidad.

La ciencia y la cultura entran en un periodo de extraordinario desarrollo y fecundidad; mientras que el arte contempor√°neo y la literatura contempor√°nea (liberados por el romanticismo de las sujeciones acad√©micas y abiertos a un p√ļblico y un mercado cada vez m√°s amplios) se han visto sometidos al impacto de los nuevos medios de comunicaci√≥n de masas (tanto los escritos como los audiovisuales), lo que les provoc√≥ una verdadera crisis de identidad que comenz√≥ con el impresionismo y las vanguardias y a√ļn no se ha superado.[2]

En cada uno de los planos principales del devenir histórico (económico, social y político),[3] puede cuestionarse si la Edad Contemporánea es una superación de las fuerzas rectoras de la modernidad o más bien significa el periodo en que triunfan y alcanzan todo su potencial de desarrollo las fuerzas económicas y sociales que durante la Edad Moderna se iban gestando lentamente: el capitalismo y la burguesía; y las entidades políticas que lo hacían de forma paralela: la nación y el Estado.

En el siglo XIX, estos elementos confluyeron para conformar la formaci√≥n social hist√≥rica del estado liberal europeo cl√°sico, surgido tras crisis del Antiguo R√©gimen. El Antiguo R√©gimen hab√≠a sido socavado ideol√≥gicamente por el ataque intelectual de la Ilustraci√≥n (L'Encyclop√©die, 1751) a todo lo que no se justifique a las luces de la raz√≥n por mucho que se sustente en la tradici√≥n, como los privilegios contrarios a la igualdad (la de condiciones jur√≠dicas, no la econ√≥mico-social) o la econom√≠a moral[4] contraria a la libertad (la de mercado, la propugnada por Adam Smith -La riqueza de las naciones, 1776). Pero, a pesar de lo espectacular de las revoluciones y de lo inspirador de sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad (con la muy significativa adici√≥n del t√©rmino propiedad), un observador perspicaz como Lampedusa pudo entenderlas como la necesidad de que algo cambie para que todo siga igual: el Nuevo R√©gimen fue regido por una clase dirigente (no homog√©nea, sino de composici√≥n muy variada) que, junto con la vieja aristocracia incluy√≥ por primera vez a la pujante burgues√≠a responsable de la acumulaci√≥n de capital. √Čsta, tras su acceso al poder, pas√≥ de revolucionaria a conservadora,[5] consciente de la precariedad de su situaci√≥n en la c√ļspide de una pir√°mide cuya base era la gran masa de proletarios, compartimentada por las fronteras de unos estados nacionales de dimensiones compatibles con mercados nacionales que a su vez controlaban un espacio exterior disponible para su expansi√≥n colonial.

En el siglo XX este equilibrio inestable se fue descomponiendo, en ocasiones mediante violentos cataclismos (comenzando por los terribles a√Īos de la Primera Guerra Mundial, 1914-1918), y en otros planos mediante cambios paulatinos (por ejemplo, la promoci√≥n econ√≥mica, social y pol√≠tica de la mujer). Por una parte, en los pa√≠ses m√°s desarrollados, el surgimiento de una poderosa clase media, en buena parte gracias al desarrollo del estado del bienestar o estado social (se entienda √©ste como concesi√≥n pactista al desaf√≠o de las expresiones m√°s radicales del movimiento obrero, o como convicci√≥n propia del reformismo social) tendi√≥ a llenar el abismo predicho por Marx y que deber√≠a llevar al inevitable enfrentamiento entre la burgues√≠a y el proletariado. Por la otra, el capitalismo fue duramente combatido, aunque con √©xito bastante limitado, por sus enemigos de clase, enfrentados entre s√≠: el anarquismo y el marxismo (dividido a su vez entre el comunismo y la socialdemocracia). En el campo de la ciencia econ√≥mica, los presupuestos del liberalismo cl√°sico fueron superados (econom√≠a neocl√°sica, keynesianismo -incentivos al consumo e inversiones p√ļblicas para frente a la incapacidad del mercado libre para responder a la crisis de 1929- o teor√≠a de juegos -estrategias de cooperaci√≥n frente al individualismo de la mano invisible-). La democracia liberal fue sometida durante el per√≠odo de entreguerras al doble desaf√≠o de los totalitarismos sovi√©tico y fascista (sobre todo por el expansionismo de la Alemania nazi, que llev√≥ a la Segunda Guerra Mundial).[6]

En cuanto a los estados nacionales, tras la primavera de los pueblos (denominaci√≥n que se dio a la revoluci√≥n de 1848) y el periodo presidido por la unificaci√≥n alemana e italiana (1848-1871), pasaron a ser el actor predominante en las relaciones internacionales, en un proceso que se generaliz√≥ con la ca√≠da de los grandes imperios multinacionales (espa√Īol desde 1808 hasta 1898; ruso, austroh√ļngaro y turco en 1918, tras su hundimiento en la Primera Guerra Mundial) y la de los imperios coloniales (brit√°nico, franc√©s, holand√©s, belga tras la Segunda). Si bien numerosas naciones accedieron a la independencia durante los siglos XIX y XX, no siempre resultaron viables, y muchos se sumieron en terribles conflictos civiles, religiosos o tribales, a veces provocados por la arbitraria fijaci√≥n de las fronteras, que reprodujeron las de los anteriores imperios coloniales. En cualquier caso, los estados nacionales, despu√©s de la Segunda Guerra Mundial, devinieron en actores cada vez menos relevantes en el mapa pol√≠tico, sustituidos por la pol√≠tica de bloques encabezados por los Estados Unidos y la Uni√≥n Sovi√©tica. La integraci√≥n supranacional de Europa (Uni√≥n Europea) no se ha reproducido con √©xito en otras zonas del mundo, mientras que las organizaciones internacionales, especialmente la ONU, dependen para su funcionamiento de la poco constante voluntad de sus componentes.

La desaparición del bloque comunista ha dado paso al mundo actual del siglo XXI, en que las fuerzas rectoras tradicionales presencian el doble desafío que suponen tanto la tendencia a la globalización como el surgimiento o resurgimiento de todo tipo de identidades,[7] personales o individuales,[8] colectivas o grupales,[9] muchas veces competitivas entre sí (religiosas, sexuales, de edad, nacionales, estéticas,[10] culturales, deportivas, o generadas por una actitud -pacifismo, ecologismo, altermundialismo- o por cualquier tipo de condición, incluso las problemáticas -minusvalías, disfunciones, pautas de consumo-). Particularmente, el consumo define de una forma tan importante la imagen que de sí mismos se hacen individuos y grupos que el término sociedad de consumo ha pasado a ser sinónimo de sociedad contemporánea.[11]

Contenido

Modernidad: ruptura y continuidad

Un peque√Īo y sucio, pero eficaz barco de vapor conduce al desguace al buque de guerra T√©m√©raire. Sus a√Īos de gloria han pasado. (Cuadro de J. M. W. Turner).

La denominaci√≥n "Edad Contempor√°nea" es un a√Īadido reciente a la tradicional periodizaci√≥n hist√≥rica de Crist√≥bal Celarius, que utilizaba una divisi√≥n tripartita en Antig√ľedad, Edad Media y Edad Moderna; y se debe al fuerte impacto que las transformaciones posteriores a la Revoluci√≥n francesa tuvieron en la historiograf√≠a europea continental (especialmente la francesa o la espa√Īola), que les impuls√≥ a proponer un nombre diferente para lo que entend√≠an como estructuras antag√≥nicas: las del Antiguo R√©gimen anterior y las del Nuevo R√©gimen posterior. Sin embargo, esa discontinuidad no parece tan marcada para los historiadores anglosajones, que prefieren utilizar el t√©rmino Later o Late Modern Times o Age ("√öltimos Tiempos Modernos", "Edad Moderna Tard√≠a" o "Edad Moderna Posterior"), contrast√°ndolo con el t√©rmino Early Modern Times o Age ("Tempranos Tiempos Modernos", "Edad Moderna Temprana" o "Edad Moderna Anterior"), mientras que restringen el uso de Contemporary Age para el siglo XX, especialmente para su segunda mitad.[12]

La cuestión de si hubo más continuidad o más ruptura entre la Edad Moderna y la Contemporánea depende, por tanto, de la perspectiva. Si se define la modernidad como el desarrollo de una cosmovisión con rasgos derivados de los valores del antropocentrismo frente a los del teocentrismo medieval (concepciones del mundo centradas en el hombre o en Dios, respectivamente): idea de progreso social, de libertad individual, de conocimiento a través de la investigación científica, etc.; entonces es claro que la Edad Contemporánea es una continuación e intensificación de todos estos conceptos. Su origen estuvo en la Europa Occidental de finales del siglo XV y comienzos del XVI, donde surgió el Humanismo, el Renacimiento y la Reforma Protestante; y se acentuaron durante la denominada crisis de la conciencia europea de finales del siglo XVII, que incluyó la Revolución Científica y preludió a la Ilustración. Las revoluciones de finales del XVIII y comienzos del XIX pueden entenderse como la culminación de las tendencias iniciadas en el período precedente. La confianza en el ser humano y en el progreso científico y tecnológico se plasmó a partir de entonces en una filosofía muy característica: el positivismo; y en los diversos planteamientos religiosos que van del secularismo al agnosticismo, al ateísmo o al anticlericalismo. Sus manifestaciones ideológicas fueron muy dispares, desde el nacionalismo hasta el marxismo pasando por el darwinismo social y los totalitarismos de signo opuesto; aunque las formulaciones políticas y económicas del liberalismo fueron las dominantes, incluyendo notablemente la doctrina de los derechos humanos que, desarrollada a partir de elementos anteriores, dio forma a la democracia contemporánea y se fue extendiendo (como predijo un notable estudio de Alexis de Tocqueville -La democracia en América, 1835-) hasta llegar a ser el ideal más universalmente aceptado de forma de gobierno, con notables excepciones.

Sin embargo, fue la evidencia del triunfo de las fuerzas de la modernidad lo que hizo que precisamente en la Edad Contempor√°nea se desarrollara un discurso paralelo de cr√≠tica a la modernidad, que en su vertiente m√°s radical desemboc√≥ en el nihilismo. Es posible seguir el hilo de esta cr√≠tica a la modernidad en el romanticismo y su b√ļsqueda de las ra√≠ces hist√≥ricas de los pueblos; en la filosof√≠a de Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche y posteriores movimientos (irracionalismo, vitalismo, existencialismo, escuela de Frankfurt);[13] en los rasgos m√°s experimentales del arte contempor√°neo y la literatura contempor√°nea que, no obstante, reivindican para s√≠ la condici√≥n de literatura o arte moderno (expresionismo, surrealismo, teatro del absurdo); en concepciones te√≥ricas como la postmodernidad; y en la violenta resistencia que, tanto desde el movimiento obrero como desde posturas radicalmente conservadoras, se opuso a la la gran transformaci√≥n[14] de econom√≠a y sociedad. Superar el ideal ilustrado de progreso y confianza optimista en las capacidades del ser humano, implicaba una noci√≥n progresista y de confianza en la capacidad del ser humano que efect√ļa esa cr√≠tica, por lo que esas "superaciones de la modernidad" fueron de hecho nuevas variantes del discurso moderno.[15]

La "Era de la Revolución" (1776-1848)

En los a√Īos finales del siglo XVIII y los primeros del siglo XIX se derrumba el Antiguo R√©gimen de una forma que fue percibida por los contempor√°neos como una aceleraci√≥n del ritmo temporal de la historia, que trajo cambios trascendentales conseguidos tras vencer de forma violenta la oposici√≥n de las fuerzas interesadas en mantener el pasado: todos ellos requisitos para poder hablar de una revoluci√≥n, y de lo que para Eric Hobsbawm es La Era de la Revoluci√≥n.[16] Suele hablarse de tres planos en el mismo proceso revolucionario: el econ√≥mico, caracterizado por el triunfo del capitalismo industrial que supera la fase mercantilista y acaba con el predominio del sector primario (Revoluci√≥n industrial); el social, caracterizado por el triunfo de la burgues√≠a y su concepto de sociedad de clases basada en el m√©rito y la √©tica del trabajo, frente a la sociedad estamental dominada por los privilegiados desde el nacimiento (Revoluci√≥n burguesa); y el pol√≠tico e ideol√≥gico, por el que se sustituyen las monarqu√≠as absolutas por sistemas representativos, con constituciones,a la maca le gusta el copi ;) parlamentos y divisi√≥n de poderes, justificados por la ideolog√≠a liberal (Revoluci√≥n liberal).ola mundo


Revolución industrial

Artículo principal: Revolución industrial
Coalbrookdale de noche (Philipp Jakob Loutherbourg, 1801). La actividad incesante y la multiplicación de las nuevas instalaciones industriales, y sus repercusiones en todos los ámbitos, transformaron irreversiblemente la naturaleza y la sociedad.
M√°quina de hilados en una f√°brica francesa del siglo XIX.

La revolución industrial es la segunda de las transformaciones productivas verdaderamente decisivas que ha sufrido la humanidad, siendo la primera la revolución neolítica que transformó la humanidad paleolítica cazadora y recolectora en el mundo de aldeas agrícolas y tribus ganaderas que caracterizó desde entonces los siguientes milenios de prehistoria e historia.

La transformaci√≥n de la sociedad preindustrial agropecuaria y rural en una sociedad industrial y urbana se inici√≥ propiamente con una nueva y decisiva transformaci√≥n del mundo agrario, la llamada revoluci√≥n agr√≠cola que aument√≥ de forma importante los baj√≠simos rendimientos propios de la agricultura tradicional gracias a mejoras t√©cnicas como la rotaci√≥n de cultivos, la introducci√≥n de abonos y nuevos productos (especialmente la introducci√≥n en Europa de dos plantas americanas: el ma√≠z y la patata). En todos los periodos anteriores, tanto en los imperios hidr√°ulicos (Egipto, Mesopotamia, India o China antiguas), como en la Grecia y Roma esclavistas o la Europa feudal y del Antiguo R√©gimen, incluso en las sociedades m√°s involucradas en las transformaciones del capitalismo comercial del moderno sistema mundial,[17] era necesario que la gran mayor√≠a de la fuerza de trabajo produjera alimentos, quedando una exigua minor√≠a para la vida urbana y el escaso trabajo industrial, a un nivel tecnol√≥gico artesanal, con altos costes de producci√≥n. A partir de entonces, empieza a ser posible que los sustanciales excedentes agr√≠colas alimenten a una poblaci√≥n creciente (inicio de la transici√≥n demogr√°fica, por la disminuci√≥n de la mortalidad y el mantenimiento de la natalidad en niveles altos) que est√° disponible para el trabajo industrial, primero en las propias casas de los campesinos (domestic system, putting-out system) y enseguida en grandes complejos fabriles (factory system) que permiten la divisi√≥n del trabajo que conduce al imparable proceso de especializaci√≥n, tecnificaci√≥n y mecanizaci√≥n. La mano de obra se proletariza al perder su sabidur√≠a artesanal en beneficio de una m√°quina que realiza r√°pida e incansablemente el trabajo descompuesto en movimientos sencillos y repetitivos, en un proceso que llevar√° a la producci√≥n en serie y, m√°s adelante (en el siglo XX, durante la Segunda revoluci√≥n industrial), al fordismo, el taylorismo y la cadena de montaje. Si el producto es menos bello y deshumanizado (cr√≠tica de los partidarios del mundo preindustrial, como John Ruskin y William Morris), no es menos √ļtil y sobre todo, es mucho m√°s beneficioso para el empresario que lo consigue lanzar al mercado. Los costos de producci√≥n disminuyeron ostensiblemente, en parte porque al fabricarse de manera m√°s r√°pida se invert√≠a menos tiempo en su elaboraci√≥n, y en parte porque las propias materias primas, al ser tambi√©n explotadas por medios industriales, bajaron su coste. La estandarizaci√≥n de la producci√≥n reemplaz√≥ la exclusividad y escasez de los productos antiguos por la abundancia y el anonimato de los productos nuevos, todos iguales unos a otros.

La revoluci√≥n industrial iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XVIII se extendi√≥ sucesivamente al resto del mundo mediante la difusi√≥n tecnol√≥gica (transferencia tecnol√≥gica), primero a Europa Noroccidental y despu√©s, en lo que se denomin√≥ Segunda revoluci√≥n industrial (finales del siglo XIX), al resto de los posteriormente denominados pa√≠ses desarrollados (especialmente y con gran rapidez a Alemania, Rusia, Estados Unidos y Jap√≥n; pero tambi√©n, m√°s lentamente, a Europa Meridional). A finales del siglo XX, en el contexto de la denominada Tercera revoluci√≥n industrial, los NIC o nuevos pa√≠ses industrializados (especialmente China) iniciaron un r√°pido crecimiento industrial. No obstante, la influencia de la revoluci√≥n industrial, desde su mismo inicio se extendi√≥ al resto del mundo mucho antes de que se produjera la industrializaci√≥n de cada uno de los pa√≠ses, dado el decisivo impacto que tuvo la posibilidad de adquirir grandes cantidades de productos industriales cada vez m√°s baratos y diversificados. El mundo se dividi√≥ entre los que produc√≠an bienes manufacturados y los que ten√≠an que conformarse con intercambiarlos por las materias primas, que no aportaban pr√°cticamente valor a√Īadido al lugar del que se extra√≠an: las colonias y neocolonias (√Āfrica, Asia y Am√©rica Latina, tanto antes como despu√©s de los procesos de independencia de los siglos XIX y XX).

¬ŅPor qu√© Inglaterra?

La revolución industrial se originó en Inglaterra a causa de diversos factores, cuya elucidación es uno de los temas historiográficos más trascendentes.

Como factores técnicos, era uno de los países con mayor disponibilidad de las materias primas esenciales, sobre todo el carbón, mineral indispensable para alimentar la máquina de vapor que fue el gran motor de la Revolución industrial temprana, así como los altos hornos de la siderurgia, sector principal desde mediados del siglo XIX. Su ventaja frente a la madera, el combustible tradicional, no es tanto su poder calorífico como la mera posibilidad en la continuidad de suministro (la madera, a pesar de ser fuente renovable, está limitada por la deforestación; mientras que el carbón, combustible fósil y por tanto no renovable, sólo lo está por el agotamiento de las reservas, cuya extensión se amplía con el precio y las posibilidades técnicas de extracción).

Como factores ideológicos, políticos y sociales, la sociedad inglesa había atravesado la llamada crisis del siglo XVII de una manera particular: mientras la Europa meridional y oriental se refeudalizaba y establecía monarquías absolutas, la guerra civil inglesa (1642-1651) y la posterior revolución gloriosa (1688) determinaron el establecimiento de una monarquía parlamentaria (definida ideológicamente por el liberalismo de John Locke) basada en la división de poderes, la libertad individual y un nivel de seguridad jurídica que proporcionaba suficientes garantías para el empresario privado; muchos de ellos surgidos de entre activas minorías de disidentes religiosos que en otras naciones no se hubieran consentido (la tesis de Max Weber vincula explícitamente La ética protestante y el espíritu del capitalismo). Síntoma importante fue el espectacular desarrollo del sistema de patentes industriales.

Como factor geoestrat√©gico, durante el siglo XVIII Inglaterra construy√≥ una flota naval que la convirti√≥ (desde el tratado de Utrecht, 1714, y de forma indiscutible desde la batalla de Trafalgar, 1805) en una verdadera talasocracia due√Īa de los mares y de un extens√≠simo imperio colonial. A pesar de la p√©rdida de las Trece Colonias, emancipadas en la Guerra de independencia de Estados Unidos (1776-1781), controlaba, entre otros, los territorios del Subcontinente Indio, fuente importante de materias primas para su industria, destacadamente el algod√≥n que alimentaba la industria textil, as√≠ como mercado cautivo para los productos de la metr√≥polis. La canci√≥n patri√≥tica Rule Britannia (1740) expl√≠citamente indicaba: rule the waves (gobierna las olas).

Ironbridge.
El líder de los ludditas. Al fondo, una fábrica incendiada. Ilustración de 1812.

La máquina de vapor, el carbón, el algodón y el hierro

La experimentaci√≥n de la caldera de vapor era una pr√°ctica antigua (el griego Her√≥n de Alejandr√≠a) que se reanud√≥ en el siglo XVI (los espa√Īoles Blasco de Garay y Jer√≥nimo de Ayanz) y que a finales del siglo XVII hab√≠a producido resultados alentadores, aunque a√ļn no aprovechados tecnol√≥gicamente (Denis Papin y Thomas Savery). En 1705 Thomas Newcomen hab√≠a desarrollado una m√°quina de vapor suficientemente eficaz para extraer el agua de las minas inundadas. Tras sucesivas mejoras, en 1782 James Watt incorpor√≥ un sistema de retroalimentaci√≥n que aumentaba decisivamente su eficiencia, lo que posibilit√≥ su aplicaci√≥n a otros campos. Primero a la industria textil, que hab√≠a ido desarrollando previamente una revoluci√≥n textil aplicada a los hilos y tejidos de algod√≥n con la lanzadera volante (John Kay, 1733) y la hiladora mec√°nica (spinning Jenny de James Hargreaves -1764-, water frame de Richard Arkwright -1769, movida con energ√≠a hidr√°ulica, aplicada en Cromford Mill desde 1771- y spinning mule o mule jenny de Samuel Crompton, 1779); y que estaba madura para la aplicaci√≥n del vapor al telar mec√°nico (power loom de Edmund Cartwright, 1784) y otras innovaciones demandadas por los cuellos de botella a los que se forzaba a los subsectores sucesivamente afectados, poniendo a la industria textil inglesa a la cabeza de la producci√≥n mundial de telas. Luego a los transportes: el barco de vapor (Robert Fulton, 1807) y posteriormente el ferrocarril (George Stephenson, 1829), cuyo desarrollo se vio obstaculizado por los recelos sociales que suscitaba; pero que permiti√≥ extraer toda la potencialidad a las v√≠as f√©rreas de uso minero y tracci√≥n animal y humana que se ven√≠an utilizando extensivamente con el hierro de Coalbrookdale fundido con coque (Abraham Darby I, 1709; puente de Ironbridge, 1781). El vapor, el carb√≥n y el hierro se aplicaron a todos los procesos productivos susceptibles de mecanizaci√≥n. El invento de Watt hab√≠a representado el salto decisivo hacia la industrializaci√≥n, e Inglaterra, la primera en hacerlo, se convirti√≥ en el taller del mundo.

Los comedores de patatas (Vincent van Gogh, 1885. La patata se convirti√≥ en un alimento casi √ļnico en muchas zonas, con lo que su ausencia produc√≠a espantosas hambrunas, como el hambre de Irlanda de 1845-1849, que adem√°s origin√≥ una emigraci√≥n masiva.

Oposición a los cambios

Estas novedades no siempre fueron bien acogidas. La sustituci√≥n del trabajo humano por m√°quinas condenaba a los trabajadores de la artesan√≠a tradicional al desempleo si no se adaptaban a las nuevas condiciones laborales o la p√©rdida del control del proceso productivo si lo hac√≠an. La resistencia contra ello condujo en algunos casos a la destrucci√≥n f√≠sica de las nuevas industrias mecanizadas (ludismo). Los nuevos empresarios, liberados de las restricciones gremiales, consiguieron la ilegalizaci√≥n de cualquier forma de asociaci√≥n de defensa de los intereses laborales, dejando √ļnicamente en el contrato individual y el mercado libre la negociaci√≥n de las condiciones de trabajo y salario. Sim√©tricamente, tampoco se consent√≠a la asociaci√≥n de empresarios, por atentar contra el principio de libre competencia, fuente de toda prosperidad seg√ļn el triunfante liberalismo econ√≥mico de Adam Smith (La riqueza de las naciones, 1776). El debate historiogr√°fico sobre si la industrializaci√≥n fue un proceso m√°s o menos perjudicial para las condiciones de vida de las clases bajas ha sido uno de los m√°s activos, y no est√° resuelto.[18] No disminuyeron los puestos de trabajo, por el contrario, aumentaron, haciendo necesaria la llegada a los masificados barrios obreros del norte de Inglaterra (M√°nchester, Liverpool) de masas de emigrantes del campo (de donde eran expulsados por las poor laws -leyes de pobres- y las enclosures -cercamientos-). Por el contrario, la liberalizaci√≥n del precio de los alimentos b√°sicos tuvo que esperar a mediados del siglo XIX para la abolici√≥n de las Corn Laws (leyes de granos, vigentes entre 1815 y 1846) que defend√≠an los intereses proteccionistas de los terratenientes brit√°nicos, desproporcionadamente representados en el Parlamento y combatidos por el grupo de presi√≥n del capitalismo manchesteriano. La rebaja en el nivel salarial (que David Ricardo justific√≥ como expresi√≥n de una necesidad econ√≥mica, la ley de bronce), los horarios prolongados en trabajos insalubres y la degradaci√≥n social generalizada, condujeron al pauperismo (las dur√≠simas condiciones sociales fueron retratadas en las novelas de la √©poca, como Los miserables de V√≠ctor Hugo, o Oliver Twist de Charles Dickens); al tiempo que tambi√©n creaban las condiciones (objetivas en terminolog√≠a marxista) para el surgimiento de una conciencia de clase y el inicio del movimiento obrero. Tambi√©n tuvieron expresi√≥n pol√≠tica en las revoluciones de 1830 y 1848, burguesas en su calificaci√≥n social, pero con un fuerte protagonismo obrero, en particular en Francia; as√≠ como el cartismo ingl√©s.

Revolución demográfica

Otras predicciones, las de Thomas Malthus (Ensayo sobre el principio de la poblaci√≥n, 1798), advert√≠an de forma pesimista de la imposibilidad de mantener el inusitado crecimiento de poblaci√≥n que estaba experimentando Inglaterra, la primera en sufrir las transformaciones propias de la transici√≥n del antiguo al nuevo r√©gimen demogr√°fico. A medida que se industrializaban, otras naciones se incorporaron al mismo proceso, que implicaba la disminuci√≥n de la mortalidad (se hab√≠an mitigado sustancialmente dos de las principales causas de la mortalidad catastr√≥fica -hambre y epidemias-) mientras se manten√≠an altas las tasas de natalidad (ni se dispon√≠a de m√©todos anticonceptivos eficaces ni se hab√≠an generado las transformaciones sociales que en el futuro har√≠an deseable a las familias una disminuci√≥n del n√ļmero de hijos).

Uno de los efectos de todos estos cambios, as√≠ como una v√°lvula de escape de la presi√≥n social, fue el incremento de la emigraci√≥n, la llamada explosi√≥n blanca (por ser la fase de la revoluci√≥n demogr√°fica protagonizada por Europa y otras zonas de poblaci√≥n predominantemente europea). Campesinos arruinados y obreros sin nada que perder, se ve√≠an incentivados a abandonar Europa y tentar suerte en las colonias de poblamiento (Canad√° o Australia para los ingleses, Argelia para los franceses) o en las naciones independientes receptoras de inmigrantes (como Estados Unidos o Argentina); tambi√©n miembros de las clases altas se incorporaban como √©lite dirigente en colonias de explotaci√≥n (como la India, el sureste asi√°tico o el √Āfrica negra). Expl√≠citamente los defensores del imperialismo brit√°nico, como Cecil Rhodes, ve√≠an en la inmigraci√≥n a las colonias la soluci√≥n a los problemas sociales y una forma de evitar la lucha de clases. De una forma similar lo interpretaron los te√≥ricos marxistas, como Lenin y Hobson.[19] Una de las mayores emigraciones nacionales se produjo despu√©s de la gran hambruna irlandesa de 1845-1849, que despobl√≥ la isla, tanto por la mortalidad como por el masivo trasvase de poblaci√≥n, que convirti√≥ ciudades enteras de la costa este de Estados Unidos en ghettos irlandeses (donde sufr√≠an la discriminaci√≥n de los dominantes WASP). Otras oleadas posteriores fueron protagonizados por inmigrantes n√≥rdicos, alemanes,[20] italianos y de Europa Oriental (sobre todo las salidas masivas, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, de los jud√≠os sometidos a los pogromos).

Revoluciones liberales

Contexto social, político e ideológico

Voltaire en la corte de Federico II de Prusia, de Adolph von Menzel (reconstrucci√≥n historicista, de hacia 1850; el hecho representado sucedi√≥ cien a√Īos antes).

Antes incluso de que las transformaciones ligadas a la revoluci√≥n industrial inglesa afectasen de forma notable a otros pa√≠ses, el poder econ√≥mico creciente de la burgues√≠a chocaba en las sociedades de Antiguo R√©gimen (casi todas las dem√°s europeas, a excepci√≥n de los Pa√≠ses Bajos) con los privilegios de los dos estamentos privilegiados que conservaban sus prerrogativas medievales (clero y nobleza). La monarqu√≠a absoluta, como su precedente la monarqu√≠a autoritaria, ya hab√≠a empezado a prescindir de los arist√≥cratas para el gobierno, llamando como ministros a miembros de la baja nobleza, letrados e incluso gentes de la burgues√≠a, como por ejemplo Jean-Baptiste Colbert, el ministro de finanzas de Luis XIV. La crisis del Antiguo R√©gimen que se gesta durante el siglo XVIII fue haciendo a los burgueses cobrar conciencia de su propio poder, y encontraron expresi√≥n ideol√≥gica en los ideales de la Ilustraci√≥n, divulgados notablemente con L'Encyclop√©die (1751-1772). Con mayor o menor profundidad, varios monarcas absolutos adoptaron algunas ideas del reformismo ilustrado (Jos√© II de Austria, Federico II de Prusia, Carlos III de Espa√Īa), los llamados d√©spotas ilustrados a quienes se atribuyen distintas variantes de la expresi√≥n todo por el pueblo, pero sin el pueblo.[21] Lo insuficiente de estas tibias reformas quedaba evidenciado cada vez que se mitigaban, postergaban o rechazaban las m√°s radicales, que afectaban a aspectos estructurales del sistema econ√≥mico y social (desamortizaci√≥n, desvinculaci√≥n, libertad de mercado, supresi√≥n de fueros, privilegios, gremios, monopolios y aduanas interiores, igualdad legal); mientras que las intocables cuestiones pol√≠ticas, que implicar√≠an el cuestionamiento de la misma esencia del absolutismo, raramente se planteaban m√°s all√° de ejercicios te√≥ricos. La resistencia de las estructuras del Antiguo R√©gimen s√≥lo pod√≠a vencerse con movimientos revolucionarios de base popular, que en los territorios coloniales se expresaron en guerras de independencia.

En la ideología de estas revoluciones jugaron un papel importante dos nociones filosóficas y jurídicas íntimamente vinculadas: la teoría de los derechos humanos y el constitucionalismo. La idea de que existen ciertos derechos inherentes a los seres humanos es antigua (Cicerón o la escolástica), pero se asociaba al orden supramundano. Los ilustrados (Locke o Rousseau) defendieron la idea de que dichos derechos humanos son inherentes a todos los seres humanos por igual, por el mero hecho de ser seres racionales, y por ende ni son concesiones del Estado, ni se derivan de ninguna condición religiosa (como la de ser "hijos de Dios"). La secularización de la política no implicaba necesariamente el agnosticismo o el ateísmo de los ilustrados, muchos de los cuales eran sinceros cristianos, mientras otros se identificaban con las posturas panteístas próximas a la masonería. El principio de tolerancia religiosa fue defendido con vehemencia y compromiso personal por Voltaire, cuyo alejamiento de la Iglesia católica le hizo ser el personaje más polémico de la época.

Estos derechos son "derechos naturales", se conciben como anteriores a la ley del Estado por oposici√≥n a los "derechos positivos" consagrados por los distintos ordenamientos jur√≠dicos. Los "derechos del hombre" son recogidos en una Constituci√≥n ("derechos constitucionales") pero no creados por ella. Las constituciones o las declaraciones de derechos expl√≠citamente declaran que tales derechos pertenecen al hombre con car√°cter universal, y no en virtud de ning√ļn hecho propio o ajeno, o por una condici√≥n particular (nacionalidad, lugar o familia de nacimiento, religi√≥n, etc.).[22]

Atribuyendo al Estado la inevitable tendencia a arrollar estos derechos (por la corrupci√≥n inherente al ejercicio del poder), los ilustrados concibieron garantizar la libertad individual limit√°ndolo mediante una "Constituci√≥n Pol√≠tica", prefiriendo el imperio de la ley al gobierno del rey. Aunque pod√≠an diferir sobre sus preferencias en cuanto a la definici√≥n del sistema pol√≠tico, desde la mayor autoridad del rey hasta el principio de separaci√≥n de poderes (Montesquieu, El esp√≠ritu de las leyes, 1748) y, en su extremo, el principio de voluntad general, soberan√≠a nacional y soberan√≠a popular (Jean Jacques Rousseau, El contrato social, 1762), entend√≠an que deb√≠a regirse por una Ley Suprema que atendiera a las exigencias de la raz√≥n y que proporcionara m√°s felicidad p√ļblica (o m√°s bien permitiera la b√ļsqueda de la felicidad individual de cada individuo). Tal constituci√≥n, en su interpretaci√≥n m√°s radical, deb√≠a ser generada por el pueblo y no por la monarqu√≠a o el gobernante, ya que se trata de una expresi√≥n de la soberan√≠a que reside en la naci√≥n y en los ciudadanos (no en el monarca, como predicaban los defensores del absolutismo desde el siglo XVII: Hobbes o Bossuet). Para garantizar el equilibrio de los poderes, el poder judicial habr√≠a de ser independiente, y el legislativo ejercido por un parlamento que represente a la naci√≥n y sea elegido por el pueblo, o al menos en su nombre, por un cuerpo electoral cuya representatividad pod√≠a entenderse m√°s o menos amplia o restringida. Estas formulaciones, basadas en la pr√°ctica del parlamentarismo brit√°nico posterior a la Gloriosa Revoluci√≥n de 1688, se convirtieron en el cuerpo doctrinal del liberalismo pol√≠tico.

Fue trascendental la influencia que sobre los te√≥ricos pol√≠ticos de la Ilustraci√≥n tuvo ese ejemplo, reconocido en los escritos de Voltaire o Montesquieu. Tambi√©n la Constituci√≥n de los Estados Unidos de Am√©rica (1787), est√° fuertemente imbuida en la tradici√≥n jur√≠dica consuetudinaria brit√°nica. La opci√≥n por una constituci√≥n escrita en vez de consuetudinaria se explica tanto por la influencia de la ideolog√≠a de la Ilustraci√≥n en los constituyentes americanos como por el hecho de que el proceso jur√≠dico brit√°nico se hab√≠a producido en el lapso de unos 600 a√Īos, mientras que su equivalente estadounidense se produjo en apenas una d√©cada. El texto escrito se hizo indispensable para crear todo un nuevo sistema pol√≠tico desde la nada, al contrario del caso brit√°nico, que hab√≠a evolucionado con sucesivas adiciones y decantado con en el paso de los siglos. Se plasmaba en el prestigio de varios textos legales (algunos medievales, como la Carta Magna de 1215, otros modernos como el Bill of Rights de 1689), la jurisprudencia de tribunales con jueces independientes y jurados y los usos pol√≠ticos, que implicaban un equilibrio de poderes entre Corona y Parlamento (elegido por circunscripciones desiguales y sufragio restringido), frente al que el Gobierno de su Majestad respond√≠a. Las primeras constituciones escritas en el continente europeo fueron la polaca (3 de mayo de 1791)[23] y la francesa (3 de septiembre de 1791). No obstante, el primer documento legal moderno de su tipo (m√°s bien un ejercicio te√≥rico y utopista que no se aplic√≥) fue el Proyecto de Constituci√≥n para C√≥rcega que Jean Jacques Rousseau redact√≥ para la ef√≠mera Rep√ļblica Corsa (1755-1769).[24] Las primeras espa√Īolas aparecieron como consecuencia de la Guerra de Independencia Espa√Īola: la redactada en Bayona por los afrancesados (8 de julio de 1808) y la elaborada por sus rivales del bando patriota en las Cortes de C√°diz (12 de marzo de 1812 llamada popularmente Pepa), tomada como modelo por otras en Europa. En la Am√©rica Hisp√°nica las primeras constituciones fueron creadas entre 1811 y 1812, como consecuencia del movimiento juntista, que fue la primera fase del movimiento independentista latinoamericano. El Congreso de Angostura, con la inspiraci√≥n de Sim√≥n Bol√≠var, redact√≥ la Constituci√≥n de la Gran Colombia (inclu√≠a las actuales Colombia, Ecuador, Panam√° y Venezuela) el 15 de febrero de 1819.

Independencia de Estados Unidos

La primera p√°gina de la Constituci√≥n de los Estados Unidos de Am√©rica (17 de septiembre de 1787) comienza con el c√©lebre We the People ("Nosotros, el Pueblo"), que define el sujeto de la soberan√≠a. El precedente inmediato hab√≠a sido, adem√°s de la Declaraci√≥n de Independencia, la Declaraci√≥n de Derechos de Virginia (12 de junio de 1776). En los diez a√Īos siguientes, las primeras enmiendas conformaron lo que se denomin√≥ Carta de Derechos (1789). Desde entonces ha sido profusamente enmendada.

Los ingleses se hab√≠an instalado en las Trece Colonias de la costa noroccidental americana desde el siglo XVII. Durante la gran guerra colonial entre Inglaterra y Francia (1756-1763), y que fue correlato americano de la Guerra de los Siete A√Īos europea, los colonos estadounidenses cobraron conciencia de hasta qu√© punto sus intereses eran divergentes de los de la metr√≥polis (imposibilidad de recibir un trato equilibrado, o de ascender en el ej√©rcito), as√≠ como de los l√≠mites de la capacidad de √©sta y de su propio poder. En los a√Īos siguientes, ante apremiantes necesidades fiscales, se intent√≥ incrementar la extracci√≥n de recursos de las colonias imponiendo tasas sin ning√ļn tipo de control local ni representaci√≥n en su discusi√≥n. Tras el enfriamiento progresivo de relaciones, los colonos y los casacas rojas (las tropas inglesas, llamadas as√≠ por el color de su uniforme) tuvieron las primeras refriegas en incidentes menores cuya importancia se magnificaba convirti√©ndolos en simb√≥licos (Masacre de Boston, 1770, Mot√≠n del t√©, 1773). En 1776, en un Congreso Continental reunido en la ciudad de Filadelfia, representantes enviados por los parlamentos locales de las Trece Colonias proclamaron la independencia. La guerra, liderada por George Washington en el lado colonial, que recibi√≥ el apoyo internacional de Espa√Īa y Francia, termin√≥ con la completa derrota de los ingleses en la batalla de Yorktown (1781). En el Tratado de Par√≠s (1783) se reconoci√≥ por Inglaterra la independencia de los Estados Unidos.

Durante los primeros a√Īos hubo dudas sobre si las Trece Colonias seguir√≠an cada una su camino como otras tantas naciones independientes, o si formar√≠an una √ļnica naci√≥n. En un nuevo congreso celebrado otra vez en Filadelfia (1787), acordaron finalmente una soluci√≥n intermedia, conformando un estado federal con una compleja repartici√≥n de funciones entre la Federaci√≥n y los estados miembros, bajo el mandato de una √ļnica carta fundamental: la Constituci√≥n de 1787. La Federaci√≥n, denominada Estados Unidos de Am√©rica, se inspir√≥ para su creaci√≥n y para la redacci√≥n de su carta magna (sobre todo de las numerosas enmiendas que hubo que a√Īadir progresivamente a los siete art√≠culos iniciales) en los principios fundamentales promovidos por la Ilustraci√≥n, adem√°s de en la pr√°ctica pol√≠tica del autogobierno local experimentado durante m√°s de un siglo, e incluso en el ejemplo de un peculiar sistema pol√≠tico ind√≠gena americano (la confederaci√≥n iroquesa).[25] El sistema pol√≠tico se bas√≥ en un fuerte individualismo y en el respeto a los derechos humanos (aunque en su cultura pol√≠tica se expresaron como derechos civiles), entre los que destacaban las mayores garant√≠as nunca existentes en ning√ļn ordenamiento jur√≠dico anterior a la neutralidad del estado en cuestiones propias de la vida privada y al respeto a las libertades p√ļblicas (conciencia, expresi√≥n, prensa, reuni√≥n y participaci√≥n pol√≠tica, posesi√≥n de armas) y concretamente a la propiedad privada como veh√≠culo para la b√ļsqueda de la felicidad (Life, liberty and the pursuit of happiness[26] ). La construcci√≥n de la democracia, en muchas de sus implicaciones, como el sufragio universal, no fue de r√°pida consecuci√≥n, especialmente en cuanto a los problemas de la esclavitud, que diferenciaba a los estados del norte y el sur; y la relaci√≥n con las naciones indias, por cuyos territorios se expandieron. Las nociones de rep√ļblica e independencia pasaron a ser dos referentes simb√≥licos de la nueva naci√≥n, y durante mucho tiempo, caracter√≠sticas casi exclusivas frente al resto del mundo.

Revolución francesa e Imperio napoleónico

Artículo principal: Revolución francesa
Muerte de Marat, por Jacques-Louis David. La mayor parte de los personajes de la Revolución francesa tuvieron trágicos finales.
Qu'est-ce que le tiers √©tat? Tout. Qu'a-t-il √©t√© jusqu'√† pr√©sent dans l‚Äôordre politique? Rien. Que demande-t-il? √Ä y devenir quelque chose. (¬ŅQu√© es el tercer estado? Todo. ¬ŅQu√© ha sido hasta el presente en el orden pol√≠tico? Nada. ¬ŅQu√© demanda? Llegar a ser algo).
Emmanuel Joseph Siey√®s, ¬ŅQu√© es el tercer estado?, 1789.

Francia hab√≠a apoyado activamente a las Trece Colonias contra Inglaterra, con tropas comandadas por el Marqu√©s de La Fayette; pero aunque la intervenci√≥n fue exitosa militarmente, le cost√≥ cara a la monarqu√≠a francesa, y no s√≥lo en t√©rminos monetarios. Sumada a la deuda cuyos intereses ya se llevaban la mayor parte del presupuesto, y en medio de una crisis econ√≥mica, llev√≥ a la monarqu√≠a al borde de la quiebra financiera. Las deposiciones sucesivas de Calonne, Turgot y Necker, los ministros que propon√≠an reformas m√°s profundas, hicieron al gobierno de Luis XVI a√ļn m√°s impopular. El rey, sin apoyo entre la aristocracia que controlaba las instituciones (negativa de la Asamblea de notables de 1787), acept√≥ como mejor salida convocar a los Estados Generales, parlamento de origen medieval en el que estaban representados los tres estamentos, y que no se reun√≠a desde hac√≠a m√°s de cien a√Īos. Durante la elecci√≥n de los diputados, se hab√≠an de redactar cuadernos de quejas, peticiones que representaban el pulso de la opini√≥n de cada parte del pa√≠s. Siguiendo el argumentario ilustrado, las del Tercer Estado (el pueblo llano o los no privilegiados, cuyo portavoz era la burgues√≠a urbana) ped√≠an que los estamentos privilegiados (clero y nobleza) pagaran impuestos como el resto de los s√ļbditos de la corona francesa, entre otras profundas transformaciones sociales, econ√≥micas y pol√≠ticas. Una vez reunidos, no hubo acuerdo sobre el sistema de votaci√≥n (el tradicional, por brazos, daba un voto a cada uno, mientras que el individual favorec√≠a al Tercer Estado, que hab√≠a obtenido previamente la convocatoria de un n√ļmero mayor de estos). Finalmente, los diputados del Tercer Estado, a los que se sumaron un buen n√ļmero de nobles y eclesi√°sticos pr√≥ximos ideol√≥gicamente a ellos, se reuni√≥ por separado para formar una autodenominada Asamblea Nacional.

El 14 de julio de 1789 el pueblo de Par√≠s, en un movimiento espont√°neo, tom√≥ la fortaleza de La Bastilla, s√≠mbolo de la autoridad real. El rey, sorprendido por los acontecimientos, hizo concesiones a los revolucionarios, que tras la Declaraci√≥n de Derechos del Hombre y del Ciudadano y la eliminaci√≥n de las cargas feudales, en lo relativo a la forma de gobierno s√≥lo aspiraban a establecer una monarqu√≠a limitada como la brit√°nica, pero con una Constituci√≥n escrita. La Constituci√≥n de 1791 confer√≠a el poder a una Asamblea Legislativa que qued√≥ en manos de los m√°s radicales (los miembros de la Constituyente aceptaron no poder ser reelegidos) y profundiz√≥ las transformaciones revolucionarias. Tras el intento de fuga del rey, √©ste qued√≥ prisionero, y en 1792 la Francia revolucionaria hubo de rechazar la invasi√≥n de una coalici√≥n de potencias europeas, decididas a aplastar el movimiento revolucionario antes de que el ejemplo se contagiase a sus territorios. La eficacia del ej√©rcito revolucionario, motivado por el patriotismo (La Marsellesa, La patrie en danger -La patria en peligro-, Lev√©e en masse -Leva en masa-[28] ) y la defensa de lo conquistado por el pueblo, frente a los desmotivados ej√©rcitos mercenarios, cuyos oficiales no lo eran por m√©rito, sino por nobleza, demostr√≥ ser suficiente para la victoria. En el interior, la revuelta del 10 de agosto de 1792, protagonizada por los sans culottes (la plebe urbana de Par√≠s) forz√≥ a la Asamblea a sustituir al rey por un Consejo provisional y convocar elecciones por sufragio universal a una Convenci√≥n Nacional, que dominaron los jacobinos. Su pol√≠tica de supresi√≥n de toda oposici√≥n, el llamado Terror (1793-1795), elimin√≥ f√≠sicamente a la oposici√≥n contrarrevolucionaria (muy fuerte en algunas zonas, como la Vend√©e) as√≠ como a los elementos revolucionarios m√°s moderados (girondinos), mientras los que pudieron huir (nobles y cl√©rigos refractarios, que no hab√≠an aceptado jurar la constituci√≥n civil del clero) sal√≠an al exilio. Se estableci√≥ un r√©gimen pol√≠tico republicano, que transform√≥ incluso el calendario, establec√≠a un sistema de precios y salarios m√°ximos (ley del m√°ximum general) y controlaba todos los aspectos de la vida p√ļblica mediante el Comit√© de Salud P√ļblica dirigido por Robespierre. El n√ļmero de ejecuciones, por el igualitario m√©todo de la guillotina fue muy alto, e incluy√≥ al rey y a la reina, as√≠ como a varios de los propios jacobinos, como Danton, y a un gran cient√≠fico, Lavoisier (en ocasi√≥n de su condena, se dijo: la revoluci√≥n no necesita sabios). Un golpe de estado (conocido como reacci√≥n thermidoriana, por el nombre en el nuevo calendario del mes en que se produjo) acab√≥ f√≠sicamente con Robespierre y su r√©gimen e instaur√≥ un sistema mucho m√°s moderado, del gusto de la burgues√≠a: el Directorio (1795-1799).

Modelo de proceso revolucionario

La Revoluci√≥n francesa asent√≥ as√≠ un modelo de proceso revolucionario dividido en fases: iniciada con una revuelta de los privilegiados, pasa por una fase moderada y una fase radical o exaltada para acabar con una reacci√≥n que propicia la plasmaci√≥n de un poder personal. Las expresiones, comunes en la historiograf√≠a, destacan por su similitud con las fases en que se dividi√≥ la Revoluci√≥n rusa. Georges Lefebvre se√Īala tres fases en la primera parte de la revoluci√≥n: aristocr√°tica, burguesa y popular. Para Carlos Marx (en su estudio comparativo que titul√≥ El 18 Brumario de Luis Bonaparte), el proceso de la revoluci√≥n de 1789 fue ascendente, mientras que el de la de 1848 fue descendente.[29]

Para Hannah Arendt, mientras que la Independencia de los Estados Unidos sería un modelo de revolución política, y de ahí su continuidad, la Revolución francesa sería un modelo de revolución social, y de ahí su fracaso, como el de las revoluciones que siguen su modelo (especialmente la rusa); pues (como planteaba ya Alexis de Tocqueville) los logros políticos de la libertad y la democracia solamente se consolidan cuando son el resultado de procesos sociales y económicos anteriores, y no cuando se plantean como requisitos previos para conseguir estos.[30]

La analog√≠a entre los periodos de la historia de Roma (Monarqu√≠a-Rep√ļblica-Imperio) y los mucho m√°s ef√≠meros de la Revoluci√≥n de 1789 (repetidos en la evoluci√≥n posterior de la historia de Estados Unidos)[31] no dej√≥ de ser tenida en cuenta por los propios contempor√°neos, que se no s√≥lo se inspiraban en la antig√ľedad grecorromana para el arte neocl√°sico, sino tambi√©n para su sistema pol√≠tico y sus s√≠mbolos (gorro frigio, fasces, √°guila romana, etc.).

Napoleón Bonaparte
Artículo principal: Napoleón Bonaparte

En ese contexto se inici√≥ la carrera de Napole√≥n Bonaparte, un militar proveniente de una oscura familia de provincias que nunca hubiera conseguido ascender en el ej√©rcito de la monarqu√≠a, y que se convirti√≥ en un h√©roe popular por sus campa√Īas en Italia[32] y en Egipto y Siria. En 1799 se sum√≥ a un nuevo golpe de estado que derrib√≥ al Directorio e instaur√≥ el Consulado, del que fue nombrado primer c√≥nsul para, en 1804, proclamarse Emperador de los franceses (no de Francia, en una sutil diferenciaci√≥n con el r√©gimen mon√°rquico que pretend√≠a mantener los ideales republicanos y de la revoluci√≥n). En sus a√Īos en el poder (hasta 1814, y luego el breve periodo de los cien d√≠as de 1815), Napole√≥n consigui√≥ dejar un extenso legado. Consciente de que no pod√≠a retomar el Derecho del Antiguo R√©gimen, pero sumergido en el marasmo de la atropellada y ca√≥tica legislaci√≥n revolucionaria, dio la orden de compendiar todo ese legado jur√≠dico en cuerpos legales manejables. Naci√≥ as√≠ el C√≥digo Civil de Francia o C√≥digo Napole√≥nico, inspiraci√≥n para todos los dem√°s estados liberales, y que contribuy√≥ a propagar la Revoluci√≥n en cuanto superestructura jur√≠dica que expresaba la sociedad burguesa-capitalista. Le siguieron despu√©s un C√≥digo de Comercio, un C√≥digo Penal y un C√≥digo de Instrucci√≥n Criminal, este √ļltimo antecedente del derecho procesal moderno. Emprendi√≥ una serie de reformas administrativas y tributarias, que eliminaron privilegios y fueros territoriales a favor de una naci√≥n unitaria y centralizada, que conceb√≠a como un Estado de Derecho (en sus propias palabras: el hombre m√°s poderoso de Francia es el juez de instrucci√≥n). Para sustituir a la antigua nobleza cre√≥ la Legi√≥n de Honor, la m√°s alta distinci√≥n del Estado, que reconoc√≠a no el privilegio de cuna o la riqueza, sino el m√©rito personal. Su c√≠rculo de confianza, compuesto por parientes como sus hermanos Jos√© o Jer√≥nimo, y generales como Murat o Bernardotte, terminaron ocupando tronos europeos. Frente a la descristianizaci√≥n emprendida en el Terror, aprovech√≥ la sumisi√≥n del papado para la firma de un Concordato que pon√≠a el clero bajo control estatal, pero garantizaba la continuidad del catolicismo como religi√≥n de Francia, pretendiendo simbolizar con ello la reconciliaci√≥n de los franceses.[33] El r√©gimen pol√≠tico, jur√≠dico e institucional napole√≥nico, reconducci√≥n en un sentido autoritario de los ideales revolucionarios de 1789, se transform√≥ en modelo para muchos otros por todo el mundo.

Independencia Hispanoamericana

Artículo principal: Guerra de Independencia Hispanoamericana
En color azul, los territorios independizados; en rojo, los reocupados.

La parte de Am√©rica sometida desde el siglo XVI al dominio colonial espa√Īol y que entre el siglo XVII y comienzos del XVIII hab√≠a pasado por una situaci√≥n cr√≠tica de descontrol externo (pirater√≠a, contrabando generalizado e intervenci√≥n de otras potencias europeas, destacadamente Inglaterra) mientras se asentaba un cierto autogobierno local en cuestiones internas; para mediados del siglo XVIII ya se hab√≠a establizado. La estructura social era la de una pir√°mide de castas en la que, por encima de la gran mayor√≠a de ind√≠genas, mestizos, mulatos y negros (cuya opini√≥n no contaba, y tampoco cont√≥ en el proceso de independencia), se alzaba una pr√≥spera clase de hacendados y mercaderes espa√Īoles nacidos en Am√©rica (los criollos), que cada vez soportaba peor las numerosas trabas administrativas, legales, burocr√°ticas o mercantiles impuestas por la metr√≥polis, y la pr√°ctica que reservaba com√ļnmente los altos cargos a peninsulares nombrados en la lejana Corte. Los criollos buscaban no tanto emanciparse como cambiar en su beneficio las relaciones de poder; s√≥lo una minor√≠a ideologizada de exaltados, buena parte agrupados en logias mas√≥nicas como la Logia Lautarina, ten√≠an la independencia como uno de sus prop√≥sitos. Las reformas ilustradas que desde Carlos III fueron relajando el monopolio comercial de C√°diz en beneficio de otros puertos peninsulares o de pa√≠ses neutrales (Decretos de libertad de comercio con Am√©rica, 1765, 1778 y 1797), no fueron consideradas suficientemente atractivas. Otras propuestas m√°s radicales, que pretend√≠an una reestructuraci√≥n del sistema virreinal dotando a los reinos americanos de cierto grado de autonom√≠a, no fueron tenidos en cuenta por las estructuras de poder de la monarqu√≠a. Las numerosas expediciones cient√≠ficas que durante el siglo XVIII recorrieron el continente con el objetivo de aumentar control sobre el territorio a partir del conocimiento no tuvieron el resultado deseado.

La independencia no se inici√≥ a partir de rebeliones indigenistas, como la de T√ļpac Amaru (1781); sino que el desencadenante del proceso fue el cautiverio de Fernando VII al inicio de la Guerra de Independencia Espa√Īola (1808). Napole√≥n Bonaparte envi√≥ emisarios a Am√©rica para exigir el reconocimiento de su hermano Jos√© I Bonaparte como rey de Espa√Īa. Las autoridades locales se negaron a someterse, por razones tanto externas como internas. Externamente era evidente la debilidad de la posici√≥n francesa en ese continente (fracasos de Napole√≥n en retener la Luisiana, vendida a Estados Unidos en 1803, y Hait√≠, independizado en 1804) frente a la m√°s efectiva presencia brit√°nica (invasiones inglesas en el R√≠o de la Plata, 1806-07) que gracias a su predominio naval y econ√≥mico, y a la habilidad con que dosific√≥ su apoyo pol√≠tico a las nuevas rep√ļblicas, termin√≥ convirti√©ndose en la potencia neocolonial de toda la zona, y de hecho el principal beneficiario de la disgregaci√≥n del imperio espa√Īol. Internamente exist√≠a la presi√≥n de una movilizaci√≥n popular muy similar a la que simult√°neamente estaba produci√©ndose en la Pen√≠nsula, a la que se a√Īad√≠a en este caso el sentimiento independentista (primero minoritario pero cada vez m√°s extendido entre los criollos). El movimiento juntista, en nombre del rey cautivo o invocando el poder nacional soberano (en consonancia con la ideolog√≠a liberal) organiz√≥ Juntas de Gobierno convocadas en cada capital de gobernaci√≥n o virreinato, aprovechando la ocasi√≥n para introducir reformas econ√≥micas, incluyendo la libertad de comercio o la libertad de vientres. Las Juntas americanas no tuvieron una integraci√≥n, como s√≠ las peninsulares, en las nuevas instituciones que se formaron en C√°diz (Regencia y Cortes de C√°diz), y las autoridades enviadas por √©stas para restablecer la normalidad institucional en Am√©rica no fueron recibidas con normalidad. Los elementos m√°s fidelistas o realistas se enfrentaron a los juntistas, mediante maniobras pol√≠ticas (arresto del virrey Iturrigaray en M√©xico) o incluso abiertamente y por mano militar (enfrentamiento entre Miranda y Monteverde en Venezuela o Artigas y El√≠o en R√≠o de la Plata), sobre todo tras la victoria del bando patriota en la Guerra de Independencia Espa√Īola, que trajo como consecuencia la reposici√≥n en el trono de Fernando VII (1814). En consonancia con la pol√≠tica de restauraci√≥n absolutista emprendida en la Pen√≠nsula, se inici√≥ una movilizaci√≥n militar para abatir el movimiento insurgente de las colonias, cada vez m√°s emancipadas de hecho. Los patriotas americanos quedaron definitivamente abocados a luchar inequ√≠vocamente por la independencia, al ser evidente que tanto la libertad pol√≠tica como la econ√≥mica estaba vinculada a ella y no podr√≠a conseguirse como concesi√≥n del gobierno absolutista de Fernando. Se formaron ej√©rcitos, y en campa√Īas militares de varios a√Īos, los caudillos libertadores consiguieron acabar con la presencia espa√Īola en el continente, muy debilitada y no eficazmente renovada (el cuerpo expedicionario reunido en C√°diz en 1820 no embarc√≥ a su destino, sino que se utiliz√≥ por el militar liberal Rafael de Riego para forzar al rey a someterse a la Constituci√≥n durante el llamado trienio liberal). La independencia hispanoamericana fue as√≠, a la vez, tanto una de las principales consecuencias como una de las principales causas de la crisis final del Antiguo R√©gimen en Espa√Īa.[34]

Jos√© de San Mart√≠n invadi√≥ Chile desde Argentina (1817), y desde all√≠ Per√ļ, con el apoyo del gobierno de Bernardo O'Higgins (1822), para conectar con las fuerzas dirigidas por Sim√≥n Bol√≠var. √Čste hab√≠a desarrollado previamente exitosas campa√Īas (batallas de Carabobo, 1814 y Boyac√°, 1819) por la zona que pas√≥ a denominarse Gran Colombia (Venezuela, Colombia y Ecuador); aunque no logr√≥ el triunfo decisivo hasta que uno de sus lugartenientes, el Mariscal Jos√© de Sucre derrot√≥ al √ļltimo basti√≥n realista enclavado en la zona de Per√ļ y Bolivia (denominada as√≠ en su honor) en las batallas de Pichincha (1822) y Ayacucho (1824). Paralelamente, en M√©xico se desarroll√≥ un movimiento revolucionario propio, que llev√≥ a la proclamaci√≥n de la independencia por Agust√≠n de Iturbide, nombrado Emperador (1821), t√≠tulo derivado de la posibilidad, ofrecida a Fernando VII y rechazada por √©ste, de restablecer la monarqu√≠a espa√Īola en Am√©rica de una manera pactada, con un t√≠tulo imperial y sin competencias efectivas. Tambi√©n San Mart√≠n hab√≠a propuesto una soluci√≥n semejante, a la que renunci√≥ ante la radical oposici√≥n de Bol√≠var, firme partidario del republicanismo y de la total desvinculaci√≥n de cualquier lazo con Espa√Īa (Entrevista de Guayaquil, 26 de julio de 1822).[35]

A pesar de los ideales panamericanos de Sim√≥n Bol√≠var, que aspiraba a reunir a todas las rep√ļblicas a semejanza de las Trece Colonias, √©stas no s√≥lo no se reunieron, sino que siguieron disgreg√°ndose. La Gran Colombia se disolvi√≥ en 1830 por separaci√≥n de Venezuela y Ecuador; por su parte Uruguay, provincia oriental de las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata se independiz√≥ de su n√ļcleo central, Argentina, en 1828 (previamente se hab√≠a aceptado la no incorporaci√≥n de Bolivia, que estaba prevista); y un intento por crear una Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana termin√≥ con su derrota militar a manos de las tropas chilenas, en 1839. Las Provincias Unidas del Centro de Am√©rica se independizaron del Primer Imperio Mexicano al transformarse √©ste en rep√ļblica (1823) para formar una Rep√ļblica Federal de Centroam√©rica, que a su vez se disolvi√≥ en las guerras civiles de 1838-1840. √önicamente Paraguay, que hab√≠a iniciado su andadura independiente en 1811 sin oposici√≥n efectiva, permaneci√≥ ajeno a esas unificaciones y divisiones, tras fracasar el intento rioplatense de incorporarlo.

El republicanismo hispanoamericano no construyó opciones políticas democráticas, y la igualdad se veía (en términos similares a los de Tocqueville) como una amenaza al equilibrio social de una ciudadanía en precaria construcción. Las luchas internas entre federalistas y centralistas caracterizaron las primeras décadas del siglo XIX, seguidas por las que dividieron a liberales y conservadores.[36]

Otros movimientos y ciclos revolucionarios

La denominada era de las revoluciones[37] extendi√≥ el ejemplo estadounidense y franc√©s. En algunos casos, de forma simult√°nea a √©stas y con mayor o menor √©xito, como ocurri√≥ en algunas ciudades aut√≥nomas de Europa (Lieja en 1791, por ejemplo). En la primera mitad del siglo XIX se han determinado una serie de ciclos revolucionarios, denominados por el a√Īo de inicio (1820, 1830 y 1848).

Revolución de 1820

La Revoluci√≥n de 1820 o ciclo mediterr√°neo se inici√≥ en Espa√Īa (la sublevaci√≥n de Riego frente al cuerpo expedicionario que iba a embarcarse para Am√©rica, 1 de enero de 1820) y se extendi√≥, por un lado a Portugal (que en las llamadas Guerras Liberales -revoluci√≥n de Oporto, 24 de agosto de 1820- se independiza de Brasil en una guerra civil en la que, al contrario que en el caso de la independencia hispanoamericana, fue en la metr√≥poli donde los elementos m√°s liberales controlaron la situaci√≥n en perjuicio de la rama m√°s tradicionalista de la dinast√≠a, donde qued√≥ asentada como Imperio de Brasil); y por otro a Italia (donde sociedades secretas de tipo mas√≥nico, como los carbonarios, inician levantamientos nacionalistas contra las monarqu√≠as austr√≠aca en el norte y borb√≥nica en el sur, proponiendo la espa√Īola Constituci√≥n de C√°diz como texto aplicable para s√≠ mismos). De un modo menos vinculado, tambi√©n se sit√ļa conol√≥gicamente pr√≥xima la sublevaci√≥n de los griegos iniciada en 1821, que se emanciparon del Imperio otomano con el decisivo apoyo de las potencias europeas (principalmente Francia, Inglaterra y Rusia). Significativamente fueron las mismas potencias (con la excepci√≥n de Inglaterra y la adici√≥n de Austria y Prusia) quienes protagonizaron activamente la contrarrevoluci√≥n para sofocar conjuntamente, mediante la Santa Alianza los brotes revolucionarios que pod√≠an amenazar la continuidad de las monarqu√≠as absolutas, y lo siguieron haciendo hasta 1848 (v√©ase la secci√≥n correspondiente).

Revolución de 1830

La revolución de 1830, iniciada con las tres gloriosas jornadas de París en que las barricadas llevan al trono a Luis Felipe de Orleans, se extiende por el continente europeo con la independencia de Bélgica y movimientos de menor éxito en Alemania, Italia y Polonia. En Inglaterra, en cambio, el inicio del movimiento cartista opta por la estrategia reformista, que con sucesivas ampliaciones de la base electoral consiguió aumentar lentamente la representatividad del sistema político, aunque el sufragio universal masculino no se logró hasta el siglo XX. El doctrinarismo fue la ideología que exprese esa moderación del liberalismo.

Revolución de 1848. La "primavera de los pueblos" y el nacionalismo
Artículos principales: Nacionalismo y Revolución de 1848

La era de la revolución se cerrará con la revolución de 1848 o primavera de los pueblos. Fue la más generalizada por todo el continente (iniciada también en París y difundida por Italia y toda Centroeuropa con una velocidad pasmosa, sólo explicable por la revolución de los transportes y las comunicaciones), e inicialmente la más exitosa (en pocos meses cayeron la mayor parte de los gobiernos afectados). Pero, en realidad, estos movimientos revolucionarios no condujeron a la formación de regímenes de carácter radical o democrático que lograran suficiente continuidad, y en la totalidad de los casos la situación política se recondujo en poco tiempo hacia la moderación del gusto de la burguesía; en el caso de Francia, la constitución del Segundo Imperio con Napoleón III (1852-1870).

A partir de este momento clave, localizado a mediados del siglo XIX y que Eric Hobsbawm denomina la era del capital, las fuerzas históricas cambian de tendencia: la burguesía pasa de revolucionaria a conservadora y el movimiento obrero comienza a organizarse; aunque sin duda los más capaces de movilizar a las poblaciones serán los movimientos nacionalistas.

Revoluciones fuera de Europa

Fuera del mundo occidental, aunque no puede hablarse de movimientos revolucionarios desencadenados por causas socioeconómicas similares (revolución burguesa), sí se suele a veces utilizar el término revoluciones para designar a uno u otro de los diferentes movimientos occidentalizadores o modernizadores que se implantaron con mayor o menor éxito en uno u otro país, y que estaban inspirados de un modo más o menos lejano en la idea de progreso, la Ilustración o alguna referencia más o menos explícita a alguno de los ideales de 1789. Generalmente, en ausencia de base social, fueron promovidos desde el poder o círculos próximos a él, y explícitamente condenaban lo que de desorden o desestabilización pudiera tener el término revolucionario: Era Meiji en Japón (1868), los denominados Jóvenes Otomanos y Jóvenes Turcos en el Imperio otomano (1871 y 1908), el levantamiento de Wuchang de 1911 que abolió el Imperio chino (Revolución de Xinhai), distintas iniciativas de reforma del Imperio ruso (como la abolición de la servidumbre de 1861) etc.; y que llegaron cronológicamente hasta la Primera Guerra Mundial

Reacción contra la Ilustración: el Romanticismo

Artículo principal: Romanticismo
La libertad guiando al pueblo, por Eugène Delacroix (1833).

El Romanticismo es la superaci√≥n de la raz√≥n como m√©todo de conocimiento, en beneficio de la intuici√≥n y el sentimiento compartido (endopat√≠a). En lugar de al individuo sujeto de derechos universales, concibe a las personas singulares, vinculadas en comunidades naturales: los pueblos (concepto cultural propio del romanticismo alem√°n -volk, pueblo, y volkgeist, esp√≠ritu del pueblo-) y las naciones (tal como la entend√≠an los liberales franceses, la comunidad pol√≠tica basada en la voluntad). Si la Ilustraci√≥n entend√≠a que la reuni√≥n de los hombres origina la sociedad, el romanticismo invierte los t√©rminos, negando la existencia de un hombre en estado de naturaleza. Rom√°nticos son tanto el tradicionalismo reaccionario como el nacionalismo revolucionario. Los primeros (Louis de Bonald, Joseph de Maistre) conciben el pueblo como una realidad hist√≥rica, anclada en el pasado y cuyos miembros vivos no pueden decidir su destino ni arrogarse derechos que no tienen, como tomar decisiones contra sus instituciones, costumbres y valores. Los segundos (Giuseppe Mazzini) se atreven a cambiar el mundo y remover fronteras seculares con tal de que incluyan a individuos de un √ļnico pueblo, que deber√° ser soberano, independiente de cualquier autoridad que no emane de √©l mismo y libre para decidir su destino.

El prerromanticismo hab√≠a surgido en la segunda mitad del XVIII (Las desventuras del joven Werther de Goethe, o la novela g√≥tica de Horace Walpole), coincidiendo con el predominio del neoclasicismo, de modo que aunque uno es reacci√≥n contra el otro, hay quien afirma que son dos fases de un mismo movimiento intelectual.[38] La revoluci√≥n se identific√≥ con las virtudes heroicas de la Antig√ľedad cl√°sica expresadas pict√≥ricamente en el neoclasicismo de Jacques-Louis David (Juramento de los Horacios, retratos de Napole√≥n).

La literatura rom√°ntica se llen√≥ de tipos literarios atormentados por las pasiones, en lucha constante contra una sociedad que se niega a dar libertad al individuo. Los ingleses Lord Byron, Percy Shelley y Mary Shelley representaron el ideal rom√°ntico no s√≥lo en la literatura, sino en su tempestuosa vida y temprana muerte. Otros autores rom√°nticos fueron el franc√©s Victor Hugo (que provoc√≥ en el estreno de Hernani una verdadera batalla campal entre los rom√°nticos y los cl√°sicos), el ruso Pushkin, el italiano Alessandro Manzoni, el espa√Īol Mariano Jos√© de Larra o el estadounidense Edgar Allan Poe. La exploraci√≥n de las antiguas tradiciones populares (el folklore), produjo recopilaciones de cuentos como la de los Hermanos Grimm, o la versi√≥n definitiva del ciclo mitol√≥gico de Finlandia en el moderno Kalevala.

Nacida de la evoluci√≥n sombr√≠a de la √ļltima etapa de Goya, la pintura rom√°ntica se inaugur√≥ en Francia con el esc√°ndalo de La balsa de la Medusa (Gericault, 1822), debido no s√≥lo a su t√©cnica, sino porque fue interpretada como una met√°fora del hundimiento de Francia bajo el gobierno de Carlos X. La libertad conduciendo al pueblo, de Delacroix proporcion√≥ el emblema ic√≥nico de la revoluci√≥n. La m√ļsica rom√°ntica, a partir de las √ļltimas obras de Beethoven, se encuentra en H√©ctor Berlioz, Nicol√°s Paganini, Fryderyk Chopin o Robert Schumann, que superaron las convenciones del clasicismo musical con mayores libertades compositivas y acentuando los efectos musicales sobre la forma. Giuseppe Verdi o Richard Wagner aprovecharon las enormes posibilidades de la m√ļsica, y sobre todo de la √≥pera como espect√°culo total, para mover las emociones colectivas con el nacionalismo musical.

El idealismo racionalista e ilustrado del criticismo kantiano se verá conducido al romanticismo por el denominado idealismo alemán de Fichte, Schelling y Hegel (quien identificará el espíritu absoluto con el Estado prusiano). Su expresión en el derecho fue la Escuela histórica del Derecho de Friedrich Karl von Savigny, quien propugnaba la necesidad de encontrar el verdadero Derecho Alemán, expurgando el a su juicio extranjero e intruso Derecho Romano.

Equilibrio europeo

El equilibrio europeo buscado desde el Tratado de Westfalia (1648) hasta el Tratado de Utrecht (1714) caracteriz√≥ las relaciones internacionales del siglo XVIII; superada la √©poca de las hegemon√≠as espa√Īola (1521-1648) y francesa (1648-1714). Mientras Inglaterra consolidaba su supremac√≠a naval (que la permiti√≥ adquirir una red de enclaves estrat√©gicos en islas y puertos seguros en todos los oc√©anos, adem√°s de su penetraci√≥n territorial en la India), en el contintente europeo, del que prefer√≠a orgullosamente desentenderse cuando le era posible, procuraba mantener el equilibrio entre los posibles bloques de potencias que amenazaran con imponerse sobre los dem√°s. El m√°s obvio, formado por Espa√Īa, Francia y los reinos italianos de la casa de Borb√≥n (vinculados por los Pactos de Familia), no siempre fue efectivo. En Europa Central, la rivalidad entre Austria y Prusia las neutraliz√≥ mutuamente; mientras que el ascenso del Imperio ruso benefici√≥ a ambas en los denominados repartos de Polonia. El Imperio otomano, tras el fracaso del segundo sitio de Viena (1683), dej√≥ de ser una amenaza para Centroeuropa y a lo largo del siglo XVIII pas√≥ a convertirse en una potencia declinante (el hombre enfermo de Europa), que perd√≠a paulatinamente el control efectivo sobre sus provincias perif√©ricas.

Los conflictos m√°s destacados que se produjeron en el continente europeo fueron la Guerra de Sucesi√≥n Austriaca, la Guerra de Sucesi√≥n Polaca y la Guerra de los Siete A√Īos (1756-1763). En las colonias de ultramar, las guerras o las paces en Europa s√≥lo representaban un lejano marco para una competencia constante, que s√≥lo en algunos casos encontr√≥ cauces diplom√°ticos restringidos y temporales (acuerdos entre Espa√Īa y Portugal sobre el territorio de Misiones).

Guerras revolucionarias y guerras napoleónicas

La Revolución francesa fue vista por las monarquías (tanto absolutas como parlamentarias) como un foco contagioso a extirpar, sobre todo tras el intento de fuga de Luis XVI (1791) y la llegada de los emigrados que huían del Terror. El manifiesto de Brunswick (1792) desencadenó las guerras revolucionarias: hasta 1815, siete coaliciones fueron sucesivamente derrotadas por el ejército revolucionario francés, que impuso una nueva forma de hacer la guerra: la guerra total, basada en la movilización nacional de ingentes masas de hombres estimulados por el patriotismo que se desplazaban velozmente; y en la imposición de bloqueos comerciales. Inicialmente Francia se limitó a defenderse, pero tras la Batalla de Valmy (1792) pasó decididamente a utilizar la guerra como un instrumento de expansión ideológica revolucionaria frente a la reacción.

El ascenso de Napole√≥n Bonaparte desequilibr√≥ de forma definitiva el statu quo continental en beneficio de una clara hegemon√≠a francesa. En una d√©cada de guerras, desde la campa√Īa de Italia (1796-1797) hasta la formaci√≥n de la Confederaci√≥n del Rhin (1806), conquist√≥ todos los peque√Īos burgos, se√Īor√≠os y reinos sobrevivientes en Alemania e Italia, y derrot√≥ decisivamente a Austria (batalla de Austerlitz, 1805), que pasa a ser aliada, como lo era ya Espa√Īa. Simult√°neamente, la batalla de Trafalgar impidi√≥ el control hispano-franc√©s de los mares, necesario para la invasi√≥n a Inglaterra, que no pudo producirse. En 1807 se lleg√≥ a un acuerdo con Rusia (Tratado de Tilsit) en lo que pod√≠a entenderse como un precedente de reparto de Europa en dos esferas de influencia. Napole√≥n intent√≥ destruir econ√≥micamente a Inglaterra con el bloqueo continental, para impedir que los productos de la Revoluci√≥n industrial no accedieran al continente; pero los puntos d√©biles del proyecto estaban uno en cada extremo de Europa: Portugal (opuesta desde el comienzo) y Rusia (que reabri√≥ sus puertos en 1810). La invasi√≥n de Portugal se convirti√≥ en una prolongada ocupaci√≥n militar en Espa√Īa (Guerra de Independencia Espa√Īola, 1808-1814) con un alto coste. La campa√Īa de Rusia de 1812 fue todav√≠a m√°s desastrosa pues, aunque se ocup√≥ Mosc√ļ, las imposibilidad de mantener las l√≠neas de abastecimiento obligaron a una retirada en penos√≠simas condiciones y jalonada de derrotas (Batalla de Leipzig, 1813) que condujeron a la abdicaci√≥n del Emperador, que acept√≥ retirarse a la Isla de Elba (1814) mientras el trono de Francia era ocupado por Luis XVIII, hermano del rey guillotinado en 1793.

Negociaciones del Congreso de Viena (Jean-Baptiste Isabey, 1819).

Congreso de Viena

El equilibrio europeo se procur√≥ restablecer con criterios legitimistas en el Congreso de Viena (1815), reponiendo a los monarcas de las casas tradicionales en sus tronos, aunque el statu quo anterior a 1789 nunca se recuper√≥. Incluso la vuelta de los Borbones al trono de Par√≠s se vio amenazada durante los cien d√≠as de 1815 en que Napole√≥n retom√≥ el mando e intent√≥ desafiar de nuevo a las potencias coaligadas en la Batalla de Waterloo, que supuso su derrota final y su confinamiento en la isla de Santa Elena. El recelo hacia Francia se pretendi√≥ conjurar con el reforzamiento de estados tap√≥n en su fronteras: el reino de Cerde√Īa (germen de la unidad italiana) y el reino de Holanda (de creaci√≥n napole√≥nica, al que se incorpora B√©lgica hasta su independencia en 1830).

Espléndido aislamiento, Santa Alianza y Sistema Metternich

Artículos principales: Espléndido aislamiento y Santa Alianza

Inglaterra consolid√≥ su predominio mundial conjugado con su pol√≠tica de aislamiento en temas europeos, mientras Rusia se convert√≠a en el gendarme de Europa. El sistema Metternich, dise√Īado por el canciller austr√≠aco y basado en la coincidencia de intereses de las potencias de la Santa Alianza (la cat√≥lica Austria, la luterana Prusia y la ortodoxa Rusia, que invocaban a la Sant√≠sima Trinidad en el inicio de su documento fundacional), mantuvo el equilibrio continental hasta 1848, mediante la convocatoria de congresos: Congreso de Aquisgr√°n (1818), de Troppau (1820), de Liubliana (1821) y de Verona (1822); basados en el principio de intervenci√≥n para sofocar y evitar la extensi√≥n de cualquier brote revolucionario. Inglaterra, una monarqu√≠a parlamentaria, no se sum√≥ a la Santa Alianza, sino a una Cu√°druple Alianza a la que posteriormente se adhiri√≥ Francia.

Apertura de espacios continentales "vírgenes"

Aunque la era del imperialismo[39] no lleg√≥ hasta el √ļltimo cuarto del XIX (repartos de √Āfrica y de Asia), desde comienzos de siglo XIX se produjo una presi√≥n expansiva, cuyo origen es la revoluci√≥n demog√°fica, sobre los espacios continentales v√≠rgenes de la zona boreal (el Canad√° brit√°nico, el Oeste estadounidense, el Oriente ruso[40] ) y austral (Colonia del Cabo, brit√°nica desde 1806; Australia, parte de la cual se convirti√≥ en una colonia penitenciaria; la Patagonia argentina y chilena, la Amazonia brasile√Īa y peruana, etc.).

La virginidad atribuida a esos espacios, a pesar de su evidente vacío demográfico en comparación con las saturadas zonas urbanas europeas, no era en realidad un vacío humano y cultural. Aborígenes australianos, maoríes, patagones, fueguinos, sioux, apaches, buriatos, lapones, esquimales y toda una constelación de pueblos indígenas cuya relación con la tierra respondía a lógicas no sólo preindustriales, sino a menudo preneolíticas, fueron ignorados en cuanto habitantes y sus posibles valores despreciados como primitivos.

En otros contextos, sobre zonas muy pobladas cuya civilizaci√≥n no pod√≠a ignorarse, la presi√≥n del Imperio austroh√ļngaro y del Ruso sobre los Balcanes otomanos y el inicio de la colonizaci√≥n francesa de Argelia (1830) respond√≠a a la misma l√≥gica. La penetraci√≥n brit√°nica en la India ven√≠a ya del siglo XVIII.

Construcción del Canal de Panamá (1907).

Expansión de los Estados Unidos

Go West, young man, go West. (Ve al Oeste, muchacho, ve al Oeste).

La fortaleza de la independencia estadounidense se apoy√≥ firmemente en su inmensidad territorial. Los brit√°nicos emprendieron una expedici√≥n de castigo contra Washington, que fue incendiada en 1815, pero era obvio que tales intervenciones no pod√≠an tener continuidad. Los Estados Unidos hab√≠an incorporado la colonia francesa de Luisiana en 1803 y la espa√Īola de Florida en 1819, adquiriendo una fachada mar√≠tima hacia el sur. No obstante, su principal ampliaci√≥n territorial, mediante guerras contra M√©xico, fueron los territorios desde Texas (independizado en 1836, incorporado en 1845) hasta California (Tratado de Guadalupe Hidalgo, 1848). Por a√Īadidura quedaba el inmenso interior continental, que hab√≠an explorado Lewis y Clark (1804-1806). La √©pica del Lejano Oeste fue formando una identidad nacional basada en el individualismo del colono de la frontera, que tras recorrer la pradera en carromato, levantaba su caba√Īa de troncos y se apropiaba de tanta tierra como pudiera cultivar y defender de los indios. La relaci√≥n de √©stos con la tierra no ten√≠a nada que ver con el concepto liberal de propiedad que se impuso por la colonizaci√≥n; privados de ella, se vieron forzados a la reclusi√≥n en reservas, no sin lucha (Guerras Indias). Otra figura mitificada fue la de los mineros que acud√≠an a las sucesivas fiebre del oro de California (1849 -los fortyniners-) y Alaska (comprada a Rusia en 1867, y afectada por la fiebre del oro de Klondike en 1897 -descrita por Jack London en Colmillo Blanco-).

El presidente James Monroe enunci√≥ en 1823 la denominada Doctrina Monroe (Am√©rica para los americanos), que promov√≠a el aislamiento continental: ni Estados Unidos intervendr√≠a en los asuntos pol√≠ticos de Europa, ni dejar√≠a que Europa hiciera lo propio en Estados Unidos. Se entend√≠a que el contexto, el momento clave de las guerras de independencia hispanoamericanas, inclu√≠a una suerte de extensi√≥n de la declaraci√≥n a todo el continente. La doctrina Monroe, inicialmente defensiva, se acompa√Ī√≥ posteriormente de la doctrina complementaria del Destino Manifiesto (es el destino de los Estados Unidos, decidido por Dios, llevar la libertad y la democracia al resto de las naciones del globo), en un verdadero "derecho de intervenci√≥n" sobre el resto de Am√©rica, que de forma m√°s expl√≠cita se expres√≥ como la Big Stick Policy ("Pol√≠tica del Gran Garrote) aplicada decididamente por Theodore Roosevelt (presidente entre 1901 y 1908), especialmente en la Independencia de Panam√°, como consecuencia de la construcci√≥n del canal.

El fuerte proceso de industrialización afectó de forma divergente al Norte (liberal y dinámico, receptor de grandes contingentes de emigrantes) y al Sur (conservador y elitista, basado en la agricultura esclavista). La tensión llegó a su punto álgido con la presidencia de Abraham Lincoln, y en 1861 estalló la Guerra de Secesión, en la que se impuso el Norte.

La cultura estadounidense fue conjugando la tradici√≥n occidental con los valores aut√≥ctonos del "pa√≠s de frontera", entre la construcci√≥n de una √©pica de identidad nacional (James Fenimore Cooper, El √ļltimo mohicano; Walt Whitman, Hojas de hierba), y la influencia europea (Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne).

Formación y expansión de los estados latinoamericanos

La libertad, como medio, el orden como base, y el progreso como fin.

Despu√©s de su proceso de emancipaci√≥n, las j√≥venes rep√ļblicas de Latinoam√©rica debieron afrontar la tarea de darse a s√≠ mismas una organizaci√≥n propia, fracasados los grandes proyectos panamericanos (la Gran Colombia, la Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana). En lo pol√≠tico, el sello com√ļn fue la oscilaci√≥n entre la inestabilidad pol√≠tica y el autoritarismo. En algunos casos, a imitaci√≥n del Imperio Napole√≥nico, se dieron una forma pol√≠tica imperial, caso del Imperio del Brasil (1822-1888) o del Imperio Mexicano (1821-1823). En otros, prolongadas dictaduras, como las de Juan Manuel de Rosas en Argentina o el Mariscal de Santa Anna en M√©xico. Hubo densas guerras civiles en las que se ventilaron intereses pol√≠ticos locales, como la que se libr√≥ entre el federalismo de las provincias argentinas y el centralismo de Buenos Aires; o las continuas rebeliones de Concepci√≥n contra Santiago de Chile. La Rep√ļblica de Chile se consolid√≥ tempranamente con una gran estabilidad pol√≠tica, pero al precio de consolidar bajo Diego Portales una constituci√≥n (la de 1833) de car√°cter fuertemente autoritario, en una especie de r√©gimen mon√°rquico disfrazado. Numerosas guerras tuvieron car√°cter territorial, alterando el trazado fronterizo entre las nuevas naciones, como la Guerra del Pac√≠fico (Per√ļ y Bolivia contra Chile, 1879-1884) y la Guerra de la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay -que acab√≥ pr√°cticamente desprovisto de su poblaci√≥n masculina adulta-, 1864-1870).

A pesar de la enf√°tica declaraci√≥n de la doctrina Monroe (que los Estados Unidos no estuvieron en condiciones de sostener eficazmente hasta finales del siglo XIX) hubo intentos de reconstruir la presencia imperialista europea en el continente americano. En 1865 Espa√Īa envi√≥ una expedici√≥n naval contra Chile y Per√ļ (tambi√©n llamada Guerra del Pac√≠fico), mientras que en 1864, y bajo pretexto de cobrarse la deuda externa de M√©xico, fue Francia la que realiz√≥ una intervenci√≥n militar que impuso la entronizaci√≥n de un Emperador t√≠tere (Maximiliano de Austria, 1864-1867). El expansionismo estadounidense frente a M√©xico ya hab√≠a significado la anexi√≥n de todo sus territorios septentrionales (Texas, Nuevo M√©xico y California). Cuando los Estados Unidos estuvieron en posici√≥n de intervenir m√°s al sur con base en su presencia en Cuba y Puerto Rico (a partir de 1898, guerra hispano-estadounidense), se convirtieron ellos mismos en la principal potencia imperialista del continente: imposici√≥n a Colombia de la independencia de Panam√° por Theodore Roosevelt, 1903; intervenci√≥n en Nicaragua desde 1909, contra la que se levant√≥ Sandino; apoyo a las actividades de la United Fruit Company en las denominadas rep√ļblicas bananeras, etc.

La poderosa oligarqu√≠a de comerciantes y hacendados desarroll√≥ una imagen de s√≠ misma como √©lite ilustrada y europeizada. Fue en el siglo XIX, y no en la √©poca colonial anterior, cuando se produjeron: la m√°s decisiva expansi√≥n del idioma espa√Īol en Am√©rica (Andr√©s Bello); y el control sobre los ind√≠genas que habitaban territorios que el Imperio espa√Īol s√≥lo nominalmente pretend√≠a poseer (como el sur de Argentina). Esa √©lite, en las grandes naciones sudamericanas, tambi√©n intent√≥ llevar a cabo la industrializaci√≥n, atrayendo para ello las inversiones de capitales procedentes de Europa, sobre todo de Inglaterra, verdadera potencia neocolonial durante todo el siglo XIX. El protagonismo exterior perpetu√≥ la dependencia econ√≥mica y la inclusi√≥n de la regi√≥n en la divisi√≥n internacional del trabajo como productora de materias primas y mercado importador de productos manufacturados. Lo limitado del progreso econ√≥mico no impidi√≥ la importaci√≥n de los problemas de la era industrial, creando tambi√©n en Latinoam√©rica una cuesti√≥n social que en su caso se agudizaba por la multietnicidad latinoamericana (europea, ind√≠gena y africana).

En la segunda mitad del siglo XIX, la literatura latinoamericana se ci√Ī√≥ a los experimentos derivados del realismo europeo, y a inicios del XX, a los de las vanguardias. La reivindicaci√≥n indigenista llegar√≠a m√°s adelante, asoci√°ndose con la izquierda pol√≠tica. El movimiento intelectual dominante fue el positivismo, la corriente filos√≥fica con influencia m√°s trascendente en la regi√≥n tras la escol√°stica hispana colonial, y que en t√©rminos pol√≠ticos fue m√°s decisiva que el propio liberalismo (Melchor Ocampo, Faustino Sarmiento, etc.).[42]

Expansión de Rusia

Alejandro I de Rusia, tras la derrota de Napoleón, procuró evitar toda posible nueva revolución en Europa, mientras que en su propio territorio tuvo que hacer frente a la Revuelta Decembrista (1825), fácilmente reprimida. Tanto él como Nicolás I de Rusia (apodado el gendarme de Europa) se esforzaron en asentar la autocracia zarista y evitar que la modernización económica de Rusia trajera consigo cambios sociales o políticos. Alejandro II de Rusia, por el contrario, emprendió una serie de reformas liberalizadoras, como la emancipación de los siervos (1861). Su política reformista, similar a los planteamientos del despotismo ilustrado del XVIII, no fue aceptada por los partidarios de transformaciones radicales (nihilismo), que optaron por la violencia mediante varios intentos de magnicidio, hasta el definitivo en 1881.

El Imperio ruso se convirti√≥ en la potencia territorial dominante de Eurasia, expandiendo su frontera sur desde el Danubio y el C√°ucaso hasta el Asia Central, la Frontera del Noroeste de la India Brit√°nica y los confines del Imperio de China; mientras que por el Pac√≠fico norte llegaba hasta Alaska. La gran extensi√≥n de Siberia fue objeto de una discontinua colonizaci√≥n. A finales del siglo XIX se conectaron sus aislados n√ļcleos con el trazado del ferrocarril transiberiano entre Mosc√ļ y Vladivostok (puerto en el Pac√≠fico fundado en 1860).

La b√ļsqueda de salidas a mares libres de hielos (su gran debilidad geoestrat√©gica) caracteriz√≥ la pol√≠tica rusa de toda la √©poca, y lo sigui√≥ haciendo tras la Revoluci√≥n sovi√©tica de 1917. En lo concerniente a los Balcanes, estos intereses territoriales se expresaron ideol√≥gicamente en el paneslavismo, con el que patrocin√≥ los movimientos independentistas frente al Imperio otomano, un punto de fricci√≥n determinante para la estabilidad europea que se denomin√≥ Cuesti√≥n de Oriente.

La "era victoriana" brit√°nica

La sociedad británica pasó de la era georgiana, que cubre el siglo XVIII y el primer tercio del XIX, a la era victoriana (el reinado de excepcional duración de Victoria I, 1837-1901, seguido sin solución de continuidad por la era eduardiana de su hijo, el eterno príncipe de Gales, Eduardo IV, 1901-1910). Convertida por su protagonismo en la revolución industrial en taller del mundo, la supremacía naval hacía del Reino Unido el gendarme de los mares. Su dominio imperial era justificado con una ideología paternalista (abolición de la esclavitud, libertad de actividades para los misioneros, extensión del progreso y el conocimiento científico a través de la exploración geográfica y los beneficios del libre comercio, etc.). La extraordinaria red de correos permitió que durante su viaje en el Beagle (1831-1836), el joven naturalista Charles Darwin pudiera mantener un contacto regular bidireccional con sus familiares y profesores.

El parlamentarismo británico demostró la flexibilidad suficiente para acoger paulatinas ampliaciones del cuerpo electoral al tiempo que mantenía características tradicionales, como la aristocrática Cámara de los Lores y la desigualdad de representación territorial (ciudades industriales sin diputado frente a rotten boroughs -"burgos podridos", circunscripciones de muy pocos votantes-). El sistema mayoritario implicaba el turno en el poder de primeros ministros tory (conservadores, como Disraeli, que representaban los intereses de la gentry o clase terrateniente) y whig (liberales, como Gladstone, que representaban los intereses comerciales y financieros de la City); aunque lo verdaderamente característico del sistema político británico fue que en vez de polarizarse, ambos partidos convergían en lo esencial, correspondiendo muchas veces a los conservadores realizar las reformas de mayor calado. No obstante, la recepción de las demandas sociales fue muy desigual: el movimiento cartista sólo consiguió parcialmente y con el tiempo ver atendidas algunas de sus reivindicaciones laborales y políticas; mientras que el movimiento autonomista irlandés vio constantemente rechazadas sus pretensiones de autogobierno, e incluso las desesperadas peticiones de ayuda durante el hambre de Irlanda (1845-1849) se veían ignoradas en nombre de la libertad económica, lo que condujo a la convicción de que sólo el independentismo radical conseguiría resultados.

La "Era del Capital" y la "Era del Imperio" (1848-1914)

Los imperios coloniales hacia 1898.

Lenin defini√≥ al imperialismo como fase superior de desarrollo del capitalismo (1905); y John A. Hobson (1902) estudi√≥ su relaci√≥n con el crecimiento demogr√°fico y el descenso de la tasa de beneficio en los pa√≠ses europeos, fen√≥meno para el que la emigraci√≥n y los imperios coloniales serv√≠a como v√°lvula de escape para reducir tensiones sociales, cuyo estallido de otro modo hubiera sido dif√≠cilmente evitable.[43] La segunda mitad del siglo XIX fue sin duda la Era del Capital,[44] no s√≥lo por eso, sino por la aparici√≥n de El Capital de Carlos Marx (1867, completado p√≥stumamente en 1885 y 1894). Las tensiones, no obstante, no dejaron de acumularse por m√°s que las opiniones p√ļblicas de finales del siglo XIX, optimistas y despreocupadas, confiaran en el progreso indefinido (al tiempo que mostraban la proclividad de la naciente sociedad de masas a la manipulaci√≥n de sus m√°s bajas pasiones y su violencia latente -resentimiento social, lucha de clases, ultranacionalismo, antisemitismo, revanchismo, chauvinismo, jingo√≠smo-). Tras el enga√Īoso periodo de paz entre las grandes potencias que se prolong√≥ entre 1871 y 1914 (denominado Belle √Čpoque), la inviabilidad de la continuidad de las estructuras qued√≥ violentamente puesta de manifiesto por el estallido de la Primera Guerra Mundial y sus trascendentales consecuencias.


Cuestión de Oriente, levantamientos nacionalistas y Sistema Bismarck

En la segunda mitad del siglo, la Cuestión de Oriente, las unificaciones italiana y alemana y la competencia por los repartos coloniales fueron los principales motivos de conflicto internacional, que encontraron su cauce en una nueva red de alianzas y congresos conocida como sistema Bismarck.

El complejo problema internacional de los Balcanes se remontaba a la d√©cada de 1820 con la independencia griega, que se sustanci√≥ gracias al apoyo de las potencias occidentales. A partir de entonces, la delicada situaci√≥n en que qued√≥ el Imperio otomano frente a las multi√©tnicas poblaciones locales foment√≥ los expansionismos rivales ruso y austr√≠aco. En su b√ļsqueda del mantenimiento del statu quo (que resultar√≠a gravemente alterado sobre todo en el caso de que Rusia consiguiera abrirse paso hasta el Mediterr√°neo), Inglaterra se identific√≥ con los intereses turcos, organizando una coalici√≥n internacional en su apoyo en la Guerra de Crimea (1853-1863). La situaci√≥n no se estabiliz√≥, y se repitieron peri√≥dicamente los conflictos: Guerra Ruso-Turca (1877-1878) y Guerras de los Balcanes (1912-1913); y las mediaciones internacionales (Congreso de Berl√≠n de 1878, que recondujo el Tratado de San Stefano, muy favorable a Rusia).

Los movimientos nacionalistas se generalizaron por toda Europa Central y Oriental, en algunos casos a partir de las organizaciones surgidas en la emigración a América, de donde surgirán sus cuadros dirigentes.[45]

Tras de la derrota austriaca en la Guerra Austro-Prusiana (1867), los h√ļngaros, que previamente se hab√≠an sublevado en 1848, se encontraron en situaci√≥n de exigir al Emperador el denominado Compromiso Austroh√ļngaro por el que se constituy√≥ una d√ļplice monarqu√≠a conocida como Imperio austroh√ļngaro, encauzado como expresi√≥n de la tradicional visi√≥n multinacional de los Habsburgo.

Unificaciones de Alemania e Italia

Artículos principales: Unificación alemana y Unificación italiana

Previamente, en 1864, se hab√≠a iniciado una serie de guerras, cuidadosamente dise√Īadas desde la canciller√≠a prusiana por Otto von Bismarck, que impuso su visi√≥n de una peque√Īa Alemania frente a la posibilidad alternativa: una gran Alemania que incluyera a su rival, la monarqu√≠a austriaca. La fuerte personalidad del canciller de hierro era expresi√≥n de los intereses sociales de la clase terrateniente prusiana (junkers), comprometida con el peculiar desarrollo industrializador y la unidad de mercado que se ven√≠an desarrollando desde la Zollverein (uni√≥n aduanera de 1834) y la extensi√≥n de los ferrocarriles. Con la victoria de la coalici√≥n de estados alemanes en la Guerra Franco-Prusiana (1871) se lleg√≥ a la proclamaci√≥n del Segundo Reich con el rey de Prusia Guillermo I como k√°iser.

En 1859 se hab√≠a iniciado un dise√Īo unificador similar para Italia desde el Reino de Piamonte-Cerde√Īa, en el que destacaron las iniciativas del Conde de Cavour y el decisivo apoyo franc√©s frente a Austria. Las rom√°nticas campa√Īas de Garibaldi plantearon una dimensi√≥n popular que fue neutralizada por las √©lites dirigentes (burgues√≠a industrial y financiera del norte y aristocracia terrateniente del sur). Para 1864 s√≥lo quedaba la ciudad de Roma, √ļltimo reducto de los Estados Pontificios cuya continuidad quedaba garantizada por el compromiso personal de Napole√≥n III de Francia. La ca√≠da de √©ste en 1871 permiti√≥ la anexi√≥n final, convirtiendo al Papa P√≠o IX en el prisionero del Vaticano. El papado, que hab√≠a condenado al liberalismo como pecado,[46] mantuvo esa inc√≥moda situaci√≥n con el Reino de Italia y la Casa de Saboya (considerada la m√°s liberal de las casas reinantes en Europa) hasta el Tratado de Letr√°n, negociado con la Italia fascista de Mussolini en 1929.

Caricatura de Cecil Rhodes, uno de los principales colonialistas ingleses, como moderno coloso de Rodas, que al tiempo que asienta firmemente sus botas sobre √Āfrica, ejerce de portador de la civilizaci√≥n en forma de hilo telegr√°fico y ferrocarril entre El Cabo y El Cairo, el sue√Īo del "imperio continuo" (1892).
En una caricatura de finales del siglo XIX, la tarta de China empieza a repartirse entre la reina Victoria de Inglaterra, el Kaiser Guillermo II de Alemania y el zar Alejandro II de Rusia, contemplados por el Emperador Meiji y Marianne (personificaci√≥n de la Rep√ļblica Francesa).

El reparto colonial

La Revoluci√≥n industrial permiti√≥ a las naciones europeas un salto de gigante en el arte de la guerra. El antiguo barco a vela fue superado por las naves impulsadas por carb√≥n primero, y por petr√≥leo despu√©s. A comienzos del siglo XIX los barcos a vapor eran una curiosidad; apenas medio siglo despu√©s se botaba al mar el primer acorazado (1856). El barco de hierro e impulsado por carb√≥n se transform√≥ en s√≠mbolo del nuevo imperialismo, hasta el punto que la pol√≠tica europea de imponerse por la v√≠a directa del ultim√°tum militar pas√≥ a ser motejada como la diplomacia de las ca√Īoneras. Los progresos de la guerra en tierra no fueron menores (ametralladora, p√≥lvora sin humo, fusil de retrocarga). El sistema de reclutamiento del Antiguo R√©gimen fue sustituido por el servicio militar obligatorio, inspirado por el m√°s puro sentido democr√°tico de que todos los habitantes de la Rep√ļblica deben contribuir a su defensa, lo que permiti√≥ a las naciones europeas poner en pie de guerra a ej√©rcitos de literalmente millones de hombres, por primera vez.

El sistema internacional impulsaba a la creaci√≥n de imperios. En los siglos XVI y XVII, a diferencia de la colonizaci√≥n de Am√©rica, y la presencia en √Āfrica y el Pac√≠fico (limitada a bases costeras), la intervenci√≥n europea en el continente asi√°tico se hab√≠a visto obstaculizada por grandes potencias que les imped√≠an el paso (Imperio otomano, Gran Mogol de la India, Imperio chino o Japon√©s). En el siglo XVIII, varios de ellos manifestaban una franca declinaci√≥n, y las potencias europeas m√°s audaces se aprovecharon para obtener ventaja de ello. La penetraci√≥n paulatina en la India sustituy√≥ a los poderes locales con gobernantes de facto, manteniendo el Raj Mogol una autoridad puramente nominal, hasta su derrocamiento definitivo en 1857.

A estos vacíos geoestratégicos que las potencias coloniales se apresuraban a llenar fuera de Europa, se correspondía en el continente la gestión de un delicado equilibrio de poderes, que después del Congreso de Viena procuraba evitar la posibilidad de reconstruir la hegemonía de ninguna potencia con capacidad de abatir a todas sus rivales. Los nuevos territorios de ultramar significaban el acceso a nuevas fuentes de materias primas demandadas por el proceso industrializador.

Beneficiados por los resultados de la Guerra de los Siete A√Īos (1756-1763), que expuls√≥ a Francia de la India y Canad√°, los brit√°nicos pudieron reponerse de la p√©rdida de los Estados Unidos y mantener la delantera en la carrera por un imperio mundial. A finales del siglo XIX, el Imperio Brit√°nico se extend√≠a por aproximadamente una cuarta parte de todas las tierras emergidas, incluyendo numerosas zonas de √Āfrica, la India, Australia, y una fuerte influencia en China. Francia le hab√≠a seguido de cerca; tras la colonizaci√≥n de Argelia (1830) comenz√≥ la de Indochina. Los Pa√≠ses Bajos asentaron su dominio sobre Indonesia. Espa√Īa perdi√≥ su imperio americano, conservando s√≥lo Cuba y Filipinas (perdidas ante los Estados Unidos en 1898), y s√≥lo consui√≥ acceder a una peque√Īa porci√≥n del reparto de √Āfrica (Guinea Ecuatorial, el Sahara espa√Īol y el Marruecos espa√Īol). Italia y Alemania, unificadas tard√≠amente, no alcanzaron a generar grandes imperios coloniales, debiendo conformarse con el dominio de algunas islas en la Polinesia y algunos territorios africanos (Libia y Somalia los italianos; Camer√ļn y Tanganika los alemanes).

√Āfrica era un continente casi inexplorado, y la labor de colonizaci√≥n fue precedida por acuciosas empresas de exploraci√≥n; a finales del siglo XIX s√≥lo subsist√≠an Liberia, Orange, Transvaal y Abisinia como naciones independientes, cada una por razones diversas. El gran beneficiado del reparto africano fue Leopoldo de B√©lgica, que bas√°ndose en una reputaci√≥n filantr√≥pica (que en la pr√°ctica supon√≠a las m√°s atroces t√©cnicas de explotaci√≥n) consigui√≥ hacerse con un imperio de grandes dimensiones en el Congo que leg√≥ al pueblo belga. Francia e Inglaterra compitieron por un imperio continuo (de costa a costa) por el que chocaron en el incidente de Fachoda (Sud√°n, 1898), correspondiendo a los ingleses la posibilidad de construirlo tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial.

En la India hubo un masivo levantamiento popular contra la presencia brit√°nica (1857 rebeli√≥n de los cipayos), que llev√≥ a la disoluci√≥n de la Compa√Ī√≠a de las Indias Orientales y a su anexi√≥n directa a la Corona como Raj o Imperio de la India. Los intentos de penetraci√≥n en Afganist√°n, en medio del gran juego contra los rusos por el dominio de lo que se defini√≥ como √°rea pivote de Eurasia no fueron efectivos. En China la Guerra del Opio signific√≥ la sumisi√≥n colonial efectiva del Celeste Imperio, debilitado internamente (en buena medida, por el propio consumo del opio cuyo intento de prohibici√≥n caus√≥ la guerra, en nombre del libre comercio). En 1853 una escuadra estadounidense comandada por el comodoro Matthew Perry lleg√≥ hasta la bah√≠a de Yedo y arranc√≥ al Shogunato Tokugawa un tratado por el cual los japoneses se vieron forzados a abrirse al comercio internacional. En su caso, en vez de condenarles al colonialismo, signific√≥ un revulsivo nacionalista que condujo a la Era Meiji y la modernizaci√≥n.

Hacia finales del siglo XIX, el mundo entero era regido desde Europa o Estados Unidos. En 1885, el Tratado de Berlín repartía el mundo entre las potencias europeas sin que los repartidos tuvieran voz ni voto.

El racismo era una postura intelectual ampliamente defendida. Se llegó a afirmar que la conquista del mundo habitado era la "sagrada misión del hombre blanco",[47] de llevar la civilización a los salvajes. Para el europeo del siglo XIX era natural pensar que las demás razas, eran por naturaleza inferiores. Irónicamente, el darwinismo vino a proporcionar nuevos argumentos para esta postura, ya que algunos consideraron muy seriamente que el hombre blanco era la cumbre de la evolución humana. El epítome de esta ideología fue la creencia en la superioridad intrínseca de la "raza nórdica", que terminará teniendo crudas consecuencias en el siglo siguiente.

Uno de los primeros daguerrotipos (1839).
Charles Darwin caricaturizado como un mono (1871), en una de las muchas burlas a su teoría de la evolución.

Positivismo y "Eterno Progreso"

Artículos principales: Positivismo y Progreso

Desde mediados del siglo XIX, la vida intelectual basculó nuevamente, desde la postura idealista propia del romanticismo, a una objetivista y vinculada al desarrollo científico. El éxito de las potencias imperialistas europeas al extenderse sobre el planeta llevó a la convicción de que la cultura europea era el epítome de la civilización. La ciencia y la tecnología estaban alcanzando un nivel de desarrollo y retroalimentación que posteriormente se ha definido como la interdependencia de ciencia, tecnología y sociedad. Se depositaba una inmensa fe en la ciencia. Se pensaba que el progreso de la humanidad era imparable, y que con tiempo, la ciencia resolvería todos los problemas económicos y sociales. A este dogma filosófico se le llamó positivismo (Auguste Comte, Curso de filosofía positiva, 1830-1842).

La confianza en el paradigma newtoniano se ve√≠a respondida con el descubrimiento del planeta Neptuno (1846) o la elegancia predictiva de la tabla peri√≥dica de los elementos (Dmitri Mendel√©yev, 1869). Si la termodin√°mica deb√≠a m√°s a la m√°quina de vapor que al rev√©s,[48] ya no se pod√≠a decir lo mismo para el convertidor Bessemer, la fotograf√≠a, el motor de explosi√≥n o las diversas aplicaciones de la electricidad. Si la vacuna de la viruela fue la afortunada aplicaci√≥n de una antigua tradici√≥n rural, las vacunas de Louis Pasteur (√°ntrax, 1881, rabia, 1885) eran fruto de una microbiolog√≠a consciente. Georges Cuvier, James Clerk Maxwell o Lord Kelvin, como muchos otros grandes cient√≠ficos, fueron tan admirados p√ļblicamente como lo hab√≠an sido los artistas del Renacimiento. El testamento de Alfred Nobel (1896), fruto confesado de su mala conciencia por una vida dedicada a los explosivos (invent√≥ la dinamita) respondi√≥ de un modo preciso a ese esp√≠ritu con la instituci√≥n de los Premios Nobel, que a√ļn siguen siendo el referente mundial de la excelencia cient√≠fica.

En 1859, despu√©s de m√°s de dos d√©cadas de reflexi√≥n que s√≥lo se atrevi√≥ a interrumpir ante el est√≠mulo de ser adelantado por Wallace, Charles Darwin public√≥ El origen de las especies. Aunque las ideas evolucionistas ya estaban presentes en el debate cient√≠fico (Linneo, Buffon, Lamarck), la idea de selecci√≥n natural como mecanismo fue la clave de su potencia explicativa. El terremoto intelectual que gener√≥ a√ļn no ha dejado de producir consecuencias (nada tiene sentido en biolog√≠a si no es a la luz de la evoluci√≥n).[49] El llamado darwinismo social, que utilizaba una lectura sesgada del evolucionismo, ve√≠a en conceptos tales como la lucha por la vida y la supervivencia del m√°s fuerte la justificaci√≥n de prejuicios disfrazados de teor√≠as cient√≠fico-sociales (Herbert Spencer).

Las primeras novelas de Julio Verne, utilizando el trasfondo del relato de aventuras, son una glorificaci√≥n de la ciencia y la t√©cnica (Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, De la Tierra a la Luna). El Verne m√°s tard√≠o escribi√≥ relatos mucho m√°s sombr√≠os, poniendo √©nfasis en los peligros de la ciencia incontrolada (Los quinientos millones de la Beg√ļn, La misi√≥n Barsac), al tiempo que su contempor√°neo Herbert George Wells hac√≠a algo similar (La guerra de los mundos, El hombre invisible, La isla del Doctor Moureau o La m√°quina del tiempo). Tambi√©n en el reverso del optimismo, el realismo literario y sobre todo el naturalismo reaccionaron contra los excesos sentimentales del romanticismo tard√≠o construyendo una literatura pretendidamente cient√≠fica y objetiva, que estudiaba los problemas sociales de la √©poca (√Čmile Zola y su denuncia de las injusticias de la industrializaci√≥n: Nan√°, Germinal, etc.).

La bolsa del algod√≥n en Nueva Orleans, Edgar Degas, 1873. Ante una muestra de una de las materias primas clave de la Revoluci√≥n industrial, comerciantes ataviados con las levitas, chisteras o bombines propios de la moda burgesa de mediados del XIX (pocas generaciones antes, s√≥lo las clases bajas, los sans-culottes de la Revoluci√≥n francesa, vestir√≠an pantalones, se dejar√≠an barba y no llevar√≠an peluca). Examinan el g√©nero, consultan informaciones en prensa y dialogan para establecer transacciones y fijar los precios seg√ļn la oferta y la demanda del mercado libre; funciones propias de una bolsa, la instituci√≥n econ√≥mica clave del capitalismo industrial y financiero.
Laboratorio de Menlo Park, organizado por Thomas Alva Edison con un criterio tanto científico-tecnológico como capitalista.

El asentamiento de la revolución burguesa

Capitalismo industrial y financiero. Segunda revolución industrial

La política de librecambismo reemplazó, al menos en parte, al proteccionismo de la época mercantilista, aunque los intercambios del comercio internacional estaban sobre todo presididos por el llamado pacto colonial que reservaba las colonias como mercado cautivo de sus respectivas metrópolis. Aun así, las barreras para el comercio y la inversión a escala planetaria eran sustancialmente menores que en cualquier época anterior. Los empresarios exitosos ya no estaban limitados por el mercado nacional a la hora de invertir y buscar ganancias.

La industrializaci√≥n y el desarrollo de nuevas t√©cnicas entr√≥ en el √ļltimo tercio del siglo XIX en una segunda fase de la revoluci√≥n industrial que abri√≥ nuevos mercados para recursos que hasta entonces carec√≠an de toda utilidad, como el petr√≥leo y el caucho. En determinados casos, la extraordinaria demanda gener√≥ verdaderas fiebres (fiebre del salitre en el norte de Chile, tras la Guerra del Pac√≠fico, fiebre del caucho en la Amazonia brasile√Īa y peruana). El mundo entero se convirti√≥ as√≠ en un enorme y vasto mercado global, cre√°ndose as√≠ por primera vez una red de comercio internacional de escala literalmente mundial, no s√≥lo por su alcance geogr√°fico, sino tambi√©n por la interconexi√≥n entre los distintos productos que se comerciaban a lo largo y ancho del planeta, sirviendo unos como materias primas a otros y alargando las cadenas de producci√≥n, haci√©ndolas m√°s intrincadas e interdependientes.

Las figuras jurídicas de las empresas se sofisticaron, permitiéndose la disolución de la responsabilidad individual del empresario en responsabilidad limitada a su aportación de capital (en el Reino Unido desde 1855, en Francia desde 1863), permitiendo la acumulación de numerosos capitales privados en sociedades anónimas que se constituyeron en grandes corporaciones industriales, mercantiles, ferroviarias, navieras, financieras, etc. que superaban la capacidad de cualquier fortuna familiar, incluso la fabulosa acumulada por la más rica (los Rotschild). La concentración de empresas adquirió formas sofisticadas (cártel, trust, holding) que alejaba cada vez más la propiedad de la gestión (confiada a ejecutivos responsables ante los miembros de los consejos de administración) y de la producción directa.

Las potencias industriales de Europa Occidental empezaron a experimentar la competencia de un espacio de industrializaci√≥n m√°s tard√≠a, pero mucho m√°s acelerada: Alemania (unificada econ√≥micamente desde el Zollverein de 1834 y pol√≠ticamente desde 1870). Un comportamiento similar tuvieron Jap√≥n (desde la revoluci√≥n Meiji, 1866) y los Estados Unidos (desde la victoria del norte en la guerra de Secesi√≥n, 1865). Europa meridional y oriental tuvieron una industrializaci√≥n m√°s lenta y localizada en focos aislados (Lombard√≠a en Italia, Pa√≠s Vasco y Catalu√Īa en Espa√Īa, Bohemia en el Imperio Austro-h√ļngaro y varios n√ļcleos en la inmensa Rusia).

La ideolog√≠a individualista y los l√≠mites al poder pol√≠tico configuraron a los Estados Unidos, en continua expansi√≥n territorial y demogr√°fica, como el lugar m√°s id√≥neo para el desarrollo del capitalismo industrial y financiero, a pesar de su mayor recelo a la constituci√≥n de las figuras jur√≠dicas desarrolladas en Europa. A pesar de ello, las grandes fortunas surgidas en la industria petrol√≠fera y el acero (David Rockefeller y Andrew Carnegie) lograron constituir verdaderos monopolios. Otros poderosos grupos empresariales surgieron en el sector terciario: el imperio period√≠stico de William Randolph Hearst o los primeros estudios de Hollywood. La necesidad de innovaci√≥n cient√≠fico tecnol√≥gica demandaba la superaci√≥n de los inventos como una inspiraci√≥n o genialidad individualista: Thomas Alva Edison fue pionero en la idea de reunir a un grupo de cient√≠ficos, ingenieros y trabajadores especializados en un verdadero taller de invenciones en el que importaba el proyecto de investigaci√≥n com√ļn, no la figura del inventor. El temor a que los monopolios destruyeran el ideal de libre empresa (empresarios privados de iniciativa individual en el marco de un mecado libre) era ampliamente compartido. La idea de concentraci√≥n de poder econ√≥mico era tan amenazadora como la de concentraci√≥n de poder pol√≠tico, y el monopolio se asociaba a la tiran√≠a. Se dictaron leyes antimonopolios, e incluso Rockefeller fue llevado a juicio. Su firma, la Standard Oil Company (Esso), fue condenada a disgregarse en 1911. Sin embargo, estas acciones no impidieron que en el paso de los siglos XIX al XX se concentrara el capital en manos de un selecto club de multimillonarios, y que se crearan las modernas transnacionales.

La mano de obra de los sectores punteros ya no podía ser el indiferenciado proletariado desprovisto de cualificación profesional de los sectores maduros (que siguieron siendo mayoritarios hasta mucho más adelante). Henry Ford tenía que pagar a los obreros de su cadena de montaje unos salarios muy superiores a los del resto de la industria; argumentaba que era la mejor manera de convertirlos en clientes que pudieran comprar un automóvil, el bien de consumo típico de la segunda revolución industrial (el prototipo de Benz apareció en 1886 y el Ford T comenzó a producirse en 1908 -hasta 1927, más de 15 millones de unidades-).

La aplicaci√≥n de la electricidad a todos los aspectos de la vida cotidiana, desde el tel√©fono a la iluminaci√≥n, cambi√≥ incluso la forma y tama√Īo de las ciudades. Dos nuevas formas de desplazamiento: el ascensor en vertical y el tranv√≠a el√©ctrico en horizontal (ambas debidas en parte a Frank Julian Sprague, 1887 y 1892), permitieron a las viviendas alejarse de los lugares de trabajo, a los edificios elevarse en alturas insospechadas (los negocios y las viviendas de los ricos ya no se limitaban al primer piso y los √°ticos, antes reservados a los pobres, pasaron a ser los m√°s cotizados) y a los barrios diversificarse socialmente. Chicago fue la primera ciudad en experimentar el nuevo modelo, gracias a su reconstrucci√≥n tras el incendio de 1871. El Metro de Londres se electrific√≥ desde 1890, y a partir de entonces se extendi√≥ ese modelo de movilidad urbana por las mayores ciudades del mundo. La forma del suministro del fluido el√©ctrico desat√≥ una guerra de las corrientes entre Westinghouse (Nikola Tesla) y General Electric (Edison), uno de cuyos episodios m√°s morbosos fue el patrocinio de la silla el√©ctrica (1890) por Edison para demostrar los peligros de la corriente alterna generada por su competidor.

La cuestión social y el movimiento obrero

Socialismo y anarquismo
Artículo principal: Movimiento obrero
El cuarto estado (Giuseppe Pellizza da Volpedo, 1901). La percepci√≥n del papel de las masas populares como agente hist√≥rico se hizo evidente para los observadores contempor√°neos y para la historiograf√≠a desde la Revoluci√≥n francesa (Jules Michelet), pero quien le dio m√°xima importancia fue la definici√≥n del concepto marxista de clase obrera. En la actualidad se suele considerar que el paradigma del materialismo hist√≥rico ha dejado de ser el dominante (como lo fue en el ambiente universitario en las d√©cadas centrales del siglo XX, hasta a√Īos despu√©s del mayo franc√©s de 1968); habiendo recibido cr√≠ticas desde posturas de derecha, as√≠ como su revisi√≥n desde la propia izquierda. Autores ingleses como E. P. Thompson reivindican un menor mecanicismo para el estudio de la formaci√≥n de la clase obrera y el concepto de conciencia de clase, utilizando las mismas sofisticaciones te√≥ricas que tiene la antropolog√≠a cultural con las sociedades primitivas.[50]

La grave crisis social encontró respuesta a nivel doctrinal en ideologías alternativas al liberalismo.

Un grupo de estas respuestas fueron las identificables con el t√©rmino anarquismo (del griego, "sin jefes"). Los anarquistas predicaron que las reglas coactivas en s√≠ eran nefastas, y que deb√≠an ser abolidas por completo, en particular el Estado, que se sostendr√≠a por la coacci√≥n y as√≠ logra imponer una econom√≠a monop√≥lica burguesa, para derivar a una sociedad en donde los seres humanos se regularan a s√≠ mismos por la v√≠a de contratos enteramente privados. Se dividi√≥ en varias vertientes, b√°sicamente las "evolucionarias" y las "revolucionarias". Una de ellas, de √≠ndole pacifista, encarnada entre otros por Le√≥n Tolstoi, sosten√≠a que deb√≠a llegarse a esa sociedad anarquista por medios no violentos, e intentaba crear comunidades ejemplares de este modelo de sociedad. Otra vertiente, preconizada por Mikhail Bakunin o Piotr Kropotkin, sostuvo que los gobiernos deb√≠an ser derribados por la fuerza, haciendo de los m√©todos insurreccionales un m√©todo de lucha contra la opresi√≥n de los gobiernos, teniendo mayor implantaci√≥n en la Europa meridional y oriental (destacadamente en Espa√Īa y en Rusia) en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX. La utilizaci√≥n de la violencia por individuos o peque√Īos grupos terroristas que se justificaban en la ret√≥rica de la acci√≥n directa y la propaganda por el hecho dio lugar a numerosos magnicidios y atentados contra patronos, y sirvi√≥ a su vez para justificar la dur√≠sima respuesta represiva contra todo tipo de organizaciones obreras (violentas o no) por parte de los estados. La corriente mayoritaria del movimiento anarquista se centr√≥ en la estrategia sindical (anarcosindicalismo).

Otras fueron las distintas modalidades del socialismo. A comienzos del siglo XIX, una serie de pensadores o activistas políticos imaginaron utopías sociales para la redistribución de los bienes o diferentes prácticas de producción comunitaria para evitar la diferenciación social (Robert Owen, Fourier, Louis Blanc, Blanqui, Proudhon, etc.). Karl Marx los calificó despectivamente de socialistas utópicos, por sostener que sus modelos no eran sostenibles en la realidad, en contraposición a sus propias ideas, a las que calificó de socialismo científico. Marx también despreciaba la función intelectual del filósofo (los filósofos han interpretado el mundo de diferentes maneras, pero de lo que se trata es de transformarlo),[51] y buscó el compromiso social con las organizaciones del movimiento obrero, con el que se identificó. Su famoso lema ¡Trabajadores del mundo, uníos!, dentro del Manifiesto comunista que redactó junto a Engels, se publicó en Londres el mismo día que estallaba la Revolución de 1848 en París.

A pesar del fracaso inicial del movimiento, continu√≥ con las actividades de formaci√≥n de la Primera Internacional (1864) en colaboraci√≥n con Bakunin, del cual finalmente terminar√≠a por separarse por sus profundas discrepancias ideol√≥gicas y pol√≠ticas. Intelectualmente trabaj√≥ de forma continuada en su obra clave, El capital, de la que public√≥ una primera parte y dej√≥ la segunda inacabada. El marxismo, desde un an√°lisis intelectual cr√≠tico de la econom√≠a pol√≠tica del liberalismo cl√°sico e inspirado filos√≥ficamente en el idealismo alem√°n (dial√©ctica de Friedrich Hegel), y socialmente en la cr√≠tica social de los ut√≥picos y en la pr√°ctica de lucha del movimiento obrero; llegaba a una concepci√≥n de la historia (materialismo hist√≥rico) que inclu√≠a un dise√Īo estrat√©gico de acci√≥n y un ambicioso plan de futuro (simplificado en las vulgarizaciones difundidas por propagandistas como Paul Lafargue y sistematizado posteriormente en el materialismo dial√©ctico sovi√©tico): Comenzar√≠a con la toma de conciencia por parte del proletariado (conciencia de clase) de que √ļnicamente √©l mismo pod√≠a ser el protagonista de su propia emancipaci√≥n, y que √©sta s√≥lo pod√≠a provenir de la lucha de clases contra los propietarios de los medios de producci√≥n (los due√Īos del capital o capitalistas: la burgues√≠a). Un determinismo hist√≥rico conducir√≠a inevitablemente a la intensificaci√≥n de las contradicciones inherentes al capitalismo, de modo que los trabajadores se impondr√≠an mediante una revoluci√≥n proletaria que les dar√≠a el poder. Ese poder pol√≠tico, junto con el poder econ√≥mico que les dar√≠a la expropiaci√≥n de los medios de producci√≥n, ser√≠an usados para transformar la sociedad mediante la dictadura del proletariado, fase previa a la abolici√≥n completa del Estado y la construcci√≥n de una sociedad comunista, sin clases sociales, en la que surgir√≠a un hombre nuevo.

Tras la renovaci√≥n de la Internacional en 1889 (Segunda Internacional), las ideas marxistas fueron adaptadas por numerosos actores pol√≠ticos desde dos planteamientos opuestos: los revolucionarios (Rosa Luxemburgo en Alemania, Lenin y los bolcheviques en Rusia, posteriormente denominados comunistas), que planteaban la necesidad de ir hacia la revoluci√≥n proletaria mediante una estrategia insurreccional dise√Īada por una minor√≠a dirigente (el partido) que actuar√≠a como vanguardia revolucionaria; y los revisionistas (Eduard Bernstein) que entend√≠an que la participaci√≥n pol√≠tica, sin una perspectiva inmediata de revoluci√≥n proletaria, pod√≠a conducir a la mejora de las condiciones sociales en beneficio de la clase trabajadora. En Alemania, como respuesta al r√©gimen de Otto von Bismarck, surgi√≥ la socialdemocracia alemana que se encauz√≥ dentro de las v√≠as parlamentariass. En Inglaterra, desde similares planteamientos moderados, la Sociedad Fabiana y los sindicatos (Trade Unions) conformar√≠an el laborismo.

Cuestión social y leyes sociales
Dibujo satírico de Punch (1891) contra la jornada de ocho horas, reivindicación clásica del movimiento obrero que dio origen a la celebración reivindicativa del Día internacional de los trabajadores en el primero de mayo. El personaje enmascarado y con hacha es el nuevo sindicalismo, que presenta una versión socialmente igualitarista del antiguo lecho de Procusto: todos los trabajadores deberán ajustarse a él, alargándose o acortándose aunque no les convenga.

La cuestión social, es decir, la conciencia de la grave situación de las clases bajas, y su percepción como amenaza por parte de las clases medias y altas, se había convertido en un tópico. Los escasos medios paliativos de la caridad tradicional, del paternalismo de muchos empresarios y de las llamadas a la justicia social por parte de instituciones religiosas o de otro tipo de asociaciones humanitarias, no parecían suficientes dada la magnitud de las masas degradadas a la condición de lumpen. Incluso desde las posiciones políticas burguesas (conservadoras, reformistas o liberales) se planteaba la necesidad de leyes (el derecho laboral) que protegieran a los trabajadores de las consecuencias más graves del pauperismo y la degradación social, a pesar de que tal cosa fuera incompatible con el concepto de estado mínimo liberal o con el respeto a la literalidad de las propuestas de la economía clásica. Desde fechas tan tempranas como 1830, aunque de forma esporádica e inorgánica, se fueron prohibiendo o limitando el trabajo infantil y el trabajo femenino; y mucho más adelante se fueron estableciendo diferentes tipos de controles sanitarios o de seguridad laboral e inspección de trabajo. Con la misma lógica, se establecieron descansos en domingos y festivos, jornadas máximas,[52] salarios mínimos y todo tipo de seguros sociales: de invalidez, de enfermedad, de vejez y de desempleo; así como políticas de contenido social como la escolarización obligatoria. En muchos países se fue permitiendo que la actividad sindical, cuya prohibición era un requisito de la libre contratación necesaria para el mercado libre, fuera convirtiéndose en legal (derecho de asociación, derecho de huelga), del mismo modo que se levantaron las prohibiciones a las asociaciones empresariales. En cualquier caso, tanto unas como otras habían tenido acogida en otras instituciones (montepíos, clubes de todo tipo, cámaras de comercio, etc.).

El primer cuerpo orgánico de leyes protectoras de los trabajadores se implantó en Alemania entre 1870 y 1880 por iniciativa de Otto von Bismarck, quien a pesar de su origen social en la aristocracia prusiana y sus apoyos entre la burguesía capitalista, entendió la necesidad de combatir políticamente a los socialistas privándoles de sus principales causas de queja y conseguir la estabilidad social y la cohesión nacional del nuevo estado unificado, que como todos los europeos y americanos, fue implantando el sufragio universal. Un estado que reconoce al más pobre la misma capacidad de decisión política que al más rico, por su propia seguridad se ve obligado a procurar que también pueda ejercer su libertad en mínimas condiciones de dignidad humana. Es el denominado estado social, precedente del estado de bienestar y pieza necesaria de la sociedad de consumo de masas.

Un grupo de trabajadores en una fotografía rotulada: Mediodía ante la cantina, leyendo The Hog Island News (Filadelfia, Estados Unidos, 1918).

La sociedad de masas

El siglo XIX, como producto de la industrialización, vio el surgimiento de la moderna sociedad de masas, como oposición a la vieja división entre una reducida élite aristocrática y la gran masa del bajo pueblo. Esto ocurrió porque los costos de producción de las mercancías bajaron, quedando la producción a disposición de nuevos actores sociales, la clase media, con nuevos medios económicos provenientes de las profesiones liberales, y que por ende pudieron ascender socialmente. Nuevos inventos, como el envasado de comida en latas (desarrollado inicialmente para el ejército napoleónico), permitieron que las nuevas clases sociales accedieran a nuevas fuentes de alimentación.

A esto contribuy√≥ la implantaci√≥n, a lo largo del siglo XIX, del sistema de educaci√≥n primaria obligatoria, que tendi√≥ a reducir dr√°sticamente las tasas de analfabetismo en Europa (si bien no a erradicarlo). La mayor cantidad de p√ļblico lector incentiv√≥ el desarrollo de la prensa escrita, incluyendo fen√≥menos tales como la prensa amarilla. Los modernos m√©todos de impresi√≥n, por su parte, permitieron aumentar la producci√≥n de libros. A inicios del siglo XIX, el libro de poemas El corsario de Lord Byron se transform√≥ en el primer libro en la historia con un tiraje inicial superior a los 10.000 ejemplares. Tambi√©n se desarroll√≥ una nueva forma de literatura popular, el follet√≠n, h√≠brido entre la prensa escrita y la antigua novela, que se publicaba por entregas en los diarios. A trav√©s del follet√≠n fueron dadas a conocer obras como Los misterios de Par√≠s de Eug√®ne Sue, Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, Los miserables de V√≠ctor Hugo o David Copperfield y Oliver Twist de Charles Dickens. A finales del siglo, por iniciativa del mencionado V√≠ctor Hugo, surgieron los primeros convenios internacionales sobre derecho de autor.

Todos estos nuevos sucesos, por supuesto, abarcaban tan solo a la sociedad europea, y en medida m√°s reducida a la de Am√©rica. En el resto del mundo, sometido al dominio colonial europeo, las nuevas condiciones de vida alcanzaban tan solo a la clase social europea, mientras que los nativos prosegu√≠an viviendo el magro estilo de vida que hab√≠an heredado desde anta√Īo.

Véase también: Sociedad preindustrial
La reina Victoria en su Jubileo (1887, foto coloreada).

Moral victoriana, tradiciones inventadas y comunidades imaginadas

La caracter√≠stica m√°s notoria de las costumbres sociales de la √©poca fue el puritanismo moral, cuyo s√≠mbolo m√°ximo se encarn√≥ en la Reina Victoria (seg√ļn Lytton Strachey, ese rasgo s√≥lo se acentu√≥ despu√©s del fallecimiento de su esposo, el pr√≠ncipe Alberto de Sajonia-Coburgo, en 1861[53] ), caracterizado por una exacerbaci√≥n de los principios morales, y en la represi√≥n sistem√°tica de las pasiones, en particular las de orden sexual.

Cualquier desviaci√≥n de conducta se calificaba como libertinaje, cuya presencia social era tambi√©n notoria: es el caso de Oscar Wilde, que pag√≥ su desaf√≠o literario y personal a las convenciones sociales con una condena a presidio. La pureza moral como ideal social ocultaba una evidente hipocres√≠a o doble moral, denunciada por el propio Strachey (Victorianos eminentes) y por el fundador del psicoan√°lisis, el austr√≠aco Sigmund Freud, que interpret√≥ las enfermedades mentales y neurosis como derivadas de la represi√≥n sexual. La figura real de Jack el destripador muestra hasta qu√© punto la sordidez del mundo de la prostituci√≥n en callejuelas portuarias no era ajena a los personajes de la alta sociedad londinense. En el mundo de la ficci√≥n, la misma realidad dual es genialmente representada con El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde, 1890), El extra√Īo caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (R. L. Stevenson, 1886) o Dr√°cula (Bram Stoker, 1897).

En Francia, te√≥ricamente de costumbres mucho m√°s relajadas, Gustave Flaubert y Charles Baudelaire tuvieron que enfrentarse a procesos judiciales contra Madame Bovary y Las flores del mal (ambas de 1857). La aparente alegr√≠a de vivir y el ambiente de vodevil en el Par√≠s libertino de Nan√° (√Čmile Zola, 1889) no dejaba de presentar tambi√©n un lado oscuro que empujaba a la b√ļsqueda de Los para√≠sos artificiales (Charles Baudelaire, 1860) por parte de Los poetas malditos.(Paul Verlaine, 1888).

Paradójicamente, las tradiciones en nombre de cuyos valores se ejercía la censura moral o política, y se construían las identidades nacionales de todos los países, eran en buena medida inventadas, y las mismas comunidades, imaginadas. Tal condición no les restaba eficacia, sino todo lo contrario, exigía una gran energía social y la aplicación de mecanismos ideológicos de todo tipo, como los grandes programas monumentales que inmortalizaban en piedra y bronce las glorias nacionales y los ejemplos de vida virtuosa.[54]

Firma de la ley de emancipación de los esclavos por Abraham Lincoln durante la Guerra Civil Estadounidense (cuadro de Francis Bicknell Carpenter, 1864).
A pesar de la abolición, la situación de los negros, sobre todo en los estados del Sur, no fue de igualdad, tanto por las prácticas sociales como por la promulgación de leyes segregacionistas. Fotograma de la película El nacimiento de una nación (D. W. Griffith, 1915), donde "los malos" son los negros y los abolicionistas, y "los buenos" son las damas y los caballeros del sur, que para defenderse de una infame opresión yanqui forman el Ku Klux Klan.

Abolición de la esclavitud

Artículo principal: Abolicionismo

A inicios del siglo XIX, la esclavitud era una instituci√≥n en retroceso en el mundo occidental, como corolario l√≥gico del principio ilustrado y revolucionario de la igualdad ante la ley de todos los seres humanos sin excepci√≥n. Siguiendo la iniciativa de Inglaterra (1807-1834), motivada por su inter√©s de convertirse en guardi√°n de los oc√©anos, muchas naciones se incorporaron a la campa√Īa para abolir la esclavitud, a trav√©s de la prohibici√≥n del tr√°fico de esclavos, el paso intermedio denominado libertad de vientre (los hijos de esclava nacer√≠an ya libres, con lo que la esclavitud se extinguir√≠a con el paso de los a√Īos), o la abolici√≥n total.

La resistencia m√°s espectacular contra el movimiento abolicionista se produjo en los Estados Unidos, cuyos estados sure√Īos estaban dominados por una clase dirigente sustentada en la agricultura esclavista de plantaci√≥n orientada a la exportaci√≥n del algod√≥n; mientras que los estados del norte hab√≠an iniciado la industrializaci√≥n. Aunque puede discutirse si el abolicionismo fue la causa fundamental de la guerra o un mero pretexto, lo cierto es que la bandera abolicionista fue enarbolada por el Norte durante la Guerra Civil de los Estados Unidos (1861-1865), y rechazada por los estados del Sur. Despu√©s de esta guerra, la esclavitud fue abolida, aunque la discriminaci√≥n racial persisti√≥, mediante una segregaci√≥n en la pr√°ctica institucional y la vida cotidiana que no comenz√≥ a superarse decisivamente hasta el movimiento por los derechos civiles de los a√Īos cincuenta y sesenta. Como situaci√≥n de desigualdad social, sigue presente incluso con el primer presidente negro Obama, elegido en 2008.

Espa√Īa fue el √ļltimo de los pa√≠ses avanzados en abolir la esclavitud, parte fundamental de la estructura econ√≥mica y social de sus colonias de Cuba y Puerto Rico, sometidas a un proceso independentista en el √ļltimo tercio del siglo XIX. La ley Moret o de vientres libres es de 1870, y la supresi√≥n definitiva de la esclavitud se produjo en 1886.

En Rusia, donde no había esclavos, existía la institución de la servidumbre, que fue abolida por la Reforma Emancipadora de 1861 (zar Alejandro II), no sin problemas y resistencias.

La emancipación de la mujer

Una mujer fabricando munición durante la Primera Guerra Mundial.
Artículo principal: Emancipación femenina

Los cambios demogr√°ficos y las necesidades productivas reservaban a la mujer de la sociedad industrial un papel social mucho m√°s activo que en la sociedad preindustrial. No obstante, durante el siglo XIX, persisti√≥ su funci√≥n tradicional relegada al mundo de la casa y la intimidad de la familia, y limit√°ndose su visibilidad p√ļblica a ser moneda de cambio en alianzas matrimoniales o veh√≠culo del lujo de los maridos ricos; mientras que las mujeres de clase baja s√≥lo acced√≠an a trabajos de menor consideraci√≥n que los de los varones, y su sumisi√≥n conyugal era a√ļn m√°s degradante. La posibilidad de una vida adulta femenina fuera del matrimonio segu√≠a reserv√°ndose casi exclusivamente a monjas y prostitutas.

Ya a finales del siglo XVIII hubo mujeres que propugnaban la emancipaci√≥n femenina, como la escritora inglesa Mary Wollstonecraft, o la revolucionaria francesa Olimpia de Gougues (propuso una Declaraci√≥n de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana como complemento a la Declaraci√≥n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano). Pero fueron casos aislados y marginales, incluso intensamente combatidos: la hija de la Mary Wollstonecraft, Mary Shelley (autora de Frankenstein) tuvo que escapar de Inglaterra para poder vivir su romance con Percy Shelley. Las mujeres que quisieron publicar (George Sand, hermanas Bront√ę, Fern√°n Caballero) tuvieron que esconder su condici√≥n femenina bajo pseud√≥nimos masculinos; al igual que las primeras universitarias, que tuvieron que travestirse.

A finales del siglo XIX, surgió un intenso movimiento social a favor de la equiparación de derechos entre hombres y mujeres, que encontró su bandera en la conquista del derecho a voto (sufragismo). A partir de 1902 se admitió el derecho a voto femenino en Nueva Zelanda, y luego en otras naciones, sobre todo tras la Primera Guerra Mundial, cuando el movimiento de emancipación femenina cobró verdadera fuerza, al haberse evidenciado su papel clave en el mantenimiento del esfuerzo bélico sustituyendo la mano de obra masculina. No obstante, la defensa de los derechos de la mujer, o su planteamiento literario, por intelectuales progresistas como Bertrand Russell, Bernard Shaw o August Strindberg seguía siendo ácidamente criticada desde la postura social mayoritaria (incluso entre la mayoría de las mujeres). La época en que hombres y mujeres pudieran relacionarse en pie de igualdad comenzaba a vislumbrarse sólo entre muy reducidas minorías intelectuales (Virginia Woolf y el Círculo de Bloomsbury).

Véase también: Feminismo

Descristianización y renovación del cristianismo

Notas de Dovstoievski para el capítulo 5 de Los hermanos Karamazov, donde aparece su famosa frase: Si Dios no existe, todo está permitido.
Gott ist tot (Dios ha muerto).
Frase original de Hegel, fue popularizada por Friedrich Nietzsche en Así hablaba Zaratustra, 1883.

En el siglo XVIII, la Iglesia Cat√≥lica hab√≠a combatido fuertemente a la Ilustraci√≥n, censurando la Enciclopedia, la totalidad de la obra de Voltaire y otras que se incluyeron en el Index Librorum Prohibitorum (√≠ndice de libros prohibidos). La relaci√≥n con la Revoluci√≥n francesa fue a√ļn m√°s violenta. En el siglo XIX, el catolicismo se signific√≥ como fuerza conservadora (ultramontana), condenando el liberalismo, el racionalismo y otras doctrinas y usos del mundo contempor√°neo, del que mostraba distante, proponi√©ndose como su alternativa mediante el mantenimiento de la tradici√≥n. Se definieron como dogma de fe las doctrinas de la infalibilidad del Papa (Concilio Vaticano I, 1869) y la Inmaculada Concepci√≥n (1854). La opci√≥n por la fe y los milagros qued√≥ manifiesta con el apoyo vaticano a las apariciones de la Virgen de Lourdes (1858, aprobadas en 1862).

Los nuevos descubrimientos científicos que parecían contradecir a las Sagradas Escrituras, como la teoría darwinista (El origen de las especies, 1859; El origen del hombre, 1871), tuvieron gran repercusión, y en este caso fueron mucho más combatidos en el ámbito religioso anglicano y protestante que en el católico; donde no hubo pronunciamiento oficial alguno, e incluso en algunos casos permitió explorar las perspectivas que abrían, aunque no sin problemas (caso del jesuita Teilhard de Chardin). Otro caso de ambigua relación entre ciencia y fe fue la polémica sobre la generación espontánea, paradigma biológico de lo que científicos católicos como Pasteur consideraban como ciencia orientada a la justificación del agnosticismo y cuestionaron con éxito.[55]

En los pa√≠ses cat√≥licos del sur de Europa, la desamortizaci√≥n (1836, en Espa√Īa) priv√≥ del poder econ√≥mico a la Iglesia. El movimiento nacionalista italiano finalmente consigui√≥ que los Estados Pontificios desaparecieran para formar parte de una Italia unificada (1870). En Alemania, el Papa estimul√≥ el duro enfrentamiento de los cat√≥licos del sur (organizados pol√≠ticamente en el Zentrum) contra la Kulturkampf dirigida por el prusiano Otto von Bismarck. En Francia, la polarizaci√≥n de la opini√≥n p√ļblica en los temas de la separaci√≥n Iglesia-Estado (ley de 1905) y el antisemitismo del Caso Dreyfus (1894-1906) llev√≥ a una parte considerable de grupos cat√≥licos a convertirse en fuerzas de extrema derecha (Action fran√ßaise).

Movimientos religiosos disidentes, muchos de ellos vehículos del activismo social o de la identificación grupal, (metodismo, cuáqueros, mormones, etc.) se extendieron por la cristiandad protestante, cuya unidad nunca había sido monolítica, pero cuyas confesiones mayoritarias se habían institucionalizado como iglesias nacionales identificadas con el poder político y las clases dominantes (episcopalianismo).

En la cristiandad ortodoxa, especialmente en Rusia, tambi√©n sometida a las dudas de fe de los intelectuales (Dostoyevski) y a la difusi√≥n entre el pueblo del anticlericalismo del movimiento obrero, los movimientos m√≠sticos y milenaristas de antiguo origen (viejos creyentes, jlyst√Ĺ) manten√≠an su capacidad de movilizaci√≥n popular frente a la mayoritaria Iglesia oficial controlada por el zar, y en alguna ocasi√≥n produjeron fen√≥menos de gran repercusi√≥n (Rasput√≠n).

Aunque el siglo XIX marcó uno de los momentos más débiles del papado, la causa de la religión católica estaba muy lejos de haber sido derrotada, y lo mismo puede decirse de las distintas confesiones protestantes, que también se enfrentaban a los desafíos del materialismo dominante en la sociedad industrial. Más allá de una minoría intelectual de entre los profesionales liberales o de los obreros con conciencia de clase, la gran mayoría de la sociedad, desde las clases dirigentes hasta las clases bajas, pasando por las clases medias, estaban muy lejos de considerarse ateas. Un ingrediente clave de la moral victoriana fue su sustrato religioso, imprescindible para la cohesión social, extremo del que era consciente el propio Marx, autor de la expresión opio del pueblo con la que motejaba a la religión. Incluso se ha argumentado que la religión, como fuerza conservadora, cumplía un papel que vital en la resistencia a la gran transformación que supuso la embestida del mercado contra las instituciones tradicionales.[56] No sólo las tradicionales instituciones de caridad, sino la organización del sindicalismo católico y la doctrina social de la Iglesia (Rerum novarum, 1891) se presentaron como una alternativa tanto al capitalismo liberal como al movimiento obrero revolucionario.

Incluso la expansi√≥n imperialista europea se justificaba como una manera de llevar la civilizaci√≥n a los salvajes, prolongaci√≥n de la empresa evangelizadora y similar al utilizado por los justos t√≠tulos del dominio espa√Īol en Am√©rica. Tal argumento se empleaba en sentido contrario desde la resistencia al env√≠o de reclutas a Marruecos durante la Semana Tr√°gica de Barcelona, que degener√≥ en quema de iglesias por el fuerte car√°cter anticlerical del movimiento (1909):

Contra el env√≠o a la guerra de ciudadanos √ļtiles a la producci√≥n y, en general, indiferentes al triunfo de la cruz sobre la media luna, cuando se podr√≠an formar regimientos de curas y de frailes que, adem√°s de estar interesados en el √©xito de la religi√≥n cat√≥lica, no tienen familia, ni hogar, ni son de utilidad alguna al pa√≠s.[57]

La paz armada

Napoleón III, derrotado tras la batalla de Sedán, se entrevista con Otto von Bismarck (1870).

El fin de la Guerra Franco-Prusiana en 1871, inici√≥ una realineaci√≥n de las fuerzas pol√≠ticas en Europa. Inglaterra y Francia, enemigos desde la √©poca napole√≥nica y rivales en la carrera colonial, hab√≠an unido fuerzas, en particular desde el final de la Guerra de Crimea en 1856, para sostener al Imperio otomano e impedir la salida de Rusia al Mar Mediterr√°neo. Para contrarrestar esto y evitar el revanchismo franc√©s, Otto von Bismarck, el Canciller de Alemania, tendi√≥ lazos con el Imperio austroh√ļngaro, al que hab√≠a derrotado en 1866. Cuando Italia se incluy√≥ en el sistema en 1881, naci√≥ la llamada Triple Alianza. Bismarck consigui√≥ que el juego de alianzas basadas en la diplomacia secreta, junto con la frecuente convocatoria de congresos internacionales y todo tipo de contactos, imposibilitara un acercamiento de las potencias occidentales a Rusia, con el riesgo para Alemania de una guerra en dos frentes. Este denominado sistema Bismark se rompi√≥ a finales de siglo, tras perder el canciller la confianza del nuevo emperador, Guillermo II, partidario de acciones m√°s en√©rgicas en pol√≠tica exterior, incluso a riesgo de provocar el recelo de Inglaterra, cuya superioridad naval comenz√≥ a desafiar. La Triple Entente entre Francia, Inglaterra y Rusia se estableci√≥ desde 1904 (Entente Cordiale) y 1907 (Entente Anglo-Ruso, tras llegar a un acuerdo de √°reas de influencia en Asia Central). As√≠ se hab√≠an configurado en lo esencial los dos bloques que en pocos a√Īos se enfrentar√≠an en la Primera Guerra Mundial.

Los imperios coloniales hab√≠an alcanzado su m√°xima expansi√≥n a falta de nuevas tierras por conquistar. Cualquier intento por imponerse a las potencias rivales pasaba por aplastarlas en una guerra total. Entre 1871 y 1914, con la excepci√≥n de las guerras de los Balcanes, Europa vivi√≥ en una paz conocida como la paz armada. Una veloz carrera armamentista no s√≥lo increment√≥ los efectivos humanos movilizados y en la reserva, el n√ļmero y tonelaje de los barcos de guerra o los arsenales de armas y equipamientos tradicionales, sino que desarroll√≥ nuevas aplicaciones tecnol√≥gicas (ametralladora, alambre de espino, gases t√≥xicos), que hicieron a la pr√≥xima guerra bien diferente, y mucho m√°s demoledora, que las guerras de tipo napole√≥nico a las que los generales europeos estaban acostumbrados a jugar en sus cuartos de estrategia. La Gran Guerra de 1914 a 1918 acab√≥ definitivamente, no s√≥lo con el sistema Bismark, sino con el equilibrio europeo proveniente del Congreso de Viena y con todas las dem√°s pervivencias parciales del Antiguo R√©gimen.

(...) sucedi√≥ que al c√ļmulo de guerras de la s√©ptima d√©cada del siglo XIX sigui√≥, como a la guerra general de 1792-1815, media centuria de paz tambi√©n general s√≥lo interrumpida por algunas guerras locales de car√°cter semicolonial: la guerra rusoturca de 1877-8, la hispanonorteamericana de 1898; la sudafricana de 1899-1902; la rusojaponesa de 1904-5. Estas √ļltimas guerras de fines del XIX y comienzos del XX no permitieron discernir mayormente la tendencia general de la guerra en el mundo occidental de la √©poca, porque cada una de ellas se libr√≥ entre s√≥lo dos beligerantes y ninguna en regiones pr√≥ximas al centro del mundo occidental. De ah√≠ que la terrible transformaci√≥n del car√°cter de la guerra llevada a cabo por la introducci√≥n de la nueva fuerza propulsora del industrialismo y la democracia, tomase por sorpresa a nuestra generaci√≥n en 1914.

La "crisis de los treinta a√Īos" (1914-1945)

Tal denominaci√≥n, debida al historiador Arno Mayer[59] (parafraseando el t√≠tulo de un estudio de E. H. Carr pr√°cticamente contempor√°neo a los hechos),[60] se refiere a las tres cr√≠ticas d√©cadas que incluyen las dos guerras mundiales y el convulso per√≠odo de entreguerras, con la descomposici√≥n de los Imperios Austroh√ļngaro, Turco y Ruso; la agudizaci√≥n de las tensiones sociales que llevaron a revoluciones como la Mexicana, la Rusa y la llamada Revoluci√≥n Espa√Īola simult√°nea a la Guerra Civil; la crisis del sistema capitalista manifiesta desde el Jueves Negro de 1929; y el surgimiento de los fascismos y sistemas pol√≠ticos autoritarios; al tiempo que se desarrollan los primeros Estados Sociales de Derecho, como la Rep√ļblica de Weimar, pr√°cticas de pacto social como los Acuerdos Matignon, y se aplican las teor√≠as econ√≥micas de John Maynard Keynes (divergentes del liberalismo cl√°sico) en los programas intervencionistas del New Deal de Franklin Delano Roosevelt. La correspondiente crisis intelectual se hizo manifiesta en los cambios revolucionarios de paradigmas cient√≠ficos y en la revoluci√≥n est√©tica de las vanguardias. Se extendi√≥ la conciencia de haber entrado en un mundo radicalmente nuevo, en que el orden social tradicional se hab√≠a subvertido para siempre, y caracterizado por el protagonismo de las masas ante el que las √©lites buscaban nuevas formas de control (concepto de Manufacturing consent del periodista Walter Lippmann y Edward Bernays, sobrino de Freud, que aplic√≥ las t√©cnicas del psicoan√°lisis a la publicidad y las relaciones p√ļblicas en la din√°mica sociedad estadounidense; obras de gran altura intelectual, como La decadencia de Occidente de Oswald Spengler o La rebeli√≥n de las masas de Jos√© Ortega y Gasset).[61]

La Primera Guerra Mundial y sus consecuencias

Artículo principal: Primera Guerra Mundial
Puesto de ametralladora británico, con los soldados protegidos por máscaras de gas, durante la batalla del Somme (julio de 1916). Las innovaciones técnicas y la llamada guerra de trincheras fueron características del frente occidental europeo durante este devastador conflicto.

El 28 de junio de 1914, un incidente internacional menor, el atentado de Sarajevo, dio pretexto al Imperio austroh√ļngaro para presionar a Serbia mediante un ultim√°tum que desencaden√≥ la activaci√≥n de una compleja red de pactos defensivos: Serbia lo ten√≠a con Rusia para el caso de una guerra contra Austria-Hungr√≠a, esta con Alemania para el caso de una guerra contra Rusia, y esta a su vez con el Reino Unido y Francia para el caso de una guerra con Alemania. En pocos d√≠as, las principales potencias estaban inmersas en una guerra general que no se limit√≥ a Europa, involucrando a los cinco continentes y que se prolong√≥ hasta 1918.

A pesar de lo autodestructivo que el episodio result√≥ para todos los agentes implicados, la guerra, largamente preparada y en algunos casos deseada, fue ampliamente popular en su inicio, no resultando dif√≠cil la movilizaci√≥n de enormes contingentes de soldados, que acud√≠an al frente en medio de un ambiente festivo. Incluso buena parte del movimiento obrero, doctrinalmente pacifista e internacionalista, se fragment√≥ siguiendo las fronteras nacionales, apoyando cada partido socialista local a su correspondiente gobierno en el esfuerzo de guerra, y en muchos casos participando activamente en las tareas que les fueron encomendadas bajo gobiernos de concentraci√≥n. S√≥lo avanzado el conflicto, ante la magnitud de la destrucci√≥n f√≠sica y moral de generaciones enteras de j√≥venes (16 millones de muertos, a los que se a√Īadieron los de la llamada gripe espa√Īola) y un impresionante n√ļmero de mutilados, adem√°s de la desorientaci√≥n vital, social e intelectual a la que se enfrentaron los supervivientes marcados por tan penosa experiencia, pas√≥ a considerarse la Gran Guerra como la mayor cat√°strofe sufrida hasta entonces por la humanidad.

El Imperio alem√°n se jug√≥ la baza del Plan Schlieffen, que implicaba una maniobra de tenazas que acorralara en el frente occidental a los franceses (como hab√≠a ocurrido en la batalla de Sed√°n de 1870), despu√©s de lo cual podr√≠an volverse para repeler a los rusos en el frente oriental. La invasi√≥n de la neutral B√©lgica se cumpli√≥ con rapidez, pero la penetraci√≥n en territorio franc√©s qued√≥ frenada por la eficaz resistencia franco-brit√°nica (el llamado milagro del Marne, septiembre de 1914). A pesar de que la artiller√≠a alemana lleg√≥ a bombardear Par√≠s (los Pariser Kanonen o Gran Berta) el frente qued√≥ estacionario en una desgastante guerra de trincheras cuya puntual intensificaci√≥n careci√≥ siempre de resultados decisivos (batalla de Verd√ļn, diciembre de 1916).

Italia no se consider√≥ obligada a responder a su vinculaci√≥n a la Triple Alianza, y de hecho un a√Īo m√°s tarde declar√≥ la guerra a los Imperios Centrales (denominaci√≥n del bando formado por Alemania, Austria-Hungr√≠a, Bulgaria y el Imperio Otomano) en la confianza de obtener alg√ļn tipo de incorporaci√≥n territorial en el frente italiano.

En el frente oriental, el inicial avance ruso fue espectacularmente replicado, en medio de gravísimas dificultades internas que llevaron al estallido de la Revolución rusa de 1917. A pesar de que inicialmente no supusieron la salida de Rusia de la guerra (periodo de Kerenski), se impuso como inevitable en el periodo siguiente (la petición de pan, paz y todo el poder a los soviets era el lema bolchevique, y el propio Lenin había conseguido entrar en Rusia gracias al apoyo alemán, que le permitió cruzar su territorio en un vagón sellado).

La ventaja obtenida con la supresi√≥n del frente oriental no lleg√≥ a ser decisiva, porque desde el mismo a√Īo 1917 Estados Unidos hab√≠a entrado en el conflicto en apoyo de sus aliados comerciales (Francia y sobre todo Inglaterra), con el argumento de responder a la guerra submarina.[62] Alemania no pod√≠a seguir con el esfuerzo b√©lico y, una vez roto el frente occidental en B√©lgica, decidi√≥ rendirse (11 de noviembre de 1918) antes de que la guerra afectase a su propio territorio o triunfase una revoluci√≥n similar a la sovi√©tica (que de hecho se produjo en ese momento: la revoluci√≥n espartaquista). Austria-Hungr√≠a, cuya capacidad de resistencia era a√ļn menor, qued√≥ disuelta en entidades nacionales independientes.

En otro escenario clave, la Gran Guerra supuso el hundimiento del Imperio otomano en Próximo Oriente, consiguiendo los británicos la movilización del nacionalismo árabe (Lawrence de Arabia), postura contradictoria con el apoyo simultáneo que se ofrecía a los sionistas (Declaración Balfour), lo que planteará para un futuro uno de los puntos de tensión internacional más importantes, sobre todo por su riqueza en petróleo.

Tratado de Versalles y fracaso de la Sociedad de Naciones

El Tratado de Versalles (1919) y los dem√°s negociados en la Conferencia de Paz de Par√≠s tras el armisticio, no lo fueron en pie de igualdad, sino desde la evidente derrota de los imperios centrales (Segundo Reich Alem√°n, Imperio austroh√ļngaro e Imperio otomano), que de hecho hab√≠an desaparecido como tales entidades pol√≠ticas. La reducci√≥n al m√≠nimo territorial de las nuevas rep√ļblicas de Austria y Turqu√≠a imposibilitaba que hicieran frente a la exigencia de responsabilidades (incluyendo fuertes indemnizaciones) que caracterizaba la postura de los vencedores (especialmente la de Francia), con lo que la atribuci√≥n de la culpa y por tanto de las indemnnizaciones recay√≥ principalmente en Alemania, que hab√≠a sobrevivido como estado, a pesar de la p√©rdida de las colonias, el recorte territorial (p√©rdidas de Alsacia y Lorena y Polonia, incluyendo el corredor de Danzig, que dejaba aislada Prusia oriental) y el estricto desarme que se la exig√≠a. La imposici√≥n fue percibida como un diktat (dictado), y sus dur√≠simas condiciones contribuyeron al caos econ√≥mico y pol√≠tico de la recientemente creada Rep√ļblica de Weimar.

Se pretend√≠a haber hecho la guerra que acabar√≠a con las guerras, creando un nuevo orden internacional basado en el principio de nacionalidad (identificaci√≥n de naci√≥n y estado), cuesti√≥n que deber√≠a resolverse con plebiscitos all√≠ donde esa identidad fuera cuestionable (lo que ocurr√≠a en la pr√°ctica totalidad de Europa, aunque s√≥lo se aplic√≥ en peque√Īo n√ļmero de casos fronterizos). Se pretend√≠a que las nuevas naciones, al carecer de ambiciones territoriales, renuncian a la guerra como m√©todo de resoluci√≥n de conflictos.[63] La paz se garantizar√≠a por el principio de seguridad colectiva, administrado por un organismo internacional: la Sociedad de Naciones, cuya sede se fij√≥ en Ginebra. La exclusi√≥n de Alemania y la Uni√≥n Sovi√©tica, m√°s el rechazo del Congreso de los Estados Unidos a su inclusi√≥n, limit√≥ de forma grave su eficacia. Incluso entre sus propios miembros, la nula capacidad de hacer cumplir sus decisiones a los estados que no lo hicieran voluntariamente (casos del Jap√≥n en Manchuria o de Italia en Abisinia) demostr√≥ su pr√°ctica inoperancia en cuestiones graves, aunque en otros campos s√≠ desarroll√≥ funciones m√°s o menos importantes (Organizaci√≥n Internacional del Trabajo y otras agencias).

La diplomacia bilateral y multilateral continu√≥ siendo el principal √°mbito de las relaciones internacionales, aunque ciertamente se vio influenciada, sobre todo inicialmente, por el nuevo clima de confianza. La proscripci√≥n de la diplomacia secreta no tuvo en realidad cumplimento. El Tratado de Rapallo (1922), los Tratados de Locarno (1925) y el Pacto Briand-Kellogg (1928) marcaron distintas conformaciones de alianzas o declaraciones de buenas intenciones que no consiguieron disipar la desconfianza entre las potencias, incrementada dram√°ticamente a partir de la crisis de 1929 que proyect√≥ las tensiones internas de cada pa√≠s al terreno internacional. Su manifestaci√≥n m√°s grave fue el expansionismo y rearme alem√°n (Anschluss -anexi√≥n de Austria, 1934-, crisis de Renania -1936-, crisis de los Sudetes -1938-). El fracaso de la pol√≠tica de apaciguamiento (acuerdos de M√ļnich, 1938), m√°s temerosa del peligro comunista que del fascista (Eje Roma-Berl√≠n, octubre de 1936) se repiti√≥ en el fracaso de la pol√≠tica de no intervenci√≥n con que se pretend√≠a paliar los efectos de la Guerra Civil Espa√Īola (1936-1939). Los definitivos virajes hacia la guerra se hicieron inevitables cuando, a los pocos meses de terminar aqu√©lla, Hitler y Stalin sellaron el Pacto Germano-Sovi√©tico (23 de agosto de 1939).[64]

Surgimiento de los totalitarismos

–°–≤–ĺ–Ī–ĺ–ī–į –ī–Ľ—Ź —á–Ķ–≥–ĺ? Libertad ¬Ņpara qu√©?

Vladimir Ilich Ulianov, Lenin.[65]
Revolución rusa
Artículo principal: Revolución rusa de 1917
Discurso de Lenin, l√≠der de la revoluci√≥n bolchevique, sovi√©tica o comunista, la primera experiencia en el mundo de dictadura del proletariado en aplicaci√≥n de su interpretaci√≥n del marxismo (denominada marxismo-leninismo). Se convirti√≥ en una figura cuasi-divinizada (en un estado oficialmente ateo), su imagen convertida en icono, su nombre dado a la ciudad de San Petersburgo (Leningrado) y su cad√°ver embalsamado expuesto en un mausoleo en la Plaza Roja de Mosc√ļ, donde era objeto de una veneraci√≥n ritual permanente a cargo de multitudes que esperaban en una larga cola.

La revoluci√≥n de febrero de 1917 derroc√≥ al gobierno zarista, cuya gesti√≥n de la guerra era catastr√≥fica, y que hab√≠a perdido el prestigio m√≠stico con que el Zar se presentaba como padrecito del pueblo. Un conjunto de partidos burgueses y socialdem√≥cratas (mencheviques, eseritas, etc.) liderados por Kerenski pretendi√≥ construir un estado democr√°tico que mantuviera el esfuerzo b√©lico junto a los aliados occidentales (Gobierno Provisional Ruso). La situaci√≥n b√©lica, econ√≥mica y social no hizo m√°s que empeorar en los siguientes meses. La rocambolesca llegada de Lenin inici√≥ la estrategia insurreccional bolchevique que lleg√≥ al poder con la revoluci√≥n de octubre (Asalto al Palacio de Invierno, 25 de octubre seg√ļn el calendario ortodoxo). El poder sovi√©tico ignoraba la representaci√≥n electoral y las libertades, despreciadas por burguesas en beneficio de las asambleas de soldados y obreros que tomaban las f√°bricas y las unidades militares.

El Tratado de Brest-Litovsk (3 de marzo de 1918) supuso el final de la guerra con Alemania y la renuncia a una gran extensi√≥n de territorio (Polonia, Ucrania, B√°ltico), pero no trajo la paz, puesto que continuaron las hostilidades, ahora como guerra civil rusa entre el ej√©rcito rojo, liderado por Trotski y el ej√©rcito blanco, controlado por oficiales zaristas y financiado tras el final de la guerra por las potencias vencedores. Al mismo tiempo se fue implementando el programa social y econ√≥mico del comunismo de guerra, que supon√≠a la colectivizaci√≥n de tierras y f√°bricas, que pasaron a ser controladas por instituciones (cuyos nombres pasaron a convertirse en m√≠ticos para el imaginario obrero de todo el mundo: soviet, kolj√≥s, sovj√≥s, etc.) te√≥ricamente asamblearias pero fuertemente controladas desde la c√ļspide por el Partido (que pasar√° a llamarse comunista, y el estado Uni√≥n de Rep√ļblicas Socialistas Sovi√©ticas). Al igual que hab√≠a ocurrido durante la fase m√°s exaltada de la Revoluci√≥n francesa, se produjeron matanzas masivas (por ejecuciones o como consecuencia de las deportaciones) y la salida al extranjero de un gran n√ļmero de exiliados.

La victoria del ejército rojo consiguió incluso la recuperación de buena parte del territorio cedido en Brest-Litovsk (guerra Polaco-Soviética, 1919-1921). Con el asentamiento de las fronteras se inició una fase de moderación del proceso revolucionario dirigida por el propio Lenin (Nueva Política Económica, NEP) en la que se consintió la reconstrucción de empresas privadas y la recuperación de la figura del campesino enriquecido (kulak).

Las luchas de poder entre Trotski y Stalin, partidario el primero de la extensi√≥n del proceso revolucionario a otros pa√≠ses (revoluci√≥n permanente) y el segundo de la construcci√≥n del socialismo en un s√≥lo pa√≠s, comenzaron durante la agon√≠a de Lenin (1924) y terminaron cinco a√Īos despu√©s con la victoria de Stalin, que inici√≥ una √©poca de purgas con la eliminaci√≥n de los trotskistas (XV congreso, 1929), en una intensificaci√≥n de la represi√≥n pol√≠tica que acab√≥ con toda oposici√≥n o cr√≠tica a su poder personal (Bujarin, oposici√≥n de derecha), originando un verdadero culto a la personalidad dentro de un sistema totalitario: el estalinismo. La colectivizaci√≥n recibi√≥ un impulso definitivo, sustituyendo la liberalizaci√≥n de la NEP por los planes quinquenales a cargo de un GOSPLAN que centralizaba la totalidad del proceso productivo sin intervenci√≥n del mercado, decidiendo burocr√°ticamente qu√© deb√≠a producirse, d√≥nde y por qui√©n, y d√≥nde y qui√©n deb√≠a consumirlo. Se estimul√≥ el trabajo voluntario a trav√©s de la emulaci√≥n (estajanovismo), aplazando cualquier reivindicaci√≥n de mejora de condiciones de vida o trabajo para los obreros en cuyo nombre se dec√≠a estar construyendo la sociedad comunista, y relegando la producci√≥n de bienes de consumo en beneficio de la industria pesada. La Tercera Internacional (Komintern o internacional comunista, que se hab√≠a creado en 1919) utiliz√≥ la disciplinada labor de los partidos comunistas de todos los pa√≠ses del mundo en funci√≥n de los intereses del r√©gimen sovi√©tico. Cualquier desviacionismo detectado, incluso el m√°s inveros√≠mil e imaginario (desde el aburguesamiento a la traici√≥n), era advertido al propio afectado, que se ve√≠a obligado a ejercer sobre s√≠ mismo la autocr√≠tica y a aceptar la sanci√≥n de la justicia revolucionaria.

Fascismos
Artículo principal: Fascismo
Encuentro de Hitler y Mussolini, f√ľhrer y duce (gu√≠as) de las dictaduras nazi y fascista, que planteaban como una tercera v√≠a contraria tanto al comunismo (la amenaza m√°s visible a la estructuras capitalistas) como a la democracia liberal, tildada de decadente. Establecieron una alianza denominada Eje Roma-Berl√≠n, en cuya √≥rbita figuraron Jap√≥n, Espa√Īa, Hungr√≠a, Ruman√≠a y los pa√≠ses ocupados durante la Segunda Guerra Mundial. El peculiar carisma de ambos l√≠deres, llevado hasta el histrionismo, fascinaba a las masas que les segu√≠an; pero tambi√©n fue objeto de parodias contempor√°neas, entre las que destacan, por su genialidad y lucidez, El gran dictador de Charles Chaplin (1940) y To be or not to be de Ernst Lubitsch (1942).

En la mayor parte de los pa√≠ses, el desprestigio de la pol√≠tica liberal tradicional y el miedo al comunismo hizo surgir movimientos pol√≠ticos interclasistas y ultranacionalistas, caracterizados por un liderazgo carism√°tico y alg√ļn tipo de parafernalia simb√≥lica agresiva o paramilitar (entre los que destacaba el uso de camisas de ciertos colores). Su evidente similitud y la profundidad de los rasgos comunes con el fascismo italiano ha permitido a la historiograf√≠a calificarlos de fascistas, a pesar de la diversidad de nombres y caracter√≠sticas locales. √önicamente en Alemania, Europa meridional (Portugal, Espa√Īa, Grecia) y oriental (Ruman√≠a, Hungr√≠a, Polonia, B√°ltico) se establecieron end√≥genamente en los a√Īos veinte y treinta dictaduras que reciben com√ļnmente la denominaci√≥n de reg√≠menes fascistas, o bien el calificativo de totalitarios (si consiguieron acabar con todo tipo de discrepancia) o autoritarios (si permitieron un m√≠nimo grado de pluralismo en su propio seno). Durante los a√Īos de la Segunda Guerra Mundial se establecieron incluso en Europa occidental gobiernos colaboracionistas en los que la presencia de los fascistas locales o la implantaci√≥n de medidas pol√≠ticas de tipo fascista era menos decisivo que el control militar alem√°n.

Artículo principal: Italia fascista

En Italia, frustrada en sus ambiciones irredentistas por el Tratado de Versalles, el descontento fue encauzado por el movimiento de los camisas negras de Mussolini (un antiguo socialista, que hab√≠a evolucionado hacia un discurso antiliberal, anticomunista, ultranacionalista, irracionalista y exaltador de la violencia) contra cualquier movimiento prerrevolucionario o simplemente huelgu√≠stico o reivindicativo de los partidos y sindicatos de izquierda. Con la marcha sobre Roma (1922) consigui√≥ que el rey le diera el gobierno fuera de las v√≠as parlamentarias, e inici√≥ una dictadura de facto. Planteaba la superaci√≥n de las divisiones pol√≠ticas con un partido √ļnico y la lucha de clases mediante una pol√≠tica econ√≥mica corporativista. Consigui√≥ el reconocimiento mutuo con el Papa en los Pactos de Letr√°n. La necesidad de expansi√≥n exterior le llev√≥ a aventuras coloniales en Etiop√≠a y Albania, que le pusieron en dificultades en la Sociedad de Naciones.

Artículos principales: Nazismo y Alemania nazi

Alemania, tras la revoluci√≥n espartaquista, hab√≠a experimentado la construcci√≥n de un estado social de derecho con la Rep√ļblica de Weimar, pero la inestabilidad econ√≥mica y social no permiti√≥ su consolidaci√≥n. La radicalizaci√≥n de las posturas m√°s extremistas, enfrentadas violentamente, condujo a la temerosa y empobrecida clase media a optar por la soluci√≥n m√°s opuesta a la revoluci√≥n comunista.

Tras un frustrado golpe de estado (Putsch de M√ļnich, 1923) y su paso por la c√°rcel, donde desarroll√≥ su programa en Mein Kampf, Adolf Hitler consigui√≥ llegar al poder por v√≠a electoral (1933), al tiempo que el partido nazi, inicialmente un partido minoritario caracterizado por sus enfrentamientos en la lucha callejera contra grupos izquierdistas, iba ocupando cada vez m√°s espacios p√ļblicos y privados, restringiendo las libertades y aniquilando toda oposici√≥n o manifestaci√≥n de pluralismo (incluido el de sus propias filas -noche de los cuchillos largos-). El objetivo de la propaganda nazi, eficazmente utilizada por Goebbels (repite mil veces una mentira y acabar√° convirti√©ndose en verdad), se centr√≥ obsesivamente en responsabilizar a los jud√≠os de todos los males de la gente com√ļn, que acab√≥ convenci√©ndose de pertenecer al grupo de verdaderos alemanes, los de raza aria, cuyos intereses particulares deb√≠an supeditarse a la grandeza de Alemania. Tal grandeza deb√≠a recuperarse con la expansi√≥n a trav√©s de un espacio vital que inclu√≠a no s√≥lo las dispersas zonas habitadas por gentes de habla alemana, sino la Europa oriental habitada por los eslavos, presentados como otra raza inferior.

La pol√≠tica de apaciguamiento que Francia e Inglaterra mantuvieron hasta los acuerdos de M√ļnich permitieron a Hitler cumplir la parte inicial de su programa expansivo y rearmar una Gran Alemania, convertida en el Tercer Reich.

Art√≠culos principales: Guerra civil espa√Īola y Franquismo

La Segunda Rep√ļblica Espa√Īola, un breve experimento de modernizaci√≥n a cargo de una minor√≠a de intelectuales que pretend√≠an apoyarse en la amplia base del movimiento obrero, termin√≥ tr√°gicamente en una guerra civil durante la que se produjo una revoluci√≥n social en la retaguardia republicana. El apoyo de la Uni√≥n Sovi√©tica al gobierno republicano del Frente Popular y el de las potencias fascistas a los militares sublevados contrast√≥ con el mantenimiento de una pol√≠tica de no intervenci√≥n por las democracias occidentales. La victoria del bando sublevado estableci√≥ el r√©gimen de Franco (que incorporaba, adem√°s de los elementos similares al fascismo de Falange Espa√Īola, otros tradicionalistas, conservadores, militaristas y cat√≥licos -el nacionalcatolicismo-). De cara al inmediato futuro de Europa, esta primera batalla de la Segunda Guerra Mundial estimul√≥ los planes de Hitler, en un contexto ya claramente preb√©lico para todas las naciones.

Crisis de 1929 y Estado del bienestar

Una multitud se aglomera ante la Bolsa de Nueva York el jueves negro, 23 de octubre de 1929.

Como una reacci√≥n a los cambios econ√≥micos y pol√≠ticos en torno a la Primera Guerra Mundial, se sentaron las bases del estado del bienestar. Durante el siglo XIX, el liberalismo econ√≥mico hab√≠a concebido al Estado como un mero garante del orden p√ļblico, sin legitimidad para intervenir en la actividad econ√≥mica de la naci√≥n (estado m√≠nimo). Sin embargo, de manera progresiva, el Estado hab√≠a tenido que intervenir en la regulaci√≥n de las condiciones de trabajo, a trav√©s de las leyes sociales, creando el moderno Derecho del Trabajo, como una manera de responder a los apremiantes problemas derivados del industrialismo y desactivar la bomba de tiempo que representaban las aspiraciones del movimiento obrero.

Sin embargo, fue despu√©s de la Primera Guerra Mundial cuando se produjo el cambio te√≥rico fundamental. El economista John Maynard Keynes observ√≥ que la oferta econ√≥mica es reflejo de la demanda (no al rev√©s, como planteaba cl√°sicamente la ley de Say), y por ende, la manera de levantar una econom√≠a deprimida (fase baja del ciclo econ√≥mico cuya misma existencia era discutida por los te√≥ricos del libre mercado) era subsidiando la demanda a trav√©s de una fuerte intervenci√≥n estatal. Consciente de las consecuencias negativas de las cl√°usulas econ√≥micas del Tratado de Versalles, hab√≠a predicho que los pagos a que se obligaba a Alemania, junto con el endeudamiento (tanto de √©sta como de las potencias vencedoras) con Estados Unidos, provocar√≠a un desorden financiero internacional con consecuencias funestas. No obstante, los a√Īos veinte fueron los felices veinte, propicios a la especulaci√≥n, la compra a cr√©dito y el consumismo, al menos en Estados Unidos (un pollo en cada cazuela y dos coches en cada garaje, era el slogan electoral de Herbert Hoover), que s√≥lo parec√≠a deslucirse por la ley seca y el gansterismo. La crisis de posguerra, fruto de la desmovilizaci√≥n, no tuvo consecuencias muy graves en las econom√≠as, a excepci√≥n de la alemana, sometida a una terrible hiperinflaci√≥n. Los consejos de Keynes fueron desoidos, y no se acogieron por parte de los gobiernos hasta despu√©s de que la Gran Depresi√≥n posterior al crack de 1929 (momento en que estall√≥ la burbuja de especulaci√≥n financiera) literalmente arras√≥ el mercado de valores, y tras √©l el sistema productivo y el mercado laboral generando un pavoroso paro masivo. El recurso generalizado al proteccionismo deprimi√≥ a√ļn m√°s el comercio internacional y acentu√≥ la depresi√≥n econ√≥mica.

En la d√©cada de 1930, reg√≠menes pol√≠ticos muy diferentes entre s√≠ emprendieron, como salida a la Gran Depresi√≥n, pol√≠ticas keynesianas, es decir, intervencionistas, de est√≠mulo de la demanda a trav√©s de las obras p√ļblicas, subsidios sociales y aumento extraordinario del gasto p√ļblico, con abundante recurso a la deuda p√ļblica. La llegada a la presidencia estadounidense del dem√≥crata Franklin Delano Roosevelt emprendi√≥ esas medidas con la denominaci√≥n de New Deal (Nuevo acuerdo o Nuevo reparto de cartas). La econom√≠a dirigida del corporativismo fascista pod√≠a considerarse hasta cierto punto similar, y concretamente el rearme alem√°n proporcionaba una soluci√≥n tanto al ej√©rcito de parados como a la industria pesada. La Uni√≥n Sovi√©tica de Stalin ya era una econom√≠a planificada desde el Estado, y su sistema econ√≥mico no capitalista, aislado del circuito financiero, la hac√≠a inmune a los efectos del Crack de 1929.

Empeque√Īecimiento de Europa y protagonismo de nuevos espacios: Asia y Am√©rica.

La adopci√≥n por parte del mundo extraeuropeo de ideas, tecnolog√≠as, sistemas pol√≠ticos y socioecon√≥micos originados en Europa, llev√≥ a la paradoja de que la misma Europa se vio reducida en tama√Īo e importancia en el concierto mundial. En adelante debi√≥ conformarse con ser un actor m√°s en un escenario geopol√≠tico que se hab√≠a hecho mucho m√°s vasto.

Attaturk, el 20 de septiembre de 1928, explica el nuevo alfabeto en una pizarra, bajo la bandera turca.
Kemalismo en Turquía

El periodo final del Imperio Turco ya estaba gobernado por una √©lite occidentalizadora (los J√≥venes Turcos). La disoluci√≥n del imperio se fue dise√Īando en las conversaciones diplom√°ticas de la Conferencia de Par√≠s (1919) que culminaron en el tratado de S√®vres, en medio de un escenario estrat√©gico que amenazaba incluso con hacer inviable la continuidad de ninguna naci√≥n turca, o reconocer otros estados que finalmente no se consolidaron (Armenia Wilsoniana, intento de definici√≥n de una naci√≥n armenia tras los traum√°ticos hechos que la diezmaron durante la Primera Guerra Mundial, de denominaci√≥n debatida -v√©ase genocidio armenio-).

La reacci√≥n nacionalista liderada por Mustaf√° Kemal (denominado Atat√ľrk o padre de los turcos) expandi√≥ militarmente las fronteras del estado residual en que se hab√≠a convertido la nueva rep√ļblica de Turqu√≠a (Guerra de Independencia Turca). El programa occidentalizador que impuls√≥ desde ese momento incluy√≥ la sustituci√≥n del alfabeto √°rabe por el latino y la del traje tradicional por una moda homologable a la que se ve√≠a en las calles de Par√≠s o Londres. Su sistema pol√≠tico (el kemalismo), que nunca dej√≥ de ser autoritario, se construy√≥ expl√≠citamente a imitaci√≥n de los europeos en un eclecticismo que pretend√≠a reunir elementos de tan distintas y opuestas procedencias como la democracia liberal, el estado social y los totalitarismos fascista y sovi√©tico.

Ceremonia de creación del Taisei Yokusankai (1940), movimiento de encuadramiento político y social de tipo totalitario y militarista, organizado desde el gobierno, que presidió la vida japonesa hasta 1945.
De la revolución Meiji al militarismo japonés

La posibilidad de que una civilizaci√≥n ajena al cristianismo y √©tnicamente no europea se desarrollara hab√≠a sido demostrada por la historia contempor√°nea de Jap√≥n desde la llamada Revoluci√≥n Meiji. El Shogunato Tokugawa hab√≠a sido derrocado en 1868, y a partir de la Era Meiji los sucesivos emperadores impulsaron una profunda occidentalizaci√≥n, que para 1905 hab√≠a conseguido sobrepasar en eficacia al Imperio ruso (guerra ruso-japonesa). En la Primera Guerra Mundial rentabilizaron su postura a favor de la Triple Entente apoder√°ndose de varias colonias alemanas en el Pac√≠fico que retuvieron despu√©s del conflicto. A pesar de la experimentaci√≥n de mecanismos propios del liberalismo democr√°tico (durante la Era Taisho, 1912-1926), la vida pol√≠tica, social y econ√≥mica estaba dominada por el denominado militarismo japon√©s, con unas fuerzas armadas construidas desde finales del siglo XIX bajo el modelo prusiano. El expansionismo japon√©s se proyect√≥ en China, no limit√°ndose a las concesiones puntuales que hab√≠an caracerizado la presencia occidental, sino mediante una presencia militar masiva y conquistas territoriales, que desde Manchuria se extendieron al sur por China oriental (guerras chino-japonesas, la primera en 1894-95 y la segunda desde 1937, ya en la Era ShŇćwa). La pretensi√≥n de desplazar a los blancos (ingleses, franceses, holandeses y estadounidenses) como colonizadores de Asia se lleg√≥ a desarrollar ideol√≥gicamente, en una pretensi√≥n que parec√≠a s√≥lidamente cimentada en un crecimiento econ√≥mico s√≥lo limitado por la escasez de materias primas que caracterizaba al suelo japon√©s. La necesidad de ese espacio vital (en terminolog√≠a nazi) empuj√≥ a Jap√≥n a la alianza con Alemania y le conducir√≠a a la Segunda Guerra Mundial en un escenario in√©dito en la historia b√©lica: la Guerra del Pac√≠fico (1937-1945). La responsabilidad en la pol√≠tica japonesa de un complejo entramado de intereses pol√≠ticos, industriales y militares, encabezado por el general Hideki TŇćjŇć, diluy√≥ la del propio emperador Hiro Hito lo que permiti√≥ la continuidad de √©ste en el trono tras la ocupaci√≥n estadounidense (que le consideraba clave para el mantenimiento de la cohesi√≥n social japonesa) hasta su muerte en 1989.

Campesinos chinos acarreando material para el ej√©rcito comunista en una fecha indeterminada de los a√Īos treinta. La prolongada y penos√≠sima Larga Marcha forj√≥ una peculiar vinculaci√≥n entre las masas campesinas y los cuadros del Partido Comunista Chino de Mao Zedong.
Revolución china
Art√≠culo principal: Rep√ļblica de China (1912-1949)

La Dinast√≠a Qing fue derrocada en 1911 despu√©s de un largo per√≠odo de guerras civiles que significaron el fin de un Imperio milenario. Sun Yat-Sen emprendi√≥ un proceso de modernizaci√≥n occidentalizadora de la Rep√ļblica de China, que se vio imposibilitado tanto por la intervenci√≥n externa (principalmente la japonesa) como por fuertes divisiones internas, con zonas enteras independizadas en la pr√°ctica y gobernadas por se√Īores de la guerra locales, y la cada vez mayor presencia comunista entre las masas urbanas y campesinas. La guerra civil china dur√≥ de 1927 hasta 1950, incluyendo el periodo de la Segunda Guerra Mundial y la m√≠tica Larga Marcha protagonizada por el l√≠der comunista Mao Ts√© Tung, que termin√≥ proclamando la Rep√ļblica Popular China en 1949, mientras que el nacionalista Chiang Kai-shek resist√≠a en Taiwan protegido por la flota estadounidense.

Mahatma Gandhi, líder inspirador de la independencia de la India, fue víctima a su vez de la terrible violencia que la caracterizó.
Violencia y no-violencia en India

El movimiento de independencia indio tenía precedentes anteriores, pero no fue hasta después de la Primera Guerra Mundial, y bajo el liderazgo de Mahatma Gandhi y su propuesta de resistencia no violenta (ahimsa), que los nacionalistas se hicieron cada vez más fuertes. Tras la Masacre de Amritsar (1919) los británicos se vieron obligados a iniciar un lento proceso de negociaciones, que culminaría en su independencia tras el nuevo paréntesis de la Segunda Guerra Mundial.

El mundo anglosajón no europeo

Los dominios británicos de Canadá y Australia, cada vez más independientes de hecho, incrementaron espectacularmente su economía y población.

Estados Unidos emergi√≥ como gran potencia mundial despu√©s de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, cuando Woodrow Wilson remiti√≥ al Congreso la aprobaci√≥n del ingreso en la Sociedad de Naciones (una de sus propias ideas para la paz -catorce puntos de Wilson-), fue ampliamente rechazada, prefiriendo la clase pol√≠tica estadounidense la tradicional pol√≠tica de aislacionismo. No obstante, la √≠ntima conexi√≥n del capitalismo industrial, comercial y financiero estadounidense con el resto del mundo hizo imposible el mantenimiento de esa postura en los a√Īos cuarenta.

América Latina. La revolución mexicana

Algunas naciones de América Latina, sobre todo las zonas con gran emigración europea (Argentina o Brasil, y en menor medida Venezuela o Chile), también se convirtieron en agentes internacionales activos a pesar de no intervenir en la Primera Guerra Mundial, neutralidad que incluso las benefició, por el aumento de la demanda de materias primas y todo tipo de productos durante el periodo bélico. México, en cambio, experimentó una especial coyuntura histórica: su revolución.

Artículo principal: Revolución mexicana

En México, las fuertes tensiones entre una oligarquía positivista (Porfirio Díaz) y una amplia base campesina desprotegida llevaron finalmente a la revolución mexicana (1910 - 1920), en la que líderes campesinos como Emiliano Zapata y Pancho Villa se rebelaron y pusieron en jaque al viejo orden. En medio de este proceso se promulgó la Constitución de 1917, que fue pionera entre los documentos de su tipo en el mundo, por incorporar en su articulado diversas garantías sociales para la población. De todos modos, el restablecimiento de la paz social fue dificultoso, y la nueva institucionalidad sólo puede considerarse establecida y consolidada bajo la Presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940).

Bombarderos soviético y británico saludándose sobre Berlín, en un cartel propagandístico. Tanto la aviación como la propaganda fueron masivamente utilizadas en la Segunda Guerra Mundial, a una escala no igualada en ninguna otra contienda anterior, y difícilmente comparable a las posteriores. La orientación de todas las fuerzas productivas de cada nación hacia la denominada economía de guerra significó de hecho el final de las consecuencias de la Gran Depresión y la consolidación del papel keynesiano de los estados como agentes económicos decisivos. Los Estados Unidos reconvirtieron temporalmente su gigantesca industria automovilística para la fabricación de 300.000 aviones. El resto de los países fabricaron 480.000 más. Las extraordinarias dimensiones relativas del esfuerzo productivo japonés, alemán o soviético fueron comparativamente mayores incluso.[66] La capacidad de llevar la guerra a la retaguardia enemiga, junto con otras penosas condiciones, hicieron que la mayor parte de las víctimas fueran civiles, y que la destrucción de equipamiento (estratégico o no) fuera muy superior a la del material de uso propiamente militar. La escala de las operaciones logísticas llegó a ser tan extraordinaria (desembarco de Normandía) que necesitó la aplicación de las primeras computadoras, que también se destinaron a la criptografía. Algunas innovaciones tecnológicas aplicadas durante el conflicto demostraron ser decisivas, como el RADAR británico y el arma atómica estadounidense; aunque otras no tuvieron oportunidad de desarrollarse en toda su capacidad, como el programa alemán de misiles (V-1 y V-2).

Segunda Guerra Mundial

Artículo principal: Segunda Guerra Mundial

Garantizada la colaboraci√≥n de Stalin por el Pacto Germano-Sovi√©tico, Hitler se decidi√≥ (1 de septiembre de 1939) a la incorporaci√≥n de una de sus reivindicaciones expansionistas m√°s delicadas: el pasillo de Danzig, que implicaba la invasi√≥n de la mitad occidental de Polonia (la mitad oriental, junto con Estonia, Letonia y Lituania fue ocupada por la Uni√≥n Sovi√©tica). Inglaterra y Francia declararon la guerra, que esperaban como una repetici√≥n de la guerra de trincheras para la que hab√≠an tomado toda clase de precauciones (L√≠nea Maginot) que demostraron ser del todo in√ļtiles. Las maniobras espectaculares de la blitzkrieg (guerra rel√°mpago) proporcionaron en pocos meses a Alemania el control de Noruega, Dinamarca, Holanda, B√©lgica y la propia Francia, mientras el ej√©rcito brit√°nico escapaba in extremis desde las playas de Dunkerque. Pr√°cticamente todo el continente europeo estaba ocupado por el ej√©rcito alem√°n o por sus aliados, entre los que destacaba la Italia fascista, cuya aportaci√≥n militar no fue muy significativa.

La batalla de Inglaterra, la primera completamente aérea de la historia, mantuvo durante el periodo siguiente la presión sobre el nuevo gobierno de Winston Churchill, decidido a la resistencia (sangre, sudor y lágrimas) y que finalmente venció, entre otras cosas gracias a una innovación tecnológica (el RADAR) y al decisivo apoyo estadounidense, que negoció en varias entrevistas con Roosevelt (Carta del Atlántico, 14 de agosto de 1941).

En 1941 la necesidad estrat√©gica de ocupar los campos petrol√≠feros del C√°ucaso llevaron a la invasi√≥n alemana de la Uni√≥n Sovi√©tica (operaci√≥n Barbarroja), inicialmente exitosa, pero que se estanc√≥ en los sitios de Leningrado y Stalingrado. Al mismo tiempo, los japoneses atacaron Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941), provocando la entrada de Estados Unidos en la guerra. En el norte de √Āfrica, la batalla de El Alamein (1942) fren√≥ el avance alem√°n desde Libia hacia Egipto.

El periodo final de la guerra se caracterizó por las complejas operaciones necesarias para los desembarcos aliados en Europa (Sicilia, septiembre de 1943, Anzio, enero de 1944, Normandía, junio de 1944) y el hundimiento del frente oriental en el que se dieron las más masivas operaciones de tanques de la historia (Batalla de Projorovka, julio de 1943), mientras en el frente occidental los alemanes experimentaban armas tecnológicamente muy desarrolladas (V-1, V-2), y soportaban bombardeos destructivos sobre sus ciudades a una escala nunca antes vista (Bombardeo de Dresde, febrero de 1945). En la Guerra del Pacífico los estadounidenses tuvieron que desalojar isla a isla a los japoneses hasta los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

A diferencia de la Primera Guerra Mundial, la rendici√≥n (tanto la japonesa como la alemana) se produjo por derrota total, sin que fuera posible ning√ļn tipo de negociaci√≥n. Las conversaciones decisivas fueron las que plantearon la divisi√≥n de Europa en zonas de influencia entre los aliados, y que se negociaron en sucesivas cumbres (Conferencia de Teher√°n, 1 de diciembre de 1943, Conferencia de Yalta, febrero de 1945, Conferencia de Potsdam, julio de 1945).

Revoluciones científicas y estéticas

La primera mitad del siglo XX vio también una serie de revoluciones científicas sin precedentes, que marcaron un cambio de paradigma fundamental en el pensamiento científico.

A principios de siglo se redescubri√≥ el trabajo de Gregor Mendel sobre la herencia gen√©tica, que en el tiempo de su publicaci√≥n hab√≠a pasado desapercibido; las investigaciones bioqu√≠micas posteriores llevaron al descubrimiento de la estructura y funci√≥n del ADN para el c√≥digo gen√©tico en los a√Īos cincuenta. El descubrimiento de los grupos sangu√≠neos posibilit√≥ la generalizaci√≥n de la transfusi√≥n sangu√≠nea y los avances en cirug√≠a que llevaron a la era de los trasplantes. Las investigaciones de Ram√≥n y Cajal abrieron el camino de las neurociencias; mientras que el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming (1928) y su dificultosa elaboraci√≥n posterior (no fue posible hasta los a√Īos cuarenta) llevaron al desarrollo de los primeros antibi√≥ticos.

La historia de la electricidad entró en un periodo decisivo para su implicación en todo tipo de procesos productivos. Por su parte, la química orgánica y la producción de plásticos significaron una revolución en los materiales disponibles.

Una serie de hallazgos, inicialmente controvertidos y expuestos a todo tipo de fraudes (aceptación de la veracidad de las pinturas de Altamira, 1879-1902, comprobación de la falsedad del Hombre de Piltdown, 1912-1953), permitió a los paleontólogos empezar a vislumbrar a grandes rasgos el complejo árbol de la evolución humana (Hombre de Spy, 1886, Hombre de Java, 1891, mandíbula de Mauer, 1907, Hombre de La Chapelle-aux-Saints, 1908, Hombre de Pekín, 1921, Australopithecus, 1924). Mientras un importante grupo de cultivadores de la antropología física se implicó en una deriva hacia el racismo, la antropología cultural sofisticó su metodología con las aportaciones de James Frazer (La rama dorada, 1890-1922) o Bronislaw Malinowski (Los argonautas del Pacífico Occidental, 1922).

Revolución relativista

La mayor de las revoluciones de dicho período se produjo en el campo de la Física. Durante el siglo XIX se habían acumulado desafíos a la continuidad del paradigma científico de la mecánica newtoniana, que se veía forzada a adaptarse a los datos observados con recursos cada vez más artificiosos, como la teoría del éter.

En 1900, el f√≠sico Max Planck estableci√≥ que la luz no pod√≠a desplazarse en cualquier cantidad, sino s√≥lo en "paquetes" de un tama√Īo peque√Īo, pero determinado e indivisible: los quanta. Se inici√≥ el espectacular desarrollo posterior de la f√≠sica cu√°ntica, exigiendo conceptos de imposible encaje en la forma tradicional de percibir y entender la naturaleza (por ejemplo, la identidad dual del fot√≥n, como onda y como part√≠cula a la vez). La concepci√≥n de la estructura √≠ntima de la materia cambi√≥ con rapidez, con la proposici√≥n de diversos modelos at√≥micos (Niels Bohr, Ernest Rutherford, etc.) que reproduc√≠an una estructura √≠ntima cada vez m√°s compleja que se pod√≠a estudiar experimentalmente (desde la producci√≥n del electr√≥n en los rayos cat√≥dicos hasta el estudio de la radiactividad -esposos Curie (Marie y Pierre Curie)- y los reactores at√≥micos -Enrico Fermi-). La enunciaci√≥n del principio de incertidumbre (Heisenberg, 1927), junto con otras formulaciones de indeterminaci√≥n, indecidibilidad o indiferencia en campos cient√≠ficos (teoremas de la incompletitud de G√∂del, 1930, paradoja de Schr√∂dinger, 1935), que implicaban la renuncia a entender la realidad de forma determinista, trascendieron de lo meramente cient√≠fico, y se convirtieron en una caracter√≠stica extensible a la producci√≥n intelectual, la visi√≥n del mundo y la experiencia vital en el convulso siglo XX: la revoluci√≥n relativista, que se hab√≠a iniciado con los cinco art√≠culos que el joven f√≠sico Albert Einstein public√≥ en 1905. La f√≠sica mecanicista de Isaac Newton, con sus conceptos absolutos de espacio y tiempo, quedaba restringida a un caso particular (si bien el m√°s aplicable en la experiencia humana cotidiana) de la f√≠sica relativista que identificaba tiempo y espacio (relativos en funci√≥n del observador), materia y energ√≠a (con la popularizada f√≥rmula E=mc¬≤). La posici√≥n del hombre en un universo en expansi√≥n (Ley de Hubble, 1929), poblado de innumerables galaxias, se empeque√Īec√≠a y relativizaba; al tiempo que se pon√≠a en su mano la posibilidad de utilizar una capacidad de destrucci√≥n cuyas consecuencias √©ticas quiz√° no estuviera en condiciones de valorar.

Vanguardias artísticas y literarias

Un automobile ruggente, che sembra correre sulla mitraglia, √® pi√Ļ bello della Vittoria di Samotracia. (Un autom√≥vil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es m√°s hermoso que la Victoria de Samotracia).

La rebelión del arte independiente de la segunda mitad del XIX, que llevó a la revolución pictórica del impresionismo, exaltaba la libertad individual del artista frente a las convenciones academicistas. La voluntad constante de buscar la originalidad y la provocación frente a un mundo también cambiante se plasmó en la rápida sucesión de las vanguardias.[67] Incluso la arquitectura, el arte más conservador por su propia naturaleza estable y su dimensión económica y funcional, sufrió una transformación radical en el primer tercio del siglo XX.

Encontrando un valor en la incomprensión social, el malditismo de los artistas tendía hacia formas cada vez más rebuscadas y elitistas (decadentismo, simbolismo, etc.). Marinetti (Manifiesto futurista, 1908) vio las innovaciones técnicas y sociales tan dignas para material artístico y literario como los temas antiguos o clásicos. Marcel Proust (En busca del tiempo perdido, 1908-1923), pretendía captar la realidad en sus más mínimos detalles, no con el compromiso político o el contacto con la realidad social del realismo literario y el naturalismo del XIX, vías agotadas prosaicas para los escritores vanguardistas. James Joyce, inspirándose en la Odisea de Homero, compendió las técnicas literarias experimentales (corriente de la conciencia o monólogo interior) en su Ulysses (1922), novela que llegó a ser prohibida por pornográfica.

La literatura popular continu√≥ con la fascinaci√≥n por el follet√≠n, de tradici√≥n rom√°ntica. Se sentaron las bases, entre otros g√©neros, de las modernas novela policiaca y novela negra. A pesar de reflejar en su tem√°tica rocambolesca y morbosa las tensiones propias del per√≠odo y de no carecer de innovaciones formales, era mucho m√°s conservadora; sobre todo por la imposici√≥n del gusto kitsch del p√ļblico al que se dirig√≠a, las masas, mientras que la literatura experimental se dirig√≠a a una √©lite selecta e ilustrada.

V√©anse tambi√©n: Arte moderno, Arte contempor√°neo, Vanguardismo, Arquitectura moderna y Literatura moderna

La "historia inmediata" del "mundo actual": hacia la globalización

Diferentes presentaciones farmacéuticas de la píldora anticonceptiva. El código de barras y el blíster, con sus ligeras láminas de plástico transparente y de aluminio, son también innovaciones tecnológicas de la segunda mitad del siglo XX.

Las diferentes etiquetas metodológicas para designar la historia del mundo actual o del tiempo presente no han llegado a un consenso académico sobre su hito de origen, aunque el final de la Segunda Guerra Mundial, con el espectacular inicio de la era atómica y la política de bloques de la guerra fría, fue considerado, al menos hasta finales de siglo XX, como matriz del tiempo presente.[68]

También son de uso denominaciones que se refieren a las transformaciones tecnológicas, energéticas y de los materiales propias de la tercera revolución industrial; y que bautizan como era nuclear a la que sigue a la era de la electricidad o era del petróleo (propias de la segunda revolución industrial, como la era del vapor lo fue de la primera), a pesar de que los combustibles fósiles siguieron siendo los dominantes, incluso tras la crisis energética de 1973. La era del plástico,[69] que había comenzado con las innovaciones de la química orgánica de comienzos de siglo, se materializó efectivamente en sus décadas centrales (celofán, plexiglás, nailon, etc.). La píldora anticonceptiva (1960) revolucionó la demografía y la sociedad; al mismo tiempo que la revolución verde parecía haber encontrado la solución al dilema malthusiano de la disparidad de crecimiento entre población y recursos.

Los l√≠mites al desarrollo y al consumismo aparecieron en forma de crisis energ√©ticas y ambientales (contaminaci√≥n de suelos, aguas y atm√≥sfera, adelgazamiento de la capa de ozono, calentamiento global), mientras la gesti√≥n de los residuos se convert√≠a en un problema grave y a los problemas sanitarios tradicionales, ligados al hambre y al bajo nivel de vida se sumaban los derivados de la obesidad y otros trastornos alimentarios, el estr√©s, el tr√°fico derivado de la intensa motorizaci√≥n y la cada vez mayor presencia de t√≥xicos y carcin√≥genos de todo tipo en los alimentos y el medio ambiente. Los mismos antibi√≥ticos, de uso generalizado desde los a√Īos cincuenta, que parec√≠an haber dotado a la medicina del arma definitiva contra las infecciones, demostraron ser s√≥lo un remedio temporal cuyo abuso degener√≥ en resistencia bacteriana.

La era de la informaci√≥n, con su correlato embrutecedor (sociedad del espect√°culo y otros conceptos vinculados a la televisi√≥n y su gigantesco impacto cultural y social[70] ) y su correlato enriquecedor (la evoluci√≥n hacia las denominadas econom√≠a del conocimiento y era digital[71] ) marcan un plano de innovaciones socioecon√≥micas a√ļn m√°s decisivas de un mundo cada vez m√°s terciarizado e integrado tras las sucesivas fases del proceso de globalizaci√≥n,[72] especialmente las producidas con la institucionalizaci√≥n de la econom√≠a internacional por los acuerdos de Bretton Woods (1944-1946), con la apertura de las amplias zonas antes restringidas al comercio colonial (descolonizaci√≥n hacia 1960), y por √ļltimo con la transici√≥n al capitalismo del bloque socialista (hacia 1990).

La rivalidad ideol√≥gica entre los bloques no fue tan irreconciliable como se desprend√≠a de las declaraciones ret√≥ricas, incluso durante la distensi√≥n (Nikita Jrushchov planteaba que la misi√≥n del comunismo era esperar a ser el enterrador del capitalismo). Algunos te√≥ricos, como Maurice Duverger, detectaron incluso la convergencia de ambos en torno distintos grados de desarrollo de un estado planificador y de la ampliaci√≥n de los derechos individuales; puntos que tambi√©n eran los que marcaban el campo de discrepancia de los paradigmas econ√≥micos en que se mov√≠an los socialdem√≥cratas y los liberal-conservadores dentro de Occidente, especialmente en los pa√≠ses integrados en la Uni√≥n Europea.[73] La pragm√°tica evoluci√≥n de China hacia la econom√≠a de mercado se suele interpretar en un sentido similar, aunque sus gigantescas dimensiones y el mantenimiento de su sistema pol√≠tico plantean inc√≥gnitas no resueltas. La interpretaci√≥n m√°s optimista es la que ve esta evoluci√≥n como un fin de la historia (Francis Fukuyama). La interpretaci√≥n m√°s pesimista prev√© un inevitable choque de civilizaciones (Samuel Huntington), sobre todo entre la occidental y la isl√°mica. El panorama mundial se completa con el ascenso de otros espacios antes subdesarrollados: los tigres asi√°ticos y otros NIC (nuevos pa√≠ses industrializados) entre los que destacan Brasil e India, adem√°s de la nueva Rusia postcomunista (los denominados BRIC). La resistencia a la globalizaci√≥n (altermundialismo) denuncia el ahondamiento de la brecha del desarrollo entre pa√≠ses ricos y pobres, especialmente evidente en la tragedia continuada del √Āfrica negra, y en el cuarto mundo de la pobreza en el primer mundo, enquistada en la marginaci√≥n y la inmigraci√≥n.

El mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial (1945-1973)

Las superpotencias y el equilibrio del terror: la Guerra Fría

Artículo principal: Guerra Fría
Conferencia de Yalta (febrero de 1945): Stalin, Roosevelt y Churchill, en v√≠speras de la derrota de Alemania, dise√Īaron las l√≠neas maestras que regir√≠an el mundo posterior a la guerra incluyendo la divisi√≥n de Europa en zonas de influencia.

Sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, se defini√≥ un nuevo orden mundial en que las viejas potencias europeas, muy da√Īadas, incluso las victoriosas, tuvieron que renunciar al mantenimiento de sus vastos imperios en los que se impuso la descolonizaci√≥n, lo que aument√≥ el n√ļmero de actores pol√≠ticos mundiales desde una cincuentena hasta aproximadamente doscientos, en menos de medio siglo.

Sin embargo, este proceso no significó que los nuevos países adquirieran una independencia real, pudiéndose hablar de un neocolonialismo; y una alineación general en dos bloques liderados cada uno por una superpotencia. Tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética habían superado la guerra en condiciones de disputarse la supremacía mundial; carrera en la que los Estados Unidos partía con una clara ventaja.[74]

Su enfrentamiento no s√≥lo se deb√≠a a cuestiones de equilibrio internacional, sino a sus opuestas estructuras econ√≥micas, sociales y pol√≠ticas, y a su divergente ideolog√≠a y propaganda: Estados Unidos identificado con el liberalismo pol√≠tico y econ√≥mico, que se autodefin√≠a como l√≠der del mundo libre y campe√≥n de la democracia; mientras que la Uni√≥n Sovi√©tica era presentada como la alternativa totalitaria comunista (estalinismo, Pacto de Varsovia, Kominform, KGB), agresiva y expansionista, que impon√≠a reg√≠menes de partido √ļnico sometidos al centralismo democr√°tico y un r√≠gido sistema econ√≥mico negador de la libertad econ√≥mica. La Uni√≥n sovi√©tica, por su parte, se exhib√≠a como el socialismo realmente existente caracterizado por la colectivizaci√≥n y la planificaci√≥n estatal, propiciadora de la extensi√≥n revolucionaria de las democracias populares que superar√≠an a trav√©s de la colaboraci√≥n y el internacionalismo proletario la sumisi√≥n a las viejas potencias o a la nueva encarnaci√≥n del imperialismo: los Estados Unidos, presentado como una entidad militarista, racista y opresora (macarthismo, discriminaci√≥n racial), y proyectada al exterior por oscuras instituciones (la OTAN, la CIA, la trilateral).

El mundo dividido por la guerra fría en torno a 1959. En rojo la Unión Soviética y sus aliados, en azul los Estados Unidos y los suyos. En verde los territorios coloniales, en vísperas de la descolonización.
Telón de acero, macarthismo y espionaje

Un Telón de Acero (metáfora debida a Winston Churchill) dividió Europa, y por extensión el mundo, separándolo en dos bloques, entre los que se situaban de varias zonas de influencia disputada y que se transformaron en puntos de fricción internacional. Ante el temor de suscitar crisis que amenazaran con desencadenar un enfrentamiento directo, como podría haber ocurrido durante el bloqueo de Berlín (1949) o la crisis de los misiles en Cuba (1962); la lógica de la guerra fría planteaba conflictos en zonas periféricas, de gran violencia, pero que no significaban un choque directo entre las dos superpotencias, como la guerra de Corea (1950-1953) y la guerra de Vietnam (1958-1975). No obstante, las sucesivas ampliaciones de la zona de influencia soviética (victoria del bando comunista en la guerra civil china, 1949, revolución cubana, 1959, descolonización africana) fue vista con preocupación desde el bloque occidental (teoría del dominó), que justificó la necesidad de intervenir en todo tipo de conflictos donde se identificase la posibilidad de avance soviético (doctrina Truman). De hecho, la obsesión por la infiltración comunista se aplicaba al interior de los Estados Unidos, donde entre 1950 y 1956 se desató una caza de brujas (macarthismo) entre políticos, científicos, artistas e intelectuales. La propaganda y contrapropaganda, la intoxicación o desinformación, el espionaje y contraespionaje (tanto de inteligencia militar como político o industrial ), las figuras del agente encubierto y del agente doble, fue parte esencial de la diplomacia de la época (KGB, CIA, UKUSA, Echelon, etc.). Las novelas y películas de espías se convirtieron en un género popular (El tercer hombre, Carol Reed, 1949; Ian Fleming y su personaje James Bond, etc.).

Carrera espacial y carrera de armamentos

La rivalidad entre las superpotencias desat√≥ una carrera de armamentos centrada en la posesi√≥n del arma nuclear, que los Estados Unidos desarrollaron en el √ļltimo a√Īo de la Segunda Guerra Mundial (1945) y posteriormente compartieron con los brit√°nicos (1952). El proyecto sovi√©tico de la bomba at√≥mica culmin√≥ en 1949 (en parte gracias al espionaje). Francia desarroll√≥ su propia arma at√≥mica en 1960 y China en 1964. La firma del tratado de no proliferaci√≥n nuclear en 1968 limit√≥ la incorporaci√≥n de nuevos miembros al selecto club nuclear, al que s√≥lo se a√Īadieron, con un esfuerzo del que se resinti√≥ su desarrollo econ√≥mico, India en 1974 y Pakist√°n en 1998 (a la tradicional ca√Īones o mantequilla, atribuida a Woodrow Wilson, se a√Īadi√≥ en la √©poca el comeremos hierba, atribuida a Benazir Bhutto). Mientras que todos estos pa√≠ses declararon abiertamente su condici√≥n de potencia nuclear, como parte esencial del efecto disuasivo estrat√©gico que tal arma tiene; otros pa√≠ses, en cambio, han optado por la ambig√ľedad en ese terreno, como Israel y la Rep√ļblica Sudafricana, que posiblemente obtuvieron armas nucleares en los a√Īos setenta (Centro de Investigaci√≥n Nuclear del N√©guev, Incidente Vela).

La posesi√≥n de capacidad nuclear en ambos bloques as√≠ como de vectores eficaces para alcanzar casi instant√°neamente el coraz√≥n del territorio del enemigo (misil bal√≠stico, superbombardero y submarino nuclear) hac√≠an imposible que ni siquiera el agresor pudiera sobrevivir al primer ataque, supuesta la represalia autom√°tica. Esta Destrucci√≥n mutua asegurada recibi√≥ un acr√≥nimo de humor negro: MAD (loco, en ingl√©s), originando un "equilibrio del terror" que suscit√≥ el inter√©s de los matem√°ticos que estaban creando la teor√≠a de juegos (John Forbes Nash, que planteaba las ventajas de la colaboraci√≥n incluso con el rival -dilema del prisionero-, y John Von Neumann, partidario de una estrategia radicalmente agresiva, representado como Dr. Strangelove en la pel√≠cula Tel√©fono rojo, volamos hacia Mosc√ļ, de Stanley Kubrick, 1964).[75]

Simult√°neamente, se desarroll√≥ una fren√©tica competici√≥n de aspecto no menos amenazador, aunque su manifestaci√≥n ante la opini√≥n p√ļblica mundial fue casi deportiva: la carrera espacial; en la que los iniciales √©xitos sovi√©ticos fueron contestados por un gigantesco esfuerzo presupuestario estadounidense, cuya superioridad econ√≥mica permiti√≥ ganar la apuesta de Kennedy: llevar un hombre a la Luna antes de 1970. El retorno tecnol√≥gico de la aventura espacial permiti√≥ avances espectaculares en m√ļltiples campos productivos.

Para ambas carreras (la militar y la espacial), fue imprescindible la inicial contribución de los ingenieros alemanes responsables de la principal innovación balística de la época (la V2) que fueron capturados al final de la Segunda Guerra Mundial: Wernher von Braun en Estados Unidos y Helmut Gröttrup en la Unión Soviética, aunque el programa espacial soviético estuvo fundamentalmente a cargo de Sergéi Koroliov.

Socialismo realmente existente, Plan Marshall y "milagro" europeo

Europa, dividida por el Telón de Acero en zonas de influencia mutuamente reconocidas de las dos superpotencias, cumplió el papel de escaparate donde competían sus dos sistemas, antagónicos en todos los aspectos (ideológico, político, social y económico). La reconstrucción de posguerra fue muy diferente en cada caso.

Los Estados Unidos lanzaron el Plan Marshall (1947-1951), un paquete econ√≥mico de ayuda a la reconstrucci√≥n europea que los pa√≠ses de la √≥rbita sovi√©tica rechazaron, con el argumento de que supondr√≠a caer en la dependencia. Como alternativa, fundaron el COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Econ√≥mica), que regul√≥ los intercambios bajo criterios de econom√≠a planificada y el liderazgo sovi√©tico; de un modo similar a c√≥mo pol√≠ticamente los partidos comunistas locales establec√≠an reg√≠menes denominados democracias populares (rep√ļblicas populares o rep√ļblicas democr√°ticas) que, aunque nominalmente autorizaran alg√ļn partido no obrero (como los partidos campesinos) eran de hecho reg√≠menes de partido √ļnico. La resistencia popular a la dominaci√≥n sovi√©tica, ejercida directamente o a trav√©s de gobiernos t√≠tere, lleg√≥ a estallar en revueltas duramente reprimidas (sublevaci√≥n de 1953 en Alemania del Este, revoluci√≥n h√ļngara de 1956, protestas de PoznaŇĄ de 1956, primavera de Praga de 1968, Ley Marcial en Polonia de 1981); o alternativamente, encauzadas en periodos de mayor tolerancia (octubre polaco, revoluci√≥n de terciopelo, legalizaci√≥n del sindicato Solidarnosc) coincidentes con ciertas se√Īales emitidas por el propio Kremlin (desestalinizaci√≥n, distensi√≥n, y finalmente la perestroika).

La rapidez del desarrollo de Alemania Occidental e Italia justificó el uso de las expresiones milagro alemán y milagro italiano, sólo comparables al milagro japonés. De hecho, las potencias derrotadas experimentaron menos dificultades que Francia o Reino Unido, vencedoras, pero sometidas a traumáticos y prolongados procesos de independencia en sus colonias de ultramar. El enorme diferencial acumulado (en niveles de producción y sobre todo de consumo) con los países comunistas del este europeo fue decisivo para la caída de esos regímenes a partir de 1989.

Mercado Com√ļn y Uni√≥n Europea

Artículo principal: Unión Europea
Las sucesivas incorporaciones a las Comunidades Europeas han caracterizado su medio siglo de historia, entre 1957 y 2007.

La Uni√≥n Europea hab√≠a tenido ya en 1949 el exitoso precedente del Benelux (uni√≥n comercial de B√©lgica, Holanda y Luxemburgo), modelo que se aplic√≥ a la Comunidad Europea del Carb√≥n y del Acero (CECA), el Euratom y la Comunidad Econ√≥mica Europea del tratado de Roma de 1957 (esos tres peque√Īos pa√≠ses m√°s tres grandes: Francia, Alemania e Italia), ampliada sucesivamente a nueve (Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, 1973), doce (Grecia, 1980, Espa√Īa y Portugal, 1982) y quince pa√≠ses (Suecia, Austria y Finlandia, 1995). El espacio econ√≥mico europeo se plante√≥ como librecambista e integrador hacia el interior, como la mejor manera de garantizar la convergencia de niveles de vida y la comunidad de intereses que impidiera nuevas guerras (especialmente entre Francia y Alemania, protagonistas de repetidos enfrentamientos desde 1870), mientras que hacia el exterior era fuertemente proteccionista, especialmente en una agricultura generadora de excedentes que garantizaba la estabilidad de la poblaci√≥n rural.

La primitiva comunidad econ√≥mica gest√≥ un germen de unidad pol√≠tica, con la elecci√≥n de un Parlamento Europeo desde 1979, de competencias ampliadas paulatinamente desde el Acta √önica Europea de 1986 y el Tratado de Maastrich de 1992. La incorporaci√≥n de los pa√≠ses de transici√≥n al capitalismo se hizo en dos fases: primero los m√°s desarrollados y estables (en 2004: Polonia, Rep√ļblica Checa, Rep√ļblica Eslovaca -anteriormente unidas en Checoslovaquia-, Hungr√≠a, la ex-yugoslava Eslovenia y las antiguas rep√ļblicas sovi√©ticas de Estonia, Letonia y Lituania, -junto a las islas mediterr√°neas de Chipre y Malta-), y despu√©s Ruman√≠a y Bulgaria (2007). La integraci√≥n de Noruega, negociada en varias ocasiones, se ha pospuesto en cada una de ellas por oposici√≥n interna en ese pa√≠s, que dispone de recursos naturales cuya explotaci√≥n aut√≥noma podr√≠a verse comprometida. La de Islandia, por razones similares (las llamadas Guerras del Bacalao de los a√Īos 50 y 70) no se hab√≠a planteado seriamente hasta la grav√≠sima crisis que afect√≥ a ese pa√≠s en 2008. La candidatura de Turqu√≠a, planteada desde 1963 y repetidamente postergada, es objeto de fuertes discrepancias sobre la posibilidad de que su condici√≥n de pa√≠s musulm√°n, su gran poblaci√≥n y su diferencial de desarrollo afecten a la misma personalidad de la Uni√≥n.

El principal reto econ√≥mico del siglo XXI ha sido intensificar la integraci√≥n, que incluy√≥ la adopci√≥n del euro como moneda com√ļn; a la que no todos los pa√≠ses se han sumado. Destacadamente, entre los m√°s reticentes se encuentra el Reino Unido, desde donde se ha popularizado y extendido la expresi√≥n euroesc√©ptico. El fracaso en la aprobaci√≥n de la Constituci√≥n Europea ha obligado a reformular en varias ocasiones los proyectos m√°s ambiciosos de aumentar la dimensi√≥n pol√≠tica de la Uni√≥n.

Otras instituciones de integración europea, como la EFTA y el Consejo de Europa, han perdido significación como consecuencia del éxito de las instituciones comunitarias, que son un ejemplo de organización supranacional imitado por otros proyectos de integración económica en el mundo.

Las nuevas organizaciones internacionales

Artículo principal: ONU
Sala del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el foro decisivo en las relaciones internacionales desde su fundaci√≥n, donde las cinco potencias mantienen su derecho de veto: Estados Unidos, Uni√≥n Sovi√©tica (luego Federaci√≥n Rusa), China (inicialmente la China Nacionalista de Chang Kai Chek, luego la Rep√ļblica Popular China de Mao Tse Tung), Reino Unido y Francia.

Ante el fracaso de la Sociedad de Naciones para evitar la Segunda Guerra Mundial, la Conferencia de San Francisco (1945) reemplazó a este organismo por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que en 1948 proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El Derecho Internacional, fuertemente soberano, evolucionó para recoger estas nuevas tendencias, que incluyen nociones como la justicia universal y el respeto a los derechos humanos sobre las jurisdicciones nacionales.

Además de mantener una destacada actuación política como foro mundial de las naciones, la ONU desarrolló una serie de organismos paralelos que tendieron a mejorar las condiciones de vida en todo el mundo. A la ya fundada Organización Internacional del Trabajo (OIT), absorbida ahora por la ONU, se sumaron la Unesco, la FAO, la Organización Mundial de la Salud (OMS), etcétera.

Descolonización

Artículo principal: Descolonización

El nacionalismo, surgido en la Europa del siglo XIX e impuesto como principio de nacionalidad, una de las principales inspiraciones de las relaciones internacionales a partir de los catorce puntos de Wilson, se contagió al resto del mundo: a lo largo de los vastos imperios coloniales, más de un centenar de comunidades étnicas tradicionales o meros agregados coyunturales resultado del trazado artificial de fronteras coloniales fueron identificadas como naciones por concienciadas élites autóctonas que empezaron a buscar activamente la independencia.

En 1947, el Imperio Brit√°nico abandon√≥ la India en medio de un sangriento conflicto interno, que origin√≥ la creaci√≥n de tres estados: uno de mayor√≠a hind√ļ (India), otro de mayor√≠a budista (Sri Lanka) y otro de mayor√≠a musulmana (Pakist√°n), del que posteriormente se independiz√≥ el enclave oriental (Bangla Desh, 1971). En 1948, el sionismo vio llegado el momento de imponer la fundaci√≥n del Estado de Israel en parte del Mandato Brit√°nico de Palestina, iniciando un conflicto de larga duraci√≥n con la poblaci√≥n √°rabe local (pueblo palestino) y los estados √°rabes vecinos. Indonesia se independiz√≥ de los Pa√≠ses Bajos. La Indochina francesa inici√≥ una guerra de independencia que origin√≥ el dividido estado de Vietnam, que continu√≥ en guerra civil y con intervenci√≥n extranjera, en la que los estadounidenses sustituyeron a los franceses (Guerra de Vietnam). Las √ļnicas colonias europeas supervivientes en Asia fueron los peque√Īos enclaves de Hong Kong y Macao (entregados a China a finales del siglo XX).

En √Āfrica, los imperios coloniales se fueron abandonando, a veces con independencias pactadas y otras en medio de sangrientas guerras, como la guerra de Argelia contra Francia, la independencia de Kenya (Jomo Kenyatta y los Mau Mau) contra Inglaterra, o las guerras de independencia de Angola y Mozambique contra Portugal. La descolonizaci√≥n del Sahara espa√Īol origin√≥ un nuevo conflicto entre el nuevo ocupante (desde 1975 el reino de Marruecos) y el Frente Polisario. El √ļltimo territorio abandonado por una potencia europea fue la Somalia Francesa (Yibuti, 1977), aunque la √ļltima variaci√≥n fronteriza fue la independencia de Eritrea frente a Etiop√≠a.

Se generaron enormes problemas políticos. el principio del uti possidetis para delinear a los nuevos estados no podía ocultar que las fronteras de los dominios coloniales habían sido trazadas para conveniencia de los imperios europeos, separando o juntando etnias y naciones de manera completamente arbitraria. Los nuevos estados cayeron pronto en la inestabilidad política o en férreas dictaduras, lo que originó catástrofes sociales, el genocidio de etnias minoritarias y desplazamientos masivos de refugiados. La pobreza empeoró sobre el ya precario nivel del pasado colonial, y se desencadenaron hambrunas y epidemias.

Tercermundismo

Artículo principal: Tercermundismo

Las nuevas naciones, aunque econ√≥mica y socialmente subdesarrolladas, representaban a la mayor parte de la poblaci√≥n de la Tierra, y su gran n√ļmero las permit√≠a controlar la Asamblea General de las Naciones Unidas (√≥rgano en realidad poco decisivo). La Conferencia de Bandung (1955) intent√≥ articular al margen de la voluntad de las superpotencias a los pa√≠ses no alineados o Tercer Mundo, expresi√≥n con la que se les quer√≠a comparar con el papel revolucionario del Tercer Estado en 1789 y que termin√≥ siendo equivalente a la de pa√≠ses pobres o subdesarrollados. A los pa√≠ses asi√°ticos y africanos que originalmente formaron parte del movimiento se les vinieron a sumar los pa√≠ses de Am√©rica Latina e incluso algunos europeos: la comunista Yugoslavia (cuyo l√≠der Josip Broz Tito se hab√≠a desvinculado del bloque sovi√©tico en la experimentaci√≥n del denominado socialismo autogestionario) y la capitalista Suecia (tradicionalmente neutral y muy desarrollada econ√≥micamente).

Con fines de integración regional, se fundaron la Organización para la Unidad Africana (1963) o el Pacto Andino (1967).

Populismo latinoamericano y revolución cubana

Con la controvertida etiqueta de populismo se suelen designar diversos reg√≠menes y partidos pol√≠ticos latinoamericanos de mediados del siglo XX (Juan Domingo Per√≥n en Argentina, Get√ļlio Vargas en Brasil, Carlos Ib√°√Īez en Chile, el denominado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas en Per√ļ -pero tambi√©n una de sus fuerzas opositoras: el APRA-, etc.) incluyendo destacadamente el prolongado ejercicio del poder por el PRI mexicano. M√°s all√° de ciertas similitudes con rasgos de las ideolog√≠as m√°s opuestas (fascismo y comunismo), difiere radicalmente de ellas por su pragmatismo y su opci√≥n clara por el reformismo. Se han se√Īalado como caracter√≠sticas propias su car√°cter de movimiento nacionalista y de resistencia contra el neocolonialismo, un anticapitalismo m√°s ret√≥rico que efectivo, la movilizaci√≥n popular, la desconfianza al sistema tradicional de partidos pol√≠ticos, la constituci√≥n de liderazgos carism√°ticos y el intervencionismo estatal, que intentaba superar la dependencia econ√≥mica mediante una industrializaci√≥n acelerada. El populismo latinoamericano ser√≠a la respuesta a la decadencia de los grupos olig√°rquicos como factor de poder, que llev√≥ a la ampliaci√≥n institucional de las bases sociales del estado, del que demanda su conversi√≥n en un "estado regulador".[76]

Artículo principal: Revolución cubana

Tras una guerra de guerrillas contra la dictadura de Batista, en 1959 lleg√≥ al poder en Cuba un grupo de revolucionarios de confusa ideolog√≠a, liderados por Fidel Castro y el internacionalista Ch√© Guevara. La pol√≠tica hostil de Estados Unidos, vinculado econ√≥mica y pol√≠ticamente al anterior r√©gimen y refugio de un cada vez mayor n√ļmero de exiliados cubanos, as√≠ como la propia din√°mica interna del nuevo r√©gimen, llev√≥ a √©ste a un acercamiento cada vez mayor a la Uni√≥n Sovi√©tica y a la definici√≥n de la revoluci√≥n como marxista leninista, dirigida por el Partido Comunista de Cuba.

Medio Oriente y el petróleo

Artículo principal: Conflicto árabe-israelí

La zona de conflicto más activa en todo el periodo fue el Medio Oriente. Las inmensas reservas petrolíferas del Golfo Pérsico la hacían estratégicamente decisiva en la geopolítica petrolera. La desintegración del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial, la sometió a una atomización en zonas de colonización francesa (Siria y Líbano) e inglesa (Jordania e Irak), que se independizaron tras la Segunda Guerra Mundial. Tanto las nuevas naciones como Egipto, Arabia Saudí e Irán, eran presionados para su alineación política y el mantenimiento de la presencia económica de las multinacionales petroleras.

El nacionalismo árabe se encontró con su principal enemigo en el sionismo, que desde la Declaración Balfour había iniciado la emigración al protectorado inglés de Palestina con la clara pretensión de obtener un Estado Nacional judío, que se proclamó unilateralmente en 1948. Israel y el mundo árabe libraron hasta 1973 cuatro guerras abiertas (la consecuente a la descolonización, en 1949, la suscitada por la invasión anglofrancesa del Canal de Suez en 1956, la Guerra de los Seis Días de 1967 y la Guerra de Yom Kipur) que incrementaron sustancialmente el territorio controlado por el estado judío y provocó la salida de un gran contingente de refugiados palestinos. La OLP se organizó como movimiento de resistencia, en cuyo seno surgieron varios grupos armados calificados de terroristas, rivales entre sí.

El dominio de los países árabes en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) convirtió a ésta en un instrumento de presión política internacional en su beneficio, coordinando su producción para controlar los precios en el mercado, e incluso retirando el suministro a los aliados de Israel, lo que estuvo en el origen de la crisis de 1973. El enriquecimiento de las minorías dirigentes de las monarquías del Golfo no conllevó un desarrollo interno de la zona, sino la exportación de capitales (petrodólares) a los países desarrollados.

Contracultura y contestación juvenil. Nuevos movimientos sociales. La revolución de 1968

En el festival de Woodstock, más allá del fenómeno musical, se visualizó un nuevo tipo de comportamiento social atractivo para muchos jóvenes, que rompía las convencionalismos tradicionales: liberación sexual, convivencia interracial, utilización de drogas, desprecio de la ética del trabajo.

Simult√°neamente a la escalada de la tensi√≥n pol√≠tica mundial, los a√Īos cincuenta se caracterizaron en la vida cotidiana de Occidente por la bonanza material y una cierta actualizaci√≥n de los valores tradicionales, identificados con la familia nuclear (lo equ√≠voco de ese t√©rmino, identificable con la amenaza at√≥mica, fue objeto de alguna reflexi√≥n) protagonista del fen√≥meno del baby boom. El final de las penurias de la Segunda Guerra Mundial y la posguerra incluy√≥ la incorporaci√≥n masiva de los electrodom√©sticos y la televisi√≥n.

Las im√°genes idealizadas que transmit√≠an los seriales televisivos y las comedias de Hollywood no supusieron en realidad que la confianza en el futuro fuera generalizada. Esa d√©cada tuvo su lado pesimista en la popularizaci√≥n del existencialismo y del movimiento beatnik, cr√≠ticas m√°s est√©tica que socialmente de izquierdas al capitalismo, el imperialismo y el american way of life. Los miedos presentes en ese tiempo (la Era del Miedo, seg√ļn Albert Camus)[77] se expresaban en el cine de serie B (con productos que iban desde Godzilla -1954- hasta La noche de los muertos vivientes -1968-). Una selecta minor√≠a, cada vez m√°s amplia, de j√≥venes en busca de autoconocimiento (en muchas ocasiones claramente autodestructivo) se lanz√≥ al camino de los viajes que les proporcionaban la vida en la carretera (moteros, mochileros, autostop), el amor libre y las drogas, imitando a Jack Kerouac (On the Road, 1957) o inspirados por las √ļltimas obras de Aldous Huxley (Las puertas de la percepci√≥n, 1954). La brecha generacional que se abri√≥ entre ellos y sus padres provoc√≥ de hecho una mayor represi√≥n y puritanismo frente a los a√Īos cuarenta, como puso de manifiesto la cruzada emprendida contra el c√≥mic desde la publicaci√≥n de La seducci√≥n del inocente de Fredric Wertham (1954). La rebeld√≠a juvenil pretend√≠a rechazar el mundo conservador y tradicionalista de los adultos, y se identificaba en productos que, parad√≥jicamente, le ofrec√≠a la propia industria del cine, como James Dean (Rebelde sin causa, 1955). Los j√≥venes de los cincuenta y los sesenta percib√≠an como un desaf√≠o generacional la lectura de libros como El guardi√°n entre el centeno y acudir a proyecciones de pel√≠culas de arte y ensayo (Nouvelle vague francesa); o provocativo el escribir literatura experimental o realizar happenings y otras manifestaciones de arte contempor√°neo; transgresiones que estaban al alcance de todos, independientemente de su sofisticaci√≥n intelectual, s√≥lo con leer los c√≥mics de la Marvel o escuchar formas cada vez m√°s sofisticadas de rock and roll (de Bill Haley a Elvis Presley, The Beatles, The Rolling Stones, The Doors o The Who).

La acumulación de presión social desde las nuevas generaciones estalló en verdaderas revueltas en la década de los sesenta, marcada por la contracultura del movimiento hippie, basado en ideales tales como el regreso a la naturaleza, la simplificación vital, el pacifismo y el rechazo al materialismo y el consumismo en nombre de un espiritualismo de base oriental (Maharishi Mahesh Yogi) o indígena americana (Carlos Castaneda) más o menos genuino; que no obstante terminaron siendo asimilados como pseudovalores integrables por el mismo sistema que pretendían subvertir. La llamada revolución de las flores o flower power dejó su impronta en movimientos tales como el megaconcierto de Woodstock (1969), la psicodelia y muy diversas sectas, comunas y otros experimentos de mayor o menor proyección.

El activismo pol√≠tico, el otro lado de la moneda de la desmovilizaci√≥n hippie o psicod√©lica, tambi√©n caracteriz√≥ a gran parte de la juventud de la √©poca. La movilizaci√≥n contra la guerra de Vietnam, extendida por los pa√≠ses occidentales, fue especialmente fuerte entre la juventud estadounidense, simult√°neamente al movimiento por los derechos civiles, protagonizado por los afroamericanos, pero de car√°cter interracial (Martin Luther King, Malcolm X, John y Robert Kennedy, todos ellos asesinados entre 1963 y 1968). Las movilizaciones estudiantiles de 1968, iniciadas en el mayo franc√©s y extendidas por Europa occidental (Alemania, Gran Breta√Īa, Espa√Īa, Italia, etc.) y Am√©rica (Estados Unidos, M√©xico, etc.), tuvieron tan confuso car√°cter ideol√≥gico que pod√≠an emparentarse tanto con la primavera de Praga como con la revoluci√≥n cultural de la China mao√≠sta, y popularizaron a pensadores tan opuestos como Heidegger y Marcuse.

La contestación juvenil y los nuevos agentes sociales generaron nuevos movimientos sociales superadores de los movimientos sociales tradicionales, como el movimiento obrero. Entre ellos estaban el ecologismo y la conciencia de los límites del crecimiento (Primavera silenciosa, Rachel Carson -1962-, informe del Club de Roma que propugnaba el crecimiento cero -1970-, Greenpeace -1971-), el movimiento por los derechos del consumidor (Inseguro a cualquier velocidad, 1965, Ralph Nader), el feminismo y otros movimientos relacionados con la revolución sexual (movimiento LGTB), la revolución o renovación educativa (Libro rojo del cole, 1969),[78] la antipsiquiatría, los derechos de los discapacitados y a la vida independiente (Ed Roberts),[79] y muchos otros a menudo opuestos entre sí, que iban desde el movimiento pacifista hasta el terrorismo y otras formas de violencia (Charles Manson, Patricia Hearst).

Aggiornamento de la Iglesia Católica

Ni siquiera la Iglesia Cat√≥lica permaneci√≥ ajena a la fiebre juvenil. La necesidad del aggiornamento (puesta al d√≠a) que demandaban las denominadas comunidades cristianas de base quedaba evidenciada por la crisis de vocaciones que vaciaba los seminarios, mientras una minor√≠a creciente de sacerdotes se acercaba a distintos movimientos de contestaci√≥n de la autoridad, como los curas casados o los curas obreros. El breve pontificado de Juan XXIII abri√≥ la oportunidad de que la parte m√°s aperturista de la jerarqu√≠a eclesi√°stica, entre la que se contaba la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs, impusiera sus tesis en el Concilio Vaticano II. Cuestiones doctrinales de dif√≠cil plasmaci√≥n pr√°ctica, como el ecumenismo, se acompa√Īaron de otras mucho m√°s visuales y cercanas a la sensibilidad juvenil, como la misa en lengua vern√°cula o el est√≠mulo a la utilizaci√≥n de m√ļsica moderna en el culto. Las relaciones entre ciencia y fe, que hab√≠an alejado al catolicismo de la modernidad desde tiempos de Galileo, recibieron un impulso notable, que de hecho sobrepas√≥ la posici√≥n m√°s recelosa de la mayor parte de las confesiones protestantes en un punto clave como el evolucionismo.

La sucesi√≥n de Pablo VI continu√≥ con los mismos par√°metros, pero limit√≥ las expectativas de los grupos m√°s radicales al condenar el uso de los m√©todos anticonceptivos y no suavizar la moral sexual cat√≥lica ante el desaf√≠o que supon√≠a la generalizaci√≥n social de las relaciones prematrimoniales y el divorcio. Mientras una minor√≠a de los cl√©rigos m√°s tradicionalistas llegaba a amenazar con el cisma (Marcel Lefebvre), los te√≥logos progresistas como Hans K√ľng, H√©lder C√Ęmara o Leonardo Boff profundizaron la implicaci√≥n del pensamiento cristiano en la realidad social desde un compromiso muy distinto al que representaba la Democracia Cristiana, situada en el centro-derecha pol√≠tico. En Am√©rica Latina la denominada opci√≥n preferencial por los pobres de la Teolog√≠a de la Liberaci√≥n acerc√≥ a muchos cl√©rigos a los movimientos de izquierda, llegando a verse el caso de curas guerrilleros.

El fin de la Guerra Fría (1973-1989)

La entrevista entre Mao Tsé Tung y Richard Nixon (29 de febrero de 1972) marcó el comienzo de un acercamiento estratégico entre los Estados Unidos y China, uno de los elementos decisivos para entender la evolución mundial hasta la actualidad.
ÁôĹÁĆę„Āß„Āā„āĆťĽíÁĆę„Āß„Āā„āĆ„ÄĀťľ†„āíśćē„āč„Āģ„ĀĆŤČĮ„ĀĄÁĆę„Āß„Āā„āč Gato blanco o gato negro, no importa, mientras cace ratones.

Después de la Crisis de los Misiles de 1962, que había puesto a la humanidad al borde de la Tercera Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética buscaron formas más conciliadoras de manejar la política mundial, incluyendo el famoso teléfono rojo. El resultado fue la llamada distensión. Henry Kissinger, secretario de estado del Presidente Richard Nixon inició diversas maniobras de intervención sin utilización directa del ejército estadounidense para contrarrestar la influencia soviética con una reorientación de su política internacional en un sentido pragmático; destacadamente el patrocinio de las dictaduras militares en América Latina y el acercamiento a la China comunista de Mao Tsé Tung (diplomacia del ping-pong). Se puso fin a la Guerra de Vietnam (la guerra odiada por su propia juventud) en lo que supuso la aceptación de una verdadera derrota militar (firma de los Acuerdos de alto el fuego de París de 1973). La distensión hacia la Unión Soviética, cuya vertiente bilateral consistió en lentas negociaciones de desarme nuclear, de colaboración en el espacio y de incentivación de los intercambios comerciales (la alimentación soviética pasó a depender en buena medida de los excedentes cerealistas estadounidenses); incluyó una iniciativa multirateral: la conferencia de Helsinki (1973-1975), que por un lado confirmaba las fronteras y esferas de influencia surgidas de Yalta, pero que con el tiempo demostró ser un eficaz disolvente interno del bloque soviético, pues otro de sus pilares era el respeto a los derechos humanos, lo que significó la visibilización internacional de los disidentes (el más conocido, Aleksandr Solzhenitsyn, premio nobel de literatura en 1970, había sido deportado en 1974 y publicó entre 1973 y 1978 las tres partes de su obra de denuncia Archipiélago Gulag). Por la misma época, los partidos comunistas de Europa Occidental se fueron distanciaron de la anterior dependencia de la Unión Soviética, en lo que se denominó eurocomunismo.

Frente al alejamiento de la religi√≥n que caracteriz√≥ hasta entonces a la Edad Contempor√°nea, y que hab√≠an alcanzado su punto √°lgido con la contracultura y los movimientos surgidos de la revoluci√≥n de 1968, comenzaban a observarse s√≠ntomas contrarios. Andr√© Malraux hab√≠a pronosticado el siglo XXI ser√° religioso o no ser√°.[80] Adem√°s de la extensi√≥n del fundamentalismo religioso en muy distintos √°mbitos y religiones; se produjo una reacci√≥n conservadora o un auge de movimientos conservadores en todo el mundo, que de una u otra forma pretenden un retorno o una actualizaci√≥n de los valores tradicionales que deber√≠an imponerse socialmente, por voluntad de una mayor√≠a moral, existente o por construir, que lo habr√≠a de propiciar. Su modelo pol√≠tico, econ√≥mico, social e ideol√≥gico para los pa√≠ses occidentales se desarroll√≥ en el Reino Unido entre 1979 y 1990: el thatcherismo. Margaret Thatcher (l√≠der tory, la primera mujer en el cargo de primer ministro, conocida como la dama de hierro) emprendi√≥ una pol√≠tica claramente liberal en lo econ√≥mico y contraria a lo que consideraba excesos del estado de bienestar y a la fuerte influencia de los sindicatos (que respondieron con movilizaciones huelgu√≠sticas que fracasaron), construy√©ndose una nueva realidad social bautizada como sociedad de mercado, basada intelectualmente en las formulaciones de fil√≥sofos y economistas como Karl Popper, Friedrich Hayek y Milton Friedman.[81] Para designar a ese movimiento pol√≠tico se utilizaron las etiquetas aparentemente contradictorias de neoliberalismo y neoconservadurismo. El nuevo ideal vital de amplias capas sociales pas√≥ a ser no el joven hippie melenudo del 68, sino el joven yuppie encorbatado de los ochenta.[82] Se habla de una era postmoderna que Gilles Lipovetsky define como Era del Vac√≠o ligada a la crisis, caracterizada por un individualismo (existencia a la carta, narcisismo, estallido de lo social, disoluci√≥n de lo pol√≠tico) que elude la rebeli√≥n y el disentimiento caracter√≠sticos de los a√Īos de expansi√≥n transformando las manifestaciones de la violencia.[83]

Crisis de 1973 y tercera revolución industrial

La crisis de 1973, desencadenada por la utilizaci√≥n del petr√≥leo como arma pol√≠tica por la OPEP en el conflicto √°rabe-israel√≠, signific√≥ el comienzo de un ciclo de dificultades econ√≥micas para los pa√≠ses occidentales (la denominada stagflaci√≥n: inflaci√≥n simult√°nea a un estancamiento de la producci√≥n, con altas cifras de desempleo), que se agravaron en los primeros a√Īos ochenta. El keynesianismo, paradigma econ√≥mico dominante desde la Gran Depresi√≥n, pas√≥ a ser cuestionado por alternativas neoliberales (Milton Friedman y la escuela de Chicago), que planteaban como soluci√≥n la reducci√≥n del papel del estado en la econom√≠a y la recuperaci√≥n del papel prioritario de la iniciativa privada y del mercado libre sin interferencias ni planificaci√≥n.

La central nuclear soviética de Chernóbil sufrió en 1986 el accidente más grave de la llamada era nuclear.

La revoluci√≥n industrial hab√≠a entrado en una tercera fase o revoluci√≥n cient√≠fico-t√©cnica. Aunque el petr√≥leo sigui√≥ siendo la fuente de energ√≠a dominante, la crisis (una crisis energ√©tica recurrente que se manifestaba seg√ļn la coyuntura pol√≠tica, como demostr√≥ en 1980 la Guerra Ir√°n-Irak y en 1990 la Guerra del Golfo) evidenci√≥ la necesidad de sustituirla por fuentes de energ√≠a alternativas, unas renovables y otras no renovables, como la energ√≠a nuclear (muy rechazada por el movimiento ecologista, que algunos pa√≠ses desarrollaron intensivamente para conseguir el autoabastecimiento energ√©tico -Francia-). Para otros, el encarecimiento del petr√≥leo tuvo como efecto la posibilidad de explotaci√≥n de reservas hasta entonces antiecon√≥micas (plataformas marinas del Mar del Norte para Reino Unido y Noruega).

Las estructuras industriales más obsoletas, especialmente las más intensivas en mano de obra, sufrían un proceso de deslocalización hacia lo que por entonces se llamaba países en vías de desarrollo y a finales de siglo se llamarán nuevos países industriales, mientras que los antiguos países industrializados avanzan en un proceso de terciarización, en el que cada vez tenían más peso la aplicación de nuevas tecnologías basadas en las telecomunicaciones, la informática, la robótica y la denominada economía del conocimiento.

Caída de las dictaduras mediterráneas y golpes en el Cono Sur

El golpe de los coroneles griegos (1967) hab√≠a sumado ese pa√≠s a las dos dictaduras del sur europeo que se prolongaban desde la √©poca fascista: el Portugal de Oliveira Salazar y la Espa√Īa de Franco. Durante los denominados a√Īos de plomo, parec√≠a que incluso la democracia italiana estaba en peligro de involuci√≥n.

La tendencia se revirti√≥ con la revoluci√≥n de los claveles portuguesa (1974), en la que el ej√©rcito colonial, enfrentado a la inutilidad de su sacrificio en Angola y Mozambique, dio paso a un r√©gimen multipartidista que, tras unos primeros a√Īos de agitaci√≥n social, se encauz√≥ como una democracia equiparable a las europeas. La transici√≥n espa√Īola a partir de la muerte de Franco, sucedido por Juan Carlos I (1975), tuvo un recorrido m√°s estable pilotado por el centrismo de Adolfo Su√°rez (1976-1981). Tambi√©n en Grecia se produjo la restauraci√≥n democr√°tica (1974). En los tres casos, la incorporaci√≥n al Mercado Com√ļn Europeo sancion√≥ la consolidaci√≥n de la democracia.

En cuanto a Turqu√≠a, involucrada en la guerra civil de Chipre que estall√≥ tras el golpe de estado contra el Gobierno de Makarios (1974), el predominio de los militares en la vida p√ļblica sigui√≥ siendo decisivo. Los reg√≠menes del Mediterr√°neo √°rabe (de Siria a Marruecos) tampoco se vieron afectados por transformaciones pol√≠ticas decisivas, variando su grado de alineaci√≥n o enemistad con Occidente o la ret√≥rica panarabista o √°rabe socialista, pero desde sistemas esencialmente autoritarios.

En el Cono Sur americano se produjo un recurso generalizado al autoritarismo para evitar la posibilidad del establecimiento de gobiernos izquierdistas como el chileno de Allende, contrarios a los intereses de las clases dominantes y de los Estados Unidos (que apoy√≥ los golpes de estado e incluso formaba te√≥ricamente a sus protagonistas en la Escuela de las Am√©ricas). A los reg√≠menes militares ya existentes (el paraguayo desde 1954 y el brasile√Īo desde 1964) se sumaron la dictadura c√≠vico-militar en Uruguay (1973-1985), la de Pinochet en Chile (1973-1990) y la junta militar argentina (1976-1983).

Estados Unidos tras el Watergate

En Estados Unidos, tras el esc√°ndalo Watergate que retir√≥ a Richard Nixon de la presidencia (1974), el mandato del dem√≥crata Jimmy Carter (1977-1981) se caracteriz√≥ por sufrir los efectos m√°s penosos de la crisis iniciada en 1973, por un retroceso de la influencia en Am√©rica Latina (revoluci√≥n sandinista en Nicaragua) y otras zonas del Tercer Mundo (Camboya, Etiop√≠a, Angola, Mozambique) y por significativas humillaciones internacionales (crisis de los rehenes en Ir√°n). Frente a lo que consideraban p√©rdida de valores tradicionales, excesos de permisividad y anomia social, se organiz√≥ un poderoso grupo de presi√≥n visibilizado por los telepredicadores religiosos y la denominada mayor√≠a moral, que consigui√≥ dos presidencias republicanas consecutivas (cuatro mandatos: los de Ronald Reagan, 1981-1989, y George Bush padre, 1989-1996). Con una pol√≠tica abiertamente agresiva hacia la Uni√≥n Sovi√©tica, a la que denomin√≥ "imperio del mal", Reagan propon√≠a un final victorioso a la guerra fr√≠a mediante un enfriamiento de las relaciones bilaterales y el inicio de investigaciones para un posible futuro establecimiento en el espacio exterior de un sistema de intercepci√≥n de misiles bal√≠sticos, la llamada Iniciativa de Defensa Estrat√©gica (bautizada por la prensa como "Star Wars" en alusi√≥n a la contempor√°nea serie de pel√≠culas de George Lucas) y un m√°s concreto despliegue de misiles nucleares de alcance intermedio en Europa (euromisiles, respuesta a una iniciativa sovi√©tica similar -SS-20-), en una reactivaci√≥n de la carrera nuclear que los sovi√©ticos no estuvieron en condiciones de seguir. En Am√©rica Latina, tras el ciclo de golpes de estado militares de los a√Īos setenta (Chile y Uruguay, 1973; Argentina 1976), desde la √©poca de Carter se pretend√≠a oficialmente el sostenimiento de los reg√≠menes nominalmente democr√°ticos, lo que en la √©poca de Reagan se concret√≥ en la intensificaci√≥n del sostenimiento de los gobiernos aliados frente a las guerrillas izquierdistas y el apoyo velado a los movimientos hostiles a los gobiernos no propicios (como la contra nicarag√ľense), llegando a la intervenci√≥n directa (invasi√≥n de Granada -1983-, invasi√≥n de Panam√° -1989-).

Reacción conservadora católica

En la Iglesia cat√≥lica se produjo un fortalecimiento de la tendencia conservadora a partir de Juan Pablo II, que revis√≥ los planteamientos m√°s progresistas del Concilio Vaticano II y los pontificados anteriores (Juan XXIII, Pablo VI, y el ef√≠mero de Juan Pablo I), reprimi√≥ la teolog√≠a de la liberaci√≥n, muy activa en Latinoam√©rica (fue muy evidente su malestar por la entrada del sacerdote Ernesto Cardenal en el gobierno sandinista de Nicaragua) y se apoy√≥ en movimientos conservadores como el Opus Dei (a cuyo fundador, Josemar√≠a Escriv√° de Balaguer beatific√≥ y canoniz√≥ con gran rapidez) frente a la anterior preferencia por la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs (entre cuyas filas estaban Ignacio Ellacur√≠a y los dem√°s asesinados en El Salvador en 1989).

Jomeini desciende del avión que le traía a Teherán desde el exilio (1 de febrero de 1979).

Revolución islámica

Véase también: Islam político

A partir de la revolución iraní (derrocamiento del proamericano sah Reza Pahlevi, por un movimiento integrista liderado por el ayatolá Jomeini, 1979) se produjo en todo el mundo islámico (tanto entre los chiítas como entre los mayoritarios sunnitas), y entre las numerosas colonias de inmigrantes islámicos en Europa, el llamado despertar islámico o revolución islámica, cerrando el ciclo que desde la descolonización identificaba la causa árabe con el nacionalismo de izquierdas o tercermundista. Los gobiernos y clases dominantes de los países musulmanes hubieron de optar por tres posibles estrategias: frenar el movimiento (como en Argelia, que anuló las elecciones que iban a ganar los islamistas, desencadenando una violentísima reacción armada, 1991); coexistir en un precario equilibrio (los países denominados moderados, los más firmes aliados de Estados Unidos, como las monarquías del Golfo -encabezadas por Arabia Saudí-, Egipto, Marruecos o Turquía -cuyo laicismo oficial convive desde 2003 con la presencia en el poder de Erdogan, un islamista moderado-, y los países más poblados y lejanos del ámbito árabe: Pakistán e Indonesia); o unirse a él (Sudán, 1983).

El apoyo estadounidense a los talibán afganos para la expulsión de los soviéticos de Afganistán (1979-1989) terminó convirtiendo a éste país en el más claro refugio del denominado terrorismo islámico, y originando los conflictos del inicio del siglo XXI. Otra de las maniobras occidentales para intentar contener el extremismo islámico, la utilización del régimen iraquí de Saddam Hussein contra Irán (Guerra Irán-Irak, 1980-1988) también tuvo resultados totalmente contraproducentes para esa estrategia: intensificó el integrismo iraní y propició la deriva antioccidental del dictador iraquí, lo que originó también nuevas guerras en el periodo siguiente. La clave del enfrentamiento islamista contra occidente continuó siendo la persistencia del conflicto árabe-israelí, y la identificación de Estados Unidos como el principal apoyo de los judíos.

Glasnost y Perestroika

En 1985 Mija√≠l Gorbachov fue nombrado Secretario General del Partido Comunista de la Uni√≥n Sovi√©tica, en una renovaci√≥n generacional de la c√ļpula dirigente que llev√≥ a la liquidaci√≥n de la Guerra Fr√≠a y a reformas liberalizadoras en el interior del r√©gimen sovi√©tico, que recibieron los nombres de perestroika (reestructuraci√≥n) y gl√°snost (apertura o transparencia). El tratado de desarme de 1987 signific√≥ el final de la carrera armamentista. Entre tanto, aumentaba la agitaci√≥n interna, desatada tanto por las resistencias de los partidarios del mantenimiento intacto de las pr√°cticas estalinistas (nost√°lgicos o conservadores) como por la impaciencia de los antiguos disidentes y los oportunistas que vieron llegado el momento de optar por cambios radicales (que para algunos se limitar√≠an al establecimiento de un socialismo democr√°tico y para otros deber√≠an significar la transici√≥n a un sistema liberal-capitalista homologable con Occidente). Las t√≠midas reformas econ√≥micas no solucionaron los tradicionales problemas de abastecimiento y aumentaron el descontento de la poblaci√≥n, que ya no se ocultaba como en √©pocas anteriores de mayor penuria. En los pa√≠ses de la √≥rbita comunista, la p√©rdida de confianza entre los reg√≠menes locales y los nuevos dirigentes sovi√©ticos estimul√≥ los movimientos cada vez m√°s atrevidos de la oposici√≥n clandestina.

Paso libre a través del Muro de Berlin, frente a la Puerta de Brandemburgo (1 de diciembre de 1989). La presión popular consiguió precipitar el final del régimen prosoviético de Alemania Oriental, abandonado a su suerte por Gorbachov.
Revolución de 1989

En 1989, la acumulación de energías llegó al punto necesario para el estallido revolucionario (la revolución de 1989). En Alemania Oriental, la evidente pérdida de apoyo soviético a los dirigentes comunistas locales, les enfrentó a una movilización popular que, a diferencia de ocasiones anteriores, no fue reprimida, y cuya fuerza mediática, simbolizada en los martillazos de la multitud festiva derribando el Muro de Berlín llegó a los receptores de televisión de todo el mundo. Los hechos más violentes tuvieron lugar en Rumania, donde la represión fue más dura por la resistencia a abandonar el poder por parte de Nicolae Ceausescu (el dirigente más autónomo del bloque del este, que hasta entonces gozaba de una especial consideración de mediador ante los occidentales) que fue fusilado sumariamente en lo que igualmente fueron otras imágenes mundialmente difundidas.

Las relaciones entre los dos bloques evidenciaron el final de la Guerra fría por la victoria del occidental, con hitos como la Cumbre de Malta (2 y 3 de diciembre de 1989) y la Carta de París (19-21 de noviembre de 1990).[84]

Disolución de la Unión Soviética

La propia Uni√≥n Sovi√©tica se encaminaba hacia su disoluci√≥n, quedando cada vez m√°s claro que los nuevos espacios de visualizaci√≥n de la disidencia sovi√©tica (simbolizada en Andr√©i S√°jarov) no funcionaban como un apoyo de la reforma del sistema, sino como una fuerza disolvente, sobre todo los de las rep√ļblicas sovi√©ticas no rusas; mientras que los partidarios de una vuelta a las pr√°cticas estalinistas. En agosto de 1991, durante un golpe de estado promovido contra Gorbachov, un reformista radical, Bor√≠s Yeltsin, consigui√≥ hacerse con el poder y promovi√≥ un hondo proceso de reformas liberales, incluyendo la disoluci√≥n del Partido Comunista de la Uni√≥n Sovi√©tica. Las rep√ļblicas b√°lticas ya hab√≠an conseguido la independencia de hecho; las dem√°s se apresuraron a declararse independientes, pasando varias de ellas a constituirse en precarias superpotencias nucleares. El r√©gimen comunista termin√≥ as√≠ de desplomarse en medio de un caos econ√≥mico en que la gran mayor√≠a de la poblaci√≥n ca√≠a en la pobreza y las propiedades y empresas socializadas o construidas desde la Revoluci√≥n se privatizaban (cada ciudadano recibi√≥ una especie de bono que pod√≠a vender en el mercado libre), mientras los antiguos dirigentes de la nomenklatura y el KGB formaban grupos econ√≥micos formales o informales (algunos incluso delictivos, la denominada mafia rusa) que se afianzaron con el control econ√≥mico y pol√≠tico de la nueva Rusia, cuyo nombre institucional pas√≥ a ser Federaci√≥n de Rusia. Muchos otros rasgos del pasado zarista que el comunismo se hab√≠a jactado de eliminar, como el nacionalismo y la religi√≥n ortodoxa, volvieron a desarrollarse.

Véase también: Colapso económico de la URSS

¬Ņ"Fin de la Historia" o "Choque de civilizaciones"? (1989-2009)

Nuevo orden posterior a la caída del muro de Berlín

La caída del bloque comunista o del Este provocó un reorganización del sistema internacional. El más espectacular de los cambios ocurrió en Europa, donde se produjo el estallido del statu quo mantenido desde Yalta, y que a muchos observadores, incluyendo a la buena parte de los estadistas (destacadamente, Margaret Thatcher y François Mitterrand), parecía inamovible o al menos de no conveniente vulneración. Dentro de su propio ámbito, la rigidez del sistema político comunista y la interiorización de la represión había disimulado la persistencia de problemas étnicos y religiosos, que a partir entonces se expresaron en toda su dimensión.

Firma de los Acuerdos de Dayton, 1995, por los presidentes de Serbia ( Slobodan MiloŇ°evińá), Bosnia-Herzegovina (Alija Izetbegovińá) y Croacia (Franjo Tudjman).
Guerras yugoslavas
Artículo principal: Guerras yugoslavas

Parad√≥jicamente, fueron los estados menos vinculados a la Uni√≥n Sovi√©tica los que m√°s violentamente sufrieron la ca√≠da del muro. El sistema comunista m√°s aislado del mundo, Albania, se desintegr√≥ en medio de la anarqu√≠a, mientras que Yugoslavia, ignorando las poco decididas peticiones de mantenimiento de la unidad por parte de la comunidad internacional, se fragment√≥ en las rep√ļblicas que compon√≠an su confederaci√≥n (el derecho a la secesi√≥n estaba reconocido en su constituci√≥n). Las m√°s decididamente separatistas fueron Eslovenia y Croacia, cat√≥licas y declaradamente pro-occidentales (expl√≠citamente buscando el decisivo apoyo alem√°n), mientras que Serbia (ortodoxa y pro-rusa) pretend√≠a la continuidad de una Rep√ļblica Federal de Yugoslavia (desde 1992) bajo el liderazgo del comunista Milosevich, con una postura cada vez m√°s nacionalista serbia. Los conflictos m√°s graves surgieron en Bosnia-Herzegovina (de composici√≥n √©tnica muy mezclada entre serbio-bosnios, bosnio-croatas y bosnio-musulmanes) y la provincia serbia de Kosovo (mayoritariamente poblada por albaneses). La intervenci√≥n internacional, liderada por los Estados Unidos, sancion√≥ la derrota serbia en ambos conflictos.

Las antiguas rep√ļblicas sovi√©ticas

La separaci√≥n de las rep√ļblicas b√°lticas fue radical, y llev√≥ a su integraci√≥n en Occidente (OTAN y Uni√≥n Europea), mietras que la de las rep√ļblicas del Asia central no lo fue tanto, permaneciendo fuertes v√≠nculos con la reorganizada Federaci√≥n Rusa. Lo mismo ocurri√≥ en Bielorrusia, donde se estableci√≥ un r√©gimen autoritario. Ucrania, sobre todo tras la revoluci√≥n naranja, se ha mantenido en un dif√≠cil equilibrio, no sin conflictos de naturaleza econ√≥mica, como las denominadas guerras del gas. En la zona del C√°ucaso se produjo la independencia de las rep√ļblicas del sur (Georgia, Azerbaij√°n y Armenia), mientras que el norte permaneci√≥ dentro de la Federaci√≥n Rusa. En ese entorno se han producido los enfrentamientos m√°s violentos, como el de Chechenia, duramente reprimido por los nacionalistas rusos. Ciertos v√≠nculos institucionales entre las antiguas rep√ļblicas sovi√©ticas se han mantenido en una Comunidad de Estados Independientes (CEI), de entidad poco m√°s que simb√≥lica.

Una réplica de la diosa de la democracia, la escultura utilizada durante las protestas de 1989, empleada en la manifestación que tuvo lugar en Hong Kong para conmemorar el vigésimo aniversario (2009).
El despertar de China

Se atribuye a Napole√≥n la frase dejad que China duerma, cuando China despierte... el mundo temblar√°.[85] Si el despertar de China se ha venido produciendo desde la Revoluci√≥n, su impacto en el mundo no se produjo decisivamente hasta finales del siglo XX, y bajo criterios muy distintos a los del mao√≠smo. La Rep√ļblica Popular ven√≠a transform√°ndose desde el proceso a la denominada banda de los cuatro que sigui√≥ a la muerte de Mao Ts√©-Tung (1976). Se produjo una apertura en el r√©gimen comunista chino, que bajo el liderazgo de Deng Xiaoping y su pol√≠tica de un pa√≠s, dos sistemas, intent√≥ la empresa de generar una econom√≠a de mercado sin sacrificar el r√©gimen pol√≠tico comunista de partido √ļnico, cuyo car√°cter totalitario qued√≥ evidenciado con la represi√≥n de las protestas de la Plaza de Tian'anmen de 1989. El continuado crecimiento econ√≥mico ha convertido a China en una potencia de cada vez mayor importancia. Los productos chinos cada vez tienen mayor presencia en el comercio internacional, as√≠ como sus inversiones, orientadas sobre todo a la b√ļsqueda de materias primas y recursos energ√©ticos por todo el mundo; aunque su papel en el sistema financiero y monetario internacional es mucho menor. La tecnolog√≠a china ha permitido colocar en √≥rbita a su propio taikonauta (2003). El alcance de su creciente capacidad militar es una inc√≥gnita que a√ļn no ha sido puesta a prueba, pero su presencia en el concierto internacional qued√≥ evidenciada de forma clara desde la recuperaci√≥n de Hong Kong (1997) y Macao (1999).

Expansión y "decadencia" de Europa

La unificaci√≥n de las dos Alemanias, la transformaci√≥n de las Comunidades Europeas en la Uni√≥n Europea y su expansi√≥n hacia los pa√≠ses del este en transici√≥n al capitalismo, convirtieron a Europa, ya sin el adjetivo de occidental, en un "gigante econ√≥mico", cuya divisa, el euro, equilibr√≥ eficazmente el anterior monopolio del d√≥lar en los mercados monetarios internacionales. No obstante, la incapacidad demostrada por los pa√≠ses miembros para profundizar las partes no econ√≥micas de la uni√≥n, y la falta de coordinaci√≥n exterior la dejaron como un "enano pol√≠tico", a pesar de su crecimiento burocr√°tico e institucional (Tratado de Lisboa, 2007). La iniciativa en los foros internacionales y en las intervenciones militares siguieron dej√°ndose en manos de los Estados Unidos, como mucho coordinados a trav√©s de la OTAN, incluso para conflictos en el mismo coraz√≥n del continente, como las guerras yugoslavas. El Reino Unido mantuvo recelos euroesc√©pticos a la mayor parte de las pol√≠ticas integradoras, as√≠ como su relaci√≥n preferencial "transatl√°ntica" con la superpotencia americana. En ausencia de una √ļnica autoridad com√ļn, el denominado eje franco-alem√°n, mantenido por los l√≠deres de ambas naciones m√°s all√° de las personas o partidos que fueron sucedi√©ndose en el poder, funcion√≥ como el m√°s evidente n√ļcleo de poder decisiorio en Europa.[86]

Un helicóptero norteamericano sobrevolando Mogadiscio en 1993. Su derribo por una fuerza irregular, reflejado en Black Hawk Down de Ridley Scott, ocasionó un escándalo y el replanteamiento de la estrategia de Estados Unidos.
El "poder blando" de Estados Unidos

La victoria en la Guerra Fr√≠a dej√≥ a Estados Unidos como √ļnica superpotencia, no s√≥lo en lo militar, sino en el denominado poder blando que se concreta en la difusi√≥n de sus productos culturales y tecnol√≥gicos (destacadamente los ligados a la inform√°tica e internet) y la universalizaci√≥n de la particular ideolog√≠a, identificada con el american way of life que considera indivisibles la libertad pol√≠tica y econ√≥mica (capitalismo democr√°tico). La presidencia pas√≥ de los republicanos (Reagan, 1981-89 y Bush padre, 1989-93) a los dem√≥cratas durante los mandatos de Bill Clinton (1993-2001), para volver a los republicanos con Bush hijo (2001-2009).

A pesar de su continuidad indiscutida en la c√ļspide de la riqueza econ√≥mica, el poder militar y el predominio ideol√≥gico, o bien precisamente por la frustraci√≥n de las expectativas suscitadas por ello; las interpretaci√≥n m√°s com√ļn del sistema internacional suele hablar de un declive de los Estados Unidos,[87] incluso de un fracaso en cuanto a la gesti√≥n de su liderazgo frente los problemas mundiales: calentamiento global (negativa a firmar el protocolo de Kioto), proliferaci√≥n nuclear[88] (problem√°tica respuesta a los desaf√≠os nucleares de Corea del Norte e Ir√°n, tras la utilizaci√≥n del argumento de las armas de destrucci√≥n masiva para justificar la guerra de Irak), terrorismo, incapacidad para responder a las crecientes demandas de resoluci√≥n de conflictos en estados fallidos o crisis humanitarias (especialmente en √Āfrica, donde la fracasada intervenci√≥n en Somalia -1993- llev√≥ a la no intervenci√≥n en el Genocidio de Ruanda -1994- o en el Conflicto de Darfur -2003-); y un emperoramiento de su imagen internacional (antiamericanismo). Su propia opini√≥n p√ļblica interna se caracterizaba (al menos hasta el 11-S) por una doble y contradictoria exigencia: la de intervenir en el exterior para solucionar todo tipo de problemas mundiales, y la intolerancia a asumir el riesgo de p√©rdida de vidas no s√≥lo propias, sino tambi√©n del enemigo. Tales exigencias llevaron a una extremada tecnologizaci√≥n de la guerra y a todo tipo de cautelas medi√°ticas (la Primera Guerra del Golfo -1991- fue retransmitida en directo por la CNN pr√°cticamente sin im√°genes de heridos o cad√°veres).

Los conflictos internos dentro de Estados Unidos, superada la fase m√°s combativa de la lucha por los derechos civiles, se expresaron en un aumento de la actividad de grupos ultraconservadores y una preocupante difusi√≥n de la violencia grupal o individual (disturbios de Los √Āngeles en 1992, masacre de los davidianos de Waco -1993-, atentado de Oklahoma City -1995-, atentados antitecnol√≥gicos de Unabomber -hasta 1996-, Masacre del instituto Columbine -1999-) denunciada por un famoso documental de Michael Moore.

Democratización de América Latina

La desaparici√≥n de la Uni√≥n Sovi√©tica romp√≠a toda posible vinculaci√≥n entre los movimientos izquierdistas locales de Am√©rica Latina y cualquier superpotencia hostil a los Estados Unidos; lo que hab√≠a sido la principal causa para su apoyo a las dictaduras militares de los a√Īos setenta y ochenta. Las √ļltimas intervenciones norteamericanas, con utilizaci√≥n abierta de fuerza armada, fueron la invasi√≥n de Granada, 1983 y la la de Panam√° de 1989. Cuba estaba sometida a un riguroso aislamiento internacional, acentuado por un embargo comercial que no consigui√≥ debilitar en el interior al r√©gimen de Fidel Castro. En el cono sur (Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay), se produjo la reconstrucci√≥n de los reg√≠menes democr√°ticos en los a√Īos noventa, no sin dificultades, fundamentalmente por sucesivas crisis econ√≥micas que tensionaron las denominadas transiciones a la democracia (por ejemplo, el corralito argentino).

Globalización y antiglobalización

Los medios de comunicación, especialmente los medios de comunicación de masas (prensa, cine, radio, televisión) habían permitido desde el inicio del siglo XX la difusión mundial del poder blando de la cultura estadounidense en todos sus contenidos, tanto la ideología subyacente todo tipo de información, cultural, anecdótica o embrutecedora, o la misma publicidad. La revolución informática, la telefonía móvil e internet han llevado el proceso a su extremo en la década final del siglo XX y la primera del siglo XXI (blogosfera, web 2.0, etc.).

La intensificación de los movimientos migratorios (cuya necesidad, represión o control es objeto de intensos debates), la mejora tecnológica en el transporte de mercancías (logística, normalización de contenedores), la cada vez más libre circulación de capitales y la caída o liberalización de las barreras comerciales por el fin de los bloques y las sucesivas rondas del GATT y la Organización Mundial de Comercio; han llevado la antigua economía-mundo del siglo XVI a un grado de integración nunca antes conocido.

La homogeneizaci√≥n de estilos de vida parece haber confirmado la hip√≥tesis de Marshall Mac Luhan, que hablaba de la aldea global en los a√Īos sesenta. La descentralizaci√≥n que implica el concepto de red hace que sean cada vez m√°s habituales los contenidos alternativos al dominante (la televisi√≥n √°rabe Al Yazira como competencia de la norteamericana CNN, las pel√≠culas de Bollywood o el manga japon√©s). La aceleraci√≥n en el ritmo de cambio de las modas, las tendencias y los referentes culturales los hace ef√≠meros y de dif√≠cil seguimiento fuera de cada tribu urbana identidicada con alguno de ellos. En m√ļltiples campos se generan efectos insospechados de la aplicaci√≥n del concepto de la simultaneidad posibilitada por el intercambio masivo de informaci√≥n en tiempo real. Los movimientos sociales tradicionales se est√°n transformando de un modo decisivo, incluso las convocatorias para las manifestaciones y protestas han dejado de hacerse por los medios tradicionales para realizarse de forma aut√≥noma y espont√°nea por las propia din√°mica generada en las redes sociales. La comunidad cient√≠fica (en cuyo seno surgi√≥ la World Wide Web como un mecanismo de colaboraci√≥n entre grupos de investigaci√≥n) ha llevado a cabo programas de potencia insospechada, como el Proyecto Genoma Humano (1984-2000) y los avances en ingenier√≠a gen√©tica, que podr√≠an cuestionar el mismo concepto de ser humano (transhumanismo).

Los partidarios de la globalizaci√≥n argumentan que facilita el libre intercambio de ideas, la expresi√≥n individual y el respeto por los derechos de las personas, adem√°s de ser inevitable, como lo es el progreso tecnol√≥gico. Sus detractores denuncian que la globalizaci√≥n es unilateral y promueve el predominio de una cultura particular (la estadounidense) que acabar√≠a imponi√©ndose a todo el planeta acabando con las minor√≠as culturales, ling√ľ√≠sticas y religiosas, y que los defensores de la globalizaci√≥n en realidad defienden sus propios intereses econ√≥micos, como la sumisi√≥n de los estados a una competencia suicida por la deslocalizaci√≥n el dumping social y el dumping ecol√≥gico.

No existe una unidad de intereses ni de expresión en estos movimientos, que incluyen desde la defensa del proteccionismo agrario (José Bové) hasta las más clásicas protestas sociales antes expresadas en el movimiento obrero, el ecologismo y el pacifismo. Paradójicamente, la respuesta a la globalización se ha organizado en torno a redes sociales dinámicas permitidas por el propio proceso de globalización, con el denominado movimiento antiglobalización o altermundialismo, iniciado de forma más o menos espontánea en las manifestaciones de Seattle (1999) como respuesta a la reunión del FMI y en la Contracumbre del G8 en Génova (2001) e institucionalizado en torno al Foro Social Mundial de Porto Alegre (organizado de forma alternativa a los mismos y a los elitistas encuentros del denominado Hombre de Davos). Han generado el lema otro mundo es posible.[89]

V√©anse tambi√©n: Multinacional, Migraciones, G-8, G-5, G-20, Pa√≠s recientemente industrializado, BRIC y Nueva cuesti√≥n social

El mundo posterior al 11-S

Perspectiva desde la Estatua de la Libertad hacia las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, en el momento del atentado.

Los atentados que llev√≥ a cabo Al Qaeda (una enigm√°tica red de terrorismo islamista organizada por el millonario saud√≠ Osama Bin Laden) contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, y la reacci√≥n estadounidense posterior, liderada por el presidente George W. Bush (guerra de Afganist√°n y guerra de Irak), evidenciaron la existencia de un nuevo tipo de conflicto global que Samuel Huntington hab√≠a previamente denominado con el t√©rmino choque de civilizaciones (teor√≠a construida en pol√©mica con Francis Fukuyama, quien hab√≠a proclamado, en los tiempos de la ca√≠da de la Uni√≥n Sovi√©tica, que la historia tend√≠a ineludiblemente hacia sistemas liberales, y que cuando √©stos se consegu√≠an, est√°bamos ante el Fin de la Historia). Los atentados evidenciaron la vulnerabilidad del sistema occidental ante los grupos con voluntad de utilizar en su contra las posibilidades que una sociedad abierta les permit√≠a, y lo contradictorio de reaccionar con la restricci√≥n de las libertades (Acta Patri√≥tica) o la criminalizaci√≥n social de las minor√≠as isl√°micas, pr√°cticas que de haberse llevado a un extremo habr√≠an constituido el √©xito m√°s claro de los agresores.[90] La reacci√≥n exterior, m√°s all√° de su √©xito o fracaso relativo, demostr√≥ la gigantesca capacidad de respuesta de Estados Unidos y la solidez de su alianza con un gran n√ļmero de pa√≠ses (OTAN, Jap√≥n, gobiernos de los pa√≠ses isl√°micos denominados moderados -monarqu√≠as del Golfo P√©rsico, Marruecos, Jordania, Pakist√°n-), al tiempo que Rusia y China evitan comprometerse y algunos pa√≠ses del denominado eje del mal efectuaban acercamientos a Occidente (Libia, Siria).[91]

No obstante, las divisiones existentes en la vasta coalici√≥n pro-occidental se expresaron en la diferente actitud de cada uno de los pa√≠ses aliados de Estados Unidos: divergencia entre la opini√≥n p√ļblica y los gobiernos, sobre todo en los pa√≠ses musulmanes (que al cabo de los a√Īos -a comienzos de 2011- llev√≥ al estallido de revueltas simult√°neas en los pa√≠ses √°rabes cuestionando la estabilidad de un gran n√ļmero de reg√≠menes autoritarios que los pa√≠ses occidentales consideraban valiosos contra el islamismo radical);[92] resistencia de Francia y Alemania (denominados vieja Europa frente a la nueva Europa de los aliados m√°s firmes de Estados Unidos -los antiguos pa√≠ses comunistas del Este de Europa, la Espa√Īa de Jos√© Mar√≠a Aznar y la Italia de Berlusconi-) a implicarse en la guerra de Iraq, o la salida de las tropas espa√Īolas (tras el atentado del 11 de marzo de 2004 y la inmediata victoria electoral de Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero). Tampoco dentro de los mismos Estados Unidos la posiciones eran un√°nimes, sobre todo tras no encontrarse las armas de destrucci√≥n masiva que se hab√≠a afirmado que pose√≠a Saddam Husein (hecho que se hab√≠a aducido como casus belli para el ataque preventivo) y otros esc√°ndalos (torturas en la prisi√≥n de Abu Ghraib y detenci√≥n sin plazo ni juicio de los denominados combatientes ilegales en el centro de detenci√≥n de Guant√°namo, que se ha comprometido a cerrar Barack Obama -primer presidente negro de los Estados Unidos, 2009-).

El predominio de los Estados Unidos, √ļnica superpotencia de la escena internacional tras la desaparici√≥n de la Uni√≥n Sovi√©tica, se ve contestado, al menos nominalmente, por las declaraciones en favor de un mundo multipolar en vez de unipolar.[93] En eso suelen coincidir, aunque en muy distintos t√©rminos, desde la postura com√ļn de la pol√≠tica exterior de la Uni√≥n Europea hasta la m√°s agresiva del Ir√°n de Mahmud Ahmadineyad (expresi√≥n del islamismo radical) o la Venezuela de Hugo Ch√°vez (y otros l√≠deres hispanoamericanos que en algunos casos reciben la denominaci√≥n de indigenistas -Evo Morales en Bolivia-).

La crisis económica de 2008, que surgió como consecuencia del estallido de una burbuja financiera-inmmobiliaria, ha puesto en cuestión las bases del sistema financiero internacional y desatado el temor a una profunda recesión que cuestione la continuidad del sistema capitalista y el propio sistema democrático, identificados ambos en lo que se ha llegado a denominar capitalismo democrático;[94] y no sólo del concepto de Estado nacional, cuestionado desde hacía tiempo, sino del de integración supranacional, evidenciada la grave vulnerabilidad de la Eurozona a la crisis monetaria de 2010.[95]

El paso del tiempo demostrar√° si la historiograf√≠a futura entiende la evoluci√≥n hist√≥rica de los √ļltimos o pr√≥ximos a√Īos (ca√≠da de la Uni√≥n Sovi√©tica, atentado contra las Torres Gemelas, u otros hechos que est√©n por producirse) como el desarrollo de las mismas caracter√≠sticas propias de toda la Edad Contempor√°nea, o como una nueva √©poca completamente distinta que justifique una nueva periodizaci√≥n de la historia o una renovaci√≥n metodol√≥gica; aunque mientras los hechos y procesos est√°n en curso, tales tareas no corresponden a la historiograf√≠a, sino a la prospectiva.[96]

Material adicional

Cronología

Ficción

Referencias

Enlaces externos

Departamentos universitarios de Historia Contempor√°nea

Recursos educativos sobre historia contempor√°nea

Bibliografía

  • HOBSBAWM, Eric J. (1987). La Era del capitalismo (The Age of Capital 1848-1875). Barcelona: Labor. ISBN 84-335-2983-8. 
  • HOBSBAWM, Eric J. (1989). La Era del Imperio (The Age of Empire 1875-1914). Barcelona: Labor. ISBN 84-335-9298-X. 
  • HOBSBAWM, Eric J. (1995). Historia del Siglo XX (The Age of Extremes. The short twentieth century 1914-1991). Barcelona: Cr√≠tica. ISBN 84-7423-712-2. 

Notas

  1. ‚ÜĎ √örsula Oswald Seguridad ambiental, un reto a la supervivencia humana (presentaci√≥n, 2009).
  2. ‚ÜĎ Po√©ticamente se explicita en la oposici√≥n entre el elitismo de la minor√≠a, siempre de Juan Ram√≥n Jim√©nez y la inmensa mayor√≠a de Blas de Otero. La teor√≠a del arte en el siglo XX ha producido toda clase de conceptos para expresar tal crisis, desde la deshumanizaci√≥n del arte de Jos√© Ortega y Gasset hasta el arte ensimismado o implicado en la producci√≥n de Xavier Rubert de Vent√≥s.
  3. ‚ÜĎ Concepci√≥n de Ernest Labrousse.
  4. ‚ÜĎ Concepto de E. P. Thompson.
  5. ‚ÜĎ Oposici√≥n de t√©rminos explicitada por los historiadores Antonio Dom√≠nguez Ortiz (plan de la obra), Miguel Artola (tomo V) y Mart√≠nez Cuadrado (tomo VI), en Historia de Espa√Īa Alfaguara. Madrid: Alianza. 1981. ISBN 84-206-2049-1
  6. ‚ÜĎ La condici√≥n totalitaria del sistema sovi√©tico y de los fascismos (italiano, alem√°n y otros) es uno de los temas m√°s debatidos de la historiograf√≠a y la teor√≠a pol√≠tica contempor√°nea, desde el nacimiento de ese t√©rmino (aplicado por los propios fascistas a s√≠ mismos y extendido por analistas contempor√°neos, como Hannah Arendt o posteriores como Juan Jos√© Linz). Eric Hobsbawm defiende la interpretaci√≥n hist√≥rica de que la intervenci√≥n sovi√©tica en la Segunda Guerra Mundial fue decisiva para la supervivencia de la democracia liberal en el denominado mundo libre; as√≠ como, en el periodo posterior, la emulaci√≥n competitiva entre el bloque sovi√©tico y el occidental (que siempre fue dominante) fue decisiva para la propia auto-definici√≥n de los valores ideol√≥gicos, las estructuras pol√≠ticas y las condiciones socio-econ√≥micas de √©ste, y de su imposici√≥n global (Historia del siglo XX, op. cit.)
  7. ‚ÜĎ El concepto identidad, de m√ļltiple significado, es uno de los m√°s fecundos en todo tipo de ciencias, incluidas las ciencias sociales (v√©ase la p√°gina de desambiguaci√≥n identidad).
    • AS Waterman, Identity Formation: Discovery or Creation? The Journal of Early Adolescence, 1984; Carol Hanisch, "The Personal is Political," in Shulamith Firestone, The Dialectic of Sex. New York: Farrar, Straus and Giroux, 2003 (first pub. 1970). ISBN 978-0-641-71168-8 y otras fuentes citadas en en:Identity formation (formaci√≥n de la identidad) y en en:Identity politics (pol√≠tica de la identidad) de la wikipedia en ingl√©s.
  8. ‚ÜĎ
  9. ‚ÜĎ
  10. ‚ÜĎ William G. Roy Aesthetic Identity, Race, and American Folk Music, Qualitative Sociology, septiembre de 2002.
  11. ‚ÜĎ Sandhusen, Richard L. (2000) Marketing pgs. 218 y ss., bibliograf√≠a citada en en:Consumer behaviour de la wikipedia en ingl√©s. El estudio del consumo y sus implicaciones econ√≥micas y sociales ha dado origen a diferentes planteamientos, que incluyen las perspectivas innovadoras sobre el comportamiento social que est√°n en la base de disciplinas muy recientes, como las denominadas econof√≠sica y neuroeconom√≠a. Obras de divulgaci√≥n sobre estos temas son la de Philip Ball (2008) Masa cr√≠tica. Cambio, caos y complejidad Turner ISBN 978-84-7506-651-6; y la de Tim Harford (2008) El economista camuflado: La econom√≠a de las pequenas cosas Booket ISBN 978-84-8460-536-2.
  12. ‚ÜĎ V√©ase la extensa bibliograf√≠a que utiliza las expresiones edad contempor√°nea, √©poque contemporaine, early modern age, later modern age, late modern age, early modern times, later modern times, late modern times, contemporary age y contemporary times.
  13. ‚ÜĎ El concepto de teor√≠a cr√≠tica de la modernidad es propia de la Escuela de Frankfurt (teor√≠a cr√≠tica), y especialmente de J√ľrgen Habermas (Teor√≠a de la acci√≥n comunicativa).
  14. ‚ÜĎ Karl Polanyi (1944); edici√≥n espa√Īola: Madrid, La Piqueta, 1989. ISBN 84-7731-047-5.
  15. ‚ÜĎ Matthew Stewart, La verdad sobre todo, una irreverente historia de la filosof√≠a con ilustraciones, Editorial Punto de Lectura, Madrid, febrero de 2002, ISBN 84-663-0581-5, P√°ginas 609-611.
  16. ‚ÜĎ El t√≠tulo original en ingl√©s al libro de Hobsbawm (op. cit.) sobre ese periodo es The Age of Revolution, con el subt√≠tulo Europe (Europa), lo que determina que la fecha elegida para su inicio fuera 1789 (la Revoluci√≥n francesa) y no 1776 (la independencia de los Estados Unidos).
  17. ‚ÜĎ Concepto de Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein.
  18. ‚ÜĎ E. P. Thompson lleg√≥ a preguntarse si la revoluci√≥n industrial inglesa, el sistema pol√≠tico reformista y la moral victoriana hab√≠an causado m√°s o menos muertes que la Revoluci√≥n francesa y su guillotina. La formaci√≥n de la clase obrera.
  19. ‚ÜĎ Sus tratados se titularon El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916) e Imperialism, a study (1902), respectivamente.
  20. ‚ÜĎ El agente chileno Vicente P√©rez Rosales instal√≥ un importante contingente en el sur de Chile.
  21. ‚ÜĎ Suele atribuirse a Carlos III la frase son como los ni√Īos, que lloran cuando se les lava, referida a sus s√ļbditos, o concretamente a los madrile√Īos, con motivo del Mot√≠n de Esquilache.
  22. ‚ÜĎ Joaqu√≠n Garc√≠a-Huidobro, Jos√© Ignacio Mart√≠nez, Manuel Antonio N√ļ√Īez, Lecciones de Derechos Humanos, EDEVAL, Valpara√≠so, 1997, ISBN 956-200-071-0, P√°gina 14.
  23. ‚ÜĎ Aniversario de la primera Constituci√≥n de Polonia.
  24. ‚ÜĎ Jean-Jacques Rousseau, Antonio Hermosa Andujar (1988) Proyecto de constituci√≥n para C√≥rcega. Consideraciones sobre el gobierno de Polonia. Tecnos, ISBN 84-309-1664-4.
  25. ‚ÜĎ V√©ase Edad Moderna#El derecho y el concepto de hombre en sociedad.
  26. ‚ÜĎ El origen de la frase, cuya inclusi√≥n en el texto de la Declaraci√≥n de Independencia de Estados Unidos se debe a Thomas Jefferson y Benjamin Franklin (Harry Johnson. ed. Completed Autobiography -Benjamin Franklin- Regnery Publishing. pp. 413. ISBN 0-89526-033-6) , proviene de la Declaraci√≥n de Derechos de Virginia redactada por George Mason, y esta de f√≥rmulas similares que se encuentran en textos de John Locke (Two Treatises of Government) y William Wollaston (The Religion of Nature Delineated, 1759). Bibliograf√≠a citada en en:Life, liberty and the pursuit of happiness de la wikipedia en ingl√©s.
  27. ‚ÜĎ Ficha en artgallery.yale.edu
  28. ‚ÜĎ La guerra se declar√≥ el 20 de abril, el himno fue compuesto el 24 del mismo mes; y la declaraci√≥n de la Asamblea, en vista del catastr√≥fico comienzo de la guerra, fue del 11 de julio de 1792.)
  29. ‚ÜĎ Antonio Fern√°ndez: Historia Contempor√°nea, op. cit., con algunas diferencias entre la edici√≥n de 1981 y la de 1993.
  30. ‚ÜĎ Francisco Cort√©s Rodas De la revoluci√≥n social a la revoluci√≥n pol√≠tica. consideraciones sobre el pensamiento pol√≠tico de Hannah Arendt , en Res publica: revista de la historia y del presente de los conceptos pol√≠ticos, ISSN 1576-4184, N¬ļ. 3, 1999, pags. 65-82
  31. ‚ÜĎ Ha sido objeto de muy abundante literatura, por ejemplo Raymond Aron (La rep√ļblica imperial, 1973) o Gore Vidal (Imperio, 1987; El √ļltimo imperio, 2000).
  32. ‚ÜĎ Charles Mulli√©, Biographie des c√©l√©brit√©s militaires des arm√©es de terre et de mer de 1789 √† 1850, 1852; Cdt Henry Lachouque Napol√©on, 20 ans de campagnes, Arthaud, 1964; Emmanuel de Las Cases Le M√©morial de Sainte-H√©l√®ne; Yves Amiot, La fureur de vaincre-Campagne d'Italie (1796-1797), Flammarion, 1996, Paris; bibliograf√≠a citada en fr:Campagne d'Italie (1796-1797) y fr:Campagne d'Italie (1799-1800) en la wikipedia en franc√©s.
  33. ‚ÜĎ Tallet, Frank Religion, Society and Politics in France Since 1789, 1991, Continuum International Publishing; J. McManners, The French Revolution and the Church (1969); Gwynne Lewis, Life in Revolutionary France (1972); bibliograf√≠a del art√≠culo en:Dechristianisation of France during the French Revolution.
  34. ‚ÜĎ ¬°Viva el rey! ¬°Abajo el imperio! ¬ŅLibertadores √©picos o estereotipados? - Una oleada de libros indaga en el proceso de las independencias latinoamericanas en su bicentenario.
  35. ‚ÜĎ La emancipaci√≥n de la Am√©rica espa√Īola, en educared.net
  36. ‚ÜĎ Rafael Rojas, El bicentenario y la tradici√≥n republicana, El Pa√≠s, 22 de noviembre de 2009
  37. ‚ÜĎ Hobsbawm, op. cit.
  38. ‚ÜĎ La compleja relaci√≥n entre universalismo, irracionalismo, neoclasicismo y romanticismo es analizada por Peter P√ľtz (2000) Historia del pensamiento en la Edad Moderna, desde el Renacimiento hasta el Romanticismo, introducci√≥n a Neoclasicismo y romanticismo. Arquitectura, Escultura, Pintura, Dibujo. 1750-1848, Rolf Toman (ed.), K√∂nemann, ISBN 3-8290-1572-0, pgs. 6-13.
  39. ‚ÜĎ Denominaci√≥n habitual. Es la traducci√≥n elegida para la edici√≥n castellana del t√≠tulo en ingl√©s de Hobsbawm Age of Empire. 1875-1914.
  40. ‚ÜĎ T√©rmino incluye las extensas regiones de Siberia y el Extremo Oriente ruso. Para los aspectos hist√≥ricos del final de este periodo, v√©ase Historia de Rusia de 1892 a 1917#Imperialismo en Asia y la guerra ruso-japonesa.
  41. ‚ÜĎ Citado por Josiah Bushnell Grinnell, el muchacho al que se refer√≠a la frase Men and events of forty years.
  42. ‚ÜĎ Leopoldo Zea, citado por Jaime Delgado en Evoluci√≥n pol√≠tica del siglo XIX - La era positivista, cp.9 de La emancipaci√≥n americana, tomo 31 de Gran Historia Universal, Madrid: N√°jera, pg. 310 y ss. ISBN 84-7461-654-9
  43. ‚ÜĎ Hobson Imperialism, a study
  44. ‚ÜĎ Age of Capital y Age of Empire son los t√≠tulos en ingl√©s de los libros de Eric Hobsbawm (op. cit.) para los periodos 1848-1875 y 1875-1914 respectivamente.
  45. ‚ÜĎ Benedict Anderson op. cit..
  46. ‚ÜĎ Gregorio XVI en su enc√≠clica Mirari vos (1832) y el Syllabus de P√≠o IX (1864). Tuvo muy amplia difusi√≥n el folleto El liberalismo es pecado de F√©lix Sard√° y Salvany (1884).
  47. ‚ÜĎ Kipling celebr√≥ el hero√≠smo de una labor civilizadora en la que cre√≠a sinceramente, sin excluir los aspectos m√°s oscuros, como el racismo inherente a una ideolog√≠a que consideraba la sagrada misi√≥n del hombre blanco como un deber y una carga. (Rudyard Kipling, una forma de felicidad Ignacio F. Garmendia). La oda de Kipling The White Man's Burden (La carga del hombre blanco, 1899), se interpreta no obstante como una forma de alertar a los brit√°nicos contra el orgullo imperialista e instar a los Estados Unidos a asumir la tarea de ayudar a los pa√≠ses subdesarrollados (Breve biograf√≠a por Eduardo Alonso, misma web).
  48. ‚ÜĎ Expresi√≥n muy citada, cuyo autor se atribuye aqu√≠ al qu√≠mico George Porter.
  49. ‚ÜĎ Frase de Dobzhansky.
  50. ‚ÜĎ E. P. Thompson The making of the english working class, traducido en un principio al espa√Īol con un t√≠tulo desvirtuado, buscando la ortodoxia desde el vocabulario marxista: La formaci√≥n hist√≥rica de la clase obrera. Tambi√©n es muy esclarecedor su art√≠culo La econom√≠a moral de la multitud
  51. ‚ÜĎ Tesis sobre Feuerbach, 1845.
  52. ‚ÜĎ En Espa√Īa, desde 1904 ley del descanso dominical y desde 1919 la jornada de ocho horas. La reivindicaci√≥n obrera sobre el asunto hab√≠a comenzado en 1890 con la huelga de los mineros de Vizcaya y culminado en febrero de ese mismo a√Īo de 1919 con la huelga de la Canadiense. Las ocho horas, una conquista hist√≥rica.
  53. ‚ÜĎ Ni su actividad pol√≠tica, ni su reclusi√≥n, eran aprobadas por el p√ļblico. A medida que los a√Īos pasaban sin aliviar en nada el duelo real, la censura p√ļblica se volv√≠a m√°s general y m√°s severa. El retraimiento de la reina proyectaba no s√≥lo una sombra sobre los placeres de la alta sociedad, sino que privaba de sus fiestas al pueblo; ten√≠a, en fin, una influencia nefasta sobre la costura, la moda y la lencer√≠a (pg. 214). Lytton Strachey, Reina Victoria, Ediciones Ercilla, Santiago de Chile, 1937 (cap√≠tulo s√©ptimo: "Viudez", pgs. 207 a 224).
  54. ‚ÜĎ Conceptos originales de: Eric Hobsbawm y Terence Ranger (eds) (1983) The Invention of Tradition. Cambridge University Press; y Benedict Anderson op. cit.
  55. ‚ÜĎ Paul de Kruif Los cazadores de microbios. Isabel Ledesma La teor√≠a de la ciencia de T. S. Kuhn... El origen de la vida, un ejemplo del modelo kuhniano de desarrollo hist√≥rico del conocimiento, en Ciencia y Desarrollo, enero-febrero de 1999, pg.54
  56. ‚ÜĎ Karl Polanyi La gran transformaci√≥n
  57. ‚ÜĎ PROCLAMA DE LA ASAMBLEA OBRERA DE TARRASA, julio de 1909.
  58. ‚ÜĎ Emec√© Editores, Buenos Aires, segunda edici√≥n, agosto de 1961, Tomo IV, Primera Parte, P√°gina 167.
  59. ‚ÜĎ Arno Mayer The Persistence of the Old Regime: Europe to the Great War, 1981.
  60. ‚ÜĎ La crisis de los veinte a√Īos (1919-1939). La primera edici√≥n es de 1939 y la segunda de 1945.
  61. ‚ÜĎ The Century of Self, BBC 2002.
  62. ‚ÜĎ Ronzitti, Natalino (1988) The Law of naval warfare: a collection of agreements and documents with commentaries, Martinus Nijhoff Publishers, ISBN 90-247-3652-8, 9789024736522; Willmott, H. P. (2003) First World War - Dorling Kindersley; Gibson, R.H. (2002) The German Submarine War 1914‚Äď1918 Periscope Publishing Ltd.. ISBN 1-904381-08-1. Bibliograf√≠a citada en los art√≠culos de la wikipedia en ingl√©s: en:U-boat Campaign (World War I) y en:Unrestricted submarine warfare.
  63. ‚ÜĎ Prop√≥sito expl√≠cito que se reflej√≥ incluso en constituciones nacionales como la Constituci√≥n de la Rep√ļblica Espa√Īola de 1931.
  64. ‚ÜĎ El concepto es original de Jes√ļs Pab√≥n Los virajes hacia la guerra (1934-1939), Madrid, 1946. Citado en Antonio Fern√°ndez, op. cit.
  65. ‚ÜĎ Fernando de los R√≠os cita esa frase como la respuesta de Lenin a su cuestionamiento de la falta de libertad en el r√©gimen sovi√©tico. Mi viaje a la Rusia sovi√©tica (1921). Como consecuencia del informe de De los R√≠os, el PSOE espa√Īol no se adhiri√≥ a la Tercera Internacional, lo que produjo la escisi√≥n del Partido Comunista de Espa√Īa. Trayectorias similares hab√≠an emprendido los partidos de orientaci√≥n socialdem√≥crata, que constituyeron la llamada Segunda Internacional y Media.
  66. ‚ÜĎ El esfuerzo econ√≥mico y de producci√≥n en Artehistoria.
  67. ‚ÜĎ Hemos hablado del fondo experimental y cientifista del arte del presente, (...), al indicar que el ismo se diferencia del estilo en que se produce conscientemente, como resultado de una voluntad expresamente orientada a una finalidad, y no como surgimiento de un poder cultural actuante a trav√©s del hombre. Juan-Eduardo Cirlot, "Cubismo y figuraci√≥n", Editorial Seix Barral S.A., Barcelona, 1957, sin ISBN, P√°gina 17. V√©ase el cap√≠tulo completo "Sentido m√≠stico de los ismos. La llamada del grupo social", P√°ginas 17 a 21.
  68. ‚ÜĎ Jean Pierre Azema: La Secondc guerre Mondiale matrice du temps pr√©sent, en Institut d'histoire du temps pr√©sent, Herir√© l'bistoire du temps pr√©sent, Par√≠s, CNRS, 1992.
  69. ‚ÜĎ El desarrollo de nuevos materiales: la era del pl√°stico.
  70. ‚ÜĎ Concepto de Guy Debord, vinculado a otros similares de Marshall MacLuhan -el medio es el mensaje- y Andy Warhol -quince minutos de gloria-. Javier Cercas lo expresa de modo muy evidente en Anatom√≠a de un instante (Barcelona: Mondadori, 2009, pg. 14): Ning√ļn personaje real se convierte en ficticio por aparecer en televisi√≥n, ni siquiera por ser sobre todo un personaje televisivo, pero es muy probable que la televisi√≥n contamine de irrealidad cuanto toca, y que un acontecimiento hist√≥rico altere de alg√ļn modo su naturaleza al ser retransmitido por televisi√≥n, porque la televisi√≥n distorisiona el modo en que lo percibimos (si es que no lo trivializa o lo degrada).
  71. ‚ÜĎ
    El primer inventario de la informaci√≥n en soportes tecnol√≥gicos que existe en el mundo indica que actualmente se pueden almacenar al menos 295 trillones de bytes, o exabytes (un byte es una secuencia de ocho bits)... las telecomunicaciones han estado dominadas por las tecnolog√≠as digitales desde 1990 ... a partir de 2000 se inicia la era digital en el almacenamiento, la capacidad de almacenar informaci√≥n digital sobrepas√≥ en solo un a√Īo la capacidad anal√≥gica de toda la historia ... la transici√≥n anal√≥gico-digital est√° a punto de terminar. La memoria tecnol√≥gica de la humanidad se ha digitalizado en menos de 10 a√Īos. En 2007, √ļltimo a√Īo estudiado, ya estaba en formato digital el 94% de la informaci√≥n... Desde 1986 a 2007, el periodo que se ha estudiado, la capacidad mundial de proceso de los ordenadores de uso general aument√≥ un 58% anual, 10 veces m√°s que el producto interior bruto de Estados Unidos. Las telecomunicaciones crecieron un 28% anual y la capacidad de almacenamiento un 23% anual. "La capacidad tecnol√≥gica de proceso de informaci√≥n est√° creciendo exponencialmente", resume Martin Hilbert, uno de los autores del estudio, que publica la revista Science, en un n√ļmero especial en torno a la inundaci√≥n de datos.
  72. ‚ÜĎ Germ√°n Leva: Globalizaci√≥n, competitividad internacional y ciudad.
  73. ‚ÜĎ Jon√°s Fern√°ndez √Ālvarez Contra la "paradoja europea".
  74. ‚ÜĎ
    Despu√©s de 1945, su estrategia global dio un giro interesante y fundamental. En lugar de ser la √ļltima Gran Potencia en entrar en liza (y, por consiguiente, con sus fuerzas intactas), adopt√≥ el papel opuesto. A partir de entonces posicionar√≠a sus ej√©rcitos en primera l√≠nea, a lo largo de las fronteras de la inseguridad, unas fronteras que se hab√≠an expandido enormemente despu√©s de la guerra: Berl√≠n, el Mediterr√°neo, Corea, el Sureste asi√°tico. A medida que se retiraban las legiones francesas y brit√°nicas, avanzaban las tropas estadounidenses.
    Paul Kennedy: Elogio de la cautela presidencial, en El País, 01/07/2009.
  75. ‚ÜĎ Philip Ball, op. cit.
  76. ‚ÜĎ Arturo Fern√°ndez El populismo latinoamericano: realidades y fantasmas Colecci√≥n, Nro. 17, 2006, pp. 13-34 ISSN 0328-7998 Jos√© √Ālvarez Junco (coord.) El populismo en Espa√Īa y Am√©rica, 1994, ISBN 84-87688-04-7.
  77. ‚ÜĎ ...au seuil de l‚Äô√®re de la Peur (en el umbral de la Era del Miedo). Combat (t. II. p. 291), citado en La pens√©e politique d‚ÄôAlbert Camus.
  78. ‚ÜĎ Revoluci√≥n sexual y revoluci√≥n educativa estaban, en algunos casos, conectadas, y en cualquier caso, se entend√≠an como aspectos complementarios del programa global de liberaci√≥n:
    La revoluci√≥n sexual deb√≠a de empezar temprano en la vida de un ni√Īo, seg√ļn algunos. El libro La revoluci√≥n en la educaci√≥n, de 1971, dec√≠a que "la deserotizaci√≥n de la vida de familia, desde la prohibici√≥n de la vida sexual entre ni√Īos hasta el tab√ļ del incesto, es funcional para la preparaci√≥n del tratamiento hostil del placer sexual en la escuela y a la consecuente subyugaci√≥n y deshumanizaci√≥n del sistema laboral".
    Laura Lucinni Examen de conciencia. La prensa alemana debate el influjo que la permisividad intelectual de la revolución sexual de los setenta ha podido tener en los casos de pederastia, El País, 09/08/2010.
  79. ‚ÜĎ Shapiro, Joseph P. No Pity: People with Disabilities Forging a New Civil Rights Movement. Random House, 1993. ISBN 978-0-8129-1964-6, fuente citada en en:Disability rights movement y en:Ed Roberts (activist) en la wikipedia en ingl√©s, art√≠culos a√ļn no disponibles en la wikipedia en espa√Īol.
  80. ‚ÜĎ Es muy habitual citar la frase con el adjetivo m√≠stico o espiritual, as√≠ como parafrasearla con distintos sentidos intencionales. Juan Pablo II lo hizo de esta manera: Ciertamente Andr√© Malraux ten√≠a raz√≥n cuando dec√≠a que el siglo XXI ser√° el siglo de la religi√≥n o no ser√° en absoluto. (Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza y Jan√©s, 1994, pgs 221-222). El origen de expresiones similares puede remontarse al menos al poeta surrealista Andr√© Bret√≥n (la belleza ser√° convulsa o no ser√°, 1934) o al obispo de Vic Josep Torras y Bages (Catalu√Īa ser√° cristiana o no ser√°, 1931-1936).
  81. ‚ÜĎ Y otros como von Mises o Schumpeter, mientras que la socialdemocracia entraba en una crisis t√©cnica, intelectual y cultural. Tony Judt Algo va mal, Taurus, 2010. Citado y comentado por √Ālvaro Delgado Gal Tiempos desesperados, ABC, 15 de octubre de 2010.
  82. ‚ÜĎ La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe (1987).
  83. ‚ÜĎ L'Ere du vide, Par√≠s: Gallimard, 1983 (rese√Īa, resumen).
  84. ‚ÜĎ Adriana H. Narvaez Fin de la Guerra Fr√≠a y su impacto en los pa√≠ses sat√©lites de la URSS hoy miembros de la Uni√≥n Europea: los casos de Hungr√≠a, Polonia y Rep√ļblica Checa.
  85. ‚ÜĎ Citado en Ram√≥n Tamames (2007) El siglo de China: de Mao a primera potencia mundial, Planeta ISBN 978-84-08-07024-5. pgs. 17 y 117.
  86. ‚ÜĎ Jean-Marie Colombani La decadencia de Europa, El Pa√≠s, 10/11/2009. Timothy Garton Ash 1989 fue el momento dorado de Europa, El Pa√≠s, 07/11/2009.
  87. ‚ÜĎ Joschka Fischer Veinte a√Īos despu√©s del Muro El Pa√≠s, 09/11/2009.
  88. ‚ÜĎ Alsos. Digital library for nuclear issues, y otras fuentes citadas en en:nuclear proliferation de la wikipedia en ingl√©s.
  89. ‚ÜĎ Dominique Mo√Įsi, [ La revoluci√≥n reaccionaria francesa], El Pa√≠s, 29/10/2010.
  90. ‚ÜĎ La cr√≠tica interna estadounidense a la intensificaci√≥n del control o limitaci√≥n de distintos aspectos de las libertades p√ļblicas ha sido muy intensa desde diferentes orientaciones. Desde una postura radical, Noam Chomsky (11/09/2001, Barcelona, RBA, 2002, y otros) y Michael Moore (Fahrenheit 9/11, 2004).
  91. ‚ÜĎ Espectacular regreso de la Libia de Khadafi; ...Washington y Londres negociaron su acercamiento al l√≠der libio...; Libia: pena capital y derechos humanos; Salida de su aislamiento pol√≠tico, Siria espera m√°s de Estados Unidos; El juego de Siria ante el desaf√≠o de Ir√°n; EEUU: buscando el dif√≠cil camino a Damasco.
  92. ‚ÜĎ Alain Touraine, Movimientos de liberaci√≥n en las naciones √°rabes, El Pa√≠s, 11/02/2011.
    Los tunecinos han expulsado a Ben Ali; Egipto se ha levantado contra Mubarak; en numerosos pa√≠ses han tenido lugar manifestaciones contra unos dirigentes autoritarios... Los Gobiernos occidentales apoyaban a las dictaduras, que les parec√≠an ser la √ļnica fuerza capaz de oponerse al avance del terrorismo yihadista, y en particular a Al Qaeda. ¬ŅAcaso hay que ir m√°s lejos y pensar que la crisis de los reg√≠menes autoritarios se observa tambi√©n en pa√≠ses exsovi√©ticos como Bielorrusia o Ucrania, o en la Rusia de los zares que Putin parece querer reconstruir? Si aceptamos la hip√≥tesis de que estos fen√≥menos est√°n relacionados entre s√≠, su causa com√ļn m√°s veros√≠mil es la del fin de la guerra fr√≠a y la ca√≠da del imperio sovi√©tico, que hab√≠a recibido el apoyo del nacionalismo √°rabe, con el Egipto de Nasser a la cabeza, en su lucha contra Israel y Estados Unidos. Ahora el mundo al completo ha entrado en un nuevo periodo de su historia, en el que ya no se ve dominado por la guerra fr√≠a entre Estados Unidos y la Uni√≥n Sovi√©tica sino por la rivalidad, en primer lugar, econ√≥mica, entre Estados Unidos, pa√≠s deudor, y China, pa√≠s acreedor.
  93. ‚ÜĎ Thompson, William R. On Global War: Historical‚ÄďStructural Approaches to World Politics. Columbia, SC: University of South Carolina Press, 1988, pp. 209‚Äď210. Fuente citada en en:Polarity in international relations de la Wikipedia en ingl√©s.
  94. ‚ÜĎ Dos perspectivas opuestas, en momentos diferentes de la crisis: Timothy Garton Ash: El modelo en tela de juicio, El Pa√≠s, 5 de octubre de 2008; Guy Sorman: C√≥mo el socialismo destruye Europa, ABC, 6 de mayo de 2010.
  95. ‚ÜĎ Andrea Rizzi El Estado impotente, 05/07/2010. Mois√©s Na√≠m Un mundo sin Europa 28/11/2010. Jos√© Mar√≠a Ridao, Occidente ya no es Occidente. Pa√≠ses emergentes como Brasil y China salen al rescate de la econom√≠a mundial - El plan tiene una lectura pol√≠tica y mitol√≥gica, El Pa√≠s, 19/09/2011.
  96. ‚ÜĎ En ocasiones se producen textos como √©ste: La crisis aparece como el parteaguas en la historia de una nueva realidad mundial que se viene configurando desde hace dos d√©cadas. Todo indica que habr√° ganadores y perdedores en este cambio global. Grupo de Reflexi√≥n de la Uni√≥n Europea, presidido por Felipe Gonz√°lez, carta dirigida al Consejo Europeo al entregar el Proyecto Europa 2030 (citado por Joaqu√≠n Estefan√≠a Crecimiento o barbarie, 16/05/2010). Paul Kennedy: ¬ŅHemos entrado en una nueva era?. La disminuci√≥n del peso del d√≥lar, la desintegraci√≥n de los sue√Īos europeos, la carrera armament√≠stica en Asia y la par√°lisis de la ONU son indicadores de cambio que anuncian que hemos cruzado una l√≠nea divisoria hist√≥rica, El Pa√≠s, 03/11/2011.

Véase también


Predecesor:
Edad Moderna
Edad Contempor√°nea
1789-actualidad
Sucesor:
 


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