Derechos Humanos

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Derechos Humanos

Derechos Humanos

Para el artículo referente a la declaración de la ONU sobre los derechos humanos, véase Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Derechos humanos. Pintura mural en Saint-Josse-ten-Noode (Bélgica). El texto resume los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Los Derechos Humanos son, de acuerdo con diversas filosofías jurídicas, aquellas libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos[1] que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna. Son independientes de factores particulares como el estatus, sexo, etnia o nacionalidad; y son independientes o no dependen exclusivamente del ordenamiento jurídico vigente. Desde un punto de vista más relacional, los derechos humanos se han definido como las condiciones que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, que permita a los individuos ser personas, identificándose consigo mismos y con los otros.[2]

Habitualmente, se definen como inherentes a la persona, irrevocables, inalienables, intransmisibles e irrenunciables. Por definici√≥n, el concepto de derechos humanos es universal (para todos los seres humanos) e igualitario, as√≠ como incompatible con los sistemas basados en la superioridad de una casta, raza, pueblo, grupo o clase social determinados.[3] Seg√ļn la concepci√≥n iusnaturalista tradicional, son adem√°s atemporales e independientes de los contextos sociales e hist√≥ricos.[4]

Los derechos humanos, herederos de la noción de derechos naturales,[5] son una idea de gran fuerza moral[6] y con un respaldo creciente.[7] Legalmente, se reconocen en el Derecho interno de numerosos Estados y en tratados internacionales. Para muchos, además, la doctrina de los derechos humanos se extiende más allá del Derecho y conforma una base ética y moral que debe fundamentar la regulación del orden geopolítico contemporáneo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos se ha convertido en una referencia clave en el debate ético-político actual, y el lenguaje de los derechos se ha incorporado a la conciencia colectiva de muchas sociedades.[7] Sin embargo, existe un permanente debate en el ámbito de la filosofía y las ciencias políticas sobre la naturaleza, fundamentación, contenido e incluso la existencia de los derechos humanos;[8] y también claros problemas en cuanto a su eficacia, dado que existe una gran desproporción entre lo violado y lo garantizado estatalmente.[9]

La doctrina ha realizado un importante esfuerzo por clasificar y sistematizar los derechos humanos. Normalmente se dividen en dos categor√≠as: derechos positivos y derechos negativos. Los derechos negativos, como el derecho a la intimidad, se definen exclusivamente en t√©rminos de obligaciones ajenas de no injerencia; los derechos positivos, por el contrario, imponen a otros agentes, tradicionalmente ‚Äďaunque ya no de manera exclusiva‚Äď el Estado,[10] la realizaci√≥n de determinadas actividades positivas.[11] Otra clasificaci√≥n muy extendida es la que ordena los derechos humanos en tres o m√°s generaciones, atendiendo por lo general al momento hist√≥rico en que se produjo o produce su reivindicaci√≥n.

Contenido

Origen cultural

Existe un importante debate sobre el origen cultural de los derechos humanos. Generalmente se considera que tienen su raíz en la cultura occidental moderna, pero existen al menos dos posturas principales más.[12] Algunos afirman que todas las culturas poseen visiones de dignidad que se plasman en forma de derechos humanos, y hacen referencia a proclamaciones como la Carta de Mandén, de 1222, declaración fundacional del Imperio de Malí. No obstante, ni en japonés[13] ni en sánscrito clásico,[14] por ejemplo, existió el término derecho hasta que se produjeron contactos con la cultura occidental, ya que estas culturas han puesto tradicionalmente el acento en los deberes. Existen también quienes consideran que Occidente no ha creado la idea ni el concepto de derechos humanos, aunque sí una manera concreta de sistematizarlos, una discusión progresiva y el proyecto de una filosofía de los derechos humanos.[15]

Las teor√≠as que defienden el universalismo de los derechos humanos se suelen contraponer al relativismo cultural, que afirma la validez de todos los sistemas culturales y la imposibilidad de cualquier valoraci√≥n absoluta desde un marco externo, que en este caso ser√≠an los derechos humanos universales. Entre estas dos posturas extremas se sit√ļa una gama de posiciones intermedias. Muchas declaraciones de derechos humanos emitidas por organizaciones internacionales regionales ponen un acento mayor o menor en el aspecto cultural y dan m√°s importancia a determinados derechos de acuerdo con su trayectoria hist√≥rica. La Organizaci√≥n para la Unidad Africana proclam√≥ en 1981 la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, que recog√≠a principios de la Declaraci√≥n Universal de 1948 y a√Īad√≠a otros que tradicionalmente se hab√≠an negado en √Āfrica, como el derecho de libre determinaci√≥n o el deber de los Estados de eliminar todas las formas de explotaci√≥n econ√≥mica extranjera. M√°s tarde, los Estados africanos que acordaron la Declaraci√≥n de T√ļnez, el 6 de noviembre de 1993, afirmaron que no puede prescribirse un modelo determinado a nivel universal, ya que no pueden desatenderse las realidades hist√≥ricas y culturales de cada naci√≥n y las tradiciones, normas y valores de cada pueblo.[16] En una l√≠nea similar se pronuncian la Declaraci√≥n de Bangkok, emitida por pa√≠ses asi√°ticos el 23 de abril de 1993, y de El Cairo, firmada por la Organizaci√≥n de la Conferencia Isl√°mica el 5 de agosto de 1990.[17]

También la visión occidental-capitalista de los derechos humanos, centrada en los derechos civiles y políticos se opuso a menudo durante la Guerra Fría, destacablemente en el seno de Naciones Unidas, a la del bloque socialista, que privilegiaba los derechos económicos, sociales y culturales y la satisfacción de las necesidades humanas básicas.

Evolución histórica

Muchos filósofos e historiadores del Derecho consideran que no puede hablarse de derechos humanos hasta la modernidad en Occidente. Hasta entonces, las normas de la comunidad, concebidas en relación con el orden cósmico, no dejaban espacio para el ser humano como sujeto singular,[18] concibiéndose el derecho primariamente como el orden objetivo de la sociedad. La sociedad estamental tenía su centro en grupos como la familia, el linaje o las corporaciones profesionales o laborales,[19] lo que implica que no se concebían facultades propias del ser humano en cuanto que tal, facultades de exigir o reclamar algo. Por el contrario, todo poder atribuido al individuo derivaba de un doble status: el del sujeto en el seno de la familia y el de ésta en la sociedad. Fuera del status no había derechos.[20]

La existencia de los derechos subjetivos, tal y como se piensan en la actualidad, fue objeto de debate durante los siglos XVI, XVII y XVIII.[21] Habitualmente se dice que los derechos humanos son producto de la afirmación progresiva de la individualidad[22] y, de acuerdo con ello, que la idea de derechos del hombre apareció por primera vez durante la lucha burguesa contra el sistema del Antiguo Régimen.[23] Siendo ésta la consideración más extendida, otros autores consideran que los derechos humanos son una constante en la Historia y hunden sus raíces en el mundo clásico.

Antecedentes remotos

Del Cilindro de Ciro se ha dicho que es la primera declaración de derechos humanos.

Uno de los documentos m√°s antiguos que se han vinculado con los derechos humanos es el Cilindro de Ciro, que contiene una declaraci√≥n del rey persa Ciro el Grande tras su conquista de Babilonia en 539 a. C. Fue descubierto en 1879 y la ONU lo tradujo en 1971 a todos sus idiomas oficiales. Puede enmarcarse en una tradici√≥n mesopot√°mica centrada en la figura del rey justo, cuyo primer ejemplo conocido es el rey Urukagina, de Lagash, que rein√≥ durante el siglo XXIV a. C., y donde cabe destacar tambi√©n Hammurabi de Babilonia y su famoso C√≥digo, que data del siglo XVIII a. C. No obstante, el Cilindro de Ciro presenta caracter√≠sticas novedosas, especialmente en lo relativo a la religi√≥n. Ha sido valorado positivamente por su sentido humanista e incluso se lo ha descrito como la primera declaraci√≥n de derechos humanos.[24] Numerosos historiadores, sin embargo, consideran que el t√©rmino es ajeno a ese contexto hist√≥rico.

Documentos medievales y modernos, como la Carta Magna inglesa, de 1215, y la mandinga Carta de Mand√©n, de 1222, se han asociado tambi√©n a los derechos humanos. En contra de esta idea, Jos√© Ram√≥n Narv√°ez Hern√°ndez afirma que la Carta Magna no puede considerarse una declaraci√≥n de derechos humanos, ya que en esta √©poca existen derechos pero s√≥lo entre iguales, y no con car√°cter universal:[25] no se predica la igualdad formal de todos los seres humanos. Lo mismo suced√≠a en el Imperio de Mal√≠, cuya constituci√≥n oral, la Kouroukan Fouga, refleja c√≥mo la poblaci√≥n se estructuraba seg√ļn su tribu de origen. Estas consideraciones son extrapolables a documentos como la Goldone Bulle de Andreas II en Hungr√≠a en 1222; la Confirmatio fororum et libertartum de 1283 y el Privilegio de la Uni√≥n de 1287, de Arag√≥n ambos; las Bayerische Freiheitsbriefe und Landesfreiheitserkl√§rungen desde 1311 o la Joyeuse Entr√©e de Brabante de 1356. En todos estos casos, los derechos y libertades reconocidos pertenecen al √°mbito de los pactos entre el monarca y los estamentos del reino:[26] no se trata, en suma, de derechos humanos; sino de derechos corporativos o privilegios.

Sociedad grecorromana

En la Grecia antigua en ning√ļn momento se lleg√≥ a construir una noci√≥n de dignidad humana frente a la comunidad que se pudiera articular en forma de derechos, sino que se entendi√≥ que las personas pertenec√≠an a la sociedad como partes de un todo y eran los fines de √©sta los que prevalec√≠an.[27] La √ļnica oposici√≥n a la tiran√≠a se sustentaba en la apelaci√≥n a la Ley divina como opuesta a la norma, como se muestra en el mito de Ant√≠gona, plasmado por S√≥focles en la obra tr√°gica del mismo nombre.

La sociedad griega se divid√≠a en tres grupos principales: los ciudadanos, los metecos o extranjeros y los esclavos. La esclavitud se consideraba natural,lo que se refleja en la afirmaci√≥n de Arist√≥teles, para quien "es evidente que los unos son naturalmente libres y los otros naturalmente esclavos; y que para estos √ļltimos es la esclavitud tan √ļtil como justa".[28] La organizaci√≥n pol√≠tica se estructuraba en polis o ciudades-estado: para los griegos, la sociedad era una consecuencia necesaria de la naturaleza humana. En este contexto, las teor√≠as pol√≠ticas de Plat√≥n y Arist√≥teles hicieron un gran hincapi√© en el concepto de bien com√ļn. Para Plat√≥n, agrupados los hombres en sociedad, √©sta se configura en polis, cuyo bien com√ļn se sobrepone al bien particular de los individuos que lo componen. La justicia, a su vez, es la salvaguarda del bien com√ļn, y se expresa a trav√©s de las leyes, que son los instrumentos que permiten la consecuci√≥n del bien colectivo e individual.[29] No obstante, en su af√°n por alcanzar una sociedad perfecta, Plat√≥n lleg√≥ a recomendar dar muerte a los reci√©n nacidos deformes o enclenques, y matar o desterrar a los insociables.[30]

Arist√≥teles tambi√©n consideraba que el hombre era un ser social y que no pod√≠a realizarse fuera de la familia y la sociedad, por lo que tambi√©n subordinaba el bien individual al bien com√ļn. Adem√°s, al definir la ciudad como una comunidad de ciudadanos libres,[31] redujo el bien com√ļn al bien de un grupo social determinado[32] que excluye a las mujeres, los extranjeros, los obreros y los esclavos. Sobre esta visi√≥n se sustenta la idea aristot√©lica de la justicia que afirma que es tan justa la igualdad entre iguales como la desigualdad entre desiguales.[33]

Ya en la decadencia de la cultura griega, conquistada la H√©lade por Roma, se extendieron filosof√≠as que pon√≠an el acento en la b√ļsqueda de la felicidad individual: entre ellos, el epicure√≠smo y el estoicismo. El estoicismo consideraba la raz√≥n humana como parte de un logos divino, lo que contribuy√≥ a concebir al hombre como miembro de una familia universal m√°s all√° de la polis. S√©neca, Epicteto, Marco Aurelio o Cicer√≥n fueron algunos de los que extendieron la filosof√≠a estoica por el mundo latino.

Influencia del cristianismo

La filosof√≠a estoica, difundida en la sociedad grecorromana, concibi√≥ la idea de cosmopolitismo, a la que el cristianismo dio un sentido m√°s espiritual[34] para afirmar la igualdad de los hombres en tanto que ciudadanos del Reino de Dios[35] y su dignidad; no obstante, seg√ļn Luis de Sebasti√°n, para los te√≥logos cristianos medievales la igualdad teol√≥gica era compatible con la desigualdad social: las personas nac√≠an con un estatus social que, de acuerdo con los designios divinos, era el m√°s adecuado para su salvaci√≥n.[36]

El cristianismo, derivado de la religi√≥n jud√≠a, hered√≥ de ella, entre otras, la tradici√≥n del miŇ°pat, un concepto jur√≠dico de rica amplitud sem√°ntica. Indica las decisiones judiciales y el juicio legal justo; en relaci√≥n con el Derecho, aqu√©l que se manifiesta en la defensa de los pobres y oprimidos y que se vincula a su vez con los bienes mesi√°nicos que se esperan.[37] Dado que, hasta la modernidad, el t√©rmino derecho se atribu√≠a principalmente a "lo justo" como orden objetivo, en el pensamiento cristiano antiguo o medieval no existi√≥ una referencia expl√≠cita a los derechos humanos; pero s√≠ un reconocimiento de exigencias de justicia que descend√≠an de esta tradici√≥n jud√≠a. Por ejemplo, el Nuevo Testamento contiene ense√Īanzas contra la injusticia, el homicidio, el robo, la calumnia o el ego√≠smo en el uso de los bienes. En la Ep√≠stola de Santiago, el ap√≥stol denunci√≥ a los empleadores que no pagan a sus empleados sus justos salarios.[38] El cristianismo fue gradualmente derramando su doctrina en el derecho romano, mejorando la situaci√≥n de los esclavos, de los hijos y de las mujeres, cuyo estatus en la subcultura cristiana era mucho m√°s alto que en la grecorromana.[39] En el plano econ√≥mico, conden√≥ la usura y la explotaci√≥n, estableciendo las bases de la doctrina del justo precio.

Tales ideas fueron desarrolladas por los Padres de la Iglesia, proclamando un sentido social y limitado de la propiedad y de la ley. Pero fue Tom√°s de Aquino quien asent√≥ las bases del orden jur√≠dico medieval, retomando ideas de Arist√≥teles y Agust√≠n de Hipona y afirmando que existe, adem√°s del derecho positivo determinado y establecido por los hombres, un derecho natural, propio de la criatura racional, que ning√ļn hombre ni ning√ļn gobierno puede desconocer.

La doctrina cristiana postulaba la existencia de dos reinos, el temporal y el espiritual, siguiendo la distinci√≥n hecha por Jes√ļs de Nazaret (¬ęDad al Cesar lo que es del C√©sar y a Dios lo que es de Dios¬Ľ). Ante el problema de la conciliaci√≥n de los intereses individuales y los sociales, Tom√°s de Aquino afirm√≥ en su obra Summa Theologiae que si exist√≠a un conflicto entre lo social y lo individual en el seno del mundo material, deb√≠a prevalecer el bien com√ļn. Pero, por el contrario, si el conflicto afectaba a la esfera √≠ntima del ser humano y a su salvaci√≥n, en ese caso prevalecer√≠a el bien del hombre frente al de la sociedad.[40] En este √°mbito, de existir un conflicto patente entre el Derecho positivo y el Derecho natural, del pensamiento tomista se desprende la existencia de un derecho de resistencia contra el arbitrio de los gobernantes.[41]

Conformación del concepto

La idea del derecho subjetivo, b√°sica para concebir los derechos humanos, fue anticipada en la baja Edad Media por Guillermo de Ockham, que introdujo el concepto de ius fori o potestad humana de reivindicar una cosa como propia en juicio. La escol√°stica espa√Īola insisti√≥ en esta visi√≥n subjetiva del Derecho durante los siglos XVI y XVII: Luis de Molina, Domingo de Soto o Francisco Su√°rez, miembros de la Escuela de Salamanca, definieron el derecho como un poder moral sobre lo propio.[42] Aunque mantuvieron al mismo tiempo la idea de Derecho como un orden objetivo, enunciaron que son ciertos derechos naturales y aludieron tanto a derechos relativos al cuerpo (derecho a la vida, a la propiedad) como al esp√≠ritu (derecho a la libertad de pensamiento, a la dignidad). El jurista V√°zquez de Menchaca, partiendo de una filosof√≠a individualista, fue decisivo en la difusi√≥n del t√©rmino iura naturalia. Este pensamiento iusnaturalista se vio auspiciado por el contacto con las civilizaciones americanas y el debate producido en Castilla sobre los justos t√≠tulos de la conquista y, en particular, la naturaleza de los ind√≠genas. En la colonizaci√≥n castellana de Am√©rica, se suele afirmar, se aplicaron medidas en las que est√°n presentes los g√©rmenes de la idea de derechos humanos. No obstante, algunos critican que, en la pr√°ctica, estas medidas fueron formuladas para lograr objetivos de colonizaci√≥n.[21] El pensamiento de la Escuela de Salamanca, especialmente mediante Francisco Su√°rez y Gabriel V√°zquez, contribuy√≥ tambi√©n al impulso del iusnaturalismo europeo a trav√©s de Hugo Grocio.[43]

Durante la Revoluci√≥n inglesa, la burgues√≠a consigui√≥ satisfacer sus exigencias de tener alguna clase de seguridad contra los abusos de la corona y limit√≥ el poder de los reyes sobre sus s√ļbditos. Habiendo proclamado la Ley de Habeas corpus en 1679, en 1689 el Parlamento impuso a Guillermo III de Inglaterra en la Bill of Rights una serie de principios sobre los cuales los monarcas no pod√≠an legislar o decidir. Se cerr√≥ as√≠ el paso a la restauraci√≥n de la monarqu√≠a absoluta, que se basaba en la pretensi√≥n de la corona inglesa de que su derecho era de designio divino.[44] Seg√ļn Antonio Fern√°ndez-Galiano y Benito de Castro Cid, la Bill of Rights puede considerarse una declaraci√≥n de derechos, pero no de derechos humanos, puesto que los mismos se reconocen con alcance nacional y no se consideran propios todo hombre.[45]

Durante los siglos XVII y XVIII, diversos filósofos europeos desarrollaron el concepto de derechos naturales. De entre ellos cabe destacar a John Locke, cuyas ideas fueron muy importantes para el desarrollo de la noción moderna de derechos. Los derechos naturales, para Locke, no dependían de la ciudadanía ni las leyes de un Estado, ni estaban necesariamente limitadas a un grupo étnico, cultural o religioso en particular. La teoría del contrato social, de acuerdo con sus tres principales formuladores, el ya citado Locke, Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau, se basa en que los derechos del individuo son naturales y que, en el estado de naturaleza, todos los hombres son titulares de todos los derechos.[46] Estas nociones se plasmaron en las declaraciones de derechos de finales del siglo XVIII.

La causa directa del nacimiento de los derechos humanos, desde una perspectiva sociológica, ha sido también un importante objeto de debate. Por una parte, Georg Jellinek ha defendido que los derechos humanos estaban directamente dirigidos a permitir el ejercicio de la libertad religiosa; por otra, Karl Marx afirmó que se deben a la pretensión de la burguesía de garantizar el derecho de propiedad. Max Weber, en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, afirma que existiría una conexión entre la ética individualista en que se basaron los derechos humanos y el surgimiento del capitalismo moderno.[47]

Revoluciones burguesas y positivación de los derechos humanos

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, adoptada por la Asamblea Nacional francesa el 26 de agosto de 1789.

Las distintas culminaciones de la Revoluci√≥n Estadounidense y la Revoluci√≥n Francesa, hitos fundamentales del efectivo paso a la Edad Contempor√°nea, representan el fin o el principio, seg√ļn se quiera ver, del complejo proceso de reconocimiento o creaci√≥n de los derechos humanos. Si las revoluciones son el revulsivo que da lugar a la gestaci√≥n de los derechos humanos, las diversas actas de nacimiento lo constituyen las declaraciones de derechos de las colonias americanas, en especial la Declaraci√≥n de Derechos de Virginia de 1776, considerada la primer declaraci√≥n moderna de derechos humanos, y la Declaraci√≥n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa de 1789, influenciada por la anterior. Estas declaraciones, fundamentadas en el iusnaturalismo racionalista, suponen la conversi√≥n del derecho subjetivo en centro del orden jur√≠dico, y a aqu√©l se supedita el Derecho como orden social.[48]

Fruto de este influjo iusnaturalista, los derechos reconocidos tienen vocaci√≥n de traspasar las fronteras nacionales y se consideran "derechos de los hombres".[49] Aunque el primer uso constatado de la expresi√≥n "derechos del hombre" (iura hominum) se produjo ya en 1537, en un texto de Volmerus titulado Historia diplom√°tica rerum ataviarum,[18] la denominaci√≥n no se populariz√≥ entre la doctrina hasta finales del siglo XVIII, con la obra de Thomas Paine The Rights of Man (1791-1792).[50] Seg√ļn se plasm√≥ en las Declaraciones, tanto los revolucionarios franceses como los estadounidenses consideraban que estos derechos eran inalienables e inherentes a la naturaleza humana, incluso verdades "evidentes" seg√ļn la Declaraci√≥n de Independencia de los Estados Unidos. Pese a ello, decidieron recogerlos en declaraciones p√ļblicas, lo que se justifica por motivos jur√≠dicos y pol√≠ticos. En lo primero, debe tenerse en cuenta que para el iluminismo revolucionario la Constituci√≥n es la que garantiza los derechos y libertades, lo que explica la formulaci√≥n positiva de los mismos.[51] En lo segundo, se pretend√≠a facilitar la salvaguarda del libre desarrollo del individuo en la sociedad frente a la arbitrariedad del poder:[52] ya el Pre√°mbulo de la Declaraci√≥n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano afirm√≥ expresamente que "la ignorancia, la negligencia o el desprecio de los derechos humanos son las √ļnicas causas de calamidades p√ļblicas y de la corrupci√≥n de los gobiernos".[53]

La primera declaración de derechos del hombre de la época moderna es la Declaración de Derechos de Virginia, escrita por George Mason y proclamada por la Convención de Virginia el 12 de junio de 1776. En gran medida influyó a Thomas Jefferson para la declaración de derechos humanos que se contiene en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, de 4 de julio de 1776, a las otras colonias de América del Norte y a la Asamblea Nacional francesa en su declaración de 1789.

Nuevas demandas e internacionalización de los derechos

La noción de derechos humanos recogida en las Declaraciones, basada en la ideología burguesa del individualismo filosófico y el liberalismo económico,[54] no experimentó grandes cambios a lo largo del siglo siguiente hasta que, ante las pésimas condiciones de vida de las masas obreras, surgieron movimientos sindicales y luchas obreras que articularon sus demandas en forma de nuevos derechos que pretendían dar solución a ciertos problemas sociales a través de la intervención del Estado, como la garantía del derecho de huelga, unas condiciones mínimas de trabajo o la prohibición o regulación del trabajo infantil. Desde la primera mitad del siglo XIX se había desarrollado una nueva filosofía social que se manifestó en el socialismo utópico, el reformismo de la Escuela Católica Social, la socialdemocracia, el anarquismo o el socialismo científico.[55] En esta nueva fase fueron muy importantes la Revolución Rusa o la Revolución Mexicana.

Además de las luchas obreras, a lo largo de la edad contemporánea los movimientos por el sufragio femenino consiguieron para muchas mujeres el derecho de voto; movimientos de liberación nacional consiguieron librarse del dominio de las potencias coloniales; y triunfaron diversas reivindicaciones de minorías raciales o religiosas oprimidas, movimientos por los derechos civiles o movimientos de políticas de identidad que defienden la autodeterminación cultural de colectivos humanos.

El siglo XX se caracteriz√≥ tambi√©n por la incorporaci√≥n de los derechos humanos al Derecho internacional. Si a principios del siglo se afirmaba que esta rama del Derecho s√≥lo regulaba las relaciones entre Estados y exclu√≠a a los particulares, el cambio fue r√°pido y tras la Segunda Guerra Mundial, seg√ļn Juan Antonio Carrillo Salcedo, los derechos humanos pod√≠an considerarse un principio constitucional del Derecho internacional contempor√°neo.[56] Es especialmente desde el nacimiento de la Organizaci√≥n de las Naciones Unidas, en 1945, cuando el concepto de derechos humanos se ha universalizado y alcanzado la gran importancia que tiene en la cultura jur√≠dica internacional. El 10 de diciembre de 1948 la Declaraci√≥n Universal de los Derechos Humanos fue adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resoluci√≥n 217 A (III), como respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y como intento de sentar las bases del nuevo orden internacional que surg√≠a tras el armisticio.

Posteriormente se han aprobado numerosos tratados internacionales sobre la materia, entre los que destacan los Pactos Internacionales de Derechos Humanos de 1966 (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y Pacto Internacional de Derechos Económicos, sociales y Culturales), y se han creado diversos dispositivos para su promoción y garantía.

Naturaleza y fundamentación

Norberto Bobbio afirma la imposibilidad de encontrar un fundamento absoluto a los derechos humanos y alega para ello cuatro razones. Primera, la ausencia de un concepto inequ√≠voco y claro de los mismos; segunda, su variabilidad en el tiempo; tercera, su heterogeneidad; y, cuarta, las antinomias y conflictos que existen entre distintos derechos, como entre los civiles y pol√≠ticos, por un lado, y los sociales y culturales, por otro. En el Coloquio del Instituto Internacional de Filos√≥f√≠a celebrado en L'Aquila en 1964, Bobbio propuso sustituir la b√ļsqueda de un imposible fundamento absoluto por el estudio de las diversas fundamentaciones posibles que las ciencias sociales avalaban.[57] Y, en cualquier caso, para el jurista italiano, el problema b√°sico relativo a los derechos humanos no es su fundamentaci√≥n, sino su puesta en pr√°ctica y protecci√≥n.[58] Pero son muchos los juristas y fil√≥sofos que no comparten esta creencia sino que, por el contrario, la fundamentaci√≥n de los derechos humanos ha sido y es objeto de gran inter√©s a lo largo del tiempo, y la mayor√≠a considera que es una labor te√≥rica con gran incidencia en la pr√°ctica.[59]

Cada una de las numerosas teor√≠as que los pensadores han desarrollado est√° influida por la Filosof√≠a dominante en el momento hist√≥rico en que se gest√≥ y parte de muy diferentes cosmovisiones y concepciones del ser humano, al que atribuyen o niegan determinadas caracter√≠sticas inmanentes.[60] Para algunos, el eje de los derechos humanos es una serie de derechos concretos (seg√ļn Herbert Hart, el derecho a la libertad; atendiendo a John Rawls, determinados derechos fundamentales que corresponden a unos deberes fundamentales; de acuerdo con Ronald Dworkin, el derecho a la igualdad ante la ley);[61] para otros, los derechos humanos son la traducci√≥n normativa de una serie de valores, aprehendidos de la realidad o construidos socialmente. Un tercer grupo considera que los derechos humanos son criterios o l√≠mites a los que debe adecuarse la actividad de los poderes p√ļblicos o el mercado, tesis defendida tanto desde una axiolog√≠a iusnaturalista (Luis Recasens Siches)[62] como desde un iuspositivismo cr√≠tico (Luigi Ferrajoli).[63] Finalmente, diversas teor√≠as sostienen que los derechos humanos son la codificaci√≥n de la conducta moral que, de acuerdo con David Hume, es un producto social y humano que se desarrolla en un proceso de evoluci√≥n biol√≥gica y social. Las teor√≠as sociol√≥gicas del Derecho y los trabajos de Max Weber consideran que la conducta se desarrolla como un patr√≥n sociol√≥gico de fijaci√≥n de normas.

En cuanto a su fundamentaci√≥n, seg√ļn qu√© tipo de concepci√≥n se tenga sobre el Derecho ‚Äďiusnaturalista, iusracionalista, iuspositivista, vinculada al realismo jur√≠dico o al dualismo jur√≠dico, entre otras‚Äď la categor√≠a conceptual de derechos humanos puede considerarse derivada de la divinidad, observable en la naturaleza, asequible a trav√©s de la raz√≥n, determinada por los contextos en las muchas maneras que es posible entender la Historia, una s√≠ntesis de ideas de √©stas u otras posiciones ideol√≥gicas y filos√≥ficas o un mero concepto inexistente y sin validez.

Iusnaturalismo

La Libertad guiando al pueblo, por Eugène Delacroix (1830). Los derechos humanos entendidos como derechos naturales inspiraron las revoluciones burguesas de los siglos XVIII y XIX.

Son tesis iusnaturalistas las que afirman la existencia del Derecho natural. Aunque en cada época se ha entendido este concepto de manera diferente, todas estas doctrinas coinciden en afirmar la existencia de una juricidad previa y fundamentadora del Derecho positivo: la positivación, por lo tanto, se limitaría a declarar derechos ya existentes. En las declaraciones de derechos del siglo XVIII se refleja esta concepción, y el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos afirma que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos", lo que es considerado por juristas como Hans Kelsen una clara manifestación de la doctrina del iusnaturalismo.[64]

Algunas teor√≠as iusnaturalistas afirman que los derechos humanos se basan en aspectos biol√≥gicos, tales como la conveniencia para la supervivencia de la especie, en el contexto de la selecci√≥n natural, de una conducta basada en la empat√≠a y el altruismo. Otras los sustentan en el orden moral natural tal y como se deriva de determinados preceptos religiosos. Consideran que la conducta moral es un conjunto de prescripciones objetivamente v√°lidas y apelan a textos como la Biblia o el Cor√°n. Frente a √©stas, desde el siglo XVII, con Hugo Grocio, ha cobrado fuerza el iusnaturalismo racionalista, de la mano de autores que se desvinculan progresivamente de la idea de Dios,[65] si bien existen en la actualidad diversas fundamentaciones iusnaturalistas de car√°cter o inspiraci√≥n religiosa. Entre ellas se encuentra la Doctrina Social de la Iglesia, que retoma las ideas de los Padres de la Iglesia y Tom√°s de Aquino. Llegar a lo realmente humano es una de las cr√≠ticas principales de las ponencias de Juan Pablo II en su enciclica "Humanae vitae". La vida es un sentir desde una divinidad al bien com√ļn expreso en la realidad cristiana, desde la moralidad del bienestar.

Seg√ļn la Doctrina Social de la Iglesia, el fundamento s√≥lido o inmediato de los derechos se encuentra en la ley natural, la norma -de derecho natural- que es fuente equilibrada de derechos y deberes de cada uno; a su vez, su fundamento √ļltimo es Dios mismo: el orden con que Dios gobierna el universo recibe el nombre de ley eterna, del que la ley natural es una participaci√≥n o derivaci√≥n. Los derechos humanos son objetivos en tanto que no dependen de la subjetividad de quien es su titular o est√° obligado por ellos. Por tanto, no quedan sujetos a los estados de √°nimo, las opiniones o la voluntad de nadie; tampoco el consenso, ni siquiera de la mayor√≠a. Para la Iglesia Cat√≥lica, adem√°s, otra caracter√≠stica de los derechos humanos es su sociabilidad: siendo el hombre naturalmente social, existen derechos naturales de la persona en cuanto individuo, pero tambi√©n en tanto miembro de diversos grupos sociales naturales; es decir, derechos naturales de la familia, de las asociaciones o de las naciones. Por la misma raz√≥n, los derechos se ordenan al bien com√ļn y est√°n constitutivamente limitados. Concretando m√°s en cuanto su precisi√≥n y limitaci√≥n, los derechos humanos remiten a lo justo concreto, por lo que no significan el reconocimiento de una libertad para realizar cualquier cosa, en cualquier momento o de cualquier manera.[66]

Uno de los teóricos de derechos humanos más relevantes e influyentes fue John Locke, que elevó la defensa de los derechos naturales a la categoría de principio fundamental de legitimación del gobierno y fin básico de la sociedad civil. Locke basó sus ideas en el concepto de propiedad, que utilizó en un sentido amplio y en un sentido restringido. En sentido amplio, se refiere a un amplio conjunto de intereses y aspiraciones humanas; más restricitivamente, alude a los bienes materiales. Locke afirmó que la propiedad es un derecho natural y que se deriva del trabajo. Además, dijo que la propiedad precede al Estado y que éste no puede disponer de la propiedad de los sujetos arbitrariamente. De acuerdo con Locke, negar el derecho de propiedad es negar los derechos humanos. El filósofo británico tuvo una gran influencia en el Reino Unido y fue decisivo en la filosofía en que se basó la fundación de Estados Unidos.

Algunos filósofos han considerado que los derechos humanos se derivan de un derecho o valor fundamental determinado. Para muchos autores,[67] entre los que se encuentra Samuel Pufendorf,[68] el sistema de derechos naturales del hombre se deriva de su dignidad; otros, como Hegel o Kant, afirmaron que la libertad es fundamento de los derechos humanos y, al mismo tiempo, el principal de éstos. Kant representó la culminación de un proceso encaminado a depurar las teorías iusnaturalistas de elementos históricos o empíricos, al fundamentar su teoría del Derecho natural en principios a priori, entendidos como exigencias de la razón práctica.

En la segunda mitad del siglo XX, y tras su decadencia en favor de las ideas iuspositivistas, el Derecho natural resurgi√≥ con fuerza con multitud de teor√≠as muy diversas. De ellas, algunas mantienen una fundamentaci√≥n objetivista de los derechos humanos, en tanto que afirman la existencia de un orden de valores o principios con validez objetiva y universal, independiente de los individuos. Otras, las subjetivistas, sit√ļan a la autonom√≠a humana como fuente de todos los valores; basan los derechos humanos en la autoconsciencia racional de la dignidad, libertad e igualdad humanas.[69] Finalmente, las llamadas tesis intersubjetivistas, que surgen de un intento de s√≠ntesis entre las dos tendencias anteriores, consideran los derechos humanos como valores radicados en necesidades comunes y por lo tanto intr√≠nsecamente comunicables.

Iuspositivismo

Las tesis positivistas se oponen frontalmente a las iusnaturalistas, ya que consideran que el √ļnico conjunto de normas que tiene car√°cter jur√≠dico es el Derecho positivo.[70] Afirman, por tanto, que la positivizaci√≥n tiene car√°cter constitutivo, al negar la juridicidad del Derecho natural o incluso su existencia. John Austin consider√≥ que los derechos humanos forman parte de las normas sociales que influyen en el Derecho, pero no son Derecho:[71] para muchos positivistas, los derechos humanos son ideas morales, pero sin valor jur√≠dico por s√≠ mismas. Para que tengan dicho valor, deben incorporarse al ordenamiento jur√≠dico: las leyes son la formulaci√≥n jur√≠dica de la voluntad soberana del pueblo y obligan a su cumplimiento. No es necesario ni procedente acudir a otro sustento que el legal.

La creciente aceptaci√≥n del iuspositivismo a lo largo del siglo XIX produjo un arrinconamiento del Derecho natural y motiv√≥ la plasmaci√≥n de los derechos humanos, como derechos fundamentales, en las Constituciones de los pa√≠ses occidentales.[72] El proceso se apoy√≥ en la categor√≠a de los derechos p√ļblicos subjetivos, que surgi√≥ como alternativa a la de derechos naturales, que los iuspositivistas consideraban de car√°cter ideol√≥gica. La teor√≠a de los derechos p√ļblicos objetivos reconoc√≠a la personalidad jur√≠dica del Estado, que adquir√≠a as√≠ la titularidad de derechos y deberes.[73] Tras el ascenso de reg√≠menes totalitarios en los a√Īos 1920 y 1930 y la Segunda Guerra Mundial se produjo un resurgimiento del iusnaturalismo que hizo que autores como Hans Kelsen, Alf Ross, Herbert Hart y Norberto Bobbio reaccionaran clarificarando los conceptos fundamentales de las teor√≠as positivistas. Ello provoc√≥ una diversificaci√≥n del iuspositivismo que produjo tesis a veces incompatibles entre s√≠.[74]

Algunas de estas tesis recientes dan cabida a la defensa de los derechos humanos. Una de ellas es la teor√≠a dualista de los derechos, formulada por Gregorio Peces-Barba y muy similar a la articulada por Eusebio Fern√°ndez, que incorpora algunos elementos propios del iusnaturalismo, en tanto que s√≥lo los derechos con un fundamento moral son fundamentales; pero al mismo tiempo considera que la positivaci√≥n es requisito necesario para que un derecho humano lo sea. Por lo tanto, concibe los derechos como la encrucijada entre lo jur√≠dico y lo √©tico; y como traducci√≥n normativa de los valores de dignidad, libertad e igualdad, al tiempo que legitimadores de los poderes p√ļblicos.[75] La teor√≠a del garantismo jur√≠dico, defendida por Luigi Ferrajoli, afirma que el Estado de Derecho posee una legitimaci√≥n formal y otra material. La legitimaci√≥n formal hace referencia al imperio de la ley; la material, a la vinculaci√≥n de todos los poderes del Estado a la satisfaci√≥n de los derechos fundamentales,[76] de los cuales, seg√ļn el jurista italiano, los derechos humanos son una subclase.

Ambas teor√≠as superan un iuspositivismo puramente formal y, ci√Īi√©ndose a los mecanismos internos del ordenamiento jur√≠dico, aportan criterios materiales para garantizar la estabilizaci√≥n del orden jur√≠dico y la garant√≠a de los derechos fundamentales. Maria de Lourdes Souza considera que es importante considerar su contexto: el garantismo, que se basa en el Estado de Derecho, surge en un contexto socio-jur√≠dico democr√°tico que, aunque presenta tendencias regresivas, es m√°s o menos igualitario y justo.[77] De la misma manera, el dualismo jur√≠dico se inserta dentro de un marco jur√≠dico-pol√≠tico determinado, el del Estado social y democr√°tico de Derecho.[75]

Tesis realistas

Las tesis realistas pueden definirse como aquellas para las que la positivación es un requisito más, junto con otros, que influye en la efectividad de los derechos humanos. Engloba un conjunto de posiciones doctrinales muy diverso y heterogéneo, que afirman que es la práctica de las personas los que dotan de significación a los derechos humanos.[78] Critican la concepción ideal que de éstos tiene el iusnaturalismo, así como la puramente formal del iuspositivismo, afirmando que ambas corrientes son excesivamente abstractas y no tienen en cuenta las condiciones económicas y sociales de las que depende el efectivo disfrute de los derechos. Con carácter general, las tesis realistas insisten en alguno de los siguientes ámbitos: en el plano político, en las condiciones de democracia política y económica necesarias para el disfrute real de los derechos humanos; en el jurídico, en los mecanismos de garantía y protección; y en el sociológico, en la conciencia colectiva sobre derechos humanos.

La postura realista se relaciona, en gran medida, con el socialismo.[79] Ya en La cuestión judía, una de sus primeras obras, Karl Marx criticó la noción burguesa de derechos humanos, que describió como derechos del individuo egoísta y basados en una concepción abstracta de libertad y emancipación. Para el filósofo alemán, los derechos humanos burgueses eran un conjunto de protecciones legales para la defensa de la clase propietaria de los medios de producción.[80] Marx afirmó que son las condiciones materiales las que determinan el alcance real de los derechos humanos, y que para su realización efectiva es necesaria una auténtica emancipación política.

Helio Gallardo o Joaquín Herrera Flores afirman que los derechos humanos se sustentan en las tramas sociales, en las relaciones y experiencias intersubjetivas.[81] Helio Gallardo considera que el fundamento de los derechos humanos son las transferencias de poder que se producen entre los grupos sociales, así como las instituciones en que se articulan y las lógicas que inspiran las relaciones sociales.[82] Estas transferencias de poder pueden positivarse o no, y ser más o menos precarias. Para Joaquín Herrera, en una línea similar, los derechos humanos son las prácticas y medios por los que se abren espacios de emancipación que incorporan a los seres humanos en los procesos de reproducción y mantenimiento de la vida.[83]

La teor√≠a consensual de la verdad, desarrollada por J√ľrgen Habermas (perteneciente a la Escuela de Frankfurt), propone una fundamentaci√≥n intersubjetiva de los valores y derechos, a trav√©s de un acuerdo racional alcanzado en unas condiciones ideales.[84] En una l√≠nea similar, para Cha√Įm Perelman los derechos humanos se fundamentan en la experiencia y la conciencia morales de un consenso que se alcanza a trav√©s de un proceso determinado. Se trata de fundamentos en los que coincidan los que denomina ¬ęesp√≠ritus razonables¬Ľ y que ser√≠an asimismo aprobados por ¬ęaudiencias universales¬Ľ, los que se consideran interlocutores v√°lidos para cada asunto.[85]

Utilitarismo

En un principio, el utilitarismo surgi√≥ como una alternativa a la idea de los derechos humanos, m√°s que como una propuesta de fundamentaci√≥n; aunque posteriormente John Stuart Mill y otros autores han tratado de sustentar los derechos humanos desde esta filosof√≠a.[86] El utilitarismo, como doctrina √©tica, considera ¬ęla mayor felicidad para el mayor n√ļmero como la medida de lo justo y de lo injusto¬Ľ.[87] Los utilitaristas parten del rechazo de la idea de derechos humanos como derechos naturales: especialmente cr√≠tico con dicha idea fue Jeremy Bentham, que calific√≥ como un sinsentido la afirmaci√≥n de que existen derechos previos al Estado:[88] los derechos, de existir, son un producto social que se justifica desde el principio de la utilidad.[89]

Seg√ļn John Stuart Mill, los derechos son reglas para la maximizaci√≥n de la felicidad; pero a√Īade que los derechos no son absolutos dado que, en determinadas condiciones excepcionales, su cumplimiento nos aleja tanto del fin (maximizaci√≥n de la utilidad social) que no cabe compensar la p√©rdida de felicidad con el peso, importante, que tienen.[90]

Esta fundamentaci√≥n utilitarista ha sido objeto de cr√≠ticas que enfatizan la falta de garant√≠a de los derechos humanos, que podr√≠an ser violados para la consecuci√≥n de la mayor felicidad para el mayor n√ļmero. En esta l√≠nea han incidido especialmente John Rawls[91] o James Fishkin.[92] Thomas Nagel y muchos otros han denunciado el uso del enfoque utilitarista para justificar el uso de violencia a gran escala contra la poblaci√≥n civil o el uso de armas de destrucci√≥n masiva entendidas como un mal menor, la forma m√°s r√°pida de obtener la victoria en una guerra y evitar, supuestamente, un mayor n√ļmero de muertes.[93] La reacci√≥n de los utilitaristas ante estas cr√≠ticas hicieron surgir teor√≠as como la del utilitarismo de normas, el utilitarismo de normas ideales o la integraci√≥n de un principio de respeto a las personas. Richard Brandt define el utilitarismo de normas como el que afirma que "un acto es obligatorio s√≥lo si la aceptaci√≥n uniforme de una regla correspondiente maximizar√° la utilidad esperable".[94] El utilitarismo de normas, por lo tanto, no valora s√≥lo los efectos de un acto espec√≠fico, sino los efectos de su generalizaci√≥n.

Aspectos institucionales y jurídicos

Los derechos humanos tienen una creciente fuerza jur√≠dica, en tanto que se integran en las constituciones y, en general, en el ordenamiento jur√≠dico de los Estados. Tambi√©n, en el √°mbito de la comunidad internacional, por su reconocimiento en numerosos tratados internacionales ‚Äďtanto de car√°cter general como sectorial; universal y regional‚Äď y por la creaci√≥n de √≥rganos jurisdiccionales, cuasijurisdiccionales o de otro tipo para su defensa, promoci√≥n y garant√≠a.

Además, debido a su aceptación, diversos derechos humanos se consideran parte del Derecho internacional consuetudinario y algunos incluso normas de ius cogens, tal y como han afirmado órganos internacionales como el Comité de Derechos Humanos o la Corte Internacional de Justicia. Entre ellos se encuentran la prohibición de la tortura y de la privación arbitraria de la vida[95] o el acceso a unas mínimas garantías procesales y la prohibición de detención arbitraria.[96]

Derechos humanos y derechos constitucionales

Es importante diferenciar y no confundir los derechos humanos con los derechos constitucionales. Aunque generalmente los derechos humanos se suelen recoger dentro de los derechos constitucionales, no siempre coinciden. Para determinar qué derechos son "constitucionales" basta con recurrir al catálogo de derechos reconocidos por las constituciones políticas de los Estados; el concepto de "derechos humanos" pertenece más bien al ámbito de la Filosofía del Derecho.

La relaci√≥n entre ambos conceptos ha sido estudiada por numerosos autores y es problem√°tica. De entre los que reconocen la virtualidad del concepto de derechos humanos,[97] las teor√≠as iusnaturalistas consideran que la existencia de los derechos humanos es independiente de su reconocimiento como derechos constitucionales. Para algunos autores, como Francisco Laporta, existir√≠a un peque√Īo n√ļmero de derechos humanos b√°sicos, de los que se derivar√≠an los derechos constitucionales m√°s concretos.[98]

Por su parte, para las teor√≠as dualistas ‚Äďlas que otorgan importancia tanto al fundamento moral de los derechos como a su positivaci√≥n‚Äď los conceptos de derechos humanos y derechos constitucionales tendr√≠an un contenido equivalente. Luigi Ferrajoli considera, en su teor√≠a del garantismo jur√≠dico, que, siendo los derechos constitucionales o fundamentales los reconocidos en la Carta Magna de los Estados, los derechos humanos son aquellos que se reconocen a todos, independientemente de su ciudadan√≠a y su capacidad de obrar: la constituci√≥n de un pa√≠s, por ejemplo, puede otorgar derechos a sus ciudadanos que no abarquen a los no nacionales (por ejemplo, el derecho al voto). En ese caso se tratar√≠a de derechos constitucionales que se reconocen al ciudadano, pero no podr√≠an ser derechos humanos si no se reconoce a todas las personas sean de la condici√≥n que sean.

Clasificación generacional

Aunque la mayor√≠a de las doctrinas jur√≠dicas distinguen varias generaciones de derechos humanos, existen m√ļltiples y diferentes clasificaciones. Todas suelen coincidir al describir la primera generaci√≥n, pero posteriormente se ramifican y complejizan. Adem√°s, existen al menos dos concepciones de esta visi√≥n generacional. Para una de ellas, son expresi√≥n de una racionalidad que se realiza progresivamente en el tiempo; para otras, cada generaci√≥n de derechos humanos es expresi√≥n de una racionalidad diferente y puede entrar en conflicto con las dem√°s. Por otra parte, existen posiciones que evitan pronunciarse acerca categor√≠as de derechos humanos y m√°s bien tienden a enfocarlos como un sistema unitario.

Cada nueva generación, que se clasifica cronológicamente en relación con las anteriores, ha sido objeto de críticas. Si ya los derechos de la primera generación fueron criticados, también sucedió con los derechos de la segunda durante el siglo XX, si bien en la actualidad la casi totalidad de los juristas los aceptan. Hoy en día es objeto de debate la existencia de una tercera generación de derechos humanos ya que, tanto desde el punto de vista jurídico como político, se critica la indeterminación de esta categoría y su difícil garantía.[99] No obstante estas objeciones, existen teorías que hablan de cuatro e incluso cinco generaciones de derechos humanos.[100]

Tres generaciones de derechos humanos

Artículo principal: Tres generaciones de derechos humanos

La división de los derechos humanos en tres generaciones fue concebida por primera vez por Karel Vasak en 1979. Cada una se asocia a uno de los grandes valores proclamados en la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad.

Los derechos de primera generaci√≥n son los derechos civiles y pol√≠ticos, vinculados con el principio de libertad. Generalmente se consideran derechos de defensa o negativos, que exigen de los poderes p√ļblicos su inhibici√≥n y no injerencia en la esfera privada. Por su parte, los derechos de segunda generaci√≥n son los derechos econ√≥micos, sociales y culturales, que est√°n vinculados con el principio de igualdad. Exigen para su realizaci√≥n efectiva de la intervenci√≥n de los poderes p√ļblicos, a trav√©s de prestaciones y servicios p√ļblicos.[101] Existe cierta contradicci√≥n entre los derechos contra el Estado (primera generaci√≥n) y los derechos sobre el Estado (segunda generaci√≥n). Los defensores de los derechos civiles y pol√≠ticos califican frecuentemente a los derechos econ√≥micos, sociales y culturales como falsos derechos, ya que el Estado no puede satisfacerlos m√°s que imponiendo a otros su realizaci√≥n, lo que para √©stos supondr√≠a una violaci√≥n de derechos de primera generaci√≥n.

Por su parte, la tercera generaci√≥n de derechos, surgida en la doctrina en los a√Īos 1980, se vincula con la solidaridad. Los unifica su incidencia en la vida de todos, a escala universal, por lo que precisan para su realizaci√≥n una serie de esfuerzos y cooperaciones en un nivel planetario. Normalmente se incluyen en ella derechos heterog√©neos como el derecho a la paz, a la calidad de vida o las garant√≠as frente a la manipulaci√≥n gen√©tica,[102] aunque diferentes juristas asocian estos derechos a otras generaciones: por ejemplo, mientras que para Vallesp√≠n P√©rez la protecci√≥n contra la manipulaci√≥n gen√©tica ser√≠a un derecho de cuarta generaci√≥n,[103] para Roberto Gonz√°lez √Ālvarez es una manifestaci√≥n, ante nuevas amenazas, de derechos de primera generaci√≥n como el derecho a la vida, la libertad y la integridad f√≠sica.[104]

Otras propuestas

Autores como David Vallesp√≠n P√©rez,[105] Franz Matcher,[106] Antonio P√©rez Lu√Īo,[107] Augusto Mario Morello,[108] Robert B. Gelman[109] y Javier Bustamante Donas[110] afirman que est√° surgiendo una cuarta generaci√≥n de derechos humanos. No obstante, el contenido de la misma no es claro, y estos autores no presentan una propuesta √ļnica. Normalmente toman algunos derechos de la tercera generaci√≥n y los incluyen en la cuarta, como el derecho al medio ambiente o aspectos relacionados con la bio√©tica. Javier Bustamante afirma que la cuarta generaci√≥n viene dada por los derechos humanos en relaci√≥n con las nuevas tecnolog√≠as;[111] otros, que el elemento diferenciador ser√≠a que, mientras las tres primeras generaciones se refieren al ser humano como miembro de la sociedad, los derechos de la cuarta har√≠an referencia al ser humano en tanto que especie. Tal idea hab√≠a quedado acordada en la Carta de las Naciones Unidas (ver punto 5) cuando en su pre√°mbulo se escribi√≥, " nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas resueltos ... a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y peque√Īas... hemos decidido sumar nuestros esfuerzos para realizar estos designios" y luego de manera m√°s expl√≠cita, cuando expresaron entre sus prop√≥sitos el siguiente " realizar la cooperaci√≥n internacional en la soluci√≥n de problemas internacionales de car√°cter econ√≥mico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y est√≠mulo del respeto de los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinci√≥n por motivos de raza, sexo, idioma, religi√≥n". Para el cumplimiento de tal prop√≥sito inicialmente se continuaba concibiendo como agente inmediato al Estado, a cuya custodia la tradici√≥n occidental hab√≠a confiado cierto n√ļmero de garant√≠as al ciudadano, a partir de las revoluciones inglesas, norteamericanas y francesas. Mas el precario desarrollo de la democracia en el mundo, la amarga experiencia de la Segunda Guerra Mundial y la ca√≥tica situaci√≥n pol√≠tica creada por sus consecuencias en muchas naciones demostraba la consagraci√≥n de los derechos humanos en constituciones y leyes internas que no eran suficientes para asegurar su protecci√≥n y respeto por parte de los gobiernos. En numerosos Estados, por factores diversos, la protecci√≥n del derecho nacional resultaba eliminada, suspendida, inoperante o abiertamente conculcada por gobiernos de fuerza o de careta jur√≠dica.

Helio Gallardo, por su parte, defiende la existencia de cinco generaciones de derechos humanos,[112] que identifica con las reivindicaciones de diferentes grupos sociales. Serían los derechos civiles y políticos, reclamados por la burguesía; los económicos, sociales y culturales, propios de los movimientos obreros y antiesclavistas; los derechos de los pueblos y sectores diferentes, incluyendo las luchas de descolonización y feministas; los ambientales, que define como derechos las generaciones futuras; y los relativos al control del cuerpo y la organización genética de uno mismo, enfrentados a la mercantilización del interior de la vida.

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