David Hume

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David Hume

David Hume

Para otros usos de este término, véase Hume.
David Hume
David Hume.jpg
Retrato de David Hume, por Allan Ramsay, en el a√Īo 1766, Galer√≠a Nacional de Escocia.
Filosofía occidental
Siglo XVIII
Nacimiento 7 de mayo de 1711 (Edimburgo, Escocia)
Fallecimiento 25 de agosto de 1776 (Edimburgo, Escocia) (65 a√Īos)
Escuela/tradición Naturalismo, Escepticismo, Empirismo, Ilustración
Intereses principales Epistemolog√≠a, Metaf√≠sica, Filosof√≠a de la mente, √Čtica, Filosof√≠a pol√≠tica, Est√©tica, Filosof√≠a de la religi√≥n
Ideas notables Causalidad, Razonamiento inductivo
Influido por Locke, Berkeley, Thomas Hobbes, Hutcheson, Newton, Cicerón, Malebranche
Influyó a Adam Smith, Adam Ferguson, Immanuel Kant, Bentham, James Madison, Alexander Hamilton, Arthur Schopenhauer, Auguste Comte, John Stuart Mill, Baron d'Holbach, Darwin, Thomas Huxley, William James, Bertrand Russell, Einstein, Karl Popper, Alfred Ayer, J. L. Mackie, Noam Chomsky, Simon Blackburn, Iain King

David Hume (Edimburgo, 7 de mayo de 1711 - Ibídem. 25 de agosto de 1776)[1] fue un filósofo, economista e historiador escocés y constituye una de las figuras más importantes de la filosofía occidental y de la Ilustración Escocesa.

Los historiadores consideran la filosofía de Hume, como una profundización en el escepticismo, aunque esta visión ha sido discutida, argumentando que el naturalismo tiene un peso comparable en su pensamiento. El estudio de Hume ha oscilado entre los que enfatizan la vertiente escéptica de Hume (como es el caso del positivismo lógico), y los que, en cambio, consideran más importante la vertiente naturalista (como Don Garret, Norman Kemp Smith, Kerry Skinner, Barry Stroud y Galen Strawson).

Hume estuvo fuertemente influido por los empiristas John Locke y George Berkeley, así como por varios escritores franceses como Pierre Bayle, y algunas figuras del panorama intelectual anglófono como Isaac Newton, Samuel Clarke, Francis Hutcheson y Joseph Butler.

Hume afirma que todo conocimiento deriva en √ļltima instancia de la experiencia sensible, siendo esta la √ļnica fuente de conocimiento y sin ella no se lograr√≠a saber alguno.

Contenido

Biografía

Primeras obras

En 1734, tras unos meses en Bristol, dej√≥ el estudio autodidacta y realiz√≥ experimentos mentales en La Fleche (Anjou, Francia). Durante los cuatro a√Īos que permaneci√≥ all√≠, dise√Ī√≥ su plan de vida, como escribir√≠a en De mi propia vida, decidiendo ¬ęhacer que una estricta frugalidad supla mi falta de fortuna, para mantener mi independencia intacta, y para considerar todos los objetos contingentes excepto la mejor√≠a de mi talento para la literatura¬Ľ. En La Fleche complet√≥ Tratado de la naturaleza humana a la edad de veintis√©is a√Īos. Aunque hoy en d√≠a se considera al Tratado el trabajo m√°s importante de Hume y uno de los libros m√°s relevantes de la historia de la filosof√≠a, el p√ļblico brit√°nico le dispens√≥ una fr√≠a acogida. El mismo Hume describi√≥ la falta de reacci√≥n popular ante la publicaci√≥n de su Tratado en 1739‚Äď40 al escribir que ¬ęNacido muerto desde la imprenta, sin ni siquiera alcanzar la distinci√≥n necesaria para levantar un murmullo entre los fan√°ticos. Pero, de temperamento alegre y optimista, me recuper√© pronto de la decepci√≥n y prosegu√≠ con ardor mis estudios¬Ľ. Entonces escribir√≠a Un resumen de un libro publicado recientemente; titulado, Tratado de la naturaleza humana. Donde el argumento central del libro se ilustra y explica. Sin revelar su autor√≠a, intent√≥ hacer su trabajo m√°s inteligible acort√°ndolo, pero incluso esta labor publicitaria err√≥ en su prop√≥sito de despertar el inter√©s en el Tratado.

Tras la publicaci√≥n de Ensayos de moral y pol√≠tica en 1744 solicit√≥ una c√°tedra de √©tica y pneum√°tica (psicolog√≠a) en la Universidad de Edimburgo, pero fue rechazado. Durante la Rebeli√≥n Jacobita de 1745 fue tutor del Marqu√©s de Annandale. Fue entonces cuando comenz√≥ su gran trabajo hist√≥rico Historia de Gran Breta√Īa (libro), que tarda . Esta obra no alcanzar√≠a m√°s √©xito que el Tratado.

Hume fue acusado de herej√≠a, pero sus amigos le defendieron alegando que al ser ateo estaba fuera de la jurisdicci√≥n de la Iglesia de Escocia. A pesar de resultar absuelto y posiblemente debido a la oposici√≥n de Thomas Reid de Aberdeen, que durante ese a√Īo critic√≥ su metaf√≠sica desde el cristianismo, le fue denegada la c√°tedra de filosof√≠a en la Universidad de Glasgow. En 1752, como relata en De mi propia vida, ¬ęLa facultad de derecho me eligi√≥ como bibliotecario, un empleo por el que recib√≠a escasos o nulos emolumentos, pero que puso bajo mi mando una gran biblioteca¬Ľ. Esta biblioteca le proporcion√≥ las fuentes que le permitieron continuar con las investigaciones hist√≥ricas necesarias para la escritura de su Historia.

El reconocimiento de su obra

Hume se granje√≥ notoriedad como ensayista e historiador. Su gigantesca Historia de Gran Breta√Īa desde los reinos sajones hasta la Revoluci√≥n Gloriosa se vendi√≥ mucho en su √©poca. En ella, Hume presentaba al hombre como una criatura de costumbres, predispuesto a someterse en silencio al gobierno establecido a menos que se enfrente a la incertidumbre. Seg√ļn √©l, s√≥lo las diferencias religiosas pod√≠an desv√≠ar al hombre de sus vidas cotidianas para hacerle pensar en pol√≠tica.

Tumba de David Hume en Edimburgo

El ensayo de Hume De la superstici√≥n y la religi√≥n estableci√≥ las bases del pensamiento laico. Los cr√≠ticos con la religi√≥n de la √©poca de Hume ten√≠an que expresarse con cautela. Apenas 15 a√Īos antes del nacimiento de Hume, un estudiante de dieciocho a√Īos, Thomas Aikenhead fue juzgado por decir p√ļblicamente que el cristianismo era un sinsentido, blasfemia por la que ser√≠a ahorcado. Hume sigui√≥ la pr√°ctica habitual de expresar sus puntos de vista indirectamente, a trav√©s de personajes que dialogaban en su obra. Adem√°s, no reclam√≥ la autor√≠a del Tratado hasta el a√Īo de su muerte, en 1776. Sus ensayos Del suicidio, y De la inmortalidad del alma y sus Di√°logos sobre la religi√≥n no se publicar√≠an hasta despu√©s de su muerte, y aun as√≠ Hume no figuraba en ellos en los nombres del autor ni del editor. Hume fue tan h√°bil camuflando sus ideas que a d√≠a de hoy todav√≠a se discute si en realidad era de√≠sta o ateo. A pesar de ello, se le denegaron muchos cargos por declararse ateo.

Hay un relato (probablemente falso) sobre David Hume y su supuesto ateísmo. En él, Hume cae de su caballo en un barrizal y se empieza a hundir. Entonces pasa por allí una anciana y pía dama. Cuando ve al célebre ateo agitando sus brazos en un intento de salvar su vida se acerca al borde y le mira. Hume le suplica a la dama que le acerque una rama para poder escapar, pero ella responde que se niega a menos que proclame su devoción a Dios Todopoderoso. Hume finalmente hace lo que le pide y la dama le ayuda a salir.

De 1763 a 1765 Hume ejerci√≥ como secretario de Lord Hertford en Par√≠s, donde se gan√≥ la admiraci√≥n de Voltaire y fue agasajado por las damas de la alta sociedad. All√≠ trab√≥ una amistad con Rousseau que m√°s tarde se estropear√≠a. Escribi√≥ sobre su estancia en Par√≠s ¬ęA menudo a√Īor√© la tosquedad de The Poker Club de Edimburgo... para corregir y rectificar tanta exquisitez¬Ľ. En 1768 se estableci√≥ en Edimburgo. En 1770, el fil√≥sofo alem√°n Immanuel Kant aviv√≥ el inter√©s por los trabajos filos√≥ficos de Hume al declarar que le hab√≠an despertado de ¬ęsue√Īos dogm√°ticos¬Ľ (circa) y desde entonces goz√≥ del reconocimiento que hab√≠a perseguido durante toda su vida.

James Boswell visit√≥ a Hume pocas semanas antes de su muerte. Hume le dijo que sinceramente ve√≠a la vida despu√©s de la muerte como ¬ęel capricho m√°s irracional¬Ľ. Hume escribi√≥ su propio epitafio: ¬ęNacido en 1711, Muerto en 1776. Dejando a la posteridad que a√Īada el resto¬Ľ que est√° grabado conjuntamente con el a√Īo de su fallecimiento en la ¬ęsencilla tumba romana¬Ľ que dej√≥ escrito que prefer√≠a y que est√° situada, como deseaba, en la ladera este de Calton Hill, desde la que se ve su casa, en el n√ļmero 1 de St David Street del New Town de Edimburgo.

Legado

Aunque Hume escribió sus obras en el siglo XVIII, su trabajo sigue siendo relevante en las disputas filosóficas de la actualidad, lo que contrasta con las aportaciones de muchos de sus contemporáneos. A continuación se ofrece un sumario de sus trabajos filosóficos más influyentes:

Ideas e impresiones

Hume cree que todo el conocimiento humano proviene de los sentidos. Nuestras percepciones, como √©l las llamaba, pueden dividirse en dos categor√≠as: ideas e impresiones. As√≠ define estos t√©rminos en Investigaci√≥n sobre el entendimiento humano: ¬ęCon el t√©rmino impresi√≥n me refiero a nuestras m√°s v√≠vidas impresiones, cuando o√≠mos, o vemos, o sentimos, o amamos, u odiamos, o deseamos. Y las impresiones se distinguen de las ideas, que son impresiones menos v√≠vidas de las que somos conscientes cuando reflexionamos sobre alguna de las sensaciones anteriormente mencionadas¬Ľ. M√°s adelante precisa el concepto de las ideas, al decir ¬ęUna proposici√≥n que no parece admitir muchas disputas es que todas nuestras ideas no son nada excepto copias de nuestras impresiones, o, en otras palabras, que nos resulta imposible pensar en nada que no hayamos sentido con anterioridad, mediante nuestros sentidos externos o internos¬Ľ. Esto constituye un aspecto importante del escepticismo de Hume, en cuanto equivale a decir que no podemos tener la certeza de que una cosa, como Dios, el alma o el yo, exista a menos que podamos se√Īalar la impresi√≥n de la cual, esa idea, se deriva.

El problema de la causalidad

Cuando un acontecimiento sucede tras otro, la mayor√≠a de la gente piensa que una conexi√≥n entre ambos acontecimientos hace que el segundo suceda al primero (post hoc ergo propter hoc). Hume desafi√≥ a esta creencia en su primer libro Tratado de la naturaleza humana y m√°s tarde en su Investigaci√≥n sobre el entendimiento humano. Se dio cuenta de que aunque percibimos que un elemento suceda al otro, no percibimos ninguna condici√≥n necesaria y suficiente entre los dos. Y, de acuerdo con su epistemolog√≠a esc√©ptica, s√≥lo podemos confiar en el conocimiento que adquirimos a trav√©s de nuestras percepciones. Hume declar√≥ que nuestra idea de causalidad consiste en poco m√°s que la esperanza de que ciertos acontecimientos se den tras otros que los preceden.¬ęNo tenemos otra noci√≥n de causa y efecto, excepto que ciertos objetos siempre han coincidido, y que en sus apariciones pasadas se han mostrado inseparables. No podemos penetrar en la raz√≥n de la conjunci√≥n. S√≥lo observamos la cosa en s√≠ misma, y siempre se da que la constante conjunci√≥n de los objetos adquiere la uni√≥n en la imaginaci√≥n¬Ľ(Hume, 1740: 93). En realidad no podemos decir que un acontecimiento caus√≥ al otro. Todo lo que sabemos es con seguridad que un acontecimiento est√° correlacionado con el otro. Para describir esto, acu√Ī√≥ el t√©rmino conjunci√≥n constante, que consiste en que cuando vemos c√≥mo un acontecimiento siempre causa otro lo que en realidad estamos viendo es que un acontecimiento ha estado siempre en conjunci√≥n constante con el otro. En consecuencia, no tenemos ninguna raz√≥n para creer que el primero caus√≥ al segundo, o que continuar√°n apareciendo siempre en conjunci√≥n constante en el futuro (Popkin y Stroll, 1993: 268). La raz√≥n por la que presentamos este comportamiento no es que la causa-efecto sea el comportamiento de la naturaleza, sino los h√°bitos de la psicolog√≠a humana (Popkin y Stroll, 1993: 272).

Esta concepci√≥n le quita toda la fuerza a la causaci√≥n, y otros humeanos posteriores, como Bertrand Russell han deshechado la misma noci√≥n de causaci√≥n aduciendo que es un tipo de superstici√≥n. Pero esto desaf√≠a al sentido com√ļn, creando el problema de la causaci√≥n ‚Äď ¬ŅQu√© justifica nuestra confianza en la existencia de una conexi√≥n causal y de qu√© clase de conexi√≥n podemos saber? ‚Äď un problema para el que no se ha encontrado soluci√≥n. Hume sostuvo que tanto nosotros como otros animales tenemos una tendencia instintiva a creer en la causaci√≥n debido al desarrollo de h√°bitos de nuestro sistema nervioso, una creencia que no podemos eliminar, pero que no podemos probar mediante ning√ļn argumento, deductivo o inductivo.

El problema de la inducción

En Investigaci√≥n sobre el entendimiento humano (EHU), ¬ß4.1.20-27, ¬ß4.2.28-33.,[2] Hume articul√≥ su tesis de que todo el razonamiento humano pertenece a dos clases, Relaciones de ideas y Hechos. Mientras que las primeras involucran conceptos abstractos como las matem√°ticas y est√°n gobernadas por las certezas deductivas, los segundos comportan la experiencia emp√≠rica donde todos los razonamientos son inductivos. Dado que de acuerdo con Hume no podemos conocer nada de la naturaleza con anterioridad a la experimentaci√≥n, incluso un hombre racional sin experiencia ¬ęno podr√≠a haber inferido de la transparencia y la fluidez del agua que sofocar√≠a su sed, o a partir de la luz y el calor del fuego que le consumir√≠a¬Ľ(EHU, 4.1.6) As√≠ que todo lo que podemos decir, pensar o predecir de la naturaleza debe venir de la experiencia previa, lo que lleva a la necesidad de la inducci√≥n.

La inferencia inductiva presupone que se puede confiar en los actos pasados como regla a partir de la que se puede predecir el futuro. Por ejemplo, si en el pasado ha llovido el 60% del tiempo cuando se dan unas condiciones atmosf√©ricas determinadas, entonces en el futuro probablemente llover√° un 60% del tiempo si se dan las mismas condiciones. Pero a√ļn queda el problema de c√≥mo justificar tal inferencia, conocida como el principio de inducci√≥n. Hume sugiri√≥ dos posibles justificaciones, que sin embargo rechaz√≥:

  1. La primera justificaci√≥n descansa en la suposici√≥n, tomada como una necesidad l√≥gica, de que el futuro debe parecerse al pasado. Pero Hume puntualiza que podemos concebir un mundo ca√≥tico y errante en el que el futuro no tiene nada que ver con el pasado ‚Äď o un mundo como el nuestro hasta el presente, que llegado a un punto cambia totalmente. As√≠ que nada hace que el principio de inducci√≥n sea una necesidad l√≥gica.
  2. La segunda justificaci√≥n, m√°s modesta, apela a los √©xitos anteriores de la inducci√≥n ‚Äď en el pasado ha funcionado en la mayor√≠a de las ocasiones, as√≠ que probablemente seguir√° haci√©ndolo en el futuro. Pero, como Hume comenta, esta justificaci√≥n hace uso del razonamiento circular en un intento de justificar la inducci√≥n mediante la reiteraci√≥n, lo que nos devuelve al punto de partida.

El notable filósofo del siglo XX Bertrand Russell, confirmó y elaboró el análisis de Hume del problema en su trabajo Los problemas de la filosofía, capítulo 6.[3]

A pesar de la cr√≠tica de Hume a la inducci√≥n, sostuvo que era superior a la deducci√≥n en el reino del pensamiento emp√≠rico. Tal y como declara: ¬ęesta operaci√≥n de la mente, por la que podemos inferir los efectos de las causas y viceversa, es esencial para la subsistencia de todas las criaturas humanas, es probable que pueda confiarse m√°s en ella que en las falacias de la deducci√≥n de nuestra raz√≥n, que es lenta en sus operaciones; no aparece en los primeros a√Īos de la infancia; y como mucho es, en cualquier edad y periodo de la vida humana, extremadamente proclive al error¬Ľ.(EHU, 5.2.22)

Razón práctica: instrumentalismo y nihilismo

La mayor√≠a de las personas consideran algunas conductas m√°s razonables que otras. Por ejemplo, comer papel de aluminio parece irracional. Pero Hume neg√≥ que la raz√≥n tuviera un papel importante cara a motivar o desalentar la conducta. Seg√ļn √©l, la raz√≥n no es m√°s que una calculadora de conceptos y experiencia. Lo que en definitiva importa es como nos sentimos respecto a la conducta. Su trabajo se asocia con la doctrina del instrumentalismo, que dice que una acci√≥n es razonable si y s√≥lo s√≠ sirve para alcanzar las propios deseos, sean los que sean. La raz√≥n puede participar solamente informando acerca de las acciones que ser√°n m√°s √ļtiles para alcanzar las metas y deseos, pero nunca dir√° qu√© metas y deseos se deben de tener. As√≠ que si alguien quiere ingerir papel de aluminio la raz√≥n dir√° d√≥nde encontrarlo, y no hay nada irracional en el hecho de comerlo o en querer hacerlo (a menos que se tenga un deseo m√°s fuerte de conservar la salud). Hoy en d√≠a, sin embargo, se aduce que Hume fue un paso m√°s all√° adentr√°ndose en el nihilismo, pues dijo que no hab√≠a nada irracional en frustrar los propios deseos y metas. Tal conducta ser√≠a anormal, pero no ser√≠a contraria a la raz√≥n.

√Čtica

Hume trat√≥ la √©tica por primera vez en Tratado de la naturaleza humana. M√°s tarde extrajo y extrapol√≥ las ideas all√≠ propuestas en un ensayo m√°s corto titulado Investigaci√≥n sobre los principios de la moral. La aproximaci√≥n de Hume a los problemas morales es fundamentalmente emp√≠rica. En lugar de decir c√≥mo deber√≠a de operar la moral, expone c√≥mo realizamos los juicios morales. Tras proporcionar varios ejemplos llega a la conclusi√≥n de que la mayor√≠a (si no todas) de las conductas que aprobamos lo hacemos para incrementar la utilidad p√ļblica. Sin embargo, al contrario que el tambi√©n empirista Thomas Hobbes, Hume declara que no s√≥lo realizamos juicios morales teniendo en cuenta nuestro propio inter√©s, sino tambi√©n el de nuestros conciudadanos. Hume defiende esta teor√≠a de la moral al asegurar que nunca podemos realizar juicios morales bas√°ndonos √ļnicamente en la raz√≥n. Nuestra raz√≥n trata con hechos y extrae conclusiones a partir de ellos, pero no nos puede llevar a elegir una opci√≥n sobre otra; s√≥lo los sentimientos pueden hacerlo. Este argumento contra la moral fundamentada en la raz√≥n forma parte hoy en d√≠a de los argumentos antirealistas.

Por tanto, Hume niega la existencia de una "raz√≥n pr√°ctica" y la posibilidad de una fundamentaci√≥n racional de la √©tica. El objeto de la moral (pasiones, voliciones y acciones) no es susceptible de ese acuerdo o desacuerdo entre las ideas sobre las que se basan lo verdadero y lo falso. Si la raz√≥n no puede ser la fuente del juicio de valor, habr√° que buscarlo en el sentimiento, que surge espont√°neo en nosotros ante acciones susceptibles de lo que consideramos valoraci√≥n moral. El an√°lisis de este sentimiento revela que es una forma de placer o de "gusto". Ello le lleva a excluir de la moral todo rastro de austero moralismo o de mortificaci√≥n del alma o del cuerpo, porque el fin de la moral es la felicidad y el gozo de vivir del mayor n√ļmero de hombres posible.

Igualmente duro se muestra Hume ante el problema religioso. Menoscaba la pretensión de las pruebas de la existencia de Dios, y niega su existencia apelando al problema del mal en el mundo. La religión tiene su origen en el sentimiento de miedo de la gente y en la ignorancia de las causas de los eventos terribles de la naturaleza. En su libro Historia natural de la religión, defiende una evolución a partir del politeísmo, hasta llegar a la idea abstracta de la divinidad propia de las religiones monoteístas.

Determinismo y libre albedrío

Muchos han advertido el conflicto aparente entre el libre albedr√≠o y el determinismo ‚Äď si las acciones que se realizan estaban predeterminadas desde hace miles de millones de a√Īos, entonces ¬ŅC√≥mo es que podemos decidir? Pero Hume advirti√≥ otro conflicto, al ver el problema desde la perspectiva contraria: el libre albedr√≠o es incompatible con el indeterminismo. Si las acciones realizadas no est√°n determinadas por acontecimientos anteriores entonces las acciones son completamente aleatorias. Adem√°s, y de m√°s importancia para la filosof√≠a humana, no est√°n determinadas por el car√°cter o la personalidad ‚Äď los deseos, las preferencias, los valores, etc. Pero, ¬ŅC√≥mo podr√≠a ser alguien responsable de una acci√≥n que no es consecuencia de su car√°cter, sino que ocurre de forma aleatoria? El libre albedr√≠o parece necesitar del determinismo, porque de lo contrario el agente y la acci√≥n no estar√≠an conectados. As√≠ que, mientras que el libre albedr√≠o parece contradecir al determinismo, al mismo tiempo necesita del determinismo. La concepci√≥n de Hume de la conducta humana tiene causas, y por lo tanto al hacer a las personas responsables por sus acciones se deber√≠a intentar recompensarlas o castigarlas de tal forma que intentaran hacer lo que es moralmente deseable e intentaran evitar hacer lo que es moralmente indeseable.

El problema del ser y el deber ser

Artículo principal: Problema del ser y el deber ser

Hume se percat√≥ de que muchos escritores hablaban sobre lo que deber√≠a ser partiendo de la base de lo que es; pero hay una gran diferencia entre las proposiciones descriptivas (lo que es) y las prescriptivas (lo que debe ser) (ver libro III, parte I, secci√≥n I del Tratado de la naturaleza humana). Hume pide a los escritores que se pongan en guardia ante estos cambios sin aportar explicaciones acerca de como se supone que las proposiciones prescriptivas deben de seguirse de las declarativas. La cuesti√≥n de ¬Ņcon qu√© exactitud se puede derivar el 'deber' del 'ser'? ha llegado a ser una de las cuestiones centrales de la teor√≠a √©tica, y a Hume se le adjudica normalmente la opini√≥n de que tal derivaci√≥n es imposible (otros interpretan que Hume no dijo que una aserci√≥n f√°ctica no puede devenir en una aserci√≥n √©tica, sino que no pod√≠a hacerse sin prestar atenci√≥n a los sentimientos humanos). Hume es probablemente uno de los primeros escritores que realiz√≥ una distinci√≥n entre lo normativo (lo que deber√≠a ser) y lo positivo (lo que es). G. E. Moore defendi√≥ una posici√≥n similar con su argumento de la pregunta abierta, en un intento de refutar cualquier identificaci√≥n entre las propiedades morales y las naturales‚ÄĒla llamada falacia naturalista.

Utilitarismo

Estatua erigida en honor a David Hume en Edimburgo

Hume, junto con los dem√°s miembros de la ilustraci√≥n escocesa, fue probablemente el primero en proponer que la raz√≥n de los principios morales puede buscarse en la utilidad que tratan de promover. El papel de Hume, sin embargo, no debe sobreestimarse; fue Francis Hutcheson el que acu√Ī√≥ el lema del utilitarismo: ¬ęla mayor felicidad para el mayor n√ļmero¬Ľ. Pero fue tras leer el Tratado de Hume cuando Jeremy Bentham sinti√≥ por primera vez la fuerza del sistema utilitario. Sin embargo, el proto-utilitarmismo de Hume es peculiar. No cree que la adici√≥n de unidades de utilidad proporcione la forma de llegar a la verdad moral. Al contrario, Hume era un sentimentalista moral y, como tal, pensaba que los principios morales no pod√≠an justificarse intelectualmente. Algunos principios simplemente nos parecen mejores que otros; y la raz√≥n de por qu√© los principios utilitarios nos parecen mejores es porque favorecen nuestros intereses y los de nuestros coet√°neos, con los que simpatizamos. Los seres humanos est√°n fuertemente predispuestos a aprobar normas que promuevan la utilidad p√ļblica de la sociedad. Hume us√≥ esta idea para explicar c√≥mo evaluamos un amplio abanico de fen√≥menos, desde las instituciones sociales y pol√≠ticas gubernamentales a los rasgos de la personalidad.

El problema de los milagros

Para Hume, el √ļnico apoyo de la religi√≥n m√°s all√° del estricto fide√≠smo son milagros, pero a√Īadi√≥ que no eran gran cosa. Dio muchos argumentos, todos a partir de su concepci√≥n de milagro: una violaci√≥n de las leyes de la naturaleza. Su definici√≥n exacta de milagro se puede encontrar en su Investigaci√≥n sobre el entendimiento humano, donde dice que los milagros son violaciones de las leyes naturales y por tanto son muy improbables. Se ha criticado esta idea mediante el contraargumento de que tal dictado asume el car√°cter de los milagros y las leyes de la naturaleza antes de examinar los milagros, lo que es una sutil forma de dar por sentada la conclusi√≥n. Tambi√©n puntualizaron que este razonamiento apela a la inferencia inductiva, problem√°tica en la filosof√≠a humana, pues nadie ha observado todos los acontecimientos de la naturaleza ni examinado todos los posibles milagros (por ejemplo, los que no han sucedido todav√≠a). Otra oposici√≥n a este argumento parte de que el testimonio humano nunca puede ser suficientemente digno de confianza para contradecir la evidencia de las leyes de la naturaleza. Este punto de vista se ha aplicado a la cuesti√≥n de la resurrecci√≥n de Jes√ļs, respecto a la que Hume no dud√≥ en preguntar, ¬ę¬ŅQu√© es m√°s probable ‚Äď que un hombre ascienda de entre los muertos o que el testimonio est√©, de alguna forma, errado?¬Ľ. Esta pregunta es similar a la navaja de Occam. Este argumento es la espina dorsal del movimiento esc√©ptico y todav√≠a constituye un problema para los historiadores de la religi√≥n.

El argumento del dise√Īador

Uno de los argumentos m√°s antiguos y utilizados para demostrar la existencia de Dios es el argumento teleol√≥gico ‚Äď que todo el orden y el prop√≥sito es un indicio de su origen divino. Hume hizo la cr√≠tica cl√°sica a este argumento en Di√°logos sobre religi√≥n y en Investigaci√≥n sobre el entendimiento humano y, aunque el asunto est√° lejos de estar resuelto, muchos creen que Hume refut√≥ el argumento con √©xito. Su argumentaci√≥n se sostiene en que:

  1. Para que el argumento sea cierto, debe ser verdadero que el orden y el prop√≥sito se observen cuando resulten de un dise√Īo. Pero se puede observar el orden con frecuencia en procesos carentes de planificaci√≥n como la cristalizaci√≥n. El dise√Īo s√≥lo es causante de una min√ļscula parte de nuestra experiencia.
  2. Adem√°s, el argumento del dise√Īador se basa en una analog√≠a incompleta: dada nuestra experiencia con los objetos, podemos reconocer los dise√Īados por el hombre, comparando por ejemplo un mont√≥n de piedra con una pared. Pero para reconocer un universo dise√Īado necesitamos conocer una variedad de universos diferentes. Como s√≥lo podemos conocer uno, la analog√≠a no puede aplicarse.
  3. Incluso si el argumento fuera perfectamente v√°lido, no podr√≠a establecer un te√≠smo robusto; pues se puede llegar f√°cilmente a la conclusi√≥n de que la configuraci√≥n del universo es el resultado de un agente o agentes no inteligentes cuyos m√©todos s√≥lo tienen una remota similitud con el dise√Īo humano.
  4. Si un mundo natural ordenado necesita de un dise√Īador, entonces la mente de Dios (que es ordenada) tambi√©n necesita un dise√Īador. Entonces, este dise√Īador necesita de otro dise√Īador, y as√≠ ad infinitum. Se podr√≠a responder apelando a una inexplicablemente mente divina auto-ordenada; pero entonces por qu√© no contentarse con un inexplicablemente auto-ordenado mundo?
  5. A menudo, cuando se trata del propósito, cuando parece que el objeto X tiene la característica C para poder lograr la recompensa O, se puede explicar mejor mediante un filtrado: es decir, el objeto X no existiría si no tuviese la característica C, y la recompensa O sólo es una proyección de las metas humanas en la naturaleza. Esta explicación de la teleología anticipó la idea de selección natural.

Conservadurismo y teoría política

Muchos ven a David Hume como un conservador, y en ocasiones se le llama el primer fil√≥sofo conservador. Expres√≥ su desconfianza por los intentos de reformar la sociedad para llevarla lejos de la costumbre establecida, y aconsej√≥ a los pueblos que no se rebelasen contra sus gobernantes excepto en casos de tiran√≠a flagrante. Sin embargo, se resisti√≥ a tomar parte por ninguno de los partidos pol√≠ticos brit√°nicos, los Whigs y los Tories, y cre√≠a que se debe equilibrar el anhelo de libertad con la necesidad de una autoridad poderosa, sin sacrificar ninguna de las dos. Apoy√≥ la libertad de prensa y se mostr√≥ simpatizante de la democracia, aunque con restricciones. Se ha dicho que fue una gran inspiraci√≥n para James Madison, en particular para el libro Federalista N¬ļ 10. Tambi√©n se mostr√≥ optimista respecto al progreso social, pues cre√≠a que gracias al desarrollo econ√≥mico que resulta de la expansi√≥n del comercio las sociedades progresaban desde la barbarie a la civilizaci√≥n. Seg√ļn √©l, las sociedades civilizadas son abiertas, pac√≠ficas y sociables, y sus ciudadanos son, en consecuencia, mucho m√°s felices.

Aunque fuertemente pragmático, Hume produjo un ensayo titulado Idea de la mancomunidad perfecta, donde detallaba qué reformas se deberían acometer, que incluían la separación de poderes, descentralización, extender el sufragio a todo el que tuviera propiedades de valor y limitar el poder de la iglesia. Propuso el sistema del ejército Suizo como la mejor forma de protección. Las elecciones deberían de tener lugar anualmente y los representantes del pueblo no deberían de cobrar emolumentos.

Contribuciones al pensamiento económico

En el transcurso de sus argumentaciones políticas, Hume desarrolló muchas ideas que gozan de prevalencia en la economía, principalmente acerca de la propiedad intelectual, la inflación y el comercio exterior.

La concepción humana de la propiedad privada es que la propiedad privada no es un derecho natural, pero se justifica porque es un bien limitado. Si todos los bienes fueran ilimitados y estuvieran disponibles, entonces la propiedad privada no tendría sentido. Hume creía en la distribución desigual de la propiedad, dado que la igualdad perfecta destruiría las ideas de industria y el ahorro, lo que llevaría al empobrecimiento.

Hume se cuenta entre los primeros que desarrollaron un flujo precio-especie automático, una idea que contrasta con el sistema mercantil. Expuesto en una forma simplificada, cuando un país incrementa sus flujos entrantes de oro, esto resulta en una inflación de precios, que dejará sin comerciar a países que lo habrían hecho de no haber dicha inflación. Esto redunda en un decremento del flujo entrante de oro a largo plazo.

Hume también propuso una teoría de la inflación beneficiosa. Creía que incrementar el suministro de dinero avivaría la producción a corto plazo. Este fenómeno estaría ocasionado por un margen entre el incremento del suministro de dinero y los precios. El resultado es que los precios no se elevarían a corto plazo y puede que no lo hicieran nunca. Esta teoría se desarrolló más tarde por John Maynard Keynes.

Racismo

Esta controvertida nota al pie aparece en el original del ensayo De los caracteres nacionales:

Sospecho que los negros y en general todas las otras especies de hombres (de las que hay unas cuatro o cinco clases) son naturalmente inferiores a los blancos. Nunca hubo una naci√≥n civilizada que no tuviera la tez blanca, ni individuos eminentes en la acci√≥n o la especulaci√≥n. No han creado ingeniosas manufacturas, ni artes, ni ciencias. Por otra parte, entre los blancos m√°s rudos y b√°rbaros, como los antiguos alemanes o los t√°rtaros de la actualidad, hay algunos eminentes, ya sea en su valor, forma de gobierno o alguna otra particularidad. Tal diferencia uniforme y constante no podr√≠a ocurrir en tantos pa√≠ses y edades si la naturaleza no hubiese hecho una distinci√≥n original entre estas clases de hombre, y esto por no mencionar nuestras colonias, donde hay esclavos negros dispersados por toda Europa, de los cuales no se ha descubierto ning√ļn s√≠ntoma de ingenio; mientras que la gente pobre, sin educaci√≥n, se establece entre nosotros y se distinguen en todas las profesiones. En Jamaica, sin embargo, se habla de un negro que toma parte en el aprendizaje, pero seguramente se le admira por logros exiguos, como un loro que ha aprendido a decir varias palabras.

Debe tenerse en cuenta que esta forma de racismo era habitual en la cultura europea de la época de Hume. Podría haber sido un 'hijo de su época' en ese aspecto, o incluso, por la forma especulativa en que esta nota está escrita, podría haber aplicado un ejemplo de una de sus propias reflexiones sobre la causalidad, tratada más arriba: una "conjunción constante" entre las personas de otras razas que conocía y los logros de las mismas.

Notas

Obras

  • Historia amable de mi vida (1734) Biblioteca Nacional de Escocia
Una carta a un medico en la que se pide consejo acerca de la "Enfermedad de lo aprendido" que le aflige. En esta obra declara que a los dieciocho a√Īos de edad ¬ępareci√≥ abrirse ante m√≠ una nueva √°rea del pensamiento..¬Ľ que le hizo ¬ęabandonar otro placer u ocupaci√≥n¬Ľ y le condujo a la b√ļsqueda de la erudici√≥n.
  • Tratado sobre la naturaleza humana: Un intento de introducir el m√©todo de razonamiento experimental en las cuestiones morales. (1739‚Äď40)
    • Libro 1: "Del entendimiento" Tratado que comprende desde el origen de las ideas a su divisi√≥n.
    • Libro 2: "De las pasiones" Tratado de las emociones.
    • Libro 3: "De la moral" Ideas morales, justicia, obligaciones, benevolencia.
Hume esperó a ver si el Tratado alcanzaba el éxito, y de ser así lo completaría con libros dedicados a la política y a la crítica. Sin embargo, no lo logró, así que nunca lo completaría.
  • Resumen de un libro recientemente publicado: Titulado Tratado sobre la naturaleza humana (1740)
En ocasiones atribuido a Adam Smith, en la actualidad se cree que fue un intento de Hume de popularizar su Tratado.
  • Ensayos sobre moral y pol√≠tica (first ed. 1741‚Äď2)
Colecci√≥n de ensayos escritos durante muchos a√Īos y publicados en varios vol√ļmenes antes de ser reunidos en uno hacia el final de la vida de Hume. Estos ensayos pueden resultar confusos por la gran variedad de asuntos de los que tratan: cuestiones de juicio est√©tico, la naturaleza del gobierno brit√°nico, el amor, el matrimonio, la poligamia o la demograf√≠a de las antiguas Grecia y Roma, por enumerar s√≥lo unos pocos de los temas considerados. Sin embargo, hay temas recurrentes, como la cuesti√≥n de qu√© constituye el "refinamiento" en materias de gusto est√©tico, educaci√≥n y moral. Los ensayos est√°n escritos imitando inequ√≠vocamente el estilo de Joseph Addison, a qui√©n Hume ley√≥ con avidez en su juventud.
  • Cartas de un caballero a su amigo de Edimburgo: Edimburgo (1745).
  • Investigaci√≥n sobre el entendimiento humano (1748)
Contiene revisiones de los puntos principales del Tratado, Libro 1, con la adici√≥n de material sobre el libre albedr√≠o, milagros, y el argument del dise√Īador.
  • Investigaci√≥n sobre los principios de la moral (1751)
Otra revisión de temas tratados en el Tratado con un enfoque más didáctico. Hume lo consideró el mejor de sus trabajos filosóficos, tanto por sus ideas filosóficas como por su estilo literario
  • Discursos pol√≠ticos Edimburgo (1752).
Incluido en Ensayos y Tratados de muchos asuntos (1753-6) reimpreso en 1758 - 77.
  • Cuatro disertaciones: Historia natural de la religi√≥n. De las pasiones. De la tragedia. Del criterio del gusto Londres (1757).
Incluido en Ensayos y Tratados de muchos asuntos
  • Historia de Inglaterra (1754‚Äď62)
Se puede considerar como una colecci√≥n de libros en lugar de como un √ļnico trabajo. Es un trabajo monumental que comprende ¬ędesde la invasi√≥n de Julio C√©sar a la revoluci√≥n de 1688¬Ľ. Esta obra le aport√≥ a Hume casi toda la fama que se granjear√≠a en vida, edit√°ndose m√°s de un centenar de veces. Muchos la consideran "la" historia de Inglaterra hasta la publicaci√≥n de la Historia de Inglaterra de Thomas Macaulay.
  • Historia natural de la religi√≥n (1757) ISBN 0-8047-0333-7
  • Mi vida (1776)
Escrita en abril, poco antes de morir, esta autobiografía fue realizada con la intención de incluírla en una nueva edición de Ensayos y tratados de muchos asuntos.
  • Di√°logos sobre la religi√≥n natural (1779)
Publicada p√≥stumamente por su sobrino, tambi√©n llamado David Hume. Es una discusi√≥n entre tres personajes de ficci√≥n que esgrimen argumentos para probar la existencia de Dios, tratando con detenimiento el argumento del dise√Īo. A pesar de una cierta controversia, la mayor parte de los estudiosos de Hume est√°n de acuerdo en que la postura de Philo, el m√°s esc√©ptico de los tres, es la m√°s cercana a la del propio Hume.

Interpretaciones

Al tener dudas considerables acerca de si Hume estaba expresando √ļnicamente sus opiniones superficiales en lugar de expresar su personalidad completa, A E Taylor (1927) dud√≥ sobre si Hume era en efecto un gran fil√≥sofo o s√≥lo un hombre extraordinariamente l√ļcido.

Ayer (1936) al introducir su exposici√≥n cl√°sica del positivismo l√≥gico, declar√≥ que ¬ęlos puntos de vista expuestos en este tratado derivan son el resultado del empirismo de Berkeley y Hume¬Ľ.

Tanto Bertrand Russell (1946) como Kolakowski (1968), vieron a Hume como un positivista que sostenía la opinión de que el conocimiento proviene sólo de la experiencia, de las impresiones de los sentidos y (más tarde) del sense datum y que el conocimiento obtenido de otra forma era un sinsentido. Albert Einstein (1915) declaró que el positivismo de Hume le inspiró al formular su Teoría especial de la relatividad.

Anderson (1966), al discutir los primeros principios de Hume, que dicen que todos los gobiernos y toda la autoridad de las mayorías sobre las minorías están fundamentados en el derecho al poder y el derecho de la propiedad concluyó que Hume fue un materialista.

Popper (1970) puntualiz√≥ que dado el idealismo humeano le resultaba una refutaci√≥n estricta del realismo del sentido com√ļn, y que aunque sent√≠a racionalmente que el realismo del sentido com√ļn es un error, admit√≠a que en la pr√°ctica era incapaz de dejar de creer en √©l durante m√°s de una hora, Hume era un realista del sentido com√ļn.

Husserl (1970), asoció la fenomenología con Hume cuando mostró que ciertas percepciones están relacionadas o asociadas con otras percepciones que se proyectan en un mundo putativo fuera de la mente.

Stroud (1977) consider√≥ a Hume un naturalista, al decir que ve√≠a todos los aspectos de la vida humana explicables naturalistamente. Situ√≥ al hombre en el mundo de la naturaleza, interpretable por tanto seg√ļn la ciencia, en conflicto con la idea tradicional que considera al hombre un sujeto racional disociado de la naturaleza.

Flew (1896) dirigió su atención al escepticismo moral y lógico de Hume y le denominó escéptico pirroniano.

Hume fue denominado el profeta de la revolución de Ludwig Wittgenstein por Philipson (1989), al referirse a su consideración de que la matemática y la lógica son sistemas cerrados, tautologías que no tienen relación con el mundo de la experiencia..

Al tratar a Hume de neo-helenista, Phenelum (1993) le conosider√≥ continuador de las tradiciones estoica, epic√ļrea y esc√©ptica, pues Hume ten√≠a en com√ļn con estas corrientes su creencia de que debemos entender nuestra propia naturaleza antes de tratar cualquier otro asunto.

Norton (1993) aseguró que Hume fue el primer filósofo postescéptico de la era moderna. Hume desafió la certeza de los cartesianos y otros racionalistas, que trataban de refutar el escepticismo, y además emprendió la tarea de articular una nueva ciencia de la naturaleza humana que proporcionase unos fundamentos estables para el resto de ciencias, incluidas la moral y la política.

Fogelin (1993) concluy√≥ que Hume fue un perspectivista radical, similar a Prot√°goras. Se refiri√≥ a las palabras de Hume en las que declaraba que sus escritos exhib√≠an ¬ęuna propensi√≥n que nos inclina a a lo positivo y cierto en puntos particulares, de acuerdo a la luz bajo la que los examinamos en cada instante particular¬Ľ (T 1.4.7, 273).

Hume se refería a sí mismo como escéptico mitigado (IEH, 162, la cursiva es suya).

Véase también

  • Biograf√≠a de Hume. Repleta de an√©cdotas relatadas por William Smellie, que conoci√≥ personalmente a algunos de los protagonistas.

Bibliografía complementaria

  • Mart√≠nez Marzoa, Felipe, Pasi√≥n tranquila (Ensayo sobre la filosof√≠a de Hume), Madrid, Machado Libros, 2009.
  • Johnson, David Hume, Holism and Miracles. Cornell University Press: Ithaca, 1999. ISBN 0-8014-3663-X
  • Siebert, Donald T. The Moral Animus of David Hume. University of Delaware Press: Newark, 1990.
  • Russell, Paul, Freedom and Moral Sentiment: Hume's Way of Naturalizing Responsibility Oxford University Press: Nueva York y Oxford, 1995.
  • Braham, Ernest G. The Life of David Hume - the terrible David. J. Martin Stafford, Altringham, 1987.
  • S. R√ĀBADE ROMEO, Hume y el fenomenismo moderno, Madrid 1975

aramayo, muguerza y roldan (editores)(1996):la paz y el ideas cosmopolita de la ilustración

Referencias

  • Anderson, R. F. (1966). Hume‚Äôs First Principles, University of Nebraska Press, Lincoln.
  • Ayer, A. J. (1936). Language, Truth and Logic. Londres.
  • Broackes, Justin (1995). Hume, David, edici√≥n de Ted Hoderich The Oxford Companion to Philosophy, Nueva York, Oxford University Press,
  • Daiches D., Jones P., Jones J. (editores)The Scottish Enlightenment: 1730 - 1790 A Hotbed of Genius Universidad de Edimburgo, 1986. Tapa dura, The Saltire Society, 1996 ISBN 0-85411-069-0
  • Einstein, A. (1915) Letter to Moriz Schlick, Schwarzschild, B. (trans. & ed.) en The Collected Papers of Albert Einstein, vol. 8A, R. Schulmann, A. J. Fox, J. Illy, (eds.) Princeton U. Press, Princeton, NJ (1998), p. 220.
  • Flew, A. (1986). David Hume: Philosopher of Moral Science, Basil Blackwell, Oxford.
  • Fogelin, R. J. (1993). Hume‚Äôs scepticism. edici√≥n de Norton (1993). The Cambridge Companion to Hume, Cambridge University Press, pp. 90-116.
  • Hume, D. (EHU) (1777). An Enquiry concerning Human Understanding. Nidditch, P. N. (ed.), 3rd. ed. (1975), Clarendon Press, Oxford.
  • Hume, D. (1740). A Treatise of Human Nature (edici√≥n de 1967). Oxford University Press, Oxford.
  • Husserl, E. (1970). The Crisis of European Sciences and Transcendental Phenomenology, Carr, D. (traducci√≥n.), Northwestern University Press, Evanston.
  • Kolakowski, L. (1968). The Alienation of Reason: A History of Positivist Thought, Doubleday, Garden City.
  • Morris, William Edward, David Hume, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Edici√≥n de primavera de 2001), Edward N. Zalta (ed.)
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  • Penelhum, T. (1993). Hume‚Äôs moral philosophy. edici√≥n de Norton, D. F., (1993). The Cambridge Companion to Hume, Cambridge University Press, pp. 117-147.
  • Phillipson, N. (1989). Hume, Weidenfeld & Nicolson, Londres.
  • Popkin, R. y Stroll, A. (1993) Philosophy. Reed Educational and Professional Publishing Ltd, Oxford.
  • Popper. K. (1960). Knowledge without authority. edici√≥n de Miller, (1983). Popper, Oxford, Fontana, pp. 46-57.
  • Robinson, Dave y Groves, Judy (2003). Introducing Political Philosophy. Icon Books. ISBN 1-84046-450-X.
  • Russell, B. (1946). A History of Western Philosophy. London, Allen and Unwin.
  • Spiegel, Henry William,(1991). The Growth of Economic Thought, 3¬™ Ed., Durham: Duke University Press.
  • Stroud, B. (1977). Hume, Routledge, Londres y Nueva York.
  • Taylor, A. E. (1927). David Hume and the Miraculous, Leslie Stephen. Cambridge, pp. 53-4.

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  • David Hume ‚ÄĒ (1766) Portr√§t von Allan Ramsay David Hume [hju:m] (* 26. Apriljul./ 7. Mai 1711greg.[1] in Edinburgh; ‚Ć 25. August 1776 ebenda) wa ‚Ķ   Deutsch Wikipedia

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