Dolchstoßlegende

Dolchstoßlegende

Ilustración en una postal austriaca (1919).

La leyenda de la puñalada por la espalda (Dolchstoßlegende/Dolchstosslegende en alemán) hace referencia a un mito social y a la teoría popular de persecución y propaganda en Alemania durante el período de entreguerras (1918-1939). Esta teoría atribuye la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial a un determinado número de asuntos internos domésticos, en lugar de a una fallida geoestratégica militar. En especial, la teoría subraya que el pueblo alemán no supo responder a la "llamada patriótica" en el momento crucial de la guerra y que algunos "elementos" habrían "saboteado el esfuerzo bélico" a propósito. Estos elementos luego fueron identificados por Hitler como judíos e izquierdistas.

El Dolchstoß se tiene como uno de los factores más importantes para explicar el ascenso al poder de Adolf Hitler más adelante, ya que gran parte de la base política inicial del Partido Nazi la componían veteranos de la Primera Guerra Mundial y muchos de los que eran cercanos a la interpretación Dolchstoß de la historia reciente alemana.

Contenido

Motivación

Perspectivas de la Guerra, el Espíritu de 1914

El inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 parecía que iba a borrar muchas de las diferencias políticas existentes en la sociedad alemana de principios del siglo XX; católicos, judíos, luteranos, socialistas, conservadores y liberales fueron sobrepasados por el fenómeno del Espíritu de 1914. Masas jubilosas se reunían para escuchar las noticias sobre la guerra y una fuerte ola de euforia tuvo lugar en todas las celebraciones públicas. El orgullo nacional había mostrado todo su potencial como fuerza de unión y cohesión; muchos consideraron que estaban en el inicio de una nueva era, basada casi por completo en la infravaloración de los horrores de la guerra y en la fe en una rápida y poco sangrienta victoria.

Muchos tenían la impresión de que la Triple Entente había anunciado la guerra, y desde esa perspectiva la causa alemana en la guerra estaba justificada. La Rusia Imperial era vista como una potencia con ambiciones expansionistas y el resentimiento de Francia contra Alemania por su derrota en la Guerra Franco-Prusiana de 1870 era bien conocido. Después, los alemanes quedaron sorprendidos al conocer que el Reino Unido había entrado en la guerra, y muchos sintieron que su país estaba siendo atacado en grupo; daba la sensación de que el Reino Unido usaba al asunto de la neutralidad belga como excusa para entrar en la guerra y así neutralizar las amenazas alemanas a los intereses comerciales británicos.

Según la guerra parecía no terminar nunca, las ilusiones de una victoria fácil se desvanecieron, y los alemanes comenzaron a sufrir las consecuencias de la que sería una guerra terriblemente costosa. Con la euforia inicial terminada, resurgieron las viejas divisiones. Las sospechas contra los católicos, socialdemócratas, y judíos crecieron a la vez que el entusiasmo inicial decaía. En consecuencia las lealtades nacionales se pusieron en entredicho. Antes de la guerra existía bastante tensión política, especialmente ante la creciente presencia de socialdemócratas en el Reichstag. Esto generaba muchos temores en la aristocracia en el poder y sirvió para que se le negasen a Erich Ludendorff los fondos que reclamaba para el Ejército alemán.

Beneficio y desorden civil

Aquellos que se estaban beneficiando de la guerra fueron también objeto de críticas. Krupp mismo fue acusado de fabricar armas para ambos bandos —una práctica extremadamente beneficiosa. Los intereses individuales aumentaron en otros sectores. Mientras los administradores hicieron frente a la economía de tiempos de guerra introduciendo nuevas medidas como los precios máximos fijos y otras, los productores respondieron en muchos casos haciendo nuevos productos y abandonando los "controlados", lo que dio paso a escaseces. Esto llevó a una gran tensión entre las ciudades y el campo y, aún más importante, privaciones exacerbadas y enfrentamientos entre clases. En 1917 las huelgas se habían convertido en algo común a lo largo de Alemania, y los trabajadores industriales que tomaron parte en estos eventos fueron vistos con desdén por parte de la población. Ese año hubo casi quinientas huelgas en el país dando como resultado más de dos millones de días de trabajo perdidos.

El desorden civil creció como resultado de la incapacidad para encontrar acuerdos entre las partes, con o sin la presunta "escasez de patriotismo". Siendo cierto que la producción se desplomó durante los años cruciales de 1917 y 1918, la nación había maximizado su esfuerzo bélico y no podía ir más allá. Los datos de producción en bruto confirman que Alemania posiblemente no habría podido ganar una guerra de desgaste contra Reino Unido, Francia y los Estados Unidos combinados. A pesar de su superioridad individual, el potencial industrial y humano de Alemania eran igualados y superados por la Entente en su conjunto. La retirada de Rusia en 1917 apenas afectó al resultado global, en tanto que los Estados Unidos entraron en la guerra a partir del 16 de abril de 1917. La producción industrial americana sobrepasaba a la alemana por sí sola.

Propaganda aliada

En sus memorias, Erich Ludendorff permanentemente señala que el liderazgo Hohenzollern falló a la hora de considerar el poder la propaganda Aliada y de saber manejar la propia. La prensa Británica y Americana tuvo un éxito espectacular con su campaña de folleto y tabloide. El punto de vista en que la autocracia alemana era una exportación del "militarismo Prusiano" y también culpable de crímenes contra la humanidad incluso tuvo efecto sobre la sociedad alemana. Tras la salida de la Rusia Imperial de la guerra, la reivindicación del contraste entre el "mundo libre" que quería la paz contra la "bárbara" autocrática Alemania que se suponía que sólo quería la guerra se convirtió en un tema recurrente.

Pese a que frecuentemente se consideraba a Alemania la agresora y por tanto responsable de la guerra, todas sus propuestas de paz fueron rechazadas. Ludendorff estaba convencido de que la Entente únicamente quería una paz draconiana. Esto no es el mensaje que la mayoría de los alemanes percibían del otro lado de la líneas. Los Catorce puntos del Presidente Wilson eran especialmente populares entre la población alemana. Socialistas y liberales, especialmente los Socialdemócratas que integraban la mayor parte del parlamento, eran conocidos "agitadores" por el cambio social antes de 1914. Cuando los Aliados prometieron la paz y la restauración total, el entusiasmo patriótico comenzó a menguar. De un modo parecido, los aliados de Alemania empezaron a cuestionarse la causa de la guerra al extenderse el conflicto, y encontraron respuestas a sus dudas en la propaganda Aliada.

Cuando se firmó el armisticio en 1918, la profecía de Ludendorff pareció tomar forma en el acto; aunque los combates habían terminado, los británicos mantuvieron su bloqueo sobre el continente europeo todo un año provocando hambrunas y graves malnutriciones. La paz no negociable acordada por los políticos de la República de Weimar en el Tratado de Versalles no fue, ciertamente, lo que los alemanes partidarios de la paz habían esperado.

El Tratado de Versalles

Como resultado del Tratado el territorio de Alemania se vio reducido en un tercio, la zona del Rhin se desmilitarizó y tropas Aliadas ocuparon diversas zonas del territorio. También hubo unas tremendas reparaciones de guerra que debían pagarse en un período de setenta años (hasta 1988), aunque terminaron en 1931 pese a las complicadas circunstancias. Quizá el aspecto más importante del Tratado en lo referente a la Dolchstosslegende fue la Claúsula de Culpabilidad de la Guerra, que forzó a Alemania a aceptar completamente ser la única responsable de la guerra. El Tratado fue enormemente impopular en Alemania, en buena medida porque penetraba mucho en la soberanía alemana. La Dolchstosslegende fue la antítesis aceptada contra la Claúsula de Culpabilidad de la Guerra, ya que esta se consideraba completamente contraria a lo que el pueblo consideraba lo real.

Reacciones y reflexiones de la Postguerra

Líderes conservadores, nacionalistas y ex-militares comenzaron a criticar tanto la paz como a los políticos de Weimar. Socialistas, comunistas y judíos eran mirados con suspicacia debido a sus supuestas lealtades extra-nacionales. Se rumoreaba que no habían apoyado la guerra y que habían tenido un papel importante en la venta de Alemania a sus enemigos. Estos Criminales de Noviembre, o aquellos que parecían beneficiarse de la nueva República de Weimar, eran vistos como aquellos que habían apuñalado por la espalda el frente interior, ya fuera por medio de críticas al nacionalismo alemán o instigando revueltas y huelgas en las industrias militares más importantes. En esencia la acusación era de haber cometido traición contra la "benévola y correcta" causa común.

Estas teorías ganaron credibilidad al contrastarse con los hechos. Cuando Alemania se rindió en Noviembre de 1918, sus ejércitos continuaban en territorio francés y belga. No sólo el ejército alemán estuvo en territorio enemigo durante toda la guerra en el Frente Occidental, en el Frente Oriental Alemania ya había ganado la guerra a a Rusia, concluyendo en el Tratado de Brest-Litovsk. En el Oeste, Alemania estuvo cerca de ganar la guerra en la Ofensiva de Primavera. Contribuyendo a la Dolchstosslegende, el fracaso de esta ofensiva se explicó acusando de ello a las huelgas en la industria armamentística en momentos críticos de la ofensiva, dejando a los soldados sin el adecuado suministro de material. Se consideró que las huelgas fueron instigadas por elementos traicioneros, siendo los judíos los que recibieron la mayor parte de las acusaciones. Todo esto pasó por alto la posición estratégica de Alemania e ignoró como algunos esfuerzos individulaes en el frente fueron marginados al estar los beligerantes envueltos en un nuevo tipo de guerra. La Economía de guerra había deshumanizado todo el proceso e hizo posible un nuevo tipo de derrota que los alemanes sufrieron al surgir la llamada guerra total.

Sin embargo, este mito social de la traición interna resonó entre la audiencia alemana, y sus acusaciones se codificarían como la base del apoyo social al emergente Partido Nazi, bajo un nacionalismo de base racial. El antisemitismo fue intensificado por la República Soviética de Baviera, un gobierno comunista que gobernó la ciudad de Múnich durante dos semanas antes de ser aplastado por las milicias Freikorps. La mayoría de los líderes de la República Soviética de Baviera eran judíos, un hecho que sirvió para que los propagandistas antisemitas hicieran la conexión con la "traición comunista".

Orígenes

En la parte final de la guerra, Alemania estaba siendo gobernada prácticamente como una dictadura militar, con el Alto Mando Supremo o Oberste Heeresleitung (OHL) y el Generalfeldmarschall Paul von Hindenburg como Comandante en Jefe aconsejando al Kaiser Guillermo II de Alemania. Después de que la última ofensiva alemana fracasase en el frente occidental en 1918, el esfuerzo militar alemán se colapsó. Como reacción, el OHL ordenó un veloz cambio de gobierno pasando a uno civil. El General Ludendorff, Comandante Supremo del ejército alemán dijo:

"Le he comunicado a Su Excelencia que ha llegado el momento de colocar en el poder a esos círculos a los que tenemos que agradecer que hayan aguantado tanto. Por ello ahora debemos nombrar a esos caballeros para los puestos de ministros. Ahora podrán hacer la paz que debe hacerse. ¡Pueden comerse la sopa que nos han estado preparando!"

El 11 de noviembre de 1918, los representantes de la recién formada República de Weimar firmaron un armisticio con los Aliados terminando así la Primera Guerra Mundial. El subsiguiente Tratado de Versalles implicó la pérdida de territorios y las reparaciones económicas a los vencedores. Como el Kaiser había sido obligado a renunciar y los militares renunciaron al poder ejecutivo, fue el "gobierno civil" el encargado de buscar la paz - la firma del documento de paz la realizó el Católico Centrista Matthias Erzberger, un civil, que fue posteriormente asesinado por su presunta traición. Esto llevó a la firma del Tratado de Versalles. Aunque públicamente despreciaron el tratado, fue lo más conveniente para los generales alemanes — no hubo tribunales de crímenes de guerra, se les consideraba héroes invictos y podían, secretamente, preparar la caída de la república que ellos habían ayudado a crear.

En 1919 el Ejército Provisional Nacional comenzó a "educar" a un impresionable Adolf Hitler sobre las causas de la guerra y de la derrota, fijando firmemente la Dolchstosslegende en su pensamiento; sería el propio Ludendorff quien lideraría el fracasado Putsch de Múnich el 8 de noviembre de 1923 junto con Hitler; fue el Reichswehr el que proveyó al Partido Nazi de sus primeros afiliados y fue el anciano de 85 años Paul von Hindenburg quien nombraría a Hitler canciller de Alemania el 30 de junio de 1933.

El nacimiento oficial del término posiblemente se puede datar a mediados de 1919, cuando Ludendorff estaba celebrando una comida con el general Británico Sir Neil Malcolm. Malcolm le preguntó a Ludendorff cómo había sido posible que la dura Alemania perdiese la guerra. Ludendorff contestó con la típica lista de excusas: el frente interior falló, etc. Entonces, Sir Neil Malcolm dijo que "eso suena como si les hubiesen dado una puñalada por la espalda, ¿no cree?" La frase le gustó a Ludendorff y él mismo la extendió entre los otros generales alemanes asegurando que esta era la versión oficial, y después se expandió por toda la sociedad alemana. Esta idea fue adoptada por las facciones políticas de derechas y usado como una forma de ataque contra el gobierno socialdemócrata de Weimar, el cual había llegado al poder en la Revolución de Noviembre de 1918.

Richard Steigmann-Gall dijo que la leyenda de la puñalada por la espalda se remonta al sermón predicado el 3 de febrero de 1918 por el Capellán Protestante de la Corte Bruno Doehring, seis meses antes de que la guerra hubiese terminado.[1] El erudito alemán Boris Barth, al contrario que Steigmann-Gall, insinuó que Doehring no usó exactamente ese término, sino que sólo habló de "traición".[2] Barth rastrea el primer uso documentado del término en una reunión de políticos centristas que tuvo lugar el 2 de noviembre de 1918 en Munich Loewenbraeu-Keller, en la que Ernst Müller-Meiningen, un miembro de la coalición Progresista del Reichstag usó el término para exhortar a sus oyentes para que continuasen luchando:

'Mientras el frente se mantenga, nosotros tenemos la obligación de seguir resistiendo en nuestra patria. Nos avergonzaremos delante de nuestros hijos y nietos si atacamos al frente de batalla por la espalda y le damos una puñalada. ("...wenn wir der Front in den Rücken fielen und ihr den Dolchstoß versetzten.")

Barth también demostró que el término se popularizó cuando el periódico patriótico alemán Deutsche Tageszeitung citó el 17 de diciembre de 1918 un artículo del Neue Zürcher Zeitung que resumía dos artículos previos del general Británico Maurice con la frase de que el ejército alemán había sido "apuñalado por la espalda por la población civil" ("von der Zivilbevölkerung von hinten erdolcht."). (Maurice más tarde desmintió haber usado ese término.) De esta manera Barth demostró que el término ya era usado de manera común bastante tiempo antes de la apócrifa conversación entre Ludendorff y Malcolm.

Las acusaciones de que la izquierda había sido cómplice de la derrota alemana señalaron duramente a figuras como Kurt Eisner; un judío alemán nacido en Berlín que vivía en Munich. Este había escrito reiteradamente desde 1916 acerca de la naturaleza ilegal de la guerra y fue una figura importante en la revolución de Munich hasta que fue asesinado en febrero de 1919. La República de Weimar, bajo el gobierno de Friedrich Ebert, no dudó en aplastar violentamente las revueltas de obreros con la ayuda de Gustav Noske y el Reichswehr General Groener, y toleró las paramilitares Freikorps existentes por toda Alemania. A pesar de esta tolerancia, la legitimidad de la República fue atacada constantemente alegando cosas como "la puñalada por la espalda". Muchos de sus representantes, como Matthias Erzberger y Walther Rathenau fueron asesinados, y los líderes fueron tildados de "criminales" y judíos por la prensa de derechas que dominaba Alfred Hugenberg.

El historiador alemán Friedrich Meinecke intentó señalar el origen del término en un artículo del periódico vienés Neue Freie Presse de fecha 11 de junio de 1922. En las elecciones nacionales de 1924 el diario cultural muniqués Süddeutsche Monatshefte publicó una serie de artículos acusando al SPD y a los sindicatos de ser los culpables de la derrota alemana en la guerra (la ilustración que encabeza esta página es la portada de abril de 1924 de este diario, que fue publicada durante el juicio a Hitler y Ludendorff por alta traición). El editor de un periódico del SPD demandó al diario por difamación, dando lugar a lo que se conoce como el Munich Dolchstoßprozess desde el 19 de octubre al 20 de noviembre de 1924. Muchas figuras relevantes testificaron en ese juicio, incluyendo a miembros del comité parlamentario encargado de investigar las causas de la derrota, por lo que algunos de los resultados de dicho comité se hicieron públicos mucho antes de que se publicase el informe oficial del comité en 1928.

El Dolchstoß fue la imagen central que produjeron muchos de los partidos políticos conservadores y derechistas que surgieron en los primeros momentos de la República de Weimar, incluyendo el NSDAP de Hitler. Para el propio Hitler, este modelo explicativo de la Primera Guerra Mundial fue de una importancia personal crucial. Él se enteró de la derrota de Alemania mientras estaba siendo tratado de una ceguera temporal por producida por un ataque con gases en el frente. En Mein Kampf describe una visión que tuvo que fue la que le impulsó a entrar en política. Todo a lo largo de su carrera política atacó sistemáticamente a los "criminales de noviembre" de 1918 quienes habían apuñalado por la espalda al ejército alemán.

Otros ejemplos del mito de la "puñalada por la espalda"

En otros países mitos parecidos de "traiciones internas" surgieron al final de la Primera Guerra Mundial, aunque en los países de la Entente, ya cerca de la victoria, desaparecieron rápidamente. En Gran Bretaña durante la Ofensiva de Primavera orquestada por Ludendorff en 1918, Noel Pemberton Billing, un miembro del ala derecha del parlamento, publicó un artículo titulado "El Culto del Clítoris" (The Cult of the Clitoris), en que aseguraba que 47.000 miembros del sistema trabajaban secretamente para los alemanes. Los 47.000 eran homosexuales y otros "pervertidos" que estaban traicionando a la nación porque los alemanes se habían hecho con un "libro negro" donde aparecían sus nombres. Admiradores de Oscar Wilde pertenecientes al círculo del ex-amante de Wilde, Robert Ross se suponía que eran el centro del culto. El artículo fue un escándalo y llegó a provocar un juicio por difamación.[3]

Otras guerras han sido percibidas como "ganables" pero perdidas por culpa de algún tipo de traición interna. Por ejemplo, ideas similares surgieron en los Estados Unidos en los últimos momentos de la Guerra de Vietnam, cuando los movimientos contraculturales se vieron formados por "degenerados" o siendo manipulados por fuerzas comunistas internacionales. Estas acusaciones se desarrollaron dentro de la idea del "Síndrome de Vietnam", según el cual la política exterior de EE.UU. fue mutilada por la retirada de Vietnam. No obstante, otros creen que este "síndrome" es un mito.[4]

En 1952 después de la Segunda Guerra Mundial, la "Nota de Stalin" propuso la reunificación alemana y el desenganche de las superpotencias de Europa Central, pero la oferta fue rechazada por los Estados Unidos y sus aliados. A esto a veces se lo denomina como otro caso de "puñalada por la espalda".

Notas

  1. Richard Steigmann–Gall, The Holy Reich: Nazi Conceptions of Christianity, 1919–1945 (Cambridge: Cambridge University Press, 2003) p. 16
  2. Boris Barth, Dolchstosslegenden und politische Desintegration: Das Trauma der deutschen Niederlage im Ersten Weltkrieg, 1914-1933 (Düsseldorf: Droste, 2003), 167 and 340f. Barth says Doehring was an army, not a court chaplain. The following references to Barth are on pages 148 (Müller-Meiningen), and 324 (NZZ article, with a discussion of the Ludendorff-Malcolm conversation).
  3. Medd, Jodie ""The Cult of the Clitoris": Anatomy of a National Scandal", Modernism/modernity - Volumen 9, Número 1, Enero 2002, pp. 21-49
  4. Harper's Magazine, Stabbed in the Back!: The past and future of a right-wing myth

Fuentes

  • Spielvogel, Jackson J., Hitler and Nazi Germany: A History. New Jersey, Prentice Hall: 2001.
  • Feldman, Gerald D., Die Massenbewegungen der Arbeiterschaft in Deutschland am Ende des Ersten Weltkrieges 1917-1920 Politische Vierteljahrschrift 1972.
  • Chickering, Rodger, Imperial Germany and the Great War, 1914-1918." Cambridge, Cambridge University Press: 2004.
  • OSS Psychological Profile of Hitler, Part Five
  • Baker, Keith Stabbed in the Back! The past and future of a right-wing myth Harper's Magazine, June 2006.
  • Fleming, Thomas J. The New Dealers' War: FDR and the War Within World War II New York, Basic Books: 2001.
Obtenido de "Dolchsto%C3%9Flegende"

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