Pedro Téllez-Girón y Velasco

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Pedro Téllez-Girón y Velasco

Pedro T√©llez-Gir√≥n y Velasco Guzm√°n y Tovar (Osuna, 17 de diciembre de 1574[1] - Barajas, 24 de septiembre de 1624) fue un noble, pol√≠tico y militar espa√Īol, Grande de Espa√Īa, III duque de Osuna, II marqu√©s de Pe√Īafiel y VII conde de Ure√Īa entre otros t√≠tulos,[2] caballero del Tois√≥n de Oro. Sirvi√≥ a Felipe III en los empleos de virrey y capit√°n general de los reinos de Sicilia (1610-1616) y de N√°poles (1616-1620), reorganziando su marina y combatiendo con √©xito a turcos y venecianos. Se le atribuye la organizaci√≥n de la Conjuraci√≥n de Venecia, uno de los episodios m√°s oscuros del siglo XVII.

Conocido como El Gran Duque de Osuna, Osuna el Grande o Pedro el Grande para sus contempor√°neos, a pesar de disfrutar de unas enormes rentas, este Grande de Espa√Īa prefiri√≥ los campos de batalla y la aventura. Luch√≥ en Flandes como soldado e intent√≥ modernizar la Armada espa√Īola, luchando contra turcos y berberiscos en el Mediterr√°neo. Pero no pudo vencer la corrupci√≥n de la Corte. Olivares, al considerarle hombre de Uceda, lo mand√≥ a prisi√≥n, donde muri√≥.

Francisco de Quevedo fue amigo, consejero y secretario del Gran Duque, y le dedic√≥ varias obras. Asimismo, escribi√≥ una extensa biograf√≠a sobre el Duque que nunca lleg√≥ a imprimir: los Dichos y hechos del duque de Osuna en Flandes, Espa√Īa, N√°poles y Sicilia.[3] Al parecer, seg√ļn Pablo Jauralde Pou, Catedr√°tico de Literatura Espa√Īola en la UAM, este manuscrito in√©dito se conserva hoy en un archivo nobiliario de complicado acceso.[cita requerida]

Contenido

Vida

Juventud

Fue bautizado en Osuna el 18 de enero de 1575. Sus padres fueron don Juan T√©llez-Gir√≥n y Guzm√°n, II duque de Osuna y do√Īa Ana Mar√≠a de Velasco y Tovar, hija del Condestable de Castilla y se√Īora de grandes dotes; tantas que en la corte se comentaba Si do√Īa Ana se trocara en don Juan y don Juan en do√Īa Ana, se ver√≠a en la casa de Gir√≥n un caballero de gran valor y una dama de mucha piedad. Ambas cualidades fueron heredadas por el hijo.

Los datos acerca de la juventud del Gran Duque de Osuna est√°n cuestionados, ya que no hay pruebas documentales que demuestren la certeza de todo lo dicho por Gregorio Leti en su biograf√≠a, publicada en √Āmsterdam en 1699. En todo caso, y de acuerdo a Leti, cuando su abuelo el I duque de Osuna nombrado virrey de N√°poles (1582-1586) se llev√≥ all√≠ a toda su familia, incluido a su nieto el futuro Gran Duque. Hu√©rfano de madre, pas√≥ sus primeros a√Īos bajo el cari√Īo y cuidado de la segunda mujer de su abuelo y tocayo, do√Īa Isabel de la Cueva, que demostr√≥ ser para el joven Pedro una verdadera y amant√≠sima madre.

Se le impuso un ayo, Andrea Savone, literato y humanista, que le ense√Ī√≥ lat√≠n a trav√©s de los ¬ęDi√°logos¬Ľ de Erasmo, as√≠ como historia y la geograf√≠a; al mismo tiempo que se ejercitaba con las armas, la equitaci√≥n y otros ejercicios f√≠sicos, ya que su abuelo quer√≠a que Pedro fuese un perfecto caballero renacentista, tan √°gil con la pluma como con la espada. A este respecto, el I duque de Osuna encarg√≥ a Luis Barabona de Soto una obra, los ¬ęDi√°logos de la Monter√≠a¬Ľ, dedicada a su nieto, que no hab√≠a de criarse solamente en letras, porque no se hiciera flojo y descuidado en su particular provecto... y a quien conven√≠a eniplearse en la caza, as√≠, para ejercitar el cuerpo como para revelar el √°nimo de los cuidados y tristezas. Incluso lleg√≥ a realizar un viaje por la Calabria en compa√Ī√≠a de Fabritio Codisponti por recomendaci√≥n de su abuelo.[4] Esta instrucci√≥n laica se completaba con la religiosa, a veces gracias a los nuevos conventos de jesuitas y dominicos.

Al volver a Espa√Īa el joven, hablaba y le√≠a a la perfecci√≥n el italiano y el lat√≠n. Por deseo expreso de su abuelo fue enviado a la Universidad de Salamanca, por tener mayor prestigio que la de Osuna, a casa de Francisco Minga,[5] para completar y sistematizar los conocimientos adquiridos, estudiando adem√°s Ret√≥rica, Filosof√≠a y Leyes.

Decantado por el oficio de las armas, con 14 a√Īos de edad, en 1588, particip√≥ al decir de Leti en la expedici√≥n real contra los rebeldes aragoneses a las √≥rdenes de don I√Īigo de Mendoza. Nuevamente, no hay pruebas documentales de ello. Seg√ļn Leti, como el conflicto dur√≥ poco, pas√≥ entonces al cuidado de Alfonso Magara, con el que el futuro III duque aprendi√≥ Historia, Geograf√≠a y Matem√°ticas, as√≠ como elementos de mec√°nica y arquitectura aplicados a las fortificaciones,[6] ejercit√°ndose adem√°s con las armas.[7]

Gregorio Leti afirma que acompa√Ī√≥ al II duque de Feria, que hab√≠a sido nombrado embajador extraordinario de Espa√Īa en Francia para que los Estados Generales aceptaran a la infanta Isabel Clara Eugenia como su soberana, instal√°ndose en Par√≠s.[8] Como la capital le result√≥ poco edificante, se dedic√≥ a la lectura, formando all√≠ el fondo de lo que llegar√≠a a ser una gran biblioteca. La educaci√≥n pol√≠tica se obten√≠a con la pr√°ctica, y Pedro T√©llez-Gir√≥n pudo instruirse en las sutilezas y tortuosidades de la diplomacia presenciando una audiencia con el rey Enrique IV y los jefes de la Liga Cat√≥lica as√≠ como el ir y venir de unos y otros en sus desavenencias. Tampoco hay constancia documental de ello.

En todo caso, el 7 de febrero de 1594 estaba en Sevilla, en las ceremonias de su boda con Catalina Enríquez de Ribera, hija de Fernando Enríquez de Ribera, II duque de Alcalá, uno de los más ricos y destacados nobles andaluces, y nieta por vía materna de Hernán Cortés.

Servicio en Flandes

El ya marqu√©s de Pe√Īafiel,[9] con los derechos y obligaciones que el disfrute de sus rentas comportaba, quiso conocer Portugal, viajando a su costa, pero con recomendaci√≥n del Rey; desde all√≠ escribi√≥ a don Fernando de Velasco una larga carta de impresiones y juicios, primer documento del Duque que se conoce. De vuelta a la Corte, donde se hizo estimar del secretario don Juan de Idi√°quez, tal vez art√≠fice de la designaci√≥n para volver a Francia con la embajada que iba a concluir la Paz de Vervins. Murieron casi al mismo tiempo el rey Felipe II y don Juan T√©llez Gir√≥n, heredando don Pedro la Grandeza de Espa√Īa y todos los t√≠tulos y estados patrimoniales de la Casa de Osuna, la segunda casa nobiliaria m√°s rica de Castilla, tras los Medina-Sidonia.

Fue tachado de libertino, por su fama de amoríos, cuchilladas, incidentes con la Justicia y escándalos que le llevaron al destierro de la Corte; alejado a Sevilla por nuevos escándalos, domiciliado en Osuna y preso en Arévalo en 1600. Nuevamente preso, se evadió con ayuda de su tío Juan Fernández de Velasco, Condestable de Castilla, y marchó a combatir a los Países Bajos, abandonando en Isabel de la Cueva el cuidado de sus bienes.

Sin que le detuviesen en Par√≠s el recibimiento y agasajo que le hizo Enrique IV, pas√≥ a Flandes y fue recibido a mediados de octubre de 1602 con singular aprecio por el archiduque Alberto, y no menos de la infanta Isabel Clara Eugenia, caus√≥ no obstante confusi√≥n en la corte de Bruselas y en el Consejo de la guerra, por no saber qu√© destino ni cargo otorgarle a un joven inexperto, pero con categor√≠a de Grande de Espa√Īa. Sent√≥ plaza de soldado con cuatro escudos de paga al mes, en la compa√Ī√≠a del capit√°n Diego Rodr√≠guez, del tercio del maestre de campo Sim√≥n Ant√ļnez, hasta que se le encomendaron dos compa√Ī√≠as de caballer√≠a.[10]

Sirvi√≥ en los Estados Bajos seis a√Īos, siendo el primero en todas las ocasiones que se ofrecieron, derramando mucha sangre en todas ellas, y poniendo su persona en los mayores peligros como si fuese un soldado m√°s. Como se afirmaba en la causa que le juzg√≥ por su fuga, al retornar a Espa√Īa:

Sirvió sin diferencia de los demás soldados; gastó mucho dinero de su hacienda y fue tenido por padre, amparo y ejemplo de soldados y excelente capitán.

Embarc√≥ en La Esclusa, en una divisi√≥n de ocho galeras y tres buques cargados de batimentos, para intentar llegar a Ostende, pero los holandeses estaban esper√°ndolos y les causaron muchas p√©rdidas, la m√°s dolorosa la de don Federico de Sp√≠nola, cuya vida fue segada por una bala de ca√Ī√≥n. Osuna admir√≥ a todos con su arrojo y serenidad, encareci√©ndolo tanto los testigos al general en jefe, don Ambrosio de Sp√≠nola que √©ste, aunque afligido por la p√©rdida de su hermano, transmiti√≥ la noticia al Archiduque y un gentilhombre de su casa vino expresamente a felicitar a don Pedro por primera actuaci√≥n en la mar. Se interes√≥ por la guerra naval desde aquel mismo momento.

Marchó al poco tiempo al sitio de Grave, donde dio a la infantería de Mauricio de Nassau una carga con un arrojo calificado de temerario, en la que perdió treinta hombres y el caballo que montaba, recibiendo un tiro de mosquete en la pierna, que sin ser grave, lo tuvo en la cama un mes y después le hizo sufrir toda la vida.[11]

Era tanto el aprecio conseguido entre la tropa, que en 1602 y 1603 los Archiduques le encomendaron en varias ocasiones que se encargara de apaciguar los numerosos motines del ej√©rcito por el impago de las soldadas; logr√°ndolo, en muchas ocasiones, poniendo su propio pecunio. De nuevo en el asedio de Ostende, a las √≥rdenes de Sp√≠nola, realiz√≥ un ataque a las trincheras enemigas, con tanta energ√≠a que llegado al punto cogi√≥ de su propia mano a dos flamencos. El propio archiduque Alberto le distingui√≥ con la honra de trocar su espada real por la del voluntario espa√Īol.

De descanso tras la campa√Īa de 1604, se fue el duque de Osuna de viaje particular a Londres, para conocer la capital inglesa y sus sistemas navales. En su estancia all√≠ coincidi√≥ con las grandes fiestas que se celebraban por la paz conseguida entre el Rey Cat√≥lico y Jacobo I. Su t√≠o el Condestable de Castilla fue el emisario espa√Īol en esta paz. Osuna fue recibido por el monarca ingl√©s con muchas honras, y se vio muy satisfecho al poder hablar con el monarca en lat√≠n. Aprovechando la visita, examin√≥ los sistemas de organizaci√≥n mar√≠tima inglesa.

Cuando el Archiduque Alberto escribi√≥ La memoria de la campa√Īa de 1605, comentando las operaciones llevadas a cabo por Sp√≠nola, dec√≠a del de Osuna:

Ya estoy en disposición de juzgar al Duque, aprovechando en sus lecciones, hasta cierto punto, pues tratándose de acometer, bien que su persona no fuera obligada a evitar por la responsabilidad del mando el peligro, excedía ordinariamente los límites de la prudencia y más que nunca lo hizo en la batalla de Broeck, entrando tan al centro del ejército enemigo, que estuvo un momento prisionero, habiéndole sujetado las riendas del caballo, y con todo se libró, pareciendo milagro que saliera ileso entre la lluvia de balas que le dispararon.

En el a√Īo 1606, en el asalto a la plaza de Grol, una bala de mosquete le arranc√≥ el dedo pulgar de la mano derecha, quedando de momento imposibilitado. Aunque se recuper√≥ muy pronto, se vio en la necesidad de aprender a manejar la mano izquierda con la soltura con que lo hacia con la derecha, y con su acostumbrado fervor, aprendi√≥ a manejar la pluma, la espada, la pistola y el tenedor, de modo que no echar√° en falta la mano mutilada.

Tratando de recuperar la misma plaza Mauricio de Nassau, le sorprendió de noche el de Osuna e introdujo un refuerzo de 800 hombres, con lo que los esfuerzos del conde se vineron abajo, viéndose obligado a levantar el sitio.

Osuna se opuso por completo a la negociaci√≥n con los rebeldes, en la que ten√≠a el Archiduque tanto empe√Īo, por lo que √©ste solicit√≥ al Rey que le sacasen al Duque de sus estados,[12] a lo que la Corona accedi√≥ de inmediato. Por sus m√©ritos en combate y noble linaje le fue concedido e impuesto con gran ceremonia el Tois√≥n de Oro. No sin pesar sali√≥ Osuna de Bruselas, y tan pronto como lleg√≥ a Madrid, despu√©s de una audiencia privada con el Rey, √©ste llam√≥ al Consejo, que en su presencia se reuni√≥, siendo o√≠do el duque durante dos horas, sin olvidar materia alguna, dada su proverbial memoria. Impresionado el Consejo con las explicaciones del duque sobre la situaci√≥n en que hab√≠a quedado Flandes, Su Majestad Cat√≥lica vino a nombrarle gentilhombre de c√°mara con plaza en el Consejo de Portugal, adem√°s de convertirse en su consejero personal sobre los negocios de Flandes y la tregua con las Provincias Unidas.

Con suma habilidad acord√≥ el matrimonio de su hijo y heredero, don Juan T√©llez-Gir√≥n, marqu√©s de Pe√Īafiel, con do√Īa Isabel de Sandoval, hija del duque de Uceda y nieta del de Lerma, con lo cual se abr√≠a camino √° los puestos m√°s importantes del Estado. Por entonces repar√≥ en la prepotencia intelectual del que ser√≠a su amigo y ayudante, Francisco G√≥mez de Quevedo.

Virrey de Sicilia

En 1610, reunido el Consejo para designar virrey de Sicilia, se levanto el Duque, que había nacido para mandar y no para obedecer, y dirigió al Soberano las siguientes palabras, que merecen ser reproducidas:

Si la previsi√≥n de un gobierno cualquiera, requiere grave consideraci√≥n, creo, se√Īor, que el virreinato de Sicilia la merece como ninguno. Sicilia es llave del reino de N√°poles, joya de la corona de V. M., y salvaguarda de la libertad en toda la pen√≠nsula it√°lica. El imperio otomano la codicia y acecha de continuo con la esperanza de hacerla un d√≠a o el otro tributaria suya; bien lo sab√≠a Carlos I, de feliz memoria, abuelo de V. M., cuando en previsi√≥n de lo futuro dio la isla de Malta a los caballeros desalojados de Rodas, a condici√≥n de hacer continua guerra al Turco desde aquel baluarte; pero ya la medida es ineficaz contra enfermedad tan aguda. Aquella isla noble y ferac√≠sima, que forma un tri√°ngulo de 700 millas de superficie, tan pr√≥xima a Italia que s√≥lo la separa un estrecho de tres millas, es de naturaleza que f√°cilmente se hace inexpugnable por aquella parte, como puede serlo por la que confina con Malta. No obstante, la mar es grande, las fuerzas de V. M. remotas, y las del Turco potentes y vecinas, de modo que pueden pasar, como pasan, de uno a otro lado, atendiendo a que los venecianos no cuentan con armada propia, ni la emplearan en otra cosa, complaci√©ndoles m√°s bien ver perpetuamente acosada la isla de corsarios, por los celos que la monarqu√≠a de V. M. les da.

Con tantos reinos, con tan considerables recursos, no ha podido vencer la augusta Casa de Austria a un pu√Īado de rebeldes en los Pa√≠ses Bajos, porque su gran piedad la debilita, y el Turco, porque hace depender del inter√©s la religi√≥n, y de la autoridad la vida y la sustancia de sus vasallos, triunfa y se extiende de manera que, si no se remedia, ser√° pronto monarca y castigo de Italia.
¬ŅEn que consiste la fuerza de un Estado?. Si en el valor de la nobleza, en la fidelidad de los s√ļbditos, en a reputaci√≥n de las armas, en el n√ļmero de los soldados, ninguno debe igualar al de V. M., porque no hay soberano que de tantas prerrogativas pueda loarse, y sin embargo, con menos recursos y fuerza, por sistema distinto el Turco se ha hecho terror del mundo por las armas.
Ser√° injusto y tirano en el interior, mas no descuida medio de ser m√°s y m√°s poderoso fuera, y odiando a la casa de V. M. por el odio que ella tiene a los infieles, no piensa en otra cosa que en molestarla, siendo blanco principal de su sa√Īa los pobres sicilianos, como si fueran venidos al mundo para presa suya. Bien puede decirse que V. M. no tiene de aquel reino m√°s que el t√≠tulo, y que disfrutan de usufructo los corsarios turcos.
Quisiera Dios que las rebeliones que all√≠ se han sucedido reconocieran otras causas ¬ŅC√≥mo han de amar los sicilianos a un pr√≠ncipe que no los defiende? ¬Ņc√≥mo ha de serle adictos, vi√©ndose abandonados a la crueldad de los b√°rbaros?. Sepa V. M., que de treinta a√Īos a esta parte han verificado los turcos m√°s de ochenta desembarcos en Sicilia, ya en un punto, ya en otro, habiendo a√Īo en que se han contado cuatro, y en todos, tras el saqueo, ha iluminado el incendio el acopio de esclavos cristianos, que despuebla la isla, priva a la Corona de tantos s√ļbditos y agobia el Erario, con el rescate que se ha discurrido por remedio del mal, con gran esc√°ndalo de la Cristiandad, sorprendida de un Rey cat√≥lico que posee medio mundo no alcance a corregir ese mal cr√≥nico.
Ahora que V. M. va a designar virrey para Sicilia. ¬ŅIr√° a ser testigo de la miseria y de las ruinas que cada d√≠a causan los piratas en aquel reino infeliz y de la grita con que encadenan y embarcan en las galeras los esclavos? ¬ŅIr√° a servir de gacetero de la corte para avisar desembarcos, incendios de ciudades y asaltos de castillos, y que los partes pueden archivarlos en la secretar√≠a, fatalidad ordinaria?.

Bien sabe Dios la aflicci√≥n que me causa esta exposici√≥n, que debo a la responsabilidad del Consejo, y muy particularmente a un Rey que funda su grandeza, como cat√≥lico de t√≠tulo y de verdad, en la justicia. Dos determinaciones pueden adoptarse, en mi opini√≥n, acudiendo al remedio de esos da√Īos intolerables: negociar con el Turco la seguridad de Sicilia mediante tributo, o espumar la mar de corsarios constri√Ī√©ndolos a envejecer en sus puertos. Pensar en el primero ser√≠a abrir una brecha mortal en la gloria de V. M., y echar el ignominioso borr√≥n de otras naciones en la nuestra; de modo que habr√° de pesarse en el segundo, pues harto ha durado la situaci√≥n lastimosa e indigna de los piadosos sentimientos de V. M., en que se ven los sicilianos, y de no acabar, pudiera llevarlos a la desesperaci√≥n. Vaya el virrey que se designe ahora con la firme resoluci√≥n de levantar el esp√≠ritu de los insulares, y que halle en V. M., el apoyo de la autoridad y los recursos indispensables a una obra tan laudable.

El nombramiento fue acordado por el Consejo y el rey Felipe III en febrero de 1610, y Osuna recibi√≥ con fecha 18 de septiembre el t√≠tulo de virrey de Sicilia. Cuando tom√≥ posesi√≥n del nuevo cargo en Milazzo, el 9 de marzo de 1611, el reino de Sicilia se hallaba en la √ļltima miseria. Por falta de cr√©dito la Caja de Palermo (el erario p√ļblico) hab√≠a tenido que declararse en bancarrota y cerrar sus puertas. La moneda se adulteraba sin recato y la inflaci√≥n arruinaba al sufrido pueblo siciliano. En Mesina los ladrones asaltaban las tiendas y los comercios a plena luz del d√≠a, en medio de la indiferencia general, y era imposible viajar sin una escolta armada. La justicia era un juguete de los poderosos y las c√°rceles estaban repletas. La escuadra estaba desarmada, convertida en ludribio de golfos, y sin m√°s reputaci√≥n que la de su cobard√≠a.

Pero pronto el en√©rgico Osuna puso remedio a tama√Īos males, con general aplauso: restituy√≥ el cr√©dito de la hacienda p√ļblica, restableci√≥ el peso y la ley de las monedas, ajust√≥ los impuestos a las verdaderas rentas de los contribuyentes, equilibr√≥ los presupuestos e hizo aumentar los ingresos. Los caminos fueron limpiados de salteadores y facinerosos, la autoridad y la libertad de los ministros de la justicia, restaurada, y las c√°rceles repletas quedaron yermas y vac√≠as.

Una de sus principales preocupaciones fue reorganizar la marina, como mejor medio de defender la isla contra las incursiones de turcos y berberiscos. La situación era desesperada, ya que el virrey solo contaba con 9 galeras para la defensa de la isla, desprovistas de remeros y bastimentos. Había tanta escasez de tripulantes para las galeras como exceso de pícaros, pordioseros con taras simuladas, que infestaban las calles y las puertas de las iglesias. Pero el nuevo virrey de Sicilia ideó un sistema de reinserción que resolvió simultáneamente ambos problemas:

Convoco un concurso de saltos de altura, con premio de un dobl√≥n para los que superasen un list√≥n y un escudo de oro para los que lograsen salvar otro m√°s alto: fue un √©xito de asistencia; cojos, ciegos, mancos, tullidos de toda especie se curaron instant√°neamente para aspirar al premio: los que lo lograron, obtuvieron su dobl√≥n o su escudo... m√°s diez a√Īos de condena a galeras por tramposos.

Bajo su mandato las galeras sicilianas alcanzaron un alto grado de eficacia y disciplina, siendo lustre de las armas espa√Īolas y envidia de todas las naciones. Con ellas se impuso al poder√≠o naval de turcos y berberiscos. Su primera medida fue dar audiencia a un tal Osarto Justiniano, un griego con cierto poder en el Peloponeso, que obtuvo de inmediato suministros y soldados espa√Īoles para apoyar una revuelta contra el poder turco. Suministros y soldados que el duque pag√≥ de su propio bolsillo. La campa√Īa fue un √©xito total: los turcos fueron expulsados, sus fortificaciones conquistadas y el duque personalmente enriquecido con el bot√≠n, galeras para reforzar su flota, y esclavos turcos para sus remos. Los soldados, part√≠cipes del saqueo, cantaron las maravillas del nuevo virrey.

También logró autorización para armar en corso buques de su propiedad, que realizaron muchas presas; de sus botines el rey recibía una quinta parte y otra la Hacienda Real, sus hombres otro quinto y el resto era para él, que lo solía utilizar en construir más buques y mantener incluso de su pecunio particular los buques de la Corona. Fue el primero en demostrar que, con tácticas y esfuerzo, se podía ganar con las galeras a los buques redondos, cosa que realizó en dos ocasiones.

El reforzamiento de la flota siciliana lleg√≥ en el momento preciso, ya que berberiscos preparaban una gran armada para capturar la Flota de Indias. Osuna envi√≥ a sus galeras al puerto de T√ļnez. Lograron infiltrarse al amparo de la noche, y varios soldados en lanchas acribillaron a la flota berberisca con bombas incendiarias, llev√°ndose un buque abarrotado de mercanc√≠as preciosas. Enfervorecidos por el √©xito, repitieron su haza√Īa con el mismo √©xito en La Goleta.

Virrey de N√°poles

"Los defectos de esa gran figura cuente el que se ocupe de su vida, y brille aqu√≠, adornada de la corona naval que ninguna otra le disputa en nuestra historia. La de don √Ālvaro de Baz√°n, en la ejecuci√≥n; la de don Garc√≠a de Toledo, en la energ√≠a; la de don Diego Brochero en la organizaci√≥n; las de Pati√Īo y Ensenada, en el pensamiento, no la exceden; pues el Duque a reunir las condiciones de estos ilustres pr√≥ceres, sin que ellos ni otro alguno, antes o despu√©s, alcanzara a discernir mejor, que cosa es marina militar, como se forma, para que sirve, y para que aprovecha."
(Extracto de El Gran duque de Osuna y su marina, de Ces√°reo Fern√°ndez Duro).

En recompensa de tantos servicios, Osuna fue nombrado virrey de Nápoles, al cual se trasladó en junio de 1616, convirtiéndose en uno de los personajes más destacados de la Italia de la época.

Por aquel entonces, el gobierno interior del reino, y especialmente de la ciudad de N√°poles, era un complejo desbarajuste. S√≥lo hab√≠a justicia exist√≠a si era comprada, el comercio no pod√≠a vivir, y peligraba la seguridad personal entre los continuos cr√≠menes que tanto de d√≠a como de noche se efectuaban en las mismas calles y aun dentro de las casas, asaltadas por los bandoleros. A la voz de ¬ę¬°Cierra! ¬°Cierra!¬Ľ la gente hu√≠a, los vecinos pac√≠ficos y los mercaderes atrancaban las puertas de sus casas y sus almacenes, y los rufianes y la gente de mal vivir quedaban por √ļnicos due√Īos de las calles de Nap√≥les.

Por otra parte, estaba el problema del c√ļmulo de soldados que atestaban la ciudad: 18.000, de tantas naciones diferentes, y por lo general violentos y mal pagados. A ello hab√≠a que sumar la envidia y el af√°n de lucro de una parte de la nobleza, siempre dispuesta a ir contra los virreyes espa√Īoles, y finalmente la desmoralizaci√≥n y corrupci√≥n de una parte del clero napolitano. A todo ello se un√≠a la guerra secreta que Francia hac√≠a a los Habsburgo espa√Īoles y austriacos.

Osuna se aplicó con firmeza al fortalecimiento del ejército y de la marina, construyendo galeones y galeras y reclutando dotaciones, que por cierto escaseaban, ocurriendo una anécdota:

Paseando un d√≠a por la ciudad se dio cuenta de que hab√≠an muchos tullidos, le parecieron demasiados con respecto al total de la poblaci√≥n, le record√≥ Sicilia pero como ya estaban advertidos los de la ciudad, tuvo que inventarse otro modo: Lleg√≥ al palacio y dio orden, de que en una carreta con seis hombre, dos a las riendas y cuatro, uno para cada saco de monedas de oro de su hacienda, recorrieran la ciudad arroj√°ndolas; ante la lluvia de oro, de pronto los tullidos dejaban de cojear, a los mancos les crec√≠an los brazos y los que llevaban muletas las arrojaban para recoger las monedas, detr√°s del carro iba una compa√Ī√≠a de infanter√≠a de los tercios y a todos ellos los deten√≠a por tramposos y mentir, ya que al hacer visible un defecto f√≠sico inexistente incurr√≠an en ello para evitar el ser reclutados, para la marina o el ej√©rcito, adem√°s de retir√°rseles las monedas que hab√≠an recogido.

As√≠ consigui√≥ las dotaciones precisas y con la pr√°ctica, y alg√ļn latigazo, se convirtieron en unas dotaciones instruidas y disciplinadas.

De sus experiencias pens√≥ como mejor t√°ctica el hacer flotas conjuntas de galeones y galeras, pues las galeras pod√≠an servir de elementos de ayuda a los galeones, ya que pod√≠an sacarlos de un combate o, cuando faltara el viento, ayudarles a formar la l√≠nea, convirti√©ndose en auxiliares muy importantes, adem√°s de su velocidad y potencia de fuego, y como transportes de infanter√≠a. El nuevo virrey cre√≥ una importante escuadra, que result√≥ mod√©lica dado que por la c√©dula real pod√≠a escoger en todo el reino a sus capitanes y alf√©reces, predominando los vizca√≠nos y castellanos, entre los que destac√≥ Francisco Rivera, futuro almirante y vencedor de turcos y venecianos en batallas como la del cabo Celidonia o la de Ragusa. Se consigui√≥ el dominio del Adri√°tico y se llev√≥ el hostigamiento hasta apoyar los levantamientos en tierras griegas. Le llamaban los turcos Deli-Baj√°, el Virrey temerario, tanto era el da√Īo que les causaba en las diversas correr√≠as contra ellos dirigidas.

Francisco de Quevedo condensó sus triunfos en este soneto:

Diez galeras tomó, treinta bajeles,

ochenta bergantines, dos mahonas;
aprisionóle al turco dos coronas
y a los corsarios suyos m√°s cueles.

Sacó del remo más de dos mil fieles,
y turcos puso al remo mil personas;
y t√ļ, bella Part√©nope, aprisionas
la frente que agotaba los laureles.

Sus llamas vio en su puerto la Goleta;
Chicheri y la Calivia saqueados,
lloraron su bastón y su jineta.

P√°lido vio el Danubio sus soldados,
y a la Mosa y al Rhin dio su trompeta

Ley, y murió temido de hados.

Sus continuas acciones corsarias y enfrentamientos con Venecia le distanciaron de la Corte, al desobedecer las √≥rdenes del Consejo de Estado, que √©l consideraba que destru√≠an el prestigio de la Monarqu√≠a Hisp√°nica. Adem√°s, el Duque de Osuna fue uno de los implicados en la famosa Conjuraci√≥n de Venecia, junto con el embajador espa√Īol en Venecia, marqu√©s de Bedmar y el Gobernador del Estado de Mil√°n, Don Pedro de Toledo, trazada por la Rep√ļblica de Venecia para desestabilizar el poder espa√Īol en el norte de Italia.

Pasman los regalos que en sus dos gobiernos hizo el Virrey: solamente al Duque de Uceda envió en dinero contante y sonante 200.000 ducados, además de un par de tiestos de plata esmaltados con ramos de naranjas y cidras, que pesaban ciento veinte y cinco libras, trescientos abanicos de ébano y marfil, caballos, jaeces, mazas, ti1fanges y cuchillos damasquinados, así como piezas de joyería más ricas por el trabajo del orfebre que por el oro, los rubíes, diamantes y esmeraldas. Tales eran las riquezas que el Gran Duque de Osuna obtenía del corso.

Fue famoso, adem√°s, por su procedimiento shakespeariano de administrar justicia. Hall√≥ el Duque en la visita de c√°rceles un preso encerrado hacia veinticuatro a√Īos; le otorg√≥ al punto la libertad, diciendo que tan largo padecer era bastante para purgar el mayor delito; a un sodomita lo mand√≥ quemar; a un letrado que el s√°bado hab√≠a dormido con una cortesana, d√°ndola muerte aquella misma noche, le hizo cortar la cabeza el domingo por la ma√Īana. Un fraile asesin√≥ a cierto caballero en la iglesia, y un cl√©rigo al gobernador de Isquia; hechas las ceremonias de costumbre, ambos fueron ajusticiados, no interponi√©ndose tiempo del delito al castigo. Fue perseguidor implacable de malhechores, y mortal enemigo de mentirosos; pero atropellaba las leyes cuando cre√≠a que entorpec√≠an la acci√≥n de la justicia. Cu√©ntase que, en perjuicio de un hijo que hab√≠a ocasionado algunos sinsabores √° su padre, lograron los jesuitas que este los nombrase herederos a condici√≥n de dar al hijo lo que quisiesen. Ofreci√©ronle ocho mil escudos. El hijo acudi√≥ al Virrey, que, enterado del caso, llam√≥ √° los herederos. Demandante y demandados expusieron su derecho, y entonces el Duque decidi√≥ la querella dirigiendo a los jesuitas estas palabras:

No habeis entendido el testamento. Dice que deis al hijo lo que quer√°is vosotros. ¬ŅQu√© quer√©is? La herencia; pues eso os manda que deis el testador.

El pueblo adoraba a su Virrey, aclam√°ndole por donde pasaba, vitore√°ndole y proclamando que "no queremos otro se√Īor que al Duque de Osuna". Lleg√≥ a tanto su entusiasmo, que poco tiempo despu√©s de su llegada cantaban los ciegos: "Ora que habemos este Duque de Osuna, no se vende la Justicia por dinero".

Caída y muerte

Faltar pudo su patria al grande Osuna,
pero no a su defensa sus haza√Īas;
di√©ronle muerte y c√°rcel las Espa√Īas,
de quien él hizo esclava Fortuna.

Lloraron sus envidias una a una,
con las propias naciones las extra√Īas;
su tumba son de Flandes las campa√Īas,
y su epitafio la sangrienta Luna.

En sus exequias encendió el Vesubio,
Parténope; y Trinacria al Mongibelo;
el llanto militar creció en diluvio:

dióle el mejor lugar Marte en su cielo;
La Mosa, el Rhin, el Tajo y el Danubio
murmuran con dolor su desconsuelo.

(Francisco de Quevedo, como epitafio para el Gran duque de Osuna.).

No fueron los venecianos, sino los napolitanos, quienes precipitaron el final de Osuna. Algunos nobles enemigos del Duque le acusaron de pretender independizarse de Espa√Īa, cosa que nunca pas√≥ por su cabeza, aunque el beneficio acumulado por las acciones de la flota corsaria le diera para ello. Fueron capaces de convencer al futuro San Lorenzo de Brindisi, para que defendiera su caso ante Felipe III. El viejo fraile alcanz√≥ al Rey en Lisboa en mayo de 1619, donde su hijo estaba siendo coronado como Rey de Portugal. El Rey prest√≥ atenci√≥n a los argumentos de San Lorenzo, a pesar de los inmensos servicios prestados por Osuna.[13] La ca√≠da de Lerma en 1618 y su sustituci√≥n por su hijo el Duque de Uceda, hab√≠a iniciado el proceso contra los miembros destacados de la administraci√≥n de su padre. Al a√Īo siguiente, 1620, Osuna fue llamado a Espa√Īa para responder a los cargos presentados contra √©l, y se nombr√≥ su substituto como Virrey de N√°poles. Don Pedro transfiri√≥ su flota a Espa√Īa y abandon√≥ el cargo el 28 de marzo de 1620, y llega a Espa√Īa donde habla ante el Consejo Real. Pero mientras espera a ser recibido por Felipe III, el Rey muere, y Osuna es detenido y encarcelado en silencio por su oposici√≥n al nuevo r√©gimen, es decir, a la camarilla liderada por Baltasar de Z√ļ√Īiga y su sobrino el conde de Olivares; nunca declar√≥ ante la Justicia.

Enfermo de achaques y tristeza, para aplauso y regocijo de los enemigos de Espa√Īa, falleci√≥ en una mazmorra como un vulgar delincuente el 24 de septiembre de 1625, siendo sus √ļltimas palabras: ¬ęSi cual serv√≠a mi rey sirviera a Dios, fuera buen cristiano¬Ľ. No obstante, antes de morir tuvo la satisfacci√≥n de saber que ya la opini√≥n general del reino se puso de su parte, reconociendo sus relevantes servicios prestados a su rey y a Espa√Īa. Fue enterrado en el convento de religiosos observantes de San Francisco de su villa de Osuna.

La flota que el duque creara a sus expensas y que tantos √©xitos dio a Espa√Īa, conducidas por valerosos jefes, lleg√≥ a sumar veinte galeones, veintid√≥s galeras y treinta embarcaciones de menor porte. Pero a su salida del virreinato, la flota fue decayendo en buques y hombres por la falta de un jefe ecu√°nime y ejemplar y por la falta de dinero para su mantenimiento, lo que hizo desaparecer por completo su obra.

Con su muerte se perdi√≥ la oportunidad de haber creado de manera institucional una ‚Äúsegunda flota‚ÄĚ fomentando la implicaci√≥n de los nobles en el mantenimiento de flotas corsarias bien entrenadas que, como demostr√≥ la iniciativa del duque, podr√≠an haber colaborado eficazmente en fortalecer la posici√≥n espa√Īola en los distintos teatros de operaciones, socabando la posici√≥n de los enemigos de Espa√Īa sin generar costes a las arcas reales.

Semblanza del Gran Duque de Osuna

De la Asia fue terror, de Europa espanto,
y de la √Āfrica rayo fulminante;
los golfos y los puertos de Levante
con sangre calentó, creció con llanto.

Su nombre solo fue victoria en cuanto
reina la luna en el mayor turbante;
pacificó motines en Brabante:
que su grandeza sola pudo tanto.

Divorcio fue del mar y de Venecia,
su desposorio dirimiendo el peso
de naves, que temblaron Chipre y Grecia.

¡Y a tanto vencedor venció un proceso!
De su desdicha su valor se precia:
¡murió en prisión, y muerto estuvo preso!

(Francisco de Quevedo.).

Uno de los m√°s destacados personajes del siglo XVII, don Pedro T√©llez-Gir√≥n fue descrito como un se√Īor muy peque√Īo que era muy grande[14] , por su baja estatura, gran presencia e inmensas cualidades. Esbelto y elegante, ten√≠a las piernas arqueadas de jinete, barba gris, rostro lleno de arrugas, la piel morena por el sol de las batallas, los ojos grises acerados y la voz quebrada. Era de √°nimo esforzado, h√°bil diplom√°tico, caballero, y generoso sin igual; amable y afectuoso, pasaba de la dulzura melanc√≥lica a la c√≥lera leonina. Amante del pueblo, odiaba por instinto a la nobleza advenediza y tumultuaria, tanto como despreciaba la hipocres√≠a y la falsedad.

Sabemos por Leti de su afición a la lectura, a la que dedicaba al menos una hora al día, sintiendo predilección por Cardano, Tácito y Maquiavelo.[15]

Matrimonio e hijos

Don Pedro T√©llez-Gir√≥n se cas√≥ con Do√Īa Catalina Enr√≠quez de Ribera y Cort√©s Z√ļ√Īiga, hija de los Duques de Alcal√°, una de las m√°s grandes y ricas casas nobiliarias de Andaluc√≠a y adem√°s nieta de Hern√°n Cort√©s, el conquistador de M√©xico, con quien tuvo 2 hijos:

  • Juan (1598-1656), VIII Conde de Ure√Īa y IV Duque de Osuna.
  • Antonia (1610-1648), casada con el IX Conde de Lemos.

Don Pedro además tuvo varios hijos ilegítimos de sus relaciones extramatrimoniales, de los que destacan los tenidos con su amante flamenca Elena de la Gambe:

  • Pedro, que sirvi√≥ durante a√Īos en el ej√©rcito espa√Īol en Flandes y al que el duque siempre tuvo un especial cari√Īo.
  • Ana Mar√≠a, casada con un caballero llamado Alfonso de Revenga, Alf√©rez Mayor de Aranda de Duero, y que en 1642 pidi√≥ permiso para vivir como seglar en el convento de monjas de Calatrava, en Madrid.

Otros hijos ilegítimos fueron:

  • Rodrigo, hijo de una siciliana, en 1626 ingres√≥ como colegial en la Universidad de Osuna y que en 1632 fue desterrado a Or√°n por ciertos sucesos ocurridos en Osuna. Su hermanastro, el duque Juan, fue obligado por Felipe IV a pagarle una pensi√≥n.
  • "Pietrina", hija nacida en N√°poles de un escarceo con la marquesa de Campo Lataro.

Patrocinio artístico y literario

Cuando don Pedro T√©llez-Gir√≥n lleg√≥ a Sicilia encarg√≥ a su capell√°n Jayme Saporiti una obra sobre las haza√Īas de sus antepasados y las suyas propias, sirvi√©ndose de tales ejemplos para motivar a la virtud.[16] Se dirige al hijo del y heredero del duque, el marqu√©s de Pe√Īafiel, que contar√≠a unos catorce a√Īos, con fines pedag√≥gicos. De √©l se esperaban grandes hechos y apartarle de la turbulenta juventud de su padre:

Espero que Vuestra Excelencia leyendo la sombra de las heroycas haza√Īas, antigua nobleza y famos√≠simo govierno del Ilustr√≠simo y Excelentisimo Se√Īor su padre, se inflamar√° como Aguila a imitarle, y hazer cosas muy grandes, y se√Īaladas en servicio de Su Magestad, sobrepujando las valent√≠as de Alexandro, C√©sar, Cipi√≥n, Theseo, Them√≠stocles, y del Gran Sult√°n Solim√°n

Referencias

Notas

  1. ‚ÜĎ Seg√ļn partida de bautismo conservada en el archivo de la colegiata de Osuna.
  2. ‚ÜĎ VIII se√Īor de Tiedra, Briones, Frechilla, Mor√≥n de la Frontera, Archidona, El Arahal, Cazalla de la Sierra, Gelves, Olvera, Ortej√≠car, Villafrechoso, Villamayor, Gumiel de Iz√°n, Santib√°√Īez, etc., notario mayor del Reino de Castilla, camarero mayor de la C√°mara de los pa√Īos, presidente de los Consejos de Estado y Guerra, etc.
  3. ‚ÜĎ He aqu√≠ la portada: Vida del sumo capit√°n, triunfante general, siempre glorioso y admirado virey Don Pedro Gir√≥n, duque de Osuna, miedo del mundo, aclamaci√≥n de las naciones, gloria de Espa√Īa, blas√≥n de Flandes, freno de Italia, virey de Sicilia y N√°poles, desenga√Īo de Venecia, restauraci√≥n del Imperio, recuerdo a Roma, amenaza a Francia, castigo a Saboya, ruina de los turcos. Hoy cad√°ver de la venganza y la invidia, que aun en ceniza le temen y en el sepulcro le tiemblan. El m√°s valiente soldado, el m√°s leal vasallo, el m√°s aceriado gobernador, humano, generoso, p√≠o, valiente.
  4. ‚ÜĎ G. Leti: Op. cit., t. I, p. 297, narra as√≠ el viaje: Avvincinatosi il tempo della partenza del Duca Vicere per ritornare in Spagna, volle che questo suo Nipotino facesse un viaggio fino alla Calabria, e visitasse alcune provincie del Regno, per evegliargli tanto pi√ļ lo spirito nelle materie de'Governi, e in questa ocassione gli diede per Aio un Gentilhuomo di Gaeta nomato Fabritio Codisponti, d'una et√° di 40 e piu anni, ma intelligentissimo dell'Historie del Regno, instrutto a pieno d'ogni qualunque mininla particolarit√° sin delle Case Nobili, sia dello stato di quei titolati, sia d'ogni altra particolarit√°, e si hebbe per scopo principale il disegno d'informaslo viaggiando di tutto.
  5. ‚ÜĎ G. Leti: Op. cit., t. I, pp. 302-303.
  6. ‚ÜĎ G. Leti: Op. cit, t. I, pp. 314-315: Senza dubbio che questo f√ļ il disegno dell‚ÄôAio di Don Pietro nell'essortarlo al√≠a lettura delle Historie, per renderlo anche pi√ļ perfetto nella Matematica, y m√°s adelante: ... il dopo pranso poi si esercitaba a clascuno esercitio, un'hora nella Geograf√≠a, nell'Arcitettura, nella Matem√°tica, e come si √© detto in qualche cosa della Mec√°nica.
  7. ‚ÜĎ Pass√≥ tutto l‚Äôanno 1590 ne continui esencizi di cavalcare, di volteggiare, di schermire e altri simili esercitii di Armi., Ib√≠dem, p. 315.
  8. ‚ÜĎ E. Beladiez. Op. cit., p. 19.
  9. ‚ÜĎ T√≠tulo creado en 1568 para los primog√©nitos de la Casa de Osuna.
  10. ‚ÜĎ Extracto de su hoja de servicios de 1622.
  11. ‚ÜĎ Llevado en camilla se cruz√≥ con un jesuita, dici√©ndole: Padre, si no fuera casado profesar√≠a en vuestra Orden, a fin de multiplicar los cojos en la Compa√Ī√≠a, en alusi√≥n a su fundador San Ignacio de Loyola, que a su vez fue herido en una pierna de un disparo en el sitio de Pamplona.
  12. ‚ÜĎ Carta aut√≥grafa de 28 de octubre de 1608.
  13. ‚ÜĎ Iba a ser tambi√©n el √ļltimo acto de San Lorenzo, que muri√≥ de agotamiento en Lisboa
  14. ‚ÜĎ As√≠ lo describe Cervantes, poniendo la frase en boca de Sancho como un recuerdo de su juventud en la corte, en el cap√≠tulo XXI de la primera parte del Quijote.
  15. ‚ÜĎ G. Leti. Op. cit., t. II, p. 64: ...e in fatti questo Signore riubbava qualsisia impiego un‚Äôhora del giorno, perla lettura di Tacito, di Cardano, di Macchiavello, che teneva sovra il suo Tavolino e che portava sempre seco.
  16. ‚ÜĎ La sombra de las heroycas haza√Īas, antigua nobleza y famosissimo gobierno del Excelent√≠ssimo se√Īor don Pedro T√©llez-Gir√≥n, III duque de Osuna (Palermo, 1611), B. N. Madrid, Mss. 2.984, fol. 56.

Bibliografía

  • Linde, Luis M. Don Pedro Gir√≥n, Duque de Osuna, la hegemon√≠a espa√Īola en Europa a comienzos del siglo XVII, Encuentro, Madrid, 2005. ISBN 84-7490-762-9 [1]
  • Beladiez Navarro, Emilio. Osuna El Grande. El duque de las Empresas. Alhambra, Madrid, 1950.
  • Fern√°ndez Duro, Ces√°reo. El Gran duque de Osuna y su marina. Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1885.
  • Leti, Gregorio. Vita di Don Pietro Giron, duca d‚ÄôOssuna vicere di Napol√≠. √Āmsterdam, 1699, 3 vols. [2]
  • Mart√≠nez-Valverde y Mart√≠nez, Carlos. Enciclopedia General del Mar. Garriga, Madrid, 1957.
  • Rodr√≠guez Gonz√°lez, Agust√≠n Ram√≥n. Revista General de Marina. Cuaderno de julio de 2000, pp. 85-92.

Enlaces externos

  • Documentos relativos a Don Pedro Gir√≥n, III duque de Osuna, en la Colecci√≥n de documentos in√©ditos para la historia de Espa√Īa, vol√ļmenes XLIV, XLV, XLVI y XLVII.

Wikimedia foundation. 2010.

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