Matrimonio (Derecho romano)

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Matrimonio (Derecho romano)
Celebración de la Iusta nuptiae, institución base de la familia romana.

En Derecho romano, el matrimonio o iustae nuptiae es el celebrado conforme al Ius Civile, en que el adjetivo femenino plural iustae hace referencia a la conformidad de esta instituci√≥n con el ius. As√≠, iustae nuptiae es el matrimonio cuyos efectos, tanto patrimoniales como familiares (concretamente, potestativos), son tomados en consideraci√≥n en las decisiones de los juristas romanos. As√≠, por ejemplo, uno de estos juristas, Modestino, lo define como "la uni√≥n del hombre y de la mujer, implicando consorcio por toda la vida e igualdad de derechos divinos y humanos". Por su parte, el emperador Justiniano expresa que es "la uni√≥n del hombre y la mujer con la intenci√≥n de continuar la vida en com√ļn". Conviene destacar que en Roma, el matrimonio era una situaci√≥n de hecho reconocida y aceptada por la sociedad, y no un contrato solemne como lo es hoy en la mayor√≠a de los pa√≠ses occidentales. Su importancia radica en que es el fundamento de la familia romana y de ah√≠ que, aun cuando no sea un acto jur√≠dico, s√≠ produce efectos jur√≠dicos importantes.[1]

Contenido

Naturaleza jurídica

La cuesti√≥n de su naturaleza jur√≠dica es uno de los grandes temas que ha sido objeto de discusi√≥n entre las distintas corrientes de pensamiento jur√≠dico. As√≠, durante mucho tiempo se sostuvo que el matrimonio fue considerado por los romanos como un contrato, esto es, que surg√≠a en virtud de un consentimiento con car√°cter contractualista, por consider√°rsele como un acto inicial de voluntad del que se originaba un v√≠nculo jur√≠dico. En este sentido se lleg√≥ a sostener, que los contratos pueden ser obligatorios y no obligatorios y que el matrimonio es de estos √ļltimos.

A finales del siglo XIX surgieron criterios disidentes, seg√ļn los cuales el consentimiento que se exige en materia de matrimonio no puede entenderse como contractual, esto es, como creador de un v√≠nculo que pudiese existir independientemente de su causa, siendo por tanto el matrimonio una simple situaci√≥n de hecho que subsiste mientras se mantenga el consentimiento. As√≠, se ha dicho que el matrimonio romano es un hecho social que se justifica y fundamenta en la existencia y permanencia de la affectio maritalis, la cual no es, como hoy d√≠a, un consentimiento inicial, sino duradero, de modo que cuando cesa, desaparece igualmente el propio matrimonio.

Para los partidarios de esta posición, el matrimonio es una mera situación de convivencia de dos personas de distinto sexo, cuyo inicio no está marcado por exigencias de formalidad alguna de orden jurídico, manteniéndose por la affectio maritalis o intención continua de vivir como marido y mujer, y siendo, por tanto, un hecho social en el cual la ley tenía poco que ver.

Sin perjuicio de ello, hoy en día algunos insisten en considerar al matrimonio romano como un contrato o, mejor dicho, como una situación jurídica que nace de un contrato y que éste sólo exige que los contratantes sean capaces de consentir y que se consentimiento sea serio y no simulado, agregando que como contrato no admite condiciones ni términos (plazos).

Otro sector de la doctrina, identifica el consentimiento existente en el matrimonio con el que se da en los contratos de sociedad, se√Īalando que el consentimiento de los contrayentes es el √ļnico elemento esencial en orden a la existencia del matrimonio, el cual viene a parecerse a un contrato de sociedad surgiendo y persistiendo por la mera voluntad de los c√≥nyuges.[2]

Nuptiae autem, sive matrimonium, est viri et mulieris coniunctio, individuam vitae consuetudinem continens. (Las nupcias consisten en la unión del hombre y la mujer, llevando consigo la obligación de vivir en una sociedad indivisible).[3]

Requisitos

Ius connubii de los contrayentes

El ius connubii es la capacidad jur√≠dica para contraer el leg√≠timo matrimonio romano, que era propio de los ciudadanos romanos y latinos veteris hasta antes de la Constituci√≥n imperial de Antonino Caracalla del a√Īo 212 d. C.; a√Īo en el cual, en virtud de dicha constituci√≥n, se otorga la ciudadan√≠a romana a todos los habitantes del Imperio, incluidos los peregrinos y Latinos junianos. Ya en tiempos de Justiniano, s√≥lo los esclavos y b√°rbaros (que no habitan en el Imperio) no gozaban del ius connubii.

De todas formas, para contraer la iusta nuptia era necesario que ambos contrayentes tuviesen este ius connubii, sin perjuicio de que en caso de que uno de los c√≥nyuges hubiere contra√≠do iusta nuptia creyendo que la pareja pose√≠a el ius connubii, siendo que en realidad no era as√≠, el matrimonio no produc√≠a efectos jur√≠dicos centrales, como la agnaci√≥n, la patria potestas y la manus. No obstante ello, desde el a√Īo 212 d. C. esto no tuvo mayor relevancia.

Pubertad de los contrayentes

Debido a que uno de los fines del matrimonio es la procreaci√≥n y la perpetuaci√≥n de la especie, se hac√≠a necesario que los contrayentes tuviesen la madurez sexual suficiente para contraer iustae nuptiae. Vale decir, en la Antigua Roma, se exig√≠a que el var√≥n y la mujer fuesen p√ļberes, esto es, mayores de 14 y 12 a√Īos respectivamente. √Čste fue el criterio adoptado por Justiniano, inspir√°ndose en la Escuela Proculeyana; descartando el criterio de Sabino que exig√≠a que en el caso del var√≥n fuera necesario un examen f√≠sico. De todas formas, respecto de la mujer, siempre se entendi√≥ que la edad en que llegaba a la pubertad, eran los 12 a√Īos.

Capacidad de los contrayentes

La exigencia de capacidad a los contrayentes puede definirse también por la exigencia de ausencia de impedimentos por parte de éstos. Los impedimentos de los que hablamos, pueden ser absolutos o relativos.

Los impedimentos absolutos, imposibilitan que un sujeto pueda contraer matrimonio; y los Impedimentos relativos imposibilitan que un sujeto contraiga matrimonio con determinadas personas.

Impedimentos absolutos

  • Impubertad: Como ya se expres√≥, uno de los objetivos del matrimonio es la procreaci√≥n, de manera que no pueden contraer iusta nuptia los sujetos que no han alcanzado la pubertad. El criterio para determinar la pubertad es el seguido por los Proculeyanos; vale decir son incapaces de celebrar leg√≠timo matrimonio, los varones menores de 14 a√Īos, y las mujeres menores de 12 a√Īos.
  • Castraci√≥n: Esta causa se habr√≠a establecido en una √©poca tard√≠a, y se se√Īala que la habr√≠an tomado de pr√°cticas orientales, entre otras, aquella que entregaba aquellos cargos importantes de la administraci√≥n del Estado y de la casa del Emperador a eunucos. El matrimonio exig√≠a estar dotado de los √≥rganos esenciales para la reproducci√≥n, sin llegar a exigir fertilidad o fecundidad. En raz√≥n a ello es que se consideraba capaz de copular al est√©ril, pero no al castrado, por carecer de los √≥rganos necesarios para la c√≥pula.
  • V√≠nculo matrimonial no disuelto: Este impedimento dice relaci√≥n con una caracter√≠stica esencial del matrimonio romano, que es esencialmente monog√°mico.
  • La viuda antes de cumplirse el a√Īo de luto: Esta norma existe para impedir la incertidumbre de la paternidad (turbatio sanguinis o partus) que otro matrimonio contra√≠do antes del plazo m√°ximo de gesti√≥n pod√≠a originar, imponi√©ndole a la viuda la necesidad de dejar pasar un determinado lapso de tiempo, exigencia que se extendi√≥ a la mujer divorciada.
  • Demencia: Los motivos para impedir que los dementes (Loco furioso o mente captus) contrajesen iusta nuptia, es que no tienen conciencia de los actos o hechos que ejecutan en la vida social y jur√≠dica.

Impedimentos relativos

Aunque la ritualidad no afecta la esencia jur√≠dica del matrimonio, muchas veces suele ir acompa√Īado de √©stas, como en el caso de la conducci√≥n de la mujer a la casa de su marido (deductio in domun maritti).
  • Parentesco: Hay que distinguir en base a los distintos tipos de parentesco.
    • En lo relativo al parentesco de sangre, hay que distinguir entre l√≠nea recta y l√≠nea colateral. En efecto, en la l√≠nea recta se imped√≠a el matrimonio en forma absoluta, vale decir, en toda la l√≠nea recta, no pudiendo contraer entre s√≠ matrimonio los ascendientes y descendientes. Por su parte, en la l√≠nea colateral no siempre se aplic√≥ un mismo criterio. Los grados de parentesco que constitu√≠an impedimento cambiaron con el tiempo. En efecto primitivamente llegaba hasta el sexto grado; m√°s adelante, a comienzos del siglo II a. C. se estableci√≥ la limitaci√≥n hasta el cuarto grado (primos hermanos); luego se habr√≠a relajado, limit√°ndose al tercer grado (de esta forma se prohib√≠a el matrimonio entre hermanos, entre t√≠o y sobrina y entre t√≠a y sobrino); sin perjuicio de que en los tiempos del emperador Claudio (49 D.C.) un senado consulto autoriz√≥ el matrimonio entre t√≠o y sobrina hija de hermano (colaterales en el tercer grado) para permitir el matrimonio del emperador Claudio con su sobrina Agripina, hija de su hermano Germ√°nico. El emperador Constantino, restableci√≥ las cosas al estado anterior.
    • En lo referente al parentesco por afinidad, no pod√≠an celebrar justa nuptia la madrastra viuda o divorciada con su hijastro, el padrastro viudo o divorciado con su hijastra, la suegra y el yerno y el suegro y la nuera, lleg√°ndose con el cristianismo a prohibirse el matrimonio entre cu√Īados.
  • Tambi√©n se proh√≠be el matrimonio entre adoptante y adoptado y entre el adoptante y la mujer de su hijo adoptivo.
  • Por otra parte, en los tiempos del cristianismo se habr√≠a llegado a prohibir el matrimonio entre padrino y ahijado, entre los cuales existir√≠a algo as√≠ como un parentesco espiritual.
  • Es del caso recordar la distinci√≥n propiamente romana entre parentesco cognaticio y agnaticio, limit√°ndonos a se√Īalar que en la √©poca que se privilegi√≥ o consider√≥ el parentesco agnaticio, √©ste constitu√≠a un impedimento y as√≠ se se√Īala que el matrimonio exig√≠a que marido y mujer provengan de familias distintas.
  • Diversidad de religi√≥n: La religi√≥n jam√°s fue un impedimento para no celebrar iusta nuptia, ya que los romanos siempre tuvieron una especial tolerancia por los cultos de los pueblos extranjeros, al punto que muchos de ellos, los practicaban; por ejemplo, fue muy com√ļn a comienzos de la √©poca imperial, que las mujeres romanas se sintieran atra√≠das por los cultos en adoraci√≥n a la diosa egipcia Isis. No obstante ello, las persecuciones en contra de los Cristianos tuvieron m√°s bien, un motivo pol√≠tico m√°s que religioso, ya que atentaban contra las costumbres romanas al pregonar con sus voces, en contra de la esclavitud, adem√°s de no prestar adoraci√≥n a la figura del Emperador, que en aquella √©poca, se erig√≠a cuan divinidad a la par de los dioses.
Sin embargo, podemos mencionar ciertos impedimentos por motivos religiosos, como por ejemplo, las Vestales que hac√≠an votos de castidad, por lo cual, m√°s que nada, estamos ante un impedimento absoluto, en cuanto no pueden contraer matrimonio. Cuando el Cristianismo ejerce su influencia en el Imperio, tambi√©n surge como impedimento el de los individuos que hacen voto de castidad para consagrarse al Se√Īor.
  • Posici√≥n social: En cuanto a la posici√≥n social, en el primitivo derecho se imped√≠a el matrimonio entre patricios y plebeyos, prohibici√≥n eliminada en el a√Īo 309 de Roma (445 a. C.) al dictarse la Lex Canuleia (Cicer√≥n criticaba la Ley de las XII Tablas por esta raz√≥n).
Por otra parte, pero también por razones sociales, se impedía el matrimonio entre libertos e ingenuos, impedimento que ya en la segunda mitad de la época republicana había caído en desuso, pero que fue expresamente derogado por las leyes Julia y Papia Popea de la época de Augusto, las que mantuvieron la prohibición respecto de los que pertenecieran a la clase senatorial y sus hijos, lo que sólo habría desaparecido en tiempos de Justiniano.
Estas mismas leyes proh√≠ben el matrimonio entre ciudadanos ingenuos con mujeres ad√ļlteras flagrantes. Se se√Īala que las personas de dignidad senatorial y sus hijos no pod√≠an casarse con personas que ejercieran ciertas profesiones, lo que habr√≠a sido abolido por Justiniano para poder casarse con Teodora quien habr√≠a tenido un dudoso pasado.
Teodora, esposa de Justiniano, se dice que habría tenido un pasado de dudosa reputación; y que por ello, éste habría abolido el requisito de la dignidad dudosa, para casarse con ella.
En relación al cargo, existió siempre la prohibición de contraer matrimonio entre aquellos que ejercían cargos importantes en provincia, como gobernador u otro cargo relevante ya sea en la administración civil como militar, y mujeres que pertenecieran por su origen o domicilio a la provincia en donde ejercían sus funciones. En todo caso, podían casarse cuando hubiera terminado el ejercicio de su cargo.
  • Rapto y adulterio: La Lex Iulia de adulteris coercendis prohib√≠a el matrimonio entre una persona casada y el o la ad√ļltera; y tambi√©n el matrimonio entre raptor y mujer raptada.
  • Tutela y curatela: De acuerdo a un senado consulto de los tiempos de Marco Aurelio y C√≥modo (entre 175 y 180 d. C.) se prohib√≠a el matrimonio entre tutor y pupila, antes de rendir cuenta sobre la administraci√≥n de sus bienes y mientras no se extinga el plazo para intentar una restitutio in integrum por menor de edad, estableci√©ndose que el impedimento se extend√≠a tambi√©n al pater del tutor y sus descendientes.

Consentimiento

El matrimonio en Roma se perfeccionaba mediante el consentimiento, el cual en la justa nupcia debía cumplir con los siguientes requisitos:

  • Serio y no simulado.
  • No estar afecto a error con respecto a la identidad del otro contrayente.
  • Ser puro y simple, esto es, no admit√≠a ninguna modalidad.

En cuanto a los elementos constitutivos del matrimonio, nadie soslaya la importancia del consentimiento como característica propia del matrimonio romano, él cual pervivirá en tanto exista el consentimiento. El consentimiento o affectio maritalis es un elemento subjetivo y esencial, llegando a decirse que el matrimonio romano es más bien un estado de voluntad cotidiano, vale decir, exige consentimiento continuo y duradero y que por estar exento de formalidades permite a algunos sostener que el matrimonio romano consiste sólo en el consentimiento. La manifestación no estaba sujeta a ninguna formalidad, el solo consentimiento bastaba.

Conviene reiterar que el consentimiento en el matrimonio o affectio maritalis tiene carácter permanente, esto es, se exigía para comenzar y mantener todo matrimonio, y que se trata de un estado de vida cotidiano, esto es, la voluntad de continuar viviendo como marido y mujer. El consentimiento no es solamente inicial, sino que debe ser duradero, continuo, de allí que se le denomine affectio que indica una voluntad con ese carácter. El matrimonio terminaba cuando cesaba la affectio maritalis o sea la mutua intención de ser marido y mujer. Esto varió con el advenimiento del cristianismo, ya que se le otorgó mayor importancia al consensus o consentimiento inicial, llegándose a postular por algunos, los católicos, el carácter indisoluble del matrimonio.

Consentimiento y status familiae

Situación de los alieni iuris

Conviene destacar que el consentimiento de los contrayentes no es suficiente cuando uno de ellos o ambos están bajo patria potestas, pues en tal caso se requiere, además, el consentimiento del pater familias. Cualquiera sea la edad del alieni iuris, éste requiere consentimiento o autorización, el cual, tampoco está sujeto a formalidad y hasta puede ser tácito. En este sentido, se estableció que el silencio del pater implicaba la aceptación del matrimonio.

En los primeros tiempos la norma que exigía la autorización de su pater era absoluta, pero a comienzos del Imperio, con las leyes Julia y Papia, se atenuó esta norma y se generalizaron las siguientes soluciones:

  • Si el hijo se hab√≠a casado sin la autorizaci√≥n de su pater, √©ste pod√≠a despu√©s de contra√≠do el matrimonio, ratificarlo o confirmarlo con lo cual se subsanaba cualquier vicio que se derivara de la falta de autorizaci√≥n paterna, o sea la ratificaci√≥n posterior confirma el matrimonio ya contra√≠do.
  • Si el pater no puede prestar su consentimiento por encontrarse ausente, prisionero de guerra o padecer alg√ļn impedimento que le imposibilitare otorgarlo, puede prescindirse de este requisito, estableci√©ndose en el Derecho justinianeo que hubiesen transcurrido tres a√Īos de ausencia, permiti√©ndose incluso antes si pareciere veros√≠mil que el pater no se opondr√≠a al matrimonio.
  • Si el pater no puede prestar el consentimiento en raz√≥n de que se encuentre afecto por alguna enfermedad mental, el consentimiento debe ser otorgado por el magistrado oyendo al curador y a los miembros m√°s importantes de la familia.
  • Si el pater de la mujer se niega a prestar el consentimiento sin que exista causa o motivo suficiente, puede ser suplido por el magistrado. Ello no ocurre cuando el pater familias del var√≥n es el que reh√ļsa su consentimiento, pues aqu√≠ rige un principio seg√ļn el cual a nadie puede hac√©rsele un heredero contra su voluntad (se aplicar√≠a en caso de matrimonio de hijas). Finalmente, Justiniano equipara a los hijos de ambos sexos.

Cabe destacar que el pater no puede imponer a un filiusfamiliae un matrimonio, dado que el matrimonio exige siempre el contrayente del varón y la mujer que se unen en comunidad.

Finalmente, tratándose de hijos varones, además del consentimiento del paterfamilias se exige también el del padre, pues los hijos habidos en este matrimonio podrían eventualmente quedar bajo su patria potestas.

Situación de los Sui Iuris

Cabe destacar que respecto de los sui iuris, en virtud de dos constituciones de Constantino se exige para el matrimonio de las hijas menores de edad el consentimiento del padre, de la madre y a falta de ésta, de los más próximos parientes. En el caso de una mujer sui iuris mayor de edad, algunos autores consideran que debía intervenir la autorización del tutor, pero cesada la tutela en razón del sexo, sólo se exigía el consentimiento de los parientes próximos y, en caso de disenso, la intervención de la autoridad judicial.

Ritualidades

En Roma no exist√≠an ni registros ni formalidades de ninguna √≠ndole, as√≠, no se exig√≠a la concurrencia de alg√ļn ministro de fe. Se perfecciona por la libre voluntad de un hombre y una mujer que quieren ser marido y mujer, esto es, por lo que los romanos denominan affectio maritalis. Sin perjuicio de ello, los usos sociales determinaban que algunos actos m√°s o menos rituales (nuptiae) acompa√Īaran con gran frecuencia el comienzo de la vida matrimonial. Uno de ellos es la deductio in domun maritti o conducci√≥n de la mujer a la casa del marido en medio de un cortejo nupcial formado por parientes y amigos, cuando la esposa traspasaba el umbral de la casa, el marido le ofrece el agua y el fuego, que son considerados elementos de la vida

En la época del emperador Claudio (49 D.C.) en virtud de un senadoconsulto se autorizó el matrimonio entre tío y sobrina hija de hermano (colaterales en el tercer grado) para permitir el matrimonio de este con su sobrina Agripina, hija de su hermano Julio César Claudiano. Constantino, posteriormente restableció las cosas al estado anterior.

En concreto, el matrimonio romano era jur√≠dicamente informal en su esencia, si bien s√≠ que existieron formas rituales de √≠ndole social o religiosa que pudieron acompa√Īarlo, aunque √©stas no alteraron tocaron su estructura jur√≠dica propiamente dicha.

Prueba del Matrimonio

En caso de discusión sobre si dos personas estaban casadas, podían usarse todos los medios de prueba contemplados en la ley, esto es, testigos, instrumentos, confesión de los interesados, etc. Es del caso destacar que la propia convivencia marital era un importante instrumento probatorio del consentimiento matrimonial.

En todo caso, para muchos la convivencia marital sería un elemento objetivo del matrimonio, pero que el consentimiento de las partes no exige estar sostenido por una cohabitación efectiva. Así, la convivencia podía no ser efectiva y el matrimonio, empero, podía seguir subsistiendo, en tanto varón y mujer, ambos, se guardaran recíprocamente el respeto y la consideración: ello constituía el honor matrimonii y así se aceptaba la posibilidad de contraer matrimonio en ausencia del marido, por el hecho de entrar la mujer en la casa del varón mediante la deductio in domun mariti. En este sentido algunos autores, como Accarias, consideran que lo que es necesario es que la cohabitación física sea actualmente posible o bien que la mujer sea puesta bajo la disposición del marido (Paulo destaca que un hombre ausente puede casarse a diferencia de una mujer ausente).

En concreto, puede contraerse el matrimonio entre personas ausentes, que manifiesten su intenci√≥n por carta o mensaje, pero a condici√≥n de que la mujer entre en la casa del marido, iniciando as√≠ aquella vida com√ļn que ser√≠a el elemento objetivo del matrimonio.

En cuanto a la prueba de la affectio maritalis, que ser√≠a el elemento subjetivo, Bonfante se√Īala se demuestra mediante las declaraciones de los c√≥nyuges mismos o de los parientes y amigos, pero m√°s que nada mediante su manifestaci√≥n exterior, o sea, el honor matrimonii, que es el modo de tratarse, en todas las formas, como en la sociedad se deben tratar dos c√≥nyuges, conservando la mujer la posici√≥n social del marido y la dignidad de √©ste. En este sentido, si un hombre y una mujer casados deb√≠an vivir constantemente separados, como ocurr√≠a entre personas consulares, si los dos mantienen rec√≠procamente el honor matrimonii, el matrimonio existe.

Efectos del matrimonio sobre la mujer

Si bien el matrimonio es uno y √ļnico, la situaci√≥n de la mujer dentro del mismo es distinta seg√ļn se encuentre o no sometida al poder marital, manus, como consecuencia de la incorporaci√≥n, en ciertos casos, de la mujer a la familia agnaticia del marido. De esta forma, para precisar los efectos del matrimonio respecto de la mujer es necesario distinguir entre matrimonio cum manu y matrimonio sine manu.

Sin perjuicio de ello, no podemos dejar de mencionar que el matrimonio por s√≠, no obstante ser una simple situaci√≥n de hecho, produce ciertos efectos jur√≠dicos independientemente de si se acompa√Īa o no de la manus, y as√≠ tenemos que el matrimonio establece entre los c√≥nyuges una societas vitae (Comunidad de vida).

En efecto, podemos mencionar como efectos comunes tanto al matrimonio Cum manus y Sine manus los siguientes:

Respecto al Adulterio, Justiniano reemplaz√≥ la pena de muerte por la reclusi√≥n de la mujer en un monasterio, de donde pod√≠a salir, en caso de perd√≥n del marido, al cabo de dos a√Īos.
  • Los c√≥nyuges se deben mutua fidelidad, cuya violaci√≥n constituye el adulterio, que es justa causa de divorcio, pero en el caso la mujer se le considera m√°s grave pues conlleva el peligro de introducir en la familia sangre extra√Īa. Tambi√©n, como consecuencia de este efecto, resulta que existe impedimento para toda persona casada de contraer segundo matrimonio antes de la disoluci√≥n del primero.

En todo caso, no podemos dejar de se√Īalar que para el marido el deber de fidelidad no es m√°s que un deber moral. Distinta es la situaci√≥n de la mujer quien es severamente castigada en caso de adulterio, esgrimi√©ndose como raz√≥n que por esa v√≠a pod√≠a la mujer introducir en la familia hijos de sangre extra√Īa. En efecto, en el plano penal, daba derecho al marido de acusar a la mujer para efectos de ser castigada a una pena capital, previo juzgamiento por un consejo de parientes. En este sentido, la sanci√≥n del adulterio ser√° durante largo tiempo un asunto de familia. En efecto seg√ļn una ley atribuida a R√≥mulo, el marido y el pater ten√≠an el derecho de dar muerte a la mujer infiel. Esta ley habr√≠a dejado de ser aplicada y olvidada, sosteni√©ndose que a fines de la Rep√ļblica los maridos romanos se conformaban con el divorcio sin penalidad. Ante esto reaccion√≥ C√©sar Augusto quien hizo votar la Lex Iulia de adulteris coercendis, que somet√≠a a las mujeres infieles a una pena consistente en la relegaci√≥n a una isla, sancionando al marido que no denunciaba a su mujer ad√ļltera como autor del delito de corrupci√≥n, otorg√°ndole un plazo de sesenta d√≠as para que √©l o el pater castigaran a la mujer en conformidad a las facultades que les reconoc√≠a el ordenamiento jur√≠dico. Vencido este plazo, para que el crimen no quedara impune, la acci√≥n popular estaba abierta a cualquiera. De esta forma, el esc√°ndalo sancionaba a los maridos demasiado indulgentes. Constantino, tres siglos despu√©s intent√≥ volver a la vieja reglamentaci√≥n. Finalmente, Justiniano reemplazo la pena de muerte por la reclusi√≥n de la mujer en un monasterio, de donde pod√≠a salir, en caso de perd√≥n del marido, al cabo de dos a√Īos.

En el matrimonio romano, nos dice Valencia, s√≥lo la mujer es responsable por infidelidad sexual. El marido, en cambio, no lo es: su infidelidad √ļnicamente se ten√≠a en cuenta como eximente o atenuante del adulterio de la mujer.

  • El marido es a quien corresponde la defensa de la mujer y en ese sentido tiene derecho de perseguir con la actio in iuriarum las ofensas que le fueran infligidas a la mujer.
  • Los c√≥nyuges no pueden ejercer el uno contra el otro acciones que conlleven pena infamante, ni las sustracciones entre ellos son consideradas como hurto, o por lo menos se excluye, por regla general y salvo situaciones especiales, la acci√≥n de hurto. En todo caso, el c√≥nyuge afectado puede ejercitar mientras dura el matrimonio una condictio sine causa; y despu√©s del matrimonio puede ejercer una actio rerum anotarum para recuperar la posesi√≥n de las cosas sustra√≠das durante el matrimonio.
  • A fines de la √©poca cl√°sica se reconoce al marido el derecho a exigir que la comunidad conyugal de vida sea respetada por todos. As√≠, s√≠ un tercero retiene a la mujer, puede mediante un interdicto especial llamado uxore exhibenda et ducenda exigir la exhibici√≥n y entrega. Adem√°s dispone de una exceptio para rechazar un interdicto de reclamaci√≥n interpuesto por el pater familias de ella. En todo caso, todav√≠a al comienzo de la √©poca imperial el pater que hubiese conservado la potestad sobre su hija, pod√≠a en todo momento exigir al marido la entrega de la misma, interdicto liberis exhibenda et ducenda, pero m√°s tarde, Antonino P√≠o permiti√≥ al marido oponerse a las pretensiones del pater haciendo valer la excepci√≥n (defensa) de ser la convivencia marital arm√≥nica e injustificada la reclamaci√≥n de aqu√©l.
  • Marido y mujer deben cohabitar y la mujer tiene por casa a la del marido, siendo ese su domicilio.
  • La mujer asum√≠a la condici√≥n social de su marido.

Véase también

Referencias

Notas

  1. ‚ÜĎ [D‚ÄôOrs, Alvaro. Derecho Romano Privado. Universidad de Navarra, Pamplona, 1981]
  2. ‚ÜĎ [Bernad Mainar, Rafael. Derecho romano; familia y sucesiones. Universidad cat√≥lica Andr√©s Bello, Venezuela, 2000]
  3. ‚ÜĎ Justiniano en Institutas 1,9,1.

Bibliografía

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