José Calvo Sotelo

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José Calvo Sotelo
Escultura que representa a Jos√© Calvo Sotelo. Realizada por Carlos Ferreira. Altura: 4,20 metros. Detalle del monumento erigido en Madrid (Espa√Īa) en 1960, proyectado por el arquitecto Manuel Manzano Mon√≠s y el escultor Carlos Ferreira.

Jos√© Calvo Sotelo (Tuy, Pontevedra, 6 de mayo de 1893 ‚Äď Madrid, 13 de julio de 1936) fue un pol√≠tico y jurisconsulto espa√Īol, ministro de Hacienda entre 1925 y 1930 (durante la Dictadura de Primo de Rivera). En un exilio autoimpuesto evit√≥ ser juzgado por sus responsabilidades como ministro de la dictadura durante los primeros a√Īos de la Segunda Rep√ļblica, no obstante fue elegido diputado en todas las legislaturas, incorpor√°ndose a su esca√Īo tras una amnist√≠a durante el bienio radical-cedista en 1934. Destac√≥ como l√≠der de las fuerzas que pretend√≠an la instauraci√≥n de una monarqu√≠a autoritaria corporativista,[1] a trav√©s del partido Renovaci√≥n Espa√Īola, aunque no mantuvo muy buena relaci√≥n con las otras fuerzas de la derecha: la mayoritaria, partidaria de contemporizar con la Rep√ļblica (CEDA) y las m√°s pr√≥ximas al fascismo, como Falange Espa√Īola.

En el tenso periodo entre febrero y julio de 1936, protagoniz√≥ varios debates en las Cortes en los que pidi√≥ al Gobierno que restableciese el orden p√ļblico, a su juicio totalmente quebrado, reclamando que en caso contrario tal tarea fuera asumida por el Ej√©rcito. En la madrugada del 13 de julio de 1936 un grupo de guardias de Asalto y de militantes socialistas le detuvo ilegalmente en su domicilio y le asesin√≥. Este suceso fue el que provoc√≥ que el general Francisco Franco decidiese unirse al golpe de Estado que desde hac√≠a tiempo se preparaba contra la Rep√ļblica.[2] En la dictadura fue honrado como Protom√°rtir de la Cruzada[3] [4] o Protom√°rtir del Movimiento Nacional.[5]

Contenido

Infancia y juventud

Hijo de un juez, Pedro Calvo y Camina, y de Elisa Sotelo Lafuente, la profesión de su padre hizo que tuviera que cambiar frecuentemente de residencia durante su infancia y primera juventud. Durante su estancia en Zaragoza, en cuya universidad se licenció en Derecho con nota media de matrícula de honor, José Calvo Sotelo colaboró asiduamente en el diario católico El Noticiero y fundó una revista universitaria titulada La Es...coba, que sólo pervivió unos meses. Un nuevo traslado de su padre, esta vez a Madrid, le permitió doctorarse en la Universidad Central con una tesis titulada El abuso del derecho como limitación del derecho subjetivo, publicada en 1917 con prólogo de Gumersindo de Azcárate y posteriormente utilizada en 1942 por el Tribunal Supremo de la dictadura franquista.

Recibi√≥ el premio extraordinario de doctorado junto con Felipe S√°nchez Rom√°n, siendo invitado por el pol√≠tico conservador √Āngel Ossorio y Gallardo a escribir en Vida Ciudadana, √≥rgano del maurismo en el Ateneo de Madrid. Su entrada en el Ateneo le permiti√≥ tomar parte activa en los debates que all√≠ se celebraron, manteniendo fuertes pol√©micas con personajes como √Āngel Galarza y Manuel Aza√Īa, con quienes volver√≠a a debatir, esta vez en el Parlamento, durante los √ļltimos meses de su vida. A partir de aqu√≠ Calvo particip√≥ en diversos m√≠tines y actividades mauristas, siendo uno de los principales impulsores de su mutualidad obrera y plasmando su preocupaci√≥n sobre el tema en un folleto titulado El proletariado ante el socialismo y el maurismo.

En 1915, obtuvo por oposici√≥n una plaza de oficial letrado del Ministerio de Gracia y Justicia. En junio de 1916 sac√≥ la oposici√≥n de abogado del Estado, con el n√ļmero uno de su promoci√≥n y una puntuaci√≥n sin precedentes (40 puntos). Desde 1917 fue profesor auxiliar en la Universidad Central, en la que ces√≥, a petici√≥n propia, en 1920. Durante el corto periodo que permaneci√≥ en Toledo como abogado del Estado conoci√≥ a Enriqueta Grondona, con la que contrajo matrimonio el 28 de junio de 1918.

Miembro de la secretar√≠a personal de Antonio Maura durante el gobierno de concentraci√≥n que √©ste presidi√≥ en 1918 (el denominado Gobierno Nacional, mayo-noviembre de 1918), Calvo Sotelo trabaj√≥ entonces en un ambicioso proyecto de reforma del r√©gimen local, que no lleg√≥ a ser debatido, pero que le servir√≠a m√°s tarde, durante la Dictadura de Primo de Rivera. Tras un primer fracaso electoral en los comicios de 1918, que le permiti√≥ ver como funcionaba el caciquismo en Galicia, en 1919 obtuvo acta de diputado por Carballino (Orense), distingui√©ndose en las Cortes por sus duras cr√≠ticas contra el caciquismo y su preocupaci√≥n por los problemas sociales. Este mismo a√Īo firm√≥ el manifiesto de la Democracia Cristiana, promovido por Severino Aznar, consiguiendo que su programa social fuera recogido por el maurismo.

La crisis de Gobierno de diciembre de 1920 y la convocatoria de nuevas elecciones hicieron que Calvo Sotelo perdiera su acta en unas re√Īid√≠simas elecciones en que el Gobierno no dud√≥ en desautorizar el testimonio presencial de varios notarios para favorecer a su candidato. Sin embargo, el asesinato de Eduardo Dato y el desastre de Annual volvieron a cambiar el panorama pol√≠tico, y Maura volvi√≥ a la presidencia del Consejo en agosto de 1921, nombrando el 3 de septiembre a Calvo Sotelo gobernador civil de Valencia, puesto en el que permaneci√≥ hasta el 11 de abril de 1922. Un nuevo intento electoral por el distrito de Noya en 1923 no obtuvo mejores resultados que el anterior.

Calvo Sotelo y la Dictadura de Primo de Rivera

Con la toma del poder por parte de Primo de Rivera y tras previa autorización de Maura, Calvo Sotelo aceptó ser nombrado Director General de la Administración, cargo del que tomó posesión el 22 de diciembre de 1923. Los argumentos regeneracionistas utilizados por Primo de Rivera para derribar el régimen parlamentario encontraron eco en los planteamientos políticos de Calvo Sotelo:

Mis convicciones pol√≠ticas son democr√°ticas. Cre√≠a y creo en la necesidad del Parlamento; cre√≠a y creo en el Sufragio, pero, precisamente por eso, abominaba del r√©gimen pol√≠tico imperante. R√©gimen que representaba un escarnio del Parlamento, una prostituci√≥n del sufragio... Y cuando el general Primo de Rivera irrumpi√≥ en la vida p√ļblica espa√Īola, vi en √©l un factor providencial de saneamiento. Este hombre -pens√©- viene a hundir para siempre los viejos procedimientos.


¬ŅQu√© importa el medio? Ayud√©mosle.
Jos√© Calvo Sotelo: Mis servicios al Estado, Madrid, imprenta cl√°sica espa√Īola, 1931, p. 7

Director General de la Administración

La obra m√°s significativa de Calvo Sotelo como director general de la Administraci√≥n fue el Estatuto Municipal, publicado el 8 de marzo de 1924, fruto de la concepci√≥n que Calvo Sotelo ten√≠a del Municipio como "hecho social de convivencia anterior al Estado y anterior tambi√©n, y adem√°s superior, a la ley. Esta ha de limitarse, por tanto, a reconocerlo y ampararlo en funci√≥n adjetiva [...] Afirma, pues, el nuevo Estatuto, la plena personalidad de las entidades municipales, y, en consecuencia, reconoce su capacidad jur√≠dica integral en todos los √≥rdenes del derecho y de la vida". Adem√°s, siempre seg√ļn Calvo Sotelo, "el Estatuto descansa en una concepci√≥n optimista del pueblo espa√Īol. La ley derogada, con su criterio centralizador y absorbente, opon√≠a al ciudadano un muro muchas veces infranqueable. Rota la traba, las energ√≠as locales, antes cohibidas, podr√°n ahora desenvolverse ampliamente."

El Estatuto tenía tres aspectos fundamentales:

  1. El deseo de democratizar la vida local. Para ello se rebajaba el voto a los 23 a√Īos; se establec√≠a la representaci√≥n proporcional en los ayuntamientos; se otorgaba el voto a las mujeres emancipadas y cabezas de familia ("entre todas las innovaciones del Estatuto acaso sea esta la m√°s interesante y trascendental", afirmar√≠a Calvo Sotelo, que no consigui√≥ que el Directorio Militar reconociese el derecho a votar de todas las mujeres, pero que consideraba que lo importante era haber logrado dar el primer paso); se garantizaba el secreto del voto mediante cabinas; se establec√≠a el refer√©ndum municipal para ciertas cuestiones, incluida la remoci√≥n del alcalde... No obstante, no todos los concejales se eleg√≠an por sufragio, sino que propon√≠a que una tercera parte de los concejales fuesen corporativos.
  2. El aumento de las competencias y obligaciones de los municipios, que pod√≠an organizarse seg√ļn lo desearan, optando por f√≥rmulas que iban desde el concejo abierto al r√©gimen de carta. Los municipios podr√≠an mancomunarse libremente incluso aunque pertenecieran a distintas provincias, y tambi√©n fusionarse o separarse con permiso de las respectivas diputaciones provinciales. Entre sus nuevas competencias se hallaba la capacidad para construir ferrocarriles, abordar empresas urban√≠sticas, "acordar la municipalizaci√≥n, incluso con monopolio, de servicios y empresas que hoy viven en un r√©gimen de libertad industrial", a cuyo efecto se permitir√≠an las oportunas expropiaciones. Entre sus obligaciones se recog√≠a la de secundar las leyes sociales sobre casas baratas, retiro obrero y seguros de enfermedad; la de facilitar locales para escuelas y vigilar la asistencia a la misma, as√≠ como el cuidado de la higiene, la repoblaci√≥n forestal, etc.
  3. La reforma de la Hacienda municipal, desarrollada por Antonio Flores de Lemus, que preve√≠a la formaci√≥n de presupuestos extraordinarios para impulsar iniciativas de inter√©s p√ļblico, permitiendo a los ayuntamientos la emisi√≥n de deuda para hacerles frente. Al mismo tiempo se aumentaban sus recursos ordinarios y se creaba un arbitrio sobre los terrenos incultos o deficientemente cultivados.

El Estatuto, sin embargo, se vio en buena medida adulterado por el hecho de que las disposiciones relativas a la elección de los miembros de la corporación municipal nunca llegaron a ponerse en práctica.

Un a√Īo m√°s tarde, el 20 de marzo de 1925, se promulgaba el Estatuto Provincial, que contemplaba la provincia no como una circunscripci√≥n al servicio del Estado, sino al servicio de los ayuntamientos que la integraban. Se limitaba el poder de los gobernadores civiles y los ayuntamientos pod√≠an llegar a disolver las diputaciones provinciales. En la parte electoral y hacend√≠stica se segu√≠an las pautas marcadas por el Estatuto Municipal.

Dentro del Estatuto Provincial, se hallaba un t√≠tulo dedicado a la Regi√≥n, que fue aprobado merced a la insistencia de Calvo Sotelo, pues Miguel Primo de Rivera hab√≠a reaccionado en sentido unitario, olvid√°ndose de sus iniciales proclamas regionalistas, que le hab√≠an valido en 1923 la adhesi√≥n entusiasta de los catalanes (Primo de Rivera hab√≠a disuelto en 1925 la Mancomunidad de Catalu√Īa, √ļnico √≥rgano administrativo supraprovincial desarrollado al amparo de la Ley de Mancomunidades Provinciales aprobada por Dato en 1913). Seg√ļn el texto, para constituir una regi√≥n era necesario que la iniciativa fuera apoyada por las tres cuartas partes de los ayuntamientos que representasen al menos las tres cuartas partes de la poblaci√≥n de las provincias interesadas, tras lo cual el proyecto de estatuto tendr√≠a que ser ratificado por la misma mayor√≠a, y pasar√≠a al Gobierno para su redacci√≥n definitiva, en la que contar√≠a con la asistencia del Consejo de Estado. Sus atribuciones ser√≠an las del Estado "que no sean consubstanciales con su soberan√≠a" y tuviesen √°mbito regional. Cada Regi√≥n contar√≠a con su propia asamblea deliberante, cuyas tres cuartas partes, como m√≠nimo, habr√≠an de ser elegidas por sufragio universal. Se garantizaba la jurisdicci√≥n del Tribunal Supremo de la Naci√≥n en todos los asuntos de √≠ndole civil y penal, as√≠ como la acci√≥n p√ļblica gratuita para reclamar contra los actos administrativos de la Regi√≥n. El Gobierno podr√≠a disolver una Regi√≥n por causas graves de orden p√ļblico o seguridad nacional, si bien esta medida deber√≠a ser ratificada por las Cortes.

En cualquier caso, y aunque alababa los √≠mpetus regionalistas que ve√≠a ya desarrollarse en Valencia y Galicia, Calvo Sotelo mostrar√≠a posteriormente en la p√°gina 73 de Mis servicios al Estado (1931) su rechazo absoluto a cualquier veleidad federalista que pusiese en duda la unidad de Espa√Īa:

¬°Ay de Espa√Īa si bajo la apariencia exquisita e inofensiva muerde la hiel del encono y toma ra√≠ces un af√°n federalista que puede concebirse all√≠ donde, por preexistir la desintegraci√≥n, importa mucho vincular y hermanar, pero que suena a dislate donde, preexistiendo la unidad, no cabe federar sin previa fractura, que probablemente no tendr√≠a luego soldadura espiritual ni f√≠sica!

Ministro de Hacienda

Calvo Sotelo fue nombrado ministro de Hacienda en diciembre de 1925. Su apoyo a los cuerpos t√©cnicos y administrativos de Hacienda consigui√≥ aumentar su eficacia. El 24 de diciembre de 1925 present√≥ ante el Consejo de Ministros tres proyectos de decreto destinados a perseguir el fraude fiscal, el m√°s famoso de los cu√°les fue el que dispon√≠a que todos los propietarios deb√≠an declarar en tres meses el valor verdadero de sus fincas r√ļsticas y urbanas. Pasado dicho plazo, si se comprobaba que el valor declarado era inferior en m√°s de un 50 por ciento al real, el Estado podr√≠a proceder a la expropiaci√≥n forzosa mediante el pago de una indemnizaci√≥n que no podr√≠a exceder del valor declarado por los propietarios en m√°s de un 15 por ciento. La polvareda levantada por tal proyecto de decreto fue inmensa, haciendo que a Calvo Sotelo se le llamar√° el "ministro bolchevique". Primo de Rivera se vio tan presionado que opt√≥ por dar marcha atr√°s, pero se neg√≥ a aceptar la dimisi√≥n de Calvo, que defendi√≥ su punto de vista en un discurso pronunciado en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislaci√≥n bajo el t√≠tulo La contribuci√≥n y la riqueza territorial de Espa√Īa. Un real decreto de 25 de junio de 1926, que aument√≥ los tipos impositivos de la contribuci√≥n territorial, pero sin aumentar sus bases, puede considerarse una soluci√≥n de compromiso, que permiti√≥ aumentar la recaudaci√≥n por este concepto de 161 millones de pesetas en 1923-1924 a 210 en 1929.

El 18 de enero de 1927 Calvo Sotelo publicaba en La Gaceta de Madrid su proyecto de reforma fiscal, sobre el que se abri√≥ un plazo informativo de tres meses. El "Impuesto sobre rentas y ganancias", precedente directo del actual IRPF, gravaba a todos los contribuyentes seg√ļn sus ingresos, conforme a una escala progresiva, pues se buscaba la igualdad del sacrificio, que, para Calvo Sotelo, "es la verdadera esencia, la m√©dula, la ra√≠z, de la equidad y de la justicia tributaria".[6] Al igual que en otras ocasiones, el debate suscitado hizo que Calvo Sotelo no lograse llevar a cabo sus designios, aunque s√≠ pudo efectuar varios retoques en las vigentes tarifas de utilidades.

A pesar de que s√≥lo pudo llevar a cabo una peque√Īa parte de sus proyectos fiscales, Francisco Com√≠n, cuyas estimaciones son considerablemente m√°s bajas que las de Velarde, destaca que "un alza del 26 por 100 en la presi√≥n fiscal en 5 a√Īos no es un suceso com√ļn; t√©ngase presente que entre 1930 y 1935 la presi√≥n fiscal solamente creci√≥ en un 3,9 por 100". Y a√Īade, "el incremento de la presi√≥n fiscal en el periodo de Calvo Sotelo fue mayor que el que ocurri√≥ durante la Rep√ļblica."[7]

Si la pol√≠tica de Primo de Rivera hubiera sido una pol√≠tica de contenci√≥n del gasto p√ļblico, tal vez la mayor eficacia recaudatoria y el moderado aumento de la presi√≥n fiscal hubieran sido suficientes para equilibrar el presupuesto. Pero no era este el caso. El gobierno se hallaba embarcado en una pol√≠tica expansiva que, junto a sus posibles efectos positivos a la hora de impulsar la econom√≠a nacional y crear empleo, supuso un fuerte aumento de los gastos. Era pues necesario conseguir mayores ingresos y para ello los medios puestos en marcha fueron los siguientes: a) ordenaci√≥n de la Deuda existente; b) financiaci√≥n del ahorro p√ļblico con emisiones de fondos p√ļblicos; c) creaci√≥n de un sistema bancario de tipo p√ļblico especializado; d) fomento del ahorro con una completa consolidaci√≥n de la alta Banca privada espa√Īola.[8]

El instrumento primordial de que se sirvi√≥ el gobierno para poner en marcha un ambicioso plan de obras y servicios que deb√≠a desarrollarse hasta diciembre de 1936 fue la emisi√≥n de deuda p√ļblica a trav√©s del denominado presupuesto extraordinario. Su planteamiento te√≥rico era muy sencillo. El atraso en que se encontraba Espa√Īa obligaba al Estado a emprender un ambicioso plan de inversiones que permitiera dotar al pa√≠s, con la m√°xima rapidez posible, de caminos, escuelas, ferrocarriles, escuadra, etc. No atender dichas necesidades ser√≠a, en opini√≥n de Calvo Sotelo, conseguir "la solvencia de la ruina, y digo la ruina, porque cuando se suprime lo indispensable para la vida, muere el ser que as√≠ aspira a ser solvente".[9] Ahora bien, los gastos que tal pol√≠tica supon√≠a desbordaban con mucho los ingresos ordinarios del fisco. Por tanto, la soluci√≥n que se planteaba era crear un presupuesto adicional, en el que se consignar√≠an los gastos a que diese lugar esta pol√≠tica, y a cuyas necesidades se har√≠a frente mediante la emisi√≥n de deuda, contabiliz√°ndose los intereses de la misma dentro de los pagos del presupuesto ordinario. La pol√©mica en torno al presupuesto extraordinario y a la correcta interpretaci√≥n econ√≥mica del mismo se inici√≥ en el momento de su creaci√≥n y ha llegado hasta nuestros d√≠as. El hecho de que el presupuesto extraordinario se financiase por medio de emisiones de deuda ha creado tambi√©n una pol√©mica sobre si el estado en que recibi√≥ la Hacienda P√ļblica Calvo Sotelo fue mejor o peor que aquel en que la leg√≥ a sus sucesores (considerando que durante su estancia en el Ministerio tambi√©n llev√≥ a cabo una importante amortizaci√≥n de la deuda de periodos anteriores). El tema ha sido estudiado con detenimiento por Francisco Com√≠n, que concluye que el estado de la Hacienda al finalizar la dictadura era mucho mejor que el recibido por √©sta.[10]

"Dentro del marco, un tanto negativo, de la pol√≠tica industrial y comercial de la Dictadura, aparece un punto evidentemente luminoso: la creaci√≥n del Monopolio de Petr√≥leos", se√Īala el profesor Velarde al referirse a una de las en su d√≠a m√°s criticadas iniciativas de Calvo Sotelo.[11] La medida dio lugar a episodios como la visita a Calvo Sotelo y a Primo de Rivera de Sir Henry Deterding, presidente del grupo Shell, con el fin de conseguir que el gobierno espa√Īol diese marcha atr√°s en su resoluci√≥n (al no conseguirlo amenaz√≥ con un embargo de petr√≥leo que dejar√≠a Espa√Īa sin suministros en uno o dos a√Īos, amenaza que pudo eludirse gracias a los acuerdos que la dictadura firm√≥ con la Uni√≥n Sovi√©tica). El prop√≥sito de Calvo Sotelo no era √ļnicamente la creaci√≥n de un monopolio mediante el que el Estado se quedase con los beneficios de la distribuci√≥n de combustible, sino que sus objetivos iban m√°s all√°, considerando que la CAMPSA deb√≠a acometer otras actividades, como la adquisici√≥n de yacimientos petrol√≠feros, la construcci√≥n de una flota de petroleros, la puesta en marcha de refiner√≠as, etc.

La creaci√≥n de un sistema bancario de tipo p√ļblico especializado fue otro de los objetivos perseguidos por Calvo Sotelo durante su permanencia en el Ministerio de Hacienda. Dentro de las iniciativas desarrolladas en este aspecto, sin duda la m√°s importante fue el Banco Exterior de Espa√Īa ("Una de las obras de que m√°s me ufano", como escribir√≠a posteriormente), aunque tambi√©n hay que citar el Banco de Cr√©dito Local, surgido antes de esta etapa, en 1925, o las reformas efectuadas en el Banco Hipotecario y el Banco de Cr√©dito Industrial. Tambi√©n a √©l se debe la implantaci√≥n del seguro contra las p√©rdidas que pudiera ocasionar la exportaci√≥n de mercanc√≠as espa√Īolas, para lo que se armoniz√≥ la acci√≥n de las compa√Ī√≠as de seguros, el Banco Exterior y el Estado.

M√°s pol√©mica que estas medidas fue el intento de Calvo Sotelo de mantener la cotizaci√≥n de la peseta, que tras haber incrementado notablemente su valor durante los primeros a√Īos de la Dictadura, inici√≥ un r√°pido descenso tan pronto como √©sta pareci√≥ empezar a tener problemas pol√≠ticos, pues uno de los grandes problemas de la Dictadura fue su falta de consolidaci√≥n institucional. Primo de Rivera hab√≠a presentado el r√©gimen como una forma de gobierno provisional, "una letra a noventa d√≠as‚ÄĚ, que hab√≠a ido renov√°ndose, pero que no hab√≠a dado lugar a una nueva configuraci√≥n del Estado. La Constituci√≥n de 1876 no hab√≠a sido derogada ‚ÄĒtan s√≥lo suspendida‚ÄĒ, y los intentos del r√©gimen de dotarse de una nueva carta constitucional fueron est√©riles ante la oposici√≥n que encontr√≥ dentro del mismo ministerio el proyecto elaborado por la Asamblea Nacional. La f√≥rmula en que deb√≠a hallarse una salida pol√≠tica que permitiera la consolidaci√≥n y continuaci√≥n de la obra de la Dictadura dio lugar en diciembre de 1929 a duros enfrentamientos entre Miguel Primo de Rivera y Jos√© Calvo Sotelo, que cre√≠a que todo lo que se hiciera deb√≠a hacerse conforme a los mecanismos pol√≠ticos de la Constituci√≥n de 1876. El resultado de estas disensiones, y del desgaste sufrido por Calvo Sotelo ante la opini√≥n p√ļblica como consecuencia de la depreciaci√≥n de la peseta, un 60% durante su ministerio, fue que el 20 de enero de 1930 el dictador admiti√≥ su renuncia. El r√©gimen tan s√≥lo le sobrevivi√≥ una semana, pues el 28 de enero Primo de Rivera presentaba su renuncia al rey Alfonso XIII.

El √ļltimo a√Īo de la Monarqu√≠a

Uno de los episodios que ha pasado m√°s desapercibido de la trayectoria de Jos√© Calvo Sotelo es el periodo en que desempe√Ī√≥ la presidencia del Banco Central, a la que fue llamado el 18 de febrero de 1930. La empresa pasaba por entonces por momentos problem√°ticos, debidos, entre otras cosas, a los elevados pr√©stamos efectuados a personas que ten√≠an problemas para devolverlos, y que se sentaban en el consejo de administraci√≥n de la entidad bancaria. Finalmente, y tras no lograr hacer que prevaleciesen sus puntos de vista, Calvo Sotelo dimiti√≥ el 15 de septiembre.

Paralelamente, el sucesor de Calvo Sotelo al frente del Ministerio, Manuel Arg√ľelles, realiz√≥ una dur√≠sima cr√≠tica de su gesti√≥n y procedi√≥, seg√ļn las reglas de la econom√≠a cl√°sica, a paralizar las inversiones del Estado para tratar de enjugar el d√©ficit. El resultado fue un significativo frenazo de la actividad econ√≥mica espa√Īola que ha hecho que para Garc√≠a Delgado el "error Arg√ľelles" pueda considerarse "m√°s importante que cualquier pretendido ¬ęerror Berenguer¬Ľ o ¬ęerror Aznar¬Ľ". Este cambio de pol√≠tica provoc√≥ una controversia period√≠stica entre ministro y ex ministro, publicada en ABC, y recogida por Calvo Sotelo en Mis servicios al Estado.

La feroz cr√≠tica contra toda la labor de la Dictadura influy√≥ sin duda en que en fecha tan temprana como el 14 de febrero de 1930 siete ex ministros de Primo de Rivera, entre los que se encontraban el conde de Guadalhorce y Calvo Sotelo, se reuniesen para estudiar la posibilidad de crear un partido pol√≠tico que defendiese y continuase su obra. A mediados de marzo Calvo Sotelo se entrevistaba con Primo de Rivera en Par√≠s logrando al parecer convencerle de que se presentara a las pr√≥ximas elecciones. Mas no hubo ocasi√≥n, pues el ex dictador falleci√≥ a la ma√Īana siguiente, asistiendo Calvo Sotelo al funeral y publicando en ABC un elogioso art√≠culo en su memoria. El 24 de marzo, en una nueva reuni√≥n de varios ex ministros, a la que se sumaron Jos√© Antonio Primo de Rivera, hijo del ex dictador, y Jos√© Gavil√°n, presidente del comit√© ejecutivo de la Uni√≥n Patri√≥tica, se decidi√≥ la creaci√≥n de la Uni√≥n Mon√°rquica Nacional, cuyo manifiesto fundacional apareci√≥ el 5 de abril. Tras se√Īalar que "nuestra adhesi√≥n a la obra de la Dictadura, en lo sustantivo, no implica adhesi√≥n a esa modalidad de Gobierno", se conclu√≠a afirmando: "la Uni√≥n Mon√°rquica Nacional juzga necesarias aquellas modificaciones legales que, sin merma de las prerrogativas y funciones propias de las Cortes y el Rey, tienden a robustecer el ejercicio del Poder ejecutivo".

En el verano de 1930 la Uni√≥n Mon√°rquica Nacional se lanz√≥ a una campa√Īa de movilizaci√≥n social sin parang√≥n dentro de los partidos din√°sticos. Calvo Sotelo particip√≥ en los actos que se desarrollaron en Asturias y Galicia, en los que habl√≥ en compa√Ī√≠a de Jos√© Antonio Primo de Rivera, sin que conste que en aquellas fechas hubiera la menor diferencia entre ellos. Ambos se hallaban dentro de la lista de 28 diputados que Guadalhorce deseaba pactar con Berenguer de cara a las siguientes elecciones a Cortes, elecciones que no llegaron a producirse por la ca√≠da del Gobierno Berenguer y las consiguientes elecciones municipales, donde las candidaturas republicanas se hicieron con el triunfo en las grandes ciudades. En la tarde del 14 de abril, despu√©s de que el pueblo izara la bandera republicana en el ayuntamiento de Madrid, Calvo Sotelo abandon√≥ la capital con direcci√≥n a Portugal, cuya frontera cruz√≥ en la ma√Īana del d√≠a 15 en compa√Ī√≠a de Yang√ľas Mess√≠a y Guadalhorce.[12]

Segunda Rep√ļblica

El exilio (abril de 1931 ‚Äď mayo de 1934)

Entrevistado por el lisboeta Diario da Manha en mayo de 1931, pocos d√≠as despu√©s de la quema de conventos y edificios religiosos en Madrid y otras localidades espa√Īolas, Calvo Sotelo no cre√≠a entonces en la posibilidad de una restauraci√≥n mon√°rquica, pero mostr√≥ su preocupaci√≥n por el ataque, que atribuy√≥ a una hostilidad del r√©gimen republicano contra la Iglesia Cat√≥lica: "Es grande, profundo en Espa√Īa, el sentimiento cat√≥lico. Si la rep√ļblica persiste en hostilizarlo, se le ocasionar√°n enormes dificultades." Declar√≥ tambi√©n como una de sus preocupaciones que el nuevo parlamento se convirtiera en una c√°mara radical y sectaria: "Si en el Parlamento espa√Īol llegan a dominar los elementos extremistas, surgir√°n d√≠as tr√°gicos para Espa√Īa. Y eso es indispensable impedirlo, cueste lo que cueste [...] Los exclusivismos en pol√≠tica conducen siempre a las hecatombes." En cuanto a la posibilidad de volver a Espa√Īa no se la planteaba de manera inmediata, pues los dos ministros de la Dictadura que hab√≠an permanecido en Espa√Īa hab√≠an sido presos, seg√ļn Calvo Sotelo, "no por mandato judicial, sino Gubernativamente".

Pese a no querer regresar, Calvo Sotelo se present√≥ a las elecciones de junio de 1931 por la provincia de Orense, siendo el √ļnico diputado mon√°rquico o de derechas elegido en esa circunscripci√≥n. Su manifiesto a los electores resume su posicionamiento pol√≠tico ante la Rep√ļblica:

Soy cat√≥lico, y creo que, por serlo los m√°s de los espa√Īoles, 'el Estado debe sostener el culto y el clero'. [...] Nada objeto a la libertad de cultos ya decretada, siempre que para la Iglesia sea libertad y no persecuci√≥n. As√≠, habr√° de reconoc√©rsele: a)el derecho de ense√Īar y propagar la palabra de Dios; b)el de organizarse en Congregaciones sin l√≠mite que no sean el com√ļn. Votar√©, por tanto, 'contra la escuela laica, la escuela √ļnica y la disoluci√≥n y expulsi√≥n de las √≥rdenes religiosas'. Finalmente, creo que la indisolubilidad del matrimonio, si adolece de inconvenientes notorios, libera, en cambio, a la sociedad de males grav√≠simos. 'Votar√© contra el divorcio disolutorio'.

Soy avanzado en materia social y econ√≥mica, mas no profeso el marxismo; [...] porque estimo esencial para el progreso humano el desenvolvimiento y difusi√≥n de la propiedad privada, y, en √ļltimo t√©rmino, porque hallo vital e insustitu√≠ble el fervor religioso en la ordenaci√≥n econ√≥mica de la vida social. Pero frente a la propiedad hay que exaltar, como fuente suprema de derechos y prerrogativas, otro principio: el trabajo.

El impuesto progresivo sobre la renta, la universalización -en riesgos y beneficios- del seguro social, el salario familiar, los arrendamientos colectivos de las fincas, el accionariado obrero, la limitación de los poderes financieros oligárquicos, etc., son postulados de mi ideología [...]

Yo no he votado la Rep√ļblica, pero la quiso la mayor√≠a de mis compatriotas, y la respeto [...] Pero 'desde fuera', debo opinar acerca de la estructuraci√≥n de la naciente Rep√ļblica, y anuncio que votar√© a favor de la Rep√ļblica de tipo "presidencialista", en que el jefe del Estado sea elegido por sufragio universal directo, y el Parlamento, por grandes circunscripciones y conforme al sistema de la representaci√≥n proporcional, en su C√°mara popular, y por los intereses espirituales, econ√≥micos y profesionales del pa√≠s, en su C√°mara alta.

No admito la Confederación. El Federalismo me parece inadecuado. 'Estimo sagrada la unidad patria, pero compatible con ella la autonomía regional', sobre la que habla, con autoridad notoria, un texto legal que yo redacté: el libro III del Estatuto provincial, que admite la región [...] y la define con enorme amplitud al reconocerle todas las atribuciones que el Estado no deba reservarse 'consustanciales con su soberanía'.

A esos preceptos me ci√Īo: Naci√≥n, s√≥lo una: Espa√Īa; Estado, s√≥lo uno: el espa√Īol. Y dentro de √©l las regiones que se quiera, con autonom√≠a plena, intensa y profunda, pero sin romper jam√°s el cord√≥n umbilical que debe unirlas a la madre patria.
Publicado originalmente en La Regi√≥n, 21-VI-1931 y recogido por Juli√°n Soriano Flores de Lemus: Calvo Sotelo ante la II Rep√ļblica. Madrid, Editora Nacional, 1975, pp. 156-158.

Calvo ten√≠a grandes esperanzas de poder regresar a Espa√Īa en virtud de su acta de parlamentario, pues hasta la fecha la elecci√≥n en sufragio indultaba de cualquier posible delito pol√≠tico, como hab√≠a ocurrido tras las elecciones de 1918 con Besteiro (presidente de las Cortes de 1931) y Largo Caballero (miembros del comit√© revolucionario en la huelga general de 1917 y condenados a cadena perpetua). El asunto se discuti√≥ en el Consejo de Ministros, donde Niceto Alcal√° Zamora, Manuel Aza√Īa, Diego Mart√≠nez Barrio y Francisco Largo Caballero quedaron en minor√≠a al sustentar la doctrina de que no deb√≠a prenderse a un diputado, acord√°ndose que fueran finalmente las Cortes quienes decidiesen, para lo cual se cre√≥ la Comisi√≥n de Responsabilidades, un tribunal especial compuesto por diputados para juzgar a quienes hab√≠an colaborado con la Dictadura, hecho que no fue bien recibido por Calvo Sotelo, que cre√≠a que las responsabilidades que pudiera haber deber√≠an ser juzgadas por un tribunal compuesto por magistrados. A partir de aqu√≠ la postura de Calvo hacia el nuevo r√©gimen se endureci√≥ m√°s a√ļn, y no tard√≥ en comenzar a hablar de "la Dictadura republicana", pues en su opini√≥n las dictaduras "no se definen por el √≥rgano, sino por el procedimiento".

Adem√°s de por su posibles responsabilidades como ministro, Calvo Sotelo fue objeto de un segundo suplicatorio en las Cortes, pues se le denunci√≥ por haber concedido a Juan March el monopolio de tabacos en las plazas de soberan√≠a espa√Īola de √Āfrica. Calvo Sotelo se hab√≠a opuesto p√ļblicamente a la existencia de este monopolio, que al final se adjudic√≥ por decisi√≥n de Primo de Rivera. Adem√°s, como puso de manifiesto Gil-Robles en la sesi√≥n secreta de las Cortes de 8 de junio de 1932 el canon impuesto por Calvo Sotelo a March era mayor que el que el nuevo ministro de Hacienda, Prieto, acababa de imponer al nuevo concesionario, con lo que mal pod√≠a plantearse que con aquel contrato se hubiese perjudicado a los intereses del Estado. En el fondo el ataque en esta ocasi√≥n no iba dirigido contra Calvo Sotelo, sino contra March, que acab√≥ siendo encarcelado, acusado de haber utilizado el monopolio para efectuar contrabando de tabaco, a gran escala, en la pen√≠nsula. Condenado por un delito de "auxilio a la alta traici√≥n", fue condenado a doce a√Īos de confinamiento en Santa Cruz de Tenerife y veinte de inhabilitaci√≥n, con p√©rdida de derechos pasivos. Calvo Sotelo, que hab√≠a publicado anteriormente su defensa en Al Tribunal Parlamentario de Responsabilidades, tom√≥ de nuevo la pluma para mostrar la preocupaci√≥n que sent√≠a ante el deterioro que, a su juicio, estaba sufriendo la convivencia pol√≠tica entre los espa√Īoles:

De fraternidad es testimonio este folleto, como es inri el fallo que lo motiva. En una fraternidad cristiana y generosa estriba la futura felicidad espa√Īola. Pero esa fraternidad no cuenta para los hombres fr√≠os e implacables que ahora dominan. Sus plumas enconadas mojan en toda suerte de hieles: la hiel de la envidia, en aquellos soliloquios de anta√Īo que incubaron el despecho; la hiel de la soberbia, en estos pseudodi√°logos de hoga√Īo, presididos por el l√°tigo. Su musa es salobre y, por ende, est√©ril. Donde toca, brota el incendio que devasta en vez de purificar: llamas rojas de codicia, llamas vivas de angustia, llamas crepitantes de iracundia. El reguero es ceniza, desilusiones, estertores, miseria. M√°s encono en las pasiones, m√°s pavor en los presentimientos, m√°s dureza en el trato, m√°s distancia entre las clases, m√°s barbarie en la atm√≥sfera... ¬ŅAd√≥nde vamos, ad√≥nde se nos lleva? Venimos de la Fraternidad y se nos quiere conducir al canibalismo demag√≥gico. Para ello, el desmoche implacable, calenturiento, que poco a poco va sofocando la cordialidad, la efusi√≥n , todo aquello, en fin, que gozado es el encanto de la vida, y perdido, su maldici√≥n.

[...] Frente a la escalofriante realidad contemporánea, no parece difícil presagiar el fallo severo de la Historia. Ante ella, el período 1923-1930 se simbolizará en estos nombres: Alhucemas, Exposiciones; el período 1931-32, en estos otros: Castilblanco, Villa Cisneros. Paz, paz y paz, entonces; guerra, guerra y guerra, ahora.

Y en esta guerra civil, pero incivil, nuestra condena será un eslabón más de la cadena represálica y maldiciente. Un simple eslabón...
José Calvo Sotelo en su prólogo a Las responsabilidades políticas de la Dictadura. Madrid, San Martín, 1933, pp. 23-47.

Mientras ocurr√≠an estos sucesos, Calvo Sotelo hab√≠a desplazado su residencia (y la de su familia) de Lisboa a Par√≠s, estableci√©ndose en el Hotel Mont-Thabor. En la capital de Francia tuvo ocasi√≥n de entrar en contacto con Charles Maurras, ide√≥logo del partido mon√°rquico legitimista, cat√≥lico y ultraconservador Action Fran√ßaise, que seg√ļn Eugenio Vegas Latapie, el gran impulsor de Acci√≥n Espa√Īola, ejerci√≥ una gran influencia sobre √©l, una tesis reconocida casi un√°nimemente. Calvo Sotelo, en Par√≠s, estuvo abierto a todo el pensamiento pol√≠tico franc√©s (no s√≥lo el de Maurras), y tambi√©n al influjo de cuantas doctrinas llegaban de Europa, y muy especialmente al fascismo. Entre sus modelos pol√≠ticos se encontraba tambi√©n Roosevelt, de cuyo New Deal se muestra ferviente admirador en diferentes textos.

En Francia, Calvo Sotelo juega un relevante papel entre los pol√≠ticos mon√°rquicos exiliados, participando de manera activa en los intentos de llegar a una fusi√≥n din√°stica entre carlistas y alfonsinos, acuerdo de fusi√≥n que se ve√≠a favorecido por la falta de descendencia de los pretendientes carlistas. No era sin embargo Calvo Sotelo un pol√≠tico c√≥modo para Alfonso XIII, pues aunque siempre hab√≠a defendido su figura consideraba que si la monarqu√≠a hab√≠a ca√≠do en 1931 era debido a una serie de defectos que hab√≠a que corregir: "si alg√ļn d√≠a cambia Espa√Īa su r√©gimen, nunca ser√° para una ¬ęrestauraci√≥n¬Ľ, sino para una ¬ęinstauraci√≥n¬Ľ. Esto es, que la Monarqu√≠a, aunque retorne, no podr√≠a volver a ser ¬ęen nada, absolutamente en nada¬Ľ, lo que era la que pereci√≥ en 1931".[13] La idea de "instauraci√≥n" frente a "restauraci√≥n" fue recogida por Franco en reiteradas ocasiones, y, muy se√Īaladamente, en su discurso de 22 de julio de 1969 con motivo de la proclamaci√≥n de don Juan Carlos como pr√≠ncipe heredero: "el Reino que nosotros, con el asentimiento de la Naci√≥n, hemos establecido, nada debe al pasado; nace de aquel acto decisivo del 18 de julio [...] Se trata, pues, de una instauraci√≥n y no de una restauraci√≥n". Adem√°s, Calvo Sotelo consideraba necesario que Alfonso XIII abdicase en don Juan, pues ello har√≠a m√°s f√°cil la vuelta de la monarqu√≠a.

En agosto de 1932 Calvo siguió con interés el pronunciamiento de Sanjurjo, aconsejando al general Barrera que acudiese en su apoyo e implicándose posteriormente en varias conspiraciones monárquicas. En febrero de 1933 Calvo Sotelo se trasladó a Roma, donde se entrevisto con Balbo y Mussolini para tratar de conseguir que apoyasen las iniciativas monárquicas, aunque no parece que estas entrevistas diesen, al menos en dicho momento, excesivos frutos.

Durante su estancia en el extranjero Calvo, a quien se le hab√≠a retirado su sueldo de asesor del Banco de Espa√Īa, se gan√≥ la vida como periodista, remitiendo gran cantidad de art√≠culos a numerosos peri√≥dicos, gracias a los cuales pudo conseguir ingresos equivalentes al sueldo que en su d√≠a tuvo como ministro.

En septiembre de 1933 Calvo Sotelo fue elegido por los colegios de abogados miembro del Tribunal de Garant√≠as Constitucionales, pese a lo cual tampoco se le permiti√≥ volver a Espa√Īa.

Regreso a Espa√Īa y creaci√≥n del Bloque Nacional

Elegido de nuevo diputado en las elecciones de 1933, y pese a haber obtenido acta por Orense y La Coru√Īa como candidato de Renovaci√≥n Espa√Īola, Calvo Sotelo no pudo regresar de inmediato a Espa√Īa, pues la CEDA no se atrevi√≥ a tratar de sacar adelante su incorporaci√≥n a las Cortes sin el visto bueno del Partido Radical, que prefer√≠a esperar a una amnist√≠a m√°s amplia, en la que tambi√©n fueron incluidos los sublevados de la "sanjurjada" y los anarquistas y comunistas que hab√≠an participado en diversas revueltas armadas contra la Rep√ļblica. Finalmente le fue concedida la amnist√≠a el 30 de abril, lo que permiti√≥ que en la madrugada del 4 de mayo llegase a Madrid.

El 8 de mayo su acta se discuti√≥ en el Congreso, donde fue aprobada con el voto en contra de los socialistas, y el 22 se celebr√≥ un sorteo para determinar cual era la provincia a la que deb√≠a representar, que volvi√≥ a ser Orense. Ya con anterioridad, el d√≠a 11, hab√≠a firmado su primera proposici√≥n parlamentaria, y el d√≠a 18 hab√≠a tomado parte en su primer debate en las Cortes, donde antes de pronunciar el ritual "se√Īores diputados" no pudo menos de exclamar: "todo llega en la vida".[14]

Aunque Calvo Sotelo se integr√≥ en las Cortes en la minor√≠a de Renovaci√≥n Espa√Īola (el partido dirigido por Antonio Goicoechea), el aviador mon√°rquico Juan Antonio Ansaldo, que por aquel entonces dirig√≠a los grupos paramilitares de choque de Falange, le fue a visitar en compa√Ī√≠a de Ruiz de Alda para ver si era posible que se integrase en Falange, como deseaba. Sin embargo, seg√ļn Ansaldo, Primo de Rivera "jam√°s pudo admitir la posibilidad de alternar, de igual a igual, con el que fue relevante figura en el Gobierno de su padre. A rega√Īadientes, quiz√° lo hubiera aceptado como colaborador subordinado, pero le pesaba la compa√Ī√≠a de quien con prestigio paralelo al suyo, arrastraba con su nombre compromisos tradicionales irrompibles". Adem√°s de los celos de Jos√© Antonio, y siempre seg√ļn Ansaldo, hab√≠a "una raz√≥n profunda y m√°s poderosa a√ļn", que poco a poco iba haciendo inevitable la ruptura entre la Falange de Jos√© Antonio y la que deseaban Ansaldo y otros elementos afines: "Jos√© Antonio no era mon√°rquico".[15] Ramiro Ledesma, que no particip√≥ directamente en las negociaciones, en su libro ¬ŅFascismo en Espa√Īa? da una versi√≥n ligeramente distinta de estos hechos, planteando que Calvo Sotelo solicit√≥ entrar en el partido y que Jos√© Antonio se neg√≥ a ello, debido a la poca simpat√≠a personal que sent√≠a este por Calvo Sotelo, ya que consideraba que, en vez de exiliarse, debi√≥ haberse quedado en Espa√Īa para defender la labor de la Dictadura, una tarea que tuvo que emprender el propio hijo del dictador.[16] Stanley G. Payne opinaba que las razones del rechazo de Jos√© Antonio se deb√≠an a que Calvo Sotelo representaba a los ricos mon√°rquicos que Jos√© Antonio detestaba y que consideraba un mal para Espa√Īa. El control de los financieros mon√°rquicos sobre la Falange hubiese llevado al movimiento a la frustraci√≥n de sus objetivos.[17] En julio, Ansaldo trat√≥ de tomar el poder en Falange, sin √©xito, siendo expulsado por Jos√© Antonio.

Al haber permanecido m√°s de tres a√Īos fuera de Espa√Īa, la inserci√≥n de Calvo Sotelo en un puesto de primera fila dentro de la vida pol√≠tica espa√Īola no resultaba f√°cil. Tal y como le dijo el conspirador mon√°rquico S√°inz Rodr√≠guez antes de que abandonara Par√≠s: "Tu situaci√≥n es la de un cantante eminente que llega a una ciudad donde todos los teatros est√°n alquilados. T√ļ no puedes ser el jefe de Renovaci√≥n, o sea de la minor√≠a mon√°rquica, porque ya lo es Goicoechea. No puedes presidir el posibilismo de ciertas derechas hacia la rep√ļblica, porque ya lo est√° haciendo Gil-Robles. La aproximaci√≥n hacia f√≥rmulas de tipo fascista con modalidad nacional tampoco, porque es lo que trae entre manos Primo de Rivera. De manera que, para que t√ļ puedas actuar libre y eficazmente, es preciso que busquemos una f√≥rmula por la cual, sin chocar con todos estos elementos, tengas una libertad de movimientos y una personalidad propia".[18] El 14 de junio, en una entrevista concedida a ABC, Calvo Sotelo plante√≥ la necesidad de articular un "bloque o alianza" con las fuerzas de la derecha antirrepublicana que no aceptaban la Constituci√≥n de 1931, pero pese a que mantuvo varias conversaciones al respecto la iniciativa no se puso p√ļblicamente en marcha hasta despu√©s de la sucesos revolucionarios de octubre de 1934. El manifiesto fundacional, difundido en el mes de diciembre, contaba con firmas de diputados tradicionalistas y de Renovaci√≥n Espa√Īola, as√≠ como con la de Jos√© Mar√≠a Albi√Īana y algunos independientes que en los meses anteriores se hab√≠an separado de la CEDA y los agrarios, grupos a los que no se logr√≥ atraer a la nueva coalici√≥n, como tampoco a los falangistas, con lo que el objetivo de crear una gran formaci√≥n de derecha autoritaria, nacionalista y corporativista qued√≥ casi en la nada. Eso s√≠, entre los firmantes hab√≠a un nutrido grupo de arist√≥cratas y algunos intelectuales, como el premio Nobel Jacinto Benavente, Ramiro de Maeztu, Jos√© Mar√≠a Pem√°n y Julio Palacios. Por otro lado, la formaci√≥n fue acogida casi con igual desconfianza en los sectores mayoritarios de Renovaci√≥n Espa√Īola y del carlismo, por lo que nunca fue excesivamente operativa, aunque si sirvi√≥ para que Calvo Sotelo y sus m√°s √≠ntimos colaboradores pudieran mantener una amplia actividad pol√≠tica fuera de las Cortes, donde tambi√©n interven√≠a con frecuencia.

En diciembre de 1935, cuando Alcal√° Zamora, tras la dimisi√≥n de Chapaprieta, volvi√≥ a no pedir al l√≠der de la CEDA, Gil-Robles, de cuya lealtad hacia la Rep√ļblica desconfiaba, a pesar de ser la CEDA el partido con m√°s diputados de las Cortes, que formase gobierno, Calvo Sotelo, que se hallaba en la cama con ci√°tica, envi√≥ a Ansaldo para que hablase con Franco, Fanjul y Goded a fin de que se opusiesen a lo que el consideraba "un golpe de Estado presidencial". Ansaldo s√≥lo pudo hablar con el teniente coronel Valent√≠n Galarza, que transmiti√≥ su mensaje a los militares citados, que estaban reunidos estudiando el tema, pero que se mantuvieron dentro de la legalidad debido a la opini√≥n de Franco, que consideraba que tras el precedente de la resistencia obrera durante la revoluci√≥n asturiana, el ej√©rcito no estaba a√ļn preparado para el golpe.[19]

Alcal√° Zamora estaba convencido de la necesidad de convocar nuevas elecciones para dar soluci√≥n a la inestabilidad gubernamental,[20] pero deseaba que surgiera una mayor√≠a moderada en lugar de una de derechas o izquierdas, para lo que quer√≠a que estuviese en el poder el gobierno m√°s adecuado. As√≠, encarg√≥ la formaci√≥n del gobierno a Manuel Portela Valladares. El intento de Alcal√° Zamora de retrasar las reuniones de Cortes para que el nuevo ejecutivo tuviera tiempo de consolidarse antes de convocar elecciones fue hecho imposible por Calvo Sotelo, que denunci√≥ ante la comisi√≥n permanente de la C√°mara la actuaci√≥n del Gobierno y del Presidente de la Rep√ļblica, con lo que oblig√≥ a √©ste a disolver las Cortes y convocar de inmediato los comicios.

El Frente Popular

Ya antes de que se convocasen las elecciones de 1936 Calvo Sotelo pensó que era muy posible que se perdieran, y que en tal caso se produjera una sublevación militar, por lo que mantuvo una entrevista con Franco en la que le pidió que los militares se alzasen antes de la consulta electoral. "Yo lo que creo es que, en resumidas cuentas, el Ejército debe soportar lo que salga de las urnas", fue la respuesta del general.[21]

El resultado de la primera vuelta de las elecciones de 1936 fue adverso a las derechas, y las masas del Frente Popular se lanzaron de inmediato a la calle para celebrar el triunfo y poner en libertad a los encarcelados como consecuencia de la revoluci√≥n de octubre de 1934. La situaci√≥n del Gobierno de Portela no era f√°cil, pues si se reprim√≠an los des√≥rdenes pod√≠a haber v√≠ctimas mortales de las que se le pidiera cuentas cuando despu√©s de la segunda vuelta de las elecciones se reuniesen las Cortes y se formase un nuevo ejecutivo. Tanto Franco, como Gil-Robles, Calvo Sotelo y el propio Alcal√° Zamora pidieron a Portela Valladares que se mantuviese en su puesto hasta pasada la segunda vuelta electoral, promulgando para ello, si era necesario, el Estado de Guerra, que es lo que se hizo en 1933; pero Portela opt√≥ por presentar su dimisi√≥n, por lo que el 19 de febrero Alcal√° Zamora encarg√≥ a Aza√Īa formar Gobierno.[22]

Una vez celebrada la segunda vuelta de las elecciones, la comisi√≥n de actas de las nuevas Cortes procedi√≥ a estudiar la forma en que se hab√≠an desarrollado los comicios en cada circunscripci√≥n, y anul√≥ numerosas actas de las derechas, incrementando as√≠ el Frente Popular su mayor√≠a parlamentaria. Entre las actas que inicialmente se propon√≠an anular las izquierdas se hallaban las dos obtenidas por Calvo Sotelo, pero la en√©rgica defensa que hizo √©ste ante la c√°mara, y las presiones ejercidas sobre Aza√Īa por varios pol√≠ticos del centro y de su propio partido (especialmente Mariano Ans√≥), hicieron que la comisi√≥n cambiase su primer dictamen y que pese a la oposici√≥n de socialistas y comunistas, y de los gritos de "¬°Justicia para los asesinos del pueblo!" lanzados por la Pasionaria, el acta se aprobase por ciento once votos contra setenta y nueve. El ejemplo sirvi√≥ para que tambi√©n se respetase el acta de Gil-Robles por Salamanca, igualmente cuestionada, pero entre las anuladas qued√≥ la de Antonio Goicoechea, jefe de Renovaci√≥n Espa√Īola, lo que aument√≥ el protagonismo de Calvo Sotelo, que pas√≥ a convertirse en el jefe parlamentario de la minor√≠a mon√°rquica.

Cuando el 15 de abril Aza√Īa compareci√≥ ante las Cortes para defender su programa de Gobierno, el primero de los discursos de r√©plica corri√≥ a cargo de Jos√© Calvo Sotelo, que hizo una relaci√≥n de incidentes acaecidos desde las elecciones de febrero que, afirmando que hab√≠an causado m√°s de cien muertos y quinientos heridos. Acto seguido se√Īal√≥ las diferencias existentes en el seno del Frente Popular, donde coexist√≠an elementos burgueses y marxistas, y pidi√≥ a Aza√Īa que se esforzase en conseguir el mantenimiento del orden, petici√≥n en la que fue secundado por un dur√≠simo discurso de Gil-Robles. La respuesta de Aza√Īa dej√≥ en evidencia que el Gobierno estaba dispuesto a primar la cohesi√≥n del Frente Popular sobre el mantenimiento del orden.[23]

Dada la censura a que se ve√≠a sometida la prensa, la reproducci√≥n de los discursos de Calvo Sotelo sobre las perturbaciones del orden p√ļblico (t√°ctica en seguida copiada por Gil-Robles) era la √ļnica forma de que los peri√≥dicos de derechas dieran a conocer a sus lectores lo que ocurr√≠a en Espa√Īa. Unido ello a sus reiteradas incitaciones para que el ej√©rcito, "columna vertebral de la patria", restableciese el orden que, a su juicio, el Gobierno no pod√≠a o no quer√≠a imponer, el ex-ministro se convirti√≥ en el centro de los ataques de la izquierda, siendo adem√°s uno de los pol√≠ticos derechistas cuyos tel√©fonos estaban intervenidos por orden de Aza√Īa.[24]

La sesión parlamentaria del 16 de junio de 1936

En la sesi√≥n parlamentaria del 16 de junio, Jos√© Calvo Sotelo protagoniz√≥ unos enfrentamientos verbales muy acalorados y pol√©micos con Casares Quiroga, Presidente del Gobierno y Ministro de Guerra. Calvo Sotelo comenz√≥ ofreciendo su opini√≥n sobre el desorden econ√≥mico y el desorden militar que, a su juicio, imperaban en Espa√Īa. El l√≠der mon√°rquico se opuso a las huelgas, a los cierres patronales, a las "f√≥rmulas financieras de capitalismo abusivo", a la "libertad an√°rquica", defendiendo que la "producci√≥n nacional" est√° por encima de todas las clases sociales, partidos e intereses. Concluy√≥ su alegato sobre la organizaci√≥n social y econ√≥mica del Estado, afirmando que si esa idea de Estado era la de un estado fascista, √©l mismo se declaraba como tal.

Puesto que Casares Quiroga hab√≠a anunciado medidas para tratar de controlar el Ej√©rcito, Calvo Sotelo expres√≥ veladamente la posibilidad de un golpe de Estado militar, afirmando que ser√≠a "loco el militar que no estuviese dispuesto a sublevarse a favor de Espa√Īa y en contra de la anarqu√≠a, si esta se produjera", palabras que generaron grandes protestas. El presidente de las Cortes, Mart√≠nez Barrio, le advirti√≥ de que no hiciese "invitaciones" que pudiesen ser "mal traducidas", pero Calvo Sotelo insisti√≥ en demostrar que las autoridades daban un trato preferente a las milicias del Frente Popular frente al ej√©rcito y las fuerzas de seguridad. Tambi√©n critic√≥ que se permitiese "poner verde" a la Guardia Civil mientras se prohib√≠a informar sobre determinados sucesos como el de un guardia que supuestamente habr√≠a sido degollado en la Casa del Pueblo, afirmaci√≥n esta √ļltima que dio lugar a un intercambio de expresiones gruesas entre Calvo Sotelo y Wenceslao Carrillo y que Mart√≠nez Barrio orden√≥ borrar del Diario de Sesiones.

Casares Quiroga consider√≥ tan graves las afirmaciones de Calvo Sotelo sobre el Ej√©rcito que pidi√≥ la palabra y le acus√≥ de simpatizar con los grupos que llamaban al golpe de estado. Quiroga dijo que el ej√©rcito estaba "al servicio de Espa√Īa y de la rep√ļblica", pero le advirti√≥ de que si parte del ej√©rcito se sublevase, le har√≠a a √©l el m√°ximo responsable. Acto seguido, Casares tambi√©n defendi√≥ las medidas tomadas por el gobierno para restablecer el orden p√ļblico contra manifestaciones hechas por grupos violentos, disparos y ataques a centros p√ļblicos, pero diputados como Gil Robles o Ventosa, l√≠der de la minor√≠a regionalista, le acusaron de falta de equidad a la hora de reprender a derechas e izquierdas.

En la contestaci√≥n a Casares, Calvo Sotelo afirm√≥ que las palabras del presidente del gobierno que de hacerle "m√°ximo responsable" de una posible sublevaci√≥n, eran "palabras de amenaza" en las que se le hab√≠a convertido en sujeto no solo activo, sino pasivo, de hechos que dec√≠a desconocer. Sin embargo, acto seguido afirm√≥ que aceptaba "con gusto" las responsabilidades que se pudiesen derivar de sus actos, si eran para el bien de su "patria" y para "gloria de Espa√Īa", tras lo cual lanzar√≠a una advertencia a Casares para que tambi√©n midiese sus responsabilidades, puesto que en sus manos estar√≠a el "destino de Espa√Īa":

"Yo tengo, Sr. Casares Quiroga, anchas espaldas. Su se√Īor√≠a es hombre f√°cil y pronto para el gesto de reto y para las palabras de amenaza. Le he o√≠do tres o cuatro discursos en mi vida, los tres o cuatro desde ese banco azul, y en todos ha habido siempre la nota amenazadora. Bien, Sr. Casares Quiroga. Me doy por notificado de la amenaza de S.S. Me ha convertido su se√Īor√≠a en sujeto, y por tanto no s√≥lo activo, sino pasivo de las responsabilidades que puedan nacer de no s√© qu√© hechos. Bien, Sr. Casares Quiroga. "Lo repito, mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desde√Īo ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi patria (exclamaciones) y para gloria de mi Espa√Īa, las acepto tambi√©n. ¬°Pues no faltaba m√°s! Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contest√≥ a un rey castellano: 'Se√Īor, la vida pod√©is quitarme pero m√°s no pod√©is". Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio. (Rumores.).
Extracto del Diario de Sesiones de las Cortes Espa√Īolas del 16 de junio de 1936.

La diputada del Partido Comunista de Espa√Īa, Dolores Ib√°rruri, afirm√≥ en esta sesi√≥n, refiri√©ndose a Calvo Sotelo y Mart√≠nez Anido, que era una verg√ľenza que en la Rep√ļblica todav√≠a no se les hubiese juzgado, refiri√©ndose a sus responsabilidades como ministro de la dictadura de Primo de Rivera y como organizador de la guerra sucia contra el sindicalismo anarquista, respectivamente. Tarradellas, en una entrevista, acus√≥ tambi√©n a Dolores Ib√°rruri de exclamar en esta sesi√≥n, dirigi√©ndose al diputado mon√°rquico: "Este hombre ha hablado por √ļltima vez".[25] Sin embargo, la controvertida frase no aparece en el Diario de Sesiones y La Pasionaria siempre neg√≥ haberla proferido, no habiendo ninguna prueba de que estos hechos se hayan producido.

El ambiente en las Cortes era tal que al terminar la intervención de Calvo Sotelo, Besteiro comentó: "Si el gobierno no cierra el Parlamento hasta que se aquieten las pasiones, seremos nosotros mismos los que desencadenaremos, aquí dentro, la guerra civil".[26]

La sesión parlamentaria del 1 de julio de 1936

José Calvo Sotelo también tomó la palabra el 1 de julio para opinar acerca de la situación, a su juicio caótica, que se vivía en las zonas rurales, denunciando que la base del problema estaría en que las ciudades vivían a costa del campo, y atacando también las medidas de reparto de tierras del Gobierno, cuyo resultado, decía, era crear "explotaciones antieconómicas". Su discurso, desarrollado inicialmente con relativa paz, comenzó a provocar duras reacciones de los diputados de la izquierda cuando afirmó que el auge del fascismo se había producido por un intento de "proletarización", por parte del marxismo y de la Rusia Soviética, de lo que denominaba "nuevas clases medias".

En un ambiente ya muy exaltado Calvo Sotelo ley√≥ un informe seg√ļn el cu√°l la fuerza del fascismo italiano se deb√≠a a la "anarqu√≠a" que supuestamente exist√≠a en el campo en 1920-1922, y que dar√≠a lugar a que las clases medias agrarias engrosasen sus filas. Tras ello, afirmar√≠a, en el medio de grandes protestas, que el remedio a los problemas del campo que atravesaban los agricultores, la peque√Īa y media burgues√≠a rural, los arrendatarios y los campesinos, no estar√≠a en el Parlamento ni en el gobierno ni en ning√ļn otro partido, sino en un Estado corporativo.

Ante la inutilidad de las llamadas al orden del Presidente de las Cortes, el diputado mon√°rquico opt√≥ por un "He terminado, se√Īor Presidente" y se sent√≥ en su esca√Īo en medio de los aplausos de las derechas, lo que dio lugar a que Mart√≠nez Barrio se considerarse desairado: "Si esos aplausos al se√Īor Calvo Sotelo quieren significar que el momento en que han de terminarse los discursos en la C√°mara corresponde se√Īalarlo a SS. SS., de esos aplausos se tendr√°n SS. SS. que arrepentir inmediatamente que recapaciten sobre la forma en que se producen". La respuesta del cedista Bernardo Aza: "Significan un homenaje al valer del Sr. Calvo Sotelo", dio lugar a que las p√°ginas de ABC ofrecieran la siguiente versi√≥n: "los diputados de la mayor√≠a, puestos en pie, saltan al hemiciclo y pretender agredir al Sr. Aza. Los secretarios se interponen y lo evitan. El presidente da fuertes campanillazos, y en medio del griter√≠o ensordecedor ordena la expulsi√≥n del sal√≥n del se√Īor Aza. Este se resiste al principio, pero sus propios compa√Īeros le invitan a que salga. As√≠ lo hace. Ello encalma la actitud de socialistas y comunistas, que pasan a sus esca√Īos".

Una dura intervenci√≥n de Gil-Robles, que amenaz√≥ con que las derechas abandonar√≠an la C√°mara si no se permit√≠a la vuelta de Aza, hizo que Mart√≠nez Barrio permitiese su regreso, continuando el debate con la misma virulencia que hasta entonces. Para el socialista √Āngel Galarza el uso de la violencia era leg√≠timo contra quien utilizaba el esca√Īo "para erigirse en jefe del fascismo y quiere terminar con el Parlamento y con los partidos [...] Pensando en S.S. encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida". "En medio del esc√°ndalo inenarrable que se produjo, pod√≠a o√≠rse la voz de Dolores Ibarruri, que gritaba hacia nuestros esca√Īos: ¬ęHay que arrastrarlos¬Ľ", escribi√≥ Gil-Robles.[27] "La violencia, Sr. Galarza, -intervino Mart√≠nez Barrio- no es leg√≠tima en ning√ļn momento ni en ning√ļn sitio; pero si en alguna parte esa ilegitimidad sube de punto es aqu√≠. Desde aqu√≠, desde el Parlamento, no se puede aconsejar la violencia. Las palabras de S.S., en lo que a eso respecta, no constar√°n en el Diario de Sesiones". La respuesta del diputado socialista fue: "Yo me someto, desde luego, a la decisi√≥n de la Presidencia, porque es mi deber, por el respeto que le debo. Ahora, esas palabras, que en el Diario de Sesiones no figurar√°n, el pa√≠s las conocer√°, y nos dir√° a todos si es leg√≠tima o no la violencia".

Calvo Sotelo particip√≥ en diversas votaciones los d√≠as 2, 9 y 10 de julio. Durante este tiempo prepar√≥ febrilmente el discurso que pensaba pronunciar el d√≠a 14 en el debate que deb√≠a celebrarse sobre la situaci√≥n del orden p√ļblico. Fue asesinado en la madrugada del 13.

Asesinato y repercusiones

El 12 de julio de 1936, Jos√© Castillo, teniente de la Guardia de Asalto, fue asesinado a tiros en la puerta de su casa. Las tesis apuntan a falangistas seg√ļn los historiadores Paul Preston[28] y Gabriel Jackson.[29] aunque otros autores como Ian Gibson apuntan a carlistas pertenecientes al Tercio de requet√©s de Madrid.[30] En respuesta a este asesinato, los compa√Īeros de Castillo asesinaron a Jos√© Calvo Sotelo. A√Īos despu√©s, el r√©gimen franquista llevar√≠a a cabo la Causa General (CG), dirigida por el dictador Francisco Franco, que ser√≠a utilizada como instrumento para la represi√≥n y que ten√≠a fines propagand√≠sticos como la legitimizaci√≥n de la sublevaci√≥n en contra del Gobierno de la Rep√ļblica y en la que trat√≥ de demostrar que el asesinato de Calvo Sotelo hab√≠a sido planificado con anterioridad por el gobierno de la II Rep√ļblica.

Seg√ļn la declaraci√≥n de Lorenzo Aguirre S√°nchez de 11 de marzo de 1941 para la Causa General, el 29 de junio de 1936, el Director general de Seguridad, Jos√© Alonso Mallol, le llam√≥ para pedirle que se cambiase la escolta de Calvo Sotelo, ya que los anteriores ser√≠an "demasiado afectos" a √©ste, sustituy√©ndola por dos agentes que lo vigilasen. Seg√ļn dichas declaraciones, Aguirre habr√≠a encomendado la tarea al agente Jos√© Garriga Pato, mas√≥n y partidario del Frente Popular, y √©ste tendr√≠a libertad para elegir a su compa√Īero, que optar√≠a por el polic√≠a, tambi√©n mas√≥n, Rodolfo Serrano de la Parte, hecho del que no tendr√≠a constancia la brigada de vigilancias pol√≠ticas.[31]

Seg√ļn la declaraci√≥n de Serrano ante los tribunales franquistas de la Causa General, el 2 de febrero de 1942, Aguirre habr√≠a transmitido a los nuevos escoltas, en nombre de Alonso Mallol, que en caso de atentado contra Calvo Sotelo, no deb√≠an protegerle, solo simular que lo hac√≠an en caso de ser en un sitio c√©ntrico, o rematarle en caso de ser en un descampado y la agresi√≥n fracasara.‚ÄĚ[32] Seg√ļn la declaraci√≥n de Joaqu√≠n Bau Nolla para la Causa General, las nuevas instrucciones habr√≠an escandalizado a Serrano de la Parte, quien el 7 de julio se entrevistar√≠a con √©l ya que era √≠ntimo amigo de Calvo Sotelo.[33]

En su libro de memorias, Gil-Robles afirma que Bau habría informado a Calvo Sotelo de que conspiraban para asesinarle, y este, se lo habría dicho a él, que afirma también tenía noticias similares sobre su propia escolta. Gil-Robles le habría aconsejado cambiarse de escolta en unas declaraciones de las que presumiblemente fue testigo Ventosa y en las que se advertía que se pretendía dejar impune el asesinato.[34] El día 8 Calvo Sotelo cambiaba de escolta, aunque al parecer no estaría esta formada por agentes de su confianza.

Juli√°n Cort√©s Cavanillas, ex-vicesecretario general del partido conservador Renovaci√≥n Espa√Īola, declar√≥ en su libro sobre la muerte de Calvo Sotelo, que fue a visitarlo el 10 de julio para advertirle de un supuesto plan de asesinato que un agente suyo infiltrado en las filas del PSOE habr√≠a descubierto. Juli√°n Cort√©s afirma en su libro que le pidi√≥ a Calvo Sotelo que aceptase una guardia personal de j√≥venes paramilitares de su partido, pero que este lo rechazar√≠a porque cre√≠a que era in√ļtil, ya que supuestamente ve√≠a m√°s probable que lo asesinase el gobierno a que lo hiciese un partido de izquierdas y que los guardias personales no podr√≠an ir armados ya que ser√≠an detenidos por los propios agentes de la Polic√≠a que le daban escolta.‚ÄĚ[35]

El 12 de julio de 1936, asesinan a teniente Jos√© del Castillo. Auxiliado por el periodista Juan de Dios Fern√°ndez Cruz, que casualmente pasaba por el lugar, es trasladado a una casa de socorro cercana donde ingresa cad√°ver. La diputada Clara Campoamor no consider√≥ especial dicho asesinato, al que calific√≥ como un episodio m√°s en la lucha entre radicales que actuaban al margen de la ley.[36] S√≠ consider√≥ importante que para vengar su muerte los compa√Īeros de Castillo asesinasen al jefe de una minor√≠a parlamentaria, algo que hasta entonces no hab√≠a ocurrido durante la Segunda Rep√ļblica.

Algunos compa√Īeros de Jos√© Castillo, como Fernando Cond√©s, juraron vengarse y organizaron un grupo con el prop√≥sito, al parecer, de matar al l√≠der de la CEDA Jos√© Mar√≠a Gil-Robles. En una camioneta, y junto a algunos guardias de Asalto, subieron media docena de militantes del PSOE, en su mayor√≠a pertenecientes a La Motorizada, milicia paramilitar de los socialistas madrile√Īos, que no se hab√≠a integrado en las Juventudes Socialistas Unificadas, y que estaba alineada con el sector de Prieto, a quien daba servicio de escolta[cita requerida]. Seg√ļn la declaraci√≥n de Jos√© del Rey ante los tribunales franquistas, dos de los militantes de La Motorizada que marchaban en la camioneta eran Francisco Ord√≥√Īez y Santiago Garc√©s, ‚Äúindividuos de la absoluta confianza de Indalecio Prieto, a cuya escolta particular pertenec√≠an‚ÄĚ, y que luego habr√≠an ocupado cargos de gran responsabilidad durante la guerra, pues Garc√©s habr√≠a sido jefe nacional del SIM (Servicio de Informaci√≥n Militar) y Ord√≥√Īez jefe del Servicio de Informaciones del Estado, que tendr√≠a a su cargo las labores de espionaje y contraespionaje[cita requerida].

Al no encontrar a Gil-Robles en su domicilio, se encaminaron al de Jos√© Calvo Sotelo, l√≠der de Renovaci√≥n Espa√Īola, donde Cond√©s encarg√≥ a varios guardias y paisanos que vigilasen los alrededores, y seguido por algunos otros penetr√≥ en el edificio con una orden de detenci√≥n falsa del diputado mon√°rquico, a quien pidieron les acompa√Īase a la Direcci√≥n General de Seguridad. Su hija Enriqueta, describi√≥ una minuciosa y emotiva relaci√≥n de los hechos, narrando la inicial oposici√≥n a la detenci√≥n (‚Äú¬ŅDetenido? ¬ŅPero por qu√©?; ¬Ņy mi inmunidad parlamentaria? ¬ŅY la inviolabilidad de domicilio? ¬°Soy Diputado y me protege la Constituci√≥n!‚ÄĚ) y de como finalmente opt√≥ por acompa√Īar a los guardias sin oponer resistencia, entre reiteradas peticiones de su esposa de que no se lo llevasen.[37]

De lo ocurrido a partir del momento en que Calvo Sotelo entró en la camioneta existe el relato de un testigo presencial, el guardia de Asalto Aniceto Castro, en el proceso extraordinario incoado bajo el régimen franquista, que se colocó al lado de Calvo Sotelo:

En el banco delantero se sentaron el chofer, el Capit√°n Cond√©s y Jos√© del Rey; en el segundo, algunos paisanos y guardias; en el tercero, que era de espaldas a la direcci√≥n, no iba nadie; en el cuarto, el declarante, el Sr. Calvo Sotelo y el guardia del Escuadr√≥n de Seguridad, y, en el quinto, ‚Äėel pistolero‚Äô [Cuenca] y otros paisanos. Se encamin√≥ la camioneta calle de Vel√°zquez abajo, y a los pocos momentos de emprender la marcha, cree fue al llegar al cruce con la calle de Ayala, son√≥ un tiro, y al momento vio que el Sr. Calvo Sotelo ca√≠a hacia la derecha y ‚Äėel pistolero‚Äô esgrim√≠a detr√°s de √©l una pistola con la que, indudablemente, hab√≠a disparado sobre la nuca de aqu√©l. Al instante, vio como ‚Äėel pistolero‚Äô hizo un segundo disparo sobre la cabeza del Sr. Calvo Sotelo, cuando ya √©ste estaba cabeza abajo. Entonces el guardia del Escuadr√≥n se pas√≥ al asiento de atr√°s. ‚ÄėEl pistolero‚Äô exclam√≥: ‚ÄėYa cay√≥ uno de los de Castillo‚Äô, y al mismo tiempo Cond√©s y Jos√© del Rey se cruzaron miradas y sonrisas de inteligencia.

Al llegar a la confluencia de Velázquez con Alcalá, les detuvo otra camioneta de Asalto allí apostada, al mando del Teniente Barbeta. Les dejó pasar y siguieron en la camioneta 17 hasta el Cementerio del Este, al llegar al cual el Capitán Condés, José del Rey y algunos otros se apearon, y, tras de hablar breves palabras con dos guardas del Cementerio, dieron orden de apear el cadáver, el que extrajeron de la camioneta entre varios y le dejaron dentro del recinto del Cementerio, bajo los cobertizos, en una acera próxima a la puerta de entrada.

A continuaci√≥n volvieron en la camioneta sus ocupantes hacia Pontejos. Por el camino dijo el chofer: ‚ÄėSupongo que no me delatar√©is‚Äô y Cond√©s respondi√≥: ‚ÄėNo te preocupes que nada te pasar√°‚Äô. Cuando pasaban junto a la Plaza de Toros, dijo Jos√© del Rey: ‚ÄėEl que diga algo de todo esto se suicida. Lo mataremos como a este perro‚Äô.

Llegado al cuartel de Pontejos, ‚Äėel pistolero‚Äô entr√≥ en √©l, llevando el malet√≠n del Sr. Calvo Sotelo y el comandante Burillo, al verle, le abraz√≥. Ambos subieron a la Comandancia, juntamente con el Capit√°n Cond√©s, Jos√© del Rey y otros oficiales de Asalto de Pontejos. Algo m√°s tarde vio llegar y subir all√≠ tambi√©n al teniente Coronel de Asalto S√°nchez Plaza.[38]

Aunque la propaganda nacional present√≥ el asesinato como un crimen de Estado, perpetrado por la guardia de Asalto, lo cierto es que los integrantes del cuerpo sirvieron tan s√≥lo de comparsas, pues Fernando Cond√©s, que estuvo al mando de la operaci√≥n, no era guardia de asalto, sino capit√°n de la Guardia Civil e instructor de La Motorizada, y el autor del disparo, Luis Cuenca, pertenec√≠a tambi√©n a La Motorizada, habi√©ndose distinguido por la protecci√≥n prestada a Indalecio Prieto durante el mitin de √Čcija, en que fue agredido por los partidarios de Largo Caballero.

A las ocho de la ma√Īana un personaje cuyo nombre no cita, pero que muy probablemente no era otro que Cuenca, inform√≥ al diputado y director de El Socialista, Juli√°n Zugazagoitia, del crimen cometido. ‚ÄúEse atentado es la guerra‚ÄĚ, declar√≥ Zugazagoitia, que llam√≥ inmediatamente a Prieto, que se hallaba en Bilbao, para darle la noticia y aconsejarle que cogiese el primer tren hacia Madrid.[39] A las ocho y media fue el capit√°n Cond√©s quien llam√≥ desde la sede del PSOE al diputado Juan Sime√≥n Vidarte pidi√©ndole una entrevista para comunicarle ‚Äúalgo grave, muy grave‚ÄĚ. Cuando Vidarte lleg√≥ a la sede del PSOE le espet√≥ sin m√°s pre√°mbulos: ‚ÄúAnoche matamos a Calvo Sotelo‚ÄĚ. Vidarte, que le reproch√≥ su comportamiento, le pregunto si dispon√≠a de un escondite seguro: ‚ÄúSi, puedo ocultarme en casa de la diputada Margarita Nelken. All√≠ no se atrever√°n a buscarme. El guardia que le acompa√Īa, como vigilante, iba tambi√©n en la camioneta.‚ÄĚ[40] Cond√©s, que sigui√≥ movi√©ndose por Madrid con la m√°s absoluta impunidad, pese a que en la ma√Īana del d√≠a 13 la mujer de Calvo Sotelo le identific√≥ merced a una fotograf√≠a, tuvo tambi√©n ocasi√≥n de hablar con Prieto tras su regreso a Madrid, a quien manifest√≥ que estaba pensando en suicidarse: ‚ÄúSuicidarse ‚Äďrespondi√≥ Prieto- ser√≠a una estupidez. Van a sobrarle ocasiones de sacrificar heroicamente su vida en la lucha que, de modo ineludible, comenzar√° pronto, dentro de d√≠as o dentro de horas.‚ÄĚ[41] El hecho de que tres diputados del partido socialista encubriesen a los autores del asesinato de otro parlamentario y se preocupasen por que pudieran permanecer escondidos, confes√°ndolo sin tapujos en sus memorias, es buena prueba de hasta qu√© punto la Espa√Īa de 1936 se hallaba muy lejos de la normalidad pol√≠tica. A los pocos d√≠as de comenzar la guerra, el 25 de julio, el sumario instruido con motivo del asesinato fue sustra√≠do del Tribunal Supremo, a punta de fusil, por miembros de las Milicias Socialistas.[42]

Monumento a Calvo Sotelo en la Plaza de Castilla de Madrid (M. Manzano y C. Ferreira, 1960).

En el entierro de Calvo Sotelo, Antonio Goicoechea pronunci√≥ un sentido discurso como epitafio a su compa√Īero de partido:

No te ofrecemos que rogaremos a Dios por ti; te pedimos que rueges t√ļ por nosotros. Ante esa bandera colocada como una cruz sobre tu pecho, ante Dios que nos oye y nos ve, empe√Īamos solemne juramento de consagrar nuestra vida a una triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a Espa√Īa, que todo es uno y lo mismo; porque salvar a Espa√Īa ser√° vengar tu muerte, e imitar tu ejemplo ser√° el camino m√°s seguro para salvar a Espa√Īa.

Tras el entierro los congregados trataron de marchar en manifestaci√≥n hacia el centro de Madrid, y tras haber sido cacheados varios veces por guardias de Asalto fueron tiroteados por las fuerzas de seguridad cuando se hallaban en la confluencia de las calles Goya y Alcal√°. Hubo cinco muertos y treinta y cuatro heridos.[43] El capit√°n Gallego, y los tenientes Espa√Īa y Artal, de la guardia de Asalto, fueron detenidos por atreverse a protestar contra la brutal represi√≥n ejercida sobre manifestantes desarmados.[44]

La falta por parte del Gobierno de una reacci√≥n en√©rgica contra los autores del crimen, y la persecuci√≥n que acto seguido desat√≥ contra m√ļltiples activistas de derechas para evitar sus posibles represalias, sirvi√≥ para decidir a muchos de quienes a√ļn no se hab√≠an acabado de decidir a tomar parte en la sublevaci√≥n organizada por el general Mola, y entre ellos, seg√ļn cuenta su primo y ayudante Francisco Franco Salgado-Araujo, al general Franco: ‚ÄúCon gran indignaci√≥n, mi primo afirm√≥ que ya no se pod√≠a esperar m√°s y que perd√≠a por completo la esperanza de que el gobierno cambiase de conducta al realizar este crimen de Estado, asesinando alevosamente a un diputado de la naci√≥n vali√©ndose de la fuerza de orden p√ļblico a su servicio‚ÄĚ.[45]

Escritor

Jos√© Calvo Sotelo escribi√≥ diversas obras como ‚ÄėEstudio econ√≥mico de la Hacienda Espa√Īola‚Äô (1929), ‚ÄėEn defensa propia‚Äô (1932), ‚ÄėMis servicios al Estado. Seis a√Īos de gesti√≥n‚Äô (1931) ‚ÄėLa voz de un perseguido‚Äô (1933) y ‚ÄėEl capitalismo contempor√°neo y su evoluci√≥n‚Äô.[46]

Referencias

  1. ‚ÜĎ Stanley Payne. Fascism in Spain, 1923-1977. pp. 131. http://books.google.com/books?id=NiD3UeOCSGsC&lpg=PP1&dq=payne%20fascism%20spain&pg=PA131#v=onepage&q=calvo%20sotelo&f=false. 
  2. ‚ÜĎ Objetivo: Acabar con la Rep√ļblica, Historia 16 Extra III de junio de 1977, Manuel Tu√Ī√≥n de Lara.
  3. ‚ÜĎ V√©ase la cita del discurso de Francisco Franco en Madrid en 1960 con motivo de la inauguraci√≥n del monumento a Calvo Sotelo, recogido en la Fundaci√≥n Francisco Franco. El pensamiento de un general: Franco. La Cruzada (secci√≥n 29)
  4. ‚ÜĎ Manuel Avil√©s G√≥mez. Criminalidad organizada: los movimientos terroristas. pp. 393. http://books.google.com/books?id=-62oPnkrOQQC&lpg=PA393&ots=FcoQ2p9TtG&dq=%22protomartir%20de%20la%20cruzada%22&pg=PA393#v=onepage&q&f=false. 
  5. ‚ÜĎ V√©ase como muestra la convocatoria para erigir el monumento a Calvo Sotelo en Madrid, conservada en el [Archivo Municipal de Mieres (Asturias).
  6. ‚ÜĎ Jos√© Calvo Sotelo: "Orientaciones econ√≥micas y tributarias", en Curso de Ciudadan√≠a. Conferencias pronunciadas en el Alc√°zar de Toledo. Madrid, Junta de Propaganda Patri√≥tica y Ciudadana, 1929, pp. 313-314.
  7. ‚ÜĎ Francisco Com√≠n: Hacienda y Econom√≠a en la Espa√Īa Contempor√°nea (1808-1936) Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1988, tomo II, p. 896.
  8. ‚ÜĎ Juan Velarde: Pol√≠tica econ√≥mica de la Dictadura, Madrid, Guadiana, 1973, p. 201.
  9. ‚ÜĎ Diario de Sesiones de la Asamblea Nacional, 20 de enero de 1928, p. 442
  10. ‚ÜĎ
    Los historiadores s√≥lo han atendido los lamentos de los ministros republicanos, cuando, sin duda, el estado de la hacienda recibido por la Dictadura, era ostensiblemente peor que el que √©sta leg√≥ a la Rep√ļblica.
    Comín, Hacienda y Economía, tomo II, pp. 872-873.
  11. ‚ÜĎ Velarde: Pol√≠tica econ√≥mica, p. 173.
  12. ‚ÜĎ Cap√≠tulo del mismo nombre del libro de Alfonso Bull√≥n de Mendoza: Jos√© Calvo Sotelo, pp. 233-283.
  13. ‚ÜĎ ABC, 14 de junio de 1934.
  14. ‚ÜĎ La an√©cdota es recogida por Jos√© Mar√≠a Pem√°n en el art√≠culo que hab√≠a preparado para ser publicado en Acci√≥n Espa√Īola tras el asesinato de Calvo Sotelo, y que se halla reproducido en Jos√© Calvo Sotelo. Fecundidad de su vida y ejemplaridad de su muerte, Tarrasa, Junta local del homenaje nacional a Jos√© Calvo Sotelo, 1957, pp. 109-11.
  15. ‚ÜĎ Juan Antonio Ansaldo: ¬ŅPara que? (De Alfonso XIII a Juan III). Buenos Aires, Editorial Vasca Ekin, 1951, pp. 76-79.
  16. ‚ÜĎ Ian Gibson (1982). La noche que mataron a Calvo Sotelo. Arcos Vergara. pp. 63. ISBN 84-7178-380-3. 
  17. ‚ÜĎ Stanley G. Payne (1961). Falange: a history of Spanish fascism. Stanford University Press. pp. 68. ISBN 0804700583. 
  18. ‚ÜĎ Pedro S√°iz Rodr√≠guez: Testimonio y Recuerdos. Barcelona, Planeta, 1978, p. 202.
  19. ‚ÜĎ (Preston: 146)
  20. ‚ÜĎ (Preston: 145)
  21. ‚ÜĎ S√°inz Rodr√≠guez, Testimonio, pp. 339-340
  22. ‚ÜĎ Bull√≥n de Mendoza: Calvo Sotelo, pp. 569-572.
  23. ‚ÜĎ
    ... si bajo los efectos del terror ha podido parecer un momento que una determinada persona al frente del Gobierno pod√≠a ser un escudo protector de los atemorizados, yo no me quiero lucir sirviendo de √°ngel custodio de nadie. Pierdan SS. SS. el miedo y no me pidan que les tienda la mano... ¬ŅNo quer√≠ais violencia, no os molestaban las instituciones sociales de la Rep√ļblica? Pues tomad violencia. Ateneos a las consecuencias. [...] Lo que importa no es decir que la acci√≥n del Gobierno fue de esa o de la otra manera, sino no romper la cohesi√≥n [...] Si la perdemos, por la brecha se colar√° el que quiera; pero no ser√© yo quien abra la brecha, ni nadie debe esperar en ninguna parte que por argumentos m√°s o menos h√°biles de pol√©mica yo consienta en abrir la brecha.
    Diario de Sesiones, 16 de abril de 1936. Esta dura respuesta de Aza√Īa no figura en la edici√≥n de sus obras completas hecha por Marichal.
  24. ‚ÜĎ Juan Sime√≥n Vidarte, Todos fuimos culpables, Barcelona, Grijalbo, pp. 155-156.
  25. ‚ÜĎ Josep Tarradellas: El √ļnico camino. Barcelona, Bruguera, 1979, p. 248. √Čpoca, n√ļm. 33 (1985), p. 26. Seg√ļn Salvador de Madariaga: Espa√Īa: ensayo de historia contempor√°nea, und√©cima edici√≥n, revisada por el autor, 1979, pg. 384
  26. ‚ÜĎ Juan-Sime√≥n Vidarte: Todos fuimos culpables, tomo I, pp.188-189.
  27. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Gil-Robles: No fue posible la paz, Barcelona, Ariel, 1968, pp. 697-698.
  28. ‚ÜĎ Paul Preston, ibid., pg. 176.
  29. ‚ÜĎ Gabriel Jackson, La Rep√ļblica espa√Īola y la guerra civil (1931-1936), Barcelona, 1987, ISBN 84-7530-947-X, pg. 211.
  30. ‚ÜĎ Gibson: La noche en que mataron a Calvo Sotelo, pg. 207
  31. ‚ÜĎ Archivo Hist√≥rico Nacional, Fondos Contempor√°neos, Causa General, Madrid, caja 1500, Pieza especial. Antecedentes y asesinato de don Jos√© Calvo Sotelo y don Jos√© Antonio Primo de Rivera, tomo I, declaraci√≥n de Lorenzo Aguirre S√°nchez de 11-3-1941.
  32. ‚ÜĎ AHN, FC, CG, caja 1500, tomo I, declaraci√≥n de Rodolfo Serrano de la Parte de 12-9-1939.
  33. ‚ÜĎ AHN, FC, CG, caja 1500, tomo I, declaraci√≥n de Joaqu√≠n Bau de 2-2-1942.
  34. ‚ÜĎ Gil-Robles: No fue posible la paz, p. 747.
  35. ‚ÜĎ Juli√°n Cort√©s Cavanillas: ‚ÄúCalvo Sotelo. El asesinato que derrumb√≥ la Rep√ļblica‚ÄĚ, cit. por Bull√≥n de Mendoza, Calvo Sotelo, pp. 666-667.
  36. ‚ÜĎ Clara Campoamor: La Revoluci√≥n espa√Īola vista por una republicana, 1937, p. 53.
  37. ‚ÜĎ Bull√≥n de Mendoza: Jos√© Calvo Sotelo, pp. 677-681.
  38. ‚ÜĎ AHN, FC, CG, caja 1500, declaraci√≥n de Aniceto Castro de 15-6.1939.
  39. ‚ÜĎ Juli√°n Zugazagoitia: Guerra y vicisitudes de los espa√Īoles, Barcelona, √©xito, 1977, pp. 28-31. Cuenca, al igual que Cond√©s, muri√≥ a los pocos d√≠as de empezar la guerra en el frente de Guadarrama.
  40. ‚ÜĎ Vidarte: Todos fuimos culpables, tomo I, p. 213-217.
  41. ‚ÜĎ Indalecio Prieto: Convulsiones de Espa√Īa, tomo I, p. 162.
  42. ‚ÜĎ . AHN, FC, CG, caja 1500, declaraciones de Luis Bravo, auxiliar de la secretar√≠a del juzgado n√ļmero 3 y de Emiliano Macarr√≥n, secretario judicial.
  43. ‚ÜĎ El testimonio que de estos incidentes da F√©lix S√°nchez Verde, uno de los integrantes de la marcha, puede verse en Bull√≥n de Mendoza: Calvo Sotelo, pp. 694-695
  44. ‚ÜĎ Luis Romero: Por qu√© y como mataron a Calvo Sotelo, pp. 13 y 252.
  45. ‚ÜĎ Francisco Franco Salgado-Araujo: Mi vida junto a Franco, Barcelona, Planeta, 1977, p. 150.
  46. ‚ÜĎ Dioario Monta√Ī√©s EXTRAS CALLES - Calle Calvo Sotelo [1]

Fuentes

Enlaces externos


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  • Calvo Sotelo ‚ÄĒ ist der Name folgender Personen: Joaqu√≠n Calvo Sotelo, spanischer Autor Jos√© Calvo Sotelo (1893‚Äď1936), spanischer Politiker Leopoldo Calvo Sotelo (1926‚Äď2008), spanischer Politiker, Ministerpr√§sident von 1981 bis 1982 Calvo Sotelo hei√üen folgende… ‚Ķ   Deutsch Wikipedia

  • Calvo Sotelo ‚ÄĒ can refer to:* Jos√© Calvo Sotelo, Spanish politician assassinated in 1936 * Leopoldo Calvo Sotelo, Spanish prime minister from 1981 to 1982 ‚Ķ   Wikipedia


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