Las Bruscas

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Las Bruscas

Las Bruscas fue el principal campo de detenci√≥n de prisioneros ¬ęrealistas¬Ľ (espa√Īoles) en el territorio de las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata. Establecido en 1817 cerca de la actual ciudad de Dolores (provincia de Buenos Aires), lleg√≥ a albergar a cerca de mil soldados y oficiales, capturados fundamentalmente en la campa√Īa de liberaci√≥n de Chile y en la Banda Oriental tras la ca√≠da de Montevideo.

La posibilidad de liberar a los prisioneros fue tenida en cuenta en los principales proyectos espa√Īoles de reconquista del R√≠o de la Plata, debido al refuerzo significativo y al conocimiento del territorio que pod√≠a aportar.

Tras los conflictos civiles de 1820 y las subsecuentes invasiones de tribus ind√≠genas del siguiente a√Īo, el campo o "dep√≥sito" de prisioneros dej√≥ de existir.

Contenido

El avance hacia el sur del Salado

Frontera entre el territorio ocupado por los espa√Īoles y criollos, y el territorio de los pueblos originarios.

Alrededor de 1740 los jesuitas hab√≠an fracasado en el intento de establecer una reducci√≥n en la zona al sur del r√≠o Salado. En 1790, en tiempos del Virrey Loreto, se fij√≥ la frontera con las tribus en dicho r√≠o y la poblaci√≥n ind√≠gena pudo controlar con relativa tranquilidad dicho territorio, quedando Chascom√ļs al norte como puesto de avanzada del Virreinato del R√≠o de la Plata.[1]

El camino hacia el sur pasaba por los actuales partidos de Quilmes y Ensenada y al sur de la localidad, a la altura del arroyo Santiago se bifurcaba. El ramal al sudeste bordeaba la "Ca√Īada Larga" (actual Ruta 36 al sur de La Plata) y llegaba al Samboromb√≥n. Continuaba luego al este de las lagunas "Las Mulas", "La Limpia" y "La Viuda", y salvaba el Salado por el Paso de las Piedras.

Francisco Ramos Mejía.

No obstante la frontera era permeable y algunos estancieros dedicados a la cr√≠a extensiva de ganado vacuno se aventuraron poco a poco m√°s all√° del r√≠o. Como ejemplo, a fines de 1811 Francisco Herm√≥genes Ramos Mej√≠a,[2] con el auxilio de Jos√© Luis Molina, un baqueano criollo que hablaba perfectamente las lenguas ind√≠genas, se intern√≥ hasta la zona de Mari Huinkul (actual Partido de Maip√ļ, al sur de Dolores), fundando la estancia de Miraflores tras comprar las tierras a los indios.[3]

Cacique ranquel.

Hacia 1815 el movimiento tras la frontera del Salado hab√≠a aumentado. El mismo Francisco Ramos Mej√≠a recibe tierras en merced en el √°rea de la laguna Kakel Huincul (actual Partido de Maip√ļ).[1] No s√≥lo se establec√≠an estancias en la frontera. Al este de Dolores, hacia la Bah√≠a de Samboromb√≥n, en la zona conocida como Montes del Tordillo o Islas del Tordillo[4] se asentaban tambi√©n carboner√≠as[5] que talaban los bosques de talas para quemar la madera en hornos de tierra durante quince o veinte d√≠as y producir as√≠ carb√≥n vegetal, que llevaban en tropas de carretas a Buenos Aires, donde eran uno de los principales combustibles. Dado que la tala[6] era intensiva en el uso de mano de obra de baja calificaci√≥n y que el territorio en su condici√≥n de frontera carec√≠a de presencia de autoridades civiles, judiciales, policiales o militares, el √°rea atrajo r√°pidamente marginales, maleantes, prostitutas y principalmente desertores.[7]

El camino de las tropas de carreta era ya m√°s directo que en el pasado: de Buenos Aires a Chascom√ļs, desde all√≠ cruzaba el r√≠o Salado por el Paso de la Postrera y llegaba a Dos Talas, Las Bruscas, Monsalvo, Kakel Huincul (en Maip√ļ), laguna del Vecino (actual Partido de General Guido), los Montes del Tordillo y Montes Grandes del Tuy√ļ, donde se reun√≠a con el que partiera de la Ensenada de Barrag√°n corriendo por el este.

Las Provincias Unidas en 1816.

Luego de declarada la Independencia en 1816, esta situaci√≥n, com√ļn por lo dem√°s a la campa√Īa, motiv√≥ que hacia 1817 el gobierno de las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata, a cargo del director supremo Juan Mart√≠n de Pueyrred√≥n decidiera la ¬ęsuspensi√≥n al giro ordinario de las f√≥rmulas judiciales¬Ľ organizando una ¬ęcomisi√≥n militar para conocer sumariamente en las causas¬Ľ,[8] mientras que los fiscales exig√≠an por su lado ¬ęcastigar y escarmentar esta clase de delincuentes de que tanto abunda el Pays¬Ľ,[9] muestra del ¬ęgiro crecientemente conservador y autoritario de una elite revolucionaria cada vez m√°s basada en su poder militar y en un reclutamiento compulsivo efectuado en el mundo rural¬Ľ.[10]

Juan Martín de Pueyrredón.

Las autoridades de la provincia tomaron tambi√©n medidas destinadas a reforzar la seguridad en √°reas rurales de frontera, entre ellas la de los Montes del Tordillo, y para el efectivo control de la regi√≥n. Ya el comandante general de la frontera de Buenos Aires, Francisco Pico, hab√≠a sido enviado a reconocer y explorar la zona de la laguna Kakel Huincul, para asentar sobre esta una nueva poblaci√≥n[11] y en 1815 sobre sus pasos el capit√°n de milicias al sur del Salado Ram√≥n Lara fue comisionado con una partida de 25 hombres para en teor√≠a combatir los indios del sur de este r√≠o, pero fundamentalmente como vigilantes al servicio de los hacendados y para avanzar hasta las cercan√≠as de la actual ciudad de Maip√ļ con el objeto de fundar un pueblo.[12] All√≠, en tierras de Ramos Mej√≠a, fund√≥ m√°s en los papeles que en los hechos la Guardia Kakel Huincul. En 1816 Juan Ram√≥n Balcarce entonces Comandante de la Frontera dio a la partida rango de compa√Ī√≠a y orden√≥ que se acantonara en Kakel Huincul como punto de partida de la Colonia y Fuerte de San Mart√≠n. Sin embargo la oposici√≥n de algunos estancieros, especialmente Francisco Ramos Mej√≠a, dificult√≥ la concreci√≥n del proyecto.[13]

Entre abril y mayo de 1817 el Cabildo de Buenos Aires design√≥ como "Comandante Militar y Juez Pol√≠tico de las Islas del Tordillo", al capit√°n de milicias de la Caballer√≠a C√≠vica Pedro Antonio Paz y decidi√≥ la creaci√≥n de una capilla bajo la advocaci√≥n de Nuestra Se√Īora de los Dolores y un nuevo curato con el presb√≠tero Francisco de Paula Robles como titular.[14] Se aprovechar√≠a tambi√©n para construir un campo de concentraci√≥n para los prisioneros de guerra espa√Īoles, que estuviera alejado tanto de las fronteras externas (expuestas a las acciones de guerra con Espa√Īa), como de Buenos Aires, C√≥rdoba o el litoral (expuestas a la guerra civil).

Las Bruscas

El centro de detención de Las Bruscas en 1819.

El capit√°n Ram√≥n Lara estableci√≥ el campo de detenci√≥n o ¬ędep√≥sito¬Ľ junto a la laguna Santa Elena.[15] El establecimiento que pronto se lo conoci√≥ tambi√©n como "las Bruscas" por abundar en ese campo la brusca o ¬ębrusquilla¬Ľ, arbusto duro y con espinas, concentr√≥ al escuadr√≥n de blandengues que el capit√°n Lara deb√≠a estacionar en Kaquel, que permaneci√≥ como puesto de estancia con un destacamento.

Paz, Robles y Lara se reunieron en la estancia de Domingo de Lamadrid en Monsalvo y el 21 de agosto de 1817 acordaron la fundación del nuevo pueblo más al norte del sitio previsto originalmente, Kakel Huincul, en unas lomas ubicadas entre la estancia Dos Talas de Julián Martínez de Carmona y la de Miguel González de Salomón, cerca del depósito.[16]

El 26 de noviembre de 1817, el gobierno acord√≥ que la poblaci√≥n y dep√≥sito de prisioneros espa√Īoles conocido por las Bruscas, se denominase Santa Elena.[17] Era un fort√≠n hecho de palos ¬ęa pique¬Ľ con paredes de tierra apisonada, y las construcciones eran de barro y paja. Cada prisionero ten√≠a que levantar su rancho al llegar.

Los prisioneros

En 1816 Juan Pablo P√©rez Bulnes[18] inici√≥ en C√≥rdoba un levantamiento con el objeto de alinearse con la liga de Gervasio Artigas. En su intento de controlar la ciudad y avanzar posteriormente sobre la Provincia de Santa Fe, Bulnes liber√≥ a los prisioneros realistas confinados en su territorio y los sum√≥ a su ej√©rcito. Reprimido el movimiento, el gobierno resolvi√≥ trasladar a 300 prisioneros involucrados a la Guardia de Luj√°n y de all√≠, junto a otros ya concentrados, a Las Bruscas de Chascom√ļs.[19]

El 11 de junio de 1817 salieron los prisioneros de la Guardia de Luj√°n y en septiembre ya estaban en Las Bruscas.[20] A mediados del invierno el campo de concentraci√≥n ten√≠a m√°s de 500 hombres, al haberse sumado algunos prisioneros de la batalla de Chacabuco. El futuro general Guillermo Miller confirma el n√ļmero a fines de octubre de ese a√Īo cuando visita el puesto: ¬ęEl dep√≥sito principal de los prisioneros de guerra estaba en Las Bruscas, distante tres leguas de Los dos Talos, en donde exist√≠an quinientos oficiales y sargentos¬Ľ. Para 1818 ya se encontraban all√≠ m√°s de 1000 prisioneros.[21]

Guillermo Miller, visitante de Las Bruscas en octubre de 1817.

En zona de frontera y con recursos escasos en momentos que la naci√≥n dirig√≠a todos los disponibles a la guerra externa y a la civil, la voluntad y posibilidad de destinarlos a mejorar la calidad de vida de prisioneros realistas espa√Īoles o criollos ¬ęempecinados¬Ľ.[22]

Así, las condiciones de los prisioneros no eran las mejores. Si bien el comentario pertenece a un medio absolutamente tendencioso, refleja parte de la opinión de la época:

La humanidad se estremece al recordar los padecimientos de nuestros hermanos en Las Bruscas. Allí están aquellos desdichados mil veces peor que los cautivos cristianos en las regencias berberiscas: con cualquier motivo se les encierra, se les carga de hierro, y se les azota con la mayor inhumanidad por mano de un negro.
El Censor, periódico político y literario, Madrid, 1821, tomo XIII, página 90.

Sin llegar a esos extremos, los memoriales redactados alrededor de 1818 y enviados a la corona en 1820 por algunos prisioneros de Las Bruscas como el Breve resumen de los padecimientos de los oficiales realistas prisioneros bajo el gobierno subversivo de Buenos Aires de Juan √Āngel Michelena,[23] el teniente coronel Ambrosio del Gallo[24] y Antonio Fern√°ndez Villamil,[25] critican las condiciones de confinamiento. Cuando Thomas Cochrane reclam√≥ al Virrey del Per√ļ Joaqu√≠n de la Pezuela por las condiciones en que el general Jos√© de San Mart√≠n hab√≠a encontrado a los prisioneros chilenos y argentinos cautivos en la isla de San Lorenzo,[26] el Virrey le respondi√≥ citando como equivalente el maltrato de los prisioneros en La Bruscas.

Las condiciones que encontr√≥ Miller, un visitante imparcial, no s√≥lo por su origen, sino porque √©l mismo se compadece de la situaci√≥n de los prisioneros, no es peor que las sufridas por las tropas de frontera y los gauchos en general. El oficial realista fugado E. M. Anaya desde R√≠o de Janeiro informa a sus superiores que ¬ęlos soldados andan descalzos y s√≥lo tienen raci√≥n de carne¬Ľ.

Muchos oficiales conocidos pasaron por Las Bruscas. A los citados Michelena, Gallo, Fernández de Villamil y E.M. Anaya, puede agregarse el teniente coronel de artillería Fernando Cacho,[27] el entonces cadete Ramón Castilla y Marquesado,[28] el teniente coronel de caballería Antonio Seoane,[29] el teniente coronel Andrés de Santa Cruz,[30] etc.

Régimen de trabajos forzosos

Muchos de los prisioneros, especialmente de tropa, eran destinados a trabajos en las estancias de la zona: ¬ę...a los soldados les permit√≠an colocarse de criados en las casas √≥ de peones en los establos de los caballos¬Ľ.[31] ¬ęAquel dep√≥sito se parec√≠a a un laberinto. Unos sal√≠an con licencia a trabajar a las estancias o haciendas; otros entraban y otros sal√≠an¬Ľ.[32]

O incluso de pueblos m√°s alejados: ¬ęMuchos de ellos sin embargo, estaban destinados con fines de trabajo a distintos lugares de la provincia de Buenos Aires, como Chascom√ļs, Luj√°n, etc.¬Ľ.[33]

Tambi√©n la capilla del nuevo pueblo aprovech√≥ el trabajo de los prisioneros: ¬ęCon respecto a la construcci√≥n de la primera capilla bajo la advocaci√≥n de Nuestra Se√Īora de los Dolores, se habr√≠a producido a mediados de 1818, desprendi√©ndose esta hip√≥tesis de una nota del secretario de Estado, Mat√≠as de Irigoyen, que con fecha 3 de junio ordena franquear doce prisioneros del dep√≥sito Santa Elena al presb√≠tero Francisco Robles, cura del nuevo pueblo de Dolores, para construir la capilla¬Ľ.[34]

En Las Dos Talas (a 3 leguas de Las Bruscas) hab√≠a una estancia, una pulper√≠a y ¬ętres cobertizos ocupados por treinta y ocho oficiales Espa√Īoles hechos prisioneros de guerra en Montevideo, en el a√Īo 1814¬Ľ que cumpl√≠an trabajos en el lugar, contando con guardia permanente.[35]

En estos casos el trabajo por forzado no era desde√Īable. Mejoraba un tanto las condiciones de hacinamiento, mala alimentaci√≥n y hast√≠o del centro de detenci√≥n. En otros casos, el trabajo forzado era dispuesto como represalia y quienes lo sufr√≠an eran enviados encadenados a la ciudad.

La alimentación de los prisioneros

Boleadoras.

En 1817 el gobierno exigi√≥ a los espa√Īoles pudientes de Buenos Aires que contribuyeran al mantenimiento de los prisioneros de Las Bruscas.[36]

Por otra parte los hacendados de la zona aportaban ganados de manera más o menos voluntaria. El hacendado Manuel Martín de la Calleja, por ejemplo, debió entregar 900 reses anuales para la alimentación de los prisioneros y los blandengues.

Kaquel Huincul permaneció como puesto de estancia donde se reunían los rodeos de ganados donados o expropiados. El puesto fue así conocido como Estancia del Estado, Estancia Kakel e incluso Fortín Kakel, más que por tratarse de un fortín en regla por encontrarse en el puesto principal el Capitán Lara con sus hombres reclutando los futuros blandengues.[37]

La carne era la base de su alimentaci√≥n: ¬ęEl gobierno de Buenos Aires ten√≠a a aquellos oficiales desgraciados sujetos a la simple raci√≥n de carne y sal. La poca caza que cog√≠an era un extraordinario de lujo; y el conseguir una taza de leche un acto raro de caridad¬Ľ.[35]

Respecto de la caza, los prisioneros sol√≠an tener algunas bolas y lazos, aunque los usaban pocas veces, porque solo en algunas ocasiones les conced√≠an el permiso de que uno o dos a la vez montasen a caballo; este favor depend√≠a enteramente del oficial de la guardia, el cual perteneciendo a la milicia de los gauchos, cre√≠a que una indulgencia de esta especie era una falta que comet√≠a.[35] Es interesante el uso de boleadoras para la caza a caballo por oficiales que eran espa√Īoles nativos, por revelar el nivel de adaptaci√≥n a las costumbres del gaucho y el consiguiente aprendizaje y pr√°ctica y la relaci√≥n que implicaba con sus guardias y peonada.

Vivienda e higiene

Rancho de adobe.

Si bien los datos hacen a prisioneros de Las Bruscas que cumpl√≠an trabajos bajo guardia en estancias vecinas, las condiciones eran similares, y no muy diferentes por otro lado a la de cualquier habitante de un rancho en la campa√Īa. Los prisioneros viv√≠an en ranchos de barro o adobe y techos de paja que ellos mismos deb√≠an construir. Usaban camas de palos cruzados que fijaban por uno de sus lados a la pared de barro y por el otro con otros palos clavados en el suelo, con mantas de pa√Īo tosco. Rara vez ten√≠an ventanas y cuando las ten√≠an eran un peque√Īo agujero sin ventana o en el mejor de los casos con un saco viejo a manera de cortina. Por todo mueble pod√≠an tener un banquillo cubierto de un andrajo de lana, o un asiento improvisado con un tabl√≥n apoyado sobre los cuernos de dos cr√°neos de toro.[35]

Al menos al alcance de los oficiales estaba el tener algunos utensilios domésticos: tenedores, cuchillos y cucharas de asta, cafeteras, sartén, banqueta que servía de asador, parrillas, fuente de barro, tazas y platos.[35]

Los prisioneros se dejaban en general crecer la barba. Se excusaban en raz√≥n de que ¬ęel jab√≥n art√≠culo demasiado costoso para que pudieran comprarlo¬Ľ, lo cual indica que contaban con alg√ļn dinero y la posibilidad de gastarlos.

Tropas

Las tropas utilizadas en Las Bruscas y en Kakel Huinkul consistieron fundamentalmente en Blandengues. Estos eran milicianos que custodiaban las fronteras con el indio desde los tiempos virreinales.[38]

Las tropas no siempre tenían particular entusiasmo por el servicio.

Ya la Primera Junta en 1810 hab√≠a dispuesto la leva de todos los "vagos" sin ocupaci√≥n conocida, desde la edad de 18 a 40 a√Īos. El 30 de agosto de 1815, el gobernador intendente Manuel Luis Oliden establec√≠a que:

Todos los pobladores de la campa√Īa sin propiedad leg√≠tima, deben ser considerados de la clase de sirvientes... deben estar munidos de una papeleta, firmada por el estanciero para quien se trabaja y por el Juez de Paz, debi√©ndola renovar cada seis meses...quien transite con la papeleta vencida ser√° reputado de vago y condenado a servir en el ej√©rcito.
Decreto del 30 de agosto de 1815, en Historia de Dolores.[39]

En determinados momentos se utilizaron tropas del batall√≥n de infanter√≠a de Cazadores, integrado por negros libertos o esclavos cedidos por sus due√Īos y que obtendr√≠an la libertad luego de ocho a√Īos de servicio. Estas tropas operaron fundamentalmente en Tordillo, Tandil, Bah√≠a Blanca y Carmen de Patagones.[40] En Las Bruscas no tuvieron buen desempe√Īo para el control de los prisioneros.[41] El uso de estas tropas lo resaltan los realistas en El Censor, peri√≥dico pol√≠tico y literario, en un p√°rrafo antes citado: ¬ęse les azota con la mayor inhumanidad por mano de un negro¬Ľ.

Fugas de prisioneros

Región pampeana.

En teoría no era difícil escapar de Las Bruscas: la fortificación en sí, de palos y paredes de tierra, era vulnerable, la dotación era reducida y de tropa muchas veces levada a la fuerza, familiaridad y rutina conspiraban contra la disciplina y había un constante flujo de prisioneros que cumplían trabajos en las estancias.

No obstante la dificultad estaba en llegar a alg√ļn lado. La rodeaban por kil√≥metros innumerables lagunas y ba√Īados que mutaban con las lluvias. El r√≠o Salado se encontraba a s√≥lo cinco leguas, menos de 30 km,[42] pero se requer√≠a de baqueanos para cruzarlo, y dif√≠cilmente pod√≠an contar con alguno, gauchos en su mayor√≠a.

Miller en sus memorias afirmaba: ¬ęEn una extensi√≥n de cien millas alrededor de Las Dos Talas (una estancia a 3 leguas de Las Bruscas), no hab√≠a m√°s que veinte estancias, y estas estaban ocupadas por los gauchos, cuya antipat√≠a por los espa√Īoles es grand√≠sima¬Ľ.[35]

Gauchos a fines del siglo XIX ‚ÄĒcon la indumentaria t√≠pica usada antes de 1853‚ÄĒ.

En esas mismas memorias, relata un intento de fuga frustrado:

Diez de los prisioneros dirigidos por el Mayor Lavinia, desesperados de verse separados del mundo civilizado, hab√≠an desertado dos a√Īos antes. Creyendo aquellos infelices poder llegar a s√≠ mejor a Chile, que por entonces estaba por los realistas, se refugiaron entre los indios salvajes; pero al cabo de sufrir horribles privaciones, vagando sin direcci√≥n fija m√°s de dos mil millas y haber perecido siete de hambre y cansancio, los treinta restantes, desconfiando de poder realizar sus deseos, se entregaron a un puesto avanzado de los patriotas cerca del territorio de Pehuenche, prefiriendo sufrir su triste suerte de prisioneros, a la vida que ten√≠an que hacer entre los salvajes; cuyas maneras y costumbres, seg√ļn lo describ√≠a el mayor eran en extremo desagradables.
Guillermo Miller: Memorias del general Miller

No obstante las fugas se dieron repetidas veces, especialmente en 1819 y 1820. Faustino Ansay relató:

A pesar de las √≥rdenes rigurosas que dictaron los insurgentes, se fugaron varios oficiales en n√ļmero considerable. Aquel dep√≥sito se parec√≠a a un laberinto. Unos sal√≠an con licencia a trabajar a las estancias o haciendas; otros entraban y otros sal√≠an... Muchos consiguieron sacar licencia para ir a Buenos Aires al hospital por enfermos...se marchaban de a dos, de a cuatro y hasta de a veinte prisioneros a la vez a causa de que los soldados de la custodia se iban retirando por no tener como mantenerse.
Faustino Ansay

En general, las fugas exitosas llevaban a Buenos Aires, donde recib√≠an apoyo de los pocos realistas que quedaban, especialmente algunas damas de sociedad cuyas riquezas y lazos de familia les daban protecci√≥n y oportunidad, como Melchora Rodr√≠guez de Bel√°ustegui[43] o Clara Nu√Īez de Azcu√©naga, quien lleg√≥ a ocultar m√°s de cien oficiales y soldados espa√Īoles,[44] o de aquellos ligados por lazos de familia. En muchos casos, el hospital al que consegu√≠an el traslado, serv√≠a de primera etapa de la fuga, como fue el caso de Michelena.

De Buenos Aires tentaban el paso v√≠a Colonia a Montevideo, ocupada entonces por los portugueses. All√≠ recib√≠an del cabildo un vale que les permit√≠a ser alojados por ocho d√≠as gratuitamente por alg√ļn vecino, tras lo cual deb√≠an procurarse sustento. El principal agente de Espa√Īa en la ciudad era Feliciano del R√≠o, quien desde la llegada a Am√©rica del embajador en R√≠o de Janeiro Jos√© Antonio Joaqu√≠n de Fl√≥res Pereyra Maldonado y Bodqu√≠n, Conde de Casa Fl√≥res (o Fl√≥rez), hab√≠a recibido el encargo de procurar la evasi√≥n de los prisioneros y apoyarlos en la medida de lo posible en su huida. Procuraba ayudarlos a conseguir transporte para Espa√Īa o el Per√ļ, o seguir a R√≠o aunque en muchos casos, los refugiados se dispersaban por la campa√Īa. Tras la redada de realistas efectuada el 27 de noviembre de 1819 por los portugueses, la situaci√≥n se torn√≥ m√°s dif√≠cil para quienes hu√≠an.[45]

Llegados a R√≠o de Janeiro, recib√≠an el auxilio del activo embajador, el Conde de Casa Fl√≥res, quien tras interrogarlos y recabar informaci√≥n de utilidad para la causa de Espa√Īa, les prove√≠a dinero, alrededor de 3000 reales, y ubicaci√≥n por unos d√≠as. Desde all√≠ se regresaba a Espa√Īa o se intentaba el paso a Per√ļ, a trav√©s del mar hasta el Callao para los afortunados, o tras una larga marcha por el Mato Grosso y el territorio de Beni.

Represión

El castigo por intentar fugarse consist√≠a muchas veces en ser cargado de cadenas y enviado a cumplir trabajos forzados en Buenos Aires u otras ciudades. El subteniente Le√≥n Barrientos Alvarado, capturado con su hermano Santiago el 4 de febrero de 1817 en Las Hornillas por el Ej√©rcito Libertador, y detenido en Las Bruscas, fracas√≥ al intentar fugar recibiendo por castigo trabajar en obras p√ļblicas encadenado entre el 13 de junio de 1818 y el 20 de enero de 1820, en que pudo huir a Brasil.[46]

En ocasiones, de tener √©xito la fuga, se aplicaban castigos similares a sus compa√Īeros: ¬ęCuando alg√ļn realista se fugaba, cinco de los prisioneros eran sorteados y enviados a Buenos Aires, acollarados y engrillados, para trabajar en las calles o en obras p√ļblicas¬Ľ.[20]

En 1818 Pueyrred√≥n afirm√≥ que hab√≠a que dar por terminada la tolerancia con los prisioneros ya que no hab√≠an ¬ętrepidado en fomentar y promover conspiraciones y en fugarse cuantas veces les fuera posible¬Ľ.[19]

Bernardo Monteagudo.

Las fugas continuaron, pero en 1819 ocurri√≥ un hecho de gravedad, la sublevaci√≥n de prisioneros en San Luis, donde se hallaban detenidos los prisioneros de cierto rango de la guerra con Chile, que fue percibida como un peligro real para la revoluci√≥n, especialmente cuando se tem√≠a que hab√≠a sido preparado en coordinaci√≥n ¬ęcon las montoneras que manten√≠an la anarqu√≠a en las provincias argentinas y que uno de sus instigadores era Jos√© Miguel Carrera, que esperaba recuperar con tales revueltas el gobierno de Chile¬Ľ.[47] La situaci√≥n en Chile era compleja y la posici√≥n de los patriotas distaba de ser segura: simult√°neamente con el levantamiento de los prisioneros se produc√≠a la sublevaci√≥n de los hermanos Prieto en la cordillera de Talca y se renovaba la guerra al sur del r√≠o Biob√≠o por los realistas dirigidos por Vicente Benavides aliados con los mapuches.

El levantamiento, planeado por el capit√°n Gregorio Carretero[48] y puesto en marcha el 8 de febrero, preve√≠a detener (o matar seg√ļn se afirm√≥) al teniente gobernador Vicente Dupuy y a Bernardo Monteagudo,[49] copar la guarnici√≥n de San Luis, el pueblo y luego unirse a los montoneros en C√≥rdoba o repasar la cordillera para unirse a las partidas realistas del sur de Chile.

El movimiento fracas√≥ gracias a las partidas del pueblo organizadas por el comandante de milicias Jos√© Antonio Becerra. Se distinguieron en la resistencia Juan Pascual Pringles y el entonces oficial de milicias Facundo Quiroga. Las represalias fueron injustificables, m√°s all√° del riesgo cierto a la revoluci√≥n, de los numerosos antecedentes de actos similares cometidos por los realistas en el Alto Per√ļ y en Chile y de los que se cometer√≠an a futuro, especialmente por Benavides. El mismo Dupuy dec√≠a: ¬ęEse fue el instante en que los deberes de mi cargo y de mi autoridad se pusieron de acuerdo con la justa indignaci√≥n del pueblo. Yo los mand√© degollar en el acto y expiaron su crimen en mi presencia y a la vista de un pueblo inocente y generoso donde no han recibido sino hospitalidad y beneficios¬Ľ. Treinta y tres prisioneros fueron muertos y s√≥lo un miliciano. El proceso sumario conducido por Monteagudo finaliz√≥ con la ejecuci√≥n de otras ocho personas.

José de San Martín.

El 16 de febrero llegaron las noticias del levantamiento a Santiago de Chile, y San Mart√≠n, sin conocer a√ļn que hab√≠a sido reprimido, escribi√≥ desde su campamento a Bernardo O'Higgins:

Ahora m√°s que nunca se necesita que Ud. haga un esfuerzo para auxiliar a Cuyo. Yo partir√© esta noche, y espero sacar todo el partido posible de las circunstancias cr√≠ticas en que nos hallamos. Yo temo que todos los prisioneros de Las Bruscas hayan sido incorporados en la montonera. Chile no puede mantenerse en orden, y se contagia si no acudimos a tiempo. No quede libre un s√≥lo prisionero. Re√ļnalos Ud.todos:eche la mano a todo hombre que por su opini√≥n p√ļblica sea enemigo de la tranquilidad. En una palabra, es preciso emplear en este momento la energ√≠a m√°s constante.
Diego Barros Arana: Historia general de Chile, p√°gina 88.

En Espa√Īa se acus√≥ que exist√≠a un plan para ejecutar a los prisioneros realistas aprovechando la Ley de Fugas:

Se hallaban reunidos en la Punta de San Luis una porci√≥n considerable de ilustres prisioneros procedentes en su mayor parte de la batalla de Maip√ļ. Los hab√≠a asimismo en Las Bruscas, otro punto perteneciente al Virreinato de Buenos Aires y los hab√≠a tambi√©n en uno de los fuertes de aquella capital. Parece que sus gobernantes, y se√Īaladamente el director Pueyrred√≥n y el general√≠simo de Chile, San Mart√≠n, hab√≠an decretado el exterminio total de aquellas v√≠ctimas del honor y de la fidelidad...se hizo concebir a dichos prisioneros por el conducto de p√©rfidos emisarios y de una fingida correspondencia la halag√ľe√Īa idea de recobrar su libertad. Se compraron hombres infames que declarasen haber sido heridos y maltratados por los prisioneros en el acto de hacer terribles ensayos para fugarse de las c√°rceles, de este modo trataron de dar una forma de legalidad a la muerte de los que gem√≠an bajo las cadenas de las Bruscas y Buenos Aires.
Mariano Torrente: Historia de la Revolución Hispanoamericana

Afirma el autor furiosamente antirrevolucionario, y, de hecho, antiamericano, que en San Luis los prisioneros sobrevivientes fueron salvados de la ¬ęturba furiosa¬Ľ por el oficial de guardia que ¬ęcierra sus puertas y se opone abiertamente a darles entrada protest√°ndose de que no se ha de manchar su espada con la sangre inocente de aquellos desgraciados que aguardaban con la m√°s religiosa conformidad su √ļltimo fatal destino¬Ľ.

Finalmente el supuesto plan del gobierno se suspendi√≥: ¬ęSe apresuraron por lo tanto los m√°s filantr√≥picos a poner en uso todos los recursos de su mediaci√≥n a fin de contener la b√°rbara mano de los conjurados. Temi√≥ el gobierno insurgente de Buenos Aires los efectos de una conjuraci√≥n ya descubierta, temi√≥ la ira de los gabinetes europeos de cuyo apoyo necesitaba para consolidar su malhadada independencia y despach√≥ sin dilaci√≥n √≥rdenes presurosas para contener el pu√Īal fratricida. Ya los detenidos en las Bruscas iban a ser inmolados al furor revolucionario cuando llegaron las citadas √≥rdenes.[50]

En El Censor, peri√≥dico pol√≠tico y literario, de similar tendencia, se afirmaba a ra√≠z de la muerte de prisioneros sublevados en San Luis que ¬ęNo satisfecho todav√≠a de sangre estos can√≠bales intentaron deshacerse de igual modo de unos doscientos oficiales espa√Īoles prisioneros que estaban en las Bruscas. A este efecto se comunic√≥ al oficial encargado de este dep√≥sito una orden facult√°ndole para que √° la menor sospecha que tuviese de ellos los exterminase a todos¬Ľ. No hay prueba alguna de tal plan y no parece razonable su existencia teniendo en cuenta la personalidad de los l√≠deres involucrados, los intereses de la revoluci√≥n y el trato previo. S√≠ es factible que ante la carencia de recursos, la situaci√≥n civil y militar y el involucramiento de los prisioneros en los planes tanto espa√Īoles como rebeldes se tomara la decisi√≥n de aumentar los recaudos de cara a evitar sublevaciones o fugas masivas o reprimirlas con rapidez y severidad.

Anarquía de 1820 y fin de Las Bruscas

Art√≠culo principal: Anarqu√≠a del A√Īo XX
Martín Rodríguez.

El 10 de junio de 1819, el Congreso de Tucumán eligió como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata al general José Rondeau, quien inició tratos con el general Carlos Federico Lecor, gobernador portugués de Montevideo, para atacar en conjunto a los federales, lo que implicaba ceder Entre Ríos y Corrientes a Portugal.

Una alianza del gobernador de Santa Fe, Estanislao López, con el de Entre Ríos, Francisco Ramírez, fuerzas correntinas al mando de Pedro Campbell, del general chileno exiliado José Miguel Carrera y con el apoyo de Carlos María de Alvear inició las hostilidades.

Las fuerzas destacadas en la frontera con el indio se redujeron al m√≠nimo. Eso incluy√≥ las de Las Bruscas, donde s√≥lo qued√≥ una compa√Ī√≠a reducida de blandengues,[51] con lo que recrudecieron las fugas. Tras vencer los federales en la batalla de Cepeda el 1 de febrero de 1820, Buenos Aires fue un caos, lo que fue aprovechado por muchos prisioneros que se encontraban en el hospital de la ciudad o cumpliendo trabajos forzados.

Aprovechando las disensiones de las provincias del litoral, el nuevo gobernador de Buenos Aires y futuro l√≠der federal, coronel Manuel Dorrego, sali√≥ a campa√Īa para enfrentar a L√≥pez. Las fuerzas de Alvear y Carrera se separaron del santafecino y ocuparon San Nicol√°s de los Arroyos, donde Dorrego los derrot√≥ el 12 de julio. Las tropas capturadas por los porte√Īos fueron enviadas a Las Bruscas. Carrera se dirigi√≥ con los restos de sus tropas hacia el sudoeste, al territorio de la frontera con el indio.

Dorrego fue derrotado luego en la batalla de Gamonal el 2 de septiembre y fue reemplazado por Martín Rodríguez, comandante de las milicias rurales, con el apoyo de las tropas de Juan Manuel de Rosas, los Colorados del Monte, con lo cual Carrera no sólo no había conseguido suficientes fuerzas para invadir con éxito Chile sino que tanto los gobiernos de las provincias federales como el finalmente establecido en Buenos Aires le negaron autorización para cruzar sus territorios hacia el oeste.

Campa√Īa de Carrera en la frontera

Carrera quedaba as√≠ bloqueado en la frontera de Buenos Aires. Con las pocas fuerzas que conservaba march√≥ sobre Las Bruscas donde ¬ępuso en libertad los chilenos prisioneros en San Nicol√°s que estaban encerrados quienes consintieron alistarse en sus filas bajo la solemne promesa de ser restituidos a su libertad tan luego como la capital cayera en sus manos¬Ľ.[52]

No obstante haber negado apoyo a Carrera, la verdadera actitud de Buenos Aires dio lugar a suspicacias:

Le han llegado por conductos muy seguros las noticias de que el gobernador de esa provincia facilitaba a Jos√© Miguel Carrera loa medios de invadir a Chile permiti√©ndole que reclute gente para la expedici√≥n entre los mismos soldados que este pa√≠s prodig√≥ para defender a Buenos Aires y a√ļn concedi√©ndole que para aumentar sus fuerzas saque a los prisioneros de las Bruscas.
Juan Ascencio: Acusación pronunciada ante el Tribunal de Jurados de Lima

Ahora con cerca de 500 hombres, Carrera tomó la decisión de internarse y negociar el apoyo de los ranqueles para su tránsito a Chile, quienes aprovechaban el caos para iniciar una serie de ataques a poblaciones de la frontera al norte del Salado.

Tras ayudar a Carrera a hacer un arreo de vacas y caballos robados en Arrecifes hacia la pampa, le propusieron participar de un mal√≥n sobre el pueblo de Salto. En conjunto con 2000 ind√≠genas del cacique Yanquetruz, el 3 de diciembre de 1820 atac√≥, saqueo y destruy√≥ completamente el pueblo, quedando cautivos 250 mujeres y ni√Īos. Tambi√©n sufrieron malones los pueblos de Rojas, Lobos y Chascom√ļs. En febrero de 1821 Carrera se intern√≥ hacia el sudoeste.

El malón de 1821

El malón por Mauricio Rugendas.

Ante la indignaci√≥n p√ļblica por los malones, el gobernador Mart√≠n Rodr√≠guez decidi√≥ responder pero como tanto Carrera como los ranqueles eran dif√≠ciles de alcanzar r√°pidamente, tras una infructuosa entrada hacia Tandil al regresar atac√≥ a los indios que viv√≠an pac√≠ficamente al sur del Salado en la estancia de Miraflores, de Francisco Ramos Mej√≠a, de las tribus de Ancafil√ļ, Pichiman, Antonio Grande y Landao con el pretexto de que desde all√≠ planificaban las invasiones.:[12] ¬ęNo produjo √©sta mayores resultados, si no al contrario m√°s disposici√≥n en los indios para hacernos la guerra y no poca por haber tra√≠do preso en el mismo ej√©rcito a Don Francisco Ramos Mej√≠a con toda la tribu de indios pac√≠ficos que ten√≠an sus tolder√≠as en su estancia Miraflores¬Ľ.[1] En efecto, el ataque injustificado provoc√≥ que las tribus que se hab√≠an mantenido hasta ese entonces en paz por voluntad, costumbre y en respeto de lo establecido en el Pacto de Miraflores del 7 de marzo de 1820,[53] se alzaran tambi√©n contra las poblaciones de la frontera. En abril de 1821 un mal√≥n de 1500 hombres de lanza guiados por Jos√© Luis Molina, antiguo capataz de Ramos Mej√≠a, destruyeron la naciente poblaci√≥n de Dolores.[54]

Las Bruscas en los planes de reconquista espa√Īoles

Las Bruscas tuvieron un papel central en muchos de los planes que circularon en Espa√Īa y en R√≠o para la reconquista del R√≠o de la Plata, especialmente mientras se mantuvo el proyecto y la esperanza de la Expedici√≥n Grande. Como ejemplo, el teniente coronel Fernando Cacho present√≥ a Casa Fl√≥res una Nota de las preparaciones que deben preceder a la llegada del ej√©rcito expedicionario del R√≠o de la Plata para que tenga el feliz resultado que se desea. All√≠ planeaba rescatar a los prisioneros, que estimaba en alrededor de mil hombres, con tres buques, y con los soldados dispersos en la campa√Īa oriental iniciar un movimiento de apoyo previo al desembarco de la expedici√≥n.[55] [56]

Cecilio de √Ālzaga, hijo de Mart√≠n de √Ālzaga, propon√≠a un plan similar. Afirmaba que ¬ęLa Guardia de Las Bruscas en donde gimen 700 militares espa√Īoles dista de la costa por la parte del r√≠o Salado y el sur de este 18 leguas y 18 por la parte del puerto llamado Front√≥n del Norte. S√≥lo est√° guarnecido por cuarenta campesinos mal armados algunos de los cuales son chilenos que sirven con disgusto. Bastar√° enviar tres sumacas grandes o tres bergantines, un buen baqueano como Diego Mart√≠nez, que est√° en R√≠o, y un aviso al oficial de mayor graduaci√≥n para que se levante con sus compa√Īeros y gane la costa en el momento en que lleguen los barcos¬Ľ.[57]

El plan de √Ālzaga preve√≠a llevar en los buques armas para los setecientos hombres, lo que ya armados ser√≠an desembarcados en Maldonado. Reuniendo a su alrededor a los soldados dispersos, a los realistas convencidos y a milicianos orientales descontentos con la idea de la revoluci√≥n o con la ocupaci√≥n portuguesa, confiaba en levantar un ej√©rcito de dos o tres mil hombres que dar√≠a a la expedici√≥n una base firme desde la cual operar.

Otros planes fueron coincidentes en apoyarse en los soldados prisioneros y los establecidos en la Banda Oriental o en el Matto Groso, as√≠ como con menor grado de razonabilidad en la supuesta lealtad profunda a la monarqu√≠a de los pueblos ind√≠genas o el descontento del pueblo con la revoluci√≥n por la inestabilidad permanente.[58] Tras el desv√≠o de la expedici√≥n gracias entre otras cosas a las gestiones del agente de las Provincias Unidas en Espa√Īa Andr√©s Arguibel, y a la descomposici√≥n del ej√©rcito que desemboc√≥ en la rebeli√≥n de Rafael de Riego y en el Trienio Liberal, las esperanzas de una fuerza de auxilio se fueron desvaneciendo.

Notas

  1. ‚ÜĎ a b c Relaciones fronterizas en las tierras del Monsalvo y Dolores, primera mitad del XIX.
  2. ‚ÜĎ Francisco Herm√≥genes Ramos Mex√≠a Ross (1773 - 05/05/1828): adhiri√≥ tempranamente a la revoluci√≥n a la que apoy√≥ con fondos, regidor del Cabildo de Buenos Aires revolucionario electo el 17 de octubre de 1811 y defensor de menores. Estaba casado con Mar√≠a Antonia de Segurola y Roxas y era hermano de Ildefonso Ramos Mex√≠a. De ideas pol√≠ticas y religiosas muy particulares, predicaba una interpretaci√≥n milenarista, original y muy personal de los Evangelios influenciada por el jesuita Manuel Lacunza, todo lo cual lo enemist√≥ finalmente con las autoridades pol√≠ticas, que a principios de 1821 lo confinaron en su estancia de "Los Tapiales", y religiosas, que a su muerte le negaron sepultura, la que recibi√≥ de los indios que lo acompa√Īaban. Falleci√≥ en Los Tapiales el 5 de mayo de 1828, a los 55 a√Īos de edad.
  3. ‚ÜĎ Juan Carlos S√°nchez Sottosanto: Francisco.
  4. ‚ÜĎ Se denominaban "Islas" porque la vegetaci√≥n, compuesta por coronillos, espinillos, talas, sombra de toro, bruscas, pezu√Īa de vaca, etc, se agrupaban en bloques circulares rodeados de pajonales, por lo que recordaban islas Vascos en Dolores.
  5. ‚ÜĎ Algunos nombres: Francisco Ram√≠rez, Yparraguirre, etc.
  6. ‚ÜĎ Se calcula que para obtener una tonelada de carb√≥n se deben procesar actualmente 5 toneladas de le√Īa, probablemente m√°s en las carboner√≠as del monte de esa √©poca.
  7. ‚ÜĎ El 17 de enero de 1817, el juez sumariante de la guardia de San Juan Bautista de Chascom√ļs, Comandante del 2 escudaron de Milicias y Alcalde del Partido, Oficial Don Mariano Fern√°ndez, sustanci√≥ la primer causa al sur del Salado: Francisco Ram√≠rez, el due√Īo de una carboner√≠a en los Montes de Tordillo, fue acusado junto a sus troperos de abigeato. En la causa surgi√≥ el esc√°ndalo de que viv√≠an con ellos numerosas mujeres, muchas casadas que alejadas de sus antiguos hogares iniciaban una nueva vida. Pocos a√Īos despu√©s, el primer p√°rroco, Francisco de Paula Robles, denunciaba que el lugar era ¬ęuna madriguera de mujeres casadas en otra parte y que pasan por solteras teniendo relaciones con otros que no son sus leg√≠timos esposos¬Ľ. Menos importante para los vecinos pero m√°s para las autoridades nacionales, aparec√≠an datos en firme para afirmar que en buena parte se trataba de desertores (Familia, parentesco y mestizaje en la campa√Īa de Buenos Aires en el siglo XIX).
  8. ‚ÜĎ Sus sentencias demuestran que buena parte de los condenados eran soldados (Gaceta de Buenos Aires, 1810-1821)
  9. ‚ÜĎ AHPBA, Juzgado del Crimen, 34.2.36. Expte 69 (1817) Causa criminal seguida contra Manuel Alarc√≥n (alias Tabares), Pedro Jos√© Galindo y otros por robar y herir a don Jos√© Mar√≠a Cabrera en San Isidro.
  10. ‚ÜĎ Bandolerismo y politizaci√≥n de la poblaci√≥n rural de Buenos Aires tras la crisis de la independencia(1815-1830).
  11. ‚ÜĎ V√©ase Dolores (Buenos Aires).
  12. ‚ÜĎ a b Adriana Pisani: Historias del Salado y la Bah√≠a: cr√≥nicas y documentos del pasado, Dunken, ISBN 987-02-1989-6, 9789870219897.
  13. ‚ÜĎ Silvia Ratto: La frontera bonaerense (1810-1828): espacio de conflicto, negociaci√≥n y convivencia; y Alfredo Pedr√≥s: Guardia de Caquelguincul.
  14. ‚ÜĎ V√©ase Dolores (Buenos Aires) y Vascos en Dolores.
  15. ‚ÜĎ Cerca de la actual Ruta 63, a 5 km al noreste de la ciudad, aproximadamente 36¬į16‚Ä≤50‚Ä≥S 57¬į38‚Ä≤11‚Ä≥OÔĽŅ / ÔĽŅ-36.28056, -57.63639Coordenadas: 36¬į16‚Ä≤50‚Ä≥S 57¬į38‚Ä≤11‚Ä≥OÔĽŅ / ÔĽŅ-36.28056, -57.63639. V√©ase Dolores (Buenos Aires) y Historia de Dolores.
  16. ‚ÜĎ V√©ase Dolores (Buenos Aires). La documentaci√≥n no acredita la existencia efectiva del pueblo de Dolores en 1817, s√≥lo hay oficios de ese a√Īo en el Archivo General de la Naci√≥n que hacen referencia al pueblo Santa Elena o Las Bruscas (Historia.).
  17. ‚ÜĎ Miguel Navarro Viola y Vicente Gregorio Quesada: Revista de Buenos Aires.
  18. ‚ÜĎ Hermano del diputado por C√≥rdoba al Congreso de Tucum√°n Eduardo P√©rez Bulnes, su suegro era Ambrosio Funes, hermano del De√°n Gregorio Funes.
  19. ‚ÜĎ a b Maricel Garc√≠a de Fl√∂el: La oposici√≥n espa√Īola a la revoluci√≥n por la independencia en el R√≠o de la Plata entre 1810 y 1820: par√°metros pol√≠ticos y jur√≠dicos para la suerte de los espa√Īoles europeos, p√°gina 78.
  20. ‚ÜĎ a b Historia Argentina, Clasa, 1981, ISBN 84-7505-147-2, 9788475051475.
  21. ‚ÜĎ Maricel Garc√≠a de Fl√∂el: La oposici√≥n espa√Īola a la revoluci√≥n por la independencia en el R√≠o de la Plata entre 1810 y 1820: par√°metros pol√≠ticos y jur√≠dicos para la suerte de los espa√Īoles europeos, p√°gina 199.
  22. ‚ÜĎ Muchos prisioneros criollos, especialmente de tropa, sol√≠an incorporarse al ej√©rcito vencedor, aunque muchas veces s√≥lo para poder desertar m√°s adelante. El hecho de que hubiera soldados prisioneros es indicador de que o bien eran europeos como los que encontr√≥ Miller, o se negaron a sumarse a las fuerzas revolucionarias.
  23. ‚ÜĎ Tras conseguir ser derivado a un hospital en Buenos Aires, fug√≥ en 1820 a Colonia del Sacramento, de donde pas√≥ a R√≠o de Janeiro e inform√≥ al ministro espa√Īol Casa Fl√≥res. En Europa, a diferencia de la mayor√≠a de los oficiales americanos se sum√≥ al bando absolutista y particip√≥ de la invasi√≥n francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis.
  24. ‚ÜĎ Comandante del Batall√≥n de Am√©rica, capturado tras la ca√≠da de Montevideo y enviado al presidio por sorteo a ra√≠z de la fuga de otros prisioneros (Biblioteca de Mayo, p√°gina 3464.).
  25. ‚ÜĎ Comandante del Regimiento Provincial de Caballer√≠a de Montevideo, agregado a la artiller√≠a con motivo del sitio, capturado tras la ca√≠da de la ciudad.
  26. ‚ÜĎ San Mart√≠n se apoder√≥ de la isla de San Lorenzo para destruir el puesto de se√Īales all√≠ levantado por los realistas. Rescat√≥ veinte y cinco prisioneros que encontr√≥ en la mas deplorable miseria y efectuando trabajos forzados cargados con grillos (Claudio Gay: Historia f√≠sica y pol√≠tica de Chile seg√ļn documentos adquiridos en esta rep√ļblica durante doce a√Īos de residencia en ella y publicada bajo los auspicios del Supremo Gobierno).
  27. ‚ÜĎ Tras la derrota realista en la batalla de Chacabuco en febrero de 1817, fue confinado en Las Bruscas, de donde consigui√≥ fugar en compa√Ī√≠a del entonces cadete don Ram√≥n Castilla. Pas√≥ a Montevideo y se traslad√≥ a Brasil, de all√≠ al Alto Per√ļ y por Arequipa a Lima. El virrey Joaqu√≠n de la Pezuela le encarg√≥ la investigaci√≥n de una conspiraci√≥n a resultas de la cual el 26 de marzo de 1820 fueron presos Jos√© de la Riva Ag√ľero, el padre Segundo Antonio Carri√≥n de San Felipe Neri, los diputados Joaqu√≠n Mansilla, Jos√© Pezet, F√©lix Devoti entre otros, quienes finalmente recuperaron su libertad por falta de pruebas. En 1821 fue nombrado Subinspector de artiller√≠a, en 1823 fue ascendido a Brigadier y en la batalla de Ayacucho particip√≥ como Comandante general de la artiller√≠a. Despu√©s de la capitulaci√≥n, se retir√≥ a Espa√Īa donde a√ļn viv√≠a en 1851.
  28. ‚ÜĎ A los veinte a√Īos, como oficial de escolta del Brigadier Casimiro Marc√≥ del Pont, cay√≥ prisionero con √©l tras Chacabuco el 12 de febrero de 1817 en la hacienda "Las Tablas" cercana a El Quisco. Tras su fuga con el coronel Fernando Cacho pas√≥ a Montevideo y a R√≠o de Janeiro desde donde tras cinco meses de marcha a trav√©s del Mato Grosso y Beni lleg√≥ a Arequipa el 17 de agosto de 1818. Tras pasarse al ej√©rcito del General San Mart√≠n en agosto de 1821, fue incorporado como alf√©rez al Regimiento de Caballer√≠a "H√ļsares de la Legi√≥n Peruana ", al mando del Coronel Federico Brandsen. Castilla llegar√≠a a presidente de su naci√≥n en dos ocasiones, en los a√Īos 1845 a 1851 y 1855 a 1862, y al grado de Gran Mariscal del Per√ļ (Ej√©rcito del Per√ļ).
  29. ‚ÜĎ En Per√ļ desde mayo de 1816, Antonio Seoane integr√≥ la logia realista "La paz americana del sud", dirigida por el Mariscal de Campo Jer√≥nimo Vald√©z, junto a Tom√°s de Iriarte entre otros. Particip√≥ de la entrada del general Pedro Antonio Ola√Īeta de 1816 al norte argentino donde tras vencer al comandante general de vanguardia Jos√© Mar√≠a P√©rez de Urdininea ocup√≥ Humahuaca. En la entrada de Ola√Īeta y el comandante Buenaventura Centeno de principios de 1817, Seoane, segundo de Centeno, recibi√≥ orden de adelantarse. El 3 de abril, en el paraje de Volc√°n, fue vencido y tomado prisionero por el comandante patriota capit√°n Alejandro Burela. Tras la fuga, y previo paso por R√≠o de Janeiro, arrib√≥ al Callao en octubre de 1818. Particip√≥ de la sangrienta campa√Īa del brigadier Mariano Ricafort Palac√≠n y Abarca, del saqueo e incendio de Cangallo y la acci√≥n de Huancayo. Luego tuvo participaci√≥n destacada en la deposici√≥n del Virrey Pezuela y fue comisionado por Jos√© de la Serna para justificar en Espa√Īa (en pleno Trienio Liberal) la medida y solicitar apoyo militar. En Espa√Īa particip√≥ de los conflictos civiles que sobrevendr√≠an. Apoy√≥ la causa de Isabel II de Espa√Īa en la Primera Guerra Carlista, fue capit√°n general de Madrid en 1836, capit√°n de guardias de la real persona, como Mariscal de Campo capit√°n general del ej√©rcito y reino de Galicia en 1838, Capit√°n General de Valencia en 1840 y testigo en esa ciudad de la renuncia de Mar√≠a Cristina de Borb√≥n a la regencia de su hija, Isabel II de Espa√Īa, y su reemplazo por el general Baldomero Espartero, capit√°n general del segundo distrito y general en jefe del ej√©rcito de Catalu√Īa en 1842. Fiel a Espartero cay√≥ con √©l en 1843 tras la batalla de Torrej√≥n de Ardoz.
  30. ‚ÜĎ Cay√≥ prisionero del general Gregorio Araoz de Lamadrid el 15 de abril de 1817 en la Batalla de la Tablada de Tolomosa. Estuvo prisionero en Tucum√°n y luego fue trasladado a Las Bruscas. Fug√≥ en un barco ingl√©s a R√≠o de Janeiro y volvi√≥ a Per√ļ, donde tras caer nuevamente prisionero en 1820 en la Batalla de Cerro de Pasco, se pas√≥ al ej√©rcito de San Mart√≠n. Actu√≥ como jefe de estado mayor en la Batalla de Pichincha. Ascendi√≥ a Mariscal y gobern√≥ Per√ļ entre 1826 y 1827, Bolivia entre 1829 y 1836, y la Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana entre ese a√Īo y 1839.
  31. ‚ÜĎ Guillermo Miller: Memorias del general Miller. Buenos Aires: Emec√©, 1997.
  32. ‚ÜĎ Faustino Ansay: Relaci√≥n de los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Mendoza en los meses de junio y julio de 1810. Buenos Aires, 1960.
  33. ‚ÜĎ Academia Nacional de la Historia (Argentina), Congreso Internacional de Historia de Am√©rica, 1966, p√°gina 130.
  34. ‚ÜĎ Historia.
  35. ‚ÜĎ a b c d e f Miller: obra citada.
  36. ‚ÜĎ Maricel Garc√≠a de Fl√∂el: La oposici√≥n espa√Īola a la revoluci√≥n por la independencia en el R√≠o de la Plata entre 1810 y 1820: par√°metros pol√≠ticos y jur√≠dicos para la suerte de los espa√Īoles europeos, p√°gina 185.
  37. ‚ÜĎ Alfredo Pedr√≥s: Guardia de Caquelguincul y Rinc√≥n de historia.
  38. ‚ÜĎ El cuerpo fue disuelto en 1820 por problemas de disciplina entre otras razones y sus hombres reagrupados en dos regimientos de H√ļsares organizados durante el gobierno de Mart√≠n Rodr√≠guez. En 1822 el cuerpo fue recreado (Julio C√©sar Ruiz: Blandengues, bonaerenses, fundadores y pobladores).
  39. ‚ÜĎ Las levas sucesivas afectaron crecientemente a la poblaci√≥n rural y se ha estimado que pueden haber abarcado a un 10% de los varones solteros, es decir a uno de cada seis adultos (Juan C. Garavaglia: Ej√©rcito y milicia: los campesinos bonaerenses y el peso de las exigencias militares, 1810-1860, Anuario IEHS N.¬ļ 18, 2003, p√°gina 163).
  40. ‚ÜĎ Anal√≠a Correa: Relaciones fronterizas en las tierras del Monsalvo y Dolores, primera mitad del XIX.
  41. ‚ÜĎ Norberto Ras: La guerra por las vacas: m√°s de tres siglos de una gesta olvidada, p√°gina 169.
  42. ‚ÜĎ Desde la Real Orden de 26 de enero de 1801, la ¬ęlegua castellana¬Ľ equival√≠a a 20 000 pies, que equivalen a 5572,7 metros.
  43. ‚ÜĎ Melchora Rodr√≠guez y Sacrist√°n (1780-1850) era nativa de Montevideo, hija de Melchor Rodr√≠guez, Capit√°n de los Reales Ej√©rcitos, Gobernador Pol√≠tico y militar de la Provincia de Chiquitos, y estaba casada con el espa√Īol Francisco Antonio de Bel√°ustegui Foruria (1767-1851), dedicado al comercio con Espa√Īa y uno de los comerciantes mas acaudalados de la ciudad. Bel√°ustegui adquiri√≥ el solar de los Riglos, fue miembro del Real Consulado, regidor en 1808, opositor a Liniers, vot√≥ en el cabildo del 22 de mayo la propuesta del oidor Manuel de Reyes, contraria a la formaci√≥n de Junta, fue desterrado a Chascom√ļs hasta agosto de 1811 en que por intervenci√≥n de Domingo French pudo pasar a Montevideo. Volvi√≥ en 1815 pero emigr√≥ a Brasil por temor a ser asesinado. All√≠ apoy√≥ las acciones de la embajada espa√Īola. Volvi√≥ a Montevideo en 1817 y a Buenos Aires bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Durante los a√Īos de ausencia, su esposa Melchora y los apoderados, Pedro Capdevilla (hermano de su primera esposa, cabildante y propietario de uno de los primeros saladeros) hasta 1815 y desde entonces, su yerno Felipe Arana, cercano al gobierno revolucionario desde 1815, atendieron sus negocios. En 1816 Juan Antonio, sobrino de Bel√°ustegui, fue puesto preso por ocultar fugados. El mismo gobernador confi√≥ a Arana que quienes lo hab√≠an denunciado eran ¬ęalgunos gallegos de los mismos que usted [Bel√°ustegui] ha favorecido¬Ľ.
  44. ‚ÜĎ Clara Isabel N√ļ√Īez Chavarr√≠a (1771-?), hija de Pedro N√ļ√Īez y Alonso, escribano del cabildo, y de Isabel de Chavarr√≠a y del Castillo, cas√≥ en 1790 con Domingo de Azcu√©naga y Basavilbaso(1758-1821), hermano del miembros de la Primera Junta Miguel de Azcu√©naga, comerciante, regidor, doctor en leyes y poeta, considerado como el primer fabulista argentino colabor√≥ en el "Tel√©grafo Mercantil" y fund√≥ la "Sociedad Literaria del Plata". Aparte de valor, ten√≠a un sentido del humor muy particular. En una ocasi√≥n organiz√≥ un convite ¬ęsecreto¬Ľ en su casa, en que reuni√≥ a perseguidos pol√≠ticos que se ocultaban en una casa vecina. Asistieron as√≠ alvearistas y rodriguistas, patriotas y realistas, portugueses y espa√Īoles, ciudadanos de las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata, de Chile y Per√ļ, una pausa de fraternidad probablemente √ļnica en la √©poca.
  45. ‚ÜĎ La redada respond√≠a a la actitud de muchos realistas que ante la promesa de la Gran Expedici√≥n actuaban abiertamente como si los portugueses ya hubieran abandonado la ciudad. Estaban tambi√©n enfrentados al cabildo y la Logia Caballeros Orientales, integrada por los exiliados de las Provincias Unidas Alvear, Tom√°s de Iriarte y Larrea entre otros, incentivaba a los portugueses a sacarlos de en medio.
  46. ‚ÜĎ Gabriel Guarda: La sociedad en Chile Austral, Andr√©s Bello, p√°gina 234.
  47. ‚ÜĎ Barros Arana: Historia general de Chile, p√°gina 88.
  48. ‚ÜĎ Se sumaron luego a su direcci√≥n otros oficiales superiores, el brigadier Jos√© Ord√≥√Īez, el coronel Joaqu√≠n Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo (hermano del capit√°n de fragata Jos√© Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo), el coronel Antonio Morgado, el teniente coronel Lorenzo Morla, etc.
  49. ‚ÜĎ Monteagudo hab√≠a llegado pocos d√≠as antes y hab√≠a sido en realidad el detonante del conflicto. Los prisioneros hasta ese momento estaban incluso conformes con su suerte. Ten√≠an quintas propias y sol√≠an asistir a eventos sociales. El teniente coronel Morla, incluso viv√≠a en la casa de Dupuy y era amigo personal. Monteagudo impuls√≥ a Dupuy a restringir sus libertades y a dividir a los prisioneros en grupos peque√Īos, con el consiguiente descontento.
  50. ‚ÜĎ Mariano Torrente: Historia de la Revoluci√≥n Hispanoamericana
  51. ‚ÜĎ Juan Carlos Walther: La conquista del desierto: s√≠ntesis hist√≥rica de los principales sucesos ocurridos y operaciones militares realizadas en la Pampa y Patagonia contra los indios (a√Īos 1527-1885).
  52. ‚ÜĎ Benjam√≠n Vicu√Īa Mackenna: El ostracismo de los carreras, p√°gina 316.
  53. ‚ÜĎ Firmado por Mart√≠n Rodr√≠guez con los caciques Ancafil√ļ, Tacum√°n y Tricn√≠n, quienes hab√≠a sido autorizados en las tolder√≠as del Arroyo Chapaleuf√ļ a representar tambi√©n a los caciques Carrunaquel, Aunquep√°n, Saun, Trintri Lonc√≥, Album√©, Linc√≥n, Huletru, Cha√Īas, Calfuyll√°n, Tretruc, Pichilongo, Cachul y Limay, ratificaba la paz en el territorio y declaraba como l√≠nea divisoria definitiva la alcanzada por los hacendados. Por los caciques firm√≥ Francisco Ramos Mej√≠a (Tratado de paz de la estancia Miraflores 7-3-1820).
  54. ‚ÜĎ El baqueano Molina fue soldado del Regimiento de Granaderos a Caballo. Cuando Mart√≠n Rodr√≠guez apres√≥ al hacendado y a los indios que viv√≠an en su estancia, Molina junto con dos peones m√°s, huy√≥ a las tolder√≠as. Despu√©s de la destrucci√≥n de Dolores, donde obtuvieron m√°s de ciento cincuenta mil cabezas de ganado, aliado a los caciques Ancafil√ļ y Pichiman invadi√≥ por la costa del Salado hasta ser derrotado por los H√ļsares y Dragones Auxiliares de Entre R√≠os. Molina escap√≥ y acusado de traici√≥n por los indios recibi√≥ protecci√≥n en los cuarteles. √ötil por sus conocimientos fue indultado el 04 de julio de 1826 por Bernardino Rivadavia y se sum√≥ como capit√°n de baqueanos a las expediciones de 1826 y 1827 del coronel Federico Rauch a la Sierra de la Ventana (Relaciones fronterizas en las tierras del Monsalvo y Dolores, primera mitad del XIX). En el levantamiento rural de 1829 en contra de Juan Lavalle tuvo un papel destacado en la direcci√≥n de una de las tantas bandas armadas que mantuvo en jaque al gobierno de facto. Regularizada la situaci√≥n con la llegada al poder de Rosas, Molina pas√≥ a servir como oficial en el Fuerte Independencia (Silvia Ratto: Caciques, autoridades fronterizas y lenguaraces, CONICET-UNQ-UBA, 2005).
  55. ‚ÜĎ En su presentaci√≥n Cacho demostraba un profundo odio por los revolucionarios de las Provincias Unidas. Dec√≠a que eran ¬ęvivos, emprendedores, obstinados y sanguinarios, y su genio fecundo en intrigas¬Ľ. Consideraba, al igual que la mayor√≠a en Espa√Īa, que eran el verdadero centro de la insurrecci√≥n en Am√©rica, por lo que deb√≠an concentrar todos los esfuerzos y una vez dominados ser tratados de manera diferente al resto. Propon√≠a que la vieja Intendencia de Salta fuera separada del restaurado Virreinato del R√≠o de la Plata, que la sede del Virrey se trasladara a la ciudad de Santa Fe y la de la Audiencia a C√≥rdoba, que se cerrara el puerto de Buenos Aires y se trasladara a Espa√Īa a las familias de los insurgentes.
  56. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Mariluz Urquijo, Proyectos espa√Īoles para reconquistar el R√≠o de la Plata, 1820-1833, Perrot, Buenos Aires, 1958, p√°gina 64.
  57. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Mariluz Urquijo: Proyectos espa√Īoles para reconquistar el R√≠o de la Plata, 1820-1833 (p√°ginas 64 y 65). Buenos Aires: Perrot, 1958.
  58. ‚ÜĎ La lealtad mon√°rquica de los indios pudo tener alg√ļn grado de realidad, y s√≥lo en algunos casos, al comienzo de la revoluci√≥n pero para estas fechas la idea ya hab√≠a penetrado en todos los estamentos. En cuanto a la desilusi√≥n con la revoluci√≥n, aunque era cierto el agotamiento y descontento por el conflicto civil permanente, mal pod√≠a suspirarse por el regreso a la madre patria cuando Espa√Īa s√≥lo mostraba m√°s de lo mismo.

Bibliografía

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  • Walther, Juan Carlos: La conquista del desierto: S√≠ntesis hist√≥rica de los principales sucesos ocurridos y operaciones militares realizadas en la Pampa y Patagonia contra los indios(a√Īos 1527-1885), Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1970

Véase también

Enlaces externos


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