Monte de El Pardo

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Monte de El Pardo
Para otros usos de este término, véase El Pardo.
Monte del Pardo
Monte del Pardo2.jpg
Situación
Pa√≠s Bandera de Espa√Īa Espa√Īa
Divisi√≥n Flag of the Community of Madrid.svg Comunidad de Madrid
Datos generales
Administración Madrid
Grado de protecci√≥n Parque regional de la cuenca alta del Manzanares
Fecha de creaci√≥n 1985
N¬ļ de localidades 7 municipios
Superficie 15.821 ha
Sitio web sin web oficial
Situación del Monte de El Pardo en el término municipal de Madrid.
Encinar adehesado del Monte de El Pardo.
Perspectiva del Monte de El Pardo.
La carretera que une Torrelodones con El Pardo se corta en este punto, denominado Puerta del Hito, situado en la valla que rodea el perímetro del monte.
Viaducto ferroviario sobre el río Manzanares, en el Monte de El Pardo.

El Monte de El Pardo es una zona boscosa situada al norte del municipio de Madrid (Espa√Īa), en el que se encuentra totalmente integrado, junto con su ap√©ndice, el Monte de Vi√Īuelas. Supone m√°s de la cuarta parte (el 26,4%) del t√©rmino municipal de la capital.

Está considerado como el bosque mediterráneo más importante de la Comunidad de Madrid y uno de los mejor conservados de Europa, tanto en lo que respecta a su flora, con 120 especies catalogadas, como a su fauna, con aproximadamente 200 especies vertebradas.[1] Se extiende alrededor del curso medio del río Manzanares, a lo largo de 16.000 hectáreas, y se encuentra integrado en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, donde recibe la máxima protección legal. En 1987, fue declarado Zona Especial de Protección para Aves (ZEPA).

A pesar de ello, su gestión corresponde enteramente al Patrimonio Nacional, organismo estatal que regula las posesiones que estuvieron en manos de la Corona, que mantiene una política altamente proteccionista y restrictiva en relación con el bosque. La Ley de 16 de junio de 1982, que define la actividad del Patrimonio Nacional, establece, en su artículo cuarto, su integración en la citada entidad.[2]

La mayor parte de su área (aproximadamente 15.100 hectáreas, el 94,4% de la superficie total) se encuentra cercada, mediante una valla que recorre su perímetro, a lo largo de 66 kilómetros. La visita a esta zona está totalmente prohibida.

Las 900 hectáreas restantes (el 5,6%), donde se localizan algunas áreas urbanas como los barrios de El Pardo y Mingorrubio y deportivas como el complejo de Somontes, poseen un valor ecológico inferior. Aquí sí es posible el acceso, a través de diferentes sendas y caminos, habilitados a efectos recreativos.

Adem√°s de su riqueza medioambiental, el Monte de El Pardo re√ļne un rico patrimonio hist√≥rico-art√≠stico, fruto de su estrecha relaci√≥n con la monarqu√≠a espa√Īola.


Contenido

Geografía urbana

La singularidad de este espacio reside en su proximidad con el área metropolitana de Madrid, en la que residen más de cinco millones de personas. Apenas ocho kilómetros separan su límite meridional de la Puerta del Sol, plaza considerada como el centro neurálgico de la capital. A pesar de esta presión demográfica, el Monte de El Pardo ha quedado al margen de la expansión urbana de Madrid.

Su utilizaci√≥n hist√≥rica como coto privado de caza por parte de varios reyes espa√Īoles ‚ÄĒy tambi√©n, en el siglo XX, por Francisco Franco‚ÄĒ ha preservado sus valores medioambientales hasta nuestros d√≠as. A ello se une la citada existencia de una valla a lo largo de todo su per√≠metro, as√≠ como una gesti√≥n proteccionista caracterizada por la prohibici√≥n de las visitas en las zonas de m√°xima protecci√≥n y la vigilancia permanente de las mismas, a manos de guardas forestales.

El Monte de El Pardo perteneci√≥ anta√Īo al antiguo municipio de El Pardo. Actualmente es parte del distrito de Fuencarral-El Pardo, despu√©s de que la mencionada localidad fuera absorbida por Madrid.[3] Sin embargo, el ayuntamiento madrile√Īo no tiene potestad sobre el espacio que queda dentro de la valla, administrado √≠ntegramente por Patrimonio Nacional. S√≠, en cambio, sobre los lugares situados m√°s all√° de la tapia, mucho menos extensos y menos importantes en t√©rminos ecol√≥gicos.

Límites urbanos

El Monte de El Pardo limita al norte con los municipios de Tres Cantos y Colmenar Viejo, al noroeste con Hoyo de Manzanares y Torrelodones y al oeste con Las Rozas de Madrid. En los restantes puntos cardinales, la linde la marcan distintos barrios de la capital, entre los que destacan los de Fuencarral y Aravaca.

En todas estas localidades y barrios, existen zonas de transici√≥n, figura legal regulada por el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, que impiden la expansi√≥n de los citados n√ļcleos urbanos hacia las inmediaciones de valla de El Pardo, en las que se proh√≠be expresamente la construcci√≥n. Una de las m√°s significativas es la Finca de El √Āguila, ubicada en Las Matas, pedan√≠a de Las Rozas de Madrid.

Pese a ello, en los √ļltimos a√Īos han surgido conjuntos residenciales construidos casi al borde mismo de la tapia, caso de Pe√Īascales Tikal, en Torrelodones, y de algunas urbanizaciones de Aravaca.[4]

Carreteras y ferrocarril

El paraje se encuentra surcado, de este a oeste, por el ferrocarril que une Madrid con Villalba, √Āvila y Segovia, que rompe la valla de El Pardo a la altura de las estaciones de Pitis (Madrid) y de El Tejar (Las Rozas). Cerca de sus l√≠mites oriental y occidental pasan las autov√≠as M-607 y A-6, respectivamente.

En su extremo sur, en la linde con la tapia o atraves√°ndola, discurre la autopista de circunvalaci√≥n M-40, construida tanto a cielo abierto como por t√ļneles (los llamados T√ļneles de El Pardo), excavados para salvaguardar los lugares enclavados dentro de la tapia. Con respecto a la M-50, otra de las v√≠as de circunvalaci√≥n de la Comunidad de Madrid, est√°n previstos varios proyectos para completar su cierre, a su paso por el Monte de El Pardo. Uno de ellos contempla la excavaci√≥n de dos t√ļneles.[5]

Fuera de la valla, se encuentra también la carretera M-612, que va desde la M-30 hasta el pueblo de El Pardo y desde aquí hasta Fuencarral. Y, dentro de la cerca, el monte es cruzado por la carretera que une Torrelodones con El Pardo, si bien está prohibida la circulación de vehículos.

Geografía física

El suelo arenoso del Monte de El Pardo está muy expuesto a la erosión, como puede apreciarse en el corte de tierra que aparece en la imagen.

Desde el punto de vista geológico y geomorfológico, el Monte de El Pardo presenta una gran homogeneidad en todo su territorio.[6] El bosque se asienta sobre un valle de gran amplitud, formado por el río Manzanares en su curso medio. Su suelo está constituido por elementos arenosos y detríticos, originados por la disgregación de los materiales graníticos de la Sierra de Guadarrama, que lo bordea por el norte, y de la Sierra del Hoyo de Manzanares, que hace lo propio por el noroeste.

El suelo muestra, en consecuencia, un alto grado de inmadurez, que lo hace muy vulnerable ante los procesos de erosión, como así atestigua la presencia de numerosos barrancos y torrenteras. En la imagen adjunta, pueden apreciarse los efectos de la erosión del agua sobre una loma, que aparece cortada.

M√°s all√° de la acci√≥n erosiva, la orograf√≠a del paraje es poco accidentada. El Monte de El Pardo est√° formado por lomas peque√Īas y onduladas, que bajan en suave pendiente hacia el valle del Manzanares, que lo atraviesa de norte a sur. Su altitud media es de 681 metros, con un m√≠nimo de 600 metros y un m√°ximo de 860 m.

Junto a este río, el paraje integra diferentes riachuelos, caracterizados por un fuerte estiaje. Los arroyos de Manina y de Trofa se encuentran entre los más importantes; ambos descienden desde la Sierra del Hoyo y desembocan en el Manzanares por la derecha. Otros arroyos son el de Tejada, el de La Nava y el de La Zarzuela.

Dada la abundancia de llanuras, el Manzanares se remansa en numerosas ocasiones. Además, es retenido en el embalse de El Pardo, construido para regular las presas de canalización del río a su paso por Madrid. A este pantano, que tiene una superficie de 550 hectáreas y una capacidad de almacenaje de 43 hm³, también contribuye el arroyo de Manina.

En lo que respecta a la climatología, la zona presenta un clima mediterráneo continentalizado, de carácter severo en su parte septentrional y moderado en la meridional. Las medias anuales de precipitaciones oscilan entre 500 y 600 mm.

Valores ambientales

Remanso del Manzanares, a su paso por el Monte de El Pardo. El río constituye un corredor biológico para las especies que habitan en el paraje.
Ciervo en un pinar próximo al convento del Cristo de El Pardo.

El Monte de El Pardo está considerado como uno de los principales pulmones de la ciudad de Madrid, al conectar la Sierra de Guadarrama con el casco urbano. Su proximidad con otras áreas verdes (Monte de la Zarzuela, Dehesa de la Villa y Casa de Campo) conforma una línea forestal casi continua desde el norte de la capital, a la altura de la M-607 (autovía de Colmenar Viejo), hasta su zona oeste, al borde de la A-5 (autovía de Extremadura). Sólo la A-6 y algunas zonas residenciales rompen este eje arbolado.

Se trata de un bosque mediterráneo continentalizado, integrado por encinares adehesados y, en menor medida, densos, que dejan paso a alcornoques, fresnos, chopos, fresnos, quejigos, enebros y jaras. Así hasta completar una lista de 120 especies vegetales. Las márgenes del río Manzanares presentan ecosistemas típicos de ribera.

En lo que respecta a la fauna, hay catalogadas casi 200 especies de vertebrados: 125 de aves, 35 de mamíferos, 19 de reptiles y 13 de anfibios.

Dada su condición histórica como coto de caza, las especies cinegéticas son especialmente relevantes, tanto de caza menor (conejo, perdiz roja, paloma torcaz...) como mayor (ciervo, gamo, jabalí...), que aparecen superpobladas por la escasez de sus depredadores.

Se estima que viven en el paraje aproximadamente 4.000 gamos, 3.600 ciervos y 500 jabal√≠es, adem√°s de 30.000 conejos. Peri√≥dicamente se realizan cazas controladas de animales, para impedir que las superpoblaciones acaben con los recursos vegetales del paraje. Junto a las especies de caza, el paraje re√ļne mam√≠feros como gatos monteses, zorros, tejones, gardu√Īas y ginetas.

La construcci√≥n del embalse de El Pardo en 1970, sobre el Manzanares, provoc√≥ un fuerte impacto ambiental al anegar el valle m√°s f√©rtil del paraje, origen, en gran medida, de la cadena alimentaria. A cambio favoreci√≥ la formaci√≥n de un nuevo ecosistema, en el que habitan numerosas especies aviares, atra√≠das por su poblaci√≥n √≠ctica (barbos, lucios y carpas) y anfibia. Destacan entre esas aves el √°guila pescadora, la cig√ľe√Īa negra, el cormor√°n grande, la grulla com√ļn, la gaviota reidora y varias especies de an√°tidas. Este pantano est√° recogido en el cat√°logo regional de zonas h√ļmedas, por su valor faun√≠stico y paisaj√≠stico.

El Monte de El Pardo tambi√©n re√ļne poblaciones de aves de presa de gran inter√©s ambiental, caso del √°guila imperial, el elanio y el b√ļho real, adem√°s de otras aves como urracas, buitres negros y picapinos.

Este espacio protegido est√° catalogado como Zona de Especial Protecci√≥n para las Aves. Red Natura 2000. (Dir. 79/409 CEE) con el n√ļmero ES0000011. En su ficha (V√©ase Enlaces externos) se resumen sus principales valores bi√≥ticos.

Valores histórico-artísticos

El convento del Cristo de El Pardo, desde el valle del río Manzanares.

Este espacio natural, fuertemente vinculado con la monarqu√≠a, integra diferentes monumentos usados hist√≥ricamente por los reyes. Dentro del conjunto monumental del pueblo de El Pardo, se encuentra el m√°s relevante de todos ellos: el Palacio Real.[7] Sus or√≠genes se remontan a la Casa Real mandada construir, como pabell√≥n de caza, por Enrique III en 1405. √Čsta fue demolida por Carlos I para edificar el actual palacio, que fue ampli√°ndose y reform√°ndose en siglos posteriores.

El Palacio Real ha servido de residencia temporal a varios monarcas espa√Īoles y, de forma estable, a Francisco Franco. Actualmente se utiliza como lugar de alojamiento para las visitas de Estado y para ciertos actos relacionados con la Casa Real. La Casita del Pr√≠ncipe y el convento del Cristo de El Pardo (oficialmente, convento de los Padres Capuchinos), donde se conserva una talla de Gregorio Fern√°ndez, del siglo XVII, son otros edificios notables.

Pocos kil√≥metros hacia el sur, siguiendo la carretera que une esta localidad con la M-30, se sit√ļa el Palacio de la Zarzuela, cuyas obras se iniciaron en el siglo XVII, a iniciativa de Felipe IV, si bien el edificio actual es fruto de numerosas reformas y transformaciones posteriores. Es la residencia oficial de los Reyes de Espa√Īa. En sus proximidades, se ha construido un palacete, donde viven los Pr√≠ncipes de Asturias.

En el Monte de Vi√Īuelas ‚ÄĒadscrito al Monte de El Pardo‚ÄĒ, cerca de la linde con Tres Cantos, est√° el castillo del mismo nombre, cuyas primeras referencias datan del a√Īo 1285.

Curiosidades

Jabal√≠es en el Monte de El Pardo. Los reyes espa√Īoles frecuentaban el lugar atra√≠dos por su riqueza cineg√©tica.

Aspectos históricos

  • La riqueza cineg√©tica del monte atrajo hacia este paraje a los reyes espa√Īoles, que lo utilizaban como coto de caza desde la Alta Edad Media, hasta convertirse en el cazadero predilecto de los Austrias y de los Borbones. La construcci√≥n del Palacio Real en el siglo XVI, a iniciativa del emperador Carlos I, anim√≥ a varios monarcas a pasar largas temporadas en El Pardo, quienes aprovechaban la cercan√≠a de la Villa de Madrid para convocar las Cortes del Reino. Algunos historiadores sostienen que la abundancia de caza del lugar fue una raz√≥n determinante para el establecimiento de la capitalidad en Madrid.
  • El origen de su nombre parece bastante claro. El vocablo hace referencia al color de la tierra (el color pardo), que domina todo el paisaje. Pese a ello, algunos investigadores vinculan el top√≥nimo al oso pardo, muy abundante en tiempos pasados. El rey Alfonso XI as√≠ dej√≥ constancia en el Libro de la Monter√≠a, escrito hacia 1340:
El Pardo es un buen monte de puerco e invierno, et en tiempo de panes. Haber matado dos osos un sábado, antes de mediodía, que nunca vi dos osos mayores ni ayuntados en uno.
  • A diferencia de otros top√≥nimos madrile√Īos (caso de guadarrama), el del pardo no ofrece dudas sobre si fue primero el monte o el pueblo en llevar este nombre. Mucho antes de la aparici√≥n de la localidad, el bosque ya era conocido con su actual nombre, si bien se le designaba como dehesa y no como monte. Despu√©s pas√≥ al palacio y, por √ļltimo, al pueblo de El Pardo, que surgi√≥ alrededor de este edificio.
  • Los or√≠genes de la valla que rodea la mayor parte del Monte de El Pardo se remontan al siglo XVIII. En 1750, el rey Fernando VI orden√≥ realizar un muro para cercar El Pardo, con la intenci√≥n de prevenir el furtivismo y contener a la fauna herb√≠vora, que da√Īaba los cultivos adyacentes. La Puerta de Hierro se erigi√≥ en este momento como puerta de acceso al monte. La tapia actual est√° construida, en algunos tramos, en piedra de granito y, en otros, en ladrillo. A ello se a√Īade la existencia de varias alambradas.

√Ārboles singulares

  • El Monte de El Pardo cuenta con √°rboles centenarios. Algunos de ellos est√°n incluidos en el Cat√°logo de √Ārboles Monumentales Madrile√Īos, caso de dos olmos, a los que se les atribuye una edad de 200 a√Īos, situados junto al r√≠o Manzanares. El mayor de ellos mide m√°s de 25 metros de altura y la base de su tronco tiene una circunferencia de m√°s de ocho metros y medio. Su copa posee un di√°metro de 23 metros. El otro ejemplar alcanza una altura de 21 metros, con un per√≠metro en su tronco de 5,30 metros y un di√°metro de copa de 22 metros.
  • Tambi√©n se encuentran alcornoques de grandes proporciones. Existe un ejemplar de 16,5 metros, con un di√°metro de copa de 22,5 metros y un per√≠metro de tronco de 3,85 metros. De menores dimensiones es uno de 14 metros de alto y una copa de 21,5 metros.

El Monte de El Pardo y Manuel Aza√Īa

El pol√≠tico Manuel Aza√Īa fue uno de los m√°s ac√©rrimos defensores del Monte de El Pardo durante su periodo como presidente de la Segunda Rep√ļblica espa√Īola, al que preserv√≥ de algunas iniciativas urban√≠sticas, dirigidas a la construcci√≥n de una barriada de casas baratas, en una superficie de seis kil√≥metros cuadrados, arrebatada al monte. As√≠ se desprende de sus Diarios (1911-1939).

El 16 de noviembre de 1937, en plena guerra civil, reflej√≥ sus impresiones en el Cuaderno de la Pobleta, tras una visita a El Pardo, donde acudi√≥ a los palacios y al hospital. Estuvo acompa√Īado por Prieto (ministro de la Guerra), Jos√© Miaja (general) y Juan Negr√≠n (presidente del Consejo de Ministros), adem√°s de diferentes autoridades locales. En estas anotaciones, reprodujo los siguientes di√°logos:

(...) Cruzando El Pardo, nos lament√°bamos de la suerte del monte. Negr√≠n me asegur√≥ que se hab√≠an dado √≥rdenes de no cortar √°rboles, y que se aprovechase la le√Īa seca y los troncos carbonizados por el bombardeo. S√≠, s√≠: las se√Īales son otras. Una campa√Īa de invierno m√°s y el monte quedar√° arrasado, sin remedio, porque repoblarlo de encinas es una empresa largu√≠sima que nadie sostendr√°.

‚ÄĒ No s√© si usted sabr√° que he librado muchas batallas por la integridad y conservaci√≥n de El Pardo, y no todas las he ganado. En las Constituyentes tuve un d√≠a que amenazar con la cuesti√≥n de confianza para impedir que le arrancasen seis kil√≥metros cuadrados con destino a una barriada de casas baratas. ¬°Ya ve usted! En Madrid, rodeado de miles de hect√°reas de tierra calma y erial, no hab√≠a por lo visto mejor sitio que el encinar de El Pardo para un ensayo de arquitectura social. Hay hombres que no est√°n seguros de su dominio sobre la naturaleza mientras no le han dado por el pie a un √°rbol viejo. Posteriormente, en tiempos del se√Īor Chapaprieta, tambi√©n se quiso quitarle al monte dos mil hect√°reas para entreg√°rselas a una compa√Ī√≠a de urbanizaci√≥n. Tarde o temprano, y no habiendo nadie para impedirlo, se saldr√°n con la suya. Y encima le har√°n creer a Madrid que se cumple una gran obra de progreso. Cuando gane usted la guerra, Negr√≠n, me permitir√°n ustedes que deje de ser presidente de la Rep√ļblica, a cambio de que me nombre usted para el cargo que m√°s me gusta.

‚ÄĒ ¬ŅCu√°l?

‚ÄĒ Guarda mayor y conservador perpetuo de El Pardo, con mero y mixto imperio dentro del monte, para hacer de √©l lo que en cualquier pa√≠s de gusto estar√≠a hecho desde hace mucho tiempo. Sin retribuci√≥n alguna, ni otra recompensa que el derecho a vivir en cualquiera de estas casas, no en Palacio, ciertamente.

(...) Al tomar en Fuencarral la carretera nueva que lleva a El Pardo, pasamos cerca de los terrenos de La Veguilla. Esto me hizo recordar la conversaci√≥n que cuatro o cinco a√Īos antes hab√≠a tenido con Negr√≠n, precisamente.

‚ÄĒ Cuando usted desempe√Īaba la secretar√≠a de la Ciudad Universitaria y yo presid√≠a el Gobierno, me trajo usted a ver las obras. Le habl√© entonces de mis planes sobre La Veguilla. Me pareci√≥ que estos terrenos, cuya extensi√≥n, si la memoria no me enga√Īa, es doble que la de El Retiro, deb√≠an destinarse a plantar el nuevo jard√≠n bot√°nico, a instalar en grande el Museo de Ciencias Naturales y otros establecimientos cient√≠ficos an√°logos. Le pareci√≥ a usted muy bien, as√≠ como el prop√≥sito de unir las nuevas instalaciones con la avenida central de la Ciudad Universitaria, por Pe√Īagrande. Todo ello servir√≠a adem√°s de norma para redondear la urbanizaci√≥n de Madrid en esta zona. Publiqu√© el decreto correspondiente, atribuyendo los terrenos al museo. Pues bien: al volver al Gobierno en 1936, me encontr√© con que no se hab√≠a dado puntada en el asunto. El Ministerio de Instrucci√≥n P√ļblica ignoraba la existencia del decreto. Aunque sea lamentable, no me sorprend√≠a que el ministerio y los ministros hubiesen dado carpetazo al proyecto, porque era m√≠o; pero ni en el propio museo lo tomaron con inter√©s, salvo una o dos personas de mi particular conocimiento. Si hubiese decretado que en los terrenos se construyesen grupos escolares, piscinas y campos de deporte, todo el mundo lo habr√≠a comprendido, y ya estar√≠an hechos. Muy bien est√° hacerlos. Pero vaya usted a interesar al poder p√ļblico, es decir, a unos ministros, unos subsecretarios y directores desvanecidos, en la obra impersonal de crear un museo, un jard√≠n bot√°nico, unos laboratorios, que no dicen nada a las clientelas. Es un ejemplo de la falta de esp√≠ritu en el Estado y de la falta de continuidad. Podr√≠a citar m√°s de una docena sin salirme del corto tiempo de mi acci√≥n en el Gobierno.

El jardín botánico hizo saltar en la conversación el nombre de Carlos III.

‚ÄĒ Supongo -dec√≠a el presidente- que no le tendr√° usted por un gran hombre, pero acert√≥ a rodearse de gente ilustrada y √ļtil.

‚ÄĒ En la vida de Carlos III he encontrado un rasgo que viene aqu√≠ muy al caso, precisamente a prop√≥sito de un √°rbol en el camino de El Pardo: ¬ęCuando yo me muera¬Ľ, dec√≠a el Rey, ¬ę¬ŅQui√©n cuidar√° de ti, pobre arbolito?¬Ľ. Tirando de este hilo se descubre una sensibilidad muy simp√°tica. En mis andanzas de cazador por La Alcarria conoc√≠ hace muchos a√Īos a un r√ļstico, guarda de monte, apasionado tambi√©n por un √°rbol. ¬ęVenga usted a ver mi nogal, se√Īorito Manolo¬Ľ (entonces me llamaban as√≠), me dijo un d√≠a. Nogal estupendo. A su sombra me he guarecido de algunas sofoquinas de agosto. El t√≠o Eugenio, viejo, desdentado, con m√°s arrugas que las nueces de su nogal, era due√Īo del √°rbol, pero no del suelo en que crec√≠a, solitario en muchos cientos de metros a la redonda, como un poema nutrido por los jugos de aquella tierra ardiente, color sangre de toro. √önico bien del t√≠o Eugenio, le sacaba un pu√Īado de reales cada a√Īo. Nunca consinti√≥ en venderlo, aunque le ofreciesen una almorzada de onzas. ¬°Un tipo a lo Carlos III, ea! Pero √©l no lo sab√≠a. El √°rbol solitario es una eleg√≠a t√≠pica del campo espa√Īol. Aparece en el nombre de un pueblecito de Salamanca, nombre que √ļnicamente puede formarse en lengua castellana: Encinasola de los Comendadores ¬°Eche usted! Encinasola de los Comendadores. ¬°Qu√© onda! ¬°Qu√© acento! Se est√° viendo, sobre un horizonte fr√≠o, remoto, el √°rbol solitario, como el del t√≠o Eugenio, reliquia de un bosque desaparecido. Es claro, el t√≠o Eugenio nunca fue comendador. Guarda, nada m√°s (...).

Referencias

Véase también

Enlaces externos


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