Tom√°s Mu√Īoz Lucena

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Tom√°s Mu√Īoz Lucena
Padre de tomas mu√Īoz lucena pintado en 1878.

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Biograf√≠a del pintor Tom√°s Mu√Īoz Lucena

Tom√°s Mu√Īoz Lucena nace el 4 de junio de 1860. Ingresa en la Escuela de Bellas Artes de Rafael Romero Barros, para posteriormente y becadso por la Diputaci√≥n cordobesa marcha a Madrid en esta ciudad continu√≥ su aprendizaje con Federico Madrazo, donde su madurez art√≠stica se va gestando, continua su carrera en Roma ya que consigue una beca.

En 1884 envía su obra "Ofelia" que causa admiración pero no es premiada, ya que el género histórico sigue siendo el preferido de los Jurados, y los pintores conscientes de ello, sometían sus liberales energías a esta temática.

Plegaria en las ermitas de C√≥rdoba, Lienzo de Tom√°s Mu√Īoz Lucena

En la Nacional de 1887, formando parte del Jurado: Federico Madrazo, el arquitecto Manuel An√≠bal Alvarez, Octavio Pic√≥n y con oponentes de la categor√≠a de Sorolla, que present√≥ "Entierro de Cristo", Mart√≠nez Cubells con "Do√Īa In√©s de Castro", Jos√© Garnelo, con "La muerte de Lucano" y Mu√Īoz Lucena con un importante lienzo de tem√°tica hist√≥rica: "El cad√°ver de Alvarez de Castro" consigue la medalla de segunda clase, galard√≥n que tambi√©n recibe Garnelo.

En 1888 obtiene la C√°tedra de dibujo en C√≥rdoba, donde realiza un gran n√ļmero de retratos, dos a√Īos m√°s tarde se traslada a Granada al obtener la plaza de catedr√°tico en esta ciudad. Esta es la √©poca m√°s fecunda del artista, estimulado por el conocimiento oficial de su val√≠a, sigue pintando sin des√°nimo. El naturalismo conseguido en su cuadro "El cad√°ver de Alvarez de Castro" llega a sus m√°s altas cimas en la monumental obra de m√°s de cinco metros "Las lavanderas" fechada en Granada con la que present√≥ a la Exposici√≥n Nacional de 1890, obteniendo medalla de segunda clase.

En la Nacional de 1891, env√≠a "La fiesta de las palmas", en 1892, "Arrabales del Escorial", "Un telar","La merienda","Las gallinas", una serie de obras, que nos hablan de un naturalismo y realismo desligado totalmente del g√©nero hist√≥rico. La influencia de su maestro Romero Barros est√° presente en la √©poca granadina, que se caracteriza por la gruesa pincelada y la luminosidad. En 1889 expone en el C√≠rculo de Bellas Artes de Madrid su obra "Maruja" que es seleccionada junto con obras de Esteban, Sorolla, Cecilio Pl√°, Jim√©nez Aranda, Mu√Īoz Degrain, Simonet, artistas que formaban el elenco m√°s representativo de la pintura espa√Īola.

En la Exposición Universal de París de 1900, sus obras "Idilio" y "Pastora de pavos" obtienen medalla de bronce, este reconocimiento a nivel internacional, lo alienta a realizar la obra más importante de su vida: "Plegaria en las Ermitas de Córdoba", consideración de primera medalla en la Nacional de 1901.

En esta √©poca comienza a colaborar en la revista Blanco y Negro, formando parte del grupo de ilustradores que marcaron un camino en las artes gr√°ficas de primeros del siglo XX; M√©ndez Bringa, Xaudar√≥, Emilio Sala, Lozano Sidro, D√≠az Huertas, Medina Vera. En 1903 pinta "Enjalbegando" que causa sensaci√≥n a los lectores de esta revista por la frescura de su color, "Desde la altura ¬°Qu√© peque√Īos los hombres son!" asombra a los lectores esa chica asomada a la torre de la Catedral, igualmente sucede con "Flores de Balc√≥n" y "En los c√°rmenes granadinos", estas cuatro ilustraciones fueron las magn√≠ficas muestras que aparecieron en la afamada revista.

Con el nuevo siglo, los gustos fueron evolucionando, la obligada pintura de historia, comenz√≥ a caer en el olvido y el naturalismo y el realismo pasaron a ser los protagonistas de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Mu√Īoz Lucena junto con pintores de la categor√≠a de Benedito -que con su obra "Pescadoras Bretonas" conseguir√≠a la primera medalla- ,Alvarez de Sotomayor con el tema mitol√≥gico "El rapto de Europa", Eugenio Hermoso con la ingenua y colorista obra, "La Juna, la Rifa y sus amigas", G√≥mez Gil con su marina "Playas de M√°laga", Alvarez Sala con "Chubasco en la romer√≠a", Mu√Īoz Lucena exhibe un alarde de facultades colorista como el s√≥lo es capaz de hacer con su obra "La campana de la vela". Esta obra es representativa de las caracter√≠sticas pict√≥ricas que seguir√≠a su paleta hasta el final de su vida; su pincelada se afina, sus composiciones pierden estatismo y cobran un dinamismo de car√°cter impresionista.

Mucho hab√≠an cambiado los temas de las obras expuestas, reflejo de la integraci√≥n en el Jurado de nombres como Alvarez Dumond, Viniegra, Mart√≠nez Cubells, Maura, Men√©ndez Pidal, Gonzalo Bilbao, que cuidaron de que el car√°cter general de las Exposiciones fuese de placidez, huyendo de asuntos l√ļgubres y espeluznantes como hab√≠a sido la t√≥nica general en el pasado siglo.

Los temas que a partir de estas fechas saldr√≠an de su paleta, se identifican plenamente con el gusto impuesto por los Jurados de las Exposiciones Nacionales, cuadros coloristas, brillantes, "Mercado de flores en Granada", "La ni√Īa del Generalife", "Evocaci√≥n", "Ni√Īa con frutas"... y un sin fin de deliciosas obras realizadas con una valent√≠a de color, caracter√≠stica predominante de la etapa final de su vida.

En 1924 se traslada como profesor a Sevilla donde se jubila en 1930. A√Īos m√°s tarde, a los 83, muere en Madrid en 1943, el maestro de la buena pintura y de la armoniosa composici√≥n. En este artista se funden estos elementos unidos a la palpitaci√≥n luminosa, que dar√≠a car√°cter a toda una generaci√≥n francesa y que en Mu√Īoz Lucena se transforma en aut√©ntico protagonista de toda su obra: la luz.

Entre el noventayocho y la región

La historiograf√≠a art√≠stica del arte actual ha llegado a plantear la figura de Tom√°s Alejandro Francisco Carracciolo Mu√Īoz Lucena -como se le inscribi√≥ en la partida bautismal de la Parroquia de San Pedro de C√≥rdoba el a√Īo 1860, premonizando quiz√° su doble condici√≥n de pintor culto de formaci√≥n acad√©mico y pintor de asuntos locales casticistas- como uno de los mejores artistas cordobeses de la transici√≥n de centurias que se sit√ļa en un amplio abanico de tendencias que confluyen entre las dos fechas se√Īaladas para su nacimiento y muerte -1860 y 1943- donde se van a dar cita, no solamente gran cantidad de estilismos -desde el naturalismo postrom√°ntico a las insurgentes vanguardias- sino tambi√©n donde van a aparecer gran n√ļmero de artistas interesantes y decisivos dentro de esa "edad de plata" de la cultura espa√Īola.

Hasta el presente la cr√≠tica ha hablado de √©l en t√©rminos generales, cargando sobre todo la ret√≥rica en planta los diversos registros estil√≠sticos que su dilatada trayectoria art√≠stica posee. Se ha se√Īalado que se le podr√≠a encuadrar dentro de un naturalismo tipificado que a veces llega a rondar la modalidad cr√≠tica, pero que se caracteriza fundamentalmente por una tem√°tica de matiz costumbrista en la que actu√≥ con ese peculiar naturalismo heredado de su maestro Romero Barros en la que a√Īadi√≥, como modalidad personal genuina, una pincelada mucho m√°s suelta en factura y colorido. Pero si bien todo ello es verdad tambi√©n lo es s√≥lo a medias, faltando para completar el an√°lisis el planteamiento de los "reg√≠menes culturales" que le ha dado a su po√©tica sentido y raz√≥n de ser.

Con todo ello, se puede afirmar que, sin llegar a ser pol√©mico, Mu√Īoz Lucena sigue siendo un pintor controvertido, que se qued√≥ en una segunda fila sin poder llegar al estrellato o esa cota de fama que adquiriera por ejemplo Julio Romero su paisano y compa√Īero de aprendizaje. Su alojamiento de la ciudad que le vio nacer y su perenne filiaci√≥n a cierta corriente de pensamiento, quiz√° est√©n a la base del problema.

Entre 1874 y 1880 transcurren los a√Īos que se puede significar como "etapa de formaci√≥n cordobesa" del pintor. Son los a√Īos inmediatamente posteriores a su aprendizaje en la Escuela Provincial de la capital al lado de Romero Barros. Recordemos que es este un momento en que, est√©ticamente, las corrientes predominantes vienen referidas, en cuanto al paisaje al magisterio de Carlos de Haes, y en cuanto al retrato y dem√°s asuntos, a la tradici√≥n espa√Īola de la pintura del Siglo de Oro: Vel√°zquez pinta entonces una serie de retratos como el de "Ambrosio de Morales" en el ayuntamiento (1879), el de "Fray Zeferino Gonz√°lez", etc, que no pasan de ser meros ejercicios de escuela, y donde su paleta es todav√≠a plana aunque presente ya como perfectamente dominadora del color y sus efectos compositivos.

En este primer momento se sit√ļa su pr√°ctica dentro de la corriente general del reformismo cultural cordob√©s de la Restauraci√≥n, con una pintura todav√≠a ecl√©ctica y de marcada impronta acad√©mica, caracter√≠sticas ambas que, si luego no llegar√≠a a abandonar totalmente, as√≠ que acab√≥ profundizando en un sentido distinto.

Es la pintura que le sirve para que la Diputaci√≥n Provincial le d√© una beca para ir a estudiar a Madrid, para luego dar el salto a Roma, ilusi√≥n y referencia obligada durante la Restauraci√≥n de todos los pintores de formaci√≥n oficialista. Es esta una etapa de amplio debate en el marco de la cultura nacional, donde grosso modo y paulatinamente va a plantearse la regeneraci√≥n por medio del reencuentro historicista con los estilos tradicionales. El cuadro "Do√Īa Juana la Loca", que Mu√Īoz Lucena copi√≥ a Pradilla y regal√≥ al Organismo Provincial cordob√©s, sirvi√≥ para llegar a convencerlo de que sus buenas dotes merec√≠an ese apoyo justipreciado que podr√≠a lanzar a un artista hacia un prometedor futuro.

Comienza así lo que se puede llamar su "etapa romana" o de "pintura de historia", aproximadamente entre 1880 y 1885, donde, tanto la influencia que recibió de Madrazo en Madrid, como de Villegas Brieba desde Córdoba contribuyeron a su formación definitiva en un periodo donde las Exposiciones Nacionales imponían una temática de historia desde el horizonte burgués de la reforma patriótica.

Es la √©poca en que nuestro pintor empieza a destacar en los √°mbitos nacionales. Su "Testamento de Isabel la Cat√≥lica", copia de Eduardo Rosales, presentado en la Nacional de 1881, causa admiraci√≥n en el jurado y prepara la segunda medalla que conseguir√≠a seis a√Īos m√°s tarde con "El cad√°ver del General Alvarez de Castro", compitiendo con los mejores de su tiempo.

La desvinculación de la pintura de asunto nacional

Sin embargo, es este tambi√©n un periodo en que se est√°n produciendo importantes cambios en el debate de la cultura art√≠stica espa√Īola. Por un lado, y desde Par√≠s, el ap√≥stata Edouard Manet estaba poniendo de moda entre rebeldes y snobs y sin renunciar a Vel√°zquez, la t√©cnica de pinceladas largas y libres que al mismo tiempo tanto Durant como Bonnat impon√≠an el retrato de la aristocracia internacional.

Por otro lado, el debate regeneracionista introducido por los intelectuales del 98, está produciendo un progresivo alejamiento de los artistas del trasfondo historicista y costumbrista dominante en la cultura postromántica de la Restauración. Partiendo de ello, puede decirse que, como ya planteara Unamuno en sus escritos, va a cobrar nueva dimensión una corriente de pensamiento típicamente regeneracionista en el campo de la cultura artística que tendría una entidad propia y que lucharía por diferenciarse tanto de las experiencias de la vanguardia coetánea como del academicismo ultraconservador. Esta nueva corriente apostaría esencialmente por un naturalismo alejado del ideal que desplazaría poco a poco al anterior contenidismo intrínseco a la cultura postromántica y que volverá sus miras hacia la ciudad y la región.

Es dentro de estas dos nuevas coordenadas donde se va a formar la definitiva personalidad de Mu√Īoz Lucena, ya invariable durante su futura trayectoria art√≠stica. En efecto, ya desde 1884, y por medio de cuadros como la "Ofelia", el artista, consciente de los cambios ideol√≥gicos que est√°n ocurriendo, empieza a apostar, tanto por la t√©cnica de pinceladas gruesas y alargadas, como por llegar a desvincularse de esa pintura de historia de asunto nacional grandilocuente, en pro de la nueva y necesaria revisi√≥n de valores.

Es de esta manera como Mu√Īoz Lucena da su alternativa al Modernismo. Como la mayor√≠a de los "pintores acad√©micos" contempor√°neos: desde√Īando las intromisiones del renovador extranjerismo modernista -Prerafaelistas ‚Äď Impresionistas, Repentistas, Idealistas, Manieristas y Puntillistas- como D. Francisco Aznar Garc√≠a, desde la Academia de San Fernando y en 1899 hab√≠a preconizado en un furibundo discurso titulado "El triste desconcierto en que aparece el arte al finalizar la actual centuria". No obstante y dentro de este alejamiento, Mu√Īoz Lucena va a situarse entre los m√°s avanzados, gracias a su peculiar t√©cnica y manera de hacer, continuando con ella la cadena de ap√≥statas que en Espa√Īa y desde la Restauraci√≥n sigue el eje Rosales-Fortuny-Sorolla.

Sin embargo -y esto le va a condicionar durante toda su vida- el regeneracionismo noventayochista mantendría en él una constante filiatoria que, unido a su posterior "paso por la oficialidad académica", le conduciría en una actitud unidireccional hacia el futuro.

Es esta la impronta que puede leerse en cuadros como su más famoso y grandilocuente "Plegaria en las Ermitas de Córdoba" que obtuvo consideración de 1ª medalla en la Nacional de 1901, sin poder desarmar a un jurado que tras muchas cavilaciones premiaba un tremendo cuadro de un joven pintor granadino: "Cuerda de presos" de Jose Mª López Mezquita, más atrevido y altanero.

A partir de este momento la figura de Mu√Īoz Lucena se oscurece en las futuras Nacionales, pero su posici√≥n regeneracionista dejar√≠a innumerables y maravillosos cuadros que, centrados en el redescubrimiento del casticismo nacional, contribuyeron en gran medida al redescubrimiento del sentido de regi√≥n que luego estar√≠a a la base del historicismo Regionalista de la d√©cada de los felices veinte.

No es extra√Īo as√≠ que, entre 1925 y 1926, en plena vitalidad compositiva y transcurriendo su existencia en Sevilla, Ricardo de Montis y Antonio Ja√©n Morente iniciasen una campa√Īa de prensa intentando recuperar para la ciudad mediante una exposici√≥n a un pintor que tanto estaba luchando por la recuperaci√≥n de la cultura de las ciudades andaluzas por las que pasaba. Desgraciadamente, la feliz idea de estos dos grandes regionalistas cordobeses no pudo llegar a ser su realizaci√≥n pr√°ctica, a todas luces prof√©ticas para una mejor comprensi√≥n del pintor en nuestros d√≠as.

En efecto, desde su matrimonio en 1891 con D¬™ Virtudes Molina Villalva, el pintor vive en Granada como catedr√°tico de dibujo y es aqu√≠ donde se afilia definitivamente a la nueva pintura que en ese momento est√° triunfando en la ciudad de la Alhambra de manos de sus amigos Rodriguez Acosta y L√≥pez Mezquita. La pincelada de Mu√Īoz Lucena, m√°s "salvaje", m√°s agresiva, y m√°s crom√°tica que la de sus compa√Īeros de viaje, posee ya los recursos suficientes como para jugar su baza manteni√©ndose cerca de ese peculiar luminismo impresionismo espa√Īol a una altura considerable. Y por ah√≠, y en la matriz ideol√≥gica del regeneracionismo, su pintura se adentrar√≠a en una genuina aventura de redescubrimiento de los campos, paisajes y tipos populares del campo y la ciudad de la Espa√Īa de entonces, que lleg√≥ a abarcar tres frentes fundamentales.

Primero, el de su C√≥rdoba natal, ejemplificando en lienzos como "Los pastos", "Domingo de Ramos en la Catedral de C√≥rdoba" o "Fuente de la Mezquita de C√≥rdoba". Todos ellos pintados en los a√Īos de la transici√≥n de centurias, donde lo peculiar y las costumbres quedan elevados a la m√°xima potencia de exaltaci√≥n.

Segundo, el de la vecina Granada, fruto primero de su viaje de 1884 y de su posterior asentamiento en la ciudad, que dejar√≠a tan bellos lienzos como "Lavanderas en el Darro", "En la fuente de la Teja", o "Parada de coches en Granada" -todos ellos presentados en la Nacional de 1890- y, posteriormente "Mercado de flores en Granada" (1904), "La ni√Īa del Generalife" (1904), "Una vaquera granadina" (1910), "Evocaci√≥n" (1915), e incluso la colecci√≥n de retratos de los rectores de la Universidad granadina (Su√°rez, Guti√©rrez, etc.)

Tercero, y por √ļltimo, el frente de Castilla, como hab√≠an preconizado Unamuno y Azor√≠n y realiz√≥ por ejemplo Zuloaga en Segovia. Mu√Īoz Lucena dej√≥ tambi√©n algunos lienzos dedicados a Castilla fruto de sus viajes a Madrid primero y de su residencia en la capital de Espa√Īa desde 1930 hasta su fallecimiento en 1943 despu√©s. As√≠ por ejemplo los titulados "Huerto de El Escorial" (1892), "Paseo del Retiro" (1898), "Un mercader en Avila" (1899), etc.

Pero al margen de intentos clasificadores unidireccionales, siempre parcialistas y alejados de la realidad emp√≠rica, puede decirse que la pintura de Mu√Īoz Lucena inici√≥ -fundamentalmente a partir de 1900, es decir, en pleno auge cultural del Modernismo- un camino de ida hacia el descubrimiento de las esencias populares espa√Īolas -sea a nivel de paisaje o de asuntos populares- no apart√°ndose de esta l√≠nea en ning√ļn momento y extrapol√°ndola fuera de su ciudad natal, lo cual hace todav√≠a m√°s interesante su figura dentro del marco general de la pintura espa√Īola de la √©poca.

Esta, su l√≠nea de actuaci√≥n definitiva, es tambi√©n perfectamente perceptible si comparamos su labor como ilustrador de revistas -fundamentalmente la llevada a cabo en "Blanco y Negro"- con la de otros pintores ‚Äď ilustradores cordobeses. Mu√Īoz Lucena nunca lleg√≥ al planteamiento arist√≥crata de lo "Galant" como hiciera su paisano D√≠az Huertas, formado m√°s tardiamente que √©l, ni utiliz√≥ el medio social para plantear su cr√≠tica como hiciera el bistur√≠ mordaz de Lozano Sidro, ni incluso lleg√≥ a plantear nunca un paisaje idealizado o sublime de canto a la madre naturaleza, como lo hiciera desde las mismas p√°ginas el sevillano Garc√≠a Ramos. Muy al contrario, siempre se mantuvo en una l√≠nea de sencillez, fidelidad realista al tema elegido -fuese este real o no- y entrega total a una pintura que cobraba su sello genuino por medio de su peculiar pincelada.

Se podr√≠a seguir citando un buen n√ļmero de cuadros donde este planteamiento permanece constantemente fiel a los ideales que le dan sentido, as√≠ los titulados "Un chaparr√≥n", "Una gitana", "El domingo de pi√Īata", "Un ni√Īo", "En la falda de Sierra Morena", "Dad de beber al sediento", etc, etc.,

El gran artista cordobés y la pintura de historia

Tom√°s Mu√Īoz Lucena naci√≥ el 5 de junio de 1860, en el seno de una familia en la que no hab√≠a antecedente art√≠stico alguno. Era hijo de un comerciante llamado Tom√°s Mu√Īoz, natural de Pozoblanco, y de Mar√≠a de los Dolores Lucena, cordobesa. Y el ni√Īo, destinado a ser un magn√≠fico pintor, fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro -como los artistas de excepci√≥n: Antonio del Castillo, Juan de Mesa, etc.- imponi√©ndole esta retahila de nombres: Tom√°s, Alejandro, Francisco y Caracciolo.

Tom√°s Mu√Īoz Lucena vivi√≥ su infancia en un ambiente totalmente ajeno al arte. Su padre era comerciante -miembro de una entidad llamada "Sociedad S√°nchez y Compa√Ī√≠a", fundada en 1852- y su abuelo, tambi√©n llamado Tom√°s Mu√Īoz, era picador de toros, como lo era tambi√©n su t√≠o Jos√© Mu√Īoz. Grandes picadores debieron ser, como se deduce de la noticia de que en 1830 picaron ellos dos solos una corrida entera de toros, tan grandes y bravos que mataron a varios caballos.

Al joven Tom√°s Mu√Īoz Lucena ni le interes√≥ el mundo mercantil de su padre ni el de los toros de su abuelo y t√≠o -entre la copiosa producci√≥n del pintor no se ha hallado un solo cuadro de tem√°tica taurina- ya que a √©l lo que le atra√≠a era el dibujo, para el que ten√≠a intuici√≥n y buena mano. Tanto, que siendo todav√≠a un ni√Īo logr√≥ ingresar en la Escuela Especial de Bellas Artes de C√≥rdoba.

Y en esta Escuela, fundada en 1866 para ser lugar de formaci√≥n de futuros grandes artistas -los hermanos Romero de Torres, Mateo Inurria, Rafael Hidalgo de Caviedes, etc.-, Mu√Īoz Lucena logr√≥ canalizar pronto sus inquietudes y adquirir una muy s√≥lida preparaci√≥n. No en balde aquella Escuela Especial ten√≠a un profesorado excepcional: Rafael Romero Barros, su fundador y director, que desempe√Īaba la c√°tedra de dibujo de figura y nociones anat√≥micas y pict√≥ricas -por lo que fue el profesor m√°s decisivo en la formaci√≥n de Mu√Īoz Lucena- Jos√© Sal√≥, Narciso Sentenach, Julio Degayon, Jos√© Mu√Īoz Contreras, etc.

Sus excepcionales condiciones de pintor demostradas en esta Escuela, llevaron a Mu√Īoz Lucena a conseguir una beca de la Diputaci√≥n Provincial de C√≥rdoba. Era para trasladarse a Madrid y completar su formaci√≥n al lado de Federico de Madrazo, una de las figuras m√°s prestigiosas de la pintura de la √©poca. Presidente de la Academia de San Fernando, pintor de C√°mara de Isabel II, profesor de la Escuela Superior de Pintura, etc.

Madrazo era en aquel momento el pintor de más prestigio, aureolado por la fama de haberse formado en París junto a Ingres, y de haber conectado en Roma con los Nazarenos. Influencias que habían hecho de él un magnífico pintor, en el que se conjugaban perfectamente línea y color, que proporcionaban a sus figuras un aire aristocrático.

Tom√°s Mu√Īoz Lucena asimil√≥ de su maestro estos conceptos y regres√≥ a C√≥rdoba. Pero, siguiendo el ejemplo de Madrazo, decide completar su formaci√≥n en el extranjero para lo cual trata de obtener otra beca de la Diputaci√≥n. El joven pintor quiere cambiar de aires, deseoso de comprobar que hab√≠a otros caminos expresivos que no fueran los de la "pintura de historia" de cuya contemplaci√≥n estaba saturado, hasta el extremo de odiarla.

Como herencia del Neoclacisismo, en cuanto a la forma, y del Romanticismo en cuanto al "sentido" dado a esta forma, en la Espa√Īa de aquellos a√Īos la "pintura de historia" era el arte oficial por excelencia. Y lo que era peor, la argumentaci√≥n indispensable para concurrir con posibilidades de √©xito a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, que eran el √ļnico cauce para alcanzar notoriedad en el panorama del arte.

En la Europa de aquellos a√Īos hab√≠an hecho su aparici√≥n dos corrientes que contribu√≠an al desarrollo intelectual y art√≠stico, incidiendo en Espa√Īa como es l√≥gico. Una de estas corrientes era la del Eclecticismo -que ten√≠a como norma conciliar lo cl√°sico y lo rom√°ntico- y otra el Naturalismo, que constitu√≠a la manera concreta con que el artista reflejaba la naturaleza, tomando de ella los aspectos m√°s afines a su ideolog√≠a.

A Tom√°s Mu√Īoz Lucena la vertiente que le interesaba era esta √ļltima, pero ve√≠a con desconcierto que la pintura espa√Īola estaba engolfada en la "pintura de historia". Tanto por la pasi√≥n por las ciencias hist√≥ricas, aparecida en aquel momento, como por el af√°n de escapar al pasado, queriendo dotar al presente de un pasado glorioso.

El pintor debía sujetarse a los datos del historiador y del arqueólogo con precisión científica, convirtiéndose en un simple narrador de un texto histórico. Y los críticos de arte y los jurados de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, perdonaban cualquier error de dibujo o de composición, antes que el más leve anacronismo histórico de las escenas.

As√≠ las cosas, Tom√°s Mu√Īoz Lucena sigue atentamente el desarrollo de la pintura espa√Īola y, ve que las exposiciones Nacionales se ven invadidas por gigantescos cuadros realizados por pintores, ya especializados, que se van alzando con primeras medallas de manera repetida: Eduardo Rosales con "Do√Īa Isabel la Cat√≥lica dictando testamento" y "Muerte de Lucrecia", Jos√© Casado del Alisal, con "√öltimos momentos de Fernando IV el Emplazado" y "La rendici√≥n de Bail√©n", etc. El inquieto pintor cordob√©s aburrido de este panorama decide marcharse a Roma, una vez la Diputaci√≥n de su tierra le concede la beca solicitada.

Los triunfos de Mu√Īoz Lucena

Mu√Īoz Lucena regresa a Espa√Īa en 1881, despu√©s de haber ampliado sus conocimientos en la Ciudad Eterna. Y vuelve con un estilo pict√≥rico renovado, que era simbiosis de muchos de los conceptos asimilados -Romero Barros, Madrazo, Rosales- pero tambi√©n del Impresionismo que se hab√≠a ido imponiendo por Europa. Hab√≠a tomado conciencia de que pertenec√≠a a una generaci√≥n fundamental -de enlace entre lo viejo y lo nuevo-, y se decide a no participar en modo alguno en el juego teatral de la "pintura de historia" que sigue implantada con fuerza.

Por el contrario Tom√°s Mu√Īoz Lucena est√° abocado ya a una est√©tica narrativa de aspectos sencillos de la vida real -siguiendo los ejemplos de Courbet, Daumier, Millet, etc.- que √©l lleva al lienzo con pincelada suelta. Pero todav√≠a no ha llegado el momento de imponer en el panorama madrile√Īo. Con destino a la Exposici√≥n Nacional de Bellas Artes de 1881, pinta un magn√≠fico cuadro costumbrista, de tem√°tica popular, pero es ignorado totalmente por el Jurado. Los premios recaen de nuevo en los maestros de la "pintura de historia".

La "pintura de historia", cultivada por los artistas consagrados y por los noveles, y masivamente galardonada, ahogaba todo conato de naturalismo. El pintor cordob√©s, desmoralizado, no sabe que hacer puesto que su inter√©s m√°ximo es el de recibir el espaldarazo art√≠stico en estas Nacionales. Y para participar en la de 1884 renuncia al naturalismo costumbrista y presenta un bello cuadro, que es una especie de f√≥rmula de compromiso entre lo hist√≥rico y lo literario. Se titula "Ofelia" y Mu√Īoz Lucena lo hab√≠a pintado para la Diputaci√≥n de C√≥rdoba, como justificaci√≥n de la beca.

La maravillosa "Ofelia" del gran pintor cordob√©s resulta ser un verdadero alarde de poes√≠a e imaginaci√≥n, de dibujo y suelta t√©cnica, de tratamiento del ropaje y resoluci√≥n del paisaje del fondo. Causa asombro entre los cientos de visitantes del Palacio de la Fuente Castellana, escenario del certamen, pero el Jurado vuelve a ignorar a Mu√Īoz Lucena. Se vuelve a imponer la "pintura de historia" y los premios son para Moreno Carbonero, por "La conversi√≥n del duque de Gand√≠a", Mu√Īoz Degrain, por "Los amantes de Teruel", Richard, por "Entrada en Valencia de don Jaime el Conquistador" y otros argumentos por el estilo.

A la vista del fracaso que supuso para Mu√Īoz Lucena la injusta marginaci√≥n, en la Nacional de 1884, de su cuadro "Ofelia", el pintor cordob√©s se replantea seriamente la tem√°tica de sus obras, destinadas a estos cert√°menes. Y entrando en el juego de la "pintura de historia" env√≠a a la Exposici√≥n Nacional de Bellas Artes de 1887 su aportaci√≥n al g√©nero, d√°ndole adem√°s el aire "necrof√≠lico" que tan del gusto era de los jurados.

El cuadro se titula "El cad√°ver de Alvarez de Castro" exaltando al general que resisti√≥ durante meses al asedio de Gerona llevado a cabo por las tropas francesas. Un cuadro magn√≠fico en el que Mu√Īoz Lucena volc√≥ toda su gran sabidur√≠a pict√≥rica, de hondo patetismo y alarde compositivo. Por fin, su obra ser√≠a tomada en serio por el Jurado, siendo galardonado el pintor cordob√©s con segunda medalla. La obra fue adquirida por el Estado en 4.000 pesetas y cedida en 1891 al Museo de Barcelona.

Con este reconocimiento oficial el prestigio de Tom√°s Mu√Īoz Lucena aumenta considerablemente. Pero √©l no se siente conforme con su claudicaci√≥n ante la "pintura de historia", g√©nero que no siente. Por otra parte ve como la cr√≠tica va reaccionando contra esta larga moda, con textos como el que escribir√≠a Jose Ortega Munilla en las p√°ginas de "El Imparcial", precisamente a ra√≠z de la Nacional de 1887 en la que hab√≠a sido premiado el pintor cordob√©s.

"Escas√≠simas son las obras inspiradas en la vida moderna -escribi√≥ Ortega Munilla-. Todo son cascos y t√ļnicas. Si una cat√°strofe repentina sepultara a Espa√Īa en el abismo y s√≥lo quedara como monumento hist√≥rico de nuestra civilizaci√≥n el Palacio que alberga esta Exposici√≥n, dif√≠cilmente se sabr√≠a como vest√≠amos los espa√Īoles en el a√Īo 87. El hombre de levita o chaqueta no inspira a los pintores espa√Īoles, y los m√ļltiples problemas de la realidad, llenos de dramas y de idilios, no aparecen nunca en el lienzo".

Las inquietudes docentes de Mu√Īoz Lucena

Ortega Munilla ten√≠a raz√≥n en todo salvo en lo que los pintores no encontraron inspiraci√≥n en la vida contempor√°nea. Lo que ocurr√≠a es que a los pintores les era imposible triunfar si no "pasaban por el aro" del academicismo hist√≥rico. Hac√≠a falta mucho valor para salirse de los cauces establecidos y romper con el c√≠rculo vicioso. Y al fin, Mu√Īoz Lucena tuvo ese valor present√°ndose a la Nacional de Bellas Artes de 1890 con un cuadro de tem√°tica popular titulado "Las lavanderas", de gran tama√Īo, entre otras obras.

El lote de obras presentadas por Mu√Īoz Lucena a este certamen estaba compuesto por "Las lavanderas" como cuadro fundamental, otra obra de car√°cter costumbrista, "Parada de coches en Granada" y "Cabeza de perro". Cuadros todos realizados con pincelada valiente, impresionista, riqueza crom√°tica y dominio del dibujo y la composici√≥n. Y aunque el g√©nero hist√≥rico alcanz√≥ los consabidos primeros puestos -las primeras medallas fueron para "La silla de Felipe II en El Escorial", de Luis Alvarez y "Combate naval en Trafalgar", de Justo Ruiz Luna-, el cuadro de Tom√°s Mu√Īoz Lucena, "Las lavanderas" se impuso con todos los honores obteniendo una segunda medalla.

Este estimulador reconocimiento le lleva a participar en las Nacionales siguientes. A la de 1892 env√≠a un conjunto de ocho obras -en el que destacar√≠a el cuadro "La fiesta de las palmas"-, a la de 1897, "Qu√© bonita", "Las granadas", "La m√°s dulce", "La bacante", y "Fuerza de combate", y a la de 1899, "Un mercado de Avila", "Una fuente" y "Dad de beber a los sedientos". Presencia en estas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes que supondr√≠a el total reconocimiento del gran talento de pintor costumbrista que pose√≠a Mu√Īoz Lucena, puesto que en todas ellas se le otorgar√≠an condecoraciones especiales, junto a pintores famosos como Joaqu√≠n Sorolla, Jos√© Moreno Carbonero y Emilio Sala.

Hay que destacar que paralelamente a esta apasionada labor pict√≥rica, Tom√°s Mu√Īoz Lucena, hab√≠a dirigido tambi√©n sus inquietudes hacia la docencia. En el a√Īo 1894 hab√≠a obtenido la c√°tedra de dibujo de la Escuela y del Instituto de su C√≥rdoba natal. Una etapa esta en la que pintar√≠a cuadros tan notables como "La falda de Sierra Morena", "Est√°n verdes" y "Ni√Īos y pavos" entre otros varios.

Y en 1900 se traslada a Granada como catedr√°tico numerario de su Instituto, montando un estudio en el que se formar√≠an importantes pintores, entre los que se encontraba Aurelia Navarro, su disc√≠pula predilecta, que llegar√≠a a ser galardonada en cert√°menes nacionales. Las grandes inquietudes de Mu√Īoz Lucena le llevan a cultivar la ilustraci√≥n, pasando a ser uno de sus paisanos Angel D√≠az Huertas y Adolfo Lozano Sidro, M√©ndez Bringa, Regidor, etc., llegando a hacerse una gran popularidad con sus deliciosas portadas e ilustraciones costumbristas.

Con la llegada del nuevo siglo, el ya famoso pintor cordob√©s reafirmar√≠a su prestigio. En 1900 env√≠a dos obras a la Exposici√≥n Universal de Par√≠s -"Pastora de pavos" e "Idilio"-, con las que obtendr√≠a Medalla de Bronce. Y al a√Īo siguiente, en 1901, participa con otras dos obras en la Exposici√≥n Nacional de Bellas Artes, "Pescadores de ranas" y "Plegaria en las Ermitas de C√≥rdoba".

Esta ambiciosa obra, de 275 por 505 cent√≠metros fue una de las m√°s importantes de la muestra. "Plegaria en las Ermitas de C√≥rdoba", era la de m√°s empe√Īo y la m√°s perfectamente lograda del pintor Tom√°s Mu√Īoz Lucena. Doce figuras de ermita√Īos situados en el lienzo en un verdadero alarde compositivo, ante un inolvidable paisaje de la serran√≠a cordobesa, compondr√≠an un cuadro prodigioso rezumante de espiritualidad y poes√≠a. As√≠ lo entendi√≥ el Jurado que en el acta del fallo lo calificar√≠a como "consideraci√≥n de primera medalla".

Esta soluci√≥n no agrad√≥ a Mu√Īoz Lucena, sobre todo al ver que una de las primeras medallas "efectivas" reca√≠a en L√≥pez Mezquita, quien, dentro de la nueva moda que se hab√≠a impuesto, la "pintura social", hab√≠a presentado un cuadro oportunista: "Los presos". Aunque pasados los a√Īos, en 1915, se dio oficialmente a los "considerados" -adem√°s de Mu√Īoz Lucena, Garnelo, Rusi√Īol y Cecilio Pl√°- la categor√≠a de primeras medallas "efectivas", esto hizo que el pintor cordob√©s abandonara para siempre la palestra de las Exposiciones Nacionales.

Tom√°s Mu√Īoz Lucena se encierra en su estudio granadino, agri√°ndosele el car√°cter, de por s√≠ malo -siempre tuvo fama de mal genio- mientras pintaba incansablemente. Brotan de sus pinceles cuadros de una excepcional belleza, dentro de una personalidad cada d√≠a m√°s afianzada dentro de los postulados modernistas. Obras tan definitivas como las tituladas "La ni√Īa del Generalife", "Vaquera Granadina", "Una esclava", "Evocaci√≥n" y un muy largo etc√©tera, puesto que muy prol√≠fico fue el gran pintor cordob√©s.

Vivi√≥ y trabaj√≥ en Granada hasta el a√Īo 1924, en que pas√≥, por permuta, a Sevilla, donde, salvo para atender sus tareas docentes, no sale de su casa. Afanado en pintar con ardores juveniles m√°s temas populares, paisajes imaginados y tambi√©n retratos, faceta esta √ļltima en la que tambi√©n fue gran maestro. Se jubila en 1930 y se traslada a Madrid, para seguir llevando una vida retra√≠da hasta su muerte en 1943. Que fue muy sentida por el mundillo del arte -madrile√Īo, cordob√©s y granadino- y por los lectores de las revistas ilustradas que se deleitaban con sus bellas estampas.

Referencias

Valverde, Jos√©, ¬ęEl pintor cordob√©s Tom√°s Mu√Īoz Lucena¬Ľ, Omeya, C√≥rdoba, 1970.

Valverde, M., ¬ęBiograf√≠a de Tom√°s Mu√Īoz Lucena¬Ľ, Diario de C√≥rdoba, C√≥rdoba, 30 de octubre de 1986.


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