Revolución de Mayo

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Revolución de Mayo
Para otros usos de este t√©rmino, v√©ase La Revoluci√≥n de Mayo (pel√≠cula) y Revoluci√≥n de mayo de 1811.


Revolución de Mayo
Revolución de Mayo

El Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, seg√ļn Pedro Subercaseaux.


Contexto del acontecimiento
Fecha: 25 de mayo de 1810
Sitio: Virreinato del Río de la Plata
Impulsores: Antonio Luis Beruti
Cornelio Saavedra
Juan José Castelli
Juan José Paso
Manuel Belgrano
Mariano Moreno
Nicol√°s Rodr√≠guez Pe√Īa
Hipólito Vieytes
Motivos: Abdicaciones de Bayona, Invasiones Inglesas
Influencias ideológicas de los impulsores: Liberalismo

Gobierno previo
Gobernante: Baltasar Hidalgo de Cisneros
Forma de gobierno: Virreinato

Gobierno resultante
Gobernante: Primera Junta
Forma de gobierno: Junta de gobierno

Se conoce como Revoluci√≥n de Mayo a la serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos en mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, por aquel entonces capital del Virreinato del R√≠o de la Plata, una dependencia colonial de Espa√Īa. Como consecuencia de la revoluci√≥n fue depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y reemplazado por la Primera Junta de Gobierno.

Estos eventos de la Revolución de Mayo se sucedieron en una semana conocida como la Semana de Mayo, que transcurrió entre el 18 de mayo, cuando se confirmó de manera oficial la caída de la Junta de Sevilla, hasta el 25 de mayo, fecha de asunción de la Primera Junta.

La Revoluci√≥n de Mayo inici√≥ el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamaci√≥n de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconoc√≠a la autoridad del Consejo de Regencia de Espa√Īa e Indias, pero a√ļn gobernaba nominalmente en nombre del rey de Espa√Īa Fernando VII, quien hab√≠a sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar ocupado por el franc√©s Jos√© Bonaparte. Aun as√≠, los historiadores consideran a dicha manifestaci√≥n de lealtad (conocida como la m√°scara de Fernando VII) una maniobra pol√≠tica que ocultaba las intenciones independentistas de los revolucionarios. La declaraci√≥n de independencia de la Argentina tuvo lugar posteriormente durante el Congreso de Tucum√°n el 9 de julio de 1816.

Contenido

Causas

Causas externas

La declaraci√≥n de Independencia de los Estados Unidos en 1776 inspir√≥ movimientos similares en las colonias espa√Īolas en Am√©rica.

La declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 de su metrópoli inglesa sirvió como un ejemplo para los criollos de que una revolución e independencia eran posibles. La Constitución estadounidense proclamaba que todos los hombres eran iguales ante la ley (aunque, por entonces, dicha proclamación no alcanzaba a los esclavos), defendía los derechos de propiedad y libertad y establecía un sistema de gobierno republicano.

A su vez, se comenzaron a difundir los ideales de la Revoluci√≥n francesa de 1789, en la cual una asamblea popular finaliz√≥ con siglos de monarqu√≠a con la destituci√≥n y ejecuciones del rey Luis XVI y su esposa Mar√≠a Antonieta y la supresi√≥n de los privilegios de los nobles. La Declaraci√≥n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuyos principios eran "Libert√©, √©galit√©, fraternit√©" (en espa√Īol: "libertad, igualdad, fraternidad") tuvo una gran repercusi√≥n entre los j√≥venes de la burgues√≠a criolla. La Revoluci√≥n francesa motiv√≥ tambi√©n la expansi√≥n en Europa de las ideas liberales, que impulsaban las libertades pol√≠ticas y econ√≥micas. Algunos liberales pol√≠ticos influyentes de dicha √©poca, opuestos a las monarqu√≠as y los poderes absolutos, eran Voltaire, Jean-Jacques Rousseau, Montesquieu, Denis Diderot y Jean Le Rond d'Alembert, mientras que el principal liberal econ√≥mico era Adam Smith, autor del libro La riqueza de las naciones que propon√≠a el libre comercio.

La coronaci√≥n en Espa√Īa de Jos√© Bonaparte sembr√≥ dudas sobre la legitimidad de la autoridad virreinal.

Aunque la difusi√≥n de dichas ideas estaba muy restringida en los territorios espa√Īoles, pues no se permit√≠a el ingreso de tales libros a trav√©s de las aduanas o la posesi√≥n no autorizada, igualmente se difund√≠an en forma clandestina. Durante el proceso instruido a ra√≠z de las revoluciones en Chuquisaca y La Paz se menciona a Rousseau y su libro El contrato social como cuerpos del delito.[1] Las ideas liberales alcanzaron incluso al √°mbito eclesi√°stico, Francisco Su√°rez sosten√≠a que el poder pol√≠tico no pasa de Dios al gobernante en forma directa sino por intermedio del pueblo. √Čste ser√≠a entonces, de acuerdo con Su√°rez, el que posee el poder y lo delega en hombres que manejan al Estado y si dichos gobernantes no ejercieran apropiadamente su funci√≥n de gerentes del bien com√ļn se transformar√≠an en tiranos y el pueblo tendr√≠a el derecho de derrocarlos o enfrentarlos, y establecer nuevos gobernantes.[1]

En Gran Breta√Īa, mientras tanto, se inicia la revoluci√≥n industrial, y para satisfacer ampliamente las necesidades de su propia poblaci√≥n necesitaba nuevos mercados a los cuales vender su creciente producci√≥n de carb√≥n, acero, telas y ropa. Gran Breta√Īa ambicionaba que el comercio de las colonias espa√Īolas en Am√©rica dejara de estar monopolizado por su metr√≥poli. Para lograr este fin se procuraba conquistar a las colonias (lo cual se intent√≥, en forma fallida, mediante las Invasiones Inglesas) o bien promover su emancipaci√≥n.

En Europa se desarrollaban las Guerras Napole√≥nicas, entre cuyos principales contendientes se encontraban el Imperio Napole√≥nico contra el Reino Unido y el Reino de Espa√Īa. Las fuerzas francesas tuvieron una gran ventaja inicial, y mediante las abdicaciones de Bayona se forz√≥ la renuncia de Carlos IV y su hijo Fernando VII, los cuales fueron reemplazados por Jos√© Bonaparte, hermano de Napole√≥n. La monarqu√≠a espa√Īola intent√≥ resistir formando la Junta de Sevilla y, tras la derrota de √©sta, el Consejo de Regencia de Espa√Īa e Indias.

Causas internas

Durante la √©poca del virreinato el comercio exterior estaba monopolizado por Espa√Īa, y legalmente no se permit√≠a el comercio con otras potencias. Esta situaci√≥n era altamente desventajosa para Buenos Aires, ya que Espa√Īa minimizaba el env√≠o de barcos rumbo a dicha ciudad. Esta decisi√≥n de la metr√≥poli se deb√≠a a que la pirater√≠a obligaba a enviar a los barcos de comercio con una fuerte escolta militar, y ya que Buenos Aires no contaba con recursos de oro ni de plata ni dispon√≠a de poblaciones ind√≠genas establecidas de las cuales obtener recursos o someter al sistema de encomienda, enviar los convoyes de barcos a la ciudad era mucho menos rentable que si eran enviados a M√©xico o Lima. Dado que los productos que llegaban de la metr√≥poli eran escasos y caros, e insuficientes para mantener a la poblaci√≥n, tuvo lugar un gran desarrollo del contrabando, que por dicha situaci√≥n sol√≠a ser respetado por la mayor√≠a de los gobernantes locales. El comercio il√≠cito alcanzaba montos similares al del comercio autorizado con Espa√Īa.[2] En este contexto se formaron dos grupos de poder diferenciados en la oligarqu√≠a porte√Īa: los ganaderos, que reclamaban el libre comercio para exportar su producci√≥n en mejores condiciones (principalmente el cuero, la carne no era a√ļn un producto exportable internacionalmente ya que a√ļn no exist√≠an t√©cnicas de congelaci√≥n que pudieran conservarla por per√≠odos extensos), y los comerciantes contrabandistas, que rechazaban el libre comercio ya que si los productos entraban legalmente disminuir√≠an sus ganancias.

En la organizaci√≥n pol√≠tica, especialmente desde la fundaci√≥n del Virreinato del R√≠o de la Plata, el ejercicio de las instituciones residentes reca√≠a en funcionarios designados por la corona, casi exclusivamente espa√Īoles provenientes de Europa, sin vinculaci√≥n con los problemas e intereses americanos. Legalmente no hab√≠a diferenciaci√≥n en clases sociales entre espa√Īoles peninsulares y del virreinato, pero en la pr√°ctica los cargos m√°s importantes reca√≠an en los primeros. La burgues√≠a criolla, fortalecida por la revitalizaci√≥n del comercio e influida por las nuevas ideas, esperaba la oportunidad para acceder a la conducci√≥n pol√≠tica.

La rivalidad entre los habitantes nacidos en la colonia y los de la Espa√Īa europea dio lugar a una pugna entre los partidarios de la autonom√≠a y quienes deseaban conservar la situaci√≥n establecida. Aquellos a favor de la autonom√≠a se llamaban a s√≠ mismos patriotas, americanos, sudamericanos o criollos, mientras que los partidarios de la realeza espa√Īola se llamaban a s√≠ mismos realistas. Los patriotas eran se√Īalados despectivamente por los realistas como insurgentes, facciosos, rebeldes, sediciosos, revolucionarios, descre√≠dos, herejes o libertinos; mientras que los realistas eran a su vez tratados en forma despectiva como sarracenos, godos, gallegos, chapetones, matuchos o maturrangos por los patriotas.

La coronación de Carlota Joaquina de Borbón fue una alternativa a la revolución que fue brevemente considerada.

Buenos Aires logr√≥ un gran reconocimiento ante las dem√°s ciudades del Virreinato luego de expulsar a las tropas inglesas en dos oportunidades durante las Invasiones Inglesas. Este prestigio fue utilizado como argumento por Juan Jos√© Paso para justificar en el cabildo abierto que Buenos Aires tomara la iniciativa de reemplazar al virrey sin consultar previamente a las otras ciudades. La victoria contra las tropas inglesas alent√≥ los √°nimos independentistas ya que el virreinato hab√≠a logrado defenderse solo de un ataque externo, sin ayuda de Espa√Īa. Durante dicho conflicto se constituyeron milicias criollas que luego tendr√≠an un importante peso pol√≠tico, la principal de ellas era el Regimiento de Patricios liderado por Cornelio Saavedra.

Una alternativa considerada antes de la revoluci√≥n fue apoyar la intenci√≥n de la infanta Carlota Joaquina de Borb√≥n, hermana de Fernando VII, para que se pusiera al frente de todas las colonias espa√Īolas como regente. Estaba capacitada para hacerlo por la derogaci√≥n de la Ley S√°lica en 1789, y su intenci√≥n ser√≠a prevenir un posible avance franc√©s sobre las mismas. El intento no fue apoyado por los espa√Īoles peninsulares, pero s√≠ por algunos n√ļcleos revolucionarios que ve√≠an en ello la posibilidad de independizarse en los hechos de Espa√Īa. Entre ellos se encontraban Castelli, Beruti, Vieytes y Belgrano; otros revolucionarios como Mariano Moreno o Juan Jos√© Paso estaban en desacuerdo. Sin embargo, la propia infanta reneg√≥ de tales apoyos, y denunci√≥ al virrey las motivaciones revolucionarias contenidas en las cartas de apoyo que le enviaron. Sin ning√ļn otro respaldo importante, las pretensiones de Carlota fueron olvidadas. Incluso despu√©s de la revoluci√≥n algunos mantuvieron la idea de su coronaci√≥n como estrategia dilatoria, pero la infanta estaba completamente en contra de los sucesos ocurridos. En una carta enviada a Juan Manuel Goyeneche dijo:

En estas circunstancias creo de mi deber rogarte y encargarte que emplees todos tus esfuerzos en llegar cuanto antes a Buenos Aires; y acabes de una vez con aquellos pérfidos revolucionarios, con las mismas ejecuciones que practicaste en la ciudad de La Paz.[3]

Antecedentes a la revolución

En 1810 confluyeron varios sectores con diferentes opiniones sobre cu√°l deb√≠a ser el camino a seguir en el virreinato. Una situaci√≥n an√°loga a la que se estaba viviendo hab√≠a sucedido un siglo antes, durante la guerra de sucesi√≥n entre los Austrias y los borb√≥nicos, en la que durante quince a√Īos las colonias no sab√≠an a qui√©n reconocer como el rey leg√≠timo. En aquella oportunidad una vez que se instal√≥ Felipe V en el trono espa√Īol los funcionarios de las colonias lo reconocieron y todo volvi√≥ a su curso. Probablemente en 1810, muchos, especialmente espa√Īoles, cre√≠an que bastaba con formar una junta y esperar a que en Espa√Īa retornara la normalidad.[4]

Gesti√≥n de Liniers (1807‚Äď1809)

Retrato de Santiago de Liniers.

Tras la victoria obtenida durante las invasiones inglesas, la poblaci√≥n de Buenos Aires no acept√≥ que el virrey Rafael de Sobremonte retomara el cargo, ya que durante el ataque hab√≠a huido de la ciudad rumbo a C√≥rdoba con el erario p√ļblico. Si bien Sobremonte lo hizo obedeciendo una ley que databa de la √©poca de Pedro de Cevallos, que indicaba que en caso de ataque exterior se deb√≠an poner a resguardo los fondos reales, dicha acci√≥n lo hizo aparecer como un cobarde a los ojos de la poblaci√≥n.[4] En su lugar, el nuevo virrey fue Santiago de Liniers, h√©roe de la reconquista, elegido por aclamaci√≥n popular.

Sin embargo, la gesti√≥n de Liniers comenz√≥ a recibir cuestionamientos. El principal adversario pol√≠tico de Liniers, el gobernador de Montevideo Francisco Javier de El√≠o las canaliz√≥ en una denuncia sobre el origen franc√©s de Liniers: argumentaba que era inaceptable que un compatriota de Napole√≥n Bonaparte, en guerra con Espa√Īa en ese entonces, ocupara el cargo. Sin embargo, a pesar de los reclamos de Liniers, no pudo brindar pruebas concretas de que el virrey complotara con los franceses. De El√≠o se neg√≥ a reconocer la autoridad de Liniers y form√≥ una junta de gobierno en Montevideo independiente de la de Buenos Aires.

Asonada de √Ālzaga

Art√≠culo principal: Asonada de √Ālzaga

El alcalde y comerciante espa√Īol afincado en Buenos Aires Mart√≠n de √Ālzaga y sus seguidores, hicieron estallar una asonada con el objetivo de destituir a Liniers. El 1 de enero de 1809, un cabildo abierto exigi√≥ la renuncia del virrey Liniers y design√≥ una Junta a nombre de Fernando VII, presidida por √Ālzaga; las milicias espa√Īolas y un grupo de personas convocados por la campana del cabildo apoyaron la rebeli√≥n.

Las milicias criollas encabezadas por Cornelio Saavedra rodearon la plaza, provocando la dispersi√≥n de los sublevados. Los cabecillas fueron desterrados y los cuerpos militares sublevados fueron disueltos. Como consecuencia, el poder militar qued√≥ en manos de los criollos que hab√≠an sostenido a Liniers y la rivalidad entre criollos y espa√Īoles peninsulares se acentu√≥. Los responsables del complot, desterrados a Carmen de Patagones, fueron rescatados por El√≠o y llevados a Montevideo.

Nombramiento de Cisneros

Baltasar Hidalgo de Cisneros, el √ļltimo virrey en Buenos Aires.

En Espa√Īa la Junta Central de Sevilla decidi√≥ terminar con los enfrentamientos en el R√≠o de la Plata disponiendo el reemplazo de Liniers por don Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien arrib√≥ a Montevideo en junio de 1809. El traspaso del mando se hizo en Colonia, Javier de El√≠o acept√≥ la autoridad del nuevo virrey y disolvi√≥ la Junta de Montevideo, volviendo a ser gobernador de la ciudad. Cisneros rearm√≥ las milicias espa√Īolas disueltas tras la asonada contra Liniers, e indult√≥ a los responsables de las mismas.

En el plano econ√≥mico, ante las dificultades y costos del comercio con Espa√Īa, Cisneros acept√≥ la propuesta de Mariano Moreno e instaur√≥ el 6 de noviembre de 1809 el libre comercio con las dem√°s potencias. Los principales beneficiados eran Gran Breta√Īa y los sectores ganaderos que exportaban cueros. Sin embargo, los comerciantes que se beneficiaban del contrabando reclamaron a Cisneros que anule el libre comercio, a lo cual accedi√≥ para no perder su apoyo. Esto provoc√≥ a su vez que los ingleses, con Mac Kinnon y el capit√°n Doyle como representantes, reclamaran una revisi√≥n de la medida, haciendo valer el car√°cter de aliados contra Napole√≥n de Espa√Īa y Gran Breta√Īa. Mariano Moreno tambi√©n critic√≥ la anulaci√≥n, formulando la Representaci√≥n de los Hacendados, la cual es considerada como el informe econ√≥mico m√°s completo de la √©poca del virreinato. Cisneros resolvi√≥ finalmente otorgar una pr√≥rroga al libre comercio, la cual finalizar√≠a el 19 de mayo de 1810.

El 25 de noviembre de 1809 Cisneros cre√≥ el Juzgado de Vigilancia Pol√≠tica, con el objetivo de perseguir a los afrancesados y a aquellos que alentaran la creaci√≥n de reg√≠menes pol√≠ticos que se opusieran a la dependencia de Am√©rica de Espa√Īa. Esta medida y un bando emitido por el virrey previniendo al vecindario de d√≠scolos que extendiendo noticias falsas y seductivas, pretenden mantener la discordia les hace pensar a los porte√Īos que bastaba s√≥lo un pretexto formal para que estallase la revoluci√≥n. Por eso, en abril de 1810, Cornelio Saavedra les expresa a sus allegados:

A√ļn no es tiempo; dejen ustedes que las brevas maduren y entonces las comeremos.[5]

Agitaci√≥n revolucionaria en el Alto Per√ļ

Cuadro de Pedro Murillo, por Joaquín Pinto.
Artículos principales: Revolución de Chuquisaca y Junta Tuitiva

El descontento con los funcionarios espa√Īoles se manifest√≥ tambi√©n en el interior. El 25 de mayo de 1809 una revoluci√≥n destituy√≥ al gobernador y presidente de la Real Audiencia de Charcas Ram√≥n Garc√≠a de Le√≥n y Pizarro, acusado de apoyar al protectorado portugu√©s; el mando militar recay√≥ en el coronel Juan Antonio √Ālvarez de Arenales. La autoridad civil qued√≥ en situaci√≥n indecisa, de modo que fue en parte ejercida por el mismo Arenales.

El 16 de julio en la ciudad de La Paz otro movimiento revolucionario liderado por el coronel Pedro Domingo Murillo y otros patriotas obligó a renunciar al gobernador intendente Tadeo Dávila y al obispo de La Paz, Remigio de la Santa y Ortega. El poder recayó en el cabildo hasta que se formó la Junta Tuitiva de los Derechos del Pueblo, presidida por Murillo.

La revoluci√≥n de Chuquisaca no se propon√≠a alterar la fidelidad al rey, mientras que la revoluci√≥n de La Paz se proclam√≥ abiertamente independiente. Actualmente los historiadores tienen diversas interpretaciones sobre si la revoluci√≥n de Chuquisaca tuvo motivaciones independentistas o si fue s√≥lo una disputa entre fernandistas y carlotistas. En consecuencia, existen desacuerdos sobre si la primera revoluci√≥n independentista en Hispanoam√©rica fue la de Chuquisaca o La Paz. Los investigadores Juan Reyes y Genoveva Loza sostienen la segunda posici√≥n, argumentando que se mantuvo el sistema de gobierno espa√Īol y no se respald√≥ la revoluci√≥n en La Paz,[6] mientras que otros como Teodocio Ima√Īa,[6] Gabriel Ren√© Moreno[7] o Felipe Pigna[8] sostienen que la de Chuquisaca fue una revoluci√≥n independentista, citando como su principal fundamento el silogismo de Chuquisaca o silogismo altoperuano:

¬ŅDebe seguirse la suerte de Espa√Īa o resistir en Am√©rica? Las Indias son un dominio personal del rey de Espa√Īa; el rey est√° impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a s√≠ mismas.
Bernardo de Monteagudo

La reacci√≥n de los funcionarios espa√Īoles derrot√≥ estos movimientos: el de La Paz fue aplastado sangrientamente por un ej√©rcito enviado desde el Per√ļ, mientras que el de Chuquisaca fue sofocado por tropas que envi√≥ el virrey Cisneros. Poco despu√©s, Cisneros cre√≥ un Juzgado de Vigilancia Pol√≠tica, orientado a perseguir a los partidarios de las ideas de la revoluci√≥n francesa o de cualquier otro ordenamiento pol√≠tico que pudiera minar la autoridad del virreinato.

Las medidas tomadas por el virrey contra dichas revoluciones acentuaron el resentimiento de los criollos contra los espa√Īoles peninsulares, ya que √Ālzaga fue indultado de la prisi√≥n recibida tras su asonada, lo cual reforzaba entre los criollos la sensaci√≥n de inequidad.[9] Entre otros, Castelli estuvo presente en los debates de la Universidad de San Francisco Xavier en donde se alumbr√≥ el silogismo de Chuquisaca, el cual influenci√≥ sus posturas en la Semana de Mayo.[10]

Cronología de la Semana de Mayo

La Semana de Mayo es la semana que transcurre entre el 18 y el 25 de mayo de 1810, que se inició con la confirmación de la caída de la Junta de Sevilla y desembocó en la destitución de Cisneros y la asunción de la Primera Junta.

El 14 de mayo arrib√≥ al puerto de Buenos Aires la goleta de guerra brit√°nica HMS Mistletoe procedente de Gibraltar con peri√≥dicos del mes de enero que anunciaban la disoluci√≥n de la Junta de Sevilla al ser tomada esa ciudad por los franceses, que ya dominaban casi toda la Pen√≠nsula, se√Īalando que algunos diputados se hab√≠an refugiado en la isla de Le√≥n en C√°diz. La Junta era uno de los √ļltimos bastiones del poder de la corona espa√Īola, y hab√≠a ca√≠do ante el imperio napole√≥nico, que ya hab√≠a alejado con anterioridad al rey Fernando VII mediante las Abdicaciones de Bayona. El d√≠a 17 se conocieron en Buenos Aires noticias coincidentes llegadas a Montevideo el d√≠a 13 en la fragata brit√°nica HMS John Paris, agreg√°ndose que los diputados de la Junta de Sevilla hab√≠an sido rechazados estableci√©ndose una Junta en C√°diz. Se hab√≠a constituido un Consejo de Regencia de Espa√Īa e Indias, pero ninguno de los dos barcos transmiti√≥ esa noticia. Cisneros intent√≥ ocultar las noticias estableciendo una rigurosa vigilancia en torno a las naves de guerra brit√°nicas e incautando todos los peri√≥dicos que desembarcaron de los barcos, pero uno de ellos lleg√≥ a manos de Manuel Belgrano y de Juan Jos√© Castelli. √Čstos se encargaron de difundir la noticia, que pon√≠a en entredicho la legitimidad del virrey, nombrado por la Junta ca√≠da.[11]

Tambi√©n se puso al tanto de las noticias a Cornelio Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, que en ocasiones anteriores hab√≠a desaconsejado tomar medidas contra el virrey. Saavedra consideraba que, desde un punto de vista estrat√©gico, el momento ideal para proceder con los planes revolucionarios ser√≠a el momento en el cual las fuerzas napole√≥nicas lograran una ventaja decisiva en su guerra contra Espa√Īa. Al conocer las noticias de la ca√≠da de la Junta de Sevilla, Saavedra consider√≥ que el momento id√≥neo para llevar a cabo acciones contra Cisneros hab√≠a llegado.[12] El grupo encabezado por Castelli se inclinaba por la realizaci√≥n de un cabildo abierto, mientras los militares criollos propon√≠an deponer al virrey por la fuerza.

Viernes 18 de mayo

Ante el nivel de conocimiento p√ļblico alcanzado por la noticia de la ca√≠da de la Junta de Sevilla, Cisneros realiz√≥ una proclama en donde reafirmaba gobernar en nombre del rey Fernando VII, para intentar calmar los √°nimos. Cisneros habl√≥ de la delicada situaci√≥n en la Pen√≠nsula, pero no confirm√≥ en forma expl√≠cita que la Junta hab√≠a ca√≠do, si bien era consciente de ello.[13] Parte de la proclama dec√≠a lo siguiente:

En Am√©rica espa√Īola subsistir√° el trono de los Reyes Cat√≥licos, en el caso de que sucumbiera en la pen√≠nsula. (...) No tomar√° la superioridad determinaci√≥n alguna que no sea previamente acordada en uni√≥n de todas las representaciones de la capital, a que posteriormente se re√ļnan las de sus provincias dependientes, entretanto que de acuerdo con los dem√°s virreinatos se establece una representaci√≥n de la soberan√≠a del se√Īor Fernando VII.[14]

El grupo revolucionario principal se reun√≠a indistintamente en la casa de Nicol√°s Rodr√≠guez Pe√Īa o en la jaboner√≠a de Hip√≥lito Vieytes. Concurr√≠an a esas reuniones, entre otros, Juan Jos√© Castelli, Manuel Belgrano, Juan Jos√© Paso, Antonio Luis Beruti, Eustoquio D√≠az V√©lez, Feliciano Antonio Chiclana, Jos√© Darragueira, Mart√≠n Jacobo Thompson y Juan Jos√© Viamonte. Otro grupo se congregaba en la quinta de Orma, encabezado por fray Ignacio Grela y entre los que se destacaba Domingo French.

Algunos criollos se juntaron esa noche en la casa Rodr√≠guez Pe√Īa. Cornelio Saavedra, quien se hallaba en San Isidro, fue llamado de urgencia y concurri√≥ a la reuni√≥n en la que se decidi√≥ solicitar al virrey la realizaci√≥n de un cabildo abierto para determinar los pasos a seguir por el virreinato. Para esa comisi√≥n, fueron designados Castelli y Mart√≠n Rodr√≠guez.[15]

S√°bado 19 de mayo

Tras pasar la noche tratando el tema, durante la ma√Īana (sin dormir) Saavedra y Belgrano se reunieron con el alcalde de primer voto, Juan Jos√© de Lezica, y Castelli con el s√≠ndico procurador, Juli√°n de Leiva, pidiendo el apoyo del Cabildo para gestionar ante el virrey un cabildo abierto, expresando que de no concederse, lo har√≠a por s√≠ solo el pueblo o morir√≠a en el intento.

Domingo 20 de mayo

Demanda ante el virrey Cisneros por la realización de un Cabildo Abierto. Bajorrelieve de Gustavo Eberlein.

Lezica transmiti√≥ a Cisneros la petici√≥n que hab√≠a recibido, y √©ste consult√≥ a Leyva, quien se mostr√≥ favorable a la realizaci√≥n de un cabildo abierto. Antes de tomar una decisi√≥n el virrey cit√≥ a los jefes militares para que se presenten a las siete horas de la tarde en el fuerte.[16] Seg√ļn cuenta Cisneros en sus Memorias, les record√≥:

(...) las reiteradas protestas y juramentos de fidelidad con que me hab√≠an ofrecido defender la autoridad y sostener el orden p√ļblico y les exhort√© a poner en ejercicio su fidelidad al servicio de S.M. y de la patria.

Como Cisneros reclamó una respuesta a su petición de apoyo, el coronel criollo Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios e integrante del grupo revolucionario conocido como la Sociedad de los Siete, respondió en nombre de todos los criollos diciendo:

Se√Īor, son muy diversas las √©pocas del 1¬ļ de enero de 1809 y la de mayo de 1810, en que nos hallamos. En aquella exist√≠a la Espa√Īa, aunque ya invadida por Napole√≥n; en √©sta, toda ella, todas sus provincias y plazas est√°n subyugadas por aquel conquistador, excepto solo C√°diz y la isla de Le√≥n, como nos aseguran las gacetas que acaban de venir y V.E. en su proclama de ayer. ¬ŅY qu√©, se√Īor? ¬ŅC√°diz y la isla de Le√≥n son Espa√Īa? (...) ¬ŅLos derechos de la Corona de Castilla a que se incorporaron las Am√©ricas, han reca√≠do en C√°diz y la isla de Le√≥n, que son una parte de las provincias de Andaluc√≠a? No se√Īor, no queremos seguir la suerte de la Espa√Īa, ni ser dominados por los franceses, hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos. El que a V.E. dio autoridad para mandarnos ya no existe; de consiguiente usted tampoco la tiene ya, as√≠ que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse en ella.[17] [18]

Al anochecer se produjo una nueva reuni√≥n en casa de Rodr√≠guez Pe√Īa, en donde los jefes militares comunicaron lo ocurrido. Se decidi√≥ enviar inmediatamente a Castelli y a Mart√≠n Rodr√≠guez a entrevistarse con Cisneros en el fuerte, facilitando su ingreso el comandante Terrada de los granaderos provinciales que se hallaba de guarnici√≥n ese d√≠a. El virrey se encontraba jugando a los naipes con el brigadier Quintana, el fiscal Caspe y el edec√°n Coicolea cuando los comisionados irrumpieron. Mart√≠n Rodr√≠guez en sus Memorias relat√≥ c√≥mo fue la entrevista, en donde Castelli se dirigi√≥ a Cisneros as√≠:

Excelent√≠simo se√Īor: tenemos el sentimiento de venir en comisi√≥n por el pueblo y el ej√©rcito, que est√°n en armas, a intimar a V.E. la cesaci√≥n en el mando del virreinato.

Cisneros respondió:

¬ŅQu√© atrevimiento es √©ste? ¬ŅC√≥mo se atropella as√≠ a la persona del Rey en su representante?

Pero Rodr√≠guez (seg√ļn sus Memorias) lo detuvo advirti√©ndole:

Se√Īor: cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con la contestaci√≥n, vea V.E. lo que hace.

Solamente defendi√≥ la posici√≥n de Cisneros el s√≠ndico procurador del Cabildo, Juli√°n de Leyva. Ante la situaci√≥n, Caspe llev√≥ a Cisneros a su despacho para deliberar juntos unos momentos y luego regresaron. El virrey se resign√≥ y permiti√≥ que se realizara el cabildo abierto. Seg√ļn cuenta Mart√≠n Rodr√≠guez en sus Memorias p√≥stumas, escritas muchos a√Īos despu√©s, sus palabras fueron:

Se√Īores, cuanto siento los males que van a venir sobre este pueblo de resultas de este paso; pero puesto que el pueblo no me quiere y el ej√©rcito me abandona, hagan ustedes lo que quieran.[19]

El cabildo abierto se celebraría el 22 de mayo siguiente.

Esa misma noche se representó una obra de teatro cuyo tema era la tiranía, llamada "Roma Salvada", a la cual concurrieron buena parte de los revolucionarios. El jefe de la policía intentó convencer al actor de que no se presentara y que, con la excusa de que éste estuviera enfermo, la obra fuera reemplazara con "Misantropía y arrepentimiento", del poeta alemán Kotzebue. Los rumores de censura policial se extendieron con rapidez, por lo que Morante salió e interpretó la obra prevista, en la cual interpretaba a Cicerón. En el cuarto acto, Morante exclamaba lo siguiente:

Entre regir al mundo o ser esclavos ¬°Elegid, vencedores de la tierra! ¬°Glorias de Roma, majestad herida! ¬°De tu sepulcro al pie, patria, despierta! C√©sar, Murena, L√ļculo, escuchadme: ¬°Roma exige un caudillo en sus querellas! Guardemos la igualdad para otros tiempos: ¬°El Galo ya est√° en Roma! ¬°Vuestra empresa del gran Camilo necesita el hierro! ¬°Un dictador, un vengador, un brazo! ¬°Designad al m√°s digno y yo lo sigo![20]

Dicha escena encendió los ánimos revolucionarios, que desembocaron en un aplauso frenético a la obra. El propio Juan José Paso se levantó y gritó "¡Viva Buenos Aires libre!".

Lunes 21 de mayo

Invitación al Cabildo abierto del 22 de mayo.

A las tres, el Cabildo inici√≥ sus trabajos de rutina, pero se vieron interrumpidos por seiscientos hombres armados, agrupados bajo el nombre de "Legi√≥n Infernal", que ocuparon la Plaza de la Victoria, hoy Plaza de Mayo, y exigieron a gritos que se convocase a un cabildo abierto y se destituyese al virrey Cisneros. Llevaban un retrato de Fernando VII y en el ojal de sus chaquetas una cinta blanca que simbolizaba la unidad criollo-espa√Īola.[21] Entre los agitadores se destacaron Domingo French y Antonio Beruti. Estos desconfiaban de Cisneros y no cre√≠an que fuera a cumplir su palabra de permitir la celebraci√≥n del cabildo abierto del d√≠a siguiente. El s√≠ndico Leiva no tuvo √©xito en calmar a la multitud al asegurar que el mismo se celebrar√≠a como estaba previsto. La gente se tranquiliz√≥ y dispers√≥ gracias a la intervenci√≥n de Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, que asegur√≥ que los reclamos de la Legi√≥n Infernal contaban con su apoyo militar y quien comunic√≥ que √©l personalmente iba a

designar las guardias para las avenidas de la Plaza con oficiales de Patricios y que dichas guardias estarían a las órdenes del Capitán Eustoquio Díaz Vélez, de cuya adhesión, de ninguna manera, podía dudar el pueblo.[22]

El 21 de mayo se repartieron cuatrocientos cincuenta invitaciones entre los principales vecinos y autoridades de la capital. La lista de invitados fue elaborada por el Cabildo teniendo en cuenta a los vecinos m√°s prominentes de la ciudad. Sin embargo el encargado de su impresi√≥n, Agust√≠n Donado, compa√Īero de French y Beruti, imprimi√≥ muchas m√°s de las necesarias y las reparti√≥ entre los criollos.

El Excmo. Cabildo convoca √° Vd. para que se sirva asistir, precisamente ma√Īana 22 del corriente, √° las nueve, sin etiqueta alguna, y en clase de vecino, al cabildo abierto que con avenencia del Excmo. Sr. Virrey ha acordado celebrar; debiendo manifestar esta esquela √° las tropas que guarnecer√°n las avenidas de esta plaza, para que se le permita pasar libremente.

Martes 22 de mayo

El Cabildo abierto, seg√ļn Juan Manuel Blanes.

De los cuatrocientos cincuenta invitados al cabildo abierto solamente participaron unos doscientos cincuenta. French y Beruti, al mando de seiscientos hombres armados con cuchillos, trabucos y fusiles, controlaron el acceso a la plaza, con la finalidad de asegurar que el cabildo abierto fuera copado por criollos.

El cabildo abierto se prolong√≥ desde la ma√Īana hasta la medianoche, contando con diversos momentos, entre ellos la lectura de la proclama del Cabildo, el debate, "que hac√≠a de suma duraci√≥n el acto", como se escribi√≥ en el documento o acta, y la votaci√≥n, individual y p√ļblica, escrita por cada asistente y pasada al acta de la sesi√≥n.

El debate en el Cabildo tuvo como tema principal la legitimidad o no del gobierno y de la autoridad del virrey. El principio de la retroversión de la soberanía planteaba que, desaparecido el monarca legítimo, el poder volvía al pueblo, y que éste tenía derecho a formar un nuevo gobierno.

Hubo dos posiciones principales enfrentadas: los que consideraban que la situaci√≥n deb√≠a mantenerse sin cambios, respaldando a Cisneros en su cargo de virrey, y los que sosten√≠an que deb√≠a formarse una junta de gobierno en su reemplazo, al igual que en Espa√Īa. No reconoc√≠an la autoridad del Consejo de Regencia argumentando que las colonias en Am√©rica no hab√≠an sido consultadas para su formaci√≥n.[23] El debate abarc√≥ tambi√©n, de manera tangencial, la rivalidad entre criollos y espa√Īoles peninsulares, ya que quienes propon√≠an mantener al virrey consideraban que la voluntad de los espa√Īoles deb√≠a primar por sobre la de los criollos.

Uno de los oradores de la primera postura fue el obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega, líder de la iglesia local. Lué y Riega sostenía lo siguiente:

No solamente no hay por qu√© hacer novedad con el virrey, sino que a√ļn cuando no quedase parte alguna de la Espa√Īa que no estuviese sojuzgada, los espa√Īoles que se encontrasen en la Am√©rica deben tomar y reasumir el mando de ellas y que √©ste s√≥lo podr√≠a venir a manos de los hijos del pa√≠s cuando ya no hubiese un espa√Īol en √©l. Aunque hubiese quedado un solo vocal de la Junta Central de Sevilla y arribase a nuestras playas, lo deber√≠amos recibir como al Soberano.[24]

Juan José Castelli habló a continuación, y sostuvo que los pueblos americanos debían asumir la dirección de sus destinos hasta que cesara el impedimento de Fernando VII de regresar al trono.

Desde la salida del Infante don Antonio, de Madrid, hab√≠a caducado el Gobierno Soberano de Espa¬≠√Īa, que ahora con mayor raz√≥n deb√≠a considerarse haber expirado con la disoluci√≥n de la Junta Central, porque, adem√°s de haber sido acusada de infidencia por el pueblo de Sevilla, no ten√≠a facultades para el establecimiento del Supremo Gobierno de Regencia; ya porque los poderes de sus vocales eran personal√≠simos para el gobierno, y no podr√≠an delegarse, ya por la falta de concurrencia de los Diputados de Am√©rica en la elecci√≥n y establecimiento de aquel gobierno, deduciendo de aqu√≠ su ilegitimidad, la re¬≠versi√≥n de los derechos de la Soberan√≠a al pueblo de Buenos Aires y su libre ejercicio en la instalaci√≥n de un nuevo gobierno, principalmente no existiendo ya, como se supon√≠a no existir, la Espa√Īa en la dominaci√≥n del se√Īor don Fer¬≠nando S√©ptimo.[10]

Pascual Ruiz Huidobro expuso que, dado que la autoridad que había designado a Cisneros había caducado, éste debía considerarse separado de toda función de gobierno, y que, en su función de representante del pueblo, el Cabildo debía asumir y ejercer la autoridad.

El fiscal Manuel Genaro Villota, representante de los espa√Īoles m√°s conservadores, se√Īal√≥ que la ciudad de Buenos Aires no ten√≠a derecho a tomar decisiones unilaterales sobre la legitimidad del virrey o el Consejo de Regencia sin hacer part√≠cipes del debate a las dem√°s ciudades del Virreinato. Argumentaba que ello romper√≠a la unidad del pa√≠s y establecer√≠a tantas soberan√≠as como pueblos. Juan Jos√© Paso le dio la raz√≥n en el primer punto, pero adujo que la situaci√≥n del conflicto en Europa y la posibilidad de que las fuerzas napole√≥nicas prosiguieran conquistando las colonias americanas demandaban una soluci√≥n urgente.[25] Adujo entonces el argumento de la hermana mayor, por la cual Buenos Aires tomaba la iniciativa de realizar los cambios que juzgaba necesarios y convenientes, bajo la expresa condici√≥n de que las dem√°s ciudades ser√≠an invitadas a pronunciarse a la mayor brevedad posible.[26] La figura ret√≥rica de la "Hermana mayor", comparable a la gesti√≥n de negocios, es un nombre que hace una analog√≠a entre la relaci√≥n de Buenos Aires y las otras ciudades del Virreinato con una relaci√≥n filial.

La postura de Cornelio Saavedra fue la que acabó imponiéndose.

El cura Juan Nepomuceno Solá opinaba que el mando debía entregarse al Cabildo, pero sólo en forma provisional, hasta la realización de una junta gubernativa con llamamiento a representantes de todas las poblaciones del virreinato.

El comandante Pedro Andr√©s Garc√≠a, √≠ntimo amigo de Saavedra, coment√≥ al votar: "Que considerando la suprema ley la salud del pueblo y advertido y aun tocado por s√≠ mismo la efervescencia y acaloramiento de √©l con motivo de las ocurrencias de la Metr√≥poli, para que se var√≠e el Gobierno, que es a lo que aspira, cree de absoluta necesidad el que as√≠ se realice, antes de tocar desgraciados extremos, como los que se persuade habr√≠a, si a√ļn no se resolviese as√≠ en la disoluci√≥n de esta Ilustre Junta; repite por los conocimientos que en los d√≠as de antes de ayer, ayer y anoche ha tocado por s√≠ mismo, tranquilizando los √°nimos de los que con instancia en el pueblo as√≠ lo piden".[27]

Cornelio Saavedra propuso que el mando se delegara en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el Cabildo estimara conveniente. Hizo resaltar la frase de que "(...) y no queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando". A la hora de la votación, la postura de Castelli se acopló a la de Saavedra.

Luego de los discursos, se procedió a votar por la continuidad del virrey, solo o asociado, o por su destitución. La votación duró hasta la medianoche, y se decidió por amplia mayoría destituir al virrey: ciento cincuenta y cinco votos contra sesenta y nueve. Los votos contrarios a Cisneros se distribuyeron de la siguiente manera:[28]

  • F√≥rmula seg√ļn la cual la autoridad recae en el Cabildo: cuatro votos
  • F√≥rmula de Juan Nepomuceno de Sola: dieciocho votos
  • F√≥rmula de Pedro Andr√©s Garc√≠a, Juan Jos√© Paso y Luis Jos√© Chorroar√≠n: veinte votos.
  • F√≥rmula de Ruiz Huidobro: veinticinco votos
  • F√≥rmula de Saavedra y Castelli: ochenta y siete votos

A la madrugada del día 23 se emitió el siguiente documento:

Hecha la regulaci√≥n con el m√°s prolijo examen resulta de ella que el Excmo Se√Īor Virrey debe cesar en el mando y recae √©ste provisoriamente en el Excmo. Cabildo hasta la erecci√≥n de una Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo, en la manera que estime conveniente.[29]

Miércoles 23 de mayo

Tras la finalizaci√≥n del Cabildo abierto se colocaron avisos en diversos puntos de la ciudad que informaban de la creaci√≥n de la Junta y la convocatoria a diputados de las provincias, y llamaba a abstenerse de intentar acciones contrarias al orden p√ļblico.

Jueves 24 de mayo

Domingo French, uno de los líderes de los movimientos revolucionarios populares.

El día 24 el Cabildo, a propuesta del síndico Leyva, conformó la nueva Junta, que debía mantenerse hasta la llegada de los diputados del resto del Virreinato. Estaba formada por:

Dicha fórmula respondía a la propuesta del obispo Lué y Riega de mantener al virrey en el poder con algunos asociados o adjuntos, a pesar de que en el Cabildo abierto la misma hubiera sido derrotada en las elecciones. Los cabildantes consideraban que de esta forma se contendrían las amenazas de revolución que tenían lugar en la sociedad.[30] Asimismo, se incluyó un reglamento constitucional de trece artículos, redactado por Leyva, que regiría el accionar de la Junta. Entre los principios incluidos, se preveía que la Junta no ejercería el poder judicial, que sería asumido por la Audiencia; que Cisneros no podría actuar sin el respaldo de los otros integrantes de la Junta; que el Cabildo podría deponer a los miembros de la Junta que faltaran a sus deberes y debía aprobar las propuestas de nuevos impuestos; que se sancionaría una amnistía general respecto de las opiniones emitidas en el cabildo abierto del 22; y que se pediría a los cabildos del interior que enviaran diputados. Los comandantes de los cuerpos armados dieron su conformidad, incluyendo a Saavedra y Pedro Andrés García.

Cuando la noticia fue dada a conocer, tanto el pueblo como las milicias volvieron a agitarse, y la plaza fue invadida por una multitud comandada por French y Beruti. La permanencia de Cisneros en el poder, aunque fuera con un cargo diferente al de virrey, era vista como una burla a la voluntad del Cabildo Abierto. El coronel Martín Rodríguez lo explicaba así:

Si nosotros nos comprometemos a sostener esa combinación que mantiene en el gobierno a Cisneros, en muy pocas horas tendríamos que abrir fuego contra nuestro pueblo, nuestros mismos soldados nos abandonarían; todos sin excepción reclaman la separación de Cisneros.[29]

Hubo una discusi√≥n en la casa de Rodr√≠guez Pe√Īa, lugar en que se runieron dirigentes civiles y oficiles de los cuerpos, entre ellos: Belgrano, D√≠az V√©lez, French y Chiclana donde se lleg√≥ a dudar de la lealtad de Saavedra. Castelli se comprometi√≥ a intervenir para que el pueblo fuera consultado nuevamente, y entre Mariano Moreno, Mat√≠as Irigoyen y Feliciano Chiclana se calm√≥ a los militares y a la juventud de la plaza. Finalmente decidieron deshacer lo hecho, convocar nuevamente al pueblo y obtener del cabildo una modificaci√≥n sustancial con una lista de candidatos propios. Cisneros no pod√≠a figurar.

Por la noche, una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la residencia de Cisneros informando el estado de agitación popular y sublevación de las tropas, y demandando su renuncia. Lograron conseguir en forma verbal su dimisión. Un grupo de patriotas reclamó en la casa del síndico Leyva que se convocara nuevamente al pueblo, y pese a sus resistencias iniciales finalmente accedió a hacerlo.

Viernes 25 de mayo

Durante la ma√Īana del 25 de mayo, una gran multitud comenz√≥ a reunirse en la Plaza Mayor, actual Plaza de Mayo, liderados por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti. Se reclamaba la anulaci√≥n de la resoluci√≥n del d√≠a anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formaci√≥n de otra Junta de gobierno. El historiador Bartolom√© Mitre afirm√≥ que French y Beruti repart√≠an escarapelas celestes y blancas entre los concurrentes; historiadores posteriores ponen en duda dicha afirmaci√≥n, pero s√≠ consideran factible que se hayan repartido distintivos entre los revolucionarios. Ante las demoras en emitirse una resoluci√≥n, la gente comenz√≥ a agitarse, reclamando:

"¡El pueblo quiere saber de qué se trata!"

La multitud invadió la sala capitular, reclamando la renuncia del virrey y la anulación de la resolución tomada el día anterior.

El Cabildo se reuni√≥ a las nueve de la ma√Īana y reclam√≥ que la agitaci√≥n popular fuese reprimida por la fuerza. Con este fin se convoc√≥ a los principales comandantes, pero √©stos no obedecieron las √≥rdenes impartidas. Los que si lo hicieron afirmaron que no solo no podr√≠an sostener al gobierno, sino tampoco a sus tropas, y que en caso de intentar reprimir las manifestaciones ser√≠an desobedecidos por estas

Cisneros seguía resistiéndose a renunciar, y tras mucho esfuerzo los capitulares lograron que ratificase y formalizase los términos de su renuncia, abandonando pretensiones de mantenerse en el gobierno. Esto, sin embargo, resultó insuficiente, y representantes de la multitud reunida en la plaza reclamaron que el pueblo reasumiera la autoridad delegada en el Cabildo Abierto del día 22, exigiendo la formación de una Junta. Además, se disponía el envío de una expedición de quinientos hombres para auxiliar a las provincias interiores.

Pronto lleg√≥ a la sala capitular la renuncia de Cisneros, "prest√°ndose √° ello con la mayor generosidad y franqueza, resignado √° mostrar el punto √° que llega su consideraci√≥n por la tranquilidad p√ļblica y precauci√≥n de mayores des√≥rdenes".[31] La composici√≥n de la Primera Junta surge de un escrito presentado por French y Beruti y respaldado por un gran n√ļmero de firmas. Sin embargo, no hay una posici√≥n un√°nime entre los historiadores sobre la autor√≠a de dicho escrito. Algunos como Vicente Fidel L√≥pez sostienen que fue exclusivamente producto de la iniciativa popular. Para otros, como el historiador Miguel √Āngel Scenna, lo m√°s probable es que la lista haya sido el resultado de una negociaci√≥n entre tres partidos, que habr√≠an ubicado a tres candidatos cada uno: los carlotistas, los juntistas o alzaguistas, y el "partido miliciano". Belgrano, Castelli y Paso eran carlotistas. Los partidarios de √Ālzaga eran Moreno, Matheu y Larrea. No hay duda de que Saavedra y Azcu√©naga representaban al poder de las milicias formadas durante las invasiones inglesas; en el caso de Alberti, esta pertenencia es m√°s problem√°tica.[32]

Los capitulares salieron al balcón para presentar directamente a la ratificación del pueblo la petición formulada. Pero, dado lo avanzada de la hora y el estado del tiempo, la cantidad de gente en la plaza había disminuido, cosa que Leiva adujo para ridiculizar la pretensión de la diputación de hablar en nombre del pueblo. Esto colmó la paciencia de los pocos que se hallaban en la plaza bajo la llovizna. A partir de ese momento (dice el acta del Cabildo),

...se oyen entre aquellos las voces de que si hasta entonces se había procedido con prudencia porque la ciudad no experimentase desastres, sería ya preciso echar mano a los medios de violencia; que las gentes, por ser hora inoportuna, se habían retirado a sus casas; que se tocase la campana de Cabildo, y que el pueblo se congregase en aquel lugar para satisfacción del Ayuntamiento; y que si por falta del badajo no se hacía uso de la campana, mandarían ellos tocar generala, y que se abriesen los cuarteles, en cuyo caso sufriría la ciudad lo que hasta entonces se había procurado evitar.[31]

Cabe se√Īalar que el badajo de la campana del cabildo hab√≠a sido mandado retirar por el virrey Santiago de Liniers tras la asonada de √Ālzaga de 1809. Ante la perspectiva de violencias mayores, el petitorio fue le√≠do en voz alta y ratificado por los asistentes. El reglamento que regir√≠a a la Junta fue, a grandes rasgos, el mismo que se hab√≠a propuesto para la Junta del 24, a√Īadiendo que el Cabildo controlar√≠a la actividad de los vocales y que la Junta nombrar√≠a reemplazantes en caso de producirse vacantes. La Primera Junta estaba compuesta de la siguiente manera:

Presidente

Vocales

Secretarios

La Junta estaba conformada por representantes de diversos sectores de la sociedad: Saavedra y Azcuénaga eran militares, Belgrano, Castelli, Moreno y Paso eran abogados, Larrea y Matheu eran comerciantes, y Alberti era sacerdote.

Acto seguido, Saavedra habló a la muchedumbre reunida bajo la lluvia, y luego se trasladó al Fuerte entre salvas de artillería y toques de campana.

Al mismo tiempo que el sol se pon√≠a en el horizonte, una compa√Ī√≠a de Patricios mandada por Don Eustoquio D√≠az V√©lez anunciaba, al son de cajas y voz de pregoneros, que el Virrey de las Provincias Unidas del R√≠o de la Plata hab√≠a caducado, y que el Cabildo reasum√≠a el mando supremo del Virreynato por voluntad del pueblo.[33]


El mismo 25, Cisneros despachó a José Melchor Lavín rumbo a Córdoba, para advertir a Santiago de Liniers lo sucedido y reclamarle acciones militares contra la Junta.

La versión de Cisneros

El depuesto virrey Cisneros brindó su versión de los hechos de la semana de mayo en una carta dirigida al rey Fernando VII, con fecha 22 de junio de 1810:

Hab√≠a yo ordenado que se apostase para este acto una compa√Ī√≠a en cada bocacalle de las de la plaza a fin de que no se permitiese entrar en ella ni subir a las Casas Capitulares persona alguna que no fuese de las citadas; pero la tropa y los oficiales eran del partido; hac√≠an lo que sus comandantes les preven√≠an secretamente y √©stos les preven√≠an lo que les ordenaba la facci√≥n: negaban el paso a la plaza a los vecinos honrados y lo franqueaban a los de la confabulaci√≥n; ten√≠an algunos oficiales copia de las esquelas de convite sin nombre y con ellos introduc√≠an a las casas del Ayuntamiento a sujetos no citados por el Cabildo o porque los conoc√≠an de la parcialidad o porque los ganaban con dinero, as√≠ es que en una Ciudad de m√°s de tres mil vecinos de distinci√≥n y nombre solamente concurrieron doscientos y de √©stos, muchos pulperos, algunos artesanos, otros hijos de familia y los m√°s ignorantes y sin las menores nociones para discutir un asunto de la mayor gravedad.[34]

Circular a los cabildos del virreinato

En el acta del Cabildo de Buenos Aires del 25 de mayo, se indicaba a la Junta que remitiera una circular a los cabildos del virreinato, para que las provincias envíen diputados a la capital:

Apartado X: que los referidos SS. despachen sin perdida de tiempo ordenes circulares a los Xefes de lo interior y demas a quienes corresponde, encargandoles muy estrechamente baxo de responsabilidad, hagan que los respectivos Cabildos de cada uno convoquen por medio de esquelas a la parte principal y mas sana del vecindario, para que formando un congreso de solos los que en aquella forma hubiesen sido llamados elijan sus representantes y estos hayan de reunirse √° la mayor brevedad en esta Capital.[35]

La Junta hizo una circular el 27 de mayo solicitando la elección de los diputados:

Asimismo importa que V. quede entendido que los diputados han de irse incorporando en esta junta, conforme y por el orden de su llegada √° la capital, para que as√≠ se hagan de la parte de confianza p√ļblica que conviene al mejor servicio del rey y gobierno de los pueblos, imponi√©ndose con cuanta anticipaci√≥n conviene √° la formaci√≥n de la general de los graves asuntos que tocan al gobierno. Por lo mismo, se habr√° de acelerar el env√≠o de diputados, entendiendo deber ser uno por cada ciudad √≥ villa de las provincias, considerando que la ambici√≥n de los extranjeros puede excitarse √° aprovechar la dilaci√≥n en la reunion para defraudar √° Su Majestad los leg√≠timos derechos que se trata de preservar.[36]

El haber derrocado al virrey y a la junta que en principio se había formado para representarlo, reemplazándolos por la Primera Junta fue algo escandaloso para muchos y por lo tanto las primeras reacciones en el virreinato ante lo sucedido no fueron las mejores:

  • En C√≥rdoba se arm√≥ una contrarrevoluci√≥n, presidida por Liniers.
  • Mendoza tuvo algunas reticencias en aceptar a la nueva Junta.
  • En Salta hubo muchas discusiones.
  • La resistencia fue activa en el Alto Per√ļ, Paraguay y Montevideo.


Intenciones revolucionarias

Artículo principal: Máscara de Fernando VII
La Revoluci√≥n de Mayo fingi√≥ lealtad al rey espa√Īol Fernando VII.

Aunque el gobierno surgido el 25 de mayo se pronunciaba fiel al rey espa√Īol depuesto Fernando VII, los historiadores coinciden en que dicha lealtad era simplemente una maniobra pol√≠tica.[37] [38] [39] La Primera Junta no jur√≥ fidelidad al Consejo de Regencia de Espa√Īa e Indias, un organismo de la Monarqu√≠a Espa√Īola a√ļn en funcionamiento, y en 1810 la posibilidad de que Napole√≥n Bonaparte fuera derrotado y Fernando VII volviera al trono (lo cual ocurri√≥ finalmente el 11 de diciembre de 1813 con la firma del Tratado de Valen√ßay) parec√≠a remota e inveros√≠mil. El prop√≥sito del enga√Īo consist√≠a en ganar tiempo para fortalecer la posici√≥n de la causa patri√≥tica, evitando las reacciones que habr√≠a motivado una revoluci√≥n aduciendo que a√ļn se respetaba la autoridad mon√°rquica y que no se hab√≠a realizado revoluci√≥n alguna. La maniobra es conocida como la "M√°scara de Fernando VII" y fue mantenida por la Primera Junta, la Junta Grande, el primer, segundo y Tercer Triunvirato y los directores supremos, hasta la declaraci√≥n de independencia de 1816.

Cornelio Saavedra habló privadamente del tema con Juan José Viamonte en una carta del 27 de junio de 1811. Dicha carta fue rescatada con posterioridad.

...las Cortes extranjeras y muy particularmente la de Inglaterra, nada exigen, m√°s que llevemos adelante el nombre de Fernando y el odio a Napole√≥n; en estos ejes consiste el que no sea (Inglaterra) nuestra enemiga declarada... la Corte de Inglaterra... no se considera obligada... a sostener una parte de la monarqu√≠a espa√Īola contra la otra... a condici√≥n que reconozcan su soberano leg√≠timo... luego, si nosotros no reconoci√©semos a Fernando, tendr√≠a la Inglaterra derecho... a sostener a nuestros contrarios... y nos declarar√≠a la guerra... En medio de estas poderosas consideraciones quiere el... ciudadano Zamudio se grite: ¬°Independencia! ¬°Independencia! ¬ŅQu√© (se) pierde en que de palabra y por escrito digamos: ¬°Fernando! ¬°Fernando![40]

Para Gran Breta√Īa el cambio era favorable, ya que facilitaba el comercio con las ciudades de la zona sin que √©ste se viera obstaculizado por el monopolio del mismo que Espa√Īa manten√≠a con sus colonias. Sin embargo, Gran Breta√Īa priorizaba la guerra en Europa contra Francia, aliada a los sectores del poder espa√Īol que todav√≠a no hab√≠an sido sometidos, y no pod√≠a aparecer apoyando a los movimientos independentistas americanos ni permitir que la atenci√≥n militar de Espa√Īa se dividiera en dos frentes diferentes. En consecuencia presionaron para que las manifestaciones independentistas no se hicieran expl√≠citas. Dicha presi√≥n fue ejercida por Lord Strangford, embajador de Inglaterra en la corte de R√≠o de Janeiro, que manifest√≥ su apoyo a la Junta pero lo condicion√≥ "...siempre que la conducta de esa Capital sea consecuente y se conserve a nombre del Sr. Dn. Fernando VII y de sus leg√≠timos sucesores".[41]

Cabe se√Īalar que los grupos que apoyaron o llevaron adelante la revoluci√≥n no eran completamente homog√©neos en sus prop√≥sitos, y varios ten√≠an intereses dispares entre s√≠. Los criollos progresistas y los j√≥venes, representados en la junta por Moreno, Castelli, Belgrano o Paso, aspiraban a realizar una profunda reforma pol√≠tica, econ√≥mica y social. Por otro lado, los militares y bur√≥cratas, cuyos criterios eran llevados adelante por Saavedra, s√≥lo pretend√≠an una renovaci√≥n de cargos: aspiraban a desplazar a los espa√Īoles del ejercicio exclusivo del poder, pero heredando sus privilegios y atribuciones. Los comerciantes y hacendados subordinaban la cuesti√≥n pol√≠tica a las decisiones econ√≥micas, especialmente las referidas a la apertura o no del comercio con los ingleses. Finalmente, algunos grupos barajaron posibilidades de reemplazar a la autoridad del Consejo de Regencia por la de Carlota Joaquina de Borb√≥n o por la corona brit√°nica, pero tales proyectos tuvieron escasa repercusi√≥n.

Estos grupos trabajaron juntos para el fin com√ļn de expulsar a Cisneros del poder, pero al conformarse la Primera Junta comenzaron a manifestar sus diferencias internas.

En la revoluci√≥n no intervinieron factores religiosos, debido a que todas las corrientes revolucionarias y realistas coincid√≠an en su apoyo a la religi√≥n cat√≥lica. Aun as√≠, la mayor parte de los dirigentes eclesi√°sticos se opon√≠an a la revoluci√≥n. En el Alto Per√ļ los realistas y las autoridades religiosas procuraron equiparar a los revolucionarios con herejes, pero los dirigentes revolucionarios siempre impulsaron pol√≠ticas conciliatorias en los aspectos religiosos. Los curas y frailes, en cambio, estaban divididos geogr√°ficamente, los de las provincias "de abajo" eran leales a la Revoluci√≥n, mientras que los del Alto Per√ļ prefirieron continuar leales a la monarqu√≠a.[42] [43] [44]

Acontecimientos posteriores

La Primera Junta. √ďleo de Julio Vila y Prades.
Artículo principal: Primera Junta

Ni el consejo de Regencia, ni los miembros de la Real Audiencia ni la poblaci√≥n espa√Īola proveniente de Europa creyeron la premisa de la lealtad al rey Fernando VII, y no aceptaron de buen grado la nueva situaci√≥n. Los miembros de la Audiencia no quisieron tomar juramento a los miembros de la Primera Junta, y al hacerlo lo hicieron con manifestaciones de desprecio. El 15 de junio los miembros de la Real Audiencia juraron fidelidad en secreto al Consejo de Regencia y enviaron circulares a las ciudades del interior, llamando a deso√≠r al nuevo gobierno. Para detener sus maniobras la Junta convoc√≥ a todos los miembros de la audiencia, al obispo Lu√© y Riega y al antiguo virrey Cisneros, y con el argumento de que sus vidas corr√≠an peligro fueron embarcados en el buque brit√°nico Dart. Su capit√°n Marcos Brigut recibi√≥ instrucciones de Larrea de no detenerse en ning√ļn puerto americano y de trasladar a todos los embarcados a las Islas Canarias. Tras la exitosa deportaci√≥n de los grupos mencionados se nombr√≥ una nueva Audiencia, compuesta √≠ntegramente por criollos leales a la revoluci√≥n.

Con la excepci√≥n de C√≥rdoba, las ciudades que hoy forman parte de la Argentina respaldaron a la Primera Junta. El Alto Per√ļ no se pronunciaba en forma abierta, debido a los desenlaces de las revoluciones en Chuquisaca y La Paz de poco antes. El Paraguay estaba indeciso. En la Banda Oriental se manten√≠a un fuerte basti√≥n realista, as√≠ como en Chile.

Mariano Moreno, uno de los integrantes m√°s notorios de la Primera Junta.

Santiago de Liniers encabez√≥ una contrarrevoluci√≥n en C√≥rdoba, contra la cual se dirigi√≥ el primer movimiento militar del gobierno patrio. Montevideo estaba mejor preparada para resistir un ataque de Buenos Aires, y la Cordillera de los Andes establec√≠a una efectiva barrera natural entre los revolucionarios y los realistas en Chile, por lo que no hubo enfrentamientos militares en Chile hasta la realizaci√≥n del Cruce de los Andes por Jos√© de San Mart√≠n y el Ej√©rcito de Los Andes algunos a√Īos despu√©s. Cabe se√Īalar que, a pesar del alzamiento de Liniers y su prestigio como h√©roe de las Invasiones Inglesas, la poblaci√≥n cordobesa en general respaldaba a la revoluci√≥n, lo cual llevaba a que el poder de su ej√©rcito se viera minado por deserciones y sabotajes.[45]

El alzamiento contrarrevolucionario de Liniers fue rápidamente sofocado por las fuerzas comandadas por Francisco Ortiz de Ocampo. Sin embargo, una vez capturados Ocampo se negó a fusilar a Liniers ya que había peleado junto a él en las Invasiones Inglesas, por lo que la ejecución fue realizada por Castelli.

Luego de sofocar dicha rebelión se procedió a enviar expediciones militares a las diversas ciudades del interior, reclamando apoyo para la Primera Junta. Se reclamó el servicio militar a casi todas familias, tanto pobres como ricas, ante lo cual la mayor parte de las familias patricias decidían enviar a sus esclavos al ejército en lugar de a sus hijos. Esta es una de las razones de la disminución de la población negra en Argentina.

La Primera Junta ampli√≥ su n√ļmero de miembros incorporando en s√≠ misma a los diputados enviados por las ciudades que respaldaban a la Revoluci√≥n, tras lo cual la Junta pas√≥ a ser conocida como la Junta Grande.

Véase también: Surgimiento del Estado Argentino

Consecuencias

Seg√ļn el historiador F√©lix Luna en su libro Breve historia de los argentinos, una de las consecuencias principales de la Revoluci√≥n de Mayo sobre la sociedad, que dejaba de ser un virreinato, fue el cambio de paradigma con el cual se consideraba la relaci√≥n entre el pueblo y los gobernantes. Hasta aquel entonces, primaba la concepci√≥n del bien com√ļn: en tanto se respetaba completamente a la autoridad mon√°rquica, si se consideraba que una orden proveniente de la corona de Espa√Īa era perjudicial para el bien com√ļn de la poblaci√≥n local, se la cumpl√≠a a medias o se la ignoraba. Esto era un procedimiento habitual. Con la revoluci√≥n, el concepto del bien com√ļn dio paso al de la soberan√≠a popular, impulsado por personas como Moreno, Castelli o Monteagudo, que sosten√≠a que, en ausencia de las autoridades leg√≠timas, el pueblo ten√≠a derecho a designar a sus propios gobernantes. Con el tiempo, la soberan√≠a popular dar√≠a paso a la regla de la mayor√≠a, que plantea que es la mayor√≠a de la poblaci√≥n la que determina, al menos en teor√≠a, al gobierno en ejercicio. Esta maduraci√≥n de ideas fue lenta y progresiva, y llev√≥ muchas d√©cadas hasta cristalizarse de una manera electoral, pero fue lo que llev√≥ finalmente a la adopci√≥n del sistema republicano como forma de gobierno de Argentina.

Otra consecuencia, tambi√©n seg√ļn el mencionado historiador, fue la disgregaci√≥n de los territorios que correspond√≠an al Virreinato del R√≠o de la Plata en varios territorios diferentes. La mayor parte de las ciudades que lo compon√≠an ten√≠an poblaciones, producciones, mentalidades, contextos e intereses diferentes entre s√≠. Estos pueblos se manten√≠an unidos gracias a la autoridad del gobierno espa√Īol; al desaparecer √©sta, las poblaciones de Montevideo, Paraguay y el Alto Per√ļ comenzaron a distanciarse de Buenos Aires. La escasa duraci√≥n del Virreinato del R√≠o de la Plata, de apenas treinta y ocho a√Īos, no logr√≥ que se forjara un sentimiento patri√≥tico que las ligara como una unidad com√ļn. Juan Bautista Alberdi tambi√©n considera a la Revoluci√≥n de Mayo una de las primeras manifestaciones de las disputas de poder entre la ciudad de Buenos Aires y las del interior, uno de los ejes alrededor del cual giraron las guerras civiles argentinas. Alberdi escribi√≥ en sus Escritos p√≥stumos lo siguiente:

La revoluci√≥n de Mayo de 1810, hecha por Buenos Aires, que debi√≥ tener por objeto √ļnico la independencia de la Rep√ļblica Argentina respecto de Espa√Īa, tuvo adem√°s el de emancipar a la provincia de Buenos Aires de la Naci√≥n Argentina, o m√°s bien el de imponer la autoridad de su provincia a la naci√≥n emancipada de Espa√Īa. Ese d√≠a ces√≥ el poder espa√Īol y se instal√≥ el de Buenos Aires sobre las provincias argentinas.

An√°lisis historiogr√°fico

La primera escuela notable de interpretaci√≥n historiogr√°fica de la historia de Argentina fue la fundada por Bartolom√© Mitre. Mitre consideraba a la Revoluci√≥n de Mayo como una expresi√≥n ic√≥nica del igualitarismo pol√≠tico, como el conflicto entre las libertades modernas y la opresi√≥n representada por la monarqu√≠a espa√Īola, y el intento de establecer una organizaci√≥n nacional sobre principios constitucionales en contraposici√≥n al liderazgo de los caudillos.[46]

Por su parte, Esteban Echeverr√≠a sintetizaba los ideales de Mayo en los conceptos de progreso y democracia. En el futuro, dichos conceptos ser√≠an el eje alrededor del cual se diferenciar√≠an la historia can√≥nica de la historia revisionista en lo referido a los eventos de Mayo. La versi√≥n can√≥nica reivindica el progreso y justifica el abandono o demora de la concreci√≥n de los ideales democr√°ticos para no poner en riesgo la prosperidad econ√≥mica aduciendo que la sociedad de entonces a√ļn no estaba capacitada para aprovechar apropiadamente la libertad pol√≠tica. Dicha situaci√≥n fue conocida como la instauraci√≥n de la "Rep√ļblica posible".[46]

En la vereda opuesta, el revisionismo criticaba abiertamente la no conformaci√≥n de una democracia aut√©ntica. El historiador Jos√© Mar√≠a Rosa, por ejemplo, afirm√≥ que la historia can√≥nica presentaba a la revoluci√≥n como el producto exclusivo de un sector reducido de la poblaci√≥n movido por el deseo de libertades de comercio y libertades individuales, minimizando la implicaci√≥n de las masas populares o el deseo de la independencia por la independencia misma.[47] Asimismo, Rosa consider√≥ que la historia can√≥nica minimizaba u ocultaba las posturas pol√≠ticas de Manuel Belgrano, present√°ndolo en cambio √ļnicamente como un l√≠der militar.

La figura de Mariano Moreno también motivó disputas por sus métodos confrontativos. Algunos historiadores lo ven como el principal impulsor de la Revolución, o bien del gobierno surgido de ésta, mientras que otros relativizan su influencia. También existen disparidades sobre su consideración o no como jacobino, el arraigo o desarraigo popular de sus posturas, o el análisis de su pensamiento, sus fuentes o sus acciones. Sin embargo, más allá de los juicios de valor de cada historiador, hay consenso entre los mismos en considerar a Mariano Moreno como uno de los protagonistas de Mayo con la postura revolucionaria más radical y decidida.[46]

Por √ļltimo, aunque parece evidente que no puede asignarse a un d√≠a y a un hecho puntual la carga simb√≥lica de la independencia y constituci√≥n de la Argentina libre y soberana, hay quienes consideran el 9 de julio, fecha de la declaraci√≥n de la independencia, como √≠cono del nacimiento del pa√≠s, y otros, a la fecha del 25 de mayo. Uno de los motivos del debate tiene que ver con el hecho de que hay quienes consideran que la Revoluci√≥n de Mayo fue un acontecimiento protagonizado solo por Buenos Aires mientras que la Declaraci√≥n de la Independencia fue un acto que cont√≥ con la activa participaci√≥n de las provincias. Parece claro, eso s√≠, que la Revoluci√≥n de Mayo es la celebraci√≥n del inicio de una serie de acontecimientos que desembocaron en la formalizaci√≥n de la independencia en 1816.[48]

Homenajes

En la actualidad, el 25 de mayo es recordado como una fecha patria en Argentina, con el carácter de feriado nacional. El mismo es inamovible, por lo que se celebra exactamente el 25 independientemente del día de la semana.

En el a√Īo 1910 "[E]l Centenario de la Revoluci√≥n de Mayo fue celebrado con toda la grandeza que correspond√≠a a la propseridad de las elites, y ese mismo a√Īo ... en el mes de abril, Roque S√°enz Pe√Īa fue elegido presidente de la Rep√ļblica. Muy poco despu√©s iba a posibilitar, mediante la ley electoral que recuerda su nombre, el ejercicio del sufragio universal a todos los varones mayores de dieciocho a√Īos, en comicios de ejemplar limpieza."[49]

Ya a finales del siglo XIX Argentina iba consiguiendo un papel destacado en el mundo occidental gracias al progreso que le brindó el comercio de sus productos agrícologanaderos, como la carne, el cuero, la lana y el trigo, lo que enriqueció grandemente a las familias estancieras, a los frigoríficos y a otros comerciantes que comenzaron a adoptar las formas de vida de los sectores sociales altos de Europa y Estados Unidos de la belle époque. Empero esta imponente realidad contrastaba con la situación de millones de inmigrantes que -atraídos por las posibilidades que ofrecía este rico país- cruzaron el Océano Atlántico en procura de una mejor calidad de vida, en paz y con posibilidades de progreso y ascenso socioeconómico, que estas tierran les ofrecían en ese entonces. Si bien la gran mayoría de ellos, en poco tiempo, se fueron integrando al tejido social y conformaron la base del destacado estrato social medio argentino, otros -en cambio- continuaron viviendo en condiciones de pobreza.

Ello no fue √≥bice para durante los festejos del Centenario Argentino llegaran al pa√≠s embajadores y comitivas especiales para tan importante celebraci√≥n, que fueron recibidos por el presidente Jos√© Figueroa Alcorta y alojados -en muchos casos- por las familias tradicionales. La visita m√°s esperada fue la de la Infanta Isabel de Borb√≥n, t√≠a del rey Alfonso XIII de Espa√Īa, quien se hosped√≥ con toda la pompa en el palacio de la familia Bary, en la avenida Alvear y que inaugurara un nuevo edificio conocido como el Palacio Vera que fuera edificado por su propietario, el rico estanciero Eustoquio D√≠az V√©lez hijo, precisamente en la Avenida de Mayo, la nueva y m√°s prestigiosa v√≠a de la ciudad de Buenos Aires. Arribaron tambi√©n mandatarios de pa√≠ses hermanos como Pedro Montt, presidente de Chile y Eugenio Larraburu, vicepresidente del Per√ļ. Representaciones de Uruguay, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Holanda y Jap√≥n figuraron entre la lista de los estados participantes que participaron de los diversos desfiles castrences. El imponente y nov√≠simo Teatro Col√≥n fue el escenario de una gran funci√≥n de la l√≠rica en donde fue cantada la obra Rigoletto por Titta Ruffo, el impresionante bar√≠tono italiano.

Pero los festejos por el primer siglo de la Revoluci√≥n de Mayo no solamente fueron a nivel estatal sino que tambi√©n llegaron a Argentina intelectuales y escritores de aquella √©poca: Ram√≥n del Valle Incl√°n, Jacinto Benavente, Vicente Blasco Ib√°√Īez -√©stos de la madre patria-, Georges Clemenceau, Jean Jaur√®s y Anatole France -estos tres √ļltimos, franceses-.

Con motivo de El Centenario se erigieron monumentos ideados por las distintas y progresistas comunidades que habitaban la ya cosmopolita ciudad de Buenos Aires y que hoy en día son excepcionales exponentes de su arquitetura histórico urbana.

En el a√Īo 2010 se cumplieron 200 a√Īos de la Revoluci√≥n de Mayo, lo que motiv√≥ las celebraciones del Bicentenario de la Rep√ļblica Argentina. La fecha, as√≠ como tambi√©n la imagen de un Cabildo en forma gen√©rica, se utilizan en diversas variantes para homenajear la Revoluci√≥n de Mayo. Dos de las m√°s notables son la Avenida de Mayo y la Plaza de Mayo, en esta √ļltima se erigi√≥ la Pir√°mide de Mayo al a√Īo de la revoluci√≥n, la cual fue reconstruida con su aspecto actual en 1856. "25 de mayo" es el nombre de diversas divisiones administrativas, localidades, espacios p√ļblicos y accidentes geogr√°ficos de la Argentina; se pueden mencionar el departamento Veinticinco de Mayo en San Juan, la localidad de Veinticinco de Mayo en la Provincia de Buenos Aires, la Plaza 25 de Mayo en Rosario, la Plaza 25 de Mayo en La Rioja y la "isla Veinticinco de Mayo" (conocida internacionalmente como Isla Rey Jorge). Tambi√©n se utiliza un Cabildo conmemorativo en las monedas de 25 centavos, y una imagen del Sol de Mayo en las de 5 centavos.

El presidente Arturo Frondizi en un acto en el 150 aniversario de la Revolución de Mayo.

La Revolución de Mayo en la cultura popular

El car√°cter de fecha patria del 25 de mayo motiva que cada a√Īo la misma sea descripta con frecuencia en las revistas infantiles argentinas, como por ejemplo Billiken, as√≠ como tambi√©n en manuales de uso escolar en las escuelas primarias. Dichas publicaciones suelen omitir algunos aspectos del evento hist√≥rico que por su violencia o contenido pol√≠tico podr√≠an considerarse inapropiados para menores de edad, tales como el elevado armamentismo de la poblaci√≥n de aquella √©poca (consecuencia de la preparaci√≥n contra la segunda invasi√≥n inglesa) o la lucha de clases entre los criollos y los espa√Īoles continentales. En su lugar, se enfoca a la revoluci√≥n como un evento desprovisto de violencia y que inevitablemente habr√≠a sucedido de una u otra forma, se pone el acento en aspectos secundarios tales como el estado del tiempo del 25 y si ese d√≠a llov√≠a o no, o si el uso de paraguas estaba extendido o limitado a una minor√≠a.[50] [51] Tambi√©n se presentan como personajes arquet√≠picos de la revoluci√≥n a diversos pregoneros, entre ellos una mazamorrera repartiendo empanadas entre los concurrentes a la plaza el 25 de mayo. Esto fue denunciado por el Instituto Nacional contra la Discriminaci√≥n, la Xenofobia y el Racismo como un ejemplo de discriminaci√≥n contra la poblaci√≥n negra en Argentina, por lo que solicit√≥ una reformulaci√≥n de los manuales escolares de cara al ciclo lectivo del 2009.[52]

Los acontecimientos fueron representados en La Revoluci√≥n de Mayo, una de las primeras pel√≠culas mudas de Argentina, filmada en el a√Īo 1909 por Mario Gallo y estrenado en 1910, a√Īo del centenario. Fue el primer film de ficci√≥n argentino realizado con actores profesionales.[53]

Entre las canciones inspiradas en los sucesos de mayo se encuentra el Candombe de 1810. El cantante de tangos Carlos Gardel interpret√≥ El sol del 25, con letra de Domingo Lombardi y Santiago Rocca, y Salve Patria de Eugenio C√°rdenas y Guillermo Barbieri. Pedro Berruti, por su parte, cre√≥ Gavota de Mayo,[54] con m√ļsica folcl√≥rica.

En esta celebraci√≥n, como as√≠ tambi√©n en la del 9 de julio es muy com√ļn que el pueblo prepare o consuma locro, y en las escuelas primarias se beba un tradicional chocolate tibio. Tambi√©n en los comedores comunitarios se suelen preparar este tipo de comidas pero en mayor cantidad.

Véase también

Notas

  1. ‚ÜĎ a b Abad de Santill√°n, Diego (1965). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo: Factores convergentes y determinantes¬Ľ. Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). pp. 387. 
  2. ‚ÜĎ Abad de Santill√°n, Diego (1965). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo: Factores convergentes y determinantes¬Ľ. Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). pp. 391. 
  3. ‚ÜĎ Abad de Santill√°n, Diego (1965). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo: Factores convergentes y determinantes¬Ľ. Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). pp. 395, 396. 
  4. ‚ÜĎ a b Luna, F√©lix (1997). ¬ęLa etapa colonial / Las Invasiones Inglesas¬Ľ. Breve historia de los argentinos. Planeta Argentina. pp. 272. 950-742-811-9. 
  5. ‚ÜĎ citado en Cr√≥nica Hist√≥rica Argentina, Tomo I, p√°g 145. (1968) Ed. CODEX.
  6. ‚ÜĎ a b . La Raz√≥n (16/7/2006).
  7. ‚ÜĎ Ramiro Prudencio Liz√≥n (22/5/2004). . Correo del Sur.
  8. ‚ÜĎ Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 224, 225. ISBN 987-545-149-5. 
  9. ‚ÜĎ Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 226, 227. ISBN 987-545-149-5. 
  10. ‚ÜĎ a b Pacho 'O Donell (1998). El Grito Sagrado. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. ISBN 9500713314. 
  11. ‚ÜĎ Historia Argentina. P√°g. 31. Escrito por Jorge Fern√°ndez, Julio C√©sar Rondina. Publicado por Universidad Nac. del Litoral, 2004 ISBN 987-508-331-3, 9789875083318
  12. ‚ÜĎ Cornelio Saavedra, Memoria aut√≥grafa, en Biblioteca de Mayo, tomo II, p√°ginas 1050-1051, 1966
  13. ‚ÜĎ Abad de Santill√°n, Diego (1965). ¬ęLas jornadas de Mayo de 1810: Divulgaci√≥n de las noticias sobre el curso de la invasi√≥n francesa a Espa√Īa¬Ľ. Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). pp. 404. 
  14. ‚ÜĎ Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 229. ISBN 987-545-149-5. 
  15. ‚ÜĎ Dom√≠nguez, Luis L. (1861). ¬ęSecci√≥n V: la Revoluci√≥n. Cap√≠tulo 1: el 25 de mayo de 1810.¬Ľ. Historia Argentina. Imp. del Orden. pp. 204 - 205. 
  16. ‚ÜĎ Dom√≠nguez, Luis L. (1861). ¬ęSecci√≥n V: la Revoluci√≥n. Cap√≠tulo 1: el 25 de mayo de 1810.¬Ľ. Historia Argentina. Imp. del Orden. pp. 205 - 206. 
  17. ‚ÜĎ . www.buenosaires.gov.ar Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
  18. ‚ÜĎ Abad de Santill√°n, Diego (1965). ¬ęLas jornadas de Mayo de 1810: Divulgaci√≥n de las noticias sobre el curso de la invasi√≥n francesa a Espa√Īa¬Ľ. Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). pp. 406. 
  19. ‚ÜĎ Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 231. ISBN 987-545-149-5. 
  20. ‚ÜĎ Vicente Fidel L√≥pez (1896). . Publicaci√≥n on-line de la Biblioteca digital argentina www.biblioteca.clarin.com. Buenos Aires: Carlos Casavalle Editor, Imprenta y Librer√≠a de Mayo.
  21. ‚ÜĎ citado en Cr√≥nica Hist√≥rica Argentina, Tomo I, p√°g 148. (1968) Ed. CODEX.
  22. ‚ÜĎ Rodr√≠guez Bosch, Ra√ļl (1986).¬ęEustoquio D√≠az V√©lez. Soldado de la Independencia y la Organizaci√≥n Nacional¬Ľ. Editora Selene. Buenos Aires. P√°gina 21. ISBN 950-95007-2-0.
  23. ‚ÜĎ Alejandro Pasino (1/12/00). . Portal Educar.
  24. ‚ÜĎ Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 234. ISBN 987-545-149-5. 
  25. ‚ÜĎ Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 237. ISBN 987-545-149-5. 
  26. ‚ÜĎ Luna, F√©lix (1994). ¬ę1810 y sus efectos / La Revoluci√≥n¬Ľ. Breve historia de los argentinos. Buenos Aires: Planeta / Espejo de la Argentina. pp. 62. 950-742-415-6. 
  27. ‚ÜĎ De Gand√≠a, Enrique (1960). ¬ęLa adhesi√≥n a Fernando VII,p√°gino 110¬Ľ. Historia del 25 de Mayo (Primera edici√≥n edici√≥n). Argentina: Claridad. pp. 444. 
  28. ‚ÜĎ Abad de Santill√°n, Diego (1965). ¬ęLas jornadas de Mayo de 1810: Divulgaci√≥n de las noticias sobre el curso de la invasi√≥n francesa a Espa√Īa¬Ľ. Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). pp. 409. 
  29. ‚ÜĎ a b Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 238. ISBN 987-545-149-5. 
  30. ‚ÜĎ Abad de Santill√°n, Diego (1965). ¬ęLas jornadas de Mayo de 1810: Divulgaci√≥n de las noticias sobre el curso de la invasi√≥n francesa a Espa√Īa¬Ľ. Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). pp. 410. 
  31. ‚ÜĎ a b http://www.gutenberg.org/ Proyecto Gutembreg (ed.): .
  32. ‚ÜĎ Scenna, Miguel √Āngel, Las brevas maduras. Memorial de la Patria, tomo I, p√°g. 231 y 232, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984. ISBN 950-008-021-4
  33. ‚ÜĎ Mitre, Bartolom√© (1887). <Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina>. Ediciones F√©lix Lajouane. Buenos Aires. Cuarta edici√≥n.
  34. ‚ÜĎ Archivo General de Indias. Sevilla. E. 122 C.C.L.26, 1810. Carta del Virrey de Buenos Aires donde cuenta a Su Majestad con varios documentos que acompa√Īa, de los sucesos ocurridos en la Capital, en el mes de mayo de aquel a√Īo. Buenos Aires, 23 de junio de 1810.
  35. ‚ÜĎ Revista de Indias, 2004, vol. LXIV, n√ļm. 231, p√°gs. 349-382, ISSN: 0034-8341 [1] (formato PDF)
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  40. ‚ÜĎ M. Deleis y col. Cartas que hicieron la historia, Buenos Aires, Edit. Aguilar, 2001, p√°g 116
  41. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa (octubre de 1968). . Historia del Revisionismo y otros ensayos. Merl√≠n.
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  45. ‚ÜĎ Luna, F√©lix (agosto de 2004). ¬ęEl Enemigo - La contrarevoluci√≥n¬Ľ. En La Naci√≥n (en Espa√Īol). Grandes protagonistas de la Historia Argentina - Mariano Moreno (1 edici√≥n). Buenos Aires: Planeta. pp. 108. ISBN 950-49-1248-6. 
  46. ‚ÜĎ a b c Poli Gonzalvo, Alejandro (2008). Mayo, la revoluci√≥n inconclusa. Buenos Aires: Editorial Emece. 978-950-04-3030-2. 
  47. ‚ÜĎ Jos√© Mar√≠a Rosa (octubre de 1968). . Historia del Revisionismo y otros ensayos. Merl√≠n.
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  49. ‚ÜĎ Luna, F√©lix (2006). Historia Integral de la Argentina Volumen II (1¬į edici√≥n). Planeta. pp. 805 y ss.. 
  50. ‚ÜĎ Pigna, Felipe (2007). ¬ęLa Revoluci√≥n de Mayo¬Ľ. Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. pp. 217-218. ISBN 987-545-149-5. 
  51. ‚ÜĎ Fabi√°n Harari (2008). ¬ęLa Revoluci√≥n que Billiken nos ocult√≥¬Ľ. Veintitr√©s II (516). 1851-6602, p√°ginas 22-27. 
  52. ‚ÜĎ Lanata, Jorge (19/5/2008). ¬ę‚Äú¬ŅA qu√© especie pertenece un negro?‚Ä̬Ľ (en espa√Īol). Cr√≠tica de la Argentina. Consultado el 06-10-2008.
  53. ‚ÜĎ La Revoluci√≥n de Mayo (Mario Gallo, 1909)
  54. ‚ÜĎ http://www.editorialescolar.com/pedroberruti.htm

Bibliografía

  • Abad de Santill√°n, Diego (1965). Historia Argentina. Buenos Aires: TEA (Tipogr√°fica Editora Argentina). 
  • Mar√≠a Alonso, Roberto Elisalde, Enrique V√°zquez (1994). Historia : Argentina y el mundo contempor√°neo. Buenos Aires: Editorial Aique. ISBN 950-701-203-6. 
  • Luna, F√©lix (1994). Breve historia de los argentinos. Buenos Aires: Planeta / Espejo de la Argentina. ISBN 950-742-415-6. 
  • Pigna, Felipe (2007). Los mitos de la historia argentina (26 edici√≥n). Argentina: Grupo editorial Norma. ISBN 987-545-149-5. 
  • Poli Gonzalvo, Alejandro (2008). Mayo, la revoluci√≥n inconclusa. Buenos Aires: Editorial Emece. ISBN 978-950-04-3030-2. 

Enlaces externos


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