Real Fábrica de Artillería de La Cavada

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Real Fábrica de Artillería de La Cavada

Real Fábrica de Artillería de La Cavada

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Se conoce por Real F√°brica de Artiller√≠a de La Cavada a unas importantes instalaciones fabriles de altos hornos que estuvieron situadas en las poblaciones pr√≥ximas de Li√©rganes y La Cavada, en los municipios de Li√©rganes y Riotuerto, en Cantabria (Espa√Īa). Fue la primera siderurgia e industria armament√≠stica del pa√≠s y produjo durante m√°s de dos siglos, entre 1622 y 1835, elementos de artiller√≠a y munici√≥n de hierro destinados a la defensa del Imperio Espa√Īol y a garantizar su dominio de los mares.

Localización de las Reales Fábricas de Artillería de Liérganes y La Cavada. La franja azul muestra el valle del río Miera, de especial importancia para el desarrollo de la actividad en las dos fábricas

El desarrollo de la artiller√≠a en el siglo XV y su eficacia en los campos de batalla europeos propici√≥ una revoluci√≥n tecnol√≥gica y una carrera armament√≠stica de las potencias continentales. A partir de finales del siglo XVI y a medida que m√°s estancado se mostraba el combate terrestre, m√°s intentaban las principales potencias en buscar la determinaci√≥n mediante la fuerza naval y el perfeccionamiento de sus t√©cnicas militares. Es en este periodo cuando surgen las primeras flotas de guerra nacionales capaces de prolongar el conflicto a gran distancia de la metr√≥poli. En los siglos sucesivos quedar√≠a bien patente que aquellas naciones que no pudieran abastecerse de miles de ca√Īones para artillar sus barcos[1] se ver√≠an relegadas de las principales rutas comerciales mar√≠timas, dejando el protagonismo en el dominio de los oc√©anos, nuevo escenario principal de confrontaci√≥n, a otros pa√≠ses.

Espa√Īa no fue ajena a este cambio estrat√©gico en el escenario b√©lico mundial[2] y a los nuevos modelos de hacer la guerra.[3] En el centro de la revoluci√≥n militar marina estaba la artiller√≠a, el ca√Ī√≥n, que permiti√≥ la expansi√≥n militar europea por todo el mundo conocido. La creaci√≥n de flotas armadas que protegiesen las rutas comerciales mar√≠timas requiri√≥ el cambio de producci√≥n de las ferrer√≠as y el forjado de los caros ca√Īones de bronce al moldeado de los m√°s modernos ca√Īones de hierro colado. Ello supuso una revoluci√≥n industrial debido al uso de nuevas t√©cnicas de fundici√≥n.[4] La apremiante, y en algunos casos angustiosa, necesidad de artiller√≠a al servicio de unas pol√≠ticas que fomentaban los conflictos y las guerras continuas (la f√°brica de La Cavada lleg√≥ a producir hasta mil ca√Īones anuales con destino a la marina y al ej√©rcito),[5] oblig√≥ a dar respuesta mediante un sistema de producci√≥n aut√°rquico. Un sistema basado en la construcci√≥n de plantas industriales en el propio territorio capaces de satisfacer las necesidades de material b√©lico del pa√≠s sin recurrir a operaciones de diplomacia secreta y comercio no manifiesto que pudiesen provocar caer en la √≥rbita pol√≠tica de la potencia suministradora. Esta pol√≠tica fue com√ļn a la mayor√≠a de las potencias europeas en mayor o menor medida.

La puesta en funcionamiento de estos centros de producci√≥n al abrigo de pol√≠ticas mercantilistas de creaci√≥n de Manufacturas Reales y considerados estrat√©gicos por los gobiernos, requer√≠an un gran volumen de capital para la producci√≥n de piezas de gran tama√Īo.[6] Se necesitaban unas importantes instalaciones[7] para albergar altos hornos de gran capacidad con unas condiciones geogr√°ficas particulares donde asentarse y mano de obra muy cualificada. Estas condiciones no eran f√°ciles de reunir en la Europa del siglo XVI. Buena prueba de ello fueron las tentativas fallidas que se dieron en Espa√Īa y en sus territorios de ultramar de instalar fundiciones similares.

Contenido

Historia de las f√°bricas

Retrato de Curtius.
Los ca√Īones fundidos en las f√°bricas, como el de la imagen, eran m√°s ligeros que los franceses y permit√≠an ampliar calibres sin perder seguridad.

Sus inicios

Fue fundada en Li√©rganes por Jean Curtius (o Cur√ßios), industrial de Lieja y proveedor de los ej√©rcitos espa√Īoles en Flandes, tras varios a√Īos de litigios con el Se√Īor√≠o de Vizcaya, primera alternativa de localizaci√≥n de la f√°brica.

En un principio, a partir de 1616 aprovecha la ferrer√≠a de La Vega sobre el r√≠o Miera 43¬į20‚Ä≤33.4‚Ä≥N 3¬į44‚Ä≤28.5‚Ä≥OÔĽŅ / ÔĽŅ43.342611, -3.74125 y empieza a construir las fraguas, hornos, carboneras y muros exteriores del complejo fabril de Li√©rganes. Es el 9 de julio de 1622 cuando una Real c√©dula aprueba un generoso contrato que garantizaba a Curtius el monopolio de la fabricaci√≥n de numerosos productos. Para su trabajo se traen de Flandes numerosos oficiales fundidores. La localizaci√≥n de la fundici√≥n respond√≠a a criterios de aprovisionamiento de materia prima en los bosques cercanos, a priori inagotables, el caudal abundante y regular del encajado r√≠o Miera durante seis a ocho meses al a√Īo (diferente al de la actualidad y en su mayor parte modificado por la propia actividad de deforestaci√≥n de las f√°bricas en los montes de la cabecera del Miera), la existencia de canteras cercanas de piedra refractaria, arenas y arcillas para los moldes, las cercanas salidas de los productos a los astilleros de Camargo y el puerto de Santander en el Mar Cant√°brico y la proximidad a minas de hierro,[8] canteras y tierras de arena y barro, as√≠ como la abundante mano de obra. Desde el inicio de la actividad, las f√°bricas de Li√©rganes y La Cavada llevaban seis tipos de clientelas principales para su producci√≥n militar: la marina de guerra espa√Īola, el ej√©rcito, las fortalezas en plazas peninsulares y de ultramar, los armadores de la marina mercante y de corso y las exportaciones a otros pa√≠ses, siempre que estos no fueran ¬ęinfieles ni a otro ning√ļn enemigo de la Corona, sino a amigos y confederados de ella, prefiriendo siempre amigos, vasallos y s√ļbditos fieles¬Ľ.[9]

En 1618 se contrata la construcci√≥n de dos altos hornos[10] llamados San Francisco y Santo Domingo. Sus calderas median 6,30 metros de alto m√°s 11 metros de foso y ese mismo a√Īo empieza las pruebas con la llegada de 40 oficiales fundidores tra√≠dos de Flandes junto con sus familias. El coste de todos estos trabajos y el mantenimiento de los flamencos ascend√≠a a 100.000 ducados y Curtius apremia la confirmaci√≥n del Consejo de Estado para que le confirmen los Privilegios de fabricaci√≥n de artiller√≠a de hierro, municiones y otras manufacturas. La confirmaci√≥n llega por Real C√©dula en el a√Īo 1622. El retraso de los pedidos y la delicada situaci√≥n de sus empresas en Flandes lleva a Curtius a la ruina y en 1628 se ve obligado a ceder sus derechos a un consorcio integrado por el contador Salcedo Aranguren, Jean de Croy, Charles Baudequin y Georges de Bande, un luxemburgu√©s inteligente y h√°bil en los negocios. A la muerte de un Curtius casi arruinado, De Bande desplaz√≥ a sus socios y se hizo con la direcci√≥n de la empresa, decidiendo en 1634 la construcci√≥n de un nuevo ingenio en la poblaci√≥n de La Cavada 43¬į21‚Ä≤7.3‚Ä≥N 3¬į42‚Ä≤28.6‚Ä≥OÔĽŅ / ÔĽŅ43.352028, -3.707944.

El mineral de hierro para abastecer las f√°bricas de ca√Īones proven√≠a de las minas de Heras, Somorrostro y Monte Vizmaya. En la imagen, la antigua explotaci√≥n minera al aire libre en el Monte Vizmaya (Entrambasaguas). La extracci√≥n del mineral ha permitido dejar al descubierto interesantes formas k√°rsticas en la roca caliza.

El aumento de la demanda supuso la puesta en marcha de un proyecto mayor: la instalaci√≥n de una nueva f√°brica llamada Santa B√°rbara en el paraje de La Cavada (hoy una localidad), en el Concejo de Riotuerto.[11] Este lugar, a cinco kil√≥metros de Li√©rganes, es donde se construyeron entre 1635 y 1637 dos altos hornos (de los cuatro que lleg√≥ a tener) llamados San Jos√© y Santa Teresa y acompa√Īado de nuevas innovaciones tecnol√≥gicas en a√Īos posteriores.[12] A partir de esta √©poca, la F√°brica de Artiller√≠a de La Cavada ser√° la denominaci√≥n de todas las instalaciones asociadas al complejo (Li√©rganes, Valdelaz√≥n, Tijero, y dem√°s minas y montes). Con De Bande en la direcci√≥n tambi√©n se construye una capilla y el muelle de Tijero, donde se daba salida a las piezas de artiller√≠a para ser almacenadas en el castillo de San Felipe en Santander.

Las f√°bricas alcanzaron entre 1635 y 1640 una alta producci√≥n, fruto de la demanda de armamento de la Monarqu√≠a espa√Īola con el fin de mantener a la Espa√Īa de Felipe IV como gran potencia europea y poder controlar las rutas mar√≠timas hacia Flandes. Se fundieron en este periodo un total de 939 ca√Īones de calibres superiores, 195.000 balas, 4.010 bombas y unas 8.500 granadas.

La derrota naval de las Dunas y los alzamientos de Catalu√Īa y Portugal significaron un debilitamiento de la demanda de ca√Īones para la Armada. La sobreproducci√≥n de la f√°brica cambi√≥ los esfuerzos de fabricaci√≥n, que se dedicaron a las municiones y la p√≥lvora frente a la artiller√≠a. La conveniencia de instalar otra f√°brica cerca del Rosell√≥n, teatro de operaciones francoespa√Īol, hizo a Georges De Bande levantar otras instalaciones en el Se√Īor√≠o de Molina.[13]

Dos direcciones

A la muerte de Bande en 1643, ya enriquecido enormemente, su mujer Mariana de Brito dirigió la fundición operada por los técnicos flamencos (cerca de setenta familias se asentaron en la zona) alcanzando altos rendimientos. La considerable fortuna de Jorge de Bande suscitó recelos y envidias que originaron una intervención del estado. El historiador José Alcalá-Zamora cuenta como su importante fortuna fue tema de conversación en la alta burocracia del Estado que tras averiguaciones reclamó a la viuda de Bande unos fuertes intereses por una supuesta falta de incumplimiento en la entrega de unas piezas de artillería para Flandes en 1631 y cómo fueron intervenidos los bienes del luxemburgués. Mariana de Brito tuvo que recomprar la factoría de La Cavada en subasta tras la apropiación del Estado.

El estancamiento de la producci√≥n de la f√°brica a partir de este periodo fue patente, provocado por la conclusi√≥n de las pol√≠ticas guerreras de la monarqu√≠a espa√Īola y la reducci√≥n de m√°rgenes de beneficio impuesto por el estado. El dif√≠cil mantenimiento de los nuevos precios por parte de Mariana de Brito y la inminente caducidad del asiento de la f√°brica hizo que se incorporara Diego de Noja y Castillo como asentista de la f√°brica de Li√©rganes y do√Īa Mariana a la de La Cavada. La situaci√≥n de escasa demanda estatal fue ligeramente atenuada por la compra de piezas por Holanda, enfrentada a Inglaterra, y por medios particulares. Sin embargo, se sufrieron frecuentes crisis y paros en la producci√≥n que no ser√≠an superados hasta 1716.

En 1661 se incorporan a la dirección de la fábrica los hijos de Mariana de Brito (fallecida en 1673): Juan y José de Olivares, quedando finalmente Juan a cargo de la fábrica de La Cavada y José con la de Corduente. Al fallecimiento de Diego de Noja, su nieto Pedro de Helguera Alvarado ocupó su puesto. De esta forma, las familias Noja y Olivares fueron dirigiendo las fábricas de Liérganes y La Cavada, respectivamente, haciendo cada una la mitad de las entregas oficiales, aunque en la realidad fue la de Liérganes algo superior. La innovación tecnológica en este periodo vino de la mano de la munición terrestre: morteros y bombas fueron de interés para la guerra y el asedio. Y todo ello hasta 1715.

El periodo expansivo

El proceso de fundici√≥n de los ca√Īones de hierro, continuado desde mayo hasta octubre, era de la siguiente forma. Desde la parte superior de los altos hornos, que se encontraban al mismo nivel que la carbonera, se iba cargando la c√°psula. Primero s√≥lo con carb√≥n vegetal, para despu√©s de trascurridos varios d√≠as y una vez alcanzada la temperatura deseada, a√Īadir alternativamente capas de carb√≥n y mineral de hierro (A). El carbono del carb√≥n vegetal arrebataba el ox√≠geno al mineral de hierro, el cual se iba depositando en el fondo de la caldera al tener una mayor densidad. En la parte inferior del horno exist√≠an unas toberas por donde se forzaba la entrada de aire mediante unos grandes fuelles accionados por mecanismos hidr√°ulicos (B). El aire insuflado favorec√≠a la oxigenaci√≥n y con ello la combusti√≥n. En el crisol del horno se encontraba un orificio por el que flu√≠a el arrabio cuando se sangraba el alto horno y se dirig√≠a al foso en el que se hallaba enterrado el molde del ca√Ī√≥n (C). Encima de esta abertura, pero debajo de las toberas, hab√≠a otra boca por donde sal√≠a la escoria, de menor densidad que el hierro (D).

De 1716 a 1800 vino la gran √©poca de las f√°bricas, asentada en la importante expansi√≥n de las rutas del Atl√°ntico y el mayor crecimiento de la Armada espa√Īola por la protecci√≥n de los barcos que hac√≠an las rutas por las Indias. De 1716 a 1800 se construyeron en Espa√Īa, no sin problemas, un total de 103 nav√≠os de l√≠nea con m√°s de 6.900 ca√Īones. En 1773 la Armada espa√Īola dispon√≠a de 60 nav√≠os con m√°s de 6.000 piezas de artiller√≠a. No obstante, se perdieron 49 buques entre 1761 y 1805, sobre todo por combates navales. Esta √©poca fue el gran despegue de los ca√Īones de hierro colado[14] y supuso un renombrado prestigio para las piezas hechas en las f√°bricas de Li√©rganes y La Cavada por su ligereza y seguridad. Era de sobra conocida en el mundo la calidad de estos ca√Īones, que a pesar de disponer de poco ornato, ten√≠an una gran virtud: no sol√≠an reventar aunque se sometieran a un prolongado fuego y "avisaban" antes con la aparici√≥n de grietas o pedazos expulsados, a diferencia de otros ca√Īones que reventaban de improviso con el peligro que supon√≠a para la dotaci√≥n a su cargo.[15]

Las dos factor√≠as de Li√©rganes y La Cavada son regidas en esta √©poca por el nieto de Mariana de Brito, Nicol√°s Xavier de Olivares, que alcanz√≥ los niveles de producci√≥n de la √©poca de Jorge de Blande. Es en este tiempo cuando en las f√°bricas se realizan adem√°s las ca√Īer√≠as de las fuentes de Aranjuez y San Ildefonso, importantes por el volumen de fundici√≥n. En 1738 el hijo de Nicol√°s Xavier, Joaqu√≠n, se hizo cargo del asiento de los Altos Hornos y alcanza en 1742 el t√≠tulo de Marqu√©s de Villacastel. En esta √©poca fueron asignados privilegios y prerrogativas a los asentistas y operarios de las f√°bricas, algo que no gust√≥ a los habitantes de las localidades y que fue origen de problemas de convivencia.[16] Se inaugura un nuevo horno y un reverbero con el que se alcanzan los m√°ximos vol√ļmenes de producci√≥n de la historia de las f√°bricas (1756-59) con 800 piezas de artiller√≠a y obra civil y 400.000 piezas de munici√≥n.[17] En 1759 muere Joaqu√≠n, y las f√°bricas de Li√©rganes y La Cavada las posee su hija Mar√≠a Teresa del Pilar, que se casar√≠a con el conde de Murillo.

La nacionalización de las instalaciones

Con la llegada de Carlos III en 1759 se revocan los privilegios concedidos a los Villacastell, se interviene y expropia la fundición, convirtiéndola en Real Fábrica en 1763, y se nombra director de ésta al teniente coronel Vicente Xiner. María Teresa del Pilar y el conde Murillo son compensados con una cantidad importante a pagar por la Corona: más de cinco millones de reales.

La poca autonomía de las Reales Fábricas, ya estatales, frente a la iniciativa privada introdujo dificultades en su desarrollo, tanto de gestión como de producción e innovación. Los hornos redujeron su volumen de producción y las innovaciones tecnológicas en países como Inglaterra fueron complemento a su deterioro.

Las directrices y los experimentos t√©cnicos del Cuerpo de Artiller√≠a del Ej√©rcito en la f√°brica de La Cavada, que inclu√≠an nuevas t√©cnicas de fundici√≥n en s√≥lido con moldes de barro y posterior torneado, supusieron un fracaso en la calidad de las piezas[18] y un desecho de armamento in√ļtil. Los hechos ocurridos a finales de 1771 en Ferrol, donde reventaron dos ca√Īones fundidos en La Cavada, hicieron someter a todas las piezas fundidas en s√≥lido a varias pruebas de las que se obtuvieron un penoso resultado: el 80% de un millar y medio de ca√Īones reventaron o se agrietaron.[19] Todo ello provoc√≥ un estrangulamiento de la hacienda.

La mayor√≠a de estos ca√Īones ten√≠an su destino en las bater√≠as costeras del imperio y su Armada real. Muchos de los barcos fueron construidos en las atarazanas de Guarnizo, a donde se enviaban gran parte de las piezas. El de la imagen protegi√≥ el fuerte de San Carlos en Santo√Īa.

Desde la Secretar√≠a de Estado de La Marina hubo preocupaci√≥n, pues estos incidentes en la principal f√°brica de artiller√≠a espa√Īola provocaban que la Armada estuviese desartillada. Se concluy√≥ en las investigaciones que el deterioro de las piezas no se deb√≠a al m√©todo de fundici√≥n, sino a los minerales de hierro utilizados y al m√©todo de torneado.

La producci√≥n de ca√Īones que necesitaba la flota espa√Īola (diez mil piezas de 1764 a 1793) no se consigui√≥, llegando √ļnicamente a las 6.000 unidades. Se recurri√≥ a los excedentes en Inglaterra[20] para alcanzar el programa naval de armamento hasta la guerra de Espa√Īa con este pa√≠s en 1778. En 1790 se construye un sexto horno con la finalidad de cubrir este d√©ficit y ayudar, en principio, a la fortificaci√≥n de las plazas en las Indias. La Cavada empieza a fundir carronadas,[21] elementos que ya eran utilizados en las marinas inglesas y francesas y que se empiezan a producir tras su prueba en buques espa√Īoles.

El arco conmemorativo de Carlos III en La Cavada sirvi√≥ de entrada al complejo fabril. La imagen es del a√Īo 1890, cuando ya las instalaciones se encontraban abandonadas.

En 1781 se encomienda al Ministerio de Marina la direcci√≥n de la f√°brica de La Cavada y se vuelve a los antiguos m√©todos de fundici√≥n de los a√Īos de Villacastel de la mano de Antonio Vald√©s y Fern√°ndez Baz√°n, nuevo director. Se consiguen buenos resultados y se construye en 1783 un cercado de tapia alrededor de todo el complejo y un arco triunfal a modo de portada que daba entrada a la f√°brica y que a√ļn se conserva en La Cavada.

A partir de 1787 se vuelven a fundir en los hornos objetos para la industria privada, como escudos, piezas de maquinaria, ca√Īos, herramientas para obras en caminos, etc. Ese mismo a√Īo, el ingeniero de la Marina, Fernando Casado de Torres e Irola conoce al ingeniero austriaco Wolfgang de Mucha en Viena. Este contacto influir√° de forma notable en el devenir de la f√°brica de La Cavada durante los siguientes a√Īos. Los encuentros que tuvieron Casado de Torre y de Mucha en Austria estuvieron marcados por un caracter secreto que bien podr√≠a calificarse de espionaje industrial-militar y que llev√≥ al ofrecimiento de trabajo en el Reino de Espa√Īa. As√≠, en 1790 y una vez aceptado el ofrecimiento y siguiendo √≥rdenes reales dadas por el ya Ministro de la Marina, Antonio Vald√©s, el embajador en Venecia Sim√≥n de las Casas acompa√Īa a Wolfgang de Mucha en su viaje a Espa√Īa. En La Cavada, y tras reconocer el estado de las instalaciones, se hace cargo de la construcci√≥n de un sistema de conducci√≥n de maderas por flotaci√≥n a lo largo del r√≠o Miera. Mediante una serie de importantes infraestructuras de canalizaci√≥n y represamiento de su cauce, la madera era transportada hasta la f√°brica. Esta empresa consume numerosos recursos econ√≥micos y supone un importante esfuerzo de construcci√≥n nunca realizado hasta el momento en Espa√Īa. La empresa solo funcion√≥ unos pocos a√Īos y solo fue parcialmente completada. Las razones de su abandono fueron variadas pero sobre todo se debieron al alto coste de su desarrollo, la oposici√≥n de las gentes, y a las demasiado optimistas previsiones en el volumen de madera transportada.[22] En 1792 se introducen importantes reformas en los hornos de Li√©rganes.

El declive

El declive de la marina espa√Īola con la derrota en la batalla de Trafalgar afect√≥ a la f√°brica, que entr√≥ en crisis de sobreproducci√≥n y desde los √ļltimos a√Īos del siglo XVIII su rendimiento cae en picado por tres factores: falta de demanda de la Marina Real, escasez de dinero y falta de carb√≥n.

Hacia 1688 los nuevos nav√≠os de l√≠nea estaban capacitados para operar tanto en el mar Caribe como en el oc√©ano √ćndico y en el Pac√≠fico, a fin de lograr tanto la superioridad t√°ctica como la estrat√©gica. En la imagen el nav√≠o espa√Īol Sant√≠sima Trinidad, que con sus cuatro puentes y 140 ca√Īones fue el mayor de su √©poca, hundi√©ndose en la Batalla de Trafalgar. La artiller√≠a naval espa√Īola y sus municiones proced√≠an en su mayor parte de las f√°bricas de Li√©rganes y La Cavada.

La Marina de guerra espa√Īola experiment√≥ una vertiginosa reducci√≥n de sus buques debido a los hundimientos en confrontaciones con el imperio ingl√©s. As√≠, y seg√ļn Jos√© Alcal√°-Zamora[23] en 1796 constaba de 77 nav√≠os de l√≠nea, 66 en 1800, 39 en 1806, 21 en 1814, 7 en 1823 y 3 en 1830.

Respecto al √ļltimo factor, la Corona expidi√≥ una C√©lula que obligaba a que se dieran los montes a los precios acostumbrados, y que a petici√≥n de los asentistas se repararan los caminos para hacer el transporte de la madera. El abuso de estos privilegios provoc√≥ el recelo de los habitantes y la desaparici√≥n de las ferrer√≠as de la zona. En 1754 y con el fin de asegurar el aprovisionamiento de madera, el marqu√©s de Villacastel decide ampliar el √°rea de restricci√≥n forestal a cinco leguas de radio, y tal fue la b√ļsqueda desesperada de carb√≥n vegetal que se extrajo madera de los bosques de Espinosa de los Monteros, construyendo en 1796 un resbaladero de troncos en Lunada de 2.400 metros de longitud para el que se emplearon 2.000 hayas.[24] Estuvo en servicio poco tiempo, ya que para el a√Īo 1800 no ten√≠a actividad.[25]

Otra medida fue la prohibici√≥n del corte de √°rboles[26] en los montes bajo pena de severos castigos a los vecinos. El libro de Jos√© Alcal√°-Zamora, Historia de una empresa sider√ļrgica espa√Īola: Los Altos Hornos de Li√©rganes y La Cavada, 1622-1834, cuenta un suceso ocurrido en la noche del 27 de mayo de 1784:[27]

Dos pobres labriegos, Antonio Cuesta y Manuel Guti√©rrez, para hacer salir a un zorro que les hab√≠a matado dos ovejas prendieron fuego a un matorral. A consecuencia, se quem√≥ un quejigo, a pesar de los desesperados esfuerzos para evitarlo. El Tribunal de La Cavada, tras haberles incautado en los preliminares una s√°bana y otras prendas, como √ļnicos bienes que ten√≠an, les conden√≥ a dos a√Īos de presidio en √Āfrica, apercibi√©ndoles de que ser√≠an diez a la siguiente trasgresi√≥n. Intervino Madrid, rebajando la pena a destierro por igual tiempo a seis leguas de su domicilio, atendiendo a la falta de √°nimo y dolo y evidenci√°ndose que el incendio se hizo para evitar continuase el riesgo de su ganado, √ļnico objeto de mantener aquellos infelices.

Si bien, sobre este hecho Jos√© Bonifacio Sanchez opina en su libro Historia y Gu√≠a Geol√≥gica y Minera de Cantabria que la pobreza en la disculpa ante este incidente se debe de relacionar con la idiosincracia del campesino y la pr√°ctica tradicional de quema de monte asociada a la agricultura y la ganader√≠a. Por contra, cuenta tambi√©n el hecho de que existieron premios por la plantaci√≥n de √°rboles que seg√ļn indicaba Melchor de Jovellanos nadie nunca cobraba.[28]

Independientemente de todo ello, estas prohibiciones en las cortas de le√Īas y maderas de los montes provocaron quejas de la muchedumbre, que se ve√≠a perjudicada en la obtenci√≥n de recursos para su subsistencia[29] y que a la larga supuso la deforestaci√≥n de los montes orientales de Cantabria y Burgos, especialmente tras la incorporaci√≥n de las f√°bricas a la Corona y la Ordenanza de la Marina de 1741.

En 1795 cierra, tras 160 a√Īos de actividad, la f√°brica de Li√©rganes y produce las √ļltimas piezas para la guerra contra Francia. La utilizaci√≥n de carb√≥n mineral para la fundici√≥n de La Cavada no logra los resultados deseados y se vuelve al carb√≥n vegetal. A partir de 1800, s√≥lo funcionaban dos de los cuatro hornos disponibles, algo causado en gran parte por la escasez de materia prima.[30] Los a√Īos previos a la invasi√≥n napole√≥nica supusieron un ef√≠mero incremento del n√ļmero de fundiciones entre 1806 y 1808. No obstante, su rendimiento seguir√≠a siendo escaso.

Las crecidas del río Miera en 1801 y 1834 hicieron que el caudal de sus aguas en la localidad de La Cavada superase el puente del Real Sitio, infraestructura que sirvió de entrada al recinto fabril.[31]

La invasi√≥n francesa ocup√≥ en sus inicios el Pa√≠s Vasco y Navarra. La f√°brica de La Cavada y Li√©rganes se convirti√≥ en un punto estrat√©gico de importancia. Con la llegada del ej√©rcito napole√≥nico a Santander el 23 de junio de 1808, las f√°bricas fueron poco ocupadas, ya que los franceses necesitar√≠an de una fuerte guarnici√≥n para poner en marcha unas fundiciones con escasa lealtad de sus operarios y una producci√≥n in√ļtil para la ya muy reducida flota francesa. Adem√°s, la preocupaci√≥n de las tropas imperiales de Napole√≥n era ocupar la costa ante la incertidumbre de una invasi√≥n inglesa.

La Guerra de la Independencia trajo a la zona tiempos de penuria y hambre ante la dejadez en el cobro de sueldo de los operarios de las fábricas y la incorporación de los jóvenes al ejército. El rendimiento de la fábrica se redujo considerablemente. El apoyo de la fábrica de La Cavada a la causa del rey Fernando VII fue un hecho, prestando material clandestino tanto a la guerrilla como a las tropas regulares.

Tras la Guerra de la Independencia, en 1818 se comienza una nueva fundición con resultados desastrosos. La llegada del Gobierno liberal y el impulso de los ayuntamientos obstaculizaron las operaciones carboneras de La Cavada, tan denostadas por los aldeanos, pues les impedían el uso libre de los bosques y la creación de tierras agrarias.

Instaurado, de nuevo, el régimen absolutista de Fernando VII, siguió la fábrica su actividad sin conseguir producir a precios competitivos. Vistos los resultados de explotación de la fundición, muchos operarios comenzaron a buscar nuevos trabajos.

El deseo de privatización de la Real Fábrica de La Cavada por el gobierno de Fernando VII no logró atraer el capital extranjero, más interesado en las zonas mineras asturianas. El catedrático Gregorio González Azaola es nombrado en 1831 director interino de las instalaciones de La Cavada. Conocedor de las nuevas industrias en Europa apoyadas en la minería del carbón, da por perdidas las viejas instalaciones reales.

Una inundaci√≥n del r√≠o Miera en la tarde del 19 de agosto de 1834 destruy√≥ las presas que mov√≠an las m√°quinas de La Cavada. Ya no se volvieron a reparar. Las incursiones de las tropas carlistas saquearon las instalaciones durante todo ese a√Īo. Esos dos hechos fueron el punto final de unas f√°bricas que se cerraron en 1835 y que se estima produjeron en sus m√°s de 200 a√Īos de actividad 26.000 ca√Īones, centenares de miles de balas de distinto calibre y millares de piezas de orden civil.[32]

La imagen, del a√Īo 1926, muestra a√ļn un ca√Ī√≥n abandonado en la orilla del r√≠o Miera junto a los restos de la f√°brica.

Tras el abandono de las instalaciones en los a√Īos posteriores a 1830, ¬ęlos comarcanos se apresuraron a irse llevando todo lo que pudieron de los edificios y talleres, entre otras ideas, probablemente con la ingenua de impedir la restauraci√≥n de las instalaciones¬Ľ.[33] Ya en 1850, Pascual Madoz en su diccionario geogr√°fico-estad√≠stico-hist√≥rico describ√≠a el lugar de La Cavada indicando que:

No hay pluma que baste √° pintar los destrozos que este sitio ha sufrido de pocos a√Īos a esta parte.[...] Las famosas obras de presas, cauces y demas han sido arrebatadas por las corrientes: las enormes ruedas que componian las m√°quinas, y todos los √ļtiles han desaparecido; las abundantes maderas de caoba, cedro y encina que llenaban los dep√≥sitos y maestranzas, han sido presa del abandono y del pillage; y cerca de 2.000 ca√Īones de hierro de todo calibre, un sin n√ļmero de balas y otros muchos efectos, se han transportado a Santander otras partes. En el sitio solo han quedado las casas de las maquinas, el cuartel, el palacio, la capilla, el reloj puesto en una torrecita, que esta parado, y varias mesas de hierro colocadas en diferentes puntos para juego, refresco, etc. [...] Existe hoy una guarnicion de 11 artilleros y un sargento, un invalido, y el contador que habita el palacio.

En 1881 casi no quedaba rastro ya de la f√°brica.[34]

Los técnicos y operarios

La instalaci√≥n de la f√°brica de La Cavada supuso la llegada de t√©cnicos provenientes de Flandes con el fin de difundir e instruir a los operarios espa√Īoles aut√≥ctonos la experiencia que aquellos ten√≠an en el arte de la fundici√≥n. Estos grupos de especialistas fueron los que pusieron en marcha entre 1617 y 1628, con el decidido apoyo de la Corona, la f√°brica de Li√©rganes y a cada dificultad o progreso en Europa se procuraba traer el personal m√°s capacitado. De tal forma que incluso todav√≠a en 1679 era preciso conseguir nuevos t√©cnicos flamencos porque ¬ęno se hab√≠a podido conseguir que los naturales de estos reinos se hubiesen aplicado a esta facultad¬Ľ.[35]

Una diligencia cruzando el antiguo puente de La Cavada sobre el r√≠o Miera a finales del siglo XIX y que daba acceso a la f√°brica de artiller√≠a. Pascual Madoz lo describ√≠a como un puente "de 2 arcos de piedra labrada con unos 30 pies de altura en su parte media, y la anchura suficiente para dar paso √° un carruaje mayor; tiene soberbios tajamares, algunos de ellos de ca√Īones de hierro y lo que presenta de mas notable es su gran fortaleza, pues nada ha desmerecido apesar de las fuertes avenidas que ha sufrido".

Los maestros flamencos, sabedores del trabajo en las minas, formaban además a prácticos encargados de las labores de localización del mineral y el seguimiento de su explotación para el aprovisionamiento de material para los hornos.

Unas setenta familias vinieron a Li√©rganes y La Cavada a principios del siglo XVII, principalmente de la zona de Lieja, para poner en marcha las f√°bricas de artiller√≠a y fueron el germen de cinco o seis generaciones de flamencos asentados en la regi√≥n que trabajaron alrededor de las instalaciones durante los siglos XVII y XVIII. Esta comunidad, que se favorec√≠a de un monopolio en las funciones de la fundici√≥n, tuvo que sufrir durante 200 a√Īos un aislamiento por parte de los aldeanos pr√≥ximos a las f√°bricas. Fueron objeto de reticencias, desv√≠os y malos tratos por parte de las gentes del lugar (posiblemente no tanto por los propios obreros que trabajaban en las f√°bricas) trat√°ndolos, a√ļn incluso a sus bisnietos, como extranjeros y formando una especie de linaje por casi endogamia forzosa y calific√°ndolos de rabudos, t√©rmino despectivo de la √©poca con el que se alud√≠a a los flamencos. Fueron privados de los oficios concejiles y honores sociales. Se les concedi√≥ el fuero de Artiller√≠a por ser conveniente en Espa√Īa pero existieron numerosos pleitos debido a la oposici√≥n de la poblaci√≥n a que dispusiesen de t√≠tulos de hidalgu√≠a.[36] El privilegio fue concedido por Felipe V en 1718, reiterado en 1784 y nuevamente en el a√Īo 1794, cuando se les confirma el derecho a llevar un uniforme militar.[37] Durante a√Īos fueron constantes las contiendas entre lugare√Īos y operarios para obtener sutiles ventajas unos y suprimirlas los otros con el apoyo del Estado.[38] Llegaron las ofensas incluso hasta en el momento de los entierros, como recoge un texto de un legajo recuperado en el libro de Jos√© Alcal√°-Zamora:

...hasta en la misma iglesia les tienen lugar destinado para enterrar los cad√°veres y se ha verificado el caso de que, habiendo fallecido una mujer del lugar de Rucandio en el de Riotuerto, cuya parroquia corresponde a La Cavada, advirtiendo los parientes de la difunta la daban sepultura cerca de donde la tienen los flamencos, exclamaron en tono y voces descompuestas dentro de la propia iglesia quer√≠a llevarla a su lugar, porque no era raz√≥n quedara una espa√Īola junto a tan mala compa√Ī√≠a.[39]

Estas injurias pod√≠an llegar en algunos casos a la extorsi√≥n y as√≠ lo denuncia en 1698 un tal Tom√°s Baldor, en nombre de sus compa√Īeros, cuyos vecinos les tratan ¬ępen√°ndoles y entrando en sus habitaciones con violencia y sac√°ndoles prendas para hacerse pago de las penas que les hac√≠an¬Ľ.[40]

La descendencia de estos t√©cnicos de Flandes, orgullosos de su trabajo, ha llegado hasta nuestros d√≠as. Sus apellidos, en su mayor√≠a flamencos, pasaron a castellanizarse en el siglo XVIII. En Riotuerto, Li√©rganes o municipios lim√≠trofes, es f√°cil encontrar hoy vecinos con alg√ļn apellido Arche, Baldor o Valdor, Del Val, Bern√≥, Cubria, Guate, Lomb√≥, Marqu√©, Osl√© o Usl√©, Ot√≠, Roj√≠, Roque√Ī√≠, Sart, etc.

Una de las piezas del calibre 48 recuperadas para el Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada.

El n√ļmero de trabajadores variaba dependiendo de la √©poca del a√Īo, siendo los meses de fundici√≥n el tiempo en que las f√°bricas requer√≠an m√°s empleados. Esta eventualidad de la mayor√≠a de los trabajadores y los bajos sueldos obligaban a la realizaci√≥n simult√°nea de tareas agr√≠colas. La temporalidad tambi√©n se reflejaba en los trabajos de miner√≠a, transporte y carboneo asociados a la producci√≥n de las instalaciones. En muchos casos la obligatoriedad de trabajar en la corta y acarreo de maderas en los montes de Cantabria y Burgos ocasionaba numerosas quejas de los vecinos que ve√≠an desatendiendo sus labores agrarias por meses con unos salarios que consideraban escasos.

No obstánte, la localización del complejo fabril en la zona presentó oportunidades de trabajo para las familias de Riotuerto, Liérganes, Entrambasaguas, Miera u otros municipios cercanos, extremadamente miserables y pobres. Estas expectativas supusieron el aumento sensible de población en la Junta de Cudeyo, antigua división comarcal. El crecimiento entre 1636 a 1750 fue de un 40%, hasta llegar a los 8.000 habitantes.

Las condiciones del trabajo tanto en la f√°brica como en las minas y los montes eran muy duras,[41] incorpor√°ndose mujeres y ni√Īos a muchas tareas. El sueldo, aun siendo bajo en comparaci√≥n con otras f√°bricas de Espa√Īa, resultaba superior a la media de la regi√≥n y supon√≠a un interesante complemento a las tareas agr√≠colas en una zona ¬ępobre y miserable¬Ľ. Jos√© Alcal√°-Zamora cuantifica en una media de 4,82 reales de vell√≥n los salarios de los 274 operarios que trabajaban en las f√°bricas en marzo de 1799. No obstante, las diferencias eran muy grandes, y as√≠ los ayudantes de fundici√≥n cobraban 800 reales al mes y un director 3.000.

Se obtenían otros beneficios, como los retiros a operarios veteranos que cayesen imposibilitados o enfermos, aunque existía a veces la obligación de asistir a las fundiciones mientras hubiera fuerzas. A las viudas o huérfanos de viejos empleados se les otorgaba una pensión a través de limosna. Estos retiros fueron desapareciendo a medida que la situación económica de la fábrica fue empeorando. Mejor suerte tenían aquellos trabajadores fijos y los que disponían de casa dentro del recinto fabril, ya que podían disponer de huerto, adquirir artículos a precios económicos en la "tabernilla" de La Cavada, primas por resultado, carbón, etc. En total la fábrica llegó a dar trabajo a unas mil personas en los tiempos de mayor bonanza.

Arqueología industrial y legado histórico

En la actualidad a√ļn existen restos de las Real F√°brica de La Cavada, aunque la mayor parte de las construcciones fabriles han desaparecido o sus restos han sido reutilizados para nuevas edificaciones.

Límite y elementos actualmente observables del antiguo recinto de la Real Fábrica en la localidad de La Cavada.
1. Puente.
2. Portada de Carlos III.
3. Edificios de la guardia y administrativo.
4. Almacenes.
5. Casa Redonda.
6. Casas de los operarios y las caballerizas.
7. Retén de troncos y rampa.
8. Canal.
9. Puerta de Cece√Īas.
10. Huerta del Ministro.
11. Huerta del Comandante.
12. Huerta del Tesorero.
13. Venta.
14. Huerta de las casa de oficial contador y del cuartel.

En La Cavada se pueden ver restos de los cierres del complejo que pudo llegar hasta la cercana población de Los Prados. Existe un alto muro de mampostería junto a la carretera que lleva al pueblo de Rucandio, en el lugar de Entrambosríos, el cual sirvió también de cerco al recinto. Esta construcción no aparece en los planos originales del Real Sitio, son los restos de un perímetro levantado para guardar la madera que descendía del río Miera desde el puerto de Lunada,[42] malogrado proyecto de Wolfgang de Mucha. A este proyecto también pertenecen unos retenes levantados en el río Miera y la rampa de arrastre de la madera, hoy en estado ruinoso pero perfectamente visibles.

Panor√°mica del Real Sitio en La Cavada. La imagen se√Īala algunas de las estructuras conservadas de las antiguas instalaciones (pulsar para ampliar).
1. Puente.
2. Portada de Carlos III.
3. Edificios de la guardia y administrativo.
4. Almacenes.
5. Casa Redonda.
6. Casas de los operarios y las caballerizas.

La portada de entrada en honor a Carlos III, declarada Bien de Inter√©s Cultural en 1985, es una de las tres puertas que ten√≠a el recinto junto con la de Cece√Īas y la de Li√©rganes. Responde a un estilo neocl√°sico, con arco de medio punto, pilastras a ambos lados y front√≥n triangular en el que se lee la inscripci√≥n:[43]


CARLOS III REY. A√ĎO 1784.


Los sillares se encuentran soldados por coladuras de plomo y hierro.

El puente sobre el r√≠o Miera y que daba acceso al recinto del Real Sitio fue levantado en el siglo XVII. La estructura sufri√≥ diferentes da√Īos a causa de las avenidas, en especial las de los a√Īos 1801 y 1834. En 1999 el puente fue afectado por una importante transformaci√≥n con motivo de la ampliaci√≥n de la carretera a Li√©rganes.

Actualmente también se pueden apreciar estructuras verticales, llamadas retenes, levantadas en el cauce del Miera y que permitían agrupar la madera que circulaba a favor de la corriente y que era incorporada al río desde el resbaladero de Lunada a 20 km del retén, lugar desde donde llegaba la madera de los montes de Espinosa de los Monteros y Quintanilla. Estos retenes tenían una potente cimentación y el cuerpo estaba construido con cantos y mortero. Existieron al menos cinco retenes en una doble hilera diagonal y que originariamente tendrían un entablado de madera en su parte superior a modo de puente. Entre los pilares se levantaba una celosía de madera que cumplía la función de retener los troncos. Estos eran desalojados a través de una rampa que todavía es observable. El transporte de troncos por el río supuso la ejecución de obras en el cauce del Miera, en el que se barrenaron grandes rocas, se rellenaron pozos y se encauzó el río en algunos tramos. Las medidas de los troncos debían presentar un estándar de siete pies de largo (195 cm) con un extremo menos grueso con el fin de evitar el bloqueo del cauce.

Entre las viviendas se conservan la Casa del Puente, construcción junto al Miera y fuera de la fortificación, que podría haber estado destinada a la guardia, las casas de la calle de Arriba, edificios para el alojamiento de operarios y para caballerizas, un edificio de viviendas junto al antiguo arco de Carlos III y que podría cumplir la función de conserjería u oficinas administrativas, y la Casa Redonda o El Palacio, cuya edificación principal ha desaparecido y sólo se conserva la capilla, ya muy transformada.

Existen asimismo restos de algunos almacenes y hornos, contrafuertes y paramentos sobre el r√≠o que serv√≠an de estructura defensiva y proteg√≠an de las avenidas, t√ļneles, restos de presa y canales.

El 13 de abril de 2004, el conjunto hist√≥rico fue declarado Bien de Inter√©s Cultural. El 27 de julio de 2006 se inaugur√≥ en La Cavada un museo que recoge la actividad llevada a cabo por estas instalaciones en la fundici√≥n de ca√Īones que se emplearon en la Armada Real Espa√Īola y en todo el Imperio. Se pueden observar ca√Īones, las diferentes municiones utilizadas, maquinaria, escudos nobiliarios y diversas maquetas tanto de barcos como de las instalaciones.

Por otra parte, en la poblaci√≥n de Li√©rganes se conservan diversas casonas de los siglos XVII y XVIII, como la Casa de los Ca√Īones, y restos del canal y construcciones dedicados al barrenado de ca√Īones en el sitio de Valdelaz√≥n. Todo ello recuerdo de una √©poca de auge econ√≥mico apoyada en la f√°brica de artiller√≠a.

Las f√°bricas de ca√Īones de Li√©rganes y La Cavada fueron durante la Edad Moderna el complejo sider√ļrgico m√°s importante de Espa√Īa y durante siglos el √ļnico lugar donde se produjeron ca√Īones de hierro colado para el sustento del Imperio.[44] Pero quiz√°s el mayor legado hist√≥rico venga de la transformaci√≥n del paisaje de la zona oriental de Cantabria y norte de Burgos donde desapareci√≥ la mayor parte de las masas arb√≥reas, ayudado por los procesos de pradificaci√≥n asociados a la actividad ganadera pasiega, y de los apellidos provenientes de las familias flamencas que pusieron en marcha y trabajaron durante a√Īos las instalaciones y que actualmente llevan multitud de vecinos en aquellos lugares donde se desarrollaron las actividades de la factor√≠a.

Cronograma de acontecimientos


Panorámica del Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada

Véase también

  • Personajes relacionados con la Real F√°brica de Artiller√≠a de La Cavada

Referencias

Notas

  1. ‚ÜĎ Se√Īala Jos√© Alcal√°-Zamora que por aquellos tiempos y hasta las Guerras Napole√≥nicas un solo buque de batalla llevaba m√°s y mayores ca√Īones que todo un ej√©rcito y a√ļn llegados a ese periodo b√©lico el peso de la artiller√≠a de un ej√©rcito de 100.000 hombres no sobrepasaba al de un nav√≠o de l√≠nea de tres puentes.
  2. ‚ÜĎ El historiador e hispanista brit√°nico Geoffrey Parker se√Īala en su libro La revoluci√≥n militar que ¬ęa partir del decenio de 1650, apenas hubo guerra alguna en Europa que no se desbordase hacia una lucha por el dominio de los mares y, a√ļn m√°s all√°, hacia una contienda por el poder y la influencia en ultramar. Tambi√©n all√≠ descoll√≥ el triunfo de la "revoluci√≥n militar"¬Ľ.
  3. ‚ÜĎ Los barcos europeos, y en especial los espa√Īoles, inicialmente utilizaban la t√°ctica militar consistente en la embestida y el abordaje, la denominada guerra a la espa√Īola. El cambio en la guerra naval consisti√≥ en utilizar la artiller√≠a para hundir a distancia a los buques enemigos, t√°ctica esta llamada sarc√°sticamente por los marineros espa√Īoles como guerra galana.
  4. ‚ÜĎ La armada fue la gran beneficiada de este cambio, dado que para ella fueron el mayor n√ļmero de piezas, mientras que el ej√©rcito, con menos requerimientos de ca√Īones, pod√≠a seguir adquiriendo los caros ca√Īones de bronce.
  5. ‚ÜĎ TVE en Cantabria (2006). ¬ęDocumental sobre la Real F√°brica de Artiller√≠a de La Cavada¬Ľ (en espa√Īol). Consultado el 2007-05-30.
  6. ‚ÜĎ El peso medio de cada ca√Ī√≥n oscilaba entre una y tres toneladas.
  7. ‚ÜĎ Siguiendo a Alcal√°-Zamora, los iniciales ingenios de Li√©rganes ocupaban una extensi√≥n de 7.700 m¬≤. La f√°brica de La Cavada ten√≠a una superficie de 44.500 m¬≤, a los que hay que sumar los situados en el sitio de Valdelaz√≥n con 8.800 m¬≤ m√°s donde se realizaban labores de barrenado y pruebas de tiro.
  8. ‚ÜĎ Se abastecer√≠a principalmente de las minas de hierro existentes en Pe√Īa Cabarga, el Monte Vizmaya de Entrambasaguas y Somorrostro.
  9. ‚ÜĎ Asiento de 9 de julio de 1622 referenciado por Jos√© Alcal√°-Zamora
  10. ‚ÜĎ Estos dos primeros altos hornos supusieron un importante cambio en la tecnolog√≠a de fundici√≥n de metales en Espa√Īa, ya que introdujeron en el reino un sistema de fundici√≥n mucho m√°s sofisticado que el de las ferrer√≠as que se aplicaba hasta entonces.
  11. ‚ÜĎ En la Edad Moderna, el territorio correspondiente al actual municipio de Riotuerto estaba incluido en la Merindad de Trasmiera y se divid√≠a en dos concejos, el de Riotuerto, con la parroquia de San Juan Bautista, y el de Rucandio al que pertenec√≠a la parroquia de Santa Mar√≠a Magdalena. A la vez, sendos concejos estaban incluidos en la Junta de Cudeyo.
  12. ‚ÜĎ El libro de Jos√© Manuel Maza Usl√©, La Real F√°brica de Artiller√≠a de La Cavada: Li√©rganes. La Cavada. Valdelaz√≥n, se√Īala la existencia de algunos problemas con los vecinos de Riotuerto durante la construcci√≥n de las instalaciones
  13. ‚ÜĎ La F√°brica de Municiones de Hierro Colado de Corduente, en el Se√Īor√≠o de Molina (Guadalajara), inaugurada por Felipe IV en 1640, pretend√≠a ser similar a la de La Cavada aunque en realidad nunca se fundieron ca√Īones de tal calibre, fabricando √ļnicamente balas, granadas y municiones de ca√Ī√≥n cuyo peso correspond√≠a a unos 80 kilogramos. La f√°brica de Corduente dejar√≠a de funcionar tras la Guerra de la Independencia.
  14. ‚ÜĎ Los hornos de La Cavada fundieron 300.000 toneladas de mineral para producir 100.000 de hierro colado. Esta fundici√≥n, producto de la fusi√≥n del arrabio, consegu√≠a un hierro que pertenec√≠a a la clase denominada gris, la menos carbonada de todas y de extraordinaria calidad.
  15. ‚ÜĎ A este respecto, el Marqu√©s de la Ensenada escribir√≠a el 26 de junio de 1748:
    Las f√°bricas de hierro de La Cavada y Li√©rganes en La Monta√Īa eran las m√°s celebradas de Europa, porque la materia de las de Francia, Holanda, Inglaterra y Alemania es muy vidriosa, no resiste tanto el ca√Ī√≥n y revienta en pedazos, y la de ac√° no se distingue del bronce m√°s que en no ser de tanta duraci√≥n, porque por lo dem√°s tiene la misma suavidad y blandura
    Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada
  16. ‚ÜĎ Despacho de Francisco N√ļ√Īez Ib√°√Īez, comisario ordenador de Marina, en la que comunica una real c√©dula (Buen Retiro, 19 de diciembre de 1755) sobre privilegio concedido a Joaqu√≠n de Olivares, marqu√©s de Villacastel, para proveer perpetuamente la artiller√≠a y municiones de sus f√°bricas de Li√©rganes y La Cavada, y el privilegio de la madera en cinco leguas a la redonda, para el abasto de dichas f√°bricas.
  17. ‚ÜĎ Tambi√©n hab√≠a aumentado el n√ļmero de ca√Īones en los buques de guerra de primera clase, pasando de 30, 40 o 60 piezas en 1630 a 74, 90 √≥ 120 en el primer tercio del siglo XVIII, seg√ļn Jos√© Alcal√°-Zamora
  18. ‚ÜĎ Ensayos aparte, los ca√Īones espa√Īoles fundidos en La Cavada ya ten√≠an buena fama por su calidad, a pesar de su escaso ornato, y por poseer la ventaja de avisar antes de explotar porque se desquebrajaban cuando estaban a punto de estallar, lo cual daba tiempo al artillero a alejarse. No obstante, carecer√≠an hasta Trafalgar de buenas llaves de fuego para el disparo de las piezas.
  19. ‚ÜĎ Formando los denominados "escarabajos", hendiduras en el interior del ca√Ī√≥n que resultaban peligrosas, pues pod√≠an contener restos del fuego y prender la p√≥lvora que se introduc√≠a de nuevo.
  20. ‚ÜĎ Se adquirieron miles de piezas a la Carron Company Ironworks (Carron, Escocia), instalaci√≥n que fabricaba y abastec√≠a con muy buenos ca√Īones, realizados mediante la fundici√≥n con carb√≥n mineral, a diversas marinas europeas, seg√ļn indica Juan Torrej√≥n Chaves en su trabajo La Artiller√≠a en la Marina espa√Īola del siglo XVIII.
  21. ‚ÜĎ Juan Torrej√≥n Chaves en su trabajo La Artiller√≠a en la Marina espa√Īola del siglo XVIII describe este tipo de piezas que toman su nombre de las instalaciones que las idearon, la Carron Company Ironworks, y eran ca√Īones navales cortos cuya √°nima no era completamente cil√≠ndrica en toda su extensi√≥n, acabando en semiesfera de di√°metro m√°s reducido. Sus ventajas eran: ocupaba menos espacio, era atendido por un menor n√ļmero de hombres, su utilizaci√≥n era m√°s sencilla y r√°pida, necesitaba menos p√≥lvora, ten√≠a un mejor sistema de punter√≠a y su efecto de disparo era mayor. Era un arma muy efectiva a corta distancia y causaba graves destrozos en la parte del barco por encima de la l√≠nea de flotaci√≥n (obra muerta). Seg√ļn algunos expertos, la ausencia generalizada de carronadas en los buques espa√Īoles que participaron en la batalla de Trafalgar ocasion√≥, en parte, la derrota de la escuadra franco-espa√Īola
  22. ‚ÜĎ En relaci√≥n con este cap√≠tulo, es interesante destacar el trabajo del profesor de geograf√≠a de la Universidad de Cantabria, Jos√© Sierra √Ālvarez, que repasa toda la historia de este proyecto, desde los contactos que llevaron a la "adquisici√≥n para Espa√Īa" de Wolfgang de Mucha hasta las labores de construcci√≥n y la oposici√≥n que hubo en la realizaci√≥n de esta obra.
  23. ‚ÜĎ Historia de una empresa sider√ļrgica espa√Īola: Los Altos Hornos de Li√©rganes y La Cavada, 1622-1834, p√°g. 53
  24. ‚ÜĎ Seg√ļn c√°lculos, diez millones de √°rboles acabaron siendo cortados con el fin de ser convertidos en carb√≥n vegetal, deforest√°ndose unas 150.000 hect√°reas de montes. Las importantes masas boscosas de robles y hayas que exist√≠an en torno a la f√°brica no pudieron recuperarse del importante ritmo de talas y nunca m√°s recobraron su tama√Īo original.
  25. ‚ÜĎ El resbaladero de Lunada de J. Ignacio L√≥pez. Bolet√≠n n√ļm. 10 del Museo de las Villas Pasiegas.
  26. ‚ÜĎ Se tiene constancia de privilegios para acotamiento de bosques en 1718 que se revalidar√≠an en los a√Īos 1726, 1738 y 1747. A modo de ejemplo, el Archivo hist√≥rico provincial de Cantabria tiene recogido un legajo de 1742 titulado Orden de Juan Jos√© de Rebollar de la Concha, juez conservador de las reales f√°bricas de artiller√≠a de Li√©rganes y La Cavada, sobre prohibici√≥n de cortar √°rboles y vigilancia de los que se corten para carbones de dichas f√°bricas.
  27. ‚ÜĎ Historia de una empresa sider√ļrgica espa√Īola: Los Altos Hornos de Li√©rganes y La Cavada, 1622-1834, p√°g. 46
  28. ‚ÜĎ se premia con medio real al que planta un √°rbol y a√Īos hace que nadie se presenta a cobrar el premio.
  29. ‚ÜĎ En 1797, despu√©s de haber instalado la ya dicha ense√Īanza de humanidades castellanas, recib√≠ dos reales √≥rdenes, expedidas por los Ministerios de Estado y Marina. En la primera, aprobando los arbitrios que, de acuerdo con la Diputaci√≥n General del Principado, hab√≠a yo propuesto para continuar el importante camino de Le√≥n, se me mandaba ya dar principio a sus obras. Por la segunda, que pasase reservadamente a reconocer el estado de los montes de Espinosa y fabricaci√≥n de carbones en La Cavada y el de la mina de fierro en Jarrezuela, en Vizcaya, destinada para el mismo establecimiento; y con remisi√≥n de un voluminoso expediente, formado en la v√≠a reservada de Marina, se me mandaba informar sobre una muchedumbre de recursos y quejas, as√≠ de los pueblos de Espinosa, acerca de los perjuicios causados por las cortas de le√Īas y maderas de aquellos montes, como del Se√Īor√≠o de Vizcaya, que pretend√≠a ser contra sus fueros la adjudicaci√≥n hecha a S. M. de aquella mina para las dichas fundiciones de La Cavada en D. Gaspar de Jovellanos a sus compatriotas: Memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central y se da raz√≥n de la conducta y opiniones del autor desde que recobr√≥ su libertad.
  30. ‚ÜĎ Diego Prieto, segundo comandante de la f√°brica, hablaba de las asoladas y calvas monta√Īas que nos circulan en una carta a Godoy en 1802 citada por Jos√© Alcal√°-Zamora
  31. ‚ÜĎ Para Jos√© Manuel Maza Usl√© ser√≠a la gran riada del a√Īo 1801 la que supondr√≠a la puntilla definitiva para el abandono de las instalaciones.
  32. ‚ÜĎ Cantabria Econ√≥mica (2006-10-05). ¬ęLa f√°brica que defendi√≥ un Imperio.¬Ľ (en espa√Īol). Consultado el 2007-04-15.
  33. ‚ÜĎ El Archivo hist√≥rico provincial de Cantabria, por ejemplo, recoge en sus fondos una fianza carcelera de 1836 hecha por Aureliano de la Pedraja, abogado, a favor de su hermana Juana de la Pedraja, vecina de Riotuerto, por la causa que se sigue contra ella, por haber extra√≠do hierro de la f√°brica de La Cavada.
  34. ‚ÜĎ Vi√Īetas del sardinero: relaciones de Jos√© Ortega Munilla.
  35. ‚ÜĎ En el primer asiento de 1622, y en relaci√≥n a la actitud de guarda celosa de los conocimientos de algunos fundidores extranjeros, se lee este texto recogido por la obra de Jos√© Alcal√°-Zamora:
    Que haya de tener y tenga en los dichos de sus Ingenios y oficinas ordinariamente gente natural de estos reinos, a quienes ense√Īe y haga pl√°ticos en el arte y uso de ellos y en las fundiciones y dem√°s cosas que labran y por lo menos ha de ser natural la mitad de la gente que en esto se ocupare
    .
  36. ‚ÜĎ Seg√ļn la historiadora Mar D√≠az Saiz, en la obra Historia de Cantabria, a diferencia de la Espa√Īa meridional, en el norte el n√ļmero de nobles era elevado y sus diferencias con el pueblo llano escasas. El 50% de la poblaci√≥n ten√≠a alg√ļn t√≠tulo de hidalgu√≠a. En el caso de Cantabria esta cifra fue mayor, alcanzando el 83% de la poblaci√≥n en el siglo XVI y superando el 90% en torno a 1740. As√≠ pues, poseer un t√≠tulo nobiliario durante la Edad Moderna en Cantabria no era raro, dado el n√ļmero importante de hidalgos.
  37. ‚ÜĎ De color rojo, azul y dorado, seg√ļn cuenta Jos√© Bonifacio Sanchez en su libro "Historia y gu√≠a Geol√≥gica y Minera de Cantabria".
  38. ‚ÜĎ En los padrones conservados en el archivo municipal del Ayuntamiento de Medio Cudeyo se guardan algunos documentos complementarios que justifican el estado de los empadronados. Entre ellos existen varios donde se recogen la guarda de privilegios o hidalgu√≠a para algunos flamencos. A modo de ejemplo, en un documento de 1705 se recoge un testimonio de una ejecutoria de los flamencos para que se los tenga por vecinos y que sean empadronados como flamencos y no como pecheros, o una Real C√©dula de S.M. fechada en 1794 en la que concede el t√≠tulo de hidalgos a los flamencos descendientes de las Reales F√°bricas de Artiller√≠a de Li√©rganes y La Cavada.
  39. ‚ÜĎ Historia de una empresa sider√ļrgica espa√Īola: Los Altos Hornos de Li√©rganes y La Cavada, 1622-1834, pag. 56
  40. ‚ÜĎ Reales determinaciones recogidas en Historia de una empresa sider√ļrgica espa√Īola: Los Altos Hornos de Li√©rganes y La Cavada, 1622-1834, pag. 56
  41. ‚ÜĎ A modo de constancia, en el art√≠culo Arquitectura antigua: Las Neveras de Virgilio Fern√°ndez Acebo dentro del Bolet√≠n n√ļmero 5 del Museo de las Villas Pasiegas se hace referencia a la utilizaci√≥n de las neveras del cercano puerto de Alisas por:
    ...la demanda de hielo de las f√°bricas de ca√Īones de Li√©rganes y La Cavada, que generaban gran cantidad de quemados y otros heridos.
  42. ‚ÜĎ El trabajo de Jos√© Sierra √Ālvarez sobre la empresa del Miera para la conducci√≥n de madera a La Cavada hace referencia a la petici√≥n de dinero para levantar este cercado debido al robo de madera.
  43. ‚ÜĎ Seg√ļn la secci√≥n Patrimonio Hist√≥rico de la web de El Diario Monta√Ī√©s, la inscripci√≥n sustituy√≥ a un escudo de armas reales que existi√≥ inicialmente.
  44. ‚ÜĎ La Artiller√≠a en la Marina espa√Īola del siglo XVIII

Bibliografía

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