François De La Rochefoucauld


François De La Rochefoucauld
Aburrimiento
Solemos perdonar a los que nos aburren, pero no perdonamos a los que aburrimos.
Adversidad
En la adversidad de nuestros mejores amigos siempre encontramos alguna cosa que no nos desagrada del todo.
Nos gusta más comentar nuestras desgracias que callarlas.
Todos tenemos fuerzas suficientes para soportar los males ajenos.
Amistad
Es más vergonzoso desconfiar de nuestros amigos que ser engañados por ellos.
Por raro que sea el verdadero amor, es menos raro que la verdadera amistad.
Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen.
Una amistad reanudada requiere más cuidados que la que nunca se ha roto.
Un amigo verdadero es el más grande de todos los bienes y el que menos nos cuidamos de adquirir.
Amor
Con el amor verdadero pasa lo que con las apariciones de los espíritus: todos hablan de ellas, pero muy pocos las han visto.
En amor, el que ama es un medio seguro para ser amado.
Hay personas que no se habrían enamorado nunca si no se hubieran enterado de la existencia del amor.
Sólo hay un amor; pero hay muchas copias distintas.
Un hombre discreto puede estar enamorado como un loco, pero no como un tonto.
Azar
Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son éstas el resultado de un noble propósito, sino efecto del azar.
Comportamiento
Nada impide tanto el ser natural como el afán de parecerlo.
Si en algunos hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo hemos buscado bien.
Consejo
Nada se da tan generosamente como los consejos.
Se dan consejos, pero no el juicio para sacar provecho de ellos.
Crítica
Los espíritus mediocres condenan generalmente todo aquello que no está a su alcance.
Dar
Eso que se denomina liberalidad no es muchas veces más que la vanidad de dar.
Deber
Todos consideran su deber como un amo severo, cuyo yugo quisieran sacudir.
Defecto
La confesión de los pequeños defectos es frecuentemente un deseo de dar a entender que no tenemos otros ma yores.
Si no tuviéramos defectos, no hallaríamos tanto placer en resaltar los de los demás.
Sólo corresponde a los grandes hombres tener grandes defectos.
Derecho
Los pleitos no durarían tanto si la culpa no estuviese más que en una de las partes.
Descanso
Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte.
Deseo
Antes de desear ardientemente una cosa, debemos cercio rarnos cuidadosamente de la felicidad que proporciona al que la posee.
Dinero
Generalmente se juzgan los hombres por el crédito que disfrutan o por las riquezas que poseen.
Edad
Los defectos del espíritu, como los del rostro, aumentan al envejecer.
Al envejecer se tiene más prudencia y se hacen más locuras.
Cada edad de la vida es nueva para nosotros; no importa cuántos años tengamos, aún nos aqueja la inexperiencia.
Envidia
El más seguro indicio de que uno posee grandes cualidades nativas, es haber nacido sin envidia.
La envidia es más irreconocible que el odio.
Error
El mejor modo de equivocarse es tenerse a sí mismo por mucho más listo que los demás.
El que nunca comete errores es menos cuerdo de lo que se figura.
No durarían mucho las disputas si el error estuviera de un solo lado.
Fama
La mayor parte de las gentes no juzgan a los hombres más que por su popularidad o por su fortuna.
Los apellidos famosos, en vez de enaltecer, rebajan a quienes no saben llevarlos.
Felicidad
La felicidad y la desgracia acuden ordinariamente a los seres que ya son felices y desgraciados.
Nadie es tan feliz ni tan desgraciado como él mismo se imagina.
Fortuna
Los bienes de la fortuna son bienes perecederos.
Grandeza
Sólo los grandes hombres pueden tener grandes defectos.
Gratitud
El agradecimiento de la mayor parte de los hombres obedece a un oculto deseo de obtener más grandes beneficios.
Hablar
La verdadera elocuencia consiste en decir todo lo debido y en no decir más de lo debido.
Nunca es tan difícil hablar bien como cuando tenemos vergüenza de callar.
Humanidad
Es más fácil conocer al hombre en general que conocer al hombre en particular.
Ignorancia
Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.
Ingratitud
Casi todo el mundo paga gustoso los favores pequeños; muchos agradecen los medianos; pero es raro que no se corresponda a los grandes favores con la ingratitud.
Justicia
El amor a la justicia no es, en la mayoría de los hombres, sino el temor a padecer la injusticia.
Se censura la justicia, no por la aversión que hacia ella se siente, sino por el prejuicio que de ella se recibe.
Libertad
La libre comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciados por el hombre.
Locura
Hay ocasiones en la vida en las que para salir airosamente hace falta estar un poco loco.
Memoria
Todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie de su inteligencia.
Mente
La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
Tanto me apasiono por la razón, que yo mismo me vuelvo poco razonable.
Mentira
La intención de no engañar nunca nos expone muy a menudo a ser engañados.
Lo mejor para ser engañado es considerarse más listo que los demás.
Muerte
Ni el sol ni la muerte pueden ser mirados fijamente.
Necedad
No hay necio más molesto que el ingenioso.
Se puede ser necio teniendo talento, pero jamás teniendo juicio.
No hay necios más insoportables que aquellos que tienen algún talento.
Odio
Cuando nuestro odio es demasiado vivo, nos coloca por debajo de lo que odiamos.
Orgullo
El orgullo no quiere deber y el amor propio no quiere pagar.
Las más violentas pasiones nos dan a veces alguna tregua; la vanidad nunca.
La vanidad de los demás resulta insoportable porque hiere: la nuestra.
La virtud no iría tan lejos si no la acompañase la vanidad.
Si la vanidad no echa por tierra todas las virtudes, por lo menos las hace vacilar.
Si no tuviéramos orgullo, no nos lamentaríamos del de los demás.
Paz
El primero de los bienes, después de la salud, es la paz interior.
Promesa
Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
Prudencia
Nuestra prudencia está sujeta a la fortuna, como nuestros bienes.
Saber
Es más fácil ser sabio para los demás que para uno mismo.
Salud
Querer conservar la salud siguiendo un régimen demasiado riguroso es una enfermedad irritante.
Silencio
El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.
Trabajo
Es más fácil parecer digno de los empleos que no se tienen que de aquellos que se ocupan.
Triunfo
La gloria de los hombres debe medirse siempre por los medios que se emplearon para adquirirla.
Valentía
El valor perfecto consiste en hacer sin testigos lo que seríamos capaces de hacer delante de todo el mundo.
Valor
El mundo recompensa con mayor frecuencia las apariencias de mérito que el mérito mismo.
Vicio
Cuando los vicios nos dejan, nos envanecemos con la creencia de que los hemos dejado.
Lo que nos impide muchas veces entregarnos en manos de un solo vicio es el estar prisioneros de multitud de ellos.
Vida
Quien vive sin cometer alguna locura no es tan prudente como supone.
Virtud
La virtud no llegaría tan lejos si la vanidad no le hiciese compañía.
Las virtudes se pierden en el interés, como los ríos se pierden en el mar.
Nuestras virtudes no son, la mayoría de las veces, sino vicios disfrazados.

Diccionario de citasde . . 2000.

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